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Diálogo de cercanías. Comentarios al debate

ROBERTO CORRAL Universidad de La Habana

al debate R OBERTO C ORRAL Universidad de La Habana Resumen Las diferentes respuestas muestran coincidencias

Resumen

Las diferentes respuestas muestran coincidencias esenciales y la mejor de esas coincidencias es reconocer la edu- cación como actividad fundacional del ser humano. Supone la doble responsabilidad política de asumir un modelo de sociedad y de ser humano como meta, y al mismo tiempo, formar personas con capacidad para decidir y participar, libres y autorregulados. Se siguen otras ideas acerca de las reformas educativas, el papel de maes- tros y estudiantes, y las críticas a las teorías psicológicas absolutas. Se insiste en la idea de la multiplicidad de culturas en la que cada individuo existe y la importancia de comprender los sistemas simbólicos de manera más amplia que el lenguaje. Existe acuerdo en que el enfoque histórico social pudiera ser una teoría de la integra- ción. Palabras clave: Teorías psicológicas y educación, educación y cultura, teoría histórico cultural.

Dialogue of proximities. Commentary to the debate

Abstract

The different contributions of colleagues show essential coincidences. The best of these coincidences is that edu- cation is emphasized as the foundational event of human beings. It involves the double political responsibility of assuming a model of society and of human beings as its target, and at the same time of educating individuals to decide and participate as independent and self regulated members. This is followed by other ideas about educa- tional reforms, the role of teachers and students, and criticism of absolute contemporary psychological theories. The notion of multiplicity of cultures in which each individual exists is underlined as well as the importance of having an understanding of symbolic systems broader than language. There is agreement that the historical- social approach could be a theory for integration. Keywords: Psychological and education theories, education and culture, historical-cultural theory.

Correspondencia con el autor: Universidad de la Habana, Facultad de Psicología. San Rafael 1168, esq. Mazon. La Habana, Cuba. E-mail: rcorral@psico.uh.cu Original recibido: Mayo, 2006; Aceptado: Febrero, 2007.

© 2007 by Fundación Infancia y Aprendizaje, ISSN: 1135-6405

Cultura y Educación, 2007, 19 (3), 263-266

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Acepto la invitación al diálogo y el reto siempre estimulante de una elabora- ción compartida, tal y como sugiere Wanda Rodríguez-Arocho. Las exposiciones de los colegas me confirman la existencia de convergencias a partir de la diversi- dad de referentes, historias personales e identidades profesionales; por esta razón no comentaré cada discurso por separado, sino por temáticas. Incluyo aquí la presentación de la promotora del debate, porque en este debate las preguntas han sido el comienzo del camino para las respuestas. La mejor de las coincidencias se refiere al tema de la educación como práctica fundacional del ser humano, su relación con las teorías psicológicas, y por su intermedio, con las ciencias humanas en general. La necesidad de reconocer la práctica misma como punto de partida y no las teorías, o mejor, el necesario encuentro de ambas en un proyecto común es vital para comprender las posibles respuestas a las preguntas planteadas. Uno de los argumentos de las preguntas mencionaba la aparición, auge y decline de tantos proyectos educativos en varios lugares. Tal vez su falta de éxito se deba precisamente a la ausencia de un com- promiso efectivo entre teorías, sean pedagógicas, psicológicas o de cualquier tipo, y la realidad de una práctica que no se somete a rigores disciplinares ni a purezas doctrinarias. No cabe duda, y todos los colegas enfatizan este punto, que la misión de la educación es formar seres humanos, lo que significa asumir una enorme respon- sabilidad que no por repetida es comprendida: no es una actividad adicional de la vida social, no es un lujo destinado a algunos elegidos, tampoco se realiza exclu- sivamente en la preparación de mano de obra especializada o de un sector de especialistas; es el diseño mismo de los seres humanos y por su acción, la repro- ducción y transformación de la sociedad que los forma. Esto supone un compro- miso político doble: por una parte en la declaración del tipo de sociedad y el tipo de ser humano que pretendemos, a partir de cosmovisiones e ideologías, y por otro, reconocer en cada persona la capacidad para participar, decidir y finalmente contribuir a esta propuesta como meta final de su formación, en su condición de persona autorregulada y libre. José Martí, el líder independentista cubano del siglo XIX acuñó la frase “Ser cultos para ser libres”, uniendo así las dos direccio- nes de la transformación social a partir de la educación, ideal que presidió y con- tinúa presidiendo los proyectos de reformas educativas, declaradas o no, al menos en el mundo hispanoparlante. Una reforma que no asuma explícitamente tal res- ponsabilidad y se acoja a una teoría psicológica o de otra naturaleza para legiti- mar su propuesta comenzará errada en sus fines. Por otra parte, toda teoría supone una cosmovisión, una imagen del “hombre- en-el-mundo”, una idea del ser. Sin embargo, asumir de manera absoluta que las teorías son verdades fijas e inmutables o peor, reglas de acción a manera de dic- cionarios sería el mayor de los errores. Cualquier teoría es una parte de la verdad, o al menos una pretensión de posibilidad, pero de ninguna manera un modelo definitivo a seguir. De hecho, cualquier ontología está más orientada al proyecto de persona que se desea formar, que a la imagen de un ser ya predestinado o modelado. Es la práctica real, en este caso la educación, el espacio de prueba y confirmación de las teorías. Este punto me parece fundamental y nos lleva a otros tan importantes. Por ejemplo, la reforma educativa no puede ser lineal, un programa de estricto cum- plimiento, sino que debe dejar una buena parte de sus decisiones a un despliegue “sobre la marcha” a partir de una evaluación continua, y resolverse en micropro- yectos más que en macroproyectos, que permitan mantener la libertad de modi- ficación y reajuste. Supondrá siempre un diálogo, no una orientación o prepara- ción “desde arriba”, con los profesores y maestros que se empeñan en su realiza- ción, y también con los estudiantes que son su objetivo central. Después de todo,

Diálogo de cercanías / R. Corral

a ellos compete decidir si una teoría es viable o no, filtrada por las vicisitudes de su propia práctica, y la respuesta final sobre su validez probablemente coincidirá con la de los colegas del debate: todas son viables si se pueden insertar en el pro- pósito inicial. Cualquier proyecto educativo deberá reconocer las individualidades y las par- ticularidades de personas y culturas, y no suponer una generalidad deseable a toda costa por todos y para todos. Aunque las escuelas enseñan contenidos gene- rales y propósitos aceptables de manera universal, los seres humanos viven con- textos locales en los que deben aplicar y comprender los usos y fines de lo que aprenden. Por último, la necesidad de reconceptualizar la actividad del maestro como la función de formación de seres humanos –declaración aceptada universal- mente con significados variables pero poco valorizada– y de ninguna manera de “transmisor de conocimientos” como a veces se usa, en una visión tecnologista y deshumanizada. En tiempos en que las metodologías y los artefactos de transmi- sión de información son cada vez más refinados, los maestros tendrán que reto- mar su misión primigenia: ser guías, tutores, orientadores de caminos, estímulos para continuar, y no simples repetidores. Las teorías psicológicas, e incluso pedagógicas son objeto de varias críticas que comparto. Son parciales, en su pretensión de explicarlo todo a partir de una causa, una cosmovisión, una ideología; limitadas por su alcance, al reconocer solo algunas acciones humanas como relevantes para su construcción (la definición del objeto de estudio); reduccionistas y simplistas, en tanto no atienden a la complejidad del ser humano y su contexto. Tales críticas se expresan en la ten- dencia de conceptualizar el hecho psíquico en categorías dicotómicas y excluyen- tes. Dos comentarios más específicos: el primero, acerca de la cultura. Para todos está claro el papel de la cultura como registro y herencia social humana, y por supuesto, las marcas de identidad y diversidad que representan para cada ser humano. Coincido plenamente con las respuestas ofrecidas. Sin embargo, me surge la preocupación de la imagen de cultura como un contexto relativamente estable y exclusivo para sus miembros, que marca al individuo de por vida; la insistencia en la diversidad de culturas, al estilo de una antropología cultural, pudiera desviar la reflexión acerca de la diversidad de culturas más locales y la identidad de los individuos dentro de cada cultura general. Cultura es el contex- to ecológico de la formación humana, el continente de sistemas simbólicos, herramientas y producciones sociales, el patrón de relaciones con los otros que actúa como referente inmediato y mediatizador de las relaciones del ser humano con su entorno, y este contexto es diverso incluso para un individuo dentro de una macrocultura dada. Cada persona se mueve en un tejido de relaciones, asume simultáneamente diversas identidades y participa de diferentes culturas a lo largo de su existencia. Clases sociales, relaciones de poder y parentesco, grupo generacional, condiciones de vida, grupos profesionales, confesiones religiosas, tantas diferencias de comunidades de práctica que pueden construir identidades sólidas y diversas en las cuales y a través de las cuales los seres humanos nos trans- formamos continuamente. Comprender la cultura en su diversidad tiene un valor fundamental para la educación: la necesidad de aproximar la cultura que enseñamos en las escuelas, el dominio de instrumentos, acciones, percepciones y reflexiones generales a la cultura primaria de formación e incluso, a la multiplici- dad de culturas en las que cada individuo existe. La segunda cuestión se refiere al lenguaje. Todos coincidimos en el papel del lenguaje en la hominización del ser humano, hasta considerarlo un evento de carácter fundacional. Sin embargo, me gustaría añadir una reflexión adicional, para matizar esta concepción. Los sistemas simbólicos son simultáneamente ins-

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trumentos de mediatización y contenidos de la humanización, pero es necesario extender su comprensión no solo a los lenguajes constituidos, para abarcar todo el mundo simbólico que el hombre ha construido y en el que existe. La clave de estos sistemas consiste en la atribución de significados, el doble juego de aceptar e incorporar los significados de la cultura fijados en los lenguajes, y al mismo tiempo aplicarlos a los mundos locales en que existimos. Supone tensiones y con- tradicciones, a veces vividas como verdaderos dramas en los espacios educativos, en tanto puede ser desgarrador para cada individuo la multiplicidad de mundos en los que debe existir y la diversidad de demandas que enfrenta. De cierta forma constituye la reflexión complementaria a la idea de cultura que esbocé en el punto anterior. La última cuestión: todos aspiramos a la constitución de una nueva ciencia del ser humano, que sea integral, compleja, nacida de la interdisciplinariedad y el intercambio, que permita comprender los procesos de humanización del ser humano, y que coloque en una posición fundacional a los procesos de educación. Existen ya propuestas, matrices de ideas en la reflexión de algunos pensadores que los colegas mencionan. Parece existir coincidencia en las virtudes de la pro- puesta histórico-cultural de Vygotski, que también planteo y comparto, pero deberá mantener su carácter abierto a otras formulaciones complementarias y sobre todo, al ejercicio de la práctica de formación. Deberá abarcar en un solo conjunto, la teoría de la humanización, las metodologías y tecnologías, y final- mente la práctica viva. Quisiera pensar que los educadores, –y finalizo este comentario con la idea de Wanda que le dio principio–, ya están recorriendo este camino y demandan de los teóricos y especialistas respuestas conjuntas, o mejor, preguntas que iluminen el camino. De lo cual este debate pudiera ser una peque- ña pero significativa muestra. Gracias a todos.