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Sobre los universales

(On universals)

FERNANDO ARANCIBIA COLLAO*


Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
fdoaranc@gmail.com

Resumen:
El presente trabajo quiere argumentar a favor de una ontología de universales. Primero, se presentará el
llamado “problema de los universales”, exponiendo las principales posiciones defendidas por los filósofos
contemporáneos. Se explicarán de modo breve las principales tesis del realismo y del nominalismo. Luego, se
argumentará a favor de una reformulación sistemática del problema. Después, se expondrá por qué la sola
postulación de universales no es suficiente para explicar de modo detallado la identidad de naturaleza de los
particulares. Dado lo anterior, se argumentará a favor de la postulación de universales estructurales como la
explicación más satisfactoria para dar cuenta de las relaciones de semejanza de mayor complejidad.
Palabras clave:
Universales, Instanciación, Universales conjuntivos, universales estructurales, “Many over one”.

Abstract:
The present work wants to argue for an ontology based on universals. First, I will present the so called
“problem of universals”, exposing the principal positions defended by contemporary philosophers. I will
explain briefly the principal theses of the realism and nominalism. Then, I will argue for a systematic
reformulation of the problem. Then, I will expose why the single postulation of universal is not sufficient to
explain in a detailed way the identity of nature of the particulars. In view of the previous thing, I will argue
for the postulation of structural universals as the most satisfactory explanation to give an account of the
relations of similarity of major complexity.
Keywords:
Universals, Instantiation, Conjuntive universals, Structural universals, “Many over one”.

I. Introducción al “problema de los universales”

El “problema de los universales” es el nombre que tiene un problema clásico, que nace
en la antigüedad y se desarrolla en la edad media1. Hoy, tal problema puede formularse del
siguiente modo: ¿cómo explicar la identidad de naturaleza entre dos objetos numéricamente
distintos? Esta identidad de naturaleza está dada por la posesión de estos objetos de las
mismas propiedades.
El nombre de “problema de los universales” está dado por una solución planteada al
mismo. Esta solución es la postulación de universales. Los universales son entidades
abstractas que estarían presentes en todos aquellos individuos u objetos particulares que
comparten una misma naturaleza. Esta presencia del universal en todos los particulares que
comparten una determinada naturaleza, explicaría esta identidad entre todos ellos.
En los últimos cincuenta años la discusión ontológica respecto de tal problema se ha

* Estudiante de cuerto año de licenciatura y pedagogía en filosofía. Ayudante de Epistemología.


1 Platón y Aristóteles realizaron los mayores aportes en la filosofía antigua respecto del problema. Siendo
ambos universalistas, Platón apoya la existencia de universales trascendentes y Aristóteles, por su parte,
apoyaría la existencia de universales inmanentes (esto último sigue siendo tema de discusión). En la edad
media, Boecio plantea el problema y le siguen en su tratamiento Abelardo, Ockham, San Anselmo y Santo
Tomás de Aquino, entre otros.

1
desarrollado activamente, dada la relegación que la escuela positivista dominante realizó en
su tiempo respecto de toda disquisición metafísica. En este periodo de activa discusión, hay
dos posiciones contrapuestas fundamentales: el realismo y el nominalismo. El realismo
plantea la existencia objetiva de dichas propiedades como explicación de esta identidad de
naturaleza entre particulares. El nominalismo, por su parte, rechaza la existencia objetiva de
estas propiedades. El realismo, a su vez, plantea dos tipos de soluciones distintas: (a) la
postulación de tropos o entidades abstractas particulares que caracterizan a los objetos
particulares2; (b) la postulación de universales, que son instanciados por los particulares 3.
La solución (a) explica la identidad de naturaleza como “semejanza entre tropos”; la
solución (b) explica esta semejanza como el hecho de instanciar estos particulares
semejantes el mismo universal.
Históricamente, las propuestas nominalistas han sido muchas y muy variadas: desde el
nominalismo de predicados hasta las teorías más refinadas de nominalismo de clases 4 y de
semejanza5. Todas ellas tienen en común la no aceptación de entidades abstractas en
relación con particulares (sean como universales, sean como tropos), o bien, como siendo
constitutivas de los particulares (como un “bulto de tropos” o “bundle of tropes”).
Por su parte, la postulación de universales toma dos formas: (b1) los universales existen
sólo en cuanto están instanciados en particulares (universales inmanentes); (b2) los
universales existen aún no estén siendo instanciados actualmente por un particular
(universales trascendentes).
Nuestra posición es realista, ya que acepta a los universales como el modo en que se
puede explicar la identidad de naturaleza entre distintos particulares. A su vez, sostenemos
que estos universales son de naturaleza trascendente. Esto último es relevante para la
postulación de universales estructurales como un modo de explicar esta identidad de
naturaleza de modo satisfactorio, ya que la sola postulación de universales no soluciona las
diversas dificultades que surgen a la hora de explicar la semejanza entre particulares.

II. Un problema sistemático: reformulación del “problema de los universales”

Creemos que el nombre de “problema de los universales” no es adecuado. Los


universales son una de las soluciones que se le han dado al problema de la identidad de
naturaleza entre objetos numéricamente distintos, pero también están los tropos, y los
diversos tipos de nominalismo. Si bien nosotros postulamos una ontología de universales
para la explicación de la identidad de naturaleza, creemos que el camino para llegar a ellos
debe ser el inverso. Debe partirse por la multiplicidad y no por la unidad. ¿La razón? Por
una cuestión de orden sistemático.
Un nombre alternativo que ha sido recurrentemente usado para designar a este
problema, es el de “lo uno en lo múltiple” (“one over many”), que puede ser formulado del
siguiente modo: ¿cómo es que dos o más objetos numéricamente diferentes pueden tener

2 Cfr. CAMPBELL, Keith, Abstract particulars (Basil Blackwell, Oxford, 1990)


3 Cfr. ARMSTRONG, D. M, Universals and scientific realism (Cambridge U.P, Cambridge, 1978); Universals:
an opinionated introduction (Westview, Boulder, 1989); A world of States of Affairs (Cambridge U.P,
Cambridge, 1997)
4 Cfr. LEWIS, David, “New work for a theory of universals” en MELLOR D. H. y OLIVER A. (Eds.) Properties
(Oxford U.P, Oxford, 1997) pp. 188 y ss.
5 Cfr. RODRÍGUEZ-PEREYRA, Gonzalo, Resemblance nominalism: a solution to the problema of universals
(Clarendon Press, Oxford, 2002)
una misma naturaleza? Esta reformulación parece más adecuada en relación a la anterior,
ya que no se compromete a priori con ninguna solución específica. La identidad de
naturaleza a la que se ha apelado es un hecho mooreano, un hecho evidente por sí mismo, y
que no es controvertido entre las distintas posiciones que se enfrentan en la dilucidación del
problema.
No obstante, creemos que el “one over many” es el paso intermedio para llegar
sistemáticamente a los universales. Desde un orden explicativo, la prioridad debe ser el
particular. Por eso, Rodríguez-Pereyra señala que el problema debe ser denominado “lo
múltiple en lo uno” (“many over one”)6, ya que lo que está inmediatamente dado a la
intuición es el particular. De modo que el problema ahora se puede formular del siguiente
modo: ¿cómo es que en un mismo particular se pueden encontrar distintas naturalezas?
Dado “lo uno” y dada la multiplicidad de determinaciones que ese “uno” (el particular)
posee, es que podemos reconstruir el problema de acuerdo a una ontología de universales.
Para esto, la primera aseveración consiste en identificar esa “naturaleza” como una
propiedad, como una determinación en algo (el particular). Esta propiedad puede ser de
distinto tipo: (a) clases de objetos posibles (possibilia)7; (b) relación de semejanza entre dos
objetos8; (c) entidades abstractas particulares (tropos); (d) entidades abstractas universales
inmanentes; (e) entidades abstractas universales trascendentes. Las opciones (a) y (b)
consideran que la formulación del “many over one” es suficiente dado que rechazan la
existencia de otras entidades más que los particulares, y a partir de ellos debe desarrollarse
el problema. La opción (c), por su parte reconoce dos categorías de cosas: el particular y el
tropo (de naturaleza abstracta, pero también particular). El tropo está determinado en el
particular9. Las opciones (d) y (e) reconocen la existencia de entidades abstractas
universales que están determinadas, o bien, instanciadas en el particular.
Dado lo anterior, la formulación del “one over many” (a diferencia del “many over
one”) sólo es aplicable a las teorías universalistas, que reconocen que esa identidad de
naturaleza es objetiva, y que tiene fundamento in re. Lo que hay en los distintos
particulares es un universal instanciado, y este universal instanciado es el mismo en los
distintos particulares que comparten tal propiedad.
La denominación de “problema de los universales” tampoco es satisfactoria, aún se
acepte la existencia de universales. Dado que los universales deben ser ubicados dentro de
lo que es una de las soluciones al problema del “many over one”. Ubicarlos como el
problema en sí no es correcto desde un punto de vista sistemático. Debe distinguirse acá,
“el problema” de “las soluciones”, y las propuestas de soluciones deben partir del
problema.
En síntesis: la denominación “problema de los universales” no es adecuada para
identificar el problema, cual es el de la identidad de naturaleza entre objetos numéricamente
distintos. La denominación “el problema de los universales” hace referencia a una de las
soluciones a dicho problema, pero no al problema en sí. Debe partirse de una denominación
6 Cfr. Ibíd. pp. 46-47
7 Cfr. LEWIS, David, Op. Cit. (en nota 4) p. 188
8 Cfr. RODRÍGUEZ-PEREYRA, Gonzalo, Op. Cit. (en nota 5) p. 50. Acá Rodríguez-Pereyra habla de objetos que
comparten “las más bajas propiedades determinadas” (“Lowest determinate properties”).
9 No obstante, para una cierta concepción de teoría de tropos, el particular estaría compuesto por un “bulto de
tropos” (“bundle of tropes”) o una serie de propiedades particulares que constituyen al objeto particular. Acá,
la primacía ontológica está en la propiedad (el tropo) y el particular solo es una determinación concreta de un
conjunto de propiedades. Cfr. SIMONS, Peter “Particulars in particular clothing: three trope theories of
substance” en Philosophy and Phenomenological Research, (Vol. 54, 1994) pp. 553 – 575.

3
más transversal a las distintas soluciones. Esta denominación está dado por el “many over
one”, cuya formulación es como sigue: ¿cómo es que en un mismo particular se encuentran
diversas naturalezas? La denominación es común al universalismo, teoría de tropos y los
diversos nominalismos. Para la teoría de universales, la denominación “one over many” es
equivalente.

III. Universales

1. Funciones teóricas que pueden cumplir los universales

Este trabajo defiende una teoría realista basada en universales. ¿Cuáles son las
funciones que cumplen los universales dentro de una teoría ontológica? Primeramente, (1)
nos da una respuesta sobre la semejanza de naturaleza de objetos numéricamente distintos.
Este es el ámbito en el que se enfoca este trabajo. Sin embargo, a partir del desarrollo de la
metafísica analítica contemporánea, los universales han logrado cumplir nuevas funciones
teóricas, además de (1). ¿Cuáles serían estas funciones? Tenemos que (2) a partir de
universales estructurales podemos definir los mundos posibles como universales
estructurales máximos, que definirían un espacio ontológico donde estuvieran determinados
todas las posibles formas en que podrían ser las cosas10. Junto con ello, (3) permite una
comprensión de las llamadas “leyes naturales” como relaciones de necesitación entre
universales11. Los puntos (2) y (3) no serán tratados en este trabajo.

2. Explicación de la semejanza de naturaleza entre particulares numéricamente


distintos

Ahora bien, respecto de (1) ¿De qué modo una teoría universalista explica la naturaleza
de las diversas determinaciones que existen en un particular? Sean a y b objetos
particulares, y F una propiedad, cuando decimos de a que es F y de b que es F, la
predicación de ambas hace referencia a un único universal que está siendo instanciado en
ambos particulares, a y b. El carácter distintivo del universal respecto de las teorías
nominalistas y de tropos, es que el universal F que está instanciado en un particular a, es el
mismo que está instanciado en el particular b.
A diferencia del nominalismo, la teoría de universales se compromete ontológicamente
con una entidad al distinguir entre propiedades. Para la teoría de universales, las
propiedades son entidades, y estas entidades son denominadas “universales”. Al predicar F
de a, nos comprometemos con una entidad en el mundo actual (F) que está siendo
instanciada por un particular (a). Esta “relación” de instanciación entre a y F
(particular/universal) determina la propiedad o naturaleza determinada identificada en el
particular.

3. Universales como “modos de ser” de los objetos particulares

¿De qué modo el universal determina el particular? ¿Cómo se define esta


“instanciación”? ¿Es la instanciación una relación? Siendo Fa y Fb, este “ser F” de a y b
10 Cfr. Cfr. ALVARADO, José Tomás, “¿Qué es el espacio ontológico modal?” en Philosophica (EUV, n° 29,
2006) pp. 7 y ss.
11 Cfr. ARMSTRONG, D. M, What is a Law of Nature (Cambridge U. P, Cambridge, 1983)
debe ser entendido no como la posesión de una propiedad, sino más bien, como un modo de
ser de a y b. Armstrong señala que si bien las propiedades son universales, y los universales
son entidades (puesto que existen) no deben ser entendidos como substancias 12. De ser
concebidos como sustancias, la instanciación debe definirse como una relación, una
relación de dos entidades substanciales (aRF, donde R es la relación de instanciación entre
el universal F y el particular a).
El inconveniente de concebir la instanciación como una relación consiste en que puede
ser aplicado el regreso de Bradley13. Éste consiste en que el particular a está en una relación
R de instanciación con el universal F. La relación en este caso tiene que ser entendida
sustancialmente, tal como el particular y el universal, para ser relaciones reales. Si R es una
substancia, debe estar, a su vez, relacionado con R mediante otra relación, que debe ser
concebida a su vez substancialmente. Al mismo tiempo, R debe estar en F mediante otra
relación, y así hasta el infinito (a&R∞a…&R3a&R2a&R1a&R&R1b&R2b&R3b&…R∞b&F). Así,
el universal es instanciado por el particular a partir de una serie de relaciones infinitas, lo
que trivializa cualquier intento de dar cuenta de la identidad de naturaleza de los
particulares a partir de la postulación de universales.
La instanciación, entendida como un “modo de ser” del particular respecto del
universal, nos permite una explicación que nos ahorra el regreso de Bradley.

4. Universales inmanentes y universales trascendentes

Los universales, tal como los particulares, pueden distinguirse entre entidades
necesarias y entidades contingentes. Esto tiene importancia en cuanto asumimos (1) una
teoría de universales inmanentes, o bien, (2) una teoría de universales trascendentes. Si
asumimos (1), entonces los universales son entidades contingentes, cuya existencia está
condicionada por la existencia de particulares que los instancien. Si no existen particulares
instanciando el universal F, entonces F no existe. Por el contrario, si asumimos (2),
entonces los universales son entidades necesarias que tienen existencia con independencia
de la existencia de algún particular que los esté instanciando.
Nosotros asumimos (2), en cuanto los universales trascendentes nos permiten una serie
de bondades explicativas: (i) la sola postulación de universales no nos permite explicar el
“one over many”, por lo que se hace necesario acudir a universales conjuntivos; (ii) los
universales estructurales, como un cierto tipo de universales conjuntivos, nos permiten
explicar satisfactoriamente las semejanzas más intuitivas entre los particulares, sin tomar la
semejanza como un hecho primitivo; (iii) esta semejanza entre particulares debe explicar
también semejanzas que en el tiempo presente no se dan, pero que se han dado en tiempos
pasados; (iv) los universales estructurales nos brindan una forma de entender entre otras
cosas, concebir las leyes naturales como relaciones de necesitación entre universales, y
también, (v) una forma de concebir los mundos posibles: éstos son entendidos como
universales estructurales máximos no instanciados14, por lo que la existencia de universales
trascendentes se hace forzosa para entender la forma en que está estructurado el mundo.

IV. Universales estructurales como universales complejos conjuntivos


12 Cfr. ARMSTRONG, D. M, A world of States of Affairs (Cambridge U.P, Cambridge, 1997) p. 30
13 Cfr. BRADLEY, F. H, Appearance and Reality (Oxford UP, Oxford, 1893) p.18
.
14 Cfr. ALVARADO, José Tomás, Op. Cit. (en nota 10)

5
1. La necesidad de universales complejos

La postulación de universales nace como una forma de dar cuenta del “one over many”.
¿Cómo explicarlo a partir de universales? Tomemos dos objetos de color rojo. Sea a una
rosa roja, y b un pimentón rojo. Un defensor de universales puede verse tentado a explicar
esta determinación roja de a y b en un universal que están efectivamente instanciando a y b.
Pero resulta que el color rojo de a y b puede no ser el mismo color rojo. En el día a día nos
encontramos con objetos que si bien decimos que son de un mismo color, en verdad son
variaciones similares de un mismo color. Ese puede ser el caso de a y b. No obstante, en el
caso que a y b compartan efectivamente el mismo color, podremos hablar de un universal
que a y b conjuntamente están instanciando. Sin embargo, es bastante difícil (por decir lo
menos) que “en la calle” encontremos objetos de exactamente el mismo color. Puesto que si
el universal es una única entidad que está presente en una multiplicidad de particulares,
¿cómo decir entonces que el color rojo de a es el mismo color rojo que está presente en b?
(supuesto que se dé lo que normalmente se da: que a y b no sean exactamente del mismo
color).
Alguien podría objetar que postular un universal instanciado en a y b para explicar su
semejanza de color parece muy forzado, ya que lo más intuitivo parece ser que lo que existe
realmente sólo es el particular15. No sería, por lo tanto, teóricamente lícito remitir la
determinación roja de a y b en un objeto que sobrepasa el particular. Por otro lado, ¿Dónde
se da esta semejanza exacta en la naturaleza? Desde el punto de vista del desarrollo actual
de la ciencia, no es posible descartar epistémicamente que la realidad posea un nivel de
complejidad infinito. Si aceptamos (y lo hacemos) la crítica en torno a que el color que a y
b comparten no es exactamente el mismo, ¿cómo explicar la semejanza entre el color de a y
b sin relegar los universales a un nivel físicamente ínfimo (donde sí se dé esta semejanza
exacta, si es que se da)?
Debemos decir que la intuición expresada anteriormente es parcialmente correcta, en
cuanto se sostenga que el universal (en este caso un universal simple) por sí solo basta para
explicar esta semejanza. Es acá donde se hace necesario la postulación de universales
compuestos de otros universales. En esta categoría encontramos, por una parte, los
universales conjuntivos, y por otra, los universales disyuntivos. La existencia de los
universales disyuntivos es rechazada a continuación.

2. Universales disyuntivos

Sean F y G dos universales distintos. Un universal disyuntivo sería el expresado por el


predicado <FvG>. Este universal sería instanciado por un particular a si es que instancia F
pero no G, o bien, instancia G pero no F.
Existen razones suficientes para rechazar la existencia de universales disyuntivos. Por
una parte, si un particular a es F pero no G, y un particular b es G pero no F, el predicado
<FvG> puede aplicarse correctamente a ambos, pero no podemos decir que a y b tengan
algo en común. No existe una identidad de naturaleza en ambos particulares.
Por otra parte, no parece ser coherente sostener la existencia de universales disyuntivos
15 Ésta es la opinión de Rodríguez-Pereyra, quien sostiene que es más intuitivo pensar que las propiedades
son algo intrínseco al particular. Remarca que su teoría de nominalismo de semejanza va más acorde con esta
intuición. RODRÍGUEZ-PEREYRA, Gonzalo, Op. Cit. (en nota 5) p. 201
si, al mismo tiempo, se rechaza la existencia de universales negativos. Existen argumentos
de economía teórica para no aceptar estos universales. Si suponemos que el particular a está
instanciando la propiedad F, donde F es la propiedad de ser rojo, entonces, junto con ello, a
está instanciando la propiedad de no ser azul, no ser amarillo, etc. Junto con aceptar que las
determinaciones de un particular pueden corresponder con universales, debemos aceptar
que todas las otras determinaciones que en el mundo actual no tiene ese particular, deberían
estar instanciados en él como universales. Esto no es coherente con las funciones teóricas
que los universales pretenden cumplir.

3. Universales conjuntivos

Los universales conjuntivos son un tipo de propiedad compleja, compuesta de otras


propiedades, ya sean simples, o menos complejas. Sea F&G un universal conjuntivo. Este
universal conjuntivo está compuesto por el universal F y el universal G. F&G es un
universal distinto y distinguible de F y de G, aunque no completamente distinto. F y G por
su parte, pueden ser universales simples (esto es, no compuesto por partes más básicas) o
bien menos complejos16. Un universal F&G será instanciado por un particular toda vez que
posea al mismo tiempo la propiedad F y la propiedad G.
Al hablar de universales complejos (particularmente en el caso de los conjuntivos),
estamos hablando de universales compuestos de otros universales. Estos universales que
componen el universal complejo, pueden, a su vez, ser complejos. Es posible que no existan
universales simples (sin partes) y que todos los universales sean complejos, y eso estará
determinado por el nivel de complejidad de la naturaleza. Dado el estado actual de la
ciencia, no puede descartarse epistémicamente tal posibilidad.
Una teoría de universales estructurales puede dar cuenta de esta posibilidad epistémica
de que la naturaleza tenga un nivel de complejidad infinito.

4. Universales estructurales

IV.1 Caracterización

¿Qué son estos universales? Son “un tipo especial de propiedad compleja que
caracteriza cómo es un objeto mediante la caracterización de cómo son sus partes y qué
relaciones existen entre estas partes”17. Sea F un universal estructural. Para que el particular
a instancie este universal, debe tener ciertas partes no solapantes o superpuestas
(“overlapping parts”), una de ellas instanciando el universal G y la otra el universal H,
ambas unidas mediante una relación R. Ser F entonces, consiste en ser un cierto tipo de
estructura. De este modo, F puede ser considerada una propiedad estructural18.
Si bien los universales estructurales son universales conjuntivos, no son meramente
conjuntivos. Un universal meramente conjuntivo debe ser instanciado por un mismo
particular y conjuntamente. Así el particular a que instancia el universal F&G instancia, al
mismo tiempo, el universal F y el universal G. En el caso de los universales estructurales,
las propiedades y relaciones son instanciadas por particulares que son partes propias de un
16 Si bien F&G es un universal complejo, esto no obsta a que F sea, a su vez, un universal complejo (por
ejemplo, F está compuesto por los universales H y K). Lo mismo ocurre con G.
17 ALVARADO, José Tomás, “Universales estructurales” (manuscrito no publicado).
18 Cfr. ARMSTRONG, D. M, Op. Cit. (en nota 12) p. 32

7
particular que tiene una propiedad estructural. Así, si el particular a instancia el universal
estructural F, las partes propias de a están instanciando las propiedades y relaciones
constitutivas de F.

IV.2 Universales estructurales como explicación del “one over many”

Volviendo a nuestro primer ejemplo: el universal estructural posee una estructura


compleja a partir de otros universales, que una vez instanciado puede explicar la semejanza
que existe en a y b en cuanto al color. ¿Cómo? El universal que instancia a es un tipo
especial de universal estructural cuyas partes pueden ser otros universales que en una gran
medida pueden estar presentes en b, lo que explicaría la semejanza entre a y b.
Si el caso del color puede parecer trivial, mediante universales estructurales pueden
explicarse semejanzas más complejas, como las que existen entre, por ejemplo, las distintas
especies de flora y fauna, las creaciones del hombre y la infinidad de cosas que existen en
nuestro mundo actual. En el caso de la flora y la fauna, no es posible explicar la semejanza
entre las distintas especies mediante un único universal, simple o conjuntivo, que recoja en
sí todas las determinaciones que éstas pueden tener. Existirían en los universales
estructurales que están siendo instanciados por una cierta especie de fauna (por ejemplo),
partes comunes (otros universales y sus relaciones) que explican la semejanza fáctica que
se da en el mundo actual. Este ejemplo sirve para toda clase de cosas semejantes.
Dado el estado de la física actual, no es posible negar la posibilidad epistémica de que
la realidad tenga un grado de complejidad infinita, por lo que una teoría de universales debe
recoger este dato. Los universales estructurales, por su carácter complejo, son coherentes
con esta posibilidad epistémica (que implica a su vez una posibilidad ontológica). Si hay un
nivel básico, en ese nivel se encuentran los universales más simples, y a partir de ellos se
puede entender una conjunción de los distintos tipos de universales para explicar las
semejanzas más inmediatas entre los particulares.
Una razón importante para la aceptación de universales estructurales, es que su
postulación le da una explicación a la semejanza, y ésta no es tenida como un hecho
primitivo. Si bien en el orden sistemático debemos aceptar la existencia de hechos
primitivos, creemos que, a partir de la postulación de universales, tomar la semejanza entre
objetos como hecho primitivo implica no desarrollar un problema que sí puede ser
mayormente desarrollado. La teoría de universales estructurales lo desarrolla.
Por último, la postulación de universales como entidades contingentes no da
explicación de la semejanza que efectivamente hubo entre tipos de entidades que ya no
existen. Pienso en formas de flora y fauna extinta hace miles y millones de años (cuya
existencia nos está debidamente documentada a partir de sus restos). ¿Cómo explicar
coherentemente identidades de naturaleza pasadas a partir de universales que ya no existen?
Mediante una concepción de mundos posibles como universales estructurales máximos, los
universales instanciados por tales entidades ya no existentes deben entenderse como
existentes, mas no instanciados actualmente. Ya que muchas de las propiedades y
relaciones presentes en dichos universales estructurales, son parte también de otros
universales estructurales que sí están siendo instanciados actualmente como flora o fauna
actual y presente. Así, el universal estructural F, cuyas partes son los universales H, K y L,
unidos por la relación Rn, está siendo instanciado por el particular a en Tn, mientras que el
universal G está siendo instanciado en Tm, por el particular b. El universal estructural G está
compuesto por los universales H, K y U. Así, los universales F y G comparten las
propiedades H y K, siendo que están siendo instanciados en distintos instantes de tiempo.

V. Conclusiones

El siguiente trabajo tuvo dos objetivos: (1) proponer una reformulación sistemática del
llamado “problema de los universales” y (2) proponer a este problema una solución a partir
de universales estructurales. En cuanto a (1), se sostuvo que el problema debe ser
reformulado a partir de consideraciones más transversales entre las distintas soluciones
planteadas al problema. El término “problema de los universales” confundía el problema
mismo, con una solución a él (la teoría de universales). Se propuso que la forma más
transversal de tratar el problema era mediante la formulación del “many over one”, que
recogen todas las teorías metafísicas de propiedades. Sostuvimos que, en el caso de los
universales, la formulación del “one over many” es equivalente, y creemos, refleja mejor la
dirección de una teoría universalista.
En cuanto a (2), sostuvimos que la postulación de universales es la más satisfactoria
para entender la semejanza de naturaleza entre objetos numéricamente distintos. Para que
tal solución sea exitosa, el universal no debe entenderse de modo simple, sino más bien,
como una estructura compuesta por partes, y estas partes no son más que otros universales.
Sostuvimos también, que la postulación de universales estructurales permite dar cuenta
de modo satisfactorio de la semejanza no-idéntica entre los distintos particulares que
decimos son semejantes. Sostuvimos que no importa la complejidad del particular, dado
que el universal estructural es en sí una propiedad compleja, y su postulación recoge la
posibilidad epistémica y ontológica de ser la realidad infinitamente compleja. A su vez,
sostuvimos que los universales estructurales dan cuenta de la semejanza entre particulares
ya no existentes, y que parece coherente sostener que las partes de tales universales
estructurales ya no instanciados por entidades existentes, son partes a su vez de universales
estructurales que sí están siendo instanciados en el mundo actual y presente. Asimismo,
mencionamos otras bondades teóricas de los universales estructurales, tales como la
explicación de las llamadas “leyes naturales” y una comprensión de los mundos posibles
como universales estructurales máximos.

9
BIBLIOGRAFÍA:

• ALVARADO, José Tomás, “Universales estructurales” (manuscrito no publicado).


• ALVARADO, José Tomás, “¿Qué es el espacio ontológico modal?” en Philosophica
(EUV, n° 29, 2006)
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1978)
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1989)
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(Eds) Properties (Oxford U.P, Oxford, 1997)
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en Philosophy and Phenomenological Research, (Vol. 54, 1994)