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Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola

Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola MANUAL PARA EJERCITANTES
Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola MANUAL PARA EJERCITANTES
Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola MANUAL PARA EJERCITANTES

MANUAL

PARA

EJERCITANTES

JUAN PABLO II RETREAT HOUSE Agrupación Católica Universitaria Miami, Florida, EE.UU.

Agrupación Católica Universitaria Miami, Florida, EE.UU. PRESENTACIÓN "Por este nombre, EJERCICIOS ESPIRITUALES,
Agrupación Católica Universitaria Miami, Florida, EE.UU. PRESENTACIÓN "Por este nombre, EJERCICIOS ESPIRITUALES,
Agrupación Católica Universitaria Miami, Florida, EE.UU. PRESENTACIÓN "Por este nombre, EJERCICIOS ESPIRITUALES,

PRESENTACIÓN

"Por este nombre, EJERCICIOS ESPIRITUALES, se entiende todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de

contemplar, de orar vocal y mentalmente y de otras operaciones espirituales

correr son ejercicios corporales, de la misma manera todo modo de disponer el alma, para quitarle todas las aficiones desordenadas y, después de quitadas, para buscar y hallar la voluntad divina respecto a la disposición de la vida y salud del alma, se llaman Ejercicios Espirituales"(1). Aunque en el Libro de San Ignacio los Ejercicios se presentan para hacerlos en "cuatro semanas" ello solo refleja el hecho de que el proceso integral que constituyen los Ejercicios comprende cuatro etapas sucesivas: Primera, "la consideración y contemplación de los" propios desordenes. Segunda, la vocación cristiana y "la vida de Jesucristo Nuestro Señor hasta" el domingo "de Ramos". Tercera, la Eucaristía y "la Pasión de Jesucristo Nuestro Señor". Cuarta, "la Resurrección y Ascensión" de Nuestro Señor. Desde luego, el mismo San Ignacio advierte que el termino "semanas" no debe llevar a concluir que cada etapa requiere de una semana necesariamente, y todos los Ejercicios, de treinta días. Así, San Ignacio destaca que aun en el supuesto de Ejercicios de treinta días, como se practican en la Compania de Jesús, la primera "semana" a veces requiere mas de siete días. Esta división de los Ejercicios, altamente flexible, permite hacerlos en una semana y aun en cuatro días.

Porque así como pasear, caminar y

QUERIDOS EJERCITANTES:

¡Bienvenidos a la Casa de Ejercicios Espirituales Juan Pablo II! Este Manual, basado en el antiguo Manual del Ejercitante, del Padre Tirso Arellano, S.J.(2), aspira a ser un instrumento básico para ayudarles a examinar su vida, a adoptar decisiones trascendentes al respecto y a orar con fervor, es decir, para hacer los Ejercicios Espirituales de San Ignacio con el mayor fruto. Es un complemento de la labor y de las orientaciones del Director de los Ejercicios y un mecanismo de apoyo a esa labor personal, que constituye el elemento imprescindible para hacer bien los Ejercicios. Contiene un conjunto de exámenes, cuestionarios, normas practicas, consejos, oraciones, preces y otros recursos espirituales de apoyo al trabajo personal para que se hagan los Ejercicios con todo el provecho que Dios quiere.

(1) San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, Autógrafo Español, décima edición. Editorial Apostolado de la Prensa, S.A., Madrid, España, 1962. En las citas de esta fuente, se ha actualizado el texto regional, en castellano antiguo. (2) Tirso Arellano, S.J., Manual del Ejercitante, décima edición, Editorial Hechos y Dichos, Zaragoza, España (ahora agotado y desactualizado, pues su ultima edición es de 1963, y, por consiguiente, nunca se adapto al concilio

Vaticano II, celebrado en 1972).

CAPITULO I. GENERALIDADES DE LOS EJERCICIOS IGNACIANOS

¿Que es hacer Ejercicios?

El Padre Tirso Arellano, S.J., en su valioso Manual, presenta los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de manera

precisa, De ahí que transcribamos ahora esa Presentación (3).

"El silencio te habla. Encuéntrate a ti mismo en el silencio. Ponte en marcha, al encuentro del silencio. Quien dice silencio, dice Ejercicios en retiro: oasis de paz, remanso de calma, alto en el camino. El silencio pacifica el alma, tonifica los nervios, sosiega el espíritu.

Y

hace hallar a Dios.

El

altavoz de Dios es el silencio.

A

eso vienes: a pasar unos días a solas contigo mismo y con Dios.

A

hacer Ejercicios.

Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

No te imagines que los días que vas a pasar aquí van a ser días tristes y aburridos: tendrás ocupación abundante e interesante. No creas que vas a tener muchos rezos y a oír largos sermones. Los días de Ejercicios son días alegres y tranquilos. Lo que tendrás que hacer en ellos será pensar mucho. Hacer Ejercicios no es solo oír conferencias sobre timas de espiritualidad.

Hacer Ejercicios es trabajar intensamente durante varios días en vencerse a si mismo, en dar orientación definitiva a

su vida y poner orden perfecto en ella y en todos los afectos del corazón. No es lo mismo jugar un partido que asistir a el como mero espectador.

El protagonista en Ejercicios eres tu. Tu, y no el Director, desempeñas el papel principal. Todo gira alrededor de ti.

Todo depende, después de la gracia de Dios, de tu trabajo personal. Los Ejercicios requieren activismo vital.

Cuanto mas pienses tu, y medites y reflexiones, tanto mejor harás Ejercicios.

Cuanto mas te apropies lo que oyes y mejor te lo asimiles, tanto mayor fruto sacaras de los Ejercicios.

Cuanto mas te dejes empapar de los sentimientos de cada meditación y mejor te pongas a tono con las materias que vayas meditando, tanto mayor efecto producirán en ti.

Cuanto mas pidas a Dios y mas íntimamente comuniques con El, tanto mayores serán las maravillas que se

obraran en tu alma. Los Ejercicios son fragua de grandes caracteres y de grandes santos, Los Ejercicios irradian luz que disipa las mas

densas tinieblas de la mente, Sosiegan toda inquietud interna. Hacen brotar en el alma un surtidor perenne de alegría. La robustecen para recorrer sin cansancio el camino del deber. Los Ejercicios arreglan el pasado y disponen para el futuro. Para el alma atormentada, son un sedante. Para el alma extraviada, orientación. Luz y paz, Alegría y fortaleza.

No temas esperar demasiado de los Ejercicios. No temas una decepción. Trabaja animosamente por tu parte, Y, sobre todo, pide insultantemente a Dios que te ilumine y te ayude. Emprende con valentía la solución del problema de tu vida. Tienes que salir de Ejercicios orientado, decidido, transformado. Vienes quizás como llegó San Ignacio a su casa después de la derrota de Pamplona: herido y enfermo. Tienes que salir como salió él algún tiempo después: resuelto a ser un verdadero cristiano y, si Dios te lo pide, un apóstol y un santo.

Hacer Ejercicios: es emprender una aventure espiritual de trascendencia para toda la vida. Hacer Ejercicios: es una de las cosas mas serias y mas importantes que se pueden hacer. Vale la pena de que lo tomes en serio y que lo pruebes muy a fondo Procura darte cuenta ahora, al principio: ¿como vengo yo a los Ejercicios?, ¿ que problema traigo?”

(3) Tirso Arellano, S.J., op. cit.

NORMAS PRÁCTICAS PARA HACER BIEN LOS EJERCICIOS (4)

Seriedad. Entra de lleno en los Ejercicios. Entra en ellos bien desde el principio. Empiézalos con grande animo y generosidad, dispuesto a no negar a Dios nada de lo que te pida. Son pocos días: siquiera durante ellos dedícate seriamente a pensar en las cosas de tu alma. De eso depende quizá tu salvación eterna y la de otras muchas almas.

Actividad. Procura vencer la pereza y la desgana. No te contentes con oír: trabaja tu personalmente en hacer los Ejercicios, bien persuadido de que si no meditas tu, se no piensas seriamente en lo que oyes, si no reflexionas sobre ti mismo, será todo inútil para ti.

Silencio. De el depende en gran parte el fruto de los Ejercicios. Entra en un profundo silencio. No hables nunca sin necesidad. Para oír la voz de Dios. Para escuchar la voz de tu conciencia. Para no estorbar a tus compañeros. Para crear un ambiente de recogimiento y oración. Dios y tu; nadie mas en el mundo. Ni una sola palabra inútil; aunque no te vea nadie.

Sacrificio. Merece con el las gracias que tanto necesitas. Conseguirías mas gracia si te sacrificaras mas. Se generoso con Dios en sacrificarte. Ofrécele el sacrificio que supone la sujeción de estos días: retiro, silencio, reglamento. Sigue exactamente la distribución: en el levantarte, acostarte, tiempo de lectura, meditación en privado Cuando mas te sacrifiques, mayor fruto sacaras de los Ejercicios.

Meditación. Procura, sobre todo, aprovechar bien todo el tiempo que la distribución señala para meditar. Es el acto mas importante de los Ejercicios, el del trabajo personal, el de la asimilación de las verdades, mediante la reflexión profunda. No te contentes con oír: piensa, reflexiona, medita. Junta la meditación con la oración: pide a Dios con insistencia las gracias que necesites. Te podrías dar por satisfecho si salieras de los Ejercicios habiendo aprendido a hacer oración.

Apuntes. Después de cada meditación, toma nota de lo que te haya impresionado. Notas personales, impresiones intimas, sentimientos piadosos, propósitos que vayas haciendo para adelante Conviene que escribas, es una manera sencilla de meditar: ir escribiendo lo que mas te interesa recordar y lo que mas te puede servir el día de mañana.

Confesión. No te preocupes de ella con exceso, ni tengas afán de confesarte demasiado pronto, sino cuando el Padre Director indique que es el momento oportuno. Si dudas si te conviene hacer confesión general, consulta con el Padre Director. Procura prepararte con tiempo sin dejarlo para ultima hora.

Tiempos libres. Cada cual los dedica a lo que le convenga para sacar el mayor fruto posible de los Ejercicios:

cumplir la tarea que cada día te marca este Manual

preparar la confesión o el plan de vida

tomar apuntes de lo que tienes mas interés en que no se te olvide

contestar por escrito a los cuestionarios

hacer una visita al Santísimo en la capilla

Pero sobre todo, estos días dedícate mucho a orar. La oración es un elemento esencial en los Ejercicios. Cuanto mas oración hagas, mayor fruto sacaras. Ora instantemente con fervor.

Tu consigna durante los Ejercicios:

SILENCIO

como ambientación necesaria.

REFLEXIÓN

como elemento principal.

ORACIÓN

como condición esencial.

(4) Op. cit.

1. Coloquio con Jesucristo (6)

EL SILENCIO (5)

JESUCRISTO: Hijo mío, te espero en el silencio. Ahí es donde te doy audiencia; en el silencio hablaré a tu alma y en el oirás mi voz.

EL ALMA: Lo estoy deseando, Señor. Pero no sé por qué, consigo con dificultad hacer silencio dentro de mí. Llego a Ti, y a veces vengo de muy lejos, con el espíritu atestado de deseos y de penas, y así no consigo hallar tranquilidad.

JESUCRISTO: Es que, efectivamente, hijo mío, el silencio es una conquista. Hay que merecerlo. El recogimiento exige un esfuerzo: hay que quererlo. Es mucho mas fácil dejarse llevar, exteriorizarse, vivir en la superficie del alma. Pero eso es construir sobre arena. El que no recoge conmigo, desparrama. El que no se recoge en Mi, se disipa. Haz con valor este esfuerzo. Pídeme humildemente la gracia del silencio interior y, dentro de algún tiempo, hallaras la paz.

EL ALMA: A decir verdad, Señor hay momentos en que tengo casi miedo del silencio, algo así como se tiene miedo del vacío.

JESUCRISTO: Ese vacío, hijo mío, yo lo llenare, échate valientemente en el silencio, abraza de corazón esa ley esencial de los Ejercicios, acepta lo que puede tener de amargo la corteza de la soledad. Si eres valiente y fiel, te darás cuenta al cabo de cierto tiempo de que allí estoy yo, en esa soledad, para reconfortar y para enriquecer tu alma.

EL ALMA: Señor, si estuviera cierto de hallarte, no me importaría. Pero lo que temo mas que nada es el silencio tuyo.

JESUCRISTO: Tranquilízate, hijo mío: quien me busca fiel y ardientemente, acaba siempre por hallarme. Solo que tengo diversas maneras de manifestarme. A las muchedumbres de Galilea les daba el encanto de mis divinas palabras, para atraer sus almas débiles. Pero durante la Pasión me calle. Y me callo mas aun en la Eucaristía. ¿Es menos expresivo este silencio?

EL ALMA: El mundo de hoy, tan bullicioso, reconozco que me ha hecho perder el gusto del silencio y necesito aprender de Ti una lección que me es tan difícil.

JESUCRISTO: Escucha atentamente mis palabras: el que gusta de la soledad sabe a que sabe Dios. El alma tiene necesidad de silencio para adorar. Tienes, hijo mío, que afinar tu alma hasta que pueda escuchar el silencio. Callarse es obligar a Dios a hablar. Cuanto mas recibe el alma en el silencio, mas puede dar el alma en la oración. El silencio es la ayuda que prestas a tu Dios para que El se comunique contigo. La calidad de las almas se calibra por su actitud ante el silencio, por su capacidad de silencio, por el timbre de su palabra interior.

EL ALMA: Yo siempre había reducido el silencio a una mera medida disciplinar; pero ahora empiezo a comprender su ascetismo y su profundidad.

JESUCRISTO: En el origen de todo estado místico hay un silencio anterior que es liberación repentina e inefable

de

todo lo que pesa. El gran beneficio del silencio es que te despega de lo sensible, de lo inmediato, y te hace hallar

de

nuevo el sentido de lo invisible, te hace poseerte plenamente. Tienes que hacer el silencio en ti, no para

contemplarte y admirarte secretamente, sino para tomar posesión de ti mismo y darte del todo a Dios en la entrega del momento presente. El silencio descansa, pacifica y consuela. El silencio lo hace a uno mejor. ¿No has notado que sin silencio no hay recogimiento? Ese precioso recogimiento que favorece la soledad de un sitio retirado, que brota de un corazón pacificado y que se produce dentro por la presencia de un Dios amado. Haz silencio dentro de ti mismo para que hable en ti mi Palabra que se pronuncia en eterno silencio. El silencio, hijo mío, es un sacramento donde me oculto y me doy

(5) Op. cit. (6) Para rezar el primer día de Ejercicios, en la capilla, a solas.

rezar el primer día de Ejercicios, en la capilla, a solas. 2. Oración para alcanzar el
rezar el primer día de Ejercicios, en la capilla, a solas. 2. Oración para alcanzar el
rezar el primer día de Ejercicios, en la capilla, a solas. 2. Oración para alcanzar el

2. Oración para alcanzar el silencio (7)

"Señor: dame el don del silencio. El don de saber oírte a Ti y de poder auscultarme a mi. De poder detectar tu Voluntad y de saber hallar mi debilidad peligrosa. De penetrar perdón, de abrirme a tus misterios y de librarme de este otro misterio de mi pecado.

Hazme hallar, Señor, ese silencio de plenitud, que es la Palabra tuya, la que debe ser oída en eterno silencio. Hazme andar al unísono con Ella. Hazme sentir con su propio latido. Haz, Señor, que con tu Verdad y tu Amor me compenetre. Dame de tu silencio, Oh Dios; ábreme los oídos interiores para que te metas Tu por toda mi alma, para que en esa invasión sea yo libre, y en tu Luz se me apaguen todas las voces del exterior.

Señor, si me das el silencio me conoceré y te conoceré

comenzar a ser, de veras, hijo tuyo

y yo quisiera que fuese así, Señor, porque quisiera

Amén."

(7) Esta oración es de Santiago Bengoechea.

LA REFLEXIÓN (8)

Reflexionar es meditar, que constituye el ejercicio central de los Ejercicios.

Método para meditar y examen de cada meditación

Como mejor se aprende a meditar es meditando.

A ello te ayudara también examinar como te ha ido en la meditación.

Sentado o paseándote, recuerda suavemente el camino recorrido, como quien contempla desde la cima de una

montaña el sendero que le ha llevado hasta aquellas alturas.

Fíjate, por ejemplo, en los puntos siguientes:

• ¿Preparaste con cuidado la materia; concretándola suficientemente, previendo el fruto que habías de sacar?

• ¿Hiciste bien los preámbulos de la meditación, o los omitiste como cosa inútil?

• ¿Recordaste los puntos brevemente y entraste pronto en materia?

• ¿Fuiste activo y diligente en ejercitar el entendimiento: sin prisa, con sinceridad y empeño, sin contentarte con solo discurrir?

• ¿Estuviste alerta para despertar los afectos? Atento o distraído: ¿por que? Devoto o seco: ¿a causa de que?

¿Humilde en el fervor, animoso en la aridez?

• ¿Te dejaste llevar de la pereza? ¿Luchaste contra la desgana?

• ¿Que luces te ha dado Dios? ¿que emociones has sentido?, ¿que efecto han obrado en ti?

• ¿Cual ha sido tu fidelidad en secundar la acción de la gracia en tu alma?

• ¿Que fruto has sacado? (Mayor luz, mas esfuerzo, convencimiento mas pleno, voluntad mas decidida, deseos mas

intensos de servir a Dios, de ser mejor, de ayudar a los demás, de corregir tus defectos, de reformar tu vida, de apartarte del pecado, evitar las ocasiones, formar tu carácter, vencer tu pasión dominante?

• ¿Has logrado el fruto que te habías propuesto sacar? ¿Das gracias a Dios? En caso negativo, ¿por que causa?

• ¿Que propósitos has hecho? Generales: de orientación de disposición de animo, de manera habitual de portarte en

tal ocasión, con tal persona

ocasión, en cuanto a tu manera de proceder en tales circunstancias

• ¿Cuando y como has de poner en practica estos propósitos?

• ¿Te dejaste llevar del ansia de pasar adelante, de ver toda la materia, de terminar pronto?

• ¿Hiciste aplicaciones practicas? A tu caso, a tu carácter, a tu pasión dominante, a tu ambiente interior habitual

• ¿Hablaste con Dios en los coloquios? Con reverencia, Con humildad, perseverancia

• ¿Que idea es la que te ha penetrado mas a fondo?

• ¿Que es la que quisieras conservar de esta meditación?

Particulares: para el día de hoy sobre tal punto concreto, respecto a aquel peligro u

Escribe es tres o cuatro líneas el resultado de la meditación: califica tu mismo tu actuación.

He aquí la mas importante del examen:

Si te ha ido mal, pide perdón a Dios, busca valientemente la causa del mal resultado, localízala todo lo mas que puedas y aplica con decisión el remedio.

Si te ha ido bien, agradéceselo a Dios y pídele gracia para seguir mejorando en adelante.

Si eres fiel en hacer este examen después de cada meditación, aprenderás a meditar bien y llegaras a hacerlo con gusto y facilidad, ayudado de la gracia de Dios.

(8) Op. cit.

y facilidad, ayudado de la gracia de Dios. (8) Op. cit. LA ORACIÓN 1. Consejos para
y facilidad, ayudado de la gracia de Dios. (8) Op. cit. LA ORACIÓN 1. Consejos para
y facilidad, ayudado de la gracia de Dios. (8) Op. cit. LA ORACIÓN 1. Consejos para

LA ORACIÓN

1. Consejos para orar (9)

Preparación

• Oye con gran atención al P. Director cuando expone la materia de la meditación. Procura quedarte con los puntos esenciales, de modo que retengas el esquema y puedas hacer el resumen.

• Mientras escuchas, vete pensando tu por dentro con gran actividad interior: de tal manera que sean dos cosas

simultáneas: oír y pensar.

• Antes de empezar a orar, senalate el tema o los temas de conversación que vas a tratar con Dios: si los concretas brevemente por escrito, mejor. Con precisión, con orden, con claridad.

Introducción

• ¿A donde vas y a qué? Vas a la oración y vas a entrar en contacto intencional y amoroso con El, vas a conversar

familiarmente con quien sabes que te ama. Vas a tomar conciencia de que Dios esta contigo; vas a elevar tu alma hacia Dios para unirte con El por el afecto; vas a oír a Dios que te hable silenciosamente; vas a dejar desbordarse tu alma a impulsos de la fe, de la esperanza, del amor; vas a poner tu vivir sincronizado con el pensamiento y con la

voluntad de Dios

• Eleva tu pensamiento: Dios te ve. Levanta tu corazón: Dios te ama. Ponte bajo el influjo de su mirada amorosa.

• Cuando estas ante Dios, en reverencia y en amor, oras. Toda palabra dicha a Dios, cuando sale del fondo del corazón, El la escucha con amor.

Ambientación

• Empieza siempre tu oración humillándote: te basta con responder pensando en tu miseria y tu pecado.

• Ofrece a Dios tu oración, pídele su gracia, rectifica la orientación de tu vida: buscar a Dios.

• Reconstruye la escena: trasládate con la imaginación al sitio, procura ponerte muy en ambiente. Hazte presente a los hechos.

• Sabes que buscas en esta oración, ¿que te propones? Pídeselo a Dios de corazón.

Actuación

• Trae a tu mente el tema de la conversación: Dios lee tu pensamiento y puedes hablar con El sin palabras: con

sencillez, con sinceridad, en espíritu y en verdad.

• Coméntalo con Dios: le cuentas la escena, le explicas la verdad de lo que se trata, te impagas de su luz y de su

calor como cuando tomas e sol, te paras para contemplar el panorama como cuando subes a un monte, saboreas los efectos, te complaces en los sentimientos que Dios suscite en tu corazón.

• Deja que Dios, ore en ti y contigo: réstale tu mente y tu corazón, Pide por Cristo, adora con Cristo, ama a Dios en

Cristo. Procura también unirte a toda la Santa Iglesia: a tantas almas fervorosas que oran y aman a la vez contigo y

por ti.

Actitud

• Toma la postura que mas te ayude: no la mas molesta, ni la mas cómoda: busca la quietud total.

• No tengas prisa: ora con calma, sosegadamente, con gran paz, como quien respira a ritmo lento.

• No vaciles en pedir, pero procura también adorar, agradecer, arrepentirte, desear, confiar, amar.

• Supera las distracciones: no te atasques en ellas, ni te desanimes por ellas, no desistas de orar a pesar de todo.

• Ejercita ante todo la voluntad, levanta tu corazón y manténlo levantado. Con afectos de esperanza: aprende a esperar contra toda esperanza. Con sentimientos de amor: ama al menos con el deseo.

• Refuerza y recalienta las ideas con afectos: afectos nobles, vigorosos, sanos, elevados, santos

¿Oración o lectura?

• No conviertas la oración en lectura: el libro te impediría orar.

• Si no puedes otra cosa, haz lectura meditada: poca dosis de lectura y mucha de reflexión.

• Sigue la pauta del libro o del apunte, pero en atarte: solo en la medida en que ti ayuden.

• Si puedes prescindir de ellos, mejor: da vuelo a tu pensamiento y a tu corazón. Comunícate, ora, ama.

Finalmente

• Si quieres avanzar en la oración, se mortificado.

• Tu oración ha de ser dialogo y no monologo.

• Mas que hacer actos de oración, aspira a vivir en estado de oración.

• Ten confianza en Dios: mírale como Padre.

• Busca en todas las cosas a Dios con paz.

• Así iras hallando tu comino en la oración.

(9) Op. cit.

CAPITULO III. COMIENZO DE LOS EJERCICIOS

ORACIÓN PARA EL ACTO DE COMENZAR LOS EJERCICIOS (17)

DIRECTOR: Señor Jesús: aquí tienes a este grupo de ejercitantes. Aquí están, Tu los has traído, Señor. Tu sabes como vienen y por que vienen; mejor que ellos, Señor, Tu conoces su corazón, sus pasiones, su ceguera, sus resistencias, sus problemas todos. Conoces su debilidad, conoces ese temor y preocupación que ahora les embarga al comienzo de algo que les cuesta, de estos días que temieron y desearon a la vez, de este retiro tan poco atractivo a la naturaleza. Pero recuerda Señor, aquellas maravillas obradas por tu poder y tu corazón sobre las muchedumbres de enfermos que se acercaban a Ti pidiendo un milagro. Estos también son enfermos del espíritu, unos ciegos, otros paralíticos, otras leprosos, otros muertos: ellos también se acercan a Ti ansiosos, ellos también te piden el milagro. Saben lo que son los Ejercicios: una purificación total de sus vidas, tan dañadas por el mundo fatal que les rodea, un como bautismo nuevo de gracia y de virtud, para conseguir después esa iluminación espléndida y definitiva que les haga conocer tu voluntad sobre el curso de sus existencias. Y vienen a orar, a clamar a Ti llenos de angustia y de ”

confianza: “Señor, Señor, ten misericordia

penitencia y vienen a recogerse totalmente en n silencio impresionante y absoluto para n oírte sino a Ti, a quien nunca pudieron oír bien por el ruido que les rodeaba; vienen a pensar, a dialogar contigo, a fortalecerse en tu contacto, a vivir junto a Ti. Y por la intercesión de San Ignacio imploran al comienzo de estos días tu bendición de acogida, bendición que nos asegure a todos que estas propicio, que tomas dirección de esta experiencia extraordinaria, que vas a hablarnos, Señor. Envíanos tu Divino Espíritu que desde el fondo nuestro corazón nos dicte tus palabras de luz y nos vivifique, y ofrece a tu Eterno Padre la oblación sincera de estos días dedicados únicamente al asunto primordial de nuestra vida: la salvación propia y la glorificación tuya, que con el Padre y el Espíritu Santo

Vienen a implorar perdón, a demandarte vida; vienen a hacer

vives y reinas por los siglos de los siglos. TODOS: Amén.

(17) Este acto de presentaciones de Jose Ma. de Llanos, S.J.

EL PRINCIPIO Y FUNDAMENTO DE LOS EJERCICIOS DE SAN IGNACIO

"El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios muestro Señor, y mediante esto salvar su alma; y

las otras cosas sobre la faz de la Tierra son creadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para el que es creado. De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar de ellas, cuanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse de ellas, cuanto lo impidan. Por lo cual, es menester hacernos indiferentes a todas las cosas creadas, en todo lo que es concedido a nuestro libre albedrío, y no le esta prohibido; en tal manera que no queramos de nuestra parte, mas salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo damas; solamente deseando y eligiendo lo que mas nos conduce para el fin que somos creados" (18). Ese hecho, que San Ignacio expone escuetamente, como un dato básico inicial, que debe encararse por todo ser humano, desde el primero, se presenta en su dimensión teológica en los documentos del Concilio:

"El Concilio Vaticano II

ciertamente, bajo la esclavitud del pecado, pero liberado por Cristo, quien, con su crucifixión y resurrección, quebrantó el poder del Maligno para que el mundo se transforme según el designio divino y llegue a su consumación" (19). Ello actualiza el concepto con dos hechos básicos en la historia del hombre: el pecado de nuestros primeros padres, que nos gravo con el pecado original, y la Redención de Nuestro Señor Jesucristo, que restauro la vocación del hombre para su salvación. Entrados en los Ejercicios, el peligro ahora es confundir la indiferencia, que es el objetivo por excelencia durante la vida terrenal, con la apatía de no reaccionar frente a la problemática del pecado y de la propia conversión, separándonos, por omisión, del plan de Dios respecto a nuestra salvación.

tiene presente

el mundo

fundado y conservado por el amor de un Creador; puesto,

(18) San Ignacio de Loyola, op.cit., pag. 25. (19) Concilio Vaticano II, Constitución Gaudium et Spes, 2.

PRECES DE LOS EJERCICIOS (20)

Señor, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros. Jesucristo, ten piedad de nosotros. Jesucristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros. Jesucristo escúchanos. Jesucristo escúchanos. Dios Padre, que nos has creado para amarte y servirte y así salvar nuestras almas. Ten piedad de nosotros. Dios Hijo, Redentor del mundo, que te hiciste hombre para sufrir y morir por nosotros. Ten piedad de nosotros. Dios Espíritu Santo, santificador de nuestras almas. Ten piedad de nosotros. Trinidad Santa, único y omnipotente Dios. Ten piedad de nosotros. Corazón de Jesús, que quieres que todos los hombres se salven. Te rogamos óyenos. Corazón de Jesús, que por medio de María inspiraste a San Ignacio los Ejercicios. Te rogamos óyenos. Corazón de Jesús, que llevas al alma a la soledad para hablarle al corazón. Te rogamos óyenos. Corazón de Jesús, que nos enseñaste a buscar el retiro en el desierto y en tus noches de oración. Te rogamos óyenos.

Corazón de Jesús, que deseas llenarnos de tu Espíritu en el Cenáculo de los Ejercicios. Te rogamos óyenos. Para que la bendición de tu Corazón divino fecunde el fruto de los Ejercicios en retiro. Te rogamos óyenos. Para que se propague y se difunda mas y mas la practica de los Ejercicios en retiro. Te rogamos óyenos. Para que sea cada vez mayor el numero de sacerdotes, celosos apóstoles de los Ejercicios. Te rogamos óyenos. Para que Dios suscite entusiastas propagandistas de los Ejercicios en retiro. Te rogamos óyenos. Para que las almas generosas estimen y favorezcan los Ejercicios en retiro. Te rogamos óyenos. Por todos los Directores de Ejercicios, para que sean fervorosos y santos. Te rogamos óyenos.

Por todos los antiguos Ejercitantes, para que perseveren en sus buenos propósitos. Te rogamos óyenos. Por todos los que resisten a tu gracia cuando les invitas a hacer los Ejercicios en retiro. Te rogamos óyenos. Por todas las organizaciones de Ejercicios y por cuantos trabajan en las casas de Ejercicios. Te rogamos óyenos. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Perdónanos, Señor. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Escúchanos, Señor. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Ten misericordia de nosotros. Ruega por nosotros, glorioso S. Ignacio. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Oremos. Señor Jesucristo, que quieres que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la Verdad te suplicamos que sean muchas las almas que, en el retiro de los Ejercicios de San Ignacio, conozcan tu Verdad, se inflamen en tu Amor, busquen solo tu gloria y enciendan toda la tierra en el fuego que viniste a traer: Tu que vives y reinas; por los siglos de los siglos. Amén.

(20) Tirso Arellano, S.J., op.cit.

ORACIÓN PARA HACER BIEN LOS EJERCICIOS

Oh

Dios mío, mi Creador y mi Redentor, fuente de luz, de verdad y de vida: te ruego humildemente, que ilumines

mi

entendimiento y muevas mi corazón, para que haga bien estos Ejercicios. He venido a la soledad y me presento

ante Ti con sincero deseo de hallar y de cumplir tu santa voluntad. Dame gracia para que aproveche bien, este tiempo que me concedes para el bien de mi alma. Dame gracia para meditar y entender. Dame virtud para orar con eficacia, luz para hacer bien el examen de mi vida, buen criterio para hallar buenos propósitos y firme voluntad para cumplirlos. Concédeme, ah Señor mío Jesucristo, conocer tu ley y hallar tu amor de tal manera, que de este retiro salga siendo un verdadero cristiano, y quiera serlo después toda mi vida. Y tu, oh Virgen Madre de Dios y Madre mía. Tu que tan bien iluminaste a San Ignacio para que hiciese estos Santos Ejercicios, ilumíname ahora a mi para que los haga como en el los hizo, y el e convierta y me santifique. Así sea.

ORACIÓN A SAN IGNACIO DE LOYOLA

¡Oh glorioso San Ignacio de Loyola: como si te tuviese presente, te ruego que en estos santos Ejercicios me alcances

de

Dios Nuestro Señor la gracia de sentir su santísima voluntad y cumplirla perfectamente, a fin de que librándome

de

mis malas pasiones, limpiando mi corazón de todas mis aficione desordenadas, siendo sano y puro mi interior, me

haga apto para amarle, fuerte para sufrir por su amor y firme para perseverar en su santo servicio todos los días de

mi vida. Amén.

ORACIÓN DE CLEMENTE IX

Creo, Señor: fortalece mi fe; espero, Señor: asegura mi esperanza; te amo, Señor: inflama mi amor; pésame, Señor:

aumenta mi arrepentimiento.

Te adoro como a primer principio, te deseo como a ultimo fin, te alabo como a bienhechor perpetuo, te invoco como

a defensor propicio.

Dirígeme con tu sabiduría, cóntenme con tu justicia, consuélame con tu clemencia, protégeme con tu poder.

Te ofrezco, Dios mío, mis pensamientos para pensar en Ti, mis palabras para hablar de Ti, mis obras para obrar

según tu voluntad, mis trabajos para padecerlos por Ti. Quiero lo que Tu quieras, lo quiero porque lo quieres, lo quiero como lo quieres, lo quiero en cuanto lo quieres.

Te

ruego, Señor, que alumbres mi entendimiento, abrases mi voluntad, purifiques mi cuerpo y santifiques mi alma.

No

me inficione la soberbia, no me altere la adulación, no me engañe el mundo, no me prenda en sus redes el

demonio. Concédeme la gracia de depurar la memoria, refrenar la lengua, recoger la vista, mortificar los sentidos. Llore las iniquidades pasadas, rechace las tentaciones futuras, corrija las inclinaciones viciosas, cultive las virtudes que me son necesarias. Concédeme, Dios mío, amor a Ti, odio al pecado, celo del prójimo, desprecio del mundo. Haced que procure obedecer a los superiores, atender a los inferiores, favorecer a los amigos, perdonar a los

enemigos. Venza el deleite con la mortificación, la avaricia con la largueza, la ira con la mansedumbre, la tibieza con el fervor. Hazme prudente en las determinaciones, constante en los peligros, paciente en las adversidades, humilde en las prosperidades. Haz, Señor, que sea en la oración fervoroso, en la comida sobrio, en el cumplimiento de mis deberes, diligente, en los propósitos, constante. Concédeme que trabaje por alcanzar la santidad interior, la modestia exterior, una conducta ejemplar, un proceder arreglado. Que me aplique con diligencia a domar la naturaleza, a corresponder a la gracia, a guardar tu ley y merecer mi salvación. Que consiga la santidad, con la confesión sincera de mis pecados, con la participación devota del Cuerpo de Cristo, con el continuo recogimiento del espíritu, con la pura intención del corazón. Dame a conocer, Dios mío, cuan frágil es lo terreno, cuan grande lo celestial y divino, cuan breve lo temporal, cuan duradero lo eterno. Dame que me prepare para la muerte, que tema el juicio, que evite el infierno y que obtenga la gloria del paraíso. Por Nuestro Señor Jesucristo. Así sea.

ORACIÓN PARA DECIDIR (21)

Señor, ahora, cuando he de decidir, vengo a Ti. Siempre acabo llegándome a Ti cuando he de hacer algo importante. Tengo que elegir como voy a vivir esta vida que Tu me has dado. Dame la gracia de tener criterios altos, opinión exacta del fin de la vida y del trabajo. Que me ilusione tu ilusión. Que quiera para mi vida lo que quieres Tu para la vida de los hombres. Que supere las opiniones ligeras, vulgares y miopes de los demás.

(21) Oración del P. Iñiesta.

Memorare [Acuérdate]

Acuérdate, ¡Oh piadosisima Virgen María!, que jamas se oyó decir, que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorado tu asistencia y reclamado tu socorro haya sido abandonado de ti. Animado de esta confianza,

a ti también acudo, oh Madre Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a

comparecer ante tu presencia soberana, ¡Oh Madre de Dios y Madre nuestra!, no deseches mis suplicas, antes bien,

escúchalas y acógelas benignamente. Amén.

AL RITMO DE LAS CUATRO ETAPAS

Para cada una de las cuatro etapas de los Ejercicios ignacianos, se te señalan aquí varias cosas: notas, tarea, examen

y preces.

CAPITULO IV. PRIMERA ETAPA: ORIENTACIÓN Y CONTRICIÓN

(22)

La primera etapa se dirige a la contemplación del pecado, a la luz del Principio y Fundamento de los Ejercicios ignacianos.

(22) Las Notas, Tarea y Examen son de Tirso Arellano, S.J., op. cit.

NOTAS

Fíjate bien en estos puntos importantes durante esta primera etapa:

1. No te extrañes de que se te haga el día largo, pesado, aburrido. Ten paciencia: eso solo te pasara el primer día. Los

siguientes estarás mucho mejor.

2. Ten hoy especial cuidado de evitar toda disipación y procura guardar el silencio con todo rigor.

3. No te alarmes ni te desanimes de no “sentir” nada: aunque estés frío, aunque las meditaciones no te hagan

ninguna impresión, no importa. No busques la emoción, sino la convicción.

4. No tengas prisa por confesarte: hasta que no llegues a la meditación de la misericordia, no estarás del todo

preparado.

5. No te preocupes demasiado de la confesión, ni le dediques todo el tiempo que estas en tu cuarto: piensa en las

meditaciones. No te dejes dominar por la turbación. No pierdas la paz a causa de la confesión.

6. No te extrañes si no se hace todavía gran luz en tu alma: es demasiado pronto. Ten paciencia, sigue pidiendo y

pensando, y la luz vendrá.

7. Procura saborear que bien se vive así:

a solas: es decir, en silencio,

a solas consigo mismo: o sea, con reflexión,

a solas con Dios: que es, en oración.

8. Hoy por la tarde suelen ser las confesiones. Procura terminar tu preparación a tiempo.

9. Cuida de no perder el recogimiento con ocasión de la confesión.

10. Si necesitas alguna cosa, pídela por escrito: no hables para nada.

11. Esfuérzate por conseguir en ti mismo:

mas ambiente de recogimiento interior,

mas intensidad de meditación personal,

mas fervor y mas insistencia en la oración.

CAPITULO V. EL PROBLEMA DE TU PASADO:

LA CONFESIÓN

PREPARACIÓN PARA LA CONFESIÓN (30)

1. El problema de tu pasado solo se resuelve con la Confesión. La confesión es un sacramento necesario a los pecadores, muy conveniente a todos, muy divino y muy humano.

2. Su principal provecho es quitar los pecados mortales y veniales cometidos después del bautismo.

3. El pecado mortal es el mayor mal que hay ni puede haber, porque es ofensa de Dios, nos hace enemigos de Dios, nos priva de la gracia santificante, nos hace perder la gloria, nos condena al infierno, nos causa remordimiento y a veces, sobre todo repetido, nos trae muchos males en esta vida.

4. El pecado venial, aunque es mucho menor mal que el mortal, es peor que cualquier mal de esta vida; porque si bien no nos condena al infierno, nos enfría en el amor de Dios, nos dispone al pecado mortal y nos condena al purgatorio o a otras penas.

5. El pecado mortal es muerte del alma.

6. El pecado venial es enfermedad del alma.

7. El pecado mortal se quita con la confesión.

8. También se quita por un acto de perfecta contrición, pero con propósito de confesarse.

9. El pecado venial se quita principalmente con la confesión; también la comunión, los actos de arrepentimiento y otras obras buenas ayudan a borrarlo del alma.

10. La confesión es una institución que, además de perdonarse en ella los pecados, tiene muchas ventajas.

Mejor que sea hombre que no ángel, porque así entenderá mejor lo que es mi corazón por el suyo. Aunque fueses incrédulo, un confesor te servirá muchísimo; algunos incrédulos así le entienden.

Los que se confiesan frecuentemente, difícilmente se harán malos, y si lo son se harán buenos. Los que son malos y quieren serlo no se confiesan o dejan de confiarse o dejan de confesarse. No resisten la

confesión.

12. Para confesarse bien se necesita:

a. Examinarse antes.

b. Dolerse de los pecados cometidos.

c. Proponer enmendarse de ellos.

d. Confesar al Sacerdote los pecados mortales.

e. Cumplir la penitencia que te diga el confesor.

13. El examen debe hacerse con serenidad, no con apuros ni congojas de modo que resulte un tormento.

14. No hay obligación de confesar mas que los pecados mortales. Los veniales hay libertad de confesarlos o no.

15. Para que un pecado sea mortal se requieren tres condiciones:

a. Que la materia (ya sea de pensamiento, deseo, palabra, obra u omisión) sea alguna cosa grave, o que uno la conciba como grave al tiempo de cometer el pecado.

b. Que haya conocimiento y advertencia plenos, es decir, que se de uno cuenta de que lo que va a hacer es

gravemente malo, por ejemplo, no ir a Misa en domingo, sabiendo que es domingo.

c. Que haya libertad completa, de hacerlo o no hacerlo. Sin libertad no hay pecado. Sin querer nunca se peca. Si no puedo ir a Misa, no peco por no oírla.

Si falta alguna de estas tres, el pecado no es mortal.

16. Todo lo que se hace sin querer, por violencia o por fuerza, son pleno consentimiento, sin plena advertencia, sin caer en la cuente, por simple descuido, en sueños o medio en sueños, o en un arrebato imprevisto e inevitable, no es pecado mortal.

17. Los pensamientos, por malos que te parezcan; las pasiones, por fuertes que sean; las tentaciones, por mas violencia que te hagan, nunca son pecados mientras tu, a sabiendas, no las admitas p apruebes.

18. Se puede pecar de pensamiento, de deseo, de palabra, de obra o de omisión.

19. Pecar es querer lo que presenta el pensamiento pecaminoso, y consentir con la voluntad en aquello malo que te sugiere la tentación o inclinación.

20. Peca el que desea robar, hacer daño, etc., aunque no realice su deseo en obras exteriores. Pero es necesario, para que haya pecado, ese querer verdadero de aquello que sabes esta prohibido por Dios; y sin esa voluntad libre nunca se peca.

21. Si solo después de hecha una acción y no antes, has caído en la cuenta de que aquello era pecado, no has cometido pecado, ni estas obligado a confesarlo.

22. Una cosa que ordinariamente solo es pecado venial puede llegar a ser pecado mortal:

• por razón de la malicia o de la intención perversa,

• o si se ha cometido en desprecio de Dios y de su Ley,

• o por acumulación, como en ciertos hurtos pequeños,

• o bien creyendo, al cometerlo, que aquello era pecado mortal. (30) Tiro Arellano, S.J., op. cit.

Lo que tienes que hacer:

TAREA

1. Leer la Preparación para la Confesión. (23)

2. Repasar de nuevo las Normas Practicas. (24)

3. Plantearte, con toda claridad, el problema de tu vida:

Que conflicto hay en tu vida que tienes que resolver.

Cual es tu situación concreta.

Aquello que te ha movido a venir a los Ejercicios.

4. Leer en el Kempis los siguientes capítulos:

Del amor de la soledad y silencio: libro I, cap. 20.

Principio y fundamente: libro III, cap. 9.

Habla, Señor, que tu siervo escucha: libro III, cap. 2.

Pecados ajenos: libro III, cap. 14.

De la compunción del corazón: libro I, cap. 21.

Del juicio, del infierno: libro I, cap. 24.

De la meditación de la muerte: libro I, cap. 23.

5. Repasar detenidamente las "Advertencias antes del examen de conciencia".(25)

6. Terminar tu preparación para la confesión, sobre todo, si la haces por escrito.

7. Confesarte a gusto y bien, terminando así la primera parte de los Ejercicios.

EXAMEN DE LA PRIMERA ETAPA

• ¿Estoy satisfecho de lo que he trabajado hoy por entrar de lleno en Ejercicios?

• ¿Como he guardado la consigna de silencio, reflexión y oración?

• ¿He refrenado la lengua en un silencio absoluto, para escuchar a Dios? ¿Se me ha escapado alguna palabra?

• ¿He puesto la debida atención en escuchar al Director cuando hablaba?

CAPITULO VII. SEGUNDA ETAPA:

TU DECISIÓN DE SALVACIÓN (35)

En esta etapa San Ignacio nos propone meditaciones muy originales que enmarcan la segunda parte de nuestra conversión, es decir, nuestra vocación cristiana. Se completa con las meditaciones de la Vida de nuestro Señor Jesucristo desde la Encarnación hasta su entrada en Jerusalén el Domingo de Ramos.

Ten muy presente esto:

NOTAS

1. Todo el fruto de los Ejercicios depende del fervor que pongas en hacer bien las meditaciones en esta segunda parte.

2. Mayor aun que el empeño puesto en arreglar tu pasado mediante la confesión, debe ser tu afán por solucionar el problema de tu porvenir: “¿Qué he de hacer en adelante por Cristo?

3. Procura aprovechar bien el tiempo que pasas en tu habitación: intensifica tu actividad personal.

4. No olvides que la eficacia de los Ejercicios consiste en el encadenamiento lógico de las materias: cada meditación prepara la siguiente y contribuye al resultado final.

5. No alivies tu generosidad con Dios: decisiones valientes, orientación definitiva de la vida.

6. Por tanto, es el día mas trascendental de todos los Ejercicios, puesto que se trata de recoger y concretar el esfuerzo hecho en los días anteriores.

(35) Las Notas, Tarea y Examen son de Tirso Arellano, S.J., op. cit.

Lo que tienes que hacer:

TAREA

1. Entrar con grandes ánimos en la segunda parte de los Ejercicios, que es la principal y la que requiere mas cuidado de tu parte.

2. Plantearte el problema de tu porvenir [Leer “Modo de hacer la elección”, pagina 83]

3. Leer los siguientes capítulos del Kempis:

Reino de Cristo: libro II, cap. I.

Seguir a Cristo: libro III, cap. 56.

Imitar a Cristo: libro III, cap. 18.

4. Medita estos capítulos del Kempis:

De la enmienda de la vida: libro I, cap. 25.

Consideración de la miseria humana: libro I, cap. 6.

Acusación de la propia conciencia: libro IV, cap. 7.

Alegría de la buena conciencia: libro II, cap. 6.

ORACIÓN MATUTINA COMUNITARIA

DIRECTOR: Señor, ábrenos los labios. TODOS: Y nuestra boca proclamara tu alabanza. DIRECTOR: Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. TODOS: Bendito seas, Padre, que nos has bendecido en la persona de Cristo. DIRECTOR: El nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos consagrados e irreprochables ante el por el amor. TODOS: Bendito seas, Padre, que nos has bendecido en la persona de Cristo. DIRECTOR: El nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. TODOS: Bendito seas, Padre, que nos has bendecido en la persona de Cristo. DIRECTOR: Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia han sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el Misterio de su Voluntad. TODOS: Bendito seas, Padre, que nos has bendecido en la persona de Cristo. DIRECTOR: Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante:

recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra. TODOS: Bendito seas, Padre, que nos has bendecido en la persona de Cristo. LECTOR: Lectura de capitulo II, 5-11, de la carta a los filipenses. DIRECTOR: [BREVE HOMILÍA] DIRECTOR: Dios es mi salvación; en el confío y no temeré. Porque mi fuerza y mi canto es el Señor: El ha sido para mi la salvación. Sacareis con alegría el agua de las fuentes de salvación, y aquel día diréis: ¡Alabad al Señor, invocad su nombre y publicad sus obras magnificas ante los pueblos! TODOS: Proclamad que su nombre es excelso en toda la tierra; cantad al Señor porque ha obrado maravillas:

¡que sean conocidas por todos los ámbitos del Universo? DIRECTOR: Entona un cántico de alabanza, tu que habitas en Sión, porque es grande en medio de ti el santo de Israel. Regocíjate tu que no dabas a luz. TODOS: Porque tu te extenderás a la derecha y a la izquierda, y tu prole señoreara las naciones, y poblara en torno las ciudades desiertas. DIRECTOR: Tendrás por Esposo a tu Creador, cuyo nombre es el Señor de los ejércitos, y a tu Redentor, el Dios de toda la tierra. Señor, escucha nuestra oración. TODOS: Y llegue a ti nuestro clamor.

Preces comunitarias

DIRECTOR: Unidos en comunión oremos al Señor para que en el día de hoy todos nosotros sintamos la llamada de Cristo que nos dice: “Ven y sígueme”. Que todos comprendamos el significado de nuestro bautismo. TODOS: Te lo pedimos, Señor. DIRECTOR: Que nos entusiasmemos con el privilegio de haber sido llamados a cooperar en la obra redentora de Cristo. TODOS: Te lo pedimos, Señor. DIRECTOR: Que caigamos en la cuenta de que tenemos que ser otros cristos para todos nuestros hermanos. TODOS: Te lo pedimos, Señor.

DIRECTOR: Que por el testimonio de nuestra unidad y amor podamos ser como nos lo aconseja Cristo: la luz y la sal del mundo. TODOS: Te lo pedimos, Señor. DIRECTOR: Santa María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia. TODOS: Intercede por nosotros. DIRECTOR: Bendigamos al Señor. TODOS: Demos gracias a Dios. DIRECTOR: Que la bendición de Dios Padre, de Dios Hijo, y de Dios Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre. TODOS: Amén.

PRECES DE LA SEGUNDA ETAPA

1. Madre mía Inmaculada

Madre mía Inmaculada: bendíceme con bendición de pureza que me aleje de todo pecado; con una bendición de fidelidad, que me haga cumplir todos mes deberes; con una bendición de amor que me haga amarte como a Madre; con una bendición de Madre, que me haga amar de corazón a Jesucristo. Amén.

2. Jesucristo, Maestro

LECTOR: Maestro bueno, ¿que haré para conquistar la vida eterna? TODOS: Habla, Señor, que tu siervo escucha. LECTOR: Explícame tu Evangelio y ábreme el sentido de tus enseñanzas. TODOS: Enséñanos a orar, como enseñaste a tus apóstoles. LECTOR: Porque quiero, Jesús, ante tu Sagrario aprender toda Verdad, de la que Tu viniste a dar testimonio, porque Tu eres la Verdad misma y el Camino y la Vida. TODOS: Tú que clamaste en las campiñas de Galilea aquel Mensaje de Vida sobre las muchedumbres. LECTOR: Tú que vertiste en el silencio de la intimidad palabras divinas en los oídos de tus apóstoles TODOS: Tú que proclamaste el misterio de Reino delos cielos como el mas valioso de todos los tesoros. LECTOR: Tú que nos revelaste al Padre aquí en la soledad de este retiro, único Maestro delos hombres, habla. TODOS: Enséñanos tus mandamientos nuevos y tus consejos de vida. Enséñanos a negarnos a nosotros mismos, a combatir contra la carne, el mundo y el demonio, a tomar la cruz y seguirte. Y danos ese conocimiento interno de Ti, Maestro y Señor. LECTOR: Como te escuchaban tus discípulos sobre el monte, como se abstraian en Betania tus amigos, como se olvidaban de comer las muchedumbres por oírte, como enmudecían vendidos los fariseos ante tu sabiduría, como guardaba tu Madre, Nuestra Señora, todas tus cosas en su corazón, así quiero, Señor, así quiero escucharte y grabar tu verdad en mis entrañas. TODOS: Danos, danos a conocer tu voluntad sobre nuestras vidas; haz que no seamos sordos a tu llamamiento, sino prestos y diligentes; clava tu mirada en nosotros como la pusiste en aquellos jóvenes que llamaste; dinos como a Saulo que quieres que hagamos con nuestra juventud y envíanos al Divino Espíritu, que venga a grabarnos interiormente todo lo que Tu nos has enseñado. LECTOR: Para que trocada mi dureza en luz del mundo, pueda, Señor, brillar ante los hombres y atraerte a muchos que glorifiquen eternamente a tu Padre que contigo y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. TODOS: Así sea.

3. Acto de confianza

Estoy tan convencido, Dios mío, de que velas sobre todos los que esperan en Ti y de que no puede faltar cosa alguna a quien de Ti las aguarda todas, que he determinado vivir en adelante sin ningún cuidado, descargándome en Ti de toda mi solicitud. Despójenme los hombres de los bienes y de la honra, prívenme las enfermedades de las fuerzas y medios de servirte, pierda yo por mi mismo la gracia pecando, que no por esto perderé la esperanza, antes la conservare hasta el postrer suspiro de mi vida, y vanos serán los esfuerzos de todos los demonios del infierno para

arrancármela, porque con tus auxilios me levantare de la culpa. Aguarden algunos la felicidad en sus riquezas o talentos, descansen otros en la inocencia de su vida, en la esperanza de su penitencia, en la multitud de sus buenas obras, o en el fervor de sus oraciones; en cuanto a mi, toda mi confianza se funda en la seguridad con que espero ser ayudado por Ti, y en el firme propósito que tengo de cooperar a tu gracia. Confianza como esta jamas a nadie salió fallida. Así que, seguro estoy de ser eternamente bienaventurado, porque espero firmemente serlo y porque Tu, Dios mío, eres de quien lo espero todo. Bien conozco que soy frágil y mudable, se cuanto pueden las tentaciones contra las virtudes mas robustas, he visto caer las estrellas del cielo y las columnas del firmamento, pero nada de eso logrará acobardarme. Mientras espere de veras, libre estoy de toda desgracia; y de que esperare siempre estoy cierto, porque estero también esta esperanza invariable, En fin, para mi es seguro que nunca será demasiado lo que espere de Ti, y que nunca tendré menos de lo que hubiera esperado. Por tanto, espero que me sostendrás sin dejarme caer en los riesgos mas inminentes y me defenderás aun de los ataques mas furiosos, y harás que mi flaqueza triunfe de los mas espantosos enemigos. Espero que me amaras siempre, siempre, y yo a mi vez te amare sin intermisión; y para llega de un solo vuelo con la esperanza hasta donde puede llevarse, te espero a Ti mismo, oh Creador mío, para el tiempo y para la eternidad. Amén.

4. Nobleza

Oh Cristo, Tú eres mi Rey. Hazme para contigo un noble corazón caballeroso. Noble en mi vida: escogiendo lo que sube y se dilata, y no lo que se arrastra y languidece. Noble en mi trabajo: viendo en el, no la carga que se me impone, sino la misión que Tú me confías. Noble en el sufrimiento: soldado verdadero frente a mi cruz, verdadero cirineo para los cruces de los demás. Noble con el mundo: perdonando sus pequeñeces, sin ceder nada a sus engaños. Noble con los hombres: leal con todos, mas servicial con los humildes y los pequeños. Noble al arrastrar hacia Ti a los que me aman y pueden amarte a Ti. Noble con mis jefes: viendo en su autoridad la belleza de tu rostro que me fascina. Noble conmigo mismo: nunca replegado sobre mi, apoyándome siempre en Ti. Noble contigo, oh Cristo: feliz de vivir para servirte, dichoso de morir para abismarme en Ti.

5. Cristo, tómanos a tu servicio

Tómanos, oh Cristo, para servirte. Concédenos el no temer sino a Ti, y no seguir sino a Ti. Haznos mas valientes y mas rectos y vuelve nuestros corazones mas puros. Zarandéanos como se criba el trigo para que quedemos limpios y sin escoria. Acéptanos, oh Cristo, como soldados yuyos. Ármanos, por la fe, de valentía. Ármanos, por el amor , de gran bondad, de fuerza; Señor, ármanos por la esperanza. Oh Cristo Jesús, tómanos para servirte a Ti.

6. Piedad

Abre, Señor, los oídos de tu piedad a los ruegos de los que la imploran; y para que les concedas lo que piden haz que pidan lo que te agrada. Te rogamos, Señor que nos prevenga siempre y acompañe tu gracia, y nos haga asiduamente solícitos para las buenas obras, para que nuestros bienes los aumentes y, con la practica de la piedad aumentados, los conserves. Oh Dios, autor de la paz, a quien conocer es vivir y a quien servir es reinar: protege de todas las asechanzas a los que confiamos en tu defensa. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

7. Acto de reparación

LECTOR: Del olvido e ingratitud de los hombres. TODOS: Te consolaremos, Señor. LECTOR: Del abandono en que te dejan en el Sagrario.

TODOS: Te consolaremos, Señor. LECTOR: De las blasfemias que se profieren contra Ti. TODOS: Te consolaremos, Señor. LECTOR: De los sacrilegios con que se ultraja tu amor. TODOS: Te consolaremos, Señor. LECTOR: De las irreverencias cometidas en tu presencia. TODOS: Te consolaremos, Señor. LECTOR: De la frialdad en que viven buena parte de tus hijos. TODOS: Te consolaremos, Señor. LECTOR: Del desdén con que oyen tus llamadas amorosas. TODOS: Te consolaremos, Señor. LECTOR: De nuestras propias infidelidades. TODOS: Te consolaremos, Señor. LECTOR: De nuestra tibieza en amarte. TODOS: Te consolaremos, Señor. LECTOR: Jesús divino, dígnate recibir el pequeño tributo de nuestros consuelos, y que tu amor reine en nuestros corazones por los siglos de los siglos. TODOS: Amén.

EXAMEN DE LA SEGUNDA ETAPA

¿He seguido bien la lectura del comedor?

¿Qué he hecho en mi cuarto?

¿He aprovechado el tiempo bien?, ¿con empeño?, ¿con buena voluntad?

¿Me he dedicado sólo a leer?

¿He tomado apuntes?, ¿o no he escrito nada?