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El observador número 9

Un relato para Iniciados

El observador número 9

© José María Doria jmdoria@terra.es www.jmdoria.com

© Ediciones Corona Borealis

Primera edición: Septiembre 2006

Depósito legal:

ISBN: 84-9645-70-0

Todos los derechos reservados. No está permitida la reimpresión de parte alguna de este libro, ni tampoco su reproducción, ni utilización, en cualquier forma o por cualquier medio, bien sea electrónico, mecánico, químico o de otro tipo, tanto conocido como los que puedan inventarse, incluyendo el fotocopiado o grabación, ni se permite su almacenamiento en un sistema de información y recuperación, sin el permiso anticipado y por escrito del editor.

Ediciones Corona Borealis Arroyo de la Miel 29631 MÁLAGA www.coronaborealis.es

Imprime:

Printed in Spain – Impreso en España

José María Doria

El observador número 9

Un relato para Iniciados

José María Doria El observador número 9 Un relato para Iniciados Ediciones Corona Borealis

Ediciones Corona Borealis

INDICE

PROLOGO

9

PROLOGO DEL AUTOR

15

APUNTES DEJADOS POR EL OBSERVADOR NUMERO 9 ANTES DE ENTRAR EN EL PRALAYA CÓSMICO

25

CRÓNICA DE LA HUMANIDAD EN ASCENSO DEL PLANETA AZUL

35

EL NÚMERO 144 DE LOS PLANETAS SAGRADOS

44

UN RASTREO POR ENTRE LOS CRISTALES

49

UN SERVICIO POR AQUELLO DE LAS ROSAS LA REORIENTACIÓN DE DARÍO

55

Y

LOS ALIADOS DE UN OBSERVADOR NUMERO 9

59

LA CONCIENCIA CÓSMICA

SEÑOR DEL CRISTAL NUMERO 99

65

UN RASTREO POR LOS SEÑORES DEL IMPACTO

69

CRONICA SECRETA DE RAMAYAT

75

UN RASTREO POR EL CORAZON

83

IXIANA Y LA JERARQUÍA

87

UN TRABAJO EN EL JARDIN DE LA INOCENCIA

91

UN AULLIDO DE DOLOR Y AMOR HACIA LOS OCÉANOS DE NADEDAD

95

UNAS NOTAS MUSICALES DEDICADAS AL GRAN SUEÑO

99

LA LLAMADA DE UN AMIGO EL MISTERIO DE LA ABSORCION DE UN OBSERVADOR NUMERO 9

103

Y

LA CULMINACION DEL SUICIDIO DIMENSIONAL

107

UNA ROSA EN EL DESIERTO

115

DEDICADO:

a

los sembradores de amplitud

y

a las rosas recién abiertas

PRESENTACIÓN

PROLOGO

C uando José María Doria me pidió que prologase este libro no me advirtió de lo que me disponía a leer. Recuerdo que

acepté sin condiciones por lo histórico de nuestra amistad y también porque sentí ese halago que supongo sentiría cualquier persona que haya leído alguna otra de sus obras, sin duda libros

que me han proporcionado grandes momentos de aprendizaje y lucidez.

Pues bien, quiero dejar constancia de que cuando José María me entregó personalmente el manuscrito y lo tomé inocente- mente en mis manos no sabía que estaba tomando en mis ma- nos una bomba de relojería bien cargada y programada para ha- cer estallar lo que puedo llamar como “fortín racional”. Recuerdo que tras ojear por encima algunos párrafos al azar, me extrañé de lo que leía, parecía no tener un hilo conductor definido.

“¿De qué va?” le pregunté. A lo que él respondió, “es algo di- ferente, en esta ocasión te paso algo más que un libro, lo que en realidad te paso es una experiencia interior que aunque parezca increíble actúa como un verdadero “enchufe” en niveles muy profundos de la conciencia”. ¡¡Ahí queda eso!! pensé. Si no fuese porque conozco a José María me habría parecido que padecía algún trastorno mental transitorio o que atravesaba una fase os- curantista, sin embargo por la calidad de su voz y por no sé qué más, concedí un crédito a sus palabras y decidí embarcarme en su lectura lo más abierto posible y sin prejuicios. No en vano el subtítulo del libro decía: “un relato para intuitivos”.

Pues bien, leí el libro, y hubo momentos en que mi cerebro lógico acostumbrado al mando trató de sabotear el desplaza- miento referencial que mi sistema estaba llevando a cabo para lograr leer el libro, téngase en cuenta que mi profesión es la investigación científica, así que hubo espacios en los que leerlo me costó, pero una y otra vez recordaba aquello de “un relato para intuitivos” con lo que volvía a situarme en ese modo de ser y sentir que no es precisamente el yo ordinario.

Recuerdo asimismo que mientras leía, a menudo me pregun- taba ¿cómo es que José María Doria ha escrito un libro así? ¿en qué estado de conciencia ha tenido que permanecer este hombre para expresar todo esto? Y sobre todo, me preguntaba, ¿cómo es que ha pensado en mí precisamente para prologar este libro? Yo hasta hace poco he coordinado un laboratorio de investiga- ción neurológica de la Universidad de México y aunque estoy habituado a buscar más allá de los límites del pensamiento, un escrito así sentía que me sobrepasaba, o bien era una broma o un hemorragia de lucidez recién abierta.

A veces me preguntaba: ¿Qué habrá hecho ahora José María para llegar a esta expandida visión tan singular y sublime? Porque reconozco que no es un escrito cotidiano de esos que uno crea después de leer el periódico y dar un beso a los niños antes de ir al colegio. En fin, no sé bien que hice para leerlo de verdad, pero el caso es que tras formular preguntas sin respuesta, conseguí trascender la mente lógica y me vi sumergido en un mundo en el que desfiló por mi ser un variado catálogo de emociones en forma de sonrisas profundas, de lágrimas, de sensaciones de apertura inusitada, de amor, amor y ternura a raudales, en realidad fue un espacio de varias horas inolvidables en el que brotaron insóli- tos sentimientos de cosmicidad e integración, en definitiva sentí que la vida me había regalado una “aventura de la conciencia”, un viaje con apariencia de ligero y juguetón pero que, pasado el tiempo, reconocí como el puente a una dimensión muy profunda de mi ser. Ahora es cuando entiendo las palabras del autor: “ una experiencia que actúa como un verdadero enchufe ”

Es por ello que comienzo el prólogo de este libro contando con total rigurosidad mi vivencia, tal vez porque siento que este tipo de creaciones no sé en realidad de qué parte de la mente humana provienen, no sé todavía dónde se gestan y finalmente cómo se fabrican, lo único que sé es que existen y, que algo muy grande y bello utiliza las mentes y los corazones de determina- das personas para expresarse y regalarnos un poco de esa me- garealidad que sin duda amplía la visión interior y hace sonreír

al alma.

Así pues y dada la singularidad de lo sucedido en esta in- creíble lectura, cuando me propuse a escribir unas líneas tal y como había prometido a José María, me pregunté, ¿cómo puedo referirme a esta obra del Observador número 9 que parece tan “canalizada” sin hacer concesiones a mi propia coherencia”?

Pues bien, primeramente expondré que su contenido posee una de las características comunes a los libros sagrados o “reve-

lados”, me refiero a su multiplicidad de ocultos niveles de lectura

y significado. En este sentido el Observador Número 9 es una

obra en clave que por lo menos posee tres niveles de lectura, su diferente grado de captación estará en función del nivel de sintonía que cada persona logre en su recorrido. Y digo “recorri- do” muy conscientemente ya que más que lectura en el sentido literal, lo que uno realiza es un recorrido por sus precisos sig- nificados lingüísticos, un recorrido que a la manera de laberinto iniciático hace sentir al lector que “le han pasado cosas” dentro, muy dentro, cosas que tendrán que ver con: abrir, imaginar, mo- delar arquetipos de futuro, amar, latir, sentir

En segundo lugar no puedo menos que reconocer el peculiar estado de conciencia en el que el autor tuvo que encontrarse para describir tal cual lo aquí descrito, ¿locura? ¿iluminación? ¿estimulación psicoactiva? ¿conexión cósmica con no se sabe qué? ¿pasión endórfica de enamoramiento sostenido? ¿estado satori de meditación? No lo sé, tal vez tampoco él lo sepa a ciencia cierta, lo único que sé es que de su mano ha nacido el

testimonio de una realidad cuyo acceso me parece tan difícil y peculiar que casi lo envidio por amor a la aventura y al descu- brimiento.

Por otra parte si uno no conoce a José María o no ha leído sus obras, pensará que es un personaje que vive en su particular galaxia pero con lagunas para el mundo cotidiano de los demás mortales, pues no es así, conozco la sensata lucidez de su in- cansable labor como psicoterapeuta y acompañante del alma humana, y eso unido a sus cursos y conferencias da más valor al mensaje de este libro que, conforme pasa el tiempo, no cesa de maravillarme más. Tal vez estamos ante el arte puro y eso no tiene calificación posible porque encierra la genuina autenticidad de lo que brota directamente del corazón de la mente.

Confío que el autor no censurará que desvele algo acerca de él, recuerdo que lo conocí en la Universidad de México, yo por entonces impartía clases en la Facultad de Piscología y dirigía los master de postgrado en lo que posteriormente se ha venido de- nominando como “neuroteología”, hablo de 1984. Recuerdo que entonces José María llevaba el pelo largo y en aquel momento de verano vestía de blanco con pantalones muy anchos, en realidad parecía que iba en pijama por la vida. Al poco de saludarnos y solicitarme espacio para tomar un café, me interpeló vivamen- te sobre mis investigaciones en los campos de frecuencia que interactúan sobre las mentes de las personas que mantienen relación de intimidad, tema que estaba investigando en mi labo- ratorio de la Universidad. Al poco de comunicarnos supe tanto por sus comentarios como por la forma de mirarme a los ojos y la enorme energía que emanaba su persona que no era un cu- rioso más, que el Universo me había puesto en el camino de una luz cuya comunicación y futura amistad influiría enormemente en mi destino.

Desde aquel José María viajero que venía de convivir varios meses en las montañas con los indios huicholes y sus rituales con los hongos sagrados, hasta el actual que estructurado por

su apretada agenda forma a psicoterapeutas transpersonales y brinda su sensata visión en el “Observatorio de la Colina” junto al Escorial en Madrid, hemos compartido múltiples encuentros, viajes y descubrimientos en los que la ciencia, la filosofía y el arte han bailado entre nosotros en una mística trenza que ha tornado mi vida familiar con mi esposa y mis hijos en un camino de crecimiento muy emocionante.

Por ello y por lo que no he dicho, advierto al lector que a quien llegue este libro también le llega un reto, el reto al que también yo me enfrenté al abrirme a la intuición suspendiendo el juicio y recorriendo sus universos con la mente fresca del inocente. Pido al lector que abra su corazón y fluya por entre sus caminos neu- ronales, unos caminos que parecen dibujar un laberinto eléctrico en la plástica cerebral que más tiene que ver con un mandala de resonancias cósmicas que con lo que el lector tal vez imaginó al adquirirlo en la librería de turno.

En cualquier caso, si logra acabar el libro sin fruncir el ceño más de tres veces, le felicito. Puede estar seguro que durante los futuros equinoccios y solsticios, así como en alguna luna llena de la recién primavera, sentirá que ecos de alejadas bandas de re- sonancia de mundos más allá del tiempo y el espacio con sabor a espiritual, le parecerán muy familiares, es más, le parecerán tan familiares que lo insólito puede abrir sus puertas, y cualquier día tener un encuentro que puede dejarle la misma huella que dejó en mi vida aquel inocente café con leche que tomé con un desconocido.

Desde entonces mi mayor regalo sucede cuando miro al cielo estrellado, Siento un inmenso azul con íntima certeza de estar muy vivo.

Ramán Climbergt Doctor en Psicología

PROLOGO DEL AUTOR

Q uerido lector. Antes de presentarte este “relato para inicia- dos” me gustaría compartir contigo algunas reflexiones rela-

cionadas con preguntas que a menudo me son formuladas y que en alguna medida señalan la música de fondo que subyace tras los capítulos siguientes.

¿Qué está pasando a la gente de nuestras ciudades?

Está pasando algo que todos en alguna medida ya sabemos. Sucede que la civilización en la que actualmente estamos en- vueltos acarrea carencias muy profundas que pueden estar lle- vándonos a una especie de enfermedad colectiva. La neurosis que subyace en las megaciudades y que ya la aceptamos como crónica deriva del estrés y la ansiedad anticipatoria en la que, para más despropósito, el 90% de tales sufrimientos humanos parecen provenir del temor a la llegada de sucesos que no han sucedido ni van a suceder.

Pero lo que no sabemos del todo es que una de las grandes causas de esta situación reside en algo que para muchos pasa casi desapercibido, me refiero al hecho de que hemos perdido la costumbre de entrar en estado de éxtasis, me refiero a un estado no ordinario de conciencia que durante miles de años ha acompañado con puntualidad a millones de seres en los momen- tos de equinoccios y solsticios.

Nuestras variadas civilizaciones precedentes utilizando ritos colectivos bien probados activaban partes de la mente actual- mente no activadas, lo hacían involucrando a la comunidad en danzas a veces frenéticas, giros sobre el propio eje a la manera sufí y sonidos trepidantes de tambores y trompetas en momen-

tos bien precisos mientras se asistía a una ingestión de hongos

u otras plantas con propiedades psicoactivas. Todas ellas orien-

tadas conscientemente hacia el acceso a planos superiores, as- pecto que dirigía la energía hacia el nivel de “experiencia divina” que se pretendía alcanzar.

En realidad había muchas puertas para entrar en el sanador estado mental de “comunión trascendente”, a veces se lograba tras la sublimación de la sexualidad en el abrazo sagrado de la pareja tántrica o mediante orgías sexuales inspiradas por la di- vinidad al uso. En realidad de todas ellas ha siempre destacado el camino tradicional de privaciones sensoriales, privaciones tan eficaces como el ayuno y la meditación en retiro silencioso que incluso actualmente suele propiciar la anhelada experiencia.

Se trataba de ritualizaciones populares que propiciaban en la mente humana experiencias calificables como inefables y sa- gradas, experiencias acompañadas de sentimientos de íntima

certeza y envueltas en total paz e infinitud. Eran vivencias que

la tradición de los pueblos mantenía, año tras año, y que brinda-

ban trascendencia a los correspondientes miembros de cada co- munidad, puede decirse que recargaban el alma. Sin duda eran cargas de comunión ampliadora que permitía soportar el casi habitual conflicto inherente a nuestra estado mental dualista y analítico racional en el que está instalada de manera excluyente la llamada mente moderna.

Consecuencias de olvido

¿Cuál es el resultado social de este formidable olvido? Sin duda la adicción generalizada que padecemos a las drogas, a la televisión, al móvil, al sexo, a la comida, a las compras y en definitiva a las mil y una dependencia al otro.

El temor generalizado a la soledad y la contracción de tantos psicocuerpos asustados por la amenaza de pérdida, de pérdi-

da del trabajo, de la casa, de la salud, del amor, del poder, de

la juventud, de las personas queridas

mo de millones y millones de pastillas que hoy ingerimos para fabricar serotonina y acallar el grito de la llamada depresión. Consumimos pastillas para activar el intestino que se ha hecho vago, para dormir y anestesiar lo no resuelto, en definitiva su- cede que para casi todo lo que nos disponemos a hacer, hay que aportar alguna sustancia, da igual que sea café, que alcohol, da igual que sea un ansiolítico o una pastilla para el dolor de cabeza

dan lugar a un consu-

o el dolor menstrual, el caso es que precisamos de un algo más porque está fallando el pilar fundamental sobre el que se asienta el verdadero equilibrio humano: la conexión con el yo profundo que en sí mismo no es otra cosa que amor consciente con todas las letras.

El fútbol y los conciertos musicales.

¿Cómo tratamos de sustituir los antiguos ritos?, sin duda esta sociedad apuesta por el fútbol y las concentraciones deportivas que ayudan a generar euforias desbordantes cuando gana el “equipo de casa”, y por el contrario, tremendas frustraciones cuando pierde, son emociones intensas que en alguna medida podrían ser aprovechadas para salir del límite racional, pero en general aunque desborden al sujeto que las vivencia, no llegan al elevado lugar donde llegaban aquellas otras, las futbolísticas se quedan cortas y todavía permanecen en el nivel competitivo del ego.

Junto al panorama deportivo que estimula a los identificados seguidores, están los espectaculares conciertos musicales y otros menores pero de gran calidad, alrededor de los cuales se congregan miles de seres que alcanzan niveles de conciencia a menudo de carácter más profundo y de mayor calado. Sucede en tales encuentros que las personas son activadas por el arrobamiento emocional colectivo de ritmos y melodías que acompañadas de efectos audiovisuales catapultan a una gran

parte de los participantes a estados similares a las experiencias religiosas precedentes. Sucede en estos megaconciertos que muchos asistentes ingieren peligrosamente sustancias psicoactivas que desgraciadamente por no estar controladas o incluso por la falta de preparación mental y emocional del sujeto pueden destapar estados psicóticos, cuando no perturbaciones emocionales y adicciones de terribles consecuencias.

Se nos han colado arquetipos erróneos

En este estado de cosas cuando pregunto a las personas ¿qué tipo de mundo creen que se nos avecina? quién más quién me- nos reconoce imaginar que no nos dirigimos precisamente a un idílico espacio de vida en el que evolucionamos en fraternidad entre aromas de flores naturales mientras los animales y los niños juegan hermanados. Parece que las visiones que circulan no son precisamente las que afirman la existencia de un futuro espacio planetario de habitantes supraconscientes, en el que el Homo Sapiens ha dado paso al Homo Amans y al Homo Lucens. Parece que al tratar de imaginar el futuro no vemos precisa- mente un entorno en el que ya hemos evolucionado lo suficiente como para haber alcanzado la mayoría de edad y, en consecuen- cia, haber aprendido a convivir en fraternal interdependencia. Al parecer no imaginamos un mundo venidero pleno de valores que posibiliten la expresión más genuina y sobrenatural de nuestro infinito potencial como criaturas espirituales en una aventura humana.

No, en general, asistimos a visiones sembradas por pelícu- las futuristas acerca de una civilización tecnificada y aséptica, en donde todo está controlado y previsto, y en donde hay una profunda tristeza por una mecanizada ausencia de emociones creativas en conexión con lo más profundo del ser.

Quien más quien menos cuando se dispone a averiguar qué imágenes le brotan ante el futuro que se vecina, reconoce que

visiona mundos planos dirigidos por gobiernos supercontrolado- res, todo es artificial y en muchos casos más allá del círculo de seguridad de los privilegiados, coexisten submundos en los que los seres humanos viven como las ratas en un medio ambiente de supervivencia y escasez, de violencia y regresión, mundos en definitiva en los que no tiene presencia el sentimiento de her- mandad espiritual y emoción creadora.

Reconozcamos que toda una corriente de pensamiento se ha ocupado de bombardear a la inocente sociedad de consumidores de películas, cómics, novelas y carteles, un sin número de men- sajes oscuros y deprimentes acerca del futuro que se avecina, mensajes que nos han programado en la autodestrucción de lo más bello que tiene el ser humano en su interior, la semilla de la autoconciencia y el reconocimiento creativo del amor que somos en esencia.

Si somos sinceros nos percataremos de que los incendios fo- restales, el calentamiento progresivo de la atmósfera, la ame- naza nuclear, los residuos tóxicos, la desertización, y el clima emocional de materialismo y supervivencia así como cuestiona- mientos ambiguos sobre el genoma no hacen más que confirmar que estamos programados para que sigamos con esta ciega lo- cura que nos conduce también a la sequedad del alma humana y sobre todo a la confirmación de esos arquetipos heredados sobre un mundo futuro sin remedio.

Crearemos lo que en realidad creamos

Las condiciones de vida de nuestro planeta dependerán de nuestras íntimas creencias, cada cual vivirá lo que en realidad cree que va a suceder, estamos construyendo el futuro con pen- samientos del presente. Y tal ley clama a ponernos en marcha para generar nuevos arquetipos de la futura raza humana po- seedores de mayor belleza y lucidez. Se trata de generar pen- samientos acerca del futuro de mayor autenticidad y esperanza,

imágenes nuevas de este planeta que proyecten nuestra con- fianza en la semilla espiritual de la Humanidad. Hay que em- pezar por dentro de uno mismo confiando en que el progresivo despertar de la conciencia que está sucediendo en un mayor número de individuos modificará cada pequeño entorno para, finalmente, llegar a la masa crítica requerida para el correspon- diente colapso cuántico positivo.

Allí donde la raza humana enfoque su pensamiento, allí inexo- rablemente nos dirigiremos, se trata de una realidad de la crea- ción mental ya suficientemente probada por la ciencia y cuya comprensión moviliza a esa masa crítica de despiertos y semi- despiertos a trabajar incansablemente en el desarrollo y la ex- pansión de la consciencia de los seres humanos.

Hace ya tiempo que con ayuda del paradigma cuántico hemos relativizado la llamada realidad. Sabemos que las imágenes que percibe nuestro cerebro del exterior son conformadas por las frecuencias que nuestro tálamo cerebral recibe del afuera. El escenario exterior se conforma dentro y el propio observador pinta más de lo que parece en el devenir de la propia experien- cia. Vivimos una época en la que una tremenda subjetividad está servida. La pura objetividad parece ya pertenecer al reino de lo supramental, una dimensión tan solo explorada por cartógrafos de la conciencia precedentes como lo pudieron ser los grandes sabios y muchos lúcidos anónimos cuyo mensaje reconoce, una y otra vez, la Unidad en la multiplicidad y nos recuerda reitera- damente que en esencia somos océano de infinitud y conscien- cia.

Pero mientras llegamos a encarnar nuestras más íntimas uto- pías conviene que preparemos el siguiente paso que se nos ave- cina, un paso en el que podemos tomar un papel más activo. Nuestra forma de comenzar a cambiar el mundo puede tener como requisito nuestro cambio en la forma de mirarlo, será en- tonces cuando el mundo cambiará.

Por todo ello, pongamos el acento en la consciencia, es decir en el “darse cuenta” mas allá de si somos “buenos o malos”, tratemos de ser conscientes frente a inconscientes. Y desde esta progresiva autoobservación pongamos nuestro acento en man- tenernos atentos a las pequeñas cosas.

Atentos a la imaginación, atentos a las palabras, atentos a

atención, atención,

los pensamientos, atentos a las acciones estamos creando

Podemos cambiar

Nuestro cerebro está siendo cada día mejor investigado, y como consecuencia del progresivo conocimiento de nuestra ma- quinita clave, se nos expone a través del resultado de recientes investigaciones neurológicas que a partir de cierta edad, lejos de perder neuronas como se nos decía anteriormente, podemos remodelar y recrear nuestra realidad bioeléctrica en virtud de un principio llamado neuroplasticidad cerebral, un principio que afirma la permeabilidad de nuestra masa cerebral que se ve re- modelada y afectada por toda nueva información y experiencia que vivamos por más ancianos que podamos ser.

¿Qué significa esta buena noticia que nos trae la ciencia? Significa que durante toda la vida somos “un proceso” dinámico en marcha y no una obra acabada. La existencia es un constante recrearse y, en consecuencia, somos un sostenido crecer y expandir. La bellota se

hace roble y éste se hace bosque y éste a su vez

pechados como el que hace la oruga al convertirse en una insólita

mariposa, algo que puede significa que puede dar sentido a nues- tras vidas. Podemos hacer una gran labor de apoyo a la evolución en nuestra propia mente y en consecuencia en el mundo. Atención a la buena noticia: Podemos crecer de por vida.

procesos insos-

Estamos vivos y somos cambiantes, no hay fracasos sino aprendizajes, el dolor y las crisis son materiales inestimables

de parto, la neutra observación de todo lo que sucede, incluidos nuestros pensamientos y sentimientos suponen el gran secreto del salto a una nueva Libertad. Veamos que la esperanza está servida.

La iluminación como salida

Cada día observo que las personas de cierto nivel sociocul- tural que antes pensaban que la felicidad estaría ahí fuera, en encontrar ese trabajo tan bueno o bien comprar esa bonita casa,

o encontrar esa pareja tan afín y amorosa, ahora se encuentran

afortunadamente desengañadas. Sus ilusorios sueños de conse- guir por fin eso material que los iba a hacer tan felices, estallaron una y otra vez como burbujas ilusorias que los ha remitido a otra

reflexión y sobre todo a otra diferente dirección de búsqueda.

Observo que una parte madura de la sociedad comienza a perseguir la felicidad en “aquello que un naufragio no les pueda arrebatar”, comienzan a buscar dentro de sí mismas, en valores del ser frente a los precedentes del tener. Y eso es una buena noticia, en realidad significa que los más desarrollados saben que ese estado estable y sosegado de íntima alegría primordial está dentro, y para ello trabajan a veces con maestros y otras de manera solitaria e intuitiva en el recorrido de avenidas fiables hacia el ser profundo desde donde sienten paz sin condiciones especiales.

La locura de una sociedad de consumo está empezando a tor- narse en cordura precisamente porque ya no se cree casi nadie que sus estados de ánimo van a durar, se sabe de la transitorie- dad de todos los fenómenos y del cambio sostenido a que está sujeta la vida en todas sus manifestaciones. La única manera de encontrar eso tan anhelado que participa de la supraestabilidad está dentro, y de la misma forma que cuando estamos en el mar

y nos amenaza una gran ola, procedemos a sumergimos por de-

bajo de la misma y escapamos a su perturbación, de la misma

forma en los niveles profundos de conciencia disfrutamos del so- siego y la imperturbabilidad de forma incondicionada y natural.

El sentido de la vida y un espacio inafectado

A base de realizar inmersiones comprendemos que la salida del laberinto está dentro, y entre otras cosas se reconoce por- que reconocemos que nuestra vida tiene sentido. Un día sen- timos que se nos ha conformado un gran propósito que marca objetivos y pequeñas metas a nuestra vida de cada día, ¿acaso nuestra particular misión? y eso afortunadamente lo intuye cada vez más gente. A partir de ahí a buscar, y ya sabemos que el que busca, encuentra.

Llega un día en que nos damos cuenta de que mientras man- tengamos este cuerpo físico, no podremos liberarnos del dolor y del placer, constatamos que no hay panaceas, ni pareja perfecta,

ni trabajo perfecto, ni salud garantizada

que en un nivel periférico de la existencia la dualidad está ser-

todo tiene dos caras. Sin embargo, junto a esta realidad

un día surge una buena noticia

existe dentro, muy dentro de nosotros, un espacio inafectado y absoluto, algo que no es permeable al vaivén de nuestras emo- ciones y que se eleva neutral e inamovible por entre los giros de la enloquecedora noria. Un espacio de bondad y amor infinitos que late dentro, muy dentro, tan dentro y próximo que llegamos a pronunciar que somos Eso.

de pronto brota la certeza que

nos damos cuenta de

vida

Un espacio íntimo arraigado como la roca, una identidad hon- da y ecuánime que se parece al amor incondicional a todo lo existente y que se nutre de compasión infinita por todos los seres vivos, algo que no es otra cosa que nuestra identidad más real. Desde ahí reconocemos la dualidad superficial en la que vive nuestro nivel mental y en cierto modo sonreímos ante lo que hay.

El día en que nos reconocemos así, hemos puesto un pié en la libertad.

El observador número 9

Una vez hechas estas reflexiones, te invito, lector no casual, a cruzar el umbral de la razón pura y entrar en el reino del

TODO ES POSIBLE

Un reino de intuiciones al que merece cada día despertar ya que está cargado de regalos para un ser humano sediento de aventura y amor con mayúsculas.

“Sed como niños para entrar en el reino de los cielos”, dijo el Lúcido. Pues bien, el relato que te dispones a recorrer es una aventura creativa que tu niño interior merece vivenciar. Su re- corrido dejará claves de apertura que se manifestarán en años venideros. Recuerda que es un relato para intuitivos.

Buen viaje al rebosante mundo de la posibilidad, amigo y ami- ga desconocidos.

josé maría doria

APUNTES DEJADOS POR EL OBSERVADOR NUMERO 9

ANTES DE ENTRAR EN EL PRALAYA CÓSMICO

S oy un Observador Número 9. Cumplo mi cometido terrestre ejerciendo el noble oficio de comprender. He sido contratado

por la Jerarquía de este sistema solar para trabajar en los deli-

cados momentos que corren, en el mismísimo seno de la cuarta mutación de la especie humana, tal y como lo vengo haciendo desde hace casi 99.000 eones.

Desempeño mi labor en equipo, equipo que me ocupo de ele- gir cuidadosamente antes de cerrar el Acuerdo. Me encuentro en la última etapa de mi intervención y estoy sucumbiendo a la tentación de contar algunos pormenores de esta operación de rastreo sagrado en la que me encuentro comprometido.

Como he indicado, mi misión fundamental en este peculiar proceso de aceleración evolutiva de la raza humana, consiste básicamente en “comprender”, pero entiendo que deberé expli- carme: Cuando un Observador Número 9 “comprende” simple- mente aquello que sucede, cuando logra captar la ley que mueve los conjuntos y supraconjuntos de las llamadas problemáticas planetarias, comienza automáticamente a desencadenarse un proceso acelerado de coagulaciones y disoluciones sucesivas de las mismas, de resultados profundamente aceleradores. Digamos que mi alquimia personal, altamente profesionalizada, sirve a los intereses de los habitantes de la Tierra ya que suceda lo que suceda, si un servidor en su calidad de Observador Número 9, acaba comprendiendo el nudo central de las mencionadas co- rrientes de energía, todo el devenir colectivo entra en cauces armónicos de solución y renovación a velocidades lumínicas que casi puedo hablar de simultáneas.

No se crean que me limito a un entendimiento mental de lo

que ocurre. No. No soy un psiquiatra de planetas en crisis. El proceso de mi trabajo es mucho más elaborado, trascendente y completo. Al fin y al cabo mis precios están un 33% por encima

de la tasa media de los observadores de las Nubes de Oort, y

hoy por hoy, puedo permitirme el lujo de elegir mis clientes.

Añadiré que el proceso de comprensión con el que opero, per-

tenece al secreto de La Saga de los Lúcidos, cuya fórmula que

no cesamos de entrenar, repetir y actualizar, ha sido transmitida

y conservada durante miles de ciclos cósmicos por cada gene-

ración de rastreadores con el número nueve. Yo soy el último

de los rastreadores de una saga con historia, un mercenario de

la comprensión, un alquimista anónimo contratado por planetas

sagrados que aspiran al recuerdo.

No debo omitir respecto de mi historia personal, que aquella noche durante la iniciación transmisora de átomos infinitos, mi

Padrino, desde el Cabildo Supremo me lo dijo bien claro. Me dijo

allí supe que nuestra saga, tras

algo que yo ya sospechaba

mi última intervención, debía entrar en un nuevo Pralaya y, en

consecuencia teníamos que someternos a un nuevo proceso de hibernación en sueño consciente que terminaría en los comien-

zos del nuevo milenio de la Tierra.

Sabíamos que los Señores de los Ciclos eran implacables y

nuestra estirpe, aunque morfogenéticamente luminosa, no po- día permitirse el lujo de una inevitable decadencia. En virtud de

tal Ley, tras hacer la fase comprometida de mi trabajo, y tal y

como explicaré en estos apuntes, procederé a un retiro volunta-

rio a las nubes asfálticas de Matrix mientras la radiante y bella

Super-Nova crece y se desarrolla. Con este sacrooficiante exilio

a las superficies, nuestro conocimiento trasciende a una excelsa

fase de desintegración transdimensional, para volver a despertar

cuando el oculto Sol Central dé otra vuelta. Cuando llegue tal momento, un servidor sabe que trabajará en las frecuencias del desierto acompañando a los ciegos materialistas de la gran urbe,

abriendo crisálidas y aliviando la carga de los semiconscientes. Tras esta fase oscura, pero cargada de madurez humana, llega- rá el nuevo milenio terrestre y al poco, finalizará mi proceso de integración, trascendiendo al nivel supraconsciente, nivel en el que mi poder de servir, abriendo conciencias y enseñando claves para el logro de una mente feliz, alcanzará un nivel de eficacia inusitado y de veloz progresión geométrica.

Debo también añadir que nuestra honrada y singular profe- sión incluye servicios de ginecología y matronazgo de las jóve- nes conciencias (en este caso terrestres) que fecundadas por los artistas iniciados y diversos inspiradores de la Historia Oculta del planeta, han finalizado el proceso de incubación y claman por manifestarse.

Alguien se preguntará: ¿Qué tiene que ver un contrato de comprensión, firmado entre la Jerarquía Espiritual Planetaria y un servidor, con los servicios de ginecología suprema?

Pues bien. Indicaré que el trabajo de un Observador Número 9 consta de tres fases sucesivas. Primeramente conoce, luego vivencia y, por último, integra. Pero téngase en cuenta que esta triple faceta debe desarrollarse en las doce vías o sectores mun- diales de expresión social y humanista del planeta. Este hecho final de comprensión (de trascendencia electroplasmática) de la ley, así como de significado e intención de las hebras de la vida terrestre, produce tales remolinos de maduración y tales ajustes en el enredo planetario del momento, que simultáneamente los terrícolas listos para ello, nacen a concienciaciones nuevas, sim- plificadas y más baratas en cuanto a consumo de energía.

De esta forma, preparo el camino para la llegada de un grupo cuántico conocido bajo el nombre de Los Señores del Cristal que, finalmente, son los auténticos inspiradores del Plan. Como ginecólogo graduado, debo atender los primeros pasos de al- gunos de sus partos, susurrar delicadamente la dirección fun- damental e inspirar la frecuencia, que es automáticamente “re-

cordada y gravitada” por el joven sol interior. Los servicios de matronazgo quedan como responsabilidad de mis colaboradores

a los que visito cuando el silbido índigo de mi entrecejo entra en las frecuencias del infrarrojo.

Que no crea nadie que el sólo hecho de mi comprensión (“com- prensión” de un Observador Número 9) es el único requisito para el alumbramiento en cadena. No. Formo parte de un Plan en el que juegan otros factores absolutamente claves para cumpli- mentar la voluntad de una Conciencia Mayor. En realidad, en estos tiempos, hay mucha gente de este universo pululando por la Tierra. Todos permanecen alerta en medio de la perturbación colectiva del presente Kali Yuga planetario, sabiéndose involu- crados y comprometidos en el despertar planetario, aunque sea en minúsculas pero precisas intervenciones.

A modo de adelanto diré que ya están empezando a actuar los ciento cuarenta y cuatro Cristales Sagrados en doce equipos in- creíblemente radioactivos. También estoy atento al vuelo profun- do de HAM HAR YAL, Cristal número 99, un poderoso despierto, caído en amnesia temporal y voluntaria por sacro-oficio gozoso.

Como vengo indicando, estos 144 equipos son absolutamente intocables para viajeros espaciales no contratados, ya que de- penden de un órgano multidimensional con el que tengo esporá- dico y respetuoso contacto, un órgano muy oculto e inaccesible que inspira a los Atentos y que es conocido bajo el nombre de:

La Cofradía del Silencio.

Por lo tanto, el hecho electroplasmático de mi comprensión integradora acerca de lo que está pasando, es uno de los requi-

sitos que requiere el Plan. La Jerarquía sabe que tiene que haber alguien sin escrúpulos que teja la malla entre el campo psíquico

y el causal.

Pero además quiero compartir algo que he adquirido por me- diación del comandante de los Canes de Sirio, que -camufla-

do- en la entidad de “perrillo callejero”, se cruzó en mi camino cuando estaba realizando una delicada misión con mis aliados

Una vez que le liberé de la cadena que pendía

de su cuello, me miró y sembró las claves de una opción sabá- tica al curso de Rey y Mago que impartía el Ashram del Maestro Asbartax. En aquel momento, y de forma precipitada, tan sólo acepté firmando un formulario flotante, típico de cuarta dimen- sión. Nueve años más tarde, lo cuajé en tercera. Fue el día en que

más íntimos

trataba de sintonizar con las computadoras de Urano, mientras me encontraba en la cripta de un monasterio original que hacía las veces de terminal, desde hacía más o menos 22 ciclos.

Esta potencialidad concedida por Asbartax, de hacer que ocu- rra todo aquello que necesitan los seres que “deben” cruzar mi camino, el camino de un Observador Número 9, divierte y en- tretiene mi duro y divertido oficio de rastreador y espía sagrado. Digamos que me resulta interesante porque me debo desenvol- ver en los planos en donde trabajan los Señores de los Límites con lo que exploro el interior de muchos huevos kármicos, en los que no estoy contratado.

No se crean que me nueve un sentimiento de piedad ante las dificultades que creen atravesar las mentes microidentificadas de los terrestres. No, en realidad me conmueve una misteriosa hélice creadora de realización, en cierto modo, soy un artesa- no dinamizador del destino, ya que la parte creativa de ver- dad la pone el sujeto individualizado a beneficiar que es el que sabe realmente las líneas maestras de su programa esencial. Yo, en cierto modo, ya suelo estar lejos cuando se le empiezan a activar sus voliciones más evolutivas. Téngase en cuanta que pongo sólo mi voluntad en apoyar los proyectos que detecto como de índole estrictamente “vocacional”. Para lo cual suelo en- frentarlo delicadamente a sí mismo hasta conseguir que, entre sus sombrías corazas y resistencias, pronuncie su hasta ahora inconsciente Voluntad. Allí aporto la energía cualificada de un Observador Número 9.

Al poder enlazar la actividad arquetípica tanto de Rey como de Mago con las potencias de mi rango de rastreador sagrado, así como la de Ginecólogo del tercer Quasar, no me limito tan sólo a ser un mero conseguidor, sino también un fabricante de “cañas de pescar”, ya que los miembros de mi saga cuando ejercen su noble oficio, no sólo proveen de la energía requerida, sino tam- bién de una precisa metodología, cuidadosamente “besada” en el aura del beneficiado.

Otro matiz de mi misión es que trabajo solo, no tengo jefes, soy el último de los rastreadores profesionales del conjunto multigalác- tico de Oort. Ejerzo mi labor de dentro afuera. Mi comandancia su- prema está en la corona que, en mi caso se expresa en la garganta pronuncial, aunque reconozco que se encuentra en permanente contacto telecrónico con ese misterio que enlaza en forma de tren- za dorada, al corazón pensante y a la mente sintiente.

Colabora conmigo un amplio equipo de aliados, que después de tantas campañas son amigas y amigos de abrazar. Llega tan lejos nuestra conexión que, a veces, adopta la forma de caduceo danzante a la manera de las serpientes del soma solar. En oca- siones, galopamos los dragones desde el sacro hasta la corona, aunque a veces nos gusta entretenernos en el corazón y desde allí, zambullirnos al plexo solar. Hay momentos en que lavamos nuestras nucas con la risa o, simplemente, nos cambiamos in- formación muy seria mientras nos decimos tonterías sin apa- rente importancia. En cierto modo, manejamos bastante bien el equipo de alta camaleonización que nos regalaron los payasos y sopladores del cristal del Centro Helénico.

Me siento orgulloso de mi equipo. Entiendo que no es éste el momento de moderar un testimonio de elogio acerca de sus va- lías. Han sido muchos años los empleados en sintonizar a cada uno de ellos. En la práctica, siempre nos encontramos en el la- berinto planetario del astro en el que trabajamos y, enseguida, procedemos a intercambiar los códigos de reconocimiento de nuestra identidad de cuarta dimensión. Aclararé que conviene

realizar este ritual de reconocimiento, ya que cuando comenza- mos el trabajo en el astro en cuestión, no conocemos el aspecto del cuerpo que estamos usando. De esta forma, vamos recor- dando por vía intuitiva el plan que sembramos antes de “caer” al trabajo de tercera dimensión.

En el equipo hay para todos los gustos. En este caso terres- tre, la nómina es especialmente abultada ya que se sabe por rumorismos etéricos, que trabajamos en una operación-milenio de gran envergadura. Se han detectado medidas de seguridad inusuales y es por todos conocido que debe haber comprometido algún organismo de los innombrables.

De todas formas, el minucioso contrato firmado entre un ser- vidor y la Jerarquía, también llamada Comunidad Ética del Sistema Galáctico, se está cumpliendo cláusula a cláusula, incluso en aquellos delicados momentos en que nos lanzaron niebla residual unos ajedrecistas de las Pléyades sin ni siquiera enterarse de sus terribles efectos etéricos.

Respecto a las sinergias del equipo, puedo decir que a nivel terrestre, en cada cambio de signo solar y en cada luna llena, realizamos una pequeña revisión de los objetivos alcanzados y las metas a culminar. Este tipo de contacto, en mi caso lo hago sin desplazarme, utilizando el cristal de cuarzo y el fósil radioac- tivo de caracol debidamente conjuntados. Una vez al año, realizo una exposición completa a la totalidad del Consejo y, en ocasio- nes, desplazo a uno o dos de mis colaboradores.

Para acabar esta presentación diré que para el cumplimiento de mi trabajo, tengo un nombre y un cuerpo terrestre. Entré a la edad de siete años biológicos en él, aprovechando una conjun- ción serpentaria que favorecía el cierre del acuerdo con el joven vendedor que lo habitaba para su evolución.

Por aquel entonces yo solía deambular por los densos subur- bios del astral, pillando información por entre las salas de juego

que se decía eran regentadas por la raza neptuniana de ranas

gigantes, una raza perteneciente a una antigua constelación de príncipes guerreros. Y sucedió que de pronto, sentí el efluvio de una mariposa delegada que yo previamente había enviado con el

fin de localizarme un cuerpo terrestre. Agudicé las caracolas

en efecto, un niño de siete años, había sentido el aleteo etérico

y estaba respondiendo que le interesaba pactar.

y

Mi mariposa dotada de plenos poderes de decisión, hizo una mi-

nuciosa comprobación del modelo físico, llegando a la conclusión de que nos convenía. Tras un tira y afloja le hicimos la oferta que nunca suele fallar cuando tratamos con niños. Le propusimos ocupar la plaza de -jefe de grupo de voladores de unicornios- en los anillos de Urano. El chaval se fue en un fotón de segunda mano que le conse- guí, gracias a mis contactos en los barrios bajos del astral.

Hasta ahora no puedo quejarme del modelo corpóreo que adquirí, ya que tal y como me prometió su joven usuario anterior (hoy jinete consumado en los anillos de Urano), sería un auténtico todo terreno, pudiendo incluso alcanzar altísimas vibraciones metapsíquicas en los lugares telúricamente sensibilizados.

El cuerpo en cuestión, dotado de reflejos eléctricos de alto

voltaje, había sido diseñado por dos progenitores con solera ge- nética, habiendo resistido los impactos generacionales de Plutón,

sin recargar centros ganglionares, ni descargar la tensión del camino. Sin embargo al finalizar los viajes, en donde le exijo aporte de energía de un segundo nivel, lo traigo a ajustar a la Casa Rosa de las Palmeras (una de las moradas jerárquicas más cercanas a mi corazón), allí permanece conectado con todos los controles sutiles, y él sólo se vuelve a alinear.

Durante ese período le doy satisfacciones y descanso, para luego volver a recorrer los desiertos del asfalto y del romero. Hay ocasiones que durante el trabajo le caen rosas, higos y gra- nadas, que no dudo en testificar.

Su motor es de rápida respuesta a la voluntad, ya que está formado por una dinamo emocional, que trabaja con energías impulsoras. Se fabricaron muy pocos modelos de esta serie ADN- 55555-, considerada de carácter deportivo. Tengo que reconocer que su cualidad más destacada es el reprís, un reprís que agra- dezco en momentos de adelantamiento, así como para sacarme con rapidez de las zonas de opacidad.

Respecto a la mente-conductual del vehículo, tengo que afir- mar que es rápido de reflejos y salvo atascos eidéticos y senti- mentales, cumple el mapa rúnico que le programé en el retiro del Acantilado Iniciático Aztlante. En general, es la parte que me impone más carga de energía atención, ya que ha sub-liminiza- do los destellos de la agónica cultura de su tiempo terrestre, por lo que lógicamente se atasca en ocasiones, y se le ioniza el at- man de diamante que como saben los sanadores del azul, dicho fallo no deja pasar mi luz. En esos instantes lo llevo al Jardín de las Flores Transparentes y ellas se ocupan de barrer las cargas adheridas, manejando hábilmente su sanador aroma de amor- silencio.

Cada diez años le hago una revisión general y le adapto nue- vos sensores al sistema de memoria instantánea. Podría decirse que es cuando lo reciclo, vaciándolo de analfas mentales inúti- les y pasadas de moda. Ahora lo tengo listo para recorrer la tercera y última fase del contrato. Por ser la más importante le estoy concediendo algunas audiencias extraordinarias con mis emanaciones totalizadoras. En cierto modo estoy empezando a concienciarle de lo que es en realidad: un universo en expansión con siete mil billones de células autoconscientes.

Pues bien, una vez presentados algunos pormenores de mi trabajo, y las características técnicas de mi cuerpo terrestre, dedicaré algunos megacarpines de energía a realizar una sínte- sis pulsante que enviaré por triplicado a los Himalayas y a los Andes. Pero atención, voy a realizar unos extractos de la misma en esta copia escrita que ahora tú, lector no casual, sintonizas,

y las lanzaré a modo de bolera al estilo marciano. Debo advertir al lector que su vibración mántrica encierra claves psicotrónicas ocultas entre palabras sinuosas y párrafos sin aparente sentido que abren runas profundas en los tres átomos infinitos del cuar- to cuerpo sutil. Atención, allí donde llegue, a cualquier lector no casual, le aviso desde este momento, que le derribará sutilmen- te los bloqueos que hoy mantienen encerrada a la Señora de la Creatividad. Hace ya tiempo que asumí esa responsabilidad dinamizadora.

Esta afición secreta de lanzar -copias escritas de poder-, afi- ción conocida bajo el nombre de “bolea y libera”, viene inspirada por mis iniciadores, pudiendo afirmar con admiración, que eran considerados como maestros en el -Arte de la Liberación-. Se dice de una tirada que realizó uno de ellos, Dolulus Oukóon, acerca de un enamorado silencioso, comandante de la flota in- tergaláctica de Sagitario, y que lanzó a modo de estrella guerrera hacia la franja terrestre de India, Canarias, Caribe, California produjo en doce años la ruptura de miles de crisálidas. Por lo tanto no quiero dejar de rendir homenaje al juego del Hierofante “Jonuel”, jugador sabio, inofensivo y terrible. Sus manantiales personales saben y cantan a las ondinas del lugar, que su juego es reflejo del Gran Juego.

CRÓNICA DE LA HUMANIDAD EN ASCENSO DEL PLANETA AZUL

C omo Observador Número 9, en plena operación de rastreo sagrado y alojado temporalmente en el núcleo del cuerpo

planetario Tierra (cuerpo que utiliza para su evolución la insigne entidad-conciencia, nombrada como Sanat Kumara), comenza- ré, hecha ya mi presentación, a subrayar algunos aspectos que cualifican el carácter y las tendencias de su peculiar “Humanidad en ascenso” (analógicas neuronas en proceso de autoconscien-

cia que pululan por la superficie planetaria)

Desvelaré asimismo algunos pormenores de los Señores del Cristal, observadores de las claves de la esfinge de Gizeth, que mezclados secretamente entre los durmientes terrestres, traba- jan en el salto colectivo que el Anima Mundi, inevitablemente prepara

Puedo decir también, que el pequeño planeta azul, tercero de un sol de mediana edad, situado en las afueras de una mo- desta galaxia denominada Vía Láctea, perteneciente al conjunto multigaláctico de Oort, enclavado en el pluriverso número 7, está atravesando tiempos de intenso tornado energético, y es, en estos instantes, y aún a pesar de su pequeño tamaño físico, protagonista de un insólito y extraordinario acontecimiento evo- lutivo de alcance metacósmico.

No escapa a este evento metamórfico, la llegada de observa- dores ojales de mundos lejanos que se encuentran alojados en planos de resonancia con el “gran suceso planetario”. Algunas, ¿cómo expresarlo sin desorientar?, las nombraré como -ardillas metaconscientes-, aladas y radioactivas, venidas directamen- te de la franja de Acuario, comentan que jamás había sido tan intensa la circulación de entes por entre las mallas de ener- gía-atención a veces llamada -noosfera planetaria-. Todos ellos saben algo que los regocija. Todos ellos saben que son observa- dos por grandes Presencias espaciales desde el mismo seno del Consejo del Silencio, que en realidad, es el artífice oculto de lo que está sucediendo. Es de dominio público que los miembros de este singular consejo, severos Cofrades de la Esfera Ígnea, que es así como también popularmente se les llama, están dina- mizando una profunda inspiración al proceso de maduración del planeta azul, un planeta amnésico aspirante al recuerdo de su verdadera identidad suprema.

De todas formas deberé enfocar mi atención sobre las mismas raíces del evento evolutivo, y relatar con el rigor que caracteriza a un

(entraré en el Gran Silencio para relatar)

Observador Número 9

todo comenzó cuando Aquél, tan sólo nombrable como Cristal Cósmico, tras un largo e incontable período de implosión meditativa, estalló en 144 -destellos de cualidad- que irradiaron a los 144 planetas sagrados de las doce veces doce cámaras del Oculto Fohat (entre ellos se encuentra la esfera Tierra).

Se sabía que cada uno de los 144 destello-emanación prove- nientes del Cristal Central tomaría la forma de un cometa-zoide, que cargado de información evolutiva de alto secreto (téngase en cuenta que un simple quanta de información impactado di- rectamente del Cristal Central puede producir cadenas de terre- motos en tierras insuficientemente vibradas) surcaría en viaje misional los espacios indemarcables de séptima dimensión, y al pasar por el aura de cada planeta “llamado”, realizaría una íntima conexión desoxiribonucleica en 144 fetos elegidos de en-

tre las almas humanas más evolucionadas y conscientes que se hallasen recorriendo el sendero de la Tierra (sendero, conocido en ciertos círculos, como Escuela del esforzado Sendero de la Dualidad).

Los pequeños mutantes así “conectados”, desarrollarían un equipaje psicosomático adecuado para expresar la vida des- de una nueva frecuencia vibratoria, una vida de voltaje entre opuestos más elevada, que a su vez incrementaría la frecuencia a un punto de la identidad Real, más sublime y sutil que la del arquetipo planetario hasta entonces encarnado.

Las viejas profecías emitidas por las gargantas pronuncia- les más vacuas, selladas en los planos akhásicos, ya decían por aquél entonces que:

la era zodiacal de Piscis y en orientación axial

hacia Acuario, brotará a través del Cristal Planetario (formado

por los 144 destellos contactados) una nueva luz de dentro afuera, un nuevo modelo de vivir el presente, un sentimiento permanente de unidad, una expresión profunda y universalista ”

del amor

finalizando “

En definitiva, aunque tan sólo eran 144 planetas de entre los millones de astros, se estaría asistiendo a una gran apertura hacia la totalidad.

Entre todo este contexto Kali Yuga de saturación y salto, la Entidad-conciencia del planeta azul, nombrada como Sanat Kumara, inspiraba a través de sus poderosas meditaciones di- námicas, las semillas del nuevo amanecer que fecundando las mentes y corazones de los sobrios, abrían un nuevo camino ha- cia lo que en el inmediato futuro algunos la denominarían como “conciencia holística”.

En los tiempos de fin de Milenio en la vida de la Tierra, la ex- presión de los valores evolutivos de perfección, se encontraba en

plena amnesia de lo Real, quizá en su punto más denso y opa- co. Como consecuencia, entre sus neuronas humanas reinaba el imperio de lo aparente y se estimulaba el egoísmo de super- vivientes egocentrados en su “persona-máscara” y la ciega se- paratividad entre los aspectos sociales, raciales y culturales del planeta. Se vivía un ciclo de tensión entre los diferentes órganos del cuerpo terrestre, y en general, la humanidad, como en toda víspera de luz, atravesada por un estado de contradicción, des- centramiento y osada superficialidad que iba produciendo en los éteres una onda de invocación silenciosa de dolor y Ausencia.

A nivel espacial podría decirse que el Planeta Azul emanaba un sonido invocador que resonando en los éteres, iba a gene- rar fuerzas intrapsíquicas altamente capaces de transmutar los sistemas bélicos y destructores de la naturaleza, y proporcionar cooperación, hermandad y servicio, entre las diferentes razas y civilizaciones. Estaba claro que había necesidad de expresar algo que proyectase al planeta hacía una realidad más allá del miope materialismo reduccionista imperante, hacía un estado que sin conocerse aún, era tan sólo presentido por los puros. En reali- dad, se trataba solamente de madurar

En este contexto, la esfera planetaria sufría una desalineación vertical entre sus tres centros, llamados tres mundos, que com- ponían el gran loto a través del cual se expresaba la entidad que utilizaba la esfera terrestre para su evolución. La diferencia entre cada centro radicaba en el tipo de energía con que operaba cada parte de esta trinidad. Podría afirmarse que el planeta se encon- traba también dividido en el plano horizontal, ya que diferencia- ba una tensión entre el llamado Oriente y Occidente, relacionada con el acento activo-temporal-externo o pasivo-espacial-interno con que manejaba prioritariamente cada hemisferio la energía vital. En definitiva se asistía a una desintegración de la unidad Real, en donde las partes no se reconocían como componentes solidarios de un todo, y habiendo olvidado que también eran to- talidad, competían peligrosa y estúpidamente entre sí.

La cruz planetaria formada por el Norte y el Sur, el Este y el Oeste, buscaba su referencia perdida, su centro integrador. Una vez más se debía cumplir la ley cósmica del eterno retorno al origen. Lo múltiple iba a devenir Uno, pero en este caso enri- quecido por la conciencia de su propia y previa desintegración quántica.

A continuación describiré a los tres grupos que componían

la llamada -Humanidad en ascenso- de la vertical planetaria en aquellos tiempos en los que se llamaba con intensidad a la puer- ta de la Cuarta Mutación:

El primer grupo lo formaban las jóvenes aspirantes a la auto-

conciencia, que al ascender por la escalera evolutiva estaban in- corporando prioritariamente las experiencias básicas del cuerpo terrestre, para lo cual vivían y se desenvolvían en el ámbito del instinto de adquisición, absorción y supervivencia elemental

al igual que las raíces de un árbol o los labios de un bebé, tenían

la misión de chupar de todo de una manera superviviente, ya

que al no poder visualizar, ni vivenciar una realidad más amplia,

lo que en realidad “eran”, se realizaban como principal estímulo

vital en la obtención de energía de poder territorial, establecien-

do dominio sobre otros hombres y mujeres que afirmasen su posición y reciente individualidad. Este grupo, a la manera de los cercanos estados de colonias animales, crecía y se reproducía en bandas de expresión primarias.

Podría decirse que se movían dentro de las esferas básicas de placer-dolor, pensando que la felicidad consistía en “placer repe- tido”, por lo que lógicamente no cesaban de buscar compensa- ciones externas al ingenioso oficio de “ganarse la vida”, tratando de someter a otros congéneres menos competitivos y agresivos. Su energía estaba autocentrada en los centros sexual y emo- cional que a la manera de motor estimulaban el abanico de sus acciones y metas. Sus necesidades fundamentales apuntaban

a la consecución de un estómago satisfecho y unas relaciones sexuales primarias y descargadoras.

En cierto sentido este primer grupo poseía resonancias eléc- tricas con el toro de la milenaria Esfinge y generaba las emana- ciones pasionales naturales de su grado. Emanaciones que se extendían desde la desconfianza, la mentira y la trampa inge- niosa, hasta el primitivo amor-propio, consecuencia del orgullo, arrogancia y autoimagen personal que necesitaba ese grado de desarrollo. Todos estos efluvios instintivos tenían su sentido evo- lutivo, ya que activaban los mecanismos correspondientes para que ciertas glándulas y centros neurofisiológicos sutiles, genera- sen las energías y efluvios que precisaban para abrir conciencia y sutilizar el conjunto orgánico. De esa manera adquirían las ex- periencias inherentes a la evolución de ese estadio que se puede denominar: Arcaico

Existía un segundo grupo de aspirantes en ascenso, formado principalmente por aquellas entidades que autocentradas en las áreas afectivo-emocionales, vivían por y para el mundo del sen- timiento en su aspecto más básico, dependiente y vinculador. Relacionados intensamente con lugares, objetos, familia, círculo social y relaciones profesionales. Incapaces de trascender los apegos espejistas y temporales, padecían una estrecha identifi- cación con las sensaciones oscilantes de seguridad-compañía e inseguridad-soledad.

Por otra parte y a consecuencia de que en este grupo la energía atención era fundamentalmente reclamada por los centros afec- tivos creyendo hacerlo en nombre el amor, resultaban víctimas del enamoramiento permanente de sus vínculos encadenadores, que tan sólo cambiaban de rostro y sabor cuando así lo exigía el centro motriz a saturar. De todas formas y de este modo, eran segregados los efluvios adrenales necesarios que incorporasen las experiencias a vivenciar en ese estadio. Sus vidas oscilaban entre la depresión y la compresión en íntima resonancia con sus procesos afectivos vitales.

Este segundo grupo estaba en camino de transmutar la emo- ción ilusoria del enamoramiento estomacal del plexo solar, en

amor universal e impersonal del centro cardíaco del hombre. Formaban el león de la simbólica esfinge y vivían fundamen- talmente enredados en la fenomenología del astral, habitando sobre todo en las zonas cálidas del planeta. Su estadio evolutivo oscilaba entre los planos Mágico y Mítico.

El tercer grupo de esta vertical era formado por aquellos que se encontraban autocentrados en el mundo mental. Su energía atención estaba localizada en el desarrollo de lo deductivo y lo llamado científico. Vivían en la jaula de lo demostrable y com- probable por los sentidos físicos, desenvolviéndose en un mundo en donde lo externo, tangible y visible, suponía la única realidad seriamente a considerar.

Este grupo de terrestres se encontraba en la prisión ilusoria del tiempo, planificando, determinando y tratando de conducir el devenir. En general eran aficionados a usar la palabra su- perstición cuando alguna experiencia transracional afectaba las áreas de su entorno existencial. Casi siempre se encontraban preocupados por su bienestar material, por lo que tendían a ba- sar sus relaciones tanto afectivas como sociales en su dimensión más pragmática y funcional. Sentían verdadera admiración por la “cultura del progreso” de su tiempo, considerando al hombre como centro protagonista del planeta y desdeñando los perjui- cios que su manejo utilitarista de la naturaleza estaba causando en la “vida” planetaria, ya que, de una forma u otra, todo acon- tecer podía ser explicado y justificado con palabras, estadísticas y teorías.

Este poderoso colectivo racionalista, de acento predominan- temente lógico, y fascinado por el apetito desordenado de infor- mación, estaba compuesto, en su mayoría, por habitantes de las zonas frías de la Tierra. Conformaban el águila de la inmutable esfinge, y su trabajo evolutivo se basaba en la transmutación del intelecto en intuición, y del conocimiento en sabiduría, de manera que la gran herramienta de la ciencia y la gimnasia de la matemática que un día contribuyó a sacarlos del astral, una

vez cumplida su misión de estimular la discriminación y la auto- observación, tendría que ser derretida y sutilizada en el centro cardíaco y en el centro coronario respectivamente. Este grupo se desenvolvía entre los niveles mítico y mental.

Más allá de lo estrictamente clasificable, existía un cuarto ni- vel, que de momento lo denominaré último. Dicho estado estaba formado por los discípulos centrados en el área de la conciencia. Ellos eran los encargados de construir un Puente al Universo, un cauce a la conciencia de la verdadera identidad esencial de todo hombre: -La que no ha nacido ni nunca morirá-. Un puente que sirviera de puerta para los otros tres. Su trabajo interno estaba dirigido a “darse cuenta”, darse cuenta incluso de que se esta- ban dando cuenta. Su misión era la de atestiguar todo lo que sucedía, observar ecuánimemente todo lo que aparece en sus estructuras vitales más sensibles y profundas, y en definitiva activar una neutra, objetiva y desapegada percatación.

Sabiendo que la vida tal y como la habían vivido en los tres niveles anteriores era algo parecido a un sueño, dedicaban toda la energía-atención a despertar del citado estado, para lo cual,

y a base de observar, se liberaban de la autoidentificación con

sus propios pensamientos, sabiendo que ellos mismos “no eran” el hervidero cambiante y contradictorio de sus ideas, emociones

e instintos, ni tan siguiera “eran” su propio cuerpo. Este grupo

de atentos e incipientes despiertos, manejando altos niveles de intuición sabían que el universo estaba en ellos y no ellos en el universo. Habían trasmutado el dolor en amor, el amor en con- ciencia, y el sentido del Yo en experiencia de Ser. No establecían clasificaciones de bueno malo, culpable inocente, mejor peor ya que eran conscientes de que nadie es cósmicamente culpa- ble, y que en realidad -Todo es causa de Todo-.

Representaban el ángel de la eterna esfinge y se desenvolvían

y trabajaban en las octavas del amor universal y la concien-

cia pura. Capaces de contemplar y respetar su triple naturale- za perecedera, sabían y sentían que eran océano de conciencia

multicentral e inamovible, que como Supremos Espectadores y Testigos desapasionados y apreferentes, eran y estaban más allá de todos los cambios, muertes y renacimientos de las “formas” de expresión.

Como entidades conocedoras de la misión de su naturaleza encarnada, “sucedía” que trabajaban en la integración cons- ciente de los tres grupos anteriores, y en general, tendían a un sereno interiorismo, viviendo en un aquí-ahora, entregados a una especie de presente continuo y fugitivo, que irradiaba en el entorno tanto una clara presencia de lucidez y esencialidad. En ocasiones y cuando así requería el crecimiento de las formas ha- cia su maduración, eran generadores indirectos de grandes per- turbaciones. Clasificar este grupo tan sólo puede hacerse a nivel puramente metafórico, porque lo Uno, lo absoluto, es inclasifica- ble, sin embargo y a efectos de crónica, diré que se desenvolvían en las bandas transpersonales de carácter -no dual-.

Los tres grupos eran en realidad lo que puede denominarse como Humanidad-Una. Un cuerpo que como el loto tiene sus raíces en el lodo, un tallo que oscila en las corrientes acuáticas, y una flor que abre ya en el aire sus pétalos a la luz del alba, mientras un cuarto estadio actúa como corriente inteligente de vida y belleza “observando” su crecimiento como jardineros de la luz con vocación partera.

EL NÚMERO 144

DE LOS PLANETAS SAGRADOS

H echos los anteriores comentarios sobre la Humanidad en as- censo, dedicaré algunas visualizaciones a modo de crónica,

que expresarán incidencias del inspirado diseño de los construc-

tores del Plan Mayor, tal y como viene siendo registrado en los anales de lo eterno.

Digamos que El Plan resonaba así por entre los océanos de eter:

La Cofradía del Silencio siguiendo las íntimas pautas de la conciencia Cristálica entró en profunda conciencia de vacío. Simultáneamente y en resonancias con el velo del Misterio, el círculo de cofrades, realizando el ritual primordial, procedió primeramente a integrarse en un sólo cuerpo-anillo grupal, al- canzando la sagrada cota de quietud y vacuidad que exigía el

al poco tiempo y desde ese interno matraz emer-

momento

gió la esfera de luz radial como presencia monádica del Cristal Cósmico. Y así, como tantas otras veces, (una emoción conocida late en mi garganta) comenzó a girar impregnante, desvelando su esencia y ofreciéndose al universo a través del grupo en amor

A lo largo de esta lúcida ensoñación todo lo que

consciente

allí, atanor de creadores, fuere emanándose y conformándose, sucedería en el mismo tiempo-espacio a lo largo de todos los planos y dimensiones. Podría afirmarse que la creación estaba siendo realizada en aquel mismísimo seno del círculo mágico, y todas las evoluciones y destinos de los mundos dependían de los efluvios sagrados de aquella conciencia grupal.

Las notas mántricas del Plan, cambiando súbitamente los rit- mos y danzándolos en eterno presente, decían así resonando entre imágenes creadoras:

“De aquel destello-cometa-zoide emanan doce naves nodriza que a modo de cromosomas cósmicos entran en sintonía con los doce aspectos de la vida planetaria del momento. De esas doce matrices cromosomáticas son proyectados consecutiva- mente doce discos ovoides tripulados, que actúan a modo de genes. Estos 144 ovoides cristálicos resuenan en el momento del nacimiento con 144 cuerpos eléctricos de hombre y mujer. El contacto se realiza por armonías auricas a través de cuarta dimensión, sobre la contraparte astral del ADN y ARN de los contactados, con implicaciones en el sistema nervioso y adrenal de los recién nacidos. A partir de ese momento, las vidas de los irradiados tienen un claro sabor a destino y cada futuro cristal humano queda conectado a modo de “presencia intuitiva”, con sus guías personales que focalizan, a través de sincronías varias, el esperado proceso de despertar”

El Plan cambiando nuevamente de tonalidad-tiempo prose- guía resonando así:

“Se sabe que los doce cromosomas nodriza observan los doce sectores planetarios, clasificados en siete radiaciones doradas por una lado, y cinco plateadas por otro. Las siete primeras son sintonizadas como rayos de expresión de un sol en el orden si- guiente: La voluntad política, la educación, la actividad interli- gante, la creación artística, la investigación científica, la aspira- ción sagrada, y la creación mágica”.

“Las cinco restantes derivadas del aspecto artístico, son sintonías duales, emanadas de las comunidades creativas de la literatura y la pintura, la música y la danza, el teatro y el cine, la escultura y la arquitectura, y por último el juego y el arte de influenciar en los siete niveles. En cada una de ellas y en cier- tas zonas geográficas, nacerán doce huevos auricos dobles, de

carácter masculino y femenino, que a lo largo de la maduración realizarán la excelsa labor de deshollinar las chimeneas vitales

de los cuerpos sutiles de sus entornos, y vertebrar una trenza

sagrada con las hebras del amor y la luz, sobre los fundamentos

sociales y humanistas del planeta”.

“Las vidas de estos hombres y mujeres serán de vocación predestinada hacia el despertar de las potencialidades más profun- das de Ser en su verdadera Identidad. Y puesto que el camino a recorrer va a resultar peculiar e intensamente contradictorio, reci- birán a nivel inconsciente, cargas extraordinarias de amor y humor bajo la acción sinérgica de todos los miembros restantes”.

Este grupo avatar afectará seriamente su entorno ejerciendo el noble oficio de “señalar” .

Se sabe que los delfines oraculares del metano ya se vienen refiriendo a ellos como Sembradores de amplitud que hacen crecer a las perlas”.

Se sabe también que en la primera etapa de anámnesis pla- netaria, actúan como aliados aunque todavía inconscientes. Más tarde, lo hacen como compañeros unidos, interactuando con ple-

na consciencia en el Plan de Síntesis entre los cuatro brazos

Sus acciones cargadas de presente

continuo, imbuidas del espíritu crístico y búdico que inspiró el Colegio Iniciático de conciencia acelerada, dejan una irresistible impronta en la humanidad de su tiempo y abren la puerta del umbral holístico e integrador a todos lo hombres. Un portal de síntesis y trascendencia de opuestos que encenderá las llamas del Testigo Interior.

de La Cruz Planetaria

Y para finalizar transcribiré las últimas notas heliocéntricas que

mi temporal derecho recibe desde el futuro, acerca del Plan:

“ El planeta 144 está listo para recibir la energía del cristal supremo, un cristal grupal formado por 144 voluntades de una

pureza hasta entonces desconocida. Todos ellos se disponen a abrir una puerta dimensional hacia el estado de absolutismo y totalidad. Todos ellos encuentran las claves para conectar con el -Campo Unificado- de la Humanidad-Una, y desde allí, abrir puertas, disolver fronteras, expandir conciencias y devolver la memoria de lo Real, al hombre que vivía hasta entonces, identi- ficado con su “persona”, como un sonámbulo en una colonia para amnésicos.”

Una pequeña reverberación quántica en forma de remolino

me indica que debo ya finalizar. Levanto mi energía-atención ha- cia los ecos akhásicos mientras observo complacido que la carga radial que portaba el cometa está ya sembrada en el corazón planetario. En estos momentos los cofrades del silencio están

focalizándolo con su voluntad creadora

aquí comienza la historia de Malkut, el planeta que arriesgó una

Puedo ya decir que

y mil veces todo lo que era y tenía por despertar a lo Real, por despertar a una conciencia sin fronteras.

¡Yo te saludo Malkut!, astro que en tu estallido de compren- sión y autoconciencia estás ocasionando la más extraordinaria reacción en cadena por entre la red de todos los pluriversos del macrocosmos. Por algo se rumorea que hasta las libélulas del uranio aletean mensajes que dicen:

Se está

acercando algo que expandirá las orillas ilusorias de la vida, MAS ALLA DEL GRAN SUEÑO”.

“¡Atención!

Va a nacer lo que siempre existió

UN RASTREO POR ENTRE LOS CRISTALES

E sta noche mientras sintonizaba biología musical atribuida a un visitante espacial que acostumbra a componer, disfrazado

bajo el nombre de Koyaniskatsky, se coló un fluido inteligente por una antigua grieta de mi bóveda personal. Debo confesar que me extrañó, ya que este tipo de mensajes-flujo no suelen traspasar los filtros del violeta que tengo instalados en la torre de mi sombrero átmico, pero como quiera que ya estaba en el interior de mi territorio aurico, me abrí y permití su instala- ción momentánea en la octavo chacra por encima de mi cabeza. Pronto comprendí que no era un fluido cualquiera, y menos el de un mutante superviviente tan frecuente en estos tiempos de metamorfosis general.

Pronto comprendí también, que por la calidad de sus ema- naciones informativas y la música repetitiva con que iba disol- viéndose, se trataba de la pantomima consciente de un mimo cercano a mi corazón; un mimo, por cierto, recién “reflejado” por uno de los cristales sagrados. Al parecer su programador le permitió elegir dirección después de asegurarse de que buscaría donde incubar por entre las octavas afines.

Tras sentir la temperatura y sutilidad de su mensaje y, sobre todo, comprobar que el argumento de su frágil estructura estaba directamente relacionado con el evento del milenio del que soy informador profesional, no he tenido más remedio que activar con urgencia una vieja lanza de luz, de origen templario, que rescaté de una catedral gótica a lo largo de un ensueño. Pues bien, he decido galoparla hacia el espacio tiempo en donde los 144 Señores contactados terrestres hacen su trabajo y canalizan las frecuencias de lo eterno.

Debo aclarar que cuando utilizo el sistema de “lanzamiento” para traslados urgentes, entro en conexión tan sólo con lo que me interesa del aspecto que busco. ¿Como decir? Es algo así como no participar del cotilleo cósmico, con su consiguiente ahorro de ener- gía. Un Observador Número 9, sabe que todo está como debe es- tar, y no “desea” nunca que las cosas sean diferentes de como son. Es por ello que no me mueve la curiosidad, ni siquiera un móvil de danza informática. La fuerza que me moviliza es la del cumpli- miento riguroso del Contrato de Trenza y Síntesis que firmé con amor y fuego, ante la cámara de los hierofantes de la Jerarquía.

Pues bien, he informado, como juré, de los contenidos recién

entregados por el fluido inteligente, pero también he transmitido

a los cofrades que hace 7 albas, mientras me encontraba ras-

treando a la humanidad con la visión enfocada en el trono del Ello, contemplé algo que me recuerda a las vetas de diamante en el interior de roca oscura. Sus destellos chispeaban tal como suelen exteriorizarse las venas del Totem en los días de tormen- ta mineral de Andrómeda.

Contemplé que por fin, el mágico virus de la transparencia

avanza. Su valor y cualidad numérica va contagiando sobre todo

a las nuevas generaciones de “Magos conscientes” que tras atra-

vesar la violenta catarsis de Plutón y morir como “ilusionistas- seductores”, esperan atentos su momento de influir el conjunto. Desde lo alto del azul he visto raíces de luz penetrar implacables hacia áreas insospechadas del opaco.

¿Qué significan estas imágenes?. Me acaba de preguntar un

ojo flotante y espía que aprovechando mi remolino de compren-

sión me rastreaba sin esfuerzo y con atrevimiento (por lo que

deduzco, es el clásico modelo usado por las compañías mineras de Algol).

Le contesto ¿por qué no? y le explico lo que está sucediendo

en la Tierra:

“Los 144 radios, siguiendo el plan Kabalístico de las sinergias han encontrado e impregnado ya a los 20.763 caballeros y prin- cesas del ámbar, y -le explico- que gracias a la versatilidad de

mi lanza templaria, he comprobado también como algunos de

estos hijos del ámbar, entre conversaciones triviales y cotidia-

nas, ejecutan ya deliciosas cesáreas auricas en sus congéneres, pronunciando algunas palabras de poder con insólitas formas de estrellas-bisturí”.

Con lo cual, -sigo explicándole- observo que los cristales ema- nadores están haciendo su trabajo. Compruebo como el éter volicionante de los cofrades del silencio ya está funcionando. Compruebo asimismo como muchos terrestres todavía no son conscientes de haber sintonizado durante el sueño nocturno de manera atrayente y transrracional con piedras, gemas y cristali- zaciones dimensionales que ofrecen una forma de transparencia fascinadora (todo ello en memoria de las tres sacerdotisas des- terradas voluntariamente en la Isla de Fuego y Miel, tras hacer amor en las 12 moradas que recorre el carbón para convertirse en diamante)

Observo asimismo y -de esta misma forma lo comunico- que esta especie de revolución vibratoria va dejando un huella inte- rior entre los inspirados, una especie de estigma entre las ce- jas que, aunque invisible para muchos, sin embargo para un rastreador profesional se delata ante ciertos destellos dorados al caer de la tarde. Si, observo que esta revolución sideral se extiende hacia todos los habitantes de la Tierra, de uno a uno y

sin retorno. Sonrío sin sarcasmo al observar que son muy pocos todavía, los hombres que saben que cuando haya 144 “grifos” en el planeta (rostro de ángel, cabeza de águila, corazón de león

y columnas de toro), que es lo mismo que decir que cuando los

que están despertando puedan ser nombrados como los 144 nú- cleos radioactivos de la corona de Oort, toda la especie humana va automáticamente a despertar, (gracias a la acción de rapidísi- mas holoecuaciones) del sueño diurno llamado vigilia, en el que deambula sonámbula, identificada y ciclotímica.

¿Sucumbiré a la tentación de explicarme?

Primero, y como ya he apuntado, sonará el despertador para los 20.763 reinos del ámbar, y luego harán -Clik- los 494 millo- nes de príncipes y princesas del cuarzo. Una vez llegado a este punto, es sabido que todo el cuerpo de la comunidad humana cuaja derrepente y sin retorno, a la manera del yogurt fresco que bien podría proceder de la ladera Este de la Vía Láctea.

Hay curiosos en el planeta Tierra que conocen los efectos que se derivan cuando un miembro de la raza alcanza un nuevo co- nocimiento e incorpora un más alto nivel de desarrollo. Saben que “eso” empieza a propagarse mediante el factor imitación subconsciente, hasta llegar a un número mágico y determinado

de usuarios del nuevo conocimiento. Es entonces cuando sucede

el evento clave y extraordinario (actualmente en la raza humana,

cuando se alcanzan doce docenas de miles) en que por un mis- terioso efecto de sinergia morfogenética, toda la especie, todo el “cuerpo global” incorpora espontáneamente, y de dentro afuera, este nuevo grado o nivel, sin que medie contacto de los sentidos físicos o comunicación consciente alguna. Puede afirmarse que cada individuo lo asimila y trasmite naturalmente como suyo.

Tras dedicar estas consideraciones al fluido inteligente que enviado como espía sagrado no duda en preguntar y preguntar, envío el correspondiente holograma telepático a las sedes andi- nas e himaláyicas de la Jerarquía. Bien saben los citados núcleos

administradores de la Jerarquía, que mientras ellos “concienti- zan” el Plan sobre los altos e inaccesibles valles entre montañas de eterna primavera, un servidor, el último observador de la Saga de los Lúcidos ha firmado un contrato por el que debe permanecer junto a parte de su equipo en los bajos suburbios de las megaciudades en plena transformación.

UN SERVICIO POR AQUELLO DE LAS ROSAS

P ero, ¿qué veo? Observo que recibo de vuelta un mensa- je alado de urgencia pidiéndome un servicio de peluquería

energética (alineación de psicobiogeneradores) para una de las constructoras del túnel dimensional del Millenium. Como quiera que todo lo relativo a este tema de la secreta perforación depen- de directamente de la colonia de gusanos intocables, más bien conocidos como los Señores de los Eternos Agujeros, tiene para mí prioridades excepcionales ya que La Saga de los Lúcidos de la que soy su último exponente, estableció con ellos pactos de colaboración irrevocables, en los días en que el Ello se mos- traba plano y bidimensional.

Al parecer, por la calidad del mensaje que recibo, deduzco que se trata de asistir a una escultora que trabaja la desintegración de partículas mentales densas, alojadas en las mentes de los ob- servadores no casuales de su obra. Según los informes llegados, la creadora en cuestión, ha sido contratada junto con un amplio grupo de los llamados artistas del Millenium para dar forma a obras, que en un segundo nivel de lectura, actúen a modo de cincel y vayan abriendo el gran túnel de conexión entre el tres y el siete. (téngase en cuenta que el trabajo de los Señores del Eterno Vacío se realiza en cuarta dimensión merodeado por entre las mallas neuronales)

Al parecer, este amplio equipo de perforadores independien- tes, artesanos del Cuarto Puente, están recibiendo formación acelerada en todos los ashramas del Gran Constructor, más co- nocido entre sus colaboradores como “Shazzam, el albañil de catedrales etéricas”. Aunque no puedo hablar mucho de él en es-

tos días de espionaje astral, tan sólo mencionaré que todo aquel ente en el pluriverso que esté dispuesto a construir un templo, a dar forma a un receptáculo del núcleo supremo, está, lo sepa o no, conectado con Shazzam y sus ashramas-escuela.

Añadiré que en dichos centros ashrámicos se dan cita los transmutadores de materia seleccionados entre millones de aspirantes. Allí durante el sueño nocturno son transportados y situados en círculos concéntricos, mientras les son impartidas enseñanzas escondidas y arcanas, tales como la utilización de ciertas proporciones universales, maneras diversas de utilizar pases magnéticos para controlar la termodinámica, aleaciones matrimoniales de ciertos materiales para la alquimia psíquica, mudras y movimientos del cuerpo en memoria de sagradas dan- zas que en su día crearon galaxias (capaces también de por sí,

de hacer desaparecer imperios), sonidos repetitivos disfrazados de música para abrir las puertas del ozono a enviados del Helio, el arte de ser y existir en armonía con las octavas musicales

Todo ello conforma un amplio catálogo de leyes

de las esferas

universales, transmitidas parcialmente por chamanes y calígra- fos creativos, que componen los resortes sutiles que han afecta- do más allá del tiempo a la llamada materia invisible.

Estos detalles cuidadosamente entrenados por adiestrados perforadores son posteriormente envueltos en belleza y senti- miento para ser ofrecidos en ciertas creaciones concebidas como “arte terrestre”. Como resultado físico, estas obras producen en los que las contemplan, una inconsciente emisión de quantas- puente, que en muchos casos puede ser suficiente para rasgar el velo y penetrar ilusoriamente en el -Otro lado-. Digo ilusoria- mente, porque a nivel individual sólo puede percibirse un des- tello. La cortina tan sólo se levanta ante al fuerza sinérgica de grupos geométricos determinados.

Personalmente sigo el desarrollo de las obras de este túnel y en ratos libres suelo recrearme contemplando como los impulsos psicotrónicos mueven la mano del artista-perforador contactado,

horadando sin cesar la espesa frontera del inconsciente planeta- rio. Sus oscilaciones 84-88-91-99 actúan en la recién fabricada puerta dimensional, a la manera de barrenos en el muro de lo opaco. Reconozco que siempre que tengo algún rato libre no dejo de asistir a estas explosiones silenciosas.

En realidad esta idea del Tunnium del Millenio forma parte del progresivo ensanchamiento uterino de la gran natura espacial, de la que este planeta y su consiguiente salto dimensional, no es más que una minúscula y microscópica parte. De todas formas un Observador Número 9 sabe que cada átomo personal de esa totalidad, es la totalidad misma, por lo que hasta la caída de una gota de sudor del más humilde de los sanadores siderales, afec- ta a galaxias enteras.

En este caso y en lo concerniente a la escultora, se me soli- cita para realizar un servicio que aunque no forma parte de mi contrato habitual, está dentro de los ajustes vocacionales con los que tanto me gusta jugar. Concretamente se trata de soldar una fisura en su hueso sacro, por la que se está escapando a modo de hemorragia sutil, fluído kundalínico en dirección invo- lucionante. La paciente en su buen afán de abrir y perforar el Tunnium, ha obligado a su vehículo biológico a trabajar con una sobrecarga de energía yang. Como rastreador tengo suficien- te para conocer el resto, ya que ante este tipo de desbalances polares, el Ello suele tomar las riendas del sujeto a equilibrar, y provoca un “accidente casual” que en general es la única ma- nera de detener la velocidad monodireccional de su conciencia desgraciadamente automatizada. Para llevar a cabo este suceso en forma de accidente, y por dictamen de los Señores de los Límites, se contrató a un impactador mexicano muy experto en la materia astral, conocido como “El Medusa”, que “tocó” con precisión su omoplato derecho de cuarta dimensión. Como con- secuencia, y tras las primeras quejas del momento, la víctima comenzó a desarrollar un estado acrecentado de atención, mo- dificando el hábito de usar excesivamente lo que llamamos el piloto automático. El resto pertenece a mi competencia de sana-

dor-soldador que puede y quiere detener el flujo involucionante de sus ahorros evolutivos que, observo se escapa a modo de cascada desde su corona al sacro.

Que conste que no es mi oficio afinar patrones corporales electrónicos, ni alinear madejas de energía corporal enredadas. Máxime cuando cuento entre los miembros de mi equipo con una peluquera de hebras lumínicas, formada en los ashramas playe- ros de Coma de Berenices. Sin embargo, confieso que me gusta afinar guitarras de siete chacras, sobre todo cuando por detrás, la verdadera movida del asunto va de amistad, pétalos y rosas.

LA REORIENTACIÓN DE DARÍO Y LOS ALIADOS DE UN OBSERVADOR NUMERO 9

Observador Número 9 a pesar de su gran responsabilidad

su alto rango, vivencia la amistad por encima de otros va-

lores y aspiraciones. Téngase en cuenta que ningún vestigio de “imagen personal” tiene necesidad de sugestionar ni conservar. Un espía sagrado al estilo de un servidor, ha superado el miedo y el deseo, ya que desde hace muchos eones desinterfirió de sus memorias antiguos registros de dolor personal por los que pro- yectar futuros temores, así como tampoco maneja los registros ya vividos de placer por los que proyectar futuros deseos. Un 9 ya fue intensamente entrenado en filtrar sus memorias de eufo- rias y sufrimientos atávicos, inherentes a los que ascienden.

U

n

y

Un nueve de la Saga de los Lúcidos no sólo vive en un pre- sente absoluto, trabajando con goce sideral para las misteriosas fuerzas de Vida, sino que su identidad esencial -ES- la Realidad oceánica del Todo, cuya vivencia se encuentra más allá de cual- quier relatividad y oscilación. Un rastreador profesional cuando trabaja en planetas amnésicos, ha entrado y salido en más de tres ocasiones por la ventana del Arcano Mayor número 12.

Un servidor a pesar de ser un -nueve-, rector del árbol del rigor, es también un benévolo amigo de la vida terrestre, y ésta, en momentos de remolino ígneo como el actual, encarna en un

sinnúmero de amigos, a los que apoya y por los que es apoyado en momentos en que vienen de visita gripes purificadoras y tor- mentas lunares. Traigo esto a colación porque he sido advertido por punzadas de mi corazón oculto, que debo orientar mi aten- ción al evento más íntimo que en estos momentos opera en el interior del Logos Planetario.

Me explicaré: Se trata de la chispa átmica que late irradiante

en el interior de un entrañable amigo: Se le conoce por el nom- bre de Darío, y se sabe entre los círculos implicados que es: -El

144 de los despiertos-, todavía y en la actualidad, Señor poten-

cial del Cristal. Pues bien, percibo que en estos momentos, dicha chispa intrapsíquica está desprendiendo una envoltura de uno de los cuerpos sutiles de mi amigo, que a modo de vieja piel, actúa con maneras y ademanes típicos de la trigésima Amazona de la Muerte. Siento cómo sus anillos concéntricos de amor y fuego se están elevando por entre la cortina de lo ilusorio, transpor- tando pétalos de conciencia esencial y siete esforzadas perlas de dolor condensado con vocación de convertirse en amor

Por lo que observo en el proceso del llamado Darío, toda esta música vital se dirige hacia el plano donde sus indivisibles her- manos atienden su renacimiento con satisfacción y gozo. Como quiera que asisto a un ritual inusual y trascendente, he decidido presentarme investido del noble lazo de cobalto que me entre- gara la Princesa Caribeña del Fuego Azul, durante el trans- curso de los viajes a los que un servidor la acompañó y amó, abrazándola entre rosas y espinas por entre las siete puertas.

Observo que el dolor de Darío está fundamentalmente basado en la Cruz de la Duda, vórtice mágico de la fe. Una cruz que -el

144 de los despiertos-, viene equilibrando y soportando antes

de entrar en el reino en donde la esperanza se convierte en cer-

teza

Conozco la cualidad clave de su divina individualidad antes de que fuera irradiado por el indescriptible reflejo del Cristal

Central. Juntos corrimos y nos deslizamos por entre las corrien- tes de los jóvenes ideales. Tuvimos maestros e instructores co- munes, e intercambiamos, sin dejar de jugar, todos los poderes

de los caballeros del águila y del león que traíamos incorporados

por méritos de estirpe. Todo ello antes de integrar ambos ashra-

allí donde vibra delicadamente la

mas en el lugar silencioso blanca libélula de la síntesis.

Recuerdo que mi amigo tenía que realizar un triple destino

en

el que debía recorrer la escuela del “esforzado sendero de

la

dualidad” con sus consiguientes desintegraciones personales,

para llegar a un momento como el presente, en el que sus astros

natales se inclinan por la Gran Reorientación. Mi amigo, dentro

de unos instantes, tras la bella metamorfosis de eterno resplan-

dor, se encontrará de bruces enriquecido frente al nuevo giro.

Se encontrará caminando el sendero hacia la reintegración, y

sentirá una benévola y cálida compasión, como consecuencia de

las abiertas y recientes grietas de su capricorniano sacrificio de

descenso a los valles y llanuras más abajo del corazón.

Puedo decir en estos instantes, que el íntimo evento del llama-

do

Darío ha sido ya realizado y pertenece al pasado, por lo tanto

mi

fuerza cuántica de luz, amor y voluntad ha sido proyectada

al lugar donde los inescrutables Señores del Karma administran

y sopesan los complejos factores de la Ayuda Universal. Debo

advertir que si no supiera con exactitud que toda mi energía

de observación ha sido depositada en el sendero evolutivo del

Amigo, recurriría a una ley de rango superior, a la que tan sólo

los observadores nueve podemos acceder.

Por último, adicionaré respecto al llamado Darío, que en la etapa de la llamada culminación, su vida-conciencia terrestre trabajará con los planos de la trinidad iniciática del conjunto mul- tigaláctico de Oort: La voluntad, el amor y la conciencia, de ma- nera que sus vibraciones harán resonar las arpas de Cassiopea. Habrá que tener en cuenta que ello será la señal que están es- perando desde 22 milenios atrás, los guardianes del mercurio.

Ante esta nota clave, -La Garganta Guardián 144- emitirá un sil- bido afilado, e inmediatamente después, siete series colectivas de tres OM, circularán entre el índigo y el violeta, y abrirán los éteres, dando paso a la presencia omniabarcante de la esperada estrella.

Al culminar esta tercera etapa, el durmiente 144 accederá por

medio de una experiencia cumbre, al conocimiento clave acerca de los siete pasos de su despertar en memoria holográmica de las orugas de Orión, de las que se dice, que un día de primavera espacial, lograron planear serenas entre los vientos solares, tras realizar una de las metamorfosis más espectaculares que se han visto por entre las nieblas de Saturno.

A partir de este momento, el durmiente deberá aprender a

utilizar las tres claves telecrónicas siguientes: En primer lugar deberá sintonizar con los 22 arcanos milenarios del -Camino

Real- que lo conectarán, de inmediato, tanto con los arquetipos de la creación, como con los umbrales que recorre el alma del hombre hacia su autorrealización. En segundo lugar, deberá re- sonar con el conocimiento científico y poético de la Astrosofhia con el fin de entender y amar su integración consciente con Aquél cuyo cuerpo es el espacio. Y por último, deberá reconocer y vivenciar el completo -Sistema de Indicios- dejados por los sabios del eterno presente que antes de partir legaron -las pis- tas de ascenso y salida- para orientar a la humanidad siguiente. Indicios tales como la arquitectura mágica, la música mántrica, el lenguaje oculto de los mitos y las reverberaciones energéticas de las danzas sagradas. Todos ellos y algunos más, serán las claves y herramientas de uso cotidiano para recorrer el laberinto terrestre y acceder preparado y transparente a la cámara de los hierofantes.

El Durmiente Número 144, aspirante al recuerdo, tendrá que

pasar por los niveles inherentes a la vida planetaria de su tiem- po, incluyendo la estrechez y miopía espiritual de los terrestres del segundo milenio de la sexta subraza de la quinta raza raíz.

Estas unidades humanas del tipo emocional dependiente inhe- rentes a franjas térmicas rojas del planeta, le ofrecerán la copa astral con sus derivados afectivos y pasionales. Asimismo en las franjas térmicas azules se le ofrecerá la escolástica cicuta, que lo encadenará temporalmente en la prisión de la racionali- dad y la lógica, tan característica del universo personal de los que estarán ascendiendo por el plano mental inferior, antes de entrar en el reino liberador de la Razón como puente a las ban- das de conciencia metapersonal. Por último, deberá serpentear y comprender los mecanismos y motivaciones de las influencias políticas y religiosas larvadas por los sistemas socioeconómicos de su tiempo, dirigidas y manejadas por los “repetidores” que ascienden del estómago a la garganta.

El llamado Darío, futuro Señor del Cristal, al estar íntimamen- te relacionado con la banda zodiacal de Acuario, manejará la energía de lo incluyente y universalizante, convirtiendo lo alter- nativo en simultáneo, las culpas en causas, y las esperanzas en certezas. Trabajará con la Comunidad Ética Planetaria, que en tales tiempos terrestres se ocupará de enlazar entre sí, la luz del plano búdico y el amor del plano crístico. El llamado Darío operará con la ciencia y con el arte, y construirá un puente en- tre la consciencia y supraconsciencia del arquetipo encarnado que será nombrado por los lúcidos de pasados milenios como Antakarana.

Deberé añadir que en los archivos akhásicos del plano de lo eterno, consta que el Señor del Cristal número 144, recorrerá el llamado camino de la redención por la acción, lo que significa que operará con las tres hebras con las que los Señores del Impulso tejen La Búsqueda de los mundos de tres dimensiones. Hebras que a modo de fluidos vitales de oro aéreo transformarán la ignorancia, la enfermedad y la escasez. Tres pilares familiares, no sólo para los infatigables cofrades de compasión, emanados del reino de la emperatriz de la benevolencia, sino también para los potentes servidores del rigor, habitantes de la zona encefáli- ca izquierda de Aquél cuyo símbolo es TAO.

Para el durmiente número 144, cada puerta estará marcada por una señal vibratoria inconfundible. Para cruzarla, no basta- rá la pura vivencia de la entrada en ella, sino también la com- prensión de su tricerebrado organismo. Según el lenguaje de los observadores venidos de otros mundos, el durmiente que va a devenir Señor del Cristal, está listo para recorrer la tercera y última etapa.

Hasta aquí se desvela la historia del llamado Darío, un esfor- zado caminante que con sagrado terror a la locura, y vocación contradictoria de expansión, se jugó y arriesgó una y mil veces todo lo que era y tenía, porque aspiraba al vacío luminoso del recuerdo. Los hierofantes del presente fugitivo lo respetan y lo nombran.

LA CONCIENCIA CÓSMICA

P ara un Rastreador Número 9 no hay amanecer ni anochecer. No hay norte ni sur, ni oriente ni occidente. No hay pasado

ni futuro, ni arriba ni abajo, ni dentro ni fuera. Para un espía sagrado en actual ejercicio, sólo existe -corriente de infinitud- cuyo centro esta en todas partes. Téngase en cuenta que Un 9 ha expandido sus referencias unilaterales y exclusivistas hacia una integración de totalidad, encontrable en todo momento y en toda partícula.

Mi profesionalidad exige aquello que denominamos como des- pertar de la conciencia. Es decir, el sentimiento permanente de una identidad de totalidad, de saber que lo que en realidad so- mos no ha nacido ni nunca morirá. Téngase en cuenta que ya hemos superado las identificaciones con formas concretas de lo que otros menos adelantados en el camino, llaman -Yo-. Esto se ha venido nombrando por todos los Colegios Iniciáticos de Filosofía Perenne como trascendencia, iluminación, conciencia cósmica, realización, conciencia de unidad, y un sinnúmero adi- cional de nombres que no hacen más que referenciar el pequeño detalle de la Identidad esencial que tú, lector en el camino, ya eres y siempre fuiste, pero todavía te cuesta “creerlo”.

En realidad si el terrestre de este milenio concienciase y vi- venciase que proporcionalmente el planeta Tierra es como la ca- beza de un alfiler a medio metro de distancia de una esfera solar hirviente y atómica de dos metros de diámetro, y que esa incon- mensurable esfera es otra cabecita de alfiler que junto con otros doscientos mil millones componen la modesta galaxia en donde

y que a su vez, ésta es como un diminuto in-

secto en una inconmensurable selva llamada conjunto galáctico, y que además, todo ello está en expansión a formidables veloci- dades se detendría el discurso y se notaría un desplazamiento del foco de comprensión hacía otro interesante y silencioso lugar

en donde habitamos los rastreadores profesionales.

se encuentran

El hombre llamado a construir un puente entre la orilla de la conciencia racional fragmentada y el gran manantial de la lla- mada conciencia-no-dual, se daría cuenta de que su verdadera irreferencia, su autentica patria, su territorio e identidad Real, son inefables e innombrables, tan sólo experimentables con una amplitud que carece de nacionalismos y miopes patriotismos de autoidentificación como ese tan corriente de pensar que “uno” es -de la piel para adentro-, autoidentificaciones, por cierto, tí- picas de los planetas ascendientes. Este autocentramiento en lo Real, en el verdadero ser metatemporal, le situaría en armonía saxofónica con su totalidad íntima y continua, manteniendo un balanceo de conjunto, tal y como lo suelen cantar y volar la ma- yoría de los rapaces de Sirio en sus juegos aéreos callejeros

Cuando no ejerzo a sueldo, suelo retirarme allí dónde nacen los primeros vientos solares, en el Centro de Centros, en el inte- rior de todo lo creado. Allí transciendo el tiempo y el espacio, y lo alternativo deviene en simultaneidad perfecta. En realidad nun- ca imaginé que en esta modesta galaxia de tan sólo doscientos mil millones de soles, latiese uno de los 144 planetas sagrados. Un observador de mi rango conoce la importancia de todas las partes y valora por igual lo pequeño y lo grande porque sabe que es la misma Ley, la que baña y repite de manera análoga todos los planos.

Un Rastreador Número 9 no mide la fuerza y la energía pri- mordial tan sólo por lo mensurable de su aspecto cantidad, sino más bien por la cualidad tipo que ejerce y representa. Es por eso que entre billones y billones de galaxias que detecto y comunico cuando así conviene, he venido paradójicamente a ejercer mi

profesión a un minúsculo planeta con problemas y contradiccio- nes que no puedo calificar más que de anecdóticos, ilusorios y videoclípicos.

Si cualquiera de los tiernos tiburoncillos humanos, ejecutivos especuladores con tiernas ambiciones de poder y gesto ceñu- do de tener ideas claras de dominio, empeñados en la pequeña guerrilla del sobrevivir, pudiesen observar su planeta, simple- mente desde El Sol, como lo hacen determinados peregrinos de la Jerarquía, me atrevo a decir que se transcenderían como in- fantiles y miopes el 99,9 por ciento de los casos de estreñimien- to cerebral, así como prácticamente la totalidad de las diarreas emocionales que aunque, por una parte, fertilizan los campos plasmáticos del astral, también por otra, debilitan la influencia de los ritmos cardíacos de los soles más empeñados.

Observo que el problema de esta humanidad terrestre es si- milar al de las computadoras más evolucionadas de la franja zodiacal de Virgo, y es que ambos grupos creen que van a con- quistar -la gran expansión- a base de lanzar generaciones de mecanismos tripulados cada vez más sofisticados y técnicamen- te convincentes. No niego que este esfuerzo no conlleve benefi- cios laterales. Afirmo más bien que se ha olvidado por completo la dirección de búsqueda hacia ese despertar de la conciencia dormida de la humanidad, que como bella durmiente, espera el beso del buscador.

Hasta un aspirante a rastreador no ignora que una entidad interligante, antropomórfica y en vías de ultraconciencia como es el hombre de la Tierra, tiene ya insertos en sus átomos infi- nitos, todas las claves que pueden abrirle al camino de vuelta, a la totalidad innombrable e infinita del universo. Tan sólo es una cuestión de orientación, una cuestión tan simple como el caso de los bergantines voladores a la deriva por cíclico bloqueo de timón

UN RASTREO POR LOS SEÑORES DEL IMPACTO

A tención! Una holocopia con efluvios de asunto personal, pide permiso para materializarse e interrumpir mis reflexiones.

Por la temperatura de su futura presencia intrapsíquica, deduzco

que proviene de las montañas en donde mis antiguos aliados

dejaron su conocimiento en una especie de bibliotecas biológicas

u hongos-cactus.

En efecto, se trata de mi viejo amigo Humborat, descendiente de los maracanes del rombo huichol, que realizando un entraña- ble servicio de embajada, posibilita la entrada a una inescrutable presencia, nada menos que al misterioso y milenario hongo “pe- yote” mexicano que al parecer solicita mi observación profesio- nal con sus derivados correspondientes.

No puedo menos que testificar, que desde lo utópico y ucróni- co, estos entrañables hongos, también conocidos en su planeta

de origen como Maestros del Impacto, mantienen la añeja habilidad de intervenir en el área más bloqueada de las con- ciencias de aquellos viajeros que no casualmente los comulgan, posibilitando hemorragias de fusión con la tierra, el agua, el aire

y el fuego de la franja vibratoria en la que se hospedan.

La Saga de los Lúcidos de la que formo parte, y de la que soy el último exponente antes de entrar en el Pralaya Cósmico (sueño hibernario de los niveles medios de conciencia), sigue

ocupándose de que estos Maestros del Impacto se vean asistidos en una precisa sucesión de encarnaciones en forma de hongos- cactus silvestres, de manera que el conocimiento de los “im- pactadores” sobreviva a las cíclicas destrucciones y reconstruc- ciones que las culturas de ciertos planetas como el de la Tierra, mantienen como parte de su proceso de oscilación metamórfica, y que como consecuencia, tiende a debilitar la pureza del cono- cimiento original.

La relación iniciática de estos Impactadores con los humanos terrestres, fue dejada en manos de una tribu proveniente de las galaxias más coloridas y fosforescentes que aceptó su destie- rro en sacrificio gozoso al Plan de Evolución de los Mundos, (plan “ensoñado” y volicionado por La Cofradía del Silencio). Los impactadores amargamente encarnados en peyotes, serían los guardianes y cumplirían una importante y estratégica acción guerrillera en las mentes de los humanos, sobre todo en tiempos de llegada de los 144 Señores del Cristal, un asunto, por cierto, que comprometía también a todo el conjunto de conjuntos.

La sagrada vibración de estos hongos impactadores de cono- cimiento, impregnaría las células más íntimas del núcleo neu- ronal en donde actuasen, conformando un lenguaje geométrico transmitido por medio de su amarga carnosidad, y ofreciéndose tan sólo al humano preparado para la iniciación de estos impe- cables educadores. Recuérdese que sus inofensivos e inmóviles cuerpecillos, en forma de hongo-loto globular sobre arena del desierto mexicano, están dotados de poderes increíbles de ca- maleonización sobre la tierra seca de su nacimiento, así como de un agudo sentido de auscultación y selección de los futuros magos terrestres, antes de aceptar mostrarse a los ojos de los mismos, y también antes de permitir en supremo acto de entre- ga y sacro-oficio, su autodisolución como individualidades entre los fluidos sanguíneos del viajero comulgante.

Afirmo un reconocimiento a la labor de ingeniería biológica que los ascendientes voladores de este planeta dejaron a los

hombres, sus hermanos menores, como indicio y pista de una conexión sin retorno hacia el plano holístico de la llamada con- ciencia de unidad.

Desde aquí, saludo a los pacientes Señores del Impacto,

que como conciencias hospedadas en el centro del hongo, en exilio voluntario meditan inmóviles acerca de los secretos cen- trales que se ocultan en el átomo infinito del corazón humano de este tiempo de mutación. Mi respeto a sus labores de activación

Ellos saben que su exilio milenario

en el tálamo de los puros

en las densas vibraciones del Señor del Tiempo, está a punto de finalizar. Ellos han sido los primeros en sentir el destello sutil de la Drusa Central. Y ello supone el anuncio esperado a través

del largo exilio en el que su silenciosa presencia y su abnegada labor en los desiertos mexicanos debe ya finalizar.

Estos maestros saben que la Logia del Impacto a la que per- tenecen debe “recogerse” durante un hiverno galáctico en un metamórfico capullo, para un día lejano emerger y habitar la conciencia infinita de los pluriversos.

Reconozco que Humborat el maracán huichol, es para mí algo más que un -Guardián del Umbral- que cuida de ellos. Humborat tiene una entrañable relación con el “peyotito”. Algunos anales akhásicos dicen que pertenecía a una raza cósmica que care- cía por completo de los aspectos voluntad y determinación. Su pueblo atravesaba dolorosas opacidades siendo absolutamente incapaz de iluminar y transparentizar. Ante este cíclico caos y abandono, Humborat, en un acto de valentía aérea, hizo sonar para su pueblo el Cuerno Primordial hasta entonces intocable. Sus poderosos sonidos se expandieron por el universo en busca de escucha rebotante y evocadora. Al tiempo, el milagro suce- dió, y el conjunto de ultrasonidos de compasión, evocó la lejana atención de los mencionados Maestros del Impacto que habita- ban en las nebulosas más secas y rígidas del sistema, los cuales no dudaron en responder en cumplimiento de una secreta ley re- lacionada con la llamada acción-reacción y la energía del amor.

Fueron 22 los impactadores voluntarios que partieron en vuelo servicial y gozoso sobre la tribu emisora del Sonido Primordial. Se dice también que no tardaron más de tres vueltas en llegar a las sedes de sus invocantes, ya que contaban con un magnífico equipo de caracolas viajeras en el tiempo que habían desarro- llado por inspiración de ciertos círculos creadores que no debo nombrar.

Como quiera que dichos viajeros impactadores decidieron materializar su llegada de auxilio en los días remotos en los que Humborat tan sólo existía en la dimensión potencial del futuro, sucedió lo que ya es costumbre en las cortes siderales, sucedió que aquel ser que voliciona una mejora para él y su pueblo, queda por decreto vinculado kármicamente durante siete ciclos con el mismo, por lo que Humborat renació en el pasado, en un nuevo y regenerado pasado, por acción y gracia del caldo cósmi- co de un Nuevo Orden. Desde ese tiempo eligió su trabajo actual de Jardinero Maracán de peyotes silvestres, porque entre otras cosas, debía fecundar a dos princesas que serían bautizadas por los egrégores más poéticos de la Kábala, como “Amanecer” y “Melodía”. Las dos polaridades avatar, encarnarían el nuevo equilibrio del rigor y la benevolencia en memoria del árbol sa- grado de su pueblo. Ellas prepararían el camino de una tercera que sería nombrada entre los indios huicholes como “Arco Iris” que ejercería su energía de síntesis como guía de montañas sagradas allí donde latiesen metales prisioneros.

Los 22 impactadores tras realizar su servicio “sintonizando” los hongos del desierto, alargaron su estricta misión y eligieron aquietarse en el seno de la tierra mexicana, astralizados en el in- terior de los peyotes del desierto. En aquél histórico momento de la inmovilización, solicitaron la observación de Un 9 de la Saga de los Lúcidos (un derecho de los héroes). Desde entonces, los observadores con el número 9 tenemos un pacto con esta valiente y aventurera raza sideral que hoy todavía late silenciosa en cada uno de los amargos pétalos del desierto mexicano.

Desde aquí, alzo mi voz hacia las estrellas del atardecer bo- real, para que los hielos neuronales que aprisionan las grandes potencialidades del área encefálica izquierda, estallen en un ala- rido de amor, en memoria de los grandes inspiradores del de- sierto chamánico.

Que el espíritu del peyotito proteja a los inocentes que se acercan en nombre de la gran búsqueda, a expandir su con- ciencia más allá de las identificaciones hipnóticas de las culturas contemporáneas del milenio.

Tras esta reflexión de zafiro, me encuentro dispuesto a pro- nunciar La Palabra de Poder y orientar mis sensores más ínti- mos hacia ese desierto en donde habitan. Allí, tal y como se me solicita, ejerceré el noble oficio de la observación supraconscien- te y el destino se habrá consumado.

CRONICA SECRETA DE RAMAYAT

SEÑOR DEL CRISTAL NUMERO 99

E l siguiente episodio que me dispongo a testimoniar, lo viven- cié rastreando entre los archivos suburbanos que me legó un

antepasado visionario, penúltimo de la Saga de los Lúcidos. Como quiera que su temática concierne al momento actual del final del milenio, he decidido desvelarlo, por si su amnésico pro- tagonista tropieza con estos apuntes que estoy aquí-ahora po- niendo a rodar. Si tú, lector-sintonizado, al leer algunos frag- mentos, sientes una ligera presión en las sienes y una extraña calidez en el corazón. En ese caso te digo a tí, -amiga-amigo no casual-, que no estás sólo en tu resonancia, ni eres un sugestio- nado por el azul.

Adelantaré que en nuestros archivos, el sujeto de quien se

trata es nombrado como -RamayaT- (de momento no desvelaré su sexo en cuerpo terrestre) Entidad del Cristal Número 99 del grupo de los Transparentes. Al parecer y tal y como constaba en la crónica etérica, su influencia estaría operando al borde del segundo milenio de la llamada Era Pisciana. Como Observador Número 9 no voy a tardar mucho en rastrear su estela actual, sin embargo me gusta el arriesgado juego de colocar mis sensores en la frecuencia de la amatista y esperar que un lector resuene

metaconscientes Ello para mí, significa esperar

la llegada de su manifestación, y percibir la tremenda fuerza de

amor que emana su ser.

en sus bandas

A continuación transmito la crónica de -RamayaT- con la máxi- ma fidelidad que mi entrenado sistema de conexión logra cuan- do así lo dispongo.

se le había dicho al tomar forma terrestre que el proceso de su planeado despertar, finalizaría cuando la Estrella del Lugar Secreto impactase sobre los valles de su corazón. Durante un número definido de años del tiempo de la Tierra, recorrería el esforzado sendero de la contradicción, cruzando de la ignorancia al conocimiento de forma alternativa, polar y sinuosa, al modo de las serpientes durmientes del sacro que se desplazan de ex- tremo a extremo como guerrilleras de la corola. Pero llegaría un día, en que de manera abrupta y súbita, la luz radioactiva de la estrella que orienta a los jinetes azules de Sirio, dinamizaría y encendería al durmiente. En ese ígneo y atemporal punto focal, las galaxias de Oort danzarían.

Para posibilitar este encuentro, RamayaT, Entidad del Cristal Número 99, contaría con tres tipos principales de aliados que “actuarían” tan sólo en momentos con sabor a destino. Aliados que eran conocidos como -Los Guerreros de Marte-, -Los Sacerdotes de Venus- y -Los Magos Benefactores de

Todos ellos amigos entre sí, miembros de un mi-

Júpiter-

lenario anillo de fuego que fuera emanado de la primera den- sificación del Ser. Personajes disfrazados de contidianeidad que repetían incansables su misión en cada toma de conciencia del Innombrable.

Tal y como he descrito, el primer grupo de aliados estaba formado por Los guerreros del Cabildo Supremo de Marte que los reconozco como entidades de una nobleza cósmica singu- lar. Dicho equipo se movía con gran destreza entre los planos y eran reconocidos como -Héroes y Heroínas de la Tensión Suprema-. Precisos en todas sus intervenciones, tenían el sen- tido del humor de los que han muerto en numerosas ocasiones durante el sagrado juego de la ascensión y la caída. Se sabe que sus espadas de luz solían librar espectaculares batallas contra

los espejismos y ectoplasmas ilusorios mejor alimentados de la corteza terrestre. Trabajaban con la energía del plexo solar del Profundo, y sus poderosas vibraciones estaban relacionadas con el Señor del Trueno. En realidad sus energías actuaban como caracolas cuánticas de verdad y fuerza. Eran, al fin y al cabo, los guerreros

El segundo grupo de aliados era especialmente bien visto por

la Presencia Solar del Sistema. Se sabía que operaban en el campo óntico del amor, por lo que eran llamadas Sacerdotisas del Fuego, y durante sus incursiones permanecían vinculadas al centro cardíaco de la Escuela Solar. Tenían la misión de dar de beber en su cáliz dorado, el fuego del segundo grial a los valientes que estuviesen dispuestos a diluir y verter su rígida ciencia en los valles del llamado latido silencioso. Conocidas por manejar con benévola ternura las hebras azules del amor, envol- vían a través de sus auras elípticas, el sueño de ciertos viajeros, convirtiendo el dolor en amor, el amor en conciencia y la con- ciencia en eternidad. Se afirmaba entre los círculos ocultos de portadores de la Llama que su misión era de tan alta y sagrada responsabilidad que cuando lo requerían, disponían de salvocon- ductos extraordinarios, manteniendo contacto permanente con el Consejo del Silencio. Téngase en cuenta que al fin y al cabo eran las sacerdotisas (“hacedoras de lo sagrado”)

Y por último, como tercer grupo, se contaba con la alianza

calculada de los Magos Benefactores. Sus actividades esta- ban marcadas por el carisma de la Palabra Penetrante, envuelta de intención dinámica hacia ciertas fuerzas latentes y ocultas. Expertos en construcciones y destrucciones. Maestros en el tra- zado de puentes entre las realidades planetarias y los planos sutiles del violeta. Especializados en el lanzamiento certero de quantas de voluntad hacia dianas del sistema límbico planetario, formaban la Cofradía de los Sintetizadores Sagrados, y sus

acciones en las corrientes mentales e ilusorias del planeta pro- vocaban remolinos entre los soles jóvenes más puros. En reali- dad eran personajes emanados del loto de Aquel que -presencia-

los siete universos. Ellos sabrían cuándo y cómo hacer sonar la nota mnemosínica para que la humanidad terrestre, amnésica y madura se abriera al recuerdo, ocupase el trono entre las cejas, y recuperase conciencia de su identidad Real. Téngase en cuenta que al fin y al cabo, eran los Magos

También se le comunicó a RamayaT, Entidad del Cristal Número 99, instantes antes de “olvidar” y nacer en la densidad del tiem- po terrestre, que al provenir de madre con cuerpo humano, se- ría irradiado en un momento crucial de su vida con los destellos auricos del Primer Kumara. A partir de ese momento los acon- teceres de su peregrinaje cotidiano estarían marcados por la luz de Aquél cuyo signo es el relámpago. A lo largo de su camino tendría que experimentar la herida terrestre de la “separación individuadora” que conlleva esa sensación ilusoria de íntima so- ledad que hace buscar y buscar la unidad. (téngase en cuenta que las entidades más cercanas al retorno al origen, son las que más acusan la “separación” fundamental). Tendría que vivenciar momentos de impotencia ante las ciegas corrientes subhumanas del planeta, así como aceptar la lenta maduración del proceso de expansión, y la alquímica disolución de prejuicios, interactuando creativamente entre la pasión excluyente con nombre de amor romántico, y el abanico impersonal y excelso del amor universal. Habría, en resumen, que nacer oruga para devenir mariposa.

También se comunicó a la Entidad 99 que un seleccionado equipo de inseminadores, actuando a la manera de las tres hi- landeras del índigo, lanzadoras implacables de miríadas lúdicas, le susurrarían al nacer, tres palabras, dos plateadas y una dora- da, de resonancia ovoidal: AM HAR YAT que resonando como RA MA YAT, le recordarían los tres principios eternos de los peregri- nos de Aldebarán: Silencio, Profundidad y Verdad.

Tras esta fecundación áurica, las llaves del retorno ya podían considerarse mágicamente insertadas en los átomos permanen- tes de la pineal invertida de un RamayaT recién densificado y nacido. El futuro camino hacia el Recuerdo de esa inconsciente

Entidad del Cristal parecería largo y casual. Habría tiempos de aparente desconexión, sin embargo la calidad vibratoria de algu- nas palabras que cargadas de dinamización magnética pronun- ciaría de dentro afuera, se harían cargo del vehículo terrestre en los momentos de causalidad íntima, en esos instantes cargados de destino. Estos verbos creadores que en ocasiones pronun- ciaría, resonarían en lo más central y profundo de sus propias glándulas, y lograrían activar los fuegos especializados de todas las familias de Devas Internos. Lo demás ya era jurisdicción del Plan General de los Mundos.

Había muy pocos en la galaxia que sabían con exactitud que tal Entidad, en aquel cuerpo terrestre, era el número 99 de los despiertos. Se enterarían por las grandes corrientes telúricas y cósmicas que su despertar iba a ocasionar. Se sabía que las leyes de la sinergia estaban prestas a multiplicar la fuerza de este nuevo Cristal que por la acción conjunta y grupal, tejería una importante malla causal de recuerdo progresivo en todo el planeta.

Se sabía que al llegar al número exacto de conciencias insta- ladas en lo Real, los procesos de anámnesis se desencadenarían como huracanes violentos en el reciente puente de los hemis- ferios. Jamás un pequeño planeta con agua, había convocado tanta energía atención de los llamados Observadores Puros Hasta los egrégores cósmicos más antiguos y pesados, y las grandes Presencias más alejadas y ocupadas, sentían la llamada

secreta de la vecina de Alfa Centauro. En la infinitud de los espa- cios latía una inusual música de víspera. En realidad, el momen-

to planetario era emocionante

el ginecólogo del tercer Quasar, disfrazado de barquero, estaba

Todo estaba preparado. Hasta

listo para intervenir

Pero mientras tanto, la vida del todavía durmiente 99 se de- sarrollaría bajo la prisión ilusoria del tiempo a lo largo de las tres fases sucesivas: Preparación, desarrollo y culminación. En la pri- mera, etapa de preparación, se ocuparía de centrar su enérgica

atención sobre el desarrollo de determinadas actividades físicas, mediante las cuales contribuiría a construir un cuerpo capaz de canalizar cargas de energía de los voltajes y cualidades de las 88 constelaciones, para lo cual dispondría de la asistencia de las siete razas dévicas, en este caso comandadas por uno de los 7 excelsos constructores de la forma. Durante su primera juven- tud, realizaría rastreos por entre artes físicas y mentales, que nada tienen que ver con las Katas de los competitivos gimnasios urbanos, y sin embargo sí están relacionadas con ciertas formas de tensión, respuesta y atención sostenida en proyecciones cor- póreas. Asimismo, sentiría atracción irracional hacia los caballos

y los vehículos mecánicos de dos ruedas que le harían recordar

ciertos matices de la estirpe marciana de los Samuráis, conoci- dos también como Jinetes Voladores de Unicornios.

La segunda parte del camino, la del desarrollo, La Entidad 99 la realizaría orientada hacia el encuentro de su estrella, y discu- rriría en la elaboración de un aparato mental que fuese capaz de llegar a cazar, y sobre todo, a domesticar esos animalillos ener- géticos llamados ideas, emociones e instintos, pudiendo lograr contacto con la esperada Energía-Avatar de Síntesis. Para ello se debería autotrazar una red de comunicaciones nerviosas

a la manera de las mallas plegadoras de tiempo espacio, que tan

bien conocidas eran por los ingenieros venidos de las Pléyades. Por otra parte, concientizaría que sus íntimos y sofisticados sis-

temas de protección del vehículo físico, y los amplificadores de energía-atención de sus archivos akhásicos, le harían recordar que su antena vertebral estaría en permanente contacto con la Logia de los Transmutadores de Helio.

Por último, en la etapa de la llamada culminación, su vida- conciencia terrestre trabajaría con los planos de la trinidad ini- ciática del conjunto multigaláctico de Oort: Trinidad conocida como aspectos voluntad, amor y conciencia, de manera que sus vibraciones hiciesen resonar las arpas de Casiopea. Habría que tener en cuenta que ello sería la señal que estaban esperando desde 22 milenios atrás -los guardianes- de la misma. Ante esta

nota clave, -la garganta guardián 99- emitiría un silbido afilado,

e inmediatamente después, siete series colectivas de tres síla- bas sagradas, abrirían los éteres y darían paso a la presencia omniabarcante de la esperada estrella.

Al culminar esta tercera etapa, La Entidad 99 accedería por medio de una experiencia cumbre, al conocimiento clave acerca de los siete pasos de su despertar, en memoria holográmica de las orugas de Orión, de las que se dice, que un día de primavera lograron planear serenas entre los vientos solares

A partir de este momento RamayaT debería aprender a utilizar claves telecrónicas de la tradición sagrada con el fin de conectar tanto con los arquetipos encarnados como con los umbrales que recorre el alma del hombre hacia su autorrealización. El conoci- miento científico y poético de la psicología evolutiva y transper- sonal para entender y amar su integración consciente con Aquél cuyo cuerpo es el Todo.

El Número 99 en pleno proceso de recuerdo, tendría que pa- sar por los niveles inherentes a la vida planetaria de su tiempo, incluyendo la estrechez y miopía espiritual del segundo milenio

de la sexta subraza de la quinta raza raíz. A lo largo de su reco- rrido, estas unidades humanas del tipo emocional dependiente,

le ofrecerían la copa astral con sus derivados afectivo-excluyen-

tes y pasionales. Asimismo en ciertas zonas frías, se le ofrecería

la escolástica cicuta con el fin de ser encerrado de manera tem-

poral, en la prisión de la pequeña racionalidad, tan característica del mundo psíquico de los que estaban ascendiendo por el plano mental inferior, antes de entrar en el plano de la Razón. Por últi- mo, debería serpentear y comprender los mecanismos y motiva- ciones de las influencias políticas y económicas, larvadas por los sistemas socioculturales de su tiempo, dirigidas y manejadas por los “repetidores” que ascendían del estómago a la garganta.

RamayaT, Entidad del Cristal Número 99, al estar íntimamen- te relacionado con la radiación zodiacal de Acuario, manejaría la

energía de lo incluyente y universalizante, convirtiendo lo con- dicionado en incondicionado, y lo temporal en presente eter- no. Trabajaría en sintonía telepática con la Comunidad Ética Planetaria, que en tales tiempos terrestres se ocupaba de trenzar, la luz del estado Búdico y el amor del estado Crístico. RamayaT operaría con la ciencia del pensar y con el arte de ser,

y construiría un puente entre la consciencia y supraconsciencia

del arquetipo encarnado.

Por último diré que en los archivos akhásicos del plano de lo

eterno, consta que la Entidad del Cristal Número 99 recorrería el llamado camino de la redención por la acción, lo que significa que operaría con las tres hebras que tejen la vida de los mundos arcaicos de tres dimensiones. Hebras tales como: La ignorancia

y la enfermedad y la escasez; pilares por cierto, muy familiares

no sólo para los infatigables Maestros de Compasión, emana- dos del reino de la emperatriz de la benevolencia, sino también para los potentes miembros del rigor, habitantes de la zona en- cefálica izquierda de Aquél cuyo símbolo es TAO.

Actualmente y según el lenguaje de los observadores venidos de otros mundos, la Entidad del Cristal 99, está lista para reco- rrer la tercera y última etapa, antes de entrar en reino no dual y omniabarcante de la trascendencia.

Hasta aquí se desvela la historia de RamayaT, noble caminan-

te que con sagrado terror a la locura, y vocación contradictoria de expansión, se jugó y arriesgó una y mil veces todo lo que era

y tenía, porque aspiraba al vacío luminoso del Recuerdo.

UN RASTREO POR EL CORAZON

O bservo que merodea insistentemente un joven sol proyec- tado por los sentimientos de mi amiga, La Princesa del

Fuego. Su invocación trata de evocar mi energía atención al Jardín de las Afinidades, ese extraño lugar que conocemos los

rastreadores profesionales en donde las almas de los hombres realizan entrelazadas -el baile de la aspiración-. Un jardín en donde las conciencias, manteniendo una peculiar individualidad, se expanden en oleadas de cooperación hacia planos omniabar- cantes cuya extensión está más allá de lo verbalizable. Se sabe que desde tal edén de amantes supremos, brotan extrañas lla- maradas que al deificarse, plano tras plano, llegan a conformar

lo que se siente y denomina como “amor humano”. (pálido refle-

jo del Amor Universal)

A un Observador Número 9 no se le escapa que en este entor- no todavía básico, bulle el serpenteo alado de inquietos deseos

que deambulan por el sacro, listos para reverberar y convertirse

-en pasión con vocación danzarina de afecto-

Sentimientos

listos para empujar, presionar e ingresar en la marmita de los druidas, que les dará la oportunidad de transmutarse en libres

y eternos, convirtiéndolos en -Fohat- fuego místico, fuego frío

y azul, que administrará con impecable serenidad la Señora de la Ternura.

Observo que en este planeta sagrado aspirante al recuerdo, se habla de amor con una gran confusión y promiscuidad con- ceptual. Es cierto que las relaciones de las partículas subatómi-

cas están marcadas por leyes relacionadas con el misterio del magnetismo y la gravitación. Es también cierto que cuando lle- gan los bufones de Sirio a tocar con sus cascabeles las pesadas estructuras mentales con esfuerzo construidas, el corazón del hombre entra en resonancias de plenitud. Es también cierto que cuando ciertos titiriteros, invulnerables por su inocencia, llegan a cantar y reír entre los fríos picos matemáticos de los men- talistas, y logran derretir la tan admirada geometría hacia los silenciosos valles del corazón, está pasando algo que afecta al universo en su totalidad. Está naciendo el amor con mayúsculas. Está naciendo la flor, y brotando un nuevo y misterioso aliado del inagotable manantial que proporcionará ya todo lo que se nece- sita. Se está, nada más y nada menos, que ante el fenómeno -Vida Consciente-.

Es también cierto que el llamado Jesús Nazareno, “avatar del amor”, aquel insigne esenio que abrió las puertas del Occidente planetario a constelación de Piscis, tuvo el detalle de legar a sus hermanos de la Tierra, entre otros muchos privilegios de salida redentora, dos tipos de señales que conocen muy bien los guar- dianes y sacristanes de templos y misterios. El elemento dife- renciador de las mismas no ha sido nada oculto y sutil, sino más bien algo increíblemente obvio para los ojos de los buscadores. Dicho legado ha consistido tan sólo en la “situación” de la sim- bólica -corona de espinas-. Algo tan aparentemente efímero y de extraordinarias consecuencias, estaba seriamente controlado por los Cofrades del Plan Mayor. Me explicaré.

Cuando en las imágenes de la tradición, dicha corona se halla- se en la cabeza de su insigne portador, reflejaría el dolor, el sufri- miento y la angustia. Es entonces cuando El Esenio se mostraría clavado en una cruz tras realizar un dramático y simbólico cami- no hasta la cumbre de la montaña (renacimiento). Recorrido que se nombra como “pasión” (padecimiento) y cuyo término no se asocia todavía con la -pasión de los amantes- en el período de reflejo hormonal hacia la oportunidad de muerte y renacimien- to. La compasiva imagen mencionada de la corona de espinas,

insinúa delicadamente que en la cabeza hay agudas claves de contradicción ante las que hay, tarde o temprano, que analógica-

sin embargo cuando esta espinosa

corona estuviese simplemente colocada algo más abajo, exac- tamente sobre el corazón, el caso sería muy diferente, ya que el mensaje implícito, estaría dictado por el Señor de la Armonía que sonriente y relajado en una atmósfera de cálida irradiación, invita al mundo hacia la aspiración del arquetipo conocido como:

mente morir y trascender

Sagrado Corazón

Pistas, señales y símbolos se repiten y disfrazan queriendo insinuar al hombre que recorre el laberinto, que para “abrir” su corazón hay que estar desnudo, tal como lo hiciera “Lancelot”

tras su involuntario despojo en las aguas profundas del río que le liberó de la armadura. El Grial es el corazón, órgano considerado como una bomba glandular de segunda fila para muchos erudi- tos de neurofísica cerebral. Un rastreador número 9 sabe que el corazón metaforiza el misterio del amor y la sabiduría. En la ciencia astrológica dicho centro glandular simboliza al sol como centro místico del hombre. Es el proveedor de la energía-vida,

y sabe y decide el número de pulsaciones que tiene asignadas

para cada campaña evolutiva. En el corazón reside el misterio de

la “paz profunda”, y para abrir sus puertas tiene que cumplimen-

tarse un requisito que la mente del hombre deberá a rajatabla acatar. Ello es algo que conocen bien los ancianos arqueros ZEN, provenientes de la franja zodiacal de Sagitario, que tan sólo con-

siste en -entrar en el silencio-.

IXIANA Y LA JERARQUÍA

U na pequeña constelación de chispas interligantes están tra- tando de llamar mi energía-atención, y por lo que veo a

través de sus exóticas e inusuales danzas, sus ritmos tamboriles

y su verde coreografía, tiene todas las trazas de provenir del

norte interior y ser un teleholograma con la firma de Ixiana, la princesa que debe irradiar los reinos de la montaña y el hielo, y

convertirlos en llama ardiente.

Ixiana eligió su destino tras hacer un pacto con la parte más disolvente y profunda de Neptuno, aceptando ser raptada por los jinetes negros que escoltan a la gran araña blanca, más co- nocida como “heroína”. De todos es sabido que sólo unos pocos tienen la fuerza glandular suficiente para escapar de la influencia de su hipnótica red adictiva, cuando por cuestiones kármicas se ha visto enredado en los influjos de la misma. Ixiana aceptó su destino confiando en el pálpito de su estirpe, ya que como hijos

de la disciplina y el rigor, y miembros milenarios de la Logia de la Voluntad Solar, se sabe desde hace milenios, que un día unirían sus fuerzas para empujar el duro ascenso de la serpiente

al reino de las águilas.

De todos era conocido que Ixiana es una de las embajado- ras de los Señores del Cristal. Su misión consiste en encender la primera llama grupal que debe alumbrar, a modo de faro en noche opaca, el primer núcleo de los unidos que habitan allí don-

de viven hermanadas playas con montañas. Debo aclarar que este modelo de señal flamígera es algo más que una luciérnaga en la cascada luminosa de la noche; en realidad Ixiana es una autentica guerrillera cuya logística forma parte de un plan de urbanización ígnea. ¿Como explicarlo con palabras terrestres?. En cierto modo su obra es similar a la construcción de un aero- puerto de luz que hace las veces de reductor y pista de entrada, a la transparencia e irradiación de uno de los 144 Señores del Cristal. Como es natural, para su acción guerrillera, cuenta con aliados de probada eficacia y profesionalidad. Entre ellos debo destacar a Vixtrol “el renunciante”.

Vixtrol es un verdadero Mahatma (alma grande) enredado temporalmente entre los velos del conocimiento, a causa de ha- ber pactado con los Señores del Karma una redención del co- lectivo más íntimo, a base de cargar durante siete años un pe- sado catálogo psíquico de culpas indiscriminadas de sus amigos conocidos y desconocidos. No se puede nombrar a Vixtrol “el renunciante”, sin traer a colación a su estrella polar “Lerehill”, emperatriz de sanadoras florales y auténtica inspiradora de la Cofradía de las Costureras del Amor. Su actual acción as- hrámica se extiende por entre las Pléyades, llegando hasta los Círculos No Se Pasa del conjunto multigaláctico de Oort. En sus sucesivas encarnaciones humanas suele dar a luz una hija que, en general, canaliza la energía del segundo anillo que for- jaron Los siete Kumaras.

Ixiana suele jugar con las cartas de más alto voltaje porque sabe que recibió de su estirpe materna la shamánica capacidad de flautear a los mágicos Jokers, y sabe también que en cada cierre de ciclo, es visitada y amada por el noveno de los hiero- fantes que manejando el cetro flamígero con la pericia de un mi- lenario especialista, dinamiza y ajusta los psicobiogeneradores para el siguiente tramo. Ixiana sabe que en aquella inolvidable noche sobre el lugar de poder donde realmente se encontraba, logró conectar con su realidad innombrable y ello succionó las viejas partículas carbonosas que sobraban del proceso de dia-

mantización al que ha venido siendo sometida con precisión de joyero sideral.

En este camino sembrado de coagulaciones y disoluciones atí- picas, se encuentra involucrado un personaje con el que mantie- ne una histórica vinculación. Se trata de “Axel”, el Lama que la preparó e invitó por vez primera, sobre la hierba azul de Kalíope, a cruzar el umbral. Axel acaba prácticamente de nacer en la fi- gura de sobrino y ahijado, y ya se percibe la influencia vibratoria que ejerce en todo el clan local de Constructores de la LLama. Un Observador Número 9 sabe que este tipo de encarnaciones terrestres son calculadas bajo un prisma de total estrategia cós- mica, máxime en estos tiempos que corren en los que se ventila el trabajo de preparación iniciática planetaria, comenzado hace milenios por El Colegio Iniciático de Venus.

Menciono a los Señores de Venus porque ellos fueron en rea- lidad los que se ocuparon en la Tierra de instalar las bases del llamado camino iniciático o “camino de “expansión acelerada de conciencia”. Por aquel entonces, el desarrollo evolutivo seguía el lento trazado natural de aprendizaje e individualización de las especies, pero el Consejo Solar a instancias del Galáctico, tomó conciencia de que en su órbita existía un planeta sagrado de los 144 del Kosmos. La noticia llenó de estupor a las estrellas más cercanas, que en cónclave secreto inspiraron un plan de colabo- ración directa por parte de Venus, el planeta hermano.

Por aquel entonces el Colegio Iniciático venusino era de unas características muy interesantes, ya que su plan de ampliación de conciencia había dado resultados insospechados en el seno del mismo. El Programa era de tal potencia que desde un es- tadio prácticamente animal se podía alcanzar el nivel de auto- conciencia en tan sólo doce escalones graduales de activación expandida. A partir de aquella decisión tomada por le Consejo, se desplazó hasta la Tierra un reducido grupo de los Grandes, encarnando en las figuras de reyes, patriarcas, guerreros, cien- tíficos, maestros, artistas y sabios que condujeron a las masas

humanas preconscientes a la creación y construcción de las ins- talaciones necesarias, para que la naciente Fraternidad Blanca del planeta sagrado número 144, pudiese aspirar y acompañar al primer núcleo humano terrestre hasta “el recuerdo”.

Desde entonces se desarrolló un sistema acelerado de evolu- ción que se instituyó en la fundación y nacimiento de grandes “hermandades secretas” que han impartido conocimiento oculto

a cambio de adhesión jurada hacia el servicio a la humanidad y

lealtad suprema al colegio de su fraternidad. Así fueron naciendo en cada rama y subrama de las cinco razas, tantas asociaciones

y escuelas, como emanaciones ashrámicas del poder solar que

las inspiraba y estimulaba desde el plano de las causas. Pronto se instituyó la llamada Jerarquía Espiritual Planetaria, (hoy conocida como Comunidad Ética Mundial) formada por los “iniciados” que habían decidido quedarse durante todo el ciclo

y desempeñar labores de guía evolutiva, a todos los centros en

donde brillase la llama de la Buena Voluntad Mundial.

Niños como Axel que antaño renacían en el seno de las cerca- nías monasteriales más escolásticas, aparecen hoy en el centro de la agitada vida planetaria, cercanos a su grupo de influencia con el que atravesaron milenios de formación acelerada. Unos y

otros, cohesionados por la energía del iniciador, preparan el plan para el que fueron dinamizados por el Colegio de Venus. Unos

y otros se disponen a posibilitar las condiciones necesarias para

que las poderosas vibraciones del gran Cristal Cósmico, volunta- riamente fragmentado en 144 Cristales, puedan conectar al plan terrestre sin quemar ni dañar la densa estructura psíquica de la humanidad del presente ciclo.

Desde aquí sea emitida una espiral de homenaje a los her- manos de Venus que, de manera fraternal y anónima, vienen constantemente a la Tierra para acompañar a todos aquellos humanos, preparados para cruzar el portal de ese Laberinto sin Retorno de la expansión de conciencia.

UN TRABAJO EN EL JARDIN DE LA INOCENCIA

U na nube de polen violeta, vibrando en la frecuencia de la li- bertad, ha rozado mi aura en esta primavera terrestre. Como

he sabido posteriormente, dicha nube fue conformada, junto con otras varias, por la Cámara de los Magos del Séptimo Rayo; rayo también conocido como Rector de la Ritualística. Debo expresar que por las circunstancias de mi trabajo, mantengo un estrecho vínculo con el ashrama central de estos peculiares ar- tífices, vínculo que se va estrechando a medida que las jóvenes flores solicitan la llamada “suprema cesárea”, cesárea que abar- ca toda una delicada operación que La Señora de los Aromas precisa, para limpiar el aura planetaria de trastos psíquicos vie- jos (formas ectoplasmáticas superadas).

Todo comenzó con una llamada que Lixia, (una de mis anó- nimas colaboradoras), dinamizó una noche en que los nueve Príncipes de la Compasión estaban activos. Su petición fue concreta: quería una labor que ordenase y ocupase su agota- do cerebro terrestre. Al parecer, en los últimos tiempos, se en- contraba excesivamente estimulado por la acción de un planeta oculto que transitaba por sus octavas, no cesando de activar formas pensantes que comenzaban a comprimir la natural dul- zura de Lixia. Tras comprobar que mis sugestiones hacia el vacío chocaban con los poderes recién fortalecidos de su ego neuró- ticamente individualizado, y comprobando que se aferraba a la acción compulsiva, sentí la tortuosidad del destino y comprendí que me estaban llegando ordenes de -muy lejos-, bajo ráfagas de intuición que me harían conectar con mi próximo trabajo.

He dicho tortuosidad porque se sabe que Los Señores del Destino “escriben recto con líneas torcidas”. Es por ello que en círculos íntimos se les llama “serpientes aladas multidirecciona- les”. Pues bien, al día siguiente de su llamada, me vi envuelto por un grupo de -inocentes preegoicos- que entre sonidos de bienaventurada idiotez e intacta espontaneidad, me comunica- ron que en aquella nave se encontraba una bailarina de ojos jade a la que deseaban liberar de las cadenas que había asumido

al entregar su anillo de amor y fuego.

Pronto sentí su aroma a incienso, y percibí como una enorme fuerza uraniana tiraba de mí. Al instante me percaté de que su Ser quería algo vagamente relacionado con ciertas palabras que

yo estaba emitiendo en la frecuencia del ultravioleta

ño personajes que sueñan que son soñados por aquél que me sueña a mí--) Al fijar la mirada en su rostro sin pretender aus- cultarla, confirmé de inmediato que venía de Urano por motivos

relacionados con Los Señores del Cristal y el acceso al nue- vo milenio. Percibí que no sabía todavía su verdadero nombre,

y que todo sus ser vibraba en las frecuencias del laurel y del

romero. Sus orejillas puntiagudas me comunicaron con rapidez que buscaba un canal de contacto con su mundo de origen, del que se encontraba absolutamente amnésica

(--sue-

Al poco, me entregaba en señal de voluntad ritual, un frasco de ámbar que conteniendo sus más delicados aromas, era uti- lizado para protegerse de los faunos que la bromeaban. Decidí ponerla a prueba pasándole una bolsa cargada de sutileza, tan sólo para comprobar si realmente era el momento de actuar o en todo caso debería esperar. Debo reconocer que de inmediato, sus puertas estallaron y desbordó el manantial oculto que mana en toda sacerdotisa. Me hizo saber que su fluido se encontraba bloqueado y había dejado de manar. De pronto oí tres “gongs” en el vacío de mi corazón y observé alelado que el manantial co- menzaba a desbordar el pequeño hilillo azul por entre los límites que la habían mantenido encadenada. Allí supe que alearíamos nuestros fuegos cuando el momento así lo exigiese.

Como Observador Número 9 no dejaba de percatarme que tras aquella sacerdotisa de Urano, no tardaría en aparecer el guerrero también “afectado”, con el que supuse que pactó su enredo antes de ocupar este lugar y este tiempo.

Apareció de pronto con la sutileza de un noble león que cono- ce a las águilas, sin embargo iba magnetizado por una imagen- cliché de perrillo que arrastra una cadena de 7 metros, colgando cansina de su cuello. Al parecer, en su camino hacia la expansión, había enganchado el lastre adherido de un sonámbulo que llora- ba, y de manera victimista decía que sufría. No tardé en decidir- me y aprovechando un remolino de energía ambiental, “llamé” a su Ser. Súbitamente, su entrecejo se percató de que estaba sien- do conectado con una banda de frecuencia, en la que podía llegar abruptamente su esperada liberación. Debo reconocer que mien- tras trabajé en el desencadenamiento de sus quejas que como larvas intoxicaban sus moldes de pensamiento, la sacerdotisa de Urano puso en los éteres una nube de energía lumínica que resul- tó fundamental para el éxito de mi delicada misión.

Elegí como espada-bisturí el Tarot del Universo que pre- senté a modo de mapa. Al verlo, la joven uraniana sintió la mú- sica olvidada que quizás oyera durante su preparación para la infancia. Un destello de júbilo en las frecuencias del infrarro- jo lo confirmó. Así que tras pronunciar palabras de resonancias

esenciales entre frases y dialécticas triviales, fui cuidadosamen- te preparando un condensado alquímico de emociones y aspi- raciones varias, para al fin llegar al punto elegido anterior a la explosión. El noble león reaccionó tal y como lo tenía previsto y penetró cándido a la gruta oscura del desaprendizaje, al abismo disolutorio de referencias lógicas, momento en que se ocupó el

vacío de las profundidades originales

explosión, todo fluía perfecto como sucede siempre en la vida de

un Observador Número 9.

Todo estaba listo para la

Aquel compañero encadenado, noble león solar con potencial de guerrero y amante, fue crucificado en el fuego de la contra-

dicción, entre la noble aspiración de una nueva conciencia y el desgarro de su autoimagen antigua y lastrosa. Allí murió como mueren los iniciados y todo joven sol con vocación de irradiación eterna. Y allí, como en toda muerte, nació a lo Nuevo, oyó La Palabra, dimensionó su existencia matacósmica, y se desprendió de un largo y pesado lastre que había asumido desde que deci- diera en los planos ocultos, comenzar su camino de maestro de compasión, tal y como lo estaba haciendo en el infinito simultá- neo de los tiempos.

La joven uraniana entre lágrimas de júbilo y reencuentro con lo Real, presenciaba entre atónita y serena, el certero golpe de fuerza y amor conque los remolinos etéricos creados por un 9, remataban la obra de varios días agotadores.

Han pasado tres lunas y tres soles, y el círculo se ha cerrado. El cofre se abrió y la perla resbala serena entre las cejas de esta sacerdotisa de Urano. El perrillo dio paso a un nuevo cancerbero del conocimiento, y cada cual vuela en complicidad y silencio en el trabajo de la nueva conciencia. El universo ya es la morada.

UN AULLIDO DE DOLOR Y AMOR

HACIA LOS OCÉANOS DE NADEDAD

E stos tiempos son en verdad activos, sobre todo para un Observador Número 9 que nada posee, como no sea conoci-

miento y conciencia. Que nada retiene entre sus manos porque su línea vital es liberar y soltar. Que no hace realmente planes porque su trabajo y su mapa se dibuja cada minuto, cada día. Que no ejerce roles de “familia de sangre”, porque su autén- tica familia la compone todo ser vivo que quiere recrearse en el -aprendizaje y liberación-, latiendo y compartiendo en amor, afinidad y compañía. Solamente cuando el arco iris roza la hier- ba azul de Calíope, percibe la visión del -rostro sagrado- que en ciclos de mutación, reunirá todas las moradas internas de su Ser. Es por ello, que en momentos de crisis y cansancio existencial sabe aullar al universo en dirección Andrómeda, haciendo cóm- plice de su llamada a todas las estrellas del séptimo rayo. Un 9 es el gran aullador de los desiertos morados, y hoy, aquí ahora, suena mi llamada a modo de lobo galáctico que ya busca su ma- nada en el retorno hacia el lugar secreto.

En estos momentos de -tormenta de identidad- recuerdo los tres rangos que mi personalidad temporal terrestre asumió, du- rante las tres décadas previas al evento milenio para el que es- toy contratado.

Me explicaré: En las rojas arenas de un amanecer de Marte entrené al -Guerrero Número 7- (en lo años 70 de la Tierra). El grado y los galones de mi rango en coraje, los recibí en la contienda energética que con espadas y desnudez libramos en la Isla de Hierro mi preparador y un servidor, en presencia de

vientos desencadenados a tal evento que había convocado Mina la Acechadora Celeste. No puedo ni debo olvidar aquellos momentos finales del proceso, en el que mientras cruzábamos nuestras espadas en plena hemorragia de atención acrecentada, nos adentramos hacia el interior del rugiente mar.

Posteriormente destacados miembros de la Jerarquía me hi- cieron saber que el ya era el tiempo en el que debía beber la copa del amor, realizando al -Sacerdote Número 8- (en los años 80 de la Tierra). Fueron tiempos en los que se me puso a prue- ba la -rendición personal- en aras a un objetivo Mayor que de- mandaba mi entrega incondicional a creadores llegados de otros mundos con rasgos kármicos pendientes. Fueron tiempos en los que el cáliz de la renuncia hizo resbalar entre mis clavículas per- las de dolor condensado que abrieron la calidez de mi corazón. No puedo, ni debo olvidar que se me pidió el supremo arte de crear claves de conocimiento envueltas en aromas de juego.

Posteriormente se insertaron en mis átomos infinitos las se- millas del -Mago Número 9- (en los años 90 de la Tierra). Brotó con mayor intensidad el poder de la palabra intencionada que debía abrir conciencia y orientar el camino hacia bandas de intui- ción del escuchante no casual. De la misma manera palabras y sonidos cargados de un poder de apertura cesárica, no cesaron de crear atmósferas profundas de efectos sanadores en aquellos que estaban naciendo a un grado más alto de responsabilidad en el Plan terrestre de liberación de conciencia. La palabra se con- virtió en el vehículo que debía ser accionado como parte del Gran Juego. Mientras tanto “observaba” sutilmente las líneas maestras del desarrollo de gran SuperNova en la Torre de los Dones.

Hecho este inciso de carácter local, añadiré que un Observador Número 9 está más allá de su mente pensante porque hace ya muchas lunas que aprendió a ser capaz de comprobar, que toda la biotecnológica complejidad de los terrestres, está enfocada en hacer dibujitos y jueguecillos, para mantener vivo el conjunto de cuerpos densos y sutiles que han elegido antes de olvidar. Debo

contener mi cólera al observar tanta perfección de diseño y po- tencialidad cósmica, para tan sólo orientar sus primeras dedica- ciones a torpes y vulgares maniobras de sofisticada superviven- cia sublunar. Esta aproximación a una de las realidades puede entristecer de tal forma a un 9, que sentirá ganas de aullar al vacío sideral de su patria olvidada y perdida, la patria holística de cualquier lugar y cualquier tiempo (¡Que los hierofantes de- tengan mis palabras en los círculos “no se pasa”!).

Pero debo añadir que cuando Un 9 “observa que observa”, es decir experimenta que es testigo de su propia percatación, pone en juego energías oceánicas de desidentificación con cual- quier forma mental. Conecta con la vacuidad silenciosa de lo absoluto, y ahí es donde radica su terrible secreto, secreto que lo hace imprescindible en los planes de liberación de los 144 planetas sagrados. Téngase en cuenta que dicha claridad está relacionada con el misterio del amor y la amistad. Se trata de un servicio que está más allá del deseo adictivo de la llamada pasión. En este lenguaje de sonámbulos con el que tengo que expresarme, puede tan sólo afirmarse que dicho servicio, está íntimamente relacionado con la fluencia, con el flujo, con el flui- do atemporal y aespacial, y con el sereno y noble ejercicio de resbalar suavemente por las avenidas del Plan.

Si explico todo esto, no es porque albergue ningún deseo de sugerir al no casual lector de estas cartas, una imitación más en la variada gama de roles y subpersonalidades que la mente es- coge para zigzaguear entre los hilos que tejen las tres hilanderas del destino. No, mi propósito es recordar que como Observador Número 9, debo realizar el iniciático trabajo de galopar el dragón de Sirio y rasgar los éteres, abrir una puerta al infinito, y posibili- tar que la conciencia colectiva, el ánima mundi, comience su im- perceptible fluido hasta el atractivo vacío recién abierto en todas las dimensiones del pluriverso. (es por ello que me pagan).

Mis colaboradores aparentemente anónimos que apoyan con impecable logística esta acción guerrillera contra el muro eté-

rico del sueño colectivo. Son los que ejercen el noble oficio de Jardineros de la Serenidad Mundial. Sea entonces bienaven- turada la labor de -despertadores de humanidades- que es- tos hombres y mujeres de sonrisa pectoral, ejercen en sus más cotidianas ocupaciones. Que sepan, que por cada microscópico quanta de serenidad que emiten a la contaminada atmósfera terrestre, se explosionan múltiples fuegos de dragones solares, y se puentean las mallas luminosas que guardan el dulce baño de los inocentes.

En este aullido de un Observador en pleno Festival de Wessak, colaboran las rosas recién abiertas, los cachorros de hocico húmedo, los tacones de las bailarinas, las flautas de aque- llos dos, y el poderoso gong del pulso cósmico. Las gargantas de la Jerarquía Espiritual Planetaria así lo hicieron sonar cuando sintieron la presencia del corazón oculto de todas las madres de la tierra.

UNAS NOTAS MUSICALES DEDICADAS AL GRAN SUEÑO

U n Observador Número 9 conoce la máxima que los Portadores de la Lámpara Piramidal han realizado durante los -ciclos

de oportunidad-. Máxima que les ha posibilitado el mecanismo al último escalón del juego supremo. Antes de pronunciarla ade- lantaré que fue transmitida por los Señores de la Llama a uno de sus iniciados que pasó a la historia con el nombre de Lao-Tse,

y que posteriormente creadores y repetidores varios, la fueron insinuando en sus expresiones. Ella dijo y dirá así:

-SILENCIO ES LA PREGUNTA SILENCIO ES LA CONTESTACION-

Desde esta reflexión, un Número 9 sabe también que cual- quier caprichosa postura que la mente adopta con relación a su particular posición sobre la existencia, sólo será rollo, discurso, disfraz, y en definitiva, “sueño de lo Real”. Téngase en cuenta que el hombre que asciende tiende a enamorarse de su mente como un estudiante que se deja fascinar por la última compu- tadora o por un sofisticado bólido de carreras que produce es- timulaciones endórficas varias, cuando llega a rozar las 12.000 vueltas.

Es por ello que antes de trascender el aparato pensante y lle- gar realmente a superarlo, el terrestre de turno lo somete a toda

clase de pruebas y ejercicios con el fin de conocer y gozar de sus posibilidades y prestaciones. Sin embargo en el fondo de los buscadores de la verdad, en el foco más íntimo y esencial, se in- tuye que se trabaja con un material que tan sólo roza el Misterio pero que no llega, ni llegará al ojo central del huracán.

Pasar por los apasionantes descubrimientos que la biocompu- tadora cerebral ofrece al tripulante del vehículo, al impersonal testigo -YO SOY-, es una etapa que sin duda entrena al “habitan- te interior” a concientizar el cacharro tan entretenido con que ha sido dotado su equipo de viaje (Los últimos modelos nacidos an- tes del evento milenio, duran lúcidos hasta pasados los 121 años terrestres), pero en este viaje puede haber una oportunidad para salir de la carrera de la ascendencia y decadencia, de la monta- ña y el valle emocional, de ese proceso rítmico de construcción

y destrucción inevitables con que gozan y sufren las máquinas biológicas llamadas cuerpo-mente del androide pensante.

Pero ¡Atención!. Ahí es donde un Observador Número 9 hace refe- rencia a un atajo a la gran visión, a un pasaporte sagrado de salida. Ahí es donde hace referencia al silencio como embajador plenipoten- ciario de la autoconciencia, y ahí realmente es donde Los Señores de la LLama señalan el final de la dialéctica íntima, de manera que no se eclipse el brillo sereno del -darse cuenta-. Que se recuerde que todo ello ha sido orientado a la tan cacareada armonía interior de los plexos, llave giratoria que abrirá de transparencia a las aguas, e iluminará las oceánicas profundidades del ser.

Pues bien, la meta sutil que subyace consistirá en dirigir a la

conciencia durmiente a la salida de la rueda del sueño y al fin de

la marginación en la que los sonámbulos se retroalimentan como

adictos eideómanos fecundados y preñados de nuevas teorías e ideas que no cesa de vomitar la mente global. Un 9 sabe que tan sólo en un escuchado silencio se podrán alcanzar los mecanis- mos naturales para volar más allá del turbo psíquico con que las humanidades en ascenso están tan ilusionadas, enamoradas y,

sobre todo, identificadas.

El tic tac de estos grupos humanos de amnésicos va del sueño de noche al sueño de día. Conforme despiertan de un sueño, en- tran inmediatamente en el otro. Una tipología de sueño es ideal para el día, la otra funciona para la noche, pero tanto el sueño de noche como el sueño de día son facetas del -gran sueño- que engloba a ambos (tan sólo algunos pequeños períodos entre ambos escapan al influjo fascinador de Maya). Un Observador Número 9 ya hace muchos soles que rastreó las pistas dejadas

por atemporales sabios, y sabe que hay un despertador para sacar la cabeza de la caja de cartón y dejar de creerse las es- cenas de esa película que alude al hecho de “vivir y morir”. Ese despertador tan sólo suena en la atención total del silencio ecuá- nime, produciendo en el durmiente la percatación permanente de que sueña, tanto en la vigilia del día, como durante el sueño de la noche. Ese despertador anima al Testigo y despierta a la princesa dormida que el príncipe tras largo camino de pruebas

y

perseverancia, “besará y sanará” del hechizo de somnolencia

al

que fue sometida, por comer irremisiblemente de la manzana

del conocimiento y la experiencia, y alejarse temporalmente de

su unidad e inocencia.

La princesa del mito simbolizará veladamente a la conciencia dormida, y el Príncipe Valiente por su parte encarnará la volun- tad aspirando al despertar. Más tarde, en su camino iniciático vencerá un Dragón de 7 cabezas, realizará el Bastón de Siete Nudos, alineará la columna de los siete chacras, para finalmen- te abrazar al testigo YO SOY, hasta entonces identificado con nombres y adjetivos, y ocupar los pluriversos transformando el amor en conciencia y la conciencia en amor.

LA LLAMADA DE UN AMIGO

¡ O h! Descubro una llamada que interrumpe mis conexiones. Por lo que veo, insta al puente de materia mental construi-

do entre mi pineal y pituitaria, a enfocar energía atención hacia Korian, Señor del Cristal Número 88. Identifico su poderoso re- flejo de luz a través de los cegadores destellos del diamante, el cuarzo y el ámbar. Y por lo que veo tras el azul, su personalidad

terrestre realiza graciosas danzas trenzantes entre El Loco y El Mago, y reconstruye viejos y olvidados puentes entre la tierra y el sol.

Reconozco que mi amigo es una rara especie a extinguir en el universo. Descendiente del último de los dragones conocidos del plano búdico, y caballero anunciador del beso histórico en- tre el águila y el león. Hoy se le puede considerar en el espacio terrestre como un anónimo fabricante de estrellas, pero no se crean que a la manera de las industrias que poblaron llanuras y valles en la época oscura previa al despertar, no, mi amigo es un -Fabricante de Prodigios-, prodigios que cargados por la intención dinámica de la Presencia y lanzados a rodar por entre las manos y los ojos de los solicitantes, actúan como increíbles ensanchadores del zoom cotidiano de los videntes.

Ajustaré el dinamizador de la clara luz de la visión para perci-

En efec-

to, compruebo que su potente radioactividad opera por contacto metapsíquico. Digamos que en los últimos tiempos ha entrena- do una nota vibratoria, inaudible al oído externo humano, que trabaja entre los superegos. En realidad, el 88 ejerce su labor “abandonado” al fluido que discurre por el cauce holístico de esa supraconciencia o mundo de las causas, y desde allí proyecta y se realiza en el plano tridimensional.

bir con nitidez al amigo, Señor del Cristal Número 88

Pero volvamos a su faceta de fabricante de estrellas. En este campo, digamos que opera con tres formas que corresponden a tres planos de manifestación, en donde el 88 hace su camino. Me explicaré:

La primera corresponde al plano de la conciencia pura, y por ser el más elevado y sutil opera en los campos ónticos del si- lencio, la ecuanimidad y la presencia. En consecuencia, cuando Korian se encuentra con seres que afirman padecer del llamado conflicto existencial, se limita a no hacer nada, tan sólo a escu- char y saber íntimamente que todo lo que sucede es lo que debe de suceder, y que todos los supuestos inconvenientes y quejas pronunciados en su presencia van a durar muy poco, porque el hecho de escucharlos con un corazón consciente, origina oleadas sutiles de aceptación, aflojamiento y bienestar, que sin trans- formar de inmediato los acontecimientos presuntamente objeti- vos, modifican benévolamente la implicación de los mismos en la conciencia de los sufrientes. Es decir, los llamados problemas pierden importancia y resbalan como hielo derretido, su dureza y tensión.

La segunda manera de fabricar estrellas corresponde al plano mental y aunque trabaja en los campos del espejismo y la ilu- sión, sus efectos también son potentísimos. Veamos: Mi amigo cuando es solicitado para una cesárea emocional, ejerce el noble oficio de visualizar cruces en las que existe un punto de inter- sección central, en el que se citan y cruzan energías cinéticas emanadas tanto desde los extremos de las mismas como desde su centro. Esta pulsante concentración de energías produce tal remolino en el objeto mental, que éste comienza a girar vertigi- nosamente, hasta que alcanza una vibración tan potente que mi amigo entonces conduce y dirige hacia las cortinas de opacidad de las corrientes de los buscadores. Con todo ello, incluso se permite el lujo de abrir grietas en muros de sombra milenaria, en microdécimas de segundo.

El tercer plano de operación se maneja en el nivel del sueño denso, y como es lógico se refiere al mundo fenoménico de los

“objetos materiales” (libros, juegos, imágenes, palabras-rela-

cargados de ciertas características leídas en el inconsciente

colectivo de la humanidad. Características que son ajustadas en

forma, color, funcionalidad y mensaje

y que tan sólo cumplen

to

)

el oficio de apuntar, a modo de señales de tráfico, la dirección del despertar, pero que en sí mismas no son más que generadores

de ideas y emociones con sabor a libertad.

De todas maneras en este último plano, el 88 es todo un ex- perto, ya que posee la habilidad de intermediar entre el mundo de las Grandes Vidas, de las más elevadas abstracciones-forma, que como ruedas y esferas de luz, giran en planos mentales transracionales, puenteando con el mundo del plano físico den- so, verdadero objetivo de expresión de estas excelsas entidades, que por cierto, se dice que precisan para su perfecta toma de conciencia de todos estos deliciosos puenteos de manifestación.

Esta capacidad de la Señor del Cristal Número 88 fue desa- rrollada a modo de recuerdo de un programa intensivo que de- sarrolló el maestro -Jonuel- cuando éste se decidió a relatar la historia de Doulus Oukóon y Helena Hukusa (almas gemelas de quinta dimensión), dotando al relato de capacidades similares a las que experimenta un viajero de montaña rusa en feria espa- cial, explosiva y palpitante.

El maestro Jonuel construyó esta insólita historia-tobogán de Doulus Oukóon, por medio de ingeniosos y sabios túneles de tiempo espacio, que gusaneaban desde la tierra hasta ciertos confines del centro de la galaxia. En este recorrido, el viajero al- canzaba cotas inusitadas de jaleo endórfico que lo transportaban rápidamente a la grata satisfacción del recuerdo.

En dicha magna obra no pueden olvidarse los ajustados cál- culos y la absoluta precisión que aportó su equipo de ingenieros cósmicos. Todo el pluriverso sabe que en aquel singular reco-

rrido los viajeros se montaban en un dragón que respondía al nombre de -Abraxas-, y que de acuerdo con las vibraciones más ocultas del viajero, penetraba vertiginosamente no sólo en el sagrado interior de los más incandescentes soles y quasares, sino también en la abismal intimidad de los agujeros negros de reconocida densidad espacial. Este evento atrajo la atención de habitantes extragalácticos y de nativos de metasistemas, que no dudaron en acudir desde los remotos confines del pasado y del futuro, con el objeto de vibrar con la música interior del es- crito-ferial contactado por Jonuel, más insólito y potente de las Nubes de Oort.

Nuestro testimonio a este iniciado por su maestría en el Gran Juego. Los pétalos del amor y de la luz adornan su morada.

EL MISTERIO DE LA ABSORCION DE UN OBSERVADOR NUMERO 9

Y LA CULMINACION DEL SUICIDIO DIMENSIONAL

M e encuentro en lo alto del -Mount Shasta-, y durante tres días terrestres tengo la misión de canalizar energías geomagné-

ticas provenientes de las zonas urbanas más densas y oscuras. Los que me han contratado como basurero energético, bien sa- ben que cuando localizo bandas desequilibradoras de grandes nieblas magnéticas, las oriento de inmediato hacia el interior

de la Sombra Planetaria, que en los próximos años deberá aflo-

rar a la conciencia de la humanidad con vocación de integrarse como Luz. En estos momentos pongo en acción mis destrezas

de -Pastor de basuras energéticas- en memoria del maestro

Vincent, uno de los más grandes basuradores de densidad que

han trabajado para el Fraternidad de los Buenos Amigos.

En esta ocasión, me acompaña -AlexÉL- un alma que conmue-

ve

de amor mi corazón de manera insospechada. En realidad

mi

acompañante es el Mahatma más puro de la estirpe de los

lúcidos, un abierto que aceptó el riesgo calculado de pasar por la -Visión- de aquello que no se puede mirar con ojos preintelec- tuales, aceptando de antemano sus inevitables consecuencias:

La división interior, producto de la abrupta emergencia espiritual que al no poder ser procesada en su psiquismo insuficientemen- te preparado, se vio obligado a vivir alejado de la cordura socio- cultural planetaria durante unos pocos e interesantes años de noche oscura

En este delicado momento y a punto de finalizar mi traba- jo de cirugía energética, observo que una miríada de lenguas

de fuego están bailando sobre mi aura expandida. Se muestran extraordinariamente agitadas, y por lo que percibo, volicionan transmitir una coreografía-mensaje proveniente de las altas e innombrables esferas. Por la intensidad de la energía que di- namizan, deduzco que es de suma importancia lo que allí va a transmitirse, pero no albergo ya ninguna duda cuando observo que la insigne entidad angélica, llamada también La Señora de los Cascabeles, acompaña al grupo ígneo entre latidos de fuego, y anuncia solemne que es llegado el momento clave en el proceso de activación de las runas neuronales en los estimagti- zados por el “contacto”.

Un Observador Número 9 sabe que cuando estas notas de viento estelar son emanadas por Lo Eterno a través de sus nun- cios, se alcanza el esperado momento de una acción oculta y extraordinaria, conocida con el nombre de “absorción”.

De este misterio nada estoy autorizado a desvelar, porque entre otras cosas, supone una vivencia intraducible en palabras, tan sólo pueden hacerse referencias a lo que sucede, orientando la capacidad más intuitiva de la mente, hacia el corazón oculto del Sol Central, del sol de soles

Es por ello que aquí finaliza mi crónica de la observación, y nada más tengo que decir, tan sólo despedirme abriendo mi co- razón a tí lector, no sin cierta nostalgia.

Comenzaré mi despedida de tan sólo el ojo que lee estás car-

tas, no sin antes compartir contigo, amigo no tan desconocido, (me lo solicita el Guardián de la Recapitulación) que siendo elec-

sucedió que emergí naciendo como rizo de

la gran Totalidad, como llama encendida en ese supremo sacri-

Iluminé el plano inferior, también

llamado infernal, e integré la suprema oscuridad. En su interior

me desdoblé como oruga que tiene la misión de no morir sin ser mariposa, y rendir cuentas de tal proceso en la cámara de los hierofantes.

ficio de concreción y tiempo

tricidad potencial

Tras siete implosiones metamórficas nací aéreo e ígneo, pero

sobre todo introduje lo simultáneo en el mundo de lo alterna- tivo, y ahí fue donde estalló la chispa vertiginosa de eternidad, que ahora y aquí, transcurrido el tiempo encomendado, viene a

(hace muchas infancias que no temo la

buscarme y me llama

visión de los nuevos disfraces que adopta la muerte del último vehículo, con el que a veces tiendo peligrosamente a identificar- me)

Así que me despido. Mi equipo de colaboradores late siempre en el corazón abierto del Señor del Primer Rayo en forma de cálidos pétalos de un loto sereno, y al lector que hasta aquí haya caminado, que sepa que estas cartas no han llegado a él por casualidad, y que sepa también, aunque lo intuya, que tampoco son unas cartas en su sentido literal. Su lectura, en el orden y medida exacto para cada cual, hace recorrer un circuito cuántico entre los pliegues de la conciencia, que lo quiera o no, conforma una clave terminal que lo deja automáticamente conectado con Los Señores de la Llama. (es por ello que me pagan)

Sin embargo y antes de aceptar La Gran Disolución que se me anuncia inevitable, debo recapitular algunos pormenores de lo que ha sido mi vida.

Siendo océano de conciencia de pura potencialidad, y care- ciendo de identidad propia, la “casualidad” cósmica expresó su Voluntad a través de lo que llamé -yo-, obligándome a nacer a lo concreto y separado. Allí comenzó el fraude de mi autoidenti- ficación tanto con cuerpos densos y sutiles como con vehículos emocionales y mentales variados e innumerables que usé cre- yéndolos siempre -yo-. En aquel momento de caída y reducción imaginé el universo fenoménico, universo que desde la trampa de la mente “creí” objetivo, material y “fuera de mí”, cuando en realidad todo estaba dentro, y Yo era quien le daba existencia con mi fecundo “proyector” y mis diferentes gafas de colores y subpersonalidades.

Dejé de sentir la gracia de La Presencia para experimentar el dolor de la eterna búsqueda desde La Ausencia. Ello me dinami- zó deseos, ansiedades, y emergió la conciencia del tiempo y del espacio como parámetro de algo encarcelante y amnésico que me alejaría de Lo Absoluto y me exilaría en el mundo relativo,

dual y contradictorio de los ciegos de autoidentidad. Me alejé de

lo Real y me fasciné con la película que mis sentidos externos e

internos percibían como única realidad. Allí caminé entre el pla- cer y el dolor, el deseo y el miedo, la atracción y el rechazo, el ayer y el mañana.

era tan grande mi necesidad de despertar de aquella

pesadilla llamada “vida normal de mi tiempo” que sucedió algo cósmicamente cotidiano. Sucedió que me encontró alguien que pronunció mi verdadero nombre

Pero

lo demás tuve que hacerlo y recorrerlo

como Observador Número 9, en donde deambulé algunos se- gundos que para la historia de los durmientes fueron milenios. Finalmente, hoy, ahora, vuelvo al mundo del silencio inmanifes-

tado como gota de agua que vuelve al mar. Nada recordaré, ni nada importará lo que soy, fuí o seré, porque en la conciencia de océano eterno, casi produce risa la idea de esfuerzo evolutivo

o individualidad fenoménica, así como también cualquier for-

ma de juicio condenatorio o absolutorio que padecen los todavía enredados con la supervivencia de formas pensantes, formas asociadas férreamente con algo que llaman yo, o conciencia de diferencia personal.

De súbito recordé

Estos hechizados durmientes (conozco el doloroso padeci- miento de esa ilusión) tratan de hacer sobrevivir sus mundos de sueños en cuyo centro se haya el cuerpo y alma, ambos a tras- cender por el espíritu Ese mundo que denominan real, formado

exclusivamente por un material que se construye y destruye al caprichoso vaivén de las culturas y escuelas. Me estoy refiriendo

a esos peligrosos andamiajes que dan existencia al sueño: los conceptos. Me refiero a ese mundo hipnótico de las ideas que

creando y coloreando la película, los esclaviza como pajarracos voraces hasta el despertar.

¡Hasta nunca y siempre amigo lector! Si sientes un ligero cos- quilleo en forma de remolino por encima de tu cabeza, y asimis- mo percibes una sensación de calidez en tu corazón, confía en la Llama, quizá haya llegado la hora de abrir la rosa. Para llegar aquí, no hiciste nada porque nadie puede “hacer” nada, en todo caso quizá “creerá” que maneja la película de lo que llama vida, voluntad, riquezas, bondad, proceso, salud, elección, aprendiza-

je, amor, esfuerzo, iluminación, liberación

Afortunadamente

le sucederá al igual que al fruto cuando le llega su momento, y no antes ni después. Sucederá que cae naturalmente del árbol. Ocurrirá que estallará el globo separador y desaparecerá la fron-

tera con la vacía eternidad.

Y en este umbral en el que me encuentro, Los Señores del Destino me conceden un último minuto para que algo se pre- gunte en mí

¿Qué pasó con el amor y la pasión?

¿Qué pasó con mis intentos de entretener al cuerpo y al sen- timiento para atenuar las dolorosas muertes y renacimientos de cada nuevo nivel de conciencia?

Imágenes veloces dicen que he amado y rechazado, he reci- bido y dado. He introducido Sol en Luna. He bailado la sagrada danza de las alianzas. He preparado excitantes cok-tails con los mágicos licores del yin y del yang. Enrosqué el indómito dragón alrededor del caduceo y nací como cometa en el microscópico zoide que buscaba su óvulo para descargar el pesado equipaje de genética evolutiva.

La pasión siempre me dio remolinos de euforia vital, y esa vida siempre me volvió a enredar en el plano fenoménico e hip- nótico del ilusorio -yo- Hubo besos en donde el fuego del cora-

zón encarnó los labios sedientos de la otredad. Palabras seduc- toras que despertaron fuegos e hicieron trabajar febrilmente a las glándulas. Cópulas aéreas e ígneas, en donde la entrega y la fusión derritieron los fríos picos matemáticos del Señor del

rozando por décimas de segundo los aro-

Tiempo. Todo ello mas de lo eterno.

Pero cada placer se correspondió ecológicamente con un dolor. Cada risa expansiva fue misteriosamente balanceada con una lágrima. Al ascenso le sucedía el descenso, y a la actividad la espera. Ante esta periférica alternancia de acciones-reacciones, decidí salir (quizá huyendo aterrorizado) y viajar de primavera en primavera por entre los cuatro puntos de la cruz planetaria, y en todos amé y abracé hasta conectar con la esencia del uni- verso, pero toda construcción que empezaba al alba se tornaba en destrucción en los serenos ocasos. Todo lo dinámico se co- rrespondía con lo extático. Todo el azul terminaba por vibrar en el rojo y todo el rojo terminaba en el azul, aunque ambos con vocación de violeta

y me preguntaba agonizante entre los efluvios de la niebla:

¿Cómo parar la noria? ¿Cómo salir?

Pronto me di cuenta de que aunque era inevitable el vaivén acción-reacción entre el encuentro y el desencuentro, y aunque la impermanencia perseguía mis esfuerzos de controlar, debía

rueda debía alcanzar el punto de inmutable obser-

vación en donde sabía que no había movimiento ni alternancia, sino tan sólo “observación del movimiento”. Tenía que encontrar el punto absoluto y ecuánime desde donde “observar”, disolver resistencias y entregarme al sabio ejercicio de fluir. Fue enton- ces cuando pronuncié La Palabra inserta en mis runas por el

salir de la

Padre de los Tiempos, y se abrió La Puerta del Laberinto Sin Retorno

No lo dudé.

Crucé el umbral por entre el guardián de la luz y la som- bra. Y comenzó el fluído vertiginoso que me conduciría en últi- ma instancia al Testigo. El destino me guiaría inexorablemente al pluriverso de lo estrictamente inmanifestado y potencial. En aquellos momentos se estaba pronunciando el adiós definitivo a la autoidentificación con el reino de la fragmentación y la resis- tencia.

Poco antes de encontrar al testigo impersonal, y “colgarme” en su neutral y sólida postura, sentí fuertes deseos de acabar con mi forma de vida conocida, de terminar ese mal sueño en donde no quedaba nada exterior en que agarrarme, confiar y creer.

De pronto deduje que El Guardián de lo Ilusorio no perdo- naría mi despierta rebeldía de samurai dispuesto a ejecutar la evasión de su malla onírica y entrar ya definitivamente en los niveles transracionales. Su afilada guadaña de amnésica vulga- ridad comenzaba a acariciar mi eliminación y muerte, antes de que yo lo hiciera a mi manera. Me percaté de que esa sombra fantasmal estaba dispuesta a concebir a través de mis pensa- mientos la total destrucción del vehículo cuántico que me iba a

servir de nave de salida, para trascender las proyecciones de sus caprichosas locuras. Tenía que librar mi última batalla contra la inercia. Había decidido salir de la opacidad y eso parecía no estar

necesitaba un último

bien visto por el Guardián de lo cuanta de fuerza-conciencia

En aquella tesitura fui tentando por la última de sus trampas, que en forma de sugestiones proyectadas a mi pantalla perso- nal, pretendían aferrarme a cualquier deseo no realizado que fuese capaz de atrapar energía-conciencia, para así volver inevi- tablemente a nacer y girar en la sugestiva hipnosis del deseo y las expectativas renacidas.

¡Qué fácil era morir¡ Pero qué difícil era dejar de existir para siempre a la manera de remolino que se aquieta y disuelve, en el inmenso mar.

en aquella lucha por atravesar la cortina de niebla ilusoria

y alcanzar la suprema nadedad, de pronto vivencié vagamente

el extraño y sagrado abrazo de la Sacerdotisa de los Tres Manantiales que como cabeza y cola de dragón se disponía a servirme de mapa por entre la maraña de aquella densa niebla que debía penetrar

No lo dudé, me rendí ante aquel abismo ya sin deseos, pro- pósitos e intenciones. Caí entregado al silencio infinito y a la

suprema inofensividad, y así, mientras era tragado por el vacío absoluto, sentí que mi viejo yo, se encontraba muy cansado

y tan sólo quería acabar el camino, para nunca más reencarnar ni existir.

En este agujero interminable y centrípeto de las mil puertas, y en la desintegración alucinante de todas las formas de dualidad creadas, tanto del pasado como del futuro, estalló de súbito, en viento, sonido y luz, algo que derribaría todas las cerraduras y convertiría la consciencia en supraconciencia

HABIA LLEGADO LA ETERNIDAD

Desde “eso” El Observador Número 9

Suicida dimensional.

UNA ROSA EN EL DESIERTO

A lgo ha sucedido en mi fracasado intento de suicidio dimen- sional

Todavía pareciere que oigo las reverberaciones de mis últimos sentimientos:

“ ¡Qué fácil era morir pero que difícil era dejar de existir

como remolino aquietado entre las aguas

!”

Explicaré lo que sucedió: Tras el ritual de absorción y diso- lución en el que prácticamente estaba consiguiendo salir de la Rueda Samsárica, y habiendo aceptado los requisitos del últi- mo despojo de mi limitada identidad personal, sucedió un even- to por el que todavía algo último queda pendiente de relatar

sucedió que tras mi decisión de acabar, y mientras me pre- cipitaba por aquel agujero interminable y centrípeto de puertas cerradas, y en plena desintegración alucinante de las formas creadas, tanto del pasado como del futuro, estalló, de súbito, en viento, sonido y luz, algo que derribó todas las cerraduras y con- virtió la consciencia en supraconciencia. Me pregunté entonces:

¿Había llegado la eternidad? -HABIAS LLEGADO TÚ- -ROSA DEL DESIERTO- -HABIAS LLEGADO TÚ-

Reconozco con

estupor y sorpresa que uno, no ha podido transitar de la concre- ción e individualidad de Observador Número 9, a la fuerte llama- da que le hiciera la disolutoria Nadedad a través del fenómeno de la Absorción.

Han pasado ya los mil días y las mil noches

El plan de fusión con la inmanifestado, ha en cierto modo fracasado. Al parecer, (me cuesta reconocerlo en virtud de mi estirpe) los innombrables Señores del Destino tienen todavía para este incombustible servidor que emerge una vez más de entre sus cenizas, lo que se intuye como planes y servicios va- rios, como pasaporte definitivo antes de su muerte dimensional y salida del Laberinto Terrestre.

Sucumbiendo a la tentación de ordenar los recuerdos de esta pasa- da catarsis (en forma de accidente) en la que mientras uno, respon- diendo al llamado de la eternidad, era tragado por el abismo de una desconocida rendición, sucedió algo que traicionaría el plan de tran- sición dimensional. Sucedió que todavía quedaba en mi corazón, un brote de deseo potencial sin “realizar”, deseo-energía que fue aprove- chado como -puerta del tiempo- desde el mundo del futuro

¿Qué pasó? Ocurrió que un venidero ser de luz, decidió “au- toenviarse” en misión extraordinaria al presente año 2.000. Se dice que a tal fin, abrió la puerta viajera del Arcano Número 6, y bajo el rango de Sacerdotisa de los Tres Manantiales, cruzó la barrera del tiempo con la grave misión de despertar en el que caía, tan sólo un suspiro y una emoción extraordinariamente profunda de amor y deseo, que por sí sola reorientaría al suicida dimensional a un nuevo ciclo de acción en el escenario terrestre. (para un Observador Número 9 es muy duro reconocer que ha tenido un brote de deseo que refleja su tenue incompletitud) Ello traería consecuencias tales que dinamizaría la autoconcien- cia futura de los mundos.

En efecto, era de suponer que a La Cofradía del Silencio, organismo -séptimo universo- también llamado de la Atención

Perfecta, no se le escaparía este fugaz detalle personal del

observador kamikaze, y acabaría por captar la sutileza de ese suspiro de deseo, que uno, por amor irresistible con aroma de

designio, no pudo evitar

En consecuencia, y por virtud de la

ley de la compensación, La Cofradía exigió a la sacerdotisa nacer

en el pasado con la forma metapsíquica de rosa del desierto. De esta manera se daría el encuentro en las orillas del Gran Río,

y se produciría el suspiro primal requerido para alterar el Plan

evolutivo de los mundos.

Estaba escrito desde el más allá del futuro, que aquella Rosa de las rosas, en medio del seco e iniciático desierto, abriría con los besos y las lágrimas del que caía, su corona de los 1.000 pétalos.

- Cuando ello sucediere las galaxias de Oort danzarían -.

El encuentro de los amantes como añeja polaridad reunida, produjo el desencadenamiento de una insólita motivación que invocaría paquetes de energía del oculto e inaccesible tercer ni- vel. Nivel por cierto, bastante inusual en la frontera del tercer

milenio

suficiente de hebras de luz entre sus corazones como para afec- tar a lejanos planos de vida resonantes, sin olvidar la laboriosa creación del arco iris etérico entre los tálamos.

Nivel que desencadenaría en los amantes la cantidad

Ante aquel despliegue no hubo duda para el que caía. Las señales tenían la firma de un estilo inequívoco, que no es éste momento de nombrar. Se confirmó simplemente que debía vivir- se aquel proceso que aparecía abierto entre vagos relámpagos de visión y señales con la firma del “muy lejos”.

Ante la contemplación de la rosa, él no pudo menos que zam-

bullirse por entre la transparencia y profundidad de sus luces

y sombras. Desde ese plano se amó desde El Profundo. Los

amantes fueron bendecidos por la eternidad, bañándose en la espuma de la frescura, y recordando los manantiales piramida- les de Sirio, en donde se fluyera durante las primeras infancias.

Acariciaron “sin tiempo” todos y cada uno de los pétalos blan- cos con sabor a rojo azulado, mientras los abrazos y los besos producían danzas de fuego en el interior de las moradas. Se dice que durante aquella danza iniciática, se vertió toda el agua del pozo que acumulan los renunciantes, en nombre de un amor más grande que el suyo propio, amor misterioso y singular cuya potencia desconocida se canalizó a través de las montañas y va- lles de sus cuerpos irradiados.

En medio de todo aquel huracán de luz cegadora y de fuego orientado, se realizó el sueño milenario de galopar con tensión y conciencia el indómito dragón que tantos eones atrás, había logra- do descabalgar incluso a los jinetes más audaces. Sin embargo ha- bía ocurrido que aquella indomable fuerza era dirigida con riendas de rosas, en contraposición a los habituales eslabones de hierro. Esta diferencia los proyectó hasta alturas que en estos tiempos no pueden ni deben expresarse en palabras ni pensamientos.

Se vivenció la experiencia mágica de la fusión de los opues- tos, opuestos de más oposición y polaridad de todo lo conocido en este ciclo de manifestación:

El abrazo entre un Observador Número 9 y La Rosa de las Rosas-.

Se supo al final, que todos los esfuerzos de la Rosa por man- tener su fragancia en aquel seco erial, estaban ya plenamente justificados por el encuentro con “los cantos rodados sobre copa abierta”. Se supone que La Rosa de las Rosas, al tener esencias y aromas de sus expectantes hermanos de futuro, no se había contaminado a pesar de todas las pasadas náuseas de ansie- dad, confusión y desencuentro que se sortean al crecer por un campo de arena mercantil sobre tela asfáltica. Resultaba satis- factorio comprender que a pesar de las experiencias disonantes de un siglo materialista y oscuro en el que había caído, se había mantenido natural e insólita en su corazón, la pureza de los Mahatmas.

Dicen que durante aquella secuencia infinita de abrazos se pudo concienciar de forma alucinante, el estallido de la penetra- ción hacía un más profundo interior de sí mismos, para así oír el grito primal de todas las galaxias, que ahora sí podrían nacer por el privilegio metacósmico de que unos lejanos amantes del mi- lenio, (un observador número 9 y la Rosa de las Rosas) estaban “conectando” con la Belleza Suprema, la integridad irrompible de lo absoluto y el goce producido por la música de las esferas en la tántrica danza del amor.

Describir el vuelo inagotable, y la gratitud y generosidad con que la abundancia universal estaba empeñada en verter so- bre sus pechos brutalmente abiertos, supondría una pretensión vana: Tan sólo es expresable que realizaron la alquimia sagra- da de convertir la pasión de los 12.000 dragones, en el amor refinado de las siete palomas del templo etérico de Oort. Es por ello que fueron recibidos y homenajeados por El Señor del Equilibrio, quién los inició en el manantial de la alegría “más allá del placer y del dolor”.

Civilizaciones luminosas de miles de años adelante lo obser- vaban y cantaban, sabiendo que ese anónimo evento de amor, ocurrido en el corazón de La Montaña de aquel siglo XX, había descentrado la misteriosa balanza da la creación hacia un uni- verso en donde ya fluiría -La Conciencia de Síntesis-, sellán- dose de forma definitiva la ignorancia, el egoísmo y la fragmen- tación.

Los amantes se sintieron conmocionados ante la presencia de una nueva plenitud que cinceló en los éteres un registro im- borrable para las memorias de las futuras razas. Sus caricias y sus tenues palabras expresaron el agradecimiento al destino por el regalo de haber vivenciado el abrazo mágico y la pureza de todos los inocentes pasados y futuros.

Parece que las arpas repiten el Ong primordial, para recor- dar una vez más al Observador Número 9 y a la Princesa de las

Rosas, que debían aceptar el remolino inevitable de una perma- nente atención, cuyas hebras fueron tejidas cuando inspiraron el camino de esta campaña terrestre. Inspiración que todavía no es tiempo de aflorar en su total completitud.

Por cada beso y cada lágrima que desprendió este gran amor, por cada toma de conciencia nacida desde el mismísimo reino del silencio interior, nació una rosa en un lugar de la Tierra. Las notas musicales que abrieron el corazón durante los largos vue- los de cópulas aéreas e ígneas y oraciones visionarias llenas de intuición, esperanza y certeza, resonaron para siempre en Los 7 Pluriversos de Oort, e inspiraron silenciosamente a otros amantes de las cercanas galaxias.

Se dice que él pronunció en una de las tres aperturas algo así:

“Ahora que gira tu conciencia desde el núcleo del Profundo, - tú y yo y todos-, sabemos realmente que somos UNO. Amor mío, tan sólo te susurro con toda la dulzura que conocen los lirios de Calíope, que eres y estás en mi corazón representando a toda la Humanidad-Una, y que por cada latido que estalle quemando mi pecho, sentirás a la mariposa aletear, inspirándote una entra- ñable alegría de ser, vivir y servir”.

— dicen también que él, ante una revelación del eterno pre- sente que le regalaron todos los niños de la Tierra, escribió dos palabras dirigidas íntimamente a Ti, corazón atento, que más o menos decían así:

HOLA AMOR

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