Sunteți pe pagina 1din 31

VIEJOS TIEMPOS

Harold Pinter
(1960)

Traducción de Rafael Spregelburd


(2006)
Para Editorial Losada
VIEJOS TIEMPOS
(OLD TIMES)

Viejos tiempos fue estrenada por la Royal Shakespeare Company en el teatro Aldwych,
de Londres, el 1 de junio de 1971, con el siguiente reparto:
DEELEY Colin Blakely
KATE Dorothy Tutin
ANNA Vivien Merchant

Todos ellos de cuarenta y pocos años.

Dirección: Peter Hall

La obra fue producida para television por la BBC en octubre de 1975, con el siguiente
reparto:
DEELEY Barry Foster
KATE Anna Cropper
ANNA Mary Millar

Dirección: Christopher Morahan

Fue realizada en el Theatre Royal, Haymarket, Londres, en abril de 1985 con el


siguiente reparto:
DEELEY Michael Gambon
KATE Incola Pagett
ANNA Liv Ullmann

Dirección: David Jones

Una casa de campo refaccionada.

Una ventana larga al fondo, al centro. La puerta del dormitorio al fondo, a la izquierda.
La puerta de calle al fondo a la derecha.

Mobiliario moderno.
Dos sofás. Un sillón.

Otoño. Noche.
Viejos tiempos
Primer acto
Penumbra. Se distinguen tres figuras.

DEELEY desplomado en un sillón, quieto.


KATE acurrucada en un sofá, quieta.
ANNA parada junto a la ventana, mirando hacia afuera.

Silencio.

Suben las luces sobre DEELEY y KATE, que están fumando cigarrillos.

La silueta de ANNA permanece inmóvil, bañada en luz tenue, al lado de la ventana.

KATE: (Pensativa.) Morocha.

Pausa.

DEELEY: ¿Gorda o flaca?


KATE: Más rellenita que yo. Creo.

Pausa.

DEELEY: ¿En ese entonces también?


KATE: Creo que sí.
DEELEY: A lo mejor ahora no.
Pausa.
¿Era tu mejor amiga?
KATE: ¿Eso qué quiere decir?
DEELEY: ¿Qué?
KATE: La palabra amiga… al recordar… tanto tiempo.
DEELEY: ¿No te acordás de lo que sentías?

Pausa.

KATE: Hace muchísimo tiempo.


DEELEY: Pero te acordás de ella. Ella se acuerda de vos. Si no, ¿por qué iba a venir
esta noche?
KATE: Supongo que porque se acuerda de mí.

Pausa.

DEELEY: ¿Vos la veías como tu mejor amiga?


KATE: Era mi única amiga.
DEELEY: La mejor y la única.
KATE: La única.
Pausa.
Si tenés una sola de algo no podés decir que sea lo mejor de nada.
DEELEY: ¿Porque no tenés con qué comparar?
KATE: Mmnn.

Pausa.

DEELEY: (Sonriendo.) Era incomparable.


KATE: No, estoy segura que no.

Pausa.

DEELEY: No sabía que tuvieras tan pocos amigos.


KATE: No tenía ninguna. Absolutamente ninguna. Salvo ella.
DEELEY: ¿Por qué ella?
KATE: No sé.

Pausa.

Era una ladrona. Andaba robando cosas.


DEELEY: ¿A quién?
KATE: A mí.
DEELEY: ¿Qué cosas?
KATE: Cositas. Ropa interior.

DEELEY suelta una risita.

DEELEY: ¿Se lo vas a recordar?


KATE: Y… no me parece.

Pausa.

DEELEY: ¿Eso es lo que te atraía de ella?


KATE: ¿Qué?
DEELEY: Que fuera una ladrona.
KATE: No.

Pausa.

DEELEY: ¿Tenés ganas de verla?


KATE: No.
DEELEY: Yo sí. Me va a dar mucho interés.
KATE: ¿Qué?
DEELEY: Vos. Te voy a estar observando.
KATE: ¿A mí? ¿Por qué?
DEELEY: Para ver si es la misma persona.
KATE: ¿Y yo te voy a servir para averiguar eso?
DEELEY: Definitivamente.

Pausa.
KATE: Apenas me acuerdo de ella. La tengo casi totalmente olvidada.

Pausa.

DEELEY: ¿Tenés idea de qué toma?


KATE: Para nada.
DEELEY: Por ahí es vegetariana.
KATE: Preguntale.
DEELEY: Es demasiado tarde. Cocinaste un estofado.

Pausa.

¿Por qué no está casada? Es decir, ¿por qué no lo trae al marido?


KATE: Preguntale.
DEELEY: ¿Tengo que preguntarle todo yo?
KATE: ¿Querés que yo haga las preguntas por vos?
DEELEY: No. En lo más mínimo.

Pausa.

KATE: Claro que está casada.


DEELEY: ¿Cómo sabés?
KATE: Todos están casados.
DEELEY: ¿Entonces por qué no lo trae al marido?
KATE: Ah, ¿no lo trae?

Pausa.

DEELEY: ¿Menciona algún marido en la carta?


KATE: No.
DEELEY: ¿Cómo se te ocurre que será él? Digo, ¿con qué tipo de hombre se habrá
casado? Después de todo, era tu mejor –tu única- amiga. Alguna idea debés
tener. ¿Qué hombre sería?
KATE: Ni idea.
DEELEY: ¿No te da curiosidad?
KATE: Te olvidás. Yo la conozco.
DEELEY: Hace veinte años que no la ves.
KATE: Vos no la viste nunca. Hay diferencia.

Pausa.

DEELEY: Por lo menos el estofado alcanza para cuatro.


KATE: Dijiste que era vegetariana.

Pausa.

DEELEY: Pero... y ella, ¿tenía muchos amigos?


KATE: Y… lo normal, supongo.
DEELEY: ¿Normal? ¿Qué es lo normal? Vos no tenías ninguno.
KATE: Una.
DEELEY: ¿Eso es normal?

Pausa.

Ella sí… tenía un montón de amigos, ¿no?


KATE: Cientos.
DEELEY: ¿Llegaste a conocerlos?
KATE: A todos no, creo. Pero después de todo, vivíamos juntas. Venían visitas, de vez
en cuando. Yo los veía.
DEELEY: ¿A sus visitas?
KATE: ¿Qué?
DEELEY: A sus visitas. Sus amigos. Vos no tenías amigos.
KATE: Sus amigos, sí.
DEELEY: Los veías.

Pausa.

(Abruptamente.) ¿Vivían juntas?


KATE: ¿Mmmnn?
DEELEY: ¿Vivían juntas?
KATE: Por supuesto.
DEELEY: No lo sabía.
KATE: ¿No?
DEELEY: Nunca me lo dijiste. Pensé que nada más se conocían.
KATE: Es que nos conocíamos.
DEELEY: Pero en realidad vivían juntas.
KATE: Por supuesto que vivíamos juntas. Si no, ¿cómo me iba a robar la ropa interior?
¿En la calle?

Pausa.

DEELEY: Sabía que habías compartido con alguien en un tiempo…

Pausa.

Pero no sabía que era ella.


KATE: Por supuesto que era.

Pausa.

DEELEY: En fin, nada de esto importa.

ANNA se aleja de la ventana, mientras habla, y se acerca a ellos, para finalmente


sentarse en el segundo sofá.

ANNA: Toda la noche haciendo cola, la lluvia, ¿te acordás?, dios mío, el Albert Hall,
Covent Garden, ¿qué comíamos?, ahora que lo pienso, nos pasábamos la mitad
de la noche haciendo lo que nos gustaba, éramos jóvenes, claro, pero qué
aguante, y a la mañana al trabajo, y a un concierto, o la ópera, o el ballet, esa
noche, ¿no te habrás olvidado, no?, y después yendo en colectivo hasta
Kensington High Street, y los colectiveros, y después corriendo a buscar
fósforos para la hornalla y después me imagino que unos huevos revueltos, ¿o
no? ¿quién cocinaba? las dos tentadas de risa y parloteando, las dos
acurrucaditas al calor, después a la cama y a dormir, y a la mañana a los
apurones, corriendo otra vez el colectivo para ir a trabajar, los almuerzos en el
Green Park, intercambiando novedades, con los sandwiches que nos hacíamos,
chicas inocentes, secretarias inocentes, y después toda la noche por delante, y
quién sabe qué diversiones esperándonos, digo, pura expectativa, qué ganas
locas de hacerlo todo, y tan pobres, pero ser pobre y joven, y una chica, en
Londres en ese entonces... y los bares que descubríamos, casi privados, ¿no?
donde se juntaban artistas y escritores y a veces actores, y otros con bailarines,
nosotras sentaditas, casi sin animarnos a respirar, con nuestro cafecito, la cabeza
gacha, para que no nos vieran, para no molestar, para no distraer, y
escuchábamos y escuchábamos todas esas palabras, todos esos bares y toda esa
gente, creativa, no cabe duda, y ¿existirá todavía, me pregunto?, ¿tenés idea?,
¿vos me podés decir?

Breve pausa.

DEELEY: Nosotros vamos poco a Londres.

KATE se pone de pie, va hacia una mesita y se sirve café de una cafetera.

KATE: Sí, me acuerdo.

Le pone leche y azúcar a una taza y se la lleva a ANNA. Le lleva un café negro a
DEELEY y luego se sienta con su propio café.

DEELEY: (a ANNA.) ¿Tomás coñac?


ANNA: Me encantaría un coñac.

DEELEY sirve coñac para todos y reparte las copas. Se queda de pie con la suya.

ANNA: Escuchen. Qué silencio. ¿Siempre hay tanto silencio?


DEELEY: Acá es bastante silencioso, sí. Normalmente.

Pausa.

A veces, si escuchás con atención, se llega a oír el mar.


ANNA: Qué geniales fueron de elegir esta parte del mundo, y qué sensato y valiente de
parte de los dos quedarse permanentemente en este silencio.
DEELEY: Mi trabajo me saca muy lejos bastante seguido, claro. Pero Kate se queda
acá.
ANNA: Nadie que viva acá querría irse muy lejos. Yo no querría irme lejos, me daría
miedo irme lejos, acaso la casa no estuviera más volver.
DEELEY: ¿Acaso?
ANNA: ¿Qué?
DEELEY: La palabra acaso. Un montón que no la oía.

Pausa.
KATE: A veces paseo hasta el mar. No hay mucha gente. Es una playa muy larga.

Pausa.

ANNA: Pero yo extrañaría Londres, igual. Pero claro que yo era una chica, en Londres.
Éramos chicas juntas.
DEELEY: Me encantaría haberlas conocido entonces.
ANNA: ¿En serio?
DEELEY: Sí.

DEELEY se sirve más coñac.

ANNE: Tenés un estofado genial.


DEELEY: ¿Qué?
ANNA: Digo, una esposa. Perdón. Una esposa genial.
DEELEY: Ah.
ANNA: Estaba pensando en el estofado. Me refería a cómo cocina su esposa.
DEELEY: ¿Entonces no sos vegetariana?
ANNA: No. Claro que no.
DEELEY: Sí, en el campo hay que comer bien, comida sustanciosa, que te dé fuerzas,
con tanto aire… ¿viste?

Pausa.

KATE: Sí, me gusta mucho todo ese tipo de cosas, hacerlas.


ANNA: ¿Qué tipo de cosas?
KATE: Bueno, ¿viste?, todo ese tipo de cosa.

Pausa.

DEELEY: ¿Querés decir cocinar?


KATE: Toda esa cosa.
ANNA: No éramos muy elaboradas cocinando, no teníamos tiempo, pero cada tanto nos
mandábamos un estofado enorme que no se podía creer, nos lo devorábamos, y
después muchas veces nos quedábamos casi toda la noche ahí sentadas leyendo a
Yeats.

Pausa.

(Para sí misma.) Sí. Casi siempre. Siempre. O casi.

ANNA se pone de pie, camina hacia la ventana.

Qué quietito está el cielo.

Pausa.

¿Llegan a ver ahí esa cintita diminuta de luz? ¿Es el mar? ¿Es el horizonte?
DEELEY: Vos vivís en una costa muy diferente.
ANNA: Ah, sí, muy diferente. Yo vivo en una isla volcánica.
DEELEY: La conozco.
ANNA: ¿Ah, sí?
DEELEY: Estuve.

Pausa.

ANNA: Me alegro tanto de estar acá.


DEELEY: Para Katey –me consta- es muy lindo verte. No tiene muchos amigos.
ANNA: Te tiene a vos.
DEELEY: No hizo muchos amigos, y mirá que oportunidades no le faltaron.
ANNA: A lo mejor tiene todo lo que quiere.
DEELEY: Le falta curiosidad.
ANNA: A lo mejor es feliz.

Pausa.

KATE: ¿Están hablando de mí?


DEELEY: Sí.
ANNA: Siempre fue una soñadora.
DEELEY: Le gustan los paseos largos. Todo eso. ¿Viste? Se pone el piloto. Se va por el
caminito, las manos metidas en los bolsillos. Todo ese tipo de cosa.

ANNA gira para mirar a KATE.

ANNA: Sí.
DEELEY: A veces le agarro la cara entre las manos y la miro.
ANNA: ¿En serio?
DEELEY: Sí, la miro, sosteniéndola entre las manos. Después la suelto, saco las manos,
la dejo ahí, flotando.
KATE: Mi cabeza está bien fija. La tengo puesta.
DEELEY: (a ANNA.) Como si flotara a la deriva.
ANNA: Siempre fue una soñadora.

ANNA se sienta.

A veces, cuando íbamos cruzando el parque, yo le decía, estás soñando, estás soñando,
despertate, ¿qué estás soñando?, y ella se daba vuelta a mirarme, sacudiendo la
melena, y me miraba como si yo fuera parte del sueño.

Pausa.

Un día me dijo: me pasé durmiendo todo el día viernes. No, le dije, ¿qué querés decir?
Me pasé durmiendo todo el día viernes, me dijo. Pero hoy es viernes, le dije,
todo el día fue viernes, y ahora es viernes por la noche, no estuviste durmiendo
todo el viernes. Sí, dijo, me lo pasé durmiendo, hoy es sábado.
DEELEY: ¿Querés decir que literalmente no sabía qué día era?
ANNA: No.
KATE: Sí que sabía. Era sábado.
Pausa.

DEELEY: ¿En qué mes estamos?


KATE: Septiembre.

Pausa.

DEELEY: La estamos obligando a pensar. Tendríamos que verte más seguido. Sos una
influencia saludable.
ANNA: Pero siempre fue una compañía encantadora.
DEELEY: ¿Era divertida para vivir?
ANNA: Un placer.
DEELEY: Hermoso mirarte, un placer conocerte1. Lovely to look at, delightful to know.
ANNA: Ah, esas canciones. Las poníamos todo el tiempo, todas, todo el tiempo, de
noche, tardísimo, tiradas en el piso, cosas viejas hermosas. A veces la miraba a la
cara, pero ella no se daba cuenta de que yo la escrutaba.
DEELEY: ¿Escrutaba?
ANNA: ¿Qué?
DEELEY: La palabra escrutar. No la oigo muy seguido.
ANNA: Sí, no se daba cuenta. Estaba totalmente absorta.
DEELEY: ¿En Hermoso mirarte, un placer conocerte2?
KATE: (a ANNA.) Yo esa canción no la conozco. ¿La teníamos?
DEELEY: (cantando, a KATE.) Lovely to look at, delightful to know…
ANNA: Sí que la teníamos. Por supuesto. Las teníamos todas.
DEELEY: (Cantando.) Blue moon, I see you standing alone…3
ANNA: (Cantando.) The way you comb your hair…4
DEELEY: (Cantando.) Oh no they can’t take that away from me…5
ANNA: (Cantando.) Oh but you’re lovely, with your smile so warm…6
DEELEY: (Cantando.) I’ve got a woman crazy for me. She’s funny that way.7

Breve pausa.

ANNA: (Cantando.) You are the promised kiss of springtime…


1
NdelT: DEELEY alude a la letra de la canción “Lovely to look at”, de Dorothy Fields, Jimmy McHugh
y Jerome Kern, popularizada por Eddy Duchin y la película “Roberta”, de 1935. El texto en inglés es:
“Lovely to look at, delightful to know”, y
2
NdelT: DEELEY recuerda mal el título, ya que éste es simplemente: “Hermoso mirarte” (“Lovely to
look at”).
3
NdelT: “Luna azul, te veo de pie y tan sola”.
Se trata de una deformación de la letra de la canción “Blue moon”, de Lorenz Hart y Richard Rodgers,
que Deeley recuerda probablemente con gran imprecisión. El original dice: “Blue moon, you saw me
standing alone…” (“Luna azul, me viste parado y tan solo…”)
4
NdelT: “El modo en que te peinas el cabello”.
Probablemente un verso de la canción Sixteen reasons why I love you, de Bill y Doree Post.
5
NdelT: “No pueden quitarme eso”.
Muy probablemente un verso de la canción “They can’t take that away from me”, de George e Ira
Gershwin, popularizada por Frank Sinatra.
6
NdelT: “Oh, eres tan adorable, de tan cálida sonrisa”.
Verso de la canción “The way you look tonight”, de Jerome Kern y Dorothy Fields.
7
NdelT: “Tengo una mujer que está loca por mí. Así es divertida.”.
Se trata del título de una canción de Charles Daniels y Richard Whiting, cuya versión más famosa es la
grabada por Billie Holliday en 1937. DEELEY parece citar cantando el título de la canción, ya que el
verso exacto sería: “I’ve got a woman who’s crazy ‘bout me. She’s funny that way.”
DEELEY: (Cantando.) And someday I’ll know that moment divine,
When all the things you are, are mine! 8

Breve pausa.

ANNA: (Cantando.) I get no kick from champagne,


Mere alcohol doesn’t thrill me at all,
So tell me why should it be true –
DEELEY: (Cantando.) That I get a kick out of you? 9

Pausa.

ANNA: (Cantando.) They asked me how I knew


My true love was true,
I of course replied
Something here inside
Cannot de denied.
DEELEY: (Cantando.) When a lovely flame dies…
ANNA: (Cantando.) Smoke gets in your eyes. 10

Pausa.

DEELEY: (Cantando.) The sigh of midnight trains in empty stations…

Pausa.

ANNA: (Cantando.) The park at evening when the bell has sounded…

Pausa.

DEELEY: (Cantando.) The smile of Garbo and the scent of roses…


ANNA: (Cantando.) The waiters whistling as the last bar closes…
DEELEY: (Cantando.) Oh, how the ghost of you clings11…

Pausa.
8
NdelT: “Eres el beso prometido de primavera”. / “¡Y conoceré algún día el momento divino / en el que
todas las cosas que eres sean mías!”
Ambos fragmentos –el de ANNA y luego el de DEELEY- corresponden a distintos momentos de la
canción “All the things you are”, de Oscar Hammerstein II y Jerome Kern, compuesta en 1939 para el
musical “Very warm for May”. El musical no fue un gran éxito, pero esta canción se hizo muy popular.
9
NdelT: “No me hace sentir nada el champán / el alcohol no me deslumbra para nada / dime entonces por
qué será / que tu sí me haces sentir de verdad”.
De la canción de Cole Porter “I get a kick out of you”, popularizada por Fran Sinatra.
10
NdelT: “Me preguntaron cómo sabía / que mi verdadero amor es verdadero / yo respondí por supuesto /
que algo aquí dentro / no puede negarse” / “Cuando una hermosa llama se muere… / se te llenan los ojos
de humo”.
Se trata de dos momentos distintos de la canción “Smoke gets in your eyes”, de Jerome Kern y Ken
Harbach, popularizada por The Platters.
11
NdelT: Se trata de cinco versos distintos –y en total desorden- de la canción “These foolish things
(Remind me of you)”, de Holt Marvell, con música de Jack Strachey y Harry Link:
“El suspiro de trenes de medianoche en estaciones desiertas” / “El parque, de noche, cuando ya ha sonado
la campana” / “La sonrisa de Garbo y el aroma de rosas” / “Los camareros silbando al cerrar el último
bar” / “Oh, cómo persiste tu fantasma…”
Ya no las hacen así.

Silencio.

Lo que me pasó fue esto. Yo me había metido en un antro de mala muerte para ver
“Larga es la noche”12. Una tarde terrible de verano, que iba caminando a la
deriva. Me acuerdo que pensaba que algo del barrio me resultaba familiar y de
repente me acordé de que había sido en este mismo barrio que mi papá me
compró mi primer triciclo, el único triciclo, a decir verdad, que yo haya tenido.
En fin, estaba la bicicletería y estaba este antro en el que daban “Larga es la
noche” y estaban estas dos acomodadoras paradas en el vestíbulo y una de ellas
se estaba acariciando los senos y la otra le decía: “puta roñosa”, y la que se
tocaba decía “mmnnn” con una fruición de lo más sensual y sonriéndole a la otra
acomodadora, así que me metí en esta tarde de verano extremadamente
sofocante en la loma del culo y me vi “Larga es la noche” y Robert Newton me
pareció genial. Y todavía me parece genial. Y sería capaz de cometer asesinato
por él, hoy mismo, inclusive. Y había una sola persona en el cine, una sola
persona en absolutamente todo el cine, y ahí está ella. Y ahí estaba ella, en
penumbras, muy quieta, ubicada más o menos diría yo en el centro del auditorio
muerto. Yo no estaba en el centro y ahí me he quedado siempre. Y me fui cuando
terminó la película, notando, pese a que James Mason estaba muerto, que la
primera acomodadora parecía completamente exhausta, y yo me quedé ahí
parado al sol, pensando –supongo- en alguna cosa y entonces esta chica salió y
me parece que yo medio la miré y dije: “¿no estuvo genial Robert Newton?”, y
ella dijo alguna que otra cosa, sólo dios sabe qué, pero me miró, y yo pensé
Dios, se me dio, me acabo de hacer un levante, éste es un levante de primera, y
en cuanto estuvimos sentados en un bar frente a una taza de té, ella miró adentro
de la taza y después levantó la vista hacia mí y me dijo que le parecía que Robert
Newton era notable. Así que fue Robert Newton el que nos juntó y Robert
Newton es el único que puede separarnos.

Pausa.

ANNA: F.J. McCormick también estaba muy bien.


DEELEY: Ya sé que F.J. McCormick también estaba bien. Pero él no nos juntó.

Pausa.

DEELEY: ¿Así que vos viste la película?


ANNA: Sí.
DEELEY: ¿Cuándo?
ANNA: Ay… hace mucho.

Pausa.

DEELEY: (a KATE). ¿Te acordás de esa película?


12
NdelT: Tal es el título español con el que se conoció el film aludido, “Odd man out”, dirigida por Carol
Reed, con James Mason y Robert Newton.
KATE: Sí, claro. Muy bien.

Pausa.

DEELEY: Creo no equivocarme al afirmar que la próxima vez que nos vimos ya íbamos
agarrados de la mano. Yo le tenía la mano, fresca, mientras caminaba al lado
mío, y dije algo que la hizo sonreír, y me miró, ¿no?, tirándose el pelo para atrás,
y a mí me pareció que era todavía más genial que Robert Newton.

Pausa.

Y después, apenas muy poco después, nuestros cuerpos desnudos se encontraron, el


suyo fresco, tibio, enormemente agradable, y yo me preguntaba qué pensaría de
esto Robert Newton. Qué pensaría de esto, me preguntaba mientras la acariciaba
profundamente por todas partes.
(A ANNA.) ¿Qué pensás que pensaría?
ANNA: A Robert Newton yo no lo conocí pero sí sé que sé lo que querés decir. Hay
cosas que uno recuerda aunque a lo mejor no pasaron nunca. Hay cosas que yo
recuerdo que a lo mejor nunca pasaron, pero, como las recuerdo, entonces
ocurren de verdad.
DEELEY: ¿Qué?
ANNA: Este hombre que lloraba en nuestra pieza. Una noche, tarde, llegué y lo
encontré sollozando, tapándose la cara con la mano, sentado en el sillón,
derrumbado en el sillón y Katey sentada en la cama con un tazón de café y
ninguno me hablaba, ninguno hablaba, ninguno levantaba la vista. Yo no podía
hacer nada. Me desvestí y apagué la luz y me metí en mi cama, las cortinas eran
finitas, entraba la luz de la calle, Katey quietita, en su cama, el hombre
sollozaba, entraba luz y parpadeaba contra la pared, había una brisa muy leve, de
vez en cuando se sacudían las cortinas, no se escuchaba nada más que los
sollozos, de pronto pararon. El hombre se vino hasta mi cama, rápido, me miró,
encima mío, pero yo no quería saber nada con él, nada.

Pausa.

No, no, me equivoco… no fue rápido, que vino… no es verdad… vino… muy lento, la
luz mortecina, y se detuvo. Se quedó parado en el centro de la pieza. Nos miró a
las dos, miró nuestras camas. Entonces giró para donde estaba yo. Se acercó a mi
cama. Se inclinó encima mío. Pero yo no quería tener nada que ver con él, nada
de nada.

Pausa.

DEELEY: ¿Qué tipo de hombre era?


ANNA: Pero al rato lo escuché irse. Escuché que se cerraba la puerta, y pasos en la
calle, después silencio, después los pasos que se alejaban, y después silencio.

Pausa.

Pero después, en algún momento de la noche, más tarde, me desperté y miré al otro lado
de la pieza, donde estaba la cama de ella, y vi dos bultos.
DEELEY: ¡Había vuelto!
ANNA: Estaba tirado sobre su falda, en la cama.
DEELEY: ¿Un hombre en la oscuridad sobre la falda de mi mujer?

Pausa.

ANNA: Pero después a la mañana temprano… se había ido.


DEELEY: Gracias a dios.
ANNA: Fue como si no hubiera estado nunca.
DEELEY: Claro que estuvo. Se fue dos veces y volvió una.
Pausa.
Bueno, que historia más excitante, ésa.
Pausa.
¿Cómo era, el tipo éste?
ANNA: No, nunca llegué a verle la cara con claridad. No sé.
DEELEY: ¿Pero era - ?

KATE se pone de pie. Va a una mesita, toma un cigarrillo de una caja y lo enciende.
Baja la vista hacia ANNA.

KATE: Hablan de mí como si estuviera muerta.


ANNA: No, no, no estabas muerta, estabas tan vivaz, tan animada, cómo te reías –
DEELEY: Claro. Yo te hacía sonreír, yo, ¿no?, cuando íbamos por la calle, de la manito.
Te morías de la risa.
ANNA: Sí, ella podía llegar a ser tan… animada.
DEELEY: Animada no es la palabra. Cuando sonreía… ¿cómo lo describo?
ANNA: Se le encendían los ojos.
DEELEY: Yo mismo no lo podría haber dicho mejor.

DEELEY se pone de pie, va hacia la cigarrera, la alza, le sonríe a KATE. KATE lo


mira, lo observa encender el cigarrillo, toma la cigarrera de manos de él, va
hacia ANNA, le ofrece un cigarrillo. ANNA toma uno.

ANNA: No estabas muerta. Jamás. En ningún sentido.


KATE: Dije que hablan de mí como si estoy muerta. Ahora.
ANNA: ¿Cómo decís eso? Cómo decís eso, cuando te estoy mirando, ahora, tan tímida,
inclinada arriba mío, mirándome…
DEELEY: ¡Basta con eso!

Pausa.

KATE se sienta.
DEELEY se sirve un trago.

DEELEY: Yo por mi parte era un estudiante en ese entonces, haciendo malabares con
mi futuro, preguntándome si en una de ésas no me vendría bien cargar a cuestas
con una chicuela que acababa de dejar los pañales y cuya única virtud fuera el
silencio pero a la que le faltaba todo sentido de eje, todo sentido de decisión, y
en cambio se dejaba llevar por cualquier viento caprichoso, una veleta de cara a
cualquier viento, pero no a los vientos en general, y ciertamente no de cara a mis
vientos, sino más bien me imagino a vientos que nada más ella comprendía, si es
que los comprendía a fin de cuentas, al menos tal como yo interpreto tal palabra,
al menos así es como me lo imaginaba. Una clásica figura femenina, me decía
para mí, ¿o es una clásica postura femenina?, fuere como fuere, cualquiera de
ellas ya completamente superadas.

Pausa.

Así lo veía yo en ese entonces. Es decir, ése es mi categórico pronunciamiento sobre el


particular tal como yo lo veía entonces. Hace veinte años.

Silencio.

ANNA: Cuando me enteré de que Katey se había casado me saltó el corazón de alegría.
DEELEY: ¿Cómo te llegó la noticia?
ANNA: Por un amigo.

Pausa.

Sí, me saltó de alegría. Porque, ¿viste?, yo sabía que ella nunca hacía las cosas así
porque sí o al voleo, al descuido. Alguna gente tira una piedra al río para ver si el
agua está demasiado fría antes del chapuzón, otros, unos pocos, esperan siempre
a que pasen las olitas antes de saltar.
DEELEY: ¿Alguna gente hace qué? (A KATE.) ¿Qué dijo?
ANNA: Y yo sabía que Katey siempre iba a esperar no sólo las primeras olitas, sino
sobre todo a que las olitas se expandieran por toda la superficie, ya que por
supuesto, como sabrás, las olitas en superficie indican una deslumbrante
conmoción en profundidad a través de cada partícula de agua hasta el lecho
mismo del río, pero inclusive cuando ella lo sintiera ocurrir, cuando estuviera
segura de que estaba ocurriendo, aun así podría no saltar. Pero en este caso sí
que saltó, y entonces me di cuenta de que se había enamorado de veras y me
alegré. Y deduje que a vos te habría pasado igual.
DEELEY: ¿Lo de las olitas, decís vos?
ANNA: Por ejemplo.
DEELEY: ¿Los hombres también hacen olitas?
ANNA: Algunos, diría yo.
DEELEY: Ya veo.

Pausa.

ANNA: Y después, cuando me enteré de qué clase de hombre eras me alegré por partida
doble porque sabía que a Katey siempre le habían interesado las artes.
KATE: En algún momento me interesaron las artes, pero ahora no puedo recordar
cuáles.
ANNA: ¿No me digas que te olvidaste de nuestros días en el Tate13? ¿Y cómo
recorríamos Londres y las iglesias antiguas y los edificios viejos, es decir los que
se salvaron de las bombas, por el centro y a lo largo de la orilla sur del río en

13
NdelT: Uno de los museos más importantes de Londres. El ahora renombrado “Tate Modern” no
existía en la época en que fue escrita la pieza, por lo que es obvio que Pinter se refiere al antiguo, ahora
llamado “Tate Britain”.
Lambeth y Greenwich? Dios mío. Sí. ¡Los diarios de los domingos! No la podía
sacar de las páginas de crítica de arte. Se las devoraba, y después insistía en que
fuéramos a la galería tal, o al teatro tal, o a no sé qué concierto de cámara, pero
claro, había tanto para ver y oír en Londres en esa época, qué ciudad
maravillosa, que a veces nos perdíamos cosas, o no teníamos más plata, y
entonces nos perdíamos cosas. Por ejemplo, un domingo me acuerdo que levantó
la vista del diario y me dijo: vamos rápido, rápido, vení conmigo, y agarramos
las carteras y nos fuimos en colectivo a un barrio totalmente oscuro, totalmente
ajeno y, prácticamente solas, vimos una película fabulosa que se llamaba Larga
es la noche.

Silencio.

DEELEY: Sí, la verdad que viajo bastante, por mi trabajo.


ANNA: ¿Y te gusta?
DEELEY: Una barbaridad. Una barbaridad.
ANNA: ¿Vas lejos?
DEELEY: Recorro el globo, por mi trabajo.
ANNA: ¿Y la pobre Katey, cuando te vas? ¿Qué hace?

ANNA mira a KATE.

KATE: Bueno, yo continúo.


ANNA: ¿Se va por mucho tiempo?
KATE: Creo que sí, a veces. (A DEELEY.) ¿No?
ANNA: ¿Y la dejás sola a tu mujer por tanto tiempo? ¿Cómo es eso?
DEELEY: Tengo que viajar mucho, por mi trabajo.
ANNA: (A KATE.) Me parece que tengo que venir a hacerte compañía cuando se vaya.
DEELEY: ¿No te va a extrañar tu marido?
ANNA: Claro. Pero lo entendería.
DEELEY: ¿Y ahora lo entiende?
ANNA: Claro.
DEELEY: Le habíamos hecho comida vegetariana.
ANNA: No es vegetariano. De hecho, es bastante gourmet. Vivimos en una casa de lo
más paqueta y desde hace muchos años. Queda muy arriba, en los acantilados.
DEELEY: Se come bien ahí arriba, ¿eh?
ANNA: La verdad que sí, diría yo.
DEELEY: Sí, yo conozco Sicilia someramente. Someramente, nomás. Taormina.
¿Ustedes viven en Taormina?
ANNA: En las afueras.
DEELEY: En las afueras, sí. Bien arriba. Sí, seguro que vi la casa donde viven ustedes
al pasar.

Pausa.

Estuve en Sicilia por trabajo. Mi trabajo tiene que ver con la vida en todas partes, ¿me
entendés?, en cada parte del globo. Con la gente de todo el globo. Uso la palabra globo
porque la palabra “mundo” es pretenciosa y despierta asociaciones emocionales,
políticas, sociológicas y psicológicas de las que a decir verdad prefiero prescindir, o
mejor dicho quiero esquivar, o que rechazo si les parece mejor. ¿Y qué tal el yate?
ANNA: Oh, muy bien.
DEELEY: ¿El capitán mantiene el rumbo bien derechito?
ANNA: Tan derecho como queremos, cuando queremos ir derecho.
DEELEY: ¿No te parece que Inglaterra es muy húmeda, al volver?
ANNA: Sí, subyugantemente húmeda.
DEELEY: ¿Subyugantemente húmeda? (Para sí.) ¿Qué diablos estará queriendo decir?

Pausa.

Bueno, en cualquier ocasión si su marido llegara a encontrarse enfilando para estos lares
mi mujercita va a estar sencillamente encantada de calentar la vieja olla en el fuego de
la vieja hornalla y servirle de la nada algo sabroso, si no voluptuoso. Ningún problema.

Pausa.

Supongo que no pudo hacer el viaje porque sus asuntos de negocios no se lo


permitieron. ¿Cómo se llama? ¿Gian Carlo o Per Paulo?
KATE: (A ANNA.) ¿Tenés pisos de mármol?
ANNA: Sí.
KATE: ¿Y los caminas descalza?
ANNA: Sí. Pero para andar por la terraza me pongo unas sandalias, para no
lastimarme la planta de los pies.
KATE: Por el sol, ¿no? El calor.
ANNA: Sí.
DEELEY: Me tocó un equipo excelente en Sicilia. Un camarógrafo fabuloso. Irving
Schulz. El mejor que hay. Hicimos unas tomas muy discretas de las mujeres de negro.
Las viejitas de negro. El guión lo escribí yo mismo y lo dirigí. Me llamo Orson Welles.
KATE: (A ANNA.) ¿Tomás jugo de naranja en la terraza de mañana, y cócteles a la
tarde, mirando el mar?
ANNA: A veces, sí.
DEELEY: Para decirlo con todas las letras, estoy en el mejor nivel dentro de mi
profesión, para decirlo con todas las letras, y he estado asociado a un abultado número
de gente sensible y capaz, principalmente prostitutas de todo tipo.
KATE: ( A ANNA.) ¿Y te gusta la gente de Sicilia?
DEELEY: Yo estuve allí. No hay nada más que ver, ni que investigar, nada. Ya no queda
nada por investigar en Sicilia.
KATE: (A ANNA.) ¿Te gusta la gente de Sicilia?

ANNA la mira fijo.

Silencio.

ANNA: (Tranquilamente.) No salgamos esta noche, no vayamos a ninguna parte,


quedémonos en casa. Voy a preparar algo de comer, vos te podés lavar la cabeza,
podés descansar, vamos a escuchar discos.
KATE: No sé. Podríamos salir.
ANNA: ¿Por qué querés salir?
KATE: Podríamos ir a caminar al parque.
ANNA: El parque es una mugre de noche, lleno de gente horrible, de hombres
escondidos detrás de los árboles y mujeres de voces espantosas, te gritan cuando
pasás, y gente que te sale de golpe de atrás de los árboles y de los arbustos y hay
sombras por todas partes, y policías, y va a ser un paseo horrible para vos, vas a
ver tanto tráfico, y el ruido del tráfico y vas a ver los hoteles, y ya sabés como te
repugna ver a través de esas puertas giratorias, te repugna, ver todo eso, toda esa
gente con toda esa luz de los lobbies, todos hablando y de acá para allá... y las
arañas...

Pausa.

Si salís vas a querer volver a casa. Vas a querer volver corriendo a casa... a meterte en
tu pieza.

Pausa.

KATE: ¿Qué hacemos, entonces?


ANNA: Quedarnos. ¿Querés que te lea algo? ¿Te gustaría?
KATE: No sé.

Pausa.

ANNA: ¿Tenés hambre?


KATE: No.
DEELEY: ¿Hambre? ¿Después de semejante estofado?

Pausa.

KATE: ¿Qué me pongo mañana? No me decido.


ANNA: La verde.
KATE: Es que no tengo nada para la parte de arriba.
ANNA: Sí tenés. La blusa turquesa.
KATE: ¿Quedan bien?
ANNA: Claro que quedan bien. Por supuesto.
KATE: Me la voy a probar.

Pausa.

ANNA: ¿Querés que invite a alguien?


KATE: ¿A quién?
ANNA: A Charlie... ¿O a Jake?
KATE: No me gusta Jake.
ANNA: Bueno. A Charlie o ...
KATE: ¿Quién?
ANNA: McCabe.

Pausa.

KATE: Lo voy a pensar mientras me baño.


ANNA: ¿Te pongo a llenar la bañadera?
KATE: (Poniéndose de pie.) No. Esta noche me la voy llenar yo.
KATE camina despacio hacia la puerta del dormitorio, sale, cierra la puerta.

DEELEY queda de pie, mirando a ANNA.


ANNA gira la cabeza hacia él.

Se miran.

APAGÓN GRADUAL
Segundo acto
El dormitorio.
Ventana larga al fondo, al centro. La puerta hacia el baño al fondo a la izquierda. La
puerta hacia la sala al fondo a la derecha.

Dos divanes. Un sillón.

Los divanes y el sillón están dispuestos guardando exactamente la misma relación entre
sí que los muebles del primer acto, pero ubicados en la posición inversa.

Luces tenues. Se distingue a ANNA sentada en el diván. Un débil reflejo de luz


atraviesa el vidrio de la puerta del baño.

Silencio.

Sube la luz. Se abre la otra puerta. Entra DEELEY con una bandeja.

DEELEY ingresa a la habitación, coloca la bandeja sobre una mesa.

DEELEY: Acá está. Bien calentito. Bien fuerte y calentito. Te gusta con leche y azúcar,
¿no?
ANNA: Sí, por favor.
DEELEY: (Sirviendo.) Bien fuerte y calentito con leche y azúcar.

Le da la taza.

¿Te gusta la pieza?

ANNA: Sí.
DEELEY: Acá dormimos. Éstas son camas. Lo genial de estas camas es que admiten
todo tipo de permutaciones. Pueden estar separadas como ahora. O colocadas en
ángulo recto. O una perpendicular a la otra, o se puede dormir pies con pies, o
cabeza con cabeza, o uno al lado del otro. Es por los rulemanes, que hacen
posible todo esto.

Se sienta con su café.

Sí, me acuerdo muy bien de vos, del bar aquél, The Wayfarers.
ANNA: ¿De cuál?
DEELEY: Del bar de la Avenida Brompton: The Wayfarers Tavern.
ANNA: ¿Cuándo fue?
DEELEY: Hace años.
ANNA: No creo.
DEELEY: Sí, eras vos, no cabe duda. Nunca olvido una cara. Vos te sentabas en el
rincón, muy seguido, a veces sola, a veces con otros. Y acá estás, sentada en mi
casa de campo. La misma mujer. Increíble. Un muchacho que se llamaba Luke
iba a este lugar. Vos lo conocías.
ANNA: ¿Luke?
DEELEY: Grandulón. Pelirrojo. De barba pelirroja.
ANNA: Honestamente, no me parece.
DEELEY: Sí, eran un montón, poetas, dobles de cine, jockeys, cómicos de bar, esa clase
de gente. Vos te ponías un fulard, sí, eso, un fulard negro, un sweater negro y
una pollera.
ANNA: ¿Yo ?
DEELEY: Y medias negras. No me digas que te olvidaste de aquel bar. Puede ser que te
hayas olvidado del nombre, pero del sitio te tenés que acordar. Si eras la reina
del lugar.
ANNA: Yo no era rica, te imaginarás. No tenía plata para ir de copas.
DEELEY: Pero tenías acompañantes. No necesitabas pagar. Te atendían. Yo mismo te
invité más de una vez.
ANNA: ¿Vos?
DEELEY: Seguro.
ANNA: Nunca.
DEELEY: De veras. Me acuerdo muy clarito.

Pausa.

ANNA: ¿Vos?
DEELEY: Te pagué varias copas.

Pausa.

Hace veinte años... más o menos.


ANNA: ¿Me estás diciendo que nos conocemos de antes?
DEELEY: Por supuesto que nos conocemos de antes .

Pausa.

Nosotros ya hablamos. En ese bar, por ejemplo. En el rincón. A Luke no le cayó muy
bien pero nosotros hicimos como si nada. Después nos fuimos todos a una fiesta.
Al departamento de alguien, más o menos por Westbourne Grove. Vos te sentaste
en un sofá muy bajito, yo me senté justo en frente y te miraba por debajo de la
pollera. Las medias negras eran más negras porque tus muslos eran
blanquísimos. Claro que igual eso es algo que pasaba antes, ¿no te parece?,
ahora ya no parece gran cosa, ya pasó. Pero en esa época valía la pena. Esa
noche valió la pena. Yo nada más me senté a disfrutar mi cerveza y a
contemplar... a contemplar por debajo de tu pollera. Vos ni te opusiste, yo
contemplaba y a vos te parecía perfectamente normal.
ANNA: ¿Me daba cuenta de que vos me contemplabas?
DEELEY: En ese momento se ponen todos a discutir sobre China, o no sé qué, o sobre
la muerte, o algo sobre China y la muerte, ahora no me acuerdo, pero yo era el
único que gozaba del privilegio de esos muslos que eran como besos, y vos eras
la única que tenía esos muslos que daban esos besos. Y acá estás. La misma
mujer. Los mismos muslos.
Pausa.

Sí. Después entró una amiga tuya, una chica, una chica amiga tuya. Se sentó con vos en
el sofá, las dos charlaban y se reían, una al lado de la otra, y yo me acomodé un
poco más bajo para contemplarlas a las dos juntas, los muslos de las dos,
cuchicheando, hablando en voz baja, vos sabías, ella no, y ahí me rodeó una
multitud de hombres, y me pidieron mi opinión sobre la muerte, o sobre China, o
no sé qué, y no me dejaban en paz y para peor se inclinaban sobre mí con su
aliento asqueroso y los dientes partidos y los pelos de las narices y China y la
muerte y los culos apoyados en los brazos de mi sillón, tuve que levantarme y
abrirme paso entre todos, y me seguían encarnizadamente, como si yo fuera la
causa de la discusión, y me iba mirando para atrás entre el humo, enfilando para
la mesita con el mantel de hule a buscar otra botella llena de cerveza, me iba
mirando para atrás entre el humo, llegaba a entrever dos chicas en el sofá, una
eras vos, con las cabezas muy arrimadas, murmurándose, y ya no podía ver nada,
ya no podía ver ni medias ni muslos, y después ya no estaban más. Me abrí paso
de nuevo hasta el sofá. No había nadie. Contemplé las huellas de las cuatro
nalgas. Dos de las cuales eran tuyas.

Pausa.

ANNA: Creo que nunca escuché una historia tan triste.


DEELEY: Estoy de acuerdo.
ANNA: Lo siento muchísimo.
DEELEY: Bueno, está bien.

Pausa.

No te vi más. Desapareciste de la zona. A lo mejor te mudaste.


ANNA: No.
DEELEY: No te vi más en el bar, en el Wayfarers Tavern. ¿Por dónde andabas?
ANNA: Ay, en conciertos, me imagino, o en el ballet.

Silencio.

Katey se está tomando mucho tiempo para bañarse.


DEELEY: Bueno, ya sabés cómo es cuando se mete en le bañadera.
ANNA: Sí.
DEELEY: Le encanta. Le dedica un tiempo tremendo.
ANNA: Es cierto, sí.
DEELEY: Un tiempo tremebundo. Se da el lujo. Se enjabona de pies a cabeza.

Pausa.

Realmente se enjabona toda y después se saca el jabón, burbuja por burbuja. Tan
meticulosa. Es detallista y a la vez –lo tengo que decir- sensual. Se da una
repasada completa y aparte cuando sale está limpita como un alfiler nuevo. ¿No
te parece?
ANNA: Limpísima.
DEELEY: De verdad. Ni una mancha. Ni una marquita. Brillosa como burbuja.
ANNA: Sí, como si flotara.
DEELEY: ¿Qué?
ANNA: Sale flotando del baño. Como en un sueño. Sin percatarse de que hay alguien
parada al lado, con una toalla, esperándola, esperando para envolverla.
Completamente absorta.

Pausa.

Hasta que se le pone la toalla en los hombros.


DEELEY: Por supuesto que es tan completamente incapaz de secarse bien, ¿no lo
notaste? Se fricciona bien, realmente. Pero, ¿es capaz de frotarse igualmente con
la misma eficacia? Yo, hasta donde la conozco, tengo que decir que no se dan
así, las cosas. Siempre le vas a ver encima alguna gota inoportuna, inesperada,
algún globito chorreando por ahí.
ANNA: ¿Y por qué no la secás vos?
DEELEY: ¿Eso me sugerís vos?
ANNA: Lo harías muy bien.
DEELEY: ¿Con su toallón de baño?
ANNA: ¿Cómo, si no?
DEELEY: ¿Cómo, si no?
ANNA: ¿Cómo la vas a secar, si no? ¿Sin su toallón?
DEELEY: No sé.
ANNA: Bueno, secala vos, con su toallón.

Pausa.

DEELEY: ¿Por qué no la secás vos, con su toallón?


ANNA: ¿Yo?
DEELEY: Lo harías muy bien.
ANNA: No, no.
DEELEY: ¿Segura? Quiero decir, vos sos mujer, vos sabés cómo, dónde y con qué
densidad se acumula la humedad en los cuerpos de las mujeres.
ANNA: No hay dos mujeres iguales.
DEELEY: Bueno, eso es muy cierto.

Pausa.

Se me ocurre una idea brillante. ¿Por qué no la secamos con talco?


ANNA: ¿Te parece una idea brillante?
DEELEY: ¿A vos no?
ANNA: Entalcarse después del baño es de lo más común.
DEELEY: Entalcarse después del baño es de lo más común pero es muy poco común
que a uno lo entalquen. ¿O no? En mi país no es nada común, te lo juro. A mi
madre le daría un ataque.

Pausa.

Pará. Te digo qué. Lo voy a hacer yo. Lo voy a hacer todo. Lo del toallón y el talco.
Después de todo, soy su marido. Pero vos podés supervisar toda la cuestión. Y
darme algunos consejos candentes mientras supervisás. Así matamos dos pájaros
de un tiro.

Pausa.

(Para sí.) Dios mío.

La mira lentamente.

Vos debés andar por los cuarenta... calculo, a estas alturas.

Pausa.

Si yo entrara ahora en el Wayfarer Tavern y te viera sentada en el rincón, no te


reconocería.

La puerta del baño se abre. Kate entra al dormitorio. Tiene puesta una salida de baño.

Sonríe a Deeley y a Anna.

KATE: (Con placer.) Aaahh.

Camina hasta la ventana y mira la noche, afuera. Deeley y Anna la observan.

Deeley comienza a cantar suavemente.

DEELEY: (Cantando.) The way you wear your hat…


ANNA: (Cantando suavemente.) The way you sip you tea…
DEELEY: (Cantando.) The memory of all that…
ANNA: (Cantando.) No, no, they can’t take that away from me…14

Kate, en la ventana, se da vuelta y los mira.

ANNA: (Cantando.) The way your smile just beams…


DEELEY: (Cantando.) The way you sing off key…
ANNA: (Cantando.) The way you haunt my dreams…
DEELEY: (Cantando.) No, no, they can’t take that away from me…15

Kate camina hacia ellos y se detiene, de pie, sonriendo. Anna y Deeley cantan
nuevamente mas rápido, más al pie del otro, y más descuidadamente.

ANNA: (Cantando.) The way you hold your knife –


DEELEY: (Cantando.) The way we danced till three –
14
NdelT: Se trata otra vez de la canción “They can’t take that away from me” (“No pueden quitarme
eso”), en la popular versión de Frank Sinatra. En este caso, Anna y Deeley se reparten íntegramente la
segunda estrofa.
“El modo en que usas el sombrero / el modo en que sorbes tu té / el recuerdo de todo eso. / No, no, no
pueden quitarme eso”.
15
NdelT: Se trata de la tercera estrofa.
“El modo en que brilla tu sonrisa / el modo en que cantas desafinada / el modo en que rondas por mis
sueños. / No, no, no pueden quitarme eso”.
ANNA: (Cantando.) The way you’ve changed my life –
DEELEY: No, no, they can’t take that away from me…16

Kate se sienta en un diván.

ANNA: (A DEELEY.) ¿No es cierto que está hermosa?


DEELEY: ¿No es cierto que sí?
KATE: Gracias. Me siento fresca. El agua de aquí es muy suave. Mucho más suave que
en Londres. El agua de Londres siempre me parece muy dura. Ésa es una de las
razones por las que me gusta vivir en el campo. Todo es más suave. El agua, la
luz, las formas, los sonidos. Y vivir cerca del mar, también. No se sabe dónde
empieza ni dónde termina. Eso me atrae. No me gustan las líneas duras. Detesto
ese tipo de presión. Me gustaría ir a Oriente, por ejemplo o a un lugar más
cálido donde me pudiera acostar bajo un mosquitero y respirar muy lentamente.
¿Saben?... algún lugar donde se pudiera estar en una carpa y mirar la arena, ese
tipo de cosas. Lo único lindo de las ciudades grandes es que cuando llueve se
borronea todo, y borronea las luces de los coches, ¿no?, y te borronea los ojos, y
te quedan gotas en las pestañas. Eso es lo único lindo de las ciudades grandes.
ANNA: No es lo único lindo. Podés tener una habitación agradable y una buena estufa y
un salto de cama abrigado y una bebida caliente, todo eso esperándote cuando
llegás.

Pausa.

KATE: ¿Llueve?
ANNA: No.
KATE: Bueno, igual decidí quedarme en casa esta noche.
ANNA: Qué bien. Me alegro. Ahora podés tomar una buena taza de café negro después
del baño.

Anna se pone de pie; va hasta el café, lo sirve.

Te podría hacer el dobladillo del vestido negro. Te lo podría terminar. Así te lo probás.

KATE: Mmm.

Anna le alcanza el café.

ANNA: También te puedo leer algo.


DEELEY: ¿Te secaste bien, Kate?
KATE Creo que sí.
DEELEY: ¿Estás segura? ¿Toda seca?
KATE Creo que sí. Me siento bien seca.
DEELEY: ¿Estás bien segura? No quiero verte toda húmeda sentándote por todas partes.

Kate sonríe.

16
NdelT: Y finalmente la cuarta estrofa de la misma canción.
“El modo en que sostienes el cuchillo / el modo en que bailamos hasta las tres / el modo en que has
cambiado mi vida. / No, no, no pueden quitarme eso”.
¿Ves esa sonrisa? Es la misma sonrisa que me hacía cuando caminaba con ella por la
calle, después de ver “Larga es la noche”, bueno, un buen rato después. ¿Qué te
pareció?
ANNA: Es una sonrisa muy hermosa.
DEELEY: Hacelo de nuevo.
KATE: Todavía estoy sonriendo.
DEELEY: No. No como hacías recién, no como hacías en ese entonces.

(A Anna.) ¿Vos sabés a qué sonrisa me refiero?


KATE: Este café está frío.
ANNA: Lo siento. Te preparo uno nuevo.
KATE: No, no quiero. Gracias.

Pausa.

¿Viene Charley?

ANNA: Si querés lo puedo llamar por teléfono.


KATE: ¿Y McCabe?
ANNA: ¿En serio querés ver a alguien?
KATE: Me parece que no me gusta McCabe.
ANNA: A mí tampoco.
KATE: Es raro. Me dice cosas muy raras.
ANNA: ¿Qué cosas?
KATE: Ay, todas cosas raras.
ANNA: Nunca me gustó.
KATE: Pero Duncan sí que es simpático, ¿no ?
ANNA: Ah, sí.
KATE: Me gusta tanto su poesía.

Pausa.

¿Pero sabés quién es el que más me gusta?


ANNA: ¿Quién?
KATE: Christy.
ANNA: Es divino.
KATE: Es tan amable, ¿no? Y tiene un humor. ¿No que tiene un sentido del humor
divino? Y me parece tan… sensible. ¿Porqué no lo invitás?
DEELEY: No puede venir. No está en la ciudad.
KATE: Ay, qué pena.

Silencio.

DEELEY: (A ANNA.) ¿Tenés planeado ver a alguien más mientras estés en Inglaterra?
¿Parientes? ¿Primos? ¿Hermanos?
ANNA: No. No conozco a nadie. Excepto a Kate.

Pausa.
DEELEY: ¿La notás cambiada?
ANNA: Un poco. No demasiado. (A Kate.) Seguís siendo tímida, ¿no?

Kate la mira fijo.

(A Deeley.) Pero cuando la conocí era tan tímida, más tímida que una ardillita, de
verdad. Cuando la gente se le acercaba a hablarle se replegaba y aunque
estuviera allí físicamente al alcance, ella se les hacía inaccesible. Se les
replegaba, y no le podían ni hablar ni entrar en contacto físico con ella. Yo lo
atribuía a su educación, es hija de un pastor, realmente tenía mucho del estilo de
las Brontë.
DEELEY: ¿Era hija de un pastor?
ANNA: Pero si pensé en las Brontë no fue porque pensara que era una Brontë en su
pasión sino en su privacidad, en su obstinado sentido de la privacidad.

Breve pausa.

Me acuerdo de la primera vez que se puso colorada.


DEELEY: ¿Qué? ¿Qué pasó? Digo, ¿por qué pasó eso?
ANNA: Yo le había sacado ropa interior, para ir a una fiesta. Después a la noche se lo
confesé. Estuve mal. Se quedó mirándome, perpleja, ésa es la palabra, quizás.
Pero le dije que de hecho me habían castigado por mi pecado, porque un hombre
en la fiesta se había pasado toda la noche mirándome debajo de la pollera.

Pausa.

DEELEY: ¿Se puso colorada por eso?


ANNA: Profundamente.
DEELEY: Mirando la ropa interior de ella por debajo de tu pollera.
ANNA: Pero desde esa noche, de vez en cuando, me insistía para que usara su ropa
interior - tenía más que yo, y mucho más variada – y cada vez que me lo
proponía se ponía colorada, pero iba y me lo proponía, igualmente. Y cuando
había algo para contarle, al volver, algo interesante para contarle, se lo contaba.
DEELEY: ¿Y se ponía colorada?
ANNA: No llegaba a verla. Yo volvía tarde y la encontraba leyendo al lado de la
lámpara, y empezaba a contarle, pero me decía que no, que apagara la luz, y se
lo contaba a oscuras. Prefería que le contara a oscuras. Claro que la oscuridad
nunca era total, por la luz de la estufa o la claridad que se filtraba por las
cortinas, y lo que ella no sabía es que, como yo sabía lo que ella prefería, yo me
elegía una posición en el cuarto desde donde podía verle la cara, aunque ella no
pudiera ver la mía. Ella podía escuchar mi voz, pero nada más. Y así escuchaba,
y yo la miraba escucharme.
DEELEY: Suena a un matrimonio perfecto.
ANNA: Éramos grandes amigas

Pausa.

DEELEY: Vos decís que era Brontë en su sentido de privacidad pero no en pasión.
¿Cómo era en pasión ?
ANNA: Me parece que eso es terreno tuyo.
DEELEY: ¿Te parece que es terreno mío? Tenés toda la razón del mundo. Es terreno
mío. Me alegro de que por fin alguien muestre un poco de buen gusto. Por
supuesto que es terreno mío, carajo. Soy su marido.

Pausa.

O sea, me gustaría hacer una pregunta. ¿Soy el único que empieza a sentir que esto se
pone desagradable?
ANNA: Pero, ¿qué te parece desagradable en esto? Volé desde Roma para ver a mi
amiga más antigua, después de veinte años, y conocer a su marido. ¿Qué es lo
que te preocupa?
DEELEY: Lo que me preocupa es pensar que tu marido anda a los tumbos, solo, en esa
casa enorme, alimentándose a huevo duro y nada más, sin poder hablar una puta
palabra de inglés.
ANNA: Yo le hago de intérprete, cuando hace falta.
DEELEY: Y sí, pero vos estás acá, con nosotros. Él está allá, solo, deambulando por la
terraza, esperando alguna lancha a motor, esperando que una lancha a motor
derrame un puñado de gente hermosa, por lo menos. Gente hermosa y
mediterránea. Esperando todo eso, un tipo de elegancia del que no sabemos
nada, un estilo de panzas chatas a la Cote d’Azur del que no sabemos nada de
nada, una ideología de langostas y salsa de langostas de lo que no tenemos la
más puta idea, las piernas más largas del mundo, las voces más
extraordinariamente suaves. Las estoy escuchando. O sea, pongamos las cartas
sobre la mesa, yo estoy siempre atento a una serie de pulsos, pulsos que vienen
de todo el globo, privaciones y ofensas, y no veo por qué tengo que perder el
más valioso de los espacios escuchando a dos...
KATE: (Veloz.) Si no te gusta, andate.

Pausa.

DEELEY: ¿Irme? ¿A dónde voy a irme?


KATE: A China. O a Sicilia.
DEELEY: No tengo lancha a motor. No tengo esmoquin blanco
KATE: A China, entonces.
DEELEY: Sabés lo que me hacen en China si me ven con esmoquin blanco. Me
liquidan. Ya sabés cómo son ahí.

Breve pausa.

ANNA: Son bienvenidos si quieren conocer Sicilia, cuando quieran, son mis invitados.

Silencio.

Kate y Deeley la miran fijamente.

ANNA: (A Deeley, tranquilamente.) Quiero que entiendas que yo vine a celebrar y no a


causar molestia.

Pausa.
A celebrar una amistad muy vieja, muy preciada, algo que se forjó entre nosotras mucho
antes de que vos supieras de nuestra existencia.

Pausa.

Yo la encontré. Llegó a conocer gente maravillosa, que yo le presenté. La llevé a bares,


bares casi privados, donde se juntaban artistas y escritores y a veces actores, y
otras veces bailarines, y nos sentábamos casi sin respirar con nuestro café,
escuchando toda esa vida alrededor. Lo único que yo quería era que fuera feliz.
Y todavía sigue siendo lo único que quiero para ella.

Pausa.

DEELEY: (A Kate.) Ya nos conocemos de antes, nosotros, ¿sabés? Anna y yo.

Kate lo mira.

Sí, nos conocimos en un bar, el Wayfarers Tavern. En el rincón. Le gusté. Claro que yo
era una sílfide en ese entonces. De lo más elegante. Estaba bastante bien, a decir
verdad. Pelo enrulado. Todo eso. Tuvimos una escenita, ella se descontroló. Ella
no tenía un cobre así que le pagué un trago. Me miraba con unos ojos enormes,
tímida, lo típico. Se hacía pasar por vos en aquella época. Lo hacía muy bien.
También usaba tu ropa interior, en aquella época. Con toda gentileza me dejó
darle una miradita. Generosa como no hay dos. Admirable en una mujer. Fuimos
juntos a una fiesta. Que daban unos filósofos. No eran malos tipos. La barra de
la calle Edgware. Una banda genial. Hace años que no veo a ninguno. Viejos
amigos. Siempre pensando. Comentaban lo que pensaban. Ésa es la gente que
extraño. Están todos muertos, de todos modos no los volví a ver. El grupete de la
calle Maida Vale. Eric el grande y Tony el chiquitín. Vivían cerca de la
Biblioteca de Paddington. De camino a la fiesta la llevé a un bar, le hice tomar
un café, había más barbas que caras. Ella creía que era vos, hablaba poco, casi
nada. A lo mejor eras vos. A lo mejor eras vos la que tomaba café conmigo,
hablando poco, casi nada.

Pausa.
KATE: ¿Qué pensás que le gustó de vos?
DEELEY: No sé. ¿Qué?
KATE: Le pareció que tu rostro era muy sensible, muy vulnerable.
DEELEY: ¿Sí?
KATE: Quería darle consuelo, como sólo una mujer sabe hacerlo.
DEELEY: ¿Sí?
KATE: Claro que sí.
DEELEY: ¿Quería darle consuelo a mi rostro como sólo una mujer sabe hacerlo?
KATE: Estaba dispuesta a brindarse.
DEELEY: ¿Cómo?
KATE: Se enamoró de vos.
DEELEY: ¿De mí?
KATE: Eras tan distinto de los demás. Conocíamos hombres que eran brutos, groseros.
DEELEY: ¿Entonces de verdad hay hombres así? ¿Hombres groseros?
KATE: Muy groseros
DEELEY: Pero yo también fui grosero, ¿o no?, cuando le miraba debajo de la pollera.
KATE: Eso no es ser grosero.
DEELEY: Si es que era la pollera de ella. Si es que era ella.
ANNA: (Fríamente.) Sí, era mi pollera. Era yo. Me acuerdo de tu mirada... muy bien.
Me acuerdo muy bien.
KATE: (A Anna.) Pero yo me acuerdo de vos. Te recuerdo muerta.

Pausa.

Te recuerdo tendida, muerta. No sabías que yo te estaba mirando. Me incliné sobre vos.
Tenías la cara sucia. Estabas tendida, muerta, con la cara toda garabateada con
tierra, con todo tipo de inscripciones todavía frescas, sin borronear, y que se
habían ido corriendo por toda la cara, hasta la garganta. Tus sábanas estaban
inmaculadas. Me alegré. Me hubiera dado pena ver tu cadáver sobre una sábana
sucia. Hubiera sido despiadado. O sea, hasta donde me concernía a mí. Hasta
donde le concernía mi cuarto. Después de todo, estabas muerta en mi cuarto.
Cuando te despertaste, yo tenía los ojos por encima de ti, y te miraba fijo.
Trataste de hacerme mi trampita, una de las trampitas que me habías robado, mi
sonrisita lenta, mi sonrisita lenta, mi sonrisita tímida y lenta, mi manera de
inclinar la cabeza, de entrecerrar los ojos, que las dos conocíamos tan bien, pero
no funcionó, la mueca resquebrajó la tierra en la comisura de los labios y se
quedó trabada ahí. Te quedaste trabada en la mueca. Busqué lágrimas pero no
encontré ninguna. Las pupilas no estaban en los ojos. Los huesos se te rompían
dentro de la cara. Pero todo era sereno. No había sufrimiento. Todo había pasado
en otra parte. No sentí necesidad de ritos finales. Ni de ninguna celebración.
Sentí que eran el momento y la estación adecuados y que al morir sola y sucia
habías actuado con el decoro que correspondía. Era hora de bañarme. Tomé un
baño largo, salí, caminé por el cuarto, reluciente, acerqué una silla, me senté
desnuda al lado tuyo y me quedé mirándote.

Pausa.

Cuando lo llevé a él al cuarto, tu cuerpo por supuesto ya no estaba. Qué alivio tener un
cuerpo diferente en mi cuarto, un cuerpo de hombre, que se comportaba tan
distinto, que hacía todo lo que hacen ellos y que creen que está bien, como
sentarse con una pierna arriba del brazo del sillón. Había dos camas para elegir.
Tu cama o la mía. Para acostarnos tapados, o sin taparnos. Para rozarnos con las
narices, tapados o sin taparnos. Le gustó tu cama y creyó que en esa cama él era
diferente porque era hombre. Pero una noche le dije: dejame hacer una cosa, una
cosita, una trampita. Estaba acostado ahí en tu cama. Levantó los ojos y me miró
con enrome expectativa. Se sintió gratificado. Sintió que me habían sido de gran
provecho sus lecciones. Sintió que yo iba a tomar la iniciativa sexualmente, algo
que él esperaba desde hacía mucho. Me puse a escarbar el cantero de la ventana,
donde habías plantado esos pensamientos tan lindos, me agaché, llené un tazón
con tierra y le cubrí la cara. Estaba abstraído, estupefacto, se resistió, se resistió
con fuerza. No quería dejarme que le cubriera la cara con tierra, que se la
borroneara, no me dejó. En cambio sugirió que nos casáramos y que
cambiáramos de ambiente.
Breve pausa.

Ninguna de las dos cosas importaba.

Pausa.

Una vez me preguntó, más o menos por esa época, quién había dormido en esa cama
antes que él. Le dije que nadie. Absolutamente nadie.

Largo silencio.
Anna se pone de pie, camina hacia la puerta, se detiene de espaldas a ambos.
Silencio.

Deeley comienza a sollozar, muy quedamente.

Anna de pie, inmóvil.

Anna se da vuelta, apaga las lámparas, se sienta en su diván y se acuesta.

Deeley deja de sollozar.

Silencio.

Deeley se pone de pie. Da unos pasos, mira los dos divanes.

Va hacia el diván de Anna, la mira desde arriba. Ella está quieta.

Silencio.

Deeley va hacia la puerta, se detiene, dándoles la espalda.

Silencio.

Deeley se da vuelta. Va hasta el diván de Kate. Se sienta en él, acomodándose sobre la


falda de Kate.

Largo silencio.

Deeley se incorpora muy despacio.


Se levanta del diván.
Camina lentamente hasta el sillón.
Se sienta, desplomado.

Silencio.
Las luces suben a tope. Muy brillantes.
Deeley en el sillón.
Anna recostada en el diván.
Kate sentada en el diván.
Traducción: Rafael Spregelburd
Julio de 2006