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MEISNER, M.: La China de Mao y después. Una Historia de la República popular

Parte II: EL NUEVO ORDEN, 1949-1955

Capítulo 5: EL NUEVO ESTADO

Los comunistas chinos llegaron al poder en 1949 sin las esperanzas revolucionarias habían que los dirigentes bolcheviques rusos habían mantenido en 1917. En vez del prometido control del lugar de trabajo por parte de los productores, basado en la “libre y consciente disciplina de los propios trabajadores”, la supervivencia económica dictó una disciplina burocráticamente impuesta desde arriba y el uso de métodos e incentivos capitalistas. Los vencedores chinos de 1949 por el contrario, aparecen como sobrios realistas; no poseídos por las mismas visiones revolucionarias milenaristas de sus predecesores rusos, no sufrirían similares desilusiones. En los 1eros años de la revolución, las mentes de los dirigentes comunistas chinos se dedicaron a los problemas políticos y económicos inmediatos de su nación, no a pensamientos utópicos de revolución mundial. La revolución china había crecido en un molde nacional insular. Se había desarrollado independientemente de las corrientes revolucionarias internacionales y estaba aislada tanto física como espiritualmente de ellas. A diferencia de Lenin o Trotsky, Mao Zedong era un líder revolucionario eminentemente nacional, no un portavoz de la revolución internacional. La china de 1949 difería de la Rusia de 1917 en muchos otros aspectos. En 1949 Mao no necesitaba escribir un equivalente del tratado utópico de Lenin “El estado y la Revolución”. Era suficiente escribir “Sobre la dictadura democrática del pueblo”. Aquí Mao reafirmaba el compromiso con los objetivos socialistas y comunistas, pero relegaba su realización a una época futura imprecisa, mientras enfatizaba que los objetivos inmediatos eran la creación de un fuerte poder estatal y la construcción económica. En China, a diferencia de Rusia, el establecimiento de un estado autoritario que unifico la nación y proveyó de un orden político, fue más la realización de las esperanzas populares que la traición de una promesa revolucionaria. Lo que se hizo estuvo en gran medida de acuerdo con lo que se había prometido y se esperaba.

En el sector industrial urbano, el amplio margen de autoridad general permitida tanto en las nuevas empresas de propiedad estatal como en las viejas empresas capitalistas no originó demandas de los trabajadores para un control directo por parte de los productores, como había sucedido en Rusia 3 décadas antes; el proletariado chino, políticamente inactivo por largo tiempo, tenía pocas exigencias y no podía servir como base social de una “oposición de los trabajadores”. Y en el campo, el nuevo estado resultaría capaz de satisfacer las exigencias inmediatas de tierra de un campesinado que llevaba largo tiempo oprimido. Para la gran mayoría del pueblo chino y para sus nuevos dirigentes comunistas, 1949 fue un momento de gran optimismo y esperanza. Y lo que era posible en ese momento era esencialmente la realización de la largamente postergada fase

“burguesa” de la revolución china: unificación política nacional, reforma agraria y lo que prometía ser un largo y arduo proceso de desarrollo económico moderno. En China, a diferencia de Rusia, la victoria política no produjo esperanzas del inminente surgimiento de un orden perfecto de justicia y equidad. La estabilidad política y el desarrollo eran el orden del día. Mao aceptaba como la mayoría de los dirigentes comunistas, la visión marxista fundamental de que el desarrollo de las fuerzas materiales de la producción era el requisito esencial para la trasformación socialista de la sociedad. En muchos aspectos, los chinos disfrutaban de condiciones más favorables que las que tuvieron los rusos para consolidar la victoria revolucionaria en el corto término y para establecer los requisitos para una transformación socialista final. Mientras que los bolcheviques habían sido forzados a sostener después de la revolución de octubre una guerra civil que los debilitó material y espiritualmente, en China la guerra civil había sido combatida y ganada durante los años de la revolución. Cuando los comunistas establecieron el poder estatal en 1949 solo enfrentaron una resistencia contrarrevolucionaria dispersa. Eran mucho menos dependientes del aparato burocrático superviviente del antiguo régimen de lo que los bolcheviques habían sido.

Y quizás, en forma más significativa, los comunistas chinos habían llegado al poder

con mucho mayor apoyo popular del que habían recibido sus predecesores rusos, especialmente en el campo, donde vivía el 80 % del pueblo chino. A diferencia de Lenin, Mao no se enfrentó al problema de un campesinado hostil en un país

principalmente agrario. El nacionalismo, que no había sido un factor significativo en

la revolución rusa, era una fuerza importante que trabajaba a favor de los nuevos

dirigentes chinos. El PCCh había surgido de la guerra anti-japonesa como el dirigente

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de la resistencia nacionalista ante las intrusiones extranjeras, y la habilidad del Partido para continuar apelando a los sentimientos patrióticos en los 1eros años de la posguerra sirvió para fortificar y expandir la base de apoyo popular a los comunistas. A demás, a diferencia del estado soviético de los inicios, la República Popular no estaba totalmente aislada ni amenazada en el mismo grado por la intervención contrarrevolucionaria extranjera. Más allá de la ambigua relación entre Beijín y Moscú, la mera existencia de un poderoso país comunista en sus fronteras proveyó al nuevo estado chino de cierto grado de seguridad en un escenario internacional que de otro modo hubiera sido mucho más hostil. Además, estaba la perspectiva de ayuda económica y técnica soviética, que fue muy importante. Pero estas ventajas relativas fueron eclipsadas y quizás superadas en peso, por el terrible atraso chino, un atraso que era social y económico: el legado histórico de un siglo de fracasos tanto de la reforma como de la revolución. En 1949, los comunistas chinos heredaron una economía arrasada por la guerra, mucho menos desarrollada que la economía rusa en momentos de la revolución de octubre. El factor crítico de la situación histórica china fue esta condición de atraso y empobrecimiento masivos, y las respuestas al problema de cómo tratar con ello serian cruciales para determinar el desarrollo social chino después de 1949. Mao anuncio que el nuevo estado no sería una república burguesa, sino una “república popular”. Y la nueva república popular seria “un estado de la dictadura democrática del pueblo, un estado bajo el liderazgo de la clase trabajadora y basado en la alianza de obreros y campesinos”. Además, el nuevo orden político descansaría sobre una base social aún más amplia, ya que los obreros y campesinos formarían parte de un “frente nacional unido”. A uno lo choca la aparente contradicción en el término “dictadura democrática” con que Mao eligió caracterizar al nuevo estado ¿la Republica Popular sería una democracia o una dictadura? Hasta donde Mao estuvo dispuesto a contestar la pregunta, su ambigua respuesta fue que sería ambas; mientras que la democracia se extendería hacia “el pueblo”, los métodos dictatoriales les serian aplicados a aquellos excluidos de las filas del “pueblo”. La función dictatorial del nuevo estado se hizo muy clara: el gobierno ejercería “una dictadura sobre los lacayos del imperialismo, la clase terrateniente y la burguesías burocrática, los reaccionarios del Guomindang y sus cómplices”. Tales grupos y clases serian privados de sus derechos democráticos y

suprimidos, y todas las fuerzas de la violencia estatal serían utilizadas para asegurar que su supresión fuera completa. En 1949, la respuesta de Mao fue engañosamente simple; “el pueblo” eran los miembros de las 4 clases sociales que supuestamente habían ingresado en el frente político unido: la clase obrera, el campesinado, la pequeña burguesía y la burguesía nacional. Y “democracia” significaba 3 cosas: en 1er lugar significaba democracia burguesa. Según Mao el pueblo disfrutaría de las libertades de expresión, reunión y asociación, tendría el derecho al voto y a elegir su propio gobierno, un gobierno que a su ve ejercería una dictadura sobre los reaccionarios que caerían fuera de las filas del pueblo. En 2do lugar, por democracia se refería a una etapa específica del desarrollo socioeconómico chino y a las políticas gubernamentales que correspondían a esa etapa. En este sentido democracia describía un periodo histórico durante el cual las 4 clases populares cooperarían en un prolongado proceso de desarrollo económico moderno para asentar las bases materiales de una futura sociedad socialista. En 3er lugar, democracia significaría la representación política de las 4 clases definidas como “el pueblo”. Presuntamente los representantes políticos de porciones de la pequeña burguesía y de la burguesía nacional, eran partidos políticos más de nombre que en realidad. Ninguno tenía apoyo popular significativo ni mucha estructura organizativa formal. La relación entre el Partido Comunista y las dos mayores clases de la época posrevolucionaria, el proletariado y el campesino era ambigua. Por un dalo, la doctrina oficial proclama que el PCCH era el partido del proletariado, aunque los lazos entre el partido y la clase obrera urbana se habían cortado en 1927 y esta última había permanecido políticamente pasiva mientras la revolución comunista se desarrollaba y triunfaba en el campo. En 1957 cuando el tamaño del proletariado había crecido enormemente y los comunistas estaban bien establecidos en las ciudades, el Partido podía afirmar que solo el 14% de sus miembros eran obreros. La abrumadora mayoría de los miembros del Partido continúo siendo extraída del campo. La Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, se reunió en Beijín entre el 21 y 30 de septiembre de 1949, estableciendo la Republica Popular. Una amplia variedad de grupos e individuos , políticos y sociales, no comunistas participaron en la Conferencia, y habiendo sido debidamente consultados, dieron su aprobación formal a un nuevo gobierno, organizado de acuerdo con las propuestas que Mao había establecido 3 meses antes, nombrando a éste como Jefe de Estado.

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Con respecto a la estructura administrativa del nuevo gobierno, no hay nada excepcional. El mayor órgano ejecutivo estuvo bajo el Primer Ministro Zhou Enlai desde el comienzo; originalmente llamado Consejo Administrativo de Gobierno, su nombre fue cambiado a Consejo de Estado. Durante el 1er lustro, la administración civil estuvo dominada por la militar. La revolución había triunfado y el nuevo régimen había llegado al poder gracias al poderoso y altamente disciplinado Ejército Rojo, y este ejército fue utilizado inicialmente para establecer el orden y el nuevo aparato administrativo en el país tanto como para protegerlo del exterior. En 1949, China fue dividida en 6 regiones militares, y el país permaneció bajo lo que fue esencialmente control militar hasta

1954.

El Partido Comunista Chino fusiono las administraciones civil y militar en un poderoso estado centralizado. La tarea política que afrontaban los comunistas victoriosos en 1949 no era la de tratar de volver a reunir los viejos pedazos de nuevo sino más bien forzar una estructura política totalmente nueva. Y esto debía ser emprendido en condiciones de extremo atraso político, en un país que poseía solo el más primitivo sistema de comunicaciones y trasportes, donde la persistencia de fuertes lealtades tradicionales locales y regionales había retrasado el desarrollo de una

moderna ciencia nacional y donde el predominio de formas de vida económica en buena medida pre capitalistas brindaba solo las más frágiles bases materiales para la integración nacional. Lograr la unificación política moderna en tales condiciones era una tarea de asombrosas proporciones. Que se lograra tan efectiva y rápidamente entre 1949 y 1952 puede ser atribuido en gran medida al hecho de que los nuevos gobernantes de China tenían a mano un instrumento organizativo singularmente eficaz en el Partido Comunista Chino. El Partido había surgido en los años de la revolución como una organización altamente disciplinada y estrechamente unida. Dos décadas de conflicto armado habían impartido una disciplina casi militar a su organización y a los hábitos de sus miembros. Funcionando casi como un gobierno mucho antes del formal establecimiento de la Republica Popular, el Partido proveyó la principal base organizativa, liderazgo y métodos de organización de masas al nuevo estado. La popularidad personal de Mao y las habilidades administrativas de Zhou Enlai, a pesar de ser grandes, no eran sustituto del aparato organizativo del Partido y de sus dedicados y disciplinados cuadros.

Por supuesto, hay una diferencia entre la organización del Partido y los órganos administrativos del estado, pero la distinción es fina. En su mayor parte, los líderes del Partido ocupaban también ocupaban las posiciones clave en la administración formal del estado, inicialmente simbolizado en la cumbre por Mao, que era el presidente del Partido y el Presidente de la Republica Popular. Este patrón se repetía hasta los niveles más bajos de la estructura estatal. A pesar de que el nuevo orden político se representaba oficialmente como basado en una alianza de 4 clases sociales y estaba apropiadamente decorado con una variedad de “personalidades democráticas”, la sede del poder estatal residía en el PCCh, que oficialmente se representaba a sí mismo como el partido del proletariado. Más exactamente, el poder político descansaba en el Comité Central del Partido (que tenía 44 miembros en 1949) y más particularmente en su Buro Político (Politburó) de 14 miembros; precisamente, las palancas del poder estatal estaban en las manos de los 5 hombres que integraban el Comité Permanente del Politburó en 1949: Mao, Liu Shaoqi, Zhou Enlai Zhu De y Chen Yun. La historia política de la Republica Popular es un gran medida la historia interna del PCCh y de sus órganos dirigentes. La situación política china de 1949 era prometedora para el futuro de la revolución. Los comunistas chinos tuvieron escasa necesidad de destruir la vieja burocracia estatal, ya que poco quedaba.

Unificación territorial: la tarea inacabada.

Cuando la Republica Popular fue formalmente proclamada en octubre de 1949, todavía tenían que ser sometidas al control del nuevo gobierno grandes regiones de China. Pero la mayoría de China del Sur, así como la mayoría de las provincias y dependencias fronterizas en el Oeste, y el Noroeste estaban todavía ocupadas por restos del ejército nacionalista o por los ejércitos de varios señores de la guerra que habían estado aliados con el Guomindang durante la guerra civil. Por lo tanto, la 1era tarea del nuevo estado era extender su control militar sobre estos territorios. El Ejército Rojo se trasladó hacia el sur con extraordinaria rapidez, encontrando solo resistencia aislada. Las operaciones militares en el este y el noroeste fueron de alguna manera más difíciles y prolongadas. Mientras en la provincia de Sichuan estaba bajo el control del Ejército Rojo para diciembre de 1949, la resistencia del Guomindang en Xinjiang

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continúo hasta marzo del siguiente año. Esta fecha marco el fin de la oposición militar organizada del Guomindang en el continente. El restablecimiento del control chino sobre el Tíbet no planteo un problema militar, sino más bien un problema cultural y político. Un tema de mucha mayor preocupación era la ocupación de Taiwán por el derrotado régimen del Guomindang, ya que esto no solo dejaba incompleta la tarea de la ocupación del territorio nacional sino también la guerra civil. Existían obstáculos aún más grandes a la unificación territorial en la larga frontera norte con la Unión Soviética. Además de los vastos territorios que el viejo imperio zarista se había anexado de la antigua dinastía Qing a fines del siglo IXI, los rusos había reasumido su antiguo predominio en Manchuria como resultado de la derrota japonesa en la II Guerra Mundial. El nacimiento de la Republica Popular marco el surgimiento de China como un estado-nación moderno y unificado, pero el cumplimiento de la exigencia nacionalista de unificación territorial permaneció incompleto. La intervención extranjera previno la recuperación de Taiwán y el permanente expansionismo ruso impidió la recuperación de los territorios del norte. Y ambas estaban cargadas de peligro.

Represión y terror

El poder del nuevo gobierno chino descansaba en última instancia en las fuerzas de la violencia que todos los estados ejercen sobre las sociedades: el ejército y la policía. Ciertamente, el nuevo estado debía su existencia y supervivencia, además de poder conseguir sus objetivos, a las formas de violencia llevadas a cabo por las fuerzas militares y policiales. Sin embargo, Mao propugnaba una “policía benevolente” para gobernar al “pueblo”, empleando métodos “democráticos” de persuasión y no de compulsión”, diferenciándolos de la “dictadura sobre los reaccionarios como clase”. Además del Ejército Rojo, los nuevos gobernantes tenían a su disposición poderosas organizaciones de policía secreta establecidas durante los años de la revolución. Todas las unidades del Ejecito Rojo contenían cuarteles de seguridad pública, y ya que China estuvo esencialmente bajo Gob. militar hasta 1954, estos organismos cumplieron funciones policiales en la sociedad civil y su personal

supervisaba el funcionamiento de los organismos de policía locales tanto en las ciudades como en los distritos rurales. Además existía dentro del Partido un aparato de policía secreta, dirigida por Kang Sheng; dada la organización del Partido que penetraba todos los niveles de la administración formal del estado tanto como las organizaciones de masas y grandes empresas económicas, es evidente que las unidades policiales propias del Partido también ejercían control sobre la población civil. Además, el establecimiento de una administración estatal formal en 1949 fue acompañada por el establecimiento de una organización formal de policía secreta estatal, las “Fuerzas de Seguridad Publica”, bajo la jurisdicción del Ministerio de Seguridad Publica del Gob. central. Las policías secretas chinas siempre constituyeron un arma formidable de control político. Forman buena parte del aparato estatal, el cual como escribió Mao “es un instrumento de opresión”. Las funciones opresivas del nuevo estado fueron particularmente claras de 1949 a1953. Estos fueron años de grandes logros sociales y económicos, pero también años marcados por severa represión política y a mendo terror político. Las transformaciones sociales y políticas radicales son seguidas en casi todas partes por regímenes de terror, ya que las clases y grupos económica y políticamente dominantes bajo el antiguo régimen son reacios a renunciar a sus privilegios. El impulso contrarrevolucionario fue comparativamente débil en China, ya que la mayoría del viejo orden se había desintegrado o había sido destruido en los años previos a 1949. La burguesía y los terratenientes eran clases sociales relativamente débiles y carentes de cohesión política, y muchos con el dinero o la oportunidad de hacerlo habían huido a Hong Kong, Taiwán EEUU. Causaban mucha mayor preocupación los problemas internos de gobernar el continente. Establecer el control administrativo sobre el país, y revivir una economía derrumbada fueron tareas formidables que exigieron medidas políticas represivas. Pero la resistencia política interna organizada de alguna clase relativamente insignificante, y los gobernantes del nuevo estado no abrigaron temores hacia la contrarrevolución durante esos meses iniciales. Lo que elevo el espectro de la contrarrevolución y amenazo la supervivencia de la nueva república - y en consecuencia precipito un periodo de terror político interno- fue un acontecimiento externo y, para China, totalmente fortuito: el estallido de la Guerra de Corea en junio de 1950. Los chinos no estuvieron inicialmente envueltos

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de ninguna manera en esta Guerra. Solo cuando las tropas de EEUU avanzaron hasta amenazar la frontera de Manchuria, en noviembre, las fuerzas chinas cruzaron el Yalu e infligieron a las tropas del general MacArthur la mayor derrota en la historia militar estadounidense. En lo que llegó a ser una guerra chino-estadounidense de facto, China sostuvo que sus tropas eran meramente “voluntarios” ayudando fraternalmente a un país socialista, y los EEUU sostuvieron que su ejército estaba actuando bajo el “comando” de las Naciones Unidas. Ambas pretensiones eran ficticias. Por dos años y medio, los ejércitos chino y estadounidense lucharon, la guerra impuso una severa carga sobre la frágil economía china que recién comenzaba a recuperarse de las destrucciones de la invasión y de la guerra civil. Y las pérdidas humanas chinas fueron impactantes; entre las victimas estaba uno de los hijos de Mao. A pesas de que las pérdidas materiales y humanas fueron enormes, la guerra aporto beneficios políticos inesperados. La amenaza de una invasión más por parte de una potencia extranjera, además de las 1eras victorias militares chinas, solidifico el apoyo popular nacionalista hacia el gobierno; sirvió para estimular intensos sentimientos de orgullo nacional y confianza entre el pueblo chino, sentimientos

compartidos también por muchos

Por más de un siglo, China había

sido humillada repentinamente por las fuerzas militares occidentales, pero ahora por 1era vez, un ejército chino había derrotado a uno occidental, y entonces llevado al mayor poder militar del mundo a una situación de estancamiento en una guerra convencional mayor. Así como la inesperada victoria japonesa sobre Rusia en 1905 había marcado el surgimiento de Japón como una potencia mayor en la escena mundial, así los éxitos militares chinos impactaron en las mentes militares occidentales y anunciaron dramáticamente que la nueva China era una nación a la que había que tener en cuanta en el escenario internacional. En ese momento - fines de 1950 y en 1951- el enfrentamiento militar con EEUU tuvo un efecto diferente: los dirigentes chinos estaban entonces más llenos de temor por la supervivencia de la nueva república que por el orgullo por la nuevo China que finalmente se había “puesto en pie” ante el mundo. El enfrentamiento con los EEUU no solo planteo la amenaza de un ataque directo a China de una guerra en gran escala, sino que también alzo el espectro de la contrarrevolución. La verdadera amenaza que enfrentaban los comunistas chinos era esa combinación mortal que había aplastado tantas revoluciones: la combinación de guerra civil e invasión extranjera. Si las fuerza

internas de la contrarrevolución eran relativamente débiles, la amenaza de una invasión extranjera era muy fuerte. Y escasamente un año después de la fundación de la Republica popular asomaba la posibilidad de una renovada guerra civil apoyada por el país más poderoso del mundo. La amenaza esencialmente externa a la supervivencia de la revolución convirtió las prácticas y políticas inicialmente moderadas del nuevo estado en otras crecientemente represivas, y finalmente llevo al reino del terror a la mayoría del país en 1951. El empleo de métodos abiertamente terroristas fue oficialmente sancionado por el decreto de Mao del 21 de febrero de 1951 sobre “Regulaciones para el castigo a los contrarrevolucionarios”. Pero no había nada nuevo acerca de castigar contrarrevolucionarios; los agentes, partidarios y simpatizantes del Guomindang siempre habían sido suprimidos en las áreas bajo control comunista tanto antes como después de 1949, y los esfuerzos para reprimir la oposición política se intensificaron durante la Guerra de Corea. Pero el propósito del decreto de febrero era algo diferente; no solo extendía el alcance de la represión política definiendo más ampliamente lo que se consideraría actividades contrarrevolucionarias, sino que también estaba planificado para infundir una atmosfera de terror en la sociedad a través de campañas oficiales contra todas las formas de disidencia política. Además de la intensificación de la represión de la policía secreta. Si el propósito de la campaña fue crear un clima de miedo y terror tanto como eliminar a la oposición potencial al estado, fue exitoso en ambos casos. La Republica Popular nunca ha divulgado estadísticas amplias sobre el número de las víctimas del terror. La estimación de muchos investigadores dicen que hubo dos millones de personas ejecutadas durante los 1eros años de la República Popular. Y mucho más de dos millones de personas fueron encarceladas o enviadas a campos de trabajo forzado durante esos años. Un hecho importante estriba en la relativa brevedad del periodo de terror político abierto y la rapidez de la consolidación del nuevo orden estatal. Con la supresión de las fuentes de oposición interna, y por cuanto la Guerra de Corea se estancó en un punto muerto en 1951 y el miedo a un ataque militar directo de EEUU comenzó a disminuir , el uso del terror como método de control político comenzó a disminuir también. Para fines de 1951, el país comenzó a retornar a métodos más “normales” de control administrativo y gobierno burocrático, aunque el terror todavía reinaba en algunas partes del campo. Tres años después del establecimiento de la Republica

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Popular, se había logrado el objetivo de un estado fuerte. No hay duda de que las experiencias del terror de 1951 y la Guerra de Corea prestaron una impronta más dura y más autoritaria al nuevo orden. Para Mao el estado es un instrumento de opresión y compulsión.

Capítulo 6: LAS CIUDADES: EL ASCENSO Y LA CAIDA DEL CAPITALISMO NACIONAL

La victoria comunista china había llegado recién después de más de dos décadas de lucha armada durante la cual habían sido gobernantes tanto como revolucionarios, gobernando territorios y poblaciones importantes de acuerdo con sus propios métodos organizativos. Pero esa experiencia había estado internada en el campo. En las ciudades, que cayeron en manos de los comunistas más rápido de lo esperado, el talento administrativo era un bien muy escaso. En los años previos a 1949, los revolucionarios veían a las ciudades como los bastiones del conservadurismo, las plazas fuertes del Guomindang, los centros del imperialismo extranjero, y los criaderos de desigualdades sociales, impurezas ideológicas y corrupción moral. Entraron en las ciudades en 1949 como ocupantes tanto como libertadores y para la población urbana que había constituido tan poco a las victorias revolucionarias, los sentimientos de simpatía se entremezclaban con fuertes sentimientos de sospechas. La dicotomía entre el campo revolucionario y las ciudades conservadoras, que toda la experiencia revolucionaria produjo, había llegado a ser una noción fijada profundamente en la mentalidad maoísta. Aunque China era un país mayoritariamente agrario en 1949, más de 60 millones de chinos vivían en ciudades de más de 100 mil habitantes, y la población urbana crecía rápidamente. La tarea de gobernar este terreno poco familiar se complicó a causa de las caóticas condiciones que tan trágicamente marcaron la vida urbana durante los últimos días del gobierno del Guomindang. Además de los problemas crónicos de desempleo y sub desempleo masivos, de administraciones locales corruptas e ineficientes, de una población oprimida por un vasto submundo de organizaciones mafiosas y sociedades secretas, la extendida adicción al opio, la prostitución y la falta de elementos de sanidad y servicios municipales, las condiciones de la guerra y el desgobierno de un régimen moribundo imponían agudísimos

problemas que destruían la vida económica de las ciudades e infligían cruel opresión a sus habitantes. La aguda falta de alimentos provocaba desnutrición crónica y a menudo hambrunas, motines, saqueos y nuevas oleadas de crímenes en ciudades famosas hacía rato por su elevada criminalidad. Las fábricas y negocios cerraban por falta de abastecimientos y porque a menudo los trabadores estaban demasiados debilitados por la desnutrición para trabajar. El dinero llego a ser virtualmente inútil. La destrucción de las ciudades fue el legado final del período de Guomindang. Los nuevos gobernantes comunistas no solo estaban mal preparados para gobernar las ciudades, sino que las ciudades que tenían que gobernar estaban en ruinas. Los comunistas carecían de apoyo político organizado entre la población urbana y de sustentación material para una economía viable. A las cargas de una primitiva economía agrícola se añadió entonces otra nueva: la ruina de todo el sector moderno de la economía. La historia de la Republica Popular comenzó en esta condición de total empobrecimiento. Los comunistas poseían una ventaja política en las ciudades: una casi universal antipatía hacia el Guomindang. El descontento político engendrado por las miserias económicas de la época se intensifico por las prácticas cada vez más corruptas del régimen moribundo y su utilización de métodos totalmente terroristas de control político, arrestos y ejecuciones arbitrarios, la supresión de la intelligentsia liberal y la destrucción de un movimiento sindical anticomunista , pero independiente. La victoria comunista traía la promesa de paz y orden. Los comunistas encontraron sus más entusiastas y activos partidarios en las áreas urbanas entre los estudiantes secundarios y universitarios. Muchos de los miembros más ricos de la burguesía huyeron junto con el Guomindang, pero la mayoría de los clasificados por los comunistas como la “burguesía nacional” permanecieron: empresarios comerciales, pequeños tenderos, propietarios de pequeñas fábricas, y talleres. Casi arruinados por las exacciones ilegales de una burocracia corrupta y el caos de la guerra civil, tenían poco que perder. Sus actitudes hacia el nuevo gobierno fueron, sin duda muy ambiguas, tanto como los comunistas los veían a ellos de una manera ambigua y sospechosa. La clase obrera y las masas de los pobres urbanos conformaban la mayoría de la población de las ciudades, pero eran el segmento menos articulado de la población. Entre la gente de las ciudades, eran los que más se beneficiaban con el nuevo régimen, a pesar de ser los menos conocidos. Tanto por la extrema opresión socioeconómica,

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durante largo tiempo desempleados y medios hambrientos en los últimos años del viejo régimen le dieron rápidamente la bienvenida del nuevo régimen.

A pesar de que el espectáculo de un ejército compuesto mayoritariamente por

campesinos ocupando las ciudades pudo haber generado sentimientos profundamente ambiguos entre la población urbana, la vasta mayoría de los habitantes de las ciudades probablemente dio la bienvenida al nuevo orden, aunque fuera por su profundo rechazo hacia el viejo. Pero el ánimo dominante era la disposición a cooperar con los nuevos gobernantes de China para terminar con el caos en las ciudades que el desacreditado régimen del Guomindang había dejado tras de sí. Las sospechas y desconfianzas mutuas permanecieron, pero al comienzo fueron subordinadas a un deseo compartido de paz, orden social, un adecuado aprovisionamiento de comida, la restauración de una economía destrozada y reformas sociales elementales. La 1era tarea fue establecer el orden público y restaurar los servicios municipales ordinarios, que habían caído en el desorden. La estructura administrativa y policial formal de las ciudades no era muy diferente de la que había existido bajo los nacionalistas, pero ahora estaba bajo el control de los organismos de seguridad pública tanto del ejército como del gobierno central de Beijín. Aunque las administraciones municipales permanecieron, al igual que muchos de los viejos funcionarios, los miembros del Partido ocuparon posiciones clave para asegurar que las burocracias urbanas locales obedecieran las políticas del nuevo gobierno nacional. El control centralizado fue aumentando a través de una variedad de organizaciones de masas urbanas formalmente autónomas, las cuales estaban íntimamente ligadas al aparato del estado: la Federación de Sindicatos de China, la Federación de Mujeres de China, la Asociación de Estudiantes y varias asociaciones profesionales. Comenzando en 1952, los “comités de residentes urbanos” fueron encargados de una sombrosa variedad de propósitos y funciones. Se trataban básicamente de

instrumentos de control coercitivos.

Si el poder político comunista fue firme, había poco específicamente “comunista”

o “socialista” en relación a los fines que este gobierno se había fijado en los 1eros años. Las políticas y programas urbanos eran los que cualquier gobierno nacional fuerte habría implementado bajo esas circunstancias y, en realidad, en gran medida eran los que el viejo régimen del Guomindang había intentado desarrollar:

establecimiento del orden social, registro de la población, recolección de armas

ocultas, control de la inflación y establecimiento de un sistema monetario viable, revitalización de la producción industrial y comercio, mejoramiento de las instalaciones sanitarias , control centralizado sobre las administraciones urbanas viables, etc. Al gobierno comunista le toco encargarse de los problemas sociales crónicos de las ciudades, tales como la extendida adicción al opio, la prostitución, el crimen y la corrupción manejados por un vasto submundo de sociedad secretas y pandillas. El problema de la adicción al opio es un ejemplo particularmente notable de los fracasos del viejo régimen y de los éxitos del nuevo. Las leyes y campañas del Guomindang contra el opio resultaron inútiles no solo por la ineptitud del régimen, sino también por razones de conveniencia política y económica; el Guomindang había encontrado políticamente útiles a las sociedades secretas y organizaciones mafiosas que se beneficiaban del tráfico de drogas, mientras que una burocracia y una fuerza policial corruptas encontraban financieramente remunerable protegerla. Los comunistas emplearon una combinación de drásticas penas criminales, incluida la ejecución, para lis mayores proveedores y traficantes, amnistía para los pequeños traficantes y marchas contra el opio, campañas masivas a nivel nacional de educación

y marchas contra el opio. Para 1952, la adicción al opio ya no era uno de los

problemas sociales mayores, y se podían encontrar pocos adictos a las drogas en China. Otros vicios urbanos comunes fueron tratados con la misma eficacia y a través de similares medidas de represión, reforma, movilización de masas y educación. Uno de los resultados de los 1eros 3 años de gobierno comunista fue: prostitución, adicción al opio, juego ilegal y alcoholismo fueron virtualmente extirpados. Así como las reformas sociales internas en las ciudades cumplieron con los deseos de regeneración de China por largo tiempo, también la partida de los extranjeros satisfizo los profundos resentimientos nacionalistas contra los ataques externos que

llevaban más de un siglo. Simbolizaba el final de la época de la dominación imperialista. Fue una compensación emocional por un siglo de humillaciones. La expulsión de los extranjeros fue el requisito psicológico necesario para que China se enfrentara a las naciones occidentales en términos de igualdad. Desde 1842 habían

deseado sacudirse el yugo extranjero, pero la Republica Popular fue el 1er gobierno en

la historia moderna china en demostrar que tenía el poder para hacerlo.

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La economía urbana en los 1eros años

Las políticas económicas de la Republica Popular no fueron nunca puramente “nacionalistas”, pero en los 1eros años se ajustaron en gran medida a la concepción maoísta de un proceso revolucionario que todavía estaba en su etapa “nacional” o “democrático-burguesa”. En las áreas rurales, la campaña de reforma agraria de 1949- 1952 no produjo una economía socialista, sino una gran clase de agricultores campesinos individuales pequeño-burgueses. En las ciudades, las formas socialistas y capitalistas se mezclaron por un tiempo en una “economía mixta”, pero de un tipo casi único. Las industrias, organizaciones comerciales y bancos de propiedad de la

“burguesía democrática” (aquellos que habían estado aliados políticamente al Guomindang o económicamente vinculados a intereses extranjeros) fueron inmediatamente confiscados y nacionalizados sin compensación. A través de la nacionalización, el nuevo estado fue propietario de la mayoría del sector moderno de

la economía desde el principio. Sin embargo, a más de un millón de pequeños

comerciantes y artesanos se les permitió continuar con la propiedad privada de sus empresas industriales y comerciales y dirigirlas de una manera formalmente capitalista. El funcionamiento del sector privado, sin embargo, estaba estrechamente restringido. Precios, salarios y condiciones de trabajo eran determinados por el estado. En las fábricas de propiedad privada, los sindicatos y consejos obreros, ambos bajo la dirección del Partido, imponían las políticas y regulaciones estatales, y también jugaban un papel de supervisión en la administración de las empresas. Y de manera más importante aún, las fábricas privadas dependían del estado tanto para el suministro de materias primas a fin de producir sus bienes como para los mercados a fin de venderlos. Esta en resumen, era una forma de capitalismo de estado. Se trataba de un nuevo estado persiguiendo nuevos fines sociales. No obstante, si era capitalismo.

En el apoyo al renacimiento del “capitalismo nacional” estaban involucradas consideraciones más que solo ideológicas. Para reconstruir una economía destruida y

establecer las bases para el futuro desarrollo económico, era oportuno rehacer lo que había existido y entonces edificar sobre ello. Cualquier programa para la expropiación y nacionalización total habría desembocado inevitablemente en un caos organizativo.

Y de manera más importante, el renacimiento del capitalismo era necesario para

utilizar la capacidad administrativa y la experiencia técnica que solo la burguesía poseía. La época del “capitalismo nacional” alcanzó su pico en 1952-1953 y declinó rápidamente después de ese momento, cuando las empresas privadas industriales y comerciales fueron nacionalizadas completamente, o reorganizadas como empresas conjuntas privadas estatales. Para 1956, el sector privado de la economía urbana había dejado de existir, y todas las empresas industriales y comerciales de tamaño significativo habían sido efectivamente nacionalizadas. Lo poco que quedaba de las empresas privadas quedo confinado a los artesanos independientes, pequeños comerciantes y vendedores ambulantes. A pesar de que continúo disfrutando de un nivel de vida relativamente alto en las ciudades, la burguesía nacional era una clase agonizante. Pero si el capitalismo nacional solo había disfrutado de una vida breve en la historia de la Republica Popular, había cumplido con el papel económico que le había sido asignado; para 1952 la industria y el comercio urbanos prosperaban. El nuevo gobierno había solicitado la cooperación de las elites urbanas que poseían los conocimientos especializados necesarios para la reconstrucción nacional:

los intelectuales liberales y la intelligentsia tecnológica, los burócratas y administradores urbanos que quedaron del viejo régimen, y la burguesía nacional. Una vez logradas la estabilidad política y económica, los comunistas se dispusieron rápidamente a dejar de apoyarse en quienes consideraban los elementos menos políticamente confiables de la población urbana. Comenzando a fines de 1951 y 1952, este proceso tomo la forma de 3 campañas políticamente represivas: el movimiento de reforma del pensamiento, dirigido principalmente contra los intelectuales; la campaña SANFAN, contra la corrupción e ineficiencia burocráticas; y la campaña WUFAN, que fue esencialmente un ataque contra la burguesía. Los nuevos movimientos tenían como objetivos específicos a los grupos particulares de elite en las ciudades. Las campañas urbanas no iban dirigidas a destruir grupos, sino más bien a establecer un firme control político sobre ellos. Los ataques eran para politizar a la gente con habilidades, a la vez que se los preservaba a ellos y a sus talentos para servir a la sociedad. Las campañas de 1951-1952 sirvieron para consolidar el poder comunista en las ciudades y marcaron el comienzo del fin de la época de la “nueva democracia”. Para comienzos de 1953, las administraciones civiles, la economía y las instituciones educativas de la China urbana estaban firmemente bajo el control del Partido y del

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centralizado aparato de estado que dirigía. El nuevo régimen era autoritario y represivo, pero las ciudades eran gobernadas con honestidad y eficacia por 1era vez. En 1949 los comunistas habían anunciado que su objetivo sería: “3 años de recuperación y luego 10 años de desarrollo”. Para fines de 1952, con la restauración de las ciudades y el final de la campaña de reforma agraria en el campo los nuevos gobernantes habían cumplido la mitad de esa promesa. Ahora su atención estaba en industrializar un país todavía atrasado y empobrecido. Peor la industrialización traería consecuencias sociales, políticas e ideológicas imprevistas, y para Mao indeseables. Y el desarrollo industrial de las ciudades plantaría más agudamente el problema crítico de la relación entre ciudad y campo en la nueva sociedad, una cuestión que dominaría la entera historia de la República Popular. En las ciudades, los comunistas habían tenido éxito en revivir la economía, y el poderoso estado que habían creado ejercía un control centralizado efectivo sobre las áreas urbanas, pero sus lazos sociopolíticos con la creciente clase obrera urbana permanecían débiles y tenues. En el campo, por otro lado, los comunistas tenían profundas raíces políticas entre el campesinado, raíces que la campaña de reforma agraria de 1950-1952 extendió y reforzó. Y el Partido Comunista permaneció como un “partido campesino” en el sentido de que los campesinos constituían la mayoría abrumadora de sus miembros. Pero estas raíces políticas existían en una economía agraria de baja productividad y todavía basada en el sistema de propiedades individuales campesinas. Por esto, la industrialización de la Republica Popular comenzaría sobre la base de una frágil economía agrícola pequeño- burguesa y en las ciudades donde los comunistas tenían una ambigua relación con la clase obra. Aunque el campesinado permaneció siendo la base social del Partido Comunista Chino, los órganos superiores del Partido estaban ahora asentados en las ciudades y la mayoría de sus dirigentes llego a estar rápidamente urbanizada. La brecha existente entre ciudad y campo pronto se ensancharía bajo el impacto de la rápida industrialización urbana, y esta brecha encontraría expresión dentro del propio Partido Comunista , bajo la forma de la división entre los dirigentes comunistas orientados hacia la ciudad o hacia el campo, entre aquellos que depositaban sus esperanzas en un futuro socialista en el desarrollo de la industria urbana moderna y aquellos que continuaban identificándose con las masas campesinas y apuntaban más hacia la trasformación socialista del campo.

Capítulo 7: LA REFORMA AGRARIA: LA REVOLUCION BURGUESA EN EL CAMPO

En 1952, tres años después del establecimiento de la República Popular, la aristocracia agraria ceso de existir como clase social. A pesar de que ese proceso de destrucción de clase fue realizado bajo el auspicio político de los comunistas, la eliminación de la aristocracia agraria fue social y económicamente un acto revolucionario eminentemente burgués. La revolución comunista china en el campo, al expropiar a los terratenientes y redistribuir la tierra entre el campesinado, creo una amplia clase de propietarios campesinos individuales dedicados a la pequeña producción capitalista. Tanto en Rusia como en China, la existencia de una economía burguesa en el campo fue de corta vida, y en ambos países el mismo poder político que había permitido que se desarrollara una revolución agraria burguesa también resultaría ser el instrumento de destrucción de la propiedad burguesa. En China, la ventaja política fue mucho mayor. Los comunistas chinos, a diferencia de los bolcheviques rusos, llegaron al poder sobre la base del apoyo campesino masivo y con profundas raíces organizativas en el campo. La resistencia campesina a la colectivización resultaría mínima, y el apoyo campesino a la trasformación social radical resulto sustancial. La socialización de la agricultura en China tuvo resultados sociales y consecuencias políticas ampliamente diferentes.

La Reforma Agraria, 1950-1952

Cuando se proclamó formalmente la Republica Popular en 1949, la reforma agraria había sido llevada a cabo en no más de un 1/5 de las aldeas de China. Los comunistas estaban determinados a extender el proceso y a hacerlo muy rápido. Detrás de esta determinación yacía algo más que una exigencia ideológica de eliminar las relaciones socioeconómicas feudales en las áreas rurales. También estaban involucradas una variedad de consideraciones económicas y políticas cruciales. Por un lado, la reforma agraria era necesaria para mantener la base de apoyo popular del nuevo régimen; “la tierra para el que la trabaja”, era la promesa hecha a los campesinos pobres. La universalización de la reforma agraria era una necesidad por otras dos razones. En 1er lugar, destruiría a la clase de aristócratas terratenientes (y así eliminaría una potencial amenaza contrarrevolucionaria), establecería el poder político comunista en las aldeas

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y por esto promovería la construcción de un estado centralizado que ejerciera firme control administrativo sobre el campo. En 2do orden, la reforma agraria era una necesidad económica para la nueva sociedad. Se había anticipado que expandiría la producción agrícola, al menos dentro de los límites impuestos por la tecnología tradicional, establecería la base política para una revolución tecnológica en la agricultura sobre la cual descansaban las esperanzas de un desarrollo industrial moderno, y proveería la base para una futura transformación socialista en el campo. Con la victoria militar asegurada para la primavera de 1949, el énfasis se dirigió desde la movilización política del campesinado al establecimiento de un nuevo orden estatal y a la preocupación por una economía agraria estable. La necesidad de mantener la productividad de la economía rural durante el curso de la transformación social revolucionaria fue reconocida como esencial para la viabilidad política y económica de nuevo estado por todos los dirigentes comunistas, incluido Mao. Las tierras y propiedades de los terratenientes (el 4% de la población rural que poseía alrededor del 30% de las tierras cultivadas) serían confiscadas y redistribuidas entre los campesinos pobres y sin tierra, así como las tierras institucionales tales como las propiedades en manos de santuarios y templos de las aldeas, monasterios, iglesias y escuela. Pero los terratenientes desposeídos recibirían parcelas de tierra del mismo tamaño que los campesinos pobres “para que así puedan ganarse la vida con su propio trabajo y por ende reformarse a través del trabajo”. Después de 5 años de actividad productiva y lealtad política demostrada, el estigma del “estatus de clase terrateniente” podría ser eliminado. Mientras el papel tradicional económicamente parasitario de la aristocracia agraria seria eliminado, sus funciones económicamente beneficiosas serian preservadas, aun cuando estas últimas a menudo involucraban la explotación de la mano de obra. Con respecto a los campesinos ricos, (eran solo el 6% de la población, pero sus granjas sumaban la mitad de la producción agrícola total) les estaba permitido involucrarse en dos tipos tradicionales de exportación rural: podían contratar trabajadores agrícolas y arrendar parte de sus propiedades a granjeros aparceros. Se hicieron esfuerzos especiales para incrementar la productividad económica y ganarse la cooperación política de los campesinos medios. A pesar de que constituían el 20% de la población rural, 1/3 de la dirigencia de las asociaciones campesinas seria extraído de los campesinos medios. Ninguna de sus tierras o propiedades fue sujeta a

confiscación, y la introducción de la nueva categoría de “campesinos medios acomodados” les permitió extraer el 25% de sus ingresos de la explotación, o sea contratando trabajadores o arrendando parte de sus tierras. A pesar de que la Ley Agraria de 1950 fue un documento relativamente moderado, que preservo la posición económica de los campesinos medios y de la mayoría de los campesinos ricos, mantuvo el impulso revolucionario social principal de la reforma agraria, la destrucción de la clase aristocrática terrateniente. Sin embargo, dispuso menos de lo que había sido prometido en las consignas alrededor de las cuales las masas de campesinos pobres se habían unido a la causa comunista durante la guerra civil: “la equitativa distribución de la tierra “y “la tierra pertenece al que la trabaja”. La promesa fue dejada incumplida porque todo intento de obtener la completa igualdad en el campo habría causado estragos en la economía rural. La destrucción de la aristocracia como clase social era vista como un objetivo bueno y necesario, pero no un fin en sí mismo. Como el párrafo inicial de la nueva Ley Agraria aclaraba, el objetivo a largo plazo era “liberar las fuerzas productivas rurales, desarrollar la producción agrícola y por esto establecer el camino para la industrialización de la Nueva China”. La misma reforma agraria, por muy igualitaria que fuera, no resolvería el problema de la pobreza del campesinado, un problema que solo podría ser resuelto incrementando la producción agrícola total mediante el desarrollo de la industria y tecnología modernas. La reforma agraria era considerada por los comunistas -quizás no por sus partidarios campesinos en ese momento- solo como la 1era etapa de una revolución social y económica a largo plazo en el campo, solo un 1er paso en el camino hacia la colectivización final de la agricultura y a la industrialización. Una vez que las fuerzas de la lucha de clases dentro de las aldeas se desataron, no sería fácilmente controlada por las regulaciones oficiales o restricciones burocráticas. Tanto la resistencia de las clases rurales relativamente privilegiadas como la exigencia de tierra de los campesinos pobres (y de venganza contra sus antiguos opresores) resultarían más fuertes de lo que los dirigentes de Beijín habían previsto. Se produjeron serios problemas desde el principio. En el sur, las organizaciones clánicas (que atravesaban las líneas de clase) eran más fuertes que en el norte, y la organización del Partido era más débil. El poder social y económico de los terratenientes también era mayor en la mayoría de las nuevas áreas liberadas de lo que había sido en las provincias del norte, y la aristocracia utilizaba los lazos de parentesco

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para protegerse a sí misma y a todo lo que pudiera de sus propiedades de la inminente revolución social; muchos huyeron a las ciudades para esconderse entre sus parientes, ocultaron algunas de sus propiedades “prestándolas” a los miembros más pobres de su clan en las aldeas. A veces simplemente sobornaron a los campesinos para que resistieran la transformación de las relaciones tradicionales. Además, el envió de trabajadores norteños para la reforma agraria al sur y al oeste a menudo creaba conflictos políticos con los cuadros y funcionarios locales del Partido.

La reforma agraria usualmente comenzaba con la organización de las asociaciones

campesinas y las milicias populares, las 1eras reemplazaban al tradicional sistema de los ancianos de la aldea extraídos de las familias más ricas, mientras que las ultimas

reemplazaban lo que quedaba del viejo sistema BAOJIA de autodefensa militar local y que continuaban siendo mayoritariamente “matones locales” , pandillas criminales armadas , usualmente a disposición de la aristocracia , involucradas en terrorismo y extorsión contra los campesinos. Muchos de los matones locales fueron ejecutados o arrestados cuando las fuerzas militares comunistas entraron en las aldeas. Con el poder político comunista establecido a través de estas nuevas organizaciones aldeanas, la campaña se volcó hacia objetivos sociales y económicos. 1ero los terratenientes debieron rembolsar los depósitos de arriendo, y luego comenzó el complejo proceso

de definir el estatus de clase de los aldeanos e identificar la propiedad de las tierras. Estos eran asuntos controvertidos y las decisiones a menudo fueron arbitrarias ya que las líneas de clase social dentro de las aldeas tendían a ser fluidas, puesto que la superposición y los derechos de propiedad eran a veces inciertos.

La determinación de estatus de clase y la propiedad de la tierra fue el comienzo a la

confiscación de la tierra y su redistribución, y produjo el fenómeno más inusual: un esfuerzo de los aldeanos para presentarse lo más bajo posible de la jerarquía social.

La determinación del estatus social y la propiedad de la tierra fue el preludio a la

confiscación de la tierra y su redistribución, y produjo un fenómeno inusual: los

aldeanos se esforzaban para presentarse lo más abajo posible en la jerarquía social.

A cada familia se le asignó un estatus cargado de consecuencias sociales,

económicas y políticas. Este trazado de líneas de clase inauguro el periodo de luchas de clase abierta en las aldeas. El propósito de la reforma agraria era desposeer, humillar y desacreditar políticamente a la aristocracia ante el campesinado. En las “reuniones de lucha” los campesinos denunciaban opresores y los terratenientes eran el principal objetivo de esas reuniones.

La guerra de Corea estallos el mismo año que se promulgo la ley de reforma agraria, pero tuvo repercusiones internas recién a finales del mismo. Muchos terratenientes pensaban que el régimen duraría poco y pronto volverían a la situación anterior y endurecieron su posición. La guerra aumentaba el temor del nuevo gobierno de una contrarrevolución, el que se centraba en la aristocracia. Esta junto a la burguesía burocrática eran las clases que los comunistas querían eliminar; y mientras permanecían escondidas, la guerra de Corea se iba intensificando y las tensiones políticas creciendo, Beijing ordenaba políticas cada vez más radicales y la intensificación de la lucha de clases. Las consideraciones políticas comenzaron a pesar más que los intereses económicos, por lo que las reuniones eran cada vez más frecuentes y los juicios y veredictos más duros. Así, muchos terratenientes fueron ejecutados o enviados a campos de trabajo forzado, mientras que a los que tuvieron más suerte se les asignaron pequeñas porciones de tierra y redujo a cultivadores. Excepto en las regiones pobladas por minorías nacionalistas, la campaña de reforma agraria estaba sustancialmente completada para fines de 1952. Su mayor logro había sido la destrucción de la aristocracia como clase social. Entre 1950 y 1952 el producto agrícola total aumento a una tasa del 15% anual. Los efectos destructivos de la reforma agraria fueron recompensados con los proyectos de irrigación y control de la inundación de 1949; y por el incremento de la superficie cultivada, las campañas contra las plagas y aumento en el uso de insecticidas y fertilizantes. La reforma agraria completo la revolución social en la China rural pero no produjo una revolución económica en la agricultura. Los frutos del trabajo campesino estaban mejor distribuidos, y algunos de los peores horrores de la vida fueron eliminados, aunque la pobreza continuo. Los límites de la reforma agraria eran conocidos de un principio. Liu Shaoqi había advertido que “el objetivo básico de la reforma no era simplemente socorrer a los campesinos empobrecidos sino desarrollar ampliamente la producción agrícola e industrializar China, que sería lo que ayudaría a resolver el problema de la pobreza campesina”; ahora las cargas del atraso eran repartidas más equitativamente. Los campesinos pobres y sin tierra se beneficiaron inmediatamente de la confiscación y redistribución de casi la mitad de la tierra cultivada en China. Aunque estos beneficios no hicieron que dejaran de ser pobres y seguís habiendo explotación del trabajo ya que algunos campesinos ricos todavía arrendaban tierra a algunos aparceros y empleaban trabajadores asalariados.

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Los beneficios de la reforma agraria fueron neutralizados en cierto punto por los nuevos problemas económicos que crearon. Con la nueva fragmentación y distribución de la tierra se intensifico la barrera a la productividad; el problema del crédito rural se acabó ya que los campesinos ricos y medios, quienes contaban con los medios para realizar prestamos, no estaban en condiciones de hacerlo por la baja tasa de interés que el nuevo estado pretendía, y este último no contaba con los medios para realizar préstamos. Además los impuestos crecieron al 30% de las cosechas anuales, aunque ahora eran los campesinos ricos los que soportaban las cargas más pesadas. Sin embargo las condiciones materiales de la mayoría de los campesinos mejoraron, aunque el problema general de empobrecimiento rural permaneció. La aristocracia fue reemplazada por una nueva dirección rural de jóvenes activistas campesinos pertenecientes al campesinado pobre y ligado a la política nacional. Se destruyeron las lealtades tradicionales regionales, locales y familiares y el establecimiento del control del estado centralizado, el aislamiento local de las aldeas fue roto, los campesinos llegaron a ser parte de la política nacional y fueron introducidos cada vez más en la economía de mercado nacional. La penetración del estado en las aldeas y la abolición del latifundismo le permitieron a este apropiarse de la mayor parte del excedente económico agrario. Esto será lo que permitirá a China industrializarse. Otra trasformación, fue la de la conciencia política del campesinado ya que la reforma fue producto de iniciativas y reuniones masivas de los campesinos. Especialmente para los campesinos que no habían participado de ninguna experiencia sicológica profundamente traumática y una acción política profundamente reveladora que les infundo una nueva sensación de su propio poder y les dio nuevas esperanzas para el futuro. La consumación de la campaña provoco el establecimiento de un sistema de propiedades campesinas individuales que reflejaba el carácter burgués del proceso revolucionario chino. El gobierno emitió títulos de propiedad y estos fueron habilitados a comprar, vender o arrendar sus tierras. Para los comunistas la propiedad individual campesina era una fase temporaria en el desarrollo socioeconómico del campo, hacia la colectivización. Como y cuando tendría lugar dicha colectivización de la producción agrícola, y la cuestión de la relación entre la industrialización de las ciudades y la socialización del campo, eran cuestiones que dominaría la historia de la década siguiente.

CAPITULO

industrialización.

8:

Las

consecuencias

Atraso económico y socialismo

sociales

y

políticas

de

la

Los dirigentes chinos no ignoraban las condiciones materiales para el socialismo definidas por el marxismo y eran conscientes de que la Cina preindustrial y empobrecida carecía de las mismas. Enfrentaban una paradoja, ya que fue precisamente el fracaso del capitalismo moderno en desarrollar a China lo que había permitido a los revolucionarios socialistas llegar al poder y a su vez le negaba a los revolucionarios en el poder los medios materiales necesarios para realizar sus objetivos socialistas. Aquí, el fracaso de la industrialización había creado condiciones económicas que impedían la reorganización socialista de la sociedad. Los comunistas eran así beneficiarios y victimas del retraso del desarrollo capitalista moderno en China y la consecuente herencia de atraso económico. Poseyendo el poder central no tenía otra alternativa más que usarlo para seguir un camino no capitalista hacia el socialismo. Por lo mismo había pasado ya Rusia. Aquí la revolución no era vista como una vía no capitalista hacia el socialismo sino como un acontecimiento político cuya promesa socialista dependía de la oportuna intervención del proletariado de los países industriales avanzados. La conclusión de Lenin en este aspecto fue que la convivencia del poder político bolchevique dependía del uso de ese poder para completar una revolución burguesa y desarrollar de la manera más veloz posible el desarrollo económico capitalista pero bajo auspicios políticos socialistas. Esto significaba rápida industrialización urbana, lo que a su vez presuponía un estado autoritario que impondría su control sobre el campo y extraería de la producción agrícola el capital necesario para el desarrollo en las ciudades. La premisa teórica principal del leninismo posrevolucionario era simple: la combinación de rápido desarrollo económico con la existencia de un poder estatal socialista y la nacionalización de los medios claves de producción garantizarían la llegada de una sociedad socialista. Y en 1952 los comunistas chinos aceptaron esta presunción, la razón ideológica fundamental para la adopción en masa de métodos soviéticos de desarrollo y organización.

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El primer Plan Quinquenal: la industrialización y la transición al socialismo

Los comunistas chinos no estaban obsesionados por los dilemas marxistas planteados por el subdesarrollo económico, pero no había nada satisfactorio en los problemas económicos objetivos que enfrentaban. Aun en sus niveles máximos en 1949, el sector industrial moderno de China era menos de la mitad de la Rusia y su población el cuádruple. La base industrial China era pequeña y estaba construida casi en su totalidad bajo patrocinio imperialista extranjero, por lo que era muy dependiente de las relaciones económicas exteriores. Además su tecnología era muy primitiva y contaba con un alto porcentaje de analfabetismo y un nivel educativo muy bajo. Cuando a fines de 1952 cuando el gobierno anuncio el Primer Plan Quinquenal la producción agrícola e industrial de China era muy baja, era mucho menor de la que había tenido Rusia cuando el gobierno dicto dicho plan y además contaba con una infraestructura de transporte mucho menos desarrollada. Así es que China arranco su campaña hacia el desarrollo industrial en circunstancias económicas mucho menos favorables que en las que se encontró Rusia al iniciar la suya; y podría decirse que fue esa conciencia de atraso la que le dio a los comunistas chinos una determinación aun mayor para superarlos. Los chinos pensaban que el reordenamiento socialista de la sociedad y la construcción de las bases materiales para lograr el desarrollo económico necesario para producir una sociedad socialista debían ser realizados utilizando los recursos políticos y humanos disponibles. Lo que debía ser realizado de manera simultánea y en ese momento. Esta fue la razón para el comienzo del primer plan quinquenal de industrialización en el 53´ fue acompañado por anuncios de que la fase democrático-burguesa de la revolución estaba terminando y comenzaba la fase socialista. El 1 de octubre de ese año el gobierno proclamo “la línea general para la transición al socialismo”. Los comunistas chinos veían el problema de construir una sociedad en un país económicamente atrasado como una enorme tarea practica pero no creían que el socialismo pudiera ser construido en medio de condiciones de pobreza. La tesis de que el socialismo exigía la industrialización fue un tema constantemente enfatizado en los escritos marxistas chinos y quien más lo destaco fue Mao. Este plan estaba orientado a la industria pesada. El socialismo en este momento significaba la abolición más o menos gradual de la propiedad privada. En las ciudades

esto resulto en la nacionalización de la mayoría de lo que quedaba del sector privado de la economía urbana entre 1953-1956. En el campo se limitó a la gradual introducción de formas cooperativas de cultivo de la tierra en una economía rural basada en la propiedad campesina individual. Recién en 1955, con la campaña para la rápida colectivización, las relaciones sociales rurales fueron trasformadas hacia el socialismo. Pero la esencia del primer plan quinquenal fue un impulso caracterizado por la adopción en masa de métodos, técnicas y presupuestos ideológicos estalinistas. Parece extraño que los chinos hayan aceptados el modelo soviético de desarrollo tan incondicionalmente. Mao había advertido sobre el peligro de aplicar técnicas extranjeras a las condiciones chinas. La revolución de este país era una prueba de la determinación maoísta de domesticar las teorías occidentales y adaptar las fórmulas de origen extranjero a las necesidades concretas del ambiente histórico chino. Más allá de la fe en la Unión Soviética como “el país del socialismo” había razones más inmediatas y prácticas por la que los chinos miraban a Rusia. Por un lado, los dirigentes chinos consideraban que la ayuda económica y tecnológica rusa era esencial para su programa de industrialización. Así se firma entre ambos países un tratado en 1950, en el que los rusos proveerían a china con industrias modernas, lo que necesitaba la adopción de métodos soviéticos de organización económica y administrativa. Con el lanzamiento del plan quinquenal, la ayuda rusa y el acceso a la tecnología rusa y su experiencia en la planificación económica centralizada, llegaron a ser más esenciales que antes, de lo que se ocuparon los nuevos acuerdos chinos de 1953, 54 y 56. La adopción del modelo soviético estuvo relacionada a las preocupaciones chinas por la seguridad nacional. Por mucho que los maoístas hayan desconfiado políticamente de los rusos durante los años de la revolución, nunca se dudó hacia qué lado se inclinaría la China gobernada por los comunistas. Al comienzo Mao asumió el liderazgo en propugnar la vida rusa y admitió que el partido comunista ruso era su mejor maestro y que debían aprender de él. En los años formativos de su desarrollo intelectual, durante el periodo de la nueva cultura de 1915-19, Mao había sido partidario de los intelectuales de la Nueva Juventud que creían en la panacea para China era aprender los principio de la ciencia y la democracia de los países capitalistas avanzados en occidentes. Los maoístas pronto llegarían a desilusionarse con su modelo soviético, así como el joven Mao se había desilusionado con sus modelos burgueses occidentales casi 4 décadas antes.

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Resultados Económicos del Primer Plan Quinquenal (1953-1957)

El plan chino copiaba de cerca el soviético y se anticipó que china podía lograr tasas similares de crecimiento tanto en la producción como en el empleo industrial. Los dirigentes chinos tenían expectativas a largo plazo sobre la transición al socialismo. Mao predijo que se requerirían 3 de estos planes para estableces las bases mínimas necesarias para la sociedad socialista y el resto del siglo para “construir un país poderoso con un alto grado de industrialización socialista”. La comisión de planificación estatal fue creada en 1952 para determinar los objetivos y cuotas de producción y como se conseguirían. En los años siguientes se crearon ministerios y órganos económicos más especializados de planificación y control del gobierno central. El plan chino ponía aún más énfasis al desarrollo de la industria pesada que el soviético, y la prioridad fue justificada por el desequilibrio estructural del sector moderno de la economía anterior a 1949, dominado por el imperialismo. Se asumió que el establecimiento de una industria pesada de base era el requisito para el desarrollo de industrias de consumo como para la modernización tecnológica de la agricultura. La inversión estatal en esto fue mínima. La agricultura era vista como un proceso a largo plazo a largo plazo dependiente de la industrialización socialista de las ciudades. Mientras se efectuaban esfuerzos intensivos para desarrollar la industria pesada de base establecida por los japoneses en Manchuria, el gobierno enfatizo la necesidad de construir nuevas bases industriales. El propósito era corregir el desequilibrio geográfico dejado por la herencia del imperialismo y conseguir nuevas industrias más cerca de las fuentes de materias primas y de las aéreas de consumo y distribución. La ayuda financiera de Rusia fue limitada, pero más importante que la asistencia financiera fue el acceso a la tecnología y la experiencia en planificación económica centralizada. Los rusos proveyeron el equipo necesario para su operación. Además de los diseños e información necesarios para el establecimiento de un amplia variedad de plantas industriales y proyectos de construcción. Entre 1952 y 1957, la industria china creció a un ritmo mucho más veloz que el que se había establecido en el plan. El crecimiento fue del 18% y el producto industrial chino aumento más del doble y la tasa de crecimiento de las industrias pesadas claves fue aún mayor. Además, estaba produciendo por primera vez

pequeños pero significativos números de camiones, tractores, aviones jet y barcos. En conjunto, los chinos habían resultado ser excelentes estudiantes del modelo soviético ya que la industria china creció más que la rusa en el primer plan quinquenal soviético. El empleo industrial urbano se incrementó sustancialmente en 1952 de 6 millones

a una clase obrera industrial de alrededor de 10 millones y la población aumento de 70 millones a casi 100 millones en 5 años. El primer plan quinquenal proveyó a China de una base industrial moderna importante y estable. Mientras las ciudades se industrializaban rápidamente, la producción agrícola se estancaba. Fue Mao Zedong quien lanzo el programa para la rápida industrialización urbana. Pero había poco específicamente maoísta en la forma en que se dio el proceso. Ya que el maoísmo, como estrategia diferenciada de desarrollo socioeconómico tenía que presentarse como respuesta a las consecuencias sociales y políticas de la industrialización del estilo soviético.

Resultados Políticos del Quinto Plan Quinquenal

La planificación económica centralizada exigió la rápida burocratización y regularización de los procedimientos del estado y la sociedad. La preferencia maoísta por la simplicidad administrativa dio paso a estructuras complejas y cada vez más

especializadas, las viejas ideas igualitarias chocaron con una nueva jerarquía de rangos

y nuevos patrones de desigualdad social, la fe revolucionaria se debilitaba ya que la

industrialización exigía disciplina autoritaria, estabilidad social y racionalidad económica. Todo el carácter de la vida política y social estuvo cada vez más determinado por los objetivos económicos del Plan. Se trató de un desarrollo eminentemente estalinista, aunque sin las irracionalidades y brutalidades de un Stalin que dirigiera el proceso. La burocratización fue clara en la expansión y centralización del aparato formal del estado. La Comisión de Planificación Estatal fue fundada para dirigir el proceso de industrialización. Fue dirigida por Gao Gang, el zar político y económico de Manchuria, donde la influencia política era más fuerte y los métodos políticos y económicos soviéticos estaban más arraigados. Otro resultado político del plan fue la centralización y expansión, en 1954, del Ministerio de control estatal, un amplio y penetrante aparato burocrático para revisar

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ineficiencias y corrupción en el sector industrial de la economía y combatir desviaciones locales y regionales de las directivas y cuotas económicas del estado. Mientras la burocracia formal del estado crecía en tamaño y poder, la autoridad política e ideológica del PCCH se diluía y sus funciones sufrían sutiles cambios. La introducción de un sistema de administración de empresas de tipo de empresas de tipo soviético fue el resultado lógico del Primer Plan Quinquenal y estaban bien a tono con la general burocratización del estado y la sociedad, ya que la administración de un solo hombre establecía firmemente una cadena de mando desde el gobierno central en Beijing hasta los más bajos niveles de las plantas o empresas individuales. El sistema tuvo grandes implicancias tanto para el papel de las organizaciones del Partido en las fábricas como para los obreros que trabajaban en estas. Los administrativos industriales profesionales fueron extraídos en gran medida de la inteligencia tecnológica anterior a 1949. El administrador de la fábrica era en primer lugar responsable frente a las exigencias económicas de los ministerios del gobierno central. Tampoco los funcionarios y los cuadros locales del partido eran capaces de desafiar la autoridad del administrador y en última instancia frente a las dirigentes del partido que controlaban el estado y determinaban sus políticas económicas. Era el partido el que les había dado a los administradores su autoridad en primer lugar y la ideología operativa del partido en ese momento estaba centrada en el cumplimiento de los objetivos económicos del plan quinquenal. Para los trabajadores, la campaña de industrialización significo la sujeción a códigos cada vez más estrictos de disciplina de trabajo. También significo creciente diferencias de salarios y estatus en sus filas. Antes del primer plan quinquenal los sindicatos habrían adquirido cierto grado de independencia como representantes de los intereses de los trabajadores, pero para mediado de los años 50 se habían transformado en instrumentos de la política estatal para aumentar la productividad de los trabajadores. Por supuesto el papel político de los trabajadores urbanos fue ambiguo. La composición social del partido político y sus patrones de reclutamiento son reveladores a este respecto, aun así tales estadísticas no revelaban mucho acerca de donde se apoyaban las palancas reales del poder político y quien las controlaba. Pero más importante que la organización del PCCH fue su transformación en una organización burocrática y la erosión de su espíritu revolucionario, tendencias que se veían en la cambiante naturaleza y función de los cuadros del partido en los años 50.

“cuadro = alguien que ocupa una posición de liderazgo en una organización. Para los propósitos prácticos se refiere a un miembro del partido comunista que es dirigente en un órgano del partido o en una institución u organización de masas dominada por el partido. En los años de revolución hacía referencia al líder revolucionario.” Fue inevitable que la realidad del cuadro cambiara después de 1949 cuando los revolucionarios llegaron a ser gobernantes. Los de ahora ocupaban puestos en el nuevo aparato de estado tuvieron que entregarse de funciones más específicas en la administración política y economía y se les requirió aprender habilidades especializadas. Antes de 1949 el partido atraía y reclutaba revolucionarios, después atrajo cada vez más a gente que consideraba que ser parte del PCCH era la ruta para hacer carrera el gobierno. En el primer plan, los viejos revolucionarios fueron eclipsados cada vez más por los nuevos cuadros que estaban más motivados por la ética vocacional y los valores asociados con la industrialización. Los conflictos y tenciones entre los viejos y nuevos cuadros se intensificaron a medida que la industrialización avanzaba y los técnicos e ingenieros reemplazaban a los revolucionarios como el nuevo modelo social. La burocratización del partido y de sus cuadros fue un desarrollo que se ajustó bien al ánimo general del momento, moldeado por el omnímodo apremio por la industrialización moderna y caracterizado por una nueva fe en los poderes de la ciencia moderna y la especialización tecnológica. “racionalizar” “regularizar” y “sistematizar” eran las órdenes del día y reflejaban una diferenciación radical de la “mentalidad guerrillera”, un repudio implícito de la herencia revolucionaria maoísta.

El caso Gao Gang

El partido reconocía que los métodos económicos soviéticos eran necesarios y deseables, no iban a aceptar que se metieran en las decisiones del partido en el país. Y por temor a que esto pasara se realizó una purga, de la cual el mayor perjudicado fu Gao Gang, el jefe del aparato del partido y del estado de Manchuria, y la cuestión principal de esto fue la influencia política rusa en Manchuria. Este durante los años de revolución había adquirido aparentemente impecables credenciales políticas maoístas. Como líder de las fuerzas guerrilleras en el norte de China fue uno de los fundadores de la base de los comunistas en Shaanxi donde Mao condujo a los sobrevivientes de la larga Marcha a fines de 1935. Después de la guerra

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de los japoneses en 1945 y el subsiguiente reinicio de la guerra civil con Guomindang, Gao fue enviado con el ejército de Lin Piao a Manchuria donde llego a ser el jefe del aparato del partido y del estado en el noroeste. También era miembro del Politburó y en 1952 fue nombrado presidente de la nueva comisión de planificación estatal y por lo tanto el principal responsable por llevar adelante el primer plan quinquenal. La caída política de Gao Gang y la expulsión de sus seguidores del partido fue decidida en una reunión del politburó en diciembre de 1983 y formalizada por el comité central del partido en febrero. Él fue acusado de haber establecido un reino independiente en Manchuria y haber organizado una conspiración para apoderarse del poder estatal. Supuestamente Gao se suicidó. La purga de Gao vino acompañada por la purga y desaparición de Rao Shushi, que controlaba el aparato del estado y del partido en la región de Shanghai. Este último era jefe del departamento de organización del comité central del partido y uno de los miembros originales de la comisión de planificación estatal. Al igual que Gao fue acusado de dirigir el reino independiente y haberse aliado con él en una conspiración para apoderarse del estado, aunque nada indicaba que Rao tuviera relación con los soviéticos. Lo que tenían en común Gao con Rao era que controlaban los 2 mayores centros industriales de China, Manchuria y Shanghai.

La campaña Sufan

La conferencia del partido en 1955 lanzo una purga burocrática mucho más amplia, el movimiento “sufan” o campaña para extirpar los contrarrevolucionarios escondidos, que continuo durante 1956. Este fue un movimiento interno del partido. Así una atmosfera de temor invadió a la burocracia durante la última mitad de 1955, cuando fueron investigados muchísimos cuadros del partido y del gobierno; y muchos de estos que se estimaba tenían actitudes equivocadas fueron enviados a campos de “reeducación por el trabajo”. La mayoría fue liberada y restablecida en sus puestos. Fue emprendida en parte para eliminar a los seguidores de Gao y Rao, fue un intento por restablecer el control centralizado del partido sobre las burocracias política y económica que el plan quinquenal había producido en abundancia. Fue una respuesta al problema de la burocracia en una sociedad supuestamente socialista, ya que no contribuyo en nada al único remedio socialista para el problema: el control popular sobre los órganos burocráticos de gobierno. Los males de la burocracia que

Mao había denunciado por tanto tiempo permanecieron y crecieron, sobre todo dentro del partido. El poder de los burócratas del partido se revelo cuando el movimiento cayo duramente sobre los intelectuales, en 1955 Hu Feng sufrió una campaña en su contra. Este había sido fervoroso crítico de las políticas literarias oficiales del partido y de los mandatos del partido a los escritores y artistas. Después del establecimiento de la república popular, se comprometió con objetivos socialistas marxistas y apoyo las políticas del partido, aunque siguió oponiéndose a la sofocación de los artistas por parte de este. Aunque encontró difícil publicar sus escritos después de 1949 todavía era considerado como escritor revolucionario cuyos errores eran tratables con la apropiada terapia maoísta. En 1953, breve periodo de liberta para los intelectuales, Hu fue nombrado en el consejo ejecutivo de escritores de la Unión de Escritores Chinos. Escribió un informe al Comité Central del Partido en el 54 criticando las restricciones impuestas por los burócratas literarios del partido y solicitando libertad para que los escritores se expresaran libremente. La discusión abierta de dicho informe dio paso. En 1955, a una campaña de desprestigio en su contra, denominado hereje ideológico, subversivo político y arrestado en julio de ese año por “contrarrevolucionario”. La campaña en su contra continúo aun cuando este había sido eliminado, ya que el fin era establecer un estricto control ideológico sobre la inteligencia en general. Los intelectuales fueron silenciados.

Consecuencias sociales

El resultado social más significativo del primer plan quinquenal fue el surgimiento de nuevos patrones de desigualdad. Se generó el ascenso de 2 nuevas elites burocráticas que ejercían cada vez más control formal basadas en sus respectivas esferas de especialización. Una era la elite política de dirigentes comunistas la otra la elite tecnológica, los que tendían a estar cada vez más motivados por éticas profesionales y vocacionales, más que por objetivos marxistas y valores comunistas; y cada vez más separados de las masas de obreros y campesinos gracias a su estatus, poder y beneficios materiales. Para los trabajadores el plan trajo condiciones de vida y trabajo crecientemente regresivas, ya que fueron forzados a someterse a la disciplina laboral cada vez mayor,

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exigida por el impulso para incrementar la productividad. Fueron sujetos a formas de control cada vez más represivas no solo en las fábricas sino también en los lugares donde vivían por los comités de residentes. Además la desigualdad dentro de los mismos rangos sociales aumentó considerablemente, al igual que las diferencias salariales. Las desigualdades fueron más evidentes entre la ciudad y el campo, ya que el desarrollo de la primera estuvo basado en la explotación de la segunda. El nuevo sistema educativo, copiado del modelo soviético, tendían a reforzar las tendencias hacia la desigualdad y la estratificación social. Así, el crecimiento de la educación formal fue muy alto, pero aquí también las clases rurales se vieron menos beneficiadas debido a las dificultades para acceder a ella. Además, aunque oficialmente daban preferencia a los hijos de los obreros y campesinos, en la práctica los exámenes para ingresar a las escuelas de nivel medio y las universidades favorecían a los hijos de los estratos ya beneficiados. Para cubrir la necesidad de la industrialización se enfatizaba la ciencia y la tecnología. Con el lanzamiento del primer plan también se anunció una “transición hacia el socialismo”. Pero la sociedad china parecía estar alejándose del futuro socialista prometido por la revolución. La industrialización sirvió para incrementar la división entre ciudad y campo, la separación entre trabajo mental y trabajo manual creció. Nuevas elites surgieron y el estado llego a ser más fuerte y más opresivo, dirigido por un partido crecientemente burocratizado. El desarrollo industrial moderno fue concebido como el medio para alcanzar objetivos socialistas, pero termino convirtiéndose en el objetivo principal, mientras los objetivos socialistas eran pospuestos. Mao y el maoísmo pronto serian forzados a enfrentar el dilema de los medios y objetivos que los resultados del primer plan planteaban. Así como la revolución maoísta nació y se desarrolló en las zonas rurales, los maoístas debieron volver al campo para revivir los objetivos socialistas y el espíritu de una revolución.

CAPITULO 9: La colectivización de la agricultura, 1953-57

En 1953 con el fin de la campaña de reforma agraria, China era básicamente un país de propietarios campesinos individuales que cultivaban sus propias tierras. El

moderno estado comunista había recreado el ideal tradicional chino de un sistema de granjas trabajadas por familias propietarias.

A pesar de las diferencias socioeconómicas permanecían las diferencias entre la

posesión de la tierra y los ingresos eran relativamente pequeñas. Los campesinos estaban aferrados a la granja familiar individual y la mayoría que se

benefició con la reforma agraria creía que era posible llevar con su trabajo en ellas una vida relativamente prospera. Sin embargo la situación posterior demostró lo contrario.

L fragmentación de parcelas inhibía la introducción de patrones de trabajo más

eficientes y el uso de tecnología agraria moderna, limitando el incremento de la productividad. Aparte de las pobre cosechas de 1953 y 54, había otros indicadores de la existencia de problemas sociales y económicos en el campo. Reapareció la práctica de la usura y muchos endeudados fueron obligados a vender sus tierras a sus acreedores. Si se la dejaba por sí sola, la economía rural generaría formas tradicionales de explotación y reproducción de viejos patrones de diferenciación socioeconómicos. Las dificultades económicas campesinas tienen incidencia con las inmigraciones hacia las ciudades, lo que intensifico el problema de desempleo y subempleo en las mismas. Los comunistas nunca asumieron que la reforma agraria sola acarrearía la revolución económica en la producción agrícola ni la deseada reorganización social de las aéreas rurales. Contemplaban la transformación de la propiedad campesina individual al cultivo colectivo como algo a largo plazo que procedería gradualmente a través de 3 faces diferentes de desarrollo. El 1 paso sería la organización de equipos de ayuda mutua por el cual los miembros de 6 o más flias. Se asistían unos a otros en el trabajo de sus granjas, que todavía pertenecían a las flias individuales. En 2 lugar, estos equipos se combinarían en cooperativas de producción agrícola “semi- socialistas” o “inferiores” donde la tierra seria mancomunada y cultivadas en forma cooperativa, aunque la familia mantenía la propiedad privada de la tierra y las flias se repartían las cosechas de acuerdo a su contribución en el trabajo y en parte por la propiedad aportada para el trabajo cooperativo. Finalmente, las cooperativas “inferiores” serian amalgamadas con las “superiores” o “avanzadas”, las granjas colectivas, lo que abolía la propiedad privada de la tierra y remuneraría a sus miembros de acuerdo con el principio socialista de “a cada uno de acuerdo a su trabajo”.

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Todo esto será realizado de manera voluntaria y los que se unían serian libres para retirarse de ellos. Como los líderes del partido eran bien conscientes de la profunda ligazón de los campesinos con sus granjas familiares, por lo que el proceso de transformación socialista presuponía un largo periodo de educación popular. Además, la suposición general era que la socialización de la agricultura requería los medios modernos de mecanización y tecnología que solo la industrialización podía proveer y como Mao había dicho, solo 3 planes quinquenales, al menos, serían necesarios para lograr. Esta aproximación cauta y gradual al cambio social rural estaba totalmente de acuerdo con la tesis de Mao del 49´. Esta decía que la industrialización moderna era requisito para la socialización de la agricultura. Recién en 1953 Mao surgió como defensor del “socialismo utópico”, en contra del partido. Las perspectivas del primer plan quinquenal tuvieron en cuenta estas tendencias gradualistas. Este esperaba que para 1957 un tercio de la población estuviera organizado en cooperativas, y presuponía un 23% de crecimiento de la producción. Sin embargo la producción agrícola fue cayendo lentamente. Así el estancamiento de la economía rural amenazaba el programa de industrialización y creaba crecientes dificultades económicas entre el campesinado. La situación de los campesinos empeoro aún más en 1954 cuando se prohibió la venta del excedente en el mercado privado, en adelante el grano sobrante debía ser vendido si o si al gobierno, lo que reducía el ingreso de estos. Zhou Enlai admitió que este primer plan y sus exigencias habían impuesto graves penalizaciones para los campesinos. Los dirigentes del partido reconocían que la reforma agraria reforzaría la ligazón de los campesinos a sus parcelas privadas. Por esto siempre insistieron en que las formas cooperativas debían ser introducidas gradualmente, ganándose el apoyo voluntario de los campesinos, demostrando que esta forma de producción sería más productiva y aumentaría los ingresos. Las preocupaciones sobre la productividad agraria estaban acompañadas por creciente temor acerca de la dirección social que estaba tomando el campo. Otra manifestación de la persistencia del individualismo campesino fuer la inclinación de los propios cuadros rurales del partido a sucumbir a la ideología campesina pequeño burguesa. En el periodo posterior a la campaña de reforma agraria, muchos cuadros se retiraron de las actividades políticas para ocuparse de su granja y flia.

La situación era en gran medida producto de la acción del partido. Cuando el énfasis se volcó hacia la industrialización urbana, los comunistas estuvieron satisfechos de gobernar el campo a través del aparato formal burocrático del estado, los gobiernos de los Xiang y los organismos de seguridad política ligados a estos. Esto era suficiente para servir a las necesidades inmediatas del estado del estado de control político de las zonas urbanas y la recolección de impuestos y compras compulsivas de grano al campesinado. Se otorgó poca atención al desarrollo de las organizaciones del partido en las aldeas y los cuadros que quedaban en ellas tendieron a dedicarse a sus emprendimientos privados.

La Nueva Revolución Agraria.

Los comunistas creían que todo lo explicado anteriormente sería suficiente para mitigar las tendencias capitalistas espontaneas en el campo y para incrementar la productividad. Hay antecedentes precedentes tradicionales y comunistas tempranos para el trabajo colectivo en la agricultura. Pero el desarrollo posterior a 1949 del movimiento cooperativista fue muy grande. A diferencia de los viejos trabajos en cooperación, los nuevos equipos eran mayores, cortaban las líneas de parentesco y fueron rápidamente transformados de acuerdo a las estaciones a organizaciones permanentes. Además sus miembros se involucraron en la producción artesanal suplementaria sobre bases colectivas. Sin embargo los equipos de ayuda mutua y las cooperativas de productores eran perseguidos por una serie de dificultades. El entusiasmo popular de los años revolucionarios y de las campañas de reforma agraria disminuyo en una época dominada por un ánimo de retorno a la normalidad después de décadas de disturbios y luchas. Los campesinos medios y ricos, con mejores tierras y mayores posibilidades de acceso a la tecnología se reusaban a agruparse. Las cosechas del 53 y 54 fueron pobres y había poco que indicara que las cooperativas pudieran cumplir la expectativa de crecimiento que se tenía al inicio del primer plan. Aunque la mayoría de los campesinos habían sido organizados en formas de trabajo cooperativo y de independencia económica para fines de 1954 esto no detuvo el proceso creciente de diferenciación de clases.

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En respuesta a una economía rural estancada, un problema que amenazaba con socavar enteramente el primer plan quinquenal de desarrollo industrial y en menor medida al fenómeno que Mao llamaría “las fuerzas autónomas capitalistas que se han estado desarrollando días tras días en las aldeas”, Beijing volvió de nuevo su atención al campo. El Comité Central del Partido en Mayo de 1955 tomo la decisión formal de acelerar el camino hacia la cooperativización. En octubre del 54 habían incrementado 6 veces el número de cooperativas de clase inferior. Este objetivo había sido logrado y superado según Mao en los meses que le siguieron. Sin embargo, surgió la oposición política al paso de la cooperativización y en marzo del 55 el consejo de estado ordeno detener una expansión mayor. Esta reinicio la campaña. Esta decisión no fue bien tomada por Mao. Parece que desde comienzos del 55 la cúpula del partido había llegado a un vago consenso, que Mao no compartía. La mayoría del Comité Central creía que un programa acelerado de formación de cooperativas agrícolas era necesario solo si la consideración principal era asegurar alcanzar los requisitos económicos para la industrialización y satisfacer las necesidades industriales. Pero también creían que estas debían ser establecidas de forma ordenada y a una marcha gradual para no amenazar la productividad. Además estas debían ser semi socialistas o inferiores. La experiencia de la colectivización soviética estaba muy presente en la mente de los comunistas chinos en sus debates sobre políticas agrarias y de ella extrajeron dos lecciones. 1 q la colectivización demasiado demorada puede llevar a la polarización de las clases rurales y a la consolidación de una clase dominante de campesinos ricos opuestos al estado socialista. La segunda, y más marcada, fue que la colectivización impuesta rápidamente desde arriba podía tener resultados catastróficos. Así, por mucho que estuvieran atraídos por el sistema soviético de desarrollo general, estaban determinados a evitar los costos económicos y humanos de una colectivización de estilo estalinista. Se suponía que la expansión de las organizaciones del partido en las zonas rurales, pareja con lento y ordenado crecimiento de las granjas cooperativas, sería suficiente para contener cualquier fuerza espontanea que hubiera aparecido o fuera a aparecer. El énfasis, en el primer plan quinquenal, estaba puesto en la necesidad de una economía estable y productiva que sirviera a las necesidades del desarrollo industrial.

Mao pronuncio un discurso sobre “la cuestión de la cooperación agrícola” que lanzo a China a un camino diferente hacia el “socialismo agrario”. Este discurro fue clausurado, pero Mao lo pronuncio ante una reunión de secretarios regionales y provinciales del partido que se encontraban en Beijing debido a una asamblea popular nacional. Así paso por encima del Comité Central y apelo al partido en extenso. Recién en octubre, el comité central acepto ratificar formalmente las nuevas políticas maoístas. Mientras algunos creían que las cooperativas se estaban estableciendo muy apresuradamente, Mao creía que se estaba haciendo muy lentamente. Quería que para el 58 la mitad de las flias campesinas de china estuvieran organizadas en cooperativas y la otra mitad para 1960. Pero la importancia del discurso de Mao no estribaba en el cronograma acelerado que establecía, sino más bien en la revitalización del enfoque voluntarista del cambio sociohistórico y en una fe populista e que las masas campesinas efectuarían tal cambio. Además perfilaba el abandono del modelo soviético y anunciaba la aparición del maoísmo en la escena histórica posrevolucionaria. El discurso de Mao de 1955 se remonta al “informe de Hunan”. En 1927 había descubierto que las verdaderas fuentes de la creatividad revolucionaria no residía en el partido sino en el movimiento espontaneo del campesinado actuando por sí mismo. Ya que el partido en si no representaba los intereses de los campesinos, y muy a menudo mientras estos últimos luchaban los primeros no hacían más que defender sus intereses propios. Para Mao las experiencias y lecciones que realmente contaban se derivaban de la historia de la misma revolución comunista china. Y la más importantes de estas lecciones era la revivida en 1955, el principio de Yan´an de la “línea de masas”, que exigía esa visión específicamente maoísta de la interrelación intima entre dirigentes y masas, y además un proceso de auto-educación a través de la acción revolucionaria. El discurso de Mao no solo marco una diferenciación de las políticas existentes en el partido sobre la marcha de la cooperativización y los métodos a emplearse, sino que también estableció nuevas perspectivas sobre los objetivos a los que el movimiento serviría y sobre la cuestión más general de la relación entre desarrollo económico y social. Las políticas seguidas por los comunistas habían sido guiadas por 2 premisas indiscutidas hasta el momento: que el propósito de las cooperativas era incrementar la producción a fin de obtener el capital necesario para la producción industrial de las

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ciudades y; se asumía que la socialización de del campesinado presuponía la industrialización de las ciudades, ya que solo la industria moderna podía proveer la tecnología y la mecanización para las granjas colectivas a gran escala. En 1949 Mao había aceptado estas premisas pero para 1955 rechazaba ambas. Por otro lado, Mao ponía ahora su énfasis en los beneficios sociales y económicos que la colectivización les aportaría a los mismos campesinos como lo hacía sobre su capacidad para financiar el desarrollo industrial. La mayoría de estos seguían pobres y la socialización de la agricultura era la única forma de “sacudirse la pobreza, mejorar el nivel de vida y resistir las calamidades rurales”. La industrialización y la transformación socialista del campo eran dos objetivos revolucionarios entrelazados. En segundo lugar, Mao ahora rechazaba la tesis que el mismo había planteado en 1949: la visión de que la socialización de la agricultura dependía del desarrollo previo de una “poderosa industria”. Ahora argumentaría que “dadas las condiciones económicas del país, la transformación técnica requiere más tiempo que la social”. Creía que la base industrial moderna necesaria para desarrollar la revolución tecnológica en los cultivos “llevaría aproximadamente 4 o 5 planes quinquenales, ósea 20 o 25 años”. En el verano de 1955, Mao consideraba la transformación socialista d la China rural como un proceso muy lento, aunque más rápido d lo q muchos dirigentes del Partido consideraban practico o posible. Se oponía a una revolución “desde arriba” confiaba en q la mayoría del campesinado se dirigiría al socialismo por su propia voluntad y q los restantes seguirían su ejemplo cuando vieran los beneficios económicos d las granjas cooperativas. El programa se centraba en la organización d cooperativas semisocialistas o de nivel “inferior”. Los dirigentes regionales hicieron frenéticos esfuerzos para revitalizar las organizaciones rurales del Partido a fin d dirigir la “transición al socialismo” en el campo. Para fines de 1955 habían sido organizadas 1.900.000 cooperativas d bajo nivel, casi el 50% más q el objetivo propuesto por Mao para 1956. El movimiento desde abajo había adquirido impulso propio alimentado por los deseos igualitarios d los campesinos pobres y celo político d los cuadros locales. El movimiento d cooperativización sirvió a Mao para fortalecer la fe en la creatividad revolucionaria del campesinado y en el poder d la voluntad y conciencia

humana para moldear la realidad social. Él predijo confiadamente que “para el fin de este año (1955) la victoria del socialismo estará prácticamente asegurada”. Los campesinos medios superiores o “acomodados” serian atraídos sólo gradualmente, a través d la fuerza del ejemplo y d la educación. Se temía q los campesinos medios acomodados redujeran la producción a niveles d subsistencia sus intereses económicos eran amenazados. A los campesinos ricos y los ex terratenientes se les prohibió unirse a las cooperativas, había una preocupación d q gracias a sus recursos superiores pudieran tomar el control d las coope. Con la colectivización a gran escala fue necesario incluir a toda la población rural, sin excluir a los campesinos ricos. La continuidad del cultivo familiar individual ya no era más factible organizativamente o deseable económicamente, y como la colectivización implicaba la abolición d la propiedad privada d la tierra y d los otros medios d producción a favor d q “a c/u d acuerdo a su trabajo”. En los primeros meses d 1956, el Partido elimino las barreras d clase social para la admisión en las nuevas organizaciones rurales, convirtiendo a la mayoría d los campesinos ricos en ex terratenientes, en campesinos ordinarios voluntariamente o no. La colectivización fue completada esencialmente durante la primera mitad d 1956 sin violencia, las distinciones d clases sociales parecían haber sido eliminadas. La rapidez d la transición d granjas cooperativas “elementales” o “semisocialistas” a granjas colectivas “avanzadas” o totalmente “socialistas” es uno d los rasgos más sorprendentes d un movimiento cuyo dinamismo sorprendió aún a los radicales d Beijing. La colectivización total requería q las flias campesinas renunciaran a todos los derechos d propiedad privada. Lo más importante fue ron las dificultades encontradas por las coope d “nivel inferior” para reconciliar dos diferentes formas d remuneración, una q compensaba una remuneración razonablemente equitativa por la cantidad d tierra y capital individual con q las flias habían contribuido, d manera voluntaria o no, y la otra basada en el pago según el trabajo. La colectivización no se completó sin crear serios problemas, organizativos y d otras clases. La primera mitad de 1956, la resistencia campesina fue mínima, los campesinos ricos y medios superiores se rindieron pacíficamente ante las abrumadoras presiones económicas, sociales y políticas. Un aspecto importante es q la colectivización China se presenta en sorprendente contraste con su brutal precedente soviético. Las referencias a las diferentes

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tradiciones históricas arrojan poca luz sobre por qué las experiencias rusa y china fueron tan diferentes. Los campesinos chinos, tradicionalmente, no estaban menos firmemente ligados a la tierra q los rusos, además, las viejas tradiciones aldeanas colectivistas no habían sido tan fuertes en China tradicional como lo fueron en la Rusia zarista. En ninguna otra sociedad pre moderna se había desarrollado más la propiedad privada d la tierra q en la China imperial, la resistencia debería haber sido mucho más importante en China q en Rusia. Una razón se puede encontrar en las condiciones socioeconómicas d China rural, los campesinos ricos q sobrevivieron a la reforma agraria eran proporcionalmente menor a los kulaks rusos y mucho menos poderosos. A diferencia d los kulaks, los campesinos chinos no dispusieron del tiempo, o d las condiciones para constituirse como clase dominante capitalista en la economía rural. La Rev. China había sido dirigida por un Partido Comunista compuesto por campesinos y llevada a cabo por medio d la movilización d habitantes del campo, por mucho q el Partido se urbanizara se mantuvieron las raíces rurales. Además, Mao no tenía ni la necesidad ni la inclinación de llevar a cabo una “brutal revolución desde arriba” al estilo estalinista. La colectivización agrícola, más allá de ser celebrada como un acto decisivo d la “transición al socialismo” de China, tenía la intención d lograr varios objetivos más inmediatos y concretos q redistribuirían beneficios tanto al estado como al campesinado. En primer lugar, el establecimiento d una red nacional d granjas colectivas le otorgaría al estado mayor control sobre la producción agrícola y la disposición del excedente. La recolección por parte del estado d impuestos y grano proveía a la población urbana de alimentos y de ingresos para financiar la industrialización urbana. En segundo lugar, el cultivo colectivo permitiría la expansión del conocimiento tecnológico y la introducción d nuevas tecnologías. En tercer lugar, la colectivización permitiría eliminar la mayoría de las desigualdades económicas a través d la abolición d la propiedad privada d todos los medios d producción (tierras, animales d tiro, herramientas, etc.). El mayor atractivo del cultivo colectivo fue la promesa d q una vez establecido apropiadamente el nuevo sistema, podría redituar en grandes incrementos en la producción y en la productividad beneficiando al estado como al conjunto de la población rural.

La colectivización no trajo ni desastre económico ni crecimiento, para la mayoría la transición resultó en poco cambio económico. El campesino se benefició en formas q no son cuantificables: a través de programas de bienestar, seguridad, educación, atención médica y por el comienzo d la industrialización rural. El primer año d cultivo colectivo (1956-57) estuvo plagado por la confusión organizativa: los campesinos serian remunerados d acuerdo con su trabajo bajo la

forma d una parte d la cosecha y en parte en pequeñas cantidades en dinero. Cada granja está en la tarea d calcular las contribuciones correspondientes por la cantidad

de

trabajo efectuado. Esta tarea era sumamente difícil y más para los cuadros jóvenes

q

habían resultado dirigentes eficaces para la movilización pero carecían d

conocimientos d administración, contabilidad y finanzas. Lo q se buscaba era una mayor productividad no solo para aliviar las dificultades económicas del campesinado, sino también para proveer al estado d un mayor excedente comercializable de granos y materias primas para financiar la expansión de la industria urbana del Primer y Segundo Plan Quinquenal. Mao dirigió al Partido a embarcarse en la aventura del Gran Salto Adelante en 1958 para el cuan la intervención sería mucho más radical para acelerar el desarrollo industrial y agrícola y en un intento d conciliar los intereses d conflicto entre el campesinado y el estado. Para entender qué se estaba discutiendo en vísperas del Gran Salto es necesario volver al año 1956 para considerar el breve episodio (de 1 mes) conocido como las “Cien Flores”.

PARTE III: UTOPISMO, 1956-1960.

CAPITULO 10: LAS CIEN FLORES: SOCIALISMO, BURICRACIA Y LIBERTAD

Sin ninguna revolución tecnológica en la producción agrícola, China permanecía como un país pobre y su pueblo estaba empobrecido. Nadie creía q una sociedad socialista podría mantenerse por sí misma por largo tiempo en condiciones d escasez económica general. La cuestión era cómo crear una base económica moderna. En

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1956 surgió una alternativa maoísta radicalmente diferente q exigía el abandono total del “modelo soviético” de desarrollo. La transición al socialismo en China había sido acompañada por una transición d formas revolucionarias d organización a formas BUROCRATICAS DE GOBIERNO q dieron origen a nuevas elites políticas y económicas q CHOCABAN CON LOS INTERESES SOCIALISTAS. De esta manera se pretendió q la campaña de las CIEN FLORES sirviera para objetivos ANTI-BUROCRATICOS. Para los intelectuales la transición al socialismo significo menos libertad. Lo q seria llamado “florecer y contender” de 1956-57 significó un momento en q surgieron y se debatieron más críticas sobre el presente y el futuro del socialismo en China, la relación entre estado y sociedad, entre dirigentes y dirigidos, sobre la libertad humana

e intelectual. Los últimos meses d 1955, los dirigentes del Partido comenzaron a formular nuevas políticas para recuperar el apoyo activo d una intelligentsia desafectada. El propósito era en gran medida económico: se necesitó un desarrollo más rápido d la investigación científica y tecnológica. Mao se tomó el trabajo d instar a q los intelectuales fueran atraídos a una participación más completa en la vida económica y política del país esta campaña se desarrollaría bajo la consigna “permitan q cien flores florezcan, permitan q cien escuelas de pensamiento contiendan”. Esto se veía además como un camino para revivir el espíritu revolucionario d un Partido al q veía como degenerando en una burocracia conservadora y rutinaria q era necesario desafiarla desde afuera. La frase “dejen q cien escuelas d pensamiento contiendan” se aplicaba a los científicos, mientras q “dejen q cien flores florezcan” se dirigía a los escritores y artistas. La distinción era significativa. Se declaraba q las ciencias naturales no tenían “carácter d clase” y por esto los científicos eran libres. Para los escritores, artistas e investigadores la libertad fue definida ambiguamente: la promesa d libertad estaba sujeta a numerosas limitaciones. A diferencia d las ciencias naturales, el arte, la historia la literatura y la filo mantenían un carácter d clase, y por ello debía estar bajo supervisión política. En el verano d 1956, un significativo número d intelectuales comenzaron a criticar

a los males d la burocracia y a la mano pesada d los burócratas del partido.

Para entender esto es necesario volver al debate q ardía a fines d 1956 sobre la política socioeconómica, dividiendo inexorablemente al Partido en las facciones “maoístas” y “no maoístas”. En 1956, los dirigentes chinos estaban celebrando los éxitos industriales del Primer Plan Quinquenal y preparando el segundo empeñados en seguir el camino económico soviético. Todavía se daba prioridad al desarrollo d la industria pesada, se ponía énfasis en el rápido entrenamiento d una moderna intelligentsia científica y tecnológica. Mao cada vez cas crítico del Segundo Plan Quinquenal, presintiendo q solo incrementaría las consecuencias sociales, políticas e ideológicas indeseables q provocaba la expansión y proliferación d la burocracia q postergaba el cambio social radical. En abril d 1956 Mao ofreció una propuesta alternativa q llamaba al abandono d los planes quinquenales d tipo soviético y delineaba una política radicalmente diferente: en vez d industrialización urbana a gran escala, el énfasis se desviaría a las pequeñas y medianas industrias en el campo; en vez d la dirección burocrática centralizada, las comunidades locales relativamente autónomas volverían a ser las principales unidades socioeconómicas. Mao quiere revivir la campaña d las Cien Flores, sugería q el Partido Comunista no poseía el monopolio d las ideas correctas y por lo tanto estaba sujeto a las críticas. La renovación d este movimiento se justificaba no solo por el deseo d estimular la creatividad intelectual, sino también a causa de la continua existencia d “contradicciones” en una sociedad socialista. Las contradicciones son la fuerza motriz del desarrollo social, son inevitables, deseables y eternas. De ahora en más, los intelectuales, teóricamente, unidos en su apoyo al socialismo, eran, libres d criticar al Partido. Si el pueblo en general era ahora libre d criticar al Partido entonces, ¿Quién iba a hablar por “el pueblo”, sino el propio Mao? Él era el representante del pueblo. Mao proclamaba q “la lucha de clases aún no ha terminado”. Los restos d la viejas clases explotadoras todavía permanecían, aunque el proletariado y la burguesía como tales pueden no haber estado en el combate, sus respectivas ideologías fue suficiente como para proclamar la continua existencia d una grave lucha d clases. La “lucha d clases” era ahora una cuestión d lucha entre ideologías d clase y no entre clases sociales reales, quedo abierto el camino para condenar como “enemigos d

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clase” a aquellos q expresaban ideas incorrectas; fue precisamente bajo este razonamiento q la segunda fase d “florecer y contender” seria llevada a su fin. El primer resultado político del discurso de Mao fue la revitalización del movimiento d las Cien Flores, pero la revitalización no fue inmediata: los temores entre los intelectuales d q la convocatoria d Mao fuera una trampa estaba muy presente. Mao enfatizo q los comunistas daban la bienvenida y necesitaban d la crítica, a fines d abril se lanzó una campaña d rectificación del Partido para eliminar los males del “burocratismo, subjetivismo y sectarismo”. La crítica se enfocaría en la cuestión eminentemente política d la relación entre “dirigentes y dirigidos”. Las criticas aumentaron ya q la virtual ausencia d censura oficial parecía confirmar las promesas. El movimiento se extendió y adquirió un carácter cada vez más espontaneo, los periódicos se llenaron con informes d los discursos y comentarios d los críticos, los sentimientos por largo tiempo reprimidos se iban expresando en términos cada vez más estridentes. No se permitió q este movimiento se extendiera d los círculos intelectuales a las masas urbanas, no se establecieron foros d críticas para los trabajadores y campesinos. El movimiento quedo confinado a los intelectuales y estudiantes. Las criticas q surgieron abarcaban desde insignificantes resentimientos cotidianos hasta acusaciones d orden sociopolítico, algunas cuestiones eran: autonomía profesional, monopolio del poder político ejercido por el Partido Comunista, abusos d poder y ausencia d toda distinción entre el gobierno d la república y el PCCh, libertad d prensa, d residencia, violaciones, etc. Se denunció la persistencia d antiguas actitudes feudales hacia las mujeres. Las criticas d las Cien Flores serian pronto silenciadas porque, atacaban al sistema socialista, lo q estaba siendo atacado no era el socialismo, sino el fracaso d los comunistas en la puesta en práctica d sus propios principios socialistas. Acusaban d q los socialistas estaban convirtiéndose en una “nueva clase” y fomentaban las desigualdades socioeconómicas en vez d eliminarlas. Para los críticos marxistas del régimen, la libertad intelectual y política no eran principios abstractos q pudieran ser separados d la naturaleza y del contenido del desarrollo social. Tampoco era la libertad un derecho a ser disfrutado exclusivamente por intelectuales. La libertad era unos d los objetivos esenciales del socialismo. La

libertad intelectual y política para todo el pueblo era necesaria para controlar la creciente burocracia para la realización d una autentica igualdad social. Sin embargo, los críticos socialistas pronto serian difamados como “enemigos del socialismo” y condenados como “contrarrevolucionarios” en la campaña antiderechista, q termino d manera trágica el movimiento d las Cien Flores, será Mao mismo en 1957 quien se pondrá en la cabeza d la campaña d caza de herejes. Es tan irónico como trágico q Mao participara en la persecución d intelectuales a los q había invitado a “florecer y contender” y cuyas criticas sociales y políticas fueron similares a las suyas. Mao no compartía su compromiso con la libertad y la democracia. Los estudiantes universitarios fueron los más radicales y menos inhibidos d los críticos d las Cien Flores. Lo q se conoció como la “tormenta universitaria” comenzó en la universidad de Pekín. Este movimiento se tornó combativo y violento:

ocupaban oficinas d la universidad, atacaban edificios gubernamentales y del partido y tenían como rehenes a funcionarios escolares y del partido. El periodo “florecer y contender” duro poco más d un mes, la época d arrepentimiento se arrastró hasta la primavera de 1959. ¿Por qué el Partido y Mao traicionaron la promesa d una sociedad más democrática y libre? Un punto de vista era q todo el movimiento había sido una trampa fabricada para “hacer salir d su guardia” a los disidentes y entonces castigarlos, otra posibilidad es q Mao estaba respondiendo a los levantamientos d Europa Oriental, y particularmente en Hungría para evitar una explosión similar en China. Otra suposición d la policía d las Cien Flores era la creencia maoísta d larga data acerca del valor d la lucha como un fin en sí mismo un instrumento terapéutico para el desarrollo d las ideas correctas. Este énfasis en la necesidad d la lucha parece estar en conflicto con la visión maoísta d un pueblo unido siguiendo pacíficamente el camino hacia el socialismo y resolviendo pacíficamente cualquier contradicción. Tan temprano como el 25 d mayo, Mao se mostró preocupado por la dirección q estaba tomando la campaña y en junio no vaciló en apelar a todo el poder del Partido y del estado para lanzar la caza d brujas antiderechista. Subrayaba la necesidad de “disciplina” (más q libertad) y de “centralismo” (más q democracia).

A comienzo de octubre el Comité Central aprobó formalmente el programa radical d Mao d doce años para la agricultura, clausurando el debate sobre política

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económica. Esto significaba el abandono del Segundo Plan Quinquenal y llevaba directamente a la campaña del Gran Salto Delante de 1958.

Capítulo 13: las comunas populares y la "transición al comunismo" (1958-

1960)

A comienzos de 1958, Mao Zedong estaba convencido de que la transición al

socialismo se había realizado exitosamente. Permanecía el peligro de una regresión al capitalismo. Por esto, había llegado el momento de que China se dirigiera a una etapa

más elevada de desarrollo social, un curso dictado por la teoría de la revolución permanente. El nuevo objetivo era la transición del socialismo al comunismo. Para la mayoría de los dirigentes comunistas chinos era una noción desatinadamente utópica, ya que el proceso de transformación socialista había comenzado sólo unos pocos años antes y la industrialización todavía estaba en su infancia. Mao acordaba con que China continuaba siendo un país atrasado.

Si el sistema socialista chino era relativamente nuevo y sin consolidar, esto le

parecía a Mao una oportunidad para trasladarse a una etapa superior. Creía que, mientras más consolidado y estabilizado llegaba a ser un sistema social, más resistente sería al cambio. Mao tampoco veía el atraso económico como barrera para emprender la "transición del comunismo" lo contempló como un activo, ya que en 1958 manifestó su notable tesis sobre las ventajas revolucionarias de ser "pobre y vacío" que pronto continuaría con la tesis de que mientras más atrasada era la economía, más fácil sería la reorganización socialista y comunista de la sociedad. También lamentaba el atraso económico pero sería superado simultáneamente con los procesos de cambio social revolucionario que llevaran al comunismo. Al lanzar la campaña del Gran Salta Adelante, Mao prometió tanto "una revolución técnica" como una revolución social, tanto milagro económico como un milagro social. Sería la transformación revolucionaria de las relaciones sociales y de la conciencia social la que liberaría los poderes productivos latentes de las masas y proveería el impulso para la revolución técnica y garantizaría el desarrollo económico y tecnológico moderno fuera llevado a cabo de manera consistente con la realización del objetivo sociales comunistas. Estaba más firmemente convencido de que una revolución social era requisito necesario para la revolución económica, de que la proletarización debía preceder a la mecanización.

Para Mao y los maoístas el término "gran salto" adquirió un sentido tanto social como económico. Combinaba la esperanza de transformación cualitativa de las relaciones sociales con la esperanza de un "salto" en el desarrollo económico. El Gran Salto fue el momento en que los maoístas rechazaron explícitamente la ortodoxia estalinista de que la combinación de la propiedad estatal de los medios claves de producción con un rápido desarrollo económico garantizaba el advenimiento de la sociedad comunista. Fue momento en que el maoísmo se anunció como una doctrina que divorció al comunismo de sus requisitos económicos definidos por el marxismo. La campaña del Gran Salto Adelante comenzó a fines de 1957 y se intensificó durante los primeros meses de 1958 como un impulso para aumentar la productividad tanto en la industria como en la agricultura. Un nuevo énfasis en la agricultura y las pequeñas industrias acompaña el aumento de los objetivos de producción en el sector de la industria pesada. El aparato económico burocrático centralizado fue parcialmente desmantelado a favor de la relativa autonomía y poder en la toma de decisiones de las localidades y las unidades básicas de producción. La oficina administrativa fueron vaciadas y los funcionarios fueron enviados a realizar trabajo manual en las granjas y fábricas en nombre de una "administración simple". La movilización social de las masas para el trabajo, llegó a ser el rasgo organizativo central de una campaña que adquirió un carácter crecientemente militar que exigió heroísmo y autosacrificio. En la industria, el Gran Salto estuvo marcado por la implementación de la política de "caminar con las dos piernas", de acuerdo con la cual la industria de mediana y pequeña escala, trabajo intensivo, operando sobre la base tecnologías indígena, serían desarrolladas simultáneamente con el sector industrial moderno. Para los trabajadores de las fábricas modernas era una política que significaba horas de trabajo más largas y duras para alcanzar cuotas de producción cada vez más altas y cada vez más quiméricas. La "segunda pierna" de la nueva política industrial estaba muy espectacularmente simbolizada por la movilización de decenas de millones de personas en las áreas urbanas y rurales en la inútil campaña de hierro y acero "en el patio". Otros emprendimientos a pequeña escala, especialmente fábricas locales químicas y de fertilizantes y minas de carbón en las áreas rurales, fueron menos publicitados pero a menudo eficientes. En el campo, fue reducido el tamaño de las parcelas familiares privadas y expandía la escala e intensidad del trabajo colectivo.

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Si los maoístas eran "utópicos" en sus esperanzas económicas, lo eran aún más en su creencia de que el pueblo chino está preparado para llevar a cabo "la transición del socialismo al comunismo". Los maoístas estaban buscando una forma de organización social para lograr tanto la revolución económica como la revolución social. La forma descubierta fue la comuna popular y para el verano de 1958, los maoístas estaban aclamando a la comuna como instrumento para la transición de China hacia una sociedad comunista.

Las Comunas Populares Rurales

El vasto movimiento de comunización que transformó radicalmente el campo chino y las vidas de sus 500 millones de habitantes en los meses de verano y otoño de 1958, no fue producto de ningún diseño socioeconómico detallado. La mayoría de lo que pasó durante ese período fue en gran medida espontáneo. No hay evidencia de que los maoístas tuvieran la comunización en mente cuando comenzó el Gran Salto Adelante. La comuna recién se descubrió cuando el Gran Salto Adelante estuvo bien avanzado y a finales del verano de 1958 los maoístas la tomaron como la forma ideal para la "transición del socialismo al comunismo" de China. El movimiento de comunización involucraba la compleja acción recíproca del radicalismo espontáneo de los cuadros rurales y campesinos pobres desde abajo con el radicalismo utópico de Mao y los maoístas desde arriba. Ambos resultaron reforzarse mutuamente. La primera de las comunas apareció sobre base experimental en la provincia de Henan en abril de 1958. La iniciativa aparentemente provino de activistas radicales locales. La espontaneidad y las iniciativas locales eran ciertamente predominantes en julio cuando la fusión de las granjas colectivas en comunas se expandió rápidamente. El movimiento creció sin aprobación oficial del partido y con poca dirección central desde Pekín, pero recibió poderoso apoyo ideológico de los dirigentes maoístas. La comuna estaba en el proceso de revisar los objetivos marxistas de eliminar la distinción entre trabajo mental y manual, entre industria y agricultura y entre ciudad y campo y con esto abriendo el camino "por el cual nuestro país puede fácilmente pasar del socialismo al comunismo". Para la época en que Liu Shaoqi y otros dirigentes del partido organizaron giras para inspeccionar la comunización en las provincias del norte a fines de julio, el

movimiento ya se había extendido. Muchas comunas habían sido establecidas, la campaña para establecer otras fue procediendo a un ritmo acelerado y la entusiasta aprobación por Mao de la comunización había sido ampliamente publicitada y celebrada en diarios y periódicos. La ratificación formal llegó bajo la forma de resolución emitida el 29 agosto en nombre del Comité Central. Aunque el documento aceptaba la exigencia maoísta de que el sistema de comunas fuera universalizado, al menos en las áreas rurales, también reflejaba las reservas y dudas de los dirigentes no maoístas del partido. La resolución estaba repleta de advertencias contra "pasos convulsivos o imprudentes". Insistía en el carácter socialista, más que comunista, de las nuevas organizaciones. El sistema comunal de propiedad sería "colectivo" más que "la propiedad del pueblo como un todo", mientras que el sistema de distribución estaría de acuerdo con el principio socialista de "a cada uno de acuerdo con su trabajo" y no con el ideal comunista de "a cada uno de acuerdo a sus necesidades". Fue un documento más bien moderado. La comunización procedió más rápido y radicalmente de lo que los dirigentes habían anticipado. Antes de fin de año, virtualmente toda la población rural está organizada en unas 24.000 comunas populares, que habían surgido de la apresurada fusión de 750.000 granjas colectivas. Y desafiando la resolución de agosto, muchas comunas se pusieron de inmediato a introducir formas comunistas de vida social, organización del trabajo y la distribución. Los meses de verano y otoño de 1958 presenciaron la fase más radical de Gran Salto. Fue la época en que los objetivos utópicos marxistas propuestos llegaron a estar cercanos. El logro de estos objetivos sin precedentes históricos fue asignado a las comunas populares que no fueron concebidas meramente como organizaciones productivas, sino también como organizaciones sociales que combinaban las tareas económicas, culturales, políticas y militares, y por esto fusionaron a obreros, campesinos, comerciantes estudiante y milicianos en una única entidad. En la literatura maoísta del Gran Salto, la comuna era vista como "organizadora de la vida social", tanto como el organizador de la producción; se la concebía como el medio para lograr los objetivos últimos comunistas y con una sociedad comunista embrionaria que estaba tomando forma en el presente. La comuna también era concebida como el producto y la productora de nuevos comunistas.

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Estas visiones utópicas de un futuro sin clases y sin estado obtuvieron respuestas positivas al comienzo entre campesinos e indudablemente contribuyeron a su buena voluntad para trabajar y sacrificarse a fin de lograr ese futuro. Aún antes del establecimiento de las comunas, las amplias campañas de irrigación y conservación del agua, comenzadas en el otoño de 1957, habían forjado un cambio radical en la organización del trabajo rural. Campesinos de diferentes aldeas fueron conducidos juntos en brigadas de producción. Con el establecimiento de las comunas, las grandes brigadas de producción llegaron a estar más formalizadas y sus funciones fueron extendidas a la producción agrícola tanto como la operación de las industrias comunales recién establecidas y los trabajos de construcción en gran escala. Coordinando el trabajo de las brigadas estaba la comuna, la cual en teoría funcionaba como una unidad económica, social y política más o menos autónoma y autosuficiente. La movilización de los campesinos a las brigadas de producción exigió cambios inmediatos y de largo alcance en la vida social rural, cambios que fueron celebrados como progresos hacia el comunismo. La transferencia de campesinos varones a los trabajos de irrigación, los proyectos de construcción a gran escala y los nuevos emprendimientos industriales creados, provocó una extendida escasez de mano de obra en la agricultura. La solución obvia fue llevar a las mujeres al trabajo productivo de tiempo completo en los campos así como la industria ligera. Las medidas necesarias para liberar a las mujeres de las tradicionales tareas domésticas para realizar el trabajo agrícola fueron celebradas como "la socialización del trabajo doméstico”. La familia como tal permanece intacta. Ocurrieron rupturas, en primer lugar, porque algunos varones se vieron separados de sus esposas e hijos, pero la estructura familiar no fue abolida. Los maoístas más radicales permanecieron comprometidos con el mantenimiento de la familia nuclear. Aunque la familia permaneció segura, su propiedad privada no. Con los hombres y las mujeres más robustos organizados en brigadas de producción y trabajando del amanecer al ocaso en proyectos colectivos, poco tiempo o energía quedaba para atender las parcelas o los animales familiares. Las posesiones privadas llegaron a ser propiedad comunal, como lo fueron los cerdos y aves de corral, hasta ahora propia familiar. En las áreas donde la comunización fue desarrollada más radicalmente, todo, desde las viviendas hasta los utensilios de cocina, humor y relojes fue colectivizado y entregado a la comuna.

El siguiente paso lógico era distribuir el producto excedente, lo que quedaba después de pagar los impuestos al estado y dejar a un lado lo que sería utilizado para invertir y para bienestar social, de acuerdo con el principio comunista de darle a cada uno de acuerdo con sus necesidades. Los problemas en determinar las contribuciones de mano de obra individual por trabajo realizado en forma colectiva resultaron formidables y, en las agitadas circunstancias de la época, imposible de resolver. Era mucho más fácil distribuir simplemente el excedente de manera equitativa o de acuerdo a las necesidades individuales, reales o percibidas. La fórmula nacional llegó cerca de fin de año recomendando que el 30% del excedente fuera distribuido de acuerdo a la mano de obra y el 70% de acuerdo a las necesidades, aunque la extensión con que esta fórmula general se aplicó permanece a oscuras. Las comunas diferían enormemente, no sólo en tamaño y riqueza sino en naturaleza. Alguna implica un poco más que reorganizaciones administrativas formales de las granjas colectivas existentes, mientras que otras se dirigieron rápidamente a lograr lo que se percibía como un nuevo orden comunista. El único rasgo universal fue la intensiva movilización de mano de obra y la extensión del día laboral. De significado mucho mayor fue la implementación de las nuevas políticas en industria y educación. Una fue la política de promoción de "la industrialización del campo" y la otra fue la introducción del nuevo sistema educativo rural basado en el principio de "trabajo y estudio". Los maoístas encontraron apoyo teórico por estas políticas en los escritos de Karl Marx. Los hornos del patio resultaron ser un enorme desperdicio de fuerza de trabajo y pronto serían abandonados. Pero otras industrias rurales, establecidas a la vez y con menos fanfarria, resultaron viables y a menudo innovadoras. Si hubo despilfarro, ineficiencia y falsos comienzos al principio, en el largo plazo la agricultura china se benefició gracias a los emprendimientos dirigidos por las comuna, que fabricaba y reparaban implementos agrícolas, pequeñas plantas químicas que producían fertilizantes e insecticidas, usinas eléctricas a pequeña escala e industrias locales de procesamiento de cosechas. Y tanto la sociedad rural como la economía nacional se han beneficiado de las operaciones locales de las minas de carbón, pequeñas refinerías de petróleo y bienes de consumo producidos localmente. Las nuevas políticas educativas estaban ligadas al nuevo énfasis puesto en la industrialización del campo. La comunización fue acompañada por un ambicioso esfuerzo para establecer instalaciones educativas de tiempo parcial dirigidas

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localmente: universidades para "rojos y expertos", escuelas nocturnas, programas educativos para ratos libres y una variedad de programas "mitad trabajo y mitad estudio". El principio guía era la combinación de educación y producción y el principal propósito era proveer a los campesinos el mismo conocimiento tecnológico para la operación de las industrias locales rurales y para facilitar la futura introducción de técnicas agrícolas modernas. Además de servir a las necesidades productivas inmediatas, el nuevo sistema de escuelas rurales fue visto como un medio para lograr el ideal maoísta de que "las masas se conviertan ellas mismas en dueñas de la tecnología", reducir la necesidad de universidades y escuelas urbanas especializadas, impedir el crecimiento de una intelligentsia tecnológica y por esto contribuir a la realización de los objetivos marxistas de abolir las distinciones entre ciudad y campo y entre trabajo mental y manual. El utopismo radical que caracterizó a la comunización no estuvo confinado a la esfera socioeconómica, sino que se extendió a la esfera política también. La elección maoísta del término "comunas" para caracterizar las nuevas formas de organización social no era fortuita. Derivó del análisis de Karl Marx de la Comuna de París de 1870

y una identificación marxista de la Comuna de París como el modelo histórico de

dictadura del proletariado. Una forma en que el modelo marciano de la Comuna de París se reflejaba en la práctica maoísta era en la militarización general del trabajo y la vida. El propósito es incrementar la productividad del trabajo. Pero el resultado sería el agotamiento físico a los campesinos que fueron sometidos a exigencias físicas intolerables y a un creciente y poco práctico aumento de la jornada de trabajo. Más en armonía con el concepto marxista de Comuna estuvo el renacimiento de las milicias populares y el armado del campesinado, medidas que acompañaron la comunización y coincidieron con la crisis del estrecho de Taiwán de agosto de 1958. En la literatura de la época, la "guerra contra la naturaleza" interna fue relacionada

estrechamente con la amenaza de agresión externa. A pesar de que el peligro inmediato de guerra sobre Quemoy y Matsu pronto pasó,

la campaña de las milicias continuó. El renacimiento de las milicias populares (un acto

presentado en términos del ideal de la Comuna de abolir el ejército establecido)

pronto sería tema de discusión de una encarnizada lucha política sobre la naturaleza y

el papel del Ejército Popular de Liberación regular.

Quizás el aspecto más radicalmente utópico de la comunización fue el papel asignado a las comunas en la reorganización y el ejercicio del poder político. De la literatura teórica maoísta de 1958 surgió con fuerza que las comunas habían sido concebidas como órganos de la "dictadura del proletariado", aunque sin un proletariado urbano. Se puso énfasis en el papel de la comuna en “fusionar” la unidad económica básica de la sociedad con los "órganos del poder estatal" básico, un paso saludado como el comienzo de un proceso en el cual las funciones internas del estado desaparecerían gradualmente. La visión del "marchitamiento" del estado fue el más utópico de todos los objetivos utópicos proclamados y popularizados durante el período inicial de la comunización. En la literatura maoísta de la época aparece con constantes referencias al modelo marxiano. Las funciones política que los maoístas le asignaban a las comunas en teoría y las realidades de la comunización, plantea un serio desafío al funcionamiento de la burocracia existente del partido y el estado. Las implicaciones antiburocráticas de la comunización eran inequívocas y los burócratas con intereses creados en el orden previo al Gran Salto pronto comenzaron a responder a la amenaza.

El primer retroceso

La comunización había comenzado en 1958 ayudado por una cosecha inusualmente generosa y extendido entusiasmo popular. Para fines del otoño, el movimiento estaba siendo abrumado por la escasez de alimentos y una marcada declinación de la moral campesina. La rapidez con que fueron establecidas las comunas ocasionó un caos organizativo, combinado con la falta de personal capacitado para manejar los complejos asuntos fiscales de las comunas y las nuevas formas de trabajo y vida comunal dentro de ellas. Los campesinos provenientes de las granjas colectivas más ricas se resentían de la nivelación económica que provino de su fusión con los campesinos de granjas colectivas más pobres y expresaron su insatisfacción sacrificando y consumiendo animales en vez de entregarlo a la Comuna.

Y los campesinos en general se llegaron a resentir ante las asignaciones arbitrarias de

trabajo, las desigualdades en la remuneración y la administración ineficiente de los

comedores y de otras instalaciones comunales. La movilización de la mano de obra campesina para proyectos industriales, la irrigación y construcción causaba a menudo

el descuido de la producción agrícola y escasez de alimentos. Un quiebre general en la

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planificación económica nacional llegó a grandes ineficiencias en la producción y distribución de bienes materiales, cuellos de botella en un sistema de transporte

sobrecargado, políticas fiscales basadas en informes de producción inflados y escasez de materias primas para la industria.

A medida que las dificultades económicas se multiplicaban y la insatisfacción

popular crecía, los dirigentes del partido se reunieron en Wuhan el 28 noviembre para intentar restaurar la estabilidad económica. Finalizaron el 10 diciembre con una resolución que mantenía buena parte de la retórica utópica del verano y otoño reafirma que las comunas rurales serían el instrumento para la transición final al comunismo, pero que establecía políticas diseñadas para moderar el radicalismo político y social de la comunización. Las políticas fueron aprobadas implementadas a pesar de la oposición de Mao. Entre las medidas más importantes adoptadas en Wuhan estaba el restablecimiento de la "brigada de producción" como la unidad básica de producción, una reversión a la granja colectiva anterior a la Comuna basada en la aldea natural, aunque la Comuna retenía la propiedad de las empresas industriales locales. Llamaba a una restauración de la propiedad individual de bienes personales y la restauración de las pequeñas parcelas familiares para la producción suplementaria de alimentos y de la propiedad individual familiar de pequeños animales domésticos y de aves de corral. El Comité Central exigía el restablecimiento de la plena autoridad de los órganos regulares del partido y del estado sobre el campo. Otras reuniones del partido en los primeros meses de 1959 moderaron el funcionamiento de las comunas establecieron controles centralizados más estricto. Estas reuniones estuvieron dominadas por Liu Shaoqi. La decisión supuestamente voluntaria de Mao de renunciar como Jefe de Estado fue anunciada por el Comité Central durante la reunión de Wuhan y la posición de presidente de la República popular le fue conferida a Liu en abril de 1959. Mao mantuvo el puesto más

importante de presidente del partido, pero ya no tenía más el control del aparato. Más tarde, se quejaría de que fue tratado como un antepasado muerto.

La primera mitad de 1959 estuvo marcada por debates partidarios cada vez más

enconados sobre la política socioeconómica, centrados en las comunas. Para el verano

de 1959, la mayoría de las comunas eran poco más que estructuras administrativas huecas. Los comedores comunales fueron abandonados, los campesinos estaban dedicados al trabajo de sus parcelas familiares privadas y los mercados rurales

privados (abolidos a fines de 1957) reaparecieron. Las condiciones económicas continuaron deteriorándose. La escasez de materias primas y las dificultades de transporte estorbaban la producción industrial. Y las inundaciones y sequías tuvieron ominosas consecuencias para la producción agrícola y la economía nacional en general. A medida que la situación económica se volvía más crítica, la lucha política entre los maoístas y la jerarquía del partido se intensificaba. Giraba en torno a lo que los maoístas llamarían "los dos caminos", uno llevando de vuelta hacia el capitalismo y el otro progresando hacia el socialismo y el comunismo. A principios de agosto, el Comité Central del partido se reunió para su 8º Pleno en el centro de vacaciones de Luchan en la provincia de Jiangxi.

El pleno de Lushan

Los dirigentes del Partido Comunista chino confrontaron tres temas de importancia trascendental en la reunión de Lushan: el futuro de las comunas y el Gran Salto, el futuro político de Mao y el control del Ejército Popular de Liberación. Los tres temas aparecieron juntos en la dramática confrontación entre Mao y Peng Dehuai, un revolucionario veterano que había jugado un papel muy importante en la historia del ejército rojo desde que se uniera a Mao en Jinggangshan en 1928 y que había dirigido a las fuerzas chinas en la guerra de Corea. En su condición de Ministro de Defensa, dirigió una delegación militar china en visita a la Unión Soviética y los países de Europa Oriental, en la primavera de 1959. Durante el curso de sus viajes, Peng les expreso a Jrushchov y a otros dirigentes comunistas extranjeros, su descontento con las políticas de gran salto y el liderazgo de Mao. La campaña del Gran Salto estaba socavando el desarrollo industrial y tecnológico dentro de China y socavando la alianza china-soviética. Y amenazando al ejército profesional estaba el discurso maoísta de hacer renacer las milicias populares. Cuando Peng volvió a China a mediados de junio, lanzó un ataque contra las políticas del Gran Salto. Condenaba la comunización, el colapso del planificación nacional, la alineación del Partido de masas y las condiciones económicas y políticas, todo lo cual atribuía al "fanatismo pequeño burgués" de los maoístas. Aunque es más dudoso que Peng estuviera involucrado Jrushchov en alguna conspiración anti-Mao, éste les debe haber parecido el caso a Mao y otros.

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Mao no era totalmente falto de crítica sobre su propio papel en el Gran Salto. En Lushan Mao se criticó asimismo por promover la campaña de acero en el patio y por empujar la comunización con excesivo apuro. Si se dejaba que el Gran Salto de las comunas pereciera, él prometía ir al campo a dirigir a los campesinos para derribar el gobierno. Si ustedes en el Ejército de Liberación no me siguen, entonces diré y encontraré un Ejército Rojo y organizaré otro Ejército de Liberación. No sólo desafió al partido a elegir entre él y Peng Dehuai, sino que ligaba la cuestión de su liderazgo personal sobre el Partido a su política sobre las comunas y al liderazgo maoísta sobre el ejército. Cuando el 8º Pleno del Comité Central se reunió, pero se encontró políticamente aislado y su crítica al Gran Salto estaba en descrédito político también. Pero fue destituido como Ministro de Defensa y sus partidarios fueron eliminados de sus posiciones clave en el ejército. En septiembre fue sucedido por Lin Biao.

El cómo ni oficial que surgió el 26 agosto de la reunión de lo usan fue bastante

cándido al reconocer los fracasos del gran salto. Fue particularmente crítico con la ahora abandonada campaña de producción de acero en el patio y la ausencia de planificación y dirección central. También se admitía que los celebrados a aumento en la producción de 1958 habían sido groseramente sobrestimados. Convocaba a revivir

el gran salto adelante y reafirmaba la validez y viabilidad de las comunas populares. Las dificultades experimentadas por las comunas eran atribuidas a "oportunista de derecha" que subestimaban los logros y sobrestimaba los de afecto. Los comedores comunales serían restaurados y las parcelas privadas de los campesinos reducidas. Por el momento, el concepto de propiedad comunal de la tierra fue rechazado.

La revitalización del gran salto en el otoño de 1959 y el invierno de 1960 fue un

pálido reflejo del movimiento original y la victoria política de Mao en lucha pronto resultó ser una victoria vacía. Las exhortaciones ideológicas maoístas cayeron en oídos sordos, mientras las inundaciones y las sequías arruinaban la mayoría del campo y la

carestía de alimentos se extendía después de la pobre cosecha. Los campesinos resistían la introducción de comedores y abolición de sus parcelas privadas y los desmoralizados cuadros rurales del partido estaban poco inclinados a apurar los acontecimientos.

A 159, Mao había llegado a reconocer la gravedad de la situación económica y

aceptar la inevitabilidad del desmantelamiento del Gran Salto. En los siguientes meses, Mao silenciosamente se retiró de los asuntos cotidianos del partido y de la vida

política, aunque sin renunciar a su posición formal de presidente del partido y aparentemente acertó la reafirmación del poder de las organizaciones regulares del partido del estado, personificada en el creciente dominio de yuppie Shaoqi. Mao ya no se consideraba más al partido como un instrumento confiable de cambio social revolucionario. Llegó a concluir que la burguesía había llegado domina el partido en 1960, Mao Llera dirigía ni el partido ni el estado ni determinaba las políticas que éstos seguían. Lo que quedaba de su victoria de lucha era un tema de control del ejército a través de su protegido Lin Biao. El último acto del Gran Salto adelante fue un intento de establecer comunas en las ciudades durante la primera mitad de 1960. El movimiento urbano fue detenido en diciembre de 1958, a causa de la complejidad de la vida urbana y de la persistencia de la ideología burguesa en las ciudades, que hacía de la comunización urbana una tarea más difícil que la comunización del campo. El propósito ya no era la revolución social sino la supervivencia económica. A diferencia de las comunas rurales, las comunas urbanas pronto desaparecerían por completo, a medida que las condiciones económicas mejoraban en 1961. Antes de que este mejoramiento llegara, el pueblo chino tanto en la ciudad como en el campo, sufriría los años más difíciles y calamitosos de la historia de la República Popular. Más del 60% del área cultivada sufrió inundaciones o sequías y la producción agrícola se derrumbó. A medida que la hambruna amenazaba al país, la producción industrial cayó por el daño a las cosechas industriales, las interrupciones en el sistema de transportes, la transferencia de mano de obra a las áreas designadas oficialmente como de desastre y porque los trabajadores estaban físicamente exhaustos y debilitados por una escasez de alimentos cada vez más crítica. La crisis económica se complicó gravemente en el verano de 1960, cuando Nikita Jrushchov retiró abruptamente científicos y especialistas industriales soviéticos que trabajaban en empresas chinas. La explicación oficial soviética argumentaba que los especialistas rusos habían sido maltratados por sus anfitriones chinos. Una larga serie de acontecimientos precedió a la ruptura final entre los dos países. La furia rusa ante el Gran Salto Adelante y el abandono del “modelo soviético” por parte de los chinos coincidió con el resentimiento chino por la falta de apoyo soviético en las crisis de Quemoy-Matsu de 1958 y las disputas fronterizas con la India de 1959. La visita de rusos a Pekín, su ridiculización en público a las comunas y el asunto de Peng Dehuai, sirvieron sólo para exacerbar la creciente hostilidad entre los dos países y entre Mao y

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Jrushchov personalmente. En abril de 1960 los chinos emitieron la que era una declaración pública de independencia de la Unión Soviética, en el campo de los asuntos internacionales tanto como en la política interna. En junio, en el Congreso del PC rumano en Bucarest, cuando Jrushchov lanzó un mordaz ataque contra China y el delegado chino Peng Zheng le replicó del mismo modo. Jrushchov ordenó a los especialistas rusos que volvieran a casa y que trajeran sus diseños con ellos. El fin de la ayuda tecnológica rusa asestó otro golpe debilitante a la economía china. El hambre atravesaba el país mientras la producción de grano caía agudamente. La producción aumentó levemente recién en 1961, sin volver a las cifras de 1957 hasta 1965. La producción de granos alimenticios per cápita fue restaurada a su Nivel inmediato anterior al Gran Salto sólo a comienzos de la década de 1970. Algunos investigadores han concluido que perecieron unas 30 millones de personas. Mao Zedong, el principal autor del Gran Salto, carga con la máxima responsabilidad moral e histórica por el desastre humano que resulto de la aventura. Pero esto no hace a Mao un asesino de masas como Hitler o Stalin, como se suele retratar ahora. No fue intención de Mao matar a una parte del campesinado. La atmósfera política del gran salto, no sólo la escasez de alimentos, fue responsable por la hambruna que llevó al movimiento a su trágica conclusión. Los cuadros rurales locales, bajo intensa presión de los altos funcionarios del partido para producir resultados espectaculares, respondieron inflando groseramente las cifras de producción. Con la presunción errónea de que el campo mantenía un amplio excedente, el estado abandonó las moderadas políticas de solicitud y elevó agudamente las cuotas de verano que los campesinos estaban forzados a vender a las tiendas del gobierno a bajo precio y la gravedad de la situación no fue reconocida en Pekín hasta 1960. Las cuotas del gobierno fueron eliminadas, pero no antes de que la hambruna amenazara muchas áreas rurales. La crisis se complicó porque los funcionarios locales ocultaron la escasez de alimentos y las condiciones de hambruna. En un clima político dominado por la constante caza de brujas contra los derechistas, los temerosos funcionarios locales a menudo mentían a sus superiores sobre la grave situación del campesinado. Como consecuencia, los suministros de ayuda nunca fueron enviados a muchas áreas que sufrían de desastres de origen natural o causados por el hombre o llegaron demasiado tarde. Como resultado, murieron millones.

La campaña del Gran Salto Adelante que comenzó con tan grandes esperanzas en 1958, terminó en 1960 con un desastre económico y humano para China y una debacle política para Mao Zedong. Creó un legado de amargura y desconfianza entre el campesinado y el Partido Comunista. El Gran Salto contribuyó además el colapso de la alianza chino-soviética, agregando una situación externa cada vez más precaria a una grave crisis económica interna. Medio rodeado por bases militares estadounidenses no hostiles, China enfrentaba ahora a una nueva amenaza soviética por el norte. Los políticos de la República Popular estaban en hostil confrontación entre ellos.

PARTE IV. LA REACCIÓN TERMIDOREANA 1960-1965

Capítulo 14: La restauración burocrática

hina, donde el estado burocrático tenía raíces excepcionalmente profundas y se había manifestado con sofisticación en los tiempos antiguos y medievales, C estaba lejos de ser inmune a las influencias burocráticas de su pasado y a los imperativos burocráticos en su desarrollo económico y político moderno. Aunque la victoria comunista de 1949 destruyó la burocracia del Guomindang, que era notoriamente corrupta y opresiva, no cambia fundamentalmente las condiciones que permitían que la burocracia pudiera desarrollarse. Tuvo lugar un proceso masivo de centralización burocrática, estrechamente asociado al logro de la unificación nacional y al impulso para una rápida industrialización. La burocracia comunista creció rápidamente en los años 50. El crecimiento de la burocracia y su adquisición de un carácter rutinario fue detenido temporalmente durante la época de Gran Santo Adelante, se reinició con renovado vigor en el trágico periodo que siguió a este fallido movimiento. La burocratización de la sociedad china en los años 50 y 60 fue totalmente inconsistente con las enseñanzas marxistas sobre la naturaleza del socialismo y sus requisitos esenciales. El socialismo exige la abolición del estado y la burocracia, así como presuponía la abolición de la sociedad clasista de la cual estos surgieron. Marx reconoció que bajo ciertas condiciones sociohistóricas, el estado burocrático podía lograr una gran medida de independencia y una burocracia autónoma que podía

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llegar a dominar la sociedad. Pero no creía que tales condiciones pudieran prevalecer inmediatamente después revolución socialista. Incluso es una de las ironías de la historia del marxismo en el siglo XX que las revoluciones exitosas de inspiración marxista no fueran resultado en la reducción burocrática y menos en un proceso de marchitamiento del estado, sino más bien en el crecimiento de burocracias más masivas en escala, poderosas y más independientes que aquellos a las que reemplazaron. Pero Marx nunca anticipó la posibilidad de revoluciones socialistas en los países económicamente atrasados. China en 1949 sufría de la ausencia de la mayoría de las condiciones que los marxistas pensaban que producirían una sociedad gobernada por los productores inmediatos en vez de una nueva burocracia. Sumándose a las condiciones que favorecerían la burocratización estaban los imperativos de centralización política y rápido desarrollo económico nacional en un país por largo tiempo agobiado por sublevaciones políticas caóticas y la pobreza. La destrucción de las clases propietarias eliminó las últimas limitaciones al crecimiento de una burocracia autónoma. Bajo tales condiciones, era inevitable que un amplio aparato burocrático se elevara sobre la sociedad y llegara a ser la fuerza dominante. Con todo, mientras la nueva burocracia gobernante crecía en la República Popular, su poder era relativamente restringido. Las restricciones fueron impuestas por dos factores. Uno fue la prolongada influencia de la herencia revolucionaria igualitarios forjados durante las heroicas luchas de los años 30 y 40. El otro, la gran autoridad personal y prestigio popular de Mao Zedong, cuya profunda hostilidad hacia la burocracia se unía con el reclamo de mantener una especial relación con el pueblo. Mao no estaba menos interesado que Stalin en mantener su supremacía personal sobre el aparato organizativo comunista, pero su método fueron muy diferentes. Mientras que Stalin enfrentaba una institución burocrática con otra para mantener su supremacía personal, Mao estaba inclinado a provocar movimientos de masas populares contra sus enemigos burocráticos. La revitalización revolucionaria de fines de los años 50 no eliminó la burocracia, pero sirvió para mitigar el poder de una burocracia instalada por encima de la sociedad. Sin embargo, la retirada del Gran Salto en 1960 y la retirada de Mao del centro de la escena política, llevaron a la reasunción del poder por la burocracia del partido y del estado. Enfrentados por la pura subsistencia, el ánimo de las masas se volvió hosco y

apolítico. Una población desmoralizada y políticamente apática es una condición en la cual la burocracia siempre prospera. El ánimo de los tiempos era el retorno al orden. La burocratización dominó todos los aspectos de la vida económica, social y política china a comienzos de los años 60, pero el fenómeno tuvo su asiento principal en el mismo Partido Comunista Chino, que controlaba la administración formal del estado, el Ejército, las organizaciones de masas y la unidad básica de la organización social tanto en la ciudad como en el campo. La historia del partido y de sus 17 millones de miembros, entre 1960 y 1965 estaba moldeada por la reafirmación de los principios leninistas fundamentalistas de organización política, particularmente el principio del papel crucial del partido de vanguardia. El partido sería un aparato altamente centralizado dirigido por un líder algo revolucionario poseedor de una conciencia genuinamente socialista y que funcionaba con precisión militar; una organización disciplinada en la cual el centro del partido ejercía la apropiada disciplina sobre sus cuadros, quienes, a su vez, disciplinaban y organizaban a las masas para la acción efectiva. Esta concepción de la naturaleza del partido estaba naturalmente acompañada por una típica hostilidad leninista a la espontaneidad de las masas. La espontaneidad de las masas fue acusada de socavar la estabilidad del orden posrevolucionario en general y la organización y la autoridad del partido en particular. Para fines del Gran Salto, la estructura organizativa del partido había sido gravemente debilitada y sus miembros habían quedado desmoralizados. Los funcionarios del partido, que ahora comenzaban a volverse más hacia el liderazgo de Liu Shaoqi que hacia el de Mao Zedong, estaban intentando restablecer la autoridad leninista y la legitimidad del partido. Uno de sus primeros actos fue echar la culpa del desastre del Gran Salto a los cuadros de nivel inferior del partido que fueron acusados de un amplio conjunto de deficiencias ideológicas marxistas-leninista. No habría que culpar al partido en sí por las dificultades y problemas que asolaban a la sociedad china, sino más bien a las faltas y errores de algunos de sus miembros individuales. Se mantuvo por el momento el mito de la infalibilidad del partido leninista. La disminución de la importancia de los cuadros de unidad básica estuvo acompañado naturalmente por un incremento en el poder y la autoridad de los órganos intermedios y altos de la jerarquía del partido, especialmente la autoridad de los comités del partido provinciales, regionales y urbanos. La centralización del aparato del partido fue reforzada por establecimiento en 1960 de nuevas oficinas

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regionales directamente vinculadas al Comité Central y de un nuevo énfasis puesto en el papel de las comisiones de control, que hasta el momento habían desempeñado sólo un rol relativamente limitado en el partido. Se establecieron nuevas escuelas para el entrenamiento de cuadros disciplinados y la directiva enfatizaron las virtudes leninistas de una estructura organizativa estrechamente unida, estricta adherencia a las reglas y procedimientos formales del partido y la obediencia debida de los órganos. Si el Partido Comunista chino está en proceso de ser transformado de una organización revolucionaria en un aparato burocrático profesional con fuertes intereses creados en su propia auto preservación y perpetuación, tenían interés igualmente fuerte en preservar a la sociedad de la cual había surgido y a la cual gobernaba. Y la preservación requería superar la grave crisis económica en la cual la campaña del Gran Salto Adelante había degenerado. Para fines de 1961, las condiciones tanto la ciudad como el campo se habían estabilizado y la producción comenzó a incrementarse después de tres años sucesivos de declinación. La rapidez de la recuperación de condiciones económicas casi desastrosas y la renovación del crecimiento pueden ser atribuidas a la efectividad organizativa del Partido Comunista chino y la precisión burocrática con que funcionaba. Durante los primeros años de la década de 1960, Mao Zedong ocupó una posición muy ambigua en la vida política de la República Popular. Mao seguía siendo el presidente del partido, pero no controlaba su aparato ni determinaba sus políticas; en realidad, las políticas que desarrollaba el partido le repugnaban cada vez más. A Mao se le rendía el debido homenaje como líder de la revolución y del partido, pero no podía asumir el liderazgo de la nación. La importancia de sus palabras era ignorada en buena medida por la mayoría de los dirigentes del partido. La brecha entre la teoría comunista china y la práctica se ampliaba el conflicto entre los maoístas radicales y los burócratas del partido se hacía cada vez más agudo e irreconciliable. Poco después de su victoria sobre Peng Dehuai, Mao se retiró de los asuntos cotidianos del partido. La retirada estuvo motivada por su conocimiento de que las críticas de Peng al Salto Adelante eran compartidas por los dirigentes del partido. El control sobre el partir sus políticas cayó en las manos de dirigentes cautelosos, los "termidorianos", estaban menos interesados en el cambio social en el orden político y la eficiencia económica. El más prominente de las termidorianos era Liu Shaoqi, el jefe de estado formal del República Popular, el vicepresidente del partido, el heredero informal de Mao y el leninista más ortodoxo de los dirigentes comunistas chinos.

Otro era Deng Xiaoping, quien, como secretario general del partido, mantenía un amplio poder sobre su aparato organizativo. La ascendencia de Liu y Deng estuvo acompañada por la restauración de la autoridad de los burócratas del partido, cuyo poder había sido eclipsado durante la época del Gran Salto. Los funcionarios que dirigían el partido eran Lu Dingyi, Peng Zhen y Luo Ruiqing y los planificadores económicos que habían sido los arquitectos se Primer Plan Quinquenal, como Chen Yun, Li Fuchun y Bo Yibo. Habían sido críticos de las políticas del Gran Salto y ahora precedían a desmantelar aquellas políticas y hacer volver a China a la condición de normalidad. Con la desintegración del Gran Salto y su consecuente aislamiento del centro del poder político, Mao comenzó sufrir una típica falta de confianza en el futuro de la revolución. Ya no mantuvo más esperanzas de una inminente transición del socialismo al comunismo. La promesa de un milagro económico del Gran Salto Adelante se desvaneció en forma similar. No sólo las visiones del comunismo se debilitaron, sino que también la confianza en la continuación de la viabilidad del sistema existente. No estaba de ninguna manera segura a los que esta prolongada lucha de clases tuviera un final favorable. Aunque Mao tenía menos confianza que antes acerca del futuro de la República popular, no cayó en un estado de parálisis política. No estaba dispuesto jugar el papel de un antepasado muerto. Si Mao no podía controlar la burocracia del partido, los burócratas del partido eran incapaces de controlar a Mao. No podían eliminarlo físicamente de la escena política o de su posición formal como presidente del partido sin arriesgarse a una lucha política masiva y una violenta guerra civil. Mao contaba con la lealtad de la mayoría del Ejército Popular de Liberación, en gran medida a través de los refuerzos de Lin Biao. Las termidorianos apreciaban el orden y por esto estaban intentando restablecer la estabilidad social, económica y política. No deseaban empeorar el caos que habían heredado precipitan una nueva crisis política de consecuencias impredecibles. Prefería utilizar a Mao para sus propios objetivos. Invocaron su nombre como símbolo de unidad nacional y sus consignas para promover el orden no maoísta estaban intentando construir. Sin embargo, sería Mao quien planteara los desafíos políticos y forzar a las confrontaciones. En los años 1960 y 1961 Mao intervino aparentemente poco y nada en el trabajo del partido. Surgió de una relativa reclusión política en enero de 1962, con un discurso pronunciado ante una conferencia nacional de trabajo del partido. El discurso fue un

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áspero y amplio ataque crítico sobre los métodos y prácticas burocráticos que habían llegado a dominar la vida del partido. Mao se centró en el principio leninista del centrismo democrático, una fórmula muy enfatizada por Liu Shaoqi y otros dirigentes del partido durante los últimos dos años. Enfatizando la democracia sobre centrismo, Mao estaba expresando su fe permanente en la espontaneidad revolucionaria iniciativa de las masas, a la vez condenando a los dirigentes del partido que carecían de esa fe. Para Mao, la democracia significaba que las masas hablarían primero, aunque no necesariamente tendrían la última palabra. Otra tesis que Mao seguía era que la lucha de clases persiste en una sociedad socialista. El discurso de Mao no tuvo efecto visible en las políticas y prácticas del partido. Mao habló de nuevo en septiembre de 1962 en el 10º Pleno del Comité Central destacando la necesidad e inevitabilidad de la lucha de clases para combatir el creciente peligro del revisionismo. También convocó a una campaña educación ideológica masiva para los cuadros del partido y las masas. Esto fue aprobado debidamente por el Comité Central y se desarrollaría durante los siguientes tres años y medio bajo el nombre de "Movimiento de Educación Socialista". Para los maoístas, los objetivos de la nueva campaña eran revolucionar el partido y el pensamiento y comportamiento de su cuadro, elevar la conciencia ideológica y el espíritu socialista de las masas y revertir lo que consideraban como tendencias "capitalistas" y revisionistas en la vida social y económica del país. Las frustraciones y temores de Mao y los maoístas crecían. Las propias frustraciones de Mao eran políticas. E incapaz de controlar al partido que había construido y ha dado a través de más de dos décadas de lucha revolucionaria. Para Mao, la burocracia había estado siempre entre los peores males. La veía no tanto en un sentido marxista, como un reflejo y producto de los males de la sociedad, sino más bien en un sentido anarquista, como un mal impuesto sobre la sociedad, como una fuente principal de vicios sociales y desigualdades. Mao estaba luchando por el poder político, estaba determinado a recuperar la supremacía y a eliminar los obstáculos burocráticos que se encontraban en su camino. Pero si Mao consideraba a la burocracia como un mal, también consideraba como un mal a las políticas socioeconómicas que los burócratas del partido estaban desarrollando. Si encontraba intolerable su propia pérdida de poder, no encontraba menos intolerable la dirección hacia la cual se estaba moviendo la sociedad china.

CAPITULO 15: LA NUEVA POLITICA ECONOMICA 1961- 1965

Durante la Revolución Cultural las políticas económicas fueron condenadas por llevar a China a un retroceso del “socialismo” al “capitalismo”, y los dirigentes del Partido responsables por implementar esas políticas fueron purgados como “seguidores del camino capitalista” a supuestamente habían ejercido una “dictadura burguesa”. Este, en resumen, era el juicio maoísta de los años 70. Comparación de las políticas económicas desarrolladas por Liu Shaoqi a comienzos de los años 70 con las adoptadas por Lenin en la Unión Soviética 40 años

antes. En 1921, Lenin introdujo la Nueva Política Económica para rehabilitar la economía rusa después de las destrucciones de la 1ra Guerra Mundial, la revolución y la consiguiente guerra civil. La NEP apoyaba las formas capitalistas de actividad económica; establecía la “economía mixta”, parcialmente estatal y parcialmente privada. Mientras las grandes empresas privadas industriales quedaron en manos del gobierno bolchevique, la empresa privada fue permitida en las pequeñas industrias y el comercio. El campo en gran medida fue abandonado a sí mismo, dejado libre para el desarrollo de las granjas capitalistas de pequeña escala y el funcionamiento del mercado. Se fomentó la importación de capital extranjero para el desarrollo industrial, y se adoptaron métodos capitalistas de administración y organización del trabajo (taylorismo), aun en las empresas estatales. Las políticas económicas adoptadas por los dirigentes chinos 40 años más tarde eran en algunos aspectos similares a la NEP. Constituían una retirada a gran escala del radicalismo del Gran Salto Adelante en un intento por frenar la grave crisis económica y la hambruna de 1960-1961. En la agricultura se hicieron concesiones al “pequeño capitalismo”, principalmente permitiendo la extensión de las parcelas privadas trabajadas por las familias campesinas individuales. En la industria, el mayor énfasis se puso en el criterio de “productividad” en la operación de las empresas, y se fortaleció la autoridad de los administradores y tecnócratas. Se les dio amplio alcance

a las fuerzas del mercado y los precios, y se enfatizaron los incentivos materiales más

a los morales. Sin embargo, el programa chino no era un reflejo total del soviético. La producción agrícola permaneció básicamente colectivizada. Las industrias, grandes y pequeñas, permanecieron bajo la propiedad estatal, y el comercio en general

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permaneció bajo control centralizado del gobierno. No se extendieron invitaciones al capital extranjero. La versión china de la NEP comenzó con una serie de medidas de emergencia ad hoc en 1960 para combatir la crisis de una extendida escasez de alimentos y la amenaza de hambruna. Parte del problema era la distribución, y esa parte fue manejada por un vigorizador aparato estatal centralizado, a través de un eficiente sistema de racionamiento y transporte. La producción fue revivida a través de la combinación del control centralizado del Partido sobre el campo, la virtual eliminación de los controles de las comunas sobre los productores individuales campesinos, y la asistencia urbana a las zonas rurales. Cientos de miles de cuadros del partido fueron enviados a las aldeas. Fueron reforzados con soldados, estudiantes y millones de desempleados urbanos enviados al campo para dedicarse a las labores agrícolas Las pequeñas parcelas rurales privadas familiares fueron restauradas, el mercado libre fue restablecido en las zonas rurales, los bienes personales y las viviendas a habían sido “comunicados” fueron devueltos, y a los campesinos se les permitió reclamar tierras sin cultivar y trabajarlas para sí. Desde las ciudades llego ayuda de emergencia como insecticidas, fertilizantes químicos y pequeñas herramientas de labranza. Para fines de 1962, la economía agraria ya estaba estabilizada. Estas medidas procedieron bajo la política de tomar “la agricultura como base de la economía y la industria como el sector líder”, consigna adoptada por el Partido en enero de 1961. Significaba dar prioridad al sector agrario y aceptar una tasa más lenta de desarrollo industrial, significaba a no habría retorno a la estrategia estalinista, a subordinaba la agricultura a la industria pesada. *Declinación de las comunas: el abandono del Gran Salto no provoco la abolición de las comunas populares, aunque produjo una drástica reducción de su tamaño. Las comunas permanecieron como unidades básicas en el campo, pero operaban bajo la dirección de funcionarios estatales asalariados a eran responsables por la implementación de las políticas determinadas por el centro. Las funciones socioeconómicas de las comunas fueron mutiladas. Las directivas del Partido de los años 70 denunciaban el “igualitarismo” en la distribución del producto agrícola y apoyaban el uso de incentivos materiales para promover la producción La operación de las industrias comunales fue desaconsejada a favor de a los campesinos compraran bienes producidos en las fábricas urbanas. Además, la

unidad básica de trabajo fue progresivamente reducida de la comuna como un todo a la brigada de producción y finalmente al equipo de trabajo. Para comienzos de 1962, el equipo de trabajo, consistente en alrededor de 20 o 30 familias, fue establecido como unidad principal para la organización de la mano de obra y la producción La autonomía de las comunas fue aún más reducida, transfiriendo el control de sus asuntos comerciales y financieros a los gobiernos de los xian (condados), órganos del aparato administrativo centralizado del estado. La administración de los xian también asumió el control de la milicia de la comuna y sus instituciones educativas y de salud. Los tractores entregados durante el Gran Salto fueron devueltos a las estaciones de tractores del estado, a arrendaban los tractores a las comunas, entregando las ganancias de estos alquileres al estado. Las políticas del periodo facilitaron el crecimiento de un capitalismo subalterno en el campo. Dados los altos precios de las frutas, vegetales y animales domésticos a podían ser enviados al mercado libre, la mayoría de los campesinos estaban dispuestos a dedicar más tiempo y energía a sus tenencias privadas a al trabajo colectivo. Además, el trabajo colectivo en los equipos de trabajo no era de ningún modo conducido igualitaria mente. Se introdujeron complejos sistemas de puntos de trabajo para remunerar a los campesinos de acuerdo con su productividad individual. Tanto el sistema de puntos de trabajo en la producción colectiva como las nuevas oportunidades o la producción suplementaria en las parcelas privadas inevitablemente beneficiaban a los campesinos más productivos, físicamente más fuertes, más experimentados y de mente más empresarial. El resultado fue cada vez mayores diferencias de ingresos entre la población rural. El problema de la creciente desigualdad fue exacerbado por un problema mucho mayor de la corrupción entre los cuadros rurales del Partido. Entre los maoístas también había corrupción, la diferencia se centraba más en los métodos a usarse q en las metas a lograr: mientras q Liu y la mayor parte de los dirigentes del Partido estaban inclinados al uso del aparato centralizado del Partido y del estado para rectificar la situación rural, Mao y los maoístas deseaban estimular un movimiento popular basado en la movilización ideológica y política de los campesinos más pobres. *La reorganización de la industria: Como en las áreas rurales, las nuevas políticas en las ciudades fueron inicialmente medidas de emergencia. En 1960 y 1961, algunas fábricas habían cerrado y muchas estaban operando con su capacidad reducida por falta de materias primas y abastecimientos adecuados. La mayoría de las empresas y

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tiendas eran ineficientes. Para 1962, la producción industrial había declinado. Las ciudades estaban llenas de desempleados y subempleados, con sus filas incrementadas por millones de campesinos emigrantes de las áreas rurales más deprimidas. El primer paso dado por el gobierno para restablecer una economía urbana viable fue una política estricta de ahorro financiero. Miles de fábricas y tiendas económicamente ineficientes fueron cerradas y la mayoría de los trabajadores de las grandes empresas contratados durante el Gran Salto fueron despedidos. Se congelo la contratación de nuevos empleados. La fuerza industrial fue reducida a la mitad. Una 2da medida fue enviar la población urbana excedente al campo (movimiento de “retorno a la aldea”) El problema a largo plazo de modernizar el sector industrial fue abordado a través de la reintroducción de la planificación económica centralizada, combinado con cierto grado de autonomía económica para las empresas individuales y la confianza en las fuerzas del semi-mercado, el fortalecimiento de la autoridad de los administradores, un renovado énfasis en el conocimiento tecnológico y científico, y una fuerte insistencia en los incentivos financieros para los trabajadores. La dirección sobre la economía en general retorno a los ministerios de Beijing, y los arquitectos del 1er Plan Quinquenal volvieron a tener importancia. La autoridad de los administradores en las fábricas y empresas fue restablecida. Los administradores y los expertos en tecnología recuperaron el control sobre las operaciones de las empresas industriales, ahora bajo un sistema más flexible y autónomo llamado “autoridad operativa independiente”. Resurgió la distinción tradicional entre administradores y trabajadores. Dentro de la clase obrera aparecieron diferenciaciones económicas Aunque las nuevas políticas industriales restauraron muchos de los rasgos del 1er Plan Quinquenal, no se trataba de un retorno total al “modelo estalinista”. La política de "tomar a la agricultura como base” se emprendió hallando expresión concreta en un cambio significativo de la inversión de capital del desarrollo industrial urbano a la agricultura (producción de fertilizantes químicos, herramientas agrícolas modernas, establecimiento de institutos científicos para el desarrollo y aplicación de semillas mejoradas, se emprendió un programa de electrificación rural). La producción agrícola comenzó a revivir en 1962 y fue en aumento. El sector industrial moderno fue estabilizado en 1962. Uno de los resultados del progreso económico fue el surgimiento de nuevas formas de desigualdad. En el campo se dio el ascenso de un nuevo grupo de

campesinos ricos. En las ciudades surgió un estrato relativamente privilegiado de trabajadores industriales más experimentados y calificados, quienes se beneficiaron del sistema de tasa de trabajo a destajo y bonos de incentivo La ausencia de una conciencia colectiva entre los trabajadores facilito, a su vez, una diferenciación creciente entre la clase trabajadores como un todo y la elite burocrática-tecnológica ascendente. Quizá la manifestación de desigualdad más evidente fue la creciente brecha social, económica y cultural entre las ciudades y las áreas rurales. Por ejemplo, dado q la productividad en la industria subía mucho más rápido q en la agricultura, el sistema de bonos servía para aumentar más la diferencia ya considerable entre los ingresos obreros y campesinos. Algo más q ampliaba la brecha eran las políticas educativas orientadas hacia las ciudades y una desigual distribución de los servicios médicos y sociales. El campo estaba siendo explotado en beneficio de las ciudades.

La 3ra Asamblea Popular Nacional, en 1964, reeligió a Liu Shaoqi como Presidente

de la República Popular. Había “nuevos elementos burgueses”, q disfrutaban de privilegios económicos, prestigio social y poder político dentro del orden “socialista” existente. Eran privilegiados a causa de su función y de sus ingresos. Estos “nuevos explotadores” eran “generados” en “los órganos del Partido y del gobierno” (la burocracia). Los procesos de decadencia ideológica acompañaban la desigualdad social y el elitismo burocrático Los lideres q dirigían el aparato del Partido y del estado estaban

preocupados por el orden social, la eficiencia administrativa, el progreso tecnológico y el desarrollo económico El ánimo popular estaba dominado por un ansia por la seguridad y una búsqueda de una mejor vida material. Entre los dirigentes del Partido

y las masas, en su mayoría apáticas políticamente, se ubicaban una inteligencia

tecnológica y los cuadros del estado del Partido q ignoraban cada vez más la ética política maoísta en favor de una ética burocrática vocacional.

*Educación: En una sociedad donde la estratificación estaba basada en el ingreso y

la función, más q en la propiedad, el sistema educativo es una fuerza particularmente

poderosa para promover la igualdad como la desigualdad socioeconómica.

A comienzos de los años 7o las políticas igualitarias llevadas a cabo durante el

Gran Salto, fueron revertidas a favor de las prácticas de mediados de los años 50. La disminución de recursos financieros forzó a muchas escuelas más pobres a cerrar,

restringiendo así las oportunidades educativas para los niños de familias de bajos

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recursos, tanto en la ciudad como en el campo. Las escuelas primarias y medias de las áreas rurales fueron separadas del control comunal y devueltas a la administración de los departamentos de educación de los xian, restaurando así el control del aparato central del estado sobre el sistema educativo rural. Un renovado énfasis en los criterios de admisión estandarizados para las escuelas medias y universidades a través de los exámenes formales trabajo en ventaja de los niños de los grupos sociales más privilegiados y favoreció a la juventud urbana sobre la rural. Surgió un proceso educativo de doble vía, dividido entre ciudad y campo. En las áreas rurales los niños recibían una educación escolar primaria y avanzaban a las llamadas “escuelas medias agrícolas” para la enseñanza de oficios. En las ciudades, las escuelas especiales de alta calidad fueron favorecidas para producir una minoría relativamente pequeña de expertos altamente entrenados para abastecer las filas de la intelligentsia tecnológica y la elite burocrática El sistema educativo de los 70 era más elitista, reforzando las crecientes diferencias socioeconómicas. En el campo de la salud pública, los habitantes de las ciudades disfrutaban de mucho mayor acceso a los servicios médicos modernos q los campesinos y las diferencias entre ciudad y campo en este área (como en otras) eran evidentes y crecientes.

PARTE

V:

LA

REVOLUCION

CONSECUENCIAS, 1966-1976

CULTURAL

Y

SUS

CAPITULO 17: EL CONCEPTO DE REVOLUCION CULTURAL

En 1966 Mao de 72 años de edad, escenifico su drama revolucionario final, “la Gran Revolución Proletaria”. Fue un intento fallido. Al lanzar la Revolución Cultural, Mao proclamo principios e ideales q no pudo (o no quiso) sostener, y desato fuerzas políticas y sociales q no pudo controlar. Los sucesores de Mao en Beijing, mucho de los cuales habían estado entre las victimas políticas de la última revolución de Mao, condenaron la Revolución Cultural como una “catástrofe” de una década de duración (ahora oficialmente fechada como el periodo de mayo de 1966 a octubre de 1976), “responsable por los más severos retrocesos y las más duras pérdidas sufridas por el Partido, el estado y el pueblo desde

la fundación de la República Popular, de acuerdo a la declaración oficial”. La responsabilidad oficial por el movimiento en su conjunto reside en Mao. La Rev. Cultural comenzó con fuertes proclamas de sus dirigentes en apoyo de los principios de la democracia popular, pero las masas populares q atendieron a esas proclamas se subordinaron desde el principio a los pensamientos y la persona de Mao, “el gran timonel”, q se presentaba como la encarnación de la voluntad popular. El movimiento se anunciaba (y así gano mucho de su apoyo popular masivo) como una guerra contra el privilegio y la opresión burocráticos. Los dirigentes maoístas provocaron inicialmente un asalto popular contra el Partido Comunista Chino, prometiendo una estructura política más democrática, pero esos mismos dirigentes al final proclamaron q la Rev. Cultural realmente había buscado siempre “consolidar” al Partido, y poco después el movimiento degenero en una feroz lucha entre los dirigentes comunistas por el control del aparato del Partido. El movimiento proclamo fuertemente la intención de entrenar a la juventud china como “sucesores revolucionarios” de la generación del 4 de Mayo, pero el resultado de la Rev. Cultural fue multiplicar la desilusión y el cinismo políticos entre una generación completa de jóvenes chinos, muchos de los cuales después de la catástrofe se referían a sí mismos como “la generación perdida”. La Rev. Cultural activo políticamente a la clase obrera urbana china, pero las genuinas organizaciones de trabajadores formadas durante las primeras fases del movimiento fueron disueltas y suprimidas desde arriba mucho antes de q la Rev. Cultural fuera oficialmente finalizada, condenando otra vez a la clase obrera china a la pasividad política. La ideología de Rev. Cultural aparentaba hablar en nombre del campo contra las ciudades explotadores, pero la mayoría de los campesinos gano poco con el levantamiento, y algunos perdieron mucho. Al comienzo, los dirigentes de la Rev. Cultural apelaron a la intelligentsia para unirse en una cruzada contra la tiranía burocrática y muchos intelectuales respondieron pero los intelectuales como grupo social llegarían a ser las principales víctimas del virulento anti-intelectualismo del movimiento. Deseando revitalizar el espíritu del socialismo en China, el levantamiento al final solo desacredito la verdadera idea de socialismo a los ojos de muchos chinos, creando una “crisis de fe” en el marxismo y socavando las frágiles bases para el socialismo q existían en la República Popular. *El concepto de Revolución Cultural y los propósitos de la Gran Revolución Cultural Proletaria: Mao no fue el inventor del termino de del concepto de Rev. Cultural. La noción de “Rev. Cultural” está profundamente implantada en el

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pensamiento de la intelligentsia moderna china. Antes de q hubiera marxistas en China, los intelectuales occidentales asociados con el Movimiento Nueva Cultura, estaban convocando a una “Rev. Cultural” para lograr una transformación fundamental de la cultura y la psicología de nación. El termino, como fue utilizado por los intelectuales democráticos radicales chinos en la 2da década del siglo, involucraba 2 nociones: en 1er lugar los intelectuales iconoclastas chinos exigían un rechazo total de la herencia cultural china tradicional, a la q consideraban inútil para la moderna regeneración de China, moralmente perversa y corrupta; en 2do lugar, ponían gran énfasis en el papel de la conciencia humana en la realización de la historia, creyendo q el cambio cultural e intelectual era el requisito esencial para la acción política efectiva y el progreso socioeconómico. Ambas ideas influenciaron en Mao, y ambos llegaron a ser rasgos fundamentales de la variante maoísta del marxismo-leninismo. La doctrina q llego a ser celebrada como “el Pensamiento de Mao” estaba basada sobre todo en la fe en q el pueblo, armado con la ideas y la voluntad apropiadas, podría supera todos los obstáculos materiales y modelar la realidad social de acuerdo a sus ideales. Mao creía q el curso de la historia estaba determinado en última instancia por lo q la gente pensaba, y por su voluntad de involucrarse en la acción revolucionaria. De esta creencia emanaba la enorme preocupación maoísta de desarrollar la “conciencia correcta” entre el pueblo, el énfasis en la “remodelación ideológica” y en la “reforma del pensamiento”. El concepto de Rev. Cultural forma parte de la tradición marxista tanto como de la tradición intelectual china moderna, alcanzando cierta importancia en Rusia poco después de la Rev. Bolchevique de 1917. Entre los defensores rusos de una “Rev. Cultural” estaba Lenin, pero la idea de éste de Rev. Cultural era muy diferente de la posterior concepción de Mao. Cuando Lenin convocaba a una Rev. Cultural, tenía generalmente en mente la necesidad de ofrecer los frutos de la “cultura burguesa” moderna a las masas de un país atrasado q permanecía atascado por hábitos, costumbres y métodos de trabajo “feudales”. La construcción de una cultural socialista era una tarea a realizar en el futuro, y dependía del establecimiento de los requisitos materiales y sociales para una sociedad socialista. Lenin asumía q los portadores de la cultura moderna eran los intelectuales y en menor medida los sectores más avanzados de la clase obrera urbana. Creía q la transformación cultural moderna del pueblo procedía gradualmente, ya q dependía de la construcción de una economía industrial moderna. Lenin daba por seguro q una Rev. Cultural exigía

heredar los legados culturales del pasado, argumentando q era esencial “apropiarse de toda la cultura q el capitalismo había dejado y construir el socialismo a partir de ella”. Al contrario, Mao visualizaba a China moviéndose rápidamente hacia el socialismo

y el comunismo a través de un proceso de revolución “continua”. Para Mao, ni una sociedad socialista ni una comunista dependía del previo desarrollo de las fuerzas productivas materiales; más bien, el requisito esencial era la “proletarización” de la conciencia del pueblo, y esto se hacía por medio de una Rev. Cultural. Para Mao, la cultura occidental burguesa y los métodos capitalistas no eran menos perniciosos y no menos incompatibles con los objetivos socialista q la odiada cultura “feudal” del pasado confuciano chino. Mao rechazaría la tesis marxista de q el capitalismo es una etapa progresiva del desarrollo histórico. En cuanto a quienes serían los portadores de la cultura moderna, Mao, desconfiando de los intelectuales, mantuvo una fe de tipo populista en la espontaneidad popular, creyendo q un pueblo cultivado surgiría de la actividad revolucionaria de las masas. Para Mao el principio de auto-confianza tenía un significado interno y otro externo. Así como la nación china llegaría a ser autosuficiente y no dependiente de otros países, así el pueblo chino llegaría a ser autosuficiente y no dependiente de una elite intelectual-tecnocrática. La desconfianza de Mao hacia la intelligentsia urbana se extendía hacia las áreas urbanas en general. Su visión del curso apropiado del desarrollo posrevolucionario se centraba en el campo como el verdadero repositorio de la creatividad cultural y social. Habiendo rechazado la herencia cultural china tradicional, Mao intentaba llenar el vacío emocional con una proclamación aún más iconoclasta de la no existencia del pasado en el presente. Mao parecía creer q una nueva cultura puede ser creada ex nihilo, sobre un lienzo nuevo, en una “hoja limpia de papel”, no estropeada por los defectos históricos. Sin embrago, la “hoja limpia de papel” q Mao había declarado en forma optimista

q era China cuando lanzo la campaña del Gran Salto Adelante en 1958, había llegado

a ser un lienzo estropeado por toda clase de manchas políticas e ideológicas. Destrucción, no herencia fue el mandato maoísta al lanzar la Gran Revolución Cultural Proletaria. *Desigualdad social: Hay una creciente desigualdad, entre el trabajo mental y manual, ciudad y campo, obreros y campesinos.

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Durante el régimen “liuista” estas diferenciaciones se ampliaron. Se fortaleció la autoridad de los administradores y el personal tecnológico en el sector industrial urbano. Se implementaron salarios basados en tasas a destajo y los pagos de bonos, para aumentar la productividad, produciendo un aumento en la diferenciación socioeconómica dentro de la clase obrera urbana. En el campo, la mutilación de las funciones de la comuna, la expansión de los cultivos familiares individuales en parcelas privadas, el crecimiento de mercados rurales y la decadencia del trabajo colectivo aumentaron las diferencias socioeconómicas entre los campesinos. Las políticas económicas y fiscales del estado favorecían a las ciudades: educación, salud. *El debilitamiento de la Visión Socialista: Mientras la desigualdad social crecía a comienzos de los años 70, los valores colectivistas decaían y los objetivos socialista marxistas, aunque todavía proclamados, se separaban cada vez más de la práctica social y política. Después del colapso del Gran Salto, las ciudadanos de China se volcaron había los objetivos privados y las obligaciones familiares. La aparente apatía política de la gente era reforzada por el conservadurismo de la mayoría de los dirigentes del Partido, quienes estaban más preocupados por el desarrollo económico, la pericia tecnológica y por el poder, en un aparato del Partido cada vez más burocratizado. Para comienzos de los años 70, el Partido había crecido hasta ser una enorme organización de unos 20 millones de miembros, funcionando con precisión casi militar de acuerdo con los principios de organización leninistas dictados por Liu Shaoqi. La organización del Partido había sido formada originalmente para lograr objetivos revolucionarios, pero ahora el poder mismo de la organización parecía haber llegado a ser el fin principal. Para llevar adelante la empresa revolucionaria, Mao miro como sus predecesores del 4 de Mayo a la juventud china. La campaña para entrenar a los jóvenes como “sucesores revolucionarios” se desarrolló en 1964, y la esperanza de crear una nueva generación de revolucionarios seria uno de los temas más importantes de la próxima Rev. Cultural. El objetivo supremo maoísta de la Gran Rev. Cultural Proletaria era revolucionar espiritualmente de nuevo tanto al Partido como a la población.

*Clases y Lucha de Clases: Muchas de las batallas políticas e ideológicas de la Rev. Cultural se libraron en torno a este tema. Para 1956, la propiedad privada de los medios de producción había sido en gran medida abolida tanto en la ciudad como en el campo, y las clases explotadores de la vieja sociedad habían sido eliminadas. En su lugar, llego un amplio y creciente ejercito de burócratas del estado y del Partido, q asumieron las funciones económicas de las viejas clases explotadoras. En el VIII Congreso del PCCh, convocado en 1956, Liu Shaoqi celebro la eliminación de las viejas clases explotadores y de tal modo proclamo la victoria definitiva del socialismo. La principal contradicción de la sociedad china, se concluía, ya no se producía entre grupos sociales antagónicos, sino más bien “entre el sistema socialista avanzado y las fuerzas sociales productivas atrasadas”. De esto se desprendía q la principal tarea q enfrentaba el Partido en el nuevo periodo socialista ya no era la promoción de la lucha de clases, sino más bien el desarrollo de la economía. China en 1956, luego de la “transformación socialista”, era esencialmente similar a la Unión Soviética, tanto en su estructura como en su ideología oficial. En China, como en Rusia, uno de los más obvios resultados sociales de la revolución y de la abolición de la propiedad privada de los medios de producción fue el ascenso al dominio de una burocracia autónoma y privilegiada. A comienzos de los años 70, después del fracaso del Gran Salto y el consiguiente desvanecimiento de la visión de la utopía comunista sin clases, Mao enfrento el problema de analizar las relaciones de clases sociales en la sociedad posrevolucionaria, particularmente el problema de las nuevas clases producidas por las estructuras políticas de la nueva sociedad. Enfatizo más fuertemente q nunca la persistencia de las luchas de clases en una sociedad socialista. Mao creía q una sociedad socialista puede generar una nueva clase de explotadores, “la clase burocrática”, “nuevos elementos burgueses” q eran, acuso en vísperas de la Rev. Cultural, “aquellas personas con posiciones de autoridad dentro del Parido q toman el camino capitalista”. Mao no fue el primero en reconocer q la Rev. Socialista podía producir una nueva clase explotadora de gobernantes burocráticos. Fue precedido por Weber, Trotsky, y otros. Lo q era único en la noción de Mao de una nueva clase dominante burocrática era el hecho de q la idea fuera propuesta por el dirigente de un estado comunista. Desde la perspectiva de Mao, los burócratas chinos habían tomado la apariencia de

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una nueva clase explotadora, usando el poder político para apropiarse de buena parte del excedente producido por los obreros y campesinos. Tenían intereses creados en la “propiedad pública” por parte de un estado q ellos controlaban, y del cual obtenían beneficios sociales y económicos para sí mismos y sus familias. Mientras Mao claramente reconocía esta realidad fundamental y elemental de las “sociedades socialistas” posrevolucionarias, finalmente redujo las implicaciones políticas de identificar a los burócratas chinos como una nueva clase dominante. Hacerlo hubiera exigido una revolución política y no simplemente una cultural. Conocía bien la diferencia entre un movimiento para la revitalización espiritual y una revolución real. La Rev. Cultural estaba pensada más como reformista q como un movimiento revolucionario, y no violenta. Mao llego finalmente a una concepción de clase basada en el criterio del comportamiento político individual. El status de clase seria determinado por factores subjetivos: la evaluación de las inclinaciones ideológicas de cada uno, el nivel de “conciencia política” y las actividades políticas. Lo q decidía quién pertenecía a qué clase en una sociedad socialista no era la posición económica o política, sino más bien el “punto de vista de clase” de cada uno. Esta definición tenía la ventaja de retener la noción de q las clases y la lucha de clases persistían en una sociedad socialista (incluidos los “nuevos elementos burgueses”) mientras reemplazaba el viejo sistema de designaciones de clase, q después de 1956 ya no se adecuaba a la realidad social, pero sin condenar a la burocracia del Partido in toto como un enemigo de clase. La ideología comunista china acarreaba entonces 3 diferentes teorías de clase en vísperas de la Rev. Cultural:

CONSERVADORA: la imagen de la estructura de clases sociales de la China anterior a 1956, heredada del antiguo régimen, q subsistía en el sistema oficial de “designación de clase”. Tenía implicaciones políticas conservadoras, santificando el orden posterior a 1956, y fue favorecida por la mayoría de los funcionarios y cuadros del Partido. REVOLUCIONARIA: la teoría de una nueva clase dominante burocrática generada por la misma nueva sociedad. Implicaba la necesidad de una revolución contra el orden político existente. REFORMISTA: la noción de q el status de clase estaba determinado por la conciencia y el comportamiento político individual. Fue mantenida por Mao al comienzo de la Rev. Cultural, y apoyo su creencia de q el 95% de los cuadros eran

básicamente buenos y q el Partido como un todo podía ser reformado política e ideológicamente y purgado de las influencias burguesas, pero solo a través del medio radical de la movilización de las masas y de la lucha de clases.

CAPÍTULO 18: LA GRAN REVOLUCIÓN CULTURAL PROLETARIA,

1966-1969.

Los primeros retumbos públicos de la “Gran revolución Cultural Proletaria” se oyeron en noviembre de 1965, cuando un crítico literario menos, Yoa Wenyuan, escribió una crítica del popular Hai Rui destituido de su cargo. Casi todos los ataques cesaron con el discurso de Mao en el Décimo Pleno de septiembre de 1962, el lanzamiento del Movimiento de Educación Socialista y el tensado general de las tiendas político-ideológicas. A pesar de q más tarde los maoístas fecharían el comienzo de la Revolución Cultural con la aparición del artículo de Yao, en ese momento pareció una cuestión de poca importancia. Si la Revolución Cultural estaba en camino, parecía haber estado limitada principalmente a los círculos académicos y literarios. Pero Mao estaba resuelto a algo más q otra limpieza ideológica del campo de la cultura. Debajo de los síntomas de decadencia cultural e ideológica veía ocultas enfermedades sociales y políticas mucho más graves, q el aparato establecido del Partido parecía poco inclinado a remediar. En realidad, ya había identificado el principal enemigo del socialismo en China como “aquella gente con autoridad dentro del Partido q está tomando el camino capitalista”. En la reunión del Politburó de enero de 1965, en el cual Mao había salido con esta tesis políticamente ominosa, había convencido a los dirigentes del Partido de emprender una “revolución cultural”. Para implementar el concepto fue delegado un “Grupo de cinco hombres” presidido por Peng Zhen, miembro del Politburó de 5to rango, jefe de la organización del Partido en Beijing y también alcalde de la ciudad capital. De los 5 sólo uno, Sheng, podía contado como partidario de Mao. Zhen fue impulsado a la acción, pero sólo para mitigar el empuje político del ataque maoísta. En febrero de 1966, Peng censuró a Yao y a otros maoístas por “tratar una cuestión puramente académica en términos políticos”. En el ínterin, Mao había desaparecido de la escena pública, embarcándose en noviembre de 1965 en una gira de 6 meses x las provincias, a fin de reunir apoyo para sus políticas.

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Con el retorno de Mao a Beijing en la primavera, los acontecimientos comenzaron

a desarrollarse a un ritmo vertiginoso. El ejército ahora más firmemente bajo el

comando de Lin Biao se declaró a sí mismo el sostén principal de la dictadura del proletariado y anunció q jugaría un importante papel en la Rev. Culural en desarrollo. El 16 de mayo, una directiva bosquejada x Mao disolvía el Grupo de 5 hombres, condenando a Zhen x haber obstruido la Rev. Cultural, denunciando q representantes de la burguesía habían infiltrado al Partido en todos los niveles y se estaban preparando para establecer una dictadura de la burguesía. Por esto, la Revolución Cultural estaba volviéndose rápida y explícitamente política, y el 1er dirigente de alto rango del Partido en caer fue Peng Zhen. Siguió

inmediatamente una purga general del aparato cultural y de propaganda en la capital. Bajo la dirección del recién creado “Grupo de la Rev. Cultural” los maoístas ahora controlaban Beijing y los principales órganos de comunicación del país. El Grupo de

la Revolución Cultural dirigido x Jiang Qing y Chen Boda y compuesto x intelectuales

radicales, era un organismo casi oficial establecido para guiar la Revolución Cultural, y en el proceso asumió mucho poderes del Comité Central y el Politburó del Partido. El objetivo maoísta era producir la reforma total de la estructura política del país y de la vida social de la nación y además, la transformación espiritual del pueblo. En

realidad, los factores del espíritu y la conciencia revolucionarios eran contemplados como decisivos para determinar el resultado final de la q ahora se describía como una “lucha de vida o muerte” entre el socialismo y el capitalismo. La suposición maoísta subyacente en la Revolución Cultural era q el aparato existente del estado y del Partido estaba dominado por la “ideología burguesa” y x eso estaba produciendo relaciones socioeconómicas de tipo capitalista en la sociedad en su conjunto. Sólo elevando la conciencia política de las masas y remodelando una estructura estatal guiada x la “ideología proletaria”, podía prevenirse el peligro de regresión al capitalismo. Y tanto x las referencias como x la necesidad política objetiva de los maoístas, estos propósitos sólo podían lograrse a través de la movilización del pueblo para la acción revolucionaria. Mao parecía creer q era la conciencia como tal (mediando a través de la acción política y el aparato del estado) la q determinaba en última instancia al ser social.

Los Guardias Rojos

Los estudiantes universitarios y secundarios fueron los 1eros en responder a la convocatoria maoísta para rebelarse contra la autoridad establecida. Existía una

diversidad de motivos y objetivos generando así un movimiento juvenil masivo, complejo y fraccionado. El caos q pronto sumergió a las escuelas se manifestó el 25 de mayo. Cuando Mao saludó al cartel como el “manifestó de la Comuna de Beijing de los años 60” e hizo transmitir su contenido x radio en Beijing los grupos de estudiantes rebeles se organizaron con extraordinaria rapidez y en una asombrosa variedad en las escuelas de todo el país. Alentados x un decreto del 18/6 q posponía los exámenes de ingreso

a la Universidad montaron ataques políticos contra los administradores de las

escuelas, maestros y especialmente los comités del Partido en las escuelas. Los estudiantes rebeldes no sólo combatían a las autoridades políticas y educativas, pronto También se trabaron en combate con ellos. Los equipos de trabajo organizaron grupos estudiantiles “rebeldes” dirigidos principalmente x los hijo/as de los funcionarios del Partido, q apoyaron a los comités del Partido de las escuelas e intentaron desviar la acometida de la Revolución Cultural lejos de los objetivos maoístas, los detentadores del poder, hacia las autoridades burguesas y aquellos con malos antecedentes de clase. Las autoridades burguesas eran muy intelectuales,

profesores, maestros, escritores y otros q estaban indefensos virtualmente frente a los ataques. Los intelectuales, identificados como burgueses, serían atacados desde casi todos los ángulos políticos durante el transcurso de la Revolución Cultural, pero al comienzo los principales culpables de este asunto fueron los grupos q operaban bajo

el patronazgo del aparto del Partido.

Además los grupos estudiantiles organizados x los equipos del trabajo del Partido atacaron a los compañeros estudiantiles q tenían “malos” antecedentes de clase: los hijos/as de los ex terratenientes, ex campesinos ricos y ex capitalistas y aquellos cuyos padres eran intelectuales. Encontraron políticamente útil tanto como socialmente

ventajoso perpetuar esas anticuadas designaciones de clase e inventar la teoría de la “línea de sangre” x la cual proclamaron haber heredado las virtudes revolucionarias de sus otrora revolucionarios padres (q ahora eran funcionarios del Partido y estado). Pretendían así proteger la maquinaria existente del Partido. Una de las ironías de la historia de China, revelada en el momento de la Revolución Cultural, es q los revolucionarios surgidos de las clases oprimidas bajo el antiguo régimen tendían a ser social y políticamente conservadores bajo el nuevo

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orden, mientras q los social y políticamente radicales de la China “liberada” tendían a ser hijos de las familias q integraban las clases privilegiadas en la China anterior a 1949. Los otrora revolucionarios, q provenían en su mayor parte del campesinado más pobre y de la clase obrera, fueron favorecidos x las posiciones políticas, oportunidades educativas y empleos después de 1949. Disfrutaban de un status social alto en el nuevo régimen. Los hijos de ex terratenientes, ex campesinos ricos y ex capitalistas e intelectuales eran víctimas de formas de discriminación social, económica y política, y en ningún lugar más q en el sistema educativo. Mientras q los q podían aducir orígenes de clase más bajos tenían intereses conservadores en el orden pos revolucionario y en sus nuevas desigualdades, la descendencia de las antiguas clases dominantes eran los nuevos no privilegiados. La lucha verbal y a menudo física, entre grupos estudiantiles vagamente “maoístas” y “liuístas” continuó a través de casi todo el verano de 1966. Ambos grupos gritaban en alta voz consignas maoístas y proclamaban su lealtad a Mao y a su “pensamiento”, pero interpretaban los pensamientos del Presidente de manera diferente para adecuarlos a sus propios objetivos. En julio Mao ordenó la retirada de los equipos de trabajo de las escuelas. Los estudiantes rebeldes ahora libres para organizarse a sí mismos únicamente sobre la base de la autoridad del pensamiento de Mao, desembarazados de los dictados de la organización del Partido. Se reencarnaron como Guardias Rojos. El 18 de agosto se consagraron en Beijing para recibir la bendición de Mao y q además pasó a ser el comandante supremo de los Guardias Rojos. Los Guardias Rojos fueron los instrumentos elegidos para implementar las diversas directivas e instrucciones emitidas x Mao. El programa de la Revolución Cultural fue establecido en los “Dieciséis Artículos”, aprobados x el Comité Central del Partido a comienzos de agosto. Definían explícitamente el propósito del movimiento como el derrocamiento de aquellos dentro del Partido q están a cargo y tomando el camino capitalista. Un segundo propósito era destruir “los cuatro viejos”. El peligro residía principalmente dentro del mismo Partido. La tarea de limpiar y eliminar influencias burguesas de la sociedad y el Partido no serían dejadas al Partido. El recurso de la Revolución Cultural fue sublevar valientemente a las masas. Los agentes q lo harían serían los Guardias Rojos. Los “Dieciséis Artículos” sugería q en el futuro el poder político sería reorganizado más de acuerdo con la descripción de Marx de la Comuna de París q con el concepto de Lenin de partido de vanguardia. Las nuevas organizaciones

políticas q habían surgido a comienzos de la insurrección, los grupos, comités y congresos revolucionarios culturales, se declaraba, debían ser organizaciones establecidas de masas permanentes, no temporarias. Además se establecía q era necesario instituir un sistema de elecciones generales, como la Comuna de París. El 18/8 los Guardias Rojos fueron designados como la vanguardia de la rebelión de las masas contra las autoridades del Partido y del estado. El ataque maoísta, desde ese momento, se dirigió contra el aparato del Partido y sus dirigentes de más alto rango. Con la destitución política del Presidente de la República Popular a fines de 1966 la función ceremonial de Jefe de Estado de China durante la Revolución Cultural fue asumida x Soong Qingling. Lo q hace de esto un fenómeno tan remarcable en la historia de las sociedades pos revolucionarias es q la convocatoria a la rebelión contra el orden político existente provino de quienes habían construido ese orden. Pero la cuestión más importante de la Revolución Cultural no es tanto x qué Mao emitió su convocatoria a la rebelión, sino más bien x qué y cómo tantos ciudadanos ordinarios chinos le respondieron. Luego de la espectacular concentración del 18/8 en la Plaza Tiananmen, los Guardias Rojos tomaron las calles de Beijing y otras ciudades en una frenética cruzada contra los “cuatro viejos”. Se enfatizaba q el movimiento estaba dirigido a revolucionar la conciencia popular aumentar la producción, no para interrumpirla. Pero en sus ataques iniciales, los Guardias Rojos prestaron poca atención a tales distinciones y restricciones. Durante los restantes y caóticos meses de 1966, millones de G.R. marcharon x las calles de las ciudades y viajaron a través del país en una campaña contra todos los símbolos del pasado feudal y de las influencias burguesas del presente. La Revolución Cultural pronto comenzó a destruir a la gente tanto como a la cultura. Cuando los ataques de los G.R. pasaron a desterrar a los “cuatro viejos” a agredir a los “detentores del poder”, los funcionarios del Partido y los cuadros administrativos fueron “arrestados” y obligados a desfilar x las calles con bonetes, forzados a confesar sus crímenes en reuniones públicas. El embate más fuerte del ataque fue soportado x los intelectuales q eran los más vulnerables e indefensos. Las actividades de los Guardias Rojos no se desarrollaron totalmente son resistencia. Las más sangrientas batallas se libraron entre los mismos G.R. ya q las divisiones sociales y políticas q marcaron el movimiento estudiantil llegaron a ser más profundas, escalando en un círculo de violencia y venganza q parecía no tener fin,

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entre las facciones “conservadora” y “radical” dentro del movimiento. Las filas de los G.R. crecieron y la violencia y el sectarismo del movimiento se exacerbaron, en la medida en q un creciente número de jóvenes urbanos q habían sido enviados a trabajar en el campo en los años anteriores volvían a las ciudades a participar en la Revolución Cultural. Negadas las oportunidades de educación y empleo en las ciudades, ellos eran los más descontentos entre la juventud abrigando rencores. Se hicieron esfuerzos inútiles para poner al movimiento creciente bajo alguna clase de control central. A la vez, el EPL recibió órdenes de ayudar a los G.R. a quienes se dio libre uso de ferrocarriles, camiones y se les proveyó de comida y alojamiento dondequiera q fuesen. Para fines de 1966 los G.R. habían superado su utilidad política. Sus ataques contra toda autoridad amenazaban con la anarquía y estaban difícilmente de acuerdo con el objetivo maoísta de lograr la unidad de más del 95% de los cuadros. Habían llevado a cabo el mandato maoísta de sublevar valientemente a las masas, pero a menudo solo habían empujado a los obreros y campesinos a defender el orden de cosas existente contra los jóvenes intrusos. La Revolución Cultural no terminaría con los intentos de acabar con la vida política de los G.R. En 1967, la Gran Revolución Cultural Proletaria se trasladaría a una nueva etapa y nuevos actores políticos se ubicarían en el centro del escenario político: obreros y soldados. La nueva etapa resultaría mucho más turbulencia q la de los 6 meses previos.

Ascenso y caída de la comuna de Shanghai

Llegó a ser evidente para los dirigentes maoístas q habían subestimado tanto los desórdenes q el movimiento podría ocasionar como el poder de las organizaciones locales del Partido para resistirlo. Había otro factor q los maoístas habían subestimado: el radicalismo social y político espontáneo de la clase obrera urbana, q pronto adquiriría una dinámica propia. Pero, a fines de 1966, la preocupación maoísta estaba en la elasticidad de la vieja burocracia del Partido de las ciudades y las provincias, q había logrado mantenerse jugando con las divisiones del creciente movimiento de masas. Como organización q funcionaba a nivel nacional, el Partido había dejado virtualmente de existir. En Beijing, Mao y el grupo de la Revolución Cultural mantenía el predominio, emitiendo directivas en nombre del Comité Central. Pero en las provincias, distritos y

ciudades fuera de la capital, las organizaciones locales del Partido sobrevivían y funcionaban dentro de sus propias esferas de jurisdicción. Para romper el punto muerto político, los dirigentes de Beijing convocaron a la implementación inmediata de uno de los objeticos anunciados de los “16 artículos”, la toma del poder por los revolucionarios proletarios. El 1er intento se hizo en Shanghai y los acontecimientos en esa ciudad en 1967 resultarían decisivos para determinar el futuro d la lucha a nivel nacional. Shanghai no era sólo la ciudad más poblada de China sino también la más altamente industrializada. Era la ciudad culturalmente más cosmopolita del país y también políticamente radical, hogar de la clase obrera madura y x mucho tiempo el centro de la intelligentsia radical china moderna. El PCCH nació oficialmente allí en

1921.

Inspirada por la insurrección maoísta en Beijing, la Revolución Cultural comenzó en Shanghai en 1966 cuando los estudiantes organizaron grupos de G.R. emulando a sus contrapartes de la capital. Aunque dividió en facciones, el movimiento creció y adquirió un impulso cada vez más radical. Un tema político particularmente explosivo q surgió desde temprano en el movimiento de Shanghai fue la cuestión de los archivos negros, los informes políticos sobre los ciudadanos recopilados x los funcionarios del Partido y la policía de escuelas, fábricas, etc. Por estos archivos muchos tenían miedo de rebelarse debido a las represalias q podían llegar a sufrir si el Partido era restaurado. Mientras el prestigio del aparato del Partido en Shanghai era socavado x la lucha sobre los archivos negros, su poder era destruido x la clase obrera de Shanghai. Para mediados de 1966 la rebelión se había extendido de las escuelas a la fábrica. Pero los obreros no se sumaron al combate como un cuerpo unificado. Se trataba de una clase dividida entre trabajadores jóvenes sin calificación y aprendices, cuyas condiciones d vida y trabajo eran no tan buenas. Una brecha más grande separaba a los trabajadores regulares, q eran empelados permanentes del estado, de un amplio semi-proletariado de trabajadores temporarios y contratados, extraídos de los campesinos de las comunas cercanas que vivían en los márgenes de la subsistencia. De todos estos grupos de la clase obrera y pobre urbanos provenían exigencias socioeconómicas diferentes y a menudo contradictorias, q pronto encontrarían expresión a través de organizaciones políticas rivales. La Revolución Cultural x 1era vez en la historia de la República Popular, les brindó a los trabajadores la libertad de

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plantear sus quejas y la libertad de establecer sus propias organizaciones liberadas de los impedimentos ideológicos y organizativos impuestos hasta ahora x el PC. El resultado fue el surgimiento espontáneo de una asombrosa variedad de organizaciones populares rebeldes, todas proclamando su fidelidad a Mao y sus principios pero interpretando estos principios para satisfacer sus propios intereses particulares. A comienzos de noviembre varios grupos rebeldes formaron una alianza laxa bajo el nombre Cuarteles de la Revuelta Revolucionaria de los Trabajadores de Shanghai. Pero la insurrección revolucionaria en Shanghai estaba procediendo más rápidamente de lo q los dirigentes maoístas anticipaban. El 8/11 los Cuarteles de los Trabajadores presentaron sus exigencias al comité municipal del Partido de Shanghai y claramente auguraron el reemplazo de la vieja administración burocrática x nuevos órganos populares de gobierno. Exigieron q los Cuarteles fueran reconocidos como una organización legal bajo la dictadura del proletariado desafiando de tal modo el monopolio del poder político x el Partido; insistieron en q los trabajadores fueran provistos con los medios para organizar todas las fábricas de la ciudad, e instaron al gobierno municipal a ofrecer una rendición de cuentas públicas de su administración. Las exigencias fueron rechazadas. Zhan (había sido secretario del comité del Partido en Shanghai hasta julio) declaró (14/11) a los Cuarteles de los Trabajadores una organización revolucionaria legítima aceptando sus exigencias en nombre del Comité Central del Partido. Así el poder del partido y del gobierno se desintegró. Entre las organizaciones revolucionarias más importantes estaban el Segundo Regimiento de Trabajadores, el tercer Ejército de los Trabajadores y el Ejército de la Bandera Roja. Opuesta a los trabajadores radicales estaba una organización autodenominada las Guardias Escarlatas de Trabajadores para la Defensa del Pensamiento Mao Zedong. Para mediados de diciembre, la ciudad estaba dividida grosso modo en dos grandes coaliciones rivales, una dirigida por los conservadores Guardias Escarlatas y otra por los originales Cuarteles de los trabajadores. La rivalidad entró en erupción deteniendo virtualmente la producción en las fábricas e interrumpiendo los servicios municipales. La economía quedó paralizada cuando los Guardias Escarlatas declararon huelga el 31/12. Parcialmente en respuesta a las exigencias económicas de la población trabajadora, en un intento x sobornarlos el comité municipal autorizó el pago de bonos, aumentos de sueldo, etc. Pero no tuvo éxito.

El derrocamiento sería celebrado como la Revolución de Enero contra el Partido. El 5/1 una docena de organizaciones rebeldes aliadas laxamente con los Cuarteles de los Trabajadores publicaron un mensaje a todo el pueblo en el principal diario d la ciudad. El mensaje deploraba las divisiones dentro del ascendiente movimiento

revolucionario de masas, llamaba a los trabajadores a volver a las fábricas y convocaba

a la unidad de los trabajadores, estudiantes, intelectuales y cuadros. El 6/1 se realizó una asamblea masiva en la plaza central. El alcalde Cao y altos funcionarios del Partido fueron denunciados, destituidos y forzados a hacer confesiones públicas. El viejo comité municipal del Partido no fue tomado por los trabajadores q habían llevado a cabo la revolución de enero, sino x Zhang Chunqiao. Junto con su asistente del Grupo de la Revolución Cultural en Beijing, Yao Wentuan, Zhang llegó a un acuerdo político con Wang Hongwen, el dirigente de los Cuarteles de los Trabajadores, una alianza q unió a tres de quienes una década más tarde serían encarcelados como la Banda de los Cuatro. También se hizo cargo del aparato local del Partido. Además tenía a su disposición los organismos de la policía secreta de la ciudad y las unidades del EPL. Antes de fines de enero, Shanghai estaba funcionando de manera más o menos normal en lo económico y administrativo. Zhang no puedo mantener la unidad del movimiento de masas. Mientras los Guardias Escarlatas se disolvían, muchos de sus miembros se unieron a los Cuarteles

y los grupos más radicales pasaron a la oposición. La lucha de facciones resurgió

durante las 2 últimas semanas de enero. Lo q proporcionó una apariencia de unidad al movimiento de masas fue la promesa de Zhang de q el nuevo orden sería construido de acuerdo a los principios del modelo marxista de la Comuna de París. La Comuna Popular de Shanghai fue proclamada el 5/2. Su nacimiento estuvo acompañado x la concentración masiva de 1 millón d trabajadores para celebrar. Pero el intento de establecer una dictadura proletaria basada en aquellos principios de Marx en 1871 fue defectuoso desde el principio. Mientras que el modelo marxista exigía un autogobierno de los productores, con funcionarios elegidos democráticamente y sometidos a la supervisión de las masas, los dirigentes de la Comuna de Shanghai fueron nombrados x Beijing. La autoridad y legitimidad q poseían Zhang y Yao no se derivaba de los trabajadores de Shanghai, sino de la autoridad de Mao. Mientras q Marx había convocado a abolir al ejército y la policía, Zhang usó al EPL y a la policía de seguridad para reforzar su gobierno en nombre de la Comuna y suprimir el disenso. Además Zhang excluyó a

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sus opositores políticos de la planificación, organización y dirección de la Comuna, llevando a algunos de ellos a anunciar una Nueva Comuna Popular de Shanghai rival y a enviar delegaciones Beijing a protestar x las políticas represivas de Zhang. Mao estaba atraído por un modelo político muy diferente. Durante el mes de enero había tenido lugar otra dos tomas del poder, una en la provincia de Shaanxi y la otra en la ciudad de Harbin. La parte más importante de los movimientos revolucionarios había sido jugada x unidades del Ejército Popular de Liberación. El resultado político del derrocamiento de los dirigentes locales del Partido no fue una comuna sino un “comité revolucionario” basado en la q sería llamada la “triple alianza” de las organizaciones revolucionarias de masas, los cuadros del Partido y el ejército. En el lapso de un mes los dirigentes maoístas de Beijing estaban declarando al comité revolucionario la única estructura apropiada para la reorganización del poder político. En el ínterin no se había dicho nada públicamente sobre la Comuna de Shanghai. Pero la decisión les fue transmitía privadamente a Zhang en febrero. Con respecto a la comuna de Shanghai Mao dudaba de q sus principios radicales pudieran ser implementados en algún otro lugar de China fuera de esa ciudad. Entonces Mao sugirió q la Comuna se transformara en un comité revolucionario. A su retorno a Shanghai, Zhang fue forzado a explicar al pueblo de la ciudad por qué había dejado d existir la Comuna y pasando a ser Comité Revolucionario de la Municipalidad de Shanghai. Así los comités revolucionarios eran instrumentos burocráticos inicialmente dominados x el ejército que terminarían siendo controlados por un PC remodelado pero todavía de un estilo leninista. El culto a Mao había llegado a ser tan penetrante q el Presidente podía decidir no sólo el destino de los individuos sino el de los movimientos sociales. Los trabajadores de Shanghai habían cumplido el objetivo de la Revolución Cultural de crear una gran alianza de revolucionarios proletarios y hora entregaban ese poder a una autoridad superior.

Tomás del poder, el ejército y la ultra-izquierda (marzo-agosto de 1967)

El movimiento para tomar el poder desde abajo fue restringido x el decreto de q el único resultado político aceptable de una toma del poder era un comité revolucionario basado en la triple alianza. El 23 de enero Lin Biao había instruido al Ejército Popular de Liberación para involucrarse en las luchas política, a fin de apoyar a la izquierda revolucionaria y a la vez mantener el orden.

La decisión a favor de la intervención militar fue a la vez importante e incongruente, ya q ahora el ejército, el organismo más burocrático del aparato estatal, era convocado a promover lo q se suponía era un movimiento revolucionario popular contra el elitismo burocrático. Mao consideraba al ejército compuesto x su mayoría de campesinos como una fuerza revolucionaria más confiable y ciertamente más efectiva q las masas urbanas, q parecían totalmente incapaces de autodisciplina y unidad. Además, él siempre lo había contemplado como el mayor depositario de la herencia revolucionaria de lucha y valores igualitarios. Había sido sometido a adoctrinamiento ideológico activo en el pensamiento de Mao en los años q precedieron a la Revolución Cultural. Mao no convocó al ejército para imponer una revolución desde arriba, ni el EPL intentó ninguna toma del poder en nombre de la ley el orden. A medida q las condiciones llegaban a ser aún más caóticas, el ejército llegó a jugar un papel cada vez más importante, no sólo en la vida política de la nación sino también económica. Los soldados ingresaron en las fábricas y las comunas y se debió en gran medida a la disciplina sostenida x el EPL q la producción tanto como en las ciudades como en el campo se mantuviera durante esos tiempos turbulentos. Donde se establecían los comités revolucionarios, los militares asumían usualmente la posición dominante en la alianza tripartita, apoyando más a menudo a los viejos cuadros q a los representantes de las organizaciones de masas. La preferencia x el orden frecuentemente llevaba a la supresión militar de las organizaciones de masas más radicales. En febrero y marzo de 1967, en los “vientos negros de marzo”, el ejército desbandó violentamente a las organizaciones radicales de estudiantes y trabajadores en las provincias de Sichuan, Anhui, Hunan, Hubei y Fujian. Donde el EPL no empleaba la fuerza prefería definir a la Revolución Cultural como un movimiento de masas para estudiar el Pensamiento Mao. Como ha observado Yung Lee, hacer del pensamiento de Mao un objeto de estudio más q una guía para la acción, servía para amortiguar el activismo revolucionario y sus intereses institucionales conservadores. En muchas áreas luego de la Rev. de Enero, los objetivos maoístas fueron obstruidos x alianzas de facto entre el EPL, los cuadros del Partido y las organizaciones de masas más conservadoras. Las organizaciones nacionales de trabajadores contratados, aprendices, soldados desmovilizados y estudiantes retornados desde el campo fueron tildadas de “contrarrevolucionarias” y prohibidas oficialmente. Se hicieron nuevos esfuerzos para

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restringir las actividades de los Guardias Rojos. Los estudiantes fueron instados a retornar a sus escuelas. En abril, se lanzó una nueva campaña contra el ya silenciado Liu Shaoqi, ahora acusado capitalista. El propósito era unificar el movimiento dividido en facciones “limitando el objetivo”. Más importante fue el intento de restablecer el funcionamiento del aparato del estado llevado a cabo x Zhou Enlai, y en

una menor medida la legitimidad del partido. El esfuerzo se centró en la rehabilitación

de los cuadros del partido. Los cuadros fueron descritos como la columna vertebral

del combate para tomar el poder. Zhou Enlai realizó hercúleos esfuerzos para persuadir a las organizaciones de masas a terminar con sus ataques indiscriminados

contra los cuadros y a unirse a ellos en un combate común.

La campaña para tomar el poder y establecer comités revolucionarios fue un proceso lento. La caótica lucha parecía haber alcanzado un punto muerto y la Revolución Cultural parecía estar disolviéndose. Las llamas revolucionarias pronto fueron reavivadas x los dirigentes y las organizaciones maoístas radicales. La hostilidad hacia el ejército creció en 1967 a medida q los comandantes militares locales se alineaban con el lado del orden. La oposición a la intervención militar y a la resurrección de los viejos cuadros significaba un rechazo a los comités revolucionarios, la fórmula maoísta ahora ortodoxa. El rechazo paso a ser explícito con la denuncia de q las masas estaban siendo excluidas

de

la triple alianza. En realidad el poder político estaba girando en torno al ejército q

se

apoyaba a su vez en los cuadros civiles experimentados para mantener el orden

administrativo y la producción. En mayo estos resentimientos estallaron públicamente en una campaña radical para revertir la q fue llamada “corriente adversa de febrero” y el “viento negro”. La campaña pronto estalló en un frenesí de violencia popular contra toda autoridad. El ataque izquierdista se centró en la burocracia estatal y sus ministros. En un intento x reconciliar las facciones en pugna, dirigentes y funcionarios fueron enviados a las provincias para forjar nuevas alianzas. En Wuhan, se realizó un motín, alzando el espectro de la guerra civil. Los dirigentes izquierdistas cuestionaron las credenciales revolucionarias del ejército y las masas rebeldes lo atacaron físicamente. Los dirigentes individuales del ejército habían sido criticaos desde los inicios de la

Revolución Cultural, pero esta era la 1era vez q los dirigentes del movimiento sugerían

q el instrumento maoísta modelo estaba sufriendo de infecciones burguesas y

revisionistas y x lo tanto debía ser sometido a procesos de purificación cultural revolucionaria. En Beijing la nueva ofensiva se centró en el aparato del estado. Destituyen al Ministro de Relaciones Exteriores x Yao Dengshan. La política exterior china había permanecido inactiva, pero ahora ser proclamó un nuevo programa internacionalista revolucionario. La breve época de internacionalismo proletario en la política exterior culminó con la quema de la delegación inglesa en Beijing el 22/8. El funcionamiento del gobierno central pronto fue restaurado. El EPL tenía q defenderse de las masas y debía proteger a las administraciones civiles q aún funcionaban. Las batallas se extendieron y amenazaron con el caos político y económico total. A fines de agosto, China parecía estar hundiéndose en la anarquía pero Mao optó por el orden y el fin de la Revolución Cultural.

El Termidor de la Revolución Cultural

El 5 de septiembre de 1967, el ejército recibió órdenes de restaurar el orden. A las armas se les ordenó devolver las armas. La directiva fue emitida x el Comité Central del Partido, el Grupo de la Revolución Cultural, el Consejo de Estado del gobierno central y el Comité Central de Asuntos Militares del EPL y firmada por Mao. Esto estuvo acompañado por esfuerzos de reconstruir el Partido y restablecer la autoridad de la burocracia estatal bajo la dirigencia de Zhou Enlai. El derecho de las masas a rebelarse había sido retirado. Los ataques serían dirigidos contra los conspiradores ultra-izquierdistas. El ejército era inviolable y la destrucción del Grupo de la Revolución Cultural se anunció en noviembre. De acuerdo a la versión oficial de los acontecimientos el caos resultó de complots tramados x un pequeño grupo de dirigentes de Beijing q habían formado parte de una organización clandestina llamada “Cuerpos 16 de mayo”. Así, los ultraizquierdistas fueron convertidos en contrarrevolucionarios derechistas. Los dirigentes q adhieren a los objetivos iniciales de la revolución aparecen como “extremistas” cuando los dirigentes superiores comprometen esos objetivos y moderan el impulso radical del movimiento. Los acontecimientos del verano caliente fueron reacciones espontáneas frente a los extendidos temores de q las promesas de la Revolución Cultural estaban siendo traicionadas.

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La embestida anti-Revolución Cultural contra la ultraizquierda llegó a ser una purga permanente. En Beijing estas purgas no estuvieron dirigidas sólo a los izquierdistas. En marzo de 1968 también las sufrió el EPL, debido a q Mao temía q el ejército se esté moviendo demasiado rápido en el vacío político y tomando mucha participación en el poder. La deseada solución maoísta presuponía una gran alianza de las organizaciones revolucionarias populares cuyos miembros se integrarían en la triple alianza. Pero había poca unidad real entre el pueblo. Para la primavera de 1968 la mayoría de la clase obrera habiéndose cansado de la lucha y los conflictos se volvió políticamente pasiva. La reconciliación fue impuesta por el ejército q asumió la responsabilidad fundamental de establecer los comités revolucionarios tripartitos desde las provincias a las fábricas, comunas y barrios. Pero lagunas de las facciones más militantes del movimiento de masas sobreviviente continuaron librando batallas. El último alzamiento popular radical de la Revolución Cultural llegó en 1968. La rabia x la intervención de mano dura del ejército llevó a nuevos estallidos de violencia entre los grupos de Guardias Rojos rivales y entre estudiantes y soldados. Las últimas batallas de la Rev. Cultural se libraron donde habían empezado: en los campus universitarios. Equipos Obreros de Propaganda del Pensamiento Mao fueron enviados para terminar con la lucha. Fueron enviados al campo funcionarios y cuadros del Partido q habían estado entre los más intransigentes en su resistencia a la Revolución Cultural. Curarían sus hábitos burocráticos antes de ser devueltos a sus puestos. Las Escuelas de Cuadros Siete de Mayo llegarían a ser uno de los elementos importantes de la vida política china en los años posteriores a la Revolución Cultural y celebradas como un remedio para el burocratismo.

CAPITULO

20:

LAS

CONSECUENCIAS

DE

LA

REVOLUCION

CULTURAL Y EL FIN DE LA EPOCA MAOÍSTA, 1969-1976

Apenas se había cerrado el IX Congreso del Partido Comunista Chino en abril de 1969, estallaron nuevas luchas políticas para sacudir la supuesta “unidad” lograda. Las luchas giraron alrededor de los temas que la Revolución Cultural había planteado y dejado sin resolver. La política china ahora se transformó en luchas de facciones entre los dirigentes comunistas de la burocracia, ocultas de la vista del público.

La caída de Lin Biao

Dos temas dominaron la política china en los años posteriores al IX Congreso: una fue la cuestión del sitio de la República Popular en un escenario internacional dominado por EE.UU. y la Unión Soviética. La otra era la cuestión del sitio del Partido en el orden interno posterior a la Revolución Cultural; ambas derivaban de la experiencia de la Revolución Cultural. Preocupados por los conflictos internos, los dirigentes maoístas parecían contentarse con permitir que las relaciones exteriores chinas permanecieran inactivas. Los maoístas le daban mucha más importancia a la lucha interna en China que a la lucha que rugía en Vietnam. Se asumía que el éxito del socialismo en China, a asegurarse por el éxito de la Revolución Cultural, serviría como modelo para las revoluciones socialistas exitosas en todas partes. Una China socialista podría llegar a ser la “patria revolucionaria”, reemplazando a la Unión Soviética “capitalista”, cuyo revisionismo en lo interno y el oportunismo en lo exterior estaban llevando a las fuerzas de la revolución mundial por el mal camino. Así, el aislamiento nacional chino durante la Revolución Cultural fue establecido falsamente en nombre del “internacionalismo proletario”. Antes de que la Rev. Cultural terminara, sin embargo, las acciones de la Unión Soviética se entrometerían en esta visión revolucionaria “internacionalista”. En agosto de 1968, los ejércitos soviéticos invadieron Checoslovaquia. Esta ocupación alzó el espectro de la guerra con la Unión S. ya que junto con ella llegó la “Doctrina Brezhnev” de “soberanía limitada” para los países socialistas, esto es, el “derecho” de la Unión Soviética para intervenir militarmente en los países pertenecientes al “campo comunista”. Cuando se abrió el IX Congreso del PCCh en abril de 1969, las tropas chinas y soviéticas acababan de librar sangrientas batallas sobre el río Ussuri, en el norte de Manchuria. En ese congreso los comunistas chinos establecieron en 1er lugar al “social-imperialismo” soviético, en pie de igualdad con el imperialismo estadounidense, como los principales enemigos de las naciones oprimidas y de China. Zhou con el apoyo de Mao, estaba defendiendo una nueva estrategia diplomática mundial basada en los principios de soberanía nacional, coexistencia pacífica y el establecimiento de relaciones amistosas” entre estados con diferentes sistemas sociales”. Esta estrategia definía a la Unión Soviética como el enemigo principal y dictaba un acuerdo táctico con los EE.UU.

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Una batalla fue establecida con respecto a una segunda cuestión: el ritmo y el método que Mao y Zhou proponían para reconstruir el Partido y restablecer su autoridad. Se discutía si el partido debía ser reconstruido sobre sus viejas bases leninistas, reasumir su posición monopólica anterior y conservar a la mayoría de sus dirigentes anteriores a la Rev. Cultural. La creciente preocupación por la amenaza rusa volvía más urgente la conformación de un orden político interno estable. El énfasis maoísta estaba en la unidad y la reconciliación nacional bajo la dirigencia de un Partido revivido y reconstruido, y Mao ahora estaba aprobando el retorno de la mayoría de los antiguos dirigentes partidarios. Mientras más fortalecido resultara el Partido a través del retorno de los funcionarios anteriores a la Rev. Cultural, menor sería el poder de Lin Biao para determinar el curso de los acontecimientos y de la política. Así en el IX Congreso, Lin propuso que el Grupo de la Rev. Cultural, dirigido por Chen Boda, debería continuar con sus funciones. La propuesta de Lin no tuvo éxito y en diciembre de 1969 el Grupo de la Rev. Cultural fue abolido. Los temas que separaban a Mao de Lin llevaron a una abierta confrontación entre ambos cuando el Comité Central del IX Congreso reunió su 2º pleno en Lushan a fines de agosto de 1970. De acuerdo al posterior relato de Mao, Lin Biao y Chen Boda llevaron a cabo un “ataque por sorpresa” en la reunión de Lushan. Este ataque por sorpresa consistía en discursos críticos de las políticas externas e internas de Zhou Enlai; la propuesta por designar un presidente del estado era contraria a la decisión de Mao de omitir toda mención del cargo de la nueva constitución. La propuesta de proclamar a Mao como un “genio” era un asunto un tanto más enigmático. Celebrar el genio de Mao en 1970 era un intento de recrear la situación de la Rev. Cultural, cuando toda la sabiduría y autoridad políticas residían en Mao y en su pensamiento más que en el Partido Comunista. El Comité Central no designó un presidente de la República ni proclamó genio a Mao; en cambio Lin Biao y Chen Boda fueron criticados por obstruir el proceso de reconstrucción del partido. Acusado de varias desviaciones “ultra-izquierdistas”, Chen Boda fue excomulgado como el “Trotsky chino”. El problema de destituir a Lin Biao era una tarea mucho más formidable; ya que Lin no sólo era el heredero oficial de Mao y Ministro de Defensa de China, sino que había surgido de la Rev. Cultural con un prestigio popular que era el 2º después del Presidente. El conflicto entre Lin y Mao estuvo oculto de la vista del público; para el pueblo chino Lin todavía aparecía como el sucesor designado de Mao.

Mao estaba destituyendo una cantidad de dirigentes políticos y militares que se pensaba eran simpatizantes de Chen Boda y Lin Biao. También se aseguró la lealtad de las unidades del EPL sitas en la capital y sus alrededores transfiriendo las tropas q estaban bajo las órdenes directas de Lin Biao desde Beijing hasta su base original en el norte de Manchuria. Mientras se estaba preparando la caída de Lin Biao, fueron implementadas las políticas a las que este se oponía. El proceso de reconstrucción de la maquinaria del Partido fue acelerado en gran medida. En setiembre de 1971, luego de la visita de Kissinger, Lin Biao desapareció de la escena pública; finalmente el 28 de julio de 1972 se publicó el 1er relato oficial donde se dijo que Lin Biao había planificado un golpe de estado q incluía un intento de asesinar a Mao Zedong. Cuando el complot fracasó intentó escapar a la Unión S. en un avión jet junto a su esposa e hijo y otros cómplices. Pero el avión se estrelló en la República Popular de Mongolia, muriendo todos los que iban a bordo. Por supuesto, no hay forma de verificar la historia oficial. La des-radicalización de la Rev. Cultural se aceleró en los dos años que siguieron a la caída de Lin Biao. Fue un proceso marcado por el restablecimiento de la autoridad del Partido Comunista Chino, de la gran mayoría de los viejos dirigentes y de las viejas organizaciones de masas controladas por el Partido. Según avanzaba la reconstrucción del Partido, el papel político de los comités revolucionarios y del ejército declinaba. La reconstrucción del Partido estuvo lógicamente acompañada por el desmantelamiento parcial del culto a Mao; el culto fue enfriado en los años posteriores a 1971. El énfasis estaba puesto ahora en la suprema autoridad del Partido. La nueva política exterior planificada por Zhou Enlai comenzó a producir muchos dividendos a la nación. En 1971, la República Popular entró triunfalmente en las Naciones Unidas; el “comunicado de Shanghai” de 1972 respaldaba las posturas q los chinos habían estado planeando desde 1949: prometía la normalización definitiva de las relaciones diplomáticas entre los dos países-EE.UU. y China-, llamaba a la progresiva retirada de las fuerzas militares estadounidenses de Taiwan y reconocía que el futuro de éste país era una cuestión interna china. La implementación de estos acuerdos sería postergada por un largo tiempo. En el ínterin, la política de “coexistencia pacífica entre países con diferentes sistemas sociales” fue criticada con creces en todas partes. La nueva diplomacia china y su ingreso en el mundo de las políticas de poder internacionales, se derivaron de una política que subordinaba todas las otras

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consideraciones a la lucha predominante contra el “social-imperialismo soviético”. Las tácticas fueron elevadas al nivel de doctrina proclamando q los intereses de los movimientos revolucionarios en todas partes eran idénticos a los intereses nacionales de la “China socialista”. En el caso de la política doméstica no hubo nuevos rumbos, en su mayor parte se caracterizó por un cauto retroceso del radicalismo de la Rev. Cultural. Para 1970 las políticas dominantes ponían el énfasis en el crecimiento económico estable y ordenado. En la agricultura, el modelo de Dazahi fue ampliado hasta significar “condados tipo Dazahi”; en la industria los administradores de fábricas destituidos durante la Rev. Cultural fueron restaurados en sus antiguos puestos, llamados a fortalecer la autoridad administrativa, la disciplina laboral y las reglas y regulaciones de las fábricas, y combatir el “anarquismo” y el “ultra- izquierdismo”. Las políticas externas y domésticas q estaban desarrollando Mao y Zhou recibieron ratificación formal en el X Congreso Nacional del Partido Comunista Chino, reunido en Beijing del 24 al 28 de agosto de 1973. Tenía el propósito de intentar demostrar a los miembros del Partido y a las masas no partidarias q los dirigentes sobrevivientes permanecían fieles al espíritu y principios de la Rev. Cultural y demostrar que Lin no había adherido a esos principios, y en realidad nunca los había representado. Zhou y Wang-ex obrero fabril- se esmeraron en enfatizar la corrección de las líneas políticas generales trazadas en el IX Congreso. Ambos enfatizaron en la total supremacía y el indispensable papel de vanguardia del Partido. El principal empeño del Congreso fue aprobar el restablecimiento del Partido en su forma leninista ortodoxa, “es el partido el q ejerce el liderazgo total”. Zhou Enlai discutió la situación internacional, pero sus políticas específicas de realpolitik recibieron aprobación concreta con la elección al Comité Central del Ministro de Relaciones Exteriores Ji Pengfei y sus principales subordinados. A la vez, el número de representantes del EPL en el Comité Central fue reducido. La tarea más difícil que enfrentó el Congreso fue explicar la caída de Lin Biao.

La Campaña anti-Confucio

Poco después de que se clausurar el IX Congreso quedó en claro que el problema de enterrar públicamente al difunto Lin Biao era más difícil y delicado que la eliminación de Liu Shaoqi durante la Rev. Cultural. Liu había sido el blanco principal del gran levantamiento mientras que Lin había sido uno de los principales dirigentes. Las dificultades para proporcionar una explicación creíble de la caída de Lin Biao se

complicaron cuando se decidió agregar a la lista de acusaciones la afirmación de q también había sido un discípulo de Confucio. En el verano de 1973 comenzaron a aparecer artículos atacando a Confucio y al Confucianismo en los diarios y revistas populares. Y después del X Congreso del Partido en agosto, la cruzada contra Confucio, muerto hacía más de 2mil años, fue vinculada con la campaña contra Lin Biao, muerto hacía sólo 2 años. Hubo un nuevo problema con la cuestión de quién dirigirá a China en la época posterior a la Rev. Cultural y en qué dirección. De un lado se ubicaron los funcionarios y cuadros veteranos, en su mayoría viejos revolucionarios, que habían sido atacados y criticados durante la Rev. Cultural y que buscaban al Primer Ministro Zhou Enlai como dirigente y guía. Al otro lado estaban los cuadros que habían ganado importancia política durante la Rev. Cultural y q luchaban para defender y desarrollar los frutos del levantamiento. Sus dirigentes más importantes eran aquellos que pronto serían conocidos como la “Banda de los cuatro”: Jiang Qing, Yao Wenyuan, Zhang Chunqiao y Wang Hongwen. El conflicto entre los dirigentes veteranos del Partido y los revolucionarios culturales fue en parte una lucha por el poder en la burocracia. Antes de que la campaña anti-confuciana hubiera llegado a su fin, Zhou Enlai cayó enfermo. Sufriendo de cáncer de pulmón fue hospitalizado en mayo de 1974. Desde su lecho de enfermo siguió dirigiendo asuntos del Estado. A fines de 1974 Mao también cae enfermo. Con la muerte de ambos ya anticipada, cuestión de la sucesión política asumió nueva urgencia e inflamó la lucha de facciones que estalló en furiosas batallas políticas e ideológicas en los últimos 18 meses de la época maoísta. Entre los funcionarios q habían retornado a sus cargos a comienzos de los años 70, estaba Deng Xiaoping. Éste fue designado Vice-Primer Ministro del Consejo de Estado bajo Zhou y, en el X Congreso del Partido en agosto de 1973, reelecto para el Comité Central y el Politburó después de una ausencia de 7 años. A comienzos de enero de 1975, Deng fue elevado al Comité Permanente del Politburó y fue nombrado jefe de del estado mayor del EPL también. Deng llegó a ser heredero del Primer Ministro Zhou. El legado final de Zhou Enlai a la Rev., fue un apasionado llamado a la “modernización de la agricultura, la industria, la defensa nacional, la ciencia y la tecnología” para poner a China en las 1ras filas del mundo antes de fin de siglo.

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En la Cuarta Asamblea Popular Nacional, q se reunió en Beijing entre el 13 y 1l 17 de enero de 1975, Zhou Enlai presentó el informe sobre el trabajo del gobierno, resumiendo los logros de los 25 años pasados y prefigurando el programa q pronto procedería bajo la consigna de las “cuatro modernizaciones”. Mao no asistió a la Asamblea. El informe de Zhou Enlai reveló que las interrupciones de la Rev. Cultural no habían socavado gravemente el programa vigente de rápida industrialización. La nueva constitución del estado aprobada por la 4ta Asamblea, reemplazada en 1954, era un documento revisado q intentaba tomar en cuenta las grandes transformaciones sociales y económicas de los 20 años precedentes tanto como las transformaciones posrevolucionarias de la ideología maoísta. La República Popular ya no era descrita como un “estado democrático popular” sino más bien como “un estado socialista de la dictadura del proletariado”. Una nueva libertad fue agregada bajo Mao: el derecho de los trabajadores a la huelga.

El ascenso y la caída de la “Banda de los Cuatro”

La unidad que Zhou Enlai parecía haber labrado en enero de 1975 fue sacudida a un mes de cerrado la 4ta Asamblea Popular Nacional. En febrero, los dirigentes del ala izquierda del Partido hicieron un esfuerzo final para conseguir el poder, lanzando una campaña para estudiar el concepto marxista de dictadura del proletariado. El ataque izquierdista estuvo dirigido contra Zhou Enlai o Deng Xiaoping. Los izquierdistas más importantes eran Zhang Chunqiao, Yao Wenyuan, Wang Hongwen y Jiang Qing. Más adelante serían conocidos como la “Banda de los 4”, pero antes de esto estaban entre los más altos dirigentes del Partido Comunista Chino. Los cuatro no eran simples títeres de Mao, representaban a un sector de la burocracia posterior a la Rev. Cultural. Las luchas políticas de 1975-1976 fueron conflictos entre los viejos y nuevos burócratas por el control del aparato del estado y del Partido. Si el combate final de la lucha política de la época maoísta fue una lucha entre intereses burocráticos en conflicto, las batallas ideológicas que lo acompañaron plantearon temas de amplia relevancia social. La crítica izquierdista del “derecho burgués” llevó a largos debates entre las facciones políticas contendientes sobre los principales temas políticos de la época: la estrategia de desarrollo económico; el sistema prevaleciente de salarios; la política

educativa; la importación de tecnología extranjera; la política hacia los intelectuales; las parcelas y mercados privados en el campo; y la restauración de los viejos cuadros denunciados durante la Rev. Cultural. Mientras los debates ideológicos rugían a lo largo de 1975, Deng Xiaoping desarrolló lo mejor q pudo el programa de modernización que Zhou Enlai había planteado en enero. Las implicaciones sociales de las políticas propuestas por Deng, eran claramente la expansión y no la restricción del “derecho burgués”. Antes de que se dictara el veredicto, las la lucha política e ideológica continuaría por otro año y se desarrollaría en un ambiente político de cada vez mayor presión y terror. Lo que rompió la parálisis política interna fue la muerte de Zhou Enlai, que anunció el capítulo final de la historia política de la época maoísta. Fue nombrado como Primer Ministro interino Hua Guofeng, un leal maoísta. En los 1ros días de abril un grupo de ciudadanos de Beijing marcharon a la plaza Tiananmen para colocar coronas fúnebres en el Monumento a los Héroes del Pueblo en honor a Zhou Enlai. El domingo 4 cientos de miles de ciudadanos llegaron a Tiananmen a presentar sus respetos por el fallecido 1er Ministro y al anochecer la plaza estaba llena de coronas y carteles murales. A primeras horas de la mañana trabajadores enviados por el gobierno municipal rápidamente recogieron las coronas y los carteles y se los llevaron en camiones. Al día siguiente, decenas de miles de ciudadanos enfurecidos marcharon hacia la plaza en manifestaciones de protesta. Algunos se fueron pacíficamente mientras otros se quedaron y fueron reprimidos por la milicia urbana. El “Movimiento del 5 de abril” llegó a ser un poderoso símbolo político en los años por venir. Surgía una campaña para criticar a Deng Xiaoping la cual fue publicitada como un movimiento de masas, estuvo marcada por una singular falta de participación popular. Pero fue acompañada por una nueva ola de represión de la policía secreta. Mientras ocurría esto, Mao yacía agonizando y la sociedad q había fundado parecía estar desintegrándose. El año 1976 marca no sólo el cierre de la época maoísta, sino también la partida de toda la generación original de revolucionarios marxistas chinos que había crecido hacia la madurez intelectual y política durante el Movimiento del Cuatro de Mayo. Con Mao muerto, la generación del Cuatro de Mayo de revolucionarios comunistas había desaparecido del todo.

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PARTE

VI:

DENG

XIAOPING

Y

LOS

CAPITALISMO CHINO 1976-1998

ORÍGENES

DEL

Capítulo 21: Las herencias de la época maoísta

Los comunistas chinos llegaron al poder en 1949 prometiendo dos revoluciones:

una burguesa seguida por una socialista. La Rev. Burguesa dejada inconclusa fue realizada por los nuevos gobernantes marxistas de China. La fase burguesa de la revolución china no se parece a ningún modelo occidental clásico de revolución capitalista. La revolución burguesa china fue llevada a cabo bajo los auspicios de un partido político marxista que proclamaba objetivos socialistas y comunistas. Cuando los dirigentes comunistas de Beijing decidieron que los objetivos históricos burgueses esenciales se habían realizado, se dispusieron a producir la 2da de las dos revoluciones que habían prometido. La época de la “transición al socialismo” se anunció en 1953. La transformación de China de un país principalmente agrario en otro relativamente industrializado se reflejó en los dramáticos aumentos en la producción de los productos asociados con la modernización. Para mediados de los años 70, China estaba fabricando aviones et, tractores pesados y modernos navíos oceánicos. La industrialización comenzó a producir cambios significativos en la estructura social china. Aunque el 75% de la fuerza laboral que sumaba 400.000.000 permaneció ocupada en la producción agrícola durante la época de Mao, la clase obrera industrial creció alrededor de 50.000.000 a mediados de los años 70. También se construyeron obras monumentales de irrigación y control de las aguas durante la época de Mao, que facilitaron en gran medida el alza de la producción y la productividad agrícola a comienzos de los años 80. Se cometieron muchos desatinos durante el curso de la industrialización maoísta, pero a pesar de todos los fracasos y retrocesos, es ineludible la conclusión de que el período maoísta fue la época de la revolución industrial moderna en China. Ésta aparecía a finales del período de Mao como uno de los seis mayores productores industriales del mundo. Al cierre del período maoísta China era la única entre los países desarrollados que podía reclamar una economía no agobiada ni por la deuda externa ni por la inflación interna. La Rev. industrial de Mao reclamó enormes sacrificios y trabajo duro del pueblo; el estado explotó al pueblo que gobernaba, especialmente al campesinado, para construir

una base de industria pesada y para mantener la creciente burocracia que lo dirigía. Parte del aumento fue absorbido por una población en crecimiento aunque la mayoría del excedente fluyó hacia los cofres del estado. La transformación social y económica de China durante la época maoísta no puede ser comprendida simplemente como una versión del “proceso de modernización”. Para 1956 todo lo que quedaba del sector privado de la economía urbana había sido nacionalizado y la agricultura había sido colectivizada, quedando la economía de las ciudades y el campo bajo control estatal. Si propiedad estatal de los medios de producción, junto con el proclamado principio de “pago de acuerdo al trabajo” son los rasgos definitorios del socialismo, entonces China fue transformada en una sociedad socialista bien a comienzos del período maoísta. Pero el desarrollo industrial de la República Popular procedió totalmente bajo los auspicios del estado, y el proceso fue concebido como un medio para alcanzar objetivos socialistas. El maoísmo fue una doctrina que enfrentó el dilema de reconciliar los medios del desarrollo económico moderno con los objetivos del socialismo, pero no fue una doctrina que reconociera la democracia popular como el medio necesario para alcanzar el socialismo y como una de sus metas esenciales también. A fines de la época de Mao, China no era ni capitalista ni socialista, y a veces es llamado postcapitalista o posrevolucionario. La China maoísta no era capitalista porque había abolido la condición esencial del capitalismo-la propiedad privada de los medios de producción. No era socialista porque a las masas de productores, obreros y campesinos les fueron negados los medios para controlar los productos y condiciones de su trabajo, y también negados los medios para controlar el estado.

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