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POLÍTICA Y ECONOMÍA EN UN CONTEXTO DE CRISIS. LA ACCIÓN DE LA “CLASE

POLÍTICA” ARGENTINA EN LAS JUNTAS REGULADORAS DE LA PRODUCCIÓN (1930-

1943)

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1.- INTRODUCCIÓN

2

2.-

LOS CLÁSICOS Y LAS ELITES

3

3.-

ACERCA DE LAS MANIFESTACIONES CORPORATIVAS:

6

4.-

REGULACIÓN Y CORPORATIVISMO: LAS JUNTAS REGULADORAS

9

4.1.- La Junta Nacional de Carnes

9

4.2.- Un ejemplo aplicado a las economías regionales: la CRYM.

15

5.- CONCLUSIONES

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POLÍTICA Y ECONOMÍA EN UN CONTEXTO DE CRISIS. LA ACCIÓN DE LA “CLASE POLÍTICA” ARGENTINA EN LAS JUNTAS REGULADORAS DE LA PRODUCCIÓN (1930-

1943)

1.- INTRODUCCIÓN

LUIS BLACHA * ADRIÁN ZARRILLI **

En este trabajo nos proponemos analizar las características y el planteo de la existencia de una “clase política” en nuestro país, a partir del estudio de su funcionamiento dentro de una estructura corporativa económica estatal: las Juntas Reguladoras de la producción que se constituyen a partir de la crisis de 1930. 1 Desde este espacio institucional pretendemos estudiar cómo este sector es capaz de detentar el poder de manera formal, tener espacios comunes de socialización, la circulación de sus miembros al interior de la corporación y cómo se construye su conciencia de clase, coopta nuevos miembros y establece algún tipo de relación con el resto de la sociedad.

Analizar la existencia de una elite en la Argentina, durante el período 1930-1943, resulta una tarea de particular interés. Especialmente porque es en esta etapa del pasado argentino cuando se produce el desplazamiento del radicalismo del gobierno nacional, desde donde operara como representante de los sectores medios. Se desencadena la primera ruptura del orden institucional, con motivo del golpe de Estado del 6 de setiembre de 1930 y el país de inmigración, habrá de dar paso a la consolidación de una Argentina de migrantes internos, que marchan del campo a las ciudades, acentuando “la cuestión social” de los años ´10 y ´20 y dando nuevo diseño a “la modernización territorial”. 2

La ocupación del espacio político por el Ejército y los conservadores da consistencia a un creciente intervencionismo de Estado y a la reorganización de la “clase política” nacional; que se posiciona en el gobierno y en el poder, estructurada “en torno al eje oficialismo-oposición, relativamente estable en su conjunto pero con fuerte conflictividad y dinamismo3 , hasta el estallido de un nuevo quiebre institucional producido el 4 de junio de 1943, que paradójicamente es visto como una restauración de la

1 Juan Javier Balsa: La crisis de 1930 en el agro pampeano. La burguesía rural media ante la Depresión, Buenos Aires, CEAL, Biblioteca política argentina 446, 1994

2 Anahí Ballent y Adrián Gorelik: “País urbano y país rural. La modernización territorial y su crisis” en A. Cattaruzza: Crisis económica, avance del Estado e incertidumbre política, Buenos Aires, Sudamericana, 2001, pp. 145-156

3 Dario Macor: “Partidos, coaliciones y sistemas de poder” en A. Cattaruzza: Crisis

., op.cit., p.

51

democracia. Un golpe de Estado inducido por el cambio en el Poder Ejecutivo Nacional -al producirse la muerte del Presidente Roberto Ortiz y su reemplazo por el conservador catamarqueño y vicepresidente de la República Ramón Castillo- que pone en cuestión la posición de neutralidad de la Argentina frente a la Segunda Guerra Mundial.

Este es el escenario propuesto en este trabajo para analizar las características y el planteo de la existencia de una “clase política” en nuestro país y sus formas para detentar el poder de manera formal y también por medios informales, con espacios comunes de socialización y vínculos con la sociedad.

2.- LOS CLÁSICOS Y LAS ELITES

El punto de partida para llevar a cabo este estudio es confrontar críticamente las propuestas de los teóricos clásicos en el tema de las “élites”: Gaetano Mosca, Vilfredo Pareto y Carl Wright Mills. A partir de una lectura crítica y apelando al registro del contexto histórico, el propósito es debatir con las ideas presentadas por José Luis de Imaz en su clásico libro Los que mandan, que se publicara en 1961, en el cual se pone en tela de juicio la existencia de una elite dirigente.

Conocer las características y formas diversas que adopta la “clase política” en la Argentina entre 1930 y 1943, es un desafío. Este trabajo se propone sumar una interpretación a las explicaciones sociohistóricas de esa etapa del pasado de la Nación. Las referencias para el análisis serán algunas manifestaciones institucionales, corporativas, donde estos representantes de la “élite” se agrupan y también lo hacen algunas figuras del Ejército en tanto actores políticos y los intelectuales, en tanto académicos, políticos y funcionarios. 4 En este caso concreto la Junta Nacional de Carnes y la Comisión Reguladora de la Yerba Mate será el objeto de nuestro microanálisis.

El concepto de "clase política" es el más adecuado para cumplir los objetivos que nos proponemos, aunque el mismo debe ser completado con la consideración de algunas características que remarcan los conceptos de "élites" de Pareto y la "élite del poder" de Wright Mills. El concepto de "clase política" debe incluir la importancia que tiene el contacto continuo y la educación similar de sus miembros, destacado por Wright Mills, que posibilitarían como principal característica la aceitada organización que Mosca atribuye a sus minorías. La capacidad de tomar decisiones de amplio alcance, cuanto menos de carácter nacional, es otro aspecto central en el análisis de Mosca y Wright Mills, que debe ser retomado en nuestra conceptualización de la “clase política”.

4 Maria Dolores Bejar: Uriburu y Justo: El auge conservador (1930-1935), Buenos Aires CEAL, 1983. Alfredo Raúl Pucciarelli: “¿Crisis o decadencia?. Hipótesis sobre el significado de algunas transformaciones recientes en la sociedad argentina.” en Sociedad, 12/13, Buenos Aires, 1998, pp. 5-36

De la teoría de Pareto es importante rescatar el concepto de “circulación”, para desarrollar y caracterizar la “circulación de las clases políticas”. Ésta incluye tres tipos distintos de circulación, con tres tiempos diferentes de desarrollo. El primer tipo, el más frecuente en las sociedades actuales, es la circulación como intercambiabilidad, que hace referencia al pasaje entre los tres órdenes de los miembros de la élite, al que hace alusión Wright Mills. El segundo tipo, que tiene una frecuencia media, es la circulación como cooptación, es decir, el ingreso de los elementos más vigorosos de la masa en la minoría. Para que este tipo de “pasaje” sea efectivo, el número de individuos correspondientes a la masa que ingresan en el estrato cimero, debe ser tal que los recién llegados asimilen los valores de los antiguos sin modificarlos. Es necesario recordar la importancia de esta “renovación continua” de la “clase política”, que refiere Mosca, para evitar la caída de la minoría debido a su cerrazón.

La cooptación, o como preferimos llamarla en este trabajo, el segundo tipo de circulación, posibilitó que los grupos dirigentes tradicionales terminaran por “aceptar que el triunfo económico –comercial e industrial- fuera una fuente de prestigio. Y los recién ascendidos, ni bien ascendidos, comenzaron a asimilar las pautas del grupo prestigioso viejo, al que tomaron por modelo.5 La incorporación de los elementos más vigorosos de la sociedad en la "clase política" son esenciales para el mantenimiento de la calidad de ésta; prolongando en el tiempo sus posiciones de privilegio. Esta segunda circulación sólo sería "revolucionaria" cuando el número de "recién llegados" sea tal que desdibujen a la antigua clase dirigente; o que los "nuevos" no acepten las reglas establecidas por los miembros de más antigua data. Esta situación, que no es la producida en Argentina, transformaría al segundo tipo de circulación en el tercero.

El último tipo de circulación, es el que hace mención al reemplazo de una “clase política” por otra; el que con menos frecuencia se da en las sociedades actuales y sus consecuencias sólo pueden ser observadas en el largo plazo.

Un balance de los autores analizados, nos permite plantear como una necesidad la presencia de la jerarquía en la sociedad, así como la importancia de la existencia de una “clase política” para su normal funcionamiento y para la organización social. Esta minoría no debe ser pensada como un conjunto estático e inalterable, que sólo esporádicamente es reemplazado por otro grupo de iguales características; sino verlas como un proceso en continuo movimiento.

Cuando se analiza esta cuestión, la circulación como intercambiabilidad se advierte como una característica cotidiana de las sociedades, posiblemente tanto como la circulación como cooptación, que es la que permite el mantenimiento en el tiempo de una “clase política”.

5 José Luis de Imaz: Los que mandan, Buenos Aires, EUDEBA, 1964, p. 154

Ante los diferentes tiempos de “circulación”, es posible sostener una definición de “clase política” donde primen las características sociológicas, en detrimento de las psicológicas. Son también sociales, el origen común de sus miembros, su educación, selección y capacitación; condiciones que les permite sostener un juicio común, capaz de posibilitar la intercambialidad de sus posiciones y sustentar su conciencia de clase.

En su análisis de "los que mandan", José Luis De Imaz nos comenta que "la primera minoría está constituida por los miembros de la "clase alta tradicional". La presencia de personas con prestigio social en los gabinetes es una constante" 6 , variando su número y la representatividad investida. Continúa su estudio remarcando que "en la clase alta de Buenos Aires existe cohesión de grupo", a pesar de no estar exenta de ciertas tensiones circunstanciales. Lo que identifica a sus miembros "son "ciertas pautas exteriores de comportamiento" comunes y compartidas". Pero a continuación afirma que "tampoco existen valores de grupo ni una ideología común", situación que ejemplifica con el caso de la Sociedad Rural Argentina, en donde, "se puede no tener campo alguno y sentirse interpretado por la Sociedad Rural", situación curiosa ya que esta institución tiene entre sus funciones manifiestas la defensa de los grandes propietarios rurales pero como función latente el "representar a todo un sector social -la clase alta de Buenos Aires- incluso sin campo". 7

Los espacios comunes de socialización, tal vez el hecho en donde más confusas se hacen las conclusiones de De Imaz con el propio desarrollo de su obra, son abundantes y variados. Colegios, corporaciones, clubes sociales y deportivos, son centros de reunión y sociabilidad de la "clase política" argentina, que - como comenta el mismo De Imaz- permiten "trascender las diferencias de origen y del cual emergen todas las demás como variables dependientes"; especialmente "creará las bases para la sólida cohesión de mañana" 8 .

La socialización, o mejor dicho el primer tipo de circulación, es decir, la intercambiabilidad de funciones entre sus miembros, puede verse en las profesiones que tienen sus miembros; abogados y estancieros en su mayoría. Esta situación lleva a De Imaz a sostener que "la "clase alta de Buenos Aires" resulta el único grupo cohesivo que en el país posee "movilidad social horizontal", vale decir, que dentro de un mismo nivel interactúa a través de sus pares en diferentes sectores de actividad". 9

La cooptación, o -como preferimos llamarla en este trabajo- el segundo tipo de circulación, posibilitó que los grupos dirigentes tradicionales terminaran por “aceptar que el triunfo económico -comercial e industrial- fuera una fuente de prestigio. Y los recién ascendidos, ni bien ascendidos, comenzaron a

6 Íbidem, p. 29

7 Íbidem, pp. 122-4

8 Íbidem, pp. 122-4

9 Íbidem., pp. 122-4

asimilar las pautas del grupo prestigioso viejo, al que tomaron por modelo.10 La incorporación de los elementos más vigorosos de la sociedad en la "clase política" son esenciales para el mantenimiento de la calidad de ésta; prolongando en el tiempo sus posiciones de privilegio. Esta segunda circulación sólo sería "revolucionaria" cuando el número de "recién llegados" sea tal que desdibujen a la antigua clase dirigente; o que los "nuevos" no acepten las reglas establecidas por los miembros de más antigua data. Esta situación, que no es la producida en Argentina, transformaría al segundo tipo de circulación en el tercero.

Cabe recordar que José Luis De Imaz escribe Los que mandan, con un claro objetivo político, y por esa razón pone el acento en los últimos años de su análisis, haciendo derivar -por momentos- las características de la "clase política" argentina posterior a la llamada Revolución Libertadora del 55, a la de períodos anteriores. La generalización confunde y coloca como telón de fondo al proceso histórico, si el tiempo abordado se recorta, como se ha hecho e este trabajo, los matices aparecen y permiten presentar una definición conceptual más clara de la "clase política".

Es importante, como afirma De Imaz, estudiar a los estratos cimeros de la sociedad; tarea en la que este autor es, de hecho, uno de los pioneros en nuestro país. Sus objetivos y, principalmente, su posición como integrante de la "clase alta de Buenos Aires" le permitieron llevar a cabo una tarea de gran importancia para la sociología argentina de aquel entonces; importancia que también puede observarse en la actualidad cuando, casi 40 años más tarde, resulta casi obligada la lectura crítica de Los que mandan. Es evidente que el autor se encuentra familiarizado con las teorías de Gaetano Mosca, Vilfredo Pareto y Carl Wright Mills; especialmente con este último. Analizando a Los que mandan, las obras de los clásicos de la teoría de las "élites" contando con más y mejor bibliografía -producto del avance del estudio histórico en nuestro país- podemos distinguir las diferentes etapas por las que atravesó la "clase política" argentina.

El planteo realizado a partir del concepto de "clase política" propuesto en este análisis y el énfasis asignado a los dos primeros tipos de circulación estudiados al comienzo de este trabajo, han permitido revisar conceptos teóricos a la luz del análisis histórico. Esos diferentes "tiempos" nos permiten matizar las continuidades y fracturas producidas en nuestro país.

3.- ACERCA DE LAS MANIFESTACIONES CORPORATIVAS:

El ascenso del radicalismo al gobierno en 1916 es producto de la aplicación de la reforma electoral llevada a cabo por el Presidente Roque Sáenz Peña. Encabezado por el Presidente Hipólito Yrigoyen, primero, y Marcelo Torcuato de Alvear desde 1922 y hasta 1928 en que habrá de sucederlo nuevamente

10 Íbidem, p. 154

Yrigoyen, implica una derrota en las urnas, de los “conservadores en lo político y liberales en lo económico11 y con ella la sustitución de parte del elenco gubernativo que sin renunciar a la presencia de los sectores de grandes ganaderos y comerciantes (5 de los 8 ministros del yrigoyenismo estaban vinculados a la Sociedad Rural Argentina), 12 incorpora ahora a algunos representantes de los sectores medios de la sociedad argentina. 13

Los conservadores dispersos, no logran conformar un fuerte partido político, pero si consiguen reunirse y sostener sus principios básicos y presentar los asuntos que conforman la base de sus principales preocupaciones en instituciones sociales, académicas y económicas, que actúan desde antes de este período y perduran en el tiempo, en algunos casos (por ejemplo el Club del Progreso o la Sociedad Rural Argentina), o bien se crean específicamente ante este desplazamiento para salvaguardar “el orden” y mantener el control social así como la direccionalidad de la economía (por ejemplo la Asociación Nacional del Trabajo, Liga Patriótica Argentina y la C.A.C.I.P.). Las posiciones institucionalizadas dependientes de los rangos personales, de los que habla De Imaz, cobran cuerpo en la Argentina de entonces. En este contexto y en el ámbito político-económico el estudio de las Juntas Reguladoras ofrece un ejemplo interesante para analizar la conformación de la "clase política". 14

José Luis De Imaz sostiene que entre 1936 y 1961 "todos los ministros de Agricultura han sido socios de la Sociedad Rural, salvo dos excepciones." Con esta afirmación nos advierte que no todos los integrantes de la Sociedad Rural Argentina "podrían ser reputados miembros de la "clase alta de Buenos Aires"." 15 De Imaz, diferencia entonces, entre los socios de la Rural y aquellos que forman parte de su "elenco estable", quienes componen sus comisiones directivas. Estos últimos sí, son claros exponentes de la "clase alta de Buenos Aires", donde aparecen apellidos como Herrera Vegas, Pueyrredón, Pereyra Iraola, Guerrero, Martínez de Hoz, Peralta Ramos, Ocampo, dueños de grandes establecimientos pecuarios de antigua data en la provincia de Buenos Aires. 16 A modo de ejemplo, De Imaz indica que en 1936, la Sociedad Rural tenía 2.000 socios y no podría decirse que todos ellos formaran parte de la "clase alta de Buenos Aires". Muchos de esos individuos reputados como de clase alta, tenían un origen social diferente, pero fueron incorporados a la minoría luego de que sus padres adquirieron campos, de estudiar en los colegios "que se debe", aceptando las pautas del grupo más prestigioso y de "frecuentar determinados círculos". 17 La aceptación de estos "recién llegados", puede interpretarse como un buen ejemplo del segundo tipo de circulación funcionando aceitadamente. Una vez aceptados, los "nuevos" crean una

11 Thomas Mc Gann: Argentina, Estados Unidos y el sistema interamericano (18801914), Buenos Aires, Eudeba, 1960.

12 Peter Smith: Carne y política en la Argentina, Buenos Aires, Piados, 1983, 2da. Edición.

13 Luciano de Privitellio: “La política bajo el signo de la crisis” en A. Cattaruzza: Crisis

14 Sandra Gayol: Sociabilidad en Buenos Aires. Hombres, honor y cafés 1862-1910, Buenos Aires, Ediciones del signo, 2000, pp. 11-16, 183-250

15 José Luis de Imaz: Los que mandan,

16 Íbidem., pp. 87-8

17 Íbidem, p. 90

., op.cit., pp. 97-142

op. cit., p. 87

"mentalidad de status" similar a la de los grupos que ya pertenecían a la minoría. Además, remarca De Imaz, " al pasar a compartir ciertas pautas de las familias tradicionales -en cuya elaboración no intervinieron- creen en ellas con la fe de los conversos, y tanto más desean exteriorizarlas cuando más ajeno fue su origen.". 18

La organización, la cooperación entre sus miembros, que le permite articular intereses comunes, es clave en el rol hegemónico de la Sociedad Rural Argentina y, siguiendo las reflexiones de Gaetano Mosca, también lo es para una "clase política", que tienen en la propia organización corporativa su principal característica.

Entre los más grandes propietarios, "los 82 grupos familiares básicos son una demostración palmaria del elevado grado de concentración de la propiedad que existió en su origen." 19 Al interior de ese conjunto, en cincuenta y seis aparecen apellidos que pueden relacionarse con la "clase alta de Buenos Aires". Estos hombres "se benefician con el plus que significa el dominio "del oficio", al menos en las etapas de comercialización, que son las ignoradas por los medianos y pequeños propietarios rurales." 20

En la década de 1930 presidieron la corporación importantes estancieros de la aristocracia ganadera pampeana como Federico L. Martínez de Hoz (1928-1931), abogados, intelectuales, como el Dr. Horacio N. Bruzone (1931-1934), el Dr. Cosme Massini Ezcurra (1934-1938) y el Dr. Adolfo Bioy (1938-1942), que tenían sus negocios asociados al campo. Un alto porcentaje del elenco ministerial que acompañara los gobiernos de José F. Uriburu, Agustín P. Justo, Roberto Ortiz y Ramón Castillo también formaba parte de esta histórica entidad agraria. 21

En 1916 ante los efectos del estallido de la Primera Guerra Mundial declarada en 1914, las corporaciones, los grandes empresarios y centros económicos agroindustriales regionales, se organizan en una corporación de corporaciones: la Confederación Argentina para el Comercio, la Industria y la Producción (C.A.C.I.P.) con la intención de prevenir los efectos del conflicto y de la posguerra. La entidad prolonga su accionar en los años de 1930 ante las consecuencias generadas por el crac internacional de 1929. Los nombres que llevan adelante la acción de esta confederación económica, se repiten y se amplían incorporando a los agroindustriales del interior y hasta a algunos representantes gubernamentales. 22

De Imaz estudia a los empresarios que se encuentran al frente de las grandes centrales que los nuclean. Entre ellos es bajo el número de los que poseen estudios superiores, evidenciando que la universidad

18 Íbidem, p. 90

19 Íbidem, pp. 107-8

20 Íbidem, p. 102

21 Alejandro Cattaruzza: Crisis económica, avance del Estado e incertidumbre política (1930-1943), Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2001, pp. 11-16 y 429-473. Mirta Palomino: Tradición y Poder: La Sociedad Rural (1955-1983), Buenos Aires, GEL, 1988

22 María Silvia Ospital: “Organizaciones empresarias en la década de 1910 en Argentina: la Confederación Argentina del Comercio, de la Industria y de la Producción”, en Academia Nacional de la Historia, Octavo Congreso Nacional y Regional de Historia Argentina. 1992. Bs. As., 1998.

argentina no ha intervenido en su formación profesional”, ni es su socialización común. En unos casos, "porque son self made men" y en otros, debido a que cursaron sus estudios en el extranjero. 23 La formación común, tan importante para la socialización, no se presenta como una característica significativa de este grupo, lo cual parece imposibilitar el desarrollo de su conciencia de clase. Además, ejemplifica que siempre hay cierta tensión al interior de la "clase política" en su actividad normal.

Por otra parte, salvo algunas excepciones, no tienen actividad política pública. El prestigio que obtienen gracias a sus ganancias económicas no parecen ser acompañadas por el reconocimiento social, produciéndose una "incongruencia de status.24 Los empresarios, a pesar de unirse, lo hacen con poca significación, por lo que no pueden rechazar la escala de valores de la "clase política" imperante, especialmente porque éstas los ignoran. No se produce entonces, el segundo tipo de circulación, al que se hizo referencia en el segundo apartado de este trabajo. La "clase política", por lo tanto, se debilita al no contar con nuevos miembros vigorosos provenientes del resto de la sociedad, que le permitirían mantener las cualidades que los llevaron a su lugar de privilegio. Estas organizaciones institucionalizan antes y después de 1930 la acción de estas “elites de poder”, que operan formal o informalmente como una verdadera “clase política”, mediante una activa circulación y organización de sus miembros. Como ya señalamos, en este contexto y en el ámbito político-económico, el estudio de las Juntas Reguladoras ofrece un ejemplo interesante para analizar la conformación de la "clase política”.

4.- REGULACIÓN Y CORPORATIVISMO: LAS JUNTAS REGULADORAS

4.1.- La Junta Nacional de Carnes

La incorporación de la región pampeana a la economía mundial se desarrolló con relativa rapidez desde fines del siglo XIX. La expansión agrícola, en un ambiente físico dominado durante más de dos siglos por la explotación ganadera extensiva, incluyendo las primitivas vaquerías, la etapa del saladero y el posterior auge del lanar, se basó sobre la efectiva disponibilidad de las tierras de la región, después de que las fuerzas militares sometieron a las poblaciones indígenas. Previo a este proceso y durante su transición, enormes extensiones de tierras, que aún no habían sido incorporadas a patrimonios privados, fueron rápidamente distribuidas entre los sectores civiles y militares triunfantes, bajo la forma de grandes fundos. Esta distribución original de la tierra condicionó el tipo de poblamiento y el desempeño de las actividades productivas, pero de ningún modo impidió el desarrollo del capitalismo en la región pampeana. Así se conformó una estructura de propiedad, tenencia y uso de la tierra, que daría lugar a múltiples consecuencias económicas, sociales y políticas. Pero en los años '30 del siglo XX, después de más de

23 José Luis de Imaz: Los que mandan, 24 Íbidem, p. 142

op. cit., pp. 140-1

cinco décadas de crecimiento acelerado, la agricultura pampeana había agotado las posibilidades de sostener ese ritmo, al menos bajo el mismo esquema que había originado su expansión. Un conjunto de razones estructurales, así como la sucesión de diversas circunstancias desfavorables en el contexto internacional, detuvieron el cuerno de la abundancia del "granero del mundo". Entre las primeras, debe situarse el agotamiento de la expansión horizontal de la actividad agrícola. Una vez incorporadas las tierras de mayor aptitud, todo aumento de la producción debía solventarse combinando la incorporación de las tierras de menor aptitud relativa con el empleo de técnicas que permitieran aumentar sostenidamente la productividad de la tierra y del trabajo. Pero ni la oferta de medios de producción ni el desarrollo de técnicas alcanzaba el nivel requerido, en parte porque el desarrollo de la industria argentina y la investigación básica y aplicada en agricultura eran aún muy limitados. Por otra parte, el proceso de reproducción ampliada encontraba una traba fundamental en la estructura de propiedad y en el sistema de explotación de la tierra, basado sobre arriendos y aparcerías inestables, con una gran mayoría de agricultores familiares no propietarios de la tierra y con un bajo grado de capitalización.

Los efectos de la crisis de 1930 que conllevan al fin del crecimiento hacia fuera y la industrialización por sustitución de importaciones, se conjugan con los perfiles políticos derivados de la ruptura del orden institucional, y dan paso a la consolidación de un Estado intervencionista en la economía que se esfuerza por auxiliar a la Argentina agroexportadora, otorgando un lugar complementario a la industria. Las Juntas Reguladoras de la Producción (de Granos, de Carnes, de la Yerba Mate, de Vinos, del Azúcar y del Algodón), suman su acción de contralor y subsidiaria en favor del agro, a los efectos de algunas medidas financieras que procuran poner orden en el sistema monetario y financiero argentino.

La respuesta del Estado a la crisis mundial complejizaba las estructuras burocráticas directamente dependientes del Estado, la necesidad de coordinar las estrategias de política económica con los productores, generaba el surgimiento de Comisiones y Juntas reguladoras. 25

A pesar de la opinión sostenida por los directivos del Ministerio, que explicaban la creación de las Juntas

como lugares con “un alcance mucho mayor que la mera rutina administrativa (

sobrepasan la capacidad normal de una Dirección” 26 pero en los que había una total “independencia de la política” 27 , lo cierto es que las Juntas y Comisiones eran híbridos político-corporativos desde los que se intentaba comprometer la presencia de los productores privados en la estrategia productiva ministerial y

con atribuciones que

)

25 Junta Nacional de Carnes: Memoria, Buenos Aires, 1940, tomo I, p. 480

26 La Prensa, 2 de septiembre de 1940, p. 29. En otro anuncio del mismo diario, la Unión Industrial Argentina iba más allá y aseguraba que “la industria nos brinda la llave de nuestra independencia económica”. Ídem, p. 15. Por un análisis de las posiciones de la UIA y la transformación de varias de sus premisas durante los años de guerra, ver Graciela Swiderski: “La UIA: ¿Sustitución de importaciones o mercado externo?” en Waldo Ansaldi, Alfredo Pucciarelli y José Villarruel: Argentina en la paz de dos guerras, Buenos Aires, Biblos, 1993, pp. 231-255.

27 Junta Nacional de Carnes: Memoria, Buenos Aires, 1941, p. 10

por ello resultan especialmente importante para analizar el funcionamiento y comportamiento de la “elite política” 28 .

En el caso de la elección de representantes a la Junta Nacional de Carnes, los 10 legisladores contituyeron ya en 1933 una representación basada en la participación del Estado y corporaciones, como lo eran las Sociedades Rurales (la Sociedad Rural Argentina y la Sociedad Rural del Interior) y los frigoríficos. Frente a esta decisión, se había excluido, luego de muchas discusiones, la representación de los consumidores. 29

Esta particularidad guarda una alta relación con la significación económica de la ganadería y con el poder político que poseían los ganaderos, el que hizo posible que, a diferencias de otras juntas reguladoras, la Junta Nacional de Carnes (JNC) fuera aprobada por medio de una ley nacional, la 11 747/32. De acuerdo

a la propia JNC, surgió de “la asociación compulsiva de todos los ganaderos del país [

su base fuera factible la organización económico comercial de los mismos que les permitiera en bien del

obtener lo que la iniciativa particular había demostrado

acabadamente no poder conseguir” (Junta Nacional de Carnes, 1936). El carácter corporativo de la Junta quedaba demostrado en una composición en la que terciaban 3 representantes del PEN (Poder Ejecutivo Nacional), 2 de la SRA (Sociedad Rural Argentina), 2 de las confederaciones rurales del interior, 1 por los frigoríficos privados extranjeros y 1 por los frigoríficos que estaban en manos de los

interés particular de cada uno de ellos [

] para que sobre

]

30

Ya en tiempos de la Segunda Guerra Mundial la Junta cobró notoria importancia. El primer elenco de la Junta Nacional de Carnes que debió buscar soluciones a la Guerra Mundial y duró hasta el 21 de diciembre de 1939, estuvo compuesto por el ingeniero Víctor Galli y el señor Manuel Eurasquin por el Poder Ejecutivo, Enrique Santamarina por la Sociedad Rural Argentina, Manuel Vetrone y Octavio Augusto Mariño por la Sociedad Rural del Interior y Carlos Bowers por los frigoríficos. En ese mismo momento Bowers, Galli y Santamarina integraban también la Junta Nacional de Granos. A diferencia de la etapa inicial, la Sociedad Rural Argentina y el Poder Ejecutivo habían perdido representantes. Esta situación, que podía presentarse como una notoria victoria de los representantes de la Sociedades Rurales del Interior, quienes indudablemente habían ampliado su esfera de poder a lo largo de la década, debería ser matizada al analizar las posibilidades de representatividad no directa de la Sociedad Rural Argentina, evidenciadas a través de la participación en la presidencia de la Junta (como miembro elegido por el ejecutivo) desde 1940 y continuando hasta el gobierno de Farrell, del ex titular de la Sociedad Rural

28 Boletín mensual de la Dirección de Algodón, nº109-110, mayo-junio 1944, p. 224.

29 En 1940, el ministro Amadeo y Videla aseguraba desencantado que “el lino prácticamente no tiene salida, y en cuanto al trigo, (existen) dos o tres millones de toneladas de excedente invendible”. Junta Nacional de Carnes: Memoria, Buenos Aires, 1940, p. 791.

30 Hacia septiembre de 1940, se señalaba sobre la producción maicera que “el ritmo de las exportaciones de los últimos meses no hace prudente esperar que el azar resuelva el destino de los seis millones de toneladas que presumiblemente quedaran sin poderse exportar”. La Prensa, 11 de septiembre de 1940, p.14

Argentina, Horacio N. Bruzzone. 31 Estaba claro, que las cuotas de poder expresadas en la Junta eran una variable de las relaciones de fuerza entre el Ejecutivo y las diferentes corporaciones.

Más allá de las cuotas de representatividad existente en la Juntas, el gobierno de Roberto M. Ortiz, primero en enfrentar la situación de Guerra Mundial intentará transformar la visión que de estos organismos se tenía. Así, y a pesar de ser concebidas originariamente bajo un tono eminentemente corporativista, el gobierno de Ortiz, fiel a su origen radical y a su proyecto político personal de distanciarse de la herencia fraudulenta dejada por su antecesor, intentó la difícil tarea de legitimar las diferentes comisiones, juntas y organismos, a través de una idea de elección democrática de los representantes de la producción.

Esta constante tensión entre la representación corporativa y los procedimientos democráticos de elección de los representantes, dada por la pretensión gubernamental de contar con el concurso de los productores, sin dejar la ideología democratizadora que buscaba mostrarse a la sociedad, produciría resultados inesperados en la dinámica de acción del Ministerio de Agricultura. En este caso no se produciría la cooptación necesaria para la buena salud de la clase política. 32

Frente a aquella situación, el Ministerio señalaba que “las sociedades rurales son representativas de los genuinos intereses de la ganadería en la medida del número de socios” 33 , ya que de otra manera se corría “el riesgo que una minoría de hacendados pueda predominar sobre la mayoría” 34 . De esta manera, cada Sociedad Rural tenía tantos votos como socios ganaderos poseía, evitando así que una mayor cantidad de sociedades, representase una menor cantidad de socios ganaderos. Sin embargo, esta iniciativa democratizadora dentro de la solución corporativa, resultaba opacada y en cierta medida deslegitimada,

31 Ya en septiembre de 1940, la CARBAP pediría al ministro de agricultura, la realización de gestiones para colocar el excedente de manteca existente en Gran Bretaña, señalando que “aunque en relación al volumen de la producción nacional, (los excedentes de manteca) son mínimos, gravitan sobre ella, y determinan la fijación del precio en el mercado interno”. La Prensa, 18 de septiembre de 1940, p. 11. Sin embargo, debido a la entrada de Estados Unidos en la Guerra, comenzaron a darse perspectivas favorables en la colocación de manteca para ese país, con lo que el subsidio que el Estado daba a la exportación de ese producto desde el comienzo de la guerra, quedaría suprimido mediante el decreto nº96059 del 17 de julio de 1942. Junta Nacional de Carnes: Memoria, Buenos Aires, 1942, p. 74.

32 Comenzada la guerra, el secretario de Agricultura, Dr. Julio César Urién, señalaba la necesidad de “encontrar sustitutos a los mercados que lamentablemente va a perder la fruticultura nacional, aunque sea en forma temporaria. partimos de la base de considerar como inexistente -solamente a fin de llegar a conclusiones más reales- el mercado europeo que absorbía el 65% de nuestra producción”. Ministerio de Agricultura de la Nación: Memoria , Buenos Aires, 1940, tomo I, p. 294.

33 Desde el ministerio se anunciaba con respecto a los beneficios dados por las carnes, que ”la ganadería ha pasado a ser, en estos difíciles momentos, la principal base económica de nuestro país (y) por las condiciones que se encuentra la situación agropecuaria general del país, lleva una función de contrapeso digna de ser destacada, contribuyendo a mantener el equilibrio en la explotación agraria del país”. Ministerio de Agricultura de la Nación: Memoria , Buenos Aires, 1942, p. 11 y 14. La necesidad de extender la producción de carnes se veía claramente en los pedidos del ministerio a los productores a que apuesten por la cría de cerdo, ya que esta actividad se veía beneficiada por hechos de la Segunda Guerra, como el aislamiento exportador de Dinamarca, ante la invasión nazi, y su consiguiente anulación como principal proveedor de carne de cerdo a Inglaterra. Esta situación, que podía ser aprovechada por Argentina, se favorecía de los reducidos precios de forraje, y serviría también para valorizar el maíz y los productos de la leche, que se encontraban en franco retroceso. “Comunicado del 29 de abril de 1940” del Ministerio en Ministerio de Agricultura de la Nación: Memoria , Buenos Aires, 1940, p. 373-374

34 Como era de suponer, a esta altura de su evolución, el estado derivado de la conflagración mundial ha ejercido sobre la minería una influencia muy acentuada, no sólo en la explotación de minerales, que en cantidad y calidad eran necesarios para el mercado interno, sino también en la mejora de precios de la mayoría de ellos”. Estadística minera 1942, p. 5

cuando se advertía que para la elección de los delegados de la Sociedad Rural del Interior, se habían presentado un número de Sociedades Rurales que sumaban en total 2858 miembros, frente a 3200 miembros ganaderos que no “votaron”, al faltar a la elección las Sociedades Rurales que los representaban.

A este número, había que sumarle la incapacidad para votar por parte de las Sociedades Rurales que no

eran aceptadas por el Ministerio (debido al decreto nº 45328 de octubre de 1939), que volvía a exigir a las Sociedades Rurales que no pagasen dividendos o remuneración a su directorio, si querían ser validadas ante el Ejecutivo, manifestando el manejo de mecanismos relativamente informales como muestra de su poder. 35

Y no deberíamos olvidar de agregar a estas restricciones iniciales en la votación, las que se les sumaban

de la prerrogativa del Ejecutivo de seleccionar 4 representantes (2 titulares y 2 suplentes) a la Junta de

Carnes dentro de una lista de 12 nombres elegidos por las Sociedades Rurales del Interior; capacidad estatal que se repetía con los representantes nombrados por la Sociedad Rural Argentina y con los de los frigoríficos (de los que se elegía 1 miembro de una lista de 3).

Aunque creada ya en 1933, la situación de la Guerra y el especial auge de las exportaciones ganaderas, le dio a la Junta Nacional de Carnes, la función de compradora única. Esta característica respondía más que

a la iniciativa gubernamental, al reflejo de las condiciones de compra en el Reino Unido, principal comprador y cuya máxima expresión en el decenio lo constituye el Tratado Roca-Runciman, en cuya negociación formaron parte miembros claramente representativos de la clase política 36

Debido a la profunda imbricación de intereses entre Estado y productores que dicha situación produjo, era a menudo difícil deducir a quién pertenecían las iniciativas empresariales y a quién las burocráticas; pero evidentemente la clase política ocupó destacados papeles en ambos sectores.

Esta indistinción solía ser el centro de ataques por parte de los sectores estadounidenses, disconformes con la competencia argentina en el sector. Frente a ellos, el Ministerio del área debía aclarar a menudo que un organismo como “la Corporación Argentina de Carnes no es una institución subvencionada por el gobierno está formada exclusivamente por productores sin injerencia alguna de Estado”. 37

35 Smith, Peter H, Carne y política en Argentina, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986.

36 Esta transformación hacía declarar a fines de la guerra, al Ministro deAgricultura, general Diego I. Mason, que: “El mercado interno será siempre el más seguro y el más leal comprador de nuestra propia producción, cualesquiera sean las circunstancias porque atraviese el comercio internacional”. Boletín mensual de la Dirección de Algodón, nº113-114, setiembre-octubre de 1944, p. 405. Por un análisis de las irregulares euforias estatales en el desarrollo de la industria del algodón en el Chaco, ver Guy, Donna J., "El Rey Algodón. Los Estados Unidos, la Argentina y el desarrollo de la industria algodonera argentina”, Mundo Agrario. Revista de estudios rurales, nº 1, segundo semestre de 2000, Centro de Estudios Histórico-Rurales. Universidad Nacional de La Plata, www.fahce.unlp.edu.ar/ mundoagrario /nº1.

37 Para solucionar el problema de los envases, fue creada el 20 de diciembre de 1940, a través del decreto nº80233, la Comisión Nacional de Envases Textiles, que contaba entre sus integrantes a muchos directores y subdirectores de dependencias del Ministerio, como Manuel Dolarea, Víctor Pinto, Eduardo Sackmann Sala, el que luego sería Director de Agricultura, Rafael

Con la explosión de la guerra y el auge de exportación de carnes, la representación en la Junta Nacional de Carnes se convirtió en un hecho de trascendencia política. Las formas de elección de sus miembros serían criticadas, a punto tal que la CARBAP denunciaría en su congreso de julio de 1940, como representante ilegítimo de los productores al miembro de la Junta Nacional de Carnes, y perteneciente a la Sociedad Rural de Trenque Lauquen, José Azumendi. 38

Este ataque, que puede ser entendido en el clima de disputa entre los grupos ganaderos, incluso iba más allá, llegándose a considerar a la Junta encargada de las carnes, como un órgano representante del pool de los frigoríficos extranjeros, por no esforzarse más por lograr la obtención de frigoríficos para los productores. 39 Esta dura acusación, basada en parte en la ineficacia de los gobiernos anteriores para poner fin a la situación privilegiada del pool de los frigoríficos, lograría ser desmentida posteriormente por las acciones de las Junta y de la Corporación Argentina de Productores que trabajaba en colaboración con ella. 40

La necesidad de incorporar a las clases productoras a los esfuerzos por superar la crisis producida por la guerra, parece corroborarse con la gestión del Ministro Cosme Massini Ezcurra, que había sido presidente de la Sociedad Rural Argentina y que contaba de tal manera con el aval de esa institución de productores, que el presidente en ese momento, el doctor Adolfo Bioy, llegaba a señalar en la XI Exposición Internacional de Ganadería de 1940 que: “el doctor Cosme Massini Ezcurra es demasiado miembro de la Sociedad Rural para que en esta tribuna pueda insistirse sin rubor en su elogio, así como en el de su colaborador Leonardo Herrera Vegas.” 41

Sin embargo, la presencia de representantes de la producción en el Estado, no parecía mostrar una homologación entre los intereses estatales y los sectores económicos dominantes, sino más bien un intento por parte de las clases dirigentes, de recuperar algo que se veía perdido, como era la antigua

García Mata y otros reconocidos funcionarios, como el ingeniero agrónomo Andrés Ringuelet. El problema de los envases estuvo presente durante toda la guerra, y para resolverlo se acudía a decretos que favorecían ciertos productos sobre otros, como el decreto que reservaba bolsas de arpillera de yute para los cereales y obligaba a envasar la papa y la caseína en bolsas de algodón. Dentro de la “fiebre” de creación de comisiones, no podía faltar, para cumplir ese propósito, la fundación, en marzo de 1944, por decreto del presidente Ramírez, de la Sección Distribución y Recuperación de Envases de Algodón para Papas, dependiente del Mercado Nacional de Papas.

38 Ya el 23 de octubre de 1939, el presidente Ortiz firmaba el decreto nº45.325, por el cual se obligaba a denunciar existencia de hierro o acero en desuso. El transcurso de la guerra no modificó la situación de escasez, indicándose que “las dificultades crecientes que fueron surgiendo para el aprovisionamiento del hierro necesario para el país, originaron una escasez notoria del producto en plaza que elevó considerablemente los precios”. Ministerio de Agricultura de la Nación: Memoria , Buenos Aires, 1942, p. 32

39 Decretos nº45515 y 45516

40 El Doctor Andrés Máspero Castro, era profesor universitario de Economía Política en la Universidad de Buenos Aires y sería director general de Inmigración entre 1940 y 1943, para luego ocupar el cargo de presidente de la Comisión Investigadora de la Industria Azucarera durante el gobierno militar. Al momento de estallar la Segunda Guerra Mundial, tenía 49 años. Quien es quien en la Argentina 1943, p. 501.

41 Otra de las muestras de la importancia de esta dirección, era la presencia del Dr. Schiopetto, uno de los cuadros burocráticos más importantes del Ministerio, y encargado de suplir temporariamente las eventuales ausencias del titular de la subsecretaría de Agricultura, el señor Venancio Ruiz de Galarreta, quien anteriormente había venido ocupando el cargo de Director General de Industria y Comercio en el Ministerio.

conexión “natural” entre ambos intereses. De hecho, la estrategia de “incorporación de grandes empresarios o de sus representantes en los organismos de regulación de la economía no era la expresión de una fácil circulación entre el mundo de los negocios y el mundo de la política”. El segundo tipo de circulación parece no funcionar en este esquema.

A pesar de esos intentos por unificar la visión entre productores y Estado, utilizando ministros surgidos

de las mismas filas de los productores, y a los llamados de los propios productores a promover “una íntima colaboración entre los poderes públicos y las fuerzas productoras del país” 42 , resultaba difícil para

el Ministerio, interpelar a los productores como un grupo homogéneo, ya que, como lo advertía el

ministro Amadeo y Videla, se daba entre ellos, una “falta de unidad que hasta compromete la acción del propio gobierno, el que no puede sentirse extraño a esta situación”. Esta cuestión es remarcada por José

L. de Imaz. Hay algunas razones que impulsan, en el caso argentino, a hablar de “los que mandan”, en vez de “elite dirigente”. Y estas razones surgen d la realidad del país y no de un prejuicio alguno con respecto al “hecho elitista”.43

La tan ansiada unidad de los productores ganaderos, finalmente se lograría, pero a costa del gobierno militar y de la gestión del general Diego I. Mason, quien con su política ganadera “hizo que progresivamente los viejos enemigos fuesen confluyendo en un frente común opositor”. 44

4.2.- Un ejemplo aplicado a las economías regionales: la CRYM.

Es también importante sumar a este análisis las particularidades surgidas en las economías regionales, los modos de constitución de la clase política y su funcionamiento en el marco de la nueva modalidad regulatoria.

Es en ese marco y en un contexto de crisis comercial con el Brasil y con el objeto de controlar la expansión de la producción nacional y dar lugar a nuestros competidores en el mercado, 45 el 20 de septiembre de 1935, se creó la Comisión Reguladora de la Producción y Comercio de la Yerba Mate (CRYM), por medio de la ley 12.236. Entre sus funciones estaba la de aplicar un impuesto móvil interno, establecido sobre la yerba elaborada (nacional o importada) destinado, entre otros fines, a cubrir las pérdidas de los productores.

42 Ministerio de Agricultura de la Nación: Memoria , Buenos Aires, 1939, tomo II, p. 197

43 José Luis de Imaz, op. cit., p.1

44 Este ataque en realidad, era producto de una visión general de los productores que veían en el personal administrativo estatal, un agente parasitario de la producción, y un conjunto humano tan dependiente de las decisiones del gobierno, que se llegaba a pedir en las reuniones de productores, bajo el lema de “la burocracia contra la producción rural”, que “el empleado público no debe votar, a fin de eliminar la influencia política en la administración”. La Prensa, 17 de julio de 1940, p.9.

45 Mensaje del Poder Ejecutivo al Honorable Congreso de la Nación. Agosto 14 de 1935. Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados.

Según el Ministro de Agricultura, Antonio De Tomaso, en 1932, los sectores de la producción yerbatera eran los siguientes: existían grandes plantadores que disponían de capital, elementos técnicos y capacidad organizativa suficiente como para obtener el menor costo de producción. Además instalaban molinos donde elaboraban la yerba y creaban sus propias marcas para el mercado interno. Y los pequeños plantadores establecidos en lotes fiscales o pequeñas extensiones, que trabajaban la yerba con medios rudimentarios empleando su propia familia como fuerza de trabajo y que vendían la yerba canchada a los molinos, o verde a los secaderos (sector intermediario, que transformaba la yerba verde en canchada para luego venderla a los molinos). Estos sectores no podían completar el proceso de elaboración con sus propios medios de trabajo, sometiéndose al precio impuesto por los molinos, que a veces no cubría ni el costo de producción. A estos sectores se agregaban los molineros y los importadores. ¿De qué manera afectó la CRYM a estos grupos?

A

dos años de creada, la Comisión Reguladora, que prometía ser la solución de los problemas internos de

la

industria yerbatera, había decepcionado a muchos. Es así que el Ministro de Agricultura, José Padilla,

es

interpelado por la Cámara de Diputados, a pedido de Nicolás Repetto. 46 De esta sesión se desprenden

varias conclusiones, de las cuales nos interesa especialmente una: la Comisión Reguladora estaba

controlada principalmente por el sector molinero.

esta junta tiene solamente ocho miembros activos”, una vez que hubo

establecido que ni el Ministro de Agricultura, presidente de la Comisión, ni el Gobernador de Misiones, el Vicepresidente del Banco de la Nación, el Director del Banco Hipotecario, el Director de Economía Rural y Estadística o el Director de Tierras de la Nación podían asistir a todas las reuniones de la Comisión. Se refería a Pablo Allain, en representación de los plantadores no agremiados, pero muy relacionado con los intereses de Otto Bemberg, poseedor de una gran plantación y molinero; Nicolás Avellaneda, a quien los plantadores agremiados le habían retirado la representación por su apoyo a un decreto contrario a sus intereses y favorable a los molineros y era, además, miembro de la Cámara de Comercio Argentino Brasileña –afín a los intereses del país vecino. También estaban José Blanco, Ángel Núñez y Ernesto Daumas, en representación directa de los molineros y los tres restantes, Roberto Fernández Beyró, José Bogliolo y Andrés Bugnion en representación de los importadores, los consumidores y los plantadores (autorizado por las cooperativas), respectivamente, en clara minoría. José Blanco era, además, Secretario del Mercado Consignatario, al que debían acudir los molineros a comprar la yerba.

El Diputado Repetto dijo “

A su vez, el Ministro de Agricultura reconoció que ciertos datos de los que disponía, como los de las

cotizaciones de la yerba canchada, surgían de declaraciones hechas por los molineros, no de investigaciones imparciales. Esto impedía conocer el precio exacto al que los molinos compraban la yerba que luego vendían, es decir, el monto de sus ganancias.

46 Cámara de Diputados de la Nación: Diario de Sesiones. Junio 22 de 1938.

También se demostró allí que este sector actuó, enmascarándose en la Comisión, eliminando molinos chicos con falsas excusas y perjudicando a los pequeños plantadores, al no pagarles la compensación que les aseguraba la ley.

Establecido esto, encontramos respuestas a algunas cuestiones que parten del accionar mismo de la CRYM. La primera pregunta que cabe hacerse es sobre las medidas tomadas para limitar la cosecha.

Éstas fueron, principalmente, dos: la prohibición de plantar nuevos árboles y, a partir de 1938, la limitación en forma de cupos para los plantadores. ¿Cuál era el objeto de estas medidas? Ambas tienden a controlar las existencias, pero de esta manera también se controla el precio, lo cual se completa considerando que dependía de la CRYM el Mercado Consignatario. De esta manera, los plantadores no tenían escapatoria posible: el precio seguía siendo controlado por los molineros, como hacían en la época previa a la sanción de la ley 12.236. 47

Otra cuestión se refiere a la importación. Como hemos dicho al tratar el acuerdo con Brasil del año 1935, la yerba molida de ese origen pagaba un derecho aduanero superior al de la canchada, protegiendo a los elaboradores nacionales. Además, éstos continuaban importando yerba del Brasil, del tipo atlántico, declarando por ésta una cotización superior a la nacional. Como estos datos surgían de las declaraciones de los molinos, como ya hemos dicho, no nos es posible, hasta el momento, determinar el precio verdadero que éstos pagaban, pero podemos suponer que continuaron con su actitud de comprar al precio más conveniente, utilizando el argumento del gusto del consumidor. Este modelo vuelve a plantear la incapacidad y falta de voluntad de la clase política para cooptar a nuevos miembros.

El Mercado Consignatario también contribuía a estos fines, al retener el producto nacional, facilitando la importación cuando los intereses de los molinos así lo demandaban. Esto aseguró el mercado a los productores brasileños, mientras quedaba virtualmente eliminada su industria molinera.

Un tercer tema es el de las existencias necesarias para el normal desempeño de la actividad molinera. Antes de ser creada la CRYM, estas existencias significaban un considerable capital invertido y sujeto a variables fuera del control del molino. Tras la ley 12.236, fue el Mercado Consignatario el que reunía el stock necesario y demoraba el pago a los productores alegando dificultades para poner la materia prima en el mercado, aunque éstos solicitaban reiteradamente la venta de su artículo.

En todos los casos, el sector dominante actuó en perjuicio de los pequeños plantadores, generalmente sujetos a créditos y a mayores esfuerzos de capital. Mientras los grandes plantadores fueron beneficiados por las medidas de la CRYM, los pequeños se encontraban en una situación de indefensión frente a un organismo que actuaba en forma autónoma, prescindiendo del gobierno provincial y dependiendo

47 Ver: Gabriela Coconi: “Situación de la Economía Yerbatera Argentina. 1920-1935” en III Jornadas de Historia Económica Argentina. Universidad Nacional del Comahue. Neuquén. 1981.

directamente del Ministro de Agricultura de la Nación que, dado el carácter de su cargo, normalmente se encontraba ausente de las reuniones de la Comisión.

Siguiendo la trayectoria de la Comisión, vemos que fracasó en dos de sus objetivos principales: no pudo elevar el precio de la yerba mate, lo que hubiera mejorado la situación de los pequeños plantadores –los grandes eran los más beneficiados por la compensación-, ni pudo controlar eficientemente las existencias. Ambos efectos hubieran modificado las ganancias de los molinos. Un posible papel mediador entre los distintos sectores de la producción y comercialización local ya mencionados, no llegó a plasmarse a través de una política independiente de los sectores predominantes sino más bien a través de una unión de fuerzas entre los sectores particulares y los integrantes de la CRYM. 48

5.- CONCLUSIONES

Los ejemplos analizados evidencian, no sólo la existencia de una "clase política" en la Argentina, durante el período estudiado, sino algunas de las características singulares y sustantivas de sus acciones corporativas. Una clase que posee conciencia de sus intereses; sociabilidad común; cooptación en sus filas de los miembros más vigorosos de la sociedad -es decir el segundo tipo de circulación- a pesar de las fracturas que se producen después del 43 en sus filas, y aunque pueda afirmarse que siempre existe cierta tensión en su interior.

En el período estudiado y a través de estas corporaciones, se advierte que no hay cooptación de nuevos miembros, y si bien no se puede saber si estos grupos plantearían cooptar a esos nuevos miembros, lo cierto es que el 43 les corta toda posibilidad de hacerlo porque un nuevo elenco político ocupa el escenario.

La intercambiabilidad de estos sectores es un primer tipo de circulación, el más frecuente en las sociedades actuales, y hace referencia como ya señalamos, al pasaje entre los tres órdenes de los miembros de la clase política; funcionando de alguna manera en forma engañosa, al ocupar simultáneamente varios puestos en el aparato político-administrativo. La Junta Nacional de Carnes y la Comisión Reguladora de la Yerba Mate, administradas por sectores representativos de lo público y lo privado, aunque actúan sobre dos realidades diferentes –la rica región pampeana en el primero y el nordeste marginal en el segundo- dan muestras interesantes de ese comportamiento de clase. Un accionar de la clase política nativa en tiempos del intervencionismo de Estado y regulación económico financiera,

48 Un numeroso grupo de productores, que disentían con el procedimiento empleado por la CRYM para establecer la reducción de cosecha en el año 1938, sancionada sin previa consulta general a los propios interesados, creó el 18 de septiembre de ese año el Centro Agrario Yerbatero Argentino, entidad gremial que defendería los intereses generales de los productores de yerba mate.

que conjuga perfiles comunes más allá del espacio y la inserción en el modelo económico vigente en la Argentina de los años 30.

Política y economía vinculan para dar muestras del accionar flexible y tradicional a la vez de la dirigencia nacional, a través de mecanismos corporativos que dan consistencia a la teoría de los clásicos de las élites y ponen en cuestión –para el corto plazo- los planteos de José Luis De Imaz.