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F.o e l u,,,,* i" proV m de la Escuda l.acanla na de Psicoanálisis en ESP'li'la, el oombre de su colección d e libros ha resultado ser: Colección la El

Directora de la Colección : Anna Aromí Establecimiento del texto: Antoni Vicens Colaboracion es: José Manuel Alva rez, Elvir a G uilañ á, Rosa-Alba Zaidel

D iseño orig inal de la colección: Sebesuan P uiggrós Fotografía de porta da: derechos reservados

e EL PCF

1s edición , Ba rcelo na 2000 Depósito legal: 8 ·1 8.841-2000

ISS~ ,1576-3145

Imprime: Repr o Di sseny S.A.

La re producción tota l o parcial de eMe libro viol~ derech os reservado, . C ualquie r ulili7.ación debe ser previam eme solicitada.

::

'lO

1" J ornada de Est u íau

r

LAKANT

Semina rio d irigido por I acques-Ala¡n MilIer

con estudios d e J. Alemá n, J. A m bel , E. Castro,

T. Ferr er, E. Gadea, G. Ga larraga, F. Lacruz,

C. Nieto, G. Sobra l, H . Tizi o y A. Vicens

r Jornada de la EEP·EC FB ¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me está permi tido esperar? Respu estas Psicoanalñi cas

Barcelona, 18 Y19 septiembre 1999

LOA S

T

cont ra los elem ent os

le! La decis ión de bu scar ot ra sa la , no tan grande, aun q ue m ás

iHubo pu es q ue reaccionar r ápidam en -

2t na pasión pasajera

moda y mejor asistid a

por los avances tec nológicos, nos Ile-

"U na re pe nti na pa sió n por Kan t se ma n i fes tó e n las Jorn ada s

va

ría a la Sala A\ agna. F ue e n es te marco do nde tuvo lu gar el

de Barcelona los dí as 18 y

19 de septiembre de 1999". De este

Se

m inario que aquí pub lic amos.

m

od o fue c omo Ten Lines

News -e l c o rre o e lect rón ic o d e la

 

AMP-

resumía 10 ocu rrido en esas dos jornadas de septiem-

bre, en Barcelona.ca qu é se referí a el editor

de TLN?

U

na ex peri encia del lajál

U n aco ntecim ie nro-ü'us

En efecto, ha bían te nido luga r las Pr ime ras Jo rnadas d e la Es-

cuela de l Ca mpo Freu di ano de Barcelon a (E EP-EC FB), e n el

cur so de las cua les se pudo comp robar la in tensa dedicación de

su s partici pantes al estudio de las tesis kan tianas contenidas

la Critica de la razónpráctica .

en

El marco d el Pa ran in fo de la Universidad Ce nt ral

d e Baree-

lona, las inopinadas dificultades térm icas y acústicas de la sala, had an pres agiar u nas jornadas de m uc ho tra bajo y mu y poco

el resultado de este

seminari o con el neo logismo Lakant: rec oge fin almente ese Witz como el acontecim iento de las jornadas. En psicoanálisis, sucede siempre así: prim ero prepar amos la estru ctu ra para, lueg o, es-

acontecimie nto (o es

siempre de se ntido, las p rimera s jornad as de la EEP-ECFB ha-

brán sido la s ¡J ornadas Lakant!

perar el aco nteci m ien to. Además, si todo

Wúz. Es pu es total m ente pertinen te ti tu lar

U n m arco fall ido

Hemos dic ho arriba q ue las J ornadas debí an desa rro llarse e n el Paran info d e la Un ive rsid ad Cent ra l d e Barcelona . E n el ca ro tel an unc iad or de las J orn adas pu simos la foto del Dr. Lacan en el mi smo m arco: Lacan in terv ino , por primera vez, en Barcelo- na, en septiembre de 1956. El tema de su conferencia : "El ps i-

coa n áli sis ve rdad ero y el fals o" fu e publi cada en la rev ista

Freudiana n '' 4/5 .

La propuesta de la Com isión organizadora, te ntadora, resul- tó ser un fiasco. N o habíamos pen sado m andar nuestras naves

i,,:

'1

·

no sin sob resaltos y una cierta per-

Jacque s-Alain M il ler en

una oc a sió n, t ras la interve nci ó n d e Jo rge Alemá n: " H emo s

a plau d ido a J orge Alemán, ta l como se me rece, pero t amb ién

pod ría criti carlo un poco, ya que en la sala había rostro s co n a ire

de pe rplejidad

gusta cuando pe rcibo e l re lámpago de la intelección , la expe-

riencia del !a já! Y aquí eso falta ba".

La ráp ida respuesta de J orge Alem án prod u jo un efect o de

W itz (la desgrabaci én no lo capta pero lodos la recorda rem os):

pl

Las Jo rn ada s arrancaron

ejidad . A la perplejidad se referirá

Soy sens ible a los rostros, a las m irad as, y m e

" P ues yo percibí alguno por all í (señalando

con la m a no a un

lado d e l a s ala)" (Risasen roda la sala). E n ese prec iso mom ento

se produj o un vuelco en la atm ósfera gen eral de las Jorn adas.

Algo vivo empezaba a mo verse. El m omento álgido de eseAha/ Erleimis, del "júbilo de la inte- lección", llegó después d e que Jacq ues-Alain Mill er, en una ver- dader a d ra mat ización de las pa rado jas é ticas de Kant, q ue de-

el

se nt ido de las cua tro palabras q ue apa recen al final del prim er

com e nta r io d e l a form u la d e l i m per a t ivo c ategórico: S ic

oolo, sU

j ubeo ("así lo qu ie ro, así lo o rde no"). F ue el pu n to d e

le ilaron a todo s los prese ntes, d escu b ri6-e n ti empo rea l-

 

ab

roch ami e n to, el enc ue ntro con lo n ue vo: K ant con Ju venal,

do

nde las Sátiras de J uve nal-l a sá t ira numero seis sob re s i un

i

I

hombre se debe casar o n o- acl ara n el sentido del im pera tivo

L

:t:¡

"1 ',1,

'

:!J,' " .

~

¡~

de Kan t ("el solt ero de Ko enigsber g").

Un in cu rable: el a con te cim iento

Lu ego de segu ir el vi rtu osi s mo "l aka n tia no" most rado po r Jor-

ge Ale mán, del porte nt os o ingeni o de Euge nio Cast ro, de la fir-

n'

me desanudadora de textos que es H ebe Tizio y de la há bil tra- ducción clínica de Kan t mostrada por Antooi ví cens, todos ellos, en delicada formación coral con Jacques-Alain Mill er, ver- dade ra batuta de la orientación laca niana, todos ellos nos hicie- ron comp render que en la conversación, como en el amor, no

n

sepamos o no, somos todos incur ables del acon tec imiento y, por

tanto, de lo nuevo.

os po dremos salvar de l enc uen tro co n e l acont ecimi ento. Lo

Vicente Pa lomera Barcelona , diciembre 1999

El

_{j:' ''OO'''iPCiÓO de lo que fue un trabajo de Seminario 00' m and a su d esafío k an tian o: sapere aude. Di spont e a s aber a lgo

d

que los gra ndes

no h ace va-

nas sus construccion es, ni imposible su lectura, pues la lecc ión

d

en la perversión, o en la ps icos is.

A la postre, el sínt oma es el ab igarrami ento mismo de la vida,

en el que Sigmund F reud art iculó el entreanudamiento de Eros

y d e la pu lsión de muerte. Eros estaba en la ocasión bien situado: la uni ón de much os en un proyecto de Escue la, que se daba ahí unas enseñanzas en sus primeras Jo rnadas. ¿Qué puedo saber de un a Escuela de psicoa-

ná lisis? Que se bas a, enseña Iacques Lacan, en la imposibilidad del gru po de los psicoanalistas; y que esa im posibilidad es tr a- tab le en tér minos topológicos. Sabi en do algo de lo imp osible , podemos responder también algo a la pre gunta : "¿Qué debo ha cer en la Esc uela?" Art icular 10 imposible en un sab er posi- ble. Lo cua l deja algo que esperar, no en términos de demanda, sino de deseo; un deseo sostenido en el semblante como produc- 10 posible. Lo cierto es que lo imposible no conduce necesaria- mente a la desesperanza, y que una affeaio (de nuevo la d ispo- sición) socieuuis pue de fundament arse en lo imposible. En cuanto a la pulsión de muerte, nuestra posición no es tal

decir: "De ella no se pu ede decir nada." Lo im-

que podamos

posibl e del goce es un a inclus ión, que hace agu jero. Aunq ue el

f n de todo goce sea la extinción, eso no vacía de sentido la vida.

Antes

al contrario: de esos agu jeros pasamos a los nudos d e sen -

tido qu e te jen el semblante de una esperanza. l mmunucl Kant edific ó su sín toma sobre la volunt ad ccr callar tod as las voces con la en unciación de una ley

de ha - verda-

dcru mcr ue un iversal. El imperativo categórico perten ece a esa clusc de goce reservado a unos pocos: Sade, Ignacio de Loyola , 1rcscartc s. Ellos concluyen sobre sí m ismos y transforman su sín toma en signo uni versa l y, a través de eso, en forma de civi-

el psicoa nálisis, y a que ese saber tienda sus redes hasta tex-

tos imprevistos. O tamb ién: ar riésgate a saber

autores tam bién eran suj etos de deseo . Y que esto

el síntoma se hall a en toda s part es, tanto en la neurosis, como

El

ESPERAR POD ER SABER

Iizacíé n. Quizá haya que hablare n estos casos de autocuraci ón;

o de au torización en la i nve nción d e un Otro d esd e el conoci-

mien to inconscie nte de su inexiste ncia. En esos ca sos hallamos un d espla zamien to sub jet ivo causado en el uso d e u n goce in- telectual ídiopétlco. Ese desplazamie nto, el psicoanálisis, vacia-

do el sujeto , lo lleva al ma terna, a lo tra nsm isible, a lo Que se

pu ede esperar saber en

una Escuela.

En los cuatro casos del párrafo anterior, la ope ración subjeti- va pasa por el reconocimiento de un significa nte un iversal: el "deber" en Kant, el "goce" en Sade, la "fe" en Ignacio, el "pen- samiento" en Descartes. Pero el reverso de la operación de esos síntomas es siempre la destituci ón del Otro sexo, a fin de esca-

motear el síntoma mismo. Pero, por cuanto existe el Ot ro sexo,

y s u r e l a c i ón e s i m p os ible de escrib ir, h ay sín tomas , en l os c ua- les la cue stión pr áctica Queda en su spenso en favor del goce inmediato. Esta es la vertiente clín ica de la cuestión práctica, allí don de recibe un trato panicular. En el cual, a su modo , se an udan el saber, e! hacer y la espe ra nza.

en tusiasmo ind ucido por del Cam po F reudi ano de

Por eso es bienvenido el efecto de I acques-Alain Miller en la Escuela

Barcelona y sus amigos, pues a través de ese efecto se amplía el campo d e acción del psico analista y el saber ent ra en el porve- nir del psicoanálisis, en a bsoluto basad o en la d esti tución de! Otro, a pesar de su inex istencia.

Antoni Vicens Barcelona, 26 enero 2000

'

!!

1;:

SEMINARIO

LA KANT

IN KANT

~ue'-Ala¡nMm e" T uve un a sorp resa c uandn , a l 'e-

gresar d e vacaciones, Vicente P alomera, org anizador de estas Pr imera s Jorna das de la EEP-ECFB , me informó de la inédita pasión kantiana experim entad a por nuestros colegas. Te nemos

para este Seminario cuatro traba jos, todos ellos referidos a Kant. El de Hebe T izio, titulado "Nudos", estudi a de manera muy de- tallad a y e rud ita las t res preg un tas ka nt ianas, conectándol as también con el malestar actual en la cult ura. Antoni Vicens tam- bié n estudia las tres pr eguntas, vin cul ándolas con tres concep- tos psicoanaltt ícos. Eug enio C astro, a pa rtir de Kant , presenta

a lgun a s co nsideraciones sobre la vida de Newton y la locura de Newton. De J orge Alemán no tengo mucho más que su pedido

de present ar un trabajo sin darm e u na copia escrita antes. Lo que acept é por la confianza, y sólo le ped í un título y tres ideas para ori entarme. El título es "El deber en psicoanálisis". Vamos

a em pe zar por él, par a ahorrarm e la incertid umbre sobre lo que Jo rge Ale mán i ría a pr esenta r. Ya que se trata de un Seminario, se trata de hablar, int ervenir

y juga r con las palabras y los co nceptos; espero que todos este- mos d ispuestos a ello.

d e K ant ante e st a au dien cia, a u n q u e

estar en la universidad ya está muy bien. Si no me equivoco esta

aula M agna debe servir para las lecturas de tesis. No sé si so- :.

\1

;'\

N o e s t an s im p l e ha b l ar

mos el jurado, ni quién es el ju rado o el candidato. Si estuvié- ramo s en una asamblea de filósofos pod rí amos suponer lo que ellos co nocen de Kan t, serían "supuestos-saber" algo de Kant. Nosotros vendría mos con algo de Lacan y d el psicoanál isis para revelarles un a supuesta verdad de Kant, o un aspecto de Kan t que no hubieran percibido. Pero no veo qu e esto sea una asam-

b le a d e filó so f o s; no s é s i n o s c on mov e ría r e v e l ar l a d o s i né d i to s

de Ka nt. P ienso que hay que s upo ner q ue el aud itorio conoce

mej or a Lacan que a Kant ; de man era que no tien e mucho sen- tido h acer un "Kant con Lacan".

i

1,

¿Q ué significa el "con", en un a ex presión como " Kant con Sad e"? Significa que u n auto r, o s u obra, sirve de instrumen to

III

pura revelar una verda d de ot ro au tor. Lacan se sirve de Sade

a uto r y, a t r av és d e eso, ta mbién r e ve-

1;1 algo de l ps icoanálisis. Aq uí quizás se tra ta más d e Lacan

" co n" Kan t; es d eci r qu e vamos a u tilizar algo d e Kan t p a ra re- velar algo de Lacen . Será eso fina lmente: "Lacen con Kant". Aun que he dicho qu e la au d iencia pod ía no co nocer a Kant ,

supongo que a través de Lacan y de sus estu dios saben algo de

par a r ev e l a r a lgo d e otro

Kan t, 'f segu ramen te saben algo de su Critica de la razón p r ácu-

la ext raord inaria pretensión d e Kan t, la de un en unciado fundamental, ca paz de funda -

mentar y orientar la acción humana en todos los casos. Quizá

tendr emos la oport u n idad en uncia do kantia no.

La Critica de la razón pu ra es anterior a la Crítica de la raz6n

d e es tudiar la estr uct ura d e este

ca . Algo sa ben de habe r de scubierto

práctica . C reo que la Cr ítica del j uicio les es me nos fam il iar .

menciona d e vez en cu ando, pero en un par de líneas.

conveni ent e empezar por la Critica de la

l .ncun la

Me parece entonces

razón práctica, que p resentará Jorge Alemán.

(~eAlemán : Mi presentaci ón va a ser muy general.

Qu iero agr adecer a Vicent e Palomera, que hizo posible que yo

esté a q uí e n est a me sa, p ues a é l se l e o c u r rió q u e y o p od ía i n -

terveni r en razón de u n a pregu nta que en 1988 le d irigí a

[ acq ues-Alaín Mille r en relación al tema el psicoanálisis. Qu ie ro d ecir qu e celebro

años despu és estemos aquí. No sé si he avanzado m ucho con res- pecio a Ka nt y el psicoan álisis, pero sí que he insistido con res-

pecto al tema, y es un verdadero milagro - lo celebro de esa rna- ne ta -e- que nos podam os en contra r y segui r hab lan do d e es tas cuestiones. lin primer lugar, me gustaría hacer un elogio de Kant. ¿Por qué

hor izon te

es inevit able mente ka nti ano? La primera razón es que -ta l como lo han señal ado mu cho s comentad ores, incl uso el propio

kantiano del deber y muchísimo que once

Kan t está en nuestr a proced en cia? d'or qué nues tro

III

n ;;

¡:

f

PRESENTACiÓN

Lacan-c-, en una época dominada por la física newtoniana y en

la cual la nat ura leza es a bor dada absolut am en te desd e el

determinismo, la de fensa de Kant de unfactum, de un hecho de

la razón en el cua l se nos mu estra que somos capaces de deci-

dir por nosotros mismos, y que esto no sea incompatible con la ciencia -c on la ciencia desarrollada en la Critica de la razón

pura- , reintroducir el reino de la libertad en la subjetividad,

mostrar que somos ca paces de dec idi r, cons tru ir un a subiet ívi-

dad que tiene otra perspectiva que la de las leyes naturales, me

parece que sigue s ie ndo para nosot ros un pun to de partida ex- t raord inario. H ace po co leí en un libro d e [ ean-Píerre Changeux, q ue Jacques-Alain Mi lleeconoc ió, un d iálogo de ese autor con Paul Ricoeur. Allí, I ean-P ierre Changeux, qu e es un

hombre de las neurociencias, propone que llega rá un dí a en qu e se podrá dem ostrar pe rfectam ente que la disposición ética pro - vie ne de la estructura del cerebro. Tengamos en cuenta aquí que

Ch angeux

de cir qu e no es el t ípi co científico positivista.

Así, en primer lu gar, en este elogio a Kant qui ero rescatar esta operación en la cual el decid ir por nosotros mismos, el/tulum de la liben ad, el postulado de la libe rtad, la con strucción de un a au tonomía en sen t ido m oderno, sigue siend o n uestro borizon-

provie ne de una tr ad ición human ist a y fran cesa, es

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I

.

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te. Y nuestra condición de posib ilidad además, porque e n las cult ura s en las que no ha sido planteada la cuestió n de la auto-

nomta es probable q ue el psicoan álisis no te nga un lug ar de existe ncia. Por ejem plo, nu est ra discusión con las neu rociencias

se ría imposible si no hu biéramos encontrado en Kan t, como

luga r d el que provenimos, una inteligibilid ad subjet iva donde

las deci siones no es tán

leyes de la natu raleza. Esto me parece clave. Yo, que no procedí a de una tradición kan tia na -

indiferen t e, por s u ra íz

hegelian a, a los problem as éticos-e, encontré a Kant a partir de Lacan. Por esto hay otra gran cuestión que me parece prodigiosa

y conmovedora en Kan t, un punt o que pe rte nece de man era

esenc ial a la a rqui te ctura kantian a: es la idea definitiva de que cua ndo un pensamiento vien e al mu ndo, siempre, lo quiera o no ese pensador , ex plícita o imp lícitamente, es te pen samient o

m arxi smo, q ue si em p re fu e u n p oco

motiv adas desde el pun to de vista de las

proced ía del

m

::¡

I

i:

i;

11111;,

seg rega un m andato. Es decir, no h ay pen sa miento que no se decl ine, finalmente, a través de un m andato. l le jugado un poco con esto; y pi enso qu e pod ría mos e nun ciar algunos de esos

mandatos. "Conócete a ti mismo", es el de Sócrate s. "Liega a se r

quie n eres", el de Píndaro. "Apártate de

la física y '·e hacia mi

idea d el bien", el de Platón. "Con oce tu límite y no lo desbo r- des" ; és to va desde D elfos hasta Ar is t ótele s. "Se más que un

hombre, p repa ra la morada del supe rhombre", se encuen tra e n Nietzsche. "Vue lve al ser después de haberlo negado", en Hege l.

"Sé feliz, con figura re segú n el orden de los acontecimientos del

ha y pe n sad or q ue, d e u n modo u

ot ro, no termi ne segregando un mandato, u n s ignific ante a mo .

y creo qu e l a cualidad fundamenta l d e Ka n! es la d e hab er in-

dagado la estru ctura formal de esto s mandatos. Antoni Vicens: ¿Cuál sería el mandato de Mont aigne? Jorge Ale má n : D ilo tú . Antoni Vi c ens: En realidad, en M om aigne se trat a más bien

de preguntas : ¿Que se? Pienso que hay otra posición del in te -

m a nda tos, au nque sea d e

sólo sabe plan tea r pre-

lect u al. di st int a del que veh icula

ma nera solapada. T ambién está el que

mundo",

e n W itt genstein . No

guntas. O bi en el mandato está m uc ho más escondido. Jorge Alemán : Habría que ver en el texto si no se desliza su-

no había ningún

manda to, y fina lmen te construyó u na especie de ma nda to es- roleo. Qu ier o deci r que este juego, en el que recorro de ma ne ra

un poco salvaje la hi storia del pensa miento, es s im pleme nte para mostra r qu e, en la dilucid ació n de un pe nsamiento, h ay una cierta tende ncia espo nt ánea a ge nera r un imperativo, un mome nto d e mandato. Y me parece precisamente un a gra n vir-

breptici ame nte. Por e jemplo, en W it tge nstein

tud de Kant el h aber tratado de diluc ida r su est ruct ura formal. Así que el p rimer elogio a Kant es po r separa rnos de las leyes

la form ali zación de los ma n-

datos; el te rc ero es por la dilucidaci ón de las barreras human as.

Es un hec ho que Freud acomp añaba, por así decir, al espí ritu

de la Ilustración; lo vemos, por eje mplo, en el texto "El porve- ni r de u na il usión ". Cuando el interlocutor que Freud inven ta propone que sea la religión la que di ri ma qué t ipo de normas y

de la na turaleza; el segundo por

pactos debe n regu lar la comun idad hu mana, Freud conside ra

El!

::

qu e claramente eso serí a ta nto

edad. Freud opta entonces por

asum ir las consecu encias q ue tend ría reti rar la relig ión de la

comu nidad humana y dejar que fuesen los propios seres hu ma-

nos los qu e supiesen d arse a sí mismos las leyes, ac uñar sus

pactos,

hay, en este sentido, un costado kantiano, una asu nció n mu y pro pia de la filosofía de la Il ustración, ésta según la cual el pacto

debe ser asumido desde la pro pia condición humana sin n ingún

tip o d e tributo hacia el orden teológico religioso. Ha y que reconocer la arquitectura prod igiosa de estos tre s im-

pe rat ivos. Estoy de acuerdo con I acques-Alai n ,\ til1ere n

que hay

que investigarlos. Según los comentadores estos tres imperati-

vos pueden res umirse en u no. Como usted es recordarán, los imperativos categóricos se d ife- rencian de los imperativos h ipotéticos. El impe rativo hi potéti-

caes heteró nimo,

di cional: "s i qu ieres obtener Y, haz X". Es en tonces un

imperativo que está al serv icio de obtener el favor de u na incli- nació n o de un interés patológico, mien tr as que el impe rativo cat egórico es absolutamen te incond icionad o, absolut o, y provie- ne de la buena volun tad, que brilla como una joya. Recuerd en lo que hay en la conclusión de la Critica de la ra-

zón práctica: hay dos cosas qu e suscit an nuestro respeto: e l cie-

lo estrellado encima de nos otros y la ley moral misma. Los im-

brillan aunque nad ie las use,

tal como bri lla la buena voluntad. Hemos d e subrayar que el im- perat ivo categórico se d irige a lo más íntimo, a la segu nda per- son a del singular. Dice: "Obra de tal modo que la máxima de

tu acci ón valga como ley u niversal ". Una

es: "Actúa de tal manera que tú mismo y el otro jamás sean to-

impera-

tivo absolutamente vinculante. Y el tercero, en el qu e es tá el pro-

blem a de la autonomía q ue es: "Actúa de tal forma qu e tus nor mas valgan siempre para una legislación universal en el rei- no d e los fines". Estos tres imperativos son prodig iosos porque, como hemos señalado desde nuestra perspectiva, están más allá del pri nci-

segunda formul ación

pera nvos categ óricos son joyas qu e

como seguir en la m inoría de la posición kantiana: p refiere

regular su vida social. P odr íamos decir que en Preud

lo q ue q uie re d ecir que funcio na d e mod o con-

mad os como medio y sean un fin en sí mismo". Es u n

m

i

,.

1

pio del placer; no atienden aconsiderncioncs propias del bie n-

estar o de

robado en

je al acto, o que lo hizo sólo una vez, o que con eso me está in -

dica ndo a lgo q ue yo podría interpret a r de o tr a

que pa sar esta experien cia

impe rativos. Haciéndolo así, vemos que ese acto no valdría como una acción que merec iera entrar en la equ ivalen cia universal; por lo tanto, tengo que denunciarlo. El rigorismo kantiano se insp ira, p recisa mente, en este hecho: n o se reconoce jamás n ín-

gun a excepción. Hay un

los in te reses pat ológicos o las

gencia

Sigui endo con el e jemplo, tampoco podría formular que he denunciad o a mi hi jo por que pienso que eso le va a hacer bien, que el hech o de que se cum pla el castigo va a tener su eficacia .

Esto sería para Kant funciona rpcr el debe r, pero noconf()mle al

deber . Y ésto es m uy import ante: en la moral

ta de se r felices, se trata de ser d igno s; no se

nables, se tra ta de ser racionales; no se trata de ser legales, se tra ta de ser con formes a la ley. Y si prec isamen te hay algo de s-

mes urado en las exigencia s

tar e n estas tres diferenc ias; no se t rat a de acceder a la felicidad

sino d e ser d igno de ella -

mo. T ampo co se tr at a de ser razonable. Aquí , 10 razonable pue de

ser, por eje mplo, considerar que mi h ijo parti cipó en ese episo- dio sólo en una coyuntu ra determinada, y que por lo tanto no

hay que

zonab le, lo d igno se separ a de lo feli z, y 10 conforme a la ley se

sepa ra de la legal idad. Podr íamos decir q ue la forma qu e tiene

el impe rativo

pio subjetivo del querer- siempre estab lece una fractura en el propio suje to. Desde ese punto de vista, las tres conclus iones están tan bien const ruid as que parece que cualqu ier comunidad huma na las neces ita pa ra soportar su convivencia. Según una cierta perspec- tiva, podríamos considera r el advenim iento en el campo de la ética de los imperativos cate góricos como un hecho in discu ti-

d e poner a prueba la máxima -q ue es un princi-

d enunciarlo. Lo racional se separa por tanto de lo ra-

lo cual, por supuesto, no es lo mi s-

los in tereses patol ógicos. Si por ejemplo mi hijo ha el colegio, no puedo cons idera r que eso fue un pasa-

manera. T engo

por el rodillo, por la crib a de los

"pa ra todos" que separa tajant emente

inclinaciones de l place r de la exi-

for mal de los tres imp erativos.

kantiana, no se tr a- trata de se r raz o-

del imperativo, lo podrí amos cap-

bl

e , tan indi scut ib le como p ueden serlo los d erech os hu manos .

log¡a de la moral q ue esc ribió en 1924, en u na frase cor ta, "e l

Pero lo cierto es que la pro puesta ka nt iana

m ienzo m uch os golpe s. T od a u na tr ad ición formula reservas

con tr a el impe rativo categ órico. E s conocida la posición d e

N ietzs che; ta mbién hay toda una reformu lació n e n He gel. Re-

cientemente se ha publicado la trad ucci ón un libro de H an nah

En é l, H an nah Are nd t co nfie sa

Arend t, Eíchmanneni erusalem.

recibió desde e l co-

im pe rativo categó rico es e l he redero de l co m ple jo de Edipo't.,

F reud no a lu de d irectamente a la Critica de la razón práctica;

nu nca realiza las operacione s que realiza L acen , quien

ci ta sus fue nt es, co mo por ej em plo en

tra nsforma el su peryó en el im pera tivo cat egórico, los hace eq ui-

valentes. So menciona cuál es su

proced im iento de lectura, pe ro

" Ka nt con Sa de''. Fr e ud

Freud

su

asombro cua ndo Eich mann re con oció ha ber sid o un lecto r

el result ado

es gr avísim o: es un

punt o d e ca tástrofe en todo el

de la Crítica de la razón práctica y hab er actua do seg ún e l impe-

a

ndam iaje ét ico co ns truid o po r Ka nt. En e fecto , si el impe rati-

rat ivo categórico. Esto d esco ncierta tanto a Arend t q ue la lleva

va

ca tegór ico era p recisamente au tón omo,

incondicional, abso-

a

inv estigar y a descubrir q ue lo s n azis hab ía n h ech o una

lut

o y procedía na da m ás que de la buen a volunta d que brilla-

re

for mulación del imperat ivo categóri co - una refo rmul ación

ba como un a joya y, por lo ta nto, no le debía nad a a ningun a in stancia empírica, a nin gun a incli naci ó n perso nal, ponerlo en

siniestra- , que era la sig uie nt e: "Act úa de tal manera q ue si el ¡. Führer te vie ra , le gus tase lo q ue haces". Sin emba rgo, en s u

relació n de d epend encia, pone rlo co mo heredero

es int rod uci r

re la to, Eich mann niega habe rse regido por el im pe rativo cons-

trui do por los nazis. Por e l contr ario, d ice ser un lec to r ca sero

la razón práctica, l o qu e aú n i nc re m e nt a l a pe r-

plejida d de Ha nnah Arendt. El pro pi o Eichmann, d ur ante el

arr epen tido de las excepciones , porque en su

d os jud íos. H ay e fectivam ent e un pu nt o de

testimonio, por que como se con sidera ve rdade-

ra m en te u n kantia no , co mo no ti en e la persp ec t iva

con trac tu alista de negociar sob re las excepciones, está since ra-

esa s excepcio nes. De hecho, Eichm a nn

H imm ler porq ue éste, c uando vio q ue la

m ent e arrepe ntido de

na rra cómo se opuso a

guerra estaba per dida, quería empezar a negociar, tra tó de fre-

nar ciertas m atanz as, imag in an do q ue

tras la de rrota van a ser

m ás benéficos con él. Pe ro Ei ch m ann no quiere nad a d e eso.

d e la Critica de

juic io, se muestra
H mom en to sa lvó a

. inflexión en su

ji

Are nd t queda profunda me nte im pactada; piensa q ue Eichm ann

una heteronomí a cat astrófica. És to Freud lo hace d iscretam ente. Recuerden la tesi s seg ún la cua l el masoq uismo mora l no tiene

zo na erógen a porque es la pro pia concie ncia moral la que está

croge neizad a; y, po r lo tan to, la conci enci a moral no impon e la

renuncia a la pulsi ón, sino qu e es un prod ucto de dic ha renu n- cia, a la vez que la pu lsi ón goza precisam ente de su renun cia.

T odo es to lleva a mo stra r q ue el superyó, la ley, es nada m ás q ue

un a estrateg ia de la puls i ón, es el cam uflaj e de un a pu lsió n.

Si par timos de los seis paradigma s que h a con stru ido I ecques-

Al a in M UJ e r pa ra d esc r ib i r los mo d o s qu e tien e L a c an de co nce-

hir la relación con lo rea l tanto en la clínica com o e n la tra nsmi-

sión del psico anális is, con un a especie de de for maci ón topológica continua en la que no hay superación de unos a otros, veremos q ue incl uye el Seminario VII en el tercero de ellos. Así, e l semi nario sobre La ética del psicoanálisis pertenece al parad igma en el q ue lo

está e n una pro funda con fusión en su lectura de Kant. En efec-

real como ta l está excluido de

lo simbólico. H ay ahí también una

to, es inco ncebible que si el segu nd o imperativo di ce " no tr ates

observación de I acques-Alain

M iller muy

apropiada para enten-

n unca al o tro ni te trates a m ismo co mo un med io s ino como

dc

r el problema freudian o; es la siguiente: una de las operaciones

un fin " pueda tener algún lugar el exter min io; salvo que se ha ya

fu

nd a menta l es del Se m inario La ética del psicoanálisis consiste e n

rea lizado fuera del ámbito de lo human o. Es ta es la otra oper a-

el

carácter d e absoluto de das Ding, su carácter no

dialectizable, su

ció n q ue se puso en juego.

ca

rácter consta nte, lo que hace de das Ding algo absoluto, trasle-

Pero es

eviden te q ue el gol pe fu erte q ue nos conciern e a noso-

da

rlo a lo si mbólico, al im perativo categórico o al superyó. Esto

tro s es el

de Freu den 1924. M e refiero al modo Que tiene

P re ud ,

q

uiere decir q ue son (rozos de lo simbólico sepa rad os d e la d ialéc-

m

uy inoc ente, muy d iscret o, de decir en esa espe cie de genea-

tica significante, que asumen la misma con dici ón de

absoluto.

m

m

Hay tres

p roblemas en Kant; y es evide nte Que hay unas cate-

gorías de l d eseo. Kan t es tod avía tr ibutario de una separación platónica entre el de seo su perior y el deseo infe rior. Es eviden - te qu e Freud desordena, de sest abili za es tas dos categorías in- troduciend o el p roblema de la pulsión. En efecto, la pulsi ón no

enco ntrarí a ja má s un luga r en la tópica ka nt ian a; ah í está e l

supo ner que Freud reali zó una lec-

pu nt o en e l q ue pod ríam os

cuál es su fu ndamentación metaftsicu: un u cosa es el sen timien-

lo d e c ulpabilida d, el sent imiento de h umi llación , la

cia de in fr acción de la que habla

di miento po r el cual eso mismo se vuelve equi valente para todos

los su jetos. Hay un pasa je qu e va de la hu millación y la cu lpa a

In equivalente para tod os los sujetos qu e no está bien resuelto. T am bién esté el problem a d e la autonomía, término qu e c reo

Kant, y otra cosa es el proce-

concien-

tu ra de la Crítica de la razón práctica.

qu

e valdría la pena qu e volvamos a di scutir ent re nosotros. D e

Me pregunta Iacques-Alain MilIer si Freu d había leído la Cr{-

hecho, las fórmul as con las que Lacan describe la sepa ración

rica de la razón práctica; hemo s de su pone r que sí, por sus rete-

-

volvers e a en gendra r, qu erer lo qu e uno desea, o inclu so las

rencias al i mp era tivo ca teg órico, al cielo es trellado sobre m í. etc.

úl

tim as, s aber hacer con

el síntoma- merodean de algún m od o

Hay por ci e rto un a iron ía de F reud cuando d ice que el cielo es- trellado se comu nica con la pulsión, que al menos for ma parte de su acervo. En q ué té rminos Freu d leyó a Kant es otro pro- blema. Podemos en contra r algo en el Seminario VII de Lacan. Es mu y llamativo que , en la s primeras pági nas de la Critica de la razón práa k a, Kant haga referencia a la hum illación que prod uce la existe ncia d e la bu en a voluntad , del im pe ra tivo categórico, a nu estra sensibili dad. En las prim eras páginas de su semi nario ,

Lacan dice que si uno abre la Critica de la razónpráctica, r ápi-

da mente se encuentr a con el problema del do lor . Se trat a de u n dolor qu e no se sabe a qué subjetividad cor respo nd e, por que no es el dolor de las incl inaciones pa tológicas, es el do lor que pro- viene simp le mente d el abatimi ento. Según los traductores, uno es abat ido, hu millado por los imperativos categóricos. El ímpe- rativo categóri co hu milla nuestra sensib ilidad, nos produce un afecto no p atológico que Kant llama respeto.

A partir de lo que Lacan permite leer en la Criticade la Razón

Práctica, encuen tro tres cuestiones esenciales. Primero, me pa- ¡ rece qu e e n Ka nt hay un forzamien to en lo que con sidera lo in- 1 condic ion ado y lo un ivers al. Por ejemplo, es incondi cionado que

e l i mperat i vo no s humill e, a bat a nue stra se nsibili d ad y s urja !; c omo una p resenci a i nc o n d ici on a d a f ren te a las con dicione s de JI ¡ nue stra sensibilidad; pero de esto no se deriva su universalid ad. ::

,

1

e m pu je retó rico e n Kan t, el d e q uerer hacer equiv alen -

tes lo incondiciona l y lo universal. Ese e m puje se ve cada vez más sostenido en la Critica de la razóll práctica. T amb ién se ve

Hay un

por el problema de la auto nom ía; eso sí, sie mp re y cua nd o en- te nda mos que la au tonomía no es lo mismo q ue la " uuto trans parencia. Pero en Ka nt no es la a utor ran spa re ncia, po rque la auto nomía se conquista siempre con una sust racció n:

hay que a batir las incl inacione s sensi bles. Y, a la vez, el su jeto

nunca sabe si él mi smo es au tónomo o no. En el ca pítulo sob re las motivaciones, do nde la pa lab ra Trieb apa rece u na y ot ra vez, cua ndo Kant exa mina qué ancl a je mot ivacional hay para q ue el suj eto sea moral, reconoce qu e sólo se pueden medir las con- secuenci as de su conformidad con el de ber, per o qu e no hay

ni ng una fo rma reflexiva para que el propio sujeto diga de sí mis-

mo que es autóno mo. La a uto n omía es una suposición en la me-

se corr esponde con las ex igencias forma les de l im-

di da en q u e

pcra tivo. Lu ego hay ot ro golpe a la unive rsal ización. Se pu ede loca lizar graci as a La can , y ta mbién en la respuesta que d io Mü ler en 19 11 8. [a cq ues-Alain h i zo u na r ef ere n cia a cóm o esa étic a e s un a ética de m acho, podr íamos decir, una éticaparawdea. Efecti va-

ment e, en su t rata do sobre lo bello y lo sublime, por eje m plo,

Kant - acompaña ndo a una trad ición qu e luego ta mbién Freud d e algún modo recupe ra- dice q ue la mujer jamá s actú a por just icia , sino por cuestiones es téti cas: cuando le ind igna a lgo es po rque es feo, no porque sea in just o. H ay desli ces misóginos -c-por e je mp lo, cu ando p rese nta a la mu jer como u n n iño

m uyor-e- pero no son uní voco s, po rque en algunos lugares de la

A"tropología kant ian a la m ujer aparece parti cipando directa- men te e n el proceso de hum an iza ció n del sujeto.

l ncon diclonndo, forzado u pusar a lo uni versal, el sujeto de la

a uton omía no es equivalente a la eutct ransparenc ia, 10 univer- sul es tá d escom pletad o d esd e la dife ren cia sexual. Son tres vec tore s -q ue n o so n po co--- par a una lectu ra d e la Critica de la razón práctica. Lacen, e n el Seminario VII , se q ueda con el ca- rácte r incondic ional, habla de lo incond icionado de l de seo. Su fór mula pertenece, me pa rece , al horizonte kant ian o: "De lo único q ue le puedes se nt ir cu lpa ble es de haber cedi do frente a tu deseo". Es, de algú n modo, una recomposición de la Critica de la razón práctica, en la cu al la incondicionado, en ese momen- to, en la é poca de ese tercer par adigma, es el deseo. No hay étic a sin int rod uci r algo incond icionado, Puede haber

un a ética q ue cuest ione lo u n iversal, p uede h abe r una ética q ue cues tione el " para todos" pe ro la ét ica sitúa Qué es lo incond i- cionado en 10 que propone, Lacan, en su Seminario VIl, d ice: lo

in condi cion ado es el dese o; y el deseo en est e seminar io es

la

cura de la pu lsión de mu erte. Es verdad que Lacan en su Semi- nario VII reúne d os tradic iones muy di fíciles d e articular: la lec tu ra de Kant y la tradi ción heidegger iana y sa rtr iana. No desarrolla ré ésto, pero, efect ivame nt e, la elecc ión orig inaria de Sar tr e está presente. Es lo que incl uso llevó a Sartre a im agin ar que ha bía un psicoa nális is existe ncial: cada su jeto debe volver

a elegirse y debe sabe r ca pta r la elección fundamen tal que rige

su vida . Ha y un cierto decisionismo presente en H eidegger y en t

Sartre. Algunos estudia n tes se bur laban di ciend o: "estamos de-

ci didos, pero no sa bem os a qu é" . Y est e d ecis ion ismo

hei dde geriano-sartrien o se cr uza con la lectu ra de la tradición

ka nti ana. Así, en el Seminario VII , la ética partic ip a de lo incon-

d icion ad o d el d eseo; es u n inco nd icionado separ ado d e lo un i-

ve rsa l, cruzado co n las lectu ras de H eid egge r y de Sartre en relación con Kant. ¿Cuál sería la ética de Lacan q ue correspond e a despu és del

Semi nario Aún? ¿Cuál sería la ét ica que podría surgir

después

de l paradigma que promueve ese se minario, es d eci r, después de ad mitir ladas las conse cu encias de que el panenaire d el su-

jeto es el goce de

revisa r, y por ello propo ngo qu e volvamos a d isc ut ir tam bié n la noció n de autonomía de Kant.

su síntoma? Esto es algo que todavía es tá por

111

INCREIBL

EXALTACIOr

c-f(:. u<soAla in Mili er , Hemos apla ud ido a j orge Alem án,

lal como se merece; pero

que en la sala h abía rostros con aire de pe rplej id ad " , So~'sen- sible a los rostros, a las mi rad as, y me gusta cuando percibo el reldmpago de la in tele cción, la experiencia del "lai é!". Y aquí

esto faltaba.

poco , ya

también podrí a criticarlo un

Jorge Alemán : Pues yo percibí uno,

J aeques-Alain MilIer: D eseamos ver en la sala el mi smo efecto

,

~

de elaci ón y de entu siasmo de que Lacen da testimonio cuan do

habla del estado en que lo hab ía dejado la lectura de la Críuca

de' {at"azón práctica, L a can n os ha bla del hu mor d e

más cor ta de las tres Críticas de Kant. Para m í hay un con tacto entre Kan t y España, pu esto que los

est e li bro ,l a

ejemplares de las tres críticas de Kant que poseo desde qu.eera. es-

d iez anos ,

Pues bien, Lacan da test imonio del hu mo r y del ero tismo qu e

t ud iame fue ro n encuade rn ados e n Andalucí a hace unos

e ncuentra e n este libro, E n sus Esentos señala que "a todo lec-

parod ia del estilo kan tiano- que no esté Unive rsidad, es de cir , que no esté condi-

d ona do p a ra mante ner un a di stancia c on l as gr an d e s o b ras, la

de Kan t le produc e u na "increíble exal te -

tur .,; " --es casi u na condicio nado por la

lectura de este li b ro

ció n" . Lo p ode mo s t oma r c omo u n t es t imonio pe r sona l. Y , e~

efecto, cuando La can se ocupaba de la Criticadela raz6n prácu-

f l l pa ra prepa ra r su Sem ina rio, hablaba a todo el mu ndo de,la marav ill a que e ra est e texto, Hu bo esta le ye nda en el ámbito

pari sino de los añ os '60, sobre lo que L acen había descub ie.ft o

en la Critica de la razónpractica un poco m ás tarde qu e los filó-

solos. Fu e Foucau lt quien me con tó esto , <C6mo com u nic ar ese humor, ese erotismo, esa exaltación? Me

pare ce una ta rea difícil. Qui ere deci r algo de l el ogio que ha realizado Jorge Alemán de la autonomía d el su jeto, puesto que estamos acostumbrados, con respecto al incons ciente, a subrayar la de pendencia del suje to. Me pare c e q ue é l l o h a s ub r ayado l egí ti m ame nt e , P odem o s. r e - l(' rirnos a algo más hab itu al para nosotros, como lo es el su jeto ca rtesiano. E sta mo s acos tu mbrados a consid e rar -i-porque

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1

1

.

111

Lacan in sistió en ello-q ue el sujeto del inconsciente es el mis- mo que el sujeto del cogiio ca rtes iano, el cual es el mismo que el s ujeto de la ciencia. d'o r qué 10 considera asl? Ese su jeto es resultado de un proceso, ex plicitado por Descar- tes, que niega toda propied ad a tod os los pensam ien to s.

Descart es vací a tod a la esfe ra me n tal, d escarta tod as las repre- sen taciones del sujeto; lo pone todo en d ud a. Es una du da hi pe rb ólica , de la cual, al fin, como residuo, queda el sujeto

defi nido

así; "no impo rta la verdad de 10 que

me represent o,

pues por

el sólo hecho de que pienso, soy". La conexión ent re

el pen samiento y el ser es pues mí nim a, es vacía. En un único punto conectan, se superponen el pensam iento y el ser, pero es u na conexión vacía. Esta mos acost umbrados a reconocer en ese ser vacío y frágil el mismo tipo de ser evanescente, frágil, momentáneo e incluso ins- tant áneo q ue le reconoce mos al su jeto de las formaciones del in- conscien te . En el lapsus, en el ch iste, e n el acto fallido, tenemos la m isma vacilación de algo que apa rece de manera fugitiva, y cuya substancia es tan problemátic a corno la del cogito mismo. Y en Ka nt hay un a nueva elisión del sujeto. No entraremos en

este tema, pero si señalaré que, en la Critica de la razón pura, Kant realiza su famosa deconst rucción, p aso a paso, del coeuo ca r t e s ia no . La ob jeción d e Kant al corno c a rtesia no es qu e sea 1 interpretado como sustancia, y no como forma vacía. Diremos

que est e su jeto cartesiano, segú n la versión kantiana,

no se en-

cuentra en la razón pura, si no en la razón pura práctica, en la cua l " au tonom ía" significa lo m ismo que el sujeto barrado, ra- :1' cha do. Le s re cuerdo q ue L aca n, en s u e sc rito "S ubver sió n d el

", define al sujeto como una di scontinuidad de lo real,

sujeto

como un hue co en 10 real.

8 n cierta manera, el sujeto kantiano, tal como se encuen-

tra en la Critica de la razón práct ica. es un hu eco en lo científi-

camen te deter minab le, en

perc epci ón di recta de ese sujeto; sólo se en cuent ra como un hecho significante el famoso imper ativo categórico de Kant. Es una fórm ula con la cual uno top a; y es tota lmente inexplicable

hay un a

la ca usalidad objetiva. No

1lI

si no hay u n su jeto suprasensible, si no hay un sujeto de la li-

bertad que escapa a la causalidad científica. El texto más kantian o de Lacan es su es cri to "Acer ca d e la c au sal ida d ps í qui ca", e n e l cu al di a lo ga c on l o s p s i qu i a tras y tr a - ~l;:

IUde salva r al sujeto

va. Aunqu e fin al mente

sun riano, pues también se refiere a la insondable decisión de la libertad; y ésta es una fórmula de índole kantiano-sartriana .

Todo esto lo d igo para apoyar lo que ha mán: que Kan t es el punto de apoyo que

as neurociencias, y par a mostrar que el sujet o se puede pensar en

una dimensión di sti nta de ellas. 1.a autono mía del sujeto significa elsujeto tachadoen tanto que separable de sus condicionamientosobjetivos. No se trata dedecir que después es u n sujeto au tónomo, ya que, en su d imensión

propia, tiene su dependencia; se trata de acentuar su dependen- da. pero a otro nivel: el nivel suprasensible, tal como lo define

dimensión. el sujeto aut ónomo está sometido a la

u na h iancia q u e se di simu la

entre el sujeto legislador y el sujeto sometido a su propia legisla-

ción. T ambién en el inconsciente el sujeto tachado está sometí-

frente al domi nio de la caus alida d cientí fica o d e

del inconsciente

de la causalid ad obieti -

es también

no es del todo k an tiano;

se ñalado Jorge Ale- tenemos para hacer

1

Kant. En esta ley mora l que

se da é l m is mo. Hay

1 ',

[¡i\!

:

do a la vez a la arti cu lación significante y al objeto. T odo esto lo digo para tratar de disipar cierta perplejidad que nos puede em- \.,'"

hurgar sobre el tema de la autonomía del sujeto.

~

(9 í. ro punto q ue retomaría a partir de la ponencia de Jorge

Alemán es la expresión "los imperativos categór icos", de los que

recuerda tres for mu laciones. Creo que estamos de

que hay un solo imperativo categórico; y es así por razones es-

tru cturales, y a sí lo presenta Kan t. Hay un ú nico imperativo ca- tegórico q ue p uede tener, según las obras, form ulac iones dist in -

\l IS y a la vez eq uiva lentes.

cntegé rico; no existen los imperativos categóricos, tal y como

existen los Nombres del Padre. Para Kant h ay uno solo, de la misma manera que hay un solo Dios. Kan t no se imagina un a plu rulizaci ón d e e:;os imperativos.

acuerdo en

No se p ued e pluraliza r e l imperat ivo

1lI

Par a dar u na base a este imperativo podemos escribir su fór- mula tal como apa rece en la Crítica de la razón práctica. En ella todo gira alrededor del párrafo siete del cap ítu lo 1: "Actúa de tal man era que la máxima de tu voluntad pued a siempre valer sim ultánea mente como prin cipio d e un a legislación un iversal". Otra trad ucción, de Garete Moren le, es: "Obra de tal modo que la máx im a de tu voluntad pueda valer siemp re, al mismo tiem-

li

remas con su demost ración, que es pseudo matc mática, casi en

forma

El primer teorema di ce: "Todos los principios que suponen un obje to (materia) de la facu ltad de desear como fundame nto de

la volu ntad, son todos ell os emp íricos y no pueden p ropo r cio- nar ley práctica algu na". Es decir, todos esos princip ios no pue- de n valer en todos los ca sos y para todos, ya que en la experien-

d e materna, com o en Lacan,

po, como

pr incipio de una legislación universal". El texto en

"

cia con u n ob jeto n o h ay co ns tan cia fir me;

n ingú n ob jeto

alemá n es el siguiente: "llandle so, das die Maximedeines Willens

k

em pír ico puede darla. Esta es u na demostración de exactament e

jederzeit zugleich als Prinzip einer allgemeinenGeselzgebunggelun

el mismo tipo que se realizaba para de most rar que ú nica mente

konne", Éste es el imperativo categórico, y Kant lo presenta bajo el tít ulo de ley fundam ental de la rez ón pura práctica; y, en ella, iodo gir a alrededor de esta s palabras. Para ente nde r qué significa hay que saber a qué se opone. Si ustedes tiene n como máxima de su volunta d, como prin cipio constante en s u vida un enu nciado como "Todo para mí. Elijo siempre lo que me conviene", les será difíci l hacer de eso el prin- cipio d e una legislación un iversal. O, en todo caso, "Todo para Fu lano" sería la máxima de una legislación universa l de ti po

nazi. Eso, fina lm ente, puede pero no ser á au ténticamente

ser prin cipio de un a legislación, universa l. Qu izá valdría la pena

d iscutir po r qué no sería la aut éntica u niversalidad kantiana; no lo sería puesto que todo el mu ndo menos uno debería actuar en favor d e ese un o. Y si ese es el principio de Fu lano, Menga- no pue de tener como principio "todo para Men gano"', y enton- ces tend emos el p rincipio de una gu erra universal. La dem ostración de Kant es contradi ctoria, ya que no da un princi pi o de condu cta para todos los casos, dado que uno mis- mo puede te ner inte reses inmedia tos e intereses futuros. Eso ya introduce un a vacilación: puedo h acer algo que agradeceré aho- ra mism o, pero qu e voy a lamentar mañana. Ahí hay una vaci- lación ; no ha y la constancia que se presenta en ese enunciado.

(!)í ro intento para llegar a us tedes puede partir de la pre- sentació n del primer capít ulo. Lo que Ka nt busca es precisa- mente la respuesta a la pr egun ta: "'¿Qué de bo hacer?" Antes de ese pri nci pio pr esenta tr es teorema s. Vam os a ver los tres reo-

el amor a D ios era constant e; qu e, al fina l, a todos los demá s

obje tos d e amor posible se les deja de ama r, porqu e envej ecen,

mueren, etc. En cambio, Dios, como objeto, es un objeto de amor constante. El pr imer teorema de Kant pone de manifiesto que n ingún objeto de la expe riencia em pírica nos permite formu- lar un a ley un ive rsal q ue sea válida para tod o el mu ndo y e n todos los casos. De ahí parte su búsqueda. Antes d e Jos teoremas, 10 que busca Kant, a part ir de una de- fin ición, es un objeto de su deseo qu e sea válido para la volun- tad de tod o ser razonab le. ¿Cual es el modelo? La su ma d e los ángulos de un triá ngulo, que siempre vale como dos rectos. Y ésto es válido para tod o ser razonable en el saber; es u n e jem-

los casos.

(~st o es l o q ue hay q u e busca r ; el r esto, l o q ue ca m bi a con la s ed iciones de los periódico s, un ti po de verdad que está aquí, pero que no est á allá, o en ot ro lugar, no vale nada. La única cosa que

vale es la articu lación significante que es válida en todas par - les y al mi smo tiempo pa ra todo ser razonable. ¡Se entie nde la

plo d e verdad que vale para todo el mundo y en todos

pasión q ue esto puede

l .u preg un ta de Kant es cómo obtene r ese tipo d e certeza, esa

firmeza y esa constancia en la act uación; no solamente en el sa- her, sino en la mane ra como debo actuar en la vida . Es la bú s-

en el modo en que d ebo ac-

q ueda de una

ruur . De ésto podríamos decir que es un a nu eva ed ición del deseo de Spi noza. No hay qu e olvidar que, en cien o mo men to, cuando todo el mundo tra taba de hacer algo con la Critica de la

rm:/Í" práctica de Kant, hubo quien dijo que era un spinoz ismo velado. Au nque In verdad es que de este libro se h a dicho de

pro du cir!

certeza matemática

tod o. Lo que nosotro s hemos de e ntender es su búsq ued a de una firmez a, de una certeza en la conducta id ént ica a la que otros tr ataron de obtener, por me d io de la religión, a travé s del amo r. Lo d ivert ido de la Critica de la razónpráctica es el desp recio to- tal qu e Kant tien e po r el amor. Es la forclusión de todo deseo, de toda moralidad que p ueda partir d el amor. Hay qu e ver el hu mor sutil de Kant a propó sito de aqu ellos que aman a los de más. Kan! mani fiesta la misma sos pec ha spinozista ---o la m isma sospecha

lacaniana- pa ra con la simpatía. Esta ope ración significante ex-

clu ye ta mbi én el famoso objeto con stan te d ivino, p ues n o se en- cu entra en la experie nci a e mp írica el obj eto " D ios". A par tir de ésto, el prim er teorema de Kan t di ce: "Si u sted

quiere conducirse en la vida a pa rt ir de la realidad de un obje- lo que desea, nu nca obtendrá nada q ue ten ga va lidez mat emá- tic a". Esto se ve, por ejemplo, en la cocina: uno q uiere esp árru- gas, y el otro no. N o se pue de ob ten er u n teo rema a partir de

ésto; además, a uno m ismo le puede gus ta r un plat o para desa- yunar pero no pa ra ce na r. ¿y q ué pasa en las rela ciones amaro- sas? Qu e qui ero a esa mujer cua ndo la veo del lado derecho, pe ro

no cua ndo la veo de l la do izq uier do. ¿Q ué ha ber en esto?

cons tanci a puede

cos

tan todas esas di scusiones sin conclusió n, esas vacilaciones, esas

confusio nes pro pias del de ba te que se p rod uce en las ciudades.

y se ded ican a produ cir un os objetos, o má s bi en unos sembla n-

tes de o b jetos , q ue perm iten decir co sas

vá lid as en todos los

casos y pa ra tod o el mundo. Para ellos eso vale m ás que toda la vida polít ica de la ciu dad; ah í e ncuentran la felicidad.

e n la an tig üedad . Abandonan la ciudad porque no les gus-

La m ate mát ica, en tonces, com ienz a siendo una pequeña cosa qu e no sirve pa ra nad a más q ue pa ra in sp irar a algunos fil óso-

fosoPe ro, poco a poco, la matemática

la insp iración para pe nsar, hasta que llegó a captar a la física y

a dom in ar a la filosofía

ahsorbien do cada vez a más d e las me jores me jore s d e la h uma-

una esp ecie de monstruo. co mo se ñ a lé , co mo el mo me nto

"l tobbes" . Hob bes se ed ucó en Oxford e n la ret órica, la histo- ria a n t igu a , etc. P er o en cie rto mome nt o se in troduc e e n

Eucl id e s, y es not able el ch oque de H obbes al ver qu e all í se em pieza por un teorema, a l q ue le sig ue la demostración, y a l final no se puede decir nada más que lo está escrito. H obbes

nu nca hab ía encontrado que con la le ng ua se pud iese produci r

u na ne cesid ad así, una neces id ad que obliga y q ue hace impo-

y

co menzó a ser e l mod elo,

en el siglo XV II . Luego fue creciendo

nidad, h a sta conve rtirse en Esto se puede p resent ar ,

tpa r te de es te d ese o d e ce rteza ma te mát ica , el c ual

sible deci r cualquie r otra cosa. Es un amo te rr ibl e, q ue

ma ni-

es un sínt oma que pa rece que se injertó en la hu manidad a pa rtir

f

iest a : "i~o p uede s d e ci r o t ra cosa ! S i e m p iezas en la p r ime r a

de un mome nto histórico de terminado; y se in jertó de ta l modo que le hi zo desear la certeza un iversal. Es un a enfermed ad, que

linea , h as de llegar ha sta la última." Entonces Hobbes hace un vira je en su ca rrera y se po ne a hacer sacri ficios a ese D ios

no sab emos cómo empezó. Y ciertamente hab rí a má s felici dad

-

Ilam é m o sle e l mosgeométrico- ya p en s ar qu e de e sta mane-

si

pud iéramos olvida r eso .

ru

obliga al otr o a decir ésto y nada m ás q ue ésto.

C iertamen te, es mu y m isteriosa la ma nera cómo co me nza ro n

las m atemá ticas.

sentidos míticos de los n úmeros. Recuerden a los pitagóri cos. Pero la tendenci a actu al es la de de cir q ue aq uello no er an m a- t emáticas, sino que eran imagina ciones sobre los n úm eros, y que

con algunos

Se podría de ci r que empezaro n

en el mom ent o e n el que se const it uye la ma tem át ica d e los

m atem áticos se trat a de otra cosa; toda esa mi to log ía qu eda de

lado. In cluso dejan la ci ud ad, que ño gru po. Lo cier to es qu e

ciud ad ; son un pe- mu chos mat em éti-

se van n un ca

de la

hubo

¿y Qué

e s lo q ue fascina tanto ah í? Es e l lograr retorcer e l len- t al m aner a que se pued a extraer algo real. Pa ra Sp inoza

que jor-

impe rati vo ca tegórico .

guaie de

ta mb ié n e s una joya -p a ra utilizar el m ismo adjetivo

gc A le m á n h a u til iza d o pa ra r efer irse al

El propio Spinoza concibe lo que escri be co mo u n joya, pues

di ce, a l f i nal

"Todo lo qu e es precioso a la vez es d ifíci l y esca so".

¿Q ue h a ce Kant con esa herencia del siglo XVII . en la que se diola n u eva transferencia ge ne ral hacia la m a temá ti ca, es e

de su Ética demostrada según un orden geométrico:

nuevo amor? Kan t d ice: " No, la ce rteza d e las matem át icas es para las matemáticas". En efecto, la doctri na de la matemática de Kant, que es muy importa nte como referencia, viene a de- cir: " La matemática hace p erder la cabeza a los pe nsado res , porque la matemática en uncia, presenta sus conceptos por cons-

tru cción". La define así, en un espacio ideal,

prese ntar el

según Kant, no dice: "Ya sa ben lo que usua lmente se de nomi-

na un triángulo". No, la ma temát ica dice: "U n triángulo es esto,

donde se pue de La ma temát ica,

triángulo sobre el cu al se opera.

ti ra s; y entonces llega Kan t y d ice: "il-ueru d e ah í! Esa es la cár-

cel, la g ran cárcel de la Critica de la razólI pura". l'c rc luego public a su Critica de la razón práctica, donde, de manera sorprende nte, Kan t recu pera algo de la certeza absolu-

ta, pero esta vez en e l

nues t ra

alma . iEs algo increíble! No bien acaba de sacar a todo el mu n- do de es ta certeza, cu ando él mi smo dice -y lo m uestra en di ez

páginas- que tenemos una verdad válida pa ra todo el mu ndo;

u en todo caso, una verdad igual a la verdad matemá ti ca. Y por

n ivel de l corazón, en e l nivel d e

lo

que hago o lo que repr esento en la pizarra". Ya ven que la

eso la Critica dela razónpráclU::a, en su época, ya un poco lejana

matemá tica tie ne una evidencia oste nsiva; su cons truirle y mostrarlo. La matemá tica act úa med iante la construcción

objeto, puede

de conceptos.

para nosotros, prod ujo un entusiasmo incre íble . Cu ando venía- mos ha cia aquí con Rosa Calvei, el taxista, po r un malentendi- do, nos dejó al otro lad o de la plaza de la Un iversida d; y ahí

Y

los pe nsadores

creyeron que pod rían actua r en

todas panes a

esta ban los estud iantes, no aquí, dentro de la Unive rsidad . Los

partir de la construcción de conceptos. Kan! salió al paso d e esta prete nsión diciendo: "No, eso sólo es posible en las mat emáti- cas". y si Kan t escribió tres C ríticas fue para defin ir cómo se puede pensar la matemá tica en la filosofía. Los pensadores, los

filósofos, señala Kant, no pue den

proceder por construc ción de

conceptos, no pued en proceder de manera ostensiva, demostran- do y exh ibiendo esos concep tos; deben comentarlos. Los filóso-

fos s6 10 di sp on e n d e la di s cur sividad; sólo pued en ex p l icita r lo

qu e, en resumidas cuen tas, está en el lenguaje. Simp lifica ndo

sus ideas, hem os de concede r qu e cuando decimos "p ulsi ón", cuando decimos " razón", no podem os presentar la cons trucción

de esos con ceptos; lo q ue debe mos hacer es buscar allí d onde ya

se usan esos conceptos y luego explicita rlos o red efinirlos, pero sin pode rlo s const ruir.

domingos no están en la Univer sida d - y qu izá tampoco los

de más d ías. Ah í do nde es tán gozan, se ha b lan los un os

otros, se besan, etc. Cl aramente no se ve en ell os n ingún inte- rés por Lacan o por Kant, porque están interesados por los ob- jetos q u e ca m b ian. P ero e n la époc a d e la Criticade la razónprác- ¡- ( jea los estudiantes esta ban en la Universidad y d iscut ían

apasionadamente sobre el

general, y u n intento de

el saber. Así reinicia ron , en contra del propio Kant, el nuevo hilo

de la metafísica. Es de señalar el problema de Kant, que primero \\ recibió felici taciones del joven Fi cht e, y lu ego, como homena-

je, recibió

a los

tema. El resultado fue una exalt ación

ap licar este m ismo ti po de certez a a todo

de Ficht e un golpe a

todo lo que había construi do.

Ilasta que le dijeron a Kan t qu e no podía de jar qu e F ichte fue- se recome nd ándose a sí mi smo nomb rando a Kan t, pero para

Así pu es, al final del sig lo X VI II , Kant eleva su voz pa ra de-

d

ecir lo c ontrario q ue é l. Kan t escrib ió fi n al m en te u na carta

en

cir : " Se acabar on las bromas. No podemos beber así el vi no de

1,1 q ue d e cí a q ue é l no te nía nad a q u e ver c o n l a s t esis l ocas

d e

la

ma temá tica. Lo nuestro es algo mucho más limitado". Esto

Fichte.

es

lo q ue en unci a la Critica de la razón pura : " Fue ra d e la s ma -

El caso es, entonces, que Kan t, en la Critica de la razón praai-

temáticas, no pueden ustedes saber como si fueran ma temáti- cos". iEs un a cá rcel! Descartes pen saba que pod ía saber de Di os con la misma certeza con q ue sab ía de d os más d os so n cua tro. Pensaba que podía utili zar la misma razón para la matem ática

y pa ra Di os. Ta nto Descar tes, como Spinoza, com o M al e-

b r unche, como los d emás, e s t án tod os ellos ebrios d e ma tem á-

ca, co n a lgu nos teorem as, trata de mostrarnos q ue ne r esa ce rteza matemá tica .

podemos te-

¿Jl tcorema primero reza así: ningún objeto de la expe rien -

d a puede darnos una certeza ma temática con respecto a 10 que

debe rnos desear. Por e jemplo, la moda se basa en que deseamos ahora un ves tido, y seis meses más tarde ese mismo vestido será un horror. ¿Qué constancia hay ahí ? :NG la tendr íamos aunque decidié ramos vestirn os siempre de la misma man era, y ma nteo nemas fuera de las modas. Bien, es la posibilidad de las mono [as, por ejem plo; como ellas tiene n un objeto de amor ún ico, pueden vest irse siempre d e la misma mane ra. Esto no es una

objeción p ar a Kant , p orqu e las mo njas ll evan e scond ido en al-

gún lado al gún abalor io particu lar. Así pu es, excluimos los ob-

jetos materiales. El segundo teorema dice que todos los pri ncipios diversos que podamos t en er r e fe r id os a ob je tos va rios t ie nen co mo ob jeto fun- damental, ex plícita o implícitamente, e l egoís mo per sonal. Es

decir: todo eso es narci sismo, es au toerotismo o es goce perso- nal. Kant dice: "Tod os los principios prác ticos materiales son, como tales, de una sola y misma especie, y pertenecen al prin-

o rientar mi co nd ucta. Esto es lo quc

tercer teorema:excluir el objeto . Y la operuci én de Lacen consiste

en decir que si, que el objeto sí que está, aun que no se vea. Por más que Kant quiera eliminar el objeto, éste está ah í.

y es como en la ciencia

w necesita pura entende r el

El caso es que , sea como fuere , Kant -

ficción- nos desplaza a un mundo en el q ue no hay nada. O

puede qu edar? Pues bien,

bien, si d esaparece la materia, équé

c ua ndo l a m ateria de sa pare ce, 10 qu e qu ed a es

De esta manera, el tercer teorema de Kant es: " Si es pensabl e un pri ncipio universal de la conducta, éste debe establ ecerse,

no según la materia, sino sólo según la for ma". Esta fórmula, en la que no se trata de ningún objeto, es aut orre ferencial. Dice:

"Actúa según una fórm ula que pueda

tener u na certeza mate-

mática" . Esta es la co ndición para que pue da valer para todo el

mund o y en todos los casos. Es que no designa ningún objeto.

form a.

un prin cipio solamente formal, y. no obst an te. se puede encar o

iI

¡1;

cipio del registr o general del amor de

mis mo o de la felici-

nar. Se puede decir , por e jemplo: "Sie mp re debemos actuar

dad person al". Eso le permite d ibu jar

el

gran paréntesis den -

pensando que nos miran". T enemos ahí

el criterio empírico de

',:

tro del cua l poner todos los discursos éti cos for mulados anteriormente. Para los estoicos, por ejemplo, se t rataba de no

dejarse lle va r por una cont ingencia cualquiera y sup erar con

también

de los epicúreos, u otros. Hay una multitud de maneras de abor- dar cómo con d ucirse en la vida. T odo esto, Kan t lo mete en un paréntesis: todo eso es para servir al amor de sí mismo a tra vés de objetos m ater iales. Y ahí nun ca se encont rará n ingu na cer- reza matemática. El tercer teorema plantea la pregunta sobre el tipo de pr incipio un iversal que se puede conseguir teniendo en cuenta el pri mer teorema. La cuestión es que, si es posible conseguir en el regis- tro de la acción un pr incipio un iversal de certeza como en las matemáticas, ese principio no d eberá incluir ning una referencia a ningún ob jeto de la experiencia. Ahí está el nu do de la cosa: la exclusión d el ob jeto. Un campo en el que desaparecen todos los objetos de la expe riencia sensible, todo lo que p uedo tocar o sen- tir, todas las representaciones de los objetos, es como un vacío a la ma nera c a r t es ia na : va cío de tod os los ob je tos de la e xpe rien- cta. que no me proporcionan una certeza matemática con la que

fuerza de ánimo todo lo que p asase. Podría mos hablar

1II

una acció n moral : q ue

pueda ser pública.

Así pues, el tercer teo rema reza: "Si un ser racional debe pen- "

- es decir,

si existe una ley que posea certeza matemática - " " .puede sólo

pensarlas como principios tales que contengan el fundamento de

d et er m in ac ión d e l a vo lu nta d, n o se gún l a ma te r ia , si n o só l o se- g ú n la for ma". Una vez form ulado esto, bajo un modo condício-

n a l d ice: "S i és to es pos ib le, éc órnc sería u n p ri ncipio q ue res pon-

d iera a esos crite rios?" Y lo encuentra; encuentra la certeza en esta fórmula. Esto quiere decir que no la deduce exacta mente, ya que ésto no aparece como la conclusión de un teorema; ahí Kant sólo

define un cierto nú mero de condiciones, y des pués

mesa esta fórmula, para a continuación constatar que esta fórmu-

no la dedu -

ce; no la deduce porque supone que en cada cual que sea un ser razonable esto ya está escrito. Lo cierto es que con esto nos quedamos perp lejos, porque algo que ya está escrito, que en cierto modo no se sabe, es como una subsistencia que pod ría ser inconsciente. Y Ka nt, a la vez, dice:

pone sobre la

sar sus máximas como leyes práct icas universales

In responde a las condicion es. Pero Kant, la fórm ula,

~:

;1

"Aun el c riminal tiene vergüe nza de su acto respecto a esta ley".

1II

Se presenta a Kant como el primero en ha be r formul ado esta

doremos en efecto: "Si te gusta ha cerlo así, entonces act úas por- I

forma de la ley; pero lo cierto es que para él eso ya estaba de ano tema no. D esde siempre está escrito en cada cual, aunque no lo hubiera expli citado ni lo hubiera dicho.

Creo que Jorge Alemá n se ha referido varias veces a la volun-

d; y es a par ti r de la voluntad como Kant presenta la mo rali-

ta

dad en la Fundamentación de la metafísica de las cosuonores, que

popular. P ero e n la Crítica dela razónprá c -

es u na p res entación

!,

tica, como dice Kant , no se sabe si hubo jamás algu ien que haya pod ido actuar as í. En la Critica de la razónpráctica incl uso da a ent ender que , fin almente, la estructura misma de esa ley impo -

;

!

ne que no se la satisfaga. No es una cu estió n de lo que existe en la experiencia; se trata

de una

resultado un ser que no tiene relación alguna con los objetos, que

ded ucción lógica que llega has ta el fin al y que da como

solamente actú a de tal modo que cuando hace algo, todo el mun-

10 m ismo . Sería como

do y en todos los casos deba poder hace r

un cuadro de Magri tte, en el que se vería a alguien hacer una cosa

y una infin itud de otros hacie ndo exactamente 10 mismo. Esto satura un a parte muy grand e, aunque no tota l, de las ac-

tuaciones humanas . No significa qu e, si hago un gesto , ese ges-

to deba ser e l principio de una legislación un iversal.

°bien si,

u por ejemplo, entramos en el principio de la re ciprocidad y de- cimos que hay q ue trat ar siempre al otro como un fin, veremos que éste es un hermoso principio, pero que en la relación sexual

no sir ve de m uc ho. ¿Cómo podrí a ser un acto sexual así? Lacan

dic e: "Puede ser algo moral, pero no

pio, en efecto , vale para los seres razonables; pero no vamos a decir que valga para los seres sexuales. Es por esto que no toma

a su cargo el tod o de la actuación; o lo tom a desde el punto de

vist a de la m oralidad, lo que quiere deci r que hay muchas co-

sas que quedan fuera de la actuación. Se trat a de la existencia del su jeto con el sig nificante, con la fórmula qu e debe veri ficar. Ahora que estamos en este punto, pod emos gozar un poco de

las consecue n cias . Pl ante émosle a ese suje to de la fórmu la

de

será sexua l". Este princi-

la morali dad un problema. Le diremos: "A tí te gusta actuar así; eres tan chifl ado que te gusta actuar así ". Ese chiflado dirá: "A mí me gusta ser m oral" . Pero ahí todo est á perdido; le respon-

q ue te gus ta. Actúas por tu felicidad, por tu amor de ti. Actúas

de tal forma que impones que la condición de que una acc ión

sea m ora l es que sea desagradable. Magritt e, ése es el humor de

es excesivo, tal y como lo ha

menciona do Jorge Alemán, decir sigu iendo a Lacan que en Kan t

el dolor es el criterio de lo verdaderamente moral. Es por eso que Kant se burla de los que hacen las cosas por amor. Con esto tenemos casi todo el capítulo uno de la Critica de la

razón práctica.

la Crítica de la razónpráctica . Y no

on el segundo capítulo, Kan t mues tra que no h ay ob jeto , se- úala de qué mane ra no hay objeto. En el te rcero estu dia los mo- uves de la acción , y todo 10 q ue está re lacionado con los senti - mie nt os. Así por ejemplo, Kant no tien e ninguna confianza en ac tuar por simpatía. Dice: " Es muy hermoso hace r el bien a los

hombres por amor , por benevolencia compasiva, o ser

justo por

nrnur al orden, pero esa no es la verdadera máxima de la moral. ltsro es so lam ente ponerse por encima de la humanidad por un

según n uestro propio

placer" .

o

rg ullo il usorio y actuar si mplem ente

Todo este texto, tan famoso, se dir ige al deber, al q ue llama

" nomb re su blime y ma gnífi co" . Y sig ue : "Tú que

('11 t i nad a agradable" . Ahí en contram os algo d el obj eto con el

runl te nem os relación: el deber magnífico que no cont iene n ada

ng rudabl e. No solamente se t ra ta d e la fe licidad en e l ma l -a e rna conocido-; la cues tió n es la infelicidad en el bien. 0,

d icho de otro modo , se trat a del mal estar en el bien. Así, si te

gns tu, si l e complace, si te sa tisface, eso no es el bi en. ¡El bi en

l l ' huce mal! Y ahí no fuerzo la interpreta ción. Vayan si no a ver lo que Kant dice.

esta presentaci ón que estoy h aciend o para llegar

hus tu uste des perciben algo de la conexión qu e hay de Kant con

Sude. En este

prin cipio de la m or al idad ma temática, que t iene

I U Ill O t riterio sentimenta l obligatorio el do lor y el malestar, q ui- 11\ nu hay a una tota l sim patía po r la hum an idad. Más bi en se mun de dividir al Ot ro a partir de este en unciad o, a la altu ra

no contienes

N o sé si con

del cual nunca estará nad ie. ll'obre humanidad! Qui zá entien-

e n su Opus postumum, y lo

ha ce con un gusto extra ordina ri o, que D ios es un ser Que ti ene únicame nte derechos y n ingú n deber.

da n ustedes por qué Kant su braya

B sta present ación que hago de Kant no es ficticia ni exag e-

rada ; está mu y cerca del texto. La he confirma do gracias altra-

bajo que me he tomado

estos dí as para pre parar es te semina -

r io . Lo he con firm ad o de u na man era q ue a m í m ism o me ha

ap lastad o, me ha confundido . En efecto, esa confirmación qu e en con tré me chocó. Y, realment e, ies pa ra no cree rlo!

En el pr imer capítu lo de la Critica de la

razón pr áctica, en el

y dicie ndo: "iEs eso!" O suponer que en el momento en Que for- mula su impe rat ivo categórico, eso le vuelve. ¿y cu ál es el lema de la sexta sát ira de J uvenal ? Es el de sabe r si un hom bre se de be casar o no. To da la sá tira, de setecientos versos. está dedicada a demostrar que ja más hay que casarse, que eso es algo q ue produce un dolo r te rr ible. Es la demostra- ción, caso por caso, de que no hay Que casars e nunca con un a muj er. Es la sáti ra por excelenci a de la ét ica del solte ro.

En la demost ració n, cua ndo acuden esas fór mulas, qu e Kant

transfo rma un poco , no hay amb igüedad. En el Opus pos!umum

cita de nuevo este verso, y m ás ext ensamente, lo q ue m e ha per- m i tido e n co n t rar la re f ere ncia . E n rea l i da d , e n l a t ín dic e: l/ oc '/'0 /0, hocjubeo, "qu iero esto, ord eno esto". ¿Yen qué momento apa recen ? Cua ndo está refir iendo los per juicios que un a mu jer

¡(.

comentario in mediato qu e hace Kant de su fórm ula del impe-

casada

le puede hac er a un hombre. Ahí se describe, por dec ir-

ra ti vo categ órico, hay cu atro palab ras en lat ín Que te rmina n el

lo así,

al tira no feme nino. Es el tira no femeni no que

d ice:

primer come ntario: "C para considerar esa ley como dad a, sin

)

cae r en falsa inte rpretación, hay que notar b ien qu e ella no es

un hecho empírico, sino el único he cho d e la ra zón pura C,

)".

Este enunciado es un nexo. "C la cua l se a nu ncia por él como originariamente legisladora ". Y, entre paréntesis, hay cuatro pa -

lab ras: Sic voto; sicjubeo; "así lo qui ero, así lo ord eno". Ah í el

imperati vo ca tegór ico to ma la pa labra pa ra dec ir: "Esta

legislación : así lo quiero, así lo orde no". Cuatro pa labras en latí n

sin refere ncia alguna. Desde m is tiemp os de estu dia nte en Vicennes, no sabía si era

u na fórmu la, o de d ónde h ab ía sacado Kant est as cua t ro pa la- bras. Cr eía que era un a fórmula jurí dica de la Rom a antigua. Pu es no, no viene de lo jurídico. Estas palabras, sic ualo, sicivbeo, "así 10 quiero, así 10 ordeno", que son como la ex presión mi s- ma de la gloria del imperati vo categór ico, provienen del escr i-

tor sat írico ro mano Ju venal. Esto lo encontré ha ce tr es días.

lo e ncontré justo antes de salir de Pa rís. y par esa le ped í a Ju di th

en Barcelona que me comprara una edición en castella no de las sá tira s de J uvena l, para ver de dónde sacó Kant esas c ua tro pa- labras en latín. Pu es bien, vienen de la sát ira nu m ero VI . Esa sá tira es la más larga de tod as las de J uvenal. He mos de rep re- sentarnos a nu estro Kant leyendo a J uvenal, enc on trundo esto

Y

)

es la

"ltjuiero esto!" ¿y qué qu iere? Es en este pu nto d ond e Kant

encon tré la voz del deber. Es en

S:I, d irigiéndose al ma rido, le dice: "¡Orde n a cruc ificar a este

escla vo!" Esto es com o la cr uz de la

mar ido resp onde: " ¿A este escla vo? ¿Por qué crimen merece tal

test igos hay? ¿Quién lo ha d ela tad o? Oye, si se

t(;lla de la vida d e un hombre, no hay reflexi ón q ue resulte ex- ccsiva". Es decir que ese hombre habla tal como se supondría

que él m ismo, Kant, hablaría : recordando que hay que realizar un juicio razonable. Pero no es así, antes al contrario: ¡Kant se

e n la pa lab ra de la mu je r! Reconoce la voz del d eber

tirá nico en la voz de la m ujer. "Il.occl ---di ce la se ñora-c- Hoco!

( l )e manera qu e un esclavo es un hom bre? No ha hecho nad a, eh- acuerdo, pero lo quiero y 10 orde no . Si rva como razón mi voluntad ". Y es en es te momento Que, con toda certeza, Kant encuentra la voz de l deber.

reconoce

suplicio? ¿Qué

experiencia. Y e ntonc es el

el momen to en el que la espc-

1

DRAMA

~ ueo-AI'inMili,,, Par, continuar este semi nario,

que esta maña na he t itu lado "La cen con Kant", tendremos la

oport un idad de escu char tres pon e ncias . La de B ebe T izio, ti-

m iada " N udos"; la de Anton i Vicens, t itu lada

"X o sabe r qué

1>

NUDOS

(::) 1te m a de estas P r imeras Jorn adas de la ECFR nos revela tudn su pe rti nencia, p ues en este mom ento inaugural nos ha ce

recorrer, a través de la s pregun tas, u n camino de d iscursos a n- rcr lorcs al psicoanális is. En el texto central de refe rencia, "Te-

hace r; pode r no saber; no estar a t iempo"; y la de Eu genio Cas -

levisl ón",'

Lacan da u na

perspectiva h istór ica elaborada d esde

tro, "Newton y las psicosis tr inita rias". Tanto Hebe T izio como Antoni Vicens se centran en las tres preguntas, la primera ofre-

uuu hi storiografía del corte que hace su fu ndamento del discur- M I y a bre al fu turo con las respuestas que se elabo ra n desde el

ciendo u n recorrido h istórico por ellas, ha sta la época conte m-

di

scurso analítico. Ese futu ro es hoy nuestro prese nte, y la t rans-

porá nea y el segundo vinc uland o las tres pregun tas con tres

Ic

rcnci a de tr abajo tom a el relevo de relanzar las preguntas en

concep tos psícoanalüícos.

el

ma rco de la Escuela .

Para en marca r su escucha, presenta ré, a modo de panora ma

o de guión, los pasos de ambas pone ncias. En la de Hebe T iaío,

nom b re prop io. El p rim er nom -

bre es el de Agostino; no se trat a d e sa n Agu stí n, sino de un

Agost ino danés, Agustino de D aci a, un monje domin ico del

cada p a so es tá m arcad o

por un

si-

1>

'-.f) 1tít ulo escogi do, " N udos", in tent a pone r de m anifiesto la

uruc ulaci én de las me nc ionadas pregun tas en el d iscurso qu e

III S so st ie n e . Si las preg u nta s r es u enan d esde me d iados d e l 12 00

glo XIII. El segund o pa so está ma rcado po r Lutero, qu e tam-

y

IIc\,;1O las marcas de la Reforma con Lu tero, de la entrada

en

bién se preocupó por esas tres preguntas. Y el tercer paso es

In

mode rn id ad de las Lu ces con Kant y de los mass-media y las

el de Kant , quien se refiere varia s veces a estas tres pregun -

ló~ icas d e h omo g enizaci ó n y s eg rega c i ón co n L ac en , e s p orq ue ¡'

las. Y, fina lm ent e, Lacan, que se pronu ncia ta mbién sobre las

Im ll interrogant es fund a menta les qu e hace n a l marco de la

in-

tres pregu nt as. Estos son los c ua tro capít u los de la

ponen cia

tc rpreraci ón explor ando sus lí mi tes. Las pregunt as tiene n

así

de H ebe T izio.

puternidad d iscu rsiva y fec ha d e producción en u n ent ram ado

Respecto a la pon encia de Anton i Vicen s, diré qu e rel aciona

d

t' é poca ligad o a los ava ta res de

la cie nci a, y

las respuestas

la prime ra pregunta, u¿Qué deb o hace r?", con la

var tan según el cambio de razón.

l a

in hib ición . L a

pregu nt a " ¿Q ué pu edo sab er ?",

c uestión de la vin cula a

lo

que produce la represión, es d ecir, al retorno de lo reprimi-

 

do y, por t ant o, al sín toma. Y

"¿Qué me es tá permit ido es pera r?" -

refi ere la te rcera pregu nta-

a la esp era como d istin-

ts os tino de D acia fue un dominico, m uerto e n 1282, de

or igen escand inavo, q ue p ubl ica alrededo r de 1260 una obra de

la de

la

espe ra nza, y le d a el no mb re d e la a ngus tia. D e tal

l

t'111i1lolia p ara u so de lo s "s i mples" . H a y q ue r e c or d

a r qu e es

u n

ma ne ra qu e en su ponencia expone la vincul ación de las tres

mo mento h is tórico don de comienza a extenderse u na nueva

ci-

pregun tas kantianas con " Inh ibic ión, síntoma y a ng ustia". el

ar

tícu lo de Fre ud.

vüización ur bana apoyada en el traba jo del metal que da au ge

l u u nillc r ¡ a, a l c a ñó n, y a l re l o j m ec énico . t E s un m om ent o de

la

1 ons olidacíón de la ll am ada bu rguesía me dieva l y, si bien

11

i

'

Ilk'sin tiene máximo poder, " pa ra la hi storia de la s id eas, es la

p

um cru fase ha cia un a sec ula rizació n del pensa m ie nt o (

)".

I,

li S un iversidades son la forma instituc ion al de es te proceso.

Surgen ordenes me nd ica ntes como los domíni cos dedicado s a

pred icar. En este contexto se ubi ca mues tra referencia.' El re su men del prime r capítu lo introd uctorio a la ciencia teo lógica, Agostino lo hace con un d ístico do nde se fi ja la doc-

tri na relativa al sentido de las Escritu ras, tal como a test igua la

L uba c e n su Ex égi se m éd íéoale' y que

e

pue do t ransc ribi r g raci as a la t radu cción que me faci litó

E ugen io Ca st ro.

rud ición d e Henr í d e

La letra enseña fos hechos, lo quese ha de creer la alegoría. La morallo que seha de hacer, loque ha de esperarse la anagogia.

:;

i

11'

II¡ii'

.,

I

,'1': i:

La exégesis cr istiana, en su pasaje d e la letra a l espíritu, res-

pond e con lo s t res a spec tos de Cr is to: C risto co mo logos, ve rda -

dera exéges is que se

ética del sacrificio y Cristo com o es peran za viva en la resurrec- ció n. El nu do del sent ido o ma rco de la inte rp retació n art icula

el

el senti do espi ritual (Nuevo Testamento), que admite tres di-

visione s: el sentido alegórico, que se refiere al co nt en ido de la an tigua Ley qu e prefiguraba la nueva y es el lugar de la cree n-

cia, el se nt ido moral , según el cual lo que

de C risto es signo de lo que se debe hacer, y e! sentido a nagóg ico,

q ue signi fica lo q ue hay e n la gloria y la espera nza del alm a. Lo

q ue opera como pun to de ca pitó n es la infali bilida d de l Pa pa, qu e funciona como ga ra nte por de legació n divina insp irada por el Espírit u Santo, y la Iglesia, q ue funciona com o c ustodi a del sentido revelado . La teología en ese mo mento tiene un cierto int e ré s ci ent ífico. En el horizon te de la époc a se halla Roger Bacon y su p reocu- pación por los errores del conocimiento cien tí fico. Bacon pos-

revela; Cristo como exégesis e n acto co n la

sent ido litera l o histórico (remite al Anti guo T estamento) y

es he cho e n no mb re

t

ula la necesidad de la experiencia y man ipulaci ón de la na tu-

r

aleza.

/] n el siglo XVI, las ci udades alemanas se h all an en pleno des arrollo; los mercade res de l d inero acum ula n y, como señ ala Lucie n Fe bvre en su ya clásico estudio sobre Lutero,' es un mo- mento de gran poder eco nómico pero de debil id ad políti ca.

Pur a M art í n L utero , el fun dam ento d e 1:1S c reencia s s ólo so n

por ellas el ho m bre se com unica co n Dios. Si form ación, compart e en sus comienzos la teo-

cuatro sent id os de la Esc rit ura, progres iva me nte se

el tropológico-exist enci al de referenci a exegético es las circuns tancias co ncre-

el literal-cr istológi co y en

las Esc ri t ur as, y

hicn Lu tero, por

r ía de los

cen tra e n

del creyente. D e este

m od o el punto

C r isto, y la tas de ca da

D ios h izo al mundo y el hom bre debe cu mplir co n su la bor mi entras d ure su paso por la t ie rra. El princi pio de la ét ica pro. resta nte se const ruye como un e log io a l traba jo de la b u rguesía.

El hombre debe

usar de los bie nes con Iranquilidad : "Q ue use

íos d ones del Pad re con toda serenid ad. Pero q ue esté liSIO, siem- pre, para de sp renderse d e ell os".' El c ristiano goza de Dios, se dej a pen etrar p a sivamente

lectu ra es la ap licaci ó n a lector .

(pamvc, m ur mulier ad conceptumí. pe ro este gozo lo lle va a la

acci ón, utiliza a Dios de spués de fruir de él. Por eso el hombre Iln se pu ede detener, pues la meta está despu és de la mue rt e. Para Lutero la fe es el recon oc imien to de la justi cia de D ios,

)' la mo ral es fru to de la fe y no de una volu n tad h uman a. La

voluntad humana es prisio ne ra d el ma l, y necesita

se r rrans for-

mu da por el Espíritu para pasar de q ue rer el ma l a q ue rer el bi en . En el Sem ina rio La ética del psicoanálisis, La can habla de

los té rminos que ut iliza Lut e ro y los defi ne como m ás ana líti-

¡' li S que los de la fe nomenolog ía mo derna, ya que lle van hasta

~ Il s últ i ma s conse c

ue nci as e l e xil io d el h omb r e e n re la c ió n a l

bien: "So n ustedes el desecho q ue cae a l mun do por el an o de l

diuhlu ", Lu tero dixit .

l_

::1'

~.

La traducción y la len gua so n fundam entales, com o en la t ra-

d ic ión ex egética: "Se pe rcibe con m ucha clar idad q ue es a par-

m i traducción y de m i alemán como están ap rend iend o a

Iir de

hnblu r y a escribir en al emán ; m e está n roband o es te idioma 11 1 fu, d el qu e ig no raban c as i todo a ntes. Sin embargo, no me lo

\\

ng tndecc n, sino q ue 10 usan com o VII q ue me halaga haber e ns eñado

a r ma c ontra m í. S e l o tol ero, a habl ar a m is discípulos in-

1;

MIuros y a demás ene migos".' I.ureru establece así la relación e ntre la lcnguu del pu eb lo y la I t 'n¡.lllll d e 1:1 can ci lle ría sajona .

 

Par a Lu tero, las Escri turas son claras; esa claridad e s la clari-

l .a ñlos o ña es así la re lación entre el usn pu ro d e la razón y

ad d e Dios que se refleja en Cristo. El dogma es la máxim a con- cent ración de la cla ridad que se focaliza en la encarnación, el

d

los fines d e la raz ón h uma na an uda dos po r las cuatro pre gu n- las. A la p rime ra cuestió n responde la m etafísica, a la segu nda

sac rific io y la resurre cción d e Cristo. La s Escritura s son acce-

la mora l, a la tercera la religión y a la c ua rta la a ntropología.

s

ibles sólo a qu ien se d ej a g uiar por ell as, y es el co noci m iento

El conoc im ien to esté sometido a la intuición emp írica y est e

d

ogmát ico el que indepe nd iza al homb re " El saber en qu e pie nsa Lu tero es, p ues,

gu iado por la fe. un conoc imien to que

es su lí m ite, de ahí q ue sólo pueda conocerse el fenómeno. Por estil a pri mera p regun ta kantiana se re fiere a las co ndiciones de

p

recede a cu alquier o b ra r, u n conoc im iento q ue no surge d e la

posibi lida d d el co noc imien to. La seg u nda pregun ta se re fiere

ex per ie ncia, si no un conocim iento posi tivo d el c ual el homb re

,. la mo ralidad d e la acción . El u nive rsa l de la étic a kantia na

comprenderá correctamente las expe rienc ias que hiciere. El re-

conocimiento d e la vo luntad no es libre, de struye esa naturali-

hombre der iva d el ' tu debes' el 'yo p uedo', y hace

que el ho mb re comience po r pr egunt ar d ónde está el puente qu e

cond uce d el d eber al hacer ",'

dad con q ue el

Ese p uente es la fe. Para Lutero se anudan escri tu ra, pa labra y

clases d e palabras: los precep tos y las

fe. La Escritu ra tiene dos

d ibu ja u n ' para lodos' como impe rativo q ue se ña la el inicio del borramíen ro d e la particularidad y, co mo ha señalado I acques-

la modern id ad . Para

Ala in M ill e r, es un a ma rca ina ugura l d e

l .acan, la m áx ima kantiana sometida a la pru eba de l uni versal

ue l o r e a l se t o m e las d e

villad iego Es inter e sante tomar en cuenta ta mb ién la cuart a pregunta de

es la

me jo r

mane r a d e

u

h a ce r

q

p

rom esas. Los p recep tos muestran 10 que deb e hacerse , pero no

Kant, ya qu e señala que "lo p rop io del homb re es elabo rar con

d

an la fortaleza para h acerlo. La s promesas dan al hombre lo que

libe rtad lo que él mismo puede hacer". De esto se ocupa la an-

el ma ndamiento exige si hay fe. (La libe rtad del cristiano). Para señal ar el hori zo nt e científico d e la época baste re corda r que Lu ter o es contem po ráneo de la revo luci ón copemica na, y la relación di recta d el homb re con las Escr ituras no sól o

qu e

d evien e posi ble por la fe sino ta mbién por la revolu ción tecno- lógica q ue trae la imp ren ta, que pos ib ilita la de fi nición mo de r-

na del libro a l que todos pued en acced er.

li

It' I

r~amosa Ka nt. L a s t re s pr egu n t as qu e se fo rm ula n e n l a Critica son cu at ro e n l a Carlaa Srau dlin de l 4 de m ayo d e 1793 9 ye n la Lógica 10 : " Una fil osofía, en esta últ im a significaci ón (se- gún el concepto uni ve rs al d e ra zón), es la cie ncia d e la rel a- ción en tre todo conoci mi e nto y todo uso de la r azón , por u na pa rte, y el fin fin al de la r azón hum ana, por otra, fin a l cual los o tros están subord inad os como al fin supre mo y e n el que

d eben un ificarse . El campo de la filosofía en est a signi ficaci ón pued e redu cir se a las preguntas sigu ien tes: ¿Qu é puedo saber? ¿Q ué d ebo hacer? ¿Qué me está per mi tido espe rar? ¿Qué es el hom br e?".

m

tropologí a. Es en

laA nlropologíall d onde a parece u n capí tulo so-

b rc el eg o ísmo y su s

y del inte r é s p ráct ico. Kan t tie n e en cuenta los hec hos d e lengua je: " Desde el dí a que el hom b re e mpieza a expresarse di cie nd o yo, saca a relu cir su

q ue rid o yo all í d on d e puede, y el ego ísmo pro gresa incesan te-

men te"."

El ego ís t a lógico es el qu e c ree inn ec es ario con tr as ta r el p ro-

pio ju icio , como s i

tendi mi en to d e lo s d emás. El egoísta es té tico es al q ue le basta

MI pro pi o

m ismo b a sá nd ose en

Hay tam b ién en Kant otro ra sgo de m ode rn id ad: "Al egoís mo sólopued e opon érsele el plu rali smo, esto es, aqu el modo de pen- xnr que co ns iste e n no cons iderarse ni cond ucirse como ence- nu nd o en el p ropio yo el mundo en te ro, sino com o un simple ciudadano del mun do . Esto es lo que pertenece sobre este asu nto

a rrogancias de l en te nd imi e n to, del gusto

no necesitara de la pied ra d e toqu e d el en-

g usto y el egoíst a mo ra l red uce todos los fi nes a sí

el p rovecho y no en el d eber.

u 1.1An tr opologta''." Cua ndo Lacan se refiere a Kant , lo hace toma ndo en cue nta dist in tos n iveles. Por un a parte, ubica el fant a sma kantiano d e

m

la "cogítatura" y lo relaciona con el choqu e newtoniano que "lo- gró arr ancar una pizca de lo real". Por otra, señala que el recurso prop uesto po r Kant surge en el mo ment o en qu e ya no hay ni n- gu na idea de cómo trazar el ca mino ha cia el bien . Sin emba r- go, los efectos de ese d iscur so ll evaron a que se descubrieran los hechos de l inconsciente.

"

¡'I',

l'

~ rael d iscurso religioso, la razón exegética es C risto, aunque se polemice sobre la Iglesia y la in terpretación de la Es-

crit ura. Pa ra Kant se trata, como se ha señalado, de la relación

filosó fica ent re el uso puro d e la

human a qu e se encarnan en las cu atro preguntas qu e resu en an

en el horizonte d e la Lu ces. Pa ra Lacan la razón es de d iscurso :

"( d isc u

discu rso, y siempre por el discu rso, por lo que padece esa cosa

que in te ntamos man ipu lar en el análisis"." Lec an recibe las p regu ntas e n "Televisi ón" y la lógica d el

bio d e d iscur so hace que ponga en primer plano el punto en el

que el di scurso no responde.

Lo que atraj o mi int erés es que L acan ub ica de di feren te ma- nera las preg un tas. La pr imera la re fiere al discurs o analí tico, que no admite la pregunta sob re qué pu edo saber porq ue t iene

la respu esta e n su ponerlo com o

trad uce la pregunta y la refo rm ula: "¿Qué puede de ahí decir-

se, d el saber que existe para nosotros en el inconsciente, sino

qu e

únicamente un d iscurso art icu la? ¿Qué puede decirse d e

que lo real nos llega por ese di scurso?"." La segun da pregunta se la pla ntea a mismo, y respon de : "Le

que hago es extraer de mi práctica la ética del Bien-decir , que ya he acentu ado"YY agrega que la ética es relativa al discurso, por lo que esta étic a del Bien- decir sólo prospera en el di scur so ana lítico. La t erce ra pregunta trae otra inversión , ya qu e Lacan la escu - cha como viniendo del otro. En la respuesta, Lacen reco rre los discursos ant eriores, hace la diferencia con el discu rso religio- so, pasa por Kan t, pu es lo remi te a 10 estético, espere lo qu e le

razón y los fines d e la razón

) la enseñanza que hago para abrirle paso al analista en el

r so mi smo qu e 10 sopo rt a, si es que a caso ll ega a se r por el

cam-

s ujeto d el inconscie n te. Lacan

gusta (el place r y su más allá pu lslonal), para p recisar que lo que puede prometer el discu rso analítico es elucidar el inconsciente.

de Daci a, como Lut ero,

Kan t y L acan ub ican l os hech os de lengua je . L as d i ferentes puestas exploran condiciones de posibilidad, límites, en un mo-

men to histórico determi nado . Lacen ubica el lími te a través de u n materna , el A barrad o, y pr ecisa lo qu e prod uce el d iscurso, In qu e cae como resto, el o bjeto a. Las di ferentes respuestas tocan momentos d e cambio de dis -

son a tr avesa da s por el d isc ur so de la c iencia. Re cord é-

mos la revolución tecnológica de la imprent a, el "efecto des- orientador de la física newtc niana" y su impacto en los discursos de su época. En "T ele visi ón" L acan habla del aluniz aje corno emergencia de un rea l y de cómo "l a cienc ia y la po lítica arrin - cunan al hombre alunado

El momento en que La ca n da su s respuestas tamb ién es un mom ento de cambio en su en seña nza: el mo mento en que defi- nclns dos vertientes del lengua je, presenta el inconsciente como

int rod uce el nu d o, que no es

nuuc matizable. Como di ce I acques-Alaí n M ilIer en s u curso

1.'extxriencedu réel dans la cureanabtique,lI Laca n ensaya, mos-

tr ando con el nudo, la posibilid ad de una vía d ife rente a la de deci r lo verda dero sobre lo real, mostrar lo real y sus art icula- clo nes d isti nt as a la d el significante y del sign ificado.

En "La te rcera"," texto de 1974, Lacan precisa que "el sent i- do del síntoma depende d el porvenir de lo real". El ad vcnimien-

lo de lo real no depende del analista;

puede desbocarse con el apoyo del d iscurso de la cienc ia y que

M' ant icipa en la ciencia ficc ión. En este texto, La cen ret oma las pregun tas de "Televisión" con litro horizonte de lo real , con los efectos de la biología colabo- mudo en " la apat ía del b ien universal", para su plir "la ausen- rin de la relación que dij e imposible pura siempre con la con-

ngrcgu: " E ,~ de ve ras c ur i oso

se t rat a de un real qu e

cadenas de gozo sen ti do e

c u rso y

res-

G:mo hemos visto, t an to Agustino

[un ci ón d e K ant con S ud e (

)" y

quchuynmos llega do 11 e xfn, Nuporqiu- y o con side re , d esde l ue - Iotu, q ue la re, la cspcmn zn y In ¡'ull dlld «eun 1m primeros stmo-

m

1,

mas que ha ya q ue sen tar en el ba nquillo. N o son ma los sínto-

mas pero. en fin, promu even de lo mejor la neurosis universal

o sea el que, a fin de cuentas, las cosas no and en tan mal y que

estemos t odos sometidos al principio de realidad, esto es, al fantasma . Pero bu eno, de lodos modos ahí está la iglesia vigi-

lante y una racionalización delirante como la de Kant es preci- samente lo qu e ella tapona"." De la vida sabemos lo que la ciencia nos induce, y en la molé- cula del ADN Lacan ve la primera imagen de un nudo "Si algo

d ebiera lla marn os la

percatarnos d e que algo en lo

real - y no cu alquier cosa: la vida

misma- se es tru ctu ra como un nudo" ."

Lacan finaliza su conferencia poniendo en n uestras manos el

nudo; algo qu e. si lo podemos leer, sería tan útil como la sim- ple distinció n en tre real, simbólico e imagina rio y Que permi te cernir el objeto a. En su Seminario X X /, n Lacan vuelve a to mar las preguntas

ico res ide en el n ud o, "l o Qu e

Kant

rechazó de antemano de n uestra ética. a saber. que nada

ka nt ia nas y p recisa q ue lo pa tét

at ención es q ue hayamos tarda d o ta n to en

de lo que pade zcamos puede di rigirnos a nuestro bien".

l .

j . l .a c a n, "Telev is i ón" en Psicoanálisis. RaJi ofiJllÍu & Tc/a

eclona, An agramn, 1980.

isión

, Bar-

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pp.79-80. Se puede consultar J. Le Goff, Lesintelecll.ales enla Edad Media, Gedisa,1990.

-l.

~.

(,.

7,

11 .

')

11. d e L ub ac , Éx igtse midiévale , Aub ier , París, 1979, p.23.

I

Febvre

, Martín Lutero; un desuno, FC E, México, 1992.

Op.cil., p.1 59.

M . Lute ro, La cauli

tación a la paz, Or bis, Barcelona , 1985, p. 176.

\1 . L u te ro , Obras , P a i dó s,

E. Kant , Correspondance, Ga ll ima rd, Parí s, 1986. C e. carta 322

(574).Se puedeconsultar L. Go1d mann, /nlroduclion a laphiwwphie

de Kant. G allimard, Pa rís, 1967.

,idadbabilónica.

La libertad del CrisIUuw. Exhor-

B u en os A ire s, 1974 , lo m o I V, p . 5 0 .

lO. S. Rábad e Romero, A. Ló pez hIolina, E. Pes q uero Franco, Kan t:

(2 vols.). C f. vol .

conoc imientoy racionalidad, C incel, Bogotá, 1988

1, p . 61.

11. j . Lacan, op. cit., p. 130.

12. E. Kant, A'ltropología, Alianza, M adrid, 1991.

I 4. Op. ci r., p . 13.

1-1 Op. cir., p.

19.

<

I~.j . L acen , RS / ,en Ornicar? (e n castell ano), Pe trel, Barcelona, 198 1, !.

 

,cuando las premoniciones de L aca n son realidades

p. 17.

y

nos aprestamos a cambiar de milenio, las respuestas analíti-

II!. Op. cil .,

p. 124-

cas a las cues tiones qu e dan tít ulo a estas J orn adas se

revelan

17, Op . ci l .,

p. 130.

cruci ales porque se juegan las condiciones m ismas de posibili- dad del psicoanálisis. Hoy, cuando la ciencia se em peña en re-

d ucir la falta de prop orción sexual, el ideal d el sabe r se equi- para al código genético manipulable, se abord an los síntomas atacando el real que encarn an por la vía de la identificación o de la fór mu la signi ficante del fá rmaco y la s po lít ica s

neolíberales legitiman

los procesos d e segregación, el d iscurso

analít ico con la ex perie ncia de l u no por u no es más q ue nun ca un elemento de subversión. Está en nuestras manos traba jar sus

nudos.

111 . j .-A. M iller , L ' B x p e r ien ce du r iel d ans l a c ure a nali ti que , Se minario

1998-1999, sesió n dcl 15/ 11!98. In édi to. 1'1. j .Le can, " La tercera", en /,¡tert:m cionay textos. Z,Mana ntial, Bu e- nos Aires, 1988.

lO. 0/1. lil ., p . 94.

2 1. 01' . crz., p . 104.

},l . J. Lacan, LeJ nU1l.Jupes, (Se minario XXI. 1973- 1974), 23/ 4/1974.

Inédito.

NDTAB

SABER oUÉ !R, PODER N O !R , NO ESTAR 1 TIEMPO

J : arlimos de la

posibilidad de esta blecer un plan o de dis-

cusión en tre F reu d y Kant , ha llarem os q ue no sola men te pode -

mos intentar

una corres pondencia entre las tres preg untas

kan tianas y la tríada freu di ana de síntoma, inhibición y angus-

tia. En efecto, en ambo s casos las tres posiciones epis t émica, éti-

J

_

ca

y ex per ienci a] nos rem iten a un ún ico fu ndamento. Si, por

su parte, Kant hacía de la preg unta Was íu JeT Mensch? «¿Q ué es el hombre?" (tomando ahí " ho mbre " como tér mi no genéri-

co) el alfa y e l omeg a de toda filosofía, Freud encuen tra en el

com plejo de castración la pregun ta clínica última. /

é Qué debe hacer?

La inhib ición es una ausenci a de respuesta a la pregu nta "¿Qué

ebo h ace r ?" cua ndo se ha ce i mp os ible d a rs e u n a mo. E s e l ca so

d e la impotencia Jexual, en el cual la limitación de la fu nción

no p uede ser resuelta por la obediencia a n ingú n imperativo ca-

t eg ór ico. Y, e n d efin iti va , t oda i mpo te n c ia e s se x ual." E n tér-

minos Ireudía nos, en la inhibición, el yo evita entra r en con flicto

con el Ello o con el superyó, prese nta dos en "Inhi bición, sí nto- ma y angu stia" como sus amos pro pios. En efecto, el falo no pod ría obedecer a ning ún amo, puesto que él m ismo es significant e amo. En el fondo, la respuesta kantiana a la pregunta sobre lo que se debe hacer - "no debo hace r nada qu e atente contra la hu- man idad como un todo"- cont iene una defensa de la impoten - cia. Una filosofía de solterón, dice, en s u escrit o "Televisión", Lacan, quien sabía que los postulados u niversales del h umanis- mo valen de poco en una ca ma . Pero con ello queda a bierto el campo a un saber nuevo, el saber de la ciencia, no ta n incondi- cionad o como separado de u n discur so social. En efecto, los ilus-

posibili d ad es ofrecidas por la cie ncia, la

tra d os partí an de las

c ual, a la vez que

d

se

present a como exte ri or a to d o d iscurso,

reconstr uye un disc urso a par tir d e la posibilidad d e c reaci ón ma temática de l mun do.

('

Podem os conside rar el sínt om a como el refugio de un deseo; que ha renunciado a saber. La satisfacció n pulsíonal enc uentra

entonces interceptadas las vías d e su sat isfacción , pues el sabe r resig nado son esas mismas vías interceptadas, y la posibilidad

facili tada de una satisfacción sustitutiva." El yo halla ah í un

reforaamiento, es decir, una rea lidad que le acoge y le da más de lo qu e tien e. El síntoma, en efec to, vale como sostén de un deseo. As í el su jeto no sabrá, ni tam poco se que jará ni pedirá

otro goce, ni espera rá la transformación de su existencia en O tra cosa, si n o es tom ando el semb lante d el amor.

freudiana d el sínto m a se pod rá po ner en una histo-

ria, aque lla en la cual entrará de todo, excepto, si hemos de creer u F reud , la cas tración; la cu al es el final de la historia y, su ini- c¡o tam b ién, pero en otro escenario (el del dr ama, el de la co-

med ia). Pero justament e de ah í proven drá lo esencial del sm- turna: su respeto por la rel ación ca u sa l. Es p recisa mente busca ndo la relación con la ca usa cuando aparecen las razones

d

gustia n o apa rece causada(E) síntoma es

de la existencia de una relac ió n causa l respecto de algo Otro , absoluta men te heterogéneo. Por el sín toma , en su relación con lo. angustia de castración, el hom bre no es causa sui, ni su de seo d ese o pur~ T am bi én po r el sínto ma su saber e s e sa ca s tra- ción, inco mpeten cia para pensar la human idad como un todo

y reserva de un goce frente a un posible D ios eterno . La cas t ración es el horizonte de todo, la frontera den tro de la cual no ha ce falta res ponder a las cuestione s de la d ialécti ca tra nscende ntal kantiana : ni ide a del alma, ni idea del mun do, ni idea de Dios. A esos ideales, la castración los desna turaliza en sem blantes. En el síntoma se cercena el saber d e la experien- cia interior, de la experiencia exterior, y de todo lo que existe. Kant nos deja frente a un sabe r bien acot ado por la imposibili- dad de la psicología, de la cosmología y de la teología. Y gra- cias a ese acotamient o la ciencia amuebl a el mundo, tal como In hi stéri ca acota sus goces.

es

y, p or s u p a rte, la a n - la garantía freud ia na

,Qué

puedo no saber?

La razón

e la i n hi b ic ió n co mo poc o s us t ancio sas;

j;

 

A

t ravés de su relación con la castració n, el sín toma da tiem-

lo es

el d el sí ntoma. Busca

en tonces un ti e mpo ont ogén ico,

po a la angustia. des pu ésde ha cerla causa, muest ra las fases del

la

ñl og éníc c,

inap reh ensible

en la d imens ió n d el d ocu mento

desarrollo en lasq ue se desp liega esa causalidad. Y mientras que

archivable. La hipótesis freud ia na para hist cr izar la angustia parte de la

el

angusti a es desesperanz a, el sínto ma t iempo; t iemp o q ue pued e ser el d e

perm ite esperar algo en u na c ura an alítica , o el

considera ción de q ue és ta esta ría inscrita en el lengua je como

d e una posición de termi na d a en la di syunt iva en tr e vid a y

resto de goce histórico transmitido entre los m iembro s de la es-

muert e. Ese ti em po de poder no saber es también el de una política; tal como se expresa F reud, es la tende nciosidad de la

c amari lla que S~ a podera d e l os m e d i o s d e com un icación para

incl inar las opiniones

blica"'- y así reforzar su poder y su oposición al pod er estable-

cid o." El conflic to en el cua l co nsis te el síntoma tie ne pu es un

Freud de lo que Kant s up o nía de

la política como vía hacia la p az un iversal.

t ra ta mient o a lgo d istinto e n

de la masa -

"la soberana 'opini ón pú-

~ ti em po para esperar

Si no fuera por la ang ustia, nada d e esto se sosten d ría. La a n-

gustia de la segu nda tópica fre udi ana ---espera sin esperanza, exp ectativa, acech o de nada pues no está en el tiem po de lo que

pu ede esperar- es un amo sin rost ro; y no hay polí tica posible fren te a eil a, como no sea su transformación en síntoma. La an-

gusti a no está a tiempo, su tiempo no es existencial; el ún ico que se le puede da r es el de la castración, o el del síntoma.

ahí los esfuerzos freudianos para encontr ar u n am o de la

angusti a y para conferi rle un ti empo qu e la baga trat able. Pero siemp re para deja rnos en la ex pecta tiva de una explicación: sin

n ada que esperar; tal como n osotros estamos tam b ién si n un Freud que pueda advenir.

De

La angustia es la a poría que nos indica que para ser freudi an os

a ngust ia, e l signo; no el se nt ido,

p ues éste es sínto ma y, po r lo tanto, goce en el tiem po,

P ~ '! h istorizado. E l signo entonc es pue de vale rnos en dos dimension es: como

causa del síntoma; y como tiempo del amor y de la tran sferen cia. Lo que F reud nos present a en "I nhibic ión, síntoma y angus-

un t iempo a la ang ust ia; y la

certeza de F reud es que ese tiempo no puede ser hist órico, corno

sólo podemos es pe rar, de la

¡

t ia" son sus esfuerzos por conferi r

pecie. O b ien el acto del na cimiento sería la ma triz d e la histo- ria; pero entonces hay que ir más allá de las trivialidades de Stcckel. La crítica de F reud a Steckel parte del hecho de que el

naci miento no

hist érico." En efect o, el sujeto no experiment a el nacimiento '

re a l. del c ua l pod rá lue go, con sue rt e , hao,

ccrse un concepto e n el tiempo. Si la angustia es revíviscencia de algo, es de esa separación real; es, por tan to, au sencia d e con-

cep to. N o es

cién en el tiempo. No hay metáfora posible del nacimient o. Lo ún ico q ue eq uivale a la a ngustia, si to mamos el na cimien- ltJ como sep araci ón, es el amor. Sólo en esa d imen sión - tam- hién ahis tórica: "¿¡)ó nde estabas, a ntes de que le conociera?", dic e el amante- se tr aslada a la historia de l su jeto la separa- ción. Es L acan quien nos enseñ a a leer esa vía freudi ana , cuan- do destaca qu e, en su di scurso, "La muerte, es el amor"." El propio Freud busca convencernos y convencerse con su his-

rorfu de la angusti a, situándola e n relació n con los peligros del ser humano: inmad urez del yo al comienzo de la existencia, falla

de nutonom fa del be bé, amenaza de castr ación más tarde, has- ta que se presen ta el supery ó." Sin embargo, como no se le es- cupa al pro pio Freud, esta lista discordante no hace hi storia, si no es para introd uci r la castraci ón como m odo de reordenar los fenómenos cltnícos." Los pasos Que habría n de seguir lógica- ment e - sólo esbozados en un par de alusiones en "Inhibició n, stmoma y angustiav-c- serán introducir la sexualidad feme ni- na con la castración como pérdida de amo r, y desplazar la cas- unción u la mudr e." ( ) bicn;s¡ la histori a de los pe ligro s del ind ividuo no determi-

de la angust ia, podremos acudir a

na In his to ria d el d esa rrollo

peli gros e n l os q ue s e h a lló la h u m anidad ,

como el d e su desa parición duranle las glaciaciones. Pero lo im-

co rno ta l ; es un hecho

puede ser tom ado por

el sujeto como un hecho

un aconte ci miento, lo q ue i m p lica ría su i n sc rip-

111

s u ces ión d e l os

m

port ant e aq uí es que, gracia s a tod os esos peligros, se pue de

presen tar la a ngustia como ex pect ati va, como E rwarlung. J1 La

es angustia Qnle algo, algo indeterm inado y ausent e; es a nte un vacío que el conce pto d~~ i!!50permitirá tra-

du cir con los semblantes de la precaución: el de la pre-visión, i' 'el de la pr o-vocaci ón. Añadamos a es ta alusión a la mirada y a

la voz, para com pletar los cuat ro semblantes de l fut uro del sín-

t o ma, de lo q u e no t ie ne ros tr o - el obje t o Q - las figu r as d el

.a ngustla I an gust ia

vampiro y d el avaro.

»c:

Asl p ues, en "In hi bición, síntoma y angusti a", Freud se mano tie ne d en t ro d e los lí mi tes de la s pregun t as kanti an as; a unque , ciertamente, su manera de plant earlas es radical. Y a lo largo de todo este ar tículo subyace a ellas t ambién la cuarta preg un-

e s e l h o mb re ? Y l a r e s p u est a

., freud iana es también aquí radical: lo hu mano es la cast ración. Fue con el fin de d ar respu esta a esa pregunta que Freud había

escrito an teriorm ente su fan ta sía ant ropológica:' "Tóte m y

presen tada como el paso de la

prehi sto ria a la h istoria, como la en trada del signo en el sent i-

s t ia se permite u n a

'"

" . f ta : Was íst. der Mensc ñ? ¿Q u é

ta bú", d ond e la castraci ón es

,4~'T a mb ién

e s e l pa so e n e l c ua l l a a ng síntom a, en el ti emp o.

u

traducción al

Con "T ótem y tabú", Freud pu ede referir tod a inhibición, todo

síntoma y cu alquier angus tia a la castr ación , a un

y a u na ve rdad antropo lógica. Noso tros pa rti mos

otras expe rien cias. Con la e nseñanza d e Laca n, el pla nt eamient o

de lo un iversal humano nos lleva po r e jemplo a la cuestión del goce fem en ino, que no puede ser t rat ado sólo desde la excep-

ción y q ue, por lo tan to, escapa al im pera tivo categórico. Por su

parte,

es reprim ido el nombre de F reu d; pero F reud sabía que, en

la tra nsmisión.

las insti t uciones freudianas realizan un mito en el cual

signo cien o de eso, y de

aque l estado d e las cosas, este era el precio d e

De otro lado, la psicosis, con Lacan , nos enseña que no todo del síntoma proviene de la amenaza de la cast ración. Por todo esto nuestra pregu nta ya no es "¿Qué es el ho mbre?", pues Lacan la 1 transformó en : "¿Qué es el sinl·home?" . Ente ndamos esa condeno

l:I

del sa nto-homb re, el sín toma , la la posición del an alista com o "ser

don de co n ve rgen hoy el saber, e l ha cer y el

esperar. Así las cosas, nuestra pregu nta actual es entonces: ¿Qué discu rso somos ca paces de hacer con los signos del goce?

u n sa n to". Ahi es

saet ón signi fica nte como la hum an ida d como síntoma y

23.

) la función yoica d e un órgano se deteriora cuand o aumenta su e roge n idad, su significación sexual." S. Freud,"Inhibición, srn- loma y angu stia", en O. C. Bu enos Air es" Amorron u, 1976, p . 85 .

u NOTAS

24

(

) el síntoma es indicio y sust it uto de una satisfacción pulsional

interceptad a (

)", /bid. , p. 87.

25.

"Su pon gamos q ue en u n Estado cie rta camarilla reine geuruse Clique] qui siera defenderse de una medida cuya adopción respon-

diera a la s inclinaciones de la

dera de la prensa y por medio de ella trabaja la soberana "opinión pública" hasta conseguir q ue se intercepte la decisión planteada.n

/bid., p. 88.

masa. En tonces esa min oría se apo-

2ll. " (

liga

) estamos tentados de suponer que es un facto r histórico el que con firmeza ent r e sí las sensaciones e inervaciones de la an o

gustia. (

) Pero con ello no hemos aseverado nada q ue pudiera

posición excepcional entr e los estados

otorgar a la angustia

a fect ivo s ." /bid., p . 26.

una

27.

J . L ac en, ~ L' éto urdi t", p . 32, e nSe ll i at 4 .

2 H.

S. F re ud, op. c u., p . 13 4.

¡l'

,

l'

29. " Em pero, toda s estas situac io nes dc p elig r o y co ndi c i o n es d e a n o ¡; gustia pueden pervivir lado a lado ( .) o varias de ellas pueden

1

e je rc e r simu ltá nea me nte un a acció n

er parece que la s ituación de

.)

más que la ausencia ol a

dida de amor de parte del obieto./bid., p. 135. "La primera viven- cia d e an g ust ia, a l me nos d el ser h umano, es la del na ci mie nto, y

pérd id a real del objet o, se t ra t a d e la pé r -

peligro d e la pérdida d e objeto siguiera siendo la más cficaz. (

eficaz." /bid., p . 134 .

.\(J . " Y

precisamente, e n el caso de la muj

este objet ivamente significa la separación de la madre, podría com- pararse a una castración de la madre (de acuerdo con la ecuación

= pen e)." Ibid., p. 123.

angus tia tiene u n incqut voco vínculo con la exp ecuuína

h ijo