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Texto . La Estructura De Las Teorías Científicas

Autor . Frederick Suppe

E. La Versión Final De La Concepción Heredada

Al trazar el desarrollo de la Concepción Heredada, me he concentrado fundamentalmente en los desarrollos y cambios introducidos por Carnap y Hempel. Aunque estos dos juntos fueron los principales autores de la Concepción Heredada en su forma final y más sofisticada, no fueron los únicos que apoyaron la Concepción Heredada. Se desarrollaron otras muchas versiones por otro cierto número de filósofos, entre los que están Bergmann (1957), páginas 31-32; Duhem (1954), pág. 19; Braithwaite (1953), cap. II; Reichenbach (1962), cap. 8; Campbell (1920), cap. 6; Ramsey (1931), págs. 212-236; Margenau (1950); Northrop(1947), cap. 8; Nagel (1961), páginas 90 y ss., y Kaplan (1964), págs. 298-299, por nombrar algunas de las versiones más importantes. Se pueden considerar estas distintas versiones de la Concepción Heredada como variaciones en las distintas etapas del desarrollo de la Concepción Heredada mencionadas anteriormente; como sus rasgos distintivos no las hacen menos vulnerables a las críticas hechas contra la versión de Carnap- Hempel, no se requieren aquí consideraciones más detalladas sobre cada una de ellas 106 .

Cuando se incorporan a una interpretación coherente las modificaciones de (I) a (V), discutidas anteriormente, obtenemos la versión final de la Concepción Heredada, que considera que las teorías científicas tienen una formulación canónica que satisface las condiciones siguientes:

1) Existe un lenguaje de primer orden, L (susceptible de ampliación con operadores modales) en

términos del cual se formula la teoría, y un cálculo lógico K, definido en términos de L.

2) Las constantes primitivas, no lógicas o descriptivas (esto es, los «términos») de L, se dividen en

dos clases disjuntas:

V 0 , que contiene sólo los términos de observación; V t , que contiene los términos no-observacionales o teóricos; V 0 debe contener al menos una constante individual.

3) El lenguaje L se divide en los siguientes sublenguajes, y el cálculo K se divide en los siguientes

subcálculos:

a) El lenguaje de observación, Lo, es un sublenguaje de L que no contiene cuantificadores ni

operadores modales, y contiene términos de V 0 , pero ninguno de V t . El cálculo asociado Ko es la restricción de K a Lo y debe ser tal que todo término no-Vo (esto es, no primitivo) de Lo esté explícitamente definido en Ko; además de esto, Ko debe admitir al menos un modelo finito.

b) El lenguaje de observación ampliado lógicamente, Lo, no contiene términos V t y puede

considerarse que está formado a partir de Lo, añadiéndole los cuantificadores, operadores, etc., de L. Su caculo asociado Ko' es la restricción de K a Lo'.

c) El lenguaje teórico, L t , es el sublenguaje de L que no tiene términos V 0 ; su cálculo asociado K t ,

es la restricción de K a L t .

Estos sublenguajes juntos no agotan a L, porque L también contiene enunciados mixtos -esto es, aquellos en los que al menos aparece un término V t y otro V 0 -. Además se supone que cada uno de los sublenguajes anteriores tiene su propio stock de predicados y/o de variables funcionales y que Lo' tienen el mismo stock, el cual es distinto del de L t .

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4) Lo y sus cálculos asociados reciben una interpretación semántica que satisface las siguientes

condiciones:

a) El dominio de interpretación consta de acontecimientos, cosas, o momentos concretos y

observables;

las

relaciones y propiedades de la interpretación deben ser directamente

observables.

b) El valor de cada variable de Lo debe designarse median una expresión de Lo.

De aquí se sigue que cualquiera de estas interpretaciones Lo y Ko, ampliada mediante apropiadas reglas adicionales de verdad, se convertirá en una interpretación de Lo’ y Ko'. Se pueden concebir las interpretaciones de Lo y Ko como interpretaciones semánticas parciales de L y K, y se requiere además que no se dé ninguna interpretación semántica observacional de L y K distinta de las dadas por tales interpretaciones.

5) Una interpretación parcial de los términos teóricos y de los enunciados de L que los contienen

se consigue mediante las dos clases de postulados siguientes: los postulados teóricos T (esto es, los axiomas de la teoría) en que sólo aparecen los términos de V t , y las reglas de correspondencia

o postulados C, que son enunciados mixtos. Las reglas de correspondencia C deben satisfacer las siguientes condiciones:

a) El conjunto de reglas C debe ser finito.

b) C debe ser lógicamente compatible con T.

c) C no contiene términos extralógicos que no pertenezcan a V 0 o V t .

d) Cada regla de C debe contener, esencial o no vacuamente, al menos un término V 0 y al menos

otro V t .

Sea T la suma de los postulados teóricos y C la de las reglas de correspondencia. Entonces la teoría científica, basada en L, T y C, consiste en la suma de T y C y es designada por 'TC' 107 . Como esta es la versión desarrollada, más sofisticada y satisfactoria, de la Concepción Heredada, es la que se tendrá en cuenta en nuestra la discusión posterior.

Antes de concluir nuestro análisis del desarrollo de la Concepción Heredada, se deberá observar cuánto difiere su versión final de la inicial. Inicialmente, la Concepción Heredada era un cuerpo de teorías que concedía poca importancia al aparato teórico, TC, siendo su función poco más que un medio de introducir las matemáticas en la ciencia. En su versión final, las teorías se consideran realistamente como descripciones de sistemas de no-observables que se relacionan de modos no especificables del todo con sus manifestaciones observables; en este análisis, el aparato teórico es central, y el énfasis se pone en cómo el aparato teórico se relaciona con los fenómenos.

Es necesario también subrayar que otras versiones de la Concepción Heredada continuaron apareciendo después del desarrollo de la versión final de Carnap y Hempel. Así, por ejemplo, se formularon versiones de la Concepción Heredada contemporáneas de la versión final, en las que se prohibía por completo hacer una interpretación semántica de V t , en lugar de conformarse con la prohibición más débil de Hempel y Carnap de hacer de ésta una interpretación semántica observacional. Al llamar a la versión de Carnap y Hempel la versión final y limitar mi juicio crítico a la versión final estoy haciendo un juicio de valor respecto a los méritos relativos de las distintas versiones posteriores de la Concepción Heredada. Y mi valoración consiste en que lo que llamo

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versión final no es otra cosa que la más sofisticada y menos vulnerable versión de la Concepción Heredada: es la versión a la que mejores argumentos asisten. Así, por ejemplo, se verá en IV-C y IV-D infer, que la versión final escapa a ciertas críticas que afectan a otras versiones.

F. El Desarrollo De La Ciencia Según La Concepción Heredada: Reducción De Teorías

Quiero terminar esta sección teniendo en cuenta una opinión que, hablando estrictamente, no forma parte de la Concepción Heredada, pero que está íntimamente relacionada con ella; se trata del tratamiento positivista de la reducción de teorías. De acuerdo con la mayoría de los defensores de la Concepción Heredada, las teorías están sujetas a verificación empírica y si una teoría pasa una variedad suficiente de tales pruebas, goza de un alto grado de confirmación. Sin embargo, la historia de la ciencia está llena de teorías que una vez se vieron ampliamente confirmadas, pero más tarde fueron sustituidas por otras nuevas. Según la Concepción Heredada, este fenómeno se puede entender si se considera que el progreso científico adopta tres formas. Primeramente, aunque una teoría haya sido ampliamente aceptada por estar fuertemente confirmada, desarrollos posteriores (por ejemplo, los adelantos tecnológicos que mejoran drásticamente la exactitud de observación y medida) han hallado zonas en donde la teoría resultaba predictivamente inadecuada, y, por tanto, su grado de confirmación se ha visto aminorado. Aunque históricamente sea inexacto, la revolución copernicana se pone a veces como ejemplo de este tipo 108 . En segundo lugar, mientras la teoría continúa disfrutando de confirmación para los diferentes sistemas comprendidos en su campo originario se está viendo cómo ampliar la teoría hasta abarcar un número más amplio de sistemas o fenómenos. Un ejemplo, a menudo citado, de esto es la extensión de la mecánica clásica de partículas a la mecánica de cuerpos rígidos. En tercer lugar, varias teorías dispares, disfrutando cada una de ellas de un alto grado de confirmación, se incluye en, o se reducen a, alguna otra teoría más amplia.

En esencia los positivistas mantienen la tesis de que, excepto en la consideración inicial de teorías nuevas, el progreso científico acontece a través de los dos últimos tipos de desarrollo. La racionalidad de esta tesis parece estribar en lo siguiente: Cuando una teoría se propone inicialmente y se considera si es adecuada, sus fallos predictivos se traducirán en un rechazo o disconfirmación de la misma; pero si la teoría logra pasar con éxito una variedad suficiente de experimentos relativos a su alcance inicial, la teoría pasa a disfrutar de un alto grado de confirmación en relación con dicho alcance. Una vez que disfruta de un alto grado de confirmación es muy poco probable que la teoría pueda verse disconfirmada, pues para que una teoría se vea disconfirmada será preciso que fracase en sus predicciones y esto es poco probable que ocurra para ninguno de los tipos de fenómenos comprendidos bajo un alcance inicial, dado que la teoría se ve ampliamente confirmada en relación con dicho alcance; más bien lo que se produciría serían disconfirmaciones posteriores como consecuencia de fallos predictivos para nuevos tipos de fenómenos diferentes de los que habían sido comprobados previamente. Por otra parte, el hecho de que tales fenómenos sean diferentes significa que se requerirán nuevas técnicas instrumentales y demás para realizar las pruebas y que éstas deben introducirse en TC como reglas de correspondencia adicionales. Pero hacer esto equivale a reemplazar TC por una nueva teoría TC' estrechamente relacionada con aquélla y que hay que comprobar; y cualquier

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disconfirmación que aparezca será una disconfirmación de TC', no de TC. Por consiguiente, una vez que una teoría TC goza de un alto grado de confirmación es poco probable que se vea disconfirmada; cualquier disconfirmación lo será de ampliaciones de TC a ámbitos más amplios que el de TC. Así, una vez que una teoría es aceptada, el progreso científico en relación con ella es del segundo tipo, es decir, consiste en intentos de extender TC a un ámbito más amplio -esto es, en la producción de TC', TC", etc.- Cada una de estas versiones ampliadas de TC es una nueva teoría que debe pasar pruebas empíricas antes de ser aceptada, pero que, una vez que pasa sus pruebas y goza de un alto grado de confirmación, está también relativamente exenta de disconfirmación. Esta ampliación del alcance de una teoría es una forma de reducción teórica. Nagel caracteriza dicha reducción así: «las leyes de la ciencia segunda (TC) no emplean ningún término descriptivo que no se use con más o menos el mismo significado en la ciencia primera (TC'). Puede considerarse que las reducciones de este tipo establecen relaciones deductivas entre dos conjuntos de enunciados que emplean un vocabulario homogéneo» 109 . No muy distinta es la forma de reducción dada si TC se amplía a un ámbito más extenso añadiendo a los principios teóricos T otros adicionales que empleen los mismos términos teóricos que TC resultando entonces T'C o T'C' (según se añadan o no también nuevas reglas de correspondencia). Así el desarrollo y expansión de una teoría puede adoptar esta primera forma de reducción de teorías y consiste en la sustitución de TC por teorías más amplias estrechamente relacionadas con ella. El progreso científico supone a veces también una segunda forma de reducción teórica que se da en la ciencia cuando una teoría TC queda absorbida en otra más amplia o más extensa -por ejemplo: la reducción de la termodinámica a la mecánica estadística o la reducción de las leyes de Kepler a la dinámica de Newton-. «El fenómeno de la absorción por, o reducción de un teoría relativamente autónoma, a alguna otra teoría más amplia es una innegable y recurrente característica de la historia de la ciencia moderna» 110 . A diferencia del primer tipo de reducción considerado antes, «en la reducción de este tipo de Ciencia segunda (esto es la teoría que es reducida a otra) emplea en su formulación de leyes o teorías un cierto número de predicados descriptivos específicos que no están incluidos en los términos teóricos básicos en las reglas de correspondencia a ellos asociadas de la ciencia primera (esto es de la teoría a la que está siendo reducida la teoría segunda)» 111 . El que los términos de V t de la teoría segunda no estén todos ellos contenidos en el vocabulario teórico de la teoría primera es precisamente lo que hace problemática esta forma de reducción. Para que esta forma de reducción se dé se deben cumplir las siguientes condiciones: a) los términos teóricos de las dos teorías deben tener «significados fijados sin ambigüedad por reglas de uso codificadas o por procedimientos establecidos adecuados a cada disciplina» 112 ; b) se deben introducir para cada término teórico a de la teoría segunda no perteneciente a la teoría primera suposiciones que postulen relaciones entre lo que quiera que signifique a y los rasgos representados por los términos teóricos del vocabulario de la teoría primera; c) con ayuda de estas suposiciones adicionales, todas las leyes de la teoría segunda deben ser lógicamente derivables de las premisas teóricas y de las reglas de correspondencia a ellas asociadas de la teoría primera; d) estas suposiciones adicionales empleadas deben tener el adecuado apoyo por parte de la experiencia 113 . Cuando se cumplen estas condiciones, todas las leyes y consecuencias observables de la teoría secundaria pueden ser deducidas de la primera y, de este modo, la teoría secundaria se ve reducida o incorporada a la teoría primaria. En tanto que tal, la reducción es «la explicación de una teoría o conjunto de leyes experimentales establecidas en un área de investigación por medio de una teoría generalmente imaginada, aunque no invariablemente formulada, en algún otro dominio» 114 . Por ejemplo, se pretende que este es el

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modo en que las leyes planetarias de Kepler han sido reducidas a, y explicadas por, las leyes del movimiento de Newton.

La tesis de la reducción lleva así al siguiente panorama del progreso o desarrollo científico: La ciencia establece teorías que, de verse ampliamente confirmadas, son aceptadas y siguen siéndolo con relativa independencia del peligro de verse posteriormente disconfirmadas. El desarrollo de la ciencia consiste en la ampliación de dichas teorías a ámbitos más amplios (primera forma de reducción de teorías), en el desarrollo de nuevas teorías ampliamente confirmadas para dominios relacionados con él y en la incorporación de teorías ya confirmadas a teorías más amplias (segunda forma de reducción de teorías). La ciencia es, pues, una empresa acumulativa de extensión y enriquecimiento de viejos logros con otros nuevos; las viejas teorías no se rechazan o abandonan una vez que se han aceptado; más bien lo que hacen es ceder su sitio a otras más amplias a las que se reducen.

Esta concepción del desarrollo científico a la que yo llamo tesis del desarrollo por reducción y la Concepción Heredada van, sin duda, de la mano. Como se ha indicado antes, es central a la tesis del desarrollo por reducción el que las teorías ampliamente confirmadas son relativamente inmunes a una disconfirmación posterior, lo cual se sigue del requisito que las reglas de correspondencia sean componentes específicos de las teorías. Además, la tesis del desarrollo por reducción requiere que la reducción no afecte al significado de los términos teóricos (ver el requisito a) anterior). La tesis del desarrollo por reducción presupone así la Concepción Heredada. Y lo que es más importante, como veremos en la Sección V-B-I, el rechazo de la tesis del desarrollo por reducción tiende a arrojar serias dudas sobre la posibilidad de mantener la Concepción Heredada. De ahí que el rechazo de la tesis del desarrollo por reducción ocupe un lugar central en el rechazo por parte de Feyerabend, Hanson, Kuhn y Bohm de la Concepción Heredada.

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III. Status De La Concepción Heredada

¿Qué es lo que afirman los defensores de la Concepción Heredada cuando dicen que las teorías

científicas poseen formulaciones canónicas que satisfacen las condiciones 1 a 5 anteriores? Muchos defensores de la Concepción Heredada hablan como si estuvieran dando una descripción de cómo se formulan en realidad las Teorías 115 . Pero una rápida ojeada a las formulaciones de las teorías científicas empleadas en la ciencia pone de manifiesto que dichas teorías no se formulan axiomáticamente como pretende la Concepción Heredada. Raramente se hallan formuladas axiomáticamente, si exceptuamos ciertos estudios sobre fundamentos de ciertas ramas de la ciencia física y de ciertas ramas matemáticas de la ciencia social; y allí las axiomatizaciones no suelen conformarse a los requisitos de la Concepción Heredada. Todavía menos frecuente es el encontrar formulaciones explícitas y generales -el único sitio en que se las encuentra es en aquellas ramas de la ciencia tales como el behaviorismo radical de la psicología que han tratado deliberadamente de modelar su teorización conforme a la versión operacionalista de Bridgman de

la Concepción Heredada. Es evidente entonces que la Concepción Heredada no pudo haberse

propuesto como una descripción exacta de las teorías científicas ordinarias tal y como se hallan formuladas de hecho en la ciencia.

¿Cuál es entonces el status del análisis realizado por la Concepción Heredada? Me parece que de las obras de Carnap y Hempel se deduce con toda claridad que lo que ellos pretendieron con sus análisis fue ofrecer una explicación del concepto de Teoría Científica. Como quiera que nuestra tarea aquí es evaluar críticamente las acusaciones hechas contra la adecuación del análisis propuesto por la Concepción Heredada, no estará de más que previamente esclarezcamos la naturaleza de la explicación. Carnap nos da su más clara formulación de lo que entiende por explicación –sea una explicación de las teorías científicas, una confirmación, probabilidad o lo que sea- en Carnap (1950).

«La tarea de la explicación consiste en transformar un concepto dado más o menos inexacto, en otro exacto, o mejor aún, en sustituir el primero por el segundo. Llamamos al concepto dado (o al término usado en su lugar) explicandum y al concepto exacto (o al término) propuesto para ocupar

el lugar del primero explicatum. El explicatum debe introducido por medio de reglas explícitas de

uso, p.e., por medio de definición que lo incorpore a un sistema bien construido de conceptos científicos lógico-matemáticos o empíricos» 116 .

A continuación, plantea la cuestión de los requisitos que de satisfacer un explicatum y nos dice

que un explicatum adecua debe ser: 1) similar al explicandum; 2) las reglas de su uso se deben formular en una forma exacta; 3) debe ser fructífero, es decir, útil para la formulación de muchos enunciados universales; y 4) debe ser tan simple como permitan los tres primeros requisitos 117 .

Todo esto es un tanto vago respecto a la relación ideal en que el explicatum debe estar con el explicandum; sin embargo, afortunadamente Carnap nos dice también que su noción de explicación incluye la noción de análisis de C. H. Langford, como caso especial 118 , y así será útil para comprender la noción de explicación que consideremos la noción de análisis de Langford. Langford (1942) define el analysandum como aquello que ha de ser analizado y el analysans como lo que

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constituye el analizante. «El análisis establece, pues, una relación apropiada de equivalencia entre el analysandum y el analysans» (Langford (1942), pág. 323). La cuestión que Langford se plantea es qué relación de equivalencia debe mediar entre analysandum y analysans para que el último deba analizar correctamente el primero. Lo conclusión obvia es que la equivalencia debe ser de significado

o de contenido, pero esto lleva de forma inmediata a la paradoja del análisis: si la expresión verbal

que representa el analysandum tiene el mismo significado que la que representa el analysans, entonces el análisis establece una pura identidad y resulta trivial; pero si las dos expresiones verbales no tienen el mismo significado, el análisis es incorrecto 119 . El problema que Langford se plantea es presentar un análisis del concepto de análisis que evite esta paradoja. Para nuestro propósito no será necesario hacer una consideración detallada de su exposición 120 ; más bien bastará

establecer su conclusión que puede expresarse como sigue: Las expresiones analysandum y

analysans tendrán la misma denotación o extensión, pero diferentes intenciones o sentidos. Además,

el analysans debe ser tal que se entienda mejor y con más precisión que analysandum

Considerada la noción de análisis de Langford, volvamos de nuevo a Carnap quien nos dice que la explicación con frecuencia, aunque no siempre, es análisis -la diferencia reside en que el explicatum «se desvía con frecuencia del explicandum, pero sigue ocupando de algún modo su lugar» 122 . Estas desviaciones se ven provocadas por el hecho de que allí donde realmente se precisa una explicación, el explicandum es tan vago que no podemos nunca determinar si explicandum y explicatum tienen la misma denotación y, por ello, no siempre podemos exigir en una explicación adecuada que tengan la misma denotación. Y allí donde no podamos hacerlo, una explicación no será un análisis 123 . Esto, sin embargo, no pone de manifiesto de qué forma pueden diferir explicandum y explicatum y Carnap no tiene mucho más que decir acerca de la cuestión. Sin embargo, Chomsky (1957) presenta un criterio de adecuación que estipula cómo pueden diferir explicatum y explicandum y su criterio parece estar de acuerdo con la postura Carnap. Chomsky

dice que, en una explicación adecuada, determinamos las instancias y las no-instancias bien definidas del explicandum y pedimos que el explicatum denote todas las instancias bien definidas y ninguna de las no-instancias. En cuanto a los casos vagos en que no está claro si deben contar o no como una instancia del explicandum o no nos ocupamos del problema, más bien dejamos que

el explicatum decida por nosotros si contarlos como instancias 124 . Es decir, restringimos el requisito

de que explicandum y explicatum tengan la misma denotación a las instancias y no instancias bien

definidas del explicandum.

Todo esto indica que Carnap estaría probablemente dispuesto) a aceptar la siguiente caracterización de la explicación. Una explicación consta de un enunciado explicandum y un enunciado explicatum, y satisface los siguientes requisitos: 1) Explicandum y explicatum han de tener la misma denotación (o extensión), pero esto se refiere únicamente a instancias y no- instancias bien definidas del explicandum. 2) Explicandum y explicatum deben tener diferentes sentidos, siendo el del último más preciso y más transparente que el del primero. 3) El explicatum debe ser fructífero en relación con los propósitos de la explicación, es decir, ha de llevar a consecuencias y resultados útiles e interesantes. 4) El explicatum debe ser tan simple como sea compatible con los requisitos 1) a 4) 125 . Además, observamos que las explicaciones no son verdaderas o falsas, sino que más bien se aceptan o se rechazan como más o menos adecuadas. Una explicación se rechazará como inadecuada, aun cuando satisfaga las condiciones de adecuación 1) a 4), si existe una explicación alternativa más adecuada.

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La comprensión de que la Concepción Heredada pretende ser una explicación del concepto de

teoría científica, junto con nuestro análisis del concepto de explicación, nos da una idea más clara de

lo que se persigue con el análisis propuesto por la Concepción Heredada y, por consiguiente, de

cómo valorar su adecuación. En especial, ahora estamos en condiciones de entender la relación que

se supone que media entre las teorías científicas tal como son y la caracterización que de ellas hace

la Concepción Heredada. La Concepción Heredada empieza especificando una formulación canónica de las teorías en términos de un cálculo axiomático y unas reglas de correspondencia. Esta formulación canónica se supone que está en la siguiente relación con una teoría científica: una teoría científica dada se podría reformular en esta forma canónica y esta formulación canónica captaría y preservaría el contenido conceptual y estructural de la teoría, pero en ella se vería con más claridad y transparencia la naturaleza conceptual o estructural de dicha teoría.

A la luz de estas consideraciones vemos que quedan abiertas las siguientes vías para hacer

patente la no adecuación de la Concepción Heredada: a) Se puede demostrar que hay claros ejemplos de teorías científicas que no admiten la formulación canónica requerida, o se puede mostrar que ciertos ejemplos de teorías no científicas se acomodan a su análisis; de este modo se muestra que el requisito 1) de lo que debe ser una explicación, no se cumple. b) Se puede mostrar que varios de los conceptos o distinciones empleados en el explicatum son excesivamente vagos, cuando no ininteligibles; si esto es así el requisito de adecuación 2) no se cumple. c) Se puede hacer ver que el análisis oscurece y tergiversa algunos de los rasgos conceptuales característicos de las teorías científicas y que, por consiguiente, el requisito 3) no se satisface de forma completa. d) Se puede mostrar que el análisis es incompatible con otros análisis aceptados de otros conceptos relacionados con éste y que, por consiguiente, no satisface del todo el requisito 3). e) Se puede mostrar que el análisis introduce complicaciones injustificadas, violando en consecuencia el requisito 4). Finalmente f) se puede hacer ver que el análisis es inadecuado, presentando un análisis alternativo que evite los fallos del análisis en cuestión y que al mismo tiempo esclarezca mejor el explicandum.

En las próximas secciones consideraremos los ataques que se han hecho a la Concepción Heredada; estos ataques intentan mostrar que es inadecuada siguiendo las vías a) a e). El análisis que se hace en la Sección V de las diferentes alternativas propuestas a la Concepción Heredada puede considerarse en parte como un intento de mostrar lo inadecuado de ésta, siguiendo la vía f).

Notas

106 Las únicas excepciones serán las de Nagel y Campbell que se consideran en la Sección IV-B infer.

107 No se ha publicado ninguna exposición completa de la formulación más reciente de Carnap y Hempel. Esta formulación de la Concepción Heredada se toma de Carnap (1956), (1959), (1963c), págs. 859-1013, (1966), y Hempel (1958), (1963). Mi formulación de las condiciones contenidas en las cláusulas 2) a 4) es más explícita en determinados aspectos de lo que explícitamente requieren cualquiera de esos autores, pero son necesarias si se han de cumplir las restricciones sobre los lenguajes Lo y Lo' impuestas en las págs. 41-42 de Carnap (1956). Para satisfacer estas restricciones se podrían haber impuesto otras condiciones adicionales diferentes, pero he seleccionado sólo las comentadas aquí porque son las más conservadoras. Los argumentos detallados en apoyo de estos requisitos adicionales

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se omitirán por cuanto que la elección particular de tales restricciones no afecta para nada a la discusión subsiguiente. Carnap y Hempel no están de acuerdo en cuanto a los requisitos que han de imponerse a las reglas de correspondencia. Hempel reemplazaría la cláusula d) por «C contiene esencialmente cada elemento V 0 y V t -es decir, C no es lógicamente equivalente a conjunto alguno de enunciados en el que no aparezca al menos un término de V 0 o de V t » (Hempel (1963), pág. 692), y esto es más restrictivo que la versión de Carnap. Carnap también propondría que la teoría fuera cognitivamente significativa, mientras que Hempel duda de que se pueda establecer un criterio satisfactorio de significación cognitiva.

108 Se puede ver fácilmente que esto es históricamente inexacto considerando el insignificante papel que desempeña el

descubrimiento experimental (al margen Galileo) en la revolución de Copérnico; para un informe autorizado de los datos, ver Kuhn (1957).

109 Nagel - 1961, pág. 339; el subrayado es mío.

110 Ibid., pág. 337.

111 Ibid., pág. 342.

112 Ibid., pág. 345.

113 Ibid., págs. 353-354, 358. El análisis de Nagel se basa en el tratamiento clásico del tema por parte de Kemeny y

Oppenheim, aunque introduce significativas mejoras en su análisis.

114 Nagel (1961), pág. 338.

115 Por ejemplo, la introducción de Nagel (1961) a su versión de la Concepción Heredada produce esta impresión, aunque

dudo de que Nagel lo haya pretendido.

116 Carnap (1950), pág. 3.

117 Ibid., págs. 5-7.

118 Ibid., pág. 3; ver Langford (1942) para más detalles de este análisis de análisis.

119 Ibid., pág. 323.

120 La mayoría de las dificultades de su exposición se centran en el hecho de que hasta la pág. 335 se limita al análisis de

conceptos y no de las expresiones verbales que se emplean para expresar esos conceptos y en el hecho de que su explicación se formula en términos de «tener las mismas condiciones de verdad», «tener el mismo significado», «tener la misma denotación», etc. Aunque estas nociones están bastante bien definidas con respecto a las expresiones verbales, no está en modo alguno claro que tengan sentido aplicadas a conceptos o ideas, o, si lo tienen, cuál pueda ser dicho sentido. En consecuencia, es un tanto difícil hacer coherente su exposición. El problema se complica más por el hecho de que al pie de la página 335 de pronto pasa a dedicar su atención a las expresiones verbales, poniéndose a considerar lo que él llama «análisis lógico» y, aunque él parece creer que hay una íntima conexión entre esta exposición y su exposición anterior del análisis de conceptos, esta conexión no está clara en modo alguno. Si concebimos los conceptos como propiedades, relaciones y funciones -como hace Carnap (1950) en la página 8- entonces es posible hacer una reconstrucción coherente

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de la exposición de Langford especificando intensional y extensionalmente los conceptos de un modo que parezca fiel a las intenciones de Langford. Mi formulación de la conclusión de Langford refleja una reconstrucción semejante, pero una consideración detallada de estas cuestiones nos llevaría muy lejos.

121 Esto es, a mi modo de ver, lo más importante de la exposición que hace al pie de la página 337, en donde mantiene

que el analysans debe ser «menos idiomático» que el analysandum.

122 Carnap (1950), pág. 3.

123 Ibid., págs. 4-5.

124 Chomsky (1957), págs. 13-14.

125 Para una exposición más detallada de la noción de explicación de Carnap, véase Goodman (1951), cap. I, así como el

esclarecedor análisis de Hanna (1968).