Sunteți pe pagina 1din 5

Profetas y Juicio hoy (IX).

“Porque eres tibio, ni frio ni caliente, estoy para


vomitarte de mi boca.”.-

“Los hombres serán egoístas, avaros, orgullosos, difamadores, rebeldes a


los padres, desagradecidos, impíos.” 2ª Tim 3, 2.

"Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien
se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.” Mt 6,
24.

“Tiene el bieldo en la mano y limpiara su era; recogerá su trigo en el


granero, pero la paja la quemará en un fuego que no se apaga.” Mt 3, 12.

De art. “Juventud y religión” de Ignacio Ortiz en rev. Acontecimiento 86:

La ausencia de pasión y toda la vida en un mando a distancia, el empirismo:


Adolescentes y jóvenes van creciendo en este ambiente empirista,
centrados en el tener y en el sentir, intentando al mismo tiempo que los
acontecimientos, vivencias y experiencias no dejen huellas, siempre ligeros
de equipaje para no perder las múltiples ocasiones que se presentan,
provisionales y pasajeras como hojas de otoño. Y ahora vivimos el reflujo de
de la pasión: salvo los hinchas de clubes de fútbol o los fans de ciertos
cantantes, nadie parece entusiasmarse por algo serio y definitivo, nadie
parece apasionarse por alguien.

Lo más acertado es no hacer renuncias ni grandes sacrificios, no ponerse


límites, no encorsetarse en un credo determinado, mantener la libertad de
abandonar cualquier compromiso para entregarse a la inmediatez de los
deseos y necesidades: patinar, flotar, volar, no atarse ni dejarse
entusiasmar por la pasión. Se vive durante años con la fantasía de que la
existencia se puede programar y dirigir con la libertad que da un imaginario
y omnipotente mando a distancia. Nuestros jóvenes, y por ende la sociedad,
no acierta a comprender otros valores que no sean los de la satisfacción
inmediata fomentando una disolución del Yo, y por ello se le hace difícil
abrirse a toda experiencia de trascendencia.

De art. “Fascismo posmoderno” en rev. Acontecimiento 89 del Itº. Mounier.-

Por otra parte, nadie logra liberarnos de lo que V. Frankldenominaba la


“tríada trágica”: culpa, sufrimiento y muerte. El grueso de la narrativa
mediática se sustenta precisamente sobre ella; las noticias de cualquier
periódico, telediario o boletín radiofónico abundan cada día en crímenes,
catástrofe, homicidios y muchos otros tipos de tragedias en una amalgama
muy difícil de digerir (..): “…El sufrimiento es, en cierto modo, un pozo sin
fondo donde (al parecer) no existe el punto más bajo absoluto: siempre
puede seguir descendiéndose en él, más y más cada vez.”

El hombre posmoderno sigue sorbiendo su sopa mientras contempla en la


pantalla de su televisor la miseria y la muerte de otros. Su apatía no
responde a una necesidad de supervivencia en sentido estricto, pero sí
figuradamente: es una reacción destinada a mantener el equilibrio
psicológico frente a la sobresaturación de estímulos mediáticos de tinte
negativo. El constantebombardeo de mensajes primero despierta pero
después va desdibujando todo tipo de sentimientos y sensaciones, dispersa
la atención y embota las facultades perceptivas: confuso por la proliferación
de apelaciones a las que no puede dar respuesta, el organismo procura
centrarse en lo más inmediato, en aquello de lo que parece depender su
exigua felicidad presente. (..) El sujeto conquista así una aparente
tranquilidad, una precaria homeostasis, que (sin embargo) se ve
constantemente amenazada por la continuidad del flujo mediático y
reveladores síntomas: estrés, depresión, neurosis, adicciones, angustia,
irritabilidad, agresividad, conflictos interpersonales…

Entrevista a Enrique de Diego en diarioya.es, Plat. clases medias:

Esta travesía es larga y dura, sólo apta para corredores de fondo y verdaderos atletas de la
democracia que sepan medir sus fuerzas y que no busquen atajos. Y, puesto que vivimos en
una sociedad adicta a las imágenes, que tiende a medir los resultados en función del eco
mediático y que sólo entiende el “éxito” o el “fracaso” como victorias o derrotas en función de la
medición de audiencias - como si este drama fuera un show televisado -, toca hacer de tripas
corazón y mantener contra viento y marea la pasión por el esfuerzo y el trabajo bien hecho sin
esperar reconocimiento alguno. No aspiramos a ser un fenómeno mediático sino a cumplir una
misión. Se trata de una tarea oscura y poco dada al lucimiento, y tanto más meritoria cuantos
menos focos nos iluminen.

Esta Plataforma es, por encima de todo, una iniciativa civil cuyos mimbres son las buenas
gentes que aún quedan en España. Frente a un reto tan colosal, donde las condiciones de
trabajo y lucha son y serán extremas, unos se encomendarán a Dios y otros a sus convicciones
personales. Sean laicos o creyentes, jóvenes o viejos, modernos o antiguos: cuantos colaboren
y ayuden serán por encima de todo ciudadanos libres, amantes de la verdadera democracia,
personas comprometidas con su futuro y el del hombre o la mujer que tienen al lado, hombro
con hombro. Éste no es ya un combate político, es una lucha por la supervivencia. Esta no es
una batalla utópica sino necesaria y urgente: una cuestión de responsabilidad y dignidad ante
la que no cabe la más mínima duda.
En Houston Catholic Worker Sep-Oct 2008, “Dorothy Day: una santa radical”
por R. Ellsberg:

Además de muchos esfuerzos puramente caritativos para ayudar a los


caídos y abandonados, el Catholic Worker es también conocido por actos de
protesta social. Este aspecto también data de los primeros días del
movimiento. (..) las protestas han estado unidas a tales asuntos como los
abusos a la gente trabajadora, contra el racismo, el anti-semitismo,
reclutamientos y guerra. El aspecto de protesta del Catholic Worker es una
consecuencia del compromiso a las Obras de Misericordia. Anclado en los
Evangelios, la tradición patrística y conciliar, los escritos de los Padres de la
Iglesia, el testimonio de los santos, la vida litúrgica y las enseñanzas
fundamentales de la Iglesia Católica. Hasta el punto de que, si faltan estos
elementos básicos en una comunidad particular, lo que quiso decir Dorothy
con el Catholic Worker es que está incompleta, malhecha o existe sólo en el
nombre. (…)La mayoría del tiempo ella tenía un don notable para apreciar a
la gente, principalmente a los jóvenes y peleones que venían a ayudar, y
ella sólo ocasionalmente perdía el genio. Una vez dos se fueron, dejando
rastros de humo, porque encontraron que la Dorothy Day real no era la
Dorothy Day que ellos querían ver. Algunos fueron expulsados porque, como
lo vio Dorothy, sólo utilizaban al Catholic Worker de forma egoísta, para sus
propios fines contraculturales, y pusieron al Catholic Worker en riesgo al
hacerlo. (…) ¿Estás especialmente inclinado a la Dorothy que cometió actos
de desobediencia civil y fue a la prisión una y otra vez? (..) ella luchaba para
convencernos que, tan importante como puede ser la protesta, lo principal
sobre la cristiandad, y una dimensión esencial de la vida sacramental, es la
práctica diaria de las Obras de Misericordia. Lo principal es la hospitalidad.
Aún las acciones de protesta deben tener una dimensión de hospitalidad.
Ellas deben estar enraizadas en la hospitalidad hacia nuestros oponentes en
lugar de desdén por ellos.

Tom Cornell, que trabajó cerca de Dorothy durante los últimos 20 años de su
vida, me dijo recientemente que hay casas del Catholic Worker hoy en día,
donde Dorothy, si ella fuera a expresar su pensamiento, no se sentiría
bienvenida. (..) Ella esperaba que todos los que vinieron a ayudar en el
trabajo, respetaran la tradición católica aunque no fuera la suya. Cada
comunidad necesita de vez en cuando preguntarse a sí misma: ¿Somos de
hecho católicos? ¿O hemos abrazado alguna forma de pensamiento post-
católico o exo-católico?

En guillermorovirosa.com sobre la militancia de Guillermo Rovirosa:


Su amor al estudio y a la reflexión fue también sustantivo en su responsabilidad
apostólica. Así se encerrará en lugares como El Escorial donde uno de aquellos padres
agustinos, el padre Fariña, fue uno de los medios de que Dios se valió para su conversión
regalándole las confesiones de San Agustín. Así pues después de su conversión de acuerdo
con su esposa realizó un contrato con Dios en el que se dedicaría al apostolado si Dios le
ayudaba a cubrir sus necesidades viviendo pobremente. Y creyeron entonces que el mejor
modo de servir a la Iglesia era marcharse los dos a las misiones.
Al estallar la guerra civil habitan en un suburbio de Madrid que llegó a ser frente de combate.
Se vieron obligados a desplazar su residencia al interior de la ciudad y cayeron en un sótano
donde había amontonado, en espera de ser quemados, los libros de fomento social de los
padres jesuitas. Durante dos años se consagró a profundizar en la lectura social.
Descubriendo que el mejor servicio que podría prestar a la Iglesia era dedicarse al
apostolado en el mundo obrero.
Durante la guerra civil, sin pertenecer a ningún partido político y sindicato, es elegido en la
empresa en la que trabajaba como presidente del consejo obrero de la empresa, por
unanimidad, incluidos los afiliados a sindicatos.
Por esto el general Franco le meterá en la cárcel al final de la guerra civil condenándole a 12
años de prisión. Su capacidad científico-técnica le librará de bastantes años permitiéndole la
redención de penas con su trabajo.
Pio XI en 1930 había denunciado que la apostasía de la clase obrera era uno de los hechos
más importantes del momento histórico. Los trabajadores, los pobres de entonces, habían
abandonado la Iglesia. Apostasía de la clase obrera y escándalo de los buenos tendrían
mucho que ver. Esta apostasía fue posible por el escándalo de los buenos que diría Pío XII.
En esta España tercer mundo consagraría su vida Rovirosa. Esa España que vio pasar de un
campesinado sufriendo el paternalismo del s. XIX a un campesinado ganando una miseria de
jornal. Esta miseria es comparable a la actual del tercer mundo, pero no en cuanto a la
cultura cuyo peso histórico era de primer orden.
El gran sentido de la Justicia que tenía Guillermo Rovirosa le llevó a descubrir y a encarnar
esa forma de vivir la unión con Dios que es la espiritualidad de encarnación. Aceptará a
Cristo no por el peso tradicional y cultural sino por el encuentro personal con Él, abriendo su
corazón al don de la conversión que Dios concede a todo ser humano. La espiritualidad de
encarnación también le llevaría a un amor a la Iglesia sin condiciones.
Siempre creyó que la apostasía de los pobres había sido posible en Europa por el escándalo
de los buenos y esto le llevaría a ser perseguido incluso por los cristianos, despreciándole,
calumniándole y difamándole. Su radical entrega a los últimos, a los pobres, la hizo sin
sentimentalismos. No oyéndose de él ni una palabra de adulación a un pobre. Pasaba por
una radicalidad por la Justicia que impidiera la pobreza en el mundo. Desde ahí amaba a los
pobres.
Su promesa de entrega a los últimos le llevó a la necesidad de conocer el proceso histórico e
ingresó en el Instituto Social Obrero que había puesto en funcionamiento el Cardenal Herrera
Oria. Allí vería como la mentalidad de minorías selectas o de dirigentes era la última forma
de esclavitud de los pobres. Y el combatir esto le pondría frente a la inmensa mayoría de los
cristianos de su tiempo.
La Acción Católica sería su iniciación en la vida asociada. En esta organización burguesa y
paternalista donde casi nadie cotizaba, se puso de cuota 5 pesetas de entonces, entendiendo
que una de las condiciones de una organización libre es la de sostenerse a sí misma. Así en
mayo de 1946 sería el hombre providencial que promueva la Hermandad Obrera de Acción
Católica, HOAC que tendería los puentes entre la Iglesia y la clase obrera, la mayoría de sus
miembros conversos procedentes de organizaciones anarcosindicalistas, comunistas y
socialistas.
Él en la HOAC volcará su vida. Veía como un mal la burocracia, oponiéndose a ella con uñas
y dientes. Idearía la forma de vivir y al mismo tiempo estar disponible para la labor
apostólica, así recorrería muchas veces toda España viajando siempre en tercera, alojándose
y viviendo como pobre entre los pobres, viviendo lo que decía, encendiendo entusiasmo. Sin
acuerdos ni asambleas, sin pedir la solidaridad de nadie. Sintió que había que hacerlo y lo
hizo. Mostrando así que el militante no es que el crea problemas sino es el hombre sin
problemas.
Expulsado de la HOAC pondrá junto a otros militantes la editorial ZYX, que para él será la
HOAC real. Es la hora de la adultez, (..) Rovirosa planteaba como instrumento asociativo de
los pobres los sectores. Y como hombre capaz de responder a las exigencias militantes de los
débiles, los vinculados. El hombre y la mujer sin derechos más que vincularse. El hombre y
la mujer sin problemas, capaces de responder los problemas de los hombres. Y para esto es
necesario prescindir de los propios problemas, descubrir que son pequeños y pocos. Que se
resuelven sencillamente metiendo en nuestra vida los grandes problemas de los hermanos.

Desde ahí es posible tener esperanza a los grandes problemas de hoy. Y no tener esperanzas
a través de voluntariados y de ONGs burguesas y paternalistas camufladoras de la canallada
del imperialismo; es una estupidez. La esperanza cristiana es Cristo y Cristo crucificado
actuando en la historia desde los últimos. No podemos explicarnos que de los últimos años
de la evangelización americana no se haya producido ningún militante. No podemos
explicárnoslo. Anteriormente la mentalidad era otra, pero en los últimos 50 años de la
humanidad estaba claro que la liberación de los pobres era de los pobres mismo o se
quedaba sin hacer. Y no se ha puesto las manos en el arado. Se ha seguido en la unión de
éste y el otro de minorías selectas para dirigir a los pobres, sin salir ningún militante. Salen
hombres y mujeres permanentemente dependientes.
---------------..--------------------..------
"Vivir de la fe en Jesús Cristo, vivir la verdad y el amor implica renuncias todos los días,
implica sufrimientos. El cristianismo no es el camino de la comodidad, es más bien una
subida exigente, pero iluminada por la luz de Cristo y por la gran esperanza que nace de Él."
Benedicto XVI.