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Lecciones para recordar de la Cumbre de Marketing Político de Aguascalientes

Alberto Mendoza

Los grandes consultores políticos de América Latina tienen algo en común. Son capaces de conjugar la metodología más rigurosa con una poderosa convicción: las personas y sus emociones siguen siendo lo más importante. Desde la conversación global que se extiende en Internet, hasta el contacto directo con cada votante. Desde los discursos que se infiltran en lo más profundo del cerebro, hasta el talento para transformar un político gris en un padre protector de todo un pueblo. Todo confluye en único objetivo: extraer cada voto del corazón de cada ciudadano. Y así quedó reflejado en la 9º Cumbre Latinoamericana de Marketing Político, que tuvo lugar en Aguascalientes entre el 3 y el 5 de diciembre.

El encuentro reunió a figuras internacionales como J.J Rendón, Yago de Marta,

Carlos Manhanelli o Daniel Ivoskus; junto a estrategas mexicanos tan consolidados como Filiberto Alfaro, y a jóvenes que ya marcan la diferencia como Sergio Torres

Ávila o Ignacio Taboso. A la larga lista de prestigioso consultores se sumaron también Luis David Duque, Maureen García, Dimas Concha y Ernesto López.

Entre la audiencia se podía distinguir a cargos públicos de diversos países, funcionarios de los principales partidos mexicanos, periodistas, especialistas en comunicación política y estudiantes. Es decir, que bajo la organización de Sergio Torres Nafarrate (Politiks 360º) y Jaime Narváez (PentamarketinG), el debate sobre todos los aspectos del marketing político se prolongó desde las conferencias a los almuerzos, cenas y pausas café. Observando esas afables tertulias, pocos creerían que sus protagonistas eran temidos consultores, de distinta procedencia y, en ocasiones, rivales en las urnas.

La Cumbre funcionó como un profundo repaso al universo de las campañas, desde las cartografías electorales, a los spots más creativos; desde la investigación más precisa, a los discursos más impactantes; del poder de las redes sociales, a la segmentación más incisiva. Una vez más, la metodología más científica para desencadenar las emociones más intensas en el electorado.

No fue casualidad que J.J. Rendón, Carlos Manhanelli o Filiberto Alfaro dieran una gran relevancia a la organización y estructura de un plan de campaña, para luego destacar que la creatividad y los mensajes innovadores son la llave del triunfo. Prueba de ello son los éxitos del colombiano Partido de la U o de Lula en Brasil. Del mismo modo, Sergio Torres identificó las verdaderas y poco racionales motivaciones del voto para que, a continuación, Ignacio Taboso mostrara todo el potencial de la comunicación emocional.

Vídeos eróticos y discursos infecciosos

Y es que, miles de años después de que surgieran los primeros líderes, y de que se

contaran los primeros relatos alrededor de una hoguera, Yago de Marta demostró que

la capacidad de los discursos para convencer, emocionar y anidar en la mente del

público sigue intacta. Aunque, para lograrlo, es necesario subrayar algo que el orador

nunca debe olvidar: por muy importante que sea, su audiencia siempre lo será más.

Solo así las palabras se convierten en virus que infectan para siempre el pensamiento del elector.

Sobre la Cumbre de Aguascalientes palpitó también el desafió y el potencial de las nuevas tecnologías. Como recordó Daniel Ivoskus, las redes sociales han servido para organizar movilizaciones, contribuir a la caída del régimen egipcio, colapsar el Obelisco de Buenos Aires… o difundir videos eróticos de cargos públicos. El panorama de la comunicación política no ha vuelto a ser el mismo desde el uso intensivo de Internet en la campaña estadounidense de 2008, pero la de 2012 también ha traído cambios. La segmentación y el microtargeting han avanzando hasta lo obsesivo, y en América Latina resulta impensable lanzar un único mensaje sin matices a todo el conjunto del electorado.

Investigación y creatividad. Metodología y emociones. Nuevas tecnologías y discursos memorables. Dos caras de la misma estrategia para conquistar al cada día más esquivo y desconfiado votante.