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Grandes personajes de la Independencia de Chile.

Casimiro Marcó del Pont

Su gobierno se extendió precisamente hasta el 12 de febrero de 1817. Tras la


derrota de las fuerzas realistas que -comandadas por el general Rafael Maroto-
combatieron en Chacabuco, Marcó del Pont partió rumbo a Valparaíso, pero en el
camino fue capturado. Tras una entrevista formal con San Martín y algún tiempo en
prisión, fue remitido a Mendoza y luego confinado en San Luis.

Mito histórico: su personalidad.


En 1815, Marcó del Pont fue nombrado Gobernador de Chile, arribando a Valparaíso
a fines del mismo año. Su carácter y forma de ser han sido ridiculizados por la
generalidad de los historiadores nacionales. Siempre se ha tratado de minimizar su
valor, pintándosele incluso como un militar afeminado.
Joaquín Edwards Bello explica esta impresión con las siguientes palabras: "A Marcó
del Pont, que era un hombre fino, de los mejor educados y de excelente tronco,
algo raro entonces, le dieron fama de afeminado, simplemente por su limpieza, su
elegancia, y el pecado de haber traído ciertos adelantos a una ciudad cuyo estado
entonces era indescriptible a causa de su atraso y suciedad. En Santiago no había
vidrios, ni letrinas, ni más alumbrado que el de las velas de sebo, sostenidas en
pelotas de barro que sacaban a mano de las acequias. El entretenimiento de los
niños era la pedrea (pelea a piedrazos). En la Plaza ocupaban todo un costado los
vendedores de ojotas. Las ojotas viejas quedaban en el suelo y servían los
domingos para la llamada guerra de ojotas. Con este calzado combatieron los
ejércitos patriotas. A esta ciudad trajo el señor Marcó del Pont alguna escupidera,
peines, cepillos, jabones finos, y algún carruaje con vidrios, todo lo cual pareció
insólito. Le compararon con la Pompadour y le dieron fama de afeminado. Poco
cuesta desfigurar a las personas...".

Resguardo de su gobierno.
Las medidas que tomó durante su gobierno fue principalmente tomar los
resguardos antes una posible arremetida patriota. Entre ellas la necesidad de portar
pasaportes para salir de Santiago, los toques de queda y otras medidas restrictivas
que ya habían sido ordenadas con anterioridad por los revolucionarios en 1813 y
1814.
Marcó del Pont tenía pleno conocimiento de que en Mendoza se estaba proyectando
una invasión al territorio a su mando y por lo tanto tomaba los resguardos
pertinentes.
De igual manera durante su gobierno se llevó a cabo una represión brutal a todos
los que habían participado en el movimiento independentista. Algunos notables
fueron deportados al Archipiélago de Juan Fernández y otros sufrieron las
vejaciones y humillaciones del tristemente famoso Regimiento Talavera de la Reina,
comandado por el capitán Vicente San Bruno. Su mandato fue muy resistido por la
población debido a la acción represiva, su odiosa gestión administrativa y a la
estigmatización de su refinada figura. Manuel Rodríguez, el patriota a cuya cabeza
le tenía puesta una recompensa, alguna vez le abrió la puerta de calesa, en la Plaza
de Armas, obteniendo una moneda del gobernador.
Su gobierno se extendió precisamente hasta el 12 de febrero de 1817. Tras la
derrota de las fuerzas realistas que -comandadas por el general Rafael Maroto-
combatieron en Chacabuco, Marcó del Pont partió rumbo a Valparaíso, pero en el
camino fue capturado. Tras una entrevista formal con San Martín y algún tiempo en
prisión, fue remitido a Mendoza y luego confinado en San Luis. Allí se encontraba
cuando se produjo un intento de fuga por parte de varios de los detenidos (1819).
Marcó del Pont no estaba entre los revoltosos, pero igualmente se le procesó,
demostrándose su inocencia. Fue trasladado a la localidad de Luján, cercana a
Buenos Aires, donde murió el 19 de mayo del mismo año.

Mariano Osorio (1777-1819)

Tras la campaña que terminó con su triunfo en Rancagua, ocupó la Gobernación de


Chile entre 1814 y 1816. Retornó al mando de otra fuerza militar a inicios de 1818
y fue finalmente derrotado en Maipú el 5 de abril. Luego de su derrota, se dirigió
hacia Talcahuano y posteriormente a Callao. En la capital virreinal, se le hicieron
cargos militares de los que fue absuelto. Sin embargo, abandonó el Perú con
destino a España. Mariano Osorio era casado con Joaquina de la Pezuela, hija del
Virrey del Perú.

Restablece la Monarquía
Tras desconocer el Tratado de Lircay, el Virrey Fernando de Abascal lo envió al
mando de una expedición militar que logró derrotar a las fuerzas de Carrera y
O'Higgins en Rancagua, reinstaurando la Monarquía en Chile.
Mariano Osorio asumió como gobernador del país entre 1814 y 1816. Adoptó una
serie de medidas cuya finalidad era restablecer el normal funcionamiento de las
instituciones políticas monárquicas y enjuiciar a los culpados de alterar el orden
político.
Osorio rehabilitó el presidio de Juan Fernández y confinó en él a los más implicados
en el proceso revolucionario que aún estaban en Chile, y -una vez que se
restableció la Real Audiencia- ordenó que se iniciaran los correspondientes procesos
judiciales, respecto de los cuales siempre trató que fuesen justos e imparciales.
Asimismo, tomó una serie de medidas militares que tendían a establecer la
seguridad del territorio ante un posible ataque por parte de las fuerzas
revolucionarias trasandinas.
Entre otras determinaciones, ordenó la clausura del Instituto y la Biblioteca
Nacional y autorizó la circulación de un nuevo periódico llamado Viva el Rey, cuyo
editor fue Fray José María de la Torre. A pesar de las divisiones que la guerra había
generado y del posible peligro de su reactivación, Osorio solicitó -a través de
diputados que partieron a España- el indulto real para los detenidos. Esto
finalmente se logró en 1816, pero que fue aplicado por su sucesor solo de manera
parcial.

Manuel Rodríguez Erdoíza (1785-1818)

Manuel Xavier Rodríguez y Erdoíza es una figura legendaria en la historia chilena.


Hombre acaudalado, abogado de profesión, diputado, secretario de guerra, capitán
de Ejército y Director Supremo. Pero ninguno de todos sus cargos oficiales le dieron
tanta fama como su trabajo en la clandestinidad, durante el periodo de la
Reconquista. En múltiples ocasiones cruzó la cordillera de los Andes trayendo y
llevando mensajes secretos de José de San Martín y preparando el terreno en
Santiago para la ofensiva del Ejército Libertador. Llegó a ser el hombre más
buscado del reino. Su biografía está llena de escenas de aventuras en las que
aparece burlando a sus perseguidores una y otra vez, disfrazado de fraile o de
huaso, o desnudo en la noche escabulléndose por entre decenas de soldados
talaveras y cruzando a nado el río Mataquito.
No obstante lo anterior, su trabajo para la causa patriótica comenzó mucho antes
de la Reconquista, luchando en las campañas del sur en 1813, exhortando al
ejército y aplicando toda su locuacidad y persuasión en la prédica de los ideales
independentistas entre las clases populares.
Su relación con otros caudillos de la Independencia osciló entre la alianza más
estrecha y el más profundo de los odios. Trabajó codo a codo con José Miguel
Carrera, de quien había sido compañero durante la enseñanza primaria en el
colegio Carolino, lo cual no impidió que Carrera lo enviara a la cárcel varias veces.
Con Bernardo O'Higgins, su vínculo fue aún más complejo; Manuel Rodríguez era
para él un personaje muy incomodo y detestado, pero a la vez, necesario para la
causa patriótica.
Manuel Rodríguez murió asesinado en Til-Til, cuando sólo contaba con treinta y tres
años de edad.

Bernardo O'Higgins Riquelme (1778-1842)


Bernardo O'Higgins Riquelme es considerado el padre de la patria. Su presencia,
como militar y gobernante, fue crucial en todo el proceso de emancipación chilena
del dominio español, ya fuera luchando en las batallas de la Independencia o
ejerciendo como primer Director Supremo de la nueva nación.
Hijo natural del que fuera gobernador de Chile y virrey del Perú, Ambrosio
O'Higgins, nació el 20 de agosto de 1778, en Chillán Viejo. Realizó sus estudios en
Lima y luego en Inglaterra, donde conoció a Francisco Miranda, quien lo inició en las
ideas independentistas. Muerto su padre en 1801, regresó a Chile a tomar posesión
de la hacienda de Las Canteras cercana a la ciudad de Los Ángeles.
En 1810, fue elegido diputado de la recién formada Junta de Gobierno y nombrado
coronel de ejército en 1811. En 1813, se enfrentó por primera vez a los realistas en
la batalla de El Roble. Su rivalidad con José Miguel Carrera, el otro líder de la
Independencia, la llevó a enfrentarse, en 1814, en el combate de Tres Acequias. No
obstante su espíritu patriota primó y O'Higgins se unió a Carrera para enfrentar la
invasión de las fuerzas realistas dirigidas por Mariano Osorio.
Durante el período de la Reconquista, organizó en Mendoza, junto a José de San
Martín, el Ejército Libertador de Los Andes y dirigió la ofensiva chilena. Derrotadas
las fuerzas realistas, asumió como Director Supremo y firmó, el 12 de febrero de
1818, la Proclamación de la Independencia de Chile. En algunas de las proclamas
dirigidas por O'Higgins a los soldados enemigos que aún resistían, dejó claramente
establecida su posición antimonárquica. Sin embargo, su afán por incrementar el
desarrollo económico del país, lo impulsó a establecer relaciones comerciales con
las principales monarquías europeas; las cartas enviadas a los reyes, escritas en un
lenguaje equilibrado y cauteloso, quedaron para la posteridad como un testimonio
de su carácter eminentemente pragmático.
Entre las obras de su gobierno, tuvo especial relevancia la construcción de escuelas
primarias, la reapertura del Instituto Nacional y la Biblioteca Nacional, además de la
creación de la Escuela Militar. En su gestión como Director Supremo tomó medidas
que le significaron ganarse la antipatía de la aristocracia criolla, como la abolición
de los mayorazgos y los títulos de nobleza, la supresión de los escudos de armas y
la creación de la legión al mérito. En estas disposiciones puede observarse la
influencia de la logia masónica Lautarina -a la que O'Higgins pertenecía-, que se
caracterizaba por su rechazo al orden nobiliario.
Su gloriosa vida pública -aunque no desprovista de episodios oscuros, como su
participación en la muerte de José Miguel Carrera y Manuel Rodríguez- fue evaluada
por él mismo en un manifiesto dirigido a su pueblo. Paradójicamente, su abdicación
al cargo de Director Supremo de Chile el 28 de enero de 1823, uno de los episodios
más tristes de su vida, fue la máxima expresión de su adhesión a la causa del país,
ya que voluntariamente se despojó del poder para evitar una guerra civil, dejando
como testimonio una emocionada despedida. Falleció en Lima el 24 de octubre del
año 1842.

José Miguel Carrera Verdugo (1786-1821)


Intrépido, ambicioso y rebelde, José Miguel Carrera es uno de los personajes más
controvertidos de la historia chilena y hasta hoy día sigue despertando intensos
sentimientos de adhesión o rechazo.
Nieto de un oidor de la Real Audiencia -Juan Verdugo Castillo- hijo de un vocal de la
primera Junta Nacional de Gobierno -Ignacio de la Carrera Cuevas- y vinculado con
las familias más aristócráticas de Santiago, su vida conjuga el poder y la riqueza
junto con un prestigio constantemente amenazado por sus osados actos polìticos.
Fue justamente su carácter individualista y trasgresor, el que muchas veces lo hizo
caminar al margen de las normas políticas y enfrentarse con otros líderes patriotas,
especialmente con O'Higgins.
Empeñado en liberar a Chile de la dominación española, viajó a Estados Unidos
buscando apoyo y consiguiendo aportes económicos para la realización de su plan
estratégico. Su espíritu progresista lo llevó a ser uno de los pocos criollos
abiertamente independentista, en una época en la cual la mayoría de los habitantes
de Chile aún permanecían fieles al rey del España, y a decretar -una vez en el
poder- la manumisión de los esclavos negros. A su iniciativa se debió también la
proclamación del primer Reglamento Constitucional chileno del año 1812.
Su vida estuvo llena de peripecias y tal vez por ello, escribió tempranamente su
testamento. Acusado por sus contemporáneos de tirano e irreligioso, fue depuesto
del mando del ejército tanto por las sucesivas derrotas sufridas frente a los
realistas como por su obstinado afán de poder.
La historiografía posterior, en general, ha juzgado a José Miguel Carrera duramente,
al igual que sus contemporáneos. El diario militar, que presenta su perspectiva
frente a las batallas libradas, muestra también sus afanes y motivaciones, y
permite comprender mejor su figura humana e histórica. Asimismo, otros
documentos como las proclamas, con que arengaba a los ciudadanos, los
manifiestos a través de los cuales se defendió de las acusaciones de rivales como
O’Higgins y la libreta, que llevaba consigo durante sus últimos días, son valiosas
fuentes para la comprensión del carismático y personalista caudillo.
Escondido y desamparado después del desastre de Rancagua, traicionado y fusilado
en Mendoza, su vida y obra han sido exaltadas en la literatura y la poesía. Del
mismo modo, muchos historiadores le atribuyen un papel preponderante en el
proceso de independencia nacional, considerándolo "el primer jefe de la Patria libre"
y un personaje cuya figura se encuentra fuertemente unida a la conciencia colectiva
nacional en la forma de uno de sus héroes más apreciados.

José Miguel Neira (El Huaso Neira)

José Miguel Neira Mondaca se cree que nació en 1775, en la región del Maule, en
un lugar denominado El Astillero. A pesar de tan solo tener 10 años, decidió fugarse
de su hogar y unirse a diversos grupos de arrieros de la zona como ayudante. En
ese ambiente, muy duro se formó José Miguel quien se fascinó con las aventuras de
un galante bandido contemporáneo el llamado “Don” Pascual Liberona apodado el
“brujo”, quien fue ahorcado en Santiago, en 1796, cuando Neira tenía 21 años.
Se hace famoso su asalto al rico avariento apodado “El Zorro de Peor es Nada”, un
hacendado que tenia sus tierras a orillas del estero Chimbarongo, de apellido
Guzmán, defensor de la causa del Rey, y cruel y despiadado con los inquilinos. En
1816 asalta y se apropia de las casas patronales de la hacienda de Cumpeo, donde
vivió cuando niño, matando al mayordomo, en un gesto de Clara venganza por su
pasado de opresión. No pasó mucho tiempo en que su nombre empezó a evocar el
terror en la zona de Colchagua, San Fernando y Curicó principalmente. Los Neirinos
asaltaban a los encomenderos, viajeros y estancieros no haciendo distingo si eran
patriotas o realistas. Tuvo por lugarteniente a Braulio Illanes, un corpulento
campesino de la zona. No dudó en asaltar frailes, robar iglesias y si fuese necesario
cometer homicidios. El gobernador Casimiro Marcó del Pont, puso precio a su
cabeza y el coronel de Talaveras, San Bruno fue uno de sus persecutores.
La montonera de Neira eran 50 a 60 bandidos, que para poder unirse le tenían que
pasar por una ceremonia de iniciación, que consistía en pelear al corvo con el
mismo Neira o con Illanes.
Debido, ya sea por el temor o la admiración tenía informantes, Neira estaba al tanto
de los movimientos de los Talaveras, San Bruno y Quintanilla y los pudo burlar
fácilmente al ocultarse en un escondite en los contrafuertes cordilleranos.
La causa independentista llevada a cabo por José Miguel Carrera, le era
absolutamente indiferente, sin embargo, admiraba y conocía a Manuel Rodríguez, el
guerrillero carrerino cuyas hazañas le llegaban a sus oídos.
Durante la reconquista española, en 1816, los patriotas acantonados en Mendoza,
requerían que se distrajese a las fuerzas realistas acantonadas en Santiago y
Manuel Rodríguez, quien para ese momento estaba en calidad de arraigado en
Mendoza por orden de Bernardo O'Higgins, propuso a San Martín la idea de acercar
a la causa patriota a los montoneros que asolaban al sur de Santiago, en especial
de la montonera de Neira para distraer fuerzas desde Santiago y así poder realizar
los planes patriotas, San Martín aceptó y además donó armas y un traje para Neira.
En efecto, en enero de 1816, Rodríguez traspasó el cordón cordillerano y ubicó a
Neira en San Fernando, y mediante una carta de San Martín y Bernardo O'Higgins
(que Rodríguez tuvo que leérsela) se le confirió el grado de coronel de milicias,
además del perdón por sus fechorías pasadas, si el contribuía a la causa patriota
desviando sus acciones hacia los estancieros realistas.
José Miguel Neira, viendo que sus acciones delictivas tenían prácticamente una
Patente de Corso, y además de una vistosa vestimenta militar que el mismo
Rodríguez le obsequió conforme a su grado, aceptó más por conveniencia, que por
convicción propia. Pero profesaba una gran simpatía por el guerrillero, incluso llegó
a participar en algunas de las famosas correrías de Manuel Rodríguez y
desarrollaron una sólida amistad.
La bandolera de Neira combinó y realizó fuertes acciones contra realistas,
distrayendo algunas fuerzas desde Santiago.
De carácter vengativo y pendenciero, Neira a veces también saqueaba a los
patriotas y en ocasiones lo movía el deseo de lucro y de saqueo, además de la
venganza e ira contenida.
Empezado ya el período de la Patria Nueva, y después del resultado de la Batalla de
Chacabuco, Neira no fue reconocido por sus benefactores y se sintió postergado y
profundamente decepcionado por la causa patriota y volvió a las antiguas andanzas
y fechorías en contra las haciendas curicanas. Ataca una vivienda en los Cerrillos de
Teno y su bandolera viola a un par de mujeres. El hecho llega a oídos del general
Ramón Freire y da orden de apresarle.
Fue apresado en Talca por autoridades patriotas de las fuerzas de Freire y sometido
a un rápido juicio. De nada le valieron los pasados esfuerzos contra los realistas ni
menos su amistad con Manuel Rodríguez o bien, no supo defenderse o no se le dio
la oportunidad. Se le fusiló en Talca, en diciembre de 1817(tenía 42 años). Este
hecho, junto a la muerte de los Carrera, fue uno de los componentes de la
desvinculación posterior de Manuel Rodríguez al gobierno de O'Higgins.
José de San Martín

José Francisco de San Martín y Matorras nació en 1778 en Yapeyú, Intendencia de


Buenos Aires, Virreinato de La Plata. Cuando tenía cuatro años su familia se
trasladó a Buenos Aires y a los siete se embarcó a España donde siguió estudios en
el Seminario de Nobles de Madrid para luego seguir la carrera militar en el ejército
español alcanzando el grado de teniente coronel en 1808, por su desempeño en la
batalla de Bailén. En 1811 se embarcó a Inglaterra donde conoció a los miembros
de la Logia Lautarina, que difundía la idea de emancipar América.
Volvió a Buenos Aires en 1812, a los treinta y cuatro años, para prestar sus
servicios a la campaña de emancipación de América. Fue nombrado comandante del
ejército argentino de Salta al norte de Argentina, donde comprendió que era
militarmente imposible conquistar el Alto Perú por esa vía. De regreso nuevamente
a Buenos Aires ideó el plan de liberar a Chile cruzando la cordillera de Los Andes,
para luego organizar una expedición marítima hacia el virreinato peruano, bastión
realista en América del Sur, concluyendo de este modo el dominio español en
América.
A fines de 1814, San Martín obtuvo el nombramiento de intendente de la Provincia
de Cuyo, trasladándose a Mendoza para asumir su cargo e iniciar los preparativos
del Ejército Libertador de Los Andes. Después del triunfo en Chile, junto a O’Higgins
organizó la expedición libertadora que zarpó hacia el Perú en 1820. Tras ser
nombrado como protector del antiguo virreinato entre 1821 y 1823, regresó a Chile
rumbo a Argentina, desde donde partió a Europa. Olvidado por muchos de sus
compatriotas José de San Martín murió el 17 de agosto de 1850 en Francia. Sus
restos mortales fueron repatriados a Buenos Aires en 1880.