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Hombre culto, ¡volvé! te perdonamos todos

domingo, 23 de diciembre de 2012

 

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   Enviar por mail  Imprimir Por: RUBEN STORINO Hombre culto debe entenderse como

Por: RUBEN STORINO

Hombre culto debe entenderse como aquel interesado en diversos temas de la cultura general, más allá de su profesión o actividad específica. Desde que era joven, tengo la costumbre de recorrer librerías de libros usados con la inquietud de encontrar algún ejemplar no solo interesante sino sorprendente sobre diversos temas de cultura general. Con el correr de los años, las librerías de este tipo fueron desapareciendo, no así mi avidez por este tipo de libros. En general estos textos sobre cultura general tanto históricos como filosóficos e incluso sobre aspectos de alguna ciencia o saber en particular iban dirigidos al “hombre culto” con la finalidad de ampliar su conocimiento y espíritu crítico. Así lo decían la mayoría de los prólogos o prefacios de estos libros. El “hombre culto”, (indiferente del género), es una especie en extinción. Quizás la mayoría no lo lamente porque ha sido reemplazado por otros “tipos de hombre” en esta vorágine de cambios de modos y pautas culturales. Otros ni se dieron cuenta de su desaparición e incluso algunos están satisfechos porque era considerado elitista, enciclopedista, vanidoso e incluso perteneciente a una ideología de derecha. Nada más errado que este reduccionismo debido a que la mayoría de los revolucionarios de izquierda también fueron hombres cultos con amplios conocimientos de la filosofía, la sociología y la historia como Marx, Engels, Lenin, Kropotkin, Gramsci e incluso el “Che” Guevara que le enseñaba a leer a los guerrilleros analfabetos en plena selva cubana y boliviana durante las treguas de los combates. Hasta en los planes de enseñanza, la cultura fue dejándose de lado por considerarla poco práctica, demasiado

inespecífica y de escasa utilidad. Por lo tanto se apostó a conocimientos específicos y de utilidad práctica. El paradigma de los últimos 30 años fue saber mucho de poco en lugar de un poco de todo, porque el sistema capitalista necesitaba “técnicos manipulables” y no “libres pensadores”. En este escenario ser un “burro” y no saber dónde está la ciudad de Viena, quién fue Napoleón o sobre el principio de Arquímedes ya no da vergüenza, sino que a aquel que le interesa este tipo de conocimiento es considerado un dinosaurio. Esto se ve no solo en la sociedad en general sino en el ámbito universitario y especialmente dentro de las generaciones más jóvenes, donde cada vez se pierde más el hábito de la lectura y da vergüenza ajena la ignorancia que padecen sobre diversos temas de cultura general. La escuela secundaria en general tiene un nivel de enseñanza bajísimo donde prácticamente no les deja nada de conocimientos de cultura elemental por lo cual ingresan muy mal preparados a la universidad. Hoy en día se cree que la computadora e internet lo resuelven todo, que todo está en la red, solo basta buscarlo, bajar y pegar, imprimir y dárselo al profesor. No importa si la información y el material de conocimiento carecen del control de calidad y veracidad, puesto que tanto da que proceda del “rincón del vago” o fuera extraído de la Universidad Complutense de Madrid.

IMAGEN VS.IMAGINACIÓN

En realidad el problema es mucho mayor que la fuente o procedencia de dicha información sino que tiene que ver con las propias bases epistemológicas del conocimiento. Esto se debe a que en la actualidad con el uso y abuso de la computadora los conceptos se forman con la imagen en detrimento de la imaginación como surgen con la de los libros. La imagen del pájaro en la rama es única a diferencia de las múltiples imaginaciones que supone leer “el pájaro estaba posado sobre la rama de ese árbol en flor”. El problema es que la creatividad depende de la imaginación y no de la imagen. Esta situación se agrava porque la mayoría de los estudiantes en las diferentes facultades y carreras de grado estudian más para aprobar y recibirse que para aprender y saber lo cual produce grandes lagunas en su formación académica y verdaderos “agujeros negros” en su conocimiento específico, transformándose en muchos casos en un serio peligro para la comunidad. Este modelo de racionalidad donde importa más la legitimación que da el papel de un título que la verdadera seguridad y garantía en la resolución de problemas que da el conocimiento está emparentado y en relación directa con el modelo de sociedad actual en la postmodernidad, donde impera el “hombre light” de Enrique Rojas. Es que vivimos la era de la “modernidad líquida” de Zygmunt Bauman, donde todo se diluye y se escurre y pocas cosas son sólidas, la “era del vacío” y el “imperio de lo efímero” de Gilles Lipovetsky donde pocas cosas tienen el sentido de la trascendencia, la “era de la desolación” de Dardo Scavino donde el futuro es cada vez más incierto y la “era del consumo” de Luis Alonso, donde lo importante es comprar sin pensar demasiado en su utilidad. Es que la sociedad actual ya no lee, mira televisión o está en la computadora. Nada más fácil de dominar que un pueblo inculto. La “doxa”, es decir la opinión, ha reemplazado a la “episteme” o sea el conocimiento. Mucha gente cree que opinar y saber es lo mismo y son totalmente diferentes. La opinión surge de prejuicios e información superficial, y el conocimiento surge de la investigación y del juicio crítico. Como señala Michel Foucault, el sistema prioriza “individuos dóciles políticamente y útiles económicamente” con escaso pensamiento crítico y manipulados por los medios de comunicación.

La irracionalidad

Al igual que los pueblos bárbaros donde imperaba la “cultura de la violencia”, esta sociedad actual ha regresado al mundo de la irracionalidad. Esto se evidencia en las pintadas de las paredes exteriores de las casas de la vía pública, donde los grafitis y garabatos carecen de sentido y son ininteligibles y cuya única lógica es arruinar los frentes de las viviendas con la intención de causar daño en la “apología de la destrucción”. Es que tampoco existe respeto a la ley habiéndose perdido todo sentido de la autoridad, en donde todos

reclaman derechos pero casi nadie parece conocer los deberes u obligaciones. Ninguna sociedad sobrevive si el crecimiento de la “sin razón” supera a la coherencia intelectual, y si la estupidez reemplaza a la inteligencia. La educación es la única forma de revertir todo esto, pero no solo una educación con contenidos específicos sino una educación donde los valores indispensables para la convivencia y dignidad humana sean la piedra fundacional. El hombre culto sabía todo esto, aún con sus defectos era mejor que todos los tipos de hombre actual. Por eso considero que su regreso es necesario ¡Volvé!, te perdonamos…