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3. Peircc: sigtto, rclerente, últerpreta'tte

ll, Iil:r

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L'

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lrii !

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-l

Ifl

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Etir

Si la historia de la semiótica asuntiese la forma del

mito, scria faicil y aún sugercntc

rol del anti'Sau§sure: sienrpre es una pareja polar de hé-

hacer jugar a Pcirce- el

o conlo Lurniüre

¡'

IvIe-

roes -corno

liés

-

la

Rómulo y Remo,

que cla una imdgen

-d.e.

aciepuada de la Fábula de

una tal contrapo'

los puntos sobrc- los que se

los Orígcnei. No futt"rían motivos para

sición: por ejen:plo, g4o

ha insisiido cn las páginas

precedentcs consiste cn que en

el modelo Tausluríano cle signo realidacl cn si' o si se

qtricrc, las cosas a- las clttc- nos rcfcrimos h1!lando' no son

tr llr iiltltr'trcirilr scrtri,itic-lt: cl siJlrr., «lcstlc cl

t'clit¡ttcllrl'

i ¡rcr.tirrc.rrlt.s

: nl()tltcill()

(.lt (lu(.t.t'r.lllrz.lr r.,()trli¡¡ttt'ltt'sc (:()l]¡o tll'lit

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clc «.rb.icttl.s cxtcl.llus, sc ¡:r'ccisa

tamente autótloma, aunque

(Saussurc apunta:

clos caras

r;

«cl

«una entidad gcnerada

colll() tlt'lit crltit[¿rcl ¡rct'lcc-

cn el cuadro de un sistema

signo cs una cnticlad psíquica de

o áPto*im4do por "seguridad" ai sig-

dos ca'

en cam'

raclicalizado después por Hjelmslev [1943]:

por

la conexión entre una expre'

«Lrna porción

-de

clel filtro de inter'

sión y un cont;nidor;

nificiintc ttr-'Barthcs [1964a]:

ras- de sonoriclad, visualiclacl, s1s'»; etc')' Peirce'

bio

si es lcido a tra\'ós

ogclen

-cspecialmcnte

prr,o.ion.r

.,clásicas" como la de

que

y Richards (19.23.)

reclucen tocla complejidad problemática a la simplici'

5

H

134

ii r;r.:.d{'

¡\l

dad de una figura geométrica (su famoso triángulo), o la de Morris (1946) que lleva la lección hacia el marco del

conductismo- Peirce, decia, parece considerar el objeto

como una componente necesaria del signo.,Tomemos, por

ejemplo, dos deñniciones entre las tantas que se pueden encontrar en los L'ollected Papers (parcialmente reordena' nados en forma póstura --{omo póstuma f-rre la pubfi:a-

ción del Cours Saussuriano- cntre cl I93l y cl 193.5f

j/cl

signo (o reprcsentatnetl, en inglés, N, d. T.) el algo -q_ue,

para álglien, representa o se refiere a algo en a.lgún as-

pecto o carácter), (2.228),6 es un Primero que está en tal

relación trlacltca Fcnulna con

"Un

signo, o Representamen,

ün SeeUndo, llamaoo ubieto, como para ser capaz cle de'

terminar a un tercero, llamado su Interprctante, a asumlr

con su Objeto la misma re-lacrón triádica en la que él está

con el mrsmo ob¡eto» (¿.2t4). L,n las dos derlntclones. ia

e.I!9r¡a parece. cviclente: introducida

,alrtsión a la ¡ealiclad

a través de una estrpcturación tripolar del signo (un pri'

mero

to o car¿icter) parece referirse a toda una traclición lllosó'

fica que sc remonta, pol lo nlenos, a lcls cstoico-s (son cllos

los ¡rrinreros

un seguncio

un tercero

;

algo

en algún aspec'

cn dar una clcñ4ición de .5iono formalmente

tripartita,

\'cn colocar cl Drap¡tta, es clccir. cl objcto al quc

)¡l

sr.'ttttti,tr¡rr. cs clccit',:rl siano

sc i'cflr'r'c'c'l sirt¡ro, irrrrtri

c()nr()

f)uril

t'lrlitl:r<l lísic'lr, v ¡¡l .st'trtrtitt()t,t('ttotl, cs clccit', a

l«l otrt'cl siurrtr rlicc), o¡'rortii'nrlosc t;rlrtltiÚn por csta r'ía a

la lección saussuriana, que mientras evita v a[tn exclul'e remitirse a lc, real, conrprime tambiin la posibiliclaC dc

jtrgar con los tres términos dcntro cie una rclación que re' sulta simplcnrente bi¡laria. Serí¿r fiicil, por cilo, v attn stlgcrcntc asigrtar a Pcircc

el rol de'l anti-.Saussurc: pcro ¡ro sicrnpl'e las f<.¡rm¡s del

mito se justilican. De hccho, contt'olanclo nlir.s ór.liclado.sa-

mcnte ambas clifcrcncias, istas parcccn m¡.is dc lo quc efcclivamcntc son: guicro clecit' qtrc si c.s l'cl'clad qttc las categoría.s em¡:leaclas son tnLly diversas, si dil'ergen fre'

135

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lii'i fiB

u{i

cuentemente los intereses cn iuego, si los modelos elabo' rados son netamentc distintos, es verdad también que los

puntos de encuentro que hemos señalado, es decir la read'

misión

ción de una triple

de la realidad externa y, unicla a ella, la postula'

relación para constituir el signo, se re'

como nuevos puntos de apoyo para una

velan finalmente

temática que

cosas más de

ya

ha entrado en escena' Examinemos las

cerca. Verentos, en primer lugar, que eI rol

a la realiclad es uuo de los puntos más

que se asigna

por tas interpretaciones sucesivas (Ogden y Ri'

chards introducen sin titubeos en su triángulo la "realidad referente" y Morris recupera entre los constituyentes del

iforzados"

signo también el "denotatum"),

más moderailo. Esto se

pero aquí Peirce parece

puede constatar en una simple

refcrcncia a un tcxto co¡llo /,cflcr lo l'adv Welbv: ott signs

and categories; classilicatiott ol 'si¡4ns (Coll' Pap' 8'3271379)'

y al quc rcnriti¡los aunquc

ieirce añrma que «es

clt nlotlo no cxclttsivo' y dondc

necesario clistinguir- el Obieto Tn-

iirediato,

Obieio

no inmedlátamente preiente' t8.336)'

io, no entra d¡rectamente en

o el obieto tal v como lo rc¡rre,"enta el signo, del

Dinámico, obictg rcal¡ncntc opcrantc (eñcient) ¡:ero

La realidad' por tan'

el

signo: existe una cierta

el signo mismo' que

el Objeto Tnmcdiato'

mediación interna al oo¡eto-ante-s-que

la mantienc lejana, En otras palabras,

que puede asimilarsc al campo

po.

.t

signo. o si se quiere,

nerai, *i

de experiencias articuladas

al plano del contenido en ge'

comb nltro respec'

sisno' Cierta-

io qu" al mismo tiempo actua

obleto ruera -áel

to al Objeio Dinámico,

mente, alguno

ladado sin

del Objeto y

mediación,

podria

objetar que ei problema se ha tras'

deñnida la naturaleza

resolver: una vez mejor

habicnclo encontrado

en él posibilidades de

quedaría rodavía por ver cómo se comiloiian

los tirminos cxtrcmos, cs ciccit',

Objeto Dinámico

aei OU¡eto

marlo más

en relación con

cual cs 1a posición ciel

el signo en sÍ' Que el rol

Dinámico no se puecla clitninar' pare:e conlir' de un pasaje (se lo puede intr-rir' por ejemplo'

13ó

del hecho que la tercera de las tricotonrias

que pone en juego la relación signo/Objeto Inmediato, no

¡rcirccanas,

la

es autónonra sino quc sirlc sólo plra cs¡.lccificar. a la sc-

gunda, que nace de la relación signo/Objeto Dirrámico): y

entonces, ¿cuál es el sentido y

La respuesta

incierta, diciendo, por una parte, que por ejemplo «el sig-

de Peirce se hace aquÍ efectivamente más

el alcance de su acción?

a

b' §

a4

\ \

no no puede expresar (express) al obieto dinámico sillo

sólo indicarlo (iirdicátéi y deiar*al

(find out) a iravés de experiencias

parece colocar al Ob.ieto Dinámico

lntérr¡rjete deq_cuhrir colaierales, iA.¡ tq),

del sieno, como

,.fucra"

"realidad de fóndo": r'or oti'a, en otros pasajcs, ¡ro lo tonra como cosa externa al signo slno, a traves ucr nrtrcr tf€l-

Llo3etó In::rediatrl

-filtro

necesarto y especlhcante-, como

catcgorir.actt c¡r cl i¡rtc'ior

una realiilrrl vt forrrlrliz¡ctu .y

ác modclo.s ct¡lluralcs ntuy gcncralcs; nrc.jor airn, como

una rcaliclacl clrrc antcs clc scI

arttcula(la c()¡tlPlctantcllte

por el sisno. es articulable en cuanto lnaterla ocl pensa-

miento (1, recordarltos quc para yelrcc, semiosis y conoci.

miento coinciclen sustancialnrcutc). Una de las ¡nás recien.

tes interpretaciones de Peirce, reálizada por Salanitro

(1969), parece localizar un punto de encue¡rtro entre los dos polos, y llevar, al mismo tiempo, la presencia del refe. rente a esquelnas practicables fácilmente por todos; «si considera¡nos las operaciones semióticas en su totalidad y nos preguntamos qué cosa pueda significar el concepto de Objeto Dinántico en relación a Ia semiosis gcncral, per-

cibimos fácilmente que en Peirce tal concepto se funda

en úitima insta¡rcia sobre la noción de un necesario pre- supuesto extrasenriótico de la semiosis misnrar, AIgo "ex. trasemiótico" que se vuelve pertinente sólo en la medida

en que está "dentro" del signo, puesto que es accesible

sólo mcdiante procesos senrióticos, pero que a la vez está

también "fuera" del signo, en cuanto lugar de las inñnitas posibilidades articulatorias. Este tipo de solución devueh,e el problenra de la pre-

137

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¡rq¡É'

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13¡'

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o /

o f, ¿. 9¿'

sencia de la realiclad en el signo a un malco no conflict,ivo

respecto al modelo saussuriano: queda por ver ahora cuál

es el sentido de una polaridad que dispone el juego de

tres elementos en vez de dos. uUn signo es un primero

tercero»: peirce in-

segundo

siste sobre el asunto. Esta polaridaci, por otro lado, remite

a un cuadro teórico más amplio, a las «cenopythagorean

categories» que son la base del discurso filosóñco de peir-

ciencia general de las

ce, y a la «Ideoscopia» cuanto

relación triádica genuina

ideas, Es justamente en relación a la «ldeoscopia, los con.

Segundidad y Terceridad modo de ser de aquello

y sin referencia a

modo de ser de

son aclarados: «Primeridad es el

ceptos mlsmos de Primeridad,

que es tal con:o es, de manera positiva

ninguna otra cosa. Segundidad es el

aquello que es tal comcr es., con respecto a una segunda cosa, pero con exclusión de toda tercera cosa. Tercericlad es el modo de ser de aquello que es tal como es, al rela-

cionar una segunda y una terccra cosas cntre :í» (8.32g).

Más especlficamente las tres categorías se precisán como

aquellas de la cualidad («Las ideas tíoicaS de la -prineerj-

dad son cualidades del sentir'. o nleras aparienciasr -

g-¿i lalelaclon (Aé-la que un caso puéde ser «la experiencia

8.239),

del esfuerzo, prescindiendo de la idea de intencionalicladr. 8.330), de la representación (nSi r-rsted considera cualquier relación triádica ordinaria, siempre encontrará un elemen-

to nlental en clla. La acción en bruto es Segundidad,

cualquier aspecto mental implica necesariamente Tercerl-

dad».8.331). Para decirlo de otro modo:.las

rías son aqrrellas de la cualidad, de lo exisiente v dela_lev,

tres

catego-

'

rRfffiÜ¡¡

Aqui nos interesa sobre toclo

Ia T";;;i;;.

rnl

quc constitul,c e!. cicnn ¡ir] cuarto

«El siquo cs ulra

sspecle de Tercero», o también uEn su forma genuina, la Tercerid4ql es la relación triáclica ot¡e cxiste entrc un sisno, su olrictn.v_cl pensanricrrto irrlcr'¡rrctantc, qUe_cs crr sí nris-

mo un signcl, cousiclcuarla (llcha r.claclon triáclica corno cl

modo de ser dc un sigrrr,., (8.332). Resumiendo,.el sitrng,

138

para ser tal, debe contener en si un aspecto,de terceridad,

es

ga-l: de aquí se deducen

decir,.algo de mental y iuntament_e Algo necesario, le-

algunas consecuencias que con'

. vendrÍa señalar. l¿ ¡¡¡im¡:ra es que eI modelo de signo

puro y no degcnerado (los términos son de Peirce, e indi- can la correspondencia a un tipo ideal, o mejor al Ur'tipo

de una clase de posibilidad), el sienosjs.o.g podría decirse,

-cual-

es el síntholo que es un signo pcrfcctamente legal:

quier signo tiene en sí. oor lo dcmás. s¿&Lcter de sim-

bolicidad Ia

segunda consecuencia es la oosición que viene

a asumir ellercero de los términos en juego, el que Pei{qe

llama frecuentem¿¡¡g

elemento o factor

como a veces se ha dicho (la mediación, como se ha seña-

lado, es obra 1,a del Objeto In¡¡ediato), sino q.ue-es «algo-

internrclante: que no es tanto un

orre esté "tras el sisno" v-la realidad,

que esencialmente se aña{e a algo_-que actúe comn rln

siqno, para conlpletar el mecanismo. Dor un lado, y para mostrar cl funcionamicnto, precisalrrcnte conto tunciona' .miento iienico. Dor otro (Ca.rta a Lacly Welbv ciel 14 de rnarzo de 1909, publicada por Oclgen y Richards, 1923, p' 108, tr. cast,). La posición dcl intcrpretante es cn este sen'

tido crucial.

Para situar exactamente al interpretante, debemos re'

cordar que Pcirce clivlde el concepto, distinguiendo tres

posibilidacles clivcrsas: uFI trltcrpretante

cir, el InfcrDrela-n[c representaclo o

Inmediato'es {e- f[

¡.0'u

sjgnificaclo--en cl siZ-*'f';5

nq.

:. el-

Inj[-erpretan re Dinámico .o result_ado

lrrodr-rciclo en lq menJc del sieno

'(actually)

efectivamente'( ""¡' e! Tntemre-

tante Norrnal o cfecto eue sería realmgnte prodtrcido en

Ia mente nr¡r.el ciono de.soués de un suficiente desarrcllo

(8.343). A veccs los térnririos cambian de

ejerl¡lo, se habla cle Internretante Final en

clcl -pe¡c,rnricnto»

nombrc: por

vez de Intcrprctante Normal; pero la articr.rlación del con-

ccpto pcrmanccc invariablc, Una articulaci«in

rrrás bicrr conrpleia y

mentc no sea neccsario deiarse cngañar por cl aparente

quc sc hacc

pt'ol:k'rri'rtir:a: rlt'allí oue lrrr:ll;rlllc'

139

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de las distinciorrۤ, co[1o tamPoco ir dema'

"mentalismo"

siado lejos

mo Peirce

hacer más de alguna equivalencia:

en ciertas aproximaciones operadas por el mis' (en la misma Carta a Lady Welby, se trata de

el Interpretante Diná'

Final es conlo el valor, el

sentido). El Interpretante, a la luz no es en realtdad algo que simple-

Ia "nlcnte" del hablante, ni algo que

el

mico es como el significado,

Inrned.iato es como el

de un análisis atento, mente se consumc en

cubra solamente el área del signilicado: su rol es más bien

diferente. Nos lo confirma el hecho de que es a su vez un

una cita anterior); e incluso cuando

un signo (Peirce parece prever tam'

srgno 1ó6mo"indicaba

no se presenta como

«Tomando el signo en su sentido más am'

plio, su interpretante no es necesariamente un signo»'

bién este caso

g.332) se_pre§enta siempre

acción, ág¡aUito,

de.una

prácti"a

de

baio forma de-disoosición-de la

comportamiento, es degir, bajo forma

oue no es "natural" sino oue va está en'

significativos (como acertadamen'

-marcaou en "esqttemas"

ie ha-aestacldo Eco,

en l9?3 a, a propósito del Interpre-

tante Final). se nodría decir entonces oue el interpretante

-áo es

aouello que qarantiza

sü oertenencia al

al sieno su sirznicidad l*) mostran'

campo de la sen'riosi§: proporcionan'

do al

signo

la posibilidad

de una remisión a otro sieno' y

más un siqno aislado sino un tér'

p-ániénrlts.e él mismo

como sisno oue puede remitir a

dominin más vasto dentro del

Ltros sisnos, designa "n

óud cada sigio va no es

mino sus¡¡endido

mismo !e

turso".

sobre

entre conexiones inñnitas que por eso

aseouran un verdadero y propio "universo de dis' Es el mecanismo (que Eco siempre ha destacado'

toao .r, 1975, pp. 133-135) de la semiosis ilitnitada:

hasta el infi'

un sistema se-

-sel-ersiqlten

construyen

una cadena de- "nombres" qu-g r-r-ito; y que sóio de este modo

miótico capaz

sus miembio,

de señalar "i:ertenencias" a cada uno de

y, al misnro tiempo, de explicarse a sí mis-

(t)

Cabe dccir ta¡r.rbién 'senrioticidad'' (N' clel T'l

140

cJ

?

I

mo en los propios términos. Probablemente Peirce alude

este hecho cuando dice, por ejemplo, que «un slEno es

ilgo oue nns nprmite conocer also más» (8.332)i el signo

a

no es- la simple ienresentaciln de una realidad. sino qüe

inlgroreránte es ta¡nbién ta pÑiUitiaad imnli'

gracias

cita de

a su

i'decir

lo otro"' en cuanto vinculado efectivamente

a

ótros slg¡os (a otras posibilicl-ades

está intcgádo

dn un sistema s"oiiotüó

v

(cn'un

universo de discurso). Si se quiere, por lo tanto, destacar el aspecto de la remisión, aquél de la constitución de un sistema, y la intrínseca "codificabilidacl" del signo quc de él deriva, creo que también podría interpretarse el proceso

de la semiosis ilimitada en los términos del mecanismo de

la definiciórr: refirióndose no tanto a una teoría de la defi'

nición como la de Ogden y Richards, pqr ejemplo, en 1923, y que involuntariamente se maniñesta como una tentativa

la realidad en relación con el sig¡o, sino, por a una reflexión como la de Greimas en 1966'

1l11epre¡ent-ación)

tle coniunto

de-organizar

el contrario,

Para

G-rcima-s, la definición es una modall{ad ¡S Ia e1'

es decir,-áel hEchoi{Eé-alas unidacles de comuni'

pansión,

Lación de dimensiones diversas pueden ser al mismo tiem'

po reconocidas como equivalentes»,

o en palabras sim'

ples, del hecho que «-una cosa

-amilia

más

pqede selp-Lq§entada indi'

iérentemente en. modo simple o gg¡nodo complicado, que

una palabra

simpie puglg ser.explicada colr ':na-secuencia

y gue, a lá-inversa, se auede- encontrar

fre'

iuen[emente-uña

un primer

pSrifrasis,

tlO"

i"r"lá, ".

güística del

áente el signo

posibilidad de

sola palabra para indicar aquello quqen

momento habia-sido-concebido bajo forma de

6.

111, tr. cast'). En otras palabras, la defini'

lp oue legitima una continua re-escritura' De ello

r¿U."

aclaración cie ruhción metalin-

interpretante: este Tercero que lleva continua'

toát, "*

al campo semiótico general, delineando la remisiones y de relaciones muestra también

que et signo puede ser, a su vez, "hablado"; de este modo

garantiza

también una prueba de veracidad del "código"

141

l'x §

;¡,:er

§.

r

y

el significacto del signo pcr.o en otra pcrs-

-nlantcfiicnelo

pectiva (el

interpretante asume «la misma relación con

el objeto» que tiene er signo)- define las articuraciones internas de un universo de discurso,

Detengámonos aquí: el

aspecto de terceridad y de lega.

de

donde partia el inter.

al código su justifica.

lidad antes indicados *aspecro

pretante- encuentran en su alusión

ción Írltima. Pero habría que poner atención a otra cosa:

que aún en Peirc.: el

signo ofrece las premisas

para

una

crisis propia de identidad. Considerado en un juego de

remisiones que lo llevan a formar parte cle

dificiles equilibrios, constituido por una relación

un campo de

tripolar

en Ia que el interpretante tiene un peso considerable,_tam-

pggg e-l

sigro oeirceano s

nnnctituve nj coruo-rura-ntidali

¡ri como

simple (no

una entidad cstablc (no cs una etrtidacl dslirnit,lda una vez

es una pur¿r representación del real).

ooto ii"n',pi'.1.-gf hecho viene confi.,llaclo por las

amplias

catcgorfas a lirs que accede Peirce: construvendo tocla una

serie de listas de srgnos, v

cruzándo.las entre si hasta pie-

ver un núnlcro inlrrrcsiorrnrrlc dc

ticla, corrc cl riesgo cle

ción difcrcnte nrucho clcl

ca¡lino

Upsbücllclcs, no hace

otra cosa ot'r-' conlirnlar una cierta,,inestabilirJnd,, del

sisno. Pero ,:l

cliscurso, r,olvie¡rclo ^ .r., prntoi a" po.-

obligarnos a l.ecorrcr con una aten-

_,-a hecho. por cso, es

mcjor clctcrrcrsc: l.cromarenlos en las próximas

con otros autores r, otras contribucir-lnes, los tellias n ios quc sc acet'cil ho¡, la noción cle signo.

páginas,

4. Problctnas ac!¿nles clel siuno

Diganros ¡-a clc particla qúc las clos lcctrlras clc SausSure

v rlc Pcircc gtrc lrcrilo.s l'urrliz:rrl«:, cn lil

tcnlltivn rlc r.cc(,,r.|s.

¡:uctlcn ill)ar.cccr.

aun cuanclo sc

trui¡' los rcs¡rcctivos ,ro¿lclos clc sigrr<1,

''tcndenciosos" elt algún aspcct«;, Dc hccllo,

ha,l'an scst¡iclo los tcxto--s dirccrrrrcnlc v ¿lq morlo litcral,

142

se ha llc'gaclo a

¡:rivilcgiar

Ios

itspcctos sr.rbrc l«:s que qq todos

los intirprctcs dc

aLltorcs cstittl clc itcttct'do: cn par'

ticular la acentuación de la clifercncialiclacl en Saussut'e, y

la mediación clel objeto

en Peirce, pueden encontrarse

por lo demás justificaclas. Picnso, sobre toct<-¡, cn dos re-

cientes contribucioncs: por una partc Prict<.¡ (1975), quien

cuestiona una noción "absoluta" de clifercncialidad, afir'

mand«r, en cambio, la importancia -1'

uu elelnento "positivo" que actúa clc

ción clc las tli[crcncias; v ¡:or

retomando a Peirce y en

basc para la articula-

su incxclttsión- dc

a la scmiosis ilinritada-

con po:;icioncs cont¿arias,

-gracias

cltra, Mald«.¡nado ( 1974) quicn,

gcneral el cliscurso sobre los sig'

nos icónicos, contraponc Ia climinación del objeto. afrr-

mando, por el contrario, en la ¡rct's¡)ectilil

noscitivo clcl signr.r, cl lrspccto clccisiv<.¡ tl"^l

clcl valor cog'

rcl'crcrrtu'. Ahora

bicn, cn l¿ts clos lccl.uras I'calizadas ctr l¿ts pliginas prece'

clentes, no se hn oucricl<.¡ ni ''absoltttiz.ar"' la cl il'ct'r:ncia, ni

"eliminar" tottl courl cl t'c[crcntc; tliclto clc otla mancra,

no se ha quc'riclo en ningún caso ratiflcar aqttcl idealismo

sr.rb.ietivo que i\{aldonatlo ntt illuyc

a trrt¡chos "scmiolingi-iis'

tar;". Ert cambio, sc lra qr.rcrido

difc'rencialic!,ad

mostrÍtr có_m<"r, gt'¿icias a la

de la l-c'tlf.lua a ottc sc sorllctc cl signo, y

gracias u la lrrccliación clcl obicto t'c[ol'zacla 2cl-r cl p,'occso

crc rír SCllloslS i'lJrrrrtaeli¡, r'a cn laS . nlisnrits COcll'CIclraCl¿rS

cónccptualcs tlc S.iulsstrtc v tlc Pci¡'cc llt nclcit¡tl r.[c.sirlnc¡

§e predisno¡r'h:rci:r srr t;t'otria crisis: t',lc.it-rt'clicho, cl siL¿no

ñó ofrecc a la I'ista lc¡s crtl'¿tctelcs

árrt{noma, cli prir.lraticclacl

tlc

clclglicli-rcl , clc e-rlticlacl

itrr¡ccliatü c'rr ll l'clct'en-

lioCitjlt Irlltcl¡tltlc'.

cia. ctc., (ltlc, i.t ¡rcsltt' clc lrrtlrl, lrt ¡rotl

útil operativa.nicntc,

rfliis CIC Lltllr t'lrZÚn, Cl sigrro llo Cs tlllil

t íltlt It'f'r¡i/ilr'. Atttttlttc

\'¿tLtl'Icl Lle habl'ía qtlc cr)!lst'l'\'ar por

La precisión, nte

,)ítt'ccc,

quc cl'x nccesat'ilr. A ella ha'

bría qtrc añatlit'sc ttlla

sct'ic tlc ctl¡lcxiclllcs coll'lu pa:;lics

rct<tnrucl«.¡s, ;rc t l¡il l izltciotlcs,

corl t ¡ l lc t ¿r t' llts l'ttt't l tcs, e tc', q ttc

han Opcrerclo rcspccto

por ejcrnplo, Ar'alle

a los t.t]oclclr¡s illici¿rlcs. Rccot'clctil<-rs,

(197?l'¡), qtricn, sigttictttlo irrÚtlitos sarts-

I 1-l

tlii

!;1

surianos reconstrlrye el itinerario que cumple la noción de

m sigho cuando pasa a ilustrar el funcionamiento de las le-

yendas germánicas; una de las conclusiones es eue «el

el pro.

ducto de una actividad combinatoria ejercitada en el inte-

rior cie agregados o llebulosas dc ele¡¡cntos, que son los úni- cos datos realmcnte existentcsr, O recordando aun a Bette- tini (1971), que retoma la tipología peirceana de índice, ico-

l;

11l

lril

ttili

li;; I

uril

l!!,i

Lilr

signo, por tanto, no existe: es un ser inexistente

ffi

no y sírnbolo para clcllr¡ir trcs divcrsos tipos dc cinc, cacla uno caractcrizaclo por proccdimientos, estructuras signifi-

ffi

ffi

EitJ

H§i

ir l.{

lür

hi

ñit

HJ

|il:

pIt

ti;'

U-ir

tiili

lJfi.,

h.,

cantes, accntuaciones

y, sobre todo,

prácticas particulares:

de allÍ sc deducc que csta tripartición caracteriza más las

fornracioncs cliscursivas gcncralcs quc la sirnplc presencia cle un tipo dcterminado dcsigno. No son más que los dos

ejemplos entrc los muchos posibles, y aclemás muy diversos bien en su relación con los modelos de partida bien en sus

ñnalidades; pero ambos nos confirman que la djscusión a

piopósito de la lección pcirceana y .saussuriana es en mu. chos aspectos una cosa actual, gesto que tiene relación con

Ias investigaciones presentes más que con la pura recons-

trucción histórica (adcmás de confirmarnos, una vez más,

ciertos aspectos de crisis de la noción).

Una tercera dirección de investigación que habría que

recordar es la que se refiere a la constitución de tipolo-

gías sfgnicas: actuando s<¡bre los caracteres individuales de un modelo, es posible delinear toda una serie de sub.

modelos particularcs. El

carnpo sc hace aqui bastante

extenso: veamos, por ejenrplo, la re,.,isión crÍtica de dis. tinciones tradicionalcs como vcrbal/rro verbal, arbitrario/

motivado, intencional/natural/, etc. (la bibliografía es muy

vasta: se pucdc recomenclar, en to:lo caso, la introducción

de De Mauro a Hinclc,

1972, a Eco, 1968 y 1975, a Segre,

taxonomía a partir de

l9ó9, etc.); o también ia anrpiia

categorÍas nue\ras, conro Ia cle moclo de producción signica (cfr. Eco, en 1975); o, en ñn, la discusión a propósi,:o de

microtipologías, conro la rcalizacl¿r sr.¡bre cl signo literario

fr.?

llíii

ti!

144

f:41

lllil

ld.r!

(muy útil

Segre, 1979, cap. 3), o como la hecha sobre

el

signo icónico

(el concepto ha sido con frecuencia criticado

pero siempre retomado: señalemos solamente las cate.

gorÍas

hecho intervenir

Volli, 7975, como Maldonado, 1974: de interés en cl

primero el concepto y los tipos de transformación, y, en

el segundo, la

tanto

más propiamente

lógicas que han

distinción entre sistemas constitutir.os y

sistemas aclitivos).

A pqquosjrr dc los sisnos- icónicos,

sc ha i,clicacro fre-

l,an susci-

la posición

tanto, Ia pcrtinencia

"riá,

,¡-r";;;

.cuenternente la arnplitucl del debate or" tado; et"o'.,tro áál interés na siao sobre todo "ilos

del referente: se ha cuestionado,

por

o nó de la _realiclad a la que se refieren

se sabe, las resp rest¡_q

h_a-n siclo muv diversas: de un, di-

gamos, rápido rechazo a una readmisión frccuentcmente

ingenua. Más

hoy me parecen