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ciencia sociológica www.cisolog.com PROYECTO DE INVESTIGACIÓN SOCIAL: EL SUICIDIO EN LA PERSPECTIVA PSICOSOCIAL
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sociológica

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PROYECTO DE INVESTIGACIÓN SOCIAL: EL SUICIDIO EN LA PERSPECTIVA PSICOSOCIAL
PROYECTO DE INVESTIGACIÓN SOCIAL:
EL SUICIDIO
EN LA PERSPECTIVA PSICOSOCIAL

Toledo, Abril 2011

SUICIDIO EN LA PERSPECTIVA PSICOSOCIAL Toledo, Abril 2011 Rubén Crespo Gómez Estudiante de Sociología (UNED)

Rubén Crespo Gómez

Estudiante de Sociología (UNED) blogrucrespo@gmail.com www.rucrespo.wordpress.com

El suicidio en la perspectiva psicosocial

Rubén Crespo Gómez

ÍNDICE

1.

Resumen de la propuesta de investigación

2

2.

Contexto y justificación del proyecto

2

3.

Definición del objeto de investigación

3

4.

Principales supuestos

7

5.

8

6.

Justificación de las técnicas de

9

7.

Diseño y articulación de las técnicas de

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BIBLIOGRAFÍA

11

WEBGRAFÍA

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El suicidio en la perspectiva psicosocial

Rubén Crespo Gómez

Proyecto de Investigación Social:

EL SUICIDIO EN LA PERSPECTIVA PSICOSOCIAL

1. Resumen de la propuesta de investigación

Este proyecto de investigación social sobre el suicidio toma como punto de partida y construye el cuerpo teorético inicial a partir de la monografía El suicidio de Emile Durkheim, a la vez que se realiza un análisis secundario sobre las estadísticas oficiales y diversas publicaciones empíricas sobre la situación actual del fenómeno que representa el suicidio. No tiene la intención lo segundo por rebatir lo primero. Se ha encontrado en la mayoría de los discursos actuales sobre el suicidio que en la mayoría de los casos que se consuman existía algún tipo de patología mental; lo cual nos obliga a hacer un reanálisis sobre la primera parte de la investigación de Durkheim, con el propósito de observar las relaciones que tienen las afecciones psíquicas y los fenómenos sociales que las provocan. Por esta razón, parece oportuno enmarcar el fenómeno del suicidio en la perspectiva psicosocial.

2. Contexto y justificación del proyecto

En este apartado se intenta dar respuesta a la pregunta: ¿por qué investigar lo que nos proponemos investigar?

A la luz de los datos arrojados en los habituales medios de comunicación sobre la elevación de la tasa suicidios; por ejemplo, según la OMS, el suicidio es causante de más mortalidad que todos los conflictos bélicos del planeta; el número de suicidios de varones prácticamente triplica al de mujeres; durante los últimos cincuenta años, a nivel mundial, el suicidio ha aumentado un 60% y pasa a estar entre las diez causas de muerte más habituales, superando las cifras del homicidio; de tales datos estadísticos —sólo hemos mencionado algunos— se extrae fácilmente la relevancia y pertinencia sobre la necesidad de investigar sobre este fenómeno, el suicidio.

En el caso de España, según la guía Suicidio y Psiquiatría (2011), presentada recientemente por la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica, en nuestro país se ha pasado, en poco más de 30 años, de 6 suicidios por caca 100.000 habitantes a 11; una cifra que se acerca bastante más a la media europea de 14. Pero resulta más extraordinario que en España por primera vez mueran más jóvenes por suicidio que por accidentes de tráfico. Sólo con estos dos apuntes es más que suficiente para justificar la relevancia social del proyecto de investigación.

Hace ya más de cien años desde que Emile Durkheim plasmara su densa investigación sobre este fenómeno en El suicidio (1897). Establecemos esta obra como punto de partida para el análisis previo del fenómeno a estudiar , a pesar de que en las últimas décadas haya recibido no pocas críticas. Se ha dicho que es un libro demasiado antiguo, que no aporta nada a los conocimientos actuales ya que la Sociología y el estudio del suicidio han avanzado y han ido más allá de lo que aportó Durkheim (Alvira y Blanco, 1998). No obstante, hoy en día, se sigue haciendo referencia a él en la literatura teórica y empírica sobre el suicidio, ya sea desde la perspectiva psiquiátrica, desde la psicológica o desde la sociológica. Pero como dicen F. Alvira y F. Blanco, estas referencias están más en un plano cuasi-exorcizador y religioso. Si bien es cierto que en más de cien años las sociedades, en especial las occidentales, han experimentado grandes cambios, asimismo, la sociología como disciplina ha avanzado un buen trecho, sobre todo en la mejora y aplicación de técnicas de investigación social; pero las investigaciones sobre el suicidio de Emile Durkheim constituyeron el intento más brillante de reducción sociológica del fenómeno en cuestión. Todavía

1

1 El suicidio de Durkheim tiene doble función en el presente proyecto de investigación social: la primera, sirve como informe para su análisis previo y como punto de partida para la construcción del marco teórico. La segunda, entra en línea con cierta reproductibilidad del propio proyecto de investigación inserto en la obra del Suicidio de Durkheim, es decir, conforme seamos capaces de intuir los procesos metodológicos de su investigación en relación con sus conclusiones, podremos contrastar dichos procesos en el contexto social actual del fenómeno para observar su validez.

El suicidio en la perspectiva psicosocial

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hoy, más que vigencia, la obra El Suicidio sigue teniendo influencia. Sus déficits empírico- metodológicos no invalidan algunos aspectos claves del análisis durkheimiano, tales como:

Las causas sociales del suicidio.

Los tipos de suicidio: el egoísta, el altruista, el anómico y el fatalista.

Si bien podemos perfeccionar y redefinir las características fundamentales de los diferentes tipos de suicidios por causas sociales expuestos por Durkheim, ajustándolos a paradigmas sociológicos más acordes con la realidad social actual, no por ello fueron el resultado de una investigación en vano. En este sentido Durkheim aportó más conocimiento que nadie en aquella época sobre el fenómeno del suicidio.

En línea con esto último, hemos dicho que partimos de la obra de El suicidio de Durkheim como antecedente empírico, pero, no menos, estamos obligados a buscarlos más actuales y a consultar las estadísticas oficiales que nos pueda aportar instituciones como el INE, el Ministerio de Salud, Política Social e Igualdad, el CIS o el Barómetro Social de España que viene elaborando el Colectivo IOÉ. En este sentido, hoy tenemos mucho más datos y más recursos mediáticos de lo que tuvo Durkheim para el análisis secundario 1 , pues la mayor parte de los resultados de su investigación estaban basados en el análisis secundario. La argumentación teórico-metodológica de la que hace uso Durkheim en la mayor parte de su obra sigue la lógica de buscar datos e información adicional para poder examinar la relación entre dos variables controlando una tercera. (Alvira y Blanco, 1998). En la actualidad, hoy contamos con muchos más y mejores bancos de datos estadísticos y registros administrativos. Por lo cual, añadiendo también las innovaciones en los recursos tecnológicos, nuestro tiempo nos brinda la oportunidad para un análisis más exhaustivo de estos datos. Pero no debemos hacernos demasiadas ilusiones, pues hasta que no definamos y construyamos debidamente el objeto de nuestra investigación, no sabremos qué datos realmente necesitamos buscar y si estos estarán disponibles para nosotros.

De la misma manera que Durkheim expone al principio de su investigación las estadísticas más elementales sobre el fenómeno del suicidio, en nuestro caso, volvemos a realizar el mismo

procedimiento dividiéndolo en varias etapas: primero consultamos las últimas noticias existentes sobre las cifras globales de suicidios; segundo: intentamos acudir a las fuentes originales de donde se han extraído para valorar oportunamente su especialización, credibilidad, experiencia y grado de

y artículos

institucionalización de las mismas; tercero y último: nos proveemos de bibliografía

profesionales sobre el fenómeno del suicidio, en especial aquellos que estén en relación con aspectos relevantes que hayamos descubierto en la consulta de las estadísticas consultadas previamente. A la sazón de este procedimiento, es por lo que se ha podido apuntar al principio de este epígrafe algunos de los datos más extraordinarios y de gran relevancia social sobre el fenómeno a estudiar.

2

3. Definición del objeto de investigación

Si en el anterior epígrafe intentábamos dar respuesta a la pregunta: ¿por qué investigar lo que nos proponemos investigar? Ahora trataremos de contestar: ¿qué realmente nos proponemos investigar?

Dos años antes de publicar El suicidio, Durkheim —hay que recordar que es considerado como uno de los padres fundadores de la Sociología— había publicado Las reglas del método sociológico. En El suicidio, de forma transversal, da cuenta de buenas prácticas metodológicas a lo largo del libro. Así, en la introducción de su investigación deja constancia de la importancia de definir el objeto de la investigación:

1 Es obvio que durante el siglo XIX, las fuentes estadísticas para el análisis secundario, tal y como las disponemos hoy, por ejemplo a través del INE, no estaban fácilmente al alcance de Durkheim, primero porque las administraciones no habían asimilado todavía una suficiente regularidad en el almacenamiento y tratamiento de datos estadísticos. No obstante Durkheim basó la mayor parte de sus investigaciones en los estadistas de la época, tales como Morselli y otros.

2 Desde que saliera publicada la monografía de El suicidio de Durkheim en 1897, a día de hoy se ha escrito mucho sobre el mismo fenómeno desde la perspectiva de diversas disciplinas, especialmente la psiquiátrica. Desde el enfoque sociológico, una de las obras que retomó y replanteó el primer planteamiento de Durkheim fue Les causes deu suicide (1930) de M. Habwachs. También en el entorno de la Escuela de Chicago se realizaron múltiples investigaciones sobre el suicidio.

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«… ocurre con frecuencia que categorías de hechos diferentes se agrupan, indistintamente, bajo un término genérico, o realidades de la misma naturaleza son designadas con nombres diferentes. Si nos dejamos guiar por la acepción común, corremos el riesgo de distinguir lo que debe ser confundido o de confundir lo que debe distinguirse, de desconocer la verdadera relación de proximidad de las cosas y de equivocarnos sobre su naturaleza. Sólo se explica bien comprando».

Una explicación similar se encuentra cuando Durkheim intenta acotar el concepto de imitación. Aún cuando en su planteamiento corra el riesgo de equivocarse, aquí sólo lo planteamos en un sentido metodológico:

«Antes de examinar los hechos, conviene fijar el sentido de la palabra. Los sociólogos están tan habituados a emplear las palabras sin definirlas, es decir, a no determinar ni circunscribir metódicamente el orden de las cosas de que suelen hablar, que les ocurre con frecuencia que dejan una expresión ampliarse y separarse del concepto, que representaba primeramente o parecía representar, llegando a otras nociones más o menos próximas».

Con estas dos citas, la intención fundamental es destacar la importancia que tiene la definición del objeto de estudio, es decir, cuando nos enfrentamos a la observación de un fenómeno de la realidad social, lo esencialmente necesario es hacer una conceptualización lo más exacta y objetiva posible sobre dicho fenómeno. Ya hemos declarado más arriba que la monografía de El Suicidio hace la función principal como informe previo, y como tal, nos sirve como punto de partida para la construcción teórica sobre el fenómeno del suicidio. Seguiremos, pues, los consejos metodológicos del propio Durkheim y comenzaremos por tomar su definición del suicidio como válida para nuestra investigación:

«… se llama suicidio todo caso de muerte que resulte, directa o indirectamente, de un acto positivo o negativo, realizado por la víctima misma, sabiendo ella que debía producir este resultado».

No obstante, después de más de 100 años, las aportaciones que nos pueda proporcionar Durkheim exigen cautelas. Es posible que la teoría social sobre el fenómeno pretendida por Durkheim no tenga suficiente correspondencia con la realidad social de nuestros días. Así pues, estamos necesariamente obligados a dotarnos de información sobre otros trabajos empíricos más recientes sobre el fenómeno del suicidio, y ver, aparte de las resistencias teóricas durkheimianas, cuál es el paradigma que mejor se aproxima al fenómeno actual del suicidio y qué teorías se vienen articulando últimamente con mayor grado de institucionalización. Nuestro siguiente paso será enlazar las últimas con las de Durkheim, pero antes, es conveniente un muy breve resumen del trabajo analítico realizado en la monografía de El suicidio:

En la primera parte de su obra, Durkheim expone las causas extrasociales (no sociales) del suicidio. Habla de los estados psicopáticos (monomanías, neurastenia, incluso el alcoholismo como estado psicopático particular), llega a diferenciar cuatro tipos de suicidios cometidos por locos: el suicidio monomaníaco, el melancólico, el obsesivo y el impulsivo o automático. A partir de los datos analizados, casi siempre estadísticos y tratados en análisis secundario, llega a la conclusión de que el suicidio no es propio de ninguna locura específica, y que en los suicidios vesánicos no existen motivos para tal acto, a no ser que sean imaginarios. También analiza otras causas como la raza, la herencia, la imitación y los factores cósmicos (clima y temperatura), de las cuales, concluye que no tiene relación causal de forma directa, es decir, no son condiciones ni suficientes ni necesarias

Una vez se han eliminado las hipótesis rivales y alternativas de las causas extrasociales, en la segunda parte, Durkheim deduce que las causas del suicidio tienen que ser sociales, es decir, el suicidio es un fenómeno colectivo. Así, Durkheim busca relaciones entre determinadas variables y las tasas de suicidio. Variables como: el género (los hombre tienen mayor tasa de suicidios), la edad (el suicidio es raro en la edad infantil pero alcanza su máximo apogeo en la vejez), el estado civil (los casados tienen menor tasa de suicidios), residencia (se suicidan más en proporción los residentes en ciudades que en localidades rurales), ocupación y grupos profesionales (los militares experimentan más tasa de suicidio que el resto de profesiones), la religión (en las sociedades protestantes existe más tasa de suicidios que en las católicas), sociedad política (en las sociedades más primitivas existen menos suicidios que en las industriales y más avanzadas). Estas variables son tomadas como ‘indicadores’ de conceptos y constructos teóricos más profundos, de donde Durkheim deducirá

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factores no fácilmente observables como la desintegración de las sociedades y el individualismo. De esta manera, logra desarrollar su conocida tipología de suicidios 1 :

1. El suicidio egoísta.

2. El suicidio altruista.

3. El suicidio anómico.

4. El suicidio fatalista.

El suicidio egoísta ocurre cuando la sociedad en la que se vive ha sufrido un grave proceso de desintegración, es decir, aquellas que han promovido un alto grado de individualismo, «el yo individual se afirma con exceso frente al yo social». Un ejemplo de suicidio egoísta sería el cometido por un individuo que ha sufrido una gran insatisfacción y pierde toda razón para vivir, pues como ha perdido la referencia de los que le rodean, piensa que su única salvación es el suicidio.

El suicidio altruista, sería en buena medida, el opuesto del egoísta. Se da en aquellas sociedades excesivamente integradas, donde el yo individual se pierde por lo colectivo; es como un sentimiento de deber para la sociedad en la que se integra. Un caso para este tipo de suicidio sería el ritual del haraquiri 2 que cometían los samuráis, o el del soldado que se suicida por vergüenza al haber faltado a las normas militares.

El suicidio anómico se produce cuando hay una gran deficiencia de regulación social, se da en sociedades perturbadas, en momentos de crisis económica o convulsivos cambios sociales. El individuo percibe que no encaja en la sociedad, por ejemplo los ‘sin techo’ y los huérfanos. El individuo se encuentra en situación de ‘carencia de normas’, desprovisto las normas y reglas que guían a la gente en su vida social cotidiana. Este tipo de suicidio se parece al egoísta ya que la sociedad está poco presente en los individuos. Sin embargo, difieren por el punto situacional donde está ausente la propia sociedad, Durkheim lo expresa textualmente: «en el suicidio egoísta es a la actividad propiamente colectiva a quien hace falta, dejándola así desprovista de freno y de significación. En el suicidio anómico son las pasiones propiamente individuales las que la necesitan y quedan sin norma que las regule».

El suicidio fatalista (apenas es mencionado en el libro) se observa en los grupos en los que hay un control excesivo, como en las sociedades de esclavos.

En cuanto a la elección del modo de suicidarse, Durkheim no lo atribuye a las causas propias del suicidio, dirá: «La muerte escogida por el suicida es un fenómeno completamente ajeno a la naturaleza misma del suicidio».

En la tercera parte de su investigación, ‘Los elementos sociales del suicidio’, Durkheim no hace más que una síntesis de los argumentos anteriores sobre las causas sociales: «La observación confirma, pues, la hipótesis. De una parte la regularidad de los datos estadísticos implica, que existen tendencias colectivas, exteriores a los individuos ; de otra, en un número considerable de casos importantes podemos directamente comprobar esta exterioridad».

Además, Durkheim analiza el fenómeno del suicidio en relación con otros fenómenos sociales. Así, Durkheim dirá que el suicidio debe clasificarse como acto inmoral «porque niega un principio esencial de esta religión de la humanidad. El hombre que se mate no hace perjuicio, se dice, más que a sí mismo y la sociedad no tiene por qué intervenir, en virtud del antiguo axioma Volenti nin fit injuria. Esto es un error. La sociedad queda herida, porque el sentimiento sobre que reposan hoy

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1 Durkheim se basó en los datos aportados por las diligencias judiciales procedidas por diferentes países europeos que llevan a cabo cuando se comete un suicidio: “Motivos presuntos de los suicidios”.

2 El haraquiri (en japonés se prefiere el término seppuku, ya que la palabra harakiri no se usa por considerarse vulgar) era una parte clave del bushidō, el código de los guerreros samurái. El acto podía ser voluntario, usado por los guerreros para evitar caer en manos del enemigo o para expiar un fallo al código del honor, u obligatorio, por mandato de un señor feudal o tribunal en caso de que un samurái cometiera un delito de asesinato, robo, corrupción, etc.

3 Conviene recordar una de las máximas del método sociológico de Durkheim: «los hechos sociales deben ser estudiados como cosas, es decir como realidades exteriores al individuo».

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día sus máximas morales más respetadas y que sirve casi de único lazo entre sus miembros ha sido ofendido, y se consumiría si esta ofensa pudiese producirse con toda libertad» 1 .

En el último capítulo, ‘Consecuencias prácticas’, Durkheim, en un reanálisis de sus conclusiones y partiendo de la perspectiva funcional de la sociedad, entra a valorar algunas instituciones sociales pertinentes para prevenir el suicidio. Propone la educación y las corporaciones. Es necesario anotar aquí que este capítulo no pertenece ya al contexto del proyecto de investigación, sino al del proyecto de intervención. No obstante no hay que dejar de lado que en su relación de acción proyectiva, todo proyecto de investigación social debe tener siempre como horizonte la intervención; la ciencia se diferencia de otros tipos de conocimiento en que la primera debe tener siempre un fin práctico y útil para la sociedad.

Tras resumir el esquema teórico de El suicidio, el siguiente paso es dotarse de información suficiente y actual sobre este fenómeno, así consultamos las últimas noticias que se han publicado al respecto contrastándolas con las estadísticas oficiales que tenemos a nuestra disposición en el INE y otras instituciones. Asimismo, nos proveemos también de la bibliografía y de artículos empíricos que traten el suicidio para analizar un conocimiento más actual sobre la realidad social que representa el suicidio.

La articulación realizada de la información más actual con el estudio analítico de Durkheim va en la dirección de encontrar los supuestos durkheimianos que han resistido el paso del tiempo. Encontramos, pues, en las estadísticas más recientes algunas sintonías con la teoría de Durkheim. Por ejemplo que los factores genéticos (donde Durkheim habla de de raza y herencia) aunque existen muchas hipótesis en el terreno de la investigación sociobiológica, éstos no son valorados suficientemente como causa necesaria ni suficiente. La tasa de suicidios de hombres es mucho más elevada que la de las mujeres, en muchos países se llega hasta triplicar (Durkheim analiza constantemente la variable género cruzadas con otras tantas, no obstante, la articulación conceptual sobre el género femenino, aparte de anticuada, no resulta hoy válida si se tienen en cuenta la perspectiva feminista y los hechos que han llevado a una mayor incorporación de las mujeres en el mercado laboral en los países más desarrollados. Por lo tanto tiene más importancia hoy preguntarnos por qué eso es así) 2 . La comparación estadística por países dibuja una gran tendencia por la cual las sociedades más ricas y avanzadas experimentan mayor índice de suicidios, no sin algunas excepciones, y en este caso España lo es. Encontramos en muchos discursos de la bibliografía consultada que se da mucha importancia a la influencia que los cambios sociales convulsivos, crisis económicas, la perdida de valores sobre la ‘sociedad civil’, etc.

Pero en el análisis de la información más actual existen estadísticas que difieren bastante del periodo analizado por Durkheim. En las cinco últimas décadas, sobre todo en los países occidentales, hemos visto un proceso de aceleración notable en la elevación de las tasas de suicidios (el suicidio ha aumentado un 60%). En el caso de nuestro país, llama mucho la atención que el suicidio sea en los jóvenes la primera causa de muerte —descontando por supuesto las causas naturales— sobrepasando a la producida por accidentes de tráfico.

sobrepasando a la producida por accidentes de tráfico. Fuente: Elaborada por Colectivo IOÉ a partir de

Fuente: Elaborada por Colectivo IOÉ a partir de Datos Demográficos Básicos del INE

1 Este fragmento podría ser interpretado, como muchos lo han hecho, como un ensalzamiento de la sociedad en una especie de entidad mística superior al individuo. Sin embargo, con un análisis más cuidadoso, teniendo en cuenta todo el contexto de la obra, Durkheim no confirma aquí más que el paradigma estructural-funcional de la Sociología en el que inconscientemente se estaba situando.

2 Según datos del INE, en España el número total de suicidios en 2008 se elevó a la cifra de 3.457 de los cuales 2.676 fueron cometidos por hombres y 781 por mujeres.

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De toda la información actual analizada, la más presente en el discurso ha sido que en la mayoría de los casos de suicidio consumado (el 95%) existía algún tipo de patología mental (Bobes y Giner, 2011). En este sentido, Durkheim había rebatido cualquier tipo de hipótesis sobre las causas de suicidio por la locura, descartando de su definición de suicido los cometidos por afectados de algún tipo de enfermedad mental, por no ser estos conscientes de sus hechos. Cabe volver a reanalizar las relaciones causales de las afecciones mentales con el fenómeno del suicidio. Quizás para su época, Durkheim no tuvo suficiente referencias en el campo del conocimiento sobre las enfermedades mentales porque, por entonces, poco se sabía de ellas. Y es que hoy en día, sobre trastornos mentales, existe una gran variedad que debe situarse, para la operacionalización en nuestra investigación, en un gradiente que va desde las patologías de la vida cotidiana, tales como los cuadros ansioso-depresivos, hasta aquellas más extremas y particulares como la esquizofrenia.

No se tratará aquí de realizar una clasificación de todos los tipos de enfermedades mentales según sus características. Pero si en el discurso de muchos teóricos coinciden en que las sociedades modernas avanzadas propician un incremento considerable de los cuadros ansioso-depresivos y que estos están en gran medida en el suicida, evidentemente, estamos obligados a analizar el fenómeno del suicidio desde una perspectiva psicosocial. No se trata de rebatir la primera parte de la investigación de Durkheim donde excluye los estados psicopáticos como causas de suicidio. Al fin y al cabo Durkheim no es que rechace explícitamente los motivos psíquicos como causas del suicidio, sino que, analizando su discurso con minuciosidad, para Durkheim la psique es algo interior al individuo y la perspectiva sociológica le obliga a buscar causas externas al propio individuo que están en el plano social. Lo cual no elimina la relación directa que pudieran tener las últimas con los estados psíquicos previos del suicidio. Es decir, en la perspectiva psicosocial partimos de que si algo no funciona en la sociedad, y esto repercute directamente en el individuo, antes de que se contemple la posibilidad de suicidio, necesariamente se produce en el individuo algún tipo de afección mental, que le proporciona algún tipo de circulo vicioso que le angustia y le hace pensar en la posibilidad de dejar de existir.

Pues bien, si analizamos la dimensión psicosocial del suicidio, vemos que el suicidio anómico que había definido Durkheim podría encajar en tal dimensión. No menos el egoísta, ya que ambos se producen cuando la sociedad es percibida por estos suicidógenas como poco presente. Es decir, en ambos casos el individuo queda al margen de la sociedad, y aunque el acto de suicidio sea deliberado y consciente, no quiere decir que antes el individuo se haya visto inmerso en algún tipo de trastorno mental derivado de uno o más fenómenos sociales que le son adversos.

Llegados a este punto, estamos en disposición de contestar a la pregunta ¿qué realmente nos proponemos investigar? y por tanto definir claramente nuestro objeto de estudio. Por lo tanto, siguiendo con la hipótesis de Durkheim sobre que las causas últimas de todo suicidio son sociales, nos proponemos investigar si éstas son las causas iniciales de algún tipo de patología mental antes de ser causa directa del suicidio.

4. Principales supuestos

Antes de exponer los supuestos de los que partiremos para la definición de los objetivos de nuestra investigación, hemos de constatar que al abordar la misma desde la perspectiva psicosocial en las sociedades industriales avanzadas, hemos reducido el marco teórico durkhemiano inicial del que partíamos; es decir, descartamos el tipo de suicidio altruista y el fatalista, ya que este se da en menor medida en las sociedades postindustriales 1 . No obstante, quedará por justificar la exclusión de las características del suicidio fatalista en el contexto de ciertos fenómenos sociales como el del bullying (acoso escolar). Desde el enfoque psicosocial, consideraremos el tipo de suicidio anómico como el más pertinente para articular e intentar buscar qué falla en las sociedades postindustriales, qué tipos de déficits de regulaciones sociales provocan un aumento de los trastornos depresivos. En definitiva, intentaremos buscar a través de las afecciones mentales de las víctimas del suicidio las ausencias de políticas de prevención adecuada en nuestras sociedades modernas. En este sentido, declaramos ya en el horizonte de la investigación social la intención de conseguir un conocimiento más esclarecedor para formular las consecuentes propuestas de intervención.

Aunque el suicidio anómico es el que mayor encaja en nuestro enfoque, no descartamos el tipo de suicidio egoísta. Pues si bien, el primero es consecuencia de sociedades en estado de

1 Delimitaremos nuestro campo de estudio a las sociedades industriales avanzadas.

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perturbación o crisis agudas, la segunda es consecuencia de un proceso excesivo de individualización muy propio de las sociedades capitalistas-consumistas.

Por consiguiente, nuestro principal supuesto parte de que si detrás del 95% de los suicidios

(Bobes y Giner, 2011), aún manteniendo la hipótesis

durkhemiana que el fenómeno del suicidio es de naturaleza social, nuestra hipótesis es que cualquiera que sea la causa —o causas (multicausalidad)— social, antes de que el individuo llegue a consumar el suicidio, éste debe haber experimentado algún tipo de trastorno mental o de afectividad (efecto de una causa —o varias causas— social) y que tales trastornos deben haber sido susceptibles de ser observados en las variaciones de su conducta o de personalidad.

consumados hay una patología mental

1

5. Objetivos.

Una vez definido nuestro supuesto principal, lo siguiente es extraer de tal hipótesis los objetivos que debe perseguir nuestra investigación. Sólo así, sabremos que variables debemos de buscar y qué técnicas de investigación social debemos aplicar como las más propias.

Como habíamos visto anteriormente, Durkheim se esfuerza por hacer una buena definición del objeto de estudio para así poder dar una buena explicación e interpretación del hecho social en cuestión. Si bien hemos tomado su definición de suicidio como válida para nuestro proceso de investigación, tenemos que hacernos las siguientes preguntas: ¿se puede suponer que las estadísticas oficiales sobre suicidios recogen exclusivamente los casos que puedan incluirse en nuestra definición?, ¿saben realmente los médicos, jueces o funcionarios si el suicida quería realmente matarse y sabía que tal acto implicaba ese fin? También hemos aceptado incluir en los objetivos de nuestra investigación observar dos tipos de suicidio: el anómico y el egoísta. Igualmente surgen preguntas del tipo: ¿si en las fuentes estadísticas disponibles no existe un nivel de desagregación para tales categorías, cómo encontrar estos tipos de suicidio? Ante estas cuestiones vemos que Durkheim no se escapó de tales problemas, pues si el objeto de nuestro estudio nos obliga a tomar ciertas cautelas a la hora de observar las fuentes estadísticas actuales, menos fácil lo tuvo que tener Durkheim hace más de cien años. Y el problema no sólo deriva de que no seamos capaces de encontrar datos desagregados en las categorías de suicidio anómico y egoísta, sino de lo que tienen en común. Si tomamos por caso el suicidio de un joven y a través de la nota que dejó antes de suicidarse se deduce que el motivo ha sido debido a un desengaño amoroso, ¿en qué tipo de suicidio cabe clasificarle?, ¿en el egoísta porque había individualizado demasiado su amor y renuncia a cualquier opción de superación de su problema de afectividad porque no tiene a nadie a su alrededor que pueda consolarle?, ¿o en el anómico, porque matarse por algo así es pagar un precio demasiado caro y la sociedad que le rodeaba no ha sabido transmitirle unos valores que le hicieran estar por encima de un acto pasional?

Vemos que hay dificultades para distinguir ambos tipos de suicidio, lo cual se explica en parte, porque Durkheim no aporta muchos ejemplos en su monografía. Será pues necesario establecer como uno de nuestros objetivos encontrar en la realidad del fenómeno del suicidio cuales son las verdaderas diferencias de uno y de otro y cuál es el límite exacto que las separa, asumiendo por caso que, tal vez, no encontremos tal límite exacto y debamos definir un nuevo tipo de suicidio que combine características tanto del anómico como del egoísta.

No obstante, si el suicidio egoísta se encuentra en los riesgos de un individualismo excesivo, los riesgos del suicidio anómico lo encuentra en los procesos de exclusión social, los de ausencia de normas y valores. Pero nuestra hipótesis principal se fundamenta en que en ambos, previamente, se origina algún tipo de patología mental por los mismos fenómenos originarios que diferencian a ambos. Por lo tanto nuestro objetivo principal será determinar si efectivamente tales procesos sociales concurren en los suicidógenas originando previamente trastornos psíquicos. Dicho de otra manera, se trata de saber si en la mayoría de los casos de suicidio existe una relación directa entre los diferentes fenómenos sociales que atribuyó Durkheim en los suicidios y los trastornos mentales que dichos fenómenos pudieron originar como causa inmediata del suicidio. Asimismo, si encontramos datos empíricos que lo corroboren, se establecerá como subobjetivo encontrar en qué medida tales afecciones patológicas son diferentes entre el suicidio egoísta y el anómico.

1 Es preciso señalar, para no prestar a confusiones, que hablamos de enfermedades mentales no congénitas, es decir, no existen causas biológicas auto justificables.

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6. Justificación de las técnicas de investigación.

Lo único que tenemos claro hoy en día sobre el suicidio es que sigue siendo un fenómeno bastante complejo. Un fenómeno que en nuestro caso abordamos desde el enfoque psicosocial, lo cual nos hace pensar en la perspectiva interdisciplinar entre sociología, psicología y psiquiatría

No se nos debe olvidar que las técnicas de investigación que consideremos oportunas serán seleccionadas en función de nuestros objetivos especificados en el anterior epígrafe. Ya hemos dejado constancia de que no podemos confiar en los registros administrativos y jurídicos sobre los verdaderos motivos del los individuos que se suicidaron, más difícil será que lo encontremos por alguna de las tipologías definidas por Durkheim.

Investigar las causas inmediatas del suicidio significa tener no pocos problemas para su observación, pues tales acciones son cometidas por sujetos que no están ya presentes para ofrecernos su discurso a posteriori. No obstante su discurso puede ser observado en forma del rastro que ha dejado a su paso. De esta manera, podemos ir reconstruyendo el discurso del suicidado, a modo de puzzle, a partir de los discursos que nos ofrezcan los individuos que se encontraban a su alrededor, especialmente aquellos con los que compartía más tiempo, indiferentemente del tipo de relación social que tuviesen, ya sea primaria o secundaria. En sus relaciones primarias tendríamos a sus familiares y amigos más cercanos; en las secundarias encontraríamos a compañeros de trabajo (también estos podrían estar en una relación primaria), jefes, conocidos por los lugares que frecuentaba, y si se diese el caso: psicólogos o psiquiatras que le hubiesen tratado.

A tenor de nuestros objetivos y ya que en la estadística oficial es difícil encontrar suficientes datos con un nivel de desagregación sobre características psicosociales de los suicidados, se proponen técnicas de investigación cualitativa, no sólo ya como acercamiento previo a un problema que podamos considerar poco conocido partiendo desde el enfoque psicosocial, sino que tendremos que remontarnos al pasado y observar a través de otros observadores a los sujetos en cuestión, los que se suicidaron. A partir de la perspectiva cualitativa, se trata de reconstruir, como hemos dicho, un puzzle que nos vaya aportando información y ver en qué medida se corresponden con nuestros supuestos básicos o nos aportan nuevas informaciones. En definitiva, se tratará de buscar en dichos discursos la existencia o no de patología mental previa al suicidio, y si el caso es afirmativo, qué tipo de fenómenos sociales influyeron al sujeto para caer en una depresión u cualquier otro tipo de trastorno mental no congénito. Asimismo y en sentido inverso, buscaremos qué tipos de afecciones mentales influyen más en el suicidio, es decir, aquellos trastornos con más riesgo de consumar el suicidio.

Trataremos pues de definir tres vías principales al acercamiento a través de técnicas cualitativas, la primera: los discursos de las personas que se encontraban en relación primaria:

familiares 2 y amigos más cercanos. La segunda: las que se encontraban en relación secundaria:

compañeros de trabajo, de clase, jefe, profesores, etc. Y la tercera: el discurso de los psiquiatras y psicólogos. Si se diera el caso de que algún profesional les hubiesen atendido en sus trastornos psíquicos, habría de reconocer cierto sesgo, pues para empezar, partimos sólo de la hipótesis de que la mayoría de los que se suicidan padecían alguna patología mental, y en el caso de que encontremos que realmente eso es así, no todos los que se suicidan han estado sometidos a algún seguimiento psicológico o psiquiátrico. Pero sabemos que la mayoría de los enfermos diagnosticados con problemas psiquiátricos con un seguimiento, no se suicidan. Se suicidan esas otras personas “invisibles” que nadie detecta y a las que no se les hace caso ni se les presta atención cuando empiezan a tener conductas extrañas (Giner, 2011). Sabemos que de cada 20 intentos de suicidio sólo uno se consuma, habremos de pensar que la mayoría de los que lo intentaron se habrán sometido a algún tipo de seguimiento psiquiátrico. Por lo cual el discurso que nos puedan ofrecer estos profesionales es válido porque a través de su experiencia con los sujetos potenciales de cometer suicidio nos podrán ofrecer muchas piezas del puzzle que intentamos reconstruir.

1

.

1 Es preciso notar aquí que descartamos el campo de la neurología, pues las enfermedades mentales de origen neurológico las suponemos en causas que tienen que ver menos con fenómenos sociales puntuales.

2 Hay que reseñar aquí, que en el caso de que el sujeto que se suicidó tenía una relación sentimental con otro sujeto, por ejemplo novia o novio, será mejor abordar a tal sujeto como un familiar, pues la relación va más allá de la simple amistad.

El suicidio en la perspectiva psicosocial

Rubén Crespo Gómez

7. Diseño y articulación de las técnicas de investigación.

Inmediatamente en línea con lo especificado anteriormente, nuestro diseño metodológico versará específicamente a partir de las tres vías de acercamiento cualitativo sobre el problema:

1. Discursos de los sujetos en relación primaria:

a. Entrevistas abiertas en profundidad:

i. Familiares

ii. Amigos más cercanos.

2. Discursos de los sujetos en relación secundaria:

a. Entrevistas abiertas en profundidad:

i. Compañeros de trabajo, jefes y otros conocidos.

3. Discursos de los profesionales del campo de la psiquiatría y la psicología:

a. Entrevistas abiertas semiestructuradas.

La estrategia en las entrevistas de las dos primeras vías, trata de que a partir de los discursos que vayan ofreciendo los entrevistados se vaya construyendo el fragmento de la historia de vida que nos interesa sobre el sujeto que se suicidó. En la tercera vía, la de los profesionales de la psiquiatría

y la psicología que hayan o estén tratando casos de potenciales suicidas (incluso aquellos que

trataran algún caso que llegó a consumarse), la estrategia estará orientada por un lado a completar la historia de vida del sujeto en cuestión (hay que considerar que aquellos que estuvieron más cerca del sujeto, familiares o amigos íntimos, quizás le conocieran menos de lo que creían, pues en gran parte de los casos la tragedia les coge por sorpresa); y por otro lado, se intentará obtener una información más global y que girará más específicamente en las percepciones que tienen sobre la relación de las diferentes patologías mentales tanto en función de los riesgos de suicidio según éstas, y también en función de aquellos fenómenos sociales que le son más propensos al individuo para sucumbir en tales trastornos mentales.

Antes de especificar las articulaciones las técnicas propuestas, hemos de decir que el diseño metodológico de este proyecto de investigación no se presta a prácticas nada fáciles, pues simplemente conseguir contactar con los sujetos que tienen que ofrecer discursos, sobre todo en la primera y segunda vía, ya resulta difícil, pero no imposible. Cuando lo consigamos, deberemos ser bastante cuidadosos y tratar un tema que es extremadamente sensible vigilando constantemente nuestras pautas y empleando un acercamiento paciente. De otra parte, sobre el número de entrevistas, al ser un problema que desconocemos en gran medida, no podremos saber de antemano

ni siquiera una cifra aproximada. Nos dispondremos pues a ser constantes en las prácticas, dentro de

las tres vías, hasta que los discursos empiecen a repetirse. Sólo así sabremos estaremos seguros de que recogemos toda la información necesaria.

En cuanto a la articulación de las técnicas, se disponen de 4 grupos de entrevistas en un a primera fase: la de los familiares, la de los amigos, la de las relaciones secundarias y la de los

profesionales de la psiquiatría y psicología. Estos 4 grupos de entrevistas pertenecen al marco de las técnicas cualitativas de entrevistas abiertas, y su articulación es tan solo complementaria. Entre unas

y otras, se trata de reconstruir un fragmento de la historia de vida de un sujeto, y hay que partir de que siempre alguna parte quedará incompleta o no suficientemente reconstruida para que se pueda abordar un análisis eficaz.

En las entrevistas a los profesionales de la psiquiatría y la psicología, buscaremos dos aspectos, el primero trata de complementar a los otros tres grupos de entrevistas; y el segundo se ofrece a una articulación de integración posterior.

Una vez completadas las entrevistas y tras su análisis, se establecerá una segunda fase en la

que se diseñará un cuestionario dirigido a los profesionales de la psiquiatría y la psicología (pasamos

al enfoque cuantitativo). Un cuestionario para cuantificar las regularidades comunes encontradas en

los suicidógenas (existe una articulación interdisciplinar aquí que aporta retroalimentaión). De esta forma las técnicas cualitativas de investigación social de los 3 primeros grupos de entrevistas se articularán con la técnica cuantitativa del cuestionario de la segunda fase de forma encadenada. Mientras que el 4º grupo de entrevistas de la primera fase lo hará en una articulación de integración con el cuestionario de la segunda fase.

El suicidio en la perspectiva psicosocial

Rubén Crespo Gómez

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