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13 COMUNIDAD DE BASE Y PROSPECTIVA PASTORAL EN AMERICA LATINA

José Comblin, Jaime

Marins,

Díaz, Ménica

Edgard

González, José

de

Mario

Arroya,

Beltrán, Equipo

DEPARTAMENTO DE PASTORAL - CELAM

Instituto

Pastoral

Latinoamericano - IPLA

13

. Coleción IPLA

José

Jaime Díaz

Mónica

José

Mario

Edgard

Equipo

Comblín

González

Marins

Arroyo

Beltrán

de

Profesores

del

IPLA

COMUNIDAD DE BASE

Y

PROSPECTIVA PASTORAL EN AMERICA LATINA

Departamento de Pastoral CELAM Bogotá - Colombia Apartado Aéreo 5278

Instituto Pastoral Latinoamericano Quito - Ecuador Apartado 2026

Imprimatur

t Antonio J. González Z.

Obispo Auxiliar de Quito

Quito, Abril

4

de

1972

Propiedad reservada

Contenido

Presentación

TEOLOGÍA E IDEOLOGÍA DE LAS COMUNIDADES DE BASE

1 Principios teológicos

a)

2

3

Los límites de la revelación y la necesidad de modelos concretos

La definición

b)

Ideología de la Comunidad de Base

a)

b)

de los modelos concretos

Iglesia y evangelización La Iglesia comunión Los carismas

Condiciones objetivas Condiciones subjetivas

c)

Las condiciones y los fundamentos

a)

b)

de la Comunidad de Base

COMUNIDAD ECLESIAL DE BASE EN AMERICA LATINA Introducción

1

Presidencia y participación

(CEB)

Y LITURGIA

t

'

a) Presidencia

b) Participación

c) Conexión entre Liturgia y vida

d) Núcleo de creatividad

La Palabra de Dios en la Liturgia

a) Del monólogo al diálogo

b) Varios tipos de lectura

c) Selección y comentario

d) Reflexiones pastorales

Qué formas

Tensión entre la universalidad y la localidad La Liturgia de la CEB dentro de la disciplina actual

renovadas

2

de la CEB

de las perícopas

la

3

4

5

Conclusión

de Liturgia convienen

a

CEB?

COMUNIDADES DE BASE Y PASTORAL POPULAR Introducción

Paradojas de una Iglesia

1

La CEB tiene razón de existir si está "para" y "entre" las multitudes

a) Fundamento bíblico

pág.

7

9

9

10

13

15

16

17

19

19

19

20

23

23

25

25

26

27

27

30

30

30

31

32

35

36

38

39

41

41

42

42

42

 

b)

CEB

para

las

"multitules"

—sentido

del

resto—

 

43

c)

CEB entre las "multitudes", sentido

de Iglesia "levadura"

43

d)

CEB profeta

para

hoy

 

44

2

Peligros

de

la

CEB

 

45

3

La verdad,

como

situación

de

la

CEB

 

46

4

Hipótesis

para

una

acción pastoral

de

la

CEB

entre

 

las multitudes

47

PROSPECTIVA

 

51

Introducción

51

1

Seglares

52

Obispo

53

Diácono

permanente

 

54

Nuevos

ministerios

 

54

2

Ministerios

55

Presbítero

'

55

3

Religiosos

56

4

Estructuras

58

Iglesia particular

 

58

Parroquias

59

5

Actitudes

y

acciones

 

59

Compromiso

social

 

59

Liturgia

60

Ecumenismo

60

DIMENSIÓN

DINÁMICA SICOLÓGICA Y

 
 

COMUNIDADES

KCLESIAI.KS

DE

BASE

 

63

1 Existencia

de grupos

 

63

2 Dinámica

de los grupos

 

67

El

3 que

po r

de

la

dinámica

 

68

4

Proceso

fundamenta I de

 

la

dinámica

en

los

grupos

 

69

5

La

dinámica

de grupos

v

las

comunidades

eclesiales

de base

70

COMUNIDADES

DE

 

BASE

Y

PASTORAL

DE

CONJUNTO

73

1

Unidad

y pluralismo

 

73

Unidad

teológica

 

74

Unidad

sociológica

y

skolóyiea

 

74

Unidad

pastoral

75

Estos

principios

y

la

comunidad

cclcsial

 

de

base

75

Pluralismo

76

2 La autoridad y la Comunidad

de Base

 

77

3 Unidad,

pluralismo

y

prospectiva

 

78

4 Obstáculos

 

81

5 Eclcsial

Comunidad

di' Ha.se y comunicación

de experiencias

85

REFLEXIONES

PASTORALES

DEL SEMINARIO

"IPLA"

SOBRE

 

COMUNIDAD

DE

BASE

Y PROSPECTIVA

PASTORAL

87

Aspecto

teológico

y bíblico

de

la Comunidad

de Base

 

87

Pastoral

popular

- Comunidad

de

Base

 

88

Relación

Comunidad

 

de

Haso

- Pastoral

popular

 

90

Liturgia y Comunidad

de

liase

 

90

Integración

de

técnicas

de

dinámica

en

la

Liturgia

de Comunidad

de Base

 

91

Líneas

prioritarias

para

una

Pastoral

en

América

Latina

93

BIBLIOGRAFÍA

BÁSICA

COMENTADA

SOBRE

COMUNIDADES

 

DE

BASE

95

ALGUNAS

OTRAS

REFERENCIA S

BIBLIOGRÁFICA S

 

113

ÍNDIC E

BIBLIOGRÁFIC O

SUGUN

DIVERSA S

MATERIA S

114

Presentación

Fruto

de

un

nuevo

seminario

realizado

entre

el

equipo

de profesores

del

Ipla

es

el

volumen

que se ofrece

a

conti-

nuación.

Cristo

confió

a

su

Iglesia

la

misión

de

llevar

la

Buena

Nueva de liberación a los hombres

de toda

la tierra,

a

través

de los tiempos. Cada época requiere

formas

diversas

de ex-

presión

de

esa Iglesia

misionera.

El Espíritu

ha suscitado

en

nuestra hora, entre diversas expresiones

de

Iglesia,

la

Co-

munidad Eclesial de Base. En este seminario

que

presenta-

mos, se reflexionó sobre distintos expresión de la Iglesia.

aspectos

de

esta

nueva

 

La reflexión

toma

como

punto

de partida,

el

análisis'

de

los

fundamentos

teológicos,

y

de

la

ideología

de

la CEB.

La Iglesia

se

expresa

en una liturgia

viva.

LA CEB ofre-

ce todas

las

condiciones

para

un paso

"del

monólogo

al diá-

logo".

Desde

ahí

es posible

la búsqueda

de formas

diversas

de liturgias,

que convengan

a estos

grupos

de

Iglesia.

la

Comunidad

Eclesial

el

de Base tiene

de

razón de existir

verdad.

si

Escritura

aquí

De

está para y entre las multitudes. Es en la Sagrada

donde se encuentra

surge la síntesis "Comunidad de Base-Pastoral Popular".

fundamento

esta

Esta nueva forma de expresión de Iglesia ofrece posibi- lidades para ciertas prospectivas. El lugar de los seglares en la CEB, las nuevas formas de ministerios que se van exigien- do por las actuales situaciones históricas, el papel de los re- ligiosos, las actitudes y acciones que van requiriéndose.

Todo lo dicho conduce a una dimensión dinámica sicoló- gica dentro de la CEB. Todo esto exige una reflexión lúcida sobre la CEB dentro de una Pastoral de Conjunto.

Las líneas pastorales auténticamente evangélicas para una CEB son una exigencia y un desafío p$ra la Iglesia de hoy en América Latina. La reflexión de los participantes al seminario, ofrece algunos aspectos Interesantes en este te- rreno.

INSTITUTO DE PASTORAL LATINOAMERICANO

Teología e Ideología de las Comunidades de Base

 

José

Comblin

1.

PRINCIPIOS

TEOLÓGICOS

El

principio

fundamental

es

la

distinción

entre

teología

e ideología,

idéntica

a la distinción

entre

revelación

y modelo

concreto,

o bien

revelación

e

iluminación

espiritual.

La revelación no define ningún modelo concreto, nin- guna institución concreta históricamente realizable, no propor- ciona a la Iglesia ningún modo de actuar en lo concreto. Para poder actuar, el hombre y la Iglesia necesitan modelos con- cretos, y estos les son proporcionados por la inspiración del Espíritu Santo. El Espíritu es quien aplica en una circuns- tancia determinada, en una forma determinada la revelación he- cha por Jesucristo. Cada modelo concreto necesita una justifi- cación que muestre su acuerdo con la revelación. Esa justifi- cación de un modelo concreto no es parte de la teología, es una ideología. Por lo tanto, habrá una teología y una ideología de la comunidad de base, puesto que la comunidad de base es un modelo concreto, históricamente situado, de la Iglesia. La teología estudia los principios que permiten dar valor a una

ideología: no solo estudia la revelación, sino también la co- nexión entre la revelación y la historia. Pero, no justifica los diversos modelos concretos que aparecen en la historia. No les proporciona una ideología. El problema de la teología es el del fundamento de las ideologías.

a)

Los límites de la revelación y la necesidad de modelos concretos

1) La revelación bíblica propone la realidad del pueblo de Dios al que se juntan diversos atributos: el pueblo de Dios es cuerpo de Cristo, templo del Espíritu, comunidad humana invisible que crece en forma misteriosa en medio de la hu- manidad; es un pueblo que vive en forma de comunión su fe, su esperanza y su caridad, recibe la palabra de Dios y ce- lebra los sacramentos y la oración, acepta determinada disci- plina y asume determinadas obras en conjunto.

Pero estos atributos son de tal modo generales y deben permanecer generales de modo suficiente para mantener su valor en todas las culturas de todos los pueblos de todos los tiempos. Por lo tanto, si las palabras bíblicas parecen insinuar determinado modelo concreto de realización del pueblo de Dios, esa insinuación es necesariamente ilusión. La revelación tiene alcance universal, y la Iglesia que propone no tiene ningún carácter concreto.

De hecho la historia cristiana nos muestra que hay modos muy diversos de vivir la Iglesia y su comunidad: desde la forma eremítica de los solitarios, hasta la comunidad monástica o conventual, desde la soledad física completa hasta la con- vivencia permanente en la misma casa, con todos los tipos intermedios. La comunidad de fe es tal que se puede vivir en la meditación solitaria de la Biblia. Los sacramentos pueden ser recibidos espiritualmente (la comunión espiritual, p.e.j.) en el desierto y el aislamiento. La disciplina eclesiástica puede permanecer puramente virtual sin ningún contacto concreto con determinadas autoridades durante mucho tiempo.

Sin embargo, es necesario que la Iglesia esté presente en forma visible en esta tierra. Por lo tanto hay necesidad de encontrar modelos concretos en que pueda encarnar hasta cierto punto su realidad invisible. Claro está que los modelos con- cretos visibles nunca agotan toda la realidad de la Iglesia in- visible. No son toda la Iglesia de todos los tiempos, son la

Iglesia presente en un solo tiempo y un solo lugar, pero real- mente presente. Además la Iglesia no existe en los aires, en una pura esencia o bien puramente en el cielo. La Iglesia en la tierra existe solamente en los modelos concretos en que se encarna sucesivamente. Cómo se organiza la comunidad? Cuántas personas? Dónde? Cuándo? Cómo se celebran los sa- cramentos? Cómo se comunica la palabra de Dios? Cuáles son los ministerios y cómo actúa la autoridad? No hay respuestas universalmente válidas a esas preguntas. Pero, hay necesidad absoluta de darles una respuesta en cada época. Nadie puede vivir a nivel de universalidad, en una Iglesia pura y completa no encarnada en una forma concreta. Actuar lo universal es no actuar. Solamente creer en una Iglesia universal es no creer en absoluto en la Iglesia. Hay que creer en una Iglesia presente de tal modo.

La revelación del Nuevo Testamento define la estructura permanente de la Iglesia como comunión de Iglesias. La Iglesia universal que es la presencia visible del pueblo de Dios, no es una organización centralizada, sino una intercomunión de muchas Iglesias iguales y hermanas. A la multiplicidad y la diversidad de los pueblos, las razas, las lenguas, corresponden la diversidad y la multiplicidad de las Iglesias, sin que los límites de una Iglesia particular puedan ser determinados por cañones revelados. Los nuevos convertidos de un pueblo nuevo tienen derecho a fundar una Iglesia nueva. No son miembros de la Iglesia que les evangelizó. En cada Iglesia particular se hace presente la Iglesia universal. La Iglesia particular es la entidad superior de la Iglesia. No tiene superior, sino sola- mente lazos de comunión con las demás Iglesias (aceptando la misión especial de Pedro entre sus hermanos — no sus hijos). La Iglesia particular es una totalidad que contiene muchos grupos concretos. No se reúne en forma visible, por lo menos de modo habitual. La Iglesia particular se hace presente, se hace acontecimiento en la historia por medio de las comuni- dades y de los testimonios individuales realizados en nombre de ella. Así es porque habrá muchas comunidades, más o menos temporarias o estables. Pero la revelación divina no determina la estructura de esas comunidades inferiores. No hay estructura definida de comunidades que merezcan el nombre de comunidades de base. Todo lo que sucede dentro de la Iglesia particular es objeto del estímulo y la creación del Espíritu. Son realidades históricas cuyo fundamento está en la inspiración espiritual.

Sin embargo, cada reunión, asamblea o comunidad que pretende ser cristiana, debe realizar el modelo de la Iglesia que nos revela la Biblia. El concepto de Iglesia es norma y referencia obligatoria para toda comunidad cristiana para que la Iglesia se encarne y se haga acontecimiento en ella. Así hoy en día también, el modelo de Iglesia juzga y delimita la comunidad de base. Para ser eclesial, la comunidad de base debe encar- nar en la circunstancia actual el modelo de la Iglesia de siem- pre. Si no hubiera la inspiración del Espíritu para suscitar en cada época nuevas realizaciones históricas de la Iglesia, esta nunca existiría. Pues, la Iglesia particular solo subsiste si el Espíritu suscita dentro de ella nuevas comunidades vivas en que el modelo de Iglesia se hace visible. La Iglesia se hace sacramento del pueblo de Dios por intermedio de esas comu- nidades transitorias suscitadas por el Espíritu. Todas son pro- visorias, pero todas son necesarias.

sería puro ideal, realidad pensada y

no

Sin

ellas

la

Iglesia

vivida.

2) Los Apóstoles han creado diversas formas de vida comunitaria en las Iglesias primitivas. Algo de ellas aparece en los Hechos de los Apóstoles y las Epístolas. Hay una primera diversidad entre las Iglesias judeo-cristianas y las Igle- sias pagano-cristianas. Como modelos concretos, no fueron crea- ciones totales. Nunca hay novedad total en la historia hu- mana. Toda novedad es un cambio de algo preexistente. Aquí lo que preexiste es sobre todo la sinagoga de la diáspora de los judíos. Las Iglesias cristianas imitaron espontáneamente la forma sinagogal, aún entre los paganos. Ese modelo estaba adaptado a la diáspora. Respondía a ciertas circunstancias.

Pero, de ninguna manera podemos creer que lo deter- minado, lo concreto que encontramos en la vida de los Após- toles sea normativo. La Iglesia primitiva no es ningún modelo que se pueda imitar materialmente. No es modelo concreto. Lo que hay que imitar es su espíritu, no su forma concreta. La forma concreta fue adaptación a las circunstancias del tiem- po, puede y debe desaparecer con las circunstancias en que había nacido.

la multiplicidad de los modelos posibles y la medida de la libertad de la Iglesia. Los modelos que han establecido no agotan la lista de los posibles, son solamente ejemplos de posibilidades. Su dependencia en relación a los modelos so- ciales del judaismo y del paganismo muestra que los modelos no son revelados por Cristo, sino insinuados por las circuns- tancias, aunque la Iglesia transforme y reformule los modelos encontrados en el mundo.

3) Ni los Concilios, ni los Papas, ni la Iglesia de todos los tiempos quisieron determinar de modo definitivo la forma de existir de la Iglesia. Sus determinaciones son relativas a

una situación de la Iglesia: así lo que se refiere a la diócesis,

a la parroquia, las comunidades religiosas. Esas instituciones

no son definitivas; no se justifican por la revelación, sino por una adaptación a determinadas circunstancias. Su intervención

fue necesaria en el pasado para que la Iglesia pudiera existir en un tiempo determinado.

b)

La definición

de

los modelos

concretos

La definición de los modelos concretos de la Iglesia no es tarea puramente administrativa, o aplicación inmediata de los principios revelados. De los principios revelados no se puede deducir ningún modelo. No se puede atribuir preferencia nin- guna. Por lo tanto, es ilusión querer deducir por vía lógica un modelo concreto de los principios de la revelación. No podemos mostrar que la comunidad de base es una aplicación necesaria o la mejor posible de la revelación de la Iglesia. No podemos mostrarlo a partir de los puros principios por vía deductiva. Por eso los fundamentos de la comunidad de base no son directamente teológicos.

Sin embargo la definición de un modelo concreto no puede ser puramente pragmática o arbitraria. No se puede re- ducir puramente a las circunstancias. No se podría explicarla solamente por las variables históricas de un tiempo determi- nado. Los modelos son válidos por su conveniencia o su acuerdo con la figura ideal de la Iglesia, aunque sean solamente realizaciones parciales de esa figura.

Los Apóstoles nos enseñan por su actitud la forma como

 

Cada modelo concreto destaca

algunos de los atributos

de

han obedecido la voluntad de Cristo creando en su tiempo

la

Iglesia.

Incapaz

de destacarlos

todos,

da

más valor

a unos

las formas y los modelos concretos del pueblo de Dios que

que

a

otros.

Las

razones

de

la

elección

son

las

necesidades

eran posibles. Nos enseñan por la diversidad

de los modelos

históricas.

P.

ej.

la

parroquia

nació

y

se

consolidó

en

una

época en que se creía más urgente la necesidad de subrayar la distinción entre la jerarquía y el pueblo cristiano. Todo en la parroquia tiende a exaltar la figura del sacerdote y la nece- sidad de obediencia total a la jerarquía. Se pensó que esa era la necesidad más urgente de la Iglesia. En otros tiempos, se puede pensar que hay otras necesidades más urgentes. Cuando los tiempos cambian, y aparecen nuevas necesidades, se manifiestan las insuficiencias de los modelos anteriores por- que no dan valor a los nuevos aspectos que se quieren mostrar.

Así también, la comunidad de base será necesariamente

una realización parcial (es decir, en parte y con parcialidad) de

la

comunidad eclesial. Deja de lado ciertos aspectos de la Iglesia

y

valora otros. Será condenada más tarde por su insuficiencia.

Como todos los modelos, ella es provisoria. Pero su precariedad no le quita su valor. Al revés, ella tiene valor ahora por las

mismas razones que hacen que no valió en otros tiempos.

La teología puede determinar cuáles son las condiciones a que debe responder la comunidad de base para ser legítima. No puede demostrar esa legitimidad. Pues ella depende de fac- tores que ni el teólogo ni la teología pueden juzgar.

Un modelo concreto debe responder a condiciones obje- tivas y subjetivas: las condiciones objetivas son las que se en- cuentran en el mundo y proporcionan posibilidades de exis- tencia a determinadas formas sociales excluyendo otras; las condiciones subjetivas son la inspiración del Espíritu Santo ma- nifestada por diversas señales entre los cristianos. El discerni- miento de los espíritus permite juzgar el valor de la inspiración.

Un modelo se impone si encuentra en el mundo condi- ciones de posibilidad y responde a una inspiración real del Espíritu. Su validez le viene de esas condiciones. Por lo tanto, se le puede entonces aplicar los atributos de la realidad reve- lada. Es legítimo encontrar en determinada forma de comu- nidad la realización de la Iglesia, si esa forma concuerda con los criterios de legitimidad. La aplicación de los atributos de la Iglesia a esa forma concreta constituye la ideología del modelo.

Así sucedió siempre en el pasado. San Benito en su regla aplica los textos bíblicos a su vida monástica, aunque natu- ralmente los autores bíblicos nunca hayan pensado en la vida monástica benedictina. San Francisco se aplica a sí mismo los textos de Mt 10, y ve a sus compañeros como la verdadera

14

realización de la comunidad cristiana primitiva. Así sucedió en la acción católica, en la parroquia, en todos los movimientos cristianos. Siempre se les da un fundamento bíblico. Es decir que se les aplica determinada serie de textos, aunque esa apli- cación no se pueda atribuir a los autores. La razón de legiti- midad de ese proceso es la necesidad de que el cristianismo sea aplicado en contextos concretos y la fe en la inspiración del Espíritu que muestra en el modelo concreto la verdadera aplicación, y el verdadero sentido de la revelación bíblica. Pues la revelación no quiere fundar una doctrina, sino más bien orientar una acción.

La aplicación de los conceptos bíblicos a determinado mo- delo constituye una ideología. La ideología es legítima si el modelo es legítimo. En ese caso, la ideología es el verdadero sentido espiritual de la Biblia. Pues la revelación no cons- tituye una filosofía, ni una doctrina: es una fuente de ideologías que siempre se renueva y produce nuevos efectos. Una ideología es inválida si el modelo que quiere habilitar es inválido o arbi- trario, o también si ella no logra mantener ningún modelo. Una aplicación de la Biblia que sea de pura fantasía, pro- ducción gratuita de la imaginación individual no tiene funda- mento. Pero san Francisco tenía razón al aplicarse a sí mismo Mt 10, porque realmente, al pronunciar esas palabras Jesús no quería crear una doctrina abstracta de la misión, sino más bien suscitar en cada época iniciativas y proyectos misioneros, y el proyecto franciscano era válido. La verdad de un texto bíblico es la validez del modelo que se presenta para darle realización concreta.

2.

IDEOLOGÍA

DE LA

COMUNIDAD

DE BASE

Encontramos esa ideología en algunos de los libros que orientan las experiencias: P. José Marins, S. Paulo, marzo 1968. A Comunidade Eclesial de Base. Jesús Andrés Vela, Las Co- munidades de Base y una Iglesia nueva, ed. Guadalupe, Buenos Aires, 1968; José Marins, Comunháo - comunicante, Comuni- dade eclesial de base, Porto Alegre, 1970; Domingos Barbé - Emmanuel Retumba, Retrato de urna comunidade de base, Vozes, Petrópolis, 1970; Edgard Beltrán, Pastoral de Conjunto y Comu- nidades de Base, Bogotá, 1971.

Esa ideología escogió algunos temas de eclesiología apli- cándolos a la comunidad de base. No niega los demás atributos,

15

pero no cree necesario insistir en ellos. En efecto, una ideología debe ser parcial. Una eclesiología completa es doctrina acadé- mica inasimilable por el pueblo común. Una doctrina es asimi- lable en la medida de su sencillez. Un modelo también es aplicable en la medida de su sencillez. Quien quiere vivir en concreto la totalidad de los sentidos posibles de todos los te- mas bíblicos, no asimila ninguno. La selección es condición de viabilidad. No es debilidad, sino fuerza. La comunidad de base existirá si logra transmitir algunos temas sencillos, y tiaducir estos temas en una vivencia sencilla. La selección pa- recerá arbitraria solamente a los ojos de los que no están en la vida y no conocen la dificultad de crear una institución. No hay institución sin ideología sencilla.

Citemos los temas fundamentales que se revelaron indis- pensables a una ideología de la comunidad de base. Quienes pueden juzgar el valor de la selección no son los teólogos sino los creadores de la institución. El teólogo puede saber sola- mente si los temas se encuentran en las fuentes de la reve- lación de uno u otro modo.

a)

Iglesia y evangelizaron

El pueblo de Dios del Nuevo Testamento procede de la evangelización y la fe. No procede ni de la familia, ni de la tradición, ni de la historia, ni de la cultura. Por eso la Iglesia no se vincula con las comunidades humanas nacidas de las culturas y civilizaciones: es una comunidad nueva. No tiene raíces humanas: es efecto de la fuerza del Espíritu. Por eso, nace la fe, donde hay predicación de la revelación divina y del mensaje de Cristo, y la fe vivida en común, aceptada en común engendra la Iglesia. Lo que legitima una comunidad cristiana es la fe vivida en común, la experiencia común de la con- versión a Cristo. Así fue como S. Pablo reconoció la legitimidad de las iglesias griegas en su forma autónoma, y la novedad de su vivencia. Una comunidad nueva no es una nueva subdivi- sión administrativa de una comunidad antigua. El proceso de formación de la Iglesia no es el del crecimiento de una entidad administrativa. Es el nacimiento de nuevas unidades al lado de las unidades anteriores, libres aunque buscando la comu- nión. Entre las diversas iglesias locales no hay subordinación administrativa, sino comunión. Son todas iguales. No importa la edad, el número, la importancia cultural o social. Todas las iglesias y comunidades tienen igual derecho a afirmar su ori- ginalidad.

Ese principio sirvió para orientar el trabajo misionario en los continentes paganos aún no evangelizados, y el surgimiento de nuevas iglesias en Asia y África. Puede servir también en el caso de las comunidades de base. Aquí tenemos el caso de comunidades nuevas que necesitan, para manifestar su ori- ginalidad, autonomía suficiente. Las comunidades de base no pueden nacer o mueren si los párrocos las obligan a perma- necer a servicio de la parroquia. Ahora bien, los grupos nuevos nacidos de una verdadera evangelización y una nueva conver- sión tienen el derecho de subsistir y permanecer como grupos autónomos.

La comunidad de base es el reconocimiento del derecho que tienen los cristianos de constituir y mantener los grupos en los que han recibido y confirmado su fe. Nadie puede per- severar en la fe sin la ayuda de una comunidad. Los nuevos convertidos de hoy necesitan comunidades vivas. El estilo tradicional de la parroquia no les proporciona esa ayuda.

las

comunidades de base no aparecen como efecto de medidas administrativas o decretos del clero. Nacen como resultado de

una misión nueva, verdadera evangelización de personas que vivían separadas de Cristo y se han convertido a El.

Ese

argumento

destaca

a

la

vez

el

hecho

de

que

b)

La Iglesia comunión

La Iglesia afirma que su comunión, su vinculación social no se puede reducir a las formas de sociabilidad que existen en las sociedades de las diversas culturas y civilizaciones. Habrá en las estructuras de la Iglesia notas y caracteres que son el reflejo de las sociedades y de los grupos existentes en el mundo. Pero hay un principio de sociabilidad propio de los cris- tianos .

Ese principio de sociabilidad tiene su fuente última en la sociedad de las personas divinas, en el amor vivido entre las personas divinas. Ese amor se comunicó a los hombres de tal modo que la comunidad cristiana vive algo del amor de las personas divinas. Es la extensión del amor del Hijo al Padre, amor que es el Espíritu Santo y procede del mismo amor del Padre.

La Iglesia es la relación entre los hombres inspirados por ese amor trinitario. Por lo demás, el amor de Dios es principio de la diversidad y la unidad de la Iglesia. La diversidad de la

comunidad eclesial no es solamente el reflejo de la diversidad entre los individuos humanos: es también efecto de la diver- sidad de los dones del Espíritu. De modo semejante, la unidad de la comunidad eclesial no resulta sencillamente de los factores de aglutinación que rigen los grupos humanos: es un lazo de caridad, paciencia, longanimidad, etc.

Por lo tanto, la Iglesia no se deja reducir a una institución

humana, regida por principios de política humana: no es la ins- titución "Iglesia católica romana", aunque haya relaciones entre

la institución

y ella,

si es que la institución está

a servicio de

ella.

Finalmente lo que hace la unidad de la Iglesia es el ser- vicio mutuo, algo que no se encuentra en los grupos resultantes de las civilizaciones humanas.

Ahora bien, todos esos elementos de comunión necesitan una expresión visible. Es preciso poder mostrar en formas pal- pables la presencia de esa comunión y del servicio. Es preciso mostrar por pruebas sensibles que la Iglesia no funciona como una sociedad política, como efecto de factores estructurales y administrativos. Es preciso ver que la Iglesia es más fuerte como comunión que como sociedad política: cómo la Iglesia se mantiene sin necesitar los recursos de los factores cul- turales. Ahora bien, en los últimos siglos sobre todo, la Iglesia católica ha dado mucha importancia a los factores humanos y sociológicos para mantener la fe entre los católicos. Ha suge- rido un modelo de sociedad políticamente bien organizada, más bien que el de un grupo formado por el Espíritu. Como ins- titución visible la Iglesia apareció demasiado semejante a una organización humana.

La comunidad de base permite mostrar mejor lo específico de la sociedad eclesial: servicio en lugar de autoridad, comu- nión en lugar de subordinación, unidad por la caridad más bien que por la uniformidad y la disciplina. En la vida de la fe, la liturgia y la oración, la vida común, hay en la comunidad de base una libertad que se quiere preservar para que lo es- pecífico de la comunidad cristiana se haga visible.

También en la parroquia hay vivencia de comunión, pero esa vivencia permanece invisible. Lo visible no deja aparecer la presencia del Espíritu. La comunidad de base no tiene la presunción de creerse superior en valor espiritual invisible. Su razón de ser permanece en lo visible. Le toca manifestar que la Iglesia debe ser también visible en su comunión.

18

c) Los

cansinas

Estamos acostumbrados a una formalización de las asam- bleas cristianas: formalización de la fe, la oración, la liturgia, la caridad. Toda expresión aparece estilizada. En el cristianismo burgués no hay lugar para la espontaneidad. Sin embargo, el Nuevo Testamento nos muestra que ese sistema no constituye ninguna norma. No hay necesidad de formalización. El Espíritu puede manifestarse en forma de dones visibles que son expre- siones de la fe. La fe es invisible, pero tiene aspectos visibles. Estos aspectos no se reducen a elementos intelectuales, con- ceptos y palabras. La experiencia de las comunidades de base muestra que pueden aparecer manifestaciones espontáneas de fe y caridad. Estas pueden invocar el tema de los carismas del Nuevo Testamento a su favor.

3.

LAS CONDICIONES Y LOS FUNDAMENTOS DE LA COMUNIDAD DE BASE

La ideología no constituye el fundamento de la comunidad de base. Pues ella también damentación.

objeti-

vas y subjetivas. Es lo que puede establecer la teología. En cuanto a saber si estas condiciones están realizadas de hecho, la teología no lo puede juzgar.

fun-

de la existencia

necesita una

Los fundamentos

se encuentran

en las condiciones

a) Condiciones

objetivas

No se puede pensar en promover comunidades de base donde las condiciones objetivas no las hacen posibles. Su valor les viene exactamente de su conveniencia con las condiciones objetivas. No se puede proponer la comunidad de base como ideal en todas las regiones y todos los estratos culturales.

La teología no puede determinar por métodos propios el estado de posibilidades que hay en una sociedad determi- nada. Es tarea de ciencias humanas. Sin embargo, no será su- perfino recordar que el método científico, sobre todo en ciencias humanas, no es algo fijo y determinado a priori. El método depende del objeto. Habrá que adaptar los métodos sociológicos a la naturaleza del objeto que se estudia. Además, las ciencias sociológicas son principiantes todavía, y, en muchos casos una

19

observación

empírica

a

veces

lleva

a

más

resultados

que

los

trabajos

científicos

que requieren

muchos

recursos

y

son

muy

lentos.

Podemos

citar

aquí

algunos

factores

que

los

especialistas

proponen

como

condiciones

favorables

a

las

comunidades

de

base,

contemporáneas.

por

lo

menos,

en

muchos

ambientes

de

las

sociedades

1) Hay una sociología de los grupos pequeños. Los valores que cultivan son afectivos. Se pueden estudiar sus ele- mentos, su proceso, las fuerzas que los mantienen, las causas de su formación. Al lado de los valores afectivos, hay posibi- lidad de encontrar explicaciones en la necesidad de oponerse

a la sociedad global. O sea, hay razones sicológicas o socioló- gicas que pueden legitimar la formación de grupos.

2) La sociología urbana estudia los grupos que más se desarrollan en una sociedad urbana. Muestra la razón de ser de grupos pequeños. Muestra la evolución de la familia y la vecindad y las frustraciones de sociabilidad que esa evolución provoca.

3) La sociología religiosa hace aparecer la crisis de ciertas estructuras antiguas, p.e.j. la parroquia. Muestra la insuficiencia de la parroquia y las asociaciones tradicionales. Justifica así

la búsqueda de nuevas formas que se adapten mejor al contexto

de vida de los hombres de hoy.

En forma general, se descubrió que hay condiciones para la formación de comunidades de base en las grandes ciudades latinoamericanas, sobre todo en los nuevos proletariados, y tam- bién en la juventud. En el campo, las comunidades de base siguen el modelo tradicional de las misiones y catequesis anti- guas de la colonia. La formación de comunidades de base en- cuentra oposición e inercia en el público tradicional de las parroquias.

b)

Condiciones subjetivas

Los movimientos eclesiales no nacen por decreto, sino por el influjo de líderes carismáticos que suscitan grupos nuevos. Sin líderes nuevos, sin espontaneidad, las comunidades de base no podrían existir. Aquí la reflexión siempre es posterior a los hechos. Solo se puede hablar de las comunidades de base por- que existen. Si no serían puros objetos de imaginación, utopías.

20

Cómo saber si las iniciativas, los movimientos, los líderes que aparecen en la Iglesia son espirituales o no? Los signos espirituales son los que se citan en la Biblia: por los resultados se conoce el valor de la iniciativa. Lo que produce resultados espirituales fecundos viene del Espíritu. No son los argumen- tos conceptuales que pueden convencer, sino más bien los argumentos de los hechos. El movimiento de comunidad de base se justifica por su existencia y sus frutos.

de

¿a aprobación

entusiasmo

Naturalmente

hay

que

llevar

En

en

cuenta

el

argumento

de la jerarquía.

nuestro

caso, el

de

la

jerarquía

expresado

en

Medellín

dispensa

cualquier

co-

mentario.

 
 

21

Comunidad Eclesial de Base (CEB) y Liturgia en América Latina

Jaime Díaz

INTRODUCCIÓN

necesariamente a la

que inicialmente se llamó "liturgia doméstica" y hoy se deno-

mina más bien "liturgia de pequeños grupos", es decir, de grupos en los cuales existen relaciones primarias.

No vamos a colocarnos en una óptica disciplinaria, sino existencial: tratar de ver los problemas y las perspectivas que hoy nos abre la vida litúrgica de la CEB, particularmente en América Latina, para que de allí parta nuestra reflexión teo- lógico-pastoral. Sin justificar el empirismo pastoral, hay que reconocer que la vida es y debe ser alimento del teólogo y del pastoralista.

nuestro

la

camino: la falta

El

tema

que

nos

ocupa

nos

refiere

Dos

dificultades

se

interponen,

sin

embargo,

en

de documentación 1 , que nos lleva

a tener

1. El Instituto de Liturgia Pastoral

de Medellín

nes litúrgicas a "Comunidades de Base y Liturgia".

dedicó

el

N» 5 de Cuestio-

artículos

Allí se reproducen

sensación de una aparente falta de creatividad. Es lamenta- blemente escaso lo escrito al respecto en A. L. Las más de las veces simplemente se transcriben reflexiones europeas. Pero las experiencias propiamente latinoamericanas son desconocidas. Las razones parecen ser múltiples: el temor de hacer público

aquello que es considerado como heterodoxo y que puede aca- rrear sinsabores al autor, la dificultad para formular una expe- riencia personal, más intuida que reflexionada y planificada de antemano, la falta de hábito de escribir o el poco aprecio que tenemos de lo nuestro, acostumbrados como hemos estado

a recibir siempre las lecciones de fuera. Esto va conectado con

una insuficiente formación litúrgica que deja al pastor sin base

sólida para compartir ilustradamente por escrito en el campo litúrgico.

Pero hemos de reconocer que en América Latina la CEP

y la liturgia de pequeños grupos tienen una aceptabilidad ma-

yor, como que fueron expresamente recomendadas por la Asam- blea Plenaria del Episcopado Latinoamericano en Medellín. Ei

algún país latinoamericano "este movimiento no se conoce". Quizás se trate sólo de la terminología. En Europa en cambio —se vio en el último sínodo en las reuniones de grupos me- nores— la CEB es consideraba con recelo y suspicacia en sec- tores importantes.

Claro está que en materia litúrgica aún existe una sensibi- lidad irritada ante todo aquello que pueda significar "indisci- plina". La ley se entiende para aprisionar el curso de la vida,

de

europeos,

entre

ellos

Hacia

una

celebración

doméstica

de

la

Eucaristía,

de

ANTONIO

HORTELANO

y

Un

rito

propio

para

la

celebración

de

la

Eucaristía

en

grupos

reducidos,

de

PEDRO

FARNES.

Se

añaden

algunas

reflexiones

de

los

no para recogerlo y dar un impulso adelante, aún a costa de la disciplina del momento.

No será preciso mencionar aquí los fundamentos de la CEB ni la historia de la liturgia en pequeños grupos hasta nuestros días. Bastará tener en cuenta que este tipo de liturgia se mani- fiesta como una necesidad creciente en el mundo actual masifi- cado, como una búsqueda de personalización dentro de la Iglesia, como un camino hacia una plegaria más verdadera y más ligada a la vida toda del hombre y como una vuelta original a las for- mas primigenias de la liturgia.

Vamos a detenernos en ciertos aspectos que llaman parti- cularmente nuestra atención en relación con América Latina, dentro del marco limitado de nuestra experiencia y documen- tación.

1.

PRESIDENCIA

Y

PARTICIPACIÓN

RENOVADAS

Con el correr del tiempo, la reglamentación excesiva de la liturgia vino a producir un estilo de presidencia y de partici- pación limitadas al cumplimiento de las normas. De aquí resultó una cierta inhibición litúrgica en presidente y fieles: la espon- taneidad, la iniciativa y la creatividad habían sido sofocadas de raíz.

¡ai,.

La reforma litúrgica del Vat. II abrió posibilidades limi- tadas de iniciativa, variedad y adaptación en la celebración, con formularios diversos para escoger, la indicación de partes opcio- nales y la exclusión de determinaciones muy detalladas en cuanto a la forma.

.

entonces

profesores

del

instituto.

Merecen

mencionarse

además:

a)

Presidencia

N?

E.

7

LAGOS,

Culto

(Experiencias

en

dominical

Temuco,

sin

Chile).

sacerdote,

en

"Catequesis

Latinoamericana"

MONS.

J.

KEMMERER,

Celebración

dominical

sin

sacerdote,

en

"Pastoral

Popular"

84

(Trabajo

de

vanguardia,

mantiene

toda

su

validez

en

la

parte

primera

que

es

fundamental).

 

Secretariado

Nacional

de

liturgia

del

Ecuador,

Eucaristía

de

las

CEB.

(Son

esquemas

y

formularios

para

la

Eucaristía

según

diversos

temas

y

teniendo

en

cuent a

la

form a

primitiv

a

ta l

com o

la

describ e

Justin o

en

s u

Apología

a.

150

p.

Ch.).

El Departamento de Liturgia del CELAM y el Instituto de Liturgia, carecen de documentación significativa sobre el tema. La bibliografía europea CEB y Liturgia hasta 1971 se encuentra en Floristán y otros, Comunidades de Base, Marova, Madrid, 1971, págs. 221-222.

Ha sido necesario reaprender a presidir en el sentido de promover en cada celebración y circunstancia la participación consciente, activa y comunitaria del pueblo, y en cuanto a tener en cuenta a los fieles al preparar la celebración. Estábamos de- masiado acostumbrados a hacer siempre lo mismo. Y cuando había algo qué decidir, el presidente lo resolvía solo. Hasta el punto de que la variedad, que obliga a escoger, ha significado una incomodidad para muchos, y para otros una posibilidad teó- rica nunca utilizada.

La celebración en pequeños grupos ha venido siguiendo una evolución, desde la simple trasposición a nivel doméstico de

la liturgia solemne hasta la progresiva adaptación en lenguaje y

acción, según la diversidad de grupos, circunstancias y niveles de fe y de mutua relación en el grupo. Esto determina un nuevo

estilo de presidencia, que irá teniendo inevitables repercusio- nes en la liturgia de las asambleas mayores. El presidente viene a ser un hombre sensible humanamente y en la fe a la reunión concreta de creyentes, da cabida a sus preocupaciones

y problemas en la liturgia (más aún la construye a partir de

la vida de los hombres que celebra allí hoy), aprende a mo- verse con libertad e iniciativa dentro de los esquemas esenciales de la celebración, no celebra con la memoria sino con el co- razón, aprende a orar no a partir de un libro sino desde el

fondo del alma, se atreve a decir su palabra y a interpretar

de la asamblea cuando ora en alta voz, aprende él también a escuchar porque hay otros que ahora pueden hablar cuando él preside, busca un lenguaje significativo y sencillo más que elo- cuente o preciso, siente la responsabilidad de crear un real am- biente de oración verdadera más que de promover un silencio

sagrado, a veces vacío. La fuerza de las circunstancias hace que el mismo presidente vaya descubriendo en ese pequeño grupo

la riqueza de la liturgia y la presencia

munidad. Allí los que parecían no tener nada que decir, com-

parten la sabiduría que Dios ha querido "esconder a los sabios

y prudentes y revelar a los pequeñuelos" (Mt. 11,25). Al

verse llevado por las circunstancias a prescindir de esto, a incluir

aquello que está surgiendo en el grupo, a expresar de otra ma- nera lo que estaba en lenguaje menos claro, a decir lo que no estaba escrito en ninguna parte, él mismo va sintiendo la ne- cesidad de penetrar más en la estructura y en el sentido de lo que celebra y a enriquecer su preparación litúrgica. La vivencia lleva al estudio y el estudio enriquece la vivencia. Cuando el presidente carece de la necesaria preparación, está expuesto a empobrecer la celebración, a mutilarla en sus valores irrenun- ciables, a desorientar a la asamblea y a quebrantar la comunión con la Iglesia.

del Espíritu en la Co-

la

b)

Participación

A un nuevo estilo de presidencia, va correspondiendo tam- bién un nuevo estilo de la participación de la asamblea toda. Ya no es el laico inhibido, sino el creyente que proclama la Palabra, que ora por las necesidades sentidas de la Iglesia y del

26

mundo, que se interroga e interroga a los otros sobre la fidelidad

al mensaje proclamado, que comunica a los demás su luz, que se

siente corresponsable de la celebración, y no simplemente oyente

o participante rutinario y formalista.

c)

Conexión

entre

Liturgia

y

Vida

Una celebración así, va estableciendo una íntima relación

entre la liturgia del rito y la liturgia de la vida. Los intereses vitales vienen a ser punto de referencia, y con frecuencia de partida. La vida toda es celebrada, con sus gozos y dolores, con sus esperanzas, responsabilidades y problemas. En América La- tina la dimensión social y política del evangelio y por tanto de

la liturgia va sintiéndose cada vez con mayor fuerza. No existe

por otra parte la prisa de nuestras celebraciones ordinarias, en que cada uno está pendiente del reloj. Estas celebraciones pres-

cinden en cierto modo del tiempo para asegurar la profundidad.

La dimensión de esta pequeña asamblea y las circunstan- cias familiares en que celebra determinan una variada simplifi- cación o desritualización de vestidos, mesa, plato, copa, accio-

nes, palabras. El hecho de que se celebre en un lugar no sepa- rado de la vida hace que se busque una celebración en su exterioridad más cercana de la vida corriente. La Eucaristía viene

a relacionarse más en su forma externa con la comida de los

hombres de hoy; la liturgia de la Palabra con la conversación de los amigos, que se hace en la sala de la casa. Más aún, el presidente se pregunta con frecuencia cómo evitar una ruptura entre la conversación de los amigos y el comienzo propiamente dicho de la celebración. Cuando hay corte sicológico, el co- mienzo de la liturgia crea un ambiente que muchos consideran artificial, en el cual el nivel de comunión disminuye. Por eso se han empleado sistemas diversos para iniciar la celebración partiendo del ambiente ya creado, dentro de una continuidad y excluyendo la ruptura.

d)

Núcleo de

creatividad

La práctica plantea, dentro de este contexto, el problema de la creatividad en materia litúrgica y su relación con la dis- ciplina vigente. En la CEB la experiencia muestra que no solo el presidente sino toda la asamblea aprenden a crear, en la medida en que progresa la asimilación de la fe en un ambiente de verdadera comunión que lleve a expresarse con sinceridad y profundidad. Esto se verifica dentro de todo un proceso de ma-

27

duración del grupo y es a la vez el resultado del mutuo fecundo entre presidente y asamblea.

Al principio el presidente sigue las fórmulas y modos esta- blecidos; luego se va liberando poco a poco: introduce una frase, modifica otra, hace resaltar en la plegaria un aspecto de la liturgia de la Palabra, hasta el momento en que ha sido capaz de crear textos litúrgicos, unas veces preparados de antemano, otras co- mo resultado de la vivencia comunitaria del momento, unas veces con éxito, otras sin él. Esta creatividad se ha ejercido no solo en el campo verbal sino también en el gestual. No es posible en esta circunstancia analizar pormenorizadamente ejemplos de for- mas concretas de celebración en la CEB.

influjo

Si el presidente no está bien formado en liturgia, la crea- tividad puede traer, como decíamos, efectos contraproducentes. Así por ejemplo, se han dado casos en que algunos de los fieles

o todos juntos recitan, al menos en parte la plegaria eucarística, que ha sido tradicionalmente considerada como una totalidad «oclusivamente presidencial. Puede considerarse esto como una evolución saludable teológica y pastoralmente? O más bien ma-

nifiesta esto una falta de conocimiento deí sentido teológico de

la función presidencial y de la misma estructura de la Eucaristía?

Es quizás mera demagogia pastoral?

Indudablemente en la liturgia se ha venido manifestando la eclesiología de cada época. Y la presidencia litúrgica ha estado afectada de verticalidad excesiva. Es necesario distinguir la esen-

cia de la función presidencial de las formas históricas contingentes que ha venido asumiendo a través del tiempo, a fin de discernir

lo permanente de lo transitorio y estar abierto a nuevas posibi-

lidades. El documento del reciente Sínodo Episcopal de 1971

sobre el Sacerdocio Ministerial dice en los Principios doctrinales:

"Sólo el sacerdote puede actuar in persona Christi, para presidir

y

asocia a la oblación de Cristo" 2 . La presidencia litúrgica ha sido redescubierta progresivamente apenas en los últimos años. Ella se expresa a través de toda la fenomenología litúrgica. Si la estructura y las leyes intrínsecas de la celebración no se co- nocen, tampoco podrán ser respetadas. En liturgia no basta pro- ceder con criterio puramente teológico. Es indispensable el cri- terio litúrgico.

realizar el banquete sacrificial, en el cual el pueblo de Dios se

2.

28

N? 4.

Cf.

también

Constitución Lumen

Gentium

n.

28.

Cuando la celebración se hace en el ámbito familiar, con frecuencia el presidente invita a los miembros de la familia a ejercer una función correspondiente a la que suelen tener en el hogar: por ejemplo, el padre hace la lectura, la madre prepara el pan y el lugar y presenta los dones expresando las intencio- nes de la familia. En un grupo de indígenas ecuatorianos, al momento de la comunión un padre de familia tomó espontánea- mente la eucaristía y comenzó a repartirla a su esposa y a sus hijos. Los demás padres imitaron naturalmente su ejemplo. Pre- guntado después sobre por qué lo había hecho así, respondió:

"yo les doy el alimento a mi esposa y a mis hijos cada día. Por qué no les voy a dar también el Cuerpo del Señor en quien creo?"

Estos hechos nos llevan a preguntarnos sobre el puesto de la oración o liturgia familiar, en su relaciones con la CEB y con la gran asamblea litúrgica. No deberá ser, aún hoy, la familia el primer núcleo de vida comunitaria y de oración? Por qué ca- minos se orienta la pastoral al respecto, en la práctica?

De esta más activa participación del laico en la acción li- túrgica brota también una conciencia más aguda de la correspon- sabilidad en la misión de la Iglesia y de la necesidad de diver- sificación de ministerios, ya no solo en el campo estrictamente litúrgico.

En los últimos años ha sido notoria la tendencia a super- valorar en la liturgia las palabras y a menospreciar los gestos. Nos hallamos de hecho en pendiente hacia una liturgia verba- lista, intelectualista, que es típicamente occidental. Correspon- derá ese tipo de liturgia a lo que ella debe ser en nuestros países latinoamericanos? Los holandeses están seriamente preo- cupados por la abundancia de palabras y la pobreza de gestos entre ellos. Qué diremos de nosotros? Claro está que hay cier- tos gestos más propios de los grandes que de los pequeños gru- pos; y el mismo gesto puede adquirir formas diversas según las circunstancias.

En síntesis, la liturgia de la CEB está disinhibiendo la creatividad y la expresividad del presidente y demás miembros de la asamblea, lo cual irá necesariamente teniendo repercusión en la celebración ordinaria con los grandes grupos. Esto se rea- liza dentro de todo el proceso de secularización, que busca rom- per la barrera entre la liturgia del rito y la de la vida cotidiana. De aquí surgen perspectivas para el futuro e interrogantes pas- torales para el teólogo.

29

2.

LA

PALABRA

DE

DIOS

EN LA

LITURGIA

DE LA

CEB

a)

Del

monólogo

al

diálogo

La Palabra de Dios leída y compartida en los pequeños grupos ha cobrado mucha importancia en los últimos años entre católicos. Entre los protestantes ya era la forma habitual. Los fieles ya no simplemente escuchan, como acontece aún en la li-

turgia de grupos numerosos. Ellos interrogan, analizan su expe- riencia de vida, comparten su vivencia interior, su luz personal. Ya no son simples oyentes de uno que habla, sino que aprenden

a escucharse mutuamente. La dinámica de grupos, con todo el

desarrollo que ha logrado recientemente, se ha introducido en

la misma liturgia. Así se descubren a sí mismos en relación con

los demás y a los demás en relación consigo, liberan su palabra personal antes dormida y van desarrollando todos con todos la personalidad humana y cristiana. El sentido de iglesia se acrecien- ta y se fortalece la corresponsabilidad en cuanto al crecimiento de la fe. La acción del Espíritu es reconocida en el hermano.

A esto se une necesariamente un nuevo enfoque de la Pa- labra en relación con la vida: ya no se trata simplemente de aplicar o concretizar en la vida un Mensaje vertical, a priori, sino que prácticamente se parte de la vida con sus problemas, sus cuestiones, sus dificultades y logros, para interrogar a la Palabra de Dios. Más aún, la misma vida aparece como lugar teológico donde el Señor se manifiesta y llama a los hombres. El Mensaje evangélico no se sobrepone a la existencia, sino que

la descubre en su más honda profundidad en Cristo Resucitado.

Así, la Liturgia de la CEB lleva de la homilía de monólogo

a la homilía de diálogo, y de la predicación histórica, introver-

tida y extraña al mundo, a la Palabra que se encarna en la his- toria de los hombres.

b) Varios

tipos

de

lectura

Varias visiones o lecturas de la Palabra de Dios pueden te-

ner lugar, según los criterios con que el grupo se acerque a la

Palabra:

3

 

3.

Cf.

JACQUES

AUDINET,

El

banquete

de

la Eucaristía,

en Conc.

70 (71)

570

y

ss . Todo

el

númer o

s e

dedica

a

Teología,

Exégesis y Mensaje cristiano .

Es

particularmente

iluminador

para

nuestro

tema

en el mismo

número:

BRUÑO

DREHER,

Exégesis

y

Predicación.

Ver

además:

JUAN LLOPIS, Exégesis

bíblica

y homilía

Litúrgica,

e n

"Phase "

66

(71)

527 ss .

30

Se queda en el plano del hecho histórico, sin

llegar verdaderamente al presente ni al futuro. —ética: Busca en la Biblia "lecciones" más bien de tipo

casuístico, sin llegar a descubrir la unidad entre el sentido hondo de la Escritura como guía moral, el conjunto de la doctrina de la fe y la experiencia de hoy, que puede pedir en el mismo Es- píritu formas muy diferentes de vivir el Evangelio. Las leccio- nes morales de la Biblia no son fórmulas permanentes sino encarnaciones concretas de una visión del hombre y del mundo

su literalidad lleva en muchos casos a

hacer decir a la Biblia lo que en realidad no dice.

mística o espiritual: Ve en la Biblia "una experiencia única más allá de la historia o de la moral, que es también nuestra", (ib.) Llegar a lo esencial y permanente de esta expe- riencia, que es encuentro con Dios, fundamenta a la vez las exigencias morales para hoy, sin tratar de repetir lo irrepetible. Aquí adquieren valor especial textos actuales que manifiestan la identidad fundamental con aquella otra, norma y luz de la nuestra.

No se trata de oponer la experiencia a la historia y a la moral, cuando abordamos la Biblia, como si debiéramos menos- preciar lo histórico y lo ético. En realidad lo que hay que bus- car es la síntesis. Si en un tiempo primaba una concepción pu- ramente exegética, hoy buscamos la exégesis no por sí misma, sino para descubrir el Mensaje y poderlo a la vez anunciar con más significación para el hombre de hoy. No puede haber una adecuada interpretación de la Biblia sin una sólida base exegé- tica e histórica, pero sin convertir el anuncio de la Palabra en simple manifestación hacia afuera de problemas internos de la exégesis, ni tampoco de la teología. Con razón escribe Rahner acerca de la predicación: "E n el pulpito hay que proclamar la palabra de Dios (contenidos de fe) con toda su exigencia y poder vivificador, de modo que llegue a nuestro corazón y a nuestra conciencia y transforme nuestra vida". 4

en la fe. Tomarlas en

histórica:

c)

Selección y comentario

de las

perícopas

La selección de los textos bíblicos en la Liturgia de la CEB suele hacerse de varias maneras: de un interrogante o pro- blema de vida se parte para buscar un texto relativo, que ilu-

4.

Cit. por DREHER

ibid.

31

mine una respuesta;

hoy al grupo en la celebración;

cionario corriente, o alguien propone un texto especial. En oca-

siones la lectura bíblica se complementa

de un escritor contemporáneo, cristiano o no, o por algún texto conciliar o de la asamblea de Medellín.

El comentario se realiza unas veces con éxito de modo que la asamblea logra verdaderamente profundizar en su fe. Otras, se hace desordenado, confuso, subjetivo, pobre; no se halla con- tenido. "Se esperaba encontrar un tesoro y una fuente viva, y lo que encontramos es el vacío". 5

El presidente no sabe con frecuencia cuál es su función en este tipo de homilía dialogada. Siente muchas veces que se le sale de las manos. Y pareciera que promover la homilía dialo- gada fuera dejarlo todo a la improvisación del momento como reglas de acción, cual si se tratara de la solución del menor es- fuerzo.

o se reemplaza por la

o hay un hecho concreto

que ha

reunido

o se sigue simplemente el lec-

d)

Reflexiones

Todos

estos

pastorales

hechos

plantean

algunas reflexiones

pastora-

les:

Ciertamente el redescubrimiento del valor de la vida hu- mana, como lugar del encuentro con el Señor, corresponde a toda la renovación teológica contemporánea, que ha compren- dido mejor la relación entre la historia de Salvación y la histo- ria de los hombres, entre la Iglesia y el mundo, entre la Pala- bra formal y la experiencia humana. Esto lleva a considerar la Palabra de Dios no como una Palabra de hace 2000 años que hay que traducir y aplicar hoy, sino como el Mensaje vivo que continúa diciéndose y viviéndose en el contexto de toda la tra- dición de la Iglesia. La tradición de la Iglesia se ejercita y se desarrolla cuantas veces la comunidad lee la Palabra a la luz de su vida, y su vida a la luz de la Palabra.

Con todo, la Biblia sigue siendo Palabra Normativa para la fe de la comunidad. No hay propiamente proclamación de la Palabra sin lectura de la Biblia. El mismo Magisterio de la Igle- sia está al servicio de esa Palabra, pero no la sustituye; está normado por ella; no es autónomo. Ya desde antiguo en la

5. AUDINET,

32

ibid.

recitación del Oficio la Iglesia ha integrado textos de valor es- pecial, siempre como complemento e interpretación de la lec- tura bíblica, no como sustitución. Parece necesario profundizar más en lo que es la Palabra humana en relación con la Palabra formal de Dios, porque no puede situarse dentro del contexto litúrgico al mismo nivel un texto de Camus o de Marx o de un teólogo actual con un trozo del Evangelio. Desde el punto de vista ecuménico sería muy negativo. Los textos de simples auto- res humanos pueden con todo tener hoy más cabida que antes

en la liturgia, sin equipararse a la Biblia y sin reemplazarla. Lo que podría hacerse en una reunión no litúrgica, no puede sin más transferirse al acto litúrgico, sin serio examen teológico. En efecto, la liturgia no es acción privada, sino anuncio y pre- sencia de la acción salvadora de Cristo, acción de toda la Igle- sia. Al respecto amonestaba recientemente a sus fieles el Obis-

Por

otra parte, la importancia de la vida, no puede hacer de esta el punto de referencia primordial. La celebración de la Palabra es siempre proclamación de la Palabra de Dios que es escucha- da en la obediencia de la fe. Puede partirse de la vida o de la Biblia con toda razón. Y será muy conveniente que el pequeño grupo procure también seguir el ritmo actual de las lecturas bíblicas que son proclamadas en otras comunidades, aunque ocasionalmente escoja textos según sus necesidades. El ritmo local no puede sobreponerse al de toda la comunidad. Tal sería el caso, si, por ejemplo, en domingo, se cambiaran los textos bíblicos que la liturgia propone a la asamblea.

pe de Münster ante la arbitrariedad en materia litúrgica 6 .

No es fácil a veces distinguir entre la selección de los tex- tos bíblicos según las necesidades sentidas de la asamblea, y la "utilización" de la Biblia para justificar determinado tipo de opciones, tomadas de antemano, sobre todo en el campo polí- tico. El pequeño grupo no puede limitarse a una interpretación unidimensional de la Palabra de Dios, que se identifique con una exclusiva opción en el orden temporal. Siempre la Palabra de Dios ha de ser considerada en su contexto total de fe.

La función de presidencia en la homilía dialogada adquie- re una forma nueva, pero sigue conservando su característica esencial: asegurar para la asamblea el anuncio auténtico de la Palabra que la Iglesia hace. El deberá coordinar el diálogo, orientarlo según las circunstancias, aclarar, complementar, sin-

6.

Cf.

GOTTESDIENST

13, jun .

2

de

1971, pág .

103.

33

tetizar, relacionar con la acción litúrgica en que se realiza el Mensaje anunciado por la Palabra. Frecuentemente la homilía se convierte en un desordenado intercambio de impresiones pu- ramente subjetivas, ajenas muchas veces al sentido verdadero del texto sagrado. Es fácil pasar al pietismo y hacer de la ho- milía una simple proyección sicológica a propósito de la Pa- labra de Dios. Esto nos muestra la necesidad de la exégesis seria en función del Mensaje. De ella no podemos prescindir.

Pere Farnés habla de "alguna intervención de los fieles"

en la homilía. Y añade:

de impresiones acerca de la Palabra de Dios, o una exposición de los propios sentimientos, pues la homilía debe presentar la Palabra autoritativamente como dada por el Señor mismo a través del ministerio episcopal o presbiterial al pueblo que la acepta con fe como recibida del Señor.

Sin embargo la presidencia no asegura automáticamente la calidad de su función, sino según la competencia y la actuación personal del presidente concreto. Más aún: el don profético no está reducido al ministerio jerárquico. Ni lo ha sido en la his- teria de la Iglesia, como consta desde los tiempos apostólicos. 8 La homilía dialogada es el reconocimiento litúrgico de la acción del Espíritu en todos los creyentes, tan claramente expresada por el Concilio Vaticano II. A esta luz hemos de confesar que no entendemos la prohibición de la homilía dialogada que la Instrucción Tercera hace y que diversos Episcopados han veni- do recordando en nuestros países. Reconocemos que en la asam- blea grande no es prácticamente posible hacer una homilía ver- daderamente dialogada, aunque se empleen recursos de diálogo. Pero sí lo es en los grupos pequeños. Y el enfoque de la Ins- trucción no puede ser meramente disciplinar, sino que induda- blemente brota de una concepción de la Iglesia y por tanto de la asamblea litúrgica. El oficio de Cristo Pastor y Maestro, del cual es signo quien preside, no es desconocido por la forma dialo- gada de la homilía. Es más bien ejercido y significado de otra ma- nera, más rica quizás. Para hacer "comprensible y actual" la Palabra escuchada será necesario que solamente hable el minis- terio jerárquico? No pueden más bien los fieles ayudar mucho

"Pero esta no consiste en un cambio

7

reducidos?,

en "Cuestiones Litúrgicas", Medellín, ILP, n. 5. Ver Concilium 72 (72) especial

7. Un

rito

propio

para

la celebración

de

la Eucaristía

en

grupos

sobre

"los

ministerios

en

la

liturgia".

8.

I

Cor.

14.

a ello expresando con su propio lenguaje lo que el Señor les

ha dicho y tratando de ver en qué forma puede orientar su vi- da? Sin duda ha habido desviaciones y abusos: improvisación, superficialidad, subjetivismo, polémicas puramente intelectua- les, utilización de la Palabra según intereses individuales o de grupo, etc. Pero ellos se deben no a la homilía dialogada, sino a la forma como se ha realizado en algunos lugares. La solución

adecuada no parece ser suprimir lo que en sí es bueno, sino procurar superar las dificultades y corregir los errores, para que todo se haga bien. La función de presidir no será para extinguir las luces de los fieles o mantenerlas "bajo el celemín", sino pa-

ra hacer de ellas una sola antorcha sabiendo que es el mismo

Espíritu "el que obra

todo en todos". 9

3.

QUE FORMAS

DE LITURGIA

CONVIENEN A LA CEB?

Con el avance de la reforma litúrgica la Eucaristía ha re- cuperado en la práctica su puesto de "culmen y fuente" de to- da la vida de la Iglesia, de objetivo máximo de la evangeliza- ción. La revalorización de la Palabra ha enriquecido a la Euca- ristía. Y la renovación de la Eucaristía ha suscitado también vn impulso para toda la obra evangelizadora.

Es obvio hoy día que existen en la Iglesia diversos nive- les espirituales. De aquí se concluye que hay también diversos niveles litúrgicos. Habrá comunidades que no están maduras aún para la Eucaristía.

Sin embargo, parece que la Eucaristía, por demasiado "usa- da", está perdiendo valor en muchos casos. Se quiere la Euca- ristía para todo.

En las CEB la Eucaristía tiene su lugar propio al menos en algunas ocasiones. Pero, además de ella, hay muchas otras posibilidades de celebración u oración común que no se han ex- plotado suficientemente: celebraciones penitenciales, reuniones de oración informal y espontánea, etc. Según los lugares exis- ten costumbres que bien podrían y deberían vitalizarse, de modo que no se queden en simple formalidad o rutina, sino que ad-

 

9.

I

Cor.

12,

1-11. Cf.

importante

artículo

de

J.

H.

NICOLÁS O. P., Les

laics

et

l'annonce

de

la Parole

de

Dieu,

en

NR

Th

oct.

71, págs. 821-848.

 
 

También

CONGAR,

Jalones

para

una

teología

 

del

laicado,

Vat.

II,

Decr.

de

laicos

n.

24.

quieran toda la riqueza de fe y oración de que son suceptibles. Cito algunos ejemplos: los novenarios de difuntos, el rosario, la novena de navidad o aguinaldo (que en muchos lugares se hace en casa), la bendición o inauguración de una nueva casa, la entronización del Sagrado Corazón de Jesús, etc. Qué se es- tá haciendo para que estas costumbres cumplan su función pas- toral? Qué podría hacerse?

El campo es muy amplio. Hay muchas posibilidades delan- te de nosotros. La CEB, si ora bien, si celebra bien, puede ser el camino providencial para que de la base surja un estilo de liturgia como corresponde a cada pueblo. La liturgia no puede seguir viniendo hecha de arriba. Esto exige del pastor sensibi- lidad y respeto a la comunidad. Un cierto panliturgismo puris- ta podría arrasar indiscriminadamente con todas las formas de expresión creadas por el pueblo. La importación indiscriminada de criterios pastorales europeizantes, con total desconocimiento de nuestro pueblo, ha sido funesta. Varias regiones han sido víc- timas de la devastación.

4.

TENSIÓN

ENTRE LA

UNIVERSALIDAD Y

LA

LOCALIDAD

La vida litúrgica de la CEB se halla en marcada tensión entre la comunión con toda la Iglesia (y más concretamente con la diócesis, con la parroquia, etc.) y la expresión de ella misma en su originalidad única. La liturgia es acción de la Igle- sia toda y a la vez de esta asamblea concreta que celebra hoy aquí. La fe es la de la Iglesia que está presente en este lugar, pero que no se limita a este grupo pequeño.

Indudablemente la Liturgia de los pequeños grupos lleva a un nivel de vivencia muy superior al que se alcanza en las demás celebraciones, como regla general. Esta satisfacción den- tro de la CEB puede fácilmente convertirse en rechazo tácito o explícito de la Comunidad mayor y de su liturgia. La intensi- dad afectiva aquí lograda puede producir una frustración allá. Un enfoque subjetivista, sentimental y puramente afectivo ha prevalecido en casos concretos sobre el sentido de comunión eclesial. Esto significaría cerrarse la CEB sobre sí misma, dejar de ser núcleo, para convertirse en ghetto. 10 La vida litúrgica

10. Cf.

Aloe,

de

S.S.

Paulo VI

a Eccl. n. 1560.

pastoral, 9 Sept. 71, en

36

XXI

Semana

Italiana

de

aggiornamento

de la CEB, bien orientada, será un gran servicio a toda la co- munidad, una fuente de juventud y de vida, un camino para "descubrir nuevamente y reconstruir el sentido de la comunión eclesial y, de esta suerte, prestar un servicio eficaz a la pasto- ral de la Iglesia local". u

Un interrogante se ha planteado últimamente en relación con la CEB: existe la Iglesia allí donde aún no existe comuni- dad humana en el sentido sico-sociológico? Al analizar las ce- lebraciones de grandes grupos anónimos, cuyos miembros solo tienen relaciones muy limitadas entre sí, se ve que allí no hay comunidad sociológica. Por consiguiente tampoco hay comuni- dad de fe, dicen algunos, porque la comunidad en la fe supone la realidad de la comunidad humana. Y, como consecuencia tampoco hay liturgia, pues la liturgia es acción de la asamblea convocada por la Palabra en la fe. Sobre esta base, solamente

hay liturgia (o liturgia "verdadera", como dicen otros), en los grupos donde existen relaciones primarias. Dentro de la lógica de este razonamiento, tampoco ha habido liturgia en la Iglesia durante la mayor parte de su historia, ya que las celebraciones

a partir de la era constantiniana han sido predominantemente

masivas. Y las misas dominicales de nuestras grandes parroquias tampoco son liturgia.

Creemos que la comunión en la fe no se identifica exacta- mente con la comunidad sociológica. Es un hecho que nos ha- bíamos contentado con una dimensión teológica pura, desencar-

nada, en nuestra visión de la Iglesia. Por eso, es muy legítimo

el esfuerzo porque esta comunión en la fe signifique realmente

algo concreto y positivo en las relaciones intragrupales e inter-

personales de los creyentes. Sin embargo, el centro de nuestra unidad es Cristo. Y, si bien es cierto que hay exigencias pe- rentorias en los planos sociológico y sicológico, esto no es lo constitutivo de la comunidad de fe. El Espíritu Santo hace la unidad de la Iglesia. Es el espíritu de la comunión. Esta debe reflejarse también en las relaciones de las personas. La CEB no puede oponerse como comunidad a la no comunidad. Sino co- mo fermento de renovación para toda la Iglesia, que es comu- nión, más allá de las relaciones humanas verificables por las ciencias sociales. La comunión de los santos abarca a todos los que están incorporados a Cristo en el Espíritu, entre los cuales es impasible pretender que existan las condiciones requeridas

11. Ibid .

Cf.

también Christus Dnus. 11.

37

para la comunidad sociológica. Puede existir la comunidad so- ciológica, sin que haya comunión de la fe. Y viceversa.

Para que haya asamblea litúrgica basta que los creyentes

se reúnan en la fe con intención de celebrar hic et nunc.

esto no nos dispensa de un serio trabajo para lograr el máximo

de relaciones personales dentro de la Iglesia.

Esto nos lleva a plantearnos otra pregunta: qué es en de- finitiva lo que celebramos? Nuestras vivencias personales? Nuestras relaciones al interior de un grupo? Nuestro nivel de satisfacción experimentada en la vinculación con los demás? Nuestra fraternidad presente? O más bien nuestra fraternidad futura? El misterio de Cristo, que está más allá de lo sicoló- gica y sociológicamente comprobado y que debe integrar la to- talidad de nuestra vida? No es difícil observar que existen en la práctica confusiones al respecto, que es indispensable clari- ficar.

12

Pero

5.

LA

LITURGIA

DE

LA

CEB DENTRO DE

LA

DISCIPLINA

ACTUAL

Las formas litúrgicas propias que se fueron produciendo en la CEB originó una serie de advertencias y recelos en un

principio. Luego la Santa Sede dio normas especiales para las

celebraciones de los pequeños grupos. 13

te apenas sí fue publicado y muy poco comentado. Ciertamente ya legítima la celebración de los grupos pequeños en lugar no sacro para circunstancias especiales y admite una relativa elasti-

cidad en relación con las celebraciones de grupos mayores. Esto significa el convertir en puerta oficial lo que en la práctica era apenas una brecha abierta por la vida, fuera del marco discipli- nar.

El documento pertinen-

m-

Pero la vida sigue adelante y las normas están hechas para el presente, más que para el futuro. De aquí resulta un conflic- to, en algunos lugares muy sensibles, entre la ley y la vida, en- tte la disciplina y el movimiento de la historia. Las normas vi- gentes, con los límites claramente establecidos, no se están cum-

12.

MANDERS, Qui

celebre

la titurgie?,

en

"Liturgie

et

communautés

humail-

nes",

Centurión,

París,

1969, pág.

100.

13.

Instrucción

litúrgica

sobre

las

misas

en

pequeños

grupos,

en

AAS

61

(1969)

pág. 806-811.

 

pliendo. Y por otra parte, la norma, principalmente en materia litúrgica, está depreciada. Quizás por reacción contra la regla- mentación excesiva, que en un tiempo dominó toda la liturgia.

Los obispos y las Conferencias episcopales, como tienen tan po- ca posibilidad jurídica de acción, prefieren a veces callar en vez de frenar o de autorizar abiertamente lo que se está haciendo.

La mejor comprensión de la liturgia como acción de la Iglesia particular, en comunión con las demás Iglesias, está re- planteando la función de los Obispos en materia litúrgica, de modo que no solo ejecuten o cumplan lo prescrito y, ordenen de arriba hacia abajo, sino que estimulen la vida, impulsen y orienten la creatividad. Los experimentos litúrgicos oficialmen- te han terminado. Sin embargo, si la liturgia, como la Iglesia, deben estar reformándose siempre, se ve necesario que haya caminos para lograrlo, partiendo de la base. Los obispos de los Países Bajos decían con mucha razón en 1967: "La búsque- da de la verdad y de los valores ya no es el trabajo típico de las solas autoridades: en cualquier nivel, esta se realiza irresis- tiblemente desde abajo. Esto está unido a —y comporta— un cambio radical de las relaciones de la autoridad con todos los campos de la vida social". 14

Lo que ellos decían en sentido muy amplio vale particu- larmente para la liturgia. Los Obispos latinoamericanos pidie- ron en Medellín una mayor libertad de acción. Hacia allá va el curso de la vida, que es también impulsada por el Espíritu. Las CEB vienen a ser, dentro de esta perspectiva, como núcleo vi- tal donde se desarrollan secretamente las fuerzas que se abrirán más tarde para bien de toda la Iglesia 15 .

CONCLUSIÓN

Hemos tratado así de presentar nuestra modesta reflexión sobre la liturgia en las Comunidades Eclesiales de Base, dentro de una perspectiva latinoamericana, destacando aquellos pun- tos que nos han parecido más importantes. Ciertamente la pe- queña célula eclesial está desarrollándose en el campo de la Liturgia con creciente vitalidad, destacando aspectos y valores

14.

"Directivas

Pastorales",

citadas

por

Manders

en

1.

c.

15.

Cf.

RAMÓN

POU,

Se

está

haciendo

reforma

litúrgica?,

en

"Phase "

62

(1971)

131-147 y

bibliograía

citada

por

él.

39

que enriquecerán a la comunidad en su sentido más amplio. Esto no obsta para que sea también necesario suscitar la re- flexión teológico-pastoral sobre ciertos criterios y formas de ac- ción que requieren esclarecimiento oportuno. De este modo la acción cuestiona la reflexión y la reflexión ilumina la acción.

Pero es importante, en este como en otros campos de la pastoral, estar atentos a la vida, saber realmente lo que está sucediendo, para que la reflexión pueda ubicarse y cumplir su función adecuadamente. La documentación pastoral es aún em- brionaria en América Latina. Los Institutos y organismos lati- noamericanos tienen sin duda una importante función que cum- plir en este campo.

40

Comunidades de Base y Pastoral Popular

INTRODUCCIÓN:

Montea

González

América Latina es un continente de pobres, de personas que viven en situación de dependencia. La Iglesia, el pueblo de Dios, comienza a palparlo vivencialmente, pero aún no to- ma una posición como Iglesia frente al problema. Es decir, no aparece realmente como signo del amor salvador —para esos pobres. Para aquellos a quienes, "estas cosas —las del reino— íes serían reveladas, precisamente por su pobreza". (Mt. 11, 25).

La Iglesia Latinoamericana, según el mismo texto bíblico, tal vez fue "sabia y prudente" (Mt. 11, 25) , al identificarse con los sabios y prudentes según el mundo. Sin darse bien cuen- ta de ello —un día, se encontró sumergida, comprometida con una situación de pecado—. De no haber sido así, no habría perdido nada de "su ser —luz de los pueblos— levadura en la masa". Por esa identificación con "sabios y prudentes —según el mundo—" le fueron ocultadas, en ciertas ocasiones "las co- sas del reino".

Vivimos una etapa de la historia en la que se habla mucho de la hora de América Latina, sin embargo, cada "hora" puede

41

pasar, puede perderse, si no se concretiza su profundo sentido. Tal vez es más real, al menos para nosotros cristianos, hablar de "la hora de la Iglesia Latinoamericana".

Es dentro de ese contexto, de esa toma de conciencia que

comunita-

popu-

la "hora"

se nos hace una responsabilidad personal y

ria. Es ahí donde lar y viceversa.

sitúa la CEB en relación a la pastoral

PARADOJAS

DE

UNA

IGLESIA

1. La Iglesia es fermento —no ha dejado de serlo— y en el momento histórico de América Latina se ha consti- tuido en "signo de los tiempos", signo del cambio que América Latina debe hacer en el hombre latinoameri- cano y en la sociedad, es decir, va produciendo el parto del hombre nuevo y la nueva sociedad que hoy requiere la historia.

2. La Iglesia ha perdido algo o mucho de su misión de fer- mento y de levadura y no está produciendo, no está dan- do a luz, al hombre nuevo y la nueva sociedad que con o sin ella se debate por surgir.

1.

LA

CEB TIENE

RAZÓN

DE EXISTIR

SI ESTA

"PARA"

Y

"ENTRE" LAS

"MULTITUDES"

a)

Fundamento

bíblico

 

Cuando los discípulos de Juan vieron pasar a Jesús, lo si-

guieron y su pregunta de encuentro fue:

tas", "dónde vives tú" y les respondió:

verán. Fueron con El, vieron donde vivía y se quedaron con El aquel día". (Jn. 1, 38-39).

Maestro.

Creyeron en El, lo recibieron

ron el primer signo de "su resto fiel".

tarios de la Promesa. Esta elección estaría ordenada a la salva-

ción de todos los

Es en la sinagoga donde Cristo se da a conocer, dando con ello la razón existencial de su venida, de ese "confundirse entre nosotros". "Todas las miradas estaban fijas en El. Le habían

42

Ellos serían los deposi-

cuando vino a ellos. Constituye-

"Maestro, dónde habi- vengaii conmigo y lo

Así

comenzó

a formarse

el primer

equipo

del

hombres.

pasado la escritura. Desenrollando el volumen, tuvo pronto el pasaje que buscaba. Leyó: "El espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres

."

Y les dijo: esta escritura que acaban de oir, se ha cumplido

hoy". (Le. 4, 18.21).

Los primeros discípulos intuyen desde el comienzo que el

Maestro los ha llamado para que corran su misma suerte. El ha sido enviado por Su Padre para dar libertad a los oprimidos. Ellos serán enviados por toda la tierra, llevando la Buena Nue-

va de liberación. Es el "pequeño resto, la levadura entre la ma-

sa". Llamado a confundirse entre los hombres dando así la ra-

zón existencial de ese "ser elegidos".

la Buena Nueva. A proclamar la liberación a los

b) CEB

para

las

"multitudes" —sentido

de

"resto"—

El que posee una fe en Cristo personal, adulta, interior- mente formada. Aquel cuya fe se proyecta en la vida y por esa razón es capaz de un sano y valiente confrontamiento ante los desafíos de la vida. Ese es cristiano. Si nos encontramos con taíes cristianos, podemos decir que también en el tiempo pre- sente, existe un "resto elegido". En unión individual y comu- nitaria con el Maestro, está llamado a ser sacramento de en- cuentro con Cristo para todos los hombres. Esto es la Iglesia,

la cual se expresa en formas diferentes, según lo requiera cada época. Hoy tenemos como una de esas formas diversas, la Co- munidad de Base. Esta "es necesaria porque la fe supone ex- periencia de amistad, actitud de diálogo, vivencia comunitaria.

La comunidad de base es centro de irradiación, sacramento, sig-

no". 1 Se trata

Su

21). La Promesa es El Reino que ya está presente. Su envío es un testamento: "vayan por toda la tierra llevando la Buena No- "

ticia

de formas diversas de vivir como "el resto fiel".

la

de Cristo:

15).

"que

todos

sean uno

"

(Jn.

17,

meta

es

(Me. 16,

c) CEB

entre

las "multitudes", sentido

de Iglesia

"levadura"

Los discípulos de Jesús vivieron con El. Cuando el Espí- ritu vino sobre ellos comenzaron a captar ese "nosotros" que formaba cada uno de ellos con Cristo, e igualmente como co- munidad. La dinámica del Espíritu los hizo percibir que de ese

1. Iglesia local, Comunidad

de Base", Martas José, 1969.

43

"nosotros", nadie podía quedar excluido, porque se trataba de una prolongación del amor de la Trinidad, hacia todos los hom- bres. Las primeras comunidades de Pablo aprendieron de El que era necesario "vivir en el amor como Cristo, quien se en- "

tregó como oblación

El descubrimiento de la dimensión evangélica de la vida y dentro de ella de la realidad de la Iglesia en una forma

creta para nuestro tiempo constituye a la Comunidad de Base como lugar de experiencia de ese "nosotros", hoy. También ahora la dinámica del Espíritu es la que hace percibir que de ese "nosotros", nadie puede quedar excluido. "El reino de los cielos es como la levadura que una mujer mezcla a la harina para hacer fermentar toda la masa" (Mt. 13,33).

con-

(Ef.

5,

2) .

d)

CEB profeta para hoy

Cada momento tiene su singularidad. También nuestro mo- mento histórico. El Dios de la Historia es un Dios vivo, más aún es "un Dios entre nosotros". Cada momento tiene sus profetas, quienes ponen en contacto al hombre con ese Dios que los salva; el profeta es un signo de su acción en la historia.

Será la experiencia de "la impotencia", la lección del Pro- feta. Por su contacto existencial con Cristo sabrá discernir y gritará a los hombres que en él solo, se revela el contenido de los signos de los tiempos. Cristo es el Profeta entre los profe- tas.

de

vida con el Padre, con el Hijo y con El Espíritu, es Pueblo profético. Cada Comunidad de Base por ser expresión de la Iglesia hoy, recibe igualmente vocación de Profeta. Cristo "se- duce" a esa comunidad y ella está llamada a anunciar con su vida y sus palabras la Verdad.

Para vivir esa Verdad, la CEB en América Latina deberá hacer suyo el Mensaje de justicia del Evangelio. Para que su conversión sea existencial, no podrá olvidar que "el origen de todo menosprecio del hombre, de toda injusticia debe ser bus- cado en el desequilibrio interior de la libertad humana que ne- cesitará siempre, en la historia, una permanente labor de recti- ficación"

El pueblo

que Jesús

forma

y

que

crece

en comunión

2

2. Documento

JUSTICIA, Medellín, 1968.

Para que la Verdad se haga vida en ella, la CEB en Amé- rica Latina deberá ser fermento entre las multitudes. Su vida será una voz profética que recuerde a todos que "el amor, no es solamente el mandato supremo del Señor. Es también el di- namismo que debe mover a los cristianos a realizar la justicia en el mundo, teniendo como fundamento la Verdad y como signo la libertad". 3

2.

PELIGROS

DE LA CEB

hombre

latinoamericano. 4 En todos ellos se describe la miseria que mar-

gina a grandes grupos humanos. Esa miseria, como hecho co- lectivo, es una injusticia que clama al cielo". 5

América Latina nos aparece dolorosamente en una situa- ción de pecado. Grandes masas de la población viven en situa- ción de subdesarrollo total, también religioso. "La Iglesia de América Latina, lejos de quedar tranquila con la idea de que el pueblo en 'su conjunto posee ya la fe y de estar satisfecha con

la tarea de conservar la fe del pueblo en sus niveles inferiores, débiles y amenazados, se propone y establece una línea de pe-

dagogía

del subdesarrollo religioso en que vive el pueblo y en esa for- ma se ha expresado ante el subdesarrollo total que no puede verse desconectado del religioso.

La miseria que margina a grandes grupos humanos es pe- cado de todos los que no están en la misma situación. Existe una separación hiriente entre los que nada poseen y los que tienen mucho.

Por largos años y bajo muchos aspectos, la Iglesia latino- americana se ha identificado con el sector más desarrollado. En alguna forma ha participado de la situación de pecado de los que tienen mucho. Hoy la Iglesia se encuentra ante el gran de- safío que le replantea el Evangelio: "anunciar a los pobres la Buena Nueva de Liberación".

"Existen

muchos

estudios

sobre

la

situación

del

" 6 Así ha tomado conciencia en Medellín

3. ídem.

4. ídem.

5. "Sobre el Progreso de los Pueblos", Paulo VI, 1967.

6. Documento JUSTICIA, Medellín.

45

La Comunidad de Base corre el mismo peligro de la Igle- sia total, si continuamente no revisa su posición. Tratándose de grupos humanamente promovidos, puede encontrarse en medio de la situación de pecado, convirtiéndose en "opresor" de sus hermanos. Otras veces puede encontrarse "getto", sin estar al "servicio para las multitudes". Cuando no asume la sociedad real por evasión, por huida, formará una "sociedad artificial", adop- tando otras formas de equivocación. Esto puede darse en cual- quier clase social. Las CEB de la Iglesia Latinoamericana, deben comprender que pecado y esclavitud van de la mano, que habrá un continuo recaer en esa situación cuando se es infiel. Cristo, para romper esa esclavitud, consintió en adoptar la convicción de esclavo. (Fl. 2,7).

La CEB está ante dos alternativas: o se convierte en leva-

va haciéndose cómpli-

dura y

ce del "sistema".

es liberadora, o progresivamente

3 .

LA VERDADERA

SITUACIÓN

DE LA

CEB

Cristo se hizo siervo de los hombres, porque El Padre así lo quería. Y de esta manera los rescató (Jn. 13, 1 ss.). Todos fuimos hechos hijos en el Hijo (Jn. 8,32). Para Dios no exis- ten diferencias entre los hombres, más aún, toda la economía de la salvación —en concreto la encarnación—., nos habla de la pedagogía de Dios para hacernos comprender la caridad, co- mo ley fundamental del mundo.

La Iglesia —y por lo tanto la CEB— tiene en la vida y acción de Cristo, la expresión concreta para responder al desafío que le replantea el Evangelio. Deberá optar entre la situación de pecado o esclavitud y la situación de libertad. Las CEB de- ben estar liberadas para liberar, deben estar convertidas para convertir.

Las CEB deberán vivir abiertas a las multitudes, deberán confundirse como el fermento en la masa para "concientizarla", para hacerla descubrir la necesidad de personalización. La CEB tiene una labor evangelizadora, ya sea de testimonio, ya de ac- ción directa. Las multitudes evangelizadas en el auténtico sen- tido del Evangelio, necesariamente avanzan a su liberación. De entre ellas, muchos irán capacitándose para llegar a una mayor comunión hasta la necesidad de formar nuevas CEB.

En cuanto a los que viven en medio de la situación de pe- cado, a los que si continúan ricos "serán despedidos vacíos, se- rán arrojados de sus tronos" (Le. 1,52-53) , hay que llamarlos fuertemente a la conversión, entre ellos, la Iglesia, y por eso la CEB, debe llevar la caridad basta la denuncia. Porque Cristo vino a salvar a todos, es indispensable mostrar a todos la sal- vación, hay que tener el valor de cuestionar con infinita fuerza y paciencia. Callar es hacerse cómplice del peor mal que puede dañar a ese rico que está llamado a ser también hijo en el Hijo, aprendiendo a ser pobre. "El que quiere venir conmigo, niegúe-

el que ama su vida, la perderá. Pero quien la

., pierde por mí la ganará (Me. 8.35). Ese "identificarse" de la Iglesia por largos años con el sector desarrollado, indudable- mente le ha impedido entregar a ese sector al Evangelio en toda su pureza, la caridad como "ley fundamental del mundo". Hay que confiar que ante una evangelización lúcida habrá muchos que se sentirán llamados a una conversión. El paso siguiente será "la comunión", el deseo vital de ser Iglesia.

se a sí

Un Pueblo de Dios así unido, avanza sabiendo que el Reino ya está presente. Pero que, para su plenitud todos deben cons- truir en esa unidad. Avanza hacia la Parusía.

4.

HIPÓTESIS

PARA

UNA

LA CEB ENTRE LAS

ACCIÓN

PASTORAL

MULTITUDES

DE

a) Los miembros de una CEB han aprendido a tener ne- cesidad los unos de los otros. Se han dado tiempo para cono- cerse y han llegado a descubrir el valor de la amistad. Han dado un paso más y han tenido la experiencia vital de la fraternidad.

"niveladas": una persona

es

como grupo, necesarias ni importantes

La CEB en A. L. se convierte en fermento entre la mul- titud, transfiriendo el calor de su caridad, dando testimonio vi- ta! de fraternidad. Rechaza cualquier actitud "elitista", tenien- do en cambio la de servicio. Tiene clara conciencia de que no crece, si no crece el conjunto. Sabe que no hay nadie "privile- giado", que todo lo que posee es gracia. La auténtica CEB sabe que si no está en continua actitud de servicio se destruye a sí misma. Las multitudes van aprendiendo el valor de su indivi-

a cien mil. No se sienten ni como personas, ni

Las multitudes

semejante

se experimentan

para

nadie.

dualidad, el significado de ser persona. La apertura mutua pro- duce el encuentro.

El amor hecho comunión es lo que hace que un día sea

. una

persona de la otra persona. Cada CEB es diferente de las otras CEB, cada miembro de ella es enteramente otro del que está a su lado. Hay una forma para llegar a las multitudes, es la del "amor que lo da todo por sus hermanos". Cuando el amor es auténtico, cuando es emanación del amor de Cristo en una CEB, necesariamente es comunicativo, llama a una respuesta de amor, invita a "comunión". Y entre las multitudes el Espíritu comien- za su obra de liberación más radical. Quien se convierte dentro de la multitud es porque ya se sabe "yo —frente al TU". Surge el "nosotros" —con Cristo y entre los hermanos. Comienzan a darse las condiciones para una nueva CEB.

diferente a los otros días; una hora de las otras horas

b )

c)

Hay que distinguir:

1)

la acción de la CEB colaborando en una Pastoral Po-

pular

concientizadora.

2) la acción de la CEB que cada día comprende de nuevo, la necesidad de confundirse de encarnarse entre la multitud— rechazando el sentimiento de formar el gru- po de "los buenos encerrados en sí". Aprendiendo a hacer "mesa redonda" entre los que no conocen a Cristo más que entre los que van a repetirse las mis- mas cosas sin salir de ellos mismos.

d) la CEB como fermento —hoy— no puede dejar de comprometerse vitalmente con la realidad social latinoamerica- na, si es fermento, si es luz —no puede serlo solo para sí mis- ma— pues "deja de ser". Si es una forma importante de ex- presión de la Iglesia de hoy, tiene que considerar que la pasto- ral es expresión de su ser y si su acción no es liberadora, no hace pastoral alguna.

Una CEB comprometida en la tarea de liberación del hom- bre latinoamericano debe ver que existe el peligro de tomar ambiguamente el término "liberación". Lo definitivo es que todas las personas se sientan tales. Para eso, es indispensable que la CEB sea capaz de denunciar, cada situación de pecado, sea este de tipo social - político - económico - cultural - religio- so. El descubrimiento de la situación de pecado, le señalará

48

dónde están las graves opresiones y alienaciones en la que es- tá sumergido el pueblo. Esto le exigirá la opción por determi- nados valores evangélicos, que lleguen a ser respuesta eficaz a

esa situación, debe optar por esos valores, hacerlos vida en sí misma y entregarlos. Esos valores evangélicos necesariamente

la llevarán a comprometerse con las multitudes. Le exigirán no

aceptar transacciones en ese compromiso. La conciencia presen- te de esos valores renovará su fidelidad al Evangelio, y hará que esté en continua actividad de conversión. Entonces se trans- forma en elemento liberador de:

1)

la opresión para las multitudes.

2)

del pecado, entre grupos opresores.

 

3)

de formas de explotación religiosa alienante.

 

e)

La CEB que tiene como meta

la

"comunión"

solo la

realizará verdaderamente si esta es auténtica. Una "comunión comunicante", fluye de la vida en la Trinidad. Entonces nece-

sariamente planteará exigencias radicales para que esta CEB dé

—como

prolongación de la de Cristo— de la vida trinitaria.

el

oprimido— es opresora, a lo menos como complicidad con el sistema. No tiene de hecho, compromiso ninguno con Cristo.

En cambio, la CEB —con la Jerarquía— debe buscar ca- minos para que la Evangelización de las multitudes, la Pastoral Popular realice la Iglesia de Cristo, y jamás una caricatura de ella. Para que así suceda tiene que:

—Interesarse con sincero amor evangélico por las multitu- des.

fraternidad

a las multitudes

su presencia,

que

no

realiza

su palabra

Iglesia

y

su acción

Una

CEB

comprometida

con

—Captar que la esencia de ser cristiano es la universal. —Interesarse por la Pastoral Popular.

—Comprometerse —hasta cha Pastoral Popular.

donde le sea posible— con di-

f) Por

último,

la

CEB

como

auténtica

forma

de

Iglesia

comprende que el cristianismo

no es getto,

sino que

se

da

en

la

universalidad

de las multitudes.

Esto

es

entender

la encar-

nación.

 
 

49

Prospectiva

José Marins

INTRODUCCIÓN

Prospectiva no es profecía. Es un ángulo visual que inclu- ye aprecio por el pasado. Mira el presente en la velocidad de

las transformaciones que se verifican. A partir de tales consi- deraciones, se pueden preveer tensiones, líneas, "colores", "sombras" que ya nacieron ahora, pero que conseguirán su ma- yor desarrollo en los años sucesivos (caso no hay un cambio

radical de causas y

lo que sería rarísimo, pero

que no se puede excluir totalmente "a priori"). En el conjun- to eclesial actúa siempre el Espíritu del Señor. Esto no quiere decir que se prepara para hacer milagros y más una vez que observa los caminos establecidos por el mismo Se-

ñor

una vez que el Espíritu trabaja en no-

sotros, con nosotros y no es ni paternalista, ni dictador.

No se trata de jugar la lotería. Todo lo que hacemos tiene consecuencias a corto y quizás a largo plazo. Entonces se trata

con la

de fijarse más en dichas

considerar

las reso-

nancias que las palabras y actitudes de hoy podrán

tener en

los días de mañana y de pasado

La prospectiva puede ayudar a:

—una conversión actual, una vez que se considera todo el alcance de los pecados o virtudes que ahora practicamos.

comenzando

tareas que no tienen ningún futuro. Subrayando compromisos

que pueden multiplicar sus frutos

—una

racionalización

del

mismo

trabajo,

no

a largo plazo.

—una

dimensión

de

fe

en

la

vida

y

en

los

compromisos

es

apostólicos. Mucha cosa no tocará a nosotros terminarlas

el Reino de Dios, no el de nosotros.

—pensar en los sucesores

) . Un día deberemos

(no necesariamente en los here-

despedirnos.

1.

SEGLARES

• redescubrimiento

munión, como participación

de

la

Iglesia

diversificada.

como

vida,

como

co-

• participación mayor en grupos menores.

• creatividad

intensa

al ritmo

de

su

experiencia

compromisos de su

profesión.

en los

—pasaje

de la ideología

a los valores

fundamentales.

 

—pasaje

de

la

actitud

de

búsqueda

de

seguridad

a

la

preocupación

creadora.

—pasaje

de

la

boración.

actitud

—de la sumisión a la

—de

la

integración

al

de

"observancia"

para

responsabilidad.

inconformismo

social.

la

• nuevo papel de mayor presencia

de la mujer

de cola-

(religiosa

o seglar) en la vida, estructuras y misiones de la Iglesia.

Todos esos procesos son acumulativos y con frecuencia son elementos que recíprocamente se irán potenciando. De ahí:

—cuestionamiento del clericalismo. —transformación de seglares: de "domesticados" para "co- laboradores", hasta "creadores responsables en comu- nión".

—Cuestionamiento

de las estructuras

eclesiásticas

—cuestionamiento

del compromiso temporal, político, par-

52

tidario.

—riesgo

de

iluminismo

seglar,

de

fanatismo,

de

entusias-

mo ingenuo, en una primera etapa.

—conflicto

entre el nivel técnico y capacitación

zada

de las personas

y

el

nivel

"improvisado"

especiali-

mu-

de

chas estructuras de

Iglesia.

—desplazamiento

del

período

de

apostolado

para

las ho-

ras de la noche y fines de semana.

—misiones

intra-eclesiales

con

apóstoles

pos con presbíteros y religiosas.

seglares

en

equi-

—mayor presencia de los seglares en los niveles ejecutivos de la institución eclesial, correspondiendo a mayor in-

tensidad

OBISPO

de estudio

y oración

en los presbíteros.

hermano mayor en la fe.

gran capacidad de coordinación de comunidades y de re-

lacionarlas entre

sí.

cuestionador de la realidad y de las estructuras eclesia- les (no solamente defensor de las mismas).

hermano que visita, asesora, estudia.

estimula experiencias pioneras, cuestionadoras, creadoras.

mayor presencia

los acontecimientos.

gran necesidad de asesoría (no siempre de asesores).

anticipándose a

en la opinión pública,

nueva figura social específica de este tiempo (tipo de ca- sa, vestimenta, amigos, etc.).

inserta su comunidad en el conjunto de la Iglesia, dando mayor presencia suya personal al colegio episcopal, pres- tando más servicio a la Iglesia universal, continental y nacional.

sigue

personalmente

estudiando durante toda la vida, participa en encuentros de estudio para entender los nuevos problemas y buscar respuestas pastorales para los mismos.

más pobre — sabe que no puede todo. Entonces escu- cha, consulta, recibe, confía, ora, entrégase a Aquel para el cual nada es imposible.

(y

además con ayuda

de asesorías)

53

• hombre optimista: testimonio del acontecimiento de Pen- tecostés. Debe manifestar esa esperanza. No es profeta de calamidades, no es hombre de angustia, de miedo, de pesimismo.

• hombre de comunión (el afecto colegial es fácil recla-

difícil vivirlo cuando los

marlo cuando se lo

demás lo necesitan).

• capacidad para entender la historia, descifrar las señales de los tiempos, penetrar las angustias del hombre. Inter- pretar, corregir o confirmar desde la fe las situaciones concretas de la historia. Escuchar al pueblo, a los teólo- gos auténticos, no temer las reflexiones auténticas, ni a los problemas

• más preocupado en vivir él mismo en una comunidad de vida.

DIÁCONO PERMANENTE:

• tendencia a ser substituido por los ministros extraordi- narios y por las misiones canónicas.

sobre

experiencias

posibilidades nuevas

las

existentes

a de ministerios en

llevaron

la

la

reflexión

Iglesia.

NUEVOS

MINISTERIOS:

más

como dones dados únicamente a la primitiva Iglesia (por su

"debilidad" como decía un famoso profesor de La Gregoriana

Espíritu

de Roma

en su Iglesia. Ejemplos:

—Expresión

.) ,

nueva

sino

de

carismas, considerados

presencia

actuante

ya

del

no

como una

coordenador de asamblea recepcionista misionero secretario cronometrista práctico visitador de comunidades y de hermanos representante de la comunidad en la asamblea interlígador de las comunidades

54

*

orientador de los nuevos hermanos

*

cuestionador profético

dinamizador

del compromiso

temporal

espiritualizador

'

hombre de la esperanza

 

—ministerios como misiones, por lo tanto, no por toda la

vida

ni necesariamente

sacramentales.

—profesionalizados (en su mayoría). —preparados por la acción y en ella, además, complemen- tados con cursos intensivos periódicos. —misión canónica temporal. —indicados por la comunidad, reciben la misión de la je- rarquía, no de la comunidad.

2.

MINISTERIOS

—Revisión de los actuales, en el sentido de purificación y

profundización

PRESBÍTERO:

de su misión.

1 educador de la fe y creador de comunidades

' con otro nivel de capacitación humana, posibilidad de profesionalización y capacitación técnica, con nuevo "sta- tus" en la sociedad humana y desinteresado de las pre- cedencias eclesiásticas y clericales

1 presbíteros con status social dependiente de sus valores

. este último

personales y no de su papel intra-eclesial valdrá poco en una sociedad secularizada

1 presbíteros que trabajan

siempre en

equipos

sacerdotes

. con seglares y religiosas)

(con

otros

mayor presencia femenina vida de equipo apostólico

redescubrimiento de otros tipos de oración, más personal y más comunitario — como Iglesia orante y como indi- viduo caracterizado por una historia única, (pecados, fracasos, alegrías, esperanzas, amistades).

55

su

en su misión pastoral

y

en

"reencauchar" la cultura de los presbíteros con mayor frecuencia (cada 5 años cursos especiales de reajuste es- piritual, cultural, humano, grupal, comunitario, técni- )

co

con nuevos conocimientos sico-sociales

trabajando tiempo integral o parcial (profesión)

con un papel social más de hermano, asesor, cosultor

vivienda en una comunidad eclesial de base, compartien- do la aventura de Dios y además, a nivel pastoral puede

mayor frecuencia en área zonal, dio- habrá mayor po-

sibilidad de aportar a áreas más vastas de Iglesia, su tiem-

po, sus especializaciones, etc.

comprometerse con cesana, nacional y

solicitud con las Iglesias vecinas más pobres en materia económica y en personal apostólico. Ser generoso para ofrecer de aquello mismo que necesita. No preocuparse

demasiado porque su Iglesia particular se vuelve "des- cuidada" una vez que él está saliendo mucho a servicio de la Iglesia universal (aun cuando su propia diócesis no

lo comprende en esta misión

)

—inserción mayor en la pastoral y en la problemática

del

mundo

actual, de ahí:

• cuestionamiento de las obras propias

 

• cuestionamiento

del propio modo

de vida

 

• problemática

colocada

por

elementos

de

frontera,

que

son quizás agresivos, raros, incomprendidos

y

• combatidos

 

• alejados

de la acción más importante

• provocadores de polémicas.

 

Como consecuencia, algunos de ellos se marchan

fuera

de

la institución religiosa, otros se desaniman y siguen vegetando, otros finalmente llegan a cargos directivos y colaboran para un

cambio decisivo del

conjunto.

—abandono de las obras propias

—aparición de pequeñas comunidades insertadas, primero las obras propias, después en campos tradicionales (es- cuelas, hospitales, catequesis), pero ahora ya no más

presencia en los

organismos pastorales y estructurales diocesanos (Curia,

propios, sino particulares u

oficina de catequesis, de liturgia, etc.).

construir la Iglesia latinoamericana, como es el continen-

Nacen

pequeñas

comunidades de religiosos en nuevas

te, no como si estuviera

en África

o Europa. Buscar lo

áreas.

que

es específico de esta hora y de este pueblo

mayor comunión con la cabeza del colegio apostólico. Llevarle las inquietudes de la base, las urgencias de ca- da Iglesia particular

planeador comunitario de la diócesis

el

suscitador

e integrador

de los

diversos

carismas

que

Espíritu

da

a

la

Iglesia

desolorizado

con

ciertos

poderes

civiles,

militares, eco-

nómicos,

culturales

pagando

el

precio

que

esto

le

costará.

3.

RELIGIOSOS

—tentativa

tales, etc.)

de mejorar

sus obras propias

(escuelas, hospi-

(capítulos generales espe-

y su vida interna

)

• para hacer apostolado ahí

barrio obrero, etc.)

(favelas, barreadas, zona rural,

• para vivir en un medio humano distinto de la antigua

casa religiosa, y cada religioso se compromete en su pro- fesión específica. La residencia es el punto de encuen-

. de departamento, en barrios clase media, etc.).

tro, de su equipo de vida

(comunidades en edificios

—una vez que no existen obras propias ni grandes comu-

or-

nidades, cambia mucho la

ganización interna.

situación

económica

y

la

• revisión del gobierno provincial, general y local

• transfórmanse en grupos de asesoría

• de coordinación espiritual, cultural

a cues-

tionar las obras, la vida, el compromiso de cada religio- so

son personas con mayor experiencia

que ayudan

— se multiplicarán las comunidades de base, los grupos especializados y aparecerá un cuerpo de asesoría y coor- dinación diocesano

— fuerte

habrá

cambio

en

la

concepción

actual

de

pa-

rroquia

y

de Curia

diocesana.

Sus

funciones

se trans-

formarán

— la Iglesia particular tendrá mayor importancia en la Iglesia, con misión de concretar seriamente la expresión evangélica para su lugar y para su tiempo.

Parroquias

será más el nivel zonal de coordinación que una enti- tidad semifeudal dada a un párroco

nivel de coordinación responsable por diversas CEB (como célula máter). Su edificio más grande —Iglesia parroquial— será el punto mayor de reuniones, asam- blea eucarística, etc.

— será el nivel burocrático para todas las comunidades de base (documentos matrimoniales, etc.)

de las

CEB y

de los grupos es-

• los religiosos presbíteros profundizaron el sentido de su sacerdocio ministerial, su presencia en auténticas comu- nidades eclesiales de base y en sentido de su vida fra- terna en la misma vida religiosa. —revisión del sentido de pobreza y de obediencia —trabajo en equipos mixtos —mayor estabilidad territorial de las personas —necesidad de cualificación profesional para todos —trabajo apostólico más a través del compromiso técnico, temporal

fuerte-

—o

las

actuales

comunidades

religiosas

cambian

mente

en

su

cara

sociológica,

sicológica,

histórica

o

aparecen otras expresiones de vida religiosa

con

• mayor contacto con la vida humana de este siglo

• con la propia familia humana

• con la Iglesia de América Latina

(diocesana, nacional)

• con mayor especialización de cada persona

Estas transformaciones

(competencia)

de la vida religiosa implicarán con-

— nivel de coordinación

secuencias en la vida de la Iglesia diocesana:

pecializados, por lo menos de algunos

— desaparición de obras propias de los religiosos, obligaran a un cuestionamiento de la acción supletoria de la Iglesia