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Lo que Fairclough asume que sucede mediante esta concepción del discurso es que, teniendo en cuenta la relación dialéctica entre discurso y estructura social, las prácticas discursivas se ven configuradas tanto por las estructuras sociales y las relaciones de poder como por la propia naturaleza de éstas como prácticas sociales de diversas maneras que las personas ignoran. Por ello, sus prácticas pueden encontrarse investidas de poder y de ideología y éstas (las personas) a su vez encontrarse posicionadas como sujetos como resultado de sus propias prácticas. No obstante, a pesar de la falta de percepción de dichos posicionamientos y la investidura de poder e ideología, las prácticas discursivas de las personas tienen efectos y resultados tanto en las estructuras y relaciones sociales como en las luchas sociales que sirven de contexto. La producción de discursos por parte de las personas no siempre es coherente, todo lo contrario, es heterogénea y contradictoria (Cfr. 73).

En el caso del análisis textual, tal vez uno de los elementos centrales de Fairclough es su crítica

a la concepción saussuriana de la arbitrariedad del signo lingüístico. Él propone que los signos

se encuentran motivados socialmente, por lo que existen razones sociales para la combinación de determinados significantes con determinados significados. Propone tener en cuenta cuatro elementos a los que se debe prestar atención. (1) La gramática tiene como unidad básica de análisis la oración simple compuesta por una sola proposición; el autor sugiere que se debe tomar en cuenta que toda enunciación es una multifuncional (existen elementos identitarios, relacionales e ideacionales) y que las personas eligen cómo estructurar sus enunciados. (2) El vocabulario o la lexicalización hace referencia a qué palabras se utilizan para referirse a determinados hechos u objetos dentro de contextos específicos. (3) La cohesión se refiere a la manera en que se logra la unión del texto mediante la repetición de palabras, el uso de un vocabulario determinado o de sinónimos, el uso de proformas o conectores lógicos. (4) La estructura textual se relaciona con la arquitectura del texto a nivel más macro: disposición de los tipos de párrafo, argumentos que son posicionados de manera estratégica, uso de ejemplos en momentos determinados. La descripción de las características textuales (el análisis textual) debe darse de manera crítica y siempre teniendo en cuenta la elección del que enuncia y que

esta obedece, como señalamos, a las distintas funciones del discurso que se buscan activar.

En el caso del análisis discursivo, Fairclough se refiere a la manera en que los textos se producen, consumen y distribuyen. Tanto en el caso de la producción como el del consumo el

valor de la interpretación es alto. La distribución por su parte se refiere al alcance que tiene la práctica discursiva, que varía desde un diálogo hasta una comunicación nacional –por ejemplo, un mensaje presidencial a la nación–. Respecto a la producción y al consumo, el autor sugiere que existen dimensiones sociocognitivas que intervienen en ambos procesos. Estas dimensiones producen que tanto los productores como los consumidores apliquen distintos recursos que han internalizado al momento de procesar textos (producción e interpretación). Además, Fairclough incluye tres elementos más que deben tenerse en cuenta durante este nivel de análisis. (5) La fuerza se refiere al componente accional de la enunciación que puede hacer de ésta, por ejemplo, una orden, una pregunta o una amenaza. Para identificar la fuerza de la enunciación se deben tener en cuenta el contexto así como la identidad social de los participantes. (6) La coherencia hace referencia a la manera en que tanto el texto como sus componentes llega a tener sentidos; el autor plantea una idea interesante con respecto a que

la coherencia no sólo es una propiedad de los textos, sino también de las interpretaciones. Los

elementos presentes en el texto (no sólo cohesionadores) tienen una gran carga ideológica

que configura un consumidor ideal del texto quien podrá descifrar tanto las pistas como las marcas para hallar la coherencia textual. De esta manera, el consumidor se ve interpelado y

posicionado como sujeto mediante la información y el poder que de los que se inviste la práctica discursiva. (7) La intertextualidad, por último, es la propiedad de los textos de remitir

a elementos de otros textos anteriores, sumándose así a repertorios anteriores,

transmitiéndose y movilizándose entre redes de textos similares o siendo utilizados para la interpretación de nuevos textos. Estos tres últimos elementos incluidos en el nivel de interpretación de la práctica discursiva pueden –y deben– abordarse teniendo en cuenta la

producción, el consumo y la distribución.

El discurso como práctica social contempla dos elementos importantes: la ideología y la

hegemonía. Ambos elementos sirven para determinar si el discurso como práctica social se encuentra reproduciendo o transformando las estructuras sociales. Se busca, mediante la

identificación de la ideología, conocer cuales son las luchas presentes en los discursos y cómo

se posicionan frente a la hegemonía. Esta etapa interpretativa final del análisis busca, por lo tanto, reconstruir –mediante los rastros dejados durante la producción, consumo y distribución del discurso– la ideología presente en el discurso.

Tras haber presentado un breve resumen del análisis crítico del discurso propuesto por Norman Fairclough, presentamos las preguntas de investigación que hemos planteado en el marco de nuestro trabajo para obtener el diploma en Estudios de Género.

1. ¿De qué manera el discurso presente en el poemario Postizas de L. F. Lindo constituye la corporalidad en relación al sujeto travesti?

2. ¿Qué ideologías y luchas relacionadas al género pueden identificarse a raíz dicho discurso?

3. ¿De qué manera el discurso del poemario reproduce concepciones hegemónicas relacionadas con temas de género?