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NUESTRA VIDA Y LA CIENCIA Necesitamos a los olvidados

La columna de la semana pasada trató de la oposición pacífica del pueblo sioux de los Estados Unidos a la construcción de un gigantesco oleoducto que pasa por sus tierras ancestrales, y constituye un peligro para los cuatro estados que atraviesa. El conflicto ha seguido los lineamientos usuales: es ignorado por los grandes medios de difusión, es tergiversado, las resoluciones judiciales se dilatan para permitir que la obra se siga realizando, y finalmente los que defienden el medio ambiente son reprimidos con la máxima violencia, vejados y encarcelados.

El proceso es una repetición de lo que ocurre, con ligeras variantes, en todo el mundo. La disputa por el control de los medios de producción que ocupó gran parte del siglo pasado, se decidió a favor del capitalismo, que se globalizó, transformó al mundo en un inmenso mercado, e impuso sus reglas de extracción, producción y consumo sin ninguna limitación. Esta victoria trajo consigo la posibilidad real de colapso planetario: contaminación, calentamiento global, cambio climático, desigualdad extrema, corrupción, pobreza y migraciones generalizadas son algunas de las consecuencias del capitalismo salvaje que nos conduce al desastre.

Todo lo que no pertenece al mercado parece no existir. Y sin embargo necesitamos a los excluidos del sistema, a los olvidados, para que haya alguna esperanza. El reciente estudio “Hacia una referencia mundial del almacenamiento de carbono en tierras colectivas”, de Rights and Resources Initiative, Woods Hole Research Centre y el World Resources Institute, “cuantifica el carbono almacenado sobre el suelo en los bosques tropicales que están bajo la propiedad legal o posesión tradicional de los pueblos indígenas y las comunidades locales de 37 países de las zonas tropicales de América, África y Asia.” Pero los derechos de los pueblos originarios no son en general reconocidos, y sólo controlan una pequeña parte del territorio que reclaman.

El estudio “refuerza la necesidad urgente de hacer de la seguridad de tenencia colectiva una parte fundamental de las estrategias de reducción de emisiones. Capacitar a los pueblos del bosque para que continúen con su papel histórico como administradores del medio ambiente no sólo es esencial o para estabilizar el clima de la Tierra, también es necesario para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible, seguridad alimentaria, y el alivio de la pobreza.”

El reaseguro contra la voracidad empresarial que destruye los bosques, está en la propiedad colectiva de la tierra por los pueblos originarios. Los olvidados pueden hacer lo que los gobiernos no han logrado, pero es necesario que se reconozcan sus derechos, algo que no será fácil que suceda. Lo que está ocurriendo con los sioux en Estados Unidos es revelador del impulso avasallador y destructivo de la sociedad industrial.

Rubén Costiglia costiglia@yahoo.com