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PRESENTACIÓN

Esta publicación contiene los trabajos seleccionados y presentados en el IV Encuentro Internacional Politicas Públicas y Trabajo Social. Aportes para la reconstrucción de lo público. organizado por la Carrera de Trabajo Social de la Universidad de Buenos Aires los días 12 y 13 de mayo de 2011, con el apoyo de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica del Ministerio de Ciencia y Técnica de la Nación, del Ministerio de Educación de la Nación, del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y con el auspicio del Consejo Profesional de Graduados en Servicio Social y Trabajo Social de la Ciudad de Buenos Aires.

El libro, en su formato electrónico y de libre acceso, tiene por propósito dar a conocer los aportes de colegas de las ciencias sociales, provenientes tanto de esta Universidad como de otras unidades académicas del país y de países limítrofes, como parte de la política de gestión del conocimiento que viene realizando sostenidamente la Carrera de Trabajo Social.

Las ponencias centrales presentadas en el IV Encuentro Internacional de Trabajo Social han sido publicadas por Editorial Espacio en el libro Politicas públicas y Trabajo Social. Aportes para la reconstrucción de lo público, compilado por Ana Josefina Arias, Barbara Garcia Godoy y Alejandra Bazzalo. De modo complementario se edita esta compilación que contiene las producciones presentadas en las mesas simultáneas.

Los trabajos aquí publicados fueron evaluados y seleccionados por el Comité Cientìfico de las Jornadas, integrado por los docentes de la Carrera de Trabajo Social de la UBA: Lic. María Isabel Bertolotto, Lic. María Cristina Melano, Mgter Miguel Vallone, Prof. Norberto Alayón, Dra. Ana Arias, Lic. Ana Beovide, Lic. Bárbara García Godoy. Colaboraron en esta tarea la Lic. Alejandra Bazzalo y la Lic. Romina Manes.

Creemos que estos materiales constituyen un aporte para las ciencias sociales en general y para el Trabajo Social en particular, en tanto actualizan el diagnóstico y análisis de coyuntura, y revisan los abordajes teórico- conceptuales sobre la intervención del Trabajo Social en la Argentina y la Región. En tal sentido, los trabajos abordan la reconfiguración del Estado en Latinoamérica a partir de caracterizar las nuevas agendas latinoamericanas, analizar otras

formas de pensar lo social en la gestión estatal y el desafío de la distribución de la riqueza; los desafíos del Estado en Argentina a partir de la reflexión sobre las nuevas realidades institucionales, viejas y nuevas demandas al Estado, las formas de vinculación Territorio – Estado y la gestión de políticas sociales en nuevos contextos; las intervenciones sociales y la reconfiguración de lo público en la última década analizando las remembranzas de neoliberalismo en las intervenciones, los nuevos sentidos para las intervenciones y caracterizando los sujetos de la intervención; y el rol de la Universidad para la construcción de lo público a partir de repensar los dilemas de la Universidad como institución pública, revisar las demandas de generación de conocimiento, analizar la relación con la gestión de políticas públicas y la generación de nuevas propuestas de extensión universitaria.

Esperamos que los lectores puedan encontrar en estos trabajos aportes para fortalecer el análisis y profundizar el debate ante la emergencia de nuevos escenarios en nuestro país y en la región, en clave de repensar las intervenciones en el campo social y sumar a los procesos transformadores de las políticas públicas en el actual contexto.

EL ROL DEL ESTADO EN LA “CRISIS” DEL MODELO PENITENCIARIO CHILENO

MARION SILVA MANRÍQUEZ 1

Introducción

La siguiente ponencia pretende dar cuenta de dos hechos, uno corresponde a la reconfiguración del aparato estatal en el sistema carcelario chileno, proceso particular a decir lo menos, porque si bien se inscribe en el tránsito desde un enfoque benefactor, con activa participación, a un rol subsidiario, despojado cada vez más de sus funciones inherentes, asume en este nuevo contexto, un carácter progresivamente controlador, punitivo, que encuentra su sentido y espacio en las lógicas de un modelo neoliberal, que requiere para su mantención, de la generación y perpetuación de procesos de exclusión social. Para efectos metodológicos, se analizará la reconfiguración del Estado a partir de las acciones que desarrolla en este sistema y en la observancia del rol que ha ido asumiendo el Trabajo Social como componente operativo del Estado y ejecutor por tanto de los programas de intervención intramuros.

El otro hecho, que se registra (en la segunda parte de este trabajo), corresponde a una reflexión sobre el proceso de desnaturalización del rol y funciones del Trabajo Social penitenciario, que he desarrollado en este período (más de un año) en el que he estado alejada

de mis labores como funcionaria pública de Gendarmería de Chile 2 , facilitando esta distancia espacial y temporal, lecturas, intercambios y un profundo cuestionamiento del sistema carcelario y sobretodo, del papel que cumplimos al interior de la institución. Esta abstracción intenta vislumbrar las alternativas que se presentan en el orden de discutir, tal como invita el Encuentro, aportes para la reconstrucción de lo público en este ámbito específico de la sociedad, que a mi juicio, es el que cristaliza los resultados más perversos del sistema

neoliberal, asumido por el Estado chileno hace ya tres décadas.

1 Trabajadora Social, Universidad Católica de Valparaíso Chile. Contacto: marionsilvam@hotmail.com

2 Institución pública, a cargo del control, custodia y reinserción de las personas que cumplen condena.

El surgimiento de la cárcel dentro del sistema capitalista

La cárcel, indiscutidamente, surgió en el seno de la instalación del sistema capitalista en Europa, hace doscientos años, en un escenario de modificaciones del modelo de producción, vinculado a la acumulación de capital, la mantención del orden burgués y la protección de la propiedad privada como elemento central, afectando además todo el sistema de control social (Melossi y Pavarini: 1987). Desde su creación entonces, esta institución se constituye en el depósito al que llegan las personas consideradas desviadas, que suponen un peligro para la estabilidad de la sociedad capitalista –puesto que es mejor excluirlas- abandonando el castigo corporal para empezar a ejercer un control, ad hoc a las lógicas del nuevo sistema capitalista, más sutil pero con efectos intensos y extensos para toda la sociedad (Foucault: 1998).

Respecto del rol del Estado benefactor en el proceso de encarcelamiento, destaca el papel central desarrollado por el Trabajo Social, que con sus intervenciones normalizadoras, sustituyó las antiguas estrategias de caridad y filantropía que se desarrollaban con las poblaciones de pobres en Europa a fines del siglo XIX, enfocándose a un trabajo de casos y, de familias con evidentes objetivos de integración social (Matthews: 2003).

A pesar de estas acciones de carácter inclusivo que se llevaban a cabo con la población penal en las cárceles europeas, se reveló al poco tiempo, que el supuesto propósito correctivo de la cárcel, no era tal, “la prisión no corrige, atrae incesantemente a los mismos, produce poco a poco población marginalizada que es utilizada para presionar sobre las irregularidades” o “ilegalismos” que no se deben tolerar”. (Foucault:2008, pág.80).

A pesar de la inutilidad declarada de su fin rehabilitador, desde fines del siglo XIX y hasta la primera mitad del siglo XX se produjeron diversas reformas penales que redujeron la cantidad de personas encarceladas, condicionadas por las siguientes determinantes (Matthews:2003):

los cambios en los rasgos del Estado capitalista, responsable declarado del financiamiento y administración del sistema carcelario, evidenciado por ejemplo en el desarrollo del asistencialismo como modo de regulación; la instalación del Fordismo, como sistema de producción en serie, transformando las lógicas de la disciplina laboral; y por último el surgimiento de la criminología destinada a desarrollar un sistema más científico que

posibilitara la rehabilitación de los delincuentes “más rescatables”. Instauración del modelo neoliberal y su incidencia en el sistema carcelario

El modelo neoliberal, se va a entender como “el discurso hegemónico de un modelo civilizatorio” “un excepcional extracto purificado y por ello despojado de tensiones y contradicciones” (Lander: 2000, pág.246) basado en una conformación excluyente y desigual del mundo moderno, se estableció en gran parte de los países de oriente y occidente desde las últimas décadas del siglo XX, agravando las “violencias estructurales” del capitalismo, lo que implicó la transformación de la relación Estado – Sociedad, posicionando al mercado, como “regulador excluyente de las relaciones económicas, laborales y sociales” (Daroqui: 2009, pág. 15) con graves secuelas en cuanto a acceso y calidad de los servicios, en los ámbitos del trabajo, la vivienda, educación, previsión, salud. Además, el Estado gira hacia un modelo de inseguridad, a causa de la precarización, desintegración y exclusión social, dejando atrás un modelo basado en una seguridad que se reflejaba en las políticas económicas y sociales de un régimen estatal de bienestar (Daroqui: 2009).

Como modelo hegemónico, el Neoliberalismo influyó en la re-configuración y caracterización de una serie de instituciones públicas destinadas a regular y controlar la vida en sociedad, entre ellas, la institución penitenciaria.

En estas últimas décadas, se asiste a un progresivo aumento de los encarcelamientos a nivel mundial, debido al “nuevo sentido común penal que apunta a criminalizar la miseria- y por esta vía, a normalizar el trabajo asalariado precario- concebido en los Estados Unidos” (Wacquant: 2000, pág. 26). Junto a este proceso, se visibiliza una presencia gradual del sector privado en el funcionamiento de las cárceles, cuestionándose el rol y responsabilidad estatal en la gestión de estos sistemas (Matthews: 2003). Corroborando esta situación, se asiste, a partir del alejamiento del Estado (de más a menos presencia) a la mercantilización de las cárceles, referida a la construcción de penales privados y a la asistencia mediante la contratación de empresas a cargo de la gestión de las ayudas sociales (Wacquant: 2000), lo que a juicio de este autor, vuelve rentables a los pobres y a los presos.

El Estado, paralelo al creciente abandono de su responsabilidad en la definición y gestión de la política penitenciaria, se ha ido configurando como un aparato centrado en el desarrollo de

una política de seguridad vinculada a la delincuencia (como si las violencias estructurales antes mencionadas no generaran inseguridad en la población en general) que “se trata del modo cultural más apropiado para naturalizar la imposición de nuevos modelos de exclusión social (…) esta es la preocupación central de la imposición hegemónica de una cultura de gobierno neoliberal” (Pavarini: 2006, pág 229). Dada esta realidad, los que no acceden a los beneficios estatales entonces, son aquellos que han sido criminalizados, por tanto no son merecedores de recibir estas ayudas.

La cárcel en chile: de la presencia hacia la progresiva ausencia del estado.

La primera cárcel chilena se construyó en el año 1843, usando la idea del panóptico (Ex Penitenciaria de Santiago, aún vigente), donde los presos eran custodiados por una guardia militar, que en el año 1871, el Estado modificó por una escolta civil especial para esta labor. En 1911, se creó por decreto el cuerpo de Gendarmería de Prisiones, constituyendo el comienzo de la actual Gendarmería de Chile como institución de seguridad y defensa social, definiéndose para 1921, como una entidad armada. Durante 1979, en plena dictadura militar, se fijó la Ley Orgánica de esta institución, estableciéndola como un servicio público dependiente del Ministerio de Justicia, que tiene por finalidad atender, vigilar y rehabilitar a las personas que por resolución de autoridades competentes fueren detenidas o privadas de libertad; y en razón de sus fines y naturaleza, se delimitó como una institución jerarquizada, uniformada, disciplinada y obediente.

En este contexto, junto con el personal uniformado, la primera profesión que ingresó a trabajar a las cárceles, fue el Trabajo Social en el año 1930, siendo Chile pionero en esta materia a nivel latinoamericano (Correa: 2005), lo que de algún modo manifiesta la existencia de un propósito estatal dirigido no sólo a la custodia de los internos sino a su tratamiento, incorporando posteriormente diversas profesiones de las Ciencias Sociales.

En lo que atañe al tipo de intervención profesional realizada, en un comienzo ésta, al igual que en Europa, centró su labor en lo asistencial y correctivo, bajo la modalidad del trabajo de casos. Mantuvo la impronta a lo menos en el papel, del carácter rehabilitador del trabajo desarrollado con los presos (a pesar que ya autores europeos habían constatado la inutilidad

de este fin). Con el paso del tiempo, y la progresiva instalación del modelo neoliberal en el ámbito penitenciario, no sólo se ha tercerizado y precarizado el trabajo profesional al interior de los penales, sino que también se puede observar su incidencia en el diseño de los programas de intervención, en tanto éstos son aplicados a una mínima parte de la población penal total, a través de procesos de selectividad que dejan a la mayoría fuera, evidenciando la mantención de los ciclos de exclusión social incluso al interior de los penales. Junto a ello, se opera con una óptica individualista e instrumental, que se capta por ejemplo en la “consideración que la rehabilitación de los presos se realiza en un proceso en el cual ellos tienen la responsabilidad principal – cuando no toda- por el logro de un final feliz. De este modo, se considera a los presos doblemente responsables: responsables tanto del daño y la desgracia como del “retorno a la competencia” (Mathiesen: 2003, pág.63). Se constata además la generación de un “sistema punitivo premial fundado en la propuesta de tratamiento-educación y trabajo- propio del proyecto disciplinario, que se encuentra al “servicio” de la gobernabilidad de la cuestión carcelaria, a través de la regulación y control de la población encarcelada” (Daroqui: 2010, pág. 4)

El sesgo neoliberal se observa además, en la privatización de las cárceles, iniciada en Chile en el año 2002 con el proceso de licitación para la construcción de cárceles (Dammert: 2006), con lo que el Estado se desligó de su responsabilidad en esta materia. A la fecha, de 10 cárceles de mediana y alta seguridad, con una capacidad para 16.000 plazas que deberían estar ya funcionando, para Abril del 2009, sólo 6 unidades penales se habían entregado, según

informa documento del diario electrónico El Ciudadano 3 , albergando a un 18,9% de la población penal total. Los costos que estas cárceles producen al Fisco superan ampliamente los derivados de las cárceles públicas. A modo de ejemplo, el costo mensual por interno en junio del 2008 en el Centro de Detención Preventiva Santiago 1 ascendía a $170.908, versus los $539.608 que el fisco debió cancelar por cada recluso del Complejo Penitenciario Puerto Montt (privatizado) en el mismo período.

La realidad supera a la ficción: hechos y cifras 4 .

3 Mazmorras Corporation SA” reportaje, Abril del 2009.

4 Los datos que se proporcionan, se encuentran en el Informe de Derechos Humanos año 2010, de la Universidad Diego Portales, y en el documento “Recomendaciones para una nueva política penitenciaria” (Consejo para la Reforma Penitenciaria: 2010)

En la actualidad, Chile cuenta con 110 cárceles a lo largo de todo el país, las más antiguas datan del siglo XIX y las más modernas han sido construidas en el siglo actual. Estas albergan a más de 50.000 presos, lo que compone el 48% del total de la población condenada en Chile, según datos de Gendarmería. La población cumpliendo condena en los distintos sistemas (intra y extramuros) aumentó en los últimos 5 años en más de un 51%, debido principalmente al establecimiento de la Reforma Procesal Penal en el país a partir del año 2005, Reforma que no vino aparejada del consiguiente mejoramiento del aparato penal. Esta alza dramática responde ideológicamente a la instalación de una política de seguridad pública, (Matthews:

2003, Pavarini: 2006) antes mencionada, por lo que y mediante la incidencia palpable del sistema neoliberal, se mantiene y multiplica la exclusión social de esta población empobrecida y, sujeta a estas políticas y programas vinculados a estas lógicas del temor al otro y de la criminalización de la pobreza (Wacquant: 2000).

Por ello, la población penitenciaria en Chile es la más alta de Latinoamérica con 318 reclusos por 100.000 habitantes en el año 2009. La población recluida se extendió de 60.990 internos en 1998 a 106.877 en el 2009, es decir, un aumento de 75%, en 10 años, manteniéndose estable desde el año 2005 al 2008 el número de personas que ingresó al sistema penitenciario (en unidades penales y en unidades en el medio libre), superando las 100.000.

En cuanto a la situación de habitabilidad de las cárceles, informes de derechos humanos y de jueces de la Corte Suprema, han denunciado las indignas condiciones en las que la población penal vive, ligadas a: entornos de insalubridad extrema, porcentajes de hacinamiento cercanos

al 70% en la mayoría de las cárceles 5 , llegando algunos complejos penitenciarios (que albergan a jóvenes, mujeres y varones recluidos) a bordear el 200%, pésimas condiciones materiales de las edificaciones, ya sea por su antigüedad, como por el abandono en el que se encuentran, en cuanto a la rutina, 15 horas diarias de encierro, entrega de alimentos en horarios inadecuados, presencia de celdas de castigo, consistentes en espacios vacíos, sin luz, agua, y con sólo una hora de desencierro.

Estas condiciones de hacinamiento y mal-estar permanentes, junto a la falta de segregación adecuada de los reclusos, la evidenciada existencia de malos tratos como práctica habitual y

generalizada de parte de los gendarmes hacia la población penal, agravan el contexto de

5 En la página web de Gendarmería de Chile, informan un promedio del 60% de hacinamiento en las cárceles chilenas.

extrema violencia que se vive al interior de los penales, repercutiendo en la convivencia diaria, por ejemplo en el número de presos muertos por concepto de riñas, las que durante el año

2008 arrojaron 30 fallecidos al interior de los penales de Santiago y en el primer semestre de

2009 otros 30 internos por los mismos motivos. Baste sumar las demandas por torturas en

varias unidades del país contra el personal uniformado, para completar el cuadro de deshumanización que se vive día a día al interior de estos recintos.

Por otro lado, los programas que existen en materia de reinserción social (educación, trabajo, tratamiento de adicciones, psicosocial), resultan insuficientes puesto que abarcan una mínima porción de la población total, lo que se explica por la sobrepoblación penal, la ausencia de espacios intramuros habilitados para actividades de esta índole, a la escasez de profesionales, y principalmente al escueto 13,67% del presupuesto total institucional, destinado en el año 2009, para esta labor.

En cuanto a las personas que obtienen beneficios intrapenitenciarios, medidas que apuntan a otorgar espacios progresivos de libertad a quienes han cumplido a lo menos la mitad de su condena, cabe resaltar que éstas disminuyeron en un 20% entre 1999 y 2008, pasando de 1.010 a 813 personas. Respecto a la concesión de libertades condicionales 6 , éstas disminuyeron en un 75%, de 2.164 en 1999 a 475 en el 2008. Este tipo de situaciones, revela que son criterios secundarios los que definen el otorgamiento de beneficios para la población penal, abandonándose así el sentido original de la entrega de estas medidas, vinculado a potenciar las alternativas de reinserción social de la población penal.

Resulta esencial marcar dos sucesos acontecidos durante el año 2010, que reflejaron a la sociedad chilena y al exterior, las condiciones indignas en las cuales vive esta población: El terremoto en Febrero del 2010, que dejó 8 cárceles inutilizadas, provocando el traslado de

1700 presos, cotejando así el estado de abandono en el que se encontraban las unidades

penales, en particular las más antiguas. El traslado en si, implicó no sólo el aumento del hacinamiento actual en el que se encuentran las cárceles chilenas, sino el total desinterés hacia las vidas de esas cerca de dos mil personas, a las que se les alteró radicalmente su rutina

diaria, separándolas de su lugar de residencia, de sus familias, forzando procesos complejos de nueva adaptación, afectando no sólo su calidad de vida sino las posibilidades futuras de

6 La libertad condicional es una forma de cumplimiento en absoluta libertad y sólo con un control administrativo semanal, en los Patronatos Locales de Reos y en su ausencia, en unidades penales.

reinsertarse en el medio social.

El Incendio en la cárcel de San Miguel en diciembre del 2010, con un saldo de 81 presos muertos. Este suceso cristaliza y concentra le nocividad del sistema carcelario y la indolencia que se construye alrededor de éste. A su vez, se constató que entre los fallecidos, habían sujetos pagando multa por comercio de material “pirateado”, lo que da cuenta de la equívoca aplicación de encarcelamiento y del uso abusivo de ésta. Aunque en el juicio se verificó la negligencia y desidia por parte del personal presente ese día, a la fecha ningún funcionario imputado se encuentra preso ni ha recibido condena.

La mantención de la crisis carcelaria en el siglo XXI

Si bien no es novedad que el sistema penitenciario en Latinoamérica y en Chile es y ha sido el lugar/depósito al que llegan las personas, de los sectores sociales más empobrecidos a continuar un ciclo de exclusión social, prolongando en la cárcel la sujeción a dispositivos de inhibición, represión y deshumanización, en la realidad nacional, el Estado, en su rol responsable de la situación de los penales y sobretodo, de las condiciones de vida de los presos, ha ido progresivamente privatizando no solo la construcción de cárceles sino también la administración de éstas y el tratamiento profesional dirigido a la población penal. Es decir, en forma progresiva y desde el año 2002 se ha ido desprendiendo de su responsabilidad frente a este mundo que concentra a las poblaciones que el sistema no le interesa “reciclar” ni menos incluir socialmente. (Pavarini: 2006)

El Estado en este aspecto, más que asumir un rol comprometido con la inclusión social, ha dejado que estos procesos excluyentes se mantengan, propiciando la privatización de servicios penitenciarios y la próxima externalización de los programas de tratamiento y reinserción social, conformándose así (el Estado) en un ente subsidiario encargado de mercantilizar y privatizar labores y funciones que le competen, referidas al cumplimiento de penas, a los procesos de concesión de la libertad de los sujetos y en cuanto a la reinserción social de éstos. Observamos así, el establecimiento de un Estado reconvertido en mero gestionador de intereses privados y sostenedores en términos subsidiarios, de las garantías sociales básicas.

En este aspecto, resulta funcional al Estado hablar de una crisis del sistema penitenciario, crisis que han definido a partir de los hechos y cifras antes señaladas, pero que más bien responde al modo en que se administra este ámbito (Daroqui: 2010). Se habla entonces, que la ficción “crisis” es más bien la condición de realidad para que el sistema carcelario funcione, y pueda ser útil al modelo neoliberal que lo sostiene.

Dados los antecedentes planteados, resulta interesante preguntarse por qué el Estado remarca hoy la existencia de una crisis en el sistema penitenciario, a sabiendas que éste históricamente ha funcionado así, y por qué cifra en los procesos de privatización y externalización de los servicios profesionales la “solución” a las condiciones actuales del sistema penitenciario, pensando por ejemplo, que sólo desde la óptica de gastos fiscales, la existencia de penales concesionados triplican (como ya se mencionó) el monto a gastar por recluso, versus lo que se paga en cárceles públicas.

El trabajo social en el sistema penitenciario: entre la fuga y la resistencia

La disyuntiva actual del Trabajo Social en cárceles tiene que ver con la posibilidad de sumarse al nuevo impulso neoliberal y privatizador que dirige el Estado, con miras a “mejorar” la situación carcelaria, lo que implicaría negarse a sí mismo, todo el potencial que tiene para resistir a esta envestida; o por el contrario, definirse desde un lugar de oposición a esta nueva política pública, con el propósito de plantear críticamente los efectos político sociales de la decisión estatal de reducir su participación al mínimo, ampliando así los márgenes de acción del sector privado.

La primera opción, que pudiera contar con más adherentes de los que la imaginación podría suponer, -a pesar de que atenta contra el sentido fundante de nuestra disciplina-, se ampara en dos elementos claves de la historia chilena y de la cultura institucional: la presencia del terror y el temor, heredadas de la dictadura militar y reactualizadas en el actual gobierno a través del ámbito laboral, con los masivos despidos de funcionarios públicos (cerca de tres mil durante el año pasado), impidiendo que en la actualidad exista y persista un sólido movimiento profesional que se oponga a la privatización de los programas de intervención social en este ámbito y a un rol estatal aún más subsidiario.

A ello se suma la cultura institucional de Gendarmería de Chile, que impone despiadadamente en el cotidiano, procesos de naturalización de la indiferencia, de la indolencia, de la poca valía que el modelo neoliberal le imprime a la población penal en particular y a la población pobre en general, propiciando que los mismos profesionales normalicen comportamientos e intervenciones centradas en el ejercicio desigual del poder, basadas en relaciones verticalizadas, donde prima el control y la neutralización del otro. Optar por un rol diferente, significa en la práctica tomar el camino opuesto al reproducido por los mecanismos, estrategias y actores que componen la institución.

En este mismo sentido, a pesar de la participación histórica del Trabajo Social en las cárceles chilenas, su presencia en la actualidad, no sólo se ha vuelto funcional al sistema sino que, sumida en la rutina institucional y centrada en el quehacer, ha carecido de una voz legitimada en cuanto a promover espacios de discusión en torno a la homogénea intervención que se lleva a cabo en las diversas unidades penales del país y al afán privatizador del Estado, faltando un proceso permanente de construcción de saberes de esta experiencia particular, que sirvan de insumo para investigaciones o se constituyan en las mismas, puesto que hoy los estudios que marcan tendencia no están desarrollados por profesionales del Trabajo Social (lo que evidencia la severa deuda que tenemos en el ámbito de la investigación) y peor aún, se orientan hacia la privatización de los programas de atención, tratamiento y reinserción social de los reclusos, porque los centros de investigación están viendo en esta reconfiguración del Estado la mercantilización de los derechos de los penados, pero sobretodo una posibilidad de lucrar con esta realidad (Wacquant:2000).

La segunda opción, de rescate del rol crítico y transformador del Trabajo Social, se asienta en el hecho de que nuestra disciplina se encuentra en una posición privilegiada dentro del sistema penitenciario, en cuanto su experticia (por la trayectoria de trabajo en los penales) y por su ubicación estratégica, en tanto se vincula directamente y en forma cotidiana con los actores que componen el sistema carcelario: internos, gendarmes, otros profesionales y autoridades uniformadas. Condición que permite conocer y manejar una confluencia de intereses, motivaciones, objetivos diversos entre si pero que se encuentran y se disputan en un mismo campo de acción y de poder. En este sentido, sería válido generar habitualmente procesos de cuestionamiento respecto de qué tan depositarios somos de las lógicas

institucionales,- en tanto éstas predeterminan el tipo de relaciones que establecemos con todos estos “otros”-, manteniendo con este ejercicio, un margen crítico que facilite el establecimiento de relaciones que garanticen el respeto de los derechos humanos.

Por lo mismo, y debido a la escasez de investigaciones, es que se vuelve un imperativo generar instancias de conocimiento, que permitan efectuar un salto cualitativo desde la intervención cotidiana hacia la producción de estudios que visibilicen los elementos en tensión, las particularidades y las relaciones que se establecen, sesgadas por la instrumentalización y el asistencialismo, a fin de desarrollar propuestas que invoquen la presencia de propósitos centrados en la reducción de los efectos adversos y profundamente dañinos que produce el encierro, en los sujetos encarcelados, sus familias y sus entornos (Baratta: 1986)

De este modo, reconstruir lo público va a requerir necesariamente, reflexionar, interrogarse y replantear el rol que el Trabajo Social actualmente desempeña en las cárceles y en la institución, a modo de volver a apelar al sentido de nuestra disciplina, para generar prácticas centradas en la dignidad humana y en los derechos de la población penal, promoviendo el despojo de los elementos represivos y controladores que determinan las relaciones intramuros. Desde esta base entonces, pensar aportes relevantes que cuestionen no sólo las intervenciones promovidas desde la institucionalidad, sino y con la misma fuerza, los procesos privatizadores y sus efectos negativos, reposicionando el rol del Trabajo Social desde una óptica de resistencia crítica, que a pesar de encontrarse severamente adormecido por la presencia instalada del modelo neoliberal, puede insistir en la responsabilidad social del Estado frente a la realidad que diariamente viven y sufren más de 50.000 presos en Chile, construyendo a la vez, un espacio de disidencia activa y comprometida con los sujetos más excluidos de nuestra sociedad.

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LA CUESTIÓN DE LA HEGEMON ÍA EN AMÉRICA LATINA:

UNA MIRADA DESDE EL TRABAJO SOCIAL

LUIS A. VIVERO ARRIAGADA 1

1 Introducción

El presente trabajo se construye a la luz de la revisión teórico conceptual y los análisis preliminares de la tesis doctoral que se está realizando, la cual se titula “Continuidad y ruptura de las hegemonías en América latina: análisis de los procesos sociales y políticos de Bolivia y Chile”. La investigación tiene su origen en la necesidad de comprender la emergencia de nuevas luchas y conflictos en América Latina, producidas con mayor fuerza desde los inicios del presente siglo. Tales procesos políticos, sociales e ideológicos en estos dos países parecieran mostrar direcciones opuestas, en cuanto a enfrentar la actual crisis capitalista.

El propósito es realizar un análisis social y político que permita comprender y distinguir cómo se manifiesta, en dichos países, la hegemonía de las clases dominantes y la presencia o inexistencia de conflictos de clases. Bajo este marco analítico, se hace una mirada desde el trabajo social, disciplina desde la cual se canalizan acciones con y desde aquellos sectores que sufren la exclusión, el control y dominación de la elite dirigente, la cual se estima se ha constituido como hegemónica en la matriz sociopolítica actualmente en crisis.

Cabe consignar que el escenario de crisis de legitimidad del neoliberalismo, en tanto ideología hegemonizada en gran parte del continente, no es garantía de su aniquilación, por cuanto el capitalismo ha demostrado en el desarrollo de la historia una tremenda capacidad de mutación. Sin perjuicio de ello, este es un espacio importante para la construcción de alternativas contra hegemónicas, tanto en lo que significa la amplia dinámica al interior de los estados nacionales (también en cuestionamiento), como en lo que significa la acción profesional desde el trabajo social en particular y las posibilidades de construcción de conocimientos contra hegemónico de todo el espectro de las ciencias sociales y humanas.

1 Trabajador Social, Magíster en Ciencias Sociales Aplicadas, Doctorante en Procesos Sociales y Políticos de América Latina. Académico Escuela de Trabajo Social Universidad Católica de Temuco, Chile. Contacto; luisvive@gmal.com

2 Gramsci en América Latina y su relevancia en relación a la conceptualización de la hegemonía

En el pensamiento de Gramsci (1986, 2005) el concepto de hegemonía permite comprender las relaciones de poder que se presentan en el orden económico, político, cultural e ideológico, en una determinada estructura social. A su juicio la hegemonía representa la supremacía lograda por la sociedad civil respecto de la sociedad política, en donde la primera, corresponde a la mayor parte de la superestructura, conformada por las “llamadas organizaciones privadas, como la Iglesia, los sindicatos, las escuelas, etc.” (Gramsci, 2005:146). Para él, la sociedad política se expresa en el aparato del Estado, el que está conformado por los mecanismos coercitivos, como por ejemplo los tribunales de justicia, las cárceles, el ejército y la policía. Por lo tanto, es la sociedad civil la que se constituye en clase fundamental, toda vez que logra controlar la sociedad política.

Respecto a la entrada y difusión del pensamiento gramsciano en América Latina, José Aricó (2005) la resume en dos hitos a su juicio gravitantes: El primero corresponde a la publicación del libro “Cartas de la cárcel” en Buenos Aires en 1950 y el segundo, el Seminario de Morelia sobre “Hegemonía y alternativas políticas en América Latina”, realizado en México el año 1980. Aricó contextualiza la influencia de Gramsci en el movimiento político Latinoamericano, particularmente en la discusión que ocurre al interior del Partido Comunista Argentino que se profundiza en los años sesenta –y en gran parte de los movimientos de izquierda de América Latina- respecto al dogmatismo del marxismo de influencia soviética alineados con la III Internacional. En estas discusiones, se cuestiona la falta de una postura crítica de la realidad latinoamericana y las posibilidades de una revolución socialista en las condiciones socio histórico particulares de esta región. La difusión del pensamiento gramsciano constituye una oportunidad no sólo para entender el marxismo en su sentido dialéctico, crítico e histórico, sino que representa un punto de inflexión con la dirigencia de izquierda en Argentina particularmente al interior del Partido Comunista.

Los dos hitos a que hace referencia Aricó (2005), están marcados por dos escenarios muy distintos, pero que permiten situar la reflexión gramsciana en torno a problemáticas particulares para cada momento: 1) La publicación de la Revista Pasado y Presente, en la década del sesenta en Córdoba Argentina, que es una consecuencia de la publicación de las

“Cartas de la cárcel”, caracterizada como una experiencia de espíritu crítico y progresista de la revista y sus miembros; 2) El segundo momento al que hace referencia Aricó, está marcado por el Seminario de Morelia realizado en México el año 1980, en el cual el eje central de la discusión giraba en torno a la hegemonía y las diferentes alternativas políticas en América Latina.

El segundo escenario que se menciona en el párrafo anterior, al que hace referencia Aricó, tiene particular importancia para este análisis, por cuanto se desarrolla en un periodo caracterizado en términos generales, por la conflictiva realidad latinoamericana como consecuencia de las dictaduras militares y por los procesos de recuperación e instalación de los nuevos regímenes democráticos que se iniciaba en algunos países. En este escenario la cuestión del estado y de la hegemonía desarrollada por Gramsci, cobran sentido para la reflexión instalada en el Seminario de Morelia, por lo cual el evento representa un espacio importante y fecundo de la discusión intelectual marxista, que permiten retomar categorías que habían sido abandonadas. Las reflexiones y discusiones del seminario giran en torno a los planteamientos de Gramsci, principalmente sobre el concepto de hegemonía y cómo este tendría validez teórica y política para analizar las transformaciones de las sociedades

latinoamericanas 2 .

Cabe mencionar que en cada periodo histórico, la comprensión de los postulados de Gramsci también fue variando en un sentido bastante tautológico. En algunos momentos representó el argumento ad-hoc para discutir con la dirigencia comunista en torno a la necesaria formación de intelectuales orgánicos y la renovación de los cuadros dirigenciales; en otros momentos como fundamentos del paso a la lucha armada, tomando como referencia el concepto de guerra de posiciones; se lo utiliza en otro momento – a partir de la década del ochenta- para impugnar la idea de democracia representativa burguesa y levantar la idea de democracia directa, sobre la base de la experiencia de los consejos obreros descritos por Gramsci (1967). Pero de todos estos momentos, lo que con más claridad se evidencia en la entrada del

pensamiento gramsciano a América Latina, son sus postulados sobre la formación de un

2 Esto queda extensamente reflejada en libro “Hegemonía y alternativas políticas para América latina”, coordinado por Julio Labastidas y Manuel del Campo, publicado por la Editorial Siglo XXI México en 1985, en la que además de los coordinadores exponen José Aricó, Ernesto Laclau, Sergio Zermeño, Juan Carlos Portantiero, entre otros. Vale recordar así mismo, que en la fecha en que se desarrolla este seminario, gran parte de los países de América Latina estaba bajo regímenes dictatoriales, o recién comenzaba el proceso de democratización, por la cual la discusión en torno a la dicotomía dictadura- democracia, también es un discusión relevante desde la perspectiva de pensamiento gramsciano en particular, y del marxismo en general.

nuevo bloque histórico, que albergue a vastos sectores de la sociedad, que permita un nuevo consenso y la consolidación una nueva hegemonía. En definitiva, la construcción de un nuevo estado, con una democracia de carácter participativa.

En coincidencia con Aricó (2005), puede decirse que a partir de la década del 50 y tal vez con mayor claridad desde inicios de la década siguiente, el pensamiento gramsciano va a tener influencia en otras corrientes de pensamiento, no necesariamente marxistas, como lo son la teología y la filosofía de la liberación y el neomarxismo en general, que se ve representado en figuras como Leonardo Boff, Enrique Dussel o Paulo Freire con su praxis socio pedagógica fundamentada en una educación crítica, concientizadora, popular y liberadora. A propósito de esto, abordamos en las líneas siguientes, ciertos elementos que pueden articularse entre el pensamiento de Antonio Gramsci, en la teología de la liberación y en la educación popular de Paulo Freire.

2.1 La Teología de la liberación

En el caso de la teología de la liberación, la influencia del intelectual italiano se evidencia en los textos de teólogos Boff (1991, 1992) Jon Sobrino (1982) y Carrera (2003), quienes recurren a categorías como hegemonía, clases, oprimidos e intelectuales orgánicos para dar cuenta de las condiciones estructurales e históricas de pobreza que afectan a América Latina. Este legado se manifiesta en la postura que los teólogos de la liberación han mantenido respecto a una opción preferente por los pobres, sobre lo cual plantean que el cristianismo debe ser una praxis transformadora, que permita la liberación de todas las formas de dominación 3 . Los pobres ya no son entendidos como un objeto de asistencialismo o de compasión, sino que se les interpreta como el resultado de las prácticas estructurales de explotación y de dominación, por lo tanto constituyen el lugar hermenéutico de la praxis liberadora, sustentada en los principios del cristianismo, en donde la fe cristiana se expresa como una interpretación y una praxis histórica cotidiana, como condición indispensable para la transformación social (Dussel 1972). Esta postura ha sido atacada y excluida por la elite conservadora de la Iglesia Católica acusando a sus seguidores de tomar las ideas totalizadoras

3 Aunque la teología de la liberación surge en el contexto del sistema capitalista y sus formas de dominación, también cuestiona el rol y la práctica de los cristianos frente a la situación de la pobreza estructural de América latina. Pero también expresa su postura crítica respecto del totalitarismo que se expresa en las posturas dogmáticas de los marxistas y materializadas en los llamados ‘socialismos reales’.

del pensamiento marxista y transformar la teología en una simple sociología religiosa (Codina: 2007), por lo tanto, en una teología que se encuentra relativizada y subordinada a los imperativos de la lucha de clases 4 .

Sin entrar en la polémica instalada por la hegemonía eclesial, vale reconocer en esta teología progresista, la visibilización de una realidad latinoamericana caracterizada por condiciones de pobreza estructural, prácticas de dominación instaladas desde el momento mismo de la llegada de los españoles, lo que concuerda con los señalamientos de algunos autores como Galeano (2002) y Quijano (2005, 2006, 2007). El concepto de “hombre nuevo” y de “nueva evangelización” expresarían su influencia marxista y en particular los planteamiento de Gramsci, respecto de la necesidad de una reforma moral e intelectual, la que de acuerdo con Boff debe realizarse desde “el bloque de los oprimidos, y no simplemente desde la culturas dominantes” (1992:16). Esto mirado en perspectiva actual, queda representado en la emergencia de nuevos movimientos sociales, que se levantan como reacción ante la dominación de las clases hegemónicas. Aunque ello se manifieste de forma seminal, sin duda son los gérmenes de una cultura latinoamericana que avanza en un proceso de construcción de una nueva hegemonía o al menos, en una dinámica diferente a la experimentada durante la década del noventa, en que la hegemonía neoliberal no solo mostraba su rostro más terrible, sino que evidenciaba los estragos en las economías y la culturas latinoamericana.

2.2 La Pedagogía liberadora de Paulo Freire

En Paulo Freire la influencia del pensamiento de Gramsci tiene una correspondencia epistemológica y política, expresado en sus planteamientos de construcción de un saber dialéctico y educativo de la realidad latinoamericana, una problematización e interpretación en y desde las prácticas sociales cotidianas. La necesidad de crear una cultura obrera, tiene sentido en el planteamiento gramsciano, con la necesidad de formar intelectuales obreros que compartan los ideales de las masas que contribuya al cambio moral de la sociedad. La forma o el método de construir esta cultura obrera, se enmarca dentro de lo que podríamos denominar una pedagogía crítica o emancipadora, ampliamente desarrollada y teorizada por Paulo Freire (2001, 2002 a, 20002 b, 2002c, 2004). La influencia del pensador italiano se expresa en la

4 Sobre ello, recomendamos ver el instructivo emanado de la Congregación para la Doctrina de la Fe Libertatis Nuntius, en el cual se advierte los peligros de ciertos planteamientos de lo “Teólogos de la Liberación”, por cuanto asumen posturas de una ideología que se fundamenta en el ateísmo y la lucha de clases.

necesidad de educar a las clases oprimidas para construir una nueva moral basada en la libertad y el respeto, donde educadores y educandos construyen una relación dialéctica de aprendizaje mutuo. Para Freire la “educación bancaria”, es una forma de dominación de las elites, “una práctica inmovilizadora y encubridora de verdades” (2002: 95) y por lo tanto propone una educación liberadora (Freire: 2001, 2002 a, 20002 b, 2002c, 2004). Para el pedagogo brasileño la educación es ideología y un instrumento de las clases dominantes para consolidarse como clase dirigente y hegemónica; una educación liberadora en cambio “(…) conduce a los oprimidos tarde o temprano, a luchar contra quien los minimizó” (Freire, 2002 a: 41).

La educación es entendida como una práctica de dominación, al servicio de las clases dominantes, por lo cual el desafío moral y político es transformar esa educación, en una práctica para la liberación de todas las formas de opresión, lo cual coincide en gran parte con lo que Gramsci (1967, 1984) en torno a la educación y también el rol de los intelectuales. Para Freire el conocimiento no es un mero producto, sino una construcción social. Por lo tanto, el conocimiento en tanto construcción histórica y social, se manifiesta de manera dialéctica, desafiando el objetivismo positivista y el subjetivismo idealista y más bien lo ubica en una dialéctica humanista. Para él, la realidad social objetiva no existe por casualidad, sino que es producto de la acción de los hombres, quienes la recrean y transforman.

La relación entre educadores y educandos, tanto en Gramsci como en Freire, se expresan como una relación dialéctica y democrática constante, en donde el papel de los educadores representan el rol de “intelectuales orgánicos”, que deberían estar al servicio de las clases oprimidas, por lo cual el proceso educativo estaría orientado - sobre la bases de una reforma intelectual y moral – a crear las condiciones para la transformación de la sociedad, que en definitiva significaría la construcción de una nueva hegemonía.

Como se puede apreciar, el pensamiento de Gramsci provoca un debate intelectual que conlleva a un redescubrimiento de la realidad latinoamericana, que permitió caracterizarla como estatal-nacional-popular (Aricó 2005, Cavarozzi 1996, Garretón 2000 y 2004), por cuanto su problemática central se sitúa fundamentalmente en la construcción y fortalecimiento de su identidad nacional, articuladas en torno al estado uninacional, pero también reconocer su carácter dependiente, producto de una histórica relación de dominación

ejercida por los centros hegemónicos industrializados multinacionales.

3 Neoliberalismo como ideología hegemónica y sus crisis de legitimidad

La instalación del neoliberalismo como la nueva matriz sociopolítica, desde inicios de la década del ochenta del siglo pasado, que se constituyó como hegemónica, responde a la conjunción de distintos fenómenos generados a partir de las transformaciones del capitalismo, luego del apogeo que tuvo el modelo taylorista-fordista. Tales transformaciones a su vez, tienen su expresión en las nuevas y diversas formas de producción capitalistas y por tanto en la reconfiguración de las clases que viven del salario, sus lógicas de organización y luchas (Antunes, 2005).

Harvey (2004) lo describe como proceso de acumulación por desposesión, en tanto son formas de acumulación originaria para conservar el sistema capitalista, mercantilizando sectores hasta entonces cerrados al mercado, son algunos de los elementos que nos permite comprender la génesis del experimento neoliberal en Chile, bajo el amparo de la dictadura de Pinochet, que luego permite su expansión a gran parte de Latinoamérica. La acumulación por desposesión es lo que explica la transformación del capitalismo mercantil, a uno de tipo especulativo, que caracteriza la política económica neoliberal, lo cual se comienza a desarrollar con más claridad desde 1970, guiados básicamente por las privatizaciones de empresas y servicio públicos, la liberalización de los mercados, la desregulación de la economía, la retirada del estado como ente regulador, entre otros procesos. La acumulación por desposesión tiene como objetivo preservar el sistema capitalista a costa de la negativa repercusión en los sectores empobrecidos, producto de la crisis de sobreacumulación del capital.

La ofensiva capitalista de los años ochenta, de la mano de la dictadura militar de Pinochet en Chile, alentó la fantasía de la muerte del socialismo y de la victoria total del capitalismo. Con ese discurso, la dictadura llevó a cabo una verdadera revolución conservadora, liderada por los ideólogos y discípulos del neoliberalismo, formados en la Universidad de Chicago (Moulian 1997, Dos Santos 2010). El régimen de terror, fue el escenario propicio para llevar a delante cualquier experimento económico que ellos quisieran implementar, a pesar de negativas consecuencias generadas, siempre afectando mayoritaria y fuertemente a la clase

trabajadora. La instalación del modelo es posible por una alianza tácita, entre el terror de estado y las políticas neoliberales, que en la práctica significó que los trabajadores perdieran sus derechos históricamente conquistados “rebajando drásticamente sus sueldos al combinar represión estatal con represión económica a través de las recesiones, con su séquito de desempleo y desesperanza” (Dos Santos 2010: 73).

Teniendo en cuenta este escenario histórico político, las condiciones de desigualdad, exclusión y pobreza, no son cuestiones que respondan a la incapacidad de las personas de generar estrategias de subsistencia, sino que son producciones materiales y simbólicas del nuevo patrón de poder (Quijano, 2005, 2006, 2009), que desde inicios de la década del ochenta del siglo pasado, se transformó en hegemónico y dominante, lo cual permeabilizó todas las practicas socioculturales y sociopolíticas, en las cuales el trabajo social, en tanto acción ético-político no estuvo ajena a esa influencia.

Sin embargo, dicha hegemonía ha comenzado a presentar signos de agotamiento y crisis, expresada en el nuevo ciclo de movilización, que tiene sus hitos en el levantamiento del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en México el año 1994 y las olas de protestas en el Chapare de Bolivia, lideradas por los movimientos indígenas y campesinos que defendían el ancestral cultivo de la hoja de coca.

Tales fenómenos, nos permites resignificar desde el trabajo social, cuestiones referentes no sólo a la acción profesional en sí, sino los escenarios en los cuales esta se desarrolla. Una interpelación a revisar críticamente las condiciones histórico políticas, a reconocer a los sujetos protagonistas de su historia, de sus luchas reivindicativas, contra hegemónicas y de los procesos de transformación, que los constituyen en los verdaderos agentes del cambio. Una lectura y reflexión crítica de los actuales escenarios de luchas contra hegemónica, permite reconocer a los nuevos sujetos sociales de las clases subalternas, que reaccionan contra la dominación de las elites dominantes e invita a desarrollar una praxis, en el más amplio sentido filosófico y práctico que ello encarna, al decir de Sánchez Vásquez (1997) en la unidad indisoluble, el proyecto de emancipación, la crítica de lo existente y el conocimiento de la realidad a transformar.

4 Comentarios finales: Una mirada desde el Trabajo Social

Como se puede apreciar, Gramsci le da una significativa relevancia al tema de los intelectuales, lo cual aparece indisolublemente ligado al proceso de construcción de la hegemonía. Es decir, la clase dirigente crea orgánicamente capas de intelectuales que le proporcionan homogeneidad y consistencia a sus acciones. En efecto, los intelectuales son los cuadros quienes contribuyen en la elaboración de las bases ideológicas, los propagandistas de la clase dirigente “empleados” de la hegemonía de la clase dominante. Por lo tanto el trabajo social en tanto práctica socio política y éticamente constituida, no puede abstenerse de develar las contradicciones inherentes a la acción profesional y las relaciones la relación con las clases subalternas.

Lo anterior implica no solo ser consciente de las tensiones y contradicciones ético política que se expresan en la acción profesional, sino que asumir una posición en relación al lugar que se ocupa en las luchas de poder y en los proceso tanto de la producción de la hegemonía de la clase dirigente, como en las estrategias contra hegemónicas desplegadas por los sectores subalternos, como los que se están desarrollando en Latinoamérica en las últimas dos décadas.

El trabajo social como acción social enraizada en las clases subalternas tiene el deber moral, no solo de reconocer estos procesos como fuente inagotable de saberes y haceres, sino también de incorporarlos en la reflexión y la formación académica. Se está en un momento histórico que invita a repensar y reconstruir la praxis del trabajo social, resignificando la crítica como un sustento filosófico para la creación de nuevos sentidos y nuevos saberes. Los diferentes actores que han vuelto a emerger en las luchas por la dignidad de los oprimidos, están demostrando que la utopía de liberación y la dignificación de los humildes son posibles, por medio de procesos democráticos y concientizadores, que las injusticias y la exclusión social, pueden enfrentarse con organización y participación popular.

La hegemonía en tanto concepto y fenómeno históricamente situado e intersubjetivamente vivenciado, lejos de estar obsoleto como categoría de análisis, aún genera debates fecundos en torno a su génesis y su aplicabilidad en sociedades distintas a la que respondían los análisis gramscianos, más allá de las diferencias objetivas respecto de los niveles del desarrollo del capitalismo y del contexto histórico político. Prueba de ello, es el uso recurrente que

intelectuales latinoamericanos de diferentes vertientes disciplinarias, hacen de éstas categorías para interpretar o explicar el escenario sociopolítico y la crisis de legitimidad del neoliberalismo

El protagonismo del sujeto histórico/político, olvidado y excluido, hoy constituye el fenómeno distintivo de la crisis de la hegemonía neoliberal y del imperialismo norteamericano, lo que debe incorporarse en las reflexiones, en la construcción de conocimiento y en la práctica profesional. De esta forma –por ejemplo - una relectura de la teología de la liberación y de la educación liberadora de Paulo Freire, emergen como referentes importantes para resignificar la acción social profesional.

La práctica liberadora y comprometida con las clases excluidas no puede quedar en la retórica académica, sino que la reflexión necesaria y permanente debe ser el alimento de la acción transformadora. Por ello es fundamental recuperar y resignificar lo político en la acción profesional, teniendo en consideración además el contenido ético implícito en lo político, porque al develar que en la dinámica cotidiana de la acción profesional nos movemos en un campo de poder, la opción que tomamos en esa lucha nos interpela también a una reflexión de carácter ética.

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HIJOS DE LA EFICIENCIA. LA POLÍTICA SOCIAL EN EL GOBIERNO PIÑERA

ALEXANDER PANEZ PINTO 1

1.

Introducción

Se ha cumplido el primer año de Gobierno de Sebastián Piñera en Chile. Si bien nos encontramos en el inicio de su mandato, considero que es importante realizar un análisis de

este primer periodo de la “Nueva Forma de Gobernar” 2 , momento en el cual ya es posible apreciar ciertas tendencias en el modo de entender la Política Social y su modo de implementación. ¿En qué medida el Gobierno Piñera se ha distanciado de lo que se venía haciendo en materia de Política Social en los gobiernos de la Concertación? ¿Cuáles son los énfasis de su gobierno para enfrentar la Pobreza y la Desigualdad? Estas son las principales preguntas que se quieren trabajar en este texto.

Para llevar a cabo este análisis, en primer lugar se hará una breve contextualización de la Política Social durante los gobiernos de la Concertación en Chile con el fin de ilustrar la tendencia con la que se instala el Gobierno de la Alianza como coalición política representada por Sebastián Piñera.

Posteriormente, se mencionarán algunos elementos acerca de la situación que está ocurriendo en algunos de los países de América Latina en torno a la política social y pobreza, para comparar con los vecinos nuestros resultados obtenidos en la superación de la pobreza.

En la tercera parte, analizaré algunas tendencias de lo que podríamos llamar la Política Social del Gobierno Piñera, a través de la revisión de Discursos y medidas adoptadas (y anunciadas) por parte de esta administración. Especial énfasis será dado a la medida de creación del Ministerio de Desarrollo Social, uno de los proyectos emblemáticos del actual gobierno.

Este ejercicio de reflexión es importante en especial para aquellos profesionales que nos

1 Trabajador Social, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile. Diplomado en Gobierno Local y Gestión Municipal. Estudiante de Magíster en Urbanismo de la Universidad de Chile. Director de Desarrollo Comunitario de la I. Municipalidad de La Ligua

2 Frase Slogan de Piñera en los tiempos de campaña electoral y palabras recurrentes en el Discurso de autoridades de gobierno para desmarcarse de los gobiernos anteriores.

insertamos en los Municipios, ya que en esos espacios se pone en juego la mayoría de los programas sociales del Estado y además, es un lugar en donde se ponen en contraposición o alineamiento de los lineamientos del gobierno nacional con los proyectos políticos de los gobiernos locales. Es por esto que la última parte del texto esboza algunos Nudos Críticos para la Municipios como consecuencia de esta tendencia del gobierno actual.

2. NOTA: Sobre el Concepto de Pobreza

Antes de continuar, no está demás manifestar la discusión sobre la Política Social y la pobreza en Chile se mueve dentro del espectro del concepto tradicional de Pobreza el que está basado en la Canasta de Necesidades Básicas, y que se reajusta cada año según el IPC. Está definición claramente resulta simplista al momento de entender la Pobreza en Chile al centrar el concepto en una carencia material. Por ello, concuerdo con una definición de Pobreza que la comprenda con las siguientes características; a) Relativa según la producción de riqueza de un país, b) Multifactorial en sus causas, c) Multidimensional en sus manifestaciones y d) Que requiere soluciones integrales. Una aproximación a un concepto más complejo de Pobreza está contenida en el documento “Umbrales Sociales para Chile: Hacia una Futura Política Social” (2009) elaborado por la Fundación para la Superación de la Pobreza.

Uno de las principales deficiencias de la concepción tradicional utilizada es que no pone en relación la pobreza con la realidad de la desigualdad en la distribución de ingresos y el acceso a los servicios de la sociedad. Mientras no se cambie la conceptualización de la pobreza y su método de medición por parte del Estado, estamos obligados a remitirnos a los datos arrojados por la Encuesta CASEN y otros instrumentos al momento de hacer una reflexión sobre la Política Social en Chile.

3. La Política Social en los Gobiernos de la Concertación

Como se ha señalado en varios documentos, durante los años de la Dictadura Militar se impulsó una radical transformación en lo que se refiere a las responsabilidades en materia de desarrollo social. Bajo la doctrina neoliberal adoptada en este periodo el crecimiento

económico es la principal Política Social (Vidal, 2006). Junto con esto, como señalan Quiroz y Palma “se proclamó que la dinámica impulsora de la intervención social debía salir del Estado y desplazarse al mercado” (2001: 2). Es en este periodo que se desarrollan radicales transformaciones en el sistema de previsión social, junto con el aumento del sector privado en la administración de la educación (básica, media y superior) y la salud a través de la creación de las Instituciones de Salud Previsional (ISAPRES). Esto apuntaba a una responsabilización individual acerca de la protección social de las familias que podían (o se supone que podían según la lógica de los reformadores) satisfacer sus necesidades por su cuenta. Por esto motivo, las políticas sociales del Estado se dirigen a la pobreza extrema, es decir, a aquellos que no se pueden incorporar al mercado de satisfactores, prefiriendo los programas focalizados. Más aún, el concepto que sirvió para identificar a los beneficiarios de la red social es el de "pobre", entendido como aquel segmento cuyos ingresos familiares suman por debajo de un límite prefijado (la "línea de pobreza").

Los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia ganan las elecciones en un escenario de gran efervescencia y expectativas por la recuperación de la Democracia. No obstante, la transición comienza con moderación intentando conciliar elementos instaurados por la Dictadura Militar con propuestas del nuevo gobierno. De esta forma, en lo que se refiere a la Política Social “los gobiernos de la concertación coinciden en que el crecimiento económico es el mecanismo fundamental para solucionar la pobreza, mantener su macroeconomía y su dinamismo exportador. Sin embargo, a ello le agregaron la necesidad de aumentar el gasto social, mejorar la focalización de la política social, en el sentido de incorporar los nuevos problemas que presentan los pobres, en cuanto a territorialidad y/o grupos vulnerables” (Vidal, 2006: 126).

Como se puede apreciar, en la transición democrática la focalización se mantiene como lineamiento de la Política Social. Al mismo tiempo, es necesario reconocer que los gobiernos de la Concertación van generando resultados en áreas básicas para el desarrollo del país como lo son la cobertura universal en educación primaria, reducción de la deserción escolar, disminución de la mortalidad infantil, desaparición de la desnutrición y aumento de la esperanza de vida (Hardy, 2011), por dar algunos ejemplos. Incluso se logra reducir la pobreza significativamente (según el concepto y la medición heredada por la Dictadura Militar).

Dentro de estas medidas de los gobiernos de transición, un hito relevante para la Política Social en el país es la creación en el gobierno de Lagos del Programa Chile Solidario en el año 2002. Este programa surge frente a la advertencia de que existe un tipo de pobreza resistente, frente a la cual los programas gubernamentales anteriores no lograron los resultados esperados. Para ello, se asume con mayor énfasis la multiplicidad de dimensiones que componen la condición de pobre, y la necesidad de actuar frente a todas ellas, por lo que “el Estado, a través de la política social asume un rol proactivo, el cual se traduce en que identifica su población objetivo (las familias en extrema pobreza) y acude a entregarles las prestaciones a través de un trabajo directo y personalizado. Aspecto que rompe con la tradicional dinámica de la política social de responder a la demanda que hacen los propios individuos o colectivos” (Vidal, 2006: 127).

El gobierno de Michelle Bachelet (2006-2010) asume con un fuerte énfasis en avanzar en las

problemáticas sociales no resueltas por los gobiernos anteriores de la coalición política.

Dentro de su gestión podemos resaltar la conformación del llamado Sistema de Protección Social constituido por dos aspectos claves en materia de Política Social. En primer lugar, está

la

reforma hecha al sistema previsional de capitalización individual heredado de la Dictadura,

la

que si bien no modifica su naturaleza de organización, entrega mayores garantías para que

aquellas personas que no lograron cotizar lo suficiente para una pensión mínima. Una segunda medida de Michelle Bachelet, fue la conformación de un Sistema más Integrado de Protección Social basado en la Vulnerabilidad. Algo destacable dentro de este Sistema de Protección Social, es la preocupación por potenciar las políticas de infancia a través del Programa “Chile Crece Contigo”.

A esta altura, podemos decir que los gobiernos de la Concertación (especialmente en el último

periodo) asumieron la gestión de la Política Social a través de mejoras en las coberturas y el grado de subsidiariedad. Todo ello sin cuestionar los fundamentos políticos bajos los cuales se construye este tipo de Política Social, es decir, sin alterar de manera profunda la relación entre Mercado y Estado en lo que se refiere a Previsión Social, Asistencia Social y Salud.

Los gobiernos de la Concertación finalizan su gestión con una balde de agua fría, los resultados de la última Encuesta CASEN aplicada el año 2009 refleja una aumento de la pobreza en Chile a un 15,1% (aumento de 1,4% en comparación al año 2006) sumando 2

millones y medio de personas aproximadamente. Esto, si bien tiene algunas explicaciones por la coyuntura internacional (crisis económica que trajo consigo alza en los precios de los alimentos y aumento del desempleo en varios países), pone en duda el exitismo imperante en Chile acerca de la lucha contra la pobreza.

4. Tendencias Actuales de la Política Social en América Latina

América Latina en esta última década ha experimentado un cambio significativo en la orientación política de algunos países de la región, imperando una tendencia hacia la centro- izquierda (Venezuela, Brasil, Argentina, Paraguay, Nicaragua, Ecuador, Uruguay y Bolivia) Con sus matices ideológicos y de resultados, el protagonismo de la izquierda en Latinoamérica refleja el descontento de la población con la política económica adoptada en sus países (especialmente, a partir del Consenso de Washington) y la importancia que la ciudadanía le otorga a los temas sociales dentro de la Agenda Pública. Muestra de esto es el generalizado aumento que ha tenido el Gasto Social en la región, pasando el gasto social desde el 12,3% del PIB en el período 1990-1991 al 18,4% en 2007-2008 (CEPAL, 2010). Dentro del aumento generalizado en el gasto social, se destacan los países de Cuba, Brasil, Argentina y Uruguay como aquellos que lideran en el porcentaje del Producto Interno Bruto destinado al Gasto Social.

Esta prioridad por el Gasto Social ha estado presente incluso en aquellos periodos de declive económico donde se dificultad la destinación de recursos en materia social. Al parecer, los Estados latinoamericanos han aprendido parcialmente una lección de los años ochenta y noventa, el no sacrificar a la población más pobre en los momentos de crisis sino que velar por mecanismos para apoyar a sus habitantes en estas situaciones de riesgo.

Pero más allá del gasto social en la región, la mayoría de los países han logrado avanzar en la reducción de la pobreza. No deja de llamar la atención, que según el informe citado de la CEPAL (2010) los países con mejores resultados en reducción de la Pobreza en la última década son Argentina, Bolivia, Brasil y Venezuela. No se hace mención especial a Chile, ya que si bien tuvo resultados significativos en los años noventas, parece estancarse en sus logros de reducción de la pobreza. Esta revisión del panorama regional nos permite salir de la

burbuja analítica donde se ve a Chile como país modelo y observar que existen otras experiencias y logros que son necesarias de incorporar en la discusión.

5. Algunas tendencias de la Política Social en el Gobierno Piñera

Hecha esta contextualización nacional y de América Latina, nos centraremos en el discurso y las medidas adoptadas por el gobierno Piñera en Política Social. Si bien Sebastián Piñera y la Coalición por el Cambio (alianza de partidos de centro-derecha) en su discurso valoran los avances logrados por los gobiernos anteriores en materia de reducción de la pobreza y la política de Protección Social, su mensaje hacia la ciudadanía en la Campaña Electoral realiza un duro análisis sobre la ejecución de las políticas sociales y su ineficacia para superar la pobreza, como se puede apreciar en este extracto;

“Desgraciadamente, nuestras políticas sociales presentan un grave problema de diseño. La compartimentalización sectorial que prevalece se traduce en la práctica en que cada ministerio actúa en forma desarticulada de las demás reparticiones públicas, lo que no permite satisfacer los requerimientos de focalización y de calidad que son fundamentales. Falta entonces una mirada global de la política social. De hecho, sólo el 10% del gasto público clasificado como «Gasto Social» corresponde efectivamente a gasto orientado a programas para combatir la pobreza. Falta un mejor Estado, que le de urgencia al combate contra la pobreza y que desarrolle mejores políticas” (Piñera, 69: 2009).

Se puede desprender de esto que para la Coalición por el Cambio la lucha contra la pobreza tiene como principal solución la buena gestión. Por ello, el proyecto emblemático del gobierno de Piñera en este ámbito es la creación del Ministerio de Desarrollo Social que “coordinará todas las políticas orientadas a erradicar la pobreza y reducir los niveles de desigualdad excesivos” (Gobierno de Chile, 27: 2010), reemplazando al Ministerio de Planificación. Sus funciones básicas pretendidas son;

I. Mejorar la vinculación entre los programas sociales de distintos Ministerios ejerciendo un mayor protagonismo como ente coordinador.

II. Mejorar las evaluaciones de impacto de los programas para medir sus resultados efectivos para la superación de la pobreza.

III.

Ampliar los sistemas de transferencia monetaria a través del Ingreso Ético Familiar, que

consta de una asignación por integrante para las familias más vulnerables. Parte de la entrega monetaria estará condicionada porque la familia cumpla con exigencias básicas como controles de salud de los niños al día, matrícula y asistencia mínima para aquellos que están

en edad escolar.

IV. Modificación de la Ficha de Protección Social 3 con el fin de mejorar su focalización de

las familias que más necesitan ingresar a los programas de protección del Estado.

V. Aumentar la producción de información sobre los programas sociales y mejorar los sistemas de medición de la pobreza, lo que permitiría tomar una mejor decisión al momento de diseñar políticas (MIDEPLAN, 2010).

Estos puntos resumen la “innovación” que el gobierno Piñera incorpora a la Política Social en Chile. Fuera de estas medidas anunciadas por el nuevo gobierno, hay un conjunto de programas sociales que le anteceden y que conforman la Política Social actual. Por lo tanto, lo que queremos demostrar con nuestro análisis es que no podemos sostener que el Gobierno Piñera tiene un funcionamiento “puramente” ultraneoliberal en su gestión de la Política

Social. Su gestión se trata de una unidad contradictoria por momentos y en tensión ideológica, pero de la cual podemos identificar tres aspectos; a) Sus rasgos Asistencialistas, b) La continuación de la estructura de Sistema de Protección Social proveniente de los gobiernos de la Concertación y c) El énfasis en la figura de la Eficiencia como elemento diferenciador y pilar de su gestión en materia social.

5.1. El comienzo asistencialista

No deja de llamar la atención que la primera ley promulgada por Sebastián Piñera haya sido el llamado Bono Marzo 4 . Se trataba de una de sus mayores promesas de campaña 5 , apenas

3 Instrumento de evaluación socioeconómica de las familias de Chile para acceder a los programas y servicios del Estado.

Clasifica a las familias según su condición de vulnerabilidad (mayor a menor) en tramos o quintiles.

4 Consiste en una transferencia monetaria directa a las familias más pobres de Chile, en donde el Estado transfería en el mes de Marzo $40.000 pesos chilenos (U$80 aproximadamente) por cada carga familiar.

5 “Debido a que la tasa de desempleo en el próximo mes de marzo continuará siendo elevada, y que en ese mes las necesidades de los sectores más vulnerables aumentan por los requerimientos escolares, cuotas de créditos de navidad, permisos de circulación y otros, se entregará el «Bono Marzo» por un monto de $40.000 por carga familiar” (Piñera, 71:

2009)

llegara al gobierno, los más pobres de Chile tendrían dinero en sus bolsillos. Así fue, el presidente dio la orden y la gente quedó feliz con efectivo para enfrentar uno de los meses más difíciles en términos de presupuesto familiar… El presidente había salvado el día. ¿Por qué se trata de una medida Asistencialista?, porque no es una medida que se pretendió institucionalizar como derecho sino que se distribuyó una vez y su futura entrega dependerá de la voluntad de la autoridad y no de una política de Estado para enfrentar la pobreza. Esto demuestra el riesgo que existe de que el gobierno de Piñera caiga en la lógica asistencialista, debido a que el enfoque de derechos no es un elemento relevado dentro de su discurso.

5.2. Continuidad del Sistema de Protección Social

En las elecciones presidenciales del año 2009 en Chile era un acuerdo de los sectores políticos para la importancia del Sistema de Protección Social que se había logrado consolidar en los gobiernos anteriores. Programas emblemáticos de la Concertación como Chile Solidario y Chile Crece Contigo no eran cuestionados en sus fundamentos sino que se señalaban diferencias acerca de su modo de implementación y sus énfasis. Por este motivo, podemos apreciar que gran parte de los programas sociales se han mantenido y más allá de ellos, el discurso de la Protección Social ha sido adoptado por el nuevo gobierno, como lo señala el actual Ministro de Planificación Felipe Kast “esta política demuestra que la protección social no es patrimonio de un sector político, sino un valor compartido en la sociedad chilena. El desafío ahora es complementar la protección social con la promoción social, generar seguridades y al mismo tiempo generar oportunidades y movilidad social” (El Mercurio,

2011).

Esto se puede apreciar incluso en medidas emblemáticas del nuevo gobierno como el Ingreso Ético Familiar, que se trata de ampliación del sistema de transferencias condicionadas instauradas con el Programa Chile Solidario en el año 2002 (Hardy, 2011). El carácter fundacional, innovador y mesiánico en el discurso de las autoridades de gobierno se contradice en lo concreto por un continuismo en la base de la política social.

5.3. La eficiencia como pilar de la gestión de la Política Social

Pero no todo podía ser continuidad, la Eficiencia aparece como elemento diferenciador que

unifica la nueva gestión de la Política Social en el gobierno Piñera. Lo podemos apreciar cuando revisamos las acciones del Ministerio de Desarrollo Social, muchas de sus funciones apelan a la coordinación, la focalización, la medición y la evaluación como herramientas para mejorar los programas para lo pobreza.

Pero no sólo está presente este componente cuando se habla de la Política Social sino que la Eficiencia como concepto es la base del discurso de la coalición política al momento de plantear las tareas del Estado. No es casual que el Slogan del Piñera sea “La Nueva Forma de Gobernar”. Lo que se quiere trasmitir a la ciudadanía es que este gobierno sabe hacer las cosas, no cae en los vicios de corrupción o clientelismo político detectados durante la Concertación, le pone atajo a las situaciones en el momento preciso, pero por sobretodo que es eficiente en el manejo de los recursos y en el logro de resultados (Piñera, 2009).

Por estos días cuestionar la importancia de la eficiencia parece una herejía, algo políticamente incorrecto, nadie quiere ser ineficiente. Pero ¿Qué está detrás de este consenso? ¿Qué es lo que se hace o se pretende hacer en el nombre de la Eficiencia? Un ejemplo de lo que es Eficiencia para el nuevo gobierno es la propuesta de modificación de la Política Habitacional de Fondo Solidario de Vivienda (FSV), en donde se quiere eliminar la obligatoriedad de que las postulaciones a viviendas nuevas sean colectivas debido a lo engorroso del proceso. Además, se quiere dar la libertad al usuario-cliente de la Política Social de escoger la modalidad que prefiere para acceder a la vivienda.

Otro ejemplo de esta concepción de Eficiencia es la reducción presupuestaria a programas de trabajo con la comunidad para fomentar la participación de las familias más vulnerables (como por ejemplo, los programa del Fondo Solidario de Inversión Social, FOSIS). En general, los pocos programas comunitarios existentes desde el Estado no han sido bien evaluados por este gobierno al ser considerados de poco impacto y poco efectivos en sus resultados.

En ambos ejemplos, la prioridad tiene que ver con la mejora del servicio más que potenciar procesos de participación y asociatividad en la superación de la condición de pobreza. Frente a la ineficiencia de programas como los ejemplificados anteriormente, la focalización surge como una de las grandes herramientas para ser Eficiente en la Política Social. La

consecuencia de esto “es el establecimiento de sistemas de focalización suficientemente eficaces como para que los recursos lleguen estrictamente a la extrema pobreza. No se trata, por tanto, de actuar sobre la pobreza, sino cuando ella es extrema.” (Oneto, 4: 2001) Observando estas tendencias, me atrevo a afirmar que la centro-derecha chilena en el Gobierno busca justificar bajo argumentos técnicos sus opciones ideológicas acerca de cómo debe ser la Política Social del Estado para enfrentar la pobreza y la desigualdad. Desde nuestra perspectiva la Eficiencia no es neutral, la definición acerca de lo que es Eficiente tiene detrás una concepción acerca de la naturaleza del problema que pretendo resolver y el tipo de resultado de resultado que espero lograr, estas posiciones definen nuestra visión acerca de cuál es la mejor decisión para enfrentar la pobreza.

Además, la Política Social no se puede entender descolgada de la concepción global que tiene el gobierno acerca del Estado y su función dentro de la actividad económica y social del país. En esta dirección, es muy aclarador lo señalado por el propio Piñera en su programa de gobierno;

“En nuestro Gobierno, el Estado tendrá un rol fundamental, cumpliendo la ineludible labor de proveer los bienes y servicios públicos que la sociedad necesita. Entre ellos resulta trascendental la protección de los sectores más débiles con programas eficientes en salud, educación, seguridad ciudadana, justicia y asistencia para los pobres y la clase media abandonada. Igualmente el Estado debe regular aquellos mercados donde no existe competencia y donde se daña el medio ambiente. Pero el Estado no lo puede hacer todo. A diferencia de la Concertación no queremos un Estado gigante y burocrático, que haga mal lo que no debe hacer y sea incapaz de hacer bien lo que sí tiene que hacer” (32: 2009).

6. Nudos Críticos en los Municipios

La tendencia del gobierno Piñera en materia de Política Social tiene un directo impacto en el trabajo que desarrollan los Municipios en Chile, país caracterizado por un marcado centralismo Estatal al momento de tomar las decisiones sobre la gestión de la Política Pública. Dentro de la labor de los Municipios se deben considerar las siguientes consecuencias posibles.

En primer lugar, un nudo crítico que se arrastra desde los gobiernos de la Concertación, y es transversal a nivel político, tiene que ver con la escasa capacidad de gestión de los Municipios. El gobierno Piñera propone un cambio en las instituciones del Estado nacional, sus mecanismos de evaluación. El Ministerio de Planificación se transforma con “bombos y platillos” pero los Municipios en general y su gestión de las políticas sociales en particular, continúan con una estructura del siglo XIX en crisis que no logra hacer frente a las demandas que deben asumir los gobiernos locales para reducir la pobreza y la desigualdad.

Como segundo punto, está la agudización de la Focalización en el otorgamiento de prestaciones sociales. El discurso del gobierno de la Coalición por el Cambio ha acentuado acabar con la pobreza “dura”, principalmente a través del fortalecimiento de un sistema de transferencias monetarias condicionadas (proyecto Ingreso Ético Familiar). No se aprecia en qué medida se ampliará el Sistema de Protección Social Chilena a la “clase media” (como tanto se prometió en las Campañas Presidenciales), o mejor dicho, a aquella parte de la clase trabajadora que está en riesgo de caer en una situación de pobreza. Son los gobiernos locales los que se ven obligados a contener a la población que queda excluida de los programas sociales, la cual presiona el sistema local con sus demandas y expectativas frustradas.

Una tercera consecuencia posible es la reproducción de la lógica asistencialista a nivel local. No hay mejor lugar para practicar el asistencialismo que el espacio local, el contacto directo con la comunidad y la histórica relación de cohecho, paternalismo y clientelismo con las autoridades locales, lo hacen un lugar “privilegiado”. Es común escuchar a nivel local comentarios de los usuarios acerca de la “bondad” de las autoridades por su disposición a “ayudarlos”. De continuar medidas como el “Bono Marzo” (vale decir, que son medidas que la Concertación también utilizó), aparece el fantasma de esa parte triste de dependencia y de precariedad de ciudadanía que cruza nuestra historia.

Finalmente, una consecuencia de lo lógica impulsada por el gobierno Piñera es la falta de prioridad a otras dimensiones de la pobreza y la desigualdad como lo son la participación, la autogestión y las relaciones comunitarias. El cuestionamiento acerca del impacto de los programas que relevan esta dimensión orienta a que los Municipios ejecuten iniciativas individualizantes centradas en la satisfacción en el servicio del usuario. La participación es

importante en primer lugar ya que la experiencia concreta enseña que promover y poner en marcha modelos participativos genuinos significa, en definitiva, da resultados muy superiores en el campo social a otros modelos organizacionales de corte tradicional, como los burocráticos y los paternalistas (Fundación para la Superación de la Pobreza, 2009). Pero, más allá de los beneficios de gestión, la participación es un principio democratizador donde los sujetos pueden decidir la mejor respuesta para enfrentar las desigualdades y para mejorar su contexto.

A partir de este escenario, es importante que surjan las alternativas desde los gobiernos locales que entienden la Pobreza y la Desigualdad desde otra concepción política. Es primordial; posibilitar instancias de participación de los usuarios de los programas sociales en la ejecución, incentivar programas que contrarresten la tendencia asistencialista (programas de generación de empleo y de capacitación) y, enfatizar la autogestión comunitaria dentro de la gestión que el Municipio realiza en el área social a nivel transversal (infraestructura, vivienda, salud, capacitación, etc.) En definitiva, poner en entredicho las acciones que en la actualidad son hechas en el nombre de la Eficiencia.

Personalmente, no tendría cuestionamientos al concepto de Eficiencia en Política Social si este término estuviera ligado directa y necesariamente a los conceptos de Derechos Sociales Garantizados, Descentralización y Democracia. Mientras tanto, permítanme el beneficio de la duda.

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EMBARAZOS ADOLESCENTES EN CHILE: LAS INEQUIDADES SOCIALES EN EL EJERCICIO DE LA SEXUALIDAD

LEONARDO ARENAS OBANDO / KATHERINE BRAVO FLORES 1

Introducción

¿Por qué en Chile, en donde tenemos una baja sostenida de la tasa de natalidad por mujer, los embarazos de mujeres adolescentes en Chile pueden ser un problema social? La respuesta es que son las determinantes sociales-culturales las que están operando para que las mujeres adolescentes en nuestro país, se constituyan en un grupo etario prioritario para las políticas públicas y que se ven agravadas por la ausencia de una Política sobre Educación Sexual.

Las comunas más pobres, de menor ingreso económico y mayor hacinamiento habitacional, tienen una media de 20 puntos de mayores posibilidades que una mujer adolescente soltera (14-18 años) tenga un embarazo, que una mujer de las mismas características que habita en una comuna de mayor ingreso económico. A la situación económica se suma el déficit en servicios de salud sexual y reproductiva en el sistema de salud, como la carencia de programas de educación sexual en los liceos y colegios, la mayoría con dependencia municipal.

Los adolescentes en chile.

De acuerdo a las proyecciones demográficas del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) al 2009, la población adolescente, comprendida entre los 15 a 29 años, representaría un 24.9% de la población nacional que ascendería a 16.928.873. (INE, 2009). Esto significa una disminución de la población adolescente respecto de los años anteriores. En el año 1990 las personas jóvenes representaban el 28,6% de la población del país y en 1995 lo hacían en un 25,8%; aunque en relación con la década del 2000, se mantienen las cifras (2000: 24,3%; 2002: 24,3%).

1 Contactos: Correo electrónico: leoarenas@forosida.cl / katherineb4@gmail.com

Sin embargo, desde el año 2003 se observa una leve alza en la proporción de mujeres y hombres jóvenes con una tasa promedio de crecimiento anual cercana a 0,1 puntos porcentuales. Este fenómeno de decrecimiento y posterior estancamiento de la población joven se vincula al proceso de transición demográfica que es propio de países en desarrollo como Chile (CELADE, 2005). Es probable que la tendencia a la baja que presentan los datos hasta el año 2000, se explique por la mayor longevidad de la población y la proporción de las tasas de natalidad. Por su parte, el estancamiento en la disminución de personas jóvenes durante la década del 2000 se puede deber a que se ha llegado a una fase en la transición demográfica denominada “etapa post transicional”, caracterizada por bajos niveles de natalidad y de mortalidad en la población, produciéndose así un estancamiento en el peso relativo de cada grupo (CELADE, 2005).

1. Caracterización de la población joven por sexo, tramo etario y localización. La proporción de mujeres y hombres jóvenes es muy cercana al 50% para cada sexo, aunque el porcentaje de varones jóvenes es levemente mayor. Según los datos del Censo de Población y Vivienda realizado por el Instituto Nacional de Estadísticas -INE-, en el año 2002, la población de 15 a 29 años de edad estaba compuesta por un 50,6% de hombres y un 49,4% de mujeres. Los resultados de la Sexta Encuesta Nacional de Juventud, sobre la base de las proyecciones del INE para junio de 2009, revelan que tal tendencia se mantiene para este último año. De esta forma, la población joven nacional está compuesta por 2.113.908 hombres y 2.074.644 mujeres, lo que en términos porcentuales equivale a un 50,5% y 49,5% respectivamente. Cabe señalar que esta tendencia no se condice con la proporción de hombres y mujeres existentes en la población nacional donde hay más personas de sexo femenino. (Gráfico 1).

Para un mejor estudio de la realidad juvenil es conveniente segmentar a la población joven en diferentes tramos de edad que dan cuenta de las diferentes etapas del ciclo vital, así logramos una comprensión más fina para la generación de estrategias focalizadas.

La Sexta Encuesta Nacional de Juventud (2009), utilizó los siguientes tramos etarios censales:

15 a 19 años; 20 a 24 años y 25 a 29 años.

El segmento juvenil se concentra en una proporción levemente mayor en los tramos de 15 a

19 años y 20 a 24 años con porcentajes del 35,4% de 34,2% respectivamente. Mientras que el grupo de 25 a 29 años representa al 30,4% de la población joven.

En lo que dice relación con la localización, la mayoría de la juventud chilena reside en sectores urbanos (87,3%). Proporción que muestra una cierta estabilidad desde el año 2003.

Los resultados de la sexta versión de la Encuesta Nacional de Juventud muestran que, un 87,3% de personas jóvenes habita en localidades urbanas y el 12,7% lo hace en zonas rurales. De acuerdo a las proyecciones del INE, se observa una cierta estabilidad de la distribución de la población joven según localidad de residencia (urbano-rural) desde el año 2000, con un pequeño descenso de quienes viven en zonas urbanas y un aumento del segmento juvenil rural. Al año 2000, las personas jóvenes de localidades urbanas representan el 87,6%, con un leve descenso al año 2009 (86,9%); por el contrario, la población joven rural, aumenta en 0,7 puntos porcentuales desde el año 2000 al año 2009.

2. Caracterización de la iniciación sexual y acceso a servicios de salud sexual y reproductiva.

2.1 Iniciación Sexual

Lo que han determinado las últimas investigaciones, es que nuestras/os jóvenes son más precoces, es decir, las/os adolescentes se están inician antes en prácticas sexuales penetrativas antes que sus antepasados; por lo menos, lo de la generación anterior y de los cuales tenemos estudios validados.

La edad promedio de iniciación sexual ha bajado de 17 años en la Quinta Encuesta Nacional de Juventud, a 16.7 años en este último estudio, produciéndose una baja en los varones de casi 0.5%, mientras que en las mujeres de un 0.8%. Un 86.3% de las/os adolescentes reconocen haberse iniciado sexualmente antes de los 19 años; pero un 18.1% de los varones y un 10.9% de las mujeres reconocen haberse iniciado antes de los 15 años; siendo los niveles socioeconómicos D y E los que presentan inicios sexuales más precoces “…ello permite dar luces respecto de la población prioritaria hacia la cual deberían orientarse los programas educacionales dirigidos a fortalecer los mensajes de autocuidado y de educación sexual, no

obstante el tema amerite ser tratado en relación a la población joven en su conjunto, con prescindencia de su nivel socioeconómico…” (INJUV, 2009)

Se mantiene la tendencia respecto del vínculo con la pareja que se iniciaron sexualmente, una alta proporción declara que es el pololo o la polola (70.3%) seguido de andante (12.4%) y amiga/o (11.3%). Al examinar por género se determinan algunas diferencias significativas: las mujeres en un 83.7% declara su inicio con el pololo, mientras que los varones lo hacen sólo en un 57.4% con porcentajes más altos con “andantes” o “amigas”.

La edad de la primera pareja sexual tiende a ser ampliamente menor en hombres que en mujeres. En el primer caso, la pareja sexual lo hace entre 15 y 18 años de edad, mientras que en las mujeres será entre 17 y 20 años.

La Sexta Encuesta de Juventud incorporó las prácticas no coitales de las/os jóvenes, de los cuales, la mayoría manifiestan que la práctica sexual más recurrente son los besos con lengua seguido por las caricias corporales sin tocar genitales. No se observan diferencias sustantivas según edades. Sin embargo, entre aquellos/as que manifiestan hacer caricias corporales tocando los genitales, se observan diferencias importantes por edades. Así, mientras el 27% de los y las jóvenes entre 25 y 29 años realizan este tipo de prácticas, solo el 14,9% de los y las adolescentes entre 15 y 19 años las realiza.

2.2 Se mantiene un bajo nivel de uso de anticonceptivos y alto desconocimiento de formas de transmisión del VIH.

Se sigue observando un bajo nivel de uso de métodos anticonceptivos en la primera relación y aunque hay un alza respecto de la encuesta anterior, aún existe un 48.6% de las/os adolescentes que no los utiliza. De los métodos usados, el más declarado es el condón (85.7%) seguido de la píldora anticonceptiva (19.1%) y el coito interrumpido (1.3%). Y son usado preferentemente en prevenir embarazos (90.6%), proteger del VIH y Sida (39.4%) y de otras ITS (37.8%). Mayoritariamente son comprados en farmacias (70.0%), proceden del Consultorio (11.4%) o son proporcionados por la pareja (10.0%). Al desagregar por nivel socioeconómico, las diferencias se hacen más patentes. Las/os jóvenes pertenecientes a los

grupos de alto nivel socioeconómico, de localización urbana y nivel educativo superior, son quienes más declaran uso de métodos anticonceptivos por sobre los grupos caracterizados como C3, D y E.

Respecto del conocimiento de las formas de transmisión y prevención del VIH y Sida, si bien existe un conocimiento válido respecto de relaciones sexuales sin condón o transfusión sanguínea, también se declaran formas erróneas de transmisión: un 51.5% declara que se transmite compartiendo objeto de higiene personal con Personas Viviendo con VIH (PVVIH), un 22.7% compartiendo baños públicos con personas homosexuales o PVVIH, un 7.3% bañándose en piscinas públicas y un 5.7% compartiendo comidas con PVVIH, lo que podría implicar prácticas discriminatorias en el diario vivir.

Sólo un tercio del total de la población jóven se ha realizado el test de VIH, siendo las mujeres (42.2%) más que los varones (20.9%). En el grupo etareo entre 15 y 19 años, sólo un 11.6% se ha realizado el test para VIH, fundamentalmente por control de embarazo. Un 6.6% del total de las/s jóvenes declara que se ha realizado el test para ingresar a un trabajo, de los cuales un 2.3% corresponde al tramo entre 15-19 años, lo que transgrede el artículo séptimo de la Ley Nº19.779 que prohíbe la solicitud de test de VIH para postular o permanecer en un trabajo.

2.3 Embarazo

Chile ha vivido una de las transformaciones sociales más significativas: el cambio de la pirámide demográfica por el descenso acelerado de la tasa de fecundidad partir de la década de 1960. En la década de 1950 se situaba por sobre cinco hijos hasta llegar el 2007 a 1.8 hijo por mujer al finalizar su período reproductivo (Palma, 2007).

Gráfi co 1: Evolución Tasa Global de Fec undidad. (1950 -2 007)

Hijos por mujer 6 5 4 5,3 5,3 5,0 3 4,4 3,6 2 3,0 2,7
Hijos por mujer
6
5
4
5,3
5,3
5,0
3
4,4
3,6
2
3,0
2,7
1
2,7
2,5
2,4
2,4
1,8
0
1950-
1955-
1960- 1965-
1970-
1975- 1980-
1985- 1990-
1995- 2000-
2007
55 60
65 70
75
80 85
90
95
00 05

La tasa de embarazos adolescentes, entendida hasta los 19 años de edad, ha tendido a la disminución en la última década. Entre el quinquenio 1995-2000 y el quinquenio 2000-2005, se experimentó una caída de un 7,92%, lo que hace ver que el embarazo adolescente es un problema que está en retroceso desde el punto de vista de la prevalencia. Asimismo, las tasas de fecundidad en menores de 14 años también han tendido a disminuir en los últimos años.

De acuerdo a las estadísticas de natalidad del sistema público, la mayoría de los embarazos que ingresaron el 2005 corresponden a mujeres que están entre los 20 y los 34 años de edad (64,1%), mientras que el segundo lugar lo ocupan las mujeres entre 15 y 19 años (22,0%). Es decir, a pesar de existir una baja significativa en los embarazos adolescentes, todavía representan más que la quinta parte de los nacimientos totales del país, mientras que los embarazos de menores de 15 años solo representan el 1% del total.

De ahí que la mirada sobre el embarazo adolescente no provenga del ámbito de salud sexual y reproductiva, sino de las inequidades sociales en el cual esas adolescentes madres se desarrollan.

En el ámbito de la educación, según la Sexta Encuesta de Jóvenes, “el 20,3% de los adolescentes que no asisten a establecimientos educacionales, declaran que se debe a que tienen que cuidar a su hijo/a, siendo esta una de las principales causas de deserción escolar entre las mujeres”.

Respecto a los hombres adolescentes entre 15 y 19 años, de acuerdo a la IV Encuesta de Juventud, el 2,6% era padre, porcentaje que aumenta en un 11,2% entre las adolescentes mujeres del mismo tramo de edad. Al desagregar los datos por localización, podemos establecer las profundas diferencias entre

las comunas de mayor poder económico en comparación con las más populares. La proporción de los nacimientos de madres adolescentes en la comunas más carencias son veinte veces más posibles que en las comunas de mayor poder adquisitivo.

COMUNAS

DE

MAYOR

PROPORCIÓN

BAJO

DE

NACIMIENTOS

DE

DESARROLLO

MADRES

HUMANO

ADOLESCENTES

La Pintana

24.5

Isla de Maipo

22.5

Alhué

22.45

Lo Espejo

21.73

Lampa

21.36

Cerro Navia

20.25

2.4 Inequidad de género.

COMUNAS DE

MENOR PROPORCIÓN

ALTO

DE

NACIMIENTOS

DE

DESARROLLO

MADRES

HUMANO

ADOLESCENTES

Vitacura

0.79

Las Condes

2.92

Providencia

3.67

Ñuñoa

6.11

La Reina

6.43

Lo Barnechea

8.48

Y si bien las distancias entre madres adolescentes y los padres de sus hijas/os se han acortado, siendo mayoritariamente jóvenes entre 20 y 24 años; los varones con edad sobre 30 años, representan un 5.4% del total. Mientras que el nivel de escolaridad de las madres adolescentes es inferior al conjunto de las mujeres adolescentes (FLACSO, 2004). Se suma a esto que la madre adolescente, en una alta proporción, debe asumir los costos económicos de la crianza, por lo cual se integran al mercado laboral en condiciones precarias, con bajos salarios y la dificultad de re-ingresar a los estudios.

Referencias bibliográficas

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LAS POLÍTICAS SOCIALES DE TRANSFERENCIAS MONETARIAS CONDICIONADAS. UNA PERSPECTIVA DESDE EL TRABAJO SOCIAL.

MARTÍN HORNES 1

A

modo de introducción.

El

presente trabajo se inscribe dentro de la línea de análisis que me propongo abordar en mi

tesis de maestría, centrada en la incidencia de los programas de transferencias monetarias condicionadas (TMC) en la configuración de los presupuestos y prácticas económicas de los hogares receptores. Una perspectiva de este tipo, implica considerar a dichos hogares como unidades compuestas por complejos e híbridos circuitos económicos (ayuda estatal o privada, las redes familiares, la economía informal o ilícita, etc.), los cuales movilizan representaciones simbólicas y morales inscriptas en lazos de parentesco.

A partir de una descripción etnográfica que considere el contexto local y familiar de cada uno

de los hogares receptores, nos adentraremos en el análisis de la configuración de sus distintos presupuestos, a los fines de identificar las formas nativas a través de las cuales los distintos miembros del grupo familiar clasifican los diversos circuitos económicos existentes. Dicha clasificación nos permitirá aproximarnos a las evaluaciones que los agentes realizan acerca

del dinero transferido a través de los programas de TMC, y considerar las implicancias de este tipo de políticas en la intervención profesional/ disciplinar del Trabajo Social.

Este artículo es producto del trabajo de campo realizado entre los meses de octubre de 2008 hasta la actualidad, en el marco general de una serie de proyectos de investigación sobre

etnografías de prácticas económicas 2 . El acceso y la proximidad al trabajo de campo estuvo garantizado por el hecho de haberme desempeñarme como trabajador social en el “Programa

jóvenes” 3 , situación que me permitió alcanzar un lugar privilegiado en lo que refiere a la

1 * Lic. en Trabajo Social, Maestreando en Antropología Social IDES- IDAES, Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Pertenencia institucional: Facultad de Ciencias Sociales, UBA. Centro de Estudios Sociales de la Economía (CESE), Instituto de Altos Estudios Sociales, UNSAM. E- mail: m_hornes@hotmail.com

2 UBACyT S613 (2008-2010) “Circulaciones económicas y lazos sociales. La utilidad empírica y analítica de la noción de reciprocidad”. Agencia Nacional de Promoción Científica y Técnica, Proyecto PICT- 2007- 00254 (2009- 2010):“Un estudio sociológico sobre la incidencia de la suba de precios en las prácticas económicas ordinarias de las clases populares”.

3 Tuve la posibilidad de desarrollar un análisis detallado del Programa Jóvenes y las implicancias de las transferencias

observación y la selección de los informantes.

Las actividades ligadas al ejercicio profesional me permitieron participar del diseño y la implementación de distintos instrumentos de recolección de datos por el “jóvenes”, como así también en la definición de las categorías de selección de los adolescentes que en él participan. Situación por la cual, tuve acceso a más de 50 grupos familiares. Por último, la presencia diaria en las instalaciones del “jóvenes” y el desarrollo de mi trabajo cotidiano, fue un espacio privilegiado para la realización de observaciones y entrevistas semi- estructurada con los distintos profesionales que allí se desempeñan, principales autoridades municipales y directivos del programa, los adolescentes y sus grupos familiares.

El artículo se organizará de la siguiente manera. Comenzaré con un breve recorrido histórico

sobre las políticas sociales en Argentina, para así poder introducir las principales líneas de discusión respecto del surgimiento de los programas de TMC. En segundo lugar, me introduciré en la descripción de los presupuestos de ciertos hogares receptores, reconociendo la inserción de los programas de TMC, y observando las cualidades que adquiere el dinero transferido en los distintos hogares. A modo de conclusión, realizaré algunas reflexiones a fin de contribuir al debate existente en torno a las TMC, y su relación con una perspectiva de análisis que considere las implicancias de las transferencias de dinero en los espacios de intervención en lo social.

Programas de transferencias monetarias condicionadas.

A continuación, y para aproximarnos al campo particular de las TMC, nos detendremos en

una breve reseña histórica de las políticas sociales en Argentina. La emergencia del paradigma universal de políticas sociales que caracterizó al Estado de Bienestar en Argentina durante el período de 1945- 1970, combinó niveles elevados de bienestar para los asalariados y la acumulación capitalista. El modelo de política social dominante estaba marcado por la fuerte intervención estatal en el consumo, uso y reproducción de la fuerza de trabajo, estableciendo zócalos mínimos de participación en la

distribución del ingreso así como niveles de protección bajo la tutela del derecho social 4 . Las protecciones sociales de los trabajadores asumieron el paradigma de la sociedad nucleada entorno a la condición salarial (Peñalva, 2002. Castel, 1997): la reducción del riesgo social a través de un conjunto de soportes materiales y simbólicos que moldeaban la integración y movilización social de los sectores subalternos.

Las reformas económicas que se iniciaron en la década del 70' y la posterior consolidación del modelo neoliberal en la década del 90'- más conocida bajo la denominación “Consenso de Washington” (Torre, 1998)- introdujeron una matriz mercado-céntrica (Cavarozzi, 1997) de

ordenamiento de la relación Estado-Sociedad 5 .

En lo que respecta a las políticas sociales esta emergencia busca refuncionalizar la reproducción de la vida a la dependencia en el mercado: “las políticas sociales expresan – y al mismo tiempo van dando sustento – a un proceso global de privatización de la vida y de deconstrucción de sujetos sociales que hasta ahora le daban sentido en términos de derechos” (Grassi, 1996). Este proceso se manifestó a través de un movimiento contrapuesto de mercantilización de bienes y servicios en todas las esferas de intercambio social, conjuntamente con la idea de compensación a aquellos que acumulan más desventajas. Es en este sentido que los nuevos conceptos en políticas sociales indujeron, por un lado, desregulación y privatización, y por otro lado, focalización, compensación, descentralización.

En este marco, las políticas de TMC surgen impulsadas por la convergencia de intereses políticos, económicos y conocimientos técnicos, entre agentes de organismos estatales locales y de organismos multilaterales de crédito. Las principales iniciativas se consolidan en la región de América Latina y El Caribe a mediados de la década del 90’, destacándose los siguientes programas; Bolsa Familia (Brasil), Programa Oportunidades (México), Programa Chile Solidario (Chile) y Programa Juntos (Perú) 6 .

Particularmente en el caso de Argentina, los planes y programas de TMC, surgen por la

4 El Estado de Bienestar en Argentina representó: “a) la expansión de los derechos sociales, b) una tendencia a la socialización de la reproducción vía el desarrollo del consumo de bienes colectivos, c) una legislación protectora del trabajo”. (Grassi, 1996)

5 Para un análisis de las transformaciones de las políticas sociales y los “nuevos paradigmas” cfr: Rolando, 1995; Vilas, 1997; Coraggio, 1999; Duhau, 1997, Lovuolo y Barbeito, 1998; Sottoli, 2000. Un detallado análisis de las transformaciones para el caso Argentino cfr: Grassi 2003, Cortes y Marshall, 1999. 6 Un reciente informe elaborado por el Ministerio de Economía de la República Argentina, detalla en forma precisa el porcentaje de PBI que cada país de la región destina a los respectivos programas: Chile 0,1 %, Perú 0,2 %, México 0,3 %, Brasil 0,4 % y Argentina 0,6 %.

iniciativa desplegada en el año 1996 con la implementación del reconocido Plan Trabajar. Tras la crisis económica/ financiera del 2001, dicho plan alcanza una magnitud mayor, transformándose en el denominado Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados. Desde el año

2004 hasta esta parte, los beneficiarios de los mencionados planes, han optado por su incorporación a planes similares como; el Plan Familias, y el Plan de Seguros de Capacitación

y Empleo 7 .

Sin embargo, la política de mayor envergadura e impacto en Argentina en términos de TMC, se encuentra representada por la denominada Asignación Universal Por Hijo para la Protección Social (AUH). Creada bajo decreto P. E. N 1602/ 9, el gobierno presidido por Cristina Fernández de Kirchner, anunció el lanzamiento de la política a nivel nacional durante el mes de octubre de 2009. El plan comenzó a implementarse durante el primer trimestre de

2010, con el objetivo primordial de “equiparar el ingreso de aquellos niños cuyos padres no estuvieran incorporados al mercado de trabajo formal”, y por ende; “no recibieran la asignación por hijo estipulada en el régimen contributivo de asignaciones familiares” (MECON, 2009). La AUH, al igual que otras políticas similares anteriormente mencionadas en la región, adquiere la cualidad de centrarse en transferencias directas de dinero, específicamente fundamentadas y focalizadas sobre los menores pertenecientes al hogar, y transferibles a los mayores responsables 8 .

El acceso a la AUH esta mediado por el registro a un sistema establecido por la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), y la condicionalidad del pago del monto estipulado en $220 en forma mensual, queda sujeto a cumplir con el requisito de escolaridad, control sanitario y plan de vacunación, establecidos por el decreto P. E. N 1602/

9.

Los debates actuales que sostienen los expertos en planes y programas de TMC, giran en torno a la redefinición de la noción de protección social y su relación con la transferencia de ingresos (Ringold y Rofman, 2008), acerca de una definición focalizada de beneficiarios con

la finalidad de incidir en la economía de hogares con menores a cargo y según el género del

7 Entre otros planes de TCD deben mencionarse: Plan Barrios Bonaerenses, Programa de Emergencia Laboral, Plan de Empleo Comunitario, Plan Vida (originalmente se basaba en la entrega de alimentos, recientemente comenzó a

transferirse dinero según la cantidad de hijos por beneficiario).
8

Para un análisis minucioso de los criterios establecidos para la definición de los beneficiarios y las formas de transferencia, véase: Banco Mundial (2009) “Transferencias Monetarias Condicionadas: Reduciendo la pobreza actual y futura.” EEUU, Washington, DC.

receptor de la transferencia (Marchionni y Conconi, 2008), y aquellos trabajos que miden el impacto en los índices de pobreza e indigencia (MECON, 2009). Una línea de trabajo en

creciente desarrollo se encuentra centrada en las formas de transferencia (bancarizada o no) y

el debate acerca del incentivo del acceso al sistema financiero a los sectores populares

(Gutierrez y Trivelli, 2010). También se registran relevamientos considerables sobre la percepción de la población en general acerca de las transferencias de ingresos (Cruces y Rovner, 2008). Sin embargo, ninguna de estas perspectivas elabora una interrogación sistemática acerca de la incidencia de los programas de TMC en los presupuestos y prácticas económicas de los hogares receptores.

A continuación, nos introduciremos en el análisis de dos casos etnográficos que nos permitan

visibilizar la inserción de los programas de TMC en los presupuestos de los hogares receptores, reconociendo las principales formas nativas de clasificación existentes, en relación a la multiplicidad de circuitos económicos existentes en el hogar.

Buscar la vuelta, buscar el lugar: como a un rompe cabezas.

A Cristina (41) la conocí a través de la participación de su hija menor, Ayelen (15), en el

Programa Jóvenes. Ella vive con su esposo, Marcelo (41) y su papá de unos 70 años aproximadamente.

Tanto Cristina como Marcelo son beneficiarios del Programa Argentina Trabaja dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Cristina forma parte del mismo desde su lanzamiento, cerca del mes de julio de 2009, en el marco de las cooperativas creadas desde el Programa Jóvenes bajo dependencia de la Secretaria de Educación e Inclusión Social. Marcelo es beneficiario del programa desde julio de 2010. Este es el principal ingreso con el que cuenta el hogar, ascendiendo a $ 2400. Por su parte Ayelen cobra $ 250 en concepto de la beca asignada por el Programa Jóvenes, y es a su vez beneficiaria de la Asignación Universal por Hijo (AUH).

Otro ingreso con el que cuenta el hogar es el del padre de Cristina, quien se dedica a cortar el pasto de los portales de las casas, en las zonas de Villa Dominico y Wilde. Cada vez que

despunta el sol promediando las siete de la mañana, “el abuelo” toma su vieja bicicleta y recorre las calles paralelas a la Av. Bme. Mitre, ofreciendo cortar el pasto o talar árboles; “cuando ando bien me traigo un 30 (pesos) o un 50 (pesos) todos los días”.

Desde que conocí a la familia establecí una relación de mucha proximidad con Cristina, ya que al conformarse la cooperativa ella tenía muchas dudas respecto de la continuidad y/o estabilidad del programa. Siempre callada en las reuniones o asambleas que se realizaban, es de un andar sereno y paciente. Sin embargo, suele responder vehementemente cuando está disconforme con algo o cuando percibe alguna falta de respeto. En cambio no había tenido demasiado trato con Marcelo, con quien a partir de esta “encuesta” compartiría la mayor cantidad del tiempo, mostrándose complacido por mi presencia y siempre ansioso por mi retorno a la brevedad.

La casa de la familia está ubicada en la zona del barrio denominado por los vecinos como “los depa”, producto de una urbanización del plan federal de viviendas, que tuvo lugar hace aproximadamente 11 años. La misma se encuentra ubicada en la tira de edificación más próxima al arroyo Sarandí, frente al flamante y recién inaugurado polideportivo que cuenta con una cancha de futbol, y un jardín municipal aún sin inaugurar. La casa cuenta con una cocina comedor, un cuarto y un patio en la planta baja, y dos cuartos y un baño en la planta alta. La estructura edilicia en sí está bastante deteriorada, luciendo la pintura un tanto oscura producto del paso del tiempo.

Resulta interesante reconstruir los distintos circuitos económicos que configuran el prepuesto de este hogar, ya que el mismo se ha modificado significativamente desde el ingreso de cada uno de sus miembros a los distintos programas de TMC. Antes de incorporarse al programa “Argentina Trabaja”, tanto Cristina como Marcelo se encontraban desocupados y sin un ingreso mensual fijo. La incorporación al programa les otorgó la posibilidad de incrementar sus ingresos, mejorando notablemente su calidad de vida, a la vez que despertó una serie de apreciaciones respecto del dinero proveniente de los programas de TMC.

Una de las tantas tardes que compartí con Marcelo, pude profundizar sus distintas apreciaciones respecto de los programas de TMC: “lo que pasa Tincho que lo de la cooperativa es una fija, pero no es nada, es un vueltito: 1200 (pesos) no te alcanza para nada.

Hay que buscarle la vuelta, como a un rompe cabezas, hay que caminar la calle. En la calle hay plata: el que no labura porque no quiere. Yo salgo y camino, hay que buscarla. El otro día hice un laburito de construcción, levante una pared en la medianera de una doña. En dos o tres horitas me hice 250 pesos limpios. Hay que andar, y así… en la calle hay plata, hay mucho trabajo”. Para Marcelo, el dinero proveniente del programa Argentina Trabaja se convierte en un “vueltito”, porque tal como me comento en distintas oportunidades le “sirve”; “son cuatro horitas y después puedo andar o hacer cosas en casa”. Remitiéndose al espacio de su casa, se refiere a una “changa” que tiene como “bicicletero”: “allá cerca de (Villa) Corina hay un desarmadero donde venden el kilo de fierro a 40 centavos. Voy, busco y me traigo un cuadro (de bicicleta) a 16 pesos”. Luego me comenta que tiene un “arreglo con una vieja que tiene una bicicletería en San Lorenzo y Rivadavia, y me las compra a (pesos) 250”. Desde el lugar en que nos encontramos sentados en la cocina de su casa, me señala el patio y un pequeño techo de chapa: “ahí tengo mi tallercito”.

Pero al referirse a la casa, Marcelo también menciona unas palabras significativas asociadas al rol que le asigna a la mujer en el seno familiar: “la mujer en la casa, el hombre en la calle:

porque sino te meten las guampas”. Sin embargo, la fidelidad no parece ser la preocupación de Marcelo, sino más bien los valores morales y sociales referidos a la mujer como principal encargada de la reproducción de la familia, mientras que el hombre ocupa el lugar de proveedor/ principal sostén económico: “yo cuido a mi rebaño, nunca les hice pasar necesidad”. En este sentido, también resignifica Cristina el “andar en la calle” de Marcelo: “el nunca me hace faltar nada. Mira que muchos me preguntan a mí, porque él es muy cuida, él cuida mucho a su familia. Viste que cuando vos te aferrás a tu familia, querés todo para tu familia, para vos nada. Y así como lo ves, él siempre es así”.

Tanto las palabras de Cristina como las de Marcelo, nos brindan la posibilidad de comenzar a volver inteligible no solo la incidencia de los programas de TMC en el presupuesto de los hogares receptores, sino también las relaciones afectivas y familiares que sostienen y facilitan la clasificación de los distintos circuitos económicos que configuran el presupuesto del hogar. Por un lado, el dinero proveniente del programa Argentina Trabaja, significa para Marcelo un ingreso pero también una forma de construir su representación de proveedor, estableciendo las pautas necesarias para que Cristina se encargue del cuidado del hogar. Entonces, el dinero

proveniente de los programas de TMC, se convierte en un dinero de menor jerarquía en relación a las virtudes de Marcelo para “caminar la calle” y “no hacerles pasar necesidad”. La elección de lo necesario.

María tiene 45 años y la conocí participando en la asamblea intersectorial del barrio. Su casa esta emplazada sobre un pasillo de la calle Pergamino, una de las más transitadas del barrio por ser asfaltada, y a metros de la capilla y el comedor comunitario. Allí vive con sus 4 hijos; Mayra (16), Antonela (12), Jorge (10), Micaela (3) y su marido; Tony. Este último es carnicero, trabaja en la carnicería a media cuadra de su casa, hace más de 10 años. En alguna conversación me comentó que “los dueños quieren vender, son dos viejos, están cansados. Pero yo se los mantengo, a mí me sirve, estoy al toque de casa, que voy a hacer con la edad que tengo”. Algunos días Tony hace morcilla y se queda hasta más tarde y recibe “algo más de guita”.

Entre una de mis recorridas habituales por el barrio, recibí una invitación de María; “venite a casa a tomar unos mates”. Luego de aceptar la propuesta, comenzamos a caminar por el pequeño y largo pasillo que nos lleva al portal de su casa, contigua a una curtiembre abandonada; “no sabes lo que era esto cuando funcionaba, un olor de los químicos”. María refiere al proceso de trabajo que conlleva el cuero de vaca y la aplicación de ciertos productos; “de vez en cuando, a Antonela todavía se le brota la piel”.

Hasta ese día no conocía su casa. Al llegar, la misma parece como escondida por un pequeño paredón de mediana altura y una reja negra. “Pasa”, agrega María; “tenemos que hacer algunas cosas, pero esta es la casita”. Pasando por un pequeño patio plagado de juguetes de sus hijos, nos adentramos en la cocina. Las paredes de la casa son de material; ladrillo hueco sin revocar. Los techos de chapa acanalada, sostenidos con tirantes de madera a la vista, evocan un suspiro en María: “lo que pasa que acá cuando llueve te pasa el agua por todos lados, te queda una humedad que te mata”. Nos ubicamos en la cocina, y mientras María pone la pava, noto la presencia de varias pizzeras con bollos. Al indagar sobre el tema, me responde: “eh… hay que rebuscárselas en el barrio”. Interesantemente, “rebuscárselas” para María tiene varios significados; “con lo de Tony solo no vivimos, él gana 1500 (pesos) y nosotros somos muchos. Entonces estoy amasando pizza y vendiendo los viernes y sábados”. Instantáneamente la felicito por el

emprendimiento, y con cierta cara de desagrado menciona: “vamos a ver cuanto dura…”.

Seguimos conversando, y “el cuanto dura” pasa rápidamente a justificarse por una disputa que tuvo con Tony acerca del dinero que utiliza para el emprendimiento. María asegura: “quiero hacer algo para ayudar, y se me ocurrió esto de las pizzas”. El problema central de la discusión con Tony, es que el dinero que utiliza para comprar los ingredientes proviene de la Asignación Universal por Hijo: “yo re entusiasmada, el día que cobre, compre todo. Llegue y le conté… casi me mata”. A continuación, agrega: “y yo me equivoqué, por que habíamos acordado otra cosa”. El acuerdo consistía en privilegiar ese dinero exclusivamente para cosas de sus hijos y la casa: “yo se que 600 pesos para nosotros es un montón de plata, por eso lo separamos para los chicos y la casa. Pero quería ver si haciendo algo más de plata nos podíamos dar un gustito; salir cada tanto…”.

Al indagar más minuciosamente sobre la molestia de Tony, María no tarda en afirmar: “Y mira, un poco de razón tiene, no estamos para esas cosas”. Con “esas cosas” se refiere específicamente a la imposibilidad de acceder a determinados bienes o actividades, y consumir lo necesario: “el me dijo; tenemos que arreglar la casa, hay que comprarle ropa a los chicos, no estamos para esas cosas”. Tras una serie de “idas y vueltas”, lograron llegar a un acuerdo: “igual, el todo los viernes hace morcilla en la carnicería, quedamos en guardar esa plata para hacer algo juntos”.

Esta escena etnográfica nos permite visualizar no solo los distintos circuitos económicos, sino adentrarnos en las clasificaciones que los miembros de la familia realizan sobre los mismos, en base al significado que le atribuyen al dinero proveniente de cada uno de dichos circuitos.

En principio, María define su actividad como una forma de “rebusque”, lo cual implica a su vez que el dinero que pueda generarse como ganancia se defina como “algo para ayudar”. En este sentido, su “rebusque” no solo esta marcado por el origen del dinero para el emprendimiento, sino además por contraponerse al dinero del trabajo. En segundo lugar, María no solo rompe un acuerdo con Tony, sino que transciende los márgenes del cálculo racional establecido por el acotado presupuesto, incurriendo en una inversión irracional en el marco del gasto de lo necesario. La afirmación “no estamos para esas cosas”, contrapone los razonamientos y cálculos económicos de María y Tony. Mientras

que ella intenta convertir ese dinero en una inversión para darse un “gustito”, él reinscribe la categoría de beneficiarios resignificando el sentido atribuido al dinero y para que “cosas”.

Conclusiones.

Este trabajo no refleja más que una primera aproximación a la relación de los programas de TMC y la configuración de los presupuestos y prácticas económicas de los hogares receptores, considerando que el desarrollo de este tipo políticas no ha sido acompañado de un análisis sistemático sobre las representaciones y usos del dinero que estas nuevas modalidades de transferencias movilizan.

La incidencia de los programas de TMC esta alcanzado un nivel considerable en relación a la cantidad de beneficiarios que se extiende, y detenernos en un estudio de su impacto implica también centrarnos en el análisis del dinero transferido como un revelador privilegiado de ciertas vínculos (afectivos/ familiares) y prácticas. En este sentido, una extensa literatura contemporánea se encuentra interesada en mostrar los usos múltiples del dinero y su carácter irreductible a una esfera social -el mercado- y un vínculo social -relaciones mercantiles- (Bloch y Parry, 1989; Bloch, 1989 y 1994; Zelizer, 1989, 2005a y 2005b y 2009; Dodd, 1994; Weber, 2000; Hart, 2005; Roig, 2007; Wilkis, 2007, 2008 y 2010).

Recorriendo las distintas escenas etnográficas, nos encontramos con un denominador común que organiza la clasificación de los circuitos económicos que configuran el presupuesto de los hogares receptores: la negociación de las relaciones entre sus miembros. Desde esta perspectiva debemos destacar que cada una de las clasificaciones y de los arreglos monetarios implican un trabajo relacional (Zelizer, 2009: 58) entre los que podríamos considerar: cuidar a los hijos, quedar a cargo de la casa y su cuidado, andar y caminar, buscar una escuela para los hijos, etc. Esas relaciones, suelen ser los marcos que los involucrados utilizan para definir las formas en que circula el dinero, a la vez que inscriben los usos adecuados del mismo. En este sentido, el dinero proveniente de los programas de TMC, actúa clasificando el dinero proveniente de otros circuitos a través de la conversión de valores morales y sociales que realizan los distintos agentes.

Situarnos en el análisis de los programas de TMC considerando su incidencia en los hogares receptores, resulta crucial para construir una perspectiva que complemente el análisis del impacto de las mismas -medido generalmente por las variaciones de la línea de pobreza- con un estudio social, cultural y político. En este sentido, afirmamos que para comprender cómo el dinero permite cambiar o no determinados vínculos sociales (dominación de género, explotación, salida de la pobreza, conflictos generacionales) es necesario comprender la trama social de su uso.

Avanzar en el análisis y la comprensión de los esquemas interpretativos sobre el dinero canalizado en las políticas sociales, resultaría un instrumento que permitiría evaluar el diseño y la implementación de las intervenciones del Estado, que impliquen una transferencia directa de dinero.

Bibliografía

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EL TRABAJO INFANTIL DESDE UNA PERSPECTIVA DE GÉNERO: IMPACTO DE LAS POLÍTICAS ORIENTADAS A LA ERRADICACIÓN DEL TRABAJO INFANTIL EN EL MUNICIPIO DE LANÚS

LIC. CLAUDIA PITTARI 1 LIC. ANA MARÍA CANIL 2 LIC. MARÍA JOSÉ VILAS 3

Introducción

Se presenta a continuación los resultados de un estudio de investigación llevado a cabo por un equipo interdisciplinario compuesto por investigadoras de la Universidad Nacional de Lanús y de la Dirección Nacional de Población del Ministerio del Interior.

Con el objetivo específico de evaluar el impacto que tienen en el municipio de Lanús las acciones llevadas a cabo por las instituciones que orientan sus intervenciones a la infancia, se construyó una matriz de instituciones públicas y privadas que orientan sus intervenciones a la niñez, efectuándose luego una selección entre ellas a fin de aplicar una entrevista en profundidad a referentes claves de las mismas.

De esta forma, se efectuaron entrevistas a representantes de 12 (doce) instituciones ubicadas en el Partido de Lanús: 4 Delegaciones Municipales; 2 Sindicatos; 3 Escuelas; 3 ONGs.

Institución

Dependencia

Cargo-rol del o de la entrevistado/a dentro de la Institución

Secretaría de Políticas Sociales y Derechos Humanos

Municipio de Lanús

Secretaria Sra. Karina Nazabal

1 Lic. en Sociología/ Especialista en Demografía Social.

2 Lic. en Trabajo Social.

3 Lic. en Servicio Social/Magister en Políticas Sociales

Subsecretaria de Infancia y Adolescencia

Municipio de Lanús

Subsecretario Sr. Luis Gavuzzo

Secretaria de Salud

Municipio de Lanús

Secretario Dr. Luis García

Hospital Narciso Lopez

Municipio de Lanús

Jefa de Clínica Pediátrica Dra. Adriana Garia

SUTEBA Sindicato de la Educación de la provincia de BSAs –participante del Foro Niñez de Lanús

Sindicato

Representante participante en el Foro de la Niñez

SUTERH Delegación Lanús

Sindicato

 

Escuela Provincial EPB

Provincia

Fonoaudióloga- integrante del Equipo de Orientación escolar

Nº32

Escuela Provincial EPB

Provincia

Directora

Nº58

Escuela Provincial EPB 72

Provincia

Orientadora social

CAIPI- Centro de Apoyo Integral para la Infancia

ONG

Sr. Benito Acosta - Fundador

Fundación PUPI

ONG

Sr. Mauro Oivates – coordinador técnico

Cooperativa Roca Negra- Frente Popular Darío Santillan

Movimiento Social

Representantes mujeres coordinadoras de actividades educativas y de género

En todos los casos, lo que se buscó en las entrevistas fue identificar la perspectiva sostenida por las instituciones respecto a la problemática del trabajo infantil y las modalidades de intervención sobre la misma. Para ello, se abordaron tres dimensiones:

1. Percepción acerca del trabajo infantil con una perspectiva de género

2. Ubicación de la temática del trabajo infantil con una perspectiva de género en la agenda

institucional y acciones que se implementan

3. Visión prospectiva

Partimos de pensar que el Trabajo Infantil, en tanto que indicador de desigualdad social, es un

fenómeno político como espacio de conflicto y confrontaciones. Observar entonces a las

instituciones referentes en el Partido de Lanús que abordan la temática de la infancia, no es

otra cosa que analizar el entramado de relaciones que se tejen alrededor de la problemática.

A continuación se presenta el análisis realizado a partir de los discursos de los y las

entrevistados/as entendiéndolos como portavoces de las instituciones en las que participan.

1. Percepción acerca del trabajo infantil con una perspectiva de género

1.1 La infancia

Partimos de pensar que la niñez, como concepto, es una construcción cultural y social, que no

se limita al status adscripto a la edad cronológica (Jelin y Feijoo, 1989) 4 , dado que su definición plantea conjuntos de significados y expectativas producidos socialmente. Entonces,

¿cómo piensan las instituciones del Partido de Lanús a los niños y a las niñas, entendiendo a

los /as mismos/as como las formas concretas que asume la definición de infancia?

Al analizar las entrevistas, observamos que las instituciones relevadas presentan a los niños y

a las niñas como sujetos de derecho con necesidades de cuidados especiales. Así lo

ejemplifican algunos de sus discursos:

Nosotros lo que decimos es que el chico tiene que jugar y que tiene que estar en la escuela

(…) la postura nuestra es que el pibe tiene que estar con su familia, ir a la escuela y jugar.”

(SUTEBA participante en el Foro de la Niñez)

“El niño tiene que disfrutar su niñez. (…) tiene derecho a jugar, a educarse, a pertenecer a

su familia, a la salud, a tener su nombre.”(Fundación PUPI)

4 Jelín, Elizabeth y Feijoo Maria del Carmen “Trabajo y Familia en el ciclo de vida femenino . El caso de los sectores populares de Buenos Aires. Edit Humanitas, 1989

“No nos importa solamente si el chico aprende o no, porque si el chico no aprende es porque algo le pasa…”(Escuela Nº 72)

El propio Municipio parece ubicar a los niños y las niñas como un objetivo de máxima al crear el programa paraguas -al inicio de la gestión del actual intendente- denominado “Ni un Pibe Afuera”. Se trata de una línea de acción, un dispositivo institucional que nuclea y articula a todos los proyectos y acciones que se dirigen a la protección de la infancia). Así lo describen sus representantes:

Acá por el Municipio de Lanús está pasando un programa básico con un eje central que es Ni un pibe afuera, que fue el proyecto del Intendente apenas asumió (Secretario de Salud) El tema de la niñez fue determinante de la gestión del intendente. Fue planteado como el eje articulador de la política pública del municipio, por lo cual en todo tipo de acción aparece priorizado el lugar de los pibes (Subsecretaria de Infancia, Adolescencia y Juventud del Municipio) Es, en realidad, un programa para todos los chicos de Lanús y apunta a que ninguno no esté acaparado por una política pública, ya sea de educación, de justicia, de salud, etc.(…) No es un programa especifico de la Secretaría de Niñez (…) Es decir, desde todas las Secretaría se esta trabajando con la mirada de los chicos (Secretaria de Políticas Sociales, Cultura y Educacion)

En suma, se observa entonces un posicionamiento que podría definirse como de avance en los discursos de las instituciones del Municipio de Lanús, en tanto da status de sujeto con derechos propios a niños y niñas superando la situación de ser objetos dependientes de otros.

1.2 El trabajo infantil

Ahora bien, la conceptualización y posicionamiento frente a la infancia, plantea las bases para “problematizar” el Trabajo Infantil. Tal como refiere Elena Duro, las valoraciones y actitudes hacia el TI de los funcionarios, de las ONGs así como la concepción del papel de a infancia y de los derechos de la misma, son todos elementos del imaginario social que deben tenerse en

cuenta ya que inciden fuertemente en el plano de la acción 5 .

El análisis de las entrevistas realizadas muestra como las instituciones se posicionan en identificar al trabajo infantil como una vulneración de derechos de los niños y las niñas. De esta manera, frases como “corrimiento del chico como chico”; “están perdiendo su infancia”, “…les impide desarrollarse como chicos”, “el trabajo infantil es un trabajo de superexplotación. Ahí se ponen en juego la vulneración de todos los derechos de los pibes”, son escuchadas de los representantes institucionales al referirse al mismo. “Nosotros consideramos como trabajo infantil cualquier cosa que le impida a un chico desarrollarse como niño. Si en vez de jugar tiene que cuidar a sus hermanos, ya es un trabajo infantil, aunque pueda ir al colegio. Esto implica poder reclamar que lo atiendan, poder estudiar, jugar, etc.” (Secretaria de Políticas Sociales, Cultura y Educación)

No obstante, las entrevistas dan cuenta que el TI no es problematizado por las distintas instituciones – incluido el municipio- tendiéndose a la naturalización del mismo o a tomarlo como algo “secundario” frente al abanico de problemáticas infantiles. “Nosotros en alguna reunión hemos discutido esto del trabajo infantil, pero no lo tomamos como problemática.(…) porque apareció esto de la documentación, lo de las adicciones y nos vemos n la necesidad de concretar algo Entonces no avanzamos sobre otros temas”(SUTEBA participante en el Foro de la Niñez) “No siempre lo que se visualiza es el trabajo infantil, pero si la peligrosidad de la cercanía de determinadas cuestiones: que hay un secuestro y están al lado, están constantemente cerca de armas o viviendo o siendo participes de situaciones de violencia…” (Cooperativa Roca Negra)

En efecto, al tiempo que los referentes centralizan la problematizacion de la infancia en la exclusión social en que están inmersas las familias que conforman el municipio de Lanús y las estrategias de superviviencia que las mismas utilizan afectando – de esa manera- la alimentación, la salud y la educación de niños y niñas, el trabajo infantil no se encuentra presente en sus respuestas. “… muchas veces charlamos en el Consejo Local y en el Foro que uno lee los textos que hablan de la exclusión social, nosotros lo vivimos todos los días” (SUTEBA participante en

5 Duro, Elena “ Enfoque Integral de Derechos y Trabajo Infantil: Oportunidades y desafíos” en El Trabajo Infantil en la Argentina OIT, 2007

el Foro de la Niñez)

Para las instituciones, en general, no se trata de un problema local, en tanto “no hay demasiada población infantil que trabaje…” “yo conocí un solo caso…” según sus propios dichos. Así, en un primer momento el TI sólo aparece en las entrevistas por medio de “casos aislados” relatados por los referentes como anécdotas.

“(el TI)

surge

como una problemática particular. Es decir: “a Juancito lo están mandando

a cartonear” (Fundación PUPI)

Sin embargo, al profundizar y avanzar en la conversación y explicitar las formas de trabajo infantil por parte de las entrevistadoras, los casos aislados comienzan a mostrarse como situaciones cotidianas, que hasta ese momento de la entrevista no habían sido tomadas como trabajo infantil:

Muchos de los pibes carbonean, se la pasan buscando

“Ah!! tenía como la mente nublada

cosas- “¿esto me lo da, seño, que lo puedo vender?- vienen acá, como muchos tienen como carretas y vienen juntando(…)Entonces vienen con el caballito a pastar y en esta zona se junta mucho… acá sobre todo porque es zona de chatarra…” (Cooperativa Roca Negra) “Cartoneo que vienen a la escuela, cartoneros dos familias tenemos (…) algunos van y les guta ir a los pibes…” (Escuela Nº 72) “…los chicos que van a las escuelas trabajan cartoneando. Muchas veces pasa que los chicos no vienen y cuando la trabajadora social va a ver a la casa porque no vienen el chico salió con los padres a cartonear” (SUTEBA participante en el Foro de la Infancia)

Así, la modalidad que aparece en un primer momento en todos los entrevistados es la de cartoneo y esta es realizada por “niños”. Creemos que acá se juegan dos cuestiones: Por un lado el irrelevante lugar que continúa teniendo la cuestión de género en las instituciones, obstaculizando la posibilidad de problematizar de manera compleja las problemáticas que presenta la infancia. La segunda cuestión, es el no reconocimiento a priori de algunas modalidades que adquiere el trabajo infantil (como por ejemplo las tareas intradomèsticas tan presentes en este territorio), apareciendo estas en menor medida en los discursos:

“…muchos chicos de la comunidad Boliviana trabajando en talleres de costura, porque en los pasillos hay montados talleres y son incontrolables. Laburan por lo general para “La Saladita”. También es una práctica instalada en algunos lugares, por ahí algunos pibes

quieren trabajar porque sienten que contribuyen a la economía familiar o se les da otro status dentro de la familia y no se sienten explotados.” (CAIPI) “…venta ambulante o que te dejan algo a cambio de una moneda. Bueno, en los barrios, de todo. Hay lugares donde cuidan coches, por ejemplo.” (Secretaria de Políticas Sociales, Cultura y Educación) “P: Hay algún otro tipo de trabajo que detecten por las secuelas de la salud.? R:… digamos el trabajo doméstico, el cuidado de los hermanos, este… el tener que ver muchas veces el tema que sus viejos estan drogados o alcoholizados y tiene que sostener a sus hermanos…” (Hospital Narciso Lopez) “…en familias numerosas las nenas más grandes se hacen cargo de los hermanitos, mientras la mamá va a trabajar o no, por el solo hecho de tenerlas de sirvienta. Esas son las nenas ausentes, son las que no vienen porque no pueden venir.”(Escuela Nº 58)

Intentando establecer una categorización acerca de las modalidades que adquiere el TI en el Municipio de Lanús, las instituciones (públicas y de la sociedad civil) dan cuenta del siguiente orden:

1)cartoneo, 2) mendicidad , 3) trabajo intradoméstico (que en general sólo aparece una vez que es introducido por las entrevistadoras) , 4) trabajos en talleres familiares.

Respecto al impacto del TI en los niños y niñas, las instituciones dan cuenta de su vinculación directa con la escolaridad en primer medida, sin embargo no pueden aportar datos concretos al mismo. “Y, a veces son los chicos que trabajan los que más se preocupan, a veces hay chicos que trabajan y tienen las mejores notas, y a veces hay otros que se te duermen en clase porque están cansados, si están toda la noche juntando cartones. Eso depende del chico, depende de la familia también. No hay una regla general que te diga que los chicos que trabajan tienen bajo rendimiento, no.”(Escuela Nº 58) “…el ausentismo. Se quedan dormidos. Bajo rendimiento y abandono. Hay chicos en la escuela secundaria que sin esta situación de cartoneo también abandonan porque salen a trabajar.” (SUTEBA participante en el Foro de la Infancia) Aparecen también, pero de manera más atomizada y solo en algunos casos, otros aspectos vinculados a la salud o al desarrollo. Algunos ejemplos:

“Quizá en el presente el chico pueda resolver alguna necesidad con su trabajo, pero a la

carga siempre se va a generar una brecha con los otros pibes, que pudieron jugar, estudiar y los cuidaron. En realidad, cuando sea adulto, padre esta cuestión tiene que aparecer.” (Secretaria de Políticas Sociales, Cultura y Educación)

“El cartón y todo el papel genera una lastimadura en la piel, una irritación continua, bueno… se habló con los padres, se trató de explicarles dos o tres acciones y corregirles algunas acciones…” (Secretaria de Salud)

Creemos que esto se debe a que el TI no es visualizado como problemática, por lo tanto el “impacto” que observan las instituciones estaría mas centrado en opiniones personales de los y las entrevistados/as que en un diagnostico a partir de distintos registros institucionales.

1.3 La perspectiva de género

Coincidimos en pensar que en los últimos años, se sucedieron diversas transformaciones en la configuración de las relaciones de género. La ampliación del reconocimiento de derechos de las mujeres, se articuló a un incremento de sus niveles educativos y a su inédita afluencia en

el mundo del trabajo remunerado y de la vida política. Investigaciones realizadas durante la última década en América latina, han dado cuenta de algunas transformaciones operadas en el

modelo patriarcal (de Keijzer, 1998; Stromquist, 1998, Wainerman, 2002) 6 .

La perspectiva de género, en tanto enfoque analítico, refiere a estudiar las dimensiones de las relaciones sociales que crean y producen diferencias en el poder y autoridad de hombres y mujeres. Éstas dimensiones toman en cuenta que las relaciones de género están atravesadas por la clase, la etnicidad, la edad, la religión etc. Lo que significa que en cada contexto los ejes de la desigualdad pueden ser considerados en una forma diferente. 7

No obstante, las imágenes que detentan las instituciones del municipio de Lanús lejos parecen

Familias y relaciones de género

en transformación. Cambios trascendentales en América Latina y el Caribe, EDAMEX, Population Council; México -Wainerman, Catalina (2002) “Familia y Trabajo. La reestructuración de las fronteras de género” en Wainerman (comp.) Familia, trabajo y género. Un mundo de nuevas relaciones, FCE-UNICEF, Buenos Aires.

- Stromquist, Nelly P. (1998) “Familias en surgimiento y democratización en las relaciones de género” en Schmukler, B.

(coord

6 -de Keijzer, Benno (1998) “Paternidad y transición de género” en Schmukler, B. (coord

)

)

Familias y relaciones de género en transformación. Cambios trascendentales en América Latina y el Caribe,

EDAMEX, Population Council; México. 7 Di Marco, Graciela “Las relaciones familiares . Del autoritarismo a la democratización” (Versión Preliminar) UNSAM y UNICEF. Buenos Aires, 2003

ubicarse de estas transformaciones y perspectivas. En efecto, por lo general la misma es ignorada por los y las referentes institucionales al referirse al tema, utilizando el masculino “niño” como genèrico al dialogar sobre la problemática de TI.

“Trabajamos con chicos de población pobre de Villa Jardín, en todo lo que es EPB, de primero a sexto grado, a contraturno de la escuela.(…) Nosotros tenemos población- objetivo, no institución-objetivo, chicos de Villa Jardín “(CAIPI) “…no sabemos que es de la vida de esos nenes.” (Escuela Nº 58) “…nosotros pensamos en los 18 años porque también estamos planteando la inserción del chico en la sociedad del conocimiento. Si no va a nacer en el lugar del analfabetismo. El chico debe poner toda su energía para poder formarse.” (Subsecretaría de Infancia, Adolescencia y Juventud del Municipio)

Nos parece un dato muy significativo, dado que compartimos con Cecilia Lipszycp cuando indica que el lenguaje, en tanto mecanismo de producción y reproducción simbólica e ideológica reproduce y refuerza la discriminación y los prejuicios (2003). Entonces el niño es

la norma, lo natural, al tiempo que la niña se posiciona como “lo diferente” 8 .

La institución que hace referencia explicita a este tema es la Escuela. Surge de las respuestas de los entrevistados, que las diferencias de género operan en forma desfavorable para el sexo femenino y se expresan como réplica de los modelos de organización patriarcal que prevalecen en las familias. De este modo los niños reproducen en la escuela el modelo de comportamiento hacia las niñas (hermanas o compañeras) observado en sus hogares:

“…lo ves en el comportamiento de los varones, como las tratan a las chicas, y aunque le explicás que así no se deben manejar, es otra cultura, no te entienden, porque para ellos es lo natural, es lo que vienen viviendo desde siempre, lo ven con los abuelos, con los padres.”(Escuela)

En suma, creemos que pensar al trabajo infantil desde la perspectiva de género, implica preguntarnos y analizar como vamos construyendo los comportamientos que se corresponden

socialmente con lo femenino y lo masculino en la infancia.

8 Vale una aclaración: durante el corriente mes se celebra en Argentina un día vinculado a la infancia que comúnmente se conoce como “El día del Niño”. El Municipio de Lanús por medio de carteles en la vía publica invitaba a los vecinos a participar de actividades culturales y recreativas en el marco de la celebración del “Día del Niño y de la Niña”.

A través del discurso de las instituciones, pasando por sus objetivos y misiones hasta llegar a la acción concreta, es posible vislumbrar este complejo y poderoso escenario de construcción de femineidades y masculinidades infantiles a fin de propiciar la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades entre niños y niñas.

2. Ubicación de la temática del trabajo infantil en la agenda institucional y acciones que se implementan

Teniendo en cuenta la percepción acerca del problema que tienen las instituciones, se entiende porque el Trabajo Infantil no es abordado directamente desde sus prácticas. En efecto, ni en sus objetivos, ni en sus acciones, el trabajo infantil aparece en las instituciones.

La “excepcionalidad del caso” es la que sustenta la intervención particular. En efecto, no se han detectado instituciones en el municipio que incorporen al Trabajo Infantil entre sus objetivos. La suma de “casos” y el diagnóstico acerca de la situación de exclusión que padecen las poblaciones con las que trabajan obligó a ampliar su campo de acción, abordando alguna de los problemáticas asociadas al TI.

Así lo refieren las ONGs:

“Trabajamos con chicos de población pobre de Villa Jardín (…)Ahora estamos trabajando dos programas, uno de alfabetización y otro de investigación e historiador, (…)Nosotros ese tema lo tuvimos hace unos años cuando fue el boom cartonero, es un tema que nos replantemos cada año, porque si bien la población que viene al CAIPI es empobrecida y vulnerable no es la más empobrecida y la más vulnerable, porque el único requisito para venir al CAIPI es ir a la escuela.” (CAIPI) “…Nuestro objetivo con este espacio es que sea comunitario, un espacio de arte, de educación, trabajo y cultura, es nuestra ambición (…) Siempre hubo propuestas para los

chicos enmarcadas dentro de lo que es el proyecto. (…) Los chicos que vienen una vez por semana o dos a un taller como que no nos posibilita tanto ese seguimiento salvo algo que sea como muy evidente, entonces ahì quiza ya es algo mas personal y entonces buscamos quien

pueda

”(Cooperativa

Roca Negra)

“…no hacemos rastrillaje buscando chicos en situación de calle, de explotación, de trabajo

infantil. Nosotros hacemos intervenciones en casos particulares. En eso tenemos que tener en cuenta que todo el esquema de protección de derechos de la ley 13.298 es muy incipiente.” (Fundación PUPI)

Por su parte las escuelas del Municipio muestran que no hay una línea de trabajo común sobre este tema. Así el abanico de acciones que describen van desde “derivar a los Servicios Locales, trabajar desde lo pedagógico en el marco de los derechos de niños y niñas, implementar acciones aisladas (pedido de becas, subsidios, etc) respondiendo a problemáticas puntuales. Algunos ejemplos:

“Acá se les habla constantemente de los derechos de los niños y dentro de los derechos está que no se los debe explotar. Se toca el tema todo el año, que para mi es más efectivo que darlo como una actividad tipo calendario, que queda ahí porque hay que hacerla por obligación. Acá el tema derechos se trabaja constantemente, se lo trabaja en el marco de los derechos” (Escuela Nº 58).

“ Ahora conseguimos una donación por ejemplo de ropa, me trajeron cualquier cantidad de ropa, para hacer una feria americana: Entonces la cooperadora (yo soy secretaria de la

cooperadora) hacemos todo nosotras: la directora, yo, una auxiliar, los padres (