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Pensamiento argumentativo

Recopilado por: Luis Martín Trujillo Flórez


“Y ponte a estipular y harás filosofía”.
Miguel Bosé

Introducción
Somos emotivos por naturaleza, y qué sería del hombre sin sus sentimientos, no obstante,
las emociones deben ir acompañadas de un sustento, alguna vez te has preguntado ¿por
qué amas a la persona con la que estás? o ¿por qué no has podido olvidar a alguien? A
simple vista es un asunto del corazón, de los sentimientos, y lo del corazón no le compete a
la razón. Si uno profundiza la pregunta y empieza a darle una respuesta concreta es posible
que se dé cuenta que no hay un motivo real para sufrir por alguien, que es uno y no la otra
persona quien está amarrada al pasado. Sin darnos cuenta ya empezamos a argumentar, a
encontrarle una razón de ser, y desde allí podemos darle una solución más sensata a las
cosas. Ahora podríamos hacer un análisis de las personas que odiamos, empezar con la
pregunta ¿por qué fulano me cae mal? Es probable que la única razón que encontremos
sean nuestros prejuicios, nada más, y tal vez, sólo tal vez, recapacitemos y solucionemos el
conflicto. Ya estamos de nuevo argumentando, estamos buscando razones de peso para
defender o atacar algo (entiéndase atacar como rebatir, no combatir). Es más, es posible
que en una discusión la otra persona te deje sin argumentos y es posible que reflexiones
sobre lo que te pasa, o mucho mejor, tú lo convenzas con tus justificaciones. En muchos
casos en nuestro entorno como no hay una argumentación fuerte nuestros ideales se
defienden desde la pasión, la euforia, tal vez por eso la violencia se manifiesta con tanto
ahínco (por supuesto sin contar con todos los desmanes sociales que viven muchos
pueblos) porque el argumento no procede de la razón.

La argumentación y la retórica clásica:


En la retórica clásica se distinguían cuatro formas básicas de razonamiento: deducción,
inducción, razonamiento por eliminación, razonamiento por analogía.
• Deducción: raciocinio que parte de casos generales para llegar a particulares. La
conclusión, depende de las premisas pero no está en ellas. El proceso deductivo
puede aliarse a partir de un razonamiento disyuntivo,
• Inducción: es un raciocinio más persuasivo, accesible y utilizable por el común de
la gente. Se parte de casos individuales para llegar al universal. Presupone dos
procedimientos: la llamada a los hechos y la división de la tesis en diversas
partes, que son analizadas sucesivamente.
• Razonamiento por eliminación: consiste en examinar los diversos puntos de vista
e interpretaciones que existen en relación con una tesis, con el fin de señalar la
inaceptabilidad de todas, excepto de una, a favor de la cual está el orador. Este
razonamiento tiene un gran valor argumentativo pues da la impresión de haber
examinado todas las posibilidades y de mantener sólo la más adecuada.

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• Razonamiento por analogía: este raciocinio está en la base de muchos
comportamientos prácticos y en algunos procesos de conocimiento de sentido
común. Permite trasladar lo que es conocido a lo desconocido gracias al
establecimiento de una similitud; se extiende a un segundo fenómeno las
propiedades de uno primero.

Aristóteles es el primer estudioso occidental que trata de construir una tipología


discursiva, para lo cual tiene en cuenta las circunstancias en las que se enmarcan los
discursos, los temas de los que se ocupan y los fines a los que ellos sirven. A partir de
estos criterios establece una tipología que es aún muy rudimentaria pero que posee una
cierta coherencia. Además, al señalar que en toda argumentación interviene un orador,
un objeto del mundo y un auditorio (receptor), subraya la complejidad de todo proceso
argumentativo, y destaca que:

• El proceso persuasivo sólo existe en virtud de los actores que vincula.


• Entre los participantes de una práctica argumentativa es necesario que se dé
un contacto intelectual y emotivo.
• La argumentación está determinada por el auditorio, los fines del orador y las
circunstancias en las cuales ella se produce.

Cicerón distingue en la retórica cinco operaciones: la invención (descubrimiento de


argumentos válidos o aparentemente válidos que hagan parecer probables las tesis que se
defienden); la disposición (ubicación de las grandes partes del discurso); el estilo (elección y
disposición de las palabras en la frase); la memoria (percepción mental del tema y fijación
sólida de toda la argumentación) y pronunciación (enunciación del discurso).
Junto con Aristóteles, Cicerón es el pensador que mayor influencia ejerció en la historia de
las artes del discurso en la edad media. Su influjo sobre el Medioevo se debe sobre todo a
su obra De inventione y Rhetorica ad Herennium1.

En el siglo XIX, la presencia de gráficos, la descripción minuciosa de experimentos, la


observación, el argumento matemático y estadístico eran los indicadores que a partir de
1930, se utilizaban para juzgar la “cientificidad” de un texto.

Investigaciones que no se basaran en hechos y cuyos resultados no fueran medibles y


controlables eran pobres, imprecisas, insatisfacciones, falsas y subjetivas. Esto explica por
qué la retórica se relegó a un segundo plano, muy por debajo de la lógica y por qué en con-
trasposición, ésta se convirtió en el modelo de las ciencias formales y posteriormente de las
ciencias humanas, al encargarla de suministrar las razones de las realidades histórico-
sociales.

Se empezó así a adoptar modelos de las ciencias naturales para la indagación científico-
social. La idea de la uniformidad de la naturaleza se extendió a las acciones humanas y el

1
OCHOA SIERRA, Ligia. Comunicación Oral Argumentativa, Estrategias didácticas. Bogotá: Editorial Magisterio
2008.

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uso de categorías predeterminadas se hizo recurrente, con lo cual se aseguró un alto nivel
de deducción y generalización.

En psicología, por ejemplo, empezó a circular la idea de que toda conducta se puede reducir
a una serie de asociaciones entre elementos simples y respuestas, y que los mecanismos
asociativos, mediante los cuales se realiza el proceso de aprendizaje, eran idénticos para
todos los individuos.

Por su parte, los estudios literarios utilizaron un método descriptivo y formalizante, donde
los estilos, los géneros, las obras, las épocas y los “renacimiento “fueron mirados como
productos finitos, cerrados y ahistóricos (Jauss, 1971: 45).

La afirmación de que la deducción lógico-formal es el método eficaz y universal del


conocimiento se hizo común entre los investigadores de las diversas áreas del saber. A la
creación de sistemas cerrados de deducciones, determinados de modo riguroso y
univalente, se le denominó Ciencia.

Sólo a partir de la década del sesenta en el siglo XX, debido a la dificultad para explicar
conductas complejas se empieza a desconfiar de la lógica y del conocimiento exacto, lo que
condujo a un cuestionamiento de la utilización de los métodos formales de las ciencias
exactas para abordar las realidades de las ciencias humanas.

La idea de una ciencia experimental en busca de leyes poco a poco ha cedido su lugar a una
ciencia interpretativa en busca de significado. El paradigma dominante único ha sido
desplazado por escuelas diferentes de pensamiento. El pluralismo teórico no se ve como
una falta de desarrollo de las ciencias humanas sino como una actitud madura que fomenta
el desarrollo de una diversidad de estrategias de investigación, alerta a los investigadores
acerca de diferentes fenómenos que son de interés, diversas concepciones de problemas y
diferentes aspectos de hechos que podrían ignorarse dentro de una perspectiva única
(Shulman, 1989: 13).

Resurge, así, el interés por la lógica no formal, por la subjetividad, por el sentido común, por
la introspección, por la variación, por los estudios particularizados, por la Teoría de la
argumentación.

De otra parte, la revolución que se operó en la lingüística gracias a la teoría del texto y el
interés de los filósofos ingleses y alemanes por el problema del lenguaje contribuyeron
significativamente al retorno de la retórica.

La nueva retórica o teoría de la argumentación renace como parte de la Filosofía y por esto
aparece como objeto de investigación y a la vez, como instrumento de análisis de ciencias
como la Sociología, la Comunicación, la Psicología, en fin, las ciencias humanas.
La rehabilitación de la Teoría de la Argumentación está -liderada fundamentalmente por el
investigador Chaim Perelman, quien preocupado por la inadecuación de la lógica de la

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demostración al mundo de los valores, se acerca a la retórica de Aristóteles, la retorna y la
hace avanzar considerablemente.

Perelman amplía considerablemente el campo de la nueva retórica en comparación con el


de la antigua: prescinde de que los argumentos persuasivos sean orales o escritos; se dirige
a todo tipo de auditorios aristotélicos correspondientes a los géneros deliberativo, judicial y
epicíclico... (González, 1989: 20).

La nueva retórica se centra en las estructuras argumentativas, esto es, en el análisis de los
medios utilizados por las ciencias humanas, el derecho y la filosofía para probar sus tesis
(Perelman, 1989).

Las construcciones discursivas son la hipotaxis o de subordinación y la parataxis o de


coordinación. La construcción argumentativa, por excelencia, es la hipotáctica, ya que obliga
al receptor a ver ciertas relaciones, a percibir ciertas interpretaciones y a adoptar la posición
que el orador desea que asuma. La paratáctica deja un mayor margen de libertad, no
establece unos límites tan marcados y no impone -al menos directamente- ningún punto de
vista.

En relación con el orden se distinguen tres tipos: el creciente, donde se presentan


inicialmente los argumentos más débiles para que luego aparezcan los más fuertes; el
decreciente y el Nestoriano, donde se comienza y se termina el discurso con los argumentos
más fuertes (Este último resulta muy eficaz).

Es evidente que en una argumentación el orden jamás es indiferente ya que está compuesta
por el orador en función de las modificaciones del auditorio al que apunta. En otros términos
podrá tratarse de conducir progresivamente la aceptación de ciertas premisas, de tener en
cuenta ciertas etapas anteriores y aún de manera más frecuente de modular un
condicionamiento de este auditorio a través de las manifestaciones que pueden manifestar,
justamente al percibir un cierto orden de importancia de los argumentos presentados. Por lo
tanto, no podemos decir, como escribe Ch. Perelman, que toda argumentación, a diferencia
de una demostración, tiene la libertad de componer su orden (Vignaux, 1976: 151).

Con respecto a los argumentos, algunos de ellos son:


• A pan o a símili: se aplica al caso en cuestión algo ya probado o experimentado en
otro semejante.
• Aquiles: el que se considera decisivo.
• Ad hominem: consiste en poner al interlocutor en contradicción con sus propias
afirmaciones o con sus propios actos.
• Cojo: argumento incompleto.
• De autoridad: utiliza actos o juicios de una persona o de un grupo de personas
como medio de prueba en favor de una tesis.
• Disyuntivo: el que tiene por primera premisa una disyunción.
• Negativo: el que se funda en la ausencia de pruebas,

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• Magnético: aquel que permite apreciar un acto o acontecimiento con arreglo a
sus consecuencias favorables o desfavorables.
• Por sacrificio: uno de los argumentos de comparación utilizados con más
frecuencia es el que se vale del sacrificio que se está dispuesto a sufrir para
obtener cierto resultado.

En resumen, los valores admitidos por el auditorio, el prestigio y la actitud del orador, la
precisión, claridad y adecuación de los argumentos y del lenguaje empleado, son elementos
que están en íntima relación y son definitivos cuando se trata de conseguir la adhesión de
los individuos2.

Pasos para la argumentación


Los argumentos nos sirven para muchas cosas, para opinar, para convencer, para ubicarnos
en el universo, para crear empresa. Dar un argumento significa ofrecer un conjunto de
pruebas en apoyo de una conclusión; es hincar opiniones con razones, además es un medio
para indagar. Argumentar es importante porque una vez que hemos llegado a una
conclusión bien sustentada en razones, antes la explicamos y la defendemos mediante
argumentos y la concluimos o la deducimos, es decir, nos apropiamos del conocimiento.

Algunos argumentos requieren que se presente atención al significado de las palabras.


Algunas veces las palabras pueden ser de uso común, pero su significado ser poco claro, o
por el contrario se ignora el significado de la palabra y se dan definiciones erradas. Por ello
necesitamos una ida consensuada de lo que se va a argumentar. Cuando el significado de
un término es controvertido, se necesita además otro tipo de definición. Cuando los
términos son controvertidos trabaje a partir de ejemplos claros. Tenga en cuenta que una
definición no es un argumento, las definiciones nos sirven para construir adecuadamente un
argumento pero no son lo mismo.

A continuación algunos pasos útiles para argumentar:


1. Lo primero que debemos hacer para argumentar es distinguir entre conclusiones y
premisas. Las afirmaciones mediante las cuales usted ofrece sus razones son
llamadas premisas. Las conclusiones son afirmaciones a favor de la cual usted esta
dando razones. Para empezar pregúntese ¿qué estoy tratande de probar?, ¿cuál es
mi conclusión?
Cuando se utilicen argumentos como un medio de indagación, se puede comenzar, a
veces, tan solo con la conclusión que se quiere defender.
2. Es importante darle un orden a las ideas, es normal que ellas tengan un orden y una
jerarquía especial. Primero la conclusión seguida de sus propias razones, o primero
las premisas y se extrae la conclusión al final. En cualquier caso se deben expresar

2
Ibid, pág. 47-53.

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las ideas en un orden tal que la línea de pensamiento se muestre de la forma más
natural. Hay que reordenar una o varias veces el argumento con el objeto de
encontrar el orden más natural.
3. Es recomendable empezar con argumentos cortos y premisas fiables. Si las premisas
son débiles, la conclusión será débil. Si no se está seguro acerca de la fiabilidad de
una premisa es mejor dar un argumento corto a favor de la premisa. Resulta fácil
partir de premisas fiables, pues si se tiene a la mano ejemplos conocidos o
autoridades sobre el tema, esto da un poco de seguridad sobre el argumento.
4. Sea conciso, evite términos generales, vagos y abstractos. Evite ser grandilocuente,
es decir, no busque palabras rebuscadas que usted mismo desconozca, recuerde
que lo que usted no conozca bien puede jugar en su contra.
5. Procure no utilizar un lenguaje emotivo, no haga que el argumento parezca bueno
ridiculizando a su contrario. Generalmente se defiende una posición por razones
serias y sinceras. Trate de entender sus opiniones aun cuando piense que están
totalmente equivocadas.
6. Los argumentos dependen de conexiones claras entre las premisas y la conclusión.
Por esta razón es crucial utilizar un único grupo de términos para cada idea. Si no se
trabaja así el argumento pierde la obvia conexión entre las partes que lo componen y
que podrían hacerlo esclarecedor y persuasivo.
7. Hay que evitar a toda costa la ambigüedad, una buena manera de evitarla es definir
cuidadosamente cualquier término clave que se introduzca. También se necesita
definir términos especiales o palabras técnicas.

FORMAS DE ARGUMENTACIÓN:

Argumentos mediante ejemplos


Los argumentos mediante ejemplos ofrecen uno o más ejemplos específicos en apoyo de
una generalización. Para comprobar los ejemplos de un argumento, o para encontrar buenos
ejemplos para los propios argumentos, hay que investigar.

Un ejemplo simple puede ser usado, a veces, para una ilustración. Pero solo un ejemplo no
ofrece prácticamente ningún apoyo para una generalización, es importante dar los ejemplos
más significativos o relevantes que representen el conjunto. Por el contrario, no se
recomienda utilizar un número excesivo de ejemplos, un gran número de ejemplos puede
desfigurar el conjunto acerca del cual se hace la generalización.

Cuando se elabore un propio argumento, no hay que confiar en el primer ejemplo que se
venga a la cabeza. Hay que hacer lecturas, pensar cuidadosamente en las muestras
apropiadas y ser honesto buscando contraejemplos.

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La información de trasfondo es crucial, a menudo se necesita previamente una información
para que se pueda evaluar un conjunto de ejemplos.

También se puede utilizar para argumentar los contraejemplos, éstos sirven para cuestionar.

Hay que tratar de reinterpretar el contraejemplo como otro ejemplo, entonces la crítica
inicial a su conclusión se transforma en otro elemento de prueba a favor.

Argumentos por analogía


La analogía es una relación de semejanza entre cosas distintas, un ejemplo es una muestra,
una analogía es algo parecido a. Los argumentos por analogía en vez de multiplicar los
ejemplos para apoyar una generalización, discurren de un caso o ejemplo específico a otro
ejemplo, argumentando que, debido a que los dos ejemplos son semejantes en muchos
aspectos, son también semejantes en otro aspecto más específico.

Cuando un argumento acentué las semejanzas entre dos causas, es muy probable que sea
un argumento por analogía. Las analogías no requieren que el ejemplo usado como analogía
sea absolutamente igual al ejemplo de la conclusión, requiere de un ejemplo similar de una
manera relevante.

Para hacer un argumento por analogía se requieren dos premisas:

1. Un argumento por analogía es una afirmación acerca del ejemplo usado como
analogía.
2. En un argumento por analogía cuando se toma un ejemplo en la primera premisa,
este debe ser similar al ejemplo acerca del cual se extrae una conclusión.

Argumentos por autoridad


A veces para argumentar necesitamos referencias más documentadas para que nos
expliquen parte de lo que necesitamos saber. Hay que ser cauteloso porque las supuestas
autoridades pueden conducirnos a un error o quizás estén equivocadas ellas mismas. Por
eso es recomendable mirar muy bien el origen o la calidad de la fuente. Una fuente está
cualificada cuando tiene la formación y la información apropiadas. Una fuente bien
informada no tiene que corresponder necesariamente con nuestro modelo general de lo que
es una autoridad.

A veces, tenemos que confiar en autoridades cuyos conocimientos son mejores que los
nuestros, pero aun así, siempre son imperfectos. Si usted tiene que confiar en una autoridad
que posea información incompleta, reconozca el problema. Por último, desconfíe de las
supuestas autoridades que pretenden saber lo que de ninguna manera puedan saber.

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Las personas que tienen que perder mucho en una discusión no son generalmente las
mejores fuentes de información acerca de las cuestiones en disputa. Las fuentes deben ser
imparciales. Trate de confirmar cualquier afirmación citada de una fuente, los buenos
argumentos citan sus fuentes, por tanto, búsquelas.

Cuando no hay acuerdo entre los expertos, no se puede confiar solamente en uno de ellos.
Antes de citar una autoridad, hay que buscar que otras personas igualmente cualificadas e
imparciales estén de acuerdo. Cuando las cuestiones son más amplias e intangibles, resulta
más difícil encontrar autoridades que estén de acuerdo.

Usted puede usar sus argumentos, pero no se convence a ninguna persona citando
solamente las conclusiones de otra persona. Un argumento debe explicar brevemente el
fundamento o la información de una autoridad cuando no resultan claros de inmediato.

No está mal tomar referencias de otros, está mal no darles el crédito por el trabajo que
realizaron. Los estilos de citación varían −quizás necesite un manual de estilo adecuado
para sus propósitos−, pero todos incluyen la misma información básica: la suficiente para
que otros puedan encontrar la fuente por si mismos con facilidad.

Argumentos acerca de las causas


Los argumentos causales son importantes porque a menudo ya es útil encontrar alguna
causa. La prueba de una afirmación sobre las causas es habitualmente una correlación
entre dos acontecimientos o tipos de acontecimientos. A veces explicar la causa conduce al
efecto, aunque a veces el efecto no es consecuencia directa de la causa. Hay que tratar que
el argumento no solo explique como una causa conduce a un efecto, sino también citar su
fuente y explicar por qué esta fuente está bien informada.

Cuando pensamos que A causa B, usualmente pensamos no solo que A y B están


correlacionados, sino también que tiene sentido que A cause B. Los buenos argumentos no
apelan únicamente a la correlación de A y B, también explican porque tiene sentido para A
causar B.

Uno debe mostrar que la causa que utilizamos es las más probable. Solo si las explicaciones
fracasan en dar cuenta de los hechos debemos comenzar a considerar las hipótesis
alternativas. Es preferible buscar las causas que son compatibles con nuestras creencias.

La mera correlación, por sí misma, no establece una relación de causa y efecto, algunas
correlaciones no son más que meras coincidencias. En muchas ocasiones, las correlaciones
no son relaciones entre causa y efecto, sino que representan dos efectos de alguna otra
causa.

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La correlación no establece, entonces, la dirección de la casualidad. Si A se correlaciona con
B, puede ser que A cause B, pero también puede ser que B cause A.

Es importante explicar las conexiones entre causa y efecto. Si se puede suplir conexiones
plausibles de A a B, pero no de B a A, entonces parece probable que A conduce a B, y no al
revés.

Las causas suelen ser complejas y es común que muchas consecuencias vengan de una
misma causa, además rara vez uno encuentra una única causa.

Argumentos deductivos
Un argumento deductivo tiene la forma tal que si sus premisas son ciertas, la conclusión
también tiene que ser cierta, va de lo general a lo particular. Comienza con la enunciación
de la tesis, pasa luego a presentar la información específica que apoya la tesis. Los
argumentos deductivos correctamente formulados se denominan argumentos válidos,
difieren de otros tipos de argumentos e incluso un gran número de premisas ciertas no
garantizan la verdad de la conclusión.

En los argumentos no deductivos, la conclusión va inevitablemente más allá de las premisas


(esa es justamente la razón de argumentar mediante ejemplos, autoridad, etc.), mientras
que la conclusión de un argumento deductivo valido solo hace explicito lo que ya está
contenido en las premisas.

Cuando se puedan hallar premisas muy sólidas, los argumentos deductivos resultan muy
útiles. Y aun cuando las premisas sean inciertas, las formas deductivas ofrecen una manera
efectiva de organizar un argumento, especialmente si se trata de un ensayo basado en
argumentos.

Tipos de argumentos deductivos:

1. Modus ponens: Si se usan las letras p y q para representar enunciados, la forma


deductiva valida más simple es:
Si (el enunciado p) entonces (el enunciado q).

(El enunciado p).

Por lo tanto, (el enunciado q).

O de una manera más breve,

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Si p entonces q,

P,

Por lo tanto, q.

Esta forma se denomina modus ponens (el modo de poner: puesto p, se consigue
q). Para desarrollar estos argumentos, se necesita explicar y defender ambas
premisas, y ellas necesitan argumentos completamente diferentes. Resulta útil
exponerlos clara y separadamente desde el inicio.

2. Modus tollens: Una segunda forma valida es el modus tollens (el modo de quitar:
quite q, quite p):
Si p entonces q.

No-q.

Por lo tanto, no-p.

Aquí (no-q) simplemente representa la negación de q, es decir, el enunciado (no es


verdad que) vale lo mismo para no-q.

3. Silogismo hipotético:
Si p entonces q.

Si q entonces r.

Por lo tanto, si p entonces r.

El silogismo hipotético es aliado para cualquier número de premisas en la medida


en que cada premisa tenga la forma (si p entonces q), y la de que una premisa se
transforma en la p de la siguiente. El silogismo hipotético ofrece un buen modelo
para explicar las conexiones entre causa y efecto. La conclusión vincula una causa
con un efecto, mientras que las premisas explican los pasos intermedios.

4. Silogismo disyuntivo
Poq

No-p

Por lo tanto, q.

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Hay una complicación. En castellano, la letra (o) puede o tiene dos significados
diferentes. Normalmente, (p o q) significa que al menos una de las dos, p o q, es
verdadera y posiblemente ambas. Este es el sentido (inclusivo), según el cual p o q
significa que las dos p o q son verdaderas, pero no ambas. Los silogismos
disyuntivos son válidos con independencia del sentido de (o) que se utilice. Pero lo
que se puede deducir (sobre todo cuando usted puede deducir que no-q si también
sabe que p) depende del sentido de (o) en la premisa especifica (p o q) que esté
considerando ¡cuidado!

5. Dilema
P o q.

Si p entonces r.

Si q entonces s.

Por lo tanto, r o s.

Desde el punto de vista retórico, un dilema es una elección entre dos opciones que
tendrán consecuencias negativas. En otros dilemas las consecuencias pueden ser
positivas o simplemente neutrales.

6. Reductio ad absurdum: Trata de la reducción al absurdo. Los argumentos mediante


reductio (o prueba indirecta), tal como se denominan a menudo establecen
conclusiones mostrando que la negación de la conclusión conduce al absurdo.
Para probar: p.

Se asume: No-p (esto es, que p es falso).

De esta asunción se deriva una implicación: q.

Se muestra: q es falso (contradictorio, estúpido, absurdo).

Se concluye: p.

7. Argumentos deductivos en varios pasos: Muchas formas validas son


combinaciones de las formas simples. Tenemos que descomponer el argumento en
una serie de argumentos válidos en las formas simples.

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Argumentos de falacias

Las falacias son argumentos que conducen a un error. Es una manera de decir que estas
nos conllevan a violar las reglas de los buenos argumentos. Para entender entonces una
falacia, se tiene que tener en cuenta cual es la regla o norma que se está violando.

Algunos argumentos de falacia se dan cuando extraemos conclusiones de una muestra


demasiado pequeña, esta es una falacia de generalización a partir de una información
incompleta.

Otra falacia común es el olvido de alternativas. Las alternativas pueden ser olvidadas si se
acepta la primera explicación que se venga a la cabeza. A menudo, olvidamos alternativas
cuando estamos tratando de tomar decisiones.

Relación de falacias.

1. Ad hominem: Atacar a la persona de la autoridad alegada, en vez de atacar sus


calificaciones.
2. Ad ignorantian: (apelar a la ignorancia). Asumir que una afirmación es verdadera
solamente porque no se ha demostrado que es falsa.
3. Ad misericordiam: (apelar a la piedad). Apelar a la piedad como un argumento a
favor de un trato especial.
4. Ad populum: Apelar a las emociones de una multitud. Es un buen ejemplo de un
mal argumento basado en una autoridad.
5. Causa falsa: una conclusión cuestionable sobre causa y efecto.
6. Definición persuasiva: Definir un término de tal manera que parezca neutral, pero
que de hecho es sutilmente emotivo.
7. Descalificar la fuente: Usar lenguaje emotivo para menospreciar un argumento
incluso antes de mencionarlo.
8. Falso dilema: Reducir las opciones que se analizan solo a dos, a menudo
drásticamente opuestas e injustas para la persona contra quien se expone el
dilema.
9. Hombre de paja: Caricaturizar la opinión de un oponente de manera tal que resulte
fácil refutarla.
10. Non sequitur: Extraer una conclusión que no se sigue.
11. Palabras equívocas: Cambiar el significado de una palabra en medio de un
argumento, de tal manera que su conclusión pueda ser mantenida aunque su
significado pueda haberse modificado radicalmente. Esto suele pasar bajo la
presión de un contraejemplo.

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12. Petición de principio: (petitio principii), usar de un modo implícito la conclusión
como una premisa.
13. Pista falsa: Introducir una cuestión irrelevante o secundaria y, de ese modo, desviar
la atención de la cuestión principal.
14. Post hoc, ergo propter hoc: después e esto, por lo tanto, debido a esto. Asumir la
casualidad demasiado pronto sobre la base de la mera sucesión en el tiempo.
15. Preguntas complejas: Exponer una pregunta de tal manera que no se encuentre
una respuesta acorde.

Argumentos inductivos
Es un argumento contrario al deductivo, en éste tipo de argumento se va de lo particular a lo
general. Parte de los argumentos para llegar a proponer la tesis a manera de generalización
o conclusión.

Bibliografía
Weston Anthony. Las claves para la argumentación. 10ª edición.
Ariel.

Bernal Lilián et al. Manual de lectoescritura. Politécnico


Grancolombiano. Bogotá. 2003.

Bueno Martínez Gustavo. Sobre el concepto de ensayo.


Ponencias y comunicaciones presentadas al Simposio celebrado
en la Universidad de Oviedo del 28 de septiembre al 5 de
octubre de 1964. Oviedo 1966, tomo 1, páginas 89-112.

Lic. Silvia Torres, Adina Gonzalez Bonorino. Consideraciones


Acerca del Ensayo. 2003.

Luis Martín Trujillo et al. Ovas de lecto escritura. Politécnico


Grancolombiano. Bogotá 2007.

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