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EVALUACION PSICOLÓGICA FORENSE.4: CONTRIBUCIÓN DE LAS TÉCNICAS DE MINNESOTA Y MILLON

Fernando Jiménez Gómez y Guadalupe Sánchez Crespo (Universidad de Salamanca).

I.- LAS TÉCNICAS DE EVALUACIÓN EN PSICOLOGÍA FORENSE. II.- EL CUESTIONARIO DE PERSONALIDAD DE MINNESOTA: MMPI. II.A.- El MMPI, MMPI-2 y MMPI-A:

II.B.- La contribución del MMPI-2/MMPI-A a la evaluación forense. II.B.1.- Argumentos para utilizar el MMPI-2/MMPI-A. II.B.2.- La credibilidad de los resultados. II.B.2.1.- Los indicadores de validez en el MMPI-2/MMPI-A II.B.2.2.- Perfiles “increíbles” o distorsionados. II.B.3.- La contribución a la evaluación en los procesos civiles. II.B.3.1.- Evaluación de la guarda y custodia. II.B.3.2.- Evaluación de la incapacidad. II.B.3.3.- Evaluación del daño psicológico. II.B.3.4.- Evaluación psicológica del Trastorno por Estrés Postraumático (PTSD). II.B.3.5.- Evaluación neuropsicológica o de daño cerebral. II.B.3.6.- Evaluación de la adicción a sustancias/alcohol. II.B.4.- La contribución a la evaluación en los procesos penales:

II.B.4.1.- La contribución a la responsabilidad criminal. II.B.4.2.- La contribución a los ambientes correccionales. II.B.4.3.- Evaluación del riesgo. II.C.- Estrategias para la interpretación del MMPI. II.C.1.- Fases en la interpretación Fase I.- Analizando el contexto:

Fase II.- Analizando los objetivos:

Fase III.- La obtención de información extratest:

Fase IV.- Analizando la actitud ante la prueba:

Fase V.- Evaluación de síntomas y comportamientos:

Fase VI.- Hipótesis para el tratamiento:

II.C.2.- Resumen estructural. II.C.2.1.- Resumen Estructural del MMPI-2 II.C.2.2.- Resumen Estructural del MMPI-A III.- LOS CUESTIONARIOS DE PERSONALIDAD DE Th. MILLON III.1.- visión general de las técnicas de Th. MIllon. III.1.1.- Evaluando las dimensiones de normalidad. III.1.1.1.- Lista de adjetivos de personalidad (PACL). III.1.1.2.- Inventario de estilos de personalidad de Millon (MIPS). III.1.2.- Evaluando las dimensiones clínicas. III.1.2.1.- Inventario de Conductas de Salud de Millon (MBHI). III.1.2.2.- Inventario Clínico Multiaxial de Millon (MCMI). III.1.2.3.- Inventario Clínico de Millon para Adolescentes (MACI). III.2.- LA contribución a la evaluación forense III.2.1.- La credibilidad de los resultados. III.2.2.- La contribución a la evaluación en los procesos civiles. III.2.2.1.- Guarda y custodia y adopción. III.2.2.2.- Daño neuropsicológico y secuelas psíquicas.

III.2.2.3.- Tendencia suicida y abuso infantil. III.2.2.4.- Competencia para comparecer en juicio. III.2.3.- La contribución a la evaluación en los procesos penales III.2.3.1.- Agresores sexuales III.2.3.2.- Violencia doméstica. III.2.3.3.- Transgresores juveniles. III.2.3.4.- Trastorno y responsabilidad penal. III.2.3.5.-El MCMI-III-C para la evaluación de internos. IV.- LA ELABORACIÓN DEL INFORME FORENSE. IV.1.- Principios generales para elaborar un informe. IV.2.- La utilización de los informes generados por ordenador. Refrencias bibliográficas. ANEXOS

“Las personalidades son como cuadros impresionistas. A distancia, cada persona es „toda de una pieza‟; de cerca, cada una es un enredado complejo de estados de ánimo, cogniciones y motivaciones” (Th. Millon, 1995-98. pg.VII),

Las técnicas de evaluación de la personalidad que utilizan una estrategia de tipo psicométrico suelen ser uno de los modelos más frecuentemente utilizados dentro de la evaluación psicológica tradicional y actual. Su tradición investigadora le hace, por una parte, disponer de un bagaje científico considerablemente importante a través de los diversos indicadores de fiabilidad y validez necesarios para poder constatar que dicha técnica goza de la seguridad adecuada en los resultados obtenidos; por otra parte, su facilidad de administración y corrección le hacen ser una de los tipos de técnicas de evaluación psicológica más empleadas en el contexto forense.

La informática, aplicada recientemente a este tipo de técnicas de evaluación psicológica de la personalidad, ha contribuido a aportar una mayor seguridad de los datos obtenidos. La corrección mecanizada a través de lectoras de marcas o a través de un programa informático adecuado, la elaboración del perfil a través de su propia gráfica que muestra el comportamiento del análisis de las distintas variables de personalidad, y la posterior elaboración informática del mismo informe, hacen que estas técnicas nos aporten fiabilidad y seguridad en nuestro trabajo de evaluador.

Este tipo de técnicas multirrasgos de evaluación de la personalidad, además de la seguridad científica que nos pueden aportar en el proceso de evaluación de sus variables, hemos de constatar una gran ventaja en nuestra labor evaluadora. Con una sola técnica, a veces con un gran número de ítems, podemos analizar muchas y diferentes variables de la personalidad del sujeto. El MMPI-2 nos puede aportar un gran número de información acerca de las variables evaluadas en sus diferentes grupos de escalas: de Validez (6 y más 1 ), Clínicas básicas (10), de Contenido (15), Suplementarias (18), Subescalas (31). El MMPI-A, a través de sus 478 ítems nos aporta fiabilidad y validez con sus propias escalas detectoras (7 escalas de Validez), criterios psicopatológicos a través de sus escalas Clínicas básicas (10), de Contenido (15) y Suplementarias (6) y las de Harris-Lingoes (31). El MCMI-II (Millon Clinical Multiaxial Inventory-II) de Th. Millon presenta un total de 22 variables de personalidad más 3 escalas que nos aportan validez y fiabilidad de la prueba. Intentar corregir manualmente mediante un sistema manual de plantillas específicas para cada variable

1 Nos referimos a las investigaciones más actuales sobre varios índices de validez o fiabilidad .

supondría un notable riesgo de poder cometer cualquier tipo de error en los diversos procesos de contabilidad y/o de conversión en puntuaciones baremadas. La precisión informática nos evita este tipo de sesgo aportándonos gran seguridad en todo el proceso.

Cuando abordamos una evaluación pericial con estas técnicas en el ámbito de la jurisdicción, nos podemos encontrar con un problema de fiabilidad que es necesario detectar. Las propias características de este tipo de pruebas psicológicas al preguntar y responder en hoja de respuesta, hace que el sujeto pueda, al comprender la información del ítem, contestar de forma “interesada” según el objetivo propuesto en el caso que le ocupa. Algunos pueden responder sin tener en cuenta la información de las preguntas propuestas y otros pueden alterarlas en función de sus propios intereses. Esto ha planteado numerosas y serias investigaciones en el campo de la detección de aquellos que contestan de una forma no sincera a las pruebas. En uno de los apartados de este libro vamos a abordar este tema con especial seriedad, sobre todo con el MMPI-2 sobre el que se han centrado últimamente algunas investigaciones (Greene, 2001; Butcher, 1990; Sánchez, 2002, Nichols, 2002).

Las diferentes técnicas de evaluación de la personalidad de Th. Millon, algunas de reciente adaptación en nuestro país, muestran una escasa investigación en el contexto de la jurisdicción. Nuestra contribución se encuentra especialmente centrada en la aportación que pueden hacer fundamentalmente el MCMI-II/III y el MACI (adultos y adolescentes respectivamente) a los diferentes procesos judiciales contrastando las escasas investigaciones realizadas en la actualidad.

El MMPI es una de las técnicas de evaluación psicológica de la personalidad tradicionalmente empleada en los distintos contextos judiciales de los EE. UU., mostrando una progresividad creciente a lo largo de los años en más de 49 Estados de la amplia geografía del país americano. El número de casos documentados (gráfica 1) con el MMPI en la primera década (1967-1977) llegaron a ser 18, para aumentar, en la siguiente (1978-1988), a 110, y a partir de la reestructuración del MMPI-2 realizada por el equipo de Butcher, en los 11 años siguientes (1989-1998), los casos evaluados en los distintos procesos judiciales de los EE. UU se concretan en 200 MMPI y 14 MMPI-2. Los distintos juzgados en los que se presentan el MMPI/MMPI-2 como documentación acreditativa se diversifica, presentándose en los años iniciales los casos de evaluación de la personalidad, sobre todo como responsabilidad penal para, posteriormente, ir concretándose en otros aspectos diversos tales como los casos de guarda y custodia de los hijos (evaluando a los padres con el MMPI-2 y a los hijos con el MMPI-A) y actualmente abriendo el campo a los casos de reclamaciones por daños o secuelas psicológicas y/o físicas causados por diferentes accidentes, incluso por errores médicos.

Consultando otra estadística presentada por Ogloff (1995), este autor muestra un total de 279 casos en los EE.UU. en los que se han utilizado la técnica del MMPI/MMPI-2 en el proceso de evaluación, siendo los procesos de guarda y custodia, cambio de medidas los más frecuentes (67), las indemnizaciones al trabajador, bien por pérdida de empleo o por secuelas de accidente, las que ocupan un segundo lugar (47 casos) para seguir con la evaluación de la responsabilidad criminal o eximente por trastorno mental las que ocupan el tercer lugar (36 casos) compartido con los procesos de acoso/violación sexual (36), accidentes de tráfico (14), abuso infantil (12) y falsificación (11). En esta exposición Ogloff (1995) muestra los casos de negligencia médica (3) y trastorno por estrés postraumático (2) como el número más bajo de procesos que se han realizado con esta técnica (pero significativos).

El MMPI original contempla, en su evaluación, tanto adolescentes como adultos.

En la reestructuración americana de 1989 se especificó el MMPI-A para los adolescentes. En nuestra exposición haremos referencia a las investigaciones que se han hecho con esta técnica, especialmente en los procesos de la guarda y custodia y delincuencia juvenil.

Con estas técnicas, los evaluadores disponemos de un instrumento específico, aportable al contexto de la jurisdicción como documento acreditativo, mediante la presentación de un informe elaborado por medio de esta técnica. Presentar un documento con su gráfica representativa del perfil de la personalidad del propio sujeto, debidamente avalado por la amplia investigación que soporta este instrumento, y adecuadamente explicitada en sus componentes específicos y esenciales, puede constituirse como un documento válidamente acreditativo para jueces, abogados y jurados, de la labor del evaluador y de la fiabilidad y validez de los datos reflejados.

Es pues, necesario sensibilizar a abogados, jueces y jurados de la existencia de instrumentos psicológicos, de aplicación estandarizada, con baremación adecuada, plenamente fiables y científicamente demostrados en su validez de corrección e interpretación diagnóstica, y de la existencia de evaluadores debidamente formados y experimentados para poder elaborar y argumentar adecuadamente su estrategia ante el estrado.

El objetivo de este nuevo libro sobre la evaluación psicológica forense pretende contribuir a la evaluación de la personalidad a través de técnicas multirrasgos de tipo psicométrico de dos grupos de investigadores importantes liderados por Butcher y Millon. La estructura de nuestra exposición es, básicamente, la misma para ambos grupos de técnicas. En una primera parte expondremos la aportación al contexto forense de los Cuestionarios de personalidad de Minnesota (MMPI), en su versión adulta (MMPI-2) y adolescente (MMPI-A), y en una segunda identificaremos el proceso con las técnicas de Millon, en sus versiones adulta (MCMI-II/III) y adolescente (MACI), todas ellas recientemente 2 adaptadas a la población española.

La aportación a la evaluación forense de ambos grupos de pruebas se centra especialmente en la estrategia adecuada para elaborar informes periciales en los distintos contextos forenses. Siguiendo un proceso lógico de evaluación, en un primer apartado tratamos de argumentar, psicológica, científica, ética y jurídicamente, los diferentes elementos a tener en cuenta ante un proceso específico para pasar posteriormente a detectar la credibilidad de los datos obtenidos ya que en estos contextos forenses existe la justificada probabilidad de que los “intereses” de las personas implicadas en los distintos procesos se vean afectados por los resultados obtenidos.

A continuación, exponemos la aportación que pueden realizar los diversos

instrumentos de evaluación a los diferentes procesos judiciales, tanto civiles como penales: guarda y custodia, incapacidad, daño psicológico, daño de las funciones cerebrales, evaluación de la adicción a sustancias como alcohol o drogas, responsabilidad criminal, contextos correccionales y evaluación del riesgo.

2 Tanto el MMMPI-A como el MACI, se encuentran en fase de publicación.

Finalmente terminaremos con la exposición de las estrategias más adecuadas para la interpretación de los resultados aportados por estas técnicas en los contextos forenses, abordando las diferentes fases de interpretación o de cualquier otra particular estrategia apropiada.

El libro puede servir de ayuda a todos los evaluadores de las distintas dimensiones de la personalidad, e incluso personal de la jurisdicción, trabajadores sociales, psicoterapeutas y educadores, para que puedan llegar a comprender la viabilidad, justificación, argumentación y fiabilidad de estos instrumentos psicométricos de evaluación de la personalidad. La especificación de un perfil gráfico, científico y objetivo, de todas y cada una de las variables contempladas en la personalidad del individuo, podrían ser consideradas y presentadas como “documento acreditativo“ ofreciendo un testimonio sólido, plenamente fiable y válido como argumento para abogados, jueces, jurados, clínicos, terapeutas, y consejeros, ante las reclamaciones de daños psíquicos, de guarda y custodia de los hijos, de daños neuropsicológicos por accidentes de tráfico, negligencia médica o laboral, responsabilidad criminal, capacidad o incapacidad metal, competencia o incompetencia, o incluso cualquier tipo de daño ocasionado por una inadecuada psicoterapia.

Teniendo en cuenta que la labor del “perito” psicólogo es la elaboración, exposición y defensa de un informe, considerado como “documento científico”, no puede extrañar al lector encontrarse en este libro con numerosas citas bibliográficas, trabajos de investigación y equipos de investigadores que han trabajado arduamente con todo tipo de población y con estas técnicas psicológicas para demostrar y avalar el carácter científico de sus descubrimientos y conclusiones. Dentro de lo posible y de las limitaciones propuestas, hemos intentado demostrar el carácter de “cientificidad” de estas técnicas psicométricas, Minnesota y Millon, para su utilización en el ámbito forense tras las recientes adaptaciones que se han llevado a cabo en nuestro país.

I.- LAS TÉCNICAS DE EVALUACIÓN EN PSICOLOGÍA FORENSE.

El objetivo esencial de la evaluación psicológica en los diversos procesos judiciales es poder realizar un estudio específico de las diversas dimensiones psicológicas positivas, o de las más positivas, (capacidades intelectuales, habilidades personales, dimensiones más saludables) y de las negativas, o de las más débiles, (déficits, áreas problemáticas, rasgos o dimensiones psicopatológicas) de la persona en orden a prestar ayuda en la decisión que tome el juez o un jurado. Los psicólogos se acercan a este objetivo utilizando distintas métodos de evaluación, diversas teorías y procedimientos dispares. Un método o teoría conlleva implícitamente a los otros; es decir, dependiendo de la teoría subyacente se van a implementar diversas formas, áreas

y

métodos de evaluación.

Las técnicas de evaluación pueden ser administradas para analizar diferentes tipos

áreas de comportamiento en los diferentes tipos de jurisdicción. Desde las capacidades

intelectuales, estado neurológico y personalidad, hasta el análisis de la competencia para

testificar o presentar una mala imagen de sí mismo con el simple objetivo de obtener algún tipo de beneficio.

El informe presentado por el psicólogo, a través de las técnicas psicológicas, según Weiner (1995), se elabora en dos momentos diferentes. En una primera parte el psicólogo obtiene una información a través de la técnica de la que es especialista y de ahí obtiene unos datos y, posiblemente, diversas hipótesis. En un segundo momento, debe analizar, conjuntar y relacionar esta información, obtenida exclusivamente de las técnicas, con otro tipo de información obtenida por otros caminos distintos a las técnicas (informes de diversos especialistas, entrevistas a otras personas, etc.). En la práctica deben analizarse conjuntamente ambos tipos de información para poder realizar adecuadamente el informe y más aún con la tendencia actual existente que presentan ya muchas técnicas (MMPI-2, Rorschach, por ejemplo) de la elaboración del informe computarizado basado fundamentalmente 3 en los datos aportados por la misma prueba.

y

Siguiendo la legislación americana, Grisso (1986b), Matarazzo (1990) y Heilbrun

(1992) muestran diversas normas para la utilización legal de los tests en el contexto de

la justicia.

Existen diversas formas para conceptualizar un test psicológico. En sentido amplio, un test no es más que una prueba estandarizada o sistemática de examinar las capacidades, conocimientos, habilidades o características psicológicas de una persona con la finalidad de determinar, en determinados grados, su presencia o ausencia. La mayor parte de los tests disponen de una serie de ítems a los que, planteando una determinada cuestión o problemática en un formato específico y propio, deben darse una respuesta. Todos los tests psicológicos deben disponer de un amplio e intenso análisis psicométrico que le significan como “instrumento científico” de evaluación. Este análisis psicométrico nos va a aportar información importante sobre la fiabilidad y

3 No decimos “exclusivamente” ya que algunas pruebas combinan la información obtenida de la misma prueba con otra información obtenida por otros medios (por ejemplo el programa informático de Rorschach Exner y Weiner, 2000- RIAP).

validez de los datos que, a su vez, debemos exponer adecuadamente en el informe forense realizado como garantía de la información aportada.

Los tests son solamente unos instrumentos de evaluación, aunque científicos, para poder obtener una información fiable y válida de algunas de las características de un determinado individuo. El buen evaluador debe conocer no solamente las características más excelentes de las pruebas que aplica, sino también las limitaciones de las mismas. Todos los tests disponen de fuentes de errores que son susceptibles de cometer por cualquier individuo que, incluso, disponga de la mejor colaboración para la realización de la prueba. La deseabilidad social, la tendencia de respuesta, la defensividad y la posibilidad de ser falsificados.

Las puntuaciones obtenidas de las diferentes pruebas, aunque plenamente fiables y válidas, deben ser interpretadas en un contexto

bastante más amplio que la simple puntuación baremada de una determinada prueba. Grisso (1986b) considera que debemos estar precavidos al basar nuestra información exclusivamente en las puntuaciones ofrecidas por los tests.

Generalmente se debe disponer de otras fuentes de información obtenidas tanto desde el punto de vista de la jurisdicción (sumario, autos, informes carcelarios, reincidencias, historial delictivo, testimonio de otras personas, etc.) como desde el punto de vista psicológico (historia familiar, estado mental, conducta o comportamiento, tipos de enfermedades) de las que nos debemos servir para comprender y elaborar adecuadamente el informe final. Gudjonsson & Haward (1998) nos aportan algunos elementos interesantes que nos ayudan a complementar la información obtenida a través de las técnicas psicológicas de evaluación:

Historia familiar: puede aportarnos información acerca de cualquier problema familia o la existencia de familiares con trastorno psiquiátrico o tratamiento psicológicos.

Historia educativa: nos suministra información acerca de su formación educativa. Su historial nos va a mostrar la cualidad y cantidad de formación, su rendimiento académico, problemas de comportamiento, actitudes, absentismo, tipo de escolaridad e incluso referencia a sus capacidades intelectuales y habilidades sociales y relaciones con los demás.

Historia laboral: referencia a los tipos de trabajo realizado, ascensos, absentismo, sus habilidades, cualidades y responsabilidades en los puestos asignados, así como sus relaciones con los superiores y compañeros de trabajo.

Historia médica: el historial médico, las enfermedades, tipos y secuelas nos van a aportar una información relevante sobre la salud del cliente, incluso sus posibles implicaciones en el proceso que nos ocupa.

Historia psicológica y/o psiquiátrica: de la que podamos apreciar la existencia de problemas psicológicos más o menos graves y su tratamiento, ajuste, integración y repercusión en su vida.

Historia de drogas y/o consumo de alcohol: información de gran interés que nos pueden explicar, o ser la causa de, diversos tipos de conducta, comportamientos y actitudes con su entorno, resultados mentales y de rehabilitación en la evaluación psicológica.

Historia sexual: en algunos casos las dificultades del desarrollo sexual puede mostrarse en forma de abusos o violaciones con las repercusiones psicológicas que esto conlleva referentes a la rehabilitación, reincidencia y peligrosidad del individuo.

Historia forense: importante cuestionarnos la existencia de una historia de conducta rebelde, historia de robos, de delitos, comportamientos psicópatas o problemáticos, reincidencia en los juzgados de lo penal, etc., para la evaluación psicológica.

RECUERDE, Debe confrontar las historias de su cliente a la hora de elaborar su informe.

Poder analizar, contrastar e integrar adecuadamente toda la información obtenida requiere un análisis detallado de cada uno de las variables que la integran sin perder el objetivo esencial de la evaluación manifestado por la solicitud expresa del Juez. Este análisis requiere una alta dosis de formación y experiencia necesaria para la redacción adecuada del informe pericial.

Consideraciones sobre la evaluación forense.

En los ambientes judiciales, en donde cada parte lucha por defender sus propios intereses, no es extraño que nos formulen una serie de cuestiones referentes al tipo y adecuación de la prueba aplicada, forma de administración, propiedades psicométricas y científicas, validez, fiabilidad, o cualquier otro tipo de preguntas que nos pueden resultar “incómodas” pero que son perfectamente lógicas en este contexto y que debemos tener perfectamente fundamentadas, clarificadas y disponer de la argumentación suficiente. No podemos caer en la ingenuidad al pensar que “la otra parte” no se asesora suficientemente con otros profesionales de la Psicología.

Hemos de tener en cuenta que el marco de la evaluación forense posee unas características de rivalidad y criticismo especiales. Hasta entonces, a los informes realizados por el clínico en su cotidiano trabajo, nadie le había criticado o preguntado por las características e hipótesis de su informe, pero en el campo de lo forense cualquier detalle del informe aportado puede ser cuestionado y se deben dar las explicaciones coherentes y adecuadas sobre lo expuesto. Por ello el sistema judicial contiene un potencial grado de estrés para cualquier miembro que esté implicado en el proceso. Decimos “nunca se sabe lo que se puede esperar” de cualquier proceso. Quizás las cuestiones más simples, a veces las más evidentes, pueden ser puestas en “tela de juicio” por cualquier abogado que está representando la defensa de su cliente. Cualquier interpretación que al psicólogo le pueda parecer clara y relevante, incluso obvia, en la elaboración de su informe podría ser atacada críticamente y considerada como banal, errónea o perjudicial cuando el abogado cuestione nuestras afirmaciones ante el estrado. No es extraño, pues, que el psicólogo se sienta intimidado, incómodo, vulnerable, irritado e incluso tenga que contener sus contestaciones en estos casos donde su testimonio está siendo fuertemente criticado. Esta actitud obliga al psicólogo a familiarizarse con este ambiente de crítica y oposición donde las posibles objeciones sobre la validez y utilidad legal de su informe juegan un papel relevante, al mismo tiempo que debe ser capaz de realizar su trabajo de forma científicamente pormenorizada y ajustada a ley.

En este ambiente de crítica y contestación a los informes psicológicos, Simoes (2001) comenta que Ziskin y Faust (1988) y Faust y Ziskin (1988) aconsejan a los abogados que denuncien la “ausencia de conocimientos sólidamente establecidos”, contesten a las “imperfecciones, vulnerabilidades, problemas y deficiencias” y que “destruyan la credibilidad del perito

y la evidencia por él presentada” (Citado por Simoes, 2001, pg.161). En este mismo sentido, Tallent (1993) recuerda que un abogado bien preparado y convenientemente aconsejado puede plantear cuestiones pertinentes sobre materias muy técnicas, como la estandarización, la fiabilidad o validez de los instrumentos y conclusiones específicas relacionadas con estudios empíricos concretos.

SEA PRUDENTE, Justifique siempre con base científica sus conclusiones. No utilice cualquier argumento para justificar sus débiles razonamientos. Se pueden volver en su contra.

En estos casos, en los que el informe del psicólogo está siendo fuertemente cuestionado, Butcher (1995) aconseja:

Es importante que el psicólogo se encuentre profundamente familiarizado con el procedimiento, técnicas utilizadas y con el agresivo interrogatorio a que puede ser sometido, donde no podrá tener ningún error en el proceso ni en las conclusiones obtenidas de los informes realizados. Saber aceptar las opiniones de la “parte contraria” acerca de la escasa validez, fiabilidad, la crítica a la inconsistencia o a los argumentos contradictorios realizados, tanto en el proceso como de los resultados obtenidos, y no intentar dar cualquier razón o argumento nada convincente con el propósito de enmascarar unos malos resultados.

Estas y otras situaciones “incómodas” referentes a cualquier punto de la elaboración de nuestros informes, ya han sido discutidas por algunos autores en sus investigaciones (Goldstein, 1986; Hoffman, 1986; Weiner, 1987). A continuación vamos a exponer, a modo de ejemplos, algunas de las preguntas más relevantes y comunes a las que debemos dar una adecuada contestación.

En caso de utilizar la adaptación española del MMPI original (1970, 1975) las preguntas pueden venir referidas por:

¿Por qué utiliza esta versión anticuada y no las del MMPI-2, más actual y reestructurada?

¿Qué podría decir de la inadecuación de algunos ítems en el MMPI original, por estar anticuados o por falta de comprensión adecuada? 4 .

Sobre la baremación. Los baremos utilizados en la versión del MMPI original son

sustancialmente distintos, sobre todo a través de las muestras utilizadas. ¿Refleja la baremación española? ¿La muestra empleada es representativa de la población española? 5 .

¿Qué fundamentos científicos presenta?

¿Cómo controla el fingimiento, tanto positivo como negativo, del cliente?, ¿la

aquiescencia?, ¿la deseabilidad social?, ¿el efecto del “halo”?, ¿la “defensividad del sujeto?

En caso de utilizar la adaptación española del MMPI-2 ó MMPI-A, podemos encontrarnos con preguntas referidas por:

¿Por qué utiliza la nueva adaptación. No sería aceptable la anterior MMPI (1970, 1975)?

En caso de servirse de códigos: ¿son equiparables los del MMPI original con los del

MMPI-2?

En caso de utilizar el MMPI-A con un adolescente: ¿por qué toma esa técnica y no otras?,

¿se encuentra suficientemente adaptada al castellano?, ¿Es adecuada su evaluación para la obtención de los datos que Ud. Pretende obtener?

El baremo: ¿la baremación empleada, refleja a la población española?

¿La muestra empleada es representativa de la población española?

El valor predictivo de las nuevas escalas de Validez (VRIN, TRIN, Fb, F1 ó F2).

¿Cómo controla el fingimiento, tanto positivo como negativo, del cliente?

¿No es cierto la existencia de ítems que se solapan con diferentes escalas ?, ¿cómo un

mismo ítem puede evaluar distintas escalas ?

¿Cuál es la diferencia entre las escala de Ansiedad referidas por el grupo de escalas de Contenido y Suplementarias?

Preguntas referidas por el tipo de técnica y sus propiedades psicométricas:

Al ser un autoinforme, ¿qué seguridad tiene de saber que es una prueba objetiva?, ¿el sujeto no expresaría más bien lo que él mismo cree de sí mismo, mostrando una alta carga de subjetividad?

Consistencia interna de las escalas o cualquier pregunta referida a las propiedades

psicométricas de la prueba: ¿Cuál es la validez y/o fiabilidad de la prueba?, ¿qué índice se

4 Más adelante podremos apreciar que en la reestructuración realizada en la adaptación española se hicieron una serie de cambios en la mayor parte de las escalas Clínicas.

5 Recordemos que el MMPI original disponía al mismo tiempo de una baremación norteamericana.

utilizó?, ¿Cuál es la línea de corte, y por qué, qué delimita la presencia de la ausencia de una sintomatología?

¿Se ha contemplado el nivel de lectura y comprensión del sujeto?

¿Se ha administrado la prueba a una persona extranjera (emigrante, por ejemplo), que puede no entender muy bien el castellano debido a las dificultades con el idioma?

En caso de utilización de las técnicas de Th. Millon:

¿Cuál es el índice de fiabilidad y validez que presenta esta técnica?

¿Por qué utiliza la versión de MCMI-II y no la del MCMI-III, más actual?

¿Por qué utiliza el test de Minnesota y no el de Th. Millon menos extenso y más actual?

¿Conoce la teoría subyacente en las técnicas de Millon?

¿Por qué no ha empleado el MIPS?

¿Cuál es la razón por la que utiliza el MACI de Millon y no el MMPI-A?

¿Es esta técnica la que mejor describe las características de personalidad concernientes para este caso?

En caso de poder apreciar una determinada

peligrosidad potencial del sujeto, ¿es esta

técnica la que nos puede aportar los datos más fiables?

SEA PRUDENTE, Controle la administración y corrección completa de la prueba. No lo deje en manos de un inexperto.

Estas pueden ser algunos ejemplos de las cuestiones suscitadas en los ámbitos judiciales en torno a la técnica empleada. Es evidente que pueden ser muchas más y diferentes, tanto como la perspicacia de las personas que nos pregunten, pero es evidente que debemos estar muy seguros del tipo de instrumentos que estamos aplicando y de las conclusiones obtenidas en nuestro informe.

Igualmente debemos tener presente el derecho que tiene todo cliente en ser “aconsejado” por su abogado. Este “consejo” puede esperarse en cualquier procedimiento o fase de nuestro trabajo. No nos puede resultar extraño que cuando estemos dispuestos a trabajar con un determinado individuo, ya se encuentre informado sobre qué tiene que decirnos y cómo contestar a nuestras preguntas. Sería, por ejemplo, el caso de la prueba del test de Rorschach donde, asesorado por otro experto en esta técnica 6 , nos encontraríamos con una serie de respuestas Rorschach (ver siempre “murciélagos” o “mariposas”) que podrían confundirnos en la elaboración de nuestro trabajo.

La estandarización, tanto en la administración, corrección e interpretación de las pruebas, cobra una especial importancia en este ámbito de la jurisdicción. La alteración de las normas de administración, de forma intencionada o accidental, (p.e. las instrucciones que debe saber y entender el individuo para realizar la prueba) pueden convertirse en un instrumento de alteración de los resultados finales a obtener.

Veamos este aspecto más específicamente con el MMPI-2, solamente con la alteración de las instrucciones. Todos sabemos que el sujeto debe contestar sincera y honestamente a los ítems propuestos en el cuestionario. Uno de los ejemplos propuestos en la portada del mismo cuestionario del MMPI-2, dice así: “me levanto muy temprano”. El sujeto en cuestión puede preguntarse esta cuestión de distinta forma: ¿a qué le llama “temprano”, ¿a las 6, 7 u 8 de la mañana?, ¿se refiere a los días de la semana, o también a los días de fiesta o domingos?, ¿se refiere a esta semana que me ha tocado el turno de día o de noche o “siempre”? Otro ejemplo

6 Evidentemente, con ausencia total de ética.

tomado de las mismas instrucciones del test: “me gusta la música”, ¿a qué tipo de música se refiere? El psicólogo experimentado debe saber que está evaluando “rasgos” de personalidad y no “estados”. La peculiaridad de los rasgos de personalidad es que son “relativamente permanentes”, que son componentes de una “forma de ser” duradera y extensa. Por esta causa, debemos hacerle ver a la persona que está completando la prueba que todas las cuestiones se refieren a un

comportamiento, gusto o preferencia, “general”. Por ello, a lo largo de los ítems, se

va a encontrar con palabras como “generalmente Vd ”

“habitualmente Vd

cambiable y justamente nos interesa saber, de este sujeto en concreto, muchas cosas de su vida y entre ellas la de predecir su comportamiento y saber su actuación y compromiso ante determinadas situaciones pasadas (en el caso de hacer referencia a tiempo transcurrido, en el momento de los hechos), presentes y futuras. Nuestro informe final puede depender de cómo estas instrucciones han sido enseñadas y

comprendidas ya que pueden hacer referencia a “estados” o “rasgos”.

”,

“normalmente Vd

”,

“frecuentemente Vd

”.

La personalidad es difícilmente

NO OLVIDE, La persona que Ud. está evaluando puede estar aconsejada de cómo tiene que comportarse y lo que debe decir o callar.

Butcher (1995, pg.182) llama la atención sobre la elaboración científica en la adaptación de las pruebas desde un idioma o una comunidad a otra. La tarea de adaptación es muy compleja y generalmente necesita de buenos traductores tanto en el ámbito de la filología como de la psicología,

psiquiatría y estadística 7 .

El tema de la ética en la elaboración de informes periciales es extenso, arduo y complejo. No es lugar para entrar en ello 8 , pero debemos tener un especial cuidado cuando nos solicitan un informe “de parte”. Cuando un abogado contrate nuestros servicios hemos de estar atentos a la responsabilidad de aceptación de los datos obtenidos. El psicólogo puede descubrir problemas o interpretaciones que potencialmente podrían perjudicar a nuestro propio cliente, y también al de nuestro abogado que nos ha contratado. No es extraño, en estas situaciones, que se nos solicite acomodar” nuestros resultados e informe de una manera más favorable a los intereses particulares 9 . Podemos encontrarnos incómodos ante preguntas referentes a la ética de nuestro ejercicio.

La corrección por ordenador presenta una serie de ventajas, como la objetividad de los datos, la fiabilidad, una mejor base para la interpretación, la objetividad del perfil elaborado, la desaparición del efecto del “halo” y una mayor minuciosidad de todos los aspectos analizados. Pero quizás el mayor riesgo que pueda tener la corrección por ordenador es elaborar nuestra interpretación para el informe basándonos única y exclusivamente en los datos aportados por la prueba en cuestión. Los datos aportados por las técnicas de evaluación y sus informes, bien personales o por ordenador, deben ser tomados como un aporte valioso de una información que necesitamos recabar,

7 La adaptación castellana, tanto del MMPI-2 como del MMPI-A ha sido, en todo momento, revisada gradualmente por el equipo de investigación de Butcher, Ben-Porath y Williams de la Universidad de Minnesota.

8 Sería conveniente que el lector consultara el apartado 1 de las Directrices internacionales para el uso de los tests, publicado por el Colegio Oficial de Psicólogos siguiendo las directrices de la Comisión Internacional de tests (ITC) y que hacen referencia a la profesionalidad en la actuación, la competencia en la formación, la responsabilidad en el uso, la guarda del material y la confidencialidad de los datos.

9 Por otra parte, es lógico que los jueces cada vez desconfíen más de los informes periciales de “parte”.

analizar comparativamente y completarla con otros muchos datos obtenidos de otras muchas fuentes distintas de las técnicas de evaluación.

Por todo ello se hace necesario que tengamos en cuenta algunos elementos que exponemos a continuación en las distintas fases de la evaluación:

En fase de selección de la prueba:

Los evaluadores forenses nos estamos encontrando en nuestro país con un problema, cada vez más acuciante y de difícil solución. Las técnicas de evaluación de las que disponemos actualmente en el mercado español, la mayor parte de ellas no se encuentran debidamente adaptadas a los ámbitos forenses. Los evaluadores forenses disponemos de un amplio número de técnicas para la evaluación clínica pero no específicamente validadas en el contexto forense, y no podemos justificar nuestros resultados solamente con las técnicas de evaluación clínica, aunque sus resultados, a veces, nos puedan aportar elementos importantes y de gran relevancia en nuestro análisis. Queda un amplio camino por recorrer hasta llegar a disponer de tests específicos para la evaluación de los distintos campos de la evaluación forense.

La pregunta se nos hace ineludible, ¿qué técnica elegimos para nuestros análisis?, ¿qué características deben poseer? Hemos consultado las directrices sugeridas por Heilbrun (1992) para poder elegir la técnica adecuada y poder realizar un uso adecuado de la información:

El test debe encontrarse editado íntegramente en sus diferentes componentes explicativos a través de su Manual de aplicación: descripción de la prueba, propiedades psicométricas, baremación y procedimientos de administración y corrección.

Se exige la adaptación (española) en su integridad. Por tanto elegiremos una prueba adaptada.

Es obligado que la baremación realizada y presentada por la prueba se haya efectuado con población autóctona. De otra manera podemos tener problemas de tipo psicométrico, por ejemplo con el índice de generalizabilidad.

Es necesario poder apreciar que la prueba pueda ser administrada en los ámbitos de la jurisdicción.

Es necesario, igualmente, poder justificar la idoneidad de la prueba para la evaluación del factor o dimensiones de los que se pretende elaborar el informe solicitado. La relevancia de las investigaciones en este campo nos ayudarían a justificarlo.

Es conveniente que sea conocida en la literatura científica como técnica de evaluación para evaluar los factores o elementos solicitados por el informe.

Es inevitable, en este contexto de la evaluación forense, seleccionar técnicas que puedan disponer de detectores de criterios, factores o índices de falsificación. Sería correr un alto riesgo elegir una técnica sin estos controles.

La fiabilidad y la validez de la prueba son obligadas citar en los informes periciales. Heilbrun (1995) considera que un coeficiente de fiabilidad inferior a 0,80 no es recomendado para la evaluación forense.

Consultando a Grisso (1986) sobre la elección de la prueba más adecuada, nos muestra los siguientes criterios:

Los instrumentos psicológicos de evaluación han debido ser elaborados expresamente para el ámbito de la evaluación forense.

Los instrumentos tradicionales de evaluación clínica, tales como el MMPI o el TAT (Thematic Apperception Test), no deben ser empleados como técnicas de evaluación forense a menos que del análisis de sus escalas, factores o resultados se obtengan características de personalidad o habilidades específicas que se revelen como importantes para el objetivo final del informe forense.