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BIBLIOTECA DE PSICOLOGÍA

tOO

TEORIA DE LA COMUNICACIÓN

HUMANA

Por PAUL WATZLAWJCK, JANET HELMICK BEAVIN y DON D. JACKSON

BARCELONA

EDITORIAL HERDER

198,

PAUL WATZLAWICK, · JANET HELMICK BEAVIN y DON D. JACKSON

TEORÍA DE LA

COMUNICACIÓN

HUMANA

'JntmiCcionts•. (Jatolll!lias y

(Jaradojas

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BARCELONA

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EDITORIAL HERDER

198,

Vcnióa cutcllana de la obra de

PAtJL WATZI.Ao.WJCk, JANtt HILMtCK BL\YlN '1 DoN D. JACUON,

Pra¡nuJIÍí'l of H~UNJII Commuii;NIIIM, W. W. Norton A COIIlp.IEL'I, Inc., 1967

W. W. Norton A COIIlp.IEL'I, Inc., 1967 .i} 1961 W. W. N"""" &: Compt~~~)l,

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New Ycwk @ 1911 EdltorlfJI Herdn S.A., .&lrceiMtl DEPÓino LIOAL: 8. 9.561-191S PaiNTm IN SP.t.tN OA.t.FESA
New Ycwk @ 1911 EdltorlfJI Herdn S.A., .&lrceiMtl DEPÓino LIOAL: 8. 9.561-191S PaiNTm IN SP.t.tN OA.t.FESA

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NipoM, U9

DEPÓino LIOAL: 8. 9.561-191S PaiNTm IN SP.t.tN OA.t.FESA NipoM, U9 A Gregory Batll8on mentor 11 amigo

A

Gregory Batll8on mentor 11 amigo •

JNDICE

Prefacio .

 

JI

Introducción .

 

17

l.

Marco de referencia.

21

2.

Algunos axiomas exploratorios de la comunicación

49

3.

La comunicación patológica .

73

4.

La organización de la interacción humana .

115

5.

Un análisis comunicacional de la obra c¿Quién teme a Virginia Woolf?>t

141

6.

La comunicación

paradójica

173

7.

Paradojas en psicoterapia

213

Epilogo. El existencialismo y la teorla de la comunica-

 

ción

humana:

un enfoque

235

Glosario.

249

Bibliografía

 

253

PREFACIO A LA SEGUNDA

EDICióN CASTELLANA

Cuando, para el estudio de la conducta humana, se desplaza el énfasis de las intenciones a los efectos de los actos, se opera una modificación cualitativa que afecta la visión del mundo de quien lo lleva a cabo. Se pasa de una perspectiva fundamental- mente retrospectiva, introspectiva, basada en una lógica causal

y linear, a una predominantemente predictiva, centrada en ob- servaciones consensuales. que opera sobre la base de una lógica recursiva o dialéctica. Y. cuando se desplaza el acento desde los procesos intrapsiquicos hacia los fenómenos interaccionales, se expande drásticamente la comprensión de la conducta hu- mana: la psicología y psicopatología tradicionales pasan a ad- quirir el carácter de una suerte de anatomía descriptiva que puede dar cuenta de ciertos elementos pero que malamente sirve para describir y explicar los complejos procesos interper- sonales que inscriben y dan sentido a la conducta del individuo en su coqtexto. Es includable que el primer aporte en el camino de esta ex- pansión debe ser adjudicado al psicoanálisis, que amplió y enriqueció la comprensión de los comportamientos a la luz del enfoque dinámico genético-evolutivo. Es indudable también que la exploración de la instancia intra-psíquica requirió la construcción de un conjunto coherente de hipótesis explicativas

y auxiliares, y, concordantemente, el desarrollo de una her- menéutica propia. Esta óptica intra-psiquica impidió en etapas posteriores la aplicación del modelo psicoanalítico ·a otros cam- pos -los fenómenos grupales, las conductas sociales, etc. - máa aJIA de la mera .transpolación antropomórfica. El carácter reconstructivo de esa teoría condujo asimismo a la producción de expliqciones circulares que invalidaban toda puesta a prueba del modelo. El p~icoanálisis, utilizado como lenguaje e instru- mento interdisciplinario y riguroso, mostraba algunas deficien- cias insalvables. La segunda gran expansión de las ciencias del comporta- miento fue generada por lo que acabó llamándose el enfoque comunicacional o interacciona! o sistánico. Su origen se nutre

JI

de campos tales como la ingeníerfa de conmunícacíones :y la cibernética, además de la antropologla y la teoría de los SJste· mas. Es posible que haya sido precisamente esta caracterlstica la que le otorgó tal cualidad expansiva, en tanto proporcionó un modelo general, no enraizado en campo especifico, que puede ser aplicado con comodidad tanto en las ciencias psicológicas como en las ciencias sociales, y en cada uno de los diferentes niveles de ambas. A partir de 1945, afio de la publicación de los primeros trabajos de Wiener y Rosenblueth, de Shannon y Weaver, y de von Bertalanffy, proliferó una producción científica vasta y multifacética. Por una parte, se desarrolló la teorla de la información, de base notoriamente tecnológica, centrada en el estudio de las condiciones ideales para la transmisión de in· formación y en los Umites y las perturbaciones ~e los sistemas artificiales de comunicación. Por otra parte, se expandió el campo de la comunicación de masas. centrada en el estudio de las características y los efectos de los medios de comuni· cación masivos. Finalmente, y nutriéndose de las contribuciones del notable antropólogo y epistemólogo inglés Gregory Bateson -a quien er.te libro está dedicado- y de diversos investiga· dores del Mental Research Institute de Palo Alto, California, USA, se fue perfilando la base conceptual del modelo interac· cional o pragmático de la comunicación humana, centrado ya no en el estudio de las condiciones ideales de comunicación sino

en

el

estudio de la interacción tal clllll se da de

hecho entre

seres humano.r.

Estos últimos desarrollos presentan un curso comparativa· mente tortuoso. Y no es extraiío que haya sido así. Cuando se aprende un lenguaje nuevo cuya estructura es cualitativa· mente distinta de la del que se conoce, se debe reemplazar no sólo un vocabulario - P.&ra el que se puede establecer senci· !las equivalencias de diccionario- sino un conjunto de reglas tlt! construcción que en muchos casos importa una modificación ·de las operaciones perceptuales y conceptuales que deben rea• !izar los ínter-actores. Comenzar a estudiar los fenómenos de la comunicación hu· mana desde el punto de vista pragmático significa para quien los explora no sólo la apertura de un campo fascinante sino la dura· tarea de desaprender mucho de lo aprendido: el observar con una nueva óptica y pensar con una nueva lógica una miríada de fenómenos ya estudiados desde otros ll.ngulos por la psico- logia tradicional exige el esfuerzo simultáneo de luchar en con· tra de la contaminación por parte· de los hábitos previos ~ pensar y de percibir. Un interés y una dificultad adicional pro· vienen del hecho de que los fenómenos de la comunicación huma· 11a presentan múltiples niveles de análisis, y el análisis de cuales- quiera de ellos. en forma aislada puede empobrecer notoriamente

12

lo observado. Pero, por otra parte, de no hacerse asl -

restrin·

giendo selectivamente los observables-, el monto de la infor· ·mación que se intercambia en toda situación. de interacción hu· mana es tan enorme que su estudio resultaría poco menos que

imposible. El proceso de aprendizaje en que se ve envuelto el ser hu- mano desde el mismo momento de su nacimiento transcurre en un medio que transmite informa~ión y modos de calibrar ~icha información, que enaeña lengua¡es y reglas ace'?l de d1_chos lenguajes, que va organizando la conducta del SUJeto med1ante pautas regladas de interacción muy complejas, muy precisas. Y totalmente fuera del nivel de percatación -salvo, tal vez. cuan- do tales reglas se ven violadas. Este proceso determina o favo· rece a su vez una visión de si y del mundo que se incorpora al estilo del sujeto sin cuestionamiento y sin conciencia de su exis· tencia. Nadie nos enseña específicamente cómo se combinan los mensajes verbales y los gesturales, por ejemplo, pero de todas maneras se enseña y aprende. Nadie explica en qué consiste una coalición y cómo se propo~e y corrige, pe~ ~u ~~rendizaje tiene Jugar desde el mismo com1enzo de la soc1ahzac1on, a través de

la experiencia interacciona! cotidiana. Las enseñanzas impllcitas

y las meta-enseñanzas- enseñanzas acerca de las reglas y moda·

lidades de aprendizaje- excede:!' inmensamente al ca~dal de.la enseñanza explícita. La compleJidad de los procesos mteracc1o·

nales es enorme, y su riqueza informativa,

pasmosa.

.•

La lectura de este libro nos abre las puertas de un. mundo que resulta a la vez familiar e insólito. Familiar en tanto su tema es el hecho comunicacional, que pertenece a. lo más

básico de la experiencia humana. E insólito porque analiza a fondo y en forma ordenada una serie de fenómenos que. pese

a estar al alcance de nuestra experiencia cotidiana, pese a ser

transmitidos, aprendidos, enseñados, corregidos y recorregidos una y mil veces. l!C dan habitualmente fuera del campo de la percatación consciente, tal vez. en .su mi;ma. fr?ntera. De ahl deriva, probablemente, la exper1enc1a de llpo ms1ght que genera

. El estudiar y comprender al ser. hut;nano des?e el.~d~~a que se propone aqul es una expenenc1a de enr1~~ec1mtento m· telectual. El ojo se ensancha. Nuestra comprenSton acerca del comportamiento humano se amplía dr~máticamente. ~no de los procesos más significativos y más· prop1o~ de la especte human~. la comunicación, aparece con nuevos reheves. y nueva profundt· dad. Se diversifica, asimismo, nuestro bagaJe de tnstrumentos clinicos. Y. por cierto, se multiplica el monto. de los in_te~ro· gantes y de las áreas q~ se abren a la exp~oractón. Esta ulttma ·constituye una prueba trrefutable, de necesttarse a!Buna. acerca de la fertilidad que posee el campo ~e la pr~gmáttca de la ~o· municación humana que abre este hbro hmmar. Su contentdo

la

lectura de muchos pasajes del libro.

13

es tan actual ahora como Jo fue

primera edición en castellano. La prueba del tiempo sólo con- tribuye a confirmar su carácter de obra de vansuardia para nuestra comprensión del hombre en su contexto natural de rela- ciOJteS humanas.

hace diez aii~ feclia de su

Dr, Carlos E. Sluzki

Director

Mental Research Jnstitute Palo Alto, California

1

1

Teoría de la comunicación humana

Interacciones, patologías y paradojas

Introducción

Este libro trata sobre-Jos efectos pragmáticos (en la conducta) de la comunicación humana y, en particular, sobre los trastornos de la conducta. En una época en que ni siquiera se han formalizado Jos códigos gramaticales y sintácticos pe 18 comunicac16n verbal y en que se contempla con creciente escepticismo la posibilidad de adscribir a la semántica de la comunicación humana, un encuadre preciso, todo Intento de sistematizar su pragm6.tlca qulz6. parezca UDa prueba de fg. norancla o presúnción. SI en el estado actual del conocimien- to no existe siquiera una explicación adecuada para la adqui· slción del lenguaje natural, ¿cu6.nto m6.s remota es entonces la esperanza de establecer las relacionei formales entre la comUDicaclóti y la conducta? Por otro lado, resulta mdente que la comunicación es una condición sine qua non de la vida humana y el orden social. También es obvio que desde el comienzo de su existencia, un ser .humano participa en el COIJiplejo proceso de adquirir las reglas de la comunicación, ignorando casi por completo en qué consiste. ese conjunto de reglas, ese colculw de la co· municaci6n humana. Este libro 11,0 se propone ir mucho m6.s all6. de ese conoci. miento mínimo. No pretende ser otra cosa que un intel)tO de construir un modelo y UDa presentación de algunos hechos que parecen sustentar ese modeiD. La pragmática dé. la ~ mullipaclón hil111801l es 1,!08 ciencia muy joven, apenas capaz de leer y esCribir su propio nombre, y que está muy lejos de haber· desarroHado un lenguaJe propio coherente. Su integra· ción con muchos otros campos del esfue!'7.0 científico es una esperanza para el futuro. Sin embargo, y confiando en que tal integración se logrará en el futuro, este libro está dirigido a todos )os estudiosos de aquellos campos donde se enfrentan problemas de· Interacción sistémica en el mAs amplio rentido del témllno. Podrla argumentarre que su contenido no tiene en cuenta es- tudios Importantes directamente relacionados con el tema. La escasez de referencias explicitas a la comUDicaclón no verbal podría ser una de tales criticas, y otra seria la falta de re· ferencla a la semántica general. Pero este libro no purde

ser más que una introducción a la pragmática de la .comu- nicación humana {un campo que hasta ahora ha sido objeto de muy escasa atención) y, por lo tanto, no puede se&lar to- das las afinidades existentes con otros campos de investiga- ción sin convertirse en U)la enciclopedia, en el mal sentido de la palabra. Por idéntica razón, fue necesario limitar las referencias a otras numerosas obras sobre la teorla de la co- municación humana sobre todo aquéllas que se limitan a es- tudiar la cOmunicación como un fenómeno unidireccional (del que habla al que escucha) y no llegan a considerar la comw:ücación como un proceso de lntertlCCi6n.

1M lmplicanciu interdiscipllnarias del tema se reflejan en la forma de la presentación. Los ejemplos y las analog!Q lu.eron

~ de UJl& ampll& gama de temas, aunque entre etfos

mlnan los corrrespondientes al campo de la psicooato- logiL Debe quedar especialmente aclar8do que cuando se

roéurrló a las ~

utmzl, como un lmguote notablemente adecuado'para expre- Aif relacinnes complejas y 9.ue su uso no significa que en- tendemos que nuestros datos pueden ya ser cuantificados. Del mismo modo. el empleo bastante frecuente de ejemplos toma• d?' de la literatura puede parecer clentificamente objetable a muchos lectores, pues sin duda el intento de demostrar algo medfmte los productos de la lmaginaci6n artfstlca parece un

~o poco convincente. Sin embargo, estas citas tomadas de la literatura tienen como fin ilustrar y aclarar determinados COIICeptos teóricos, presentándolos en un lenguaje íl,eil-

mente romprensible;

demostrar nada por sf mismas. En sfntesis, tales ejemplos y

a!lalogfas

en busca de analoglas

sólo se las

su empleo J>o si~lflca Que ella{ puedan

definición

y

no

modelos

collltituyen modelos de

· ~fctivos (afiimatfvos).

di~ pasa¡~ de este libro fue n-rio incluir déflni-

~ ,os

cl!meS de conCeptos básicios correspondientes a una variedad de otros campos que son prescindibles para ctialquler experto en ese campo particular. As!, para prevenirlo pero también

para facilitar la oomprensión al 1~ corrient~, se ofrece un ·

. El capitulo 1 intenta establecer el marco de referencia. In- troduce noclonu básicas tales como la de ómci6n (S. 1.2) 1, infonnac;6n Y retroalimentación (S. 1.3) y redundancia (S. U), y postula la ezlstencia de un código todavla no formaU- zado, un ealculw (S. Lll) de la comunicaelón human&, cuyas

breve esquema de los capítulos y sus secciOnes.

1. La 111bdiv1116a

1

de los

o lwpces!GMr al leetar, siDO para

pltuloo DO ae utllloo6 pora cxrafUDdir

iDdicar

,

la 011ructura de la

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de

Ull

pltulo

y facilitar lu

referenda1

~

dentro

18

reglas se observan en la comunicación exitosa pero se violan cuando la comunicación está perturbada. El capitulo 2 define algunos de los axiomas de este cálculo hipotético, mientras que en el capítulo 3 se examinan las

patologías potenciales que dichos axiomas implican. En el capítulo 4 esta teoría de la comunicación se extiende al nivel organizativo o estructural, basado en un modelo de las relaciones humanas como slltema; así, la mayor parte del capítulo está dedicado al examen y la aplicación de los prin- cipios de los Siste'mtU Generala. El capítulo 5 sólo ofrece ejemplos del material relativo a los sistemas, destinados a dar vida y especificidad a esta teo- rla que a fin de cuentas, se ocupa de los efectos inmediatos que los seres humanos ejercen entre si. El capitulo 6 se refiere a los efectos de la paradoja en la conducta. Ello reqniere una definición del concepto (S. 6.1, 6.2 y 6.3), que ~ lector familiarizado con la literatura sobre antinomias, y en particular con la paradoja de Russell, puede omitir. La Sección 4.6 introduce el concepto, menos conocido, de piU'Ildoja pragmática, en particular la teorfa del Doble Vínculo y su ·contribución a la comprensión de la comunica- ción esquizofrénica. El capitulo 7 está dedicado a los efectos terapéuticos de la paradoja. Exceptuando las consideraciones teóricas en S. 7.1 y 7.2, este capitulo fue especialmente escrito con vistas a la aplicación cllnica de las pa11tas paradójicas de comunicación. El Ep{logo, en el que se hace referencia a la comunicación del hombre con la· realidad en el sentido más amplio, no pre- tende proveer más que una visión panorámica. En él. se pos- tula que un cierto orden, análogo a la estructura de niveles de los Tipos Lógicos, impregna la concepción ·humana de la existencia y determina la cognoscibilidad final del universo.

A medida

que una

serie

A medida que una serie de en

de

en

biólogos

hasta

ingenieros

biólogos hasta ingenieros

expertos, desde psiquiatras

y

electricidad. revisaban

critica-

mente el manuscrito, se hizo evidente que cualquiera de ellos podía entender que una secelón determinada era muy elemental mientras qu~ otros opinaban que era demasiado especializada Del mismo modo, podrla considerarse que la Inclusión de definiel'ones -tanto en el texto qomo en las notas al pie- Implica una actitud ofensivamente oondescendiente hacia una persona para quien el término forma parte de su )enguate profesional . cotidiano, mientras que para el lector común la falta de definiciones a menudo parecfa Implicar algo asf co- mo "Si usted no sabe Qué significa, no vamos a tomamo• la molestia de decfrselo". Por lo tanto, se decidió incluir al final del libro un glosario que contiene sólo aquellos términos que no pueden encontrarse en los diccionarios comunes y que no.

19

están defillidos en el texto. ·(En el lndice se indica la ubica- ción de tu definiciones ofrecidas en el texto, con los núme- ros correspondientes a tu páginas en negrita). Los autores desean expresar su agradeclmlento a las nWJie- rosas personas que leyeron todo el manuscrito o parte de el y proporcionaron ayuda, aUento y ccmsejo, en particular Paul S. Achilles, Pb. D., John H. Weakland, M. A., Carlos E. Sluzld, M. D., A. Russell .Lee, M. D., Richard Flsch, M. D., y Arthur Bodin, Pb. D., todos ellos colegas en el Mental Re-

letJrch lnstitute; Albert E. Scheflen, M. D., Eastem Pennsyl-

vanla PsychÚitrÍC lnstltt¡;t11 y la TBmplll UnlOBt'Bity School of

M«<4cinnl; Karl H. Pribram, M. D., Ralph L Jacobs, M. D.,

y William C. Dement, M. D., de la Stan(ord UnloorBity Scltool

of Medklne;. Henry Longley, B. S.

E., Project Eqlneer,

Westem Deulopm~~r~t Laborotorlu (Philco); Noel P. Thomp-

sOO. M. D., M. S. E. E., Jefe de la Di'YiJión de Electrónica Mé-

dica, Pilo Alto M«Ucd. s-eh gél; M. D.,,_Celltllr of ~

FOIIIIddtúm; John P. Spie-

In Pmonallty,' Hllf'IJGfd Uni-

OIII'IIltfl. La responsabilidad por las posiciones adoptadas y los '!mmls que puedan ·haberle oometido COft'8 por cueata uclu· slva de los autores. Este trabajo 110 realizó con la ayuda del Nelftlnal ItiiiUute of

MCflt.Z Health (SUbsidio MH 07459-01), la Roben C. W#we- lllr FOtll1datfon, el /f1/f11168 McKem Qlltell Funcl, y la Nt#l.orwll

Ar,looft¡¡ion for Mmi6Z #«<llla, nya ayuda m:onocemos con

gratitud.

.

Palo Alto, marzo de 1968.

1

Marco de referencia

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funtlldatlll del lftcorUt:lonte. (Oowald Spengler: La

tfecndencla de Occrd.,.!e.)

1.1

.

Consideremos las si¡ulentell situacloues distintas:

El número de zorros que habitan en cierta 6rea situada ftl norte del Canad6 exhibe una notable periodicidad en cuanto a aU'Inento y disminución. En un ciclo de cuatro a!los alcanza un punto múlmo, ·disminuye casi hasta la extinción y, por último, comienza a aumentar otra vez. Si el biólogo llmitnra su atención a los zorros, estos ciclos no serian oomprensibles. pues nada hay én la naturaleza del zorro -o de ninguna otra especie- que explique tales cambios. Sin embargo, cuando se piensa que los zorros se alimentan casi exclusivamente de co-

nejos salvajes, y que éstos casi n~ tienen otro enemigo natu_ral. esa relación entre las dos espec¡es proporciona una exphca· ción satisfactoria para un fenómeno que, de otra manera. se- ria misterioso. As! puede entenderse que los conejos exhiban

un ciclo idéntico tan lnvetVdos: c;

en el cual el aumemo y la disminución es·

mayor es el número de zorros mb son

nto

21

los conejos muertos por aquéllos, de modo que, eventualmen· te, el alimento se hace muy escaso para los zorros. Su número disminuye, dando así a los conejos sobrevivientes una opor· tunidad para multiplicarse en ausencia virtual de sus enemi- gos, los zorros. La renovada abundancia de conejos favorece la supervivencia y el aumento del número de zorros, etcétera. Un hombre se desmaya y es trasladado al hospital. El médico que lo examina observa pérdida de conciencia, presión arte- ra! sumamente baja y, en general, un cuadro cllnioo de al- coholismo agudo, o de una intoxicación por drogas. Sin em· bargo, los análisis no revelan huella alguna de tales sustan· clas. El estado del paciente sigue siendo inexplicalile hasta que aquél recupera el conocimiento y revela que es un in· genlero de minas y acaba de volver, luego de trabajar durante clol años en una mina de cobre ubicada a una altura de cua· llO mil qninientos metros en los Andes. Ahora resulta evi· dente que el estado del paciente no constituye una enferme· dad en el sentido habitual de deficiencia orgánica o tisular, siDo un problema de adaptación de un organismo cllnica- mente sano a un medio drásticamente modificado. Si la aten· ci,(lu médica se limitara exclusivamente al paciente, v si sólo se tuviera en cuenta la. ecología del medio habitual en que vive. el médico, el estado del paciente .seguiría siendo in· CCIIDW'ensible.

~ el parque de una casa de ~mpo, a la vista de Jos tran·

mte•

que pasan por la vereda, un hombre barbudo se arra

Ira, agazapado siguiendo recomdos que semejan un ocho, ob·

servando constantemente por sobre su hombro y graznando sin cesar. Así describe el etólogo Konrad Lorenz la conducta

que debió adoptar durante uno

printjng con patitos, luego de haber reemplazado a la madre

~ aquéllos. "Yo me felicitaba", escribe este autor, •por 'la

obediencia y exactitud con que mis patitos me se¡uían, cuan·

do de pronto levanté la vista y vi sobre la cerca del parque

111!8 fila de rostros tremendamente pálidos: un ~ntpo de tu· ristas me contemplaba horrorizado desde la cerca, Los patitos

invisibles 4ebido a las altas hierbas y lo que los

turistas veian era una conducta totalmente inexplicable y, de

hecho, loca. (96, p. 43).

de sus experimentos de im-

ataban

Estos ejemplos aparentemente dispares tienen un denominador común: un fenómeno permanece Inexplicable en tanto el mar- gen de observación no es suflcléntemente amplio e<mio para Incluir el· contexto en el que dicbo fenómeno tiene lugar. Le imposibilidad de comprender las complejidades de las rela- ciones que existen entre un hecho y el oontexto en que aquél

tiene lugar, entre un organismo y su mediD, o enfrenta al ob· servador con algo ·"milterioso" o lo lleva a atribuir a 1\1 objeto de estudio ciertas propiedades que qulaás el objeto no posea. En oomparaci6n con la ampla aceptación que este he- cho tiene en biología, las cienclu de la conducta puecen ba· sarse todavla en una visión monádiea dellndiviquo y del n»- todo, c:onsagrado por el tiempo, que consiste en aislar varia· bies. Ello resulta particulanneilte evidente cuando el objeto de estudio es la conduota perturbada. Si a una persona que exhibe una conducta alterada. (psicopatológica) se la estudia en aislamiento, entonces la Investigación debe ocupane de la naturaleza de su estado y, en un tentfdo amplio, de la naturaleza de la mente humana. SI los límites de la lnvestl· gaci6n 1e 8mpllan ooa el propósito de lncluh' los efectos de esa conducta iobre los demú, lar reaccionel de estos últimos frente a aquéllu y el contexto en que todo ello ti- l!Jgar, entonces el foco se desplaza desde la mónada artificialmente

aislada hacia la rclaci6n eiltre lu partes de un listema

amplio. El obsemador de la conduot& ·llunw., lllltOneeS, pasa de UD estadio deductivo de la menee al estUdio de lar mani- festaciones observables de .la relación.

EZ fl8ltlculo rJ. rm

~

l4 COflllmblcfma

Quisi6ramos 10gerlr que el estudio de la oomUicación hUíná·

na puede subdividirSe e11 las tres áreal, ~tfea, llellllnttca y

pmgm!ttca,

establecidas por Monis (106]' y seguidas por Oár- ·

nap (33, p. 9), para el estudio de la semiótica (la teorfa ge- neral de los signos y los lenguajes),. Asl, aplicadas al marco de la comunicación humana, la primera de estat tres 6rtu abarca los problemas relativos a transmitir Información y, por ende, constituye el campo fundamental del teórico de la In· formación, cuyo Interés se refiere a los problemas de codi· flcación, canales, capacidad, ruido, redundancia y otras pro· piedades estadlsticas del lenguaje. Tales problemas son de In· dole esencialmente rintdcUcG, y a - teórico no le lntiii'8SA el significado de los slmbolos-mensaje. El significado constituye la preocupación central de la •e- mtfntlctJ. SI htén ·es posible transmitir series de simbolos con corrección sintáctica, carecerlan de sentido a menos que el emisor y el receptor se hubieran puesto de acuerdo de antema· no con respecto a su significado. En tal sentido, toda lnfor· mación ·oompartlda presupone una convención semántica. Por último, la comunicación afecta a la conducta y éste es un aspecto Jlf'tlgmático. Si bien es posible efectuar una sepa· ración conceptual clara entre estas tres áreas, ellas son, no obstante, lnterdependientes. Como señala Ceorge (55, p. 41) "en muchos sentidos es válido afirmar que la sintáctica e• ló- gica matemátlca, que la semántica es filosofía o filosofla de la

dencia y que la pragmática es psicología, pe!'O estos campos. ·

Este

no 11011 en realidad completamente distintos•.

libro 1e referid a 1u tres 6reu, poro 1e ocupar& en par·

ticular de la pragmÁtica, esto es, los electos de la comunica·

ción 50bre !11 conducta. En tal 5entido, debe aclaralll' desdo el comienzo que estos dos términos, comunlcacl6n y conducta, se u.1an ''irtualmente como sinónimos, puea los datos de la pragmática no son sólo palabru, (en función de ms CODfi- guraciones y significados) que est&n al semc:io de la sintác- tica y la sem6ntica, sino también. sus concomitantes no ver- bales y el lenguaje corp01.1l. Más aún, agregaríamos a las

conductas personales los

componentes comunlcacionales In·

lugar. M

herentes al contexto en que la comunicación ~

desde esta perspectiva de la pragm&tica, toda covducta, y no sello el habla, es comunicación, y toda comunicación, incluso l01 indicios comunicaclonales de COIItmos impersonales, a(ec-

tán a la conducta.

Adernú, no sólo nos interesa, -oomo sucede con la pra~­ tlca en general-, el efecto de una comunicación sobre el re· ceptor, sino tambi6n, -por considerarlo como algo jnsepara- blemente ligado,- el efecto que la reacción del receptor tie- ne sobre el emisor. Asl preferirlamos ocupamos mellCII de las relaciones emisor-signo o receptor-signo y más de la· n!la-

cl6n emiiOr-receJl~Or, que lB utoblece 1101' msdlo de la co-

munk4cl6n.

Pllesto que este enfoque comunlcacional de los fenómenos de la conducta humana, -tanto normal como anonnal- se basa en las manifestaciones observables de relación en 'el sentide '!lás arnpHo, estil. conceptualmente más cerca de las matem4·

hca.

constiluyen lA disciplina que se ocupa de manera miÍs inme- clinta de las relaciones entre entidades y no de su naturaleza. Por otr11 lado. la psicologfa ha mostrado tradicionalmente una nurrmda tendencia a la concepción monlidica del hombre y, en consecuencia, a una coslficadón de algo que cada vez se mmlflesta miÍs como pautas 1 de relación e interacción.

que di': la psicologfa tradicional; pnes las matemáticas

1· lleiTKlO elegido las expreriohet •pau6n• y "pauta• como el mejor

f'!UIYillente posible del tmmno fila:)'• "pattcm" que es, en realldad

tradudble. Asl, 1e baee dlfldl lrlllla>ltir su ploao llpifloado

••IVlue en fra""-, por ejemplo. el tmn~

.,

,

(y

fn-

ttco,

en relación

'"" ~l. llmctu(oliomo) goza de una aooptad6a cada vez:' 111&)'01' (cf.,

Conviene deJar esto aclarado dcode el eo-

1" <>bras ele Levy-Straun).

mlrmo: en este Ubro, "patrón" o "pauta• 10 utfllo:aD para referirte a

totalidad., que liguen

•1r. a,artl'' individuales. También se laa pOdria llamar • g_estalta slempre

'1~•• ,. ntrlbuya a este thmino el llgDifieado orllfr.al dlao!.mloo que le

ma

,

prcpl&t Jeyu y

no 1011

~

la.

,

111

(111'::~ w,.,,h,·imrr

•" At r. "·

1111. dd

Y no

A.)

~e las entendiera como conflguñ

ciones

p~amente

La afinidad de nuestra hipótesis con las matemátcas se se· 6alará toda vez que ello resulte posible. Esto no debe detener al lector que no p011':8 conocimientos especiales en ese cam· po pues no encontrariÍ aqul fórmulas u otros simbolismos esPeclficos. Si bien existe la posibilidad de que nlgún din la conducta humana encuentre su expresión adecuada en el sim· bolismo matemlitico, no es por cierto nuestra lnteoci6n in· tentar esa cuantificación. Antes bien, nos referiremos al vasto trabaJo reaUudo en algunas ramas de las matemáticas siem· pre y cuando esos resultados parezcan ofrecer un lenguaje útil para describir los fenómenos de la comunicaci6n humana.

1.2. Noción. de funcidn y relación

El principal motivo por el que debe recurrlrse a las matem6· ticas en busca de una analogla o de un principio explicativo es la utilidad del concepto matemático de función. Para ex· plicarlo, se hace necesario realizar una breve intursión en la teorla de los números. Los filósofos de la ciencia parecen estar de acuerdo en t¡uc el paso m&s significativo en el desarrollo del pensamiento matemiÍtioo moderno fue el surgimiento gradual de un nuevo conCepto del número desde Descartes hasta nuestros días. Pa· ra los matemáticos griegos, los números eran magnitudes con· cretas, reali':S, perceptibles, entendidas como propiedades de obfetos Igualmente reales. Asf, la geometrfa se ocupaba de medir y la- aritmética, de ODntar.

En su lúcido capitulo "Sobre el significado de los números" (U8), Os•vald Spengler muestra no sólo que la noción de cero C01llo número resultaba Impensable, sino también q11e las mag· nitudes negativas no tenlan un lugar propio en la realidad del

clásico: "Las magnitudes negativas carecen de exis-

x ( -3) :!::: + 6 no es algo perceptible

ni una representación de magnitud" (p. 66). La idea de que los n<•meros constitulan la expresión de magnitudes si<:ttió predominando durante dos mn atlos. El cambio decisivo tuvo lu~tar en .1591," cuando Vieta introdujo las letras cpmo nota· olón en lugar de los números. De este modo, la idea de los m\meros como magnitudes discretas quedó relegada a un lu· gar secundario, y nació el poderoso concepto de oarlllblll; con- cepto que el matemático griego clil.sico babrla considerado tan irreal como una alucinación, pues, en oontraste con un nú·

mero que significa una magnitud perceptible, las variables no tienen significado propio, sino que sólo resultan significativas en su relación mutua. Con la introducci6n de variables se lo· gró una nueva dimensión de Información y as( '~ fnrm•\ 1,,

mundo

tencia. La expresi6n (-2)

nueva matemática. La relación entre variables (expresadas por lo común, aunque no necesariamente, como una ecuaclóD) constituyen el concepto de funcl&n. Para citar a Spengler Ulla vex mAs, las funciones

· •. oo IOD de nl.aguna maDera DÚmerOI en el JeDtido clisico, siDo lig:nos

que representan uaa conaión que carece de todos los r

la JDiliDitud, forma y siplfiaodo único, una búiaidad de posiclcmel po.

tlpieol de .

, cter

libios do

lfmllar, un conjuDto UD!ficado que adqulore as! ezlllen-

da

como

UD

,

¡

,.,,

Toda la eeuaci6n, au1111ue escrita en-

d•

alortunsda DOtacl6a como una. pluralldad do t«miDot,

realidad,

11ft '•deo número, pues s. v. Ji ao_aoo números en mayor ~da- en que lo

IOD

+

y

=•

(p. 77),

Así, por ejemplo, al establecer una relación especHica entre

x• = 4ax encierra todas las propiedades de

una curva. • Este importante cambio en el pensamiento matemático ha si· do resumido por Suzanne Langer de la siguiente manera:

:r e y, la ecuación

Dílrú do ••tos simboloo oe encuentran !u abstracciones más audaces,

más puru

1u

y

m6.t frlu que

la humanidad creara jamú.

Nilllun& do

eooo!Uticu oobre lu eoenclas y loo atribulol 'le aoorc6

a

aada lfmllar a la abltracci6111 del ál¡ebra. No obstante, .,

· m1smo1

del>tl&os qua oe •norcullecl&D do su comdmWoto fáctico concreto, que

precle-'wa rechasar toda prueba excepto lu emplrlcas, jamáa vad- laroo eo acoplar lu demos!n!doaet y loa álculoa, 1u ODtldadu IDCO<·

"flcticlu", de loo -teátlccr. El cero

1 ·el ialüüto, lu ra!ca cuaclraclu de loo mi,_

DelJ1lliVOI, laa lqi-

lullot lnoaamaasurobles y lu -

climeasiones, encontraron uaa bJeu.

-'<la sin re.rvas en el laboratorio, cuaado el lo¡o reflexivo corrleote, qae todavla podla aceptar CDIDO UD acto de fe una swtoacla ODimica -ble, dadaba do su respetabilidad 16¡ica

pónaa, • ,_

~

~.Un reciellle articulo de J. David Stern (149) ilustra basta qué puato

Puede aer enadoso el s~Caiflcado do loo mlmeros como mapitades, la·

cluso cuando están prilllllriameate dutiMdor a lignificar mapitudos por ejeraplo, ea oc:ollii<IIDla. R~- a la douda -1.

-,

- autor oeliola que

IDIDada

ea Iorma aliJada y, por ende, en tér-

- de DPitud abooluta,, la deucla nadonal do los Estador Unidos

ba sufrido un oscolo&iante aumeDio desde 9ST billoaos ea 194'7 • 304

billoaes en 1962.

Sin embargo, o! "" la ubiea en su ooDiexto apropiado,

es dedr, ea relaei6n con el ÜJ8rftO neto, ,.,. ctq>il<l, oe bace evidenle

liD& dinniaudón del 151 'J. a 80 'J. duraoto esa período. Loo legos y loo

1101ltioos tieuen porticulor tendencia a caer ea este tipo do falacia eco-

a6mlc:a, aunque baca ya mucho que loo te6ricoo de la eeaaomla sdlo uti-

lizan sistemas de variables eccmómicas y oolutas.

no uaidaclos oialaclu o ab-

i6

El oeereto tadica ea ·el hocbo de que UD matemático DO pretcudo olir·

,,

Lt -

clones

mar aada acareo do la OJilteacla, la roalldad o la eflcacla de las ,

la poaibilidad de llmbÓI- COIGI y de limbollzar laa reJa

pueden

_,

entro

oUu.

Suo

"entidades•

no

!Oh

que

"datos", lino '"""""""

,. bÚIDitOI• .soa tolerados por deDiiflcot para q uieDM loo

Imaginarios" y

Es por

-

que loo "nú

los "d-les

ageatu y loo poderes inviaibles y loo "principios" constituyen an•·

'- Lal COIIIIruedDDol .matemlticu IOD sólo slmbolca¡ tienen lillli· flcado OD thminos de relaciones, DO de substaaela (91, pp. 18.19, los últilaas butardiJiu IOD DUO-),

Existe un paralelismo sugestivo entre el surgimiento del con· oepto matem,tico de función y él despertar de la psicologia al· concepto de relación. Durante largo tiempo -en cierto sen- tidn, desde Aristóteles- se concebla la mente como una seri" ·de propiedades o caracterlstlcas de las que el individuo es- taba dotado en mayor o menor grado, tal como contaba con un cuerpo esbelto o robusto, con oabello pelirrojo o rubio, etc. El final del siglo pasado fue testigo del comienzo de la era experimental en pticologla que trajo consigo la introducción de un vocabulario mucho más refinado aunque no esencial· mente distinto en un aspecto: segula ·estando comtituido por conceptos singulares y no muy relacionado:s. Tales concepto• eran los de las funciones psíquicas, lo cual fue desafortunado, porque no están relacionados con el concepto matemático de función y quienes los utilizaban •no se proponlan referirse a éL Como sabemos, las sensaciones, pereepcionet, apercepcio· nes, la atenció~~o la memoria y varios otros conceptos se défi· nlan como tales funciones, y se realizó y todavla se realiza, un enorme trabajo para estudiarlas en aislamiento artilical. Pero Albby, pot' ejemplo, ha demostrado que el supuesto de la tmm~oria está directamente relacionado con la posibilidad de observar un.slstema dado. Señala que, para un observador que está en· posli!ión de toda ]a, información necesaria cual· quier referencia al pasado y, por ende, a la existenci~,,de una memoria en el sistema, es innecesaria. Dicho observador pue· de explicar ia conducta del sistema por su estado actual. Ofrece el siguiente ejemplo práctico:

• •

.

poap11101

quo estoy en la

-

de ur. aml¡o y, cuoado

un autn

pea por

la <&Be, el

perro de mi amigo

,

,

bada na rlnc6A de

b

'wbitaclóa y comienza a temblar. Para mi, esa conducta es Inexplicable

y

solt meses lo atmpell6 un auto". Abora la

por una refereaela a DD beeM ocurrido lleis me111 antes.

que el perro malliflosta "memoria• ans referimos pnl.cticamente al mismo

hecho, lile 11, que su conducta puede explicaroe DO mediante un. re·

IU

me resulta desconOcida. li:ntonce.s mi omlgo dlca:

"Haca

conducta qul<la expUcada

Si dedmo1

lrrencla 1 su Ollldo actual, IIDo a "' -.lo u

1111

-

81 DO

oe

tlrne cuidado, 10 llq¡a a .al;mar que ol peno ·-· JI'OIIIC'flo, y luep

10 pleusa ea el perro oomo IMIIIIIIID

-.

como paclria -

,_

un merhón de pe(Q ne¡ro. Y·uao pndrla seullr la teDiadóa de empe-

e inclusO llea:ar a descubrir que dicha ''cosa•

posre al¡unu propiedades snuy eurloa&

Evidentemente, la "memoria" no et ol¡o objetivo que un slst<mo poo lt'e o DO, lino un ooocepto que el .~or invoca para Uenar la brecha que •11Jte cuando una porto del lillo- ea lnobscvabl& Cuanto ,_

es eJ DÚmeTO de wriabl01 obJen.abJa, ea

¡ado ol observador a ~

pefiann un papel eo la oonducta del lillomo. Ali la

zar

a

buscar t'&:l

cosa

mocllda le vert obll-

,

loa bechoa clel paudo como 11 cl-

en el

cerebro 111.161o ~

obi<;tlva. por Jo .,

¡

na resulta -

que •

.,

,

10 baya paado que

,

proplododoo oon ~tal o Jncluoo

poqd6Jic:u. Obviamente,. 011 IIOCOIIrio volver a -mh.r ciuldadooa¡aento

el temo dooda sus primoroo prlncipioo.

(5,

p.

117).

·

S~gún J\l*b'a illtel'pretRPióo, esto pasaje en modo alguno ruega los notables avaace¡ de la investigación ueuroflsiológl-

ca sobre la acv.lllllladón · de informaci6n en el cerebro. E'Yi·

de~nte,. el estado del animal es distinto desde el. acci- dente; debe haber algún cambio molecular, algún circuito re•

do;,ntemente establecido. en síntesis "algo" que el perro."tie-

no

ahora. f,ero Ashby se opone Qlarasnente a esa

t;ldra hipotética y a su cosificación. Bateson (17) ofrece otra · analogia, .la del desarrollo de una partida de ajedrez. En cual-

quier momento dado, el ~do, del jueS9 puede entenderse

sókl a p~ de la ~nfiguraciónactual de las pie28s SQbre el

~¡edre; juego con infonna,ción comple-

ta), sin mngán regtstro o recuerdo" de los mo'Yimientos an-

teriores. A~ cuando se tome esta configuración éomo la me- moria del ¡uego, se trata lle una Interpretación puramente '

presente, observable, del térinino.

Cua':'de el vocabulario de la ¡ISicologfa experimental se ex- tcndJó a lo. contextos interper>m~ales,·el lenguaje de la psi- cologla siguió ~o mon6.dlco. Conceptos tales como lidc- m:zgo, dependencia~ extrowrsión e lntroversióll, crianza y mu- ch.,. otros, ·se conVJrtieron en el objeto de detallados estudios. Desdo luego¡ el peligro C!Onslste en que todos esos términOil n~u~n una pseudorrealidad pwpla si se los piensa y se los rcptte. durante butante tiempo, y la «mstrucclón teórica "'!de- raz~ se cot>vlorte por fin en Liderazgo, una cántidad men- surmblc en la mente humana, concebida. como un fenómeno en aislamiento. Una vez que se produce estll coslficáclón, ya no se reconnee que el ttl!rmino no es mAs que una expresión '1"" sfntctlzn una forma particular de relación en curso Tcxln• lns niños aprenden en la escuela que el movimiento es

tablero (~endo el

J!n

algo relativo que sólo puede percibine en relación con un punto de referencia. Lo que solemos dejar de lado es que C$e miulío principo rige 'Yirtualme~te para todas las percepciO' nes y, por lo tanto, para la experiencia que el hombre tiene de la realid•d Las lnvestipclones sobre los sentidos y el ce- rebro han demostrado acabadamente que sólo se pueden per· clblr relaciones y pautas de relaciones, y que ellas constitu- yen la esencia de la experiencia. As!, cuando mediante algtín recurso ingeriloso se Impide el movimiento ocUlar de modo que las mismas i\reas de la retina continúen percibiendo la misma Imagen, ya no resulta posible tener una peréepción visual clara. Del mismo modo, un sonido constante e Invaria- ble es dificil de percibir e incluso puede volverse inaudlblé; Y Si se desea ex¡;>lorar la dureza y la textura de una superficie, el sujeto no sólo coiQCill'á el dedo sobre ella, sino que lo. moverá hacia UDO y otro lado, pues si el lndice permaneciera inmóvil 110 te podria obtener ningnna información útil; salvo, quizú, una sensación de temperatura que a su ve2: se debe- rla también a la diferencia relativa entre la temperatura del objeto y la del dedo. Seria fi\cil dar ejemplos de esto tipo y todos señalarian el hecho eL¡ q~. de una ~RRD,.a 1J otra, eu toda per¡;epcióo ·

hay ¡¡n pJWeSO de

cambio, movimjento o expionu:l6.11 (133,

p. 173). lWl otros t6rmiDoll, se eltab.,o una relación, se la po~ a prueba en ¡¡n rango tan amplio como las circunstm- clas lo permiten y se llega a una abstraccl6n que, según so• tenemos, es Idéntica al coneepto matem&tlco de funci6n. Asl. la esencia de 1111estras percepciones no son "cosas" sino fun- ciones y éstas, como vimos, no constltuyess magnitudes aisla·

das slno •signos que representan una dad de posleiOIIes posibles de carácter similar

es cierto, entonces ya no debe SOifilendemos que Incluso la percepción que el hombre tiene de si mi!JinO sea, en esencia, una percepci6o. de 'funciones, de relaciones en las que parti- <;ipa, por mucho qne después pueda cosificar esa percepción. Cabe destacar, dicho sea de paso,' que la ya vasta literatura &Qerca de deprivación sensQrial corrobora todos estos. Hechos, desde. los trastornos sénsoriales hasta lós problem~s de la au-

tópercepcilm.

• una infini-

Y Si esto

1.3. In/ormación 11 rettoalimentacfón.

Freud terminó con mucba:s de las cosificaciones de la psicolo- g$& tradicional cuando Introdujo su teorla pSicodin!mlca de la conducta humana. No es necesario destacar aqul sus lo-

29

gros, pero hay un aspecto de eUos que encierra particular im- portancia para nuestro tema. La tcor!a psieoanatltica está basada en un modelo í:Onccpfual acorde con 1a epistemologfa prevaleciente en la época de su formulación. Postula que la cc¡nducta es, básicamente, el re· sultado de una interacción hipotética de fuerzas intrapslqui· cas que obedecen a las leyes de conservación y transforma- ción de la energla imperat~tes en el campo de la flslea donde, para citar a Norbert Wiener cuando describe esa época, "El materialis!l'o aparentemente habla ordenado su prppia gra· mátlca, y dicha gramática estaba dominada por el con~pto d4 eQergla" (166, p. 199). En llneas generales, el psicoanáli· sis clásico siguió siendo en esencia una teor!a sobre los pro· cesos intrapslquicos, de mod(! que Incluso cuando la inter- ación con I&S fuer:&as externas· era evidente, se la consideraba secundaria, como Sucede con el concepto de "beneFicio secun· dario 1 En general, la interdependencia entre el individuo y su medio slguió siendo objeto de muy poca atención dentro del campo pslcoanalltico, y es precisamente aqul donde el concepto de fnterCCJmblo de lnformaci6n. esto es, de comuni· cacilln; se hace indispensable. Hay una diferencia b&slca en· tre. el modelo pslcodin4mico (psicoanalltioo) por un lado, y ~oler eoncetttualizaél.ón de la Interacción entre· el órgn· n1smo y el medio. por el ot!O; y dléha diferenciA n•iMe vol-

- mis clara a la luz de la siguiente analogla ( IJ). Si el pie da 'UD caminante cbooa contra una piodra. la en~a se tTans- fler6 del. pie a la piedra; esta áltlma resultará desplazada y •·deteadrá en una posición que 6'ltá totahítente determinada

flOI' ·factores tales como la cantidad de energfa tramferida, la

el peso. de la piedra y la natumleza de la 1111perficie

f- y

!10¡, la nue rueda. SI, .pcll'. otro lilrlo; •1 homl)re anl~" '1 "" !1el'm en lugar de una piedra. anuél puede saltar y moJCie:rlo. Ea tal caso, la reladón entre el puntapié y el mordi~ es de lndole muy distinta. Resulta evidente. que el perro obtiene la. energla de su propio metaboli!IJTIO y no del puntapié, la energía para su reacción. Por ende. In que se transfiere ya no es enentla, J.i.ao rnb bien inforrnaci6n, ~'l. ot>-o1 n•lah•a•. el puntapié es una cond)'~a que comunica algo al perro, y el perro reacciona a esa comunicación con otm acto de conduc- ta-eomunicación. Esta es básicamente la diferencia entre· la pslcodin~mlca freudiana y la teorla de la oomunicación como principios explicativos .de 1!' conducta humana. Como .se ve. pertenecen a distintos 6n:lenes dé coinplefidad; el prlmeTn no

3·. Desde lue¡o, los llamados 'Deo-freudlmoa" alrlbnyea pa

da a la IDteraedolll iDdivldua-medlo.

30

ImportaD·

puede ampliarse y convertb'le en el segundo y ·éste no puede

tampoco derivarse del primero:

se encuentran en una rola-

cl6a G&

,_inuidad

conceptual.

Este pasaje conceptual de energla a información resulta esen·

cial para el desarrollo casi vertiginoso en la filosofla de la ciencia desde el final de la Segunda Guerra Mundial; y ha ejercido un efecto perticular sobre nuestro conocirnento del hombre. La Idea de que la Información acerca de un efecto.

a saber, el hecho de que, si la retroalimentación al efector

es ·adecuada, asegura de tal manera la estabU!dnd de este y su adaptación al cambio ambiental, tío sólo abrió el camino hacia la construcción de máquinas de un orden superior, (esto

es con cootrol de en'Oi'es y dirigida a objetivos prefijados) y lleY6 a postular la cibemétiea como úna IJDeva eplsternologla, sino que tambi.§n ofrecl6 una visión totalmente nueva del funcionamiento de los complejos dstemas interactuantes que

encontramos en biología, psicologla, sociologla,

economía y

otros campos. Si bien, al meaos por el momento, la significa- ción de la cibernética no puede maluarse ni siquiera en fOr. ma · proviloria, los principios fundamentales inherentes a ·iella

son sotp.teodentemente simples y se examinarán aqul en for-

ma breve.

·

·

En tanto· la ciencia· se oeup6 del estudio de relaciones lhiea· les, unldlrecclonales y progresivas, de tipo cáú~a.efecto, una

permaneció fuen~ del

innienso territorio conquistado por el conoclrnlento .cientlfico

dUTante los ultimas cuatro siglos. Quizá sea u~ simplifica- ción exagerada, pero ót!l, decir que esos fenómenos tienen como denorninad!lr comun los conceptos relacionados de crs-

~mlento y cambl¡). Para incluir estos fenómeilos en una vi· s6n unificada del mundo, la cienqla ha tenido que reaurrrir desde la .§poca de. los antiguos· griegos, a conceptos diversa- mente definidos pero siempre llijbulosot ydificiles de lnBne· jar, basados en la noción de que eziste un pr!lp6slto en el curso de los hechos .y que el resnlt~o ~1 determina "de alguil!l rnaera" los pasos que Uev.n a él; o bien, dichos

estaban caracterizados por alguna forma de "vita-

fen6menOJ

lismo" y, por ende, quedaban excluidos de la ciellcia. A.1l, hace aproximadamente 2.500 años el escenario estaba ya pre-

parado para 11118 de las ~ controversias epistemológioas ha continuado hasta lliMStrOs dlas: la lucha entre el de-

que terminismo y la teleologla. Pan volver al estudio del hombre. el psicoanálisis perte11ece claramente a la escuela determi·

nista mientras que, por e¡emplo, la psicologla analltica de Jung parte en grado considerable del supuesto de una "ente- lequia" ~ente en el hombre.

serie de fenómenos ·rnuy imp01 tantes

31

El advenimiento de la cibemética puso fin a todo esto de- mostrando que lo.s do.s principios podían unirle dentro ·de un marco más ampllo, criterio que se hizo posible gr&oclas al descubrimiento de la f'BtrOtllimentacídn. Una cadena en la que el hecho 11 afecta al hecho b, y b afecta luego a e y e a '? vez trae consigo a d, etc., tendrla las propiedades de un llStema lineal determinista. Sin embargo, si d lleva nueva- mente a a, el listema es clreular y .lonclona de modo total- mente distinto. Exhibe una conduela que es esencialmente análoga a la de Jos fenómenos que han desafiado al anll.lisis en términos de un determinismo lineal estricto. Se sabe que la retroalimentación puede ser positiva o negativa;

la segunda se mencionanl. con ma)'Ql' frecuelicia en este llhro, puesto que caracteriza la hoiDeQStasis (estado COII!;tante), por lo cual desempe6a un papel lmportante en el logro y el man-

tenimiento de la estabilidad de las relaciones

retroalimentación positiva lleva al cambio, esto es; a la pt!r- dida de estabilidad o de equillhrio. En amboS ·casos, parte de

la salida de un sistema vuelve a introducirse en el sistema como información acerca de dicha salida. La diferencia con- siste en que, en al caao de la retroálimentaclón negativa, esa se utiliza pua disminuir la desvl:acl6n de la sa-

~6n

Por otro lado,

lida coil respecto a una norma estal>lenida -de ahf que se utilice el a.djetivo •negativa•- mientras que, en el caso de la retroalimentación positiva, la misma información actúa co- mo una medida para aumentar la desv!aclón de la salida y resolla as( positiva en relación con la. tendencia ya existente

hacla la Inmovilidad o la desorganizacl6n.

·

Si bien el concepto de homeostasis en .Jas relaciones humaDas serA objeto de un elllllllell. detallado en la S.·U, conviene aclarar ahora que seria ptematuro e ineacto llegar simplemen- te a la conclUII6n de que la retroalimentaclón negativa ~ de- . seable y la positiva, desorganbante. Sostenemos básicamente que los sist-as lnterpersonales -grupos de desconocidos, pa- rejas ~atrimo~al~ familias, relaciones ps!coterapéutlcaa o In- cluso mtemamonales, etc.- pueden $1tend,erse COmO circuitos de retroalimentación, ya que la c.ondueta de cad11 persona afee' la la de cada una de las otras y es, 11 1111 vez, afeetada por éitas. La entrada a tal sistema puede ampliflcarse y transformarse n>l. en cambio o bien .verse contrarrestada para mantener la·es- ta&illdad, segtln que Jos mecanismos de retroalimentación sean positivos o negativos. Los· estudios sobre famillas que inclu}ien a un miembro esquizofrénico dejan muy pocas dudas acerca de que la existencia del paciente es esencial para la estabiHdad dd sistema familiar, y ese sistema reaceionani niplda y eficaz· mente frente a cualquler Intento, interno o externo, de alterar su organización. Evidentemente, se trata de un tipo indeseable

de estabilidad. Puesto que las manifestaciones de vida se dis· tinguen claramente tanto por la e~bilidadcomo por. el cambio, los mecanlSmos de retroalimentación positiva o negahva que ne- cesariamente poseen presentan formas especificas de interde- pendencia o complementariedad. Pribram (117) demostr_ó .~ace poco que el logro de estabilidad da lugar a nuevas sensibilida- des y que nuevos mecanismos aparecen pam hacerles frente. Asl la establlldad no es uu punto final estéril incluso en un medio relativamente constante sino más bien, para utilizar la conocida frase de Claúde Bemard: "la estabilidad del medio Interno es la condición para la existencia de vida libre". Con buen criterio se ba hablado de la retroalimentación cotDO del secreto de la 'actividad natural. Los sistemas con retroali- mentación no sólo se distinguen por un grado ouantitatlvamente mll.s alto de oomplejldad, sino que también son cualitativamente distintos de todo lo que pueda incluirse en el campo de la me- cll.nica clásica. Su' estudio exige nuevos nuu;cos conceptuales;. su lógica y su eplstemologla son diicontinuas con respecto a Cier- tos principios tradicionales del análisis clentlflco, tal como el de •aislar una sola variable• o el criterio de Laplace de que el conocimiento completo de todos los hechos en un momento dado permite predecir todos Jos estados futuros. Los sistemas que se autorregulan -los sistemas con retroallmentRci6n- re- quieren una filosofla propia en la que los conceptos de confi- guración e lnfonnación son tan esencial~contG los _de ~aterla y energía lo fueron a comienzos de este Stglo. La utilizaciÓn de estos sistemas en tareas de investigación se ve enormemente dificultada. al menos por el momento, por el hecho de que no existe un lenguaje cientlflco suficientemente refmad_o ~~!"opara constituirse en el vehículo necesario para su esplicacJOo, Y se ha sugerido, como lo hizo por ejemplo Wi.eser (~(Ji,.P- 3J), que los sístemas mismos constituyen su propta exphcactón más simple.

1.4.

Redundancia

No debe entenderse que el énfasis que ponemos e? la dis~~n­ tinuidad entre la teoría de los sistemas y las teo.nas ":',dtcto- nales monádicas 0 lineales constituye una manifestac10n de de;esperanza. Si se destacan las dificultades conceptuales, .es sólo con el fin de señalar que es necesario encontrar nueras '~as de enfoque, por la simple razón de que los .marcos de refe- rencia tradicionales resultan evidentemente mad~cuadns. En esta búsqueda comprobamos que en otros campos se han hec~n progresos que encierran relevancia inmediata pra el estudw

dt· la ronHmiladón humana, y tales. isomorfismo constituyen

el principal tema de este capítulo. Excelente ejemplo de ello es el homeostato de Ashby ( 4, pp. 93 y sl,g.) y, por lo t~Wto, lo

aparato consiste éh

cuaho subsistemas autorreguladores idénticos totalmente inter- conectados de modo tal que una perturbación provocada en cualquiera de ellos afecta a los demás y, a su vez, se ve afectado por la reacción de éstos. Ello significa que ning{•n subsistema

puede alc¡onzar su propio equilibrio aislaclo de los otros, y Ashby ha podido demostrar una serie de características muy notables de *conducta" en esta máquina. Aunque el circuito del homeostato es muy simple si se lo compara con el cere· bro humano o incluso con otros 11rtefact01 hechos por el bom· bre, es capaz de 390.625 combinaciones de valores de pará- metro o, para eaprt:sarlo en términos .más antropomórficos, cuenta con ese nítmero de actitudes adaptativas PQ~iblei fren- te a cualquier cambio en su medio interno o externo. El homeostato a,lcanza su estabilidad por medio de una búsque- da al azar de sus combinaciones, que continúa hasta que se alcanza la configuración interna apropiada. Se trata dé algo idéntieo a la conducta de tipo ensayo y error de muchos or- gantlmos bajo tensióo. En el caso del homeostato, el tiempo necesario para tal búsqueda puede variar de segundos a horas. Resulta f,\cil comprender que; para los organismos vívos, este !apto sería casi invariablemente excesivo y constituirla un serio obstáculo para la supervivencia. Ashby lleva este pensamiento hasta su extremo lógico cuando afirma:

mencionaremos por lo menos brevemente

El

Si fuéramos como homeostatos. y esperátamoJ que un determioado cam-

po DOs diera, de golpe, toda nueatra adaptación de adulto, aguardaría- moa illdefmidament~. Pero el nllio no eapera indefinidamente; por el con!rario, la probabilidad de que clésarroUe una adaptación adulta com-

pl~ta. en

el

curso de veinte

año~ !!;e ncerca.

a

la

unidad

( 4,

p.

136).

A continuación demuestra que en los sistemas naturales se

logra cierta conservación de la adaptación. Ello significa que

las adaptaciones anteriores no quedan destruidas cuando se en-

cuentran otras nuevas y que la búsqueda no necesariamente

tiene que iniciarse desde el comienzo como si nunca antes

se hubiera alcanzado una solución.

La relación entre todo esto y la pragmática de la comuni- cación humana resultará más clara luego de las siguientes con- sideraciones. En el homeostato, cualquiera de las 390.625 con-

figuraciones internas tiene en cualquier momento dado unu probabilidad igual de ser provocada por la interacción de los cuatro subsistemas. As(, el surgimiento de una· configuración

34

dada. no ejerce el menor efecto sobre eJ de la conliguración o secuencia de ·configuraciones siguientes. Se dice que una ca- dena de heqhot cuyos elementos tienen en todo momento Igual probai:Jflldacl efe producirse se comporta al azar. No permite sacar conclusiones ni hacer predicciones con respecto a su se- cuencia futura, lo cual equivale a decir que no transmite In· formación. Sin embargo, si se oonflere a un llistema como el homeostato la capacidad para acumular adaptaciones prevías para su uso futuro, la probabUidad Inherente a las ~uenclas de configuraciones internas .sufre un cambio drástico, en el sentido de que ciertos agrupamientos de configuraeiones se vuelven repetitivas y, por ende, más probables que otras. Cabe sellalar a esta altura que no es necesario atr!bulr sig- nificado alguno a talts agrupamientos; su existencta consti- tuye su mejor explicación. Una cadena del tipo descrito es uno .¡,. los mnceptos más básicos en la teor!a de la información y recibe el nombre de proceso estcictútlco. As!, el proceso estocástico se refiere a las leyes Inherentes a la frecuencia de slmbolos o hechos sea la secuencia tan simple como Jos re- sultados de emae'r bolitas blancas y negras Je una caja o tan é:omplcja cómo las estructuras especificas de l01 elemen- tos tonales y orquestales !!tilizados por algún compo~itor, el uso idiosincrásico de elemen.t9s llngülsticos en el estilo de un autor o la configuración, tan importante desde ~1 punto de . vísta diagn6stico, qpe presenta un trazado electroenctfalográ-· fico. De acuerdo con la teorla de la información, los proce:

sos estocásticos muestran redundancia o constncci6n, dos tér- minos que pueden ser usados lndLitiDtamente con el concepto de configuriiCión que se ha empleado libremente en los párra- fos anteriores. A ~esgo de 'ier deDIUiado redundante.s, sella- laremos una vez más que estas configuraciones no tienen, ol necesitan teaer, ningún 'tipificado explicativo. o simbólico. Desde luego, ello no excluye la posibilidad de que puedan estar correlacionados con otros sucesos .como, por .ejemplo, en

el caso del eleclioencefalograma y algunas dolencias.

La reclundaru!ta 'ha sido ampliamente estudiada en doS de la tres Atea$ .humanas de la comuilicacl6n, la sintáctica y la semántica; merece mencionárse al respecto la obra pionera de Shannon, Carnap y Bar-HI.Uel. Una de las conclusiones que pueden extraerse de esos· estudios es la de que cada uno de

nosotros posee ·vastos conocimieíitos acerca de la legitimidad

y la probabilidad estadística inherentes tanto a la sintáclien como a la semántica de las comunicaciones humanas. Desde el punto de vista psicológico, ese conocimiénto resulta partí· cularmente Qñeresante por ~1 heeho de hallarse casi pur

35

co~pleto fuera de la percatación humana. • Nadie, excepto quizás un experto en información, puede establecer las pro- babilidades de las secuencias o los órdenes jerirquicos de las letras y las palabras en un lenguaje dado, a pesar de lo cual todos nosotros podemos percibir y corregir un error de im- prenta, agregar una palabra que falta y exasperar a un tarta- mudo terminando sus frases antes que él logre hacerlo. Pero conocer un idioma y saber algo acerca. de un Idioma son dos Hpos muy distintos de conocimiento. As!, una persona puede utilizar su lengua materna con corrección y fluidez y no poseer, sin embargo, conocimientos de gram{tica y sintaxis, esto es, acerca de las regltU que sigue cuando la habla. SI ese indivi- duo aprendiera otro Idioma -salvo que lo haga mediante el mismo método empírico con que aprendió su lengua. materna- también tendría que aprender explícitamente algo acerca de

Jos idiomas.'

. Pasando ahora a los probletnaJ de redundancia o constricción en la pragmáHea de la comunicación humana, una revisión de la literatura muestra que hasta ahora se ha publicado muy poco acerca del terna, sobre todo en lo que se refiere a la pTBg- IJiátlca corno fenómenos de Interacción. Por ello entendemos que la mayoría de los estudios existentes parecen limitarse So- bre todo a los efectos de la persória A sobre la persona B, sin tener igualmente en cuenta que todo lo que B hace influye

.

~. J•'Pen 1" ftfialado en mb de una OC8JI6n la dlst!nefón mtre lo in·

ron~cicnte )' lo

extraconsclente, por ejemplo:

••. Esta no conciencia, que la fenomenología y la psieologfa de los fe-

n0tnf'lklil signl(icaUvos transforman en conclenda, este contenido no per-

cibido que se vuelve CODiciente de esta manera, ao debe c:onfundirse con .

lo que es gen·linamente inoonsciente.

nunca

('(ln~ciente, y a.Jgn de lo que

(78

bll, p4g. 306).

Esto último es en pdncipio extra

podemos tomar

plena

conclencta.

Al Investigar las cauaas debemoo supoaer una base extraconsciente

para las unidades fenomenológicas, para !u CODeJrionea lligDificaUvas o.

parn

lo que hayamos tqmado como unidad de investigadón. Asf, utili-

zamos conceptos tales eomo dlsposlckmoo extraconscl.- y mecanisiDOI

O>tTnron•cierltes. (78 bis, pig. 457).

clones:

.

.

Sin •mbarp, la psicopatologla de J

mon.idin; así, el "afuera'' ea kl~ntia> al cuerpo, 110 al universo de rola-

DO trascleDde la perspectiva

eucontrarae en el mun-

E1 elemento extraconsdente sólo puede

do como algo somático", (78 bll, pág. 457).

S. El l(rlln lingüista Benjamín Whorf ha sellalado una y otra vez este

r('n{unf'rtn, pnr eJemplo, .e'il el capttulo

Scfe~

a.nd Lingufltics

:

.

Los lln~lilsbs cientilieos hon comprendido hace mucho que la capaddod

p:tm h:t bl:ar un idioma con

fluidez

no

contiere

necesariamente

c:onocf-

ml('ntn lln~{Ustlco sobre

él,

esto

es,

la

comprem6n aceren

de

:'tU'

fe-

nó~nnt dr. fondo y de su proceso y estructura sfstemitloos, tal como

la ntJl:tr:ld:td pnr11 fugnr bien ni billar no confiere o requiere conocf~Jento

al~unn 'ohre lnJ leyes de la me;dnfca. que actúan en la. mera de billar.

IU•">. P~R. 213).

·

:ur

l.

sobre la acción siguiente de A, y que ambos sufren In influen- cia del contexto en que dicha interacción tiene lugar y, a su vez, influyen sobre él.

. No resulta demasiado dificil comprender que la redundancia pra"mática es esencialmente similar n la redundancia sintác- tica0y semántica. También aqul contamos con un ':"?nto elevado de conocimientos que nos permiten evaluar, modificar Y prede· cir la conducta. De hecho, en erta área somos particularmente sensibles a las incongruencias; la conducta que está fuera de contexto o que muestra algún otro tipo de comportami~nto al azar o de falta de restricción nos impresiona de inrned!8to como mucho más inadecuada que los errores meramente sin· tácticos o semánticos en la comunicación. Y, sin embargo, es precisamente en esta área donde menos ~birnos aq~ellas reglas que se siguen en la comunicación ef1caz y se VIolan en la comunicación perturbada. La comunicación nos afecta de continuo; corno ya se seiialó, incluso nuestra autoconcicn· cia depende de la comunicación. Hora lo ha demostrado cla- ramente: "Para comprenderse a sl mismo, el hombre necesita que otro lo comprenda. Para que otro lo comprenda. necesi- ta comprender al otro" (65, p. 237). Pero, si la comprensión lingüfstica se basa en lu reglas de la gram{fka la sintáctica. la semántica, etc;, ¿euáles son, entonces, la!l"'reglas para el tipo de comprensión al que se refiere Hora? l:Jna vez más se tiene la impresión de que las conocemos sin •berlo. Estamoi en comunicación constante y, sin embargo, somos casi por com·

oleto Incapaces de comunlcarno~ acerca d8 la comunicación.

Este problema constituir{ un tema importante de este libro. La búsqueda de configuraciones constituye la base de .t~ investigación cientlfica. Cuando hay configuraciones hay llg- nificación, • una máxima epistemológica que también resulta válida para el estudio de la interacción humana. Este estudio sería relativamente f{cil si consistiera tan sólo en interrogar a quienes pamcipan en la interacción y averiguar asl, a tra- vés de ellos, qué configuraciones siguen habitualmente, o, en otras palabras, que reglas de. conducta han establecido entre ellos. Una aplicación habitual de esta idea es la técnica del cuestionario pero, cuando se descubre que las aseveraciones no siempre pueden tornarse por su valor aparente, Y muchp . menos en los casos de p$lcopatologla -esto es, que las per-

sonas pueden decir algo y rigniflcar otra cosa- y, .como .aca· bamos de ver, hay Interrogantes cuyas respuestas pueden filar ., por completo fuera de nuestra percepción, entonces la ~ sidad de un enfoque distinto hace evidente. En térrmnos generales, las propias reglas de conducta e interacción pue- · den exhibir los mismos grados de conscienclación que Freud

postuló para los laP'U' IIRgU~~B y los actos fallidos: 1) pue- den estar claramente dentro del campo de la conciencia de uoa penooa, en cuyo caso la técnica del cuestionarlo y otras técnicas simples del tipo pregunta-respuesta pueden utilizarse; 2) uoa penooa puede no tener conciencia de ellas pero ser capaz de reconocerlas cuaDdo alguien se laS seiia,la¡ o 3) pue- den estar tan lejos de la conciencia que aunque se las defina . correctamente y se Jos señale la persona no puede verlas. Bateson ha refinado esta aoalog!a con los niveles de concien- cia y. planteado el problema en ténninos de nuestro marco conceptual actual:

ele 6rd-• ele aprendizaje,

IJecamor a reglonel ele ccmflllurao!ón y abstractas, que esl6a coda wz meDOS somelldu a la IDipeoci6D CODJdente. Cuanlo abo-

• • • a medida que uceoclemoo en la

la

lractas, euudo s

cualei

~

6da

,

en

-

loo lli

ta

,Jeo

y formales soa lu premlul a partir de lu oonflcuraclcmeo, pr<>fuadamente 10

neuroi6Bicoo o polcol6tiCOI y lllODOI a<ee-

llbleo rmdtan al control conscteme.

Ello6blto ele la depeadiiiiC!a es mucho menoa pasible ele percipclón para

el bldMduo que el heobo ele llaber recibido ayuda en UDa Puede aceplor Olio 61timo, - tomar

,.

ele la

a.

,_

ffpNcl6n del ll¡uleate llivel ele coqolejidad, -

, del hecbo ele que,

,.

'

ele llaber pedido oYada. ouele IIIGidc la -no que le alt-,

resultarle

te

dificiL (lll).

MortuDadamente, nuestra comprensión de la Interacción hu- DI8D8 ie ve favorecida por el hecho de que el cuadro es dis-

tlnlo para nn observador externo. Este se parece a alguleo que no comprende ni las reglas ni el objetivo del ajedrez y obser-

.w el deSarrollo de una partida. Supongamos que la no-cons- cleDcla. de los •¡ugadores• en ·¡a vida real esté representada en este modelo conceptua,l por el supuesto simplificado de que el observador DO habla ni comprende el lenguaje de los jugadores y es, por lo tanto, Incapaz de pedir explicaciones. Pronto se hace evidente para el observador que la conducta de los jugadores exhibe diversos grados de repetición, de re- dundancia, a partir de lo cual puede sacar conclusiones pro- vlsorfas. Por eJemplo, notad que, casi lnwrlablemente, a cada movimiento de un jugador le sigue un movimiento del otro. Asl, a partir de esta coDducta resultali f'cil deducir (¡ue los jugadores siguen una regla de alternación en los moylmien- tos. Las reglas que gobiernan los movimientos de cada una de las piezas DO pueden deducirse con tanta facilidad, debido en parte a la complejidad de los movimientos y, en parte, a ·las frecuencias sumamente distintas con que se mueve cada

una de las piezas. Por ejemplo, es más fácU deducir las reglas

subyacentes a los movimientos de los aUiles que las corres- pondientes a un movimiento tan insólito. Y: poco frecuente corno el enroque, que quizá no se produzca en ningún momento durante una partida particular. Obsérvese, asimismo, ·que el enroque Implica dos movimientos consecutivos efectuados por el mtsmo jugador, por Jo .cuaJ parece invalWar la regla de

la alternación de los movimientos Sin embargo, la redundan-

cia mucho mayor de la alternación de movimientos prevalece en la teorla que construye el observador sobre la redundan- cia menor del enroque, y aunque la aparente contradicción no encuentre solución, aquél no debe necesariamente aban- donar las .hipótesis fonnuladas hasta ese momento. De lo dicho

se despreDde que, .luego de ver una. serie de partidas, el obser-

vador probablemente estará en condiciones de fonnular, con un alto grado de precisión, las reglas del ajedrez, incluyendo

el final del juego, el jaque mate. Debe reñalarse que pndrla

llegar a ese resultado aunque no contase con la posibilidad ·

· ¿Significa esto que !!1 observador ha "explicado" la conducta de los jugadores? Preferíamos decir que ha identificado una configuración compleja de redundancias. e Desde luego, de ouerer hacerlo, podría atribuir un significado a cada una de las piezas y de las reglas del juego. De hecho, podria crear una elaborada mitología acerca del juego y su significado

"real" o "más p~ofundo"; incluyendo imaginativos relatos acer-

Pero

todo esto es innecesario para el estudio del juego en si mismo,

de solicitar lnformacióJL

ca del origen del juego, como en• realldad se ha hecho.

y

tal explicación o mitolog(a tendrla. la misma relación con

el

ajedrez que la astrologla con la astronomla. 1

6. Tales P.,utas complejos, y pautas dentro de pautas, en el nivel lnter· perSODal (en una oerle de entr- polcoterapéutlcal) han lido objeto

de 1111 extenso estudio por porte de S.hoflen (la9). Su obra pionera de-

muestra no ·s61o que esas pautas existen, lino tambt6n que 100 .de na·

turaleza !n

-elblemente

repetlll\la y estructurada.

7. Un reciente .oxperimento efectuado por Bavelu (20) demuestra que

no ex!Jte ninguna relación neé:elllria entre el hecho y la oxpllcaci6n: se

iocl!c6 a ende oujeto que debla partleil!"" en una Investigación experimen- tal oobre la "formacl6n de """"'ptol ·y 1e le eatreg6 la mlama bu-jela gris y ¡ranulada acerca de la cual debla "fnrmular conceptos". De ca· da ¡,ar do IUjelol (que eraD entrevlltodoo 10paroda rero CODCUrrente-

azar que lo que

menle), a uno se le Indicó odw de cada dios veces a

docla 10bre la tarjeta era correcto, y al otro se le dijo ciDco ele cada diez .- al alar que lo que afirmalla sobre la tarjeta era correcto. Laa

. ideu del su¡eto "recompensado" con una frecuencia del ochenta por

ciflnto .se JD~J»tUvieroD en un nivel simple, mientras que el sujeto "rccom·

COD 11111 &ecuencla de

rlp complefll, outileo y abstnuu acerca ele la tarjeta, tomaoclo en cuenta loo mlo mlnlmol detalles de m compoolci6n. Cuaoclo los dot sujetos

cincu011ta por ciento desarrolló teo-

Sio

Un ejemplo fina,ltnl vez sirva para redondear nuestro examen de la redundancia en la pragmática de la comunicación hu- mana. Como quizá sepa el lector, la programación de com- rut~dorns consiste en ordenar un ní1mero relativamente· pe- qucno de reglas especificas (el vrograma}; tales .reglas guían ·' las computadora hacia un elevado número de operaciones pnutadns y ~~Y flexibles. Precisamente lo opuesto sucede si, como se suguió, se observa la interacción humana en busca de rcdundiiJlcias. A part;r de la observación de un sistema particular en funcionamiento, se trata de postular reglas· sub- yacentes a su funcionamiento, esto es, su "programa", siguien· do nuestra analogía. con la

1 .5-

M etacomttnicaeión y. el concepto de cálculo

Los conocimientos alcanzadO! por nuestro ñipotético obser- vador al estudiar la redundancia pragmática del fenómeno de

conducta "partida de ajedrez", revelan una sugestiva arlalogfa con el concepto matemático de c4lCulos. Un ·cálculo, según Boole (31, p. 4), es "un método que se basa en el empleo d~ slmbolos, cuyas leyes de combinación son conocidas y gcne- rn!es, Y cuyos resultados admiten una interpretación oongnien- te · . Ya hemos sugerido que tal representación formal es con- cebtble en la comunicación hutllana, pero también se han he- cho evidentes alguna. de las dificultades del discurso IIC!lrca de este cálculo. Cuando los matemlttieO!, ea htg.t de utilizar las matemáticas como un instrumento para computar, hacen de ese instrumento mlrmo el objeto de su estudio -<:Omo sucede

~r ejemplo, et~~~ndo ooestlonan

hca como sistema-, utilizai1 un Hlli'guaje que 110 forma parte

la congrueacia de la ari~:

de '!'' m.atemáticas, sino que se refiere a ella. Siguiendo a J?nv•d Htlbert (64), este lenguaje se denomina metamatemá- bcns. La estructura formal de las matemáticas es un cálculo; la meta~temá~ es ese ~101!-loexpresado. Nagel y Newman han defmido la diferencia entre los dos conceptos con admi- rable claridad:

Lo Importancia ele rccon•c:er la dlstii>CI6n entre matemltlcas y meta·

matemlitlcas. no pum--. El ~

u no ¡,~ ~

tlll

dl.<llncicín ho dado lupr o 1HJrodoju v confUI16n,

El reCOIIOCimiento de

"11 lmpnrtancla

n~ ~h1