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Mario Monroy Palacios

Abogado

Notas en tema de condena en costas y costos

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SUMARIO: I. IntroduccIón; II. La necesIdad de apeLar eL extremo de La resoLucIón que contIene La condena en costas y costos; III. Las razones atendIbLes para LItIgar; IV. La dIferencIa entre exencIón y exoneracIón de Las costas; V. La apLIcacIón deL artícuLo 381 deL cpc (o costas y costos en segundo grado); VI. concLusIones.

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CAS. N°3791-2009 LIMA. Lima, veintisiete de abril de dos mil diez. SALA CIVIL PERMANENTE DE LA CORTE SU- PREMA DE JUSTICIA DE LA REPÚBLICA. VISTA, la causa número tres mil setecientos noventa y uno —dos mil nueve, en

Audiencia Pública llevada a cabo en la fecha, verificada la vo- tación con arreglo a ley emite la siguiente sentencia: RECUR- SO DE CASACIÓN. Recurso de casación interpuesto por Ana Maruja Franchini Oral Viuda de Beya a fojas mil doscientos trece, contra la sentencia de vista del veinte de enero de dos mil nueve, corriente a fojas mil ciento noventa y cuatro, que confirma la sentencia apelada de fojas mil quinientos treinta

y ocho, que declara fundada la contradicción e improcedente

la demanda interpuesta por José Modesto Beya Beteta por la cual solicita tener por rendidas las cuentas del primer semes- tre (periodo de agosto dos mil dos a febrero de dos mil tres),

así como la solicitud de fijar una retribución por el ejercicio del cargo; y la revoca en el extremo que ordena el pago de costas

y costos, y reformándola la declara sin costas y costos. CAU-

SAL DEL RECURSO: Por resolución calificatoria del once de

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noviembre de dos mil nueve esta Sala Casatoria declaró pro-

cedente él recurso de casación por la causal de contravención

a las normas que garantizan el derecho a un debido proceso

referida al principio de congruencia procesal previsto en el ar-

tículo VII del Título Preliminar, artículo 50, inciso 6, y artículo 122, inciso 3, del Código Procesal Civil. CONSIDERANDO:

Primero.- Que, el contenido esencial del principio de moti- vación de las resoluciones judiciales se respeta siempre que exista fundamentación jurídica, congruencia entre lo pedido y lo resuelto y, por sí misma la resolución judicial exprese una suficiente justificación de la decisión adoptada, aún si ésta es breve o concisa. Segundo.- Que, así para que exista infracción del principio de congruencia que daría lugar a la incongruen- cia extra petita se requiere que la Sala revisora conceda algo no pedido en el recurso de apelación. Tercero.- Que, la recu- rrente al fundamentar su recurso de casación sostiene que la sentencia de vista afecta el principio de congruencia procesal al emitir pronunciamiento sobre el extremo de costas y costos que no ha sido apelado por el actor. Cuarto.- Que, de autos se advierte que mediante la demanda de fojas doscientos treinta

y cinco el accionante solicita tener por rendidas la cuentas del

primer semestre (periodo agosto dos mil dos a febrero dos mil tres) de la Administración Judicial de los bienes de la Herencia de Odón Beya Puig que se le confiriera judicialmente y que se contrae a los locales, departamentos y oficinas del edificio de la avenida José Gálvez Barrenechea y la Calle 21 de Urbani- zación Corpac del Distrito de San Isidro, solicitando además

que se le señale una retribución por el ejercicio del cargo. La sentencia de primera instancia de fojas mil quinientos treinta

y ocho declara fundada la contradicción e improcedente la de-

manda de rendición de cuentas y solicitud de retribución por el ejercicio del cargo de administrador judicial, con costas y

costos. El recurso de apelación del recurrente corriente a fojas mil ciento sesenta y dos, no señala como agravio el extremo de la condena en costas y costos. La sentencia de vista de fojas mil ciento noventa y cuatro confirma la sentencia apelada que declara fundada la contradicción e improcedente la demanda, la revoca en el extremo que ordena el pago de costas y cos- tos, y reformándola ha tenido razones atendibles para litigar

y en aplicación del artículo 412 del Código Procesal Civil debe

exonerársele del pago de las costas y costos del proceso. Quin- to.- Que, la sentencia recurrida al exonerar al demandante del pago de costas y costos no ha tenido en cuenta lo expresa- mente regulado en el articulo 381 del Código Procesal Civil

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que establece: “Cuando la sentencia de segunda instancia confirma íntegramente la de primera, se condenará al apelante con las costas y costos. En los demás casos, se fijará la condena en atención a los términos de la revocatoria y la conducta de las partes en la segunda instancia”. Sexto: Que, la circunstancia anotada afecta el prin- cipio de congruencia procesal previsto en el artículo VII del Título Preliminar y los artículos 50, inciso 6, y 122, inciso 3, del Código Procesal Civil, toda vez que la Sala Superior sólo debía pronunciarse respecto a lo que es materia de apelación, lo que se expresa en el aforismo latino tanturn devolutum quan- tum apellatum y circunscribir el debate a los extremos apela- dos. Por lo que la sentencia de vista contiene un vicio procesal que acarrea la nulidad que debe ser sancionada en aplicación del artículo 171 del Código adjetivo. DECISIÓN: Por estos fundamentos: declararon FUNDADO el recurso de casación interpuesto por Ana Maruja Franchini Orsi Viuda de Beya a fojas mil doscientos trece; en consecuencia, NULA la senten- cia de vista del veinte de enero de dos mil nueve, corriente a fojas mil ciento noventa y cuatro; ORDENARON que la Sala Superior expida nueva sentencia conforme a ley; en los segui- dos por José Modesto Beya Beteta sobre rendición de cuen- tas de administración judicial; DISPUSIERON la publicación de la presente resolución en el diario Oficial El Peruano bajo responsabilidad, y lós devolvieron. Interviene como Juez Su- premo ponente el señor Almenara Bryson.- SS. ALMENARA BRYSON, LEÓN RAMÍREZ, VINATEA MEDINA, ALVAREZ LÓPEZ, VALCARCEL SALDAÑA C-605062-153.

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I. INTRODUCCIÓN Comentaremos una sentencia de casación proveniente de un re- curso interpuesto por el demandado en un proceso de rendición de cuentas y fijación de una retribución por ejercicio del cargo. En primer grado, se declaró infundada la demanda y, por tanto, la demandante fue condenada en costas. En segundo grado la sentencia fue confirma- da, sin embargo, la sala superior reformó el extremo de la condena en costas y costos e indicó que éstas no serán debidas por la parte derro- tada.

La demandada, vencedora en ambos grados, interpuso recurso de casación contra el extremo de la resolución que eximió de la conde- na a la apelante. El argumento de dicho recurso consistió básicamente en que la apelante omitió impugnar específicamente el extremo de la

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condena en costas y costos, razón por la cual, la sala superior no debió pronunciarse

condena en costas y costos, razón por la cual, la sala superior no debió pronunciarse sobre ese apartado, so pena de atentar contra el principio de congruencia. El recurso fue admitido por la causal de contravención a las nor- mas que garantizan el derecho a un debido proceso, y resuelto en for- ma favorable a la recurrente, ordenándose a la sala de segundo grado expedir un nuevo pronunciamiento en el cual sólo se refiera a lo que es materia expedir un nuevo pronunciamiento en el cual sólo se refiera a lo que es materia de apelación y, por tanto, no a la condena en costas. De eso se trata, con quizá algún detalle que omitimos por no revestir mayor importancia, la sentencia que comentaremos. La falta de invocación de enunciados normativos en esta introducción ha sido intencional, pues el propósito es facilitar el entendimiento de lo ocurri- do. Sobre ellos haremos extensa alusión más adelante. En tal sentido, el presente comentario hará énfasis en dos temas, la necesidad (o no) de apelar la condena en costas y costos; y si en segundo grado, al confirmarse la resolución apelada, se puede variar lo concerniente a la condena. Asimismo, trataremos diversos aspectos relativos a la referida institución, contrastando, cuando sea necesario, nuestra postura con la de los jueces supremos.

II. LA NECESIDAD DE APELAR EL EXTREMO DE LA RESOLU- CIÓN QUE CONTIENE LA CONDENA EN COSTAS Y COS- TOS

Fundamentos jurídicos del recurso La afectación de las normas que garantizan el derecho a un de- bido proceso, aducida por la recurrente, se fundamentó, entre otros enunciados normativos, en el artículo 50, inciso 6 del Código Procesal Civil, que regula el principio de congruencia. Se alegó que al no haberse apelado el extremo de la condena en costas y costos en primer grado, éste fue consentido y, por tanto, no de- bió formar parte de lo resuelto en segundo grado. No obstante ello, la sala superior se pronunció sobre la condena, eximiendo a la recurrida y vulnerando, con ello, la congruencia entre lo pedido y lo resuelto.

Lo resuelto La sala suprema acogió el argumento de la recurrente, señalando que la resolución de segundo grado afectó tanto el principio de con- gruencia procesal, previsto por los artículos VII del Título Preliminar; 50 inciso 6 y 122 inciso 3 del CPC, como lo establecido por el artículo

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381 del mismo código. Indica, por último, que la sala de segundo grado debió respetar el aforismo latino tantum devolutum quantum apellatum

y referirse sólo a lo que fue materia de apelación, por lo que, le ordenó

pronunciarse nuevamente al respecto, teniendo en cuenta lo indicado

en la sentencia casatoria.

Nuestra opinión:

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Lo primero a ser determinado es si efectivamente existe el deber

de apelar la condena en costas y costos. Para ello, como cuestión pre- via, se debe resolver el tema acerca de qué tipo de pronunciamiento representa el extremo de la resolución que contiene la condena. En ese sentido, el criterio establecido, a nuestro parecer correc- tamente, por casi la totalidad de la doctrina que ha abordado el tema es que se trata de un pronunciamiento accesorio a la resolución que finaliza un proceso o un incidente. El más representativo defensor de este carácter accesorio fue chIoVenda, para quien la condena “es un complemento necesario de la declaración de derecho y, por tanto, debe

ir junto con la declaración del bien de la vida” 1 .

A lo dicho por chIoVenda, agregamos que este carácter accesorio radica en que la condena no tiene hechos constitutivos propios, es de- cir, no obedece a la identificación, por parte del juzgador, de un com- portamiento temerario o de mala fe del litigante que deba ser castigado por el ordenamiento, sino simplemente es consecuencia de la derrota de una de las partes 2 . Asumido ello, consideramos que la condena no tiene que impug- narse de forma expresa, bastando con que se apele la resolución que la

1 Cfr. chIoVenda, Giuseppe, La condanna nelle spese, Roma: Società Editrice del Foro Italiano, 1935, p. 176; también ver Laserra, Giorgio, La condanna alle spese nella inammisibilità o improcedibilità dell’appello dichiarata con ordenanza, en Riv. Dir. Proc., Padua: Cedam, 1958, p. 456 y ss. En la experiencia argentina v. gozaínI, Osvaldo, Costas procesales, Buenos Aires: Ediar, 1990, p. 44, para quien “las costas del juicio son un accesorio de la sentencia”. Una sola observación a lo expresado por gozaínI, preferimos emplear el término resolución, antes que sentencia, en atención a los autos que concluyen el proceso o un incidente que, como tales, deberán contener la condena.

2 No coincidimos, sin embargo, con chIoVenda en que la condena tiene que ver con la declaración de derecho (o pronunciamiento sobre mérito), creemos, más bien, que tiene que ver con el resultado del proceso. Sobre ello, permítasenos hacer reenvío a monroy paLacIos, Mario, Contra la necesaria correlación entre pro- nunciamiento de mérito y condena en costas, en Revista Peruana de Derecho Procesal, Nº 13, Lima: Communitas, 2009, pp. 417-432.

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contiene para que se entienda impugnado tal extremo. En el caso en comentario, la demandante

contiene para que se entienda impugnado tal extremo. En el caso en comentario, la demandante apeló la sentencia que declaró infundada la demanda. Producto de aquella impugnación, la sala de segundo grado quedó expedita para revisar la causa, incluyen- do lo referido a la condena en costas y costos, al ser parte accesoria de la resolución sobre la que tiene el deber de referirse todo órgano ju- risdiccional, como lo dispone el inciso 6 del artículo 122 3 y el segundo párrafo del artículo 412 del Código Procesal Civil. ¿Qué hubiera pasado, 3 y el segundo párrafo del artículo 412 del Código Procesal Civil. ¿Qué hubiera pasado, por ejemplo, si en segundo grado se hu- biese revocado la sentencia de primero y reformándose se declarase fundada la demanda? ¿Es correcto sostener que al no haber apelado específicamente tal extremo (como opina, en nuestro caso, la recurren- te en casación y la sala suprema), la situación en cuanto a las costas y costos permanecerá invariable, esto es, siendo condenada la deman- dante, aún cuando vencedora, “en aras de respetar el principio de con- gruencia”? La solución nos parece, por lo menos, discutible. Por otro lado, si el respeto del referido principio debe ser así de estricto, como señala la sala suprema, al no haber apelación específica del extremo de las costas y costos, la sala superior al confirmar la re- solución de primer grado, tampoco podría condenar al apelante, dado que ese apartado no fue materia de apelación, por lo que si lo condena- se a pagar las de segundo grado también se estaría violando el tantum apellatum quantum devolutum 4 . Al argumento del carácter accesorio de la condena, que impide que la falta de apelación específica precluya la posibilidad de que el ór- gano revisor se pronuncie al respecto, debemos agregar lo que en doc- trina se conoce como principio de globalidad de la condena en costas y

3 Artículo 122.- Contenido y suscripción de las resoluciones Las resoluciones contienen:

6. La condena en costas y costos y, si procediera, de multas; o la exoneración de su pago.

4 Salvo que se piense que al no impugnarse la condena en primer grado, ésta queda consentida y sus efectos recaerán sobre todo el proceso, conteniendo también los desembolsos ante los órganos jurisdiccionales superiores que conozcan el caso, y a pesar que el condenado resulte vencedor del proceso. No obstante, tal postura encuentra sólida barrera a nivel legislativo porque el segundo párrafo del artículo 412 dispone claramente que la condena en costas y costos “se establece por cada instancia”, con lo cual, casi se podría descartar esta especie de preclusión que se pretende alegar. Sobre ello regresaremos.

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costos, en virtud del cual, la imposición final de ésta se hará teniendo como referencia el resultado global del proceso, y no el resultado de cada grado jurisdiccional 5 . Este principio, por lo demás, es recogido por el segundo párrafo del artículo 412 del CPC, donde se dispone que: “La condena en costas

y costos se establece por cada instancia, pero si la resolución de segunda

revoca la de primera, la parte vencida pagará las costas de ambas. Este criterio se aplica también para lo que resuelva la Corte de Casación”.

Por tales razones, consideramos que la sala superior no cayó en incongruencia al haberse referido al extremo de la condena, aún cuan- do éste no fue apelado de forma específica.

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III. LAS RAZONES ATENDIBLES PARA LITIGAR

El fundamento por el cual la sala superior eximió de la condena en costas y costos a la demandante, a pesar de haber confirmado la sentencia de primer grado que declaró infundada la demanda (en otras palabras, a pesar de no darle la razón en el mérito), radicó en la apre- ciación de razones atendibles para litigar. Estas “razones o motivos atendibles para litigar” han sido ma- teria de mucha controversia en la doctrina y legislación comparada y

sus repercusiones se sienten hasta nuestros días. Por ejemplo, en Italia se habla de exención de la condena en costas cuando medien “justos motivos para litigar” 6 . Desde el 2009, la fórmula cambió en dicho país

y ahora se hace alusión a “graves y excepcionales razones”, aunque

observándolo bien se trata de la misma regulación, pero expresada en otros términos. Lo cierto es que, históricamente, en virtud de esta causal, los jueces nacionales y extranjeros encontraron y encuentran hoy la sa- lida perfecta para no condenar al derrotado, y de este modo, evitar infringirles lo que ellos considerarían un doble daño (el primero sería

5 Entre otros, v. goneLLI, Sara, Il principio di globalità nelle spese processuali, en Riv. Dir. Proc., Padua: Cedam, 2004, p. 503; López deL carrIL, Julio, La condena en costas, Buenos Aires: Abeledo-Perrot, 1959, p. 137; chIoVenda, Giuseppe, La condanna nelle spese, op. cit., p. 291; pajardI, Piero, La responsabilità per le spese e i danni del processo, Milán: Giuffrè, 1959, p. 290.

6 Considerada por pajardI como una fórmula infelicísima que generó la más grande confusión en tema de costas (La responsabilità per le spese e i danni del processo, op. cit. , p. 13), y por sIcILIanI como una fórmula vaga (Voz: Spese giudiziali civili, en Nuovo digesto italiano, XII, Turín: UTET, 1940, p. 727). Este último bajo la legis- lación procesal anterior a la vigente.

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no haberles dado la razón en el proceso y el segundo condenarlos al reembolso de

no haberles dado la razón en el proceso y el segundo condenarlos al reembolso de las costas y costos). Quienes así piensan no reparan, sin embargo, que tratando de evitar tal situación, en realidad están optan- do por una solución más injusta, toda vez que se estaría dañando al vencedor, quien a pesar de su victoria no podrá recuperar lo que gastó en el proceso defendiendo sus derechos 7 . Por otro lado, resulta una tarea muy difícil determinar el conte- nido de 7 . Por otro lado, resulta una tarea muy difícil determinar el conte- nido de los justos motivos (o razones atendibles) para litigar, los su- puestos son infinitos, tanto como la imaginación de los juzgadores. De manera meramente ejemplificativa se puede mencionar: el conflicto de carácter dudoso; cuando la jurisprudencia se ha manifestado en diver- sos sentidos; la difícil interpretación del contrato o de la cláusula del mismo, entre otros. Nótese que ninguna de las causales mencionadas en el párrafo precedente produce, concretamente, efecto alguno sobre el resultado del proceso. Además, son todas anteriores al inicio del mismo. En otras palabras, se trata de circunstancias conocidas de antemano que quizá hasta fueron las provocadoras de la controversia. Por tal razón, pensamos que el uso de la fórmula se reduciría de forma significativa si se regulara que los justos motivos para liti- gar deben ser sobrevinientes al inicio del proceso y que deben tener una repercusión directa sobre su resultado (téngase en cuenta que bajo esta postura ninguno de los supuestos dados en las líneas precedentes conllevaría a su empleo). De lo contrario, seguiremos expuestos a la total discrecionalidad de los juzgadores para la exención de la con- dena. Cualquier intento de reforma de la institución de la condena al reembolso de las costas y costos será flatus vocis si es que no se delimita tal situación. En sede nacional, la referida fórmula de exención de la condena se encontraba regulada en el artículo 1077 del Código de Procedimien- tos Civiles de 1912, donde se establecía que aquélla se configuraría en caso el derrotado haya tenido motivos atendibles para litigar. En la legislación actual, el primer párrafo del artículo 412 del Có- digo Procesal Civil no hace referencia a las razones o motivos para litigar, sólo dispone que el derrotado será condenado, salvo declara- ción expresa y motivada de exoneración (mejor: “exención”, por las

7 Por lo demás, ni la sentencia ni la resolución que pone fin al proceso son medios a través de los cuales los jueces otorguen “premios consuelo” a los perdedores para no tener el cargo de conciencia de no haber resuelto a su favor.

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razones que desarrollaremos más adelante). Sin embargo, imaginamos que la fórmula del código anterior se encuentra tan arraigada por los operadores jurídicos que aún la siguen empleando, como en el caso en comentario. Sin perjuicio de ello, lo planteado por el artículo 412, del código en vigencia desde 1993, nos parece más adecuado que lo dispuesto en el anterior, sobre todo, por la plenitud que representa, dado que, las causales de exención de la condena pueden ser diversas, siendo los motivos atendibles para litigar sólo una de ellas 8 . Ahora bien, la diferencia más relevante entre la legislación proce- sal anterior y la vigente en cuanto a la exención de la condena es que en la actualidad el juez tiene el deber de motivarla 9 . En ese sentido, como expresamos líneas atrás, la referencia a las razones atendibles para liti- gar del derrotado, fórmula empleada en la sentencia de segundo grado del caso en comentario, es sólo la invocación de una causal de exención y no una motivación en sí (en puridad, todos los litigantes creen tener fundados motivos para hacerlo, sino no estarían litigando). Por ello, la sala superior incurrió en serio defecto de motivación al limitarse estrictamente a invocar dicha causal de exención y no de- sarrollarla. Es como si, por ejemplo, bastara que un Juez al declarar la nulidad de un acto jurídico por tener fin ilícito, se limite a señalar la existencia del vicio sin expresar en qué radica éste, cómo se configuró, etc.

De modo que, en contraste con la presunta afectación del prin- cipio de congruencia desarrollada en el parágrafo anterior, esta vacía invocación sí configura un defecto de motivación pasible de recurso de casación 10 .

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8 Otra puede ser, por ejemplo, el parentesco entre los litigantes, supuesto de exención duramente criticado por garsonnet, Eugene, Trattato teorico e pratico di procedura civile, Trad. por Carlo Lessona, III, Milán: Società Editrice Libraria, 1913, p. 618. Nótese, por lo demás, que si se asume que los hechos capaces de producir la exención de la condena deben ser sobrevinientes al inicio del proceso, esta causal tampoco encajaría como eximente.

9 Cabe destacar que este deber de motivar la exención de la condena, regulado en nuestro ordenamiento con la entrada en vigencia del Código de 1993, recién fue incluido en el Código italiano con la reforma del 2006. No es difícil imaginar lo terriblemente arbitraria que debió ser la situación anterior.

10 Para recursos de casación que versan sobre defectos en la motivación de la exención de la condena en costas, v. Cas. N.° 3392-02, Cas. N° 2460-98.

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IV. LA DIFERENCIA ENTRE EXENCIÓN Y EXONERACIÓN DE

LAS COSTAS La sentencia de segundo grado indicó que “debe exonerársele del pago de las costas y costos al demandante”. El error, común en nuestro ámbito forense, radica en la falta de discernimiento entre dos

supuestos distintos: por un lado, el de la exención de la condena y, por

el otro, la exoneración de la carga de anticipar las costas. Sin embargo,

natura non facit saltus, en este caso, la responsabilidad no es de los juz-

gadores, sino exclusivamente del legislador. La exención y la exoneración de las costas se encuentran regula- das por el art. 413 del Código Procesal Civil. El primer párrafo de este enunciado normativo indica los sujetos que, en virtud de la exención, no podrán ser condenados al reembolso de las costas y costos. Conforman

este supuesto los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial; el Ministe- rio Público; los órganos constitucionalmente autónomos y los gobier- nos regionales y locales. Por su parte, el segundo párrafo indica los sujetos exonerados (a saber, las Universidades Públicas, quienes obtengan auxilio judicial,

y la parte demandante en un proceso de alimentos). En virtud de la

exoneración, los beneficiados no tendrán la carga de anticipar las costas. Sin

embargo, y ahí es donde radica la gran diferencia entre uno y otro su- puesto, los exonerados sí podrán ser condenados. No obstante la clara distinción entre exoneración y exención es-

tablecida por el artículo 413, el primer párrafo del artículo 412 indica que la parte derrotada será condenada en costas y costos, salvo decla- ración judicial expresa y motivada de exoneración. En aras de mantener la coherencia entre ambos enunciados, con- sideramos que la fórmula correcta sería “salvo declaración judicial ex- presa y motivada de exención”. Lo contrario nos llevaría a concluir que

el legislador considera como sinónimos los verbos exonerar y eximir, lo

cual no se refleja de la lectura del artículo 413 11 . La confusión, a simple vista baladí, adquiere relevancia si apre- ciamos cómo a nivel jurisprudencial 12 se suele eximir de la condena a

11 Tal como ocurre en Italia, donde en la doctrina y legislación procesal se emplean indistintamente los verbos esonerare (exonerar) y esentare (eximir).

12 Así, Cas. 2400-2002, Cas. 498-02, entre otras, donde se ha considerado ilegal condenar en costas y costos al sujeto exonerado. Como ya dijimos, si se aprecia correctamente la diferencia entre los sujetos exonerados y los sujetos exentos, es sencillo llegar a la conclusión de que tal ilegalidad no existe, siendo perfectamente

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los sujetos exonerados (de acuerdo al artículo 413). Para evitar más confusiones, consideramos de suma importancia corregir tal situación.

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V. LA APLICACIÓN DEL ARTÍCULO 381 DEL CÓDIGO PROCE-

SAL CIVIL (O COSTAS Y COSTOS EN SEGUNDA INSTAN- CIA) Corresponde ahora analizar si fue correcta la decisión de la sala superior de confirmar la sentencia de primer grado, y a la vez eximir de la condena en costas y costos al derrotado (en ambos grados, se entiende). Al respecto, el considerando quinto de la sentencia casatoria in- dicó que, al exonerar (mejor: eximir) de la condena, la sentencia recu- rrida en casación no siguió lo regulado por el artículo 381 del CPC. El artículo en mención contiene dos partes que analizaremos por separado:

Primera parte: “Cuando la sentencia de segunda instancia confirma íntegramente la de primera, se condenará al apelante con costas y costos”.

Esta primera parte regula, aunque de manera incompleta, lo ya establecido en el segundo párrafo del artículo 412 del Código Procesal Civil, esto es, el principio de globalidad (v. p. II), en virtud del cual, el sujeto finalmente beneficiado por la condena, tendrá derecho al reem- bolso de las costas y costos del proceso, sin perjuicio del resultado de cada grado jurisdiccional. En ese sentido, y volviendo a nuestro caso, al confirmarse la sen- tencia apelada, de acuerdo al principio de globalidad, en abstracto, de- bió ser condenado el apelante. Hasta ahí, el aporte de la primera parte del artículo 381 es nulo, no siendo más que una mera repetición del art. 412, segundo párrafo. Sin perjuicio de ello, el artículo en análisis puede conllevar a la siguiente interpretación (que al parecer fue la seguida por la sala que emitió la sentencia en comentario): la sala de segundo grado, no pue- de, en ningún caso, eximir de la condena al derrotado si confirma la resolución de primer grado. Esto quiere decir que, en nuestro caso, aún en el supuesto que el demandante haya tenido el deber de apelar el extremo de la condena

posible que quien ha sido exonerado pueda ser condenado.

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(hipótesis que negamos, v. p. II), ello hubiera sido en vano, toda vez que, si

(hipótesis que negamos, v. p. II), ello hubiera sido en vano, toda vez que, si seguimos literalmente lo regulado por la primera parte del artí- culo 381, al confirmarse la sentencia, la sala debió condenar en costas y costos al culo 381, al confirmarse la sentencia, la sala debió condenar en costas y costos al apelante sin mediar ninguna contemplación, no teniendo éste ninguna posibilidad de revertir lo referido a la condena en costas si la sentencia es confirmada. Recordemos que el recurso de casación que motivó la senten- cia en comentario se fundamentó en la vulneración del principio de congruencia, que presuntamente se produjo al haberse reformado en segundo grado el extremo de la condena que no fue apelado. Sin em- bargo, de acuerdo al art. 381, así lo hubiera apelado, al confirmarse la sentencia el impugnante debía ser condenado en costas y costos. En otras palabras, por un lado se le exige al recurrente una apelación ex- presa para que pueda mediar pronunciamiento sobre este extremo sin vulnerar el principio de congruencia y, por otro, contradictoriamente, se invoca una norma en virtud de la cual la apelación de la condena no hubiera servido de nada en caso de confirmarse la resolución. Contrariamente a lo descrito hasta ahora, pensamos que en cada grado del proceso, el órgano jurisdiccional tiene el poder para, de acuerdo a un análisis de hechos 13 , condenar, o eximir de la condena al derrotado con declaración expresa y motivada, tal como se infiere del combinado dispuesto por el primer y segundo párrafo del artículo 412. Por ello, en el caso en comentario, contemplamos abiertamente la posibilidad de que se haya eximido (nuevamente, con declaración ex- presa y motivada) de la condena al derrotado aún cuando se confirmó la resolución, sin afectar el principio de globalidad. En síntesis, la primera parte del art. 381 no sólo es innecesaria, sino además nociva para nuestro ordenamiento por limitar el campo de actuación de los jueces de grados superiores en cuanto a la condena en costas y costos, en clara contravención a lo dispuesto en los dos pri- meros párrafos del artículo 412.

Segunda parte: “La condena se fijará en atención a los tér- minos de la revocatoria y la conducta de las partes en la segun- da instancia”. Esta segunda parte del artículo 381 presenta un grado más alto de gravedad que la primera. No tiene el defecto de ser innecesaria sino,

13 Nos referimos a los hechos sobrevinientes al inicio del proceso que puedan producir la exención en costas, no al comportamiento de las partes.

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peor que eso, es escandalosamente contraria al principio más impor- tante de la condena en costas regulado en nuestro sistema procesal civil.

No exageramos. Lo que se extrae de este enunciado colisiona di- rectamente contra el criterio objetivo de la derrota, que es el rector de la imposición de la condena, tal como lo señala el primer párrafo del artículo 412. Este criterio se caracteriza por extraer del análisis de los juzga- dores todo examen de carácter subjetivo –esto es, que evalúen el com- portamiento procesal de las partes–, para condenar en costas y costos, quedando esta valoración únicamente para los casos de resarcimiento de daños procesales, o de multas, cuando la ley procesal lo admita. Es la tendencia asumida por casi la totalidad de legislaciones contemporáneas y se fundamenta en que el vencedor no puede ver decrecido su patrimonio por haber defendido su derecho al interior de un proceso y, por tanto, debe obtener el reembolso por parte del de- rrotado. En ese sentido, el primer párrafo del art. 412 establece que “el reembolso de las costas y costos es de cargo de la parte vencida” 14 . De este modo, se adhiere el legislador nacional al criterio de la derrota. No obstante ello, la segunda parte del artículo 381 ordena la valo- ración de la conducta de las partes durante el desarrollo de la contienda en segundo grado, como presupuesto para imponer la condena. En otras palabras, el propio legislador termina metiendo por la ventana lo que expulsó por la puerta. Algunas legislaciones, como la española, admiten que en caso el recurso de apelación o de casación se declare fundado, no habrá con- dena en costas y costos (art. 398 de la LEC). Ello porque asumen que al haber litigado el apelado o el recurrido bajo “el respaldo” de una resolución que le dio la razón en un grado jurisdiccional inferior, no incurre en culpa si es derrotado en el grado superior. Sin embargo, el fundamento de tal regla no tiene aplicación en nuestro ordenamiento, donde la culpa no es un presupuesto de la condena en costas y costos. Es más, como ya se dijo, no interesa ninguna valoración del comportamiento

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14 Es cierto, como comentáramos en el punto 2, que este criterio de la derrota permite exenciones que deben ser motivadas (“criterio de la derrota atenuada”), pero ello no significa el ingreso de un análisis subjetivo que analice el comportamiento de las partes. Como ya propusimos, estas atenuaciones deben delimitarse con cierta rigidez, de lo contrario la condena en costas sería una excepción y no la regla.

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de la parte para la imposición de la condena, dado que ésta obedece únicamente al

de la parte para la imposición de la condena, dado que ésta obedece únicamente al criterio objetivo de la derrota 1 5 . Luego de haber analizado a profundidad el artículo 381 y ha- berlo 15 . Luego de haber analizado a profundidad el artículo 381 y ha- berlo contrastado con los principios de la condena en costas, se puede comprobar claramente que su aplicación por parte de la sala suprema no encuentra justificación. Es más, como ya tuvimos ocasión de plan- tear en otra sede 16 , creemos que dicho enunciado normativo debe ser derogado.

VI. CONCLUSIONES

a. La condena en costas y costos es un accesorio de la sentencia y,

por lo tanto, no necesita ser apelado de forma específica. Basta con que se apele la resolución que la contiene. Por tanto, ante la falta de ape-

lación no se afecta el principio de congruencia procesal si en segundo grado hay pronunciamiento sobre aquélla. Lo mismo ocurrirá en sede de casación, en estricto respeto al principio de globalidad. b. Cuando el órgano jurisdiccional señala que exime de la con- dena en costas al derrotado únicamente porque encontró razones aten-

dibles para litigar, sin desarrollar en qué consisten en el caso concreto, está incurriendo en un defecto de motivación pasible de ser materia de recurso de casación por contravenir lo dispuesto por el primer párrafo del artículo 412 del Código Procesal Civil.

c. Es necesario establecer correctamente la diferencia entre la

exoneración de la carga de anticipar las costas y la exención de la con- dena de acuerdo a lo establecido en el artículo 413 del Código Procesal Civil. La confusión es producto de lo regulado en el primer párrafo del artículo 412, donde se debe modificar el término exoneración, por exención.

d. Cada órgano jurisdiccional, sea el grado que fuere, podrá con-

denar o eximir al derrotado, pues son las dos opciones que le ofrece el artículo 412 del Código Procesal Civil. El escenario deseado para limitar los supuestos en que se pueda dar paso a la exención es que las

15 La corriente que ubicaba a la culpa como presupuesto de la condena en costas fue ampliamente superada debido a las enormes dificultades probatorias que re- presentaba, lo cual hacía que la condena se impusiera en contadas ocasiones.

16 Permítasenos hacer referencia a la propuesta de reforma legislativa que se en- cuentra en monroy paLacIos, Mario, Las costas y costos en el proceso civil peruano. Tesis para optar al título de abogado por la Universidad de Lima, a la que el Tribunal conformado por los profesores farfán fLoranI, Bárbara; Luis Alberto LIñán araña y José tam pérez, le concedió la calificación SUMMA CUM LAUDE.

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causales se basen en hechos sobrevinientes al inicio del proceso y que generen un efecto directo sobre el resultado del mismo. Ello no conlle- va, en ningún caso, al análisis del comportamiento de las partes, que podría derivar en decisiones arbitrarias del juzgador, que hagan de la condena una excepción y no la regla. e. El artículo 381 del Código Procesal Civil debe ser derogado por innecesario y, sobre todo, por ir contra dos de los principios más importantes de la condena en costas y costos, el de globalidad, y el objetivo de la derrota.

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