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vocar en el objeto, una singular impresión esté- tica. Más aún, en que un solo color, pudiendo ser la esencia de un producto, el reconocimien-

to del derecho a su exclusividad, atentaría a la

libertad de comercio e industria. Y si es el procedimiento de coloración el que reviste ca- rácter original y novedoso, es la ley de pa- tentes de invención la que sustituye el dere- cho en este aspecto del autor. Lo contrario acontece, cuando se trata de una combinación de colores, pues según como fueren maneja- dos, le da al objeto un indiscutible tinte de originalidad, sujeto, entonces, a tutela legal.

2) Novedad. El segundo requisito que se exige para que los dibujos y modelos sean re- gistrados, es que sean novedosos. Se trata de un recaudo de carácter cronológico, toda vez que el mismo requiere que la creación no se encuentre ya registrada a nombre de otro o bien, no haya pasado al dominio público antes de la fecha de su depósito. Esta situación está vinculada estrechamente con las anterioridades, que se encuentran sometidas a un cierto nú- mero de reglas y cuya apreciación concierne soberanamente al juez, quien está facultado para decidir, entre otras cosas, acerca de si un dibu- jo no es nuevo porque las modificaciones que presenta en relación a otros anteriores son de poca importancia o porque los elementos que lo integran, considerados aisladamente, perte- necen al dominio público. La novedad, en tales condiciones, puede ser absoluta o relativa, vale decir, según que los antecedentes oponibles al registro de un dibujo

o de un modelo puedan o no ser invocados sin límites de tiempo ni de espacio.

La mayor parte de las legislaciones con ex- cepción de Francia y Bélgica, admiten el aludi- do requisito, pero se inclinan por una u otra de las citadas novedades. Así, Alemania, Estados Unidos, Inglaterra y Suiza, entre otros países, aceptan la novedad relativa. En tanto que Ita- lia y España, lo hacen por el sistema de nove- dad absoluta. Nuestro país, sin dejar de haber adoptado el sistema de la novedad absoluta, admite, sin embargo, determinadas excepciones al principio general, como lo veremos más adelante. Acorde con lo expuesto Alemania preceptúa que la novedad se pierde sólo cuando la pu- blicación y el uso anterior a la creación se hayan realizado en el mismo país. Estados Unidos, a su vez, determina que el objeto ca- rece de novedad cuando ha sido conocido o empleado en el país o patentado o descripto en publicaciones impresas en el país o en el extranjero antes de la fecha de su invención

o bien, por el uso público o por la venta en

los Estados Unidos hasta más de dos años de la presentación de la solicitud. A su turno, Inglaterra dispone que todo hecho

producido fuera del territorio del Reino Unido

no

Finalmente, Suiza instituye que la publica- ción y el uso sólo son destructivos de la no- vedad si se producen antes del depósito en

es

destructivo

de

novedad.

el

país.

Italia

y España al inclinarse por el sistema

de la novedad absoluta establecen de una ma- nera general que la publicación y el uso ante- rior al depósito tanto en el país como en el extranjero destruyen la novedad.

pocos

Francia

y

Bélgica,

son

unos

de

los

países que no aceptan la novedad como requi-

sito para

delo. El primero, en efecto, consigna en el artículo 3 de la ley de 1909 que "la publicidad dada a un dibujo o modelo con anterioridad a su depósito por venta o por cualquier otro me- dio, no entraña la caducidad ni del derecho de propiedad, ni de la protección especial que acuerda la ley". En tanto que el segundo, al atribuir su doctrina jurisprudencial de una ma- nera constante un carácter esencialmente decla- rativo al depósito previsto por su ley, es lógico pensar que la publicidad o el uso antes de aquél, no destruye la novedad. Sin embargo,

la jurisprudencia belga es incierta al tender a admitir que la explotación comercial o la venta antes del depósito aniquila la novedad al con- siderar que ello implica el abandono de parte del autor de su derecho privado. Nuestra ley, conforme dijimos, si bien se inclina por el sistema de la novedad absoluta, lo limita, empero, mediante determinadas ex- cepciones, por lo que cabe afirmar que nuestra legislación ha adoptado, en verdad, un sistema especial que se distingue de los demás de su género. Al respecto el artículo de nuestro texto apunta que: "No podrán gozar de los beneficios que otorgue este decreto:

"a) Aquellos modelos o diseños industriales que hayan sido publicados o explotados pública-

mente, en el país o en el extranjero, con ante-

rioridad a la fecha del

El mismo inciso en su parte "in fine" anota dos excepciones a dicho principio:

1) La referente a los dibujos y modelos de- positados o patentados en el extranjero. Pues consigna que sólo carecerán de novedad cuando hayan sido explotados industrialmente en nues- tro país por un tercero, antes de solicitarse el registro en el país de origen. 2) La que atañe al dibujo o modelo exhibido

en exposiciones o ferias realizadas en este país

o en el exterior, a condición de que el respec-

tivo depósito se efectúe dentro del plazo de 6 meses a partir de la inauguración de la ex- posición o feria. Para la exégesis del texto apuntado y para evitar repeticiones innecesarias, nos remitimos

obtener el registro del

dibujo o mo-

.".

a lo que expusimos sobie la novedad al tratar la voz "Patentes de invención" ( 9 ).

3) Industrialidad. El tercero de los requisitos

necesarios para el otorgamiento del registro

de los dibujos y modelos es el de su industria- lidad. Al margen del valor estético de la crea- ción, aquéllos deben ser concebidos para ser

utilizados

industrialmente, vale decir, aplicados

a productos de la industria o del comercio. En otros términos, los dibujos y modelos quedan

fuera del ámbito jurídico que nos ocupa, si no

tienen una aplicación práctica. Lo contrario, haría imposible circunscribir los dibujos y mo-

delos a límites precisos y definidos por sus in-

finitas aplicaciones ulteriores, previsibles e

imprevisibles, lo que los haría necesariamente

carecer de los atributos esenciales de todo obje-

to destinado a ser protegido legalmente. Por eso nuestra ley /especifica expresamente

en el artículo I 9 que "la tutela se ejerce sobre los diseños o dibujos industríales", añadiendo

el artículo 3 ? que "a los efectos de este decreto, se considera modelo o diseño industrial las

formas o el aspecto incorporados o aplicados a

un -producto industrial

ter ornamental".

Quedan, pues, fuera del dominio que nos ocupa, aquellas obras que su autor no ha des-

tinado a una aplicación práctica. Mas no siem- pre se puede discernir la verdadera intención

del autor, pues el destino es un hecho íntimo

que se hace cierto y evidente a los terceros sólo cuando se ha realizado. La cuestión se

reduce, de tal modo, a la comprobación del hecho material ejecutado para que comience a

regir la tutela de la ley de dibujos y modelos.

Las leyes de los Estados Unidos, Inglaterra

y Francia,

tam-

que

le

confieran

carác-

entre

otras,

tienen

en

cuenta

bién el requisito de la industrialidad para el

registro de dibujos y modelos. Así, la primera,

estima que es patentable sólo el dibujo, nuevo,

original y ornamental para un producto indus-

trial. La segunda exige, a

su vez, entre otros

recaudos, que los elementos de forma, de con-

figuración o de ornamentación deben ser apli- cados a un objeto mediante un procedimiento o

un medio industrial. La tercera establece, en

fin, que la ley es aplicable a todo dibujo nuevo,

a toda forma plástica nueva o a todo objeto

industrial.

4) Ornamentalidad. El carácter ornamental

de los dibujos o modelos es otro de los requi-

sitos

que

nuestra

ley exige

para que

sean re-

gistrables.

Así

lo

preceptúa

el

artículo

3 9

al

establecer expresamente de que "se considerará

dibujo

o modelo

para

la

ley cuando la forma

o

el

aspecto

incorporados

o

aplicados

a

un

producto

industrial

mental". La tutela

le

de

confieren

carácter

orna-

la

ley sólo

se extiende,

(9)

Enciclopedia

Jurídica

Omeba.

de

tal

modo,

sobre

las

creaciones

de

forma

plástica

que

tienden a satisfacer, por consi-

guiente,

el

sentido estético

al

darle al objeto

un

nuevo

aspecto,

el

que

toma

así

una fiso-

nomía propia y característica. En tal sentido,

son dibujos los jaspeados, las múltiples combi-

naciones de telas, los 'vacíos y los rellenos obte-

nidos al combinar los hilos que reproducen los

contornos de un

objeto,

etcétera.

La configuración ornamental del objeto para

ser amparada debe ser además ostensible. No

hay tutela, pues, si los dibujos y modelos no son exteriores y visibles. En otros términos, re-

conocibles. Por eso se ha aseverado que un siste-

ma de hilos metálicos para sostener el armazón

de un sombrero de señora no puede constituir

un dibujo industrial, porque está destinado a ser cubierto por la tela y desaparecer de la

vista.

La ornamentación debe recaer también sobre

una forma concreta y determinada. Encontrán-

dose destinado el dibujo o modelo a dar al objeto un sello particular o una fisonomía ori-

ginal

debe

traducirse

por

una

forma

concreta

y determinada que impresione los sentidos y

que no sea solamente la traducción de una operación intelectual, ni la causa, manera o

tipo de fabricación.

Así lo sustentaron los \tribiinales france-

ses ( 10 ). al negar protección a un modelo de "Journal-Casse", cuya originalidad consistía en

una coordinación de trazos verticales y hori- zontales, es decir, una suerte de regladura pro-

pia para facilitar sobre el papel la aplicación

de un cierto método de trabajo. No se trataba, por tanto, de crear una forma, interesante por

su

representación

gráfica

o

plástica,

sino

de

poner en práctica una concepción intelectual,

un procedimiento de cálculo. Por eso también no se protege el procedimieno del adamascado,

sino su efecto sobre una tela una vez obtenido.

la ley el modo pata

De igual modo, es ajeno a

obtener o reproducir el dibujo o el modelo, ya

se hayan ejecutado a mano o con procedimien-

tos mecánicos.

La idea tampoco es amparada aun cuando recaiga sobre creaciones relativas al gusto, pues todos los concurrentes pueden adoptar la mis-

variar el dibujo

ma

idea,

con

la

condición

de

o el modelo tutelado. Indudablemente, cuando

la obra permanece en el estado de una concep- ción abstracta no es protegida. Es necesario

que pase del mundo de las ideas al mundo de

las formas. La ley tutela, así, la materialización

del pensamiento, que es la obra. Es lo que constituye, por otra parte, la representación

concreta de la idea. Pues el autor no puede

concreta

que ha impreso a su creación y no por la id

obtener protección sino

por

la

forma

CIO ) Tribunal Corr. du Mens, 26 de mayo de 1921.

Ann.

22-1-50.

generadora, la cual pertenece al fondo común

de la humanidad.

Por las mismas razones,

no

se encuentran amparados los efectos del muaré,

del jaspeado, del adamascado, sino solamente en

relación a un objeto definido al cual ellos le otorgan una fisonomía propia y nueva, porque

no se monopoliza un tipo de fabricación, sino

un objeto particular presentado bajo un aspecto

concreto.

Unidos, Inglaterra

Las leyes de los Estados

y Francia,

exigen

sobre

el

particular

que

los

dibujos o modelos para ser protegidos deben satisfacer, entre otros requisitos, el de ser orna- mentales o bien el de revestir una forma plás- tica, con lo cual ponen de resalto que sólo

extienden su tutela a aquellas creaciones que ofrecen en su conformación el carácter señalado.

5) Moralidad y

buenas

costumbres:

Nuestra ley exige como último requisito, se-

gún así lo dispone el inc. e) del artículo 6, que

el dibujo o modelo no sea contrario a la moral

y a las buenas costumbres. Es evidente, que si

la creación no cumple con el recaudo señalado,

no puede ser objeto de registro. Y el mismo debe ser examinado de acuerdo con el nivel de la moralidad media apreciada por un "buen padre de familia" y no con ciertos principios admitidos generalmente por quienes tienen in-

tereses creados en mantenerlos. Pero sea como

tal re-

quisito,

fuere, lo

cierto es

corresponde

que la valoración

con

de

entera amplitud a los

tribunales que juzgarán de acuerdo ai tiempo y

lugar de

E) Distinción con otras figuras jurídicas

1) Con las obras de arte aplicadas a la indus-

tria. Establecer la separación entre los dibujos

y modelos ornamentales y los de arte aplicados

a la industria, resulta una cuestión de gran

interés práctico. Pues el lugar de dichas obras no es fácil de determinar jurídicamente, dado que el arte aplicado a la industria tiende a eli-

minar las fronteras con el derecho de autor, al

inclinarse hacia la propiedad industrial más que

a la artística, ya que el modelo por su forma

nueva y

ade-

estético sino

sentido

su pronunciamiento.

racional

que

no

sólo

satisface

el

contribuye

también

al

lanto técnico.

Existen,

empero,

autores ( n ) que

consideran que las obras de bellas artes apli-

cadas no deben gozar de amparo como obras

otorga el derecho de autor,

artísticas, según

lo

por el hecho circunstancial de su utilización

práctica o por su destino industrial; o bien, en-

tienden otros ( 12 ),

que los

dibujos

o modelos

(11) Mendilaharzu, Eduardo F.: "Las artes aplicadas a la industria ante las convenciones internacionales en materia de derecho de autor", Rev. La Ley, t. 77, sec.

doctr.,

pág.

817.

(12) Desbois,

Henri:

Le

droit

d'auteur,

n?

98,

pág.

industriales y las obras de

arte aplicadas son

conceptos sinónimos. Pero lo cierto es, que la propiedad de un dibujo o modelo orna- mental no es protegida de la misma manera y

con el mismo alcance que la de un dibujo o

modelo artístico. Nuestra ley

11.723

sobre

la

producción intelectual legisla y extiende la pro-

tección de los modelos y obras de arte aplicadas

a la industria durante la vida de su autor y

a sus herederos o derechohabientes durante

cincuenta años más. En tanto que el decreto-

ley n 9 6673/63, ratificado por ley 16.478, so-

bre diseños y modelos industriales, los amparan

en

relación

con

el

objeto

al

cual

se

aplican

o se adaptan y dentro de un término máximo

de quince años. De aquí que para delimitar jurídicamente las obras ornamentales y las de arte aplicadas a la industria, existan distintos criterios doctrinarios y se hayan creado diversos

sistemas legislativos en base

a

dos

de

la

dualidad y la

de la unidad

teorías:

del arte.

la

Dos grandes corrientes podemos señalar, pues,

al respecto, cuyo análisis y crítica haremos pos-

teriormente:

una

que

admite

la

diferenciación

de dichos dibujos y modelos y otra que la ex-

cluye. A nuestro juicio, en vez, ambas corrien-

tes deben descartarse, por cuanto entendemos

que

la solución jurídica

de

la cuestión en

es-

tudio,

la

no se encuentra en

del

arte con

lo

fusión

la

que

separación o en

sino

no

lo

es,

que debe

surgir de la originalidad de las refe-

ridas obras, conforme lo puntualizaremos al emi-

tir nuestra opinión.

 

1.

Corriente

que

admite

la

diferenciación

A)

Doctrinaria:

 

1.

Opinión que

se

basa en

el modo de repro-

ducción de la obra. El dibujo o modelo debe

considerarse ornamental y, por consiguiente,

amparado mediante las normas de la propiedad

industrial cuando se obtenga por medios mecá- nicos. Si el dibujo o modelo exigen un trabajo

a mano serán, por el contrario, obras de arte

protegidas por los preceptos de la propiedad ar-

tística ( 1S ).

2.

Criterio

que se

funda

en el destino

de

la

obra.

dad

La

obra inmaterial que

tenga una finali-

artística será protegida por la ley relativa

a las obras de arte. Cuando se encuentra desti- nada a la ornamentación de los productos in- dustriales será, en vez, amparada por la ley

concerniente a los dibujos y modelos ornamen-

tales.

un

"Este sistema,

dice Pouillet ( 14 ),

dibujo aunque fuera

artístico,

admite que

desde el ins-

(13) M'eiss, N.: Traite ihéorique et pratique du droit

intemational -privé, t. II, pág. 292; Pataille et Huguet:

Cade International de Propriété Industrielle artistiq-ue et

litteraire, pao. 72; De Couder, Rubén: Dlctionnaire:

Dessins

de fabrique

n?

30.

tante que se destina a una reproducción in-

dustrial constituye exclusivamente un dibujo de

fábrica

de la materia.

sometido

a

las

formalidades

que

se

de

la

ley

El destino

imprima a la

obra es lo que determina su naturaleza indus- trial o artística. Una vez escogido, no puede

cambiarse la naturaleza de aquélla".

"Es

el

sistema,

manifiesta

Huard( 1B ),

que

parece más satisfactorio. Ninguno es más neto

ni se aviene más con el interés de los artífices.

Ningún criterio es más neto: con él es fácil discernir la intención primigenia del autor.

Ella resulta, algunas veces, del modo originario

•que adopte para su explotación, otras de la for-

del

ma en que se manifieste

su

concepción,

o

hecho que el trabajo fuera destinado a un fa-

bricante. Ningún criterio se aviene más con el

interés de los artífices: cuando éstos se proponen

explotar su obra, incorporándola principalmente

a un objeto usual, el destino que ellos le asig-

nan les sugiere la idea de reclamar la protec- ción consagrada por la ley que rige el arte

industrial.

artífices

los

sus produccio-

Por lo

ejecutan

demás,

a causa

de que

comúnmente

nes bajo la dirección de un empresario que los

sustituye frente al público y de la mediocridad

es difícil determinar

quién es el autor y la fecha de la creación del

habitual

de

sus

obras,

dibujo o del modelo. Se comprende, entonces,

la

que

el

juez

llamado

a

pronunciarse

sobre

propiedad de una obra de esta especie, encon-

trará gran dificultad al tener que hacerlo sobre

la base de pretensiones contradictorias, tanto

más, cuanto el depósito que determina la pro-

piedad del objeto sometido a su apreciación no

haya sido oportunamente impugnado. Esto nos

conduce a establecer que cuando una obra de arte se encuentra destinada, principalmente, a

ser aplicada a objetos usuales, su resultado con- sistirá comúnmente en una producción incon-

fundible por su simplicidad y que ha sido eje-

cutada por un sencillo obrero. Y la mejor ma- nera de comprobarlo la otorga la aplicación de este sistema".

3.

Juicio

que se

apoya en

el carácter accesorio

de

la

obra.

Afirma

Philipon O 6 )

que

"lo que

caracteriza

al

dibujo

de

fábrica

es

de

carecer

de existencia por sí mismo, porque constituye

el accesorio del objeto al que se lo incorpora,

aumentando su encanto y su valor, sin cambiar

su destino ni aumentar su utilidad. Cuando se

compra el producto sobre el cual ha sido apli-

cado el dibujo, es posible que éste influya por

su belleza en aquél, pero no es ello lo que ad-

quiere ni de lo que se sirve el comprador. Des- provisto del dibujo, podrá el objeto ser menos

agradable al sentido de la vista, pero no será

(15)

t

(16)

Huard, Gustavo: Traite de la propiété intellectue-

des

lle,

.2,

n?

380, pág. 482

Eduardo:

y sgts.

Traite

Philipon,

de

la

propricté

dcssins et modeles industriclles u? 23, pág.

55.

menos útil ni dejará de llenar el fin buscado

por quien se propuso comprarlo. El dibujo ar- tístico, por el contrario, tiene una existencia

propia e independiente: la tela o el papel sobre

el cual ha sido trazado no tienen ningún valor,

ninguna utilidad por sí mismos. Un ejemplo,

agrega dicho autor, nos hará comprender la di-

ferencia

que

existe

entre

el

dibujo

industrial

y

el

dibujo

artístico.

Si

por

un

procedimiento

químico se hacen desaparecer los rasgos de un

aguafuerte, la hoja de papel que quede en blan-

co después de la operación no podrá llenar más

la

necesidad que

satisfacía

el

grabado

desapa-

recido.

Si,

en vez,

se borran

los

recubren

un plato, por ejemplo,

dibujos

que

este utensilio

de menaje no dejará de prestar después de dicha

operación toda su utilidad anterior. Este carác-

ter accesorio del dibujo industrial, a nuestro entender, es el sello verdaderamente distintivo

de los dibujos de este género".

4. Teoría que se erige en la naturaleza artística

de la obra. Esta posición se basa en la natura-

leza intrínseca de la creación. Si la obra intrín-

secamente considerada es artística, lo seguirá

siendo

siempre,

cualquiera

fuera su

aplicación

ulterior.

Este sistema

fue

propugnado por e!

Congreso de

la Propiedad Industrial celebrado

en París en 1878 v es igualmente el sustentado

por Piola Caselli C 17 },

quien enseña

qu e "se

debe entender por obra de arte aplicada, a la

obra de arte que puede ser también concebida

como obra de arte puro, disociable de aquellos

elementos materiales que le dan el carácter de un producto industrial. En vez, agrega, son tutelables como dibujos y modelos de fábrica,

la moldura,

el dibujo, la coloración, las orna-

mentaciones accesorias, etcétera, aunque conten-

gan un elemento artístico, pero que forman parte

integrante del producto y no pueden, ser conce-

bidos como obra en sí o independientes del pro-

ducto mismo". Este criterio es seguido también

por la jurisprudencia nacional ( 18 ) al afirmar que "no están protegidos por la ley 11.72? los

papeles

de

aplicación

industrial,

diseñados y

., que por su naturaleza intrínseca

no son dibujos artísticos". Lo comparte asimismo

la

jurisprudencia

italiana,

con

la

sentencia de

la Corte de Apelación de Milán, de fecha 17

de julio de 1933, en que sostuvo que "la obra

de arte aplicada es protegida por la ley sobre

derechos de autor, cuando el carácter artístico

de la misma es independiente de los elementos materiales. Es decir, cuando el objeto puede set

considerado en sí mismo como una obra de

arte, o que dicha independencia sea de tal mo-

do, que el producto industrial conserve su valor

aun cuando se vuelva prácticamente inútil. Por

el contrario, el modelo es protegido por la lev

(17 )

autor*

(18)

Piola

et

del

Caselü,

contratto

Jurisprudencia

Edoardo:

di

edizione,

Argentina,

Trattato

del

n9

44, t>ág.

t.

47,

pág.

diritio ii

109.

998.

de dibujos y modelos cuando el elemento

ar-

ducción

intelectual, estatuye

en

el artículo

I 9

tístico constituye una

parte

integrante

y esen-

que

"toda

producción

científica

literaria

o

ar-

encial del producto industrial del cual no puede

tística

se

encuentra

comprendida

en

ella,

sea

ser separado". Los tribunales italianos han dicho

además

que

para

que

una

obra

de

arte

apli-

cada a la industria pueda invocar la tutela de

las leyes sobre derecho de autor, debe constituir

una obra de arte puro, vale decir, disociable

de los elementos materiales que le dan el carác-

ter de producto artístico industrial. Para la tu-

tela legal, no interesa, pues, el fin o el destino

de la obra, por cuanto dichas leyes protegen la obra de arte sólo en relación a sus elementos

intrínsecos, cuya naturaleza originaria subsiste

a pesar de la finalidad que se haya propuesto el autor ( 19 ).

5. Objeciones. Cada una de las cuatro teorías

analizadas precedentemente se hallan sujetas, a nuestro entender, a las siguientes críticas:

7

O

a)

Nuestros

tribunales ( ao )

han

dicho

que

la ley 11.723 no permite distingo alguno refe-

rente

al

medio

de

reproducción,

o

al

basado

en el destino de la obra, porque la ley recom-

pensa y protege toda composición debida al

esfuerzo del espíritu humano relacionado con las bellas artes.

b) ¡Es verdad qu e la industria emplea, gene-

ralmente, procedimientos mecánicos, pero no es

menos cierto,

artísticos

que

dibujos o

modelos

de gran mérito no son reproducidos por dichos

procedimientos. Además, los dibujos pintados a mano no dejan de ser dibujos ornamentales,

ya que es frecuente la venta en el comercio de

pañuelos pintados a mano o de pantallas deco-

radas a mano que, aun cuando su factura ma-

nual les brinda distinción o incrementa su valor,

no les quita su carácter industrial. "iEs la naturaleza del dibujo —enseña Poui- llet( 21 )— lo que señala su carácter industrial. Si el dibujo no tiene nada de artístico o cons-

tituye sólo una ornamentación, siendo un sim-

se

ple accesorio del objeto

al

cual se

aplica,

traía de un dibujo industrial, cualquiera fuera el modo de fabricarlo. Por eso nunca se ha

dudado que los dibujos de puntillas no fuesen dibujos de fábrica, aunque la puntilla se fa-

brique comúnmente a mano. Es bien claro,

pues, que la propiedad del dibujo no puede

depender de ningún modo de la manera como se fabrique. La ley no tiene que indagar si el

dibujo es obtenido por impresión, textura, bor-

dado o por cualquier otro método. Ella consi-

dera solamente el efecto, no la causa; el orna-

mento que impresiona el sentido de la vista,

no el procedimiento adoptado para obtenerlo".

Por su parte, nuestra ley 11.723 sobre la pro-

(19) Revista

pág. 171.

II Diritto

di Autor

e, abiil-junio

1938,

(20) jurisprudencia Argentina, t. 47, pág. 998, y t.

48, pág. 504.

cual fuere el procedimiento

de reproducción".

La jurisprudencia dei nuestros, tribunales no

Diversas le-

admite tampoco esta teoría ( 2;¡ ).

yes extranjeras se apartan también de este cri-

terio doctrinario.

Así, por ejemplo, la ley ingle-

sa de 1907, el estatuto sobre la propiedad in- dustrial de España de 1931, el Código de pro- piedad industrial del Brasil de 1945, etcétera, establecen que "un dibujo o modelo es indus- trial, sea obtenido por cualquier medio manual, mecánico o químico, separado o combinado". c) Pregunta Pouillet C 23 ), al criticar la opi-

nión

que

se funda en el destino,

si una

obra

realizada por un eminente artista que ha teni-

do especialmente en mira su aplicación

indus-

trial, puede modificar

tra parte —agrega— no lo admitimos.

no pierde su carácter artístico o industrial, ya

La obra

"Por nues-

su

carácter.

se destine

la misma

a uno

u

otro fin.

aplicación industrial,

El arte,

aun en

persiste, es in-

deleble, existe o no existe. Y si existe, ¿qué im-

porta que se aplique a la decoración de un

objeto industrial? No desaparece ni se aminora

imprime su ca-

por ello.

rácter al

puede

lo

Por el contrario,

objeto y

se

él

transmite.

No

admitirse, por consiguiente, que si un fabrican-

se pone de acuerdo con un autor en aplicar

te

a la decoración de sus productos un dibujo ar-

tístico

gración

consa-

preexistente

que

ha

recibido

la

de una exposición de bellas artes, pue-

da cambiar el carácter artístico de esa obra en

virtud de dicha aplicación. La obra persiste siempre como creación artística a pesar de la

aplicación industrial de que pueda ser objeto".

''Si la recompensa —manifiesta Bozerian—( 24 )

que el legislador acuerda al autor debe ser pro- porcional al mérito de la obra, no importa la aplicación o el destino de la misma. Cuando

el autor estima hacer múltiples aplicaciones,

tanto mejor para él. ¿Por qué hacer una pro- hibición de esa multiplicidad? Si aquél des-

obra

verdaderamente artística, ¿por qué tratarlo me-

nos favorablemente que al que destina princi- palmente la suya al arte? Se dice que es difí-

cil distinguir la obra artística de la obra indus-

trial. Si ello no se consigue por sus muchas

dificultades, menos se logrará cuando se trata

de determinar el destino principal de un objeto.

De igual modo, si dicha dificultad es ya gran-

de cuando en un objeto complejo el elemento artístico se encuentra separado o es susceptible

de ser separado del industrial, por ejemplo, una

estatuita sobre un péndulo; la dificultad, en

tina

principalmente

a

la

industria

una

(22) Jurisprudencia Argentina, t. 47, pág. 998.

(23) Pouillet, Eugene: Ob. cit., n9 24, págs. 42-43. t^24) Bozeiian, M-: Opinión citada por Eugenio Poui-

vez,

será insalvable,

cuando los <3os elementos

se encuentren confundidos y sean indivisibles, como en las cerámicas o en las piezas de plata".

refi-

riéndose a la que se apoya en el carácter acce-

sorio de la obra ornamental, aunque ingeniosa,

se funda en

tiene

el destino de los dibujos o modelos, porque ten-

d)

"Esta

teoría,

dice

Di

Franco C 25 ),

todos los defectos de la que

dría que considerar,

por ejemplo,

la famosa sa-

lera de Miguel Ángel, las copas y los jarros de

Benvenuto Cellini, las terracotas esmaltadas de

Lúea de la Robbia,

las porcelanas de Capodi-

monte, en la medida de simples modelos indus- triales".

afirma Pouilkt ( 28 ) que "Philipon

nace de su teoría una aplicación que desnatu-

A su vez,

raliza y restringe el

alcance del

dibujo de fá-

brica.

En

efecto

—agrega— en su

sistema

de-

ben

forzosamente

colocarse en

la categoría

de

dibujos de fábrica a los que tengan un carácter

artístico cuando

se incorporan

dustrial

para

decorarlo.

Por

a

un

objeto

consiguiente,

in-

su

sis'ema no se distingue del denominado del

destino

natura-

que

el mismo

que

se

combate".

funda

e)

"El

sistema

en

la

leza artística de la obra —manifiesta Phili-

pon— ( 27 ) parece seductor, pero ofrece dificul- tades prácticas insalvables. ¿Dónde comienza el arte? ¿dónde termina la industria? ¿Cómo

podrá trazarse una línea de separación entre los

dibujos artísticos y los dibujos industriales: 1 Este sistema deja todo librado al criterio de los

jueces v no resuelve nada. Estos tendrán nece-

sidad

de

realizar

en

cada

juicio

un

examen

especial para

determinar

si

el

carácter

de

tal

dibujo es

artístico,

o,

por el

contrario,

si

es

industrial.

Dificultades

y

discusiones

renace-

rán sin cesar y soluciones contradictorias serán emitidas sobre una misma cuestión".

Por

su

parte,

sostuvo

Bozerian C 28 ) en el

Congreso Internacional de la Propiedad Indus- trial celebrado en París en 1878, "que había

buscado durante mucho tiempo la línea de se-

paración entre el arte y la industria, pero que

'había renunciado

a encontrarla por considerar

imposible su hallazgo. Desafío a los jueces

—afirmó—, a hacer lo que el legislador no pue- de; lo que es imposible para uno, lo es para el otro. Dejar esa misión en libertad completa a

los tribunales, es dejar la puerta abierta al ca-

pricho,

a

la

moda,

a

la

improvisación,

a

la

pasión".

B) Legislativa:

Sistemas,

 

Diversos sistemas legislativos propugnan la separación de los dibujos y modelos ornamen-

(25") Di Franco, Luigi: Trattato Helia proprietá in-

dustríale,

n?

82, pág.

219.

(26) Pouillct, Eugene: Ob. cit., n? 25, pág. 44.

(27) Philipon, Eduardo: Oh. cit., n? 19, págs. 50-51.

(28)

Bozerian,

M.:

Opinión

lipon en ob.

cit., pág. 324.

citada

por

Eduardo

Phi-

tales

de

los

artísticos.

los siguientes:

Entre

otros,

cabe citar

1.

El que legisla ambas obras en sendas li-

jes

entre

otros países, por Alemania con las leyes del 11 de enero de 1876 sobre dibujos y modelos de

de enero

gusto y

1907 sobre la

especiales.

la

del

Es

9

el

sistema

de

adoptado,

propiedad artística. Por Suiza, que protege los

de marzo

por

dibujos

ornamentales

ley

del

1922.

30

de Í900, modificada en 1914 y 1928, en tanto

que ampara las obras literarias y artísticas por

ley del

2. El que incluye las obras ornamentales en

la ley de patentes cié invención y las artísticas

en la ley sobre 'propiedad intelectual. La ley

italiana, por ejemplo, del 13 de septiembre de

7 de diciembre de

dibujos y modelos ornamen-

tales en el título referente a los privilegios in-

dustriales (patentes de invención). En vez, le-

gisla Italia sobre la propiedad intelectual por

ley

3. El que inserta las primeras, en la ley so-

1934 incluye

los

promulgada

en

1941.

bre

marcas de fábrica y de comételo- y las se-

gundas,

las somete

intelectual.

Es

el

a

la

sistema

ley

sobre el derecho

que propugnaba la

ley mejicana del 28 de noviembre de 1889 so-

bre

marcas

de

fábrica

al

incluir

también en

ella los dibujos y modelos ornamentales. En cambio, el derecho de autor es legislado en

dicho

país

por

ley

del

31

de

diciembre de

1947.

4.

El que incorpora las obras ornamentales

en el Código de la propiedad industrial (en el

capítulo sobre las patentes de invención o so- bre las marcas de fábrica y de comercio), legis-

lando las artísticas en la ley sobre derechos de

autor. Este sistema se subdivide en dos corrien-

tes: a) la que incluye los dibujos y modelos ornamentales en el Código de la propiedad in-

dustrial, sometiéndolos a las mismas formalida-

des que a las patentes de invención, como el

del

que

Brasil

del

27

de

agosto

de

1945,

en

tanto

legisla el derecho de autor por leyes de

1898,

1939,

1912,

1940

y

y

decretos-leyes,

1946

y

b)

la

entre

que

otros, de

inserta

las

obras ornamentales en el capítulo sobre las marcas de fábrica y de comercio, como por

ejemplo, el Estatuto sobre la Propiedad Indus- trial de España del 16 de setiembre de 1931,

legis^ndo.

en

vez,

dicha

nación,

el

deredio

intelectual por otra ley especial del 10 de ene-

ro de 1879, reformada el 26 de julio de 1883,

2.

Corriente que excluye la

diferenciación

A) Doctrinaría

1.

Pouillet ( 29 )

propugnador

principal

de

esta corriente expresa: "¿De dónde parte la ¿i-

(29 ) Pouillet, Eugene: Ob. cit., n? 28, pág . 49 y sgts.

ficultad que se encuentra en definir claramente

la naturaleza y de establecer los caracteres del

dibujo

-agrega— cuando se busca separar o se preten-

nace

y

del

modelo

de

fábrica?

Ella

de establecer una

línea

de

demarcación

entre

dos cosas hechas para juntarse y unirse: el ar- te y la industria. Si el dibujo o el modelo de fábrica nunca revistiesen carácter artístico, la

definición sería lograda de inmediato; basta-

ría decir, que el dibujo o el modelo de fábrica

consisten en todo efecto de líneas, de colores y de formas que tienen por fin dar al objeto al

cual se aplican, una nueva individualidad. Es-

ta individualidad comercial o industrial es, en

la realidad de los hechos, el elemento más efi-

caz para definir el dibujo o el modelo de fá-

brica. Pero esto no sucede siempre así, se lle-

ga a ese efecto particular que hemos indicado

precedentemente, al adquirir lo creado una fi-

sonomía distinta que, por su jerarquía, se apro-

xima a un verdadero dibujo que se

ha conve-

nido en

denominar

artístico.

Este,

ya

no

es

una simple combinación de líneas geométricas;

no es más una amalgama cualquiera de colo-

res, sino

un

dibujo

que

tiene un

sentido

de-

terminado, que tiene una sugerencia espiritual

plasmada en un objeto o en una figura que existe en la naturaleza. En este caso, el dibujo

aplicado a un artículo comercial le da una fi-

sonomía propia que lo distingue de los artícu-

los similares, pero al mismo tiempo permite

que se lo admire por sí mismo, haciendo pasar inadvertido el objeto sobre el que se aplica al cautivar y absorver la atención del consumidor,

por lo que la adquisición y elección del artícu- lo se deberá principalmente a él. Si el carácter artístico del dibujo al menos, en ciertos casos, como lo hemos indicado, lleva consigo un fin

utilitario

que

incide en

favor

del

objeto sobre

el que dicho dibujo se aplica, nos pregunta-

mos sinceramente: ¿cuál es la regla a la que el juez deberá someterse para discernir la be-

lleza?

Lo mismo

entre los artistas reconocidos

como en todos los países y

en

todos los

siglos,

no hay escuelas que partiendo de principios opuestos consideren el arte y conciban lo bello

de una manera diametralmente diferente. ¿Es

que lo bello es absoluto? ¿No varía según la

naturaleza, los caracteres, el ambiente, las cos-

tumbres de los países o de los individuos? ¿Quién podrá establecer una línea de demar-

cación neta y

definida entre

lo bello

y

lo

que

no lo es, o sea, entre lo

que es arte

o

lo

que

no lo es? El arte, es necesario decirlo, no tiene

límites, no

tiene

comienzo ni

fin ,

no

es

sino

la expresión

de

espíritu humano.

espíritu,

el

arte

la

creación

concebida por

Desde que hay creación

el

del

se

manifiesta.

La

forma

será

más o menos censurable, la manifestación más

o menos grandiosa, la obra más o menos efíme-

ra, pero el arte no dejará de persistir.

El legis-

lador

dido durante más

francés,

fin

la

a pesar

ley

de

sobre

buen

de la lógica,

sesenta

años

dibujos

y

no

ha

po-

a

de

conducir

modelos

fábrica por haber tentado una distinción impo- sible, por haber querido admitir la existencia

del dibujo industrial al margen y fuera del di-

bujo artístico, por haber pensado en separar lo

que la misma naturaleza de las cosas ha unido

al punto de confundirlas. Admitir que la ley debe ser uniforme para todas las obras que tie-

nen arte para que todo

tades se desvanezcan.

mejor ley en materia de dibujos y modelos de

fábrica es la que asimila pura y simplemente el

dibujo

funde en una misma protección.

que

hoy se ve en gran parte realizado gracias a los

de marzo

votos sucesivos de las

se allane y las dificul-

Pensamos, pues, que la

de

fábrica al dibujo

artístico y los con-

Y

11

es

lo

leyes del

de

1902 y del

14 de julio

de

1909".

2.

Greffe y Casalonga ( 80 )

se inclinan,

asi-

mismo, a favor de este criterio al afirmar que

"el esfuerzo puesto de manifiesto por los diver-

sos legisladores para trazar la línea ideal des-

tinada a separar el arte puro del arte aplicado

parece vano. En nuestra opinión —agregan—

buscar dicha distinción equivale a decidir sobre

el valor artístico del objeto. No nos parece po-

sible en esta materia encontrar un criterio ob-

jetivo capaz de determinar de alguna suerte ese

valor artístico. La búsqueda del mismo ha lle- vado a los tribunales de numerosos países

a emitir decisiones contradictorias. Conviene,

pues, a nuestro juicio, suprimir toda distinción

entre la obra de arte puro y la de arte aplicado

y de simplificar el problema estableciendo úni-

camente si el objeto que se desea proteger por

Va

de suyo, que por útil entendemos lo que es sus-

ceptible de dar un resultado industrial, de pro-

ducir un efecto técnico o que constituya lo que

la legislación de los modelos es útil o no.

se

denomina

un

prodxtcto

industrial,

es

decir,

un producto utilizable

industrialmente con un

fin técnico.

Nos parece, por consiguiente, que

para saber si la obra examinada puede ser con- siderada como modelo, es suficiente formular la

siguiente

pregunta:

¿Sirve

para

algo?

En

la

afirmativa, debe ser protegida por una patente

Por el contrario, si no sirve para

nada o

categoría de los mo-

de invención.

es inútil,

es en

la

delos en la que deberá ser incluida.

La carac-

terística del arte es, en efecto, la inutilidad.

Es

imposible apreciar de una manera cierta el va-

lor artístico de un objeto. Todo lo que es po-

sible afirmar de una manera objetiva es la uti-

lidad o inutilidad del objeto. Esta concepción

permite hacer desaparecer así, las incoherencias

que se encuentran, muchas veces, en las diver-

sas legislaciones".

(30) Greffe, Piene et Casalonga, Alain: Ofc. cit,, núms.

285/286, págs.

232

y 233.

3. Ramella( 31 ) comparte también esta co-

rriente doctrinaria. Al criticar la ley italiana sobre dibujos y modelos del 30 de agosto de 1868, expresa que "falta unidad de trato para los dibujos, es decir, la asimilación de los di- bujos y modelos de fábrica a los artísticos. De- be existir una protección única (la de la ley sobre derechos de autor) para las produccio- nes de carácter artístico sea cual fuere su ob- jeto, puramente estético o utilitario, esto es, pa- ra la aplicación a la industria".

B) Legislativa

1. La ley francesa del 11 de marzo de 1902

sobre derechos de autor que derogó práctica- mente la ley napoleónica de 1806 sobre dibu- jos y modelos industriales, estatuye que "los derechos establecidos por la ley de 1793 (sobre

propiedad artística) se aplicarán a los escultores

y

dibujantes de ornamentos, cualquiera fuere

el

mérito y el destino de la obra".

2. El decreto-ley belga del 29 de enero de 1935 suprimió la dualidad existente entre las leyes sobre derechos de autor y dibujos y mo- delos. En la exposición de motivos con que fue elevado al soberano belga para su aprobación

se expuso que: "El proyecto de decreto real que

el gobierno presenta hoy a la aprobación de

vuestra majestad, se basa en el principio, casi

unánimemente admitido por los mejores inte- reses, que una sola y misma ley, aquella del 22 de marzo de 1886, debe en lo sucesivo ase- gurar la protección de todas las producciones de la forma, desde las más humildes hasta las

y mo-

más eminentes, vale decir, los

dibujos y modelos in-

delos artísticos como los

dustriales. Toda otra solución tendría por efec-

to mantener una barrera artificial entre el di-

bujo «obra de arte puro» y el dibujo «trabajo puramente industrial» y de abandonar a los jue- ces la decisión sobre la naturaleza de cada creación de la forma, que pueda presentarse".

C) Jurisprudencial

dibujos

1. Los tribunales franceses, basándose en la

legislación vigente en el país, admiten la teoría

sobre la unidad del arte.

Así, por ejemplo, la

Corte de París sostuvo el 20 de junio de 1929,

que fue compartido por la Corte de Casación

con fecha 9

de

doso

(1793) haya extendido a los dibujos de orna-

mento,

de julio

la

ley

del

1931,

de

"que

marzo

no es

de

du-

1902

que

11

lo mismo que

a los dibujos industria-

les

y

sin

carácter

artístico,

cualquiera

fuere el

mérito y el destino de la obra, la protección reservada a la propiedad artística y literaria con las respectivas sanciones previstas para esta úl- tima".

(31)

Ramella,

Agustín:

Tratado

de

la

propiedad

in*

dustrial,

t.

I,

n?

292, pág.

392.

El mismo tribunal estableció el día 17 de julio de 1936 que "la ley del 11 de marzo de 1902 (1793) no protege exclusivamente los di- bujos y ornamentos esculturales, sino que su texto ampara expresamente a los escultores y dibujantes de ornamentos, cualquiera fuere el mérito y el destino de la obra".

2. Los tribunales belgas se pronuncian tam-

bién a favor del referido criterio. Por ejemplo, la Corte de Apelación de Bruselas con fecha 4 de febrero de 1913 orientó la jurisprudencia belga hacia la unidad del arte y la industria, dando lugar así a la reforma legislativa del año 1935. Sostuvo en esa oportunidad "que cuan- do se trataba de fijar el carácter de una crea- ción desde el punto dé vista de la ley del 22 de marzo de 1886 sobre derechos de autor, bas- taba establecer que dicha obra tuviera, aun en parte, cierto sentido artístico por escaso o exi- guo que fuera". Como era raro encontrar mo- delos o dibujos industriales completamente des- provistos de dicho carácter artístico, la unidad del arte resultaba de esa manera casi completa

en

Bélgica.

3. La jurisprudencia estadounidense se in-

clina, asimismo, al sistema de la unidad artís- tica. El elemento protegible según la misma, es el aspecto exterior del dibujo al ser necesa- rio que ofrezca un carácter ornamental, dado que su protección dimana en cuanto es esté- tico o bello. Pero el tribunal americano ha ex- tendido, en ciertos casos, el alcance de la pa' labra "ornamental" al darle el mismo signifi- cado que el que posee la "artística". Resulta

así imposible en los Estados Unidos hacer una distinción entre el dominio de aplicación de

la ley sobre el "Copyright" y la legislación re-

lativa a las "patentes sobre dibujos, principal-

mente,

carácter artístico".

cuando estos últimos presentan cierto

3.

Nuestra opinión:

La solución deriva

de la originalidad

Examinadas

anteriormente

que

admiten

o que excluyen

las

la

dos corrientes

diferenciación

entre las obras ornamentales y las de arte apli- cadas a la industria, llegamos a la conclusión que ambas se basan en la doctrina de la unidad o de la dualidad del arte al fusionar o bien al

separar el arte y la industria.

La exposición de

las objeciones sobre las teorías que sustentan la doctrina de la unidad y la dualidad del arte, nos revelan además, en nuestra opinión, que ambas carecen de fundamento, máxime en

cuanto surge de los propios términos de la pri-

mera, su fracaso, toda vez que el juicio de sus expositores se basa en la imposibilidad de ha- llar la separación entre el arte y lo que no 1

es.

tro criterio, a pretender precisar o determinar

Porque todo ello equivale también, a nues-

•el concepto lógico de lo artístico, cuando en verdad resulta tarea ímproba y vana dada la dificultad insalvable de lograrlo. Por consi-

guiente, ninguna ,de las dos corrientes referidas alcanzan a resolver satisfactoriamente la cues- tión que origina. Su error fundamental consis-

te en haber pretendido basar la separación de

las mencionadas obras inmateriales en su con- dición o valoración artística, ya que no son

éstas, precisamente, las que determinan en e! dominio del derecho intelectual, la distinción

ni la tutela de las obras del ingenio. Les falta

a dichas corrientes para que sean aceptables

jurídicamente aquellos elementos que deben encontrarse en toda concepción áe esta índole:

la certeza, la substancia y la justicia intrínseca.

¿Cuándo, por consiguiente, debe considerarse una obra de bellas artes aplicadas, protegida por el derecho de autor y cuándo solamente un dibujo o modelo ornamental ajeno a dicho am- paro? A nuestro juicio, es el atributo de origi- nalidad el que permite su separación al deter- minar los preceptos legales a que deben que- dar sometidas, como el de establecer si corres- ponde o no su protección jurídica. El término "artístico" debe usarse, en cambio, como sinó- nimo de "inmaterial", "intelectual" o "de inge- nio", porque las obras artísticas son juzgadas

y protegidas en el derecho de autor de la mis-

ma manera y con igual alcance que cualquier obra inmaterial, intelectual o de ingenio. Los

dibujos y modelos ornamentales como los ar- tísticos no deben juzgarse, pues, en el campo jurídico, de acuerdo con, su valoración artística sino exclusivamente, desde el punto de vista de su originalidad. No en cuanto atañe a su originalidad artística, sino a su originalidad ju- rídica. Ello no significa que lo artístico queáe totalmente excluido de lo jurídico, porque pue- de acontecer que dibujos y modelos considera- dos originales en la órbita del derecho de au- tor o en el dominio del derecho industrial, sean

al mismo tiempo artísticos o, por el contrario,

no obstante ser artísticos estén desprovistos de

originalidad al constituir simples repeticiones o copias del trabajo ajeno. La originalidad jurí- dica o simplemente la originalidad es, por con- siguiente, a nuestro juicio, el atributo que re- suelve adecuadamente la separación entre las mencionadas obras de ingenio, haciendo facti- ble su tutela mediante preceptos legales dife- rentes. Pero aun cuando es el mismo atributo

el que les es aplicable, su determinación jurí-

dica está condicionada por la presencia de de- terminados índices reveladores de su existen-

cia, los que deberán ser juzgados sobre ciertos elementos peculiares pertenecientes a las obras

de aite u ornamentales, conforme lo puntuali-

zaremos a continuación.

a) La originalidad en las obras de arte apli-

cadas a la industria.

Según lo hemos sustenta-

do ( 32 ), la originalidad de la obra artística en el dominio del derecho de autor, debe surgir de la inspiración de este último, que constituye la idea que anima el tema o el asunto de su obra concebida como una unidad ideológica. Pfero hemos dicho además, en aquel estudio, que para establecer la originalidad es necesa- rio recurrir a determinados índices reveladores de su existencia. Por consiguiente, cualquier dibujo o modelo será tutelado por el derecho intelectual cuando la idea de inspiración que lo motiva, le haya exigido al autor para su rea- lización, sortear ciertas dificultades, vencer de- terminados obstáculos o le hubiera demandado cierto esfuerzo mediante la aplicación de espe- ciales facultades derivadas de su arte, de su ha- bilidad o de su técnica, juzgadas o valoradas de acuerdo con el nivel medio intelectual del hom- bre del oficio; o bien, cuando la obra basada en la idea de inspiración y considerada intrín- secamente, provoque en el espectador o en el sujeto encargado de juzgarla, un efecto estéti- co de carácter singular que la hacen inconfun- dible con las demás de su género. Resultan ajenos, por lo tanto, al derecho intelectual, el destino industrial del dibujo o modelo, su au- tónoma posibilidad artística de vida, su disocia- bilidad de la función utilitaria a que sean des- tinados o su desconcadenación de aquellos ele- mentos materiales que les dan carácter de pro- ducto industrial. Acorde con esto, nuestros tri- bunales han sustentado que el destino indus- trial no cambia el carácter del derecho del au- tor de la obra ( 3S ), como también que la ley protege las producciones intelectuales con in- dependencia de las cosas materiales, toda vez que el derecho de autor no se halla en éstas, sino en la concepción intelectual C 3i )- De tal modo, el dibujo o el modelo son amparados en la órbita del derecho intelectual como crea- ciones en sí mismas o en su intrínseca natura- leza. De ello resulta que su protección legal así otorgada, impide cualquier aplicación o adaptación industrial ulterior que traten de ha- cer los terceros en el campo del derecho indus- trial al pretender transformar la obra artística en una de carácter ornamental.

b) La originalidad en las obras ornamentales. Los dibujos y modelos aun desprovistos de la originalidad exigida por el derecho de autor, no quedan exentos, empero, de protección ju- rídica en el dominio del derecho industrial si la poseen como dibujos o modelos ornamenta- les. La originalidad de éstos, no deriva ya co- mo en el derecho intelectual de la idea de ins- piración que le es aplicable a los dibujos y modelos de arte, sino según nuestro criterio,

(32)

Ledesma,

Julio

C.:

"La

originalidad

en

la

obra

artística", Rev. La Ley, t. 83, sec. doctr., pág. 818,

(33)

Jurisprudencia

Argentina,

t.

48,

pág.

504.

(34)

Revista

La

Ley,

t.

I,

pág.

272.

dado su destino industrial,

de

la idea

de

apli-

cación o de adaptación industrial, conforme lo

señalamos

Con las marcas de fabrica y de comercio.

Sabido es que la marca es el signo nominativo

anteriormente,

2)

o emblemático

de

los

productos

o mercancías

que distingue. De aquí que enseñen las prác-

ticas

toda representación grá-

mercantiles

que

fica original

forma de

voltorios

frascos,

marcas.

de

un

concepto o

desde

las

símbolos

idea,

los

como

la

en-

los recipientes

de

papel

pueden

ser

hasta

Pero la ley exige,

simples

cajas,

protegidos

botellas y

como

además, que dichos

signos para ser registrados como tales, deben revestir los caracteres de originalidad y nove-

dad. Y ello no significa otra cosa que para ser susceptibles de apropiación no deben ser ele-

mentos representativos de los artículos que de-

signan, de las figuras usualmente empleadas en ciertas industrias o que indiquen la naturaleza

del producto o la clase a que pertenecen o, en

fin, no deben ser sensiblemente semejantes a

los demás signos registrados con anterioridad, de manera que produzcan confusión. Sin embar-

go, no siempre ha existido un criterio uniforme

sobre la protección como marca de la forma, aun

original, que se dé a los productos por el fabri- cante y más aún, frente a lo dispuesto por el inciso 2 V del artículo 3 9 de nuestra ley 3975 sobre marcas de fábrica de comercio y de agri- cultura, que la excluye de su tutela.

Sobre el

particular,

existen en

general,

tres

corrientes

doctrinarias:

a)

La

que

niega

toda

protección marcaria a la forma

de

un

produc-

to; b) La que admite que puede constituir mar-

ca, en tanto sea original y novedosa y c)

que acepta el criterio que si bien la forma de un producto no puede en principio constituir marca, un comerciante puede dar a sus artícu-

los una forma especial y la imitación de dicha forma puede ser uno de los elementos constitu-

tivos de la concurrencia desleal.

La

a)

La

primera

corriente

indicada, es

la

se-

guida

por

Bedarride ( 3B )

y

Bry ( 3e ),

entre

otros.

Bedarride

al

exponer

que

"la

cuestión

de que los recipientes, la forma y el color pue-

den

constituir una

marca

de

comercio suscep-

tible

de

un

derecho

privativo,

puede

parecer

ociosa. Un producto no puede ser una marca

de comercio, precisamente, porque es un pro-

ducto. Nos negamos pues a admitir que la con- figuración del objeto o sea la marca de fábrica protegida por la ley de 1857, ni que su usurpa-

ción constituya el delito que esta ley prevé y

castiga".

"La

primera

idea

que

se

presenta

en

este

(35)

Bedarride,

J.:

sur

Commentaire

les

noms

La

des

fabricants

lois

sur

et

les

les

47

littéraire

bre-

vets

marques de

y ssts.

d'invention

(36)

Bry,

des

fabrique, t. III, núms.

sur

841, pág.

840

y

Georges:

yropríété industríelle,

et artistique, n9 123, pág.

109.

(37 ) Pouillet, Eugene: Traite des marques de foíriouí

genres, n? 41,

et

pág. 45.

de

la

concurrence

déloyale

en

tous

clamado por las necesidades de la fabricación.

cuerda que en las porcelanas y en los cristales,

¿Por qué, por ejemplo, dice éste autor, la for-

la moda

o

el

gusto

no

toleran ningún signo

ma de un pan de jabón, si es nueva y especial,

extraño y sólo se pueden distinguir por su con-

no puede servir de marca a este producto? La

figuración

misma,

que

no

protege

la

ley

de

fabricación no requiere aquí una forma parti-

modelos

de

fábrica.

 

cular y si un fabricante imagina antes que

"Esta

configuración,

agrega,

tiene

el mismo

todos, el de presentar un jabón

al público bajo

fin,

el

mismo

valor,

el

mismo

efecto,

que

la

una forma determinada, que nadie haya em-

marca

propiamente

dicha;

es

indudablemente

pleado antes que él, ¿por qué privarlo del be-

latu sensu,

un

signo

destinado

a

distinguir,

neficio de su idea?".

es entonces una marca".

 

Con referencia al argumento de que la forma

está en el dominio público y que el principio

de la libertad de industria se opone a que se impongan al comercio semejantes trabas, dice:

este razonamiento se aplica a todo otro género

el

de marcas,

toda

figura

geométrica

está

en

dominio público

y,

sin

embargo,

se

reconoce

que la adopción por un fabricante de una for- ma geométrica que él dibuja sobre sus etique-

tas le da el derecho de prohibir a sus compe-

geomé-

tidores el

empleo

de

la

misma

forma

trica.

Sucede

lo

mismo

con

el

dibujo

de

un

monumento

público,

etcétera.

"Se objeta

—aduce

más

adelante—

que

la

forma

fábrica,

del

producto

constituye

un

modelo

de

protegido como

tal

por la

ley de

1906.

Sin duda,

la ley

se

1806,

ha

admitido bajo el

y

la

ley

de

de

que

la

de

1909 ha cerrado

imperio

de

de

toda discusión

acerca

forma

un

producto puede constituir un

«modelo».

¿Esto

impedirá que esta misma forma pueda servir

de marca? ¿Por qué la forma del producto no

podrá ser al mismo tiempo- protegida desde dos

puntos de vista diferentes por dos disposiciones

distintas? ¿El nombre no está, a la vez, pro- tegido por las leyes de 1824 y de 1857? ¿El dibujo que sirve de marca de fábrica no puede

ser al mismo tiempo amparado por la

ley

de

1793

como

propiedad

artística

y

por

la

ley

de 1857 como marca de fábrica?"

Y concluye:

"¿Qué interés

inspirar al

fabricante que copia

puede

entonces

la forma espe-

cial que

uno

de

sus

competidores

ha

dado

a

sus productos?

¿No

es

indudable

que

su

fin

es crear una confusión entre los productos de

su competidor y los suyos? ¿Qué importa al

comercio, qué importa al consumidor que el

producto tenga tal o cual forma, cuando esta

forma no produce por sí misma ningún resul-

tado especial y no tiene otro efecto que espe-

cializar, que singularizar el producto? No ve- mos ninguna razón plausible para sustraer a la protección de la ley de 1857 la forma misma del producto y pensamos que en numerosos ca- sos esta forma, si es nueva y especial, cons-

tituirá,

rística". Rendu ( 38 )

re-

comparte

al

contrario,

que

una

marca

este

muy

caracte-

criterio,

(38) Rendu,

cmmerce,

n?

Ambroise:

67,

pág.

65.

Marques

de

fabrique

et

de

Sustentan de igual modo, esta opinión, Braun

y

c) La tercera solución es la que determina que si bien la forma de un producto no pue-

de, en principio, constituir marca, se puede dar, sin embargo, al artículo una forma origi-

nal y la imitación de la misma puede ser con-

siderada como un acto de concurrencia desleal.

Capitaine ( S9 )

y

Ramella( 40 ).

Es

la

postura

adoptada

por

Pataille ( 41 )

al

consignar que "aun cuando se deduzca del texto

y

del

espíritu

de

la

ley

de

1857,

que el

le-

gislador ha querido permitir en el futuro a los

fabricantes, comerciantes o productores, asegu-

rarse

tivos

productos,

la

que

propiedad

pudieran

nos

de

todos

los

para

signos

distin-

sus

entrar

fábrica,

servir

distinguir

hacer

de

parece

legal

imposible

de

marcas

en

la clasificación

la forma misma de los productos. La imitación

de la forma de un producto, puede ser sola-

mente, según las circunstancias, uno de los elementos constitutivos de la concurrencia des- leal y nada más". Por nuestra parte, pensamos, como Di Gu- glielmo'( 42 ), que "cuando la forma del produc-

to carece de toda finalidad funcional o técnica y sólo constituye un medio para diferenciarlo de

sus similares, ningún motivo racionalmente fun-

dado induce a sustraerla del derecho marcario, tanto más que la imposibilidad de separarla del

artículo que distingue, asegura por su estabili-

dad,

carácter nove-

la

mayor permanencia del

doso que la ley tutela".

 

A

su vez,

Breuer Moreno ( 43 )

sostiene

que

el

inciso

2 9 ,

del

artículo

3 9

de

nuestra

ley

3975,

debe referirse a las formas necesarias o

inherentes a los productos y, por tanto, pueden

constituir marcas las formas arbitrarias y carac-

terísticas.

En tanto, comenta Zavala Rodríguez ( 44 ) que "aunque no existiera la disposición del inciso

2 9 , del artículo 3 9 , antes referida, que sólo pro- hibe el registro de la forma común, la forma

(39) Braun, Thomas et Capitaine, Albert: Les mar-

ques

de fabrique

et

de

commerce, n?

16,

pág.

32.

(40) Ramella, Agustín: Ob. cit., t. 2, n? 451, pág. 54.

(41) Pataille, Mi: Aúnales de la propriété industrielle,

in-

da

111,

artistique

(42)

dustrial,

(43)

y

et litteraire, t.

Guglielmo,

2,

Moreno,

de

57, pág.

Pascual:

pág.

90.

Pedro:

n9

256.

Tratado

Tratado

pág.

Di

t.

de

de

derecho

marcas

n?

115,

Breuer

fábrica

comercio,

125.

(44)

Zavala Rodríguez, Carlos Juan:

"La forma de los

productos como marca", /•

pág.

32.

-^-v

*•

1946-IV,

sec.

doctr.,

tampoco podía ser marca si

novedosa". De lo expuesto llegamos a la conclusión que

las formas que se de a los objetos o de acuer-

do cómo se apliquen, pueden ser tuteladas tan-

to por el régimen marcario como por el de

no

es original y

los modelos, de

la propiedad artística o por el

de las invenciones, según la finalidad que se

proponga el autor con su creación y en cuanto

ella satisfaga los requisitos que la ley se quiere someter, exige.

a

la que

3

Con las -patentes de invención.

Conforme

lo hemos señalado en

la

voz "Invención" ( 45 ),

ésta

está

constituida

por

la

idea

de

solución

original materializada de un problema técnico.

Si el dibujo o modelo ornamental está integra-

do, a su vez, por la forma, la fisonomía, el contorno o el aspecto externo que adquiere un producto industrial al producir un efecto or-

namental, es evidente que su separación con la

invención, está determinada por las consecuen-

cias o el resultado que producen en el mundo

exterior. De modo pues, que ésta se distingue

por el efecto técnico o por el resultado indus- trial, en tanto que el dibujo o modelo, por el efecto ornamental o por el resultado decorati- vo. Así, por ejemplo, en el invento de un me-

canismo de una máquina, no se aprecia las

meras condiciones de forma, sino en la medida

de los efectos técnicos conseguidos, por lo que

no constituye un invento de forma, sino un

invento

em-

de

fuerzas

de

la naturaleza.

Sin

bargo, puede acontecer que en un mismo obje-

to coexistan elementos de forma protegibles úni- camente por una patente de invención y otros

que, por su resultado ornamental, sean asimis-

mo susceptibles de ser registrados como mode-

los. Mas, para que una creación de forma sea protegible como modelo ornamental debe sa-

tisfacer los requisitos antes apuntados de la ley

la ob-

tención de un efecto técnico o de un resultado

industrial.

Nuestra ley de dibujos y modelos ha previs-

to tal coexistencia al establecer expresamente en el artículo 28, 2* parte, que "cuando por error se solicita una patente de invención para

proteger

obje-

que

los

regula,

independientemente de

un

modelo

o

diseño

industrial,

tada la solicitud por la Dirección Nacional de

la Propiedad Industrial por tal motivo, el inte-

resado

regis-

podrá

convertirla

en

solicitud

de

tro

de modelo o

diseño".

Pero obtenida una

invención patentable, se carece del derecho —

aun

cuando

no

está

consignado

por

la

ley—,

para aumentar la duración de su monopolio ex-

clusivo. Vale decir, de depositar a título de mo-

delo dicha invención y todas las otras formas

de realización equivalentes, susceptibles de en-

trar en el cuadro de esa inventiva.

(45)

Enciclopedia

Jurídica

Omeba.

Su diferen-

ciación la estudiaremos al tratar de una manera

particular los modelos de utilidad, por lo que nos remitimos a él por razones de brevedad.

4)

Con los modelos de utilidad.

F) Adquisición

del

derecho.

Sistemas

legales

Existen en la legislación comparada dos sis-

temas tradicionales sobre la adquisición del de-

recho de

los dibujos y modelos referidos espe-

cialmente a la necesidad o no de proceder a su

1) Sistema

registro para obtenerlo.

Tales son:

declarativo y 2)

Sistema atributivo:

De acuerdo con es-

te sistema, la adquisición del derecho sobre los

dibujos y modelos nace con su creación, pero para gozar del derecho exclusivo de explotación,

deberán registrarse. Es el sistema adoptado por

nuestra ley, pues mediante el artículo P otor-

ga al autor un derecho de propiedad, en tanto que para gozar de los derechos exclusivos so- bre su creación, él debe registrar su dibujo o modelo. De manera pues, que la propiedad so- bre la obra, resulta del hecho de la creación

que también protege la ley, en tanto que el registro que ella prevé no confiere ya un título

de propiedad, sino un derecho exclusivo de ex- plotación, tal como lo determina el artículo 4' que estatuye que "para gozar de los derechos reconocidos por el decreto-ley, el autor deberá registrar el modelo o diseño de su creación en el Registro de Modelos y Diseños Industriales que a tal efecto será llevado por la Secretaría de Industria y Minería (Dirección Nacional de la Propiedad Industrial)". Otorga además la ley,

una presunción "juris tantum" a favor del pri-

mer registrante al consignar el artículo 5' que "se presume que quien primero haya registrado

un modelo o diseño industrial es el autor del mismo, salvo prueba en contrario".

El creador goza así, en nuestro régimen le- gal, por el sólo hecho de serlo, de dos clases de derechos bien definidos: Los anteriores al registro y los posteriores al mismo, pero con la

nota característica de que sin registro no pue-

de invocar los beneficios de la ley.

1) Sistema declarativo.

La ley francesa de 1909 abraza un sistema

similar al apuntado, pero basta tan sólo el de-

pósito sin ninguna otra formalidad para adqui-

rir el derecho que otorga.

el artículo 3 9 de aquél texto:

En tal sentido dice

"Que la propie-

dad de un dibujo o modelo pertenece a quien

lo ha creado o sus derechohabientes; pero se

presume que el primer depositante de dicho di-

bujo o modelo,

salvo

prueba en contrario, es

el creador".

Igual orientación siguen las leyes de Alema-

si bien no crean el

nia -y España,

toda

vez que

derecho o la propiedad sobre los dibujos o mo-

délos, sólo el registro otorga un derecho exclu-

sivo de explotación.

La ley belga, en vez, admite el sistema de-

clarativo puro, al aceptar el registro de carácter

exclusivamente facultativo, dado que los dibu-

jos y modelos

irado, que sólo es abierto en caso de objeción y e] derecho de propiedad sobre ellos nace des-

son depositados bajo pliego ce-

nuestra ley determina que "la solicitud del re-

gistro deberá presentarse en la Direccón Nacio-

nal de la Propiedad Industrial, de acuerdo a lo que estatuya la reglamentación respectiva, de-

biendo contener:

1) Una solicitud, acompañada del compro-

bante de haber abonado la tasa prevista en

artículo

9";

el

de la creación,

sin

que el

uso y la publicidad

2)

Dibujos

del modelo o diseño;

 

antes del depósito, según lo señalamos anterior-

3)

Descripción

del

mismo y

 

mente, provoque la pérdida de la novedad y,

4)

Autorización

especial con

la

sola

firma

por taño, la extinción del derecho del creador.

del

solicitante,

no

legalizada,

que

habilite

a

2) Sistema atributivo. Las leyes de los Es-

tados Unidos y de Inglaterra abrazan, en cam-

bio, el sistema de registro atributivo. Pues la

primera impone el registro obligatorio para el verdadero autor o el primer inventor del dibu-

jo o modelo para que pueda adquirir un dere-

cho sobre ellos. Igual exigencia adopta la se-

gunda, para que el autor de la creación ob-

tenga protección legal.

G)

Otorgamiento del

derecho

Para el otorgamiento