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El acento latino. Fonética Latina. Dra. Velázquez

EL ACENTO LATINO

1. Nociones de fonología y fonética articulatoria, referidas al acento

El acento es un procedimiento fónico que permite destacar una unidad lingüística superior al fonema, es decir, la sílaba, dentro de la palabra, para distinguirla de las otras unidades lingüísticas de mismo nivel (al margen de que se pueda hablar de otros tipos de acentos que marquen morfemas, sintagmas o la propia oración). Es un prosodema o elemento suprasegmental, al igual que la cantidad, el tono, la entonación o la pausa.

Hay que tener en cuenta por otra parte que en la pronunciación de sílabas se distinguen cuatro elementos variables, por un lado la intensidad, dependiente del esfuerzo muscular; la altura o grado de elevación de la voz; la cantidad o duración de la misma y la articulación, dependiente de la disposición de los órganos fonatorios al emitir la voz.

Desde un punto de vista de la fonética articulatoria el acento es la mayor fuerza con la que se pronuncia una sílaba dentro de la palabra. Pero esta fuerza puede ser espiratoria, por tanto, pronunciando la sílaba con una intensidad relativa mayor que el resto y de forma intencionada. En este caso se trata del acento de intensidad o tónico, también denominado acento dinámico o acento espiratorio.

Pero también puede aplicarse esa fuerza en la sílaba por medio de la variación de la altura melódica, debida a un aumento o disminución de la vibración de las cuerdas vocales. En este caso se trata del acento tonal o de entonación, también denominado acento musical o acento melódico, incluso cromático o de elevación.

El acento de intensidad se produce por la fuerza del aire expelido por los pulmones, gracias al diafragma y los músculos intercostales que intervienen en el acto de fonación

y en la espiración; el volumen total del aire espirado aumenta y se da una mayor presión

en las cuerdas vocales y en los órganos de articulación, consiguiéndose una mayor energía articulatoria y una mayor tensión en la producción de las vocales acentuadas y mayor precisión en el cierre o contacto de los órganos articulatorios de las consonantes.

El acento de intensidad coincide con la mayor prominencia o mayor relieve que otorga una mayor perceptibilidad a la sílaba acentuada de la palabra.

En muchas lenguas modernas el acento es de intensidad, pero debe tenerse en cuenta que entran en juego otros factores como la cantidad de las vocales (o su duración), la modulación, el tipo de consonantes y vocales que forman la sílaba en que se produce el acento, etc.

El acento tonal o musical se produce por la modificación del tono o altura melódica, debida a que, al aumentar la presión del aire, se eleva el tono de voz necesariamente y provoca una mayor frecuencia de vibración de las cuerdas vocales, con lo que se produce la emisión de la sílaba acentuada con un timbre más agudo. El tono es la altura

musical de cada sílaba. Por tanto, cuando se habla de acento tonal o melódico se refiere

a las variaciones de altura dentro de una misma palabra, con lo que se pueden oponer

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palabras iguales por su mera pronunciación tonal distinta. La variación de los tonos, desde un punto de vista articulatorio, se mueve en una escala de mayor a menor vibración de las cuerdas vocales.

En diversas lenguas modernas es el tono el que adquiere valor distintivo, al igual que ocurría en las lenguas indoeuropeas antiguas y en las que el acento es tonal o melódico. Así ocurre actualmente con chino, japonés y también con lenguas indoeuropeas actuales como lituano, servo-croata, sueco y noruego. En estas lenguas, dependiendo del número de sílabas, puede haber dos tonos o acentos tonales. Cuando se da este caso, la segunda sílaba acentuada se pronuncia más alta. A veces los hablantes no son conscientes de esto y piensan que es una mayor intensidad, pero a través de la fonética experimental se demuestra que lo que permite diferenciar dos palabras iguales es la variación tonal y no intensiva.

Por otra parte, los tonos se relacionan con la frecuencia, es decir el número total de vibraciones de una onda acústica (ida y vuelta) por segundo de las cuerdas vocales. El tiempo completo empleado en cada vibración se denomina “ciclo” o “periodo”. La frecuencia (número total de vibraciones) se mide en hertzios, es decir en “ciclos” por segundo -cps-. Cuanto mayor es el ciclo, menor es la frecuencia y viceveresa.

La “frecuencia fundamental” (también denominada “primer armónico”) es la más baja y es la que se describe para los sonidos periódicos como las vocales -que se emiten como una onda simple básica -es decir, esta frecuencia fundamental- y otras secundarias.

Las vocales, junto con diptongos, semiconsonantes, semivocales y consonantes sonoras, son las que constituyen los sonidos periódicos, es decir, los sonoros, cuya fuente de producción es la laringe. Por el contrario, el resto de los sonidos son sordos y se les denomina sonidos aperiódicos, cuya fuente es la fricación y la percusión.

No debe confundirse el tono -con el que podemos referirnos en lingüística también estrictamente al acento tonal o melódico o musical- con la entonación (aunque a veces se han utilizado como sinónimos).

La entonación es la curva melódica que describe la voz al pronunciar las palabras y las oraciones. Cada una de estas curvas está formada por los tonos distintos de las sílabas de cada palabra. A pesar de que el resultado perceptible por el oyente tiene un carácter sincrético de los diferentes rasgos suprasegmentales que intervienen en la cadena hablada, en ella hay que diferenciar los rasgos de tensión o ritmo y de melodía o entonación. La entonación es significativa y sistemática, pero también es característica de cada individuo, grupos o comunidades de muy diferentes tipos. Es significativa porque con ella se transmiten significados denotativos (tonemas descendentes, relacionados con aseveraciones y ascendentes, propios de preguntas, oraciones interrumpidas, etc.) y significados connotativos (índices melódicos individuales o propios de un grupo o zona; índices afectivos, expresivos de la actitud mental o de la anímica). Por este motivo, la entonación resulta fundamental en la creación de significados de actos ilocucionarios 1 y en la utilización de recursos estilísticos. Tiene, además, una función demarcativa de la cadena hablada, al establecer las fronteras entre sintagmas y oraciones.

1 Es decir, la emisión de un enunciado formado por oraciones gramaticalmente aceptables dentro de un sistema lingüístico, que aluden al universo o mundo discursivo, esto es, al dominio cognoscitivo concreto o contexto en el que se habla.

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La entonación es sistemática, es decir, se da siempre, aunque no exista una relación unívoca entre los tonemas (las unidades nucleares o tonos que conforman la entonación de la cadena hablada) y las oraciones. No puede afirmarse que todas las oraciones aseverativas o interrogativas o yusivas tengan siempre el mismo tonema, pues la

entonación dependerá también de la actitud del hablante, del tipo de oración gramatical

y del contexto, ya sea gramatical, tonal o general.

2. El acento latino. Generalidades. Hipótesis sobre su origen y naturaleza

Se admite comúnmente que el acento en indoeuropeo era musical o tonal y que así lo era también el del griego y el del sánscrito y las diferentes lenguas indoeuropeas antiguas. En relación con la lengua latina, su estudio comenzó en 1855 por Weil y Benloew 2 , quienes defendieron la misma naturaleza musical para el acento latino que

para las otras lenguas indoeuropeas. Sin embargo, una veintena de años después, Schöll

y luego Seelmann 3 defendieron la hipótesis contraria, es decir, que era un acento de intensidad. Desde entonces, las opiniones de los investigadores han estado siempre divididas.

Uno de los problemas básicos de la discusión es, además de que no hay testimonios vivos, el que las teorías de los gramáticos latinos antiguos son confusas. Derivadas de los griegos, los autores latinos reflejaron las teorías de los griegos y su propia terminología. Dado el carácter fundamentalmente musical del acento griego, es lógico que la descripción del acento latino se adaptase a la de aquél, por lo que los testimonios son susceptibles de diferentes interpretaciones. Hay que tener en cuenta que en la actualidad, la propia definición de tónica y átona, para las sílabas con acento de intensidad, procede de la dominación griega y son términos propios de una acentuación musical.

Para los griegos la lengua era una suerte de canto, w/dhj ,v que se emitía por la sucesión de tonos más o menos altos, y en los que la sílaba acentuada tenía una pronunciación (acento) más aguda: prosw/diva ojxei'a, que los latinos traducían por accentus acutus. Las demás sílabas se pronunciaban, por tanto, con un tono más bajo, prosw/diva barei'a, lo que se traducía en latín por accentus grauis. En cuanto al circunflejo, los latinos, siguiendo también a los griegos lo consideraban más bien como una modulación:

circumflexus ideo, quod deprimat et acuat. El acento circunflejo variaba en cuanto a la duración, pero no a la intensidad en relación con el agudo.

La terminología de los gramáticos latinos es ciertamente ambigua y susceptible de interpretación por los diversos estudiosos. Así expresiones como la de Quintiliano (9.3.33) al hablar de extremae syllabae y priores syllabae, se han interpretado por unos como “sílabas postónicas” y “sílabas acentuadas”, respectivamente, atendiendo al carácter intensivo, como Muller (escuela alemana); o, por el contrario, como sílabas posteriores y sílabas iniciales, pensando en que se refiere al acento de intesidad inicial 4 (Juret, escuela francesa).

2 H. Weil – L. Benloew, Théorie générale de l’accentuation latine, París, 1855.

3 F. Schöll, “De accentu linguae Latinae ueterum grammaticorum testimonia”, Acta Societatis Philologicae Lipsiae, 6 (1876), pp. 1-231. E. Seelmann, Die Aussprache des Lateins, Heilbronn, 1876.

4 Véase apartado 3º

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Otras expresiones como adiectum aut deminutum clamorem, que puede leerse en el Satiricón, o la palabra fastigium, referida al acento, han sido objeto de discusión.

Parece que el acento latino producía una entonación más fuerte y rígida que el griego y se comportaba de forma más independiente, por lo que tenía más importancia en la poesía. Seguramente esto se debía a la mayor cantidad de sílabas largas. Sin embargo no era distintivo como sí que lo era la cantidad vocálica, al igual que ocurría en griego. La mayor coincidencia entre los tiempos marcados de la métrica con el acento, así como la evolución misma de la lengua en época tardía y los resultados de acento de intensidad en las lenguas romances, están en la base de la discusión sobre la naturaleza del acento latinos en época antigua y clásica.

La discusión sobre la naturaleza del acento latino se ha polarizado en líneas generales en dos escuelas, la francesa, partidaria del acento musical, y la alemana, partidaria del acento de intensidad.

El punto de partida de los defensores del acento musical consiste en afirmar que el acento indoeuropeo era musical y libre y el ritmo cuantitativo, por lo que se excluye la posibilidad de un acento de intensidad independiente de la cantidad. Este acento musical continuaría en época histórica y se mantuvo hasta el siglo IV d.C.

Los partidarios del acento de intensidad sostienen, en líneas generales, que todo acento es intensivo y “centraliza” o pone de relieve una sílaba con respecto a las demás de una palabra. El acento puede variar de unas lenguas a otras en cuanto a su fuerza. De hecho se afirma que hay lenguas fuertemente centralizadas, sobre todo en las que se une tono e intensidad, y otras débilmente centralizadas. Pero siempre será la intensidad y no el tono la que centralice la sílaba acentuada.

En realidad, las teorías son muy diversas y no absolutas, la mayoría admite que o bien el acento era musical en origen y que poco a poco se fue introduciendo una pronunciación de intensidad en la lengua hablada, mientras que por influjo del griego se mantuvo el acento musical en las clases cultas, seguramente por la impronta dejada en la enseñanza por los preceptores griegos, pero que frente a este influjo helenizante el acento en la lengua popular era de intensidad en toda la época clásica y continuó siéndolo. La otra postura es que era de intensidad desde antiguo, pero en época clásica se introdujo ese influjo griego por el cual en la lengua culta y en la literatura se daba el acento musical.

Sea cual sea la postura de partida, lo cierto es que todos los estudiosos convienen en que el acento o se transformó de musical en intensivo o no dejó de ser intensivo nunca, pero que hacia el siglo IV d. C. era ya claramente un acento de intensidad, que es el heredado por las lenguas romances.

Entre los autores partidarios del acento musical pueden citarse: Havet, Pedersen, Vendryes, Niedermann, Bergfeld, Meillet, Juret, Lenchantin de Gubernatis, Devoto, García Calvo, Luiselli, etc.

Entre los autores partidarios del acento de intensidad pueden citarse: Seelmann, Corssen, Ahlberg, Brugmann, Macé, Skutsch, Solmsen, Walde, Sturtevant, Lindsay. Schewring, Fitzhugh, Pisani.

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Hay otros autores que son partidarios de un carácter mixto del acento, es decir, que pueden darse tanto la intensidad como la tonalidad; de hecho, según las experiencias de lenguas vivas, ambos rasgos se producen en la pronunciación de las palabras. Entre los autores de este carácter mixto pueden citarse: Langen, Abbot, Walt, Sommer, Leumann, Hofmann o Laurand 5 .

3. Hipótesis del acento de intensidad en sílaba inicial

Además de las posturas distintas sobre la naturaleza del acento en época histórica hasta después de la época clásica, existe otra hipótesis que admiten algunos autores, ya sean de la escuela francesa o alemana, pero que también resulta conflictiva y no admitida por todos. Se trata del posible acento de intensidad inicial.

Autores como Dietrich, en primer lugar, luego Vendryes, Merlo, Pisani o Niedermann, defendieron la existencia de un acento de intensidad inicial, es decir, que en la sílaba inicial de cada palabra habría un acento. Con este acento inicial intensivo pretendían explicar los cambios apofónicos y síncopas en las sílabas interiores de las palabras.

Para algunos autores de la escuela francesa (por ej. Vendryes y Meillet inicialmente) se trataba de un acento secundario, desarrollado paralelamente al musical indoeuropeo, y que habría sido sustituido por el musical en época clásica. Otros autores -franceses y alemanes- consideraban (Meillet en segunda instancia, Curtius, Juret, Havet, etc.), en cambio, que no se trataba de un acento propiamente, sino de una pronunciación más clara y lenta de la sílaba inicial y que, por consiguiente, el debilitamiento y los cambios en las sílabas interiores no estaban motivados por dicho acento, sino por la duración y número de sílabas de las palabras que permitía que las vocales breves (no todas igualmente breves) sufriesen cambios, incluso desapareciesen (así, por ej., Lenchantin de Gubernatis).

Para algunos autores de la escuela alemana, partidarios del acento de intensidad en latín, la hipótesis del acento inicial sirve de apoyo a su propia teoría. Admiten que hubo un acento de intensidad inicial y que cambió su posición, pero no su naturaleza intensiva, de manera que el acento de intensidad inicial sería una situación intermedia entre el acento musical indoeuropeo y el acento de intensidad en época clásica. Se explicaría porque la palabra tendría un acento inicial principal y un acento secundario en la penúltima o antepenúltima. En la etapa clásica y, en general, histórica, se habría producido un cambio en la importancia de estos acentos, pasando a ser el segundo el más importante y el inicial el secundario.

En cuanto al origen del acento de intensidad inicial se han establecido diferentes hipótesis: a) herencia del griego; b) estrusco; c) desarrollo propio y espontáneo del latín. También resulta discutida la fecha de desaparición de este acento. Algunos sostienen que se mantuvo vivo hasta inicios de la época histórica, ya que los dialectos itálicos no presentan debilitamiento de vocales; algunas palabras griegas penetradas muy antiguamente en latín presentan cambios vocálicos, como Massilia o talentum; la tendencia a hacer coincidir ictuas y acento en la comedia, acentuando incluso en la cuarta sílaba desde atrás o sílaba inicial en palabras como séquimini.

5 Para la bibliografía y una brevísima exposición, véase V.J. Herrero Llorente, La lengua latina en su aspecto prosódico, Madrid, Gredos, 1971, pp. 51-58.

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Los partidarios del acento de intensidad inicial (al margen de la consideración que hacen del mismo) se sirven de los siguientes elementos:

1) Puede explicar el debilitamiento de las vocales breves internas y finales, es decir:

a) apofonía: facio > conficio;

b) síncopa de postónica: posino> posno > pono;

c) abreviación de vocales finales: ămāt > ămăt.

2)

Analogía con la prosodia del osco que duplica las vocales en la primera sílaba

3)

para notar la cantidad larga. Analogía con otras lenguas.

Los contrarios a la existencia del acento de intensidad inicial argumentan:

1) La intensidad inicial habría producido debilitamientos generalizados y sistemáticos, no sólo en ciertas condiciones. Si hubiese existido habría motivado que las sílabas iniciales fuesen todas largas y las interiores breves. 2) Es muy difícil justificar la existencia de un acento de intensidad inicial si se admite el acento musical en época histórica y la absoluta y brusca sustitución de uno por otro. 3) El ritmo del latín no aparenta obedecer al condicionante de una sílaba inicial acentuada.

4. Algunos argumentos a favor del acento musical y a favor del acento de intensidad históricos

Los partidarios del acento musical latino en época clásica argumentan a su favor:

1) La oposición cuantitativa de breves y largas, en que se basa la poesía latina, es posible sólo si se trata de una lengua con acento musical, pues la cantidad se opone a la intensidad. Por otra parte, en las lenguas con acento de intensidad, como en las lenguas romances, la versificación se basa precisamente en el acento intensivo. 2) La capacidad de sustituir una larga por dos breves en métrica, es indicio de que el ritmo es cuantitativo y no intensivo (aunque no se puede afirmar que una larga sea igual a dos breves, sino la equivalencia de 1 mora a 2 moras, como unidad de tiempo de emisión de las vocales).

Los partidarios del acento de intensidad en época clásica argumentan:

Tendencia del acento a coincidir con los tiempos fuertes del verso, sobre todo en ritmos yambo-trocaicos, en la poesía horaciana, incluso, aunque en menor medida, en el hexámetro (si bien, en las cláusulas finales del verso es muy habitual).

2) Ley de abreviación yámbica (descubierta por Müller: correptio iambica). Se atribuye al influjo del acento de la sílaba vecina. 3) Simplificación de las consonantes geminadas: mamma, pero *mammilla>mamilla. 4) Abreviación de los monosílabos largos al unirse con enclíticas: sĭquidem, nĕquis, tŭquidem.

1)

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5) Debilitamiento y caída de vocales en sílaba protónica (penaria > pinaria;

*discipulina>disciplina) y postónica: pareat>pariat; frigidus>frigdus>frío. Paso de au>a en época imperial: ausculto>asculto; y de ua>uo en sílaba abierta

6)

y protónica: uacare>uocare. 7) Tratamiento de la entre vocales del mismo timbre. Tiende a desaparecer si la vocal siguiente es átona: diuitis>ditis, deleuerunt>delerunt.

5. Normas de acentuación latina

Ley del trisilabismo: En toda palabra latina hay un único acento, que no puede ir

más allá de la antepenúltima sílaba. 2) Ley de la penúltima: Si la sílaba penúltima es larga (ya sea por naturaleza o por posición) recae sobre ella el acento, si es breve en la antepenúltima. 3) Ley de la baritonesis: En las palabras bisilábicas, el acento va siempre en la

primera, pues no hay palabras agudas en latín. Hay, con todo, aparentes excepciones a esta norma:

1)

Aparentes excepciones a la norma:

a) Palabras agudas u oxítonas: Se trata de palabras con acento en la penúltima

inicialmente pero cuya última sílaba ha desaparecido por diversas razones:

a.1 Por apócope de vocal final en los imperativos de los compuestos de dico y duco: addice>addic; adduce>adduc y la forma olface>olfac. Y por apócope de la vocal final de las enclíticas -ce, -ne: illice>illic, tantone>tanton. a.2 Por síncopa de ĭ: nominativo singular de temas en dental con nominativo en –as o –is y genitivo en –atis, -etis: Arpinás, nostrás. a.3 Por síncopa de -ui-. En los perfectos tipo audiuit>audit; fumauit>fumat. a.4 Compuestos verbales formados por yuxtaposición: facio: calefís, benefís. a.5 Algunas interjecciones: attát, papae.

b) Palabras encíticas. Partículas sin valor independiente y desprovistas de acento propio

que se unen a la palabra anterior formando una unidad fonética, por lo que el acento recae sobre la última sílaba de la palabra a la que se agregan estas partículas. Las principales partículas son: -que, -ue, -ne, -ce, -met, -dem, -pse, -pte, así como el indefinido quis.

c) Compuestos de facio. Algunos verbos como calefacis, calefacit, benefacit, etc. llevan

el acento en la penúltima porque se trata de una yuxtaposición, donde no se ha producido la unidad acentual de la misma forma que en compuestos del tipo: pérficit, cónficit.

d) Preposiciones. Aunque formen una unidad fonética con la palabra que rigen y

conformen un sintagma, su pronunciación es átona; así ad fórum: Sin embargo, cuando funcionan como prefijos sí entran a formar parte de la unidad fonética completamente, pudiendo llevar el acento: ádeo, áffatim.

Como caso particular entre las preposiciones está cum cuando se sitúa en posición enclítica. Si se une al relativo, recae sobre ella el acento: quocúm, quibuscúm; pero no ocurre así con los otros pronombres: nobíscum, técum.

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e) Casos especiales de doble acentuación: uíginti/uigínti; Váleri/Valéri; ténebra/tenébra; ábiete/abíete. Pero en estos casos se trata de razones fonético- morfológico que explican cada caso y por qué se daban ambas posibilidades.

6) Acentuación de palabras griegas en latín

La acentuación de palabras griegas en latín sufre variaciones al igual que ocurre con la flexión de las mismas. Puede acentuarse siguiendo las normas griegas, respetando la acentuación que tenían en esa lengua o, por el contrario, adaptarse a las normas de acentuación latina.

Se ha afirmado en ocasiones que la lengua popular pronunciaba a la griega y era en la literatura culta donde se adaptaba a la normativa latina, pero en general parece que se atestigua más mayoritariamente la situación inversa, como lo demuestra la propia evolución de esas palabras en latín.

En época arcaica, en la poesía de Plauto se observa una pronunciación al modo latino de forma mayoritaria, pero ya en esa misma época comienza a intriducirse el mantenimiento de la prosodia griega y de su acentuación, que poco a poco se impondrá en la literatura.

- Hay diversas palabras que respetan la prosodia griega y, en consecuencia, cambian el acento en latín: farevtra, ptisavnh, ajpofovphta > phárĕtra, ptísăna, apophorēta.

- En otras ocasiones, los préstamos arcaicos sufren alteraciones en su estructura para

adaptarse a la prosodia griega, así, por ejemplo, las vocales largas se convierten en su

latinización en breves o al revés, para mantener su acentuación: así por ejemplo:

a[gkura > ancŏra, krhpi'da> crepīda.

- Poco a poco se impuso el mantenimiento de la acentuación griega, a pesar de la

cantidad originaria: bouvturon (con u larga)> bútĭrum; ei[dwlon> ídŏlum; e[rhmo">érĕmus.

- El diptongo ei se abrevia en ĕ o en ĭ: boveia>boia; balanei'on> balinĕum; kwnwpei'on> conopĭum o conopēum; platei'a>platĕa o platēa.

Son bastantes los testimonios de los gramáticos que confirman la doble tendencia de la acentuación de palabras griegas:

Servio. Georg. I 59: Eliadum palmas Epiros equorum: Sane Epiros Graeca profertur, unde etiam E habet accentum; nam si Latinum esset Epirus, PI haberet, quia longa est.

Quintiliano, Inst. Orat. 1.5.24: Sed id saepius in Graecis nominibus accidit: ut Atreus, quem nobis iuuenibus doctissimi senes acuta prima dicere solebant, ut necessario secunda grauis esset; item Terei Nereique.

Mart. Capella 3.272: Graeca nomina cum in Latinum uertuntur, nostra regula pronuntiantur, nisi maneant Graeca.

Sin embargo, la tendencia creciente es a pronunciar según la normativa latina los grecismos latinizados, pero aquellos que mantienen las desinencias griegas tienden a pronunciarse también según la normativa griega, como señala Diomedes (Keil I, 433.5):

Sane Graeca uerba Graecis accentibus efferimus si iisdem litteris pronuntiauerimus.

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No obstante, en ocasiones los poetas aprovechaban la doble posibilidad para elegir el acento que más les interesaba en cada momento.

Pueden señalarse algunas mínimas tendencias en la acentuación, dependiendo de la declinación de las palabras griegas.

- En la 1ª declinación en nominativo en palabras acabadas en -ia, el acento siempre recae sobre la iota: filosofiva, pero en latín esta vocal es breve, ĭ, como lo es la vocal –a desinencial, de forma que el acento es philosóphia. También otras palabras de nombres propios se acentúan a la latina: Córsica, Cápua o Creúsa, Aretúsa (en griego, krevousa, !Arevqousa). En cambio los patronímicos acabados en –ides, seguían la acentuación griega: Priamídes, Aeacídes.

- En la 2ª declinación se acentuaban a la latina las palabras arcaicas:

Olýmpos, #Olumpo", Euándrus, Eu[andro", Meneláus, Menevlao". En cambio, en las palabras más modernos, en especial si conservaban la declinación griega (así nominativo en –os y no en –us), conservaban la acentuación greiga: électron.

- En la 3ª declinación se pronunciaban a la griega los nombres acabados en –des, aunque la penúltima fuese breve: Miltiádes (con ă). También los nombres acabados en –is y en –as: Naís, Phyllís, Troás, Pallás y los contractos en –ω: Calypsó.

7) El acento en latín tardío

En época tardía el latín trata de mantener el acento de la misma forma que en clásico, pero se producen algunas alteraciones frecuentes:

1) Si la sílaba penúltima es breve pero la vocal está en posición de hiato con la vocal ĕ o ĭ, de la sílaba tónica anterior, el acento se traslada a la penúltima: paríĕtem > pariétem, filíolus> filiólus. Este paso se puede documentar gracias al testimonio de poetas como Draconcio, Enodio, Sidonio Apolinar o Comodiano que computan la vocal como larga en sus escansiones. Además el resultado de las lenguas romances confirma la pérdida o transformación de las vocales breves ĕ o ĭ, átonas: paríetem>pariétem>pared.

2) Positio debilis: El grupo denominado muta cum liquida podía alterar o no la cantidad de la sílaba anterior breve y abierta, en función de la silabización del mismo. Así se podía pronunciar íntĕ –grum o íntēg/rum (íntegrum – intégrum). Hay que hacer la observación de que no se produce cerrazón de la vocal, cuyo carácter abierto se mantiene: intégrum>entero. cáthe-dra> cathéd/ra> cadera; ténebra>tiniebla. Posiblemente se trata de un alargamiento “por posición” algo artificioso, usado fundamentalmente en métrica. Seguramente el traslado acentuativo se debe al influjo de palabras polisilábicas con caída de postónica que crean dobletes similares en cuanto al resultado y que aparentan un traslado de acento: aurícula>aurícla>oveja; ouicula>ouicla>oveja. O bien, al fenómeno inverso, es decir, que al oído palabras como integrum sonasen como si hubieran introducido una vocal anaptíctica en el grupo: íntegrum = integ(e)rum.

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3) Recomposición: en las palabras compuestas se producía un fenómeno de recomposición, por el que el acento volvía a su posición originaria de la palabra simple (un fenómeno similar al que en latín clásico sufren algunos compuestos de facio:

calefácit, véase más arriba): rénĕgat>renégat; récĭpit>recípit

4) Tercera persona del plural de los perfectos con la desinencia en ĕrunt que pasa a pronunciarse como larga: ērunt, por analogía con las formas en ēre: fecĕrunt > fecērunt.

5) Tendencia a la conservación del acento original en palabras de origen griego:

ábyssus, báptisma, próblema, trífolium, thésaurus, es decir, palabras cuya sílaba penúltima es larga en latín pero se acentúan como esdrújulas.

6) En latín tardío, hacia el siglo VI se ve la acentuación ĕi seríĕi, frente a la nombre clásica: diēi, seriēi. En los demostrativos iste, ille, ipse, el acento tendió a pasar a la última sílaba: ipsúm, illúm. No obstante, hay que recordar que esta acentuación también se da en ocasiones en latín arcaico.

7) En la poesía rítmica de latín medieval, las reglas del acento adquieren diferentes variaciones, en relación con las conveniencias de los tipos métricos.

INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA:

PROCEDIMIENTOS DE RECONICIMIENTO DE CANTIDADES(*)

(*) Este esquema está tomado básicamente del presentado en el libro: L. Rubio – P. Saquero, Latín. Zaragoza. 1981. pp. 145-149.

1) Reconocimiento de largas de forma directa

- En sílabas trabadas:

- En interior de palabra: hostis,

- En la cadena sintagmática: nec fugit.

- Ante letras dobles: exitus, Gaza

- Grupo muta cum liquida: Generalmente no alarga la vocal anterior: patris. En lat.

clásico siempre larga ante GN y casi siempre ante GL y BL. En lat. arcaico ante palabras compuestas: oblitus. Los grupos TR, FR, BR en principio de palabra pueden alargar la vocal en la sílaba métricamente fuerte. Los grupos SC, SQ, ST, SP en sílabas no acentuadas a veces no alargan. En la cadena sintagmática alargan igualmente: ut rupes.

- Concurrencia de vocales:

- Diptongos (ante vocal AE se abrevia y AV se silabiza).

- Monoptongación de diptongos: obcaedo > occido.

- Contracciones: nihil = nil.

2) Reconocimiento de breves de forma directa

- Vocalis ante uocalem corripitur (habeo/habere).

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Excepciones:

A) - Largas: genitivos del tipo Pompei, Gai. Genitivo y dativo arcaicos de la 1a.

decl.: pictai, Albai, Longai. Genitivo y dativo de la 5a. decl. cuando E va precedida de I:

diei / fidei.

-

Prefijos RE y PRO ante I: reicio

-

Palabras griegas con prosodia griega: aer, eos, Menealus, Antiochia, Alcaeus.

-

Otras palabras como Eheu, dius.

B)

- Comunes: Genitivo de la flexión pronominal cuya I es vocálica: istius. Pero es

larga en alius y breve en utrius, utriusque, solius. Palabras como ohe, Diana.

C)

- Formas como fuit, pluit, ei, huic, quoii, especial escansión de los pronombres

en Plauto.

3) Reconocimiento indirecto de cantidades

- Por la ley de acentuación

- Por el resultado de lenguas romances, en relación con las tónicas (aunque no sirve para la

A):

- E y O breves diptongan: bonus>bueno, bene>bien.

I

y

V

se

abren:

- ciconia>cigüeña; ouum>huevo.

fidem>fe,

- Por fonética interna del latín:

lupum:

lobo.

(Hay

pocas

excepciones:

- Vocales breves desaparecidas por apócope o síncopa: neue /neu; ualide / ualde.

- Vocales con timbre alterado suele ser breve: facio / conficio; cinis / cineris /

optimus / optimus (salvo en los caso de alternancia de cantidad en pres. y perf. verbales

tipo facio / feci y en algunas palabras como homo / humanus).

- Monosílabos. Generalmente largos: da, sol Excepciones: tipos moroflógicos como quis, it. Los nombres: cor, fel, mel, os, uas, uir. Los numerales: bis, ter. Las formas verbales: es, fac, fer.

- Sílabas mediales:

A) Declinación: largas en los morfemas: -arum, abus, ebus, obus: rosarum, dierum,

duobus, deabus. Breves frecuentemente en I, V: -ibus, -ubus: arcubus, hominibus.

B) Conjugación:

a) 1a.2a.4a.: A,E,I del tema largas: amatum, monebamus, audimus (excepto

uocalis ante uocalem: habeo). 3a. y mixta: E larga: legemus, capiemus (excepto delante de R: caperem). La I y V breves (vocal temática): legimus, possumus. En pres. de subj. procedente de optativo la I es larga: uelimus.

b) En los pret. en -BA, son largas a vocal anterior y posterior: amabamus,

legebamus. En los futuros en -BO, largas las anteriores (del tema verbal A,E,I) y breves las siguientes (vocal temática): amabimus, delebimus.

El acento latino. Fonética Latina. Dra. Velázquez

c) Los imperativos siguen las normas de sílabas finales. Además: -TOTE, -

MINI.

d) En el pres. de subj. todas las vocales del tema largas: legamus, amemus.

e) Infinitivos: amare, delere, regere, capere, audire.

g) Sistema de perfecto: -AVI, -EVI, -IVI. Las reduplicaciones con E- siempre breves: cecidi (cado), cecidi (caedo), peperci. -ER- de perfectos siempre breve (< IS): amaueram, e IS largo por ir trabada: amauissem. Pret. plusc.perf. de subj. la

característica -SE- larga: amauissemus.

h) Participios y supinos si coinciden, idéntica cantidad: amatum, deletum,

auditum. La I es larga si el perf. es en -IVI y breve si es en -VI: audiui /auditum; monui /monitum. Participios con vocal breve: datum, satum, statum.

- Sílabas finales:

A) Libres:

-A: larga: triginta, propterea Excepciones: nom. y vocat. 1a. decl. puella / puella ablat. neutros plurales: templa, maria, genua. Abreviaciones yámbicas: ita, quia. comunes: contra, frustra, etc. en lat. arcaico. -E: breve: mille, saepe, impune Excepciones: Ablat. de la 5a. decl.: die. Adverbios de modo derivados de adjetivos de la 1a. y 2a.: alte. Pero por abreviación yámbica: bene, male. imperativos de la 2a. conj.: mone, pero por abrev. yámbica: caue, uide. -I: larga, ya que -I breve pasó a E: audi, legi. Excepciones: Abreviación yámbica: mihi, tibi. -O: larga: audito Excepciones: Abrev. yámbica: cedo, cito. A partir de Catulo los temas en nasal tienen -O breve: homo. Desde Virgilio se comporta como anceps la -O de ablativos e imperativos.

-V: larga: diu, noctu. Menos indu. Dudoso genu.

B) Trabadas por consonante:

a) Distinta de -S es breve: honor. Excepciones:

- Palabras dobletes cuyo final no es originariamente consonante:

illic /illice; dein / deinde. Monosílabos en general y compuestos de monosílabo: par / compar. Nom. sing. masc. y fem. de comparativos. Adverbios del tipo: adhuc, hic, (= hic pronombre), huc, hac, istic

Sílabas en -

AL: bacchanal, sol

decl. (salvo memor) y del nom. sing. masc. y fem. del comparativo. Sílabas finales en -AR, -ER de pres. e imperf. pasivo y -OR de pres. indic. pasivo e imperat. fut. pasivo 3a. pers.:

amor, imperator, fateor.

- En época arcaica tenían sílaba final larga las formas verbales

acabadas en AT, -ET ,-IT de las 3as. pers. sing. del pres. imperf. de indic. y pres. de subj.amat, dicat, moneat, delebat, de la 3a. pers. sing. de pres. y fut. indicat y pres. de subj., etc.: diceret, esset, seruaret, dixisset, de la 3a. pers. sing. pres. indic. y subj.: possit, dixit, fuerit, etc. salvo la 3a. pers. sing. pres. indicat. de la 3a. conjug. y la 3a. pers. sing. del fut. imperf. y fut. perf. de indicat. que han sido breves en todas las épocas. Estos finales

(salvo abrev. yámbica: nihil). Sílabas en -AR, -ER, -OR de la 3a.

- Sílabas finales de ablativos en -D arcaico: med, ted

El acento latino. Fonética Latina. Dra. Velázquez

abreviaron después de Plauto. Ennio usó anceps en los finales en -T, después siempre breve.

b) Acabadas en -S:

-AS, -ES, -OS largas: rosas, lupos, homines Excepciones: Nom. de la 3a. decl. con vocal breve en el resto de la flexión: anas /anatis. La 2a pers. sing. de los compuestos de sum. La preposición penes.

-IS, -VS breves: (nom.) finis, populus. Excepciones: -IS en dat. y ablat. plural: rosis, dominis, y acus. plur. de la 3a. decl.: turris, puppis. 2a. pers. sing. pres. indicat.: audis y algunos irregulares: uelis, malis, nolis, possis. -VS del genit. sing. y N.V.Ac. plural de la 4a. decl.: manus. Nom. en - VS en el resto: uirtus, Iesus, grus, sus. (distinto de nom. sing. de la 2a. decl.).

- Palabras griegas:

- Finales en vocal:

a) -A larga en lat. arcaico en Nom. de nombres propios: Aecida, Sosia.

b) -E larga en Nom. sing.: Euterpe, vocat. sing. Alcide. nom. y acus. plur.

neutro: Tempe.

c) -I breve de la 3a. decl.: Pieri y a veces en dat. sing: Minoidi.

- Finales en consonante:

a) Distinta de -S: Las acabadas en -N igual que en griego: -AN: Titan, ac.

sing. Electran, pero Ossan. -EN siempre es largo. -IN en nom. sing. largo: Delphin, pero

breve en acus. sing. Eupolin. -ON en nom. sing. largo: Ixion, breve en acus. sing.: Rhodon.

b) Sílaba final en -S: -AS breve en nom. sing. y acus. plur. de la 3a.: Pallas,

Cycladas. -ES breve en nom. plur. y nom. sing. neutro: Corybantes. -OS breve en nom. sing. de la 2a. decl. y nom. sing. neutro de la 3a. decl.: Delos, melos, pero larga en heros. -

VS larga en gen. sing.: Sapphus.

4) Aplicación de normas de prosodia al reconocer las cantidades Para una correcta escansión de los versos es imprescindible tener en cuenta en todo momento que ésta puede verse modificada por hechos de prosodia que entran en juego enla ejecución de un verso, como son la elisión, sinalefa, sinícesis, apócope, diéresis, abreviaciones yámbicas, etc.