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GUIA DE CLASES

Derecho Constitucional y Constitución

Omar Exequiel Posada Portillo.

EL CONTENIDO MATERIAL DE LA CONSTITUCIÓN

Hemos visto que la Constitución de la República contiene


diferentes normas jurídicas, unas que contienen valores,
otras principios, derechos, garantías, etc.

Corresponde ahora conocer que es el contenido material de la


Constitución, precisamente qué son los valores, qué los
principios, qué los derechos y qué son las garantías.

¿Qué son los valores?

Para dilucidar lo que es un valor es necesario antes tener


las ideas claras sobre el contenido deontológico, axiológico
y antropológico de los conceptos.

Así, von Wrigth1 asegura que los conceptos prácticos se


dividen en tres grupos: conceptos deontológicos, axiológicos
y antropológicos.

Ejemplo de conceptos deontológicos son los de mandato,


prohibición, permisión y del derecho a algo. Común a estos
conceptos es que pueden ser referidos a un concepto deóntico
fundamental: al de mandato o deber ser.

En cambio, los conceptos axiológicos están caracterizados por


el hecho de que su concepto fundamental no es el de mandato o
deber ser, sino el de lo bueno [lo que mejor es]. La variedad
de los conceptos axiológicos resulta de los criterios de
acuerdo con los cuales algo puede ser calificado de bueno.

Partiendo de una teoría valorativa los valores son “criterios


intelectuales en base a los que juzgamos las conductas de
cosas y objetos; cuando son conformes a estos criterios
“valen” y si no son conformes a estos criterios “no valen”.
1
Citado por Robert Alexy en su Teoría de los Derechos Fundamentales,
p.139.
Lo que satisface una necesidad humana tiene valor, lo que no,
es un disvalor.

Así, se utilizan conceptos axiológicos cuando algo es


catalogado como bello, valiente, seguro, económico,
democrático, social, etc.

Por último, ejemplos de conceptos antropológicos son los de


voluntad, interés, necesidad, decisión y acción.

Estos tres grupos de conceptos delimitan el campo en el cual


han tenido lugar y siguen teniendo lugar las polémicas
básicas de la filosofía y de la jurisprudencia.

Si se parte de la tripartición antes esbozada, es posible


constatar con facilidad la diferencia entre el concepto de
principio y el de valor. Los principios son mandatos de un
determinado tipo, es decir, mandatos de optimización. En
tanto mandatos pertenecen al ámbito deontológico. En cambio
los valores tienen que ser incluidos en el nivel de lo
axiológico.

Recapitulando, abordar el tema de los valores y principios en


materia constitucional requiere con carácter previo de
conocer por lo menos el contenido de lo denominado “valor” y
de lo denominado “principio”. Determinar si los mismos son
conceptos distintos o, si por el contrario, pueden referirse
a la misma cosa.

Así, la confusión se ha originado en atención a las


disciplinas que han estudiado los valores y los principios.
Desde el plano axiológico y muchas veces político, un mismo
concepto se ha analizado como valor, mientras que desde el
plano deontológico y jurídico el mismo concepto se analiza
como principio y otras veces como derecho.

Pero lo que sucede es que la Constitución desde una


perspectiva estrictamente material, puede ser analizada a
partir de tres estratos, en relación al carácter fundamental
de sus disposiciones: el estrato más alto estaría comprendido
por lo que hemos denominado como valores constitucionales
[estudiados por la axiología], el segundo por los principios
constitucionales [de contenido deontológico] y el más bajo
por las reglas o normas constitucionales específicas [de
contenido jurídico].
En consecuencia de ello, las disposiciones constitucionales
admiten una tipología y una sistematización; así existe una
tipología triple: valores constitucionales, principios
constitucionales y reglas [o normas] constitucionales.

Los valores serían las disposiciones que enuncian cláusulas


generales, específicamente cláusulas al servicio de valores;
los valores orientan, informan y fundamentan el ordenamiento
jurídico, son criterios básicos para enjuiciar las acciones,
ordenar la convivencia, establecer sus fines2.

Los principios serían disposiciones que ofrecen argumentos


para decidir, pero no obligan, por sí mismos, a la adopción
de una única decisión -serían los mandatos de optimización,
en el sentido de Alexy.

Las reglas [normas] serían disposiciones específicas, en las


que tipifican supuestos de hecho con sus correspondientes
consecuencias jurídicas.

La diferencia entre valor, principio y normas la expone


Ronald Dworkin, quien afirma que “las normas establecen
conductas y atribuyen su consecuencia jurídica, por lo que si
se verifica el supuesto de hecho de la norma entonces es
válido o inválido su resultado. Los principios por su parte,
no tipifican normas de conductas ni consecuencias jurídicas,
sino que proporcionan "razones para decidir en un determinado
sentido, pero sin imponer una decisión particular. Los
principios pueden conjugarse con otros principios que maticen
su alcance. Además, cuando se produce un conflicto entre
distintos principios que pueden aplicarse para la resolución
de un supuesto, la aplicación de uno o de otro dependerá de
su peso específico, de su importancia relativa en el caso
concreto.... en cambio, en un conflicto entre reglas
[normas], al menos una tiene que ser inválida".

Hay otros autores que afirma que existe diferencia entre


valores, principios y reglas, diferenciándolos por el grado
de concreción o de abstracción de los mismos. Así se ha
sostenido que los valores son abstractos [ideales de la
vida], mientras que los principios son mandatos de
optimización, mucho menos abstractos, es decir con un
contenido de mayor concreción.

2
Rodríguez Meléndez, Roberto Enrique. Teoría de la Constitución
salvadoreña. Voz: El Fundamento Material de la Constitución: Una
Aproximación a la Idea de Valor, Principio y Norma Constitucional. P.129.
Toca entonces analizar más profundamente el concepto de
valor.

Los valores. Concepto. Tesis explicativas

El valor es una proyección de la conciencia del hombre hacia


el mundo externo, representa preferencias que arrancan de
determinadas condiciones sociales e históricas y que, por lo
tanto, tienen un fundamento racional y empírico y no
metafísico3.

Los valores informan el contenido del derecho.

Las corrientes del conocimiento que han tratado de conceptuar


la idea de valor son tres: a) objetivismo, b)subjetivismo
axiológico y c)Intersubjetivismo axiológico.

a)Objetivismo.
Sostiene que los valores son un sistema estático de
principios absolutos situados en una esfera ideal anterior e
independiente de la experiencia.

b)Subjetivismo axiológico.
Para estos, los valores son producto del plano de los deseos
e intereses de los individuos.

Tanto en Objetivismo como el Subjetivismo propugnan un orden


ontológico [ser], cerrado y ahistórico de valores
metafísicos, eternos e inmutables.

c)Intersubjetivismo axiológico.
Esta teoría parte de la posibilidad de llegar a establecer
las condiciones que permitan a la racionalidad práctica
obtener un consenso abierto y revisable, sobre el fundamento
del derecho justo. Este consenso debe recibir su contenido
material del sistema de necesidades básicas o radicales, que
constituyen su indeclinable soporto antropológico.

Las distintas disciplinas que regulan los diferentes planos


de la vida humana tienen sus particulares criterios de
valoración o valores. Así, para la economía, el valor
fundamental es la utilidad; para la ética, el bien; para la
estética, la belleza; para el derecho, la justicia. La
justicia es el valor que permite diferenciar lo que es

3
Metafísica: Parte de la filosofía que trata del ser en cuanto tal, y de
sus propiedades, principios y causas primeras
jurídicamente valioso: lo justo, de lo que, por no serlo,
entraña el disvalor de la injusticia.

La dimensión axiológica de la Constitución salvadoreña dota


de contenido al ordenamiento jurídico por medio de los
principios y valores. Existen, pues, en la Constitución dos
grandes grupos de principios, unos de carácter general que
orientan la vida social (a veces moral) y económica de la
nación y que vinculan a la totalidad del Estado y otros de
carácter específico que responden más bien a los criterios de
la aplicación de la justicia, como son la equidad y la
seguridad jurídica.

Por otra parte, siguiendo a Pérez Luño4, encontramos que los


valores constitucionales poseerían una triple dimensión, a
saber:
a)Fundamentadora en el plano estático del conjunto de
disposiciones e instituciones constitucionales, así como del
ordenamiento jurídico en su conjunto. Por ello, la doctrina
germana los concibe como valores fundamentales;

b)Orientadora en sentido dinámico del orden jurídico-


político hacia unas metas o fines predeterminados, que hacen
ilegítima cualquier disposición normativa que persiga fines
distintos o que obstaculice la consecución de aquellos
enunciados en el sistema constitucional y

c)Crítica, en cuanto que su función reside en su


idoneidad para servir de criterio o parámetro de ponderación,
para justipreciar hechos y conductas. De forma que es posible
un control jurisdiccional de todas las restantes normas del
ordenamiento en lo que puedan entrañar de valor o disvalor,
por su conformidad o infracción a los valores
constitucionales.

Los valores constitucionales suponen, por tanto, el contexto


axiológico fundamentador o básico para la interpretación de
todo el ordenamiento jurídico, el postulado guía para
orientar la hermenéutica teleológica y evolutiva de la
Constitución, y el criterio para medir la legitimidad de las
diversas manifestaciones del sistema de legalidad.

Pero ¿cuáles son los valores que el ordenamiento


constitucional salvadoreño proclama?
4
Pérez Luño, Antonio-Enrique. “Derechos Humanos, Estado de Derecho y
Constitución”, 4ª Edición, Tecnos, Madrid, 1991, p.137.
Hay que dejar sentado que no existe una clasificación fiel y
fidedigna de cuáles son los valores constitucionales en El
Salvador, y aun cuando no resulta fácil su exposición, debido
a que el autor puede pecar por omisión o por exceso.

Sin embargo en la Obra de Salvador Enrique Anaya B. y otros,


denominada Teoría de la Constitución Salvadoreña, el doctor
Roberto Rodríguez expone que la constitución está
estructurada sobre la base de cinco valores fundamentales:

1. Dignidad de la persona humana


2. Justicia
3. Libertad
4. Igualdad y
5. Seguridad jurídica.

1. Dignidad de la persona humana.


¿Qué es la dignidad humana?
La dignidad humana supone el valor básico fundamentador de
los derechos humanos. Constituye no solo una garantía
negativa de que la persona no va ser objeto de ofensas o
humillaciones, sino que entraña también la afirmación
positiva del pleno desarrollo de la personalidad de cada
individuo. Este desarrollo pleno supone de la total auto-
disponibilidad, sin interferencias o impedimentos externos,
dentro de las posibilidades de actuación propias de cada
persona y por otra parte de la autodeterminación como libre
proyección histórica de la raza humana.

¿Qué implica el concepto de dignidad humana?


El respeto a la idea de dignidad humana en forma preferente
el respeto a la voluntad y creencias de un individuo, que
consiste en permitir que éste asuma o sobrelleve aquellas
consecuencias de sus decisiones, que él ha tenido en cuenta
al adoptar la decisión. Es entonces el “respeto al plan de
vida del individuo”, siempre y cuando el mismo sea compatible
con el mantenimiento de los planes de vida de la comunidad
conformada por una pluralidad de individuos. Este respeto a
la dignidad humana es “uno de los fundamentos de la
convivencia nacional, a decir del Preámbulo de la
Constitución. A este respecto véase la sentencia del proceso
de inconstitucionalidad 4-97, Considerando III 1 A, del 26 de
julio de dos mil novecientos noventa y ocho.

Dimensiones de la dignidad humana


Para determinar las consecuencias jurídicas, al menos pueden
distinguirse cuatro niveles o dimensiones de este concepto,
así:
a)La dimensión religiosa o teológica, que considera a los
hombres "hechos a imagen y semejanza de Dios".
b)La dimensión ontológica, que considera a la persona como un
ser dotado de inteligencia, de racionalidad, libertad y
conciencia de sí mismo. Ella tiene como eje la clásica
definición de Boecio -"la persona es sustancia individual de
naturaleza racional"- y se inspira en la conciencia de la
libertad que viene de Rousseau y llega a muchos autores
contemporáneos.
c)La dimensión ética, en el sentido de autonomía moral ante
cualquier norma y cualquier modelo de conducta y de esfuerzo
de liberación, frente a interferencias o presiones alienantes
y de manipulaciones que pretenden convertir al hombre en cosa
o instrumento; y
d) La dimensión social, como estima o fama dimanante de un
comportamiento positivamente valioso, privado o público.

En la interpretación de este valor, de las modalidades o


sentidos que se han dado a la "dignidad", las que parecen ser
aplicables son la de carácter ontológico (racionalidad y
libertad del ser humano) y la de carácter ético (autonomía de
la persona, fin de sí misma, no medio o instrumento de
nadie).

Consecuencias de los sentidos de la dignidad humana.

Arrancando de las anteriores premisas se infieren algunas


importantes consecuencias desde el punto de vista jurídico:

En primer término, que esa "dignidad básica o radical de la


persona" no admite discriminación alguna (por razón de sexo,
origen filiatorio, edad, raza, creencias, condición social,
etc.) dada la igualdad esencial de todos los seres humanos,
que encuentra un reflejo en el artículo 3 de la Constitución,
del cual su fundamento último es: la dignidad de la persona.

La dignidad "ontológica" arriba conceptuada, no se menoscaba


ni disminuye por la enfermedad mental de la persona, ni por
la edad en sus límites extremos, que tienen, sin duda,
incidencia en ciertos aspectos jurídicos de la capacidad de
obrar, pero no en la personalidad profunda. Esta no está
atada al desarrollo psicológico o cultural (el infante, el
disminuido por problemas de senilidad y el analfabeta son
"personas"); ni se quiebra por perturbaciones anímicas o de
otra especie (el demente y otros seres humanos con
minusvalías siguen siendo "personas"). Antes, al contrario,
en tales supuestos la sociedad, los Órganos del Estado y la
familia deben reforzar la tutela y la asistencia a tales
seres humanos, accidentalmente disminuidos, suplir su
"incapacidad de obrar" y contribuir, en la mayor medida
posible, al desenvolvimiento de su personalidad.
En lo que al ciclo vital del hombre se refiere, se entiende
ahora que a la persona, en cada una de las etapas del ciclo,
debe reconocerse su propio valor particular en una vida
humana considerada en su totalidad; pues si se tiene
conciencia de su dignidad, de ello se desprende que todas las
etapas de la vida tienen un valor; con tales premisas, y por
razones de coherencia y justicia, tanto se debe valorizar
efectivamente la vida de un anciano como la de un niño, e
incluso la del que está por nacer.

Tampoco el ser humano -hombre o mujer- que decae en vida


moral y se hunde en el vicio, o que comete hechos tipificados
como delitos,-pierde por eso su dignidad; ni, en
consecuencia, puede ser privado sustancialmente de sus
derechos fundamentales, sino suspendido -o reducido
temporalmente- en el ejercicio da algunos de ellos y
particularmente de los que dicen relación con su problema
conductual y no de otros que nada tienen que ver con el
mismo.

La dimensión ética de la dignidad -la persona no puede ser


medio o Instrumento de nadie- inspira a la expresión arriba
transcrita del artículo primero de la Constitución: "El
Salvador reconoce a la persona humana como el origen y el fin
de la actividad del Estado..." Con esto se proclama la
convicción de que el Estado es obra humana, creación del
hombre y no de ninguna fuerza ciega o determinante;
instrumento al servicio del hombre y no al contrario. Si ello
es así, es obligado también que los fines del Estado no
puedan ser otros que los fines de la persona. Como ya se vio,
este es uno de los rasgos distintivos del Estado social y
democrático y lo que acá se predica del Estado es válido para
cualquiera de las agrupaciones que el hombre forma, cual
sería el caso de la familia, según también ya se dijo: ningún
fin o interés familiar puede perseguirse si con ello se
atropella la dignidad de cualquiera de los miembros del
grupo.
La dignidad sustancial de la persona está en la raíz de todos
sus derechos básicos, pero hay algunos de ellos donde esa
dimensión del ser humano se hace más patente; veamos:

i) Integridad física y moral (artículo 2, primer inciso);


ii) Derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a
la propia imagen (artículo 2, segundo inciso);
iii) Proscripción de todo acto o contrato que implique la
pérdida o el irreparable sacrificio de la libertad o dignidad
de la persona (artículo 10),
iv) Libertad religiosa y de culto (artículo 25);
v) Ocupación ("El Estado empleará todos los recursos que
estén su alcance para proporcionar ocupación al trabajador,
manual o intelectual, para asegurar a él y a su familia las
condiciones económicas de una existencia digna", [segundo
inciso del artículo 37]);
vi) Educación, cuyo fin inicial es cabalmente "lograr el
desarrollo integral de la personalidad en su dimensión
espiritual, moral y social" (inciso primero del artículo 55);
vii) Bienestar económico. "El orden económico debe responder
esencialmente a principios de justicia social, que tiendan a
asegurar a todos los habitantes del país una existencia digna
del ser humano", (primer inciso del artículo 101).
Lo que se quiere dejar sentado con lo antes expuesto es un
propósito relevante y es el de que el reconocimiento de la
dignidad intrínseca de cada uno de los miembros de la
familia, en armonía con el reconocimiento y respeto de sus
respectivos derechos y de los derechos de los demás, ha
constituido uno de los parámetros principales para orientar
la elaboración del Código de Familia y sirve de parámetros
para la jurisprudencia y para las políticas y prácticas
estatales.

2. La justicia.
¿Qué debe entenderse por la idea de “lo justo”?
Platón identificaba la justicia con la idea de felicidad.
Pero ¿qué es felicidad?

Los clasicistas griegos la identificaron con el aforismo “dar


a cada quien según corresponde”. Pero ¿cómo determinamos lo
que corresponde a cada quien?

Modernamente Perelman dice que “todos están de acuerdo en que


lo justo significa un trato igual para todos los seres que
son iguales en un aspecto determinado”. Lo que reafirma
Henkel al decir que “tratar en forma igual a los
esencialmente iguales y a los desigual desigualmente en
proporción con la desigualdad”.

Por su parte Kelsen llega a la conclusión de que no puede


definir o conceptuar la justicia porque la misma es una
cualidad posible pero no necesaria de un orden social que
regula las relacione mutuas entre los hombres. En otras
palabras, cree que no existe.

Justicia es un concepto jurídico indeterminado y de difícil


determinación; sin embargo Larenz propone que el concepto de
justicia se construya sobre la base de la idea de Equilibrio:
es decir contemplación de los intereses legítimos de cada
parte y de cada grupo social, lo cual se liga a la exigencia
de que cada uno haya de tener al otro respeto y que ninguno
pueda realizar sus intereses a costa del otro u otros”. Muy
próximo a ello está la idea de equivalencia y el principio de
proporcionalidad en el sentido de interdicción de la
excesividad.

La justicia es un valor esencialmente humano y social.


Humano porque tan solo puede predicarse con propiedad
respecto de las acciones de las personas físicas. Así se
puede afirmar que la sentencia de un juez es justa o injusta,
que la reclamación de un pago es justo o no. No tiene
sentido, por contradecir, que un árbol es justo porque
proporciona sombra, o que el tigre es injusto porque devora a
su presa.

La justicia entraña una relación deóntica, es decir implica


un “deber ser” y, precisamente, lo que caracteriza a las
acciones humanas es la tensión entre el “ser” y el “deber
ser”.

La justicia representa un valor, un ideal de comportamiento


al que las personas “deben” tender, pero sin que ello
implique que todas las acciones humanas “sean” necesariamente
justas.

La justicia es además un valor social, porque se refiere a


actos o comportamientos de una persona que afectan a otras
personas. La justicia exige la concurrencia de, al menos, dos
sujetos y la existencia de relaciones entre ellos.

Otros valores como la utilidad, la bondad, la belleza, etc.,


pueden predicarse de acciones humanas carentes de proyección
intersubjetiva, pero las acciones justas o injustas son
siempre acciones humanas referidas a los otros.

Nociones de la idea de justicia.

Siguiendo a Platón en su obra La República, la que se


encuentra el germen de la siguiente clasificación, puede
advertirse tres perspectivas de la justicia:

1. La noción positivista. Sostiene que la justicia solo


puede ser considerada como un valor intrínseco al
derecho positivo. Y por esto, juez justo o ciudadano
justo es quien actúa conforme a la legalidad.
Crítica. Esta postura al identificar la justicia con
la legalidad y el derecho positivo, la convierte en
una noción superflua y le niega su carácter de valor
jurídico en cuanto criterio de inspiración y de
medida crítica de la legalidad positiva.
2. La concepción iusnaturalista formal. Esta idea de
justicia halló fortuna y difusión a través de su
formulación por los juristas romanos como exigencia
de dar a cada uno lo suyo: suum quique tribuere
(Ulpiano, Digesto,1,1,10). En la doctrina jurídica
del presente esta concepción ha sido retomada por
quienes circunscriben la justicia a la máxima de que
“los seres de una misma categoría esencial deben ser
tratados del mismo modo”( Perelman.
Según Perelman han existido históricamente distintas
fórmulas de justicia: a)a cada uno lo mismo; b) a
cada uno según sus méritos; c) a cada uno según sus
obras; d)a cada uno según sus necesidades y a cada
cual según sus capacidades; e) a cada uno según su
rango; f) a cada uno según lo que le atribuye la ley.
Estas ideas expresan ideas diferentes y a veces
contradictorias de la justicia, pero tienen en común
la idea esencial de que los seres de una misma
categoría debe ser tratados de mismo modo.
Crítica. El principal escollo de estas teorías es
determinar qué sujetos deben considerarse como
pertenecientes a la misma categoría esencial y cómo
deben ser tratados quienes pertenecen o no a ellas.
3. La concepción material de la justicia. Ha sido la más
estrechamente vinculada al desarrollo histórico del
iusnaturalismo, asociada a las nociones del bien
común, la libertad o la igualdad. Para el
iusnaturalismo lo justo es lo que es conforme al
derecho natural y por tanto, será considerada como un
valor que trasciende el derecho positivo, en cuanto
que sirve para inspirar, para legitimar, y/o para
criticar al derecho positivo. Emmanuel Kant fue quien
en su Introducción a la doctrina del derecho de su
Metafísica de las costumbres, conjugó las dimensiones
materia y formal de la justicia, así como la
derivación de los derechos humanos de la justicia.
Ese propósito armonizador se muestra también
actualmente en la Teoría de la justicia de Rawls, que
conjuga la dimensión formal de la justicia, como
exigencia de imparcialidad en la elección de las
reglas de justicia, con su dimensión material
expresada en dos principios: 1) distribución de
porciones iguales de libertad para todos y 2)
admisión de desigualdades cuando contribuyen a
maximizar el bienestar de los más desfavorecidos.

Dimensiones o tipos de Justicia.


La justicia como valor jurídico constitucional presenta dos
dimensiones, una general y otra particular.

La dimensión general.
Ha tenido sus prolongaciones históricas en su concepción como
orden de las relaciones sociales en función de las exigencias
del bien común (Santo Tomás); como proporción básica de las
relaciones interhumanas que conserva la sociedad (Dante);
como justitia universalis (Leibniz) o, en nuestra época, como
los procedimientos y principios que definen la sociedad bien
ordenada Rawls).
La dimensión general persigue, mediante la articulación de
principios y procedimientos jurídicos y políticos, la
conservación de la sociedad y la posibilidad que ésta pueda
cumplir con sus fines.

La justicia general ha sido denominada también justicia


legal, porque mediante ella se cumplen los preceptos de la
ley dirigidos a establecer las contribuciones de cada miembro
de la sociedad a la vida colectiva.

La dimensión particular.
Atiende a dar a cada uno lo suyo, sea por parte de la
autoridad- justicia distributiva-, o en el seno de las
relaciones privadas –justicia conmutativa-” (Sentencia de 23-
III-2001, Inc. 8-97, Considerando IX 2)
La justicia distributiva es aquella que establece los
criterios para repartir los bienes y las cargas públicas
entre los miembros de la comunidad.ver pagina 217 Teoría del derecho.

Esta dimensión está estrechamente ligada a las grandes


cuestiones de la política económica.
La justicia distributiva, según John Rawls, debe tender a
promover un disfrute de las libertades a todos los miembros
de la sociedad, y las diferencias en el disfrute del
bienestar solo podrán estar legitimadas en la medida en que
esa distribución desigual favorezca el desarrollo de los
menos aventajados.

La justicia conmutativa es la que regula las relaciones entre


personas iguales, y establece la proporción entre lo que se
debe dar y recibir en las relaciones entre privados. La regla
básica en este tipo de justicia es la de una estricta
igualdad basada en un criterio de equivalencia. Se considera
que este tipo de justicia debe presidir las relaciones de
intercambio y que, debe inspirar el desarrollo de los
negocios jurídicos en el ámbito del derecho privado.

Justicia social.
Se trata de un término que no puede juzgarse de muy
afortunado, ya que entraña un evidente pleonasmo5. Conviene
en efecto no olvidar que a partir de Aristóteles se considera
que lo que caracteriza a la justicia es, precisamente, el ser
un valor o una virtud que se refiere a los otros, es decir,
que se trata de una noción necesariamente social.

Se ha indicado, según Messner, que la justicia social hace


referencia al bienestar económico y social de la sociedad
como una comunidad de trabajo y de orden económico y social
del pueblo de un Estado. La justicia social exige que se
distribuya a todos los grupos y a quienes los integran la
parte de bien común que por sus contribuciones a su formación
les corresponde.

La justicia social tiene por objeto la distribución justa de


los bienes comunitarios y, al propio tiempo, obliga a
realizar las prestaciones y contribuciones necesarias para
formar el bien común que permita el progreso social y
económico.

5
Pleonasmo: Demasía o redundancia viciosa de palabras.
De acuerdo con esta concepción, la justicia social aparece
como la suma de los tres tipos tradicionales de justicia.

La justicia social, consecuencia necesaria de la sociedad


humana, expresa la exigencia de vínculos de integración y
solidaridad social sobre los que se construyen los demás
tipos de justicia, sobre los que se fundamenta el bien común
y sobre los que se edifica la paz social.

En el Estado Social los poderes públicos asumen la


responsabilidad de garantizar el pleno y efectivo disfrute de
sus derechos por los individuos y los grupos; el
reconocimiento de los derechos económicos, sociales y
culturales, a través de las consiguientes prestaciones y
servicios públicos; la redistribución equitativa de las
rentas y recursos a través de un sistema tributario basado en
los principios de igualdad y progresividad; la subordinación
de la riqueza al interés general mediante la función social
de la propiedad; las políticas tendientes a garantizar el
pleno empleo y la remuneración suficiente del trabajo; la
tutela de los intereses de los consumidores y usuarios frente
a la actuación de multinacionales y/o monopolios que puedan
interferir el equilibrio del mercado.

Conexión de la justicia con la libertad y la igualdad.

“puede afirmarse desde una perspectiva constitucional que lo


que la justicia exige es que el Estado garantice a cada
persona una cuota igual de libertad-entendida la libertad
lato sensu como concepto omnicomprensivo de todos los
derechos fundamentales- es claro que los principios de
libertad e igualdad, así como sus manifestaciones concretas,
se incluyen –o derivan de- la justicia, por lo cual deben
considerarse como concreciones de dicho valor” (Sentencia de
23- III-2001, Inc. 897, Considerando IX 2).

La Sala de lo Constitucional entiende además; “la igualdad


nace de la estructura y conformación de dos conceptos
universalmente conocidos: la equidad y la justicia; conceptos
que en su conjunto constituyen la piedra angular sobre la que
descansa, o sobre la que debe descansar, la actividad
jurisdiccional (Sentencia de 24-V-1999, Amp. 40-98,
Considerando VI c).

3. La libertad.
La libertad y la igualdad están íntimamente relacionadas
entre sí.

Para asumir el conocimiento de lo que es libertad, podemos


seguir al maestro Gregorio Peces-Barba quien refiere que este
valor puede ser estructurado a partir de tres dimensiones,
así:

Libertad de no interferencia. Por una parte el valor libertad


garantiza la autonomía moral y por eso está íntimamente
vinculado también con el respeto a la dignidad humana.

En este sentido se puede afirmar que es la permisión del


ordenamiento en la búsqueda de la felicidad y alcanzar esta
independencia sin lesionar a los otros individuos o sin ir en
contra de sus intereses colectivos.

Siguiendo esta dimensión se puede afirmar que la libertad, es


libertad para hacer lo que se quiera, es decir, para poder
actuar y decidir libremente el propio comportamiento en todos
los casos, sin obstáculos, barreras o coacciones de los
poderes públicos, de otros grupos sociales y de los
particulares.

Esta libertad de no interferencia crea un ámbito de libertad


en el individuo en el que nadie puede penetrar, ni siquiera
con acuerdo del titular. Protege la capacidad de elección y
de decisión del individuo y fundamenta a los derechos
individuales, como el honor, el pensamiento, la conciencia,
la propiedad, la libertad de elección conyugal, convivencial,
etc.

La libertad como idea de una libertad protectora o


promocional. Pretende superar los obstáculos internos,
supliendo nuestras carencias más básicas y necesarias para
hacer operativa la libertad de no interferencia. Esta
libertad es el fundamento de los derechos económicos-
sociales.

Esta faceta vendrá limitada por la idea de escasez. Es decir,


el Estado puede -en la medida de sus posibilidades- potenciar
el crecimiento y desarrollo de ciudadanos libres, pero esta
labor activa se encuentra limitada por los recursos
económicos de que el Estado pueda disponer para la
realización de tales fines.
La Libertad para ejercer derechos políticos. Tanto en su fase
activa, como derecho al voto, como en su fase pasiva, ser
sujeto de elección.

4. La igualdad
El principio de igualdad es un principio que emana de la
naturaleza misma del hombre y tiene su fundamento en su
identidad de origen y destino. Se presenta como una relación
en virtud de la cual cabe reconocer a todos los hombres sus
derechos fundamentales y su plena dignidad, evitando
discriminaciones arbitrarias”.

En la sentencia 167-97 la Sala de lo Constitucional considera


injusto el tratamiento igual de los desiguales y el trato
desigual a los iguales. “El derecho de igualdad posee rango
constitucional y está previsto en el artículo 3 de la
Constitución. Tal artículo atinada y escuetamente prevé que
se garantiza la igualdad de todas las personas ante la ley.

El constituyente con sabiduría se apartó de otra declaración


más amplia de la igualdad. De haberlo hecho hubiésemos caído
en el margen de lo utópico”.

¿Cómo son informadas por el principio de igualdad


constitucional las disposiciones de la Constitución? Veamos
algunos ejemplos:
- En el inciso segundo del artículo 32 que proclama la
igualdad jurídica de los cónyuges; y en el último inciso del
mismo, al prescribir que la falta de matrimonio no afectará
el goce de los derechos que se establezcan en favor de la
familia;

- En el inciso primero del artículo 36, al decir que los


hijos nacidos dentro o fuera de matrimonio y los adoptivos,
tienen iguales derechos frente a sus padres;

- En el ordinal primero del artículo 38, al prohibir la


discriminación para efectos de remuneración por razón de
sexo, raza, credo o nacionalidad;

- El artículo 58, al decir que ningún establecimiento de


educación podrá negarse a admitir alumnos por motivo de la
naturaleza de la unión de sus progenitores o guardadores, ni
por diferencias sociales, religiosas, raciales o políticas;
- El ordinal segundo del artículo 90, al adjudicar la
nacionalidad salvadoreña por nacimiento a los hijos de padre
o madre salvadoreños, nacidos en el extranjero. En este
ordinal resulta reafirmado expresamente el principio general
de igualdad ante la ley y tácitamente el de no discriminación
por razón de origen filiatorio, pues serán salvadoreños estos
hijos, abstracción hecha de si sus padres eran casados o no;

- El ordinal cuarto del artículo 92, al prescribir que


pueden adquirir la calidad de salvadoreños por naturalización
el extranjero casado con salvadoreña o la extranjera casada
con salvadoreño que acreditaren dos años da residencia en el
país, anteriores o posteriores a la celebración del
matrimonio. Con lo cual nuestro sistema se aparta
radicalmente de la tesis tradicional que imponía a la mujer
la nacionalidad del marido por gozar éste, según se decía, de
la hegemonía doméstica y absorber, en consecuencia, la
personalidad de su mujer; y reafirma expresamente el
principio general de igualdad y el particular de la igualdad
jurídica de los cónyuges.

Y así podemos ir mencionando disposiciones constitucionales


que proyecta la igualdad.

Clases de Igualdad.
La igualdad puede analizarse como principio jurídico y como
principio político.

La igualdad como principio jurídico.


Como principio jurídico, una vez abolidos los privilegios y
consagrada constitucionalmente la libertad y la igualdad y
proclamada la soberanía nacional, los ciudadanos son iguales
ante la ley; es decir que la ley debe ser igual para todos,
debe ser de carácter general. Esa generalidad es el
instrumento que preserva esa igualdad de los ciudadanos y
existe en el punto de partida y a la que los ciudadanos deben
acomodarse.

Las corrientes socialistas han criticado esa generalidad de


la ley porque han afirmado que no es cierto materialmente que
los ciudadanos están en igualdad en el punto de partida, sino
que a partir de la generalidad de la ley, la igualdad era
algo por alcanzar. Entonces, la ley es el instrumento para
perpetuar la desigualdad; en consecuencia, su postulado es
que el legislador debe introducir desigualdades para lograr
la igualdad real de todos los individuos. Esta concepción de
la igualdad es netamente política, mientras la primera es
jurídica.

Nuestra Constitución ha conseguido obtener un equilibrio


entre ambas concepciones, al consagrar la igualdad ante la
ley en el artículo 3 y la igualdad real- aunque de forma
implícita- en el inciso primero del artículo 110 que refiere:
"El orden económico debe responder esencialmente a principios
de justicia social, que tiendan a asegurar a todos los
habitantes del país una existencia digna del ser humano".

Por su diferente naturaleza y por sus consecuencias jurídicas


diversas, es pertinente analizar por separado esas dos formas
de entender la igualdad.

Algunos autores consideran que la igualdad como principio


jurídico, a su vez, se puede entender de acuerdo a dos
concepciones: la tradicional y la contemporánea, esta última
sobre todo estructurada por la jurisprudencia.

En la concepción tradicional el principio de igualdad


significa que varías personas en número indeterminado, que se
encuentran en una misma situación, tengan la posibilidad y
capacidad de ser titulares de las mismas obligaciones y
derechos que dimanan de aquella situación. La igualdad se
interpreta, de acuerdo a este criterio, como aplicación de la
ley conforme a ésta, es decir, como una aplicación regular,
correcta, de las disposiciones legales, sin otras
restricciones de supuestos o casos que los determinados por
la norma legal.

Por consiguiente, se rompería la igualdad cuando al aplicarse


la ley no se hiciera de manera general, con abstracción de
las personas concretas afectadas.

La concepción contemporánea de igualdad se aleja del


igualitarismo, o de la parificación, para insertarse en una
especie de concepto de admisión o rechazo de las
desigualdades de trato.

En este contexto, el Tribunal Constitucional español, sobre


la base de la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos
Humanos, ha dicho que el principio de igualdad, en el sentido
explicado, sólo resulta vulnerado "si la desigualdad está
desprovista de una justificación objetiva y razonable, y la
existencia de dicha justificación debe apreciarse en relación
a la finalidad y efectos de la medida considerada, debiendo
darse una relación razonable de proporcionalidad entre los
medios empleados y la finalidad perseguida".

De aquí se advierte que en tal concepción hay tres elementos


constitutivos del principio de igualdad:

a) Los supuestos de hecho comparables, en los que existe una


significativa proporción de elementos comunes, pese a que
entre ellos pueda hallarse algún factor diferencial, cuya
legitimidad debe enjuiciarse;

b) La valoración de la razón de ser de la diferencia de


tratamiento; caso de ser positiva, quedaría justificado el
tratamiento desigual; y

c) Un tercer elemento instrumental, en el sentido de que la


razonabilidad de la causa alegada se tiene que buscar no sólo
indagando sobre la no incompatibilidad con el ordenamiento
jurídico de la razón de ser de la diferencia, sino también
buscando la "razonable" adecuación de la medida tomada en
relación con los fines que se persiguen a través de ella.

En síntesis, la igualdad jurídica se hace residir en un


tratamiento jurídico igual para supuestos de hecho iguales y
en un tratamiento diferenciado de esos supuestos cuando haya
una justificación razonable; y que no es por tanto el simple
hecho de la distinción, sino su irrazonabilidad o
injustificación, lo que lesiona la igualdad.

La prohibición de discriminación no significa, sin embargo,


la total proscripción de los elementos distintivos que
pudieran afectar a los sujetos. En este sentido, el
ordenamiento constitucional prohíbe, en efecto, la
discriminación, pero no la diferenciación entre situaciones
objetivamente distintas.

Y la diferenciación se distingue de la discriminación


precisamente porque la primera se fundamenta en unos motivos
de carácter subjetivo que no existen en la segunda.

No hay duda que la temática es compleja y que, como opinan


varios autores, las más espinosas concreciones del principio
de igualdad deben ser resueltas por la jurisprudencia, porque
la ley no puede resolver una casuística abundante.
La igualdad como principio político.

En lo que atañe al principio político de igualdad, que como


se ha visto recoge nuestra Constitución en el artículo 101,
basados fundamentalmente en la jurisprudencia del Tribunal
Constitucional Español, se puede perfilar su contenido, de la
siguiente manera:

a) Los poderes públicos deben promover los valores superiores


del ordenamiento. Es decir, no sólo se deben respetar la
igualdad formal ante la ley, sino promover también la
igualdad real.

b) La efectividad de la igualdad y de la libertad están


vinculadas al objetivo de organizar un bienestar material
generalizado.

c) Todo lo anterior requiere de los poderes públicos


actuaciones positivas para remover obstáculos y para promover
condiciones y cauces institucionales para esa efectividad de
la libertad y de la igualdad y para la solución de los
conflictos sociales.

d) El legislador puede, sin reducirse a la pura igualdad ante


la ley, introducir conscientemente ciertas diferencias de
tratamiento jurídico con vistas a esa igualdad real y
efectiva.

e) Existe una proporcionalidad entre la finalidad


constitucionalmente lícita de proporcionar una igualdad real
y efectiva y los medios empleados para ello. Esto justifica,
bajo ciertos supuestos, que determinadas desigualdades
jurídicas tiendan a corregir desigualdades de hecho y, por
tanto, a conseguir una igualdad real.

f) La función de la igualdad real y efectiva no puede dar


lugar a resultados contrarios a los derechos y libertades
fundamentales, ni pueden producirse normas contrarias a otros
preceptos o principios constitucionales, como tampoco se
puede con tal motivo vulnerar el principio jurídico de
igualdad, el cual rechaza diferencias discriminatorias.

g) La medida diferencial debe ser necesaria para la


protección de bienes y derechos pretendida por el legislador,
y este fin ser, asimismo, constitucionalmente relevante. No
puede el legislador establecer distinciones artificiosas o
arbitrarias entre situaciones homogéneas o cuyas diferencias
reales, si existen, carecen de relevancia para este trato
diferente.

h) También el Tribunal ha validado leyes singulares en razón


de la igualdad. La igualdad ante la ley exige, en principio,
leyes generales, pero no prohíbe contemplar la necesidad o la
conveniencia de diferenciar situaciones distintas y darles un
tratamiento diverso. La ley singular, por tanto, debe
responder a una situación de igual índole y ser una medida
razonable y proporcionada al supuesto de hecho sobre el que
se proyecta. En El Salvador tenemos muchos ejemplos de leyes
singulares para grupos determinados, así encontramos la Ley
contra la Violencia Intrafamiliar (LVIF), la Ley de
Protección Integral para el Adulto Mayor (LAIPAM)entre otras.

5. Seguridad jurídica.

La seguridad jurídica es la condición resultante de la


predeterminación, hecha por el ordenamiento jurídico, de los
ámbitos de licitud e ilicitud en la actuación de los
individuos, lo que implica una garantía para los derechos
fundamentales de la persona y una limitación a la
arbitrariedad del poder público. (Sentencia de 19-III-2001,
Amp. 305-99, Considerando II 2)

Dos son las facetas6 del valor seguridad jurídica:

a)Como una exigencia objetiva de regularidad estructural


y funcional del sistema jurídico a través de sus normas e
instituciones.

Las dimensiones de la faceta objetiva son:


1. Corrección funcional: “implica la garantía de
cumplimiento del Derecho por todos sus destinatarios y
regularidad de actuación de los órganos encargados de su
aplicación, es decir la vinculación de todas las
personas públicas o privadas a la ley, lo cual
constituye el fundamento del Estado de Derecho”.
2. Corrección estructural(principio de legalidad):
La seguridad jurídica es la “garantía de la disposición
y formulación regular de las normas e instituciones
integradoras de un sistema jurídico”. (Sentencia de 17-
XII-1999, Amp. 48-98, Considerando III 2).

6
(Sentencia de 19-III-2001, Amp. 305-99, Considerando II 2)
Requisitos derivados de la corrección funcional: a)
ley promulgada, b) ley manifiesta, c) ley plena, d)ley
previa, e)ley irretroactiva.

Otra de las implicaciones de la Seguridad jurídica la ha


derivado la Sala de lo Constitucional al sostener que de la
seguridad jurídica deriva la obligación de motivar las
decisiones judiciales.
b) en su faceta subjetiva, como certeza del derecho
respecto de los destinatarios del derecho
Para que exista seguridad jurídica, no basta que los derechos
aparezcan en forma enfática y solemne en la Constitución,
sino que es necesario que todos y cada uno de los gobernados
tenga un goce efectivo y cabal de los mismos. Por seguridad
jurídica se entiende, pues, la certeza que el individuo posee
de que su situación jurídica no será modificada más que por
procedimientos regulares y autoridades competentes, ambos
establecidos previamente. La seguridad jurídica crea el clima
que permite al hombre vivir como nombre, sin temor a la
arbitrariedad y a la opresión, en el pleno y libre ejercicio
de los derechos y prerrogativas inherentes a su calidad y
condición de tal, es decir, la seguridad jurídica es la
característica egológica fundamental del Estado de Derecho".
Sentencias de amparo Ref. 3-Q-90 y 3-S-92.

Además de estos valores explícitos, existen otros valores


implícitos, así por ejemplo el “bien común” ha sido señalado
por algunos autores como valor fundamental. Así también la
doctrina y el derecho comparado pueden destacar como valor el
“pluralismo político”, “la solidaridad”, la “paz” y el “orden
público”.

El bien común podría ser un derivado del valor justicia y por


su parte el pluralismo político y el orden público ser
conceptos jurídicos indeterminados que no consiguen tener una
sustantividad propia, que podrían estar alejados de los cinco
valores que antes se han analizado.

Sin embargo la solidaridad puede en algún momento retomarse


como valor constitucional, sobre todo a la luz de los nuevos
derechos fundamentales o de nuevas generaciones, como los
derechos al medio ambiente, de los consumidores, de los
pueblos, el mismo derecho a la paz.
Hemos visto hasta aquí los principales valores que impregnan
el contenido de la normativa constitucional. Veamos ahora
algunas reflexiones sobre los principios constitucionales
para luego dilucidar los aspectos esenciales de los derechos
fundamentales y de las garantías constitucionales.