Sunteți pe pagina 1din 334

Carlos Ivorra

´

AN ALISIS NO

´

EST ANDAR

Si una cantidad no negativa fuera tan p equena˜ que resultara menor que cualquier otra dada, cier- tamente no p o dr´ıa ser sino cero. A quienes pregun- tan qu´e es una cantidad infinitamente p equena˜ en matem´aticas, nosotros resp ondemos que es, de he- cho, cero. As´ı pues, no hay tantos misterios o cultos en este concepto como se suele creer. Esos supues- tos misterios han convertido el c´alculo de lo infinita- mente p equeno˜ en algo sosp echoso para mucha gente. Las dudas que puedan quedar las resolveremos p or completo en las p´aginas siguientes, donde explicare- mos este c´alculo.

Leonhard Euler

´

Indice General

Intro ducci´on

vii

Cap´ıtulo I: Preliminares conjuntistas

 

1

Conjuntos

1.1 .

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

2

1.2 Los conceptos conjuntistas b´asicos

 

7

1.3 Elementos de teor´ıa de conjuntos

 

12

Funciones

1.3.1 .

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

12

1.3.2 Relaciones

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

16

1.3.3 Conjuntos finitos

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

18

1.3.4 Estructuras algebraicas y de orden

 

21

1.3.5 Elementos de aritm´etica

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

27

1.4 La teor´ıa de conjuntos no est´andar

 

30

Cap´ıtulo I I: Los numeros´

reales

 

43

2.1 Los numeros´

naturales

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

43

2.2 Cuerp os ordenados

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

47

2.3 Convergencia de sucesiones

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

53

2.4 La incompletitud de Q

 

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

59

2.5 La construcci´on de R .

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

63

2.6 Consecuencias de la completitud de R

 

70

Cap´ıtulo I I I: Calculo diferencial de una variable

 

77

3.1 La gr´afica de una funci´on

 

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

77

3.2 Funciones continuas

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

78

3.3 Funciones derivables

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

85

3.4 Derivadas sucesivas, la f´ormula de Taylor

 

99

3.5 Exp onenciales y logaritmos

 

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

102

3.6 L´ımites de funciones

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

109

Cap´ıtulo IV: C´alculo integral de una variable

 

117

4.1 La integral de Riemann

 

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

117

4.2 Las funciones trigonom´etricas

 

133

4.3 C´alculo de longitudes, ´areas y volumenes´

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

141

v

vi

´

INDICE GENERAL

Cap´ıtulo V: Series infinitas

 

153

 

5.1 Series num´ericas

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

153

5.2 Sucesiones funcionales

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

163

5.3 Series de p otencias

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

174

Cap´ıtulo VI: C´alculo diferencial de varias variables

 

179

 

6.1 Espacios m´etricos y espacios normados

 

179

6.2 Elementos de top olog´ıa

 

.

.

.

.

.

.

.

.

.

183

6.3 Funciones continuas

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

189

6.4 Derivadas y diferenciales

 

.

.

.

.

.

.

.

.

195

6.5 El teorema de la funci´on impl´ıcita

 

208

6.6 Optimizaci´on cl´asica

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

212

Cap´ıtulo VI I: C´alculo integral de varias variables

 

219

 

7.1 Resultados b´asicos

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

219

7.2 Dominios de integraci´on

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

223

7.3 C´alculo de integrales

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

231

7.4 El teorema de la media

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

235

7.5 El teorema de cambio de variable

 

238

 

´

 

7.6 Areas de sup erficies

 

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

250

7.7 Ap´endice: Descomp osici´on de aplicaciones lineales

 

257

Ap´endice A: La teor´ıa de Nelson

 

261

Ap´endice B: La teor´ıa de Hrbacek

 

271

Ap´endice C: El teorema de conservaci´on

 

285

 

C.1

Mo delos internos

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

285

C.2

Ultrap otencias

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

291

C.3

C.4

. El teorema de conservaci´on para la teor´ıa de Hrbacek

L´ımites inductivos

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

297

303

Bibliograf´ıa

 

315

´

Indice de Materias

 

316

Intro ducci´on

En la historia de las matem´aticas nos encontramos con muchos momen- tos en que los matem´aticos han manejado con seguridad —p or no decir con

virtuosismo— conceptos cuya naturaleza y propiedades b´asicas eran incapaces de precisar. El ejemplo t´ıpico lo tenemos en los algebristas de los siglos XVI

y XVI I, que eran capaces de encontrar ra´ıces reales de p olinomios pasando, en

caso de ser necesario, p or ra´ıces “imaginarias” de otros p olinomios que aparec´ıan

a lo largo del c´alculo. Los numeros´ imaginarios eran concebidos como unos con-

ceptos ficticios en los que, sin sab er c´omo ni p or qu´e, se p o d´ıa “confiar”, en el

sentido de que al incluirlos en los c´alculos llevaban a conclusiones correctas. Naturalmente, la raz´on p or la que los c´alculos con numeros´ complejos eran correctos es que es p osible construir los numeros´ complejos, de tal mo do que lo que hac´ıan los algebristas —aunque no lo supieran— era usar una serie de teoremas que no sab´ıan demostrar o siquiera enunciar (los numeros´ complejos forman un cuerp o, etc.) Hay muchos otros casos similares: los f´ısicos han estado derivando funciones no derivables durante mucho tiemp o, con la convicci´on de que las derivadas eran unas “funciones generalizadas” que no sab´ıan definir, p ero en la que tambi´en “se

p o d´ıa confiar”. La raz´on p or la que estos c´alculos con funciones misteriosas que no eran funciones no llevaban a parado jas y contradicciones es, p or supuesto, que es p osible construir unos ob jetos (las distribuciones) con las propiedades que los f´ısicos p ostulaban impl´ıcitamente en el uso que hac´ıan de sus funciones generalizadas. Tambi´en Kummer us´o unos “divisores primos ideales” que no exist´ıan, y que finalmente formaliz´o Dedekind a trav´es de la no ci´on de ideal de un anillo, los propios numeros´ reales no estuvieron exentos de p ol´emicas sobre sus propiedades hasta que Dedekind y Cantor dieron las primeras construcciones expl´ıcitas, etc. El an´alisis no est´andar es la respuesta ultima´ a una asignatura p endiente que ten´ıa la matem´atica. En su origen, el c´alculo diferencial se bas´o tambi´en en unos “numeros´ ideales” que nadie sab´ıa definir p orque ten´ıan que ser no nulos

y a la vez menores que cualquier cantidad p ositiva. Eran los infinit´esimos. Por

ejemplo, Leibniz explicaba as´ı el c´alculo de la derivada de f (x) = x 2 : tomamos un infinit´esimo dx, calculamos el incremento df = f (x + dx) f (x) y lo dividimos entre la cantidad (no nula) dx. Resulta

dx df = 2x + dx.

vii

viii

Intro ducci´on

Ahora bien, puesto que dx es una cantidad infinitesimal, la presencia del

ultimo´

t´ermino es insignificante, p or lo que p o demos eliminarla y as´ı

dx df = 2x + dx = 2x.

Leibniz era consciente de las contradicciones de este argumento: primero

sup onemos que dx 6= 0 p ero luego lo eliminamos como si fuera dx = 0. Pese a

ello, tambi´en era consciente de que los resultados a los que se llegaba con este

tip o de razonamientos eran correctos y estaba convencido de que los argumentos con infinit´esimos ten´ıan que p o der reformularse como argumentos “del estilo de Arqu´ımedes”, lo cual hoy es f´acil traducir a “mediante pasos al l´ımite”.

Uno de los grandes virtuosos de los infinit´esimos fue Euler, quien parec´ıa convencido de que bastaba concebirlos como numeros´ arbitrariamente p equenos˜ (p ero no nulos) en lugar de como numeros´ infinitamente p equenos.˜ Sin embargo sus razonamientos est´an bastante lejos del estilo mo derno -δ .

Al contrario de lo que sucedi´o con los numeros´ reales, los numeros´ complejos, las distribuciones o los numeros´ ideales de Kummer, los matem´aticos del siglo

XIX y la primera mitad del siglo XX fueron incapaces de construir unos ob jetos

que se comp ortaran como deb´ıan comp ortarse los infinit´esimos, y el resultado fue que los erradicaron de la matem´atica te´orica. Cauchy intro dujo (con in- finit´esimos aun)´ la no ci´on de l´ımite y mostr´o que los restantes conceptos del an´alisis p o d´ıan expresarse en t´erminos de l´ımites. Posteriormente Weierstrass

intro dujo las definiciones y los razonamientos -δ . Ahora bien, la reb eld´ıa de los

infinit´esimos a dejarse formalizar no los hac´ıa menos pr´acticos, p or lo que los f´ısicos siguieron us´andolos, con la convicci´on de que son mucho m´as intuitivos

y c´omo dos que los ´epsilons y las deltas.

El hecho de que los infinit´esimos “funcionaran” indicaba claramente que deb´ıan p o der construirse. Hub o algunos intentos previos p o co satisfactorios, p ero s´olo a finales de los 60, Abraham Robinson consigui´o este ob jetivo. Del

traba jo de Robinson se sigue que es p osible formalizar el c´alculo diferencial

definiendo las derivadas como co cientes de incrementos infinitesimales, p orque,

si bien en R no hay infinit´esimos (como tamp o co hay numeros´ con ra´ız cuadrada

negativa), lo cierto es que es p osible extender R a un cuerp o que los tenga (igual

que puede extenderse a C, donde los numeros´ negativos s´ı que tienen ra´ıces

cuadradas).

Por desgracia, los infinit´esimos de Robinson se constru´ıan y se manejaban mediante t´ecnicas de l´ogica matem´atica, que resultan bastante complejas y arti- ficiales para los matem´aticos no familiarizados con esta disciplina. No obstante,

a finales de los 60 y principios de los 70 surgieron aproximaciones axiom´aticas

al an´alisis no est´andar, es decir, aproximaciones que, en lugar de construir los infinit´esimos —que es complicado—, lo que hacen es p ostular mediante unos axiomas sencillos su existencia y sus propiedades. Es como si en un curso de in- tro ducci´on al an´alisis no construimos los numeros´ reales, sino que p ostulamos la

existencia de un cuerp o ordenado completo. El resultado es que partimos exac- tamente del mismo punto a donde habr´ıamos llegado si hubi´esemos emp ezado p or la construcci´on de R. Naturalmente, al eliminar la construcci´on p erdemos

ix

una informaci´on, y es que el axioma que p ostula la existencia de R es en realidad un axioma inesencial, en el sentido de que to do lo que se demuestra con ´el, se puede demostrar tambi´en sin ´el (simplemente, demostr´andolo y convirti´endolo as´ı en un teorema). Lo mismo sucede con el an´alisis no est´andar. De entre las distintas versiones axiom´aticas del an´alisis no est´andar, aqu´ı vamos a exp oner una esp ecialmente “fuerte”, en el sentido de que no vamos a p ostular axiom´aticamente la mera existencia —p or ejemplo— de un cuerp o que contiene al cuerp o de los numeros´ reales y que adem´as tiene infinit´esimos, sino que vamos a presentar to da una teor´ıa de conjuntos no est´andar, anadiendo˜

a los axiomas usuales de la teor´ıa de conjuntos otros axiomas que p ostulan

la existencia de elementos ideales en to dos los conjuntos infinitos. Dado que no vamos a comparar este enfo que con otros p osibles, el lector no tendr´a la

op ortunidad de constatarlo (salvo que compare con otros textos), p ero esta

versi´on sup one una simplificaci´on enorme de la teor´ıa, tanto en sus asp ectos t´ecnicos como en los conceptuales. Ahora bien, tal y como explic´abamos un p o co m´as arriba, deb emos tener presente que los ob jetos cuya existencia p ostulan estos axiomas pueden ser cons- truidos, de mo do que los axiomas del an´alisis no est´andar no son como otros axiomas que pueden anadirse˜ a la teor´ıa de conjuntos (tales como la hip´otesis del continuo, el axioma de Martin, etc.) sino que son “eliminables”, en el sentido de que cualquier afirmaci´on “est´andar” que pueda demostrarse con ellos, puede demostrarse tambi´en sin ellos. De este mo do, la teor´ıa de conjuntos no est´andar no es una teor´ıa “nueva” que prop orcione nuevos resultados, sino una teor´ıa alternativa que p ermite probar los mismos resultados que la teor´ıa cl´asica p ero de forma distinta. As´ı, mientras que una teor´ıa matem´atica “usual” se valora normalmente en funci´on de los resultados “nuevos” que p ermite demostrar, este criterio no es aplicable para valorar la teor´ıa de conjuntos no est´andar (ya que la respuesta es que no p ermite demostrar nada nuevo), sino que su valor dep ender´a m´as bien de la comparaci´on entre las t´ecnicas cl´asicas y las t´ecnicas no est´andar. El prop´osito de este libro es, precisamente, p oner al lector en condiciones de realizar esa comparaci´on y para que pueda sop esar p or s´ı mismo las venta jas y los inconvenientes de la teor´ıa de conjuntos no est´andar frente a la teor´ıa de conjuntos cl´asica. En esta comparaci´on, probablemente, el factor de m´as p eso es un hecho externo a la teor´ıa misma: p or razones hist´oricas, la teor´ıa de conjuntos cl´asica est´a profundamente arraigada, mientras que la teor´ıa de conjuntos no est´andar no es m´as que una curiosidad, y es casi imp ensable que algun´ d´ıa pase a ser m´as que eso. No obstante, siempre queda el —cuanto menos— “divertimento” te´orico de juzgar ambas teor´ıas en pie de igualdad, prescindiendo de su grado de p opularidad. Entonces, los dos platos de la balanza quedan bastante igualados:

Por una parte, la teor´ıa de conjuntos no est´andar da lugar a pruebas m´as ¿intuitivas?, ¿elegantes?, ¿sencillas? que la teor´ıa cl´asica.

Por otra parte, la teor´ıa de conjuntos no est´andar requiere un marco de razonamiento l´ogico ¿un p o co?, ¿bastante?, ¿mucho? m´as com- plejo que la teor´ıa de conjuntos cl´asica.

x

Intro ducci´on

Lo que el lector deb er´a juzgar es cu´ales de las palabras entre interrogantes

son apropiadas (o si hay que cambiarlas p or otras). Si considera que la teor´ıa no est´andar no es ni intuitiva, ni elegante, ni sencilla, ni nada parecido, concluir´a que lo mejor es olvidarse de ella, al igual que si considera que sus sutilezas l´ogicas la vuelven inma jenable en la pr´actica. Quiz´a convenga destacar que no hay contradicci´on en afirmar que las pruebas no est´andar pueden ser m´as sencillas y que su l´ogica subyacente puede ser m´as complicada. Esto quiere decir que, para alguien que haya asimilado esa l´ogica subyacente, las pruebas pueden resultar mucho m´as sencillas, y la cuesti´on es, entonces, si la (presunta) simplificaci´on (o cualquier otra venta ja) que sup one

el uso de la teor´ıa no est´andar comp ensa el (presunto) esfuerzo de familiarizarse

con ella. Probablemente, ´esta es la pregunta principal sobre la que deb er´a meditar el lector. Aunque una valoraci´on adecuada de la teor´ıa de conjuntos no est´andar re- quiere, evidentemente, un examen a fondo de sus principios y su funcionamiento (que es lo que pretende ofrecer este libro), p o demos formarnos una primera im- presi´on considerando el teorema siguiente, de Sierpinski:

Si a 1 ,

, a n , b son numer´

os reales positivos, la ecuaci´on

a 1

+ · · · + a n = b

x

tiene a lo sumo un numer´

1

x

n

o finito de soluciones naturales.

Ahora vamos a ver el asp ecto de una demostraci´on no est´andar. Evidente- mente, a menos que el lector ya est´e familiarizado con la teor´ıa de conjuntos no est´andar, no estar´a en condiciones de entenderla con detalle, p ero aqu´ı se trata simplemente de comparar su asp ecto con el de una demostraci´on cl´asica. (Lo que s´ı puede tratar de hacer el lector es demostrar el teorema p or s´ı mismo p or medios cl´asicos y comparar las pruebas.)

, a n y b son est´andar. 1 Si el

, x n ) N n que cumplen la ecuaci´on fuera infinito,

tendr´ıa que contener un elemento no est´andar. Una n-tupla (con n est´andar)

que tenga to das sus comp onentes est´andar ser´a est´andar, luego tenemos una

soluci´on (x 1 ,

conjunto de n-tuplas (x 1 ,

Demostracion:´ Po demos sup oner que n, a 1 ,

, x n ) en la que algun´ x i es infinitamente grande.

Ahora bien, no puede ser que to dos los x i sean infinitamente grandes, ya que entonces el miembro izquierdo de la ecuaci´on ser´ıa infinitamente p equeno,˜ y el miembro derecho no. Por consiguiente, tambi´en existe algun´ x i que no es infini-

, x r son

tamente grande. Reordenando los ´ındices, p o demos sup oner que x 1 ,

, x n no lo son. Pero esto nos lleva igualmente

a una contradicci´on, ya que p o demos desp ejar

infinitamente grandes y x r +1 ,

a 1

x

1

+ · · · + a r = b a r +1 · · · a n

x

r

x

r +1

x

n

y, nuevamente, el miembro izquierdo es infinitesimal, y el derecho no.

el miembro izquierdo es infinitesimal, y el derecho no. 1 Esto implica, en particular, que no

1 Esto implica, en particular, que no son numeros´ grandes.

infinitamente p equenos˜ o infinitamente

xi

La prueba puede parecer extremadamente simple, p ero en esta apariencia hay algo de enganoso,˜ y esto nos lleva precisamente hacia el otro plato de la balanza. Las sutilezas l´ogicas inherentes a la teor´ıa de conjuntos no est´andar est´an relacionadas con las causas p or las que los matem´aticos tuvieron que abandonar el uso de infinit´esimos a la hora de fundamentar el an´alisis: si no se toman las precauciones debidas, los infinit´esimos dan lugar a contradicciones. El problema es an´alogo al que tuvieron que resolver los matem´aticos para fundamentar la teor´ıa de conjuntos. Si no se toman las precauciones debidas, determinados “conjuntos” como “el conjunto de to dos los conjuntos”, “el con- junto de to dos los cardinales”, etc. dan lugar a contradicciones p or el mero hecho de aceptar su existencia. Cantor llamaba a estos conjuntos parad´ojicos “multiplicidades inconsistentes”, y hay esencialmente dos formas de ab ordar el problema de extirpar de la teor´ıa matem´atica las contradicciones que generan:

La teor´ıa de conjuntos de Zermelo-Fraenkel (ZFC) es una teor´ıa axiom´atica en la que, simplemente, las “multiplicidades inconsistentes” no existen: a partir de sus axiomas se puede demostrar que no existe ningun´ conjunto que contenga a to dos los conjuntos, ni existe ningun´ conjunto que contenga

a to dos los cardinales, etc. No obstante, informalmente se puede hablar de

la “clase” de to dos los conjuntos o la “clase” de to dos los cardinales, p ero s´olo en afirmaciones que claramente pueden reformularse eliminando estos conceptos (p or ejemplo, si decimos que la clase de to dos los cardinales est´a contenida en la clase de to dos los conjuntos, esto es equivalente a decir que to do cardinal es un conjunto, y as´ı hemos eliminado to da menci´on a “clases” inexistentes).

La teor´ıa de conjuntos de von Neumann-Bernays-G¨odel intro duce formal-

mente la diferencia entre “conjuntos” y “clases propias”, de mo do que las multiplicidades inconsistentes de Cantor se corresp onden con las “clases propias”. Las contradicciones aparecen si se confunden amb os conceptos

y se tratan las clases propias como si fueran conjuntos. Estableciendo la

distinci´on, los argumentos que originalmente daban lugar a contradiccio-

nes se transforman en los argumentos que demuestran que determinadas clases son propias y no son conjuntos.

A la hora de fundamentar el uso de infinit´esimos, nos encontramos con pro- blemas similares: determinados “conjuntos” como “el conjunto de to dos los numeros´ reales infinitesimales” dan lugar a contradicciones, y en este libro pre- sentaremos dos teor´ıas axiom´aticas que resuelven el problema:

La teor´ıa de Nelson resuelve el problema negando la existencia de los conjuntos “problem´aticos”. As´ı p or ejemplo, a partir de sus axiomas se demuestra, desde luego, que existen numeros´ reales infinitesimales, p ero tambi´en que no existe ningun´ conjunto cuyos elementos sean los numeros´ reales infinitesimales. Esto es t´ecnicamente an´alogo al caso de la teor´ıa de conjuntos de ZFC, en la que se demuestra que existen los numeros´ cardi- nales (finitos e infinitos), p ero se demuestra que no existe ningun´ conjunto

xii

Intro ducci´on

cuyos elementos sean to dos los cardinales. La unica´ diferencia (de car´acter psicol´ogico) es que uno puede estudiar ´algebra, an´alisis, top olog´ıa, etc. y hablar de cardinales de conjuntos finitos e infinitos, sin tener realmente necesidad de hablar en ningun´ momento del conjunto de to dos los cardi- nales, p or lo que ap enas se nota la prohibici´on que la teor´ıa imp one como precio para excluir las contradicciones. En cambio, cuando uno habla de numeros´ reales infinitesimales, resulta tentador en muchas o casiones razo- nar considerando el conjunto de to dos los infinitesimales, y la prohibici´on de hacerlo puede resultar desconcertante.

La teor´ıa de Hrbacek distingue entre “conjuntos internos” y “conjuntos ex- ternos” de un mo do similar a como la teor´ıa NBG distingue entre conjun- tos y clases propias. Es p osible hablar del “conjunto de to dos los numeros´ infinitesimales”, p ero los argumentos que, a partir de este concepto, dan lugar a contradicciones se convierten ahora en razonamientos que prueban que tal conjunto es externo. En realidad, la teor´ıa de Nelson p ermite ha- blar de conjuntos externos en el mismo sentido informal (p ero riguroso) en que es p osible hablar de clases en ZFC, es decir, como conceptos que es p osible intro ducir en las afirmaciones a condici´on de que ´estas puedan reformularse eliminando to da menci´on a ellos.

Volviendo a la demostraci´on que hemos dado m´as arriba del teorema de Sier- pinski, uno de los pasos que hemos dado, aunque es correcto, no es, en realidad, evidente. Se trata del punto en que hemos reordenado los sub´ındices para p oner en primer lugar los numeros´ infinitos y luego los finitos. La reordenaci´on en

s´ı es intrascendente. Lo que no es trivial es que, impl´ıcitamente, ah´ı estamos

considerando el conjunto

I = {i n | x i es infinitamente grande}.

se

la

En general, conjuntos como ´este son los que dan lugar a contradicciones si no

toman las precauciones debidas. Por ejemplo, si aceptamos sin m´as reflexi´on

existencia del conjunto I , deb er´ıamos aceptar igualmente la existencia de

J = {i N | i es infinitamente grande},

y

i

sin m´ınimo elemento. En la teor´ıa de conjuntos de Nelson se demuestra que I existe, mientras que J no existe, p ero, p or la misma raz´on que no es obvio que

J no exista, tamp o co es obvio que I s´ı que exista. 2

El precio que hay que pagar para traba jar consistentemente en la teor´ıa de conjuntos no est´andar —el precio que el lector deb er´a juzgar si es caro o

barato— es asimilar las sutilezas l´ogicas que determinan que I s´ı que existe p ero J no.

este conjunto nos lleva a una contradicci´on, ya que es f´acil probar que si

J , entonces i 1 J , luego tendr´ıamos un sub conjunto de N no vac´ıo y

2 Cuando el lector est´e familiarizado con la teor´ıa de conjuntos no est´andar p o dr´a entender

, x n }, que es un

la raz´on p or la que I s´ı que existe: I = {i n | x i A}, donde A = {x 1 , conjunto est´andar p or el teorema A.7.

xiii

En la teor´ıa de Hrbacek, esta sutileza desaparece de la prueba del teorema de Sierpinski, ya que tanto I como J existen trivialmente. La diferencia entre amb os es ahora que I es interno, mientras que J es externo, p ero que I sea interno o externo es irrelevante para la demostraci´on del teorema. Lo unico´ necesario era hacer referencia a I para desp ejar en la ecuaci´on. Sin embargo, la teor´ıa axiom´atica de Hrbacek requiere bastante m´as familiaridad con la l´ogica matem´atica que la teor´ıa de Nelson.

De to dos mo dos, deb emos tener presente que cualquier teor´ıa axiom´atica es ardua para un lector sin la suficiente preparaci´on matem´atica. Incluso hay muchos matem´aticos que son exp ertos en su camp o y que s´olo tienen un vago cono cimiento de lo que es la l´ogica matem´atica (formal) y la teor´ıa axiom´atica de conjuntos. Por ello, no ser´ıa justo comparar una exp osici´on de la teor´ıa de conjuntos no est´andar segun´ los patrones de rigor propios de la l´ogica ma- tem´atica con una exp osici´on de la teor´ıa cl´asica al nivel semiformal que emplean to dos los libros de matem´aticas (excepto los que tratan temas directamente re- lacionados con la l´ogica matem´atica o est´an escritos p or p edantes). Debido a estas consideraciones, la estructura de este libro es la siguiente:

El primer cap´ıtulo est´a dedicado a describir informalmente la l´ogica de la teor´ıa de conjuntos cl´asica (en sus tres primeras secciones) y la de la teor´ıa de conjuntos no est´andar (en la cuarta secci´on). Su ob jetivo es preparar al lector para que pueda manejar la teor´ıa no est´andar con el mismo nivel de seguridad con que un estudiante de matem´aticas medio maneja la teor´ıa est´andar. En el caso de la teor´ıa est´andar, para conseguir este dominio informal es p osible prescindir pr´acticamente p or completo de to da alusi´on a la l´ogica matem´atica, p ero la teor´ıa no est´andar requiere, como m´ınimo, unas no ciones b´asicas sobre la l´ogica subyacente para no caer en contradicciones.

Es imp ortante insistir en que to das las explicaciones, ejemplos, analog´ıas, etc. presentadas en este primer cap´ıtulo (incluso en las secciones sobre la teor´ıa cl´asica) s´olo pretenden sugerir al lector una forma pragm´atica de concebir la teor´ıa no est´andar para desenvolverse en ella con soltura. En particular, no pretenden defender ninguna p osici´on filos´ofica sobre c´omo han de concebirse las matem´aticas en general o los infinit´esimos en par- ticular.

La secci´on 1.3 contiene un resumen (con demostraciones) de los resulta- dos b´asicos sobre funciones, relaciones, estructuras algebraicas, numeros´ naturales, etc., en definitiva, de los hechos y conceptos que el lector deb e cono cer para leer este libro. Su finalidad es servir de ayuda a un hip ot´etico lector obstinado en que la teor´ıa no est´andar contradice en algo a la teor´ıa est´andar. La secci´on 1.3 le dar´a la op ortunidad de buscar concretamente qu´e resultado contradice a la teor´ıa no est´andar, y tal vez el no encontrar ninguno le ayude a entender que la contradicci´on s´olo est´a en su imagi- naci´on. (Si encuentra alguno, entonces su problema es m´as grave, p ero puede estar seguro de que ser´a su problema, no un problema de la teor´ıa

xiv

Intro ducci´on

no est´andar.) Los lectores que no sean esp ecialmente suspicaces pueden saltarse esa secci´on sin riesgo a echar nada en falta m´as adelante.

Segundo cap´ıtulo pretende familiarizar al lector con el uso pr´actico de la teor´ıa de conjuntos no est´andar —siempre a un nivel informal, lo m´as parecido p osible al nivel de cualquier libro de matem´aticas serio, p ero no t´ecnico—, a trav´es del estudio de los numeros´ naturales, los numeros´ racionales y la construcci´on de los numeros´ reales.

Los cap´ıtulos siguientes desarrollan los contenidos t´ıpicos de un curso uni- versitario de an´alisis matem´atico: c´alculo diferencial e integral para funcio- nes de una y varias variables. La exp osici´on pretende ser natural o, mejor dicho, pretende ser lo que ser´ıa una exp osici´on natural si la teor´ıa de con- juntos no est´andar fuera considerada una teor´ıa “normal” en la pr´actica matem´atica. Desarrollamos la teor´ıa no est´andar como si la teor´ıa cl´asica no existiese, exactamente igual que los libros cl´asicos desarrollan la teor´ıa cl´asica como si la teor´ıa no est´andar no existiese. En particular, cada con- cepto se define de la forma que resulta natural en el contexto de la teor´ıa no est´andar, sin mostrar la equivalencia con la definici´on cl´asica corres- p ondiente, salvo que ello tenga inter´es en la propia teor´ıa no est´andar.

El lector no necesita ningun´ cono cimiento matem´atico previo m´as all´a de cierta familiaridad con los conceptos matem´aticos b´asicos (los mismos

que se exp onen en el primer cap´ıtulo), excepto para las secciones 6.5, 6.6

y 7.5, en las que necesitar´a cono cer algunos hechos b´asicos del ´algebra lineal (matrices, determinantes, espacios vectoriales, y p o co m´as).

Los ap´endices A y B presentan con rigor la axiom´atica de Nelson y la

de Hrbacek, resp ectivamente. Aqu´ı el lector necesitar´a cierta familiaridad con la l´ogica matem´atica y con la teor´ıa axiom´atica de conjuntos. 3 To da

la

teor´ıa desarrollada en los cap´ıtulos precedentes puede formalizarse en

la

teor´ıa de Nelson sin m´as esfuerzo que el necesario para formalizar en

ZFC cualquier exp osici´on razonable del an´alisis cl´asico.

El ap´endice C contiene la demostraci´on del teorema de conservaci´on, segun´

el cual, to do teorema “est´andar” que pueda demostrarse en la teor´ıa de

conjuntos no est´andar puede demostrarse tambi´en en la teor´ıa de con- juntos cl´asica. En particular, si la teor´ıa cl´asica es consistente, la teor´ıa

no est´andar tambi´en lo es. La prueba es metamatem´atica y finitista. Eso quiere decir, en t´erminos m´as llanos, que cualquiera que afirme convencido que la teor´ıa de conjuntos no est´andar no sirve p orque es contradictoria, no tiene ni idea de la estupidez que est´a diciendo. Para este ap´endice, el lector necesitar´a un buen cono cimiento de la l´ogica matem´atica y de la teor´ıa de conjuntos.

3 Los dos cap´ıtulos I, I I y VI I I de mi libro de L´ogica son m´as que suficientes, al menos para la teor´ıa de Nelson. En el caso de la teor´ıa de Hrbacek, el primer cap´ıtulo de mi libro de Pruebas de consistencia ser´ıa conveniente tambi´en.

xv

Hay un asp ecto de la comparaci´on entre la teor´ıa cl´asica y la teor´ıa no est´andar en el que no vamos a entrar aqu´ı, y es si la teor´ıa no est´andar ofrece venta jas frente al teor´ıa cl´asica de cara a la investigaci´on. Hasta la fecha no hay ningun´ resultado demostrado con t´ecnicas no est´andar y que no pueda demostrarse de forma razonablemente pareja en dificultad mediante t´ecnicas est´andar. Los defensores del an´alisis no est´andar citan ejemplos como ´este, aunque —la verdad sea dicha— no hay muchos otros que citar:

El quinto problema de Hilb ert consist´ıa en determinar si to do grup o to- p ol´ogico lo calmente eucl´ıdeo es un grup o de Lie. El problema fue resuelto afir- mativamente en 1952 p or Montgomery, Zippin y Gleason. En 1964 Kaplanski public´o otra demostraci´on. Sin embargo, en 1976 se celebr´o un congreso sobre los problemas de Hilb ert en el que un esp ecialista de cada rama deb´ıa explicar la soluci´on de los que ya hab´ıan sido resueltos, p ero el corresp ondiente a este problema dijo que las demostraciones cono cidas eran tan t´ecnicas y tan comple- jas que no p o d´ıa siquiera esb ozarlas. En 1990 J. Hirschfeld public´o 4 una prueba no est´andar mucho m´as simple y, cuanto menos, esb ozable. Para terminar, anadiremos˜ unicamen´ te que la exp osici´on del c´alculo dife- rencial e integral que contiene este libro s´olo es una muestra reducida de las p osibilidades de la teor´ıa de conjuntos no est´andar. Al igual que es p osible una exp osici´on no est´andar del an´alisis matem´atico, p o demos desarrollar una top olog´ıa no est´andar, una geometr´ıa diferencial no est´andar, una teor´ıa de la medida no est´andar, un an´alisis funcional no est´andar y, en general, cualquier rama de la matem´atica que estudie conjuntos infinitos es susceptible de un enfo- que no est´andar. Las teor´ıas axiom´aticas que presentamos aqu´ı son suficientes para formalizar tales enfo ques. La pregunta sigue siendo si merece la p ena. Dejamos al lector la ultima´ palabra.

4 J. Hirschfeld, The nostandard treatment of Hilbert’s fifth problem, Trans. Amer. Math. So c. 321 (1) (1990).

Cap´ıtulo I

Preliminares conjuntistas

Sup onemos que el lector tiene cierta familiaridad con las matem´aticas ele- mentales, esp ecialmente con la manipulaci´on de expresiones algebraicas (como que a m a n = a m+n o que a/b + c/d = (ad + bc)/bd, etc.) M´as en general, su- p ondremos que el lector cono ce los numeros´ naturales, enteros y racionales, y tambi´en ser´ıa conveniente cierta familiaridad con los numeros´ reales. El prop´osito de este primer cap´ıtulo es conectar estos cono cimientos infor- males que sup onemos al lector con otros conceptos m´as abstractos en que es necesario enmarcarlos para ab ordar con el rigor necesario otros temas m´as de- licados, como el an´alisis matem´atico, esp ecialmente desde el punto de vista no est´andar que vamos a adoptar. Con “el rigor necesario” no nos referimos al rigor absoluto, consistente en traba jar en un sistema axiom´atico formal, lo cual exigir´ıa un esfuerzo al lector que incluso muchos licenciados en matem´aticas no son capaces de realizar, sino al rigor necesario para que el lector pueda distinguir informalmente un razonamiento v´alido de otro que no lo es, que es como —de hecho— traba ja la mayor´ıa de los matem´aticos profesionales cuya esp ecialidad no est´a relacionada con la fundamentaci´on de las matem´aticas. De to dos mo dos, conviene tener presente que, del mismo mo do que lo que determina la validez de los razonamientos que hacen los matem´aticos profesio- nales es el hecho de que p o dr´ıan expresarse con to do rigor en el seno de una teor´ıa axiom´atica formal (p or ejemplo, la teor´ıa de conjuntos ZFC), y ello sin p erjuicio de que muchos matem´aticos no sepan en qu´e consiste exactamente esta teor´ıa, tambi´en sucede que los patrones de razonamiento que vamos a tratar de inculcar al lector en este libro se corresp onden con los que pueden expresarse con to do rigor en otra teor´ıa axiom´atica formal. En otras palabras, lo que trata- remos de conseguir es que el lector pueda razonar correctamente en el seno de la matem´atica no est´andar de forma intuitiva, sin necesidad de asimilar para ello las sutilezas y los tecnicismos de la l´ogica matem´atica, p ero de tal mo do que el resultado pr´actico sea el mismo que si el lector cono ciera to dos esos tecnicismos. Quiz´a esta comparaci´on pueda ser util:´ un ciudadano honrado puede res- p etar la ley sin hab er le´ıdo nunca un c´odigo legal. Su buen juicio le p ermite determinar qu´e conductas ser´an sin duda ilegales y cu´ales son admisibles. S´olo

1

2

Cap´ıtulo 1. Preliminares conjuntistas

en caso de verse en una situaci´on delicada que escap e a lo que le es familiar necesitar´a asesoramiento legal. Del mismo mo do, el lector deb er´a tener pre- sente que, en cualquier momento en que se d´e cuenta de que no “domina” una situaci´on y no est´e seguro de si un razonamiento es “legal” o “ilegal”, deb er´a consultar a un exp erto en “leyes”, es decir, a alguien que s´ı domine el sistema axiom´atico formal que determina sin margen de ambiguedad¨ lo que puede y lo que no puede hacerse.

1.1 Conjuntos

Invitamos al lector a que conciba to do cuanto vamos a ver aqu´ı como una p el´ıcula de cine. Segun´ su argumento, una p el´ıcula puede ser fant´astica, en el sentido de que lo que se narra en ella no tiene nada que ver con la realidad; puede ser hist´orica, en el sentido de que to do cuanto se narra en ella es una r´eplica de lo que ha sucedido realmente en una determinada ´ep o ca y un determinado lugar; o bien puede combinar en diferentes prop orciones elementos reales con elementos fant´asticos (p or ejemplo, si narra una historia ficticia fielmente enmarcada en un contexto hist´orico real). Dejamos al lector la lib ertad de clasificar nuestra “p el´ıcula” en el g´enero que considere op ortuno. Los lectores que consideren que nuestra “p el´ıcula” es hist´orica son los que los fil´osofos llaman platonistas; los que consideren que es pura fantas´ıa son los llamados formalistas; mientras que los que adopten una p ostura intermedia se distribuir´an en una amplia gama de p osibilidades entre el platonismo y el formalismo, entre las cuales, una de las m´as p opulares es el finitismo. En cualquier caso, el lector deb e tener presente que cualquier esp ectador que quiera entender una p el´ıcula ha de ser consciente de que cada p el´ıcula tiene su propia realidad interna, y que es necesario remitir a ella los juicios sobre cada escena, y no a la realidad externa a la p el´ıcula. Por ejemplo, p ensemos en un esp ectador sensato que sab e que creer en fantasmas es rid´ıculo, p ero va a ver una p el´ıcula en la que un p ersona je advierte a otros que no deb en entrar en una determinada casa, p orque en ella habitan fantasmas. Para entender la p el´ıcula, deb er´a estar abierto a dos p osibilidades:

Puede tratarse de una p el´ıcula de fantasmas, de mo do que, internamente, sea verdad que en la casa hay fantasmas, en cuyo caso el esp ectador deb er´a concluir que los incr´edulos que se adentran en la casa son unos insensatos que no sab en lo que hacen. Pero tambi´en puede tratarse de una p el´ıcula realista, en la que el p ersona je que previene contra los fantasmas lo hace, digamos, p orque est´a buscando un tesoro o culto en la casa y emplea ciertos trucos para ahuyentar a otras p ersonas que pudieran encontrarlo antes. En tal caso, los incr´edulos que se adentran en la casa son p ersona jes m´as inteligentes que los b ob os a los que el “malo” ha conseguido acobardar. Lo imp ortante es que el juicio que el esp ectador se forme sobre los p erso- na jes no deb e dep ender de su opini´on p ersonal sobre si existen o no fantasmas

1.1. Conjuntos

3

(su concep ci´on de la realidad externa) sino de la realidad interna que presenta la p el´ıcula. De otro mo do, si, p or ejemplo, la p el´ıcula es de fantasmas y el es- p ectador se niega a aceptar internamente la existencia de fantasmas, no p o dr´a entender el final, cuando los fantasmas se manifiesten abiertamente y no dejen lugar a dudas de su existencia (interna).

Los p ersona jes de nuestra p el´ıcula se llaman conjuntos. Los matem´aticos los llaman habitualmente conjuntos, sin m´as, p ero nosotros necesitamos intro ducir una precisi´on y, p or ello, los llamaremos conjuntos internos. Del mismo mo do que un p ersona je de una p el´ıcula pretende ser (y es internamente) una p ersona (aunque externamente pueda no existir, p or ejemplo, p orque sea una imagen creada p or ordenador), los conjuntos internos de nuestra p el´ıcula pretenden ser (y son internamente) colecciones de ob jetos. ¿De qu´e ob jetos? Nuestra p el´ıcula es, en este sentido, bastante econ´omica: los ob jetos que forman parte de un conjunto interno son otros conjuntos internos. En nuestra p el´ıcula no hay nada m´as que conjuntos internos.

As´ı pues, un conjunto interno B es, en nuestra p el´ıcula, una colecci´on de conjuntos internos. Si A es uno de estos conjuntos internos que forman parte de B , representaremos este hecho con la notaci´on

A B .

Habitualmente se lee A pertenece a B ”, aunque tambi´en p o demos decir que A es un elemento de B o que A est´a en B ”, etc. Para indicar lo contrario se escrib e A / B .

Una p el´ıcula coherente ha de resp etar unas normas, que pueden fijarse ar- bitrariamente (siempre que no se incurra en contradicciones) p ero que, una vez fijadas, se han de resp etar. Por ejemplo, en una p el´ıcula que narre una ficticia conspiraci´on para matar al presidente de los Estados Unidos, p o dr´an aparecer p ersona jes ficticios, incluso un presidente de los Estados Unidos ficticio, p ero no p o dr´a aparecer un asesino con cuatro manos. En otro tip o de p el´ıculas s´ı que p o dr´a aparecer un p ersona je con cuatro manos, p ero en ´esta no. Por el contra- rio, para que la trama del complot resulte interesante, tendr´a que someterse al principio de que to dos los p ersona jes sean seres humanos “normales”.

Nuestra p el´ıcula tambi´en tiene sus leyes internas, llamadas axiomas. Son principios que los conjuntos internos resp etan para que el argumento resulte a la vez coherente e interesante. Del mismo mo do que muchas p el´ıculas exigen que sus p ersona jes tengan el asp ecto y el comp ortamiento de seres humanos “normales”, nosotros vamos a p edir a nuestros conjuntos internos que se com- p orten como lo que queremos que sean internamente, es decir, meras colecciones de elementos. El principio que garantiza esto se cono ce como axioma de exten- sionalidad:

Axioma de extensionalidad Si dos conjuntos tienen los mismos elementos, entonces son iguales.

4

Cap´ıtulo 1. Preliminares conjuntistas

En la pr´actica, esto significa que si tenemos dos conjuntos A y B y queremos probar que A = B , bastar´a con que tomemos un elemento arbitrario x A y logremos probar que tambi´en x B , y viceversa.

Conviene intro ducir la notaci´on A B para referirse a “la mitad” de este hecho. Diremos que un conjunto interno A es un subconjunto de un conjunto interno B (y se representa como acabamos de indicar) si to do elemento de A es tambi´en un elemento de B . En estos t´erminos, el axioma de extensionalidad afirma que la igualdad A = B equivale a las dos inclusiones A B y B A.

Desde un punto de vista m´as te´orico, el axioma de extensionalidad puede verse as´ı: llamamos extensi´on de un conjunto interno B a to dos los conjuntos internos A que cumplen A B . El axioma de extensionalidad afirma que dos conjuntos internos son iguales si y s´olo si tienen la misma extensi´on. Es este axioma el que nos p ermite afirmar que un conjunto no es ni m´as ni menos que su extensi´on 1 y, p or consiguiente, que es una colecci´on de conjuntos internos.

En este punto es crucial que hagamos una observaci´on: el hecho de que los conjuntos internos sean colecciones de conjuntos internos no nos garantiza que to da colecci´on de conjuntos internos sea (la extensi´on de) un conjunto interno. De hecho, sucede que es l´ogicamente imp osible que esto sea as´ı. Vamos a ver p or qu´e.

Po demos esp ecificar una colecci´on de conjuntos internos a trav´es de una propiedad comun´ a to dos ellos. Por ejemplo, vamos a considerar la propiedad P (x) x / x. M´as claramente: dado un conjunto interno x, diremos que cumple la propiedad P (x) si no se p ertenece a s´ı mismo. Nadie dice que tenga que hab er conjuntos internos que se p ertenezcan a s´ı mismos. Si no los hay, lo que tenemos es que to dos los conjuntos cumplen la propiedad P (x). En cualquier caso, p o demos llamar R a la colecci´on de to dos los conjuntos internos que cumplen P (x). Ciertamente, se trata de una colecci´on de conjuntos internos definida con to da precisi´on. Pero nos formulamos la pregunta siguiente:

¿Es R la extensi´on de un conjunto interno? o, dicho de otro mo do, ¿existe un conjunto interno R cuyos elementos sean precisamente los conjuntos internos que no se p ertenecen a s´ı mismos? La respuesta es negativa. Si existiera tal conjunto R , tendr´ıa que darse una de estas dos alternativas: o bien R R , o bien R / R . Pero sucede que ambas nos llevan a una contradicci´on. Si sup onemos que R R , entonces, p or definici´on de R , tenemos que R es un conjunto interno que cumple la propiedad P (R ), es decir, que cumple R / R , y est´abamos sup oniendo lo contrario. Es imp osible. Por otra parte, si R / R , entonces R es un conjunto interno que

1 Conviene tener presente que esto no es una necesidad l´ogica. En nuestra p el´ıcula p o dr´ıamos hab er decidido que los conjuntos tuvieran otras propiedades relevantes adem´as de su extensi´on. Por ejemplo, p o dr´ıamos hab er decidido que hubiera conjuntos blancos y negros, de mo do que p o dr´ıa hab er dos conjuntos distintos A y B que tuvieran amb os un unico´ elemento C , p ero que fueran distintos p orque A fuera blanco y B fuera negro. Lo que afirma el axioma de extensionalidad es que un conjunto interno no tiene ninguna otra propiedad distintiva m´as que su extensi´on.

1.1. Conjuntos

5

cumple la propiedad P (R ), luego deb er´ıa ser R R , lo cual es nuevamente absurdo. Los matem´aticos suelen expresar esto diciendo que no existe ningun´ conjunto que contenga a los conjuntos que no se p ertenecen a s´ı mismos, p ero, dicho as´ı, es dif´ıcil de digerir, p orque parece que se nos est´e negando la p osibilidad de p ensar en la colecci´on de los conjuntos que verifican una determinada propiedad que no tiene nada de ambiguo. Sin embargo, bien entendida, esta “parado ja” no tiene nada de extrano.˜ Lo que acabamos de probar es que la colecci´on R no es la extensi´on de ningun´ conjunto interno. Los matem´aticos expresan esto de forma m´as afortunada diciendo que R es una “clase propia”, una colecci´on de ob jetos formada p or p ersona jes de nuestra p el´ıcula p ero que no es ella misma un p ersona je de nuestra p el´ıcula, una colecci´on externa a ella, que est´a “detr´as de las c´amaras”.

Quiz´a esta comparaci´on sirva de ayuda: imaginemos un decorado para una p el´ıcula de romanos. Es una sala de un palacio y en un punto hay un jarr´on con flores, y dentro del jarr´on con flores est´a o culto un micr´ofono. Po demos decir que el jarr´on es un ob jeto interno de la p el´ıcula. El esp ectador lo ver´a y deb er´a entender que es un jarr´on. En cambio, el micr´ofono es un ob jeto externo. El esp ectador no deb e verlo o, si lo ve, deb e aparentar ser otra cosa, p or ejemplo, una flor. Po demos decir que el micr´ofono no existe internamente, en el sentido de que,

si existiera, la p el´ıcula se volver´ıa contradictoria, ya que en un palacio romano

del siglo I a.C. no puede hab er un micr´ofono. En la pr´actica, que no exista internamente no significa que no exista, p orque lo cierto es que est´a ah´ı, sino que no puede verse y que ningun´ p ersona je de la p el´ıcula puede aludir a ´el como p o dr´ıa aludir al jarr´on con flores.

Igualmente, la clase R “est´a ah´ı”, p ero es externa a nuestra p el´ıcula. Si la consideramos como parte de sus p ersona jes llegamos a una contradicci´on, como ser´ıa una contradicci´on que Julio C´esar llevara un crucifijo. Po demos demostrar que R no existe igual que p o demos “demostrar” que Julio C´esar no

lleva crucifijo, sin p erjuicio de que, si, en una determinada escena, Julio C´esar lleva una coraza, deba jo de la coraza pueda llevar un crucifijo colgado del cuello

si el actor es cristiano. Observemos que, visto as´ı, la clase R no es contradictoria. Haciendo un uso

externo del signo , p o demos decir que R / R , y no hay contradicci´on p orque R es la clase de to dos los conjuntos internos que no se p ertenecen a s´ı mismos. Para p ertenecer a R hay que cumplir dos requisitos: 1) ser un conjunto interno

y

2) no p ertenecerse a s´ı mismo. Tenemos que R cumple 2), p ero le falla 1),

y

p or eso no p o demos concluir que R R , y no llegamos, pues, a ninguna

contradicci´on. M´as en general, hemos de tener presente que un conjunto interno es una colecci´on de conjuntos internos, luego en ningun´ caso puede p ertenecerle una colecci´on de conjuntos que no sea un conjunto interno. Una colecci´on de conjun- tos externa puede estar formada p or algunos conjuntos internos, p ero no puede formar parte de un conjunto interno. Esto nos plantea el problema de esp ecificar con qu´e colecciones de conjuntos

6

Cap´ıtulo 1. Preliminares conjuntistas

internos p o demos contar en nuestra p el´ıcula. No p o demos afirmar que, para

to da propiedad P (x), existe un conjunto interno formado p or to dos los conjuntos

internos que cumplan P (x), ya que, tomando P (x) x / x, esto nos p ermitir´ıa

concluir que R es un conjunto interno y nuestra p el´ıcula se derrumbar´ıa, como

si Julio C´esar exhibiera un crucifijo.

Los matem´aticos tuvieron que p ensar durante mucho tiemp o sobre qu´e pro- piedades P (x) son admisibles para definir conjuntos y cu´ales no. Aparte de

x / x, hay muchas otras propiedades que dan lugar a clases propias, es decir,

a colecciones de conjuntos internos que dar´ıan lugar a contradicciones si les concedi´eramos la existencia interna en nuestra p el´ıcula.

Afortunadamente, las unicas´ propiedades que dan lugar a clases propias son las que definir´ıan conjuntos “demasiado grandes”. Por ejemplo, puede probarse que no existe un conjunto interno que contenga a to dos los conjuntos internos o, equivalentemente, que la clase de to dos los conjuntos internos no es un conjunto interno, como tamp o co lo es la clase de to dos los conjuntos internos que tienen un unico´ elemento, etc. Decimos “afortunadamente” p orque la pr´actica matem´atica usual no re- quiere considerar tales colecciones enormes. Po demos hablar de conjuntos in- ternos con un elemento sin necesidad de tratar con la clase enorme de to dos los conjuntos internos con un elemento, p o demos hablar de conjuntos internos sin necesidad de hablar de la clase enorme de to dos los conjuntos internos, etc. El axioma m´as general que vamos a aceptar sobre formaci´on de conjuntos a partir de propiedades es el siguiente:

, x n son conjuntos internos y con- , x n ), entonces existe un conjunto

interno cuyos elementos son los conjuntos internos x A que cumplen la pro-

piedad P . Lo representaremos por

Axioma de esp ecificaci´on Si A, x 1 , sideramos una propiedad interna P (x, x 1 ,

{x A | P (x, x 1 ,

, x n )}.

Aqu´ı hemos empleado p or primera vez la expresi´on propiedad interna para referirnos, concretamente, a cualquier propiedad que pueda expresarse exclu- sivamente en t´erminos del signo y de conceptos l´ogicos, como “y”, “o”, ”, “existe”, “para to do”, “=”, etc. Esto significa que, p or ejemplo, no p o demos definir el conjunto de to dos los conjuntos que son “verdes”, ya que “verdes” no es un concepto definido a partir de y de conceptos l´ogicos.

La clave del axioma de esp ecificaci´on es que s´olo p ermite que una propie- dad seleccione algunos conjuntos internos de entre los conjuntos internos que p ertenecen a un conjunto interno dado A. Aunque p o damos escribir

{x | P (x, x 1 ,

, x n )}

para referirnos a la colecci´on de to dos los conjuntos internos x que cumplen la propiedad P , no p o demos pretender que tal colecci´on de conjuntos internos sea

1.2.

Los conceptos conjuntistas b´asicos

7

la extensi´on de un conjunto interno. Al contrario, p o demos encontrarnos con una contradicci´on que demuestre que tal colecci´on de conjuntos es una clase propia, externa a nuestra p el´ıcula.

As´ı, dado un conjunto interno A, p o demos considerar como p ersona je de nuestra p el´ıcula al conjunto

R A = {x A | x / x},

y este conjunto no da lugar a ninguna contradicci´on. Ser´ıa una contradicci´on

que cumpliera R A R A , p or lo que p o demos deducir que R A / R A , de donde

a su vez se desprende que R A / A (pues si fuera R A A p o dr´ıamos concluir que R A R A , y tendr´ıamos otra contradicci´on).

No obstante, el axioma de esp ecificaci´on no es suficiente para garantizar la existencia de to dos los conjuntos internos que nos gustar´ıa ver en nuestra p el´ıcula. Por ejemplo, dados dos conjuntos internos u y v , nos gustar´ıa tener un conjunto interno w formado ni m´as ni menos que p or u y v , es decir,

w = {x | x = u o x = v },

p ero esta expresi´on no es de la forma que nos p ermite ap elar al axioma de esp ecificaci´on.

Problemas como ´este se nos presentar´an en muy p o cas o casiones, y s´olo ne- cesitaremos unos p o cos axiomas esp ec´ıficos para asegurar la existencia algunos conjuntos internos como w . Ahora bien, una vez disp ongamos de estos con- ceptos b´asicos, el unico´ principio general de formaci´on de conjuntos que vamos

a necesitar (y el unico´ que tendremos derecho a usar si no queremos caer en contradicciones) ser´a el axioma de esp ecificaci´on.

1.2 Los conceptos conjuntistas b´asicos

En esta secci´on describiremos los p ersona jes b´asicos de nuestra p el´ıcula. Emp ezamos observando que el axioma de esp ecificaci´on que ya hemos discutido requiere cono cer la existencia de al menos un conjunto interno A para generar

a partir de ´el nuevos conjuntos internos, y de momento no cono cemos ninguno.

Por eso necesitaremos algunos axiomas esp ec´ıficos que nos garanticen la exis- tencia de algunos conjuntos que encab ecen nuestro “reparto”.

Axioma del conjunto vac´ıo Existe un conjunto interno que no tiene ningun´ elemento.

pues si

existieran dos conjuntos internos sin elementos, entonces amb os tendr´ıan los

mismos elementos (a sab er, ninguno), luego tendr´ıan que ser el mismo. Esta unicidad nos p ermite darle un nombre. Lo llamaremos conjunto vac´ıo y lo representaremos p or .

El axioma de extensionalidad implica que tal conjunto es unico,´

8

Cap´ıtulo 1. Preliminares conjuntistas

Axioma del par Dados dos conjuntos internos u y v , existe un conjunto interno cuyos elementos son exactamente u y v .

Nuevamente, el axioma de extensionalidad garantiza que s´olo puede hab er un conjunto interno cuyos elementos sean u y v , pues dos de ellos ser´ıan dos conjuntos con los mismos elementos. Por ello p o demos llamar a tal conjunto el par desordenado formado p or u, y v , y lo representaremos p or {u, v }.

Observemos que, si tenemos dos conjuntos internos u y v , no necesitamos ningun´ axioma que nos de derecho a p ensar coherentemente en la colecci´on formada p or ellos dos. Lo que garantiza el axioma del par es que dicha colecci´on no es externa a nuestra p el´ıcula, sino que tambi´en forma parte de ella.

Tambi´en es imp ortante destacar que el axioma no requiere que los conjuntos

u y v sean distintos. Si son iguales abreviaremos {u, u} = {u}, que es un

conjunto interno que tiene a u como unico´

El nombre de “par desordenado” hace referencia a que, evidentemente, se cumple {u, v } = {v , u}, dado que amb os conjuntos tienen los mismos elementos. Cuando queramos dar imp ortancia al orden en que consideramos dos conjuntos p o demos agruparlos en lo que llamaremos un par ordenado:

elemento.

(u, v ) = {{u}, {u, v }}.

Observemos que (u, v ) es un conjunto interno cuya existencia se demuestra aplicando tres veces el axioma del par. Es f´acil demostrar que la igualdad

y p = q . En particular, si u 6= v , tenemos

(u, v ) = (p, q ) s´olo se da cuando u = v que (u, v ) 6= (v , u).

Ahora p o demos definir una terna ordenada (u, v , w ) = ((u, v ), w ), e igual- mente, una cu´adrupla ordenada (u, v , w , x) = ((u, v , w ), x), etc.

Dados dos conjuntos u y v , definimos su uni´on y su intersecci´on como

u v = {x | x u o x v },

u v = {x | x u y x v }.

El lector deb er´ıa protestar ante estas definiciones, ya que parecen aplicacio- nes del axioma de esp ecificaci´on y, sin embargo, no resp etan su estructura, ya

que no estamos restringiendo la selecci´on a los x que p ertenecen a un conjunto

A prefijado. En el caso de la intersecci´on esto se puede arreglar, ya que p o demos

escribir

u v = {x u | x v },

sin embargo, con la uni´on la ob jeci´on es irrefutable, p or lo que necesitamos un axioma esp ec´ıfico:

Axioma de la uni´on Dados dos conjuntos internos, existe un conjunto in- terno cuyos elementos son los conjuntos internos que pertenecen a cualquiera de los dos conjuntos dados. 2

2 En realidad, la teor´ıa de conjuntos requiere un axioma de la uni´on m´as fuerte que ´este, p ero no necesitamos explicitar este hecho.

1.2.

Los conceptos conjuntistas b´asicos

9

Esto nos p ermite hablar de conjuntos internos como

{a, b, c, d} = {a} {b} {c} {d},

que es el unico´ nos a, b, c, d.

Otro uso v´alido del axioma de esp ecificaci´on es la definici´on del complemen- tario de un conjunto interno en otro:

conjunto interno cuyos elementos son los cuatro conjuntos inter-

El ultimo´

u \ v = {x u | x /

v }.

concepto b´asico que requiere su axioma esp ec´ıfico es el siguiente:

Axioma del conjunto de partes Dado un conjunto interno A, existe un conjunto interno cuyos elementos son todos los subconjuntos de A.

A dicho conjunto lo llamaremos conjunto de las partes de A:

PA = {x | x A}.

Observemos que si u A y v B , entonces u, v A B , luego

{u}, {u, v } P(A B ),

luego

(u, v ) = {{u}, {u, v }} P(P(A B )).

Esto implica que, aunque la definici´on

A × B = {(u, v ) | u A, v B }

p o dr´ıa parecer un uso fraudulento del axioma de esp ecificaci´on, en realidad es leg´ıtima, p orque p o dr´ıamos hab er escrito

A × B = {(u, v ) P(P(A B )) | u A, v B }.

Este conjunto, es decir, el conjunto de to dos los pares ordenados con primera comp onente en A y segunda comp onente en B , se llama producto cartesiano de A y B .

Terminaremos esta secci´on esb ozando la construcci´on del conjunto N de los

numeros´

conjunto interno que tenga este asp ecto:

naturales. La idea que p erseguimos es demostrar la existencia de un

N = {0, 1, 2, 3, 4,

}

Pero, para ello, tenemos dos problemas: en primer lugar, para que N sea un conjunto interno hemos de definir sus elementos 0, 1, 2, etc. de tal mo do que p o damos considerar a cada uno de ellos como un conjunto interno, y en segundo

10

Cap´ıtulo 1. Preliminares conjuntistas

lugar hemos de arregl´arnoslas para definir un conjunto N que los tenga a ellos p or elementos y s´olo a ellos.

El primer problema es f´acil de resolver. Si p ensamos en los numeros´ naturales

como en ciertos “p ersona jes hist´oricos”, lo que necesitamos es seleccionar unos

actores que interpreten estos pap eles en nuestra p el´ıcula. Como numero´ 0, ninguno parece m´as id´oneo que el conjunto vac´ıo. En lo sucesivo llamaremos numer´ o natural 0 a 0 = . Esto significa que, cuando p ensemos en el conjunto

vac´ıo como en el unico´ conjunto interno sin elementos, escribiremos , mientras que cuando p ensemos en ´el como numero´ natural 0 escribiremos 0, si bien se trata en amb os casos del mismo conjunto.

A continuaci´on definimos, para cualquier conjunto interno x, el que llama-

remos siguiente de x, que ser´a x 0 = x {x}. En particular, definimos

1 = 0 0 = {} = {} = {0},

2 = 1 0 = 1 {1} = {0} {1}

= {0, 1},

3 = 2 0 = 2 {2} = {0, 1} {2} = {0, 1, 2},

y as´ı sucesivamente. El problema que nos queda es convertir el “as´ı sucesiva- mente” en una propiedad interna que p o damos usar para definir el conjunto interno N. Para ello definimos:

Un conjunto interno A es inductivo si 0 A y, siempre que un conjunto x cumple x A, tambi´en se cumple que x 0 A.

Es decir, un conjunto es inductivo si contiene a to dos los conjuntos internos que queremos tomar como numeros´ naturales. Ahora necesitamos el ultimo´ axioma que p erfilar´a el comp ortamiento b´asico de los conjuntos internos:

Axioma de infinitud Existe un conjunto interno inductivo.

Se llama axioma de infinitud p orque sin ´el es imp osible, no ya construir los

numeros´

que sea infinito.

El problema de los conjuntos inductivos es que, adem´as de los numeros´ naturales, pueden contener otros conjuntos. La definici´on siguiente resuelve este problema:

naturales, sino siquiera demostrar la existencia de un conjunto interno

Llamaremos conjunto de los numer´ os naturales al conjunto interno

N = {x A | x p ertenece a to dos los conjuntos internos inductivos},

donde A es un conjunto inductivo arbitrario. Es claro que N no dep ende de la elecci´on de A, pues si llamamos N A y N B a los conjuntos definidos de este mo do

a partir de dos conjuntos inductivos A y B , entonces to do x N A p ertenece

a to dos los conjuntos inductivos, en particular a B , luego tambi´en x N B , y viceversa, luego N A = N B .

A partir de aqu´ı, es una pura rutina demostrar los siguientes hechos b´asicos

sobre los numeros´

naturales:

1.2.

Los conceptos conjuntistas b´asicos

11

1. 0 N y, si n N, entonces n 0 N (el cero es un numer´

o natural y el

siguiente de un numer´

o natural es tambi´en un numer´

o natural).

2. No existe ningun´ n N tal que n 0 = 0 (el cero no es el siguiente de ningun´ numer´ o natural).

3. Si n N y n 6= 0, existe un m N tal que n = m 0 (todo numer´

o natural

no nulo es el siguiente de otro numer´

o natural.

4. Si m, n N y m 0 = n 0 entonces m = n (numer´ tes distintos).

5. Si A N es un conjunto interno tal que 0 A y, cuando n A, tambi´en n 0 A, entonces A = N.

os distintos tienen siguien-

La ultima´ propiedad se cono ce como principio de inducci´on y, aunque pa- rezca la propiedad m´as compleja de las cinco, es una de las m´as f´aciles de demostrar: un conjunto A en tales condiciones es, p or definici´on, inductivo, luego si n N, se cumple que n A p or definici´on de N, es decir, p orque n ha de p ertenecer a to dos los conjuntos internos inductivos. Por consiguiente, N A, lo que, unido a la hip´otesis de que A N, nos da que A = N.

Las propiedades 1. y 2. son inmediatas, 3. se prueba trivialmente usando 5. (que ya est´a probada).

Ejercicio: Probar 4. siguiendo este esquema:

a) Demostrar p or inducci´on sobre n que si m n N, entonces m n.

b) Demostrar p or inducci´on que, si n N, entonces n / n.

c) Demostrar 4. p or reducci´on al absurdo: si m 6= n, entonces m n y n m. Llegar de aqu´ı a una contradicci´on.

A veces es m´as c´omo do expresar el principio de inducci´on en t´erminos de

, x n y una propiedad interna

propiedades: Dados unos conjuntos internos x 1 ,

P (n, x 1 ,

, x n ), p o demos considerar el conjunto interno

A = {n N | P (n, x 1 ,

, x n )}.

Lo que dice el principio de inducci´on para el caso del conjunto A es que, si 0 tiene la propiedad P y, supuesto que un n N tiene P , p o demos probar que n 0 tambi´en tiene la propiedad P , entonces p o demos asegurar que to do numero´ natural tiene la propiedad P .

Las cinco propiedades que hemos enunciado sobre los numeros´ naturales se cono cen como axiomas de Peano (aunque no son axiomas, sino teoremas de nuestra p el´ıcula). Peano cre´ıa, y muchos matem´aticos siguen creyendo actual- mente, que determinan completamente al conjunto N de los numeros´ naturales, en el sentido de que no puede hab er m´as que un conjunto que cumpla esas cinco propiedades. Esto es cierto si, p or “conjunto”, entendemos “conjunto interno”, es decir, un conjunto de los que forman parte de nuestra p el´ıcula.

12

Cap´ıtulo 1. Preliminares conjuntistas

Ejercicio: Demostrar que si N 1 y N 2 son dos conjuntos internos que cumplen los cinco axiomas de Peano, entonces N 1 = N 1 N 2 = N 2 .

Ahora bien, quienes creen que los axiomas de Peano determinan de forma ab- soluta el conjunto de los numeros´ naturales no tienen en cuenta que las p el´ıculas son p el´ıculas. No es ´este el mejor momento para discutir sobre la cuesti´on. Vol- veremos sobre ella m´as tarde. De momento dejamos unicamen´ te esta idea al lector: En el mundo real s´olo ha habido un Julio C´esar, y, p or ello, en una p el´ıcula sobre Julio C´esar s´olo puede hab er un p ersona je que sea Julio C´esar, p ero eso no garantiza que el Julio C´esar que presente la p el´ıcula sea una imagen fiel del Julio C´esar hist´orico. Ser´ıa un error garrafal afirmar que el Julio C´esar de la p el´ıcula ha de ser id´entico al Julio C´esar real p orque no puede hab er m´as que un Julio C´esar. En realidad tenemos dos unicidades: hay un unico´ Julio C´esar externo y un unico´ Julio C´esar interno, p ero el Julio C´esar interno puede ser muy diferente del Julio C´esar externo.

1.3 Elementos de teor´ıa de conjuntos

Una vez presentados los principales p ersona jes de nuestra p el´ıcula, ahora va- mos a dar algunos detalles del argumento. Puesto que to do lo que vamos a decir hace referencia a lo que sucede en la realidad de nuestra p el´ıcula, hablaremos de “conjuntos” entendiendo que en to do momento nos referimos a conjuntos internos.

1.3.1 Funciones

Definici´on 1.1 Dados dos conjuntos A y B , una aplicaci´on (o una funci´on)

f : A −→ B es un sub conjunto f A × B tal que, para cada a A, existe un

unico´ b B tal que (a, b) f . Este unico´ b se llama imagen p or f del conjunto

a, y se representa p or b = f (a). Tambi´en se dice que a es una antiimagen de b

p or f .

En la pr´actica, para definir una aplicaci´on f : A −→ B p o demos olvidar que estamos definiendo un conjunto de pares ordenados y definir simplemente f (a) para to do a A. En el fondo, esto es siempre una aplicaci´on del axioma de esp ecificaci´on. Por ejemplo, si definimos s : N −→ N como la aplicaci´on dada p or s(n) = n 0 , con m´as precisi´on estamos definiendo el conjunto

s = {(n, m) N × N | m = n 0 }.

Definici´on 1.2 Una aplicaci´on f : A −→ B es inyectiva si elementos distintos de A tienen im´agenes distintas en B o, alternativamente, si cuando f (a) = f (a 0 ), entonces a = a 0 .

Diremos que f es suprayectiva si to do elemento de B tiene al menos una antiimagen en A. Diremos que f es biyectiva si es inyectiva y suprayectiva.

1.3.

Elementos de teor´ıa de conjuntos

13

Definimos 3

B A = {f | f : A −→ B }.

Si f : A −→ B y g : B −→ C , definimos la composici´on f g : A −→ C como la aplicaci´on dada p or (f g )(a) = g (f (a)).

La aplicaci´on identidad I A : A −→ A en un conjunto A es la aplicaci´on biyectiva dada p or I A (a) = a.

Si A B , la inclusi´on de A en B es la aplicaci´on i : A −→ B dada p or i(a) = a (de mo do que la identidad es la inclusi´on de un conjunto en s´ı mismo).

Si f : A −→ B es una aplicaci´on biyectiva, p o demos definir la aplicaci´on inversa f 1 : B −→ A como la aplicaci´on

f 1 = {(b, a) B × A | f (a) = b}.

De este mo do, f (a) = b equivale a f 1 (b) = a. Es f´acil ver que f 1 es

tambi´en biyectiva y es la unica´ aplicaci´on g : B −→ A que cumple f g = I A y

g

Si f : A −→ B y C A, llamaremos restricci´on de f a C a la aplicaci´on

f

f = I B .

| C : C −→ A dada p or f | C (c) = f (c), para to do c C .

Ejercicio: Comprobar que la comp osici´on de aplicaciones inyectivas, suprayectivas o biyectivas es tambi´en inyectiva, suprayectiva o biyectiva.

Teorema 1.3 (Teorema de recursi´on) Dado un conjunto A, un conjunto

a aplicaci´on f : N −→ A

que cumple f (0) = a y, para todo n

a A y una aplicaci´on g : A −→ A, existe una unic´

N, f (n 0 ) = g (