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POLÍTICA ANALÍTICA

*Por Juan Fernando Perdomo


EVALUANDO PROGRAMAS SOCIALES (I)
En los últimos 20 años de vida de nuestro país tenemos datos cuantitativos del
gasto en los programas sociales, sin embargo poco sabemos del IMPACTO
que estos han causado en el desarrollo social de nuestro país.

Esto es algo que siempre me ha llamado la atención. Cuando trabajé en


DICONSA, lo primero que pregunté fue:¿Cuál es el IMPACTO de este
programa? ¿Qué resultados estamos teniendo?

Las respuestas fueron poco precisas:

Distribuimos un millón y medio de toneladas de productos alimenticios y


básicos: vendemos casi 6 mil millones de pesos; tenemos 21,500 tiendas; mas
de 350,000 personas participan en el programa;….

Datos impresionantes…pero poco reveladores de su IMPACTO.

Estaba en mi oficina, como cualquier otro día, y recibí la llamada de un amigo-


hijo de un estimado matrimonio, a quienes mis papás también siempre les han
guardado un especial afecto- Gonzalo Hernández Licona, hijo de Don Gonzalo
Hernández, quien fungió muchos años como Gerente general del Ingenio el
Potrero. Gonzalo hijo es, actualmente, Director general en la subsecretaría de
prospectiva de SEDESOL.

-Juan Fernando-me dijo-¿Cómo estás? En unos días se llevará a cabo el


SEMINARIO AVANZADO DE EVALUACIÓN DE IMPACTO DE LOS
PROGRAMAS SOCIALES y nos gustaría que, desde tu perspectiva, pudieras
presentar esa visión.

Acepté de inmediato y le agradecí la deferencia de la invitación, a pesar de que


me causó un poco de nerviosismo compartir la tribuna con académicos del
nivel del CIDE, BANCO MUNDIAL y, por supuesto, de SEDESOL.

Cuándo llegó el día de la inauguración, participaron destacados investigadores


y académicos del Banco Mundial y SEDESOL, así como de la “casa anfitriona”
que es el Centro de Investigación y docencia económicas (CIDE).

Ahí, escuchamos datos más impresionantes por tratarse de la cobertura total


de los programas sociales:

En los últimos 12 años México ha invertido $450,000 Millones de pesos en


promedio, POR AÑO, en programas sociales.

Esto es $ 5,500,000,000,000 en este periodo. ¡Claro que es una cifra realmente


difícil de leer! Lo más grave es que NO SABEMOS el IMPACTO de esta
INVERSIÓN (¿O fue GASTO?)
¡El último dato del INEGI muestra que en México hay 57 millones de POBRES!

Por eso este seminario nos dio “luz” sobre la problemática y la necesidad de las
evaluaciones.

Pero, me pregunto, evaluar el impacto: ¿Es una NECESIDAD o una


OBLIGACIÓN?

Aunque sabemos que la política social se ha planteado el objetivo de mejorar el


nivel de vida de las personas, los esfuerzos se han orientado principalmente al
combate de la pobreza extrema, y hablar de ésta es referirnos a cinco siglos de
historia.

En las tierras americanas recién descubiertas por los europeos, Fray Jerónimo
de Mendieta ya advertía de la pobreza.

En la Nueva España y en los siglos de dominación española, la pobreza nunca


fue una preocupación para la corona, sólo algunos frayles lucharon para que
los indígenas tuvieran mejores niveles de vida.

Después de haberse dado la independencia en México, los problemas políticos


y sociales de nuestro país, no permitieron que durante el siglo XIX se
establecieran políticas que pudieran mejorar el nivel de vida de la población.

En las décadas del Porfiriato y no obstante el crecimiento, la expansión de la


infraestructura, de las comunicaciones y de la modernización de aquel
entonces; se acentuaron las diferencias económicas y sociales del país y con
ello se acrecentó el descontento de los mexicanos, el cual se manifestó con el
estallamiento de la revolución mexicana en 1910.

En el Constituyente de 1917, se apreciaba el problema de la injusticia social, y


es así como el pacto político, que subyace a nuestra actual Constitución
Política, tuvo como principal motivación la búsqueda de la justicia social, razón
por la cual los gobiernos deciden luchar contra las injusticias sociales. Y
aunque esta lucha no se conceptualizó como una política para atacar la
pobreza, sí podemos decir que éste es un antecedente importante para la
política social en México.

Desafortunadamente, en las décadas de 1970 y 1980, este modelo ya no se


pudo sostener adecuadamente debido a los insuficientes ingresos para
solventar los gastos sociales.

El Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), en el año


2001 reportó que la pobreza ya había alcanzado 10 millones de personas
que se encuentran en situación de pobreza extrema. Razón por la cual, el
Estado Mexicano se ha interesado más en la eficiencia de la provisión de
servicios, la efectividad para mejorar su cobertura y la calidad de los programas
de desarrollo social.
LA EVALUACIÓN DE POLÍTICAS SOCIALES
PARA EL GOBIERNO Y LA SOCIEDAD

En este proceso de transición que actualmente vive México, no podemos


conformarnos sólo con la alternancia en el poder. La gran mayoría de los
mexicanos esperamos más que eso, por ejemplo una auténtica democracia en
nuestro ejercicio político, total transparencia en la actividad gubernamental, una
distribución de la riqueza más equitativa y desde luego, una aplicación de
políticas sociales que tengan como resultado un mejor nivel de vida para toda
la población de este país.
En el ánimo de un gobierno, conformado por tres poderes, que pretende una
adecuada aplicación de políticas sociales, y de una sociedad que demanda una
mayor efectividad de dichas políticas; el empleo de una correcta evaluación es
sumamente importante, ya que a través de esta podemos saber con certeza:
que programas se deberán aplicar, que errores o aciertos tienen, la cantidad de
recursos económicos que se requieren, a quienes benefician y a quienes no y
cual es el impacto real de los programas de desarrollo social.
Sabemos que en Estados Unidos y en algunos países europeos, la
participación en la evaluación de programas sociales tiene un fuerte arraigo en
forma de paneles, talleres, diálogos y la investigación participativa entre otros
procesos. Este tipo de evaluaciones recientemente también han sido
impulsadas por organismos multilaterales y agencias del desarrollo como el
Banco Interamericano de Desarrollo, la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico y desde luego el Banco Mundial.
En el caso de México, somos un país que tiene poca experiencia en la
evaluación participativa de programas gubernamentales, ya que durante
muchos sexenios, las técnicas de evaluación sólo se empleaban para legitimar
o para justificar los gastos en programas sociales, los cuales tenían propósitos
de clientelismo electoral a través del corporativismo.
Por otra parte, algunos organismos sociales, que han tenido la voluntad de
contribuir con evaluaciones, han sufrido el rechazo ya que se les ha
considerado como un sistema de control externo indeseado. De ahí que las
evaluaciones extranjeras tengan una mayor preferencia.
Tratándose de México, Miriam Cardozo Brum tratadista de este tema, hace una
mención especial a la evaluación que se le ha practicado al Programa de
Educación, Salud y Alimentación, antes PROGRESA y hoy,
OPORTUNIDADES; ya que se considera la evaluación más completa que se le
ha realizado a un programa social mexicano.
Indica que la evaluación de este programa partió de un diagnóstico de la
situación antes de su inicio. Se aplicaron encuestas a hogares de octubre-
noviembre de 1997 y marzo de 1998. Posteriormente se aplicaron tres
evaluaciones en noviembre de 1998, junio y noviembre-diciembre de 1999.
En estos primeros trabajos participaron organizaciones mexicanas como la
Universidad Iberoamericana, el Instituto Nacional de Salud Pública y la Escuela
Nacional de Antropología e Historia bajo la responsabilidad del International
Food Policy Research.
En un próximo artículo analizaremos la perspectiva del congreso en esta
temática.
*Juan Fernando Perdomo es egresado del TEC DE MONTERREY.
Servidor Público, empresario y político (jperdomo@infosel.net.mx)