Sunteți pe pagina 1din 1

Martín 02 de Septiembre de 2009

Perú es Babel

¿Por qué Babel?

José Martín Tong Zubillaga

La figura de la gran torre, que un pueblo nuevo y poderoso construía y cuyo


proyecto terminó por diluirse en la confusión por que nadie entendía al otro,
sirve como metáfora y punto de partida a esta columna que será un espacio
para ‘reflexiones no siempre hepáticas sobre noticias de nuestro país y el
mundo’ sobre Perú: un lugar bendito en América que tiene ‘de todo’, menos
un diálogo fluido y colaboración entre hermanos.
Nuestro país es un tapiz variopinto de razas, culturas y geografía. Hemos
tenido grandes y avanzadas culturas con imperios que precedieron aun al
de los magnos monarcas incas, todos éstos estuvieron limitados por la difícil
geografía de los andes y guerras intestinas que los diluyeron en el tiempo,
claro sólo políticamente porque ellos siguen vivos en la sangre y en la
cultura ancestral de todos los peruanos. Después llegaron hispanos, negros,
chinos, japoneses y otras etnias que le pusieron ‘alguito’ más a nuestra
actual cultura peruana. Y con toda esa riqueza (eso, sin tomar en cuenta los
ingentes recursos naturales de Perú), en lugar de sentirnos todos orgullosos
al mismo tiempo, siempre se desdeña lo supuestamente ‘ajeno’ y se le pone
maliciosa zancadilla al que vive en otra región, al que es más claro o más
oscuro, o habla distinto, ya sea que ‘motosee’ o se ‘apituque’. Ése es
nuestro Babel peruano.
Los pueblos necesitan agua y los alcaldes les dan monumentos huachafos;
los policías que deben de proteger a la población no pueden hacerlo bien ni
con su propia familia porque no reciben un salario digno y encima los matan
como pasó en ‘El Pómac’ y más recientemente en el ‘Baguazo’; los pueblos
selváticos piden explicaciones nadie se las da, toman una comisaría por
semanas y la noticia salta recién cuando mueren los primeros peruanos;
Cusco tiene un ministro que poco escucha a su región y desde Lima nos
dicen que ‘El Perú Avanza’, pero la pregunta es: ¿A dónde?; tenemos
‘faenones’, crisis, masacres y ‘otorongos’. Felizmente también tenemos un
sin fin de cosas de qué enorgullecernos: Machu Picchu, Sipán, el cebiche, el
pisco, el Titi Caca, nuestra gente valiosa y la lista sigue, así que nada está
perdido (aún).
No soy un optimista nato –lo habrán notado–, pero creo que la única forma
de avanzar en serio es empujando el carro (pero juntos). Esta es la primera
y única ‘introducción-reflexión’ a esta columna, de aquí en adelante sólo
noticias, análisis y reflexión sobre nuestro babélico Perú.