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Es ~ropiedad.

(mprf'nta de la \¡uda 6 lIij05 de J Subirana, (lucria Fcrrisa núm. Hi. Barcelona.

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TRATA

1Jr. LOS

RETRAe

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!JA3J JA3J (lOAAHE;; POTHIER

trnducido por

D. MAN UEL DE Ó

NOTARIO

A:lGTADO l · toStoIlO~DO ron

D . ANTON1Ó ELlAS DE AJOL1NS

TOMO

DE LAS OBRAS DE:
DE
LAS
OBRAS
DE:

VID

Capilla Alfonsina

MADRID

n;I./; ,.

L1BRERiA DE GASPAR. EDrrcmEg.

rra

Unit'(."itarVI

.

CALLE DEL

MADRID

L1BRERtA DE v. SUÁREZ

CALLE DElII"COllllETREZO

PIt.JNCIPt,

i

,

BARCELONA

1 L1DHERiA DE J. LLORDACIlS

¡

PLAZA DI: S.MI SEBASTlAN

FONDO ~A.lEAL LEAl! • • • • • • TRATADO DE LOS RETRACTOS ARTÍCULO PRELIMINAR

FONDO

~A.lEAL LEAl!

TRATADO

DE

LOS RETRACTOS

LEAl! • • • • • • TRATADO DE LOS RETRACTOS ARTÍCULO PRELIMINAR El tratado de

ARTÍCULO PRELIMINAR

El tratado de los relractos es una consecuencia y un apéndice del tratado del contrato de venta, puesto que el contralo de venta es el que origina el re-

tracto.

1. El derecho de retracto no es otra cosa que el

derecho de hacerse suya la compra de otro y de caos.

tituirse comprador en su lugar. El retracto DO tiende nunca á rescindir ni á des- )

tTUlr el contrato. 5106 á subro ar en lodos los de-

rechos r esultan tes del mismo fa pers ona aerrerra- ¡ente á la del comprador sobre quien el retracto se ejerce.

Hay tres especies principales de retraclos: el gen-

tilicio, el señorial 6 feudal.y el convencional. En la

primera parle de este tratado nos ocuparemos prin-

cipalmente del gentilicio; yen la segunda diremos

algo sobre los dos restantes.

2. Existen algunas olras especies de retractos,

tal como el que conceden algunas costumbres á los

-6-

copropietarios de UDa cosapTo indif1'i~o,clla,odo uno

de ello~ vende su parle correspondiente a un ex- traño. Esta especie de retracto ba tenido lugar entre los romanos durante algun tiempo, segun se desprende de la ley 14, Codo de conl. empl., que la revocó (1). Creemos excusado tralar aquí del objeto que nos

hemos propuesto eu nuestros tratados, toda vez que

éste se limila á exponer el derecho comun y sobre todo el que se observa en las coslumbres de Paris y de Orleans.

ley (lit. 38, libro4) dice «que en otro tiempo, CI131\,11010

trataba de una compra, lo s {lile

eran prereridos ¡\ los extraños, lo que ilOpedla á ' -eees venderco5u de que IU dueño queda desprenderse; pero este deber. bien que \'vado con el manlo de una "ana honestidad, no dejaba de ser harto onero~o. en cuanto ponla Ir3baa' la libr ol di~p05icion de l os bienea; abolimt!.

pues. aquella anti"ua ley 1 permLtimos el que se venda libremente'

quien sequiera, i ménot que la ley impida! ciertas pe~nas hacerlo,.

(1)

Esta

habian dividido una

cosa entre

-7-

PRI M E.RA PARTE

DEL RETRACTO GENTILICIO

3. El derecho de retracto genlilicio es el dere -

cbo que la ley concede á los parientes del vendedor de una finca, cuando ésta ha sido vendida á un ex" traño , .para constituirse compradores en lugar de éste y obligarle en consecuencia á que la ponga á su disposicion , á condiciou de que se le reembolse é indemnice del precio y de cualquier otro gasto que dicha adquisicion le hubiese ocasionado.

Llamase retracto ge-ntilic'io d de consanguinidad

porque la ley lo concede á los consanguíneos, es decir I á los parientes de la linea ó lamilia cuya fi Dca pasó á poder del vendedor. Distribuiremos esta materia en trece capitulas. En el primero trataremos de las leyes que estahlecie- ron el derecho de retracto gentilicio; de la natura- leza de este derecho y del'respeto que le ban tenido las leyes para preservarle de cualquier ataque . En el segundo hablaremos de la naturaleza de la accion que nace del derecho de retracto gentilicio; en el tercero de las cosas que son ó no susceptibles de este reLracto; en el cuarto de los conlratos y demas aclos que dan ó no origen al mismo, examinando ndemas desde cuándo puede intenlarse este retrac- to; en el quinto veremos á qué personas alcany.a este derecho, por quién y sobre quién puede ejer- cerse; en el sexto cómo debe ejercerse, y si puede serlo en parte de lo que la venta comprende; en el séptimo veremos en qué tiempo debe ejercerse el

-8-

retraclo. Trataremos en el octavo de la forma con que debe ejercerse; en el noveno de las obligacio- nes del relravcnlc, cuando el retracto ha sido reco-

nocido y adjüdicado; en el décimo de 18s obligacio- nes del adquirente que ha reconocido el relraclo. 6 sobre quien baya sido adjudicado; en el ODceno del efecto del retracto gentihcio ya realizado; eD el duo-

décimo de las maneras cómo se extingue el derecho

de retraclo gentilicio; y en el dácimo tercio del re- lra cto de la mitad de las sumas empleadas eD 1. mejora de 1. herencia de uno de los conjuqtos por

casamiento á expensas de todos .

CAPíTULO

PR I MERO

De las leylS t¡tU eslahIecieroll el derecho de n/raclo gen· tilicio, de /0 nah4raleza de este denclto,y del cuidado C01I lJue las leyes I¡flIl sabido preservarle de todo ataque.

§ 1. De las leyes 'lue estableciero" el derecho

traclo gmh'/icio

4. El retraclo geDlilicio DO nos ha derivado del

derecho romaDO . Verdad es que eD tiempo del Im-

perio rué establecido por una coustilucion cuyo au-

tor se ignora, y que Jaime Godofredo,ad.l. 6, Cad. Theod. de contr. empt., la atribuye á CODstantioo 6

cODslilucion se

derog6 por otra de los emperadores ValeDliniano y

T~cdosio, iDserta en 1. ley 6, arriba citada, del c6 -

de re·

á alguno de sus bijos;

pero

esta

digo de

Teodosio, y en

la ley

14, dicl. lit. del

c6 -

digo de

Ju stiDiano ( 1).

El rel raclo ¡CIlUlieio es de antiqulsimo origen, segun &e echa

de ver en el l.evltico, cap. XX V. versículo ~5, por tila!¡ palabru: Sl

(I)

-9-

El retracto gentilicio es. pues, de puro derecho

fran ces . Casi todas nuestras costumb res (ratan de

este derecho: se halla igualmente establecido por

alguuas costumb res particulares de las provincias

regidas por el derecho escrito, lales como las de

elc., elc. La costumbre local de la caste-

Bu rdeos,

llania de Isoudun y olro cor to número de olras cos-

tumbr es locales 10 haD rechazado .

edicto del mes

de Noviembre de 1581

que el derecho de retractb

5. Enrique III dispuso por un

todo el rei no, inclu-

sos los paises regidos por derecho esc rito, y qu e el

año convenido para plan tearlo no corriese sinó desde

el dia de la notificacion del cont rato hecha por es-

cribano competen te, á cuyo efecto, y por una de- claracion del mes siguif;'nle. creó varias escribanias en cada audiencia del reino. Parece que este edicto

par-

lam ento de Paris, donde fué regist rado,

tomnio, atl l. 14 , Codo de contr. empt.,

06 llegó á se r ley, ni áun en la jurisdiccion del

gentilicio estuviese en vigor en

porque Au- cita un de-

creto, confirmando una sentencia de la Audiencia

de MOlIl-BrisoD de fecha 16 Eaero de 1609, por el

que se resuelve que el retracto gen tilicio no tenía lu gar en los países regidos por el derecho escrito . Brt'tonier, al hablar de los Enriques, lo 1, p. 168 , atestigua igualmeute que el retracto gentilicio no estaba en uso en .el Liones, Forez y Baujolois, pero si en el MaconuOls y en la parte de la Auverña que

se rige por el derecho escrito. Este ediclo ha pasado

facilitar la venta notificaciones.

por un ed icto bursátil dado para de las escri banias llamadas de las

allenualu, {rafer tuu, vendiderit pouenium tu/um ,uam, el ooluerlt

propinqllll' eju. pottll reddimere qllod ille vendiderllt

Se introdujo el

retracto I ara que ¡K!rmaneciesen en lal raluiliUIUI bienes patrimonia-

les: pero como es cOlllrario 1 105 buenos principios ceonóllIicO$. ha desaparecido en 105 códigos modernos.

-

10-

6. El derecho de retracto gentilicio tiene sn fun-

damento en la afleian que leoian nuestros mayores

á los bienes procedentes de sus antepasados. Esta afleian es la que ha hecho nacer muchas de nues-

tras leyes consuetudinarias, cuyo fin principal es la

conservacion de los bienes en las familias; tales son las que restringen la facultad de disponer de sus bienes por testamento, y aun, en determinadas pro- vincias, por medio de donaciones eulre vivosj las <tne atribuyen la sucesion á los parientes de la fa- milia de donde los bienes procedieron, con exclu- sion de los parientes más próximos del difunto que no perteneciesen á dicha familia. Estas leyes consuetudinarias que han establecido el retracto gentilicio. considerando como objeto de su disposicion la sujecion al retracto gentilicio de las fincas Ú olros inmuebles cuando han sido ven-

didos á un extraño, pertenecerán, por consiguien- te, á la clase de las llamadas estatutos reales. Es de ]a naturaleza de estos estatutos reales qtte no ejer- zan su imperio más que sobre las fincas ú otros in-

muebles situados 6 reputados

lcnsion de su territorio, y que lo ejt"rzan con relacion á cualesquiera personas, aunque fueran domicilia-

das fuera del terril<lrio. Introdvccio" general ti la coslumbre de Orleans, n." 22 .

De esto se colige: 1." que tan sólo las fincas ú olros inmuebles que estén situados ó reputados si- tuarlos en una provincia donde las leyes admiten el

retracto gentilicio vienen sujetos al relracto en cues- lion, áun en el. caso que el vendedor y adquirente tuviesen su domicilio en alguna de las provincias regidas por el derecho escrito, el cual no admite el

retracto. TÚ·aqueau.

2.' Que la costumbre donde la finca está sitnada

situados en la ex-

-

Il

es la que debe regular todQ lo concerniente al re- tracto gentilicio de esla finca, esto es, cuáles son las personas llamadas á ejercerlo; en qué 6rden; cuáles son los tílulo!:! que se requieren para hacer liSO de este dereoho; en qué tiempo y bajo qué con- diciones debe ejercerse, etc.

§ II. De la nahlraleza del re/raclo getlh"/icio y de la obligado" de respetarlo

8. El derecho de retracto gentilicio ha sido otor-

gado á los parientes consanguíneos del vendedor por pura gracia y por un simple beneficio de la ley muo nicipal en alencion al deseo que se tiene de per- petuar los bienes en las familias. Difiere en este punto del retracto feudal y del convencional 1 que derivan de UD derecho retenido en la cosa cuando ha sido dada en feudo ó enajenada bajo esta carga

tácita ó expresa. Nacen de esta diferencia algunas otras de que nos ocuparemos en el decurso de este tratado.

9. Siendo el relracto gentilicio una pura gracio

que la ley concede á los parientes del vendedor al

único objeto de conservar el inmueble dentro del seno de la familia, se sigue d~ esto que estos parien· tes no podrán cederla á un exlraiío.

10. Siendo el rrtracto uu derecho cuyo único

origen es la ley que lo conoede á la familia del ven- dedor, no puede ésta verse despojada del mismo por ninguna cláus,ula del contralo de venta. Por eslo mismo, caso que constase en la escritu ra que el vendedor vende tal finca á condicion de que 110 p"eda

ser reclamada par su familia, prohibiéndola hacer 'uso del,·etracto, como q"eriendo derogar la ley q'''' lo es-

-

12-

t~olece, cllJro está que tal cláusula sería nula , llO pu·

d,endo el vendedor privar á su familia de un dere- cho que él no le ha concedido, sin6 que le viene de la misma ley.

11. Por idéntica razoo, si por el contrato decla·

rase ~l.comprador, que entienae que la finca por él

tiempo que per-

adqUlnda, cualq.ulf~.~ que sea el

manezca en Su Jamlha I DO debe estar sujeta al de-

recho de retracto gentilicio cuando á aquel de sus des?Cndi('n~es que la tenga en su poder le con,enga

enajenarla a un extra 11o, tal

declaracion

seria de

oulo efec to; es el caso de la siguienle regla de de-

recho: Prr:r:atotu11L co1tflenlto juri publico n01l. dero-

cláusulas

qu e rechazan directa y expresamente el derecho de

!et~aclo, si que lambien lo son las que lo alacan

IUdlreclamente y sin más objeLo que eludirlo.

gat; l. 45, § 1, lJ.

de R.

12. 'o solame nt e so n nulas aquellas

J.

Se

pregunla

á

este

respecto si sena valida la

c~ál1sula de ~n cont rat o,de venta por la que se hu- biese convemdo la nulidad de la venta en- caso de r~lracl.o. Tiraqueau y Grimaudet opinan que es vá- lIda, sl~mpre.que no haya fraude, es decir, con tal que la llllenclOU dt> las parles haya sidoqueel ven-

dedo r ,

llegado el caso de entablarse demanda de re·

tracto, vucha á posesionarse de la finca al objeto de retenerla por si, y no con el deseo de dHol,'crla

,,?O el ti empo al

adquirente; pero Male o, de afflic-

ttS, opllla por el conlrano que tal cláusulacsnula

por no tener olro objeto que eludi r el derecbo de re~ Iracto y. ojX'"e r se á la ley qu e lo concede . Esta ' úl-

tIma apiOlaD,

de Saioles, y

por Vaslin sob re la coslumbre de la

adoptada por Dussa ut 'sobre los usos

Rochela, nos parece razonable bajo lodos con- ceplos.

- 13 -

13. Algunos anlores llevan tao léjos la

regla

todo alaque al derech o de re-

que hacen imposible

tracto, considerando como nula la cláusula por la

comprado r qu e su

se sometiese á una

cua~ .prome~iese e,l véudedor al

famlIta no f'Jerce ra el retracto y

pena caso de inten tarse . Esta es la opinion de

los

anotadores de Dupless is, qui enes la apoya n en

un

decreto que Charondas cita. Pero nosotros no vemos

por qu é ha de ser nula esta cláusula. Esto cláusula

ni ataca e l derecho de re tract o ni á. los parientes del vend edo r, porque en nada les impide que. ejerr.8.l1 el re tra c to . Aunque el vendedor, con prometer que su familia no ejercerá. el retract o, prometA! una cosa que no eslá en su poder, no deja por esto de co ntraer una obligacion válida, como válida es la obligacion qu~ contrae un \"endedor asegurando qu e el propie- tano de la cosa consentirá en la venta. Para que una o,bligacien sea válida basla que el hecho que conslt luye el obje to sea un hecho posible en si,

aunque. no esté en

poder del que ba conlraid o la

obhgac,no. Véase nues tro Tratado d.las obligacio-

nes, n.o 136.

_

No sólo son nulas las cláusulas que li endrn á

at!lcar el re trac to gentilicio, sin6 que 18s cos tum- bres, para garantizar más este derecho á las fami- lias , han puesto todo su clridado en inv es tigar los

fraud es que han

podid o concertarse en tre vende -

dor y

comp rad or para eludir el re lra c lo 6 para ha-

cerlo más oneroso á los parientes de lo que corres- ponde, señalando al efec to penas contra los autores de los mismos. Estos dolos consisten,6 en di sfrazar el contrato de

venta que las parles han

querido oLorgar bajo la

de oLro contralo, 6 e n ocultar f'l

contrato 4urante el tiempo concedido para ejercer el

falsa

apariencia

-14-

retracto, 6 en fingir el precio y demas condiciones de la venta más onerosos de lo que sean en realidad,

alobj elo de disuadir á los parientes de intentar el

retracto.

.

El articulo 386 de nuestra costumbre de Orleans nos ofrece un ejemplo del modo como las costum- bres descubrían estos engailos ó artifi cios.

señalado se-

Mu chas son las costumbres que han

veras penas contra estos fraudes; la de Tours, artí-

cul os

173 y 174 , castiga con una fuert e multa eldo lo

que

el adquirente baya cometido negan do falsa-.

menLe la adquisi cio n; disponi endo adema s que se le

derecho á la res liLucion

pa ri ente . Ca s tiga igual-

mente por med io de multa el fraude del comprador

haber rea lizad o la co mpra median-

que ba declarado

del prec io eh bene fici o del

co nsidere decaido de todo

te un precio más crecido del que era en reali dad ,

,'ini en do ademascondenado á

¡ retray ente

res titui

el doble del ex,",so qu e del mi smo recib ió poreausa del fraude . La de Lodun ois, tltulo de los Relraclos,

la misma disposicioD; castiga

del doble de la canti-

dad indebidam ente re c ibida el fmud e del adquirente

que he fingido un precio más elevad o del convenido:

la de Chateauneuf castiga todos los fraudes con la

I?onfi scacion del precio en beneficio del señor en c uya jllrisdiccion ha s ido'<lescu bierlo el fraude, elc . Los parientes lienen derecho á la prueba, aunque ~ea testimonial, de eslos dolos, pudiendo igualmente denunciar el juramento hecho por el adquirente so-

bre la sinceridad del

ig ualmente con la restitucion

art.

16 , conti ene

con tralo.

15. Todo esto ha conlribuido á resolve r la cues -

tion ántes lan agitada cnlre los antiguos doclores, encaminada á saber si el derecho de retracto genti-

licio es UD derecho

f8l'orable Ó odioso.

Este de -

-

15-

recho es favorable . Su fin, que DO es olro que conservar las fincas en las familias, es un fin esen- cialmente favorable, segun nueslras anliguas cos-

tumbres . El cuidado qn e las leyes han tenido para

inq uirir y castigar los fraudes ó artificios que se ponen en juego para destruir este derecho, es to- davia una prueba del famr que este derecho en- troila; pero, aunque favorable, es al propio tiem- po riguroso, porque dificultando In libertad naturol

de ,'e nder y de com prar, la ley sólo lo concede ba.io

ciertas condiciones cuya observancia exige con toJo rigor; mas, una vez cumplidas éstas por parle de los parientes, la ley les dispensa lada su protec- cion para hacerles gozar de su derecho.

16. La infraccion de la ley qu e establece el r e-

tracia gentilicio, no sólo está condenada en el fuero exle ri or, si que tambien en el fuero de la coucien- ('io vendedor y comprador se hacen culpables de una injusticia cuando realiza n alguno de los enga- ñús arriba indicados: porque siendo el derecho de retracto gentilicio un derecho muy legitimo que se

ha concedido á la familia del

vendedor por dispo-

sicion de la ley, no se la puede privar del mismo sin infingir el primer precep to de la ley nalural, que ordena dar á cada uno lo que le pertenece: Jtt-

'I'is pracepta sunt

SUU1n cuique t'l'ifluere. - I1Is-

r .

Consistiendo esla injusticia en privar á los pa- rientes de ejercer el retracto en virtud de la ven-

til., lit . de juslilia el ¡

ta que les ha sido disfrazada

ó callada

mediante

el engaño ó arti ficio puesto en juego, eJaro e~lá que su reparacion debe consistir en la resliLucion de este poder vio la Jo . Puede hacer el cumprador esta restitucion con hacer sabedores á los parientes

del fraude y ofreciendo el traspaso de

la linca ad-

-

16-

quirida á favor de aqu el dp los parientes que, den·

tro df'laño de haber sido avi ado, se

el primero COIl

presenLase

intencion. de, comprarl.a bajo ~as

mismas condiciones y precIo a que hubiese LeDldo

derecho

al ejercer el retracto , caso que no se hu-

biese disfrazado ú ocultauo el conlralo.

comprador darles esle aviso, ya d.e palabra, ya

medw de algun aclo público por.l.que loda la fa-

Puede el

por

Hay qu e

milia ~ueda venir en su conoclImenlo.

adverllr que debiendo la ,'enla que el comprador ba de bacer á uno de los parienles dar lugar á una

nueva ganancia y á gastos co?siderado~ legil~mos,

á los cuales no hubiese el panente veDldo obhgado

si, á causa del engaño hecho J?OT el colUfrador, no se hubiera visto pri\"odo de lOl.enlar e re tracto, este pariE'nle debe en cambio estar dispensado de

la obligacion de restituir al comprador el beneficio debido por la primera venla, y de los gaslos legi- limos que se hayan hecho.

CAPITULO II

De la naturaleza de la accion de retraclo g-enh"/icio

genlilicio, cuando

hay verdad e ramente lu~r este dere~ho , Dace la aecion de retraclo genllhclO. Esta aCClOD es perso- ltal real. Es persoual. porque nace de la oblig.cion que el comprador edraiio con~ra~, al. a.dquirir, de poner la fi nca que se le vtlnd l:! a dlSp~slclon de aq uel

veud edor que qUiera aceplar la

de la familia del

venta bajo las condiciones marcadas por la cos- tumbre.

La ley municipal es la que crea esta obligacion

17. Del derpcho de relraclo

- 1; -

en la pe rsona del ,comprado r; por es to esta ~c.­ clon pertenece al numero de las llamadas condl t lO

ti}; le!le.

Es pel'sowll real, porque la ley, al crear e, ta obli·

gacion en la persona de un comprador ex traño ,

afecta al mismo tiempo la finea por él adquirida, Uo- gado el momento de cumplirla. La propiedad en esta linea no le ha sido trausmitida sin6 bajo la carga

del retracto, y no puedE'. par consiguiente, traspa- sarla a su vez á oLros sinó bajo el mismogravámen, segun la regla : }{em.o plus jUl'is in alitl1JI,trails(erre

polesl q!IRn! ipse haóere!; 1. 51, n. de R. ,J. Por eslo

los parientes pueden mlentar esta aCCion, mléll- Lras no esp ir e el tiempo del retrac to, no sólo 90n tra el primer comprador, sí que tambien contra aque -

Uos que la hubiesen adquirido con pos terioridad en

cuyo poder se encon Lrase.

¡S.

La accion de relraclo genlilicio, sobre todo

dentro de las costumbres que, como la de París y de Orleaos, conceden el retracto gentilicio al indhi -

duo de la familia más diligente, participa de la na ·

luraleztl de las que llaman los romanos pDJlllloi·es actiones. Esta aecion no es que pertenezca, ánles de intentarse, á una persona determinada de la fa-

vendedor I sinó á la familia indetermina-

milia del

damenle; sólo, al intentarla, se la apropia aquel de la familia que Se baya moslrado más diligente : j",'e

quodaii¿ occllpationis.

19 .

La accion de retracto g('nlilicio no es trans-

misible á los h erede ros del pariente án les de és te inlenlarla, porque el derecho de retracto genlilicio

se concede por la calidad de parentesco, que es Ulla circunstancia personal. Debe esto, sobre todo, te-

ner lugar en las costumbres de Paris y de Orleans,

que conceden el retrac lo ánte,s á la familia conside-

TOMO VII I,

\!:

-

18-

rada de un modo

indeterminado que á ninguno de

la

principio, ,la accian ~e retracto no . esta todaV18 'ln

familia determinadamente, porque~ segur? es~c

bO'J¿is de nmguD ,parltcular ,de la mIsma basta

se la ha apropIado C?D

parse á los demas panentes; y por consIgUIente.

no puede transmitirla.

9.~e

mlenlarla y CO~ a~1l1Cl­

el

.

panenle ha eutablado

20 .

Pero tan

prouto

demanda, la accian loma el carácler de transmISI-

ble á favor de sus herederos, los cuales pueden, ~n

tal calidad, asumir la instancia de

retrac~o gentI-

licio, segun la regla de derecho, ornnes.actlOnes.qu~

'Jilorte S1tnt au,t te'lnpore pM'eunt, se'l1wl 'Z-nclustC J1!,d~­

cio sal.m permanent; 1. 139,

21.

D . de R. J.

En UDa succsion esta accian pasa. del p~­

rienle que la intentó á los herederos en hIenes h-

bres de la linea de donde la finca procede, segun el sentido que resulta del arlículo 139 de la c.oslum-

bre de Paris,

arLículo 385 de la de Orleans; porque le fué adqUI-

y seguu se desprende tamblen del

rida i"re ''''i7ls (an,ilim

.

.

Si no se encontrase mngun panet;lte de esla lll~ea que aceptase la sucesion libre del dlfunlo, falleCIdo

despues de haber i.ntenlado la a?Cl?n de relracto gentilicio, esta. a.cclOn perlenecefIa_ ü sus here~eros eu bienes adqUIfldo.s. aunque, extranos. de esta llllea, quipues en esta calIdad podnan asumlrla d~ los he-

aCClon, en

rederos de dicho pariente, porque esta

virlud de la demanda que el difunlo formuló, viene á ser comprendida in bonis de este pariente, á cuya

sucesion ha pasado .' Es verdad que p""a á formar parte de la

sucesion ha pasado .' Es verdad que p""a á formar parte de la

.

mIsma

como un derecho propio ó libre; pero, segun el de-

recho comuu, á falta de herederos de la línea

que

quieran aceptar la su<;esion á los bienes propIOs, el

-

19

-

sucede

bienes del difunlo. No sucedería otro tanto) si la sucesion á los bie- Des libres hubiese sido aceptada por herederos de la línea} aunque estos herederos rehusasen asumir la accion de retracto: desechándola éstos, el here-

dero ó sucesor á los bienes adquiridos no lendría derecho á asumirla, porque en este caso no es el he- redero en los bienes adquiridos el que ha sucedido á la misma, sinó los herederos en bienes libres quienes Son dueños de dejar tle usar de su derecho. Se nos ha hecho la siguiente objecioll: aunquL:

los demas

heredero á los adquiridos, aunque extraño,

en los libres 6

propios

como en

todos

h~ya un heredero de hienes libres, á su repudia- ClOn, el heredero de los bienes adquiridos sucede en la finca relra¡da, si este heredero en los bienes libre~ no le reintegra, denlro del mio, del ¡recio que el· difunto. tu V? que entregar; luego e heredero debe, por ldénhca razon, suceder en la accion d l' retraclo gentilicio intentada por el difunto cuando haya quien herede los bienes libres y cuando el he- redero en estos bienes rehusa ejercer esta accion. Cont~stamos'á esta objecion que existe una dife- renCia muy marcada entre estos dos casos . La finca relraida no es más que una adquisicion del difunto que ejerció el retracto, aunque f:a.mbien parlicipaen algo de la calidad de propia: perlenec!a al difunto á titulo de compra en virtud del retracLo ejercido que le colocó en lugar del comprador: la ·venla de

e~ta finca es,

Xl1na é in media la de su adquisicion; el derecho de retra.cto gentilicio, que únicamente le di61a prefe-

renCIa sobre el comprador extraño,. sólo constiluye la causa 1'emota. Por esla razon el hf>redero de los bienes adquiridos es el heredero natural y el que

pues, su título, asi como la causa pr6-

-10-

debe suceder en la accioll, cuando el hereder,o. de

los bienes libres ó propio:'> no llena !a con~lClO11

t\D ~~­

bajo la cual le fué conterida la suce"on.

cede lo mismo con la accian de .retracto genhhclU ue ('1 difunto intento : esta acelon .e~ un der~ho

~ropiodel ,lifllntD que en nada partIcIpa del caraj- ter dl' una BuquisiclOll j el, difunto era dueño d~. a

mi~ma nec prt'Uo,. JUC liUrt.t~1 llec dOllo /or.tUlt~I

Sl~16

solo jure slC¡lf/uütis el {Qllul!te.: la ~U~SlOU a esta

accian se confirió absoluta e tnCOndlClOllalmeute al heredero. en lDS bienes propios de 1" ~nea origen de

esta acciono

Por esta razon cuando eXiste un .bere

dero de es ta linea que haya .~eptado la suceSlOn, el

heredero en los bienes adqUlfldos en Dmgun modo

puede ser llamado á la misma.

retraclo. genllhClo

22.

Cuando

la acciou

de

deof" ÍI ser in bOllis del retrayente en ':lrlud de la demanda que f"rmula éste, no puede"slU embargo,

ni íÍun des pues de la misma, cederla a un extrn.fi? Se funda eslo en que se supone que no haadqulfl- do esta accion, porque habIéndose concedIdo el re-

traclo á los parientes del vendedor con. el ~olo ob- jeto de conservar la finca erl el pa.trnl1oUlo de. la !amilia, no puede concederse al panente la 8CC~OU de retracto en virlud de la demanda entablada, slnó eu tanto la formule segun el modo de verde la. coso tumbre para conservar la finca en el patnmoU10 de la familia; y esto no se l?gra sinó formulando la demanda por cuenta propIO Ó para alguno de la fa- milia' pero si despues de haber llllenlado la de- mand~ cede su derecho á un exlraflo, se presume

( ue no ha querido hacer olra cosa que come ter

?raude á la costumhre con prestar su nombre al ex· lrailo , y que, por consiguiente, ~l . en t ablarla, no ha podido en manera alguna adqUlm el derecho de

retracto.

-

2J

23. En aquellos paises cuyas costumbres con-

ceden el derecho de retracto á los parientes del ven.

dedor segun el órden del grado de parentesco que les une, el más próximo pariente no puede, en pero juicio de los del grado siguiente, ceder su derpcho a un pariente más lejano, de modo que si los de grado inmediato quieren ejercer el retracto deben ser preferidos al cesionario. Gri1Jlaudet, 1,6.

24. Estas decisiones no tienen lugar tratándose

opinamos que si

el pariente ha fallecido durante la sus tan ciocion

de la demanda de retracto su legatario universal, aunque extraño, puede asumir la demanda, salvo las reservas consuetudinarias del heredero que ad-

quirió los bienes libres. Algunos autores. sin em - bargo, han pretendido que esta accion, aunque intentada! no pasa á un heredero testamentario ex· traño, ni, por idéntica razon, á un legatario uni- versal extraño, por más que pase á un heredero. ab i~tt~slalo extraño tambi en. Se fundan en la dispo- SIC Ion de una ley que dice que aquel á cuyo fa'for se ha legado UDa finca con la condicion expresa de no poderla enajenar fuera de. la familia, puede transmitirla con su sucesion á un heredero al; in· testato aunque sea extrafio, 1. 77 , § 28, de leg . 2, pero de ningun modo á un hercdero tes tamcntario extraño. Negamos la consecuencia . La razon de di· ferencia consiste en qu e tan pronto el pariente ha ejercido de buena fe y por su cuenta el derecho de

retracto no hay ninguna ley que le

llar la finca fuera de la familia. La ley quiere tan sólo que los parientes ejerzan el retracto por su cuenta y que uo sirva de tes ta férrea á extraños para ejercerlo . Hay lugar á la presuncion de que un pllriente es un testa férrea y que DO tenia iuten.

de s ucesores uni~ersales; por esto

prohiba enaje-

-

~:!-

cion de ejerce r la DecÍon por su c uenlo. cuando

despues de haberla inten tado la cede á un extraño

a Ululo singular; prro no se conc ibe ni resulta ninguna presuncion de fraudr por el mero hecho de que esta Bocion hayo pasado á un extral10 junto ("Dllla suc('sion testamentaria. 6 por medio de un

lelr"do uni,·erso!.

 

.

.

.

.

.

25.

La accion de retracto geutlllclo es dln-

sible,

porque

divisible es la fiuca vendida

constituye su objeto, divi.ible eu

que partes reales, 6

divisible cuando ménos en ~arles intelectuales.

J'ratado de Zas oblif/acio;/es, n.

288.

Por es10, si varias persoDas ban comprado juntas una h{'redad, cada una de ellas responde única- mente de esta accian por la parte divisa ó indivisa que tenga en la misma. Tiene esto lugar áun cuan-

110 hubiesen comprado la cosa solidariamente. Pero en esLe coso el retrayente, para indemnizar aaquel de los compradoras contra quien ejerce el

retraclo, debo enlregarle corla de pago del vendedor de lodo el precio á que esle comprador está obhga- do salvo al retrayenle el derecho de reclamar de

los' demas compradores, sobre quienes

no juzga

oportlJllo ejercer el retracto, ]a parte de precio á

ellos correspondiente. Igualmente, cuando el comprador ha dejado mu- chos herederos, cada uno de éslos responde Ion s6lo

ele la accion correspondiente á la porcion de la cosa

que haya heredado.

26. Con lodo, como la acoion de

relracto gen -

tilicio no es simplemente personal, sinó personal real, é in I'em sCJ'ipta, y sigue ademos al posesor, si uno de los compradores 6 coherederos poseyera

el lolal de la fiuco, responderla de

de retracto.-

loda la accion

-

23-

r ice -tersa, si el pariente, dcspues de intentada la accion, fallece y deja muchos herederos, ningu- no de estos herederos sucede en la accion, ni tiene derecbo, en su calidad de heredero, á asumir la de-

manda sinó por la parle de que es heredero: pero

el adquirente puede, s i quiere, obligarle á que se quede con el todo, porque se concep túa quedeolro modo este adquirente oi seria indemnizado, ni hu- biese querido comprar la cosa no pudiéndola tener

completa . Por lo demas, no hay' duda que si esle heredero

fuese de la misma fam1lia, y que no hubiese espi - rado todavia el año concedido para ejercer el re- tracto, podria en vez de asumir, en su calidad de

heredero, la demanda enlabIada por el difunlo, la

cual sólo puede asumir eu la parLe á él correspon - diente, formular contra su principal nueva deman- da por el total. Pero si los coherederos quisieran asum ir la demanda presentada por el difunto, como que ésta tiene propiedad sobre la otra, seria la úni-

ca admilida.

C APíTULO III

De las (;()Sos que están sujetas al retracto genh·licio

27 .

La mayor parte de las coslumbres, al COll-

ceder el retracto á la familia del vendedor, se ex - presan en estos términos: Cuando alguno ha fJt1l-

dido su {inca . Eslas palabras las hemos

la coslumbre de Paris, arLieulo 129; de la de Or-

leaos, artículo 369, etc. Por consiguiente, atenién- donos al derecho comun, tan s610 los inmuebles pro- pios son los que vienen suje tos al retracto gentilicio .

sacado de

-:q. -

En el presenle capitulo "eremos, pues, l.· cuále.

son las cosas consldrradas, 6 no, heredades, para los

efeclos del relra<;lo; 2." cuáles sou las beredade. 6 fincas que en la presenle maleria son conideradas

propias; 3,· si las cosas no suj~las en sí,al re,t.raclo

vienen á serlo cuando han Sido vendidas Junta- mente con olras que 10 están.

ARTicULO PRIMERO

Ctldl~s SOl1 las cosas que SOIl, Ó 110, consideradas heredades para los qectos del rehnclo

28. La palabra heredad no sólo comprende las

tierras y casas, tanto si están en poblado como en despoblado, si que lambien los derechos· reales en ('l1as comprcl1did9S. Por este moti~o no s610 vienen sujelas al relraclo lodos las lleredades 6 fincas cuyo pleno dominio nos pertenece, sinó tambicn 89ue-

1las de las cuales s610 conservamos una especie de

dominio útil, porque no se puede negar que este

dcminio {ltil no sea cuando ménos un derecho real

que en las mismas

~el1emos (1).

.

Tiene esto lugar aun en el caso que este domI- nio no hubiese sido concedido sinó temporalmente

y que, cumplido dicho plazo, debiese reunirse de nuevo al dominio direclo. No deja lampoco de eslar sujelo .1 relraclo siempre y cuando haya sido \'en-

ImI

muebll'~, que e~tu\ieron en el patrimonio de 105 a.buelos padres comunes del que 10B ~ende y del que 105 redime, J que I'asaron l\; poder

por herencia, legado.

donaciM. dale. ml'jorll, ele., con lal que no haya salido del patrimoniu di' la. familill¡ haciéndose de libre enajentll'ion. Ma.lien.r:o y ÁI'C\'OOI', enla.Jey 7, t t. 11, lib. ;;.• Rccopilacion.

de llllUél por titulo uui\l'ml Ó li"gular. esto 1.'5,

(1 ¡

Recae el derecho de

relrldo .!!Obre 105 bien~ r.íce~ no

-

2:;-

dido por el enfiteuta 6 senor útil á quien este dere- cho corresponde y que le haya n'nido de su fa- milia. En vano se dirá que no siendo la mira de las costumbres, al conceder el retracto, olra que perpe-

luar las fincas en las familia,.

no es posible apli-

carla á esta especie de derecho, que por su nRtura-

puede siem pre permanecer en la familia del

mira de las

costumbres es conservar los bienes en las familias. si no para siempre. para todo el tiempo que sea po-

enfiteuta . A esto se contesta que la

leza no

sible. Juslifica nueslr. opinion el

arlículo 149 de

la costumbre de Paris, cuvo Ululo dice: Concesio-

1UJS de nounta 11 n1lete años", ó de lm'flo tiempo; es

es decir, los derechos del dominio útil resultantes

de dichas concesiones fjienen s'u}etos (; retracto cuan-

do han sido Tendidos por los enfileulas á quienes

pertenecen.

Eslas palabras

de la coslumbre,

de

arellta

'!I

1luere aílos, deben interpretarse nonrestriclire, sin6

exempli causa, que por esto añade de largos años.

Por consiguiente, cuando la concesion enfitéutica está hecha por un tiempo determinado, tanto si éste es largo como si no llega á los noventa y nueve

años, con lal que sea baslanle largo para que pue-

da decirse que es para lar,r¡os alios I el derecho de dominio útil que resulta de esta concesion viene

sujelo al relraclo cuando ha sido "eodido por el enfileula.

¡,Qué tiempo se necesita para que una concesion sea considerada de largos años y para que el drre- cho resultante de la misma esté sujeto al relracto'? La cosLumbre de Normandia, art. 488\ exige que

sea

tilulo 16, arl o 313,

hecha por más de treinta años; la de Brclal1a,

s610 exige que exceda de nueTe

-::!6-

nitos. t,Cuál, pues, debe seguir:;e en los pabe:; cu- yas c05tumbres uada dicen sobre el psrlicularj

Abogando en pro de la primera puede decir e que la

idra de una concesion de largo tiempo entrailO Ó

supone uu tiempo que exceda al ruénos de una ge-

llE."rocioo, y por ~otlsiguieDte,del ti~mpo dI;' treinto

ailos. Puede deCIrse, por el cantrano, enJlTo de la de Bretafio, que eu CllesUon de derecho ect71.1!illm

!Stlo"g""' le"plls. La prescripcion de bueno fe que

resultaba de la posesion de una finca durante diez afios se llamaba priZscriptio LONGI TRYPORlS; y en nuestras costumbres consideramos como bieDcs de

largo tiempo todos aquellos que exceden de nueve

años.

29. La coslumbre

de Brelaña eslablece una li-

,

miLacion muy equitativa lbonote al derecho de re-

trocla de los dom1Llios útiles reversibles: quiere que,

para que estos derechos puedan

relraerse,

deba el

retrayente conservarlos por lo ménos seis años, por· que el ¡nleres que puede lener una familia en con-

heredad por lan poco tiempo como son

cualro ó cinco

para que

servar una

ailos es muy

mezquino

pueda dar lUllar á retraclo y para enlorpecer los in-

tereses del adquirente.

1>1. de Lamoignon en sus Arrelésdes retrai/s, ar-

lículo 19, quiere que el liempo que falle á correr

exceda de diez años.

Vi.ne igualmenle sujelo al relraclo el derecho de los que gozan de la posesion de una cosa á lilulo de

empeño. La costumbre de Paris, arL. 148, contiene

nna disposicion qne dice : las casillas, tiendas de

géneros, tabancos, plaza. públicas cOlllpradas al rty

'!/ formando parle de la sllceston, vienen sujetos

al

relracto cuanJo ban sido vendidos por.l preslamis- la. Sobre esle punlo exisle la misma duda que res-

- dominios úliles reversibles . El que P?'

see á lilulo de empeño, ya sea del rey, de la Iglesla

ó de un ~arlicular, cualquiera heredad de las arri-

27

pecIo á los

ba mencIOnadas, no es que sea su propietario. El

rey, la Iglesia ú olro que las boya empeñado por

cierla cantidad que se le entregó, siempre COllsen'a

la propiedad de las mismas: al preslamisla sólo se

le concede uua especie de señorio útil parrcido al

que resulta de una concesion de largos anos;

ésta se concede la cosa por cierto tiempo limilado,

por

01 paso que la cosa que

se concede al preslamista

es por un tiempo ílirnitado, ó sea hasta que se le re- embolse de la suma por la que se empeñó la finra. Por esta razon cuando el prestamista vende la finca

que posee á título de empeño, no es la finca lo que

propwmente vende, ·sinó únicamente el derec~o de dominio útil. La razon que debe alegarse, al 19ual que en la cuestion precedente, es que este derecho señorial que vende es un derecho real de la finca . Es así que los derechos reales en una finca están

comprendidos bajo la palabra keredad; luego esla-

rán sujetos al retracto gentilicio cuando han sido

vendidos por uno que los adquirió de la familia i> abolengo.

,'ienen sujetos al retracto

3 1.

Por idénlica razon

genlilicio los derechos de feudo, de censo, de gabi- 11as, y hasla los simples derechos de renta en bie-

nes rafees, cuando han sido vendidos por su verda- dero propietario, el cual los hubiese adquirido como patrimoniales 6 abolengos: porque aunque estos derechos en rigor sean cosru; incorporales, vienen

siD' embargo comprendidos bajo la palabra heredad,

porque son derechos en las fincas . Las costumbres

toda espe-

cie de duda que sobre el particular pudiera presen-

de- París y de Orleans, para desvanecer

'.

~ z8-

larse, se expresan del si~uienle mndo: Cual/do al-

gtmo ha tendido tufhlca «renta en biellts raius I clc. i

art. 129 Je Paris y 3(;3 de Orleans.

Aunque.l derecho de usufruclo que una per·

SOua llene en UDa finca de otro sea un derecho en

un derecho eu la

cosa. siu embargo cuando un u ufrucluario \'ende

su derecho de usufruclo á un leroero, no hay lugar

al relraclo genlilicio, áuu en aquellos

paises donde

la "eula de las adquisiciones hechas da lugar al mismo. La. razon es que el derecho de usufructo.

bienes raiees, jus in re, Ó sea

3"2

siendo un derecho de servidumbre personal

un de-

recho que es inherente ó. la persona del u~llfruc­ tunrio, de ]0 que no puede aparlarse, resulta que cuando un usufructuario \'ende su derecho de usu-

fruclo uo es el mismo derecho lo que lende, sin6 el

emolumenlo de esle derecho: coucede el derecho de que uno pueda recogrf en su lugar los frulos que

por si ó por medio de olro tiene derecho á percibir en vIrtud del derecho de usufructo que tiene; pero este derecho de usufructo no puede ménos de rete- nerlo, como inherente .qu~ es á su persona (I1lst. de 'Isur., §4); y por consIguIente no sale desu familia.

33. Tampoco hay lugar al relracto gentilicio

cuando os el proplelano el que ha vendido á alguno un derecho de usufructo correspondiente á alguna de sus fincas . La coslumbre de Paris art. 147 con· tiene una disposicion terminante sobre el pa;ticu- lar! cuyo artic~lo,como que forma jurisprudencia y está comprendIdo en la nueva recopilacion, collsh· luye derecho comuu y.como lal debe tener lugar en los paises cuyas coslumbres nada han legislado sobre este punto. Es porque las costumbres 110 con· ceden el relraclo á la familia del vendedor sin6 cuando éste enajena su finca fuera de la fa~i1ia;

-

'9-

por cuyo moti'\"o no cabe aquí decir que coloca su finca fuera de la familia en virtud de In vcnla y constitucion que hace del derecho de u!'ufrnclo, puesto que permanece yeroadero propielario de la mIsma. 6tese sin embargo que si alg~uo, deslJUes de haber vendido el usufructo de una finca suya, vol- viese á vender en seguida la propiedad d<> hi mi!'ma cosa á dicha persona, habria lugar al retraclo gen- tilicio sobre ambas ventas. Algunas costumbres, como. las ~e .Meluo y Bourbonnois, contienen algu- nas dIsposIClOnes referentes al caso en cueslion . La raza n es que se presume que no fué olra la inLen-' cion de las parLes que efectuar una sola venLa de todo, y que el hacer constar dos ventas constituye un fraude hecho á los parientes del vendedor. Es llecesfl:rio esta~lec~resta presuncion. porque sin ella ~e.a~nrI~ camInO a lodo género de engaños, en per· JUlClO eVIdente de los parientes. Hay lugar á la misma presullcion cuando des- pues de haber vendido nuestra finca con reserva del usufructo, lo vendiéramos á la misma persona; por consiguiente habrá lugar al retracto sobre ambas ventas. Hay lugar á esta presuncioll de fraude, no sola- menle cuando vendemos la propiedad á la misma persooa á quien ánles vendimos el usufruclo d tice- tersa, 51 que tambien cuando la venla se hace á fa- vor de otras personas sobre quienes baya fundadas sospechas de haber interpuesto su mediaciou por encargo de la persona á quien anteriormente se

vendi6 la propiedad 6 el usufruclo; por ejelnplo, si

la segunda venta se hiciese á sus hijoS ó á sus pa - dres; ésta es la opioion de Vaslin .

34 . Para

que exista esta presuncion de fraude

-

3°-

es n(,~!oiario que no medie un intervalo de tiempo

demasiado largo entre la venta de la propiedad y la

del usufructo hecho ti favor de In misma persona.

Unos autores opinan que para que el fronde pueda

})resuminK"'- la segunda venta debe efectuarse dentro elel afio de realizada la primera: olros estiman que es suficiente se realice la nnta dentro de los tres anos ~iguienles. No::olros nos inclinamos por la primera

opinion, fundónJonos para ello en el art. 3~6 de la

costumbre de Orleans. No creemos, sin embargo. que deba uno aceptarla sin escrúpulo ninguno, sinó (Iue somos de parecer que debiera lm.'sumirse el

fraude

pirado el año, porque podrfa suceder y presumirse a su vez que se ha dejado espirar el año ,,(jlo para encubrir el fraude.

hasta UDOS cuantos dias despues de haber es-

Es evidente que

DO

puede

presumirse fraude

cuando el legatario de la uuda propiedad ha com - prado el usufructo al heredero.

35. Un derecho de justicia, aunque derecho in·

cor¡>oral, está sujeto, SID embargo, al retracto gen-

hhclO por la relaclOll

como

territorio

sujeto que es del mismo y en este concepto

que guarda con el

comprendido bajo la palabra lteredad.

Por idéntica rnz~n \·i~nen comprendidos bajo la

palabra heredad los dIezmos enajenados por la IgleSIa y poseldos por legos, porque son derechos

que se ejercen sobre las fincas; y son, en conse-

cuencia. susceptibles de la calidad de cosa propia y

sujetos al retracto cuando han sido vendidos á uil extraño.

La mbyor parte de los autores exceptúa u sin em-

bargo el

caso en .que

hubiesen sido vendidos á la

Iglesia. Véase el 24.' Pl.idoyer de (en JI. le chan-

n

ce/i" .Daguess

",

t. I/.

-

3'-

36 . Los dprechos personales, es decir, los crédi· tos que tenernos contra una personC!- que se ha obligado á darnos una cosa, cuando esta cosa que

forma

el objeto

de dicbos créditos

es

UDa

finca,

vienen igualmente compl'endidos bajo ]a palabra lreredad, y slljetos, por consiguiente, al retracto gentilicio. Si nuestro padre, por ejemplo, ha coro-:

prado una finca, y ha fallecido ántes de hacerle en -

trega de la misma, el crédito que tenemos contra el vendedor para ¡bacernos entregar la finca estará snjeto al retracto gentilicio si la vendemos á un ex- lrallo ; porque áun cuando este crédito no sea "en si otra cosa que un derecho incorporal que tenemos conlra la persona del vendedor. se le considera como si anticipadamente fue~e ~"a la misma finca

en que debe extinguirse: Actio judicatur seclllldum qualitalem/ ni ad f}llam competit. MoHn., in Cons.

sucede con la

Paris,

§ 20, gl.

3, u.

8. Lo mismo

accion de pacto de retroyendelldo. 37 . Si se ha hecho donacion á un tercero de una accion de pacto de reLro, como que esta dona- cion no se convierte en enajellacion al contado, sinó con ejercer la acCÍon por la que se obligue al cesio· nario á pagar el precio, en lal caso, tan sólo el ejer· cicio de la 'accion puede dar márgen al retracto. Esto mismo nos indica muy ~abiamente Vnlin,

d. loco.

38. Las rentas constituidas no están sujetas al

retracto gentilicio, segun el derecho comun, áun en los paises cuyas costumbres las consideran inmue -

bles. ~uestra costumbre deOrleaDs, que las repula tales, arUculos 191 y 351, dice en el arLo :399: .Las

rentas constituidas especial ógeneralmente 1w'liienen

sujetas al retracto ." La razon es que el retracto

sólo ha

sido establecido con respecto á las fincas:

-

3 z

-

luego una renta constituida bajo llingun aspeclo ('8 considerada .fillC8 , no siendo ni un derecho en la

finca ni un derecho á la I~nca. La hipoleca de que

una renta viene acompanada es UD verdadero de-

recho en las heredades suj.las Íl la hipolpca; pero la hipoleca no .s más que el accesario de la mlla,

que en si no es olra cosa que un derecho contra la persona, que s610 tiende á la coDsecucion de dinero

y DO á adq uirir finca algun~.Verda,l es que

son tenidas como fincas Inmuebles; pero e~lo su- cede únicamente en virtud de una ficcioll que en manera alguna lieue lugat en maleria de retracto,

que es de eslriclo derecho.

sin embargo, algunas costumbres

lasrentas

39. Existell,

que parecen sujetar al retracto gentilicio las rentas constituida~; tal e~ la de Seos, art. 32, que dice que hay lugar al relraclo CUalUW algllllo tie1te fillclU pro-

pias y cosas illill,udles I Óconsideradas como ül,les

'!I lastende, elc.

40.

Siendo los

empleos (o(fictS)

considerados

cosas inmuebles, ¿estarán sujetos al retracto cn

aquellas coslumbres que, como la de Seos, sujelan

-

expresamente al retracto las cosas cOllsidtradas ¡

",uebles'! Loyseau, «Trailé des omces., aboga por la

afirmativa; cura opinion ha sido confirmada por un

decrelo de 22 de Febrero de 1676, lomo 4.' del dia-

rio . Pero, fuera de estas costumbres, los empleos,

inclusos los scl1oriales,

re-

no

están sujetos al

lraclo. lJecreto citado por los anotadores d. lJuplessis

sobre una escribanía. En las coslumbres donde están sujelos al relraclo sólo puede ser en tanlo el cargo no ba sido lod,vla discernido al comprador del em- pleo. Proveido ya en la persona del comprador, deja de estar sujelo al relraclo. Si el empleo se lielle del rey, loma el carácler de inamovible, cuyo

·--~ -------------------

-

33-

iespacho ó mandamiento realizado con su

¡lOndienle sello

purga

corres -

lodos los derechos que uu

tercero 1>ucde tener sobre el mismo .

41. Tampoco eslán sujelos al relraclo los cré-

ditos en efectivo por más que se hayan convertido en inmuebles en virtud de e~tipulaciones conteni - das en capitulaciones matrimoniale::i á fayor de uno

,le los fuluros conlra~'enles y demás parieules de la

línea; porque las ficciones rcsullanles de las COIl- Tenciones. no surtiendo efecto sinó pura el C3S0 para que han sido hechas, la prueba de e~tas estipula- ciones no puede hacer pusar estos erMitas como

jnmueblcs y como propjos para el c.aso de retracto g-entilicio, no siendo étite para el <Iue fueron hechas. -12. Los muebles, por preciososqueS<'an, nUllca "ienen sujetos al retracto gentilicio . Ordtnan:a de

IIwrillO t tomo lO, art. 1.0

43. Aunque uua "ui«rsalidad de muebles var-

ticipe algo de la naluraleza de los inmuebles. segun

esta regla: 1mirersitas mobilÍltm s((pitquid immolJile:

!liin embargo de losderechossucesi\"os, cuando loda la sucesion es mueble. no estarán sujetos a1 retracto

,i llegan á <euderse. La coslumbre de Sedan. que

los sujeta al mismo . se separa sobre el parlicular del derecho cornun . Pero si en la sucesion existiesen fincas cuvos de-

rechos se hubiesen \"elldido á un extrailo, es tas

cas estarían sujetas al

retracto . Grimaudet, IV, 21,

pretende más aún, y es que las fincas atraen en este caso los muebles y que unas y otros ,,¡('uen

fin-

sujetos al

retracto; de cuya apiuion

no pa rticipamos

nosotros.

.

~a ?ostumbre de Auvergne dice,

por el contrario,

mdlstlll lamente que no cabe retracto en la nola

-de una s ucesion. El art. 23 dellflulo 23 se exp re,"

-

34

-

de este modo : E,¿ clwses meubles, noms, dettes el ac·

tions, 2'ctcnue 'i/,' a point lielt, ne aussi tl¿. vcnditioll,

de s1tccession 'ltnivc1'selle.

Estando sujeta al retracto la venta de los

dere-

chos sucesivos por razan de los inmuebles de la SIl- cesiou, cuando uuo de los herederos ha vendido á

sus derechos sucesivos, el retraclo se

un extraño

ejerte. ó ántes de la division, ó despues . Cuando se

ejerce despues de la division, el retraclo comprende los inmuebles que recaidos en suerte, hayan pa- sado á dicho exLraflo á condicion de reembolsarle

del precio de la cesion y de las

vueltas correspon-

dientes á los inmuebles comprendidos en la porcion retraída, porque la lasacion debe ser practicada del

precio de dichos muebles sujetos al relracto y del correspondiente á los comprendidos en dicha por-

ciDn no sujetos al retracto. Cuando el retracto se ejerce ántes de la parlicioll, debe suspenderse loda

demanda inlerio ésla se practica, para la cual debe ser citado el relrayente.

44. Auoque los frutos adheridos al árbol y los

arboles por cortar formen parle de una de nuestras

la lenta

fincas

sujetas á retracto,

eso con todo,

que hagamos de estos

árboles á un comerciante

para derribarlos, lo propio que la de los frulos ad-

heridos al árbol, nunca puede tomarse por una venta

de la keredad qne pueda dar lugar al retracto gen-

tilicio, porque no pudiendo el comprador llegar á ser por esta venta propietario de los árboles y frutos que le hemos vendido sino despues de baberlos se- parado de la lierra y reducidoles á la condicion de muebles, resulla que sólo es una venIa de muebles que 00 puede dar lugar al retracto. La costumbre

de Seos contiene una disposicion sobre el particular

eo su arl. 65. La de Normandía se ha separado de

-3~-

estos principios y sujeta al retraílto la ,enta de ár- hales para construccion, aunque vendidos para ser

cortados, con tal que estéu eo pié al tiempo de la

demanda de retracto; pero est~ disposicion no debe lener lugar fuera del territorio por no mili- lar dentro los principios generales. Por la misma razoo se debe rechazar la apioian de Lhoste, quien

pretende en su comenlario

sobre la coslumbre de

Montargis que

los herederos presulllos del veode-

dar deben ser admitidos al relracto de una venta de árboles para construccion con obligarse á no de- rribarlos; porque ó éstos árboles son considerados como debiendo ser derribados, eu cnyo caso no viene á ser olra cosa que la \'enta de un mueble que no da lugar al relracto, ó se los considera como debiendo quedar en pié, en cuyo caso no es lo que se ha ven-

dido, pueslo que la cosa que ha sido vendida sólo

es la corta que debía

hacerse: por otra parle esle

retracto contiene,una especie de aplazamienlo de la sucesion del ~endedor, que es contrario á las buenas costumbres. 45 , En este caso hay lugar á las mismas pre -

sunciones de fraude que eo el caso del oúm. 33 su- pra. Por esto, si despues de la venta de la corta de árboles en pié ó de los frnlos peodientes, se vendie-

se, ántes de haberlos separado, la finca á la misma

ú á olra que se sospechase ha mediado por,

ella, las dos ventas se considerarían como una sola

persona

y habría lugar al relraclo

lanlo coo respeclo á la

finca como con relacion á los frutos.

ARTICt:LO 11 Qul cor:djci¡J1I /:.I.IIJ de tour/as plicas parll ~s/¡¡r stlje/as nI refracto gmlilirio. La

ARTICt:LO 11

Qul cor:djci¡J1I /:.I.IIJ de tour/as plicas parll ~s/¡¡r stlje/as

nI refracto gmlilirio.

La mayor rorle de las coslumbr.s dananle-

ceden le. sobre la calidael de propias que han Jo le-

ner las fincas cu\"o f{'tracto!'Oc concí>de á la familia

46 .

á c"ste número pertenecen las de Paris

.

hasla llegan a conceder el relracto de las adquisi-

ii. la familia del \'endedor en términos ex pre-

dones

del \"endedor:

y Orleans .

Algunas costumbres,

como

la

de

:Sonnandío,

sos, v como consecuencia de esto, agitase la eues·

lion entre las c081umbres que nada dicen sobre el

particular, de si la finca debe ~r propia, Ó ~i 1310-

hipu titne lugar el retraclo con respecto á los biene~ ad'luirido~: ¿las adquhsiciones yíenen, pues, suje- tatí al retracto? ~egativamente, puede decirse quC' la mayor pRrle de las costumbres que sólo conceden el n"tracto para lo::; biencs propios , parrce como ~i

furmasen un derecho comUll que debe tener ob~r­ ,·ancia en aquellas que nada han legislado sobre el ca&l. De otro lado, ó :-ora a6rmatÍ\amente, puede 11('· cirse que nada debe suplirse en las (·o~lulllbn::-;. y por cousiguienlr, que no ~ debe exigir sean l¡ro~ pias las fincas, cuyo retracto se concede cuando no

se desprenda dellexlo de la costumbre que lla que-

rido que tuviesen esta calidad: esta es la apinian de

Grimaudo!. Sobre eslas cuesliones lo mejores infor-

uso que se obser'a en la provincia . Opli-

marse del

ma legu., illlerpres consu<:ludú.

47. En materia de retracto genlilicio la 1'0la-

-;7 -

bra propio ticne una significaríon mucho más lala

demás malerias. En ~stas enliénde::i.e or-

din~riamente po~ lio?8s propias la::; que nos han

v~Dldo por SuceslOn dIrcc!a .; cololeral, ó por dODa- clOn de alguno de nue~tras h~endientes. Como se

s~lpone que, estas donaciones pro\'ienrll de la succ- ::iIOn, los bIenes que pOseClllOs a título de donacion ó de legado proveu!enleS dE' personas extrailas, y aunque sea de los mIsmos ascendicntes, pero á ti lulo de v,eula, s,on adqu~siciones IHH'stras, por más que hU~lCsen su10 prop.ms de aquel ([uC' 110S las '"endi6 ó dló: podremos disponer de las mismas como de t?da ,otra adquisicion y corresponderán pur suce-

en los bienes adquiridos .

Pero no sucede lo propio en maLcria de retraclo gen. lilicio. Desde el momenlo que una finca acaba de formar lronco en una familia, sigue siendo conside. rada como una finca propia y sujela al relraclo cuando la yolvemos á "ender, miénlras no haya sa. lido de la familia, !anlo si ha pasado á una persona de la familia á título de adquisicion como cuando la hemos comprado á uno de nuestros parientes. La C?slu~b.re de Pa~is contiene sobre el particular una dlspo~IClOn terIDlnante,; dice: «Si alguila persona

que en las

$Ion a nues tro heredero

adqUiere """ !inca pro¡na de SI( Jl"riente, tk la IÍl<ell

de que es parienú, 1/ la teRtk, lal ¡ii/ca eSM sujela

al ,·.Iraclo .• La razon es que habiendo la tinca he - cho tronco en la familia y habiendo sido afec!ada de un derecho de .relraclo genlilicio para cou la fa-

mIlta,

guno de la famt}¡a puede, con ndquirirla, despojarla

de esle derecho de relraclo gentilicio que adquirió .

Por es to permanece siempre sujeta al derecho de

retrac to gentilicio con respecLo á la familia, por más que él Ó 108 sucesores de la familia lleguen á \"eD- derla .

aunque ,s~hese de la misma por yenta, nin -

'.

.

'. . ,: l., 1 11,;;. ;".;: - 38 - 48. Nad. implica bajo qué título

,:

l.,

'. . ,: l., 1 11,;;. ;".;: - 38 - 48. Nad. implica bajo qué título

1

11,;;. ;".;:

-

38 -

48. Nad. implica bajo qué título hayamos ad-

quirido una finca propia de nuestro pariente. Tanto

si nos ha sido dada 6 legada, lo mismo que cuando

la hemos comprado , siempre '\cndrá sujeta al re-

tracto si la vendemos. La palabra adquiere que ero- . plea la costumbre de Paris en el artículo arriba ci-

tado , es un término general que comprende todos

los tíLulos de adquisicion, lo mismo la donacion y

los legados como la compra . La costumbre de Meaux

confirma esta inlerprelacioD, la cual; despues de de-

cir

en

el

art. 150, el "et"aclo abraza ta" sólo

las

¡incas p,'opias, 1/ no las adqltisiciones, añade: siem.- p,'e q'lle el pad1'e Ú ot-ro pa1'iente DA, CEDE Ó VENDE

S" p"opia finca WI! pa"ie?!le, 11 que despues del do -

natiTio ó reivindicacion. lo Tienda á 1¿n etct1'af¿o, está sl¿jeta á ntracto por -más que sea 'ltno, adq'ltisicion.,

Este punto, sin embargo, ba suscitado dificultades. Los anotadores de Duplessis pretenden, por el con- trario, que el art. 133 de la costumbre de Paris

sólo tiene aplicacion cuando un pariente vuelve á yender la finca que compró á uno de la familia, y no cuando vende una finca que adquirió de un pa- riente, si, pero á titulo que no estaba sujeto á re- traclo , á título de donacion por ejemplo; y citan á

esle respecto un decreto de 1633 que así lo dispo-

ne, de cuyo decreto hace mencion Brodeau sobre

10. Hé aquí las razones en que

Lonet, cap, II , núm.

funda esta dislincion: Cuando un parieutc vende una finca propia de la familia á su pariente, cons -

tiluye un título que da márgen al retracto, en cuyo caso no puede impedirse éste sino en virtud de la condicion de pariente que tiene el adquirente: qui-

tado este impedimento, debe renacer el derecho de

relracto.

otro par:ente suyo una finca propia á titulo de do -

Pero cuando un pariente ha .dqu:r:do de

_

_

_

-

39-

nacion, lo que impide el relracto no es la calidad

<l e la persona del adquirente, sino la naturaleza del l~lulo j y por consiguiente la familia pierde para SIempre lodo derecho de retracto. Este argumen lo uo vale. nada . No es verdad que la venta hecha á

un panente hay~ dado lugar al retracto, que s610

haya SId? ImpedIdo por la condicion de la persona

d;l adqUlrente, y que deba renacer cuando este obs-

taeul0 haya desaparecido en virtud de la reventa

que. ~sle comprador hace de la misma fuera de la

famIlIa; porque cuando la revende, no es que el

derecho de retraclo tenga lugar sobre la venta pri-

mera, Sl~O sobre la segunda . La clase de tilulo es

por C?l1s1gui,enl c, indiferente. puesto que

cho htulo, SIlla la segunda venta la que da márgen

a~ r~lraclo. Por estas razones hay que decidir in-

dIstIntamente, á pesar del parecer de los anotadores

y del d~reto por ellos citado, que habrá lugar al ret~acto SIempre que alguno haya vendido una finca

an~lgua de su familía I cualquiera que sea ellitulo baJo el cual la haya adquirido. Posteriormenle al decreto cItado se publicó tambien otro de 21 de Marzo de. 1713, inserto en el tomo 6.' del lJiario d.

las A lldU1Wtas , resolviendo que hay lugar al re-

tracto de una finca que fué dada al vendedor por su

~ar.leDt~ c?lateral; hay que atenerse, pues, á esta ullIma JUrIsprudencia.

49. Esta disposicion de la costumbre de Paris

que conse,,-a esta cali.dad á la finca que ha tomado

la condlClOn de propIa de una familia y sujeta al

retracto, en tanto permanezca en la misma y aun-

que se haya trasferido á alguno de dicha familia á Ululo de adquisicion, se encuentra igGa~mente en algunas otms co;tumbres, tales como en la de Pe- ronne, art o253 y 254; Seulis, Melun, etc.

no es di~

1:

-

4-°-

La jurispru~eucia la ha extendido á las coslum- bres que na~. han leRisla~o sobre el particular. Por UIIR sentencia de 1738, citaua en nuestras no- tas sobre el art. 379 de nue,lra costumbre de Or- leans, se rC5:o1vi6 que tenía lugar en nuestra cos- tumbre de Orleans aunque ésta sólo trate del casn en que la finca se bubit"sc lra!ó;ferido á un l>arient~

en virtud de haber ejercido retracLo, y que nada

diga del caso en que la hubiese comprado direcla-

mente de Su pariente.

50. Una finca adquirida duranL€' la continua-

CiOD de comunidad entre un padre y sus hijos, es,

por parle de éstos, una adqlli~icion en la per~olla

de SllS hijos.

51. Una finca que era una verdadera adquisi-

cion en la persona del difunto, degcncm en propia

en la persona de su heredero, áun cuando no fuese heredero más que á beneficio de inventario. Por- esla la venta que haga de la misma sprá de una

finca propia qne dará fugar al retracto.

misma sprá de una finca propia qne dará fugar al retracto. 52. Si no se hubiese

52. Si no se hubiese cedido la sucesion, la '\enta

d. esta cosa adquirida, hecha Dar el curador, de la

sucesion vacante, no daria lugar al retracto \ Paris,. artículo 152;; porque esta \~enta 110 es otra cosa qlll' la venta de una cosa adquirida; no teniendo la con~

dicion ~e heredero la persona que b. trasferido la

finca, no ha podido volverse propia.

Pero si esla finca tenia ya la cali~ad de propia en la persona del difunto, la '·eula hecha por el cu-

rador de la sucesion vacante será de una cosa pro- pia que dará lugar al retracto, del mismo Dh,do como si el mismo difunto la hubiese vendido en vida, porque estando representado por su SUceSiOll

vacante, segun esta regla, lt."reditfls jacellJ ticem. pirsOllte dtfltilCli sllslinet l Be presume haberla ena-

-.p-

jenado por medio de la venta que de la misma ha hecho el curador de su sucesioll .

Así como una adquisicion del uifunto toma

el carúcter de propia en la persona de ~u heredero,

así tambien una finca adquirida, dada ú legada á un

hijo se hace propia en la persona de este hijo, por cODsiderarse que las donaciones y los legados he-

chos á los hijos proceden de la sucesion. No sucede lo mismo cuando la donacion 6 el le-

gado resulta hecho á UD colaleral. La finca no cons-

tiLuye más que una adquisicion del donatario, la cnal no está sujeta al retracto. Pero si la finca era luopia del donante, conservarfa,{l0r lo que respecta

a la materia del retracto gentihcio, su calidad de propia, por más que se hubiese trasferido al dona- tario á tiLulo de adquisicion, como hemos visto más

arriba.

54. Las fincas comprendidas eu una sustilucion

que tuviesen la coudicion de adquisiciones eu la persona del autor de la sustilucion, vienen á ser propias en la persona del sustiLuido que ha reco- gido la sustilucion, cualquiera que haya sido la persona gra'\ada por conducto de la cual le hayan pertenecido, cuando este sustituido es uno de los descendientes del autor de la sustitucion; porque dicho sustituido liene los bienes, no del gravado, sino del aulor de la sustitucion; su Ululo es una donacion eIllÍnea directa que nace de la sucesion. Pero si los sustituidos 110 son más que colatera- les del aulor de la susLitucioll, áuo cuando el gra- vado, por conducto del cual liaD recogido la susti- tilucion, fuese su padre, las adquisiciones del aulol~ de la sustitucion 110 resultarlan propias con res-

pecto á la persoDa de los susliluidos, porque la

sustitucion no es, para ellos, más que una donacion

en linea colaleral.

3:3.

-.p - Xee obslat que no hay lugar en este caso ni be- neficio de

-.p -

Xee obslat que no hay lugar en este caso ni be-

neficio de redencion, como lo hemos demostrado eu

nuestra lnlroductifm all lit,

des lie!s de la eoulu",e

(tOrleaus. La razon de diferencia es. que no es pre- cisamenle el titulo lo que da lugar al beneficio de redencion, ,ino tan sólo el hecho de la mudanza de olueno; al raso que lo que regula la calidad de pro· pio ó adquirido es la naturaleza del lltulo. 5;. Una finca nos es prop" y esta sUjeta al re-

traclo gentilicio, no sólo cuando nos ha corre~pon­ dido en virlud de la sucesion de nuestro paru~nle,

sino lambien en el caso que sólo hayamos sucedido ni derecho que lenia dicho nuestro pariente de ha- cé".l. dor, y en virtud de cuyo liIulo hayamos lle-

gado á ser dueilos de la misma, porque se conSIdera que hemos sucedido á la finca con suceder á este derecho, el cual, por el mero hecho de haber muerlo despues con la finca, debia anticipad~me~le ser te·

nido por tal finca, segun la regla, qltt acltOnen, na-

bel, ipsam 'I'em. habere 'tidelur.

parte de una finca en

yirlud de IIna un ion real es propio y está sujeto al retracto, lo mismo que la Hnca á que está unida.

Tales son los edificios construidos sobre solar pro-

eslos edificios olra. cosa que

accesorios dellerreno sobre el cual han SIdo levan·

56. Todo lo 'Iue forma

pio j porque no siendo

tados, y ~o pudiendo .i':lbsistirsepa.r~d~mente, no

tienen moguna condlclon de adqUlsICJOn que les sea peculiar, sino que, por el contrario, par.ticipan

de las mismas calIdades que la cosa prlUCJpal de

que forman parte. Lo mismo sucede con eI8crec~n·

tamiento por aluvion que nueslra finca haya podido

exprrimrntar. Otra cosa sucede cuando lo union es una union eivii. Por ejemplo, &i nemas &dquirido un cortijo

-43 -

dependiente de nuestro feudo propio, aunque á causa de la adquisicion se consiga uoa reunion de

feudo, y que este cortijo no forme más que un solo y mis~o feudo con el nuest;o. d.e quien dependi•.

embargo, una adqU1slClOn y no. estara su-

será, 510

jela 01 relraclo gentilicio, porque no hene lugar más union que la del feudo, porque las fincas no

por eso dejan de ser cuerpos ménos dlstmtos y

parados de los cuales somos propietarios á Ululos

diferentes I que lmeden, por consiguiente, tener

lambien calidades diferentes. Igual sucede con la union para un fin determi-

nado . Así, por ejemplo, cuando

daza de tierra enclavado en uno de nuestros corhJos propios para que form: parte del mism.o~ ~sta por- cionde tierra no dejara de ser una adqUlsIclon, por·

que queda igualmente distinguida y separada de

las restan les lierras de

compramos un J~­

nuestro cortijo como lo e~­

laba ántes de adquirirla, y porque la poseemos baJO otro titulo.

57. Lo que queda de una heredad propia con-

sen'a su conllicion de tal siempre que DO pierda la

calidad de inmueble. Por ejemplo: si Ulla de nues-

tras casas ha sido incendiada siendo propia, no

sólo retendrá el solar su calidad de propio sino que,

esta misma condicion alcanza á todos los materia- les de~prendi~os de dicha casa miéntras conserven la cahdad de lllmuebles para ser nuevamente des- tinados á la reconstruccion de la misma. Asi, pues, si con los materiales vendemos tambien el solar, unos y olro vendrán sujetos al retracto; pero si 10:; vendiésemos sin él, no habria lugar al retracto,

porqu e DO siendo. destinados.!?",:" la. reconstruc-

<Hon de la casa I pIerden la C8Uo.au de :n:nl!~b!es y,

por consiguiente, la de propios.

-

44-

58. Todos los derechos 'file hayamos retenido

en una finca propia en virtud de la ena)enacioll

que de la misma hemos hecho 1 son lamblen pro- pios y de la misma naturaleza que lo era la finca,

lo lanlo, igualmente sujelo~ al relraclo gen -

tilicio. Por ejemplo: si hemos enajenado una fin~ propia concediéndola á CCUSO, á dere~110 de gaVi - llas ó á feula en bienes ralces, cualqlllera de estos der~chos(l ue nos hayamos retenido en la fi.n.c~1será propio y estará sujeto al retracto gentilicIO del mismo modo que lo estaha la heredad. Por idénticas razones serán propios y vendrán

sujetos al reLracto gentilicio, al igual que lo esta -

derechos que hayamos reteni-

ha la fi uca, todos los

Y, por

(lo 6 conservado con relacian á nue~lra finca pro- pia, tales como los derechos rescisoriO$l el derecho

de ven ta con pacto de retro, etc.

las heredades que han sus ti-

59 .

Por último,

Luido á oLra heredad propia que hemos enajenado,

Lienen, en vir Lud de la ficcion de la subrogaciou, la

misma calidad de propias que tenia la heredad ena-

jenada á la que han reemplazado, y están sujetos al retracto gentilicio . Esta subrogacioll tiene lugar cuando hemos adquirido la finca en cuesLion inme· dia ta menle, Pl)f y en lugar de nuestra finca propia, como cuando la hemos adquirido en cambio de nuestra beredad propia. Pero si hubiésemos vendi-

do nuestra heredad propia por cierla cantidad de dinero, á condicion de emplearla en la adquisiciou de otra finca; aunque hayamos declarado por la

adquisicion de dicha fiuca, que la suma mediante la cual la hemos adquirido, es la misma suma que proviene del precio de la finca propia que hemos

vendido, y que entendemos adquirir ésta paftl reem- plazar la veudida, dicha fiuca no dejaría puresto de

-

45 -

constituir una adquisicion que no eslaría sujeta al retracto gentilicio, porque ésta 110 suple inmedia- tamente la finca propia vendida, sinó el precio por que se vendió. Véase nueslra Int1'odllCcio~¿general ti

la eos/"",In-ede Orle"ns, núm. 85 y siguientes .

60. Cuando hemos adquirido una heredad á

-cambio de una rent.a propia 1 aunque

adquiera por subrogaeion la calidad de propia de sucesion de la linea de donde dicha reula nos de-

rivó, no lendrá la calidad de propia de "e/raelo, ni estará sujeta al mismo, en razon á que tampoco lo esl3ba la renta que se subroga, siendo así que una cosa no pnede adquirir por subrogaciol1 oLras eali-

uades que las que leuia la cosa á la que ha susli- tuido , E:;:la es la opiuion de Lamiere sobre el ar-

liculo 143 de París. Por igual razou, cuaudo esta heredad habrá pasado en sucesion á nuestro here-

dero, vendrá sujeta al retracto gentilicio; pero para el relraclo sólo será considerada como propia 113- dente. Vice-'~ersa, cuando adquirimos una renta en caro· bio de una heredad propia, esta ren ta no estará Su-

jela al relracto. porque no puede adquirir por sub -

esta heredad

rogacion una calidad de que no es suscephble.

51. Cuando una heredad propia ha perdido la

calidad de tal con salir de la familia por haberla

nosoiros enajenado á un extraño, aunque la pose- yésemos de nuevo en virlud de un nuevo tilulo de adquisiciou, v. gr., por habérnosla dado ó vuelto á vender aquel á quien la habíamos vendido, no re-

cobra por eso su antigua calidad de propia, sino

que constituirá una adquisicion J y por

te. no sujeta al retraclo.-Bouqu.ic1', l. R., ?¿. 8.

- Igualmente, si despues de haber euajenado una

heredad propia palerna volvemos á ser propietarios

consiguien-

- 4 6 -

de la misma á Ululo de sucesion de un parienle ma- lerno á quien se habia lransferido, no recobra tam- poco la calidad de propia palerna que lenta cuando

se enajenó, sino que se queda p~~P!a materna y su-

jela, ¡x>r lanlo, al relraclo gentilicIO en favor de la

faroiIta materoa solamente.

62. Pero cuando ' - 01 vemos á ser propielarios de

la finca propia que habíamos enajenado! no eu vir- tud de ningun uue'~o título, sinó en nrlud <le la rescision de la enajenacion hecha, ó únicamente por la nulidad y cesacion de dicha cllajenacion, esta finca recobra Su primitivo eslado con todas la~ calidadE's que tenía cuando la enajenamos, y I por lo mismo, la de ser propia y sujeta al. retracto, SI es

que lenía esta condiciou.-lntrodltccttm á.la coslU1Jl,· ble tU Orlca/u. núm. 72.-Por E'jemplo: 51 volvemos

a poseer una flllca que habíamos vendido

de rescision obtenida contra dicha lenta, 6 en nr-

lud de paclo de relro que el conlralo conlenía; ó cuando habiendo hecho donacion de una finca la

reivindicamos por nacimiento de un hijo, en lodos

eslos casos y olros parecidos que podriamos cilar, la finca en cueslion vueh'e á lomar la calIdad de propia que tenia y estará sujela al relraclo si la

en virt.ud

voh'emos á "ender.

63. Cuando la anulacion del Ululo de euajena-

cion se hace tZ "Q~a caru4 et t:obtnlarta I el caso

parece revisle mayor dificultad. Por ejemplo: .i aespues de haber vendido una finca y haber pueslo

en posesion al comprador, la adquirimos de nuevo

-por convencion, en cuya virlud el comprador (que no habia pagado lodavia el precio) se obliga á de-

sisLir de la compra perfeccionada, esta nueva c?~­ vencion puede parecer un nuevo ULulo de adqu191-

-47 -

es así, sino que se decide, por el contrario, que esta convencion no es una nueva venta hecha á nuestro

favor por el que nos yendió la heredad, y si una

simple anulacion y extincion de la que nosotros le

habiamos hecho. Eslo mismo es lo que se desprende del arl. lli de OrIeans, que dispone que esla con-

vencion no da lugar á un nuevo lucro, lo cual su- pone que uo encierra ninguna nueva venta, sino la

simple nulidad de la que habíamos hecho; d. donde

se colige que volvemos á ser propietarios de la finca

bajo el mismo lilulo con que lo éramos al enaje-

narla, debiendo por lo mismo recobrar la misma

calidad de propia que leni• .

vendió y enajenó

padre el que

64.

Si era

un

esta finca, y que nosotros, como bijas herederos del mismo, hubiésemos entrado en la posesion de dicha finca en virtud de convencion hecha con el compra-

dor en ocasion que éste no hubiese pagado lodav!a

el precio, medianle la cual hubiese renunciado á la

compra, la ,enla hecha por nueslro padre de esla

finca queda nula en virtud de esta convencion j la

heredad recobra la calidad que lenia de adquisicion

de nuestro padre, Y '{'iene á ser en nuestra persona

propia paterna y sujeta al relracto, porque las ad-

quisiciones del difunLo son propias en la persona

de sus herederos. Se objetará lal vez que, no ha-

biéndose encontrado esta finca en la sucesion de nuestro padre, quien la babia enajenado ánles de morir, no pnede admitirse que la hayamos adqui- rido de la sucesion del mismo . A csLo se contesta que si no hemos encontrado la finca en la sncesion,· en cambio hemos hallado en ella la accioo ez ten- dilo: la cual, de aooion mueble que era en un prin·

cipio ad pretium c011sequendum, se ha convertidOr

-

4 8 -

wmpl'ador, en una acciau para cnlral' eu posesion de la misma, lo cual basta para que se l>resuma que nos ha ,"cuido de la sucesion de nuestro l>adre;

.sl'pra, nÚID. 55. No puede negarse. por olra parte, que no nos 1m procedido de la sucesion de uues.lra ]ladre uua finca en la cual no, hemos entrado SIDO

en calidad de herederos del mismo.

65. Cuando entramos en posesion de una finca

-propia en virtud de sentencia que declara rc\'ocada la douacion que de la misma l~ahiamos. hecb? por causa de ingratitud del donatano, se entiende Igual- mente que recohra la calidad de propia y sujela al retracto, porque más que ~dquirir se presume que

se nos rC!Jone en su poseslOn.

.

66. No sucederá lo propio si hemos wndldo la

heredad C011 reserva del derecho de denegaciün para

el caso de volverse á vender, de cuyo derecho hu-

biésemos usado sobre un comprador á quien s~ vendió, porque, en tal caso, no es que volvamos a

entrar en poscsion de la finca á causa. de la a~ula­ cion que se ha hecho de la venta: SlDU en vIflud de un nuevo tilulo de adquisicioD. eslo es, por la venla hecha á favor de aquel sobre quien hemos pjercido el derecho de rebusar, cuyo derecho hemos subrogado.

cuestiones planteadas

sobre el parlicular en nuestra I'1lslruccion gC1lfl'ral

sobre la COsl'u",lm de Orleans.

ConsúLlense ,arias otras

-

49-

CAPíTUt.O III

.De ~i vienen stljl!/a~ al rl!/I'aclo las cosas que por si mIsmas IlO lo ts/e1t, en el caso que se IIa)'l711 v(!1ldido jU~ltO c01~ rma sujelfl al mismo y vendidas por 7/.1,

1/UsmO acto.

67. Si 110S at.euemos al derecho comUD, las co-

sas que en sí mismas DO están sujetas al retracto gentilicio DO pueden estarlo por eImero hecho de haber sido vendidas por un mismo acto con una finca sugeta al mismo . Por esta razon, si se em - plaza en retracto al adquirente, sólo estará obli- gado á entregar al retrayenle la finca de su patri- monio ó abolengo, quedando en liberlad derelener, si así lo juzga oportuno, las restantes cosas por más que formen parle de la misma venta. Muchas son las costumbres que contienen disposiciones sobre el particular, entre ellas, la de Meaux, 104:

Meluo, 140; Nantes, 87; Peroone, 246; 'l'ouraiue. 174/ y otras varias. Este derecho se extiende ti todas las demás coslumbres que ninguna disposi- CiOD contienen sobre este punto, no sólo porque as! está autorizado por la mayor parte de las cos- lumbres. sinó tambien porque se funda sobre uua razon muy evidente, esto es, que el pariente sólo liene el derecho de retracto sobre las finoas de su linea 6 patrimonio por concedérselo así la ley, y no

expresa -

sobre aquellas cosas que la ley le prohibe mente.

68. M. Guyol, 'balado de los Feudos, excep -

Jos muebles de.tinados á la

túa de este principio

de un cortijo, como son los cubos, los

anunales y los instrumentos para la agricultura, y

explolacion

-

5 0

-

quiere que al ser vendidos con e! corlijo

pueda

el

pariente relcn~rlo lodo Bunque il ello se oponga el

adquirenle. Esla opinion adoplada por el com!nda- dor de la Hocbelle es muy dIgna de aplauS() o E,X1sle

público en que e~los mue-

Ulla especie de interés

bles sigan la suerle del corlijo para CU}" explol.- cion se utilizan, eu atencion á ser la separaclOll

perjudicial al culli,o

de las lierr.s. Esla razon de

interés público parece hab~r se~,Tldode fundamento

y

á la Ordentln:a de las suosllluct01l.ts, § 1, arlo

6,

licue perfecla aplicacion al caso que uos ocupa.

adqulrenle.' qUllandole el

AMdase á eslo que el

cortijo, no tiene por regla general tnter~s ninguno

~n consen"ar estos muebles, por cuya razon el re-

chazar el retracto sólo obedecería á una lemeridall

inexplicable.

69. En cuan lo á las demas clases de muebles.

aunque el parienle no pueda obligar al comprador

á que se los entregue con la finca sugela al retracto

si éste no está á ello dispuesto, el adquirente ¡., pue- de obligar al relrayeole. por via de indemnizaciou. á quedarse con el lodo 6 nada de la compral Esla

el capitulo

cueslion nos reservamos tratarla

quiolo.

l\ueslra costumbre de Orleans, arlo 395.

difiere del

ra ra que retire lodo lo que haya sido vendido con a finca abolenga, por un mismo aclo y por uo S()lo

precio; siendo el retracto gentilicio un derecho de-

que goza elfarieule para apropiarse la finca palri- monial vendlua á un edraBa. dicha costumbre ha

sa~do la consecuencia que, vendidos los muebles

junlamenle con la finca aboleuga, el parienle lieue derecho á retraer el lodo de l. venla lal cual esla sea. Véase dicho art. 395, y nueslras nolas S()bre el

derecho comun . Da derecho al pariente

en

70.

mismo.

-'::1-

71. Si Ulla beredad de nuestro píltrimonio, sita

e~ Orl~ans, ha. sido vendida con ?tra finca no pa- trtmoDlal mediante un sólo preclO, perteneciente e ta última á otra costumbre que carece de la mis- ma disposicioll de ley, ¿podemos con ejercer el re-

lraclo ue la fiuca palrimonial ó abolenga, relraer