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15to.

aniversario de su publicación
Primera edición:
©1994 Elidio La Torre Lagares

©2009 Elidio La Torre Lagares


Prohibida la reproducción,
en cualquier forma y por cualquier medio, de esta edición.

978-1-935163-23-7

Impreso en Colombia
Printed in Colombia

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Cuartel de Ballajá
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Viejo San Juan, Puerto Rico 00901

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“Leer está de moda; regale un libro”
Dedicado a los ángulos de mi pirámíde
A Ana Ivelísse,
gradas por existir.
A RoshellyJoan,
casi mi hija.
A Rosa Maria,
pesa la cruz, madre.
La realidad obtusa
Dr. Roberto Echevarría Marín
Crítico Literario

L a atmósfera cultural puertorriqueña está enrarecida.La


mayoría de las columnas periodísticas que se publican en la
prensa comercial son banales -sofocante plétora de agotados
estribillos políticos. La televisión, por su parte, refuerza actitudes
deshumanizantes, mercadea la violencia y reduce la sexualidad
humana a una modalidad frivola. Las universidades privadas venden
diplomas mientras obvian la educación integral de sus egresados,
desalientan la libertad intelectual de la comunidad académica y
limitan la participación estudiantil a la organización de #estás a través
de lo que pomposamente llaman consejo de estudiantes. La mayoría
de los políticos hacen alarde diariamente de su incompetencia y su
mediocridad intelectual.
Como respuesta ála vacüidad cultural que permea nuestra vida
nacional, varios poetas jóvenes han escrito poemarios importantes.
Destaca entre estos el poeta y educador puertorriqueño Elidio La
Torre Lagares, autor de Embudo, su primer trabajo poético.
El profesor La Torre, humanista, iconoclasta por vocación y
derecho, educador de primer orden y poeta talentoso, imprime en
Embudo la inconfundible e indeleble impronta de su voz literaria. En
el poemario reverberan ecos del Prufrock de TS. Eliot, del Marriage
of Heaven and Hefl de Blake, del Hamiet de Shakespeare, de los
niños desvariados de William Golding (The Lord of the Flies) y de los
puertorriqueños de José Luis González que se topan en el New York
bajo penumbras con la magnificencia de la creación.
Resuenan tambien tañidos del existencialismo de Julia de
Burgos y del humor sin corta pisas de Nemesio Canales. Pero son solo

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referencias culturales, estelas reconocibles de su equipaje intelectual,
influencias fiterarias atemperádo por el estilo, los intereses y la visión
poética del autor.
El espíritu de convivencia comunitario que solía caracterizar
a la Navidad ha sido suplantado por el consabido consumismo
desenfrenado y por un marcado individualismo. A tono con estos
tiempos, la gente se congrega, y, socializa en los centros comerciales,
depositarios de nuestros anhelos de superar cuantitativamente las
cosas que compró el vecino. En “Apocalipsis”, evocando uno de los
parlamentos de Polonius (Hamlet), el poeta satiriza la irrupción del
centro comercial como arteria por donde fluyen y confluyen las
aspiraciones de muchos puertorriqueños:“...y el dinero se fundió en
plástico/ y ese plástico se hizo plegaria...” De esta realidad procede la
terrible admonición en “Espejo”: “Tu risa has reventado en templos
de oro/ que brillan ante tus ojos y viven en tu carne.”
La crueldad del capitalismo la evidencian diariamente los cientos de
seres humanos desamparados que recorren nuestras calles. Deambulan
buscando el cobijo del crepúsculo y el consuelo de un fiel perro
sarnoso: los desheredados de la colonia. Personas de carne y hueso
que no saben donde dormirán ni dónde comeran, los mismos que
ofenden el olfato de los que han tenido la suerte de poder asearse.
La Torre tiene un lugar para ellos en este extraordinario poemario.
En “Rey”, el poeta nos enfrenta con la ineludible contingencia del
albergue improvisado. Su pobreza, material denuncia la pobreza
espiritual del capitalismo: “Los soportes del puente/ columnas
dóricas/ enmarcaban la impresión del momento./ Bajo el mismo,
un ángulo obtuso/ reciclable palacio/ de cartón this-side-up, “ Y
conminados por el tapón de cualquier hora, muchos podían “...
observar al, hombre/ de mirada desorbitada,/ pielago de oquedad,/
Rey de Nadería/ Himno a la nada”.
Los espectadores del expreso no viven mucho mejor. Las
presiones de la vida cotidiana minan el espíritu del ciudadano común.
La elusividad de la felicidad arroja sombras sobre la inteligibilidad de
la existencia humana. Como consecuencia, toda suerte de afecciones
del alma (no es posible enyesar ni prescribir analgésicos) manifiestan
la infelicidad existencial que matiza las bondades de la economía de
mercado. La Torre poetiza magistralmente este deterioro anímico en
“Lluvia de Neón”’: “Recapacitando/ entre los dientes de la noche/
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que me intoxica de ciudad,/ desvaino ojos dé vidrio partido/ y son
prismas de desencanto.”
La creciente incidencia de suicidios (partiturarmente entre
los jóvenes), la notoria adicción a fármacos y la desidia con que
enfrentamos cada amanecer delata la desoladora enfermedad que
roe el espíritu humano, esa”’ dimensión intangible “ ... donde hay
un eco que bosteza como una vorágine/ en espiral ...” (Espejo). Es
natural entonces, como señala el autor en “Apocalipsis” que el “...
corazón de aquellos hombres/ se hizo vulnerable/ y débil y frío/ y de
pronto las horas fueron insípidas...” La existencia es para muchos un
pesado fardo, una incoveniencia cuya manifestación física tiene peso
y ocupa espacio, sensación de vicisitud insuperable que condena el
alma a padecer los rigores de la incertidumbre. Ese es precisamente el
desolador sentimiento que expresa la voz poética de “Hasta el último
latido”: “Toda una vida deshilada/ perdiendose en la nada...” El ser
humano busca afanosamente conjurar su desasosiego y descifrar el
misterio de la existencia. El poeta describe con depurada precisión
poética esa búsqueda necesaria, fuente de esperanza y salvación en
“Decayendo”: “En mi insómnica ronda/ rondo sombras rumbo/
al filo de este submundo/ hecatombe del hombre/ subterfugio del
delirio; yo busco estrellas/ en una ciudad que vive sin ellas”. Se vive
mecánicamente porque es menester realizar algún esfuerzo físico
o intelectual para.sufragar el precio de la subsistencia. Hasta hacer
el amores un trámíte que simplemente mitiga urgencias biológicas
dada las inconveniencias que presentan los compromisos afectivos.
La pasión que mueve montañas es hoy un fósil literario, porque
solamente en novelas existen aquellos que se amparan en la pasión
para construir un mejor mundo. Esta actitud escéptica es refutada
por las Rigoberta Menchú y los Chico Mendes del mundo. Pero
en nuestra Isla hemos enhebrado nuestra realidad con los hilos de la
desidia.Y armado con ese hecho, el poeta esgrime la fatal pregunta
en “Los agujeros en nuestra aura”: “Desollé los huesos del anhelo/ y
encontré el mutismo/ ¿Quién me presta/ esta pasión/ sin raíces?”.
Personajes que parecen estrellas de cine proclaman a Jesús
como la solución a todos los males de la humanidad. Pero sus estilos
de vida y sus concepciones ideológicas revelan que el dinero es su
única divinidad. De estos, mercaderes de primer orden que venden
a Jesús con la desfachatez de quien vende una docena de huevos
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del país, es que de lo que habla el autor. “Y así”, dice el escritor
en ‘Jesucristo vuelve, “1o despojaron de sus mantos/ y lo vistieron
de calumnias.” La Torre especula la suerte que correría Jesús en los
albores del siglo XXI:“Entonces,/ procedieron a martillar/ los clavos
del escepticismo/ en sus revividas manos/ y lo colocaron/ en una
cruz invertida/ en un semáforo/,entre la 42 y segunda avenida”.
Los traspiés que dificultan el paso del ser humano no
indican inhabilidad para desplazarse hacia adelante. Son sólo escollos
que la experiencia enseñará a superar. Este poemarío resalta las
potencialidades de la raza humana, aptitudes que eventualmente
permítirán al ser humano erigirse en paradigma de dignidad y justicia,
ser movido por una pasión firmemente anclada en elevados preceptos
de conducta moral, los mismos que Jesús enseñó y que aún eluden
nuestra comprensión. Todavía es difícil amar al prójimo y mucho
más aún amarnos a nosotros mismos. El optimismo que permea este
poemario se presenta, por ejemplo, en “¿Perdido?: “...todo lo que el
hombre toca tiene la herética aureola/ de grandeza fuera de foco”.
La Torre reitera su visión positiva con certera dexteridad poética
en “Los agujeros de nuestra aura”: “Creo/ que la esperanza llegará
demoliendo/ las hojas muertas sobre esta tierra seca/ incrustando el
ansia en el tiempo/ destilándose desde la matriz de una nube”.
Embudo: poemas de fin de siglo es una importante contribución
de Elidio La Torre Lagares al quehacer literario nacional, creación
necesaria que ayuda a detoxificar nuestra atmósfera cultural.

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Al lector

Estos poemas habrán cruzado en algún momento por sus vidas.

Sus existencias y la mía se bisecan en algún punto del pasado,


del presente o del futuro.

Los invito a ser sustancia, olvidándose de toda prisión corporal,


de toda convicción social, de toda hipocresía existencial,
y a enfrentarse al declive de estos tiempos.
Después de todo, cargamos algo de culpabilidad, ¿no?

No nos engañemos.
Nada va a cambiar a menos que nosotros mismos
transmutemos. No puede haber ideales positivistas
en una sociedad enferma.Y ésta no trabaja sin voluntad.

Admitamos nuestro fracaso humano.Y empecemos de nuevo...

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apocalipsis

Y los hombres dijeron:


«Seamos dioses»,
y su ambición les llevó a límites
jamás pensados.
Y su codicia desembocó
en torrentes de sangre:
y llevó la guerra a sus contornos:
y así, a sus hogares:
y ya no había familias;
y ya no cargaba el air epalbras
sólo la estática de la tele;
y la fe en la vida se hizo material,
y ese material, dinero,
y el dinero se fundió en plástico
y ese plástico se hizo plegaria
y sus letanías se escucharon
en los centros comerciales,
capilla de neo-devoción.

Entonces, la existencia comenzó a decolorarse


y el alma se quedó despintada,
y el corazón de aquellos hombres
se hizo vulnerable y débil y frío,
y de pronto las horas fueron insípidas,
y los días cobraron una espantosa uniformidad,
y los hijos de los hombres ya no fueron sus hijos,
sino hijos de la adicción;
hijos del placer, del escapismo y del homocentrismo;

hijos de la comodidad; del no pensar;


hijos de la Era Personal
y de todo lo que provea felicidad instantánea;
y aquellos hijos de los hombres
heredaron el trono usurpado
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y el presente no fue mejor que el pasado,
y ya no hubo más progresión
y ya nada se creaba:
tantas mentes y tanta nada;
y tuvieron que expiar las culpas
de la mortal estupidez humana;
heredando así el caos,
hicieron monolitos de basura
plasmados sobre el cemento,
respirando atmósfera contaminada,
cenando comida recalentada con radiación,
y sin agua para saciar la sed;
y sin árboles que cobijen con su sombra;
y sin capa de ozono que filtre el fuego,
se quemaron en vida
aferrándose al falso cetro,
muriendo de grandeza
porque en el epicentro de su caja torácica
sólo queda vacío
sólo queda hastío,
y todo perdió sentido
todo careció de esencia
y vivieron más bien por acción biológica
y automática,
inhalando y exhalando
como péndulo;
y el Tiempo se hizo juez
y condena y prisión
y de pronto, las llamas
consumieron la faz de la Tierra.
Y todo fue nada;
y la nada fue nada.
Sin embrago,
entre las grietas de la tierra seca
árida y quemada,
apareció un ser
de suaves pétalos blancos
y alegre brillante centro amarillo.
14
espejo

Mirate. Desnúdate.
Coloca tu orgullo sobre la mesa.
Rebana el furor de tu coraje.
Fragméntalo. lnténtalo.
Imagínate que llegas hasta aguas diáfanas; y sosegadas.
Hoy no existe nada, excepto tú y tu reflejo.
Enfréntate. Mírate.
Déjate caer por tus córneas
como suaves cascadas.
Sé tú mismo.
Deja a un lado, aunque sea por un instante,
tu coraje social -tu disfraz de alguien.
Deslígate de toda aflicción material:
después de todo, y al final,
todo lo que queda eres tú.
Bate el miedo que te provoca la soledad.
lrónico: nunca has estado solo,
sólo contigo mismo.
A eso le temes.
Dices que te conoces y, sin embargo,
te huyes.
¿Distingues esa cara al otro lado?
Eres tú.
Imperfecto. Descomponiéndote día a día.
Comenzaste a agonizar desde que naciste.
Tu came se putrefacta y se degenera.
Tan sólo mírate.
Ya no eres un niño.
Creces. Envejeces.
Recorre tu vida y escúrrela en el embudo de tu mente;
drena todos esos recuerdos y pensamientos y sueños
y succiónalos a tu vado.
¿Qué ha sido tu vida?
Tu risa has reventado en templos de oro
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que brillan ante tus ojos y viven en tu carne,
pero su frialdad es siempre fría.
Te has colmado el intelecto de cifras y cálculos,
te has vestido en hilo y seda;
Has bebido entre copas la aspereza de la envidia
y tu debilidad te impulsa a flagelar al prójimo.
¿Acaso eso te infla de grandeza?
Posiblemente, en este momento,
alguien se apreste a mutilarte.
Cuantas veces habrás fingido,
ya sea una sonrisa o amistad o simpatía o deseo o sexo.
Depositado en la flaqueza de tu piel,
te entregas inerte a otro cuerpo en muerte.
Copulas como bestia salvaje.
¿Acaso no has conocido la pasión?
Dudas su significado y desconoces su fuego.
Sí.
Te has columplado muchas veces en el borde de alguna cama
como quien perfila un precipicio
mientras consumes un intenso cigarrillo
acompañado de la cadencia lluviosa de una ducha.
Todo se reduce al mismo principlo genérico que rige tu vida
Igual que tu ropa, tu corte de cabello,
tu casa , tu trabajo, tus zapatos, tu auto,
tu corbata, tu comida, tus tragos, tus diversiones,
tu respiro, tu aliento
y hasta tus pensamientos:
siempre algo que alguien pensó, quiso y dijo;
nunca tú.
Y lo único que ahora sientes
está muy, muy en tu adentro,
en ese lugar especial frágil y vital,
pero negado,
donde hay un eco que bosteza como una vorágine en espiral
que resuelve en tu alma y sale por tu boca y te deja una desabrida
desolación que hace tu corazón redoblar lentamente, lentamente...
y tus párpados cayendo suavemente, suavemente...
final de una escena que culmina y que nadie ve.
16
jesucristo vuelve

Ayer leí en el diario


sobre el retorno de Jesucristo,
el Hijo del Creador.

Pero Dios está muerto, dijo Nietzche.

Lo matamos hace mucho tiempo.

Este tiene que ser un impostor.

Y así lo despojaron de sus mantos


y lo vistieron de calumnias.
—Es un comunista-castrista.
—Es un indocumentado extraviado.
—Es un hippie exillado.
—Es un zar del bajo mundo.
—Es un artista frustrado.
—Es un agente de la C.I.A.
—Es un vagabundo
—Es el hermano de Charles Manson.
—Es un presidiario fugitivo.
—Es un bardo de cunetas.
—Es un chiflado.
—No es Jesucristo. Aquel murió crucificado.

Entonces,
procedieron a martillar
los clavos del escepticismo
en sus revividas manos
y lo colocaron
en una cruz invertida
en un semáforo
entre la 42 y Primera Avenida.

17
perdido

Te he buscado.
O tal vez no.
O tal vez no me he esmerado lo suficiente.
Hendiste tu eternidad
para verter tu luz
sobre mis dilatadas pupilas.
Hurgaste mi corazón
para bañarte en mi propia sangre.
Me regalaste la vida.
Hoy te busco
Y sé que estás en algún lado.
Me deconstruyo.
Me niego.
Me contradigo.
Me anulo.

Pero más aún,


te deseo.

Sentirte fue tocar el aire con mi alma


hasta hacernos uno —fue hacerme rayo de sol o gota de lluvia
—o grano de arena —fue doblar la verticalidad de mi existencia
hasta tocarme a mí mismo —fui verde en tus prados —pétalo en
tus hojas — y me hice mundo en tu universo.

He rasgado mi piel
para ver si por casualidad te encuentro.
¿Me abandonaste?
¿Qué te hiciste?

En ocasiones
he sentido la sigilosa pincelada de tu mano
meterse en mi pecho
y te he sentido tomar mi corazón con tus dedos.
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Estúpido he sido,
por siempre creer que puedo orbitarme a mí mismo.
En realidad, sin ti no hay espacio.

Creo que he ido


a los lugares menos indicados:
todo lo que toca el hombre
tiene la herética aureola
de grandeza fuera de foco.
Y luego de tornarme
desde la pena al placer,
de la piedra al oro,
de la noche al día,
hoy me embriago con un seco sentimiento,
que me entumece el cuello y me parte las lágrimas.

Tengo miedo. ¿Qué hago?


Sólo muéstrame el camino.

19
el maestro

Acopio de mentes,
todas perfectamente adoctrinadas,
reflejo de sus ropas:
girasoles uniformes
mecidos en el viento
Yo (emisario del conocimiento),
observo desde mi escritorio
sus rostros tullidos
en el estrecho y lóbrego
camino de sabiduría,
libertad del espíritu hecho arcilla,
incertidumbre de un mañana de peces aéreos,
anfibología de esencias en alas de hormigón.
Sus bocas arrojan sueños técnicos
de calculada precisión pitagórica,
de empirismo craso y férreo
que los ojos abrazan con sus tentáculos
para revivir el lirio dormido que,
aunque transparente,
es lo más vivo que sus cuerpos necesitan.

Cautivos del sol y la luna,


cavan fosas en las nubes;
sus horas son Nintendo...
(yo no entiendo):
la Ilusión del maniquí les guiñe promesas:
verse bien para sentirse bien,
todo externo y nada adentro.
Decapitados los nervios del alma,
se hacen discípulos de la concupiscencia.
Van aprendiendo bien...
en fin, criados en un cosmos de perfección cronométrica
(y lloran los relojes de arena)

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mientras olvidan que necesitan de una mano que les dé cuerda a
su mecanismo.

Entonces, uno de ellos me pregunta:


“¿Y qué uso tiene la poesía?”

Y yo...

Aquí la directora me llama y codifica bloques de palabras que revelan que,


a partir de mañana, prescindirán de mis servicios. Anástrofe en la sintaxis
de la vida: 30 nuevas IBMs custodiarán la tarea más humanamente
sublime del mundo.

21
decayendo

Exangüe lamento
socava el cemento:

vagabundos deambulando
inanemente,

el hambre latente en sus ojos;


y el cielo por techo;

narcómanos depurando
parabrisas en los semáforos
a cambio de algunas monedas.

En las calles santurcinas


la imprecación de fin de siglo se propaga:
vil bacteria asesina.

Hay olor a muerte;


entre los intersticios del pavimento,
supura el azufre;

los malhechores delinquen en carrozas de fuego


luciendo sonrisas de metales
que un trabajador sólo forja
en el yunque de sus sueños;

y hay bocas que alimentar...

bocas que, al bostezar,


abren cráteres en Calle Loíza,
vicio de ramera fermentando vacíos en la 18;

desquicie de travestíes
que deshilan larvas de realidades.
22
Intermitente colorido de neón:
un arco iris nocturno artificial.

Una danza de balas seduce fantasmagóricamente,


con su aroma de pólvora,
a la soledad de la noche;

otro cuerpo más sin identificar


faltan otros y el sol aún no llueve;

:guerrilla urbana

:vivimos atrincherados en el miedo.

En mi insómnica ronda
rondo sombras sin rumbo
al filo de este submundo,
hecatombe del hombre,
subterfugio del delirio;
yo busco estrellas
en una ciudad
que vive sin ellas.

23
rey

Los soportes del puente,


columnas dóricas,
enmarcaban
la impresión del momento.
Bajo el mismo, un ángulo obtuso,
reciclable palacio
de cartón this-side-up.
Allí, un hombre buscaba
ávidamente en un plato sanitario
una ubre violeta de mamas marchitas.
Su mustia faz abollada por la vida,
en grietas de brea;
su saco de sueños roto en el fondo;
las mordidas del tiempo
dejaron similar depredación
en su piel de cebolla.
Entre sus secos brazos,
yacía el cetro de palo de escoba,
mientras un crucifijo plástico
con un Cristo degollado
vigilaba su trono de tiempos
y concreto armado.
Las súbditas moscas le hacían reverencia fiel
y una fémina cabeza de maniquí
le susurraba frenesí de rosas,
mientras el dragón de tráfico,
patético y trágico,
no podía
ignorar aquel cuadro,
y templaba su vuelo
para observar
al hombre de mirada desorbitada, piélago de oquedad,
Rey de Nadería,
himno a la nada.
24
rosa en tinieblas

No me sosiega sublevar la memoria por ti,


circularmente presente en mi soledad
oblicua y cicatrizada,
cuando abril, entre alas al amanecer,
deambula desde anoche
tajando el tácito dolor peregrino
y entre tonos rosados sobre la bóveda celeste,
advierto cuanto he llorado.

Tú, quién sabe, estarás eslabonando


Ave Marías al Salmo 23 y tu cara
marchitándose en el estragón tiempo—
abstrayéndote de la voluble
realidad que tuerce tu respiración
con sus alargadas manos de espinas,
abandonada por el nesciente dios
que te soñó y te dejó caer a esta tierra,
para luego abandonarte—
ahora, eres rosa en tinieblas—
tus pétalos se marchitan en la oscuridad—
tu mano no llega a mi piel—
tu voz se deshoja en la lluvia—
y tragas palabras y gritos y lágrimas
que quisieras librar de tu ósea prisión,
pero en vez te conformas con callar
mientras pierdes tu sombra
entre el hongo púrpuras de un pasado
ido y perdido.

Hoy todo me asalta


como un rayo que se imbuye en mí,
y me encuentro tan distante
del beso que nunca me diste,
mientras te echas candorosa
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sobre un reloj de arena mojada,
observando el fluir del azar
que tejió entre tus hojas la trampa limítrofe,
el designio que te ata y funge
como orden en tu sometido destino,
porque yo mismo he vivido el estropicio mortal del colapso
de mi propia inocencia contraído en redes de desilusión,
y hoy me embebo en las más amargas e insasiantes
aguas de fuego—
fuga exangüe hacia esta execración de tierra mentida—
para levar este ancla de sangre
que se clava en mis venas—
mas todo es un intento vano
por desposeerme de mi propia sombra.

Y es que nos parecemos tanto.

Mi ser es tan susceptible como el tuyo—


y eso ha sido tan infausto para nuestras almas de vidrio—
sólo hay una primera vez en esta vida para cada cosa,
laxo principio uniforme a todo en la vida—
y nosotros nunca hemos podido superar eso,
y, por tanto, todas las segundas veces
que nos han llegado,
no han podido calar en nuestras odres—
y vivimos una sed de hierro y sal
que nunca nadie calma—
y eso es malo, porque nunca logramos reponernos
del gran error de dar todo y quedarnos con nada;
pero al menos yo he trabajado mi problema;
tú no; tú te echas candorosa
sobre un reloj de arena mojada.

Cómo sufrimos, milagrosa flor de páramo...


cómo sufrimos...

La oscuridad nos ciega— la oscuridad nos abraza en el olvido,


y borra toda gana, toda esperanza.
26
Yo me fosilizo en soledad, pero a ti te queda tu Dios—
¿Por qué te ha dejado sufrir?—
y aunque se debilita el diamante en tu pecho,
ahora, tal vez, es que tengo una mejor perspectiva
de todo lo que soy y por qué lo soy,
pues tus reprimendas me molestaban de niño,
y hoy se restriegan arrogantemente sabias en mi cara—
claro, si aún guardo tu lugar dentro de mí,
a pesar de que sigue vacío y raso de afecto.

Yo entiendo lo que sufres—


y me quema como azufre en los labios,
estos labios sin cielo ni tierra ni redentor:
eterno mendigo de amor.

No te queda más que reposar tus porosas mejillas


sobre mis resecadas palmas—
aunque continuaras con tu cruz,
y la seguirás cargando
hacia el lugar donde te diriges—
he estado allí antes, ¿recuerdas?—
No te queda más que tomar tu café;
y disfrutar tu pan a las tres en punto;
se queda el veneno de escorpión en tus lágrimas
se queda el abismo que se abre en medio de tu cama,
quedamos tus hijos, quienes, rehusando futilmente
a ser como tú,
terminamos pareciéndonos más a ti.

Me quedaré esperando a que seas


rosa de vida, rosa de sueños—
a que revivas el sol de mis manos—
a que liberes tu carga con un beso sobre mi frente—
pero el viaje es largo,
y para cuando la luz te reclame a sus dominios,
el Tiempo, tú y yo seremos, por fin,
uno hechos viento.

27
crecido

Subí a desempolvar el pasado de cama escarchada


en el sagrario de mi mente ático.
Allí encontré viejas lágrimas de limo
aún húmedas por tu pérdida,
envueltas en un pedazo
de tu sombra gemela.
Debe ser por eso que te recuerdo a medias.

Encontré un par de miradas


de amatista líquida
que yo muy bien me guardo
para mis momentos de oscuridad.
Una de ellas, no sé cual,
fue tu primer esqueleto de puñalada.
Ambas se parecen tanto.

Y tu voz— tu voz era de algodón


en triadas perfectas y etéreas
y aún se desnuda dentro del caracol
que recogimos el día que sangramos la playa.
En él depositaste el juramento
de amante en rapto apasionado,
pero no lo supiste cumplir.

Del resto de ti quedaron allí algunas cosas,


como un par de caricias de boa
envueltas en servilleta de motel,
suspiros de mentol nicotinados,
la quemadura de tus labios de hoja,
y una foto tuya sin rostro.
Y te hubiese desechado completa,
pero a veces uno necesita de estas cosas
para sentirse que ha crecido.

28
epifanía

La ciudad duerme,
la noche se pone su traje de pecas
y las botellas celebran su orgía.

El viento es un gato callejero
que busca su cena
por los botes de basura.

La pólvora se hace bruma
entre el bramido de las sirenas.
y yo me he maravillado
de encontrar un par
de labios pintados
en el suelo,
los cuales he besado
y saboreado
en su único sabor a
grava, arena y tierra
de siglos buscando
su rosa de los vientos.

29
lluvia de neón

Gimen las sirenas


con sus cantos de penas,
injertando espinas
de condena
desayuno, almuerzo y cena.

Recapacitando
entre los dientes
de la noche
que me intoxica de ciudad,
desvaino ojos de vidrio partido
y son prismas de desencanto.

La lluvia de neón
bañará de iluminación
cada aventura
de mis noches de locura.

Vibra el pavimento
con cada viscoso movimiento;
se estremece el cemento
que me hace lento
y lentamente
concretiza mi mente
y ni siquiera palpo mi soledad
patente,
demente,
latente,
concientemente inconciente
de la realidad.

30
tiento la brea

Tiento la brea
donde apaga la llama—
mazorca de mitos
que viven sin dioses—
alpiste de estrellas,
he perdido mis alas
con el beso glorioso
de una boca sin nombre—
que sueño arriba,
donde empieza la gana,
busco los bueyes
para esta carreta de huesos.

Abro la boca
y dejo entrar el cielo
mientras la noche
se encaracola
como el rabo de un perro—
espiral de negra sangre
que desciende
cual una corona
de luciérnagas muertas.

En las venas lleven los ríos


mientras me trago el sol.

Prendo la tea
con el fuego alma adentro—
tajo las nubes—
bebo la leche
de sus pezones duros—
a la vez que el tiempo
se esculpe
a mi talla,
31
y el espacio
parecería un lugar
en mi mente.

Tiento la brea
y se apaga la llama—
que busco los bueyes
para esta carreta de huesos.

32
sol de piedra

La calle se perdía en la bruma.


La calle era un ramal de capilares.
En el cielo, colgaba un sol de piedra.

Heridas mortales caían de mi boca


como el génesis en los labios de un dios
depositado en un bostezo.

Mis agotados pensamientos


añoraban el aroma de un piano
y la melodía del incienso.

Cerré mis ojos.


Vi montañas
de cristal.

Mis días me parecieron


Mas descompaginados
que nunca.

La calle se perdía en la bruma.


La calle era un ramal de capilares.
En el cielo, colgaba un sol de piedra.

33
necrofilia

Él dijo que quería ser primero que los gusanos,


pues no pudo ser primero entre los humanos.

Desvirgó la lápida,
desfloró el féretro,
y la encontró tan pálida
que parecía haber muerto.

Su carne inerte lo recibió fríamente,


sin la expresión orgásmica que se ve comúnmente.

Sació
su enfermo apetito
sin creer que amar
fornicara el delito.

Sintió despertar
su hombría dormida;
tanto, que jamás pensó
que alguien muerto
le devolviese la vida.

34
nada

Pendulando
en las horas
te insertas,
te sincronizas
y te riges bajo una medida
temporal,
que dicta tu existencia
calculada y premeditada...
y aún no tienes nada.

Te hacen
besar el suelo
e hincarte de rodillas,
adorarlos y reverenciarlos
como figuras deificadas
a cambio de tu sudor
Y con tu dignidad derrotada...
aún no ganas nada

Inevitablemente,
te vendes a tu esclavitud como vida predestinada, educada en la
ignorancia para criarte como carnada... y siempre serás NADA.

35
en la celda

Las ratas hambrientas


roen con furia
la desgarrada carne
arrojada en un rincón de celda,
donde la única luz se derrama
en las mañanas
por los mohosos barrotes
incrustados en la babosa pared,
oasis de ventana.

Con sus costillas rotas


y la sangre a flor de boca,
quisiera sacudir las sabandijas
que se afierran a su piel,
pero sus extremidades no responden,
y en su cabeza aún se esconden los costosos ideales
que paga con su vida.
Adormeciéndose entre el trinar de sus huesos,
se perpetúa en su memoria
el día que dejó de existir
por querer cambiar la historia.

36
minutos de piedra

Minutos de piedra
columpiándose entre
anillos de humo
ondeando en mi mirada
entre su centro
buscando luz en mi adentro.

He visto todo:
y no he visto nada
visto de negro
por los sueños fallidos:
por lo que son
y no han sido.

Cara de hiedra: solidificación


del alma en hielo
y sin embargo,
aún fluye caliente
entre
mis venas.
Decenas de veces
he intentado atrapar
las estrellas que caen
del ciclo,
y siempre caen en el mar... son lágrimas en el mar..

Minutos de piedra,
horas de plomo,
buscando luz en mi adentro
buscando luz en mi adentro.

37
arte

Se encierra en ti un Arte
que ningún pincel traza,
que ningún cincel esculpe,
que al espacio rebasa,

que hace música de dioses,


que escribe versos de mortales,
y se expande en el tiempo
con textura de pétalo.

Se funden alma y cuerpo


en el cénit de mis anhelos,
donde ninguna Musa ha caminado
donde la fantasía no alza vuelo;

como obra inconcebible


que ningún mármol reclama,
que ningún acorde armoniza,
que ninguna palabra proclama;

Y donde Venus
se encuentra con Marte,
es donde voy a encontrarte
rebasando distancias
para hacer mío
el arte de amarte.

38
hasta el último latido

Toda una vida deshilada perdiéndose en la nada...


tanto sueño perdido...
tanto vago poema...
y deslinda tu mirada
el cansancio de los años surcando tu piel:
ya no eres aquel
que dibujaba personalidad.

Tu camisa ya no cierra:
se pronuncia tu panza,
y se encorva tu erguidez
y tu tiempo a la vez...
sólo cuentas...
sólo deudas trae la correspondencia...
algo perdió la partitura:
cadencia en decadencia.

Sólo tu casa
permanece incólume,
pues es de cemento.
Sin embargo,
tu hogar se desplomó
en algún momento del pasado.
Y ahora, sólo esperas jubilarte
y vivir de tu pensión,
presto a resignarte
hasta el último latido de tu corazón.

39
vivo

Cruzan mis ojos por sobre tu aliento


para degollar tus mentiras...

Te he visto tantas noches venir a visitarme


y devorar mis entrañas
mientras yo te observo
bajo un cielo de plumas negras.

Hay orgullo que hiere y duele;


el tuyo, muele.

Presa fácil he sido para tu necesidad de carroña.

Con cara de alabastro, corazón de universo y ojos de astro, eregido en un


tótem, monolítico, fálico y vertical, práctico y leal a tu apetito para luego
verte despegar la madrugada de mi ensueño

Regenero mi pena
y con ella el deseo enfermizo
de someterme a tu voluntad depredadora.

¿Será un impulso erótico-masoquista


que no permite que te aparte de mi vista?

No te pertenezco.
No quiero hacerlo.

Y sin embargo,
me subyugas a tu mordida rapaz,
letal y prohibida
que encadena mi existencia
al eterno infierno de tu seducción.

Ciclo vicioso...
40
ansío deseoso
cada noche que escucho
el batir de tus alas al borde de mi ventana.

Entras sin llave...


esa es tu llave.

Y rindo culto a la esclavitud silenciosa


en la cual eres diosa poderosa.

Vuelve a devorarme.

Vuelve a matarme.

O, tal vez, después de todo,


¿me harás sentir vivo?

41
vulnerable
a Ana Ivelisse

Lentamente
me hago vulnerable

al peso
de tu beso.

Sutilmente
te viertes

sobre
mis labios

como miel
deleitándome

embriagándome
destilándose

en la delicadeza
del roce

de tu piel
nirvana

del cual
no quiero

regreso.

42
tiempo

Tiempo...
granizada de arena,
pasa ...

como polen,
siempre eterno en el viento;

y yo ...
entre telas de araña,

aún sigo esperándote,

dibujándote, píncelándote
en el canvas de mis sueños
intransigentes

ante el paso del

tiempo ...
gris nube atribulada,
perdido ...

fragancia sin flor, y yo...

exilio en el olvido,
aún sigo contemplándote,
imaginándote,
y tu cuerpo,
en fuga de nova,
como besar el infinito..
un suspiro imposible,
irreversible,
en el paso del
tiempo...
43
hoy sencillamente

Hoy, sencillamente, hiciste algo simple:


tomaste el sol con tus ojos y lo arropaste de mar.
Te sentiste distinto: vivo, digital.
Te tornaste manto de sentidos
te viste a ti mismo tridimensional.

En la mañana
el reloj despertador
gruñó su sentencia existencial
con su habitual draconiana aspereza,
con dicacidad.
Una extraña opresión me ahoga el pecho.
Mi amargo café instantáneo supo más amargo
que nunca
aún con Nutra Sweet.

Palpaste una caracola y te descansaste entre sus pliegues;


escuchaste la mar no con tus oídos sino con tu corazón;
y dejaste tus divagaciones mojarse en la espumosa ola.

Llamé a la oficina.
No puedo Ir hoy a trabajar.
Me siento enfermo.
¿De qué?
No sé.
Por mis poros supura un dolor hueco muy raro.
Debe ser el cambio de clima.
Sí, seguro.
O un virus.
Tal vez un cáncer.
Quizás sea esa serpiente alada
que se aloja en mi adentro
haciendo de mis días su alimento.

44
Hombre y arena confundiéndose
tendido en la playa
con el viento por toalla
deseando ser absorbido orgánicamente
por algo más grandioso,
superior y poderoso, que tan sólo...
tan sólo por un instante
diera sentido a tu vida.

El cosmopolita y decadente
trajín urbano me inunda las neuronas;
el fax y el celular comunican con una cualidad fría,
como los repetitivos Happy Hours,
como los días en el terminal de computadora,
como mi televisor amigo,
o como mi solitaria cena.

Hoy sencillamente deseé algo más...

45
poison

Ella olvidó
que me comprometí a bordarle de rojo los labios.
Tomé sus suaves senos en mis manos
y formé figuras que circundaron hasta su vientre,
mi hidrópica boca se ensalzó
de almíbar de su pasión.
Giré sus caderas
para llover sobre su espalda
húmeda entre mis besos.
Dejé mis manos jugar entre su cabello
para luego adentrarme
en lo más profundo de sus anhelos.

Colgué las horas en el destello de la luna


para juntos bañarnos de plata.
Le di manjares en la mañana
mientras ella,
aún aturdida por la placentera resaca,
comía de mis manos.

Me pareció en vano

Al levantarse,
recogió su pelo,
se vistió en silencio,
recogió sus maquillajes,
y su pinta labios y demás cosméticos,
re-pintó su belleza y se marchó,
dejándome plantado entre su cepillo de dientes
y el frasco vacío de su fragancia favorita:
Poison.

46
camino de sol

Hay un largo camino de sol


desde el comienzo
hasta el final de mis ojos:
mis pies se arrastran entre sombras.

Tal vez me encuentren


por el rastro de mis lágrimas.

Incoando mi espíritu
aunque mi carne
siempre sea esclava,
Incoercible
sueño sensible
de un volcán que suprime su lava.

He visto la muerte sonreírme


llevándose almas amigas:
hoy la pensé dormida
y decidi abandonar la patria:

es el infierno
revivido en llamas.

Tronidos llegan a mis oídos


gemidos que se elevan al firmamento,
y sin mirar atrás,
sin tornar el rostro
sigo la marcha
hacia
ese
camino
de
sol.

47
prozac blues

El silencio se derrite
en los infernales adoquines:
San Juan hierve a 90 grados Farenheit,
a 90 grados prueba.
Sali a buscar no-sé-qué
como un cuerpo a su sombra.
Me detuve a hablarle
a las mudas murallas
sumisas hace 300 años.
Hoy desangran de tristeza.
En un instante, deseé detener las olas
y su infinito pendular cual somnifera nana:
yo cuelgo de sus pestañas.

El sol en mi cénit y llegó Malena,


melena suelta al viento
y sobriedad en su cintura.
Desfilamos por la navaja de fuego sin hablar, secos.
En el camino encontramos unos amigos;
fingir es un arte dorado.
Sonreímos. Todo anda bien.
¿Acaso no lo leíste en El Nuevo Día?
¿O me perdí que lees el Star?
Nos despedimos.
Continuamos la marcha
hasta la cápsula japonesa y una vez adentro,
nos aislamos en la artificial atmósfera.

Recorrimos la avenida
hasta Ilegar a Hato Rey.
moderno.
Entre la oleada encorbatada,
vi tantas sonrisas torcidas,

48
vi tanto simbolo de grandeza material:
vi el Alpha de nuestra generación.

Conté los semáforos


como cuentas en un rosario,
como paradas en via-crucis
hasta que en el horizonte
como la promesa de un amanecer
se levanta Plaza Las Américas.
Y me pregunté
si había vida más allá de esto
Malena adora el dinero plástico
que la hace des-comunal,
sobre-humana,
y le Ilena sus vacíos.
Ella no me lo ha dicho.
Pero me lo ha comunicado con sus ojos.
Ella vive atormentada,
pues no puede detener las olas.
Su cara se va ajando.
Cubre los surcos del tiempo, pomadas y polvos
que la convierten en artificio de la vanidad
Yo sólo soy su compañía
Sin perturbar su soledad
Debe ser que somos
dos soledades distintas.

La mía vive en un albúm de fotos


las cuales miro, observo, y toco
como si sostuviera el pasado en mis manos.
Allí, Gustavo, Juan y Carlos
aún batallan en una selva en Vietnam.
De los que sobrevivimos,
muchos no hemos regresado.
Pero no importa..

49
Mi nepente Ilega por correo
cual aguas del Leteo-
mi bálsamo en Gilead.

Y no me siento culpable.
San Juan consume píldoras como si fuesen M & M’s.

Mientras surco la nave


de esta gran estructura consurnista,
entre tantas caras distintas,
pero iguales
desconocidas,
y tan familiares,
me queda una sensación insipida,
pero conocida
de una indómita aridez
que tiene cualidades de infierno
que conflagra en mi cabeza
incinerando mi mente
donde bailan mil demonios
por todo mi cuerpo
y por toda mi existencia.

Malena aprovecha y me recuerda


que es hora de mi Prozac.

50
embudo
para Allen Ginsberg

Recolecté en mis oídos las voces de mi siglo debilitadas por la


frustración sufriendo frenesí en pura osamenta, colgándose de las
alcantarillas en las viciosas calles nocturnas
—viviendo el infierno por una vereda de fuego que conduce
a las ancestrales astrales luciérnagas celestes
disfrazando la miseria con humo de cigarrillo, gimoteando seco sobre
la patética ciudad en cuclillas escuchando salsa
—desnudando sus sesos al infinito en La Perla, jugando
dominó con la muerte, enajenados de la luz y delirando a Lares y a
Hostos sin saberlo y sin conocerlos
—punzando sus ilusiones con grafito en papel amarillo
colegiado y costeado con maná federal God bless America,
—acuartelados en cuartos de hospedaje en Santa Rita pagado
con un part time en Mc Donald’s
—respirando el vacío de sus alacenas y devolviendo la
viliosidad que les provoca el Palo Viejo bohemio y esotérico
—fumando marihuana y jugando Uno hasta la una, para
luego reventar la madrugada en la calle
—pintando orgasmos en moteles clandestinos en la Manila,
purgando vientres que licúan aventura
—soñando artificialmente pesadillas vivas que moldean
carnosos y suaves labios a lo largo de un cuerpo tibio
—erupcionando en sombras de Julia, señoritas purificándose
en ríos de lava
—irritación ocular de noche insómnica argentada de bruma y
vino semáforos y soledades, de búsqueda y ocultación, entre Condado
e Isla Verde
—con el alma abordo de la AMA, dimanando del sórdido río
de piedras que suda peste
—desahogando reprimendas en el vigilante Padrinito de
merengue y Budweiser de siete onzas, en tertulias de radicalismo
universitario de camisa negra, Claridad y la Calle San Sebastián,
—vagando sin rumbo y sin sentimientos que empeñar dando
cualquier cosa por sentir un poco de vida viva
51
disfrazando el vinagre fingido en Bocaccio, enredado en el nudo de
una corbata, escondido en la wallet tras la contradictoria foto familiar
—hablando incoherentemente de la pródiga hazaña disipada
en el olvido de un profuso estallido de granada en Vietnam
—reververando en prótesis, amputaciones, extirpaciones,
depresiones y demencias en un pasillo de hospital militar
—creyendo haber besado la realización ósculo que bordea
los límites de la locura, buscando bajo la corteza terrestre la llave del
comienzo antes que se siembre otro centro comercial
—sintiendo culpabilidad por haberse amamantado
directamente del pezón del placer en Vieques
—ahogando en Suzuki con gasolina Gulf verdugo inclemente
de Cataño a rojizo nocturno,
—despilfarrando tres cincuenta por una cerveza en el Black
Angus, por templar la ilusión de arrebatar uno de esos cuerpos que
tiemblan desnudos, las pupilas dilatadas y tenues
—huyendo de la muerte, que huele a placer, y flora en los
genitales, anestesiando los sentidos y alojándose positivamente en los
glóbulos sanguíneos
—comprando profilácticos en 7-Eleven a las once y siete para
poder saciar las ganas de sexo con alguien igualmente desesperado
—deambulando solitariamente y vacíamente, buscando
armonía sonora, o hambre por alguien, creyendo en utopías hermosas
al oído, alucinógenas a la vista, sueños mayaguezanos de las Antillas
—acribillados como independentistas en Cerro Maravilla en
25 de julio, día de la invasión americana
—pregonando incesantes y ambivalentes cantos de
incandescencia separatista, permutando en autonomista y con ínfulas
anexionistas, y al final es todo un abstracto surrealista sólo el hambre
prevalece
—anidando los buitres de la mirífica Milla de Oro, donde
los neófitos neo yuppies empeñan la conciencia para pagar el lease
de un Lexus
—postulándose como mecenas democráticos para destripar
la dignidad de un pueblo que mama de una gran teta americana
—encarcelándose y enjaulándose en cajas de cemento e
hierro en urbanizaciones de acceso controlado, huyendo de las
habichuelas de plomo que se vomitan en todas las calles encarnadas
52
por la marginada juventud urbana de discriminados residenciales que
son burbujas de imperios subcutáneos
—bailando reggae, rap y consumiendo todo lo que se drene
por el enorme embudo de la cultura de masas para garantizar la
docilidad,
—recreando un sentido de heterogénea uniformidad en esta
pseudo caribeña existencia 936 industrial y en contra tiempo con
todas las demás existencias dibujadas por Kronos
—que te deja mudo e inteligentemente estúpido y desgajado
en inercia, que tu conciencia tritura en tus ojos de hongo infinito y
decapitado, la locura y los divino sincronizados en un mismo espacio
desconocido tejiendo horas hasta después de la muerte,
—esperando reencarnar en alas de una voz y batir su dármico
pesar sobre la cúpula sopera de futuros cantares que can a lamentarse
en inocencia y a preguntarse en ignorancia por la callosidad
hemorrágica del intenso e incomprendido silencio, sin poder revertir
las arenas del reloj.

53
los agujeros en nuestra aura

Creo
que la esperanza llegará demoliendo
las hojas muertas sobre esta tierra seca,
incrustando el ansia en el tiempo
destilaándose desde la matriz de una nube.
Deberá llenar mis ojos
con su renegada faz
por todos los caminos del deseo,
restituyendo la vida.
Mientras tanto,
navego el río de fuego
pintando mi sonrisa en el cemento.

II

En esta urbe quimérica


se vive bajo el gran algodón marrón,
mientras los transeúntes queman sus suelas en la calle:
menuda tarea tiene la Muerte.

Un vagabundo pregonaba:
«Planté la esperanza y aún no me da frutos
Los cancerberos vienen de noche y la desentierran.
Lo mismo sucedió cuando coseché arcoiris».
Mis semejantes lo ignoraban
y continuaban pateando su propia mirada.

III

Mi boca se hizo telarañas y atraparon sus palabras.


Aún así, el sudorífico rocío
jugaba en su piel
54
como gotas de aceite llovido
Y entonces supe de sus formas
sólidamente insustanciales.
Después, no sentí nada.
Nunca sentí nada.
Y no supe nada.

Desollé los huesos del anhelo


y encontré, el mutismo.

¿Quién me presta esta pasión sin ralces? 1

IV

El nido sobre el cual ella reposaba


se empapaba con la radiante luz de la tele.
Bajo su peso y el de las Monet y su Cartier
los sueños embriónicos en cascarón sintético
recibían su calor frío.
Diseminábase en la atmósfera el olor a talco,
fragancias exóticas y ungüentos musculares
despabilando los sentidos.
Y había estatuas por doquier,
largas y verticales,
de suaves puntas redondas
cuya sombra agrandada
hacia ver la sala
como una caverna de estalagmitas.

Su cabello, largo y abultado,


cala sobre su hombro izquierdo,
mientras ella cazaba números
en el control remoto.

«Mi noche me suena cadenas y eslabona tu boca».


Hay un candado en tus labios. ¿Tienes la llave que lo abre?

Vi un cerdo con alas de mariposa


55
que convirtió mi lengua en larva.
El silencio tomó la palabra.
—¿Escuchas ese susurro?

Es mi aliento.

—Oh.

¿Lloverá mañana? ¿Qué habrá tras mis ojos mañana?

Naomi depositó dos claras de huevos


en un vaso de agua
y se bañó en potpurrí.
La depresión la atacó
y llamó a Cassandra.
1-900-DESTINO.
Luego verificó en sus cartas
la clave y las dos puertas
de su Reina de Tréboles.
Tienes un Rey de Espadas;
tienes una Reina de Espadas;
tienes una jota de Tréboles,
es la Corte Real. Muy malo.
La Muerte es traicionera.
Te persigue cual sombra.

VI

Antonio contrajo el virus Infernal


y sólo pude decirle: «Yo Invito».

Mi viejo no puede saberlo. Tengo que aparentar.


Soy su trofeo a la virilidad.

No voy a anticipar la noche.


Ángela, amiga, sé ensueño de una noche.
56
Tú sabes de disfraces.Yo sé fingir.
Me pregunto si podré engañar a la Muerte
cuando ésta ya hace estadía en mis ojos.

«Yo invito. A los dos».

¿Y qué dice tu verdugo amante?


«Yo Invito. A los tres».
Nunca seré el mismo.

La energía se transforma.
Mi descomposición se acelera.
Y mi madre no verá nietos.

No te preocupes.
De todas maneras, jamás los hubiese visto.
«Yo Invito. A los cuatro, incluyendo al bartender».

Me pregunto si habrá manera de engañar a la Muerte.

No puedes.
Los actos del hombre son lineales e irreversibles.

«Yo Invito. A los cinco».

VII

Un gran prado de cabezas se tendía frente al púlpito.


Se mecían como olas todas,
con uniformidad de guajanas en cañaveral.
El hombre de la Biblia comprimía
su cara en una pasa y desencadenaba
voces ininteligibles a los dóciles receptores,
quienes procedían a cortar el filo que separa
la realidad de la locura
y muchos lloraban y temblaban
sin saber por qué.

57
Confrontar los miedos produce pavor.

«Rindan sus debilidades, renuncien al metal oneroso.


¿O piensan que será crematística el cremarse en el fuego eterno?»
(Los ujieres agitaron el aire con sus canastas de colecta.)
«Pesen su salvación en oro, y entréguenmelo,
y serán depurados del pecado».
El dinero encierra una plegarla universal:
Dinero todopoderoso,
que quitas el pecado del mundo
ten piedad de nosotros.

¡Aleluya!

Yo no veo la conexión.
Yo pienso...

«¡No pienses! ¡Cree!»


¡Aleluya!

VIII

La gana de tener poder llegó al Palacio de la Verdad,


arrepticia y sigilosa
como una víbora en remanso
le dio golpe de estado a la razón,
e incitó a una revolución.
Y de su boca salieron
los más dulces sueños
de justicia y prosperidad,
y las desamparadas desesperadas almas
escucharon sus hipnóticos matices.
Eran tan sólidos,
que hubiesen llenado los agujeros en nuestra aura.

Un toldo de tinieblas te cubre,


y al develarse,
te revela algo desposeído de ti mismo:
58
en tu puño escondes los cimientos del miedo.

Me veo por los ocasos y un hormiguero de gente


anda por mi corazón.3

Esperemos por la lluvia,


lenta y fresca lluvia,
acelerando su precipitación,
natural bendición
que baña esta necrópolis
que vive su muerte colectivamente,
aunque todos temen al silencio
y a admitir su soledad,
esperando la lluvia,
esperando la lluvia,
lluvia...

1 y 3 - Federico Garcia Lorca, “Confusión” .


2 - Allen Ginsberg, “Supermarket In California”.
59
oye, viejo

Oye, viejo...
quisiera renegar de mi pasado,
tu oronda soberbia
y ostensible egoísmo,
pero no puedo.
La infame canallada
de tu demencia sexual
quitó tu mano de mi hombro,
pan de mi boca.
Te caíste del pedestal.
Y no concibo perdonarte
el latrocinio de mis ilusiones,
para, luego de haberte burlado
de mi dignidad,
pedir la alfombra de mi laxo perdón.

Pero no,
las cosas no son así,
así como tú quieres que sean.
He mordido el viento de navajas,
mi sangre coagulada en cubos,
mi soledad putrefacta en soles negros
mi frustración perforándome el cuello;
me he querido arrancar el alma
y zurcir sus agujeros,
pero el dolor me contrae el corazón,
y todo por tu culpa,
viejo demonio,
y mira todo lo que me he superado,
que aunque no te lo diga,
al menos ya puedo escribirlo.

60
contenido

Prólogo: La realidad obtusa,


Dr. Roberto Echevarría Marín 7
al lector 11
apocalipsis 13
espejo 15
jesucristo vuelve 17
perdido 18
el maestro 20
decayendo 22
rey 24
rosa en tinieblas 25 *
crecido 28 *
epifanía 29 *
lluvia de neón 30
tiento la brea 31 *
sol de piedra 33 *
necrofilia 34
nada 35
en la celda 36
minutos de piedra 37
arte 38
hasta el último latido 39
vivo 40
vulnerable 42
tiempo 43
hoy sencillamente 44
poison 46
prozac blues 47
embudo 51
los agujeros en nuestra aura 54
oye,Viejo 60

* Poemas que, pertencientes al manuscrito original


pero no pulicados en la primera edición de Embudo

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