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Reflexiones acerca de la modernidad y el problema de la identidad latinoamericana.

Fabián Bustamante Olguín 1

Lo que pretendo hacer en este ensayo es hace una reflexión en torno a la

modernidad y si ésta modernidad a afectado a la identidad latinoamericana . Para eso,

me gustaría hacer mención al concepto de modernidad, siguiendo la línea de Marshall

Bergman 2 , en su texto “Todo lo sólido se desvanece en el aire, para acercarme al

problema de la identidad latinoamericana. Bueno, para Bergman la modernidad lo ve

como un proceso dialéctico, es decir, como algo que nos puede llevar a la felicidad, pero

que a su vez nos puede llevar a la infelicidad. Yo interpreto esta definición de Marshall

Bergman como un “arma de doble filo”, porque si bien la modernidad con su carácter

totalizante (que penetra en todas las esferas de la sociedad, ya sea cultural, política,

económica y social) nos ha llevado a notable progresos, en donde el ser humano es el

centro de este proyecto para lograr su felicidad. Sin embargo, este proyecto también ha

llevado a cabo las escenas más tristes y horrendas de nuestra historia.

Marshall Bergman realiza una periodificación de la modernidad, dividiéndola en

tres fases: La primera fase va desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII. En esta primera

fase de la modernidad, nos dice Bergman que no existe una conciencia de que se esté

participando en este proyecto de modernidad, en términos más simples, no se percibe

aún la modernidad. Ahora bien, si insertamos esta primera definición de esta primera

fase de la modernidad, según Marshall Bergman, a lo que fue la Conquista de América,

se nota claramente que los latinoamericanos no percibían aún la modernidad, me

explico: la modernidad que llegó a América Latina fue una modernidad un tanto

restringida, ya que fuimos colonizados por una Corona que era muy tradicionalista, con

una fuerte visión de mundo basado en la religión, con un fuerte autoritarismo político, y

muy reacio a la racionalidad científica. En este sentido, pienso que en cuanto a lo

1 Estudiante de licenciatura en Historia de la Universidad Diego Portales, Santiago de Chile.

2 Marshall Bergman. Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad. Ediciones Siglo XXI, México, 1989.

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tradicionalista que, eran nuestros colonizadores, hacía que nosotros los americanos no tuviéramos tanta conciencia de estar siendo participe de este proyecto de modernidad. En la segunda fase que va desde el inicio de la Revolución Francesa en 1789 hasta finales del siglo XIX la situación cambia radicalmente, ya que es en esta segunda fase, donde Bergman nos dice que aquí hubo una tremenda conciencia del proyecyo de modernidad, en la cual se estaba participando. Es, justamente, en esta etapa donde Bergman le gustaría que nosotros (los contemporáneos) estuviésemos. Ese afán de querer amar y odiar a la modernidad, al mismo tiempo, es algo absolutamente fascinante. Ya lo expresa Bergman cuando nos habla de autores que inician la discusión sobre la modernidad como Rousseau cuando nos habla de la sociedad parisina al borde del abismo o Karl Marx cuando criticaba las deplorables condiciones de vida de miles de personas, a causa de la Revolución Industrial que ocurría en Inglaterra. Cuando Marx nos hablaba de la “presión atmosférica”, se refería a que las instituciones políticas, religiosas, etc, ejercían una presión al resto de la población. Marx sería el preludio a lo que Nietzche pondrá en el “tapete” cuando nos hable del concepto de “La Muerte de Dios” y el surgimiento del “Nuevo Hombre”. Comparto la idea de Bergman cuando este nos dice que a pesar de las críticas despiadadas que hacen éstos hombres a la modernidad, éstos a su vez, eran “gozadores” de ella. La vivían, la sentían, la criticaban, se burlaban de ella, pero también pensaban que la podían cambiar a algo cualitativamente mejor. La tercera fase (ya para terminar el concepto de modernidad según Marshall Bergman) se sitúa en el siglo XX hasta nuestros días, es aquí donde la modernidad ha penetrado en todos los aspectos, y ya no se vive con la intensidad como el de la segunda fase.

Luego de definir la modernidad en su acepción más global (gracias a Bergman), ahora desarrollaremos la modernidad en su contexto latinoamericano y cómo esta modernidad ha provocado el problema de la identidad latinoamericana.

Pues bien, siguiendo las fases de Marshall Bergman de la modernidad, concuerdo absolutamente que en la primera fase del proyecto de modernidad, nosotros los

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latinoamericanos no tuvimos conciencia de pertenecer a él debido a que nuestros colonizadores nos impidieron la modernidad e impidieron lograr su expansión. 3 En ese sentido ¿Podríamos hablar de una identidad en la etapa de Conquista? Por ningún motivo, incluso Walter Mignolo nos dice: “La “americanidad” es un concepto que se desarrolló al menos dos siglos después del “descubrimiento” y que se consolidó tras la Independencia del Estado de Nueva Inglaterra, de Nueva España, del virreinato del Perú y de Nueva Granada con respecto a Inglaterra y a España respectivamente” 4 Creo que lo que nos dice Mignolo es más que claro, así que sólo diremos que en esta primera fase se experimentó el desarrollo y la expansión de la modernidad, favoreciendo más a los europeos que ya se sentían como el centro del mundo, vale decir, tenían conciencia de que ya lo harán a partir de la universalización del sistema-mundo. 5 Si decimos que en el período del colonialismo español no existió una conciencia propia, de que éramos algo “distinto” a lo “foráneo” o a la “racionalidad instrumental 6 europea”, y más si fueron estos últimos los que nos “colocaron” un nombre para identificarnos como algo “distinto”, Walter Mignolo nos dice algo muy interesante: “América (…)no es un nombre que llegó a constituir la identificación territorial de la corona española o de los españoles en las Indias Occidentales, sino de la población y de los intelectuales criollos, de ascendencia española y líderes de la independencia durante el siglo XIX, nacidos en América.” 7 Ahora, estos líderes de la independencia hacen que entremos a otra etapa en nuestra historia de América latina que, tiene su grado de contradicción, oligárquica, por su carácter restringido. Santiago Castro Gómez nos dice: (…) nuestra tesis es que el modernismo latinoamericano fue una reacción romántica al predominio de la racionalidad instrumental (encarnada en el positivismo), y que, justamente por eso, continuó moviéndose en los límites definidos por la estética de lo bello. Con razón decía

3 Según Néstor García Canclini las interpretaciones actuales de la modernidad son cuatro movimientos básicos: un proyecto emancipador, expansivo, renovador y democratizador. Siguiendo estas características, es casi evidente que la modernidad fue restringida por parte de los españoles y portugueses que, a pesar de ser partes de Europa y del proceso expansivo de la economía mundo, sus patrones culturales basados en el monopolio religioso y en el autoritarismo político impedían de que la modernidad se asomara por sus colonias. Ver Néstor García Canclini. Culturas Híbridas. Estrategis para entrar y salir de la modernidad. Editorial Paidós, 1992. p. 51.

4 Walter Mignolo. Historias locales/diseños globales. p. 200.

5 Concepto acuñado al sociólogo norteamericano Immanuel Wallerstein.

6 Concepto acuñado por el sociólogo alemán Max Weber explicado en clases.

7 Idem.

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Octavio Paz que el modernismo se caracterizó por una “nostalgia de la unidad cósmica”. Esta nostalgia se explica, en opinión de paz, por el carácter especial que adoptó el positivismo en América Latina. Mientras que en Europa central el positivismo fue la ideología de una burguesía liberal interesada en el progreso industrial, en América Latina se convirtió en instrumento de una oligarquía de grandes terratenientes que buscaban afirmar sus privilegios (…)” 8 Si bien las elites adoptan ideas liberales como la construcción de un Estado Republicano y nuevas formas “democráticas” de gobierno, éstas, a su vez, tienen extraordinarias restricciones a la participación amplia del pueblo. Pues entonces, a pesar de que fue “(…) la población criolla y sus intelectuales quienes iniciaron (…)un proceso de autodesignación acudiendo al apelativo las “Américas” con todas sus variables posibles (…)” 9 , el resto del pueblo quedó en un “fuera de lugar” 10 ya que no se le incluyó al proyecto de la modernidad, sino que, al contrario, se le excluyó. Por tanto, en esta segunda fase podríamos decir que la modernidad fue percibida desde la intelectualidad y los sectores dominantes. Lo que sí podemos afirmar es que esta intelectualidad tenía una identidad latinoamericana, pero esta nació como rechazo al colonialismo hispano-lusitano. Quizás no fue tan acentuado, pero el sólo hecho de traer las ideas de la modernidad para lograr una reconstitución de una identidad distinta al polo cultural indo-ibérico, aunque ésta no haya sido desplazada totalmente sobre todo en los sectores del “bajo pueblo”, supuso, sin lugar a dudas, de un cambio. Según Walter Mignolo: “La identidad latinoamericana, al igual que cualquier otra identidad geopolítica y étnica, fue el resultado de un doble discurso: el discurso de la atribución de identidad por parte del Estado Imperial y su filtración a una sociedad civil (es decir, intelectuales, movimientos sociales) que disiente con respecto a la misma. América Latina fue una identidad poscolonial en el corazón de las fuerzas liberales dominantes en el sistema-mundo moderno durante el siglo XIX.” 11 Según estas palabras de Mignolo vienen a ratificar lo que dije anteriormente. Sin embargo, agregaría que estas fuerzas liberales, propulsoras de la modernidad, sólo podían conseguir que el proyecto modernizante se llevará a cabo, en la medida en que el ethos cultural indo-ibérico fuera

8 Santiago Castro Gómez. Crítica de la razón latinoamericana. Editorial Puvil, 1996. p. 140.

9 Walter Mignolo. Op.cit. pp. 200-201. 10 Concepto acuñado a Walter Mignolo

11 Ibíd

p. 204.

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radicalmente reemplazado, incluso hasta mejorando la raza (sólo recordemos los escritos

de Sarmiento en Argentina acerca de este tema). Para ello, una de las características de

esta

elite fue “reproducir” las ideas modernas desde Europa. Aunque, no sólo reproduce

sino

que existe una negación de lo propio.

Por otra parte, es durante el siglo XIX, donde se hicieron diagnósticos de la identidad latinoamericana, por parte de modernistas hispanoamericanos (elite) que hacen notar un aceleramiento de la identidad latinoamericana, respecto a años anteriores. Eso ya lo podemos notar desde los escritos de Bilbao en su ensayo “Evangelio Americano” donde “(…) exploraba las diferencias existentes entre América y Europa, entre la revolución de los Estados de Nueva Inglaterra y las colonias españolas, la ascensión de Estados Unidos, la colonización española y las dificultades a la hora de mantener el

espíritu revolucionario de independencia en la construcción de las nuevas repúblicas.” 12 Uno no puede negar el maravilloso análisis que hace Bilbao, sin embargo, éste sigue siendo un análisis netamente de elite y no creo que el resto de la población haya tenido

una

conciencia identitaria tan desarrollada como lo tenía los modernistas en el siglo

XIX

13 . Y eso se debe a que básicamente que “la modernización y democratización

abarcan una pequeña minoría (…) Si ser culto en el sentido moderno es, ante todo, ser letrado, en nuestro continente eso era imposible para más de la mitad de la población en 1920.” 14 Yo creo que aquí hay un punto para mí esencial que es que este abismo de la división de la sociedad en clases sociales cuestiona el pleno desarrollo de la identidad latinoamericana. Un trabajador no se identifica con su patrón por más que pertenezcan a la misma nación. La controvertida “unidad nacional” que aparecen en el discurso político de nuestras elites representa sólo los intereses del grupo selectivo de poder

12 Ibíd. p. 210.

13 Debemos recordar al lector que otros autores ya manifiestan un aceleramiento de la identidad latinoamericana, pero ésta surge como a la paulatina intromisión de los Estados Unidos en nuestro continente, ya que en sus numerosos escritos hablan del peligro que puede resultar para nuestro continente, la entrada de este “Cáliban” o este monstruo. Ya Darío hablaba del “Triunfo del Calibán” en donde triunfarían este monstruo bárbaro, imponiendo sus valores utilitarios y poco filantrópicos. Y por otro lado, está Rodó que le habla a los jóvenes de nuestra América para que preserve lo que en realidad es y no cambie su accionar frente al monstruo Calibán. Y también José martí que es la síntesis de todo el pensamiento anti-norteamericano que se viene gestando desde el siglo XIX.

14 Néstor García Canclini. Culturas híbridas. Editorial Paidós, 1992. p. 82.

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quienes recibir de una manera más directa la modernidad, en comparación con el resto del pueblo. 15 Ahora bien, cuando la modernidad en Europa comienza a entrar en crisis, en la primera mitad del siglo XX, coincide en América Latina, con el derrumbe del sistema oligárquico y comienza, una industrialización sustitutiva con algún grado de éxito, 16 es también el surgimiento de una conciencia identitaria anti-imperialista y de conciencia social. Dicho en otros términos, la identidad que surge aquí es más bien una identidad en contra de la modernidad, ya que a ésta se le acusa de haber causado los problemas sociales que existían en ese período. Pero ya en la segunda mitad “(…) de este siglo que las elites de las ciencias sociales, el arte y la literatura encuentran signos de firme modernización socioeconómica en América Latina.” 17 Se consolida democracias de participación más amplia a numerosos sectores de la población. Entre ellos se destaca la industrialización, el consumo, el empleo, la urbanización y la expansión en la educación. Cuando viene ya la segunda crisis de la modernidad en la década de los sesenta, y viene la agitación social, caemos en dictaduras que nos taren un problema de identidad que esta marcada por el pesimismo sobre la modernidad.

Como en conclusión, y para ir cerrando esta reflexión, la intromisión de políticas neoliberales que hasta el día hoy continúa, hace que la modernidad se consolide, pero sus efectos a la identidad son, a mi juicio, peligrosos. Cuando la modernidad ha penetrado en todos los ámbitos de la vida latinoamericana, hace que dependamos mucho de las grandes potencias y hace que adquiramos identidades foráneas, a la cual lo sobre valoramos exageradamente. Quizás, nuestro problema es que siempre hemos visto la modernidad como algo externo a nosotros y que, por lo tanto, pone en peligro nuestra identidad. Pero, como dice Larraín nuestros rasgos de modernidad son más bien específico y no atentan contra nuestra identidad. La modernidad (como proyecto) e identidad (como construcción) no son conceptos que se opongan, sino que van juntos y

15 El proyecto emancipador, expansivo, renovador y democratizador de la modernidad, parece ser que no fue tan así en América latina. Más, la elite la entorpeció, en vez de expandirla.

16 Jorge Larraín. La trayectoria latinoamericana hacia la modernidad. p. 8. Extraído de www.cepchile.cl.

17 Néstor García Canclini. Op.cit. p. 95.

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en proceso de edificación hasta el día de hoy. Eso no lo podemos negar, y la idea de

Jorge Larraín es más que aceptable, pero ante una sociedad de consumo como la nuestra,

en donde todo es prácticamente importado (ya sea objetos o ideas) cuestionan realmente

la idea de tener una identidad latinoamericana. Quizás, si uno le pregunta a la gente si

ésta se siente latinoamericana, tal vez, la mayoría nos diría que no.

Bibliografía

Néstor García Canclini. Culturas Híbridas. Estrategis para entrar y salir de la modernidad. Editorial Paidós, 1992.

Walter Mignolo. Historias locales/diseños globales.

Santiago Castro Gómez. Crítica de la razón latinoamericana. Editorial Puvil, 1996.

Jorge Larraín. La trayectoria latinoamericana hacia la www.cepchile.cl.

Extraído de

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