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¿La prohibición de revocabilidad del reconocimiento de un hijo es óbice para

su anulación cuando se ha demostrado mediante un examen de ADN que no


existe vínculo consanguíneo?

La interrogante que surge respecto al artículo in comento es si la prohibición de


revocabilidad del reconocimiento de un hijo constituye o no un óbice para su
anulación, en aplicación de las normas que regulan el acto jurídico, cuando se ha
demostrado irrefutablemente mediante la prueba del ADN que no existe vínculo
consanguíneo entre el que reconoce y el reconocido.

Un ejemplo de este supuesto lo constituye el caso de la Casación Nº 2378-2012-Lima,


en el que el demandante solicitó que se declare la anulación del acto de
reconocimiento de un menor a quién creía su hijo. El demandante había descubierto
que su conviviente, madre del menor, lo había engañado con otro hombre, motivo por
el cual dudo de la paternidad del hijo de ésta y decidió realizar una prueba de ADN. En
dicha prueba genética se estableció que el demandante no era padre biológico del
menor a quién había reconocido como hijo.i

Otro caso similar es el de la Casación Nº 3012-2012-Huaura, donde el demandante


interpuso demanda de nulidad del acto mediante el cual reconoció como hijo a un
menor, con la creencia de que él era padre biológico de éste. El demandante sustento
su pedido en que había sido engañado dolosamente por la madre del menor
reconocido, pues ésta había expresado ante las autoridades que el verdadero padre de
su hijo era otro hombre.

En esta última casación se analizó el auto de la Sala Civil de la Corte Superior de


Justicia de Huaura que confirmó la resolución apelada que declaró improcedente el
pedido de anulación del acto de reconocimiento. Dichas instancias de mérito
“sustentándose en los alcances del artículo trescientos noventa y cinco del Código Civil,
(...) desestima[ron] in limine la demanda, (...) [señalando] (...) que el reconocimiento
del hijo extramatrimonial es irrevocable, por lo que toda impugnación judicial que se
haga a dicho reconocimiento es improcedente, deviniendo el petitorio en uno
jurídicamente imposible, en aplicación del artículo cuatrocientos veintisiete inciso sexto
del Código procesal Civil”.ii

Al resolver este caso, la Sala Civil Transitoria de la Corte Suprema, en opinión contraria
a la de las instancias de mérito, consideró que dado que nadie está obligado a hacer lo
que la ley no manda ni impedido de hacer lo que ella no prohíbe y dado que el
reconocimiento de un hijo constituye un acto jurídico, por ende, es pasible solicitar la
anulación de dicho acto cuando concurran las condiciones para ello. Bien se señala en
la citada Casación Nº 3012-2012-Huaura, que la ratio del artículo 395º del Código Civil
obedece a vedar al sujeto que reconoce a un hijo la posibilidad de solicitar la ineficacia
funcional o extrínseca sobreviniente al reconocimiento; es decir, prohíbe que el sujeto
que efectúa el reconocimiento pretenda unilateralmente dejarlo sin efecto, por causas
o motivos posteriores a dicho acto.
En tal sentido, la ratio de la prohibición de la revocabilidad obedece a que dado que
mediante el acto de reconocimiento se materializa el derecho a la identidad
(consagrado en el artículo 2.1º de la Constitución y que, según el Tribunal
Constitucional, “comprende (...) al derecho a un nombre –conocer a sus padres y
conservar sus apellidos-“iii) de la persona reconocida, el legislador no quiere que la
vigencia de dicho derecho fundamental, y de otros derechos familiares de igual de
trascendencia que el acto de reconocimiento acarrea, quede al arbitrio del sujeto que
realiza el reconocimiento. Sobre este punto en la Casación Nº 3012-2012-Huara se
sostiene que: “(...) la irrevocabilidad se establece en nuestro ordenamiento jurídico
como consecuencia de la inalienabilidad del estado de familia en la cual se encuentra
toda persona; y siendo el reconocimiento de la paternidad (o en su caso, de la
maternidad) un acto jurídico de declaración unilateral, es susceptible de causales de
nulidad y anulabilidad, pues la irrevocabilidad supone la existencia de un acto jurídico
válido y con todos los elementos estructurales, en tanto que cuando se aduce su
nulidad se alega que el acto carece de aquellos elementos.”iv

En la misma línea, PLACIDO sostiene que “una vez determinado el emplazamiento


filial, sólo una sentencia puede privarle del mismo (...). Téngase presente que (...) la
irrevocabilidad no perjudica la pretensión de invalidez del reconocimiento como acto
jurídico, en cuanto se alega su nulidad o anulabilidad por alguna causal del régimen
general de invalidez del acto jurídico”v. De este modo, resulta que el artículo 395º del
Código Civil no constituye un obstáculo para que el sujeto que efectúa un
reconocimiento pretenda conseguir la anulación del mismo, puesto que las causas o
circunstancias concurrentes a la formación del acto de reconocimiento y que originan la
causa de su anulabilidad escapan del arbitrio del que reconoce. Entonces, ¿si el sujeto
que reconoce demuestra mediante una prueba de ADN que no existe vínculo
consanguíneo entre él y el reconocido, el reconocimiento se anula? La respuesta es
negativa. En efecto, no basta que el sujeto que reconoce demuestre mediante una
prueba de ADN que no existe vínculo consanguíneo, sino, es necesario también que él
haya incurrido en error, es decir, que haya creído que el reconocido era realmente su
hijo. Pues de lo contrario, se llegaría al absurdo de permitir que todo sujeto aún
sabiendo que una persona no era su hijo lo reconozca como tal en forma voluntaria y
que posteriormente se retracte de tal acto y solicite su anulación, generando así un
clima de inseguridad jurídica.

Por tanto, en el caso planteado existen dos requisitos copulativos para solicitar la
anulación del acto de reconocimiento por no existir vínculo consanguíneo: i) Que el
sujeto que reconoce demuestre mediante una prueba de ADN que no tiene vínculo
consanguíneo con la persona que reconoció como hijo; y, ii) Que el sujeto que
reconoce haya efectuado dicho reconocimiento con la creencia de que el reconocido
era realmente su hijo. Si faltase uno de estos requisitos no es factible pedir la
anulación del acto de reconocimiento basado en una prueba de ADN.

Así pues, resulta indispensable que la voluntad del sujeto que reconoce haya estado
viciada Al respecto, VIDAL RAMÍREZ señala que “la voluntad del sujeto constituye la
esencia misma del acto jurídico, pues la falta de ella hace que el acto no llegue a ser
tal; que la voluntad sola no es suficiente, pues su manifestación necesita que entre
ambas exista una imprescindible correlación, toda vez que la manifestación debe dar
contenido a la verdadera y real voluntad interna del sujeto; y, que entre lo que el
sujeto manifiesta y lo que quiere exista también una necesaria e imprescindible
correlación.vi” Por ello –prosigue este autor- “la voluntad generadora del acto jurídico
(...) es la voluntad sana y manifestada que genera, modifica, transforma y extingue
derechos y que es el resultado de la conjugación de los elementos que dan lugar a la
formación de la voluntad interna, como son el discernimiento, la intención y la libertad,
y de su elemento externo, que viene a ser la manifestación en cualquiera de sus
modalidades. Cuando esta conjunción de elementos se rompe por la presencia de
factores perturbadores surge una voluntad viciada, porque no existe ya la necesaria
correlación entre lo que quiere el sujeto y la voluntad que exterioriza (vii).”

En tal sentido, el error en la identidad del sujeto reconocido es un elemento


perturbador que vicia la voluntad del sujeto que reconoce. En efecto, este último
reconoció como hijo al primero, creyendo que en realidad lo era. “El error afecta la
función cognoscitiva del sujeto pues su voluntad interna se forma en base a la
ausencia de conocimiento o a un conocimiento equivocado(viii).” En otras palabras, es
una incongruencia entre representación subjetiva y la realidad objetiva(ix). El error en
el cual se debe basar la anulación del acto de reconocimiento en el caso planteado,
tiene que ser esencial, de hecho y en la persona. Nuestro Código Civil no define en que
consiste el error esencial, empero si brinda algunas pistas para esbozar su definición.
Así, señala que este tipo de error “debe considerarse determinante de la voluntad” y
como “la razón única o determinante del acto”(x). Por tanto, podemos concluir que el
error esencial es el que determina la formación de la voluntad del sujeto, es decir,
aquél que constituye el exclusivo motivo del acto y que sin él dicho acto no se
efectuaría. De ahí que, en el caso examinado el error es esencial porque la creencia del
sujeto que reconoce de que el reconocido era realmente su hijo fue lo que motivo el
acto de reconocimiento.

El error esencial puede ser de hecho (fáctico) o de derecho (jurídico). En el caso sub
examine el error es de hecho pues no se basa en un desconocimiento de los efectos
jurídicos del acto de reconocimiento, sino en una característica personal del reconocido
como hijo. Dentro de esta categoría el caso sub examine se enmarca en el error en la
persona. El artículo 202º del Código Civil establece que el error en la persona es aquél
que “recae sobre las cualidades personales de la otra parte, siempre que aquéllas
hayan sido determinantes de la voluntad.” Comentando este artículo, VIDAL RAMÍREZ
señala al respecto que “el error tal como está conceptuado en el inc. 2 del art. 202 de
código Civil, se configura, pues, con una equivocación en cuanto a las cualidades de la
persona con la que se celebra el acto jurídico y debe referirse a caracteres objetivos
permanentes de ella y que son resultado de una atribución que realiza el errans
cuando, por ejemplo, contrata los servicios médicos de quien tiene una especialidad
distinta, o, para ser extremos, no es profesional en medicina humana. Por ello, esta
referencia a las cualidades personales de `la otra parte´ no aleja del concepto de error
in personam la idea del intuitu personae(xi).”

En la misma línea, PIETROBON manifiesta lo siguiente: “El error sobre la persona, o


sobre sus cualidades, es en la actualidad, por consiguiente, siempre idóneo en
abstracto para producir la invalidez del negocio; la valoración concreta de la
esencialidad deberá dirigirse a comprobar si la consideración de la persona, o de sus
cualidades, puede reputarse una condictio sine qua non del consentimiento; más la
indagación habrá de realizarse caso por caso (...). En contraposición, recaerá sobre los
simples motivos y será irrelevante el error que corresponde a la falsa representación
de la realidad que ha originado la sensación de necesidad impulsora de la acción del
sujeto. Así, no se podrá impugnar la venta de un bien, apetecido por muchos, aun
cuando el vendedor prueba que prefirió al comprador creyendo erróneamente que se
trataba de la persona que le había salvado la vida(xii).” Huelga decir que en el caso
planteado la supuesta condición de hijo del reconocido constituye la razón
determinante del acto jurídico de reconocimiento, pues el sujeto que reconoce realizó
dicho acto basado en la creencia de que el reconocido era realmente su hijo.

Empero, nos falta todavía superar un obstáculo para aplicar las reglas del acto jurídico
al acto de reconocimiento; en concreto, pedir la anulación de dicho reconocimiento por
la causal de error en la persona conforme al artículo 221º del código Civil(xiii).Este
obstáculo es demostrar que el sujeto reconocido como hijo conocía el error en que
incurrió el que lo reconoció, es decir, que conocía que en realidad no era hijo de éste
último. En efecto, el artículo 201º del Código Civil dispone que para que el error sea
causa de nulidad debe cumplir dos requisitos: i) ser esencial y ii) ser conocible por la
otra parte (requisito de recognoscibilidad)(xiv). La pregunta que surge al respecto es:
¿es necesario que el sujeto reconocido conozca el error? En nuestra opinión la
respuesta es negativa. El artículo 201º exige que “el error sea (...) conocible por la
parte” para tutelar la confianza (buena fe) del sujeto que recibe la declaración viciada.

Al respecto, bien señala PIETROBON que: “[Con el requisito de la recognoscibilidad del


acto], [e]n mi opinión, la ley trata de defender la confianza concreta de quien recibe la
declaración viciada, su fiducia en la integridad del querer que se le ha comunicado(xv).”
Entonces, ¿qué sucede cuando tanto el que reconoce como el reconocido desconocían
que en realidad no eran consanguíneos? Si nos limitamos a lo señalado literalmente en
el artículo 201º del Código Civil, resulta que el acto jurídico no podría ser anulable. No
obstante, es menester destacar que la ratio de este artículo es, como hemos dicho,
tutelar la confianza en los actos jurídicos bilaterales. En este sentido, siendo el acto de
reconocimiento un acto jurídico unilateral dicho requisito de A mayor abundamiento,
cabe señalar que aún si se considerase que el requisito de recognoscibilidad es
necesario para solicitar la anulación por error del acto de reconocimiento, entonces, en
el supuesto de que el reconocido y el que reconoce desconozcan la realidad objetiva
ambos habrían incurrido en error, de ahí que no habría confianza tutelable por la cual
procedería la anulabilidad del acto (nos encontraríamos frente a un caso de error
bilateral). Sobre este punto, PIETROBON señala lo siguiente: “El segundo problema
que enunciamos se refiere a la aplicación de la recognoscibilidad en el supuesto de que
ambos contratantes hayan incurrido en un mismo error (error común o bilateral). La
solución de la jurisprudencia es de sobra conocida: si el error es esencial, la
recognoscibilidad no tiene importancia y el contrato es anulable. Se afirma que no
existe una confianza que deba tutelarse, y que, como consecuencia, cualquier error es
suficiente para invalidar el contrato(xvi).”recognoscibilidad no sería necesario.

Por tanto, podemos concluir de que en el supuesto de que un sujeto que reconoce a
otro como hijo, pruebe mediante un examen de ADN que el reconocido no es su
consanguíneo, entonces, tendrá expedita la acción de anulabilidad de dicho acto
jurídico basado en la causal de error en la persona.

BIBLIOGRAFÍA
i
MORALES HERVIAS, Rómulo. Nuevas Perspectivas del Negocio Jurídico. En: Derecho & Sociedad Nº 28.
Fuente: http://blog.pucp.edu.pe/item/26402

ii
Considerando segundo de la Casación Nº 2092-2003-Huaura de la Sala Civil Transitoria de la Corte Suprema
de Justicia de la República.

iii
Fundamento jurídico 4 de la sentencia del Tribunal Constitucional recaída en el Expediente Nº 4444-2005-PHC/
TC publicada el 17 del mayo de 2006 en el portal electrónico del Tribunal Constitucional.

iv
Considerando cuarto de la Casación Nº 2092-2003-Huaura de la Sala Civil Transitoria de la Corte Suprema
de Justicia de la República.

v
Cita en: Considerando cuarto de la Casación Nº 2092-2003-Huara de la Sala Civil Transitoria de la Corte
Suprema de Justicia de la República.

vi
VIDAL RAMÍREZ, Fernando. El Acto Jurídico. Lima: Gaceta Jurídica, 2000. 5º edición. Pág. 395

vii
VIDAL RAMÍREZ, Fernando. Ob. Cit. Pág. 395.

viii
VIDAL RAMÍREZ, Fernando. Ob. Cit. Pág. 399.

ix
“Cossio [define el error como] una representación subjetiva contraria a la verdadera realidad objetiva, y cuando esa
falsa representación ha tenido tal importancia en la génesis del negocio que haya sido capaz de determinar la voluntad,
constituye un vicio de la misma. Aguiar, siguiendo a Giorgi, lo conceptúa como una disconformidad entre las ideas de
nuestra mente y el orden de las cosas. Para los Mazeud, cometer un error es tener una opinión contraria a la realidad.
Según León Barandiarán es una disconformidad entre el objeto intencional de la apreciación y ésta misma, o sea el
objeto mental. Castañeda afirma que es la sustitución de la idea verdadera por una idea falsa sobre la persona o la
cosa u objeto, pues se trata de una presentación que no es verdadera.” (En: VIDAL RAMÍREZ, Fernando. Ob. Cit. Pág.
399)

x
CÓDIGO CIVIL
“Artículo 202.- El error es esencial:
1.- Cuando recae sobre la propia esencia o una cualidad del objeto del acto que, de acuerdo con la apreciación general
o en relación a las circunstancias, debe considerarse determinante de la voluntad.
2.- Cuando recae sobre las cualidades personales de la otra parte, siempre que aquéllas hayan sido determinantes
de la voluntad.
3.- Cuando el error de derecho haya sido la razón única o determinante del acto.”

xi
VIDAL RAMÍREZ, Fernando. Ob. Cit. Pág. 409.

xii
PIETROBON, Vittorino. El Error en la Doctrina del Negocio Jurídico. Traducción y extensas anotaciones y
concordancias al Derecho español por Mariano Alonso Pérez. Madrid: Editorial Revista de Derecho Privado,
1971. Págs. 609-610.

xiii
CÓDIGO CIVIL
“Artículo 221º.- El acto jurídico es anulable:
1.- Por incapacidad relativa del agente.
2.- Por vicio resultante de error, dolo, violencia o intimidación.
3.- Por simulación, cuando el acto real que lo contiene perjudica el derecho de tercero.
4.- Cuando la ley lo declara anulable.”
xiv
CÓDIGO CIVIL “Artículo 201º.- El error es causa de anulación del acto jurídico cuando sea esencial y conocible por
la otra parte.”

xv
PIETROBON, Vittorino. Ob. Cit. Pág. 288.

xvi
PIETROBON, Vittorino. Ob. Cit. Pág. 323