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INTRODUCCIÓN

Desde hace siglos el Estado ha sido una de las formas de gobierno humano, de las más extraordinarias y también de las mas temibles. El hecho de que la crítica política haya reprochado al Estado que sea simultáneamente un factor de indidualización y un principio totalitario resulta muy revelador. Basta observar la racionalidad del Estado naciente y conocer cuál fue su primer proyecto de policía para darse cuenta que, desde sus comienzos, el Estado fue a la vez individualizante y totalitario

Michel Foucault

El término Estado era utilizado, en el siglo XVI, para designar la situación jurídica de los gobernantes, siendo descritos éstos como disfrutando de un status real, un status de majestad (royal estate, estat du roi, status regis, statelines), y en consecuencia el status de majestad se reflejaba en el gobierno de los súbditos, pues el espíritu de la monarquía (siguiendo a Montesquieu) era la admiración de los súbditos al rey y el consiguiente reconocimiento de la majestad del rey. Entonces el status, término inicial del cual se desprende la noción de Estado, hacía referencia al gobierno de un Rey.

El Rey francés Luís XIV cuando dijo el Estado soy yo, no estaba tan alejado del discurso que tenía efectos de verdad en esta época.

En una investigación de Ernst Kantorowicz denominada “Los dos cuerpos del Rey”, se desarrolla una lección de teoría política medieval. Sucede que durante la Edad Media se creía que el Rey tenía dos cuerpos, uno físico el que todos los seres humanos tenemos- susceptible de enfermar, envejecer y morir, y otro cuerpo político expresado en el conjunto de súbditos arraigados a un territorio, la población. Es más, la noción de territorio supone el emplazamiento del poder del Rey, dicho de otro modo: un espacio físico se convierte en territorio cuando se ejerce un determinado poder en el mismo que instituye a este espacio en territorio. No es posible pensar en territorio sin la correspondiente lógica de poder que se desarrolla en el mismo. Ni es posible pensar en

población, sin la correspondiente subjetivación llevada a cabo para constituirse en súbditos, en sujetos de Derecho (del Derecho del Rey).

Estado, en consecuencia, supone la constitución de un territorio y una población sujetos al poder de una autoridad, de un gobierno. En las experiencias de Estados modernos, la identidad de la población no refleja el sustrato social, cultural y étnico de un Estado, sino la síntesis de las relaciones de poder que permiten a un gobernante justamente gobernar.

La identidad es, en el fondo, una identidad políticamente situada y coherente con las relaciones de poder que se han puesto en juego y que permiten la cohesión y gobierno. La identidad de la población de un Estado ha estado tensada a la identidad nacional. En última instancia, la constitución del Estado moderno ha supuesto la constitución del Estado-nación.

Como señala Bolívar Echeverría: (l)a nacionalidad moderna, cualquiera que sea, incluso la de Estados de población no-blanca, se refiere a la blanquitud de sus miembros. Se trata sin duda de un dato a primera vista sorprendente, ya que la idea de nación como forma comunitaria no tiene en principio nada que ver con el contenido étnico concreto de esa comunidad. Pero la explicación de este dato está en el hecho de que la constitución fundante, es decir, primera y ejemplar de la vida económica moderna, capitalista-puritana, como vida concreta de una entidad política estatal, tuvo lugar casualmente sobre la base humana de las poblaciones racial e identitariamente ‘blancas’ del noreste europeo; hecho que hizo que la apariencia ‘blanca’ de esas poblaciones se asimilara a esa visibilidad indispensable” (Bolívar Echeverría, 2007:18).

Esta aseveración propuesta por Bolívar Echeverría, se pone en contraste y se visibiliza en la experiencia de procesos constituyentes, en los que se trata de fijar (de constituir) una identidad nueva a la población de un Estado (que tuvo un proyecto nacional), es decir cuando se intenta constituir una identidad que rompa con la homogeneidad del pueblo y en consecuencia de exigencia de blanquitud moderna, que señala Bolívar Echeverría.

Esto ya sucedió en la historia política de nuestro país, en distintos momentos en los que se avizoraba un gobierno indígena, y de manera mucho más clara, visible y enfática, en el proceso constituyente boliviano, desarrollado entre agosto del 2006 y enero de 2009.

La presente investigación, trata de dar cuenta de la configuración de la identidad de la población del Estado boliviano, en el proceso constituyente 2006 2009, y la manera en la que se destilan en mencionado proceso, los discursos de blanquitud como requisito mínimo de modernidad y Estado, en contraste con las propuestas de discursividad más radical de las propuestas indígenas.

La Investigación transita por un análisis de la manera en la que se desarrolló el proceso constituyente, los borradores de los artículos que definen la identidad del pueblo boliviano y los conflictos que acarrearon las propuestas y las redacciones que más se alejaban del carácter de blanquitud de la identidad nacional moderna, descentrando a la nación boliviana de la Constitución Política del Estado, de un Estado Plurinacional Comunitario.

CAPÍTULO PRIMERO FUNDAMENTOS METODOLÓGICOS DE LA INVESTIGACIÓN

1. Antecedentes

En Bolivia, desde su nacimiento, existe una cultura dominante que ha delineado la estructura jurídica y las instituciones estatales exigiendo, por medio de ellas, una identidad y un comportamiento (en tanto conjunto de actitudes, de predisposiciones y prácticas) que se desarrollarían en una supuesta racionalidad y un patrón cultural más afín con las culturas occidentales y en consecuencia afines a la producción capitalista y a la reproducción de las condiciones de explotación capitalista.

Esta identidad de la población del Estado (en tanto conjunto de actitudes, predisposiciones, hábitos, modos de ser y prácticas, en otros términos ethos) ha sido bautizada, por el sociólogo ecuatoriano Bolívar Echeverria, como exigencia de blanquitud.

La blanquitud no se refiere necesariamente al color de la piel, sino a la existencia de un ethos (una forma de ser, de comportarse) en la práctica del sujeto que asume un lugar en los espacios producidos por la cultura dominante.

En palabras de Echeverría:

Es esta la razón de que, en principio, en la modernidad capitalista, los individuos de color puedan obtener la identidad moderna sin tener que ‘blanquearse’ completamente; de que les baste con demostrar su blanquitud. Podemos llamar blanquitud a la visibilidad de la identidad ética capitalista” (Bolívar Echeverría, 2007:19).

En consecuencia, la exigencia de una identidad del Estado, afín con la blanquitud puede ser encontrada y contrastada, justamente cuando, por razones de un proceso constituyente

por ejemplo, se intenta constituir una identidad estatal distinta a la identidad moderna, de blanquitud, a la que hace referencia Bolívar Echeverría.

Siguiendo la intuición del mismo Bolívar Echeverría:

(B)asta con que el Estado capitalista entre en situaciones de recomposición de su soberanía y se vea obligado a reestructurar y redefinir la identidad nacional que imprime a las poblaciones sobre las que se asienta para que la definición de la blanquitud retorne al fundamentalismo y resucite a la blancura étnica como prueba indispensable de la obediencia al ‘espíritu del capitalismo’, como señal de humanidad y de modernidad” (Echeverría, 2007:22).

Es decir que basta con que el Estado se asome a reconfigurar políticamente su identidad (a partir de otras identidades) para que se levante un muro con tendencias totalitarias y racistas, de discursos de blanquitud y modernidad, revelando de esta manera la construcción racista del Estado moderno, un racismo que se encuentra en el punto fundante mismo del Estado-nación, pues no debe olvidarse que el nacionalismo, como ideología homogeneizadora, tuvo sus antecedentes y consecuencias en el racismo.

Consideramos que este momento de recomposición de la soberanía 1 se desarrolló recientemente en nuestro país, durante el proceso constituyente 2006-2009, y en consecuencia es posible afirmar que la blanquitud retornó al fundamentalismo y resucitó a la blancura étnica, en las manifestaciones racistas (registradas por instituciones como el Defensor del Pueblo -hoy Defensoría del Pueblo-, los investigadores sociales como Salvador Schavelzon, Rodríguez Ostria, y por el testimonio de los mismos constituyentes), en las tensiones, luchas y relaciones de poder que se pueden encontrar en los archivos del proceso constituyente, sobre todo en las discusiones relacionadas a la

1 Este momento de presencia de proyectos de oposición al ethos dominante se ha producido en distintos tiempos de la historia boliviana, la mayoría de ellos reflejados en las improntas de los movimientos y luchas indígenas de nuestra historia, tanto en la Bolivia anterior a la revolución nacional de 1952 (por ejemplo Zárate Willka en 1899), tanto posterior a ella (por ejemplo el establecimiento de los movimientos kataristas), y que se las inscribe con mayor fuerza en la historia reciente de Bolivia, en la década de los 90 con la marcha por el territorio y la dignidad, y en las movilizaciones sociales del año 2000 y de manera determinante con la presencia en el gobierno de indígenas con un ethos distinto, desde el año 2006, es decir desde la asunción al mando del Estado por parte del Presidente Evo Morales y de algunos de sus Ministros que se han autoidentificado como indígenas

redacción y variaciones de los artículos 1, 2 y 3 de la Constitución Política del Estado, en los que se pone en juego la recomposición, reestructuración y redefinición de la identidad del Estado.

2. Planteamiento del problema.-

Frente a la nación política -identidad del Estado nación-, estas últimas décadas se han levantado los denominados nacionalismos de oposición, o naciones étnicas que indagan el carácter dominante y homogeneizador de la nación política dominante, estas demandas han llevado a la reforma de la noción de Estado-nación, habilitándose las ideas de un Estado Plurinacional, en nuestro país denominado Estado Plurinacional Comunitario. El Estado Plurinacional ha sido, entonces, una respuesta a la crisis e imposibilidad práctica del Estado-nación, que pueda atender la reivindicación de otros grupos humanos que buscan identificarse como naciones al interior de un Estado. Algunos autores como Kymlicka (1991), Caminal (1998), García Linera (2006) han teorizado las posibilidades de estados multinacionales y plurinacionales. Y mucho antes de estas teorías, las propuestas de pueblos indígenas como la CONAIE del Ecuador, o la CSUTCB de Bolivia han presentado como alternativa política la constitución de un Estado Plurinacional.

Durante el proceso constituyente llevado a cabo en nuestro país, el Pacto de Unidad, conformado por las organizaciones sociales: CONAMAQ, CIDOB, CSCB, CSUTCB, FNMCIOB “BS”, Afro descendientes, ANARESCAPYS y CPESC, han presentado una propuesta denominada Asamblea Nacional de Organizaciones Indígenas, Originarias, Campesinas y de colonizadores de Bolivia: Propuesta para la Nueva Constitución Política del Estado” en la cual se plasmó una propuesta fundante de la identidad del Estado Plurinacional, en el que se observan los nacionalismo de oposición (es decir naciones étnicas que indagaron a la identidad de la nación-boliviana).

Una buena parte de lo desarrollado por la Asamblea Constituyente en la actual Constitución Política del Estado (CPE-2009) proviene de esta propuesta realizada por una

coordinación de distintas organizaciones sociales, indígenas y campesinas (De Sousa Santos, 2010; Schavelzon, 2010).

Sin embargo esta propuesta suscitó una serie de discusiones, de manifestaciones duras, respecto a la posibilidad de recomponer la soberanía, y a la vez reestructurar y redefinir la identidad nacional.

Estas tensiones pueden ser claramente contrastables en la revisión de los archivos del proceso constituyente boliviano desarrollado entre el año 2006 y el año 2009 2 . Y no sólo los archivos del proceso constituyente, sino la experiencia misma registrada por distintos trabajos etnográficos, distintos análisis y revisiones, llevadas a cabo durante la realización del proceso constituyente (2006-2009).

3. Formulación de las preguntas de investigación

A partir de lo señalado se plantea la siguiente pregunta de investigación:

¿Los debates, propuestas y archivos del proceso constituyente boliviano (2006-2009) respecto a la recomposición de la soberanía, la reestructuración y redefinición identidad del pueblo boliviano, establecidos finalmente en los artículos 1, 2 y 3 de la actual Constitución Política del Estado, permiten contrastar la presencia de un discurso de blanquitud como exigencia de modernidad inherente al Estado moderno?

La pregunta a la vez propone un recorrido por la filial compleja de las propuestas y debates que llevaron formar el texto constitucional, específicamente en sus artículos 1, 2 y 3. Mencionada filial compleja supone revisar la memoria larga relacionada a la construcción política de nuestro país, y la memoria corta de acumulación de resistencias y propuestas antes del proceso constituyente.

2 Se toma como fechas de duración del proceso constituyente primero el año 2006, año de convocatoria a la elección de constituyentes, año del establecimiento de la Asamblea Constituyente en la ciudad de Sucre, y finalmente el año 2009, año en el que se llevó a cabo el referéndum constitucional aprobatorio y también el año en el que se promulgó la nueva Constitución Política del Estado.

4. Objetivo General

La presente investigación plantea como objetivo general, acorde con la pregunta de investigación:

Analizar en los debates, propuestas y archivos del proceso constituyente boliviano (2006- 2009) respecto a la recomposición de la soberanía, la reestructuración y redefinición identidad del pueblo boliviano, la presencia de un discurso de blanquitud como exigencia de modernidad inherente al Estado moderno

El objetivo general propone una revisión y análisis del proceso constituyente boliviano 2006-2009, enfáticamente respecto al debate sobre los tres primeros artículos de la Constitución, en los que se sitúa la recomposición de la soberanía, la reestructuración y redefinición de la identidad del pueblo boliviano.

Asimismo el desarrollo del objetivo general supone la revisión de las discursividades políticas que ponen de manifiesto un conjunto de relaciones de poder que se efectivizan a momento de establecer las bases de los estados modernos, y lógicamente de nuestro Estado.

5. Objetivos Específicos

Para arribar al objetivo general se han trazado los siguientes objetivos específicos:

Determinar la relación entre blanquitud y Estado, sus despliegues, visibilidades y comprensiones discursivas.

Analizar el proceso constituyente respecto a la recomposición de la soberanía, la reestructuración y redefinición de la identidad del pueblo boliviano.

Analizar exhaustivamente el tratamiento de los artículos 1, 2 y 3 de la Constitución Política del Estado boliviano en el proceso Constituyente.

Cada uno de los objetivos específicos fueron desarrollados en los respectivos capítulos de la investigación.

6. Metodología y método.-

La estrategia metodológica es el resultado de la evaluación entre los objetivos, los recursos, los métodos y las técnicas para abordar una investigación específica, con resultados específicos y útiles para el propósito de la investigación 3 . Es distinta del método, en el sentido en que lo re elabora, lo re plantea y lo sintoniza con el objeto, los objetivos y los recursos teóricos de la investigación. En este sentido la estrategia metodológica se encuentra relacionada con los capítulos de la investigación.

En el sentido mencionado la estrategia metodológica se dividió en tres partes: Estudio analítico de características también cualitativas con un énfasis en la construcción de categorías y unidades de análisis; Estudio Genealógico en el que se aplicó la genealogía de filiación foucaultiana en busca de la filial compleja de las propuestas que se desarrollan en el proceso constituyente respecto a la recomposición de la soberanía, la reestructuración y redefinición de la identidad del pueblo boliviano; y un Estudio Cualitativo descriptivo que no sólo recurrió a las técnicas de revisión de archivos y análisis de contenidos, sino también a entrevistas en profundidad.

Esta estrategia metodológica trata de desarrollar un acercamiento polifacético al estudio de la relación del Estado y la blanquitud, en el cual se privilegia los distintos orígenes del debate constituyente, en contraste con la tensión de exigencia de blanquitud, propia de los estados modernos.

3 Como señala Rossana Barragán: “Al utilizar el término ‘estrategia’, que tiene en sus orígenes una connotación política y militar, el PIEB ha querido subrayar su importancia como conjunto de acciones mediante las cuales se busca lograr una serie de objetivos (…). Se trata, por tanto, de una serie de operaciones y decisiones metodológicas necesarias que se diseñan en función de los objetivos, preguntas y problemáticas planteadas” (Barragán et al, 2001:87)

6.1. Sobre el estudio analítico y genealógico.-

A momento de proponer la presente investigación se revisaron distintas fuentes para el armazón del marco teórico, “la teoría informa sobre la relación que se busca aclarar” (Barragán et al, 2001: 63).

Inicialmente la investigación había tomado como base teórica de análisis la teoría del ethos barroco del Sociólogo ecuatoriano Bolívar Echeverría. Sin embargo mencionado autor realizó muy pocas observaciones sobre el Estado y la formación del discurso de la identidad nacional de un Estado. Es por ello que se comenzó una pesquisa bibliográfica a partir de Sociología y Etnografía del Estado, revisándose a distintos autores, desde los clásicos como Marx, Durkheim y Weber, hasta otros más contemporáneos como Ernest Gellner, Luis Villorio, Will Kymlicka y Michel Wiewiorka.

En referida revisión se encontraron una serie de categorías teóricas (blanquitud, estado- nación, nacionalismo, estado plural y estado plurinacional) muy ricas para su aplicación en el análisis de la relación blanquitud y Estado. Sin embargo, también se revisó a Foucault para entablar un énfasis en la dimensión de las relaciones de poder y en el marco histórico de éstas, razón por la cual en la investigación se comenzó a desarrollar un acercamiento genealógico en busca de filiales complejas que pongan en juego los discursos con efecto de verdad.

Por lo señalado se dejó de lado la búsqueda de una teoría de gran alcance y sistémica y se comenzó a tratar fragmentos teóricos que permitieron otorgar sentido a un conjunto de unidades de análisis. Como señalan Barragán y Salman: “No se trata de presentar una teoría exhaustiva sobre la realidad. Se trata de la construcción de una serie de herramientas que ayudan a ‘captar’ con más precisión el tema propuesto. La tarea, entonces, no es una bibliografía anotada sobre cualquier autor que ha dicho ‘algo’ de un tema, sino una lectura crítica y selectiva” (Barragán, et al, 2001: 63).

La idea central ha sido contrastar la relación entre la exigencia de blanquitud de los estados modernos y la recomposición de la soberanía, la reestructuración y redefinición de la identidad del pueblo boliviano, en el proceso constituyente boliviano.

Se desarrolló por lo tanto las siguientes unidades de análisis:

Blanquitud, en tanto exigencia de comportamiento, de forma de ser, de pensar, de ver, en coherencia con la modernidad y el capitalismo contemporáneo. Asimismo la manera de relacionar la exigencia de blanquitud con la constitución del Estado moderno.

Estado nación, comoparadigma moderno en la construcción de los Estados, en los cuales existe una tensión en la búsqueda de homogenización del tejido social en busca de una exigencia de blanquitud.

Estado plural o Estado plurinacional, como categoría de construcción de las nuevas tensiones del Estado, en una posibilidad post moderna o de crisis de la modernidad, que propone el reconocimiento de más de una nación en los márgenes de identidad del Estado.

La genealogía, en tanto discursividad de relación saber poder, en la que se plasman las relaciones de poder, las jerarquías, los mecanismos, las técnicas, las territorialidades del flujo del poder.

Esta colección de fragmentos teóricos fue utilizada primero para la realización de una breve descripción de la relación blanquitud y Estado, y para trazar las categorías de análisis de la filial compleja de las propuestas y desarrollos del proceso constituyente boliviano (2006-2009).

6.2. Sobre el estudio cualitativo descriptivo.-

El método empleado en el desarrollo de resultados, en el análisis del proceso constituyente, fue el cualitativo, se eligió este tipo de método porque es la mejor manera

de explorar caminos nuevos por lo que se demanda flexibilidad en el proyecto de exploración.

Los métodos cualitativos hacen énfasis en el estudio de procesos sociales, es decir en las maneras en las cuales se configura lo social, la dinámica de las relaciones de poder en una sociedad.

Los métodos cualitativos privilegian el estudio interpretativo de la subjetividad de los individuos y de los productos que resultan de su interacción. El aspecto sociológico central de esta perspectiva se refiere al significado que la realidad tiene para los individuos y la manera en que estos significados se vinculan con sus conductas (Rodríguez, et.al. 1996).

El diseño se plantea como transeccional descriptivo, transeccional en tanto se recolectan datos en un solo momento, en un tiempo único (Proceso Constituyente 2006 2009). Su propósito es describir variables y analizar su incidencia e interrelación en un momento dado. Los diseños transeccionales descriptivos tienen como objetivo indagar la incidencia y los valores en que se manifiesta una o más variables (Hernández, Fernández y Baptista, 1977).

Las técnicas del estudio cualitativo descriptivo fueron la revisión de archivos relacionados al Proceso Constituyente, las comunicaciones institucionales, las propuestas, los informes de mayorías y minorías de las comisiones de la Asamblea Constituyente boliviana, los textos constitucionales aprobados en grande en la ciudad de Sucre, en grade, detalle y revisión en la ciudad de Oruro, y el texto de viabilización aprobado por el Congreso en octubre de 2008. Asimismo se recurrió a datos y fuentes de información generados por investigadores del proceso constituyente, enfáticamente el trabajo desarrollado por el etnógrafo Salvador Schavelzón que acompañó el desarrollo del proceso constituyente, desde la instalación de la Asamblea Constituyente en la ciudad de Sucre en agosto de 2006 hasta su conclusión en la ciudad de Oruro en diciembre de 2007. Asimismo se revisaron los estudios y análisis que realiza el Centro de Estudios

Constitucionales y Politológicos de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Católica Boliviana, en su proyecto Enciclopedia Jurídico Constitucional.

Debe mencionarse que la investigadora, autora de la presente tesis, es miembro de mencionado Centro de Estudios.

Asimismo dentro de las técnicas de investigación se utilizaron entrevistas a profundidad.

La entrevista, según Ortiz Uribe es la “interacción persona de tipo comunicativo que tiene por objetivo central obtener información básica para la concreción de una investigación diseñada con anticipación y en función de las dimensiones que se pretenden estudiar (…) la entrevista presenta las siguientes ventajas: es una técnica eficaz para obtener datos relevantes y significativos en las ciencias sociales para averiguar de manera directa acerca de hechos, fenómenos o situaciones” (Ortiz Uribe, 2008: 71)

Respecto a la entrevista a profundidad (o también llamada no estructurada), Ortiz Uribe señala “el contenido lo determina el propio investigador, así como el número y la secuencia de preguntas. Su aplicación exige de una alta preparación de parte del entrevistador, pues en la medida en la que avanza exige ir recreando las cuestiones que interesan conocer sin olvidar la situación global para la que está siendo realizada. Sus principales características son: a) pretende comprender; b) busca maximizar el significado; c) adopta el formato de estimulo/respuesta sin esperar la respuesta objetivamente verdadera sino subjetivamente sincera; d) obtiene con frecuencia respuestas emocionales, pasando por alto la racionalidad (…) si bien el investigador tiene en mente un tema general, las preguntas no se formulan en un orden ni con una redacción predeterminados” (Ortiz Uribe, 2008: 73)

Las entrevistas se realizaron a constituyentes, asesores de distintas instituciones que interactuaron en el proceso constituyente, abogados constitucionalistas e investigadores del proceso constituyente., en la siguiente relación:

Cuadro de Uso de Técnicas para el trabajo de campo

Técnica

Constituyentes

y

Asesores

de

Constitucionalistas

e

Intelectuales

Total

actores

Instituciones

Investigadores

Entrevistas

a

4

3

7

2

16

profundidad

Fuente: Elaboración Propia.

Las entrevistas fueron desarrolladas el año 2011 y algunas a comienzos del 2012. No se utilizó ningún guión de entrevista, en su reemplazo se presentaron una serie de hipótesis de contraste que relacionaban la exigencia de blanquitud de los estados modernos y la recomposición de la soberanía, la reestructuración y redefinición de la identidad del pueblo boliviano, en el proceso constituyente boliviano

Datos de lo agentes entrevistados

Constituyentes

Asesores

 

Constitucionalistas

Investigadores

Intelectuales

Raul

Prada,

Adolfo Mendoza,

Eduardo Rodríguez Veltzé, ex presidente de la República, ex Presidente de la Corte Suprema de Justicia

Salvador

Luis

Tapia,

constituyente de la Comisión visión de pais.

asesor

del

Pacto

Schavelzon,

Coordinador del Doctotrado en Ciencias del Desarrollo, CIDES UMSA.

de Unidad

 

investigador

del

 

proceso

 

constituyente.

Félix Cardenas, constituyente de la comisión visión de pais

Idón

Chivi,

Farit Rojas, Profesor titular de la Materia de Derecho Constitucional de La Universidad Católica Boliviana.

Marcos

García

Oscar

Vega,

Asesor

de

la

Tornel,

Editor

de

REPAC

investigador

de

Contenidos,

del

los

archivos

del

Proyecto

de

 

Proceso

Investigación

Constituyente.

Enciclopedia

 

Jurídico

Constitucional.

Rebeca Delgado, constituyente de la comisión Órgano

Fernando García Yapur, asesor de la REPAC

Arcil Oliva, Profesor

Isabella

 

de

Derecho

Radhuber,

Constitucional,

investigadora

en

Judicial

Universidad

Andina

temas de Estado y Economía en Bolivia.

Simón Bolívar.

Fabian

Yaksic,

 

Juan Pablo Neri, investigador en

viceministro

de

Autonomías

temática indígena

(2006)

del

Centro

de

Estudios

Constitucionales

UCB

Fuente: Elaboración propia

Para la selección de los agentes entrevistados, se privilegió a los constituyentes de la Comisión Visión de País, así como a los asesores que tuvieron incidencia directa en esta Comisión, que fue la que determinó en su redacción la identidad del pueblo boliviano.

Respecto a los Constitucionalistas, investigadores e intelectuales se privilegió que su trabajo y opinión se encuentre relacionado con una mirada transversal al proceso constituyente y a la definición de Estado.

Las entrevistas en profundidad se realizaron en busca de contrastar la información de archivos, cada entrevista duró aproximadamente entre 30 a 45 minutos y dependió del arribo a un punto de saturación, es decir cuando las repuestas empezaban a repetirse. Se tomaron notas y no hubo grabaciones.

Los resultados del estudio cualitativo descriptivo se han desarrollado de manera conjunta en los capítulos tercero y cuarto de la presente investigación, pues colaboran al análisis del proceso constituyente boliviano, como al análisis de los artículos de la Constitución relacionados al establecimiento de la identidad del Estado y de su población.

CAPÍTULO SEGUNDO BLANQUITUD Y ESTADO

El presente capítulo responde al objetivo específico primero de la investigación, el cual busca establecer la relación entre blanquitud y Estado, sus despliegues, visibilidades y comprensiones discursivas. En este sentido el capítulo presenta un breve estado del arte respecto a las teorizaciones contemporáneas del Estado, para luego desarrollar la relación entre la categoría blanquitud y su despliegue en la conformación de los Estados modernos.

1. Estado, discursividades contemporáneas

Las teorías modernas del Estado han tratado, discursivamente, de justificarlo, de explicarlo y hasta de caracterizarlo. Sin embargo han reflexionado muy poco acerca de las relaciones de poder que el mismo ha puesto en juego.

Desde Max Weber (2007), que define al Estado como una institución que se atribuye para sí, ya sea de forma justificada o injustificada, el monopolio del uso legítimo de la fuerza 4 , hasta Gellner (1983) que aumenta al rol del Estado la división del trabajo 5 , las teorías modernas sólo han descrito y justificado su existencia.

Es posible encontrar en la obra Michel Foucault desarrollada entre 1970 y 1978 6 , algunas de las reflexiones más ricas respecto a la manera en la cual se constituyen los Estados modernos.

Para Foucault (2000) los estados modernos se levantan sobre la ruina de las monarquías. Éstas lograron desarrollar un monopolio de la riqueza y de las armas, sustento que le permite a Weber atribuir al Estado el monopolio de la violencia.

4 Siendo, para Weber, la sociedad civil, grupo de ciudadanos, que acepta la dominación, a cambio de tener al Estado como el único

garante de la justicia y la eficacia.

5 Gellner afirma que históricamente es en las sociedades post agrarias o industriales donde el Estado pasa a formar un papel protagonista ya que este tipo de sociedades son muy grandes y dependen de una división del trabajo y cooperación, necesitando de

esta manera una organización más compleja,

6 El desarrollo de la obra de Foucault entre 1970 y 1978 corresponde a su preocupación genealógica de las relaciones de poder.

Como señala Foucault: “la acumulación de la riqueza y el poder de las armas y la constitución del poder judicial en manos de unos pocos es un único proceso que se fortaleció en la alta edad media y alcanzó su madurez con la formación de la primera gran monarquía medieval, en la segunda mitad del siglo XII” (Foucault, 2001:75).

Esta construcción bélica de la monarquía es también la construcción bélica, pero en una modalidad discursiva de la soberanía. Foucault propone oponer a la teoría de la soberanía la relación fáctica de la dominación.

Decir que el problema de la soberanía es el problema central del derecho en las sociedades occidentales significa que el discurso y la técnica del derecho tuvieron la función esencial de disolver, dentro del poder, la existencia de la dominación, reducirla o enmascararla para poner de manifiesto, en su lugar dos cosas: por una parte, los derechos legítimos de la soberanía y, por la otra, la obligación legal de la obediencia(Foucault, 2000: 35).

En este sentido para Foucault el Estado es una síntesis de las relaciones de poder, síntesis que en ningún momento significa equilibrio, pues las relaciones de poder suponen momentos de resistencia y desorden que permiten y posibilitan los intentos de recomposición de las relaciones de dominación.

En palabras de Foucault “dentro de esa paz civil, las luchas políticas, los enfrentamientos con respecto al poder, con el poder, por el poder, las modificaciones de las relaciones de fuerza acentuaciones de un lado, inversiones, etc.-, todo eso, en un sistema político, no debería interpretarse sino como las secuelas de la guerra. Y habría que descifrarlo como episodios, fragmentaciones, desplazamientos de la guerra misma. Nunca se escribirá otra cosa que la historia de esta misma guerra, aunque se escribiera la historia de la paz y sus instituciones” (Foucault, 2000:29).

En consecuencia Foucault nos propone una teoría del Estado que privilegie las luchas e historias internas de este Estado, sólo la narración de lo que se ha puesto en juego en la lucha por el poder, en el ejercicio del poder puede dar cuenta de la estructuración de la identidad del Estado nacional en los momentos constitutivos de la historia de cada Estado en particular.

En este punto debe precisarse algunas críticas a la concepción del poder en Foucault, para éste el poder fluye, no se encuentra ni aquí ni allá, sino disperso y generando constantemente las subjetividades que posibilitan su tránsito. Entonces ¿cómo es posible hablar de dominación?

Zizek ha esbozado una respuesta que es posible que rescate la intención de Foucault. Para Zizek “Foucault no se cansa de repetir como el poder se constituye ‘desde abajo’, como no emana de una cima única: esta apariencia misma de una Cima (el monarca o alguna otra encarnación de la soberanía) emerge como un efecto secundario de la pluralidad de microprácticas, de la compleja red de sus interrelaciones. El problema real, es, sin embargo, cómo hemos de combinar esta problemática del micropoder con el modo como Foucault mismo (en Vigilar y castigar) usa la noción de panóptico como matriz uniforme, como modelo estructurante que puede aplicarse a distinto ámbitos desde las cárceles hasta las escuelas, desde los hospitales hasta los cuarteles, desde las fábricas hasta las oficinas. El único modo de evitar el reproche de incoherencia es introducir la noción de fantasma como matriz común que le confiere coherencia a la pluralidad de prácticas sociales” (Zizek, 2003:294) 7 .

Entonces, para Foucault el Estado supone un conjunto de relaciones de poder que se operan en esta lógica de fantasma, que posibilita la subordinación consentida del tejido social de un Estado, pero a la vez la resistencia de la subjetividad, es decir la resistencia misma del sujeto blanco del poder.

7 Bob Jesop ha esbozado una respuesta similar a la de Zizek en su trabajo sobre Foucault y Poulantzas: “Acerca del poder y la estrategia”. Para una mayor referencia puede revisarse a Jesop en Lente, Legrand, et.al. 2006. Marx y Foucault. Buenos Aires Argentina: Ed. Nueva Visión.

En este breve acercamiento, el Estado, supone un complejo de relaciones de poder, que se expresan materialmente en los elementos de: territorio, población, gobierno y soberanía.

En este breve acercamiento al Estado, en busca de relacionarlo con la categoría de blanquitud, es necesario analizar entonces al elemento población, en busca de encontrar en el mismo la manera, el modo en el que las relaciones de poder que transitan en una sociedad como la nuestra y permiten la construcción de una identidad del Estado, afín con una identidad moderna. La dispersión de la identidad homogenea del Estado, es a la vez una tensión compleja, pero que revela en el fondo la cristalización de mencionadas relaciones de poder que ha puesto en juego la estructura de los Estados modernos.

A continuación se desarrolla un análisis de la discursividad Estado-nación, la misma que ha sostenido la unidad del elemento población, en busca de lograr una homogeneidad que permita el flujo de la modernidad capitalista, tensión que estaría detrás de esta discursividad.

1.1. Estado-Nación, la dicursividad en cuestión.

La idea de nación ha ido cambiando según el contexto histórico. Muchos autores, como Gellner (1983), coinciden en que la idea de nación ya estaba presente incluso antes de la época industrial prescindiendo totalmente de un Estado, sin embargo es, a partir del surgimiento del pensamiento moderno en las sociedades post agrarias que este concepto toma importancia debido al interés de teorizar la nación como parte del Estado y es cuando se empieza a extender la idea de que Estado y nación son la misma cosa. Sin embargo, actualmente la visión y por lo tanto la definición que se tiene de nación es más autónoma, en el sentido de que ya no es entendida como un complemento necesario o parte del Estado.

Partiendo de esta misma línea de pensamiento es que Luis Villoro (1998) expone las características de estas dos concepciones de nación y empieza explicando que cualquier tipo de nación consta de cuatro criterios muy importantes para ser considerada como tal:

comunidad de cultura; conciencia de pertenencia; proyecto común y relación con un territorio.

Comunidad de cultura: Significa tener una forma de vida compartida, que exprese la adhesión a ciertos modos de vivir y el rechazo a otros, compartir la misma cosmovisión. Esto también comprende elementos más objetivos como una lengua común, objetos de uso, tecnología, ritos, creencias religiosas y saberes científicos. Instituciones sociales, reglas consensuadas y rituales cívicos. Ámbito compartido de cultura. Y finalmente una continuidad en el tiempo para identificarse, es muy importante el modo en que ven y cómo cuentan su historia.

Conciencia de pertenencia: Se refiere a un aspecto más subjetivo de autoidentificación. Integración a una identidad, no es la sangre ni la raza o el lugar de nacimiento, pues alguien puede identificarse con un conjunto de personas por más distintas que puedan ser sus características individuales o de grupo.

Proyecto común: una cultura es continuidad, tradición pero también son fines comunes, destino común, es un grupo que decide perdurar como comunidad.

Relación con un territorio: Otro parámetro es el lugar en la tierra, es un lugar de referencia, incluso la relación con el territorio puede ser simbólica, no tiene que estar limitado por fronteras precisas.

Basándose en estos cuatro criterios planteados y dependiendo del grado de énfasis en unos u otros, es que existen dos tipos de naciones:

Naciones históricas o naciones tradicionales: El origen y la continuidad cultural son los ejes de la identidad nacional. Es decir se basa en las costumbres, creencias colectivas que devienen de una historia y se legitiman por la aceptación común.

Naciones proyectadas o Estado-nación moderno: Pasa al énfasis de construir una identidad, un proyecto hacia el futuro incluso puede rechazar una nación histórica antecedente.

Las naciones modernas son consideradas como naciones proyectadas dentro de la clasificación de Villoro (1998), ya que éstas se empiezan a construir a partir de un acuerdo entre los individuos y el Estado es el que garantiza la concretización de dicha construcción al establecer “la uniformidad de una legislación general, de una administración central y de un poder único, sobre una sociedad que figura formada por ciudadanos iguales(Villoro, 1998: 26).

Pese a que Villoro rescata una visión liberal del Estado, como sustentado en la voluntad de los individuos y no las relaciones fácticas de dominación que veíamos con Foucault, es interesante cómo el discurso sostenido por Villoro, va a buscar fundamentar el Estado plural como posibilidad de ampliar este contrato a otras naciones, no sólo a individuos, como veremos más adelante.

Se dicen naciones proyectadas, porque en base a una visión de futuro común, se empiezan a crear vínculos de identificación, para de esta manera crear un sentimiento de pertenencia en los ciudadanos. Muchos autores afirman que este sentimiento de pertenencia está construido en base a prácticas inventadas que sean capaces de cohesionar a un conjunto de individuos y se constituyan como elementos fundamentales de su identidad. Por ejemplo Eric Hobsbawm (1994) en la introducción a su libro “La invención de la tradición” afirma que en este afán de inculcar determinados valores o normas de comportamiento incluso se intenta contactarse con un pasado histórico que les sea adecuado para sus fines. También señala que muchos movimientos ideológicos, como el nacionalismo presente en la sociedad moderna del Estado-nación, crearon nuevos símbolos representativos de la nación, como banderas, himnos, etc. Con el propósito de crear el sentimiento de pertenencia en la población. Hobsbawm hace una diferencia entre las prácticas antiguas y las inventadas, señala que las antiguas eran específicas y relacionaban fuertemente los lazos sociales, las inventadas eran más vagas y tenían que

ver con valores como “patriotismo”, “lealtad”, “deber”, etc. Todos estos valores cargados emocional y simbólicamente. (Hobsbawm, 1994: 8-17).

Miguel Caminal (1998) explica mediante diferentes acontecimientos históricos las causas que originaron la sociedad moderna y propone tres tipos de naciones existentes en una sociedad moderna: la nación política, las naciones culturales y la nación jurídica.

Nación política: en otros términos la nación dominante, que se atribuye para si ser el sujeto de soberanía. Plantea la necesidad de la idea de homogeneidad. Se fundamenta en un conjunto de supuestos liberales que permiten llamar nación a un cuerpo de asociados que viven sujetos a una ley común y representados por la misma legislatura alegando que la identidad de los miembros de la nación nacería de la vinculación a la ley común que los rige.

Naciones culturales: categoría presentada en plural, pues asume la posibilidad de que dentro de un Estado puedan existir muchas naciones culturales. Estas naciones suponen raíces históricas y culturales comunes.

Nación jurídica: en otros términos la nación establecida en la ley, generalmente en la Constitución Política de un Estado. La nación jurídica es la que establece los derechos y deberes a los cuales se sujetan los nacionales y/o ciudadanos de cada Estado.

Los denominados nacionalismo de oposición (Caminal, 1998) son aquellos que se desarrollan desde las propuestas políticas de las naciones culturales, en contra de los agenciamientos de la nación política y la nación jurídica. Estos nacionalismos de oposición son visibles en distintos momentos de la historia política de cada Estado, sin embargo se hacen presentes, con mayor fuerza y énfasis en procesos constituyentes, en lo que se pueda recomponer la soberanía, y a la vez reestructurar y redefinir la identidad nacional.

1.2. Hacia una teoría de los Estados Plurinacionales.-

Buscando una definición de nación que sea válida en la coyuntura mundial 8 actual se puede recurrir a la explicación de nación utilizada por Gellner (1998), que afirma que se puede reconocer a una nación cuando sus miembros además de compartir la misma cultura se reconocen mutuamente ciertos deberes y derechos ya que se ven entre ellos como miembros de la misma nación. Desde esta perspectiva las naciones son construcciones del hombre basadas en convicciones, fidelidades y solidaridades.

Sin embargo, es lógico que antes de dar nacimiento a la ficción del Estado existía una pluralidad de culturas, ya sea en comunidades pequeñas locales que se autogobernaban, en imperios o en formas políticas fusionadas, lo que corrobora la idea de que no es imprescindible la concordancia entre un Estado y una nación homogénea, por lo tanto el Estado nación, como ya se ha afirmado previamente, sería una forma política ficticia que surge en respuesta a las necesidades de una época. En este sentido Gellner (1998) afirma:

“Naciones y Estado no son una misma contingencia. El nacionalismo sostiene que están hechos el uno para el otro (…) Pero antes de que pudieran llegar a prometerse, cada uno de ellos hubo de aparecer, y su aparición fue independiente y contingente. No cabe duda de que el Estado ha surgido sin ayuda de la nación. También, ciertamente, hay naciones que han surgido sin las ventajas de tener un Estado propio(Gellner, 1998:74).

Hoy, por diversas razones que no son motivo de análisis en esta investigación, existe una crisis del Estado-nación. Esto explica el desmembramiento de países, la aparición de nuevas naciones o las peticiones de autonomías dentro de los Estados y las reivindicaciones étnicas, así como la necesidad de replantear las bases materiales del Estado, y poder pensar en Estados Plurinacionales.

8 Nos referimos por coyuntura mundial los efectos de la globalización y el debilitamiento de los Estados nación que permiten la aparición de los nacionalismos de oposición.

¿Qué entendemos por plurinacional? Como se ha visto anteriormente, la idea de Estado- nación se ha venido devaluando y por lo tanto han surgido diversas teorías que afirman que pueden existir naciones sin Estado, o un Estado con varias naciones en su interior.

Siguiendo esta línea de pensamiento, Villoro (1998) afirma que existen muchos Estados nacionales que poseen varias etnias, regiones y culturas distintas. Por lo tanto una definición tentativa y muy simple de lo “plurinacional” sería un Estado con una multiplicidad de naciones en su interior.

Will Kymlicka (1999) caracteriza a los estados contemporáneos en: Estados multinacionales y Estados poliétnicos. En los primeros diversidad cultural surge de la existencia de culturas presentes desde hace muchos años, que previamente contaban con autogobierno y que por lo tanto exigen diversas formas de autonomía o autogobierno para seguir siendo sociedades distintas. En los segundos, la diversidad cultural surge de la inmigración individual y familiar.

Muy parecida a la clasificación de Kymlicka(1999) se encuentra la clasificación de Wieviorka (1978, 1998), basándose en la premisa que las diferencias culturales están en constante cambio ya que las identidades no son fijas y afirma que las sociedades multiculturales pueden ser de tres tipos coincidiendo en las dos primeras con Kymlicka y aumentando una tercera: sociedades donde existía un Estado o pueblos anteriores a la invasión o colonización.

Según el planteamiento de Villoro (1998) el Estado “plural” sería una asociación plural donde todas las comunidades culturales participarían en el poder, un tratamiento muy cercano al de un Estado Plurinacional.

A diferencia del Estado-nación, el Estado plural o plurinacional propone la igualdad y la diferencia, la primera no entendida como uniformidad sino que “cada grupo o individuo pueda elegir y realizar su plan de vida conforme a sus propios valores (…) en lugar de buscar la homogeneidad, respetar por igual las diferencias(Villoro, 1998:58).

El planteamiento principal de un Estado plural o plurinacional sería el de cooperar a un destino común compartido, sin dejar de lado la acumulación histórica de las naciones culturales, pero que vaya más allá de los valores particulares de cada nación. Donde todas las culturas gocen de un trato equitativo y de igualdad de oportunidades y la unidad del Estado nazca de un consenso libre entre las comunidades autónomas.

Siguiendo la definición de Villoro (1998), la unidad de un Estado plural estaría basada en un fin proyectado en base las herencias recibidas de cada nación cultural. Seguidamente se presentarán algunas características de un Estado plural:

Al ser una asociación consensuada debería contar con: respeto a la vida del otro; la aceptación de su autonomía, en el doble sentido en capacidad de elección conforme a sus propios valores y facultad de ejercer esta elección; la aceptación de igualdad de condiciones en el diálogo que conduzca al consenso; y la ausencia de toda coacción entre las partes.

La existencia de derechos individuales y colectivos.

Autonomías: libre determinación con derechos propios para que los pueblos tengan la posibilidad de gobernarse pero aceptando formar parte de un Estado soberano. La autonomía sería para las naciones. Las facultades de la autonomía según Villoro (1998) serían: la educación en manos de las entidades autónomas pero con coordinación estatal; una lengua predominante para uso administrativo, pero todas las demás lenguas tendrían validez en los territorios donde se hablen; libertad de creencias y prácticas religiosas en los territorios autónomos; derecho de participación y decisión sobre aspectos correspondientes del orden jurídico, político y económico; participación en los beneficios obtenidos por la explotación de recursos naturales.

Una ciudadanía común a todos los miembros del Estado plural, una característica de esta ciudadanía debería ser el derecho a la diferencia de las culturas que lo componen, además ninguna de las características de dicha ciudadanía común

deberían ir en contra de cualquiera de los valores de los pueblos pertenecientes al Estado.

Es importante aclarar que un Estado plural, según Villoro (1998), no podría responder a la estructura federal, ya que ésta es resultado de las divisiones administrativas pero que no refleja la división de los distintos pueblos.

2. Blanquitud y Estado

Como se ha podido analizar anteriormente, los Estados-nación han sido una tensión en la formación de los Estados modernos, y las teorizaciones sobre el estado plurinacional, son aún muy pocas, muy novedosas y se respira en ellas una fuerte carga de liberalismo y de inocencia si las contrastamos con el acercamiento foucaultiano realizado anteriormente. Villoro, Kymlicka y otros pretenden reeditar las nociones modernas de contratos y consensos entre pueblos, en busca de fines proyectados.

En este apartado, se analiza primero la nación de blanquitud, para luego intentar un diálogo entre blanquitud y Estado, tanto desde los acercamientos al Estado-nación, como los más actuales del Estado plurinacional.

2.1. Blanquitud, una categoría de herencia weberiana.-

La investigación toma la categoría denominada blanquitud de la obra del sociólogo ecuatoriano Bolívar Echeverría.

Para Echeverría la categoría blanquitud es una derivación de la categoría de ethos propia del espíritu del capitalismo desarrollado por Max Weber. La noción misma de espíritu (en alemán geist) supone en si misma una disposición de ánimo, de cuerpo, que hace en si a la exigencia de blanquitud, que hace referencia Echeverria.

Max Weber llama espíritu a la demanda de un tipo de comportamiento en la vida económica que la sociedad exige a sus miembros. Extendiendo el concepto espíritu, a espíritu capitalista, este segundo concepto consiste más bien en el requerimiento que hace la vida práctica moderna, a partir de la producción de riqueza social, de un comportamiento humano, un tipo específico de humanidad (personalidad, identidad) capaz de adecuarse mejor a las condiciones de producción de la vida capitalista. Es decir el ethos que exige la vida productiva capitalista es un tipo de conducta entregada al trabajo y a la racionalidad productiva, la auto-represión productivista capitalista del individuo. En otras palabras lo que intenta hacer el espíritu del capitalismo es lograr producir individuos que solo vivan dentro de una pseudo virtud productiva de una sociedad, lograr ingresar a una humanidad predeterminada por la vida práctica moderna 9 .

Problematizar a Weber respecto a su concepción de ética moderna capitalista, puede leerse también como un fundamento, como un principio respecto a diferentes características raciales, a partir del requerimiento de la blanquitud de orden étnico o civilizatorio como condición de la civilización moderna. Es decir que para formar parte de la civilización moderna uno tiene que cumplir los requisitos que ésta demande.

Para la noción de blanquitud, el grado cero de identidad del ser humano moderno puede entenderse como el grado de mayor de funcionalidad ética o mayor nivel civilizatorio que los individuos consiguen mediante la reproducción de riqueza como proceso de acumulación del capital, por lo tanto se refiere a satisfacer siempre a las exigencias que presenta el espíritu del capital.

La forma natural es considerada como una forma de sociedad pre-moderna o no- moderna, los individuos que pertenecen a esta forma natural son oprimidos o reprimidos a lo largo de la historia, en el camino que lleva que lleva a este grado cero de la identidad

9 Christiane Zschirnt en el libro introductorio a lecturas clásicas denominado Libros: todo lo que hay que leer, hace una presentación irónica a la obra de Max Weber La Ética protestante y el espíritu del capitalismo de la siguiente manera: “El católico va a la Iglesia. El protestante va a trabajar. El católico santifica el domingo. El protestante santifica el día de labor. El católico se hace monje, se retira al convento y se ejercita en la práctica del ascetismo. El protestante se convierte en un adicto al trabajo, desarrolla su carrera y práctica el ahorro. Los santos de la iglesia católica viven en el reino de los cielos e inteceden ante Dios por los habitantes de la tierra. Los santos del protestantismo habitan este mundo y fundan empresas multinacionales en el transcurso de una generación. Si peca el católico dispone de la confesión. El protestante tiene un montón de deudas y ninguna confesión. Debe trabajar” (Zschirnt, 2004: 121)

humana moderna, son precisamente las identidades que estorban para la construcción del ser humano solicitado para el mejor funcionamiento de la producción capitalista de mercancías, por lo tanto deben ser reconstruidas en el ethos histórico capitalista.

En otras palabras la historia necesita construir sujetos que estén dispuestos a sustituir o

reconstruir la historia, para ser localizadas dentro de la humanidad (Echeverría, 2007).

moderna capitalista

El grado cero de la identidad moderno-capitalista se reconoce con la santidad económica que debe ser visible, debe tener un conjunto de características visibles, que los diferencie como ganadores, es decir que diferencie los ganadores (modernos-capitalistas) de los perdedores (premodernos o no-modernos), que les proporcione una mayor capacidad productiva, además de que debe contar con una determinada apariencia física limpia y ordenada de su cuerpo y su entorno hasta la propiedad de su lenguaje, la posibilidad discreta de su mirada y la compostura de sus gestos y movimientos.

Se entiende al grado cero como un grado primero o inicial de concreción identitaria, el grado de identidad que corresponde a la identidad nacional, las masas de la sociedad moderna son masas amorfas y anónimas, y por lo general son masas identificadas con el proyecto histórico estatal de acumulación del capital (el pueblo trabajador, el pueblo obrero), es decir que son masas dotadas de una concreción falsa, pero que tiene una concreción de consistencia nacional (Echeverría, 2007).

La identidad nacional moderna, por más que se conforme en función de empresas estatales asentadas sobre sociedades no europeas por su color o su cultura, es una identidad que no puede dejar de incluir, como rasgo esencial y distintivo suyo, un rasgo muy especial al que Bolívar Echeverría (2007) llama blanquitud. La nacionalidad moderna, cualquiera que sea, incluso la de estados de población no blanca, requiere la blanquitud de sus miembros en tanto la idea de la nación como forma comunitaria no tiene nada que ver con el contenido étnico de la comunidad.

En palabras de Bolívar Echeverría: “es esta la razón de que, en principio, en la modernidad capitalista, los individuos de color puedan obtener la identidad moderna sin tener que ‘blanquearse’ completamente; de que les baste con demostrar su blanquitud. Podemos llamar blanquitud a la visibilidad de la identidad ética capitalista” (Bolívar Echeverría, 2007:19).

La economía moderna (capitalista-puritana), como vida concreta de una identidad política estatal, tuvo lugar sobre la base humana de las poblaciones racial e identitariamente blancas del noreste europeo; hecho que hizo que la apariencia blanca de esas poblaciones se asimilara a esa visibilidad indispensable de la santidad capitalista del ser humano moderno.

En palabras de Bolívar Echeverría “Es gracias a este quid pro quo que el ser auténticamente moderno llegó a incluir entre sus determinaciones esenciales el pertenecer de alguna manera o en cierta medida a la raza blanca y consecuentemente a dejar en principio en ámbito impreciso de lo pre-, lo anti- o lo no moderno (no humano) a todos los individuos, singulares o colectivos, que fueran “de color” o simplemente ajenos, ‘no occidentales’” (Echeverría, 2007: 18)

2.2. Requerimiento de blanquitud en el Estado moderno.-

Para Bolívar Echeverría, la población de un Estado moderno, es necesariamente una población cuya condición de ser es el requerimiento de blanquitud.

La nacionalidad moderna, cualquiera que sea, incluso la de Estados de población no- blanca, se refiere a la blanquitud de sus miembros. Se trata sin duda de un dato a primera vista sorprendente, ya que la idea de nación como forma comunitaria no tiene en principio nada que ver con el contenido étnico concreto de esa comunidad. Pero la explicación de este dato está en el hecho de que la constitución fundante, es decir,

primera y ejemplar de la vida económica moderna, capitalista-puritana 10 , como vida concreta de una entidad política estatal, tuvo lugar casualmente sobre la base humana de las poblaciones racial e identitariamente ‘blancas’ del noreste europeo; hecho que hizo que la apariencia ‘blanca’ de esas poblaciones se asimilara a esa visibilidad indispensable” (Bolívar Echeverría, 2007:18).

Así el Estado se caracterice como multicultural, como plural, incluso como plurinacional, su sola condición de ser población para el Estado moderno, su constitución, su requerimiento no es otro que el de la blanquitud.

¿Cómo explicar que un Estado multicultural, plural o plurinacional siga exigiendo blanquitud?

Bolívar parece esbozar una respuesta a nuestra pregunta en uno de sus textos más recientes sobre blanquitud en el que se analiza y critica la presencia de Barack Obama en el gobierno de EE.UU. (http://www.telegrafo.com.ec visitada el 1 de mayo de 2009), un cambio percibido por el asenso del primer hombre de raza negra a la Presidencia de los Estados Unidos de América.

Al parecer señala Echeverría- lo que persiguen las masas no es un cambio real, sino que esperan que las cosas cambien para que todo siga igual, lo que esperan alcanzar es la apariencia de un cambio estructural.

“La ‘negritud’ de Obama es, en palabras de muchos racistas inconcientes, la de alguien que ‘es negro, pero guapo’, es decir, la de un negro en el que la blanquitud ha ‘corregido los excesos’ de la raza negra(http://www.telegrafo.com.ec visitada el 1 de mayo de 2009)

Por lo tanto se estaría hablando de un Obama con negritud light, o un negro en el que la blanquitud ha logrado eliminar los excesos de su raza.

10 Por capitalista puritana Echeverría se refiere a las aseveraciones de Weber en sus reflexiones sobre el protestantismo y el espíritu del capitalismo.

De la misma manera un Estado que reconozca la multiculturalidad inherente en su población, o incluso que avance a declararse plurinacional, no necesariamente abandona la exigencia de blanquitud, pues no necesariamente se desmarca de la condición de Estado, como síntesis de las relaciones de poder que transitan interna y externamente.

Sin embargo, para Echeverría, esta tensión es mucho más visible, como exigencia, cuando los Estados intentan recomponer su soberanía, reestructurar y redefinir su identidad y se asoman posibilidades discursivas que atenten con efectos de verdad las posibilidades del requerimiento de blanquitud.

Basta con que el Estado capitalista entre en situaciones de recomposición de su soberanía y se vea obligado a reestructurar y redefinir la identidad nacional que imprime a las poblaciones sobre las que se asienta para que la definición de la blanquitud retorne al fundamentalismo y resucite a la blancura étnica como prueba indispensable de la obediencia al ‘espíritu del capitalismo’, como señal de humanidad y de modernidad” (Echeverría, 2007:22).

En consecuencia, es en estos momentos en los que es posible visibilizar esta exigencia de blanquitud y reflexionar acerca de lo que pone en juego el Estado, y lo que pone en juego un proceso constituyente.

Siguiendo la argumentación de Foucault, estos momentos de recomposición de la soberanía del Estado y/o de reestructuración y redefinición de su identidad nacional, no deben entenderse sino como las secuelas de un proceso de dominación mayor, de entramados de relaciones de poder más complejos que permiten dar cuenta de los Estados modernos, y su clara relación con la modernidad, el capitalismo y el colonialismo.

Siguiendo la argumentación de Villoro, estos momentos de recomposición de la soberanía del Estado y/o de reestructuración y redefinición de su identidad nacional, deberían permitir ampliar el consenso de la asociación en libertad de los sujetos,

posibilitar el ejercicio de derechos, eliminar las coacciones, posibilitar la autonomía y autogobierno a los pueblos indígenas y atender a una nueva posibilidad de ciudadanía y de relación entre sociedad y Estado.

Pero retornando a la argumentación de Echeverría, las condiciones de modernidad del ethos realista (o capitalista) que exige la blanquitud como condición de modernidad, no es posible de descentrar sino invirtiendo las relaciones de poder en la constitución de una identidad distinta de Estado. Dicho de otra manera, el descentramiento de la exigencia de blanquitud debería dar paso a un Estado alternativo a la modernidad.

CAPÍTULO TERCERO PROCESO CONSTITUYENTE 2006-2009

El presente capítulo responde al segundo objetivo específico el cual propone analizar el proceso constituyente respecto a la recomposición de la soberanía, la reestructuración y redefinición de la identidad del pueblo boliviano. En este sentido se recurre a las investigaciones etnográficas realizadas por Salvador Schavelzon y el tratamiento histórico de Rodríguez Ostria, así como los análisis del desarrollo del proceso constituyente de otros investigadores. Este capítulo presenta asimismo el resultado de las entrevistas en profundidad realizadas conforme a la estrategia metodológica explicitada en el primer capítulo.

Antecedentes.-

La Asamblea Constituyente boliviana fue instalada el 6 de agosto de 2006. Los constituyentes tardaron cerca a seis meses en definir su reglamento de debates, y luego de una serie de negociaciones se organizaron en 21 comisiones para tratar la estructura y contenido de la nueva Constitución Política del Estado.

La Comisión encargada de delinear la identidad del Estado boliviano, así como la identidad de su población fue la Comisión Nº1 denominada Visión de País. Esta comisión fue la encargada de dar forma a los primeros 12 artículos de la Constitución, y de generar los lineamientos políticos centrales de la Asamblea Constituyente.

En palabras de Raúl Prada, la Comisíón Visión de País estaba encargada de establecer el nuevo modelo de Estado, por ello de la Comisión se remitían pequeñas comisiones para poder uniformar los contenidos en las otras comisiones 11 .

El trabajo de las Comisiones se reunió en uno de los primeros consolidados 12 , que fue la base para el texto constitucional aprobado en la ciudad de Sucre en noviembre de 2007, y

11 Entrevista realizada a Raúl Prada

posteriormente para el texto constitucional aprobado en la ciudad de Oruro en diciembre

de 2007 13 . Sin embargo el texto final, el texto que fue remitido a referendo constitucional

aprobatorio, y que se refleja en el texto vigente de la Constitución fue el resultado de una negociación inédita en el Congreso de la República, en el cual se modificaron más de 100 artículos de los textos aprobados por los constituyentes 14 .

A continuación se desarrolla la filial compleja de la manera en la que se determinó el

contenido del artículo 3 de la Constitución, en tensión con los demás artículos del texto

constitucional, sobre todo los artículos 1 y 2 del texto constitucional vigente.

1. Orígenes del debate sobre pueblo boliviano en el proceso constituyente.-

Los constituyentes bolivianos buscaban garantizar la propiedad de los recursos naturales para el pueblo boliviano, este fue uno de los primeros motivos para empezar a considerar a qué denominar el pueblo boliviano.

Si se declaraba la propiedad de los recursos naturales para el pueblo boliviano, sería necesario definir quién componía el pueblo. Pero definir la categoría pueblo no era fácil, dado que se pretendía desglosar un concepto difuso, que sea difícil de manipular, y que en el terreno social se mantenía como suma de identidades diversas sin necesidad de hacerse explícitas.

La noción de pueblo boliviano, que se encuentra hoy en el artículo 3 de la Constitución Política del Estado vigente, tiene sus antecedentes en la Propuesta del Pacto Unidad, la cual será recogida para en los informes de Mayoría de la Comisión Nº 1, Visión de País, y que será las bases del debate.

12 Nombre que los constituyentes daban a los borradores del texto constitucional.

13 El proceso constituyente permitió el trabajo de varios consolidados, es decir de distintos borradores. Por ejemplo entre el texto constitucional aprobado en Chuquisaca y el texto aprobado en Oruro se pueden encontrar muchas diferencias fundamentales, y esto motivo de los consolidados por ejemplo del Edificio de la Loteria. 14 El Congreso, vulnerando el ordenamiento constitucional vigente en ese momento, tomó las prerrogativas de un Congreso constituyente y modificó la tarea de los constituyentes.

En la definición consensuada, que se incluía como artículo tercero de la constitución, se incluyeron como individuos a las mujeres y los hombres como “bolivianas y bolivianos”. Para muchos este debía ser la única redacción, pues con bolivianas y bolivianos se comprendía a todo el conglomerado del pueblo boliviano. Sin embargo los constituyentes vieron en esta redacción sólo una parte de las identidades que se desarrollan en nuestro país, sólo una parte individual, y se percataron que la identificación colectiva estaba ausente.

Scahvelzón señala que “se hizo referencia también a la visión clasista de la realidad social, del marxismo y el movimiento obrero boliviano, pero como forma de inclusión también de los sectores medios no identificados étnicamente, como áreas urbanas de diferentes clases sociales” (Schavelzón, 2010: 41).

La primera formulación de la definición de pueblo boliviano, sobre la cual los constituyentes, discutirían era la siguiente:

“El pueblo boliviano es el conjunto de los bolivianos y bolivianas pertenecientes a las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos, afrobolivianos y clases sociales, sectores y grupos económicamente y culturalmente diversos”.

Esta formulación tiene su origen en la propuesta del Pacto de Unidad que señala:

La población boliviana se compone de naciones y pueblos indígenas originarios campesinos, afrodescendientes y de población culturalmente diversa del campo y de la ciudad.

Como puede leerse, la idea de pueblo no ponía en juego la idea de nación. Los constituyentes tenían parcialmente claro que la idea de la nación boliviana debía descentrarse para darse paso al protagonismo de los pueblos indígenas (Rodríguez Ostria,

2011).

Una mujer constituyente había sugerido que se hablara de bolivianas y bolivianos’ antes que de ‘bolivianos y bolivianas’, y la sugerencia fue aceptada, a pesar de que para

algunos la cuestión de género era una discusión occidental y llevada a Bolivia por el desarrollo y la cooperación extranjera. También se eliminó la calificación de “’culturalmente diversas’ originalmente incluida como modificador de las áreas urbanas. Había sido una sugerencia de la constituyente Rosalía del Villar, de El Alto, que era trabajadora social y decía que ella no se identificaba como ‘culturalmente diversa’, que le parecía aludir a ‘una ensalada’. También tuvo lugar una larga discusión sobre la necesidad de mencionar o no a ‘clases, sectores y grupos sociales’. Una asesora de pueblos de tierras bajas opinaba que no debía incluirse, porque las clases ‘clasificarían nuevamente’. Otro agregó ‘nuestro aliado Cuba no tiene clases, si las nombramos las estaríamos reafirmando’. Roberto Bustamante proponía que se mencione al proletariado.

Y Rosalía intervino nuevamente para defender la mención a las clases. Como

encuestadora, decía haber constatado que la gente se identificaba como clase baja, clase media, o clase media baja. Otro constituyente proponía reemplazar el término ‘clase’ por el de ‘poblaciones urbanas’ (Schavelzón, 2010: 42).

En el tono de esta discusión, Schavelzón señala la intervención del constituyente Eulogio

Cayo, que se reconocía como indígena de la cultura de los K'alchas y era profesor de escuela. Cayo consideraba que es más ideológico y político hablar de clase, y que así se evitaría las luchas étnicas que se antepondrían a las luchas sociales.

“La lucha étnica va a ser entre pobres, cada uno en su territorio autónomo. No vaya a ser que pase lo mismo que en Yugoslavia” (Cayo citado por Schavelzón, 2010:42)

Cayo consideraba la inclusión de criterios exclusivamente étnicos como una estrategia

del neoliberalismo para someter a los indígenas.

Antes de llegar a la fórmula final en la definición de pueblo boliviano el borrador de la constitución se refería a naciones y pueblos indígenas originarios y campesinos 15 , con una y entre indígenas originarios y campesinos. Esto, según Schavelzón (2010), no conformaba a constituyentes que provenían de las filas de los sindicatos campesinos, ni a las organizaciones del campo de la base del MAS, que veían en la separación entre originarios y campesinos la discriminación de los campesinos como no indígenas, modo en el que ellos también se identificaban.

Los campesinos de la CSUTCB y los denominados colonizadores que habían migrado en busca de tierras, no querían dejar de ser reconocidos como indígenas, porque se reconocían como quechuas y aymaras pero querían dejar de estar presentes como campesinos. Y se oponían, entonces, a que en la definición del pueblo boliviano fueran separados de las naciones originarias y pueblos indígenas por una coma, que podría significar la pérdida de derechos y que no se correspondía con como ellos se autoidentificaban.

El Pacto de Unidad, que había elaborado el proyecto de Estado Plurinacional, contenía esta tensión en su seno. Estaba conformado de forma más permanente por tres organizaciones “matrices” campesinas (La CSUTCB, los “colonizadores” y la Central de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa) y por dos organizaciones matrices de originarios e indígenas (CONAMAQ de tierras altas y CIDOB de tierras bajas).

En función de esta división, la unión de indígenas y campesinos aparecía en primera instancia como contra natural. Las dos mitades del Pacto de Unidad mostraba sus diferencias en la cotidianidad de sus relaciones en la Asamblea, y el propio Evo Morales había hecho referencia a la diferencia de status de las distintas organizaciones cuando en la reunión “para afinar el proyecto” en Cochabamba con los constituyentes dijo que al hablar de la Asamblea Constituyente “los indígenas son los impulsores, y los campesinos los que se movilizarán y la defenderán” (Morales citado por Schavelzon, 2010: 60-61).

15 Para Schavelzon, fue Adolfo Mendoza, asesor de la Bartolina Sisa, quien contribuyó en la creación del nuevo nombre de “pueblos y naciones indígena originario campesinos”.

Mientras continuaban con la lectura del proyecto de informe de Comisión, se continuaba con el debate respecto a “pueblos indígenas originarios y comunidades campesinas”, separando los dos sujetos sociales nuevamente.

Adelantando la discusión que ya citamos, pero que en realidad tendría lugar días después en la bancada del MAS, el asesor Iván Égido sugería que se modificara por ‘indígena originario campesino’ que era el acuerdo al que había llegado el Pacto de Unidad. Pero Pablo Zubieta pedía que la decisión se postergase hasta que hubiera en la reunión alguien de “la Única” (CSUTCB) presente” (Schavelzon, 2010: 67).

Se determinó mantener a las naciones y pueblos indígena originario campesinos como una categoría y habilitar una nueva condición, la de comunidades interculturales, para representar a los campesinos colonizadores, que no podían mantener el denominativo de colonizadores, por razones del proyecto político de descolonización que la constitución intentaba abordar (Albó en Miradas, 2009; Rodríguez Ostria, 2011).

Como señala Schavelzon: “El sujeto colectivo clave de “naciones y pueblos indígena originario campesino” contemplaba a los pueblos indígenas y a los campesinos que reconocían su herencia originaria. Además de la definición del pueblo boliviano la fórmula se repetiría en varias partes de la constitución, como respecto a los “territorios indígena originario campesinos”, la “jurisdicción indígena originaria campesina” de justicia, etc. Pero un importante sector social, el de los “colonizadores”, no se sentían ahí incluidos (…) Los “colonizadores” eran una de las organizaciones más fuertes en la base del MAS, y desde el 70 una de las principales columnas del campesinado. Cuatro de las federaciones del trópico de Cochabamba, cuna política de Evo Morales, eran parte de la central, así como otras regiones que el MAS tenía como espacio político asegurado, sea en La Paz o en Oriente (San Julián, Alto Beni, Yapacaní, Caranavi y Coroico). Eran además una importante organización social, parte del Pacto de Unidad, y por eso su voz era importante en las reuniones del MAS donde se discutía el proyecto de constitución(Schavelzón, 2010: 79).

Después de muchas discusiones sería incluida la categoría comunidades interculturales, como una manera de llamar a los campesinos colonizadores. Asimismo se recuperó la presencia de las comunidades afrobolivianas, comunidad que luchaba por ser incluida, pues ni siquiera en el censo 2001 fueron tomados en cuenta.

El proyecto culminó con la siguiente redacción:

Artículo 3. El pueblo boliviano está conformado por las bolivianas y los bolivianos pertenecientes a las comunidades urbanas de diferentes clases sociales, a las naciones y pueblos indígena originario campesinos, y a las comunidades interculturales y afrobolivianas.

Esta redacción se plasmó en el texto Constitucional aprobado en grande en Sucre en Noviembre de 2007, y posteriormente se la reprisó en el texto constitucional aprobado en grande, detalle y revisión en la ciudad de Oruro en Diciembre de 2007.

Esta hubiera sido la redacción final que se hubiera plasmado en el texto constitucional vigente, sin embargo era una definición que generó una serie de conflictos.

Se había eliminado la idea de nación boliviana, se rompía de manera definitiva con el Estado-nación. Asimismo si se contrasta con lo establecido en el artículo 2 de la Constitución, la redacción del artículo 3 era una fractura muy peligrosa para la identidad nacional y su correspondiente exigencia de blanquitud.

El artículo 2 del texto constitucional aprobado en grande en la ciudad de Sucre, y luego reiterado en la aprobación en grande, detalle y revisión en la ciudad de Oruro señala lo siguiente:

Artículo 2. Dada la existencia precolonial de las naciones y pueblos indígena originario campesinos y su dominio ancestral sobre sus territorios, se garantiza su libre determinación en el marco del Estado, que consiste en su derecho a la autonomía, al

autogobierno, a su cultura, y al reconocimiento y consolidación de sus instituciones y entidades territoriales, conforme a esta Constitución.

Este artículo, inédito en la tradición del constitucionalismo boliviano, y en el constitucionalismo mundial en general, reconocía algo anterior al Estado boliviano, los pueblos indígena originario campesinos, revestidos de un derecho a la libre determinación, ruptura final del Estado-nación y de la identidad nacional, soporte de la exigencia de blanquitud.

Este artículo, así como el artículo 1 y 3, así como el preámbulo de la Constitución, estaban convocando una memoria que en Bolivia se trató de borrar con la República, el problema de la invasión española, y el problema colonial. Asimismo estos artículos también denunciaban la prórroga de la dominación colonial en la etapa republicana, es más para los pueblos indígenas la etapa colonial fue más dura, más abusiva con los pueblos indígenas. Entonces los artículos denunciaban una verdad incómoda, esbozaban una discursividad que servía como herramienta y arma para develar las relaciones de poder sobre las cuales se constituyó Bolivia.

El impacto no se dejó esperar, y el ataque a esta redacción comenzó inmediatamente.

2.

Constituyente.-

Reacciones

respecto

a

la

concepción

de

pueblo

boliviano

de

la

Asamblea

La Asamblea Constituyente logró aprobar el texto constitucional en grande (Sucre, Noviembre de 2007) y en detalle y revisión (Oruro, Diciembre de 2007). Estas aprobaciones no estuvieron libres de problemas y conflictos sociales.

Como es de conocimiento público, la Asamblea Constituyente no pudo culminar su trabajo en la ciudad de Sucre, pues se llevaron a cabo una serie de enfrentamientos por el tema de la Capitalía 16 .

Liceo Militar de la Glorieta, los

constituyentes se trasladaron a la ciudad de Oruro, en la que se aprobó el texto

constitucional en detalle.

Y después de aprobar el

texto en

grande en el

La oposición al gobierno decía que en el proyecto de los constituyentes del MAS, los

indígenas y campesinos tendrían privilegios respecto a otros sectores del país, en particular los mestizos (los reconocidos como “no-indígenas”, en Bolivia), que en una encuesta del PNUD había dado como resultado que el 68% de la población se reconocía como mestizo. El tema había recorrido las discusiones de la asamblea, incluso dentro de la bancada del MAS. Sectores de clase media, o campesinos no indígenas, buscaban que la autonomía o el acceso a tierra fuera también para los mestizos.

Hubieron una serie de voces críticas que veían en la redacción del artículo 3 de la Constitución de Oruro, asimismo como en la redacción del artículo 2 del mismo

documento se ponía en riesgo la unidad del Estado moderno, y a la vez se corría el riesgo

de un enfrentamiento mayor.

Una de las críticas directamente dirigida a la fórmula del MAS para la definición de pueblo boliviano vino del analista José Antonio Quiroga, economista y empresario editorial que rechazó en 2005 la oferta para ser vicepresidente en la fórmula que llevó a Evo Morales a la presidencia. Para Quiroga la definición de Pueblo Boliviano puede reducirse a “la nación boliviana está conformada por la totalidad de los bolivianos y por los campesinos”; y en la redacción del texto por parte del MAS habría una confusión entre “nación cultural” y “nación política”, a partir de la cual con la idea de Estado

16 La población de la ciudad de Sucre vio por conveniente incluir en el texto constitucional la mención de que Sucre es la capital del Estado. Ningún texto constitucional boliviano del siglo XX había determinado que la capital del Estado boliviano era Sucre. El conflicto sin embargo no se refería a la mención de la capital en el texto constitucional sino al traslado de los poderes ejecutivo y legislativo de La Paz a Sucre. Si los constituyentes determinaban esta medida en el texto constitucional se enfrentaban a la desaprobación de la población de la ciudad de La Paz. Por este y otros motivos los constituyentes de la mayoría desestimaron el tratamiento del tema de la capitalía, y generaron la cólera de la población, la cual se enfrentó a los constituyentes.

Plurinacional se estarían llamando “naciones” a lo que debería ser –como en España– “nacionalidades”. Según el analista, esto provocaría que la “nación boliviana” quedara excluida del Estado Plurinacional y que los que no forman parte de los pueblos y naciones indígenas fueran diferenciados, en un proceso que veía como el de la conversión de la nación boliviana en “nación clandestina”, en alusión a la famosa película de Sanjinés, donde la nación excluida era la comunitaria indígena. Al considerarlo equivocadamente monocultural y excluyente, decía Quiroga, el Estado Plurinacional reemplazaría la nación boliviana” (Schavelzón, 2010:95).

Para un asiduo analista en los medios bolivianos, el abogado constitucionalista Carlos Alarcón, “lo plurinacional en la definición misma del país es empezar por lo que divide a los bolivianos, dejando de lado lo más importante, que es lo común, lo que nos une”. “La gran falla de este proyecto es que por la innovación quiere destacar y resaltar lo diverso, y no plantea claramente lo que es común a todos los bolivianos. Genera una sensación de falta de pertenencia, cuando elimina la nación y la república; el que no pertenece a un pueblo o nación indígena anda descolgado, como marciano dentro del Estado”. Para Alarcón, el piso común sobre el que se puede levantar el resto de las identidades son los conceptos de nación y república boliviana que habían salido del proyecto de constitución del MASy los valores compartidos por todos, como libertad, igualdad y justicia” (Schavelzon, 2010: 96).

Las críticas anotadas, junto con otras que se destilaban en los medios de comunicación, lograron quitar legitimidad a la Constitución aprobada en Oruro. Uno de los temores mayores se encontraba en el artículo 3 de la Constitución. De esta manera, cuando se reabre el texto constitucional y la oposición revisa la constitución defendida por el MAS y aprobada en la Asamblea Constituyente en 2007, este artículo es modificado y queda redactado de la siguiente forma:

Artículo 3. La nación boliviana está conformada por la totalidad de las bolivianas y los bolivianos, las naciones y pueblos indígena originario campesinos, y las comunidades interculturales y afrobolivianas que en conjunto constituyen el pueblo boliviano”.

Esta sería la redacción que finalmente se incluye en la nueva Constitución boliviana. Se rearticula la idea de nación, la cual subordina, por razones de género aabarcativo, las diferencias específicas que la componen.

Veamos, el artículo reza: La nación boliviana está conformada por, es decir hay una nación por encima de todas las identidades y por encima de las otras naciones que prevalece por ser superior a las otras. Luego el artículo enumera su composición: la totalidad de las bolivianas y los bolivianos, las naciones y pueblos indígena originario campesinos, y las comunidades interculturales y afrobolivianas, es decir tanto los bolivianos y bolivianas, en tanto individuos están en el mismo grado, condición o status que los pueblos indígenas y/o las comunidades, es decir hay retorno a la tensión liberal del individuo en conflicto con la colectividad, que sin embargo hayan su resolución en la idea de pueblo boliviano, que en esta redacción parece funcionar como sinónimo de nación.

Dicho de otra manera se reconstituye la idea de la nación Boliviana, y si bien la Constitución Política del Estado vigente desarrolla una serie de caminos para el Estado Plurinacional, en lo que respecta al artículo 3 y a la determinación de la nación política y la nación jurídica (en términos de Caminal, 1998), se restituye en parte la identidad nacional de los Estados modernos.

Como señala Schavelzón: “lo importante para la oposición era que se había incorporado el término nación, al igual que el término república, que no estaban en el proyecto de constitución que el MAS había aprobado. También se eliminaba la mención a las clases sociales (con la idea de ‘pertenecientes a las áreas urbanas de diferentes clases sociales’ incluida por mestizos de izquierda), sin especificar los grupos (clases o naciones y pueblos) a los que los bolivianos pertenecen. Lo que define el artículo 3 de la constitución ya no es al pueblo boliviano, sino a la nación y sus componentes ‘que en conjunto constituyente el pueblo boliviano’ (…) A partir de las modificaciones, por otra parte, las naciones indígenas quedaban subsumidas a la categoría principal de nación.

Al pasar de una definición por extensión a otra englobante se puede ver repetición(Schavelzón, 2010: 96-97).

Pese a las reformas que introdujo el Congreso en Octubre de 2008, en el proceso de viabilización del proceso constituyente, las críticas continuaron:

Víctor Hugo Cárdenas, analizando la constitución diría que la Constitución tiene virtudes, como más derechos y temas que no había, como el tema medio ambiental. Pero tiene graves y serios errores, decía: “Si Mandela hubiese estado aquí, hubiese hecho una Constitución, como en Sudáfrica, donde ya no diga blancos, blancos, blancos y los negros estaban abajo aplastados, pero no hubiese volteado la tortilla, y dicho “ciudadanos negros, negros, negros. Blancos aplastados”, eso es lo que hace la Constitución actual. Hay triple ciudadanía: quienes tenemos más derechos somos los llamados naciones y pueblos indígenas originarios campesinos. Segundo, las comunidades interculturales. El resto que no es indígena originario, ni intercultural, es de tercera categoría. Bolivia, desgraciadamente hay que decirlo, tiene una Constitución etnocéntrica, incluso racista por su triple ciudadanía. Es el único país en el mundo que tiene una Constitución construida bajo el criterio de ciudadanía étnica” (Cardenas, citado por Schavelzón, 2010:

97).

Otra crítica al Estado Plurinacional y la definición del pueblo sería escrita por Julio Aliaga. Para él, la nueva Constitución establece la existencia de 36 naciones culturales y/o étnicas definidas por origen, sin opciones, mientras a la “más una” nacionalidad, se pertenece por adscripción, cuando no se es étnica/racial/culturalmente identificable, en lo que define como Limbo Boliviano. Define a esta última como democrática y las otras como antidemocráticas por ser impuestas, pero con derechos especiales y privilegios como una justicia propia, o prioridad en la dotación de tierras y el control de recursos naturales renovables en su territorio. Considera que “Los otros, la gran mayoría del país, los no-indios y no originarios y no campesinos, estamos en El Limbo, reconocidos legalmente como ‘bolivianos’; definidos como ‘lo que resta’. Basta la noción de mestizaje, de lo urbano o la práctica de un oficio no vinculado a la tierra: mestizo,

citadino, obrero, minero, taxista, consultor, o empleado de oficina, todos los oficios valen para vivir en el Limbo” (Aliaga citado por Schavelzón, 2010: 98)

Como puede verse, el proceso constituyente boliviano propuso la recomposición de la soberanía, la reestructuración y redefinición de la identidad del pueblo boliviano, y la respuesta de blanquitud fue dura y contundente, incluso en las fechas recientes en las cuales se termina de redactar esta investigación, la tendencia es la de rehabilitar la idea de pueblo y nación boliviana por encima del derecho de libre determinación de las naciones y pueblos indígena originario campesinos 17 .

Una vez mas, siguiendo a Foucault, el Estado presentaba una síntesis de las correlaciones de fuerzas, una síntesis que no significa equilibrio, pues se derrotó la intención de los constituyentes de atender la filial compleja de la configuración de este país, y se generó una discursividad con la capacidad de anular el descentramiento de la noción moderna de Estado, y de las posibilidades de recomposición de las relaciones de poder. El Congreso de la República no sólo atendió a esta observación sino también mermó las posibilidades de un correcto pluralismo jurídico generando la necesidad de una ley de deslinde para el caso de la Justicia Indígena Originaria Campesina, y realizó una serie de modificaciones a los artículos relacionados a la Autonomía Indígena.

En una entrevista al diario La Prensa el año 2010, le preguntaron al Vicepresidente Álvaro García Linera (2010a) por el nuevo Estado y él señaló: “¿Qué es la plurinacionalidad? Es la igualdad de derechos de pueblos, de culturas en nuestro país. No es nada más que eso. Todo en el marco de una sola identidad nacional boliviana. Somos una nación de naciones. La plurinacionalidad es el reconocimiento de los derechos colectivos de mestizos, aymaras, quechuas, guaraníes, de su idioma, tradición y cultura; que todos tengan las mismas oportunidades para acceder a beneficios, a cargos públicos y a reconocimientos” (García Linera, citado por Schavelzón, 2010: 98-99).

17 Los conflictos respecto a la construcción de una carretera que atravesaría el TIPNIS han vuelto a traer el debate de la nación y del pueblo boliviano.

Si lo plurinacional no es más que una condición, un matiz del Estado-nación, una vez más se retorna a la exigencia de blanquitud del Estado moderno, que pese a que éste se declare multicultural, plural o plurinacional, la exigencia se tensa en la constatación de que se trata sólo de un Estado moderno, como diría García Linera: no es nada más que eso.

CAPÍTULO CUARTO ANÁLISIS DE LOS ARTÍCULOS 1, 2 Y 3 DE LA CONSTITUCIÓN

El presente capítulo responde al tercer objetivo específico el cual propone realizar un

análisis exhaustivo de los artículos 1, 2 y 3 de la Constitución Boliviana, en el proceso constituyente boliviano. Por lo señalado se desarrolla un acercamiento a lo establecido en

la Constitución en los artículos 1, 2 y 3, para luego tratar un conjunto de categorías que se

desprenden del análisis de los artículos.

1. Tratamiento en la Constitución y los archivos.-

La Constitución Política del Estado boliviana fue realizada a partir de una serie de propuestas de la sociedad civil. Para Raúl Prada y Felix Cárdenas 18 la propuesta gravitante de la sociedad civil es la que provenía de las organizaciones que componían el Pacto de Unidad. Estas propuestas fueron la influencia para la redacción de los informes de mayorías y minorías 19 , y estos informes para los consolidados, es decir los textosw Constitucionales en borrador que luego serían aprobados, primero en grande en la ciudad de Sucre en noviembre de 2007 y luego en detalle y revisión en la ciudad de Oruro en diciembre de 2007.

El tratamiento que se presenta en este capítulo pretende mostrar la filial compleja, es decir una estrategia genealógica que permita leer las distintas dicursividades que los archivos ponen en juego, para luego tratar un análisis de cada artículo, y un conjunto de categorías a ser problematizadas para arribar a algunos criterios finales.

A continuación se transcribe la filial compleja de los artículos 1, 2 y 3 de la Constitución

Política del Estado.

18 Entrevistas realizadas a Felix Cárdenas y a Raúl Prada.

19 Debido a que no se llegó a un consenso respecto al mecanismo y los criterios de aprobación de los informes de las Comisiones de la Asamblea Constituyente, se llegó a un acuerdo, que fue el de generar informes de mayoría e informes de minoría que serían tratados en el pleno de la Asamblea Constituyente, por ello en esta filial son igual de importantes los informes de mayoría como los de minoría, pues ambos expresan la voluntad constituyente.

Metodología:

Se transcribe en un recuadro el artículo de la Constitución vigente que corresponde también con el texto que aprobó el Congreso en Octubre de 2008.

Artículo de la Constitución vigente

Seguidamente se transcribe el mismo artículo en el texto constitucional aprobado en Oruro en diciembre de 2007, referente más cercano al texto vigente, luego el texto Constitucional aprobado en Sucre en noviembre de 2007, referente del texto anterior, asimismo los textos en los informes de mayoría y minoría de la Comisión Visión de País de la Asamblea Constituyente que fueron el sustento de la redacción de los textos constitucionales aprobados en Sucre y en Oruro, finalmente la Propuesta de Texto Constitucional de las Organizaciones que conforman el Pacto de Unidad, que suponen el antecedente más claro de esta redacción.

Artículo 1 de la Constitución Política del Estado vigente

Artículo 1. Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país.

Proyecto de Texto Constitucional Aprobado en Grande, Detalle y Revisión en Oruro, Diciembre de 2007 Artículo 1. Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado, y con autonomías. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país.

Proyecto de Texto Constitucional Aprobado en Grande en Chuquisaca, Noviembre de 2007 Artículo 1. Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, autonómico y descentralizado, independiente, soberano, democrático e intercultural. Se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país.

Informes de la Comisión “Visión de País” de la Asamblea Constituyente Informe de mayoría Artículo 1. (El Estado) I. Bolivia es un Estado Unitario Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, social, descentralizado, y con autonomías territoriales, se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico. II. Está sustentada en los valores de unidad, solidaridad, reciprocidad, complementariedad, armonía, equilibrio, igualdad social, y de género en la participación, distribución y redistribución de los productos y bienes sociales para “vivir bien”.

Informe de minoría Artículo 3. (Estado Democrático) I. El fundamento y fin supremo del Estado Democrático es servir al pueblo soberano. Promueve y estimula el desarrollo integral de la Comunidad de Naciones.

II. Asume para su ejercicio las lenguas, formas de gobierno, territorialidades,

espiritualidades, religiosidades, formas económicas, y judiciales de las naciones que la componen. Se apropia también de los modelos heredados del proceso republicano y

democrático, como formas de convivencia entre hermanos y hermanas en un solo territorio para la construcción de una sociedad de iguales. Se constituye como Estado

laico en absoluto respeto a la pluralidad religiosa y espiritualidad de las naciones que lo

componen.

III. Los poderes, órganos, instituciones y desarrollo normativo se sustentan en la

Comunidad de Naciones.

IV. El Estado Democrático se desconcentra en niveles intermedios e inferiores de gobierno en sus respectivas jurisdicciones, territoriales, las mismas que serán reguladas en los estatutos del gobierno y en las leyes nacionales.

Propuesta de Texto Constitucional de las Organizaciones que conforman el Pacto de Unidad, mayo de 2007 Artículo 2.- Bolivia se caracteriza como un Estado Unitario Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático y social, que reconoce el pluralismo jurídico, político, cultural y lingüístico; descentralizado y con autonomías territoriales. Garantiza la igual dignidad de las personas, las naciones, pueblos y culturas y fomenta el respeto mutuo y el diálogo intercultural. Se funda en los principios de unidad, solidaridad, reciprocidad, complementariedad, armonía, equilibrio, equidad social y de género en la participación, distribución y redistribución de los productos y bienes sociales, con equidad de género, para “vivir bien”.

Artículo 2 de la Constitución Política del Estado vigente

Artículo 2. Dada la existencia precolonial de las naciones y pueblos indígena originario campesinos y su dominio ancestral sobre sus territorios, se garantiza su libre determinación en el marco de la unidad del Estado, que consiste en su derecho a la autonomía, al autogobierno, a su cultura, al reconocimiento de sus instituciones y a la consolidación de sus entidades territoriales, conforme a esta Constitución y la ley.

Proyecto de Texto Constitucional Aprobado en Grande, Detalle y Revisión en Oruro, Diciembre de 2007 Artículo 2. Dada la existencia precolonial de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos y su dominio ancestral sobre sus territorios, se garantiza su libre determinación en el marco del Estado, que consiste en su derecho a la autonomía, al

autogobierno, a su cultura, y al reconocimiento y consolidación de sus instituciones y entidades territoriales, conforma a esta Constitución.

Proyecto de Texto Constitucional Aprobado en Grande en Chuquisaca, Noviembre de 2007 Artículo 2. Dada la existencia precolonial de las naciones y pueblos indígena originario campesinos y su dominio ancestral sobre sus territorios, se garantiza su libre determinación en el marco del Estado, que consiste en su derecho a la autonomía, al autogobierno, a su cultura, y al reconocimiento y consolidación de sus instituciones y entidades territoriales, conforme a esta Constitución.

Informes de la Comisión “Visión de País” de la Asamblea Constituyente Informe de mayoría Artículo 2. (La existencia precolonial). Dada la existencia precolonial de las naciones y pueblos indígenas originarios y su dominio ancestral sobre sus territorios esta constitución, garantiza su libre determinación que se expresa en la voluntad de conformar y ser parte del Estado Unitario Plurinacional Comunitario, y en el derecho al auto gobierno, su cultura y reconstitución de sus entidades territoriales en el marco de la constitución.

Informe de minoría Artículo 2. (La Nación) Bolivia se constituye en una Comunidad de Naciones, organizada por todos y para bien de todos.

Artículo 7. (Territorialidad) La Comunidad de Naciones internamente se expresa mediante la división política y administrativa de las naciones originarias y la nación boliviana.

Propuesta de Texto Constitucional de las Organizaciones que conforman el Pacto de Unidad, mayo de 2007. Artículo 1. Esta Constitución respeta y constitucionaliza la preexistencia de las naciones y pueblos indígenas originarios y afrodescendientes, el dominio ancestral sobre sus territorios y garantiza su libre determinación que se expresa en la voluntad de conformar y ser parte del Estado Unitario Plurinacional Comunitario, y en el derecho a controlar sus instituciones, al autogobierno, a desarrollar su derecho y justicia propia, su cultura, formas de vida y reproducción, al derecho a reconstituir sus territorios y al derecho a definir su desarrollo con identidad.

Artículo 3 de la Constitución Política del Estado vigente

Artículo 3. La nación boliviana está conformada por la totalidad de las bolivianas y los bolivianos, las naciones y pueblos indígena originario campesinos, y las comunidades interculturales y afrobolivianas que en conjunto constituyen el pueblo boliviano.

Proyecto de Texto Constitucional Aprobado en Grande, Detalle y Revisión en Oruro, Diciembre de 2007 Artículo 3. El pueblo boliviano está conformado por la totalidad de las bolivianas y bolivianos pertenecientes a las áreas urbanas de diferentes clases sociales, a las naciones y pueblos indígena originario campesinos, a las comunidades interculturales y afrobolivianas.

Proyecto de Texto Constitucional Aprobado en Grande en Chuquisaca, Noviembre de 2007 Artículo 3. El pueblo boliviano está conformado por las bolivianas y los bolivianos pertenecientes a las comunidades urbanas de diferentes clases sociales, a las naciones y pueblos indígena originario campesinos, y a las comunidades interculturales y afrobolivianas.

Informes de la Comisión “Visión de País” de la Asamblea Constituyente Informe de mayoría Artículo 3. (Pueblo Boliviano)

El Pueblo Boliviano es el conjunto de las bolivianas y bolivianos, pertenecientes a las comunidades urbanas de diferentes clases sociales y a las naciones pueblos indígenas originarios, campesinos, y los afrobolivianos.

Informe de minoría Informe Minoría (AS-CN) Artículo 2. (La Nación) Bolivia se constituye en una Comunidad de Naciones, organizada por todos y para bien de todos. Informe de Minorías (PODEMOS, MNR, FRI) Artículo 1. La Nación Boliviana I. Bolivia es una Nación diversa étnica, lingüística, regional y culturalmente. Es única e indivisible, conformada por las bolivianas y bolivianos que comparten una historia, símbolos, valores, fines y destino comunes.

Propuesta de Texto Constitucional de las Organizaciones que conforman el Pacto de Unidad, mayo de 2007. Artículo 3. La población boliviana se compone de naciones y pueblos indígenas originarios campesinos, afrodescendientes y de población culturalmente diversa del campo y de la ciudad.

2. Análisis de la voluntad constituyente.-

2.1. Respecto al artículo 1 Comparando el primer artículo de la nueva Constitución -referente al modelo de Estado- con el texto constitucional aprobado en Chuquisaca se puede observar que no hay ningún cambio.

Sin embargo es importante señalar que en el presente artículo ya se encuentra el concepto de Estado Social de Derecho, concepto que no estaba anteriormente contemplado ni en el Informe de Mayorías ni en el de Minorías de la Asamblea Constituyente.

Por su parte, existen algunas diferencias entre el Artículo 1º de la Constitución vigente y aquel presentado en el Informe de Mayorías de la Asamblea Constituyente más allá de la forma en el que está estructurado, puesto que éste contiene dos parágrafos- la primera diferencia que salta a la vista es que en la definición de Estado, el Informe no contiene Social de Derecho, y además especifica el tipo de autonomías, determinándolas a éstas como territoriales. La ausencia de este referente “Social de Derecho”, es sugerente, un estado Social de Derecho es un Estado moderno, que busca la redistribución de la riqueza bajo criterios sociales.

Por otro lado otra diferencia significativa es que en el Informe la definición del Estado, y los valores en que éste se sustenta están contemplados en un mismo Artículo, a diferencia de la actual Constitución que separa dichos conceptos y los ubica en diferentes artículos, utilizando el Artículo 1º simplemente para definir el Estado y destinando un Artículo entero el artículo 8 del texto vigente- para especificar los valores en los que se sustenta el Estado.

El Artículo referente al Estado presentado por el Informe de Minorías de la Asamblea Constituyente difiere en ciertos elementos en relación al artículo 1º de la vigente Constitución y concuerda con otros.

En ninguna parte define al Estado como un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, sino más bien como un Estado Democrático, atribuyendo a esta definición el carácter de representación “de una sociedad diversa y autogestionaria,” además de señalar que el Estado “promueve y estimula el desarrollo integral de la Comunidad de Naciones. En consecuencia la propuesta más clara de un Estado moderno corresponde a las minorías de la Asamblea Constituyente.

Sin embargo es importante mencionar que el Artículo asume como ejercicio del Estado diferentes prácticas plurales, explicitando muchas de ellas, que si las agrupamos se pueden resumir en el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico que señala la actual Constitución, siendo éste un importante punto en común entre ambos artículos.

Si bien el Artículo destinado a la definición del Estado contemplado en el Pacto de Unidad es muy similar al Artículo 1º de la Constitución, ya que señala los pluralismos en los que se funda la sociedad y son reconocidos por el Estado, además de que presenta las mismas características que están contempladas en la actual Constitución, tiene también ciertas similitudes con el Informe de Mayorías en cuanto a las diferencias que guardan con la actual Constitución, ya que al igual que en el Informe del Mayorías, el artículo propuesto por el Pacto de Unidad, al definir el Estado no menciona el concepto Estado Social de Derecho y a la vez explicita que las autonomías deben ser territoriales, además de señalar los mismos principios según el Pacto de Unidad- o valores según el Informe de Mayorías- cambiando solamente este término y coincidiendo en cada uno de los valores o principios que señalan.

2.2. Respecto al artículo 2 En el texto del Pacto de Unidad, la redacción del Artículo era mucho más amplia, y contemplaba también el tema de la jurisdicción indígena, además de tomar en cuenta como parte del contenido de la libre determinación de cada nación y pueblo indígena originario campesino, las formas de vida y reproducción. En el informe de mayorías, se dispuso entender al Estado como una comunidad de naciones, sin embargo el artículo no expresaba la libre determinación, ni el autogobierno, ni los demás derechos reconocidos en el texto constitucional vigente.

Entre los documentos de mayorías, el texto aprobado en Chuquisaca y el aprobado en Oruro, la redacción se mantuvo prácticamente igual, salvo algunas correcciones respecto a términos utilizados en el contenido.

La principal variación que percibió el Artículo, luego de las modificaciones realizadas en

el Congreso, el año 2008, fue la introducción de la reserva legal en el Artículo, es decir la

posibilidad de que el Órgano Legislativo pueda intervenir en el desarrollo y despliegue

del artículo en la práctica.

Esta reserva legal es bastante amplia, pues contempla varias legislaciones respecto a todos los espacios que se abren y los derechos que se reconocen en el artículo.

La reforma que introduce el Congreso, puede parecer en apariencia pequeña, pero a la

vez juega un papel muy importante, pues cancela el ejercicio de los derechos establecidos

en el artículo a un intervención del Estado a partir de su Órgano Legislativo.

2.3. Respecto al artículo 3

A partir de los distintos archivos del proceso constituyente, se pueden observar diferentes

conceptos y varios cambios en el artículo.

A diferencia de la actual Constitución, tanto en las propuestas de Oruro como de

Chuquisaca se menciona a los bolivianos pertenecientes a las áreas urbanas de diferentes clases sociales.

En cuanto a los Informes de las Comisiones se manejan diversas ideas y conceptos, por un lado se añaden las comunidades urbanas de diferentes clases sociales, pero no menciona a las comunidades interculturales; en uno de los Informes de minoría, se describe a Bolivia como una Comunidad de Naciones; y finalmente en el otro Informe de minoría se reconoce a Bolivia como una nación diversa, conformada por las bolivianas y bolivianos que comparten una historia, símbolos, valores, fines y destino comunes.

En este sentido, son las minorías del proceso constituyente las que intentan reestablecer,

reeditar la idea de nación moderna.

Finalmente el Pacto de Unidad hace referencia a varios de los sujetos que están en la actual Constitución, sin embargo, no menciona a las comunidades interculturales y en su lugar señala a la población culturalmente diversa del campo y de la ciudad.

Como bien se puede observar, los únicos sujetos que han estado claramente definidos desde la Propuesta del Pacto de Unidad, han sido las naciones y pueblos indígena originario campesinos y los afrobolivianos o afrodescendientes, ya que a excepción de los informes de minorías, están presentes en todas las propuestas, lo que nos demuestra que la construcción de estos términos sobre todo del de naciones y pueblos indígena originario campesinos- se origina en la Propuesta del Pacto de Unidad. Los otros denominativos para los sujetos que conforman la nación y el pueblo boliviano han sufrido varios cambios hasta consolidarse como se los tiene en la vigente Constitución.

La idea de nación nunca estuvo presente en la propuesta del Pacto de Unidad, ni en los informes de mayoría, ni en los textos constitucionales aprobados en Chuquisaca ni en Oruro. Este es un elemento que se negocia en la viabilización del texto constitucional en el Congreso en Octubre de 2008.

La idea de nación, la existencia de una nación boliviana parece ser el tema central de la intervención del Congreso en la modificación de este artículo.

3. Categorías de análisis

De la revisión de artículos realizada, podemos extraer un conjunto de categorías de análisis, en las que se problematiza la manera en la cual se constituyó la identidad del pueblo boliviano, recuperando la noción de nación y las posibilidades de despliegue respecto a los archivos del proceso constituyente. Cada analisis de categoría se relaciona con el respectivo artículo, en este sentido se tratan las categorías del artículo 1, del artículo 2 y del artículo 3, aunque pueden leerse todas las categorías en una relación e intercambio temático, se recomienda su tratamiento conforme a cada artículo.

3.1. Respecto al artículo 1

Modelo de Estado.

Se debe empezar por explicar teóricamente la definición del nuevo modelo de Estado que se desarrolla en el artículo 1 de la Constitución, ya que Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario es una sola y nueva categoría construida específicamente para describir al nuevo Estado boliviano, no son adjetivos independientes, ya que no van separados por comas, sino que es un nuevo concepto que busca darle una definición a ese Estado que alberga muchas naciones que conviven, se desenvuelven y comparten dentro de un mismo espacio público (Rojas, 2009).

Un Estado donde más allá del reconocimiento de lo múltiple y lo diverso se hace explícita la participación de la sociedad plural y heterogénea.

“La caracterización del Estado hace una descripción del pueblo en su diversidad y multiplicidad, identificando su composición abigarrada en tanto naciones, clases y estratos sociales, dispersos en las ciudades y en el campo”. (Prada en Miradas. Nuevo Texto Constitucional, 2010: 109)

En cuanto a los diferentes elementos que juntos componen la definición del Estado plurinacional boliviano, Luís Tapia señala que “esta definición, que se compone de la noción de [E]stado [S]ocial de [D]erecho y, por otro lado, [C]omunitario, está dando cuenta de una diversidad de tipos de sociedad que contiene Bolivia. Lo [C]omunitario hace referencia al tipo de estructura social, cultural y política que organiza una buena parte del conjunto de los otros pueblos y culturas que durante la colonia fueron subordinados y desconocidos en esta dimensión. Ahora se incorpora lo [C]omunitario con un explícito reconocimiento de su dimensión política”. (Tapia, en Miradas. Nuevo Texto Constitucional 2010: 262) Por lo tanto lo Comunitario daría pie a que la sociedad heterogénea se proyecte como posibilidad de distintos modelos civilizatorios.

Una de las principales diferencias de este modelo de Estado con aquel presentado en la anterior Constitución, es la sustitución de lo multiétnico y pluricultural por lo plurinacional, concepto que según Tapia incluye a lo multiétnico, lo pluricultural y su reconocimiento, pero a la vez incorpora la participación y decisión de los diferentes pueblos y naciones. “no sólo se reconoce una diversidad de lenguas, de orígenes e historias culturales sino también sus estructuras políticas y formas de autogobierno”. (Tapia en Miradas. Nuevo Texto Constitucional, 2010:262)

Teóricamente la diferencia entre el Estado-nación y el Estado plural o plurinacional, radica en que este último propone la igualdad y la diferencia, la primera no entendida como uniformidad sino que “cada grupo o individuo pueda elegir y realizar su plan de vida conforme a sus propios valores (…) en lugar de buscar la homogeneidad, respetar por igual las diferencias”. (Villoro, 1998: 58). El Estado plurinacional da paso a que dicha igualdad y diferencia se presente al interior del Estado boliviano, es decir los diferentes pueblos y naciones dentro del Estado boliviano al ser éste un Estado plurinacional- tienen la posibilidad de escoger y practicar el plan de vida que eligiesen de acuerdo a sus propios valores.

En el mismo sentido que Villoro, a la hora de definir el Estado plurinacional, De Sousa Santos sostiene “(…) el reconocimiento de la plurinacionalidad significa otro proyecto de país, otros fines de la acción estatal y otros tipos de relación entre Estado y la sociedad. El reconocimiento de las diferencias nacionales o culturales no implica una yuxtaposición de cosmovisiones sin reglas o un hibridismo o eclecticismo sin principios. Al contrario, incluye jerarquías entre ellas: dentro de la misma cultura o nación puede preferir algunas versiones en detrimento de otras, ya que las diferentes naciones o identidades culturales en presencia están lejos de ser homogéneas”. (De Sousa Santos, 2010: 88-89)

De acuerdo a las anteriores citas se puede concluir que el Estado plurinacional, a partir de la existencia de la diversidad de naciones y pueblos, plantea una nueva condición de estatalidad que abre paso a nuevas relaciones sociales dentro de un mismo Estado, relaciones que no apuntan hacia una homogenización pero que buscan promover equidad;

más que neutralidad o igualdad entre los pueblos y las naciones, se refiere a un reconocimiento, respeto y sobretodo participación y decisión de todos los pueblos y naciones.

Sin embargo el modelo de Estado encuentra sus límites en la idea de nación boliviana establecida en el artículo 3.

Bolivia

Bolivia es una categoría, debido a que el Estado boliviano, conforme a la Constitución Política del Estado, es algo más que Bolivia. Es decir supone la pluralidad anterior en la que se funda.

Bolivia nace como una República independiente el 6 de agosto de 1825 en Sucre, después de tres siglos de dominación colonial y quince años de guerra por la independencia. Nace a la vida republicana con el nombre de República del Alto Perú, que luego de una semana es cambiado por República Bolívar, que pocos meses después es cambiado por Bolivia, fundándose en un vasto territorio con muy poca población, en su mayoría indígena, aunque el Estado generará una identidad moderna no indígena.

El Estado boliviano a lo largo de la historia sobre todo hasta antes de la Revolución nacional de 1952- fue un Estado excluyente de la mayoría de la población. Un Estado que continuó reprisando el modelo colonial por muchos años, alimentándose del tributo indígena, bajo el ejercicio de una ciudadanía sumamente restringida, lo que por ende limitaba todo tipo de participación en cualquier ámbito. Gobernado siempre por una oligarquía fuerte y excluyente, que fue pasando por modelos e ideologías políticas conservadoras y liberales sin mucha diferencia práctica pero con un claro elemento en común, el seguimiento de un modelo europeo muy diferente a la realidad boliviana.

Efectivamente, la fundación del Estado boliviano sobre parámetros excluyentes se vio reflejada, recurrentemente, en políticas públicas ensañadas contra el mundo indígena

desde el Estado, y la respuesta desde las comunidades indígenas a las mismas, tanto desde interpelaciones al carácter excluyente del Estado, como al irrespeto de sus espacios autónomos. Las luchas indígenas, a lo largo de los siglos XIX y XX, tenían diferentes tenores, desde reclamar una mayor inclusión o consideración por parte del Estado, hasta contemplar horizontes de interpelación al estado.

Las luchas de los Willkas, la fundación de la Republica del Qollasuyu el año 1900 a la cabeza de Juan Lero, las sublevaciones indígenas como la de Jesús de Machaca el año 1921, dan cuenta de, por un lado, la incompletitud del proyecto republicano de fundar un Estado nación, y por otra parte, del horizonte político de las luchas indígenas. Es importante señalar, que más allá de ser eventos históricos marcados por la presencia de caudillos, se trató de procesos sociales, de reivindicaciones colectivas, que hacen hasta el presente el acervo de la nueva condición de estatalidad.

Las luchas de los pueblos indígenas son fundamentales para comprender Bolivia, como un centro de resistencia de lucha de los pueblos indígenas frente a la modernidad capitalista y al colonialismo.

A partir de la Revolución de 1952 se instaura un proyecto de construcción de Estado-

nación, que como ideología surge a partir de la Guerra del Chaco, donde se hacen evidentes las contradicciones entre sociedad y Estado. Sin embargo, a través de un análisis retrospectivo, se puede afirmar que el intento de crear un sentimiento nacional común a todos e inclusivo, pasa por el intento de homogenización cultural hacia una única cultura mestiza nacional para crear el Estado nación boliviano. Este proyecto de inclusión nacionalista, fundado en la indiferencia para con las identidades indígenas, altamente politizadas, tampoco pudo resolver las tensiones que las mismas representaban.

Nuevamente, la respuesta de las colectividades indígenas tuvieron diferentes tenores, por un lado la búsqueda desde la legalidad a la protección de las tierras de comunidad, hasta nuevamente proyectos de interpelación al Estado por el respeto a la libre determinación,

al territorio y a las tierras de comunidad, como fue el caso de la Republica Aymara

fundada por Laureano Machaca, el año 1956, o el Manifiesto de Tiwanaku de 1973.

Ambos eventos, entre muchos otros, revelan nuevamente esta búsqueda, no sólo económica, sino también política y cultural de las comunidades indígenas, por el respeto de su territorio y de su territorialidad, que trascendía el discurso nacionalista de la época. En Bolivia no terminó de construirse un Estado nación, luego de casi un siglo de relaciones impregnadas por lógicas coloniales, resultaba ya anacrónico pretender una construcción nacional como objetivo político capaz de culminarse. Bolivia seguía siendo un centro de resistencia a la colonialidad y a la razón moderna capitalista, que comprendía en su racionalidad la gestación de Estados nacionales, y el objetivo nacionalista ya resultaba anacrónico en ese momento.

Posteriormente, a partir de los cambios insertados por la revolución, hayan sido éstos positivos o negativos , empiezan una serie de movimientos e ideologías que buscan reivindicar sus culturas entendiéndose éstas como formas de vida, sistemas políticos y jurídicos, costumbres, etc.- desarrollándose de esta manera diferentes acontecimientos que llevan al planteamiento de un Estado más inclusivo y participativo, un Estado plurinacional. Esto puede verse, por ejemplo, en la Tesis de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolicia CSUTCB, de 1983, una confederación sindical conformada luego de la revolución del 52, compuesta por campesinos, pero por un campesinado esencialmente indígena. En esta tesis ya se hallaba como objetivo planteado el Estado Plurinacional. Posteriormente, este objetivo también se vio complementado por las luchas de los pueblos indígenas de tierras bajas (marchas de los años 1990 por ejemplo) que buscaban el respeto de sus territorios y su determinación sobre los mismos, objetivo que implicaba también el respeto de sus culturas de su territorialidad, etc.

Bolivia es un devenir histórico caracterizado por una pluralidad de clivajes, de luchas sociales, entre las que resaltan notoriamente las luchas de los pueblos indígenas, resistentes a las lógicas coloniales y capitalistas. El cúmulo de todas estas luchas es el que hace al bagaje histórico y al horizonte del Estado Plurinacional. Bolivia es pues una historia de pluralidad en busca de su realización.

Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario.

A partir de la revisión teórica previamente revisada y a partir del texto constitucional que propone esta nueva relación entre Estado y sociedad plural, se puede afirmar que el concepto Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario surge de una demanda de una nueva perspectiva estatal, demanda que se ve plasmada en el Preámbulo de la Constitución Política del Estado, donde se justifica la construcción de un nuevo Estado a partir de diferentes hitos históricos, donde se justifica la creación de éste desde la particularidad, desde la pluralidad y diversidad tanto del territorio como de las culturas.

La creación de un nuevo Estado se basa en la necesidad de diferentes elementos que debían ser incluidos en la construcción y fundación estatal, elementos que van desde el respeto y participación plural en los ámbitos económico, social, jurídico, político y cultural; desde la igualdad, soberanía, equidad en la distribución y redistribución del producto social; hasta la búsqueda del vivir bien, pasando por muchos otros elementos que buscan edificar una nueva perspectiva estatal que sea capaz de agrupar la diversidad.

Esta nueva perspectiva estatal, se puede a la vez ver planteada en el nuevo ordenamiento de la Constitución, que está conformada por cinco partes: Bases Fundamentales del Estado, Derechos, Deberes y Garantías; Estructura y Organización Funcional del Estado; Estructura y Organización Territorial del Estado; Estructura y Organización Económica del Estado; Jerarquía Normativa y Reforma de la Constitución.

Al mismo tiempo la importancia de este primer artículo y de esta primera categoría de análisis radica en que es a partir de ésta que se empieza a desarrollar y a plasmar el carácter plurinacional del Estado de manera transversal a lo largo de toda la Constitución y en el nuevo “modelo de Estado”, con el fin de describir y definir lo que significaría a través de las leyes y en la práctica el nuevo modelo de Estado en Bolivia. (De Sousa Santos, 2010)

La Constitución contiene varios Artículos que persiguen el objetivo de cultivar y desarrollar el pluralismo, puesto que la diversidad cultural es la base del Estado Plurinacional. Mediante la garantía, protección y fomento del desarrollo de las diversas naciones y pueblos indígena originario campesinos se busca un diálogo intracultural, intercultural y plurilingüe, todo esto a través de la institucionalización de la libre determinación de las naciones y pueblos indígena originario campesinos dentro del marco del Estado, esto mediante la autonomía; el autogobierno; el reconocimiento de sus instituciones y entidades territoriales; la oficialización de todos los idiomas indígenas originarios además del castellano- y la proclamación del respeto y garantía de libertad de religión y creencias espirituales.

Como un aspecto muy importante dentro del carácter plurinacional del Estado, se reconocen los valores y principios de la sociedad heterogénea, además de reconocer los principios y valores democráticos, lo que da lugar al reconocimiento, decisión y participación efectiva de la sociedad plural.

La intención de consolidar esta nueva estatalidad plurinacional tiene el mandato constitucional en varios Artículos, como en aquellos referidos a la educación, señalándola a ésta como una herramienta fundamental para asumir y promover los principios y valores de la sociedad heterogénea.

El carácter plurinacional está contemplado no sólo en artículos destinados a normar una representación y participación con carácter plurinacional en diferentes instituciones de la estructura estatal, sino sobre todo en el derecho de que las instituciones de las naciones y pueblos indígena originario campesinos sean parte de la estructura general del Estado.

El carácter Comunitario del Estado posibilita que los múltiples y diversos modos de comunidad, que se desenvuelven en distintas temporalidades y a distintos ritmos, sean reconocidos, puedan participar en las instituciones a nivel estatal y que además sus instituciones culturales y tradiciones construyan la nueva práctica estatal. Lo Comunitario

abre paso a la pluralidad, a otras formas o pautas civilizatorias tanto políticas, jurídicas, económicas, sociales, como culturales.

Por otra parte, para entender los alcances de lo Comunitario en este Artículo, también debe hacerse referencia a la función que cumple este concepto en el texto.

Lo Comunitario ingresa en el Artículo 1 como parte del denominativo o rótulo del nuevo Estado, el Estado Plurinacional. Esto significa, no sólo la cooptación o el englobe de estructuras y lógicas, antes en una situación de subalternidad, sino que le impone una identidad y por ende una serie de pautas de funcionamiento al nuevo Estado. El Estado es Comunitario, este rótulo define o caracteriza la manera en cómo, por un lado debe estructurarse su institucionalidad, su territorialidad, cómo debe funcionar su aparato burocrático. Por otra parte, este rótulo determina la forma en cómo el Estado se relaciona con la base social, desde la cual, de hecho, toma el carácter de Comunitario. Finalmente, al cumplir el carácter de denominativo del Estado, lo Comunitario fija o proyecta el paradigma social, económico y político al que apunta el nuevo Estado.

El Estado Plurinacional Comunitario es la esencia y el fundamento más importante de toda la Constitución puesto que busca producir el encuentro entre diferentes realidades. (Pinto, 2009), lo cual se ve a través de todo el texto constitucional que reconoce educación comunitaria, medios de comunicación, democracia, economía, justicia, empresas, modo de asociación, modo de producción, vida y propiedad comunitarias. A parte de la promoción y el apoyo a todas las prácticas comunitarias, dejando de esta manera espacios abiertos para las diversas prácticas de los múltiples modos de comunidad.

Sin embargo este nuevo concepto, no sólo enuncia el carácter Plurinacional y Comunitario sino que paralelamente recupera, consolida y completa mediante el reconocimiento de más derechos- el Estado Unitario Social de Derecho a través de dos Capítulos, el V que reconoce Derechos Sociales y Económicos, y el VI sobre Derechos de Educación, Interculturalidad y Derechos Interculturales. Sin olvidar que el Estado

Social de Derecho también ha sido una conquista social que ha logrado la reconfiguración y el reconocimiento de nuevos derechos, como por ejemplo aquellos relacionados a la igualdad de género o derechos de los pueblos indígenas.

Por otro lado, se resalta lo Unitario del Estado como un valor y fin de éste, puesto que como ya se lo ha explicado anteriormente, una de las características de este nuevo modelo es la construcción de la unidad del Estado plurinacional boliviano a partir de una decisión voluntaria de los proyectos autónomos en pos de un núcleo común.

En suma, la conjugación en la denominación del nuevo Estado de elementos, tanto de origen occidental, como referidos a lógicas y razones más locales, resuelve de manera innovadora la tension entre dos mundos, o lo que en determinado momento se denominó la República de blancos y la República de Indios. En la nueva denominación del Estado, es decir en este cambio de la condición de estatalidad, se armonizan principios antes dicotómicos. Una vez más, cada rótulo que caracteriza al Estado, no solo recoge elementos de la realidad social boliviana, sino que los plasma en la nueva estructura estatal, y determina el accionar del Estado para con la sociedad, a la vez que proyecta horizontes para la misma.

Pluralidad.

El artículo 1 señala que “Bolivia se funda en la pluralidad” reconociendo así la existencia de una pluralidad anterior al Estado, en todos los ámbitos, tanto en su diversidad etnográfica, sociológica, reconociendo que el núcleo poblacional y cultural es plural.

Por ejemplo, el hecho de que Bolivia se funde en la pluralidad, por un lado, reconoce la presencia de sujetos que antes no habían sido tomados en cuenta, respetando por igual las diferentes expresiones y concepciones de vida existentes en Bolivia y por otro, abre otro escenario de relacionamiento y convivencia, lo comunitario, que hace referencia a lo social y lo colectivo diferenciándose de lo público y también de lo privado abriendo la posibilidad de otras dimensiones, reconociendo la diversidad de la pluralidad.

La pluralidad en la Constitución plantea una ruptura con la visión generalmente totalitaria, de la homogeneidad. La pluralidad, no obstante, no puede entenderse desde el simple acto de reconocimiento, sino que se debe indagar más allá del acontecimiento- reconocimiento, a la posteridad del mismo.

Efectivamente, la pluralidad necesita de los pluralismos. La pluralidad es una realidad fáctica, pero que se dinamiza a través de los pluralismos. La pluralidad sin movimiento, sin dinamización, sin fomento desde la base social y el propio Estado, sería una realidad inmóvil tolerada inservible, como se le critica al multiculturalismo (Žižek, 2005).

Esto es una constante a lo largo de toda la Constitución, se encuentra en la Bases Fundamentales del Estado, en los Derechos, en la Estructura y Organización Funcional del Estado, en la Estructura, Organización Territorial del Estado, en la Estructura así como en la Organización Económica del Estado.

3.2. Respecto al artículo 2.-

Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos

Esta categoría (Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos), que aparece por primera vez en el texto constitucional, en el Artículo 2 que se pretende analizar, es fundamental para la lectura y compresión del resto de la Constitución.

A partir de su enunciación o disposición en el segundo Artículo, su utilización en el resto del texto es recurrente.

Se trata de una fórmula nueva, cuya construcción tiene lugar en el mismo proceso constituyente, como se pudo ver en el capítulo tercero de esta investigación.

Por ello, a continuación se analizará extensivamente su composición, viéndose por un lado la fórmula Indígena Originario Campesinos y por el otro, la conjunción Naciones y Pueblos.

El Artículo 30 de la Constitución dispone que es nación y pueblo indígena originario campesino toda la colectividad humana que comparta una serie de características étnico- culturales, que además tenga una existencia anterior a la colonia (CPE: Artículo 30).

En este Artículo (30) del texto constitucional se propone una definición oficial de este nuevo término, afirmándose su unidad y solidez, obviándose así las posibles diferencias entre cada concepto que lo compone. Es por ello que, conviene desglosar la categoría para comprender cada uno de los elementos que la componen, y poder comprender su objetivo en tanto construcción semántica.

En cuanto a la fórmula Indígena Originario Campesino, nótese la falta de comas y de separación entre cada término que la compone, mediante la utilización del singular tanto en Indígena como en Originario.

La construcción final, Indígena Originario Campesino, comprende una ecuación que se pretende indivisible, acordada ya antes del texto aprobado en Chuquisaca, como puede referirse en el capítulo tercero de esta investigación.

En los borradores previos, así como en los informes de mayoría y minoría, todavía se distinguen los conceptos que componen la categoría: Indígenas Originarios y Campesinos. La utilización de los plurales y de la conjunción y tuvieron que cambiarse pues “no conformaba a constituyentes que provenían de las filas de los sindicatos campesinos, ni a las organizaciones del campo de la base del MAS, que veían en la separación entre originarios y campesinos la discriminación de los campesinos como no indígenas, modo en el que ellos también se identificaban” (Schavelzon, 2010: 67).

Aunque, a diferencia de Schavelzon, Oscar Vega (2011) prefiere leer la construcción, más que como la anulación de una contradicción, como la posibilidad de una articulación entre varios Sujetos relacionados por un mismo denominador común: la situación histórica de explotación colonial.

La fórmula Indígena Originario Campesino busca conciliar tres conceptos, antes distinguidos por lo debates kataristas, indianistas y marxistas (Schavelzon, 2010, Rodríguez Ostria, 2010). Cada una de estas corrientes tenía una lectura distinta sobre cuál era el sujeto-vanguardia de sus reivindicaciones, sin embargo en la Constitución se estaría juntando a todos en un mismo fardo, creando de una manera un poco estrellada una Subjetividad única. En el texto “Miradas. Nuevo Texto Constitucional”, Pablo Mamani afirma que, desde la Constitución de 1825 hasta la Constitución de 1994, “lo indígena, era no existente” (Mamani, 2010: 703).

Es decir, el modelo de Estado no sólo excluía a la esfera indígena, sino que la invisibilizaba, la hacía no-existente. Siguiendo el argumento de Mamani, recién a partir de la Constitución de 1994, se daría un primer intento de reconocimiento de la diversidad cultural del país en el texto constitucional. Pero este reconocimiento desde “el neoliberalismo multicultural”, solo pretendería incorporar la pluralidad a las relaciones de “dominación” entre Estado moderno y Sociedad (Mamani, 2010: 704).

El actual constitucionalismo pretendería por su parte dar un paso más en la inclusión de lo indígena, como una subjetividad tan fundamental como lo era el individuo en el acerco clásico, que además cuestiona la visión constitucionalista tradicional, fundándose en un sujeto colectivo.

Ahora bien, conviene, para proseguir la reflexión sobre la categoría Indígena Originario Campesino, revisar brevemente la justificación histórica y semántica que une los tres conceptos en uno.

Según Xavier Albó y Carlos Romero, en su trabajo “Autonomías Indígenas en la realidad boliviana y su nueva Constitución” (2009), el término Indígena tendría que ver con un intento de atenuación de indio, producto de la confusión histórica que vinculó esta parte del mundo con la India. Por un lado, el término indígena anularía el carácter discriminatorio que fue adquiriendo el término indio a lo largo de la historia (Albó; Romero, 2009: 4); por el otro, se lo utilizaría en la fórmula constitucional por su mayor manejo en tierras bajas y en “instrumentos internacionales” (Albó; Romero, 2009: 4).

En cuanto al término Originario, siguiendo a Albó y Romero, tendría mayor aplicabilidad en Tierras altas, ya que el término indígena sería rechazado en esas zonas del país. Finalmente el término Campesino que apareció por primera vez, de forma oficial, en Bolivia, con la Reforma Agraria de 1953 (Albó; Romero, 2009), corresponde a un grupo social (determinado geográficamente) en esencia indígena que, luego de la reforma agraria, pasó a tener un manejo de la tierra distinto al comunitario, pero que no implicó la anulación de su identidad cultural. Aunque en el discurso político, por lo menos desde la consolidación del latifundio, el campesinado era la figura para referirse al indígena, dada su actividad económica (en el campo, como productor agrícola). Indígena Originario Campesino, comprende una pluralidad vasta de sujeto, que a la vez están íntimamente relacionados, por su situación de resistencia a la dominación colonial y capitalista.

Lo que pretende el nuevo texto constitucional es instrumentalizar estos denominadores comunes para generar una cohesión, una unidad resistente, que desde su pluralidad contribuiría a la construcción de una singularidad boliviana, descolonizada, retomando los aportes de cada sujeto que compone esta subjetividad plural.

Cabe señalar que el término Originario no es una invención reciente, ni mucho menos posterior al término Indígena. Incluso es anterior al segundo, pero es tan antiguo como el término Indio, utilizado durante la colonia para referirse a todas las colectividades locales indistintamente. Efectivamente, durante la colonia, ante la necesidad de las autoridades por censar y diferenciar a la población tributante, se introduce el concepto de Originario. El año 1683, el virrey Toledo hace la distinción entre “indios “originarios” –miembros de

las comunidades constituidas por el virrey Toledo y (…) los “forasteros” –emigrantes y sus descendientes” (Sánchez Albornoz en Bethell, 1990: 18).

Los indígenas Originarios, en la colonia eran los que pertenecían al pueblo o comunidad donde eran censados, por ende debían pagar tributo. Por su parte los forasteros eran indígenas, normalmente, llegados de la Mit’a de Potosí, pero que preferían no retornar a sus comunidades para evitar ser reconducidos a las minas o tener que pagar el tributo. Esta categoría, si se considera exclusivamente su origen histórico, sería de uso exclusivo de tierras altas. Efectivamente la clasificación de Toledo no tuvo efecto en las poblaciones indígenas de tierras bajas, debido a que la colonización en esa zona fue muy diferente en relación a tierras altas. Esta nomenclatura se mantiene excluyente hasta el presente, el acervo de los indígenas de tierras altas, que prefieren ser denominados originarios, antes que indígenas, como los de tierras bajas, muchas veces subestimados culturalmente.

Habiendo revisado los dos primeros componentes de nuestra categoría es necesario aclarar que hablar de Indígena Originario tiene que ver con la construcción de una subjetividad llevada a cabo en el proceso constituyente, que no por ello deja de tomar elementos externos. Tanto el concepto Indígena como Originario corresponden a denominativos otorgados por agentes externos (colonizadores, instrumentos internacionales, etc). Está demás señalar que cada Nación y Pueblo Indígena Originario Campesino comprendido y reconocido en la Constitución tiene su propio etnónimo, es decir su denominativo propios (por ejemplo Pacajes, Carangas, Laymes, Jukumanis, Moré, Takana, entre muchos otros). Pero para manejar una categoría macro, que englobe a todas estas colectividades se decidió hacer el uso de estos términos acuñados en primera instancia en el extranjero, capaces de englobar a todas las colectividades indígenas. Conviene por lo tanto señalar que la creación de una categoría macro (Indígena Originario Campesino) puede ser tanto producente, en el sentido que busca articular sujetos plurales (Vega), buscar crear o inventar nuevos sentidos sobre significantes preexistentes; o puede ser contraproducente conduciendo pues conduce a una lectura

indistinta e indiferente de la pluralidad, generando así comprensiones erradas y limitadas sobre los alcances de la categoría.

Es necesario profundizar el análisis del último concepto que se adhiere a la fórmula Indígena Originario Campesino.

Efectivamente, la categoría Campesino corresponde a una nomenclatura occidental, para indicar un estatus sobre todo socioeconómico, o una actividad económica.

No obstante, tanto en el trabajo de Albó y Romero, como en el de Schavelzon como en el de Rodríguez Ostría, pareciera que siempre existió una voluntad por parte de los campesinos, producto de la Reforma Agraria de 1953, de ser reconocidos con alguna identidad étnica específica (Indígena).

Todo este debate tendría una justificación histórica, que lo encontramos en más de un trabajo sobre el tema indígena (aunque sean sobre todo trabajos sobre la región andina). Hasta antes de la ex-vinculación de tierras de comunidad, durante el Gobierno de Melgarejo (1864-1871), el grueso de las regiones altiplánica y valluna, estaba controlado por comunidades indígenas.

Esta estructura heredada desde la colonia, por medio de pactos entre el Estado e Indígenas apoderados (Caciques, curacas), se quebró con la expropiación llevada a cabo por el gobierno de Melgarejo, fundándose así los grandes latifundios (Antezana, 2011).

Ante esta evidencia histórica, resultaría lógico vincular al campesinado con lo indígena, pues antes de ser campesinado, incluso antes de ser servidumbre de las haciendas, esa facción de la población tenía una cotidianidad comunitaria indígena, y se regía bajo lógicas territoriales ajenas a las del campesinado occidental. La Reforma Agraria del 53 vino a interrumpir el proceso de destrucción latifundista del mundo indígena, aunque paradójicamente, tratando de anularlo con la aplicación de la nomenclatura clasista occidental (García, 2010).

Los campesinos en Bolivia, son esencialmente y se auto-identifican como colectividades indígenas, aunque en algunos casos adoptaron el discurso nacionalista revolucionario con más fuerza, muchas colectividades de productores campesinos gestionaron, y continúan haciéndolo, la reestructuración de su organización comunal.

El proceso de redistribución de tierras del año 1953 fue muy distinto en tierras altas y en tierras bajas. En ninguno de los dos casos la lógica fue pro-indígena, pero si hubo diferencias fundamentales que expresan la mentalidad andinocéntrica de la época. En el caso de tierras altas, como ya se señaló, la Reforma Agraria se diseñó a favor de las poblaciones indígenas liberadas de la Hacienda, promoviéndose la propiedad individual, es decir la formación de un campesinado capitalista (vía farmer). En contra parte, en tierras bajas, se promovió la colonización y la creación de grandes latifundios. Esto se entenderá mejor cuando se analice la subcategoría Dominio ancestral sobre sus territorios. La región de tierras bajas siempre fue comprendida, por el Estado Republicano, como una región fronteriza (Vega), no se consideraba la existencia de las poblaciones indígenas, o se la consideraba salvaje y marginal (tierras baldías). Esta lectura cargada de apatía se reprodujo íntegramente, en el gobierno del MNR, el año 53, con una reforma agraria llevada a cabo sólo en tierras altas y un proceso totalmente opuesto en tierras bajas.

En su texto “Apuntes para una historia aymara”, Josep M. Barnadas (1979), le atribuye a las políticas indigenales republicanas del Estado una “incomprensión “colonial” criolla” (Barnadas, 1979: 43). La política boliviana, según Barnadas, no dejó de estar impregnada por esta carencia, hecho que se reflejaría en la normativa, no sólo porque invisibilizaba lo indígena como sostiene Mamani, sino que destruía las estructuras comunitarias, lo que a largo plazo desembocaba en las contradicciones señaladas por Schavelzon, o las tensiones de las que nos habla Vega. En este sentido, la fórmula Indígena Originario Campesino encontraría su justificación tanto en el contenido histórico de cada término que la compone, como en su aplicación social y geográfica. No obstante, no deja de ser la construcción de una subjetividad mediante la utilización de

conceptos externos e impuestos, que si no es manejada responsablemente, con miras a generar una articulación y un sentido amplio de transformación de la sociedad y el Estado (Vega, 2011), puede desembocar en tensiones irreconciliables.

La conjunción Naciones y Pueblos también tiene una importancia semántica fundamental. En ella está la base de la plurinacionalidad, categoría que ya fue analizada en el Artículo 1. Nuevamente Albó y Romero ofrecen una explicación de por qué esta conjunción. Según ambos autores Naciones y Pueblos tiene que ver con las colectividades humanas que reúnen una serie de características étnico-culturales y que “constituyen unidades históricamente desarrolladas” (Albó; Romero, 2009: 5). La voluntad constitucional de unir Naciones y Pueblos, que en sí son términos muy distintos, tiene que ver con un objetivo político: el de elevar el rango de las identidades étnicas locales, subalternas en relación la identidad nacional dominante, para sacarlas de una situación de marginalidad y de “incomprensión”. Esta situación de marginalidad puede manifestarse en mayor o menor medida si se considera, nuevamente, la pluralidad inherente a la conjunción. Naciones y Pueblos contempla un objetivo amplísimo de entender las distintas colectividades que conformar la base social del Estado, pues entenderlas como Naciones y Pueblos permite pensar en identidades completas o totales.

El término nación, según Benedict Anderson comprende una construcción, la imaginación de un vínculo de diversas características por una colectividad. Es además una construcción con vocación política: concretar su construcción en un Estado. Anderson señala que los países latinoamericanos independizados fueron pioneros en la construcción de Estados nacionales, sin embargo, estas construcciones no contemplaban una real inclusión identitaria de todos los componentes de las sociedades latinoamericanas, sino solo de las elites criollas (Anderson, 2007).

De hecho, el uso del término nación por los criollos proviene del periodo colonial.

Ciertamente, señala Pablo Regalsky, los criollo independentistas “no tuvieron que buscar muy lejos la palabra “nación”, puesto que incluso los virreyes y otros visitadores reales

describieron en sus visitas a la gente amazónica, sin rastro de duda, como “naciones”” (Regalsky, 2007: 55). La voluntad criolla de generar naciones homogéneas inspirados en lo que sucedía en Europa tuvo que ver con el temor a que las naciones ya existentes adquirieran la suficiente fuerza o potencia para emanciparse, autodeterminarse (Anderson, 2007).

Efectivamente, el concepto de nación tiene que ver con una relación de poder (Renan, en Fernández Comp. 2000). La nación es una unidad cultural, étnica, lingüística, histórica, etc., que es en esencia versátil; está sujeta a “las continuas reconfiguraciones territoriales de la repartición geográfica de las colectividades humanas y a los movimientos de las mismas” (Neri, 2011). Es decir que, es en los encuentros y desencuentros entre colectividades humanas con diferentes rasgos culturales, que se van forjando, reconfigurando y arraigando las identidades. Es de esta manera que surge la nación. Como señala Samir Amin: “la nación supone la etnia, pero la supera” (Amin citado por Dussel, en Tenorio y París Comp., 2001: 280), en este sentido todas las naciones serían etnias, en primera instancia, pero que luego “superan” ese estatus, complejizando sus estructuras políticas, económicas y sociales. Esta es la lectura occidental, que de hecho es criticada tanto por Samir Amin, como por Enrique Dussel, que justifica la “imposición de la cultura, lengua y relato histórico de la comunidad mayoritaria sobre las minorías, destinadas a la aculturación” (Máis, 2002).

Tanto para Amin como para Renan y Dussel, la nación incluye al Estado, sin Estado las naciones serían simples etnias, es decir estarían en un rango inferior, “una nación o etnia por medio de la dominación del Estado, tiende a la homogeneización de las otras naciones o etnias oprimidas” (Dussel, en Tenorio y París Comp., 2001: 281). Sin embargo los procesos de homogeneización no siempre son efectivos, y quedan identidades subalternas contestatarias.

La Constitución podría, a partir de la utilización del concepto Naciones, proponer la toma del Estado por la pluralidad de naciones que lo componen. En el preámbulo de la Constitución se hace referencia a “tiempos inmemoriales”, en que la pluralidad era un

pilar de las relaciones sociales, pero que fueron interrumpidos por el proceso colonial (CPE, 2009). Estas sentencias estarían haciendo referencia a un pasado indígena, en que diversas identidades habrían convivido en una situación de relativa igualdad, hasta le llegada de los conquistadores que impusieron una nueva identidad proto-nacionalista, que luego tomó formas más específicas con la fundación de las Repúblicas en el siglo XIX. El objetivo de la Constitución actual, plasmado de forma más clara en el Artículo 2, sería el de quebrar esa relación de desigualdad de las identidades indígenas frente a la identidad boliviana, ascendiéndolas al estatus de “Nación”, sin, por ello, ponerlas en una misma escala jerárquica, descolonizando el término, anulando su cualidad impositiva. Por ello, una vez más se utiliza el concepto “Pueblos” formándose así una unidad. Dentro del objetivo de la conjunción Naciones y Pueblos se hallaría el horizonte de la Descolonización, justamente en la utilización del concepto nación, acuñado en la civilización moderna-occidental, pero aplicándolo a una realidad opuesta, y liberándolo de su sentido primicial: ser una imposición o el producto de una relación de poder.

En efecto, en cuanto al apéndice Pueblos, es el ingrediente que le da sentido a toda la ecuación. Al igual que la fórmula Indígena Originario Campesino, Naciones y Pueblos es una construcción indivisible, que hace alusión directa a la existencia precolonial (Albó; Romero, 2009). Si se utilizara Naciones solamente, se estaría anulando, por un lado el carácter subalterno resistente y contestatario, en este caso conveniente para la asignación de Derechos, de las colectividades indígenas; y por el otro, se cuestionaría la idea de nación boliviana, que se mantiene en un rango superior que engloba a las Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos (Albó; Romero, 2009: 6).

El Artículo 3 dispone que dentro de la “nación boliviana” estén comprendidos las naciones y pueblos indígena originario campesinos una subordinación lograda por el Congreso como se señaló anteriormente-, que junto con las demás identidades (mestizos, afrobolivianos, etc.) “constituyen el pueblo boliviano” (CPE: Artículo 3). Por otra parte, si sólo se utilizara Pueblos, se le restaría todo el componente étnico cultural y el carácter precolonial ancestral, así como el carácter de totalidad y el alto grado de politización de las colectividades indígenas (Albó; Romero, 2009).

Teniendo en cuenta todas las consideraciones hechas hasta este punto, se puede concluir que la fórmula Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos elaborada en la Asamblea Constituyente, es una categoría única e indivisible, o como la denominan Albó y Romero, un “mismo conjunto unitario” (Albó; Romero, 2009: 5). Cada componente del conjunto tiene una justificación y un peso propio que lo hace imprescindible. Cuando se haga el tratamiento del Artículo 3, se verá con mayor profundidad esta relación entre la categoría Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos y el otorgamiento de un nuevo sentido al “pueblo boliviano”.

Habiendo analizado los objetivos de la construcción de esta nueva subjetividad (Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos), es claro que el proceso constituyente puede ser considerado también como un espacio semánticamente productivo. Es decir, durante todo el proceso constituyente se inventaron significados, sentidos, trabajados sobre conceptos pre-enunciados, a veces con significaciones cargadas de tensiones. La riqueza del proceso constituyente reside en su voluntad por inventar, crear sentidos que hagan al nuevo Estado Plurinacional un objetivo descolonizador, y articulador de la pluralidad de sujetos que lo componen. Sin embargo, la mantención de viejos sentidos o malinterpretación de los conceptos utilizados, ligados a un vocabulario colonial, podría reforzar las tensiones de forma contraproducente.

Existencia precolonial

A pesar de los intentos de invisibilizar lo indígena, o de anularlo mediante políticas y normativas del Estado previo a la actual Constitución, se hace evidente en la misma, a partir de la fuerza con que lo indígena ingresa en su narrativa, la persistencia del mundo indígena precolonial, que finalmente tuvo que ser incluido en la normativa básica boliviana. Cuando se habla de Existencia precolonial, se hace sobre todo alusión a un momento de quiebre: la llegada de los conquistadores españoles a esta parte del continente, el año 1532. No obstante, como se verá en adelante, también tiene que ver

con varios momentos de la historia, incluso republicana, en que políticas colonialistas chocan con realidades indígenas preexistentes.

Oscar Vega señala, en un ensayo sobre el Estado Plurinacional, que la debilidad del Estado boliviano colonial, en lo que se refiere a su devenir pseudo-modernista, siempre fue la pluralidad (Vega, 2010), pues la misma implica una “potencia” capaz de establecer “nuevos marcos categoriales y prácticos que inciden en la búsqueda de las formas de interculturalidad” (Vega, 2010: 118) incitando a una mayor coherencia. Ya se vio con el texto de Mamani, que la voluntad, en los primeros años de la República, de las elites criollas gobernantes, de encubrir o ignorar lo indígena, tuvo como consecuencia la construcción de una estatalidad incompleta y en constante crisis. Es por ello que se puede afirmar que la Existencia precolonial tiene que ver con el periodo previo a la llegada de los conquistadores españoles, y puede evidenciarse o explorarse también desde varios momentos, que van desde la Colonia, hasta la República.

Esta tensión no fue comprendida por la estatalidad, sino que tardó en ser captada por la propia sociedad plural, quien la resuelve posteriormente. Para poder comprender la Existencia precolonial hay que explorar y revisar el momento de ruptura, es decir la colonización y las transformaciones que supuso este proceso para las colectividades preexistentes a la colonia.

En la historia de las Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos de Bolivia, se puede distinguir dos procesos de colonización distintos. Por un lado en la parte occidental, una colonización mucho más compleja institucionalmente, debido por un lado a la magnitud poblacional y, por el otro, a la complejidad política-estatal con que ya contaban las sociedades prehispánicas de occidente.

Si bien hubo alteraciones en sus instituciones, además de su identidad (evangelización), la colonización tuvo que llevarse a cabo entre procesos de extirpación violenta de identidad y destrucción de ciertos niveles institucionales (el incario), y “mantención” de

espacios políticos más pequeños (el Ayllu) y la aceptación del sincretismo cultural (Arnold en Arnold et al., 2009).

Las estructuras comunitarias fueron “mantenidas” estratégicamente, por los conquistadores, para facilitar sobre todo la administración de la mano de obra (Bakewell, 1992). Las jerarquías políticas del mundo andino (curacas) se mantuvieron, y fueron utilizadas por los colonizadores para lograr un cierto diálogo, menos conflictivo, entre la mano de obra indígena y la empresa minera española (Thomson, 2007; Spalding, 1974).

Si bien algunas autoridades indígenas terminaron aproximándose a la elite colonizadora, su persistencia logró también asegurar la perennidad de los espacios comunitarios. En suma en el proceso de colonización del mundo andino, se puede observar un constante diálogo-conflicto entre lo indígena (mantenido a la fuerza) y lo europeo (insertado también a la fuerza).

En lo que se refiere al proceso de colonización en tierras bajas, la historia es diferente, aunque menos documentada. Se trata de una región menos compleja en términos de organización estatal, aunque con una complejidad quizás mayor que en tierras altas, en términos culturales. Se trata de una región con una mayor diversidad cultural, y una población indígena mucho más dispersa. La ausencia de mineral en la zona de los llanos y bosques tropicales, así como la dispersión de la potencial mano de obra, se reflejó en una indiferencia por parte de los colonizadores sobre las tierras bajas.

La colonización, en primera instancia, fue más de tipo religiosa, con las misiones jesuíticas. Luego, de manera muy posterior fueron ingresando los exploradores y terratenientes. Al ser un proceso más religioso, la colonia no logró desestructurar totalmente las lógicas de organización política y económica de los pueblos de tierras bajas ni, pese a que lo intentaron, sus formas de manejo territorial, como se verá más adelante.

Una vez concluida la Colonia, parece haber una continuidad de la colonialidad, es decir se elimina la administración de la Corona española en el territorio boliviano, pero la nueva estatalidad se funda sobre las mismas prácticas excluyentes (Mamani, 2010). Es por ello que se afirmó que la manifestación de la Existencia precolonial puede entenderse a partir de varios momentos, incluso después de fundada la República, cuando alguna política o práctica de tipo colonialista choca con estructuras comunitarias indígenas que evidencian esta condición.

Se pueden mencionar varios momentos de la historia republicana en que se llevan a cabo políticas coloniales, desde el Estado.

La promulgación de la “Ley del 28 de Septiembre de 1868”, de ex-vinculación de tierras de comunidad, durante el gobierno de Mariano Melgarejo; su ratificación en el año 1874, con la “Ley de 5 de Octubre de 1874”, durante el gobierno de Tomás Frías; la “Ley de 13 de Noviembre de 1886. Colonias y tierras del Estado”, durante el gobierno de Gregorio Pacheco que declaraba tierras baldías a ser colonizadas, parte de los departamentos de Chuquisaca, Santa Cruz, Beni, La Paz, obviando también la territorialidad de los indígenas de tierras bajas; entre muchas otras políticas públicas que desataban el descontento de los pueblos indígenas. Descontento incomprendido por la mentalidad ““colonial” criolla” (Barnadas, 1979).

Todos estos momentos, entre varios otros, reflejan o sacan a la luz también esa “Existencia precolonial” desconocida o incomprendida incluso durante la República.

Es decir, esas medidas estatales republicanas llegaban con un contenido colonial expreso, y chocaban con lo “precolonial” es decir lo indígena. Es por ello también, que en el preámbulo de la Constitución se habla de “dejar en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal” (CPE: Preámbulo). La Existencia precolonial es una condición que se evidencia por los resabios del mundo precolonial en la actualidad post- colonial, y las formas de resistencia que aún tienen lugar.

Libre determinación

La Libre determinación es quizás el principal derecho colectivo otorgado a las naciones y pueblos indígena originario campesino. Aunque se diferencia de la autodeterminación, como se verá más adelante, la Libre determinación abre una serie larga de potencias transformadoras del Estado, por las naciones y pueblos indígena originario campesinos.

La Libre determinación comprende la apertura y transformación definitiva del campo político estatal tradicional, posibilitando la oficialización o el empoderamiento del o los campos políticos indígenas, que toman al Estado, lo empapan de otras lógicas, saber hacer y espacios políticos. La Libre determinación es la base de la pluralidad y los pluralismos dispuestos en el Artículo 1, pues comprende la apertura de lo político a otros ámbitos mucho más diversos y complejos.

Esta categoría surge de varios debates internacionales acerca de la temática de los pueblos indígenas, que van desde el periodo de descolonización y desestructuración de los grandes imperios coloniales europeos, luego de la Segunda Guerra Mundial, hasta la actualidad.

Según Ramiro Orias, en el caso de los pueblos indígenas de América Latina, y notablemente en el caso boliviano, el debate sobre los derechos de los pueblos indígenas en relación a varios aspectos de su cotidianidad, es reabierto con la conmemoración de los 500 años de la llegada de los españoles a América (Orias, 2008). A partir de los años noventa (incluso antes), la temática de la subjetividad internacional de los pueblos indígenas pasa a ser tratada a nivel de las Naciones Unidas 20 . Dentro de los foros de discusión sobre el tema indígena, se trataron los temas de tierra y territorio, recursos naturales, entre otros. La complejidad de esta temática reside en los alcances de las resoluciones finales en los debates, es decir en las dimensiones del derecho a la Libre determinación.

20 Ver Convenio nº 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes, 1989.

El reconocimiento del derecho a la Libre determinación, según Antonio Arenales Forno, tiene que ver con el colofón de relaciones de “dominación colonial u ocupación extranjera” (Arenales, 2002). Este reconocimiento, retomando a Orias, podría tener dos salidas: la autodeterminación nacional, aplicada mediante una estatalidad propia; o la autonomía territorial en el marco de una sola estatalidad unitaria (Orias, 2008; ver también Aja, 2007), esto dependiendo del caso en que se aplique. En caso de nacionalidades como las de Europa del este, por ejemplo, la salida a su demanda por la Libre determinación culminó en la fundación de nuevos Estados, luego de la caída de la Unión Soviética 21 . No obstante, señala Arenales, existe una diferencia substancial entre los casos mencionados y lo que sucede en América Latina, ésta es la situación de sometimiento a la dominación colonial (Arenales, 2002: 46). En este segundo caso, es decir el de los pueblos sometidos a la dominación colonial, se oponen también las dos vías para el ejercicio de la Libre determinación que ya se mencionaron.

En el caso de los países de América Latina, si bien la situación de dominación colonial, con respecto a la metrópolis española concluyó en el siglo XIX, se mantiene vigente la demanda por la Libre Determinación. En efecto la demanda por Libre Determinación no se ve satisfecha con las independencias criollas, los pueblos indígenas son conscientes que, en su caso, se mantienen las relaciones de explotación y exclusión colonial. En Bolivia por ejemplo, la demanda de Libre Determinación de las colectividades indígenas o Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos tiene una densidad histórica acumulada a lo largo de varios siglos de luchas, y sobre en las últimas tres décadas. Se pueden mencionar los casos de las fundaciones de organizaciones sociales indígenas campesinas, como es el caso de la CSUTCB; o las marchas indígenas de tierras bajas, en la década de los 90’s, hasta las luchas de la última década en tierras altas. Todos estos procesos históricos sentaron los precedentes para que se llevaran a cabo las discusiones sobre los derechos de los pueblos indígenas, en instancias internacionales como la ONU.

21 Al estar situados en el continente de las metrópolis coloniales, la situación de los Estados de Europa del este no se la puede entender como “dominación colonial”, sino más como “ocupación extranjera”. Es por ello que la fundación de los Estados post-soviéticos, respeto relativamente viejas fronteras y territorialidades. En contra parte, para el resto del mundo, si se aplicaría del primer caso, es decir “dominación colonial”.

En la resolución 1514 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, sobre descolonización, el Artículo 2 dispone que “Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación; en virtud de este derecho, determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural” (1960). En esta resolución, el derecho de los pueblos, en situación de dominación colonial, a la Libre determinación es entendido como el tránsito a su independencia política, económica, cultural, etc. Sin embargo el debate que se abre alrededor de esta temática tiene que ver con diferenciar situaciones de dominación colonial. La lectura oficial, eurocéntrica en esencia, entiende a la descolonización como el colofón de la administración de las metrópolis europeas en territorios ajenos. Es por ello que la Resolución 1514 de la Asamblea General de la ONU, habría sido emitida para ser aplicada sobre todo en los territorios de África y Asia, donde se llevaban a cabo procesos de independencia, luego de concluida la Segunda Guerra Mundial. En el caso de América Latina, la Resolución 1514 no tendría aplicación pues sus procesos de independencia de la dominación española y portuguesa concluyeron en el siglo XIX.

No fue sino hasta los años 90, con la conmemoración de los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón (1992), que se replantea el debate sobre el tema de “dominación colonial” (López, 2008). Las contradicciones crecientes en los diferentes Estados del continente americano, como la marcha de los pueblos indígenas en Bolivia, el año 1990; las movilizaciones de los pueblos indígenas en Ecuador, Colombia; el levantamiento de los pueblos indígenas en Chiapas, México, el año 1994, fueron eventos que evidenciaron la necesidad de re-discutir la temática de la Libre Determinación. Según Francisco López, en su breve ensayo “Autonomías indígenas en América Latina”, la reapertura del debate sobre la situación de dominación colonial de los pueblos indígenas, a partir del año 1992, corresponde a un momento, no sólo de rememoración histórica, sino también de transformación de sus “formas de manifestación política y sus demandas” (López, 2008: 24). En este sentido López distingue dos posibles vías de ejercicio del derecho a la Libre Determinación” 22 :

22 En su ensayo, López utiliza el término Libre Determinación, aunque en sus referencias bibliográficas cita el trabajo de Javier Ruipérez Constitución y autodeterminación (1995), en que, como el titulo lo indica, el término utilizado parece ser Autodeterminación, que se diferencia substancialmente del primero. La autodeterminación tiene que ver más con lo que

1. Libre determinación en su forma externa: esta vía implicaría la separación del pueblo, que busca ejercer su libre determinación, del Estado al que pertenece para constituir su propio Estado, o adherirse a otro Estado. En este caso, pasa a utilizarse el concepto de autodeterminación en vez de libre determinación.

2. Libre determinación en su forma interna: a diferencia de la primera, tiene que ver con la decisión libre del pueblo indígena de “seguir perteneciendo a un Estado nacional siempre que éste acepte reconocerlo como pueblo” (López, 2008: 26).

Como ya se señaló, el debate sobre la libre determinación de los pueblos indígenas fue reabierto en instancias internacionales, para resolver la temática de tal forma que se impusiera sobre todo la figura de la Libre determinación en su forma interna. El año 1989, se aprueba el Convenio nº 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes. Si se presta atención al título del Convenio, la temática abordada por el mismo tiene que ver con pueblos indígenas en países independientes, es decir al interior de los mismo. Por lo tanto, es la figura de Libre determinación interna la que prevalece. Esto hace alusión a lo que ya se apuntó sobre el tema de diferenciar situaciones de “dominación colonial”. En el acervo jurídico en lengua castellana, a partir de esta diferenciación, se comienza a utilizar dos conceptos diferenciados:

autodeterminación que tiene que ver con una soberanía per se, como la que gozan los Estado; libre determinación que tiene que ver con el ejercicio de cierta autonomía al interior de una Estado. Por lo tanto, Libre determinación en la Constitución no tiene el alcance del concepto de autodeterminación.

El Convenio nº 169 subordina, pues, la libre determinación de los pueblos indígenas a la primacía de la estatalidad. Si bien el grueso de los Artículos de este convenio insta a una acción afirmativa por parte de los Estados que la ratifiquen, para con los pueblos indígenas, los mismo (pueblos indígenas) siguen estando en un nivel inferior en cuanto a la toma de sus decisiones. Ahora bien en lo que se refiere a su contenido: El Artículo 6

del Convenio nº 169, dispone el derecho a la consulta, así como el deber del Estado de apoyar el desarrollo de los pueblos; el Artículo 7 dispone el derecho a la decisión de “sus propias prioridades” en relación al desarrollo, y el deber del Estado en el mejoramiento de sus condiciones de vida; el Artículo 13 dispone el respeto de su tierra y territorio, pero entendido como hábitat. En suma, el Convenio nº 169, por un lado marca las principales pautas sobre el tema de la libre determinación en el marco del Estado y, por el otro, le asigna al Estado cierta primacía y la responsabilidad de asegurar el ejercicio de ese derecho.

El Artículo 2 de la Constitución Política del Estado, dispone que ante la existencia precolonial de naciones y pueblos indígena originario campesinos, “se garantiza su libre determinación en el marco de la unidad del Estado” (CPE: Artículo 2).

Es decir, en la Constitución es la figura de Libre determinación interna la que se aplica. Retomando a Francisco López, la forma de aplicación de esta figura de la libre determinación interna sería la autonomía. (López, 2008: 26):

“La autonomía es la forma que los movimientos indígenas han elegido para ejercer su derecho a la libre determinación, por eso se dice que la autonomía es una forma específica de ejercicio de la libre determinación.”

3.3. Respecto al artículo 3

Nación boliviana- Pueblo boliviano

A partir de la lectura del 3º Artículo de la vigente Constitución, se puede afirmar que éste trata a la Nación boliviana y al Pueblo boliviano casi como categorías equivalentes, puesto que se describe que diferentes sujetos tanto individuales, como colectivos- por un lado constituyen al pueblo boliviano y por otro lado se dice que la nación boliviana está conformada por la misma diversidad de sujetos. La importancia de desdoblar el contenido de este Artículo reside en si el mismo puede como no contradecir a los dos

Artículos que lo anteceden. En efecto, la forma en cómo está planteada la nación boliviana en el presente Artículo pareciera entrar en contradicción con la plurinacionalidad dispuesta en el Artículo 1, que luego es reforzada en el Artículo 2. El carácter Plurinacional debería ser el reemplazo, o la superación de la idea de nación única, sin embargo, en el Artículo 3 tal parece que esta figura occidental se mantiene.

El Concepto de Nación, que también está presente y es pilar conceptual de la conjunción indígena originario campesino, tiene un carácter negativo. Se trata de una construcción occidental que comprende un objetivo de homogeneidad.

La Nación comprende un vínculo identitario complejo, que se funda en la historia común, la lengua, elementos étnicos, la cultura en general, es decir características comunes que hacen que una colectividad se sienta articulada y por lo tanto cohesionada. Ahora bien, este vínculo de ninguna manera es preexistente ni mucho menos definitivo, se trata más bien de una construcción ficticia del hombre. En ese sentido Benedict Anderson se refiere a comunidades imaginadas (2007).

La nación es en primera instancia una relación de fuerza, en el que una identidad se impone a las demás y deviene la única. “La unidad siempre se hace brutalmente” afirma Ernest Renan (Renan, 2000: 56), para referirse al surgimiento de las naciones, posteriormente, siguiendo una lectura marxista, la nación precisa de algo más que la coerción para perennizarse: la dominación ideológica. Es por ello que, en el acervo de la civilización moderna-occidental, el objetivo deviene el Estado-Nación, es decir la nación precisa del aparato estatal para afianzarse, y lo hace a través de la dominación en distintos ámbitos (educación, la creación de historias nacionales, normativas, etc.). Es decir la nación se funda en la represión y en la posterior dominación, que devienen las dos funciones principales del Estado.

La otra característica que hace a la nación es su vínculo con la economía moderna o Modo de Producción Capitalista. De hecho podría afirmarse que es en la economía capitalista, a través de las burguesías, que se fundan los horizontes nacionales. El

Capitalismo, fundado en la enajenación de las propiedades comunales pre-capitalistas (Marx, 1981[1872]), es decir en la proletarización forzada de las poblaciones rurales europeas, supuso también una enajenación de lazos culturales, étnicos. Por lo tanto esas masas de proletarios o proto-proletarios carecían de una articulación no sólo económica con los medios de producción, sino también identitaria 23 . Esta es otra de las tareas democrático burguesas a las que los intelectuales marxistas se refieren, son las burguesías las que se valen en primera instancia de los discursos nacionalistas, para cohesionar a la base social productiva: los proletarios. Para ello, precisan del aparato estatal de forma tal que cada Estado delimite territorialmente, bajo el paraguas de la nación, soberanamente, su población, su capitalismo y su mano de obra. El primer momento del capitalismo europeo consistía en la competencia entre burguesías nacionales. (Poulantzas, 2007). Pero la toma del poder por las burguesías en momentos históricos como la Revolución Francesa de 1789, que significó el fin del Estado absolutista, debía crear una ilusión de articulación y emancipación. El Estado no podía pasar de ser Absolutista a ser “Burguesista”, se funda pues un Estado “nacional-popular”; aparece la idea de un “Estado representativo nacional” (Poulantzas, 1980: 73).

Ambos pilares de la modernidad capitalista: el Estado Nación y el Modo de Producción Capitalista, fundados en la violencia y la destrucción de estructuras identitarias y económicas previas, siempre estuvieron en una situación de crisis. La nación no logra culminar su construcción, al estar fundada en la violencia (guerra de razas) (Foucault, 2000), por su parte la economía capitalista fundada en la explotación del individuo, fue puesta en cuestión casi desde su aparición. En la actualidad, el Modo de Producción Capitalista sigue siendo cuestionado de forma recurrente, y la nación es cada vez re- pensada, re-significada en los debates académicos, para paliar su fragilidad.

En el caso boliviano cabe preguntarse, existe una nación per se, existe una base económica capitalista per se, sin la existencia de estos dos elementos no podría hablarse de un Estado nación boliviano. La nación boliviana aparece en el constitucionalismo

23 Véase el tratamiento del Artículo 2, en el mismo se señala la importancia del territorio, la tierra y la territorialidad, para las identidades de las naciones y pueblos indígena originario campesinos. Lo mismo sucedía con las entidades comunales en Europa, previo a su enajenación.

boliviano desde las primeras Constituciones, no obstante se trataba de una nación exclusiva y excluyente, pues los ciudadanos eran una elite reducida de criollos. Se trataba además de una elite que no consiguió apropiarse del espacio, del territorio, no logra concretar su rol de clase (Zavaleta, 2011), se trataba de oligarquías antinacionales, más inspiradas en copiar modos de vida foráneos.

En ese sentido es que se mantuvo, aunque de forma subalterna una realidad altamente politizada y con un devenir histórico incomprendido: la de las naciones y pueblos indígena originario campesinos. Es por ello que para 1952, cuando las clases medias mestizas, inspiradas en postulados teóricos e ideológicos occidentales y, para ese momento, anacrónicos, se hallaron con territorialidades, estructuras económicas, políticas, jurídicas funcionales y arraigadas, que durante más de un siglo de República se habían ido fortaleciendo. Entonces para ese momento, pensar en un modelo económico capitalista y plantear un discurso nacionalista resultaba ya anacrónico e irrealizable.

En ese sentido pareciera paradójico que en la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia, se planteara nuevamente a la nación boliviana como identidad totalizadora de la base social, sin caer en el riesgo de una voluntad homogeneizadora, esencialmente occidental y colonial. Sin embargo, es importante mencionar que esta referencia a la conformación de la nación boliviana en singular- está estrechamente relacionada con esa visión del Estado Unitario, también expuesta en el primer Artículo, puesto que implica que la pluralidad que caracteriza a la sociedad, está englobada en una unidad común, Bolivia es una sola, por lo tanto hay una nación y se habla de un Estado unitario, cosa que de ninguna manera significa uniformidad u homogenización. Es de esta misma manera que se define al Pueblo boliviano, también en singular pero no como una unidad compacta. De lo que se trata en el Artículo 3, es de articular en una singularidad plural las diversas identidades que hacen al carácter Plurinacional del nuevo Estado.

Esa singularidad plural es lo que se viene a denominar Bolivia, o “pueblo boliviano”. Es decir que, si se lee el presente Artículo como una continuación y complementación de los Artículos 1 y 2, en realidad se está re-significando el término Bolivia y el de pueblo

boliviano. La Constitución vacía de sentido ambos significantes y los re-llena desde la pluralidad. Finalmente, cuando el Artículo 1 se refiere a los distintos pluralismos, notoriamente el económico, el político y el lingüístico, diluye la posibilidad de una nación homogeneizadora boliviana, pues el mismo hecho de una base económica plural conduce a la imposibilidad de pensar una nación mono-identitaria, es decir de una nación en el sentido occidental.

Por lo tanto la nación boliviana se refiere a “unir de manera articulada, igualitaria y solidaria a una nación de muchas naciones (…) este concepto de nación boliviana viene a ser el componente social que suelda, en el plano ideológico, lo que en el plano más estructural se expresa insistiendo en que somos un estado unitario” (Albó y Romero,

2009:6).

Bajo esta misma idea, García Linera en una entrevista define a la plurinacionalidad como “todo en el marco de una sola identidad nacional boliviana. Somos una nación de naciones” (García L., citado por Schavelzon, 2010:). De esta manera es que se puede decir que la nación está compuesta por el pueblo boliviano que tiene una composición plural.

Si bien el término nación boliviana, no aparece en ningún otro artículo de la actual Constitución, el concepto pueblo boliviano es mencionado repetidas veces a lo largo del mismo. La explicación podría encontrarse en el hecho que el término nación boliviana recién aparece en la propuesta del texto constitucional aprobada por el Congreso, lo que hace explícita como muchos autores lo han señalado- su incorporación tardía y en un diferente contexto de discusión. Al respecto se afirma que la inclusión del término nación boliviana surgió a partir de aquellos que “al no sentirse miembros de alguna nación y pueblo indígena originario campesino, se sentían despojados de toda nacionalidad” (Albó y Romero, 2009:5). Además, al ser la nación un objetivo en constante crisis, esto conllevó a la redefinición de la misma en distintos momentos, por ello actualmente hablar de nación no necesariamente comprende el sentido histórico del término. En los debates académicos, se diferenciaba tradicionalmente la nación cívica de la nación étnica, la

primera basada en ideales modernos de democracia y ciudadanía; la segunda se basaba en lazos identitarios más étnico-culturales. Miquel Caminal propone, ante la crisis de estas figuras, que además según él no están diferenciadas, una tercera forma de nación: la nación jurídica. Esta tercera forma de entender la nación sería más abierta. “La nación jurídica es el conjunto de personas que están vinculadas por ley como ciudadanos de un estado” (Caminal, 1998: 96), en ese sentido el lazo podría comprender tanto la forma de nación cívica, como la forma de nación étnica, como ninguna de las dos. Al ser un vínculo meramente legal, podría no existir una cohesión o una unidad cultural, podrían existir varias identidades, pero todas sujetas a un vinculo legal, a una identidad nacional- legal predominante.

Este carácter polisémico de la nación, y su realización en un sentido más jurídico se halla inmerso en la narrativa constitucional vigente. Por un lado se encuentra la nación en sentido jurídico-político y por lo tanto relacionado con la nacionalidad, siendo considerada como un derecho humano de toda persona. En este sentido, la vigente Constitución en sus artículos 141 al 143 especifica la manera de adquirir la nacionalidad boliviana, que como se verá más adelante en el análisis, es de manera individual. Diferenciándose al mismo tiempo de la ciudadanía nacional que es el estatus jurídico político de cada individuo.

Por otro lado, se encuentra la nación en sentido socio-cultural, que como ya sucedía en anteriores Constituciones, y como se lo ha añadido en la reforma realizada en el Congreso, la identidad nacional por esto la explícita y única referencia a lo largo del texto constitucional de la nación boliviana en el artículo 3º- funciona como un mecanismo para unir a una población, para que las personas se sientan miembros de la nación unitaria, pero no por ello uniforme, que el Estado trata de construir en base a un territorio delimitado. A pesar del reconocimiento de la plurinacionalidad, y en base a lo analizado en el artículo 1º, todavía se sostiene la idea de una nación boliviana, en el sentido unitario del Estado, como una comunidad de destino y en proceso de construcción, como ya se lo ha mencionado, como una nación que alberga en sí misma varias naciones, que alberga a un pueblo plural sin exclusiones.

Por otra parte, no debe pasarse por alto la importancia que gana el concepto de nación aplicado a las colectividades indígenas, expresada en el Artículo 2. El concepto de nación ya era utilizado para referirse a estos grupos o colectividades, desde el periodo colonial. Sin embargo, con la nueva Constitución, las Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos adquieren un nuevo estatus, se equiparan a las demás identidades nacionales. Ese es el sentido de la Plurinacionalidad. Cuando se habla de “nación de naciones”, se hace referencia a una relación de horizontalidad entre las diversas identidades que hacen a la nación, que en este caso llegaría a ser nada más que un rótulo jurídico, para expresar la igualdad de todos los grupos socio-culturales de Bolivia, frente a la Constitución. El concepto de nación boliviana, nuevamente, pasa a ser un vínculo o lazo sobre todo jurídico, más que político o cultural, como se pretendió en anteriores textos Constitucionales.

Esta descripción de la composición del pueblo boliviano hace evidente, una vez más, el tratamiento de la nueva condición de estatalidad, donde por todo lo anteriormente explicado- el concepto pueblo no responde a la definición moderna de Estado-nación, donde el pueblo no es un conjunto compacto y homogéneo, no es entendido como aquella nación que correspondía a un Estado, sino como una composición compleja, diversa y plural, una sociedad plural.

“La caracterización del Estado hace una descripción del pueblo en su diversidad y multiplicidad, identificando su composición abigarrada en tanto naciones, clases y estratos sociales, dispersos en las ciudades y en el campo (…) el pueblo boliviano viene caracterizado descriptivamente por su diversidad etnográfica y sociológica” (Prada, 2010:

109-110)

Como se mencionaba anteriormente la categoría pueblo boliviano se encuentra en muchos artículos de la Constitución, empezando por el Preámbulo donde se menciona que el pueblo boliviano posee una composición plural, pasando por muchos artículos donde se declara al pueblo boliviano como el propietario de los recursos naturales,

hidrocarburos, de los bosques, de la tierra, de los suelos forestales, etc. además de especificar que la soberanía recae en el pueblo boliviano. Por lo tanto la actual Constitución posesiona al complejo sujeto pueblo boliviano, como el protagonista en diferentes ámbitos, tanto como propietario de recursos naturales, como aquel sujeto que detenta la soberanía.

Como se puede observar, el rol que juega el pueblo boliviano a partir de la Constitución y por lo tanto a partir de la nueva condición de estatalidad, es muy importante y complejo, no solamente por su composición, sino también por una nueva condición de propiedad emergente a partir de las características del pueblo boliviano.

Por lo tanto, ya enfatizando en la composición del pueblo boliviano, éste después de un complejo debate en el proceso constituyente- está conformado por diversidad de sujetos o identidades. Entonces, tomando en cuenta la pertenencia o identificación múltiple del ser humano, se puede afirmar que dentro de la definición y composición del pueblo boliviano se engloban pertenencias individuales y colectivas que serán explicadas a continuación.

Las bolivianas y los bolivianos.

En el caso de las bolivianas y los bolivianos se puede afirmar que esta subcategoría está destinada a una pertenencia individual en tanto sujeto, para aquellas personas que no se identifiquen individualmente con alguna identidad indígena. Pero también obedece a la última idea apuntada en la categoría anterior. Esta pertenencia individual no sólo sirve como referente identitario para aquellos individuos no pertenecientes a una Nación y Pueblo Indígena Originario Campesino; sino que sirve como lazo jurídico entre todos los habitantes del territorio plurinacional boliviano.

En este sentido, se encuentra el Artículo 141, donde se explicita los requisitos para adquirir la nacionalidad boliviana, “La nacionalidad boliviana se adquiere por nacimiento o por naturalización. Son bolivianas y bolivianos por nacimiento, las personas nacidas en el territorio boliviano más alla de su adscripción o no a una identidad indígena

originario campesina-, con excepción de las hijas y los hijos de personal extranjero en misión diplomática; y las personas nacidas en el extranjero, de madre boliviana o de padre boliviano”. Como se puede evidenciar mediante este Artículo, la adscripción a la nacionalidad es de tipo individual, y tiene que ver, nuevamente, con un lazo sobre todo jurídico.

Lo que no significa que una persona al pertenecer a la comunidad intercultural o a una

nación y pueblo indígena originario campesino no sea boliviana, es aquí donde juega la pertenencia múltiple de los seres humanos, y la re-significación del concepto de pueblo boliviano. Por lo tanto, si bien la categoría bolivianas y bolivianos está destinada a una

autoidentificación individual, no es excluyente para aquellos que se identifiquen colectivamente con alguna comunidad, sino también para aquellos que quieran

identificarse individualmente como bolivianos y a la vez pertenecer colectivamente, por ejemplo, a alguna nación y pueblo indígena originario campesino . En este sentido y como ya se lo ha mencionado anteriormente, la nacionalidad a partir del reconocimiento

de un Estado plurinacional cobra un significado diferente: ahora la nación boliviana es

sobre todo una nación jurídica, en el marco de la Plurinacionalidad del nuevo Estado.

Esta categoría, a la vez, nos muestra la existencia y continuidad de la identificación y subjetividad moderna, que a pesar de no haber sido un proyecto exitoso y de no haber logrado impregnar a toda la sociedad, está presente en algunos sectores a partir de la intención de construir un Estado-nación moderno, con ciudadanos individuales.

Naciones y pueblos indígena originario campesinos.

A diferencia de la anterior categoría, las naciones y pueblos indígena originario

campesinos es un sujeto colectivo que tiene una definición, en primera instancia en el Artículo 2, y que luego se completa en el Artículo 30 de la actual Constitución, definiéndolo como una unidad, un solo concepto, que no tiene divisiones . “Es nación y pueblo indígena originario campesino toda la colectividad humana que comparta identidad cultural, idioma, tradición histórica, instituciones, territorialidad y cosmovisión,

cuya existencia es anterior a la invasión colonial española”. Es importante mencionar que la construcción de esta subjetividad colectiva surgió y recibió los mayores aportes de la propuesta del Pacto de Unidad.

El debate en la Constituyente para la definición de esta nueva subjetividad, crítica del sujeto diferenciado, fue muy problemático, ya que ésta debía aglutinar distintas formas de ser indígena, desde aquellos de las tierras bajas más identificados con el término indígena; aquellos de las tierras altas que se identificaban como originarios; hasta aquellos que debido a todo el proceso de nacionalización y reforma agraria de la Revolución de 1952 , tenían propiedades individuales y se identificaban como campesinos. Finalmente el sujeto colectivo de naciones y pueblos indígena originario campesinos logró aglutinar a diversas identidades, diversas realidades socio-económicas, politicas y geográficas, sobre un mismo denominador común: la situación de explotación colonial, (Schavelzon, 2010).

El hecho que esta definición haya sido problemática, devela lo difícil que resulta denominar o mejor que se autodenomine un grupo que es o ha sido subalterno, los denominativos fueron y son muchos dependiendo de distintos procesos históricos que se han ido sobreponiendo unos sobre otros, mostrándolos, durante todos estos procesos, como objetos extraños y no como sujetos, por lo tanto como pertenecientes a otro nivel. El denominativo a los grupos subalternos siempre ha sido puesto por otros y no por ellos mismos, siendo éste quizá el motivo de lo complejo que puede resultar formar una autodeterminación o auto-denominación identitaria, cuando existen tantos procesos de subalternización por los cuales han debido atravesar. Sin embargo, en la Constitución vigente este denominativo adquiere su propio sentido, su propio valor y peso, al tratarse de identidades diversas, que debido a la situación de indiferencia colonial, sufrida durante tanto tiempo, adquirieron un alto grado de politización.

La categoría naciones y pueblos indígena originario campesinos se encuentra muchas veces repetida a lo largo de toda la Constitución. No está demás señalar que el reconocimiento de esta nueva subjetividad está relacionado con el carácter plurinacional

inserto en el 1º Artículo, y con el reconocimiento de la existencia de realidades culturales prehispánicas, aunque no por ello anacrónicas, en el Artículo 2. “Lo plurinacional tiene que ver con el reconocimiento a la preexistencia colonial de las naciones indígenas originarias, es decir, el reconocimiento de la matriz poblacional del pueblo boliviano” (Prada, 2010: 110). Este es, quizá, uno de los motivos por qué esta categoría está tan presente a lo largo de toda la Constitución. A partir de ésta, se les reconoce libre determinación y autogobierno mediante las autonomías; territorio; derechos específicos; libre participación en las distintas instituciones; reconocimiento de sus saberes, cultura, idiomas, instituciones políticas, formas de organización, formas de justica, de economía y de educación etc .

Comunidades Interculturales

Las comunidades interculturales son aquellos sectores que anteriormente se conocían como colonizadores y estaban agrupados en la Confederación Nacional de Colonizadores de Bolivia, aquellos que se habían desplazado de sus territorialidades originales a otros lugares para realizar actividades como la agraria y no se reconocían como indígenas, pero sí como campesinos, por lo tanto la definición de naciones y pueblos indígenas originario campesinos no los identificaba. Motivo por el cual se los definió aparte, como otro sujeto colectivo, “Los ´colonizadores´ eran una de las organizaciones más fuertes en la base del MAS, y desde los 70 una de las principales columnas del campesinado” (Schavelzon,

2010).

Durante el proceso constituyente la Confederación Nacional de Colonizadores de Bolivia, cambió su nombre al de Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia, y fue con este nombre que fueron incluidos como sujeto colectivo perteneciente al pueblo boliviano. Este cambio se debió, en parte, al contenido peyorativo del término colonizadores, que estaba siendo criticado en los debates constituyentes, debido a su sentido histórico.

Las comunidades interculturales como categoría, aparecen pocas veces dentro del Texto Constitucional, esta aparece en Artículos donde se sostiene que el Estado debe, por ejemplo, proteger derechos, propiedades comunitarias o colectivas y dotación de tierras tanto para las naciones y pueblos indígena originario campesinos, las comunidades interculturales y las afrobolivianas.

Comunidades afrobolivanas.

Finalmente se encuentran las comunidades afrobolivianas, las cuales, al ser comunidades de bolivianos descendientes de aquellos grupos humanos que fueron traídos de África a América durante la colonia en condición de esclavos, no se identifican ni como indígenas, ni originarios, ni campesinos, por lo tanto debían ser incluidas al pueblo boliviano, como otro sujeto distinto a los ya mencionados.

Estos grupos humanos fueron traídos a Bolivia desde África para trabajar en las minas de Potosí. Sin embargo, la realización de trabajos forzados en un clima hostil y a una altura a la cual no estaban acostumbrados acabó con la vida de muchos, lo que obligó a que éstos fueran trasladados a otras regiones como Los Yungas en La Paz para realizar trabajos de agricultura, como por ejemplo el cultivo de hoja de coca.

Se estima que actualmente el pueblo afro en Bolivia es de 35 mil personas y que la mayoría de esta población está situada en las zonas de Tocaña, Chijchipa, Chicaloma, Villa Remedios, Mururata de Yungas del departamento de La Paz (ABI citado en Walsh,

2009).

La población afro en Bolivia ha sido excluida a lo largo de toda la historia, Walsh afirma la doble subalternización de estos pueblos, sobre todo en la región andina ya que primeramente han sido negados por las culturas criollas y blanco-mestizas y posteriormente por los indígenas. Esto puede evidenciarse en el caso boliviano cuando en los censos nacionales las comunidades afrobolivianas no estaban contempladas como una categoría posible de identificación, dejando abierta solo la posibilidad de identificarse

como “indígenas” o como “otros”. Lo que hace evidente que los procesos de dominación tanto en la colonia como en la etapa republicana todavía sigue muy presente sobre estos grupos humanos y ha logrado constituirlos como grupos subalternos.

Si bien es cierto que en la actual Constitución son reconocidos, algunos representantes afrobolivianos afirman que no lo están de manera suficiente, debido a que de los 410 artículos que posee la Constitución solamente son mencionados en 3, ya que su participación tanto en el Pacto de Unidad como en la Asamblea Constituyente estuvo casi ausente, por ejemplo éstos llegaron en los momentos finales de la redacción de la propuesta de la Constitución para obtener reconocimiento jurídico, político y social. (Walsh, 2009).

Sin embargo, se debe afirmar que a partir del texto constitucional, sus derechos están garantizados por ser bolivianos y a la vez por estar incorporados en los derechos que son contemplados para las naciones y pueblos indígena originario campesinos, promoviendo de esta forma el respeto de sus derechos económicos, sociales, políticos y culturales. Según Walsh (2009) los pueblos afros son reconocidos como pueblos tribales, por lo tanto pueden ser sujetos de autonomía. De todas maneras la discusión sobre la identidad afroboliviana todavía es objeto de discusiones, esto debido al alto grado de simbiosis con la identidad aymara. Por ejemplo, en muchas de las comunidades afrobolivianas, la vestimenta es muy parecida a la de los pueblos aymaras, también se habla el aymara. Se trata de una identidad matizada por dos culturas totalmente diferentes.

La

Afroboliviano (MOCUSABOL).

organización

en

la

cual

se

agrupan

se

denomina

Movimiento

Cultural

Saya

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

Una vez llegados a este punto es posible plantear un conjunto de conclusiones y recomendaciones.

Conclusiones al objeto de investigación.

La investigación tuvo como objeto de investigación la constitución de la identidad de la población del Estado en relación con la exigencia de blanquitud, propia de los estados modernos.

Inicialmente debe mencionarse que todo Estado, es en su filial compleja un Estado moderno. La forma Estado, tal y cual se desarrolla hoy en día tiene su nacimiento en la Edad moderna europea, y como tal el Estado es un producto moderno.

La otra cara de la modernidad ha sido el desarrollo del capitalismo y el despliegue del colonialismo. En consecuencia el Estado no sólo es un producto moderno, sino una maquinaria funcional al capitalismo y de prórroga de las relaciones coloniales.

Esta aseveración se contrasta claramente cuando un Estado, como el nuestro, ingresa a un proceso de recomposición de su soberanía, y redefinición de su población. Aunque de manera muy clara, las propuestas del Pacto de Unidad, en el proceso constituyente han tratado de plantear una relación distinta, y una condición de estatalidad diversa, el componente conservador de las relaciones de poder que sostiene al Estado moderno han domesticado estas propuestas, y han encauzado una vez más la relación entre la identidad del Estado y la exigencia de blanquitud.

Si bien el Estado Plurinacional puede tener despligues distintos, en el fondo del debate, la necesidad de reencauzar la identidad del Estado, como identidad de la nación boliviana, ha supuesto un retorno a la exigencia de blanquitud como supuesto del Estado moderno.

Conclusiones al objetivo general de la investigación

La investigación ha planteado como objetivo general el siguiente:

Analizar en los debates, propuestas y archivos del proceso constituyente boliviano (2006- 2009) respecto a la recomposición de la soberanía, la reestructuración y redefinición identidad del pueblo boliviano, la presencia de un discurso de blanquitud como exigencia de modernidad inherente al Estado moderno

Las conclusiones a las que se arribaron son las siguientes:

Respecto al análisis de los debates, propuestas y archivos del proceso constituyente boliviano (2006-2009) respecto a la recomposición de la soberanía, la reestructuración y redefinición identidad del pueblo boliviano:

La propuesta más lograda que descentraba la identificación del Estado con el Estado nación, ha sido la propuesta de las Organizaciones del Pacto de Unidad, la cual presentaba como artículo 1 de su propuesta el reconocimiento de una multiplicidad de identidades anteriores al entramado del Estado Republicano, es decir anteriores a la constitución de Bolivia como Estado.

La propuesta del Pacto de Unidad descentraba la posibilidad de reeditar la noción de nación boliviana, puesto que el Estado propuesto era un Estado Plurinacional, privilegiando la constitución de naciones y pueblos, denominados como naciones y pueblos indígenas originario campesinos.

La propuesta del Pacto de Unidad fue la que delineó en parte los informes de la Comisión Visión de Pais, y en consecuencia en los informes de Mayoría de mencionada Comisión, se propone una redacción que descentra estas posibilidades, manteniendo el rechazo a la identidad de nación boliviana y habilitando un concepto más difuso, como es el de pueblo

boliviano, resultado de una serie de identidades y naciones, las cuales gozarían de un derecho a la libre determinación y/o a la autodeterminación.

El debate de la identidad del pueblo boliviano, y la complejidad de los sujetos que lo componen fue de crucial importancia en el debate constituyente, llevando a los constituyentes del partido oficialista a sostener largas reuniones y debates para aprobar el contenido de los artículos 2 y 3 de la Constitución, y que en el fondo son los supuestos del contenido del artículo 1 de la Constitución y de la categoría de Estado Social de Derecho Plurinacional Comunitario.

La redacción final de estos artículos (1,2 y 3) se plasmó en el texto constitucional aprobado en la ciudad de Sucre en noviembre de 2007, y luego en el texto constitucional aprobado en diciembre de 2007 en la ciudad de Oruro. Siguiendo básicamente la teoría del poder constituyente y los mandatos de la población a los constituyentes, el texto que se aprobó en Oruro debió de ser el texto final del proceso constituyente.

Sin embargo, el contenido de la Constitución aprobada en diciembre de 2007 en Oruro, generó una serie de temores, de dudas, respecto al descentramiento de la nación boliviana, y se generó una serie de conflictos sociales que llevaron a tratar una vez más el contenido de los artículos del texto constitucional aprobado en Oruro.

Uno de los artículos llevados a tratamiento por el Congreso fue el artículo 3 de la Constitución, pues la posibilidad de reeditar la nación boliviana como identidad del Estado boliviano, neutralizaría la fuerza del contenido del artículo 2 de la Constitución y del modelo de Estado presentado en el artículo 1 de la Constitución.

La reforma realizada en el Congreso en Octubre de 2008, si bien fue una reforma que viabilizó la convocatoria a un Referéndum constitucional, a la vez domesticó el contenido del texto constitucional propuesto en Oruro, se eliminó el descentramiento propuesto por las organizaciones del Pacto de Unidad y que se lograron cristalizar en los informes de

mayoría y en los contenidos de los textos constitucionales aprobados en Sucre y en Oruro respectivamente.

La reconstitución de la categoría de la nación boliviana, permitió el retorno de la tensión del Estado-nación frente al Estado Plurinacional. El Estado Plurinacional supondría el reconocimiento de las naciones y pueblos indígena originario campesinos pero bajo el crisol de la nación boliviana.

La nación boliviana se la concibe, entonces como comunidad de destino o nación proyectada, en el mismo esquema liberal del Estado plural, propuesto por Villoro, Kymlicka y otros.

Esta noción de nación boliviana reduce el impacto y la fuerza discursiva y material del Estado Plurinacional, retornando una vez más a la exigencia de blanquitud, es decir a la exigencia de transformación del tejido social boliviano a las dinámicas modernas del Estado y del capitalismo contemporáneo.

Respecto a la presencia de un discurso de blanquitud como exigencia de modernidad inherente al Estado moderno en el desarrollo del proceso constituyente.

Las propuestas más ricas en el tratamiento de la identidad del estado boliviano como nación boliviana, provienen, en el desarrollo del proceso constituyente, de los informes de minoría y de las propuestas de agrupaciones ciudadanas y partidos políticos de minoría.

La minoría en el proceso constituyente vio como un riesgo el reconocimiento de una pluralidad y el descentramiento del Estado-nación. Riesgo no sólo político, sino también económico, pues en el fondo de los reclamos al reconocimiento de derechos de pueblos indígenas se encuentran el reclamo al dominio de los recursos naturales, a la presencia indígena en los espacios de poder y de decisión política respecto al desarrollo económico del país.

Los informes de minoría se concentran en atacar la posibilidad de un Estado Plurinacional que no reconozca un centro, o una proyección central que contenga la fuerza y radicalidad de las propuestas indígenas.

Los temores no fueron sólo de las minorías políticas, sino también de los mismo constituyentes del MAS y también de otros agentes políticos del oficialismo. En consecuencia la modificación del texto constitucional en el Congreso de la República contó lógicamente con la participación del MAS y del oficialismo, de espaldas a los constituyentes, que denuncian, algunos, hasta el día de hoy una traición al espíritu de la Constitución.

El temor frente a la redacción de los textos constitucionales aprobados en Sucre y en Oruro, develan una tensión respecto a la idea de nación que pueda reeditar las lógicas del Estado nación, necesario para que Bolivia pueda insertarse en las lógicas del desarrollo capitalista. Esta tensión se visibiliza también respecto al mandato de descolonización que posee el texto constitucional, no sólo en los textos constitucionales aprobados en Sucre y Oruro, sino también en el texto constitucional vigente.

Las manifestaciones de exigencia de blanquitud, durante el proceso constituyente y durante el gobierno de Evo Morales fueron cada vez más radicales y totalitarias, pues se registraron una serie de manifestaciones de violencia contra los constituyentes indígenas y contra las autoridades de gobierno indígenas.

Las contradicciones y tensiones actuales tienen entre sus orígenes los debates por la modificación del texto constitucional en Octubre de 2008. Tampoco se encuentra una claridad al respecto en las autoridades de gobierno, que utilizan tanto al Estado Plurinacional Comunitario como identidad del nuevo Estado, pero demandan la conservación de la identidad de nación boliviana ante las demandas indígenas de libre determinación y autogobierno.

Recomendaciones

La investigación ha develado construcción compleja y tensa de la identidad del Estado y de los artículos 1, 2 y enfáticamente del artículo 3 de la Constitución Política del Estado.

Sin embargo, este análisis no es sólo un análisis sociológico, etnográfico e histórico de la construcción de un Estado Plurinacional, con las tensiones respecto a la nación boliviana, sino también pretende presentar algunas posibilidades de interpretación presentes como posibilidad de una política constitucional en el mismo texto oficial y vigente de la Constitución boliviana.

El artículo 196 en su parágrafo II destaca como criterio preferente de interpretación del texto constitucional la voluntad del constituyente, de acuerdo con sus documentos, actas y resoluciones, es decir la posibilidad de buscar esta filial compleja del articulado de la Constitución.

Artículo 196. I. El Tribunal Constitucional Plurinacional vela por la supremacía de la Constitución, ejerce el control de constitucionalidad, y precautela el respeto y la vigencia de los derechos y las garantías constitucionales. II. En su función interpretativa, el Tribunal Constitucional Plurinacional aplicará como criterio de interpretación, con preferencia, la voluntad del constituyente, de acuerdo con sus documentos, actas y resoluciones, así como el tenor literal del texto.

En consecuencia las posibilidades de descentrar a la nación boliviana, recuperando la voluntad del constituyente, y no así la voluntad del pacto de viabilización del Congreso de la República en octubre de 2008, es una posibilidad abierta, que deberá ser explorada en la búsqueda del ejercicio del derecho de libre determinación y de autogobierno de los pueblos indígena originario campesinos.

La posibilidad de descentrar esta exigencia de blanquitud del Estado moderno, y de la constitución también moderna de la nación boliviana, tensando la relación Estado Plurinacional y Estado nación, está en manos de la política constitucional, entendida como la posibilidad de ver en la Constitución y sus archivos múltiples materiales para la concreción de respuestas programáticas y prácticas ante problemas de casos concretos.

La posibilidad de escapar a esta exigencia de blanquitud que anula la libre determinación de los pueblos, entonces es una posibilidad abierta que deberá ser explorada, como recomendación, por los Órganos de poder llamados a poner en práctica esta política constitucional.

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