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Carlos López. José Martí . Aerosol y stencil sobre madera. REVISTA CULTURA 107 EDITORIAL 3

Carlos López. José Martí. Aerosol y stencil sobre madera.

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Vladimir Montúfar. De la exposición “Mesoamérica: pasado y presente”. Fotografía: José Luna.

Vladimir Montúfar. De la exposición “Mesoamérica: pasado y presente”. Fotografía: José Luna.

VladimirÊ Montœ far.Ê DeÊ laÊ exposici— nÊ ÒM esoamŽr ica:Ê pasadoÊ yÊ presenteÓ. Ê Fotograf’

VladimirÊ Montœ far.Ê DeÊ laÊ exposici— nÊ ÒM esoamŽr ica:Ê pasadoÊ yÊ presenteÓ. Ê Fotograf’ a:Ê JosŽÊ

Luna.

7 REVISTA CULTURA 107 EDITORIAL

REVISTA CULTURA 108 ESPECIAL

7

Editorial

Editorial

Repensar la izquierda

S i a alguno de los defensores del planteamiento del “fin de la historia” o del “fin de las ideologías” en la década de los noventa se le hubiera descrito cómo sería el escenario mundial de esta segunda década del siglo XXI, seguramente hubiera creído que se le estaba narrando una

película de ciencia ficción. El pensamiento neoliberal era el “sentido común” de los vencedores de la historia que acababa con el fin de la Guerra Fría. Era impen - sable plantear que el neoliberalismo fracasaría en Latinoamérica y que, por otra parte, Europa y Estados Unidos comenzarían a padecer los costos sociales de las medidas de ajuste económico que se sufrieron en América Latina en la última dé - cada del Siglo XX. El mundo neoliberal al revés: el cuento del ajustador ajustado. Pero sobre todo, y esto es lo que le parecería todavía más increíble al hipotético interlocutor con que comenzamos estas líneas, ahí donde el neoliberalismo fue aplicado con mayor rigidez surgirían nuevas experiencias de transformación so - cial anticapitalista. Con sus problemas, sus contradicciones, pero ahí están. Esto indica que, lejos de lo que el pensamiento dominante vaticinaba después del colapso del campo socialista, las alternativas sociales, políticas y culturales formuladas desde la izquierda no solo son vigentes, sino que son necesarias. Asis - timos a una crisis mundial que no solo es económica ni se reduce a las formas tradicionales de representación política, sino que también y, sobre todo, es una crisis de civilización. Ahora bien: esta crisis de la “civilización del capital” no significa recaer en una visión teleológica de la historia y pensar que el cambio de civilización se dará en virtud de las pretendidas leyes inexorables de la historia. Al contrario. Quizá lo más rescatable del revés que sufrieron los proyectos alternativos al capitalismo tras el derrumbe del socialismo del Este europeo es el realismo político; es decir, aprender a no juzgar la realidad conforme a los deseos ni conforme a principios abstractos, sino

reflexionar y buscar alternativas a partir de las características propias de cada si- tuación. Por eso también es necesario repen - sar la izquierda, entendida como forma de pensamiento que adquiere sentido cuando desde esa perspectiva todavía es posible crear una revolución huma - nista, científica, técnica, cultural, eco - nómica y ética. La realidad de nuestros países tiene tal riqueza y complejidad, que un pensamiento y una praxis real - mente alternativos no pueden quedarse como los ciegos que, según narraba la fábula india, al palpar una parte del ele - fante creían que su sensación particular daba cuenta del todo. Esto supone un gran reto, pero tam-

bién es una ocasión dichosa, pues con- voca a la creatividad y a la imaginación, que son hermanas cercanas del análisis y la reflexión. Convoca también a la ética, que no está desligada de los sentimien- tos y de las sensaciones; y a la memoria, que no es un sarcófago, sino que vuel- ve a nacer todos los días. De todas esas cosas, tan fugaces y permanentes, debe llenarse la reflexión y la práctica de la iz- quierda. Además, debemos comprender que existe un pensamiento que ofrece ex- plicaciones críticas de la historia, en vir- tud del cual se identifica una diversidad de concepciones de mundo más justas e incluyentes. El camino más próximo a la consolidación de la justicia social es el que pasa por una revolución cultural.

a la consolidación de la justicia social es el que pasa por una revolución cultural. REVISTA
Especial

Especial

Sobre un homenaje pictórico a José Martí

Colectivo Urbano

Sobre un homenaje pictórico a José Martí Colectivo Urbano EstE proyEcto EmpEzó como un homEnajE a

EstE proyEcto

EmpEzó como un homEnajE a

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a sus idEalEs, mismos quE lo volviEron profEta y apóstol S ería fácil empezar este escrito

S ería fácil empezar este escrito con una de las me- táforas de José Martí para referirnos a la unidad y el arte, pero nos gusta siempre hablar con re- sultados, y es esta muestra un resultado más que

comprueba que las fronteras más grandes solo existen en la cabeza. Este proyecto empezó como un homenaje a Martí, el

hombre, el poeta, el periodista, el niño, el soñador y el lu-

chador, pero terminó siendo un homenaje a sus ideales, mismos que lo volvieron profeta y apóstol. En la muestra se

encuentran unidas diferentes generaciones de artistas vi- suales de El Salvador, Nicaragua, México, Cuba, Colombia, Perú y Argentina. Es necesario crear un espacio en el cual el arte sea libre y

todas y todos estemos incluidos, donde se encuentren todas

las luchas y así, de esa forma, hacer una propuesta fresca y sincera. Agradecemos a todos los artistas que son parte de la pro- puesta, ya que nos llenan con su fuerza y color, gracias por creer y acudir a nuestra convocatoria.

Colectivo Urbano, enero y diciembre de 2011. San Salvador, El Salvador.

1 1 REVISTA CULTURA 108 ESPECIAL Camilo Minero. Karl Marx . Xilografía. REVISTA CULTURA 108

11 REVISTA CULTURA 108 ESPECIAL

Camilo Minero. Karl Marx. Xilografía.

REVISTA CULTURA 108 ESPECIAL

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¿Por qué ser marxista hoy?

¿Por qué ser marxista hoy? El marxismo siEmprE ha sido no solo cuEstionado, sino nEgado por

El marxismo siEmprE ha sido no solo cuEstionado, sino nEgado por quiEnEs no puEdEn soportar una

tEoría crítica y una práctica Encaminadas a transformar radicalmEntE El sistEma

Económico-

social En El quE EjErcEn su dominio y sus

privilEgios

social En El quE EjErcEn su dominio y sus privilEgios A dolfo S ánchez V ázquez

Adolfo Sánchez Vázquez

su dominio y sus privilEgios A dolfo S ánchez V ázquez L a decisión del Consejo

L a decisión del Consejo Universitario de la Uni- versidad de La Habana de otorgarme el grado de doctor honoris causa me ha conmovido tan profundamente que la expresión de mi agrade-

cimiento resultaría pobre e insuficiente. Pero no puedo dejar de decir que tan alta y honrosa distinción la aprecio, sobre todo, por provenir de una institución universitaria que, jun- to a sus elevadas contribuciones académicas, tanto ha dado al realce y a la realización de los valores que más podemos estimar: la verdad, la justicia, la dignidad humana, así como la soberanía nacional, la solidaridad, la convivencia pacífica y el respeto mutuo entre los pueblos. Pero a este agradecimiento institucional quisiera agregar el personal por la fraternal, lúcida y bella laudatio de quien — Roberto Fernández Retamar— me siento desde hace ya casi 40 años no solo compañero de ideas y esperanzas y admirado lector de su admirable obra poética, sino también persisten- te seguidor de su conducta intelectual y política al frente de una institución tan consecuente con la digna e inquebranta- ble política antiimperialista de la Revolución cubana como la Casa de las Américas, a la que tanto debemos los intelectua-

les de este continente y del Caribe por su defensa ejemplar y constante enriquecimiento de la cultura latinoamericana.

A continuación voy a dedicar mi dis- curso de investidura a la obra que tan ge- nerosamente se reconoce con el grado de doctor honoris causa. Y, por supuesto, no para juzgarla, pues yo sería el menos in- dicado para ello, sino para reivindicar el eje filosófico, político y moral en torno al cual ha girado toda ella: o sea, el marxis- mo. Pero no solo el marxismo como con- junto de ideas, sino como parte de la vida misma, o más exactamente: de ideas y valores que han alentado la lucha de mi- llones de hombres que han sacrificado en ella su tranquilidad y, en muchos ca- sos, su libertad e incluso la vida. Ahora bien, ¿por qué volver, en es- tos momentos, sobre este eje, fuente o manantial teórico y vital? Porque hoy, más que en otros tiempos, se pone en cuestión la vinculación entre sus ideas y la realidad, entre su pensamiento y la ac- ción. Cierto es que el marxismo siempre ha sido no solo cuestionado, sino negado por quienes, dado su interés de clase o su privilegiada posición social, no pueden soportar una teoría crítica y una práctica encaminadas a transformar radicalmen- te el sistema económico-social en el que ejercen su dominio y sus privilegios. Pero no es este el cuestionamiento que ahora tenemos en la mira, sino el que cala en individuos o grupos sociales, cierta- mente perplejos o desorientados, aunque no están vinculados necesariamente con ese interés de clase o privilegiada posición social. Esta perplejidad y desorientación, que se intensifica y amplía bajo el marti-

lleo ideológico de los medios masivos de comunicación, sobre todo desde el hun- dimiento del llamado “socialismo real”, constituye el caldo de cultivo del cuestio- namiento del marxismo, que puede con- densarse en esta lacónica pregunta: ¿se puede ser marxista hoy? O, con otras pa- labras: ¿tiene sentido, en el alba del siglo XXI, pensar y actuar remitiéndose a un pensamiento que surgió en la sociedad capitalista de mediados del siglo XIX? Ahora bien, para responder a esta pregunta habría que tener una idea, por mínima que sea, de lo que entendemos por marxismo, dada la pluralidad de sus interpretaciones. Pues bien, teniendo esto presente, y sin pretender extender certi- ficados de “pureza”, se puede entender por él —con base en el propio Marx— un proyecto de transformación del mundo realmente existente a partir de su crítica y de su interpretación o conocimiento. O sea: una teoría y una práctica en su unidad indisoluble. Por tanto, el cuestionamiento que se hace del marxismo, y que se cifra en la pregunta de si se puede ser marxis- ta hoy, afecta tanto a su teoría como a su práctica, pero —como trataremos de ver— más a esta que a aquella. En cuanto teoría de vocación científi- ca, el marxismo pone al descubierto la es- tructura del capitalismo, así como las po- sibilidades de su transformación inscritas en ella y, como tal, tiene que asumir el reto de toda teoría que aspire a la verdad: el de poner a prueba sus tesis fundamentales, contrastándolas con la realidad y con la

práctica. De este reto, el marxismo tiene que salir manteniendo las tesis que resis- ten esa prueba, revisando las que han de ajustarse al movimiento de lo real o bien abandonando aquellas que han sido in- validadas por la realidad. Pues bien, vea- mos, aunque sea muy sucintamente, la situación de algunas de sus tesis básicas con respecto a esa triple exigencia. Por lo que toca a las primeras, encon- tramos tesis que no solo se mantienen, sino que hoy son más sólidas que nunca, ya que la realidad no ha hecho más que acentuar, ahondar o extender lo que en ellas se ponía al descubierto. Tales son, para dar solo unos cuantos ejemplos, las relativas a la naturaleza explotadora, de- predadora, del capitalismo; a los concep- tos de clase, división social clasista y lucha de clases; a la expansión creciente e ilimita- da del capital que, en nuestros días, prue- ba fehacientemente la globalización del capital financiero; al carácter de clase del Estado; a la mercantilización avasallante de toda forma de producción material y es- piritual; a la enajenación que alcanza hoy a todas las formas de relación humana: en la producción, el consumo, los medios masi- vos de comunicación, etcétera. En cuanto a las tesis o concepciones que habría que revisar para ajustarlas al movimiento de lo real está la relativa a las contradicciones de clase que, sin dejar de ser fundamentales, tienen que conjugar- se con otras importantes contradicciones en la sociedad actual: nacionales, étnicas, religiosas, ambientales, de género, etcéte-

ra. Y por lo que toca a la concepción de la historia hay que superar el dualismo que se da en los textos de Marx, entre una in- terpretación determinista e incluso teleo- lógica, de raíz hegeliana, y la concepción abierta según la cual “la historia la hacen los hombres en condiciones determina- das”. Y que, por tanto, depende de ellos, de su conciencia, organización y acción, que la historia conduzca al socialismo o a una nueva barbarie. Y están también las tesis —que han de ser puestas al día— acer- ca de las funciones del Estado, así como las del acceso al poder, cuestiones sobre las cuales ya Gramsci proporcionó impor- tantes indicaciones. Finalmente, entre las tesis o concep- ciones de Marx y del marxismo clásico que hay que abandonar, al ser desmen- tidas por el movimiento de la realidad, está la relativa al sujeto de la historia. Hoy no puede sostenerse que la clase obrera sea el sujeto central y exclusivo de la historia, cuando la realidad muestra y exige un sujeto plural, cuya composición no puede ser inalterable o establecerse a priori. Tampoco cabe sostener la tesis clásica de la positividad del desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas, ya que este desarrollo minaría la base natural de la existencia humana, lo que vuelve, a su vez, utópica la justicia distri- butiva propuesta por Marx en la fase su- perior de la sociedad comunista con su principio de distribución de los bienes conforme a las necesidades de cada in- dividuo, ya que ese principio de justicia

Samuel Arias. José Martí. Mixta sobre lienzo, 28 x 28 cm REVISTA CULTURA 108 ESPECIAL
Samuel Arias. José Martí. Mixta sobre lienzo, 28 x 28 cm REVISTA CULTURA 108 ESPECIAL

Samuel Arias. José Martí. Mixta sobre lienzo, 28 x 28 cm

Samuel Arias. José Martí. Mixta sobre lienzo, 28 x 28 cm REVISTA CULTURA 108 ESPECIAL 1

presupone una producción ilimitada de bienes “a manos llenas”. En suma, el marxismo como teoría sigue en pie, pero a condición de que, de acuerdo con el movimiento de lo real, mantenga sus tesis básicas —aunque no todas—, revise o ajuste otras y abandone aquellas que tienen que dejar paso a otras nuevas para no quedar a la zaga de la rea- lidad. O sea, en la marcha para la necesa- ria transformación del mundo existente, hay que partir de Marx para desarrollar y enriquecer su teoría, aunque en el camino haya que dejar, a veces, al propio Marx. Ahora bien, reafirmada esta salud teórica del marxismo, hay que subrayar que este no es solo, ni ante todo, una teo- ría, sino fundamental y prioritariamente una práctica, pues recordemos una vez más que “de lo que se trata es de transfor- mar el mundo” (Tesis XI sobre Feuerbach de Marx). Pues bien, si de eso se trata, es ahí, en su práctica, donde la cuestión de si tiene sentido ser marxista hoy ha de plantearse en toda su profundidad. Pues bien, considerando el papel que el marxismo ha desempeñado histórica- mente, desde sus orígenes, al elevar la conciencia de los trabajadores de la nece- sidad y posibilidad de su emancipación, y al inspirar con ello tanto sus acciones reivindicativas como revolucionarias, no podría negarse fundamentalmente su influencia y significado histórico- universal. Ciertamente puede afirmarse, sin exagerar, que ningún pensamiento fi- losófico, político o social ha influido a lo

largo de la historia de la humanidad tanto como el marxismo en la conciencia y con- ducta de los hombres y de los pueblos. Para encontrar algo semejante habría que buscarlo fuera de ese pensamiento, no en el campo de la razón, sino en el de la fe, propio de las religiones como

el budismo, cristianismo o islamismo,

que ofrecen una salvación ilusoria de los

sufrimientos terrenales en un mundo supraterreno. Para el marxismo, la libe- ración social, humana, hay que buscarla

aquí y desde ahora con la razón y la prác- tica que han de conducir a ella. Aunque solo fuera por esto, y el “esto” tiene aquí una enorme dimensión,

el marxismo puede afrontar venturosa-

mente su cuestionamiento en el plano de la práctica encaminada a mejorar las

condiciones de existencia de los trabaja- dores, así como en las luchas contra los regímenes autoritarios o nazifascistas o por la destrucción del poder económico

y político-burgués. Los múltiples tes-

timonios que con este motivo podrían aportarse favorecen esta apreciación po- sitiva de su papel histórico-práctico, sin que este signifique en modo alguno igno- rar sus debilidades, sombras o desvíos en este terreno, ni tampoco las aporta-

ciones de otras corrientes políticas o so- ciales: demócratas radicales, socialistas

de izquierda, diferentes movimientos so-

ciales o de liberación nacional, anarquis-

tas, teología de la liberación, etcétera. La cuestión se plantea, sobre todo, con respecto a la práctica que en nombre del

Víctor Artiga. Martí . Acrílico sobre lienzo, 28 x 28 cm REVISTA CULTURA 108 ESPECIAL
Víctor Artiga. Martí . Acrílico sobre lienzo, 28 x 28 cm REVISTA CULTURA 108 ESPECIAL

Víctor Artiga. Martí. Acrílico sobre lienzo, 28 x 28 cm

Víctor Artiga. Martí . Acrílico sobre lienzo, 28 x 28 cm REVISTA CULTURA 108 ESPECIAL 1

marxismo se ejerció después de haberse abolido las relaciones capitalistas de pro- ducción y el poder burgués para construir

una alternativa al capitalismo: el socialis- mo. Ciertamente nos referimos a la expe- riencia histórica, que se inaugura con la Revolución rusa de 1917, que desembocó en la construcción de la sociedad que pos- teriormente se llamó el “socialismo real”. Un “socialismo” que se veía a sí mismo, en la ex Unión Soviética, como la base ya construida del comunismo diseñado por Marx en su Crítica del programa de Gotha. Sin entrar ahora en las causas que determinaron el fracaso histórico de un proyecto originario de emancipación, al pretender realizarse, puede afirmar- se: primero, que, no obstante los logros económicos, sociales y culturales alcan- zados, condujo a un régimen económico, social y político atípico —ni capitalista ni socialista— que representó una nueva forma de dominio y explotación; segun- do: que ese “socialismo” significó, no obstante, un dique a la expansión mun- dial del capitalismo, aunque es evidente también que con su derrumbe la bipola- ridad en la hegemonía mundial dejó paso a la unipolaridad del capitalismo más de- predador, concentrada en el imperio de Estados Unidos; y, tercero: que la opción por/y las esperanzas en la alternativa so- cial del socialismo quedaron sumamen-

te reducidas o cegadas, así como las del

marxismo que la inspiró y fundamentó.

A ello contribuyó decisivamente la iden-

tificación falsa e interesada del “socialis-

mo real” con todo socialismo posible y la del marxismo con la ideología soviética que lo justificó. Puesto que no es tan fácil negar el carácter liberador, emancipatorio, del pensamiento de Marx y del marxismo clásico, los ideólogos más reaccionarios, pero también más perspicaces del capi- talismo, tratan de sostener la imposibi- lidad de la realización del socialismo. Y para ello recurren a diversas concepcio- nes idealistas del hombre, la historia y la sociedad. Unas veces apelan a una su- puesta naturaleza humana inmutable — egoísta, competitiva—, propia en verdad del homo economicus capitalista, incom- patible con la fraternidad, solidaridad y cooperación indispensable en una socie- dad socialista. Otras veces se valen de la

concepción teleológica de la historia que decreta —muy hegelianamente— la invia- bilidad del socialismo al llegar aquella a su fin con el triunfo del capitalismo libe- ral, o más exactamente neoliberal. También se recurre a la idea fatalis- ta de que todo proyecto emancipatorio al realizarse se degrada o desnaturaliza inevitablemente. Y, por último, se echa mano del “pensamiento débil” o posmo- derno para el cual la falta de fundamento

o razón de lo existente invalida toda cau-

sa o proyecto humano de emancipación. Como es fácil advertir, en todos estos ca- sos se persigue o alimenta el mismo fin:

confundir las conciencias, desmovilizar-

las y cerrar así el paso a la organización

y la acción necesarias para construir una

alternativa social al capitalismo y, por tanto, a todo pensamiento que, como el marxista, contribuya a ella. Ahora bien, aun reconociendo la fal- sedad de los supuestos ideológicos en que se apoyan estos intentos descalifica-

dores, así como los intereses de clase que los promueven, es innegable que a raíz del hundimiento del “socialismo real” se da un descrédito de la idea de socialismo

y un declive de la recepción y adhesión al

marxismo. Y ello cuando la alternativa al capitalismo, en su fase globalizadora, se ha vuelto más imperiosa no solo porque sus males estructurales se han agrava- do, sino también porque al poner el de- sarrollo científico y tecnológico bajo el signo del lucro y la ganancia, amenaza

a la humanidad con sumirla en la nueva

barbarie de un holocausto nuclear, de un cataclismo geológico o de la supeditación de los logros genéticos al mercado. De tal manera que, en nuestros días, el agresivo capitalismo globalizador hegemonizado por Estados Unidos, al avasallar —con sus guerras preventivas— la soberanía y la in- dependencia de los pueblos, al hacer añi- cos la legalidad internacional, al volver las conquistas de la ciencia y la técnica con- tra el hombre y al globalizar los sufrimien- tos, humillaciones y la enajenación de los seres humanos, atenta no solo contra las clases más explotadas y oprimidas y con- tra los más amplios sectores sociales, sino también contra la humanidad misma, lo que explica el signo anticapitalista de las recientes movilizaciones contra la guerra

y de los crecientes movimientos sociales

altermundistas en los que participan los más diversos actores sociales. La emancipación social y humana que el marxismo se ha propuesto siem- pre pasa hoy, necesariamente, por la construcción del dique que detenga esta agresiva y antihumana política imperial estadounidense. Pues bien, en la cons- trucción de ese dique al imperialismo que tantos sufrimientos ha infligido al pueblo cubano está hoy sin desmayo, como siem-

pre, y fiel a sus orígenes martianos, la Re- volución cubana. Llegamos al final de nuestro discurso, con el que pretendíamos responder a la cuestión de si se puede ser marxista hoy.

Y nuestra firme respuesta al concluir es

esta: puesto que una alternativa social al capitalismo —como al socialismo— es aho- ra más necesaria y deseable que nunca, también lo es, por consiguiente, el mar- xismo que contribuye —teórica y práctica- mente— a su realización; lo cual quiere de-

cir, a su vez, que ser marxista hoy significa no solo poner en juego la inteligencia para fundamentar la necesidad y posibilidad de esa alternativa, sino también tensar

la voluntad para responder al imperativo

político-moral de contribuir a realizarla. Por último, reitero mi más profundo agradecimiento a la Universidad de La Habana, porque, con la alta distinción que me otorga, me da un vigoroso impul- so para continuar, en su tramo final, la obra que ha tenido y tiene como eje teóri- co y vital al marxismo.

La izquierda debe construirse

con participación y democracia

La izquierda debe construirse con participación y democracia sEntimos la rEsponsabilidad ética dE hacEr política,

sEntimos la rEsponsabilidad ética dE hacEr política, porquE la administración dEl podEr por los podErosos dE siEmprE nos obliga a EntromEtErnos En sus asuntos, porquE Estos asuntos son también nuEstros asuntos

asuntos, porquE Estos asuntos son también nuEstros asuntos c AmilA V Allejo M i nombre es

cAmilA VAllejo

asuntos son también nuEstros asuntos c AmilA V Allejo M i nombre es Camila Antonia Amaranta

M i nombre es Camila Antonia Amaranta Va- llejo Dowling y quisiera, antes que todo, poder expresarle a los presentes el orgullo y el desafío que significa para mí encabe-

zar la federación de estudiantes más importante de Chile;

es una gran responsabilidad que significa hacerse cargo de

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años de historia, 104 años de aventuras y desventuras,

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años de lucha en el seno del movimiento estudiantil. Y

es un orgullo y un gran desafío, porque vengo de aquellos lugares que no reciben condecoraciones, de los cuales poco y nada se dice, porque poco y nada se sabe, lugares que a veces incluso se les llega a olvidar. Mis estudios secundarios los cursé en un pequeño co- legio cuyo nombre significa tierra florida; extraña paradoja, ya que en sus patios se respiraba más tierra que flores y en sus salas de madera se acumula el polvo de generaciones de alumnos no emblemáticos, que nunca llegarán a ocupar los puestos de poder más importantes de nuestro país. Mi carrera, una de las más pequeñas de esta univer- sidad, casi no se encuentra en el consciente colectivo, se pierde entre los pasillos de la FAU y se confunde con otras

Salvador Cisneros. Martí . Mixta sobre lienzo, 28 x 28 cm REVISTA CULTURA 108 ESPECIAL
Salvador Cisneros. Martí . Mixta sobre lienzo, 28 x 28 cm REVISTA CULTURA 108 ESPECIAL

Salvador Cisneros. Martí. Mixta sobre lienzo, 28 x 28 cm

Salvador Cisneros. Martí . Mixta sobre lienzo, 28 x 28 cm REVISTA CULTURA 108 ESPECIAL 2

disciplinas. La Geografía en esta univer- sidad casi no tiene tiempo ni espacio, otra paradoja. Sin embargo, lo más te- rrible es darse cuenta de que, de pron- to, esto no pasa solo en Geografía, sino que también en Administración Pública, que es carrera de ocho a seis —porque después de las seis de la tarde no hay universidad para ellos—, una carrera que debiese ser fundamental para fortalecer el sistema público. Y también ocurre en Educación, y de pronto nos damos cuenta de que no son solo unas pocas carreras, sino que es toda una rama del saber, es toda una área del conocimiento la que ha caído en la pobreza universita- ria como consecuencia de las lógicas del mercado implementadas ya a lo largo de estos últimos treinta años. Y a lo pequeño y olvidado de mi lugar de origen se suma, además, mi corto tiem- po de vida; con 22 años, vengo a ser la se- gunda mujer presidenta de la FECH [Fede- ración de Estudiantes de Chile] en más de cien años de historia. Y usted, rector, ten- drá el privilegio de ser el segundo en la his- toria de la universidad que es acompañado por una mujer en la presidencia de nuestra federación de estudiantes. Ahora bien, puede que en este mo- mento me toque a mí ejercer el cargo de presidenta, sin embargo, debo decir que yo sola jamás habría logrado todo esto y que mis manos son tan solo un par más dentro de tantas otras, en donde todas juntas son las que levantan este proyec- to colectivo que se llama Estudiantes de

Izquierda, el cual ya se encamina a su tercer período consecutivo al mando de nuestra federación. Si me permiten contarles un poco acerca de Estudiantes de Izquierda, debo decirles que como colectivo político es- tamos presentes en amplios espacios de nuestra universidad, que en nuestro inte- rior se expresa la máxima diversidad es- tudiantil, que entendemos que la izquier- da debe construirse con participación y democracia y que esta elección, en don- de hemos aumentado en casi 400 votos respecto de la elección anterior, nos de- muestra que como movimiento estamos vinculados orgánicamente con las bases estudiantiles de nuestra universidad. Como Estudiantes de Izquierda, senti- mos la responsabilidad ética de hacer po-

lítica, porque la administración del poder por los poderosos de siempre nos obliga

a entrometernos en sus asuntos, porque

estos asuntos son también nuestros asun- tos y porque no podemos dejar que unos pocos privilegiados sean quienes eterna- mente definan las medidas y contornos

que debe tener nuestra patria, ajustándo-

la siempre a sus pequeños intereses.

Creemos que la clave del éxito para el movimiento estudiantil está en volver

a situar a la federación en una posición

de vanguardia a nivel nacional, en volver

a entretejer redes sociales con los po-

bladores, los trabajadores, las organiza-

ciones sociales y gremiales, los jóvenes que se quedaron fuera de la universidad pateando piedras; en otras palabras,

hablamos de volver nuestra mirada al conjunto de los problemas sociales que hoy rodean a la universidad y con los cuales estamos íntimamente vinculados

y comprometidos. Debemos romper con aquella burbuja universitaria que instala el individualis- mo, la competencia y el exitismo personal como patrón de conducta para los estu-

diantes por sobre ideas y conceptos funda- mentales como lo son la solidaridad, la co- munidad y la colaboración entre nosotros. Somos contrarios a la visión de que la universidad es solo venir, sacarse bue- nas notas y abandonar cuanto antes sus aulas para salir pronto a ganar dinero en el mercado laboral; tenemos los ojos lo suficientemente abiertos como para darnos cuenta de que afuera hay un mundo entero por conquistar, que este mundo requiere de nuestra entrega, de nuestro esfuerzo y de nuestro sacrificio,

y que para quienes ya hemos abierto los

ojos a las inequidades sociales que aso- man por todos los rincones de nuestra ciudad, se nos vuelve imposible volver a cerrar la puerta y hacer como que nada hemos visto o como que nada ha pasado. Nuestro compromiso por la transforma- ción social es irrenunciable, porque ne- cesitamos hoy, más que nunca, una pro- funda discusión respecto del país que queremos construir y, a partir de ello, cuál es el tipo de universidad que se pon- drá al centro de dicha construcción; por- que no creemos en la universidad como

un espacio neutro dentro de la sociedad:

la universidad es un agente vivo en su construcción y en el desarrollo del pro- yecto-país que como ciudadanos levan- tamos día a día. Nuestra responsabilidad está en generar organización al interior de ella, lo cual nos permita transformar la universidad, para así poder transfor- mar la sociedad. Nuestro concepto de universidad nos habla de un espacio abierto, partici- pativo y democrático, con una comuni- dad universitaria activa, dialogante, una comunidad que se involucra en el diseño y conducción de su casa de estudios. Nuestra visión es la de una universi- dad que se ubique ya no en los primeros rankings de la competencia o el marketing universitario, de los cuales hoy en día mucho se habla, sino que se ubique en el primer lugar de aporte al desarrollo social del país, el primer lugar en el fo- mento de la equidad en cuanto a la com- posición social de sus estudiantes, que ocupe el primer lugar en el desarrollo de la ciencia y tecnología al servicio de los intereses de Chile y su pueblo. Creemos en una universidad per- manentemente vinculada con los pro- blemas que nuestro pueblo le presenta, activa en la búsqueda de soluciones y en la entrega de aportes por medio del cono- cimiento. Sin embargo, nuestra realidad actual dista mucho de estos conceptos brevemente aquí esbozados; hoy, la uni- versidad es cada vez más un proyecto sin otro norte que no sea el que le señala el mercado, a la educación superior se le ha

puesto precio y nuestras universidades son medidas por criterios industriales de producción, como si fueran una empre- sa más dentro del esquema productivo de la nación, una empresa especial con muchas comodidades en su proceso pro- ductivo, pero empresa al fin y al cabo. En este esquema, un rol fundamental

lo jugó el desfinanciamiento sistemático

que vivió la universidad pública al mo- mento de implementarse las políticas

neoliberales. El autofinanciamiento, es- tablecido como doctrina, fue un golpe seco que dio en la esencia misma de lo que constituía el quehacer universitario hasta ese momento, condicionando y sometiendo a la universidad a lógicas y esquemas mercantiles que le eran des- conocidos. La universidad pública tuvo que verse obligada a competir en situa- ciones desfavorables en lo que se llamó

el nuevo mercado de la educación supe-

rior, se le puso precio, tuvo que venderse

a sí misma para poder captar mayores

recursos y continuar así con su proyec-

to educativo, perdió su brillo y su color, perdió su esencia transformadora y que- dó botada en un rincón, ya incapaz de re- conocerse a sí misma. Estamos hablando de que se operó un cambio estratégico en el desarrollo de

la universidad, el cual ha sido irremonta-

ble hasta este momento. Con ello, hubo sectores importantes del quehacer uni- versitario que, producto de su no renta- bilidad económica, fueron cayendo rápi-

damente en la desgracia y el abandono;

las universidades públicas se volcaron

a sí mismas, viviendo casi un chauvi-

nismo institucional, donde cada una se preocupaba de su propia sobrevivencia, perdiéndose la visión de conjunto que poseía nuestro antiguo sistema de edu- cación superior pública. Este procedimiento, operado en plena dictadura, siguió su curso con los Gobier- nos de la Concertación, la cual no operó mayores cambios, más bien se dedicó a administrar con comodidad el modelo he-

redado, y en algunas líneas incluso lo pro- fundizó. No obstante lo anterior, pasaron los años y el control del Gobierno volvió a las manos de quienes tiempo atrás habían gobernado con trajes de civiles detrás de los uniformes de soldado. Según nuestra mirada, esto repre- senta un peligro fatal para la universidad pública hoy día, creemos que el gobier- no de los empresarios busca poner el broche de oro a la privatización total de

la educación superior, sellando definiti-

vamente la obra que iniciaron desde las sombras en los años ochenta. La desig- nación de Harald Beyer y Álvaro Saieh en nuestro Consejo Universitario, dos grandes defensores del modelo de mer- cado y el actual presupuesto nacional en el área de la educación superior, son dos grandes indicativos de aquello. Son medidas que nos muestran nítidamente que el Gobierno se apresta a poner en marcha una agenda privatizadora a gran escala y que, por lo tanto, el año 2011 será estratégico en su implementación.

Camilo Minero. La niña . De la serie “Buscando la paz”. Serigrafía. 20 x 25

Camilo Minero. La niña. De la serie “Buscando la paz”. Serigrafía. 20 x 25 cm

Esta será una batalla importante que enfrentará nuestro sector el próximo año. Para dar respuesta a este desafío debemos desplegar un movimiento que incluya no solo a los estudiantes: nece- sitaremos de los académicos, los traba- jadores, las autoridades universitarias,

todos juntos en las calles exigiendo que

el Estado cumpla con sus universidades,

que el Estado cumpla con la educación superior pública de nuestro país. Pero el

problema no pasa tan solo por exigirle al Estado lo que a nuestras universidades

le debe, sino que también debemos mi-

rarnos con visión autocrítica y pregun- tarnos qué es lo que como universidad

le estamos entregando a nuestro pueblo.

Necesitamos un nuevo trato del Estado para con la educación superior pública de nuestro país y, a la vez, necesitamos un nuevo compromiso de las universida-

des públicas para con el pueblo de Chile

y sus intereses, esta universidad tiene

que ser la universidad de todos los chile- nos y no solo la de unos pocos. A nadie le es indiferente que en nuestra casa de estudios se perpetúen desigualdades fundamentales que de- terminan, por ejemplo, que el 20% de la población más rica tenga más del 50% de las matrículas; en cualquier sociedad que

se precie de ser justa y democrática, esta

desigualdad fundamental es inaceptable. ¿Seguiremos educando solo a las éli- tes socioeconómicas o nos aseguraremos de implementar un sistema de acceso que permita que todos los jóvenes con ta-

lentos y habilidades, independientemen- te de su origen y capacidad de pago, pue- dan permanecer en la universidad? ¿Se- guiremos dejando que solo aquellas dis- ciplinas que son rentables en el mercado alcancen niveles de desarrollo armónicos y de excelencia o aseguraremos de mane- ra efectiva que todas las áreas del cono- cimiento tengan un trato justo y así pue- dan contribuir a consolidar la sociedad que anhelamos, ya no solo en términos económicos, sino que en términos cultu- rales, intelectuales, cívicos, valóricos, es decir, con seres humanos íntegros? Por más que quieran hacernos creer lo contrario, para nosotros, la universi- dad no puede ser un negocio ni mucho menos la educación puede ser una mer- cancía. La pelea será dura, pero está el fu- turo de la universidad en juego, y en esta batalla nosotros no bajaremos los brazos. No quiero terminar mis palabras sin antes aludir a un hecho que para mí re- viste gran notoriedad, algo que señalaba más arriba, pero quisiera ahora poder extenderme un poco más en aquello: me refiero a mi condición de mujer. Como mujer, puedo ver y vivenciar en carne propia las formas de opresión de las que somos víctimas en la actual configuración machista de la sociedad. En Chile nos decimos un país desarrolla- do y nos llenamos de orgullo por nuestro reciente ingreso a la OCDE (Organiza- ción para la Cooperación y el Desarro- llo Económicos), no obstante, detrás de la cortina del progreso económico y del

optimismo del jaguar latinoamericano se esconde una historia de opresión y sexis- mo que aún perdura hasta nuestros días. Las mujeres seguimos sufriendo hoy día todo tipo de discriminaciones a la hora de buscar trabajo, en los planes de cober- tura para nuestra salud, en la escala de sueldos, incluso a la hora de participar en política. Tan solo ayer leía unas ideas que qui- siera poder trasladarles en este momen- to, ya que me parecen esclarecedoras res- pecto a lo que les quiero decir: “respecto de las mujeres, cuando buscan trabajo, además de calificación se les pide pre- sencia, y no basta con que sean amables y generosas, sino que deben además ser graciosas, simpáticas y coquetas, pero

no mucho. Se les exige estar presenta- bles, y cuando juzgan que se han pasado un milímetro, se les critica por presun- tuosas. Se les elogia por ser madres y se les excluye por tener hijos. De la mujer se sospecha cuando es joven, porque desestabiliza a la manada; y se le rechaza cuando los años pasan, porque ha perdi- do competitividad. Es excomulgada por fea y también cuando es bella. En el pri- mer caso se dice que es repulsiva; en el segundo, provocadora. Cuando no es lo uno ni lo otro, la tildan de mediocre”. Estas son las condiciones en las cua- les las mujeres nos desarrollamos ac- tualmente, estas son las condiciones que desde mi presidencia también buscaré transformar.

estas son las condiciones que desde mi presidencia también buscaré transformar. REVISTA CULTURA 108 ESPECIAL 2
2 8 REVISTA CULTURA 108 ESPECIAL