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CÍ DIGO 111

Para el Distrito Federal en materia común y para toda la República en materia federal

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DE LAS PERSONAS

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Libro primero

tercera edición

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Libro primero

De las personas

Tomo I

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INVEITIGACPME' .1YP111cA,

VPI A /I

MÉXICO

GRUPO EDITORIAL

MCMXCIII

Primera edición, marzo de 1987.

Primera reimpresión, diciembre de 1987.

Segunda edición, julio de 1989. Primera reimpresión, octubre de 1990. Tercera edición, octubre de 1993.

e 1987, INSTITUTO DE INVESTIGACIONES JURÍDICAS. UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXJCO

e) Por características de edición

MIGUEL ÁNGEL PORRÚA, LIBRERO-EDITOR

Derechos reservados conforme a la ley. ISBN: 968-842-404-8 Obra completa ISBN: 968-842-405-6 Tomo 1

IMPRESO EN MÉXICO • PRINTED IN MEVICO

Amargura 4, San Ángel, Villa Álvaro Obregón, 01000, México, D.F.

EN NUESTRO país las transformaciones y cambios sociales de esta época se expresan en buen grado en la modernización de las instituciones y leyes que norman nuestro comportamiento ciudadano. Reflejo de esa modernización es la edición

del Código Civil Comentado en 6 volúmenes.

La buena aceptación de esta obra reside, a nuestro juicio, en su sencillez y fácil manejo, así como cn los valiosos comentarios de destacados investigadores universitarios, todos ellos coordinados por el maestro Ignacio Galindo Garfias a quien renovamos nuestro agradecimiento. Entre la primera, segunda y esta tercera edición del libro primero hubo modificaciones a varios artículos que ahora se incluyen en su versión reformada. El texto del comentario al articulado reformado de la segunda edición es para esta tercera, por carecer de vigencia, señalado mediante corchetes y notas de editor al pie de página, ellas hacen referencia a los textos afectados por la propia reforma. De esta manera, sin faltar al espíritu que los investigadores universitarios dieron a la obra desde su origen, cumplimos nuestro compromiso por mantener actualizada la obra e imprimir nuevas ediciones conforme existan modificaciones al articulado del Código Civil. Es propósito del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México que esta obra apoye, como hasta ahora: al estudiante, al profesor, al investigador, al profesionista, y a todos aquellos interesados en conocer nuestras instituciones y la norma tividad que nos rige.

LAS REFORMAS a los artículos del Libro primero que en esta tercera edición se integran al cuerpo de la obra, son las publicadas en el Diario Oficial de la Federación del 23 de julio de 1992, cuyo texto íntegro se incluye al final de este volumen. Se reforman, según el artículo primero del mencionado Decreto: la denominación del capítulo IV, del Título Noveno, del Libro Primero y los Artículos 23, 156 fracciones VIII y IX, 331, 450 fracción II, 464 primer párrafo, 466, 505, 543, 544, 561, 563, 584, 591, 597 y 600 del Código Civil para el Distrito Federal en Materia Común

y para toda la República en Materia Federal. Se derogan, según el artículo segundo del mencionado Decreto, las fracciones III y IV del Artículo 450 y el Artículo 506 del Código Civil para el Distrito Federal en Materia Común

y para toda la República en Materia Federal.

MIWRIMES

Dr. Sergio T. Azúa Reyes

S.T.A.R.

Lic. Ingrid Brena Sesma

Lic. Lisandro Cruz Ponce

L.C.P.

Lic. Mercedes Ferrería Bandarregui M.F.B.

Dr. Ignacio Galindo Garfias

LG.G.

Dra. Carmen García Mendieta

C.G.M.

Dr. Víctor Carlos García Moreno v.C.G.M.

Lic. Cecilia Licona Vite

C.L.V.

Lic. José de Jesús López Monroy

J.J.L.M.

Lic. José Antonio Márquez González

J.A.M.C.

Lic. Bernardo Pérez Fernández del Castillo

B.P.F.C.

Lic. Alicia Elena Pérez Duarte y Norofia

A.E.P.D. y

N.

Lic. Francisco Villalón Esquerro

F.V.E.

El libro primero "De las personas" del

códigocivil

para el Distrito Federal en materia común y para toda la Repábliea en materia federal

texto contestado

se terminó de imprimir en la ciudad de México, durante el mes de octubre de 1993. La edición en papel de 58 gramos, consta de 2,000 ejemplares más sobrantes para reposición y estuvo al cuidado de la oficina tito-tipográfica de la casa editora.

NEMO

la. edición, marzo de 1987

UNA DE LAS PREOCUPACIONES centrales que en los últimos años ha tenido el Instituto de Investigaciónes Jurídicas de la UNAM, ha sido la de procurar el reforzamiento de sus tareas de divulga- ción, de modo tal que su presencia nacional no quedara estric- tamente constreñida al mundo académico sino que también tu- viera repercusiones en ámbitos más generales de las profesiones jurídicas. De esta suerte, sin desatender la investigación original que en su seno prioritariamente se cultiva, se dio inicio a la elaboración de una serie de obras de divulgación que, afortunadamente, han gozado de muy buena aceptación en el medio jurídico mexicano e internacional. Singulares ejemplos de este tipo son: la Introduc- ción al Derecho Mexicano, el Diccionario Jurídico y la Consti- tución Política de los Estados Unidos Mexicanos Comentada. Dentro de esta misma línea de trabajo, ve ahora la luz la obra que el lector tiene entre sus manos: Comentarios al Código Civil del Distrito Federal, es fruto del trabajo que colectivamente lleva a cabo nuestro Instituto. La inmensa mayoría de los comentaris- tas que participaron en su elaboración son investigadores del Instituto de Investigaciones Jurídicas, a quienes se unieron desta- cados profesores de nuestra Facultad y jóvenes civilistas del país que se inician en la vida académica. La coordinación académica de la obra estuvo a cargo de uno de los más connotados profesores e investigadores del derecho civil mexicano contemporáneo: don Ignacio Galind o Garfias. Dejo en estas páginas testimonio de agradecimiento por su pa- ciente y efectiva labor. Como en todas las obras colectivas, en ésta tampoco existe un nivel académico homogéneo, aunque consideramos que todos los comentarios alcanzaron el mínimo deseable. Estoy seguro que posteriores ediciones remediarán errores en los que desde luego incurrimos.

Estamos seguros que esta obra será una herramienta que auxi- lie al profesor y al estudiante en el ejercicio de la función docente; que tendrá utilidad para el juez y el litigante en el desarrollo de sus profesiones y que, para todos los interesados en escudriñar y comprender nuestras instituciones jurídicas, representará una referencia valiosa. Sinceramente esperamos que este trabajo sirva para evidenciar más nuestro compromiso por estar cerca de México y de sus problemas. La obra se publica mediante un convenio de coedición suscrito con Grupo Editorial Miguel Angel Porrúa, a quien agradecemos la simpatía con la que recibió nuestra iniciativa.

JORGE MADRAZO

Director del Instituto de Inve.stizaciones Jurídicas

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LOS COMENTARIOS al Código Civil para el Distrito Federal que aquí presentamos, son resultado de un esfuerzo colectivo que ha llevado a cabo un grupo de profesores e investigadores del Dere- cho, bajo los auspicios del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, con el propó- sito de .facilitar en la medida de lo posible el conocimiento y el acceso a ese cuerpo de leyes, a todas aquellas personas interesa- das por una u otra razón, en la labor de conocer el sentido y el significado de la norma de cada uno de los artículos que integran en su conjunto esa obra legislativa. Pensamos que esta labor puede prestar un servicio útil, como instrumento de apoyo a los estudiantes de los cursos de Derecho Civil, en las ,facultades y escuelas de derecho, facilitándoles el primer contacto con esa disciplina que resulta a la vez arduo y ofreciendo ahora este otro instrumento de conocimiento juntamente con el texto del precepto. Constituye un auxiliar de los manuales- escolares y aun de los tratados, que contienen la exposición completa, amplia, de los temas de los cursos de Dere- cho Civil. En este sentido estos comentarios ayudarán a los estudiosos del Derecho Civil positivo, en manera paralela a las exposiciones de cátedra y a la lectura de las obras jurídicas de mayor aliento. Pretendemos a la vez, que esta obra aunque en diverso y más modesto aspecto, pueda facilitar la labor de interpretación, inte- gración y aplicación de las normas que conforman esta discipli- na, como un eslabón o punto de unión entre los principios teóricos y la práctica del Derecho Civil, presentando en el comen- tario, sólo una reflexión o punto de vista, a fin de que el lector pueda cotejarlo con su propia opinión, para reafirmarla y tam- bién para esclarecer alguna duda. El comentario cumpliría entonces una .función de colabora- ción con quien invoca la aplicación de un determinado precepto a

un caso litigioso, ofreciendo al lector un criterio que no pretende en ninguna manera postular enunciados apodícticos o de validez necesaria sino perspectivas que apoyadas en los breves razona- mientos que se exponen en él (se trata de simples notas al texto legislativo), expresan juicios interpretativos que el comentarista

desprende de la norma contenida en el texto

relaciona el precepto en forma complementaria, con otros dispo- sitivos del mismo código, para explicar o aclarar un concepto o las palabras empleadas por el legislador en el texto que es materia del comentario. Esperamos asimismo que nuestra labor pueda interesar a aquellas personas no profesionales del Derecho, quienes por la actividad que desempeñan o por motivos de otra índole, pretendan conocer el contenido o mejor, captar la preceptiva del Código Civil. Los comentarios les permitirán por decirlo así, leer más allá del texto literal del artículo en consulta, interpretando su sentido. Así, el curioso lector podrá conocer el grado de eficacia de una norma o de una institución de Derecho Civil, frente a la realidad de la vida

legal.

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Con ese fin —muy principal por cierto se ha tratado de que cada comentario, no se limite a una simple paráfrasis del precep- to, sino que sin mengua del rigorismo hermenéutica, pero en lenguaje llano, se esclarezca o se precise el contenido de una norma, apuntando al interés o intereses jurídicos que el precepto protege y a la finalidad de cada disposición, para hacer accesible el texto legal, a personas no versadas en Derecho. Por ello los comentarios tratan de ser un medio de divulgación jurídica, más allá de las aulas y de los tratados doctrinarios que tienen sin duda alguna, innegable utilidad para los investigado- res, los docentes y los profesionales, pero que no son fácilmente comprensibles por su propia naturaleza, para quienes normal- mente se ocupan en otras tareas distintas, alejadas de la curia, el ,foro, la investigación o la docencia. Satisfechos nos sentiríamos quienes hemos llevado a cabo esta labor de comentario, si en alguna manera, pudiéramos contribuir a auxiliar a los docentes e investigadores del Derecho Civil, particularmente a los jóvenes estudiosos de la materia, en la preparación de sus explicaciones de cátedra. Ojalá pudieran ellos encontrar en estos comentarios una orientación, o cuando me- nos, el camino para hallarla con mejores frutos.

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La tarea que hemos emprendido, es el resultado de una pacien- te labor de conjunto a la que han dedicado sus autores muchas horas de trabajo. Se ha procurado mantener un equilibrio entre los comentarios expuestos, aunque en algunos casos pueda haber diversidad de opiniones entre la que sustentan uno y otro de los comentaristas.

No se trata de una obra dogmática, y por ello el cotejo entre

Opiniones diversas puede ofrecer utilidad al consultante; de las distintas opiniones, pueden comparativamente obtenerse elementos de juicio para encontrar el sentido adecuado del artículo en comentario. Cuando se ha considerado necesario o conveniente, se cita la opinión de autores nacionales o extranjeros, a manera de reseña compendiosa, breve, y se transcriben también cuando ha pareci- do oportuno, las tesis jurisprudencia/es aplicables, cuidando siempre de no recargar el comentario con citas, que pueden hacer difícil o tediosa la lectura. Para facilitar la tarea, frecuentemente el comentarista remite a algún precepto relacionado con la materia del que es objeto del comentario o cuya invocación se desprende del propio análisis del artículo. Así, de la lectura de la opinión sustentada en el comentario y su relación con otro artículo, se puede descubrir le razón Júndante y también la finalidad de/precepto que se comen- ta. En algún caso, se hace notar la antinomia o contradicción, si es que existe, entre lo dispuesto en diversos artículos. Las más veces, el comentarista expone su propio criterio en relación con la disposición que analiza, tratando de inducir a quien por ello se interese a realizar por sí mismo, un análisis crítico del precepto, que es la regla de oro de la hermenéutica jurídica. En otras ocasiones y movidos por el mismo propósito de invitar al lector áffirmular su personal interpretación, el comen- tario contiene un planteamiento de las dudas que suscita el precepto y al mismo tiempo a manera de interrogantes, las posi-

bles soluciones que se ofrecen para resolver las cuestiones que en

la práctica o en la doctrina da lugar la disposición de que se trata, sin tomar partido por éste o aquel punto de vista, sino limitándo- se a apuntar el problema que el texto comentado plantea, pues se ha considerado que la labor del comentarista no debe invadir el campo de la dogmática.

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Queremos presentar otra razón que nos impulsó a emprender esta tarea. La labor codificadora, cuya obra monumental se cifra como se sabe, en el Código Civil francés, que marcó la iniciación de una nueva concepción del derecho objetivo, contenido hasta entonces en las compilaciones legislativas, en cuanto a que el Código napoleónico pretendió ser la summa del Derecho Civil positivo, intento no logrado a pesar del propósito del codifica- dor, quien no puede plasmar en una obra legislativa la solución de todos los casos posibles o imaginables. La vida del Derecho y

la jurisprudencia, pusieron de manifiesto que la labor codificado-

ra, en cierto sentido es incompatible con la constante transforma- ción de los fenómenos sociales, de las ideas políticas, morales,

económicas, etc. La escuela de la libre interpretación científica que siguió a los exégetas, puso en relieve la importancia y la necesidad de la obra

de la interpretación: junto a la tarea del legislador y los logros de

la doctrina, la labor de/intérprete se reveló como el medio eficaz

para adaptar o amoldar los textos a las nuevas y cambiantes necesidades sociales. A ello contribuyeron en buena parte los co-

mentarios a los códigos civiles: desde temprano en Francia el comentario de Maleville y los que después siguieron sobre la legislación civilista en casi todos los países de/mundo occidental.

A esta labor en nuestro medio jurídico, quisiéramos contribuir

con estos breves comentarios, conscientes de nuestras limitaciones. La publicación de esta obra ha sido posible gracias al decidido

apoyo que a ella ha dado el Instituto de Investigaciones Jurídicas,

a través de su Director Lic. Jorge Madrazo, a quien el autor de

esta introducción expresa su personal agradecimiento, así como

al maestro José de Jesús Orozco Henríquez, Secretario Académi-

co de dicho Instituto, por el eficaz apoyo y simpatía que brinda- ron a nuestra labor, en lo que se refiere al cuidado de la edición de

este volumen. De la misma manera quede aquí constancia de la cuidadosa labor del señor Eugenio Hurtado, Jefe del Departamento de Publicaciones del Instituto de Investigaciones Jurídicas y del Lic. Pedro Arroyo Soto, Técnico Académico adscrito a ese De- partamento, quienes colaboraron en la preparación de la edición de esta obra.

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artículo artículos Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos Código-Civil Código de Comercio Código Fiscal Federal Código Federal de Procedimientos Civiles Código Penal Código de Procedimientos Civiles Departamento del Distrito Federal Distrito Federal Diario Oficial de la Federación etcétera fracción fracciones Ley de Amparo Ley de Asentamientos Humanos Ley de Beneficencia Privada Ley Federal de Aguas Ley Federal de Caza Ley Federal para el Fomento de la Pesca Ley Federal de Salud Ley Federal de Responsabilidades de los Servi- dores Públicos Ley Federal del Trabajo Ley General de Bienes Nacionales Ley General de Instituciones de Crédito y Or- ganizaciones auxiliares Ley de Hacienda del Departamento del Distri- to Federal

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Ley de Instituciones de Asistencia Privada Ley de Navegación y Comercio Marítimo Ley de Nacionalidad y Naturalización Ley Orgánica de la Administración Pública Federal Ley Organica del Departamento del Distrito Federal Ley Orgánica de los Tribunales de Justicia del Fuero Común Ley para Promover la Inversión Mexicana y Regular la Inversión Extranjera Ley de Quiebras y Suspensión de Pagos Ley de Relaciones Familiares Ley Reglamentaria del Servicio Público de la Banca y Crédito Ley del Servicio Exterior Mexicano Ley de Sociedades Mercantiles Ministerio Público número por ejemplo párrafo Registro Público de la Propiedad Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas Suprema Corte de Justicia de la Nación Semanario Judicial de la Federación Secretaria de Relaciones Exteriores

tomo Tribunal Superior de Justicia Verbigracia

t.

TSJ

V. gr.

vol. volumen

El C. Presidente Constitucional de la República se ha servido dirigirme el decreto que sigue:

PLUTARCO ELIAS CALLES, Presidente Constitucional de /os Estados Unidos Mexicanos, a sus habitantes, sabed:

Que en uso de la facultad que ha tenido a bien conferirme el H. Congreso de la Unión por decretos de 7 de enero y de 6 de diciembre de 1926, y de 3 de enero de 1928, expido el siguiente:

CODIGO CIVIL PARA EL DISTRITO FEDERAL, EN MATERIA COMUN, Y PARA TODA LA REPUBLICA EN MATERIA FEDERAL*

DISPOSICIONES PRELIMINARES

A RTÍCULO lo. Las disposiciones de este Código regirán ene! Dis- trito Federal en asuntos del orden común, y en toda la República en asuntos del orden federal.

Encontramos en este precepto la ubicación del CC en la clasificación de normas desde el punto de vista de su ámbito espacial de validez. El legislador utiliza dos de las tres categorías de esta clasificación: federal y local, y no hace mención al ámbito de validez municipal por la naturaleza propia del ordenamiento y la estructura política del DF. Dichas categorías se basan en las disposiciones constitucionales relativas a la soberanía nacional, al pacto federal ya la así dicha soberanía de las entidades federativas, es decir en los a-a. 39, 40 y 41 de nuestra C. sobre todo en cl último en donde se crean dos órdenes jurídicos: el federal y el de las entidades federa- tivas, el primero aplicable en toda la República y el segundo en los estados miembros de la Federación. En el a. 73 constitucional se establecen las materias sobre las cuales puede legislar el Congreso de la Unión en la inteligencia de que las no reservadas expresamente a la Federación son competencia de las entidades federativas. En el caso de CC del DF, tiene aplicación en toda la República cuando se aplica supletoriamente conforme a lo dispuesto por el a. 2 del CCo., asimismo

• Este decreto fue publicado en la edición del Diario Oficial de la Federáción correspondiente al dia

26 de marzo de 1928.

PI

ARTS. lo. y 2o.

LIMO PRIMERO

cuando es supletorio de la LGBN y en general cuando se refiere al régimen de bienes de propiedad federal, p.c.

A.E. P.D. y N.

ARTÍCULO 2o. La capacidad jurídica es igual para el hombre y la mujer; en consecuencia, la mujer no queda sometida, por razón de su sexo, a restricción alguna en la adquisición y ejercicio de sus derechos civiles.

En este artículo, el CC de 1928, receptor de las nuevas corrientes de pensamiento dejadas sentir a los inicios del siglo XIX, plasma un ideal por el que se había luchado durante mucho tiempo: la igualdad del hombre y la mujer en la ad- quisición y ejercicio de sus derechos civiles. Así, recoge este precepto desde la promulgación del ordenamiento civil, las modernas tendencias hacia la elimina- ción de las diferencias de capacidad dependientes del sexo y suprime limitacio- nes que sufría la mujer respecto del hombre en diversos aspectos de la vida civil. Ya desde 1917, en la LRF, se inicia la corriente legislativa en ese sentido, pues en esa ley se hicieron desaparecer antiguas restricciones que los códigos civiles de 1870 y de 1884 establecían en la situación de la mujer y que la colocaban en grado de inferioridad en relación con el hombre. Estos códigos se caracteriza- ron, por establecer la preeminencia del varón sobre la mujer, quien de soltera permanecía sujeta a la autoridad del padre y casada quedaba sometida a la po- testad del marido. (En este respecto como en el derecho romano ocupa la situación de hijo tanto en lo doméstico como en relación a la educación de los hijos; la patria potestad era ejercida por el padre, y sólo a falta de él por la madre). Con la LRF se abolieron, en gran medida, las instituciones que recono- cían la supremacía del marido sobre la mujer casada, para ser sustituidas por un orden en el que los derechos y obligaciones de los cónyuges entre sí y con los hijos, se establecieron sobre bases más racionales y justas aunque se dispone en esta ley, por ejemplo, que la patria potestad se ejercerá conjuntamente por el padre y la madre (a. 24 1); que el marido y la mujer tendrán en el hogar autoridad propia y consideraciones iguales, y que, por lo mismo, de común acuerdo arre- glarán todo lo relativo a la educación y establecimiento de los hijos y a la admi- nistración de los bienes que a éstos pertenezcan (a. 43); y que el marido y la mujer tendrán plena capacidad, siendo mayores de edad, para administrar sus bienes propios, disponer de ellos y ejercer todas las acciones que les competan, sin que al efecto necesite el esposo del consentimiento de la esposa, ni ésta autorización o licencia de aquél (a. 45). Sin embargo, en aquella ley no se hizo una declaración como la que contiene el a. 2o. del CC en vigor. En armonía con lo dispuesto por el artículo en comentario, diversos precep- tos del código confirman esa igual capacidad jurídica. Se preceptúa, p.c., que la mujer como el varón al llegar a la mayoría de edad tienen la libre disposición de su persona y de sus bienes, y que gozan de plena capacidad para celebrar toda clase de actos; que la mujer y el hombre tienen capacidad para ser tutor o tutriz,

14]

DISPOSICIONES PRELIMINARES

AR I '; 213 y 11

fiadores, testigos en testamento, albaceas y para ejercer el mandato; y que la mujer en el matrimonio tiene autoridad y consideraciones iguales al marido. Debe hacerse notar que el CC promulgado en 1928 postuló ese principio de igualdad casi cuarenta arios antes de que la ONU aprobara la declaración sobre la eliminación de la discriminación contra la mujer el 7 de noviembre de 1976. Sin embargo ha sido preciso reformar varios preceptos del CC que contenían restricciones a la capacidad jurídica de la mujer (véanse los DO de 9 de enero de 954,31 de diciembre de 1974 y 26 de diciembre de 1983; véanse también los comentarios a los aa. 162, 163, 164,165, 168, 169, 172, 174, 175, 418,1635 y 1682 del CC). El 31 de diciembre de 1974 se reformó el a. 4o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, disponiéndose: "El varón y la mujer son iguales ante la ley". Declaración que tiene un sentido más amplio que el solo concepto referido a !a capacidad jurídica.

C. L. V.

ARTICULO 30. Las leyes, reglamentos, circulares o cualesquiera otras disposiciones de observancia general, obligan y surten sus efectos tres días después de su publicación en el Periódico Oficial. En los lugares distintos del en que se publique el Perió- dico Oficial, para que las leyes, reglamentos, etc., se reputen publicados y sean obligatorios, se necesita que además del plazo que fija el párrafo anterior, transcurra un día más por cada cuarenta kilómetros de distancia o fracción que exceda de la mitad.

Para que una ley, reglamento o cualquiera otra disposición de carácter ge-

neral sea obedecida, es necesario que el mandamiento que contiene pueda ser conocido por aquellos a quienes está dirigido. En otras palabras, una disposi- ción legislativa o reglamentaria sólo puede ser voluntariamente acatada o en su caso aplicada coactivamente por los órganos competentes del Estado, después de que lo que ordena hacer o no hacer, haya sido dado a conocer a quienes va dirigido el mandamiento, y en general a todos los que quedan sometidos a su imperio. Para este fin, la ley, el reglamento u otra disposición gubernativa debe ser publicada antes de poder ser cumplida, de manera que quienes deben acatarla —tanto autoridades como particulares— se encuentren en la posibilidad de someter su comportamiento a las normas legislativas o reglamentarias de que se trata. La publicación es pues, un acto no sólo previo, sino también necesario para que una ley, reglamento u orden de observancia general pueda ser positivamen- te observada y sobre todo coactivamente impuesta, es decir, para que adquiera vigencia.

P1

AR FS lo y 4o

LIBRO PRIMERO

La ley decimosegunda,.del título II, libro III de la Novísima Recopilación de las Leyes de España (año de 1805) que tuvo aplicación en nuestro país después de la independencia y rigió hasta el año de 1970, disponía que:

ley, regla o providencia general nueva se debe creer ni usar, no

ninguna

estando intimada o publicada por pragmática, cédula, provisión, orden, edicto, pregón o bando de las Justicias y se debe denunciar al que sin

preceder alguna de estas circunstancias, se abrogue la facultad de poner

de autoridad propia y privada algunas leyes o reglas de

en ejecución

, gobierno inciertas, castigándosele por las Justicias ordinarias como cons- pirador contra la tranquilidad pública Se distingue la promulgación, por la cual el Poder Ejecutivo ordena el cumplimiento de la ley y su publicación (acto de soberanía estatal) y la publica- ción misma que es e] acto material de dar a conocer la disposición promulgada. Es un principio lógico necesario que los destinatarios de la orden legislativa o reglamentaria tienen obligación de conocer la ley y tal es la finalidad de la publicación. Este principio justifica la disposición del primer párrafo del pre- cepto ene] cual se ordena que cuando no se ha señalado en la misma ley la fecha de iniciación de su vigencia, entrará en vigor tres días después de su publicación. A este período se le denomina varatio legis. Es un plazo que se supone razonable para que se conozca el mandamiento legislativo o reglamentario. Por otra parte este principio se encuentra confirmado ene] segundo párrafo del artículo, el cual dispone que la entrada en vigor de una ley o reglamento fuera de la circunscripción del DF (que es el lugar donde se publica el DO) requiere que transcurra un día por cada cuarenta kilómetros o fracción -que exceda de la mitad. Es el sistema sucesivo de vigencia.

I.G.G.

ARTICULO 40. Si la ley, reglamento, circular o disposición de observancia general, fija el día en que debe comenzar a regir, obliga desde ese día, con tal de que su publicación haya sido anterior.

Este precepto acoge el sistema sincrónico de la iniciación de la vigencia cuando una ley señala el día en que debe comenzar a regir. En ese supuesto, la ley entra en vigor en forma simultánea en todo el territorio en donde habrá de ser aplicada. Esa simultaneidad de la vigencia ha de ser entendida si se interpreta el precepto en concordancia con lo dispuesto en el artículo anterior, habrá de admitirse que la ley no adquiere fuerza de obligar en el territorio donde va a ser aplicada, mientras no haya transcurrido el plazo que señala el a. 30. que debe haber entre la publicación y la iniciación de la vigencia. No es frecuente que la ley omita mencionar el día de su entrada en vigor. Es normal que en la ley se señale el día en que ha de comenzar a regir,

161

DISPOSICIONES PR ELIMINARES

AR IS 4y So

prescindiendo de la exigencia de que se otorgue a los destinatarios un plazo

razonable para poder darle cumplimiento. El precepto que se comenta, dispone en su parte final que una ley puede

comenzar a regir el día señalado en su texto, con tal de que su publicación haya

sido anterior. Interpretando literalmente esta disposición, es frecuente el caso de que una

ley disponga que entrarán en vigor sus disposiciones al día siguiente de su

publicación o que se ordene su vigencia a partir del mismo dia en que apare-

ce publicada en el DO. Teniendo en cuenta que el CC para el DF es de aplicación en toda la República en materia federal, se ha discutido si otras leyes federales pueden

hacer caso omiso de la +y/ratio /ei,ri,s-, Sobre este particular, debe tenerse en cuenta que toda disposición legislativa

lleva en sí una exigencia de orden racional; se requiere necesariamente que

quienes deben obedecerla, dispongan de un plazo razonable para conocer la norma que han de acatar, por lo tanto, si la ley impone determinadas obligacio- nes concretas a los destinatarios de la norma, es indispensable que la misma

señale un período en que apoyar la presunción de que sus preceptos son

conocidos o pudieron serio, por los obligados a su cumplimiento.

I.G.G.

ARTICULO 5o. A ninguna ley ni disposición gubernativa se dará efecto retroactivo en perjuicio de persona alguna.

Este precepto reitera, por lo que se refiere al derecho civil, la garantía de

seguridad de las situaciones creadas bajo cl imperio de una ley o disposición gubernativa, al establecer categóricamente que a ninguna ley ni disposición de

los órganos de gobierno, se podrá dar efecto retroactivo en perjuicio de las

personas.

Lo ordenado en el artículo que es objeto de este comentario, se refiere no sólo a la prohibición de dar a la ley efecto retroactivo, según lo dispone el a. 14 de la C, sino que esa prohibición alcanza a toda orden de autoridad (reglamentos,

decretos, circulares, etc.). Así pues, ninguna orden gubernativa ni ley alguna pueden tener aplicación a situaciones, hechos o actos realizados antes de su expedición, publicación o notificación, según sea el caso. Esta prohibición terminante rige cuando al aplicar al pasado la ley °disposi- ción de gobierno por la autoridad, la persona sufra algún perjuicio. Si por lo contrario, la ley u orden no causa perjuicio alguno pueden ser aplicadas modificando o haciendo cesar situaciones jurídicas que nacieron conforme a

una ley anterior. En síntesis, la autoridad de cualquier categoría que fuere, carece de facultades para modificar no sólo situaciones jurídicas creadas al amparo de leyes u órdenes anteriores a la expedición de una determinada resolución del poder

17)

ARTS. 51+. v6,

LI BRO PRIMERO

público, sino también para modificar o desconocer los efectos ya realizados bajo la vigencia de la ley u orden anterior. El principio de irretroactividad no impide que las leyes nuevas puedan desconocer o modificar los efectos provenientes de situaciones creadas durante la vigencia de la ley anterior no producidos en el momento en que una nueva ley ha entrado en vigor o en que una orden administrativa deba empezar a ser obedecida. En fin la prohibición de la retroactividad de la ley o de disposiciones guberna- tivas, significa que éstas carecen de fuerza obligatoria para lo pasado; por lo contrario, reclaman plena obediencia en lo futuro.

I.G.G.

ARTÍCULO 6o. La voluntad de los particulares no puede eximir de la observancia de la ley, ni alterarla o modificarla. Sólo pueden renunciarse los derechos privados que no afecten directamente al interés público, cuando la renuncia no perjudique derechos de tercero.

El primer párrafo de este artículo enuncia un principio básico propio de todo orden jurídico, cuyo desconocimiento atentarla contra la fuerza imperativa del derecho objetivo; es decir la ley exige una sujeción incondicional a sus manda- tos. En consecuencia la fuerza obligatoria de sus normas no depende de la voluntad de los particulares. Tal es el sentido de la naturaleza heterónoma y coercible del ordenamiento jurídico que se impone a sus destinatarios si fuere necesario, por medio de la fuerza pública, aun contra la voluntad de los obligados. POr ello el precepto que nos ocupa, ordena que los particulares no puedan eximirse de la observancia de la ley ni alterarla o modificarla. Este artículo enuncia el deber jurídico impuesto a todos los miembros de una sociedad jurídicamente organizada, de ajustar su conducta a los mandatos de la ley, o en una mejor expresión a quedar sometidos al ordenamiento jurídico en su conjunto. La segunda parte del articulo en comentario, prevé una situación que se dis- tingue de la anterior, al permitir la renuncia de los derechos de los particulares, derechos que adquí rictus al amparo de ciertas disposiciones legales, se entienden como derechos subjetivt s y pertenecen a la persona como sujeto de derechos. Estos derechos, si bien e-tan previstos en la ley de una manera general, abstracta e impersonal. se i idividualizan en una determinada persona cuando ésta se ha colocado en la situación jurídica prevista en la norma. El titular (11 esos derechos puede renum;ar válidamente, es decir. le es permitido prescindir de su ejercicio por propia decisión. Pero esta posibilidad de re almiar a los derechos subjetivos ya adquiridos,

tiene una importante limitación: no son renunciables esos derechos, si con la

181

DISPOSICIONES PRELIMINARES

AR rs. 6. y 7o

renuncia se lesiona el interés público o los derechos de terceros. En este respecto se suele establecer una distinción en las normas, dividiéndo- las en leyes preceptivas, prohibitivas y permisivas. Las primeras imponen una conducta positiva, las segundas vedan o impiden la realización de determinados actos y las leyes permisivas facultan a sus destinatarios para realizar o no lealizar cierta conducta. La persona puede ejercer el derecho previsto en la ley permisiva o renunciar a su ejercicio. Las normas preceptivas y prohibitivas, no admiten esta posibilidad. Adviértase que aun tratándose de leyes permisivas no se renuncia a su aplicación, sino que su naturaleza permite renunciar al ejercicio de los derechos que ella establece como de posible ejercicio. Sin pretender agotar en u conjunto el concepto de interés público, se ha sustentado el criterio de que no son renunciables los derechos conferidos a una persona para el cumplimiento de un deber, derechos cuyo ejercicio es obligato- rio, como ocurre con los que confiere una ley o disposición de derechos públicos, en los que nacen de las relaciones jurídicas familiares y los derechos de la personalidad (derecho a la vida, a la libertad, a la salud, a la integridad física, al honor, etc.). Se afecta el interés de los terceros, cuando como consecuencia de la renuncia se menoscaba el derecho de otro o se impide que otra persona pueda hacer valer los que le corresponden. Por ejemplo: cuando un deudor renuncia a hacer efectivo un crédito a su favor para impedir que su acreedor pueda obtener el pago de lo que aquél le debe.

I.G.G.

ARTÍCULO 7o. La renuncia autorizada en el artículo anterior no produce efecto alguno si no se hace en términos claros y precisos, de tal suerte que no quede duda del derecho que se renuncia.

La norma contenida en este precepto es sumamente clara en su enunciado. Se relaciona con lo dispuesto en el artículo anterior y lo precisa en sus términos, a fin de establecer que la renuncia de un derecho, para ser eficaz no debe dejar lugar a duda sobre el derecho de cuyo ejercicio prescinde su titular. En esa disposición se pretende garantizar la certeza en el tráfico de los negocios jurídicos. La renuncia, como toda declaración de voluntad negocial, ha de ser la expresión de una voluntad psíquica (voluntad interna) verdaderamente for- mada en el sujeto que emite la declaración y ha de recaer sobre su derecho (objeto) cuyo ejercicio sea susceptible de renuncia. Debe además reunir los requisitos de validez de los actos jurídicos (capacidad en el sujeto, ausencia de vicios de la voluntad, licitud en el motivo o fin y formalidad propia del acto). En presencia de lo dispuesto en el precepto que es objeto de este comentario,

ARTS. 7o., So. y 9o.

LIBRO PRIMERO

nos referiremos únicamente a la forma en que puede valer la renuncia de un derecho. La declaración de voluntad puede hacerse en forma expresa o tácita (a. 1803 del CC). Por lo que atañe a la declaración expresa, la renuncia debe ser formulada en términos precisos, para que no haya lugar a duda de las palabras o signos empleados, de cuál es el derecho que se pretende renunciar. En cuanto a la renuncia tácita, debe decirse que el solo silencio o la abstención del ejercicio del derecho, no autoriza a presumir que se ha renunciado a él. Es indispensable que determinados los actos del titular permitan conocer que un derecho ha sido objeto de renuncia por su titular y que aquellos hechos sean de tal modo concluyentes, que revelen claramente la intención de renunciar a ese derecho; como ocurre p.c. en el caso de la entrega al deudor, por el acreedor, del título de la deuda, que hace presumir el pago de ésta constante en aquél. (a. 2091 CC).

I.G.G.

ARTICULO 80. Los actos ejecutados contra el tenor de las leyes prohibitivas o de interés público serán nulos, excepto en los casos en que la ley ordene lo contrario.

Encontramos aquí una frontera a la autonomía de la voluntad: el autor o las partes de un acto jurídico tienen la obligación de mantener su voluntad dentro de los límites de la licitud y del interés público. El orden jurídico prohibe o permite ciertas conductas humanas en tanto perturban o no la convivencia en sociedad. En este precepto el legislador establece concretamente la sanción para actos ilícitos, es decir, aquellos que se realizan contraviniendo normas prohibitivas o de interés público, sentando así, el principio de que tales actos no deben producir efectos jurídicos, por lo tanto están afectados de nulidad, en este caso, absoluta pues cualquier interesado puede hacerla valer. Debemos aclarar que la ineficacia a que hacemos referencia no es sinónimo de irrelevancia, ya que los actos ilícitos tienen singular trascendencia jurídica no sólo por el cuidado que el legislador pone en evitar que los autores de tal conducta alcancen sus pretensiones, sino por la necesidad de reparar los daños y perjuicios que el ilícito provoque a terceros y por la ponderación que el mismo legislador hace, en algunos casos, para salvaguardar ciertas instituciones esta- bleciendo en la misma ley, excepciones al principio declarado, como ocurre p. e. en el caso previsto por el a. 289 del propio código.

ARTÍCULO 9o. La ley sólo queda abrogada o derogada por otra posterior que asilo declare expresamente, o que contenga disposiciones total o parcialmente incompatibles con la ley anterior.

110]

DISPOSIC IONES PRELIMINARES

ARIS 4t, 10

La abrogación (privación total de efectos) o la derogación (privación parcial de efectos) de una ley puede ser expresa o tácita. En el primer caso la nueva ley hace la declaración correspondiente en sus artículos transitorios, procedimiento sencillo, claro y que, por ende, evita errores en la aplicación de la nueva norma y conflicto de leyes en el tiempo. Entendemos que estamos frente a una abrogación tácita cuando la declara- ción que se hace en los artículos transitorios es general y abstracta establecién- dose que quedan derogadas todas las disposiciones anteriores que se opongan a la nueva ley, o cuando simplemente no se hace tal declaración. En ambos casos, para evitar confusiones en la labor de precisar cuáles son las normas que deben derogarse o a brogarse, este precepto debe ser interpretado en el sentido de que tales normas carecen de fuerza obligatoria. Para ello deben tomarse en cuenta los siguientes principios:

I) Si la materia de que se trate ha quedado regulada totalmente por una ley

posterior, las anteriores han sido abrogadas ya que el tratamiento que se les debe dar responde a nuevos criterios establecidos por el legislador;

2) En-caso de incompatibilidad entre disposiciones concretas se entenderán

derogadas las anteriores;

3) En caso de que la ley anterior sea más extensa que la nueva, se entenderán

derogados los puntos tratados por esta última y continuarán vigentes las

materias que no hallan sido reguladas por ésta.

A. E.P. D. y N.

ARTICULO lo. Contra la observancia de la ley no puede alegarse desuso, costumbre o práctica en contrario.

Se consigna el principio de que una ley sólo pierde vigencia por voluntad del legislador en los términos del artículo anterior. Concomitantemente a este principio se asienta aquel que responde a todo sistema jurídico escrito y por el cual se priva de fuerza a la costumbre derogatoria. Se entiende por costumbre la repetición de actos semejantes que crean hábitos sociales y son realizados constante y espontáneamente por los miem- bros de una comunidad. En este sentido es una fuente de derecho, un derecho que surge de forma natural y por iniciativa de los grupos sociales llegando, en algunos sistemas como el Common Law, a tener fuerza jurídica obligatoria. Para ello se requiere de la conjunción de dos elementos: uno objetivo que es un hecho social (la repetición de una conducta) y el otro subjetivo, la convicción en el ánimo de quien realiza dicha conducta de que se trata de una obligación. Una de las especies de la costumbre es precisamente la derogatoria que si bien en un momento histórico determinado puede responder a necesidades concretas de la sociedad, en nuestro derecho no tiene ninguna aplicabilidad. Es justificable la actitud del legislador al conservar este precepto en el código

ARTS. 10, II y 12

LIBRO PRIMERO

de 1928 a pesar de que parece reiterativo del articulo precedente. La costumbre derogatoria queda así excluida del ordenamiento jurídico, de otra manera la mutación y flexibilidad histórica de la costumbre contraria al derecho, propicia- ría la inseguridad de las relaciones jurídicas.

A.E.P. D. y N.

ARTIcuLo 11. Las leyes que establecen excepción a las reglas generales, no son aplicables a caso alguno que no esté expresamente especificado en las mismas leyes.

La característica más importante de una norma jurídica es su generalidad, es decir, debe ser aplicada a todos aquellos que se encuentren en el supuesto jurídico que condiciona esa aplicación, por un lado, y su abstracción, es decir que, deberá ser aplicada a todos los casos en que se realicen los supuestos normativos, por otro. Sin embargo, el legislador, por razones plenamente justificadas, puede esta- blecer excepciones concretas en cuyo caso al juez no le está permitido usar la analogía como métc -lo de interpretación. Las excepciones deberán estar preci- samente determinadas por la norma y ningún otro caso, por semejante que sea, podrá gozar de ese régimen de excepción. Sólo así se garantiza no sólo el cumplimiento de la voluntad del legislador expresada en la norma de derecho, sino la propia seguridad jurídica sustentada en las características de generalidad y abstracción a que hacemos referencia en el párrafo anterior. Por idénticas razones frente a su régimen de excepción no se puede intentar integrar la norma de que se trate. No se puede pretender que el legislador cometió omisiones al señalar determinados casos como excepción y no otros, su voluntad está enunciada, o debe estarlo, con claridad y exhaustivamente.

A.E. P.D. y N.

ARTÍCULO 12. Las leyes mexicanas rigen a todas las personas que se encuentren en la República, así como los actos y he- chos ocurridos en su territorio o jurisdicción y aquéllos que se sometan a dichas leyes, salvo cuando éstas prevean la aplica- ción de un derecho extranjero y salvo, además, lo previsto en los tratados y convenciones de que México sea parte.

Éste y otros preceptos fuerrn reformados por decreto de 11 de diciembre de 1987, publicado en el Diario Dficial de la Federación de 7 de enero de 1988 que entró en vigor al día siguiente de su publicación. De acuerdo con la reforma antes dicha, las leyes mexicanas se aplican: a) a todas las personas que se encuentren cn el territorio nacional; b) a los actos y

1121

DISPOSICIONES PRELIMINARES

ASÍ. L.1

hechos ocurridos en su territorio y c) en todos aquellos casos en que los intere- sados se someten a la aplicación de dichas leyes. Modificando el principio de territorialidad de la ley mexicana que contenía el a. 12 antes de la reforma, el precepto permite ahora la aplicación del derecho extranjero en dos casos: cuando así lo prevea expresamente la ley mexicana (véase a. 13 y su comentario) y cuando los tratados y convenios internacionales

celebrados por México, establezcan la

La reforma tomó en cuenta la parte conducente de las convenciones inter- nacionales que se celebraron de acuerdo con lo resuelto en tres Conferencias Interamericanas Especializadas en Derecho Internacional Privado que se co- nocen por sus siglas C1D1P, 1, II y III, que se celebraron respectivamente en Panamá (1965), en Montevideo, Uruguay (1969) y en La Paz, Bolivia (1984), a las que México concurrió, La reforma no incorpora en su contexto en forma íntegra lo resuelto en dichas tres convenciones. Unicamente se redujo a los siguientes puntos: a) Con- vención Interamericana sobre Normas Generales de Derecho Internacional Privado (Montevideo, Uruguay, 1969); b) Convención Interamericana sobre Personalidad y Capacidad de las Personas Jurídicas en el Derecho Internacio- nal Privado (La Paz, Bolivia, 1984) y c) Convención Interamericana sobre Domicilio de Personas Físicas en el Derecho Internacional Privado (Montevi- deo, Uruguay, 1969). El articulo que comentamos en su nueva redacción reforma en manera sus- tancial el si:.,eina de rígida territorialidad del derecho mexicano antes estableci- do y permite abrir un espacio a la aplicación en México de la ley extranjera en los casos mencionados en el mismo precepto y a su vez permitirá concordar el orden jurídico nacional con la moderna legislación extranjera, en el ámbito del Derecho Internacional actual. La doctrina mexicana estaba consciente que el mayor obstáculo para una modernización del Derecho Internacional Privado nacional lo constituía preci- samente el territorialisrno "a ultranza" insito en dicho precepto. En la primera parte del precepto se observa que se sigue conservando el territorialismo a que nos referíamos antes, puesto que las leyes mexicanas son las que rigen en la República, pero también se abre la posibilidad de aplicar el derecho extranjero cuando las mismas leyes nacionales asilo prevean y cuando así lo dispongan los tratados firmados y ratificados por México. Cabe destacar que se elimina la posibilidad de aplicar el derecho extranjero cuando así lo aconseje la doctrina, ya que ésta no está reconocida, en México, co- mo fuente formal de derecho (SJF, 6a. época, 2a parte, vol. CXXXVIII, p. 16). También es menester destacar que tampoco es posible aplicar la norma extranjera por disposición de los jueces, aunque es de recordarse que en ciertos países, como Francia, el enorme desarrollo del derecho conflictual se debe a la extraordinaria labor de las cortei y de los tribunales.

,plicación

del derecho extranjero.

I.G.G. y V.C.G.M.

[ 13]

ART. 13

L1•10 PRIMERO

ARTICULO 13. La determinación del derecho aplicable se hará conforme a las siguientes reglas:

1.—Las situaciones jurídicas válidamente creadas en las entidades de la República o en un Estado extranjero con- forme a su derecho, deberán ser reconocidas; estado y capacidad de las personas físicas se rige por el derecho del lugar de su domicilio; HL—La constitución, régimen y extinción de los dere- chos reales sobre inmuebles, así como los contratos de arrendamiento y de uso temporal de tales bienes, y los bie- nes muebles, se regirán por el derecho del lugar de su ubi- cación, aunque sus titulares sean extranjeros; 1V—La forma de los actos jurídicos se regirá por el dere- cho del lugar en que se celebren.' Sin embargo, podrán sujetarse a las formas prescritas en este Código cuando el acto haya de tener efectos en el Distrito Federal o en la República tratándose de materia federal; y Y—Salvo lo previsto en las fracciones anteriores, los efectos jurídicos de los actos y contratos se regirán por el derecho del lugar en donde deban ejecutarse, a menos de que las partes hubieran designado válidamente la aplicabi- lidad de otro derecho.

Esta parte o encabezado es una copia del a. lo. de la Convención Interamerica- na sobre Normas Generales de Derecho Internacional Privado, suscrita en Montevideo, en 1969, ratificada por nuestro país, sólo que el instrumento uru- guayo se refiere a "norma jurídica aplicable" y no a "derecho" como impropia- mente lo hace reiteradamente la reforma. La fr.!, del mismo a. 13, establece que las "situaciones jurídicas válidamente creadas en las entidades de la República o en un Estado extranjero conforme a su derecho, deberán ser reconocidas". Lo anterior es una transcripción parcial del a. 7, del instrumento inter- americano citado, siendo una adopción de la teoría de los derechos adquiridos o de los vestedrigths, doctrina norteamericana muy en boga hace algunos decenios. ¿Hasta dónde un Código Civil, local, como lo es el del DF, puede regular conflictos de leyes entre entidades de la República, materia que indudablemen- te pertenece al orden federal? La respuesta se encuentra en que conforme al a. lo. del CC del DF, este mismo cuerpo de leyes, se aplica en materia federal. Se concluye, pues, que en derecho una situación que se adquiere válida- mente, no tiene por qué cuestionarse, salvo que atente contra el orden pú- blico local.

[14]

DISPOSICIONES PRELIMINARES

ARTV U y 14

"El estado y capacidad de las personas fisicas se rige por el derecho del lugar de su domicilio", se afirma en la fr. 11 del mismo numeraL Seguramente esta es una de las reformas más importantes ya que anteriormente el estado y capacidad de las personas se regían por las leyes mexicanas, en consonancia con los estrictos principios de la territorialidad. Nótese cómo a partir de aquí casi todo el derecho conflictual va a tener como eje el punto de contacto del domicilio, que es la tendencia más moderna y más generalizada. La fr. III dice que "la constitución, régimen y extinción de los derechos rea- les sobre inmuebles, así como los contratos de arrendamiento y de uso tempo-

ral de tales bienes, y los bienes muebles, se regirán por el derecho del lugar de su ubicación, aunque sus titulares sean extranjeros". En esta parte se sigue la regla conílictual lex reí sitae, que es reconocida uni- versalmente para el caso de los bienes inmuebles y las acciones reales sobre los mismos. Así lo confirma el a. lo., sección C, de la Convención Interamericana sobre Competencia en la Esfera Internacional para la Eficacia Extraterritorial de las Sentencias Extranjeras, aunque para las acciones reales sobre bienes muebles corporales se exige que dichas cosas estén o se encuentren en la Repú- blica para que puedan ser regidas por nuestras leyes. Esta reforma confirma lo contenido en la fr. II y primera parte de la fr. [II, del a. 121 de la Constitución Política mexicana. Así mismo la reforma viene a ratificar lo que ya estaba contenido en el a. 14, derogado. del propio CC. Asienta la fr. IV del mismo a. 13 reformado: "La forma de los actos jurídicos se regirá por el derecho del lugar en que se celebren. Sin embargo, podrán suje- tarse a las formas prescritas en este Código cuando el acto haya de tener efectos en el Distrito Federal o en la República (se entiende mexicana) tratándose de materia federal." Esta parte se acoge a la regla locus regit actum, principio jurídico según el cual es derecho aplicable a la forma de los actos jurídicos el derecho del lugar donde éstos se realizan. Aunque se da la posibilidad de que las partes se acojan a las formas mexicanas cuando el acto vaya a tener efectos en el DF o en Méxi- co. Puede afirmarse, que en esta materia no se dieron cambios sustanciales pues iguales principios establecía el derogado a. 15 del CC. La última fracción de este mismo articulo, la V, establece que "salvo lo pre- visto en las fracciones anteriores, los efectos jurídicos de los actos y contratos se regirán por el derecho del lugar en donde deban ejecutarse, a menos de que las partes hubieran designado válidamente la aplicabilidad de otro derecho".

En esta fracción se adopta el principio

conflictual lex loci executionis,

según el cual es aplicable el derecho del lugar de ejecución de una obligación o de un acto jurídico, regla que en cierta forma ya contenía el a. 13, ya derogado.

y V.C.G.M.

ARTÍCULO 14. En la aplicación del derecho extranjero se ob- servará lo siguiente:

[151

ART. 14

LIBRO PRIMERO

I.—Se aplicará como lo haría el juez extranjero corres- pondiente, para lo cual el juez podrá allegarse la informa- ción necesaria acerca del texto, vigencia, sentido y alcance legal de dicho derecho; 11.—Se aplicará el derecho sustantivo extranjero, salvo cuando dadas las especiales circunstancias del caso, deban tomarse en cuenta, con carácter excepcional, las normas conflictuales de ese derecho, que hagan aplicables las nor- mas sustantivas mexicanas o de un tercer Estado; HL—No será impedimento para la aplicación del dere- cho extranjero, que el derecho mexicano no prevea institu- ciones o procedimientos esenciales a la institución extran- jera aplicable, si existen instituciones o procedimientos análogos; 1V—Las cuestiones previas, preliminares o incidentales que puedan surgir con motivo de una cuestión principal, no deberán resolverse necesariamente de acuerdo con el derecho que regule a esta última; y V.Cuando diversos aspectos de una misma relación ju- rídica estén regulados por diversos derechos, éstos serán aplicados armónicamente, procurando realizar las finali- dades perseguidas por cada uno de tales derechos. Las difi- cultades causadas por la aplicación simultánea de tales de- rechos se resolverán tomando en cuenta las exigencias de la equidad en el caso concreto. Lo dispuesto en el presente artículo se observará cuando resultare aplicable el derecho de otra entidad de la Fede- ración.

La reforma corresponde a lo ordenado por el a. 2 de la Convención Inter- americana sobre Normas Generales que a la letra dice: "Los jueces y autorida- des de los Estados partes estarán obligados a aplicar el derecho extranjero tal como lo harían los jueces del Estado cuyo derecho resultare aplicable, sin per- juicio de que las partes puedan alegar y probar la existencia y contenido de la ley extranjera invocada." - A su vez y en plena concordancia con lo anterior, el a. 284 reformado del "

que implica que el derecho extranjero ya no debe ser probado, como se estable-

lo

CPC para el DF, establece que "sólo los hechos estarán sujetos a prueba

da antes de las modificaciones de 1988. En el mismo sentido se pronuncia el nuevo texto del a. 86 del CFPC. Además de que ya no es menester probar la norma extranjera, sino que el juez local podrá allegarse, por sus propios medios y conductos, la información

[16]

DISPOSICIONES PRELIMINARES

ART., 14

probatoria acerca de la misma, el juez deberá hacer un esfuerzo y tratar de ubi- carse en el sistema jurídico extranjero, como si estuviera actuando en éL Ésta es la única forma de aplicar el derecho extranjero de una manera coherente y lógica. La norma que enuncia la fr. II, del a. 14, significa que no se acepta la aplica- ción de, la norma extranjera (que no el derecho extranjero) sino cuando sea la sustantiva, no la conflictual, a fin de evitar, hasta donde sea posible, el llamado reenvío en segundo grado. El reenvío o juego de la raquette internationale, tiene sus defensores y sus detractores. Aquí se trata de evitar, salvo que las circunstan- cias muy especiales del caso así lo ameriten, que a su vez la norma extranjera se remita otra vez a las normas mexicanas o de un tercer Estado. En otras palabras, si el derecho extranjero, para la solución del conflicto remite a las leyes sustantivas mexicanas, no se estaría en el caso de aplicar el derecho extranjero, ni se deberá aplicar el derecho de un tercer Estado, porque estaríamos en presencia de un reenvío en segundo grado, si la norma del dere- cho extranjero reenvía a otro ordenamiento la solución del caso. La fr. III del mismo a. 14, establece que "no será impedimento para la apli- cación del derecho extranjero. que el derecho mexicano no prevea instituciones o procedimientos esenciales a la institución extranjera aplicable, si existen insti- tuciones o procedimientos análogos". Si se lee detenidamente el a. 3 de la Convención Interamericana sobre Nor- mas Generales, a que nos hemos venido refiriendo, observamos una exacta coincidencia en cuanto al contenido de ambos preceptos, aunque su redacción sea ligeramente distinta. Con lo anterior se pretende que se aplique la norma extranjera siempre y cuando exista una institución idéntica o al menos análoga en el derecho mexica- no. A esta figura se le denomina. en la legislación y jurisprudencia de otros paí- ses, especialmente europeos. la "institución desconocida", con la cual los jueces y juristas mexicanos están poco familiarizados. Lo anterior se hace para evitar, hasta donde ello sea posible. una denegación de justicia. En esta fracción está previsto el caso en que el derecho mexicano no conten- ga instituciones o procedimientos iguales a la institución extranjera que se trata de aplicar. El juez mexicano no puede negarse a aplicar la norma extranjera, si existen en el derecho mexicano principios semejantes a los que se sustentan en aquella ley extranjera. Debe proceder por analogía. (analogia juris) a la aplica- ción de las normas relativas a la institución extranjera, respetando las normas de orden público mexicano. La fr. IV es una mera transcripción del a. 8 de la citada Convención sobre Normas Generales. En relación a la cuestión previa, en el Derecho Internacional Privado caben

dos alternativas: o se resuelve de acuerdo a la cuestión principal o se resuelve en forma autónoma o separada. Se pueden abonar razones y argumentos a favor de una y otra solución, sin embargo, tanto el CC mexicano corno la Con- vención Interamericana han adoptado la teoría de la independencia de ambas cuestiones en virtud de que se trata de reglas de conflicto diferentes.

La fr. V del mismo a. 14, afirma que "cuando diversos aspectos de una mis- ma relación jurídica estén regulados por diversos derechos (normas), éstos serán aplicados armónicamente, procurando realizar las finalidades persegui- das por cada uno de tales derechos. Las dificultades causadas por la aplicación

[171

Alti% 14) IS

LIBRO PRIMERO

simultánea de tales derechos se resolverán tomando en cuenta las exigencias de la equidad en el caso concreto". Lo establecido en esta fracción corresponde al contenido del a. 9 de la Con- vención sobre Norrnas Generales, tantas veces citada. Lo anterior se conoce, en la teoría y práctica conflictuales, con el nombre de "armonización del derecho", lo cual implica una gran voluntad de aplicar la norma extranjera a fin de que todas las normas involucradas alcancen sus pro- pósitos, presidiendo todo el proceso la equidad. Lo que se pretende es, pues. lograr una correcta y ordenada coordinación entre todas las normas que conflu- yan en el caso concreto (Batiffol, Carrillo Salcedo. Miaja de la Muela. etc.). El párrafo final del a. 14 establece que lo dispuesto por el mismo "se obser- vará cuando resultare aplicable el derecho de otra entidad de la Federación", lo cual significa que todos los principios ínsitos en dicho numeral se aplicarán a los conflictos de leyes entre las entidades federativas, en virtud de que el CC para el DF rige en materia de orden federal.

I.G.G. y V.C.G.M.

ARTÍCULO 15. No se aplicará el derecho extranjero:

1.—Cuando artificiosamente se hayan evadido princi- pios fundamentales del derecho mexicano, debiendo el juez determinar la intención fraudulenta de tal evasión; y — Cuando las disposiciones del derecho extranjero o el resultado de su aplicación sean contrarios a principios o instituciones fundamentales del orden público mexicano.

De la misma manera que en otros casos, este precepto es una copia fiel del a. 6 de la rnulticitada Convención sobre Normas Generales y lo que intenta es tipifi- car al fraude a la ley como una excepción a la ley normalmente aplicable, a fin de preservar los "principios fundamentales" del derecho nacional. El fraude a la ley, como el reenvío, es una institución muy discutida y discu- tible en el Derecho Internacional Privado, porque contiene elementos muy sub- jetivos: "artificiosamente", "intención fraudulenta", "principios fundamenta- les", etc., sin embargo, es un remedio que nunca falta en leyes y convenciones confiictuales para evitar la aplicación de normas extranjeras cuando exista intención dolosa de por medio. Existe fraude a la ley cuando conforme a la fr. 1, las partes se acojan a una legislación más favorable evadiendo artificiosamente la aplicación de la ley mexicana. Por fraude a la ley se entiende generalmente "la realización de un acto lícito -más frecuentemente dos o más actos- para la consecución de un resultado anti- jurídico" (Miaja, Adolfo, Derecho Internacional Privado, 8a. ed., México, Atlas. 1979, tomo primero, p. 400). Paulo, en el Digesto (1,329) define: "comete fraude

[18)

DISPOSICIONES PRELIMINARES

AR IS, I5 lE

a la ley. quien cumpliendo la letra del precepto, elude acatar su sentido". Es esa artificiosa evasión la que caracteriza al fraus legis, en opinión de Paulo.

En el fraude a la ley se realiza "artificiosamente" una conducta prohibida o contraria a una ley imperativa. En la doctrina se discute si el fraude a la ley está comprendido en la violación del orden público. Nuestro Código en la reforma que se comenta, en el precepto de que se trata, distingue acertadamente la con- ducta en fraude a la ley y la que se realiza contra el orden público en general.

Por último, la fr. II del mismo a. 14 establece la otra excepción a la ley

normalmente aplicable: el orden público, al establecer que "no se aplicará el de- recho extranjero cuanto éste, o el resultado de su aplicación, sean contrarios a principios o instituciones fundamentales de orden público mexicano".

aa. 6 y 7 de la tantas veces citada Convención Interamericana se consa-

gran al orden público, aunque para que éste opere se necesita que la norma extranjera sea manifiestamente contraria a los principios de su orden públi- co. Es decir, prevalece el orden público local sobre la ley aplicable pero debe existir una obvia y manifiesta contradicción al mismo. En nuestro entender la contradicción es manifiesta si resulta objetivamente evidente para cualquier juez o persona que proceda en la materia conforme a la práctica y la buena fe.

Los

I.G.G. y VC.G.M.

ARTICULO 16. Los habitantes del Distrito Federal tienen obliga- ción de ejercer sus actividades y de usar y disponer de sus bienes en forma que no perjudique a la colectividad, bajo las sanciones establecidas en este Código y en las leyes relativas.

Decían en su Informe los redactores del CC que:

El pensamiento capital que informa el proyecto puede expresarse breve-

mente en los siguientes términos: armonizar los intereses individuales con los sociales corrigiendo el exceso de individualismo que impera en el

Código de 1884

privado social es preciso reformarlo substancialmente derogando todo cuanto favorece exclusivamente al interés particular en perjuicio de la

para transformar un Código Civil en un Código

colectividad e introduciendo nuevas disposiciones que armonicen con el concepto de solidaridad.

Es un principio de derecho universal que los intereses colectivos deben primar sobre los derechos de los particulares. El artículo que se comenta consagra este principio y es un fiel exponente del pensamiento de los redactores del CC. Cuando el titular de un derecho lo ejercita respetando el derecho ajeno cumple con el deber jurídico de no lesionar los derechos e intereses de los demás. Por el contrario, si al ejercerse el derecho se ocasiona un perjuicio a un tercero,

[19]

AR rti. Ifrly 17

LIBRO PRIMERO

el que lo ejerce obra ilícitamente y debe reparar el daño causado. Pero si el ejercicio de ese derecho tiene por finalidad causar deliberadamente un daño a un tercero o al grupo social, se está abusando del derecho. Los principios establecidos por el legislador en el a. 16 se encuentran en perfecta armonía con otras normas del CC. Así p.e.: el a. 840 establece que no es lícito ejercer el derecho de propiedad de manera que su ejercicio no dé otro resultado que causar perjuicios a un tercero sin utilidad para el propietario. El a. 934 reafirma el principio al establecer que la captación de aguas subterrá- neas puede hacerla el propietario de un predio aunque perjudique al vecino siempre que no lo haga con el solo fin de causarle un perjuicio. Por fin, el a. 1912 dispone que "cuando al ejercer un derecho se causa daño a otra persona, hay obligación de indemnizarlo si demuestra que el derecho sólo se ejercitó a fin de causar el daño sin utilidad para el titular del derecho". Existe en los tres casos el ejercicio abusivo del derecho y el perjuicio ocasiona- do por la acción ilícita debe ser indemnizado. Otras disposiciones del CC que se refieren a actuaciones que dañan los intereses ajenos y ocasionan perjuicios a la colectividad, los encontramos en los aa. 740,1152 fr. IV, 2453 y 2751 que impiden que permanezcan ociosos los terrenos destinados a la producción agrícola, porque con ello se lesionan los intereses colectivos. Otras conductas ilícitas similares a las anteriores, que se sancionan, las encontra- mos en los aa. 837, 843, 845, 853, 935, 1038 fr. VI, 1092, 1123 y 1797.

L.C.P.

ARTÍCULO 17. Cuando alguno, explotando la suma ignorancia, notoria inexperiencia o extrema miseria de otro; obtiene un lucro excesivo que sea evidentemente desproporcio- nado a lo que él por su parte se obliga, el perjudicado tiene derecho a elegir entre pedir la nulidad del contrato o la reducción equitativa de su obligación, más el pago de los correspondientes daños y perjuicios. El derecho concedido en este artículo dura un año.

Se legisla la figura jurídica de la lesión en su forma moderna, o sea la llamada por la doctrina "lesión calificada" o "lesión subjetiva". inspirada en sus simila- res de los códigos civiles alemán y suizo, la lesión en la redacción que le ha dado el codificador mexicano, adopta un contenido sui generis que la transforma en un instrumento potencial de protección a una clase social desposeída, según surge del Informe de la Comisión Redactora y Revisora del Proyecto de CC.

La lesión se ubica en el ámbito de los contratos sinalagmáticos onerosos. Se configura por una evidente desproporción entre las prestaciones que los contra- tantes se deben entre sí, cuando dicha desproporción obedece a la explotación que realiza uno de ellos de ciertos estados de minusvalía o inferioridad en que se encuentra el otro contratante.

[201

DISPOSICIONES PRELIMINARES

ARIS.17% 15

Esta figura jurídica consta de dos elementos: uno objetivo y otro subjetivo y ambos están unidos por un nexo de causalidad. El elemento objetivo consiste en la desproporción entre las prestaciones que se deben los contratantes; ésta debe ser de tal magnitud que pueda destruir el

equilibrio del propio contrato ("un lucro excesivo que sea evidentemente des- proporcionado"). Su apreciación queda sujeta al arbitrio judicial. El elemento subjetivo radica en el hecho de la explotación realizada por el contratante económica o intelectualmente fuerte, sobre el débil ("explotando la

suma ignorancia

Debe asimismo existir un nexo causal entre el lucro excesivo y el hecho de la explotación, ya que se explota para obtenerlo; si falta la relación de causalidad entre la conducta ilícita y la ventaja obtenida, no cabe hablar de lesión. El perjudicado tiene derecho a elegir entre pedir la nulidad del contrato o la reducción equitativa de su obligación. Este criterio opcional le confiere flexibili-

dad al texto legal, ya que el perjudicado puede tener interés en mantener el contrato. Lo que no podrá hacer —de acuerdo a la letra de la será solicitar un complemento en el precio o en la obligación de su contraparte. La indemnización por daños y perjuicios comprende tanto el daño emergente como el lucro cesante y si procediese, de acuerdo a los aa. 1916 y 1921, la

reparación por daño moral. La demanda por nulidad o por reducción equitativa de la obligación está

").

sujeta al plazo de caducidad de un año.

C.G. M .

ARTÍCULO IR. El silencio, obscuridad o insuficiencia de la ley, no autorizan a los jueces o tribunales para dejar de resol- ver una controversia.

Existe gran semejanza entre esta disposición y el a. 40. del CC francés que dice:

"El juez que se negare a juzgar pretextando silencio, obscuridad o insuficiencia de la ley, podrá ser juzgado por denegación de justicia". Al parecer este artículo sirvió de modelo al nuestro.

Antes de la promulgación del CC francés, los jueces acostumbraban enviar en

consulta al Poder Legislativo los procesos cuya resolución era dificil, cuando no existía ley aplicable al caso o era dudoso el sentido de la norma. Este procedi- miento convertía en jueces a los órganos legislativos que en la mayoría de los casos, al aclarar el texto de la ley se inclinaban en uno u otro sentido. Al presentar los redactores del CC su proyecto a la Asamblea francesa, destacaron en el discurso preliminar que la interpretación de las leyes debían

hacerla los tribunales y no el legislador. El deber del juez, decían, es aplicar la ley. Negarse a resolver el caso o diferirlo cuando la ley no es clara es denegar la justicia. El ministerio de los jueces se ha organizado principalmente porque

[21]

AR 1% IN v

LIBRO PRIMERO

existen leyes oscuras que es necesario interpretar. Exigirle al legislador que interprete la ley es convertirlo en juez. Debido a la gran complejidad de los procesos sociales, es imposible que el legislador, al elaborar la ley, pueda dar solución adecuada a todos los casos que ocurran en la vida práctica, menos aún a situaciones no previstas. Habrá otros casos en que el texto legal que se elabore será insuficiente o incompleto. Sería insuficiente una ley que prohibiera pactar intereses superiores a los legales y no determinara el porcentaje de ellos. Cuando no hay ley o ésta es insuficiente, se dice que existe una laguna legal. En la legislación francesa la laguna se colma, en último término recurriendo a la equidad, entre nosotros por los principios generales del derecho. Los jueces al colmar las lagunas deben hacerlo de acuerdo al derecho ya existente. Podrán formular conceptos jurídicos nuevos, distintos de las reglas generales, pero deben estar fundados en las reglas o principios de derecho, ya existentes. "La nueva regla elaborada por el juez ya era derecho antes". El derecho no tiene lagunas, éstas se encuentran en la ley pero no en el derecho. (Zitelmann, E. "Las lagunas del derecho", Anales de jurisprudencia, t. XII, pp. 735 y 771). No define el CC lo que debe entenderse por principio general del derecho. La SCJN dice que:

principios generales del derecho verdades jurídicas notorias, indis-

cutibles de carácter general, como su mismo nombre lo indica, elaboradas o seleccionadas por la ciencia del derecho, de tal manera que el juez pueda

dar la solución que el mismo legislador hubiera pronunciado si hubiera

estado presente, o habría establecido si hubiere previsto el caso: siendo condición de los aludidos principios que no desarmonicen o estén en contradicción con el conjunto de normas legales cuyas lagunas u omi- siones han de llenar. (Sentencia de 15 de marzo de 1938. SJF, t. W p. 2641).

son

En estrecha concordancia con el a. 18 del CC, el a. 213 fr. V del CP esta- blece que "al que comete delito de abuso de autoridad se le impondrá de seis meses a seis años de prisión, multa y destitución de empleo cuando estando encargado de administrar justicia, bajo cualquier pretexto, aunque sea el de oscuridad o silencio de la ley se niegue a despachar un negocio pendiente ante él".

L.C.P.

ARTICULO 19. Las controversias judiciales del orden civil deberán resolverse conforme a la letra de la ley o a su interpretación jurídica. A falta de ley se resolverán conforme a los prin- cipios generales de derecho.

[22]

DISPOSICIONES PRELIMINARES

A RTS. 19 y 211

Esta disposición es acorde con el a. 14, pfo. cuarto constitucional, según el cual "En los juicios de orden civil, la sentencia definitiva deberá ser conforme a la letra, o la interpretación jurídica de la ley, y a falta de ésta se fundará en los principios generales del derecho". El CC es más amplio, ya que se refiere no sólo a la sentencia definitiva, sino a todo acto de aplicación de la ley en cualquier momento del juicio. La norma se refiere tanto a la interpretación como a la integración de la ley, estableciendo un orden de prelación: en primer lugar, el juez debe atenerse a la letra de la ley, si ésta prevé la solución del conflicto de intereses de que se trate. Cuando el sentido de la ley es dudoso, el intérprete debe acudir a la interpreta- ción jurídica, comprendiéndose en esta expresión las llamadas "interpretación histórica", "interpretación lógica" e "interpretación sistemática". Es de aplicación al respecto el principio de hermenéutica según el cual no debe desconocerse la letra clara de la ley, a pretexto de consultar con su espíritu. Si el caso planteado ante el juez no estuviere previsto, no por eso el magistra- do dejará de fallar (a. 18), sino que deberá integrar la ley, colmar la laguna legal, recurriendo a los principios generales del derecho. Este es el único procedimien- to de integración autorizado por la C (a. 14) y por el CC. En derecho compara- do, encontramos legislaciones que permiten integrar la ley recurriendo a la costumbre. En el CC para el DF la costumbre solamente puede aplicarse cuando la ley se remite a ella en forma expresa. En cuanto a los principios generales de derecho, son los "criterios o entes de razón que expresan un juicio acerca de la conducta humana a seguir en cierta

situación" (Adame Goddard, Jorge, Diccionario jurídico mexkario, México,

UN AM, Instituto de Investigaciones Jurídicas, 1984, t. VII, p. 222). El derecho, como obra de la inteligencia humana, enuncia ciertos principios de axiologia, que informan los sistemas jurídicos positivos. Por lo que toca al problema del razonamiento analógico como forma de integración del derecho, es perfectamente válido, ya que "la base del razona- miento por analogía es un principio general de derecho, que habría que formu- lar en estos términos: la justicia exige que dos casos iguales sean tratados igualmente". Pero como el presente artículo no se refiere a la analogía en especial, el juez civil puede recurrir a ella en primer término, o bien a otro principio general de derecho.

C.G.M.

ARTICULO 20. Cuando haya conflicto de derechos, a falta de ley expresa que sea aplicable, la controversia se decidirá a favor del que trate de evitarse perjuicios y no a favor del que pretenda obtener lucro. Si el conflicto fuere entre derechos iguales o de la misma especie se decidirá obser- vando la mayor igualdad posible entre los interesados.

P3]

ARTS. 20 y 21

LIBRO PR (MERO

Cuando se plantea un conflicto de derechos y existe ley expresa aplicable al caso, el juez debe atenerse a los dictados de esa ley. Pero si la norma legal no existe, estamos ante un problema de integración de la ley: el juez está obligado a resolver el conflicto en ausencia de ley (praeter legem). Dada la plenitud hermética del orden jurídico, toda situación puede ser resuelta jurídicamente. El a. 19 dispone, que a falta de ley, las controversias del orden civil se resolverán conforme a los principios generales del derecho; y el presente artículo se refiere, aunque sin mencionarla expresamente, a la equidad. Gran parte de la doctrina acepta que la equidad es uno —el más general— de los principios generales del derecho. Otro artículo que alude tácitamente a la equidad es el 1857, que dispone sobre la forma en que deben interpretarse los contratos. El primer párrafo del a. 20 indica que, en caso de conflicto de derechos, el juez deberá resolver a favor de quien trata de evitarse perjuicios, y no a favor de quien pretende obtener lucro. Esta norma de equidad, que tiende a la protección de la parte débil en la relación jurídica, es paralela a aquélla del derecho penal por la cual, en caso de duda, el juez impondrá la solución que favorezca al

inculpado: in dubio pro reo; asimismo la dogmática del derecho del trabajo ha

elaborado un principio equivalente, in dubio pro operario El párrafo segundo del presente artículo (conflicto entre derechos iguales o de la misma especie) formula de manera más clara el principio de la equidad, dado que el establecer "la mayor igualdad posible entre los interesados" no significa otra cosa para el juez que el acatamiento cabal de un criterio de equidad.

C.G. M.

ARTÍCULO 21. La ignorancia de las leyes no excusa su cumpli- miento; pero los jueces teniendo en cuenta el notorio atraso intelectual de algunos individuos, su apartamiento de las vías de comunicación o su miserable situación económica, podrán, si está de acuerdo el Ministerio Pú- blico, eximirlos de las sanciones en que hubieren incurri- do por la falta de cumplimiento de la ley que ignoraban, o de ser posible, concederles un plazo para que la cumplan; siempre que no se trate de leyes que afecten directamente al interés público.

Esta norma acoge el principio clásico expresado en el aforismo latino ignorando

legis non excusen, Los códigos civiles del tipo del Código Napoleónico lo incor- poraban en forma estricta; así los códigos civiles para el DF de 1870 y 1884

establecían que el error o la ignorancia de las leyes debidamente promulgadas no sirve de excusa y a nadie aprovecha. Los códigos de tipo moderno —como el presente— han atenuado la severi-

dad de este principio, atendiendo al notorio atraso intelectual de algunos indi-

(243

DISPOSICIONES PRELIMINARES

ART. 21

viduos, su apartamiento de las vías de comunicación o su miserable situación económica. En México, la mayor flexibilidad de la presente norma es una consecuencia de las ideas humanísticas y de solidaridad social que surgieron a raíz de la

Revolución. En el Informe de la Comisión Redactora del CC se expresa que "Se

moderó el rigor del precepto de que la ignorancia de las leyes debidamente promulgadas y publicadas no excusa su cumplimiento, precepto que se apoya

en una ficción legal constantemente desmentida por la experiencia

Debemos asimismo concordar esta disposición con el a. 1813 (tomado del CC portugués) que acepta el error de derecho, al contrario de los códigos civiles de 1870 y 1884, que no lo admitían. No es preceptivo para los jueces eximir de las sanciones en que se incurriere, sino facultativo ("podrán"); también podrán otorgar un plazo para el cumpli- miento; ambas soluciones requieren de la previa conformidad del MP y que no se esté afectando el interés público.

".

C.G.M.

[25)

LIBRO PRIMERO De las personas

TITULO PRIMERO De las personas físicas

ARTÍCULO 22. La capacidad jurídica de las personas físicas se adquiere por el nacimiento y se pierde por la muerte; pero desde el momento en que un individuo es concebi- do, entra bajo la protección de la ley y se le tiene por nacido para los efectos declarados en el presente Código.

La persona física, el ser humano, adquiere capacidad jurídica (capacidad de goce) al nacer y la conserva durante toda su vida. Cuando muere pierde al mismo tiempo la capacidad. En manera más clara: al morir la persona. se extingue junto con su vida fisiológica, su personalidad. Ello no impide, que aun antes de nacer, desde el momento en que es concebi- do, (nasciturus) goce de la protección del derecho. Ello quiere decir que el orde- namiento jurídico ha establecido medidas de diversa índole tendentes a conservar los derechos que al nacer habrá de adquirir junto con la categoría de persona. El

a. 337 del CC dispone cuándo se tiene por nacida a una persona, para todos los efectos legales.

Así, al ser concebido puede, antes de su nacimiento, ser instituido heredero o legatario y puede ser designado donatario (aa. 1314. 1315. 1377, 1638 y 2357 del CC). La protección que la ley civil otorga al concebido, comprende en primerísimo lugar, la preservación de la vida del ser que está por nacer.

I.G.G.

ARTÍCULO 23. La minoría de edad, el estado de interdicción y demás incapacidades establecidas por la ley, son res- tricciones a la personalidad jurídica que no deben me- noscabar la dignidad de la persona ni atentar contra la integridad de la familia; pero los incapaces pueden ejer- citar sus derechos o contraer obligaciones por medio de sus representantes.*

* N.E.: Texto vigente del artículo modificado en virtud del artículo primero del decreto que reforma diversas disposiciones al CC publicado en el DO del 23 de julio de 1992.

[27]

ARTS.23 y 24

LIBRO PRIMERO

Si bien la persona flsica desde su nacimiento tiene capacidad de goce; es decir, puede adquirir derechos y asumir obligaciones. el precepto que se comenta dis- pone que carecen de capacidad de ejercicio quienes no han cumplido dieciocho años, en que se alcanza la mayoría de edad (a. 646 del CC). y agrega que los ma- yores de edad que no se encuentran en pleno uso de sus facultades mentales, se encuentran incapacitados para intervenir por si mismos en la vida jurídica; ya que carecen de cabal discernimiento habrán de hacerlo a través de un represen- tante. En esta situación de incapacitación se encuentran quienes —previa comproba- ción de su anormalidad en un juicio de interdicción— no están en aptitud de gobernarse por sí mismos. 'Tal ocurre con aquellos que sufran enfermedades mentales que los priven de inteligencia o quienes padecen idiotismo o imbecili- dad, así como los que hacen uso inmoderado de drogas enervantes y los alcohóli- cos. En igual situación de incapacitación se encuentran los sordomudos que no saben leer ni escribir (a. 450 del CC).J* Los menores de edad y los mayores de edad en estado de interdicción, podrán actuar válidamente a través de sus representantes. Los primeros por medio de quienes ejerzan sobre ellos la patria potestad o a falta de estas personas por medio de su tutor. Los segundos, siempre por medio de un tutor que será designa- do por el juez en el procedimiento de interdicción. No obstante, el menor de edad puede administrar por si mismo los bienes que ha adquirido por su trabajo (aa. 428 y 429 del CC). El varón si ha cumplido dieci- séis años y la mujer si ha cumplido catorce, pueden contraer matrimonio, cum- pliendo los requisitos a que se refieren los aa. 148 y 149 del CC, tienen también capacidad para otorgar testamento (a. 1306 del CC). Quien se encuentra en estado de interdicción por causas de enajenación mental, puede asimismo otorgar testa- mento durante los intervalos lúcidos (a. 1307 del CC).

I.G.G.

ARTÍCULO 24. El mayor de edad tiene la facultad de disponer libremente de su persona y de sus bienes, salvo las limi- taciones que establece la ley.

La mayoría de edad y por lo tanto la capacidad de ejercicio, se adquiere a los die- ciocho años cumplidos (a. 646 deI CC). El mayor de.edad (varón o mujer) tiene por ello, salvo que se encuentre en estado de interdicción, plena capacidad. De los términos en que está redactado el precepto en cuestión se puede con- cluir que la personalidad está constituida por la concurrencia en la misma perso- na, de la capacidad de goce y de la capacidad de ejercicio.

* N.E. Debido a la reforma publicada en el DO del 23 de julio de 1992, el tex- to entre corchetes del comentario al a. 23 quedó afectado, por ello deberá modifi- carse conforme a la reforma de la fr. y la derogación de las frs. III y N del a.

450.

128]

'MULOS PRIMERO SEGUNDO

ARTS 24 y 25

La norma contenida en este precepto, se relaciona con lo dispuesto en el a. 647 de este mismo código en el que se reitera lo ordenado por el a. 24, salvo que éste último estatuye expresamente que el mayor de edad tiene la facultad para dispo- ner libremente de su persona y de sus bienes (prescripción que aquel numeral omite) en tanto que el artículo objeto de este comentario acota con mayor preci- sión agregando "salvo las limitaciones que la ley establece" y de esta manera se refiere a las restricciones a la personalidad por causa de interdicción.

I.G.G.

TITULO SEGUNDO De las personas morales

ARTÍCULO 25. Son personas morales:

I.—La Nación, las Estados y los Municipios; II.Las demás corporaciones de carácter público re- conocidas por la ley; 111.Las sociedades civiles o mercantiles; IV—Los sindicatos, las asociaciones profesionales y las demás a que se refiere la fracción XVI del articulo 123 de la Constitución Federal; V.—Las sociedades cooperativas y mutualistas; VI.—Las asociaciones distintas de las enumeradas que se propongan fines políticos, científicos, artísticos, de recreo o cualquiera otra fin lícito, siempre que no fueren desconocidas por la ley. VII.—Las personas morales extranjeras de naturaleza privada, en los términos del articulo 2736.

La importancia de este precepto radica en contener un elenco de las entidades denominadas "personas morales" o "personas jundicas", para distinguirlas de las personas fisicas. que son los seres humanos a quienes se les designa sencillamen- te "personas". El concepto de persona es una categoría esencial que se impone como necesa- ria a todo ordenamiento jurídico, da razón y justifica la existencia del derecho mismo. En tanto que el concepto de "persona moral", es una construcción nor- mativa que aun siendo necesaria, no se impone a la norma, ha sido sólo creación del derecho. De manera que en el derecho moderno, mientras el ordenamiento no puede desconocer la existencia del ser humano como persona, puede atribuir o negar la

[29]

TITULO SEGUNDO De las personas morales

'MULOS PRIMERO SEGUNDO

ARTS 24 y 25

La norma contenida en este precepto, se relaciona con lo dispuesto en el a. 647 de este mismo código en el que se reitera lo ordenado por el a. 24, salvo que éste último estatuye expresamente que el mayor de edad tiene la facultad para dispo- ner libremente de su persona y de sus bienes (prescripción que aquel numeral omite) en tanto que el artículo objeto de este comentario acota con mayor preci- sión agregando "salvo las limitaciones que la ley establece" y de esta manera se refiere a las restricciones a la personalidad por causa de interdicción.

I.G.G.

TITULO SEGUNDO De las personas morales

ARTÍCULO 25. Son personas morales:

I.—La Nación, las Estados y los Municipios; II.Las demás corporaciones de carácter público re- conocidas por la ley; 111.Las sociedades civiles o mercantiles; IV—Los sindicatos, las asociaciones profesionales y las demás a que se refiere la fracción XVI del articulo 123 de la Constitución Federal; V.—Las sociedades cooperativas y mutualistas; VI.—Las asociaciones distintas de las enumeradas que se propongan fines políticos, científicos, artísticos, de recreo o cualquiera otra fin lícito, siempre que no fueren desconocidas por la ley. VII.—Las personas morales extranjeras de naturaleza privada, en los términos del articulo 2736.

La importancia de este precepto radica en contener un elenco de las entidades denominadas "personas morales" o "personas jundicas", para distinguirlas de las personas fisicas. que son los seres humanos a quienes se les designa sencillamen- te "personas". El concepto de persona es una categoría esencial que se impone como necesa- ria a todo ordenamiento jurídico, da razón y justifica la existencia del derecho mismo. En tanto que el concepto de "persona moral", es una construcción nor- mativa que aun siendo necesaria, no se impone a la norma, ha sido sólo creación del derecho. De manera que en el derecho moderno, mientras el ordenamiento no puede desconocer la existencia del ser humano como persona, puede atribuir o negar la

[29]

ARTS. 25 y 26

LIBRO PRIMERO

personalidad y con ello desconocerlas como personas, a ciertas entidades o agru- paciones de individuos o conjuntos de bienes —que se organizan— para realizar ciertos fines reconocidos o no por el Estado. Por ello, el a. 25 anuncia qué entidades tienen en derecho civil mexicano, la categoría de personas morales y con ello se halla de acuerdo a lo dispuesto por el a. 27 de la C. La licitud de su finalidad, la permanencia de sus propósitos y no la mera tran- sitoriedad de ellos, así como la organización de sus elementos, son los presupues- tos de toda persona moral. Al elenco de las personas morales que contiene el precepto que se comenta habrá que agregar las fundaciones que se rigen por las leyes de instituciones de asistencia pública y de asistencia privada. Por reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación, este precepto fue adicionado con una fr. VII, para reconocer personalidad jurídica a las personas morales extranjeras, pero para que puedan ejercer sus actividades en el Distrito Federal (y en toda la República, de acuerdo con la Ley Reglamentaria de las frs. y TV del a. 27 constitucional) requieren autorización de la SRE, la cual podrá ser otorgada si la persona moral comprueba que se organizó de acuerdo con la legis- lación de su pais, que sus estatutos no contravienen las normas de orden público mexicanas y que tienen un representante en la República Mexicana (en este caso en el DF) facultado para responder en nombre de su representada de las obliga- ciones que ésta contraiga. La adición al precepto que se comenta se refiere a la capacidad de goce de la persona moral. Debe tenerse en cuenta en relación con este precepto el comentario al a. 2736 de este Código.

I.G.G.

ARTÍCULO 26. Las personas morales pueden ejercitar todos los derechos que sean necesario para realizar el objeto de su institución.

La capacidad de goce que el ordenamiento atribuye a las personas morales, apar- te de las limitaciones que la C. particularmente en el a. 27, establece respecto de corporaciones y de sociedades por acciones, encuentra una general restricción en la finalidad para cuya consecución han sido organizadas. El objeto social en las sociedades y asociaciones de toda especie y el objeto al que se hallan destinados los bienes que constituyen el patrimonio de una funda- ción, constituyen una restricción, natural, a la capacidad de goce de las personas morales. Lo cual significa que no tienen capacidad para adquirir derechos ni pueden válidamente asumir obligaciones más allá de los limites que les impone

PO]

TITULO SEGUNDO

ARTS. 26.27 y 28

el objeto a que están destinadas, de acuerdo con el pacto constitutivo o el acta fundamental correspondiente. Dicha restricción impuesta por este precepto legal a la capacidad de goce (que comprende lo mismo la de ejercicio) incide en un punto de capital importancia, a saber: que la voluntad de la persona moral no puede formarse válidamente, sino en la medida en que se dirija a la realización del objeto para el que se constituyó esa persona. y por lo tanto cualquier acto que exceda de ese límite, carecerá de efi- cacia por falta de uno de los elementos de existencia: la voluntad.

I.G.G.

personas morales obran y se obligan por

medio de los órganos que las representan sea por dispo- sición de la ley o conforme a las disposiciones relativas de sus escrituras constitutivas y de sus estatutos.

Las personas morales tienen capacidad de goce y de ejercicio en la medida en que es necesario para la realización de la finalidad que persiguen esas agrupacio- nes al organizarse. La organización de la persona moral es un elemento indispensable de su pro- pia personalidad. Desde el punto de vista interno, la organización se manifiesta por medio de una coordinada y jerarquizada distribución de competencias y de funciones. Frente a terceros, los órganos declaran la voluntad vinculatoria de la persona moral que representan conforme a la ley y los estatutos. La capacidad de goce de la persona moral, se ejerce en lo interno por medio de los poderes que competen a cada órgano y frente a terceros por medio de la repre- sentación. que suele denominarse orgánica. porque la voluntad que se imputa a la entidad colectiva se forma y se declara en el seno del órgano. Es una voluntad autónoma, independiente y superior a las voluntades de los individuos que for- man la persona moral. Los órganos son parte integrante de la colectividad, de manera que si la perso- na moral careciera de ellos, no podría actuar en la vida jurídica o lo que es lo mis- mo, no tendría existencia de ninguna especie. El órgano tiene ciertamente una función instrumental, pero a la vez sustancial porque es la voluntad del órgano legalmente formada la misma de la persona moral, en tal forma que si bien se habla de representación, tratándose de los órga- nos de la persona moral, es ella la que se encuentra personificada, mejor que representada en la voluntad del órgano.

ARTÍCULO 27. Las

I.G.G.

ARTÍCULO 28. Las

personas morales se regirán por las leyes

correspondientes, por su escritura constitutiva y por sus estatutos.

1.31]

ARTS. 25 y 25 bis

LIBRO PRIMERO

Las normas jurídicas aplicables a las personas morales de derecho privado, se encuentran mencionadas en el artículo que es objeto de esta nota. Las personas morales de derecho público (la nación, los estados de la Federación, los munici- pios) así como las demás corporaciones de carácter público reconocidas por la ley, se rigen por lo dispuesto en la C y por las normas legislativas y reglamenta- rias que según su naturaleza les son aplicables. En cuanto a las personas morales de derecho privado, las normas aplicables a ellas son de tres órdenes, la ley civil o mercantil conforme a la cual han sido cons- tituidas, el acto constitutivo o fundacional y sus estatutos. La ley aplicable (civil o mercantil) está determinada por la forma que sus fun- dadores adopten en el acto constitutivo, según que éste revista alguna de las espe- cies de sociedades mercantiles previstas en la LSM o en la de cooperativas. Se distingue entre el acto constitutivo y los estatutos de una sociedad o asocia- ción civil. El primero es el acto fundacional, orgánico o de existencia de la perso- na moral y debe contener los elementos o atributos esenciales de la persona moral que se constituye (nombre o razón social, patrimonio, domicilio, socios o asociados que la forman, finalidad que persigue. reglas para su liquidación y di- solución, etc.). Los estatutos de una persona moral contienen las normas o reglas de funciona- miento, órganos de decisión y de administración y requisitos para la formación de la voluntad de la persona moral. Tanto el acto fundacional, como los estatutos de la persona moral, deben cons- taren la escritura constitutiva y forman parte integrante de ella, por lo que el pre- cepto, al referirse a este documento alude al acto constitutivo como negocio jurí- dico y no al documento probatorio de la declaración o declaraciones de voluntad que lo integran.

LG.G.

ARTÍCULO 28 bis. Las personas morales extranjeras de naturale- za privada no regidas por otras leyes, solamente podrán establecerse en el territorio de la República cumpliendo con las disposiciones legales aplicables y previa autori- zación de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Por decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación, de 7 de enero de 1988, se adicionó el CC con este artículo en el que se dispone que las personas morales extranjeras de naturaleza privada no regidas por otras leyes, no podrán establecerse cn el territorio nacional, sino previa autorización que otorgará la SRE y después de que hayan sido inscritos sus estatutos en el Registro Público. Deberán probar que se organizaron conforme a la ley del país de su constitu-

132]

TITULOS SEGUNDO Y TERCERO

ARTS. 98 bis y 99

ción, cumpliendo con los requisitos de forma y de fondo del país en el que se constituyeron y que además cumplen con las disposiciones legales aplicables conforme a las leyes mexicanas. Se advierte que este precepto se aplica en los casos en que tales personas extranjeras pretendan establecerse en el territorio nacional en manera perma- nente (Vid. comentario a los aa. 33 y 2737).

I G.G.

TITULO TERCERO Del Domicilio

ARTÍCULO 29. El domicilio de las personas fisicas es el lu- gar donde residen habitualmente, y a falta de éste, el lugar del centro principal de sus negcicios; en ausencia de éstos, el lugar donde simplemente residan y, en su defecto, el lugar donde se encontraren. Se presume que una persona reside habitualmente en un lugar, cuando permanezca en él por más de seis meses.

El domicilio cumple en el derecho la misma función que desempeña en las rela- ciones sociales en general: constituye el centro de la vida de relación de la per- sona. Indica la idea de permanencia y de estabilidad del sujeto en un determi- nado lugar (residencia habitual). Desde el punto de vista de la técnica jurídica. es preciso determinar de una manera objetiva, en mérito de la certeza y de la seguridad jurídicas, ese centro espacial de ubicación de la persona, de tal manera que esta debe tener necesa- riamente un domicilio, ya que es uno de los atributos de la persona. El a. 29 reformado del CC establece que la residencia habitual es el dato para la determinación del lugar del domicilio de una persona física. El a. 2 de la Convención Interamericana sobre el Domicilio de las Personas Físicas en el Derecho Internacional Privado (Montevideo, 1979) y ratificado por México establece que el domicilio de dichas personas se establece alternativa- mente: a) por el lugar de su residencia habitual; h) por el lugar del centro princi- pal de sus negocios; e) por la simple residencia o d) por el lugar donde se encuentre. Tratándose de la persona física el domicilio está constituido por el elemento material de su residencia en determinado lugar o población. Recientemente (DO. de 7 de enero de 1988) se reformó dicho precepto suprimiendo el elemento subjetivo de este concepto, constituido anteriormente por el "propósito de radi- car en él" para introducir el elemento de lo habitual, también objetivo. Con ello la determinación a que se hace referencia en el párrafo anterior se puede hacer con toda precisión dado que no se tiene que evaluar una intención, sino algo

perceptible materialmente: la permanencia en un lugar determinado.

[331

TITULO TERCERO Del Domicilio

MULOS SEGUNDO Y TERCERO

ARTS. 28 bis y 99

ción, cumpliendo con los requisitos de forma y de fondo del país en el que se constituyeron y que además cumplen con las disposiciones legales aplicables conforme a las leyes mexicanas. Se advierte que este precepto se aplica en los casos en que tales personas extranjeras pretendan establecerse en el territorio nacional en manera perma- nente (Vid. comentario a los aa. 33 y 2737).

I.G.G.

TITULO TERCERO Del Domicilio

ARTÍCULO 29. El domicilio de las personas físicas es el lu- gar donde residen habitualmente, y a falta de éste, el lugar del centro principal de sus negócios; en ausencia de éstos, el lugar donde simplemente residan y, en su defecto, el lugar donde se encontraren. Se presume que una persona reside habitualmente en un lugar, cuando permanezca en él por más de seis meses.

El domicilio cumple en el derecho la misma función que desempeña en las rela- ciones sociales en general: constituye el centro de la vida de relación de la per- sona. Indica la idea de permanencia y de estabilidad del sujeto en un determi- nado lugar (residencia habitual). Desde el punto de vista de la técnica jurídica. es preciso determinar de una manera objetiva, en mérito de la certeza y de la seguridad jurídicas, ese centro espacial de ubicación de la persona, de tal manera que ésta debe tener necesa- riamente un domicilio, ya que es uno de los atributos de la persona. E! a. 29 reformado del CC establece que la residencia habitual es el dato para la determinación del lugar del domicilio de una persona física. El a. 2 de la Convención Interamericana sobre el Domicilio de las Personas Físicas en el Derecho Internacional Privado (Montevideo, 1979) y ratificado por México establece que el domicilio de dichas personas se establece alternativa- mente: a) por el lugar de su residencia habitual; h) por el lugar del centro princi- pal de sus negocios; e) por la simple residencia o d) por el lugar donde se encuentre. Tratándose de la persona física el domicilio está constituido por el elemento material de su residencia en determinado lugar o población. Recientemente (DO. de 7 de enero de 19811) se reformó dicho precepto suprimiendo el elemento subjetivo de este concepto, constituido anteriormente por el "propósito de radi- car en él" para introducir el elemento de lo habitual, también objetivo Con ello la determinación a que se hace referencia en el párrafo anterior se puede hacer con toda precisión dado que no se tiene que evaluar una intención, sino algo perceptible materialmente: la permanencia en un lugar determinado.

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RTS. N y 30

LIBRO PRIMERO

Cuando no se puede determinar el lugar donde una persona reside, o no es posible conocer lo habitual de la residencia en un determinado lugar, su domi- cilio será donde tiene el principal asiento de sus negocios y a falta de uno y otro, el lugar donde simplemente resida o se encuentre. Claramente se percibe la diferencia entre domicilio simple y residencia. puesto que ésta es el elemento material del domicilio. Se distingue también el domicilio en sentido jurídico de la voz "domicilio" en sentido ordinario, porque el primero se refiere al lugar o población donde una persona reside y el segundo alude a la casa habitación (del latín domus). En este último sentido la casa en que una persona ha establecido su habitación, hace presumir lo habitual de la residencia. El dispositivo en comentario incorpora parcialmente en su texto la norma que contenía el a. 30 antes de la reforma, en el sentido de que la residencia pro- longada por más de seis meses en un determinado lugar establece la presunción de que la residencia es habitual. No siempre el concepto de domicilio es usado por la ley en el sentido técni- co a que se refiere este precepto. Así el a. 163 impone a los cónyuges la obliga- ción de vivir juntos en el "domicilio conyugal" (la casa conyugal); el a. 97 dispo- ne que las personas que pretendan contraer matrimonio presentarán un escrito

"; el a. 114 del

al juez del registro civil "del domicilio de cualquiera de ellas

CPC ordena que "será notificado personalmente en el domicilio de los litigan- tes: 1.- El emplazamiento del demandado y siempre que se trate de la primera notificación", etcétera. No obstante, en la reforma se suprime la posibilidad que existía en el a. 30, antes de esta reforma, de que una persona física pueda conservar su domicilio anterior a pesar de residir habitualmente en un determinado lugar por más de seis meses, dando aviso a la autoridad administrativa de su domicilio anterior y a la vez a la de su nueva residencia, de que no desea adquirir el nuevo domicilio. Desaparece el llamado "domicilio voluntario" en la reforma de que fue objeto el artículo que comentamos.

I.G.G.

ARTICULO 30. El domicilio legal de una persona física es el lu- gar donde la ley le fija su residencia para el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus obligaciones, aunque de hecho no esté allí presente.

Este numeral incorpora íntegramente en su texto, la redacción del a. 31 antes de la reforma. Este precepto asigna imperativamente a ciertas personas (mencionadas en el articulo siguiente). como domicilio legal un lugar que se reputa como su do- micilio. independientemente de que residan efectivamente allí y de que sea su voluntad establecerse en él. Como se puede observar, el domicilio legal no presenta los elementos que caracterizan al domicilio real y al voluntario. Es simplemente un lugar con el cual, ciertas personas que la ley señala tienen una situación de legal dependen-

[34]

TITULO TERCERO

ARTS 30 y 31

cia o subordinación y que la ley toma como elemento único para atribuirlo como domicilio a quienes se encuentran en esa situación.

I.G.G.

ARTÍCULO 31. Se reputa domicilio legal:

1.—Del menor de edad no emancipado, el de la persona a cuya patria potestad está sujeto; 11.—Del menor de edad que no esté bajo la patria potes- tad y del mayor incapacitado, el de su tutor; 111.—En el caso de menores o incapaces abandonados, el que resulte conforme a las circunstancias previstas en el ar- tículo 29; IV—De los cónyuges, aquél en el cual éstos vivan de consuno, sin perjuicio del derecho de cada cónyuge de fijar su domicilio en la forma prevista en el artículo 29; V.—De los militares en servicio activo, el lugar en que es- tán destinados; VI.—De los servidores públicos, el lugar donde desempe- ñan sus funciones por más de seis meses; VIL—De los funcionarios diplomáticos, el último que ha- yan tenido en el territorio del Estado acreditante, salvo con respecto a las obligaciones contraídas localmente; VIII—De las personas que residan temporalmente en el país en el desempeño de una comisión o empleo de su go- bierno o de un organismo internacional, será el del Estado que los haya designado o el que hubieren tenido antes de dicha designación respectivamente, salvo con respecto a obligaciones contraídas localmente; y IX.—De los sentenciados a sufrir una pena privativa de la libertad por más de seis meses, la población en que la extingan, por lo que toca a las relaciones jurídicas poste- riores a la condena; en cuanto a las relaciones anteriores, los sentenciados conservarán el último domicilio que ha- yan tenido.

La ley asigna en este articulo, a ciertas personas, el lugar que la misma determi- na para el cumplimiento de sus obligaciones y el ejercicio de sus derechos, aun cuando no sea aquél donde efectivamente residan. Es el domicilio legal. Las personas que menciona este artículo en cada una de sus nueve fracciones tienen como domicilio, el lugar que el propio precepto les impone en

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ART. 31

LIBRO PRIMERO

manera imperativa, atendiendo para ello a la incapacidad de ejercicio de las personas a que se refieren las frs. I, II y III; al lugar en donde viven en común los cónyuges (fr. IV); en el que desempeñan permanentemente sus actividades o prestan sus servicios los militares y los servidores públicos (frs. V y VI) o los diplomáticos, que mencionan las frs. VII y VIII o la población de ubicación de la prisión o recIusorio donde un sentenciado cumple una pena privativa de la libertad por más de seis meses (fr. IX). En cuanto a los menores de edad no emancipados y a los mayores declara- dos en estado de interdicción, el precepto les asigna como domicilio, el de sus representantes legales (el de los ascendientes que ejerzan la patria potestad o el de su tutor) en razón de que son esos representantes legales quienes actúan en nombre y por cuenta de los menores no emancipados y de los interdictos. En el caso de que los ascendientes que ejercen la patria potestad no vivan juntos, el domicilio legal del menor será el del ascendiente que lo tenga bajo su custodia. Respecto a los militares en servicio activo y de tos servidores públicos (fun- cionarios y empleados) el precepto les asigna como domicilio legal, respecto de los primeros, el lugar donde han sido asignados y en cuanto a los segundos, el lugar donde desempeñan sus servicios por más de seis meses, habida cuen- ta que por razón de sus actividades, deberán permanecer residiendo en el lugar que el propio precepto les señala como domicilio legal. Por lo que atañe al domicilio de los funcionarios diplomáticos, será el últi- mo que hayan tenido en el territorio del Estado acreditante, pero será el lugar de su residencia en México, el que se considera como su domicilio por lo que toca a las obligaciones (relaciones jurídicas) contraídas en México (fr. VII). Los extranjeros que temporalmente residan en el país, desempeñando algu- na misión de su gobierno o de un organismo internacional, tendrán como domicilio el del Estado que los haya designado (qué lugar del Estado?) o el que hubieren tenido antes de su designación si representan a un organismo interna- cional. Por lo que se refiere a las relaciones jurídicas contraídas en México, ten- drán como lugar de domicilio el de su residencia en nuestra República (fr. VIII). Quien está purgando una sentencia privativa de libertad por más de seis meses tiene como domicilio el lugar donde debe permanecer forzosamente cumpliendo su condena. Este precepto fue modificado para introducir entre otras adiciones el caso de menores o incapaces abandonados para los cuales se estará a lo dispuesto por el a. 29, es decir: el lugar donde residen habitualmente, a falta de éste, el lugar donde simplemente residen o en su defecto, donde tienen sus negocios o el lugar donde se encuentren. También se adicionó el concepto de domicilio legal de los cónyuges que según este numeral es aquél en el cual vivan de consuno. Sin embargo es de tomar en consideración la definición de este domicilio contenida en el a. 163, sobre todo por los elementos que lo caracterizan. Finalmente se añadieron dos fracciones para ubicar el domicilio legal de los funcionarios diplomáticos y empleados de un gobierno extranjero u organis- mo internacional en los lugares a los que ya nos hemos referido.

y A.E.P.D. y N.

1361

11TULO TERCERO

ARTS. 32 y .13

ARTÍCULO 32. Cuando una persona tenga dos o más domicilios se le considerará domiciliada en el lugar en que simple- mente resida, y si viviere en varios, aquél en que se encontrare.

Este nuevo precepto se presta a confusiones dado que la definición introducida en el a, 29 hace imposible la coexistencia de dos o más domicilios al desapare- cer el elemento subjetivo del concepto. Puede ocurrir eso si. que una persona tenga dos o más lugares en donde habite por periodos, como establece el segun- do supuesto de este numeral, para cuyo caso se considerará domiciliada la per- sona en el lugar en que se encuentre al momento del cumplimiento de una obli- gación o de la notificación que procediere. Sí queda claro que el legislador contempla, a partir de las recientes refor- mas. dos tipos de residencia: en los términos del a. 29 la habitual; y la simple que, por exclusión, será aquella que no cumpla el requisito de habitual del cita- do numeral. Puede ocurrir que una persona resida en forma alternativa en dos o más lugares o poblaciones, sin que se encuentre en las hipótesis previstas para impo- nerle alguno de ellos como domicilio legal. Podría decirse que "habitualmente" reside en uno u otro lugar y por lo tan- to, tendría dos o más domicilios. Esta situación jurídica no es posible, en vista de que este precepto resuelve el problema disponiendo que esa persona tendrá como domicilio simplemente el lugar de su residencia en el momento en que se deba determinar aquél. El vocablo "residencia" connota la idea de radicación, el lugar donde una

persona se encuentra asentada, Este articulo zanja la cuestión aplicando la regla establecida en el Tratado

de Montevideo de 1979 a que nos hemos referido en el comentario al a. 29, conforme al cual, a falta de residencia habitual se reputa domicilio de la perso- na física su sola residencia en un lugar y a falta de ésta, el lugar donde se encuentre.

I.G.G.

ARTICULO 33. Las personas morales tienen su domicilio en el lugar donde se halle establecida su administración. Las que tengan su administración fuera del Distrito Federal pero que ejecuten actos jurídicos dentro de su circunscripción, se considerarán domiciliadas en este lu- gar, en cuanto a todo lo que a esos actos se refiera. Las sucursales que operen en lugares distintos de don- de radica la casa matriz, tendrán su domicilio en esos lugares para el cumplimiento de las obligaciones contraí- das por las mismas sucursales.

137)

AR1S. 33 y 34

LIBRO PRIMERO

El domicilio es atributo de las personas físicas y también lo es de las personas morales; pero es distinto el criterio que se sigue para determinar el domicilio de aquéllas y el de éstas. Así, tratándose de las personas físicas, es el lugar de residencia unido a la intención de permanecer en él lo que constituye el domicilio, al paso que si de las personas morales se trata, el domicilio está constituido por el lugar donde se encuentra establecida su administración. Dispone también el precepto en comentario, que cuando una persona moral tiene establecido su domicilio fuera del Distrito Federal y ejecuta actos jurídicos dentro de esa circunscripción territorial, se considera que tiene su domicilio en esa entidad federativa, solamente por lo que se refiere a esos actos. El mismo criterio sigue el artículo que se comenta, respecto de las sucursales o agencias que operen en lugares distintos donde radica su matriz (suponemos que se refiere a las sucursales que operan en el DF, porque se considera que por lo que se refiere a dichas sucursales o agencias, su domicilio es el DF, si en ese lugar deben cumplirse las obligaciones contraídas por la matriz, a través de la agencia o sucursal.

En los casos en que una persona moral que no tiene su domicilio en el DF, celebre estos actos jurídicos y cumpla obligaciones en esta entidad, la persona moral conserva su domicilio en el lugar donde tiene el principal asiento de sus negocios, pero queda sometida a las leyes ya la jurisdicción y competencia de los tribunales y autoridades del DF, en todo lo que se refiere a dichos actos.

C.L.V.

ARTICULO 34. Se tiene derecho de designar un domicilio conven- cional para el cumplimiento de determinadas obligaciones.

El código, en este artículo, faculta a las personas para que elijan el lugar de cumplimiento de determinadas obligaciones, facultad que se fundamenta en el principio de la autonomía de la voluntad, que permite a los particulares, en la celebración de actos jurídicos, establecer todo aquello que no contradiga a las leyes de orden público o a las buenas costumbres. La elección de un domicilio convencional es frecuente en la celebración de actos jurídicos bilaterales, porque permite a las partes convenir, un lugar preciso donde una de ellas, al menos, prefiere el cumplimiento o incluso la re- solución de dificultades susceptibles de surgir en el porvenir en cuanto a la ejecución del acto. Al respecto, en materia de cumplimiento de obligaciones contractuales el a. 20E2 del CC parte de la base de que el pago se hará preferentemente en el lugar convenido, y a falta de estipulación en este sentido, en el domicilio del deudor; y en eta. I 56 del CPC para el DF se dispone: 'Es juez competente: I.- El del lugar que el deudor haya designado para ser requerido judicialmente de pago; II.- El del lugar sehalado en el contrato para el cumpli-

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MULOS TERCERO Y CUARTO/CAPITULO 1

ARTS. 34 y 35

miento de la obligación. Tanto en este caso como ene! del anterior, surte el fuero

no sólo para la ejecución o cumplimiento del contrato, sino para la rescisión o

nulidad".

Generalmente la designación de un domicilio convencional, se hace al tiempo de celebrar el contrato, para que en lugar designado se cumpla lo convenido y en su caso sea requerido el deudor; pero nada impide que la designación de domicilio se haga posteriormente, agregando al contrato una estipulación adicional. El domicilio convencional no tiene efecto más que para e! cumplimiento de esas obligaciones, y sólo respecto al deudor y al acreedor y sus causahabientes universales o a título universal. Cuando la persona que constituye el domicilio fallece, el domicilio de elección pasa a sus herederos y se impone a ellos, como la convención de que forma parte. En esto difiere el domicilio convencional del

ordinario, que no es transmisib!e. Esta consecuencia se explica porque en

realidad se trata de la simple transmisión a los herederos de los efectos de una convención. ( R ipert, Geo rges y Jean Boulanger, Tratado de derecho civd„segúa el tratado de Plartiol. t. II, vol. 1, Buenos Aires, Argentina, La Ley, 1963, p. 88).

C.L.V.

TITULO CUARTO Del Registro Civil

CAPITULO I Disposiciones generales

ARTÍCULO 35. En el Distrito Federal, estará a cargo de los Jueces del Registro Civil autorizar los actos del estado civil y extender las actas relativas a nacimiento, reconocimiento de hijos, adopción, matrimonio, divorcio administrativo y muerte de los mexicanos y extranjeros residentes en los perímetros de las Delegaciones del Distrito Federal, así como inscribir las ejecutorias que declaren la ausencia, la presunción de muerte, el divorcio judicial, la tutela o que se ha perdido o limitado la capacidad legal para administrar bienes.

Este articulo es de especial importancia, en él se precisa y concreta que el Registro Civil, institución del poder público, tiene a su cargo hacer constar los hechos y actos del estado civil mediante la intervención de funcionarios investi- dos de fe pública llamados "jueces del registro civil". Se trata de una función propia de! Estado, una función pública que no siempre estuvo a su cargo, pues la Iglesia en nuestro país, desde la conquista espafiola, hasta mediados del siglo

139]

TITULO CUARTO Del Registro Civil

MULOS TERCERO Y CUARTO/CAPITULO I

ARTS. 34 y 35

miento de la obligación. Tanto en este caso como en el del anterior, surte el fuero no sólo para !a ejecución o cumplimiento del contrato, sino para la rescisión o nulidad". Generalmente la designación de un domicilio convencional, se hace al tiempo de celebrar el contrato, para que en lugar designado se cumpla lo convenido y en su caso sea requerido el deudor; pero nada impide que la designación de domicilio se haga posteriormente, agregando al contrato una estipulación adicional.

El domicilio convencional no tiene efecto más que para el cumplimiento de

esas obligaciones, y sólo respecto al deudor y al acreedor y sus causahabientes universales o a titulo universal. Cuando la persona que constituye eidomicilio fallece, el domicilio de elección pasa a sus herederos y se impone a ellos, como la convención de que forma parte. En esto difiere el domicilio convencional del

ordinario, que no es transmisible. Esta consecuencia se explica porque en

realidad se trata de la simple transmisión a los herederos de los efectos de una convención. ( R ipert, Geo rges y Jean Boulanger, Tratado de derecho chi!. según el tratado de Planiol, t. II, vol. I, Buenos Aires, Argentina, La Ley, 1963,p. 88).

C. L. V.

TITULO CUARTO Del Registro Civil

CAPITULO I Disposiciones generales

ARTÍCULO 35. En el Distrito Federal, estará a cargo de los Jueces del Registro Civil autorizar los actos del estado civil y extender las actas relativas a nacimiento, reconocimiento de hijos, adopción, matrimonio, divorcio administrativo y muerte de los mexicanos y extranjeros residentes en los perímetros de las Delegaciones del Distrito Federal, así corno inscribir las ejecutorias que declaren la ausencia, la presunción de muerte, el divorcio judicial, la tutela o que se ha perdido o limitado la capacidad legal para administrar bienes.

Este artículo es de especial importancia, en él se precisa y concreta que el Registro Civil, institución del poder público, tiene a su cargo hacer constar los hechos y actos del estado civil mediante la intervención de funcionarios investi- dos de fe pública llamados "jueces del registro civil". Se trata de una función propia del Estado, una función pública que no siempre estuvo a su cargo, pues la Iglesia en nuestro país, desde la conquista española, hasta mediados del siglo

139}

ART. 35

LIBRO PRIMERO

pasado, se ocupó de la misma, bajo el sistema de registros parroquiales. No es sino a partir del 28 de julio de 1859, con las Leyes de Reforma, cuando el registro del estado civil de las personas pasa a ser una facultad exclusiva del poder civil. El registro civil tiene un triple objeto:

a) Inscribir o incorporar los registros correspondientes a los actos del estadc civil y las circunstancias a ellos relativas, a veces extendiendo un acta simple- mente (p.c. para el caso del matrimonio, a. 103); otras extendiendo el acta res- pectiva y haciendo anotaciones (p.e. en el caso de adopción además del acta de adopción, se hace anotación de ella en el acta de nacimiento del adoptado, a. 87); y otras haciendo solamente las anotaciones respectivas (p.c. en el caso de la declaración de ausencia, con la copia certificada de la resolución judicial respectiva, se hará simplemente la anotación correspondiente en las actas de nacimiento y de matrimonio, en su caso. aa. 131 y 132); h) Intervenir en ciertos casos en la celebración de los actos del estado civil. Tal ocurre, p.c., cuando se trata del acto jurídico matrimonial, reconocimiento de hijos, divorcio administrativo; no así en el caso, de divorcio judicial; y c) Facilitar los medios de prueba del estado civil a través de la expedición de auténticos títulos de legitimación (ver comentario a los aa. 39 y 50). En el registro civil, se inscribe desde el principio (nacimiento), hasta el fin (muerte) de las personas físicas, así como las variaciones o modificaciones (adopción, matrimonio, divorcio, etc.) del estado civil que ocurran a lo largo de

su vida. De los hechos inscribibles, puede hacerse la siguiente apreciación:

1. Hay actos, como el divorcio judicial, el reconocimiento de hijos realizado

por alguno de los medios previstos en las frs, de la 11 a la V del a. 36 y la adopción, en que las inscripciones son simplemente declarativas, es decir no son

requisito esencial para que se produzca una modificación al estado civil de la o las personas a quienes afecta (ver, p.c. los aa. 80 y 81).

2. Hay ciertas inscripciones que tienen carácter constitutivo, porque ellas son

requisito esencial para que se produzca la modificación en el estado civil de las personas a quienes afecta. Tal es el caso, p.e., del matrimonio y del divorcio administrativo, en donde el juez del registro civil interviene en la formación de la

circunstancia en materia de inscripción. Todos los actos y circunstancias del estado civil se hacen constar en actas que se extienden en formas especiales llamadas "formas del registro civil" y que tienen validez probatoria plena, mientras no se declare judicialmente lo contrario (ver comentario a los aa. 36, 37 y 50). Los jueces del registro civil deberán firmar autógrafamente todas las actas del estado civil en que intervengan, así como las certificaciones y testimonios que expidan (a. 18, fr.XV11 del Manual de organización del registro civil). En el DF corresponde al jefe del DDF la creación, administración, coordina- ción y vigilancia de los juzgados del registro civil y de la oficina central del

le]

TITULO CUARTO/CAPITULO I

ARTS. 33 y 36

registro civil. (Ver Manual de organización del registro civil, publicado en la Gaceta Oficial del DDF, el día 15 de octubre de 1980).

C.L.V

ARTICULO 36. Los Jueces del Registro Civil, asentarán en formas especiales que se denominarán "Formas del Registro Civil", las actas a que se refiere el artículo anterior. Las inscripciones se harán mecanográficamente y por triplicado.

Las actas del registro civil, que son los instrumentos en que se hacen constar de manera auténtica los actos relativos al estado civil de las personas, deben asentarse, necesariamente en las "formas del registro civil", dando fe de ello el juez del registro civil. Ellas integran el continente, y los actos del estado civil el contenido. La denominación "registro civil" además de significar a la institución encar- gada de hacer constar, mediante la intervención de funcionarios investidos de fe pública, los actos del estado civil de las personas, aplicase al conjunto de actas que se extienden en las "formas del registro civil". Las actas deben asentarse por triplicado, en la inteligencia de que cada una de las "formas" es original; la misma acta, por tanto, será redactada y firmada tres veces, no en original y dos copias, sino en triple original. Se trata de tres re- gistros originales llevados según las mismas reglas y conteniendo las mismas indicaciones. Además, las inscripciones deben hacerse mecanográficamente. Este sistema de inscripciones mecanográficas hechas por triplicado, y en formas especiales, fue introducido a partir de la reforma publicada en el DO el 3 de enero de 1979 (entró en vigor 30 días después de su publicación) para sustituir

al que se había venido usando desde 1861 y que consistía en el asentamiento de

las actas del registro civil en libros en los que se hacían las inscripciones en escritura manuscrita, extendiéndose cada acta en dos ejemplares del registro. La práctica de más de un siglo demostró que por el asentamiento de las actas en libros y en forma manuscrita, se habían venido cometiendo errores de forma

y de fondo. Debido a la explosión demográfica en el DF, se hizo cada día más

difícil el manejo de cada vez mayor número de libros, cuyo uso continuo daba como resultado el deterioro y el peligro de destrucción. Por otra parte, los errores múltiples y permanentes en la redacción y la falta de calígrafos, la va- riación en los dos ejemplares con relación a la misma acta, la dificultad en la lectura de la escritura manuscrita ilegible y la imposibilidad de obtener fotoco- pias, para evitar la copia mecanográfica, llevó hacia la reforma de 3 de enero de 1974, a efecto de establecer un sistema más ágil al servicio del público (Lozano Ramírez, Raúl, "El registro civil y sus últimas reformas", Anales de Jurispru- dencia, México, t. 173, año 46, octubre-noviembre-diciembre, 1979, pp. 316 y

[411

ARTS 36 y 37

LIBROPRIMERO

317). Con la reforma las ventajas vistas son diversas: La triple redacción, en vez de una doble, aumenta la posibilidad de conservación de las actas. Con la inscripción mecanográfica y en "formas" se facilitan los procedimientos de fotocopiado (aunque en la práctica, el uso de determinado color de tinta ha impedido el servicio de fotocopia, y ha orillado a recurrir a la copia mecanográ- fica). Con la inscripción mecanográfica se salvan las dificultades de escritura ilegible y los errores y omisiones que traía consigo la redacción manuscrita de un libro a otro. Las "formas del registro civil" están hechas en papel que permite, que sin necesidad del uso de papel carbón, se transcriba en las tres formas, colocadas una sobre otra, lo mecanografiado en la de adelante. Como las "formas del registro civil" son suministradas a los juzgados del registro civil a manera de formularios para ser llenados con los datos concretos del caso, se evita, en buena medida, la omisión de algún elemento esencial o secundario que establezca la ley. Como las "formas del registro civil" llevan una clave que se refiere al número de juzgado del registro civil, donde se levanta el acta, la Delegación a que ese juzgado pertenece, facilita, que en su oportunidad, se recurra a la técnica de la microfilmación (op. cit. p. 318). Una vez que han sido llenadas las formas, y antes de que las firmen los interesados, se les entrega un comprobante del texto mecanografiado, a fin de que verifiquen si los datos asentados han sido los proporcionados por ellos, y con la ortografía correcta (a. 4, Asentamiento de actas del registro civil, Manual de organización del registro civil), con esto, las posibilidades de una corrección previa resultan aumentadas, evitando la necesidad futura de un procedimiento judicial de rectificación de acta o un trámite de aclaración. Las actas se inscriben en las formas especiales, por orden cronológico, nada puede ser inscrito en forma abreviada y los errores y raspaduras deben ser testados en cada uno de los tres tantos del acta, en el espacio previsto para firmas (ver Manual de organización del registro civil). A todo esto, hay que señalar que, con el nuevo sistema, las anotaciones que antes se hacían marginalmente, ahora se efectúan en hojas especiales que se adjuntan al acta correspondiente (ver Manual de organización del registro civil, a. lo. "Anotaciones de las actas del registro civil levantadas en las formas especiales a partir de 1979").

C. L. V.

ARTÍCULO 37. Las actas del Registro Civil sólo se pueden asentar en las formas de que habla el artículo anterior. La infracción de esta regla producirá la nulidad del acta y se castigará con la destitución del Juez del Registro Civil.

La inscripción de las actas en las "formas del registro civil" es un medio que la

142]

TITULO CUARTO,' CAPITU LO 1

AR rs. 37 y 38

ley emplea para dar certeza, autenticidad y garantía en orden a su seriedad ya su conservación. La ausencia de esta formalidad produce la inexistencia del acta. En este orden, es requisito esencial, no para la validez, sino para la existencia de las actas, su asiento precisamente en las formas especiales establecidas al efecto. Ahora que, sin duda, la inexistencia de las actas es particularmente grave cuando la inscripción no se limita a acreditar un acontecimiento (acto o hecho), sino que es requisito de forma substancial para la existencia de lo en ella contenido, pues la falta de acta, en este caso, lleva inherente la del acto - por llamarlo de alguna manera. Tal es el caso, p.c., del divorcio administrativo, del reconocimiento de hijos ante juez del registro civil, y del matrimonio, que son actos de voluntad que no existen como tales si ésta no ha sido expresada en la forma exigida por la ley. Pero hay que distinguir el caso de falta de acta, por no haberse extendido en la forma requerida por la ley (en las "formas del registro civil"), del supuesto de que el acta no se hubiere asentado por triplicado, sino en uno o dos ejemplares. En la primera hipótesis no existe acta, en la segunda sí existe, pero un solo ejemplar o dos. En relación con esto, la SCJN ha emitido el siguiente criterio:

Registro civil, libros duplicados de actas del. La falta de anotación en ellos no anula las actas (legislación del estado de Puebla).- El hecho de que no obre el matrimonio de una persona en el libro duplicado de actas que los jueces del registro civil remiten cada seis meses a la secretaría general del ejecutivo del estado de Puebla, no es verdad que acarree, por si solo, la nulidad del acto, pues aparte de que no existe precepto alguno que lo establezca así expresamente, esa situación implica tan sólo responsabili- dad para los encargados del registro civil y, por tanto, no puede imputar- se a las partes interesadas el que se siga actuando en el libro original. (SJF, séptima época, vols. 151 -156, cuarta parte, Tercera Sala, 14 de abril de 1981, p. 275).

La inscripción extendida por el encargado del registro civil, fuera de las "formas del registro civil" (véase el comentario al a. 36) además de originar la inexistencia del acto, da lugar a que el juez del registro civil sea destituido del cargo, esto, desde luego, sin detrimento de la responsabilidad civil que pueda exigírsele por los daños y perjuicios que con su actuar ilícito hubiere causado (ver comentario al a. 1910).

C.L.V.

ARTICULO 38. Si se perdiere o destruyere alguna de las Formas del Registro Civil, se sacará inmediatamente copia de alguno de los ejemplares que obren en los archivos que esta Ley señala en su artículo 41. La Procuraduría General de Justicia del Distrito Fede- ral, cuidará de que se cumpla esta disposición y a este

[43]

ART 38

LIBROPRIMERO

efecto, el Juez del Registro Civil o el encargado del Archivo Judicial, le darán aviso de la pérdida.

Con el fin de garantizar la conservación de los documentos en que constan las actas del registro civil, éstas se deben extender por triplicado en formas especia- les denominadas "formas del registro civil", de las que un ejemplar será remitido

al archivo del TSJ del DF, otro se enviará al archivo de la oficina central del

registro civil, y otro quedará en el archivo del juzgado, donde se levante el acta

(ver Manual de organización del registro civil, en el rubro "Requisición y

control de las formas del registro civil", y comentario a los aa. 36 y 4 I); todo esto

a efecto de que si una de las formas se pierde o es destruida sea repuesta

inmediatamente, mediante copia obtenida de alguna de las dos restantes, copia que tendrá, en tanto que documento público, que coincidir fielmente con su original, y la misma fuerza probatoria que éste. Sobre esto, el Manual de organización del registro civil, en su rubro "Conser- vación de los archivos del registro civil" dispone que el titular de la oficina central del registro civil y los encargados de los juzgados del registro civil son responsables de que los libros y formas que obren en sus archivos se conserven completos y en buen estado, y deben vigilar el servicio de mantenimiento, restauración y reencuadernación, según lo requieran. En los casos en que los libros o formas se destruyan, mutilen o pierdan, el juez del registro civil o el jefe

de la oficina central, según el caso, debe dar aviso por oficio a la Coordinación General Jurídica del DDF, con copia al titular de la Delegación Política correspondiente, ya la oficina central del registro civil (éste sólo para el caso de que la destrucción o pérdida no ocurra en el archivo de la oficina central, sino en cualquier juzgado del registro civil). La Coordinación General J urídica a través de la oficina central dará vista al agente del M P, y mediante el sistema de fotocopiado directo del duplicado o de la "forma de registro civil" según el caso, se hará la reposición del acta, cuya autenticidad será certificada por

el titular de la propia oficina central.

Este procedimiento establecido en el Manual de organización del registro civil no excluye la obligación directa que de acuerdo con el segundo párrafo del artículo en comentario se establece para los jueces del registro civil de dar directamente el aviso de pérdida a las autoridades penales. Si la pérdida o destrucción ocurre en el archivo judicial, el encargado de éste, es el responsable de dar el aviso correspondiente. El registro civil es una institución de orden público, y la conservación de sus registros es algo en lo que está vivamente interesada la sociedad, cuyo represen- tante, el MP, tiene el deber de cuidar (ver comentario a. 53). La responsabilidad de la conservación de estas "formas" archivadas, recae en

el titular de la oficina central, en los jueces del registro civil yen el encargado del

archivo del TSJ, cada uno por cuanto a las actas que en sus archivos obren. La inscripción por triplicado de las "formas", y el archivo de cada uno de los

144]

TITULO CUARTO/CAPITULO 1

ARTS. 38 y 39

ejemplares en un lugar diferente, garantiza la conservación de las actas contra los peligros de destrucción, robo, etc.

C.L.V.

ARTICULO 39. El estado civil sólo se comprueba con las constan- cias relativas del Registro Civil; ningún otro documento ni medio de prueba es admisible para comprobarlo, salvo

los casos expresamente exceptuados por la ley.

La ley reglamenta la comprobación del estado civil de las personas, establecien- do que: las constancias del registro civil son la forma idónea de comprobar ese estado, ellas representan el medio de prueba privilegiado y exclusivo que excluye a cualesquiera otros, salvo los casos expresamente exceptuados por la ley (ver comentario al a. 40). Su función es muy importante pues evita las dificultades prácticas de tener que acudir, en cada caso a los defectuosos y lentos medios ordinarios de prueba para acreditar las cualidades o situaciones del estado civil de la persona.

Toda persona, en las circunstancias más diversas, está obligada a probar su estado. Por ejemplo, en la esfera del derecho civil, un hijo que quiera reclamar alimentos a sus padres, debe probar su filiación, su estado de hijo; un cónyuge que pretenda los derechos sucesorios concedidos al cónyuge supérstite por la ley, debe probar su matrimonio.„ Resultaría sumamente difícil probar el propio estado si la ley no hubiera organizado un procedimiento oficial de comprobación del estado de las personas:

cada cual se encontraría en la obligación de apelar a testimonios tanto más imprecisos cuanto que el acontecimiento que debiera probarse fuese más lejano, en la de invocar su posesión de estado, en la de recurrir a los tribunales para obtener los fallos que acreditaran ese estado civil. (Mazeaud, Henri y Leon y Jean Mazeaud, Lecciones de derecho civil, parte primera, Buenos Aires, Argentina, Ediciones Jurídicas Europa-América, vol. II, 1959, p. 64).

El tráfico jurídico, exige un instrumento que pruebe en forma plena el estado civil de las personas y que sea de fácil acceso a todos los que se interesen en el conocimiento de las circunstancias que ella acredita. Las constancias del regis- tro civil cumplen con esta misión, como auténticos títulos probatorios del estado civil, del que, además, forman una prueba preconstituida. Las actas del registro civil, están al servicio de los interesados, toda persona puede pedir testimonio de las mismas, así como de los apuntes y documentos con ellas relacionados (ver comentario al a. 48). Empero los particulares no consultan por si mismos los registros, sólo se les expiden testimonios de ellos,

1451

ARTS n y 40

LIBRO PRIMERO

pero éstos son al igual que los registros, documentos públicos que hacen prueba plena, mientras no se declare judicialmente su falsedad (ver a. 327 del CPC). El registro civil, además de extender copias de las actas del registro civil, también expide constancias de inexistencia de registro de nacimiento y de matrimonio (ver Manual de organización del registro civil en el rubro "Expedi- ción de constancias de inexistencia de registro").

C. L. V.

ARTÍCULO 40. Cuando no hayan existido registros, se hayan perdido, estuvieren ilegibles o faltaren las formas en que se pueda suponer que se encontraba el acta, se podrá recibir prueba del acto por instrumento o testigos.

Las constancias del registro civil constituyen el modo oficial y normal de probar el estado civil de las personas y ningún otro documento ni medio de prueba es admisible para comprobarlo salvo los casos expresamente exceptuados por la ley (ver comentario al a. 39). El legislador ha establecido un medio de prueba preconstituido, idóneo y excluyente de otros medios, que, sin embargo, admite excepciones. Las situaciones previstas en este articulo son casos en que la prueba del estado civil puede hacerse sin presentar la copia de la inscripción del registro civil, en razón de resultar ello imposible, sea porque no hayan existido registros, sea porque se hayan destruido o estuvieren ilegibles o faltaren las formas en que se pueda suponer se encontraba el acta. En estos casos se podrá probar el estado civil por medio de instrumentos o testigos. Lo mismo ocurre en el supuesto del a. 341 en que la falta de actas, o si éstas fueren defectuosas, incompletas o falsas, permite que la filiación pueda probar- se con la posesión constante de estado de hijo nacido de matrimonio. Además, en defecto de esta posesión son admisibles para demostrar la filia- ción, todos los medios de prueba que la ley autoriza, pero la testimonial no es admisible, si no hubiere un principio de prueba por escrito o indicios o ptesun- ciones resultantes de hechos ciertos que se consideren bastante graves para determinar su admisión (véame los comentarios a los aa. 341 y 342). Pero tanto en los supuestos del a. 40, como en el 341, las pruebas diferentes a las constancias del registro civil, se admiten de manera subsidiaria, esto es, a falta de la posibilidad de comprobar el estado civil por medio oficial, organizado por el Estado. El legislador no ha querido que la persona que deba probar un acontecimiento relativo al estado civil, tenga que sufrir por circunstancias de las que no es responsable y que Ie impiden utilizar el procedimiento normal de prueba: la partida del registro civil. Pero quien quiera probar un hecho del estado civil, de otro modo que no sea o través de las constancias del registro civil, debe establecer dos hechos diferentes:

lo. Debe demostrar que justifica el empleo de pruebas excepcionales, es decir, la

146]

MULO CUARTO'CAP11 U1.0 1

ART. 40

imposibilidad de presentar constancia del registro civil; 2o. Debe probar el hecho de que debía ser comprobado por el acta omitida, destruida, perdida, ilegible, o faltante. (Ripert. Georges y Jean Boulanger, Tratado de derecho civil, según el tratado de Planiol, Buenos Aires, Argentina. La Ley, t. II. vol. I. 1963, pp. 149-150); además, en el caso de inexistencia de registros. se requiere probar que el hecho que se quiere establecer está comprendido dentro del período en que ellos tuvo lugar; en los casos de destrucción, pérdida o ilegibilidad de los registros se necesita acreditar las circunstancias que hagan suponer que el acto de que se trata se hallaba inscrito en el registro destruido, perdido, faltante o ilegible. El artículo en comentario sólo indica las siguientes hipótesis:

a) Falta de registros en la época en que se verificó el hecho del estado civil de

que se trate, o por haber sido sustraídos. b) Pérdida de los registros, esto es, que se hayan destruido en todos sus ejemplares. Si quedase alguno de los ejemplares. de ese habrá de tomarse la prueba del acto del estado civil sin admitirse otra probanza (ver comentario al a.

38); y

c) Registros ilegibles.

Ahora bien, aunque es claro que este artículo es una disposición excepcional, su interpretación extensiva se impone en virtud del principio general de la teoría

de la prueba, según el cual siempre que la ley exige una prueba escrita preconsti- tuida. debe dispensar a las partes si éstas se encontraban en imposibilidad de proporcionársela. Así, debe ampliarse a otras hipótesis, como p.e.: el caso de los registros mutilados; al caso en que una persona que no fue registrada en su naci- miento, debe probar este hecho; a los casos en que los terceros tienen interés en probar un fallecimiento que no fue declarado al registro civil, etc. (Ripert, Georges y Jean Boulanger, op. cit., p. 151). Por otro lado, el estado civil también podrá acreditarse, por aquellos medios que, siendo constitutivos de él no se han registrado. Por ejemplo, no puede negarse que la resolución judicial que autorice la adopción sirve para acreditar este hecho del estado civil, al que, además, la falta de registro no quita sus efectos legales. Creemos, que situaciones como ésta quedan comprendidas, lo mismo que el artículo en comentario, entre los casos de excepción a que alude el último párrafo del a. 39. Por último, sobre el supuesto contenido en este a. 40 la SCJN ha sostenido el siguiente criterio:

Estado civil, comprobación del, por partidas parroquiales (legislación del

estado de Michoacán).- A pesar de que la fracción VI del artículo 450 del Código de Procedimientos Civiles del estado de Michoacán dice que únicamente tienen el carácter de instrumentos públicos las certificaciones de constancias existentes en los archivos parroquiales y que se refieran a actos pasados antes del establecimiento del registro civil, siempre que fueren cotejadas por notario público o quien haga sus veces con arreglo a

[471

ARTS 40 41

LIBRO PRIMERO

derecho, sí es un principio de prueba escrita la constancia parroquial exhibida, referente a un acto posterior a la constitución del registro, si adminiculada con otras pruebas sirve para demostrar loqueen la misma esté asentado. (SJF, séptima época, vols. 157-162, cuarta parte, Tercera Sala, 12 de febrero de 1982, p. 73).

C. L. V.

ARTÍCULO 41. Las Formas del Registro Civil serán expedidas por el Jefe del Departamento del Distrito Federal o por quien él designe. Se renovarán cada año y los Jueces del Regis- tro Civil remitirán en el transcurso del primer mes del año, un ejemplar de las Formas del Registro Civil del año inmediato anterior al Archivo de la Oficina Central del Registro Civil, otro al Archivo del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal y el otro, con los documen- tos que le correspondan quedará en el archivo de la oficina en que se haya actuado.

Los jueces del registro civil son agentes del orden administrauvo que como tales están colocados bajo la autoridad del jefe del DDF, quien por conducto de la Coordinación General Jurídica y de las Delegaciones de gobierno se ocupa de la administración, coordinación y vigilancia de los juzgados del registro civil.

Corresponde al jefe del DDF, o a la persona que él designe, la expedición de las "formas del registro civil", mismas que se imprimirán por triplicado (ver comentario al a. 36).

A este respecto, el Manual de organización del registro civil (publicado en la Gacela Oficial del DDF, el día 15 de octubre de 1980) dispone que los jueces del registro civil deberán presentar a la oficina central del registro civil, durante la primera semana de cada mes, la requisición de formas necesarias para el mes siguiente; y que la oficina central mandará imprimir las "formas"requeridas por los juzgadores.

De estas "formas", el secretario de cada juzgado, al término de la jornada verificará que cada uno de los tantos (se lleven por triplicado) haya quedado en las carpetas respectivas a: juzgado, oficina central y archivo judicial (ver Manual de organización del registro civil, en e! rubro "requisición y control de las formas del registro civil"), esto a fin de cumplir con la obligación de enviar en el transcurso del primer mes del año un ejemplar de las "formas", del año inmediato anterior, al archivo del TSJ. Otro de los ejemplares, aunque no lo señala este artículo (posiblemente por descuido, en razón de haberse hecho su reforma sin considerar que ahora las actas se levantan en tres ejemplares, en vez

[48]

TITULO CUARTO/CAPITULO I

\RiS 41.42. 43},44

de en dos, como ocurría antes) se remite al archivo de la oficina central, y el restante queda en el archivo del propio juzgado en que se haya actuado. C.L.V.

ARTÍCULO 42. El Juez del Registro Civil que no cumpla con las prevenciones del artículo anterior, será destituido de su cargo.

La omisión de los requisitos mencionados en el a. 41 no afecta la validez o existencia de las actas ni menos aún la eficacia y existencia misma del estado civil que en tales documentos se contenga, pues no se trata de requisitos esenciales. La sanción que se impone es de tipo administrativo y recae sobre los jueces del registro por la realización de un acto en contravención a lo ordenado en el a. 41. I.B.S.

ARTÍCULO 43. No podrá asentarse en las actas, ni por vía de nota o advertencia, sino lo que deba ser declarado para el acto preciso a que ellas se refieren y lo que esté expresamente prevenido en la ley.

La violación de este precepto no origina la nulidad del acta, simplemente no tienen valor alguno (a. 50) las notas, advertencias o adiciones que no están prevenidas en la ley. El juez del registro responsable será acreedor a la sanción administrativa correspondiente.

I.B.S.

ARTÍCULO 44. Cuando los interesados no puedan concurrir per- sonalmente, podrán hacerse representar por un manda- tario especial para el acto, cuyo nombramiento conste por lo menos en instrumento privado otorgado ante dos testigos. En los casos de matrimonio o de reconocimiento de hijos, se necesita poder otorgado en escritura pública o mandato extendido en escrito privado firmado por el otorgante y dos testigos y ratificadas las firmas ante Notario Público, Juez de lo Familiar, Menor o de Paz.

Del contenido de este artículo se desprende que los actos del registro civil no son personales, es decir, que las partes pueden comparecer por medio de represen- tantes. En algunos casos es suficiente el instrumento privado y en otros es necesario el público o el privado ratificado ante juez o notario.

I.B.S.

[49]

A R FS 45, 44,, 47 y 411

LIBRO PRIMERO

ARTICULO 45. Los testigos que intervengan en las actas del Re- gistro Civil, serán mayores de edad, prefiriéndose los que designen los interesados, aun cuando sean sus pa- rientes.

En vista de la solemnidad de los actos del estado civil se exige que los testigos sean mayores de edad, circunstancia que no se requiere para los testigos en jui- cios civiles o penales, bastando sólo con que tengan la edad necesaria para poder informar conscientemente. (a. 356 CPC).

LBS.

ARTÍCULO 46. La falsificación de las actas y la inserción en ellas de circunstancias o declaraciones prohibidas por la ley, causarán la destitución del juez del Registro Civil, sin perjuicio de las penas que la ley señale para el delito de falsedad, y de la indemnización de daños y perjuicios.

Comprobada la falsificación de una acta del estado civil, será nulo el acto a que se refiera. Además se aplicará al juez del registro civil una sanción administrati- va, la destitución de su cargo, una sanción penal y él mismo será responsable de los daños y perjuicios causados.

ARTÍCULO 47. Los vicios o defectos que haya en las actas, sujetan al Juez del Registro Civil a las correcciones que señale el Reglamento respectivo; pero cuando no sean substancia- les no producirán la nulidad del acto, a menos que judi- cialmente se pruebe la falsedad de éste.

Este precepto tiene relación con el a. 138 bis que establece la procedencia de la aclaración de actas del estado civil, cuando en ellas existan errores mecanográfi- cos o de otra índole, que no afecten los datos esenciales de aquéllas. Las aclaraciones se tramitan ante la oficina central del registro civil. Cuando la corrección varíe alguna circunstancia esencial habrá lugar a la rectificación de actas, procedimiento que se sigue ante el Poder Judicial.

I.B.S.

ARTÍCULO 48. Toda persona puede pedir testimonio de las actas del Registro Civil, así como de los apuntes y documentos con ellas relacionados, y los Jueces Registradores estarán obligados a darlo.

DO]

TITULO CUARTO; CAPITIJI O 1

AS 15. 48,49 y 50

La publicidad constituye una nota característica esencial del registro civil, sin

ella sería una institución de nula utilidad y trascendencia. Es la publicidad la que

sin duda proporciona el valor primordial que siempre se ha reconocido como necesario para el cumplimiento satisfactorio de sus fines.

A través del registro civil se permite fácilmente, en cualquier momento, el

conocimiento del estado civil de la persona.

I. B.S.

ARTÍCULO 49. Los actos y actas del estado civil del propio Juez, de su cónyuge, ascendientes y descendientes de cualquie- ra de ellos, no podrán autorizarse por el mismo Juez, pero se asentarán en las formas correspondientes y se autorizarán por el Juez de la adscripción más próxima.

El contenido de este precepto contiene una prohibición a través de la limitación para intervenir ejerciendo esa función, la competencia de los jueces del registro civil y los actos del estado civil relacionados con su persona, cónyuge, ascen- dientes y descendientes.

I. B. S .

ARTÍCULO 50. Las actas del Registro Civil extendidas conforme a las disposiciones que preceden, hacen prueba plena en todo lo que el Juez del Registro Civil, en el desempeño de sus funciones, da testimonio de haber pasado en su pre- sencia, sin perjuicio de que el acta pueda ser redargüida de falsa. Las declaraciones de los comparecientes, hechas en cumplimiento de lo mandado por la Ley, hacen fe hasta que se pruebe lo contrario. Lo que sea extraño al acta no tiene valor alguno.

El a. 327 fr. IV del CPC declara que son documentos públicos las certificaciones

de las actas del registro civil expedidas por los oficiales del mismo, respecto a las constancias existentes en los libros correspondientes. Las certificaciones de las

actas tienen valor probatorio pleno en juicio y fuera de él como lo establece este

artículo.

El registro civil es una institución que tiene por objeto hacer constar de una

manera auténtica, a través de un sistema organizado, los actos relacionados con el estado civil de las personas mediante la intervención de funcionarios estatales dotados de fe pública, de los hechos que han pasado en su presencia; pero sólo en cuanto esos hechos se relacionan con lo que conforme a la ley debe hacer

constar en el acta.

[511

ARTS, 50, 51 y 52

LIBRO PRIMERO

La prueba es plena en el sentido restringido de que losjueces del registro civil sólo dan fe de lo declarado en su presencia por las personas que intervienen en el acta como partes, testigos y declarantes y no sobre la falsedad o veracidad de las declaraciones.

I B.S.

ARTÍCULO 51. Para establecer el estado civil adquirido por los mexicanos fuera de la República, serán bastantes las constancias que los interesados presenten de los actos relativos, sujetándose a lo previsto en el Código Federal de Procedimientos Civiles, y siempre que se registren en la Oficina que corresponda del Distrito Federal o de los Estados.

Desde 1928 desaparecieron de la ley mexicana los estatutos personales, México acepta que sus nacionales adquieran estado civil fuera de la República, de acuerdo con las leyes del país en que se encuentren en cuanto al fondo y a la forma, siempre que no se lesione el orden público ni los principios de soberanía nacional. El estado civil adquirido en el extranjero se comprobará con las constancias respectivas que se presenten debidamente legalizadas por las autoridades diplo- máticas o consulares, en los términos que establezcan las leyes relativas, como lo previene el CFPC. Los documentos que prueben los actos del estado civil expedidos por funcionario extranjero, deben cobrar autenticidad a través de la autoridad mexicana para tener valor probatorio pleno.

I. B.S.

ARTÍCULO 52_ Los Jueces del Registro Civil se suplirán en sus faltas temporales por el más próximo de la Delegación en que actúen. A falta de éste, por el más próximo de la Delegación colindante.

El juez del registro civil debe ser competente tanto por razón de materia como por razón de lugar. Este precepto establece la competencia por razón de lugar para el caso de ausencias temporales, indicando un sistema supletorio, según el cual, entran a actuar los jueces geográficamente más próximos. ¿Qué sucede si la disposición legal no se cumple, y entra a suplir al que falta, un juez de otra Delegación que no sea la especificada? Entendemos que el acta levantada por ese juez no seria nula, y sólo habría lugar a las sanciones administrativas que cupiesen por la infracción.

C.G.M.

[521

TITULO CUARTO; CAPITU LOS Y II

ARTS. 53 y54

ARTÍCULO 53. El Ministerio Público, cuidará que las actuaciones e inscripciones que se hagan en las Formas del Registro Civil, sean conforme a la Ley, pudiendo inspeccionarlas

en cualquier época, así como consignar a los Jueces regis- tradores que hubieren cometido delito en el ejercicio de su cargo, o dar aviso a las autoridades administrativas

de las faltas en que hubieren incurrido los empleados.

La función del registro civil es hacer constar de manera auténtica todos los actos relacionados con el estado civil de las personas. En consecuencia, las actas deben estar redactadas de acuerdo con las disposiciones legales, pues constitu- yen plena prueba de todo lo que el juez del registro civil testimonia haber pasado en presencia suya. El juez es un funcionario estatal dotado de fe pública, a fi n de que las actas y testimonios que otorgue tengan plena validez probatoria. Las formas en que se extienden las actas tienen la doble finalidad de uniformar la redacción de las mismas y de contener los apartados necesarios para cada una de las constancias que la ley exige, de acuerdo al acto que se trate de registrar. Toda constancia que sea ajena al contenido específico del acta, carece de validez. El registro civil, en cuanto institución, funciona según un sistema de publici- dad y de control por parte del Estado. El M P, a su vez, representa al Estado ya la sociedad y su primordial función es la persecución de los delitos y el ejercicio de la acción penal. En el presente artículo, se le otorgan las facultades de inspección necesarias para el cumplimiento de una función preventiva de con- trol de legalidad, además de la potestad de consignar a los jueces y/ o promover el celo de la autoridad administrativa, en caso de delitos o faltas ya cometidos.

C. G. M

CAPITULO II De las actas de nacimiento

ARTÍCULO 54. Las declaraciones de nacimiento se harán presen- tando al niño ante el Juez del Registro Civil en su oficina o en el lugar donde aquel hubiere nacido.

Este precepto exige la presentación del niño ante el juez del registro civil. La presentación física de aquél a quien el acta se refiere, no se exige para los otros actos del registro civil: los cónyuges, p.e., pueden comparecer por medio de mandatario (a. 44). En derecho comparado existen otros sistemas jurídicos que no exigen la presencia corporal del infante, bastando con la declaración, ante testigos, de la persona que se presenta a inscribir el nacimiento. Para las actas de nacimiento en especial, tiene relevancia la norma general

[53]

ARTS. 54, 55, 91 y 57

LIBRO PRIMERO

contenida en el a. 50; el acta de nacimiento justifica que se presentó un indivi-

duo, vivo o muerto, ante el juez competente del registro civil, quien debe dar fe de ese hecho y del sexo del presentado. No es función del juez del registro civil presenciar el alumbramiento y dar fe del mismo.

C.G. M.

ARTICULO 55. Tienen obligación de declarar el nacimiento, el padre y la madre o cualquiera de ellos, a falta de éstos, los abuelos paternos y, en su defecto, los maternos, dentro de los seis meses siguientes a la fecha en que ocurrió aquél. Los médicos cirujanos o matronas que hubieren asisti- do al parto, tienen obligación de dar aviso del nacimiento al Juez del Registro Civil, dentro de las veinticuatro horas siguientes. La misma obligación tiene el jefe de familia en cuya casa haya tenido lugar el alumbramiento, si éste ocurrió fuera de la casa paterna. Si el nacimiento tuviere lugar en un sanatorio particu- lar o del Estado, la obligación a que se refiere el párrafo anterior, estará a cargo del Director o de la persona encargada de la administración. Recibido el aviso, el Juez del Registro Civil tomará las medidas legales que sean necesarias a fin de que se levante el acta de nacimiento conforme a las disposiciones relativas.

El acta de nacimiento acompaña a la persona durante toda su vida civil. Para el hijo nacido de matrimonio, conjuntamente con el acta de matrimonio de sus padres, la de nacimiento constituye prueba de su filiación (a. 340). Dada la importancia del acto de la inscripción del nacimiento, la ley impone a determi- nadas personas la obligación de declarar el hecho, a fin de que se levante el acta respectiva, con arreglo a lo que dispone el a. 58.

C.G.M.

ARTICULO 56. Derogado.

ARTICULO 57. En las poblaciones en que no haya Juez del Regis- tro Civil, el niño será presentado a la persona que ejerza la autoridad delegacional o municipal en su caso, y éste dará la constancia respectiva que los interesados llevarán al Juez del Registro que corresponda, para que asiente el acta.

154]

TIMO CUARTOXAP1-1 M.O 11

AsF21-1.1_57y5}1

Se establece la competencia supletoria, en razón de la materia, de la autoridad municipal, para las poblaciones en que no haya juez del registro civil. Es de destacar que, de acuerdo al a. 4o. del Manual de organización del registro civil (publicado en la Gaceta Oficial del DDF el 15 de octubre de 1980), la adminis- tración de los juzgados del registro civil corresponde a las Delegaciones. Et a. 20 del mismo manual establece que dichos juzgados contarán con todo el personal administrativo necesario para el buen desempeño de sus funciones. La competencia supletoria fijada se mantiene, en consecuencia, dentro dela misma esfera de la administración pública. La constancia expedida por la autoridad delegacional o municipal no hace las veces de acta de nacimiento; sólo tiene valor de certificado, que luego deberá ser necesariamente presentado al juez del registro civil, único competente para levantar el acta respectiva, en las formas del registro civil (a. 36).

C.G.MM.

ARTÍCULO 58. El acta de nacimiento se levantará con asistencia de dos testigos. Contendrá el día, la hora y el lugar de nacimiento, el sexo del presentado, el nombre y apellidos

que le correspondan; asimismo, la razón de si se ha presentado vivo o muerto; la impresión digital del presen-

tado. Si éste se presenta como hijo de padres desconoci- dos, el Juez del Registro Civil le pondrá el nombre y apellidos, haciéndose constar esta circunstancia en el acta. Si el nacimiento ocurriere en un establecimiento de reclusión, el Juez del Registro Civil deberá asentar como domicilio del nacido, el Distrito Federal. En los casos de los artículos 60 y 77 de este Código el Juez pondrá el apellido paterno de los progenitores o los

dos apellidos del que lo reconozca.

Como en toda acta del registro civil, la de nacimiento se levantará ante el juez del registro civil, que redacta y autoriza el documento, con asistencia de los declarantes y de los testigos. Estos son los que hacen constar la veracidad del hecho mencionado en el instrumento; los declarantes son las personas que informan sobre los hechos que se deben hacer constar en el acta. Los testigos deben ser mayores de edad (a. 45), o sea que deben tener 18 años cumplidos (a. 646), requisito éste que no se pide para los testigos que deponen en juicios civiles

o penales, quienes basta que tengan la edad necesaria para poder informar

conscientemente (a. 356 CPC).

[55}

ARTS. 55, 59 y 60

LIBRO PRIMERO

La mención del día y hora del nacimiento, así com o el hecho de que el infante se haya presentado vivo o muerto, tienen relevante importancia para determi- nar la viabilidad del nascinerus: para que éste se considere viable debe haber vivido 24 horas o haber sido presentado vivo al registro civil (a. 337 CC). La veracidad de los hechos declarados ante el juez del registro civil ha merecido expresa protección del orden penal; con relación a las actas de nacimiento, el a. 277 del CP, en su fr. I, tipifica como delito el "Atribuir un niño recién nacido a mujer que no sea realmente su madre"; la fr. II incrimina el hecho de 'Hacer registrar en las oficinas del registro civil un nacimiento no verificado"; y la fr. IV imputa delito "A los que sustituyan a un niño por otro, o cometan ocultación de infante La constancia del lugar del nacimiento adquiere trascendencia en cuanto a la nacionalidad del recién nacido, con todos los derechos, obligaciones y atri- butos de derecho público que ello implica. La C. en su a. 30, dispone que "La nacionalidad mexicana se adquiere por nacimiento o por naturalización"; y en la fr. I del mismo artículo se expresa que son mexicanos por nacimiento "Los que nazcan en el territorio de la República, sea cual fuere la nacionalidad de sus padres".

C.G. M

ARTÍCULO 59. Cuando el nacido fuere presentado como hijo de matrimonio, se asentarán los nombres, domicilio y nacio- nalidad de los padres, los nombres y domicilios de los abuelos y los de las personas que hubieren hecho la presentación.

El acta de nacimiento del hijo de matrimonio, conjuntamente con el acta de matrimonio de sus padres, hará plena prueba de su estado civil (a. 340 CC). La ley presume que el esposo es el padre del hijo nacido de su cónyuge, presunción que solamente puede ser destruida por sentencia ejecutoriada dictada en juicio de contestación de la paternidad (a. 345 CC).

C.G.M.

ARTICULO 60. Para que se haga constar en el acta de nacimiento el nombre del padre de un hijo fuera del matrimonio, es necesario que aquel lo pida por si o por apoderado espe- cial constituido en la forma establecida en el artículo 44, haciéndose constar la petición. La madre no tiene derecho de dejar de reconocer a su hijo. Tiene obligación de que su nombre figure en el acta

1561

TITULO CUARTO: CAPITULO II

ARTS. 60 y 61

de nacimiento de su hijo. Si al hacer la presentación no se da el nombre de la madre, se pondrá en el acta que el presentado es hijo de madre desconocida, pero la investi- gación de la maternidad podrá hacerse ante los Tribuna- les de acuerdo con las disposiciones relativas de este Código. Además de los nombres de los padres se hará constar en el acta de nacimiento su nacionalidad y domicilio. En las actas de nacimiento no se expresará que se trata en su caso de hijo natural.

Para el hijo nacido fuera de matrimonio, además de la inscripción de su nacimiento, se requiere el reconocimiento expreso de sus progenitores. De acuerdo al a. 369 CC, dicho reconocimiento podrá hacerse en la propia acta de nacimiento, ante el juez del registro civil. La ley impone a la madre la obligación de reconocer a su hijo, ya que el estado civil es un derecho de la persona; la filiación, ya sea dentro o fuera de matrimo- nio, implica derechos como el alimenticio y el sucesorio, que le serían negados al menor de edad, en caso de no ser debidamente acreditada la misma.

los padres

que no presenten a un hijo suyo al registro con el propósito de hacerle perder su estado civil, o que declaren falsamente su fallecimiento, o lo presenten ocultan- do sus nombres o suponiendo que los padres son otras personas." La comisión de los actos así tipificados entrañaría, en el orden civil, un claro desentendimiento de las obligaciones que impone la patria potestad.

El a. 277 del CP, en su fr. IV, expresa que incurrirán en delito "

C. G.M .

ARTíCULO 61. Si el padre o la madre no pudieren concurrir, ni tuvieren apoderado, pero solicitaren ambos o alguno de ellos, la presencia del Juez del Registro, éste pasará al lugar en que se halle el interesado, y allí recibirá de él la petición de que se mencione su nombre; todo lo cual se asentará en el acta.

Por regla general, la parte interesada concurre a las oficinas del registro civil a declarar los hechos que constituirán el objeto del acta que deba levantarse. Sin embargo, la parte podrá ser representada por mandatario provisto de poder especial y auténtico, y la declaración por él realizada valdrá como si hubiese estado hecha por el mismo mandante. Para facilitar la regularización de los actos del estado civil, en este caso las declaraciones de nacimiento, para el supuesto en que los padres no pudiesen

[57]

ARTS 6I62y63

LIBRO PRIMERO

concurrir ni les fuese posible designar mandatario, la ley arbitra los medios por los cuates el juez se constituirá en el lugar en que se encuentre el interesado.

C.G.M.

ARTÍCULO 62. Si el hijo fuere adulterino, podrá asentarse el nombre del padre, casado o soltero, si lo pidiere; pero no podrá asentarse el nombre de la madre cuando sea casada y viva con su marido, a no ser que éste haya desconocido al hijo y exista sentencia ejecutoria que declare que no es hijo suyo.

La ley presume que, en caso de mujer casada, el hijo que ella procree lo es de su esposo. Sólo éste, mediante juicio de desconocimiento de paternidad, podrá destruir esa presunción. o sus herederos en ciertos supuestos (aa. 332 y 333). Asimismo, para proteger a la institución del matrimonio, el a. 374 dispone que el hijo de una mujer casada no podrá ser reconocido como hijo por otro hombre distinto del marido, sino cuando éste lo haya desconocido, y por sentencia ejecutoriada se haya declarado que no es hijo suyo.

C.G.M.

ARTÍCULO 63. Cuando el hijo nazca de una mujer casada que viva con su marido, en ningún caso, ni a petición de persona alguna, podrá el Juez del Registro asentar como padre a otro que no sea el mismo marido, salvo que éste haya desconocido al hijo y exista sentencia ejecutoria que así lo declare.

Este precepto, al igual que el anterior, protege la institución del matrimonio reforzando la presunción establecida en el a. 324 de este ordenamiento, y al menor tutelando sus derechos por su situación de hijo habido en matrimonio. De esta manera bastará que la madre al acudir a registrar al hijo presente el acta de matrimonio correspondiente para que el juez del registro civil asiente en el acta de nacimiento los nombres de ambos cónyuges, aunque el marido no se presente. Es menester hacer hincapié en que la regla que este artículo establece tiene como excepción que el marido desconozca al hijo nacido de su esposa y que se haya pronunciado sentencia ejecutoria que declare que no es hijo suyo. Esto quiere decir que no basta con el desconocimiento público de la paternidad, se requiere también que por el ejercicio de la acción correspondiente en los términos establecidos por el propio código aa. 325 a 338, se haya pronunciado

(.58]

TITULO CUARTO CAPITULO fi

ARTS. 63.64 y6.5

sentencia que declare que no es hijo suyo y que la resolución judicial en tal sentido haya causado ejecutoria. La jactancia o cualquier pretensión que un tercero haga o ejerza sobre la paternidad del menor no tendrá ningún efecto sin las acciones del marido.

A.E.P,D. y N.

ARTÍCULO 64. Podrá reconocerse al hijo incestuoso. Los proge- nitores que lo reconozcan tienen derecho de que conste su nombre en el acta; pero en ella no se expresará que el hijo es incestuoso.

Este precepto permite, sin consideraciones moralistas, el ejercicio responsable de la paternidad y la maternidad independientemente de las circunstancias que rodeen al nacimiento del menor q ue se registra. Al mismo tiempo evita que este menor tenga problemas en su vida por el solo hecho de aparecer en su acta de nacimiento las circunstancias irregulares del mismo. En los códigos decimonónicos se omitía el nombre de uno de los padres para impedir cualquier indagación que llevara al descubrimiento de la calidad del hijo incestuoso. Sin embargo con ello se obstaculizaban, también, los derechos que el hijo debe gozar, por ambas líneas y se descargaba al padre, cuyo nombre se omitía, de la responsabilidad correspondiente. Incestuoso es el hijo habido entre ascendientes y descendientes consanguí- neos en línea recta (padres e hijos, abuelos y nietos) o entre hermanos según lo establecido en el a. 272 del CP. Sin embargo, el legislador cuida que los hijos no se vean afectados por ilícitos en los que no tuvieron parte ni responsabilidad o culpa alguna, por ello establece que esta circunstancia no debe constar en e! acta de nacimiento.

A.E.P.D. y N.

ARTÍCULO 65. Toda persona que encontrare un recién nacido o en cuya casa o propiedad fuere expuesto alguno, deberá presentarlo al Juez del Registro Civil con los vestidos, valores o cualesquiera otros objetos encontrados con él, y declarará el día y lugar donde lo hubiere hallado, así como las demás circunstancias que en su caso hayan concurrido, dándose además intervención al Ministerio Público.

Con este precepto se inicia una serie de disposiciones a través de las cuales el legislador pretende que se deje constancia de todas las circunstancias que

[59]

ARTS. 65 y66

LIBRO PRIMERO

puedan llevar, en lo futuro, al esclarecimiento del estado civil del expósito. Se da intervención al MP no sólo para la indagación de la identidad del expósito sino para perseguir los delitos que se hubieren cometido en el abando- no de infante. Tales delitos pueden ser el tipificado en el a. 335 CP: "al que abandone a un niño incapaz de cuidarse a sí mismo o a una persona enferma, teniendo obligación de cuidarlos, se le aplicarán de un mes a cuatro años de prisión, si no resultare daño alguno, privándolo, además de la patria potestad o de la tutela, si el delincuente fuere ascendiente o tutor del ofendido". O en los aa. 3'42y 343 CP en donde se tipifica el delito de exposición de menores ya sea por aquellas personas que ejerzan la patria potestad o por los encargados de custodiar al menor expuesto. Empero, pueden darse otros ilícitos en torno a la exposición o hallazgo de un recién nacido, como p.c. el robo de un infante tipificado en el a. 3661r. VI CP. Dado que las actas del registro civil son documentos auténticos y pruebas ciertas del estado civil de las personas, en casos como el descrito por este artículo deberán asentarse en el acta todos los detalles, por pequeños que sean, que lleven a descubrir datos sobre quiénes son los padres u otros familiares del recién nacido y puedan servir como elementos de prueba.

A.E.P.D. y N.

ARTÍCULO 66. La misma obligación tienen los jefes, directores o administradores de los establecimientos de reclusión, y de cualquier casa de comunidad, especialmente los de los hospitales, casas de maternidad e inclusas, respecto de los niños nacidos o expuestos en ellas y en caso de incum- plimiento, la autoridad Delegacional impondrá al infrac- tor una multa de diez a cincuenta días del importe del salario mínimo legal fijado en el lugar correspondiente.

El cumplimiento de la obligación establecida en este precepto además de cumplir con los objetivos explicados en el articulo anterior facilita la indagación de la maternidad que resulta por el mero hecho del nacimiento, surtiendo así, sus efectos la filiación del recién nacido respecto de la madre, según lo precep- tuado en el a. 360 de este ordenamiento. La multa que se impone a los obligados por este artículo es una sanción administrativa que es fijada por la autoridad de la delegación en cuya jurisdic- ción se encuentre la institución en donde hubiere nacido el infante adonde fuere expuesto. Para que fuere totalmente eficaz este artículo debería contemplar un plazo para el registro del recién nacido que podría ser de quince días contados a partir del nacimiento del niño o de su exposición.

A.E.P.D. y N.

160]

MULO CUARTO,CAPITULO II

Ak tS61.6S., 55

ARTÍCULO 67. En las actas que se levanten en estos casos, se expresarán con especificación todas las circunstancias que designa el artículo 65, la edad aparente del niño, su sexo, el nombre y apellido que se le pongan, y el nombre de la persona o casa de expósito que se encarguen de él.

Siendo el nombre el atributo de la personalidad que identifica a la persona es explicable que el legislador dispusiera la asignación de un nombre a todo recién nacido, inclusive aquellos cuyos padres se desconocen. Asi, lo asentado en el acta correspondiente permite tener una prueba cierta de las circunstancias del nacimiento del infante, su identificación y los datos que permitan localizarlo en caso necesario. Recordemos que el registro civil es una institución pública cuya función es la publicidad, es decir, cualquier inte- resado puede acudir a las oficinas de dicha institución o indagar sobre el esta-

do civil de una determinada persona, de ahí la importancia que tiene el dejar constancia de todos los datos que nos lleven a su localización, identificación, y de ser posible a su filiación.

A.E.P.D. y N.

ARTICULO 68. Si con el expósito se hubieren encontrado papeles, alhajas u otros objetos que puedan conducir al reconoci- miento de aquél, el Juez del Registro Civil, ordenará su depósito ante el Ministerio Público respectivo; mencio- nándolos en el acta y dando formal recibo de ellos al que recoja al niño.

Este artículo se explica por si solo; puntualizaremos, exclusivamente, la necesi- dad de conservar los objetos que se hubieren encontrado con el expósito ya que la mera descripción puede dar lugar a confusiones que conduzcan a una identificación errónea del infante.

A.E.P,D. y N.

ARTÍCULO 69. Se prohibe absolutamente al Juez del Registro Civil y a los testigos que conforme al artículo 58 deben asistir al acto, hacer inquisición sobre la paternidad. En el acta sólo se expresará lo que deben declarar las personas que presenten al niño, aunque aparezcan sospechosas de falsedad; sin perjuicio de que ésta sea castigada conforme a las prescripciones del Código Penal.

[6ll

AR TS.69, 70) 71

LIBRO PRIMERO

El juez dei registro civil es una autoridad que depende del Poder Ejecutivo, no

del Judicial, de ahí que no sea de su competencia la indagación de la paternidad; sus funciones, respecto de las actas de nacimiento, se limitan a asentar lo declarado por las personas que presentan al niño y a dejar constancia de las circunstancias descritas en los aa. 65 a 68. Los testigos que asisten en el acto

tampoco son funcionarios del poder judicial, su asistencia se limita a corroborar que lo descrito en las actas respectivas fue precisamente lo declarado por la persona que presentó al recién nacido. Sin embargo, cuando se sospeche sobre la veracidad o falsedad de una declaración se dará vista al MP para que en ejercicio de sus funciones realice las investigaciones correspondientes y ejercite la acción penal, en su caso, conforme

a

lo establecido por el a. 247 del CP. La indagación sobre la paternidad sólo puede hacerse por el juez competente

y

conforme a lo dispuesto por el título séptimo del libro primero de este CC.

A. E. P. D. y N.

ARTÍCULO 70. Si el nacimiento ocurriere a bordo de un buque nacional, los interesados harán extender una constancia del acto, en que aparezcan las circunstancias a que se refieren los artículos del 58 al 65, en su caso, y solicitarán que la autorice el capitán o patrono de la embarcación y dos testigos de los que se encuentren a bordo, expresán- dose, si no los hay, esta circunstancia.

En forma puntillosa el legislador intentó prever todas las circunstancias en que pudiera darse un nacimiento, a esta inquietud responden la serie de artículos que empiezan precisamente con éste. El interés responde a una necesidad de determinar precisamente la nacionali-

dad del recién nacido; este caso corresponde al descrito en la fr. III del apartado

A del a. 30 de la C, por tanto aquel que naciere en estas circunstancias será

mexicano por nacimiento dando lugar al conjunto de relaciones que crearán su

situación frente a nuestro Estado.

Toda vez que esta constancia servirá de base en la redacción del acta corres- pondiente deberá estar autorizada y firmada por !a autoridad de la embarcación

y por dos testigos que den fe de la veracidad de lo asentado en el documento. Por analogía lo dispuesto en este precepto debe aplicarse a los casos de nacimientos en aeronaves nacionales.

A. E.P.D. y N.

ARTÍCULO 71. En el primer puerto nacional a que arribe la em- barcación, los interesados entregarán el documento de

[62]

TITULO CUARTO; CAPITU LO II

ARTS. 71 y 7 2

que habla el articulo anterior, al Juez del Registro Civil, para que a su tenor asiente el acta.

La constancia levantada según lo establecido en el a. 70 es un documento que debe cobrar autenticidad mediante su asiento en las formas del registro civil, único medio de prueba admisible en relación al estado civil de una persona en los términos del a. 39 de este código. Esto significa que el documento a que se refiere el articulo anterior sólo sirve como constancia del nacimiento en un buque nacional, pero no como prueba del estado civil del recién nacido. En caso de que dicha constancia no sea llevada a nte el juez, del registro civil estaremos frente a un documento que por sí solo no tiene fuerza probatoria, toda vez que no se trata de un instrumento en cuya redacción interviniera un funcionario público dotado de fe pública y facultado para redactar actas del estado civil. En caso de que el nacimiento hubiere acaecido en una aeronave nacional el documento deberá ser entregado al juez del registro civil competente en la demarcación del primer aeropuerto nacional a que se arribe.

A.E.P.D. y N.

ARTÍCULO 72. Si en el puerto no hubiere funcionario de esta clase, se entregará la constancia antes dicha a la autoridad local, la que la remitirá inmediatamente al Juez del Registro Civil del domicilio de los padres.

Dado que según lo establecido en el a. 39 las actas del registro civil son el medio de prueba del estado civil de una persona, el legislador previó todas las posibles alternativas a las que se enfrentaren los interesados al desembarcar en un puerto nacional. Este artículo establece los pasos a seguir en el caso de que en el puerto a que lleguen no hubiere juez del registro civil.

La constancia ha de entregarse a la autoridad local a fin de evitar, en lo posible, alteraciones a la misma y ésta, a su vez, está obligada a remitirla en forma inmediata al juez competente, en este caso el del domicilio de los padres del recién nacido. Por analogía debe interpretarse que si los interesados desembarcan en un puerto extranjero, en donde por razones obvias no hay juez del registro civil, deberán acudir ante el cónsul mexicano del lugar, autoridad nacional compe- tente en los asuntos que se refieren a los mexicanos en el extranjero y éste a su vez deberá remitir los documentos al juez del registro civil del domicilio de los padres a través de la SRE.

163]

A.E.P.D. y N.

A RTS. 73 y 74

LIBRO PRIMERO

ARTICULO 73. Si el nacimiento ocurriere en un buque extranjero se observará por lo que toca a las solemnidades del Registro, lo prescrito en el artículo 15.

El a. 15 dispone que los actos jurídicos, en lo relativo a su forma, se regirán por las leyes del lugar donde ocurran. No obstante, esta disposición establece que los interesados, sean mexicanos o extranjeros domiciliados fuera del DF que- dan en libertad para sujetarse a las formas prescritas por el código, cuando el acto haya de tener ejecución dentro de la mencionada demarcación.

Conforme al D.O. de 7-1-88. la referencia al a. 15 corresponde hoy al a. 13 fr. IV. pero la reforma no hizo la corrección.

En relación con esta materia, dispone el a. 51 que si alguien desea establecer el estado civil adquirido por los mexicanos fuera de la República, serán bastantes las constancias que presente de los actos relativos, sujetándose en cuanto a su legalización a lo que dispone el CFPC, debiendo registrarse además estas constancias, en la oficina que corresponda del DF o de los estados.

Aclara estos conceptos el Manual de organización del registro civil del DF que aparece publicado en la Gacela Oficial del DF el 15 de octubre de 1980. Como hasta la fecha no se ha dictado el Reglamento a que alude el a. 47, las actuaciones internas que deben realizar los funcionarios del registro civil se rigen por este manual, que contiene un conjunto de instrucciones sobre la materia. Rajo el titulo "Inserciones de las inscripciones relativas a los actos del estado civil de los mexicanos realizados en el extranjero" se enumeran las diversas actuaciones que deben efectuar los interesados en la inscripción de

estos nacimientos. Las normas constitucionales relativas a la nacionalidad de los que nacen en barcos o aeronaves (a. 30 constitucional) son analizadas exhaustivamente en otra obra del Instituto de Investigaciones Jurídicas y a ella nos remitimos.

Algunos consideran que el a. 73 es de aplicación federal (a. 1 o. del CC). No obstante, es necesario reconocer que en los códigos civiles de los distintos estados de la Federación existen disposiciones semejantes a la que se comenta.

L.C. P.

ARTICULO 74. Si el nacimiento aconteciere durante un viaje por tierra, podrá registrarse en el lugar en que ocurra o en el domicilio de los padres, según las reglas antes estableci- das; en el primer caso se remitirá copia del acta al Juez del Registro Civil del domicilio de los padres, si éstos lo pidieren, y en el segundo, se tendrá para hacer el registro el término que señala el artículo 55, con un día más por cada veinte kilómetros de distancia o fracción que exceda de la mitad.

164]

111.11 LO CIJA R O CAPI FU LO II

Ali S_ -74 y 75

Esta disposición otorga a los interesados un derecho optativo: podrán registrar el nacimiento en el lugar en que ocurra o en el domicilio de los padres. Si se registra el nacimiento en el lugar en que ocurriese, enviará copia del acta al juez del registro civil del domicilio de los progenitores, siempre que éstos lo soliciten. No es obligatorio hacerlo y no señala la ley el destino que debe darse a esa copia. Si optan por registrar el nacimiento en la oficina del lugar del domicilio de los padres, dispondrán éstos para hacerlo de un plazo de seis meses que señala el a. 55, que se ampliará en la forma que expresa la disposición que se comenta. Al parecer, esta segunda opción es la más práctica, pues la primera puede acarrear dificultades futuras, cuando por prolongada ausencia o fallecimiento de los padres, se ignore por los interesados el lugar en que ocurrió el nacimiento.

L.C. P.

ARTÍCULO 75. Si al dar aviso de un nacimiento se comunicare también la muerte del recién nacido, se extenderán dos actas, una de nacimiento y otra de defunción, en las Formas del Registro Civil que correspondan.

Esta disposición es necesario relacionarla con el a. 58 que contiene igual supuesto al establecer que en el acta de nacimiento es necesario dejar constancia acerca de si el "presentado se encontraba vivo o muerto". Si se le presenta muerto deben extenderse dos actas: una de nacimiento y otra de defunción. Ambas deben relacionarse entre sí por disponerlo así el Manual de organización del registro civil que dice al respecto: "En los casos de defunción de los recién nacidos, invariablemente se deberá relacionar el acta de nacimiento con la de defunción, asentando en el espacio para anotaciones la siguiente leyenda" (deben anotarse los datos correspondientes a ambas actas). El "recién nacido" a que se refiere el a. 75, es el que describe el a. 337 que dice:

"Para los efectos legales sólo se reputa nacido e] feto que, desprendido entera- mente del seno materno, vive veinticuatro horas o es presentado vivo al registro civil". Existe entre ambos preceptos la debida correspondencia y armonía. No obstante, es necesario reconocer que las finalidades que persigue el legislador con la organización del registro civil pueden no tener el sentido restringido que le atribuye el a. 337, pues las anotaciones en los registros sirven no sólo para acreditar el estado civil, la identificación de las personas y la constitución legal de la familia, sino que son también elementos valiosos para la elaboración de las estadísticas demográficas. Sería de desear una aclaración de la ley al respecto o dictar de una vez el Reglamento del registro civil anunciado en el a. 47 contemplando una disposi- ción aclaratoria sobre la materia.

[65j

L.C.P.

ARTS. 75 y 77

LIBRO PRIMERO

ARTÍCULO 76. Cuando se trate de parto múltiple, se levantará un acta por cada uno de los nacidos, en la que además de los requisitos que señala el artículo 58 se harán constar las particularidades que los distingan y el orden en que ocu- rrió su nacimiento, según las noticias que proporcionen eI médico, el cirujano, la matrona o las personas que hayan asistido el parto y, además, se imprimirán las huellas digitales de los presentados. El Juez del Registro Civil relacionará las actas.

Para la mejor identificación de los nacidos, el juez del registro civil tiene la obligación de anotar en el acta de nacimiento de cada uno de los hermanos, las particularidades que los distingan y el orden en que ocurrió el nacimiento según los datos que proporcionen los profesionales o personas que asistieron a la madre. En los partos múltiples es necesario levantar un acta para cada uno de los nacidos, las que deberán relacionarse entre sí.

L.C.P.

CAPITULO III De las Actas de Reconocimiento

ARTÍCULO 77. Si el padre o la madre de un hijo natural, o ambos, lo presentaren para que se registre su nacimiento, el acta surtirá todos los efectos del reconocimiento legal, respec- to del progenitor compareciente.

El legislador en los capítulos de la filiación, le da a estos hijos la calificación de "hijos nacidos fuera de matrimonio" en cambio los aa. 60, 77, 78 y 79 los denominan hijos naturales. Es del caso advertir que en las legislaciones extranjeras los "hijos naturales" son aquellos nacidos fuera de matrimonio a los cuales se les otorga expresamen- te la calidad de "hijos naturales". A los no reconocidos se les da la denominación de hijos simplemente ilegítimos. El a. 369 dispone que el reconocimiento de un hijo nacido fuera de matrimo- nio puede hacerse en la partida de nacimiento ante el juez del registro civil. El solo hecho de comparecer a inscribir el nacimiento del hijo, según el a. 77, importa reconocimiento. Sin embargo, el párrafo primero del a. 60 dispone que "para que se haga constar en el acta de nacimiento el nombre del padre de un hijo fuera del matrimonio, es necesario que aquel lo pida por si o por

1661

TITULO CUARTOICAMTULO I II

ARTS. 77 y 78

apoderado especial constituido en la forma establecida en el a. 44, haciéndose constar la petición". En cambio la madre de acuerdo con este mismo a. 60 "no tiene derecho de dejar de reconocer a su hijo. Tiene obligación de que su nombre figure en el acta de nacimiento de su hijo". Si la madre tiene la edad que señala el a. 361 (la exigida para contraer matrimonio más la del hijo que va a ser reconocido) no existiría inconveniente en el cumplimiento del deber jurídico que le impone el a. 60. Pero si es menorde esa edad, ¿cómo cumpliría con esa obligación? La respuesta parece darla el a. 360 el cual dispone que la filiación de los hijos nacidos fuera de matrimonio, resulta con relación a la madre, "del solo hecho del nacimiento".

Según esta disposición la filiación queda acreditada de pleno derecho sin necesidad de reconocimiento posterior alguno. Podría argumentarse que la inscripción del nacimiento que solicitare la madre no sería jurídicamente un reconocimiento de hijo, porque éste, de pleno derecho, tenía con respecto a ella, la calidad legal de hijo con plenas facultades y derechos. La petición de inscrip- ción del nacimiento sería la confesión más palpable de su condición de madre.

Es necesario armonizar el artículo en comentario con el párrafo último del a. 58 que dice: "En los casos de los aa. 60 y 77 de este código, el juez pondrá el apellido paterno de los progenitores o los dos apellidos del que lo reconozca". La Ir. I del a. 389 se refiere a esta misma materia y el 134 lo reafirma, pero sólo con respecto a los hijos voluntariamente reconocidos.

Debe también relacionarse la norma contenida en el articulo en cita con las disposiciones de los aa. 62, 63, 64 y 374 que establecen modalidades especiales, respecto a la inscripción de hijos nacidos fuera del matrimonio.

L.C. P.

ARTÍCULO 78 Si el reconocimiento del hijo natural se hiciere después de haber sido registrado su nacimiento, se forma- rá acta separada.

Dispone el a. 369 en estrecha relación con el artículo que se comenta, que puede reconocerse a un hijo nacido fuera de matrimonio "por acta especial ante el mismo juez". Si se trata de un menor de edad, éste debe ser reconocido con el consentimien- to de su tutor y si no lo tiene, debe el juez designarle un tutor especialmente para el caso, como lo dice el a. 375.

[67]

L.C.P.

ARTS 79 y RO

LIBRO PRIMERO

ARTICULO 79. El reconocimiento del hijo natural mayor de edad requiere el consentimiento expreso de éste en el acta relativa.

Una disposición similar encontramos en el a. 375 que dice: "El hijo mayor de edad no puede ser reconocido sin su consentimiento". Si se trata de reconoci- miento del menor de edad véase el comentario al a. 375.

L.C.P.

ARTICULO 80. Si el reconocimiento se hace por alguno de los otros medios establecidos en este Código, se presentará, dentro del término de quince días, al encargado del Re- gistro el original o copia certificada del documento que lo compruebe. En el acta se insertará la parte relativa de dicho documento, observándose las demás prescripcio- nes contenidas en este capítulo y en el capítulo IV, del Título séptimo de este Libro.

El a. 369 dispone que también puede reconocerse a un hijo nacido fuera de matrimonio: por escritura pública, por testamento y por confesión judicial directa y expresa. En estos tres casos el Manual de organización del registro civil del DF establece: "Cuando el reconocimiento se haga por escritura pública, por testa- mento o por confesión judicial directa y expresa, siempre deberá levantarse acta de reconocimiento". Reafirma el manual lo expresado por el a. 80. Dispone el a. 367 que el reconocimiento no es revocable por el que lo hizo y si se ha hecho en testamento, cuando éste se revoque, no se tiene por revocado el reconocimiento. Se ha discutido si puede el hijo reconocido en un testamento abierto entablar demanda de alimentos antes de la muerte del reconociente. El testamento, se afirma, es un simple proyecto que no puede tener eficacia. alguna sino después de la muerte dei testador, como lo dispone expresamente el a. 1295 y lo confirman los aa. 1291, 1665, 1666, 1826, 2950 fr. III. La solución es dudosa, en especial cuando el testamento en que se hizo el reconocimiento ha sido revocado. No deja por ello de ser un instrumento público abonado por la fe notarial y si bien ya no será útil para distribuir los bienes del de cujus, en cambio mantendrá su eficacia con respecto al reconoci- miento (véase Rojina Villegas, Rafael, Derecho civil mexicano, t. II. "Derecho de familia", núm. 12, p. 744; y F. Laurent, Principes de Droit Civil Francais, 5a. ed., t. IV, Paris, 1893, núm. 85, pp. 124-125).

[68]

L.C.P.

TITULO CUARTO. CAPITULO

ARTS. MI y 82

ARTICULO 81. La omisión del registro, en el caso del artículo que precede, no quita los efectos legales al reconocimiento hecho conforme a las disposiciones de este Código.

La omisión del registro no invalida el reconocimiento ni trae consigo sanción alguna. El registro no es requisito de validez del acto. Sirve no obstante, para dar a conocer a terceros la nueva calidad jurídica adquirida por el hijo nacido fuera de matrimonio y permite dar publicidad a la constitución legal de la familia. Este precepto 81 fue modificado por una ley que aparece publicada en el DO del 13 de enero de 1979. El texto anterior establecía una sanción a los responsables de la omisión, al decir: "La omisión del registro, en el caso del artículo que precede, no quita los efectos legales al reconocimiento hecho conforme a las disposicio- nes de este Código; pero los responsables de la omisión incurrirán en una multa de veinte a cien pesos, que impondrá y hará efectiva el juez ante quien se haga valer el reconocimiento" Se hace esta advertencia porque no reformó esta ley el a. 85 que se encuentra ubicado en el capítulo intitulado: "De las actas de la adopción", donde se establece que la falta de registro de la adopción no quita a ésta sus efectos legales; agrega que sujeta al responsable a la pena que señala el a. 81, que no establece actualmente sanción alguna. Es de esperar que en futuras modificaciones al CC, se corrija esta anomalía.

L.C. P.

ARTÍCULO 82. En el acta de reconocimiento hecho con posteriori- dad al acta de nacimiento, se hará mención de ésta, poniendo en ella la anotación correspondiente.

En el Manual de organización del registro civil del DF se establece que las anotaciones en las actas del estado civil de las personas, a partir de 1979, se asentarán en las hojas especiales para anotaciones y se adherirán al acta que corresponda, dejándose constancia en las formas del registro civil que esa acta contiene anotaciones.

El manual establece que "en todos los casos en que ya hubiere sido levanta- da acta de nacimiento de la persona que se pretende reconocer, ya sea que el reconocimiento lo haga directamente el progenitor o por apoderado nombrado por escritura pública deberá levantarse acta de reconocimiento". Cuando el reconocimiento se haga por escritura pública, dice el manual, por testamento o por confesión judicial directa y expresa, siempre deberá levantar- se acta de reconocimiento. El a. 80 del CC contiene una disposición similar.

L.C.P.

[69]

ARTS. 5y 114

LIBRO PRIMERO

ARTÍCULO 83. Si el reconocimiento se hiciere en oficina distinta de aquella en que se levantó el acta de nacimiento, el Juez del Registro Civil que autorice el acta de reconocimiento, remitirá copia de ésta al encargado de la oficina que haya registrado el nacimiento, para que haga la anotación.

En el Manual de organización del registro civil del DF se dispone que:

si el reconocimiento se hiciera en el mismo juzgado en que se levantó el acta de nacimiento, se procederá de inmediato a hacer la anotación correspondiente. Si el reconocimiento se hiciere en juzgado distinto, se dará aviso por oficio al juzgado en que se haya levantado el acta de nacimiento, para que se efectúe la anotación correspondiente.

Estas anotaciones son necesarias porque permiten conocer los distintos cambios que puede experimentar el estado civil de las personas a través de su existencia. Como esta obligación queda comprendida dentro de los deberes funcionarios que la ley impone a los jueces del registro civil, es de suponer que en ningún caso quedará sin cumplirse.

L.C.P.

CAPITULO IV De las actas de adopción

ARTÍCULO 84. Dictada la resolución judicial definitiva que auto- rice la adopción, el Juez, dentro del término de ocho días, remitirá copia certificada de las diligencias al Juez del Registro Civil que corresponda a fin de que, con la com- parecencia del adoptante, se levante el acta correspon- diente.

La sentencia ejecutoriada que pronuncia la adopción crea, con relación al adoptado ya su padre adoptante, el llamado parentesco civil. Este se limita, en cuanto a sus efectos, a adoptante y adoptado; es decir, no se extiende a los parientes de uno y otro, salvo en lo que respecta a los impedimentos matrimo- niales (a. 402). El parentesco civil determina derechos y obligaciones recíprocos, tales como los que derivan de los aa. 395, 396, 1612 y 1613 de este ordenamiento. El acta de adopción a que se refiere el presente artículo constituye prueba auténtica del nuevo estado civil, de hijo adoptivo o de padre adoptante, en las

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TITULO CUARTO Del Registro Civil

CAPITULO IV De las actas de adopción

ARTS. 5y 114

LIBRO PRIMERO

ARTÍCULO 83. Si el reconocimiento se hiciere en oficina distinta de aquella en que se levantó el acta de nacimiento, el Juez del Registro Civil que autorice el acta de reconocimiento, remitirá copia de ésta al encargado de la oficina que haya registrado el nacimiento, para que haga la anotación.

En el Manual de organización del registro civil del DF se dispone que:

si el reconocimiento se hiciera en el mismo juzgado en que se levantó el acta de nacimiento, se procederá de inmediato a hacer la anotación correspondiente. Si el reconocimiento se hiciere en juzgado distinto, se dará aviso por oficio al juzgado en que se haya levantado el acta de nacimiento, para que se efectúe la anotación correspondiente.

Estas anotaciones son necesarias porque permiten conocer los distintos cambios que puede experimentar el estado civil de las personas a través de su existencia. Como esta obligación queda comprendida dentro de los deberes funcionarios que la ley impone a los jueces del registro civil, es de suponer que en ningún caso quedará sin cumplirse.

L.C.P.

CAPITULO IV De las actas de adopción

ARTÍCULO 84. Dictada la resolución judicial definitiva que auto- rice la adopción, el Juez, dentro del término de ocho días, remitirá copia certificada de las diligencias al Juez del Registro Civil que corresponda a fin de que, con la com- parecencia del adoptante, se levante el acta correspon- diente.

La sentencia ejecutoriada que pronuncia la adopción crea, con relación al adoptado ya su padre adoptante, el llamado parentesco civil. Este se limita, en cuanto a sus efectos, a adoptante y adoptado; es decir, no se extiende a los parientes de uno y otro, salvo en lo que respecta a los impedimentos matrimo- niales (a. 402). El parentesco civil determina derechos y obligaciones recíprocos, tales como los que derivan de los aa. 395, 396, 1612 y 1613 de este ordenamiento. El acta de adopción a que se refiere el presente artículo constituye prueba auténtica del nuevo estado civil, de hijo adoptivo o de padre adoptante, en las

1701

TITULO CUARTO/CAPITULO IV

ARTS 84, 85 y 86

relaciones entre las partes y frente a terceros. Ella acompañará al adoptivo durante toda su vida, si la adopción no fuese revocada; y le servirá de medio probatorio oponible al adoptante y sus herederos, cuando se trate de hacer valer derechos tales como el alimentario, el sucesorio y todos los inherentes al parentesco civil, u otras acciones específicas como la impugnación a la adopción (a. 394).

C.G.M.

ARTICULO 85. La falta de registro de la adopción no quita a ésta sus efectos legales; pero sujeta al responsable a la pena señalada en el artículo 81.

Es menester relacionar este artículo con el 400, según el cual "tan luego omo cause ejecutoria la resolución judicial que se dicte autorizando una adopción, quedará ésta consumada". Se discute en legislación comparada si el nuevo estado civil de hijo adoptivo o de padre adoptante se configura en virtud de la sentencia ejecutoriada que pronuncie la adopción, o por obra de la inscripción en el registro. En el CC para el DF se da una solución clara y terminante, en el sentido de que el estado civil derivado del vínculo de la adopción queda establecido por la sentencia. En otras palabras, ésta es constitutiva de estado civil. El acta de adopción es, entonces, un documento público que hace plena fe del hecho que en ella se atesta; pero su falta no quita efectos a la adopción ni inhibe a las partes o a terceros de reclamar los derechos o responsabilizarse por las obligaciones emanadas del nuevo parentesco civil, creado por la sentencia ejecutoriada. La solución dada por el CC puede adquirir importancia, p.e., en caso de suce- sión, cuando una de las partes en la relación adoptiva fallece después de ejecutoriada la sentencia, pero antes de que la adopción haya sido inscrita en el registro. No cabe duda en este caso de que existen derechos sucesorios entre las partes. Se remite este artículo al a. 81, en toque respecta a la sanción que corresponda para el caso de incumplimiento de la obligación de inscribir la adopción en el registro civil. Pero es de tener presente que el a. 81 fue modificado (DO 3-I-79) y no señala actualmente ninguna sanción.

C. G.M.

ARTÍCULO 86. El acta de adopción contendrá los nombres, ape- llidos, edad y domicilio del adoptante y del adoptado; el nombre y demás generales de las personas cuyo consenti- miento hubiere sido necesario para la adopción, y los

171]

ARTS 86, 87 y 88

LIBRO PRIMERO

nombres, apellidos, y domicilio de las personas que inter- vengan como testigos. En el acta se insertarán los datos esenciales de la resolución judicial.

Si bien la adopción es un acto eminentemente jurisdiccional, —y no un acto entre partes, como lo legislaba el Código Napoleónico de 1804— tiene como presupuesto el consentimiento de las personas que señala la ley. El a. 397 indica, en forma preceptiva, quiénes deben consentir a la adopción: el que ejerce la patria potestad, en caso de menor de edad, el tutor, aquel que ejerza la simple tenencia y trate al menor como hijo o, en defecto de todos ellos, el MP. Es de tener en cuenta que si el menor que se va a adoptar tiene más de catorce años, será necesario su propio consentimiento para que pueda ser adoptado. En caso de que el adoptante dé sus nombres y apellidos al adoptado, esta circunstancia deberá asimismo constar en el acta de adopción (a. 395), ya que bajo ese nuevo nombre actuará en la vida civil el adoptado, a partir de la fecha en que recaiga la ejecutoria de la sentencia.

C.G.M.

ARTICULO 87. Extendida el acta de la adopción, se anotará la de nacimiento del adoptado, y se archivará la copia de las diligencias relativas, poniéndole el mismo número del acta de adopción.

El sistema de adopción que acoge el CC para el DF es el llamado "adopción simple", por oposición a la "adopción plena" o "legitimación adoptiva". En consecuencia, el acta de nacimiento del adoptado no se modifica por la adop- ción, porque el vínculo del adoptado con la familia subsiste: éste mantiene con respecto a ella todos los derechos y obligaciones, salvo en lo que se refiere a la patria potestad, que se transfiere al adoptante. El acta de nacimiento del adoptado, entonces, mantiene todo su valor, al superponérsele un acta de adopción, se correlacionan ambos documentos y se anota el acta de nacimiento, dejando constancia de la posterior adopción y, en su caso, del cambio de nombre y apellidos del adoptado (a. 395). Si la adopción fuese revocada, se vuelve a anotar el acta de nacimiento, dejando constancia de esa revocación (a. 88). Pero el contenido intrínseco del acta de nacimiento no se modifica en ningún momento, dado que el parentesco del adoptado con sus padres biológicos no se anula por obra de la ley.

C.G.M.

ARTICULO 88. El juez o tribunal que resuelva que una adopción queda sin efecto, remitirá dentro del término de ocho días

1721

TITULO CUARTOiCAPITULOS IV y V

ARTS. 88, 89 y 90

copia certificada de su resolución al Juez del Registro Civil, para que cancele el acta de adopción y anote la de nacimiento.

la adopción es un acto revocable, ya sea por consentimiento de ambas partes o por causa de ingratitud (aa. 405 y 406). Puesto que la adopción es un acto jurisdiccional su revocación requiere la intervención judicial para adquirir eficacia. tina vez que quede firme la sentencia que declara la revocación, se debe proceder a cancelar el acta de adopción y anotar la de nacimiento. Relaciónese

este precepto con el a. 410 (ver comentario al a. 87).

C.G.M.

CAPITULO V De las actas de tutela

ARTICULO 89. Pronunciado el auto de discernimiento de la tutela y publicado en los términos que previene el Código de Procedimientos Civiles, el Juez de lo Familiar remitirá copia certificada del auto mencionado al Juez del Regis- tro Civil para que levante el acta respectiva. El Curador cuidará del cumplimiento de este artículo.

El discernimiento de la tutela por parte del juez, presupone la declaración del estado de minoridad o de incapacidad de la persona que quedará sujeta a ella. El tuior deberá cuidar de la persona y de los bienes del incapaz, para lo cual la ley le concede determinadas facultades, a la vez que le impone múltiples obligaciones. El acta de tutela constituye el título probatorio auténtico que permitirá al tutor presentarse como tal frente a terceros; el tutor es el legítimo representante del incapaz en los actos jurídicos; el acta de tutela le acredita en dicha represen- tación, p.e., si el tutor realiza un contrato en nombre del incapaz, al cocontra- tante no le cabrá duda de la representación invocada si media la representación en el acta de tutela. Este documento público prueba su personería en el juicio en que fuere parte el incapaz.

C.G. M.

ARTICULO 90. La omisión del registro de tutela no impide al tutor entrar en ejercicio de su cargo, ni puede alegarse por ninguna persona como causa para dejar de tratar con él.

De la interpretación de este precepto se desprende que es el auto del juez que

1731

ARTS_ 90 y 91

LIBRO PRIMERO

discierne la tutela, el acto o título atributivo de la calidad de tutor de un incapaz. El acta que debe levantar el juez del registro civil es solamente el documento probatorio que tiene plena prueba, dado su carácter de documento público; pero que por ser un elemento probatorio, si falta, ello no impide al tutor entrar al ejercicio de su cargo. La segunda parte del artículo ordena que ninguna persona puede argüir la falta de registro para desconocer las facultades del tutor porque la naturaleza de las funciones del tutor, son protectoras de los intereses del incapaz, que no admiten postergación por la falta de un requisito que no es de validez, sino de prueba: el acta de tutela. Entendemos que, a su vez, el tercero que deba entablar una relación jurídica con el tutor puede exigir que éste acredite su calidad de tal, como forma de prevenir el fraude de quien invocase falsamente una representa- ción que no tiene. La inexistencia de un acta de tutela obliga a proporcionar una prueba supletoria de la condición de tutor; esa prueba puede consistir en una copia certificada del auto de discernimiento expedido por el secretario del juzgado de radicación de las diligencias en donde consta el nombramiento de tutor.

C.G.M.

ARTÍCULO 91. El acta de tutela contendrá:

1.—E1 nombre, apellido y edad del incapacitado;

II. La clase de incapacidad por la que se haya diferi-

do la tutela; ¡11.—El nombre y demás generales de las personas que han tenido al incapacitado bajo su patria potestad antes del discernimiento de la tutela; [V.—El nombre, apellido, edad, profesión y domicilio ildel tutor y del curador; V.—La garantía dada por el tutor, expresando el nom- bre, apellido y demás generales del fiador, si la garantía consiste en fianza; o la ubicación y demás señas de los bienes, si la garantía, consiste en hipoteca o prenda; VI.—E1 nombre del juez que pronunció el auto de discernimiento y la fecha de éste.

El acta de tutela, de acuerdo a este artículo, debe contener las constancias más relevantes del expediente en que se haya sustanciado el nombramiento de tutor, ante el juez de lo familiar. La fr. II es correlativa del a. 902 del CPC, según el cual ninguna tutela puede conferirse sin que previamente se declare el estado de minoridad o de incapaci- dad de la persona que va a quedar sujeta a ella. Mientras que el estado de

174]

TITULO CUARTO/CAPILULOS V Y VI

ARTS. 91,92 y 93

minoridad --por la certidumbre probatoria que emana del acta de nacimiento o de una relativamente sencilla prueba supletoria— se tramita sin forma de juicio, la incapacidad por causa de demencia debe estar precedida de las garantías del juicio ordinario (aa. 903 y 904 CPC). La fr. 111 será o no de aplicación, según que el incapaz haya estado sujeto a patria potestad; es el caso .del menor de edad; pero no será necesaria esta constancia, tratándose de un mayor de edad que cayó en estado de interdicción (frs. II, III y IV, a. 450). También es de tener presente, con relación a la fr. V. que cierta ciase de tutores están eximidos de la obligación de dar garantía. (Ver, en especial, los aa. 519, 520, 523 y 524). En estos supuestos, se deberá dejar constancia en el acta de la excepción que beneficia al tutor.

C.G. M.

ARTICULO 92. Extendida el acta de tutela, se anotará la de nacimiento del incapacitado, observándose para el caso de que no exista en la misma oficina del Registro, lo prevenido en el artículo 83.

Este precepto cobra especial importancia en el caso de menores de edad sujetos a tutela; el tutor es el representante legal del menor que no se encuentra sujeto a patria potestad y el título probatorio de esa representación es el acta de tutela; mientras que, si el menor estuviese sometido a patria potestad, su acta de nacimiento sería la prueba —o parte de la prueba— de tal estatuto jurídico. De ahí que se haga necesario anotar el acta de nacimiento en el caso de tutela, a los efectos de que no puedan existir dudas acerca de la persona sobre quien recae la mencionada representación legal (ver comentarios al a. 83).

C.G.M.

CAPITULO VI De las actas de emancipación

ARTICULO 93. En los casos de emancipación por efecto del matrimonio, no se extenderá acta por separado; será suficiente para acreditarla, el acta de matrimonio.

El matrimonio del menor. de 18 años, produce el derecho a la emancipación (a. 641 CC), Esta se prueba con el acta de matrimonio que constituye la única vía legalmente posible de emanciparse. Atendiendo al texto literal del precepto, de acuerdo con la reforma publicada en el DO de 3 de enero de 1979, el CC suprimió las actas de emancipación.

B. S.

1751

ARTS, 94, 93, % y 97

LIBRO PRIMERO

ARTÍCULO 94. Derogado.

ARTÍCULO 95. Derogado.

ARTÍCULO 96. Derogado.

CAPITULO VII De las actas de matrimonio

ARTÍCULO 97. Las personas que pretendan contraer matrimonio presentarán un escrito al Juez del Registro Civil del domicilio de cualquiera de ellas, que exprese:

I.—Los nombres, apellidos, edad, ocupación y domici- lio, tanto de los pretendientes como de sus padres, si éstos fueren conocidos. Cuando alguno de los pretendientes o los dos hayan sido casados, se expresará también el nom- bre de la persona con quien celebró el anterior matrimo- nio, la causa de su disolución y la fecha de ésta; II.—Que no tienen impedimento legal para casarse, y I11.—Que es su voluntad unirse en matrimonio. Este escrito deberá ser firmado por los solicitantes, y si alguno no pudiere o no supiere escribir, lo hará otra persona conocida, mayor de edad y vecina del lugar.

Con la suscripción y presentación de la solicitud, se inician ante el juez del domicilio de cualquiera de los que pretendan contraer matrimonio, los actos preparatorios tendentes a su celebración. En este precepto se emplea el vocablo domicilio en el sentido ordinario de casa habitación. La solicitud contiene la manifestación de voluntad de quienes la suscriben que es su intención establecer entre ambos el vínculo conyugal, observando las solemnidades que la ley impone para ese fin y declaran que no tienen impedi- mento legal para casarse. Puesto que el matrimonio, una vez que se ha celebrado solemnemente va a producir efectos no sólo entre los pretendientes sino en manera principal entre cada uno de los consortes y los miembros de la familia de quien será su cónyuge (parentesco por afinidad) deberá hacerse constar en la solicitud además de los nombres, apellidos, ocupación y domicilio de los que pretendan contraer matri- monio, los de sus padres, que son el tronco o punto inicial del parentesco por afinidad. Este dato revela claramente cómo las consecuencias del matrimonio trascienden la voluntad particular de los contrayentes. Esta disposición impone el deber a cargo de quien ha sido casado anterior- mente, de indicar de manera clara y precisa, la fecha en que el vínculo conyugal

1761

"TITULO CUARTO/CAPITULO VII

ARTS 97 y 98

que lo unía a otra persona ha sido disuelto por alguna de las causas que la ley establece. Cuando alguno de los solicitantes no sepa escribir, la solicitud será suscrita por otra persona capaz, que sea además conocida y vecina del lugar en d onde se celebrará el matrimonio. El elemento de la vecindad es un dato que puede comprobarse por medios objetivos. En cuanto a que se trate de una persona "conocida", los jueces del registro civil deberán cuando menos, hacer constar, bajo su responsabilidad, que se han cerciorado de que quien firma en lugar de cualquiera de los solicitan- tes es conocido como persona digna de crédito en el lugar donde tiene su domicilio el solicitante.

I.G.G.

ARTÍCULO 98. Al escrito a que se refiere el articulo anterior, se acompañará:

1.--E1 acta de nacimiento de los pretendientes y en su defecto un dictamen médico que compruebe su edad, cuando por su aspecto no sea notorio que el varón es mayor de dieciséis años y la mujer mayor de catorce; • 11.—La constancia de que prestan su consentimiento para que el matrimonio se celebre, las personas a que se refieren los artículos 149, 150 y 151; 111.--La declaración de dos testigos mayores de edad que conozcan a los pretendientes y les conste que no tienen impedimento legal para casarse. Si no hubiere dos testigos que conozcan a ambos pretendientes, deberán presentarse dos testigos por cada uno de ellos; 1V.--Un certificado suscrito por un médico titulado que asegure, bajo protesta de decir verdad, que los pre- tendientes no padecen sífilis, tuberculosis, ni enfermedad alguna crónica e incurable que sea, además, contagiosa y hereditaria. Para los indigentes tienen obligación de expedir gratui- tamente este certificado los médicos encargados de los servicios de sanidad de carácter oficial. V.—E1 convenio que los pretendientes deberán cele- brar con relación a sus bienes presentes y a los que adquieran durante el matrimonio. En el convenio se ex- presará con toda claridad si el matrimonio se contrae bajo el régimen de sociedad conyugal o bajo el de separa-

1771

ART. 98

LIBRO PRIMERO

ción de bienes. Si los pretendientes son menores de edad, deberán aprobar el convenio las personas cuyo consenti- miento previo es necesario para la celebración del matri- monio. No puede dejarse de presentar ese convenio ni aun a pretexto de que los pretendientes carecen de bienes, pues en tal caso, versará sobre los que adquieran durante el matrimonio. Al formarse el convenio se tendrá en cuenta lo que disponen los artículos 189 y211, ye! Oficial del Registro Civil deberá tener especial cuidado sobre este punto, explicando a los interesados todo lo que necesiten saber a efecto de que el convenio quede debida- mente formulado. Si de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 185 fuere necesario que las capitulaciones matrimoniales consten en escritura pública, se acompañará un testimonio de esa escritura. V1.—Copia del acta de defunción del cónyuge falleci- do, si alguno de los contrayentes es viudo, o de la parte resolutiva de la sentencia de divorcio o de nulidad de matrimonio, en caso de que alguno de los pretendientes hubiere sido casado anteriormente; VIL—Copia de la dispensa de impedimentos, si los hubo.

La disposición contenida en este precepto legal, complementa la norrna anterior e impone a los pretendientes la obligación de acompañar a su solicitud los documentos probatorios de la veracidad de lo declarado por ellos conforme al precepto anterior. Por lo que se refiere a la falta de impedimentos para contraer matrimonio se requiere la declaración de dos testigos que conozcan a cada uno de los contra- yentes a quienes les conste que éstos no tienen impedimento legal para casarse. Puede admitirse la declaración de cuatro testigos, dos por cada uno de los pretendientes. Con esta misma finalidad probatoria, debe acompañarse un certificado de salud suscrito por un médico legalmente autorizado para ejercer su profesión, en el que manifieste bajo protesta de decir verdad que ninguno de los preten- dientes padece enfermedad alguna que sea impedimento legal para contraer matrimonio. Se acompañará la copia certificada del acta de defunción de la persona con quien el solicitante estuvo casado o copia certificada de la sentencia de nulidad o de divorcio del matrimonio anterior.

1781

TI 1 ULO CUARTO CAPITULO VII

AR1 S 98. 99 y IQ()

Se exige finalmente copia certificada de la dispensa de impedimentos si se hizo valer alguno. Es indispensable la presentación de las capitulaciones matrimoniales para que conste de una manera expresa, cuál es el régimen patrimonial (separación de bienes, sociedad conyugal o concurrencia de ambos regímenes, llamado sistema mixto) que adopten por propia voluntad los futuros contrayentes. La SCIN ha sostenido el criterio de que para la existencia de la sociedad

conyugal basta que los contrayentes declaren que celebran el matrimonio bajo ese régimen (A.D. 2135/71 Tercera Sala, séptima época, vol. 43, cuarta parte.

p. 70).

"El régimen supletorio, cuando no se pactó nada o cuando un bien no se incluyó en las capitulaciones matrimoniales, es el de separación de bienes,".

(Pacheco, Alberto E., La familia en el derecho civil mexicano, México, 1984,

p. 133).

I.G.G.

ARTICULO 99. En el caso de que los pretendientes, por falta de conocimientos, no puedan redactar el convenio a que se refiere la fracción V del artículo anterior, tendrá obliga- ción de redactarlo el Juez del Registro Civil, con los datos que Los mismos pretendientes le suministren.

El requisito de que a la solicitud de matrimonio deba acompañarse necesaria- mente las capitulaciones matrimoniales, aparece nuevamente en este precepto. En efecto, para el caso de que por cualquier circunstancia los pretendientes no pudieren redactar el convenio que contenga las reglas a las que por acuerdo de éstos se someterá el régimen de los bienes de los futuros consortes, el juez del registro civil tiene la obligación de redactarlo, de acuerdo con los datos que le suministren los pretendientes. Debe entenderse que el propio funcionario tiene obligación de instruir a los solicitantes, de que deben ocurrir ante notario público, si pretenden organizar un régimen de sociedad conyugal y entre los bienes que la constituirán, queda comprendido uno o varios inmuebles, para cuya transmisión de dominio, se requiere el otorgamiento de escritura pública.

I.G.G.

ARTICULO 100. El Juez del Registro Civil a quien se pre- sente una solicitud de matrimonio que llene los requisitos enumerados en los artículos anteriores, hará que los pre- tendientes y los ascendientes o tutores que deben prestar su consentimiento, reconozcan ante él y por separado sus

179j

ARTS 100 y 101

LIBRO PRIMERO

firmas. Las declaraciones de los testigos a que se refiere la fracción III del a. 98 serán ratificadas bajo protesta de decir verdad, ante el mismo Juez del Registro Civil. Este, cuando lo considere necesario, se cerciorará de la autenti- cidad de la firma que calce el certificado médico presentado.

El reconocimiento ante el juez del registro civil, de la autenticidad de las firmas de los interesados que calzan la solicitud de matrimonio, tanto la de los pretendientes como la de sus ascendientes o tutores, si deben prestar su consen- timiento —cuando alguno de los solicitantes es menor de edad— así como la ratificación de las declaraciones de los testigos a quienes consta que no existe impedimento para la celebración del matrimonio, tiene por objeto, por una parte, que el juez del registro civil se cerciore de la autenticidad de las firmas de los interesados y de quienes deben autorizar la solicitud de menores de edad para contraer matrimonio y de que los testigos ratifiquen sus declaraciones en presencia del funcionario ante quien se celebrará el matrimonio. El testigo que declare falsamente, incurre en las sanciones que impone el CP al autor del delito de falsedad en declaraciones ante autoridad. Por lo que corresponde al certificado médico que acompaña a la solicitud, queda al arbitrio prudente del juez, cerciorarse de la autenticidad de la firma del

facultativo.

I.G.G.

ARTICULO IW. El matrimonio se celebrará dentro de los ocho días siguientes, en el lugar, día y hora que señale el Juez del Registro Civil.

La fijación de un plazo breve, como lo es el término de ocho días contados a partir de la fecha de presentación de la solicitud para la celebración del matri- monio, ha sido necesaria porque debe suponerse que en tan corto tiempo permanecen las mismas circunstancias a que se refiere la solicitud.

Es cierto que la fijación del plazo antes dicho, no impide que el matrimonio pueda celebrarse válidamente con posterioridad. No es un requisito cuyo in- cumplimiento produzca la nulidad del acto por extemporaneidad; pero también es verdad que si uno de los solicitantes o ambos, son menores de edad y fallece el ascendiente o tutor que ha prestado su consentimiento para la celebración del matrimonio, la persona que en su defecto tendría el derecho de otorgarlo, no puede revocar el que ya había otorgado, si el matrimonio se celebra dentro del plazo de ocho días señalado por el precepto que se comenta (véase a. 154).

1801

TITULO CUARTO.' CAPI ULO VII

ART 102

ARTÍCULO 102. En el lugar, día y hora designados para la celebración del matrimonio deberán estar presentes, ante el Juez del Registro Civil, los pretendientes o su apodera- do especial constituido en la forma prevenida en el articu- lo 44 y dos testigos por cada uno de ellos, que acrediten su identidad. Acto continuo, el Juez del Registro Civil leerá en voz alta la solicitud de matrimonio, los documentos que con ella se hayan presentado y las diligencias practicadas, e interrogará a los testigos acerca de si los pretendientes son las mismas personas a que se refiere la solicitud. En caso afirmativo, preguntará a cada uno de los pretendien- tes si es su voluntad unirse en matrimonio, y si están conformes, los declarará unidos en nombre de la ley y de la sociedad.

El rito establecido por la ley para la celebración del matrimonio, es sencillo; pero debe ser observado rigurosamente. El juez del registro civil debe seguir escrupulosamente la secuencia que establece el articulo en comentario. La solemnidad prescrita para el matrimonio como acto jurídico se manifies- ta en armoniosa correspondencia con el interés de los contrayentes y el interés de la sociedad. Es garantía de la validez del acto y de la estabilidad del vínculo conyugal que genera. Para su celebración, se requiere la comparecencia personal de los contrayen- tes o de sus apoderados especialmente instituidos para ese acto, en los términos del a. 44. Se exige también la presencia del juez del registro civil y de los testigos de identidad por cada uno de los contrayentes. El juez del registro civil deberá dar lectura en voz alta a la solicitud de matrimonio y mencionar los d ocu mentos que se acompañaron a ella, corroborando así públicamente que se ha dado cumplimiento a lo que la ley ordena en este respecto, conforme a los aa, 97 al

100.

Concluida esta parte inicial del acto, el juez deberá recibir de uno y otro contrayente sucesivamente, la manifestación de que es su voluntad unirse en matrimonio. En seguida, los declara unidos en legitimo matrimonio, en nombre de la ley y la sociedad.

Procederá luego a levantar por triplicado (a. 36) el acta que será firmada en su presencia por los contrayentes, quienes imprimirán su huella digital en el documento; firmarán también los testigos y las demás personas que comparecen concurriendo al acto. El juez deberá autorizar el acta con su firma.

[81]

ART 103

LIBRO PRIMERO

ARTÍCULO 103. Se levantará luego el acta de matrimonio en el cual se hará constar:

I.—Los nombres, apellidos, edad, ocupación, domici- lio y lugar de nacimiento de los contrayentes:

11.—Si son mayores o menores de edad;

III. Los nombres, apellidos, ocupación y domicilio

de los padres; [V.—El consentimiento de éstos, de los abuelos o tuto- res, o de las autoridades que deban suplirlo; V.—Que no hubo impedimento para el matrimonio o que éste se dispensó; VI.—La declaración de los pretendientes de ser su voluntad unirse en matrimonio, y la de haber quedado unidos, que hará el Juez en nombre de la Ley y de la sociedad; VII.—La manifestación de los cónyuges de que con- traen matrimonio bajo el régimen de sociedad conyugal o de separación de bienes; V11 I.—Los nombres, apellidos, edad, estado civil, ocu- pación y domicilio de los testigos, su declaración sobre si son o no parientes de los contrayentes, y si lo son, en qué grado y en qué línea; IX.—Que se cumplieron las formalidades exigidas por el artículo anterior;

El acta será firmada por el Juez del Registro Civil, los contrayentes, los testigos, y las demás personas que hu- bieren intervenido si supieren y pudieren hacerlo. En el acta se imprimirán las huellas digitales de los contrayentes.

El acta de matrimonio debe contener precisamente los datos que menciona en manera detallada y expresa el artículo que es materia de este comentario. El acta debe contener la mención pormenorizada de que tanto los contrayen- tes como el juez del registro civil, han dado cumplimiento a las disposiciones legales, que rigen la celebración del matrimonio como acto jurídico. Conviene hacer notar que entre los datos que debe contener el acta, el legislador exige que se haga constar (fr. IX) "que se han cumplido las formalida- des exigidas por el artículo anterior". Deben firmar el acta los contrayentes, los testigos y todas las personas que hubieren invervenido ene! acto si supieren y pudieren hacerlo. Se imprimirán en

[82]

TITULO CUARTO CAPITULO VII

ARTS 103. 103 HÉy 104

el acta, las huellas digitales de los contrayentes. El juez del registro civil debe autorizar con su firma el acta que ha levantado. El acta de matrimonio hace prueba plena no sólo del acto del matrimonio, sino de todas las circunstancias que se deben hacer constar en ella por disposi- ción de la ley, de las cuales el juez del registro civil da fe de haber pasado en su presencia. (a. 50).

I.G.G.

ARTÍCULO 103 Bis. La celebración conjunta de matrimonios no exime al Juez del cumplimiento estricto de las solemnida- des a que se refieren los artículos anteriores.

Por reforma publicada en el DO de 3 de enero de 1979, se adicionó el precepto para legalizar la celebración conjunta de matrimonios. Con ello se pretende facilitar el acceso a ta institución del matrimonio a determinadas clases sociales que vivían y todavía en muchos casos siguen viviendo en concubinato. Resulta dificil cumplir en estos matrimonios celebrados masivamente, con todas las formalidades que la ley impone cuando se trata de la celebración del matrimonio en la manera tradicional. Empero, la intención que anima la reforma del precepto es loable en la medida en que contribuya a dar estabili- dad a la familia y protección a la prole.

I.G.G.

AR TíCULO 104. Los pretendientes que declaren maliciosamente un hecho falso, los testigos que dolosamente afirmen la exactitud de las declaraciones de aquéllos o su identidad,

y los médicos que se produzcan falsamente al expedir el

certificado a que se refiere la fracción IV del artículo 98,

serán consignados al Ministerio Público para que ejercite la acción penal correspondiente. Lo mismo se hará con las personas que falsamente se hicieren pasar por padres

o tutores de los pretendientes.

En este articulo se establece la sanción penal para el caso de violación de los preceptos que contienen las reglas aplicables al proceso o sucesión de actos para la celebración del matrimonio. Para ese efecto, el juez del registro civil debe consignar al MP, para cl ejercicio de la acción correspondiente, a los pretendientes que declaren maliciosamente un hecho falso, a los testigos cuando dolosamente afirmen la existencia de un

[83)

ARTS, 104, 105 y 106

LIBRO PRIMERO

hecho inexacto, a los médicos que expidan un certificado que sea engañoso sobre la salud de uno de los pretendientes o de ambos, si el padecimiento ocultado por el médico es causa de impedimento para el matrimonio, o a las personas que se hagan pasar falsamente por padres o tutores del menor que pretenda contraer matrimonio. El delito de falsedad e informes falsos dados a una autoridad, se encuentra sancionado en el a. 247 del CP para el DF.

I.G.G.

ARTÍCULO 105. El Juez del Registro Civil que tenga conoci- miento de que los pretendientes tienen impedimento para contraer matrimonio, levantará una acta, ante dos testi- gos, en la que hará constar los datos que le hagan suponer que existe el impedimento. Cuando haya denuncia, se expresará en el acta el nombre, edad, ocupación, estado y domicilio del denunciante, insertándose al pie de la letra la denuncia. El acta firmada por los que en ella intervinie- ren, será remitida al juez de primera instancia que corres- ponda, para que haga la calificación del impedimento.

Cuando el juez del registro civil, por sí mismo o por haber recibido alguna denuncia, obtenga datos que le hagan presumir la existencia de algún impedi- mento para la celebración del matrimonio, deberá levantar un acta ante dos testigos haciendo constar la información en que fundó su presunción del impedimento y en su caso el nombre del denunciante, insertando literalmente la denuncia presentada. El acta deberá ser firmada por todos los que en ella intervinieren, a saber: el juez, los testigos y el denunciante, en su caso. La autoridad competente para calificar el impedimento, es el juez de lo familiar (juez de primera instancia).

1.G.G.

ARTICULO 106. Las denuncias de impedimento pueden hacerse por cualquiera persona. Las que sean falsas sujetan al denunciante a las penas establecidas para el falso testimo- nio en materia civil. Siempre que se declare no haber impedimento el denunciante será condenado al pago de las costas, daños y perjuicios.

Se concede acción popular para denunciar cualquier impedimento para la celebración de un determinado matrimonio.

[84]

TITULO CUARTO CAPITULO VII

ARTS. I0

y ION

No obstante el precepto dispone a continuación, que si resultare falsa la denuncia, el denunciante quedará sujeto a las penas previstas para el delito de falsedad en declaraciones ante autoridad (el precepto emplea la arcaica locución "falso testimonio en materia civil"). A este respecto debe tenerse presente el comentario al a. 105.

I.G.G.

ARTÍCULO

107. Antes de remitir el acta al juez de primera ins-

tancia, el Juez del Registro Civil hará saber a los preten- dientes el impedimento denunciado, aunque sea re-

lativo solamente a uno de ellos, absteniéndose de todo procedimiento ulterior hasta que la sentencia que deci- da el impedimento cause ejecutoria.

El juez del registro civil, antes de remitir la denuncia de algún impedimento al juez de lo familiar, deberá dar a conocer a los pretendientes el hecho denunciado

o el que conoce por cualquier otro medio. Deberá informar a ambos pretendientes, de todos los datos necesarios (fecha, número de oficio de remisión de la denuncia a la autoridad judicial) que permitan a los interesados exponer ante el juez que calificará el impedimento, lo que a su derecho convenga y en su caso, para ejercer la acción de reparación de los daños y la de indemnización de los perjuicios si a la postre resultare falsa o infundada la denuncia. La presentación de la denuncia, inhibe al juez del registro civil, para conti- nuar los trámites del matrimonio, mientras no haya recaído una resolución del juez que conoce de la denuncia presentada.

I.G.G.

ARTICULO 108. Las denuncias anónimas o hechas por cualquiera otro medio, si no se presentare personalmente el de- nunciante, sólo serán admitidas cuando estén compro- badas. En este caso, el Juez del Registro Civil dará cuenta a la autoridad judicial de primera instancia que corres- ponda, y suspenderá todo procedimiento hasta que ésta resuelva.

El juez del registro civil no debe admitir denuncias de impedimentos que no se

presenten acompañadas de las pruebas de los hechos en que se hacen consistir

éstos. Las denunc