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Javier González Penedo

Reportaje

Nuevas oportunidades, eternas decisiones

Centenares de drogadictos recurren al programa ofertado por la Asociación Orensana de Ayuda al Toxicómano (ATOX) para vencer a un vicio al que muchos catalogan de “enfermedad”.

©Javi Penedo

e armé de valor y le pregunté cómo se llamaba. Sin levantarse del suelo

me lanzó una mirada que parecía llevar impregnada una mezcla de

sufrimiento propio y de odio hacia mi persona. Al fondo, un barrendero

me gesticulaba para que me alejase del lugar en el que estaba. Volví a insistir. Llegué a

la conclusión que no quería o no podía contestar. Esos ojos me empezaban a asustar.

Decidí marcharme de esa calle del Casco Viejo de Ourense antes de que igual fuese

demasiado tarde.

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La asociación ATOX vio la luz allá por el mes de diciembre del año 1988. Fue un

sacerdote de profesión llamado Jose Ángel Feijoo Mirón quien, tras finalizar la mili y

sus dos años de estudio en Roma, hizo posible el nacimiento de una asociación cuyo

firme propósito no era otro que el de recuperar a personas inmersas en problemas con

drogas. “Cuando regresé de Italia la situación que me encontré era muy desalentadora.

Ver a amigos y a conocidos míos de muchos años con tantos problemas y en el mundo

de las drogas no es algo precisamente agradable”, comenta Feijoo Mirón. Por aquel

entonces no existía en Ourense ciudad ningún tipo de recurso ni entidad destinados a

auxiliar a personas toxicómanas. Al mismo tiempo, todos esos cambios continuos en

una sociedad en la que la libertad de expresión ya estaba totalmente implantada no

hacían que las drogas dejaran de ser tema tabú. “Ya en un primer momento llevé a la

asociación “Proxecto Home”, establecida en Ponferrada, a todos aquellos que querían

dejarlo. La idea de crear un recurso de características similares en la ciudad de

Ourense surgió de los propios familiares de estos chicos”. La conversación con el

artífice del nacimiento de ATOX toma tintes melancólicos. Recuerda las “numerosas

dificultades” a las que tuvieron que hacer frente en los inicios cuando la buena

voluntad de los integrantes de la misma y los limitados recursos económicos con los

que contaban eran los únicos pilares en los que se sustentaban. “Eran muchos los que

tenían problemas con la justicia. Teníamos que pagar los alquileres a las familias y las

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dificultades económicas eran considerables”, proseguía el párroco. “Con todo, gracias al ingenio y a la ilusión de todos, superamos toda dificultad que se nos presentaba”. Poco a poco ATOX se dotó de estatutos y de diversos tipos de programas subvencionados, hasta ser declarada en el año 2005 Unidad Asistencia de Drogodependencias y Entidad de U.P.

De probar por imitar a consumir por necesidad

José Manuel experimentó con las drogas cuando apenas tenía 14 años. El alcohol y el hachís fueron sus primeras tomas de contacto con un mundo al que ahora desearía ni siquiera haber conocido. Cuenta que lo que le llevó a probarlas fue el síntoma de libertad imperante en la sociedad tras la muerte de Francisco Franco y el fin del régimen dictatorial. Copiar lo que hacían los adultos, la publicidad, los movimientos hippies… Todo ayudó en la elección del camino equivocado. En aquellos tiempos las drogas eran de muy fácil acceso y el precio de estas, desorbitado. “No estoy muy al tanto, pero un gramo de heroína a día de hoy no pasa de 60€. Ese mismo gramo de heroína en el año 83 a mi me costaba 20.000 pesetas de las de antes”. Tras un momento en silencio José Manuel continúa y exclama: “¡El doble! El doble de dinero con lo que ha subido la vida desde entonces. Era el precio que se tenía que pagar para satisfacer un mal vicio”. “Llegó un momento en el que ya consumía de todo. Desde anfetaminas y hachís hasta heroína y cocaína, pasando mismo por LSD. Una vez se me pasaban los efectos del consumo, la heroína me provocaba síndrome de abstinencia y la cocaína dependencia psicológica”, recuerda José Manuel. Por dependencia se conocen a todos los cambios en el comportamiento que ocurren en un drogadicto mientras este no consume la dosis que su cuerpo necesita, y por síndrome de abstinencia, a todo tipo de reacciones físicas que se manifiestan en una persona adicta cuando deja de consumir la droga en cuestión. Su vida dio un giro muy drástico sin apenas darse cuenta. Sus relaciones de amistad se redujeron a compañeros de consumo y a camellos. “Te metes en un mundo rodeado de gente en el que, paradójicamente, estás solo”. Abandonó sus estudios y se puso a trabajar en un negocio familiar. El dinero de su nómina no le era suficiente para sus gastos en droga, lo que le obligaba a robar para saciar su adicción. “Únicamente podía trabajar si antes me tomaba mi dosis, ya que para ser una persona normal y no tener calambres ni

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diarreas, necesitaba de una. Cada vez que me quería colocar tomaba dos o más”. Estuvo 15 años sin consumir heroína ni cocaína, pero fue incapaz a lo largo de todo este tiempo de dejar el consumo del alcohol y de las llamadas drogas blandas. “Mi gran error fue haber considerado leves a las drogas blandas y no desvincularme totalmente de todo tipo de sustancias. Esa droga blanda llegará un momento en el que ya no te satisface, luego irás a por una dura; esa dura puede engancharte y entonces eres consciente de que ya no hay marcha atrás”, me comenta José Manuel con tono firme y decidido. “Las drogas o se dejan o no, pero no puedes dejar unas sí y otras no. Esto es como un partido de tenis. Acabarás ganando o perdiendo, pero nunca empatando”.

Secretaría de la sede de ATOX en la Calle del Paseo en Ourense. “La mayoría de afectados que recibimos en los últimos tiempos son cocainómanos. La tendencia muestra una evolución de predominio de casos de heroína a cocaína, y de que la droga que antes era inyectada sea ahora o bien consumida o bien fumada. Con todo, también se nos presentan casos de adolescentes indisciplinados zarandeados por los efectos del alcohol o del hachís y en situación de fracaso escolar; así como alcohólicos de mediana edad procedentes del rural que nos llegan en un estado muy avanzado”, explica Lito Cid, secretario y coordinador de la asociación. La cocaína provoca en quien la consume una rápida e intensa sensación de excitación y lucidez, así como reducción de fatiga, produciendo dependencia psicológica. El alcohol y la heroína crean en todos aquellos que recurren a su uso tanto dependencia física como psicológica, siendo el primero un depresivo del Sistema Nervioso Central que actúa directamente sobre el cerebro haciendo perder el autocontrol; mientras que la heroína puede situar al consumidor en una situación de euforia desmedida. Lito cree asimismo que la prevención ha de desempeñar un papel fundamental en tan delicado proceso:

“Aunque aquí estamos para facilitar todo cuanto esté de nuestra mano a aquellos que recurren a nosotros en busca de ayuda, cierto es también que defendemos la máxima de `mejor prevenir que lamentar´. El 26 de junio, Día Internacional de la Lucha contra la Droga, intentamos acercar la problemática a la población en general haciendo hincapié en lo peligrosas que pueden llegar a ser diversas drogas legales como el tabaco o el alcohol, sobre todo en adolescentes de temprana edad. El maratón anual

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de fútbol sala que celebramos en el pabellón de los Remedios es ya un clásico de este día y un referente a nivel de asociaciones de este tipo. Centrar nuestra atención en lo personal no nos hace olvidar nuestras obligaciones sociales”. Con diversos tipos de programas (desde un simple mantenimiento de metadona en los que no están realmente motivados hasta la reinserción de estos como fin último) destinados cada uno a un determinado perfil de toxicómano, atendiendo a rangos de edades y a la droga o drogas que en ellos se dan, ATOX es considerada a día de hoy como un foco de información y orientación a la que recurren únicamente aquellos que así lo desean. “Nuestra asociación se financia a través de obras públicas y de donativos de particulares, y en esta financiación Sanidad desempeña un papel destacado”, añade el secretario de la misma.

Una reinserción completa

El presidente de la asociación lo tiene muy claro. Francisco Nóvoa Rodríguez, máximo responsable de ATOX, cree que a mayores de “lograr la abstinencia” en todo aquel que a su entidad recurre, el objetivo debe ser conseguir “una reinserción completa” del drogadicto en el seno de la sociedad. “En este punto se sitúa la asociación. Se persigue que no únicamente el drogodependiente deje su adicción logrando así la abstinencia, sino que también alcance la reinserción completa en todas las facetas de su vida cotidiana”.

José Manuel lleva diez meses siguiendo el programa ofertado en ATOX. Dice sin vacilar ni un instante que este es el mejor sistema de tratamiento de los cuatro que ha seguido a lo largo de su vida, aunque también el más exigente: “Quitar los hábitos de consumo es muy sencillo si dispones de una gran fuerza de voluntad, pero cambiar los hábitos de comportamiento es muy duro, y esta es la base a partir de la que empieza el programa a prepararte para un futuro partiendo desde cero”. Con la asociación hizo el Camino de Santiago este pasado mes de abril y desde entonces lleva a cabo actividades relacionadas con la hípica en Vilamarín o con el teatro en el propio auditorio de Ourense: “Aún hace poco que nos llevaron a ver `O cráneo furado´”. Pronto dejará el piso de apoyo facilitado por la asociación para trasladarse con otro

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compañero a un apartamento independiente. Dice que su familia jamás dejó de brindarle apoyo, pero ahora más que nunca se siente arropado por otras muchas personas, como la gente que dice haber ganado en la calle y todos aquellos a quienes conoció una vez tomó contacto por primera vez con esta asociación: “Toda la gente que aquí trabaja lo hace pudiendo estar en otro lugar ganando mucho más. Por ejemplo, José Luís, el actual psicólogo del centro que con anterioridad también había lidiado con las drogas y con su adicción a día de hoy ya superada, es siempre el primero en llegar y el último en marchar”. José Manuel manifiesta con rotundidad: “No pienso desvincularme jamás de esta asociación. No solamente porque este equipo es para mí todo un referente terapéutico, sino además porque considero a todos los que lo integran verdaderos amigos míos”.

“No te preocupes, no me estás haciendo perder el tiempo”, apunta Leto sin moverse ni un ápice de la silla de la secretaría en la que llevaba sentado desde un principio al comentarle que poco más tardaría en finalizar la entrevista. “Muchos son los que sí consideran la drogadicción como una enfermedad ya que el drogadicto no puede desarrollar su vida normal sin consumir, pero también por esto mismo a mí me gusta más referirme a ella como un estilo de vida. Todos somos adictos a una o a otra cosa, y lo realmente complicado es llenarse de valor y reconocer dicha adicción. Nuestros tratamientos eso persiguen; mejorar la forma de actuar de una persona para que de este modo recupere una esencia de vida”, continua explicando el secretario Leto Cid. Instalados en pleno siglo XXI, la población comienza a estar concienciada de que este es un problema que le puede afectar a cualquiera. “Es todo un avance. Antes existían muchos tipos de prejuicios, pero el aumento del número de casos provocó asimismo un incremento de la conciencia de la población respecto a esto. Ahora todo es más sencillo. Hasta el patrón que anda en busca de un trabajador mira más si este produce y trabaja que si fue o no fue toxicómano”. Aunque la asociación ofrece un piso de apoyo en régimen de sub vivienda para todos aquellos que lo necesiten durante el tratamiento, desde ATOX se persigue, manteniendo un contacto y una relación estrecha con los familiares, la búsqueda, a todos los niveles, del mayor grado de autonomía posible en los afectados. “Siempre es `mejor darles de pescar que darles peces´. Intentamos llevar a cabo un proceso auto terapéutico para que consigan por

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ellos mismos cubrir todas sus necesidades. Nuestras diversas actividades lúdicas ofertadas, desde el grupo de teatro hasta el programa de equitación terapéutica, intentan brindarles diversas herramientas de relación social”. El 50% de los que comienzan con el tratamiento terminan el programa en cuestión, y de estos, la mitad alcanza sus objetivos logrando así una abstinencia prolongada en el tiempo. De este modo, muchos son los que una vez finalizado dicho programa siguen demandando todo tipo de ayuda jurídica y social de la asociación. “Todos los que al término del tratamiento desean mantener el vínculo con nosotros, suelen continuar con la mejoría y raro es que recaigan. Para los que se olvidan de nosotros resulta mucho más sencillo regresar a las andadas”, concluye el secretario de ATOX.

“¿Mis aspiraciones? Hacer feliz a mi familia demostrándole que puedo seguir adelante desenvolviéndome en la calle y valiéndome por mí mismo y encontrar a una pareja que realmente me quiera”. José Manuel, nacido en O Porriño en el año 1965, y tras una vida de continuos vaivenes con las drogas, parece haber hallado la salida a un largo y tenebroso túnel con la ayuda de la Asociación de Ayuda al Toxicómano de Ourense. La nueva oportunidad ahí la tiene. La eterna decisión también. Parece que a la cuarta sí puede ser la vencida. “No es que no me apetezca seguir hablando contigo, pero es que tengo esperando a un amigo mío para ir mirar el piso al que nos vamos a trasladar”, me hace constar. Nos levantamos y salimos de la sala de la sede de la asociación en la que habíamos mantenido la conversación. Le di las gracias por todo el tiempo que me había dedicado y le deseé la mejor de las suertes del mundo para todo lo que el futuro le tenga reservado. El corazón me dice que serán cosas muy buenas y que José Manuel vencerá en esta difícil batalla.

Días más tarde regresé a ese mismo sitio del Casco Viejo de Ourense. Ahí ya no había nadie. Lo que antes había sido un cruce de miradas que traspasaban entrañas, ahora era solamente mi mirada solitaria que se perdía en las mojadas losas del pavimento. Inicié el camino de regreso. Con la Calle del Paseo en mis retinas y a punto de abandonar la zona vieja, me topé con el mismo barrendero al que había visto en la otra ocasión. Le pregunté si me reconocía y si sabía algo del drogadicto con el que yo intentara entablar conversación. Sí que se acordaba tanto de mí como de la situación

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en cuestión, pero me confesó que nada me podía contar de esa persona porque ni cuenta se daba de quien era. “Veo a muchos drogadictos, alcohólicos y mendigos a diario que llega un momento que ni los diferencio ni reparo en sus rasgos físicos”. Que me mandara huir no por nada en particular, sino porque ver hablar a un joven con cualquiera de esas personas le provocaba miedo y preocupación. Le deseé un buen día y proseguí mi camino por la Calle del Paseo. Era un día frío, típico del mes de noviembre. Quien sabe que sería de aquel hombre. `Las drogas o se dejan o no, pero no puedes dejar unas sí y otras no. Esto es como un partido de tenis. Acabarás ganando o perdiendo, pero nunca empatando´. Quizás ese señor de mirada penetrante ya había perdido su partido.

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