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PNEUMATOLOGÍA DE SAN BASILIO

1. Contexto histórico

Lic. Gloria Rodríguez Caballero, hmsp

1.1. Datos bio-bibliográficos de San Basilio de Cesarea

Sólo uno de los tres padres capadocios se ha distinguido con el sobrenombre el Grande: Basilio. San Basilio 1 , proviene de una familia noble, rica y santa. En ella se pueden contar al menos seis santos reconocidos: su abuela paterna, Macrina; su abuelo materno, quien aceptó la corona del martirio; dos de sus hermanos, Gregorio de Nisa y Pedro de Sebaste, que al igual que él fueron nombrados obispos y su hermana mayor, Macrina ejemplo de vida ascética.

a)

Vida

Basilio nació en Cesarea de Capadocia hacia el año 330. Cursó estudios de retórica y Filosofía en Cesarea, Constantinopla y Atenas. En el 356 regresó a su tierra y, en donde emprendió la profesión docente y la retórica. A la muerte de su padre en el 558 decidió integrarse a la vida monástica, y junto con Eustacio de Sebaste viajó a diversos centros monásticos de Siria, Mesopotamia, Palestina y Egipto. Al volver de dicho viaje, se hizo bautizar, experimentó la conversión, renunció a la enseñanza y se retiró al desierto para dedicarse plenamente a la contemplación. De esta manera se convirtió en uno de los

1 La información a continuación presentada se ha recabado de: RAMOS, Lissón Domingo, Patrología, Ed. Eunsa, Pamplona 2005, pp. 253-259; QUASTEN, Johannes, Patrología II, La edad de oro de la literatura patrístia griega, Ed. BAC, Madrid 2001, pp. 224-230; MANZANARES, Vidal César, Diccionario de Patrística s. I-VI, Ed. Verbo Divino, Estella 1993, pp. 50-52; COLA, Silvano, Trad. Juan Félix Bellido, Perfiles de los padres, Ed. Ciudad Nueva, Madrid 1991, pp.55-60; IBAÑEZ, Ibanez, Gran enciclopedia RIALP, Tomo III, Ed. RIALP, Madrid 1984, pp. 778-780.

pioneros de la vida monástica. Junto con Gregorio de Nacianzo en el año 358 compusieron la Philocalia 2 y las dos Reglas largas y breves, Regulae fusius tratatae y Regulae brevius tratatae, que consagrarían a san Basilio como fundador del monacato griego en Oriente, y de Occidente a través de san Benito.

Aproximadamente en el año 364, fue llamado por su obispo Eusebio de Cesarea para ser ordenado sacerdote y, a su vez, defender a la Iglesia frente al emperador arriano, Valente. En el año 370 fue nombrado obispo de Cesarea, metropolitano de Capadocia, y exarca de la diócesis del Ponto. Como obispo, se consagró al servicio de los pobres. Dedicó sus mayores energías a defender la doctrina católica sobre la consubstancialidad del Verbo, definida solemnemente en el Concilio de Nicea en el año 325. Se opuso con valentía a las presiones imperiales encaminadas a obligarle a adherirse a los arrianos. El prestigio de Basilio salió reforzado, hasta el punto de que el emperador lo nombró visitador de Armenia en el año 372.

El cisma de Antioquía fue otra de las cuestiones que turbó el episcopado de Basilio:

Melecio, elegido por sus colegas al episcopado, rompió sus relaciones con Roma entre los años 362 y 398, llevándolo al exilio. Así pues, desde el año 362 Paulino, consagrado irregularmente por Lucífero de Cagliari, fungía como obispo de Antioquía. Basilio, preocupado por las divisiones internas, intentó que Roma terciara en la disputa entre Melecio y Paulino, pero la jerarquía romana no quiso intervenir en el conflicto aunque sí insistió en la existencia de una comunión en la fe. San Basilio muere el 379, justo antes del primer concilio de Constantinopla, que reivindicó sus posiciones teológicas.

b) Obras

Fruto de su afán de refutación del arrianismo se encuentran los tratados que pertenecen a la índole dogmatico-polémico. El primero es Contra Eunomium, Eunomio, obispo de Cízico, en su Apología utiliza un lenguaje equivoco para negar la semejanza entre la sustancia entre el Padre y el Hijo, mientras que admite una semejanza entre ambos

2 La Philocalia es una antología de textos de Orígenes sobre la oración.

en la actividad. Es decir, se sirve de un lenguaje homoiano, para encubrir su negación de la divinidad del Hijo; también se cuenta con el tratado De Spiritu Sancto, el cual está dedicado a su amigo Anfiloquio de Iconio. La razón de esta obra es salir al paso de los pneumatómacos, que negaban la divinidad del Espíritu Santo. El tema central de la obra es declarar que el Espíritu Santo compete igual gloria que a Padre y al Hijo, lo que significa que es consustancial a ellos.

Dentro de sus homilías se aprecia un gran trabajo exegético, In Hexaemeron, trata sobre la creación del mundo en seis días, sin embargo, la homilía del sexto día dedicada a la creación del hombre fue escrita por uno de sus discípulos, probablemente en el año 378; In Psalmos, que comprende 18 homilías sobre los salmos, de los cuales sólo 13 son auténticas. De las demás homilías las primeras 23 están reconocidas como pertenecientes al Santo, mientras las otras están sujetas a duda, dichas homilías refieren a festividades del Señor o de los santos, o sobre cuestiones de la vida cristiana.

En el terreno de la literatura ascética se encuentra Moralia, que está compuesto por ocho instrucciones morales, este escrito se dirige de manera especial a los monjes, sin embargo es de gran utilidad para el cristiano que desea tener coherencia con la fe que profesa. San Basilio dejó también dos Reglas monásticas, las cuales contienen a la respuesta del Santo a preguntas de los monjes, la primera es Regulae fusius tratatae, dedicada a los principios de la regla monástica y la segunda Regulae brevius tratatae, la cual trata sobre la vida de una comunidad monástica. Escribió asimismo una Admonición a un hijo espiritual y una Exhortación a los adolescentes.

De las 365 cartas que se conservan y que constituyen una preciosa fuente para la Historia Eclesiástica de la época, las tres que se denominan canónicas, escritas a Anfiloquio, Obispo de Iconio, tuvieron en la Iglesia griega autoridad de ley general. Sin embargo, algunas le fueron dirigidas a Basilio, en lugar de ser él quien las escribiera. Sus temáticas son variadas: cartas de amistad, de recomendación, de consuelo, de carácter ascético, teológicas e históricas.

Entre sus doctos escritos también se encuentran las obras señaladas es su reforma de la liturgia de Cesarea que todavía se usa en algunos días señalados en las iglesias de rito bizantino.

1.2. La Pneumatología en el Concilio de Nicea

El sínodo ecuménico de Nicea en el año 325, se puede definir como un como un concilio cristológico, pues trató de la doctrina relativa al Hijo. La perteneciente al Espíritu Santo, sólo se trato de manera sucinta, ya que: «Todavía, afirma Basilio, no se había promovido una semejante cuestión, y la doctrina sobre el Espíritu Santo residía en la almas de los fieles sin que fuera controvertida» 3 .

Por esta razón el concilio de Nicea no abordó seriamente la doctrina del Espíritu Santo, ya que era una doctrina poseída pacíficamente por los fieles y que no contaba con disputas hasta ese momento. Era pues natural que los Padres se centrarán en combatir la doctrina de Arrio respecto al Hijo 4 .

Por otra parte, aunque Nicea refiere poco al Espíritu Santo, Basilio al hablar de la tercera persona, tiene buen cuidado de relacionarla continuamente con el Verbo, mostrando que lo que se dice del Espíritu Santo repercute inmediatamente en la doctrina sobre el Hijo ratificada en Nicea.

Basilio de Cesárea compagina el homoousios niceno con la tradición origeniana de las tres hipóstasis: el primero es expresión de lo que es común y las segundas indican lo que es particular. Por otro lado, la fidelidad a Nicea no implicaba, a juicio de Basilio, una repetición servil de sus enunciados dogmáticos: frente a los nuevos problemas, como el reconocimiento de la divinidad del Espíritu Santo, se había hecho necesario castigar con el anatema las posiciones que chocaban con el espíritu del concilio. Por consiguiente, había

3 San Basilio de Cesarea, Epist., 159, 2.

4 YANGUAS, Sanz, José María, Pneumatología de San Basilio, Ed. Universidad de Navarra, Pamplona 1983, p. 19.

que interpretar a Nicea no sólo según la letra, sino también según el espíritu, sacando de él todas las implicaciones pertinentes.

Dentro de esta perspectiva, Basilio negaba que pudiera deducirse de Nicea la identidad de los conceptos de ousía y de hypóstasis. Si realmente los padres nicenos las hubieran entendido en un único sentido, no habrían recurrido a dos palabras distintas. Este razonamiento era un tanto sofisticado, dado que Nicea no había llevado a cabo una opción entre las dos diversas tradiciones teológicas de la una substancia o de las tres hypóstasis, ni había pensado en conciliarlas entre sí; todo lo más que puede decirse es que su formulación tendía más bien a favorecer a los vetero-nicenos, adversarios de Basilio. De todas formas, el aspecto decisivo de toda la argumentación es que Basilio comprende su fórmula una ousía, tres hypóstasis en plena continuidad con Nicea. En esta misma línea se colocará, pocos años después, el concilio de Constantinopla en el año 381, que hace suya la solución de Basilio 5 .

Esto explica una cierta cautela a este propósito entre los capadocios, que irían llegando gradualmente, y de manera diferenciada, en cuanto a las modalidades de la formulación, a admitir la divinidad del Espíritu. Así, para Basilio el Espíritu participa de la misma gloria, honor y culto, junto con el Padre y con el Hijo, pero todavía no es llamado explícitamente Dios ni se dice que sea consustancial con el Padre y con el Hijo.

1.3. Problemática pneumatológica del s. IV

Como se ha dicho, pocos temas hay tan oscuros en la teología prenicena, y aun posnicena, como el de la procesión del Espíritu Santo. «La dificultad radica en las fuentes mismas de la revelación, nada explícitas sobre el particular y, lo que es peor, demasiado genéricas. Falta un término, un nombre personal. Se dice que «Espíritu», denominación muy vaga, más vale para significar, aun en Dios, la naturaleza común que una denominación

5 ORBE, A., Introducción a las teologías de los siglos II y III, en. Analecta Gregoriana n. 248, Roma 1987, pp. 51-52.

personal» 6 . Precisamente para intentar llenar este vacío surgen varios intentos de explicación, pero éstos caen en errores fundamentales que llevan a una falsa concepción de la tercera Persona de la Trinidad.

Así, los «pneumatómacos», como se llama a los que se oponen a la extensión de la homoousía divina al Espíritu, aparecerán estrechamente asociados al nombre de Macedonio de Constantinopla, de donde procede también el epíteto de «macedonianos» que se da a los exponentes de esta doctrina, figura destacada entre los homeousianos. En realidad, no está claro cuáles eran exactamente sus ideas, ya que no han llegado hasta nosotros sus escritos.

Para Macedonio el Espíritu no tenía la dignidad divina del Hijo, ya que es un ministro, un intérprete, una especie de ángel del mismo, o uno de los espíritus servidores de Dios. Piensan que el Espíritu Santo debe ser separado del Padre y del Hijo reduciéndolo al orden creatural. Si esta interpretación no es tendenciosa, Macedonio se manifestaría como el seguidor de una pneumatología todavía arcaica. Sin embargo, su posición no quedó aislada, ya que obtuvo adhesiones especialmente en la región de Constantinopla. A pesar de que el concilio alejandrino del año 362 proclamó ya la plena igualdad del Espíritu con el Hijo y con el Padre en línea con la doctrina expresada por Atanasio en la carta a Serapión, al principio los pneumatómacos se confundieron con el grupo de los defensores de Nicea 7 .

Por su parte Basilio afirma que llamarlo «criatura» es apartarlo de la divinidad; y denominarlo «espíritu servidor» es conducirlo al orden creatural. El Santo Doctor tiene en su mente un esquema bipartito de los seres: el ser criatural y el divino; de ahí que situar un ser, que en este caso es el Espíritu Santo, en el ámbito de las criaturas, equivale a negar el carácter divino.

Eunomio por su parte, que trabajaba sobre el mismo esquema ontológico, establece una división tripartita de los seres. Cualquiera de los seres existentes es ingénito, engendrado o criatura; como resulta que el Espíritu Santo no es ingénito, ni tampoco es

6 ORBE, A., Introducción a las teologías…, p. 107.

7 Idem, pp. 52-53.

engendrado, no habrá otro remedio que colocarlo con las criaturas. Por tanto, cualquiera que sea el esquema elegido, la conclusión resulta ser siempre la misma: el Espíritu Santo es una criatura. Basilio, el Grande, con su notable visión histórica, asevera que el origen de las herejías radica en la doctrina de Arrio. En efecto, los errores en la doctrina relativa al Hijo repercuten inmediatamente en la teología pneumática; cosa que resulta clara para Basilio, pues estudia a la tercera persona, a través de la segunda 8 .

2. La Iglesia en la pneumatología de San Basilio

Como se ha señalado en el primer capítulo, a Basilio de Cesarea le ha tocado la histórica misión de defender la verdadera fe de la Iglesia en el Espíritu Santo en unos momentos en los que la herejía arriana, con la decisiva ayuda de la política religiosa del emperador Valente, parecía dotada de la fuerza suficiente para hacer desaparecer la fe trinitaria. Es importante, además, tomar en consideración que se encuentran estrechamente unidos los errores cristológicos y pneumatológicos de la herejía arriana, ya que, en realidad, no son sino dos ramas fuertemente unidas al «tronco» arriano, cuya única diferencia reside en que ahora los ataques son contra el Espíritu Santo y no contra el Verbo 9 .

Así, es posible comprender el «modus operandi» de Basilio, quien para exponer la doctrina sobre el Espíritu Santo recurre continuamente a la fe en el Hijo, de manera que lo que la recta doctrina afirma del Hijo con respecto del Padre, eso mismo lo sostendrá Basilio del Espíritu Santo en relación con el Hijo. Aclarados estos puntos, se verá a continuación la doctrina pneumatológica de este Padre capadocio la cual pretende detener las herejías de su tiempo, a favor de la auténtica doctrina de la Iglesia. Por eso se ha denominado «pneumatología eclesiológica» ya que la visión de San Basilio es del Espíritu Santo como el alma de la Iglesia, siendo, por tanto, dos materias que se incluyen mutuamente.

8 YANGUAS, Sanz, José María, Pneumatología de San Basilio…, pp. 28-31. 9 Cf. Yanguas, Sanz, José María, Pneumatología de San Basilio, Ed. Universidad de Navarra, Pamplona 1983, p. 19.

2.1. Contra Eunomio

Alrededor del año 361 10 , época en la que Basilio se encontraba ya en el monasterio, Eunomio dio a conocer su «Apología» en la cual defendía su doctrina que había provocado tanto rechazo. Ante esta situación, Basilio decide escribir «Refutación de la “Apología” del impío Eunomio». Así, en el libro III demuestra, contra las pretensiones de los anomeos, la divinidad del Espíritu Santo, apoyándose en la diferencia entre el Santificador y los santificados, pues ambos no pueden estar al mismo nivel 11 .

Eunomio vuelve al concepto arriano de divinidad, según el cual no puede ser divino el Espíritu, pues Dios, por naturaleza sería ingénito, en cambio el Espíritu procede de Dios; además, tampoco puede ser Hijo, pues éste es engendrado. No queda sino que sea creatura. De esta manera llega Eunomio a la conclusión de que el Espíritu Santo ha sido hecho por el Hijo; y que se le nombra en tercer lugar porque, siendo la primera y la más excelente de las cosas hechas, es la más cercana a la divinidad. Por esto niega al Espíritu la adoración y gloria que debe atribuírsele sólo a Dios 12 .

Basilio le responde que la Escritura que la Escritura al hablar del Espíritu, le atribuye propiedades y obras imposibles de adjudicar a una creatura, pues esta última es santificada, mientras que el Espíritu santifica; sirve al Señor, mientras que el Espíritu comparte su señorío. La Escritura lo llama «Santo» no como algo que le ha sido concedido, sino para significar su ser mismo; de manera que es santo por naturaleza, como lo son el Padre y el Hijo. En cuanto a sus obras, la Biblia le atribuye la creación, lo mismo que al Hijo; si a éste lo llama Maestro, a aquél lo nombrará «Espíritu de la Verdad» que enseña todas las cosas. Es el Espíritu que da vida como la dan el Padre y el Hijo. Él nos tranforma en templos de Dios al inhabitar en nosotros. Y, finalmente, Basilio de Cesarea argumenta que somos bautizados en el nombre del Espíritu como lo somos en el del Padre y del Hijo

«y ninguna creatura, ni siquiera un servidor unido al Padre y al Hijo, puede realizarlo, como si en

10 Mateo Seco ubica la fecha de composición entre los años 363-365. (Cf. MATEO, Seco, Lucas, Teología Trinitaria…, p. 122).

11 Cf. San Basilio, Contra Eunomio III, 2-3, en: Ibidem.

12 GONZÁLEZ, Carlos Ignacio, El Espíritu del Señor que da la vida, Teología del Espíritu Santo, Ed. CEM, México 1998, p. 122.

él se complementara la Trinidad de Dios» 13 . Por tanto, nos incorporamos a la Iglesia en el nombre de las tres Personas divinas, de lo contrario, simplemente, no somos parte de ésta.

Finalmente, Basilio dice, en el fondo de su argumento, que no conocemos la naturaleza divina por un ejercicio lógico, sino mediante la revelación de sus obras y atributos: al querer deducir por lógica la esencia divina, Eunomio ha errado de raíz en el método 14 .

2.2. Tratado del Espíritu Santo

La argumentación de San Basilio sobre la divinidad del Espíritu Santo y el papel que juega en la fe eclesial encuentra su climax en el Tratado sobre el Espíritu Santo, el cual es el primer escrito sobre el Espíritu Santo que encontramos en la literatura patrística 15 . El libro fue escrito hacia el año 375, y presenta la defensa de la fe católica en el Espíritu Santo y la primera profundización sistemática en la Teología de la tercera Persona de la Santísima Trinidad 16 .

El 7 de septiembre de 374, Basilio, junto con otros obispos entre los que se encuentra Anfiloquio de Iconio, celebraban el martirio de Eupsiques y compañeros, y cantaban con los demás las doxologías en la forma acostumbrada: «Al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo», pero usa también otra fórmula: «Al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo». Algunos acusan a Basilio de innovador, Anfiloquio, más prudente, le pide amablemente una explicación. Este incidente sirve de pretexto para que el obispo de Cesarea escriba su Tratado del Espíritu Santo y para poder defender la divinidad del Espíritu Santo frente a Eunomio y los pneumatómacos 17 .

13 San Basilio, Contra Eunomio III, 5, en: González, Carlos Ignacio, El Espíritu del Señor que da la vida…, p. 123.

14 Ibidem

15 MATEO, Seco, Lucas, Teología Trinitaria… p. 122.

16 YANGUAS, Sanz, José María, Pneumatología…, p. 20.

17 Cf. Introducción de JIMÉNEZ, López, Ramón, en San Basilio, Tratado del Espíritu Santo, Ed. Clavería, México 1983.

a) El Espíritu Santo, guía de la Iglesia

A lo largo de su libro, San Basilio expresa que el Espíritu es la vida de la Iglesia y

quien la guía en su peregrinar: «¿Y quién impugnará el designio de salvación establecido para el

hombre por “nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tit 2, 13), según la bondad de Dios? El

debe su realización a la gracia del Espíritu» 18 . Asimismo, después de haber recordado que en la historia de la salvación todo se ha realizado mediante el Espíritu, San Basilio, fijándose particularmente en Jesús, afirma:

«Desde el principio él estuvo con la misma carne del Señor, haciéndose

Continuamente toda acción de Cristo se viene cumpliendo

bajo la asistencia del Espíritu. Estaba presente cuando Cristo fue sometido a la

tentación del demonio ( realizaba los milagros (

crisma inseparable (

)

),

le estaba todavía presente inseparablemente mientras

).

Después de la resurrección de los muertos no lo

abandonó nunca y, para renovar al hombre y devolverle la gracia del soplo de Dios, que había perdido, soplando sobre el rostro de los discípulos, ¿qué les dice?:

"Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan

perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos" (Jn 20,22-23)» 19 .

De esta forma, el santo obispo manifiesta su convicción de que es el Espíritu Santo el que guía la historia de la salvación y, por ende, al Nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia fundada por Jesucristo.

Además, la eclesiología de San Basilio insiste en la unidad de la Iglesia, que es obra del Espíritu; por tanto, estar apartado de la unidad es estar apartado del Espíritu, por esto, la eclesiología para él está inextricablemente unida a la pneumatología 20 . Lo anterior explica el por qué el obispo Basilio no quiere utilizar la palabra «Dios» para hablar del Espíritu Santo, pues aunque tiene mucho interés en dejar clara la absoluta igualdad de naturaleza entre el Espíritu y las otras dos Personas, desea conservar la unidad en la Iglesia, procurando no alejar a los semiarrianos 21 . Por eso, no obstante la presión de sus amigos y la

18 San Basilio, Tratado del Espíritu Santo 16, 39

19 San Basilio, Tratado del Espíritu Santo, 16, 39.

20 RAMOS, Lissón Domingo, Patrología…, p. 255. 21 Cf. ORTIZ, De Urbina, Ignacio, El Espíritu Santo en la Teología del s. IV desde Nicea a Constantinopla, en: El Concilio de Constantinopla I y el Espíritu Santo, Ed. Secretariado Trinitario,

de sus adversarios, Basilio se niega a enunciar nociones definitivas sobre la persona del Espíritu Santo, pues piensa, además, que afirmaciones de ese género se quedarían forzosamente en simples agrupaciones de palabras 22 .

Lo dicho anteriormente no implica un silencio absoluto del obispo Basilio, como se puede ver, sino una prudente exposición de su doctrina. El mismo Basilio expone el por qué

se ha decidido a escribirla: «Para mí nada es más temible que no temer las amenazas lanzadas

por el Señor contra los blasfemos del Espíritu» 23 . Así ante la disyuntiva de si debía hablar o no,

dice:

«la caridad ha hecho inclinar la balanza en el otro sentido, [ya que] ella no busca su interés, sino que se aplica a vencer todas las dificultades de circunstancia y de tiempo (…) ¿Lo más lamentable de todo, no sería que los blasfemos del Espíritu se enardecieran tranquilamente contra la doctrina de la piedad, y que nosotros que tenemos un Auxiliar, un Defensor de semejante poder dudáramos en distribuir la Palabra que nos viene de la Tradición de los Padres y cuyo recuerdo ha sido fielmente conservado hasta nosotros?» 24 .

El objetivo del Capadocio en su obra es claro: demostrar que la tercera Persona de la Trinidad merece la misma gloria que el Padre y el Hijo, que posee la misma naturaleza y que, por tanto, es Dios como la primera y segunda Personas 25 . Así, San Basilio se dispone a afirmar que la naturaleza divina es única en número y que, en el seno de la divinidad, la distinción sólo puede darse por las particularidades que hacen que cada Persona sea ella misma y que no pueda ser la otra. Padre, Hijo y Espíritu Santo son un mismo Dios, pero

«hay en ellos un misterio inefable de comunión y de distinción. La diferencia de las hypóstasis no

rompe la comunión de naturaleza, y la comunión de ousía no confunde las características

personales» 26 .

Salamanca 1983, p. 82. El objetivo que buscaba San Basilio fue cumplido, pues consiguió el retomo a la Iglesia de los semiarrianos.

22 CAMPENHAUSEN, H. von, Los Padres de la Iglesia, Tomo I, Padres Griegos, Ed, Cristiandad, Madrid 1974, p. 119.

23 San Basilio, Tratado del Espíritu Santo, 29, 75.

24 San Basilio, Tratado del Espíritu Santo, 30, 79

25 YANGUAS, Sanz, José María, Pneumatología…, p. 21.

26 San Basilio, Epístola 38, a su hermano Gregorio, en: Mateo Seco, Lucas, Teología trinitaria, Dios Espíritu Santo, ed. RIALP, Madrid, 2005.

Asimismo, Basilio de Cesarea defiende la divinidad y consubstancialidad del Espíritu Santo: «Nosotros glorificamos al Espíritu con el Padre y con el Hijo porque creemos que Él no es extraño a la naturaleza divina». Así, mientras los pneumatómacos negaban la divinidad del Espíritu en base a la consideración de que el Dador, es menor que el don,

Basilio responde: «Sí, el Espíritu Santo es don de Dios, pero Don de vida, porque “la ley del

Espíritu de vida nos ha hecho libres”(Rom 8, 2)» 27 , es decir, el Espíritu Santo es quien:

«vivifica con Dios, que engendra a la vida todo lo que vive y con el Hijo que da la vida»,

concluyendo que: «¿Cómo, entonces, negar que el Espíritu tiene el poder de vivificar y

emparentarlo con la naturaleza que tiene necesidad de recibir la vida?» 28 .

Como puede apreciarse en los fragmentos de su doctrina ya expuestos, Basilio poseía una aguda inteligencia que le hubiese permitido obtener la victoria sobre sus adversarios, mas el Capadocio realizaba los mayores esfuerzos por ganarlos para su causa. San Basilio vio claramente que ninguna solución particularista bastaría para eliminar las dificultades teológicas de la Iglesia. Merced a su autoridad indiscutida le habría sido relativamente fácil imponer la unidad en la doctrina sólo a Capadocia, mas semejante manera de obrar le hubiera parecía como una traición al interés común de todos los cristianos. Basilio exige de cada obispo una actitud ecuménica. Dice que, a pesar de las apariencias, existe siempre unidad en la fe de los verdaderos fieles, un mismo impulso. Sólo importa tomar en serio la fraternidad universal, poner en relación a unos con otros, de manera que su unión resulte visible y eficaz 29 .

b) La Iglesia confiesa al Espíritu Santo

Basilio usa diversas figuras para definir a la Iglesia. La llama: «madre» y «nodriza de todos», «hija de Cristo adoptada por su infinita caridad», «casa de Dios», «pueblo de Dios», «cuerpo de Cristo» y «fraternidad». Son las dos últimas las que más destacan en sus

27 San Basilio, Tratado del Espíritu Santo, 24, 56 28 San Basilio, Tratado del Espíritu Santo, 24, 57. Cf. Lambiasi, Francesco, Lo Spirito santo:

mistero e presenza, Ed. Edizioni Cehoniane Bologna, Bologna 1987, p. 110.

29 CAMPENHAUSEN, H. von, Los Padres de la Iglesia…, p. 121.

obras: Iglesia «cuerpo de Cristo», e Iglesia «fraternidad»; entre las dos el tema del Espíritu Santo es como la explicación de ambas.

La idea del «cuerpo de Cristo» está muy de acuerdo con la filosofía estoica del s. IV, lo cual aprovecha Basilio, afirmando que entre los miembros debe estar vigente una relación de necesidad y familiaridad mutua como un día fue querida por Cristo. Es el tema de la oikéiosis, idea nueva - al menos en contexto tan completo- en la eclesiología de los Padres anteriores a Basilio y que implica grandes exigencias. Dicho término, que dice casi siempre relación al Padre, se opone directamente a allotríosis toü Theoü 30 , que a la vez significa la unión profunda con la que el bautizado ha quedado convertido, mediante la gracia, en familiar muy íntimo de Dios, y si del hombre partió la iniciativa en el pecado, en la oikéiosis ha sido de Cristo y del Espíritu indistintamente. Para Basilio, la oikéiosis es un don de Cristo a los miembros de su cuerpo, con un doble sentido: a) entre los miembros de la Iglesia deberá mediar una unión tan íntima y sólo comparable a la existente entre Cristo, el Espíritu Santo y un alma en gracia; b) la Iglesia integrada por estos miembros, ahora oikéious, ha devuelto al cosmos la unidad armoniosa que el hombre desbaratara con su pecado.

Como es de esperarse, lo más característico de la eclesiología de Basilio es el empleo de la figura «iglesia fraternidad». Así llama no sólo a las Iglesias locales sino también a la Iglesia extendida por el orbe. Pero su novedad fundamental aquí consiste en que hace convenir en el denominador común fraternidad otra entidad, al parecer distinta, que es el monasterio. Hay que confesar que la idea monástica fue antes vida en Basilio que la idea eclesiológica de sus años de obispo; pero tanto la Iglesia como el monasterio los ha modelado a instancias de la Iglesia primera de los Hechos en la que ve un ejemplo de vida cenobítica. Iglesia y vida común es lo mismo en la comunidad primitiva. Por tanto, Iglesia «cuerpo de Cristo» podría ser calificada como la eclesiología de emergencia de Basilio; en cambio, «Iglesia fraternidad» coincidiendo con «monasterio fraternidad» adecua mejor el medio ambiente de gran parte de la vida del obispo de Cesarea. Así, pues, en la eclesiología

30 Expresión que emplea para definir al pecado y que debe traducirse por «enajenación de Dios», «hacerse ajeno a Dios»

de San Basilio, la Iglesia ha de proclamar al Espíritu Santo, además del culto que le es debido como Señor, viviendo una auténtica fraternidad.

Además, Basilio asegura que en el Bautismo de sangre y en los mártires se manifiesta, de forma especial, la acción del Espíritu Santo 31 , es indispensable para la oración cristiana 32 y que se hace presente, principalmente, en la liturgia 33 . Aún más, declara el Capadocio que quienes confiesan rectamente, conservando la primicia del Espíritu poseerán la vida eterna; en cambio, los que no hayan sido fieles tendrán un perpetuo rechazo por parte del Espíritu:

«Ahora bien, los que fueron sellados con el Espíritu Santo para el día del rescate y guardaron pura

y sin mengua la primicia del Espíritu que recibieron, éstos son los que escucharán: “¡Bien, siervo

bueno y fiel, has sido fiel sobre poco, yo te pondré sobre mucho!”»34. Pero igualmente, los que

contristaron al Espíritu Santo por la maldad de sus costumbres (…) serán despojados de lo que

recibieron (…) será cortado por medio como separación total del Espíritu…» 35 .

3. Alcance de la doctrina pneumatológica de San Basilio

3.1. El Concilio de Constantinopla

La enseñanza de San Basilio se vio plasmada en las resoluciones tomadas en el Concilio de Constantinopla, pues estas ratificaban lo enseñado por Basilio. Así, fueron san Gregorio Nacianceno y san Gregorio de Nisa quienes, siguiendo la doctrina del obispode Cesarea, y con sus propias contribuyeron de manera decisiva a precisar el significado de los

31 Cf. San Basilio, Tratado del Espíritu Santo, 15, 36

32 Cf. San Basilio, Tratado del Espíritu Santo, 19, 50

33 Cf. San Basilio, Tratado del Espíritu Santo, 28, 66

34 Pons, Guillermo (editor), El Espíritu Santo en los Padres de la Iglesia, ed. Ciudad Nueva, Madrid 1998, p. 145.

35 San Basilio, Tratado del Espíritu Santo, 16, 40. Juan Pablo II dice respecto de la doctrina de San Basilio: «Se eleva San Basilio a la serena contemplación de la gloria del Espíritu, misteriosa e inaccesible; confesándolo, por encima de toda criatura, Rey y Señor, porque por Él hemos sido divinizados, y Santo porque por Él somos santificados. Así pues, San Basilio, habiendo contribuido a la fe trinitaria de la Iglesia, le habla todavía a su corazón y la consuela, especialmente con la luminosa confesión de su Consolador». (JUAN PABLO II, Patres Ecclesiae, Carta Apostólica con ocasión del XVI centenario de la muerte de San Basilio, 2.1.1980).

términos con que la Iglesia expone el dogma trinitario en el mencionado Concilio I de Constantinopla del año 381, que enunció de forma definitiva la doctrina de fe sobre la Santísima Trinidad.

La contribución a la fijación del significado de las palabras «ousía» e «hypóstasis» es uno de los elementos que fueron fijados por el Capadocio. Atanasio había utilizado ambos términos con el mismo sentido, pero, a partir de Basilio, se empieza a hablar de una «ousía» y tres hypóstasis, cada una de estas tres hypóstasis se caracterizan respectivamente:

el Padre por la inengendrabilidad, agenesia, el Hijo por ser engendrado, genesía, y el Espíritu Santo por la santificación, hagiasmós. Estas tres características constituyen lo propio de cada Persona, pues en todo lo demás hay una igualdad.

Es lógico que quienes negaban la divinidad del Hijo, negasen también la divinidad del Espíritu Santo. El Símbolo aprobado en el Concilio I de Constantinopla se diferencia del Símbolo niceno básicamente en que se le han añadido algunas cláusulas sobre el Espíritu Santo y su obra salvífíca.

Así pues, en consonancia con la enseñanza de Basilio Magno, el concilio constantinopolitano I definió la divinidad del Espíritu Santo con un lenguaje salvífico, hablando de él como «Señor y dador de Vida»; que «procede del Padre»; y «es alabado y glorificado a un tiempo con el Padre y con el Hijo»; y, a continuación, se enumeran las obras del Espíritu Santo: «habló por los profetas», «perdón de los pecados», «resurrección de la carne», y «vida eterna». Estas cláusulas, añadidas al Credo niceno, dieron como resultado el Credo niceno-constantinopolitano, que no tuvo gran difusión hasta que el Concilio de Calcedonia (451) lo hizo suyo.

Los Padres conciliares confirmaron el anatema contra todas las herejías, especialmente contra las trinitarias defendidas por los eunomianos, anomeos, arríanos, eudoxianos, macedonianos, sabelianos, marcelianos, fotinianos y apolinaristas 36 .

36 Cf. DENZINGER, Enrique, El Magisterio de la Iglesia, Ed. Herder, Barcelona 1963, n.85.

3.2. La Liturgia de San Basilio

De particular importancia es también la introducción del uso de la confesión monástica de San Basilio que, con el paso del tiempo, desembocaría en la confesión auricular. En su Epístola canónica nos ha dejado señalada también la existencia de cuatro clases de penitentes: los que lloran, situados fuera de la Iglesia; los que oyen, que podían estar presentes en la lectura de la Escritura y en la predicación; los que se postran, que asistían de rodillas a la oración; y los que estaban de pie, que asistían a la celebración pero sin poder recibir la Eucaristía.

Además, sus plegarias se siguen utilizando hasta el día de hoy dentro de celebración eucarística, en determinadas fechas del calendario litúrgico, debido a su sólida base teológica 37 . Por ejemplo, dice sobre la Eucaristía:

«el Espíritu no sólo hace presentes los misterios ya vividos por Cristo sino, al mismo Cristo

resucitado, que representa las últimas realidades, el esjaton, precisamente porque la

transformación de los dones supone el descenso del Espíritu, el cual con su venida trae los "últimos

días" en la historia (Hch 2,17)» 38 .

De este modo, en la Eucaristía está ya presente el "octavo" día, la eternidad irrumpe en el presente, haciendo pregustar lo que será la eternidad. Entre tanto, durante la sagrada liturgia [la celebración eucarística] nosotros rezamos en pie -afirma San Basilio- explicando así esta práctica:

«No es solamente porque como resucitados con Cristo y buscando las

cosas de arriba, nos acordamos estando de pie en oración en el día dedicado a la

resurrección [el domingo], de la gracia que nos ha sido dada; sino porque aquel

37 La liturgia de San Basilio puede ser consultada en: URDEIX, Josep, La divina liturgia, Ed. Centre de Pastoral Litúrgica, Barcelona 2005, pp. 65-92

38 Basilio de Cesarea, Tratado del Espíritu Santo, 17, 66.

día parece ser de alguna manera la imagen de la eternidad futura

día

el octavo

,

el día eterno sin tarde ni mañana, el siglo sin fin que no envejecerá» 39 .

3.3. Contribución de San Basilio a las «notas de la Iglesia»

Para mediar en el misterio de la Iglesia, a partir de su profunda realidad pneumatológica, es oportuno examinar las llamadas notas o atributos de la Iglesia. Es ciertamente el Dios Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, quien funda y hace verdaderas las notas de la Iglesia, y cada Persona divina se relaciona a su vez con cada uno de estos atributos. De manera particular, se considera la acción del Espíritu en la Iglesia.

a) La Iglesia es una en virtud de su espíritu

Los Padres han buscado siempre la forma de explicar cómo es posible que Dios y el hombre formen una unidad en el Espíritu. San Basilio sostiene que el Espíritu Santo es la fuerza y la potencia que actúa en los creyentes conduciéndolos a la plenitud de la madurez humana y cristiana en la relación con Dios, esto se logra apreciar en su tratado sobre el Espíritu Santo:

«Aquel que no vive ya más según la carne, sino que es conducido por el Espíritu de Dios y es llamado hijo de Dios, hecho conforme a la imagen del Hijo de Dios, es llamado espiritual. Y de la misma manera que en el ojo sano se encuentra la capacidad de ver, así en el alma purificada se encuentra la fuerza operante del Espíritu» 40 .

b) La Iglesia es santa en virtud del Espíritu santificador

La expresión de San Basilio «No existe santidad sin el Espíritu Santo» 41 , se aplica

antes de todo a la Iglesia en cuanto tal y, a partir de ella, a todos sus miembros. La

39 Basilio de Cesarea. Tratado del Espíritu Santo, 17, 66. 40 Basilio de Cesarea. Tratado del Espíritu Santo, 26, 61

41 Basilio de Cesarea. Tratado del Espíritu Santo, 16, 38.

unidad en la comunión trinitaria constituye la santidad de la Iglesia, la cual es santa porque participa de la naturaleza trinitaria del totalmente otro, del Dios tres veces santo y, más especialmente, de la santidad del Espíritu, llamado Santo porque es considerado la misma inhabitación de Dios 42 .

c) La Iglesia es apostólica, por el envío perenne del Espíritu

La acción del Espíritu Santo en la Iglesia no excluye su dimensión institucional, sino que la supone y la corrobora. Los obispos, y el primero entre ellos el obispo de Roma, ejercitan el carisma de enseñar, de guiar y de santificar al pueblo de Dios edificando así el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Ahora bien, como es conocido, cada carisma es dado por

el Espíritu en la Iglesia y para la Iglesia: «Uno solo es el Espíritu, que distribuye sus variados

dones para el bien de la Iglesia según su riqueza y la diversidad de ministerios » 43 . A este fin se

pregunta san Basilio: «el ordenamiento de la Iglesia ¿no es claramente y sin duda obra del

Espíritu Santo?

Este orden es según la distribución de los dones del Espíritu Santo» 44 .

Sólo el apóstol espiritualizado puede evangelizar con eficacia

Es sugestivo hacer alusión aquí a la imagen del cristal que irradia en su entorno la luz del sol y que san Basilio asume cuando quiere expresar que el alma debe ser nítida para poder reflejar la luz del Espíritu y la verdad de la fe:

«Es como los cuerpos muy transparentes y nítidos que, al contacto de un

rayo, se hacen ellos también muy luminosos y emanan de sí nuevo brillo, así las

almas que tienen en sí el Espíritu y que son iluminadas por el Espíritu llegan a ser

también ellas santas y reflejan la gracia sobre los otros» 45 .

Esto es particularmente necesario porque evangelizar no significa anunciar meras verdades abstractas, sino la Verdad, la Persona de Cristo con la cual el hombre está invitado

42 Comité para el jubileo del año 2000, El Espíritu del Señor, Ed. BAC, Madrid 1997, p. 75. 43 Cf. 1 Cor 12,1.11.

44 Basilio de Cesarea, Tratado del Espíritu Santo, 16, 39.

45 Basilio de Cesarea. Tratado del Espíritu Santo, 9, 23

a ponerse en comunión y que sólo el Espíritu puede permitir que se realice hasta la unión esponsal. El evangelizador está llamado así a colaborar con el Espíritu a fin de que se realice este milagro y, cuanto más dócil sea su colaboración con el Paráclito, tanto más eficaz será la evangelización 46 .

46 Comité para el jubileo del año 2000, El Espíritu del Señor

,

p. 88.