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EL SER HUMANO COMO ESPECIE: LA PERSPECTIVA BIOLÓGICA

Stella Maris Martínez. Cátedra de Biología

La pregunta ¿qué es el hombre? la hemos formulado desde hace muchísimos años. Una base sencilla que puede servir de punto de partida es preguntarse sobre la naturaleza biológica del hombre. Desde Darwin en adelante quedó claro, basado en una creciente cantidad de evidencias, que Homo sapiens, nuestra especie, evolucionó desde especies precedentes bajo la influencia directora de la selección natural y que Homo sapiens está emparentado por ancestros comunes con los grandes monos modernos

Sabemos que la humanidad tiene millones de años de existencia. Nuestro propio género, Homo, alrededor de 2 a 2,5 y Australopithecus, un género anterior, más de 4. Durante este larguísimo período, nos hemos adaptado a ambientes cambiantes y enfrentado innumerables catástrofes. Los humanos actuales, así como todos los seres vivos que nos acompañan, podríamos considerarnos sobrevivientes de una interminable serie de adversidades. Sobrevivimos porque la presión de la selección natural favorece las constituciones genéticas más apropiadas para enfrentar los desafíos del ambiente. Hay que tener presente que desde el punto de vista evolutivo, lo que cuenta para definir que un individuo es exitoso es que deje mayor número de descendientes que otros. De esta forma, esos genes favorables pasan a la siguiente generación y con el tiempo llegarán a ser los más frecuentes en la población. Un problema importantísimo ligado al éxito de los seres humanos debe haber sido resolver cómo criar a los hijos eficazmente ya que nuestra la infancia es prolongada y desvalida. Homo sapiens recorrió este desfiladero exitosamente y prevalecimos mientras otras especies próximas se extinguían, entre ellas el enigmático y avanzado hombre de Neanderthal.

El camino evolutivo que recorrimos, de acuerdo con las evidencias disponibles, fue errático. No parece haber sido una senda derecha y segura hacia algún tipo de perfección. Se dice de la especie humana que es la especie única: todos los seres humanos actuales somos Homo sapiens. Singularizados, entre tantos aspectos, por ser primates de posición erecta, enteramente bípedos y dotados de un cerebro complejo y voluminoso. Pero no siempre fue así.

Ahora sabemos que todos los seres vivos, desde las bacterias al ser humano, pertenecen a una misma gran familia que se ha desarrollado en el curso de la historia evolutiva del planeta. Al presente se han logrado identificar más de 2 millones de especies, pero es un cálculo muy conservador. Todos compartimos el mismo código genético y las proteínas que nos forman están construidas a partir de los mismos 20 aminoácidos.

Existe una jerarquía de organización que comienza en lo subatómico, continúa a través de átomos, moléculas, células, tejidos, órganos, individuos, poblaciones, hasta las comunidades y ecosistemas. El fenómeno de la vida en toda su complejidad ocurre únicamente desde el nivel celular hacia arriba.

Se han encontrado evidencias de bacterias que habrían vivido 3.800 millones de años atrás. Homo sapiens apareció en Africa hace unos 100.000 o 120.000 años. Puede considerarse un recién llegado. Su historia evolutiva se habría iniciado con los Australopithecus, un género de homínido primitivo pero que está dentro de la familia humana. Estos antecesores eran bípedos, vivían en tierra y no en los árboles y empleaban las manos para manipular como lo hacemos nosotros aunque seguramente con mucha menos habilidad. Sus dientes llegaron a ser tan semejantes a los nuestros que resultan difíciles de distinguir, según palabras de un anatomista tan distinguido como George Gaylord Simpson. Su cerebro, sin embargo era pequeño, unos 500 cm 3 , más próximo al de un chimpancé que al de un humano moderno.

Los australopitecos prevalecieron millones de años y, de hecho, coexistieron con la primera especie del género Homo, Homo habilis, aparentemente el primer constructor de herramientas de piedra. En los 2 millones de años siguientes aparecen y se extinguen varias especies del género Homo. Particularmente interesante es Homo erectus, el primer hombre que salió de Africa y habitó Asia, Europa y algunas regiones de Oceanía. Tuvo mucho éxito, al menos las poblaciones que sobrevivieron en Asia y Oceanía. El origen de Homo sapiens moderno no parece relacionado con estas poblaciones, sino que habría evolucionado a partir de una población de Homo erectus que había permanecido en Africa. Su salida de Africa se produjo bastante rápidamente, y se extendió progresivamente por todo el mundo. En este proceso fue reemplazando a las demás especies de homínido que encontraba, por ejemplo al Hombre de Neanderthal que muchos consideran una variante europea evolucionada a partir de otras poblaciones de Homo erectus.

Son signos distintivos de la evolución humana:

El compartir ancestros primitivos con otros primates actuales,

La adquisición precoz de la posición erecta y la bipedestación. Cambios que afectaron sin duda aptitudes y hábitos, por ejemplo alimenticios, como bien lo muestra la disminución del tamaño de los dientes. Sólo cuando la evolución de la postura humana y de la dentición estuvieron completas empezó el gran aumento del tamaño de cerebro.

El género humano es precisamente eso, un género, que abarca actualmente a una especie definida y única, Homo sapiens, a la que todos pertenecemos. Desde el punto de vista biológico, esto significa que los individuos de las poblaciones humanas, aun las más alejadas y aisladas, pueden aparearse entre sí, y de hecho lo hacen si tienen la oportunidad, produciendo vástagos fértiles. No existe aislamiento reproductivo entre poblaciones humanas.

Decir que el ser humano es una especie biológica entre dos millones y que los estudios de ADN comparado prueban nuestro parentesco con el chimpancé no significa, en absoluto, que los biólogos ignoren las condiciones únicas de Homo sapiens. Los otros expertos de esta mesa lo tratarán sin duda con profundidad, pero deseo establecer que para la Biología Homo sapiens es una especie única. Los seres humanos son bípedos culturales y sociales que poseen lenguaje y con una extraordinaria capacidad de fabricar instrumentos. El lenguaje humano es un hecho único, no sólo como forma de comunicación sino como medio de pensamiento, memoria, introspección, capacidades tan propias del ser humano.

En resumen, para la Biología el hombre es un animal con “rarezas” que lo hacen único y con muchas cosas comunes a cualquier otro animal: nace, crece, se reproduce y muere. También come, respira y se moviliza. La naturaleza humana incluye la naturaleza común de todos los animales. El problema que se presenta al biólogo, es resolver cómo y por qué la evolución orgánica produjo un animal capaz de evolución cultural, que posee sentido moral y, que además, es consciente de ello.

Desde un punto de vista estrictamente biológico es posible pensar que las tendencias sociales y el sentido ético humanos representan adquisiciones evolutivas. Estas características habrían conferido ventaja selectiva a los individuos flexibles con aptitud

para discernir entre diferentes acciones posibles en función de los resultados previsibles y la consiguiente responsablilidad. Este tipo de adaptación sólo sería posible en un medio social cooperativo que permita el aprendizaje. Pero esto no explica las complejidades propias de dichas capacidades. Para ello será imprescindible recurrir a otros niveles de estudio y comprensión.