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¿Cuáles son las capacidades de desempeño que sabe o debe saber hacer,

desarrollar y mejorar un/a docente de formación profesional?

a) En relación a los destinatarios, sus alumnos

El y la docente del ámbito debiera conocer la realidad socio económica de la zona de


influencia del Centro en el que se desarrolla la oferta formativa. Este conocimiento, sumado a
la realidad social del grupo de alumnos/as del Taller, genera elementos de importancia para
orientar la especialidad a ofrecer dentro de un contexto definido. Cualquier propuesta de
capacitación y/o acción educativa de una organización, es proyectada siempre en un momento
preciso de las relaciones con el entorno y en un marco en el que los distintos actores se ubican
en función de sus propósitos y expectativas.

La historia laboral de los alumnos/as, también debiera ser generadora de aspectos


diferenciales a tener presentes al momento de realizar una propuesta de capacitación laboral.
De la misma manera, también lo son los conocimientos pertenecientes a áreas relacionadas a la
Educación Formal Obligatoria y los conocimientos previos correspondientes al ámbito técnico
de la propuesta formativa que cuentan los alumnos/as al momento de optar por cursar una
Capacitación Laboral.

Es decir, que un/a docente del ámbito de la Capacitación Laboral debiera conocer entre
otros, los siguientes aspectos:

.-La edad promedio del grupo destinatario (que por tratarse de Formación Laboral para y
en el trabajo, los y las destinatarios/as debieran ser adultos/as y/o jóvenes con 17 años
cumplidos a la fecha de Inscripción).
.-La situación educativa inicial de los y las aspirantes (Titulación)
.-El tiempo aproximado de alejamiento del destinatario del cursado activo de estudios
formales o no formales.
.-La situación socio económica aproximada del entorno familiar de los destinatarios.
.-Precisar conocimientos de áreas transversales intelectuales (procesos cognitivos
necesarios para operar con símbolos, saberes), como así también aquellos
conocimientos tecnológicos relacionados al sector de influencia de la oferta formativa.
.-Identificar expectativas y propósitos respecto a la capacitación buscada.
.-Actuación ocupacional pasada y presente, referente al ámbito laboral general y en
particular sobre el ámbito de incumbencia de la oferta educativa elegida

Entonces y por cuanto a que sabemos que las formas de admisión a Talleres de
Capacitación Laboral admiten formas de Ingreso diferenciadas a los requisitos académicos
propios de los niveles y ciclos de la educación formal, el y la docente de formación laboral
debiera contar entre otras con capacidades para:

.-Diseñar formularios y/o encuestas de recolección de información de sus alumnos/as.


.-Escuchar y observar la realidad sobre la que actúa, estando atento a las características
de la zona de influencia del Centro y a las de sus alumnos/as, que le proporcionan
información para un actuar mejor.

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.-Ser curioso/a, en lo relativo a tener inquietudes que lo muevan a conocer el ámbito
ocupacional amplio de incumbencia de la especialidad que ofrece (Estadísticas de la
PEA, índices de desocupación, demandas de empleo solicitados, etc).
.-Desarrollar una “escucha atenta” hacia aquello que dicen sus alumnos/as.

Además y volviendo a mencionar que una de las metas de la Formación Profesional es


cualificar las funciones y operaciones mentales adquiridas en la Educación Formal, no
podemos descartar que en general la admisión a los cursos se circunscriba a la existencia en
los/as aspirantes de requisitos académicos mínimos. Pues, a diferencia de la Educación Básica
para Adultos, en Formación Profesional se haría muy dificultosa la tarea, al decidir iniciar la
capacitación desde el lugar en que se encuentra el alumno/a. Todo Taller de Formación
Profesional debiera resaltar los conocimientos mínimos de ingreso, independientemente de que
existan experiencias en las que ese nivel mínimo pueda ser considerado con un apoyo extra
tipo pre-Taller. Por lo tanto, y de optar iniciar una Capacitación Laboral desde el lugar donde
se encuentra el alumno/a, el/la docente de formación profesional también debiera estar
capacitado/a para atender la diversidad que presentan los grupos destinatarios. Es decir, poder
planificar una atención individualizada, generar Fichas y Material de apoyo específico, etc.

b) En relación a la estructura y planificación del proceso de enseñanza

El y la docente de formación profesional debe conocer las “Fases básicas de la


Enseñanza”, de las que bien se ocupaba de trasmitir el curso histórico de Instructores que
dictaba el CoNET. Esos cuatro principios didácticos hablan de:

.-Preparar, previo al desarrollo de una tarea se deben tener preparados los materiales
necesarios para llevar adelante lo programado. Ya sea que hablemos de herramientas,
de la planificación de la tarea, o de la clase, etc. Para el desarrollo del curso o taller
debe haber una preparación pedagógica. El obrero/a calificado/a debe actualizarse, por
ende debe existir una preparación técnica actualizada.
.-Promover búsqueda y aprendizaje, cada tarea y/o actividad debe despertar el interés del
destinatario/a y dar confianza. El tema debe presentarse en forma interesante. El y la
docente debe tener la habilidad suficiente para crear la necesidad y promover la
búsqueda de la tarea y/o actividad programada.
.-Aplicar, el y la alumno/a debe tener claro cuáles son las condiciones del trabajo, dentro
de qué parámetros realizar el mismo y de la evaluación predispuesta; y ello es lo que el
y la docente debe especificar, ese “modelo”, luego permitirá supervisar los
aprendizajes.

.-Evaluar, al juzgar se tendría que emitir un juicio lo mas objetivo y justo posible. Esta
fase se debe caracterizar por el registro de las observaciones, hecho que permitirá
tomar nota de las fallas que identifiquen el obrar de cada alumno, destacando los
puntos a cuidar en la próxima clase. Estas notas deben ser usadas para mejorar la
documentación de los programas e intercambiarlas con otras experiencias.

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Paralelamente y sobre la base que todo/a docente de un Taller de Formación Profesional
debe poseer y saber interpretar (entre otros) el perfil laboral del puesto ocupacional sobre el
que proyecta el Taller, también debe ser capaz de trasladar todo ello a una planificación del
desarrollo del Taller de la especialidad que dicta. Es sumamente importante aislar la
improvisación como práctica docente y para ello, hay que conocer y desarrollar, con una
metodología propia de Adultos, conocimientos, habilidades (analíticas y creativas) y prácticas,
referentes a plasmar en una planificación la tarea que se pretende desarrollar.

En ese marco, el y la docente debe saber establecer y redactar objetivos, seleccionar


contenidos, organizar actividades, planificar el desarrollo de las mismas y evaluar los procesos
y resultados.

Además y dentro de ese Plan Operativo, también es de suma importancia que la


planificación de las Actividades sea indisoluble del campo ocupacional de la especialidad. Es
decir, que para cada área de desempeño, las actividades y la planificación pensada, sea un
correlato con las “Competencias Laborales” exigidas.

Ahora bien, lamentablemente no contamos con las definiciones de Calificaciones


Profesionales como principios ordenadores para responder con Capacitaciones que garanticen
requerimientos mínimos unificados y congruentes con el área ocupacional de incumbencia de
la especialidad.

En tal sentido, habría que valorar conformar un Sistema Provincial de Formación


Profesional que establezca Perfiles Profesionales válidos social y sectorialmente, consensuado
por diversas instituciones de gestión pública o privada. Ello, seguramente aportará
información sobre las demandas de Calificaciones Profesionales del mercado del trabajo y
facilitará el camino hacia una formación de calidad avalada por los sectores de la producción y
del trabajo y de los organismos representativos de la comunidad involucrados en dichas
temáticas. En definitiva, habría que precisar las Calificaciones Profesionales como principio
ordenador del conjunto de ofertas de Formación Profesional, más allá de la pertinencia
institucional de la misma.

Por ello, es que la tarea del docente de formación profesional también debiera abarcar la
capacidad de ir consensuando Perfiles Profesionales para brindar una Capacitación Laboral
que se identifique con las necesidades sociales actuales, e ir aportando experiencia para la
conformación definitiva de ese Sistema Provincial de Formación Profesional.

Paralelamente, la política de los Centros de Formación Profesional debiera analizar


desalentar la generación de respuestas micropedagógicas, de lo contrario, la Rama continuará
cayendo hacia el mundo educativo hasta perder totalmente la visión del mundo laboral (tal
como lo describe De Moura Castro). Pus y seguramente, nadie se animaría a criticar tales
respuestas pedagógicas (de hecho que son necesarias), pero el riesgo está en limitarse a ellas y
sólo a ellas.

c) En relación a sus propias capacidades como docente instructor

Hemos oído decir y lo compartimos, que el Estado tiene la obligación de desarrollar


servicios que promuevan la Formación Profesional Integral vinculada a los sectores más
dinámicos de la economía regional y acreditar esta circunstancia con las certificaciones

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correspondientes. Entonces, es indispensable instalar en el ámbito, no solo la figura del
idóneo, sino la figura del Instructor idóneo.

Iniciar este debate es abordar el dilema entre el Mundo del Trabajo y el Mundo de la
Escuela. Es un elemento necesario de definir, si se pretende mejorar la patológica falta de
puntería del sistema (tal como lo menciona el Dr. De Moura Castro) e intentar abordar
conscientemente la inestabilidad intrínseca de la FP.

Hay que revalorizar el costado idóneo del perfil, pues ello implica incorporar el ámbito
laboral al aula/taller. Desde las nuevas concepciones para la Formación Profesional, nos
aclaran que la Competencia Laboral es mucho más que un cúmulo de conocimientos, también
son destrezas, habilidades, valores, actitudes y que esos atributos de las personas deben tener
su correlato en un desempeño efectivo real. De esta manera, hay que aceptar que no es
coherente que técnicos/as no idóneos/as se desempeñen dentro del ámbito. En los Centros,
donde se capacitan laboralmente a jóvenes y adultos, quienes lleven a cabo la enseñanza
debieran mínimamente estar habilitados/as profesionalmente (Asociaciones, Colegios,
Matrículas, Habilitaciones Comerciales, etc) para el desarrollo de las tareas que pretendan
enseñar. Ello, debido a que en oportunidad de las prácticas, donde se realizan trabajos reales,
independientemente que se desarrollen en los propios Centros, las tareas deben estar acorde a
las exigencias previstas en la reglamentación y acorde también a las pautas del mercado
laboral. ¿Cómo haría un/a técnico/a no idóneo/a para facilitar la adquisición de habilidades,
destrezas, actitudes y en definitiva transmitir el valor del oficio o profesión, si no ejerciera la
misma?

En nuestra Provincia, una de las especialidades en la que se resalta esta posición es la


relacionada a los Talleres de Instaladores Gasistas. Pues, para dictar dichas capacitaciones el
aspirante necesariamente debe ser gasista en actividad matriculado (detalles en Resolución
1114/04 del CPE y Acta 13/04 de la Junta de Clasificación de Adultos).

Entonces, si hablamos de “propias capacidades”, lo primero que debe poseer un/a


docente de formación profesional es mucha práctica y experiencia en el ámbito laboral de la
especialidad que pretende trasmitir. Hace unos días en una radio local, una docente del ámbito
de la Educación Artística comentaba lo difícil que era encontrar docentes que enseñen guitarra,
a pesar de que existen muy buenos guitarristas. Decía que saber tocar el instrumento no es lo
mismo que poder llegar a enseñar a tocar el instrumento, aunque muchos se las arreglaban
para lograrlo. Agregaba, que era indispensable dotar de herramientas didácticas y
metodológicas a esos/as “idóneos/as” para que alcancen su cometido. Por último reflexionaba
y decía que lo que no era posible es que un/a docente que no sabe tocar la guitarra logre que
sus alumnos/as lleguen a dominar los encantos del instrumento, independientemente de las
herramientas didácticas y metodológicas con que cuente.

Cada docente de formación profesional debiera reflexionar sobre que, por cada no
idóneo/a que ingresa u ocupa un cargo, son decenas de personas que amplían su posibilidad de
vivir un futuro más incierto del que se vislumbra. Por cada no idóneo/a que ingresa al sistema
para “capacitar”, varios pares padecen cotidianamente la desvalorización del esfuerzo y del
respeto por la profesión.

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Esta revalorización del perfil del docente de formación profesional debiera tener al CPE
como su mayor mentor. Pero, actualmente, para la cobertura de Interinatos y suplencias rige la
Resolución 629/00 (numerosos fueron los Reclamos de “idóneos” que expresaron sentirse
marginados por esa normativa) y entre sus procedimientos, claramente se destaca la ventaja de
valoración que gozan los técnicos/as por encima de los idóneos/as. Lo paradójico de ello, es
que para inscribirse como MEP en la especialidad Gas, hay que ser gasista en actividad
matriculado (detalles en Resolución 1114/04 y Acta 13/04 de la Junta de Clasificación de
Adultos). ¿Hay que esperar la llegada de marcos regulatorios de oficios y/o profesiones para
rescatar la figura del idóneo? ¿Por qué para el resto de los oficios esa relación descripto no es
legitimada?

d) En relación al método de enseñanza

Tomemos como referente al idóneo/a y no al “técnico/a no profesional”, en ese caso es


común observar capacitaciones (de todos los ámbitos) que priorizan su oferta formativa
exclusivamente en el aspecto técnico y en un modelo de enseñanza que intrínseca e
inconscientemente, se identifica con el de su época de estudiante.

Además, esos idóneos/as en actividad dentro de los Centros de FP de la provincia


provienen del mundo del trabajo y con la lógica de ese ambiente laboral. Muchos de ellos/as,
pertenecen al grupo de autónomos que se inclinaron por un empleo en el estado luego de la
crisis de los 90. Un dato en nuestra provincia que permite corroborar ello, está dado por el
incremento en las inscripciones para la cobertura de interinatos y suplencias en el ámbito de
los Centros de FP. Pues pasaron de ser 640 MEPs inscriptos en el año 1999 a 1551 inscriptos
en el año 2004, es decir que en 5 años la inscripción para ocupar un cargo de MEP se
incrementó en aproximadamente un 140%. Paralelamente, el cierre de importantes industrias
argentinas, también provocó un aumento en el desempleo y en la oferta laboral para el
técnico/a recién egresado. Entonces, el estado pasó a ser para muchas personas con esas
características la única fuente laboral posible. De esta manera es como los Centros de FP
vieron incrementar su población con idóneos/as y con técnicos/as no profesionales (esto
también sucedió durante la nefasta dictadura militar).

Estas características de los y las docentes de formación profesional, representaron y


representan una gran dificultad de índole pedagógico para la Rama. Con los antiguos cursos de
instructores del CoNET y con la Carrera Provincial de Educadores de Adultos, se intentó
paliar ese déficit. Pero, aun en día no se llegó a dotar a esos idóneos/as de las herramientas
mínimas y básicas que llenen el vacío metodológico y didáctico que sufren.

Además, ese idóneo/a en actividad que proviene del mundo del trabajo, trajo consigo
una lógica propia de ese ambiente laboral. Es decir, revelan un campo donde se valora
positivamente la jerarquía basada en saberes de la técnica y esa es la caracterización que hace
prevalecer en relación al “aprendiz”, su alumno/a. Por ello, es que por lo general la pareja
educativa se identifica más con capataz/operario, que con instructor/alumno. Pues, recordemos
y tengamos bien presente que la Formación Profesional es necesariamente el sistema
educativo vinculado al mundo del trabajo, ese es su ADN.

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Por todo ello, es que el y la docente de formación profesional debe ser capaz de discernir
y reconocer las diferencias entre el ámbito ocupacional del oficio y el ámbito de la
capacitación laboral. Debe ser capaz de poner en práctica un proceso de enseñanza y
aprendizaje que se identifique con un desarrollo de competencias propias de la comunidad
educativa, que se corresponda con las necesidades y expectativas de los/as destinatarios/as y
que sea el más indicado para sus propósitos e ideales. También debe ser capaz de comprender
que de la misma manera en que ninguna persona nace idónea, tampoco se nace siendo
Instructor/a, si no que es una profesión que se abraza y se construye. Se construye sobre la
base de las diferencias personales y profesionales, pero compartiendo ciertas características
con sus pares docentes y para ello debe ser capaz de saber ciertos contenidos (competencias
intelectuales), saber hacer ciertas cosas (competencias prácticas) y ser de una manera
determinada (competencias sociales).

e) En relación a la evaluación

El y la docente de formación profesional debe saber que la evaluación se realiza a través de


un proceso que busca información a fin de tomar decisiones. Evaluar significa producir un
juicio de valor que oriente la acción.
Tenemos que considerar todos los factores que influyen en el proceso de enseñanza-
aprendizaje, las condiciones en que se produce y los resultados, de modo de atender a las
múltiples variables que hacen a su complejidad. Debemos planificar con cuidado el peso a
otorgarle a los diferentes aspectos a fin de resolver las modificaciones a realizar. La
evaluación constituye el medio pedagógico ideal de seguimiento y ajuste permanente.
Tenemos que iniciar la evaluación en el mismo planeamiento del proceso de enseñanza y
extenderlo a lo largo de todo su desarrollo.

Tenemos que saber los tipos y momentos de evaluación para incorporar a nuestras prácticas
cotidianas (Evaluación Inicial o diagnóstica, Evaluación Formativa procesual, Evaluación
sumativa).

Además, el y la docente de formación profesional debe dominar las estrategias básicas para
la elaboración de los ítems que conforman las pruebas de evaluación, ya sea que estemos
hablando de pruebas estructuradas tipo múltiple choice o de pruebas de redacción libre. En
este tipo de cuestionarios, es muy común caer en reproducir la secuencia del texto
(apareamiento) más que en indagar sobre el proceso de enseñanza y aprendizaje, es decir, dada
la pregunta su respuesta puede ser hallada de acuerdo a la construcción sintáctica del mismo u
a oraciones que se reproduzcan literalmente, provocando que no sea necesario poner en juego
todas las habilidades que implican una comprensión reflexiva y exhaustiva. Debemos tener la
capacidad de no caer en evaluaciones que se limitan a una resolución desde una lectura
superficial y a una acción mecánica que no insume la menor comprensión (en este caso
transcribir oraciones y/o párrafos enteros es decir, pasar información de un lugar a otro).
Debemos generar evaluaciones donde las “buenas notas” asignadas a un tema no se confunda
o responda a habilidades y/o conocimientos para copiar definiciones y/o conceptos sin
significación para el aspirante.

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f) En relación al modelo de gestión Institucional

El y la docente de formación profesional debe conocer mecanismos que orienten la práctica


docente a la búsqueda permanente de la calidad educativa en la institución. Para ello, el
docente debe avanzar inicialmente en definir marcos mínimos de calidad, guiados por la
participación reflexiva en lo técnico y en lo profesional, junto a otros actores del sistema
educativo y también del ámbito de la producción y el trabajo. Debe saber encontrar en ese
ámbito de reflexión, la responsabilidad que le compete para alcanzar los resultados esperados.

Debiera resultar decisivo para una institución de formación profesional que la gestión de la
misma sea clara, transparente, con cohesión social/laboral, con objetivos concretos y
planificados desde una óptica de participación sustantiva en el proyecto productivo provincial.
Esto, debe ser conocido por el y la docente del ámbito, cuyo último objetivo debiera estar
guiado por la búsqueda del mejoramiento de las prácticas de enseñanza.

Entonces, perseguir la calidad, desde la óptica de gestión institucional, implica al


instructor/a conocer en qué ámbitos de la acción pedagógica y escolar se deben establecer
mejoras, hacia qué horizonte debemos conducirlas y cómo se aglutinan recursos y esfuerzos
para sustentar estas transformaciones.

Además, el y la docente de formación profesional, debe identificar a la autoevaluación


institucional en la base del modelo de Calidad que la Gestión Escolar impulsa. También, debe
reconocer que la revisión y validación de los resultados hay que buscarla en la actuación
ocupacional y social de los egresados de la Institución.

Todo ello, implica que el y la docente de formación profesional debe cumplir


responsablemente su rol y participar activamente para elevar las capacidades de gestión
escolar, que no debe dejar nada al azar. En este camino, habrá de dominar acciones
concernientes a la Planificación, Organización, Administración, Evaluación, Control, Clima
laboral, Compromiso, Estrategias, etc.

En síntesis y a través del vínculo con pares, otros/as docentes y terceros, con la práctica de
derechos y deberes, con el ejercicio de la responsabilidad, con la coparticipación en la toma de
decisiones, con la participación en equipos, con la indagación en la realidad y la constante
reflexión sobre lo tratado u observado, debemos buscar construir una Formación Laboral, que
reproduzca y vivencie un ámbito laboral de cooperación y solidaridad.

g) Respecto al grado de compromiso e identidad con el Centro de Formación Profesional

Tal y como ya mencionamos en el inciso d), varios idóneos de los Centros de FP de la


provincia provienen del mundo del trabajo con la lógica de ese ambiente laboral, y muchos de
ellos, pertenecen al grupo de autónomos que se inclinaron por un empleo en el estado luego de
la crisis de los 90. En este contexto, el y la docente de formación profesional debe buscar y
lograr guiar su labor de manera identificada con los objetivos de la Institución. Debe de ser
capaz de revertir esa lógica del ámbito laboral, por una lógica de capacitación laboral. Debe
asumir su rol y adoptar una posición respecto a su formación en el marco de la capacitación
permanente como compromiso moral y profesional para con sus alumnos. También, debe saber
capacitarse para trasmitir sus vivencias del ámbito laboral por medio de una estratégica
didáctica de simulación constante de esas exigencias propias del ámbito laboral, pero aplicadas

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a lo cotidiano de la capacitación (puntualidad, responsabilidad, asistencia, motivación del
trabajo en grupo y/o equipo, estimular los emprendimientos personales independientes, etc.).

El compromiso e identidad con el Centro, implica exigencia personal profesional, como


exigencia de respeto por el capacitador/a y por la propia Institución. Para ello, es indispensable
que el y la docente de formación profesional reconozca como marco de su accionar a lo
establecido por la Ley Técnico Profesional “... La formación profesional tiene como
propósitos específicos preparar, actualizar y desarrollar las capacidades de las personas para el
trabajo, cualquiera sea su situación educativa inicial, a través de procesos que aseguren la
adquisición de conocimientos científico-tecnológicos y el dominio de las competencias
básicas, profesionales y sociales requerido por una o varias ocupaciones definidas en un
campo ocupacional amplio, con inserción en el ámbito económico-productivo...”. Además,
debe saber que la Formación Profesional es una de las tres patas de dicha normativa, “… Están
comprendidas dentro de la presente ley las... Instituciones de formación profesional. Centros
de formación profesional, escuelas de capacitación laboral, centros de educación agraria,
misiones monotécnicas, escuelas de artes y oficios, escuelas de adultos con formación
profesional, o equivalentes…”

En este sentido, el y la docente de formación profesional debe reconocer que


identificarse con la institución y actuar responsablemente en comunión con los objetivos de la
misma, incrementa las posibilidades de generar mejores cursos, y por lo tanto, mejores
prácticas de enseñanza. Esto debiera de plasmarse por ejemplo, en adoptar una participación
activa y responsable como partícipe necesario en la generación del Proyecto Institucional con
miras, entre otros, para lograr reconocimiento dentro del Plan de Mejora Institucional del
INET.

h) En relación al vínculo con el sector productivo

El proceso de reforma económica y productiva del Estado Provincial tiene como uno de
sus principales efectos el transformar la capacitación en uno de los pilares más importantes de
la mencionada reconversión. En este contexto, nos plantean la necesidad de atender los nuevos
desafíos de la Formación Profesional, especialmente en lo referido al uso óptimo de los
recursos y al aumento de la productividad. Todo ello, sobre la base de resaltar la subjetividad
del trabajo humano, valorizando paralelamente el legítimo principio de la participación
decisiva del trabajador/a en todo el proceso de producción, es decir de la primacía de la
persona sobre las cosas.

Entonces, en este contexto, el y la docente de formación profesional debe de trabajar


sobre la existencia de nuevos roles dentro de las propias estructuras administrativas y
pedagógicas del Consejo Provincial de Educación. Algunas de estas nuevas funciones de
referencia, deben tender a mantener una actualización permanente, que solo se logra si se
mantiene una información fluida de las necesidades y contingencias propias del ámbito
ocupacional de la especialidad. Conocer las nuevas tendencias y conseguir que las mismas
sean tratadas y practicadas en el trascurso de la capacitación, redunda en beneficio de los/as
alumnos/as. El vínculo con el sector productivo/laboral debe ser tomado por el y la docente de
formación profesional como punto crítico e indisoluble de la planificación de los contenidos
de la Capacitación Laboral

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Ahora, ese vínculo estrecho con el sector, también implica que el y la docente deban
conocer también la importancia de focalizar la capacitación al servicio de un proyecto
educativo y de país y no librarla exclusivamente a las necesidades empresariales
circunstanciales.

En este sentido, sería sumamente valioso programar como obligatorio para las
capacitaciones, charlas y/o módulos de “Formación u orientación ocupacional”. Ello
contribuiría a la construcción progresiva de algo más que una simple formación para un puesto
laboral, evitando que todo se reduzca a una actividad puntual. El y la docente de formación
profesional debe de concebir a la capacitación como un sistema global. Por ello, es que debiera
tener presente en la planificación aspectos relacionados a la gestión laboral, derechos y
obligaciones de la actividad, normas de seguridad e higiene, aspectos relacionados a la
calidad, la certificación y la productividad, etc.

i) En relación al valor que la sociedad le adjudica o reconoce a la FP

Resulta evidente en los tiempos que nos ha tocado vivir en estos últimos años, el
aumento de la necesidad de un porcentaje importante de la población económicamente activa
por capacitarse y aprender un oficio para ampliar sus posibilidades de obtener o incrementar
sus ingresos económicos. En este marco, la Capacitación Laboral resulta una atractiva
propuesta. Tan solo, si nos tomáramos el trabajo de revisar los periódicos de los últimos
meses, podríamos advertir dicha necesidad, reflejada también en el número creciente de
ofertas formativas que se pueden encontrar de Capacitación Laboral en los centros urbanos.
Este sector de la PEA, valora positivamente la existencia de tales oportunidades de formación.

Los Centros de Formación Profesional al igual que la Escuela, hace años que entraron en
crisis, a la que el sistema parece no poder encontrarle la vuelta. Por ello, es que sí podemos
encontrar buenas ofertas formativas, pero aisladas de un contexto desorientado. La PEA
demandante de capacitación no es ajena a dicho pensar, aun así y al momento de publicar y/o
promocionar el inicio de una Capacitación Laboral, la población acude a inscribirse. Todos los
nos desempeñamos en el ámbito sabemos que es así. Observamos año tras año la cantidad de
personas que se inscriben deseosas de aprender un oficio que les permita ampliar las
posibilidades laborales futuras. También sabemos, que algunos logran cubrir sus expectativas
y otros no, situación que depende mucho más de la Institución y los docentes, que de las
capacidades de los jóvenes y adultos/as que buscan generar su futuro.

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