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ANTOLOGtA DEL MODERNISMO

( 1884-1921)
(Tomos I y II en un volumen)
BIBLIOTECA DEL ESTUDIANTE UNIVERSITARIO

FERNANDO CuRIEL DEFossÉ


Director

COORDINACIÓN DE HUMANIDADES
Programa Editoria1
EDICIONES ERA
BIBLIOTECA DEL ESTUDIANTE UNIVERSITARIO

90-91

ANTOLOGÍA DEL
MODERNISMO
(1884-1921)
TOMOS 1 y 11 EN UN VOLUMEN

Introducción, selección y notas


JOSÉ EMILIO pACHECO

UNNERSIDAD NACIONAL AUTONOMA DE MEXICO


EDICIONES ERA
MÉxICO 1999
Coedición: Universidad Nacional Autónoma de México
y Ediciones Era, S. A. de C. V.

Primera edición en dos tomos: 1970


Segunda edición en dos tomos: 1978
Tercera edición en un tomo: 1999

DR '.9 1999, Ediciones Era, S. A. de C. V.


Calle del Trabajo 31, 14269 México, D. F.

DR © 1990, Universidad Nacional Autónoma de México


(para esta edición)
Ciudad . Universitaria, 04510 México, D. F.
COORDINACIÓN DE HUMANIDADES
Programa Editorial

- Impreso y hecho en México

ISBN 968-36-6156-4 (UNAM)


ISBN 968-411-434:6 (Era)
A Gordon Brotherston
y a Gabriel Zaid
PREFACIO

Los modernistas parecen nuestros contemporáneos


en muchos sentidos. Sus problemas tienen gran se-
mejanza con los actuales. Sin embargo, nadie ha
querido darnos la historia ni la antología del mo-
dernismo mexicano. Ouizás ello se deba a dos difi-
cultades. La primera ~s puramente literaria: la com-
plicación de hacer un deslinde entre lo que es y
no es modernismo. De acuerdo con la teoría "ofi-
cial" nuestro modernismo queda limitado a las obras
de Efrén Rebolledo y Rafael L6pez y a una parte de
lo que escrib'.eron Amado Nervo y José Juan
Tablada. Gutiénez Nájera y Díaz Mirón resultan
"precursores", Urbina "último romántico", Othón
"cima de la poesía neoclásica", que se opuso a los
modernistas en cuanta oportunidad se le presentó;
Ramón López Velarde y Francisco González León
"poetas de la provincia"; Enrique González Martí-
nez viene a ser finalmente el ángel exterminador.
La segunda dificu1 tad es política: el porfiriato no
produjo al modernismo, como podría sostener un
determinista; pero, naturalmente, el modernismo
estuvo condicionado por el porfiriato. Y lo que es
peor: casi todos los modernistas fueron huertistas.
Para comprender el modernismo hay que estudiar
el lenguaje de fin de siglo. Sin el dominio de esta
lengua muerta no hay entendimiento posible. Lbs
poemas deben verse bajo las categorías de lá litera-

vn
tura europea de la época y situarse en las condiciones
1oca1es en que se produjeron, evitando · el peligro de
que los contextos nos hagan perder de vista los
textos.
A través de catorce poetas y unos ciento cincuen-
ta poemas la antología aspira a representar la apor-
tación mexicana al modernismo de lengua española.
Para sus fines encierra el movimiento entre 1884 y
1921, desde la primera reelección de Porfirio Díaz
hasta la 11egada al poder de Alvaro Obregón; esto
es, va de "La Duquesa Job" de Gutiérrez Nájera a
"La suave patria" de López Velarde. Sin embargo,
incluye páginas escritas en 1951 por Gonzá'ez Mar-
tínez. Con su muerte al año siguiente queda cerrado
el ciclo modernista.
No es una obra erudita sino un libro de divulga-
ción que trata de ser a la vez riguroso e informa-
tivo. Todo el trabajo del compilador está al servicio
de los poemas que incluye, se destina a facilitar su
lectura y disfrute. Cada selección se halla antece-
dida de un prólogo en miniatura que junto a la
biografía y el juicio general acerca del poeta da al-
gunos datos bibliográficos y en algunos casos he-
merográficos.
Con excepción de Gutiérrez Nájera los autores
aparecen en orden cronológico. Cuando ha sido po-
sible conocer las fechas los textos se publican en
secuencia de composición. Se mantiene la integri-
dad textual y nunca se resume ni recorta. Si ello no
altera el sentido ni el tono de los versos, ortografía
y puntuación se conforman a prácticas vigentes.
El autor quiere dejar testimonio de su gratitud
hacia todos aquellos que le ayudaron a hacer la pre-
sente antología: Gastón García Cantú le confió

VIII
su prepa:tati6n; Miguel González, Porfirio Martínez
Peñaloza, Julio Ortega, Femando Rafful y Juan
Manuel Torres leyeron y criticaron la selección y el
manuscrito; Antonio Acevedo Escobedo, Miguel Ca-
pistrán, Enrique Caracciolo, Ernesto Flores, Henri-
que González Casanova, Ernesto Mejía Sánchez,
Carlos Monsiváis, Ernesto Prado Velázquez, Efrén
Rebolledo Jr., María del Carmen Ruiz Castañeda,
Kazuya Sakai, Rodolfo U sigli y Héctor Valdés le
proporcionaron datos que no habían aparecido en
ningún otro libro; Jesús Arellano y Maruja Valcarce
tuvieron a su cargo la particularmente ardua correc-
ción de pruebas; Fernando Benítez en La Cultura
en México y Luis Spota en El Heraldo Cultural pu-
blicaron algunas de estas páginas. Finalmente, pero
en primer término, expresa su agradecimiento hacia
la Universidad de Essex que le permitió trabajar
durante un año en Inglaterra y le proporcionó todos
los medios económicos y bibliográficos sin los cuales
hubiera sido imposible la preparación de un libro
como éste.
funio de 1969

IX
INTRODUCCióN

No hay modernismo sino modernismos: los de cada


poeta importante que comienza a escribir en lengua
española entre 1880 y 1910. Como los románticos,
parnasianos y simbolistas franceses, los poetas mo-
dernistas son distintos entre sí y adaptan a su prop.fo
circunstancia lecciones aprendidas en otras litera-
turas. Su originalidad se logra en un momento de
circulación universal de ideas y estilos.
El modernismo se inscribe en el ámbito del idio-
ma, se empeña en no verse limitado por las fronte-
ras nacionales. Al ser la negación de toda escuela, al
exigir a cada poeta el hallazgo de su individualidad,
el modernismo es un círculo cuyo centro está en
todas partes y su circunferencia en ninguna. Por su
métrica y su vocabulario es fácil reconocer un poe-
ma modernista e incluso decir si un texto se escribió
antes o después del movimiento. Pero el término
carece de toda connotación tangible. Es una volun-
tad de situarse en el ahora, de encontrar el estilo de
la época. Modus hodiernus, lo moderno son los usos
y costumbres de hoy, un hoy que no se parece al
ayer y necesariamente diferirá del mañana.
En 1695 los Siglos de Oro llegaron a su fin al
morir Sor fuana Inés de la Cruz. Fueron necesarios
doscientos años para que las letras españolas recu-

XI
peraran su lugar. Esta em.presa tuvo su origen en.
la periferia y no en el centro. Empezó por un afán
de inde¡xmdencia cultural que siguiera a la autono-
mía política y terminó en un movimiento que se vio
como hispanoamericano primero y en seguida den-
tro de la perspectiva general del idioma.
Al comienzo del imperio español la revolución
fJOética de Garcilaso de la Vega abre las puertas al
lengua¡e del Renacimiento. En esa época se escri-
ben los primeros poemas castellanos de América.
Cuando el imperio llega a su fin en Cuba y Puerto
Rico, la revolución poética consumada -si no ini-
ciada- por Rubén Daría abre las puertas al len-
gua¡e del mundo moderno. Entonces simbolismo
y pamasismo eran el dolce stil nuovo: los medios
para crear una poesía nunca antes escrita en español.
Ningún movimiento ha encontrado y sigue en-
contrando tanta hostilidad, sobre todo en España.
Pero los españoles más sagaces se dieron cuenta de
que el modernismo significaba la continuidad y el
enriquecimiento de la gran tradición castellana fre-
nada por el neoclasicismo o academismo del siglo
xvrn, la vuelta a un "estado de naturaleza" que usur-
paron los neoclásicos cuando al intentar la aclima-
tación de la sobriedad lúcida y la pureza idiomática
observadas en Francia silenciaron el lengua¡e de
Cervantes, Calderón, Góngora y Quevedo.
El término "modernismo" favorece la confusión
y la ambigiiedad. La crítica en lengua inglesa lo
refiere a lo que llamamos vanguardia. En el habla
común de nuestros países es sinónimo de contem-
poráneo. En cambio la historia literaria recogió esta
palabra para agrupar la pluralidad de tendencias
que se originaron en Hispanoamérica a fines del

XII
XIX y principios del xx. La acepción corriente iden-
tifica al modernismo con un estilo de su primera
etapa, el que se manifiesta en Prosas profanas
(1896) y que no tardó en abandonar el propio
Daría. La polémica en torno a la definición, la pugna
nacionalista sobre quiénes fueron precursores, ini-
ciadores y epígonos hace olvidar que lo importante
son las obras y no los ardides que emplean los his-
toriadores para clasificarlas. Del mismo modo, la
crítica con pretensiones sociológicas se ha limitado
a darnos su versión acerca de lo que debió haber
hecho el modernisnw para redimir a nuestras socie-
dades, en vez de emplear los instrumentos de aná-
lisis a fin de explicarnos su carácter socialmente
condicionado.
Así pues, de todas las épocas literarias hispano-
americanas la del modernismo es la más comentada
y la menos entendida. Sin embargo, los medios para
la comprensión abundan en las páginas ele los gran-
eles críticos que se han preocupado por explicar el
movimiento. A ¡uicio de Max I-Ienríquez Ureña, *
el modernismo es la revolución literaria que tuvo
su origen en la América espaíiola durante las dos
últimas décadas del XIX y posteriormente se exten-
dió a Espafía. En su primera etapa.

el culto preciosista de la forma favorece el desarrollo


de una voluntad de estilo que culmina en refina-
miento artificioso y en inevitable amaneramien-
~o ( ... ) En la segunda etapa se realiza un proceso
mverso, dentro del cual, a la vez que el lirismo per-
sonal alcanza manifestaciones intensas ante el eterno
misterio de la vida y la muerte, el ansia de lograr

* Breve historia del modernismo, 1954.

XIIl
una expresión artística cuyo sentido fuera genuina-
mente americano es lo que prevalece. Captar la vida
y el ambiente de los pueblos de América, traducir
sus inquietudes, sus ideales y sus esperanzas, a eso
tendió el modernismo en su etapa final, sin abdicar
por ello de su rasgo característico principal: traba-
jar el lenguaje con arte.

Esta división temática hecha por Henríquez


Ureña puede completarse escalonando el movi-
miento en tres fases: durante la primera el poeta
se siente "desterrado en tierras americanas". Duran-
te la segunda, desde París y Madrid, pierde las ilu-
siones de europeísmo, adquiere una perspectiva con-
tinental, siente que pertenece a una nacionalidad
única formada por todos nuestros países. El enemi-
go ya no es la tradición española sino el imperia-
lismo norteamericano. La unidad defensiva sólo es
posible mediante la lengua común. Hay que afinar
y fJerfeccionar este vínculo, y de la operación el
castellano sale transformado por América. Final-
mente el poeta modernista comprende que la.s dif e-
rencias son tantas como las semefanzas y que el
proyecto continental no puede lograrse a menos
que parta de un estado fJrevio de individualidad
cultural en cada país. A estos periodos corres·pon-
den el exotismo y diabolismo iniciales, la reflexión
metafísica y el continentalismo después, y por últi-
mo el criollismo o coloquialismo vernacular -etapa
incierta que se ha dado en llamar posmoderni~mo,
creando un vacío entre los últimos resplandores
modernistas y la gran llamarada de la vanguardia.
El esquema anterior, como todos los intentos para
poner cierto orden en el fárrago, es una categoría
empírica sólo aplicable en líneas muy generales.
Para Federico de Onís el modernismo significa
la incorporación de América a la literatura univer-
sal, el logro de su independencia literaria -comien-
zo y origen del gran desarrollo posterior de las
letras hispánicas- el principio de su influencia en
España y la transformación más profunda de la
poesía española desde Garcilaso.
Tuvo su origen en un hecho universal de la época:
la influencia francesa que paradó¡icamente signi-
ficó la liberación del afrancesamiento casi exclusivo
de los siglos XVIII y xrx. Es un fenómeno de "inde-
pendencia involuntaria" (Reyes), que a la vuelta de
su viaje por lo exótico y lo remoto acabó en el des-
cubrimiento de una nueva visión de las realidades
hispanoamericanas.
El americanismo modernista se halla en la capa-
cidad de sintetizar, asimilándolas, tendencias litera-
rias que en Europa fueron sucesivas e incompatibles,
característica que ya aparece en el estilo de Sor
Juana. Porque sí la poesía de Hispanoamérica nace
con la madurez del Siglo de Oro, también adquiere
desde un principio un tono propio y consciente de
sí mismo.
La transformación y avance hacia una poesía
nueva fue obra de poetas americanos que, cada uno
por su parte, renovaron la poesía en tal forma que,
cuando el genio sintético de Daría llevó a España
los frutos últimos de aquella evolución, ejerció en la
metrópoli un influ¡o definitivo.
Al perder España sus postreras colonias y ace-
lerairse la expansión de los Estados Unidos, los his-
panoamericanos depusieron su actitud hostil e in-
tentaron crear una noción de unidad hispánica a la
que no se oponía el gusto por la literatura francesa,

XV
ya que los mismos metros importados por los pri-
meros modernistas -el alejandrino y el eneasílabo-
fueron introducidos de la propia Francia por Gon-
zalo de Berceo y el Arcipreste de Hita. Por todo
lo anterior Onís ve el modernismo como:

... la forma hispánica de la crisis universal de las


letras y el espíritu, que inicia hacia 1885 la disolu-
ción del siglo x1x y que se habría de manifestar en
el arte, la ciencia, la religión y gradualmente en los
demás aspectos de la vida entera, con todos los ca-
racteres, por tanto, de un hondo cambio histórico
cuyo proceso continúa hasta hoy.

En los ensayos fundamentales de Onís ·~ que los


párrafos anteriores tratan de resumir, aparece tam-
bién la idea de que los llamados precursores -José
Martí, Manuel Gutiérrez Nájera, José Asunción
Silva, Julián del Casal- son en realidad los inicia-
dores del modernismo; por tanto debe rechazarse
la interpretación parcial que lo reduce a la escuela
de Prosas profanas. El rubendarismo, la manera de
Daría anterior a 1900, no es todo el modernismo
-aunque, como afirma Angel Rama, Azul y Prosas
profanas determinan su tónica, apartan definitiva-
mente el verso y la prosa hispanoamericanos de la
dicción española de la época. El modernismo, y así
lo ha visto Manuel Pedro González, es una empresa
generacional, no la tarea de un solo individuo_ El
enfrentamiento modernismo / noventa y ocho, Mar-
tí / Daría muestra que la polémica está lejos de

* Prólogos a la Antología de la poesía española e hispano-


americana ( 1934) , Antología de la poesía iberoamericana
( 19 54) y el estudio "Sobre el concepto del modernismo" en
España en América ( 19 55 ) .

XVI
haberse terminado. El peligro es siempre comentar
la opinión de los críticos en vez de la obra de los
poetas. La bibliografía indirecta es tan amplia que
si pretendemos abarcarla nos faltará tiempo para
leer los libros de versos.
Nuestra dificultad para explicar el modernismo
proviene de la carencia de manifiestos. En oposi-
ción a los escritores franceses que reflexionan me-
tódicamente sobre lo que están haciendo, nuestros
poetas suelen carecer de sistema y programa. Sin
embargo, tienen las virtudes de sus defectos, y de
esta manera los modernistas pudieron abarcar un
gran número de tendencias dogmáticamente hostiles
como nunca, en la hipótesis de condiciones simila-
res, lo hubiera hecho un autor europeo.
Lo más aproximado a la teoría son algunos pró-
logos de Daría y en especial dos textos, el primerro
de 1888 y el segundo 1896. En aquél, Daría traza
una estética de las correspondencias, habla de

llevar el arte de Ja palabra al terreno de las otras


artes, de Ja pintura verbigracia, de la escultura, de
la música ( ... ) Pintar el color de un sonido, el
perfume de un astro, algo como aprisionar el alma
de las cosas.

Y en "Los colores del estandarte",* explica su


empeño porr lograr una síntesis creadora:

AJ penetrar en ciertos secretos de armonía, de matiz,


de sugestión que hay en la lengua de Francia fue
mi pensamiento descubrirlos en español o aplicarlos
( ... ) La sonoridad oratoria, los cobres castellanos,
sus fogosidades ¿por qué no podrían adquirir las
*La Nación, noviembre 27, 1896. Citado por Enrique
Anderson lmbert en La originalidad de Rubén Darío ( 1967) .

XVII
notas intermedias y revestir las ideas indecisas en
que ~l alma tiende a manifestarse con mayor fre-
cuencia? Luego, ambos idiomas están, por decirlo
así, hechos con el mismo material. En cuanto a la
forma, en ambos puede haber idénticos artífices.
La evolución que llevara al castellano a este rena-
cimiento, habría de verificarse en América, puesto
que España está amurallada de tradición, cercada y
erizada de tradicionalismo ( ... )

Qui pourrais-je imiter pour etre origine]?' . me


decía yo. Pues, a todos. A cada cual le aprendía lo
que me agradaba, lo que cuadraba a mi sed de nove-
dad y a mi delirio de arte; los elementos constitui-
rían después un medio de manifestación individual.
Y el caso es que resulté original ( ... ) Sé tú mismo:
ésa es la regla. Si soy verleniano no puedo ser mo-
reísta, o mallarmista, pues son maneras distintas. Se
conocen, eso sí, los instrumentos diversos y uno hace
su melodía cantando en su propia lengua, iniciado
en el misterio de la música ideal y rítmica.

De esto se desprende una posible definición del


modernismo no como escuela literaria sino como
una completa renovación del idioma, una reforma
total de la prosodia española, una nueva estética de
libertad opuesta a la tiranía didáctica de la Acade-
mia que erige en norma del presente la obra maes-
tra del pasado. Darío dijo: "El modernismo es el
anarquismo en el arte", parafraseando a Víctor Hugo
("El romanticismo es el liberalismo en literatura").
Síntesis de las artes que arranca de un impulso
wagneriano, el modernismo une la solitaria rebel-
día romántica, la música de la palabra aprendida
en los simbolistas y la precisión plástica tomada
de los parnasianos. No es un simple reflejo de la
poesía europea: asume características propias y arrai-

XV1II
ga en la tradición barroca española. La originalidad
consiste en crear lo inesperado con la materia de lo
existente. El trabajo artístico es un proceso de
transformaciones y reordenamientos. Unos años des-
pués de Darío otro escritor -como él católico
y lingüísticamente marginal- enlaza naturalismo y
simbolismo para crear con Ulysses la novela del
siglo xx. Aunque al ser puesta en práctica la teoría
se degrade muchas veces en artificio, los aciertos del
modernismo son más interesantes que sus errores.
En realidad el modernismo es una operación de
mediación, una tentativa de convertir la cultura
planetaria (y no sólo europea) en lenguaje america-
no. El modMnismo significa para las literaturas de
lengua española la primera etapa del movimiento
moderno que, simultáneamente en la poesía y en
la novela, comienza en Europa hacia 1860 y a par-
tir de 1880 establece una nueva sensibilidad.

El movimiento moderno -afirma Cyril Connol-


ly- * se inició como una revuelta contra los bur-
gueses en Francia, los victorianos en Inglaterra, el
puritanismo y el materialismo en Norteamérica. El
espíritu moderno fue una mezcla de ciertas cuali-
dades intelectuales heredadas de la Ilustración: lu-
cidez, ironía, escepticismo, curiosidad intelectual,
que se combinaron con la apasionada intensidad y
exacerbada sensibilidad de los románticos, su rebe-
lión y su sentido del experimento técnico, su con-
ciencia de vivir en una era trágica ( . . . ) Aunque
mucho de lo que escribieron pertenezca al pasado,
sentimos que todos estos artistas tienen algo que
llega hasta nuestra época; todos son difíciles de

* The Modern Movement: 100 Key Books from Ji,ngland,


France and America: 1880·1950 (Londres, 1965).
acosar, analizar, clasificar, debido a la dualidad de
sus naturalezas que heredaron inteligencia crítica
y sensibilidad penetrante.

En su connotación más inmediata el modernismo


es la literatura que corresponde al mundo moderno,
a las sociedades transformadas por las revoluciones
social, industrial, científica y tecnológica. Así, el
modernismo no podía darse en el ámbito castellano
hasta que existiera una base mínima de modernidad
en los prncesos socioeconómicos, una burguesía en
ascenso, grandes aldeas que empezaran a convertirrse
en grandes ciudades.
A fines de siglo el desarrollo de la industria y la
técnica, y por tanto del comercio y las comunica-
ciones, había hecho que la literatura alcanzara una
historia verdaderamente universal. El internaciona-
lismo y la simultaneidad del movimiento fueron
definidos por W. B. Yeats en 1897:

La reacción contra el racionalismo del siglo xvm


se ha mezclado con una reacción contra el materia-
lismo del xrx y el movimiento simbólico que llega a
la perfección en Alemania con Wagner, en Ingla-
terra con los prerrafaelistas y en Francia con Villiers
de l'lsle Adam, Mallarmé y Maeterlinck, y estimula
las imaginaciones de Ibsen y D' Annunzio, es cier-
tamente el único movimiento que está diciendo cosas
nuevas.

En la base del modernismo hispanoamericano se


halla el fenómeno imperial que extrae materias pri-
mas de las regiones periféricas, crea en estas zonas
nuevos consumidores y expulsa a ellas el exceso
de población europea. Un mismo sistema se impone;
al hacerlo, universaliza ciertos principios sociales,
económicos y culturales. Confusa y vertigi.nosamen-
te se dan en América respuestas semejantes a las
que se habían dado en Európa. * .
Nuestro siglo XIX comienza en los ochenta. El mo-
dernismo tiene que .cubrir en cuarenta años el
camino que la literatura europea recorrió en una
centuria: ser al mismo tiempo romanticismo, parna-
sismo y simbolismo. Tres modalidades que si en
Europa fueron sucesivas y excluyentes son tres caras
de un mismo fenómeno: la revolución romántica
del siglo xvrn cuyas consecuencias aún no terminan
·y reaparecen con nuevas características en el arte
de nuestros días.

II

El movimiento moderno es en gran parte resul-


tado de lo que llama W alter Benjamín la expe-
riencia hostil, enceguecedora de la época de la gran
industria. El cosmos ordenado de Aristóteles se con-
vierte en el ininteligible universo en expansión de
Newton. A la lógica racionalista los románticos
oponen lo subjetivo, lo demoniaco, el conflicto y
el caos. Aspiran a recobrar la unidad mágica con el
todo mediante un proceso que vuelva a fundirlos
con la naturaleza, de la que el hombre ha dejado de
ser parte y se ha vuelto explotador. Se niegan a con-
finar la realidad exclusivamente en el orden físico.
El mito y el símbolo se reinstauran como instru-
mentos artísticos universales. Schopenhauer (El
mundo como voluntad y representación, 1818) pos-
*Ángel Rama: "Las opciones de Rubén Darío" en Casa
de las Américas (La Habana, mayo-junio, 1967).

XXI
tula como únicas vías de escape del hor.ror violento
de estar vivo y el delito de haber nacido la contem-
plación estética y la ascesis mística que anulan las
apariencias. En tanto el positivismo de Auguste
Comte suprime la metafísica y la religión, sistema-
tiza las nociones de progreso, orden y ciencia.
Si el hombre vive en la historia, está inmerso en
el devenir y puede progresar y transformar el mundo
-se dijo el siglo XIX- luego es divinizable; por tanto
Dios resulta innecesario. Si somos el producto acci-
dental de la herencia y el medio no hay libre albe·
dría ni existen responsabilidades morales. La fe
tradicional no resiste el asalto de la ciencia materia-
lista. Por prinwra vez la sociedad humana vive sin
la idea de Dios. Entonces se da a erigir sustitutos
de la religión, ex{Jlicacíones totalizadoras que orde-
nen el caos de la realidad y la pesadilla de la historia.
Para quienes se aíslan de la historia y niegan el
progreso o son negados por él, el arte se convierte
en otra religión sustitutiva. La poesía va al reen-
cuentro del lenguaje de la alquimia y la cábala que
de los ritos órficos pasó a Platón, a los neoplató-
nicos, a las sectas gnósticas y el cristianismo; "el
lenguaje de la divina analogía" (\Villiam Blal<e),
la tradición del ocultismo rejuvenecida por Emanuel
Swedenborg y Ernst Theodor Amadeus Hoffmann.
Amparado en Pitágoras, Gérard de N erval dice en
Vers dorés que el espíritu palpita en todas las cosas
terrenales y Un mystere d'amour dans le métal re-
pose. Para Baudelaire en el soneto "Corresponden-
ces" la naturaleza es un temp.ZO, el hombre atraviesa
bosques de símbolos, y en unidad perfecta se res-
ponden perfumes, colores y sonidos.

XXII
Aquí se advierte que tutdct de lo ctpatentemente
caprichoso o extraño que hay en la poesía moderna
es gratuito: responde al deseo de resolver la oposi-
ción entre la unidad y la pluralidad mediante el
ritmo y la armonía. Desamparados ante la muerte,
frente al abismo hueco de la nada y la erosión de
los tradicionales conceptos religiosos, los poetas del
siglo xrx buscan otras creencias y otra espirituali-
dad. El interés por las doctrinas esotéricas y por
las religiones orientales -sobre todo el budismo que
como el arte romántico es la negación misma del
dogma- domina el movimiento moderno en sus
primeras etapas.*
Por otra parte, desde 1789 el poeta pierde el lu-
gar humildísimo que durante siglos tuvo asignado
en la sociedad occidental. Sin el mecenazgo de la
aristocracia ha de buscarse una misión. Queda sin
-
apoyo, pero encuentra un público: el burgués recién
alfabetizado por la enseñanza democrática. Se dirige
a él desde el púlpito o desde la tribuna. Las figuras
del poeta y el orador se confunden, la poesía se hace
locuaz y grandilocuente. Tras el desengaño de la
revolución que fracasa en 1848, el poeta renuncia a
tratar de influir en sus contemporáneos y opta por
la revuelta indiv:dual contra el sistema.
Entre el mecenazgo y la aceptación del mercado
hay una etapa intermedia: la bohemia.** El proceso

* Ricardo Gullón: "Pitagorismo y modernismo" en Mun-


do Nue"o (París, enero, 1967).
* * Todas las ideas de este párrafo, sin las cuales no pode-
mos aspirar a entender el modernismo, provienen de Walter
Benjamín (1892-1939) y están en sus ensayos "París, die
Hauptstadt des x1x. Jahrhunderts" y "Einige Motive bei
Baudelaire" recopilados en Illuminatio11en (Frankfurt, 1961).
Traducción inglesa de Ben Brewster: "París, Capital of the
indústrfai convierte el arte en mercancía sujeta a
las lizyes de competencia y al artista en productor.
El avance técnico encier,ra el arte en la torre de
marfil. El arte que comienza a tener dudas acerca
de su función y deja de ser inseparable de la utili-
dad es obligado a hacer de la novedad su mayor
valor. La nouveauté se vuelve el canon, los perió-
dicos marchan junto a los grandes almacenes que
venden los productos de la industria. El desarrollo
de las fuerzas productivas libera del arte las for-
mas de creación, del mismo modo que en el siglo
xvr las ciencias se liberaron del pensamiento filosó-
fico. Tras la reproducción de la naturaleza como
fotografía~ la creación de fantasías se vuelve prác-
tica, se convierte en arte comercial y, como folletín,
la literatura creadora se somete a las exigencias del
formato. La prensa organiza la bolsa de valores es-
pirituales. Los no conformistas se rebelan contra
esta capitulación del a;te frente al mercado y se
reúnen bajo la divisa de l'art pour l'art que trata de
aislarlo ante el desarrollo dé la tecnología. Contra
la mecanización, homogenización y uniformidad del
proceso industrial, contra sus infinitas repeticiones
y redundancias, los poetas intentan subrayar la cua-
lidad única de la experiencia. Frente a la ilusión de
la infinita similitud del artículo de consumo apa-
rece la ilusión de novedad: Au fond de l'inconnu
pour trouver du nouveau. El mal del siglo es el
spleen, destructor del ideal; mezcla de tedio y me-

Nineteenth Century" en Ne1v Left Revíew (Londres, marzo-


abril, 1968). Traducción española de H. A. Murena: "Sobre
algunos temas de Baudelaire", en Ensayos escogidos de
~r alter Benjamín (Buenos Aires, 1967).

XXIV
lancolía del hombre que transforma la naturaleza y
al hacerlo sustituye lo orgánico por lo inorgánico.
El poeta cree apartarse del mundo moderno, del
mundo burgués -feo, vulgar, mecánico, innoble-.
Pero no se retira: es segregado. Encuentra su ima-
gen en el cisne de Baudelaire que se ahoga en el
lodo del arroyo desecado por el crecimiento ele la
ciudad. Sólo en un punto hay un acuerdo tácito
entre el poeta y el empresario industrial: ambos bus-
can lo nuevo, lo novedoso, lo moderno. A propósito
de Les fleurs du mal Víctor Hugo escribe célebre-
mente a Baudelaire: Vous dotez le cie1 de 1'art d'on
ne sait que1 rayon macabre, vous créez un frisson
nouveau. Téophile Gautier y los hermanos Gon-
court acu11an hacia 1860 la palabra modernité.
En medio de todo esto, surge una nueva aspira-
ción a lo clásico, una poesía que acepta la ob¡etivi-
dad positivista y anhela la exactitud de la ciencia.
Los poetas reunidos en Le Parnase Contemporain,
recueil des vers nouveaux (1 866-1 876) rechazan la
im{Jrovisación y la desmesura ( Sculpte, lime, cisele,
aconseja Gautíer) . A la agonía romántica enfrentan
la serenidad de la escultura helénica; se niegan al his-
trionismo confesional, a vender sueños y penas, a
desnudarse en público. Fundan un exotismo este-
ticista que trata de hallar en la poesía la plenitud
bárbara negada por la 111.ezquindad del mundo in-
dustrial. (Esta tendencia se apoya _en las imágenes
que descubre el proceso de expansión imperialista
hacia los trópicos. Además, como ha visto Mario
Praz, el amor a lo exótico es generalmente una
proyección imaginativa del deseo sexual.) '- ·
A mediados de los ochenta el romanticismo llega
a su fin con la muerte de Hugo y se produce una
segunda revolución romántica: el simbolismo (o
"decadentismo" como lo llamó Charles Maurras)
definido por dos libros: Les poetes maudits (1883)
y 1888) de Paul Verlaine, que descubre al público
los nombres y las obras de Arthur Rimbaud, Sté-
phane Mallarmé, Tristan Corbiere, Marceline Des-
bordes-Valmore, Villiers de l'Isle Adam y el "Pau-
vre Lélian", es decir el mismo V erlaine; y la nove!a
A rebours (1884) de Joris-Karl Huysmans. "Hre-
viario de la decadencia", A rebours resume en un
personaje, Des Esseintes, el callejón sin salida del
"esteta" que se aparta de la vida real para hundirse
en un mundo al revés donde nada se debe a la na-
turaleza y todo ha sido creado por el artificio huma-
no, hasta las sensaciones que le producen los esti-
mulantes.
Para los románticos el burgués era el enemigo;
hacia fines de siglo el burgués era tan fuerte que
parecía inútil oponerse a él. En vez de desafiar a
la sociedad los simbolistas prefirieron apartarse de
un mundo utilitario en el que los poetas ya no
tenían ningún sitio. Para expresar las pasiones qui-
sieron sentirlas en carne propia. En vez de trasladar
actos espontáneos de la vida al dominio del arte,
los simbolistas experimentaron las sugestiones mons-
truosas de imaginaciones alimentadas con horrores
literarios. *
Los textos críticos de Edgar Allan Poe son la
base del simbolismo. Según Poe, a fin de alcanzar
* Edmund Wilson, Axel's Castle. A study in the Imagina-
tive Literature of 1870-1930. (Nueva York, 1931.)
efectos espirituales la poesía debe tom~r la indefi-
nida sugestión de la música. ("La música nos acerca
al alma del mundo'', escribió Schopenhauer.) De
allí que el "Art poétique" de Verlaine aconse;e:
De la musique avant toute chose ... Rien de plus
cher que la chanson grise / Ou l'Indécis au Précis
se joint . . . Prends l' éloquence et tords-lui son
cou ... Et tout le reste est littérature.
Internacionalismo: el movimiento parte de las
reflexiones de un norteamericano y recibe la in-
fluencia decisiva de un alemán, Richard Wagner.
Correspondencias: si todo se corresponde en la simé-
trica naturaleza lo mismo debe ocurrir en las artes.
"Las artes, apunta Baudelaire, aspiran si no a su-
plirse, por lo menos a prestarse recíprocamente fuer-
zas nuevas." La música romántica se acerca a la
literatura. ~sta a su vez se siente atraída por la mú-
sica, al tiempo que se cumple el mismo proceso de
infiltración literaria en la p·íntura y de penetración
pictórica en las letras. En poesía la corresponden-
cia de las artes se efectúa mediante la sinestesia,
confusión entre las percepciones de sentidos diver-
sos, mezcla entre el mundo real y el imaginario.
Para Mallarmé emociones y sensaciones deben cons-
tituir el · tema central del arte. Los sentimientos
personales son únicos, cada conciencia es única; por
tanto el lengua;e que los nombre debe también ser
único y no representar sino sugerir y evocar en for-
mas sutiles e inesperadas.
El simbolismo, dice Kathleen Raine, * es el único
lengua;e que tenemos para expresar no meramente
la apariencia, sino el contenido, la cualidad de la

* Defending Ancient Springs ( Oxford, 1968).

XXVII
experiencia. Da cuerpo a profundas necesidades emo-
tivas y es válido para hablar de verdades que la
razón no concibe. Pero, interviene Edmund Wi lson,
todo lo que hicieron los simbolistas lo habían hecho
sin teorizar los grandes poetas del xvn: ¿no es éste
el lenguaje natural de la lírica, la norma contra la
cual el neoclasicismo del xvm fue una herejía?

III

España está presente en el movimiento román-


tico sólo como inspiración y por la grandeza de su
pasado literario. Víctima de la contrarreforma y
perdido su imperio, España quedó al margen del
progreso europeo, tan feudal, atrasada e inestable
como sus antiguas colonias. Su marginalidad histó-
rica y el absolutismo casticista de la Academia im-
pedían que el castellano sirviera para hablar de una
realidad absolutamente nueva. De espaldas a su
gran tradición el poeta español se consumía imitan-
do a los franceses en un vocabulario que ya no se
relacionaba con el ainbiente del siglo. Unamuno
comprendió muy bien la situación al escribirle a
Daría en 1899: "(Usted) quiere decir, en castellano,
cosas que ni en castellano se han pensado nunca
ni pueden, hoy, con él pensarse ..."
Sin embargo, algunos poetas peninsulares repre-
sentaron un poderoso estímulo para la renovación
que iba a iniciarse en las antiguas colonias, histó-
ricamente mejor situadas que la vieja metrópoli.
En otros países los románticos dejaron intacta la
métrica tradicional, en cambio Espronceda y algu-
nos más experimentaron con nuevas combinaciones

XXVIII
silábicas. Suele olvidarse la destreza rítmica de José
Zorrilla y Gaspar Núfíez de Arce, autor de sonoras
lamentaciones por el mundo que se deshace en el
XIX. En cambio se cita a dos figuras admirab!es,
Rosalía de Castro y Gustavo Adolfo Bécquer, cuya
suti:eza fue escándalo para el gusto oratorio. Pero
ya Max Aub ha dicho que las Rimas son flores del
bien y los jóvenes buscaban flores del mal.
Londres era el centro político y económico del
mundo, mas la influencia vercladernmente romana
en su universalidad la ejercía Francia. París fue, en
palabras de\.\' alter Benjamín, la capital del siglo XIX.
Hacia ella se volvieron todos los artistas de Occi-
dente, por ella descubrieron otras culturas. Ante
el hispanoamericano, París tenía un atractivo adi-
cional: representar el centro de la latinidad contra
la amenaza clel poderío anglosajón. Para romper el
servílís1no del colonizado el hispanoamericano ata-
caba a Espafía; para encontrar una vaga raíz de lati-
nidad, de comunidad, se volvía hacía la heredera
de Grecia y de Roma: la cultura francesa que fue
desde la Independencia la madrastra adoptiva ele
la nuestra.
Muchas veces se ha insistido en el carácter único
de la colonización espafíola que no impuso el siste-
ma imperial conservando la estructura aborigen
-como los ingleses en la India- sino que lo de:-;-
truyó todo para rehacerlo todo y crear un mestizaje
masivo sin paralelo. Así pues, aunque rompiera
con Espafía, América no tenía más camino que
mirar a Europa. Europeos son su idioma, sus institu-
ciones, la mitad de su ser. Imposible restaurar en la
edad del progreso el imperio inca o la lengua
náhuatl.

XXIX
El pecado original de la independencia mexicana
fue que los criollos consumaron la revolución polí-
tica por miedo a la revolución social. No hicieron
la ruptura para obtener la libertad de las mayorías
sino para conservar sus privi.egios aristocráticos.
La precaria coalición entre mestizos insurgentes y
criollos realistas no tardó en polarizarse en la lucha
de liberales y conservadores que se tradujo en medio
siglo de guerras civiles, invasiones extranjeras, des-
pojos territoriales, miseria y anarquía.
En estas condiciones, antes que el capital extran-
jero triunfe sobre México, la sombra que proyectan
los románticos europeos no puede significar para
nosotros una visión y una conciencia sino pura y
llana rebeldía. A grandes rasgos simplificadores, los
románticos son mestizos y liberales; los neoclásicos
o académicos, criollos y conservadores. En los pri-
meros años de la República, franceses, .ingleses e
italianos representan el modelo para la nueva poe-
sía. Más tarde las influencias son exclusivamente
españolas. La única posibilidad de explicarlo es el
deterioro de la educación de minorías provocado
por el quebrantamiento del orden colonial.
No obstante, quienes siguen aferrados a las mi-
nas del antiguo régimen pueden recibir en los semi-
narios los beneficios de las humanidades. Los poetas
de este nivel aprenden latín, leen a los clásicos es-
pañoles, se mantienen fieles a la norma académica.
Naturalmente hay contaminación entre ambas es-
cuelas: así como el romántico Ignacio Rodríguez
Galván y el académico José Joaquín Pesado coinci-
den en la tentativa de resucitar algo del ignorado
mundo indígena, Ignacio Ramírez El Nigromante,
el más radical de los jacobinos, cuando escribe en
verso lo hace al gusto neoclásico.
Los datos de nuestro romanticismo son la rebel-
día, la sinceridad, el sub¡etivismo apasionado, la e.10-
cuencia que¡umbrosa, la improvisación. Los rasgos
de nuestro academismo son el cuidado formal, la
presencia constante de la mito!ogía grecolatina, el
interés por el paisa¡e mexicano y una impersonali-
dad que al menos en intención sitúa a los académi-
cos muy cerca de los parnasianos franceses. Manuel
Carpio se adelanta a éstos al escribir composiciones
de diseño pictórico y con temas de la historia y la
Biblia. Para nuestra desgracia, Carpio no es un
precursor porque ya había sonetos anteparnasianos
en lengua española, por eiemplo "Al triunfo de
Judit" en las Rimas humanas de Lope.
Estas dos corrientes forman la base de sustenta-
ción para que puedan adaptarse las influencias que
a través de un acelerado proceso dieron origen al
modernismo mexicano. 1884 -el 18 Brumario de
Porfirio Díaz- representa la consumación de la
alianza entre conservadores y liberales. Las diver-
gencias literarias se anulan ;unto con las políticas
y se procede a una síntesis de las tendencias en
pugna, síntesis que ya había comenzado en 1869
cuando Ignacio Manuel Altamirano funda El Re-
nacimiento.*
1867 contempla el apogeo del segundo imperio.
París queda confirmado en la posición de centro del
arte, el lu¡o y la moda. Se afianza el mito de París
capital del mundo, Babilonia industriosa y román-

"'Véase: Huberto Batis: fnclices de El Renacimiento


(1963).

XXXI
tica. En plena Gran Exposición aparecen las letras
del Festín de Baltazar: la noticia del fusilamiento
de Maximiliano en ..._ Ouerétaro. Terminan los inten-
tos europeos de conquista armada y se inicia la con-
quista económica. Los franceses ya no podrán hacer
de México otro Vietnam (Indochina) u otra Argelia
ba¡o el disfraz de un imperio latinocatólico. Ten-
drán que llegar a un acuerdo con los Estados Uni-
dos que han decretado como zona de influencia el
continente americano. Por el momento Washington
no puede organizar otra empresa expansionista por-
que anexarse nuevos territorios fortalecería al Sur
derrotado en la Guerra de Secesión.
Mientras tanto, Benito Juárez se enfrenta a la
tarea de construir el país. * Medio indispensable
{Jara este fin es la educación. Cabina Barreda - que
había asistido veinte años antes a las conferencias
de Comte en el Palais Royal- asegura a Juárez
que el positivismo es el correctivo de la anarquía y
lo me¡or que Europa puede ofrecer para crear los
cimientos ideológicos del nuevo orden que hará po-
sible el progreso buscado por la revolución libernl.
El positivismo desfJo;ará al clero de su último re-
dtLcto, la escolástica; sustituirá la enseñanza huma-
nista, la teología y la metafísica; será el arma en el
fJroceso de descolonización. Es el único medio de
imponer un nuevo orden que termine con la vio-
lencia y el caos; un sistema de pensar y asimilar la

*Fuentes principales de estas páginas: Daniel Cosía y¡.


11egas: Historia moderna .de México: El Porfiriato, especi.al-
mente el volumen La vida social, por Moisés González Na-
\·arro (1957) . Leopoldo Zea: El positivismo en México:
nacimiento, apogeo y decadencia ( 1968). Henry Bamford
Parkers: A History of Mexico (Londres, 1962) .

XXXII
culturct europect a fin de obtener el desarrollo de
nuestras potencialidades, . la base ideológica de una
sociedad inspirada por los ideales de libertad eco-
nómica y progreso científico. (Sin embargo, México
no podrá convertirse en un estado industrial mo-
derno mientras la estructura siga siendo oligárquica
y feudalista.)
Lograda la victoria contra el invasor se rompe la
unidad del Partido Liberal. El congreso se opone a
las medidas para remediar el desorden económico,
los caciques ven amenazados sus privilegios: si Juá-
rez no los domina continuarán la guerra civil y
el proceso desintegrador. Sin fondos para sostener el
ejército y temeroso del militarismo, Juárez licencia
a los soldados republicanos, que se transforman en
bandidos u organizan rebeliones, ahogadas en san-
gre por el general Sóstenes Rocha. Juárez tampoco
recom¡Jensa al más brillante de sus lugartenientes
y el más honesto en el manejo de las finanzas: Por-
firio Díaz. Díaz esperaba que sus victorias le abrie-
ran el camino del poder (el imperator es siempre el
general triunfante) y se convierte en caudillo natu-
ral de los descontentos. Vencido en 1871 durante
la revuelta de La Noria, el Plan de Tuxtepec lo
lleva al poder en 1876. Se erige en dictador por-
que así lo quiere el grupo llamado por Justo Sierra
la burguesía mexicana, que ve en Díaz al hombre
fuerte capaz de salvaguardar sus intereses y conducir
al país de la era militar a la era industrial.
Los argumentos de la contrarrevolución europea
surgen en La Libertad, "Periódico liberal-conserva-
dor", órgano de los positivistas mexicanos. La Cons-
titución del 57 es condenada por utópica. Se niega
al liberalismo revolucionario y se afirma que la de-

XXXIII
mocracia es prematura pues s6lo ha conducido a ld
desorganización y la perpetua guerra civil. única-
mente la "tiranía honrada" sobre bases científicas
puede garantizar la paz y afianzar la estabilidad. Sin
ella no habrá desarrollo y sin desarrollo es impo-
sible el cumplimiento de los postulados de la Re-
forma y la defensa de la soberanía nacional contra
la expansión norteamericana.
El positivismo se transforma en la columna inte-
lectual del porfiriato. Se trata de alcanzar el progreso
mediante el orden. El comtismo se instaura en el
campo educativo, pero en el económico y en el po-
lítico se adoptan los lineamientos teóricos del posi-
tivismo spenceriano. Es la mejor expresión del espí-
ritu práctico y justifica la libertad que más interesa
a nuestra burguesía: la libertad de enriquecerse ili-
mitadamente. Para impedir que comprobemos la
teoría darwiniana a través de la absorción de Méxi-
co por los Estados Unidos, los positivistas se em-
peñan en crear hombres "egoístas, violentos, ambi-
ciosos, materialistas"; dan al mexicano la misión de
alcanzar cualidades sajonas. Se rechazan todos los
caracteres llamados latinos porque pertenecen a la
anterior era metafísica. España, Francia, Italia pa-
saron a la historia. El siglo se halla dominado por
l nglaterra y Norteamérica . Esta ética inspirada en
las leyes biológicas de la superrvivencia del más fuerte
se vuelve la justificación de la jerarquía y autoridad
de la dictadura, engendra una ortodoxia en que el
fanatismo de la ciencia interpretada positivamente
sustituye al fanatismo religioso, admite la supresión
de las libertades y la esclavitud de las masas como
un precio que vale la pena pagar por la prosperidad.
En vez de seguir luchando entre sí los grupos
poderosos se unen contra tódos los que no tienen
poder ni voces que reclamen sus intereses. La
fórmula da resultado. México se pacifica y puede
consagrarse al desarrollo económico. Los millones
comienzan a entrar en un país que para proteger
la inversión extranjera permite el saqueo de sus
recursos naturales. El imperialismo financiero nos
libra de la anarquía, pero trae consigo el vacío
espiritual y la ceguera ante la indignidad. Las com-
pañías deslindadoras arrebatan sus tierras a campe-
sinos que de pequeños propietarios se convierten
en peones, un código minero da a los poseedores
de la superficie la propiedad de los yacimientos de
petróleo y hulla.
La burguesía nacional que se ve a sí misma como
el más apto agente del progreso explota los latifun-
dios y el erario público. La industria queda reser-
vada a los grandes capitales, se estimula de preferen-
cia al inversionista europeo en un vano intento de
contrarresta·r la hegemonía norteamericana. Se tiene
la ilusión de vivir en la nación más rica de la tierra,
según el mito propagado por Humboldt, no en una
superficie sin agua, continuamente sojuzgada por el
desierto. Indios, campesinos y obreros están al mar-
gen de la justicia, los veredictos invariablemente
favorecen al empresario. México es "el padre de los
extranjeros y el padrastro de los mexicanos". Cuan-
do los antiguos bandidos trasmutados en policías
rurales no bastan para eliminar a quien se oponga
a! abuso de poder, se emplea al ejército: las guerras
contra los mayas y los yaquis son los episodios más
sangrientos del porfiriato. El afán es lograr el pro-
greso a toda costa. Los indios son un obstáculo
debido a su indolencia e inconstancia, ya que una

XXXV
vez ganado lo necesario prefieren el descanso al sa-
lario. El método más piadoso para forzarlos a tra-
bajar es la servidumbre por deudas, la institución
de la tienda de raya.
Habitantes de un mundo mágico anterior al nue-
vo mundo positivo, indiferentes a la noción de lucro,
a pesar de todo los indios son fuertes, capaces de
hacer en un día el doble de trabajo que un blanco
y tan inteligentes que en poco tiempo aprenden
cuanto se les quiera enseñar. Pero los creadores de
grandes negocios nacionales no se preocupan por
fundar escuelas técnicas para el pueblo ni por di-
fundir los métodos modernos de agricultura. Con-
denan al mexicano "a ser siempre discípulo, em-
pleado o siervo del maestro, del patrón o del capataz
extranjero, que venían de afuera a ordenarle, sin
enseñarle, lo que había de hacer en el país" (Reyes).
Los empresarios tratan de importar inmigrantes que
desarrollen la riqueza minera y agrícola y al mez-
clarse "embellezcan" a la población. La disparidad
de sueldos, las condiciones misérrimas del traba-
jador mexicano harán que durante la Revolución
las reivindicaciones nacionalistas se sumen a las de
clase. La xenofilia de la élite contrasta con el boxe-
rismo del pueblo. El odio no se dirige al extranjero
en abstracto sino contra aquel que viene a enrique-
cerse en un país al que desprecia. "No somos ene-
migos de los extranjeros sino de los explotadores
y los tiranos", dirá Ricardo Flores Magón.
Muertos los antiguos liberales y los compañeros
de armas de Díaz, forman la nueva pandilla del
poder los Científicos -mote impuesto a los miem-
bros de la Unión Liberal integrada en 1892 para
apoyar la reelección y reunir a los teóricos del porfi-

XXXVI
riato que antes de ser políticos activos habían ex-
presado sus ideas en La Libertad (1878-1884). Como
todos los grupos denominados desde fuera · por la
hostilidad ambiente, cada uno de los Científicos
niega serlo. Constituyen la primera generación edu-
cada bajo el positivismo, se burlan de las creencias
del liberalismo revolucionario, a las ideas de liber-
tad / igualdad / fraternidad oponen la ilusión del
progreso perpetuo a través de la ciencia. Excepto
fusto Sierra que como Martí y González Prada de-
muestra la falsedad de la teoría de las razas infe-
riores, los Científicos desprecian a sus compatriotas
indios y mestizos -bestias de carga, mano de obra
barata- y se conside.ran los blancos que deben go-
bernar cuando la evolución haga superflua la mano
de hierro del mestizo Porfirio Díaz.
Con el ascenso de los Científicos el porfiriato
pierde toda raíz mexicana para volverse un simple
intermediario del capitalismo internacional. Sólo
que, como los primeros saintsimonianos, los Cientí-
ficos tienen tanta confianza en la industrialización
que se olvidan de la lucha de clases. Para ellos el
individuo no debe nada a la sociedad. Miseria, mor-
talidad infantil, insalubridad, prostitución, alcoho-
lismo no son taras sociales: son conflictos indivi-
duales. El Estado no debe resolver problemas colec-
tivos sino crear condiciones pro/J·icias para que una
iniciativa privada fecunda se encargue de llevar
adelante la sociedad.
Extraordinario capitán de guerrillas, maestro de
la intriga, Porfirio Díaz no es un especialista que
pueda entender las complejidades económicas. Defa
todas estas cuestiones a los científicos. Quienes de
jóvenes se presentaron como abogados .de la . hones-

xxxvn
tidad y la eficacia, terminan por ser millonarios
que aplican la metodología positivista para refinar
el arte del robo hasta los niveles de W all Street.
No obstante, ba;o el ministerio de Limantour la
administración se hace más eficiente y honrada,
la prosperidad se afianza. México es admitido en la
comunidad de naciones civilizadas. A nombre del
bienestar del quince por ciento (del cual un tercio
está farmado por extran;eros) se condena a la mi-
seria a la inmensa mayoría de los mexicanos. Li-
mantour, hábil en su terreno, no tiene curiosidad
de ver cómo afectan a esta mayoría las mismas fuer-
zas que hacen crecer las estadísticas y dan testimo-
nio del desarrollo -el desarrollo que no se convierte
en progreso social: México sirve a la producción
y no la producción a México.
La visión radical de Morelos -destruir las hacien-
das y librar a los campesinos del peona;e- queda
sin cumplirse. El capitalismo . industrial se expande
en una república que en cuanto a la tenencia de la
tierra continúa en la Edad Media; cuya alimenta-
ción depende de hacendados que cultivan con mé-
todos arcaicos simples fracciones de sus latifundios.
La calidad del suelo sigue disminuyendo, la erosión
continúa. Dentro de los cálculos científicos no fi-
gura la urgencia de un plan de irrigación, y en los
últimos años del porfiriato habrá que importar ce-
reales. Subalimentados, prisioneros del alcoholismo
y las enfermedades endémicas, víctimas del patrón y
el capataz, los campesinos ganan cuarenta centavos
diarios. Con el alza de precios, para 1910 casi las
tres cuartas partes de la población padecen hambre.
Pero la industria crea una clase obrera, un prole-
tariado urbano de ex peones que reciben hasta seis
pesos semanales por doce / catorce horas de traba;o.
Inmigrantes españoles traen ideas anarcosindicalis-
tas. Se lee a Bakunin, a Kropotkin, a Eliseo Reclus.
Emigrantes mexicanos se convierten en wobbies,
miembros de Industrial Vv orkers of the World. Los
hermanos Flores Magón propagan el anarquismo.
Los obreros mejor pagados se declaran en huelga.
Al ser reprimidos los movimientos de Cananea y
Río Blanco parece que todo esfuerzo revolucionario
o aun reformista es imposible. Sin embargo Díaz
cosecha la enemistad norteamericana, la entrevista
con Creelman disipa el terror, la crisis de Wall
Street tiene inevitables repercusiones en México, y
sobre todo la oligarquía formada al amparo de Li-
mantour, dentro del fuego de la libre competencia
se impone al resto de la burguesía, se apodera de
los mejores negocios y es el gran agente en la brutal
explotación de México por los capitales extranje-
ros. La burguesía aspira entonces a destruir un go-
bierno convertido en obstáculo para sus intereses.
Las urgencias de cambio encuentran su centro en
Francisco I. Madero que en La sucesión presiden-
cial ha osado levantar la voz contra don Porfirio.
Como todos los capitalistas nacionales la familia
Madero sufrió por los privilegios concedidos a los
grandes monopolios del exterior. Se repite el fenó-
meno de la Independencia: los criollos políticamen-
te radicales son conservadores socialmente. Madero
pide sufragio efectivo mientras los campesinos so-
licitan tierras, está segurn de que los mexicanos
quieren la no reelección antes del o sin el pan.
La chispa encendida por la revuelta política con-
tra Díaz hace estallar la guerra social de los campe-
sinos contra los grandes hacendados, el cerco de las

XXXIX
ciudades por los cam.pos. La Revolución arde en
todo el país. Las guerrillas vencen al e¡ército federal
y no tardan en derribar a un gob:erno que tanto
mal y tanto bien ha hecho, pero que está rnído por
la senectud, la corrupción, las feroces luchas inter-
nas. Madero es la más noble figura del reformismo
latinoamericano que se caracteriza por la intención
de conciliar las contradicciones sin lesionar intereses
profundos. Los problemas de M éxico ya no pueden
resolverse mediante el planteamiento evolucionista
sino a través de cambios estructurales. Sólo un pro-
grama radical -que no es ciertamente el programa
del Partido Antirreleccionista- puede evitar males
mayores. La política bondadosa de Madero lo ene-
mista con revolucionarios y reaccionarios. El e¡ército
federal lo asesina. El huertismo es una tentati-
Wl de restauración, una abyecta caricatura de por-
firiato. La lucha seguirá para que México haga con
la Carta Constitucional de 1917 la revolución de
1789 que medio siglo atrás Juárez no pudo realizar
enteramente.

IV

En 1884 una voluntad de renovación que se esbo-


zaba en los poemas de Agustín F. Cuenca y Justo
Sierra aparece clarmnente definida en "La Duquesa
Job". Manuel Gutiérrez Ná¡era se decide al fin a
hacer en verso lo que aíios atrás había comenzado
a hacer en prosa. "La Duquesa Job" es el primer
poema que se esoribe para una clase media urbana .
La protagonista no es "gran seíiora" ni es "la cria-
dita de pies nudosos": es la "griseta", la modista.

XL
La moda es la aparición figurativa de la moderni-
dad. La moda supone el proceso industrial. Si la
sociedad importa los productos de las fábricas pari-
sinas, Nájera importará a su vez el esprit, la gracia,
el matiz, la frivolidad. Siente la nostalgia de la des-
conocida capital del siglo x1x y quiere mostrarle a
Manuel Puga y Acal -el amigo recién llegado de
París, donde trató a Verlaine y Rimbaud- que
no estamos tan atrasados; cuando menos leemos pu-
blicaciones francesas, consumimos lo que Francia
produce.
Náfera se dirige a un amigo, no al pueblo mexi-
cano ni a la humanidad. Su actitud no es la del
orador ni la del profeta sino la del conversador:
escribe versos "en dulce charla de sobremesa" y
cuando ha llegado la especialización y los problemas
políticos son problemas de los políticos. En todo
caso el desarrollo de la prensa hace que el artículo
sea un medio de persuasión mucho más efectivo
que el poema. La importancia informativa del arte
ha desaparecido por virtud de los nuevos medios de
comunicación. Si la pintura reacciona ante la foto-
grafía subrayando los elementos colorísticos de la
imagen, la poesía reacciona ante el periodismo sub-
rayando los elementos verbales. El pueblo no sabe
leer y anula cualquier posibilidad de literatura po-
pular. De todos modos se escribe para la clase me-
dia y hay que hab!arle en un lenguaje apropiado
al nuevo ambiente. La clase media a que pertenece
el poeta se halla por entonces del lado de Porfirio
Díaz, la "dictadura honrada" que trae la paz a una
República en que todas las generaciones vivientes
no han conocido sino los desastres de la guerra. Los
modernistas ponen en Díaz una esperanza similar

XLI
a la que depositaron en Napoleón los primeros ro-
mánticos. Más tarde el pesimismo es sin proponéi-
selo una crítica del porfiriato.
En primera instancia el pesimismo responde a que
los escritores han tenido que rendirse ante el mer-
cado. Si en el periodismo la literatura ha de relacio-
narse con trabajo, pago y uso, los modernistas pre-
servarán la poesía contra el proceso industrial: harán
arte por el arte. No escribirán para el burgués sino
para un grupo que como toda minoría amenazada
se cierra ante la hostilidad del medio. Al pragma-
tismo de la sociedad porfirista oponen un ideal
aristocrático -el de una "aristocracia en harapos",
dice N ervo-, pero también la posibilidad de con-
sagrarse a la busca de valores no personales.
Al centro de una prosperidad cada vez más in-
sultante para la privación de las mayorías surge en
México un grupo de escritores hastiados por el su-
puesto progreso, ávidos de vivir como sus semejan-
tes de otras sociedades. Y a que casi todos los objetos
que rodeaban su vida cotidiana eran franceses, fa-
tal mente quisieron escribir como se escribía en Fran-
cia, y probarlo todo para expresarlo todo. Ni las
drogas ni el pensamiento mágico (de la necroman-
cia a la astrología) dieron talento a las mediocrida-
des ni estorbaron el desarrollo de los auténticos es-
critores. Manuel Gutiérrez Nájera tuvo la visión de
prnfesionalizarse y eligió entre múltiples posibilida-
des la que a la postre resultó más conveniente para
la literatura nacional. Tan importante como su obra
aparece ahora la Revista Azul * que dio el primer

• Ana Elena Díaz Alejo y Ernesto Prado Velázquez: In-


dice de la Revista Azul ( 1968) .

XI.JI
impulso decisivo para renovar las letras mexicanas.
Publicada entre 1894 y 1896 la Revista Azu~ se plan-
teó su tarea en términos continentales y al credo
único prefirió una política de puertas abiertas. Su
mérito consistió en superar las formas ya anquilosa-
das y en sustituirlas por otras abiertas al porvenir,
capaces de expresar una realidad inexpresable por
medio de un arte sujeto a los preceptos académi-
cos. Con agudeza crítica Nájera entendió que sin
lo que él llamaba "oruzamiento" no podría haber
nunca una literatura hispanoamericana; pero com-
prendió al mismo tiempo el peligro de la simple
imitación refleja si la insurgencia renovadora no se
cumplía dentro del cauce de la propia tradición
española.
Entonces el mundo poético hispanoamericano se
llena con imágenes de todas las mitologías, se pue-
bla de palacios versallescos, jardines e interiores
orienta!es, dioses, ondinas, ninfas, sátiros, efebos,
cisnes, náyades, centauros, libélulas, princesas, aba-
tes, colombinas -toda la utilería de la cultura hu-
manista, mise en scene que hoy nos parece exótica
y ajena al medio americano, pero que en tiempos
de los modernistas f armaba el sostén de la instruc-
ción para las clases media y alta, y resultaba tan fa-
miliar como ahora pueden serlo los personajes de
las series de televisión y los comics. El invernadero
y las flores artificiales parecen preferibles a la na-
turaleza usurpada y destruida por los afanes mer-
cantiles. El mundo industrial comienza a sustituir
al natural e irrumpe dondequiera el objeto: biom-
bos, divanes, jarrones, colgaduras, lacas, oro, japone-
rías, miniaturas, joyeleros, frascos de perfumes, acua-
relas, porcelanas, lámparas, marfil, perlas, esmaltes.

XLIII
~ los veinte años Nájera intuye este proceso: e.s-
cnbe en el prólogo a última lamentac;ón de Lord
Byron por Gaspar Núñez de Arce (1879):

La poesía va huyendo a todo correr de nuestra vida


(_. .. ) Hemos encontrado una evolución más posi-
tiva y en medio del estrépito de tantas fábricas,
entre el tumulto de tan varias empresas, la poesía,
la antigua poesía, la enamorada eterna de la natura-
leza, deja las ciudades, ocúltase en los bosques, pero
como allí también la persiguen el ruido de los talle-
res y la tos asmática de las locomotoras, tiende el
vuelo en pos de atmósferas serenas, temerosas de
que el humo de nuestras fábricas la asfixie y de que
manche sus alas el negrísimo hollín de nuestras
minas.

Lo moderno es la industria, la producción masivci


impone la moda. Para que el desa.rrollo continúe
una moda debe sustituir vertiginosamente a la otra.
Todas las transformaciones se aceleran. La poesía
ya no tiene siquiera el recurso de detener el instante
porque se ha inventado el cinematógrafo ("meca-
nismo reproductor de instantes", lo llama Nervo).
Muerto el trabajo artesanal, la misión del arte en
la industria es crear artificios. Los hombres se saben
como nunca fugaces. La as{Jiraci6n a la duración
se revela en la humildad de buscar una forma poé-
tica perfecta. El cuidar la forma es un acto moral.
El primero entre los valores socia!es de la poesía es
mantener en circulación el lenguaje porque sólo
mediante las palabras podemos aspirar a entender-
nos y a entender el mundo. Pero el busto no sobre-
vivirá a la ciudad, como creía Gautier. Los va!ores
mueren con la época que los produce y en la fuga-
cidad del modernismo leemos la nuestra. Hombres
a quienes la historia tomó por asalto, los modernis-
tas ven caer una a una todas sus defensas. La poesía
se repliega a una de sus más antiguas funciones :
expresar el dolor del mundo en el dolor de la con-
ciencia individual.
Como no tienen público los modernistas deciden
tornar desafío a la sociedad lo que proviene del des-
dén colectivo a la literatura: hacen un arte ¡;ara ar-
tistas. Este a la vuelta de algunos años será el arte
del pueblo y su popularidad lo hará despreciable
para el nuevo esteticismo. Aquí hallamos otro fenó-
meno típicamente hispanoamericano, ¡;ues las can-
ciones francesas de 1930 no se parecen a Baudelaire
como las letras de Agustín Lara se asemejan al mo-
dernismo. N ervo '' presagió lo que iba a ocvrrír:

El estremecimiento nuevo creado por Baudelaire es


hoy ya un estremecimiento viejo; pronto será un
estremecimiento vulgar . . . [La literatura envejece
muy pronto pero] no envejece sino lo que gozó de
boga, no se vulgariza sino lo que fue original en su
tiempo y por su originalidad tuvo amplio uso. La
originalidad ele ayer, según Max Nordau, es la vul-
garidad de hoy; la originalidad ele hoy, será la vulga-
ridad ele mañana ( ... ) D entro ele veinte años nue-
vos poetas, más sutilizados ( ... ) cantarán cosas
junto a las cuales nuestros pobres modernismos ele
ahora resultarán ingenua senectud. Y así sucesiva-
mente.

Los modernistas fueron producto de la especializa-


ción; les interesó exclusivamente el arte como otros
de sus contemporáneos sólo se apasionaron por el

* Todas las citas de Nervo, se toman de Obras Completas:


Prosa (Madrid, 1962) .

XLV
provecho económico. La divisa del arte por el arte
se corresponde con el lema de la producción por la
producción. Al poeta como f>rofeta o constructor
de nacionalidades sucede el poeta como ingenioso,
como dandy desafíliado de una sociedad utilitaria
o mártir del filisteísmo que le niega su protección
lanzándolo a ganarse la vida en el mercado.
En tanto que periodistas los poetas de fin de siglo
caen en manos de Rafael Reyes Spíndola que en
1896 funda El Impar.:ial, nuestro primer periódico
moderno. Subvencionado por los Científicos, Reyes
Spíndola importa vicios y virtudes de los diarios
norteamericanos impresos en papel amarillo. Se le
atribuye la frase de que los periodistas son co771.0
limones, a los cuales hay que sorber el ;ugo para
arro;ar luego con desprecio la corteza. Afirma que
un reportero dura tres aiios, siete un editorialista y
cuatro un cronista. * Así nada más natural que
Nervo haga en Luis C. Urbina el retrato de su
generación, vea al poeta modernista

condenado a ser lo que no ha querido ser, gastando


sus días en el pupitre de la oficina o en la redacción
de un periódico, escribiendo de prisa sobre las ro-
dillas editoriales o crónicas de teatro, dando a los
diarios lo mejor de su esencia juvenil y vigorosa,
derrochando vitalidad en naderías obligatorias.

Precisamente a Urbina está dedicado el poema


"ónix" que aparece en la Revista Azul el 17 de
;unio de 1894. Con esta página comienza propia-
mente el modernismo mexicano ya que los textos

*Victoriano Salado Álvarez: Memorias r: tiempo viejo


( 1946).

XLVI
de N ájera como los de Bécquer son "flores del
bien". Otro poema de Tablada, "Misa Negra", pro:
voca el escándalo de los Científicos y de Carmen
Romero Rubio de Díaz. * El autor esoribe una car-
ta a sus amigos Jesús Urueta, Marcelino Dávalos,
Alberto Leduc, Francisco M. de Olaguíbel y José
Peón del Valle para condenar la hipocresía de , un
público que tolera garitos y prostíbulos y se alarma
ante un poema erótico. A fin de remediar la situa-
ción de una literatura que tiene que refugiarse ver-
gonzosamente en los diarios, sujeta a la censura de
suscriptores y anunciantes, Tablada propone fundar

una publicación estrictamente, exclusivamente lite-


raria y artística, intransigente con cuanto interés no
fuera el estético y que proclamando su espíritu in-
novador debería llamarse Revista Moderna.

Tras un primer número que saca Bernardo Cauto


Castillo, Jesús E. Valenzuela financia la publica-
ción. Luego se obtiene el mecenazgo del millonario
Jesús Lufán y la tarea puede continuar. La Revista
Moderna. Arte y Ciencia comienza a publicarse en
julio de 1898. A partir de septiembre de 1903 se le da
el nombre de Revista Moderna de México. Maga-
zine mensual político, científico, literario y de ac-
tualidad. Llena trece años de nuestra vida literaria
y termina en junio de 1911. De hecho le da muerte
la Revolución.
La Revista Moderna enfrenta su spleen y su deses-
peranza inconsolable al entusiasmo positivista de la

"' Héctor Valdés : Indice de la Revista Moderna (1967) .


Porfirio Martínez Peñaloza: Introducción a Las máscaras de
la Revista Moderna ( 1968), Julio Torri : La Revista Mo-
derna de M éxico ( 1953) .

XLVII
oligarquía y reta con poemas y dibujos llenos de
erotismo, exotismo y diabolismo a una sociedad en
que la Iglesia ha retomado su influencia. De acuerdo
con sus recursos y preferencias los modernistas vi-
ven la bohemia en burdeles y cantinas (el alcoholis-
mo extingue a Cauto Castillo a los veintiún años)
o bien en los paraísos artificiales, predilectos de la
jeunesse doreé que se reúne en el "Boulevard",
la "Zona Rosa" de entonces: las calles de San Francis-
co y Platero$, entre el Jockey Club y el Palacio de
Iturbide convertido en hotel. Años más tarde Ta-
blada hace acto de contrición en sus memorias:

Desastrosamente intentamos normar no sólo nuestra


vida literarü1, sino también la íntima, por sus máxi-
mas disolvente¡¡ [se refiere a las de Baudelaire] cre-
yendo así asegurar la excelencia de nuestra obra de
literatos ( ... ) El radicalismo de la religión del arte
exigía e1 sincero desprecio hacia el burgués y bur-
gués era todo aquel que no pensaba como nosotros
en asuntos estéticos, pues los sociales y económicos
nos parecían muy secundarios. Era toda una dislo-
cación de categorías que llegaba en su grotesca inge-
nuidad hasta hacernos creer que la sociedad ideal
sería una integrada y regida por poetas más o menos
baudelairianos o en salmuera de ajenjo como Ver-
laine o doctorados en el claro oscuro satánico del
acuarelista Rops o escenógrafos de misas negras
como Huysmans.

La gran figura de la Revista Moderna es el dibu-


;ante Julio Ruelas. Entre los poetas sobresalientes
que colaboran en ella se cuentan Tablada y N ervo
(copropietario y codirector en la segunda época),
Manuel José Oth6n, Salvador Díaz Mirón, Urbina,
Enrique González Martínez, Efrén Rebolledo, Bal;

XLVIII
bino Dávalos, Rafael López, Olaguíbel, · Manuel de
la Parra y Roberto Argüelles Bringas. Si recordamos
que entre 1898 y 1911 aparecen El Florilegio, Per-
las negras, Lascas, Poemas rústicos, Lit Herman~
Agua, Idilio salvaje, El pDema del lago, Rimas ja-
ponesas, La canción del camino, Los jardines inte-
riores, Puestas de sol, Los senderos ocultos . . . la
época literaria que anima la Revista Moderna apa-
rece como una de las más importantes de la poesía
mexicana y justifica la observación de que ·

Al terminar el siglo xrx, la más intensa actividad


d el movimiento modernista se concentró en México.
Puede decirse que; a partir de ese momento, l;¡ ciu-
dad de México fue la capital del modernismo o,
si se quiere, su meridiano, como hasta la víspera 1o
había sido Buenos Aires ... *

El novecientos fue una década de talento y frivoli-


dad, fervor e irresponsabilidad en que la batalla
contra el lugar común se resolvió muchas veces en
amaneramiento y neocursilerías; pero también dio
algunas obras poéticas que siguen siendo vdlidas en
este otro mundo que es el nuestro, acaso por las
dolorosas semejanzas entre las circunstancias actua-
les y las que rodearon a los modernistas.
La derrota de España en 1898 provoca una nueva
solidaridad de los pueblos hispánicos ante el enemi-
go común . A diferencia de sus contemporáneos es-
pañoles y a semejanza de los novelistas actuales de
nuestro Continente, la segunda generación moder-
nista -enlazada con la primera por Rubén Darío-
no se desarrolla en sus países sino qutJ fomict un

* Max Henríquez Uretia, op. oit.

XLIX
núcleo entre París y Madrid. El cronista de este
momento, Manuel U garte, dice en Escritores ibero-
americanos de 1900:

Nuestra generación no representó a la América de


un~ república ni a la América de un sistema político;
aspuó a gesticular en representación de una sínte-
sis; porque las facetas que parecen inconciliables
concuerdan siempre dentro de la suprema unidad
del conjunto ( ... ) De este esfuerzo quedará, ante
todo, el empuje hacia una amplia concepción ibero-
americana ( ... ) hacia una reestructuración de
la ideología continental, con vistas a reactualizar la
esperanza del movimiento de 181 O ( ... ) Al insta-
larnos entre Madrid (punto de partida) y París
(ambiente espiritual) descubrimos dos verdades.
Primera, que nuestra producción se enlazaba dentro
de una sola literatura. Segunda, que individualmen-
te pertenecíamos a una nacionalidad única, conside-
rando a lberoamérica, desde Europa en forma pa-
norámica ( . . . ) En París, en Madrid, era Imposible
hablar de una literatura hondureña o costarricen-
se . . . [Y contribuía decisivamente a unificarlos]
la resistencia global de nuestros países contra el
imperialismo.

El proyecto de unidad continental parecía menos


utópico que en tiempos de Andrés Bello. Las comu-
nicaciones resultaban difíciles -para ir de México
a Argentina era necesario pasar por Europa y la
costa africana-, pero un mismo artículo de un poe-
ta modernista se reproducía en varios países y las
revistas literarias pro¡Jagaban por doquier las nue-
vas corrientes. Los libros modernistas cubrían a
Hispanoamérica desde París (Bouret y Garnier),
Barcelona, Valencia y Madrid (Maucci, Sempere,
Sopena, Mundo Latino). El exilio les sirvió a los

L
poetas para encontrarse a sí mismos y conocer a sus
compaiieros. La indiferencia o el franco menospre-
cio del medio intelectual parisino hacia quienes no
eran exotistas y trataban de adueiiarse del instru-
mental literario europeo, les hizo cobrar conciencia
de ser iberoamericanos. Casi ninguno tuvo lo que
podemos llamar ideología, pero todos sin excepción,
fueron abiertamente antimperialistas. En su gran
mayoría no hicieron nada para resolver la cuestión
social, la existencia de la pobreza. No obstante, se
dieron cuenta clara de la injusticia. El propio Ner-
vo, el menos politizado de todos, al ser poeta ofi-
cial en una celebración dijo ante Porfirio Díaz que
en México iba a surgir otro Morelos.
N ervo fue el único miembro mexicano del grupo,
sin grupo de los exiliados. Conflictos íntimos, in-
flujo de los ambientes ocultistas frecuentados e11
Europa lo llevan al mismo tiempo que Daría a una
rectificación del modernismo, crisis que se adelanta
en cuatro aiios al célebre soneto de González Mar-
tínez "Tuércele el cuello al cisne". Rusia ha perdido
la guerra contra Japón, primera potencia no occi-
dental que surge en el mundo moderno, y ha visto
el primer levantamiento soviético en San Peters-
burgo. Einstein formula la pri1n0ra teoría de la rela-
tividad. Freud publica Tres ensayos sobre la vida
sexual. En México, al aiio siguiente del primer con-
greso obrero, circula el manifiesto lanzado desde
Saint Louis Missouri por los hermanos Flores Ma-
gón. Poco después Cananea, Acayucan, Río Blan-
co .. . Al lado de la opresión política y económica la
generación del Centenario siente la asfixia intelectual
del porfiriato. Curiosamente la primera manifesta-
ción de protesta que se ve en muchos aiios en la capi-

u
tal es la organizada en abril de 1907 por los estudian-
tu en contra del periodista Manuel Caballero, quien
intenta resucitar la Revista Azul para combatir al
modernismo. Mienbra.s en las plazas se gritan mue-
ras al dictador, en los centros culturales se demuele
el positivismo. Con un año de diferencia se funda el
Ateneo de la Juventud y estalla la Revolución.
Cuando Porfirio Díaz se embarca hacia Europa
termina para siempre un mundo. En el que va na-
ciendo ya no tienen sentido la Revista Moderna ni
el diabolismo ni la bohemia. Los modernistas no se
arrieigan con el porvenir, los más se comprometen
de_cisivamente con el orden que se hunde y parti-
cipan en la tentativa huertista de restaurarlo. La
Revolución les parece la recaída en la barbarie, pues
nacieron y se formaron "en una época de paz y de
progreso, de civilización y cultura progresiva" (Ta-
blada). Con la derrota de Huerta en 1914 la gene-
ración del modernismo queda desgarrada. México
atraviesa años tan terribles como los vividos en el
XIX. Sin embargo, gracias al clima creado por los
modernistas el desierto cultural ya no existe: en
medio de la guerra civil hay una actividad en todos
los terrenos, particularmente en el editorial, como
no la hubo durante la paz porfiriana. Los zapatistas
irrumpen en el ;ardín ;aponés que Tablada culti-
vaba en Coyoacán. Puede imaginarse el asombro de
los campesinos ante la utilería Art Nouveau, los
biombos, las figulinas, los Budas de basalto. Se irán,
pero no sin de;ar su huella, brutal y verdadera.
Llega entonces el poeta que cerrará la estación
modernista. Ramón López. V elarde es el modernis-
mo más la revolución, el modernismo pasado por la
revolución. Su poesía crece en un ;ardín modernista,

Lil
pero en un ¡ardín que la violencia ha devastado. Su
resplandor es el de un sol poniente. Es "más trágico,
más completo e intenso" que los anteriores porque
se halla al término de un proceso y resume entera
la situación: el fin de la precaria Be11e Époque me-
xicana que agoniza en los palacios de la Reforma
y T acubaya ba¡o el doble asalto de la modernidad y
de unos hombres cuyo rostro es en definitiva el ros-
tro de México largamente enmascarado por la fic-
ción del porfiriato.
Mientras Tablada convierte el modernismo en
vanguardia, la gran tentativa del nwvimiento se
consuma a manos de López Velarde en el centena-
rio de la Independencia (1921). Lo que cuarenta
afias al!rás se inició como extranjería en "La Du-
quesa Job", concluye en "La Suave Patria", en el
reconocimiento de la "Novedad de la Patria". "El
suefio de los guantes negros", poema que pertenece
a la atmósfera modernista, queda simbólicamente
inconcluso. Los horrores y esplendores del nove-
cientos caen dentro "del más bien muerto de los
mares muertos".
El modernismo termina en la apropiación de un
lengua;e. Acaso por primera vez los poetas mexi-
canos han hecho su.yo el español, lo han sometido
a la prueba de los estilos universales para hablar de
su experiencia vivida y la naturaleza y la sociedad
del país. Despojado de sus instrumentos estilísticos
- el prirnero y más reconocible, la rima- el mo-
dernismo se transforma en todas las corrientes poé-
ticas que llegan hasta nuestros dfas.
Tradición de la ruptura llama Octavio Paz a la
que funda el modernismo. Prefiero decir tradición

LIII
de la imposibilidad del discípulo, de la obra abierta
a todos los logros del pasado y a la poesía de todos
los idiomas. No hay líneas rectas ni hay escuelas:
hay obras únicas irrepetibles e insustituibles poemas.

Wivenhoe Park, octubre, 1967 - México, Junio, 1969.

JOSÉ EMILIO p ACHECO

LIV
TOMO l
MANUEL GUTIÉRREZ NAJERA

[México, diciemb re 22, 1859 - febrero 3, 1895]

Manuel Gutiérrez Nájera heredó de sus padres la


afición literaria y la religiosidad. Nunca fue enviado
a la escuela, quizá para que no lo contaminaran las
ideas positivistas . Profesores particulares le ensefia-
ron idiomas y otras materias. Aprendió el castellano
literario en los místicos del siglo xvr. Desde niño
fue un lector constante y tuvo gran facilidad para
escribir.
Adolescente, inició su carrera periodística y du-
rante más de veinte años llenó las publicaciones de
su época con uno o dos artículos diarios, escritos casi
invariablen1ente al lado de la imprenta sin tiempo
para ser corregidos. Hizo cuentos, crónicas, reseñas,
poemas en prosa y entre otras muohas series y sec-
ciones fue autor de "La vida en México", "Cuentos
color de humo'', "Crónicas de mil colores", "Humo-
radas dominicales".
Empleó innumerables seudónimos: El Duque Job
[título de una comedia de León Laya, estrenada en
París en 1859], Monsieur Can Can, Puck, Jutzius
Recamier ... Fue jefe de redacción de El Partido
Liberal y como suplemento de este periódico fundó
con Carlos Díaz Dufoo la Revista Azul ( 1894-1896),
primer núcleo del modernismo mexicano en que

3
aparecieron juntos autores de Europa e Hispano-
américa, los viejos maestros y los escritores que co-
menzaban. Diputado por Texcoco y presidente de
la Prensa Asociada, sus viajes se limitaron a algunos
recorridos por el interior del país. El inmenso tra-
bajo lo consumió prematuramente. Murió a los 36
años, hemofílico y minado por el alcohol.
Fue el primer escritor enteramente profesional
que hubo en México y, a semejanza de Aubrey
Beardsley, repudió el desaliño de la bohemia y optó
por la elegancia un tanto dandística. Su meta con-
fesada era hacer respetable la actividad literaria vista
con soma por la naciente burguesía mexicana.
En vida publicó sólo un libro -Cuentos frági-
les ( 1883 )- pero escribió cerca de noventa narra-
ciones -Cuentos completos ( 1951 )- casi todas en
prosa poética aunque a veces reúnan fantasía y
costumbrismo. Algunos textos satirizan los vicios
políticos mexicanos y otros son valiosos documentos
para saber cómo vivían los que pagaron con su mi-
seria el esplendor superficial del porfiriato.
Gutiérrez Nájera llevó a su perfección la cró-
nica de estilo parisino en que lo antecedieron Al-
tamirano y Luis G . Ortiz y lo reemplazaron Urbina,
Nervo, Tablada, Rafael López y Ramón López
Velarde, quien definitivamente convirtió la crónica
en poema en prosa. Igual importancia tiene su tra-
bajo de crítico periodístico o reviewer. Escribió tanto
o más que Altamirano sobre las letras mexicanas
y se ocupó de difundir las extranjeras. E. K. Mapes
recopiló materiales para muchos volúmenes. En diez
años ha aparecido únicamente el primero: Oh.ras,
Crítica literaria 1: Ideas y temas literarios, lite ra-
1

tura mexicana. Edición y notas de Ernesto Mejía

4
Sánchez, introducción de Porfirio Martínez Peña-
loza (1959).
Relegado durante mucho tiempo al modesto sitio
de precursor Gutiérrez Nájera es visto hoy como
uno de los iniciadores del modernismo. Su influen-
cia personal, y ante todo su prosa, parecen más im-
portantes que su poesía. Junto con su amigo Martí
da principio a un nuevo ciclo en la historia de los
estilos castellanos. Estando en México -dice Ivan
A. Schulman en Génesis del modernismo (1967)-
estos dos artistas estrenan una prosa distinta. Martí
elogia la tentativa de Gutiérrez Nájera: "dar gracia
y elegancia al idioma español, al que no le faltaba
antes gracia pero placeril y grosera." Ambos busca~
ban "un molde hispano de raíz clásica" y se ne-
gaban a importar "el bizantinismo moral y la imi-
tación servil de un pueblo enfermo". Con ello se
pusieron a distancia del simbolismo o decadentismo
que habría de ser el principal estímulo de la línea que
más se identifica cDn el movimiento modernista.
El estilo de Gutiérrez Nájera contribuyó a de-
terminar la escritura artística empleada por e1 joven
Rubén Darío en Azul ( 1888). Rompió con las letras
hispanas porque atribuía su entusiasmo a "falta de
cruzamiento" . No obstante se apresuró a añadir:
"Debemos individualizarnos, pero dentro de nuestra
tradición literaria, la española". Altamirano, el gran
alentador de una estética nacionalista, aprobó la
tentativa de trasplantar con originalidad y le dijo
a Gutiérrez Nájera en una carta: "Siga usted ese
sistema. Es el bueno."
Con agudeza crítica se dio cuenta de las opciones
que se le presentaban y eligió la de asimilar todos
los influjos pues al sintetizarse e integrarse desem-

5
bocarían inevitablemente en una expresión personal.
Para la época en que murió, sus ideas y sus gustos
estaban ya un tanto retrasados. Mientras los jóvenes
Tablada y Nervo se empeñaban en demostrar su
falso o verdadero spleen y su diabolismo en la propia
Revista Azul, Gutiérrez Nájera lamentó "el excesivo
amor a la frase, a los matices de la palabra [que]
ha dado a Francia esa poesía de los decadentes que
es como burbujeo de pantano".
Sus poemas fueron publicados póstumamente por
Justo Sierra. En el prólogo Sierra escribió el mejor
texto de la crítica mexicana durante el siglo XIX y
lo más cercano a un manifiesto modernista nacional.
Sierra dijo que la divisa de Gutiérrez Nájera fue
poner . "pensamientos franceses en versos españo-
les . . . amalgamar el espíritu francés y la forma
española . .. defender la lengua de España como el
vaso único en que debíamos beber el vino nuevo",
Ya que en francés y no en castellano "nos ponía-
mos en contacto con el movimiento de la civiliza-
ción", la única posibilidad de ser modernos y lograr
la independencia literaria era aprender de los escri-
tores de París, no del seudoclasioismo y el romanti-
cismo madrileños ya que ambos eran malas imita-
ciones de las corrientes francesas .
Sully Prudhomme, Maurice Rollinat, Francois
Copeé, Catulle Mendes influyeron en él -no Bau-
delaire, Rimbaud, Verlaine ni Mallarmé. Contra e1
lugar común de su afrancesamiento, Mejía Sánohez
ha visto que la influencia dominante en Nájera es
la de Giacomo Leopardi. En muohos de sus versos
hay novedad rítmica y orgullo por la naturaleza
pictórica, colorista de su inspiración. Pero su tem-
peramento es demasiado convencional para que

6
haya frísson nouveau. A los 25 aüos se da el lujo de
ser frívolo en "La duquesa Job", tal vez su mejor
poema y el primer augurio fim1e de modernismo
que se da en México. Pronto ese amor sin culpa ni
pecado cederá su lugar a la desesperanza de un es-
píritu cristiano que ve a un tiempo desvanecerse su
fe y diluirse sus facultades en el ejercicio voraz del
periodismo. Entonces llega a pensar que la vida es
el mal, el sufrimiento renace más ará de la muer-
te, el suicida despierta a un nuevo dolor. Aspira a la
bondad y a la resistencia estoica (con ello prefigura
a Amado Nervo y se anticipa en diez años el proceso
general del modernismo). El arte aparece como un
precario escudo contra la fugacidad de todo, fuga-
cidad acelerada en progresión geométrica por el
avance tecnológico. Pero el arte tampoco es perdu-
rable: la melodía que Gutiérrez Nájera cree escu-
char dentro de sí queda fija en palabras que las leyes
del cambio desgastarán, harán tristes y vulgares.
Gutiérrez Nájera domina los metros tradicionales
con la seguridad de los p-0etas académicos. No le
interesa alterarlos: busca nuevos recursos melódi-
cos experimentando con los acentos. Es un refor-
mista más que un revolucionario. Prueba rimas
asonantes para acallar el estruendo de las consonan-
cias. Trata de hallar el matiz, la levedad, la suge-
rencia de una música en que reconoce el sollozo
de todas sus pesadumbres. La muerte llega cuando
apenas se inicia su madurez poética y desprendido
un poco más de la antigua retórica se acerca a la
tonalidad que era moderna en 1895.

7
BIBLIOGRAFíA

COMPILACIONES Y SELECCIONES: Poesías, prólogo de


Justo Sierra ( 1896 )". Poesías escogidas, prólogo y se-
lección de Luis G. Urbina ( 1918). Poesías completas,
edición y prólogo de Francisco González Guerrero
(1953).
LECTURAS: I3oyd G. Carter: En tomo a Gutiérrez
N ájera y las letras mexicanas del siglo XIX ( 1960) .
Carlos Gómez del Prado: Manuel Gutiérrez Nájera,
vida y obra ( 1964). l'vlargarita Gutiérrez Nájera: Re-
flejo, biografía anecdótica de Manuel Gutíérrez Ná-
jera ( 1960). Francisco Monterde: "Gutiérrez Nájera
y el modernismo" en Cultura mexicana ( 1946) . Sal-
vador Novo: "Evocación de Gutiérrez Nájera" en
Letras vencidas ( 1962). Iván A. Schulman: Génesis
del modernismo: Martí, Nájera, Casal ( 1967).

8
1
LA DUQUESA JOB

A Manuel Puga y Acal

En dulce charla de sobremesa,


mientras devoro fresa tras fresa
y abajo ronca tu perro Bob,
te haré el retrato de la duquesa
que adora a veces el Duque Job.

No es la condesa que Villasana 2


caricatura, ni la poblana
de enagua roja, que Prieto 3 amó;
no es la criadita de pies nudosos,
ni la que sueña con los gomosos
y con los gallos de Micoló. 4

Mi duquesita, la que me adora,


no tiene humos de gran señora:
es la griseta de Paul de Kock. n
No baila Boston, y desconoce
de las carreras el alto goce,
y los placeres del fíve o' dock

Pero ni el sueño de algún poeta,


ni los querubes que vio Jacob,
fueron tan bellos cual la coqueta
de ojitos verdes, rubia griseta
que adora a veces el Duque Job.

9
Si pisa alfombras, no es en su casa ,
si por Plateros alegre pasa
y la saluda Madam Marnat, 6
no es, sin disputa, porque la vista;
sí porque a casa de otra modista
desde temprano rápida va.

No tiene alhajas mi duquesita,


pero es tan guapa, y es tan bonita,
y tiene un cuerpo tan v'lan, tan pschutt; 7
de tal manera trasciende a Francia
que no la 'igualan en elegancia
ni las dientes de Hélene Kossut.

Desde las puertas de la Sorpresa 8


hasta la esquina del Jockey Club, 0
no hay española, yanqui o francesa,
ni más bonita, ni más traviesa
que la duquesa del Duque Job.

¡Cómo resuena su taconeo


en las baldosas! ¡Con qué meneo
luce su talle de tentación!
¡Con qué airecito de aristocracia
mira a los hombres, y con qué gracia
frunce los labios- ¡Mimí Pinson! 10

Si alguien la alcanza, si la requiebra,


ella, ligera como una cebra,
sigue camino del almacén;
pero ¡ay del tuno si alarga el brazo!
¡.nadie le salva del sombrillazo
que le descarga sobre la sien!

10
¡No hay en el mundo mujer más linda!
Pie de andaluza, boca de guinda,
esprit rociado de Veuve Clicquot;
talle de avispá, cutis de ala,
ojos traviesos de colegiala
como los ojos de Louise Théo! 11

Ágil, nerviosa, blanca, delgada,


media de seda bien restirada,
gola de encaje, corsé de ¡crac!,
nariz pequeña, garbosa, cuca,
y palpitantes sobre la nuca _
rizos tan rubios como el coñac.

Sus ojos verdes bailan el tango;


¡nada hay más bello que el arremango
provocativo de su nariz!
Por ser tan joven y tan bonita,
cual mi sedosa, blanca gatita,
diera su pajes la .emperatriz.

¡Ah! tú no has visto cuando se peina,


sobre sus hombros de rosa reina
caer los rizos en profusión!
Tú no has oído qué alegre canta,
mientras sus brazos y su garganta
de fresca espuma cubre el jabón!

¡Y los domingos! ... !Con qué alegría


oye en su lecho bullir el día
y hasta las nueve quieta se está!
¡Cuál se acurruca la perezosa,
bajo la colcha color de rosa,
mientras a misa la criada va!

11
La breve cofia de blanco encaje
cubre sus rizos, el limpio traje
aguarda encima del canapé;
altas, lustrosas y pequeñitas,
sus puntas muestran las dos botitas,
abandonadas del catre al pie.

Después, ligera, del lecho brinca.


¡Oh quién la viera cuando se hinca
blanca y esbelta sobre el colchón!
¿Qué valen junto de tanta gracia
las niñas ricas, la aristocracia,
ni mis amigas de cotillón?

Toco; se viste; me abre; almorzamos;


con apetito los dos tomamos
un par de huevos y un buen bistec,
media botella de rico vino,
y en coche juntos, vamos camino
del pintoresco Chapultepec.

Desde las puertas de la Sorpresa


hasta la esquina del Jockey Club,
no hay española, yanqui o francesa,
ni más bonita ni más traviesa
que la duquesa del Duque Job!

1884 - Poesías, 1896

ll
PARA ENTONCES

Quiero morir cuando decline el día,


en alta mar y con la cara al cielo;
donde parezca sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.

No escuchar en los últimos instantes, ·


ya con el cielo y con el mar a solas,
más vooes ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz, triste, retira


sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira:
algo muy luminoso que se pierde.

Morir, y joven: antes que destruya


el tiempo aleve la gentil corona;
cuando la vida dice aún: soy tuya,
aunque sepamos bien que nos traiciona.

1887 - Poesías, 1896

13
ONDAS MUERTAS

A Luis Mercado

En la sombra debajo de tierra,


donde nunca llegó la rriirada,
se des1izan en curso infinito
silenciosas corrientes de agua.
Las primeras, al fin, sorprendidas,
por el hierro que rocas taladra,
en inmenso penacho de espumas
hervorosas y límpidas saltan.
Mas las otras, en densa tiniebla,
retorciéndose siempre resbalan,
sin hallar la salida que buscan,
a perpetuo correr condenadas.

A la mar se encaminan los ríos,


y en su espejo movible de plata,
van copiando los astros del cielo
o los pálidos tintes del alba:
ellos tienen cendales de flores:
en su seno las ninfas se bañan,
fecundizan los fértiles valles,
y sus ondas son de agua que canta.

En la fuente de mármoles níveos,


juguetona y traviesa es el agua,

14
como nma que en regio palacio
sus collares de perlas desgrana;
ya cual flecha bruñida se eleva,
ya en abierto abanico se alza,
de diamantes salpica las hojas
o se duerme cantando en voz baja.

En el mar soberano las olas


los peñascos abruptos asaltan;
al moverse, la tierra conmueven
y en tumulto los cielos escalan.
Allí es vida y es fuerza invencible,
allí es reina colérica el agua,
como igual con los cielos CDmbate
y con dioses y monstruos batalla.

¡Cuán distinta la negra corriente


a perpetua prisión condenada,
la que vive debajo de tierra
do ni yertos cadáveres bajan!
La que nunca la luz ha sentido,
la que nunca solloza ni canta,
esa muda que nadie conoce,
esa ciega que tienen esclava.

Como ella, de nadie sabidas,


como ella, de sombras cercadas,
sois vosotras también, las oscuras
silenciosas corrientes de mi alma.
¿Quién jamás conoció vuestro curso?
¡Nadie a veros benévolo baja!
Y muy hondo, muy hondo se extienden
vuestras olas cautivas que callan.

15
Y si paso os abrieran, saldríais,
como chorro bullente de agua,
que en columna rabiosa de espuma
sobre pinos y cedros se alza.
Pero nunca jamás, prisioneras,
sentiréis de la luz la mirada:
¡seguid siempre rodando en la sombra,
silenciosas corrientes del alma!

1887 - Poesías, 1896

16
PARA UN MENO

Las novias pasadas son copas vacías;


en ellas pusimos un poco de amor;
el néctar tomamos ... huyeron los días ...
¡Traed otras copas con nuevo licor!

Champán son las rubias de cutis de azalia;


Borgoña los labios de vivo carmín;
los ojos oscuros son vino de Italia,
los verdes y claros son vino del Rin.

Las bocas de grana son húmedas fresas;


las negras pupilas escancian café;
son ojos azules las llamas traviesas
que trémulas corren c-0mo almas del té.

La copa se apura, la dicha se agota;


de un sorbo tomamos mujer y licor ...
Dejemos las copas .. . ¡Si queda una gota,
que beba el lacayo las heces de amor! 1 2

1888 - Poesías, 1896

17
MIS ENLUTADAS

Descienden taciturnas las tristezas


al fondo de mi alma,
y entumecidas, haraposas brujas,
con uñas negras
mi vida escarban .

De sangre es el color de sus pupilas,


de nieve son sus lágrimas; ·
hondo pavor infunden ... Yo las amo
por ser las solas
que me acompafian.

Aguárdolas ansioso, si el trabajo


de ellas me separa,
y búscalas en medio del bullicio,
y son constantes,
y nunca tardan.

En las fiestas, a ratos se me pierden


o se ponen la máscara,
pero luego las hallo, y así dioen:
-¡Ven con nosotras!
¡Vamos a casal

Suelen dejarme cuando sonriendo


mis pobres esperanzas

18
como enfermitas, ya convalecientes,
salen alegres
a la ventana.

Corridas huyen, pero vuelven luego


y por la puerta falsa
entran trayendo como nuevo huésped
alguna triste,
lívida hermana.

Ábrese a recibirlas 1a infinita


tiniebla de mi alma,
y van prendiendo en ella mis recuerdos
cual tristes cirios
de cera pálida.

Entre esas luces, rígido, tendido,


mi espíritu descansa;
y las tristezas, revolando en torno,
lentas salmodias ·
rezan y cantan.

Escudriñan del húmedo aposento


rincones y covachas,
el escondrijo do guardé cuitado
todas mis culpas,
todas mis faltas.

Y hurgando mudas, como hambrientas lobas


las encuentran, las sacan,
y volviendo a mi lecho mortuorio
me las ·ensefian
y dicen: habla.

19
En lo profundo de mi ser bucean,
pescadoras de lágrimas,
y vuelven mudas con las negras conchas
en donde brillan
gotas heladas.

A veces me revuelvo contra ellas


y las muerdo con rabia,
como la niña desvalida y mártir
muerde a la harpía
que la maltrata.

Pero en seguida, viéndose impotente,


mi cólera se aplaca.
¿Qué culpa tienen, pobres hijas mías,
si yo las hice
con sangre y alma?

Venid, tristezas de pupila turbia,


venid, mis enlutadas,
las que viajáis por la infinita sombra,
donde está todo
lo que se ama.

Vosotras no engañáis: venid, tristezas,


¡1oh mis criaturas blancas,
abandonadas por la madre impía,
tan embustera
por la esperanza!

Venid y habladme de las cosas idas


de las tumbas que callan,

20
de muertos buenos y de ingratos vivos ...
Voy con vosotras,
vamos a casa.

1890 - Poesías. 1896

21
PAX ANIM~

(DESPUÉS DE LEER A DOS POETAS] 13

¡Ni una palabra de dolor blasfemo!


Sé altivo, sé gallardo en la caída,
¡y ve, poeta, con desdén supremo
todas las injusticias de la vida!

No busques la constancia en los amores,


no pidas nada eterno a los mortales,
y haz, artista, con todos tus dolores
excelsos monumentos sepulcrales.

En mármol blanco tus estatuas labra,


castas en la actitud, aunque desnudas,
y que duerma en sus labios la palabra,
y se muestren muy tristes . . . ¡pero mudas!

¡El nombre! ... ¡Débil vibración sonora


que dura apenas un instante! ¡El nombre! ...
¡tdolo torpe que el iluso adora!
¡última y triste vanidad del hombre!

¿A qué pedir justicia ni clemencia


-si las niegan los propios compañeros-
ª la glacial y muda indiferencia
de los desconocidos venideros?

22
¿A qué pedir la compasión tardía .
de los extraños que la sombra esconde?
¡Duermen los ecos en la selva umbría
y nadie, nadie a nuestra voz responde!

En esta vida el único consuelo


es acordarse de las horas bellas,
y alzar los ojos para ver el cielo ...
cuando el cielo está azul o tiene estrellas.

Huir del mar y en el dormido lago


disfrutar de las ondas el reposo ...
Dormir ... soñar ... El Sueño, nuestro mago,
¡es un sublime y santo mentiroso!

. .. ¡Ay! Es verdad que en el honrado pecho


pide venganza la reciente herida ...
pero ... ¡perdona el mal que te hayan hecho!
¡Todos están ·enfermos de la vida!

Los mismos que de flores se coronan,


para el dolor, para la muerte nacen.
Si los que tú más amas te traicionan
¡perdónalos, no saben lo que hacen!

Acaso esos instintos heredaron,


y son los inconscientes vengadores
de razas o de estirpes que pasaron
acumulando todos los rencores.

¿Eres acaso el juez? ¿El impecable?


¿Tú la justicia y la piedad reúnes?
¿Quién no es fugitivo responsable
de alguno o muchos crímenes impunes?

23
¿Quién no ha mentido amor y profanado
ele un alma virgen el sagrario augusto?
¿Quién está cierto de no haber matado?
¿Quién puede ser el justiciero, el justo?
.
·~¡Lástimas y perdón para los vivos!
Y así, de amor y mansedumbre llenos,
seremos cariñosos, compasivos ...
¡y alguna vez, acaso, acaso buenos!

¿Padeces? Busca a la gentil amante,


a la impasible e inmortal belleza,
y ve apoyado, como Lear errante,
en tu joven Cordelia: la tristeza.

Mira: se aleja perezoso el día ...


¡Qué bueno es descansar! El bosque oscuro
nos arrulla con lánguida armonía ...
El agua es virgen. El ambiente es puro.

La luz, cansada, sus pupilas cierra;


se escuchan melancólicos rumores,
y la noche, al bajar, dice a la tierra:
-¡Vamos . . . ya está ... ya duérmete ... no llores!

Recordar ... Perdonar ... Haber amado ...


Ser dichoso un instante, haber creído ...
Y luego .. . reclinarse fatigado
en el hombro de nieve del olvido.

Sentir eternamente la ternura


que en nuestros pechos jóvenes palpita,
y recibir, si llega, la ventura,
como a hermosa que viene de visita.

24
Siempre escondido lo que más amamos:
siempre en 1os labios el perdón risueño;
hasta que al fin ¡oh tierra! a ti vayamos
con la invencible laxitud del sueño.

:B:sa ha de ser la vida del que piensa


en lo fugaz de todo lo que mira,
y se detiene, sabio, ante la inmensa
extensión de tu mares ¡oh Mentira!

Corta las flores, mientras haya flores,


perdona las espinas a las rosas ...
¡También se van y vuelan los dolores
como turbas de negras mariposas!

Ama y perdona. Con valor resiste


lo injusto, lo villano, lo cobarde ...
¡Hermosamente pensativa y triste
está al caer la silenciosa tarde!

Cuando el dolor mi espíritu sombre.a


busco en las cimas claridad y calma,
¡y una infinita compasión albea
en las heladas cumbres de mi alma!

1890 - Revista Awl, febrero 2, 1896 - Poesías, 1896

25
ULTIMA NECAT u

¡Huyen los años como raudas naves!


¡Rápidos huyen! Infecunda Parca
pálida espera. La salobre Estigia
calla dormida.

¡Voladores años!
¡Dado me fuera detener convulso,
horas fugaces, vuestra blanca veste!
Pasan las dichas y temblando llegan
mudos mv1emos ...

Las fragantes rosas


mustias se vuelven, y el enhiesto cáliz
cae de la mano. Pensativa el alba
baja del monte. Los placeres todos
duermen rendidos ...
En mis brazos flojos
Cintia descansa.

Circa, 1892 - Poesías, 1896

26
NON OMNIS MORIAR 16

¡No moriré del todo, amiga mía!


De mi ondulante espíritu disperso,
algo en la urna diáfana del verso,
piadosa guardará la poesía.

¡No moriré del todo! Cuando herido


caiga a los golpes del dolor humano,
ligera tú, del campo entenebrido
levantarás al moribundo hermano.

Tal vez entonces por la boca inerm~


que muda aspira la infinita calma,
oigas la voz de todo lo que duerme
¡ oon los ojos abiertos en mi . alma!

Hondos recuerdos de fugaces días,


ternezas tristes que suspiran solas;
pálidas, enfermizas alegrías
sollozando al compás de las violas ...

Todo lo que medroso oculta el hombre


se escapará, vibrante, del poeta,
en áureo ritmo de oración secreta
que invoque en cada cláusula tu nombre.

Y acaso adviertas que de modo extraño


suenan mis versos en tu oído atento
'
27
y en el cristal, que con mi soplo empaño,
mires aparecer mi pensamiento.

Al ver entonces lo que yo soñaba,


dirás de mi errabunda poesía:
era triste, vulgar lo que cantaba ...
¡mas qué canción tan bella la que oía!

Y porque alzo en tu recuerdo notas


del coro universal, vívido y almo;
y porque brillan lágrimas ignotas
en el amargo cáliz de mi salmo;

porque existe la Santa Poesía


y en ella irradias tú, mientras disperso
átomo de mi ser esconda el verso,
¡no moriré del todo, amiga mía!

1893 - Revista Azul, mayo 6, 1894 - Poesías, 1896

28
A LA CORREGIDORA 16

Al viejo primate, las nubes de incienso;


al héroe, los himnos; a Dios, el inmenso
de bosques y mares solemne rumor;
al púgil que vence, la copa murrina;
al mártir, las pali'rias, y a ti, la heroína,
las hojas de acanto y el trébol en flor.

Hay versos de oro y hay notas de plata,


mas busco, señora, la estrofa escarlata
que sea toda sangre, la estrofa oriental:
y húmedas, vivas, calientes y rojas,
a mí se me tienden las trémulas hojas
que en gráciles redes columpia el rosal.
¡Brotad, nuevas flores! ¡Surgid a la vida!
¡Despliega tus alas, gardenia entumida!
¡Botones, abríos! ¡Oh mirtos, arded!
¡Lucid, amapolas, los ricos briales!
¡Exúberas rosas, los pérsicos chales
de sedas joyantes al aire tended!

¿Oís un murmullo que, débil, remeda


el frote friolento de cauda de seda
en mármoles tersos o limpio marfil?
¿Oís? ... ¡Es la savia fecunda que asciende,
que hincha los tallos y rompe y enciende
los rojos capullos del príncipe Abril!

29
¡Oh noble sefiora! la tierra te canta
ensalmo de vida, y a ti se levanta
el germen despierto y el núbil botón,
el lirio gallardo de cáliz erecto,
y fúlgido, leve, vibrando, el insecto
que rasga impaciente su blanda prisión.

La casta azucena, cual tímida m~nja,


inciensa tus aras; la dalia se ·esponja
como ave impaciente que quiere volar,
y astuta, prendiendo su encaje a la piedra,
en corvos festones circunda la yedra,
celosa y constante, sefiora, tu altar.

El chorro del agua con ímpetu rudo,


en alto su acero, brillante y desnudo,
bruñido su casco, rizado el airón
y el iris por banda, buscándote salta
cual joven amante que brinca a la alta
velada cornisa del abierto balcón.

Venid a la fronda que os brinda hospedaje


¡oh pájaros raudos de rico plumaje:
los nidos aguardan, venid y cantad!
Cantad a la alondra que dijo al guerrero
el alba anunciando: "¡Desnuda tu acero,
despierta a los tuyos! ... Es hora . . . ¡marchad!"

1895 - Poesías, 1896

1 (p. 9) "La Duquesa Job": La protagonista más o me-


nos idealizada de este poema es Marie, una joven que tra-
bajaba en el almacén de Mme Anciaux y con la cual Nájera
tuvo relaciones antes de casarse en 1888 con Cecilia Maillefert.

30
Que sepamos, los investigadores no han advertido hasta
qué punto "La Duquesa Job" deriva de dos de las "Chan-
sons a mettre en musique" que Alfred de Musset (1810-
1857) incluye en Premieres poésies ( 1835): "L'Andalouse"
y "Madrid." El tránsito pasa por la versión libre de "Madrid"
que hizo Agustín F. Cuenca [EZ Album de la Mu¡er, abril
13, 1884, incluida por Enrique Díez-Canedo en La poesía
francesa del romanticismo al superrealismo 1945] y muestra
Ja capacidad latinoamericana para convertir en algo distinto
hasta Jos modelos aceptados más servilmente. ("Deseamos
imitar y, sin querer, transformamos", ha escrito Reyes.)
Por ejemplo las estrofas

J' en sais
une, et certes la duegne
Qui Ja surveille et qui Ja peigne
N'ouvre sa fenetre qu'a moi;
Certes, qui veut qu'on Ja redresse,
N'a qu'a J'approcher a Ja messe,
Fut-ce J'archeveque ou Je roi.

Car c'est ma princesse andalouse!


Mon amoureuse! ma jalouse!
Ma belle veuve au long réseau!
C'est un vrai démon! C'est un angel!
Elle est jaune, comme une orange,
Elle est vive, comme un oiseau,

son mutadas por Cuenca en estas sextinas decasílabas que


clan a Nájera el punto de partida para su texto:

Es una blanca, rubia española,


joven y viuda que vive sola.
-Calle escondida, vetusta casa,
portón ferrado, dueña que cela-.
Si el rey la ha visto y amor Je abrasa
no fíe en el oro de su escarcela.

*
porque me arrulla cuando me besa,
porque es la blanca, rubia princesa
que ha coronado mi fantasía,
ágil, flexible, siempre nerviosa,
demonio y ángel, avispa y rosa,
donaire y fuego de Andalucía.

31
~(p ..9) Villa~ana: Jos,é María_Yillasana (1848-1904) el
cancatunsta mexicano mas conocido de la época. Se hizo
famoso por las sátiras contra Sebastián Lerdo de Tejada que
public6 en El Ahuizote. Colaboró también en La Orquesta
y El Mundo Ilustrado con dibujos a los que llamaba "cuadros
de costumbres".
3 (p. 9) Prieto es, naturalmente, Guillermo Prieto (1818-
1897).
4 (p. 9) Micol6 era lo que hoy se dice un especialista en
estética masculina, un francés que cortaba a navaja el pelo
de los "gomosos", los jóvenes elegantes de 1880 (gommeux =
dandy).
5 (p. 9) Paul de Kock (1794-1871) con sus novelas po-
pulares -Les demoiselles de magasín, La femme, le m ari et
I' amant- instituyó el tipo de 1a grisette, término que un
diccionario español de esos tiempos tradujo como "modistilla
coqueta y amiga de galanteos".
6 (p. 10) Madame Marnat: propietaria ele un a tienda en
Plateros que vendía los vestidos confeccionados en su casa
por las "grisetas" mexicanas.
7 (p. 10) tan v' lan, tan pschutt: expresiones francesas de

admiración, piropos.
s (p. 10) La Sorpresa: almacén de ropa que se decía su-
cursal de una gran tienda fran cesa. Estaba en la esquina
surponiente de las actuales calles de Madero y Gante.
9 (p. 10) Jockey Club: el centro de reunión más elegante.
Fundado por el suegro de Porfirio Díaz, Manuel Romero
Rubio, ocupaba el "Palacio de los Azulejos", la antigua resi-
dencia de los Condes de Orizaba que durante la Revolución
fue Casa del Obrero Mundial y hoy es Sanbom's.
10 (p: 10) Mimi Pinson: personaje de un cuento de Musset,
"Mimi Pinson, profil de grisette". Apareció en el volumen
colectivo Le Diable a París: París et les parisíens, moeurs et
coutumes, caracteres et portraíts des habitants de París ( 184 5)
en que también colaboraron Balzac, Nerval, Gautier, George
Sand y otros. Como las novelas de Víctor Hugo y Eugene
Sué, Le Diable . . . ayudó a crear el mito de París. Dice
Cyril Connolly ("1843" en The Condemned Playground
1945): "It was in 1843 that the idea first took shape of
París as the capital of the worlcl, luxurious ancl elegant, yet
also mysterious; the sprawling industrial Babylom with its
romantic underworld of squalor and vice."

32
11 (p. 11) Louise Theo: cantante de ópera ligera. Encabezó
el elenco de una compaiiía francesa que actuó en el Teatro
Nacional durante Ja temporada de 1882. Véase: Julio Jimé-
nez Rueda: "El México de Gutiérrez Nájera" en La cul-
tura y la literatura iberoamericanas. Memoria del séptimo
congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoame-
ricana en Berkeley, California ( 19 57).
12 (p . 17) que beba el lacayo las heces de amor: Diez-
Canedo ("Los estudios de Torres Rioseco", Letras America-
nas) señaló que este rasgo final de "Para un menú" se inspira
en la última línea de "Vers a une femme" de Louis Bouilhet,
a quien sólo se recuerda por haber sido amigo de Gustave
Flaubert: "S'il reste encore du vin, les laquais le boiront!"
A juicio de Max Henríquez Ureña, "la composición de Gu-
tiérrez Nájera es superior a la de Louis Bouilhet, en cuyos
dos últimos versos se inspiró".
13 (p. 22) [DesfJués de leer a dos {1oetas]: Manuel Puga
y Acal escribió un "Pax Animae" dedicado a Antonio Zara·
goza, quien a su vez respondió con otro poema del mismo
título.
14 (p. 26) última Necat: inscripción de los relojes de sol
que aún puede verse en la carátula de algunos relojes mecá-
nicos antiguos: Vulnerant omnes, ultima necat. Esto es,
"Todas [las horas] hieren; la última, mata".
15 (p. 27) Non omnís moriar: "No moriré del todo". 1-Io-
racio, Odas, libro tercero, xxx ("Exegi monumentum ... ), 6.
16 (p. 29) "A la Corregidora": Nota de la edición de
1896: "Esta poesía, la última de Gutiérrez Nájera, fue es-
crita para ser pronunciada por una señorita al colocarse la
primera piedra en el monumento a la Corregidora [Josefa
Ortiz de] Domínguez, en el jardín de Santo Domingo, de
la ciudad de México."

33
SALVADOR DíAZ MIRON

[Veracruz: diciembre, 14, 1853 - junio 12, 1928]

Salvador Díaz Mirón estudia en el Seminario de


Xalapa. Antes de 1874 comienza a publicar en los
periódicos La Sensitiva y El Pueblo. Hacia 1876
dificultades políticas lo obligan a exiliarse en Nueva
York junto con su padre, Manuel Díaz Mirón, que
figuró como militar en las luchas liberales, fue pe-
riodista y escribió también versos. En 1879 es dipu-
tado local por Jalancingo. En Orizaba tiene su pri-
mer duelo con Martín López Luchichí. Recibe una
herida en la clavícula que le inmoviliza para siempre
el brazo izquierdo y lo identifica con la cojera de
su ídolo Lord Byron.
Díaz Mirón se traza un proyecto byroniano de
vida: durante tres años en cada número de El Dia-
rio Comercial fundado por su padre, desafía al ge-
neral Luis Mier y Terán, gobernador y comandante
militar de Veracruz, culpable de haber ejecutado el
famoso telegrama de Porfirio Díaz ["Mátalos en
caliente"] respecto a nueve conspiradores lerdistas
de Alvarado.
En 1882 se casa con Genoveva Acea. Al año si-
guiente, herido por Leandro Llada, Díaz Mirón le
da muerte y es absuelto. Diputado, se opone al pre-
sidente Manuel González en el asunto de la deuda

35
inglesa. Vuelve a Veracruz y ocupa la secretaría del
Cabildo. Durante las elecciones de 1892 mata en
legítima defensa a Federico Wólter. Tras cuatro
años en la cárcel queda libre por intervención pre-
sidencial; se establece en Xalapa con su familia, pu-
blica el periódico El Orden y da a conocer Lascas
( 1901), único libro que reconoció como suyo. En
el Congreso Federal presenta una iniciativa para
que en la nueva reelección se duplique el periodo
de gobierno. Lo absorbe la política, rompe con su
antiguo protector Teodoro A. Dehesa, e intriga en
pro de Ramón Corral sin detenerse ante la delación
de quienes se oponen al porfiriato. En 1910 fracasa
en su única actividad militar, el intento de batir
al guerrillero Santana Rodríguez Santanón. Es el
poeta oficial en las Fiestas del Centenario. Riñe con
el diputado Juan C. Chapital y lo encierran por unos
meses en la prisión de Belén. Luego dirige el Co-
legio Preparatorio en Xalapa. A instancias de José_
María Lozano y Querido Moheno, Victoriano Huer-
ta lo llama para dirigir -entre septiembre 29 de
1913 y julio 15 de 1914- El Imparcial, órgano ofi-
cioso de la dictadura. En sus editoriales [véase Prosa,
compilación, prólogo y comentarios de Leonardo
Pasquel, 1954] Huerta es "un enviado de la provi-
dencia", "hombre extraordinario", "noble, genial y
bravo", "héroe que lleva la enseña de la esperanza, el
pabellón de la autoridad, el estandarte del honor".
Los revolucionarios aparecen como "forajidos capi-
taneados por el siniestro Villa y el horrible Zapata",
"hordas efe asesinos, ladrones, estupradores e incen-
diarios", "el menguado Carranza y su vil chusma".
Al caer Huerta, Díaz Mirón se refugia en Santan-
der, España, y poco después se establece en La Ha-

36
bana. Vuelve amnistiado a Veracruz y se niega a
aceptar ayuda ·económica del gobierno. En 1927 re-
chaza un proyectado homenaje nacional. Ocupa 1.1
dirección del Colegio Preparatorio. Golpea a un
alumno. Los estudiantes se declaran en huelga y lo
obligan a renunciar. Se encierra en su casa y no vue1-
ve a salir vivo de ella.
En 1884, mientras Gutiérrez Nájera hace versos
frívolos a los 25 años, Díaz Mirón a los 31 mantie-
ne los valores de la generación liberal: quiere ser
"paladín contra los tiranos", dar ejemplo de altivez
y rebeldía, habla del orgullo del genio, las ansias
de justicia social; escribe décimas al estilo sonoro de
Núñez de Arce y es el más byroniano y victorhu-
guesco de nuestros últimos románticos. Aunque gran-
dilocuentes, demagógicas, efectistas, las c-0mposicio-
nes en que des cansa su fama popular muestran su
don de forma, su afán de concisión latina, ya muy
cerca del ideal parnasiano, y su oído para las posi-
bilidades rítmicas del español.
Como Verlaine, pasa cuatro años decisivos en la
cárcel. Alejado de la oratoria deja de buscar el brillo
y la lucha por la forma perfecta. El combate ya no
es (¿lo fue de verdad en algún momento?) contra
los enemigos de la dignidad humana, sino contra la
tiranía del idioma. Bajo la apariencia marmórea y
objetiva arde la pasión romántica. Díaz Mirón es
el poeta del orgullo, su poesía es el fruto de la so-
berbia y el mal, el relámpago que "enciende mi alma
negra", la inmóvil serenidad contra el caos del mun-
do, la venganza contra las ofensas de la vida.
Sus poemas se salvan de la congelación por el
chasquido de la lujuria, pero en ellos Díaz Mirón no
toca a las mujeres: las contempla y desea a distan-

37
cia. Es uno de los primeros que explotan entre
nosotros deliberada, naturalista y baudelaireanamen-
te la belleza de la fealdad. Sus cambios de registro
sorprenden: en "Nox" hay un tono menor de ínti-
ma ternura, de queja traducida en versos cortos y
austeros. En "Idilio" una nueva actitud ante el poe-
ma narrativo, a medio camino entre la estampa na-
turalista y la precisión plástica del haikú. Dividido
en tres planos -los hombres, la naturaleza (mar y
tierra), los animales- revela una inicial influencia
de la composición cinematográfica en la poesía .
En su última época Díaz Mirón repite las dos an-
teriores y emprende experimentos casi mallarmeanos,
pero con formas tradicionales. De un trabajo sin
mayor interés poético, "Los peregrinos'', confiesa
en una carta a Rufino Blanco Fombona:

No hay allí ripios ni repetida ninguna vocal acen-


tuada, tónica u ortográficamente en el mismo verso;
ni rimas de adjetivos con otros, ni de inflexiones
verbales entre sí; ni reiteración de palabras, excepto
de partículas, por supuesto.

Esta actitud iba a conducirlo necesariamente a la


esterilidad. Sin embargo al final de su vida Díaz
Mirón afirmó tener varios libros inéditos: "Melan-
, y co'l eras " , "Ast"ll
co1ias . fos " . s·i en real'1-
1 as " , "T nun
dad existen (se dice que los herederos se niegan a
publicarlos por escrúpulos religiosos) nuestra valo-
ración del poeta está aún por hacerse. Pero basta su
obra conocida para situar a Díaz Mirón en la pri-
mera línea del modernismo.

38
BIBLIOGRAFlA

LIBROS DE POESÍA: Lascas (Xalapa 1901). Los prime-


ros poemas fueron reunidos por Vicente Riva Pa-
lacio y Francisco J. Arredondo en un cuaderno de
la serie El Parnaso Mexicano ( 1886). En Nueva
York apareció una edición fraudulenta de Poesías
( 1895).

COMPILACIONES Y SELECCIONES: Poesías completas:


1876-1928, edición y prólogo de Antonio Castro
Leal ( 1941) [quinta ed. revisada y corregida, 1966].
Antología poética, selección, estudio preliminar y
notas de ACL ( 19 53) . Los cien mejores poemas de
Salvador Díaz Mirón, selección, prólogo y notas
de ACL (1969) .

LECTURAS: José Almoina : Díaz Mirón, su poética


( 19 58). Pedro Caffarel Peralta: Díaz Mirón en su
obra ( 19 56). Jorge Cuesta: "Salvador Díaz Mirón"
en Poemas y ensayos, tomo m ( 1964). Genaro Fer-
nández Mac Gregor: "Salvador Díaz Mirón" en Ca-
rátulas ( 19 35) . Alfonso Méndez Plancarte : Díaz
Mirón, poeta y artífice ( 19 54). Francisco Monter-
de: Díaz Mirón, el hombre, la obra (1956).

39
LA NUBE

¿Qué te acongoja mientras que sube


del horizonte del mar la nube,
negro capuz?
Tendrán por ella frescura el cielo,
pureza el aire, verdor el suelo,
matiz la luz

No tiembles. ¡Deja que el viento amague


y el trueno asorde y el rayo estrague
campo y ciudad!
Tales rigores no han de ser vanos.
¡Los pueblos hacen con rojas manos
la Libertad!

1887 - No incluido en Lascas

40
óLEóPATRA

La vi tendid~ de espaldas . ·
sobre púrpura revuelta. ·
Estaba toda desnuda
aspirando humo de esencias
en largo tubo, escarchado
de diamantes y de perlas.

Sobre la siniestra mano


apoyada la cabeza,
y como un ojo de tigre
un ópa' o daba en ella
vislumbres de sangre y fuego
al oro de su ancha trenza.

Tenía un pie sobre el otro


y los dos como azucenas,
y cerca de los tobillos
argolllas de finas piedras;
y en el vientre un denso triángulo
de rizada y rubia seda.

En un brazo se torcía
como cinta de centellas
un áspid de filigrana
salpicado de turquesas,

41
con dos carbundos por ojos
y un dardo de oro por lengua.

A menudo suspiraba;
y sus altos pechos eran
cual blanca leche cuajada
dentro de dos copas griegas,
y en alabas.tro vertida,
sólida ya pero · aún trémula.

¡Oh! yo hubiera dado entonces


todos mis lauros de Atenas
por entrar en esa alcoba
coronado de violetas,
dejando ante los eunucos
mis coturnos a la puerta.

1900 - No incluido en Lascas

42
EL FANTASMA

Blancas y finas, y en el manto apenas


visibles, y con aire de azucenas,
las manos -que no rompen mis cadenas.

Azules y con oro enarenados,


como las noches limpias de nublados,
los ojos -que contemp"an mis pecados.

Como albo pecho de paloma el cuello,


y como crin de sol barba y cabello,
y como plata el pie descalzo y bello.

Dulce y triste 1a faz; la veste zarca ...


Así, del ma1 sobre la inmensa charca,
Jesús vino a mi unción, como a la barca.

Y abri1lantó a mi espíritu 1a cumbre


con fugaz cuanto rica certidumbre,
como con tintas de refleja lumbre.

Y suele retornar, y me reintegra


1a fe que salva y la i1 usión que alegra;
y un relámpago en:::iende mi alma negra.

Cárcel de Veracruz, diciembre 14, 1893 - Lascas, 1901

43
AL CHORRO DEL ESTANQUE ...

(PRELIMINAR DE MELANCOLÍAS Y CÓLERAS]

A1 chorro de] estanque abrí la Uave;


pero a ]a pena y al furor no pude
ceñir palabras consecuente y grave.
Pretendo que ]a forma ceda y mude;
y ella en mi propio gusto se precave,
y en el encanto y en el brillo acude.

Afeites usa y enjoyada viene ...


¡iSól_o a esplender y a seducir aspira,
como en la noche y en el mar Selene!
Es coqueta en el due'o y en la ira
del supremo rubor ... ¡No en vano tiene
curvas y nervio de mujer la lira!

¿Qué mucho, pues? A encono y a quebranto


dejo el primor que les prendí por fuera,
y en la congoja y en la saña el canto
resulte gracia irónica y artera:
el iris .en él gl6b11lo del llanto
y la seda en la piel de la yuntera.

Revista Moderna, marzo 1899 - No recogido en Lascas

44
EJEMPLO

En la rama el expuesto cadáver se pudría,


corno un horrible fruto colgante junto al tallo,
rindiendo testimonio de inverosímil fallo
y con ritmo de péndola oscilando en la vía.

La desnudez impúdica, . la lengua que salía,


y alto mechón en forma de una cresta de gallo,
dábanle aspecto bufo; y al pie de mi caballo
un grupo de ·arrapiezos ha gábase y reía.

Y el fúnebre despojo, con la cabeza gadrn,


escandaloso y túmido en el verde patíbulo,
desparramaba hedores en brisa corno racha,

mecido con solemnes compases de turíbulo.


Y el sol iba en ascenso por un azul sin tacha,
y el campo era figura de una canción de Tíbulo:

Lascas, 1901

45
GRIS DE PERLA

Siempre aguijo el ingenio en la lírica; y él en vano


(al misterio se asoma
a buscar a la flor del Deseo vaso digno del puro
(Ideal.
¡Quién hiciera una frova tan dulce, como el espíritu
[fuese un aroma,
un ungüento de suaves caricias con suspiros de luz
[musical!

Por desdén a la pista plebeya, la Ilusión empinada


(en su loma
quiere asir, ante límpidas nubes, virtud alta en sutil
[material;
pero el Nma en el barro se yergue, y el magnífico
[afán se desploma,
y revuelca sus nobles armiños en el negro y batido
[fangal.

La palabra en el metro resulta baja y fútil pirueta


[en maroma;
y un funámbulo erecto pontífice lleva manto de
[pompa caudal;
y si el Gusto en sus ricas finezas pide nuevo poder
(al idioma,

46
aseméjase al ángel rebelde que concita en el reino
[del mall
¡Quién hiciera una trova tan dulce, que al espíritu
[fuese un aroma,
un ungüento de suaves caricias, con suspiros de luz
[musicai!

Lascas, 1901

47
IDILIO

A tres leguas de un puerto bullente


que a desbordes y grescas anima,
y al que un tiempo la gloria y el clima
adornan de palmas la frente,
hay un agrio breñal, y en la cima
de un alcor un casucho acubado
que de lejos diviso a menudo,
y rindiéndose apoya un costado
en el tronco de un mango copudo.

Distante, la ohoza resulta montera


oon borla y al sesgo sobre una mollera.

El sitio es ingrato por fétido y hosco.


El cardón, el nopal y la ortiga
prosperan, y el aire trasciende a boñiga,
a marisco y a cieno; y el mosco
pulula y hostiga.

La flora es enérgica para


que indemne y pujante soporte
la furia del soplo del norte
que de octubre a febrero no es rara,
y la pródiga lumbre febea,
que de marzo a septiembre caldea.

48
El oriente se inflama y colora
como un ópalo inmenso en un lampo,
y difunde sus tintes de aurora
por piélago y campo.
Y en la magia que irisa y corusca,
una perla de plata se ofusca.

Un prestigio rebe1de a la letra,


un misterio inviolable al idioma,
un encanto circula y penetra
y en el alma es edénico aroma.

Con el juego cromático gira


en los pocos instantes que dura,
y hasta el pecho infernado respira
un olor de inocencia y ventura .
¡Al través de la trágica historia
un efluvio de antigua bonanza
viene al hombre, como una memoria,
y acaso como una esperanza!

El ponto es de azogue y apenas palpita.


Un pesado alcatraz ejercita
su instinto de caza en la fresca.
Grave y 1ento, discurre al soslayo,
escudriña con calma grotesca,
se derrumba cual muerto de •m rayo,
sumérgese y pesca.

Y al trotar de un rocín flaco y mocho,


un moreno, que ciñe moruna,
transita cantando cadente tortuna
de baile jarocho.

f9
Monótono y acre gangueo
que un pájaro acalla, soltando un gorjeo.
Cuanto es mudo y selecto en la hora,
en el vasto esplendor matutino,
halla voz en el ave canora,
vibra y suena en el chorro del trino.

Y como un monolito pagano,


un buey gris en un yermo a1 tozano
mira fijo, pasmado y absorto,
la pompa del orto.

* * *
Y a la puerta del viejo bohío
que oblicuando su ruina en la loma
se recuesta en el árbol sombrío,
una rústica grácil asoma,
como una paloma.

¡Infantil por edad y estatura,


sorprende ostentando sazón prematura:
elásticos bultos de tetas opirnas;
y a juzgar por la equívoca traza,
no semeja sino una rapaza
que reserva .en el seno dos limas!

Blondo y grifo ·e incu1 to el cabello,


y los labios turgentes y rojos,
y de tórtola el garbo del cuello,
y el azul del zafiro en los ojos.
Dientes albos, parejos, enanos,
que apagado coral prende · y liga,
que recuerdan, en curvas de granos,
el maíz cuando tierno en la espiga.

50
La nariz es impura, y atesta -
una carne sensual e impetuosa;
y en la faz, a rigores expuesta,
Ia nieve da enáni.bar, la púrpura en rosa,
y el júbilo es gracia sin ·ve1o ·
y en cada carrillo produce un hoyuelo.

La payita s«:~ llama Sicionia.


Llegó a México en una barriga:
en el vientre de infecta mendiga
que, del fango sacada en Bolonia;
formó parte de cierta colonia
y acabó de miseria y _fatiga.

La huérfana ignara y creyente


busca sólo en los cielos el rastro,
y de noche imagina que siente
besos, ¡ay!, en los hilos de un astro.
¿Qué ilusión es tan dulce y hermosa?
Dios le ha dicho: " ¡Sé plácida y bella;
y en el duelo que marque una fosa
pon la fe que .contemple una estrella"!
¿Quién no cede al consuelo que olvida?
La piedad es un santo remedio;
y después, el ardor de la vida
urge y clama en la pena y el tedio
y al tumulto y al goce convida.
De la zafia el pesar se distrae,
-desplome de polvo y ascenso de nube- .
¡Del tizón la ceniza que cae
y el humo que sube!

La madre reposa con suefio de piedra.


La muchacha medra.

51
Y por siembras y apriscos divaga
con su padre, que duda de serlo;
y el infame la injuria y estraga
y la triste se obstina en quererlo.
Llena está de pasión y de bruma,
tiene ley en un torpe atavismo,
y ·es al cierzo del mal una pluma ...
¡Oh pobreza! ¡Oh incuria! ¡Oh abismo!

***
Vestida con sucios jirones de paño,
descalza y un lirio en la greña,
la pastora gentil y risueña
camina detrás del rebaño.

Radioso y jovial firmamento.


Zarcos fondos, con blancos celajes
como espumas y nieves al viento
esparcidas en copos y encajes.

Y en la excelsa y magnífica fiesta,


y cual mácula errante y funesta,
un vil zopilote resbala,
tendida e inmóvil el ala.

El sol meridiano fulgura,


suspenso en el Toro;
y el paisaje, con varia verdura,
parece artificio de talla y pintura,
según está quieto en el oro.
El fausto del orbe sublime
rutila en urente sosiego,
y un derribo de paz y de fuego
baja y cunde y escuece y oprime.

52
Ni céfiro blando que aliente, que rase,
que corra, que pase. .

Entre dunas aurinas que otean,


tapetes de grama serpean
cortados a trechos por brozas hostiles,
que muestran espinas y ocultan reptiles.
Y en hojas y tallos un brillo de aceite
simula un afeite.

La luz torna las aguas espejos;


y en el mar sin arrugas ni ruidos
reverbera con tales reflejos,
que ciega, causando vahídos.

El ambiente sofoca y escalda;


y encendida y sudando, la chica
se despega y sacude la falda,
y así se abanica.

Los guiñapos revuelven en ondas ...


La grey pace y trisca y holgándose tarda ...
Y al amparo de umbráticas frondas
la palurda se acoge y resguarda.

Y un borrego con gran cornamenta


y pardos mechones de lana mugrienta,
y una oveja con bucles de armiño
-la mejor en figura y aliña-
se copulan con ansia que tienta.

La zagala se turba y empina .. .


Y alocada en la fiebre del celo,

53
lanza un grito de gusto y de anhelo
¡Un cambujo patán se avecina!

Y en la excelsa y magnífica fiesta,


y cual mácula errante y funesta,
un vil zopilote resbala,
tendida e inmóvil el ala.

Lascas, J90 J

54
NOX

No hay almíbar ni aroma


como tu charla ...
¿Qué pasti11a olorosa
y azucarada
disolverá en tu boca
su miel y su ámbar,
cuando conmigo a so'as
¡oh virgen! hab;as?

La fiesta de tu boda
será mañana.

A la nocturna gloria
vuelves la cara,
linda más que las rosas
de la ventana;
y tu guedeja blonda
vuela en el aura
y por azar me toca
la faz turbada ...

La fiesta de tu boda
será mañana.

Un cometa en la sombra
prende una cábala.

;;
Es emblema que llora;
signo que canta.
El astro tiene forma
de punto y raya:
representa una nota,
pinta una lágrima!

La fiesta de tu boda
será mañana.

En invisible tropa
las grullas pasan,
batiendo en alta zona
potentes alas;
y lúgubres y roncas
gritan y espantan ...
¡Parece que deploran
una desgracia!

La fiesta de tu boda
será mañana.

Nubecilla que flota,


que asciende o baja,
languidecida y floja,
solemne y blanca,
muestra señal simbólica
de doble traza:
finge un ve'o de novia
y una mortaja!

La fiesta de tu boda
será mañana.
Junto al cendal que toma
figura mágica,
Escorpión interroga
mientras que sli alfa -
es carmesí que brota,
nuncio que sangra ...
¡Y Amor y Duelo aprontan
distintas armas!

La fiesta de tu boda
será mañana.

¡Ah! Si la Tierra sórdida


que por las vastas
oquedades enrolla
su curva esclava,
diese fin a sus rondas
y resultara
desvanecida en borlas
de tenue gasa ...

La fiesta de tu boda
será mañana.

El mar con débil ola


tiembla en la playa,
y no inunda ni ahoga
pueblos, ni nada.
Del fuego de Sodoma
no miro brasa,
y la centena es rota
flecha en aljaba.

57
La fiesta de tu bodá
será mañana.

¡Oh Tirsa! ya es la hora.


Valor me falta,
y en un trino de alondra
me dejo el alma.
Un comienzo de aurora
tiende su nácar,
y Lucifer asoma
su perla pálida.

Lascas, 1901

58
.MOSICA FONEBRE

Mi corazón percibe, sueña y presume.


Y como envue~ ta en oro tejido en gasa,
la tristeza de Verdi suspira y pasa
en la cadencia fina como un perfume.

Y frío de alta zona hiela y entume,


y luz de sol poniente colora y rasa,
y fe de gloria empírea pugna y fracasa
como en ensayos torpes un ala implume.

El sublime concierto llena la casa;


y en medio de la sorda y estulta masa,
mi corazón percibe, sueña y presume.

Y como envuelta en oro tejido en gasa,


la tristeza de Verdi suspira y pasa
en la cadencia fina como un perfume.

Diciembre, 1899 - Lascas, 1901

59
MúSICA DE SCHUBERT

Crin que al aire te vuela, rizada y bruna,


parece a mis ahogos humo en fogata;
y del harpa desprendes la serenata
divinamente triste, como la luna.

Y del celo ardoroso despides una


fragancia de resina; y él te dilata
ojo que resplandece con luz de plata,
como en la sombra el vidrio de la laguna.

Mas tu marido llega, con su fortuna,


nos dice dos lisonjas, va por su bata,
y al dormido chicuelo besa en la cuna.

Y mientras que te tiñes en escarlata,


crin que al aire te vuela, rizada y bruna,
parece a mis ahogos humo en fogata.

Lascas, 1901

60
A ELLA

Semejas esculpida en el más fino


hielo de cumbre sonrojado al beso
de sol, y tienes ánimo travieso,
y eres embriagadora como el vino.

Y mientes: no imitaste al peregrino


que cruza un monte de penoso acceso
y párase a escuchar con embe'eso
un pájaro que canta en el camino.

Obrando tú como rapaz avieso,


correspondiste c-on la trampa el trino,
por ver mi pluma y torturarme preso.

No así el viandante que se vuelve a un pino


y párase a escuchar con embeleso
un pájaro que canta en el camino.

Mayo 27, 1901 - Lascas. 1901

61
DENTRO DE UNA ESMERALDA

Junto al plátano sueltas, en congoja


de donceHa insegura, el broche al sayo.
La fuente ríe, y en el borde gayo
atisbo el tumbo de la veste [aja.

Y allá, por cima de tus crenchas, hoja


que de vidrio parece al sol de mayo,
torna verde la luz del vivo rayo
y en una gema colosal te aloja.

Recatos en la virgen son escudos;


y e::has en tus encantos, por desnudos,
cauto y rico llover de resplandores.

Despeñas rizos desatando nudos,


y melena sin par cubre primores
y acaricia con puntas pies cual f ores.

El Debate, octubre 8, 191 O - Poesías completas, 1941

62
~• ... EN EL ALBUM
DE EDUARDO SANCHEZ FUENTES

Síento en la brisa y la bruma


la esencia de la oxiacanta,
y tu voz que se levanta,
¡oh cisne de negra pluma!

Perfume a canción se suma,


y a favor de mezcla tanta
sueño el perfume que canta
y la canción que perfuma.

Al suspiro de la planta
responde el de la garganta,.
como a bul:ir de agua espuma ...

Y a favor de gracia tanta,


oigo el perfume que canta
y la canción que perfuma.

Circa 19 20 - Poesías completas, 1941

63
LA MUJER DE NIEVE

Tu largo ventisquero forma o trasunta


blanca mujer tendida, como difunta,.
y muestra en vivas manchas crudo arrebol.
¡Y el cadáver ficticio me desconcierta
porque se me figura la Patria muerta,
que con pintas de sangre se pudre al sol!

¡Oh signo de los tiempos graves y espurios!


¡Oh enorme catafalco lleno de augurios
que presagian castigos e imponen fe!
¡Tu mole no descubr,e sino estas marcas:
escombros y cenizas y rubras charcas
y, vecino, un e-0loso que avanza el pie!

El Dictamen (Veracruz), enero primero, 1922 - Poesías


completas, 1941

64
. -~ ~- .... . ~ ..

MANUEL JÓSÉ: OTHON .··

[San Luis Potosí: junio 14, 1858 - noviembre 22,


19Ó6]

Manuel José Othón estudió latinidad y retórica en


el Seminario Conciliar y obtuvo el título de abog'.i-
do en el Instituto Científico y Literario de San
Luis. Una enfermedad respiratoria le hizo busc~r
trabajos en el campo. Como juez o agente del Mi-
nisterio Público pasó varios años en aldeas remotas.
Aficionado a la caza, solía tomar apuntes del natural
durante sus excursiones. Al atravesar la Sierra Ma-
dre por la Huasteca concibió el "Himno de los bos-
ques" ( 1891) que 1e abrió las puertas de la Acade-
mia. El general Bernardo Reyes 1e ayudó a estable-
cerse como abogado y notario, primero en Saltil1o,
luego en Torreón y Ciudad Lerdo. En 1900 pasó un
año en 1a capital como diputado suplente y fre-
cuentó a los poetas de la Revista Moderna. De re-
greso a Lerdo vio agravarse una lesión cardiaca y
un enfisema que a la postre 1e causaron la muerte.
Habitante de las zonas rurales, sin mayor expe-
riencia urbana, Othón era partidario de un tradicio-
nalismo ya rancio que lo incapacitaba para apreciar
conscientemente las innovaciones modernistas. Una
gran pasión en los años finales de su vida lo llevó a
escribir "En el desierto: Idilio salvaje". Según Ma-

65
nuel Calvil~o., la h1t1jet que inspiró el poema y apa-
rece en él ~i'sfm.z11da de "India Brava'', era en reali-
dad una_ sobrina pó1ítica que, huérfana, fue a vivir
en casa de Qthón. Luis Noyola Vázquez no acepta
este argumento. Sea como fuere Othón trató de
disimular la eNpel'.iencia atribuyéndola a su amigo
el historiador Alfonso Toro, y no quiso imprimir el
texto para no ofender a su esposa, Josefa Jimé-
nez. "Idilio salvaje" apareció póstumamente en El
Mundo Ilustrado y la Revista Moderna.
Hace falta una buena edición de sus obras en
prosa, muchas de ellas extraviadas u ocultas en co-
lecciones de periódicos. De su teatro, muy influido
por José Echegaray, se recuerdan Después de la
muerte, Lo que hay detrás de la dicha y El último
capítulo, que imagina las circunstancias en que Cer-
vantes concluyó el Quijote. Entre su prosa narra-
tiva tienen interés los "Cuentos de espantos", es-
fuerzo de adaptar el estilo "cervantino" al ambiente
rural mexicano y galvanizarlo con un hálito de Edgar
Allan Poe.
En 1888 Manuel Puga y Acal, Brummel, reunió
tres de sus estudios críticos en el volumen Los poe-
tas mexicanos contemporáneos que descalificó la
obra poética de Juan de Dios Peza y señaló el as-
censo de Gutiérrez Nájera y Díaz Mirón. Sin em-
bargo, Brummel apuntó varias reservas y el cargo
contra las fuentes librescas empleadas por Nájera
para escribir "Tristissima nox" hizo su efecto en
Othón, quien dejó de imitar a los poetas románti-
cos. Las observaciones de Puga y Acal, la prédica
nacionalista de Altamirano, el ejemplo de Joaquín
Arcadio Pagaza, Clearco Meonio, que por entonces
publicó Murmurios de la selva y la amistad con

66
Ipandro Acaico -Ignacio Montes de Oca y Obre-
gón, obispo de San Luis- determinaron 1a estética
de Oth6n, declarada en el prólogo de los Poemas
rústicos ( 1902) : "El artista ha de ser sincero hasta
la ingenuidad. No debemos expresar nada que no
hayamos visto; nada sentido o pensado a través de
ajenos temperamentos ..."
Para Othón los modernistas eran unos "vates his-
téricos de morbosas inspiraciones" y su ortodoxia
métrica le impedía admitir la belleza de las nuevas
formas irregulares defendidas por Nervo. Sin em-
bargo, la "Noche rústica de Walpurgis" es, como
"Tristissima nox", un poema en que conviven sím-
bolos locales e imágenes del acervo europeo, y pare-
ce imposible encontrar en los buenos textos de Othón
versos que no registren los contagios ambientales
del modernismo. Por lo demás, su ideario comparte
la tendencia aristocratizante de este movimiento:
"el arte es religión ... el ideal estético de todas las
épocas, y especialmente de la actual, es que el arte
ha sido y debe ser impopular, inaccesible a1 vulgo."
Othón despojó al academismo de los últimos res-
tos eglógicos y una tradición que había comenzado
en d artificio cu1 minó en la naturalidad. Es e1 suyo
un extraño caso de modernismo involuntario: a
pesar de su esmero en no abandonar los cánones
neoclásicos sus mejores momentos son aquellos que
están más cerca de las imágenes y actitudes moder-
nistas. Otro tanto ocurrió con su catolicismo que él
creía ortodoxo y que, al menos en su expresión lite-
raria, es más bien un panteísmo al gusto decadente.
Buscó en las lecturas clásicas un ámbito de sereni-
dad ante lo anticuado del romanticismo y la efímera
moda literaria; trató de adaptar a sus necesidades

67
expresivas la lengua poética del siglo de oro (sobre
todo en la "Elegía a Rafael Angel de la Peña") y
como Díaz Mirón, trabajó con voluntad de forma
parnasiana y rigor simbolista. Su desarrollo fue muy
lento. La composición de un soneto le llevaba hasta
veinte días y gracias a ello lograba una incomparable
fluidez. Dice en una carta a Juan B. Delgado:
"Hago un estudio de cada palabra, de cada cláu-
sula, de cada oración. De allí que casi todo mundo
crea que soy flojo para escribir."
Toda su obra parece un ejerci::io de estilo para es-
cribir el "Idilio salvaje". Es su mejor obra y uno de
nuestros grandes poemas. Habrá que esperar a López
Velarde para descubrir una intens'. dad paralela a la
de estos doce sonetos que siguen la tradición pro-
venzal (analizada por Denis de Rougemont en
L'amour et l'Occídent) en el sentido de que un
hombre no puede estar enamorado de su mujer. La
amante adquiere un rasgo d;stinto puesto que no
es una "propiedad" y se convierte en la reveladora,
la intérprete, la mediadora en quien se abraza a un
ser único y a la naturaleza. Othón contempla su
aridez en la del paisaje, la catástrofe geológica es
su propio desastre. El desierto se aduna al cataclismo
humano. También el sol se muere en un cie'o de
plomo, sobre esta lobreguez cae la noche. En un
mismo poema Othón dice adiós a una mujer y a su
propia existencia.

68
BIBLIOGRAFIA

LIBROS DE POESÍA: Othón sólo reconoció los Poemas


rústicos ( 1902), pero antes ya había publicado en
San Luis Potosí Poesías, prólogo de Victoriano Agüe-
ros (1880). Nuevas poesías (1883). Joaquín Antonio
Peñaloza editó en 1947 treinta y seis Ensayos poé-
ticos, escritos entre 1873 y 1875.

COMPILACIONES Y SELECCIONES: Obras ( 1928). Paisa-


fe, prólogo de Manuel Calvillo ( 194 3). Obras com-
pletas, edición y prólogo de Jesús Za va la ( 194 5) .
Poesías y cuentos, selección, estudio y notas de An-
tonio Castro Leal ( 1963).

LECTURAS: Manuel Pedro González: "Algunas in-


fluencias perceptibles en la obra de Manuel José
Othón" en Estudios sobre literaturas hispanoameri-
canas. Glosas y semblanzas ( 19 51). Luis Noyola
Vázquez: "Los cauces poéticos de Manuel José
Othón" en Las Letras Patrias ( 19 58). Alfonso Re-
yes: Los "Poemas rústicos" de Manuel José Otbón
( 1910) y en Obras completas, 1 ( 19 55). Ramón
Xirau: "Poesía y pueblo" y "Manuel José Othón
(apunte conmemorativo)" en Poesía hispanoamerica-
na y española (1961). Jesús Zavala: Manuel José
Othón, el hombre y el poeta ( 19 52) . Prólogo a Epis-
tolario de Manuel José Othón ( 1946).

69
HIMNO DE LOS BOSQUES

En este sosegado apartamiento,


lejos de cortesanas ambiciones,
libre curso dejando al pensamiento
quiero escuchar suspiros y canciones.
¡El himno de los bosques! Lo acompaña
con su apacible susurrar el viento,
el coro de las aves con su acento,
con su rumor eterno la montaña.
El torrente caudal se precipita
a la honda sima, con furor azota
las piedras de su leoho, y la infinita
estrofa ardiente de los antros brota.
¡Del gigante salterio en cada nota
el salmo inmenso del amor palpita!

11

Huyendo por la selva presurosos


se pierden de la noche los rumores;
los mochuelos ocúltanse medrosos
en las ruinas, y exhalan los alcores
sus primeros alientos deleitosos.
Abandonan mis párpados el sueño,
la llanura despierta alborozada:

70
con su semblante pálido y risueño
la vino a despertar la madrugada . .

Del Oriente Jo~ blancos resplandores


a aparecer comienzan; la cañada
suspira vagam,ente, el _sauc~ llora
cabe la fresca orilla del riachuelo,
y la alondra gentil_levanta al cieló -
un preludio del himno de la aurora.
La bandada de pájaros canora
sus trinos une al murmurar del río;
gime el follaje temblador, colora
la luz el monte, las campiñas dora,
y a lo lejos blanquea el caserío.

Y va creciendo el resplandor y crece


el concierto a la vez. Ya los rumores
y los rayos de luz hinchan el viento,
hacen temblar el éter, y parece
que en explosión de notas y colores
va a inundar a la tierra el firmamento.

m
Allá, tras las montañas orientales,
surge de pronto el sol, como una roja
llamarada de incendios colosales,
y sobre los abruptos peñascales
ríos de lava incandescente arroja.
Entonces, de los flancos de la sierra
bañada en luz, del robledal oscuro,
del espantoso acantilado muro
que el paso estrecho a la hondonada cierra;
de los profundos valles, de los lagos
azules y lejanos que se mecen

71
blandamente del aura a los halagos,
y de los matorrales que estremecen
los vientos; de las flores, de los nidos,
de todo lo que tiembla o lo que canta,
una voz poderosa se levanta
de arpegios, y sollozos, y gemidos.

Mugen los bueyes que a los pastos llevan


silbando los vaqueros; mansamente
y perezosos van, y los abrevan
en el remanso de la azul corriente.
Y mientras de las cabras el ganado
remonta, despuntando los gramales,
torpes en el andar los recentales
se quejan blanda y amorosamente
c-0n un tierno balido entrecortado.
Abajo, entre la malla de raíces
que el tronco de las ceibas ha formado,
grita el papán y se oye en el sembrado
cuchichear a las tímidas perdices.
Mezcla aquí sus rüidos y sus sones
todo lo que voz tiene: la corteza
que hinoha la savia ya, crepitaciones,
su rumor misterioso la maleza
y el clarín de la selva sus canciones.
Y a lo lejos, muy lejos, cuando el viento
-que los maizales apacible orea-
sopla del septentrión, se oye el acento
y algazara, que, locas de contento,
forman las campanitas de la aldea ...
¡Es que también se alegra y alboroza
el viejo campanario! La mañana
con húmedas caricias lo remoza;
sostiene con amor la cruz cristiana

72
sobre su humilde cúpula; su velo,
para cubrirlo, tienden las neblinas,
como cendales que le presta el cielo
y, en torno de la cruz, las golondrinas
cantan, girando en capriohoso vuelo.

IV

Oigo pasar, bajo las frescas chacas


que del sol templan los ardientes rayos,
en bandadas, los verdes guacamayos,
dispersas y en desorden las urracas.
Va creciendo el calor. Comienza el viento
las alas a plegar. Entre las frondas,
lanzando triste y gemidor acento,
1a solitaria tórto'a aletea.
Suspenden los saúces su lamento,
calla la voz de las cañadas hondas
y un vago y postrer hálito menea,
rozando apenas, las espigas blondas.

Entonces, otros múltiples rumores


corno un enjambre llegan a mi oído;
el chuparnirto vibra entre las rores;
sobre el gélido estanque adormecido
zumba el escarabajo de colores,
en tanto la libélula, que rasa
la clara superficie de las ondas,
desflora los ·cristales tembladores
con sus alas finísimas de gasa. ·

El limpio manantial gorgoritea


bajo el peñasco gris que le sombrea,
corre sobre las guijas murmurando,

73
lame las piedras, los juncales baña
y en el lago se hunde; la espadaña
se estremece a la orilla susurrando
y la garZ<l morena se pasea,
al son del agua cariñoso y blando.

Ya sus calientes hálitos la siesta


echa sobre los campos. Agostada
se duerme la amapola en la floresta
y, muerta la campánula morada,
se desarraiga de la roca enhiesta;
pero en la honda selva estremecida
no deja aún de palpitar la vida:
toda rítmica voz la manifiesta.
No ha callado una nota ni un rüido :
en el espacio rojo y encendido
se oye a los cuervos crascitar, ve1 oces
la atmósfera cruzando, y la montaña
devuelve el eco de sus roncas voces.
Las palomas zurean en el nido;
entre las hojas de la verde caña
se escucha ·el agudísimo zumbido
del insecto apresado por la araña;
las ramas secas quiébranse al ligero
salto de las ardil1as; su chasquido _
a unirse va con el golpeo bronco -
del pintado y nerviosa carpintero' -
que está en el árbol taladrando el tronco;
y las ondas armónrcas· desgarra
con desacorde son, el chirriante
metálico estridor de la cigarra.

74
Cone por la hojarasca crepitante
la lagartija gris; zumba. la mosca,
luciendo al aire el tornasol brillante;
y, agitando su crótalo sonante,
bajo el breñal la víbora se enrosca.

El intenso calor ha resecado


la savia de los árboles·; cayendo
algunas hojas van, y al abrasado
aliento de la tierra evaporado,
se revienta la crústula crujiendo.
En tanto yo, cabe la margen pura,
del bosque por los sones arrullado,
cedo al sueño embriagante que me enerva
y hallo reposo y plácida frescura
sobre la alfombra de tupida hierba.

VI

Trepando audaz por la empinada cuesta


y rompiendo los ásperos ramajes,
llego hasta el dorso de la abrupta cresta,
donde forman un himno, a toda orquesta,
los g<itos de los pájaros salvajes.
Con los temblores del pinar sombrío
mezc1a su canto el viento, la hondonada
su salmodia, su alegre carcajada
las cataratas del lejano río.
Brota la fuente en escondida gruta
con plácido rumor, y acompasada,
por la trémula brisa acariciada,
la selva agita su melena hirsuta.
f:sta es la calma de los bosques: mueve

75
blandamente la tarde silenciosa
la azul, y blanca, y ondulante, y leve
gasa que encubre su mirar de diosa.

Mas ya Aquilón sus furias apareja


y su pulmón la tempestad inflama.
Ronco alarido y angu"stiosa queja
por sus gargantas de granito deja
la montaña escapar; maldice, clama,
el bosque ruge y el torrente brama
y, de las altas cimas despeñado,
por el espasmo trágico rompido,
rueda el vertiginoso acantilado,
donde han hecho las águilas su nido
y su salvaje amor depositado;
y, al mirarle por tierra destrüido,
expresión de su cólera sombría,
aterrador y lúgubre graznido
unen a la bemenda sinfonía.

Bajo hasta la llanura. Hinchado el río


arrastra, en pos, peñascos y troncones
que con las ondas encrespadas luchan.
En las entrañas del abismo frío
que parecen hervir, palpitaciones
de una monstruosa víscera se escuchan.
Retorcidas raíces, el empuje
feroz, rompen su cárcel de terrones.
Se desgaja el espléndido follaje
del viejo tronco que al rajarse cruje;
el huracán golpea los peñones,
su última racha entre las grietas zumba
y en su postrer rugido de coraje

76
el trueno que, alejándose, retumba
sobre el desierto y lóbrego paisaje ..•

VII

Augusta ya la noche se avecina,


envuelta en sombras. El fragor lejano
del viento aún estremece la colina
y las espigas del trigal inclina,
que han dispersado por la tierra el grano.
Siento bajo mis pies trepidaciones
del peñascal; entre su quiebra oscura,
revuelto el manantial, ya no murmura,
salta, garru:ador, a borbotones.
Son las últimas notas del concierto
de un día tropical. En el abierto
espacio del Poniente, un rayo de oro
vacila y tiemb~ a. El valle está desierto
y se envuelve en cendales amarillos
que van palideciendo. Ya el sonoro
acento de la noche se levanta.
Ya empiezan melancólicos los grillos
a preludiar en el solemne coro . ..
¡Ya es otra voz inmensa la que canta!

Es el supremo instante. Los rüidos


y las quejas, los cantos y rumores
escapados del fondo de los nidos,
de las fuentes, los árboles, las flores;
el sonrosado idilio de la aurora
de estrofas cremesinas que el sol dora,
la égloga de la verde pastoría,
la oda de oro que al mediar el día

77
de púrpura esplendente se colora,.
de la tarde la pálida elegía
y la balada azul, la precursora
de la noche tristísima y sombría ...
Todo este inmenso y cóntinuado arpegio,
estrofas de una lira soberana
y versos de un .divino florilegio,
cual bandada de pájaros canora
acude a guarecerse en la campana
de la rústica iglesia que, léjana,
se ve, sobre las lomas, descollando.
Y en el instante místico en que al cielo
el Angelus se eleva, condensando
todas las armonías de la tierra,
el himno de los bosques alza el vuelo
sobre el lago, colina, valle y sierra;
y, al par de la expresión que en su agonía
la tarde eleva a la divina altura,
del universo el corazón murmura
esta inmensa oración: ¡Salve, María!

El Correo de San Luis, abril, 189 1 - Poemas rústicos, 1902

78
FRONDAS Y GLEBAS

A Clearco Meonio

ORILLAS DEL PAPALOAPAN

Adivino los férti1es parajes


que baña el río, y la pomposa vega
que con su linfa palpitante riega
desmenuzado en trémulos encajes;

la basílica inmensa de follajes


que empaña la calina veraniega
y la furiosa inundación anega,
en túmidos e hirvientes oleajes.

Cerca de allí, cual fatigado nauta


que cruza sin cesar el oceano,
reposo tu alma halló, serena y cauta.

Allí te ven mis ojos, soberano


pastor, firme en tu báculo, y la flauta
que fue ele Pan, en tu sagrada mano.

79
II

UNA ESTEPA DEL NAZAS

¡Ni un verdecido alcor, ni una pradera!


Tan sólo miro, de mi vista enfrente,
la llanura sin fin, seca y ardiente,
donde jamás reinó la primavera.

Rueda el río monótono en la austera


cuenca, sin un cantil, ni una rompiente;
y, al ras del horizonte, el sol poniente,
cual la boca de un horno, reverbera.

Y en esta gama gris que no abrillanta


ningún color, aquí, do el aire azota
con ígneo soplo la reseca planta,

sólo, al romper su cárcel, la bellota


en el pajizo algodonal levanta
de su cándido airón la b'anca nota.

Revista Moderna, abril, 1900 - Poemas rústicos, 1902

80
SALMO DEL FUEGO

Noche muy negra. Un paso: la cañada


defendida por ásperos pretiles.
Abajo, la planada;
arriba, envuelto entre la sombra helada,
el enorme talud de los cantiles.
Ni follaje, ni abrigo que proteja
al viajero perdido en la negrura;
que hace cientos de años, tal vez miles,
bajaron, irruyendo la llanura,
los árboles cerriles.

Ni un hueco entre las rocas que no yerme


el frío boreal, y hay un reposo
en las cosas, tan lóbrego y medroso,
que hasta el silencio duerme.
Y a medida que avanza
la noche y crece el frío,
más se hunde la mirada en el vacío
de una entenebrecida lontananza.

Nunca, como ateridos y agobiados,


en la noche cerrada inmensamente,
sin un solo eco que a la voz responda
y en medio de los páramos, se siente
desolación tan honda.
A través de la rígida maleza

81
se encoge el corazón, se hunde la frente
y se ahoga el espíritu doliente,
náufrago entre la noche y la tristeza.
l~-1>~_
Mas, cuando ya cansado
continúa el viajero
remontando- el sendero -
tan dolorosamente prolongado,
ciego, desesperado,
por la montaña dura
y sólo abandonándose al instinto
de la cabalgadura;
cuando la carne punzan y desgarran
cactus y espinos por la escarcha tiesos
y la helada brutal sus estiletes
sibilante y sutil hinca en los huesos;
si entonces aparece de improviso
allá, sobre la negra cordillera,
el rojo pincelazo de una hoguera,
cuya luz junta, como ardiente broche,
el velo del abismo al de la noche ...
¡Oh, qué explosión de calma
tan misericordiosa!
¡Cómo el anhelo en esa luz reposa
y qué inmensa alegría para el alma!

El camino aún es largo


y la luz aún incierta resp1andece,
pero se ensancha el ánimo y parece
que las sombras sacuden su letargo.
La distancia decrece,
y aunque la cuesta bronca y empinada
está resbaladiza por la helada,
el recio casco en el peñón se aferra

82
cuando surge la roja llamarada
en un brusco repliegue de la sierra.

Ya 'en la cuenca del monte


por la piadosa hoguera calentada,
se columbra el albergue rocalloso
donde ha encontrado el montañés reposo,
como si fuese el amo de la tierra.
Se destacan al pie de los cantiles,
do crepitan, ardiendo, los tizones,
ele piedras y troncones
los trémulos perfiles,
y en las venas se siente
la sangre circular a borbotones,
aceleradamente.
Un paso más, la inmensa lontananza
tuvo límite al fin, ¡y Dios es bueno!
Ha entrado ya el espíritu en el pleno
triunfo de la esperanza.

El fatigado espíritu se alivia


y un sopor de los miembros se apodera.
¡Qué caricia tan tibia
la de esa alegre y coruscante hoguera!
¿Qué descanso, qué sueño
más dulce y regalado
que el de ese montañés que duerme al lado,
la cabeza rendida sobre un leño
y el pabellón del cielo por techado? ...
En él y cerca de él, ¡oh caminante!,
sin que ahora sospeche tu compaña,
tienes para tus penas un amigo
en ese fuego, salvador abrigo
y un inmenso palacio: la montaña.

83
A descansar. ¡Qué blando
es el lecho de tierra endurecida:
qué abandono tan grato de la vida,
qué desprecio del no durable mando! 1

Calma. Silencio. En derredor, penumbra.


Fuera del cerco que la llama alumbra
y que el calor defiende,
el frío, un frío cortador que hiende
la corteza durísima del roble
reseco ya, pero en la cumbre inmoble.
Y en tanto que se extiende
por la callada bóveda del cielo
adamantino velo,
y vibra sobre aquellas
so:edades que inunda
azul, azul diafanidad profunda,
el divino temblor de las estrellas,
parece que del fondo
de todas las tinieblas y las cimas
se eleva hasta las cumbres misteriosas,
donde llamea ignipotentemente
la eterna zarza ardiente,
el gran clamor del alma de las cosas.

Pasa la noche. Ya la madrugada


fortalecido encuentra al caminante
que a emprender se apercibe la jornada
por llanuras y montes, siempre errante.
M::i.s al dejar el cálido rescoldo,
el sol glorioso y santo,
desde su augusta excelsitud lo envue've
en su llama inmortal, como en un manto;
y desde el más profundo

84
abismo del dolor y la congoja,
el hombre se sublima, a Dios alaba
y exúltase en un canto, como arroja
su onda el torrente o el volcán su lava:

"Señor, divino fuego,


tú eres misericordia, yo soy ruego.

"De inextinguible luz eterno faro,


yo soy desolación, tú eres amparo.

"Porque en la sombra del misterio brillas,


la creación te canta de rodillas.

"Porque a la urente Barna


diste poder de confortar al hombre,
mi corazón te ama
y besa hasta las letras de tu nombre.

"Porque en la so1edad prestas abrigo,


y calor, y consuelo, te bend;go;
y porque hiciste el sol de fuego y oro,
¡oh Señor!, yo te adoro.

"Yo te adoro, Señor. D ébil y triste


soy, pero no si tu poder me asiste.
Para luchar con épico ardimiento,
hay que fortalecer en tu alabanza
lo mismo el corazón que el perisamiento.
¡No se llega a las Cimas sin aliento
ni a ti sin esperanza!"

El Mundo Ilustrado, febrero 23, 1902 - Poemas rústicos,


1902

85
ELEGíA

A la memoria de Rafael Angel


de la Peña. 2

De mis oscuras soledades vengo


y tornaré a mis tristes soledades 3
a brega altiva, tras camino luengo;

que me allego tan sólo a las ciudades


con vacilante planta y errabunda,
del tiempo antiguo a refrescar saudades.

Yo soy la voz que canta en Ja profunda


soledad de los montes ignorada,
que el sol calcina y el turbión inunda.

Ignoro de mi rústica morada


qué tiene, que viniendo de mí mismo,
vengo de la región más apartada;

y endulzo el amargor de mi ostracismo


en miel de los helénicos panales
y en la sangrienta flor del cristianismo.

Surten de allá tan lejos los raudales


de un río, en cuya límpida corriente
inundásteis las testas inmortales.

86
Al labio virginal de aquella fuente,
vuestras palmas, al viento, de callada,
susurran blanda y amorosamente;
~7
y el susurrar semeja y la cascada,
al caer sobre el oro de la arena,
diálogos de Teresa y de Granada.

Diálogos en la noche más serena


del tiempo, interminable y luminosa,
de augusta paz y de misterios llena,

en que el genio beatífico reposa


a la luz de los campos siderales,
de azul teñidos, y de nieve, y rosa;

trono para cubrir los pedestales


que el cincel de los siglos ha labrado
el alma de los muertos inmortales ...

De otros, que fueron ya, se encuentra al lado,


ardiendo en fe y en caridad y en ciencia
y al bien y a la verdad aparejado,

como cuando cruzó por la existencia,


en su envoltura terrenal, que ahora
trasciende aún, cual ánfora de esencia,

el varón de cabeza pensadora


y penetrante ingenio soberano
que el paso de los tiempos avalora.

Empuñó libro y lábaro en su mano;


creyente, sabio, artista. Fue en la vida
esteta heleno y gladiador cristiano.

87
En su alba cabellera florecida
fulguraban· los últimos reflejos •
con que acampana el sol su despedida,

y vienen de muy lejos, de muy lejos,


las cimas a alumbrar donde perdura
el triste glauco de los bosqu-es viejos.

Se destaca su pálida figura


sobre el marco social enrojecido,
como un jirón de agonizante albura,

y de ardiente aureola circüido,


en puridad le revelaba el verbo
sus profundos misterios al oído.

Siempre dominador y nunca siervo


del lenguaje, probó pacientemente
los dulces goces del trabajo acerbo.

Fue el varón fortunado ele alta frente,


nunca sentado en la manchada silla
de pecadora y fementida gente;

que crece en altivez cuando se humilla,


incrustando, con ánimo sereno,
la frente en Dios y en tierra la rodilla,

y desprecia el relámpago y el trueno


con la inefable dicha de ser sabio
y el orgullo sagrado de ser bueno ...

Ante él calló la envidia y el agravio,


y en la mundana y dolorosa guerra
no queja alguna murmuró su labio,

88
y al fin en el amor los ojos cierra;
pues ¿dónde hay más amor que el de la muerte
ni más materno amor que el de la tierra? ...

Duerme y sueña, señor: tu cuerpo inerte,


cuando del sueño augusto en que reposa
a la inmortal resurrección despierte,

verá que se irgue, al lado de su fosa,


de héroes, santos y reyes gestadores
la no muerta falange luminosa.

Coronistas, poetas y doctores,


departirán contigo en la divina
fabla, de que sois únicos señores ...

¡,Oh romance inmortal! Sangre latina


tus venas abrasó con fuego ardiente
que transfundió en la historia y la ilumina,

y nunca morirá, mientras aliente


un cerebro que piense en lo que vuela,
y un corazón que sufra en lo que siente!

¡Cuánto envidio a los muertos cuya estela


marca ·en los mares el camino luengo
que dejara su nave de áurea vela!

Y con estas envidias que yo kngo,


abandono el rumor de las ciudades.
De mis desiertas soledades vengo
y torno a mis oscuras soledades.

México, octubre 24, 1906 - Obras, .1928

89
EN EL DESIERTO. ·
IDILIO SALVAJE

A Alfonso Toro

A fuerza de pensar en tus historias


y sentir con tu propio sentimiento,
han venido a agolparse al pensamiento
rancios recuerdos de perdidas glorias.

Y evocando tristísimas memorias,


porque siempre lo ido es triste, siento
amalgamar el oro de tu cuento
de mi viejo román con las escorias.

¿He interpretado tu pasión? Lo ignoro,


que me apropio, al narrar, algunas veces
el goce extraño y el ajeno lloro.

Sólo sé que, si tú los encareces


con tu ardiente pincel, serán de oro
mis versos, y esplendor sus lobregueces.

¿Por qué a mi helada soledad viniste


cubierta con el último celaje

90
de un crepúsculo gris? ... Mira el pa1sa1e,
árido y triste, inmensamente triste.

Si vienes del dolor y en él nutriste


tu corazón, bien vengas al salvaje
desierto, donde apenas un miraje
de lo que fue mi juventud existe.

Mas si acaso no vi,enes de tan lejos


y en tu alma aún del placer quedan los dejos,
puedes tornar a tu revuelto mundo.

Si no, ven a lavar tu ciprio manto


en el mar amarguísimo y profundo
de un triste amor, o de un inmenso llanto.

II

Mira el paisaje: inmensidad abajo,


inmensidad, inmensidad arriba:
en el hondo perfil, la sierra altiva
al pie minada por horrendo tajo.

Bloques gigantes que arrancó de cuajo


el terremoto, de la roca viva;
y en aquella sabana pensativa
y adusta, ni una senda, ni un atajo.

Asoladora atmósfera candente,


do se incrustan las águilas serenas,
como clavos que se hunden lentamente.

Silencio, lobreguez, pavor tremendos


que viene sólo a interrumpir apenas
el galope triunfal de los berrendos.

91
III

En la estepa maldita, bajo el peso


de sibilante brisa que asesina,
irgues tu talla escultural y fina,
como un relieve en el confín impreso.

El viento entre los médanos opreso


oanta como una música divina,
y finge, bajo la húmeda neblina,
un infinito y solitario beso.

Vibran en el crepúsculo tus ojos,


un dardo negro de pasión y enojos
que en mi carne y mi espíritu se clava;

y, destacada contra el sol muriente,


como un airón, flotando inmensamente,
tu bruna cabellera de india brava.

IV

La llanada amarguísima y salobre,


enjuta cuenca de occano muerto
y, en la gris lontananza, como puerto,
el peñascal, desamparado y pobre.

Unta la tarde en mi semblante yerto


aterradora lobreguez, y sobre
tu piel, tostada por el sol, el cobre
y el sepia de las rocas del desierto.

92
Y en el regazo donde sombra eterna,
del peñascal bajo la enorme arruga;
es para nuestro amor nido y caverna,

las lianas de tu cuerpo retorcidas


en el torso viril que te subyuga,
con una gran palpitación de vidas.

¡Qué enferma y dolorida lontananza!


¡Qué inexorable y hosca la llanura!
Flota en todo 'el paisaje tal pavura,
como si fuera un campo de matanza.

Y la sombra que avanza ... avanza ... avanza,


parece con su trágica envoltura
el alma ingente, plena de amargura,
de los que han de morir sin esperanza.

Y allí estamos nosotros, oprimidos


por la ;rngustia de todas las pasiones,
bajo el peso de todos los olvidos.

En un cielo de plomo el sol ya muerto;


y en nuestros desgarrados corazones
¡rel desierto, el desierto ... y el desierto!

V1

¡Es mi adiós! ... Allá vas, bruna y austera


por las planicies que el bochorno escalda,

93
al verberar tu ardiente cabellera,
como una maldición, sobre tu espalda.

En mis desolaciones, ¿qué me espera? ...


(ya apenas veo tu arrastrante falda)
una deshojazón de primavera
y una eterna nostalgia de esmeralda.

El terremoto humano ha destrüido


mi corazón y todo en él expira.
¡Mal hayan el recuerdo y el olvido!

Aún te columbro y ya olvidé tu frente:


sólo, ay, tu espalda miro, cual se mira
lo que huye y se aleja eternamente.

ENVÍO

En tus aras quemé mi último incienso


y deshojé mis postrimeras rosas.
Do se alzaban los templos de mis diosas,
ya sólo queda el arenal inmenso.

Quise entrar en tu alma, y ¡qué descenso!


¡Qué andar por entre ruinas y entre fosas!
¡A fuerza de pensar en tales cosas
me duele el pensamiento cuando pienso!

¡Pasó! ... ¿Qué resta ya de tanto y tanto


deliquio? En ti ni la moral dolencia,
ni el dejo impuro, ni el sabor del llanto.

94
Y en mí, ¡qué hondo y tremendo cataclismo!
¡qué sombra y qué pavor en la conciencia
y qué horrible disgusto de mí mismo!

1904. El Mundo Ilustrado, diciembre 16, 1906 - Obras, 1928

1 (p. 84) Qué desprecio del "no durable mando": cita


de la Oda 1 ("Vida retirada") de Fray Luis de León ( 15 27 ·
1591): "Y mientras miserable-/ mente se están los otros
abrasando / con sed insaciable / del no durable mando, I
tendido yo a la sombra esté cantando."
2 (p. 86) Rafael Angel de la Peña (1837-1906) autori-
dad en cuestiones gramaticales, profesor en el colegio de San
Juan de Letrán y en la Preparatoria. Académico, intervino
en la preparación del Diccionario de la Lengua. Se cuentan
entre sus obras una Gramática teórica y práctica de la len-
gua castellana y un Apéndice a la sintaxis latina.
'3 (p. 86) De mis oscuras soledades vengo / y tornaré a
mis tristes soledades: Glosa de la canción de Femando en la
escena cuarta, acto primero, de La Doro tea ( 16 32) de Lope
de Vega, canción que comienza: "A mis soledades voy / de
mis soledades vengo, / porque para andar conmigo / me
bastan mis pensamientos."

95
FRANCISCO GONZALEZ LEON

[Lagos, Jalisco: septiembre 10, 1862 - mayo 9, 1946]

El padre de Francisco González León fue un librero


que desempeñó un puesto edilicio durante la época
de Maximiliano y luego administró las haciendas de
los Rincón Gallardo. Estudió química y farmacia
en Guadalajara, donde trató a Manuel Puga y Acal
y a Victoriano Salado Alvarez. El resto de su vida
transcurrió pobremente en Lagos de Moreno. Man-
tuvo en su botica una tertulia a la que en cierta épo-
ca asistió Mariano Azuela. Fue profesor de francés,
castellano y literatura.
Muy · tarde se inició en las letras con un poema
"Pleito homenaje", premiado en los juegos florales
laguenses de 1903, que era un canto a las damas de
la nobleza medieval. La brusca respuesta de la crí-
tica a su primer libro - publicado a los 46 años-
lo hirió hondamente y le hizo marginarse de la es-
cena literaria. Lo compensaron de este olvido algu-
nos textos de Ramón López Velarde y la constante
devoción de Pedro y Alfonso de Alba. Según Castro
Leal, González León enseñó a López Velarde

a ver la provincia como material artístico, a sentirla


en sus perfiles literarios y le suministró al mismo
tiempo determinadas formas de expresión: metro,
imágenes, adjetivos, formas verbales.

97
González León intentó un remedo de versallis-
mo en Megalomanías ( 1908). Maquetas, del mismo
año, ya contiene poemas que son "sencilleces de
Francis Jammes y elegancias de Samain, son finuras
francesas" en palabras del propio López Velarde
-que a su vez influyó en González León.

¿No sería legítimo -preguntó Allen W. Phillips


en 1962- pensar en la posibilidad de que L6pez
Velarde y Conzález León hubieran desarrollado en
forma paralela sus personalidades literarias al beber,
independientemente, en las mismas fuentes, de fácil
acceso para los dos en los años iniciales del siglo?
( . . . ) Sin ánimo de negar la segura afinidad que
existía entre López Velarde y González León, nos
parece más prudente pensar en una posible coinci-
dencia que en una verdadera influencia. A través
de una comunidad de lecturas y experiencias vitales,
los dos se desarrollaron simultáneamente y crearon
sus obras por caminos paralelos, que a veces se apro-
ximaban y otras se alejaban.

De Jammes, González León recoge un buscado


desmañamiento, una deliberada torpeza en que el
ingenio logra aparecer como ingenuo. Con Georges
Rodenbach aprende a observar el domingo como
"una vaga tristeza sin razón", a interrogar la exis-
tencia cautiva de las cosas, su pasivo gastarse, las
imágenes caídas en los espejos, las llanuras del ocio
y el luto.
En la casa familiar vista a la mortuoria luz del día,
González León recoge las huellas de las sombras
en versos escritos a la hora de la siesta, impregnados
de una piedad franciscana por todo y por todos. Es
la suya una poesía de la emoción pequefí.a, lo pri-
vado, lo doméstico, lo sencillo. Contemplativa, de-

98
vota de los caserones ruinosos y los objetos del des-
ván. Escrita de puntillas con temor de que el mundo
se despierte, el mundo considerado no harén ni hos-
pital, sino un gran convento en que todas las cosas
se encuentran en el acto de envejecer.
De allí tal vez la frescura de esta poesía que acla·
ra algunas de las aparentes contradicciones moder-
nistas y muestra la relatividad de toda clasificación
literaria. González León adaptó el simbolismo belga
y franoés a un lenguaje suyo y a las maneras propias
de su lugar. El más provinciano de nuestros poetas
es también, paradójicamente, el más afrancesado.

99
BIBLIOGRAFfA

LIBROS DE POESÍA: Megalomanías (Lagos, 1908). Ma-


quetas (Lagos, 1908). Campanas de la tarde, prólo-
go de Ramón López Velarde ( 19 22) . De mi libro
de horas, prólogo de Alfredo Maillefert ( 19 37) .
Agenda ( 1946) . Las cuatro rosas, prólogo de Andrés
Henestrosa ( 1966) . Voces de órgano en Poesías n
( Guadalajara, 1966).

COMPILACIONES: Poesías completas, edición anónima


y sin fecha ( ¿ 1948?). Poesías, dos volúmenes, reco-
pilación y prólogo de Alfonso de Alba (Gua dala.
jara, 1965-1966).

LECTURAS: La mejor introducción general es el libro


de Allen Vv. Phillips: Francisco González León, el
poeta de Lagos ( 1964). Véase también "Letras de
provincia: Francisco González León" en el tomo
tercero de las Obras completas de Mariano Azuela
( 1960), y Ramón López Velarde: "Megalomanías.
Maquetas" y "Francisco González León" [prólogo a
Campanas de la tarde] en El don de febrero ( 19 52) .

100
ANTIGUALLAS

Casas de mi lugar que tienden a desaparecer:


raras casas que aún suelo yo encontrar.
Es de ver
la amplitud de 1os patios empedrados,
el brocal con arcadas d.e ladrillo,
los arriates adosados a los muros
(altos muros patinados y sin bril1o)
y la parra que se afianza entre sus grietas,
y macetas, y macetas, y macetas ...
Los equipales criollos
debajo del corredor;
cocina que es comedor;
los enormes cajones despenseros;
mesas de pino
tan blancas como el lino
que duerme en los roperos;
(lino fino de enantes;
lino de las estopillas y de los bramantes ... )
Y las amplias escaleras y los breves ventanales;
y las vidrieras ·
de vidrios poligonales;
y los viejos cornizones de los labrados balcones
por las lluvias carcomidos,
donde por turno hacen nidos
golondrinas y gorriones.
Campanas de la tarde, 19 22

101
INTEGRO

Tardes de beatitud
en que hasta el libro se olvida
porque el alma está diluida
en un vaso de quietud.

Tardes en que están dormidos


todos los ruidos.

Las tardes en que parece


que están como anestesiadas
todas las flores del huerto,
y en que la sombra parece más sombría,
y el caserón más desierto.

Tardes en que se diría


que aun el crepitar de un mueble
fuera una profanación
de absurda cacofonía
y herética intromisión.

Tardes en que está la puerta


de la casa bien cerrada,
y la del alma está abierta . ..

Tardes en que la veleta'


quieta en la torre no gira

102
y en parálisis se entume,
y en que el silencio se aspira
íntegro como perfume.

Campanas de la tarde, 1922

103
DESPERTAR

Sueños en la mañana
de Ja alcoba en la semioscuriclacl.

Despertar indolente en que se siente


la necesidad
de continuar el diálogo interrumpido
con la fantasmagoría nocturnal.

Aquella semivigilia en que aún hay


la indecisión de lo que en sueños vimos;
aquella incapacidad
de descifrar lo que sentimos,
pero en que aún tiembla brumosa una nostalgia
con las fosforescencias de una tenuidad.

Se ha callado en su ranura
suspendiendo su nocturna partitura,
algún grillo
que ha ocultado su martiilo,
monótono cual la marcha
de un péndulo de bolsillo.

Y en tanto bruñe un espejo


un dejo en la oscuridad,
y descifra una rendija

104
una ecuación matinal,
en un pretil de 1a casa,
una saltapared
repasa
sus métricas de cristal . ..

Campanas de la tarde, 1922

105
DIALOGO

Los mismos sitios y las mismas calles.

"Días como tirados a cordel",


tan lisos y tan sin detalles.

Cual el tic-tac de un reloj,


isócrona la vida,
y monótono el latir del corazón.

El propio sol adormilado y yerto


echado como un perro junto al huerto;
las mismas puertas en los mismos quicios;
la campana de hoy que es la de ayer
y ha de ser la campana de mañana;
la eterna catecúmena campana
llamando a los idénticos oficios .. .

Senectud del monástico mutismo


de una vieja ciudad puesta en catálogo.
Y la lentitud de un diálogo
consigo mismo .. .

Campanas de la tarde, 1922

106
SUENAN LAS III

La grande habitación
que el grande espejo
agranda más.

Sobre la antigua consola,


el viejo reloj de bronce
bajo el fanal de cristal;
y penumbras y friolencias
en que la poquedad
de mi lámpara,
no basta a evaporar
el frío de mi soledad.

Escenas y efemérides vacías;


lógicas y rebeldías
intrincadas en lances de episodios
que baraja en su código el azar:
Proceso nocturnal de hora callada
en la que el alma ya no espera nada,
porque fuera impudor el esperar.

Anémica la lámpara vacila;


afuera sopla el viento.
Se perfila la noche y se acelera.
Y en despertar .soñoliento,

107
como arrastrando los pies,
sonámbulo el reloj balbucea lento :
Una,
dos,
tres.

De mi libro de horas, 1937

108
PALABRAS SIN SENTIDO

Aunque la mañana está soleada,


tiene algo de una celda abandonada.

Habla la casa porque está callada;


y en un encogimiento del espíritu,
se me forma algo intrínseco ...
. . . por nada.

Palabras sin sentido;


ecos de quién sabe qué ruido
que repiten las cámaras desiertas
de la desierta casa en el olvido.

Hay un rumor como el del agua de un


surtidor.
Quizá el viento que se aleja,
y que al alejarse deja
la cúspide de una queja.

Voces sin voz que entiende el corazón;


rumores que así van de pieza en pieza;
palabras sin sentido;
ecos de quién sabe qué ruido,
que ponen diafanías :l la tristez:l.

De mi libro de hora:., 19 3í

109
LA GOTERA

Llovió toda la noche.


La llovizna final aún parpadea
un húmedo rumor en la azotea;
archivo de hojas que meciera el viento.

La oscuridad del ámbito se duerme


desvelada dentro del aposento.

La lluvia ha hecho
que se filtre el agua
y se traspase el techo
destilando metódica en la estera
del piso de la pieza,
una gotera.

Esbozo musical que se devana .


. . . Ritmo alterno
de arteria o de campana:
Tic .. .
Tac .. .

Si motivos de música de cámara


la llovizna ejecuta,
la gotera en el suelo pertiguea
la ley de una batuta .

110
Hay algo que recóndito se afina;
la oscuridad es morfina
propia para soñar.

Abrense de par en par


los sencillos postigos de la infancia.
Perspectiva interior de la distancia,
que tan cerca del alma se veía:
la vieja casa conventual y fría;
las grandes y recónditas alcobas;
los cuentos de los duendes que ahí andaban
cambiando de lugar a las escobas.
Y el bullicioso gozo;
y el asomarse al pozo
por distinguir la arruga
que en el agua dejaba la tortuga.

Recóndita virtud de aquellas cosas


que se amplían en el alma a la manera
del vidrio de una esfera.

Gotera
de renguera
desigual:
Tic . . .
Tac . . .

Clepsidra cuya gota horada el tiempo


con caída de ritmo vertical;
rumor que asemeja al de la péndola
que en la sala de ambiente colonial
rebanaba el silencio de las horas
c-0n el filo de su disco de metal.

Agenda, 1946 - Voces de órgano, 1966

111
SOLDADITOS DE CRISTAL

Lluvia del aguacero,


lluvia de agujas de acero,
lluvia llena de olores y de ruidos
que me mueves el alma y los sentidos.

Qué lejana visión en ti se afina:


Cuando eras citadina . . .
Cuando eras pueblerina . . .
Cuando eras campesina . . .

La urbe episcopal, vieja y lontana ...


mi pueblo ... mi casona ... mi ventana ...
la granja con su olor a m ejorana . . .
Fresca siempre al caer y siempre bella;
pero ya no eres aquella:

La que con mi devoción


rezaba su honda oración
allá adentro de aquel hueco
barítono canalón.

Cuando eras agua bendita


para mi alma que contrita
y neófita en su emoción,
acaso en ti comulgaba
su pristísima comunión.

112
Cuando soñaba y soñabas,
cuando te hablaba y me hablabas;
cuando eran alma las cosas,
cuando del patio ancestral
marchabas sobre las losas
en un desfile .marcial
de infinitos soldaditos
de ejércitos de cristal.

Agenda, 1946 - Voces de 6rgano, 1966

113
LA NAVE DE LA CHINA

La nave de la China
que llegó a Acapulco
le trajo a la noble
Marquesa de Uluapa
un cofre de laca
color de vainilla;
y ornado de alados
dragones dorados
y de extrañas flores,
unos dos tibores.

Pero a mí me trajo
algo que es mejor:
a mí me ha traído
olvido de amor.

La nave de la China
trájole al Virrey,
para su hija Pía,
la milagrería
que abre un abanico
tejido en carey;
y para su esposa
el cristal tallado
de un frasco colmado
de esencia de rosa.

lM
Pero a mí me trajo
algo que es mejor:
a mi me ha traído
olvido de amor.

Pena que se queda


del camino a un lado;
fórmula anodina
ele oriental receta;
humo que las penas
ve con telescopio.

La nave ele la Ohina


hoy ha facturado
para mi dolencia
cansina y secreta
una libra neta
de ensueños y olvido
bajo la etiqueta
que asegura:
¡Opio!

Coatl (Guadalajara), primavera-verano 1967

115
RUMORES

El nocturno abecedario
que nos hab1a en su dialeoto
del insecto que en las noches
y en insomnios acompasa
sus rumores en sordina
con la ruina de la casa.
La puntual destiladera
que con ritmos de clepsidra
nos hidrata la emoción
con la nota de la gota
que al caer sobre del agua
dentro a la húmeda tinaja,
metaliza una canción.
Los ladridos que a la luna
lanza un famélico can;
los pasos que a media noche
oímos pasar por la acera
sin saber a dónde irán.
Y el ratoncillo que roe;
y el reloj que dio la hora;
y el viejo mueble que cruje
y las sombras en derroche.
El viento entre las rendijas ...
¡Rumores de media noche!
Coatl, i967
FRANCISCO A. DE ICAZA

[México: febrero 2, 1863 - Madrid: mayo 28, 1925]

Francisco de Asís de Icaza fue hijo de un antiguo


diplomático que estuvo en Italia y en Austria y cayó
en desgracia al restaurarse la República. No asistió
a la escuela: su único profesor fue su padre. A los
veintitrés años marchó a España como secretario del
general Vicente Riva Palacio, enviado a la diploma-
cia para que no hiciera sombra a Porfirio Díaz.
En 1894 publicó un Examen de críticos en que
censuraba a Marcelino Menéndez Pelayo, Juan Va-
lera y Emilia Pardo Bazán. Esta andanada contra
e1 Estab.Zishrn€nt literario español, muy dentro de
la vena del primer modernismo, ha heoho decir a
Ermilo Abreu Gómez que Icaza "fue el vengador de
nuestro Ruiz de Alarcón".
Al morir Riva Palacio ( 1896) Icaza quedó como
encargado de negocios. En 19-04 ocupó la represen-
tación de México en Alemania. Hacia 1912 volvió
a establecerse en Madrid. Junto a sus trabajos eru-
ditos -Las "Novelas Ejemplares" ( 1901). De los
poetas y de la poesía ( 1916), De cómo y por qué
"La tía fingida" no es de Cervantes (1916), Super-
cherías y errores cervantinos ( 1917), El Quijote du-
rante tres siglos ( 1918 )- hay otros libros que pueden
competir con los de Azorín por la eficacia con que

117
presentan una ima§en viva de los olásicos mayores
y menores: Lope de Vega, sus amores y sus odios
( 1925), que obtuvo en España el premio nacional
de literatura, Sucesos reales que parecen imaginarios,
de Gutierre de Cetina, Juan de la Cueva y Mateo
Alemán ( 1919).. Este año fue de gran actividad para
!caza que también publicó La risa, la muerte y el
hambre y Paisaje sentimental.
Presidente de la Comisión Del Paso y Troncoso,
reunió y prologó el fruto de aquellas investigaciones
colectivas en Conquistadores y pobladores de la Nue-
va España: diccionario autobiográfico (1923). Fue
uno de los raros escritores hispanoamericanos que
conocieron a fondo la cultura germánica: autor de
un estudio sobre La Universidad alemana ( 1916),
tradujo poemas de Nietszche, Liliencron, Dehmel,
y aforismos tomados del Diario de Hebbel.
"No es profesor de energía /Francisco de !caza/ ,
sino de melancolía", escribió Antonio Machado
("Soledades a un maestro"). Y una melancolía nór-
dica y mexicana define su obra poética en que la
suavidad desengañada elige una forma estricta,
próxima a la copla y el epigrama. Onís lo relaciona
con Nájera y Gonzá],ez Martínez por su tristeza re-
signada o su sabiduría de estirpe clásica. En su visión
del paisaje, en su elegancia sentenciosa, está más
cerca de los modernistas españoles que de sus con-
temporáneos hispanoamericanos. Si tiene alguna se-
mejanza con los miembros de su generación hay que
buscarla en los versos de María Enriqueta quien,
como !caza, pasó la mayor parte de su vida en
España.

118
BIBLIOGRAFfA

LIBROS DE POESÍA: Efímeras, confidencias, paráfrasis,


poemas íntimos ( 1892). Le¡anías, estados del alma,
del libro del dolor, poesía de las cosas, versos ( 1899) .
La canción del camino ( 190 5) . Cancionero de la
vida honda y la emoción fugitiva ( 1922). [Todos
estos libros se publicaron en Madrid.]
COMPILACIONES Y SELECCIONES: "Poesía" en Páginas
escogidas, prólogo y selección de Luis Garrido
(1958).
LECTURAS: Emilio Abreu Gómez: prólogo a Lope de
Vega, sus amores y sus odios, y otros estudios ( 1962) .
Antonio Castro Leal : "Centenario de un escritor ol-
vidado" en La Cultura en México (marzo 13, 1963).
Enrique Díez-Canedo: Francisco A. de Icaza en
Letras de América ( 1944) .

119
PRELUDIO

También el alma tiene lejanías;


hay en la gradación de lo pasado
una línea en que penas y alegrías
tocan en el confín de lo soñado:
también el alma tiene lejanías.

En esos horizontes del olvido


la sujeción de la memoria pierdo
y no sé dónde empieza lo fingido
y acaba lo real de mi recuerdo
en esos horizontes del olvido.

La azul diafanidad de la distancia


en el cuadro los términos reparte;
aquí mi juventud, allá mi infancia
y ·entre las dos, la pátina del arte ...
La azul diafanidad de la distancia.

Ese tono del tiempo, que completa


lo que en el lienzo deja la pintura,
hace rugoso el cutis del asceta,
y a la tez de la virgen dé frescura
ese tono del tiempo que completa.

Pulimento y matiz del mármol terso


es en la vieja estatua, y melodía
en la cadencia rítmioo del verso

120
donde adquiere la antigua poesía
pulimento y matiz del mármol terso . ..

Color de las borrosas lontananzas


es del alma en los vagos horizontes,
donde envuelve recuerdos y esperanzas
en el azul de los lejanos montes,
color de las borrosas lontananzas.

Leianías, 1899

121
AHASVERO _.

Toma el bordón, peregrino;


como ayer a la alborada,
hoy con la noche mediada
has de emprender el camino.

Ya de las aves el trino


no alegrará tu jornada;
está la noche cerrada,
negro y callado el camino.

Si por la senda ignorada


al azar de tu destino
has de caminar sin tino,

ni busques ni esperes nada . . .


hunde tu sombra cansada
en la sombra del camino.

Leianías, 1899

lZZ
EL ENCANTO DEL LIBRO

Desperté de mis sueños al dolor de la vida,


y hallé de mi pasado todo el derrumbamiento,
y vi mis viejos libros como el amrn el suicida
a quien quiso e1 acaso detener en su intento.

Parte de mi existencia a la suya va unida.


Los miro con amor y con remordimiento;
cambié mi vida propia por la suya fingida
para vivir los siglos con sólo el pensamiento.

Encamé la leyenda. Como en el áureo cuento


al regresar de paso por la senda florida
el ave de la gloria me detuvo un momento ...

Y como el santo asceta al volver al convento,


hallé muertos los míos y la celda caída,
porque la voz del ave era un encantamiento.

Leianías, 1899

123
LAS HORAS

¿Para qué contar las horas


de la vida que se fue,
de lo porv,enir que ignoras?
¡Para qué contar las horas,
para qué!

¿Cabe en la justa medida


aquel instante de amor
que perdura y no se olvida?
¿Cabe en la justa medida
del dolor?

¿Vivimos del propio modo


· en las sombras del dormir
· y desligados de todo
que soñando, único modo
de vivir?

Al que enfermo desespera,


¿qué importa el cierzo invernal
o el soplo de primavera,
al que enfermo desespera
de su mal?

124
¿Para qué contar las hoíás?
No volverá lo que fue,
y lo que ha de ser ignoras.
¡Para qué contar las horas,
para qué!

La canción del camino, 190 5

125
EN LA NOCHE

Los árboles negros,


la vereda blanca,
un pedazo de luna rojiza
con rastros de sangre manchando las aguas.

Los dos, cabizbajos,


prosiguen la marcha
con el mismo paso, en la misma línea,
y siempre en silencio y siempre a distancia.

Pero en la revuelta
de la encrucijada,
frente a la taberna, algunos borrachos
dan voces y cantan.

Ella se le acerca,
sin hablar palabra
se aferra a su brazo,
y en medio del grupo, que los mira, pasan .

Después, como antes,


cae el brazo flojo y la mano lacia,
y aquellas dos sombras, un instante juntas,
de nuevo se apartan.

126
Y así entre la noche
prosiguen su marcha
con el mismo ritmo, en la misma línea,
y siempre en silencio y siempre a distancia.

La canción del camino, 190 5

1Z7
PAISAJE DE SOL

Azul cobalto el cielo, gris la llanura,


de un blanco tan intenso la carretera,
que hiere la retina con la blancura
de la plata bruñida que reverbera.

Allá lejos, muy lejos, una palmera,


tras unas tapias rojas, a grande altura,
como el airón flotante de una cimera,
levanta su penacho de fronda oscura.

Llego al lejano huerto; bajo la parra


que da sombra a la escena que me imagino,
resuenan los acordes de la guitarra;

rompe el aire una copla que ensalza el vino ...


y al monótono canto de la cigarra
avanzo triste y solo por el camino.

Cancionero de la vida honda y la emoción fugitiva, 1922

128
LUIS G. URBINA

[México: febrero 8, 1864 - Madrid : noviembre S,


1934]

Al nacer, Luis Gonzaga Urbina quedó huérfano de


madre. Fue recogido por su abuela y vivió de los
auxilios familiares y eclesiásticos. Adolescente, pasó
algún tiempo con su padre que era profesor en un
poblado indígena. Fue amanuense del general Sós-
tenes Rooha. Juan de Dios Peza lo hizo entrar en
el periodismo: fue secretario de la Revista Azul, re-
dactor de El Siglo XIX, director de El Mundo Ilus-
trado, editorialista y cronista de El Imparcial. Varias
de estas reseñas -compiladas por Gerardo Sáenz
en el volumen Ecos teatrales (1962)- hacen de Ur-
bina uno de los fundadores de la crónica cinemato-
gráfica en lengua española.
En 1890 adoptó el lema de "Creer-crear" para su
primer libro de Versos, prologado por Justo Sierra.
Urbina sintió devoción filial por Sierra de quien fue
secretario cuando éste ocupaba la Secretaría de Ins-
trucción Pública. Con Nicolás Rangel y Pedro Hen-
ríquez Ureña se encargó de la Antología del Cente-
nario (1910) y escribió una admirable introducción
acerca de la literatura durante la guerra de Indepen-
dencia. Distingue los caracteres peculiares de las le-

129
tras mexicanas y es el primer estudio nuestro que
relaciona el fenómeno artístico con las circunstan-
cias históricas en que se produjo.
Junto a Enrique González Martínez y Francisco
M. de Olaguibel redactó los editoriales de El Impar-
cial que contribuyeron a la caída del gobierno ma-
derista. Durante la usurpación de Victoriano Huerta
fue director de la Biblioteca Nacional. Se exilió en
La Habana y luego pasó a Madrid como corresponsal
de El Heraldo de Cuba. El destierro cambió su acti-
tud y sin pedir ni recibir nada a cambio se adhirió
a la Revolución mexicana.
En Buenos Aires (1917) leyó las conferencias pu-
blicadas después en Barcelona con el título La vida
literaria de México, el mejor ejemplo de su inteligen-
cia crítica y volumen fundamental de nuestra histo-
riografía literaria.
Al volver a Madrid fundó con Francisco Villa-
espesa y José Ingenieros la revista Cervantes. Susti-
tuyó a lcaza como director de la Comisión Del Paso
y Troncoso. Mantuvo su actividad literaria hasta
fines de los años veinte. Rescató una breve fracción
de su actividad periodística en Cuentos vivídos y
crónicas soñadas ( 1915), Bajo el sol y frente al mar
(1916), Estampas de viaje: España en los días de la
guerra ( 1920), Psiquis enferma ( 1923), Hombres y
libros ( 192 3), Luces de España ( 1924).
Julio Torri lo considera "el hombre de letras más
representativo de su época", pero su obra de prosista,
que hoy vemos tan buena o aun mejor que la de
poeta, no fue apreciada siquiera por él mismo. Urbi-
na llamó a la crónica "literatura de pompa de ja-
bón ... sólo un pretexto para batir cualquier aconte-
cimiento insignificante y hacer un poco de espuma

130
retórica, sahumada por algunos granitos de gracia y
elegancia". Fue un crítico tan generoso como Gu-
tiérrez Nájera -siempre es más abierta la crítica
del practicante que la del crítico profesional-; aun-
que le faltó la gran cultura de Sierra e Icaza, tuvo
una privilegiada intuición. "Su talento -dice Re-
yes- era una parte de su bondad."
Cuando todos se avergonzaban del mestizaje, el
Viejecito, como lo llamaron desde su adolescencia,
se mostró orgulloso de su aspecto que definía como
de "indio pollero". Esta misma actitud, trasladada
a la literatura, es su originalidad y lo salva de ser
un simple epígono. Por su tono, por su clima espi-
ritual, por su colorido -afirmó Xavier Villaurru-
tia- Urbina es el más mexicano de los poetas
mexicanos.
Hasta Ingenuas (1902), Urbina es un romántico
tardío. Se incorpora al modernismo cuando empieza
a declinar el movimiento: el título y la feoha de su
libro son significativos: Puesta de sol ( 1910). Enton-
ces ve el paisaje con una mirada que sabe del color
y el matiz de la nueva pintura. "El poema del lago"
tiene más afinidad con los cuadros de Joaquín Clau-
sell que con los versos publicados en la Revista Mo-
derna. Urbina es el poeta del crepúsculo, su sensibi-
lidad es crepuscular y su talento crítico le advier-
te que escribe en las postrimerías de una era. Siente
que su tristeza es la "Vieja lágrima" que en sus des-
cendientes siguen llorando los vencidos de 1521. En
la "Elegía del retorno" Urbina contempla el desierto
del pasado y su desolación es la del hombre que ve
caer en pedazos el mundo que fue suyo. Sus poemas
son "lámparas en agonía", pero la llama aún no se
ha extinguido.

131
BIBLIOGRAFlA

LrnRos DE POESÍA: Versos, prólogo de Justo Sierra


(1890). Ingenuas (1902). Puestas de sol (1910).
Lámparas en agonía, prólogo de Enrique González
Martínez ( 1914). El glosario de la vida vulgar, pró-
logo de Amado Nervo (Madrid, 1916). El corazón
juglar (Madrid, 1920). Los últimos pájaros (Madrid,
1924). El cancionero de la noche serena, prólogos
de Alfonso Reyes y Gabriel Alfara ( 1941). Retratos
líricos, prólogos de Balbino Dávalos y Alejandro Qui-
jano ( 1946).

COMPILACIONES Y SELECCIONES: Poesías completas,


edición y prólogo de Antonio Castro Leal ( 1964) .
Los cíen mejores poemas de Luis G. Urbína, selec-
ción, prólogo y notas de Antonio Castro Leal ( 1969).

LECTURAS: Antonio Castro Leal: Luis G. Urbina


( 1964). Alfonso Reyes "Recordación de Urbina"
en Pasado inmediato ( 1941). Gerardo Sáenz: Luis
G. Urbina: vida y obra ( 1963). Julio Torri: prólogo
a Crónicas (1950). Xavier Villaurrutia: "Poesías
completas de Luis G. Urbina" en Obras ( 1966).

132
EL POEMA DEL LAGO

A Jesús E. V alenz.uela

A UN ÁRBOL DEL CAMINO

¿Qué dice tu nervioso gesto de selva oscura 1


árbol vetusto y seco sin una verde rama?
Con cicatriz de hachazos y quemazón de llama,
como un espectro tiendes tu sombra en la !lanura.

¿Qué dice, viejo inmóvil, tu fiera crispatura?


¡Tremendo y misterioso debe de ser tu drama!
Parece que te encoges, y al cielo que te infama
quieres lanzar tu grito de inmensa desventura.

Es trágico el profundo silencio de las cosas;


lo inanimado sufre dolencias pavorosas,
ignotos infortunios que no tienen consuelo;

porque la vida es toda crueldad, y es inconsciente,


porque es la tierra a todo dolor indiferente,
y es impasible y muda la inmensidad del cie1o.

133
II

PAISAJE MATINAL

¡Qué soledad augusta! ¡Qué silencio tranquilo!


El lago, quieto, monorrítmicamente canta,
y sobre el sauce, cuyas frondas me dan asilo,
un pájaro su débil cancioncita levanta.

En las perladas linfas, como una red de hilo


de cristal blanco, tiende, la luz que se abrillanta
con las ondulaciones, su claridad. Y un filo
de sol, oculto en una nube que se adelanta,

rompe, sereno y frágil, las aguas a lo lejos.


En las violetas cumbres, tapices de reflejos
desgarran, al capricho, sus· ocres bordaduras,

y una remota barca, despliega, puro y leve,


en el azul del aire, su triángulo de nieve,
que brilla bajo el hondo zafir de las alturas.

TARDE SERENA

Es un gran vidrio glauco, y es terso y transparente,


y copia, espejeante, la playa florecida,
con un matiz tan rico, tan claro, tan valiente,
que el agua da, a colores y a formas, nueva vida.
-. . . ' .

La sierra, a1 esfumino, se borra de allá enfrente,


como una nube incierta que al cielo va prendida,

134
y, voluptuosa y fresca, columpia la corriente
un haz de lirios muertos bajo la luz dormida.

El lago soñoliento no canta sotto voce;


no tiembla. Vive en una tranquilidad que asombra.
Presto vendrá el crepúsculo con su oriental derroche;

el lago, limpio y terso, como una verde alfombra,


espera a que lo agiten las alas de la noohe,
o, en tempestad, lo encrespen las manos de la sombra.

IV

PRllVIER INTER11EDIO ROMÁNTICO

A una amiga lejana

Es diáfano el crepúsculo. Parece


de joyante cristal. Abre en el cielo
su ágata luminosa, y es un velo
en que el azul del lago desfallece.

En ámbares cloróticos decrece


la luz del sol, y ya en el terciopelo
ele la penumbra, como flor de hielo,
una pálida estrella se estremece.

Mientras las aves lentamente giran,


la sombra avanza que los oros merma,
y entre la cual las púrpuras expiran.

Yo dejo que mi espíritu se aduerma,


y me pongo a soñar en que me miran
tus ojos tristes de esmeralda enferma.

135
V

El viento arruga y mueve pesadamente el lago


que se levanta en olas de oscura reflllgenda.
El horizonte extiende su azul brumoso y vago,
lo mismo que las aguas sus gris opalescencia. .

Hay una nube inmóvil, con el perfil de un mago


medieval, en la cumbre de la montaña. Herencia
de la noche lluviosa, cual iracundo amago,
la nube mancha un cielo de suave transparencia.

Una mañana fría de opaco claroscuro.


El sol que las montañas pálidamente dora,
deja en el aire un tinte blanco, glacial y duro;

y un árbol viejo, en medio de la calma infinita,


al borde de la margen, sobre el agua sonora,
parece un triste anciano que en su dolor medita.

VI

MEDIODÍA

El agua está cual nunca de linda y de coqueta;


no hay rayo que no juegue, no hay ola que no salte;
de lejos, tiene rubios perfiles su silueta,
y azul es en la playa, con limpidez de esmalte.

Vestida está de fiesta: no hay joya que le falte;


las barcas, a su paso, le dejan una inquieta

136
cinta de plata virgen, para que asi resalt~
la luz en el radioso brocado de violeta.

Cerca, en el promontorio de musgos y basaltos,


un gran plumón de nubes se tiende y busca -asilo:
al fondo, van las cumbres, en los celajes altos,

rompiei1do el horizonte con sii corfanté filo~


y en el confín, que esplende, se funden los cobaltos
del cielo y las montañas, en un zafir tranquilo.

VII

EL BAÑO DEL CENTAURO

Chasquea el agua y salta el cristal hecho astillas,


y él se hunde; y sólo flotan, del potro encabritado
la escultural cabeza de crines amarillas
y el torso del jinete, moreno y musculado.

Remuévense las ondas mordiendo las orillas,


con estremecimiento convulso y agitado,
y el animal y el hombre comienzan un airado
combate, en actitudes heroicas y sencillas.

Una risueña ninfa de carne roja y dura,


cabello lacio y rostro primitivo, se baña;
las aguas, como un cíngulo, le ciñen la cintura;

y ella ve sin pudores . . . y le palpita el seno


con el afán de darse, voluptuosa y huraña,
a las rudas caricias del centauro moreno.

137
VIII

EL BUEY

Uncido a la carreta, va el buey grave y austero;


y su ojo reproduce no el campo verde, como
lo vio Carducci, sino la inmensidad de plomo
del lago que finge una gran lámina de acero.

La arena de la playa le sirve de sendero, _


y el sol, que está en lo alto del infinito domo,
unta sus resplandores en el sedeño lomo
y clava su aureola sobre el testuz sey;ero.

El animal camina con majestad estoica,


y ante la fuerza plástica de su figura heroica,
despiértase un recuerdo clásicamente ambiguo;

que, a las evocaciones, es el buey melancólico,


en la hoja de papiros hexámetro bucólico,
y en el frontón del templo bajorrelieve antiguo.

IX

SEGUNDO INTERMEDIO ROMÁNTICO

A una ondri

Arrulla con tus líricas canciones,


onda terca que vienes de tan lejos
enjoyada de luces y reflejos,
arrulla mis postreras ilusiones.

138
La juventud se va; se van sus dones;
del placer quedan los amargos dejos,
de la pasión los desencantos viejos,
y del dolor las tristes emociones.

Queda la vida, que el instinto afianza,


queda el recuerdo del amor perdido,
y queda el ideal que no se alcanza.

Tú, que cantando sueños has venido,


onda lírica, dame la esperanza,
y si no puede ser ... dame el olvido.

PAISAJE SIN FIGURAS

El saúz es audaz; dejó la orilla


y avanzó en la corriente que ohispea
y en derredor del tronco cabrillea
bajo la luz del sol que tiembla y brilla.

Ligeramente impura y amarilla,


en el borde arenoso el agua ondea,
y en la remota extremidad clarea
con blancura de nieve sin mancilla.

El árbol, que se empapa en luces blondas,


deja caer, sensual y perezoso,
la móvil cabellera de sus frondas,

y en el augusto y plácido reposo,


sobre el trémulo raso de las ondas
vuelca su verde limpio y luminoso.

139
XI

LA HORA MÍSTICA

Se enciende el oleaje, como a la luz se enciende


la leche de los ópalos, en fuegos repentinos;
y la onda turbia lumbres metálicas desprende
si en su volar la rozan los pájaros marinos.

El sol, en desmayadas claridades desciende,


y empapa el horizonte de tonos ambarinos,
rompe con lanzas de oro los cúmulos, y prende
rubíes, de las velas en los flotantes linos.
I ~
Es la hora letárgica de la melancolía;
todo está mudo y triste. Ya va a apagarse el día;
dilúyese en la sombra cuanto en la tierra alumbra.

Sólo en la humilde iglesia, refugio de oraciones,


lucen, como dos puntos rojizos y temblones,
las llamas de dos cirios que pican la penumbra.

XII

NOCHE CLARA

Blanco de ensueño; blanco de los polares días,


blanco que fosforece, que las linfas estaña;
blanco en que se deshace la sombra en una extraña
niebla azul y profunda que borra lejanías.

La ondulación es lenta, rayada con estrías


de luz -maravillosa e inmensa telaraña,

140
cuyo tejido frágil se rompe cuando baña
al remo, la corriente de mudas ondas frías .

Entonces ¡qué prodigio! ya el remo que se mueve


sobre el lago salpica gotas de plata y nieve,
que marcan de los botes los caprichosos giros,

hasta que al fin se pierden con su movible estela


en la remota bruma -la azul y blanca tela
que es polvo de diamantes en humo de zafiros.

XIII

PUESTA DE SOL

Y fueron en la tarde las claras agonías:


el sol, un gran escudo de bronce repujado,
hundiéndose en los frisos del colosal nublado,
dio formas y relieves a raras fantasías.

Mas de improviso, el orto lanz6 de sus umbrías


fuertes y cenicientas masas, un haz dorado;
y el cielo, en un instante vivo y diafanizado,
se abri6 en un prodigioso flor6n de pedrerías.

Los lilas del ocaso se tornan oro mate;


pero aún conserva el agua su policroma veste:
sutiles gasas cremas en brocatel granate.

Hay una gran ternura rec6ndita y agreste;


y el lago, estremecido como una entraña, late
bajo la azul caricia del esplendor celeste.

141
XIV

TERCER INTERMEDIO ROMÁNTICO

Vidas inútiles

Salpicadas de aljófares las sensuales corolas,


se abren, urnas de seda, bajo el claror del día;
son lirios y nenúfares, son lotos y amapolas
que a flor de agua, en la margen, van sobre la onda
[fría.

Es un jardín flotante ... ¡Ah! yo me inclinaría,


yo hundiera mis dos manos en las crujientes olas,
para cortar un cáliz ... Pero es que vivo a solas,
no hay alma que me espere ni a quien le nombre mía.

Loto que yo arrancara, porque lleno de unciones,


durmiera entre las hojas de un libro de oraciones,
púdrete a flor de agua . . . ¡Qué igual es nuestra
[suerte!

Yo floto en mi tristeza, que es honda y que no brilla,


en tanto que los vientos me arrancan de la orilla
con rumbo a las oscuras riberas de la muerte.

XV

LUCES Y CARNES

Rayos de sol en plenitud esmaltan


el gris del lago, en claridades blondas,
y son insectos de cristal que saltan
sobre la turbia seda de las ondas.

142
En las vecinas márgenes exaltan
el verdor enferrnizo de las frondas,
y de la sierra en el confín, cobaltan
las lejanías. Junto a las redondas

redes, que están al sol, desnudos juegan


y a sus retozos cándidos se entregan,
dos niños eri la arena de la orilla,

y la luz, de doradas palideces,


en aquellas oscuras desnudeces,
con maternales complacencias, brilla.

XVI

EI. TRIUNFO DEL AZUL

El rosicler ardiente de la mañana, pinta


el lago de nna pálida sangre de rosas. Quietas
está las aguas, donde corno una frágil cinta
la luz ondula y abre sus caprichosas grietas

de plata. ·y, a lo lejos, en carmesí se entinta


el cielo en que las cumbres recortan sus siluetas;
las púrpuras se funden en vahos violetas
y queda al fin del rojo, la claridad extinta.

Triunfa el azul en gloria; triunfa el azul tramado


de argentes y de oros, corno imperial brocado;
es el azul profundo que baña de luz pura

el promontorio rígido y el lago que se enarca;


y sólo, en lo distante, la vela de una barca
pone su dulce nota de virginal bla,ncura.

143
XVII

VOCES EN LA SOMBRA

En el silencio triste de la noche que empieza,


se oye una voz que viene de lejos, de una manoha
distinta en las penumbras solemnes, de una lancha
que sobre el horizonte su mástil endereza.

Bronca es la voz, de un timbre de salvaje fiereza;


mas al cruzar del lago por la sonora plancha,
yo no sé en qué misterios musicales, ensancha
la canción, su doliente y adorable tristeza.

Solloza humanos duelos la popular y ruda


canción, y los desgrana sobre la noche muda ...
son del dolor perenne, los viejos estribillos.

Un alma primitiva cantando está un tormento;


y es una voz que lleva por acompañamiento
el diálogo estridente de los insomnes grillos.

XVIII

ENVÍOS

A ti, viejo poeta, con quien crucé yo un día,


gozoso e impaciente, los lagos del ensueño;
tú eras robusto y grande, yo débil y pequeño,
mas tu barca de oro dio asilo a mi alegría.

Tu juventud ilusa fue hermana de la mía;


tu empeño, noble y alto, fue amigo de mi empeño;

144
hoy que es fronda de otoño nuestro brote abrileño,
tu pena es camarada de mi melancolía.

A ti va mi poema, vivido frente a frente


del agua y de los cielos, en una hora clemente
pasada en el regazo de la naturaleza.

Va a despertar, si puede, dormidas añoranzas;


a reencender, si sabe, rescoldos ele esperanzas,
y a divertir con sueños tu plácida tristeza.

Diciembre 1906 - Revista Moderna, enero, 1907 - Puestas


de sol, 1910 2

14 5
VIEJA LAGRIMA

(VOCES DE LA SOMBRA INTERIOR]

Como en e1 fondo de 1a vieja gruta,


perdida en el riñón de la montaña,
desde hace siglos, silenciosamente,
cae una gota de agua,
aquí, en mi corazón oscuro y solo
y en lo más escondido de la entraña,
oigo caer, desde hace mucho tiempo
lentamente, una lágrima.

¿Por qué resquicio oculto se me filtra?


¿De cuáles fuentes misteriosas mana?
¿De qué raudal fecundo se desprende?
¿Qué remoto venero me la manda?
¡Quién sabe! ... Cuando niño, fue mi lloro
rocío celestial de la mañana;
cuando joven, fue nube de tormenta,
tempestad de pasión, lluvia de ansias.
Más tarde, en un anochecer de invierno,
mi llanto fue nevasca ...
Hoy no lloro ... Ya está seca mi vida
y serena mi alma.
Sin embargo ... ¿Por qué siento que cae
así, lágrima a lágrima,

146
tal fuente inagotable de ternura,
tal vena de dolor que no se acaba?
¡Quién sabe ... ! Y no soy yo: son los que fueron;
mis genitores tristes; es mi raza;
los espíritus apesadumbrados,
las carnes flageladas;
milenarios anhelos imposibles,
místicas esperanzas,
melancolías bruscas y salvajes,
cóleras impotentes y selváticas.
Al engendrarme el sufrimiento humano,
en mí dejó sus marcas
sus desesperaciones, sus angustias,
sus gritos, sus blasfemias, sus plegarias.

Es mi herencia, mi herencia la que llora


en el fondo del ánima;
mi corazón recoge, como un cáliz,
el dolor ancestral, lágrima a lágrima.
Así lo entregará, cuando en su día,
del seno pudoroso de la amada,
corporizados besos, otros seres,
transformaciones de mi vida, salgan.

Estoy frente a mi mesa de trabajo.


La tarde es linda. Alumbra el sol mi estancia.
Afuera, en el jardín, oigo las voces
de los niños, que ríen y que cantan,
y pienso: acaso ¡pobres criaturas!
sin daros cuenta, en medio a la algazara,
ya en vuestro alegre corazón se filtra,
silenciosa y tenaz, la vieja lágrima! ...

Octubré 1909 - Lámparas en agonfa, 1914

147
LA BALADA DE LA VUELTA
DEL JUGLAR

A Rubén M. Campos a

-Dolor: ¡qué callado vienes!


¿Serás el mismo que un día
se fue y me dejó en rehenes
un joyel de poesía?
¿Por qué la queja retienes?
¿Por qué tu melancolía
no trae ornadas las sienes
de rosas de Alejandría?
¿Qué te pasa? ¿Ya no tienes
romances de yoglería.
Trovas de amor y desdenes,
cuentos de milagrería?
Dolor tan callado vienes
que ya no te conocía ...

Y él, nada dijo. Callado,


con el jubón empolvado
y con gesto fosco y duro,
vino a sentarse a mi lado,
en el rincón más oscuro,
frente al fogón apagado.

148
Y tras lento meditar,
como en éxtasis de olvidó,
en aquel mudo penar
nos pusimos a llorar

·· con -un llanto sin ruido . . .


Afuera, sonaba el mar .. .

Noviembre, 1913 - Lámparas en agonía, 1914

l49
LA ELEGíA DEL RETORNO

A Francisco A. de lcaza

Volveré a la ciudad que yo más quiero


después de tanta desventura; pero
ya seré en mi ciudad un extranjero.

A la ciudad azul y cristalina


volveré; pero ya la golondrina
no encontrará su nido en la rüina.

Volveré tras un año y otro año


de miseria y dolor. Como un extraño
han de verme pasar, solo y huraño.

Volveré por la noche. En la penumbra


miraré la ciudad que arde y deslumbra
como nube de chispas que se encumbra.

Buscaré un pobre lecho en la posada,


y mojaré de llanto la almohada
y me alzaré de prisa a la alborada.

Veré, a las luces de la aurora, inciertas,


las calles blancas, rígidas, desiertas,
los muros grises, las claustrales puertas.

150
Mis pasos sonarán en las baldosas
con graves resonancias misteriosas
y dulcemente me hablarán las cosas.

Desde e1 pretil del muro desconchado


los buenos días me dará el granado
y agregará: -¡Por Dios, cómo has cambiado!

Y la ventana de burgués aliño


dirá: -¡Aquí te esperaba un fiel cariño!-
y el templo: -¡Aquí rezaste cuando niño!

Dirá la casa: -¡Verme te consuela!


-¿Nunca piensas en mí? -dirá la escuela-
y -¡Qué travieso fuiste! -la plazuela.

Y en esa soledad, que reverencio,


en la muda tragedia que presencio,
dialogaré con todo en el silencio.

Caminaré; caminaré ... Y, serenas,


mis pasos seguirán, mansas y buenas,
como perros solícitos, las penas.

Y tornaré otra vez a la posada,


y esperaré la tarde sonrosada,
y saldré a acariciar con la mirada

la ciudad que yo amé desde pequeño,


la de oro claro, la de azul sedeño,
la de horizonte que parece ensueño.

151
(¡Cómo en mi amargo exilio me importuna
la visión de mi valle, envuelto en luna,
el brillo de cristal de mi laguna,

el arrabal polvoso y solitario,


la fuente antigua, el tosco campanario,
la roja iglesia, el bosque milenario!

¡Cómo han sido mi angustia y mi desvelo,


el panorama de zafir, el hielo
de los volcanes decorando el cielo!)

Veré las avenidas relucientes,


los parques melancólicos, las gentes
que ante mí pasarán indiferentes.

O tal vez sorprendido, alguien se asombre;


y alguien se esfuerce en recordar mi nombre;
y alguien murmure: ¡Yo conozco a ese hombre!

Iré como un sonámbulo; abstraído


en la contemplación de lo que he sido,
desde la sima en que me hundió el olvido.

Iré sereno, resignado y fuerte,


mirando cómo transformó mi suerte
la ingratitud, más dura que la muerte.

Y en el jardín del beso y de la cita,


me sentaré en mi banca favorita,
por ver el cielo y descansar mi cuita.

Entre la sombra, me dirán las flores:


-¿Por qué no te acompañan tus amores?
Tí1 eras feliz; resígnate; no llores.

152
Y en el jardín que la penumbra viste,
podré soñar en lo que ya no existe,
y el coraz6n se sentirá más triste.

Evocará los seres y las cosas~


y cantarán, con voces milagrosas,
las almas pensativas de las rosas.

Mas ni un mirar piadoso; ni un humano


acento, ni una amiga, ni un hermano,
ni una trémula mano entre mi mano.

Entonces, pensaré con alegría


en que me ha de cubrir, pesada y fría,
tierra sin flores, pero tierra mía.

Y tornaré de noohe a la posada,


y, al pedir blando sueño a la almohada,
sintiendo irá la vida fatigada
dolor, tristeza, paz, olvido, nada ...

El glosario de la vida vulgar, 1916

153
1 (p. 111) selva oscura: las cursivas son del propio Urbina
para subrayar la cita del célebre comienzo de La Divina
Commedia (lnferno, Canto Primo): "Nel mezzo del cammin
di nostra vita / mi ritrovai per una selva oscura / ché la
diritta via era smarrita."
2
(p. 121) "El poema del lago" fue escrito durante una
gi.ra de trabajo cuando Urbina era secretario particular de
Sierra, entonces ministro de Instrucción Pública y Bellas
Artes. Un antecedente en prosa puede verse en "Frente al
Cha pala" (El Mundo Ilustrado, junio 18, 190 5) crónica de
"La Semana" recogida en Cuentos vividos y crónicas sona-
das (1915).
3 (p. 124) Rubén M. Campos (1876-1945) es una de las
figuras menores más interesantes de la Revista Moderna.
Escribió versos parnasianos en La flauta de Pan ( 1900) y
una novela sicológica un tanto a la manera de Paul Bourget:
Claudia Oronoz ( 1906). La mejor obra de Campos es su
extraordinaria recopilación El folklore literario de México
( 1928) que incluye muchas anécdotas y epigramas de los
modernistas. Este libro provocó una polémica con el joven
Salvador Novo quien destituyó literalmente no sólo a Cam·
pos sino a toda la que llamó "generación anecdótica". Los
textos pueden leerse en El Universal Ilustrado ( 1928). Cam·
pos publicó también un ensayo precursor sobre La producción
literaria de los aztecas ( 1936).

154
TOMO II
AMADO NERVO

[Tepic, hoy Nayarit, entonces Séptimo Cantón de


Jalisco: agosto 27, 1870 - Montevideo, Uruguay,
mayo 24, 1919]

Amado Nervo tenía trece años cuando al morir sn


padre fue enviado como interno al colegio de San
Luis Gonzaga en J acona, Michoacán, donde apren-
dió latín, francés e inglés. Una decepción amorosa
lo llevó al seminario de Zamora ( 1888). Pero la
familia -su madre y cuatro hermanos menores-
había quedado sin recursos y Nervo abandonó los
estudios eclesiásticos para trabajar como cronista
de sociales en El Correo de la Tarde (Mazatlán).
Estimulado por su admiración hacia Gutiérrez Ná-
jera, en 1894 pasó a México y se unió al grupo de la
Revista Azul. La novela corta El bachiller ( 1895)
provocó cierto escándalo y le abrió las puertas de la
gran prensa. Ya desde sus primeros años en la capi-
tal leía con asiduidad a los "decadentes". Redactor
de El Universal, El Nacional y El Mundo, publicó
notables crónicas en .que hay poemas en prosa y
agudas observaci.o nes sobre la sociedad porfiriana: ·
En· 1900 fue enviado a Francia para que reseña~e
la Exposición de París. Cancelada la corresponsalía
de El Imparcial, se estableció en Montmartre con
Rubén Darío, le escribió muchos -artículos cuando

157
Daría estaba enfermo o alcoholizado, e hizo traduc-
ciones anónimas para la casa Garnier. Por entonces
conoció a Ana Cecilia Luisa Dailliez que iba a ser
la figura central de su existencia.
Regresó a México en 1904 para dirigir con Jesús
. E. Valenzuela la Revista Moderna. Los libros de
poesía alternaron con los narrativos. Nervo tuvo un
gran don para contar y una prosa de simplicidad
y fluidez ejemplares si se la compara con la escri-
tura de los novelistas que fueron sus contemporá-
neos, por ejemplo Federico Gamboa. "La última
guerra" (en Almas que pasan, 1906) inicia la corrien-
te fantástica en la literatura mexicana y al narrar
la rebelión de los animales en 5532 se convierte en
el primer cuento de Science fiction escrito en Méxi-
co, anticipa el tema de Animal Farm y Le planet
des singes.
Nombrado secretario de la legación en Madrid
(1905), allí pasó trece años en labores oficiales (en-
tre ellas varios tomos de informes sobre la lengua
y la literatura) sin desmedro de su poesía ni su in-
cesante producción periodística para La Nación (Bue-
nos Aires) y El Fígaro (La Habana), y a un se dio
tiempo para preparar antologías didácticas -Lec-
turas mexicanas, Lecturas literarias- y su único
trabajo crítico extenso: Juana de Asbaje (1910),
principio del interés moderno en Sor Juana.
Sus aficiones -guiadas por Henri Bergson H. G.
\Vells, Maurice Maeterlinck- sin aspirar a la cohe-
rencia abarcaron las materias científicas, la teosofía,
el espiritismo y sobre todo el budismo. Con la muerte
de Ana Cecilia (1912), Nervo entró en una profunda
crisis, agravada por su incertidumbre hacia la re-
volución .

158
Al ser suprimido - en 1914 el serv1c10 exterior,
Nervo queda en la miseria y declina una pensión
de las Cortes españolas. Recupera su puesto al triun-
fo de Carranza sobre Villa y Zapata. En 1918 es
ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay,
y recibe grandes homenajes. Pálido, ya sin barba ni
pelo -la imagen suya que ha de sobrevivir para
nosotros- Nervo está enfermo de endoenteritis, o
catarro intestinal, y de nefritis crónica. Muere en
Montevideo. Uruguay decreta duelo nacional y el
cadáver es conducido a México entre honras fúne-
bres a las que se unen todos los países de Hispano-
américa.
Nervo fue un poeta excepcionalmente afortuna-
do. Murió en el instante en que alcanzaba la apo-
teosis del reconocimiento, cuando -muerto Darío-
los críticos lo proclamaban "el más grande de los
modernistas mexicanos", "el mayor poeta de Amé-
rica" e incluso "el que cuenta con la obra lírica más
considerable de la poesía castellana actual". Ningún
autor que llega a ser popular puede seguir contando
con la aprobación de la crítica: a medida que Nervo
penetró en los más amplios núcleos de lectores fue
perdiendo el respeto de nuestra intelligentsia para
quien, durante muoho tiempo, fue motivo de asom-
bro que los extranjeros tomaran en serio a Amado
Nervo -como los norteamericanos no se explican el
prestigio de Edgar Allan Poe o los franceses la in-
fluencia exterior de Cuy de Maupassant y de Jules
Laforgue.
La reputación de Nervo llegó a su punto más bajo
hacia 1950. Ahora el libro de Manuel Durán y la
magnitud del homenaje en el cincuentenario de su
muerte parecen demostrar que Nervo salió del "pur-

159
gatorioH por donde atraviesa todo autor que fue cé-
lebre y és tiempo de darle -o devolverle- critica-
mente el sitio que merece en nuestras letras.
Amado Nervo es el poeta central del modernis-
mo . mexicano, el ,punto intermedio entre . el afán
renovador de -Manuel Gutiért:ez Nájera y l~ plenitud
de Ramón López Velarde. Si excluimos los poemas
románticos (término empleado durante el moder-
nism:0 para condenar los titubeos formales y la exal-
tacíón sentímental) de Mañana del poeta y Perlas
negras, entre Místicas ( 1898) y Los jardines interio-
r.es ( 1905) se encuentra el mejor Nervo, que en su
etapa "artística" aparece obsesionado con el ritual
católico, el asco de la vida y el temor de la muerte,
decidido a hallar ritmos que se aparten de las nor-
mas académicas y expresen la nueva sensibilidad
del fin de siglo y su propio conflicto entre el ero-
tismo y la fe religiosa: "mi afán entre dos aguijones:
alma y carne".
Ya desde entonces, Nervo siente la nostalgia del
monasterio. Se propone "ser dócil, ser cristalino"
y, bajo la invocación de San Francisco, "La Hermana
Agua" es una alabanza de la vida en la tierra, un
texto que extrañamente parece unir la religiosi-
dad con las creencias positivistas. Ingenuidades,
aciertos, precisiones, caídas, coexisten y mutuamen-
te se apoyan, se desvanecen y subrayan. Nervo era
capaz de convertirlo todo en poesía. Quiso escribir
el mundo, volver lenguaje toda su experiencia del
mundo. En él no hay lucha con el idioma. Las
palabras acuden mansamente y de prisa. No escribe
con un vocabulario sino con todo el lenguaje.
El modernismo adquiere en algunos momentos
de Nervo un tono patriótico ("La raza muerta",

160
una, lameritaCión por fas , _víctim\l.s , del · porfiriato •
y .una advertencia al régimen, "La raza de l;ir9nc;e".
"Canto a ·Morelos", "Los niños mártires") y folkló-
rico ("Guadalupe la china ca'') que se adelanta al
Chocano de Alma América, al Daría de Canto a la
Argentina y al Lugones de Odas seculares, e inicia
un proceso de nacionalización del cosn10po1itismo.
Basta comparar esta buena-mala-poesía de Nervo
con poemas del mismo tipo publicados durante el
siglo xrx para ver cuál fue la significación estilística
del movimiento modernista.
Bajo el embate de la "vieja lágrima", 1a tristeza
del indio, y el "tono menor" que nos señaló Riva
Palacio, el carnaval del modernismo se desmantela
en México apenas Darío ha publicado Cantos de
vida y esperanza. Antes que González Martínez es-
criba "Tuércele el cuello al cisne", Nervo renuncia
a la orquestación wagneriana, el vestuario y la uti-
lería. La muerte de su madre ( 1906) precipita la
crisis. Nervo comienza a afantasmarse. Intenta escri-
bir "sin retórica, sin técnica, sin procedimiento, sin
literatura", y no sostener "más que una escuela, la
de mi honda y perenne sinceridad".
Al simplificarse, su obra se hace más popu1ar, se
convierte en obligada recitación, se imprime en el
revés de los almanaques. Pero sus palabras caen
ahora blandas e invertebradas. La sencillez se vuelve
pobreza, la pobreza silenc:io. Silencio porque mien-
tras Nervo se sutiliza, la tensión de sus versos se
relaja y ya no hay "un solo verso brilante ni una
idea nueva". Reacciona contra la bufonería, el doble
redoble de la rima, el cascabel del consonante, los
malabarismos de estructura, la afectación. En un
proceso tolstoiano trata de llegar a la nitidez, a la

161
literatura invisible. Busca la inmovilidad, el lugar
en que confluyen las palabras de Buda, la filosofía
<le los estoicos y el nihilismo del Eclesiastés. Quiere
fundirse en la naturaleza para ahogar su mal, no
anhelar nada y soportarlo todo, hallar su fuerza en
la pasividad y hacerla activa, "forjar un cielo para
contemplar un mundo".
Ana Cecilia muere en enero de 1912: LA amada in-
móvil constituye un intermed:o de angustia que lo
afirma en su búsqueda de la serenidad. Aquí no hay
distancia entre el hombre que sufre y la mente que
crea. Su imposibilidad de hallar consuelo es tan sin-
cera que uno se siente incómodo al juzgar como obra
literaria estos poemas. (Nervo, en efecto, no quiso
publicarlos y aparecieron póstumamente.)
En Elevación -para Alfred Coester "el libro más
grande que produjo el modernismo"-, Nervo es el
antimodernista que se de.eita en el lugar común.
Todo está dicho: hay que repetirlo todo. Se vue ve
un Campoamor que no fuera escéptico sino fervo-
roso creyente. Ahora la pugna es entre la fe cató-
lica de sus primeros años, el pensamiento mágico,
la visión científica, el budismo, el espiritismo, la
teosofía.
Nervo es cursi; sin embargo, hasta en sus peores
momentos es también íntimo, persuasivo. Una ele-
gancia espiritual recóndita lo salva de la absoluta
ramplonería. Pero disipa el esfuerzo en cientos de
poemas en vez de concentrar:o en unas cuantas pá-
ginas y realizar su aspiración: "el libro breve y pre-
cioso, que la vida no me dejó escribir, el libro breve
y único". Nervo temía las obras "odiosamente com-
pletas": el mejor modo de leerlo es rescatar su poe-
sía de ese túmulo sepulcral.

162
López Velarde, que tanto aprendió de él [véase:
Alfonso Méndez Plancarte, "Nervo en López Ve-
larde", El Universal, marzo 7 y 14, 1949], se confe-
saba "reacio a sus prosas y versos catequistas", pero
añadía : "él es nuestro as de ases ... el poeta máxi-
mo nuestro". Hoy ni siquiera al amparo del mere-
cido desagravio a Nervo puede afirmarse que es el
mejor, pero sí el más amplio y rico de nuestros poe-
tas modernistas. Tiene los defectos abismales -hiper-
fecundidad, sentimentalismo, ausencia de autocríti-
ca- sin los que no podrían existir sus cual;dades:
originalidad, riesgo, gran poder creador. La maestría
que en Díaz Mirón es freno y escasez en Nervo
es rienda suelta y abundancia. Para su bien y para su
ma1, Amado Nervo no aplicó a la poesía las normas
que trataba de imponer a la vida cuando dijo:

el pecado del río es su corriente:


la quietud, alma mía,
es la sabiduría
de la fuente.

163
BIBLIOGRAF1A

LIBROS DE POESÍA: Perlas negras ( 1898). Místicas


(1898), Poemas (París, 1901), La Hermana Agua
(Madrid, sin fecha ¿1901?), El éxodo y las flores
del camino [verso y prosa] ( 1902), Lira heroica
( 1902), Las voces: poemas panteístas (junto con
Perlas negras y Místicas, París, 1904), Los jardines
interiores ( 190 5), En voz baja (París, 1909), Sere-
nidad (Madrid, 1914) , Elevación (Madrid, 1917),
El estanque de los lotos (Bu en os Aires, 1919), El
arquero divino (Madrid, 1920), La amada inmóvil
(Madrid, 19 2 O), Mañana del poeta ( 19 38), La últi-
ma luna ( 1943).

Co:MPILACIONES: Las mejores Obras completas son las


publicadas en Madrid ( 1962). Edición, estudios y
notas de Francisco González Guerrero (prosa) y
Alfonso Méndez Plancarte (verso).

LECTURAS: Manuel Durán: Genio y figura de Amado


N ervo (Buenos Aires, 1968). Bernardo Ortiz de
Montellano: Figura, amor y muerte de Amado Ner-
vo ( 1944), y la reseña de José Luis Martínez a este
libro: "Situación de Amado Nervo", en Literatura
mexicana siglo xx ( 1949). Alfonso Reyes: Tránsito
de Amado Nervo (1937).

164
"OREMUS"

Para Bernardo Couto Castillo

Oremos por las nuevas generaciones,


abrumadas de tedios y decepciones;
con ellas en la noche nos hundiremos.
Oremos por los seres desventurados,
de mortal impotencia contaminados ...
¡Oremos!

Oremos por la turba que a crüel prueba


sometida, se abate sobre la gleba;
galeote que agita siempre los remos
en el mar de la vida revuelto y hondo,
danaide que sustenta tonel sin fondo ...
¡Oremos!

Oremos por los místicos, por los neuróticos,


nostálgicos de sombra, de templos góticos
y de cristos llagados, que con supremos
desconsuelos recorren su ruta fiera,
levantando sus cruces como bandera.
¡Oremos!

Oremos por los que odian los ideales,


por los que van cegando los manantiales
de amor y de esperanza de que bebemos,

165
y derrocan al Cristo con saña impía,
y después lloran, viendo l'ara vacía .. .
¡Oremos!

Oremos por los sabios, por el enjambre


de artistas exquisitos que mueren de hambre.
¡Ay!, el pan del espíritu les debernos,
aprendimos por ellos a alzar las frentes,
y helos pobres, escuálidos, tristes, dolientes ...
¡Oremos!

Oremos por las cé:ulas de donde brotan


ideas-resplandores, y que se agotan
prodigando su savia: no las burlemos.
¿Qué fuera de nosotros sin su energía?
¡Oremos por el siglo, por su agonía,
del Suicidio en las negras fauces!
¡Oremos!

1896 - Místicas, 1898

166
A FELIPE II

Para Rafael Delgado

Ignoro qué corriente de ascetismo,


qué rela;::ión, qué afinidad oscura
enlazó tu tristeza y mi tristura
y adunó tu idealismo y mi idealismo;

mas sé por intuición que un astro mismo


surgió de nuestra noche en la pavura,
y que en mí como en ti riñe la altura
un combate mortal con el abismo.

¡Oh, rey, eres mi rey! Hosco y sañudo


también soy; en un mar de arcano duelo
mi luminoso espíritu se pierde,

y escondo como tú, soberbio y mudo,


bajo el negro jubón de terciopelo,
el cáncer imphcable que me muerde.

1896 - Místicas, 1898

167
ELMUECtN

Cual nidada de palomas, se acurruca, se repliega


en los flancos verdinegros de la plácida colina
el islámico poblado; más allá luce la vega
sus matices que semejan los de alfombra damasina.

Como egipcia columnata donde el aura veraniega


finge trémolos medrosos, el palmar en la vecina
hondonada se prolonga. Todo es paz; la noche llega
con la frente diademada por la estrella vespertina .

Es la hora del misterio; ya la sierva nazarita


unge el cuerpo de su dueña con suavísimas unciones;
el fakir, enjuto y grave, bajo un pórtico medita.

De improviso, con sonoras y do 1 ientes inflexiones,


desde el alto minarete de la cóncava mezquita,
un muecín de barba nívea deja oír sus oraciones.

1896 - Poemas, 1901

168
ANDROGIN0 1

[LUBRICIDADES TRISTES]

Por ti, por ti clamaba, cuando surgiste,


infernal arquetipo, del hondo Erebo,
con tus neutros encantos, tu faz de efebo,
tus senos pectorales, y a mí viniste.

Sombra y luz, yema y polen a un tiempo fuiste,


despertando en las almas el crimen nuevo,
ya con virilidades de dios mancebo,
ya con mustios halagos de mujer triste.

Yo te amé porque, a trueque de ingenuas gracias,


tenías las supremas aristocracias:
sangre azul, alma huraña, vientre infecundo;

porque sabías mucho y amabas poco,


y eras síntesis rara de un siglo loco
y floración malsana de un viejo mundo.

1897 - Poemas, 1901

169
EL VIOLONCELLO

El violoncello sufre más que el violín; la viola


lo sabe y no lo dice cuando se lo pregunto:
se lo veda la divagación del contrapunto
que su motivo a sabia complejidad inmo·a.

El violoncello dijo su leitmotiv, y sola


predominó en la orquesta su angustia; mas al punto
los cobres la envolvieron en escándalo, y junto
a sus discretas quejas abrieron la corola.

El violonrero sufre más que el pausado trío


cordal que g'osa su alma (¿verdad, Rubén Darío?)
y será salvo a causa de sus penas divinas;

mas seguirá llorando su aspiración ii;nota,


mientras que en el pentágrama de Dios no haya una
[nota
que por él morir quiera coronada de espinas.

Poemas, 1901

170
LA HERMANA AGUA

l.Audato si, mi Signore, per sor acqua ...


San Francisco dt: Asís

A QUIEN VA A LEER

Un hilo de agua que cae de una llave imperfecta;


un hilo de agua, manso y diáfano, que gorjea toda
la noche y todas las noches cerca de mi alcoba; que
canta a mi so.edad y en ella me acompaña; un hilo
de agua: ¡qué cosa tan sencilla! Y, sin embargo, esas
gotas incesantes y sonoras me han enseñado más
que los libros.
El alma del Agua me ha hablado, en la sombra
-el alma santa del Agua- y yo la he oído, con re-
cogimiento y con amor. Lo que me ha dicho está
escrito en páginas que pueden compendiarse así: ser
dócil, ser cristalino; ésta es la ley y los profetas; y
ta es páginas han formado un poema.
Yo sé que quien lo lea sentirá el suave placer
que yo he sentido al escucharlo de los labios de Sor
Acqua; y éste será mi galardón en la prueba, hasta
que mis huesos se regocijen en la gracia de Dios.

EL AGUA QUE CORRE BAJO LA TIERRA

Yo canto al cielo porque mis linfas ignoradas


hacen que fructifiquen las savias; las llanadas,

171
los sotos y las lomas por mí tienen frescura.
Nadie me mira, nadie; inas mi corriente oscura
se regocija luego que viene primavera,
porque si dentro hay sombras, hay muchos tallos
[fuera.

Los gérmenes conocen mi beso cuando anidan


bajo la tierra, y luego que son flores me olvidan.
Lejos de sus raíces las corolas felices
no se acuerdan del agua que regó sus raíces .. .
¡Qué importa! Yo alabanzas digo a Dios con .voz
[suave~
La flor no sabe nada, ¡pero. e~ Señor sí sabe!
Y canto a Dios corriendo por mi ignoto sendero,
dichosa de antemano; porque seré venero
ante la vara mágica ele Moisés; porque un día
vendrán las caravanas hacia la linfa mía;
porque mis aguas clu'. ces, mientras que la sed matan,
el rostro beatífico del sediento retratan
sobre el fondo del cielo que en los cristales yerra;
porque mis aguas dulces, mientras que la sed matan,
y así el creyente triste, que en él su dicha fragua,
bebe, al beberme, el cielo que palpita en mi agua,
y como en ese cielo brillan estreilas bellas,
el hombre que me bebe comulga con estrellas.

Yo alabo al Señor bueno porque, con la infinita


pedrería que encuentro de fuegos policromos,
forjo en las misteriosas grutas la estalactita,
pórtico del alcázar de ensueño de los gnomos;
porque en oculto seno de la caverna umbría
doy de beber al monstruo que tiene miedo al día.
¡Qué importa que mi vida bajo la tierra acabe!
Los hombres no lo saben, pero Dios sí lo sabe.

172
Así me dijo_. e1 Agua ql1e discurre, por los - ~ . ·
antros, y yo·: -¡Agua hermana, bendigamos a Dio~!

EL AGUA QUE CORRE SOBRE LA TIERRA

Yo alabo a1 cie1o porque me brindó en sus amores


para mi fondo gemas, para mi margen flores;
porque cuando la roca me muerde y me maltrata
hay en mi sangre (espuma) filigrana de plata;
porque cuando a1 abismo ruedo en ún ca tac·ismo,
adorno de arco-iris triunfales el abismo, ·
y el rocío que salta de mis espumas blancas
riega las florecitas que esmaltan 1as barrancas;
porque a través del cauce llevando mi caudal, .
soy un camino que anda, como dijo Pascal;
porqrn~ en mi gran Uanura donde la brisa vuela
deslízanse los élitros nevados de la vela;
porque en mi azul espalda que la quilla acuchilla,
mezo, aduermo y soporto 1a audacia de la qui11a,
mientras que no conturba mis ondas el Dios fuerte,
a fin de que originen catástrofes de muerte,
y la onda que arrulla sea la onda que hiere ...
¡Quién sabe los designios de Dios que así 1o quiere!

Yo alabo al cielo porque en mi vida errabunda


soy Niágara que truena, soy Nilo que fecunda,
maelstrom ele remolino fata1, o golfo amigo;
porque, mar, di la vida, y, diluvio, el castigo.

Docilidad inmensa tengo para mi dueño:


f:l me dice: "Anda", y ando; "Despéñate'', y despeño
mis aguas en la sima de roca, que da espanto;
y canto cuando corro, y al despeñarme canto,

173
y cantando, mi linfa tormentas o iris fragua,
fiel al Sefíor ...
-¡Loemos a Dios, hermana Agua!

LA NIEVE

Yo soy la movediza perenne; nunca dura


en mí una forma; pronto mi ser se transfigura,
y ya entre guijas de ónix cantando pel'egrino,
ya en témpanos helados detengo mi camino,
ya vuelo por los aires trocándome en vapores,
ya soy iris en polvo de todos los colores,
o rodo que asciende, o aguacero que llueve ...
Mas Dios también me ha dado la albura de la nieve,
la albura de la nieve emgmática y fría
que cae de los cielos como una eucaristía,
que por los puntiagudos techos resbala Leda
y que cuando la pisan cruje como ~ a seda.

Cayendo, silenciosa, de blanco al mundo arropo.


Subí, vapor, a lo alto, desciendo al suelo, copo;
subí gris de los lagos que la quietud estanca,
y bajo blanca al mundo ... ¡Oh, qué bello es ser
[b'. anca!
¿Por qué soy b·anca? En premio del sacrificio mío,
porque tirito para que nadie tenga frío,
porque mi lino todos los fríos almacena
¡y Dios me torna blanca por haber sido buena!
¿Verdad que es llevadera la palma del martirio
así? Yo caigo como los pétalos de un lirio
de lo alto, y no pudiendo cantar mi canción pura
con murmurios de linfa, la canto con b:ancura.

174
La blancura es el himno más hermoso y más santo;
ser blanca es orar; siendo yo, pues, blanca, oro y
[canto,
Ser luminosa es otro de los cantos mejores:
¿No ves que las estrellas salmodian con fulgores?
Por eso el rey poeta dijo en himno de amor:
"El firmamento narra la g'oria del Señor."
Sé tú como la Nieve que inmaculada llueve.
Y yo clamé: -¡Alabemos a Dios, hermana Nieve!

EL HIELO

Para cubrir los peces del fondo, que agonizan


de frío, mis piadosas ondas se cristalizan,
y yo, la inquietüela, cuyo perenne móvil
e:; variar, enmudezco, me aduermo, quedo inmóvil.
;,Ah! Ttt no sabes cómo padezco nos ta -gia
de sol bajo esa blanca sabana siempre fría.
Tú no sabes la angustia de la ola que inmola
sus ritmos ondu'antes de mujer -su sonrisa-
al frío, y que se vuelve -mujer de Loth- banquisa;
ser banquisa es ser como la estatua de la ola.

Tú ignoras esa angustia: mas yo no me rebelo,


y ansiosa de que en todo mi Dios sea loado,
desprendo radiaciones al bloque de mi hielo,
y en vez de azul oleaje son témpano azulado.

Mis crestas en la noche del polo son fanales,


reflejo el rosa de las auroras boreales,
la luz convaleciente del sol, y con deleite
de Seraphita, yergo mi cristalina roca

175
por donde trepan lentas las morsas y la foca,
seguidas de lapones hambrientos de su aceite . . .
¿Ya ves cómo se acata la voluntad del cielo?
Y yo recé: -¡Loemos a Dios, hermano Hielo!

EL GRANIZO

¡Tin, tin, tin, tin! Yo caigo del cielo, en insensato


redoble, al campo y todos los céspedes maltrato.
¡Tin, tin! ¡Muy buenas tardes, mi hermana la
[pradera!
Poeta, buenas tardes, ¡ábreme tu vidriera!
Soy diáfano y geométrico, tengo esmalte y blancura
tan finos y süaves como una dentadura,
y en un derroche de ópalos b'ancos me multiplico.
¡La linfa canta, el copo cruje, yo ... , yo repico
Tin, tin, tin, tin, mi torre es la nube ideal:
¡oye mis campanitas de límpido cristal!
La nieve es triste, el agua turbulenta; yo sin
ventura, soy un loco de atar, ¡tin, tin, tin, tin!
... ¿Censuras? No por cierto, no merezco censuras;
las tardes calurosas por mi tienen frescuras,
yo lucho con el hálito del verano
yo soy bello ...
-¡Loemos a Dios, Granizo hermano!

EL VAPOR

El vapor es el alma del agua, hermano mío,


así como sonrisa del água es el rocío, ·
y el lago sus miradas y su pensar la fuente;
sus lágrimas, la lluvia; su impaciencia, el torrente,
y los ríos sus brazos; su cuerpo, la llanada

176
sin coto de los mares, y las olas, sus senos;
su frente, las neveras de los montes serenos,
y sus cabellos de oro líquido, la cascada.

Yo soy alma del agua, y el agua siempre sube:


las transfiguraciones de esa alma son la nube,
su Tabor es la tarde real que la empurpura:
como el agua fue buena, su Dios la transfigura ...
Y ya es el albo copo que en el azul ri:ela,
ya la zona de fuego, que parece una estela,
ya el divino castillo de nácar, ya el plumaje
de un pavo heoho de piedras preciosas, ya el en:::aje
de un abanico inmenso, ya el cráter que fulgura .. .
Como el agua fue buena, su Dios la transfigura .. .

-¡Dios! Dios siempre en tus labios está como en un


[templo;
Dios, siempre Dios. . . ¡en cambio, yo nunca le
[contemplo!
¿Por qué si Dios existe no deja ver sus hueras,
por qué taimadamente se esconde a nuestro anhelo,
por qué no se halla escrito su nombre con estrellas
en medio del esmalte magnífico del cielo?

-Poeta, es que lo buscas con la ensoberbecida


ciencia, que exige pruebas y cifras al Abismo ...
Asómate a las fuentes oscuras de tu vida,
y allí verás su rostro: tu Dios está en ti mismo.
Busca el silencio y ora: tu Dios execra el grito;
busca la sombra y oye: tu Dios habla en lo arcano;
depón tu gran penacho de orgullo y de delito ...
-Ya está.
-¿Qué ves ahora?
-La faz del Infinito.

177
- ¿Y eres feliz?
-¡iLoemos a Dios, Vapor hermano!

LA BRUMA

La bruma es el ensuefio del agua, que se esfuma


en leve gr:s. ¡Tú ignoras la esencia de la Bruma!
La Bruma es el ensueño del agua, y en su empeño
de inmaterializarse lo vuelve todo ensueño.
A través de su velo mirífico, parece
como que la materia brutal se desvanece:
la torre es un fantasma de vaguedad que pasma,
todo, en su blonda envuelto, se c-0nvierte en fan-
[tasma,
y el mismo hombre que cruza por su zona qui:eta
se convierte en fantasma, es decir, en si ueta.
La Bruma es el ensueiio del agua, que se esfuma
en leve gris. ;Tú ignoras la esen2ia de la Bruma,
de la Bruma que sueña con la aurora lejana!
Y yo dije: -¡Ensalcemos a Dios, oh Bruma her-
[mana!
LAS VOCES DEL AGUA

-Mi gota busca entrafias de roca y 1as perfora .


-En mí flota el aceite que en los santuarios vela.
-Por mí raya el milagro de la locomotora
la pauta de los rieles. -Yo pinto la acuarela.
-Mi bruma y tus recuerdos son por extrafio modo
gemelos; ¿no ves cómo lo divinizan todo?
-Yo presto vibraciones de flautas prodigiosas
al cristal de los vasos. -Soy triaca y enfermera
en las modernas clínicas. -Y yo, sobre las rosas,
turiferario santo del alba en primavera.
-Soy pródiga de fuerza motriz en mi caída.

178
-Yo escarcho los ramajes. -Yo en tiempos muy re-
[motos
di un canto a las sirenas. -Yo, cuando estoy dor-
[mida,
sueño sueños azules, y esos sueños son lotos.
-Poeta, que por gracia del cielo nos conoces,
¿no cantas con nosotras?
-¡Sí canto, hermanas Voces!

EL AGUA MULTIFORME

"El agua toma siempre la forma de los vasos


que la contienen", dicen las ciencias que mis pasos
atisban y pretenden analizarme en vano;
yo soy la resignada por excelencia, hermano.
¿No ves que a cada instante mi forma se aniquila?
Hoy soy torrente inquieto y ayer fui agua tranquila;
hoy soy, en vaso esférico, redonda; ayer, apenas,
me mostraba cilíndrica en las ánforas plenas,
y así pitagorizo mi ser, hora tras hora:
hielo, corriente, niebla, vapor que el día dora,
todo lo soy, y a todo me pliego en cuanto cabe.
¡Los hombres no lo saben, pero Dios sí lo sabe!

¿Por qué tú te rebelas? ¿Por qué tu ánimo agitas?


¡Tonto! ¡Si comp1endieras las dichas infinitas
de plegarse a los fines del Señor que nos rige!
¿Qué quieres? ¿Por qué sufres? ¿Qué sueñas? ¿Qué
[te aflige?
¡Imaginaciones que se extinguen en cuanto
aparecen ... 1 ¡En cambio, yo canto, canto, canto!
Canto, mientras tú penas, la voluntad ignota;
canto cuando soy chorro, canto cuando soy gota,

179
y al ir, Proteo extraño, de mi destino en pos,
murmuro: -¡Qué se cumpla la santa ley de Dios!

¿Por qué tantos anhelos sin rumbo tu alma fragua?


¿Pretendes ser dichoso? Pues bien: sé como el agua;
sé como el agua, llena de oblación y heroísmo,
sangre en el cáliz, gracia de Dios en el bautismo;
sé como el agua, dócil a la ley infinita,
que reza en las iglesias en donde está bendita,
y en el estanque arrulla meciendo la piragua.
¿Pretendes ser di.:::hoso? Pues bien: sé como el agua;
lleva cantando el traje de que el Señor te viste,
y no estés triste nunca, que es pecado estar triste.
Deja que en ti se cumplan los fines de la vida;
sé declive, no roca; transfórmate y anida
donde el Señor le plazca, y al ir del fin en pos,
murmura: ¡Qué se cumpla la santa ley de Dios!

Lograrás, si lo hicieras así, magno tesoro


de bienes: si eres bruma, serás bruma de oro;
si eres nube, la tarde te dará su arrebol;
si eres fuente, en tu seno verás temblando al sol;
tendrán filetes de ámbar tus ondas, si laguna
eres, y si océano, te plateará la luna.
Si eres torrente, espuma tendrás tornasolada,
y una crencha de arcoiris en flor, si eres cascada.

*
Así me dijo el Agua con místico reproche,
y yo, rendido al santo consejo de la Maga,
sabiendo que es el Padre quien habla entre la noche,
clamé con el apóstol: -Señor, ¿qué quieres que haga?

París, enero 1901 - Poemas, 1901

180
LONDRES

Desde el vitral de mi balcón distingo,


al fulgor del crepúscu' o, la ignota
marejada de calles, en que flota
la bíblica modorra del domingo.

La bruma lenta y silenciosa, empieza,


fantasmagorizando los perfiles,
a envolver la metrópoli en sutiles
velos trému'os. -Yo tengo tristeza:

la bíblica tristeza de este día,


la tristeza de inútil romería
que remata en inviernos agresores;

el tedio de lloviznas pertinaces,


y tu spleen, nieb'a límbica, que haces
manchas grises de todos los colores.

El éxodo y las flores del camino, 1902

181
EN BOHEMIA

-Gitana, flor de Praga: diez kreutzers si me besas.


En tanto que a tu osezno fatiga el tamboril,
que esgrimen los kangiares las manos juglaresas
y lloran guz'a y flauta, tus labios, dame, fresas
de abril.

Apéate del asno gentil que encascabelas:


los niños atezados, que tocan churumbelas,
harán al beso coro con risas de cristal.

Por Dios, deja tu rueca de cobre y a mi apremio


responde. Si nos mira tu zíngaro bohemio,
no temas: ¡en Dalmacia forjaron mi puñal!

El éxodo y las flores del camino, 1902

182
PASAS POR EL ABISMO
DE MIS TRISTEZAS ...

[Rondós vagos m)

Pasas por el abismo de mis tristezas


como un rayo de luna sobre los mares,
ungiendo lo infinito de mis pesares
con el nardo y la mirra de tus ternezas.

Ya tramonta mi vida, la tuya empiezas;


mas, salvando del tiempo los valladares,
como un rayo de luna sobre los mares,
pasas por el abismo de mis tristezas.

No más en la tersura de mis cantares


dejará el desencanto sus asperezas;
pues Dios, que dio a los cielos sus luminares,
quiso que atravesaras por mis tristezas
como un rayo de luna sobre los mares.

Los jardines interiores, 190 5

183
CONDENACióN DEL LIBRO

EL PRELADO:

-Condenamos este libro por exótico y perverso,


porque encien~e sacros nimbos en las test~s pro-
. . .. [fa midas;
porque esconde, bajo el oro leve y trémulo del verso,
la dolosa podredun!bre de las criptas blanqueadas .

Cierto; a veces algo emerge con virtudes misteriosas,


pero es más lo que se abate, lo que cede y se
[derrumba;
de la noche de estas rimas surgen raras mariposas,
pero son las agoreras mariposas misteriosas
que germinan en la tumba ...

Y por tanto, Nos, Fidelio, por la gracia de la Sede


Pontificia, obispo in partibus de Quimera y Utopía,
decretamos que este libro de tristeza y mofa, quede
relegado a la ignoniinia y al olvido que precede
al abismo sin fronteras, ..

EL POETA:

-Del abismo brota el día ...

Los jardines interiores, 190 5

184
RENUNCiAéióN

¡Oh, Siddharta Gautama!, tú tenías razón:


las angustias nos vienen del deseo; el edén
consiste en no anhelar, en la renunciación
completa, irrevocable, de toda posesión;
quien no desea nada, dondequiera está bien.

El deseo es un vaso de infinita amargura,


un pulpo de tentáculos insaciables, que al par
que se cortan, renacen para nuestra tortura.
El deseo es el padre del esplín, de la hartura,
¡y hay en él más perfidias que en las olas del mar!

Quien bebe como el Cínico el agua con la mano,


quien de volver la espalda al dinero es capaz,
quien ama sobre todas las cosas al Arcano,
¡ése es el victorioso, el fuerte, el soberano,
y no hay paz comparable con su perenne paz!

Serenidad, 1914

185
l<ALPA 2

- ¿QÚeréis qué todo esto vuelva a empezar?


-¡Sí! -responden a coro.

Also sprach Zarathustra

En todas las eternidades


que a nuestro mundo precedieron,
¿cómo negar que ya existieron
planetas con humanidades;

y hubo Horneros que describieron


las primeras heroicidades,
y hubo Shakespeares que ahondar supieron
del alma en las profundidades?

Serpiente que muerdes tu cola,


inflexible círculo, bola
negra, que giras sin cesar,

refrán monótono del mismo


canto, marea del abismo,
¿Sois cuento de nunca acabar? ...

Enero 30, 1914 - El estanque de los lotos, 1919

186
1 (p. 169) "Andrógino": este poema no parece responder
a ninguna experiencia vivida de Nervo sino más bien a la
temprana imitación libresca de una moda impuesta por esos
años entre Jos "decadentes" europeos gracias a los libros de
Joseph Péladan ( 1859-1918), ocultista místico, neocatólico y
wagneriano que en 1888 restauró con Stanislas de Guaita
y Oswald Wirth Ja Orden Cabalística de la Rosa-Cruz. Sar
Merodack Péladan, como solía pomposamente firmar, inició
una historia de la civilización a través de sus mitos y un
ciclo novelístico en veintiún volúmenes: La décadence latine
( 1884-1900). Su objeto era condenar la fealdad y el materia-
lismo de la moderna civilización industrial y pugnar por el
retorno a la belleza y Ja magia de Jos primeros tiempos me-
diante la purificación de la verdad católica, el triunfo de la
aristocracia de la inteligencia y la negación de los derechos
de las masas.
Anatole France observó que la figura del hermafrodita es
la gran obsesión de Joseph o Joséphin Péladan, como indistin-
tamente se hacía llamar. Bajo el título Erotologie de Platon
Péladan expuso su teoría del andrógino, Jíricamente celebra-
do en su novela L' Androgyne. Restitution d'impressions
é/Jhebiques grecques a travers la mysticé catholique -acaso
el libro suyo que sin salir de México pudo haber leído Nervo.
Péladan, precursor de Ja moda de nuestros días, afirmó
que el andrógino es el canon de Policleto, redescubierto por
Leonardo da Vinci y combina la facultad activa con Ja con-
templativa en perfecta fusión de inteligencia y voluptuosidad:
"L'androgyne est Je sexe artistique par excellence, il confond
les deux principes, le féminin et le masculin, et les équilibre
!'un par l'autre. Toute figure exclusivement masculine man-
que de grace, tout autre exclusivement feminine manque de
force."
Sobre Péladan véase el capítulo "Byzantium" en The
Romantic Agony de Mario Praz, libro indispensable para ad-
quirir una visión no convencional del modernismo, aunque
el único autor de nuestro idioma que aparece fugazmente
citado en sus páginas es Valle Inclán. ·
2 (p. 186) Kalpa o Día de Brahma: unidad de tiempo
que consta de 4 320 000 000 de años solares.

J87
JOSf: JUAN TABLADA

[México: abril 3, 1871 - Nueva York: agosto 2, 1945]

José Juan Tablada pasó fugazmente por el Colegio


Militar donde trató de nuevo a su amigo de infancia
Julio Ruelas. Aficionado a la pintura, hizo algunos
estudios de artes plásticas. En 1891 ya era redactor
de El Universal, el primer periódico de Rafael Reyes
Spíndola, y a los 23 años alcanzó notoriedad por
"ónix" publicado en la Revista Azul. Este poema
inicia propiamente el movimiento simbolista o "de-
cadente" en México. Así lo reconocieron Nervo, que
Uama a Tablada "introductor del modernismo'', y
Urbina para quien "fue el primero que dio en mi
país la nota bodeleriana".
"Misa negra" ( 1893) alarmó a los Científicos y
a Carmen Romero Rubio de Díaz. Contra la hostili-
dad del medio los "decadentes" fundaron la Revista
Moderna a iniciativa de Tablada y con los fondos
que produjo a Jesús E. Valenzuela la venta de los
terrenos en que se levantaron las "colonias" más
representativas de la época: Juárez y Roma.
La virulencia de su ingenio, manifiesto en artícu-
los y epigramas, lo hizo célebre más allá de los me-
dios literarios. En 1900 Jesús Luján -mecenas de la
Revista Moderna- le pagó un viaje al Japón que
Tablada había descubierto en páginas de los Con-

189
court. Desde allí envió una serie ele crónicas, En el
país del sol, reunidas en libro casi veinte años
después.
Al casarse con una sobrina de Justo Sierra, cam-
bió la bohemia por el deporte, se dedicó a la im-
portación de vinos, y empleó sus ganancias en cons-
truirse una gran casa en Coyoacán. En 1909-1910
publicó en volumen las sátiras contrarrevolucionarias
aparecidas en El Imparcial: Tiros al blanco, actuali-
dades políticas, y escribió dos obras de encargo: La
epopeya nacional: Porfirio Díaz (poemas) y Madero
Chantecler, un procaz y brillante libelo que puede
leerse en El pensamiento de la reacción mexicana,
historia documental (1810-1952), compilada por
Gastón García Cantú.
Al acercarse el triunfo revolucionario Tab'ada se
fue prudentemente a un París en plena renovación
estética. Leyó a los poetas japoneses en la recién
aparecida antología de Michel Revon y envió a Re-
vista de Revistas las crónicas de Los días y las noches
de París. A fines de 1912 fue nombrado jefe de re-
dacción de El Imparcial, cargo en que permaneció
hasta julio de 1913. Muy probablemente fue el pri-
mero en calificar como "Decena trágica" los días
9-18 de febrero en que la capital se convirtió en
campo de batalla del ejército porfiriano contra el
gobierno de Madero. Luego escribió a sueldo un in-
creíble ditirambo de Huerta: La defensa social. His-
toria de la campaña de la División del Norte.
Los zapatistas arrasaron su casa y prendieron fue-
go a sus manuscritos, entre ellos el de una novela
La nao de China. Todavía antes de huir de México
se dio tiempo para presentar a un joven poeta des-
conocido, Ramón López Velarde, a los lectores de

190
El i\!Iunclo Ilustrado, y publicar una monografía:
Hiroshigué, el pintor de la nieve y de la lluvia, de la
noche y de la luna ( 1914).
Vivió exiliado en Nueva York hasta que en 1918
el presidente Carranza indultó a los escritores huer-
tistas y nombró a Tablada secretario de la represen-
tación mexicana en Caracas y Bogotá. Ese misino
año casó en segundas nupcias con Nina Cabrera.
Muerto Carranza, Tablada volvió a Nueva York.
Allí escribió sobre el arte precortesiano y la nueva
pintura (de Rivera a Tamayo), dio a conocer una
Historia del arte en México ( 1927), una novela corta,
La resurrección de los ídolos ( 1924), colaboró con
Edgar Varese y Vicente Huidobro en la cantata
Offrandres, y recibió el homenaje de los vanguar-
distas mexicanos que lo salvaron de la demolición
general. En la serie "Nueva York de día y de noche"
continuó su actividad de cronista.
Regresó a México en 1936. Al año siguiente pu-
blicó el primer tomo de sus memorias La feria de la
vida. Los capítu~os del segundo volumen, "Las som-
bras largas", aparecieron en El Universal ( 1926-
1928). Enfermo del corazón se estableció en Cuer-
na vaca hasta 1944, y unos días antes de que cayese
la primera bomba atómica sobre las ciudades japó-
nesas murió en Nueva York cuando desempeñaba
el modesto cargo de vicecónsul.
Con Nervo y Rebolledo, Tablada es el poeta más
representativo del novecientos mexicano. De hecho
escribió lo que pintaban Ruelas, Ramos Martínez,
Zárraga, el primer Montenegro. Por su apasiona-
miento y su destreza técnica estos poemas no mere-
cen el calificativo de "muebles para el museo de la
época" (que Octavio Paz les dio en 1945), aunque

191
la representen como pocos. No menos interesante
que su obra de juventud es la época intermedia (Al
sol y ba¡o la luna, 1918) en que "Los Pijijes" y
"Quinta Avenida" ya anuncian la modificación que
está a punto de operarse en Tablada. Capta en el
aire la muerte del mod.ernismo y se adelanta a los
jóvenes en iniciar nuestra vanguardia, como una
consecuencia natural (necesaria) del movimiento
anterior.
Los haikús de Un día y El jarro de flores resultan
la miniaturización del modernismo, la lieducción de la
poesía a uno de sus elementos esenciales: la ima-
gen, y una cura de reposo y auskridad tras el derro-
che rítmico, verbal y metafórico. Tablada abandona
los grandes temas: casi todos los haikús son poemas
sobre animales, se internan en un reino que antes
dejó de lado la intención lírica.
Humor y piedad, ternura y precisión gráfica, el
gusto por el laconismo del epigrama, un oído bien
adiestrado por las libertades modernistas, permitie-
ron a Tablada escribir estos poemas concisos y per-
fectos que resultaron decisivos para los "Contem-
poráneos", no como ejemplo, sino como estímulo.
Unos años después que Apollinaire, Tablada
hace textos ideogramáticos ("Li-Po") y simultáneos
("Nocturno alterno"). Busca una expresión al mis-
mo tiempo lírica y gráfica que elimine lo discursivo
y pueda, sintetizando, recrear "la vida moderna en su
dinamismo y multiplicidad". Luego, llevado por
su gran entusiasmo hacia López Velarde y el redes-
cubrimiento de México que fue la Revolución, entra
en una final etapa de colorismo nacionalista. La iro-
nía lo rescata del folklore. "El loro" -animal con
quien se identificó siempre Tablada y en cuyo as-

192
pecto solía representarse- parece por momentos
un regreso a las páginas de juventud; pero un regreso
irónico, como si él, que se había burlado de todos,
se riera ahora de sí mismo.
Nacido diez días antes que González Martínez,
Tablada es su opuesto y su complementario. No as-
pira a la madurez, se niega a la fijeza, hace del
cambio una verdadera costumbre. Singular destino el
de Tabfada: inició el modernismo en 1893 y la van-
guardia en 1919. Por la inaccesibilidad de su obra
sigue siendo un desconocido. Por su abyecta conducta
política su importancia literaria aún no se reconoce.
A pesar de todo, como ha dicho Octavio Paz, quizá
José Juan Tablada sea nuestro poeta más joven.

193
BIBLIOGRAFtA

LrnRos DE PoEsÍA: El florilegio ( 1899 y 1904), Al sol y


ba¡o la luna, preliminar de Leopoldo Lugones ( 1918),
Un día ... poemas sintéticos (Caracas, 1919), Li-Po
y otros poemas, versos ideográficos (Caracas, 19 2O),
El ¡arra de flores, disociaciones líricas (Nueva York,
1921). La feria, poemas mexicanos (Nueva York,
1928).

COMPILACIONES Y SELECCIONES: Antología general de


José Juan Tablada por Enrique González Martínez,
1920. Los mejores poemas de José Juan Tablada,
prólogo y selección de José María González de Men-
doza ( 194 3) .

LECTURAS: Nina Cabrera de Tablada: José Juan Tabla-


da en la intimidad ( 19 54). Enrique Díez-Canedo:
"Tablada y el Haikái" en Letras de América ( 1944).
Manuel Maples Arce: "Recordación de José Juan
Tablada" en Incitaciones y valoraciones ( 19 56). An-
geles Mendieta Alatorre: Tablada y la gran época
de la transformación cultural (1966). Octavio Paz:
"Estela de José Juan Tablada" en Las peras del olmo
(1957).

194
ONIX

A Luis C. Urbina

Torvo fraile del templo solitario


que al fulgor de nocturno lampadario
o a la pálida luz ele las auroras
desgranas de tus culpas el rosario ...
-¡Yo quisiera llorar como tú lloras!

Porque la fe en mi pecho so"!itario


se extinguió, como el turbio lampaclario
entre la roja luz de las auroras,
y mi vida es un fúnebre rosario
más trist.e que las lágrimas que lloras.

Casto amador de pálida hermosura


o torpe amante ele sensual impura
que vas -novio feliz o amante ciego-
llena el alma de amor o de amargura .. .
-¡Yo quisiera abrasarme con tu fuego!

Porque no me seduce la hermosura,


ni el casto amor, ni la pasión impura;
porque en mi corazón dormido y ciego
ha caído un gran soplo de amargura,
que también pudo ser lluvia de fuego .

195
¡Oh guerrero de lírica memoria
que al asir el laurel de la victoria
caíste herido con el pecho abierto ...
para vivir la vida de la gloria!
-¡Yo quisiera morir como tú has muerto!

Porque al templo sin luz de mi memoria,


sus escudos triunfales la victoria
no ha llegado a colgar; porque no ha abierto
el relámpago de oro de la gloria
mi corazón oscurecido y muerto.

¡Fraile, amante, guerrero, yo quisiera


saber qué oscuro advenimiento espera
el anhelo infinito de mi alma,
si de mi vida en la tediosa calma
no hay un Dios, ni un amor, ni una bandera!

Revista Azul, junio 17, 1894 - El florilegio, 1899

196
MISA NEGRA

1
¡Emen Hethan! ( Cri des Stryges au .Sabbat.)

¡Noohe de sábado! Callada


está la tierra y negro el cielo;
late en mi pecho una balada
de doloroso ritornelo.

El corazón desangra herido


bajo el cilicio de las penas
y corre el plomo derretido
de la neurosis en mis venas.

¡Amada, ven! ... Dale a mi frente


el edredón de tu regazo
y a mi locura, dulcemente,
lleva a la cárcel de tu abrazo!

¡Noche de sábado! En tu alcoba


hay un perfume de incensario,
el oro brilla y la caoba
tiene penumbras de sagrario.

Y allá en el leoho do reposa


tu cuerpo blanco, reverbera
como custodia esplendorosa
tu desatada cabellera.

197
Toma el aspecto triste y frío
de la enlutada religiosa
y con el traj.e más sombrío
viste tu carne voluptuosa.

Con el murmullo de los rezos


quiero la voz de tu ternura,
y con el óleo de mis besos
ungir de diosa tu hermosura;

Quiero cambiar el grito ardiente


de mis estrofas de otros días,
por la salmodia reverente
ele las unciosas letanías;

quiero en las gradas de tu lecho


doblar temblando la rodilla
y hacer el ara de tu pecho
y de tu alcoba la capilla ...

Y ce1.ebrar, ferviente y mudo,


sobre tu cuerpo seductor,
lleno de esencias y desnudo,
la Misa Negra de mi amor!

El país, enero 8, 1893 - El florilegio, 1899

198
LA BELLA OTERO 2

¡Arcángel, loba, princesa, lumia, súcubo, estrella!


Con el espanto de los abismos y la fragancia de los
[jardines
pasas devastadora como una plaga; fatal y bella,
y en carne urente clavan su huella
tus escarpines ...

Blanco sarcófago de tibio mármol y seno oscuro


Heno de bálsamos y refulgente de pedrería,
arrodillados hasta tu p1into glacial y duro
van los amantes para que hieles su amor impuro,
para que acojas los estertores de su agonía.

¡El fiero prócer que entró a tu alcoba, salió mendigo,


pero g'orioso y ebrio del vino de tus histerias,
hoy rumia lirios ... piensa en tu ombligo ...
Y un sol irradia sobre la noche de sus miserias!

Allá en su celda, habla el demente que enloqueciste


de tu melena quebrada y bruna
y de tu vientre árido, triste
y luminoso, como los valles que hay en la luna ...

Cuando bailas sacudiéndote la ropa,


¿es tu falda suntuosa, inversa copa
que derrama los almizcles y el ardor?

199
Y tus largas piernas dentro de las medias tenebrosas
¿surgen de ávidos abismos o entre jardines de rosas
son tentáculos bestiales o pistilos de una flor?

Cuando bailas y tus piernas entre espumas de batista


dejas ver, ¡oh Salomé!,
con un beso entre los labios la cabeza del Bautista
cae sangrando hasta tu pie ...

Cuando bailas, inflamada, dislocada, enardecida,


y agitadas por tus muslos las ropas vienen y van,
en el fondo de esa sirte pone el efebo su vida
y tú la absorbes, siniestra, como a la hoja el hu-
[racán ...

¿Qué candor más diamantino que tu crimen y tu


[incuria?
eres pantano y cisterna y oasis y desierto,
das la muerte sonriendo y el gran sol de tu lujuria
blanquea las osamentas de los que a tus pies han
[muerto;
inconsciente como un ídolo, eres trágica y fatal,
y entre flores y cantando como Ofelia ... vas al mal.

Así brilla en tus miradas un oriente de ternura,


un candor, llanto represo de tus ojos en las piedras,
claras gemas engastadas en la torpe ojera oscura,
o rocío matutino sobre el cáliz de las hiedras ...

Por entre rosas y surtidores y propileos,


larvas que surcan el alabastro de hundida estatua,
van por tu carne las caravanas de los deseos
tras de una estrella polar que es fósforo de lumbre
[fatua.

200
O bien tu cuerpo todo desnudo con ansia treme
sobre la rada llena de aromas del hondo lecho,
y cuando partes como la ebúrnea y ágil trirreme,
al galeote que te tripula dejas que reme
e hinchas cual vela comba y airada tu blanco
[pecho ...

¡Y tus suspiros y tus sollozos son tempestades


por las canciones de las sirenas atravesadas,
y abren los ojos y se derraman las claridades,
y abres los labios y soplan brisas embalsamadas!

Tras del periplo llegó el esquife


al desamparo del arrecife;
inertes yacen tus brazos blancos
como dos remos de tersa plata;
y una bandera -tu cabellera- la del pirata
tiende su luto sobre tus flancos ...

Sangra en la noche del Desencanto, rojo lucero,


y desmayando junto al abismo de tus amores
la caravana llega al osario y al pudridero
por entre rosas y propileos y surtidores.

Revista Moderna, julio, 1906 - Al sol y ba¡o la luna, 1918

201
EXÉGESIS

Es de México y Asia mi alma un jeroglífico.

¡Quizás mi madre cuando me 11evó en sus entrañas


miró mucho los Budas, los lotos, el magnífico
arte nipón y todo cuanto las naos extrañas
volcaron en las playas natales del Pacífico!

Por ·eso amo los jades, la piedra esmaragdina,


el verclagay cha1chíhuit1, por su doble misterio,
pues ornó a los monarcas de Anáhuac y de China
y sólo nace en México y en el Celeste Imperio.

Envuelto en los suntuosos brocados ele la Sérica


y exornado ele jades, ·mi numen es de América,
y en el vaso de ónix que es mi corazón,
infundiendo a mi sangre su virtud esotérica,
¡florece un milagroso
cerezo del Japón!

Revista de Revistas, abril 7, 1918 - Los me¡ores poemas


de J. J. T., 1943.

202
LOS PIJIJES

Visten hábitos carmelitas


los ánades veracruzanos;
y como dos frailes hermanos,
en actitudes estilitas,
sueñan lagunas y pantanos ...

Así parados en un pie,


con el rojo pico escondido
bajo el ala negra y café,
y con el cuello retorcido
como el tubo de un narguilé,

dejan pasar las noches tétricas


y los días primaverales,
en ensimismamientos iguales,
en sendas posturas simétricas,
inmóviles y ornamentales ...

En la noche su instinto vela;


y a un ruido insólito en el folio,
el ánade grita y reve1a
ser tan eficaz centinela
como un ganso del Capitolio.

Mas desdeñando esa tarea


doméstica, de janitor,

203
nada a los ánades recrea
aunque su ojo que parpadea
distinga todo en derredor ...

Glauca sombra de la tortuga


entre dos aguas, en el lago;
de los sauces temblor vago;
leve retracción de la oruga
en la hoja del jaramago ...

Eléctrica luz que en la bruna


sombra, difunde en el vergel
romancesco claro de luna,
y a cuyo lampo no hay flor alguna
que no parezca de papel .. .

Pobres ánades vigilantes


que contemplan y sienten todo ...
fulgor de estrellas rutilantes,
roncar de sapos en el lodo,
o vuelo de aves emigrantes.

¡Sólo entonces, si el firmamento


crepuscular se torna gris
y el cielo cruza un bando lento,
el ánade con ojo atento
sigue el vuelo libre y feliz!

Los dos ánades en un mismo


murmullo tenue y doloroso,
desde su forzado reposo
dicen nostálgico atavismo
del hondo cielo luminoso ...

204
Y -símbolo de estéril vida,
de inútil ilusión fallida-
mueven en vano el ala trunca,
¡el ala inválida y herida
que ya no habrá de volar nunca!

Con el título de "El bestiario piadoso (los pijijes) ". En


El Imparcial, octubre 21, 1913 - La Feria (poemas mexica-
nos), 1928.

205
QUINTA AVENIDA

¡Mujeres que pasáis por la Quinta Avenida


tan cerca de mis ojos, tan lejos de mi vida!

¿Soñáis desnudas que en el baño os cae


áureo Jove pluvial como a Danae?
O por ser impregnadas de un tesoro,
al asalto de un toro de oro
¿tendéis ]as ancas como Pasifae?

¿Sobáis con perversiones de cornac


de broncíneo elefante la trompa metálica,
o trasmutáis, urentes, de Karnak
la sala hipóstila, en fálica?

¡Mujeres fire-proof a la pasión inertes,


hijas de la mecánica, Venus made in America;
de vuestra fortaleza, ]a de las cajas fuertes,
es el secreto . . . idéntica combinación numérica!

Con el título " .. . ?" en Al sol y bajo la luna, 1918. La


versión reproducida es la que apareció en Los mejores poe-
mas, 1943.

206
HAIKúS DE UN DíA . . .:i

EL SAÚZ

Tierno saúz
casi oro, casi ámbar,
casi luz ...

EL PAVO REAL

Pavo real, largo fulgor,


por el gallinero demócrata
pasas como una procesión ...

HOJAS SECAS

El jardín está lleno de hojas secas;


nunca vi tantas hojas en sus árboles,
verdes, en primavera.

LOS SAPOS

Trozos de barro,
por la senda en penumbra
saltan los sapos.

207
MARIPOSA NOGrURNA

-Devuelve a la desnuda rama,


nocturna mariposa,
las hojas secas de tus alas.

EL RUISEÑOR

Bajo el celeste pavor


delira por la única estrella
el cántico del ruiseñor.

LA ARAÑA

Recorriendo su tela
esta luna clarísima
tiene a la araña en vela.

EL BAMBÚ

Cohete de larga vara,


el bambú apenas sube se doblega
en lluvia de menudas esmeraldas.

LA LUNA

Es mar la noche negra,


la nube es una concha,
la luna es una perla.

La esperanza, Colombia, febrero-mayo, 1919, Un día, 1919.

208
HAIKOS DE EL JARRO DE FLORES

LIBÉLULA

Porfía la libélula
por prender su cruz transparente
en la rama desnuda y trémula ...

EN LILIPUT

Hormigas sobre un
grillo inerte. Recuerdo
de Gulliver en Liliput ...

VUELOS

Juntos en la tarde tranquila


vuelan notas de Angelus,
murciélagos y golondrinas.

EL MONO

El pequeño mono me mira ... .


Quisiera decirme
algo que se le olvida .

DÍA DE SOL

Hay una mariposa


en cada flor ...

209
PANORAMA

Bajo mi ventana, la luna en los tejados


y las sombras chinescas
y la música china de los gatos.

PECES VOLADORES

Al golpe del oro solar


estalla en astillas
el vidrio del mar.

12 PM

Parece roer el reló


la medianoche y ser su eco
el minutero del ratón.

NOCTURNO

Sombra del volcán al ocaso


y en la bóveda inmensa, gritos
de invisibles aves de paso.

ESTRELLA ERRANTE

Fugaz como el instante en que la miro,


une el cielo a la tierra
y a su llanto de oro mi suspiro.

Colombia, Venezuela, México, 1919-1920. - El jarro


de flores, 1922.

210
LI-PO 4

Ll-Po, uno de los "Siete sabios en el vino"


fue un rutilante brocado de oro ...

211
212
21 3
la perla de la LUNA
La luna es araña
de plata
que tiende su telaraña
en el río que la retrata

Y Li-Po
el divino
que se
bebió
a la
luna
una
noche en su copJ
de vino

si,e nte el maleficio


enigmático
y se aduerme en el vicio
del vino lunático el

¿Dónde está Li-Po, que lo llamen


manda el Emperador desde su Y~men

214
Algo ebrio por fin
entre un femenino tropel
llega el poeta y se inclina;
una concubina
le alarga el pincel
cargado de tinta de China,
otra una seda fina
por papel
y Li
escribe así:
So
lo
estoy
con m1
frasco
de vino
bajo un
árbol en flor
asoma
la luna
y dice
su rayo
que ya
somos oos
y mi propia sombra
anuncia después
que ya
somos
TRES
aunque el astro
no puede beber
su parte de vino
y mi sombra no
quiere alejarse
pues está c-0nmigo
215
en esa compañía
placentera
reiré de mis dolores
entre tanto que dura
la Primavera

Li-Po y otros poemas, 1920 [Por cortesía de Héctor Valdés,


el Centro de fütudios Literarios y la Nueva Biblioteca Mexi-
can:i, UNAM].

216
NOCTURNO ALTERNO

Neoyorquina noche dorada


Fríos muros de cal moruna
Rector's champaña fox-trot
Casas mudas y fuertes rejas
Y volviendo la mirada
Sobre las silenciosas tejas
El alma petrificada
Los gatos blancos de la luna
Como la mujer de Loth

Y sin embargo
es una
misma
en Nueva York
y en Bogotá :
¡La Luna!

Li-Po y otros poemas, 1920

217
LOS ZOPILOTES

Cuando sacrificaban en el Templo Mayor


las alas de los zopilotes
oscurecían el sol . ..
Y los remeros en sus barcas
ni miraban a las alturas
si del lago las aguas zarcas
se tornaban de pronto oscuras.
Pues el pávido macehual
al presagio del zopilote,
de la sangre miraba el brote
bajo el filo del pedernal.
Con envidia de los coyotes
volando, de la serranía,
sobre Tenochtitlán caía
muchedumbre de zopilotes ...
Cual gerifa1tes en alcándara
sobre el zompantli se posaban
y adornando las calaveras
con morriones de plumas negras,
solían saltar
al brusco son
de panhuéhuetl
o caracol! . ..
1922 - La feria, 1928

218
EL LOR0 5

Loro idéntico al de mi abuela,


funambulesca voz de la cocina
del corredor y de la azotehuela.

No bien el sol ilumina,


lanza el loro su grito
y su áspera canción
con el asombro del gorrión
que sólo canta El Josefito .. .

De la cocinera se mofa
colérico y gutural,
y de paso apostrofa
a la olla de nixtama1.

Cuando pisándose los pies


el loro cruza el suelo de ladrillo,
del gato negro hecho un ovillo,
el ojo de ámbar lo mira
y un azufre diabólico recela
contra ese íncubo verde y amari1lo,
¡la pesadilla de su duermevela!

¡Mas de civilización un besoro


hay en la voz
de este superloro
de 1922!

219
Finge del aeroplano el ron ron
y la estridencia del claxón ...
Y ahogar quisiera con su batahola
la música rival de la victrola ...

En breve teatro proyector de oro,


de las vigas al suelo, la cocina
cruza un rayo solar de esquina a esquina
y a.foca y nimba al importante loro ...

Pero a veces cuando lanza el jilguero


la canción de la selva en abril,
el súbito silencio del loro parlero
y su absorta mirada de perfil,·

recelan una melancolía


indigna de un plumaje verde ...
¡Tal vez el gran bosque recuerde
y la cóncava selva sombría!

¡En tregua con la cocinera


cesa su algarabía chocarrera,
tómase hosco y salvaje . . .

¡El loro es sólo un gajo ele follaje


con un poco de sol en la mollera!

Primer poema del "Tríptico del loro tríptico sentimental",


México, 1923 - La feria, 1928.
1 (p . 197) ¡Emen Hethan! (Cri des stryges au Sabbat):
Epígrafe del original que ya no figura en Los mejores poemas
( 1913), pero que indica la recóndita significación de este
poema. En aquella época Tablada firmaba a veces Joseph-
Jean Tablada y, como todos los modernistas, tuvo gran in-
terés por el ocultismo e incluso llegó a ser un iniciado en

220
teosofía. Este aspecto no se discute aquí como sistema de
cree_ncias, sino por su decisivo reflejo estético en el modernis-
mo, cuya c."<plicación quedaría trunca si prescindiera del tras-
fondo ocultista.
Emen I--Iethcm ("Aquí y allá") es el grito de las brujas
que participan en el Sabbath o Sabat, más conocido en es-
pañol por Ja palabra vasca "aquelarre" (literalmente "prado
del macho cabrío"). En principio, el sabat ("reposo" en
hebreo) es el séptimo y último día de la semana, desde
tiempos ancestrales fecha de descanso sagrado para los judíos.
A fin de conmemorar la Resurrección ck Jesucristo los primi-
tivos cristianos observaron el primer día de la semana y el
domingo se convirtió en nuestro sabat.
En el inconsciente colectivo hay una relación dual de oposi-
ción entre Cristo y Satán, y un paralelismo blasfemo que los
opone y analoga. Uno y otro tienen su culto, su liturgia,
sus plegarias, sus sacramentos, su misa. Así como sacerdotes
y monjas se consagran a venerar a Dios, brujas y magos sou-
Jos ministros del Demonio. Con objeto de repetir, pervirtién-
dolos, los ordenamientos divinos, los hechiceros destinaron el
sabat -entre otros días- para celebrar la anti-misa o misa
negra.
Durante Ja rvlisa cristiana la comunión permite que el alma
se eleve místicamente a la altura de Dios. La anti-eucaristía
de la misa negra desemboca en el paroxismo cuando el demo-
nio copula con su sacerdotisa y le da el poder de elevarse
corporalmente y recorrer el espacio (v. Giuseppe Faggin:
Le Streghe, Milán 1959). Mientras que el Sacramento cató-
lico tiene entre sus objetivos consagrar corno virtud la cas-
tidad, el aquelarre - versión aberranternente cristiana de las
bacanales antiguas- es la envoltura ritual que asume la
lujuria en cuanto desenfreno orgiástico y derroche de la vita-
lidad de la tribu. Así, podría decirse que la misa negra es el
reverso del matrimonio sacramental. En ella el deseo se hace
diabólico al convertirse en un fin y no -como fue instituido
por el Cristianismo- en un medio de multiplicación.
La misa negra, pues, representa para los pueblos de cultura
cristiana la sacralización del erotismo: el uso no biológico
de la sexualidad. Por ello el texto de Tablada significó
en 1893 el desafío de la joven generación frente a nuestra
sociedad católica y frente a la oligarquía positivista. En tstc
sentido se trata del primer poema mexicano que podemos
llamar en rigor "erótico'', no una simple celebración del amor
físico semejante a las que encontramos en Manuel M. Flo-
res (1 840-1885).

221
2
(p. 199) La bella Otero: Carolina Puentovalga Otero
nació en Barcelona en 1868 y murió en París en 1965. Pu-
blicó unas memorias: Les souvenirs de la vie intime de la
Belle Otero. Fue con Emilienne D'Alen~on y Liane de Pougy
una de "Les Trois Grandes" del Maxim's entre el fin de
siglo y 1914. La supuesta ;oie de vivre de la Bel/e Époque
llegó a su apoteosis en la Gran Exposición de 1900. Las
revistas ilustradas primero y el cine poco después lograron
que un arquetipo romántico, la Femme Fata/e, dejara de ser
anhelo minoritario para convertirse en sueño diurno <le la
naciente sociedad de masas . La vedette surge entonces como
gran símbolo sexual y objeto laico de inalcanzable veneración
para millones de hombres. Acaso el poema de Tablada sea
la primera rendición de cuentas en nuestro idioma de una
experiencia que las generaciones anteriores no conocieron.
a (p. 207) Haikús: Sobre la relación entre Tablada y la
poesía japonesa hay dos buenos estudios académicos: José
Juan Tablada, introductor del haihái en Hispanoamérica
(1963), tesis de John G. Page que aún permanece inédita
y El haikái en la poesía mexicana ( 1967) de Gloria Ceide
Echevarría.
En los siglos xvr y xvrr surgió el haikái en la poesía del
Japón, libremente derivado de formas estrictas como el renga
y el tanka. El término haikái equivale a "poesía cómica".
Producto del haikái fue el haikú al que un gran poeta,
Matsuo Basho ( 1664-1694), rescató de su condición de
pasatiempo y le dio la mayor dignidad lírica (v. Sendas de
Olw, traducción de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya, 1957).
El haikú se basa en imágenes de gran plasticidad que precisan
la colaboración del lector pues siempre sugieren más de lo
que dicen expresamente. Consta de diecisiete sílabas divididas
en versos de cinco, siete y cinco respectivamente. R. H.
Blyth lo define como "la expresión de un momento de visión
de la naturaleza del mundo ... lo infinito asido en la mano".
Manuel Maples Arce asegura en Incitaciones y valorcrcio-
nes (1959): "No conoció Tablada la poesía japonesa, sino
a través de las versiones inglesas y francesas, acaso de la An-
tología de Michel Revon que tanta influencia ejerció en la
primera posguerra." En realidad las formas líricas japonesas
son intrasplantables fuera de la cultura y la sociedad que las
nutren . Lo que verdaderamente dieron a Tablada fue un
estímulo para hallar dentro del español una forma análoga
y diversa que reprodujera con medios propios la flexibilidad y
el poder de sugerencia del haikú .

222
Tablada fue cauto al dar nombre a sus breves composicio-
nes: las llamó "poemas sintéticos" y dijo en El ¡arro de flores
que eran sólo "poemas al modo del hokku o haikái japo-
nés que me complace haber introducido a la lírica castellana,
aunque no fuese, sino como una reacción a la zarrapastrosa
retórica". Para lograrlo le sirvió, dice Page, "la chispa y el
ingenio de su afición al epigrama".
4 (p. 211) Li-Po: Hay una carta de gran importancia
para la historia de las ideas estéticas en México que sólo
se publicó, bajo el título "Cómo se explica su nueva lírica
José Juan Tablada", en El Universal Ilustrado (noviembre
13, 1919) y nadie, hasta donde llega mi información, ha
vuelto a mencionarla. Miguel Caspistrán Ja descubrió y me
ha hecho el favor de transcribirla para su inclusión en este
volumen. Tablada responde a la carta de López Velarde
(junio 18, 1919) que dio a conocer Elena Malina Ortega en
Poesías, cartas, documentos e iconografía ( 19 5 3).
"Llegando al punto de su poesía ideográfica -escribe
López Velarde- quiero hablarle con absoluta sinceridad
( ... ) Mi actitud, en suma, es de espera. Hasta hoy, lo ideo-
gráfico me interesa, más que por sí mismo, por usted que Jo
cultiva. Desde que conocí lo de Apollinaire, se me quedó la
impresión de algo convencional, y esa impresión persiste des-
pués de reproducirse aquí los poemas ele usted en La Habana:
'Los ojos de Ja máscara' me iluminarán seguramente, ayudán-
dome a concluir mi criterio. Hoy por hoy, dudo con duda
grave de que Ja poesía ideográfica se halle investida de las
condiciones serias del arte fundamental. La he visto como
una humorada, capaz, es claro, de rendir excelentes frutos
si la ejercita un hombre de Ja jerarquía estética de usted.
De cualquier modo, Je repito que sabré estar a su lado, con
mi convicción de que Ja prosapia de su musa es una garantía
permanente de respetabilidad, aun en los procedimientos más
desusados de Ja belleza. No se resfríe por mis confesiones;
al cabo, yo antepongo Ja personalidad de usted a los sistemas
exteriores, y me dispongo, además, a entender mejor todo Jo
que deba esclarecerse en mi conciencia ... "
"He aquí -dice El Universal Ilustrado-- Ja forma galana
en la que el poeta José Juan Tablada explica a su amigo D.
Ramón López Velarde, sus nuevas orientaciones poéticas":
"Mi querido amigo: ¿Vio usted en Social de La Habana
unos poemas míos que llamo 'ideográficos', dos madrigales
y una Imf;resión de La Habana? Pues bien, ellos son los

223
'avant coureurs' de toda una obra, más de 30 poemas que
integrarán mi próximo volum en: Los Ojos de la MJscara .
Hace muchos años leí en la Antología Griega de Panude,
que un poeta heleno había escrito un poema en forma de
'ala' y otro en forma de 'altar'; supe por mis estudios chinos
que en el templo de Confucio se canta cierto himno cuyos
caracteres escriben con el movimiento de la danza los coreó-
grafos, sobre el pavimento. Por fin vi aquello de Jules Renard:
'les fourmis, elles sont: 33333 333 33': ... con lo que sugiere
tan admirablemente la inquieta fila de hormigas_ . . En N ew
York hace 5 años hice los Madrigales ideográficos. Luego vi
algunos intentos semejantes de pintores cubistas y algún
poeta modernista . Pero no eran más que un balbutir. Mis
poemas actuales son un franco lengua je; algunos no son
simplemen te gráficos sino arquitectónicos. La calle en que
vivo es una calle con casas, iglesias, crímenes y almas en
pena. Como la Im{Jresi6n de La Habana es ya todo un paisa-
je. Y todo es sintético, discontinuo y por tanto dinámico;
lo explicativo y lo retórico están eliminados para siempre;
es una sucesión de estados sustantivos; creo que es poesía
pura._.
"Lo que me dice de la ideografía me interesa y me preo-
cupa. Le parece a usted convencional ... ¿más convencional
.que seguir expresándose en odas pindúricas, y en sonetos
como Petrarca? .. . La ideografía tiene, a mi modo de ver,
la fuerza de una expresión 'simult:íneamente lírica y gráfica',
a resef\'a de conservar el secular carácter ideofónico. Ade-
más, la parte gráfica substituye ventajosamente la discursiva
o explicativa de la antigua poesía, dejando los temas lite-
tarios en calidad de 'poesía pura', como lo quería Mallarmé.
Mi preocupación actual es la síntesis, en primer lugar porque
sólo sintetizando creo poder expresar la vida moderna en
su dinam ismo y en su multiplicidad: en segundo, porque
para subir más, en llegando a ciertas regiones, hay que
arrojar lastre ... Toda la antigua 'mise en scéne', mi vieja
guardarropía, ardió en la hoguera de Thais convertida . ..
"Cinco años permanecí absolutamente desinteresado de
los viejos modos de expresión, buscando otros más idóneos
para mis nuevos propósitos. ¡Un lustro! La entomología
moderna ha descubierto que la cigarra permanece 17 años
en un limbo subterráneo antes de surgir y cantar su himno
al sol, que estremece el éter primJveral y perdura en las
noches del trópico ...

224
"Si usted, mi querido amigo, no fuera tan grande poeta,
si en sus obras no manifestara un ejemplo tan encantador
de liberación personal, tomaría a mal esa frase suya: 'Dudo
que la poesía ideográfica se halle investida de las condiciones
serias del arte fundamental.' E stas condiciones y ese arte,
¿no serán, en último análisis, el respeto a la tradición que
nos abruma, nos iguala, impidiendo con la tiranía de sus cá-
nones, la diferenciación artística de las personalidades? ...
"Más bien creo y me lo confirma su actitud expectante,
en que aún no tiene usted documentación abundante para
hacer un juicio definitivo. Además, mi poesía ideográfica,
aunque semejante en su principio a la Apollinaire, es hoy
totalmente distinta; en mi obra el carácter ideográfico es
circunstancial, los caracteres generales son más bien la sin-
tesis sugestiva de los temas líricos puros y discontinuos, y
una relación más enérgica de acciones y reacciones entre
el poeta y las causas de emoción . . . Mis libros Un día y
Li-Po le expl,i,carán mis propósitos me jor que esta exégesis
prematura ...
5 (p. 219) El loro: No se ha estudiado el influjo de Leo-
poldo Lugones ( 1874-1 938) en el modernismo mexicano.
Su lectura fue decisiva para González León, Rebolledo y
López Velarde. Colaboró desde el primer número en la Re-
vista Moderna y allí mismo Las montai'ías del oro recibieron
el elogio entusiasta de Tablada. Seguramente ambos poetas
entablaron correspondencia desde entonces, aunque no se co-
nocieron hasta 191 1 en París.
Lugones escribió el "preliminar" en verso de Al sol ba¡o
y la luna. Fue la segunda vez que se ocupó de un mexicano
pues ya había escrito sobre Oro y negro de Olaguíbel (v.
Las máscaras de la Revista Moderna 1968). Cuando se hnga
un estudio de las relaciones literarias in teramericanas, por el
que ha propugnado Mejía Sánchez, habrá que examinar en
detalle las afinidades entre Tablada y Lugones. "El loro" -es
una ampliación, un comentario o una mexicanización del
poema del mismo título que Lugones incluye en la sección
"Alas" ele El libro de los paisajes ( 1917) . Basta citar las dos
prim eras cuartetas:

Socarrón, perspicaz, sonoro,


a Ja casa aturde y alegra
con su ladin;i lengua negra,
desde su aro o su percha el loro.

225
Sabe cantar un tango entero,
los nombres nunca desacierta,
y según llamen a la puerta,
grita : ¡la leche! o ¡el cartero!

Por lo demás, el gran poeta argentino no resistió la


fascinación de los haikús e imitó a Tablada en las brevísimas
composiciones "Los ínfimos" que aparecen en Poemas sola-
riegos ( 1928).

226
ENRIQUE GONULEZ MART1NEZ

[Guadalajara: abril 13, 1871 - México: febrero 19,


1952]

Enrique González Martínez estudió en el Seminario


de Guadala jara y en el Liceo de Varones. Ejerció la
medicina en Mocorito y fue secretario del gobierno
de Sinaloa. Durante un viaje a México (1905) hizo
amistad con N ervo. En 1912 sustituyó a Antonio
Caso como presidente del Ateneo y con Urbina y
01aguíbel escribió los editoriales de El Imparcial,
el periódico científico-porfirista empeñado en des-
prestigiar al presidente Madero. Aceptó el cargo de
subsecretario de Instrucción Pública en el gabinete
de Huerta. "Cien días de grave culpa no han podi-
do borrarse con cuarenta años de sincera contrición",
dijo en sus Memorias.
Como poeta, crítico, profesor, director de revistas,
fue la figura dominante del lustro 1914-1919, tiempo
de gran actividad y de metamorfosis para las artes
mexicanas. A partir de 1920 fue representante diplo-
mático en Chile, Argentina, España y Portugal. Su
amistad con Manuel Azaña lo llevó a participar de
algún modo en el establecimiento de la Repúb1ica
española. En 1944 recibió el Premio Nacional de Li-
teratura "Manuel Avila Camacho", y publicó el
primer tomo de sus recuerdos literarios, El hombre

227
del búho, cDntinuados en La apacible locura ( 1951).
En 1949 presidió la comisión organizadora del Con-
greso Continental Americano de la Paz. Murió
en pleno trabajo literario cuando aún no termina-
ban las celebraciones por sus ochenta años.
Pedro Henríquez Ureña consideró el soneto "Tuér-
cele el cuello al cisne" (·e n Los senderos ocultos,
1911) como manifiesto literario antimodernista o
síntesis de doctrina estética. Para Rufino Blanco
Fombona con él termina el ciclo modernista. La tra-
dición ve en este soneto un ataque al modernismo
en general y a Rubén Daría en particular.

En realidad -dice González Martínez en La apa-


cible locura- el poema no era como definido pro-
pósito ni una cosa ni otra, sino la expresión reac-
tiva contra ciertos tópicos modernistas arrancados al
opulento bagaje lírico de Rubén Darío, el Darío de
Prosas fJTof anas y no el de Cantos de vida y esperan-
za. Dejando a un lado lo esencial en la poesía del
gran nicaragüense, se prolongaba en sus imitadores
lo que podríamos llamar exterioridad y procedi-
miento ( ... )
Contra aquella moda inquietan te, aunque efíme-
ra, iban los versos míos que tomaban al cisne como
símbolo de la gracia intrascendente, y el búho
como paradigma de la contemplación meditativa
que ahonda en los abismos de la vida interior. Nada
contra Darío, salvo las inevitables discrepancias per-
sonales; nada contra su poesía fascinadora y estinrn-
lante.

En efecto González Martínez se apartó del este-


ticismo modernista, pero no antes que Daría y
Nervo. Sus versos buscaban -dice él mismo- "el
culto al silencio, el ansia de comunidad con la natu-

228
raleza, el espíritu de contemplación y la angustia in-
terrogante frente al misterio de la vida" .
Ninguno de estos propósitos era ajeno al moder-
nismo. Lo que hizo González Martínez fue subrayar
los elementos simbolistas en detrimento de los ras-
gos parnasianos que prevalecieron en la etapa ante-
rior. Para 1911 ya Nervo había torcido el cuello al
cisne o a la elocuencia o al cisne de la elocuencia, y
abierto un camino de aspiración a la serenidad resig-
nada. Onís observa que esto es un rasgo mexicano
-de raíz indígena- inconcebible en, por ejemplo,
Unamuno cuya lucha es de signo inverso: precisa-
mente por no resignarse.
A diferencia de Nervo y Urbina, González Martí-
nez opone al narcisismo la pedagogía. Predica mo-
ralidades austeras al leer en Bergson que la intuición
supera a la inteligencia en la tarea de aprehender la
realidad. Corno Rodó, transforma en una pauta de
vida la evolución creadora bergsoniana.
Toda esta parte de su obra, introspectiva, didác-
tica, panteísta, que busca la soledad y el silencio para
el autoconocimiento y autodominio por medio de ]a
voluntad disciplinada, puede verse en términos de
estilo como la aspiración (dentro del modernismo;
i. e., una de las metamorfosis del movimiento ro-
mántico) a un nuevo clasicismo. Fluido, preciso,
siempre elegante, sin caídas ni excesivas alturas, Gon-
zález Martínez influyó en los poemas de adolescen-
cia escritos por los "Contemporáneos'', a excepción
de su hijo Enrique González Rojo.
Fue un gran traductor de la poesía francesa y no
se ha estudiado el influjo de estas versiones sobre su
amigo López Velarde. Pero ante libros como Zozo-
bra y Li-Po los versos didácticos aparecieron repenti-

229
namente anticuados. Intentó en vano ponerse al día.
Volvió a ser fiel a los principios literarios de su ju-
ventud: prolongó el modernismo hasta 1952 y entre
los sesenta y los oohenta años escribió la parte más
admirab~e de su obra. La muerte de su esposa ( 1935)
y de su hijo ( 1939) rompieron la aspiración a la
serenidad. Entonces hizo poemas de absoluta maes-
tría, en Ja más honda línea elegíaca española. En
"El Diluvio de fuego" ( 1938), que por su extensión
fue imposible incluir aquí, "el dolor personal, el
drama íntimo cedía el paso al sufrimiento del mun-
do". El simbolismo y la poesía de protesta volvieron
a enlazarse en Babel ( 1947), un poema a la ca usa
de la paz. Y en páginas como las admirables "Es-
tancias" de su libro final pudo reconciliarse con su
propio ser escindido y hacer del modernismo un
clasicismo.

230
BIBLIOGRAFÍA

LrnRos DE POESÍA: Preludios (Mazatlán, 1903). Liris-


mos (Mocorito, 1907). Los senderos ocultos (Mo-
corito, 1911) . La muerte ckil cisne ( 1915). La hora
inútil (selecciones de sus dos primeros libros, 1915) .
El libro de la fuerza, de la bondad y del ensueño
( 1917) . Parábolas y otros poemas, prólogo de Amado
Nervo (1918) . La palabra del viento (1921). El ro-
mero alucinado (Buenos Aires, 192 3). Las señales
furtivas, prólogo de Luis G. Urbina (Madrid, 1925) .
Poesías 1909-1929 (Madrid, 1930). Poemas truncos
(1935). Ausencia y canto (1937). El diluvio de fue-
go ( 1938). Tres rosas en el ánfora ( 1939). Poesía
1898-1939, m vols. (1939-1940). Ba¡o eJ signo mor-
tal, La dulce herida y La emoción perdida ( 1942).
Antología fJoética (Buenos Aires, 1943). Poesías
completas ( 1944). Segundo despertar ( 194 5). Vilano
al viento ( 1948). Babel ( 1949). El nuevo Narciso
(1952).

VERSIONES POÉTICAS: Paul Verlaine et al.: Jardines de


Francia, prólogo de Pedro Henríq uez U reña (1915) .
Francis Jammes: Pensamiento de los ¡ardines ( 1919) .
Rodenbach, Maeterlinck, Verhaeren: Tres grandes
poetas belgas ( 1918) .

LECTURAS: La obra de Enrique González Martínez, ho-


menaje del Colegio Nacional, estudios reunidos por
José Luis Martínez y prologados por Antonio Castro
Leal (1951). Pedro Henríquez Ureña: "Enrique

231
Conzález Martínez" en Obra crítica ( 1960). Enrique
Díez-Canedo: "Enrique Conzález Martínez" en Le-
tras de América ( 1944). Ramón L6pez Velarde:
"Frente al cisne muerto" en El don de febrero
(1952). Alfonso Reyes: "Dos tributos a Enrique
Conzález Martínez" en Obras completas, tomo r
(1955).

232
A VECES UNA HOJA DESPRENDIDA

A veces una hoja desprendida


de lo alto de los árboles, un lloro
de las linfas que pasan, un sonoro
trino de ruiseñor, turban mi vida.

Vuelven a mí medrosos y lejanos


suaves deliquios, éxtasis supremos;
aquella estrella y yo nos conocemos,
ese árbol, esa flor, son mis hermanos.

En el abismo del dolor penetra


mi espíritu, bucea, va hasta el fondo,
y es como un libro misterioso y hondo
en que puedo leer letra por letra.

Un ambiente sutil, un aura triste


hacen correr mi silencioso llanto,
y soy como una nota de ese canto
doloroso de todo lo que existe.

Me cercan en bandada los delirios ...


(¿Es alucinación .. . , locura acaso?)
Me saludan las nubes a su paso
y me besan las almas de los lirios.

¡Divina comunión! ... Por un instante


son mis sentidos ele agudeza rara . ..

233
Ya sé lo que murmuras, fuente clara;
ya sé lo que me dices, brisa errante.

De todo me liberto y me desligo


a vivir nueva vida, de tal modo,
que yo no sé si me difundo en todo
o todo me penetra y va conmigo.

Mas todo huye de mí y el alma vuela


con torpes alas por un aura fría,
en una inconsolab1e lejanía,
por una soledad que espanta y hiela.

Por eso en mis ahogos de tristeza,


mientras duermen en calma mis sentidos,
tendiendo a tus palabras mis oídos
tiemblo a cada rumor, naturaleza;

y a veces, una hoja desprendida


de lo alto de los árboles, un lloro
de las linfas que pasan, un sonoro
trino de ruiseñor, turban mi vida.

Silenter, i 909

234
BUSCA EN TODAS LAS COSAS . ..

Busca en todas las cosas un alma y un sentido


oculto; no te ciñas a la apariencia vana;
husmea, sigue el rastro de la verdad arcana,
escudriñante el ojo y aguzado el oído.

No seanu como el necio, que al mirar la virgínea.


imperfección del mármol que la arciila aprisiona,
queda sordo a la entraña de la piedra, que entona
en recóndito ritmo la canción de la línea.

Ama todo lo grácil de la vida, la calma


de la flor que se mece, el color, el paisaje.
Ya sabrás poco :a poco descifrar su lenguaje . . .
¡Oh, divino coloquio de fas cosas y el alma!

Hay en todos los seres una blanda sonrisa,


un dolor inefable o un misterio sombrío.
¿Sabes tú si son lágrimas las gotas de rocío?
¿Sabes tú qué secreto va contando la brisa?

Atan hebras sutiles a las cosas distantes;


al acento lejano corresponde otro acento.
¿Sabes tú dónde lleva los suspiros el viento?
¿Sabes tú si son almas las estrellas errantes?

No desdeñes el pájaro de argentina garganta


que se queja en Ja tarde, que salmodia a la aurora .

235
Es un alma que canta y es un alma que llora ...
¡Y sabrá por qué llora, y sabrá por qué canta!

Busca en todas las cosas el oculto sentido;


lo hallarás cuando logres comprender su lenguaje;
cuando sientas el alma colosal del paisaje
y los ayes lanzados por el árbol herido ...

Los senderos ocultos, 1911

236
TUÉRCELE EL CUELLO AL CISNE ...

Tuércele el cue11o al cisne de engañoso plumaje


que da su nota blanca al azul de la fuente;
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni la voz del paisaje.

Huye de toda forma y de todo lenguaje


que no se vayan acordes con el ritmo latente
de la vida profunda ... y adora intensamente
la vida, y que la vida comprenda tu homenaje.

Mira al sapiente búho cómo tiende las alas


desde el Olimpo, deja el regazo de Palas
y posa en aquel árbol el vuelo taciturno ...

Él no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta


pupila, que se clava ,en la sombra, interpreta
el misterioso libro del silencio nocturno.

Los senderos ocultos, 1911

237
COMO HERMANA Y HERMANO

Como hermana y hermano


vamos los dos cogidos de la mano ...

En la quietud de la pradera hay una


blanca y radiosa claridad de luna,
y el paisaje nocturno es tan risueño
que con ser realidad parece sueño.
De pronto, en un recodo del camino,
oímos un cantar ... Parece el trino
de un ave nunca oída,
un canto de otro mundo y de otra vida ...
¿Oyes? -me dices- y a mi rostro juntas
tus pupilas preñadas de preguntas.
La dulce calma de la noche es tanta
que se escuchan latir los corazones.
Yo te digo: -No temas, hay canciones
que no sabremos nunca quién las canta ...

Como hermana y hermano


vamos los dos cogidos de la mano ...

Besado por el soplo de la brisa,


el estanque cercano se divisa ...
Bañándose en las ondas hay un astro;
un cisne alarga el cuello lentamente
como blanca serpiente

238
que saliera de un huevo de alabastro ...
Mientras miras el agua silenciosa,
como un vuelo fugaz de mariposa
sientes sobre la nuca el cosquilleo,
la pasajera onda de un deseo,
el espasmo sutil, el calofrío
de un beso ardiente cual si fuera mío ...
Alzas a mí tu rostro amedrentado
y trémula murmuras: -¿Me has besado? ...
Tu breve ·mano oprime
mi mano; y yo a tu oído: -¿Sabes? esos
besos nunca sabrás quién los imprime ...
Acaso, ni siquiera si son besos .

Como hermana y hermano


vamos los dos cogidos de la mano ...

En un desfalleciente desvarío,
tu rostro apoyas en el pecho mío,
y sientes resbalar sobre tu frente
una lágrima ardiente ...
Me clavas tus pupilas soñadoras
y tiernamente me preguntas: -¿Lloras?-
Secos están mis ojos ... Hasta el fondo
puedes mirar en ellos ... Pero advierte
que hay lágrimas nocturnas -te respondo-
que no sabremos nunca quién las vierte ...

Como hermana y hermano


vamos los dos cogidos de la mano ...

Los senderos ocultos, 1911

239
MAÑANA LOS POETAS ...

Mañana los poetas cantarán en divino


verso que no logramos entonar los de hoy;
nuevas constelaciones darán otro destino
a sus almas inquietas con un nuevo temblor.

Mañana, los poetas seguirán su camino


absortos en ignota y extraña floración,
y al oír nuestro canto, con desdén repentino
echarán a los vientos nuestra vieja ilusión.

Y todo será inútil, y todo será en vano;


será el afán de si.empre y el idéntico arcano
y la misma tiniebla dentro del corazón.

Y ante la eterna sombra que surge y se retira,


recogerán del polvo la abandonada lira
y cantarán con ella nuestra misma canción.

La muerte del cisne, 1915

240
CASA CON DOS PUERTAS

¡Oh, casa con dos puertas que es la mía,


casa del corazón vasta y sombría
que he visto en e1 desfile de los años
llena a veces de huéspedes extraños,
y otras veces -las más-, casi vacía! ...

Casa que en los risueños


instantes de la vida, miró absorta
la fila interminable de los sueños,
de arribo fácil y de estancia corta . ..

¡Cuán raro fue el viador que en la partida


dejó, para los tránsitos futuros,
una hoguera encendida
en la piadosa puerta de salida
o una noble inscripción sobre los muros!

Los más dejaron, al fulgor incierto


de un prematuro ocaso,
algún jirón en el umbral desierto,
el alma errante de algún himno muerto
o un desgaste de piedras a su paso.

Sólo al silencio de la paz nocturna,


prende su lamparilla taciturna

241
huésped desconocido ...
Y se pregunta mi inquietud cobarde
si es un cansado amor que llegó tarde
o es un viejo dolor que no ha salido.

La palabra del viento, 1921

242
DOLOR

Mi abismo se llenó de su mirada,


y se fundió en mi ser, y fue tan mía,
que dudo si este a1iento de agonía
es vida aún o muerte a1ucinada.

L1egó e1 Arcánge1, descargó 1a espada


sobre e1 dob1e 1aure1 que florecía
en e1 se11ado huerto ... Y aque1 día
vo1vió 1a sombra y regresé a mi nada.

Creí que el mundo, ante el humano asombro,


iba a caer envuelto en el escombro
de la ruina total del firmamento ...

¡Mas vi la tierra en paz, en paz la altura,


sereno el campo, la corriente pura,
el monte azul y sosegado el viento! ...

Poemas truncos, 1935

243
ESCALA DE AUSENCIA

La vida me la dio; la misma vida ·


me la arrancó . .. Bendigo aquella mano ·
propicia al don, y .el insondable arcano
que me roba la dádiva ofrecida.

La vida me la dio ... Llegó vestida


de azul de luna a mi cubil profano;
trocó en plegaria mi lamento humano,
y en templo la humildad ele mi guarida.

En el engaño de perenne aurora


y en plenitud de amor, sonó la hora
de volverla a su origen y a su esencia ...

Trazó al huir un signo de futuro,


y peldaño a peldaño el pie seguro
la sigue por la escala de la ausencia.

Ausencia y canto, 1937

244
MAR ETERNO

El mar por tantas horas ha mecido


sueño y ensueños ele mi vida errante,
que aun corto sus espumas, navegante
de noche azul en piélago de olvido.

:Marinero ele insomnios perseguido,


- pérfido e1 rumbo, prófugo el instante-
cual mascarón de proa voy delante,
esclavo ele los ojos y el oído.

Del mar me cuenta el caracol sonoro,


el dejo de su sal gusto en el lloro,
el canto de sus ondas me despierta;

y vuelve a ver mi náufraga fortuna,


nuestras dos almas que juntó la luna
en la isla fantástica y desierta .

Tres rosas en el ánfora, 19 39

245
LA DESPEDIDA

No ha de besarme en la angustiada hora


de mi trance mortal, y será en vano
que busque la caricia de su mano
con el afán con que la busco ahora.

Será d morir como distante aurora


perdida en sueños; sentiré cercano
el leve soplo de un suspiro hermano
o la filial desolación que llora.

Su beso, no ... La trágica amargura


ele su último mirar en mí perdura
cada vez más tenaz y más adentro ...

Aquellos ojos de paloma herida


se1laron la suprema despedida
por si no hay otro viaje ni otro encuentro.

Tres rosas en el ánfora, 19 39

246
6

ROMANCE DEL MUERTO VIVO

Hay horas en que imagino


que estoy muerto;
que s6lo percibo formas
amortajadas de tiempo;
que soy apenas fantasma
que algunos miran en sueños;
que soy un pájaro insomne
que más canta por más ciego;
que me fugué -no sé cuándo-
ªdonde ella y él se fueron;
que los busco,
que los busco y no los veo,
y que soy sombra entre sombras
en una noche sin término.

Pero de pronto la vida


prende su aurora de incendio
y oigo una voz que me llama
como ayer, a grito abierto;
y en la visión se amotina
la turba de los deseos,
y se encrespan los sentidos
como leones hambrientos .. .
Y hay un alma que está aquí,
tan cercana, tan adentro,
que fuera arrancar la mía

247
arrancármela del pecho ...
Y soy e1 mismo de enantes,
y sueño que estoy despierto
y cabalgando en la vida
como en un potro sin freno ...

Sólo tú, la que viniste


a mí como don secreto,
tú por quien la noohe canta
y se ilumina el silencio;
sólo tú, la que dejaste
con vuelo de amor el centro
de tu círculo glorioso
para bajar a mi infierno;
sólo tú, mientras tus manos
alborotan mis cabellos
y me miras a los ojos
en el preludio del beso,
sólo tú podrás decirme
si estoy vivo o estoy muerto.

Tres rosas en el ánfora, 1939

248
ESTANCIAS

Tropel de sombras; mas el ojo lleva


en su retina la visión del viaje.
Alcé mi voz al astro que se eleva;
cantando espero que la noche baje.
Del coro soy: ni resonancia nueva
ni raro timbre de inicial mensaje;
me seduce la eterna melodía
que, por ser la de todos, es más mía.

Roble, laurel, espina, poco importa;


lo que vale es vivir; en la tortura,
igual que en el placer, la vida es corta;
voluntad de vivir es lo que dura .
La frente al aire y la mirada absorta,
mil veces renovara mi aventura
de andar y desandar este camino
a fuer de voluntario peregrino.

Sonrisa, lentitud. ¡Feliz quien sabe,


a la hora solemne e imprecisa

249
en que es forzoso que la vida acabe,
asociar el adiós con la sonrisa
y lentamente conducir la nave!
Semeja fuga navegar de prisa.
Llegue la barca al límite supremo
arriando lonas y a compás del remo.

En marcha desigual y prolongada,


nada pasa por mí sin dejar huella;
agua que corre y agua congelada,
el cocuyo lo mismo que la estrella,
a la vez el camino y la posada,
el beso de hoy y el ósculo de aquella
que en horas de quebranto vespertino
partió mi pan y me brindó su vino.

5
Vive mi sueño selvas encantadas
por donde tiendo la mirada y veo
ninfas que se dispersan en bandadas,
sátiros en el rijo del deseo,
mansedumbre de fieras dominadas
por el hechizo musical de Orfeo,
y fuentes que revelan al oído
la eficacia secreta del sonido.

Cruza también -acompasada ronda-


el vuelo de las aves agoreras;

250
trinos que se despiertan en la fronda
evocan mis lejanas primaveras;
no hay un leve rumor que no responda
en clave de palabras mensajeras,
y ven mis ojos, siervos de mis pasos,
nacer auroras y morir ocasos.

Torvo fantasma acecha con la muda


presencia marginal; su comentario
de impasible silencio rige y muda
el mapa del borroso itinerario.
Un tiempo fue pavor, amago, duda,
hoy consejero fiel y amigo diario;
presidiendo las horas, nos advierte
que brotan del rosal rosas de muerte.

Causa dolor dejar interrumpida


la vieja historia y en sordina el canto
que a toda voz alzamos a la vida
con risa fácil o con doble llanto;
mas esta suavidad adormecida
de rapsodia final, tiene su encanto:
define el ojo y el oído ausculta
la forma vaga y la palabra oculta.

¡Mágico mar de mis contemplaciones


que recorrí sonámbulo y despierto;

251
velas que el huracán hizo jirones
y hube de renovar en cada puerto;
náutica rosa de las tentaciones
a todos rumbos y sin rumbo cierto! ...
¿Qué testigos insomnes a mi lado
dirán que la aventura ha terminado!

10

Uno fui ayer. :Mañana ¿quién pudiera


decir lo que seré? Se está forjando
esta vida mortal y no sé cuándo
terminen mi labor y mi carrera.
En mi mal y mi bien ejerzo mando
y en mi mano está ser ángel o fiera.
Cetrero y domador, dar he sabido
suelta al azor y látigo al rugido.

11

Estoy en soledad bajo los pinos,


enfrente el viejo mar que duerme y brama,
el mar que pinta y borra los caminos;
la altura atrás, hoy nieve y ayer flama.
Tras de mí, los impulsos repentinos;
delante, la aventura que me llama;
delante lo que toco y lo que veo;
detrás, la incertidumbre del deseo.

12
Frente a mí, la videncia ele horizontes,
la flor campestre en musgo de esmeralda,

252
y traspasando el filo de los montes,
el reino de las sombras a mi espalda.
Atrás, las altas cúspides bifrontes
cuyos hielos al sol mojan la falda;
y en mitad de la a1tura y del abismo,
la profunda ignorancia de mí mismo.

13

Con el ala ligera y temblorosa,


Ariel, alma del aire, roza el viento
y es iris con disfraz de mariposa
en el jardín azul del firmamento.
Me digo: ¿por qué voy de cosa en cosa
en perpetuo y activo movimiento
cual si tuviera el alma repartida
en una inmensa donación de vida?

14

Desde la aurora de preludios rojos


una obsesión de altura me enardece;
y cuando el sol escapa de mis ojos
y en brazos de la noche desfallece,
sigue el ansia de vuelo sus antojos,
crece el afán mientras la sombra crece,
y voy a tientas por la selva oscura
como niño que corre a la ventura.

15
¿A la ventura? No. La vida clama
y el alma se conturba al llamamiento;

253
todos piden merced y el eco brama
sobre las alas trémulas del viento·
el torrente del odio se derrama, '
huye la grey en trágico lamento,
¡y es fuerza compartir esa agonía
que, por ser la de todos, es más mía!

16

Cabe la excelsa austeridad del pino


y el espiral abrazo de la hiedra,
estoy forjando a golpes mi destino
-estatua y escultor, cincel y piedra-.
Grietado fuste en tumbo repentino,
truncado capitel, nada me arredra;
prestos acuden al tropiezo humano
bloque y martillo en la nerviosa mano.

17

Hace tres lustros me engañó la vida


-¡cómo me duele la traición!- y creo
que de su propio engaño arrepentida,
ofreció nuevo don a mi deseo.
Aún escuecen los labios de la herida
y un hi1o rojo en mi costado veo;
mas resignado el escozor soporto
y bebiendo mi sangre me conforto.

18

¡Estrella clara, compasiva estrella


que tras la celosía de la nube

254
me hiciste guiños en la noche aquella!
Como sobre las alas de un querube,
vi discurrir por la celeste huella
llanto que baja y oración que sube.
¡Tocó mi frente el rayo diamantino
y todo se hizo canto en el camino!

19

Mi torpe balbucir halló el secreto


de la palabra; fue purificado
el beso matinal; violado el veto
que confunde el amor con el pecado;
torn6se manso el corazón inquieto,
y las rosas del huerto constelado
ei1tornaron de noche su corola
por que brillaras tú límpida y sola.

20

¡Oh, poesía, santa poesía,


samaritana luz en mi sendero,
flor en mi duelo, dardo en mi alegría!
Por ti debo morir y por ti muero,
te quisiera decir como decía
el bardo de la lira y del acero. 1
¡Puede esgrimir la muerte su guadaña
si tu amor en el trance me acompaña!

21

Donadora del ritmo y de la rima,


quiero decirte adiós, pues ya cercana

255
anuncia que la hora se aproxiimt
la profética voz de la campana.
Viento renovador ruge en la cima
del alto monte de cabeza cana·
'
oigo el fragor; mas nada me amedrenta
porque escucho mi canto en la tormenta.

22

Árbol caduco; greñas el ramaje;


ulcerada corteza; pluma y trinos
en fuga por los árboles vecinos;
desnudez espectra1 frente al boscaje.

Pudor que espera que la noche ataje


el confuso tropel de los caminos
de que otrora cansancios peregrinos
damandaron frescura y hospedaje.

Arroyo fiel en pertinaz murmullo;


de la penuria verde en la cimera,
desmedrado mechón que finge orgullo.

Y en la piadosa lluvia, mensajera


de un nuevo amanecer, flor en capullo,
¡último don de tarda primavera!

19 51 - El nuevo Narciso, 19 52

1 (p. 2 55) El bardo de la lira y el acero es Garcilaso de


la Vega (1503-1536) de quien González Martínez tomó,
transformándolo, el cuarto verso en letra cursiva de la "es-
tancia" veinte: "Por vos he de morir y por vos muero",
última línea del soneto que lleva el número v en las Obras
de Garcilaso que Tomás Navarro Tomás editó para Clásicos
Castellanos.

256
MARIA ENRIQUET A

[Coatepec, Veracruz: enero 19, 1872 - México:


febrero 13, 1968]

María Enriqueta Camaril1o de Pereyra fue dada a


conocer por Gutiérrez Nájera en la Revista Azul.
En 1898 se casó con el historiador Carlos Pereyia
(1871-1942). La carrera dip lomática de su esposo y
el subsecuente exilio la llevaron a vivir durante cua-
tro décadas fuera de México, primero en Cuba y
Bélg ca y a partir de 1916 en España. Allí, m.entras
Pcreyra escribía mu.::hos volúmenes para mostrar la
trayectoria de la civilización española en América,
denunciar la política de Washington y combatir a
los gobiernos revolucionarios de su país, ~faría En-
riqueta continuó su obra poética, dio conc:ertos de
piano, ilustró sus prop:os textos, hizo traducciones
de Sainte-Beuve y publicó novelas sentimentales
como El secreto ( 1922) que recibió el premio de la
A.::ademia de Letras de Francia y fue elogiada por
Paul Valéry. María Enriqueta regresó a México en
1948. Los veinte últimos años de su existencia trans-
currieron en la miseria y el olvido. Sus libros de
lectura, Rosas de la infancia ( 1914-19 53), acercaron
por vez primera a las letras a varias generaciones
mexicanas.

257
María Enriqueta es la única poetisa de alguna sig-
nificación que hay en el modernismo antes de Del-
mira Agustmi y Aifonsina 5torni, y a diferencia de
quienes van a seguir.a escribe una poesía frágil, pu-
dorosa, de sencd1ez coloquial a la manera inglesa.
En textura verbal y preferencias rítmicas sus versos
pueden emparentarse con los de lcaza. El sentimien-
to se parece al de Urbina y está más cerca del ro-
mántico Bécquer que del modernista Rubén Darío.

¿Su verdad de artista? -dijo L6pez Velarde-. Es


la verdad de un buen gusto ingém to ( ... ) Yo diría
que su principal atributo es la naturalidad. Nada,
dirán algunos. Casi todos, decimos otros.
La reputación litt:rana de María Enriqueta -es-
cribió t'edro Henríquez l.Jreña- es posterior a la
Rernlucion: hacia el fmal del antiguo regunen abun-
daba cn J\léxico la creencia de que la mu¡er no tenia
papel posible en la cultura ( ... ) Su impiración de
tragedia hunda y contenida es cosa sm precedentes
en t\léx1co, y, por ahora, sin secuela ni mtlu¡o; pero
por ella, y a pesar de sus mmm:nto~ pueriles, es
!'\lana Enriquda uno de los artistas más smgulares.

258
BIBLIOGRAFlA

LIBROS DE POESÍA: Las consecuencias de un sueño


( 1902). Rumores de mi huerto, prólogo de Victo-
riano Salado Alvarez (1908 y 1910). Rumores de
mi huerto. Rincones románticos ( M~1drid. 1922).
Album sentimental (Madrid, 1926). Poemas del cam-
po (Madrid, 19 3 5) . Recordando dulcemente ( Ma-
drid, 1946).

LECTURAS: Pedro Henríquez Ureña: "Notas sobre li-


teratura mexicana" en l\,féxico Moderno, n, 3, 1922,
y en Páginas escogidas ( 1946). Ramón López Ve lar-
de: "María Enriqueta" en El don de febrero ( 19 52).
Angel Dotor: María Enriqueta y su obra (Madrid,
1943).

259
- SENDERO OLVIDADO

¡01vidaste 1a vereda
que conduce a mi cabaña!
Entre la oscura arbo'eda
de aquesta triste montaña
ya tan sólo mi alma huraña
a esperar la muerte queda ...

Ella, en otoño o verano,


tarde quizás o temprano,
aunque esté cual hoy. alerta
junto a la choza de alano,
vendrá a llamar a mi puerta ...
como llamaba tu mano.

Saldré a tu encuentro de prisa,


tal vez con una sonrisa
de las que eran para ti ...
Y verá la aparición
al perro, junto de mí,
más fiel que tu corazón.

Y partiremos después ...


y al son de la hoja que rueda
marcharemos, ay, los tres
por esa larga vereda
que recorrieron tus pies.
Rumores de mi huerto, 1908

260
RENUNCIACióN

Sacó la red el pescador, henchida,


y en tanto que feliz del mar se aleja,
en voz más dulce que la miel de abeja
el Señor a seguirlo le convida.

-"Quien por buscarme su heredad olvida


será en mi hatillo preferida oveja",
dice, y el pescador las redes deja
y vase tras Jesús con alma y vida.

Y o que ni redes ni heredades tengo,


que no sé de riquezas ni de honores,
que ignoro los orgullos de abolengo,

yo dejo, por seguirte, mis amores.


Eran mi bien, Señor ... A ti ya vengo
mas pobre que los fieles pescadores.

Rincones románticos, 1922

261
VANA INVITACION
-Hallarás en el bosque mansa fuente
que, al apagar tu seu, copie tu frente.

Dijo, y le respondí: -No tengo antojos


de ver más fuente que tus du.ces op. . s;

sacian ellos mi sed; son un espejo


donde recojo luz y el alma dejo ...

-Escucharas entonces los latidos


del gran bos'-1 ue en los troncos retorcidos;

o el rumor Je la brisa vagarosa


que huye y vuela cual tarda mariposa ...

-Bástame oir tu voz; tiene su acento


gritos de mar y susurrar de viento.

-Hay allí flores, como el sol, doradas,


y otras níveas cual puras alboradas.

-En tu mejilla rosa está el poniente,


y la blanca alborada está en tu frente.

-Hay allí noches profundas y tranquilas ...


-Estas noches están en tus pupilas.
-Hay sombra en la maleza enmarañada .. .
-Hay sombra en tu cabeza alborotada .. .

-Lo que se siente allí, no lo has sentido.


A tu lado el amor he presentido.

-¡Ven! Ese bosque misterioso y quieto


va a decirte al oído su secreto ...

-¡Es en vano el afán con que me llamas!


Si tú ya me dijiste que me amas! ...

-Hay un árbol inmenso, majestuoso,


de altísimo foraje rumoroso;

en él, como serpiente, está enredada


una gigante yedra enamorada ...

-Tú eres ese árbol majestuoso y fuerte;


deja que en ti me apoye hasta la muerte ...

Rincones románticos, 1922

263
PAISAJE

Por la polvosa calzada


va la carreta pesada
gmuendo con gran dolor.
.lc,s tarde fría de enero,
y los bueyes van temblando ...
Mas de amor
van hablando
la boyera y el boyero.

Yo voy sola por la orilla


donde la hoja ditunta
que el viento en montones junta,
pone una nota amanlla . . .
Mientras tanto, en el sendero
bien unidos van la yunta,
la boyera y el boyero.

Acompañante no pido,
que alma huraña siempre he sido.
En mi desdicha secreta,
en mi dolor escondido,
bien me acompaña ei gemido
de la cansada carreta ...

Album sentimental, 1926

264
ALFREDO R. PLACENCIA

[Ja:ostotitlán, Jalisco: septiembre 15, 1873


Guadalajara: mayo 20, 1930]

Alfredo Román Placencia vivió siempre en la po-


breza y en la oscuridad. A los doce años llegó a Gua-
dalajara y se dedicó a vender periódicos a fin de
pagar sus estudios. Se ordenó de sacerdote en 1899.
Fue párroco en aldeas empobrecidas - Temaca, Bo-
laños, Atovac, Amatitlán- donde 1a Biblia y los
libros eclesiásticos eran su única lectura. P'acencia,
traicionado por sus vicarios, entró en conflicto con
la jerarquía clerical y protestó contra las injusticias
de los caciques. Habitó en una de las zonas más afec-
tadas por la Revolución:

Las calles de Jerez flotan en sangre


y en sangre el viento y las montañas flotan.
Del norte vino la implacable guerra ...

Estuvo desterrado en Norteamérica y El Sa1vador.


Al terminar la guerra cristera volvió a Guadalajara
y allí murió poco después, cuando era párroco de
Tlaquepaque.
Para Alfonso Gutiérrez Hermosi11o, Placencia

es el punto de enlace más evidente hasta ahora de


nuestro romanticismo lírico, de quien hereda Jos

Z65
temas y e] temperamento, con el modernismo ameri-
cano cuyas libertades toma (... ) Alía con el moder.
nismo tendencias populares al parecer incompatibles
con tal movimiento literario, y lo arraiga mejor al
suelo nativo.

EJ padre Placencia escribió la mayor parte de su


obra entre 1895 y 1920. Pudo infundir al modernis-
mo de sus contemporáneos remotos una l'aneza co-
loquial, un tono de conversación desesperada con
Dios y con los hombres. Se parece a Nervo y Gonzá-
lez Martínez en la aspiración al estoicismo. Como
Othón sólo habló de lo que veía y vivía. Al repetir
las lamentaciones de Job en la lengua del campo
mexicano, Placencia no intentó remedar a los mís-
ticos sino hablar a Dios de frente como ellos. Quizá
por esto Placencia es, antes de Carlos Pellicer, nues-
tro mejor poeta católico.

266
BIBLIOGRAFtA

LmRos DE POESÍA: Los tres únicos publicados en vida


por Placencia se editaron en Barcelona. 1924: El paso
del dolor, Del cuartel y del claustro, El libro de Vios
(prólogo de Alfonso Junco) . Alfonso Gutiérrez Her-
mosillo l l 90 5-19 3 5] preparó una Antología poética
de Placencia no aparecida hasta 1946. Finalmente
Luis Vázquez Correa hizo una recopilación de Poe-
sías ( Guadalajara, l 959) que añade a los anteriores
0tros cinco libros: El vmo de las cumbres, La franca
inmensidad, El padre Luis, Varones claros, '] ·umbas
y estrellas, La oración de la patria.

267
CIEGO DIOS

Así te ves mejor, crucificado.


Bien quisieras herir, pero no puedes.
Quien acerto a ponerte en ese estado
no hizo cosa mejor. !¿ue as1 te quedes.

Dices que quien tal hizo estaba ciego.


No lo digas; eso es un desa lmo.
¿Corno es que d10 con el camino luego,
si los ciegos no dan con el cammo? ...

Convén mejor en que ni ciego era,


ni tue la causa de tu afrenta suya.
¡Qué maldad, ni qué error, ni qué ceguera! ...
Tu amor lo quiso y la ceguera es tuya.

¡Cuánto tiempo hace ya, Ciego adorado,


que me llamas, y corro y nunca llego! ...
Si es tan sólo el amor quien te ha cegado,
ciégueme a mí tamb:én; quiero estar ciego.

El libro de Dios, 1924

268
MISERERE

Corre tu velo.
Las antorchas celestes se han encendido
y hay más luz en tu cumbre que en el Carmelo
De amor rendido,
qmero besar la fimbria de tu vestido,
y gntarte mis culpas, arrepentido,
y asomarme a tus ojos y ver el cielo
que hasta el monte en que pisas ha descendido.
Corre tu velo,
que te encubre a mis ojos y te guarda escondido.

Que tus ojos se aparten de mi pecado


y que, mansos, se inclmen a mi tristeza.
Si los yerros enormes de m1 pasado
son sobre los cabellos de m1 cabeza,
DUEÑO adorado:
ten piedad de este pobre que va extraviado,
más que por su malicia, por su tlaqueza.

Al pensar en lo injusto de mi desvío,


siento sonrojo
y me embriago en angustia, dulce Bien mío.
Alcese tu C lemencia sobre tu enojo;
vuélvanse a mí los brazos, a que me acojo,
y la boca blasfema calle el impío.

269
No me apartes tu rostro, templa tu safia.
No es blasón de tu brazo que así persiga
y descargue su azote sobre una calia.
¿Ya olvidaste mi historia? Soy una espiga
que nul veces e1 soplo menos airado
batió y deshizo.
Desde e1 claustro materno vengo heredado
con las grandes tristezas del paraíso.

¡Oh! qué noche tan triste la noche aquella 1


en que de mí se dijo: "¡!:)urge a Ja v1ua ··.•. 1
¡Quien pudiera de1arla sm una estreJal ...
(;enes1s y pnnc1p10 de tanto daño,
¿por qué no la tuviste siempre escondida?.
Con una noche menos, ¿que pierde un aúo? ...

O si abrirse mis ojos estaba escrito,


¿a qué no sotocarme, cuando nac1a? ...
Sm el tardo que pesa sobre el proscrito,
fuera menor Ja mancha de m1 dehto,
y, al amor de la tumba, descansana.

¡Oh! .•. mitiga mi angustia. Que tus enojos


nunca más en los tuyos muen mis 01us.
Aquí quema, aquí corta,
con tal de que me indultes y me perdones.
Le conviene al culpado y a TI te importa
que de blando y bemgno tu enojo abones.

¿Qué logras, al herirme, si te olvidares


de que soy en tus dedos trágil arcilla? ...
¿A quién dañas y ofendes, si perdonares? .••
¿Los mares procelosos, que son los mares,
devoraron, acaso; la blanca orilla? . . .

270
Dueño adorado:
por la Llaga bendita de tu costado;
por la tristeza
que en el Huerto sentiste, desamparado;
por la Cruz que ha vencido tu fortaleza ...
ten piedad de este pobre, que va extraviado
por su flaqueza.

El libro de Dios, 1924

271
MI CRISTO DE COBRE

Quiero un lecho raído, burdo, austero,


del hospital más pobre; quiero una
alondra que me cante en el alero;
y si es tal mi fortuna
que sea noche lunar en la que me muero,
entonces, oíd bien qué es lo que quiero:
qu;ero un rayo de luna
pálido, suti1ísimo, ligero ...
De esa luz quiéralo; de otra, ninguna.

Como el ú'timo pobre vergonzante,


quiero un lecho raído
en algún hospital desconocido,
y algún Cristo de cobre, agonizante,
y una tremenda inmensidad de olvido
que, al tiempo de sentir que me he partido,
cojan la luz y vayan por delante.
Con eso soy feliz, nada más pido.

¿Para qué más fortuna


que mi lecho de pobre,
y mi rayo de luna,
y r, 1i alondra y mi alero,
y mi Cristo de cobre,

272
que ha de ser lo primero? ...
Con toda esa fortuna
y con mi atroz inmensidad de olvido,
contento moriré; nada más pido.

El libro de Dios, 1924

273
CON UN POCO DE OLVIDO

Aquí tienes mis muertos, Señor.


Yo no te pido
muchas ni grandes cosas; nada más el olvido
de las simas oscuras en que hubieren caído.

En tu amor solamente y en tu p:edad confiaron


y de tu mano sólo todo bien esperaron.

Oye lo que te pido,


oh, Señor:
Por lo mucho que mis muertos te amaron
tu piedad me los premie con un poco de olvido.

Del cuartel y del claustro, 1924

274
LA FATIGA DE LAS PUERTAS

Cuando algún desamparo viene y me grita,


abriéndole mis puertas, dígole, pasa,
y le apresto las cosas que necesita
y ordeno que se alumbre toda la casa
para calentar al huésped que me visita.

Amo el afioso tronco por carcomido;


suefio las tempestades por ser oscuras;
amo, por olvidadas, las sepulturas,
y el ciego, por ser ciego, me fue querido.

No reparé en la mancha del que ha caído,


ya que caímos juntos; y mis ternuras,
si pensaron, acaso, sus desventuras,
fue para amortajarlas en el olvido.

Tal fui desde la cuna y estoy contento


siendo así, de ese modo que me es innato
e irá siempre conmigo. Lo que lamento
y hace el dolor insigne con que me mato,
es ceder al impulso del menor viento
y partir mis caricias con el ingrato.

*
Se acordó de su techo desaparecido.
Era su techo

275
la sombra de aquel otro, también deshecho,
que fue mi nido,
cuyos últimos cantos guardo en mi pecho,
cuyas luces postreras he recogido.

Y sacó muchas cosas vivas y muertas


de los senos del alma, que ante mí abría;
y, al sentirnos gemelos: Desde este día
yo te amo, le dije. Tienes abiertas,
no nomás las del alma, todas mis puertas.

Abracé su abandono, ya que era el mío,


y lo senté a mi mesa, como es costumbre,
y distraje con bromas su eterno hastío
y reviví la lumbre
para que así estuviera con menos frío.

¿Qué pudo hacerle falta que no haya hecho?


Le di el pan de mi mesa
y el calor de mi pe.::ho.
Hoy todo eso me pesa.
Maldigo todavía la hora esa
en que mi puerta abría.

¿Quién jamás lo pensara?


Lava tus pies, le dije, lava tu cara.
Y allí estuve oficioso, como un hermano,
con el agua a la puerta.
Fue para que en el rostro me la tirara.

Todo el edén soñado, quedó deshecho.


Lo mismo que aquel otro desparecido,
tristes vieron mis ojos el nuevo techo
también caído.

276
Y se fue. Desde entonces no más ha vuelto.
No sé dónde haya ido ni lo pregunto.
Epílogo de todo -y éste es un punto
de gravedad ingente que no he resuelto-:
¿qué debo hacer ahora con estas puertas?
¿debo cerrar acaso? ¿las dejo abiertas?

(;ravedad y no poca
va tomando el enigma. ¿Quién lo resue1 ve?
¿Si me pongo a cerrarlas y el pobre toca?
¿Si quedan como antes y el otro vuelve?

Antología poética, 1946 - El vino de las cumbres, 1959

1
(p. 270) ¡Oh qué no~he tan triste la noche aquella ...
1:'oda la estrofa que así comienza y los primeros versos de Ja
s1gmente parafrasean con gran libertad creadora los versículos
3, 6 y 11 del capítulo 3 del Libro de Job (versión Reina/
Valera).

277
RAFAEL LóPEZ

[Guanajuato: diciembre 4, 1873 - México:


julio 15, 1943]

Rafael López fundó en León la revista El Arte en


compañía de Manuel de la Parra y Liborio Crespo.
Hacia 1901 llegó a la capital y se im:orporó al grupo
de la H.ev1sta i'vludema. A menudo con el auag1ama
de Lázaro P. 1' eell publicó en H.evista de Kevi¡¡tas y
El Universal, crónicas parcia .mente recogidas en Pro-
sas tran¡¡euntes t 1925) que tueron las u1 timas seña-
les de vida de este genero. ~hembro del Ateneo,
protesor de la Escuela Normal, dirigió ei Archivo
General de la Nación y el instituto de investigacio-
nes Estet1cas, fue anugo de López Velarde y tuvo
buenas relac10nes con los Estridentistas y los "Con-
temporaneos" qmenes aplaudieron su negativa de
entrar en la Academia.
A juicio de Reyes ( 1913), López es el último poeta
de la Revista Moderna:

tiene el don de la técnica. Es, sobre todo, maestro


del color y del ntmo; pero tlaquea, por momentos,
la solidez de su coustrucc1ón: a veces tolera el npio
modernista ... lPero J salvo ciertos pecados ora tonos
( ... ) alcanza una tuerza no frecuente en nuestra
poesía.

279
El pamasismo, la admiración por Nervo, Darío
y el Santos Chocano de Alma América ( 1906) es-
timularon a Rafael López a buscar temas de historia
mexicana. Junto a lo~ textos pa . not1cu~ que senta-
ron la pauta del tipo de compos1c10nes prem;ables
durante muchos aüos en juegos florales, escrib.ó
páginas que evocan la atmostera "decadente" del
novecientos y algunas compos1c10nes íntimas y amo-
rosas como "Venus suspensa", que muestran una
asimilación profunda del intlujo de López Velarde.

280
BIBLIOGRAFíA

LrnRos DE PoEsÍA: Con .los ojos abiertos (I90Z} .. Poe-


mas ( 1941). Obra poética, prólogo de Alfonso Reyes
(Guanajuato, 1957). . · · · · · ·

LECTURAS: Alfonso Reyes : "La poesía de Rafael L6pez"


en Obras completas tomo 1 ( 19 55). Xavier Villautru-
tia: "A 1a memoria de Rafael L6pez" en Obras
(1966). . .

281
RUELAS

El -diablo, tu divino maestro de dibujo,


en tus sueños proclama la virtud de su influjo
y mandrágoras cortas con tus manos de brujo.

Y como gran artífice de belleza y gran mago,


los cabellos de Ofelia desparrama en tu lago.
Y en tu claro de luna crucifica a un endriago.

Y aunque un fauno lascivo se encorva en tu cimera,


imitas a Jerónimo: tu querida primera
y tu querida última será una calavera.

La inspiración que mueve tu lápiz, digna es


de las noches protervas que gozó Gille de Retz, 1
de que Sirenas giman y bailen Salomés.

La ilusión despedaza su divino secreto


en el desbordamiento de tu numen concreto,
donde tiembla la sombra de un convulso esqueleto.

Taciturna y maligna, tu flotante quimera


tiene pechos de esfinge, de mujer la cadera
y a la flor del acónito huele su cabellera.

Tus cartones fulguran con diabólicas llamas


y tus hilos de sombra dejan ver en sus tramas,
de serpientes deformes los quietos monogramas.

282
Y a tu modo repites con la punta cortante
del carb6n, encendido como un limpio diamante,
las terribles palabras del Infierno del Dante.

Abres trágicamente la Caja de Pandora


y en el acero mismo del ancla salvadora,
a la Esperanza clavas con el bien que atesora.

Exégeta preclaro de los bellos poemas,


tú, que diste a los versos resplandores de gemas
y los interpretaste con figuras supremas,

hoy circuyo tu frente en la noche oportuna


con los mirtos que brotan donde ha sido tu cuna,
bajo el grave silencio de mi madre la luna.

Con los o;os abiertos, 1912

283
..
LA BESTIA DE ORO

La tierra adonde el Bóreas rugiente se encamina


y el indio mar engolfa sin tregua sus espumas
para besar un flanco de la morena ondina;
allí donde una máxima flor de esencia latina
fue regada con sangre de nobles Moctezumas;

la tierra que fue savia del viejo tronco azteca,


nodriza de , Cuaubtémoc y Nezahualcóyotl,
la que heredó las artes ancestras del tolteca
e hiló en las patrias rocas -maravillosa rueca-
las rutas siderales de la Piedra del Sol;

la que entre dos océanos, cual náyade imprevista,


se levantó a los ojos ardientes de Cortés
y no tembló en sus fieras montañas de amatista
al ver pasar el rojo corcel de la Conquista,
entre el mortal relámpago del español arnés;

la tierra de los montes azules, cuyos flancos


floridos se duplican en lagos de ·cristal;
la de las verdes selvas y los volcanes blancos;
la tierra que en la clara luz de sus cielos francos
pintó con el arco iris las plumas del quetzal;

ve allá, tras los pinares del Norte, la amenaza


que entre la polvareda de un bárbaro tropel,
hace la Bestia de Oro con su potente maza:

284
la poderosa Bestia signos . funestos traza, .
ebria de orgullo, desde su torre de Babel.

Ya llega hasta los Andes el estridente coro


de los pueblos que ·claman femblando de terror;
un crimen. la vergüenza parece, y el decoro.
Hay que doblar la rótula frente a la Bestia de Oro
y que adorar al bíbl.ico Nabucodonosor. .

Codo con codo, inerme bajo su garra púnica,


el débil va a las horcas impías de su ley:
la potestad del dólar es su Imperatrix única;
se secan las olivas más verdes en su túnica
y Shylock lanza trozos humanos a la grey.

En este gran crepúsculo del esplendor latino,


el águila de Anáhuac -símbolo de blasón-
ve moribunda a un cuervo color de su destino,
que clava en lambrequines grasientos de tocino
las prosapias impuras del riel y del carbón.

Time is money ulula su resoplar de toro


·junto al sueño latino clavado en una cruz.
¡Oh síntesis grotesca del prócer refrán moro
que dijo bellamente: el tiempo es polvo de oro,
colmillos de elefante y plumas de avestruz!

¿Cómo la virgen criolla de fiera sangre .hispana


que ve en su historia alzarse la sombra de Colón
podrá echar al olvido su estirpe soberana?
¿Irá, dioses crüeles, como una cortesana,
a perfumar los rudos cabellos de Sansón?

285
¿Sólo con la protesta de vano gesto agónico
veremos a la Bestia chafar nuestro laurel
y derrumbar la estatua y el bello mármol jónico?
¿Colgadas en la fronda del sauce babilónico,
hará llorar el viento las liras de Israel?

Oh patria de Cuauhtémoc, insigne patria azteca


de los duros abuelos, en cuya tradición
hunden los férreos cascos Rocinante y Babieca,
antes que al viento ruedes cual débil hoja seca,
oh, patria infortunada, oye mi imprecación:

Popocatépetl, cumbre paterna, que se rompa


tu frente en el fracaso de una explosión sin fin,
y la ciudad destruya, y el árbol, y la pompa
de nuestro valle espléndido como un vasto jardín.

Que el sol, en los caminos del cielo, se corrompa


sobre la tumba hollada de Hidalgo, el paladín,
y hurgue el chacal inmundo con su siniestra trompa
la tierra, brava madre del gran Cuauhternozín.

Que se vuelquen los mares, que estalle una de


[aquellas
catástrofes que avientan los montes de revés;
que abra los cielos una tempestad de cente11as;

que cave hondos abismos la tierra a nuestros pies,


antes que ver las barras con las turbias estrellas
flotar sobre .el antiguo palacio de Cortés.

Con los ojos abiertos, 1912

286
VENUS SUSPENSA

Tu presencia en mi sombra se divulga


como el vuelo de un pájaro escarlata
con el que un pardo atardecer comulga.

Y tu alegría matinal desata


un sonoro esplendor sobre mi vida;
es una esquila de cristal y plata

que, en silencio de muerte sacudida,


me lleva del pavor del Viernes Santo
al júbilo de la Pascua florida.

Absuelto el corazón de su quebranto,


con el hechizo de tu primavera,
se agita en rosicler y en amaranto.

Así pinta la nube -pasajera


en el navío ardiente de la aurora-
la habitual palidez de su bandera.

El instante de nuevo se avalora


con la esperanza nómada que el día
pugna en fijar al ancla de la hora.

Vuelve el halago de la melodía


que la ilusión maravillada canta
en un crepuscular violín de Hungría.

287
Un conjuro se gesta en la garganta
a las pupilas de inquietud de onda
que abrió el Maligno en tu perfil de santa.

A la audacia le grito que se esconda


y a la emoción que siga en su retiro,
pues sólo tengo en tu belleza blonda

un sepulcro de oro a mi suspiro


y un sudario de nieve a mi deseo
-roto avión en escollos de zafiro.

En un milagro estoy; cuando te veo


se deshace la hora en su segundo,
como el relámpago en su centelleo.

Me da la vida su ritmo profundo,


la pavesa interior sustenta llama
y un insólito abril me embruja el mundo.

Juventud, gracia, amor, es tu anagrama


claro, pero insoluble a mis delirios;
quisiera, para descifrar su trama,

ser jardinero entre dulces martirios,


tras cómplice cortina de sonrojos
en tu regazo, de rosas y lirios,

sobre tu boca, de jacintos rojos,


y tardo sol de veraniego alarde
demorado en las hiedras de tus ojos.

288
Y en un palmo de azul, sola tu huella,
alivia mi crepúsculo cobarde,
cual la paloma de Venus la bella
suspensa en las comisas de la tarde.

Poemas, 1941

1 (p. 282) Gille de Retz: Gilles de La val, señor de Retz


o Rais ( 1404-1440), mariscal de Francia, compañero de
Juana de Arco en -la Guerra de los Cien Años. En su castillo
se entregó a práctiéas de magia negra, raptó, violó, torturó
y asesinó a más de cien niñas y niños. Fue ejecutado en
Nantes. Figura predilecta del movimiento "decadente'', este
hombre que hizo lo que siglos después se limitó a imaginar
el marqués de Sade fue el modelo de Charles Perrault ( 1628-
1703) para escribir Barba Azul, una de sus Histoires ou
contes du temps paseé.

289
EFRÉN REBOLLEDO

[Actopan, Hidalgo: julio 9, 1877 - Madrid:


diciembre 11, 1929]

Efrén Rebol1edo nació y creció en Ja mayor pobreza .


Pudo estudiar gracias a que obtuvo una beca del
Instituto Científico y Literario de Pachuca. Se dio
a conocer como poeta en 1899 cuando Ja Escuela
de Jurisprudencia Jo nombró representante en un
homenaje a Emilio Caste1ar. Entró en e1 cuerpo di-
plomático y desde Guatemala colaboró activamente
en 1a Revista Moderna. Vivió siete años en Japón
y uno en China. Al volver a México fue diputado
por Hidalgo y defendió en Ja Cámara Jos derechos
de los pobladores del Mezquital. En 1917 fundó
con Gonzá1ez Martínez y López Ve1arde Ja revista
Pegaso, intento de reunir a Ja dispersa generación
modernista. Continuó su actividad diplomática en
Noruega, Francia, Holanda y España.
Un juicio de Amado Nervo, quien guió su inicia-
ción literaria -"más bien alto artífice que alto
poeta ... modernista de alma parnasiana" - ha lle-
gado a convertirse en lugar común endémico de
nuestra historiografía literaria que se sirve de él para
archivar serenamente a Rebolledo. Pero Nervo dio
esta opinión en una reseña de Cuarzos (Revista Mo-
derna, abril, 1902), primer libro publicado cuando el

290
poeta no tenía aún veinticinco años y continuaba
el "decadentismo" de Tablada y el propio Nervo:
liturgia erótica, edad media, joyas, faunos, tedio,
desaliento y toda la imaginería de Prosas profanas.
Asimismo, voluntad de estilo, dominio del oficio
poético, y el otro rasgo parnasiano: la certeza ele
la perfección nunca lograda. Ninguno de estos datos
es sorprendente: lo asombroso es que Rebolledo ·pu-
diera individualizarse dentro de la c;orriente de moda.
Aparte de Tablada y Enrique Gómez Carrillo,
Rebolledo es el único modernista que tuvo cono-
cimiento directo del Japón. A diferencia de su
compañero no se interesó por experimentar con adap-
taciones de formas orientales: sus imágenes se dirían
medallones, no kakemonos; pinturas de Gustave Mo-
reau, no de Hokusai. La segunda versión de Rimas
japonesas ( 1915), posterior en ocho años a la pri-
mera, prueba el rigor artístico de Rebolledo y la sin-
ceridad de su búsqueda de la perfección. Se trata
de un nuevo libro, pues cambia el orden y los títu-
los, altera todas las composiciones y añade una ex-
tensa: "Tamako". Sin embargo, en Rebolledo no hay
modificación: tempranamente encuentra una línea
y persiste en ella ahondándola hasta agotarla en
todos sus matices. Díaz Mirón es el poeta del or-
gullo: Rebolledo es el poeta de la lujuria y su ver-
dadera singularidad está en los doce sonetos de Caro
Victrix ("Carne victoriosa", 1916) que radicalizan el
inicial influjo de Lugones, en cuyos "Doce gozos"
señaló Jorge Cuesta que se inspiran.
Es difícil comprender ahora el valor que se nece-
sitaba en el México de entonces para publicar sone-
tos como los de Rebolledo, los cuales por una parte
ayudan a desinhibirse a López Velarde, y por otra

291
deben de haber .sido la causa de que Rebolledo no
ascendiera en la diplomacia. (Al morir, con treinta
años en el servicio, desempeñaba las funciones de
secretario del ministro González Martínez).
Más directo y osado que Díaz Mirón -en quien
el deseo sigue tenuemente asociado a la idea de
culpa- Rebolledo se aparta del pudor literario mexi-
cano y lleva el erotismo a un punto cercano a la li-
bertad con que se tratan hoy estos temas. En- su
prólogo a los Poemas escogidos Vi11aurrutia habló de

Los doce poemas de Caro Victrix, que son los más


intensos y hasta ahora [1939] mejores poemas de
amor sexual de la poesía mexicana. Es entonces cuan~
do el poema de Rebolledo no es ya como una joya,
sino una joya.

Aquí la tentativa del modernismo en general y de


Rebolledo en particular surge en una dimensión dis-
tinta a aquella en que solemos contemplarlas: se
trata, sí, de labrar el verso, cincelado, ataviado; ha-
cerlo resplandeciente, suntuoso y durable como una
joya; de dar a la materia del lenguaje los colores
de la pintura, las calidades del bronce y el mármol;
hacer cerámicas, camafeos, bajorrelieves, medallones,
tanagras y esculturas, pero de carne y sangre. Todos
_/ los recursos estéticos del modernismo son una exal-
V tación de la vida, no un medio de ocultarla ;8u-
plantarla.
El interés de la prosa de Rebolledo es menor que
el de su poesía, aunque tiene amplia significación
en el desarrollo de la "escritura artística" mexicana.
El enemigo parece una variante a El bachiller de
Nervo. Nikko son impresiones de viaje y lo mismo,

292
apenas noveladas, Hojas de bambú. El águila que
cae, tragedia en tres actos, es una lamentación por
la derrota azteca. Coincide con los intentos plásti-
cos de Saturnino Herrán por hacer apreciar el pa-
sado prehispánico. Más que los cuentos de El desen-
canto de Dulcinea y- el telato Saga de Sígfrída la
Blonda, es importante Salamandra. Entre muchas
páginas estáticas y sutilmente ornamentadas a la
manera visual de Pierre Louys, Salamandra ( 1919)
es la novela más art-nouveau de nuestro modernis-
mo y la primera en que surge la capital post porfi-
riana. Al centro y al margen de l¡i lucha armada 1a
influencia estadounidense desplaza a la francesa. Ele- y
na Rivas -a medias diabolique y a medias flapper-
es ya la mujer nueva que anuncia el mundo a punto
de surgir entr;Jasruinas de la guerra, y en donde
no hay lugar para la bohemia del novecientos: el
poeta Eugenio León termina ahorcándose con la ca-
bellera que le envió Elena Rivas, quien lo obliga
a cumplir una idea baudelaireana expresada en sus
versos. De un solo golpe la realilad destruye el spleen
y el ideal.

293
BIBLIOGRAFfA

LrnRos DE POESÍA: Cuarzos (Guatemala, 1902). Hilo


de corales (Guatemala, 1904). Estela (1907). foye-
les (París-México, 1907). Rimas japonesas (Tokio,
1907 y 1915). Libro de loco amor (1916). Caro
. Victrix ( 1916) . Toyelero [Poesías completas] ( Cristia-
nía [Oslo] 1922), foyelero [Antología] (Madrid,
1929). Poemas escogidos, prólogo de Xavier Villa-
urrutia ( 1939).

COMPILACIONES: Obras completas, prólogo y recopila-


ción de Luis Mario Schneider ( 1968).

TRADUCCIONES: Osear Wilde: Intenciones, El crimen


de Lord Arturo Saville, Salomé; Rudyard Kipling:
If [Si]; Maurice Maeterlink: La muerte (en colabo-
ración con Rafael Cabrera).

LECTURAS: Enrique Díez Canedo: "Efrén Rebolledo"


en Letras de América ( 1944). Francisco Monterde:
"Efrén Rebolledo y su obra" en Cultura Mexicana
( 1946). Amado Nervo: "Cuarzos" en Obras com-
pletas, t. 1 (1962) . Xavier Villaurrutia: "La poesía
de Efrén Rebolledo" en Obras ( 1966).

294
DANZA DE GEISHAS

A José Juan Tablada

Una geisha de cabello recogido con prolijas


elegancias, temp1a y templa sonriendo e1 oriental
chamisén 1 de piel de gato, largo cuello y tres clavijas
que tocado con el plectro lanza notas de metal.

Y otra geisha de kimono recamado de linternas


y obi 2 excelso que reluce cual magnífico tisú,
borda un baile de posturas ora crueles, ora tiernas,
que en gentil escorzo doblan su cintura de bambú.

Mientras 1a una geisha danza, la otra geisha tañe y


[canta
y suave como el zumbo de un insecto es 1a canción
que monótona destila del panal de su garganta
evocando los idilios y los triunfos del Japón.

Los soberbios samurayes 3 y los daimyos 4 arrogantes


otro tiempo las oyeron apurando el verde té,
y admiraron sus vestidos y sus cintos coruscantes
al través de las doradas transparencias del saké.

Rimas japonesas, 1915

295
KóMAKO

Tiene el extraño hechizo de esas siluetas


que lucen en el campo de un kakemono, 11
por los suaves matices de su kimono
y la arcaica figura de sus peinetas.

Sus ojos son cual lagos de linfas quietas


que se empeñan apenas en su abándono,
y cuando anda producen ríspido tono
sus breves pies calzados con altas guetas. 6

Como rasgo de intensa tinta de china


se destaca su ceja sesgada y fina
en su rostro de alburas de porcelana,

y causa irresistible de encantamiento,


brilla en sus labios frescos cual la mañana
la sonrisa en continuo florecimiento.

Rimas ;aponesas, 1915

296
CARO VICTRIX

POSESIÓN

Se nublaron los cielos de tus ojos,


y como una paloma agonizante,
abatiste en mi pecho tu semblante
que tiñó el rosicler de los sonrojos.

Jar<línde nardos y de mirtos rojos


era tu seno mórbido y fragante,
y al sucumbir, abriste palpitante
las puertas de marfil de tus hinojos.

Me diste generosa tus ardientes


labios, tu aguda lengua que cual fino
dardo vibraba en medio de tus dientes.

Y dócil, mustia, como débil hoja


que gime cuando pasa el torbellino,
gemiste de delicia y ele congoja.

EL BESO DE SAFO

Más pulidos que el mármol transparente,


más bla.ncos que los blancos vellocinos,
se anudan los dos cuerpos femeninos
en un grupo escultórico y ardiente.

297
Ancas ele cebra, escorzos de serpiente,
combas rotundas, senos colombinos,
una lumbre los labios purpurinos,
y las <los cabelleras un torrente.

En el vivo combate, los pezones


que se embisten, parecen dos pitones
trabados en eróticas pendencias,

y en medio de los muslos enlazados,


dos rosas de capullos inviolados
destilan y confunden sus esencias.

ANTE EL ARA

Te brindas voluptuosa e impudente,


y se antoja tu cuerpo soberano
intacta nieve de crestón lejano,
nítida perla de sedoso oriente.

Ebúrneos brazos, nuca transparente,


aromático busto beso ufano,
y de tu breve y satinada mano
escurren las caricias lentamente.

Tu seno se hincha como láctea ola,


el albo armiño de mullida estola
no iguala de tus muslos la blancura,

mientras tu vientre al que mi labio inclino,


es un vergel de lóbrega espesura,
un edén en un páramo ele lino.

298
TRISTÁN E !SOLDA

Vivir encadenados es su suerte,


se aman con un anhelo que no mata
la posesión, y el lazo que los ata
desafía a la ausencia y a la muerte.

Tristán es como el bronce, oscuro y fuerte,


busca el regazo ele pulida plata,
Isolcla chupa el cáliz escarlata
que en crespo matorral esencias vierte.

Porque se ven a hurto, el adulterio


le da un sutil y criminal resabio
a su pasión que crece en el misterio.

Y atormentados ele ansia abrasadora,


beben y beben con goloso labio
sin aplacar la sed que los devora.

SALOMÉ 7

Son cual dos mariposas sus ligeros


pies, y arrojando el velo que la escuda,
aparece magnífica y desnuda
al fulgor ele los rojos reverberos.

Sobre su oscura tez lucen regueros


ele extrañas gemas, se abre su menuda
boca, y prodigan su fragancia cruda
frescas flores y raros pebeteros.

Todavía anhelante y sudorosa


de la danza sensual, la abierta rosa
de su virginidad brinda al tetrarca,

2Cf}
y contemplando el lívido trofeo
de Yokanán, el núbil cuerpo enarca
sacudida de horror y de deseo.

EL VAMPIRO

Ruedan tus rizos lóbregos y gruesos


por tus cándidas formas como un río,
y esparzo en su raudal crespo y sombrío
las rosas encendidas de mis besos.

En tanto que descojo los espesos


anillos, siento el roce leve y frío
de tu mano, y un largo calosfrío
me recorre y penetra hasta los huesos.

Tus pupilas caóticas y hurañas


destellan cuando escuchan el suspiro
que sale desgarrando mis entrañas,

y mientras yo agonizo, tú, sedienta,


finges un negro y pertinaz vampiro
que de mi ardiente sangre se sustenta.

LA TENTACIÓN DE SAN ANTONIO

Es en vano que more en el desierto


el demacrado y hosco cenobita, .
porque no se ha calmado la infinita
ansia de amar ni el apetito ha muerto.

Del oscuro capuz surge un incierto


perfil que tiene albor de margarita,

300
una boca encarnada y exquisita,
una crencha olorosa como un huerto.

Ante la aparición blanca y risueña,


se estremece su carne con ardores
febriles bajo el sayo de estameña,

y piensa con el alma dolorida,


que en lugar de un edén de aves y flores,
es un inmenso páramo la vida.

LETEO

Saturados de bíblica fragancia


se abaten tus cabellos en racimo
de negros bucles, y con dulce mimo
en mi boca tu boca fuego escancia.

Se yerguen con indómita fragancia


tus senos que con lenta mano oprimo,
y tu cuerpo süave, blanco, opimo,
se refleja en las lunas de la estancia.

En la molicie de tu rico lecho,


quebrantando la horrible tiranía
del dolor y la muerte exulta el pecho,

y el fastidio letal y la sombría


desesperanza y el feroz despecho
se funden en tu himen de ambrosía.

EN LAS TINIEBLAS

El crespón de la sombra más profunda


arrebuja mi lecho afortunado,

3-01
y ciñendo tus formas a mi lado
de pasión te estremeces moribunda.

Tu cabello balsámico circunda


los lirios de tu rostro delicado,
y al flotar por mis dedos destrenzado
de más capuz el tálamo se inunda.

Vibra el alma en mi mano palpitante


al palpar tu melena lujuriante,
surca sedosos piélagos de aromas,

busca ocultos jardines de delicias,


y cubriendo las flores y las pomas
nievan calladamente mis caricias.

CLARO DE LUNA

Como un cisne espectral, la luna blanca


en el espacio transparente riela,
y en el follaje espeso, Filomena
melífluas notas de su buche arranca.

Brilla en el fondo oscuro de la banca


tu peinador de vaporosa tela,
y por las frondas de satín se cuela
o en los claros la nívea luz se estanca.

Después de recorrer el mármol frío


de tu pulida tez, toco una rosa
que se abre mojada de rocío;

todo enmudece, y al sentir el grato


calor de tus caricias, mi ardorosa
virilidad se enarca como un gato.

302
EL DUQUE DE AUMAttr.

Bajo la oscura red de la pestaña


deste1la su pupila de deseo
al ver la grupa de esplendor sabeo
y el albo dorso que 1a nieve empaña.

Embiste el sexo con la enhiesta caña


igual que si campara en un torneo,
y con mano feliz ase el trofeo
de la trenza odorífera y castaña.

El garrido soldado de Lutecia


se ríe de sus triunfos, mas se aprecia
de haber abierto .en el amor un rastro,

y gallardo, magnífico, impaciente,


como un corcel se agita cuando siente
la presión de su carga de alabastro.

INSOMNIO

Jidé, clamo, y tu forma idolatrada


no viene a poner fin a mi agonía;
Jidé, imploro, durante la sombría
noche y cuando despunta la alborada.

Te desea mi carne torturada,


Jidé, Jidé, y recuerdo con porfía
frescuras de tus brazos de ambrosía
y esencias de tu boca de granada.

Ven a aplacar las ansias de mi pecho,


Jidé, Jidé, sin ti como un maldito
me debato en la lumbre de mi lecho;

303
Jidé, sacia mi sed, amiga tierna,
Jidé, Jidé, Jidé, y el vano grito
rasga la noche lóbrega y eterna.

Caro victrix, 1916

1 (p. 295) Chamicén: instrumento musical de tres cuerdas,


especie de guitarra.
2 (p. 295) Obi: banda que ciñe la cintura. Se emplea
encima del kimono. ·
a (p. 29 5) Samtirayes: literalmente "guardias", guerreros
al servicio de los jefes militares que dominaron en Japón
durante el largo periodo feudal. Los samurayes disfrutaban
de fueros que resultaron abolidos en la segunda mitad del
x1x. Por extensión, miembro de la clase militar.
4 (p. 29 5) Dáimyos: en principio se llamó así a los dieci-
nueve señores de horca y cuchillo que gobernaban otras
tantas regiones japonesas. En 1871 el mikado comenzó la
modernización del país retirando sus privilegios a los dai-
myos. Por extensión, noble, aristócrata guerrero.
5 (p. 296) kakemono: pintura, caligrafía o dibujo vertical
en papel o seda.
a (p. 296) guetas: calzado de madera.
7 (p. 299) Salomé: Mario Praz (op. cit.) hace notar el
hecho de que para el movimiento romántico la función de
la llama que atrae y calcina fue ejercida en la primera mitad
del siglo por el hombre fatal (el héroe byroniano), en Ja
segunda por la mujer fatal y a la postre por el andrógino.
Inicialmente los románticos se inclinaron hacia el sadismo, a
fines de siglo hacia el masoquismo. Pintada por Gustave
Moreau en un cuadro que Huysmans describe largamente en
A rebours y llevada a la escena por Osear Wilde, Salomé
se convirtió en prototipo de la mujer fatal. Escribe Huys-
mans: "Elle devenait, en quelque sorte, la deité symbolique
de l'indestructible Luxure, désee de l'inmortelle Hystérie,
la Beauté maudite ..."

304
RAMON LóPEZ VELARDE

[Jerez (Ciudad García), Zacatecas: junio 15, 1888.,...,,.


México: junio 19, 1921]

Ramón López Velarde nació el mismo año en que


Darío publicó Azul. Como Gutiérrez Náj.era, murió
en sus treinta años y nunca salió del país, Empezó
a escribir cuando estudiaba humanidades en el Se-
minario de Aguascalientes. En 1906 fundó la revista
Bohemio con Enrique Fernández Ledesma, Pedro
de Alba y otros amigos. En 1908 fue a estudiar leyes
en San Luis Potosí. Descubrió a Lugones y a Gonzá-
lez León que le ayudaron a encontrar su propia voz
en las páginas que formarán La sangre devota. Allí
mismo cono2ió a Madero, tuvo amistad con él y
simpatía por sus ideas. Sin embargo, la violencia de
la Revolución y su temperamento ortodoxo propi-
ciaron en López Velarde una actitud de receio. El
Partido Católico lanzó su candidatura a diputado
suplente por Jerez. En 1911 recib:ó el título profe-
sional. En 1912 fue juez en El Venado y estuvo por
algunos meses en la ciudad de México, donde se
estableció definitivamente en 1914. Antes, en El
Regional (Guadalajara) y La Nación había escrito
la Prosa política recopi ada por Elena Molina Ortega.
( 1955), que significativamente se interrumpe poco
antes de la "Decena Trágica". Instaló su despacho

305
de abogado en :Madero l , ocupó puestos burocráticos
en Gobernación y Relaciones, dio clases de litera-
tura en la Preparatoria y en la Escuela de Altos Es-
tudios (hoy Facultad de Filosofía y Letras), colabo-
ró en Revista de Revistas, El Universal Ilustrado,
Vida Moderriá, MéxíCo Moderno~ .. con-prosas que
intentaron ser nada más crónicas, pero que en reali-
d_a.d forman parte de su poesía: E.l .niinutero . ( 192 3) y
El don de febrero (1952) representan frente a Zo-
zobra lo que es Le Splee1i de París respecto a Les
fleurs du mal. En 1917 dirigió con González Mar-
tínez y Rebolledo el semanario Pegaso que alcanzó
unos veinte números. Vivió, en suma, el conflicto
de tantos jóvenes llegados de la provincia a enfrentar
su timidez y su freno religioso con la pasión de los
sentidos.
Al año siguiente de que López Velarde consagró
La sangre devota "a los espíritus de Gutiérrez Ná-
jera y Othón", murió en el Valle de México su pri-
mer amor: Josefa de los Ríos, Fuensanta ( 1880-
1917). López Velarde cortejaba desde que llegó a
México, a Margarita, hermana de Alejandro Quija-
no. Margarita es la protagonista de Zozobra y del
enigma de amor más intenso y más indescifrab~e de
toda la poesía mexicana. La frustración de esta ido-
latría engendró sus mejores poemas y lo llevó a
aferrarse de nuevo ya no a Fuensanta sino a su re-
cuerdo espectral. Dejó de ser adolescente y su sis-
tema poético se transformó en sistema crítico. Cuan-
do acababa de cumplir treinta y tres años y preparaba
un viaje a Europa, murió asfixiado de neumonía y
pleuresía a raíz de un paseo nocturno.
López Velarde cierra espléndidamente el moder-
nismo mexicano y, al mismo tiempo que Tablada,

306
lo convierte en modernidad, piedra de fundación de
nuestra poesía contemporánea. Sólo el concepto que
identifica el modernismo con una de sus maneras,
la de Prosas profanas, ha hecho que no se considere
modernista a López Velarde, privando a .esta gran
época renovadora del mayor poeta que tuvo entre
nosotros. Las influencias que le sirvieron para des-
pertar su originalidad, sus gustos y afinidades son
modernistas. En todo caso se parece más a los escri-
tores del novecientos que a los vanguardistas de los
veintes, quienes en primer término abandonan la
rima, elemento esencial .en López Velarde. Sin em-
bargo, la amplitud de su visión, algunos poemas en
verso libre y la inesperada actualidad de muchas
imágenes lo hacen ocupar un sitio único en esa ga-
lería de so1edades que fue el modernismo. Si Julio
Ruelas pudo haber ilustrado "El sueño de los guan-
tes negros'', "los gatos que erizan el ruido / y forjan
una patria espeluznante" se inscriben en otro ám-
bito que nada tiene que ver con la Revista Moderna .
y -para citar los propios textos de López Velarde-
obedecen a "la pauta de la última estética, libre de
los absolutismos de la perfección exterior".
Poeta de una ~plejidad tal que precisaría de /
una exégesis verso a verso, tan minuciosa como la
que se-ha hecho con Góngora, López Velarde pre-
senta una pluralidad de alusiones, reticencias, elipsis,
sobrentendidos y significados subtextuaJ.es que no
hay en ninguno de sus antece;Qres. "El conflicto de
base no es distinto al dé Nájera ni al de Nervo
("nuestra única grandeza moral consiste en l~
que nos roe las entrañas"), pero sus dones poéti::os
y su voluntad de estilo son mucho mayores y añade
a su innata sabiduría verbal la de quienes lo ante-

307
cedieron. Con la pugna entre carne y espíritu aqué-
11os hicieron casi siempre retórica: López Velarde
hizo casi siempre poesía.
En López Velarde el poeta deja sus máscaras su-
cesivas: orador, padre de la patria, consejero, dandy,
mártir atormentado por la sociedad, y se convierte
en el hombre de la calle, en el paseante, el flaneur
de la Avenida Madero, en el conversador que da al
lenguaje cotidiano la electricidad del modernismo,
"la moral de la simetría". Ya no es la víctima del
Weltschmerz, el mal del siglo: es el verdugo de sí
mismo tan agobiado por su propio ser que se pone
a distancia y se contempla desde fuera irónicamente.
Nutrido en toda la retórica anterior, habitante de
un país pobre y desgarrado por la guerra civil, López
Velarde es contemporáneo de sus contemporáneos,
de quienes probablemente ni siguiera oyó hablar:
Jules Laforgue y su bufonería dolorida lo aproximan
- al joven T. S. Eliot, su desolación y su protesta con-

\f ,tra "la dolorosa naturaleza" lo relacionan con el pri-


1 mer Vallejo, su aversión a la vida familiar ("taller

lf
de sufrimiento, fuente de desgracia, vivero de infor-
'tunio") y a la voluntaria prolongación del dolor en
el engendramiento de un hijo es semejante a la ac-
titud de Kafka. Pero López Velarde no se encierra
en el orbe de su imaginación, no crea paraísos ni
infiernos artificiales: vive "la formidable / vida de
todas y de todos" en "una sorda bata11a entre el cri-
terio pesimista y la gracia de Eva".
López Velarde existe en la zozobra, oscila sin hun-
dirse definitivamente, dividido entre el falso edén
de la vida provinciana durante el porfiriato ("algo de
lo pasado que ahora amamos porque fue nuestro
y antes no supimos querer porque era un presente

308
o un futuro") y el porvenir sin rostro del que nada
teme tanto como la progresiva norteamericanización
de México; entre la sexualidad que los espaüoles del
siglo XVI identificaron, para condenarla, con el mun-
do árabe, y "la sangrienta flor del cristianismo";
entre el rostro de la Virgen y el cuerpo de una tiple
del Teatro Lírico. Su liturgia es la veneración del
amor; su remordimiento, la conciencia católica que
diaboliza e1 mundo y la carne; su horror -que lo hace
descender de la línea barroca de Quevedo y Valdés
Leal-, la fugacidad y la corrupción de todo. Y juega
a una sola carta: el poema, que se nutre de la expe-
riencia vivida por un hombre acaso débil y torpe
como cualquiera de nosotros, pero que escribe con
la intuición y el raciocinio crítico más despiertos,
con ingenuidad y habilidad, "con la ignorancia de la
nieve / y la sabiduría del jacinto".
Anterior a la divu}gación de las teorías freudianas
sobre la sexualidad infantil, López Velarde ama en
Fuensanta su niñez perdida, "el sueño de la inocen-
cia". Jerez y Fuensanta son la cifra de un mundo
que precede a su encuentro con el verdadero mun-
do, el tiempo de "la primera amargura". Nadie sabe
en verdad lo que fue su infancfa porque sólo se tiene
conciencia de ella desde la vida adulta. La infancia
de López Ve'.arde está inmóvil, inmune al cambio
y a la corrupción. No morirá porque ha dejado de
existir para disolverse en él mismo. Fuensanta y el
pueblo (y por extensión la provincia) son las metá-
foras de la Madre y la Virgen. Para que el mito
interno continúe se ha de preservar la condición virgi-
nal de Fuensanta. Pero el tiempo no puede detener-
se: en el momento de La sangre devota la virgen

309
aldeana se ha convertido en un prototipo menos ro-
mántico: la solterona.
Zozobra fluctúa entre Josefa y Margarita, el niño
de un Jerez en perpetua cuaresma y el fláneur de la
ciudad de México, el "edén subvertido" por la Re-
volución y la capital con sus "flores de pecado".
Contiene cuarenta poemas escritos de 1916 a 1919,
desde los veintisiete hasta los treinta y un años. Al
ordenarlo en forma no cronológica, su autor quiso
que se iniciara con la agonía de Fuensanta ("Hoy
como nunca", dedicado a González Martínez),
hallase su centro en los poemas de Margarita -ciclo
que comienza en "Trasmútase mi alma", "Que sea
para b:en'', "La mancha de púrpura", y culmina en
"La lágrima"- y concluyera en el punto de partida:
"Humildemente", el texto del regreso a Jerez con
dedicatoria "A mi madre y a mis hermanas".
Todo lo que se ha dicho del mexicano, a veces
considerándolo un individuo aparte de la humani-
dad, puede ilustrarse con citas de López Velarde.
La resonancia casi unánime que ha tenido su obra,
el magnetismo que atrae las admiraciones más con-
tradictorias, sólo resulta explicable por el hecho de
que alcanzó a poetizar algo que está en nosotros y
nadie había logrado decir con tanta belleza, tanto
misterio, tanta exactitud. Así por ejemplo la muerte
-deidad f.emenina para aztecas y españ01les en tanto
que otras culturas, como la anglosajona, la represen-
tan en figura de hombre- recorre toda la poesía de
López Velarde como las calaveras omnipresentes en
las iglesias y en el centro ceremonial de Tenochti-
tlan. A semejanza de la Virgen que fue nuestro cate-
cismo, la muerte es también Nuestra Señora. El pri-
mer abrazo y el último se confunden: la amada de

310
López Velarde asume finalmente los rasgos de la
muerte, el ritual del amor cobra sentido porque es
celebrado al borde de un abismo. López Velarde vive
el momento con una "intensidad incisiva" en la pa-
sión por la mujer que es todas las mujeres y el alma
del mundo, la donna angelicata. El mito de la caída
es la realidad de la fugacidad. Hundidos en el tiem-
po, separados por el sufrimiento, los amantes volve-
rán a reunirse en la tumba esperando el día de la
tormenta final, el dogma de la resurrec::ión de
la carne. Porque en las dos grandes ocasiones de su
vida López Velarde no parece haber hecho tangible
su pasión. La espada de castidad volvió a interpo- -E--
nerse entre'Tsolda y Tristán. r'.a amada -participio
pasivo- no se convirtió en la amante -participio ac-
tivo- quizá por miedo a destruir su aura ambigua
hundiéndola en los estr;agos de la fecundidad y la
domesticidad bajo las cuales la pasión original no
podía perdurar. López Velarde realizó así lo que
Denis de Rougemont llama la "p~n por pér- ~
elida", que es el núcleo secreto de su poesía.
Y aunque una parte -ha dicho Octavio Paz-
nos parece

ingenua o limitada, nada impide que veamos en ella


algo que aún sus sucesores no han realizado com-
pletamente: la búsqueda, y el hallazgo, de lo univer-
sal a través de lo genuino y lo propio. La herencia
de López Velarde es ardua: invención y lealtad a
su tiempo y su pueblo, esto es, una universalidad
que no nos traicione y una fidelidad que no nos
aísle ni ahogue. Y si es cierto que no es posible regre-
sar a la poesía de López Velarde, también lo es que
ese regreso es imposible precisamente porque ella
constituye nuestro único punto de partida.

311
BIBLIOGRAFfA

LIBROS DE POESÍA: La sangre devota ( 1916). Zozobra


(1919). El son del corazón (1932).
POEMAS EN PROSA, CRÓNICAS, TEXTOS ENSAYÍSTICOS:
El minutero ( 1923), El don de febrero ( 1952).
COMPILACIONES: Obras completas ( 1945). Poesías com-
pletas y El minutero. Edición y prólogo de Antonio
Castro Leal ( 1953). Cuarta edición: 1968.
LECTURAS: Nuevamente la mejor introducción general
es la de Allen W. Phillips: Ramón Lópe:z Velarde,
el poeta y el prosista ( 1962) que resume y amplía
todos los estudios anteriores. Entre los incontables
libros, folletos y ensayos valiosos por su agudeza
de interpretación y/ o su materia informa tiva hay
que citar al menos los siguientes: Pedro de Alba:
Ramón Lópe:z Velarde ( 19 58). Emmanuel Carba-
llo: Ramón Lópe:z V elarde en Guadalajara ( 19 52) .
Baltasar Dromundo: Vida y pasión de Ramón Ló-
pe:z V elarde ( 19 52) . José Gorostiza: "Perfil hu.
mano y esencias literarias de Ramón López Velarde"
en México en la Cultura (Novedades) junio 16,
1963. José Luis Martínez: "Examen de Ramón López
Velarde" en Literatura mexicana siglo xx ( 1949) .
Elena Malina Ortega: Ramón Lópe:z Velarde. ~stu­
dio biográfico ( 19 52). Poesías, cartas, documentos
e iconografía ( 1953). Francisco Monterde: "La Sua-
ve Patria" en Cultura mexicana ( 1946). Octavio
Paz: "El lenguaje de López Velarde" en Las peras
del olmo ( 19 56). "El camino de la pasión" en Cua-
drivio (1965). Xavier Villaurrutia: "Ramón López
Velarde: su poesía" en Textos y pretextos (1940).
Arturo Rivas Sáinz: El concepto de la :zozobra
( 1944) . La redondez de la creación ( 19 51 ) .

312
HERMANA, HAZME LLORAR ...

Fuensanta:
dame todas las lágrimas del mar.
Mis ojos están secos y yo sufro
unas inmensas ganas de llorar.
Yo no sé si estoy triste por el alma
de mis fieles difuntos
o porque nuestros mustios corazones
nunca estarán sobre la tierra juntos.
Hazme llorar, hermana,
y la piedad cristiana
de tu manto inconsútil
enjúgueme los llantos con que llore
el tiempo amargo de mi vida inútil.
Fuensanta:
¿tú conoces el mar?
Dicen que es menos grande y menos hondo
que el pesar.
Yo no sé ni por qué quiero llorar:
será tal vez por el pesar que escondo,
tal vez por mi infinita sed de amar.
Hermana:
dame todas las lágrimas del mar ...

El Regional (Guadalajara), julio 11, 1909 -La sangre


devota, 1916

313
LA MANCHA DE PúRPURA

Me impongo la costosa penitencia


de no mirarte en días y días, porque mis ojos,
cuando por fin te miren, se aneguen en tu esencia
como si naufragasen en un golfo de púrpura,
de melodía y de vehemencia.

Pasa el lunes, y el martes, y el miércoles ... Yo sufro


tu eclipse ¡oh creatura solar! mas en mi duelo ,
el afán de mirarte se dilata
como una profecía; se descorre cual velo
paulatino; se acendra como miel; se aquilata
como la entraña de las piedras finas;
y se aguza como el llavín
de la celda de amor de un monasterio en ruinas .

Tú no sabes la dicha refinada


que hay en huirte, que hay en el furtivo gozo
de adorarte furtivamente, de cortejarte
más allá de la sombra, de bajarse e1 embozo
una vez por semana, y exponer las pupilas,
en un minuto fraudulento,
a la mancha de púrpura de tu deslumbramiento.

En el bosque de amor, soy cazador furtivo;


te acecho entre dormidos y tupidos follajes ,

314
como se acecha un ave fúlgida; y de estos viajes
por la espesura, traigo a mi aislamiento
el más fúlgido de los plumajes:
el plumaje de púrpura de tu deslumbramiento.

Revista de Re1~~tas, ·julio ·16, i9 f 6 ~ Zozobra, 1919

315
HOY COMO NUNCA , ..

A Enrique González Martínez

Hoy, como nunca, me enamoras y me entristeces;


si queda en mí una lágrima, yo la excito a que lave
nuestras dos lobregueces.

Hoy, como nunca, urge que tu paz me presida;


pero ya tu garganta sólo es una sufrida
blancura, que se asfixia bajo toses y toses,
y toda tú una epístola de rasgos moribundos
colmada de dramáticos adioses.

Hoy, como nunca, es venerable tu esencia


y quebradizo el vaso de tu cuerpo,
y sólo puedes darme la exquisita dolencia
de un reloj de agonías, cuyo tic-tac nos marca
el minuto de hielo en que los pies que amamos
han de pisar el hielo de la fúnebre barca.

Yo estoy en la ribera y te miro embarcarte:


huyes por el río sordo, y en mi alma destilas
el clima de esas tardes de ventisca y de polvo
en las que doblan so'.as las esquilas.

Mi espíritu es un paño de ánimas, un paño


de ánimas de iglesia siempre menesterosa;

316
es un paño de ánimas goteado de cera,
hollado y roto por la grey astrosa.

No soy más que una nave ele parroquia en penuria,


nave en que se celebran eternos funerales,
porque una lluvia terca no per_m ite
sacar el ataúd a las calles rurales~

Fuera de rrií, lá lluvía; d~ti:O <le mí, el da-mor -


cavernoso y creciente de ün ·salmista·; : . ·
mi conciencia, ·m.o-jada por el hisopo, 7es un
ciprés que en una huerta conventual se contrista.

Ya mi lluvia es diluvio, y no miraré el rayo


del sol sobre mi arca, porque ha de quedar roto
mi corazón la noche cuadragésima;
no guardan mis pupi'. as ni un matiz remoto
de la lumbre solar que tostó mis espigas;
mi vida sólo es una prolongación de exequias
bajo las cataratas enemigas.

191 7 __:__ Zozobra, 1919

317
TUS DIENTES

Tus ·dientes son el pulcro · y nimio litoral . _


por donde acompasadas navegan las .sonrisas,
graduándose en los tumbos de un parco festival.

Sonríes gradualmente, como sonríe el agua


del mar en la rizada fila de la marea,
y totalmente, como la tentativa de un
Fíat Lux para la noche del mortal que te vea.
Tus dientes son así la más cara presea.

Cuídalos coh esmero, porque en ese cuidado


hay una trascendencia igual a la de un Papa
que retoca su encíclica y pule su cayado.

Cuida tus dientes, cónclave de granizos, cortejo


de espumas, sempiterna bonanza de una mina,
senado de cumplidas minucias astronómicas,
y maná con que sacia su hambre y su retina
la docena de Tribus que en tu voz se fascina.

Tus dientes lograrían, en una rebelión,


servir de proyectiles zodiacales al déspota
y hacer de los discordes gritos, un orfeón;
del motín y la ira, inofensivos juegos,
y de los sublevados, una turba de ciegos.

318
Bajo las sigilosas arcadas de tu encía,
como en un acueducto infinitesimal,
pudiera dignamente el más d~ gno mortal
apacentar sus crespas ansias . . . hasta que truene
la trompeta del ángel en el Juicio Final.

Porque la tierra traga todo pulcro amuleto


y tus dientes de ídolo han de quedarse mondos
en la mueca erizada del hostiil esqueleto,
yo los recojo aquí, por su dibujo neto
y su numen patricio, para el pasmo y la gloria
de la humanidad giratoria.

Pegaso, marzo 15, 1917 - Zozobra, 1919

319
MI CORAZON SE AMERITA ...

A Rafael López

Mi corazón, leal, se amerita en la sombra.


Yo lo sacara al día, como lengua de fuego
que se saca de un ínfimo purgatorio a la luz;
y al oírlo batir su cárcel, yo me anego
y me hundo en la ternura remordida de un padre
que siente, entre sus brazos, latir un hijo ciego.

Mi corazón, leal, se amerita en la sombra.


Placer, amor, dolor ... todo le es ultraje
y estimula su cruel carrera logarítmica,
sus ávidas mareas y su eterno oleaje.

Mi corazón, leal, se amerita en la sombra.


Es la mitra y la válvula ... Yo me lo arrancaría
para llevarlo en triunfo a conocer e] día,
la estola de violetas en Jos hombros del alba,
el cíngulo morado de los atardeceres,
los astros, y el perímetro jovial de las mujeres.

Mi corazón, leal, se amerita en la sombra.


Desde una cumbre enhiesta yo Jo he de lanzar
como sangriento disco a la hoguera solar.
Así extirparé el cáncer de mi fatiga dura,
seré impasible por e1 Este y el Oeste,
asistiré con una sonrisa depravada
a las ineptitudes de la inepta cultura,
y habrá en mi corazón la llama que le preste
el incendio sinfónico de la esfera celeste.

Pegaso, marzo 15, 1919 - Zozobra, 1919

321
HORMIGAS

A la cálida vida que transcurre canora


con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis ve11¡as voraces.

Fustigan el desmán del perenne hormigueo


el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.

Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo


y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,
tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo y a cera.

Antes de que deserten mis hormigas, Amada,


déjalas caminar camino de tu boca

322
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.

Antes de que tus labios mueran, para mi luto,


dámelos en el crítico umbra1l del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.

El Universal Ilustrado, diciembre 14, 1917 - Zozobra, 1919

323
LA úLTIMA ODALISCA

Mi carne pesa, y se intimida


porque su peso fabuloso
es la cadena estremecida
de los cuerpos universales
que se han unido con mi vida. 1

Ambar, canela, harina y nube


que en mi carne al tejer sus mimos,
se eslabonan con el efluvio
que ata los náufragos racimos
sobre las crestas del Diluvio.

Mi alma pesa, y se acongoja


porque su peso es el arcano
sinsabor de haber conocido
la Cruz y la floresta roja
y el cuchillo del cirujano.

Y aunque todo mi ser gravita


cual un orbe vaciado en plomo,
que en la sombra paró su rueda,
estoy colgado en la infinita
agilidad del éter, como
de un hilo escuálido de seda.

Gozo ... Padezco ... Y mi balanza


vuela rauda con el beleño

324
de las esencias del rosal:
soy un harén y un hospital
colgados juntos de. un ensueño.

Voluptuosa Melancolía:
en tu talle mórbido enrosca
el Placer su caligrafía
y la Muerte su garabato,
y en un .clima de ala de mosca 2
la Lujuria toca a rebato.

Mas luego las samaritanas,


que para mí estuvieron prestas
y por mí dejaron sus fiestas,
se irán de largo al ver mis canas,
y en su alborozo, rumbo a Sión,
buscarán el torrente endrino
de los cabellos de Absalón.

¡Lumbre divina, en cuyas lenguas


cada mañana me despierto:
un día, a] entreabrir ]os ojos,
antes que muera .estaré muerto!

Cuando la última odalisca,


ya des::astado mi vergel,
se fugue en pos de nueva miel
¿qué salmodia de] pecho mío
será digna de suspirar
a través del harén vacío?

Si las victorias opulentas


se han de volver impedimentas,
si la eficaz y viva rosa

32.5'
queda superflua y estorbosa
¡oh, Tierra ingrata, poseída
a toda hora de la vida:
en esa fecha de ese mal,
hazme humilde como un pelele
a cuya mecánica duele
ser solamente un hospital!

El Universal Ilustrado, abril 11, 1919 - Zozobra, 1919

326
TODO ...

.. A . José D. Frías
Sonámbula y picante,
mi voz es la ·gemela
de la canela . .
Canela ultramontana
e islamita,
por ella mi experiencia
sigue de señorita.
Criado con ella,
mi alma tomó la forma
de su botella.
Si digo carne o espíritu,
paréceme que el diablo
se ríe del vocablo;
mas nunca vaciló
mi fe si dije "yo".
Yo, varón integral,
nutrido en el panal
de Mahoma
y en el que cuida Roma
en la Mesa Central.
Uno es mi fruto:
vivir en el cogollo
de cada minuto.

327
Que el milagro se haga,
dejándome aureola
o trayéndome llaga.

No porto insignias
de masón , -- --
ni de Caballero
·- ·:~.de Colón.

A pesar del moralista


.... .. ..
que la asedia
y sobre la comedia
que la traicibna, ·
es santa mi persona,
santa en el fuego lento
con que dora el altar
y en el remordimiento
del día que se me fue
sin oficiar.

En mis 'andanzas callejeras'


del jeroglífico nocturno, ·
cuando cada muclrnch·a 3
entorna sus maderas,
me deja atribulado
su enigma de no ser
ni carne ni pescado.

Aunque toca al poeta


roerse los codos,
vivo la formidable ,
vida de todas y de todos;
en mí late un pontífice

328
que todo lo posee
y todo lo bendice;
la dolorosa Naturaleza
sus tres reinos ampara
debajo de mi tiara;
y mi papal -ins_tinto
se conmueve
oon Ja ignorancia de la nieve
y la sabiduría del jacinto.
Zozobra, 1919

329
LA LAGRIMA

Encima ·
de la azucena esquinada ·
que .or~a _la cadavérica almohada;

encima
del soltero dolor empedernido
de yacer como imberbe congregante
mientras los gatos erizan el ruido
y forjan una patria espeluznante;

encima
del apetito nunca satisfecho,
de la cal
que demacró las conciencias livianas,
y del desencanto profesional
con que saltan del lecho
las cortesanas;

encima
de la ingenuidad casamentera
y del descalabro que nada espera;

encima
de la huesa y del nido,
la lágrima salobre que he bebido.

Lágrima de infinito
que eternizaste el amoroso rito;

330
lágrima en cuyos mares
goza mi áncora su náufrago baño
y esquilmo los vellones singulares
de un compungido rebaño;
lágrima en cuya gloria se refracta
el iris fiel de mi pasión exacta;
lágrima en que navegan sin pendones
los mástiles de las consternaciones;
lágrima con que quiso
mi gratitud salar el Paraíso;
lágrima mía, en ti me encerraría,
debajo de un deleite sepulcral,
como un vigía
en su salobre y mórbido fanal.

Zozobra, 1919

331
EL RETORNO MAL:E:FICO

A Ignacio I. Gastelum

Mejor será no regresar al pueblo,


al edén subvertido que se calla
en la mutila2ión de la metralla.

Hasta los fresnos mancos,


los dignatarios de cúpula oronda,
han de rodar las quejas de la torre
acribillada en los vientos de fronda.

Y la fusilería grabó en la cal


de todas las paredes
de la aldea espectral,
negros y aciagos mapas,
porque en ellos leyese el hijo pródigo
al volver a su umbral
en un anochecer de ma1 eficio,
a la luz de petróleo de una mecha
su esperanza deshecha.

Cuando la tosca llave enmohecida


tuerza la chirriante cerradura,
en la añeja clausura
del zaguán, los dos púdicos
medallones de yeso,
entornando los párpados narcóticos,
se mirarán y se dirán: "¿Qué es eso?"

Y yo entraré con pies advenedizos


hasta el patio agorero
en que hay un brocal ensimismado,
con un cubo de cuero
goteando su gota categórica
como un estribi.lo plañidero.

Si el sol inexorable, alegre y tónico,


hace hervir a las fuentes catecúmenas
en que bañábase mi sueño crónico;
si se afana la hormiga;
si en los techos resuena y se fatiga
de los buches de tórtola el reclamo
que entre las telarañas zumba y zumba;
mi sed de amar será como una argolla;
empotrada en la losa de una tumba.

Las go1 ondrinas nuevas, renovando


con sus noveles picos alfareros
los nidos tempraneros;
bajo el ópalo insigne
de los atardeceres monacales,
el lloro de recientes recentales
por la ubérrima ubre prohibida
de la vaca, rumiante y faraónica,
que al párvulo intimida;
campanario de timbre novedoso;
remozados altares;
el amor amoroso
de las parejas pares;
noviazgos de muchachas

333
frescas y humildoo, como humildes coles,
y que la mano dan por el postigo
a la luz de dramáticos faroles;
alguna señorita
que canta en algún piano
alguna vieja aria;
el gendarme que pita ..•
• . . Y una íntima tristeza reaccionaria.

Zozobra, 1919

334
EL CANDIL

· A Ale¡andro Qui¡ano

En la cúspide radiante
que el metal de mi persona
dilucida y perfecciona,
y en que una mano celeste
y otra de tierra me fincan
sobre la sien la corona;
en la orgía matinal
en que me ahogo en azul
y soy como un esmeril
y central y esencial como el rosal;
en la gloria en que melifluo
soy activamente casto
porque lo vivo y lo inánime
se me ofrece gozoso como pasto;
en esta mística gula
en que mi nombre de pila
es una candente cábala
que todo lo engrandece y lo aniquila,
he descubierto mi símbolo
en el candil en forma de bajel
que cuelga de las cúpulas criollas
su cristal y su plegaria fiel.

335
¡Oh candil, oh bajel, frente al altar
cumplimos, en dúo recóndito,
un solo mandamiento: venerar!

Embarcación que iluminas


a las piscinas divinas:
en tu irisada presencia
mi humanidad se esponja y se anaranja,
porque en la muda eminencia
están anclados contigo
el vuelo de mis gaviotas
y el humo sollozante de mis flotas.

¡Oh candil, oh bajel: Dios ve tu pulso


y sabe que te anonadas
en las cúpulas sagradas
no por decrépito ni por insulso!

Tu alta oración animas


que el genio de los climas.

Tú no conoces el espanto
de las islas de leprosos,
el domicilio polar
ele los donjuanescos osos,
la magnética bahía
de los cleliquios venéreos,
las garzas ecuatoria'.es
cual escrúpulos aéreos,
y por ello ante el Señor
paralizas tu experiencia
como el olor que da tu mejor flor.

Paralelo a tu quimera,
cristalizo sin sofismas

336
las brasas de mi ígnea primavera,
enarbolo mi júbilo y mi mal
y suspendo mis llagas como prismas.

Candil, que vas como yo


enfermo de lo absoluto,
y enfilas la experta proa
a un dorado archipiélago sin luto;
candil, hermético esquife:
mis sueños recalcitrantes
enmudecen cual un cero
en tu cristal marinero,
inmóviles, excelsos y adorantes.

Zozobra, 1919

337
EL SON DEL CORAZóN

Una música íntima no cesa,


porque transida en un abrazo de oro
la Caridad con el Amor se besa.

¿Oyes el diapasón del corazón? ·


Oye en su nota múltiple el estrépito
de los .que fueron y de los que son.
1

'Mis hennanos de todas las centurias


reconocen en mí su pausa igual,
sus mismas quejas y sus propias furias.

Soy la fronda parlante en que se mece


el pecho germinal del bardo druida
con la selva por diosa y por querida.

Soy la alberca lumínica en que nada,


como perla debajo de una lente,
debajo de las linfas, Scherezada.

Y soy el suspirante cristianismo


al hojear las bienaventuranzas
de la virgen que fue mi catecismo.

Y la nueva delicia, que acomoda


sus hipnotismos de color de tango
al figurín y al precio de la moda.

338
La redondez de la Creación atrueno
cortejando a las hembras y a las cosas
con un clamor pagano y nazareno.

¡Oh, Psiquis, oh mi alma: suena a son


moderno, a son de selva, a son de orgía
y a son mariano, el son del corazón!

(; frca_1920 ~El s~n del corazón, i932

339
TREINTA Y TRES

La edad del Cristo azul se me acongoja


porque Mahoma me sigue tiñendo
verde el espíritu y la carne roja
y los talla, al beduino y a la hurí,
como una esmeralda en un rubí.

Yo quería gustar del caldo de habas,


mas en la infinidad de mi deseo
se suspenden las sílfides que veo
como en la conservera las guayabas. 4

La piedra pómez fuera mi amuleto,


pero mi humilde sino se contrista
porque mi boca se instala en secreto
en la feminidad del esqueleto
con un escrúpulo de diamantista

Afluye la parábola y flamea


y gasto mis talentos, en la lucha
de la Arabia feliz con Gali:ea.

Me asfixia, en una dualidad funesta,


Ligia, la mártir de pestaña enhiesta,
y de Zoraida la grupa bisiesta.

Plenitud de cerebro y corazón,


oro en los dedos y en las sienes rosas,

340
y el Profeta de cabras Sé perfila
más fuerte que los dioses y las diosas.

¡Oh, plenitud cordial y reflexiva:


regateas con Cristo las mercedes
de fruto y f:or, y ni siquiera puedes
tu cadáver colgar en la impoluta
atmósfera imantada de una gruta!

1921 - El son del corazón, 19 32

341
EL ANCLA

Antes de echar el anda en el tesoro


del amor postrimero, yo quisiera
correr el mundo en fiebre de carrera,
con juventud, y una pepita de oro
en los rincones de mi faltriquera.

Abrazar a una culebra del Milo


que de Cleopatra se envuelva en la clámide,
y oír el soliloquio intranquilo
de la Virgen María en la Pirámide.

Para desembarcar en mi país,


hacerme niño y trazar con mi gis,
en la pizarra del colegio anciano,
un rostro de perfil guadalupano.

Besar al Indostán y a la Oceanía,


a las fieras rayadas y rodadas,
y echar el ancla a una paisana mía
de oreja breve y grandes arracadas.

Y decir al Amor: "De mis pecados,


los más negros están enamorados;
un miserere se alza en mis cartujas
y va hacia ti con pasos de bebé,

342
como el cándido islote de burbujas
navega por la taza de café.
Porque mis cinco sentidos vehementes
penetraron los cinco Continentes,
bien puedo, Amor final, poner la mano
sobre tu corazón guadalupano . .."

Circa 19 21 - El son del corazón, 19 3;:

343
SI SOLTERA AGONIZAS ...

Amiga que te vas:


quizá no te vea más.

Ante la luz de tu alma y de tu tez


fui tan maravi1losamente casto
cual si me embalsamara la vejez.

Y no tuve otro arte


que el de quererte para aconsejarte.

Si soltera agonizas,
irán a visitarte mis cenizas.

Porque ha de llegar un ventarrón


color de tinta, abriendo tu balcón.
Déjalo que trastorne tus papeles,
tus novenas, tus ropas, y que apague
la santidad de tus lámparas fieles ...

No vayas, encogido el corazón,


a cerrar tus vidrieras
a la tinta que riega el ventarrón.

Es que voy en la racha


a filtrarme en tu paz, buena muchacha.

1921 - El son del coraz6n, 1932

344
EL SUENO DE LOS GUANTES NEGROS *

Soñé que la ciudad estaba dentro


del más bien muerto de los mares muertos.
Era una madrugada del invierno
y lloviznaban gotas de silencio.

No más señal viviente, que los ecos


de una llamada a misa, en el misterio
de una capilla oceánica, a lo lejos.

De súbito me sa1 es al encuentro,


resucitada y con tus guantes negros.

Para volar a ti, le dio su vuelo


el Espíritu Santo a mi esqueleto.

Al sujetarme con tus guantes negros


me atrajiste al océano de tu seno,
y nuestras cuatro manos se reunieron
en medio de tu pecho y de mi pecho,
como si fueran los cuatro cimientos
de la fábrica de los universos.

¿Conservabas tu carne en cada hueso?


El enigma de amor se veló entero
en la prudencia de tus guantes negros.

* Los puntos suspensivos indican palabras ilegibles en


el original.

345
¡Oh, prisionera del valle de México!
Mi carne ... , 5 de tu ser perfecto
quedarán ya tus huesos en mis huesos;
y el traje, e1 traje aquel, con que tu cuerpo
fue sepultado en el valle de México;
y el figurín aquel, .de pardo género
que compraste en un viaje de recreo ...

Pero en la madrugada de mi sueño,


nuestras manos, en un circuito eterno
la vida apocalíptica vivieron.

Un fuerte ... como en un sueño,


libre como cometa, y en su vuelo
la ceniza y ... del cementerio
gusté cual rosa ... *

1921 - El son del corazón, 1932

*José Luis Martlnez propone esta lectura de los versos


con puntos suspensivos:
l. Mi carne, urna de tu ser perfecto;
2. Un fuerte ventarrón como en un sueño,
3. La ceniza y la hez del cementerio
4. Gusté cual rosa entre tus guantes negros.

346
LA SUAVE PATRIA

PROEMIO

Yo que sólo canté de la exquisita


partitura del íntimo decoro,
alzo hoy la voz a la mitad del foro
a la manera del tenor que imita
la gutural modulación del bajo,
para cortar a la epopeya un gajo. 6
Navegaré por las olas civiles
con remos que no pesan, porque van
como los brazos del correo chuan
que remaba la Mancha con fusiles. 7

Diré con una épica sordina:


la patria es impecable y diamantina .

Suave Patria: permite que te envuelva


en la más honda música de selva
con que me modelaste todo entero
al golpe cadencioso de las hachas,
entre risas y gritos de muchachas
y pájaros de oficio carpintero.

PRIMER ACTO

Patria: tu superficie es el maíz,


tus minas el palacio del Rey de Oros,

347
y tu cielo, las garzas en desliz
y el relámpago verde de los loros.

El Niño Dios te escrituró un establo


y los veneros del petróleo el diablo.

Sobre tu Capital, cada hora vuela


ojerosa y pin ta da, en carretela; s
y en tu provincia, del reloj en vela
que rondan los palomos colipavos,
las campanadas caen como centavos.

Patria: tu mutilado territorio


se viste de percal y de abalorio.

Suave Patria: tu casa todavía


es tan grande, que el tren va por la vía
como aguinaldo de juguetería.

Y en el barullo de las estaciones,


con tu mirada de mestiza, pones
la inmensidad sobre los corazones.

¿Quién, en la noche que asusta a la rana,


no miró, antes de saber del vicio,
del brazo de su novia, la ga'ana
pólvora de los juegos de artificio?

Suave Patria: en tu tórrido festín


luces policromías de delfín,

y con tu pelo rubio se desposa


el alma, equ:Jibrista chuparrosa,
y a tus dos trenzas de tabaco, sabe

348
ofrendar aguamiel toda mi briosa
raza de bailadores de jarabe.

Tu barro suena a plata, y en tu puño


su sonora miseria es alcancía;
y por las madrugadas del terruño,
en ca11es como espejos, se vacía
el santo olor de la panadería.

Cuando nacemos, nos regalas notas,


después, un paraíso de compotas,
y luego te regalas toda entera
suave Patria, alacena y pajarera.

Al triste y al feliz dices que sí,


que en tu lengua de amor prueben de ti
la picadura del ajonjolí.

¡Y tu cielo nupcial, que cuando truena


de deleites frenéticos nos llena!

Trueno de nuestras nubes, que nos baña


de locura, enloquece a la montaña,
requiebra a la mujer, sana al lunático,
incorpora a los muertos, pide el Viático,
y al fin derrumba las madererías
de Dios, sobre las tierras labrantías.

Trueno del temporal: oigo en tus quejas


crujir los esqueletos en parejas;
oigo lo que se fue, lo que aún no toco,
y la hora actual con su vientre de coco.
Y olgo en el brinco de tu ida y venida,
oh trueno, la ruleta de mi vida.

349
Intermedio

CUAUHTÉMOC

Joven abuelo: escúchame loarte,


único héroe a la altura del arte.

Anacrónicamente, absurdamente,
a tu nopal inclínase el rosal;
al idioma del blanco, tú lo imantas
y es surtidor de católica fuente
que de responsos llena el victoria}
zóca1o de cenizas de tus plantas.

No como a César el rubor patricio


te cubre el rostro en medio del suplicio:
tu cabeza desnuda s·e nos queda
hemisféricamente, de moneda.

Moneda espiritual en que se fragua


todo lo que sufriste: la piragua
prisionera, el azoro de tus crías,
el sollozar de tus mitologías,
la Malinche, los ídolos a nado, 0
y por encima, haberte desatado
del pecho curvo de la emperatriz
como del pecho de una codorniz.

SEGUNDO ACTO

Suave Patria: tú vales por el río


de las virtudes de tu mujerío.
Tus hijas atraviesan como hadas,
o destilando un invisible alcohol

350
vestidas con las redes de tu sol,
cruzan como botellas alambradas.

Suave Patria: te amo no cual mito,


sino por tu verdad de pan bendito,
como a niña que asoma por la reja
con la blusa corrida hasta la oreja
y falda bajada hasta el huesito.

Inaccesible al deshonor, floreces;


creeré en ti, mientras una mexicana
en su tápalo lleve los dobleces
de la tienda, a las seis de la mañana,
y al estrenar su lujo quede .lleno
el país, del aroma del estreno.

Como la sota moza, Patria mía,


en piso de metal, vives al día,
de milagro, como la lotería.

Tu imagen, el Palacio Nacional,


con tu misma grandeza y con tu igual
estatura de niño y de dedal.

Te dará, frente al hambre y el obús,


un higo San Felipe de Jesús.

Suave Patria, vendedora de chía:


quiero raptarte en la cuaresma opaca,
sobre un garañón, y con matraca,
y entre los tiros de la policía.

Tus entrañas no niegan un asilo


para el ave que el párvulo sepulta
en una caja de carretes de hilo,

351
y nuestra juventud, llorando, oculta
dentro de tí el cadáver hecho poma .
de aves que hablan nuestro mismo idioma.

Si me ahogo en tus julios, a mí baja


desde el vergel de tu peinado denso
frescura de rebozo y de tinaja:
y sí tirito, dejas que me arrope
en tu respiración azul de incienso
y en tus carnosos labios de rompope..

Por tu balcón de palmas bendecidas


el Domingo de Ramos, yo desfilo
lleno de sombra, porque tú trepidas.

Quieren morir tu ánima y tu estilo.


cual muriéndose van las cantadoras
que en las ferias, con el bravío pecho
empitonando la camisa, han hecho
la lujuria y el ritmo de las horas.

Patria, te doy de tu dicha la c1ave:


sé siempre igual, fiel a tu espejo diario;
cincuenta veces es igual el Ave
taladrada en el hilo del rosario,
y es más feliz que tú, Patria süave.

Sé igual y fiel; pupilas de abandono;


sedienta voz, la trigarante faja
en tus pechugas al vapor; y un trono
a la intemperie, cual una sonaja:
¡la carreta alegórica de paja! 10

Abril 24, 1921 - El Maestro, junio primero, 1921 -


El son del corazón, 19 32

352
1 (p. 324) Mi carne pesa y se intimida ... : Paz. en "El
camino de la pasión" (Cuadrivio) reclama un estudio sobre
las creencias de López Velarde, indica que por entonces
empezaban a divulgarse en México el budismo y la filosofía
india, y comenta el no advertido sabor oriental de las dos
primeras estrofas de "La última odalisca": panteísmo, reen-
carnación y karma.
Phillips subraya en su indispensable estudio que "el uso
relativamente frecuente de las palabras que evocan el mundo
árabe (hurí, beduino, la Arabia feliz, Zoraida, etcétera) le
sirve a menudo para simbolizar su sensualidad y otras facetas
eróticas".
Rodolfo Usigli nos dice en una carta (Oslo, junio 16,
1969) : "Sería curioso investigar las lecturas de López Ve-
larde, entre las cuales se encontrarían sin duda los Ruba-
yatas, el Ananga Ranga y quizás ejemplares de poesía es-
pañola poco memorable fuera de sus afinidades con la
pesada herencia árabe y con la influencia musulmana que
hacía que el español encerrara en casa y velara intelectual-
mente a sus mujeres. (V. Epílogo sobre la hipocresía del
mexicano.)"
Poco después de recibida la carta de Usigli, conversando
en la redacción de La Cultura en México, Miguel Capistrán
me hizo ver algo tan evidente que no habíamos reparado en
ello: el arabismo de López Velarde y todas sus connotacio-
nes eróticas provienen de su lectura de Las mil y una noches.
En apoyo de su tesis recordé la traducción que hizo Vi-
cente Blasco Ibáñez, el escritor más popular en los años
que median entre La sangre devota y Zozobra, y que publicó
en su editorial Prometeo (Valencia), con prólogo de Gómez
Carrillo. Blasco Ibáñez trabajó sobre la versión francesa
de J. C. Mardrus.
Pero tal vez la obsesión del harén -y por contagio la
abundancia de imágenes de Arabia- no responda en López
Velarde a un simple anhelo promiscuo de poligamia. Quizá
tenga un sentido más espiritual. Sólo el harén -pluralidad
en que cada mujer sigue siendo única- puede reconciliar en
su imaginación la pasión casta -hacia Fucnsanta y hacia
Margarita- con la avidez que le despiertan las otras las
"consabidas náyades arteras". Como tantos hombres ' que
llevan dentro de sí la noción cristiana de culpa, López Ve-
1~.rde no ama a las que desea y no desea a las que ama.
~1gue c~eyen?? que el deseo es pecado y profanación de la
inocencia ong1nal. Nervo --que también estaba "entre dos
aguijones"- resolvió el conflicto de alma y carne al encon-

353
trar a Ana Cecilia, y ello fue en detrimento de su poesía.
López Velarde no encontró a Ja "hurí" (el término es · suyci: :
l~ criatura de u.n paraíso en que los bienaventurados pueden,-
sm culpa, dar nenda suelta a la sexualidad) capaz de permi-
tirle conocer el absoluto amor que vuelve a los opuestos
complementarios. O no quiso encontrarla porque la convi:-
vencia y la domesticidad amansarían la fiereza del amor-
pasión y "las victorias opulentas / se han de volver impe-
dimentas". De esta indigencia del hombre, de esta fatalidad,
nació la plenitud del poeta.
2 (p. 325) y en un clima de ala de mosca: Todos los
comentaristas que han reparado en esta línea Ja juzgan µna
imagen visual que sugiere calor y sensualidad. Gerardo Deniz
encontró que "ala de mosca" era un tejido transparente para
ropa interior y señaló esta línea ele "Ana tole France", un
texto de EZ minutero: "Su experiencia desencantada y volup-
tuosa, como una dama vestida de ala de mosca que portara
en el pecho una roja flor esquivó el rompecabezas desaseado
del mundo."
3 (p. 328) cuando cada muchacha / entorna sus maderas:
"Sus metáforas y reminiscencias ya intrigan a los extraños:
rnal'iana cada frase requerirá una exégesis'', anotó en 1946
Francisco Monterde. Y estos dos versos resultan particular-
mente enigmáticos si no se toma en cuenta que por 1920·
existía la "zona roja" de Cuauhtemotzín, donde las prostitu-
tas -nos informa Usigli- "solían acodarse a sus medias
puertas para atraer a los transeúntes y entornar la mitad su-
perior cuando estaban descansando entre dos faenas, para
anunciar que seguían de guardia, pero se concedían lo que
ahora se llama un coffee break".
Un conocimiento mínimo de la iconografía mexicana de
1914 a 1921 es necesario para entender muchas imágenes
de López Velarde.
' (p. 340) Yo querría gustar del caldo de habas . .. :
Eugenio del Hoyo (Jerez el de López Velarde, 1956) afir-
ma: "Aquí, el 'caldo de habas', a mi juicio, representa el
ascetismo cristiano, la 'cuaresma opaca' [pues nunca faltaba
en la comida de vigilia]; y las guayabas en conserva, la sen-
sualidad ardida y mahometana que lo apartaba, indomable,
del camino de la salvación."
Sin embargo, la estrofa parece transparente en un sentido
menos edificante: el insípido caldo de habas, platillo pre-
dilecto de nuestra clase media hasta los cuarentas, es el sim-

354
bolo .de la vida conyugal y la domesticidad que a yeées .áttat:n
a López Velarde; pero el mundo ("Harén y Hospital") .está
lleno de muieres que encienden sus deseos y evocan el .con•
flicto infantil entre la obhgato.riedad de la sopa y la tenta-
ción y la dulzura del. postre.
ó (p. 346) Mi carne ... de tu ser perfecto: Es fama que
López Velarde escribía en el reverso de los sobres o en pape-
litos que llevaba en el bolsillo a fin ele repasar continuamente
sus poemas. Tenía la costumbre de dejar espacios en blanco
cuando no hallaba el sustantivo o adjetivo exacto. A su muer-
te fueron encontrados "El sueño de los guantes negros",
"Si soltera agonizas'', "¡Qué adorable manía!" La imposibi-
lidad de llenar los puntos suspensivos nos muestra palmaria-
mente las complejidades verbales y conceptuales de su poesía.
6(p. 347) Yo que sólo canté ... José Luís Martínez
advierte semejanza entre el comienzo de "La suave patria"
y la primera estrofa de La Eneida, que dice en traducción
de Miguel Antonio Caro:

Yo aquel mismo que en flauta campesina


en otro tiempo modulé canciones,
y dejando la selva peregrina
causa fui que con ricas producciones
satisficiese la región vecina
de exigente cultor las ambiciones
-obra grata a la gente labradora-
de Marte hórridas armas canto ahora.

Elena Malina Ortega publica en Poesías, cartas, documen-


tos e iconografía el certificado del examen de latinidad que
presentó López Velarde en el Seminario de Zacatecas ( 1902).
Obtuvo "Premio de ler. orden. Perfectamente bien" y entre
los textos que tradu jo figura el libro primero de La Eneida.
Aunque demasiado vaga, la reminiscencia de Vírgilio parece
una cita voluntaria en "La suave patria".
7 (p. 347) como los brazos del correo chuan: Se llamó
chuanes a los campesinos de la Vendée que en 1793 se rebe-
laron contra el gobierno de la Revolución francesa. Para
escribir estos dos versos López Yelarde debe de haberse ins-
pirado -según Monterde- en la novela Le chevalier des
Touches ( 1864), una exaltación de los chuanes debida a
Jules Amédée Barbey D'Aurevilly (1808-1889), católico ul-
tramontano y monárquico absolutista que dio en Les diaboli-
ques (1874) uno de los libros claves del "decadentismo" .

355
• 8 (p. 348) Solmt tu t:cl/Jítal cada hora vuela / ojerosa y
pintada en carretela: López Yelarde rescata en estos famosos
versos una imagen que desaparecerá muy poco después al
generalizarse el automovilismo. Las "cortesanas" -esto es
las prostitutas de lujo- solían anunciarse paseando por l~
avenida Madero (como se llaman San Francisco y Plateros
desde el régimen carrancista) en coches de alquiler de cuatro
asientos y cubierta plegadiza: las carretelas de bandera azul
que, para 1921, hacían agónica competencia a los "libres"
(nombre que dimos hasta hace pocos años a los taxis) y a
los ómnibus o autobuses, los cuales inicialmente se impro-
visaron añadiendo capota y asiento a los vehículos de carga;
por ello aún ahora los llamamos camiones.
Acerca de la relación entre la flilnerie y la poesía moderna,
consúltese el citado ensayo de Walter Benjamín en tomo a
Baudelaire. Sobre López Yelarde como flilneur véase "La
avenida Madero" (en EDF, 1952): "No hay una de las vein-
ticuatro horas en que la Avenida no conozca mi pisada. Le
soy adicto a sabiendas de su carácter utilitario, porque racio-
nalmente no podemos separarla de las engañosas cortesanas
que la fatigan en carretela ( ... ) Conocí a un demente que
me despertaba a deshora para repetirme: 'Plateros fue una
calle, luego una rue, y hoy es una street.' No creo lo último.
Pero me inquieta el porvenir al pensar en los letreros en
inglés de la Avenida y en el templo protestante que la
flanquea."
Un segundo texto de 1917, "La fealdad conquistadora'',
expresa su temor y disgusto ante Ja norteamericanización de
México, en un tono curiosamente a medio camino entre el
arielismo de Rodó y el Black is beautiful de los afroameri-
canos contemporáneos: "Cada día la piscina de azulejos de
nuestros patios entúrbiase má~ con la filtración yanqui. El
monroísmo, el masonismo, el separatismo y el protestantis-
mo, en su paciencia conquistadora, cuenta, desde las últimas
fechas, con un aliado: la fealdad étnica. Si algo étnico hay
en Jos ciudadanos de la risa equina de Mr. Wilson es la
fealdad ..."
Esta preocupación se halla en la base de "La suave patria"
("Quieren morir tu ánima y tu estilo .. .'' "sé siempre igual,
fiel a tu espejo diario.") ¿Habrá leído López Velarae el
poema de D1az Mirón "La mujer de nieve" lr, p. 64 de esta
antología] que se publicó aquel mismo año? .
!l (p. 35U) los ídolos a nado / y por encima haberte
desatado / del pecho curvo de la emperatriz / como del pecho
de una codorniz: "La suave patria" se escribió y apareció en

356
1921: centenario de la consumación de la Independencia
( 1821), pero también de la caída de Tenochtitlan y la pri-
sión de Cuauhtémoc ( 1521). Toda la estrofa resume admi-
rablemente y surgiriendo sin nombrar, los últimos momentos
del imperio azteca. "La piragua prisionera": como se sabe,
tras noventa días de batalla terminó el sitio de México-Te-
nochtitlan. Toda la ciudad había quedado en ruinas y llena
de cadáveres. Cuauhtémoc rechazó cada oferta de rendición
y cuando ya no pudo encontrar medios de resistencia en Ja
isla, abandonó Tlatelolco, el último reducto, para continuar
la lucha en las montañas. Intentó cruzar el lago en una pi-
ragua que llevaba insignias reales. Juan García Olguín reco-
noció la embarcación del último gran Tlatoani, lo aprendió
y lo llevó ante Cortés. "El sollozar de tus mitologías" y "los
ídolos a nado" son imágenes de una eficacia que no requiere
elucidación. "Haberte desatado del pecho curvo de la empe-
ratriz" alude al hecho de que Ichcaxóchitl ("Copo de algo-
dón") -la reina niña o Tecuichpo ( "princesita"), hija pre-
dilecta de Moctezuma, viuda de Cuitláhuac- fue separada
para siempre de su esposo e incorporada al serrallo que Cortés
instaló en Coyoacán. Fruto de la violación fue Isabel Cor-
tés Moctezuma. Antes de que naciera su hija, Ichcaxóchitl
pasó a manos de un oscuro lugarteniente del conquistador.
10 (p. 352) la carreta alegórica de fJaia: A juicio de Usigli
la alusión fue tomada de la historia de Booz, posiblemente
a través del Booz Endormi de Víctor Rugo. La alegoría tal
vez represente a la cultura antigua en el hombre viejo (Booz),
a la moderna en la doncella, dándose las manos en torno de
la carreta que lleva la cosecha.
Según Paz "La suave patria" es un poema dramático. "Hay
un fin de fiesta: la aparición de 'la carreta alegórica de paja',
trono rústico de Pomona-Guadalupe-Tonantzin.''.

357
BIBLIOGRAFíA SUMARIA*

I. OBRAS GENERALES

ANDERSON lMBERT~ Enrique. Historia de la literatura


hispanoamericana. 2 vols. ( 1961).
CUESTA, Jorge. "El clasicismo mexicano" y "La cultura
francesa en México" en Poesías y ensayos, n ( 1964).
DAUSTER, Frank. Breve historia de la poesía mexicana
( 1956).
FRANCO, Jean. The Modern culture of Latín Ameríca:
Society and the Artist (Londres, 1967) .
GoNZÁLEZ PEÑA, Carlos. Historia de la literatura mexi-
cana. Décima edición ( 1969).
l-IENRÍQUEZ ÜREÑA, Pedro. Las corrientes literarias en
la América hispánica. Traducción de Joaquín Díez-
Canedo. Tercera edición ( 1969).
J1MÉNEZ RuEDA, Julio. Historia de la literatura mexica-
na. Sexta edición ( 19 57). Letras mexicanas en el
siglo XIX ( 1944) .
MARTÍNEZ, José Luis. "Las letras patrias. De la época
de Independencia a nuestros días" en México y la
cultura ( 1946). La emancipación literaria de México
( 19 55) . De la naturaleza y carácter de la literatura
mexicana ( 1960) .
M1LLÁN, María del Carmen. El paisaje en la poesía
mexicana ( 19 52).
MoNTERDE, Francisco. Historia de la literatura mexi-
cana ( 19 55 ) .
* Se incluyen exclusivamente obras no mencionadas en
la introducción ni en las bibliografías particulares.

359
ÜCAMPO DE Gó~rnz, Aurora M. y Ernesto Prado Ve-
lázquez Diccionario de escritores mexicanos ( 1967).
REYES, Alfonso. Pasado inmediato ( 1941) y en Obras
completas, tomo xu ( 1960).
ÜRBINA, Luis C. La vida literaria de México. Tercera
edición ( 1965).

II. ESTUDIOS SOBRE EL MODERNISMO

ARRIETA, Rafael Alberto. Introducción al Modernismo


literario (Buenos Aires, 19 56).
AuB, Max. "El Modernismo" en Poesía española con-
temporánea ( 1969) .
CARTER, Boyd C. "La Revista Azul; la resurrección fa_
llida: la Revista Azul de Manuel Caballero" en
Las Revistas Literarias de México, t. I ( 1963).
GuLLÓN, Ricardo. Direcciones del Modernismo (Ma-
drid, 1963).
GoNZÁLEz, Manuel Pedro. Notas en torno al modernis-
mo (1958).
kAZA, Francisco A. de. "Letras Americanas" en Pági-
nas escogidas ( 19 58).
JIMÉNEZ, Juan Ramón. El Modernismo. Notas de un
curso (1962).
MARINELLO, Juan. Sobre el Modernismo. Polémica y
definición ( 19 59).
SALINAS, Pedro. "El problema del Modernismo en Es-
paña o un conflicto entre dos espíritus" y "El cisne
y el búho. Apuntes para una historia de la poesía
moderna" en Literatura española siglo xx. Segunda
edición ( 1949 ) .
VELA, Arqueles. Teoría literaria del Modernismo: su
filosofía, su estética, su técnica ( 1949 ) .

III. ANTOLOGfAS

ANÓNIMO [Juan de Dios Peza.] Los trovadores de Méxi-


co. Poesías líricas de autores contemporáneos (Bar-
celona, 190?).

360
BROTHERSTON, Gordon. Spanish America Modemista
Poets ( Oxford, 1968).
CAILLET-Bors, Julio. Antología de la poesía hispano-
americana. Segunda edición (Madrid, 196 5).
CASTRO LEAL, Antonio. La poesía mexicana moderna
(1953).
CUESTA, Jorge. Antología de la poesía mexicana con-
temporánea ( 1928).
ESTRADA, Cenara. Poetas nuevos de México ( 1916) .
GARCÍA PRADA, Carlos. Poetas modernistas hispanoame-
ricanos (Madrid, 19 56).
MAPLES ARCE, Manuel. Antología de la poesía mexica.
na moderna (Roma, 1940).
M0Ns1v Á1s, Carlos. La poesía mexicana del siglo xx
(1966).
PACHECO, José Emilio. La poesía mexicana del siglo XIX
(1965).
PAZ, Octavio. An Anthology of Mexican Poetry. Tra-
ducción de Samuel Beckett (Indiana, 1965). Poesía
en movimiento ( 1966) en colaboración con Alí Chu-
macera, Homero Aridjis y José Emilio Pacheco.
V1LLAURRUTIA, Xavier, Emilio Prados, Juan Gil-Al-
bert y Octavio Paz. Laurel. Antología de la poesía
moderna en lengua española ( 1941 ) .

IV. LITERATURA EUROPEA

BEGUIN, Albert. El alma romántica y el sueño. Traduc-


ción de Mario Monteforte Toledo, Antonio y Mar-
git Ala torre ( 1964).
DíEz-CANEDO, Enrique. La poesía francesa del roman-
ticismo al superrealismo. Antología (Buenos Aires,
1945).
GAUND, William. The Aesthetic Adventure (Londres,
1945).
F1scHER, Ernst. "Arte y capitalismo" en La necesidad
de arte. Traducción de Adelaida De Juan y José Ro-
dríguez Feo (La Habana, 1964).

361
lIARTLEY, Anthony. French Verse. The Nineteen Cen-
tury. Antología (Londres, 19 57).
HoLGUÍN, Andrés. Antología de la poesía francesa (Ma-
drid, 19 54) .
RAYMOND, Marcel. De Baudelaire al surrealismo. Tra-
ducción de Juan José Domenchina ( 1960).
WEMBLEY, David. Romantic Verse. Antología (Lon-
dres, 1961).

V. COLECCIONES

Biblioteca del Estudiante Universitario, UNAM.


Colección de Escritores Mexicanos, Editorial Porrúa.

[México, junio de 1969]

362
INDICE DE AUTORES

TOMO PÁGINA

Díaz Mirón, Salvador ( 1853-1928) 35


González León, Francisco ( 1862-1946) 1 97
González Martínez, Enrique (1871-1952) II 227
Gutiérrez Nájera, Manuel (1859-1895) 3
Icaza, Francisco A. de (1863-1925) 117
López, Rafael ( 1873-1943) II 279
L6pez Velarde, Ramón (1888-1921) II 305
María Enriqueta (1872-1968) II 257
Nervo, Amado (1870-1919) II 157
Othón, Manuel José (1858-1906) 1 65
Placencia, Alfredo R. (1873-1930) II 265
Rebolledo, Efrén ( 1877-1929) II 290
Tablada, José Juan (1871-1945) II 189
U rbina, Luis G. ( 1864-19 34) 129

363
1NDICE DE PRIMEROS VERSOS *

TOMO PÁGIR\

A fuerza de pensar en tus historias


(üTHÓN) I 90
A la cálida vida que transcurre canora
( LÓPEZ VELARDE) II 322
A tres leguas de un puerto bullente
( DÍAZ MIRÓN) I 48
A veces una hoja desprendida ( GONZÁLEZ)
MARTÍNEZ) II 233
Adivino los fértiles parajes ( OTHÓN) I 79
Al chorro del estanque abrí la llave
( DÍAZ MIRÓN) I 44
Al viejo primate, las nubes de incienso
(GUTJÉRREZ NÁJERA) 29
Amiga que te vas (LÓPEZ VELARDE) II 344
Antes de echar el ancla en el tesoro
(LÓPEZ VELARDE) lI 342
Aquí tienes mis muertos, Señor
( PLACENCJA) IJ 274
¡Arcángel, loba, princesa, lumia, súcubo,
estrella! (TABLADA) II 199
Así te ves mejor, crucificado ( PLACENCIA) IJ 268
Aunque la mañana está soleada
( GONZÁLEZ LEÓN) 1 109

*En el caso de grupos de poemas -"Idilio salvaje", "La


hermana agua", los haikús de Tablada "Caro Victrix"
etcétera- sólo aparece registrada la prÍmera línea de ]~
composición inicial.

365
TOMO l>AttNA

Azul cobalto el cielo, gris la llanura


(!CAZA) I 128
Blancas y finas, y en el ma.n to apenas
( DÍAZ MIRÓN) 43
Busca en todas las cosas un alma y un
sentido ( GONZÁLEZ MARTÍNEZ) II 235
Casas de mi lugar que tienden a
desaparecer ( GONZÁLEZ LEÓN) 1 101
Como en el fondo de la vieja gruta
(URBINA) 146
Como hermana y hermano ( GONZÁLEZ
MARTÍNEZ) II 238
-Condenamos este libro por exótico y
perverso ( NERVO) 11 184
Corre tu velo ( PLACENCIA) 11 269
Crin que al aire te vuela, rizada y bruna
( DÍAZ MIRÓN) 60
Cual nidada de palomas, se acurruca,
se repliega ( NERVO) 11 168
Cuando algún desamparo viene y me grita
( PLACENCIA) 11 275
Cuando sacrificaban en el Templo Mayor
(TABLADA) 11 218
De mis oscuras soledades vengo ( OTHÓN) 1 86
Descienden taciturnas las tristezas
( GUTIÉRREZ NÁ JERA) I 18
Desde el vitral de mi balcón distingo
(NERVO) 11 181
Desperté de mis sueños al dolor de la vida
(!CAZA) I 123
-Dolor: ¡qué callado vienes! (uRBINA) 1 148
El diablo, tu divino maestro de dibujo
(LÓPEZ) 11 282
El mar por tantas horas ha mecido
( GONZÁLEZ MARTÍNEZ) 11 245
El nocturno abecedario ( GONZÁLEZ LEÓN) 116
El violoncello sufre más que el violín;
la viola ( NERVO) 11 170

366
TOMO PÁGINA

En dulce charla de sobremesa ( GUTiftRREZ _


NÁJERA) I 9
En este sosegado apartamiento ( o'i'HÓN) 70
En la cúspide radiante (LÓPEZ VELARDE) II 335
En la rama el expuesto cadáver .se pudría
(DÍAZ MIRÓN) 45
En la sombra debajo de tierra ( GUTIÉRREZ
NÁJERA) . 14
En todas las eternidades ( NERVO) u · 186
Encima / de la azucena esquinada (LÓPEZ
VELARDE) II 330
Es de México y Asia mi alma
un jeroglífico (TABLADA) II 202
Fuensanta: dame todas las lágrimas del
mar ( LÓPEZ VELARDE) II 313
-Gitana, flor de Praga: diez kreutzers
si me besas ( NERVO) n 182
-Hallarás en el bosque mansa fuente
(MARÍA ENRIQUETA) II 262
Hay horas en que imagino ( GONZÁLEZ
MARTÍNEZ) II 247
Hoy, como nunca, me enamoras y me
entristeces ( LÓPEZ VELAR DE) II 316
¡Huyen los años como raudas naves!
( GUTIÉRREZ NÁ JERA) 26
Ignoro qué corriente de ascetismo
( NERVO) II 167
Junto al plátano sueltas, en congoja
(DÍAZ MIRÓN) I 62
La edad del Cristo azul se me acongoja
(LÓPEZ VELARDE) II 340
La grande habitación ( GONZÁLEZ LEÓN) I 107
La nave de la China ( GONZÁLEZ LEÓN) 1 114
La tierra adonde el Bóreas rugiente se
encamina ( LÓPEZ) n 284
La vi tendida de espaldas ( DÍAZ MIRÓN) 41
La vida me la dio; la misma vida
( GONZÁLEZ MARTÍNEZ) II 244

367
'I'OMO PÁGINA

Las novias pasadas son copas vacías


( GUTIÉRREZ NÁ JERA) 1 17
Li-Po, uno de los "Siete Sabios en el
vino" (TABLADA) 11 211
Loro idéntico al de mi abuela (TABLADA) 11 219
Los árboles negros (!CAZA) 126
Los mismos sitios y las mismas calles
( GONZÁLEZ LEÓN) 106
Llovió toda la noche ( GONZÁLEZ LEÓN) I 110
Llm'ia del aguacero ( GONZÁLEZ LEÓN) I 112
Mai'íana los poetas cantarán en divino
( (;ONZÁLEZ MARTÍNEZ) 11 240
Me impongo la costosa penitencia
( LÓPEZ VELARDE) 11 314
Mejor será no regresar al pueblo
( LÓPEZ VELARDE) II 332
Mi abismo se llenó de su mirada
( GONZÁLEZ MARTÍNEZ) II 243
Mi carne pesa, y se intimida (LÓPEZ
VELARDE) 11 324
Mi corazón, leal, se amerita en la sombra
( LÓPEZ VELARDE) II 320
Mi corazón percibe, sueíia y presume
( DÍAZ MIRÓN) 59
¡Mujeres que pasáis por la Quinta
Avenida! (TABLADA) II 206
Neoyorquina noche dorada (TABLADA) 11 217
¡Ni una palabra de dolor blasfemo!
( GUTIÉRREZ NÁ JERA) 22
No ha de besarme en la angustiada hora
( GONZÁLEZ MARTÍNEZ) 11 246
No hay almíbar ni aroma (DÍAZ MIRÓN) I 55
¡No moriré del todo, amiga mía!
( GUTIÉRREZ NÁ JERA) 27
¡Noche de sábado! Callada (TABLADA) 11 197
Noche muy negra. Un paso: la cañada
(üTHÓN) 1 81

368
TOMO PÁGINA

¡Oh, casa con dos puertas que es la mía


( GONZÁLEZ MARTÍNEZ) II 241
¡Oh, Siddharta Gautama!, tú tenías
razón (NERVO) II 185
¡Olvidaste la vereda (MARÍA ENRIQUETA) II 260
Oremos por las nuevas generaciones
{NERVO) II 165
¿Para qué contar las horas (1CAZA) 1 124
Pasas por el abismo de mis tristezas
{NERVO) II 183
Por la polvosa calzada (MARÍA
ENRIQUETA) II 264
Por ti, por ti clamaba, cuando surgiste
(NERVO) II 169
Porfía la libé] ula (TABLADA) II 209
¿Qué dice tu nervioso gesto de selva
oscura ( URBINA) I 133
¿Qué te acongoja mientras que sube
(DÍAZ MIRÓN) 40
Quiero morir cuando decline el día
( GUTIÉRREZ NÁ JERA) I 13
Quiero un lecho raído, burdo, austero
( PLACENCIA) II 272
Sacó la red el pescador, henchida
(MARÍA ENRIQUETA) 11 261
Semejas esculpida en el más fino ( DÍAZ
MIRÓN) I 61
Se nublaron los cielos de tus ojos
(REBOLLEDO) II 297
Siempre aguijo el ingenio en la lírica; y
él en vano al misterio se asoma ( DÍAZ
MIRÓN) 46
Siento en la brisa y la bruma (DÍAz
MIRÓN) I 63
Sonámbula y picante (LÓPEZ VELARDE) II 327
Soñé que la ciudad estaba dentro
( LÓPEZ VELARDE) II 345
Sueños en la mañana (GONZÁLEZ LEÓN) I 104

369
TOMO PÁGINA

También el alma tiene lejanías (1CAZA) 120


Tardes de beatitud ( GONÚ.LEz LEÓN) 102
Tiene el extraño hechizo de esas siluetas
(REBOLLEDO) lI 296
Tierno saúz (TABLADA) lI 207
Toma el bordón, peregrino (ICAZA) I 122
Torvo fraile del templo solitario
(TABLADA) lI 195
Tropel de sombras; mas el ojo lleva
( GONZÁLEZ MARTÍNEZ) lI 249
Tu largo ventisquero forma o trasunta
( DÍAZ MIRÓN) 64
Tu presencia en mi sombra se divulga
(LÓPEZ) II 287
Tuércele el cuello al cisne de engañoso
plumaje ( GONZÁLEZ MARTÍNEZ) u 237
Tus dientes son el pulcro y nimio
litoral ( LÓPEZ VELARDE) u 318
Una geisha de cabello recogido con
prolijas (REBOLLEDO) 11 295
Una música íntima no cesa (LÓPEZ
VELARDE) 11 338
Visten hábitos carmelitas (TABLADA) u 203
Volveré a la ciudad que yo más quiero
(URBINA) 150
Yo canto al cielo porque mis linfas
ignoradas (NERVO) II 171
Yo que sólo canté de la exquisita
(LÓPEZ VELARDE) u 347

370
INDICE GENERAL

PÁG.

PREFACIO VII
INTRODUCCIÓN XI

TOMO I

MANUEL GUTIÉRREZ NÁJERA [1859-1895)


La Duquesa Job 9
Para entonces B
Ondas muertas 14
Para un menú 17
Mis enlutadas 18
Pax animre . 22
Ultima necat . 26
Non omnis moriar 27
A la Corregidora 29

SALVADOR DÍAZ MIRÓN [1853-1928)


La nube . 40
Cleopatra 41
El fantasma 43
Al chorro del estanque 44
Ejemplo . 45
Gris de perla 46
Idilio . 48
Nox . 55
Música fúnebre . 59
Música de Schubert 60
A ella 61

371
PÁG.

Dentro ele una esmeralda . . . . . 62


En el álbum de Eduardo Sánchez Fuentes 63
La mujer de nieve . 64

MANUEL JOSÉ OTHÓN (1858-1906)


Himno de los bosques . 70
Frondas y glebas . . 79
Salmo del fuego . . 81
Elegía a la memoria de Rafael Ángel de la
Peña . . . . . 86
En el desierto. Idilio salvaje 90

FRANCISCO GONZÁLEZ LEÓN (1862-1946]


Antiguallas 1O1
Integro 102
Despertar 104
Diálogo . 106
Suenan las m 107
Palabras sin sentido 109
La gotera 11 O
Soldaditos de cristal 112
La nave de la China 114
Rumores 116
FRANCISCO GONZÁLEZ LEÓN [1862-1946]
Preludio . 120
Ahasvero . 122
El encanto del libro 123
Las horas 124
En la noche . 126
Paisaje de sol 128

LUIS G. URBINA (1864-1934]


El poema del lago . 133
Vieja lágrima 146
La balada de la vuelta del juglar 148
La elegía del retorno 150

372
TOMO II

PÁG.

AMADO NERVO [1870-1919)


"Oremus" 165
A Felipe 11 167
El muecín 168
Andrógino 169
El violoncello 170
La hermana Agua 171
Londres . 181
En Bohemia . 182
Pasas por el abismo de mis tristezas 183
Condenación del libro 184
Renunciación 18;
Kalpa 186
JOSÉ JUAN TABLADA (1871-1945)
ónix 195
Misa negra . 197
La Bella Otero 199
Exégesis . 202
Los pijijes 203
Ouinta Avenida 206
Haikús de Un día 207
Haikús de El jarro de flores . 209
Li-Po. 211
Nocturno alterno 217
Los zopilotes 218
El loro 219
ENRIQUE GONZÁLEZ MARTÍNEZ (1871-19 52]
A veces una hoja desprendida 233
Busca en todas las cosas . . 235
Tuércele el cuello al cisne . 237
Como hermana y hermano . 238

373
PAG.

Mañana los poetas . 240


Casa con dos puertas 241
Dolor . . . . 243
Escala de ausencia . 244
Mar eterno 245
La despedida 246
Romance del muerto vivo 247
Estancias . 249
MARÍA ENRIQUETA [1872-1968]
Sendero olvidado 260
Renunciación 261
Vana invitación 262
Paisaje 264
ALFREDO R. PLACENCIA [1873-1930]
Ciego Dios 268
Miserere . 269
Mi Cristo de cobre 272
Con un poco de olvido . 274
La fatiga de las puertas . 275
RAFAEL LÓPEZ [1873-1943]
Ruelas 282
La bestia de oro . 284
Venus suspensa . 287
EFRÉN REBOLLEDO [1877-1929]
Danza de geishas 295
Kómako 296
Caro victrix . 297
RAMÓN LÓPEZ VELARDE [ 1888-1921]

Hermana, hazme llorar 313


La mancha de púrpura . 314

374
PÁG.

Hoy como nunca 316


Tus dientes . 318
Mi corazón se amerita 320
Hormigas 322
La última odalisca 324
Todo. 327
La lágrima . 330
El retorno maléfico 332
El candil . 335
El son del corazón 338
Treinta y tres . 340
El ancla . 342
Si soltera agonizas 344
El sueño de los guantes negros 345
La suave patria . 347

BIBLIOGRAFÍA SUMARIA • 359


ÍNDICE DE AUTORES 363
ÍNDICE DE PRIMEROS VERSOS 365

375
UNIVERSITARIA

.
..¡
;.:
.,
"'

Antología del Modernismo 1884-1921


(tomos I y Il), editado por el Programa
Editorial de la Coordinación de Humani-
dades, se terminó de imprimir en el mes
de abril de 1999, en la Imprenta Uni-
versitaria. Su composición se hizo en tipo
Electra de 10:12, 9:10 y 8:9 puntos.
La edición consta de 5 000 ejemplares en
papel Cultural de 44.5 Kg.