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La familia Hall es un entrañable clan al borde de un ataque de nervios. El padre, George, afronta la jubilación y hace la vista gorda ante la aventura de su esposa, Jean. Ella encuentra cada vez más complicado citarse con su amante. Para colmo, el matrimonio ve cómo sus

dos hijos, Jamie y Katie, se han emparejado de la peor forma posible. Todos tendrán que enfrentarse a sus miedos para poner orden en sus vidas. Una combinación de humor y drama como sólo el autor de El curioso incidente del perro a medianoche podía lograr.

Mark Haddon Un pequeño

Mark Haddon

Un pequeño

inconveniente

ePub r1.0

dacordase 29.12.13

Títulooriginal:ASpotof Bother

MarkHaddon,2006

Traducción:PatriciaAntón

Cubierta:MarkBoutavant

Editordigital:dacordase

ePubbaser1.0

Ami«continuitygirl»

Miagradecimientoa

SosEltis,Clare

Alexander,

DanFranklinyBill

Thomas.

1

Todo empezó cuando George se estaba probando untrajenegroenAlldersla semanaanterioralfuneralde BobGreen. Noeralaperspectivadel

funeral la que lo había inquietado. Ni que Bob se muriera. Para ser francos, siempreselehabíahechoun poco pesada la camaradería deBobenlosvestuariosylo dejó secretamente aliviado quenofueraajugarmásal squash.Además,laformaen quesehabíamuertoBob(un ataque al corazón mientras veíaunaregataderemoenla

televisión) fue extrañamente tranquilizadora. Susan había vueltodecasadesuhermana

y se lo había encontrado

tumbado boca arriba en el

centro de la habitación con unamanosobrelosojos;se

lo veía tan relajado que al

principio pensó que estaba echándoseunasiesta.

Le habría dolido, obviamente. Pero uno podía

hacer frente al dolor.Y las

endorfinas

tardadoenaparecer,seguidas

por esa sensación de que la vida entera pasa a toda velocidadantelosojosqueel

propio George

experimentado varios años antes cuandose había caído de una escalera de mano,

había

habrían

no

pararomperseelcodocontra las rocas del jardín y

desmayarse, una sensación que no recordaba que fuera desagradable(unavistadesde elpuenteTamarenPlymouth había destacado por alguna razón). Lo mismo pasaba probablementeconesetúnel de luz brillante que se veía cuandomoríanlosojos,dada lacantidaddegentequeoíaa los ángeles llamarles de vuelta y despertaban para

encontrarse a un médico residentedepiejuntoaellos conundesfibrilador. Entonces… nada. Todo habríaterminado. Era demasiado pronto, por supuesto. Bob tenía sesenta y uno. E iba a ser duroparaSusanyloschicos, incluso si Susan estaba radianteahoraqueeracapaz deacabarsuspropiasfrases.

Pero en general parecía una buenaformadeirse. No,eralalesiónlaquelo habíadesconcertado. Se había quitado los

pantalones

poniéndose los del traje cuando advirtió un pequeño óvalodecarnehinchadaenla cadera, más oscura que la piel que la rodeaba y ligeramente despellejada. Se

estaba

y

lerevolvióelestómagoyse vio obligado a tragarse una pequeña cantidad de vómito quelesubióhastalaboca. Cáncer. No se había sentido así desdequeelFireballdeJohn Zinewski había volcado variosañosantesysehabía encontrado debajo del agua con el tobillo enredado en unalazadadecabo.Peroeso

había durado tres o cuatro segundos como mucho. Y estaveznohabíanadiepara ayudarlo a enderezar el velero. Tendríaquesuicidarse.

idea

reconfortante pero era algo quepodíahacer,yesolehizo sentirquecontrolabaunpoco

máslasituación. La única cuestión era

No

era

una

cómo. Saltar desde un edificio altoeraunaideaaterradora… Desplazar el centro de gravedaddesdeel bordedel

parapeto, la posibilidad de que cambiaras de opinión a mediocamino.

último que

necesitaba en ese momento

erapasarmásmiedo.

Ahorcarserequeríacierta

Y

lo

parafernalia y no tenía ningúnarma. Si bebía el whisky suficientequizápodríareunir el valor necesario para estamparelcoche.Habíaun

granarcodepiedraenlaA16

aeseladodeStamford.Podía estrellarsecontraélaciento cincuenta por hora sin la menordificultad. Pero ¿y si le faltaban

se

demasiado

paracontrolarelcoche?¿Ysi

selecruzabaotrovehículo?

¿Ysimatabaasusocupantes,

acababaparalíticoymoríade

cáncerenunasilladeruedas

enlacárcel?

¿Le

importaría acompañarme de

vueltaalatienda?

unos

agallas?

emborrachaba

¿Y

si

—¿Señor…?

Un

joven

de

dieciocho años

fijamenteaGeorge.Llevaba unas patillas pelirrojas yun uniformeazulmarinoquele quedabavariastallasgrande. Georgesepercatódeque estabaagachadoenelumbral embaldosadodel exterior de latienda. —¿Señor…? Georgeseincorporó. —Losientomuchísimo.

miraba

importaría

acompañarme…? George bajó la vista y comprobó que aún llevaba lospantalonesdeltrajeconla bragueta abierta. Se la abrochórápidamente. —Porsupuesto. Volvió a atravesar las puertasyseabriópasoentre bolsos y perfumes hacia el departamento de ropa de

—¿Le

caballero con el guardia de seguridadasusespaldas. —Porlovistohesufrido unaespeciedeataque. —Metemoquevaatener que hablar eso con el director,señor.

sombríos

pensamientos que le habían inundadolamentehacíasólo

un momento parecían haber tenido lugar mucho tiempo

Los

atrás. Cierto que sus pasos eranunpocoinseguros,como le pasa a uno después de rebanarse un pulgar con un formón,porejemplo,perose sentía sorprendentemente biendadaslascircunstancias.

del

departamento de ropa de caballeroestabadepiejunto

aunestantedezapatillascon las manos cruzadas en la

El

director

entrepierna. —Gracias,John. El guardia de seguridad

hizounpequeñoademánde deferenciaconlacabeza,se diolavueltaysefue. —Ahora,señor… —Hall. George Hall. Le ruegoquemedisculpepor…

podríamos

hablar un momento en mi

despacho

el

—Quizá

—repuso

director. Apareció una mujer con lospantalonesdeGeorge.

—Seloshadejadoenel probador.Enelbolsilloestá sucartera. Georgeinsistió. —Creo que he sufrido alguna clase de ataque

amnésico. No

pretendía

causarlesningunamolestia. Qué estupendoera lode

estarhablándoleaotragente. Queellosledijeranalgo.Que él les contestara. El rítmico tictac de la conversación. Podríahaberseguidoasítoda latarde. —¿Se encuentra bien, señor? La mujer lo agarró suavemente del codo y George se deslizó de lado hasta dejarse caer en una

silla, que le pareció más

sólida,máscómodayfirme de lo que recordaba haberle parecidonuncaunasilla. Lascosassevolvieronun pocoimprecisasduranteunos minutos. Entoncesletendieronuna tazadeté.

un sorbo. El té no era muy buenoperoestabacaliente,lo

—Gracias

—dio

habíanservidoenunatazade loza como Dios manda y sostenerla en las manos suponíaunconsuelo. —Quizá deberíamos pedirleuntaxi. Lo mejor probablemente sería, se dijo, volver al pueblo y comprarse el traje otrodía.

2

Decidió no mencionarle elincidenteaJean.Tansólo querría hablar de ello, y no era una idea que le hiciera muchagracia. EnopinióndeGeorge,se

sobrevalorabalaimportancia

de hablar. Últimamente uno

no podía encender

televisión sin ver a alguien hablar de su adopción o explicar por qué había apuñaladoasumarido.Noes que fuera reacio a hablar. Hablar era uno de los placeresdelavida.Ytodoel mundo necesitaba pontificar decuandoencuandoanteuna

la

pinta de Ruddles sobre

colegas que no se duchaban

lo suficiente, o

adolescentes que habían vuelto a casa borrachos de madrugada para vomitar en

hijos

la cesta del perro. Pero eso nocambiabanada.

la

satisfacción, le parecía a

George, residía en ignorar por completomuchas cosas.

El

secreto

de

Nolograbacomprendercómo podía alguien trabajar en la misma oficina durante diez añosocriarniñossinrelegar permanentemente ciertos pensamientosalfondodesu mente. Y en cuanto a esa última etapa nefasta en que llevabas un catéter y no teníasdientes,lapérdidade memoria parecía un regalo delcielo.

Le dijo a Jean que no había encontrado nada en

Allders y que volvería a la ciudad el lunes, cuando no

que compartir

Peterborough con cuarenta mil personas más. Subió entoncesalcuartodebañoy se pegó una tirita grande sobrelalesiónparaqueyano

seviera.

Durmióprofundamentela

tuviese

mayor parte de la noche y despertósólocuandoRonald Burrows, su profesor de

muerto hacía

mucho, le tapó la boca con unatiradecintaaislanteyle abrió un agujero en la caja torácica con una larga púa metálica. Por raro que parezca, fue el olor lo que más lo perturbó, un olor comoeldeunlavabopúblico

Geografía

nomuylimpioqueacabade utilizar una persona muy enferma, embriagador y densocomoelcurry;unolor, lopeordetodo,queparecía proceder de la herida en su propiocuerpo. Fijólavistaenlapantalla delalámparasobresucabeza yesperóaqueelcorazónle latiera más despacio, como unhombrealquehansacado

de un edificio en llamas y aún no acaba de creer que estáasalvo. Lasseisenpunto. Selevantódelacamay

bajó a la cocina. Metió dos rebanadas de pan en la tostadora y sacó la cafetera exprés que Jamie les había regaladoporNavidad.Eraun artilugio ridículo que sólo

exhibían por

motivos

diplomáticos. Pero en ese momento le pareció buena idea,lodellenardeaguael depósito, verter café en el embudo,encajarensusitiola juntadegomayenroscarlas secciones de aluminio. Le recordó vagamente a la máquinadevapordeGareth con la que le habían permitido jugar durante aquellainfamevisitaaPoole

en1953.Yeramuchomejor

que sentarse a ver mecerse los árboles del fondo del

como monstruos

mientrashervíaelaguaenla tetera. La llama azul exhalóun suspirobajolabasemetálica de la cafetera. Camping de puertasadentro.Unapequeña aventura. Lastostadassaltaron.

jardín

Ésefueelfindesemana, por supuesto,enqueGareth

estirólapata.Quéextrañolo de mirar atrás, que el transcursodeunavidaentera

explicarse con

detalle en cinco minutos duranteunatardedeagosto. Untó mantequilla

pudiese

y

mermelada en la tostada mientras oía burbujear el café.Sesirvióunatazaydio

un sorbo. Estaba tan fuerte que te ponía los pelos de punta.Leañadiólechehasta que se volvió del color del chocolate oscuro y luego se sentó y cogió la revista de arquitecturaqueJamiehabía dejadoensuúltimavisita. La casa de los Azman Owen. Madera de encofrado, puertascorrederasdecristal,

sillas de comedor Bauhaus, un jarrón solitario con azucenassobrelamesa.Dios santo.Avecesansiabaverun par de calzoncillos tirados porahíenunafotografíade arquitectura. «Se ha especificado el uso de vibradores eléctricos internosdealtafrecuenciay amplitud constante para la compresión, para minimizar

losorificiosdeventilacióny

producir

uniformedecompresión…» La casa parecía un búnker. ¿Qué pasaba con el cemento? ¿Iría la gente a plantarsebajolospuentesde

laM6aadmirarlasmanchas

esfuerzo

un

dentrodequinientosaños? Dejólarevistayempezó elcrucigramadelTelegraph. Nanosegundo. Bizancio.

Copete. Jeanaparecióalassietey media con su albornoz morado. —¿Nopodíasdormir?

—Mehedespertadoalas seis.Noconseguíadormirme deltodootravez. —Ya veoque has usado eltrastoesedeJamie. —Enrealidadvabastante

bien

—repuso George,

aunque lo cierto era que la cafeínalehabíaproducidoun temblor en las manos y la desagradable sensación que uno tiene cuando espera malasnoticias. —¿Tetraigoalgo?¿Oya estásservido? —Un poco de zumo de manzana me iría bien. Gracias. Algunas mañanas la

miraba y sentía una leve repulsión ante esa mujer regordetayavejentadaconsu pelodebrujaysupapada.Y luego, otras mañanas como ésa…«Amor»quizánoerala palabraadecuada,aunqueun pardemesesantessehabían sorprendido a sí mismos despertándose a la vez en aquel hotel en Blakeney y teniendo relaciones sexuales

sin siquiera lavarse los dientes. George le rodeó las

caderasconunbrazoyellale

acariciócondespreocupación

como quien

acariciaaunperro.

Habíadíasenqueserun

perroparecíaalgoenvidiable.

—Semeolvidódecírtelo

—se

AnochellamóKatie.Vienen

la

cabeza

despegó

de

él—.

acomer. —¿Vienen?¿Quiénes? —Ella y Jacob y Ray. Katiepensóqueestaríabien pasareldíafueradeLondres. Maldición.Sólolefaltaba eso. Jean se inclinó ante la nevera. —Sólo trato de ser civilizada.

3

Jean lavó las tazas de rayas y las dejó en el escurridor. Unos minutos después reapareció George con su ropadetrabajoysedirigióal

jardínaponer ladrillosbajo lallovizna. Jean estaba en el fondo orgullosadeél.Elmaridode Paulinehabíaempezadoair cuesta abajo en cuanto le habíandadoelrelojgrabado. Ochosemanasdespuésestaba enmediodeljardínalastres delamañanaconunabotella de whisky escocés entre pecho y espalda, ladrando

comounperro. CuandoGeorgeleenseñó los planos del estudio le recordaron a los planos de Jamie de aquella máquina para atrapar a Papá Noel. Peroahíestaba,alfondodel jardín,conlos cimientos en su sitio, cinco hileras de ladrillos, y marcos de ventana amontonados bajo unacapadeplásticoazul.

A los siete o a los

cincuentaysiete,necesitaban sus proyectos. Traer algo muertodevueltaalacueva. Montar una franquicia en Wellingborough. Una buena comida, veinte minutos de recreoyestrellasdeoropara quesevieraquealguienles hacíacaso.

la

cafeterayunapartedelposo

Jean

desenroscó

empapadosedesplomósobre elescurridorysedesintegró. —Mierda. Sacó una bayeta del armario. Talcomohablabandela jubilación, cualquiera diría que volvían de Vietnam. Ni seles ocurríapensar ensus esposas. No importaba cuántoquisierasaalguien.La casa para ti sola treinta y

cincoaños,yentoncestenías que compartirla con… no exactamente extraño… Aúnpodríaseguirviendo aDavid.Conlasmañanasen la escuela primaria y su trabajodemediajornadaen Ottakar’s, en el centro, era bastante simple pasar unas cuantas horas de más fuera de casa sin que George se

un

con

dieracuenta.Peroelengaño le había parecido menor cuando él trabajaba. Ahora comíaencasasietedíaspor semanayhabíaciertascosas demasiado cerca unas de otras. Por suerte a George le encantabatenerlacasapara élsoloyteníamásbienpoco interésenloqueellahiciera cuando andaba por ahí. Lo

cual la hacía más llevadera. La culpa. O la ausencia de ella. Lavólabayeta,laestrujó para escurrirla y la colgó sobreelgrifo. Estaba siendo cruel. Probablemente ante la perspectiva de que Katie viniese a comer. Él y Ray haciéndose los educados cuando lo que deseaban era

entrechocar las cornamentas yforcejear. George era un hombre

decente.

emborrachaba. Nunca le

pegaba, y a los niños

tampoco.

levantabalavoz.Lasemana anteriorsinirmáslejoshabía visto cómo se le caía una llave inglesa en el pie. Se había limitado a cerrar los

nunca

se

No

Casi

ojos y enderezar la espalda, concentrándose, como si trataradeoíraalguienquelo llamaba desde muylejos.Y sólo le habían puesto una

multa por

velocidad. Quizá era ése el problema. Jean recordaba haber sentidocelosdeKatiecuando se juntó con Graham. Que

exceso de

fueran amigos. Que fueran iguales.LacaradeGeorgeen aquellacenaenquehablaban delparto.Grahamutilizando lapalabra«clítoris»yGeorge

con el jamón en el tenedor antelabocaabierta.

el

problema de ser amigos. Graham se larga un día,

dejándolaparaqueseocupe de Jacob. Con un hombre

Pero

ahí

estaba

comoGeorgeesonopasaría nunca. George tenía razón con respectoaRay,sinembargo. Aellaesacomidaleapetecía tanpococomoaél.Graciasa Dios que Jamie no iba a venir. Un día de ésos iba a llamar a RayMister Potato delantedeKatie.OdeRay.Y ellaibaatenerquellevara alguienalhospital.

del

coeficientedeinteligenciade Katie,Rayaúndecíadeella que era «una mujercita maravillosa».Aunqueenesa

ocasión

cortacésped. Lo cual no le granjeó precisamente el cariñodeGeorge.Erauntipo estable,almenos.Queeralo

que Katie necesitaba en ese

momento. Alguien

el

Con

la

mitad

arregló

que

supieraqueellaeraespecial. Alguienconunbuensueldoy lapielbiengruesa. Siempre y cuando Katie nosecasaraconél.

4

George vertió cemento

sobre

contrachapado y comprobó quenotuvieragrumosconel

de

el

pedazo

bordedelapaleta. Era como el miedo a

volar.

Cogióunladrillo,untóde

cementolapartedeabajo,lo

colocóyloladeósuavemente

para que quedara

alineadorespectoalnivelde burbujaenvertical. Nolehabíanpreocupado al principio, los vuelos a Palma y Lisboa en aquellos avionesdehélicequetantose movían. De lo que más se

bien

acordaba era del sudoroso queso empaquetado y del rugidodelatazadelváteral abrirse a la estratosfera. Entonces,alavióndevuelta de Lyon en 1979 habían

tenido que quitarle el hielo de las alas tres veces. Al

principio

había

advertidoquetodoelmundo en la sala de embarque lo sacaba de quicio (Katie

sólo

haciendo el pino, Jean yéndosealatiendalibrede impuestos después de que hubiesen anunciado el númerodesupuerta,eljoven de enfrente acariciándose el cabello demasiado largo comosifuesealgunaclasede criatura domesticada…). Y cuando embarcaron, algo en el aire enclaustrado y químicodelapropiacabina

le había hecho sentir una presión en el pecho. Pero sólocuandorodabanhaciala pista de despegue se había dadocuentadequeelavión ibaasufriralgúncatastrófico fallo mecánico en pleno vueloydequeél ibaadar volteretas en dirección a la tierradurantevariosminutos dentro de un gran tubo de acero junto a doscientos

extraños que chillaban y se hacían cosas encima, para luego morir en una bola de fuego naranja de acero retorcido. Recordaba a Katie diciendo:«Mami,creoquea papá le pasa algo», pero parecía hablarle débilmente desde un minúsculo disco solar en la boca del pozo profundísimo en que había

caído.

Se obstinó en mirar fijamente el respaldo del

asiento

desesperado por imaginar que estaba sentado en su

salita de estar. Pero cada pocosminutosoíaunrepique siniestroyveíaunalucecita

roja parpadear

el

mamparo a su derecha, que informaban en secreto al

de

delante,

en

personal devuelodequeel piloto luchaba contra algún fatídicofalloenlacabinade mando. No era que no pudiese hablar, sino más bien que hablareraalgoquepasabaen otromundodelquesólotenía unrecuerdomuylejano. EnciertomomentoJamie miróporlaventanillaydijo:

«Creoqueseestácayendoel

ala».Jeansiseó:«Porelamor deDios,crecedeunavez»,y Georgesintiódehechocómo saltaban los remaches y el fuselaje se desprendía como unatoneladadebalasto. Durante varias semanas después de aquello fue incapazdeversobrevolarun aviónsinsentirsefurioso. Eraunareacciónnatural. Los seres humanos no

estabanhechos para que los metieran en latas y los lanzaranalespaciomediante cohetes asistidos por ventiladores. Colocóotroladrilloenel ángulo opuesto y luego extendióuncordel entre las partes superiores de los dos paraquelahiladalequedara recta. Por supuesto, se sentía

fatal.Esoeraloquehacíala ansiedad,convencerloa uno de salir bien rápido de las situaciones peligrosas. Leopardos, arañas enormes, hombres extraños cruzando elríoconlanzas.Sialguien tenía un problema eran los demás,ahísentadosleyendo elDailyExpressychupando caramelos de fruta como si estuvieran en un gran

autobús. PeroaJeanlegustabael sol.Yconducir hastael sur deFranciaecharíaportierra unasvacacionesantesdeque hubiesenempezadosiquiera. Así que necesitaba una

estrategiaparaimpedirqueel

horrorhicierapresaenélen

aumentara

vertiginosamente

acabar en alguna clase de

mayo

hasta

y

ataqueenHeathrowenjulio.

Squash, largos paseos, cine.

Tony Bennett

volumen,laprimeracopade vino tinto a las seis, una nuevanoveladeFlashman. Oyóvocesyalzólavista. Jean,KatieyRayestabande pie en el patio como dignatarios que esperasen que él atracara en algún muelleextranjero.

a

todo

—¿George…? —Ya voy —quitó el excesodemorteroalrededor

del ladrillo recién puesto, para luego devolverlo a la gaveta raspando contra el bordeconlapaletayponerla tapa.Seincorporóycruzóel

jardín, limpiándose

manosenuntrapo.

—Katietieneunanoticia

—explicóJeanconeltonode

las

voz que utilizaba cuando ignoraba la artritis en su rodilla—. Pero no quería dármelahastaqueestuvieses aquí. —Ray y yo vamos a casarnos—dijoKatie. George tuvo una breve experiencia extrasensorial. Estaba observando el patio desde una altura de cinco metros, viéndose darle un

beso a Katie y estrechar la mano de Ray. Fue como caersedeaquellaescalerade mano. La forma en que el tiempo transcurrió más despacio.Laformaenquesu cuerpo supo instintivamente cómo protegerse la cabeza conlosbrazos. —Voy a meter champán en la nevera —dijo Jean trotandodevueltaalacasa.

Georgevolvióaentraren

sucuerpo.

—A

finales

de

septiembre—explicóRay—.

Aunque haremos

queremos

causarosmuchosproblemasa vosotrosdos. —Bien —repuso George —.Bien. Tendría que pronunciar un discurso en el banquete,

sencillo.

algo

No

undiscursoquedijeracosas

agradablesdeRay.Jamiese negaría a asistir a la boda, Jean se negaría a permitir queJamiesenegaraaasistir alaboda.Rayibaaser un miembro de la familia.

Tendrían

que constantemente.Hastaquese murieran.Oemigraran. ¿Qué estaba haciendo

Katie?

podía

verle

Uno

no

controlar asushijos,esolo

comer verdurayaerabastanteduro. Pero¿casarseconRay?Katie tenía una menciónde honor

enFilosofía.Yestabaaquel tipo que se le había metido enelcocheenLeeds.Suhija lehabíadadoalapolicíaun trozodesuoreja. Jacob apareció en el

umbral

un

sabía.

Hacerles

blandiendo

cuchillodelpan. —Soyunefelanteyvoya coger el tren y… y… éstos sonmiscolmillos. Katieenarcólascejas. —Noestoyseguradeque seamuybuenaidea. Jacob corrió de vuelta a la cocina chillando de alegría.Katieentrótrasél. —Venaquí,mico. Y George se quedó a

solasconRay.

ElhermanodeRayestaba

enlacárcel.

Ray trabajaba para una empresa de ingeniería que hacía fresadoras de levas

especializadas.

George no tenía ni la más remotaideadequéeraeso. —Bueno.

altamente

—Bueno.

Raycruzólosbrazos.

—Bueno, ¿qué tal va el estudio? —Aún no se ha venido abajo —George cruzó los brazos, se percató de que estabacopiandoaRayylos descruzó—. Aunque todavía nohaygrancosaparavenirse abajo. Permanecieron en silencio durante muchísimo rato.Raycolocóensusitio

tresguijarrosdelaslosasdel sueloconlapuntadelzapato derecho. El estómago de Georgehizounruidoaudible. Raydijo:

—Ya

qué

estás

pensando. Durante un breve y

horrorizado instante George

estaba

diciendolaverdad. —En lo de que esté

pensó

que

Ray

divorciadoytodoeso—hizo unmohínyasintiódespacio conlacabeza—.Soyuntipo consuerte,George.Yalosé. Cuidarédetuhija.Deesono tienesquepreocuparte. —Estupendo —repuso George. —Nos gustaría correr nosotros con los gastos — continuóRay—,amenosque tengáis algún inconveniente.

Me refiero a que ya habéis tenido que hacerlo vosotros unavez. —No.Túnotendríasque pagar —repuso George, contento de hacer valer un pocosusprivilegios—.Katie es nuestra hija. Debemos asegurarnosdequeemprenda la partida con estilo —¿la partida?EsohacíaqueKatie parecieraunbarco.

—Esoesjugarlimpio— dijoRay. No era simplemente que Rayfuesedeclaseobrera,o que hablara con un acento norteño bastante marcado. George no era un esnob, y fueran cuales fuesen sus orígenes, a Ray sin duda le habíaidobien,ajuzgarporel tamaño de su coche y las descripcionesdeKatiedela

casaquecompartían. A George le daba la sensacióndequeelproblema principal era el tamaño de Ray. Parecía una persona corriente a la que hubiesen ampliado. Se movía más despacio que el resto de la gente,delaformaenquelo hacen los animales grandes del zoo. Jirafas. Búfalos. Agachabalacabezaalpasar

porlaspuertasyteníaloque Jamie describía, cruel pero acertadamente,como«manos deestrangulador». Durante sus treinta y cincoañosenelsectordela industria manufacturera, George había trabajado con hombres varoniles de toda clase. Hombres robustos, hombres que podían abrir cervezas con los dientes,

hombres que habían matado gente durante el servicio militar activo,hombresque, enlaencantadoradescripción de Ted Monk, se follarían cualquiercosaqueestuviese quietaeltiemposuficiente.Y aunque nunca se había sentido del todo cómodo en su compañía, rara vez se había sentido intimidado. Pero al visitarlos Ray, se

acordaba de cuando estaba con los amigos de su hermanomayoraloscatorce años,delasospechadeque habíauncódigodevirilidad secreto del que él no tenía conocimiento. —¿Ylalunademiel?— preguntóGeorge. —En Barcelona contestóRay. —Qué bonito —repuso

George, que por un breve instante fue incapaz de recordar en qué país estaba Barcelona—.Muybonito. —Esoespero—dijoRay —. Debería hacer un poco más de fresco en esa época delaño. George preguntó qué tal le iba el trabajo y Ray explicóquehabíanabsorbido una empresa en Cardiff que

hacíacentrosdemecanizado horizontal. No estaba mal. George

podía marcarse el farol de

en conversaciónsobrecochesy deportessileinsistían.Pero eracomohacerdeovejaenel autodeNavidad.Pormásque te aplaudieran no iban a conseguir que la cosa te pareciera digna o a impedir

embarcarse

una

que desearas salir corriendo de vuelta a casa a leer un librosobrefósiles. —Tienengrandesclientes en Alemania. La empresa pretendía que me pasara el tiempoyendoyviniendode Múnich. Pero me negué en redondo.Porrazonesobvias. LaprimeravezqueKatie lo había traído a casa, Ray habíarecorridoconundedo

discos

compactos encima de la televisiónyhabíadicho:«De manera que es usted un aficionado al jazz, señor Hall», y George se había sentidocomosiRayhubiese encontrado un montón de revistaspornográficas. Jean apareció en la puerta. —¿Vas a lavarte y

el

estante

de

cambiarteantesdecomer? George se volvió hacia Ray. —Te veo luego —y se alejóparacruzarlacocinay subirporlasescalerashacia lacalmaalicatadadel baño, dondepodíaencerrarse.

5

La idea les horrorizó. Como era de esperar. Katie sediocuenta. Bueno, pues que se conformaran. Tiempo atrás habría perdido los estribos.

De hecho, una parte de ella añoraba ser la persona que perdíalosestribos.Comosi sus estándares estuviesen bajando.Perollegabasauna etapa en que advertías que era una pérdida de energía tratardehacerquetuspadres cambiaran de opinión sobre loquefuera. Ray no era ningún intelectual.Noeraelhombre

había

conocido nunca. Pero el hombremásguapoquehabía conocido la había dejado peroquebienjodida. YcuandoRaylarodeaba consusbrazossesentíamás segura de lo que se había sentidoenmuchotiempo. Se acordaba de aquella deprimente comida en casa deLucy.Deltóxicogoulash

más

guapo

que

que había preparado Barry. Del amigo borracho que le había tocado el culo en la cocinaydelataquedeasma de Lucy. De haber mirado porlaventanayvistoaRay con Jacob en los hombros, corriendo por el jardín y saltando sobre la carretilla volcada.Yde haber llorado ante la idea de volver a su minúsculopisoconelhedor

aanimalmuerto.

había

aparecidoantesupuertacon unramodeclaveles,loquela había asustado un poco. No queríaentrar.Peroellahabía insistido.Porpuravergüenza, sobretodo.Porquenoquería quedarselasfloresycerrarle la puerta en las narices. Le habíapreparadouncaféyél habíadichoquenoseledaba

Entonces

Ray

muybienlacharlayellale

había preguntado si quería

saltársela

directamentealsexo.Perole sonó más gracioso en la cabeza que al decirlo. Y la verdadesquedehaberdicho élquedeacuerdo,Katiebien podría haber aceptado sólo porque a una le halagaba sentirse deseada, pese a las bolsas bajo los ojos y la

ir

para

camiseta del parque natural deCostwoldconmanchasde plátano. Pero él lo decía en serio, lo de charlar. Era bueno reparando el reproductor de cassettes y preparando desayunos y organizando excursiones a museos del ferrocarril, y preferíatodasesascosasala charlaintrascendente. Rayteníamuymalgenio.

Habíaatravesadounapuerta deunpuñetazohaciaelfinal desuprimermatrimonioyse habíarotodostendonesdela muñeca.Peroeraunodelos hombres más dulces que conocía. Un mes después él los llevóaHartlepoolavisitara su padre y su madrastra. Vivían en una casa de una planta con un jardín que a

Jacoblepareciómaravilloso

porlostresenanitosentorno al estanque ornamental y la glorieta en que uno podía esconderse.

la

trataban como a la hija del señorfeudal,locuallapuso unpoconerviosahastaquese

que

dio

probablementetratabanigual a todos los extraños. Alan

Alan

Barbara

y

cuenta

de

había trabajado en una fábrica de caramelos la mayor parte de su vida. Cuando la madre de Ray murió de cáncer, había empezadoairalaiglesiaala queacudieradeniñoyhabía conocido a Barbara, que se había divorciado de su maridoalvolversealcohólico («aficionarsealabebida»era la frase que ella utilizaba y

que lo hacía sonar a baile folclóricoopodadesetos). Para Katie tenían más aspecto de abuelos (aunque ninguno de sus propios abuelos llevaba tatuajes). Pertenecíanaunmundomás antiguo de deferencia y deber. Habían cubierto la pareddesusaladeestarcon fotografíasdeRayyMartin, el mismo número de cada

uno pese al pecaminoso desastreenqueMartinhabía convertidosuvida.Habíauna

pequeñavitrinaconfiguritas

deporcelanaenelcomedory

unaalfombraconformadeU

alrededordelváter.

un

estofado,yluegolehizounos palitos de pescado a Jacob cuando el niño se quejó de que tenía «grumos». Le

Barbara

preparó

preguntaron a Katie qué hacía en Londres y ella explicó que ayudaba a organizarunfestivalcultural, ysonófantasiosoyvicioso. De manera que les contó la historiadellocutorborracho al que habían contratado el año anterior, y se acordó, demasiadotarde,delmotivo deldivorciodeBarbarayni siquiera se las apañó para

cambiar con elegancia de

tema,

interrumpió, avergonzada.

Así que fue Barbara quien

cambió

preguntándole a qué se dedicabansuspadres,yKatie dijo que su padre se había jubilado hacía poco de su puesto de gerente en una pequeña empresa. Iba a dejarloahí,peroJacobdijo:

tema

se

sino

que

de

«Elabuelohacecolumpios»,

de manera que tuvo que explicar que Shepherds se

a equipamiento para parques infantiles,locualsonómejor que organizar un festival cultural,aunquenotansólido comoellahabríadeseado. Y quizá un par de años antes se habría sentido incómoda y habría querido

construir

dedicaba

volver a Londres cuanto antes, pero muchos de sus amigossinhijosdeLondres empezaban a parecerle fantasiososyviciosos,yera agradable pasar un tiempo con gente que había criado por su cuenta a sus hijos y queescuchabamásdeloque hablabayquepensabaquela jardineríaeramásimportante queuncortedepelo.

Yquizáerananticuados. Quizá Ray era anticuado. Quizánolegustabapasarla aspiradora. Quizá volvía a meter siempre la caja de tamponesenelarmario.Pero Grahamhacíataichiyhabía resultadoserungilipollas. AKatieleimportabaun bledo lo que pensaran sus padres.Además,sumadrese estaba tirando a uno de los

antiguoscolegasdesupadre, y su padre fingía que los pañuelosdesedayelaspecto radianteteníanqueverconel nuevoempleodesumadreen lalibrería.Demaneraqueno estaban en posición de sermonearanadieenloque respectabaalasrelaciones. Por Dios, ni siquiera queríapensarenello. Todo lo que quería era

llegar al final de la comida sin demasiadas fricciones y evitar una truculenta conversación de mujer a mujer mientras fregaban los platos.

6

La comida fue bastante

bien,hastaquellegaronalos

postres.

pequeño

tropiezo cuando George se estabacambiandolaropade

Hubo

un

trabajo. Estaba a punto de quitarse la camisa y los pantalones cuando recordó qué ocultaban, y sintió esa tremenda impresión que te llevas en una película de terror cuando la puerta de espejodel armariose cierra pararevelaralzombiconla guadaña de pie detrás del héroe. Apagólasluces,bajólas

persianas y se duchó a cantando

oscuras «Jerusalén». Como resultado, bajó sintiéndose no sólo limpio sino orgulloso de haber reaccionadocontantarapidez

y eficacia. Cuando llegó al

comedor

conversación y Jacob fingía

y

había

vino

serunhelicóptero,yGeorge fue finalmente capaz de

relajarseunpoco.

Su temor de que Jean, siendo como era, hiciera

comentario

bienintencionado

inapropiado y Katie, siendo como era, mordiera el anzuelo y las dos acabaran

peleándose

resultó infundado. Katie

Barcelona

(estaba en España, por

algún

pero

como

gatos

habló

sobre

supuesto,ahoraseacordaba), Rayelogiólacomida(«Una sopariquísima,señoraHall») yJacobhizounapistaconlos cubiertosparaquesuautobús pudiesedespegaryseenfadó bastante cuando George le dijo que los autobuses no volaban. Estabandandocuentadel pasteldemoras,sinembargo, cuando la lesión empezó a

picarlecomosifuerapiede atleta. La palabratumor apareció en su mente y era unapalabrafeaquenoquiso estar considerando,pero fue incapaz de quitársela de la cabeza. Lo sintió crecer allí sentadoalamesa,demasiado despacio quizá para verse a simple vista,pero creciendo de todas formas, como el

moho del pan que tenía de

en mermeladaenel alféizar de laventanadesudormitorio. Estaban discutiendo los

detallesdelaboda:servicios

comidas, fotógrafos,

un tarro de

niño

de

invitaciones…

consiguióentenderesaparte

delaconversación.Entonces

empezaron a hablar de si reservar en un hotel (la

George

opciónquepreferíanKatiey Ray) o alquilar una carpa para el jardín (la opción favoritadeJacob,aquienlo excitaba mucho el concepto deunatiendaentera).Enese punto George empezó a perderse. Katiesevolvióhaciaély lepreguntóalgodelestilode «¿Cuándo estará acabado el estudio?», pero bien podía

haber estado hablando en húngaro.Georgeviomoverse subocaperofueincapazde procesarelruidoquesalíade ella. El acelerador se estaba pisandohastaelfondoensu cabeza. El motor rugía, las ruedas giraban y de los neumáticossalíahumo,pero noibaaningunaparte. No supo muy bien qué

pasó entonces, pero no fue elegante,implicódañosala vajilla y acabó con él saliendo velozmente por la puertadeatrás.

7

Hubo un entrechocar de platosyJeansevolviópara descubrir que George se habíaesfumado. Al cabo de unos cinco segundosdeatónitosilencio

Jacob alzó la vista de su autobúsypreguntó:

el

abuelito? —En el jardín —repuso Ray. —Exacto —dijo Katie apretandolosdientes.

de

interceptarla.

—¿Dónde

está

Jean

trató

—Katie…

Peroerademasiadotarde.

Katie se levantó y salió a grandes zancadas de la habitación en busca de su padre. Hubo un segundo silenciobreve. —¿Estámamitambiénen el jardín? —quiso saber Jacob. JeanmiróaRay. —Sientotodoesto. RaymiróaJacob. —A veces tu mami se

exaltaunpoco. —¿Qué esexaltada? — preguntóJacob.

—Pues que se enfada, ¿no?—repusoRay.

unos

instantes. —¿Podemos sacar el submarino? —Venga,vamos,capitán. Cuando Ray y Jacob llegaronalrellano,Jeanfuea

Jacob

pensó

la cocina y se acercó a la nevera, desde donde podía veraKatiesinquelavierana ella. —Ydeltubitosaleagua —exclamó Jacob desde el pisodearriba. —Nomeimportaloque pienses tú, papá —Katie caminaba de un lado a otro

haciendo

aspavientos

una

del

patio

como

persona demente en una película—.Esmivida.Voya casarmeconRaytegusteo no.

Resultaba difícil decir con precisión dónde estaba George, o qué estaba haciendo. —No tienes ni idea. Ni remotaidea.Rayesamable. Ray es dulce. Y tú puedes opinar lo que quieras, estás

entuderecho.Perositratas

esto,

sencillamenteloharemospor

nuestracuenta,¿deacuerdo?

estar

mirandoalsuelo.Georgeno estaríatumbado,¿no? Cuandoélsaliócorriendo delahabitación,Jeanasumió que se había derramado crema en los pantalones o que olía a gas y que Katie

de

impedir

Katie

parecía

simplemente

se

había

precipitado

en

sus

conclusiones.Locualerade lo más normal. Pero estaba claro que pasaba algo más serio,ylepreocupaba. —¿Y bien? —preguntó Katiealotroladodelcristal. No hubo respuesta que Jeanpudieseoír. —PorDios,merindo. Katie desapareció de la

ventanayseoyeronpisadas enellateraldelacasa.Jean abriódeuntirónlapuertade la nevera y cogió un cartón de leche. Katie irrumpió a travésdelapuerta,siseó:

—¿Quédiantrelepasaa ese hombre? —y se alejó pasilloabajo. Jean volvió a dejar la lecheyesperóaqueGeorge reapareciera. Como no lo

hizo,pusolateteraysalióal jardín. Estabasentadoenelpatio conlaespaldacontralapared y apretándose los ojos con losdedos,conlamismapinta que aquel hombre escocés quebebíasidraydormíaen la hierba en el exterior del juzgado. —¿George? —Jean se inclinóanteél.

George se apartó las

manosdelacara. —Oh,erestú. —¿Te ocurre algo? — preguntóJean. —Es sólo que… tenía dificultades para hablar — repuso George—. Y Katie gritabamucho. —¿Teencuentrasbien?

siento

terriblementebien,paraserte

—No

me

sincero—respondióGeorge.

—¿En qué sentido? — Jean se preguntó si habría estado llorando, pero le parecióridículo. —Me cuesta un poco respirar.Necesitabaunpoco deairefresco.Losiento. —¿Nohatenidonadaque verconRay,entonces?

—preguntó

George.

—¿Ray?

Parecía haber olvidado quiéneraRay,yesotambién erapreocupante. —No —dijo George—. No ha tenido nada que ver conRay. Jeanletocólarodilla.La sensación fue extraña. A George no le gustaba la compasión. Le gustaba el paracetamol y tener una mantaylahabitaciónparaél.

—¿Quétal teencuentras ahora? —Un poco mejor. Por hablarcontigo. —Llamaremosalmédico y te pediremos hora para mañana—dijoJean. —No, el médico no — pidió George con cierta insistencia. —Noseastonto,George. Tendió la mano. Él la

agarróysepusolentamente

enpie.Estabatemblando.

—Vamos

a

llevarte

adentro. Jean se sentía inquieta. Habíanllegadoaesaedaden quelascosasibanmalyno siempremejoraban.Elataque alcorazóndeBobGreen.El riñóndeMoiraPalmer.Pero al menos George le estaba dejandocuidardeél,locual

suponía un cambio. No

recordaba la última vez que habíancaminadotomadosdel brazodeesamanera. Cruzaronel umbral yse encontraronaKatiedepieen mediodelacocinacomiendo hojaldre de fruta de un cuenco.Jeandijo:

se

encuentramuybien. Katie aguzó la mirada.

—Tu

padre

no

Jeancontinuó:

—Estonotienenadaque ver conquevayas acasarte conRay. Katie miró a George y habló con la boca llena de hojaldre. —Bueno, y ¿por qué demonios no me lo has dicho? Jeanhizosalir a George alpasillo.

Éllesoltólamano. —Me parece que voy a subiraecharmeunrato. Las dos mujeres esperaronaoírelchasquido de la puerta del dormitorio sobre sus cabezas. Entonces Katie dejó caer el cuenco vacíoenelfregadero. —Graciasporpermitirme quedar como una absoluta imbécil.

—No creo que necesites miayudaeneseaspecto.

8

en habitación a oscuras no era tantoconsuelocomoGeorge habíaesperado.Setendióen lacamayobservóunamosca describir giros al azar enel

una

Estar

solo

airegrisyllenodemotitas. Para su sorpresa echaba de menosqueKatielechillase.

Lo ideal habría sido chillar un poco él también. Le parecíaalgoterapéutico.Pero lodechillarnuncaselehabía dado muy bien. De manera que ser el receptor era probablemente lo más cerca

que

conseguirlo.

de

iba

a

llegar

Lamoscaseposóenlas

borlas de la pantalla de la lámpara. Todo iba a salir bien. Jeannoibaahacerloacudir al médico. Nadie podía obligarloahacernada. Sólo tenía que decir

mentalmente

palabra

médicoyyaolíaatubosde goma y veía el resplandor fantasmaldelasradiografías

la

sobre las

iluminadas, la masa oscura, losmédicosenlassalitasde

color beige con tablillas en las manos y mostrándose diplomáticos. Teníaquedistraerse.

pantallas

Los

ocho

norteamericanos

norteamericanos

estados

que

empezabanporlaletraM.

Missouri.

Maryland. Ése era del que

Maine.

siempre se olvidaba todo el

mundo.

Mississippi.¿Oéseerasólo unrío? Seabriólapuerta. —¿Puedo entrar en tu cueva,abuelo? Sin esperar respuesta, Jacob cruzó la habitación a todaprisa,seencaramóala camaymetiólaspiernasbajo eledredón.

Montana.

—Asíelgran…elgran…

monstruo

comemonstruos no podrá pillarnos. —Creoqueestásasalvo —repusoGeorge—.Poraquí

novienenmuchosmonstruos

amarillos.

monstruo

amarillo comemonstruos —

puntualizó

amarillo

—Es

el

con

firmeza

Jacob.

—El monstruo amarillo comemonstruos —repitió George. —¿Qué es un efalante? —preguntóJacob.

—Bueno, un efalante en realidadnoexiste.

preguntóJacob.

—¿Es

peludo?

—Noexiste,oseaque…

no,noespeludo.

—¿Tienealas?

Georgesiempresehabía

sentido

compañíadeniñospequeños.

Sabíaquenoeranmuylistos.

Ahí estaba la cuestión. Por esoeraqueibanal colegio. Perosabíanolerelmiedo.Te miraban a los ojos y te

pedían

un

en

incómodo

que

fueses

conductor de autobús y se hacía difícil quitarse de encimalasospechadequete

estabanpidiendoquepasaras

por alguna clase de prueba diabólica.

importado

cuando Jamie y Katie eran pequeños.Nosesuponíaque elpadretuviesequejugara taparse los ojos con las manosydecir«¿Dóndeestá papá?»oameterlamanoen uncalcetínyserlaSerpiente Serpentina (Jacob y Jean le

No

había

teníanuncariñodesmedidoa la Serpiente Serpentina). Construíasunacabañaenun árbol, administrabas justicia y asumías el control de la cometacuandohacíamucho viento.Yesoeratodo. —¿Tiene un motor a reacción o una hélice? — quisosaberJacob. —¿Quétieneunmotora reacción o una hélice? —

preguntóGeorge. —Este avión, ¿tiene un motor a reacción o una hélice? —Bueno,creoquevasa tenerquedecírmelotú. —¿Tú qué crees? — preguntóJacob. —Creo que es probable quetengaunahélice. —No. Tiene un motor a reacción.

Estaban tumbados boca arriba, uno junto al otro, mirandoel techo.La mosca había desaparecido. Se percibía un tufillo a pañal mojado. Aalgo entre caldo depolloylechehervida. —¿Vamos a dormir ahora?—quisosaberJacob. —Para serte sincero, Jacob, creo que preferiría seguirhablando.

—¿Te

abuelito?

—A

gusta hablar,

veces

—repuso

George—. La mayor parte del tiempo me gusta quedarme callado. Pero en este preciso momento creo queprefierohablar. —¿Quées«esteprecioso momento»? —Este preciso momento es ahora. Justo después de

comer. Por la tarde. De un domingo. —¿Eres divertido? — preguntóJacob. —Creo que la opinión general sería que no soy divertido. SeabriólapuertayRay asomólacabeza. —Lo siento, George. Se mehaescapadoelchaval.

—No

pasa

nada.

Estábamos

¿verdad,Jacob? Noestabanadamallode plantarle cara a su futuro yernoenunadelascosasen queRayeramáscompetente. Pero de pronto ya no estuvo tan bien porque Ray entró en la habitación y se sentóalospiesdelacama. Enlacamaqueerasuyayde Jean.

hablando,

—Me parece que habéis tenidounagranidea,chicos, conlodenolevantarcabeza. Raysetendióenlacama. Yfueentoncescuandoel problema con los niños coincidió con el problema con Ray. Uno tenía la impresión, a veces, de que había partes de su cerebro quesimplementefaltaban,de que bien podía entrar en el

cuarto de baño en busca de unatoallacuandotúestabas sentadoenelváterynotener la más mínima idea de por quéeraesoinadecuado. Jacobsepusoenpie. —Juguemos al corro de lapatata. Yahí estaba.Laprueba. Empezabasunaconversación benigna sobre efalantes y antesdequetedierascuenta

teveíasacorraladoenalguna

payasadabochornosa.

—Vale

—dijo

Ray

poniéndosederodillas. Virgen santa, se dijo George. Seguro que eso no ibaaincluirloaél,¿no? —¿George? Puessí. Sepusoderodillas,Jacob leagarrólamanoizquierday Ray le agarró la derecha.

Confió sinceramente en que JeanoKatienoentraranenla habitación mientras tenía lugaresaescena. Jacobempezóadarbotes. —Al corro de la patata, comeremosensalada… Rayseunióalacanción.

—Como

comen

los

señores,

naranjitas

y

limones…

George

movió

los

hombros de arriba abajo al ritmodelamelodía.

achupé.

Sentaditomequedé. Jacob dio un salto en el aireycayóchillandosobreel edredón con Ray. George, que había abandonado toda esperanzadehuirdeaquello conalgunadignidad,sedejó caer hacia atrás sobre la almohada.

—Achupé,

Jacobreía.Rayreía.Ya George se le ocurrió que si fuera capaz de encontrar el picaporte quizá podría abrir lapuertasecretaydeslizarse por aquel largo tobogán de vuelta a la infancia, y que alguien se ocuparía de cuidarloyestaríaasalvo. —Otra vez —exclamó Jacob poniéndose de nuevo enpie—.Otravez,otravez,

otravez…

9

dejó

chaquetasobreelrespaldode

lasilla,seaflojólacorbatay,

comonadiemiraba,recorrió

con una pequeña pirueta el suelo de la cocina hasta

la

Jamie

caer

acabardelantedelanevera. —Oh,sí. Sacó una botella de Corona, cerró la nevera, cogióelpaquetedeSilkCut

del cajón bajo la tostadora,

puerta

acristalada, se sentó en el

banco

salió

por

la

y cigarrillo. Había sido un buen día. El contrato de compraventa

un

encendió

sehabíasuscrito.YlosOwen ibanamorderelanzuelo.Se les veíaenlos ojos.Bueno, seleveíaaellaenlosojos.Y era claramente ella quien llevaba los pantalones. Además,Carlseguíadebaja porculpadesutobilloroto, de manera que Jamie había estado tratando con los Cohen y estaba bien claro que no iba a cagarla. Al

contrarioqueCarl. El jardín se veía genial. Para empezar, no había mierda de gato. Quizá las bolitas de boñiga de león funcionaban. Había llovido decaminoacasa,demanera que los guijarros del suelo estaban limpios, oscuros y relucientes. Y también las traviesas de tren que rodeaban los arriates

elevados. Forsitia, laurel, llantén.SóloDios sabía por quéplantabacéspedlagente. ¿Noeraacasoelobjetivode unjardínsentarseenélyno hacernada? Se oía una melodía reggae a lo lejos, unos jardinesmásallá.Lobastante alto para transmitir esa perezosa sensación estival. Pero no lo bastante como

paradesearquelaapagaran.

un

Tomó

sorbo

de

cerveza.

extraña burbuja

naranja apareció sobre el tejadoadosaguasdelacasa de enfrente. Se transformó lentamente en un globo de airecalienteyflotóhaciael oestepordetrásdelasramas del cerezo. Apareció un segundoglobo,rojoestavez,

Una

conlaformadeunextintor gigantesco. Uno por uno, el cielosellenódeglobos. Jamie exhaló una pequeñabocanadadehumoy la observóalejarse hacia un lado, manteniendo su forma hasta derramarse sobre la partesuperiordelabarbacoa. Lavidaeraprácticamente perfecta. Tenía ese piso. Tenía el jardín. Con una

dama anciana de precaria salud a la izquierda. Unos cristianos a la derecha (uno podíadecirloquequisierade los cristianos, pero no cantaban al estilo tirolés cuando follaban como los alemanes que habían vivido ahí antes). Gimnasio martes y jueves, Tony tres noches porsemana. Le dio otra calada al

cigarrillo. Seoíacantaraunpájaro, ademásdelreggae.Alosdiez habría reconocido de qué especieera.Ahoranoteníani idea.Peronoimportaba.Era un buen sonido. Natural. Relajante. Tonyestaríaahíenmedia hora. Irían a comer algo al Carpenter’s. A la vuelta pararíanenBlockbusterpara

coger un DVD. Si Tony no estabamuyreventado,quizá echaríanunpolvo. En un jardín cercano un niño daba pelotazos contra unapared.Chas.Chas.Chas. Todo parecía suspendido enalgunaclasedeequilibrio. Estabaclaroquealguieniba a aparecer y fastidiarlo, porqueesoeraloquehacíala gente.Perodemomento…

Sintió una punzada de

hambre y se preguntó si

Se

levantóyentróenlacasa.

quedarían

Pringles.

10

Katie se preguntaba a vecessisumadreelegíasus opiniones sólo para hacerla enfadar. Estaba claro que habría preferido que la boda no

siguiera adelante.Perosi lo hacía, quería que fuese una celebración espléndida y pública. Katie señaló que eran unas segundas nupcias. Mamá dijo que no querían parecer chapuceros. Katie comentó que algunos restaurantes eran carísimos. Su madre sugirió que se casaranporlaIglesia.Katie preguntópor qué.Sumadre

contestó que sería bonito.

Katie señaló que la religión noconsistíaenquelascosas quedaran bonitas. Su madre dijo que debería encargarse un vestido a medida. Katie repuso que a ella no le gustabadisfrazarse.Mamále dijoquenofueraridícula.

empezó a deberían

entender

que haberse dado el sí en Las

Y

Katie

Vegas y habérselo dicho a todoelmundodespués. Al día siguiente Katie estaba viendoBrookside mientrasRayyJacobhacían alguna clase de refugio rudimentario con dos sillas del comedor y la manta de picnic. Les preguntó qué hacían y Jacob explicó que estaban construyendo una carpa, «para la boda». Y

Katiesedijo:«Alamierda». Iba a casarse con Ray. Sus padres iban a celebrar una fiesta. Sencillamente iban a hacer esas dos cosas de formasimultánea. Llamó a su madre y le sugirió llegar a un acuerdo. Sumadreconsiguiólacarpa, las flores y la tarta. Katie consiguiólaceremoniacivil, sin bendición eclesiástica, y

que el vestido no se lo hicieranamedida. El sábadosiguiente,Ray yJacobsefueronainstalar un tubo de escape mientras Katie se encontraba con Mona en la ciudad para comprarunvestidoantesde que mamá cambiase de opinión. Se compró un vestido largo y sin tirantes de seda

azulceleste,enWhistles.No sepodíacorrerconélpuesto (Katieprocurabanocomprar nunca ropa con la que no

pudiese

consideró que si había un incendio en el registro civil Ray podría echársela al hombro. Compró un par de zapatosdeantedeunazulun poco más oscuro y con un poquito de tacón en una

pero

correr),

tiendadeOxfordStreet,yfue divertidolodehacerdeniña ingenua durante unas horas con Mona, que podía hacer deniñaingenuahastaeldía delJuicio. Cuando llegó a casa se diounasvueltasparaquelos chicos la vieran y Jacob comentó:

—Parecesunadama—lo

quefueraro,perodulce.

Katie se inclinó para

besarlo(einclinarsetampoco fueparticularmentefácil). —Deberíamos conseguirte un traje de marineritopara que vayas a juegoconmigo. —Noseastanduraconel chaval—dijoRay. Jacoblamirómuyserio.

—Quiero llevar

mi

camiseta

de

Bob

el

Constructor. —Nosémuybienquéva apensardeesolaabuelita— repusoKatie. —Pero yo quiero llevar mi camiseta de Bob el Constructor—insistióJacob. Cruzarían ese puente cuandollegaranaél.

11

Georgeestabasentadoen elcocheenelexteriordela consulta,aferrandoelvolante como quien conduce cuesta abajo en un puerto de montaña.

Sentíalalesióncomouna tapadealcantarilladecarne podridabajolacamisa. Podía ver al médico, o podía largarse de allí. Se sintióunpocomástranquilo sólo con expresarlo de ese modo.OpciónAuopciónB. Si veía al médico le dirían la verdad. No quería queledijeranlaverdad,pero la verdad podía no ser tan

mala como se temía. La lesiónpodíaserbenignaode untamañotratable.Eldoctor Barghoutian, sin embargo, sóloeramédicodecabecera. George bien podía verse enviado a un especialista y tener que vivir con la perspectivadeeseencuentro durante una semana, dos semanas, un mes (era del todoposiblequedespuésde

sietedíassincomerodormir

se completamente chiflado, en cuyocasoelasuntoseleiría delasmanos). Si se largaba, Jean le preguntaría dónde había

estado. De la

llamarían

preguntar por qué no había

para

consulta

volviera

uno

a

casa

acudidoalacita.Alomejor no llegaba a tiempo de

contestar al teléfono él primero. Se moriría de cáncer.Jeandescubriría que nohabíaidoalmédicoyse pondríafuriosaal saber que seestabamuriendodecáncer y no había hecho nada al respecto. Porotraparte,silalesión era benigna o de tamaño tratable y se largaba, podía mutar más adelante para

volverseuncáncermalignoe imposible de tratar; podían decirlequeeraasíytendría quevivir,porpocoquefuera, sabiendo que se estaba muriendo como resultado directodesupropiacobardía. Cuando finalmente se bajódelcochelohizoporque ya no soportaba más su propia compañía en ese espaciotancerrado.

La presencia de otras personas en la consulta lo tranquilizó un poco. Dio su nombre en el mostrador y consiguióunasiento. ¿Qué podía decir sobre Ray en el discurso de la boda? Ahí tenía un buen rompecabezasalquehincarle eldiente. ARay se le daban bien losniños.Bueno,almenosse

le daba bien Jacob. Sabía

arreglarcosas.Ocreíasaber hacerlo.Elcortacéspedhabía muerto una semana después de que él le metiera mano. Fueracomofuese,noparecía

una

recomendación

suficiente

para

el

matrimonio.

Ray

tenía

una recomendación suficiente, desde luego, pero que sólo

dinero.

Eso

era

añadirse

acotación divertida una vez quehubiesesestablecidoque eltipoencuestióntegustaba. Todo eso le estaba ocupandolacabeza. Rayestabaenamoradode

estaba

Katie,

podía

como

Katie

y

enamoradadeRay. ¿Lo estaba su hija? Su mentesiemprehabíasidoun misterioparaél.Aunqueno

era precisamente que Katie tuviesereparosencompartir susopiniones.Sobreelpapel pintado en su dormitorio. Sobreloshombresconvello en la espalda. Pero sus

opiniones eran tan violentas

(¿podía

acaso

ser

tan

importante

el

papel

pintado?),tancambiantes, y

estaba tan claro que no formabanpartedeunavisión

coherente del mundo, que Georgesehabíapreguntado, a veces,enespecial durante laadolescenciadesuhija,si algo no marcharía bien

hablando desde el punto de vistamédico.

estaba

considerando todo al revés. Noeratareadelpadredela

noviaquesuyernolegustara (sintió que recuperaba la

No.

Lo

cordura con sólo formular ese pensamiento). Quien se ocupaba de eso era el padrino. En lo que a eso respectaba, si el padrino de Ray mejoraba en algo al payasodelaúltimabodade Katie, el alivio de George bien podría compensar sus recelosanteelmatrimonioen sí («Así que llamé por teléfono a todas las novias

anteriores de Graham para averiguar qué le esperaba a Katie. Y he aquí lo que dijeron…»). Alzó la vista y vio un cartelenlapareddeenfrente. Consistía en dos grandes fotografías.Lafotografíade la izquierda mostraba un pedazo de piel bronceada y un titular que rezaba «¿Qué teparecemibronceado?».En

la imagen de la derecha se leía «¿Qué te parece mi cáncerdepiel?»ymostraba lo que parecía un gran furúnculollenodecenizade cigarrillo.

de

vomitarysepercatódeque

había

compostura agarrando del

hombroalaminúsculamujer

hindúqueteníaasuderecha.

la

Estuvo

a

punto

recobrado

—Perdone —se puso en

pie.

¿En qué diablos estaban pensando al poner un cartel como ése precisamente en esesitio?Sedirigióhaciala salida. —¿SeñorHall? Estaba a medio camino delapuertacuandooyóala recepcionista repetirlo, con tonomásseveroestavez.Se

diolavuelta. —El doctor Barghoutian lerecibiráahora. Fuedemasiadodébilpara desobedecer y se encontró recorriendo el pasillo hasta dondeeldoctorBarghoutian sehallabaenpiejuntoasu puertaabierta,esbozandouna ampliasonrisa. —George —saludó el doctorBarghoutian.

Seestrecharonlasmanos. El doctor Barghoutian hizo pasar a George al interior, cerró la puerta detrás de él, se sentó y se reclinó con el cabo de un lápizembutidocomounpuro entre los dedos índice y mediodesumanoderecha. —Bueno, ¿qué puedo hacerporusted? Había una figurita de

plástico barata de la Torre Eiffelenunestantedetrásde

doctor

Barghoutianyunafotografía enmarcada de su hija en un columpio. Éseeraelmomento. —Tuveunataque—dijo George. —¿Y de qué clase de ataqueestamoshablando? —Alahoradecomer.Me

la

cabeza

del

encontréconquemecostaba respirar. Tiré unas cuantas cosas,conlasprisasporsalir alexterior. Un ataque. Sólo había

sido eso. ¿Por qué se había puestotanfrenético? —¿Dolorenelpecho?—

preguntó

Barghoutian.

doctor

el

—No.

—¿Secayó?

—No. EldoctorBarghoutianse lo quedó mirando y asintió sabiamente con la cabeza. Georgenosesentíabien.Era comoenesaescenacercadel final delapelícula,después delasesinorusoyelincendio sinexplicaciónyeldiputado aficionado a las prostitutas. Y todo se reducía a eso, a algúnexalumnodeEtonen

la biblioteca de un club londinense,quelosabíatodo ypodíaborraralagentedel mapaconunasimplellamada telefónica. —¿De qué trataba de huir? —preguntó el doctor Barghoutian. AGeorgenoseleocurrió respuestaimaginablealguna. —¿Teníamiedodealgo? George asintió con la

cabeza. Se sentía como un niñodecincoaños. —¿Ydequéteníamiedo? —quiso saber el doctor Barghoutian. Todo iba bien. No tenía nadademaloserunniñode cinco años. La gente se ocupabadelosniñosdecinco años. El doctor Barghoutian se ocuparía de él. Lo único que tenía que hacer era

contenerlaslágrimas.

George se levantó la

camisa

cremalleradelospantalones. Con lentitud infinita, el doctorBarghoutiancogiólas gafas del escritorio, se las puso y se inclinó para acercarsealalesión. —Muyinteresante. ¿Interesante?Jesús.Ibaa morirsedecáncerrodeadode

la

se

bajó

y

estudiantes de medicina y profesores visitantes de dermatología. Pareció transcurrir un año. EldoctorBarghoutianse quitó las gafas y volvió a reclinarseenlasilla. —Eczemadiscoidal,sino meequivoco.Unasemanade pomada esteroide debería solucionarlo —hizo una

pausaydejócaerunpocode ceniza imaginaria del lápiz sobre la alfombra—. Ya puedesubirselospantalones. George volvió a bajarse la camisa y se abrochó los pantalones. —Le extenderé una receta. Al cruzar la zona de recepción pasó a través de una columna de luz de sol

quesederramabadesdeuna

ventanaaltasobrelamoqueta

moteadadeverde.Unamadre

leestabadandoelpechoaun

bebé.Juntoaella,unhombre

mayordemejillasrubicundas y con botas de lluvia se apoyaba sobre un bastón y parecíacontemplar,másallá delos cochecitos debebéy lasrevistasconlasesquinas

dobladas,

campos

los

ondulantes en que sin duda habíapasadolamayorparte de su vida laboral. Un teléfono repicó como las campanasdeunaiglesia. Georgeempujólapuerta de cristal de doble hoja y entródenuevoaldía. Se oía cantar a los pájaros.Enrealidadnoseoía cantaralospájaros,perose le antojó una mañana que

merecía que cantasen los pájaros.Enloalto,unavióna reacciónabríaunacremallera blancaenmediodeuncielo azul, transportando hombres y mujeres a Chicago y Sidney, a conferencias y universidades, a reuniones familiares yhabitaciones de hotel contoallas mullidas y vistasdelocéano. Sedetuvoenlospeldaños

yaspirólosagradablesolores delhumodehogueraydela lluviareciente. A quince metros de distancia,alotroladodeun seto de alheña pulcramente recortadohastalaalturadela cintura,el Volkswagen Polo lo esperaba como un perro fiel. Seibaacasa.

12

Jamie se comió una séptima Pringle, volvió a dejar el tubo en el armario, entróenlasaladeestar,se dejócaerenelsofáyoprimió el botón del contestador

automático. —Jamie. Hola.

Soy

mamá.Pensabaqueigual te encontraba en casa. Oh, bueno, no importa. Estoy segura de que ya sabes la noticia, pero Katie y Ray estuvieronaquíeldomingoy vanacasarse.Locualsupuso ciertasorpresa,comopuedes imaginar. Tu padre aún se está recuperando. Bueno.

Seráeltercerfindesemana

de septiembre. Haremos el banquete aquí. En el jardín. Katie dijo que deberías traerte a alguien. Pero enviaremos las invitaciones propiamente dichas más

adelante.

encantaría hablar contigo

me

Bueno,

cuando tengas

la

oportunidad. Te mucho.

quiero

¿Ibanacasarse?Jamiese tambaleó un poco. Volvió a escucharelmensajeporsilo habíaoídomal.No. Dios santo, su hermana había hecho unas cuantas estupidecesensuvida,pero ésa se llevaba la palma. Se suponía que Ray era una etapa.Katiehablabafrancés. Rayleíabiografíasdefiguras del deporte. Invítalo a unas

cuantas pintas

probablemente empezaría a parlotear sobre «nuestros hermanosdecolor». Llevaban viviendo juntos… ¿cuánto tiempo? ¿Seismeses? Escuchó el mensaje una terceravez;luegosefueala cocina y sacó un bombón heladodelcongelador. No debería mosquearse

y

tanto. Últimamente apenas veía a Katie. Y cuando lo hacíasiemprellevabaaRaya la zaga. ¿Qué diferencia suponía que estuviesen casados?Unpedazodepapel, esoeratodo. Entonces,¿porquésentía unnudoenelestómago? Habíaunmalditogatoen el jardín. Cogió un guijarro de los peldaños, apuntó y

falló. Joder.Sehabíamanchado de helado la camisa en el retroceso. Se la frotó suavemente conunaesponjahúmeda. Enterarse de la noticia por terceros.Esoeraloque lohabíamosqueado.Katieno sehabíaatrevidoadecírselo. Sabíaquéhabríadichoél.O qué habría pensado. De

maneraquelehabíadejadola tareaasumadre. Esoeraloquehacíanlos demás, en una palabra. Aparecían y lo jodían todo. Estabas conduciendo por Streathamocupándotedetus asuntos y se estrellaban contratupuertadelpasajero mientras hablaban por el móvil.TeibasaEdimburgoa pasarunlargofindesemana

yterobabanelportátilyse cagabanenelsofá. Miró hacia fuera. El maldito gato había vuelto. Dejóelbombónheladoyle tiróotroguijarro,másfuerte esta vez. Rebotó en una traviesa,pasóvolandosobre el muro del fondo hacia el jardín contiguo y golpeó algúnobjetoinvisibleconun fuertechasquido.

Jamie cerró las puertas acristaladas, recuperó el bombónheladoydesapareció delavista. Dosañosatrás,Katieno

le habría dado a Ray ni la hora. Estabaagotada.Éseerael

problema.

No

estaba

pensando

con

claridad.

y

durmiendosóloseishorasen

Cuidando de

Jacob

esa mierda de piso durante dos años. Entonces aparece Rayconel dineroylacasa grandeyelcochefardón. Teníaquellamarla.Dejó el bombón helado en el alféizardelaventana. QuizáeraRayquienselo habíadichoasuspadres.Era bien posible.Y muy propio de Ray. Irrumpiendo en la casa con sus botas del

cuarentaycinco.Paraluego

aguantar el enfado de Katie devueltaacasaporhaberle quitadolaprimicia. Marcó el número. El teléfonoempezóasonar. Alguien descolgó, Jamie

comprendió que

podía

tratarse de Rayycasi se le cayóelauricular.

—Mierda.

—¿Hola?—eraKatie.

—Gracias a Dios —dijo Jamie—. Lo siento. No quería decir eso. Quiero decir…SoyJamie. —Jamie,quétal. —Mamámeacabadedar

la noticia —trató de que su

tono

y

despreocupado, pero aún estaba bajo los efectos del

pánico por pensar que era Ray.

fuera

alegre

decidimos

anunciarlocuandoíbamosde

Peterborough.

Luego volvimos y desde

entonces Jacob ha estado

bastante difícil. Iba llamarteestanoche. —Bueno…Felicidades.

camino a

—Sí,

a

—contestó

Katie. Entonceshubounapausa incómoda. Jamie quería que

—Gracias

Katie dijera: «Ayúdame, Jamie.Estoycometiendo un terrible error», algo que claramentenoibaahacer.Y él deseaba decirle: «¿Qué coño estás haciendo?». Pero si hacía eso, Katie no volvería a hablarle nunca más. Le preguntó qué tal estabaJacobyKatielecontó que había dibujado un

rinoceronteenlaguarderíay queyahacíacacaenelváter, de manera que cambió de temaypreguntó:

—¿Tony está invitado, entonces? —Porsupuesto. Ydeprontosediocuenta. Una invitaciónconjunta. No iba a llevar a Tony a Peterborough,nidecofia. Despuésdecolgar,volvió

a coger el bombón helado,

limpiólasgotitasdelalféizar

y se dirigió de vuelta a la

cocinaparaprepararunpoco

deté. Tony en Peterborough. PorDios.Nosabíamuybien

qué era peor. Que mamá y

papáfingieranqueTonyera

unodeloscolegasdeJamie,

no fueran a enterarse los vecinos, o que les pareciera

genial.

combinación más

probable, por supuesto, era

que a mamá le pareciera genial y papá fingiera que Tonyeraunodeloscolegas de Jamie. Y que mamá se enfadaraconpapáporfingir que Tony era uno de los colegasdeJamie.Yquepapá seenfadaraconmamáporque leparecieragenial.

La

Nisiquieraqueríapensar en los amigos de Ray. Ya

había conocido suficientes Raysenlauniversidad.Ocho

estaban

pintas

peligrosamente cerca de linchar al homosexual más

cercanopordiversión.Aparte

del

Siemprehabíaunoqueestaba

en el armario. Y tarde o

temprano

quedaba

y

caso del armario.

se

paralítico y se te acercaba rodando en el bar y te lo contaba todo, y entonces se sulfuraba cuando no te lo llevabasatuhabitaciónyse lameneabas. Se preguntó qué andaría haciendo últimamente Jeff Weller. Un matrimonio sin sexo en Saffron Walden, probablemente, con unos cuantosejemplaresatrasados

d eZipper ocultos tras el calentadordeagua. Jamie había invertido grandescantidadesdetiempo y energía en organizar su vida precisamente como quería. Trabajo. Casa. Familia. Amigos. Tony.

Relajación.

Ejercicio.

Algunos compartimientos podían mezclarse. Katie y Tony. Amigos y ejercicio.

Pero los compartimientos estaban ahí por una razón. Era como un zoológico. Podíasmezclarchimpancésy loros. Pero si quitabas por completo las jaulas te encontrabas con un baño de sangreenlasmanos. NolediríaaTonylode la invitación. Ésa era la respuesta.Erasimple. Observó lo que quedaba

del bombón helado. ¿Qué estaba haciendo? Los había comprado como consuelo

después de la pelea por los

prismáticos.

haberlos tirado al día siguiente. Metióel bombón helado enelcubodelabasura,sacó los otros cuatro del congelador y los tiró a su vez.

Debería

PusoBom to Run en el

reproductor

compactos y preparó una

tetera. Lavó los platos y limpió el escurridor. Se sirvióunatazadeté,añadió

leche

semidescremada y extendió un cheque para pagar la facturadelgas. BruceSpringsteensonaba especialmente pagado de sí

un

discos

de

poco

de

mismo esa tarde. Jamie lo quitóyleyóelTelegraph. Justo pasadas las ocho, Tonyaparecióde muybuen humor, trotó hasta la salita, lediounmordiscoenlanuca a Jamie, se dejó caer cuan largoeraenelsofáyempezó aliaruncigarrillo. Jamie se preguntaba, a veces,siTonyhabríasidoun perroenunavidaanteriory

no había acabado de hacer

deltodobienlatransición.El apetito.La energía.La falta

La

obsesiónporlosolores(Tony hundíalanarizenelcabello de Jamie, inhalaba y decía:

«Oh,¿dóndehasestado?»). Jamiedeslizóuncenicero hastael ladodeTonydela mesadelcaféysesentó.Se pusolaspiernasdeTonyen

de

dotes

sociales.

el regazo y empezó a

desabrocharlelasbotas.

A

veces

deseaba

estrangular a Tony. En generalporlomaladiestrado que estaba. Entonces lo vislumbraba en el otro extremodeunahabitacióny veíaesaspiernaslargasysus

andares

musculosos de

granjero

y

sentía

exactamente lo que había

sentidolaprimeravez.Algo

enlabocadelestómago,casi

doloroso;lanecesidaddeque

ese hombre lo abrazara. Y nadiemásconseguíahacerle sentirseasí. —¿Has tenido un buen día en la oficina? —quiso saberTony. —Laverdadesquesí. —¿Por qué entonces las

vibraciones

Mister

de

Tristón? —¿Qué vibraciones de MisterTristón? —La boquita de pez, la frentearrugada. Jamiesedejócaerhacia atrás en el sofá y cerró los ojos. —¿TeacuerdasdeRay? —¿Ray…? —ElnoviodeKatie,Ray. —Ajá.

—Vaacasarseconél. —Vale —Tony encendió

el cigarrillo. Una brizna de tabaco ardiendo le cayó en los tejanos y se apagó—.

Pues

empujonesenuncocheynos

lallevamosaunpisofranco

en

Gloucestershire… —Tony… —interrumpió Jamie.

de

a

la

metemos

algún

lugar

—¿Qué? —Intentémoslo otra vez, ¿deacuerdo? Tony levantó las manos simulandorendirse. —Losiento. —Katievaacasarsecon Ray—dijoJamie. —Yesonoestábien. —No. —Así quevasaintentar detenerla—añadióTony.

—Noestá enamorada de él —repuso Jamie—. Tan sóloquiereaalguienconun trabajo seguro y una casa grandequepuedaayudarlaa cuidardeJacob. —Hay razones peores paracasarseconalguien. —Tehorrorizaríaesetipo —explicóJamie. —¿Y?—preguntóTony. —Esmihermana.

—Ytúvasa…¿aqué?— quisosaberTony. —Quiénsabe. —Es suvida,Jamie.No puedes enfrentarte a Anne Bancroft con un crucifijo y arrastrarlahastael siguiente autobús. —Nointentodetenerla— Jamie empezaba a lamentar haber sacado el tema. Tony nosabíacómoeraKatie.No

conocíaaRay.Laverdadera

que Jamie sólo deseaba que dijera«Tienestodalarazón». PeroTonynuncahabíadicho eso,anadie,sobrenada.Ni

cuando estaba

siquiera

borracho.Enespecialcuando estababorracho—.Esasunto suyo, obviamente. Es sólo que…

— interrumpió Tony—. Tiene

—Es

adulta

derechoacagarla.

Ninguno de los dos dijo nadaduranteunosinstantes.

¿estoy

invitado?—Tonyexhalóuna pequeña bocanada de humo endirecciónaltecho. Jamie hizo una pausa demasiado larga por una fraccióndesegundoantesde responder,yTonyesbozósu clásicaexpresióndesospecha

—Bueno,

conlascejas.Demaneraque

Jamie tuvo que cambiar de

táctica

masacre. —Confío sinceramente enquenoocurra. —Pero¿ysipasa? Noteníasentidopelearse poreso.Noenesemomento. Cuando los testigos de Jehovállamabanalapuerta, Tonylosinvitabaatomarel

la

para

evitar

té.

Jamie

inspiró

profundamente.

 

—Mi

madre

ha

mencionado que llevase a alguien. —¿A alguien? —repuso Tony—.Quéencanto. —En realidad tú no quieresvenir,¿no? —¿Porquéno? —Loscolegasingenieros deRay,mimadreencimade

titodoelrato…

—Noestásescuchandolo

quetedigo,¿verdad?—Tony

tomóaJamiedelabarbillay

selaapretó,comotehacían

las tías de niño—. Sí me gustaría. Ir a la boda de tu hermana.Contigo. Uncochedepolicíapasó haciaelfinaldelacallesin salida con la sirena a todo

trapo.

Tony

seguía

sujetándole la barbilla a Jamie. —Hablemos más tarde del tema, ¿vale? —dijo Jamie. Tony apretó más aún,

atrajo a Jamie hacia sí y olisqueó.

estado

comiendo? —Unbombónhelado. —Dios. Esto te

ha

—¿Qué

has

deprimidodeverdad,¿no? —Hetiradoelrestoala basura—repusoJamie. Tonyapagóelcigarrillo. —Ve a buscarme uno.

Hace que no me como un bombón helado… Por Dios, desdeBrighton,másomenos

en1987.

Jamie fue a la cocina,

recuperó

bombones helados de la

los

uno

de

basura,limpióelketchupdel

envoltorio y se lo llevó de vueltaalasalita. Con un poco de suerte,

arrojaría una

Katie

tostadora a Ray antes de septiembreynohabríaboda.

le

13

George se aplicó una dosis generosa de crema esteroide en el eczema, se pusolaropadetrabajoyse dirigióalpisoinferior,donde chocócontraJeanquevolvía

cargadadeSainsbury’s. —¿Qué tal ha ido el médico? —Bien. —¿Y?—preguntóJean. George decidió que era mássimplementir. —Un golpe de calor, probablemente. Deshidratación. Por trabajar ahí fuera al sol sin un sombrero. Por no beber

suficienteagua.

—Bueno,esunalivio.

—Y

tanto —repuso

George. —HellamadoaJamie. —¿Y? —No estaba —dijo Jean

—.Lehedejadounmensaje.

Le

mandaríamosunainvitación.

le

he

dicho

que

Y le he dicho que podía traerseaalguiensiquería.

—Excelente. Jeanhizounapausa. —¿Te encuentras bien, George? —Puessí,laverdad—le

diounbesoysalióaljardín.

Vertióelcontenidodela

gaveta

minihormigonera, lo roció conaguaypreparóunpoco

la

en

másdemorteroparaempezar aponer ladrillos.Unpar de

hileras más y podría pensar en poner el marco de la puertaensusitio. Noteníaningúnproblema conlahomosexualidadensí.

los hombres

relaciones

sexuales conotros hombres.

Podías

Con que mantuvieran

imaginar, si

te

dedicabas a imaginar esa clase de cosas, que había situacionesenlasquepodía

ocurrir,situacionesenquea los tíos se les negaban las vías de escape normales. Campamentos militares. Largos viajes por mar. No hacíafaltahacerhincapiéen lafontanería,perocasipodía verse como una actividad deportiva. Un desahogo. Un levantarse el ánimo. Un apretóndemanosyladucha calientededespués.

Era pensar en hombres comprandomueblesjuntoslo que lo perturbaba. Hombres acurrucados. Le resultaba más desconcertante, de alguna manera, que unas travesuras en lavabos públicos. Le producía la desagradable sensación de quehabíaunfalloeneltejido mismodelmundo.Eracomo ver a un hombre pegarle a

unamujerenlacalle.Ono ser capaz de pronto de recordar el dormitorio que teníasdeniño. Aun así, las cosas cambiaban. Teléfonos móviles. Restaurantes thai. Tenías que ser flexible o te convertíasenunfósilairado despotricando contra su camada.Además, Jamie era unjovensensatoysisetraía

aalguiensindudaseríaotro jovenbiensensato. Sólo Dios sabía qué pensaríaRayalrespecto. Interesante.Asísería. Pusootroladrillo. «Si no me equivoco»,

doctor

había

Barghoutian. Sólo por cubrirse las

espaldas,sinduda.

dicho

el

14

Jeansedesvistiómientras Davidseduchabaysepuso labataqueéllehabíadejado. Se dirigió a la ventana en salienteysesentóenelbrazo delabutaca.

Lahacíasentiratractiva, elmerohechodeestarenesa habitación.Lasparedescolor crema. El suelo de madera. Elgrangrabadodepecesen sumarcometálico.Eracomo unadeesashabitacionesque unaveíaenlasrevistasyque lehacíanpensarenllevaruna vidadistinta. Miróhaciaeljardínoval. Tres arbustos en grandes

macetas a un lado. Tres al otro.Unatumbonademadera plegable. Le gustaba mucho hacer el amor, pero también le gustabaeso.Laformaenque ahí podíapensar,sinqueel restodesuvidaseprecipitara haciaellaparaacosarla. Jeanraravezhablabade

sus

padres.

La

gente

sencillamente

no

lo

comprendía.

adolescentes antes de que cayeranenlacuentadeque latíaMarydelapuertadeal ladoeralanoviadesupadre. Todoelmundoseimaginaba alguna especie de tórrido culebrón. Pero no había intriga, ni violentas peleas. Supadretrabajóenelmismo bancodurantecuarentaaños y hacía casitas de madera

Eran

parapájarosenelsótano.

Y fueran cuales fuesen lossentimientosdesumadre

con respecto

a

aquel

estrambótico

acuerdo

doméstico,nuncahablódeél,

nisiquieradespuésdequeel

padredeJeanmuriese.

que

tampoco hablaba de ello

cuando él estaba vivo. Era

Se

algo

Jean sospechaba

que

ocurría.

guardaban las apariencias. Findelahistoria.

se avergonzada. Como lo haría cualquierpersonasensata.Si nodecíasnadaalrespectote sentías una mentirosa. Si contabaslahistoriatesentías comoalgosalidodeuncirco. No era de extrañar que sushijoshuyerantanrápido yendireccionestandistintas.

sentía

Jean

Eileenasureligión.Douglas

asuscamionesarticulados.Y

JeanaGeorge.

Seconocieronenlaboda

deBetty.

Había algo formal en George, casi militar. Era guapo en un sentido en que losjóvenesyanoloeranpor aquelentonces. Todoelmundoseestaba

comportando de

forma

bastantetonta(elhermanode Betty,elquemurióenaquel espantoso accidente en la fábrica, había hecho un sombreroconunaservilletay estaba cantando «Tengo un precioso ramo de cocotero» para la gran hilaridad general).Jeanadvirtióquea Georgetodoesoleresultaba tedioso.Quisodecirlequea ella también se le hacía

tedioso, pero no parecía de esos a los que podía hablárselesasí,comosinada. Diez minutos después George estaba a su lado, ofreciéndole ir en busca de otracopa,yellaquedócomo una tonta al pedirle una limonada,parademostrarque estabasobriayerasensata,y luegopedirlevinoporqueno quería parecer infantil, y

después cambiar de opinión por segunda vez porque

George

era

realmente

atractivo

y

se

estaba

poniendo

un

poquito

nerviosa. La invitó a cenar la semana siguiente y ella no

quisoir.Sabíaquéocurriría.

George

y

absolutamenteformal,yella iba a enamorarse de él, y

era

honesto

cuando George descubriese

se

desvaneceríaenunanubede

humo.

Hamilton.ComoPatLloyd. Entonceséllecontólode que su padre bebía hasta sumirseenunsoporetílicoy dormirse boca abajo en el jardín. Y que su madre llorabaenelbaño.Yquesu tío se había vuelto loco y

Roger

lo

de

su

familia

Como

había acabado en algún hospital espantoso. En ese momentoJeansencillamente letomólacaraylobesó,que eraalgoquenuncalehabía hechoantesaunhombre. Y no era que George hubiese cambiado con los años.Seguíasiendohonesto. Seguíasiendoformal.Peroel mundo había cambiado. Y ellatambién.

Si algo tuvo la culpa fueron aquellos cassettes franceses(¿fueronunregalo de Katie? No conseguía recordarlo). Iban hacia la Dordoña,yJeanteníatiempo pordelante. Unos meses después estaba en una tienda en Bergerac comprando pan y queso y aquellas pequeñas tartaletas de espinacas, y la

mujer se estaba disculpando por el tiempo que hacía, y Jean se encontró entablando una conversación mientras George se sentaba en un banco en la otra acera contándose las picaduras de mosquito.Ynopasónadaen ese momento preciso, pero cuando llegó a casa le parecióunpocofría,unpoco pequeña,unpocoinglesa.

A través de la pared le

llegó el leve ruido de la mampara de la ducha al abrirse.

fuera David,

precisamente, todavía la

asombraba.

preparado espaguetis a la boloñesa en cierta ocasión. Habíacharladoconél sobre el nuevo conservatorio y se había sentido sosa pero

había

Que

Le

agradablemente invisible. Él llevaba chaquetas de lino y jerséisdecuelloaltodecolor melocotón y azul celeste y fumabapuritos.Habíavivido tres años en Estocolmo y cuando él y Mina se separaronamigablementeno hizo sino incrementar la sensación de que David era unpocodemasiadomoderno paraPeterborough.

Sejubilópronto,George

perdióelcontactoconélya

Jean no volvió a pasársele porlacabezahastaquealzó

la

vista

de

la

caja

registradora

un

día

en

Ottakar’s y lo vio cargado conunejemplardeLacocina de Jamie Oliver y una caja metálica de lápices Maisie

Mouse.

Tomaronuncaféenfrente

y cuando Jean le habló de

irseaParísconUrsulanose burló de ella, como solía hacer Bob Green. Ni se maravillódequedosdamas de mediana edad pudiesen sobreviviraunfindesemana

ciudad

extranjera

atracaran o estrangularan o

largo

las

en

una

sin

que

vendieran en el mercado de tratadeblancas,comohabía

hechoGeorge.

Ynoeraquesesintiese físicamente atraída por él (eramásbajoqueellayde los puños de la camisa le asomabaunmontóndevello negro).Peronuncaconocíaa hombresdemásdecincuenta

estuviesen

interesadosenelmundoque

losrodeaba,engentenueva,

librosnuevos,paísesnuevos.

que

aún

Fuecomohablarconuna amiga. Sólo que era un hombre. Y sólo se habían encontradohacíaunosquince minutos. Lo cual fue muy desconcertante. A la semana siguiente estabandepieenunpuente peatonalsobrelacalzadade dos direcciones, y en el interiordeJeanhabíabrotado aquel sentimiento. El que

experimentabaavecesjunto

al

gaviotas graznando en la

estela, aquellas

lastimeras. La repentina

concienciadequeunapodía zarpar hacia aquel azul infinitoyempezardenuevo enotrolugar. Davidleagarróentonces

la mano, y Jean se sintió

decepcionada.

sirenas

mar. Desembarcos,

Había

encontradounalmagemelay

élestabaapuntodeecharlo

todoportierradandounpaso

torpe.PeroDavidleoprimió

lamanoyselasoltóydijo:

Llegarás

tardeacasa—yJeandeseó

volveraagarrarlelamano.

adelante sintió

miedo.Dedecirsí.Dedecir no.Dedecirsíydarsecuenta entonces de que debería

—Vámonos.

Más

haberdichono.Dedecirnoy darsecuentaentoncesdeque debería haber dicho sí. De estardesnudadelantedeotro hombrecuandosucuerpole hacíasentiravecesganasde llorar. Así que se lo contó a George.Lodelencuentrocon David en la tienda y lo del cafédeenfrente.Peronole contó lo de las manos y el

puente. Deseó que se enfadara. Deseó que hiciera que su vida volviera a ser simple.PeroGeorgenohizo nada de eso.Jeanmencionó elnombredeDavidunparde vecesmásenlaconversación ynoobtuvoreacciónalguna. Empezó a parecerle que la falta de preocupación de Georgeleinfundíaánimos. Davidhabía tenido otras

aventuras. Jean lo sabía.

Incluso antes de que se lo contara.Porlaformaenque sumanolehabíaaferradola nucaaquellaprimeravez.Se sintió aliviada. No quería hacer eso con alguien que en

desconocidas, en especial

navegara

aguas

horrible

historiadeGloriasobreque había encontrado a aquel

después

de la

hombre de Derby aparcado antesucasaunamañana. Y Jean tenía razón. En efectoeramuyvelludo.Casi como un mono. Lo que de algún modo lo había vuelto mejor. Porque demostraba queenrealidadnoteníaque ver con el sexo. Aunque durante los últimos meses había llegado a cogerle cariñoaesasedosasensación

bajo los dedos cuando le acariciabalaespalda. La puerta del baño se

abrió y Jean cerró los ojos. Davidcruzólaalfombrayla rodeó con sus brazos. Jean olió a jabón de brea y piel limpia. Sintió el aliento de Davidenlanuca.

he

encontrado a una mujer hermosaenmihabitación—

—Parece

que

dijo. Jeanrióantelapuerilidad de semejante comentario. Estabamuylejosdeseruna mujer hermosa. Pero estaba bien,lodefingirlo.Casiera mejorquelarealidad.Como volver aser unaniña.Estar tancercadeotroserhumano. Trepar a los árboles y beberse el agua del baño. Saber qué sensaciones

transmitían las cosas, qué sabortenían. Davidlediolavueltayla besó. Quería hacerla sentir bien. Jean no recordaba la últimavezquealguienhabía hechoeso. Davidcorriólascortinas yla llevóhasta la cama, la hizo tenderse, volvió a besarlaylequitólabatade

loshombros,yJeansefundió enlaoscuridaddedetrásde suspárpados,delaformaen que la mantequilla se funde enunasarténcaliente,dela formaenquetefundesenel sueño después de haberte despertado en plena noche, tan sólo dejando que se te lleve. Lerodeóelcuelloconlas manosysintiólosmúsculos

bajo su piel y los pelitos minúsculosdondeelbarbero habíaapuradoconlanavaja. Y las manos de David bajaron con lentitud por su cuerpo y Jean los vio a los dosdesdeelotroextremode la habitación, haciendo eso que en las películas sólo le veíahaceralagenteguapa. Yquizásícreíaahoraqueera hermosa, que los dos eran

hermosos. Teníalasensacióndeque elcuerposelemecíaconel movimientodelosdedosde David,unviajeenelparque deatraccionesquelallevaba másaltoymásrápidoacada vaivén, de forma que no pesabanadaencadaextremo, tan alto que veía las atraccionesylosferriesenla bahíaylascolinasverdesal

otro lado del agua. David dijo:

—Jesús, te quiero —y

ella también lo quiso, por hacer eso, por comprender una parte de ella cuya

existencia

conocía. Pero no pudo decirlo.Nopudodecirnada. Tan sólo le oprimió el

hombro como diciéndole:

«Sigue».

siquiera

ni

Le rodeó el pene con la mano y la movió de arriba abajo y ya no le pareció

extraño,nisiquieraunaparte

delcuerpodeDavidsinomás

bien

sensaciones fluyeron en un círculoininterrumpido.Yse oyójadearentonces,comoun perro,peronoleimportó.

Ysediocuentadeloque

estabaapuntodepasaryse

las

del

suyo,

y

oyó decir «Sí, sí, sí», y ni siquiera el sonido de su

propia

hechizo. Y la recorrió en oleadascomounaolarecorre laarenaparaluegoretirarsey volveralamerlayaretirarse denuevo. En su mente brotaban imágenes como pequeños fuegosdeartificio.Elolora coco. Morillos de latón. La

el

voz

rompió

almohada cilíndrica

almidonadaenlacamadesus

cucurucho

calientedebriznasdehierba. Se estaba desintegrando en unmillardeañicos,comola

nieve, o las chispas de una

hoguera, elevándose

girandoenelaireparaluego empezaracaer,tandespacio que ni siquiera parecía que cayera.

y

padres.

y

Un

Agarró de la muñeca a Davidparadetenersumanoy sequedóahítumbadaconlos ojoscerrados,aturdidaysin aliento. Estaballorando. Era como volver a descubrir tu cuerpo después de cincuenta años y darte cuenta de que erais viejos amigos y comprender de pronto por qué te habías

sentido tan sola todo ese tiempo. Abrió los ojos. David la miraba,ysupoquenohabía necesidaddeexplicarlenada. Él esperó un par de minutos. —Yahora—dijo—,creo quemetocaamí. Sepusoderodillas yse movió entre sus piernas. La abrió con suavidad con los

dedos y se deslizó en su interior. YesavezJeanloobservó inclinarse sobre ella hasta queestuvollenadeél. Unasvecesdisfrutabadel hechodequeélleestuviera haciendo eso. Otras veces disfrutaba del hecho de que ellaleestuvierahaciendoeso aél.Esedíaladistinciónno parecíaexistir.

Davidempezóamoverse

más rápido y sus ojos se entrecerraron de placer y finalmente se cerraron. De forma que ella cerró los suyos y se agarró a sus brazos y se dejó mecer adelanteyatrás,yporfinél alcanzóelclímaxysequedó inmóvildentrodeellayfue

pequeño

estremecimiento animal. Y

presa

de

ese

cuando abrió los ojos su

respiracióneraentrecortaday sonreía. Ella le devolvió la sonrisa. Katie tenía razón. Te pasabaslavidadándolestodo a los demás, para que

pudiesen

colegio,alauniversidad,ala

al

marcharse,

oficina,aHornsey,aEaling. Y qué poco de ese amor

volvía.

Se había ganado eso. Se

merecía

alguiendeunapelícula. David se dejó caer suavementeasuladoyatrajo la cabeza de Jean contra su hombro, de forma que ella vio minúsculas perlas de sudor en una hilera en el centrodesupechoyoyólatir sucorazón.

como

sentirse

Jean volvió a cerrar los ojos,yenlaoscuridadsintió queelmundoenterogiraba.

15

—Señor,hazmesabermi fin, y cuál es la medida de misdías. Bob yacía bajo los peldañosdelaltarenunataúd negro pulido que desde ese

ángulo parecía un piano de cola. —Comoentinieblasanda elhombre,yciertamenteen vanoseafana. Había ocasiones en que Georgeleteníaenvidiaaesa gente (las cuarenta y ocho horasentrequeseprobaralos pantalones en Allders y

visitara

Barghoutian, por ejemplo).

doctor

al

No a esa gente de manera

específica,sinoalosasiduos, a los que veías en primera fila durante los servicios religiososnavideños. Perootenías fe o no la

tenías.

No

había

readmisiones

ni

devoluciones. Como cuando su padre le había contado

cómoserrabanlosmagosen

dosalasseñoras.Nopodías

dejar de saberlo por mucho quequisieras. Observó a su alrededor loscorderosenlasvidrieras y el modelo a escala del Cristocrucificadoypensóen loridículoqueeratodoeso, esa religión del desierto transportadaenbloquealos

condados

Inglaterra. Directores de

banco

de

de

rurales

profesores

y

educación física escuchando

y castigos y pan de cebada comosifueralomásnatural delmundo.

relatos sobre cítaras

tu

mirada, para que pueda recobrar fuerzas; antes de quemevayayyanoexista más.

El párroco se dirigió al púlpito y pronunció su

—Aparta de

panegírico. —Un hombre de negocios, un deportista, un hombredefamilia.«Trabaja duro,juegaduro»:éseerasu lema —estaba claro que no sabíanadasobreBob. Por otra parte, si nunca poníaslospiesenunaiglesia cuando estabas vivo, difícilmente podías esperar quehicieranusodetodoslos

recursos cuando estuvieses muerto.Ynadiequeríasaber la verdad («Era un hombre incapaz de ver a una mujer con las tetas grandes sin hacer algún comentario infantil.Ensusúltimosaños leapestabaelaliento»). —RobertySusanhabrían cumplido cuarenta años de casados el próximo septiembre. Eran novios

desde que se conocieron cuando ambos asistían al instituto de secundaria en SaintBotolph… Georgerecordósupropio trigésimo aniversario de boda.ABob tambaleándose enel jardín,rodeándolecon unebriobrazoloshombrosy diciéndole: «Lo gracioso es quesi lahubiesesmatadoa estas alturas ya estarías

libre».

—Voy a declararos un

no dormiremos, pero todos seremos transformados, en un instante, en un abrir y cerrardeojos… La lectura terminó y se llevaronaBobdelaiglesia. George y Jean salieron al exterior con el resto de la congregación, que se reunió

misterio:

todos

denuevoentornoalatumba bajo una luz bochornosa y grisácea que prometía una tormentaantesdelahoradel té.Susanestabadepiealotro lado de la fosa con la cara hinchada y aspecto de deshecha,consusdoshijosa cadalado.Jackrodeabacon unbrazoasumadre,perono eralobastantealtoparaque elgestodenotaraaplomo.A

Benseloveíaextrañamente aburrido. —El hombre nacido de

mujer no vive más que un tiempobreveyestállenode amargura. BajaronaBobasufosa

cuatro fuertes

mediante

correas de arpillera. Susan, Jack y Ben arrojaron cada

unounarosablancasobreel

ataúdylapazseviohecha

añicosporalgúnpayasoque

pasóanteel cementeriocon laradiodelcocheatope.

—… Jesucristo, que transformará

nuestro humilde

conforme a glorioso… George

portadores del féretro y se

dio cuenta de que nunca habíavistoaunoconbarba.

nuestro Señor

cuerpo su cuerpo

miró

a

los

Se preguntó si sería una norma,comolospilotos,que así conseguían un cierre

hermético cuando caían las máscaras de oxígeno. Quizá teníaqueverconlahigiene. ¿Ycuandolesllegabala

hora…?

confiadostrabajar contodos

volvía

¿Los

esos

supuesto, sólo veían a la

de

gente

Por

cadáveres?

después.

La

convertirse en cadáver, ésa eralapartedura.Lahermana de Tim trabajó en una

residencia

terminales durante quince

años y decidió acabar en el

enfermos

de

garaje con el

motor

encendido

cuando

le

encontraron aquel tumor en elcerebro. El párroco les pidió entonces que rezaran todos

juntos

Georgepronuncióenvozalta lospasajesconqueestabade acuerdo («el pan nuestro de cada día dánoslo hoy… no nos dejes caer en la tentación») y se limitó a murmurar enlas referencias aDios. —Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la

el

padrenuestro.

bendicióndelEspírituSanto esténcontodosnosotrospara siempre. Amén… Y ahora, damasycaballeros—lavoz del párroco adoptó un tono animadoycomodeboyscout —, me gustaría, en nombre de Susan y el resto de la familia Green, invitarles a compartirunrefrigerioenla salacomunaldelpuebloque encontrarán justo enfrente

delaparcamientocruzandola carretera. Jean se estremeció con dramatismo. —Cómoodioestascosas. Avanzaron con la marea de gente vestida de oscuro, que ahora hablaba en voz baja, por el sendero de gravillacurvoparapasarbajo elarcodeentradaycruzarla carretera.

Jean le tocó el codo y dijo:

—Te alcanzo en unos minutos. George se volvió para preguntarle adónde iba pero Jean ya dirigía sus pasos hacialaiglesia. Sediolavueltaotravezy vio a David Symmonds caminarhaciaél,sonriendoy conlamanotendida.

—George.

—David.

David

había

dejado

Shepherds cuatro o cinco años atrás. Jean se había encontradoconélenunpar de ocasiones, pero George apenaslohabíavisto.Noera que le desagradase. De hecho,sienlaoficinatodoel

mundo hubiese sido como Davidtodohabríaidocomo

la seda. No competía por ascender de puesto. No pasaba la pelota. Un tipo

brillante,además.Elcerebro detrás de todo aquel asunto de los bosques sostenibles que les hizo conseguir CornuallesyEssex.

Vestía

un

poco

demasiado bien. Ésa era probablemente la mejor formadeexpresarlo.Loción

para después del afeitado biencara.Cintasdeóperaen elcoche. Cuando anunció que se jubilabadeformaanticipada todoelmundoseechóatrás. Un animal enfermo en la manada. Todos se sintieron unpocoinsultados.Comosi hubiese estado haciendo aquellocomohobby,esoalo queelloshabíandedicadosus

vidas. Y sin planes reales, además. Fotografía. Vacaciones en Francia. Insignia C de Oro de vuelo sinmotor. Todo parecía bastante distinto ahora que el propio George había recorrido la misma senda, y cuando se acordabadeJohnMcLintock diciendo que David nunca había sido en realidad «uno

denosotros»sepercatabade

queerauncasodequieroy

nopuedo.

—Encantadodeverte— David estrechó la mano de

George—. Aunque

circunstancias no sean las másalegres.

—Susan no parecidomuyentera.

—Oh,yocreoqueSusan

estarábien.

ha

las

me

Ese día, por ejemplo, Davidllevabauntrajenegro y un jersey gris de cuello alto. Otras personas podían considerarlo una falta de respeto, pero George se percataba ahora de que era simplemente una forma distinta de hacer las cosas. Denoformaryapartedela multitud. —¿Qué, andas muy

—preguntó

George. Davidrió. —Pensabaquedeloque setratacuandotejubilases dequeyanotienesqueestar ocupado. Georgerió. —Sí,supongo. —Bueno, me imagino quemásnosvalecumplircon nuestro deber —David se

ocupado?

volvió hacia la puerta de la salacomunal. Georgeraravezsentíala necesidad de prolongar una conversación con alguien, pero se dio cuenta de que David estaba en el mismo barco que él, y le pareció bienlodecharlarconalguien en el mismo barco. Mejor desde luego que comer rollitosdesalchichayhablar

sobrelamuerte. —¿Conseguiste leerte la coleccióndelascienmejores novelas? —Tienes una memoria terriblementebuena—David volvióareír—.Abandonéen Proust.Demasiadoduropara mí. Estoy en cambio con Dickens. Llevo siete y me faltanocho. George le habló del

estudio. David habló de su reciente viaje a pie por los Pirineos («Tres mil metros porencimadelniveldelmar y hay mariposas por todas partes»). Se felicitaron mutuamenteporhaberdejado Shepherds antes de que Jim Bowman subcontratara el mantenimiento y aquella chica de Stevenage perdiera elpie.

—Ven

—dijo David

guiando a George hacia la puerta de doble hoja—. Vamosavernosenunaprieto sinosencuentranaquífuera divirtiéndonos. Se oyeron pisadas en la gravilla y George se volvió paraveracercarseaJean. —Me había dejado el bolso. Georgedijo:

—Meheencontradocon David. Jean pareció un poco aturullada. —David.Hola. —Jean —saludó David tendiendola mano—.Es un placerverte. —Estaba pensando — intervinoGeorge—quesería buenaideainvitaraDavida cenarenalgúnmomento.

JeanyDavidsemiraron un poco sorprendidos y Georgesepercatódequelo dedarunapalmadaysacarel tema tan alegremente quizá no resultaba apropiado en unaocasióntansolemne. —Oh —repuso David—. No quiero que Jean trabaje comounanegraenlacocina pormiculpa. —Estoysegurodequea

Jeanlegustaráverseunpoco aliviada de mi compañía — George se metió las manos enlosbolsillosdelpantalón —. Y si estás dispuesto a correrelriesgo,yomismosé prepararunrisottopasable. —Bueno… —¿Quétaldentrodedos finesdesemana?¿Lanoche delsábado? Jean le dirigió a George

una mirada que le hizo

preguntarse brevemente si

habría

importante sobre David que había pasado por alto en su

entusiasmo, que

vegetariano, por ejemplo, o que no había tirado de la cadenaenunavisitaanterior. Pero Jean inspiró

era

hecho

algún

profundamente y sonrió y dijo:

—Deacuerdo. —No estoy seguro de

tener libre el sábado — repusoDavid—.Esunaidea encantadora… —El domingo, entonces —insistióGeorge. Davidfruncióloslabiosy asintióconlacabeza.

domingo,

entonces. —Estupendo. Lo estaré

—Sí,

el

deseando—Georgemantuvo

abiertalapuerta—.Vamosa

sersociables.

16

Katie llevó a Jacob con Max y los dejó a los dos jugando a espadachines con cucharas de madera en la cocinadeJune. LuegoellayRayfuerona

la ciudad y tuvieron una pequeña discusión en la imprenta.Raypensabaqueel númerodevolutasdeoroen una invitación daba idea de cuánto querías a alguien, lo cualresultabaextrañoenun hombrequepensabaquelos calcetinesdecoloreserande niña. Mientras que las que prefería Katie parecían invitaciones a un seminario

decontabilidad. Ray sostuvo en alto su diseño favorito y Katie dijo queparecíaunainvitacióna la fiesta de presentación en sociedad del príncipe azul. En ese momento el hombre detrásdelmostradordijo:

—Bueno,nomegustaría andar cerca cuando ustedes dosescojanelmenú. Las cosas fueron mejor

en el joyero. A Ray le gustabalaideadequelosdos llevasenelmismoanilloyno estaba dispuesto a ponerse nadaquenofueraunasimple alianza de oro. El joyero preguntó si querían alguna inscripciónyKatiesequedó momentáneamente perpleja. ¿Llevaban inscripciones las alianzasdeboda? —Suelen llevarlas por

dentro —explicó el hombre —. La fecha de la boda. O quizá alguna clase de expresióndecariño—estaba claro que era la clase de hombre que se planchaba la ropainterior. —O una dirección de retorno —comentó Katie—. Comoenunperro. Ray rió, porque el tipo parecióincómodoyaRayno

legustabanloshombresque se planchaban la ropa interior. —Nosllevaremosdos.

en Covent

Garden e hicieron listas de invitadosantelapizza. LadeRayfuecorta.En realidad no hacía amigos. Hablaba con extraños en el autobúsyseiríaatomaruna pinta con prácticamente

Comieron

cualquiera. Pero

mantenía relaciones a largo plazo. Cuando él y Diana rompieron,semudódelpiso, se despidió de los amigos mutuos y solicitó un nuevo empleoenLondres.Nohabía vistoasupadrinodebodaen tresaños.Unviejoamigodel rugby,alparecer,queaKatie no la hacía sentir muy tranquila.

nunca

—Una vez lo detuvo la policía en la M5 —explicó Ray—.Porfingirquevolaba sobreeltechodeunVolvoen marcha. —¿Porfingirquevolaba? —Nopasanada—repuso Ray—.Ahoraesdentista— lo cual era preocupante en otrosentido. LalistadeKatieeramás compleja, a causa de su

excesivacantidaddeamigos, todos los cuales tenían un derecho inviolable a una invitación (Mona estaba ahí cuando Jacob nació; Sandra los alojó durante un mes al marcharse Graham; Jenny tenía un doctorado, lo que significaba que siempre te sentíasfatalsinolainvitabas a las cosas, incluso si en realidad era una mujer bien

difícil…). Para acomodarlos atodosharíafaltaunhangar deaviación,ycadavezque añadíaotachabaunnombre seimaginabaunaquelarreen que las participantes comparabannotas. —Exceso de pasaje — declaró Ray—, como en las compañíasaéreas.Seasume que el quince por ciento no aparecerá. Se guardan unos

cuantosasientosporsiacaso. —¿Quinceporciento?— preguntóKatie—.¿Esésala tasa estándar de abandonos enlasbodas? —No —repuso Ray—. Sólo que me gusta que parezcaquesédequéhablo. Ellaleagarróunpequeño michelín justo encima del cinturón. —Al menos hay una

personaentuvidacapazde

pillarte

gilipolleces.

Raylerobóunaaceituna

delapizza.

—Eso es un cumplido, ¿no?

sobre

dices

cuando

Hablaron

despedidas de solteros. La última vez a él lo habían

arrojadodesnudoalcanalde

LeedsyLiverpool,yaellale

había metido mano un bombero en tanga, y ambos habíanacabadovomitandoen loslavabosdeunrestaurante hindú. Decidieron optar por unacenaalaluzdelasvelas. Losdossolos. Seestabahaciendotarde yelpadrinoylamadrinade bodallegaríanacenar alas ocho. De manera que se fueron a casa, recogiendo a

Jacob por el camino. Tenía uncorteenlafrente,donde Max lo había golpeado con un triturador de ajos. Pero Jacob le había destrozado a Max su camiseta de la tarántula. Estaba claro que seguían siendo amigos, de forma que Katie decidió no sonsacarlesmás. De vuelta en casa Katie dispusolaspechugasdepollo

en una bandeja del horno y vertiólasalsasobreellasyse preguntó si Sarah habría

supuesto

una

elección

sensata.

Para

ser

escrupulosamente

franca,

elegirlaaellahabíasidoun acto de represalia. Una abogadamediadoraquepodía darle su buena faena a un

jugadorderugby. Pero Katie empezaba a

comprenderquelarepresalia bien podía no ser el mejor motivopara seleccionar una madrinadeboda. Sin embargo, cuando Ed llegó, pareció sobre todo nervioso. Un hombre grandote de mejillas rubicundas,másgranjeroque dentista. Había ganado peso desde que posara para la fotografía del equipo en el

despachodeRayysehacía difícil imaginarlo encaramándose al techo de un Volvo aparcado, no digamos ya de uno en marcha. Pareció incómodo con Jacob, lo que hizo a Katie sentirse superior. Entonces explicóque suesposa había pasado por cuatro ciclos de fertilización in vitro. De

formaqueKatiesesintióen cambiounaestúpida. Cuando apareció Sarah, no hizo sino frotarse las manosydecir:

—Bueno. Aquí está mi competencia —y Katie se tomó de un trago una copa enteradevino,porsiacaso. El vino fue una táctica acertada. Ederaencantadoryalgo

anticuado.Esonolegranjeó

el cariño de Sarah. Ella le contó lo del dentista que le había cosido la encía al guante de goma de su ayudante.Él lecontólodel

abogado

había

envenenadoalperrodesutía. Elpollonoquedóbueno.Ed y Sarah no estaban de acuerdo con respecto a los gitanos.Enconcreto,sobresi

que

había que hacer una redada

para meterlos

campamentos o no. Sarah queríaquemandaranaEda uncampamento.Ed,aquien lasopinionesdelasmujeres le parecían en general decorativas, decidió que Saraheraunapelandusca. Ray trató de llevar el tema a terreno más seguro recordando sus tiempos de

en

rugby,

enfrascaron en una sarta de

supuestamente

divertidas, todas las cuales entrañaban alcohol por un tubo, pequeños actos de vandalismo y quitarle los pantalonesaalguien. Katie se tomó otras dos copasdevino. Eddijoqueibaaempezar

historias

los

dos

y

se

su

discurso

diciendo:

«Damas y caballeros, esta tareasepareceaquelepidan aunoqueseacuesteconla

reina.

obviamente,peronoesalgo que uno esté deseando entusiasmado». Rayloencontróperoque muy divertido. Katie se preguntó si no debería casarseconotro,ySarah,a quiennuncalehabíagustado

Es

un

honor,

que los hombres acaparasen laatención,lescontóquese habíaemborrachadotantoen la boda de Katrina que se desmayóysehizopisencima enelvestíbulodeunhotelen Derby. Unahoradespués,Katiey Rayyacíanunojuntoalotro enlacamaobservandogirar lentamenteeltecho,oyendoa Edforcejearsinéxitoconel

sofácamaalotroladodela pared. Rayleagarrólamano. —Losiento. —¿Elqué? —Lodeabajo. —Pensabaqueteestabas divirtiendo—dijoKatie. —Asíes.Másomenos. Ninguno de los dos dijo nada. —CreoqueEdestabaun

poconervioso—dijoRayal

que estábamosunpoconerviosos. Bueno, aparte de Sarah. No meparecequeellaseponga nerviosa. Seoyóunlevegemidoal otroladodelapuertacuando Edseatrapóalgunapartede síenelmecanismo. —HablaréconEd—dijo Ray—.Sobreeldiscurso.

fin—.

todos

Creo

—Hablaré con Sarah — dijoKatie.

17

Lacosaexplotóelsábado

porlamañana.

se

temprano y se dirigió a la

el

desayuno.CuandoJamiebajó

cocina

Tony

despertó

a

preparar

tranquilamente

minutos

estaba sentado a la mesa emanandomalasvibraciones. Estaba claro que Jamie habíahechoalgomalo. —¿Quépasa? Tony se mordió el interior del carrillo y dio golpecitos en la mesa con unacuchara. —Esaboda—dijo.

veinte

después, Tony

—Mira —empezó Jamie —, yo mismo no tengo especiales deseos de ir —le echóunvistazoalreloj.Tony tenía que irse en veinte minutos.Jamiesediocuenta de que debería haberse quedadoenlacama. —Perovasair—insistió Tony. —En realidad no tengo elección.

—Bueno, y ¿por qué no quieresquevayacontigo? —Porquevasapasarlode putapena—explicóJamie—, y yo voy a pasarlo de puta pena.Ynoimportaqueyolo pasedeputapenaporquees mifamilia,parabienopara mal. Así que de vez en cuandotengoqueapretarlos dientes y conformarme con pasarlo de puta pena por el

biendetodos.Peropreferiría noserresponsabledequetú lopasesdeputapena,encima detodo. —No es más que una jodida boda —repuso Tony —. No es cruzar a vela el Atlántico. ¿Hasta qué punto puedeserdeputapena? —Noes sólouna jodida boda—dijoJamie—.Esque mihermanavaacasarsecon

la persona equivocada. Por segundavezensuvida.Sólo que en esta ocasión lo

sabemos

Difícilmente es motivo de

celebración. —A mí no me importa unamierdaconquiénsecase —soltóTony. —Bueno,puesamísí— repusoJamie. —La cuestiónnoes con

de

antemano.

quiénsecasa—dijoTony. Jamie acusó a Tony de capulloincomprensivo.Tony acusóaJamiedehijodeputa egocéntrico.Jamiesenegóa

seguir discutiendo sobre el tema.Tonysefue,furioso. Jamie se fumó tres cigarrillos y se frió dos rebanadas de pan rebozadas enhuevoysepercatódeque

nada

no

iba

a

hacer

constructivo,de manera que bien podía conducir hasta Peterborough y oír el relato delabodadeprimeramano porbocadesuspadres.

18

George estaba colocando los marcos de las ventanas. Había ya seis hileras de ladrillossobrelosalféizares acadalado.Suficientespara que quedaran firmes.

Extendióelmorteroycolocó elprimeroensusitio. Laverdadesquenoera sólo lo de volar. Las vacaciones en sí no estaban muchomásarribaensulista de ocupaciones favoritas. Visitaranfiteatros,pasearpor la costa de Pembrokeshire, aprenderaesquiar.Eracapaz de verles sentido a esas actividades. Dos sombrías

semanas en Sicilia casi

habíanmerecidolapenapor los mosaicos en la Piazza

Armerina. Lo que

conseguíaentendereralode despacharse hacia un país extranjero para holgazanear en piscinas y consumir comidasencillayvinobarato quelavistadeunafuentey uncamareroquechapurreaba inglésvolvíandealgúnmodo

no

gloriosos. EnlaEdadMediasabían lo que hacían. Días de precepto. Peregrinajes. Canterbury y Santiago de Compostela. Treinta duros kilómetros al día, posadas sencillasyunobjetivo. Noruega podría haber estado bien. Montañas, tundra, costas escarpadas. Pero tenía que ser Rodas o

Córcega. Y encima en verano, de forma que los pecosos ingleses tenían que sentarse bajo toldos a leer elSunday Timesdelasemanaanterior mientras el sudor les corría porlaespalda. Ahora que lo pensaba, había sufrido un golpe de calor durante su visita a la PiazzaArmerinaycasitodo

lo que recordaba de los mosaicoseradelaspostales que había comprado en la

tienda antes de retirarse al coche de alquiler con una botelladeaguayunacajade Nurofen. La mente humana no estaba diseñada para los baños de sol y las novelas

ligeras.

consecutivos, en cualquier

días

No

en

caso. La mente humana estaba diseñada para hacer cosas.Fabricarlanzas,cazar antílopes…

LodelaDordoñaen1984

fueelnadir.Diarrea,polillas comohámstersvoladores,el calor como de soplete. Despierto a las tres de la mañana sobre un colchón húmedoyllenodebultos.Y la tormenta. Como alguien

que diera martillazos en

hojalata. Relámpagos tan brillantesqueatravesabanla almohada. Por la mañana,

sesenta, setenta

muertasgirandodespacioen la piscina. Y en el otro extremo algo más grande y peludo, un gato quizá, o el perrodelosFranzettis,alque Katiedabagolpecitosconel tubodebucear.

ranas

Necesitaba una copa. Volvióatravésdel jardíny se estaba quitandolas botas cuando vio a Jamie en la cocina, dejando caer la mochilayponiendolatetera. Se detuvo y miró, de la misma forma en que se detendríaymiraríadehaber un ciervo en el jardín, algo queavecespasaba. El propio Jamie era una

criaturasigilosa.Noeraque anduvieseescondiendocosas. Pero sí era reservado. Más bienanticuado,ahoraquelo pensaba. Si le cambiabas la ropayelpeinadobienpodías verlo encendiendo un cigarrillo en un callejón de Berlín,omedioocultoporel vapor en el andén de una estación. Al contrario que Katie,

quenoconocíaelsignificado delapalabrareserva.Erala única persona que conocía capazdesacareltemadela menstruación durante la comida.Yaunasísabíasque te estaba ocultando cosas, cosasqueibaadejarcaera intervalos aleatorios. Como la boda. A la semana siguienteanunciaríasinduda queestabaembarazada.

Dios santo. La boda.

Jamiedebíadehabervenido porlaboda. Podía hacerlo. Si Jamie

quería

matrimonio diría que el

dormitoriodeinvitadosibaa

ocuparlo

de

una

cama

alguien,

le

y

reservaría habitación en alguna pensión de categoría

por ahí. Siempre y cuando George no tuviese que

utilizarlapalabranovio.

Volvió

de

sus

ensoñacionesysepercatóde queJamielosaludabaconla mano desde la cocina y parecía un poco preocupado por la falta de respuesta de George. Ledevolvióelsaludo,se quitólaotrabotayentró. —¿Quétetraepor estos pagos?

—Oh, sólo se me ha ocurridoacercarme.

ha

mencionadonada. —Nohellamado. —No importa. Seguro quehaybastantecomidapara lostres. —No te preocupes. No tenía planeado quedarme.

¿Té?

—Tu madre

no

—Gracias—Georgesacó

galletas integrales

mientras Jamie ponía una bolsitaenunasegundataza. —Bueno. Esa boda — empezóJamie. —¿Quépasaconella?— preguntóGeorgetratandode queparecieraqueeltemano selehabíapasadoaúnporla cabeza. —¿Quéopinastú? —Opino… —George se

las

sentó y ajustó la silla para que estuviera a la distancia precisadelamesa—.Opino

que deberías

alguien. Ahí estaba. Eso sonaba bastanteneutral,porloquea élleparecía. —No, papá —repuso Jamiecontonodecansancio —.MerefieroaKatieyRay. ¿Quéopinasdequesecasen?

a

traerte

Era verdad. Realmente las formas en que podías equivocartealhablarlesatus hijos no tenían límite. Les ofrecíasunaramadeolivoy era la rama de olivo equivocada en el momento equivocado. —¿Y bien? —insistió Jamie. —Parasertefranco,estoy tratando de mantener un

distanciamiento budista con respectoatodoelasuntopara impedir que me quite diez añosdevida. —PeroKatievaenserio, ¿verdad? —Tuhermanasiempreva enseriocontodo.Vetetúa sabersiiráenseriodentrode dossemanas. —Pero¿quédijo?

a

—Sólo

que

iban

casarse. Tu madre puede ponerteal díaenel aspecto emocional de la cosa. Me temo que a mí me dejaron hablandoconRay. Jamiedejóunatazadeté delante de George y arqueó lascejas. —Apuestoaquefueuna experienciaescalofriante. Y ahí estaba, aquella puertecita que se abría un

resquicio. Nuncahabíantenidouna estrecha relación padre-hijo. Unpardetardesdesábadoen el circuito de Silverstone. Habían armado juntos el cobertizodeljardín.Esoera másomenostodo. Por otra parte, tenía amigosquesímanteníanuna estrecharelaciónpadre-hijoy porloqueélveíaequivalíaa

ocuparasientoscontiguosen los partidos de rugby y a compartir chistes vulgares. Madres e hijas, eso sí tenía sentido. Ropa. Cotilleos. En general,notenerunarelación estrecha padre-hijo probablemente podía considerarse una huida afortunada. Y sin embargo había momentos como ése en que

veíacuántoseparecíanély Jamie. —ConfiesoqueRayesun tipodifícil—dijoGeorge—. Según mi larga y lastimosa experiencia —remojó una galleta—, tratar de cambiar lamentedetuhermanaesun ejercicioinútil.Supongoque laestrategiaestratarlacomo a una adulta. Apretar los labios. Ser agradable con

Ray.Sitodovacomoesde prever,enunpardeaños…, bueno, ya tenemos un poco deprácticaeneseterreno.Lo último que quiero es dejar quetuhermanasepaqueno nosparecebien,yluegotener a Ray de yerno contrariado durantelospróximostreinta años. Jamie tomó un poco de

té.

—Yosólo… —¿Qué? —Nada. Probablemente

tienesrazón.Debemosdejar quesesalgaconlasuya. Jean apareció en el umbralconuncestoderopa sucia.

Qué

agradablesorpresa. —Hola,mamá. —Bueno, he aquí tu

—Hola, Jamie.

segunda

opinión —dijo

George.

Jeandejóelcestosobrela

lavadora.

—¿Sobrequé?

—Jamie

se

estaba

preguntando

si

no

deberíamossalvaraKatiede un matrimonio insensato y desaconsejable.

—Papá… —dijo Jamie entredientes.

Y era en eso en lo que

Jamie

diferenciaban. Jamie era incapazdehablarenbroma, noasusexpensas.Era,para

serfrancos,unpocodelicado.

y

George

se

—George

—Jean

le

dirigióunamiradaacusadora —. ¿De qué habéis estado hablando?

Georgesenegóamorder

elanzuelo.

—Es sólo que estoy

preocupado por Katie — explicóJamie.

—Todos

estamos

preocupados por Katie — repuso Jean empezando a cargar la lavadora—. Ray tampoco es mi candidato ideal.Peroesloquehay.Tu hermana es una mujer que

sabeloquehace.

Jamieselevantó.

—Será mejor que me vaya. Jean dejó de cargar la lavadora. —Siacabasdellegar. —Yalosé.Deberíahaber llamado, en realidad. Sólo queríasaberquéhabíadicho Katie.Mejormevoy. Ysefue. Jean se volvió hacia George.

—¿Por qué tienes que

sacarlodequiciosiempre? George se mordió la lengua.Otravez. —¿Jamie?—Jeansalióal pasillo.

acordaba

demasiadobiendelomucho quehabíaodiadoasupadre. Un ogro amistoso que te encontraba monedas en las orejas y hacía ardillas de

George

se

papiroflexia y que con los años se fue encogiendo lentamente para convertirse en un hombrecillo airado y ebrioquepensabaquealabar alosniñoslosvolvíadébiles yquenuncaadmitióquesu propio hermano era esquizofrénico,yque siguió encogiéndose de forma que, paracuandoGeorgeyJudyy Brian fueron lo bastante

mayoresparapedirlecuentas, había hecho el truco más impresionante de todos al volverseunafiguraartríticay autocompasiva, demasiado frágilparaserelblancodela rabiadenadie. Quizá lo mejor que uno podíaesperareranohacerles lomismoasushijos. Jamie era buen chaval. Noeraelmásrobustodelos

chavales. Pero se llevaban bastantebien. Jeanvolvióalacocina. —Sehaido.¿Dequéiba todoesto? —Diossabe—Georgese levantóydejólatazavacía

fregadero—. El

misteriodeloshijosdeuno

esinterminable.

en

el

19

Jamie aparcóenunárea

de descanso a la salida del pueblo.

deberías

traerteaalguien.» Por Dios. Evitabas el

«Opino

que

temaduranteveinteañosyte pasabaantelasnaricesacien por hora para desvanecerse enunanubedehumo. ¿Se habría equivocado conrespectoasupadredesde el principio? ¿Era posible quepudiesehabersalidodel armario a los dieciséis sin que lo molieran a palos? «Totalmente comprensible. Unchaval enel colegio.Le

gustaban otros chavales. Acabó jugando al criquet paraLeicestershire.» Jamie estaba enfadado. Aunque se hacía difícil precisar con quién estaba enfadado.Oporqué. Era la misma sensación que tenía cada vez que visitaba Peterborough. Cada vez que veía fotografías suyasdeniño.Cadavezque

olía plastilina o probaba palitosdepescado.Volvíaa tenernueveaños.Odoce.O quince.Ynosetratabadelo quesentíaporIvanDunne.O

de lo que no sentía por las bailarinas de Pan’s People. Sinodel escalofriantehecho de comprender que había

nacido en

planeta

equivocado.Oenla familia equivocada. O en el cuerpo

el

equivocado. El hecho de

comprender

quedaba otra opción que esperarelmomentooportuno paramarcharseyconstruirun pequeño mundo propio en quesentirseseguro. FueKatiequienloayudó a pasar por todo eso. Diciéndolequeignoraseala pandilladeGregPattershall. Explicándole que el graffiti

le

que

no

sólocontabasiestabaescrito con corrección. Y tenía razón. Realmente acabaron llevando unas vidas de mierdainyectándoseheroína en alguna urbanización en Walton. Era probablemente el único chico del colegio que había aprendido defensa personal de su hermana. La pusoenprácticaunavez,con

MarkRice,quesedesplomó

contra unmatorral ysangró

terriblemente,

tanto a Jamie que nunca volvióapegarleanadie. Ahorahabíaperdidoasu

hermana.

entendía.NisiquieraKatie. Quiso sentarse en su cocina y hacer muecas

divertidasparaJacobytomar

téycomerdemasiadopastel

asustando

Y

nadie

lo

dedátilesynuecesdeMarks

& Spencer y… ni siquiera hablar.Nisiquieratenerque hablar.

A

la

mierda.

Si

pronunciaba la palabra «hogar» iba a echarse a llorar. Quizá si se hubiera mantenido más en contacto. Quizá si hubiese comidoun pocomásdepasteldedátiles

y nueces. Si los hubiese invitadoaellayaJacobmás amenudo… Esonoservíadenada. Giró la llave en el contacto, salió del área de descansoycasilomatóuna furgonetaTransitverde.

20

Lalluviaresbalabaenlos

cristalesdelaventanadela

se marchado a la ciudad hacía una hora y George estaba a punto de salir al jardín