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gnos del goce ete eae eee ee ems tenn eg Lee TeL Oss , o _ & is a (ep) @ 2 3 ae av ass JACQUES-ALAIN MILLER Los signos del goce TRADUCCION Y TRANSCRIPCION: GRACIELA BRODSKY PAIDOS Buenos Aires + Barcelona * México Revisién de la traduocin: Nora A, Cubierta de Roberto Gareia Balza y Dlarcela Gonzalez © 1908 de trae as eiioncs torial Paid SAICF Defensa 599, Busnos Aires ‘email: paidolitsinternet siscotsl.com aiciones Paidés Thevien SA Matiano Cubi 92, Barcelona aitorial Pails Mexicana SA Rubén Dario 118, Méxion DE. Queda hecho el depssita que previene la Ley 11.723 Impreso en la Argentina - Printed in Argentina Improso en Verlap S.A Comandante Spurr 659, Avellaneda, en junio dé 1999 ISBN 950.2.5451-8, L 1 M1. IV. v. VL VIL VIM. x. x XL XI. XL aay) XV. XVI. XVIL XVII. XIX. XX. XX. XXIL XXIIL XXIV. XXV, XXVI. Referencias bibliogrétficas de los textos citados... Indice «porque la rana revienta. [086 si a ustedes les produce al mismo efecto, a mi me explica por {qué el libro Historia del psicoandlisis en Francia es tan voluminoso. No erean que me quedaré todo el afo en estas distracciones. Por el contra- rio, vamos a concentrarnos en los matemas. Pero también hay fébulas, apslogos, anécdotas, y esté el dicho del paciente de Godin. Por otra par- te, entre el matema y las anéedotas hay més relacién que lo que se pien- a. Las anécdbotas y las fabulas son matemas animados. Por ejemplo, en. Jo disciplina zen no tenemos matemas porque no pertenece a la época dela ciencia, pero tenemos historistas que son como matemas y que se ‘gonocen como kaart) La historia del psicoandlisisen Francia en sus tiltimos cincuenta aiios hablo de la historia misma, no del volumen- es un verdacero cemen- {orio de ranas reventadas, No es un cementerio de elefantes, donde hay esor0s, adonde se van a buscar esos enormes colmillos de marfil. Aun- que... colmillos hay. Incluso no hay mas que colmillazos contra Lacan. Pero no son colmillos de marfil, y con colmillos de rana mucho no pue- dle hacerse. EI libro es muy grande porque mete a todo el mundo en Tistras. En este sentido, es divertido. Alli todo el mundo ocupa su lugar ile cebolla. El indice es una ristra interminable. Reconozeémosto: Hlisabeth Roudinesco, para llamar'a por su nombre, no ha sido mezqui- Ina, Escribir todo eso en cinco aos... Yo digo: ;Bravo! 4 >| JACQUE! Insigne Lacan Pero de todos modios es un fracaso por una razén bien simple que no tiene nada que ver con no sé qué sacrilegio. Por supuesto que es una difamacién contra Lacan, pero no un sacrilegio. ‘Su fracaso consiste precisamente en no demostrar lo que hace insig- nia, lo que hace insigne a Lacan, lo que lo hace inolvidable. Y sia pesar de todo tengo cierta indulgencia pot Elisabeth Roudinesco es porque a su manera -0 sea, bajo el sesgo de la difamacién- también contribuye a hacer inolvidablea Lacan. Aclemés, tenemos que reconocer que con gran frecuencia se pasa a la historia por la difamacién. De nadie unose acuer- da més que de aquellos a quienes difama, a quienes ha difamado. La infamia, de la cual Borges hizo tna historia, es uno de los resortes prin- cipales de la notoriedad. En lo que hace a lo unario, al rasgo distinti- vo, les aseguro que vale tanto como el Mérito Agricola. Se entiende por qué Lacan no 0 recibi6. Pero no haberlo recibido lo hace atin mas distinguido. Elisabeth Roudinesco no demuestra qué hace a Lacan insigne, de- muestra, quizé, lo que hace a Lacan ensefa. Noten que entre insigne (in- signe) y ensefia (enseigne) s6lo hay una letra de diferencia, y que son, ademés, una misma palabra. Enseila es diferenciar pot usos diferentes. Insigne es lo que se distingue ees eee tne ead pe eerpeeeraetos Eainte- resante observar, como indica el Littré, que cuando el adjetivo insigne se utiliza sin que se precise por qué alguien es insigne ~por sus virludes, por ejemplo-, cuando se lo utiliza de manera absoluta con un sustanti- Yo, es para ofender, es para difamar. Y las frases que el Littré toma dela literatura francesa Son muy ilustrativas: «Insigne briban», «lnsigne la~ drén», «Fue en su tiempo un tonto muy insigne» (La Fontaine); «sos insignes corruptores del pudor» (Bossuct). Est4 claro que Elisabeth Roudinesco hace de Lacan un insigne bribén...No hablemos més de eso. Diré unas pocas palabras sobr sna como sti nsignia como sustantivo) Es nota- ble que en el Liftré figure en plural. Asi, por ejemplo, las insignias de la realeza. En el Robert encontramos que el uso en singular de este sustan- tivo es propio de nuestro siglo: «llevar la insignia de su asociacidn» es tipico del siglo XX. Tenemos la gloria de ser el siglo en el cual insignia pudo decirse en singular y seguramente esto esté en relacion con el auge delslogan. ‘No hablemos més del libro de Elisabeth Roudinesco porque tengo que comentarles otro, que no es un best-seller. Fue escrito hace quince si- silos y todavia se lo puede traducit. Pero, en fin, una iltima palabra so- 20 LOS SIGNOS DEL GOCE bre Lacan insigne bribon, Roudinesco nos explica que a Lacan le preocu- paba el ascenso social. En el fondo, nos sugiere que Lacan querfa ser un puerto. Ella hubiera podido leerlo, ya que él mismo dice que pas6 su vida queriendo ser Otro pese a la ley. (Los remito a la pagina 21 de su. seminario «Un Otro falta», que encontrarén en Escansiét N° 1, nueva serie.) Uno puede decir que esto es ser un bribon. Pero, evidentemente, Jo queno se le perdona es haberserehusado a ser puesto en fila. En efec- to, un delincuente también quiere ser Otro a pesar de la ley; sin embar~ 0, uno podria tomarse el trabajo de saber cual era el modo propio de Lacan, quien ademés prometia-en ese mismo seminario- después de su. muerte «ser Otro como todo el mundo». Y bien, eso result6, Gracias a Roudinesco es Otro que é1 mismo. Debo decir que no se le parece en absoluto. Ahora bien, ella no s6lo piensa que Lacan aspiraba al ascenso social sino que también le gustaba el dinero. Esta escrito y, aunque no sean mas ‘que una o dos lineas en setecientas paginas, es lo que repercute en los ‘medios. Es lo que fueron a buscar entre setecientas paginas y se abalan- zaron encima porqué allf se reconocieron,)Es un consuelo saber que a Lacan le gustaba el dinero como a todo el mundo! ¥ en el fondo, como esto los capture hacen que se plea la diferencia entre Lacan y Berard apie. Para hablar de la relacién de Lacan con el dinero Roudinesco hubie- ra hecho mejor en leer La ética del psicaandlisis, donde en el tiltimo capi- tulo habria encontrado esta frase: «No hay otro bien més que el.que puede servir para pagar el precio del acceso al deseo». Es verdad que Lacan hacfa pagar el precio, pero también es cierto que él mismo lo agaba. Se puede hacer pagar el precio en la medida exacta del precio que_uno paga._ Dicho esto, hay que reconocer que Lacan y Bernard Tapie tienen algo ‘en comin, No me molesta en absoluto. Lacan lo dijo-y en la televisién, para todo el mundo, para los medios: «Soy un self-made man». Pueden encontrarlo en su escrito «Televisién». Por supuesto, «self-made mar» lo ponemos entre comillas porque justamente nadie es sef'made. Eso per- tenece'a Ja cultura del mercado. Lino no es self-made, uno esta hecho a partir de lo que hace insignia, De todos moclos, self made significa no ser un heredero. Se puede serlo, pero, si uno lo es, hay que poder soportarlo. En este sentido, Lacan, como anu, era ids bien del tipo esclavo, es decir, de los que trabajan, que es lo contrario del privilegio del amo. Habra que entender entonces qué tipo de amo era Lacan que trabajaba, De aquf mi indulgencia con Flisateth Roudinesco: ella trabaj6. Su tra- bajo no es un entretenimiento. JACQUES-ALAIN MILLER Del mito al matema Evidentemente uno puede relamerse con la anécdota, con la vida de Lacan. Pensamos, sin embargo, que la vida no es interesante y que es la obra lo que cuenta. Se piensa esto con las mejores intenciones del mun- do: lo importante es la ensetanza; no voy a ser yo quien diga lo contraro. Es cierto que su ensefianza es lo que hace a Lacan insigne. Les hago no- tar que ensenarza, enseha e insignia son una misma secuencia de palabras. Una ensefarva es lo que da signos, No diré que es ace Sh Porque eso, segtin el dicho de Heraclito ~que no debe eee eldel paciente de Godin-_ es propio del ordculo. La enseftanza de Lacan noes tn oréculo. Sin duda se puede decir que la vida no es nada comparada con su ‘ensefianza, Pero es demasiado tarde, mis queridos amigos, ahora cargan ‘con eso sobre sus espaldas. Tienen la vida de Lacan sobre sus espaldas. Y tendran otras, ya que todas las cebollas que andan por ahi buscan su rasgo de distinciGin. Entonces de Lacan y yo tenclrén a montones. Y yo. y yo.. y yo... Una insurrecciGn de cebollas para ser perros, gracias a lo ‘tial se las pondré en ristras. Luego, responder que la vida de Lacan esta muy por detrés de su enseftanza es algo perdido de antemano. Hay que irmés alld. As{ pues, afirmo que la vida de Lacan es una enseftanza para el analista, que hace signo y que es una verdadera lecei6n. No la separo de sus anécdotas. Agrego, incluso, que no rechazo ninguna. Todas son verdaderas, aun as falsas. Pienso también que evidentemente asisti- ‘mos~lo que no es poca suerteal nacimiento de un mito. Yo, por supues- to, y algunos otros hacemos todo lo que pocemos para que Lacan no sea tun mito, Hacemos todo lo que pademos para que Lacan sea matema. Pero al mismo tiempo que aqui hacemos matema, afuera se hace el mito. Y estan en camino de crearlo mediante la difamacién. La difamacién no tiene ninguna importancia, estén creando al divino Lacan, la consagra- ‘cin de Lacan. Volveremos sobre esto puesto que entra en el capitulo Lo ‘que hace insignia, Cuando algo hace de alguien insignia, se asiste a una ‘consagracién. Los fomanos lo hacian; se dedicaban a una operacién Ha- mada(la consecraii9, Cuando moria alguien que ia distingui yecialmentee en el orden de la maestria, ellos pensaban que no era eciar lea dusecd aga a ca ato biren el Pantedn. Y bien, estamos asistiendo a eso, estamos asistiendo a la consagracién de Lacan. Excepto nosotros, los mas cercanos, es a como se considera que Lacan domina la historia del psicoanslisis en Francia. Y es verdad. LOS SIGNOS DEL GOCE Entonces, zqué hacer ante esto? Justamente, de ese mito hacemos matema, Consideto que todas las anécdotas sobre Lacan responden al Inismo principio, Todas las anécdotas, hasta las més tontas, ponen en ay fescena a un hombre con un deseo decidido, Por e56, auinque sean falsas, figuen siendo verdaderas. Volveremos también sobre las anécdotas de os maestros de la sabiduria, de los santos, de los sabios, que tienen, Quidrase o no, una gran funci6n en la historia de las ideas, Piensen en Diogenes: sino tuviéramos su vida, no tendrfamos gran cosa. Y es que Jen esa época no se eseribia, algunos sabios se honraban de no escribir, ‘Sus ensenianzas nos llegan ante todo por el ejemplo de sus vidas. Yo co- loco a Lacan en esa linea, porque en definitiva asisto al hecho de que es alli donde se lo ubica. Y veo a Lacan como una especie de Didgenes. Un Didgenes con abrigo de piel, puede ser. Sigue siendo un Didgenes. No voy a continuar asi todo el afi, se los aseguro. Lo particular y lo universal Retomo, por el contrario, el punt» en el que dejéel afio pasado cuan- slo formulé que\et Otro es Ta Cosa) Fara precisar lo escribi ast: Oto Cosa Hay una sustitucién, una metafora, que no deja de presentar cierta Ulicordancia, Esa falta de correspomiencia entree Oto yin Cosa sees @ con la sigia de Lacan a: Oto —a Cosa Lo que haremos este afio es medir, para decirlo en nuestro lenguaj fifrado, Ja distancia entrea y S.. ane 5, JACQUES-ALAIN MILLER Considerar la extimidad nos conduce a esto. S, es un operador de alienacién, y como tal, es colectivizante. Freud lo llamé ideal del yo y Lacan, en su primera formalizacion, lo escribié con una I Més tarde, enla segunda formalizacién, propusola escrituraS, y, de este modo, lo generaliz6, ya que se refiere sin duda a ese ideal del yo, pero ademas al Nombre del Padre y a muchas otras cosas. Ahora bien, ese §, ta simplemente de lo qué, POF th Tado, es colecivizante, idealizante, incluso universalizante, y, por el otro, de Jo que es particular Avanzaremos a partir de(lo Und, Lo. ea mos confundir con lo par~ ticular, pero esté, de hecho, def lado de lo universal. No digo quese iden- tifica.con lo universal sino que estd de ese lado. Tenemos asi, del lado wd lazo social y, del lado dél z, el goce en tanto desocializado. En est Punto la referencia es Didgenés, Recuerden lo que desarrollé sobre sinismo y sublimaci6n. De eso se trata, aunque retomado desde otro Sesgo. Tenemos, entonces, de un lado, la idealizacién de las insignias y, del otro, el goce cinico, Es miestro pr igo desde ahora—nuestro punto de legada. De aqut que lo desarrollado el aro pasado sobre la extimidad requie- ra ser invertico. Y sostendria que esa inversién redobla, copia la que puede observarse en la secuencia de los seminarios de Lacan, entre su seminario sobre la identificacion y el que versa sobre la angustia. Noso- {ros haremos aguf el mismo camino pero al revés, puesto que es también tuna problematica de la identificacién lo que recorreremos este afio. Ade- més esté en el programa el concepto dé semblantéyque marca en Lacan. el pasaje de lo imaginario a lo simbélico ya ibdlico alo real Para ermirarlesindicaré eT Htulo de un ‘no es un best-seller. Antes de comprarlo fijense si verdaderamente los tienta. Se trata de una ‘obra de Damascio el Diddoque, traducida por primera vez al francés. El Diadoque es su titulo. Nacis en Damasco. La obra se titula Traté des premiers princiyes, y su subtitulo es Apories et solutions. En lo que a mi respecta, este afio lo trabajaré de manera inversa: soluciones y aporias. Ellibro Ise denomina «De! ineffable et de'Un», titulo atractivo porque _muestra que en esos tiempos lo Uno sefialaba aquello de lo que no se podia hablar, Damascio fue el tiltimo de los que encabezaron la escuela neoplatGuica, que se inici6 con el Parméntdes de Platon. Durante algunos siglos, el Parménides ~y més precisamente su primera hipotesis- sirvic de apoyo para pensar. ‘Compren entonces el libro de Damascio. Compren sobre todo -les seré de mayor utilidad-el Parmnides de Platn, que es el libro que Lacan. 24 LOS SIGNOS DEL GOCE Jomendaba a su auditorio. Y parece que albergaba pocas esperanzas fu lectura. Yo corro con ventaja puesto que pas6 bastante tiempo. A tir del Parménides y «De 'ineffable et de I'Un» nos ocuparemos de la ilentificacion en psicoanalisis. Hasta la semana que viene. 5 de noviembre de 1986 w La sustraccign del sujeto Me han dicho que en el Japén la relacién de lo patecido a lo mismo no serepresenta con la ayuda de la cebolla sino con la del glande. Sicon- fio en mi informante, habria en esa lengua una expresi6n que, con algu- hos matices, puede traducirse por ser como glandes que comparan sus tamaifos. Parece que alli las personas se entregan a esta comparacién a porfia (2 qui mieux mieux), es decir que se dedican alo que Freud ~y lue- po Lacan-llamé el narcisi Jas pequeitas diferencias: el glande se <==) regocija por ser imp: ‘Con la exp: ‘qui mieux mieux la lengua francesa nos muestra un curioso redoblamiento, En este caso, la etimologia nos ensefia poco: des- cubrimos que la 2 que precedea la expresisn es de aparicién tardia, pero nada se nos advierte acerca de la duplicaci6n. El redoblamiento de me- jor nos conduce, por otra parte, al ms (plus), y es que también se decfa {qui plus plus. Bse mejor mejor y ese més més, que tienen un valor de emu- Jacién, suenan bien en la lengua para expresar el atropello humano por ==*— salir del monién, por hacerse notar, por resaltar. Y resaltar ya supone un redoblamiento, porque esté el re. Resaltar, hacerse notar.. Podriamos vyernos tentados a elevar esto al rango de pulsién. Lo deslizo como al pasar, pero tendremos que retomarlo. Habré que ver, més adelante, si Jacerse notar puede ser colocado entre las pulsiones fundamentales como pulsiin cuyo objeto seria el fonema, oel nada(El fonema y el nadd son dos {érminos que figuran en la lista de los objetos a dada-una-vex,por Lacan, ¥y que no han sido hasta el momento retomados ni valorados; es decir, 7.A gut ius niu, Weralmente, ‘a quien mejor mejor’. [N. del) 7 JACQUES-ALAIN MILLER. no lograron hacerse notar més que como problemas. (Encontrarén esta a en «Subversidn del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano», paginas 797 y 798 de los Escritos.) Este aft, bajo el titulo Lo que hace insignia, hablaremos de lo mis y de 10 mejor. Mejor es un término evocado por el nombre que Lacan dio a su seminario sobre lo Uno, ese curioso nombre .. ot pire. No hace mucho propuse remplazar los puntos suspensivos por padre -padre 0 peor (pere 01 pire)-, pero ahora también podria sustituirlos por mejor. Todos menos yo! Esta semana me dijeron algo interesante sobre fo mer. Fue alguien a quien le record, a titulo de rectficacién subjetiva, el lugar que podia tener para él el sintagma mejor; alguien que evidenciaba, sino su posi- cin, al menos su temor a ser un fracasado, y de esta manera expresaba correlativamente su anhelo -como todo anhelo de ser un puerro-de ser el mejor. & partir de lo que le seRalé se vio levado a corregi la palabra imejor, que le parecfa quizé demasiado ambiciosa. ¥ cuando uno cortige, Jomas probable es que se enrede, es elinfierno, Cuando uno se equivo- a, es mejor continuar. El corrigié entonces esa palabra diciendo que sélo queria serel mejor en su clase. En ocasiones, se quejaba de no tener cla- se, y es por eso que se consideraba un fracasado, Asi, lo que hubiera podidio ser sélo un rasgo entre otros de aspiracién a ser el mejor encon- traba su valor de paradigma: lo que uno quiere, lo que quiere cual ett eee ie Siendo el iinico en su clase, uno puede pensar es la opinién corsien- te-que es necesariamente el mejor. ;De ninguna manera! Este sujeto:nos aporta la prueba: siend (~%e ser el mejor o un fracasado. Tenemos una proposicién que merece ser considerada como el paradigma del sujeto. El sujeto es especial. Ese es su anhelo, o su anhelo secreto, que a ve- ces conoce y que lo avergiienza: El anheld da c es, de su funcién por fuera del conjunto. Y como glan para, no esta nunca a la altura del otro, ya por més, ya por menos, De aqui esa actividad infantil que consiste en la comparacién a porfia de los rganos genitales: que puede hacerse con relacién a los progenitores de ambos sexos, a los amiguitos 0 a los hermanos y hermanas, y siempre cestacard ese estattto originario de excepcién que tiene el sujeto. Es el .* Cabe agregar que nose trata de algo inconsciente sino ce algo que se expresa, que se dice y que constituye el fundamento misrio del sentimiento de existir del neurotico, Este afecto puede Ilamarse fundamental y se tra- 16 de maneras divetsas, ya.con-la exaltacion, ya.con-la.depresicn. El adjetivo nano, ola vanidad, tiene, por otra parte, sus resonancias. Es tuna palabra biblica: vanidad de vanidades. Se podria escribir lo v'U? Ia vanidad del Uno. Sin embargo, el adjetivo vano no debe hacernos ol- vidar que en fo mis ano rencontramos los superletivos fo mis y 1o mejor. Ser lo mis que existe, podemos vanagloriarnos. Bs incluso la raiz. del anhelo de gloria, no éclipsado por lo vano en lo que cae. Sin duda tendré que retomar esto. Y veremos que es justamente sobre lo mis que exist, sobre lo mus ms mas para salir de lo dual-, que se esperd demostrar la cexistencia de Dios. Existir merece entonces, a veces, ser escrito con la grafia que propu- so Lacan¢ ex-sistir, mantenerse afuera)Asies como hay que leer a Lacan, palabra por palabra, También es util leerlo a porfia. Digamos al pasar que para eso debe servir el cartel Lacan lo introdujo para que los sglandes comparen sus lecturas, Esa ex-sistencia puede remitise tanto al débito como al exceso,a ese plus que Ilamamos exceso, falta en ser o de mnds, como dice Lacan de un modo s6lo aproximedo. El patito feo En el pasaje que comentamos ~donde Lacan afirma que sentirse lo més vano que existe no es una raz6n para que se sacrifique la diferen- 8. La version castellana dice: Sients en el fondo de sflomés vano que hay en exis- tir, «Subversién del sujeto ydialéctica del desco en el inconseiente frvkiana», en Ese ns, pig. 806. IN. del] 8. VUn, homéfono de ean (ano). [N del TZ] 29 JACQUES-ALAIN MILLER hay también una indicacién sobre la forma en la que el sujeto hace su entrada al mundo: el sujeto entra al mundo como el patito feo. Y bien, sedardn cuenta de que, al igual que la ultima vez, seguimos ocupando- ‘nos de las fabulas. Tenemos para ello las mejores razones del mundo: las. fades Woda Ac oaTucy Vesela Gabea Ys eres sod las anécdotas en las que a veces se resume toda una filosofia... De cier- tos filésofos, incluso, tan s6lo nos quedan sus fabulas de patitos feos. Ademés, creo que ya les anuncié que es asi como intento retomar la vida de Lacan. La historia del psicoandlisis en Francia no es otra cosa que la historia de un patito feo. En ese patito feo, en esa funcién que deberia ser cifrada -PF, patito feo- para que no se la olvide, encontramos, justamente, lo que hace un ccisne (ce qui fait un cygne).” Les recuerdo, por otra parte, que el afto pasa- do me referfa El cisne de Baudelaire, con su «Andrémaca, pienso en til» El secreto de los patitos es que todos son cisnes, 0 sea que todos snhelan ser insignes. Y no es otro el secreto de las cebollas, ya que todas ) querido ser puerros. Podemos transcribirlo del siguiente modo: un cisne para nadar en Ja fila de Jos patos. Ese es elvalorde eee aise ae ielo. Notamos, de inmediato, con la ortografia francesa, que ‘un je voeux (yo anhelo) es completamente diferente de un je veux (yo a eee eae ae marca la e en lao (\'e dans ’0): el anhelo ya est en el agua (dans l'eau). Elanhelo es en si mismo el testimonio de que el sujeto esté excluido GinGalater sore Ringi ee see eet a cree. Ahora bien, que uno. noc sente significa que uno cree que no es. es sino el de ser contado, es a si como se traduce-, hace. 5 n rasgo de distincién. Hay aqui una dialéctica de inversin, dela que puede extracrse que el rasgo de distincién es, no se sabe como, «un rasgo de conformidad, Y, en efecto, lo que buscamos que el sujeto perciba es esta dialéctica que convierte la distincién en conformidad. Para eso Lacan retoma una categoria hegeliana que encuentra en la Fenomenologia del espiritu. Producir una rectificacién subjetivayronsiste en hacer percibir al sujeto que alli donde se ubica por su rasgo de distin- %» ciénes donde se muestra mas acorde con el orden del mundo, pero tam- | bign.con a orden demandodel Ot, ane Contar por (pour) algo, contar para (pour) alguien. A pesar de la apa- senle simetifa de construcci6n, conta por algo significa que uno preter 10. Ce qui fait un cygne (lo que hace un csne) es hamStone de ce gf insigne (lo que hace insignia /insigne).[N. del] LOS SIGNOS DEL GOCE . ‘algo, y contar para alguien remite mas bien al Otro. Contar lesser contado. Basta reparar enesto para darse cuen- que ¢l rasgo distintivo no es més que un rasgo de serialidad, es el ag que permite ser puesto en serie. Y por muy distinguido que sea, igo es, sin embargo, lo més comin, lo mas com-un que hay. Lo com ‘eh otra versién de lo Uno. or —— «Tengo tres hermanos...» Yn conocen Ia frase que Lacan encontr6 en la obra de Piaget: Intenta- Jos ahora captar todo su valor, incluso su estructura, Esa frase es la lente: «Tengo tres hermanos, Pablo, Emesto y yon. Aqui, precisa- te, hay una serie; y esta claro que en ella el sujeto que enuncia se tia al mismo tiempo que se cuenta. Se trata, en el fondo, de la ilus- jn de una proposicion de Lacan que parece dificil: el sujeto debe, a ‘voz, contarse en el Otro y no cumplir allf otra funciGn que la de falta Ws remito a la pgina 786 de los Escritos. En otras palabras, él ya esté pre contado, cuenta a titulo de en menos y, deste modo, se agrega mmo falta. En este sentido yo, que tengo tres hermanos, deberia ser el {unrto. Es asi como al mismo tiempo que me cuento en el Otro por mi_ igo de sealed no puedo ‘en ese lapsus, mas que distinguirme en ere emmsater renee eran i Anitico -ya comentado aqut sin hacer uso de esta referencia— del circulo dle la significacion: (A) A El circulo de la significacion va del significado del Otro al gran Otro ppara volver al puntoce partida, ;Qué formula este circulo? La ambicion lela cuadratura. 2Y qué es la cuadratura del circulo? Es el vano anhelo de la reduccién del circulo al cuadrado. Es la reduccién de las aberraciones. Crepe JACQUES-ALAIN MILLER que el circulo introduce respecto del cuadrado. Es, finalmente, la ambi- ci6n de reducir el Otro al Uno sin tener que incorporar a las matemati- ‘as elementos ajenos a ella, En sus estructuras cuaternarias Lacan us6 mucho el cuadrado, ese que pudo parecer el paradigma mismo del significante matemético. Ahora tenemos la oportunidad de acercarnos a lo que dificulta la Ademés, en el estruc turalismo lingtifstico se prescinde muy bien de él y se trabaja -si puedo ‘presarme de este modo-a fuerza de todos, en plural. Considerar todo Jo que esté es lo mAs valioso que introdujo el estructuralismo en sus co- ‘mienzos para poder hacer la ciencia en el sentido estructuralista. Una ciencia que de todo hizo todas y que s6lo vio tados por todas partes. (La critica literaria, por ejemplo, para definir el corpus reunia todos los ele- mentos y estudiaba sus relaciones.) Ahora bien, lo que obstaculiza que el Otro sea llamado Uno es, pre- cisamente, que, por totales que sean los significantes del Otro, els Jp se aparta deaalli y lo torna incompleto. EI sujeto es quien veda en primer 5° lugar la reduccién del Otro al Uno. En esto consiste la objecién subjeti- _ yar el sujeto no se construye, no nace, sino sustrayéndose al Otro. ¥ es lo que se prueba, por otra parte, con la posiciGn del neurético, La frase «Tengo tres hermanos: Pablo, Ernesto y yo» muestra de ma- neta precisa esta cuadratura imposible del citculo porque, por un lado, en efecto, yo tengo mi lugar en el Otro, y lo tengo en tanto un herma- no entre otros. Yo también soy un patito. Yo también estoy en la fila. Libertad... no sé, Igualdad... sin duda, Fratemidad... ciertamente. Yo también soy un hermano. Desde esta perspectiva, me cuento en el Otro, Pero lo propio del sujeto es que cuando formula «Tengo tres her- manos: Pablo, Ernesto y yo», al mismo tiempo, descompleta ese con- ee a ean sus esfuctzos para conlarseen lt, ecard slampre sh pase de excedente. LOS SIGNOS DEL GOCE m B Chiro, 61 podria decir: Tengo cuatro hermanos: Pablo, Ernesto, yo y 9, Sin embargo, se reproduciré ef mismo fenémeno. Es lo que se inten- hacer cuando se dice: Tengo cuatto hermanos: Pablo, Emesto, mejor Inwjor. Se puede contar a porfia, pero siempre seré de lo parecido alo en qué sentido el Otroes completo einclus placiente, Aunque el sujeto se: te 0 discapacitado {lene erecho)a ser un hermano ~de hecho, Joes. El Otro es complacien- icogiendo al sujeto; ele, No obstante, por pletoy complaciente que sea, no puede satisiacer lo que es una sts- Dicho primero De aqui que el cfrculo siga siendo un circulo, que no se cuadre, que fon ese aloe sujetono pueda de ningin modo cuadrarseen siden. dad, El Otro es prédigo en significaciones del sujeto. Es el valor que Bannan eee vs, Pero esta aserci6n ~dice Lacan, en la pagina 786 de los Escritas- «no ite sino a su propia anticipacion en la compesicién del significante, ‘84 misma insignificanteo. LY qué quiere decit «anticipacién en la ecmposicién del signi- inte»? Quiere decir muchas cosas sobre las que volveremos. Mas ade- nticipacion como fundamento dela identifcacién Jioaqu‘ una pareja de términos, Pero, por ahora,en el punto en que i acerca isa ane ee nal Ros: Noi ouamlaetc kcal emestene cs connate op Pontes once Poem ne ule lose le dice nada a mi diferencia al afirmarlo, solo se e dice a mi iden- AY es cierto qu yo tengo una identidad gracias ala eual me parea= {0a los otros, pera también es verdad quiejunto amt identidad tengo mi Sera necesario ubicar en es¢% (A))lo mas imperdonable, al menos en cl psicoandlisis; esto es, el efecto de ya dicho, que hace escuchar en lo que Juno dice una-simple anticipacin de Jo que ya esté en la composicion ‘ 33, _p Ya estén en el Ings JACQUES-ALAIN MILLER insignificante del significante. Elefecto de ya dicho indica justamente que no es para mi, que le yerra al sujeto como distinto de todos, Ese efee- to es la significacion de todas las significaciones del Otro, que no esta animada por el fantasma y que es: eres uno entre otros, Io que no hace ‘més que connotar la entrada de un sujeto entre los otros. Las entrevistas preliminares tienen por funci6n evaluar y eliminar ‘se efecto de ya dicho. Es entonces cuando pueden surgir en el andlisis han contado para el sujeto, Del mismo modo, del lado del analista, nada anuila, nada estropea tanto las cosas como las interpre- taciones esténdar que comunican al sujeto que es tan s6lo uno entre otros. Se necesitan interpretaciones a medida. Por otra parte, es lo que Lacan alaba en Freud, porque de él—que estaba trabajando, creando, in- ventando el psicoanilisis, y que con un mismo movimiento hacia avan- zar su teorfa y su préctica- el sujeto escuchaba una interpretacion dirigida s6loa él, hechaa su medida, Una interpretacién acertada es una, interpretacién que descompleta al Otro. Aunque todos los significantes. de est Otro, falta, sin embargo, el que es propio del sujeto. En ese lugar se aloja la interpretacidn, lo que supone la necesidad de ese de epoca no eee ae tanto que descompleta al Otro. Tenemos aqui otro Uno, el Uno en mas en relacién con el Otro. Puede decirse incluso que ese ‘marse Otro por dejar, justamente, su lugar Hier getears srega al circulo para designar al su Elsujeto esta tachado por no tener st lugar en la serie del Otro. s(A) 1(A) LOS SIGNOS DEL GOCE Wn aftade el simbolo I(A))La I maytiscula est tomada de la pala- J Pero hay que dar también su verdadero valoral paréntesis del J maytiscula designa la necesidad que el Uno en més tiene del i ulieren orientarse con una escritura més reciente de Lacan, (A) IF transcribirse S, (S,)) donde S, asume la funcién del Uno en mas in embargo, »al Otro. Y es que, Fara obtener eve sig~ innfo en mas que permitiria que el sujeto en tanto tal sea contado \0 Uno, la tinica posibilidad es ir a buscarlo en el Otro. En este senti ‘ose Uno en més que seria un significante distinguido s6lo lo es a ti- de ideal y de semblante. En su emergencia este significanteno.tuvo «| sujeto-un efecto de ya dicho, sino -como expresa Lacan en la iia 787 de los Escritos~ de «dicho primero», No tuvo entonces un 40 de dicho segundo, un efecto que deba ser colocado-en S,, {rata de un dicho primero que hay que entender como lo contra- elo ya dicho. Hay que entenderlo como el dicho propio del sujeto, que)aun dicho por el Otro, fue dicho verdaderamente para él}y pudo ‘escuchado por el sujeto como la anticipacién de su di Unario-binario Existen palabras asi, palabras que el sujeto distingue, que pueden ser ‘eh apariencia las mas banales del mundo, y que incluso tal vez. hayan Iido dichas a cualquier otro. Pero el sujeto 1as tomé para si. Estas pala- ‘ras merecen ser llamadas primeras, es deci, distintas, separadas de lo jundo. Lacan Io ejemplifica en el texto de Freud con el rasgo que tra- luce como unario. La vez pasada les seftalé que unario es un neologisto. En efecto, no ne encuentra en el diccionario. Este neologismo pe-fectamente formado je utiliza con bastante frecuencia tanto en el lenguaje Iogico como en el matemético, donde también se emplea binaro, término construido dela misma manera, En inglés se lexicaliz6: unary ya forma parte de la len- Hi Cudl sla diferencia entre lo unario lo binar.? Lo batio es, por mplo, § yrma un binario, forma una. tada(Lotnast> por su pparte,adjetiva al S, buando est separado del S, en al tiempo en que al fue dicho Tepetido. Se trata, por supuesto, de-ina puesto quese llega dema: z ha sido dicho. tntonces su valor de unario més que de su lugar de semblante, que im- pilica el corte con el dos. $i Ieen el texto de Lacan .. ou pire, verdn la in- sistencia puesta sobre lo que separa el S, del S,, Encontramos alli la ' 35, JACQUES-ALAIN MILLER nocién de un significante que representa al sujeto pero no para otro significante, de un significante que seria la excepcién 2 esa ley. Con (A) se apunta al significante que representarfa al sujeto ena medida en qu es fuera de serie, Evidentemente, si uno no tiene hermanos, los proble- ‘mas de identificacién toman un giro distinto. Aunque en realidad, bas- ta mirarse en el espejo para poder decir: Tengo dos hermanos. De aqui, por otra parte, lo que tienen de especial la identificacién del hijo tinico y la invencién que debe ser desplegada en ese registro. Noten que estamos -Lacan se precipita aquia partir desu seminario sobre la identificacién- en el fundamento mismo det Soy,)Volveremos, este afto sobre ese soy gloriosamente ilustrado en nuestra tradicién filo- séfica y, ademés, truncado, porque el soy cartesiano subsiste, al parecer, sin predicado. Es decir, queda un puro yo sou, sin qui je) es, Un puto sey que apunta con sus medios a ese 8 ubicacio bajo la , Barra, que carece de todo predicado. Ahora bien, si siendo Descartes yo +» | me contentara enunciando que say un filésofo, ser particularidad de la operacién cartesiana es su intento de apuntar, sin [ maytiscula, al sujeto en tanto tal, a ese del que en el fondo no podra de- cirse otra cosa mas que soy. Aparentemente, y es lo que da su aire de li- ae presenta elie que pred milagro: un sujeto ee sto que mada viene del Ott, tun sujeto que pone en dud cluso Ios matematicos. Y es efi ‘mostrar, mediante la lectura de Descartes, que en realicad el significante Uno estaba all ‘Yes que en todo soy hay alienacién, en esos términas Lacan evoca el 1 Lo mencibni porla allenscion tal pete ere eonicacToa sates “Forma del ideal del yo, Ahora bien, Id )maytiscula de Ideal puede ser considerada, ademés, como la I maytiscula de la palabra Insignia, Insig- nia del Otro, Insignia de la omnipotencia del Otro para fijar al sujeto, Hay aqui una alienacién del sujeto, que se capta menos en lo unario que eno binario. Al parecer, en el tiempo unario de la constitucién del suje to slo se trata de él, Yrecién en el segundo tiempo, en el tiempo binario, cuando se agrega S,, comprendemos que el significan:e que representa al sujeto no lo representa sino para los otros significantes. Por eso en lo | unario propiamente dicho no hay alien. ablar de ep ella no basta con que el significante venga del Otro. S6lo hay alienacion, hablando con propiedad, en el tiempo Il, cuando hay $5, Fsa es Ia es- tructura del quisiera ser un puerropara estar en larsira de cebollag, Quisiera ” 36 LOS SIGNOS DEL GOCE ae) Ne le S)} para estar en la ristra de cebollas es la S, s6lo sirve para representar al sujeto un puerro es ean lguracion donde se ve q) A h Desde este punto de vistafen todo soy hay una remisién al Otro) La jplura del sujeto por lo unario, por lo Uno, siempre deja un resto, ese to que es 4, ese resto inefable... Ya verdn la importancia que tiene no bsorberlo en lo unario, en la insignia, y mantener esta insignia dis- la del plus de goce. De aqui que resulte muy valiosa la insistencia de ean sobre los neoplaténicos. Pensadores de to Uno Plotino ~lo he dicho- es el pensador de lo Uno, y hubo en Atenas ante algunos siglos una escuela de pensadores que quisieron ser los nsadores de lo Uno. Se los llama neoplat6nicos porque encontraron J punto de partida de su inspiracién en algunas de las paginas de Platén, nis precisamente, en la primera hipétesis del Parménides sobre lo Uno; i tuvieron su revelacién. EI Uno de Plotino y de los otros es sin duda un Uno que se rehtisa al rio. Es el pensamiento sobre lo Uno cuando se niega radicalmente a jpresentar no importa qué para los otros significantes. Un pensamien- {jk s6lo se interesa en los otros significantes en la medida en que ellos. mos serfan Unos de menor categoria. Este pensamiento muestra el uerzo por centrar la identificaciéin sobre lo unario. Y cuando nos ate- 108 a €50, ya no podemos identificar nada, Con los neoplat6nicos te amos la idea de un Uno que no seria de serialidad. Por eso hay que merle el articulo definico: el Uno. Lo divertido es que ellos, como filésofos, hicieron serie. Est Plotino, jpués viene Proclo y luego otros. El iltimo es Damascio el Disdoque. hecho, son todos Disdoques. Todos ellos se consideraban los suceso- de Platén. Y encuentro maravilloso que quienes se consagraron al 10 solo, al Uno que rehiisa ponerse en serie, hayan sido puestos todos fila, En cada época sabian cul era el buen sucesor. Tenemos acé una le, una jerarquia, una sucesién de Diédoques, hasta Damascio. Mas ude surgen algunos inconvenientes y esta escuela se disuelve. ' 37 JACQUES-ALAIN MILLER Una de las grandes actividades de estos pensadcres del Uno, por razones de estructura, consistia en comentar a Platén. ¥ radicaba verda- deramente en escrutarlo palabra por palabra, porque crefan que, debi- do a los problemas que su auditorio podia traerle, Platén decia entre lineas otra cosa para la elite. Pensaban, de este mode, que existia una doctrina secreta de Platén que habia que ser capaz de detectar en lo que decia para todos. 'No sé si esto les hace pensar en algo... El carifio cue siento por los neoplaténicos se debe al hecho de que gracias a su Uno tuvieron cierto niimero de problemas que se relacionan con aquellos cue Freud y Lacan nuestro Platén y nuestro Plotino- nos dejaron. Hay mucho que apren- der de esta sucesién de neoplaténicos, cada uno mas potente que los ‘otros y perfectamente acomodados en fila. Nosotros tenemos algo que aprender de ellos para poder circunscribir los efectos patentes en sus ‘obras. Asi pues, deberemos evaluar lo que Lacan llama, en pocas pala- bras, la confusién plotiniana, con lo que gratifica a los psicoanalistas. Yno deja de ser efecto de su generosidad, ya que en el momento en que lo formulaba Plotino no era lo mas corriente entre su auiditorio. La confu- sign plotiniana es la del ser y el Uno. Evaluaremos en qué la procesién el término es de Plotino- objeta radicalmente el orden significante como creacionista, y esto a pesar de que los neoplaténicos encontraron en el esquema matemético la manera de hacer productivo su Uno. Hay que reconocer que la confusién plotiniana implica en primer lugar que el Uno no piensa. Nosotros desarrollaremos de otro modo la teorfa lacaniana de las hénadas, es decir, de las potencias del Uno. Bien. Me detengo aqui. Seguiremos la semana que viene. 12 de noviembre de 1986 mm Prefacio al Parménides Estoy sumergido desde la semana pasada en las obras que nos que- lan de los llamados neoplaténicos. Puedo aseguratles que se trata de luna lectura ardua, interminable, tediosa. Recuerden, por otra parte, que Jacan ya nos lo habia advertido en «Television», donde con un peque- fio logogrifo subray6 el hecho de que en las letras que forman la pala- bra unien (uniano) se halla ennui (aburrimiento). Debo agregar, sin embargo, que esto no quita para nada el interés de tal Iectura Les anticipé que hablarfa de los neoplaténicos y hasta les sugeri que gompraran el iltimo de los voltimenes de esta escuela traducido al fran- ‘Gis, el Traité des premiers principes de Damascio, y, més exactamente, el libro 1, que se ocupa «De Vineffable et de I'Un». Ahora mi problema es saber como interesarlos en su lectura, como interesarlos mas alla del iburrimiento que, después de todo, es s6lo un afecto. Pensé entonces que podria ayudar que yo mismo hubiera pasado por esto. Y es que durante la época de mis estudios de filosofia decidi dejar de lado a los neoplaténicos. En aquel momento me dije que eso, al menos, no iba a saberlo. (Por supuesto que hay muchas otras cosas queno sé, Pero a ellos Jos habia dejacio fuera del conocimiento que debia aleanzarse.) Mas allé le la profunda desaprobacién que me inspiraban, hice con los neo- platonicos una verdadera excepcién. Igualmente objetable me parecia Bergson, si bien lo habia estudiado mas de cerca. Lo que de manera re- {rospectiva me prueba cuanto menos la coherencia de mis gustos, ya que Bergson se sentia profundamente atraido por ellos, Su interés lo llev6 a daren el Colegio de Francia cursos que hicieron mucho por los estudios ‘eoplaténicos, sobre todo en Francia y en Bélgica. A cse interés debemos hoy la eclosién de traducciones. Y la verdad es que para se produzca a 39 JACQUES-ALAIN MILLER semejante eclosién no es necesario el gusto de la gente, basta con algu- nos subsidios del CNRS y con encontrar en un seminario de los que se dan por Lovaina a alguien que se ocupe de difundir esos escritos entre el pliblico actual. Es eviciente que por fuera de nuestro Ambito el trata- do de Damascio va a parar derechito a las bibliotecas, y, colocado junto a los otros, no hace més que representar al sujeto de la erudicién para los demas libros de la serie. Como a los clasicos ya se los tradujo, para seguir traduciendo ahora se busca en estantes un poco olvidados. Se tra- ta de seguir trabajando. Nosotros intentaremos sacar provecho de esta historia compleja de la renovaci6n de los estudios neoplaténicos. Después que mis gustos en filosofia me desviaton de su estudio fue Lacan quien hizo que me interesara en ellos. Y dado que es por la ense- fanza de Lacan que ustedes estén aqui, es posible que finalmente llegue a despertarles el interés. Pero gc6mo? Pues bien, simplemente reflexio- nando sobre lo Uno. Los neoplaténicos fueron, en efecto, pensadares y adoradores de lo Uno. En todo caso, lo tomaron como pivote y lo ha- bbrdn visto si comenzaron a leer a Damascio- como trampolin de su pen- samiento. Esto los condujo -en especial a Proclo- ala articulacisn de lo Uno con las matematicas. Plotino, Proclo, Damascio... He aqui la breve sucesién de nombres, de Tos neoplaténicos. Un curioso fenémeno hizo que para producir lo neo transcurtieran de Platén a Plotino siete siglos. A Plotino lo sigue Proclo, Entre ambos hay algunos intermediarios, on particular un tal Siriano, del que no nos queda nada. Sabemos, sin embargo, que fue ‘maestro de Proclo, y también de quien éste habria tomado su teorfa de las hénadas. Damascio es el tiltimo; y entre los eruditos es motivo de discusién poder ubicar el momento én que el emperador hizo desapa- recer la escuela. Se trata pues de reflexionar sobre lo Uno. Hacer Uno Ahora bien, gpor qué habria de interesarnos esta consideracién si, justamente, siempre hemos privilegiado la reflexién sobre el Otro? Una bbuena raz6n surgiria, por ejemplo, de examinar si neestro Otro es el Otro. de ese Uno. ¥ es que a nivel de una dialéctica elemental siempre podria- mos ser renviados del Otro al Uno. No obstante, y para ser mas claros, debemos decir que, en realidad, sin lo Uno no se puede pensar ni plan- tear ni operar con el sujeto en el psicoanalisis. Después de todo, los neoplatonicos, a su manera, intentaron situar el 40 LOS SIGNOS DEL GOCE, ‘#lma en la procesién de lo Uno. Para eso, hacian del alma una forma de Vino que, segiin los autores, llamaban hénada 0 ménada. Suponiendo sue estos términos no les interesen como tales, consulten el escrito bre- ye de Lacan llamado «.. ou pire» al que ya los remiti, y notarén allt jue Lacan distingue cuidadosamente la hénada de la ménada y que Agrega, incluso, de su propia cosecha, a nade, que resuena en la palabra fiada de la lengua castellana Los neoplaténicos, entonces, situaban el alma, ya sea como hénada {como ménada, en la procesi6n de lo Uno. En el psicoandlisis encon- ramos un eco de esto cuando se confunde el yo con el Uno que opera fn Ia experiencia. ¥ no es eso lo que dice Lacan, quien también ubica 61 Uno, hasta puede decirse que lo encuentra, pero a partir de la pro- blematica freudiana de la identificacién, Desde esta perspectiva, el Aujeto tiene déficit de Uno. En el inconsciente, tal como Lacan lo ‘structuré, el sujeto no procede del Uno sino que funciona por la iden- lificacién; y es porque el analista tiende a tomarse por el Uno que la gonclusién del anlisis pudo parecer a toda una escuela analitica ~que habria que preguntarse por qué se la llama ortodoxa- una identifica- ‘\6n del un-yo con el un-analista. La formulacién de Lacan va en sen- {ido contrario; esto es, la identificacién nunea es del uno con el uno, sino del otro con el uno. (Ni el otto ni el uno Hlevan en este caso ma- Yylisculas.) Lo que a Lacan le interesé es el acer uno que supone la iden- lificacion. Este hacer uno explica por qué la tematica que Lacan aborda {on su seminario sobre la identificacién es retomada muchos afios des- /pulés en su seminario ... ox pire, donde de lo que se trata es de la rela~ ¢i6n sexual. Y si hay algo que tienen en comin la identificacién y la Folacién sexual es, precisamente, que en ambos casos est cuestionado {hacer uno. Con respecto a lo sexual basta pasar revista a los dichos nds clasicos sobre el amor y, en especial, sobre la unién de los cuerpos: para poder pereibirlo. Vemos, asi, que lo que aparece en el centro de la identificacién es la Felacién sexual. Es decir que al mismo tiempo que Lacan subraya que no tay relacion sexual -o sea que formula un juicio de existencia negativo-, fenuncia que hay de lo Uno, De lo que se deduce que, si hay delo Uno, no (el Uno de la relacién sexual. Digamos, para extremar las cosas, que ‘en el psicoanalisis ese Uno no es requerido por lo que seria la unién sexual sino por el lenguaje. JACQUES-ALAIN MILLER Eldestinatario Les pido disculpas, pero dejaremos de lado por el momento los té- :minos que les suenan familiares y volveremosa los neoplaténicos. Silos {astidio con ellos no es sélo porque son los pensadores de lo Uno sino mas bien, y antes que nada, porque son comentadores. Hicieron del co- ‘mentario de la obra de Platén, sobre todo a partir de Proclo, su activi- dad esencial como filésofos. De aqui que puedan aclararnos, aunque sea de manera oblicua, algo de lo que se juega en la relacién entre el sujetoy el significante cuando se trata de perseguir la verdad, Bs evidente que para ellos esta persecucién pasaba por la letra, por el escrito y por una. exégesis. En lo que se refiere a las posibilidades del significante, a sus posibili- dades de surgir de improviso y producir efectos inéditos, resulta para nosotros una ensefianza pensar que la letra de Platén pudo ser des- pertada de este modo siete siglos después de haber emergido. Y esto s6lo fue posible cuando Plotino se puso en el lugar del destinatario. Es asi como las cartas legan siempre a destino. Llegan a destino cuando al= guien se hace su destinatario, Desde esta perspectiva, hay esperanzas con respecto a Lacan. jQuién sabe!, quiza dentro de siete siglos un Plotino vendré a abrimos los ojos sobre lo que fuimos incapaces de ver. Ademés, el mismo Stendhal estaba seguro de ser apreciado pasado un siglo, y eso se verificé. Aparentemente es ahora, cuando lo lee todo el ‘mundo, que uno comienza a preguntarse silo que decia no habré termi- nado por tener efectos de verdad. Platén, sin embargo, no habia sido olvidado, no hubo un vacio, En- {re él y Plotino median los perfodos de la antigua y de la nueva acade- mia, que forman parte del platonismo medio, sobre el cual, en sus inicios, los neoplat6nicos no tuvieron un muy buen concepto. Recuerden que es rompiendo con la academia ortodoxa como vuelven a Platén. ¥ es que para ellos lo que hubo después de éste consagr6 el eclipse de su filosofia. Asi pues, si seguimos a Proclo en su Théologie platonicienne,! la filosofia de Plat6n «se refugié en si misma y se volvié invisible para Ja mayorfa de los que se ocupaban de filosofar». (La cita corresponde a Ja pagina 5 del libro I, edicién Les Belles Lettres.) Debemos decir que, de hecho, Proclo reconoce a Plotino por lo que podemos llamar un retorno a Platén. Lo esencial de la obra de Proclo consiste en comentarios de los dialogos de Plat6n, que estan, en buena medida, traducidos al francés or alguien a quien el doctor Lacan lefa: el Padre Festugibre, autor, en 11. La traduccion siempre es nuestra, [N. del T] 42 LOS SIGNOS DEL GOCE is cosas, cle La révélation d' Hermes Trismégiste en cuatro voliimenes, ina de oro de donde supongo que Lacan sacé, por ejemplo, su in- [por Jimblico, neoplaténico que no puse en la lista. Les recomien- Jectura porque es una referencia de Lacan, en relacién con el falo. Ulten su libro llamado Des Mysteres d’Egypte. Hay también comen- «le los didlogos de Platon, escritos por Proclo, que estan en vias de irein -entre ellos, el del Parménides. siento una gran simpatia por Proclo. Dedicé su tiempo al comen- Y me parece que lo que lo guiaba podiria reflejar algo para noso- Hl volvi6 a Platén inagotable; dice, por ejemplo, que si debiéramos le Ia deuda de gratitud contraida por los beneficios que nos pro- NN6, toda la eternidad no alcanzarfa los remito a la pagina 7. Esto 0 propio de la posicién del comentador. El alumno comentador ye queda capturado en el mismo lugar. Hay también en Proclo una ifcacin de Plat6n, una matemizaciGn que lo reduce y que, en apa- 10 torna irreconocible. Pero sin embargo... jnada de eso! Proclo ecisamente la fidelidad més rigurosa en el abandono total del fle Platén. Platén esta leno de anécdotas, de parabolas. En sus jos abundan las rupturas de tono; de pronto, alguien se pone a IF no se sabe cémo hay que tomarlo, Aun cuando se trata de les no estamos demasiado soguros. Existe siempre la vacilacién de ier como hay que entenderlo, En cambio, Proclo en sus discursos Jo Uno utiliza un tono tinico, completamente monétono, que s6lo Mt por algunos juegos verbales hechos en nombre del rigor. Phronesis, sophia #1 psicoanalisis asistimos a algo semejante: el movimiento que va Gn a Proclo reproduce algo del movimiento que va de Freud a Cuianto més avanzamos, més nos encaminamos hacia el matema, mas matemiza Lacan a Freud, mas se disipa su riqueza inagota- jue confusa. Y si hay algo que nos fascina en Freud, sobre todo Dprimeros textos, contemporéneos del descubrimiento del incons- { justamente la particularidad de cada caso y poder asistir a lo mente hacia ~excepto en Schreber, que es una exégesis, Lo que Inte nos atrae cuando nos hablan del psicoandlisis es siempre la | Kérmino griego que pas6 al latin como prudentia y que nosotros mos en la prudencia, Aristételes hizo de ella una virtud mayor, Ia virtud propia a la accion en este mundo donde uno s6lo se on lo contingente, can lo que se presenta, Se trata entonces de 43, JACQUES-ALAIN MILLER decidir de acuerdo con la oportunidad. Se trata de intentar ser eficaz.en. ella. Aristoteles distingufa de esta phironesis la sophid*-no s6lo la sabidu- ria sino también el saber, donde nosotros ubicamos el matema-, que descansa en lo necesario y que ignora -son términos de Aristételes- lo que nace y lo que muere, que ignora todo sobre la vida y que, por lo tan- to, puede ser in mutable como su objeto mismo. El psicoandlisis surgi6, sin duda, de la phronesis, y Freud sigue sien- do para nosotros el phronimos por excelencia, el prudente del psicoané- lisis. Partiendo de allf Lacan acentué, de manera cada vez. més unilateral, la elaboracién de una sophia apropiada para el ps.coandlisis, de un ‘matema inmutable, tan in mutable que nosotros o repetimos y produci- ‘mos constantemente. Es claro que para seguir a Lacan hasta ese punto ser necesario aprender a interesarse en los neoplatéxicos y en los légi- cos, a pesar de que el camino se torne érido. Introduciré ahora un breve comentario sobre la frase Céleulo de lain- terpretacién, que ser, hasta diciembre, el titulo de las conferencias del IRMA. La expresién causa sorpresa porque parece que el célculo concier~ ne ante todo al matema y que el matema se refiere a lo necesario. Pero no es asf, El matema no elimina lo contingente de la experiencia en la que interviene la interpretacién. La interpretacién se relaciona con lo que se presenta en el momento, y lo interesante es que se desencadene en el momento oportuno, imprevisible en tanto tal por el célculo. El céteulo de la interpretacién se refiere, entonces, a la prudencia de la interpreta- ci6n, en el sentido aristotélico. Prudencia que, en lo particular, significa direccién- es c6mo obrar a nivel de la accién. Por eso la palabra cilculo resulta muy apropiada, y hasta es asi como se traduce lo que sostiene Arist6teles: la prudencia es la virtud de esa parte del alma que se llama elalma calculadora. Calcuo, en este sentido, nombra la deliberacién pro- pia a nivel de la prudencia, (Es s6lo una nota al pasar sobre el tema del célculo de la interpretacisn.) No cabe duda de que tanto Lacan, respecto de Freud, como Proclo, respecto de Platén, acenttian el matema en detriment de todo el colori- do y las variaciones que la contingencia de la experiencia aporta. De hecho, pueden distinguirse dos épocas en la ensefianza de Lacan. En la primera se encuentra préximo a la contingencia freudiana, que trata de estructurar, de matemizar. Esto se ve, por ejemplo, en «La direccién de Ia cura...», donde practicamente convierte en matoma el suetio ce la bella camicera, que toma de La ittterpretaci6n de Ios suefis. Lacan extrae de la experiencia freudiana un fragmento que posee toda la contingen- cia de un suefto contado al analista'y la de lo que a é! eso le inspira hasta que lo vierte en un papel. Extrae de alli la estructura en juego. No obs- 44 LOS SIGNOS DEL GOCE lunte, hay que distinguir de esta primera época la parte més reciente de §uvensefianza, en la que elabora el matema en tanto tal, Fn el transcurso dle este afio intentaremos volver a evaluar este matema y ver de qué ma- hora echa luz sobre la contingencia de la experiencia Eldiscipulo Como me atiborré con Proclo, voy a leerles al menos un corto pasa- Je donde expone su método lo encuentran en las paginas 9 y 10 del Iibro I de la Théotogie platonicienne. Notarén que lo que dice esté lleno de resonancias para nosotros e ilustra bastante bien la operacién de Lacan sobre Freud. He aqui cémo, de manera clara, Proclo describe su inétodo: «En todos los casos, preferiré lo evidente, lo claro y lo simple, {sus contrarios; aclararé Ia ensenanza de lo que es transmitido por himbolos ~se refiere a lo que es simbélico, alos sfmbolos imaginarios, Jas figuras, los ap6logos, y no a simbolos en sentido matematico-; haré temontar hasta su origen lo que es transmitido por imagenes; confir- Imaré "por razonamientos que se remonten a la catsa’ Jo que esté escrito de manera demasiado categorica; escrutaré lo que est compuesto por de- mostraciones, “explicitaré a fondo” el modo de verdad que contiene y lo Yolveré familiar a mis oyentes; y descubriré la significacidn clara de lo que (sts propuesto como enigma recurriendo a otros datos, que no extraeré de presupuestos ajenos al pensamiento platénico, sino de los escritos mas indudablemente auténticos de Plats |...» (Asi pues, se trata de explicar {Plat6n con Platén, de explicarlo por lo que es mas auténtico de su obra. Remplécenlo por Lacan y verén que también funciona.) «[..] en cuanto a Jo que resulta de inmediato evicente a los oyentes ~sigue-examinaré su. ‘correspondencia con la realidad.» La posicién de Proclo es la del disefpu- Jo fiel que se borra a si mismo; y de este modo lo formula al comienzo ‘cuando indica que los oyentes «no estarén preparados para intentar resol- yer nuestros propios discursos, sino el "sublime pensamiiento” y la filoso- fia divinamente inspirada de Platér. Yo s6lo valgo parece decirnos Proclo~como intermediario de un pensamiento que vale por si mismo, Podtria remitirlos también a lo que Proclo exige de su puiblico, al que dlemanda disposiciones favorables puesto que una enseftanza necesita como en los Misterios, un auditorio preparado. Fijense lo que pide. (Evi- dlentemente nosotros estamos lejos de exigir lo mismo, porque nuestra referencia no son los Misterios. Nuestra referencia, por indignos que seamos de ella, es la ciencia, No pedimos a la entrada del Departamen- to de Psicoanalisis lo que Proclo pedia. No lo pecimos a la entrada ni a 5 JACQUES-ALAIN MILLER la salida.) Lo que Proclo demanda a sus oyentes, entorces, es que estén «ornados de virtudes morales», «entrenaclos en todog 0s ejercicios dela logica», y quese hayan entregado, como Parménides aconseja a Socrates, «a.esa suerte de “divagacién’ en los razonamientos». Proclo reclama, ademés, que no «desconozcan la ciencia de la natural2za». Finalmente, encontramos en a pagina 11 una remisi6n a la transferencia necesaria lo hara «por amor». Esta exigencia del amor en Ta ensefianza es una re ferencia completamente tinica, En adelante, sélo se recurre al matema Cabe destacar que Proclo elige como pivote de su comentario un nico didlogo de Plat6n, el Parménides, y lo evoca en 0s siguientes tér- minos: «Pero si fuera absolutamente necesario tener bajo los ojos, en un. solo dialogo de Plat6n, la totalidad y la integridad de la teologia, y tam- bien su continuidad [este didlogo serial, el Parnénides» ~pégina 31. Es ppreciso que lean el Parménides de Plat6n, del cual Lacen dice, justamen- te, que debido a una «curiosa vanguardia» anticip6 el movimiento que a éllo condujo a decir que hay de lo Uno para hacer psicoandlisis, Lacan hhace, de este modo, la misma eleccién que Proclo. «Indiqué -los remi- toala pagina 5 de «... ou pire» la lectura a mi auditorio, pero ila han hecho? Quiero decir: :lo leyeron como yo?» Por otre parte, y a partir de Proclo, todos los neoplat6nicos eligen el Parménides. Puecien encon- trar ya la indicacién en Plotino, en el «Tratado sobre las tres hip6s- tasis», que se halla en la recopilacién de las Eneadas, tomo V. No obstante, es recién con Proclo cuando la filosoffa necplaténica empie- zaa considerar que Platén, debido a una curiosa anticipacién, adelanta con su Parménides lo esencial en lo referente al pensariento de lo Uno, Un ejercicia de légica Ser necesario que lean el Parménides, y confesemos que a primera vista parece tn poco drido, En la segunda parte se enumeran nueve hi- potesis, mtimero que varia segtin los exégetas. Siglo tras siglo se sucedie- ron las peleas por saber qué quiso decir verdaderamente Plattin con esas nueve hipétesis que versan sobre lo Uno y su relacién con el ser. Podria- ‘mos agregar que es el texto enigma de toda la historia de la filosofia, a tal punto que a veces se lo ubieé entre los didlogos inconclusos, argu ‘mentando que no era posible que Platén nos hubiera dejado asi, sin sa- ber que pensar. ¥ fue, en efecto, su caracter enigmatico lo que hizo que este texto despertara el interés dle los neoplaténicos y que siguiera des- perténdolo mucho tiempo después, desde la Edad Media hasta el Rena- cimiento, donde resurgié con Marsilio Ficino, 46 LOS SIGNOS DEL GOCE De alguna manera, también Lacan estaba predestinado a detenerse alliy proponer su solucién, Aunque en realidad no terminé de darla. ES cierto que la anunci6 y giré un poco en torno a ella, pero la doctrina de Lacan sobre el Parniéinides sigue siendo de algiin modo secreta. ZPode- ‘mos llegar a adivinarla, a presentirla? Para nosotros es una especie de desafio, {De qué modo habria en este texto un enigma, una anticip: del lugar que Lacan le da a lo Uno en el psicoanilisis? Ahora bien, Parménides es uno de los personajes del didlogo. Parménides, ya muy viejo, se dirige a Sécrates, que atin es muy joven. Este tinico dato dio lugar a disquisiciones inimaginables: qué quiso decir Platén al poner frente a frente al filésofo tan viejo y al fil6sofo tan. Joven? Por otra parte, que el mismo Parménides califique la presentaci6n. de las nueve hipétesis como un juego trabajoso por algunos fue juzga- do poco serio. Proclo, por ejemplo, nos dice que hay quienes toman el Parménides como un gjercicio de l6gica. Estos «piensan —sefiala en la pé- fgina 32 que no hay que reconocerle al Parménides ninguna otra inten- tiGn que la del ejercicio del razonamiento segiin los pros y los contras». Se tratarfa, en cierta forma, de un ojercicio sofistico. Otros adversarios de Proclo, si bien hacen de este didlogo un libro de tealogia, sélo lo con- hiceran una parte de lo que seria la teologia de Platén, ya que también tionen en cuenta el Timea, Pero Proclo no esta de acuerdo, porque esti- mma que en sf mismo el Parménides es un libro de teologia y no un ejerci- tio de logica. :Qué quiere decir esto? Que el Parménides es un ejercicio de Iogica significa que es vacfo, que lo a titulo propedéutico uno se dedica a la dialéetica elemental que ‘gonsiste en pasar de los pros a los contras. Las hipétesis, aseguran los triticos, concluyen tanto que lo Uno es como que no es; son s6lo un ejer flcio que nos permite encontrar los argumentos a favor 0 en contra y, Mediante el recorrido de las nueve hipétesis, aprender, en primer lugar, Aejercer el razonamiento. ‘Que el Parménides es un libro de teologia significa otra cosa. Quiere ir que alli donde parece haber tinicamente ldgica, 0 sea, vacio, esté, {por el contrario, lo leno. Esto significa que algo esté en juego, algo que ‘phn ted de hipotesis cixcunscribe, algo eminente, tan eminente que lain mismo sélo se lo deja adivinar a aquellos que saben leerlo. Proclo Hama Dios. De aqui que lo considere un libro de teologia. De hecho, un libro sobre los dioses. Y hay que reconocer que la suya es tina Wgesis completamente sensacional, una leccién de lectura extraordina- in, sobre todo si consideramos que se trata, sin duda, de un desvio. Pero jcuidado! Proclo no es cualquiera. Hegel, por ejemplo, espera- con impaciencia la traduccién de los Elementos de teologfa. Creo que 7 JACQUES-ALAIN MILLER fue Victor Cousin quien publics a Proclo en esa época, y tenemos el testi- ‘monio de que Hegel estaba ansioso por ver las pruebas del libro. Para él el neoplatonismo consagra el fin de la filosofia griega y aiuncia la época de la filosofia germénica, Funcionando como bisagra, introduce un cam- bio radical. Lo que Hegel piensa es que tanto Plotinocomo sus sucesores se encontraban de plano en el llamado pensamiento especulativo. £¥ nosotros cémo consideramos el Parménides?, zlo tomamos por un ejercicio de légica o por un libro de teologia? Sin duda, para nosotros es un ejercicio de légica. Sélo que cuando afirmamos esto no nos referimos a una ret6rica. Lo consideramos un eercicio de Logica que anuncia la Iogica matemética, que de algiin modo la anticipa o, al menos, la invo- ca, Nosotros, a nuestra manera, también decimos cue hay algo que el Parménides trata. Y lo decimos en tanto que somos co;erentes con la pro- posicién que sostiene que el inconsciente esté estructurado como un len- Buaje, que, ademas del sentido lingitistico, tiene un valor l6gico. Aunque @s de logica, este ejercicio del Parmémides nos muestra algo de la estruc~ tura del lenguaje. y, ripidamente, diré que nos indica algo de la estruc- tura del sujeto del inconsciente. Estoy evocando -lo verdn al leerlo— lo que se obtiene en Platén a partir de dos términos diversamente combi- nados: el ser y Io Uno. Damascio Les sugeri que leyeran a Damascio, y es0 es lo que haremos, Tendran ast una idea de hacia donde nos dirigimos. Leamos a Damascio, enton- ces, como prefacio al Parméntides. Leamos lo que esté clasificado como el primer capitulo; a saber: «L’aporie du principe». Notaran de qué ma- nera esos molestos neoplat6nicos sorprenden debido a lo que tratan. {Qué ¢s la aporia del principio? Comienza asi: «El amado principio tinico del todo jest mas allé del todo o es algo que forma parte del todo, ‘como la suma de los seres que proceden de él? ¥ el todo, zelecimos que esta con el principio o bien que lo sucede y procede de é1?. ;Apasionan- te! En el fondo, cual es el problema de Damascio? Es bastante simple. De qué se trata? Se trata de dos términos: el término principio y el té ‘ino todo, El todo es la coordinacién de todas las cosas. El significado que- da afuera. Ya partir de esos dos términos, za qué llama Damascio aporia? Dibujemos el todo: 12. La traduccion siempre es nuestra. (N. del] 48 LOS SIGNOS DEL GOCE todo ee La aporia consiste en que el principio es estrictamente insituable. ‘Tenemos dos hipdtesis. Segain la primera, el principio esta fuera del todo: principio Waa BG {Qué sucede? Si el principio esta fuera del todo, el todo no es el todo, Algo le falta. Y Damascio lo dice claramente: sel principio falta» “los re- mito a la primera pagina, edicién Les Belles Lettres. El principio falta, ‘std afuera, Asi, el todo no es el todo, sélo puede serlo si se exceptia el FP el contrario,tomemos ahora la segunda hipsess: ol todoin- ¢luye el principio, «toda cosa ~dice Damascio, en la pagina siguien- te- debe o bien ser principio o bien proceder de un principion. Si se admite este axioma, es necesario que el todo sea principio de otra cosa y en ese momento no es el todo, puesto que, si es principio de (otra cosa, tiene un efecto, pero «este efecto también esta en el todo; les que la nocidn estricta del toda no deja escapar nada», En conse- cuencia, «el todo ~concluye Damascio no es ni principio ni procede le un principio». 49 JACQUES-ALAIN MILLER ‘ principio ee Damascio da cuenta como aporia de las relaciones de la logica del significante, cuyos ejemplos nos llegan a través de los siglos. Nos deja a Ja espera, uno se pregunta qué es lo que va a producir con esta légica. 2¥ qué es lo que produce esencialmente? La necesidad de plantear un ‘mésallé de lo Uno; lo Uno no basta, Luego se pregunta con detenimiento ccémo hacer para poder hablar dle ese mds allé de lo Uno. He aqui los esbozos de lo que luego se conoger como la teologia negativa, Sin dejar de mostrarse contrariado Damascio da un nombre a eso que esta més allé de lo Uno, lo llama «lo inefable». Siendo enseftante esta evidentemente molesto porque dice que éste s6lo puede ser honrado «por un silencio perfecto» =consulten la pagina 11. Y aunque hay cosas que es posible decir en los margenes, él sittia este inefable como lo que nos trastona de cabo a rabo y Nos exige «tn trastocamiento completo de los discursos y de los pensamientos». Se pregunta entonces cémo ‘escapar de «un silencio impotente y de una confesién de no saber abso- Tuto» -pagina 21, Llega incluso a discutir la posibilidad de nombrarlo. Enesa misma pagina, explica que «el nombre no dice la verdad en cuan- to a lo trascendente, porque Io trascendente ya es simulténeo y coor- denado, de modo tal que es preciso negarle aun ese nombre». Nosési yendo un poco mas tépido—haré falta, de todos modos, que ‘ustedes lo soporten- se simplifica la cuesti6n. En realidad, el problema, lo que obliga a plantear un mas alld es que en definitiva lo Uno sigue estando en cierta forma coordinado con el todo. Por e30, para obtener lo que se esboza como un mas alld del todo, un mas alla de lo Uno, que resulta, por lo mismo, un mas allé del discurso, es necesario sustraerse a esta logica. Podemos llamar, y$,a lo Uno yal todo respectivamente. 1a inscripcién §, resulta, en principio, perfectamente justificada para lo Uno; y la inseripeién S,, para el todo de los significantes, Eats claro que bajo el nombre de lo inefable, y con el valor que le da Damascio, tene- ‘mos una aproximacién casi directa que intenta alcanzar al sujeto en tan- to tal, al sujeto fuera del Lenguaje: ‘LOS SIGNOS DEL GOCE En efecto, los neoplaténicos piensan lo Uno para aleanzar, a partir de alli, lo que no puede decirse. Es esto lo que se afanan por hacer existir y a lo que llaman con el bonito nombre, al menos en la traduccién, de «gestaciones indecibles», Elser y lo Uno La complejidad del Parménides es, sin embargo, mayor: Y es que en Tugar de tratarse de una aporia con dos hipétesis, tenemos nueve hipé- tesis. Voy a enumerarlas: 1) si lo Uno es uno; 2) si lo Une es; 3) si lo Uno. es y no es; 4) si lo Uno es, qué serén los otros; 5) silo Uno es, qué serin negativamente los otros; 6) silo Uno no es, cuales seran las consecuen- cias para él;7) silo Unonoes, no hay ninguna determinacién -aqui hay ‘una afirmacién-; 8) si lo Uno no es, qué seran los otros; 9) si lo Uno no es, qué’ negaciones se desprenden para los otros. Esto es lo que Lacan denominé «una curiosa vanguardia». Tratemos de orientarnos. Y para eso hay que reconocer que los mejores guias si- guen siendo los neoplaténicos, que aislaron las cinco primeras hipéte- sis como las mas vilidas y distinguieron sobre todo las tres primeras. Para empezar me concentraré en las primeras dos: 1) si lo Uno es uno; 2) silo Uno es, ‘Sin reponer para ustedes como se deberia—el contexto, tenemos aqui tuna especie de debate entre Platin y los presocraticos. Sdcrates es pre- sentado como un joven, precisamente, porque llega justo a tiempo para echar un vistazo sobre aquellos que serdn los presocraticos y que atin no lo saben, Sécrates dialoga en el limite. Bl presocratico es tan viejo que Pronto va a morir y Socrates apenas se asoma a la filosofia, Se constru- ye,asi, un entre-dos milagroso. De todos modos, sino captan el matema de Lacan, no hay ninguna razén para que este contexto les interese. Parménides aparece porque tuvo algunas hipétesis sobre el ser: Pero dejemos esto de lado para ocuparnos del ser y de lo Uno. Juguemos pues con el ser y con lo Uno. Intentemos combinarlos y ver cémo «participan» ~retomo el término de Platén— uno en el otro, en qué ‘medida se los puede hacer equivaler. El mero hecho de que se tomen es0s dos términos ya dice bastante. 51 JACQUES-ALAIN MILLER Silo Une, os uno x {ia particularidad de la primera hipstesis -si lo Uno es uno~ reside {6 que el mismo término figura como sujeto y como predicado. Tenemos Algo asi como una autopredicacién de lo Uno destinada a verificar que Jo Uno es uno. ¥ enel fondo, este uno serfa el predicado més simple, mas fevidente que puede atribuirsele a lo Uno. Podirfamos pensar que lo mi- fimo que se le puede pedir a lo Uno es que sea uno, En todo caso, es asi omo podemos verificar la primera posicién de la hipétesis. 2Y qué demuestra Platon a propésito de este Uno que es uno? Platén examina lo Uno que es, metédicamente, con el siguiente estilo: «-[..] Si 6 uno, no es verdad que lo Uno no podria ser una pluralidad? / ~,C6mo podria serio? / -No le convendria el tener partes ni podria igualmente ser un todo. / ~zPor qué? / La parte es realmente pare de tun todo. / -Sin duda. / ~2¥ qué es el todo? :No seria aquello a lo que no falta ninguna parte? / -Naturalmente. /—Delas dos maneras,1oUno Aapareceria como compuesto, ya se le considere como todo, ya se lecon- cedan partes, / ~Claro que si. / -Por tanto, de las dos maneras lo Uno seria una pluralidad y no uno. / ~Verdaderamente. / -Pero conviene queno sea una pluralidad, sino precisamente uno, /-Si,eso.conviene. / Asi, pues, silo Uno ha de ser tal no pod ser un todo ni tendré partes» (137 c/d). El razonamiento sigue avanzando: no seré parte alguna ni de si mismo ni de otro distinto de si, no seré inmévil ni se movers, noseré ni diferente ni idéntico con relaciéna sini a otro distinto dest, no sera ni diferente ni semejante, nunca igual nia s{ni a otro distinto des, nosers nunca ni més grande ni mas pequefo que sf o que otto, ni tiene partie pacién en el tiempo ni se da en un cierto tiempo, eteétera La conclusidn de esta primera hipétesis de lo Uno que es uno esque Jo Uno no participa de ningtin modo en el ser. Hay una disyunciér en- tre lo Uno y el ser, que implica que nada puede decirse al respecto. Si se coloca el predicado es uno, no puede decirse nada més. Desde esta pers- pectiva, estamos obligados a decir que es lo Uno lo que no es. Al final, fhos damos cuenta -y és por eso que cs una hipétesis— de que no dijo mas que tonterias, porque a ese Uno no pertenece ningiin uno. Decir que lo Uno es uno ya es demasiado. Lo Uno «no posee, pues, ningiin nombre» Y mis adelante: «No habré, por tanto, quien le nombre, le exprese, le conjetureo le conozea» (142 ). Hay una disyuncién entre lo Uno y elser, ¥yno puede decirse que ese Uno participe en ninguna esencia. Si part ppara, podria decitse algo de él. Se habl6, pero es como si nada se hubie- 1a dicho porque al final todo se suprime. LOS SIGNOS DEL GOCE, Si lo Uno es ‘Tenemos el punto de partida de la segunda hipétesis. Dado que con la primera descubrimos que acreditar el tno a lo Uno conduce al no es, entonces, se retoma en forma invertida: se propone que es y luego se ve «qué pasa. ZY qué pasa si se toma como segunda hip6tesis que lo Uno es, © sea, la inversa de la conclusién de la primera? Lo Uno es: se suprimié ahora el uno como predicado. Esta hi tesis da por sabido que la unidad no es predicado sino que lo Uno puede ser el sujeto de un juicio de existencia. Asi, cuando decimos que lo Uno es, intentamos ver adénde se llega con la nocién de que lo Uno participa del ser. Sin embargo, decir que lo Uno es no resulta del todo correcto en nuestro idioma. Para ponerlo en buen francés harfa falta la hipotesis: il y a de I'Un (hay de lo Uno). Se comprende pues que esta traduccidn de Platén promovida por Lacan ~no ereo que lo haya dicho explicitamente en su seminario cuando pronuncié: shay de Jo Uno»~ no hacfa sino machacar sobre la formula de la se- gunda hip6tesis del Parménides, Y es una excelente formula para tra- ducir este Uno es, puesto que, en realidad, no se prejuzga nada del sujeto al afirmar no que hay lo Uno, sino que hay de lo Uno. No se Prejuzga que sea uno. En efecto, ése es el valor que acentiia Lacan cuando dice de lo Uno. El no prejuzga que ese Uno sea uno, porque esté en el nivel de la segunda hip6tesis, en el nivel del puro juicio de existencia. Un juicio de existencia que, como saben, trabajé de todas las maneras posibles. Esto es, en el fondo, lo que exigen las elabora- ciones del concepto de castracién en psicoandlisis. Es Io que exige el manejo exacto de formulas como no hiay relacidn sexual. Y es también lo que exige el manejo de esta escritura: 8. Todo esto presupone que se sepa verdaderamente lo que es el juicio de existencia. Lo decisive del trayecto de Lacan es la introduccién de este hay de lo Uno, que se distingue -insisto- de hay lo Uno. Con la segunda hipétesis se tiene la sensacién de que lo Uno se torna susceptible de todos los predicados. Mientras que en la pri- mera todos los predicados habian sido quitados, aqui, si se quiere predicar sobre lo Uno, puede recurrirse a todo. Es, justamente, Io que dice el Parmérides en la conclusién de esta segunda hipdtesis: &-He aqui, por tanto, que lo Uno es, serd, se hizo, se hace y se hards. Es lo Uno en el tiempo. Y mas adelante: «Hay, asi, y hubo y habré algo determinado, que va de él a él». También pueden existir acerca della ciencia, la opinion y la sensaci6n. Y tiene «-[..] pues, un nom~ bre y una definicién: y en tal sentido se le denomina y se le expresa, 53 JACQUES-ALAIN MILLER. y todo cuanto a este respecto se da para los otros también se da para > (155 d/e). = Si lo Uno es y no es Pasemos a la tercera hipétesis que examina -pero esta vez.en la se- ccuencia logica de la primera~:1o Uno que es y que noes. Es la secuencia 6gica, porque si se acmite que este Lino es en el tiempo -segunda hips- tesis-, entonces hay un ser que se eclipsa, puede morir, nace, etcétera. Entre la primera y la segunda hipotesis hay inversién, y entre la segun- da y la tercera hay continuidad. fsta es la triada fundamental de los neoplaténicos: lo Uno es, lo Uno no es, lo Uno es y no es. En realidad, ¢qué es lo que imaginaron los neoplat6nicos? Podemos aprender mucho de esto, y sin duda Lacan lo hizo. Para cada una de estas hip6tesis inventaron -si puedo expresarme de este mado- un dios propio. Para lo Uno que no es y que ni siquiera puede decirse, inventa- ono inefable los remito a Damascio. En fo Uno que es, situaron el ser. Ala tercera le corresponde lo Uno. No intento justificar ante ustedes los ‘términos que ellos ubican, sino ver cémo hicieron esta teologfa, queen definitiva es una Iégica. O sea que tomaron cada una de las hipotesis como definiciones y continuaron asi hasta la quinta. Esa es la ratz, y es también lo que Lacan critica, de la procesién plotiniana. Es como si uno fuera, erarquicamente, de la primera a la quinta derivando tipos de tér- minos. No me atreveria a decir tipos de seres, ya que en la primera se esta, en efecto, fuera del ser. Lacan no dijo esto en su seminario y, sin embargo, es lo que aparen- temente decia. Intentaré mostrérselos. Como lacanianos, 0 sea, ut zando los recursos elementales de la teoria de conjuntos y de la légica de clases, jcle qué manera se estructuran para nosotros estas tres hip6- tesis princeps del Parménides? Muy simplemente. No parece que ningu- ‘no de los comentarios del Parménides -y hay toneladas—haya inspirado directamente la ensefianza de Lacan y nos permita completar lo que é no dijo al respecto. Nosotros utilizamos para esto los circulitos de los conjuntos, que nos permiten distinguir, de entrada, tres zonas. ¢Y don- de podria alojarse mejor que aqui, en el circulo de lo Uno, un Uno in- terno que no es, donde nosotros escribimos simplemente §, la primera hipotesis del Parménides, la que concluye en la disyunci6n entre lo Uno yelser? LOS SIGNOS DEL GOCE Primera hipstesis: ‘Vemos asf una sorprendente confirmacién del caracter esquematico de la alienacién, que Lacan no habia dado a conocer y que reconstrui hhace tres aftos. 8 responde con exactitud a la conclusion de la primera hipétesis; es decir que lo Uno no es, y hay que situarlo pues como ta- chado. Para la segunda hipétesis, en tanto que se demuestra all la partici- pacién entre lo Uno y el ser, lo que evidentemente se sittia en la inter- seccién eS): Uno ser Lo que sigue no puede mds que situarse aqui, donde escribiremos,, que como tal abre el espacio a otros, porque la cxestién que se plantea es la de su patticipacién 0 no en Io Uno y porque, en tanto otros, son nombrados por fuera de lo Uno. JACQUES-ALAIN MILLER Tercera hipotesis: Uno ser s Las tres primeras hipétesis del Parménides, que han sido el pivote de os neoplaténicos, se ordenan para nosotros segtin tres términos del dis- curso; a saber:8,5, y S,. No hay ninguna raz6n para que todo esto les parezca sensacional en Ja medida en cue no se rompieron mucho tiempo la cabeza con el Parménides. Yo encontré las notas que tomé hace una veintena de afios y puedo asegurarles que me puse especialmente contento. Les aconsejo que retomen el Parméiides con esta pequetia clave que es s6lo el comien- zo de la cuestién, y verdn como la proxima vez podremos avanzar so bre la identificaci6n en el sentido freudiano. 19 de noviembre de 1986 IV El Parménides y la logica del sign Hay huelga! ¥ me apresuro a decir que el Departamento de Psicoa- Ailisis no tiene intenciones de distinguirse dentro de este movimiento, Jno que, por el contrario, pretence ajustarse enteramente a él. gDe qué ‘manera? La asamblea general de ensentantes de la Universidad de Paris Vill-asamblea a la que no asisti- decidi6 apoyar la huelga de estudian- {es, Y al mismo tiempo, para no vaciar la universidad, resolvié no con- Yocar una huelga propia. Segtin parece -es lo que los ensenantes lensan-, cierto atractivo de la ensefianza explicarfa la presencia de los ‘sttidiantes. Por lo tanto, 2 fin de no sabotear este movimiento, y para upoyarlo de cerca, decidieron estar presentes en el momento de su cur so, Es, precisamente, lo que hago ahora. Esto vale para todos los dias excepto para maftana, que es dia de manifestacién porque comienza a fexaminarse la nueva ley universitaria en la asamblea nacional. El Depar- tomento de Psicoanélisis, entonces, apoya la huelga y solicit6 a sus ‘ensefiantes que estén presentes. Segiin la informacidn que tengo, hubo ayer muy poca gente en las ‘ensenanzas llamadas basicas que se cesarrollan en los locales de la Uni- dad de Saint Denis. Resultaba previsible que en la Seccién Clinica, que tiene una posicién marginal con respecto a la universidad, no iba a ‘ocurrir lo mismo. Supongo que, poco mas 0 menos, somos el mismo Iniimero que de costumbre. Y les aviso desde ya que, pase lo que pase, ‘staré aqui el proximo miércoles. Dicho esto, hay que reconocer que el Departamento de Psicoana- Aipis tiene afinidades con la protesta, aunque sélo sea por el hecho de que debe su existencia misma al movimiento de 1968. Sin él no ten- lriamos hoy Departamento de Psicoandlisis, Puede que 1986, siem- 87 JACQUES-ALAIN MILLER pre que las cosas duren lo suficiente, nos depare otro. Estariamos contenios. & Ahora bien, si recuerdan que umtiversidad viene del latin medieval y que posee un valor de totalidad unificada por un colegio de ensefiantes, vvern que lo que trato aqui se relaciona con la cuestién en juego a pro- posito de la universiciad, cuestion que concierne a la problematica de lo Uno y de lo miltiple, que abordamos con el Parménides. Diré unas pelabras al respecto, pero antes me gustaria saber si al- guien quiere manifestarse, primero, en la cuestiGn universitaria. Si algu- no -0 algunos- quiere decir algo sobre el tema, le doy con gusto el mier6fono, {No?... zNadie?... Veo que no hay muchos progresistas en el auditorio... Quiz4 todavia se sientan inseguros... Quiz la coordina- cin estudiantil no se ocupe demasiado... En mi tiempo no se habria dejado pasar la ocasién! gEntonces? :Nadie? Pues bien, intentaré decir algo. La huelga Fs cierto que un movimiento de este tipo ~de esos que una vez co- menzados cuentan con la adhesién de personas que no estén muy bien informadas pero que, no obstante, se solidarizan— pone en juego todas las cuestiones de la identificacién, o al menos las presentifica, mientras que el conformismo en general las vela. Esta clase cde movimiento siem- pre puede ser criticado si se hace hincapi en el deseo de parecerse en- tre si que anima a sus participantes. Creo, sin embargo, que esta critica es inoperante en tanto que apela a una identificacién previa, conserva dora, que, por lo mismo, aspira a alguna superioridad, Pero la verdad es que més alla de eso lo que alienta este movimiento es una cuestién de diferenciacién, y sus participantes se distinguen, en efecto, por rechazar diferenciaciones que fueron implantadas o cultiva- das recientemente. Me refiero al tema de los derechos de inscripcién en las universidades. Y es que la nueva ley pretenderia, en Iineas genera- les, liberar el importe de esos derechos para permitir que las distintas universidades lo fijen a su gusto. Puede objetarse que estos gastos de inscripcién son el primer paso hacia una diferenciacién general en la universidad, Por otro lado, junto al tema de los derechos de inscripcién, hay también un rechazo a una diferenciacién més profunda que se ha manifestado especialmente a propOsito de la inmigracién, Por mi parte ‘veo una gran coherencia légica en que las cosas hayan llegado hasta ese punto, De modo que hay que tomar una posici6n frente a estos trata- 58 LOS SIGNOS DEL GOCE inientos diferenciales, asf recaigan sobre las clases sociales, sobre las hacionalidades o sobre las razas. Por supuesto, uno puede burlarse de la conviecién moral que estos movimientos sostienen o disimulan, Creemos poder burlamos en la ‘medida en que en realidad el asunto no afecta a la produccién, Por eso Imaginamos que no se trata de algo serio. La huelga de los estudian- tos, la huelga del aprendizaje, al igual que la de los ensefantes, siem- pre parecié abusiva a ciertos sectores de la opiniGn puiblica, jcomo si stos batieran palmas cuando los que interrumpen su trabajo son los ptocluctores de bienes materiales! Evidentemente no es asf, ya que cuan- «lose otto grupo se pone en movimiento, entonces se lo objeta, pero por fzones distintas. Nosotros con nuestros pequefios matemas pensamos que la deten- ci6n del discurso tiene consecuencias incluso sobre la produccién. Pero (reo que hoy, a pesar de todo, se ha tomado cierta conciencia, Esta ma- srugada, por ejemplo, escuché en la radio que alguien se preguntaba si Prancia da el trato debido a su produccidn de materia gris. Con este tér- imino se intenta dignificar un poco la actividad intelectual y hacernos fomprender que lo que esté en juego es como petréleo invisible. La materia gris de la que aqui se habla es el producto de! discurso univer- sitario, que escribimos, en nuestro Algebra lacaniano, $, Sin duda, s6lo fe la lama gris por una suerte de antifrasis. Y dado que hay una histeria tle la materia gris, seria mejor llamarla materia multicolor, se ajustaria fis a su estatuto, Es cierto que los matemas de Lacan, que generalmente aborcamos por su estructura y con referencia a la practica del psicoanslisis, son = Lacan lo dice de manera clara- producto de mayo del 68, De hecho, fue~ Jon creados teniendo en cuenta ese movimiento que apuntaba y daba un Jugar muy particular a la universidad, aunque solo fuera para protestar fsontra ella. ¥ hoy, cuando en conjuntola universidad interesa menos, se ‘ye mejor el amor que animaba a esa protesta del 68. En relacién con di- tho movimiento, entonces, Lacan construy6 una estructura, articulada Uunificada, que ubica la universidad y el psicoandlisis junto alamo y la \istérica -algo impensable antes del corte de mayo. El esquema esta hhocho para demostrar que el sujeto de materia gris producido por el dis- ‘urso universitario esté destinado a confrontarse de distintas maneras con el significante amo, con el significante Uno: a confrontarsele tanto Wis cuanto que en ese discurso la materia gris esta separada, esté Mlisyunta. De aqui que se vea empujada a una tentativa de estructura Disiérica, a una tentativa de dictar la ley al significante amo, antepomien- lo para esto su insatisfaccién. 39 * al JACQUES-ALAIN MILLER S—+8, ® Para que la universidad pueda ser considerada un discurso seré ne- cesario recordar que el saber no siempre estuvo apresado en un orden discursivo tan reglamentado por el amo. Logicamente, debido a tas re- glamentaciones de esta captura del saber y su distribucién, la materia gris termina por agitarse. Aunque esto no significa que lo hage siempre, Ta légiea no dice ni cuando se produce ni qué consecuencias tiane. Pero, en fin, es divertido notar, y no deja de causarme cierto agrad, que esta joven generacién estudiantl que desde hace algunos afios no tenia mas que sarcasmos para la generaci6n estudiantil precedente -a le que cali- ficaba de viejos del sesenta y ocho (soixante-huitards), y en In palabra ‘misma esté el retardo (lard)-, termina por caer en la misma agitacién y cn los mismos callejones sin salida en que desembocé aquélla Para abrevias, lo que vemos es una nueva generacion luchando con Ja materia gris y la reglamentacion del saber. Notamos también que, aun bajo el modo de la irrisiGn jel 68 esté acabado, el 8 es lo que importa!=, la referencia al 68 sigue presente. Puede aprociarse entonces -en Fran- ia, al menos que cuando hay agitaciGn del lado de los estudiantes los circulos dirigentes tiemblan y se preguntan si esa muchedumbre escu- rridiza no serd capaz de reservar una sorpresa mayor. Sin embargo, todo parece demostrar que finalmente no pasard nada. Por mi parte, una vez més no es sin cieria satisfacci6n que imagino las angustias de aquellos, que en la medida de sus posibilidades representan al amo en la actuali- dad. La wniversidad En efecto, se trata de lo Unoy delo miiltiple, y de su dosificacién, Lo percibimos de inmediato cuando completamos el matema del discurso universitario. Sera cuestiGn de establecer la justa relacién entre Io Uno el §,~ y lo que supone de miiltiple el saber. s a Sidi Asi descifro la entrevista al seftor René Remon, ex presidente univer- sitario, que aparece en el diario Libération de esta matiana. (Per lo gene ral no leo el diario la maftana de mi curso, pero esta vez lo hice.) René 60. LOS SIGNOS DEL GOCE Rémon explica que prevé -a partir de una disposicién que figura en el articulo2 de la ley, que autoriza alas unidades de formacion y de inves- ligacién, o sea, a determinadas dependencias de la universidad, a tor- arse auténomas- que en lugar de las setenta universidades actuales lencremos de trescientas a cuatrocientas; lo cual permitiria, por ejemplo, que el Departamento de Psicoanlisis se convirtiera en una universidad auténoma, Digamos, entre nosotros, que es de algtin modo Io que ya hacemos en la Seccién Clinica, donde nos movemos con bastante liber tad. René Rémon agrega -y no lo encuentro de muy buen gusto~ que la Universidad serd como la OUA (Organizacién de la Unidad Africana), Considero que esta frase no resulta muy oportuna en el contexto. La ‘motivacién estudiantl, y pese a la complicidad que pueda encontrar, no ‘es la misma que anima a los viejos presidentes universitarios. Lo que el ‘ior Rémon teme es «que se abra de este modo la caja de Pandora y que las tendencias centrifugas produzcan un desplazamiento por fuera del seno de la universidad». Teme, en el fondo, uma atomizacion. Teme que se debilite demasiado lo que esta en el fundamento mismo del concepto le universidad; a saber, el significante Uno. En Francia el significante Uno esta identificado con el poder publi 0, on el Estado. Pero el concepto de universidad no implica forzosa- ‘mente eso; el Uno bien puede estar depositado en el seno del colegio de ensenantes, La unidad de una universidad inglesa, por ejemplo, no se sitta a nivel del ministro de educacién nacional, sino del colegio. Es slecir que allf estan més cerca del modo de organizacién medieval, pero queda entendido que el amo conserva toda su pertinencia Hace poco, cuando retomaba la historia de la creacién de las univer- sidades a instancias del poder real a partir de textos escritos a fines del siglo XHL, comienzos del XIIL recordé que el deseo que en determinado momento surgié en el amo no fue otro que el de impedirle al saber cir- ular por los caminos, distribuirse a la sombra de las iglesias -donde lo lmacenaban los monjes-, para reglamentarlo bajo un discurso nuevo. Esto es Jo que tenia para decir sobre la huelga. No hago un llama- niento a la insurreccién. Invito, en todo caso, a teflexionar sobre lo que sti en juego en nuestra época, al menos en este pais. Y lamento verda- eramente que no haya nadie que tome la palabra, que aporte una nota lun poco més fresca, un poco més osada, Alguien del pablico: ~jLa identificacién y el olvido! Ah, no! jNo me referia a eso! Hablaba de una nota mas fresca que pudiera aportarse sobre el movimiento que actualmente esté en gesta- 6 JACQUES-ALAIN MILLER ci6n y sobre el que me interesaria saber qué piensan aquellos que lo ani- ‘mano se suman a él, Sobre la identificacién y el olvid® siempre se pue- de hablar, Pero, en fin, parece que no hay aqui fervientes contestatarios Y bien, tomo nota, Esto me ensefia aigo. Dejemos la huelga entonces, ya que no lleg6 a nuestro retiro, y abor- demos el tema a partir del Parnnénides de Platén, Quiza termine un poco mis femprano que de costumbre, no sélo por consideracién hacia uste- des, sino para sacrificar algo al dios de la huelga Platén contra Plats La tiltima vez. precisé de manera répida una primera ubicacién su- maria de las hipotesis del Parménies. Y como no han sido capturados por el dios de Ia huelga, imagino que en la semana habrén podido leer por lo menos este didlogo bastante breve que era para Hegel la joya de Iadialéetica de la filosofia antigua, Habrén notado, ademas, que el texto consta de dos partes tradicionalmente distinguidas. Sea cual fuere la voluntad que ustedes tengan de cuestionar la tradicién de lectura, esta biparticién parece fundada. La primera parte se consagra a la critica de la teoria de las ideas, mientras que la segunda esta constituida por ese ejercicio dialéctico -as‘ lo expresa Parménides-, por esa gimnasia que se refiere a lo Uno y al ser. En Ia erudicién, y desde la antigtiedad més re- ‘mota, se plantearon numerosas cuestiones sobre la articulacidn de las dos partes, a tal punto que un erudito alemén conjeturé que el ¢jercicio habia sido escrito antes que la primera parte y que la critica de la teoria de las ideas habria sido agregada después como introduccién. No abri- 18 juicio sobre estos temas, diré simplemente que en la lectura que hoy puede hacerse del didlogo, en las ediciones de que disponemos, la cos tura no se ve. Percibimos, mas bien, un mismo movimiento en accién’ que tampoco deja suponer que el diélogo esté inconcluso. Retomaré ese movimiento hasta llegar al esquema que les propuse la vez. pasada para leer las diferentes hipotesis. Como tuve que apurarme hacia el final, rectificaré lo que quiz se entendié mal porque fue dicho dema- siado répido, Ta primera parte del Parménies, siguiendo la designacton tradicio- zal, comienza Itego de todas las remisiores nsiiales, que siempre estan presentes en los didlogos de Platén y que, en este caso, constituyen un resumen indirecto de algo que sucedid, que se rectierda y se relata. No se asiste al presente. Lo que se nos ofrece es el relato de um relato en el que Zenén habria leido ante Sécrates un discurso sobre la inexistencia — 2 LOSSIGNOS DEL GOCE Ale lo maltiple. Como saben, esa tesis desemboca en la dela inexistencia Hel movimiento, que es por lo que Zendn pasé a la historia. Se trata pues tle un discurso sobre la inexistencia de lo mmiltiple y, mas precisamente, sobre la imposibilidad del movimiento. Podemos imaginar la conclu. fon: s6lo hay lo Uno. Pero Platén no nos refiereel discurso, indica sola- mente que Zenén lo sostuvo, La escena comienza con la legada de Parménides y su hospedero, uienes no escuchan -dice el texto~ més que algunas lineas finales (127 tl), Asistimos, de este modo, al primer didlogo, el de Zenén con Sécrates, Iin la segunda parte los interlocutores habrén cambiado, el didlogo sera hostenido por Parménides y el mas joven de la reunidn, Aristoteles. Lefen algtin lado que Aristételes, ya grande, estaba tan inritado por parecer asi, como el idiota, en el didlogo del Parménides, que no lo men- ciona en ninguna parte. Volvamos al dislogo entre Zen6n y Sécrates. Tenemos primero, como punto de partida, la objecién de Sécrates a Zen6n; después, el didlogo Intermedio de Parménides y Sécrates, ya Parménides haciendo objecio- fies a Ja objecién de Sécrates. Ahora bien, la abjecién socratica, que ex- one lo que todos consideraban que era la teoria de Platén, se funda en i teoria de las ideas y se asemeja -jatencién con el término semejanza, sue es central en esta objecién!— a Io que se obtiene, en general, de los Jjrandes dislogos platénicos. Y si hay algo que siempre incomodé en el Porménides, es que aun siendo de Plat6n no hay motivos para dudarlo— os presenta a éste pensando contra si mismo. Del mismo modo que [puedo presentar aqui a Lacan pensando contra Lacan -lo que a veces moe dificultades-, en este diélogo tenemos a Platén pensando contra Platcin, cosa que tuvo siempre en ascuias a los comentadores. Sécratesy Zendn Al comienzo, antes de la objecién, hay un resumen hecho por fiicrates del discurso de Zen6n. He aqui por qué Zenén profesa la inexis- lencia de lo multiple: «{...] silos seres son multiples -habria dicho Yen6n— habran de ser también semejantes y desemejantes, lo cual es imposible |... Por consiguiente [.., resulta también imposible que exis- {ilo miiltiple [..J (127 ¢). Hay que representarse esta tesis de Zenon, Sécrates mismo la pone tn escena del siguiente modo: «-{.. Pero zqué de extraordinario hay en mostrarme a mi como ser uno y miiltiple, diciendo, por ejemplo, cuan= ‘lose me quiera hacer aparecer como miiltiple, que existe en mi un lado 63 JACQUES-ALAIN MILLER LOS SIGNOS DEL GOCE lamaco miiltiple, lo Uno y lo multiple en sino son susceptibles de una ndicacin contradictoria. Consecuientemente, Sécrates llama formas a fue se distingue por ser s6lo susceptible de una predicacién tinica. Si quieren profundizar mas en el tema, recuerden esa indicaciGn fu- ude Lacan que sostiene que lo que Sécrates y Plat6n llaman forma jpsotros lo retomamos con el término significan’e. Porque qué es el dos?, equé es esta forma presentada por Sécrates en su objeci6n a NGn?, equé es el eis sino hacer existir como en si un predicado co- Kin a varias cosas? Esta cosa es una, ésa es una y aquélla también es Tienen en comtin, por Io tanto, el predicado tina. Asi pues, habla- }0s de la forma o del cidos de lo Uno cuando hacemos existir ese caric- comin, Habria que decir también, pero sin detenernos mucho, que I vios es un rasgo unario: y la pregunta que entonees se plantea es cémo Ip poseen las cosas mailtiples que lo poseen. gCémo suicede? En este derecho y un lado izquierdo, una parte delantera y una parte trasera, y algo que esta arriba y algo que esté abajo? [..}» (19 c). Es asi como Sécrates puede parecer multiple, (Esta idea de maltiplicidad de un ob- jeto en el espacio con sus diferentes siluetas es el principio de lo que ‘muchos siglos después Husserl llamard variacién eidética.) Pero, desde ‘otra perspectiva, Socrates es uno y lo demuestra asf: «[..] Ala vez, cuan= do se me quiera aclarar como uno, se diré que en el grupo nuestro de siete yo soy un hombre uno [..}» (129 ¢/d). Sino lo fuera, ellos no serian sino seis, Sécrates aparece entonces como uno, un uno que es ~desta- quémoslo- contable, numérico. “Tenemos aqui el ejemplo de un término que resulta ser en cierto as~ pecto multiple, y en cierto aspecto uno. Con esto podemos imaginar lo {que motiva la conclusién de Zenén; a saber: puesto que los diferentes bjetos no tienen un ser estable, lo mmiltiple en tanto tal no existe. Sdlo existe lo Uno. ¥ esto sirve como prueba de a tesis parmenideana de que el todo es Uno, la tesis de que hay de lo Uno. Ahora bien, Sécrates y ‘Zenén lo precisan con tonalidades distintas. {Qué dice Sécrates? «| Cuando tino de vosotros afirma lo uno y el otro niega la existencia de lo multiple, habléis de manera que semejéis no decir lo mismo, aunque poco més 0 menos afirméis cosas parejas [..» (128 b). Zenén responde a esta ironia diciendo que Sécrates, aun cuando persigue la cuestiGn con el olfato de los perros de Laconia, no ve sino los resultados accesorios, porque lo que él pretende, negando lo multiple, es defender la tesis de Parménides sobre lo Uno. Cabe destacar que esta manera de decir de Sécrates condensa notablemente todo el problema de lo Uno y de lo iiltiple, Porque, ;cOmo es posible que pueda decitse la misma cosa de dos maneras diferentes? He aqui lo que dice Sécrates y que resume el problema que se plantea. Su objecién apunta a exhibir lo ridiculo de la demostracién de Zenén. ivnénides. La tesis explicita de Sécrates es que ne hay contradiccién a ivel de los significantes, que no hay predicacién contradictoria a nivel lel significante, que cada significante es lo que es, que, por ejemplo, lo mejante es Semejante, que lo Uno es uno. Es decir que hay un eidos de Jo semejante. En este sentido, la tesis de Socrates es la de la auto— Dredicacién del eides, Parménides se consagrara a ello en su primera hi- Potesis, al plantear la pregunta de si efectivamerte lo Uno es uno. Y fomar como ejemplo lo Uno impone que se consideren cada una de esas Hide como una. Lo que esta planteado en la segunda parte, a partir de lo ‘Wno, sla pregunta misma por el estatuto que hay que darle al eidos, En realidad, si distinguimos el nivel de las cosas y el nivel de las. formas, donde cada una es lo que es, no se nos presenta ningun pro- blema, podemos quedarnos tranquilos. Yel dialogo insiste mucho en ito. De modo que cuando Sécrates repite, no menos de tres veces, #equé hay de sorprendente, qué hay de maravilloso en todo esto?», lo que hace, en efecto, es indicar la diferencia de su posicién, El no es allel ilésofo que se maravilla, que se sorprende; por el contrario, se fata de una filosofia hecha para hacer desaparecer lo que seria el Aguijon de la sorpresa, Por eso nos parece del todo acertada la tesis sue plantea que, al exponer de este modo su tworia de las ideas, Pat6n critica la forma escolar que se le dio a su doctrina en la acade- Inia. Platén pone en boca de Sécrates una simplificacién destinada a Auprimir la sorpresa. En la academia se aferraron a esta simplificacion ¥ siguieron profeséndola de igual manera a pesar de la objecién de Parménides. De aqui que los primeros plat6nicosse ocuparan de de- Jpradar, de rebajar la posicién misma del Parménides considerando que Laobjecién de Sécrates La objecién de Socrates es una evocacién de la teor‘a de las ideas, que consiste en distinguix, por un lado, las cosas en su multiplicidad y, por otro, las formas en si (¢idos), Las cosas pueden participar incluso de manera contradictoria de estas formas en sf, pero no por eso la contra~ diccién las alcanza. Sécrates, por ejemplo, en tanto una de las cosas de aqui abajo, puede ser ala vez uno y multiple; es decir, ser objeto de una predicacién contradictoria. Pero lo Uno como tal a partir delo cual puc~ de set llamado uno, o lo miiltiple como tal a partir de lo cual puede ser 64 65 JACQUES-ALAIN MILLER LOS SIGNOS DEL GOCE, no era ms que un ejercicio que no cuestionaba al verdadero, al bue} platonismo. = ‘Todo es simple entonces, Sécrates, como cosa de este mundo, puede: ser uno y miiltiple y, al mismo tiempo, a nivel de los significantes, po- demos estar tranquilos, nada se agita, Ningiin problema pues a nivel dé Jos seres, pero... «-[..] Lo que verdaderamente causaria mi asombro dice Sécrates- es que la esencia de lo tno fuese presentada como miil- tiple [..J» (129b/0). O sea que todo va bien salvo que se logre probar que ‘nivel de los significantes puede haber la misma contradiccién que ea 1 mundo de aqui abajo. Y a finalidad del didlogo del Parménides es de- mostrar de un modo progresivo, en dos tiempos -ya que primero esta e] didlogo entre Parménides y Socrates, y luego el que se entabla entre Parménides y Aristoteles-, que también hay guerra a nivel de los significantes, jencionan dos, pero puede considerarse que son ejemplos~ Sécrates stimonia su embarazo, Resulta menos claro cuando estén en juego las pecies que cuando se trata de los términos matemsticos, légicos y Morales. Pero donde Sécrates verdaderamente retrocede es en la cuarta clase. Porménicles le pregunta: Vamos a ver, Sdcrates:yrespectoa cosas que Pudieran parecer ridiculas, como, por ejemplo, el cabello, el barro, la Buiciedad o cualquier otra cosa indigna y sin valor, gdtudas también si ha He acmitirse para cada una de ellas una forma Separada [...]?» (130 0/<). Osea, objetos que son todo lo contrario de los