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Alumno: Bonacci, Juan Martín

RESEÑAS NRO. 4 “LA <OBJETIVIDAD> COGNOSCITIVA DE LA CIENCIA


SOCIAL Y DE LA POLÍTICA SOCIAL” MAX WEBER (hasta pag. 74)

En el comienzo del Ensayo, Weber plantea que el análisis de los medios utilizados en la
ciencia social, consiguientemente la problemática de su instrumentación metodológica, al
abordar su objeto de estudio presenta como principal dificultad aquella referida a la
relación con los juicios de valor y en definitiva termina convirtiéndose en una cuestión
esencial sobre la validez de los conocimientos producidos por esta ciencia (“¿En qué
sentido existen “verdades objetivamente válidas en el terreno de las ciencias de la vida
cultural en general?” se preguntará en última instancia Weber en el principio de “La
objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política social” (1904).
En la primera parte del Ensayo, Weber atiende a la cuestión de que en el surgimiento de las
ciencias de la cultura el haber partido de perspectivas prácticas implicó la confusión del
conocimiento de “lo que es” y el de “lo que debe ser”. Tomando el ejemplo de la Economía
Política, el autor nos muestra cómo esta se caracteriza por la opinión imprecisa de que
“deba producir juicios de valor a partir de una <cosmovisión económica> específica.”
(Weber, “La objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política social” - 1904)
Entiendo que acá se está peleando más que nada con el economicismo de los clásicos
(Smith, Ricardo, etc)
Weber desestima, en virtud de la objetividad, el principio antes enunciado rechazando el
hecho de que puedan derivarse de una ciencia empírica preceptos para la práctica (no es
tarea de ella la construcción de normas y/o ideales determinados y obligatorios)
La elección de valores es algo subjetivo, por lo tanto, es algo que queda relegado al sujeto,
el sujeto es quién decide actuar según lo que su “Dios” o su “Demonio” le exijan. La
ciencia a través del análisis de la correlación entre un medio determinado y un fin
determinado permite establecer “cuál es el “costo” del fin deseado en los términos de la
pérdida previsible respecto de otros valores” (Weber, “La objetividad cognoscitiva de la
ciencia social y de la política social” - 1904) Esto se debe a que la elección de un valor
implica el dejar de lado otros. Así es como el sujeto puede servirse de este análisis para
tomar conciencia de que toda acción o in-acción se encuentra condicionada por una toma de
posición determinada y que por lo tanto excluye otras posibles “tomas de posición”. Ahora,
si bien “practicar la selección” de lo valores es asunto del sujeto, “respecto de esta decisión
la ciencia puede ofrecerle el conocimiento del significado de aquello a que se aspira”
(Weber, “La objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política social” - 1904).
De hecho esas “ideas” constituyen objeto de estudio de las ciencias de la cultura, lo cual
implica que la ciencia puede “juzgarlos” críticamente mediante un análisis lógico de los
juicios de valor y de las ideas históricamente dadas analizando las ideas en función del
postulado de la “ausencia de contradicción interna de lo querido”. Ahora bien, allí donde
termina el análisis objetivo de las ideas es donde termina la capacidad de la ciencia de
“decirnos algo” sobre las mismas. Weber dirá que “una ciencia empírica no puede enseñar
a nadie qué debe hacer, sino únicamente qué puede hacer y, en ciertas circunstancias qué
quiere.” (Weber, “La objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política social” -
1904).
Weber, de alguna manera, plantea la necesidad esencial del sujeto de percibir juicios de
valores como algo “objetivamente” válido para determinar nuestra acción y conferir sentido
y significado a nuestras vidas. Creo que a lo que hace referencia en los párrafos siguientes
es a que existe un mundo socialmente construido pero que justamente no está dotado de un
“sentido unívoco”, sino que se trata de diversas posiciones de sentido que confluyen en su
construcción. Mientras más “universalizadas” estén estas posiciones de sentido, más se
alejarán de poder ser analizadas científicamente. Por ello es que existen cuestiones
prácticas que se toman como “obvias” porque sino sería imposible encontrar un punto de
partida hacia la investigación. Sin embargo, que se tomen como “obvias” no les otorga un
carácter de “verdad”. Y esto se pone de manifiesto cuando nos elevamos hacia las
cuestiones de la política económica y social. Aquí Weber dice que “El signo del carácter
político-social de un problema consiste, precisamente, en que no se lo puede resolver sobre
la base de meras consideraciones técnicas a partir de fines establecidos, y en que los
criterios reguladores de valor pueden y deben ser puestos en cuestión, porque el problema
pertenece a la región de las cuestiones culturales generales. Y tal disputa no se produce
sólo, como se cree hoy con tanta facilidad, entre <intereses de clase>, sino también entre
cosmovisiones...” (Weber, “La objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política
social” - 1904). A su vez, Weber plantea que la “significación cultural” que posee el
fenómeno para el investigador (es decir la “pertinencia” que el investigador ve en ese
fenómeno particular para la explicación y comprensión de su objeto de estudio –y aquí
entran en juego los juicios de valor que el investigador lleva consigo y a los que
indudablemente hecha mano-) no debe tener pretensiones de ser “universalizable” para
todos la explicación de todo el mundo social, ya que se trata aquí de una “imputación” de
un determinado fenómeno como causa de otro fenómeno, pero ya por el mero hecho de
tratarse de una “causa imputada” desterramos cualquier pretensión de univocidad en esta
forma de conocer. “Es sencillamente una ingenuidad, aunque también caigan en ella ciertos
especialistas, considerar que sea preciso, para la ciencia social práctica, erigir ante todo “un
principio”, demostrado científicamente como válido, a partir del cual puedan deducirse
luego, de manera unívoca, las normas para la solución de los problemas singulares
prácticos.” (Weber, “La objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política social”
– 1904)
A diferencia de lo que a primera vista resalta de lo anteriormente manifestado, esa forma
metodológica de “imputación causal” es una de las cuestiones que garantizan la objetividad
del conocimiento sociológico, ya que no sólo “delimita” de alguna forma el alcance del
contenido “subjetivo” del investigador en la investigación, sino que además se trata de una
forma lógica básica ya que nos permitirá comprender o explicar una “dotación de sentido”
que se le ha impreso a la realidad, y nos libra de caer en arbitrariedades al contrariar la
univocidad de la explicación. Todo esto nos permite remitirnos y acotarnos a la estructura
lógica de los fenómenos sociales y “esto significa, también, que el análisis lógico de un
ideal en cuanto a su contenido y a sus axiomas últimos, y la indicación de las consecuencias
que se persecución producirá en los terrenos lógico y práctico, han de ser válidos también
para un chino, si es que deben considerarse logrados.” (Weber, “La objetividad
cognoscitiva de la ciencia social y de la política social”, en “Ensayos sobre metodología
sociológica”, Amorrortu Editores – 1904)
Ahora pasamos al planteo más “jugoso” de esta obra de Weber, “Hasta ahora, en cuanto
distinguimos por principio “juicio de valor” y “saber de experiencia”, hemos presupuesto
que existía un tipo de conocimiento incondicionalmente válido, esto es, el ordenamiento
conceptual de la realidad empírica en el campo de las ciencias sociales. Ahora tal supuesto
se convertirá en problema, pues hemos de averiguar qué puede significar la <validez>
objetiva de la verdad a que aspiramos en nuestro ámbito (...) ¿Qué significa aquí
<objetividad>?”(Weber, “La objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política
social”, en “Ensayos sobre metodología sociológica”, Amorrortu Editores – 1904)
Weber se explaya sobre como se “determina y construye” el ámbito de los objetos que se
constituirán como “objeto de estudio” de una disciplina científica, a su vez la pertinencia de
éstos fenómenos estará dada por su significación en relación con lo que se quiere estudiar.
“...designamos como ámbito propio de labor de nuestra revista la investigación científica de
la significación cultural general de la estructura económico-social de la vida de la
comunidad humana y sus formas históricas de organización” (Weber, “La objetividad
cognoscitiva de la ciencia social y de la política social”, en “Ensayos sobre metodología
sociológica”, Amorrortu Editores – 1904)
En los párrafos siguientes, Weber critica la concepción de lo que podríamos llamar
“marxismo clásico” de una explicación unívoca y unilateral de los fenómenos del plexo de
la vida social por medio del análisis de causas económicas. En oposición a esto, Weber se
abocará al estudio del mundo cultural para evidenciar allí las causas de determinados
fenómenos del ámbito social. “La reducción a las solas causas económicas en ningún
sentido es exhaustiva en ningún campo de la vida cultural, ni siquiera en el de los procesos
económicos” (Weber, “La objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política
social”, en “Ensayos sobre metodología sociológica”, Amorrortu Editores – 1904)
Aquí comienza Weber a explayarse sobre la pertinencia de la “imputación causal” (que yo
ya “intenté” explicar anteriormente). Creo que una interesante reflexión que suscita su
explicación es que no se debe confundir la unilateralidad que se sigue (por una cuestión
meramente metodológica) de la elección de la imputación de una causa (debido a la
relevancia de su “significación cultural” para la explicación y comprensión del fenómeno)
con que se pueda imputar unívocamente una causa a la explicación de un determinado
fenómeno. Entiendo que en realidad si la imputación causal da lugar a “arbitrariedades”, si
se es conciente de dicho margen de “arbitrariedad” entonces se podrán analizar los
resultados seguidos del desarrollo metodológico y la consecuente “comprobación empírica”
en relación de si demuestran una correlación lógica de los resultados obtenidos (Soy
conciente de que este análisis resultó arriesgado y que puede contener errores graves).
Weber va definiendo el objetivo de su ciencia: “La ciencia social que queremos promover
es una ciencia de realidad. Queremos comprender la realidad de la vida que nos circunda, y
en la cual estamos inmersos, en su especificidad; queremos comprender, por un lado, la
conexión y significación cultural de sus manifestaciones individuales en su configuración
actual, y, por el otro, las razones por las cuales ha llegado históricamente a ser así-y-no-de-
otro-modo.” (Weber, “La objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política
social”, en “Ensayos sobre metodología sociológica”, Amorrortu Editores – 1904)
Por esto es que Weber define que se debe investigar a los fenómenos de la vida social en su
especificidad, en su individualidad. Este es otro de los elementos que “garantizarán” que se
trate de un análisis objetivo.
No se trata de “descubrir leyes” en base a un análisis exhaustivo de los diferentes casos.
“Procuramos conocer un fenómeno histórico, esto es, pleno de significación en su
especificidad. He aquí lo decisivo: solo mediante el supuesto de que únicamente una parte
finita entre una multitud infinita de fenómenos es significativa, cobra, en general, sentido
lógico la idea de un conocimiento de fenómenos individuales.” (Weber, “La objetividad
cognoscitiva de la ciencia social y de la política social”, en “Ensayos sobre metodología
sociológica”, Amorrortu Editores – 1904)
Si bien “el número y la índole de las causas que determinaron cualquier evento individual
son siempre infinitos (...) lo único que introduce orden en este caos es la circunstancia de
que, en cada caso, solo una parte de la realidad individual reviste para nosotros interés y
significación, porque únicamente ella muestra relación con las ideas de valor culturales con
las cuales abordamos la realidad.” (Weber, “La objetividad cognoscitiva de la ciencia social
y de la política social”, en “Ensayos sobre metodología sociológica”, Amorrortu Editores –
1904)
Creo que hasta aquí he resumido (ya lo he hecho cuando me adelanté a “explicar” la
articulación de la imputación de causas a los fenómenos sociales) la relación que Weber
plantea entre conceptos como significación cultural, juicios de valor, imputación causal,
etc. Así es como Weber deja el terreno preparado para proceder luego a la explicación del
abordaje “estrictamente metodológico” que se desprende de su análisis sobre las
características básicas del conocimiento científico de los fenómenos del plexo de la vida
cultural. Es brillante la forma en que construye los conceptos que le permitirán luego
adentrarse en las dificultades metodológicas de la ciencia social y en la problemática de la
validez de esta disciplina como conocimiento objetivo de la realidad.

Alumno: Bonacci, Juan Martín

RESEÑAS NRO. 5 “LA <OBJETIVIDAD> COGNOSCITIVA DE LA CIENCIA


SOCIAL Y DE LA POLÍTICA SOCIAL” MAX WEBER (desde pag. 74 hasta el final)

Ahora Weber se dedicará a analizar y presentar como se manifiesta en la metodología de


las ciencias sociales la problemática de la objetividad para resolver la cuestión sobre “¿Cuál
es la significación de la teoría y de la conceptualización teórica para el conocimiento de la
realidad cultural?” (Weber, “La objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política
social”, en “Ensayos sobre metodología sociológica”, Amorrortu Editores – 1904)
Weber plantea que en su surgimiento las ciencias de la cultura se encontraron
condicionadas por el éxito de las ciencias de la naturaleza donde la tarea del científico
consistía básicamente en el “descubrimiento de leyes del acaecer”.
El autor, a su vez, critica tanto a los partidarios de la teoría abstracta como al
historicismo. Yo entiendo que lo que Weber de alguna forma toma de la teoría abstracta es
la “idea” de realizar construcciones conceptuales (abstrayéndose de la empiria) en forma de
tipos ideales (y a su vez es esto mismo lo que lo diferencia, ya que para la teoría abstracta
esas conceptualizaciones reflejan ulteriormente la empiria, cosa que Weber de modo alguno
concibe). Podemos entonces enunciar las principales características de la construcción
típico ideal: “Se los obtiene mediante un realce unilateral de uno o de varios puntos de
vista y la reunión de una multitud de fenómenos singulares, difusos y discretos, que se
presentan en mayor medida en unas partes que en otras y que aparecen de manera
esporádica, fenómenos que encajan en aquellos puntos de vista, escogidos unilateralmente,
en un cuadro conceptual, en sí unitario” (Weber, “La objetividad cognoscitiva de la ciencia
social y de la política social”, en “Ensayos sobre metodología sociológica”, Amorrortu
Editores – 1904). Y en cuanto a su relación con la realidad Weber afirma que “...es una
utopía que plantea a la labor historiográfica la tarea de comprobar, en cada caso singular,
en qué medida la realidad se acerca o se aleja de ese cuadro ideal...” (Weber, “La
objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política social”, en “Ensayos sobre
metodología sociológica”, Amorrortu Editores – 1904). De aquí se desprende que la
diferencia fundamental (y una de las principales características de la conceptualización
típico-ideal) entre la construcción conceptual de Weber y la concepción que tienen aquellos
“idealistas” partidarios de la teoría abstracta es que en Weber su construcción obedece a la
función de un “mero” medio para lograr comprender y explicar la realidad. Weber se sirve
de los tipos ideales pero no los considera en ningún momento como una representación de
la “realidad misma”. Y el hecho de que constituyan o no un aporte fructífero a la ciencia se
sigue del solo criterio: “...el de su éxito para el conocimiento de fenómenos culturales
concretos en su conexión, su condicionamiento causal y su significación. De acuerdo con
ello, la formación de tipos ideales abstractos entra en consideración, no como meta, sino
como medio” (Weber, “La objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política
social”, en “Ensayos sobre metodología sociológica”, Amorrortu Editores – 1904).
Weber enuncia que incluso el historiador cuando habla de cosas como “imperialismo”,
“mercantilismo”, etc. está utilizando construcciones típico-ideales. El autor continúa
explicando y caracterizando la utilización de los tipos ideales como “conceptos límites”
ante los cuales “la realidad es medida y comparada”. Retomando lo que Weber dice sobre
los historiadores, podemos afirmar además que, si éstos niegan toda “intervención” de la
teoría en la aprehensión de la realidad corren el riesgo de caer en naturalizaciones de la
realidad social ya que es inevitable la formación de tipos ideales (esto entiendo que está
íntimamente relacionado con la idea kantiana del “concepto” como un ordenamiento
determinado de la realidad aprehendida por medio de las intuiciones puras, pero nunca
como la realidad misma). El problema se convierte ahora en las determinaciones (en cuanto
a lo culturalmente significativo de la formación de determinado tipo ideal) y en la
pertinencia que posee el tipo ideal para el análisis de la realidad cultural.
Aquí Weber introduce una crítica a la teoría de Marx en cuanto esta mezcla consideraciones
de tipo “deber ser” en el análisis científico por presuponer la existencia de una “realidad
objetiva” (en realidad defendiendo a Marx desde el mismo Weber podríamos precisar que
lo “objetivamente válido”, es decir, donde recae la “apariencia” de una consideración de
tipo “deber ser”, donde las cosas parecen ser solo de una manera y no de otra por la
naturaleza propia de las cosas, resulta que se trata en definitiva de la “unilateralidad” del
método marxista. Unilateralidad que se sigue de los conceptos de “condicionamiento de
clase”, “desarrollo de las fuerzas productivas”, etc. Sin embargo, sería un error juzgar a
Weber por no evidenciar esta “unilateralidad” -y confundirla con una “univocidad
metodológica”- ya que ni los propios marxistas de la época pudieron realizar lo propio, y
esta concepción de la teoría marxista era la reinante en el contexto en el que Weber escribe
y desarrolla su teoría). En vista de todo esto, es que, se hace necesario que ante la necesidad
imperante que parece caracterizar a los estudiosos del mundo cultural de naturalizar el
mundo cultural Weber plantea como “solución” “...la nítida distinción entre la referencia
lógica comparativa a tipos ideales en sentido lógico y el juicio valorativo acerca de la
realidad a partir de ideales constituye un deber elemental del autocontrol científico y el
único medio de evitar sorpresas. Un <tipo ideal> en nuestro sentido es, insistimos en esto,
algo indiferente a cualquier juicio valorativo, y nada tiene que ver con una <perfección>
que no sea puramente lógica” (Weber, “La objetividad cognoscitiva de la ciencia social y
de la política social”, en “Ensayos sobre metodología sociológica”, Amorrortu Editores –
1904).
En resumen, lo que se deduce como características de los tipos ideales es que se trata de
una “construcción conceptual para la mediación y caracterización sistemática de
conexiones individuales, es decir, significativas en su singularidad” (Weber, “La
objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política social”, en “Ensayos sobre
metodología sociológica”, Amorrortu Editores – 1904). Aquí se concentra la idea que ya
hemos tratado sobre la especificidad (incluida en la concepción de individualidad histórica)
que aparece como característica principal de la construcción típico-ideal y que se diferencia
tajantemente de la idea “común” del concepto de tipo como algo genérico. “En efecto, fin
de la formación de conceptos típico-ideales es en todas partes obtener nítida conciencia no
de lo genérico, sino, a la inversa, de la especificidad de fenómenos culturales.” (Weber, “La
objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política social”, en “Ensayos sobre
metodología sociológica”, Amorrortu Editores – 1904). Esto no significa que puedan existir
tipos ideales de carácter genérico, de hecho pueden ser construidos mientras mantengan su
singularidad (que no tiene porque contradecir su carácter genérico).
A mi entender, las construcciones típico ideales son válidas en la medida en que se atengan
a su individualidad histórica, a su especificidad, es decir, a su estructuración lógica (y por
lo tanto libre de contradicciones). Podemos inferir que la estructuración lógica y el
componente histórico (manifiesto en la singularidad, en la especificidad) garantizan de
alguna manera la validez de la utilización de las construcciones típico-ideales como
“conceptos objetivos” (en la mayor medida en que esto es posible).
Weber concluye, sobre final del ensayo, que “La validez objetiva de todo saber empírico
descansa en esto y sólo en esto: que la realidad dada se ordene según categorías que son
subjetivas en un sentido específico, en cuanto representan el presupuesto de nuestro
conocimiento y están ligadas al presupuesto del valor de aquella verdad que sólo el saber
empírico puede proporcionarnos. Nada tenemos que ofrecer, con los medios de nuestra
ciencia, a quien no juzgue valiosa esta verdad; y la fe en el valor de la verdad científica es
un producto de determinadas culturas, no algo dado por naturaleza. En vano buscará alguna
otra verdad que sustituya a la ciencia en aquello que sólo ella puede cumplir: conceptos y
juicios que no son la realidad empírica, ni la copian, pero que permiten ordenarla
conceptualmente de manera válida.” (...) “La <objetividad> del conocimiento de las
ciencias sociales depende más bien de esto: que lo empíricamente dado se oriente de
continuo con relación a aquellas ideas de valor, las únicas que le prestan valor
cognoscitivo; que, en su significación, sea comprendido a partir de ellas, pero que jamás
sea convertido en pedestal para la prueba, imposible empíricamente, de la validez de
aquellas.” (...) “Nada debiera destacarse más que la afirmación de que servir al
conocimiento de la significación cultural de conexiones históricas concretas es la meta
única y exclusiva, a la cual, junto con otros medios, también contribuye la labor de
formación y crítica de conceptos.” Weber termina así por definir más que la cuestión sobre
la validez de la ciencia, los términos en que esta puede servir a la construcción de
conocimiento objetivamente válido sobre la realidad social.

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