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k

Ciencia social

y filosofía

Peter rü7inch

Amorrortu editores

Buenos Aires

Director de la biblioteca de filosofía, antropología y reli-

gión, Pedro Geltman

Thc ld¿a oJ a Social Science and its Relation to Philosophl, Peter

Winch @ Routledge & Kegan Paul, 1958 Primera edición en inglés, 1958; segunda edición, 1963;

réptima reimpresión, 197 t

Primera edición en castellano, 1972; primera reimpresión,

r990

Traducción, María Rosa Viganó de Bonacalza

Unica edición en castellano autorizada por Routledge td Ke- gan Paul Ltd., Londres, y debidamente protegida en todos los países. Queda hecho el depósito que previene la ley no

11,723. O Todos los derechos de la edición castellana re-

servados por Amorrortu editores S.A., Paraguay 1225,70 piso, Buenos Aires.

La reproducción total o parcial de este libro en forma idén- tica o modificada por cualquier medio mecánico o electró-

nico, incluyendo fotocopia, grabación o cualquier sistema

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rizada por los editores, viola derechos reservados. Cual- quier utilización debe ser previamente solicitada.

Industria argentina. Made in Argentina.

ISBN 950-518-308-9

Denn wenn es scho'n. wahr ist, ilass moralische Handlungen.

sie mógen zu noch so uerschiednen Zeiten, bey noch so

uerschiednen Vólkern uorleommen, in sich betrachtet immer die nehmlichen bleiben: so lutben doch darum die nehrnli-

chen Handlungen nicht immer'die nehmlichen Benennun-

gen, untl es ist ungerecht, irgend einer eine andere Benen-

nung zu geben, als die, welche sie zu ihren Zeit'en, und

bey ihrem Volk zu haben pflegte.

(Tal vez sea cierto que las acciones morales son siempre las mismas, sin que importen las diferencia.s errtre las épo- cas y las sociedades en las que aquellas acontecen; sin em-

bargo, las mismas acciones no siempre tienen los rnismos

nombres, y no es justo dar a cierta acción un nombre di-

ferente dei que tenía en su propio tiempo y entre su propia

gente. )

Gotthold Ephraim l.essing, Anti-Goeze.

F

1. Fundamentos filosóficos

ir,

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Íji.

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1. Propósitos y estrategia

$ Decir que las ciencias sociales están en su infancia ha lle-

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gado a ser una perogrullada para los autores de libros de

texto relativos al tema. Sostendrán que esto es así porque las ciencias sociales no se apresuraron a emular a las cien-

cias naturales y a emanciparse de la tutela soiuzgante de la filosofía; que hubo una época en la que no se distinguía claramente entre filosofía y ciencia natural, pero que gra-

cias a la transformación de este estado de cosas, ocurrida

alrededor'del siglo xvn, la ciencia natural progresó a gran-

des saltos desde entonces. En cambio

nos dice-, tal

ciencias sociales,

revolución no se produjo todavía en las

-se

o solo ahora esiá en proceso de realizaciún. Qrizá la cien- cia social aún no encontró su Newton,.pero se están crean- do las condiciones necesarias para que surja un genio de

esa magnitud. Se recomienda, sobre todo, que sigamos los

métodos de la ciencia natural más que los de la filosofía si queremos lograr algún progreso significativo.

Ea-e$a¡qo-qografja,-89*Jrpp9rg9-q¡lalpilgrcríticame¡te

esa idea dg la relacióg -e_4Jrglps" estudio.s_soffiffiIa filo-

se d.b¿ sr$rcr pot

sofía-y,,las-;É$e&!""ñiiiráiá

Pero no

ello que lo que deb;Ae¿ñ puede alinearse junto a los mo-

vimientos anticientíficos reaccionarios que intentan retra-

sar el reloj, y que aparecieron y florecieron en

algunos

lugares desde los comienzos de la ciencia. Mi único pro-

pósito es asegurar que el reloj marque el tiempo justo,

cualquiera que este sea. Por razones que más adelante se

aclararán, la filosofía no tiene derecho a ser anticientlfi-

ca: si trata de serlo, solo lbgrará ponerse en ridículo. Esos ataques lanzados por la fitosofía iott tutt desagradables y

faltos de seriedad como inútiles y contrarios a ella misma. Pero igualmente y por las mismas razones, la filosofía

9

7

debe estar alerta frente a las pretensiones extracientíficas

cle la ciencia. La ciencia es uno de los rasgos distintivos

más importantes de la época actual, y esto tiende a volver

impopular al filósofo, quien puede

siniilár a

enfrentar una reacción

h que enfrenta el que critica a la monarquía.

Pero cuando la filosofía se convierta en un tema popular, habrá llegado el momento para que el filósofo considere

cuándo eiró el camino.

2. La <<concepcion subordinada> de la filosofía

En honor de John Locke, uno de los genios que la presi-

den, llamaré <<concepción subordinado a esa idea de la

filosofía que pretendo criticar. Ios partidarios de la mis-

ma citan a menudo con aprob4ción el siguiente pasaje de

Ia <<Epístola al lectoD> con que comienza el Ensayo sobre

el entendimiento humano de Locke.

Dije

que mi propósito era examinar crlticamente una con-

cepción cdrriente de las relaciones entre la filosofía y los

estudios sociales. Como dicha concepción implica dos tér-

a algunos podrá pa-

minos,

recer

éstudiqs

una parte de este libro

desproporcionadamente grande- estará dedicada a

anaiizar -cuestigncs. cuy-a conexián. eon-la-naturaleza-de-l9s

-que

9s evidgnte a primer¿ vistp. El criterio

"s.gqi?!g: 99

que inteñio

É

ióCtéiiér presupone una cierta concepción de

fitosofía, eu muchos juzgarán tan herética como mi

concepción de la ciencia social misma. En consecuencia,

y

por irrelevante que pueda parecer en un principio, el

análisis de la índole de la filosofía constituye una parte esencial del tema del presente libro. Por lo tanto, . sería

riesgoso pasar por alto este capítulo inicial consideránd<¡lo

un preámbulo tedioso e innecesario.

Lo dicho resultará aun más convincente si esbozo breve-

mente la estrategia general del libro.

sueq"?*gg*d.ts*üeg¡E

Consistirá en uria

cTiÍñá*"ffltffias

*_4

:

--pI!IugIq,

una

ideas conternporáneas prevalecientes el_tgy_tg-

'iuraleza

de la filosofía; segundo, una crítica de

ideas actuales dominantes a;éica

estudiqs:o.ciaies.

"La

táctica principal

será

<<La república del saber no está desprovista ahora de in-

signes arquitectos

et¡er

por sus grandes designios para el

adelanto de las ciencias, dejarán monumentos perdurables

que serán la admiración de la posteridad; pero no tdos

pueden áspirar a ser un Boyle o un Sydenham. Y en una edad que produce luminarias como el gran Huygenius, el inóomparable señor Newton y otras de esa magnitud, es también ya bastante honroso trabajar como simple obrero

en la tarea de desbrozar un poco el teneno y de limpiar

algunos escombros que estorban la marcha del saber

.>

La distinción de .A. J. Ayer entre <<pontlficeo y <<jomale- rop> de la filosofla se hace eco del criterio de Locke; tam- bién A. G. N. Flew, en su introducción a'Logic and f ;an-

gua.ge (Primera Serie.), lo tradujo al idioma de la más

moderna discusión filosófica, y tiene muchos puntos de

contacto con la concepción de la filosofla sustentada por

considera dógica informab [véase

g- Gilbert Ryle, quien la

ciertas

de tos

G. Ryle, Dilemmas, Cambridge].

pósitos. En primer

Intentaré aislar algunos de los rasgos sobresalientes de este

criterio que resulten de mayor relevancia para mis pro-

"éla*riatuiáléza

üna ;ffiññ6ñ

de pinzas:'ie llegará al mismo prrñto argumentando des-

de direcciones opuestas. Completando la analogla militar,

mi principa! propósito bélico será demostrar que los dos frentes en apariencia diferentes en los cuales se sostiene

la guerra no son en absoluto distintos; que aclarar la na-

lugar, existe la idea de que-<<la filosofla

b de 4i$!g$¡!_rrc-.de.--ol-ras-.ar!"es o c_ierrqias más ¡¡q,-¡-3us

ryÉto4_olqU_e*p9r-$g_!91!r?2:

[3] Es obvio que esto se de4va

s9run-és-ta.la"filo-

de la concepcióp subordinada,

contribuir

.qgqpl-e ¡l-papel purauqgnte

legaqye

de eliminailgg_gbst4gttlps gue se ,interponeg_al

óroereso de nriéstlo entendimiento. La fuerza motriz de

lsáF-gt.so ¿tébCliüs&irlem métóilos diferentes por com-

turaleza de,la" filpsp-fía .Xle .de,[es

valents, pues tsdo-sstudiq--{e-

debeposeercarásterf

la pena,

ss-tudio! londl{ e-gEui-

lg ¡scigdad {igqg_de mérito

qgg_ydgf

iloqó-f ipa,-,-f legp_fil*gfiu

delalndqle*W

IO

,*

T

II

,!f ¡:

T

pleto de todo lo que se encuentra en la filosofla; es decir, en la ciencia. Según esta opinión, la filosofía es un parásito

de otras disciplinas; no tiene problemas propios, sino que

ct una técnica para resolver los problemas planteados en

el curco de investigaciones no filosóficas.

Lr concepción moderna de lo que constituye el <<escombro

del saben> es muy semejante a la

de l¡cke: a la filosotla le correq¡¡gnde,elimina¡-coqfsrio-

que estorba la marcha

nes lingüísticis DéHódo

que ef cuadro que se nos pre-

senta es seméjante, en cierta medida, a lo siguiente. Los

como

; como cua

se consideran

discursivo.

Me referiré ahora a otra subordinada, que se vincula a lo anterior. Si los proble-

mas de la filosofía provienen de afuera, se hace nécesario

prestar/especial atención al papel que juegan la metaflsica

y la epistemología dentro de la filosofía; porque, si bien

puede resultar plausible decir que los problemas de la fi-

losofía de la ciencia, la filosofía de la religión, la filosofía

del arte y otras ramas son planteados ¿ la filosofía por la ciencia, la religión, el arte, etc., no es del todo obvio quién plantea los problemas a la metafísica y la epistemología. Si decimos que estas disciplinas son autónomas con res-

pecto a sus problemas, entonces la concepción subordinada

fracasa como explicación exhaustiva de la naturaleza de

la filosofía. Algunos eicritores sugirieron que la metaflsica

y la epistemología son, respectivamente, la forma, disfra-

zada de las filosofías de la ciencia y la psicología, pero

nunca encontré una defensa precisa de este criterio, el cual,

por cierto, no resulta plausiblb prima facie'a nadie que erté algo familiarizado con la historia de esos temas. Ade-

t2

más, otros dijeron que los análisis metafísicos y epistemo-

lógicos constituyen una forma completamente espuria de

'actividad

y no pertenecen a ninguna disciplina respetable.

Pero abordan cuestiones que tienen un hábito de recurren-

cia, y tal actitud desdeñosa pronto comienza a sonar a

hueco. De hecho, es bastante menos popular de lo que lo fue alguna vez.

Otro criterio bastante común es el que defiende, por ejem-

plo, P. Laslett en su introducción a Philosophy, Politics

and Societl.

[13]

En este caso, se interpreta la preocupa-

-que

caracteriza-

ción por las cuestiones epistemológicas

ron durante algún tiempo el análisis filosófico en Inglate-

rra- como una fase temporaria, un período de examen y

mejoramiento de las heiramientas de la filosofía, más que como su propia sustancia. La idea consiste en que, una vez hecho este trabajo de re-instrumentación, es deber del

filósofo retomar su tarea más importante: aclarar los con- ceptos que pertenecen a otras disciplinas de carácter no

filosófico.

En primer lugar, esta interpretación es ahistórica, dado

que las cuestiones epistemológicas ocuparon siempre un

filosófico de peso' y es difícil

entender cómo podría ser de otra manera. Pero, lo que es aun más importante, el criterio de Laslett implica una

lugar central en el trabajo

reversión del verdadero orden de prioridad dentro de la

contribuye a ü

iá-iGrrcia^ el -'te, le pelítiea; etc. Yo sostendré,-por

contrario, que esas filosofías de la ciencia, el arte, la polí-

-el

tica, etc.

las cuales denominaré disciplinas filosóficas

pierden su carácter filosófico si no se las

<periféricas>-,

-a

la epistemología y la metafísica. Pero antes

relaciona con

de que p\reda abordar dicho tema con ulggl d-etalle, debo

intentar él examen de los fundamentos filosóficos de la concepción subordinada de la filosofía.

13

r

3. Filosofla y ciencia

u

:1

,f

Esa concepción es en gran medida una reacción contra el criterio que considera al filósofo un <<maestro de las cien-

a_*rr; de acuerdo con esto, la filosofía está en competencia

directa con la ciencia y su propósito es elaborar o refutar

teorlas científicas mediante un razonamiento

puramente

a,priori. Esta idea es ridícula; puede llevar a los absurdos

que están bien ejemplificados en las especulaciones aficio-

nadas- y

seudocientíficas de Hegel. Hume nos proporciona

su refutación filosófica:

<Si quisiéramos quedar

satisfechos

) en lo que con-

segu-

cierne a la naturaleza de esa evidencia que nos áa

ridad acerca de los hechos, deberíamos investigar cómo ile-

gamos al conocimiento de la causa

y el efecto.

Me permitiré afirmar, como proposición general que

no

admite excepción, que el conocimiento de ésta relación en ningún caso se alcanza por razonamientos a priorí, sino

que surge enteramente de la experiencia, cuando vemos que cualquier clase de objetos particülares están constan-

temente ayuntados entre

sí. Preséntese un objeto a un hom-

y habiüdadei tan extraor-

objeto

le es enteramente

bre dotado d,e raz,6n natural

dinarias como se quiera: si el

nuévo, no será capaz de descubrir'ninguna de sus causas

o efectos, ni

sección IV, parte I].

siqqiera mediante el examen más prolijo> [12,

Esto es admirable

como crítica de unp seudocienc ia a prio-

tergiversó la aplicación del

un tipo de filosofía a

árgu-

priori clm-

ri. Pero a menudo se mento a fin de atacar

pletamente legítimo. El

nuevos descubrimieriGi acerca cG

problema es el siguiente, los_

métodos

,S€

de la

en manos

14

pretendió

menos

tradicionalmente que su finalidad consistía, al

investigación

de la na- la filosofla

en buena medida, en la

turaleza de la realidad; en consecuencia, o

tradicional intentaba hacer algo que sus métodos de in-

vestigación jamás le permitirían lograr, y debla, por ende,

abandonar, o bien tenla una concepción errónea acerca de

su propia naturaleza, haciéndose necesario reinterpretar

en forma diástica el tenor de sus investigaciones.

este dilema es

una frase

%.

no

naturaleza de la

y en gener¡|. Burnet aclara esto muy Philosophy, cuando señala (en las páginas 11-12) que e filósofo pregunta: <<¿Qué es realb> en un sentido que im-

plica el problema de la relación del hombre con la reaü- dad, lo cual nos lleva más allá de la ciencia pura. <<Tene- mos que preguntar si el espíritu del hombre puede tener

algún contacto con la reaüdad, y, si fuera así, qué diferen-

cia entraña esto para su vido>. Ahora bien, pensar que eI problema planteado por Burnet se podrla solucionar me- diante métodos experimentales implica un error tan grave

como el de creer que la filosofía, con sus métodos de razo-

namiento a priori, tiene la posibilidad de competir con la ciencia experimental en su

de

a los resultados de un experimento sería

necesariamente una petición de principio, dado que el fi-

l¡dg5l'

Apelar

.)

*. :*

1,

;.-

s'

(

lósofo se vería obligado a preguntar por qué motivo se

accptan como <<realidad>> esos €nr¡nciados en sl mismos.

t5

\oo*

Erto, por supuesto, simplemente exaspera al científico ex-

perimental, y con bastante raz6n desde el

punto de vista

de sus qropios propósitos e intereses. Peró es imposible

aprehender la validez de la pregunta filosófica en-térmi-

experimental; no

no¡ de las preconcepciones de la ciencia

se puede responder a la misma generalizando a

ejemplos particulares, pues una respuesta particul ar a la

partir de

pregunta filosófica ya está impllcita en la-aceptación de

esos ejemplos como <<reales>.

Tgdo este tema fue simbólicamente dramatizado cuando el profesor G. E. Moore dio, en la Academia Británica,

en 1939, una célebre conferencia titulada <<La prueba de

aproxi-

un mundo externo>>. La <<prueba>> de Moore fu'e,

madamente, la siguiente. Levantó sus manos una déspués

de otra diciendo:

<cAqul hay una mano y aquí hay ótra;

por lo tanto, al menos existen dos objetos externos; en

consecuencia, existe un mundo externo>>.

Al abordar el

tema de esta manera, Moore

parecía equiparar la pregun-

a la prigunta: <¿Exis-

que surja de sus hoc!

probaáo de manera

ta: <¿Existe un mundo externo?>>

ten animales con un único cuerno

cos?>>. Por supuesto, esto quedaría-

concluyente con la exhibición de dos rinocerontes. pero

relación del argumento de Moore

ica acerca de la existencia de un mundo i*térno no es

con la pregunta filo-

simple como la relación de la exhibición de los

dos

rinocerontes con la otra pregunta,

la duda filosófica respecto de la existencia de un mundo

ya que, naturalmente,

externo abarca tanto las dos

cgTo cualquier otra cosa. La

manos mostradas por Moore

pregunta completa es: Los

¿están calificados

Esto no quiere

completamenté fue-

<<prueba>

objetos, como las dos manos de Moore,

para ser moradores de un mundo externo?

decir que el argumento de Moore esté

ra de cuestión; lo erróneo es considerarlo una

experimental, porq,ue no se parece a nada de lo que se

encuentra en una disciplina experimental. Moore no esta-

ba,haciendo un experimento; público, recordándole de qué

la. expresión-<<objeto externo>.

blema, en filosofía, no.es probarorefutar lá existéniiá-de

eitaba recordando algo a su

modo se emplea de"hecho

y esto indicaLa que el pro-

I6

un qg¡g{o_9g_obl

concep.ts de

tpl_elte_tnos,

sino más bien etu,cjdat,et I

-ex¡pfqellded.

Considero obvia la existencia f

de uná conexión

central acerca de la naturaleza general de la realidad. '(

éntreGte tema y el problema filosófico/

4. El interés del filósofo por el lenguaje

',$ r

I

"'l

'.t

:ir

'i

Lo expresado hasta el momento basta, respecto de la re-

señalar por

qué no es preciso, ni debería serlo, que el rechazo de bsa

concepción del filósofo como <maestro de las

conduzca a la concepción subordinada. Me he referido a Moore, quien nos recuerda cómo se usan, de hecho, ciertas

expresiones, y he acentuado la importancia que tiene la

idea de elucidación de un concepto en filosofíá. Estos son

modos de expresión que, prima en la concepción subordinada. Y,

lación entre filosofía y ciencia. Pero aún débo

cienciap>

facie, encajan muy bien en realidad, lo desacgr-

tado de esa concepción en general ha de buscarse no tanto en alguna doctrina falsa por completo como en un énfasis sistemáticamente erróneo.

Sin em-

t bargo, el filósofo no se interesa en el uso correcto como

{'

rl

f,'

,i

,!

'11:

tal, ni todas las confusiones lingiiísticas son igualmente re-

levantes para la filosofía. Solo lo son en cuañto su anáüsis

i aprehender en cierta forma dicha realidaá. De modo que

t'

l.

¡l

ht7 t

,).

,&

fl

I Reconozco que este es un modo de hablar

algo pomposo y antiguo.

Lo empleo para señalar la diferencia entre erlnterés'del

la re¿lidad y, por ejemplo,

tunidad

que el filósofo tiene en el lenguaje

par-a

expresar que el

fil¿sorJ e'

el del científico. Aprovecho esta opor-

enunciado acer"i del tipo de inferés

---€xpuesto

de

R.

en el punio

siguiente-

Rhee, óbre <pirilosophy

se debe a una conferencia in&ita

and Ar$.

ta

debemos preguntar

cómo los problemas del le-nguaje

-y

qué clasei dJproblemas acerca de este- pueden guardar

relación con estos temas.

Prcguntarsi

ff

rehción

la realidad es inteligihle implic_a pregunt4;¡

eliste . entre-prÁsamiento-+*realidad'"€oasi-

¿léñT;;aturaleza del pensrniento

lonsiderar la natrrralez4

-nos lleva-*ambien -a

del.lgn*u¡n PJf&

el-len-

interés ción de confusiones

del leñ6áie en seneral.

# ffinto

rcas

en forma

rticulares

polémica, refiriéndome

al Vocabularlt of Politics, de T. D. Weldon. La eleccióri de

este libro obedece al hecho de que en sus páginas Weldon

emplea su interpretación del interés qrre la filosofía presta

al lenguaje pará sustentar una concepción

nes entre la- filosofía y el estudio de

de las- relacio-

la sociedad que se

opone fundamentalmente a la concepción que se sostendrá

en esta monografía. El criterio de Weldon se basa en una

interpretación de los recientes desarrollos filosóficos en Inglaterra. Según é1, ocurrió que <<los filósofos se volvieron

extremadamente conscientes del lenguaje. Llegaron a com-

prender

res hallaron i

mt¡chos de los

que sus predeceso:

as excen

cap. I].

ciál

En conse@

trlosotia so-

y-política surgen de las excentricidades del lenguaje

con el que se intenta describir las instituciones sociales y

misterioso que residiría en esas

En concordancia con la concepción

mismas instituciones.

políticas, más que de algo

subordinada de la filosofía

mente-, considera que esta

papel por completo

iomprensión de la

Weldon sigue aquf fiel-

-que

última solo desempeña un

negativo con respecto a una mejor

vida social. Son los métodos de la cien-

cia empírica, más que los de la filosofía, los que favorecen

TB

\r

at'-

)'

cualquier progreso positivo.de esa comprensión. No existe

indicio álguno para creer que el análisis de los problemas

centrales de la metaflsica y la epistemología, por sí mis-

mos, pueda arrojar alguna

lante- sobre la naturaleza de las sociedades humanas.

De hecho, esos problemas son desdeñosamente puestos a

un lado en el enunciado mismo de la posición de Weldon.

luz ---como sostendré más ade-

$upoaer-dcs-dC gl pr_iqpipiq que. es

¡¡gsibl!

realizar una cla¡a

distinción entre <<el mundo>> y <<el lenguaje con ql. que in-

punto de áeóir que

tentamos. déséribir el mundo>, hasta et

los problemal de la filosofía no surgen en absoluto áel

primero sino tan solo del segundo, significa evadir el pro-

blema total de la

Sin duda, Weldon replicaría que este problema ya fue

planteado en un sentido favorable a su posición por aque- llos filósofos que contribuyeron a los desarrollos de los que

habla. Pero, incluso si pasamos por alto el importante he- cho de que nunca se pueden plantear los problemas filo-

sóficos de esta manera, que no es posible, en la propia obra

filosófica, dar por sentada la obra de otros filósofos del

mismo modo que cuando se trata de teorlas cientlficas

rlepito, si pas4l

establecidas por otros hombres

mos e!ts_pq1at_tr*- La obra de

-incluso,

W_t!g9qq!9br_ggie-n_ en

al deiáiióilo-

filps&

si

forma más d,estac4$a ha contribuido

figo en cuestión solo serfá iiiterdieaáai-'éiióñá'rirenñ

se considera que apoya el modo de expresarse de Weldon.

Esto es bastante obvio con respecto al Tractatus

logico-

philosophicus de Wittgenstein, según se desprende de dos

citas representativas.

ción implica sacrificar la eseneia de toda descrinei6n nnr

do es mi mundo se

del único

nder) impEanlos límites de z¡i mundo>>

libid.,5.62].

cierto que, en el TractatuJ, gstas ideas se conectan con

una teoría del lenguaje que Wittgenstein rechazó despu&

y que Weldon también rcchazaria. Pero los métodoi de

argum€ntación de Wittgenstein.en sus posteriorcs Philoso-

phi,cal Inuestigatiozr son igualmente incompatibles con

t9

cualquier

Ecto

distinción fácil entre el mundo y el lenguaje.

con claridad cuando aborda el concepto de

-resalta

ver un objeto como algo: por ejemplo, ver la imagen

de una flecha en vuelo. El siguiente pasaje es caracterfu- tico de todo el enfoque de Wittgenstein:

cEn el triángulo, puedo ver ahora esto comovértice, aque' llo como base; luego esto otro como vértice, aquello otro

como base. Es evidente que las palabras "ahora estoy vien-

do esto como vértice" no pueden a la saz6n significar nada

para un estudiante que acaba de enfrentarse por primera vez con los conceptos de vértice, base, etc. Pero no quiero que esto se entienda como una proposición empírica.

"Ahora lo está viendo como esto", "ahora como aquello",

solo debería decirse de alguien capaz de aplicar la figura con bastante soltura para ciertos usos. El stistrato de esta experiencia es el dominio de una téc'

nica.

qué extraño que esa sea la condición lógica de que

alguien tenga tal y cual experiencia! Después de todo, no

¡Pero

varnos a decir que sólo se puede tener dolor de muelas si

se es capaz de hacer tal y cual cosa. De esto se deduce que

aquí no podemos estar utilizando el mismo concepto de experiencia. Es un concepto diferente, aunque afín. Solo si alguien puede hacer, o aprendió, o domina tal y cual

cosa, tiene sentido decir que tuvo esta experiencia.

Y si esto suena algo extravagante,

concepto de ver. (A menudo es

es menester pensar que

aquí está modificado eL

necesaria una consideración semejante para librarse de cierto sentimiento de vértigo en matemática.)

Hablamos, proferimos palabras, y solo después tenemol

una imagen de su vida>> l37,II, pág. xi].

En consecuencia, no podemos decir, como Weldon, que loq

problemas de la filosofía surgen más del lenguaje que del

mundo,porque;[-an.aliz."ar-file-FÉ*f

tamosanalizañdo,.d-e.hg_c_b9r!_o-gyS-*¡gsansifu

"igapq4lq-"*lenggigg

u-4gr13f,4

ciente sl, -mand,a*" Nuesfra*.déá de lq-.gue pertenecP ll

dominio de la

realidad nos ¿¡*iláda e-r_I_g!-_!gr€geig-gttl'

\

usamos.

Nuesltqg*cglqE:I¡gas."e$a_hlgeen

para.

.nosotros*Ja

Tal vrcz

forma d.q la expqJiq_+S,b g!*gjf¡emosjelnup-do.

6t-" deJlEperienciu:q.rc t"i"-os--deimundo. Tal vez

valga - la pena recordar esa verdad trillada de que crlando

hablamos del mundo qqt4qlgs

dáá entenclemoJpor

hablando de lo que en reali-

<ei inuncloi>: es"iñooli-

ñlipreiién

@gp1óg=cig-les-cuáleslfr

acerca del mundo,

como

sáfiros

Weldon trata de hacer en sus

ffiññ;Aói-ieláiivos a la naturaleza de los problemas filo-

sóficos. El il¡ndo. ¿r.¡ara -nosotros lo, .SUg*ie-_n0anifiesta a

travég*d.e" esos- concEptgs. Esto no

gonceptos no pu ed an óambiár ;

si.qnifica que nuestros

pero@l1i . iraq e{r,_ ñ. riqs-

tro concépto del mundo también cambia.

5. Inuestigaciones conceptuales y empíricas

Este equívoco respecto del modo en que las formas filo- sóficas de tratar las confusiones lingüísticas son también elucidaciones de la naturaleza de la realidád, nos lleva a las faltas de adecuación de los métodos empleados en la