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asociación

de Usuarios
de los MEdios
aragón

«¿Qué pasa con la tele?


Algunas ideas para pensar la televisión»

2ª edición, 2002-03

Manual de instrucciones para padres


y educadores
1. Justificación

En palabras de Joan Ferrés, «No podemos decir que enseñar a ver la televisión sea una
posibilidad más que habría de ofrecer la escuela. Educar telespectadores es —habría de serlo—
una exigencia ineludible de la escuela, derivada de la especifidad de su misión. ... una escuela
que no enseña a ver la televisión es una escuela que no educa» (Com veure la TV?, material
didàctic per a infants i joves. CAC. Barcelona, 1998)

Ver televisión. Pensar la televisión. Dos actividades contrapuestas y aparentemente incompatibles


en el ámbito doméstico. Pero no así en la escuela. Junto a la innegable utilidad de la introducción
de los medios audiovisuales como instrumento pedagógico, la escuela es –debe serlo- el lugar
privilegiado para distanciarse del medio y de la relación que con él tenemos, para pensarlo, es
decir, verbalizarlo, analizarlo, sacarlo de la invisibilidad que produce su omnipresente visibilidad
cotidiana. No solamente enseñar a ver la televisión en aquellas áreas que la incluyen como
contenido específico, sino también y sobre todo, enseñar a pensarla de manera transversal, en
todas las áreas, en todo el proceso educativo.

En este folleto, se ponen de manifiesto algunas claves desde las que poder empezar ese proceso
de reflexión. Si queremos hacerlo útil, es imprescindible primero que el educador –también
consumidor cotidiano e inconsciente de televisión- apague la tele como Mafalda y dedique unos
minutos a pensar en ella. La lectura previa y detenida de cada uno de los apartados del folleto
pensando en el grupo de alumnos a los que va a dirigir en ese proceso es el primer paso.

2. Destinatarios

El folleto está dirigido, sobre todo a padres y educadores, con el fin de suscitar en ellos algunas
dudas sobre el fenómeno audiovisual y su influencia educativa para que, en última instancia,
provoque actuaciones educativas concretas en sus hijos y alumnos en relación al uso de la
televisión. Por ello serían los CEP, los claustros y las Escuelas de Padres su destinatario natural.
No obstante—tal y como se ha puesto de manifiesto en la experiencia de la primera edición— su
uso en el aula para trabajar directamente con los alumnos no solamente es posible, sino muy
recomendable. Aunque el folleto no es una unidad didáctica propiamente dicha, su contenido es lo
suficientemente sugerente para provocar todo tipo de actividades en todos los niveles educativos
para conseguir una aproximación reflexiva de los alumnos al mundo de la televisión.

2. Estructura

El folleto consta de 14 páginas y pretende condensar en cada una de ellas un aspecto concreto
para la reflexión personal o grupal en el aula, de modo que se puedan trabajar aisladamente o
como un todo unitario. En cualquier caso, cada apartado está concebido como impulso para la
reflexión durante una o varias sesiones, dependiendo de la profundidad con que se aborde cada
uno de los temas propuestos y de las actividades que a partir de ellos se puedan generar.

3. Contenidos

cero
En la introducción están presentes las siguientes ideas que pueden trabajarse en el aula desde el desarrollo, el
debate, la investigación, el trabajo de campo, la entrevista, etc..:

¿Es la televisión el fenómeno cultural más importante del siglo XX? ¿En qué sentido? ¿Qué influencia ha
podido tener la televisión en la vida de las personas? ¿Cómo sería un mundo sin televisión? ¿Qué efectos
culturales produce positivos y negativos?...

¿Qué quiere decir que siendo fundamentalmente visual es a la vez invisible? ¿De dónde procede esa
dificultad para distanciarse de ella? ¿Qué es lo que hace que sea tan costoso analizarla, pensarla, verla como
objeto de estudio?

¿Lo importante es el medio y no el contenido?. Es decir, lo que la televisión es, su lenguaje, sus
características, su accesibilidad, etc... o lo que la televisión muestra, las imágenes, las historias. ¿Son
realidades separables? Quizá el resto del folleto nos aclare algo estas cuestiones.

Se afirma que la televisión produce un impacto social profundo y distorsionador. Podemos interrogarnos
también para ver si eso es cierto y en qué sentido lo es.

uno
Los datos estadísticos son sólo cifras. Corresponde a nosotros darles significado. Cada uno de los
aquí expuestos tiene mucho valor significativo y pueden ser muy útiles para la discusión y la
reflexión. La suma o combinación de todos ellos, también es muy jugosa para establecer cual es el
lugar social e individual de la televisión. Se trata de comprobar la potencia de la penetración
social del medio.

Aprovechemos para ver mediante encuesta o puesta en común, las cifras que salen en la clase
respecto de la presencia de la tele en cada una de las casas.

Se hace una mención al futuro de la televisión... ¿Hacia dónde vamos?

dos
El tiempo también es un valor numérico frío y aparentemente neutro. Se trata de hacer ver el
tiempo como algo vivo, como biotiempo, auténtica vida transcurrida o por transcurrir, llenada o por
llenar. De ahí la referencia a los hombres grises de Momo y su estrategia para tomar posesión de
los hombres. La televisión no sólo produce un impacto por lo que nos comunica, sino por lo que no
nos deja hacer mientras la vemos. ¿Qué dejamos de hacer para ver televisión? ¿Es siempre una
buena elección? ¿Merece la pena? ¿Qué podríamos hacer en 12 años de vida si la televisión nos
dejara hacerlo? ¿Qué otras actividades tienen en nuestra vida el mismo peso específico?

tres
¿Por qué vemos televisión? ¿Cómo decidimos encenderla? Podemos comparar el acto de ver la
tele con otras decisiones de ocio: ir al cine, leer, jugar, salir con los amigos... Pensemos cada uno
hasta qué punto es una decisión voluntaria o es un automatismo adquirido, programado y qué
consecuencias tiene esto en nuestra relación con el medio.
Se nos dice que cada persona hace lo que quiera y que todo es tan sencillo como apretar o no un
botón. ¿Es realmente tan sencillo? ¿Por qué entonces se producen las paradojas citadas?. ¿Por
qué tanta uniformidad?

¿Las audiencias o la audiencia?. Puede ser un buen momento para analizar la medición, el
significado y la influencia de la audiencia en los contenidos de la televisión. ¿Realmente la
tenemos la televisión que nos merecemos? ¿Los programadores no hacen buena televisión porque
las audiencias no la demandan? Si esto es así, ¿por qué es así? La fidelidad de la audiencia ¿es
consecuencia de la calidad de la programación? ¿Por qué baja la audiencia en verano? ¿quién es
responsable de los audímetros? ¿Por qué nadie cuestiona sus datos siendo que es una empresa
monopolística? ¿Quién controla al controlador? ¿Qué miden los audímetros, números o calidades?

cuatro
De nuevo una serie de afirmaciones, esta vez relacionadas con las características del medio.
Como habíamos dicho, no se trata sólo de lo que vemos sino del hecho mismo de verlo en
televisión.

De cada párrafo se puede hacer todo un trabajo de análisis respecto del medio televisivo.
Estimulemos a los alumnos para que lo hagan individualmente o en grupo.

De nuevo también la suma de todas estas características sumada a su vez a todo lo que ya antes
se ha dicho, constituye un producto fuertemente impactante.

Casi todas las características citadas son negativas. ¿Se nos han olvidado las positivas...?
Enumeremos las que se nos ocurran y confrontemos después con las que se citan.

También puede haber otras características que no están en esta relación y que son, como ellas,
negativas. ¿Se nos ocurre alguna?

cinco
Hemos destacado tres conceptos económicos en relación con el medio que nos parecen muy útiles
y reveladores para comprender mejor el mecanismo real que supone ver televisión: telesegundo,
telemercancía, nombres propios, los tres propuestos por Javier Echeverría en Telépolis (Ensayos-
Destino, Barcelona, 1994)

Vale la pena desmenuzar despacio cada uno para que los alumnos los entiendan bien y aumenten
así su percepción crítica del medio audiovisual: la televisión como actividad económica, el
producto tiempo, el peso de la publicidad en la televisión, el consumo de televisión en relación al
tiempo del usuario, el poder creador de valores económicos de la mirada multiplicada de los
telespectadores, el sinsentido y las contradicciones que se ocultan debajo del inocente acto de
encender la tele, los diferentes tipos de televisión según su financiación, el papel de la televisión
pública tanto en la primera como en la segunda cadena frente a las cadenas privadas... etc.

seis
La potencia de la televisión como referente informativo –que es casi un tópico- es puesta aquí en
duda tratando de desmitificar al medio. De nuevo en cada párrafo hay condensada toda una línea
de trabajo y de pensamiento. Al tratarse de informativos, quizá sea en los últimos cursos de
secundaria donde convenga afrontar este tema en profundidad. Aunque vale la pena cuestionar ya
en primaria la validez tópica de la realidad mostrada por los telediarios ¿Realmente una persona
que solo se informe a través de la televisión está bien informada? ¿Ver es lo mismo que
comprender? ¿Ser testigos en directo de la caída de las torres gemelas nos explica algo de lo que
está pasando?
siete
«Las imágenes muestran, pero necesitan ser explicadas» se decía en el apartado anterior.

Otro mito que se pone aquí ante el ojo crítico: el valor de la imagen. Una imagen vale más que mil
palabras sólo cuando puedo decir al menos mil palabras sobre ella.

La confrontación de imagen y palabra es muy expresiva y puede dar mucho juego no sólo para
desmitificar la imagen, sino sobre todo para prestigiar la palabra, el pensamiento.

En este apartado, junto con el tema del tiempo, está a nuestro juicio el segundo tema importante
de la televisión, el usuario y su influencia social. Vale la pena hincarle el diente con decisión para
intentar comprender el grave riesgo de nuestra libertad al renunciar al esfuerzo del pensamiento en
favor del placer de las emociones.

ocho
¿Cómo es el mundo que nos muestra la televisión? Una excelente base para realizar con algunos
cursos, un trabajo de campo para contrastar las afirmaciones que aquí se hacen. El papel de la
mujer, el peso específico de la imagen del cuerpo femenino y masculino frente al valor de la
inteligencia, el parecer frente al ser, el valor del esfuerzo... Aprovechar el impacto de Operación
Triunfo para debatir y cuestionar el mecanismo de la fama en relación con el esfuerzo personal...

nueve
Ya hemos hablado de la invisibilidad del fenómeno de la televisión. Una de sus opacidades más
curiosas es la sensación generalizada de que casi no la vemos. Nadie tiene conciencia de hasta
qué punto forma parte intensa de sus vidas. Pararse a pensar frente a un folio en el propio horario
cotidiano —como el de Juanito— es muy revelador.

diez y once
Estas dos páginas tienen un destinatario claramente adulto. Son una relación de propuestas
prácticas en la diez, teóricas en la once, para mejorar nuestra relación con el medio. Aún así,
pueden trabajarse igualmente con los alumnos desde otro punto de vista, por ejemplo, analizando
con ellos, hasta qué punto están cerca o lejos en sus respectivos ambientes, del usuario ideal de la
televisión que se deduce de estas dos páginas.

La afirmación de la psicóloga Vallejo-Nájera es discutible. ¿Hasta qué punto ver televisión es una
actividad tan pasiva por parte del usuario infantil o no? Comparémosla con otras actividades de
ocio posibles o con las que la propia psicóloga contrapone al medio.

Hacer hincapié en la última de las propuestas a los adultos: «vivir en lugar de ver como otros
viven». Sacarle punta a esta reflexión final sobre la televisión y nuestra postura de espectadores.

Epílogo
Es interesante subrayar lo que se afirma respecto de la neutralidad del medio televisivo y analizar
la tesis que se establece respecto de la «perversidad de la relación que se ha establecido entre el
medio y el usuario de tal modo que, de hecho, está puesta en cuestión la libertad personal,
familiar y social de los ciudadanos». Es una toma de postura fuerte que puede servir para
provocar el debate.

Por último la distinción entre consumidor y usuario en cuanto términos que definen distintas
posturas en relación al medio televisivo también puede dar de sí.
Para saber más
Se trata de una bibliografía de consulta, de reflexión o de actividades que puede resultar muy útil
para profundizar en cada uno de los aspectos tratados a lo largo de todo el folleto.
¿QUÉ PASA CON LA TELE?
Algunas ideas para pensar la televisión

CERO

LA TELEVISIÓN es, sin duda, el fenómeno audiovisual -¿y cultural?- más


importante del siglo XX y, sin embargo, resulta paradójicamente invisible.
Pasa desapercibida de tan evidente y continua que es su presencia entre
nosotros.

Por otra parte, cuando se habla de TV, el análisis, casi siempre negativo, se suele
centrar en los contenidos pasando por alto al medio en sí que, a nuestro juicio, es
lo verdaderamente relevante puesto que es el medio y no el contenido lo
que produce un impacto social profundo y distorsionador.

Estas reflexiones dirigidas, sobre todo, a padres y educadores, no pretenden


agotar el tema de la televisión ni elaborar ninguna teoría de la imagen, sino
simplemente evidenciar algunas de las características de este medio
y, más aún, de su relación peculiar y compleja con el usuario para que ambos –TV
y relación- mejoren.

Apaguen un momento el televisor, pasen y lean:


UNO: una cuestión de cifras.
1 Los españoles vemos la televisión una media diaria de 3 horas y 30
minutos.

2 Eso supone la mitad de nuestro tiempo de ocio.

3 Ver la TV es la principal actividad de las personas en cantidad de horas


después del trabajo y del sueño.

4 El 99.5% de los hogares tiene televisor (99.4% frigorífico, 90,8% horno,


87,6% teléfono móvil, 47% ordenador).

5 En el 60% de los hogares hay ya más de uno.

6 La mitad de la población española sólo se informa a través de la televisión.

7 El 90,7% ve la televisión todos los días.

8 Los escolares españoles pasan más tiempo al año delante del televisor que
en clase.

9 La oferta de canales que muy pronto vamos a tener con la digitalización y la


fibra óptica va a ser prácticamente universal e ilimitada.
DOS: Los hombres grises
“(…) Porque el tiempo es vida. (…) Y nadie lo sabía tan bien precisamente
como
los hombres grises.
Nadie sabía apreciar tan bien el valor de una hora, de un minuto, de un
segundo de su vida, como ellos. Claro que lo apreciaban a su manera, como las
sanguijuelas aprecian la sangre y así actuaban. (…) Se habían incrustado en la
vida de la gran ciudad y de sus habitantes sin llamar la atención. Paso a paso, sin
que nadie se diera cuenta, continuaban su invasión y tomaban posesión de los
hombres.” (Michael Ende, Momo, 2ª. parte, capítulo 6)

La segunda cuestión es, pues, una cuestión de tiempo:

3 horas y media son 210 minutos diarios que, en un año,

hacen un total de 76.650 minutos, es decir, 12.775 horas o, lo

que es lo mismo, 53 días completos con sus días y noches.

A los 10 años, una persona con ese horario, habrá estado 530 días

viendo la televisión, es decir, 1 año y 165 días de su vida.

Si vive 80 años, habrá estado 4.250 días ante el televisor, o sea,

habrá pasado prácticamente 12 años de su vida viendo la TV.


TRES: El que no quiera que no mire.
Veamos un par de paradojas sobre la libertad:

1 Este es un país libre, pero todo el mundo decide hacer lo mismo


todos los días a las mismas horas.

2 Todos afirmamos que la programación es muy mala, pero


todos la miramos.

Da igual lo que pongan y la calidad de los contenidos: el número de


telespectadores siempre es el mismo. Sólo en verano. Se reparte
entre todas las cadenas. A veces, hay más en una, a veces en otra. Son las
famosas audiencias de las que hablan los programadores. No son
audiencias… somos una única audiencia. Una audiencia fiel y
paradójicamente insatisfecha. ¿?

Pero, claro, El que no quiera que no mire.


CUATRO: De tal palo, tal astilla.
 Es un producto en el que muy pocos (los que la hacen)
influyen en casi todos (los que la vemos).

 Tiene que ser obligatoriamente fácil (es para todos),


espectacular, atractiva, más emocionante que reflexiva.

 Da visibilidad a lo que muestra (cualquiera que aparece


en TV se hace inmediatamente notorio socialmente
independientemente de sus méritos); y hace invisible lo que
no enseña (lo que no sale en TV no existe).

 Da mucho a cambio de muy poco (rompe esa ecuación


educativa básica por la que la recompensa se obtiene con
esfuerzo). Ver TV es una actividad pasiva que no exige
respuesta.

 Es audiovisual por tanto excuyente y aislante. Accesible (en


casa, gratuita, fácil de manejar, disponible las 24 h.) es decir,
omnipresente; espectacular, fascinante, divertida, entretenida,
o sea, evasiva.

 Está sujeta a un horario y constituye una costumbre dominada


por los programadores: es un hábito en el que caemos sin
darnos cuenta.

Tal y como es el medio así es el mensaje.


CINCO: Mientras ves la televisión…
estás trabajando.
Nadie regala nada. Las cadenas de TV tampoco. ¿Queremos ver televisión?
Pues adelante. Pero conviene que sepamos que no es un acto inocente y
mucho menos gratuito.
Veamos una persona que consume/contempla televisión cualquier día a
cualquier hora:

El telesegundo: Mientras ve la TV, regala a la cadena su propio


tiempo que junto con el de otros millones de personas, constituye una materia
prima valiosísima que es lo que la cadena vende a los anunciantes. Cuanta más
gente haya mirando, más valor adquiere el tiempo y más caro lo pagan los
anunciantes. Por eso, lo importante es que siempre haya gente mirando y cuanta
más mejor, entregando su tiempo. La empresa televisiva no vende
programas, vende tiempo nuestro tiempo.

La telemercancía: Por otro lado, la escena presenta a un cliente


(cada uno de nosotros) ante un escaparate (la pantalla) de una teletienda (la
cadena de TV). El vendedor no es una persona, sino una empresa (a veces la
propia cadena que se vende a sí misma, a veces una empresa que alquila el
espacio a la cadena para vender). El producto que el telespectador
consume no es un programa, sino los anuncios que lo acompañan.
Los programas que el telespectador cree consumir, son sólo el envoltorio del
verdadero producto de consumo: el anuncio. Los programas son parte del
escaparate que sirve para que nos paremos a mirar y…a consumir.

Los nombres propios: Cualquier persona, cosa o suceso que


aparece por televisión es mirado por millones de personas con lo que
automáticamente y sólo por ello, adquiere un valor nuevo: se convierte en
un nombre propio con un valor económico determinado por miles de miradas que
sobre él se centran. Una persona desconocida para todos se convierte en alguien
que cobra por ser visto de nuevo. Nosotros lo creamos con nuestra mirada
y acabamos pagando por verle de nuevo en una revista, en un
acontecimiento social o en la propia TV en la que lo hemos inventado.
SEIS: ¿Informativos?
Más de la mitad de la población española sólo se informa
a través de la TV.

¿Mucha información? Si suponemos que a un medio informativo


nacional llegan cada día alrededor de 1.000 inputs informativos susceptibles de
convertirse en noticia, a través del fax, el teléfono, los reporteros, los gabinetes de
prensa, corresponsales propios, agencias, etc., un diario seleccionará entre sus
páginas alrededor de 100, un 10%. Un informativo de televisión no suele
sobrepasar el número de 20 noticias, es decir un 2%.

Informarse cuesta trabajo. El periodismo televisivo no está


hecho para informar sino para entretener. Querer informarse sin esfuerzo es
una ilusión acorde con el mito publicitario. Informarse cuesta: es preciso
diversificar, seleccionar, leer para poder profundizar en el significado de un hecho.

Las imágenes son un problema. ¿Qué consecuencias puede


tener el hecho de que el principal criterio de selección de noticias en un telediario
sea el disponer de imágenes de esa noticia? Primero, siempre estarán antes los
incendios, los disturbios y violencias, las catástrofes, las guerras…lo dramático;
segundo, no siempre dispondremos de imágenes de lo que sucede;
tercero, las imágenes muestran pero necesitan ser explicadas.

Pseudoacontecimiento. Muchas de las cosas que vemos que


suceden en los telediarios sólo ocurren porque la presencia de una
cámara las provoca o se planean cuidadosamente por los protagonistas de la
noticia para atraer la presencia de una cámara.

Todo vale. En ocasiones no es un pseudoacontecimieto lo que vemos sino


un verdadero montaje: en Alemania condenaron a cuatro años de cárcel al
reportero Michel Born que falsificó total o parcialmente 32 reportajes que luego
vendió a diferentes cadenas de TV y se calcula que fueron vistos por 4.000.000 de
espectadores.

¿Solidaridad? A veces parece que la televisión despierte en nosotros


arranques de solidaridad internacional al mostrarnos imágenes del tercer
mundo…Pero cuando deja de hacerlo, ¿no es también cierto que contribuye a dar
la sensación de que el tercer mundo ha dejado de existir porque ya no
lo vemos?
SIETE: ¿Una imagen vale más que mil
palabras?
Palabra e imagen son complementarias o deberían serlo en un
mundo equilibrado. En el nuestro el predominio de la imagen es cada vez
más absoluto. Entonces la imagen se convierte por su hegemonía en
enemiga de la palabra, afectando peligrosamente la capacidad de aprendizaje.

La palabra
desarrolla habilidades mentales relacionada con la concreación, la síntesis.
El lenguaje verbal –oral o escrito- facilita el razonamiento, la fuerte articulación
del pensamiento, la clasificación. Pero la palabra es densa, difícil: el lector se
enfrenta a un universo abstracto y estático, a signos alejados de la realidad
material, signos áridos cuya descodificación exige complejas operaciones
mentales. Lo agradable del texto escrito no está en lo que se ve, sino en su
significado. El lector se ejercita en la paciencia, porque se le exige un placer
postergado, que se alcanza sólo a partir del esfuerzo. La lectura exige renunciar
a una satisfacción inmediata por una satisfacción más lejana.

La imagen
es el reino de la sugerencia, de la emoción, de la intuición. Se mide por su
punch, por su capacidad de impacto. Ante ella, el espectador se enfrenta a
signos concretos cercanos, materiales, gratificadores, que dan
recompensa sin apenas esfuerzo y potencian un sentimiento de inmediatez e
impaciencia. La televisión nos presenta un universo concreto y dinámico: no
se trata sólo de que sean imágenes en movimiento, sino que el espectador, ante
la pantalla, se somete a una hiperestimulación sonora y visual cada vez
más trepidante para mantener su interés, de modo que esa vorágine de
sensaciones acaba por hacerle aburrido todo aquello que es abstracto y estático
como la lectura, pero no sólo como la lectura...

… porque

“lo esencial es invisible a los ojos”


(A.de Saint-Exupèry, El principito).
OCHO: El universo electrónico.
Cuando se habla de televisión no se habla de un programa ni de una cadena determinados,
sino de un mundo global, un universo que contemplamos a veces como si se tratara del
mundo real en que vivimos y que tiene entre otras estas características:

 -La televisión debe atraernos y por ello es sobre todo espectáculo:


cosas asombrosas, poco comunes, variadas, saturadas de
color, alejadas de lo cotidiano.

 -Es un mundo más elegante y más rico; más masculino que


femenino; más urbano y menos rural; más conflictivo y menos
dialogante; más ajetreado y menos pausado; más rápido y más
simple.

 -Abundancia de artistas, deportistas, abogados, políticos,


médicos, policías y escasez de obreros manuales.

 -Tienen un perfil de edad entre los 25 y 45 años. La niñez y la


vejez casi no existen.

 -Juventud es el valor supremo junto con el cuerpo y la salud.

 -Es reflejo de la cultura del éxito (belleza, lujo, riqueza…): el tener


frente al ser. El bienestar es sinónimo de felicidad.

 -El consumo exacerbado. La publicidad, la publicidad, la publicidad.

 -Y el sexo, por supuesto. Sí, el sexo como soporte publicitario, como


adorno, como gancho, explícito o implícito pero descontextualizado.
La mujer como objeto, como marco y referencia de consumo.

 -Y, como no, la violencia. La violencia física, pero tembién verbal,


medio de entretenimiento o el modo más común de resolver
conflictos. La muerte natural casi no existe. Tampoco el diálogo, la
entrega, el sacrificio, el esfuerzo, la renuncia, la fidelidad…
NUEVE: Juanito García tiene 10
años y ¿CASI no ve la
televisión?
DE LUNES A JUEVES:
30 min. antes de ir al cole
30 min. antes de comer
30 min. durante la comida
30 min. de merinda
30 min. antes de dormir 2,5 horas/ día 10 horas/ semana

VIERNES:
2 horas más por la noche 4,5 horas/día 14,5 horas/semana

SÁBADO:
1,5 horas por la mañana
2,5 horas a mediodía
2 horas por la noche 6 horas/día 20,5 horas/semana

DOMINGO:
1,5 horas por la mañana
2 horas a mediodía
30 min. por la noche 4 horas/día 24,5 horas/semana

TOTAL SEMANAL: 24,5 horas

MEDIA DIARIA: 3,5 horas

Juanito García no tiene TV en su cuarto.


Juanito García no está solo cuando llega del colegio.
Juanito García hace los deberes todos los días.
A Juanito García no le dejan ver la TV por la noche.

No todos tienen la suerte de Juanito.


DIEZ: ¿Qué hacemos con los niños?
o No dejarlos solos ante el televisor. No usarlo como nodriza
electrónica.

o Con los pequeños, imponer sin miedo a lo que hagan los demás.
Con los mayores, negociar un horario selectivo semanal.

o Buscar alternativas a la televisión, sobre todo el fin de semana.

o No encender el televisor durante las comidas cuando comamos


juntos.

o Evitar que hagan los deberes viendo la televisión.

o No ponerles televisor en su habitación.

o Renunciar a ver la televisión cuando salimos de vacaciones.


Comprobar que se puede vivir sin ella fácilmente.

o Ver la televisión en familia. Utilizar los programas para estimular el


diálogo con nuestros hijos. No hay que hacer nada raro. Sólo hablar
de ello.

o Si podemos elegir entre una película en TV y la misma película en


vídeo, elijamos el vídeo, les ahorraremos hasta 39 minutos de
consumo publicitario.

o Dar buen ejemplo. La televisión tendrá en casa la presencia que


los padres le demos. Nuestro hijos dependen más de lo que nosotros
hacemos que de lo que les podamos decir.

“MIENTRAS UN NIÑO MIRA LA TELEVISIÓN NO HACE OTRA COSA


(…): NO HABLA, NO SE MUEVE, NO EXPLORA, NO IMAGINA, NO
CREA, NO ESTUDIA, NO LEE, NO JUEGA”.
(Alejandra Vallejo-Nájera)
PERO PRIMERO, NOSOTROS LOS ADULTOS,
DEBEMOS:
ESCAPAR del círculo del hábito televisivo: situarse en ese 9,3% de población que
no ve la televisión todos los días. No todos los días hay algo interesante que ver.
Ni siquiera las noticias. No ver la televisión simplemente porque ―es lo que hago
siempre, a esa hora cada día‖.

SELECCIONAR Evitar el ver por ver. Elegir entre la programación aquello que
queremos ver, verlo y cambiar después de actividad en vez de cambiar de canal y
navegar sin rumbo por la marea de imágenes.

DIVERSIFICAR las fuentes de información teniendo en cuenta no sólo la


tendencia política sino también su soporte. Oir la radio, leer la prensa. Acceder a
servicios alternativos de información.

APRENDER a rechazar información inútil. No querer saberlo todo, para poder


saber alguna cosa.

EXIGIR al poder político la construcción de una televisión verdaderamente de


servicio público, sin la servidumbre de la búsqueda de anunciantes. Una televisión
para todos, pero construida con criterios de calidad y no de audiencias.

OPINAR Criticar lo criticable. A nuestro alrededor primero, pero también en los


medios. Llamar a las radios, escribir a los periódicos, ejercer nuestros derechos.
PARTICIPAR Colaborar con asociacones o, al menos, utilizarlas como vehículos
de denuncias, críticas o propuestas.

LEER Sobre todo leer. La prensa, novelas, ensayos, cuentos. Leer: mejorar
nuestra capacidad verbal, comprensiva y expresiva que facilite y lubrifique nuestro
pensamiento.

PENSAR que una imagen vale más que mil palabras sólo cuando hemos sido
capaces de decir mil palabras sobre ella.

VIVIR en definitiva, en lugar de mirar como otros viven. Ser actores y no


espectadores permanentes. Construir nuestras vidas con hechos, con nuestras
propias manos, día a día, poco a poco, con esfuerzo, en contacto con los
conflictos y las personas reales. Hablado con ellas y ocupándonos de ellas.
Adquirir el hábito de sentir el mundo como algo a construir y cambiar y no como
algo a contemplar desde la barrera.
EPÍLOGO:
En este breve ensayo hemos incidido sobre todo en lo negativo de la
TV. Sin embargo, hemos de decir que, a pesar de las apariencias, no
la consideramos un medio intrínsecamente perverso. No es más que
un medio que puede enriquecer nuestra vida o empobrecerla. Pero lo
que sí nos parece perversa es la relación que se ha establecido entre
el medio y el usuario de tal modo que, de hecho, está puesta en
cuestión la libertad personal, familiar y social de los ciudadanos.

Estamos convencidos del insustituible papel que tenemos los


telespectadores para cambiar la televisión y que se resume en la idea
de que debemos dejar de ser consumidores de
televisión para convertirnos en usuarios. Si lo
conseguimos, la televisión mejorará sus contenidos porque nosotros
habremos sabido exigírselo.

Es fundamental, que los alumnos aragoneses empiecen cuanto antes


a estudiar en profundidad el lenguaje visual en general y televisivo en
particular y así lo hemos hecho constar en diversas ocasiones ante las
instancias políticas. Sin embargo es en la familia donde debe empezar
ese cambio profundo porque somos los padres los primeros que
debemos actuar sobre nosotros mismos para conseguir que nuestros
hijos tengan una relación mediática más libre y enriquecedora.

Hemos dicho que uno de los rasgos de este medio audiovisual es su


invisibilidad. En esto tienen mucha responsabilidad los poderes
públicos pues a ellos corresponde el poner los medios para que se
investigue el impacto real de los mass media, se introduzca el estudio
de la televisión en la escuela y se proteja al usuario para que logre
mantener frente a ellos su libertad personal. Agradecemos por ello el
apoyo prestado por el Consejo Asesor de RTVE en Aragón y por la
Consejería de Educación y Ciencia de la D.G.A. para la edición de
este texto.

JOSÉ BOZA
Presidente de ATRA. Zaragoza, diciembre de 2000