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Desde La Estrella del Sur a Interne

Historia

de la Prensa

_

en el

T T

Uruguay

Daniel Alvarez Ferretjans

i 4 v

áF^.1 ^

Daniel Álvarez Ferretjans, abogado y periodista, nació en Montevideo en 1942. Columnista en el matutino Tribuna Popular (1 959), integró el cuerpo

de redactores de Diario del

(1 973-1 974) y fue columnista de Política Internacional en la revista mensual

Búsqueda

Uruguay

(1975-1976).

Cronista, jefe de

Información

y secretario de Redacción de El

(1960-1975),

Diario

asumió la secretaria

de Redacción y la Redacción Responsable

de La Mañana

tjerció la docencia como Profesor de Medios de Comunicación Social (Prensa)

(1976-1 983).

y la dirección de la Licenciatura Medios

de Comunicación Social en el Instituto

de Filosofía, Ciencias y Letras (1 980-1 983)

y

fue profesor de Derecho de la

Información

y

Deontología Profesional en la Licenciatura

de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales

(1984-1985).

Miembro Fundador de la Federación Latinoamericana de Facultades de

Comunicación Social (FELAFACS) en 1 980, participó como Profesor Conferencista

en los seminarios organizados

la Escuela de Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico

Recinto Río Piedras) y la Fundación

por

Ángel Ramos

Desempeñó la Asesoría en Comunicaciones

de Corporación Nacional para el

(1985-1986).

Desarrollo

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Desde La Estrella del Sur a Internet

Historia de la Prensa en el Uruguay

Or

Daniel Alvarez Ferretjans

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C

i

© Daniel Alvarez Ferretjans

© BUSQUEDA • Editorial Fin de Siglo

ISBN • 978-9974-49-437-4

Diseño de carátula y portadillas

Fernand o Alvare z Cozz i

Diagramaciòn

Fernand o

Álvare z

Cozz i

/

Danie l

Álvare z

Ferretjan s

Fotografías

Centr o

Micrográfico-Bibliotec a

Naciona l

(Materiale s

especiales )

Archivo Naciona l de la Image n (SODRE )

Biblioteca

Héctor

Archivo

André s

Lic.

del

Palaci o

Juli o

Legislativ o

Teston i

El

País

Menc k

d e

Teston i

Carus o

/

de

Teston i

Fernande z

del

Pino

Alberto

Librería

Archiv o

Linardi

hemerográfic o

&

Riss o

y

fotográfic o

del

Digitalización de imágenes

TypeWork s Ltda

Noé Fraga

Studio s

auto r

A

Silvana,

por

su comprensión

y afectuoso

apoyo.

Para Gabriela, Gonzalo, Alejandro, Joaquín, Andrea y Fabrizio, aliento y acicates de una antigua vocación.

Prólogo

La libertad, sí, por encima de cualquier otra cosa

por Tomá s

Linn *

Escribir una historia minuciosa y detallada sobre 200

no es tarea fácil, aunque sí apasionante. Daniel Álvarez Ferretjans emprende acá

un titánico y exitoso esfuerzo. Me consta, además, que por diversas razones era la persona marcada por el destino para hacerlo.

años de la prensa en Uruguay

Hace muchos años que investiga, lee y profundiza sobre este tema. Es asimismo heredero de otra propuesta, más modesta, que se publicó en 1986, y de la que él mismo fue autor. Esta es una preocupación que lo signó desde siempre, en forma solitaria, y si entonces el mérito de aquellas "crónicas" fue ese, hoy lo sigue siendo al continuar su tarea como pionero en la investigación de esta historia. Es que para abordar un emprendimiento de estas dimensiones se necesita una tenacidad, un tesón y un sentido de dirección y misión que solo Daniel tiene.

Contar la historia de la prensa a lo largo de dos siglos es contar, desde un ángulo muy diferente, la historia del país. Narra los mismos episodios y los grandes mojones y habla de los legendarios protagonistas que fueron forjando la patria. Pero lo hace desde otro enfoque y no deja de ser llamativo comprobar cuan distinta es esa misma historia, si quien la narra se ubica en un lugar y desde una perspectiva tan diferente.

Al aceptar el desafío de contar la historia de la prensa, cuenta la historia de la libertad. El concepto de libertad, tal como se entiende en las democracias modernas, es un derecho individual que se expresa y manifiesta de diversas maneras. Pero si hubo un sector que luchó valientemente para afianzar la libertad de prensa, la de expresión, la de opinión y la de acceder a la información, fue el de los periodistas. No por ser un derecho exclusivo suyo, sino porque al ejercer su profesión estaban reconociendo que ese derecho y esa libertad eran inherentes e inalienables a cada persona.

Al narrar

cómo

evolucionó la prensa, el relato

atañe a diferentes

luchas (a veces

ganadas

y

a veces

perdidas)

para

ampliar

más

esa libertad.

Estuvo

en juego

la

libertad

de opinar, y cuando ella florecía, la prensa recogía los ricos debates

que

los prohombres

políticos y

los grandes

intelectuales,

desarrollaban

a través

de

aquellos

antiguos

periódicos

de tribuna,

en especial a lo largo

del

siglo XIX.

Con lenguaje preciso, ajustado y certero, Daniel Álvarez Ferretjans da cuenta de las clausuras y cercenamientos a esa libertad ocurridas durante la dictadura iniciada en 1973. Luego narra el surgimiento de lo que se conoció como la "prensa

alternativa", que no fue

surgidos para oponerse a esa dictadura, para facilitar el tránsito a la democracia y

por encima de todo, para ofrecer mtjo r información y más opinión, para abrir espacios de libertad. Retornada la democracia, se fue consolidando, de modo lento pero seguro, una prensa más profesionalizada y con creciente valoración de su independencia, ayudada por un acelerado desarrollo tecnológico del que

el libro también

otf u r osi que el fascinant e "fenómen o de los semanarios "

da

cuenta.

Hay por cierto una historia que se circunscribe a lo político cuando se narra la evolución de la prensa. Ello ocurrió en la medida en que los periódicos fueron expresión de la lucha política en este país, ya sea porque eran medios partidarios, o porque más tarde, con la información que daba la prensa independiente, la vida política se reflejó e interactuó desde esos diarios. Así lo consigna Daniel capítulo tras capítulo. En el siglo XIX la prensa fue una tribuna política de referencia obligada. Había diarios blancos y los había colorados. Y con la llegada del siglo XX aparecieron los medios de izquierda, socialistas, comunistas, sindicales y de otros sectores. Con minucia asombrosa y una ecuanimidad que le hace honor (sin por ello eludir juicios fuertes cuando hacen falta), Daniel Álvarez Ferretjans muestra esa evolución constante.

Notorias figuras políticas se iniciaron y se hicieron conocer con la práctica periodística. Se forjó toda una tradición en el periodismo de opinión, ya sea a través de las páginas editoriales o de las columnas de opinión. Hoy eso cambió, dada la notoria profesionalización en ambos géneros. Pero hasta no demasiado tiempo atrás, una nota firmada por alguien cuya pluma tenía estilo literario y fuego político lograba tanto impacto como el que podía tener una fogosa intervención . durante un debate parlamentario. No en vano los periódicos fueron apodados "los escaños de papel".

El repaso de estos dos siglos del crecimiento de la prensa refleja además una historia de nuestra literatura, ya que por un lado la prensa fue el lugar desde donde muchos de los grandes escritores nacionales se expresaron. Ser escritor implicaba también escribir en un diario para desplegar con letras de molde el talento natural para el relato, la poesía y el ensayo. En tiempos más recientes, el periodismo fue la actividad cotidiana, aunque quizás menor, en la que trabajaron muchos que luego se transformaron en grandes escritores.

Durante el siglo XIX, y eso se ve en el libro, un autor consagrado publicaba en la

prensa. A partir del siglo XX, los que querían ser grandes escritores, debían iniciarse primero en el periodismo. Muchos nombres literarios mencionados acá fueron también periodistas. Y lo interesante es que otros, que soñaban con dedicarse a la vida literaria, descubrieron en cambio su verdadera vocación: no fueron novelistas consagrados sino periodistas de primera clase, rigurosos, informados

y que

escribían con envidiable

calidad.

Uno

evolución

a los aspectos más simples y cotidianos de la vida de la gente común. En el cruce

tribuna

la época o

partidaria

mirada

la

de

los

aspectos

de

más

fascinantes

dos

de

esta

investigación

es

que

al

narrar

la prensa durante

siglos completos, necesita echar

prensa que

no

una

del siglo XIX con el XX empieza a aparecer una

ni se remite

a recoger

solo es de

los grandes debates

intelectuales de

los grandes hechos políticos y militares, sino que hurga en los aspectos rutinarios de la vida diaria de gente común.

Es el comienzo de la llamada prensa popular, el diario del vintén, cuyo objetivo fue ir más allá de las élites y buscar lectores en la clase media, en los comerciantes, en las mujeres, en los obreros. Para ello había que cubrir noticias referidas a las cosas que interesaban a esa gente y de esa manera fueron contando asuntos del diario vivir, los espectáculos y los bailes, los carnavales, los modos de distraerse. Un sinfín de hábitos menores pero consustanciados con la cotidianidad, fue

recogido y mostrado

por

la

prensa.

Dentro

que

referido

de

ese terreno

menor

en

Daniel

un

Álvarez

Ferretjans

aborda

un tipo

de

periodismo

el

no fue

pais que

recibió tanta

inmigración, y es justamente

a lo que hacían las diferentes

comunidades para llegar a su gente.

Es excelente el tratamiento dado a la evolución de la prensa dirigida a la creciente comunidad judía que se instaló en Uruguay. Justamente, al contar aspectos técnicos de ese periodismo, indirectamente refleja cómo dicha comunidad evolucionó a lo largo de esos años. Al principio había una dificultad práctica planteada por las imprentas que no tenían todos los tipos necesarios para escribir algunas palabras en idish. Era necesario redactar los periódicos acá, luego llevarlos a imprentas argentinas para volver a traerlos prontos para distribuir.

El problema, meramente técnico, se fue solucionando con el paso de los años cuando esas letras específicas dejaron de ser necesarias porque la comunidad, que tuvo una rica tradición de prensa, pasó a escribir sus publicaciones en castellano. Se mantenía la identidad judía, sí, pero no por eso era necesario

expresarse en la lengua traída por los primeros inmigrantes. A través de un relato

interna

centrado en un puntual problema de imprenta, esa profunda transformación

de

un grupo

social quedó

claramente

retratada.

Por último, y no por eso menos importante, esta minuciosa crónica de la prensa, es también la historia de un grupo de gente que por vocación, y profesión, se dedica a contar la historia presente de los demás pero nunca la propia. Me refiero a los periodistas. Son muchos, los hay de distintas épocas y estilos, y Daniel los menciona a lo largo de su libro sin salir de su sobrio y ágil estilo. Sin embargo me resulta inevitable pensar que el fin último de este metódico trabajo es rendirle homenaje a los periodistas de raza.

Como con todos los temas que aborda, Daniel

como si no quisiera hacerlo. Pero el homenaje (justo a mi entender) aparece a cada vuelta de hoja. Por cierto, en la medida que la tarea se profesionalizó con el paso de los años, las referencias más nítidas a periodistas que fueron solo eso y nada menos que eso, aparecen en los últimos capítulos. Si para muestra basta un botón, una sobria pero conmovedora referencia a Romeo Otero, legendario reportero y editor que fue expresión perfecta del periodismo profesional y popular, refleja con su afectuosa mención ese profundo respeto y cariño que Daniel Álvarez siente por la profesión y por quienes la ejercieron, como no podía ser de otro modo para quien trabajó en ella desde muchos lugares, pero mayormente desde los grandes diarios de la segunda mitad del siglo XX.

lo hace con respeto y

delicadeza,

Nadie ouede ser periodista si no siente pasión por serlo, y contar la historia

del

periodismo es contar lo que Me

lo unto , este es u n libro necesaria* . *n<e cArgado d e pasión e s es o lo Que lo hace ameno e interesan!* Hacia falta esta historia La qu e nos presenta Dame4

es

*n duda será la referencia obüoada e insuperable

re - mués y mües de patona *

•pnionidi í

Por

tan amplia

y ambiciosa que

durante

décadas. Aunque también,

«

m

o dtee M . es»a es una htttona que nunca

termina.

En tiempo s d e

acelerado s cambio s tecnológicos , co n «•! avanrad o us o d e Internet ,

habrá muchos capítulos para agregar en los anos venidei - Pero lo tecnológico

es solo un formato, es el envase que se usa para trasmitir noticias y opiniones,

algo que h a venido sucediendo periodistas.

desde el fondo de los ligios Eso hacen los

Lo que no cambia, y es un desafio duradero que está por encima de ta lecnoiogU. es el rigor con que deben trabajar y la indispensable libertad que necesitan para ofrecer sus mejores trabajos. La libertad, si . por encima d e cualquier otra COSA

*

de reconocida trayectoria, se desempeña como cohimnma de temas potttxo* y de actualidad

cinco tíbm. do i sobre penodnm o O» M w /MM * 0 949 1 V tres sobre potatea Los temes seórv le M M (1*94) , Lm na*a *

en

1950). docente en la Universidad CetoMca dei Uruguay y penooHU

Tomás Un n (Montevideo.

la revista Bu iyurda

Escribió

Pailón, rtfor y hbtrtad (1999) y

ét liemprt (2004) y Asi conttbtjmi NutUrmí étmocrwtmi mptrfttmi (agosto. ?0Oái

Introducción

Crónica de un

que nunca

libro

termina

Nada califica tanto a un país como sus periódicos y sus periodistas. El periodismo es, por definición, la vida misma de cada día, el oportuno y ordenado registro de los hechos, de los afanes humanos en pos de la perfección a través de la existencia cotidiana. Pero si el periodismo es la relación de la vida que está fluyendo ahora, importa formular un esbozo de la historia de la prensa y del periodismo uruguayo porque es penetrar en la relación de la vida que pasó.

Escribir la historia

de la prensa en el Uruguay representa

no sólo el anhelo

de

que este relato exista como expresión

de un país, sino que sirva para mostrar

las

formas de la evolución común de un instrumento

a dar

años.

que ha contribuido

de

y contribuye

doscientos

relieve a su cultura

Incluso con

con

su presencia y actuación a lo largo

sus silencios y omisiones.

Si el curso de la historia desde la invención de la imprenta está unido a la vida misma del periodismo, importa saber que, en el Uruguay, su ejercicio es anterior

a la República. Es más, el genio, la tenacidad, el esfuerzo, la imaginación y el

coraje de los periodistas de aquel tiempo vivido antes de que amaneciera la República contribuyeron a afirmar las bases de la nación obrando sobre sus dos principales campos de acción: como medio de cultura y como gestor de conductas sociales y políticas.

La tarea no estuvo exenta de sacrificios, ni de riesgos. Desde sus comienzos hace doscientos años, el periodismo se desenvolvió a la intemperie, azotado por todos los vientos y vapuleado en todas las esquinas. No obstante, ayer como hoy, el periodismo uruguayo fue y es el diario y sensible parlamento del pueblo, caja de resonancia de sus padecimientos y sus esperanzas.

Los diarios, semanarios y revistas, constituyen un auxiliar de la historia, a la vez que una fuente importante del conocimiento histórico. Lo son en cuanto documentan, mediante información pura y simple, ideas, opiniones, a menudo

producciones literarias. Muchas veces testimonian estados de espíritu, individuales

o colectivos, y contribuyen a dar luz sobre climas políticos, económicos, sociales

y culturales, de un momento de la vida del país, o de una época. El periódico es el propio país en toda su expresión; es su grandeza y su miseria.

La prensa, además de su consideración como instrumento indispensable para la reconstrucción del pasado, se ha convertido en objeto de estudio de los

historiadores. Desde las condiciones históricas de la aparición de las publicaciones, sus características morfo,' ^icas (estructura, formato, público al que va dirigida, '

noticias que privilegia), el pen

He sus redacciones y los redactores o periodistas

que las integran, sus posiciones plicas , ideológicas o religiosas, entre otras cuestiones, han provocado en las últimas décadas a nivel internacional una

multiplicidad de estudios, monografías y trabajos de investigación, así como encuentros académicos.

Con la presente Historia de la Prensa en el Uruguay entreg o una relación o memoria de los grandes y pequeños acontecimientos vinculados a la creación, vida y muerte de diarios y revistas que ocuparon roles protagónicos en la vida nacional en el lapso de dos siglos, marcados por sucesos políticos, económicos, tecnológicos, sociales, hasta el presente en el que destacan los diarios en Internet. Se trata de una crónica, entendiendo la expresión como la obra de erónos, del tiempo, es decir, aquello que se escribe sobre el día a día. La crónica no es otra cosa, en fin, que una historia en la que se observa el orden de los tiempos.

Desde que Cutenberg creara la primera imprenta de tipos móviles en 1450 y se echaran a rodar las vidas de los diarios ha corrido mucha tinta en el mundo. En América cada país tiene su propia historia. En el Uruguay, fue en tiempos de la invasión de los ingleses qu e surgió The Southern Star o La Estrella del Sur, el diario bilingüe que relató en inglés y en castellano los sucesos de la época.

El

presente

texto

constituye

la

última

versión

de

un

trabajo

que

comenzó

hace

más de

dos décadas, destinado

a convivir con otros

en

una

publicación

al

estilo del Libro del Centenario, dirigido por Fernand o Assuncao , José María Traibel

y Alfredo

Testoni.

Constreñido

a

las

proporciones

de

un

texto

de

revista,

no

podía

ser más que

un

breve esquema

de

la historia

de

la prensa en

el

Uruguay,

con

referencias a momentos

significativos de

la historia

del

país.

Más tarde, en circunstancias en que la Asociación de Diarios del Uruguay resolvió conmemorar un nuevo aniversario de la institución, se me invitó a ampliar el texto original para que compartiera con los trabajos de calificados periodistas la realización de un suplemento especial que fue encartado en las publicaciones asociadas.

En todos los casos, proseguí trabajando con un material que me fue y me es muy caro. La redacción de un conjunto de textos sobre el periodismo uruguayo con destino a alumnos de instituciones diversas me permitió elaborar un modesto

trabajo que salió de la imprent a co n el nombr e d e Crónica del Periodismo en el

Uruguay,

en el marco de mi colaboración co n la Hann s Seidel Stiftung.

Su difusión hasta agotarse y el uso que las sucesivas generaciones de comunicadores sociales han hecho de la obra, que se comprueba con la revisión de las notas al pie de la mayoría de las tesis o escritos producidos en ámbitos académicos, llevó a más de un colega a manifestarnos el interés que habría de reeditar un esfuerzo que recogía la azarosa vida del periodismo y los orígenes de la imprenta en el Uruguay y su obvia trabazón con la historia cívica. "Parece que los estudiantes de Comunicación lo tienen casi de Biblia en esa materia porque no hay ningún otro trabajo del ramo que registre la historia de los diarios y

periódicos en nuestro país", destacó con generosidad, la periodista y directora de la revista Calería de Búsqueda, Ménica Bottero.'

La producció n de la Historia de la Prensa en el Uruguay, abarcadur a del proceso que v a desd e La Estrella del Sur a Internet, pretende colaborar co n aquella línea de acción. Es, además, un homenaje a todos aquellos periódicos y periodistas que, durante el transcurso de la historia del Uruguay, defendieron y defienden desde sus respectivas visiones los principios y objetivos de una sociedad que fue nación antes que país. A través de la lectura de la obra concluida se podrá apreciar una visión de la extensa peripecia seguida por legiones de hombres y mujeres de capital e interior a los que ningún esfuerzo enciclopédico podría reflejar y que, sin embargo, contribuyeron con su diaria faena a construir una

historia

sin par

en

Muchas veces, compilación, sentí

el vasto contexto

que

les tocó

actuar.

a

lo largo

de

que abordaba

la redacción de este

libro

una tarea superior a mis

de

posibilidades.

síntesis histórica

y

Quienes deseen encontrar una referencia prontuarial de todos y cada uno de los periódicos aparecidos tanto en la capital como en el interior del país, seguramente verán frustrados sus propósitos. Están, para satisfacer parcialmente dicha aspiración, los valiosos trabajos de fichaje, compilación de referencias y antecedentes de la prensa, realizados por Benjamín Fernández y Medina, Antonio Zinny, Antonio Praderio, Arturo Scarone o el de las bibliotecarias Mercedes Rodríguez y Ana María Ruiz, verdaderas cartas de navegación en el proceloso mar del nacimiento, vida y muerte de las numerosas publicaciones habidas en el territorio que hoy denominamos Uruguay y que se iniciara a la vida como Banda Oriental.

Por

su

naturaleza

enciclopédica,

esta

obra

puede

pecar

de

incompleta.

La

indagación

del

pasado,

la

reconstrucción

histórica

mediante

la

investigación

y

coordinación de mil detalles

menudos,

no tiene fin

ni límite preciso.

Serán bienvenidos los aportes y correcciones que se formulen porque contribuirán a la puesta en valor del libro. No se me escapa que por su ausencia en la bibliografía nacional, el presente estará destinado a la actualización y mejoras sucesivas, en una suerte de libro que nunca termina.

Ha de haber, seguramente, omisiones que deploro. Muchas veces debí optar entre la inclusión o no de algunas publicaciones, en función de la importancia que jugaron en su particular momento de aparición, o de la oportunidad y calidad de

los

hombres

que

estuvieron

en

su

forja.

La obra está en deuda con todas las lecturas hechas a lo largo de muchos años. He espigado cuanta publicación llegó a mis manos o aquellas a las que accedí por sugerencia de otros autores o colegas que sabían de mi interés por escribir sobre el pasado del periodismo uruguayo. He utilizado abundante material edito e inédito y documentos originales, hemerográficos y bibliográficos. A lo largo de décadas debí confeccionar decenas de fichas y fotocopiar publicaciones que se encuentran en instituciones públicas o en poder de particulares que me facilitaron su acceso.

Confío en que

los aciertos que tenga

la crónica que aquí ofrezco

permitan

la

aprehensión de una historia bicentenaria del periodismo uruguayo que contribuya a que las nuevas generaciones que incursionan en la profesión o en su conocimiento puedan Mcerlo con menos dificultades que la nuestra.

Quien quiera recorrer el carm. ^ de búsqueda dispondrá ahora de una cartografía que facilitará la excursión. Son escás- - los estudios sobra la historia de la prensa en el Uruguay, al punto que sobran los Otdos de una mano para cuantificarlos. El más antiguo está fechado en 1900. La versión que pretendió llenar el hiato es la que publiqué en 1985. En esta obra he procurado dar noticia de las publicaciones seleccionadas en forma proporcional a la importancia ini,'->seca o accidental de las mismas. No creo haberme excedido en los juicios sobre periódicos o periodistas, necesarios para ubicar al lector en el contexto de tiempo y circunstancias, y que trascendieran la aridez de la mera enumeración de títulos, nombres y fechas.

Era una práctica común que los autores se refirieran, en sus publicaciones, a hechos o situaciones protagonizadas por los diarios o al papel que estos habían jugado en la conformación de las mentalidades, con su aporte de reflexión o crítica a las ideas que exponían los diversos actores de todo el espectro político. De todas y todos ellos quedan constancias expresas en el texto o en las notas a los respectivos capítulos.

Agradecimientos. En el proceso de investigación, compilación y elaboración de la obra debí recurrir a numerosas personas, las que me ayudaron con su aporte material o virtual. Deseo expresar a todas ellas mi profundo agradecimiento.

En la Lic. Mirta Trinidad, jefa del Departamento Sala Uruguay y Materiales Especiales, identifico la generosa disposición del funcionariado de la Biblioteca Nacional, que dedicó tiempo y experiencia a efectos de facilitarme el uso con provecho del valioso material hemerográfico allí existente. Destacan, asimismo, Graciela Borrelli, Juan Carlos Montiel, Adriana Méndez, Ricardo Lleonart, por sus aportes sin tasa. Resalto, además, a Andrés Fernández, fotógrafo de pública solvencia y excelente disposición, así como a Fernando Álvarez Cozzi, por su compromiso profesional y artístico. A todos ellos mi reconocimiento.

Enrique Alonso Fernández, Aníbal Barrios Pintos, Marta Canessa de Sanguinetti, José Luis Castagnola, Juan José de Arteaga, Alberto del Pino Menck, Flavio A. García, Alfonso Iglesias, Fernando Loustaunau, Daniel Hugo Martins, Daniel Mazzone, Luis A. Musso, Osear Padrón Favre, Wilfredo Penco, Wilfredo Pérez, Guillermo Pérez Rossell, Diosma Piotti, Juan E. Pivel Devoto, Washington Reyes Abadie, Andrés Vázquez Romero, son algunas de las personas a las que recurrí una o más veces para orientar la búsqueda de un documento o despejar alguna duda; a las que consulté alguna vez o leyeron parcial o totalmente los originales o me aportaron algún dato o información, opiniones y referencias útiles para corregir o mejorar el trabajo.

Del

Calería,

resultado

1 5 de juni o

de

final

2006 .

soy el

único

responsable.

Daniel

Álvarez

Ferretjans

1 Por los tiempos de 'a Colonia

La Estrella del Sur en el firmamento periodístico uruguayo

* ¿

Osnfa admonició n del rey Eduardo III de Inglaterra, "Qu e

fétrírctoa LaEstrenadelSur, se inauguraron la primera imprenta y el prime r periódico en la Banda Oriental.

se avergüence el qu e haya pensado mal" , en el cabeza l

"¡Oh, Imprenta) ¡Cuánto has perturbado la paz de la Humanidad".

ANDRÉS

MARVE U

(1621-1678),

poeta

Inglés

A diferencia de otros lugares de la hoy llamada América Latina, en el

territorio que ocupa la República Oriental del Uruguay se vivía una edad primaria cuando sobrevino la conquista hispánica. El aporte cultural de ésta, vertido en una zona limítrofe y disputada, de lenta, escasa y azarosa colonización, no podía ser sino rudimentario. Las causas prin- cipales del tardío poblamiento de estas tierras las hallará Miguel de Lastarria, el ilustre secretario del Virrey Aviles, en "la funesta manía del trabajo de las minas" v la ignorancia del valor de la industria y el comercio.

"Lo más complejo de la comunicación no es ni el mensaje ni la técnica sino el receptor".

OOMINIQUE

WOLTON

vivirá

por largo

tiempo

un régimen de

cuartel.

Aglutinada

alrededor

de una Plaza

Fuerte, pieza capital en la estructura defensiva de un Imperio cada vez más amenazado por la rapacidad de los

imperios nuevos, Montevideo, fundada por

Bruno Mauricio de Zabala en

su edad de cuero, modestamente, reli-

giosa y pastoril. Extramuros, corambreros

y contrabandistas campeaban en el

entorno rural, un gran desierto "en las inmediaciones de las fecundas riberas del

gran Río de la

1 726, vivirá

Plata". 2

Sin referencias d e la existencia de oro y plata, la denominada Banda Oriental, por aquellos tiempos "tierra de ningún pro- vecho", sólo mereció atención de las autoridades cuando los portugueses plantaron su pendón en la Colonia del

Sacramento en

en el Uruguay desde que (Juan Díaz de] Solís pisó nuestras playas hasta que Fonseca se estableció en Montevideo, puede considerarse una operación esencialmente militar". 1

1680. "La conquista española

El villorrio, de apenas seis cuadras de 83 metros cada una "sobre la ribera del Puerto", donde se asentaron las primeras trece familias canarias arribadas a bordo del "Nuestra Señora de la Encina", ence- rrado más tarde entre muros de piedra y fosos, a la sombra de los fuertes anillados,

Su condición de eslabón principal para

la defensa del sistema imperial español,

donde confluían el valor estratégico, político y comercial, además de importante centro administrativo, tornará a Monte- video en capital de la Banda Oriental con identidad propia. Aunque subordinada al principio al gobernador de Buenos Aires, tendrá su propio gobernador, el recto y sereno brigadier José Joaquín de Viana (Lagrán, Álava, 1718 - Montevideo, 1773) y, desde 1 778, se referirá directamente al virrey.

La obtención del comercio directo con España, Portugal e Inglaterra y el inter- colonial con el resto de los dominios en América le aportará a la ciudad-puerto una sustancial atracción. Si para muestra

alcanza un botón, basta con saber para tener una idea del movimiento ae embar-

caciones en el recinto portuario, que en

1781,

salieron de Montevideo con o-^in o a Cádiz, 24 buques en convoy. Si a esto suma la disponibilidad de una aduana propia y el concurso de funcionarios del Tesoro, se comprenderán los acentuados pujos autonómicos que habían nacido con su condición de país-marca y el irrefrenable estallido de libertad cuando suene la hora de la independencia. 3

un solo día, el 24 de ma

">

de

Juan E. Pivel Devoto señala que al finalizar el siglo XVIII, Montevideo era ya el puerto de escala obligada del Río de la Plata, y que la Real Cédula de 1791, relativa a la introducción de esclavos y la extracción de cueros, junto con otras autorizaciones especiales que le beneficiaban, otorgadas por la Corona en casos particulares, le brindaban el reaseguro del movimiento de buques de guerra, correos y mercantes.

Montevideo a través del túnel del tiempo

La transplantada sociedad colonial montevideana, cuasi ágrafa u oral, esta- blecida entre 1726 y 1730, estaba compuesta por colonos de diferente origen europeo, procedentes en su mayoría de las Islas Canarias. A esta base antro- pológica habrá que agregar, a finales de siglo XVIII, el componente africano llegado como esclavo.

Azaróla Gil esbozó cómo eran el ambiente y la vida cotidiana en la ciudad hispana: "Nada más humilde que aquel núcleo fundador de la ciudad y progenitor de la sociedad en gestación. Sus elementos carecían de instrucción y cultura; muchos de ellos no sabían leer ni firmar y es inútil inquirir una manifestación de su modo de sentir y pensar fuera de los testamentos y actas capitulares.

Eran labriegos rudos, ignorantes y virtuosos; su misión consistía en alzar la casa, procrear hijos, sembrar granos, apacentar ganados y

alejar

pero fueron firmes

pilares humanos porque sobre ellos se afirmó una civilización y se plasmó un pueblo libre". 4

a los indios;

[

]

En lo que respecta a la jurisdicción de Montevideo, una de las que integraban en el siglo XVIII el espacio geográfico que hoy conocemos como Uruguay, la justicia era casi exclusivamente de índole capitular, ejercida por el Cabildo de la ciudad y su competencia era prácticamente total, con mínimas apelaciones a la Real Audiencia o intervencione"; del Virrey o del Gobernador. Los jueces capu.'^re s (Alcaldes de I o y

2 o voto y otros), que duraban uno o dos

años en sus funciones, entendían en todas la causas civiles y criminales entre españoles y entre éstos y los indios de su jurisdicción, con excepción de las que correspondían a fueros especiales. Estos jueces, como sus pares cabildantes en general, debían ser personas honradas, que supieran leer y escribir, "descendientes de pobladores iniciales y conquistadores" y "vecinos con casa en el lugar".

Por una excepción recomendada por el fundador Bruno Mauricio de Zabala en

1 730, en Montevideo no se les exigió que

supieran leer y escribir, ya que no había de hecho quien supiera hacerlo en número suficiente para constituir un Cabildo. En este contexto, el poder y el valor de la palabra eran las monedas de cambio.

Las primeras escuelas, a cargo de franciscanos y jesuítas, se instalaron en

Montevideo recién a mediados del siglo XVIII, a casi veinte años de finalizado el proceso fundacional. A consecuencia de la expulsión de la Compañía de Jesús en

Carlos III, el

Cabildo contrató maestros seglares para que continuaran la enseñanza de los niños que aprendían con los jesuítas.

1 767 por Real Orden de

Hacia el último cuarto del siglo existían en Montevideo escuelas de primeras letras a cargo de personas particulares, a quienes se autorizó el ejercicio de la docencia una vez superado un examen sobre doctrina cristiana, lectura, escritura y aritmética, e "información de vida, buenas costumbres y calidad de su nacimiento". Sólo después de alcanzada la independencia, los nuevos Estados sudamericanos sentirán la nece- sidad de introducir cambios en la edu- cación. Estos comenzarán en el primer

cuarto del siglo XIX, con la instalación de las escuelas lancasterianas.

A pesar de la existencia de algunas escuelas de 'primeras letras", en las que se utilizó el método del Catón para la lectura y la Cartilla del Padre Astete, "la dinámica de la comunicación oral [era la que] definía las interacciones entre los montevideanos". Los catones eran pequeños libros hechos para el aprendizaje de la lectura, compuestos de frases cortas y simples. Las cartillas eran planas con el alfabeto y con sílabas, sobre las que se trabajaba progresivamente de acuerdo a las letras que se iban viendo. El niño copiaba las letras para aprender a escribir y repetía en forma oral, individual o en coro, la lectura de las mismas cartillas o del catón.

España ejercía o intentaba ejercer una rigurosa vigilancia sobre los textos escolares y sobre todo material impreso que circulaba. Desde la promulgación del Index librorum prohibitorum por el Papa Pío V, que contenía la prohibición de imprimir ciertos contenidos y temas concretos, se extendió el uso del imprimatur, a modo de visto bueno, que incluso hoy suele figurar en algunos libros religiosos. Las Leyes de Indias establecían que no era permitido imprimir ni vender libros que tratasen de asuntos de América sin licencia especial del Consejo de Indias. Se ejercía, además, la censura previa a la impresión de cartillas y demás libros de escuela.

No sólo al núcleo poblador corres- ponde la imagen del Montevideo primario, sino también a casi todos los que se incorporaron a él durante las primeras dos o tres décadas y a la mayoría de sus hijos. Será recién con la generación que nació a partir de mediados de siglo, en su mayoría nietos de los primeros pobladores, que se empezó a salir paulatinamente de la oscuridad, de aquel estado vegetativo. El proceso evolutivo cobrará un ritmo cada vez más acelerado a partir del último cuarto del siglo.

Aunque fundada tardíamente

en com-

ameri-

cartabón

paración al resto de

canas, Montevideo

las ciudades

no escapó al

Detalle del plano inglés de 1807 suscrito por Ceorge Robinson.

urbano ibérico. Si bien en sus inicios fue considerada un bastión militar y Apos- tadero Naval, nació "no como una mera factoría, sino como una ciudad para quedarse y por lo tanto de progresiva colonización". Hacia 1760, la población total de Montevideo y su jurisdicción alcanzaba la cifra de 2089 habitantes según el informe elevado al Rey por el Gobernador José Joaquín de Viana. Dieciocho años más tarde, la población se había cuadruplicado, como surge del censo que realizó el Cabildo por dispo- sición de Carlos III: vivían en la ciudad 4470 personas (46, 55%) sobre un total de 9602 (51,32%). Hacia 1805, el Subteniente Nicolás de Vedia informaba en su padrón de habitantes la existencia de 9359 personas residiendo en la ciudad.

De los testimonios dejados por nume- rosos viajeros europeos llegados a las costas del Río de la Plata, se desprende que la ciudad portuaria proyectaba una imagen casi bucólica, inmersa en una tierra tranquila, sin grandes accidentes geo- gráficos, que por poco desafiante discurría

plácidamente, mientras sus habitantes "vivían allí casi sin trabajar" y dejaban transcurrir las horas conversando y tomando mate, bebida a la ye se habían hecho muy aficionados.

Mientras así discurría la vida y el nivel intelectual en Montevideo en las décadas de los 60 y 70 del siglo XVIII, una mirada al Viejo Mundo mostraba que, por ejemplo, Pedro el Grande había fundado ya en 1 702 la ciudad de San Petersburgo sobre los pantanos del golfo de Finlandia, empresa en la que sucumbieron más de cien mil personas; que Luis XIV, el Rey Sol, con todo el esplendor de su corte y época ya había muerto en 1 71 5; que en la Madre Patria se había fundado en 1714 la Real Academia Española y que su primer trabajo, el Diccionario de la Lengua Castellana empezó a aparecer precisamente en 1 726, año de la fundación de Montevideo.

Vivían en aquella época Voltaire (1694- 1778), Rousseau (1 712-1 778), Diderot (1713-1784) y D'Alembert (1717-1783), cuya gran enciclopedia empezó a aparecer en 1751. Vivían Newton (1643-1727), Kant (1724-1804) y J. Swift (1667-1745), cuyo Culliver apareci ó e n 1 726 . Naciero n Pestalozzi (1746-1827), Goethe (1 749-1832)

y Schiller (1 759-1 805). Vivían Vivaldi (1678- 1741) y Bach (1685-1759) , cuya Pasión según San Mateo se estrenó en 1 729.

Al mismo tiempo que surgieron en Europa las famosas manufacturas de

porcelana de Meissen (1 71 0), Viena (1 71 8), Berlín (1 750), los vecinos de Montevideo tomaban sus comidas de fuentes de barro, madera o peltre. Para acentuar los contrastes, desde 1718 circulaban en el Viejo Continente los primeros billetes de banco; se inauguraba la Bolsa de París y

se construían en hornos de coque de Inglaterra. 5

1 740 los primeros altos

La sinergia creadora de los vecinos

La animación de la vida del Montevideo colonial será consecuencia de la sinergia creadora de los vecinos, pujando por mantener unidos bajo su posesión los

ganados que pastaban en haciendas que desbordaban las fronteras de la jurisdicción de 1 726, la explotación del cuero y el sebo como fuente segura de riqueza y la actitud alerta de los comerciantes-saladeristas, algunos hacendados y aquellos que se beneficiaban con la trata de negros y navieros que asentaron sus reales en los despachos portuarios.

Los vecinos qu e habían conocido el modesto rancherío que fue Montevideo en sus orígenes se asombraban, a mediados del siglo XVIII, "contemplando la velocidad con que se ha[b'\a] levantado la ciudad".

No será por mucho tiempo que se mantendrá el vínculo pacífico que regulaba las relaciones entre españoles y criollos. El intento por sujetar férreamente a su autoridad con asiento en Buenos Aires a todos los pueblos de la Banda Oriental, el divorcio de intereses de los hacendados por un lado y de los comerciantes y navieros por el otro, concluirá en un enfrentamiento que será la mecha de una revolución.

De manera silenciosa, en lo previo, un proceso de información que traspasa las prohibiciones coloniales y burla los controles eclesiásticos está alimentando en algunas mentalidades la fragua de nuevas inquietudes. Más allá de los textos autorizados que llegaban de la metrópoli y los manuscritos que circu- laban en el magro círculo de intelectuales, comerciantes, hacendados y figuras relevantes del clero de la ciudad-puerto,

A V n

l№

era irrefrenable la avidez por la lectura contradictorio papel de la introducción de

la imprenta y la difusión de la cultura en el

habían logrado vencer la censura y la vasto territorio de su conquista y co-

licencia para imprimir, que regía en las Ionización. Indias de igual modo que en España.

de toda suerte d e publicaciones

qu e

La oferta

se incrementaba

con libros

La irrupción del periodismo

colonial

que arribaban camuflados en las valijas de

espíritus locales curiosos o viajeros Durante el siglo XVI el continente

extranjeros, o qu e transportaban los oficiales de algunos de los cientos de barcos ingleses o norteamericanos, y también españoles, que fondeaban en el puerto. Muchos de esos papeles rebo- saban de las nuevas ideas que circulaban en Europa o en ciudades de América del Norte.

americano fue el escenario de la Conquista y Colonización por parte de la Corona española. El vasto territorio fue dividido con fines administrativos en dos grandes Virreinatos: Nueva España (la mayor parte de la América septentrional e insular, como se conocía entonces a México) y el del Perú (América meridional, excepto Brasil).

Al ampliarse en el siglo XVIII el dominio de los españoles en América del Norte, se

eran los comisarios de la Inquisición, que agregaron dos nuevos Virreinatos: Nueva

operaba en el Nuevo Mundo desde 1 569 Granada (Tierra Firme o América Central,

Tribuna l de l Colombia y Ecuador) y el del Río de la Plata,

Los primeros e n subir a los barcos recién llegados a los puertos americanos

cuand o s e estableci ó el Santo Oficio e n Perú y

e n

la

Nueva

además de ocho Capitanías Generales.

España, quienes preguntaban no sólo por los libros que venían en las bodegas, sus La creación del último virreinato lenguas y procedencia, sino también por español de América, con capital en la

lo que traían consigo los viajeros en sus ciudad de Buenos Aires, al decir del

argentino Félix Luna, fue un

respectivos equipajes . "A pesar de las historiador

prohibiciones y de los graves riesgos a que product o inevitable de l "cambio

en el

se exponían los poseedores de libros pensamiento europeo sobre la riqueza de las

prohibidos en caso de denuncia, mucho del naciones, la necesidad de establecer un freno aire del mundo circuló en América y a los avances portugueses sobre las

permitió ir preparando no la herejía, sino la independencia", escribi ó Jos é Luis Martínez.

la creación de

comarcas rioplatenses

y [

]

un mercado entre el Alto Perú y las pampas". 6

A comienzos del siglo XVI se introdujo la imprenta en Nueva España y apareció La

presente que a España le cupo el doble y Caceta de México (1 722), el primer periódico

Una verdadera

paradoja

si se tiene

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Paritfi

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latinoamericano. El segundo periódico fue La Caceta de Guatemala (1 729) y ' I tercero correspondió a Perú, con la publicación de La Caceta de LimaO 743). T^das las gacetas

y las que vendrán, fueron práci, emente un

calco de La Caceta de Madrid y cum^'^ron el rol de divulgar informes y asunto- administrativos oficiales. Más tarde, durante

el siglo XVIII, habrá imprentas y periódicos

en Nueva Granada y en el siglo XIX en el Rio de la Plata. El arqueólogo e historiador Horacio Arredondo (1888-1967) destacó el invalorable servicio que representará la imprenta "en la formación de nuestra sociedad, ya sea como aporte a la cultura, como arma de combate en la difusión de las ideas, como mecanismo de divulgación de las expresiones artísticas que le siguieron, la litografía, el grabado sobre acero". 7

Aunque la aparición de la imprenta en el Río de la Plata se puede rastrear hasta el interior del singular mundo de las Misiones Jesuíticas del Paraguay, el periodismo, propiamente dicho, se instalará en la primera década del siglo XIX. Puede afirmarse que es desde el I o de abril de 1801, con el hebdomadario El Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata, 8 salido **" de la bonaerense Imprenta de los Niños Expósitos 9 , que los intelectuales de la región platense, movilizados por las nuevas ideas ilustradas, inauguraron la época en que les fue posible recorrer las páginas de un periódico. En ellas escribieron Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Pedro A. Cervino, Tadeo Haenke, el poeta Manuel de Albarden y el canónigo Luis Chorroarín.

El periódico tenía el formato de un cuadernillo o fascículo "en octavo", publicación con ocho hojas o páginas por

pliego de papel, de 21 por 1 5 cm , si bien ese número se elevó en algunas entregas.

A través de sus páginas imbuidas del

pensamiento fisiocrático que valorizaba a

la agricultura por encima de la minería, se

pretendía contribuir a generar una nueva toma de conciencia respecto de las riquezas naturales de la región.

La publicación acogió artículos y odas encomiásticas sobre la actividad co-

mercial, contrastando con la primitiva visión que se tenía de estos territorios, a los que se tildaba de pobres y carentes de interés económico. Lo característico de este periodismo colonial rioplatense es, en palabras de José Luis Romero, el intento de aplicar las doctrinas aprendidas en los tratadistas europeos a las necesidades y problemas locales, gran parte de los cuales comenzaban por entonces a descubrirse

y plantearse justamente a la luz de esas nuevas doctrinas.

El corone l y abogad o Francisc o Antonio de Cabello y Mesa (Castilla La Nueva, 1 764-1 831), extremeño por

adopción, fue el editor y propietario de la primera publicación periódica impresa aparecida en el Río de la Plata. Graduado en Derecho Civil y Canónico en la Uni- versidad de San Marcos, fue a él que le cupo la tarea de redactar y compilar, junto

a un calificado grupo de intelectuales, los

materiales que se incluirían en las páginas de El Telégrafo con el fin d e "poner a Buenos Aires, a la par de las poblaciones más cultas, mercantiles, ricas e industriosas de la iluminada Europá'y "si no instruir y cultivar al pueblo, le dé al menos un entretenimiento mental, e inspire inclinación a las ciencias y artes".

Dotado de innatas condiciones de periodista, observador y practicante de experiencias profesionales en España y el Perú, sobreponiéndose a la carencia de recursos técnicos, Cabello y Mesa incluyó desde polémicas literarias hasta gacetillas sobre cuestiones de actualidad, infor- mación sobre ciudades y pueblos del Virreinato y cartas presuntas o reales de lectores que contribuían a afirmar el arraigo de la publicación.

Sus columnas de tipografía homogénea constituyeron el primer espacio impreso con el que la élite intelectual del Virreinato pudo confrontar sus opiniones. El periódico que contó con 236 suscriptores (159 en Buenos Aires y 77 en el exterior) y cuyo costo variaba según el lugar de residencia entre dos y tres pesos, apareció dos veces por semana, los días miércoles y los sábados, hasta el 4 de octubre de 1801.

A partir de esa fecha sólo aparecerá los domingos hasta su desaparición el 15 de octubre de 1802. La colección completa comprende 110 números, dos suple- mentos y trece ejemplares extraordinarios.

Aunque el juicio

histórico ha sido un

tanto

fundador, el crítico Juan María Gutiérrez rescató que "su aparición señala una época de progreso y que despertando la curiosidad por la lectura y la ambición natural dé

producir para la prensa, dio un impulso visible

y a las ideas".

avar o

co n

El

Telégrafo

y

co n

su

a los espíritus

El mérito de la introducción de la imprenta en Buenos Aires correspondió al progresista Juan José de Vértiz y Salcedo (Mérida de Yucatán, México, 1718 - España, 1798), el único criollo de los once virreyes del Río de la Plata. Hombre de cultura superior a su medio, desde que asumió la Gobernación en 1770 deseaba un instrumento para el uso del Gobierno en la difusión de noticias y proclamas, para contribuir al sostenimiento de la Casa de Niños Expósitos y proveerlos, al mismo tiempo, de un oficio.

Belgrano en 1810 y la Caceta de Buenos Aires(7 de junio de 1810), el primer órgano periodístico del movimiento que propició la Revolución de Mayo, bajo la conduc- ción del vocal y secretario de la Junta de Buenos Aires, el doctor Mariano Moreno (1778-1811), quien sentó la razón de ser del periodismo y exaltó la libertad.

Primera noticia

periodística

sobre Artigas

Apenas iniciado el siglo XIX, el Río de la Plata se abre a la vida periodística. Desde 1801 hasta las invasiones inglesas, dos publicaciones habrán visto la luz en Buenos Aires. Cuando los ingleses entren en Montevideo, en febrero de 1807, se podrá compartir en este lado del río una experiencia editorial semejante. Frente a las carencias del periodo hispánico, en su momento finicolonialista y prerrevo- lucionario, se presencia la promoción de toda clase de manifestaciones del cono- cimiento y su divulgación popular.

El Semanario

de Agricultura,

Industria

y

 

La producción de la imprenta, confiada

Comercio fue la segunda hoja rioplatense, en orden de tiempo, dirigida por el criollo

a

Agustín Garrigós, radicado en Montevideo

Juan Hipólito Vieytes (1 752-1 81 5), per-

y

a quien se hizo regresar a Buenos Aires fue

sonaje que habría de tener especial

heterogénea: documentos de toda índole, bandos, decretos, proclamas, obras doc- trinales, libros de rezo, cartas pastorales y

significación en el proceso de la Revolución de Mayo, si bien fue contemporánea del Telégrafo Mercantil, por espacio de un mes.

el primer periódico que tuvo

Plata, esto es, El Telégrafo Mercantil, Rural,

Político, Económico e Historiográfico. Antes de sobrepasar los límites de la censura virreinal, tanto por lo que decía como por lo que callaba, gozó de un breve tiempo de tolerancia. Joaquín del Pino (Baena, Córdoba, 1729-Buenos Aires, 1804), será el nuevo virrey responsable de disponer su clausura, colmada su paciencia ante la reiteración en la publicación de "artículos ofensivos cuando no soeces", que tenían como destinatarios a militares, médicos y clérigos bonaerenses.

el Río de la

El rumbo abierto por el publicista Cabello y Mesa será continuado por el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio (1802-1807) y, más tarde, por el Correo de Comercio, publicado por Manuel

Constituirá el punto de partida, antes que nada, de la mayoría de las referencias en torno a las finalidades específicas de su título y a las novedades científicas de la hora y su aplicación en nuestro medio ambiente. "Habiéndome propuesto hablaren el discurso de este Semanario de todas las materias que indica su prospecto, pero con especialidad de los tres ramos principales de Agricultura, Industria y Comercio, he creído conducente tratar cada una de ellas primero en general para descender después a su individualización particular, guardando en lo posible el orden de necesidad que tienen nuestras Provincias de tomar conocimiento en estos ramos", escribió.

La

resolución

del

síndico

del

Real

El asalto de Montevideo en 1807

según dibujo de C. Robinson,

Consulado, de entregar ejemplares del Semanario a los párrocos a fin de que hicieran conocer su contenido a los feligreses, contribuirá no sólo a que la publicación llegue al mayor número posible de habitantes, sino al impulso de nuevos hábitos de labor en el ámbito rural. Desde su aparición hasta el 11 de febrero de 1807, en el que informó sobre el sitio y cruenta toma de Montevideo por las tropas inglesas, la resistencia de los defensores que "hará época en los fastos de América", y la suspensión "por ahora''de su salida, el Semanario alcanzó a publicar 218 números, dos suplementos y cuatro ejemplares extraordinarios.

Durante su existencia, fueron múltiples y continuadas las informaciones rela- cionadas con Montevideo y la Banda Oriental, especialmente en torno a los problemas y a las actividades económicas.

Los insistentes rumores que anunciaban en el transcurso de 1 805 una nueva guerra con Gran Bretaña también encontraron cabida en las páginas del Semanario. La presencia en el Atlántico brasileño de una escuadra británica, compuesta de sesenta buques y de miles de tropas de desem-

1808.

barco, movilizó a las autoridades de

Buenos Aires a convocar a sus milicias para hacer frente a la eventual invasión. De la alarma se pasó a una situación de abúlica euforia y de abandono de las medidas preventivas adoptadas. Los preparativos

y recelos de guerra promovidos por la

alarma dieron pie a que las autoridades y

la población de Montevideo se pusieran a

tono para asumir la defensa.

Los principales hombres de negocios, fundadose n "el amor a la patria" y en la "conservación de sus hogares", formularon variados ofrecimientos para mantener las fuerzas y formar nuevos cuerpos militares. Mateo Magariños, por ejemplo, ofreció cincuenta hombres montados, el sumi- nistro de toda la carne que necesitara el ejército, raciones y alimentos para la armada y cuatro almacenes de su pro- piedad para el alojamiento de seiscientos hombres; Francisco Antonio Maciel cedía su saladero del Miguelete para el alo- jamiento de fuerzas de caballería, donde se podían albergar mil hombres, y en sus corrales y campos de pastoreo aco- modarse dos mil caballos.

El

Semanario

informó

que

se

habían

aceptado las ofertas y se había mandado formar una lista de voluntarios en la casa del hacendado Juan José Seco, que tenía "prontos para el instante que se necesiten 280 hombres de campo, diestros en el manejo del caballo". La publicación agregó que "se arme con respecto a la disposición de cada uno, repartiendo carabinas a los que sepan manejarlas, chuzas y espadas a los que no; dándole para que las mande al Ayudante de Blandengues de esta Banda, don José Artigas". Fue esta la primera vez que apareció el nombre del futuro Jefe de los Orientales en la prensa periódica.

Fue ese un momento especialísimo en la vida de Artigas (1764-1850). Tras años de largas y agotadoras jornadas por toda la extensión territorial de la Banda Oriental, invocando razones de salud, había obtenido de sus superiores licencia para trasladarse a Montevideo y para asumir un mando menos exigente, como por ejemplo la comandancia de la Estancia del Rosario que solicitó. Ese mismo día, el Gobernador Pascual Ruiz Huidobro (Cádiz, 1 752 - Mendoza, 1813), representante de la Corona y al frente de Montevideo desde el 14 de julio de 1803, le había confiado la jefatura del Escuadrón de Voluntarios Partidarios cuyo mantenimiento había ofrecido Seco, "por ser hijo del país y porque se tiene experiencia de que sabe acomodarse al carácter de esta especie de gente".

Prego de Oliver, primer corresponsal, poeta y aduanero

Los montevideanos, por su parte, más

allá de su condición de público lector, o

de oyentes en no pocos casos,

vicaria participación en el desarrollo del incipiente periodismo, a través de los despacho s que remití a a El Telégrafo Mercantil desd e la Band a Orienta l el corresponsal y poeta José Prego de Oliver (1750-1814), de origen catalán, a la sazón administrador de la Real Aduana.

tuvieron

"El primer vate montevideano [

]

pacífico

i / ovreíonte

vecino

tocado

por las

musas",

dedicó un poema titulado 'A la gloriosa memoria del Teniente de Fragata D. Agustín Abreu, muerto de resulta de las heridas que recibió en la acción del campo de Maldonado, con los ingleses, el día 7 de noviembre de 1806"', según da cuenta Horacio Arredondo. El prolífico poeta, "que escribía mejor el

romance o las canciones''que las odas, según el historiador Clemente Fregeiro, "fue el maestro que tuvo [Francisco] Acuña de Figueroa, empleado también, desde joven, en

aquella repartición administrativa Aduana]".

[la

El historiador agregó que desde 1797 y con ocasión de haber impreso Juan Manuel Fernández Agüero sus Poesías fúnebres, Prego de Oliver empezó a hacerse conocer de los pocos aficionados que las letras tenían en ambas capitales rioplatenses. Pero la composición más extensa la constituye un documento histórico-literario, un poema relativamente considerable sobre el invasor británico por las hermanas ciudades de ambas orillas del Plata.

Si bien la presencia de este periodismo no fue un factor revolucionario en la sociedad del Plata, contribuyó a difundir en el pequeño círculo del poder cono- cimientos útiles, a promover el estudio del país, a vincular entre sí a las provincias del

Virreinato, y por lo tanto, a levantar el nivel

de la magra cultura pública. Sabido es que

las colonias de España apenas gozaban por esos tiempos de un mínimo de libertad civil y política, contrariamente a lo aconsejado por el talento previsor del Conde de Aranda. El cultivo de la in-

teligencia, más allá de los rudimentos de

la primera enseñanza, era sólo permitido

a los hijos de las familias que podían

ostentar pergaminos de nobleza o grandes caudales.

Es cierto que no siempre los primeros frutos del periodismo primigenio, satis- facían los gustos del público. El editor de El Telégrafo Mercantil, apenas publicados catorce números, se defendía de sus exigentes lectores: "Los unos gustan más de noticias particulares que de los rasgos eruditos; los otros reputan éstos como fruslerías y quisieran que El Telégrafo se

llenase solamente de opúsculos científicos;

el comerciante busca la plata e ¡i''as de su noble giro y desestima las observaciones

y (en

una palabra) todos quisiera, aue este periódico no tratase otras cosa¿ <fue aquellas que son de su respectivo gusto y estudio".™

típicas, los tratados de edwnción [

]

La Banda Oriental, mientras tanto, es poco propicia a aventuras editoriales. Es más: vivirá culturalmente a expensas de Buenos Aires que, aunque era la capital del virreinato, aún no había alcanzado el desarrollo de Córdoba, ni siquiera tenía todavía una universidad. A lo más, de los días en que formó parte del Reino de España e Indias, la idea de periodismo se consustanci a con las Gacetas, las pu - blicaciones que se editaban en el viejo continente y que constituían un equilibrado instrumento de comunicación de intereses públicos y privados.

La Cazeta de Madrid fue por muchos años, desde el último tercio del siglo XVII, casi la única lectura periódica de estas

Sir Home Popham

regiones platenses. Comenzó a publicarse en 1661, bajo el reinado de Felipe IV, a impulsos de su hijo natural, Juan José de Austria, y fue la plataforma que utilizó el monarca para satisfacer su profundo deseo de poder y, sobre todo, su vanidad. El contenido de la publicación abarcaba dos grandes bloques temáticos: in- formación exterior recogida de las gacetas europeas; y noticias del interior sobre política, diplomacia o simples gacetillas de Corte. Quizá la característica más importante de La Cazeta de Madrid haya sido su función de prensa paraestatal; dirigida desde el poder se convirtió en un formidable medio de propaganda capaz de influir y atraer la opinión pública.

En su ensayo sobre el estado de la educación y el acceso a la cultura del pueblo en los tiempos de la Colonia, el educador y reformador del sistema de enseñanza en el Uruguay, José Pedro Várel a (1845-1879 ) apuntó que "[E]s de todos conocido el sistema que con respecto a la educación del pueblo hacía predominar la España en sus colonias de América. El comercio de libros estaba prohibido; las escuelas eran escasas y en ellas no se permitía enseñar más que los conocimientos rudimentarios (lectura, escritura y catecismo)". 11

La Estrella

del Sur/The

Southern

Star

La ocurrencia de acontecimientos políticos y militares no sólo conmoverá la vida ciudadana de Montevideo; también será propicia a la implantación de im- prentas. Con la invasión de los ingleses en 1 807, de la que han transcurrido dos- cientos años, y con la reacción española ante el gobierno constituido en Buenos Aires, en 1810, los orientales accederán al papel impreso en su propio suelo.

Al cabo de ochenta años de modorra vegetal, Montevideo fue sacudida de cuajo. Las poderosas murallas de San Felipe y Santiago, puestas a prueba por primera vez a las tres y media de la madrugada del 3 de febrero de 1807, cedieron dos horas después —tras la apertura de una brecha de unos dieciséis

metros y medio— al irresistible empuje militar británico, si se piensa que la escuadra no estaba integrada sólo por ingleses. El saldo fue terrible: 800 muertos, 500 heridos y alrededor de 2.000 pri- sioneros. De nada había servido el arrojo y coraje de sus defensores ante un ejército de más de 5.000 hombres, bien armado y equipado y dirigido por una oficialidad con experiencia en el arte de la guerra.

Desde varios meses antes, los ingleses se hallaban en el Río de la Plata. Buenos Aires, el primer objetivo de la armada británica, había sido rendida el 27 de junio de 1806. El dominio resultó breve. Poco tiempo después las fuerzas combinadas de Montevideo y Buenos Aires expulsarán a los ingleses de la capital del Virreinato y la modesta ciudad al oriente del Rio Uruguay ganará el título de "Muy fiel y reconquistadora", con la autorización de añadir a su escudo las banderas inglesas abatidas.

La presencia inglesa en unas tierras que no poseían el valor económico ni el atractivo de las riquezas de otros dominios españoles en América no fue fruto del azar. El interés británico por los territorios americanos había nacido en las últimas décadas del siglo XVI, cuando España pasó de aliado a rival de Inglaterra. Las transformaciones económicas operadas en este país y la necesidad de asegurar la salida de manufacturas nacionales que no podian venderse en Europa acentuarán una relación más directa con el Río de la Plata.

Sir

Home

Popham

(1762-1820),

co-

modoro audaz y codicioso, responsable y principal impulsor de la empresa, explicó prolijamente los motivos de la presencia de los marinos de Su Majestad en esta región del mundo. En primer término, dijo, la conquista del Rio de la Plata abría un campo vastísimo para el comercio inglés; en segundo lugar, se privaba a España, enemiga permanente de Inglaterra en todos los conflictos que se sucedieron a nivel europeo a lo largo del siglo XVIII, no sólo de los recursos del Rio de la Plata, sino también de los de Chile y Perú, tradicionales proveedores, estos sí, de

PROSPECTUS .

"Prospectus" anunciando la apertura de la imprenta en donde se editaría La Estrella del Sur.

metales preciosos; finalmente, se favorecía el desarrollo de la colonia holandesa del Cabo, recientemente conquistada y desde donde procedía la expedición dirigida por Sir Popham.

El particular interés que guió los pasos de los ingleses a estas tierras hizo que trataran por todos los medios de que la ocupación de la ciudad se desarrollara dentro de un ambiente de armónica convivencia con sus habitantes. Bajo tales auspicios entraron las cosas en un orden regular, como se deduce del siguiente pasaje de un oficio del Cabildo de Montevideo al Virrey Marqués de So- bremonte, fechado en 20 de febrero:

"Señores ya de la plaza, los jefes de las tropas inglesas no cuidaron de otra cosa que de contener el ardimiento de ellas, castigando severamente en el acto el más ligero insulto de cualquier soldado". Desde un primer momento manifestaron, además, su vo- luntad de respetar la religión católica y su culto, las propiedades públicas y privadas, e incluso mantuvieron en su puesto a las autoridades políticas.

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Portada del primer numero de La Estrella del Sur. Montevideo, 23 de mayo de 1 807

La pequeña ciudad apacible, con sus 'cesas de un solo piso'; 'con su sociedad sin malicia ni magnificencia', pero acogedora y cordial; con sus murmuraciones de aldea y sus galanterías discretas, superado el impacto y el recelo de los primeros días, comenzó a confraternizar con los invasores. Estos se vincularon a las familias locales, frecuentaron sus hogares y disfrutaron de la sociabilidad que caracterizó siempre a los salones montevideanos.

Bajo similares consideraciones de urbanidad se basó la empresa de lanzar a la circulación un periódico, el primero que viera la luz en el país, contemporáneo de la primera imprenta de tipos móviles que funcionó en el país. Se tituló La Estrella del Sur/ The Southern Star, era bilingüe, estaba escrito en inglés y español y tenía por misión recomendar al país los invasores, comparando los caracteres del pueblo inglés y de sus instituciones con los de España, señora a la sazón de estos países.

"Se avisa públicamente a los habitantes de esta ciudad de Montevideo que está establecida en la calle de San Diego № 4 [calle Washington, según el nomenclátor actual] una IMPRENTA, con permiso y bajo

la protección del Excelentísimo Señor Sir Samuel Auchmuty, Comandante y General en

Británica

Jefe de las Fuerzas de Su Majestad en la América del Sur".

Así comenzaba el prospecto impreso en Montevideo, el 9 de mayo de 1 807, que anunció la apertura del primer establecimiento gráfico y la edición de la primera publicación de una gaceta semanal denominada La Estrella del Sur, que existieron en el Uruguay.

Pilar de una historia

bicentenaria

El periódico, de cuyo nacimiento se cumplieron doscientos años y data el inicio de la historia de la imprenta y del periodismo en el Uruguay, a partir de su aparición el 23 de mayo de 1807, abrió una propaganda seria e insistente enderezada a explicar las conveniencias de sacudir el yugo español y asestó el primer ataque a la

monarquía española en territorio americano.

En su guerra verbal pintó con vivos colores la decadencia de la metrópoli, su poder negativo para hacer la felicidad de estos pueblos, y las ideas erróneas sobre la industria y el comercio que dominaban el ánimo de sus estadistas, incapa- citándoles para concebir un plan regular y apropiado a las necesidades públicas.

Comparaba el sistema liberal de la

administración inglesa en sus colonias, con el sistema restrictivo e infecundo de la española en las suyas. De ahí deducía los provechos que el Uruguay estaba destinado

a recoger con la mudanza de gobierno

acaecida dentro de su jurisdicción. Encarecía

la tolerancia inglesa en materia religiosa, el

respeto a los derechos individuales, que elevaba a cada colono a la categoría de un ciudadano de la Gran Bretaña, y a la conveniencia de ser subdito de un imperio poderoso y triunfante, más bien que de un monarca refractario y de una nación alicaída.

El contenido del periódico impresiona por la variedad de los temas tratados. A través de sus páginas, en las que la propaganda se desliza de manera muy hábil y dentro de un tono generalmente moderado, se suceden edictos, proclamas, material literario, noticias locales, trans- cripcione s de La Gaceta de Londres, editoriales, reproducción de artículos sobre política europea. Un lugar de preferencia lo ocupa la parte comercial, con nu- merosos avisos de carácter económico. Entre las singularidades de la publicación, Ariosto D. González, prologuista de la reproducción facsimilar del periódico, realizada por el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, señala "la exis- tencia de la 'letra ñ', ajena al alfabeto inglés y la escasez de vocales acentuadas, que sólo se usan aisladamente y casi nunca cuando integran palabras".' 2

Aún hoy día persiste un conjunto de Incógnitas alrededor de La Estrella del Sur. Se discute, por ejemplo, si la imprenta tenía el carácter de una empresa oficial que utilizaba material tipográfico per-

teneciente al Ejército, o a la Armada o si se trataba de un negocio ticular, protegido por la autoridad militar.

Nos inclinamos a pensar que la prensa fue privada y comenzó su activ Had "inmediatamente después de haber recibiao un número suficiente de suscriptores", como testimonió el tipógrafo propietario y editor en su prospecto , "para empezar con seguridad una empresa de tanto riesgo". Si

hubiera sido un funcionario público o al mero servicio de la Armada, le habría sido indiferente la demora en iniciar la actividad gráfica. En tal sentido, este discípulo de

de

un público liberal y generoso se entrega el poder de determinar la suerte de la imprenta y nos lisonjeamos con esperanzas de merecer su favor por nuestras diligencias". Ello no era óbice a que la imprenta se empleara para estampar lo que necesitare o mandase el gobierno.

Adam Smith agrega que "En las manos

¿Primer ejemplo de de género?

periodismo

Tampoco se ha logrado identificar con certeza el nombre de los redactores o periodistas. La redacción del periódico es anónima, y para la parte en inglés los artículos aparecen firmados con el seudónimo "Veritas". Algunos autores han sostenido que este seudónimo, que es el primero utilizado en el periodismo en el Uruguay, habría encubierto al teniente coronel Thomas Bradford, Ayudante del Estado Mayor del General del ejército inglés. Parece poco probable que así fuera si se piensa que sus ocupaciones militares habrían hecho incompatible la labor periodística.

El No. 7 de La Estrella del Sur, corres- pondiente al 4 de Julio, por ejemplo, coincide con la víspera del ataque a Buenos Aires, en el cual se encontraba Bradford. Se ha pretendido identificar al redactor inglés en la persona de William Scollay, norteamericano nacido en Boston y egresado de la Universidad de Harvard, como profesor o licenciado en letras. La preparación académica del redactor

quedaría revelada en la inclusión de ciertos versos de Shakespeare, en la de una oda de Horacio y en otras apuntaciones y referencias históricas y literarias.

El empleo del seudónimo "Veritas", corroboraría el aserto respecto al origen universitario del redactor desconocido: es el emblema de la Universidad de Harvard, formado por tres volúmenes, que ostentan cada una de las tres sílabas de la palabra

"Veritas". El historiador e investigador Juan Canter, un estudioso atento, está lejos de participar de dicha opinión. De lo que no cabe duda es de que el editor de la hoja inglesa fue ayudado por Manuel Aniceto

Ancelmo

Navthein (incuestionablemente demasiado transparente', como anotó Paul Groussac). Padilla forjaba correspondencias dirigidas desde Montevideo a un imaginario amigo de Buenos Aires.

Padilla. "Este usaba el anagrama de

"Era Padilla un sujeto más avispado que perspicaz. Especie de 'fígaro boliviano', gran trapisondista, tan bueno para un fregado como para un barrido", según el impiadoso juicio de Groussac, del que, sin embargo, no hay que hacer caudal. Tan eficiente colaborador debió atemperar las vi- cisitudes del propietario-editor del periódico inglés.

Una mención especial merece la inclusión de versos de una enigmática mujer: "María Theresa", la que de haber existido, hubo de ser, sin lugar a dudas, la primera mujer que escribió en una pu- blicación periodística en el Río de la Plata. "Llena de sentido práctico, preocupada de las realidades políticas y mercantiles de la hora, impregnada de positivismo y de utilidad", La Estrella del Sur recoge los versos de la poetisa "María Theresa", destacándose la presencia y la voz de una mujer y la sensibilidad intelectual de la misma.

¿Se trataba del nombre de pila de una autora que prefería el anonimato, o de un seudónimo que pudo ocultar incluso la identidad de un hombre? ¿Fue una mujer verdaderamente, o apenas un recurso del editor? Podría haber sido la esposa o hija

de algún marino, soldado o comerciante

británico. Desconocemos si se realizó

existe alguna investigación en los textos ingleses de la época para identificar a la presunta autora. "Allí están desde hace dos siglos, en medio de la ágil y atrayente diagramación de La Estrella del Sur , el semanario sabatino de los ingleses, los poemas 'Ausencia' (reminiscencia de la inmolación de la mujer hindú ante el féretro del esposo), 'Las Estaciones', 'Oda al Soldado', 'La Rosa', en espera del estudioso, para develar sus secretos", escribió Flavio García.' 3

medio montevideano durante su breve vida. La opinión está dividida: mientras algunos estudiosos, entre los que se encuentran Pivel Devoto y Barrios Pintos, consideran que gravitó poco, para otros la influencia de la propaganda de este periódico fue, sin duda, muy grande.

o

En el ejemplar del 23 de mayo de 1807, el redactor de La Estrella del Sur advierte. "En esta región las ventajas de una Imprenta Libre hasta ahora nunca se han expe- rimentado. Van a descubrirse". Co n su prédica machacona, el semanario confirmó apreciaciones y juicios que sobre el gobierno español se habían ido formando los nativos y los acriollados.

"La influencia moral que ejercieron en el espíritu de los habitantes del Uruguay estas

cosas, dichas en voz alta y por órgano de circulación pública, fue grande. Sin que ellas hicieran más simpáticos a los ingleses en el concepto general, empezaron a enfriar el sentimiento de amor al gobierno español por el conocimiento de sus fallas y errores. Se comprendió que tenía razón La Estrella, y bien

de

que nadie sintiese deseo

soberano, eligiendo por suyo al inglés, cuando menos pensó alguien que bien podía pasarse

una

propaganda

y por los hechos en el espíritu y las tendencias

de

cambiar

el país sin ninguno.

[

]

Verificóse

verdadera transformación por la

del país, y un activo sentimiento

de

displicencia hacia

lo antiguo

comenzó

a

trabajar

todas las

cabezas".^

No

se limitó

la imprenta

inglesa a la

propagand a e n la Band a Oriental .

Estrella del Sur se expandió más allá de los muros coloniales montevideanos, hasta llegar incluso a manos de Francisco de Miranda (Caracas, 1750-1816), el precur- sor de la emancipación política de la América española, en cuyo archivo se conserva un ejemplar.

La

La presencia de

algunos

números

del

En el Prospecto de La Estrella del Sur, su "propietario" se lamentaba de haber "recibido mucho daño con la pérdida de tanto tiempo [entre el anuncio de la salida de la publicación y el efectivo momento de su aparición] que era imposible evitar". Se ignora si se demoró la llegada de algunas piezas, o se perdió tiempo en el armado del taller, o simplemente se debió a la escasez de operarios o fueron meras dificultades relativas a la obtención del

Lo cierto es que trans-

dominio

inglés, antes de que apareciera la primera publicación.

papel o la tinta.

currieron más de tres meses de

A pesar de su efímera vida, la imprenta, "uno de los grandes medios empleados por

la diabólica conducta y detestable política inglesa", segú n la particular visión de Santiago Sainz de la Maza, contem- poráneo de aquellos sucesos, la gaceta semanaria imprimió órdenes, avisos al público, bandas y proclamas. "La imprenta dio lugar auna toma de conciencia de unión

colectivo, que resultó en nuevas

y de espíritu

expresiones impresas de amor por la patria, de un sentimiento de nosotros contra el enemigo, y de reconocimiento de lo que una oda del periodo llama los hijos de la Plata belicosos", escribió en La Nación de Buenos

Aires, el investigador norteamericano William Aeree. 1 4

Las ventajas de una imprenta

libre

Mucho se ha escrito sobre la gravitación que pudo ejercer La Estrella del Sur en el

periódico en las calles de Buenos Aires provocó el dictado de un Bando de la Real Audiencia de Buenos Aires, fechado el 12 de junio de 1807. Con pie de imprenta de los Niños Expósitos, el mismo da cuenta de una severa prohibición sobre intro-

'

ducción, retención y lectura de impresos británicos: "Por cuanto desd" que los enemigos de nuestra santa religión, del rey y

del bien del género humarm emprendieron la conquista de la plaza de Monw. : ^eo trayendo tropas de los puertos de Inglaterra, escogieron entre todas sus armas, como !i más fuerte para el logro de sus malvados designios, la de una imprenta, por medio de la cual les fuese fácil difundir entre sus habitantes de esta América, especies las más

perniciosas

y seductivas",

dice.

En su parte dispositiva advierte a

todo aquel que introduzca las gacetas inglesas de Montevideo en territorio del virreinato, el riesgo de ser tratado

como

en los siguientes términos:

toda

traidor

al

rey

a

y

al

Estado,

de

"Se prohibe

clase

personas, sean del estado o condición que fueren, el que puedan introducir en esta capital, ni en otro pueblo del distrito de este virreinato las gacetas inglesas de Montevideo; leerlas en público o privadamen- te, ni retenerlas el más corto espacio de tiempo, debiendo to- das las que por cual- quier motivo o arbitrio llegasen a introducirse, entregarse inmedia- tamente en esta capital al Sr. regente, en las cabeceras de provincia a los señores in-

tendentes, y en los demás pueblos

a los jueces justicias de ellos, cuidándose

por todos de su remisión a este tribunal; en la inteligencia, de que si alguno no la

ejecutare, será tratado como traidor al rey

y al Estado, y se le impondrán irremedia-

a este

blemente las penas correspondientes

atroz delito, conminándose con la misma

a todas las personas que teniendo noticias

de que alguno conserva en su poder, lee, o manifiesta dichas gacetas, no lo denunciare prontamente".

Crai. John

No cabe duda de que el primer pe- riódico editado en el Uruguay conmovió la aldea y extendió su alcance más allá de

lo imaginado. Desde la aparición del primer número, los vecinos asumieron que la vida de un pueblo era algo más que el ritual de concurrir a la iglesia a oír misa, de reunirse en la pulpería a beber o charlar sobre las cosas del día a día.

El arma de la retórica

Si asistía raz¿n a Talleyrand cuando pud o deci r a Napoleó n qu e "con las bayonetas, sire, se puede hacer todo, menos una cosa: sentarse sobre ellas", no menos

cierto es que "en ninguna empresa militar el triunfo depende solamente de la artillería". Durante las invasiones inglesas esa verdad de la guerra se hizo presente y dio impulso a la revolución de la imprenta en

Río de

el

la Plata.

La imprenta, la nueva forma de comunicación impresa, se convirtió en los primeros años del siglo XIX en un arma de eficacia incalcu- lable tanto para los habitantes del Plata como para los in- gleses. Los pri- meros en notar los efectos nocivos de The Southern Star/ La Estrella del Sur, que se imprimió de mayo a julio de 1 7 < f uer ° n los miembros de

la Real Audiencia. Fueron ellos los que calificaron al periódico bilingüe com o "la más perniciosa y seductora propaganda para el logro de sus malvados designios".

Whitelocke

"La imprenta dio lugar a una toma de conciencia de unión y de espíritu colectivo, que resultó en nuevas expresiones impresas de amor a la patria, de un sentimiento de nosotros contra el enemigo, y de reco- nocimiento de lo que una oda del periodo llama los hijos de la Plata belicosos", escribió el investigador estadounidense William Aeree. "Poco faltaba para que la nueva identidad social que la imprenta ayudó a

coagular

americanos contra el nuevo enemigo: los

de

se manifestara

en

el grito

los montevideanos, David Creighton, el primer docente del idioma de Shakespeare por estos lares, resolvió "dedicarse algunas horas al día a la instrucción de un número selecto de discípulos en la lengua inglesa"^ convocaba a sus alumnos a través de un aviso en La Estrella del Sur, número 7,

página

6.

del

Sur, la calidad del papel utilizado, el buen

estado y la variedad

y

En cuanto al periódico

de

La Estrella

los

tipos

realistas españoles". 16

El semanario introdujo inquietudes políticas, abrió los ojos sobre las posibi- lidades del comercio fuera del ámbito local, exaltó los ánimos contra la autoridad española. La propia presencia de los soldados ingleses con "sus casacas rojas", que sumaban algo más de la mitad de la población de Montevideo, estimada en cerca de diez mil habitantes, todos hablando un idioma que no era común, afectó la vida pueblerina.

medidas, el formato de las páginas (40.1 x 28.5 cm), mucho mayor que el de las publicaciones periodísticas bonaerenses, la adecuada y llamativa composición de los anuncios, el ajuste y claridad de las impresiones, evidencian que los medios y el instrumental de ese taller eran bastante eficientes y completos.

"En las páginas

flotantes

de La Estrella

del

Sur

todo

concurre

a

despertar

la

conciencia

nativa

para

que,

dominante

e

indómita,

dirija

su fuerza

vital

contra

la

autoridad

que tan

fácilmente

había caído

vencida

en

Europa

y América

y eche

los

cimientos de las nuevas nacionalidades",

reflexiona

González.' 8

La diagramación se destaca, sobre la apariencia uniforme, pesada y libresca de El Telégrafo o del Semanario, por su presen- tación más periodística que la hasta entonces conocida. La división en cuatro columnas por plana; los sueltos breves y ágiles en sustitución de los largos estudios difusos; los títulos y subtítulos adecuados y expresivos; la diversidad de temas, con noticias locales; los anuncios mercantiles visibles y provocadores del interés del lector, dan a La Estrella del Sur significación y relieve singulares en nuestra prensa del primer tercio del siglo pasado.

Según un testigo presencial "el puerto estaba cubierto por completo de naves y casi todas las casas [fueron] convertidas en tiendas y depósitos" de mercadería s a precio s si n competencia , porqu e "el objetivo fundamental de aquellos acon- tecimientos fue el de expandir el comercio". La dominante presencia mercantil bri- tánica en Montevideo se cuantifica en más de un millón de libras en mercaderías propias y por encima de 135.000 libras en artículos de procedencia extranjera entre octubre de 1806 y febrero de 1807, particularmente acentuada cuando los ocupantes redujeron el monto de los derechos de importación y franquearon el puerto al ingreso de los alimentos que faltaban. 1 7

El propietario

de La Estrella

del Sur se

propuso distribuir pliegos "dando des-

cripción de las diferentes mercaderías que

están para vender en

investigador Bentancur que la población adquirió aire de ciudad española en tiempo de feria, ante la presencia de alrededor de

dos mil comerciantes británicos incor- porados al pequeño enclave.

ella". Señal a el

Desde este variopinto "free shop", las mercancías inglesas llegaron práctica- mente a todo el Virreinato con precios atractivos y, como contrapartida igual- mente favorable, crecieron las ventas de frutos regionales. Bajo los títulos "on sale" y "for sale" se incluyeron variadas ofertas en la flamante prensa montevideana. Para avudar a superar la barrera del idioma a

La Estrella del Sur trajo a nuestra ciudad

un matiz que, aunque provenia

tuvo que pesar como todo periódico

secuencia,

por vez primera leyeron avisos comerciales

y habrán sentido las tentaciones de sus

ofertas; las noticias navieras, para estos suelos estrechamente ligados con ultramar, debieron interesarles; la diversidad de

del enemigo,

con su

en la ciudad colonial. Los criollos

asuntos presentados en forma periodística [casi actual] , debió dar térra en las conversaciones de tertulias influyendo en el descrédito de la causa esnañola", escribió Luis Alberto Musso. "

El tabloide que comenzó su vida el 9

de mayo de 1807, concluyó el contacto

de

I 807. La edición que debía salir el sábado

I I fue sustituida por un "Aviso al público", del que no existe texto en inglés. La colección consta de siete números: el "Prospectus", un "Supplement", consis- tente en una hoja impresa de un solo lado conteniendo anuncios comerciales y la nómina de buques españoles e ingleses llegados a Montevideo, y un "Extra", hoja impresa también de un lado, anunciando la suspensión del periódico.

con

los lectores el sábado 4 de julio

La Biblioteca Nacional de Montevideo posee la colección de este periódico. En ella existe una hoja "Extraordinaria", fechada el 10 de mayo de 1807, que se omitió en la reproducción facsimilar publicada por el Instituto Histórico y

M 9 Í

~~

"

Geográfico del Uruguay en 1942. Los ejemplares están compuestos de cuatro páginas, con los textos idénticos en inglés y español, y con excepción del primero, en columnas alternadas. Aparecía los sábados y todos los números son de ese día. El precio de suscripción era de "5 pesos fuertes cada tres meses".

El filósofo Silvio Juan Maresca, director de la Biblioteca Nacional de Argentina, no duda en afirmar que "con las invasiones inglesas, despertó la conciencia nacional [ ] adormecida antes por el ritmo provinciano de la colonia". Esa concienci a nacional adoptó "el carácter del amor a la patria, a la tierra donde se reside o se ha nacido, incluidas las creencias de todo tipo, especialmente religiosas, los usos y cos- tumbres", en fin, el modo entero de llevar la vida para utilizar la feliz expresión de Max Weber.

No fueron pujos independentistas los que movieron a los pueblos rioplatenses, por cuanto en los años 1806-1807 aún no existían esas ideas, ni aun en los

Caricatura de S.W. Fores sobre la degradación de Whitelocke publicada en Londres en 1808. charreteras y quiebran su sable mientras el diablo le alcanza un arma para que se suicide.

Dos oficiales le quita n las

pequeños círculos de ilustrados, aunque

mis tarde

alcanzarán

su sazón, alimen-

tadas por

la defección de

la

autoridad

virreinal y la experiencia de autonomía

de autodeterminación. 2 0

y

En el proceso que se le siguió a Whitelocke, el militar inglés relató que INJo hay un solo ejemplo en la historia, me atrevo

a decir, que pueda igualarse a lo ocurrido en Buenos Aires, donde, sin exageración, todos

los habitantes, libres o esclavos, combatieron con una resolución y una pertinacia que no podía esperarse ni del entusiasmo religioso

o patriótico, ni del odio más inveterado o

implacable".

William Aeree no duda en destacar que "La Estrella del Sur tuvo un impacto enorme sobre el campo de la guerra retórica entre ingleses y habitantes de las provincias del Plata". Pero no fue el único medio utilizado.

"La reconquista de la ciudad de Buenos Aires, en agosto de 1806 y los eventos en Buenos Aires y Montevideo de 1807, desencadenaron la publicación de cantidades de hojas sueltas

y folletos con versos, sermones e historias

elogiando el valor de los habitantes rio-

platenses

Para mediados de 1807,

cuando apareció el último número de La Estrella del Sur y cuando los ingleses habían firmado el acuerdo para dejar el Plata, la revolución en las formas de comunicación estaba en marcha"."

[

]

Finalizadas las operaciones militares y de acuerdo a los términos de la capitu- lación, los ingleses se concentra