Sunteți pe pagina 1din 10

RILL Nueva época, Prácticas discursivas a través de las disciplinas, nº 17 (1/2), INSIL, UNT, 2012

a través de las disciplinas, nº 17 (1/2), INSIL, UNT, 2012 Un análisis de nada como

Un análisis de nada como marcador del discurso en el español coloquial de Buenos Aires

An Analysis of nada as a Discursive Marker in Colloquial Spanish of Buenos Aires

Débora Schmer Miranda Centro Universitario de Idiomas Universidad de Buenos Aires debora.schmer@cui.edu.ar

Resumen

En este artículo se estudia el uso coloquial de nada en el español de Buenos Aires como marcador discursivo. Teniendo como marco teórico la teoría de la relevancia de Sperber y Wilson, las máximas conversacionales de Grice y los estudios de cortesía de Brown y Levinson y siguiendo los parámetros planteados por Martín Zorraquino y Portolés (1999) para que un marcador del discurso sea considerado como tal, se analizan y se comprueban el cumplimiento y la conformidad con los mismos, llegando a la conclusión de que se dan en este uso particular de nada cuatro instrucciones básicas que orientan el discurso: atenuación, reformulación, consecuencia y apoyo discursivo.

Palabras clave: discurso – marcador - nada

Abstract

This article discusses the colloquial use of the word nada as a discursive marker in Spanish spoken in Buenos Aires. Making use of Sperber & Wilson's Theory of Relevance, Grice's conversational maxims and Brown & Levinson's studies on politeness as theoretical framework, as well as utilizing the parameters set by Zorraquino and Portolés (1999) for a discursive marker to be considered as such, we will analyze and prove the accomplishment and conformity with these parameters, arriving to the conclusion that this particular use of nada provides four basic discourse orientations: attenuation, reformulation, consequence and discursive support.

Keywords: Nada - Discourse – Marker – Attenuation

Introducción

Este trabajo surgió cuando, hace un tiempo, un grupo de alumnos de mi clase de ELE del ciclo avanzado se acercó a mí para mostrarme un diálogo que habían oído en un programa de TV y que no habían podido entender bien. A continuación lo transcribimos:

(1) P(eriodista): - Te veo bien después de tu divorcio. Ahora, Adriana, nada, no sé si lo viste, porque, nada, opinó algo muy fuerte… E(ntrevistada): - Después de un montón de cosas que he pasado, …nada, trato de divertirme.

Su pregunta motivó esta reflexión sobre un uso de nada, que se está dando en el habla coloquial de Buenos Aires y del cual hay escasos antecedentes de estudio, en el que nada parece comportarse como un marcador del discurso conversacional. El corpus con el que trabajamos fue relevado del habla cotidiana y consta de 92 interacciones verbales diversas: cara a cara, telefónicas, oídas al pasar, en mensajes telefónicos, y también en diferentes programas de televisión de Buenos Aires, con la siguiente metodología: de todas las ocurrencias se tomó nota en el momento mismo del acto o bien fueron transcriptas a la mayor brevedad con posterioridad. Con respecto a las ocurrencias televisivas, se tomaron de programas de la franja horaria de 17 a 20 (formatos de entrevistas, reality shows, de información sobre el espectáculo y noticieros) de los canales de aire. Solo en pocos casos se pudo obtener un registro grabado. 1 En el presente artículo trabajaremos definiendo en primer lugar qué son los marcadores de discurso, unidades que han recibido diversas denominaciones como partículas modales, enlaces extraoracionales, operadores discursivos, marcadores pragmáticos etc., (denominaciones que usaremos aquí indistintamente) y que son tan difíciles de definir, Para caracterizarlos seguiremos a Martín Zorraquino y Portolés (1999) en su definición, teniendo como marco teórico la teoría de la relevancia de Sperber y Wilson, las máximas conversacionales de Grice y los estudios de cortesía de Brown y Levinson. Investigaremos seguidamente si nada cumple con las propiedades gramaticales que definen un marcador discursivo como tal, propuestas por los autores primeramente citados, y luego analizaremos su significado y función pragmática de acuerdo con sus contextos de aparición y uso, discutiendo y contrastando los antecedentes sobre el tema con nuestras observaciones, para determinar finalmente si nada, tal como respondí a mis estudiantes, actúa como un marcador conversacional de discurso.

Definición y análisis

El término marcador de discurso se refiere a un concepto pragmático, enunciativo, que toma dichos marcadores como herramientas para la incorporación de entidades predicativas dentro del discurso. De acuerdo con la definición de los autores mencionados:

Los ‘marcadores del discurso’ son unidades lingüísticas invariables, no ejercen una función sintáctica en el marco de la predicación oracional – son, pues, elementos marginales- y poseen un cometido coincidente con el discurso: el de guiar, de acuerdo con sus distintas propiedades

morfosintácticas, semánticas y pragmáticas, las inferencias que se realizan en la comunicación. ( M. Zorraquino y Portolés 1999: 4057)

Si bien estas unidades son muy difíciles de definir cumplen con ciertas propiedades gramaticales sistemáticas que permiten caracterizarlos como tales y que estudiaremos a continuación.

Invariabilidad En tanto que marcador discursivo observamos que nada es invariable, no entra en paradigmas de flexión ni cumple una función sintáctica sino que es un elemento marginal que guía inferencias (procesos de razonamiento) en la comunicación. Nada, como muchos de los marcadores de discurso, también puede aparecer en otros contextos donde forma parte del núcleo oracional cumpliendo diferentes funciones sintácticas, sin embargo, en los contextos en que aparece como marcador no acepta modificadores ni adyacentes:

Compárese:

(2) a. Me dijo que, nada, iba a llegar temprano.

b. Nada, me dijo que iba llegar temprano.

c. Me dijo, nada, que iba a llegar temprano.

d. Me dijo que iba, nada, a llegar temprano.

e. Me dijo que iba a llegar, nada, temprano.

(3) a. Me dijo que nada iba a llegar temprano.

b. Nada me dijo que iba a llegar temprano.

c. *Me dijo nada que iba a llegar temprano.

d. *Me dijo que iba nada a llegar temprano.

e. Me dijo que iba a llegar nada temprano.

En los ejemplos de (2) nada actúa como marcador, no siendo por lo tanto parte del núcleo oracional sino un elemento, marginal, periférico, y por ello no puede cumplir una función sintáctica ni recibir modificadores, mientras que en los ejemplos de (3) cumple diferentes funciones sintácticas en a, b y e; en c y d da lugar a oraciones agramaticales. En los ejemplos de (2) nada no contribuye directamente al significado conceptual de los enunciados en los que ocurre sino que más bien orienta las inferencias resultantes a partir de ellos.

Movilidad, incidencia y posiciones sintácticas Como muchos de los marcadores nada tiene gran movilidad. Hemos podido apreciarlo en (2) y así podemos encontrarlo:

- en posición inicial:

(4) Nada, chicos, les pido que bajemos el tono. (5) Nada… teniendo en cuenta la hora que es…eh…, vos, Jorge, ¿nos podrías contar un chiste?

- en posición media:

(6) Yo también me tengo que defender porque, nada, es la verdad,… todo lo que digo es la verdad. (7) P: Después de las declaraciones de Loly…¿vos…pudiste hablar con Silvina? E. La verdad…sí,… nada,… todo es muy raro.

Es menos frecuente encontrar nada en posición final como marcador

aunque también actúe

(8) No se pudo arreglar porque (la obra) era de bajo presupuesto. Así que, bueno, nada.

Esta movilidad, consecuencia de ser un elemento externo al núcleo oracional, está sin embargo condicionada por una parte, por el sentido que adopta según la posición que nada ocupe en el enunciado en que ocurre (como veremos más adelante) y por otra, por el tipo de categorías sintagmáticas o léxicas con que aparece.

Incidencia Al orientar el proceso de información y procesamiento del discurso, los marcadores discursivos toman en cuenta y ponen en relación las nociones informativas de tema y rema o tópico y foco, por este motivo tienden a aparecer delante de constituyentes autónomos en la oración, sin embargo en la oralidad su distribución es más libre como se ha visto en los ejemplos ya dados. Nada puede ocurrir entre miembros de la oración que pertenecen a diferentes categorías sintagmáticas y léxicas:

a) Nombres o sintagmas nominales:

(9)

(10) Podríamos decir que te encontramos en un momento de lo que es, nada, tu momento triunfal.

Estamos en medio de, de… te diría… una…, nada, situación difícil…

b) Adjetivos

(11) Estamos aquí en la playa, con un día que es, nada, espectacular.

c) Adverbios

(12) Me parece que, por lo bajo estuvo, nada

,

mal. ¿Qué digo mal? Pésimo.

d) Sintagmas preposicionales

(13)…Y ya estaba, nada, de gira , ¿me entendés?, refumado, puesto…

e) Sintagmas verbales

(14) Me dejó plantada. Nada, estará con otra.

(15) Yo creo que lo importante fue, nada, no darle bola a tanta cosa que dijeron de

mi.

f) Oraciones

(16) Es mi vida privada, y…nada, no entro en discusión.

g) Proposiciones:

En posición pre o post subordinante:

(17) Me extrañan tus palabras porque, nada, hay que tener ganas de meterse con Moria que la gente la ama. (18) Pensaba, nada, que la gente no entendía lo que quería decir.

Marcas de entonación Para algunos autores son los rasgos suprasegmentales los que permiten determinar el significado o contenido de los marcadores del discurso según se registre

variación de la entonación, cantidad silábica o acento, duración de las pausas o matices entonacionales que mostrarían mayor o menor convicción del hablante, su intención, a la vez que mayor o menor acuerdo con el interlocutor. Cuando nada actúa como marcador discursivo se encuentra destacado, como inciso, entre pausas. La cantidad de la sílaba final es más breve que la inicial y cuando tiene una función modal atenuadora, en la mayor parte de los ejemplos relevados aparece con un tonema de suspensión, sin embargo no podemos ser concluyentes sobre las características de sus rasgos suprasegmentales porque creemos que este tema merece un estudio mucho más pormenorizado que excede el actual trabajo.

Coordinación Al igual que muchos marcadores discursivos nada no es coordinable con otros, como en (19) a pero sí acumulable por yuxtaposición (19) b.

(19)

Periodista: -Tuviste una oferta, ¿no?

a.* Entrevistado: -Sí. Me quedé pensando unos días en los diez mil dólares, pero y bueno y nada, no acepté.

b. Entrevistado: -Sí. Me quedé pensando unos días en los diez mil dólares, pero, bueno, nada, no acepté.

Foco y perífrasis de relativo No puede ser focalizado o destacarse a través de perífrasis de relativo ya que es un elemento externo a la oración.

* Me quedé pensando unos días, pero, bueno, es por nada que no acepté. * NADA me quedé pensando unos días en los diez mil dólares, pero, bueno, no acepté.

Autonomía A diferencia de otros marcadores conversacionales (como bueno o claro) no aparece solo como réplica o respuesta en un turno de conversación:

(20) A: Voy con vos. B: * Nada

sin embargo puede iniciar una intervención reactiva siempre seguido del miembro discursivo al que afecta:

(79) ¿Y con quién fuiste? Nada, con mi familia y un amigo. 2

Negación Nada es de por sí un término de polaridad negativa 3 y como tal, en determinados contextos, necesita una negación previa para que su presencia no torne agramatical el enunciado en el que aparece; sin embargo cuando actúa como marcador discursivo nunca aparece precedido por negación.

Significado y función pragmática Los marcadores pragmáticos dan “instrucciones” acerca de cómo interpretar aquello que el hablante comunica o bien expresan su actitud acerca de lo dicho en el enunciado en el que aparecen, es decir, modalizan el enunciado. La modalidad (modus según Charles Bally) refleja una operación activa del sujeto hablante en relación con la oración. Para Koktovà (1986), citada en Martín Zorraquino y Montolío Durán (1998: 31) “ciertos marcadores son representativos de la complementación actitudinal, con alcance variable en la relación con la oración o con los miembros de la oración en la que inciden” 4 teniendo a veces alcance anafórico o

catafórico. Como tales especifican cómo se estructura el foco de la oración y desempeñan un papel fundamental en la determinación del tópico- foco de la oración, así, de acuerdo con sus propiedades semánticas y su alcance se ubicarían en determinada posición periférica de la oración.

En el discurso los marcadores adquieren matices, a los que Martín Zorraquino et

al. (1999: 4077 - 4081) denominan “efectos de sentido”, que surgen de la relación entre el significado propio del marcador (nada) y el aporte pragmático del contexto. Varios autores consideran que este significado semántico pragmático está dado por una parte, por la posición en que se encuentra el marcador, sumado a las marcas suprasegmentales que lo acompañan, y por otra, por la combinación con otros marcadores. Por eso cuando nada funciona como marcador de discurso abandona su significado conceptual 5 para adquirir uno de procesamiento que varía según el contexto de aparición. Nada, como dice Fuentes Rodríguez (1998: 177 -192) 6 respecto de vamos, pertenece al ámbito enunciativo que indica qué es lo que se adecua mejor a la intención del hablante. Esta función de adecuación se da constantemente en la lengua oral y muestra la función modalizadora del marcador. Nada modaliza el enunciado en que se encuentra a través de la entonación (como antes mencionamos) y las pausas, y de su posición en el discurso. Hasta el momento en el estudio de nada sólo se había reparado en los aspectos sintácticos y semánticos que lo caracterizan. Así Sánchez López (1999: 2561 y ss.) clasifica nada como cuantificador, término de polaridad negativa, sin tomar en cuenta el uso pragmático discursivo planteado en este artículo. Tampoco Martín Zorraquino y Portolés Lázaro (2001), a quienes seguimos en los criterios formales para determinar qué es un marcador discursivo, lo registran o incluyen en la larga lista de marcadores consignada en su obra. Sólo Matte Bon (2001) propone una instrucción pragmático discursiva para nada, sin embargo la restringe a un único contexto de aparición:

Al contestar una pregunta, para quitar importancia a la respuesta como señalando al interlocutor que no se trata de nada especial, con frecuencia se introduce la respuesta con nada:

(79) ¿Y con quién fuiste? Nada, con mi familia y un amigo. El empleo de nada indica a menudo cierta timidez o cierto pudor por parte del que contesta a la pregunta, que de alguna manera pretende señalar que no quiere sentirse/ ser el centro de atención. (Matte Bon 2001: 255)

Si bien acordamos con esta instrucción atenuadora, no creemos que ocurra

exclusivamente en este contexto y consideramos que esta única instrucción es insuficiente para caracterizar a nada, por ello nuestra propuesta es más abarcadora:

considerar nada como un marcador polifuncional que alcanza diferentes matices o

efectos de sentido, según sea el contexto en que ocurra.

A través de la evaluación del corpus registrado hemos distinguido cuatro

instrucciones o efectos de sentido diferentes:

1) Atenuación. Este uso atenuativo ya había sido consignado por Matte Bon (2001: 255) ej.

(79).

Nada (al igual que bueno) sirve aquí para establecer estrategias de comunicación cooperativas. En tal sentido es utilizado como recurso de cortesía positiva que refuerza la imagen positiva del hablante (para lograr la aprobación de lo dicho) y negativa,

(considerando la figura del oyente para no contrariarlo), minimizando la importancia del miembro discursivo en que aparece:

(21) Me parece que, nada, el cuerpo te pide que pares… (22) Yo quiero decir, nada, que nunca hice prensa de esto, no me interesa hacerlo y no quiero figurar en esto.

Cuando tiene un sentido atenuador nada, generalmente, precede el miembro que afecta, ya que su alcance sólo afecta al miembro en el que ocurre, y se comporta como un marcador de modalidad. Con este sentido también es común que aparezca precedido por que.

2) Reformulación:

a) no parafástica recapitulativa:

Nada introduce el miembro que antecede como una recapitulación o conclusión del o de los miembros anteriores:

(23) Estoy con mi novio, trabajo en el mejor espectáculo de la temporada y la gente me ama…nada, es la felicidad total. ¡Soy feliz! (24) P: ¿Vos creías que esto podía llegar a terminar así? E: Para nada. Nunca me imaginé que ella podía ser tan impulsiva, agresiva, violenta,…nada, tan mala persona. (25) Lo que yo haga con mis hijos, nada, es mi problema y no le importa a nadie.

b) parafrástica explicativa:

Nada explica algo dicho en el miembro anterior:

(26) Y después de haber creído tanto tiempo en él, me lo encontré a él, nada, que era mi marido, y me quedé entre que no lo podía creer y que me caía un balde helado.

Cuando nada actúa como reformulador prefiere una posición media o bien se ubica después de otro miembro (que explica) porque su alcance afecta a los dos miembros que enlaza.

3) Consecuencia

Nada actúa como un operador consecutivo que presenta el miembro discursivo en que ocurre como una consecuencia del miembro anterior:

(14) Me dejó plantada. Nada, estará con otra. (27) P: Yo digo, ¿por qué si esto pasó en diciembre recién lo revelás ahora? E: A mi vino Dani, me preguntó y, nada, le contesté.

4) Apoyo discursivo en la estructuración del discurso

Nada sirve también como apoyo continuativo discursivo ( algunos autores lo llaman “muletilla”) para que el hablante vaya elaborando su discurso sobre la marcha. En tal sentido podemos considerar que es un marcador metadiscursivo que también cumple con una función fática:

(7) P: Después de las declaraciones de Loly…¿vos…pudiste hablar con Silvina?

E. La verdad…sí,… nada,

todo es muy raro.

(28) H: Hola D,

llamaba

para saludarlos a vos y al Negro

y, nada

no logro

comunicarme hace

días. Nada

Les mando un beso

nada

para

ver si

nos juntamos

nada

Besos a vos y a los chicos.

Al ser nada un marcador polifuncional las funciones, pueden ocurrir por separado o confluir en un mismo enunciado, como se ve en el ejemplo (1) y en el siguiente ejemplo donde nada es un apoyo discursivo y a la vez atenuador:

(29) No sé si decirlo… es que, nada, es…, nada, una situación muy difícil, dolorosa para todos.

Su significado también varía al combinarse con otros marcadores. Combinado con y, que es un conector aditivo que indica que las informaciones de los dos miembros coordinados son equivalentes, nada señala que la información del miembro que encabeza es la más ajustada a la intención del hablante:

(30)

Empecé a trabajar rechiquito, por problemas familiares

Tengo dos hijos y,

nada

,

todo me lo gané por mi propio esfuerzo, nadie me regaló nada.

Cuando nada se encuentra en un miembro precedido por pero, que es un conector contraargumentativo, refuerza ese valor indicando que el miembro que encabeza contraorienta lo anteriormente dicho:

(19)

Periodista: -Tuviste una oferta, ¿no?

b. Entrevistado: -Sí. Me quedé pensando unos días en los diez mil dólares, pero,

bueno, nada, no acepté.

En los ejemplos en que se combina con porque o con bueno nada intensifica o actúa como apoyo modal que subraya la actitud atenuadora del hablante.

(17) Me extrañan tus palabras porque, nada, hay que tener ganas de meterse con Moria que la gente la ama.

Conclusión

Hemos tratado de caracterizar el uso de nada como marcador discursivo conversacional y encontramos que se ajusta a todas las propiedades gramaticales propuestas para ser considerado marcador de discurso. También hemos visto que, en tanto tal, orienta los procesos de razonamiento a través de cuatro instrucciones (atenuación, reformulación, consecuencia y apoyo discursivo). Sin embargo para que un discurso sea comprendido por el oyente éste no sólo debe descodificarlo desde el punto de vista semántico sino también pragmático. En este punto es donde creemos que el uso de nada exige mucho del oyente: es costoso de entender ya que no sólo puede tener varios efectos de sentido sino también el oyente debe hacer un enorme esfuerzo para comprender el significado de procesamiento, debido a que el uso de nada es bastante nuevo, no está generalizado y sólo es usado por una franja de la población en la que predominan los jóvenes (en nuestros registros, a partir de 12 años y no más allá de 30 aproximadamente) y adultos no mayores de 50 años, lo que hace que no sea fácil dejar de lado su significado básico y que su uso se sienta todavía “extraño”. Por ello en un futuro sería necesario ahondar en su estudio teniendo en cuenta diversos grupos poblacionales en los que se releve el uso de este marcador y estudiar su incidencia por edad, sexo, nivel educacional y social, haciendo un cruzamiento de datos, contrastándolos para observar también los diferentes usos, frecuencia y alternancia con otros marcadores equivalentes en cada una de las instrucciones, al igual que profundizar en el estudio fonológico sobre los tonemas típicos de cada instrucción y su incidencia en la comprensión de la misma.

Creemos por todo lo dicho que, si bien nada se comporta en muchos contextos como marcador discursivo conversacional y cumple con las propiedades gramaticales estudiadas, habrá que esperar para ver si con el paso del tiempo se consolida como tal.

Referencias bibliográficas

Bosque, I. y Demonte, V. (1999) Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid:

Espasa Calpe Briz Gómez, A. (1998) El español coloquial en la conversación. Esbozo de pragmagramática. Barcelona: Ariel Brown,P y Levinson, S. (1987) Politeness. Some Universals in Language Use. Cambridge: Cambridge University Press Carel, M. y Ducrot, O. (2006) La semántica argumentativa. Introducción a la teoría de los bloques semánticos. Buenos Aires: Colihue Calsamiglia., H. y Tussón, A. (2008) Las cosas del decir . Madrid: Ariel

Di Tullio, A. (2007) Manual de gramática del español. Buenos Aires: La isla de la luna

Escandell Vidal, M.V. (1998) “Cortesía y relevancia” en Haverkate, H., Mulder, G. y Fraile Maldonado, C.(eds) La Pragmática lingüística del Español. Recientes de- sarrollos. Ámsterdam: Rodopi

Fuentes Rodríguez,

(1998) “Vamos: un conector coloquial de gran complejidad” en

Martín Zorraquino, M.A. y Montolío Durán, E .(coords.) .Los marcadores del discurso. Teoría y análisis. Madrid: Arco Libros. 177- 192 García Negroni, M.M, (2000) "Acerca de los fenómenos de relectura y reinterpretación

en el discurso", Discurso y Sociedad, 2 (4): 89-108 - (2001) “Les connecteurs espagnols encima/además. Argumentation transgressive et

argumentation normative”, Langages, 142 : 41-56. - (2005) “La teoría de la argumentación lingüística. De la teoría de los topoi a la teoría de los bloques semánticos”, en Rodríguez Somolinos, A. (coord.) Lingüística

e

francesa,

excellence,2005http://www.liceus.com/cgibin/aco/ling_fran/index.asp

Madrid,

Liceus

Grice, P. (1975) “Lógica y conversación” en Valdés Villanueva, L. (ed.) La búsqueda

de significado. Madrid: Tecnos. 511 - 530 Levinson, S. C. (1983) Pragmatics. Cambridge: Cambridge University Press Martín Zorraquino, M.A. y Montolío Durán, E. (1998) Los marcadores del discurso. Teoría y análisis. Madrid: Arco Libros. Martín Zorraquino, M.A. y Portolés, J. (1999) “Los marcadores del discurso” en Bosque, I. y Demonte, V. (eds.) Gramática descriptiva de la lengua española. Vol. III. Madrid: Espasa Calpe .4051- 4213. Matte Bon, F. (2001) Gramática comunicativa del español, Madrid: Edelsa Grupo Didascalia

Portolés, J. (1998b) Marcadores del discurso. Barcelona, Ariel. Rossari, C. (1990) “Projet pour une typologie des opérations de reformulation”, Cahiers

de linguistique française 11 : 345-359.

Sánchez López., C. (1999) “La negación” ” en Bosque, I. y Demonte, V. (eds.) Gramática descriptiva de la lengua española, Vol. II. Madrid. Espasa Calpe.

2561-2634

Sperber,D y Wilson, D. (1986a): Relevance. Communication and cognition. Oxford:

Blackwell

Notas

1 Del corpus reunido y analizado, debido a la necesidad de concisión en el presente artículo, sólo se eligieron algunos ejemplos, aproximadamente un tercio del total. Sin embargo el análisis y conclusiones consignados reflejan la totalidad del corpus (por ello en la sección Conclusión se menciona rango etáreo) . Con respecto a los datos tomados de la televisión, proceden del periodista Santiago del Moro, de 25 años, en su programa Infama, los ejemplos (1), (5), (7), (17) en la primera o única intervención y en la segunda: (1), de Adriana Aguirre, 50 años, vedette y (7), de Matías Alé, 37 años, actor. Del programa Intrusos de Jorge Rial, 49 años, periodista, se registraron los ejemplos (4) y (6) pertenecientes a ese periodista y los ejemplos correspondientes a:

(10) Marcelo Tinelli, 50 años, conductor de reality show, (11) Daniel, 32 años, notero, (19) Maxi, 22 años, bailarín, (22) Rocío Marengo, 30 años, actriz, (23) Silvina Escudero, 25 años, bailarina, (27) Mariana, 23 años, cantante actores. (24) está tomado de Nuevediario y la entrevistada es Florencia, 35 años, ama de casa. (28) es un mensaje telefónico de un empresario de 42 años. (30) pertenece a un vendedor ambulante, menor de 30 años (aclarado por él mismo en su alocución en un colectivo). El resto de los ejemplos se oyeron de boca de transeúntes, en la calle o medios de transporte, sin posibilidad de lograr una clara identificación o clasificación. Si cierta vaguedad se da en la caracterización de los grupos poblacionales, este hecho responde a que la mayor parte de los ejemplos fueron relevados en la calle o en conversaciones oídas por la autora, lo cual , como se propone en la sección Conclusión se deberá refinar.

2 Este ejemplo figura en Matte Bon (2001: 255) con la numeración (79), que respetamos.

3 No podemos detenernos aquí en el análisis completo de nada. Para un análisis pormenorizado cf. Sánchez López, C. (1999: 2561 – 2634).

4 Cf. op. cit., 31.

5 Según DRAE nada. (Del lat. [res] nata, [cosa] nacida). 1. f. No ser, o carencia absoluta de todo ser. Era u. menos c. m. 2. f. Cosa mínima o de muy escasa entidad. 3. pron. indef. Ninguna cosa, negación absoluta de las cosas, a distinción de la de las personas. 4. pron. indef. Poco o muy poco en cualquier línea. Pasó por aquí hace nada. 5. adv. neg. De ninguna manera, de ningún modo.

6 Fuentes Rodríguez, C. en Martín Zorraquino y Montolío Durán (1998: 177 – 192).