Sunteți pe pagina 1din 221
Seta ee ETM cla SOC RE ira ea ea reat mae Ee OSC (FTA TUM Lame Om Fal ral CAST CCl (mt St TS Manuel Fernandez Blanco / Mercedes de Francisco / Sagrario Garcia SEE MONISACr UA OCC Cems Marta Serra Frediani / Oscar Ventura erm Aes ONT A Me CRMC Lt Ne TELM Ul meni see Tel TI) 190.195 La pareja y el amor : Conversaciones Clinicas con Jacques- LAP Alain Miller en Barcelona / Jacques Alain Miller... fet. a.] - I'ed, - Buenos Aires : Paidés, 2003. 384 p. :20x13 om. - (Campo freudiano) Traduccién de: Margarita Alvarez. ISBN 950-12-3615-3 L. Miller, Jacques-Alain - IL, Alvarez, José Manuel - Berenguer, Enric - 1. Clinica Psicoanalitica Disefto de coleccidn: Mario Eskenazi Cubierta: Gustave Macri Ja. edicién, 2003 La reprodiuesion (otal o parcial de este hibro, en cualquier forma que sea, idént- cao modificads, eserita « maquina, por el sstema "multgraph”, mimesgralo, impreso por fotocopia, fotoduplicecién, et, no autorizeda por los editores, viok derechos reservados. Cualquier utilzacién debe ser previamente solicitada © — 2003 de todas las ediciones en castellano Editorial Paidés SAICF Defensa 599, Buenos Aires ‘e-mail: literaria@editorialpaidos.com.ar Ediciones Paidés Ibérica SA Mariano Cubs 92, Barcelona Editorial Paidés Mexicana SA Rubén Dario 118, México DF. Queda hecho el depésito que previene la Ley 11.723 Impreso en la Argentina - Printed in Argentina Impreso en Grafica MPS Santiago del Estero 338, Lands, en enero de 2003 Tirada: 2.000 ejemplares ISBN 950-12-3615-3 Indice PresentaciOn, por Anna Aromtt .scescecvecseseesseeseresetesnieeneene 9: PRIMERA PARTE Las relaciones de pareja Problemas de pareja, cinco modelos, por Jacques-Alain Miller...... La boca cerrada, por Shula Eldar... El estrago en la eleccién de pareja, ‘por annie Cunat Conversaci6n... Una Eva negra, por Jean-Louis Gaull... 59 De primera md?, por José Manuel Alvarez Lopez 69 Conversaci6n......... 79 EI St. B, por Sagrarto Garcia... as 101 La pareja de la hermana, por ‘Anna M. Castell 110 Conversacién.... ae 118 Yo buscaba compaiiia para la muerte, por Manuel Ferndndez Blanco. 145 El partenaire elemental, por Xavier Esqué Conversaci6n......0 166 SEGUNDA PARTE El amor en la psicosis Una mujer prodiga, por Oscar Ventura - 193 Conversaci6n.......ccc. 206 Copyrighted material 8 CONVERSACIONES CLINICAS Almas gemelas, por Mercedes de Francisco Conversacién ... Un poco de dos es mucho, por José Rodriguez Eiras.. Conversaci6n.... Un hombre con las ideas claras y una vida estable, por Marta Se. Conversacién. 284 295 Usos del amor psicético y su tratamiento en la cura: el caso Amador, por Enric Berenguer, Gradiva Reiter ...... 318 Conversaci6n.... 333 Amar el amor, por Monica Marit sess 352 Conversacién.. Bibliografia..... Presentacion Anna Aromi Cada vez que me dirijo a quienes habitan la otra orilla del mar, de cualquier mar, me viene a la memoria, inevitablemente, don Antonio Machado. El, que fue un hombre de tierra adentro, des- cribié sin embargo como nadie los caminos matinos que recorren les palabras, Cuando istedes oyer aunque &@ laay el pocmia'stena pre es ofdo— «caminante no hay camino, sino estelas en la mar...», eno les vienen ganas de alargar la mano, atrapar esa senda fugaz, ese surco? E] poeta advierte tanto como convida a esos gestos que hacemos frente a cada «no hay» con los que se nos cruza la vida. Digo esto porque hoy me toca presentarles un libro muy es- pecial, un libro que recoge conversaciones sobre la pareja y el amor. En una de sus orillas, el libro se compone con las voces que sostuvieron una experiencia irrepetible —y por tanto repeti- da, ya que, como veran, por ahora son dos-. La otra orilla es la que se va escribiendo con las letras qiie tejieron los casos presen- tados para conversar. Detallemos'ahora lo:particulaeidel ejercicio que: presentamos: En el mes de febrero de 2001 se realizé la primera Conversacién Clinica organizada por el Instituto del Campo Freudiano en Bar- celona, con el tema «Las relaciones de pareja». Al cabo de un afio, en febrero de 2002, tuvo lugar la segunda, esa vez con el te- ma «El amor en la psicosis. En la clinica y en la vida cotidiana». En ambas ocasiones los casos fueron preparados por colegas que desarrollan su trabajo en espacios y actividades del Instituto del Campo Freudiano. Como lo requiere una Conversacién, todos los casos fueron enviados con antelacién a los inscritos, en una de las ocasiones acompafiades por una extensa bibliografia sobre el tema del amor en la psicosis, que también encontraran al final de este volumen. Un breve debate por Internet anticipé cada en- 10 CONVERSACIONES CLINICAS cuentro, nutridos los dos de una amplia participacién de colegas de Espaiia y también de algunos otros de la Escuela de la Orien- tacién Lacaniana (EOL) y la Escuela del Campo Freudiano (ECF), entre ellos la presidenta de la Fundacién del Campo Freudiano, Judith Miller. Las dos conversaciones contaron con la presencia de Jacques-Alain Miller, director del Instituto del Cam- po Freudiano, quien anim6 los debates. Quienes hayan compartido la experiencia alguna vez, saben que el vocablo «animar» toma una significacién muy especial cuando se trata de las intervenciones de Jacques-Alain Miller en el debate piiblico. Bastarfa con acercarse a sus Cartas a la opinién ilustrada para tener una idea de ello, sino fuera porque es en la Conversacién donde se’vuelven més apreciables sus contornos: Ja agudeza en la precisién que hace resaltar el detalle, el placer en la improvisacién que trata de convencer, de convencerse... Todas ellas lecciones clinicas que se pueden encontrar y disfrutar en las paginas que siguen. En estas mismas piginas cada caso acaba por encontrar la manera —aunque sea al final- de ensefiar lo que le es propio, lo que hace que no encaje. Y asi uno por uno, caso por caso, se en- cuentran elevados a la categoria de ser Gnico, excepcional a ve- ces, por haberse dejado atrapar en la discusién producida. Jacques-Alain Miller define en este libro lo que es una Con- versacion, mientras anima a cada uno a practicarla: «Una Conver- sacton es una suerte de asociacién libre, si es exitosa. La asocia- cién libre puede ser colectivizada en la medida en que no somos duefios de los significantes. Un significante llama a otro signifi- cante, no es tan importante quién lo produce en un momento da- do. Si confiamos en la cadena significante varios participan en lo mismo. Por lo menos es la ficcidn de la conversacién: producir, no una enunciacién colectiva, sino una “asociacién libre” colecti- vizada, de la cual esperamos un cierto efecto de saber. Cuando las cosas pasan bien a mi los significantes de otros me dan ideas, me ayudan y, finalmente, resulta -a veces- algo nuevo, un dngulo nuevo, perspectivas inéditas.» No haremos aqui el recuento de los casos y sus ensefianzas —para eso esta el libro, en toda su amplitud-. Ademas, no desea- PRESENTACION ll mos restar al lector el placer de descubrirlas, de ir desgranando- las por sf mismo. Aunque eso si, el placer llegar4 como recom- pensa a una metédica lectura, esto es, sin saltarse los pasos nece- sarios. Este libro va a contracorriente, por decir asi, de ciertas tendencias que preconizan el saber sin esfuerzo y el acto sin con- secuencias (esas propuestas eran rancias incluso antes de llegar al publicista). A contracorriente de eso, decimos, el libro pone en manos de cada lector una caja de herramientas conceptuales, una «maleta de cosas fundamentales» (cuando lo lean, verdn por qué se los digo). Todo dgalma necesita del contraste para vivificarse, para no quedar mortificado en un armario, para eso se necesitan las diferentes lecturas, porque cada lectura reescribe los casos y reinventa los debates. Nada més, lector, ni nada menos. Ojald que el placer de aprender que contiene este libro alcance a cada uno. Ha sido nuestro caso. Y ha valido la pena... Bow voyage! Barcelona, octubre de 2002 Primera parte Las relaciones de pareja Problemas de pareja, cinco modelos Jacques-Alain Miller Aqui estamos para un dia de trabajo de Ja Seccién Clinica de Barcelona, pero contando con la presencia de colegas de toda Espajia a quienes puedo ver, reconocer y agradecer su presencia. Creo que ya nos hemos encontrado muchas veces para asuntos institucionales que nos han permitido crear cosas importantes: una Escuela mucho tiempo esperada. Pero hoy dejamos de lado Jo institucional. Se trata de un trabajo clinico dentro del marco de la Seccién Clinica, por esta circunstancia, se trata casi de una Conversacién Nacional. Una Conversacién Clinica sobre las relaciones de pareja «Conversacién» es un término que utilizamos en el campo clini- co, en el registro clinico. Supone la redaccién anterior de textos y su divulgacion. Es decir, que no vamos a escuchar la lectura de Jos trabajos. Se supone que la lectura ya ha sido hecha. Para de- cir la verdad, no todo el mundo ha lefdo los textos. Es la segun- da suposicién, pero es suficiente con que algunos los hayan lefdo. Algunos han lefdo algunos textos. De manera que se puede dar el maximo de tiempo a la reflexién, al comentario, a las pregun- tas y no ala escucha pasiva. Se supone que cada uno debe sentirse llamado a participar aunque sea con una pregunta, un pedido de esclarecimiento, con un trozo de construccién, con una objecién esbozada. Por su- puesto, algunos son mis llamados que otros, los docentes de la SCB, de las otras Secciones Clinicas, pero también los miembros, los participantes de las Secciones Clinicas. Una Conversacién es una suerte de asociacion libre, si es exi- tosa. La asociacién libre puede ser colectivizada en la medida en que no somos dueiios de los significantes. Un significante llama a otro significante, no es tan importante quién lo produce en un 16 LAS RELACIONES DE PAREJA momento dado. Si confiamos en la cadena significante, varios participan en lo mismo. Por lo menos es la ficcién de la Conver- sacién: producir —no una enunciacién colectiva— sino una «aso- ciacién libre» colectivizada, de la cual esperamos un cierto efec- to de saber. Cuando las cosas pasan bien a mi los significantes de otros me dan ideas, me ayudan y, finalmente, resulta —a veces- al- go nuevo, un angulo nuevo, perspectivas inéditas. Es la segunda vez que ponemos «Relaciones de pareja» como tema. Hay razones para esa insistencia: que el sintoma contem- pordneo vamos a llamarlo asi de manera aproximativa— toma a veces, muchas veces, la forma de problemas de pareja. El sinto- ma contempordneo se formula facilmente como «Problema de pareja» para retomar una expresidn que figura si no me equivoco en el texto de Shula Eldar. ;Problema de pareja!, el ;PP! Y lo que se presenta como sintoma ~es decir, para ir rapido, como un cierto disfuncionamiento que evaltia el propio sujeto y que sos- tiene su queja— podemos decir de manera simplificada: lo que se presenta como sintoma se puede manifestar como intrasubjetivo © como intersubjetivo. Se presenta como intrasubjetivo cuando, por ejemplo, el suje- to se queja de sus obsesiones -como ocurre con el paciente de José Manuel Alvarez— 0 se queja de vértigos, de cosas que le pa- san en el cuerpo, de disgusto. Vamos a decir, en esta perspectiva, el sintoma se presenta como «dentro de mi». Hay pacientes que ponen el acento en los fenémenos «dentro de mi» y estan los que ponen el relieve en lo intersubjetivo, el problema con el otro, con Ja otra, con los otros, Se puede decir, por ejemplo, que la pacien- te de Jean-Louis Gault esté mas de este lado. Es por eso que tomaremos como binario la paciente de Jean- Louis Gault y el paciente de José Manuel Alvarez, que nos dan una pareja de histeria y obsesién, y donde se ven problemiticas que dan para construir un contraste. Por supuesto no hay nada absoluto en la oposicién del intra y del intersubjetivo. Es una diferencia de presentacién del sintoma. Podemos ver en los casos cémo se va de uno a otro aspecto. Hay cosas que se deforman, como en los nudes de Lacan. A veces, el mismo nudo puede aparecer bajo tal forma, lo capturamos en PROBLEMAS DE PAREJA, CINCO MODELOS 17 una cierta presentacién y, sin ninguna discontinuidad, puede to- mar otra forma. Esto lo podemos seguir en varios de los casos que tenemos. Es nuestra eleccién estudiar el sintoma a partir de la relacién de pareja, cuando es el partenaire el que hace sintoma para el su- jeto. Es decir, cuando es un partenaire el que concentra para el sujeto “tal como le dice: lo imposible degoportat Caminando ast ya estoy simplificando la nocién de «partenat- re-sintoma» que es algo que parecié raro, en el momento de ha- cerlo surgir, a partir de Lacan. Pero, ya en estos casos, los ocho casos que tenemos, se justifica muy bien la conjuncién: la forma partenaire del sintoma. En esos casos, encontramos una situacién cuando es el otro el imposible de soportar, y otra cuando el sujeto se encuentra él mismo imposible de soportar para el otro. Es decir, que el sujeto se encuentra él mismo como sintoma bajo la mirada del otro, o en Ja relacién con el otro. Entonces, ¢cémo encontramos esos problemas?, ¢cudles son las formas que encontramos del «PP»? No voy a hacer una lista exhaustiva. Lo encontramos primero bajo la forma de la separacién, la ruptura de la pareja. Precisamente, vamos a empezar por eso con el caso de Shula Eldar y el caso de Carmen Cufat. Debo decir que Miquel Bassols y Hebe Tizio juntaron los ca- sos en el programa. Yo he leido después los textos y he visto que se habian constituido los binarios de manera muy bien funda- mentada. Encontramos entonces la separacién como proceso —durante el cual hay una Iamada al terapeuta, al analista— 0 co- mo separacién cumplida, y es un trozo de la pareja, un partenat- re que se encuentra solitario en el fracaso, quien viene al anilisis para entender, dar sentido a la ruptura, Entonces, primero la separacién. Segundo, lo que podemos poner bajo el nombre de «dolor en la relacién», y también: tercer registro, «la formacion de la relacion» o la imposibilidad de for- mar una relacién, o las dudas en la formacién de la relacién, las cavilaciones sobre la identidad del buen partenaire, etc. Separacién, dolor, formacién, son tres registros. Quizd podre- 18 LAS RELACIONES DE PAREJA mos agregar otros registros importantes. Especialmente cuando se trata de la cuestién de la separacién —pero en los otros regis- tros también— hay, por supuesto, como primer aspecto la cues- tién de quién de los dos tiene razén. Y la suposicién de que siempre es el otro quien tiene la culpa. Pero eso es lo juridico. Creo que Jo notable en estos ocho casos es que eso aparece poco, que precisamente se ve la diferencia de lo juridico y lo clinico. Cuando la gente acude a la consulta -como se dice, y cuando no se dice no se sabe muy bien de qué consulta se trata: hospitalaria, privada; por ejemplo, en el caso de C. Cufiat se dice «la consul- ta»-, ya la gente no estd en el quién tiene raz6n, ya han salido, o no han entrado atin, en la caza de quién tiene razon. Se podria decir que lo que Lacan llamé, una vez, la rectificacién subjetiva —palabra un poco pesada, hay que decirlo- significa precisamen- te el giro de la dimensién juridica de «quién tiene razén» a la di- mensién clinica, que es otra, y que es comtin a los casos que va- mos a estudiar. Se encuentran en los distintos casos -vamos a decir~ varios modelos de:relacién, que vienen ‘de-varias partes de la teotia ana- Iitica, como una caja de herramientas conceptuales. Voy a enu- merar algunos sin ninguna idea de exhaustividad. Primero esta el modelo narcisista. Quizis alguien que esté cerca del pizarron lo puede escribir: (a-a’) Varios textos se refieren -a propésito de la relacion de pare- ja- a la eleccién de objeto narcisista. Por ejemplo, cuando uno habla de una mujer que elige como pareja a un hombre tal como ella misma hubiera querido ser, es decir como yo ideal. Puede tratarse, por ejemplo, del hermano. Cuando se estudia una pareja homosexual, como en el caso de Anna Castell, encontramos tam- bién el modelo narcisista. El segundo modelo pone también en juego la relacién imagi- naria, pero en relacién con una funcién simbélica que vamos a ubicar abajo como I(A). 20 LAS RELACIONES DE PAREJA pone en evidencia que el escenario implica un disfuncionamiento. Que el partenaire no esta fuera del sujeto -es distinto del yo pero no est fuera del sujeto— en tanto que constituye, es equivalente a un sintoma. Esto se puede escribir con el sigma del sintoma: Ss Quinto modelo: por supuesto, la perspectiva misma del parte- naire-sintoma implica una oposicién entre la dimensién cerrada del goce «autoerético» y la dimensién del amor que se abre al Otro. El amor es lo que diferencia al partenaire de un puro sinto- ma. Vamos a decir que el amor es la funcidn que proyecta al sin- toma en el afuera. Pero, a través de esto mismo, se puede intro- ducir a la vez la idea de que en cierta medida el partenaire es un Sem blantccaye Weal es eLetnvoma AWweces, en los eases, teneinOe este sentimiento de semblante del partenaire y de que lo real del partenaire es un sintoma del sujeto. Un ultimo punto para terminar esta introduccién de generali- dades inspiradas por esos ocho casos. Hemos puesto «Relaciones de pareja», en plural, porque no hay relacién sexual, o propor- cion sexual, segtin se traduce: «I/ n’y a pas de rapport sexuel». No vamos a decir que estos casos lo demuestran, pero si que se ubi- can en el espacio abierto por esta falta de inscripcién de la rela- cién sexual. Por eso, ninguno de nuestros colegas se refiere a una norma de la relacién de pareja. Tampoco se refieren a una norma para explicar su caso. Creo que si hay una riqueza evidente del material clinico en esta recopilacién es porque pueden estar atentos al detalle, ala cosa rara, a la cosa fantasmatica, al sentido gozado de algunas ex- presiones, sin tener que ordenarlo todo en relacién con la desvia- cién de una norma. Nadie habla en términos de desviacién y eso nos parece natural, pero no olvidemos que hay todo un sector de la practica que, por el contrario, esta perdido si no puede referir- se a una norma. Esos ocho casos muestran que la idea de norma desorienta y que la ausencia de una referencia normativa hace surgir otros indices. 22 LAS RELACIONES DE PAREJA chos y de los reclamos de independencia de su mujer, cuyas idas y venidas no puede controlar. Ella, desde entonces, «va a la suya, entrando y saliendo de casa, sin decir donde est, se mueve sola». Ella ubica el comienzo de los conflictos en una fecha més re- ciente: aunque se empeiie en negarlo, dice, su marido ha quedado muy afectado desde que, hace un afio, su madre tuvo que ser in- gresada en una residencia, a causa de un Alzheimer muy avanzado, ¢Qué pasa, de pronto, después de veintidds afios de matrimo- nio, en esta pareja que no habia sido nada mal avenida? Ella de- nuncia que él grita demasiado. El estruendo de sus gritos le pro- ducen un intolerable mal humor. Para él se trata del juego de su intriga: ella se ausenta, él no controla. La imagen de ella se esca- pa, y rehusando deliberadamente a responder a sus preguntas in- troduce un silencio, un limite, que pone al descubierto una bre- cha en la complementariedad fantasmética que ordenaba la relacién entre ambos. Al intentar recuperar sus huellas él se encuentra con la sole- dad y con el vacfo que deja la ausencia de ella que, podemos agregar, redobla la de su madre. Al intentar no escuchar sus gri- tos ella se confronta con su propio silencio. La castracién apare- ce localizada, asi, en dos puntos de fuga: el toque de lo real cuyo indice es el mal humor conlleva un resto de voz que adquiere el valor de un peso inefable vivido como una opresién; mientras que la dimensién evanescente de la imagen deja tras de si la hue- lla negativa de una mirada perdida. La falta de soporte que apa- rece en ese limite hace caer la potencia de él. Una semana antes de venir a verme pasa por un momento de maxima turbacidn. En un trance de angustia, se acurruca desnudo en un rincén, gimien- do y llorando. Ella se muestra cruel con su sufrimiento, inamovi- ble. Entonces, mas tarde, mientras duerme, es violada. Su mari- do, fuerza su entrada haciéndole abrir su boca cerrada. La entrevista conjunta que realicé fue breve. Después del re- lato que ambos me hicieron escuchar, el marido —avergonzado— intenté explicar su conducta: simulando haber fingido me dice que lo que pasé no fue mds que una puesta en escena para con- mover a esa mujer cerrada. Ella, mientras tanto, seguia ostentan- do un semblante frio y rigido de mujer ofendida: triste y silencio- La BOCA CERRADA 23 sa como la definird en otro momento, igual que su madre. Deci- do que es a ella a quien hay que escuchar en primer lugar y, des- pués que admite que su decisién de separarse no es irrevocable, la invito a quedarse a solas conmigo. El luto Inmediatamente apunta a un duelo. Me habla de su suegra: la clasica rivalidad, por supuesto, existia y se manifestaba en disputas dirigidas a arrebatarle la atencién del hijo, en criticas a sus actitudes poco maternales, a su poca capacidad de renuncia, etcétera, carencias que echaba en cara a su marido, poniéndolo muchas veces entre la espada y Ja pared y obligandolo a decidir. Pero no sdlo eso, hubo también admiraci6n, fascinada por esa mujer bella y bien vestida, exigen- te y egoista, que siempre logré hacer su voluntad. Excepto en un punto. Su imperioso deseo de tener una nifia se encontré con una ro- ca ya que quedé privada de realizarlo. El nacimiento de tres hijos varones y especialmente el menor -su marido-, que nace nueve afios después que su hermano, puso de manifiesto su envidiosa relacién con el falo. «Del segundo hijo hizo su nifia, lo mutilé, y a mi marido intenté castrarlo, pero sin éxito porque se rebelé. Mi marido no fue querido por su madre», sentencia que da cuen- ta de la identificacién fundamental que la liga a él. La introduccién de la suegra opera un cambio de tono en su discurso. Es el término que sirve de relevo para que el sujeto pueda abrirse a la transferencia haciendo de este semblante el partenaire de su pregunta. Comienza a contarme lo que ya tiene elaborado de su historia; y la aborda directamente tomando co- mo punto de partida las circunstancias de su nacimiento, sus ori- genes. Asi, se puede entrever que la enfermedad que retira a la sue- gra del juego desestabiliza el escenario familiar y la angustia se suscita en relacién con tres puntos: la oscuridad de la desmemo- ria que abole al sujeto de la polabra, la pérdida de la capacidad 24 LAS RELACIONES DE PAREJA de reconocimiento del otro, es decir la caida de sus investiduras libidinales, el cuerpo real reducido a un funcionamiento organi- co. Alli donde no hay m4s memoria, mds ac del olvido, aparece una falta radical en el Otro y se plantea el problema de la exis- tencia. Del relato de la historia recogemos Jo siguiente: su nacimien- to, en un mintsculo pueblo de montafia se produce «tres dias antes o tres dias después», no sabe con exactitud, de un acciden- te laboral que arrebata la vida al tinico hermano varén de la ma- dre, Nace, pues, en un momento traumatico, en el cual «el luto cae» sobre su madre. Algo similar ya habia sucedido en la familia materna; la muerte del abuelo se produjo también «tres dias an- tes o tres dias después» del nacimiento de la mds joven de sus tfas, esa que desde hace algunos afios se enfrenta a una grave en- fermedad y lucha por la vida. La relacién inicial entre madre ¢ hija queda marcada por la pérdida real de un objeto de amor y por el retiro de Ja libido que acompaiia el proceso de duelo, dificultando la investidura de un nuevo objeto. La relacién cuerpo a cuerpo, que es necesaria co- mo soporte del ser, estuvo marcada por esta herida abierta por la muerte. Los dos primeros afios de su vida fueron de reclusién, por el luto, de modo que no es raro que le guste estar entrando y saliendo de casa, dice. Hay una carga que siente en el cuerpo co- mo el peso de un dolor que se mantiene fijo en su inercia, y que ella diferencia de otros sintomas como sus problemas de espalda, por ejemplo. Cuando le sucede que lo siente se arropa en la ca- ma, duerme un rato y se le pasa: «Mi cama ¢s mi mejor reme- dio», y ese dolor significado como desamores lo que viene a intentar hacer hablar. No todo lo femenino es oscuridad. Hay un punto que da bri- llo y color a su infancia. Es la prenda de sus juegos infantiles, lo que le daba alegria. En el armario de su madre permanecia guar- dado un vestido estampado en rosa y blanco que le habia regala- do su hermano muerto. Ella se envolvia en él y pensaba que lo llevaria cuando fuera mayor. Esta prenda, que nunca se llegé a utilizar, representa para ella el secreto de su madre: sus amores con un pintor bohemio a quien conocié en Barcelona y al que no La BOCA CERRADA 25 se atrevié a seguir; por eso se casé con su padre, un sencillo hombre de‘campo a.quien nunca amé y al que ella se parece mu- cho. «El secreto guardado de mi madre era como una habitacién en la que no entra nadie.» Se da cuenta de que necesita del soporte de su marido para abordar el silencio materno, y est agradecida que éste y su hija insistieran en que viniera. La demanda al analista se resignifica, asi, como una doble prueba de amor y se restablece, por lo me- nos momentdneamente, el !azo libidinal con el marido. Al salir de una entrevista se siente triste y piensa: «A mi, mi madre no me queria porque era idéntica a mi padre, se lo recor- daba demasiado, peor para ella». El nacimiento de sus hermanos, varones, cuando ella tenia cuatro y once afios, constituyen he- chos con consecuencias en su historia. Decian que tenia muchos celos del primero, pero no recuerda nada de esa época. No obs- tante, lo:relaciona con el. shock que percibe en ‘su pequefia hija, demudada al entrar en la habitaci6n y encontrar a la madre ama- mantando al hermanito recién nacido. Hay varios datos que aporta en este punto: el comienzo de su psoriasis a los 7 afios, o ¢quizds a los 4?, dice. La regla «poco an- tes 0 poco después» del nacimiento del menor a quien cuidé ma- ternalmente. «Mi madre no me dijo nada sobre lo femenino, nunca. Después de todo no puedo culparla, yo podfa haber pre- guntado y no lo hice. Me encerré en el silencio igual que ella.» Le senalo, entonces, que el hombre que elige es, justamente, el tercer hijo. La imagen recuperada La siguiente entrevista me relata que le sucedi6 algo sorpren- dente: recuperé un recuerdo. Mientras le hacian un masaje, estando muy relajada y con los ojos cerrados, aparecié una imagen: «M4s que una imagen, era en realidad algo blanco, el color blanco». En la imagen que se presenta en un primer instante como una superficie inmévil, por detris del velo de sus parpados, un movimiento fluctuante se LA BOCA CERRADA 27 da», no tiene ganas de hablar. Una sesién mas tarde aporta una secuenciaideittes'suefos'que la'conducen‘al umabral del undlicivy es alli que le propongo atravesarlo. Los tres suettos El relato de los suefios viene precedido por la siguiente obser- vacién: Conversaba con una mujer que le dijo que las mujeres autoritarias pueden ser madres muy castradoras. Pens6é: «Pobre M. -refiriéndose al marido-, ahora me doy cuenta de que lo de la violacién fue sdlo un intento de hacer valer su virilidad». Primer suefo: «Alguien ha muerto. Como si un autobtis hu- biera caido por un barranco. Una mujer decia eso. Habia luto. La mujer decfa que no se debja entrar en la habitaciéa, era algo sagrado. Habja cosas alli. Yo le decia: gpor qué no? Hay dolor, pero eso le pasa a mucha gente, y quizds esas cosas se pueden aprovechar. No era chatarra lo que habia alli. Eran cosas precio- sas como el vestido de mi madre que estaba guardado en el ar- mario. Como una joya que resplandece, que brilla». Segundo suefio: «Iba con mi marido en un coche. Delante, en una moto, una pareja de amigos. Vefa que arrastraban algo, un pa- raguas, no, me doy cuenta ahora de que era un pene y que se po- dian caer. Miraba angustiada por lo que podfa pasar... Conducia Ja moto un amigo de mi marido (a quien el marido habia comenta- do que las cosas entre ellos no iban bien). Entonces en una curva del camino cafa la mujer, el cuerpo se rompia en pedazos, quedaba Ja cabeza con la boca cerrada, muy apretada, como aguantando hasta que alguien la viniera a socorrer. Mientras se esperaba una ambulancia me acercaba a la cabeza, y de pronto algo salia expul- sado. Yo Jo cogia con la boca. Era el estémago, pero no ya el de ella, sino el mio. Sentia dolor. Cuando me pasa algo enseguida lo siento en el estémago. Como si tuviera que decir cosas sobre la se- xualidad sobre las que he mantenido la boca cerrada hasta ahora». Tercer suefio: «Es un suefio de hace varios dias, anterior a es- tos dos, Habia bragas, cuatro. Dos eranmuy vistosas de blonda: una de ellas Ilevaba perlas y brillantes. Yo decia: ;Qué bragas El estrago en la eleccién de pareja Carmen Cufiat Hace unos meses recibo en consulta a una mujer de unos cua- renta afios. Viene acompaniada por su marido. Me comunica que ha decidido irse de casa después de una discusién con él. No es la primera vez que esto ocurre, tltimamente esas discusiones son cada vez mas frecuentes y violentas. Es ella la que ha decidido dejar la casa e ir a vivir con una amiga, «Mi marido —dice— no me soporta mAs y tiene raz6n pues tengo muy mal cardcter como to- da mi familia, siempre lo estropeo todo»; «él sdlo quiere que sea- mos felices y yo siempre le fastidio.» Mientras que esta mujer habla no para de llorar y de autorre- procharse su conducta; es tal el estado de desasosiego en el que se muestra, que temo estar ante un proceso melancdlico. Es la primera vez que consulta. Hago pasar al marido para conocer su opinién sobre la deci- sién de ella y expresa que, en efecto, la convivencia es insosteni- ble, que es mejor que ella se vaya de casa pues él no tiene dénde iry ella puede vivir con su amiga o con su familia. Su familia estd al tanto de los problemas pues él ha tenido que pedirles ayuda en los momentos de crisis. Sdlo se calma cuando el hermano mayor Ic habla, Me advierte que él no ha tomado la decisién de separar- se, s6lo quiere que su mujer se trate y vuelva con él cuando se cu- re, él la esperard durante un afio Es ella, sin embargo, quien ha decidido consultar, expresando que quiere cambiar de modo de ser y, también, dejar de llorar, sobre todo delante de su marido, algo que se siente incapaz de evitar. En las siguientes sesiones el Ilanto y la autocritica no cesa- ran. Repite con insistencia que es mala y parece sentirse muy cul- pable por ello. Frente a la decisién de ir a vivir con la amiga en vez de pedir 30 LAS RELACIONES DE PAREJA ayuda a la familia, la invito a hablar de su familia. La paciente pertenece a una familia de cinco hermanos, dos varones con los que se lleva pocos aiios y dos varones mucho mas jévenes de los que tuvo que hacerse cargo. Su padre se enfermé cuando ella te- nia diez afios, de una enfermedad degenerativa. Murié diez afios después. Recuerda entonces que ella lo acompaiiaba el dia de su muerte. Fue una de las pocas ocasiones en las que su madre no estaba presente. Cuando la madre vuelve, le dice que nunca le perdonara este hecho, haber sido ella y no la madre quien estu- viera al lado del padre a la hora de la muerte. Es asi como habla por primera vez de su madre, y ello para explicarme por qué le resulta tan dificil pedirle ayuda. Describe entonces a una mujer rencorosa, de mal cardcter, que «dice todo Jo que se le pasa por la cabeza sin pensar que puede hacer da- fio». Siempre ha temido parecerse a ella, y afiade que quizd su marido tiene raz6n cuando se lo sefiala. Mas tarde la madre le pedir perdén por lo ocurrido. Es eso lo que ella hace cuando discute con su marido, «pedirle perdén cuando ya las cosas no tienen remedio». Aunque es asi como lo expresa, no queda claro que el sujeto lo presente como una repeticién. Pocos dias después de morir el padre, ella decide irse a vivir con este hombre, amigo de la infancia de su hermano mayor, con el cual habfa empezado una relacién hacia unos meses. No llora la muerte del padre porque «ya lo habia llorado todo antes», du- rante la enfermedad. Para ella su padre era alguien muy querido, que nunca la reprendid, que siempre mostré sus preferencias ha- cia ella frente a sus hermanos. Para él ella era, «la nifia», y asi le dicen sus familiares y amigos. Su marido también la lamaba «ni- fia» hasta que decidié dejar de hacerlo. Las discusiones en la pa- reja empezaron muy pronto y él la acusaba de ser una nifia mal educada y caprichosa. Un dia decidié dejar de lamarla «nifia», pero tampoco la volverd a llamar de ningtin modo, tampoco por su nombre de pila. Poco a poco, la paciente empieza a hablar de su vida conyu- gal, de su marido, aunque anteponiendo siempre su culpa en el asunto. La presencia del sentimiento de culpabilidad hace fran- camente dificil el advenimiento de la responsabilidad del sujeto EL ESTRAGO EN LA ELECCION DE PAREJA. 31 y, sobre todo, parece estar expresamente destinada a velar la fal- taen el Otro. Asi, al marido lo presenta como una persona muy ordenada y minuciosa, ella, en cambio, «es bastante despistada»: si, por ejemplo, ella deja un mechero encima de la mesa, eso es motivo de discusién porque la mesa se puede rayar; cada vez que salen a la calle hay que asegurarse de que el gas y la luz estén cor- tados y ella se olvida; a él le gusta que los flecos de la alfombra estén bien peinados y ella los pisa sin darse cuenta. El prefiere comer verduras todas las noches, a ella le gusta variar, pero final- mente cocina lo que él propone; ella prefiere una casa bien airea- da, él cierra las puertas y ventanas en invierno y en verano. Poco a poco, entonces, la paciente empieza a describir a un hombre con sintomas obsesivos evidentes, que padece también importantes crisis de angustia; uno de los mayores placeres de la pareja era viajar, pero ella cada vez se pone de peor humor ante la posibilidad de un viaje y el gran enfado del marido. Luego relata que él insiste en conducir pero antes deben estudiar los recorri- dos con minuciosidad, pues él padece de vértigo, lo cual hace que tengan que sortear cualquier carretera de altura. El no va nunca sdlo a una tienda, tampoco al médico. Es ella quien lo acompaiia. Ella se ocupa también de la econom({a familiar. A él le gusta vestir bien, la buena misica, los libros, gasta el dinero en completar co- lecciones. A ella también le gustan los libros, es una buena aficio- nada a la lectura, pero es mas ahorrativa, no le gusta comprarse cosas para ella y se preocupa més por las compras esenciales de la casa. El la acusa de exagerar con el ahorro, siendo que ella gana mids dinero que él, y de amargarle esos pequefios placeres. A medida que el sujeto va localizando esos sintomas del mari- do, y no sin el asombro del analista, la culpa parece pacificarse. Al mismo tiempo se pregunta si no ser todo ello lo que le pro- duce tanto malestar. Reconoce entonces que ella nunca se ha atrevido a contradecirlo, sdlo salta a destiempo y de mala mane- ra, Nunca tuvo argumentos para hacer oir sus razones, pues le parecian inmotivadas; de todas maneras, él siempre las califica de inoportunas y de mal intencionadas. Confiesa, entonces, que pasaba las tardes acurrucada en un sillén frente al televisor comiéndose las ufias, esperando a que el 32 LAS RELACIONES DE PAREJA marido se levantara de la siesta para tomar el té, cosa que no han dejado de hacer desde que se casaron, siempre a la misma hora. Confiesa también que hace mucho que no reciben amigos en ca- sa, ni asus familiares, sobre todo si tienen nifios. Al principio del matrimonio vivian en su ciudad natal. Su ma- yor ilusidn era vivir en Madrid. Cuando lo consiguieron, pusie- ron todo su empefio en decorar la casa. Sefiala entonces que lo mejor de Madrid es «poder conservar el anonimato», y «poder ir Uorando por la calle sin temor a encontrarse con alguien que pre- gunte». Ella nunca ha querido tener niiios, y el marido tampoc «quizis ella quiso seguir siendo la nifia»; él tuvo una infancia tris- te en un internado, no se sentian capaces de ser padres ninguno de los dos. Por este motivo nunca discutieron. Este querer seguir siendo la nifia la hace adentrarse en Ja neu- rosis infantil, donde aparece un sujeto inmerso en la rivalidad con los hermanos: «Ella siempre quiso ser un chico»; en los re- proches hacia la madre: «Ella siempre tuvo que asumir ciertas ta- reas porque era una chica»; en la venganza: cuando el padre vol- via a casa de trabajar, ella lloraba hasta que conseguia que alguno de sus hermanos fuera reprendido «por lo que le habian hecho» y, también, «por lo que ella habia hecho». Este recuerdo le hace reconocer el llanto como una repeticién, y afiade que es ella tam- bién la que ha hecho que, para su familia, «el marido sea el malo de la pelicula». Todo ello parece permitizle cesar de llorar en las sesiones. Mientras tanto, el marido la lama a casa de la amiga y le pide que vuelva con él. Ella acepta pasar los fines de semana con el marido y se propone hacer las cosas bien: le dird lo que le disgus- tan a tiempo y de la mejor manera para no fastidiarle, ademas, in- tentard no llorar. En las siguientes sesiones se planteard si no sera que ella tien- de a compararse todo el tiempo con él, hasta el punto de sentirse superior. Ella le ve mucho més «razonable» y «templado» que ella, pero «quizds a veces él se angustia demasiado». Ultimamen- te él tuvo un problema con los dientes, malestar que padece des- de la infancia. Este problema hizo que tuvieran que ponerle algu- 34 LAS RELACIONES DE PAREJA venja encima pero no la alcanzaba. Pone en oposicién este suefio con otro suefio de repeticién que tiene desde la infancia: ella se acerca a su pueblo y en el centro de la plaza hay un toro negro; ella intenta zafarse de ese toro pero se lo encuentra en todos los sitios donde va. Lo que parece estar mds manifiestamente en juego en su re- chazo a la separacién es volver al lugar de donde este hombre la sacé, al lugar en donde vive la madre. Eso no le impide hablar de una infancia feliz al lado de sus padres y de sus hermanos. Sélo frente a la posibilidad de volver al lado de su madre habla de ella como de una mujer rencorosa e inoportuna, ademas de descuida- da, poco aseada.. Algunas hipdtesis para el debate Esta mujer parece haber elegido a este hombre por sus sinto- mas, los cuales le sirven para oponerse a la madre, para confir- marla en su rechazo. También le sirven para poder ocuparse de él, cosa que no hace con desagrado, como lo hacia quiza con sus hermanos pequefios 0 con su padre cuando enfermé. Por otro la- do, consigue con ello sentirse superior a él, a un hombre al cual admira por sus razonamientos y al cual no se atreve en principio a contradecir. Se trata a la vez de una elecci6n de tipo narcisista, «el chico» que ella hubiera querido ser, el sustituto del hermano que fue su rival en la infancia, falo imaginario de la madre y, en tanto tal, objeto de envidia y de odio. Este hombre, en principio, acepta jugar el juego del narcisis- mo llamandola «nifia», narcisismo avalado por el padre y que pa- rece alejarla también de la envidia falica. Se trata, en efecto, del mantenimiento de un Yo ideal en concordancia con el Ideal del yo. A partir de un cierto momento, él deja de Hamarla «nifia» y ella cae en el anonimato para él. Ella seguiré ocupandose de él y de sus sintomas pero desalentada, pues ya no obtiene ese plus que la ponja en un lugar especial para él, como para el padre. Cae, en efecto, en el sill6n, mordiéndose las ufias, con rabia qui- zs, y saliendo de ahi sdlo para fumarse un porro y volver luego 36 LAS RELACIONES DE PAREJA tiéndose a sus «manfas», que renunciar al reproche hacia la ma- dre. Por ahora, la transferencia parece sdlo estar engarzada en es- te punto de rechazo a la madre. Ultimamente la paciente expresa con alivio que viniendo a Madrid a tratarse se aleja de donde esté ella, de ese toro negro quizas. Por otro lado, acepta el dispositive sin cuestionarlo en ningtin momento, pero quizé como acepta to- do lo que le propone el marido. Esa posicion no facilita la entra- da en anilisis. En cuanto al diagndstico de este sujeto, podemos preconizar una estructura histérica aunque su capacidad de subjetivacién y de sintomatizacién esta atin por verificar. Por otro lado, su capa- cidad de utilizar los recursos simbélicos que ella misma se ofrece (sus estudios, sus lecturas) es atin una incdgnita. Sorprende tam- bién su manera repetitiva de sustraerse: con las mismas lecturas de las que nunca habla, con el cine en el que se refugia a cual- quier hora, con los porros, con la huida de su ciudad natal, don- de ademas de vivir la madre tiene su trabajo y sus amigos, con la tentativa de suicidio, con la culpa también. De todo ello, la pa- ciente ha podido deducir por el momento una posicion subjetiva: «Durante todo el tiempo que ha durado mi matrimonio no he querido ver». Lo que en principio trajo a esta mujer a tratamiento, apremia- da sin duda por su marido, fue un deseo de querer cambiar de modo de ser; lo que estas entrevistas preliminares han puesto de manifiesto es que su posicién fantasmatica esta lejos de poder ser conmovida. En efecto, tiltimamente la paciente ha expresado que estaba dispuesta a cambiar para satisfacer a su pareja pero ahora no ve claramente la raz6n de tener que hacerlo. La pregunta que sin embargo nos retorna es zhasta qué punto esta mujer va a po- der sostenerse separada de este hombre? Este caso irremediable- mente nos hace recordar esa copla de Rafael de Leén que dice bien sobre la pareja-sintoma: «Ni contigo ni sin ti tienen mis pe- nas remedio, contigo porque me matas y sin ti porque me mue- ro». La paciente también habla de su relacién de pareja como de «un enganche misterioso», pero eso no la ha Ilevado atin a querer dcstifradle por mediodel analisisi 38 LAS RELACIONES DE PAREJA para empezar, ha decidido irse de casa porque el marido no la so- porta mas. Sigue un laberinto, que si, que no, que traduce muy bien la copla final de Rafael de Leén: «Ni contigo, ni sin ti..., etc.» Hay una mezcla inconclusa alrededor de la separacién. Para dar un esbozo voy a pasar primero la palabra a M. Bas- sols, que les va a presentar r4pidamente los dos casos. Daremos después la palabra a quien quiera tomarla para discutir y cons- truir. Después abordaremos los otros casos pero mezclando, tam- bién, los resultados de esta primera discusién. Miquel Bassols: Muy bien, en efecto, ¢qué nos muestran estos dos casos? Son dos casos de mujeres que se presentan -como ha sefialado ya J.-A. Miller— con sus parejas, con sus respectivos ma- ridos, se presentan al analista con ellos y con dos separaciones: una decidida y otra en curso en ese vaivén. Pero —y es la primera pregunta que quiero plantear-, ¢de qué separacién se trata? Para ordenar los dos casos queria tomar dos ejes sefialados por Lacan, en el seminario sobre el sintoma, que sefialan dos pa- rejas distintas para el sujeto. Una esta indicada por el significan- te falico, phi mayiiscula, F, que es el eje del significante del Falo, de la funcién falica implicada en el fantasma del sujeto. Seria el registro que Miller ha sefialado de la relacién fantasmitica en la pareja. Es la pareja en la que cada sujeto busca su completud en el Otro. Es la pareja impar. Impar quiere decir que —de alguna manera— siempre se revela que en toda pareja hay tres en juego: el sujeto y la pareja como decimos en castellano— que son dos. E] término castellano nos da esa ambigiiedad tan interesante que la pareja es: yo y mi pareja, dos mas —de alguna manera-. Es la pareja y el Otro, dirfamos. Este es el primer registro. El segundo registro que quiero tomar para ordenarlos, y que Lacan evoca en este seminario, es el significante de la falta del Otro, es decir, precisamente del Otro que no existe. No hay complementariedad precisamente porque este Otro no existe. Pero del que el sujeto construye o encuentra alguna suplencia, un objeto suplementario de goce que anotamos con el nombre de objeto a. Esta es una pareja que podemos llamar dispar. Por- que indica que tanto para el hombre como para la mujer no hay EL ESTRAGO EN LA ELECCION DE PAREJA 39 ese Otro, que no existe como tal. Digamos, entonces, que hay dos separaciones en juego en cada caso. Separacién del otro, la separacién de la pareja, estrictamente, y la separacién del objeto de goce que no coincide precisamente con Ja anterior. Antes bien ~y creo que eso en Ips dos casos se puede ver— a veces, se mues- tran inversamente proporcionales. Cuanto mas el sujeto quiere separarse del otro, mas muestra su imposibilidad de separarse de su verdadera pareja de goce, el objeto suplementario de goce en cuestién. Vamos a ver, primero, el caso de S. Eldar, «La boca cerrada», que se presenta con el marido como un otro insoportable. Ahi la pareja del otro es el Otro insoportable. Un otro que la ha viola- do, y eso, después de veintidés afios de matrimonio, al parecer mas o menos estable. Jacques-Alain Miller: Veintidés afios de matrimonio y el mari- do logra violar a su esposa. Miquel Bassols: Si. |E] marido logra violar a la esposa! Jacques-Alain Miller: Es decir, que alcanzan la cifra de veinti- dés afios de matrimonio, y es entonces cuando hay una violacién. Hace reir pero se fundamenta en el texto. Miquel Bassols: Es un rasgo notable que Shula sefiala, en efec- to. Bueno, el término «boca cerrada» indica ya la dimension de un objeto oral de goce que el sujeto opone al objeto falico intro- ducido por el otro en la violacién, momento que precipita la cri- sis en la pareja. Por otra parte, lo que esta mujer busca es, precisamente, ha- cerlo hablar a él. Subrayo esa expresién. Es decir, hacerle abrir la boca al Otro. Hacer presente la falta del Otro. Y, como sefiala Shula, si ese hombre accede a venir es por la posibilidad de per- der a esta mujer, es algo que lo desespera. Si no parece que no hubiera venido a hablar con Shula. Aqui se abre la dimensién del significante falico del deseo del Otro, ¢qué significa esta mu- jer para su marido? Para este hombre profundamente afectado 40 LAS RELACIONES DE PAREJA por las muertes y ausencias familiares. Como seiala S. Eldar, en este campo, ella denuncia un exceso: que él grita demasiado, Un exceso que viene a llenar las ausencias de ese goce félico, y ella, por su parte, se ausenta —cito alli a Shula— introduce el silencio. Introduce un menos del lado del falo para responder a ese exce- so del Otro. Y es en esta vertiente donde podemos situar la rela- cién de la pareja con el significante falico, que hace existir al Otro como tal, que hace existir a la pareja como Otro. Y, en esta vertiente, en efecto, la pareja son tres: ella, él y el falo. Ella, él y la comedia de la significaci6n falica en la que como sabemos a partir del drama parisino de Alphonse Allais, al que Lacan se re- fiere- finalmente, una vez caidas las mascaras ni él era él, ni ella era ella. Todo este drama se desarrolla sobre el fondo de la relacién del sujeto con el deseo de la madre, en una coyuntura del naci- miento que es un momento traumatico. En el peso de un dolor qué S¢ matitendré hijo, en sa neta, para ete sujetov V & dixta- mos, el lado mortifero de la relacién con el significante del falo en tanto significa el deseo de la madre. Si hay un lado mortifero, el otro lado del falo es el que ven- dra marcado por ese recuerdo, recuperado en el anilisis, en el que aparece el velo falico de una colcha blanca. Recuerdo en el que se perfila el hermano recién nacido en brazos de la madre. Es una de las imagenes princeps de lo que serfa la relacién de la madre con el falo. Es ahi donde se encarna el significante del fa- lovenunsdeseo del que estaimujerseisenting yaexcluidwienvess momento. La pareja del Otro, la pareja del marido tomar, en este caso, el relevo como la versién mas freudiana de Ja sustitucién de la madre por el hombre, como vemos en muchos casos. En esta misma vertiente vemos aparecer ese secreto de la madre -subrayo esa expresion del texto— que nos indica, en efecto, que no todo en lo femenino es oscuridad. Si en esa oscuridad se puede incluir el deseo femenino, no todo en el deseo femenino es oscuridad. Se trata de los amores de la madre, mas all del padre, unos amo- res representados en un objeto que también es un objeto textil: ese vestido estampado en rosa y blanco que le habia regalado, a EL ESTRAGO EN LA ELECCION DE PAREJA 41 la madre, el hermano muerto, y con el que la sujeto se envuelve en sus juegos infantiles para encarnar ese agalma, ese objeto pre- cioso detras del velo falico, para el Otro. Esa imagen de cémo el sujeto se rodea con ese objeto falico tomado del Otro me parece muy precisa y muy interesante, Vamos a la otra vertiente, la vertiente del Otro que no existe, donde se perfila la dimensién de un objeto recuperado en otro recuerdo. Es también el color blanco, tienen ese punto en co- min. Es el color de vacio sin nombre de su sexo —dird mas preci- samente Eldar-. Subrayo esa expresién que me parece muy pre- cisa para designar ese objeto. Es el otro lado de la colcha blanca que indicar4 un goce extrafiamente adherido al cuerpo, en esta mujer. Es en este color de vacio -color que Lacan atribuye, en su texto «Del Trieb de Freud y del deseo del psicoanalista», tam- bién a la libido- donde se condensa la otra pareja del sujeto. Jacques-Alain Miller: La misma expresi6n figura en algiin otro de los ocho textos: «el color del sexo». Sala; En el de Jean-Louis Gault. Miquel Bassols: El de Jean-Louis Gault, en efecto. Lo he su- brayado en el texto de Shula, ese color de vacfo muy particular, para designar esa otra pareja del sujeto que es la de la pulsi6n en su recorrido autoerético. Vamos al otro caso, el de C. Cufiat, «El estrago en la eleccién de pareja». Sefialemos de entrada que aqui no se trata del sujeto que encuentra insoportable al otro sino, justamente, de lo con- trario. Es decir, es esta mujer la que se presenta también al ana- lista, con el marido, pero empieza diciendo: «Mi marido no me soporta» y ademds dice, «y tiene razén». Lo cual es ya toda una hipétesis de partida. Es ella pues la que encarna lo insoportable para el Otro; que es una manera también de hacer existir al Otro: hacerse insoportable para ese Otro. Hasta tal punto que Jos intensos autorreproches de esta mujer plantean al principio un problema de diagnéstico a C. Cufiat, porque aparece con unos autorreproches muy marcados. EL ESTRAGO EN LA ELECCION DE PAREJA 43 Digamos lo que nos parece que indica esa otra vertiente en el caso. Qué elementos nos empieza a dibujar esa otra vertiente del caso. Yo lo situaria en ese toro negro del suefio. Ese suefio de re- peticion, que vuelve una y otra vez desde su infancia. Un toro ne- gro que estd situado en el centro de la plaza, del que ella intenta zafarse, pero que se lleva consigo alli donde vaya. En ese sentido, encarna muy bien la pulsién porque, en efecto, la pulsién es aquella demanda que uno se lleva consigo alli donde vaya. No puede huir de ella. La cuestidn es si no es ese toro negro una imagen de la pulsién en su real mds insistente para el sujeto, en ese suciio, Lo que llama aquf la atencién es el modo en el que se produ- ce ese rechazo a la separacién que consiste, segtin la expresién de C. Cufiat, en volver al lugar de donde el hombre la sacé. Y que es el lugar del estrago de la relacién con la madre. La hipétesis de Carmen es aqui Ja de una madre que propuso al sujeto, al la- do de la denuncia del deseo edipico, al padre muerto como obje- to de amor. Eso daria el modelo de la relaci6n. Participante: Al hermano. Miquel Bassols: No, al padre muerto. La hipétesis de Carmen es que «la madre habria propuesto a esta mujer, al lado de la de- nuncia del deseo edipico, al padre muerto como objeto de amor». Pero es cierto, en efecto, también hay el hermano. Debe- mos tener en cuenta que también hay que ponerlo en esa serie. Pero entonces Ja pregunta con la que termina Carmen es completamente justificada: ghasta qué punto esta mujer va a po- der sostenerse separada de este hombre? Jacques-Alain Miller: Bien, supongo que habrd algunos que han leido esos casos, por lo menos uno de los dos, que van a po- der intervenir sobre lo raro de la desestabilizacién de una pareja que tiene ya veintidds afios de convivencia. Todo lo que leimos en el caso de Shula se produce durante ocho entrevistas. Y des- pués de esas ocho entrevistas, la paciente se queda con el senti- miento de que lo ha dicho todo, que ha hecho un recorrido com- EL ESTRAGO EN LA ELECCION DE PAREJA 45 entrada haciéndole abrir su boca cerrada». Podemos entender de qué se trata. Finalmente, se cumple una rectificacién subjetiva profunda cuando de victima pasa a ser el verdugo del marido: cruel e ina- movible. Asi, primero hay esta rectificacion subjetiva que va has- ta el inconsciente, su inconsciente esta de acuerdo cuando se ve los suefios que trae. Voy a referirme tinicamente a la observacién que dice antes de contar esos suefios: «Pobre M., ahora me doy cuenta de que lo de la violacién fue sélo un intento de hacer va- ler su virilidad». Tenemos una total inversién de su posicién ini- cial, lograda en ocho entrevistas, pasando de victima a asumir la responsabilidad. El horrible marido presentado al analista se convierte en «el pobre M.». En este punto es su propia trayecto- ria, ella misma entra en ana Estela Paksvan: Con respecto al caso que presenta Shula, creo que Miquel ha hecho un esquema muy preciso, que me ha gusta- do mucho. También quiero decir que el caso est muy bien escri- to, es decir, hay un estilo en el cual va mostrando un movimiento gue, ce veldad, al priaeipio’s cast tesa, -Aparsce la Pardja Wa sus problemas, con su «PP», y luego los focos se detienen muy precisamente en esta mujer que marca, perfectamente, esa recti- ficacién subjetiva 0, mejor dicho, su entrada en anilisis. Hay algo que concretamente queria preguntar del caso de Shula, porque me parece que estd sugerido, y es este objeto pre- cioso: el color, la relacién que hay con este vestido, cémo se pre- senta aqui el cuerpo de esta mujer. Porque por un lado tenemos la boca cerrada y después un suefio muy particular, Entonces, es- té el objeto ~este objeto de la madre-, este colorido del vestide con sus manchas rosas y blancas con el cual el sujeto se envolvia. Y me parece que tt haces, sugieres, y quiero preguntarte si real- mente es asi, la conexién ~que ademas es preciosa- entre que ella se envuelve con ese vestido, rosa y blanco, y por otra parte que tiene la psoriasis mas o menos en el mismo periodo -me he fijado dos veces. Queria preguntarte acerca de cémo se manifiesta todo esto en el cuerpo de esta mujer, porque aparece casi como una fi- gura topoldgica la que ella plantea en ese suefio, en donde se se- EL ESTRAGO EN LA ELECCION DE PAREJA 47 Francisco Roca: Quisiera partis de la expresién que Miquel ha resaltado del idioma castellano, bastante ilustrativa del tema que estamos tratando: «Mi pareja y yo». Y a proposito de los cinco modelos que Miller ha propuesto -ha dicho él, sin animo de ser exhaustivo- yo quisiera preguntar si cuando una persona elige a su partenaire como alguien de quien pretende hacerse acompa- fiar en la vida, el modo en que lo elige -segtin estos modelos u otros que podrian proponerse que nos permitieran entender es- to es inamovible o por el contratio cambia, Entonces, el comen- tario que ha hecho Miquel a propésito del caso de S, Eldar me ha dado la sensacién de que las rectificaciones subjetivas muchas veces irian acompaiiadas del cambio de lugar por parte del parte- naire. Miller ha comentado que este hombre tardé veintidds aiios en violar a su mujer, pero me da la sensacion de que ella también tardé veintidds afios en hacerse violar. Al menos es la lectura que he hecho, que esta mujer elige como partenaire al hombre de otra mujer, igual que su madre tiene ese objeto perdido en el herma- no que ocupa para ella un lugar mds preeminente que su propio marido. Y, justamente, todo el drama se desencadena cuando es- te hombre se ve desubicado del lugar de ser el hombre de otra mujer, por la aparicién del Alzheimer, y por tanto queda como desamparado. Da la sensacién de que la paciente de Shula lo que hace con su actitud es obligar -y en este sentido, la palabra «vio- lacién» me parece muy pertinente— al marido a sostenerse en ese lugar de hombre, a sostener el falo. Da la sensacidn de que es una violacién buscada por ambas partes como, probablemente, una rectificacién en su relacién de pareja, dado que el hombre se sostiene ya dificilmente en ella por la enfermedad de la madre y la mujer necesita reubicarlo a partir de esa variacién en su vida; reubicarlo respecto a ella pues ya no puede encarnar ese lugar de hombre muerto de otra mujer. De hecho, la mujer también tiene otro hombre en su vida que es este pintor bohemio con el que no se atreve a irse. Da la sensacién de que por el lado de la madre de la paciente, la eleccién del hombre de su vida tiene dos mo- mentos: uno con el que no se atreve a poner su libido en juego, y la elecciénde.un hombre mortecino, Para Ja paciente hay un EL ESTRAGO EN LA ELECCION DE PAREJA 51 Hasta tal punto que se puede decir que el rasgo unario, la I ma- ytscula, del Otro -I(A)- que se ha transmitido de la madre a la paciente es el silencio. Y el dgalwa es el secreto. Finalmente, es coherente con la manera como ella misma des- cribe el incidente de la violaci6n. El marido destruido, angustia- do, en un rincén, desnudo... -~Pueden imaginar esto? Es Almo- dévar. Y ella cruel e inamovible. Es una escena sddica con ella en la posicién del objeto 2 miniscula tal como lo define Lacan, la posicién del verdugo sin falla, con su dgalma bien escondido, mientras el marido estd en la posicién del otro totalmente dividi- do, es decir, realmente encarnando: a — $. Ella angustia al maci- do, lo cual es realmente la cumbre de los veintidés afios de matri- monio, para llegar a este momento en el que ella es el objeto a miniscula, leno de ser, y él pura falta en ser. En este momento el tipo, genialmente, finalmente, la viola, recupera en cortocircuito su virilidad -como ella misma lo dice- y ella cae de la posicién de objeto a, cruel. Lo que le va a permitir abrir la boca, empezar a hablar y dejar la posicién del objeto a al analista, Esto es una construccién, pero se apoya en una observacién que me parece sumamente importante: el recuerdo que ella re- cupera de su dolor al ver a su hermano menor gozando del seno de la madre, el refugio que ella encuentra en el padre, cogida a las piernas de su padre. Debemos suponer que esto que ahora es una pura anotacion, en el transcurso del andlisis va a abrir otro capitulo. ¢Cual era su operacién esencial sobre este herma- no? La gran operaci6n que ella hacia -lo tenemos en una anota- cién— era cerrarle la boca con el chupete. Esto es lo que le hacia al hermano. Se ve que es lo que ha deseado hacer con el marido esos veintidés afios de matrimonio, cuando dice que él grita, etcétera: deseaba cerrarle la boca con el chupete. Un hombre es para que se le cierre la boca con el chupete que ella misma es. Ella es el chupete que cierra la boca al hombre. Vamos a decir que ella es el chupete del partenaire-hombre y que, finalmente, él pone en escena que es él quien le va a dar el chupete: le da otro chupete. Esto implica que va a llevarlo a él al analista, para hacerlo hablar. Se ve el laberinto y, al final, es ella la que entra en andlisis. No dice que el violador debe entrar en anali- 52 LAS RELACIONES DE PAREJA sis. Ahi se ve la dimensién imaginaria pero estructurada por el (a 8). Me parece que los tres suefios son extraordinarios. El primer suefio es el recuerdo del vestido dgalma, vinculado al luto inolvi- dable de su tfo. Segundo suefio: un pene arrastrado. Esto ocurre entre una pareja de amigos pero ella esta, al mismo tiempo, en pareja, con su marido. Se ve aqui el desplazau.ionto. Hay que co- mentar también el suefio de las bragas que parece la entrada de las mujeres. Es toda la sociedad de mujeres, con las bragas que las representan. Hay una suerte de error en Ja cuenta porque se pregunta si la suya esta en la serie o si ella tiene la braga en el cuerpo, con todos los sentidos que se pueden dar de castracién o de negacién de la castracién. La leccién es que se puede obtener en ocho entrevistas una estructuraci6n fulgurante del problema, una orientacién que po- ne al sujcto cn el punto de empezar. Todo esto podra variar, por supuesto. La relacién con el padre se va a recuperar de otra ma- nera y abrirla supone otra posicion que Ja del a del chupete, del hombre-hermano, rival insoportable. Quiza podemos ahora consagrar la siguiente media hora al ca- so de Carmen. Quiza Shula queria decir algo y ella misma puede introducir una comparacién con el caso de Carmen, y Carmen retomarla también. Shula Eldar: Bueno, evidentemente, hay muchos datos clini- cos que no se pueden incluir en una presentacién tan breve. Y, ademds, es verdad que en este breve periodo de andlisis se van perfilando algunas rutas, como usted muy bien ha sefialado. La cuestién del padre surge en al andlisis, ahora, en funcién de su reivindicacién frente al padre. Es una reivindicacidn sostenida, justamente, en este punto de la virilidad. Un reproche al padre, dicho en sus propias palabras. Quiza voy a sefialar unos pequefios apuntes mas sobre lo que a mi me dio un indice, una orientacién para actuar de la manera que actué con este caso. Y me llamaba la atencién, me interesé esta pequefia diferencia que usted hacia entre la dimensién juri- dica y la dimensién clinica. Voy a intentar explicar por qué y en EL ESTRAGO EN LA ELECCION DE PAREJA 53 qué momento, justamente, esta separacién dio un indice de por dénde pasaba la cosa, Porque en la primera entrevista voy a describir un poco cémo se presenta esa crueldad en el semblante mismo que ella presenta al analista— ella esta sentada con una ac- titud completamente inflexible, inamovible, un semblante duro y cerrado. Y el hombre intentando explicar las cosas, en fin, justi- ficar las cosas. Pero, hay un pequefo detalle: cuando ella abre la boca =no esta absolutamente silenciosa, ella también habla- se- ala que en caso de separacién ella no va a presentar el episodio de Ja violacién como una queja. Esta fue una orientacién de que alli, justamente, se trataba de hacerle abrir la boca sobre eso que se jug en la violacién. E inmediatamente tuve la hipotesis de que habia que investigar mds en las coordenadas de ese pasaje al acto. Casi diria que ese pasaje al acto se reactta en la primera en- trevista, ya no como un pasaje al acto sino mas bien con las coor- denadas de un acting-out, porque se da frente al Otro, ya dirigido al analista. Después tomaré algunas preguntas que se han planteado para responder muy brevemente. La pregunta de Estela con relacién al cuerpo. Efectivamente, hay una asociacién casi inmediata en- tre este vestido rosa y blanco y la psoriasis de esta mujer, pero es una relacién sin elaborar por el momento, porque el tema de psoriasis aparece en el discurso, aunque atin no se ha tomado co- mo una pregunta que ella se puede plantear. Ella misma relacio- na ese vestido bicolor con esa erupcidn, que aparece en periodos bastante largos de su vida -es un problema que se desencadena cuando ella tiene siete afios-. Ella misma se pregunta y lo articula con el momento del nacimiento del hermano. Luego se ve otra vertiente, que no es precisamente la del nacimiento del primer hermano, sino que fue unos afios mds tarde, justamente cuando la familia viene a Barcelona desde otro lugar de Espafia. Vienen a Barcelona, estén un tiempo, y deciden volver al pueblo. Y es en el momento de esa vuelta, con todo lo que implica Barcelona, con el secreto de la madre, el pintor, cuando aparece la psoriasis. En relacién con el suefio, que Estela también trafa a colacién, realmente ese suefio pone en escena la expulsidn del objeto. Se ve bien cémo el objeto se sittia entre los bordes de su propia bo- 54 LAS RELACIONES DE PAREJA ca. También en los suefios hay una referencia muy clara a la cues- tién del cuerpo -como usted acaba de decir—estallado, cafdo, en fin, dafiado de alguna manera, fragmentado. Otro punto —bueno, hay muchas cosas-, quizd respecto a lo que usted sefialaba en relacién con ese conjunto de ocho entre- vistas. Estoy de acuerdo que, de alguna manera, para ella consti- tuyen o dan cuenta de un efecto terapéutico. Digamos, cierta te- rapia breve. No obstante, en esa misma conclusién de ella: «Pensé que ya habia dicho todo lo que tenia que decir», es ver- dad que esta paciente ve cémo ella ha hecho una elaboracién de su problema, de su historia, de su sintoma, de su relacién de pa- reja. No obstante, existe una apertura. En ese momento, bien po- dia haber sucedido que ella hubiera interrumpido alli, que hubie- ra dicho «no quiero seguir». No obstante, la pregunta sobre su propia sexualidad esté muy presente en ella. Y no la sorprende excesivamente la invitacién a seguir hablando justamente de su sexualidad. Mas bien, la cuestién de Ja separacién, que sefialaba Miquel, rearticula esa pareja del marido al objeto. Asi plantearia yo esta cuestion, Bien, son cosas generales en relacién con el cuerpo. Se puede decir que esta mujer se ocupa profesionalmente del cuerpo de las otras mujeres, de algo del cuerpo, de la piel, algo que es superfi- cie en el cuerpo de las mujeres. Carmen Cufiat: Escuchando el caso de Shula, que me ha inte- resado mucho, pensaba: «Mi caso no tiene colom. Es verdad, porque es completamente oscuro. Voy a hablar del personaje: es oscuro y negro. Es una mujer que se presenta con cara de viejeci- ta, una castellana profunda, que me ha hecho preguntarme cémo ha llegado a hacer filologia inglesa, por ejemplo. Es una cosa que no le pega nada. Me pregunto como ha llegado a salir de su pue- blo. Hay cierta oscuridad, no hay un color. Y me refiero al color porque el caso de Shula me hacia preguntar, justamente, sobre la cuestién del estrago: si ella podia localizar en su caso algo del or- den del estrago en la violacién. Si, lo asocio justamente porque en mi caso, aunque no desde el principio, pensé en una cuestion de estrago. Luego en la elaboracién me orienté hacia ahi. Pensa- EL ESTRAGO EN LA ELECCION DE PAREJA 55 ba en el estrago y me hacia la pregunta de si es una cuestidn refe- tida tinicamente a la relacién de una madre con una hija, 0 es una cuestién estructural. Me parece que para Freud esto que pa- sa entre la hija y la madre es una cuesti6n estructural. Entonces, pensaba que esta cuestion del estrago se basa, en términos generales, en dos puntos: uno es la pasién de las madres por los seres falicos y otro es el silencio -que me hacia pensar, en el caso de Shula, en la feminidad en la madre. Para la mujer de mi caso, efectivamente, hay una opacidad respecto a la madre. Es pu- ra negrura. Es algo que la persigue, como ese toro negro. Jacques-Alain Miller: Justamente, esta oscuridad toma una forma, ha tomado desde siempre una forma. Usted dice: es un suefio de repeticién. Es un suefio de repeticién extrafio, con el toro negro del que no puede zafarse. Miquel Bassols decia: es la pulsién. Es también la representacién de la madre, del caracter negro de la madre. Es otra pareja totalmente distinta. En la primera pareja hay toda una vida, hay un sufrimiento, hay la mujer que se vuelve ca- da vez mds verdugo, el marido que va hasta este punto sublime de la crisis terminal, y se libera con el pasaje al acto y tienen hi- jos, etc. En la otra pareja, los dos han decidido que no querian hijos. Finalmente es una pareja encerrada, claramente con el la- berinto imaginario de los dos. Hay también el episodio de un ac- to. Es el momento en que el marido dice a la esposa: «Estoy pen- sando en la manera de matarme». Al minuto siguiente ella se encierra en la torlette y se toma un bote de pastillas. El dice: «Me voy a matar». «¢TU te vas a matar? Yo me voy a matar primera». Es decir que se ve cémo estan en un tiempo para comprender in- finito -en el sentido de Lacan- donde lo que cada uno hace, lo hace en funcién del otro. «Quiero separarme porque él me con- sidera insoportable», y no logran separarse. Y, precisamente, es porque no hay una separacion moral del marido, es porque no hay una separacién psiquica del marido, por lo que no puede en- trar en andlisis. La finalidad de las entrevistas seria lograr una separacién no material sino una separacién, por lo menos, psiquica del marido, Una Eva negra! Contingencias y necesidades del amor Jean-Louis Gault Una mujer joven acude a la consulta del analista en un estado de fuerte ansiedad, sin que pueda explicar qué la lleva hasta alli. Tiene cuarenta afios y siente interés por el psicoanilisis; hace ya varios afios que piensa que deberia analizarse. Tiene crisis de an- gustia, especialmente durante el ejercicio de su profesién. Esta muy ansiosa porque su marido se opone a que ella haga un anili- sis y amenaza con divorciarse si ella persiste en esta idea. En la primera sesi6n no dice casi nada mas. La segunda vez habla con mas soltura y explica que siempre ha tenido, cito, ~problemas con la especie masculina». Su marido se opone a todo lo que ella emprende. En ese momento comien- zaa llorar como si la desollaran viva. El no comprende que se in- terese por el psicoanilisis, al igual que no comprendia su interés por la filosofia oriental, el budismo o el Zen. No comprende que necesite otra cosa. Cuando ella quiere hacer alguna cosa, él in- tenta minar desde el principio la empresa. En general, su circulo familiar no comprende sus gustos. Durante un periodo largo, es- te peso de la reprobacién familiar sera un obstaculo para la pues- taen marcha de la cura. Su madre se habia opuesto, incluso, a que ella estudiara. La madre era muy bella, muy femenina y no trabajaba. Desde su punto de vista, una mujer debia dedicarse al hogar. La madre sen- tia una clara preferencia por su hermano, que era mds joven. El es muy brillante y tiene en Ja actualidad una prestigiosa carrera. 1. En francés, «Une Eve noire». «Noire», «negra», «oscura». «Negra» en este caso no hace alusién a la raza sino a un rasgo mortifero evidente y al color habitual de la vestimenta de la paciente {N. de la T.]. UNA Eva NEGRA 63 padrastro. Explica que tenia miedo de la furia de su madre, y que ahorraba para poder hacerle regalos, tal como hacia su pa- dre, sin duda, piensa, para aplacar su ira. Su madre le hablaba de lo que habia deseado de joven y no habia podido tener, funda- mentalmente ropa, y entonces ella deseaba regalarsela. Como a menudo le escuchaba decir que los nifios cuestan di- nero, habia Ilegado a la conclusién de que ella sobraba, que sino hubiera nacido, su madre habria podido comprar todas esas co- sas que deseaba. Actualmente, atin le hace regalos, incluso le re- gala cosas que ella misma no puede comprarse. Cuando habla de ello, descubre que extrae un placer de dar, incluso, segtin sus propias palabras, de quedar despojada. Habia quedado impre- sionada con la historia del pelicano que su madre le habia puesto como ejemplo de amor materno: en ella, el pelicano ofrece su propio cuerpo a las crias como alimento. Durante el anilisis mantuvo una breve aventura amorosa con un hombre, R.,, al que conocia desde hacia mucho tiempo. El] analista no ve bien que le endosen el papel de madre permisiva, pero no puede hacer nada. Sélo el andlisis permitird a la paciente salir de la situacin. Se aleja con pesar de este hombre cuando él le dice que no la quiere, algunas semanas més tarde. Sin embar- go, precisa, querria volver a verlo para que él me desee, para que me haga gozar, y me diga después que no me ama, que ama a otra, cosa que sabia ya desde hacia tiempo. En efecto, conocfa las relaciones femeninas de este hombre. Se pregunta por este goce y lo asocia con su padre, por el que deseaba ser amada, y sabien- do que él amaba a otra, su madre. Ella vefa en este amante ciertos rasgos fisicos del padre, que ella amaba especialmente. Pero mientras que al padre lo descri- bia siempre como un personaje fuerte, pensaba que el amante era débil, y esto era precisamente lo que le atrafa de él. De hecho, sa- bia que su padre tenia flaquezas, habia sido testigo de ello en muchas ocasiones, pero su madre las ocultaba y presentaba a su esposo como un hombre infalible. Se enamoré de R. cuando éste le dijo algo que le recordé a su padre, a las situaciones en que el padre se mostraba impotente ante su mujer y no se enfrentaba a ella. Comparaba el amor que UNa EVA NEGRA 67 quiero darle de nuevo el sexo. No soporto que los hombres sean débiles, los reparo. Al hilo de este suefio, recuerda su rabia al ver que su madre preferia a su hermano. La madre consideraba que él era mds gua- po, mas inteligente y triunfaba en todo. La paciente se esforz6, con rabia, en hacerlo mejor que él. Pero, aunque alentaban las ambi- ciones del hermano, sus padres se oponian a que ella estudiara. Unas semanas mis tarde tiene otro suefio: «Me introducia una zanahoria en el ano para taponar el agujero, para impedir que las deposiciones se escapasen, como se pone un tampén pa- ra que no salga la regla. Pero, la zanahoria estaba blanda y no consegufa introducirla, se deshacia». Lo comenta afiadiendo que querria dominarlo todo, que no soporta que se le escapen las co- sas, sin embargo, la zanahoria es algo desmenuzable y se le va de las manos. Pasa como con la cola de Mickey que de nifia queria atrapar en el tiovivo y no podia o, mejor atin, es como el juego que su tio hacia con ella: le tendia la mano con un objeto y la re- tiraba en el ultimo momento. No Ilegaba a cogerlo nunca. Recuerda que estaba furiosa porque su hermano no queria ayudarla con las matemiticas. Habfa un saber que no queria dar- le. De la rabia, una vez habia hundido la puerta de su habitacién. Incluso, siendo mas pequefia, un dia que estaba con él en el ba- fio, ella habia tirado de su sexo y habia querido arrancarselo. Cuando tuvo las primeras reglas fue horrible, no paraba de llo- rar. A partir de ese momento se rindié, renuncié a competir con su hermano y le dejé ventaja. Recierda gue dewina jugaba'conen hemanoakeledondel recipiente en que su madre hervia la topa blanea, Ambos se pa- saban horas haciendo pompas de jabén. El primer amante, B., le habia dicho que su amor era como una burbuja, y que era preci- so preservar esos momentos privilegiados que pasaban juntos. Pero cuando él pens6 en la posibilidad de que ella se divorciase para irse con él, tuvo miedo y corté la relaci6n. Aunque estuvo mucho tiempo resentida con él por esta huida, seguia apegdndo- se a ese amor. Recientemente lo llamé. Se volvieron a ver, pero él se mostré impotente y ella dejé de sentir amor por él. Durante mucho tiempo, dice, ella ha sido como una pompa DE PRIMERA MA? 71 Cuando por nuestra parte interrogamos esa «falta de expe- tieticiu»,/a Antonio le llevé mucho tiempo hasta detallar por Sa? cémo habfa estado enamorado a los trece aiios de una compaiie- ra de clase y cémo —a causa de su extrema timidez— se demoré un afio en declararle su amor, obteniendo un «no» por respuesta. A los quince aftos volvié a ocurrir lo mismo con otra compafiera, pero esta vez le hicieron falta dos afios para atreverse a hablar, con el mismo y lamentable resultado: «No». Y por tltimo, a los dieciocho afios no tardé ni dos dias en precipitarse a hacerle la misma declaracién a una tercera cuando era ya demasiado tarde, también con idéntico resultado... Ahora considera una suerte que la primera hubiese dicho que no, ya que «no hubiese sabido bien qué hacer». El «no» de la se- gunda le afecté mas profundamente, ya que vio en ella las cuali- dades que desea encontrar en una mujer: «Era guapa, simpatica y tenfa una personalidad muy parecida a la mia». Y por ultimo, el eno» de la tercera «no me importé lo mas minima, ya que tini- camente esperaba que alguien pudiera decirme que si». Después de estos fracasos, esperd otro par de afios hasta con- cluir que la mejor manera de obtener un «sf» era insertando un anuncio en un semanario dedicado exclusivamente a toda clase de anuncios: en el Primera ma. Este fue el tnico medio que en- contré para que una mujer «no me pudiera decir “no”, ya que si te contestan es porque est4n interesadas. Las del “no” ya ni te contestan. Los anuncios permiten que te digan que “si”, y ade- 2. El estilo de este paciente plantea al analista cierta dificultad, ya que no silo ha echado un manto de olvido -mas bien de silencio- sobre su his- toria infantil, sino que de continuo borra con el coda lo que escribe con la mano y hasta nos atreverfamos a decir que también lo contrario, aunque suene a disparate: lo que pudiera «escribir» con su codo, se aplica a borrar- lo con fruicién con la mano... Esto mismo lo Heva a «preparar» cada ver lo que viene a decirnos, asf como a realizar una cuidadosa observacién sema- nal buscando ideas, pensamientos y acontecimientos actuales de los cuales ar en las entrevistas, y cuando no encuentra nada para Henar dichas en- trevistas, no deja de expresar cierta incomodidad de haber tenido que venir cuando no encuentra de qué podria hablar... DE PRIMERA MA? 75 tiene que extraerla del interior de la carroceria convertida en un amasijo de hierros y llevarla al hospital acompaiidndola incansa- blemente hasta su recuperacién. Este ultimo suefio de salvacién lo interpreta en clave de amor, de lo mucho que la quiere por sal- varla y acompafiarla en su recuperaci6n. Tanto insistia en esta ul- tima versién que tuvimos que decirle: «Pero, ¢no le llama la aten- cién que usted mate casi cada noche a esa mujer?». A lo que nos respondié con su estilo caracteristico y no exento de humor: «Bueno, pero a veces la salvo...», para acabar confesando la per- plejidad que sentia cuando lo primero que pensaba cuando sofia- ba que ella moria, es «Qué bien, hoy tendré el dia libre...». Llegados a este punto en las entrevistas, vuelve a relatar con mucho mas detalle una actividad silenciosa que desarrolla hace muchisimo tiempo. Resulta que ya desde los sicte aiios se sabia de memoria todas las comarcas de Catalufia con sus respectivas capitales. Siguid con el estudio del territorio catalan hasta co- menzar a comprar mapas y copiarlos afiadiéndoles «todo lo que les falta». «Es que, claro, miro el mapa y me doy cuenta de que faltan caminos 0 estos estan equivocados. Entonces copio el ma- pa con todo detalle y corrijo todos los errores. Estos mapas me sirven para preparar todas las salidas que hago con mis amigos». Asi las cosas, amontona en su habitacidn una gran masa de ma- pas, muchos copiados y corregidos, y otros completamente inédi- tos realizados por él mismo... Pues bien, atin y a pesar de pertre- charse con sus tan detallados mapas, no puede evitar albergar ciertos temores de que ocurra alguna desgracia que, como antes sefialamos, atribuye a la excesiva proteccién que siempre obtuvo de sus padres, y mds concretamente de su madre. Proteccién que, como no podia ser de otra manera, se extiende a los asuntos del Otro sexo, pues nos enteramos ahora que era su madre la que se encargaba de disuadirlo de salir con alguna chica ya desde aquel «no» de los trece aftos, bajo el pretexto de que atin era de- masiado joven. Y ahora que tiene novia, no deja de interrogarlo cuando ve algiin signo de preocupacidn en su hijo; signo que se concreta exclusivamente en que deja de comer: «Cuando estoy un poco preocupado por cémo van las cosas con mi novia, no tengo mucho apetito. Mi madre nota que xo le como, y eso para DE PRIMERA MA? 79 afectado. Pero no sé, es también el registro de un momento histé- rico y por eso me gusta ese trabajo... Porque yo quiero dejar hue- Ila, que mi letra, mi firma, la tinta, el papel que se utiliz6 para re- gistrar a alguien que ha nacido, quede alli para la historia, que pasen afios y afios, y eso quede alli; otra cosa sera cuando se haga todo por ordenador, porque ya no quedaré nada de tu personali- dad...». Y no le falta raz6n a nuestro sujeto, pero también cree- mos que este punto muestra de forma limpida que su neurosis es- tA construida para evitar el lugar en el mapa, cuya construccién subjetiva ha dejado un inevitable agujero: el agujero de la no rela- cién sexual, es decir, de la castracién, y al que el sujeto responde con los objetos que imagina ser para el Otro. Otro en cuyo rostro destacan los rasgos maternos a los que est fijado en su goce, y del que da cuenta los objetos imposibles de sus masturbaciones soli- tarias; fijacién que afortunadamente retorna en parte encarnada en su partenaire sexual haciendo sintoma. Asi, esperamos seguir acompafiando al sujeto con la bréjula analitica a los lugares que siempre ha evitado visitar haciéndose acompaiiar por el padre. En definitiva, esperar a que pueda em- pezar a percibir -de manera distinta a como lo ha hecho hasta ahora-, que el mapa del Otro no es precisamente el territorio CONVERSACION Jacques-Alain Miller: Vamos a empezar la segunda parte de la Conversacién. Idealmente, habria ido bien hacer un corte pero coniinuamoe sik iisiriipcids dado que teiemos-sélo un diay medio de trabajo. Invitamos a Gault y a Alvarez a tomar, tam- bién, su lugar aqui. Hebe Tizio va a recordarles los casos. El de «La Eva negra», de Jean-Louis Gault y, el de «De primera ma?», de José Manuel Alvarez. Hebe Tizio: Bien, tenemos entonces los dos casos siguientes. E] primer caso, «:De primera mano?», de un sefior que podria- mos llamar «el cartégrafo del Otro». El segundo caso, «Una Eva negra», una Eva que esta mas preocupada por atrapar la serpien- DE PRIMERA MA? 83 Jacques-Alain Miller: Yo resumiria la problematica central en este momento del caso. Es la patética historia de un masturbador que durante afios se llevé muy bien con su partenaire y que trata de dar un lugar a un objeto de amor, a una mujer. Se trata de la di- ficultad del pasaje del partenaire «de primera mano», como usted dice, un partenaire que ademas nunca dice «no», a otro partenaire, el partenaire del Otro sexo, con el cual pueden pasar muchas co- sas. Este partenaire del Otro sexo puede decir «no» y él toma mu- chas precauciones para obtener un partenaire que dice «si», como el partenaire original. También es un partenaire que puede quedar embarazado cuando con el primero no hay ningun riesgo. Es patético ver, efectivamente, en este caso, lo que hay que ceder de este goce autoerético para el deseo y ver si el amor es suficientemente fuerte, si lo atrapa suficientemente para que de- je la comodidad del goce autoerdtico y asumir los riesgos del Otro. Ademés, el pobre no es solamente un masturbador sino que es hijo tinico, hijo tinico protegido por los padres, como us- ted sefiala. Toda esa cuestién del nacimiento de hijos posibles se refiere, finalmente, a la hermana mayor muerta en el momento mismo del nacimiento, como feto. Es decir que ésa ha sido la sombra de su vida. Se ve en los otros casos. ¢Qué es lo deseable? En los otros casos se ve que hay problemas con los hermanos, problemas de rivalidad, etc. El no ha tenido todo eso sino el pe- so de la hermana-feto, ahogada como feto. Para mi, el rasgo clinico que por el momento parece funda- mental y que obstaculiza la apertura del inconsciente es el vincu- lo que mantiene con el goce solitario. La chica, por lo menos, ha logrado ubicar el problema. No se va a casar con un tipo que mantiene... Para él, seguramente, hay que favorecer que el goce femenino se vuelva una pregunta. Vi- niendo, como él viene, del goce falico del idiota, finalmente ha tomado -como ha dicho Hebe- la via ginecoldgica para llegar a hablar con un Otro. Va realmente desde el Tao del idiota -si po- demos llamar asf a la masturbacién- a la via ginecoldgica. Y hay que interesarlo en esto. Esta interesado en el misterio de la femi- nidad, tanto que puede aceptar la posibilidad de un Otro que di- ce que no, y peor atin, un Otro que dice que si. DE PRIMERA MA? 87 andlisis, durante algunos meses. Y cuando analiza esta relacién y descubre la relacién con el padre da un paso mis, que es el ter- cer paso en el desarrollo del andlisis y, en este momento, lo que toma importancia para ella -en lugar de la tristeza, de los afectos depresivos~ es el vacio. Y se siente totalmente aliviada. No recuerdo cémo lo dice exactamente, pero hace alusién a la pérdida cuando dice «no tenfa nada que perder». Y, en ese momento, dice que no se reconoce, «no soy la misma. Pero no sé cémo ser otra». Este es el momento actual después de... Jacques-Alain Miller: ...veinticinco afios de matrimonio. Jean-Louis Gault: Exactamente. Y sélo después de veinticinco aiios de matrimonio habl6 con su marido sobre las relaciones se- xuales. No lo he escrito pero ambos son médicos y durante seis afios tuvieron relaciones sexuales. Ella queria quedarse embara- zada pero no lo consegufa porque habia eyaculacién precoz. Pe- ro ni él ni ella se habian dado cuenta de que no habia penetra- cién. Por eso, como nos dijo un profesor que se ocupa de inseminaci6n artificial, cuando las parejas piden una insemina- cién artificial, siempre hay que preguntar si hay penetracion y tentativa de inseminaci6n natural antes de seguir un tratamiento, Jacques-Alain Miller: Hay que decir que la especie humana es demasiado inteligente para su debilidad. Es una especie que ha logrado inventar la inseminacién artificial pero que no ha pene- trado totalmente en los misterios de la inseminacién natural. Quizas es por esto, porque los seres humanos no han terminado de entender la inseminacién natural, al contrario que las especies animales, que esta especie ha inventado cosas tan increfbles co- mo la modificacién genética. Es por su estupidez, que es la base de todos los progresos humanos. Hebe Tizio: Por eso se puede entender el horror de esta mujer cuando el marido tiene una ereccién... Miquel Bassols: ...natural. DE PRIMERA MA? 91 Y, en el caso de Jean-Louis Gault, intentaba ver cudl era real- mente el afecto predominante que representa a esta mujer. Y si bien aparece definida como una Eva negra, yo diria que realmen- te aparece como una mujer rabiosa, y est4 muy bien descrito en esas escenas infantiles en donde hay muchisima rabia; tanta co- mo para que una nifia logre romper la puerta que se le cierra, frente al hermano. Es algo que yo le queria preguntar a Gault, si esto ha desaparecido, porque hasta el final vuelve a repetir y a re- cordar estas escenas Jean-Louis Gault: Si, usted tiene perfectamente razén. Pero esta mujer tenfa cuarenta afios cuando empezé el andlisis y habia organizado toda su vida profesional, familiar, tenia hijos, para reprimir esta rabia. Claro, para reprimir el deseo y para trabajar en el sentido de la represién. Y eso desde los primeros afios de su vida, porque las cosas habfa para ella alrededor de los cuatro o cinco afios. Antes estaba esta aversién hacia los chicos, des- pués, en un momento, enfrente del hermano, abandona la po- sicién femenina y se identifica con un hombre. La dificultad de tener relacién con un hombre viene de que durante todos es- tos afios ella misma era el hombre. Habfa organizado toda su vi- da asi. Francisco Roca: Bien, escuchando la lectura que ha hecho He- be del caso de Alvarez me surgia una pregunta: ¢qué hacen los sujetos con el deseo del partenaire cuando éste se manifiesta? Hasta ahora lo que hemos visto ha sido cémo, en distintos casos, han acudido al analista cuando por distintas circunstancias el lu- gar que asignaban al partenaire se ha conmovido, ha cambiado y, poi iaitoyha hechoresierger sw propio deseo. Lio cul hacla pens sar que en ese azar que normalmente los pacientes cuentan de cémo encontraron a su partenaire, realmente lo que hay es una puesta en juego de algo que nos diferencia de los animales. Es decir un intento, justamente, de acallar el propio deseo y de adormecerse en la ignorancia de si mismos. Es decir, de calmar el propio inconsciente, de hacer que esto no aparezca. Y el parte- naire apareceria ahi como tapén a la emergencia del inconsciente DE PRIMERA MA? 95 Jorge Bekerman: Quiero hacer una observacién clinica y otra metodoldgica. La observacién clinica se origina en el caso de Shula Eldar pero tiene resonancias en otros casos que se han planteado y, en particular, en el de Jean-Louis Gault. En el caso de Eldar la conclusién que me queda del trabajo que se hizo es que lo que esta en juego, mds que una violacion, es una pérdida de la virginidad. Yo lo Ilamarfa una desfloracién subjetiva, donde se trata para esta mujer de subjetivar el cardcter intrusivo de la sexualidad masculina y su inevitable cardcter trau- miatico para la mujer, en especial desde el punto de vista del nar- cisismo. Esto me lleva a recordar en Freud —de los tres articulos sobre la vida amorosa- «E! tabu de la virginidad», que parece mucho menos comentado que los otros dos. Con respecto al caso de Gault estaba pensando si no se presta a considerar que por lo menos un aspecto de esta desfloracion subjetiva se vehiculiza en este hablar sobre sexo que tiene con el marido. La observacién metodoldgica apunta a esto: Miller menciond que en nuestra consideracién de los problemas de pareja no nos valemos de la oposicién «normal o anormal». No tenemos Ja nor- malidad en el horizonte pero si hablamos de disfuncionamientos. Ahora bien, la nocién de disfuncionamiento puede poner en el horizonte un eu-funcionamiento posible. Y este par disfunciona- miento-eu-funcionamiento podria redoblar el par normal-anor- mal. Me parece importante subrayar que nuestra nocién de dis- funcionamiento no tiene en el horizonte un eu-funcionamiento posible sino el wo hay relactén sexual. Nada mis. Enric Berenguer: A raiz del caso de José Manuel Alvarez, que- ria retomar primero una cuestién general sobre el tema de la sexualidad masculina, en concreto la masturbacié6n, y luego refe- rirme a un aspecto particular del caso. Quizd podriamos haber puesto en la pizarra «el partenaire pene» porque es cierto que el pene es uno de los primeros partenaires del hombre. De lo que no estoy seguro es de que ese partenaire, que a veces es objeto de un verdadero enamoramiento durante la pubertad, de una admira- ciéa ante’el milagrodela ereecién; dlempre, de alguria forma, en- DE PRIMERA MA? 99 redoblamiento: el no del partenaire chica pero luego viene el no de la madre a que salga porque es demasiado joven. Eso no se da a cualquier edad porque hay una cierta precocidad en este chico; porque hay que decir que a los trece afios hay muchos mis chi- cos preocupados por su pene que por declararse amorosamente alas chicas. Es un rasgo interesante. Jacques-Alain Miller: Una iltima palabra sobre el caso del car- tégrafo que pone de manifiesto lo que Lacan dice, que la deman- da puede ser un objeto. Creo que podemos ordenar bastantes co- sas a partir del objeto demanda en este caso. Cuando él mismo dice que busca un partenaire que no pueda decir que no, que quedo traumatizado cuando tenia trece afios por la chica que le dijo que no- y decidié que jamés le volverfa a ocurrir. Decide en- contra un partenaire a través de anuncios, de manera de estar se- guro de que el partenaire ya ha aceptado. Estudia cuidadosamen- te las cartas que recibe, a partir de los anuncios, para seleccionar la buena, la correcta. Es decir que desea que su demanda sea cumplida. El otro debe cumplir. Podemos decir que el otro que cumple en cada caso es, por supuesto, un otro mortificado, un otro que no tiene alteridad. La alteridad es, precisamente, la po- sibilidad de poder decir que no. Eso nos hace entender una frase un poco misteriosa de Lacan, en el seminario Awn, con la que concluye, cuando dice: saber lo que el partenaire va a hacer no es una prueba de amor. Se entiende muy bien porque en el caso de Alvarez, el sujeto quiere saber exactamente lo que el partenaire va a hacer y, precisamente, desea un otro sin amor, que no tenga de- seos, caprichos, que no tenga amor. Hasta tal punto que hay todo un parrafo de su texto, por lo menos algunas frases, en el que se refiere a la fantasia de que su novia fuera una prostituta. En el fantasma, finalmente, la considera como una prostituta, es decir, la que no dice que no porque est4 aqui para cumplir. Realiza su vida amorosa con el objeto degradado, precisamente, pero es un objeto que logra, en lugar de separarlo en varias mujeres como hace el Sr. B. de Sagrario Garcia, que vamos a ver, un sefior que separa muy bien la esposa y la cantidad de prostitutas que va a ver. El cartégrafo esté en una posicién inestable por realizar el EL Sr. B. 107 gente, de pronto se encuentra a solas frente a un perro muy peli- groso.» Despierta angustiado. Asocia este suefio con un recuerdo infantil en el portal de su casa con su hermana y un perro, azuza al perro contra su herma- na pero es él quien resulta mordido por el perro. Continta con una maniobra que realizaba cuando, tras el nacimiento de su hi- ja, volvié a su casa después de la separacién matrimonial. Siendo la nifia un bebé provocaba su llanto «pellizc4ndole» para, en un segundo movimiento, poder darle los carifios y mimos que ese ser desvalido le despertaba. Recuerda esto con horror de si mis- mo. «Dicen que cuando nacicron mis hermanas yo les pegaba en Ja cuna, igual me he creido una victima y sdlo he sido un celoso que no aceptaba ser destronado de mi lugar de rey de la casa.» Surgen posteriormente la imagen de Ja nifia montando en bi- cicleta como el recuerdo de su primer enamoramiento infantil, y una fantasia actual despertada por la contemplacién, en un hotel de lujo, de parejas de hombres ricos y maduros con bellas joven- citas. Enuncia el encierro en que se encuentra en sus relaciones con las mujeres, basculando entre las dos posiciones: quedar atcapado por ella o ejercer el poder sobre ella. Esta serie conclu- ye con una llamada al padre, por vez primera, «yo en medio de esa guerra, instrumento de las dos, no se veia la mano de mi pa- dre en ningtn lado». ESQUEMA 2 Nacen sus hermanas Rey de la casa Madre —_Discolo Hermana Rey de la casa Abuela LA PAREJA DE LA HERMANA lil Esto fue cuando su hasta entonces «dulce y maternal compa- fiera», Amparo, le propuso como remedio para el aburrimiento incluir en sus relaciones sexuales a la «simpatica y desenvuelta» Elsa, la pareja de la hermana de Agustina. A lo que Agustina consinti6. Creyendo que se trataba de un capricho pasajero de Amparo y pesindole la situacién de inactividad sexual en la que se encontraban, no le importé que su compafiera pudiera tener una aventura y mantenerse al margen en esta experiencia de a tres. Se retird, cedid su lugar a Elsa. Y después «se termind». Semejante final la desconcertaba profundamente. A su amo- roso ofrecimiento, Amparo le habia correspondido eligiendo a otra, «dejandose llevar por sus bajos impulsos», comportandose como su padre, «con la diferencia de que él no se dirigia a chicas “inquietas y atrevidas” como Elsa, sino a nifias que marcaba pa- ra toda la vida». A los catorce afios, su padre también la «habia tocado». Ahora lo acusaban de haber tocado a otra (nifia). En un primer momento, su queja y todo su malestar recaen en el abandono sufrido, al mismo tiempo que actualiza sus temas y va desplegando décilmente sus significantes particulares, sin sa- ber que estan alli los elementos esenciales del desencadenamien- to de su neurosis. Este es el significante