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Qué es Pecado Original:

El término pecado original es originario de la fe cristiana y es para ellos el origen y la


causa de la existencia de pecado en el mundo.

La biblia cuenta que el pecado original existió en la Tierra cuando la primera pareja creada
por dios, Adán y Eva, lo desobedecen al ser seducidos por la serpiente (representación del
demonio), comiendo del árbol del conocimiento del bien y del mal e impregnando desde ése
momento la existencia del pecado al resto de la humanidad.

El pecado original es el primer pecado que existió y se convirtió en un estado adquirido y


no un acto cometido.

consecuencias del Pecado Original

Algunas de las consecuencias que según la iglesia católica dejó el pecado original:

El mundo perdió sus condiciones paradisiacas originales.

La consciencia de Adán y Eva de la pérdida de su inocencia manchó la tendencia natural


humana hacia el bien con la tendencia hacia la maldad y hacia el pecado.

La muerte o la mortalidad es una de las consecuencias que dios tenía advertido a Adán y
a Eva si comían del árbol del conocimiento del bien y del mal o, también llamado, árbol de
la ciencia del bien y el mal.

“... porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Génesis 2:17

Qué es Pecado Original:

El término pecado original es originario de la fe cristiana y es para ellos el origen y la


causa de la existencia de pecado en el mundo.

La biblia cuenta que el pecado original existió en la Tierra cuando la primera pareja creada
por dios, Adán y Eva, lo desobedecen al ser seducidos por la serpiente (representación del
demonio), comiendo del árbol del conocimiento del bien y del mal e impregnando desde ése
momento la existencia del pecado al resto de la humanidad.
El pecado original es el primer pecado que existió y se convirtió en un estado adquirido y
no un acto cometido.

Consecuencias del Pecado Original

Algunas de las consecuencias que según la iglesia católica dejó el pecado original:

El mundo perdió sus condiciones paradisiacas originales.

La consciencia de Adán y Eva de la pérdida de su inocencia manchó la tendencia natural


humana hacia el bien con la tendencia hacia la maldad y hacia el pecado.

La muerte o la mortalidad es una de las consecuencias que dios tenía advertido a Adán y
a Eva si comían del árbol del conocimiento del bien y del mal o, también llamado, árbol de
la ciencia del bien y el mal.

“... porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Génesis 2:17

Perdón del pecado original

Gracias a la sangre de cristo, el pecado original es perdonado con el bautismo que otorga
la gracia santificante por primera vez, en otras palabras, otorga el nacimiento a la vida
espiritual y la la renovación de la amistad con dios.

Qué es el Pecado:

Se conoce como pecado a la transgresión voluntaria de la ley divina o de alguno de sus


preceptos. Por otro lado, el pecado es visto como todo aquello que se aparta de lo recto y
justo, o que falta a lo que es debido, por ejemplo; la violación de alguna ley o norma.
En el ámbito de la religión, el pecado es considerado una ofensa a Dios, debido a la
violación de la ley de Dios, y de los mandamientos de la iglesia, lo cual produce la ruptura
de la relación entre Dios, y el individuo, lo cual debe de ser corregido a través del sacramento
de la confesión y del perdón por parte de Dios.

En relación a lo anterior, las consecuencias del pecado son la lejanía de Dios, el


remordimiento, aumento de las dificultades en el camino de la vida debido a la falta de la
presencia de Dios, entre otras. Es por ello, la importancia por parte del individuo del
arrepentimiento, y la búsqueda de la salvación en Dios.

En la Biblia, el pecado es nombrado en un sinfín de veces en el libro sagrado, tanto en el


Antiguo Testamento, como en el Nuevo Testamento, empezando por el pecado original,
ejecutado por Adán y Eva.

Por otro lado, el pecado es el exceso o defecto en cualquier línea, puede ser considerado
como aquello que demuestra maldad, o perversidad, como por ejemplo: botar la comida,
existiendo tantos individuos pasando hambre, e incluso muriendo por causa de la misma.

En relación a este tema, se alude el término pecador como adjetivo que apunta a todo
individuo que peca. En relación a este punto, el pecador está sujeto al pecado, o puede
cometerlo.

En inglés, el término pecado es “sin”.

Tipos de pecado

Es posible distinguir diferentes tipos de pecados como:

Pecado original, también conocido como pecado ancestral, cometido por los padres de la
humanidad, Adán y Eva, dejándose embaucar por el demonio (representado por una
serpiente), y desobedeciendo a la orden de Dios, a través de la ingesta del fruto del árbol
prohibido, ocasionando el sufrimiento de la humanidad.Todos los seres humanos nacen con
el pecado original, que debe de ser reparado a través del bautismo.

Pecado mortal, es la violación intencional y con conocimiento de las leyes o mandamiento


de Dios, como por ejemplo: asesinato, difamación, adulterio.

Pecado venial, es el quebrantamiento de la ley de Dios en materias leves. Por ejemplo;


los chismes en asuntos insignificantes son pecado venial, ahora si afecta la reputación de
alguien es pecado mortal.

Pecado capital, se caracteriza por originar otros pecados, es por ello que se escucha la
frase los 7 pecados capitales, ellos son: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia, y soberbia.

Pecado de omisión

Pecado de omisión

El pecado de omisión, tal como lo indica su nombre, es la falta de acción o voluntad por
parte de personas con buena fe, por lo cual se puede inducir que es por ello que la maldad
siempre triunfa, debido a la inexistencia de individuos que alcen su voz contra los actos
impuros, o malignos.

Es por ello, la importancia de que los individuos razonen de todo aquello que pase a su
alrededor, con la finalidad de luchar contra el mal, ya que es de recordar que este actúa
mientras el bien lo permita.

Pecado social

Con respecto a este punto, el Papa Juan pablo II, proclamo como definición de Pecado
social, en la exhortación apostólica Reconciliación y penitencia de 1984, lo siguiente:

“Es social todo pecado cometido contra los derechos de la persona humana, comenzando
por el derecho a la vida, o contra la integridad física de alguno (…) La Iglesia cuando habla
de situaciones de pecado o denuncia como pecados sociales determinadas situaciones o
comportamientos colectivos de grupos sociales más o menos amplios, o hasta de enteras
naciones y bloques de naciones, sabe y proclama que estos casos de pecado social son el
fruto, la acumulación y la concentración de muchos pecados personales.”

Pecado de muerte

El pecado de muerte, es visto como todas las acciones deliberadas, conscientes, continuas,
y sin falta de arrepentimiento, que llevan al pecado.

En este punto, Juan en el Nuevo Testamento establece: “Si alguno viere a su hermano
cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que
cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se
pida.” (Juan 5:16)

Para otros usos de este término, véase Los siete pecados capitales.

Los siete pecados capitales son una clasificación de los vicios mencionados en las
primeras enseñanzas del cristianismo para educar a sus seguidores acerca de la moral
cristiana.

El término «capital» (de caput, capitis, "cabeza", en latín) no se refiere a la magnitud del
pecado sino a que da origen a muchos otros pecados, de acuerdo a santo Tomás de Aquino
(II-II:153:4).

Un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en
su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en
aquel vicio como su fuente principal. […] Los pecados o vicios capitales son aquellos a los
que la naturaleza humana está principalmente inclinada.
Tomás de Aquino1

Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden
ser referidos a los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a
san Juan Casiano y a san Gregorio Magno (Mor. 31, 45). Son llamados capitales porque
generan otros pecados, otros vicios. Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria,
la gula, la pereza.

Lista de los pecados capitales

La identificación y definición de los pecados capitales a través de su historia ha sido un


proceso fluido y ―como es común con muchos aspectos de la religión― con el tiempo ha
evolucionado la idea de lo que envuelve cada uno de estos pecados. Ha contribuido a estas
variaciones el hecho de que no se hace referencia a ellos de una manera coherente o
codificada en la Biblia y por tanto se han consultado otros trabajos tradicionales (literarios o
eclesiásticos) para conseguir definiciones precisas de los pecados capitales.

Al principio del cristianismo, todos los escritores religiosos ―Cipriano de Cartago, Juan
Casiano, Columbano de Luxeuil, Alcuino de York― enumeraban ocho pecados capitales.

El número siete fue dado por el papa Gregorio Magno y se mantuvo por la mayoría de los
teólogos de la Edad Media.

Ocho pecados capitales

Se sabe que el santo africano Cipriano de Cartago (f. 258) ―en De Mort. (IV)― escribió
acerca de ocho pecados principales.

El monje Evagrio Póntico (345-399) escribió en griego Sobre los ocho vicios malvados,
una lista de ocho vicios o pasiones malvadas (logismoi en griego) fuentes de toda palabra,
pensamiento o acto impropio, contra los que sus compañeros monjes debían guardarse en
especial. Dividió los ocho vicios en dos categorías:3

Cuatro vicios hacia el deseo de posesión:

gula y ebriedad (Γαστριμαργία, gastrimargia: "gula y ebriedad").

avaricia (Φιλαργυρία, philarguria: "amor hacia el oro").

lujuria (Πορνεία, porneia, lujuria, "amor a la carne")

vanagloria (Κενοδοξία, kenodoxia, "vanagloria, vanidad, egolatría")

Cuatro vicios irascibles, que ―al contrario que los concupiscibles―, no son deseos sino
carencias, privaciones, frustraciones.

ira (Ὀργή, orgè: cólera irreflexiva, crueldad, violencia).

pereza (Ἀκηδία, acedia: depresión profunda, desesperanza).

tristeza (Λύπη, Lúpê, tristeza)

orgullo (Ὑπερηφανία, uperèphania), orgullo, soberbia.

En el siglo V, san Juan Casiano (ca. 360-435) ―en su De institutis coenobiorum (V, coll.
5, «de octo principalibus vitiis»)― actualizó y difundió la lista de Evagrio.

gula y ebriedad (que Casiano dejó en griego gastrimargia, porque no encontró una palabra
acomodada en latín que significara simultáneamente gula y ebriedad);

avaricia (philarguria: ‘amor hacia el oro’).

lujuria (fornicatio)

vanagloria (cenodoxia)

ira (ira: cólera irreflexiva, crueldad, violencia).

pereza (acedia: depresión profunda, desesperanza).


soberbia (superbia)

tristeza (Λύπη, Lúpê, tristeza)

Columbano de Lexehuil (540-615) ―en su Instructio de octo vitiis principalibus en Bibl.


max. vet. patr. (XII, 23)― y Alcuino de York (735-804) ―en su De virtut. et vitiis, XXVII
y siguientes)― continuaron la idea de ocho pecados capitales.

Siete pecados capitales

En el siglo VI, el papa romano san Gregorio Magno (circa 540-604) ―en su Lib. mor. en
Job (XXXI, XVII)― revisó los trabajos de Evagrio y Casiano para confeccionar una lista
propia definitiva con distinto orden y reduciendo los vicios a siete (consideró que la tristeza
era una forma de pereza).

Pereza

Gula

Ira

Envidia

Avaricia

Soberbia

San Buenaventura de Fidanza (1218-1274) enumeró los mismos.4

Santo Tomás de Aquino (1225-1274) respetó esa misma lista, con otro orden:5

vanagloria (soberbia).

avaricia
glotonería

lujuria

pereza

envidia

ira.

El poeta Dante Alighieri (1265-1321) utilizó el mismo orden del papa Gregorio Magno
en «El Purgatorio», la segunda parte del poema La Divina Comedia (c. 1308-1321). La
teología de La Divina Comedia, casi ha sido la mejor fuente conocida desde el Renacimiento
(siglos XV y XVI).

Muchas interpretaciones y versiones posteriores, especialmente derivaciones


conservadoras del protestantismo y del movimiento cristiano pentecostal han postulado
temibles consecuencias para aquellos que cometan estos pecados como un tormento eterno
en el infierno, en vez de la posible absolución a través de la penitencia en el purgatorio.

Pecados capitales

Lujuria

Detalle de la lujuria, en el cuadro El jardín de las delicias, de Hieronymus Bosch. En esta


tabla aparecen todo tipo de placeres carnales, que Bosch consideraba pecaminosos.

Artículo principal: Lujuria

La lujuria (en latín, luxus, ‘abundancia’, ‘exuberancia’) es usualmente considerada como


el pecado producido por los pensamientos excesivos de naturaleza sexual, o un deseo sexual
desordenado e incontrolable.
En la actualidad se considera lujuria a la compulsión sexual o adicción a las relaciones
sexuales. También entran en esta categoría el adulterio y la violación.

A lo largo de la historia, diversas religiones han condenado o desalentado en mayor


medida o menor medida la lujuria.

Dante Alighieri consideraba que lujuria era el amor hacia cualquier persona, lo que
pondría a Dios en segundo lugar. Según otro autor[cita requerida] la lujuria son los
pensamientos posesivos sobre otra persona.

Por otra parte, el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE, XXII
edición, 2012) define el significado y uso apropiado de la palabra «lujuria» de dos maneras:
Como un «Vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleites
carnales». O como el «Exceso o demasía en algunas cosas». De tal manera que es prudente
considerar, además, que la lujuria inicia donde ha terminado la temperancia.

Gula

Gula

Artículo principal: Gula

La gula representada por Pieter Brueghel en su obra Los siete pecados mortales o los siete
vicios.

Actualmente la gula (en latín, gula) se identifica con la glotonería, el consumo excesivo
de comida y bebida. En cambio en el pasado cualquier forma de exceso podía caer bajo la
definición de este pecado. Marcado por el consumo excesivo de manera irracional o
innecesaria, la gula también incluye ciertas formas de comportamiento destructivo. De esta
manera el abuso de substancias o las borracheras pueden ser vistos como ejemplos de gula.
En La Divina Comedia de Alighieri, los penitentes en el Purgatorio eran obligados a pararse
entre dos árboles, incapaces de alcanzar y comer las frutas que colgaban de las ramas de estos
y por consecuencia se les describía como personas hambrientas.

Avaricia

Artículo principal: Avaricia

Avaricia representada por Pieter Brueghel

La avaricia (en latín, avaritia) es —como la lujuria y la gula—, un pecado de exceso. Sin
embargo, la avaricia (vista por la Iglesia) aplica sólo a la adquisición de riquezas en
particular. Santo Tomás de Aquino escribió que la avaricia es «un pecado contra Dios, al
igual que todos los pecados mortales, en lo que el hombre condena las cosas eternas por las
cosas temporales». En el Purgatorio de Dante, los penitentes eran obligados a arrodillarse en
una piedra y recitar los ejemplos de avaricia y sus virtudes opuestas. «Avaricia» es un término
que describe muchos otros ejemplos de pecados. Estos incluyen deslealtad, traición
deliberada, especialmente para el beneficio personal, como en el caso de dejarse sobornar.
Búsqueda y acumulación de objetos, robo y asalto, especialmente con violencia, los engaños
o la manipulación de la autoridad son todas acciones que pueden ser inspiradas por la
avaricia. Tales actos pueden incluir la simonía.

PerezaPereza

Artículo principal: Pereza

Pereza por Jacob Matham

La pereza (en latín, acidia) es el más «metafísico» de los pecados capitales, en cuanto está
referido a la incapacidad de aceptar y hacerse cargo de la existencia de uno mismo. Es
también el que más problemas causa en su denominación. La simple «pereza», más aún el
«ocio», no parecen constituir una falta. Hemos preferido, por esto, el concepto de «acidia» o
«acedía». Tomado en sentido propio es una «tristeza de ánimo» que aparta al creyente de las
obligaciones espirituales o divinas, a causa de los obstáculos y dificultades que en ellas se
encuentran. Bajo el nombre de cosas espirituales y divinas se entiende todo lo que Dios nos
prescribe para la consecución de la eterna salud (la salvación), como la práctica de las
virtudes cristianas, la observación de los preceptos divinos, de los deberes de cada uno, los
ejercicios de piedad y de religión. Concebir pues tristeza por tales cosas, abrigar
voluntariamente, en el corazón, desgano, aversión y disgusto por ellas, es pecado capital.
Tomada en sentido estricto es pecado mortal en cuanto se opone directamente a la caridad
que nos debemos a nosotros mismos y al amor que debemos a Dios. De esta manera, si
deliberadamente y con pleno consentimiento de la voluntad, nos entristecemos o sentimos
desgana6 de las cosas a las que estamos obligados; por ejemplo, al perdón de las injurias, a
la privación de los placeres carnales, entre otras; la acidia es pecado grave porque se opone
directamente a la caridad de Dios y de nosotros mismos.

Considerada en orden a los efectos que produce, si la acidia es tal que hace olvidar el bien
necesario e indispensable a la salud eterna, descuidar notablemente las obligaciones y deberes
o si llega a hacernos desear que no haya otra vida para vivir entregados impunemente a las
pasiones, es sin duda pecado mortal.

Ira

La ira (en latín, ira) puede ser descrita como un sentimiento no ordenado, ni controlado,
de odio y enfado. Estos sentimientos se pueden manifestar como una negación vehemente de
la verdad, tanto hacia los demás y hacia uno mismo, impaciencia con los procedimientos de
la ley y el deseo de venganza fuera del trabajo del sistema judicial (llevando a hacer justicia
por sus propias manos), fanatismo en creencias políticas y religiosas, generalmente deseando
hacer mal a otros. Una definición moderna también incluiría odio e intolerancia hacia otros
por razones como raza o religión, llevando a la discriminación. Las transgresiones derivadas
de la ira están entre las más serias, incluyendo homicidio, asalto, discriminación y en casos
extremos, genocidio.

La ira es el único pecado que no necesariamente se relaciona con el egoísmo y el interés


personal (aunque uno puede tener ira por egoísmo). Dante describe a la ira como «amor por
la justicia pervertido a venganza y resentimiento».

Envidia

Envidia representada por Jacques Callot

Artículo principal: Envidia

Véase también: Schadenfreude

Como la avaricia, la envidia (en latín, invidia) se caracteriza por un deseo insaciable, sin
embargo, difieren por dos grandes razones: Primero, la avaricia está más asociada con bienes
materiales, mientras que la envidia puede ser más general; segundo, aquellos que cometen el
pecado de la envidia desean algo que alguien más tiene, y que perciben que a ellos les hace
falta, y por consiguiente desean el mal al prójimo, y se sienten bien con el mal ajeno.

La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.

Francisco de Quevedo

Dante Alighieri define esto como «amor por los propios bienes pervertido al deseo de
privar a otros de los suyos». En el purgatorio de Dante, el castigo para los envidiosos era el
de cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.
Soberbia

En casi todas las listas de pecados, la soberbia (en latín, superbia) es considerado el
original y más serio de los pecados capitales, y de hecho, es la principal fuente de la que
derivan los otros. Es identificado como un deseo por ser más importante o atractivo que los
demás, fallando en halagar a los otros.

En El paraíso perdido de John Milton, dice que este pecado es cometido por Lucifer al
querer ser igual que Dios.

Genéricamente se define como la sobrevaloración del Yo respecto de otros por superar,


alcanzar o superponerse a un obstáculo, situación o bien en alcanzar un estatus elevado e
infravalorar al contexto. También se puede definir la soberbia como la creencia de que todo
lo que uno hace o dice es superior, y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan
los demás. También se puede tomar la soberbia como la confianza exclusiva en las cosas
vanas y vacías (vanidad) y en la opinión de uno mismo exaltada a un nivel crítico y
desmesurado (prepotencia).

Soberbia (del latín superbia) y orgullo (del francés orgueil), son propiamente sinónimos
aun cuando coloquialmente se les atribuye connotaciones particulares cuyos matices las
diferencian. Otros sinónimos son: altivez, arrogancia, vanidad, etc. Como antónimos
tenemos: humildad, modestia, sencillez, etc. El principal matiz que las distingue está en que
el orgullo es disimulable, e incluso apreciado, cuando surge de causas nobles o virtudes,
mientras que a la soberbia se la concreta con el deseo de ser preferido a otros, basándose en
la satisfacción de la propia vanidad, del Yo o ego. Por ejemplo, una persona Soberbia jamás
se "rebajaría" a pedir perdón, o ayuda, etc.

Existen muchos tipos de soberbia, como la vanagloria o cenodoxia, también denominada


en las traducciones de la Biblia como vanidad, que consiste en el engreimiento de gloriarse
de bienes materiales o espirituales que se poseen o creen poseer, deseando ser visto,
considerado, admirado, estimado, honrado, alabado e incluso halagado por los demás
hombres, cuando la consideración y la gloria que se buscan son humanas exclusivamente. La
cenodoxia engendra además otros pecados, como la filargiria o amor al dinero (codicia) y la
filargía o amor al poder.

Arte y literatura

El poeta hispanolatino Aurelio Prudencio (348-410) ya utilizó personificaciones


alegóricas de los vicios y virtudes en combate en su poema Psychomachia. Muchos sermones
se inspiraron en los pecados capitales durante la Edad Media, así como no pocos poemas
alegóricos. En el siglo XIV pueden encontrarse en el Libro de Buen Amor de Juan Ruiz, el
arcipreste de Hita (1284-1351) y, también, dentro del Rimado de Palacio del canciller de
Castilla Pero López de Ayala, en forma de exposición previa o examen de conciencia de la
confesión católica de los mismos. Ya en el siglo XV, la Mesa de los pecados capitales (1485,
pintura al óleo sobre tabla), del pintor Hieronymus Bosch, refleja una consolidada
iconografía de los mismos.

Hieronymus Bosch- The Seven Deadly Sins and the Four Last Things.JPG

Los siete pecados capitales se representan con originalidad, con un realismo impecable.

En el centro del cuadro se ve una imagen tradicional de Cristo como varón de dolores,
saliendo de su tumba. Se dice que representa el ojo de Dios, y la imagen de Cristo es su
pupila. Bajo esta imagen hay una inscripción en latín: Cave, cave, Deus vídet? (‘cuidado,
cuidado, Dios lo ve’). Es una referencia clara a la idea de que Dios lo ve todo.
Alrededor, hay un círculo más grande dividido en siete partes, mostrando cada uno de los
siete pecados capitales, que pueden ser identificados por sus inscripciones en latín.
Véase:Análisis de la obra

Posteriormente, el género literario teatral del auto sacramental (siglos XVI, XVII y
primera mitad del siglo XVIII) llevado a su perfección por Pedro Calderón de la Barca,
testimonia la popularidad de estas alegorías hasta pasada la mitad del siglo XVIII, cuando se
prohibió en España representar este tipo de piezas teatrales (1765).

Virtudes que contempla la iglesia católica

La Iglesia católica reconoce siete virtudes que forman parte del catecismo; (que
corresponden a cada pecado capital).

Pecado Virtud Descripción

Soberbia Humildad

(en latín, humilitas) Es la característica que define a una persona modesta, alguien
que no se cree mejor o más importante que los demás en ningún aspecto; es la ausencia de
soberbia.

Avaricia Generosidad

(en latín, generositas) Hábito de dar y entender a los demás. En momentos de


desastres naturales, los esfuerzos de la ayuda son con frecuencia proporcionados,
voluntariamente, por los individuos o los grupos que actúan de manera unilateral en su
entrega de tiempo, de recursos, de mercancías, dinero, etc.

La generosidad es una forma de altruismo y rasgo de la filantropía, como puede verse en


las personas anónimas que prestan servicios en una Organización sin ánimo de lucro.
Lujuria Castidad

(en latín, castitas) Comportamiento voluntario a la moderación y adecuada regulación de


placeres y/o relaciones sexuales, ya sea por motivos de religión o social. No es lo mismo que
abstinencia sexual.

Ira Paciencia

(en latín, patientia) Actitud para sobrellevar cualquier contratiempo y dificultad.

Gula Templanza

(en latín, temperantia) Moderación en la atracción de los placeres y procura el


equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los
instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad.

Envidia Caridad

(en latín, caritas) Empatía, amistad.

Pereza Diligencia

(en latín, diligentia) Es el esmero y el cuidado en ejecutar algo. Como toda virtud
se trabaja, netamente, poniéndola en práctica; significa cumplir con los compromisos, no ser
inactivo, no caer en la pereza, proponerse metas fijas y cumplirlas en su tiempo, poner
entusiasmo en las acciones que se realizan.

Relación de cada pecado con un demonio particular

En 1589, Peter Binsfeld, basándose libremente en fuentes anteriores, asoció cada pecado
con un demonio que tentaba a la gente por medios asociados al pecado. Su clasificación de
los demonios es la siguiente:

Lujuria: Asmodeo

Gula: Belcebú

Avaricia: Mammon
Pereza: Belfegor

Ira: Amon

Envidia: Leviatán

Soberbia: Lucifer

Según Binsfeld, también existían otros demonios que incitaban a pecar, como los íncubos
(fantasmas masculinos que tenían relaciones sexuales con mujeres durmientes) y los súcubos
(fantasmas femeninos que tenían relaciones sexuales con varones durmientes), que incitaban
a la lujuria.

El pecado que mora en mí

Publicado el octubre 24, 2007 por Jesurún

Cita bíblica: Romanos 7:14 – 22

¡Soy débil! es la primera expresión que muchos hijos de Dios esgriman en estos días como
estandarte para justificar sus errores, ¡y tienen razón! el hombre por naturaleza es débil, pero
en un principio, esto no formaba parte de los planes que Dios tenía para él.

La naturaleza del hombre es pecadora

Pero Dios no lo creo así. No estaba en sus planes originales (Génesis 1:27)

El hombre se hizo asi con el primer pecado y lo trasmitió a sus hijos (Génesis 3:16 – 19)

En la actualidad el pecado sobreabunda porque el hombre se ha ido alejando de Dios

La naturaleza confusa del pecado

El mayor problema del pecado, es que causa confusión


Pablo decía en el versículo 15 de Romanos 7, “lo que hago, no lo entiendo” dando a
entender que a veces pecaba y no entendía porque lo hacía, esto no es de sorprendernos, ya
que muchos hemos caído en semejante estado en muchas ocasiones.

El hombre pues, cuando peca, tiene dos facetas:

Visceral: Cuando peca solo por hacerlo, no tiene razón aparente o causa alguna. En nuestra
etapa temprana (niñez) esto es así, pero al no estar conscientes, no somos hallados culpables
(Romanos 7:9)

Sentimental: Es cuando el hombre peca llevado por sus sentimientos, se deja arrebatar por
sus pasiones e instintos más básicos y en ocasiones, viene a ser casí como los animales, el
adulterio, el asesinato y la mentira son ejemplos muy esclarecedores.

mentira son ejemplos muy esclarecedores.

El pecado es confusión porque el ser se siente manchado y con culpa, la culpa en exceso
destruye la moral y lleva al hombre a más pecado, por eso, Dios ofrece el perdón absoluto de
los pecados (Isaías 43:25)

La propuesta de Dios

Por supuesto, ¡No estamos solos! Dios sabe que somos débiles y propensos al pecado,
observe usted Gálatas 5:23 que dice:

mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

La constante búsqueda de Dios mediante las armas que él nos dió (ayuno y oración) son
un excelente apoyo para evitar el pecado, pero, ¿Porqué el hombre sigue pecando aún después
de conocer a Dios? La respuesta es fácil, el hombre sigue pecando porque está en su
naturaleza. El Señor lo sabe, y nos ofrece una respuesta. Los frutos del espíritu.
La palabra templanza, que se traduce en dominio propio, Dios nos entrega este fruto para
que lo usemos, no para que lo tengamos por ahí almacenado, un hijo de Dios, está capacitado
para ejercer ese dominio de su propia carne, en el nombre de Jesucristo, es porque él sabe
que somos débiles por lo que de antemano nos capacita para resistir al pecado, aún contra
nosotros mismos.

¿Cómo podemos hacer uso de ello?

Lo primero es no cesar en toda oración y ayuno, sobretodo en esos momentos que el


pecado trata de señorearse sobre nosotros , debemos seguir hablando con Dios, aún con los
ojos abiertos. Daniel a pesar de la prohibición, no ceso en su oración y triunfó

Lo segundo es no huír, recordemos que Dios nos ordena a ser valientes (Josué 1:9). Hay
que hacerle frente a ese pecado y confesarlo delante de la presencia del Señor, no basta solo
con pensar, si soy débil y por eso caigo. Hermano, ¡ponté en acción! no te dejes arrastrar por
el pecado, recuerda, Dios te ha entregado de sus precisos frutos para que los uses, haz
memoria de estás palabras, y recuerda, no digas que eres débil.

Abramos nuestras biblias y vayamos juntos a Romanos capítulo 7. Romanos Capitulo 7.

Quiero leer para entrar a nuestro mensaje los versículos 14 hasta el versículo 25. Romanos
capítulo 7 comenzando en el versículo 14.

“Porque sabemos que la Ley es espiritual, mas yo soy carnal, vendido al pecado, porque
lo que hago, no lo entiendo. Pues no hago lo que quiero sino lo que aborrezco, eso hago. Y
si lo que no quiero esto hago apruebo que la Ley es buena, de manera que ya no soy yo quien
hace aquello sino el pecado que mora en mí. Yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora
el bien, porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo, porque no hago el bien que
quiero sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo sino
el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien hallo esta ley que el mal está
en mí, porque según el hombre interior me deleito en la ley de Dios. Pero veo otra ley en mis
miembros, que se rebela contra la ley de mi mente y que me lleva cautivo a la ley del pecado
que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?
Gracias doy a Dios por Jesucristo, Señor Nuestro, así que yo mismo con la mente sirvo a la
Ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.”

Esa es una descripción incisiva de alguien en conflicto consigo mismo, alguien que ama
la Ley moral de Dios, alguien que en la profundidad de su vida quiere obedecer la Ley moral
de Dios, pero es jalado y alejado de su cumplimiento por el pecado, el pecado que está en él.
Es la experiencia personal de un alma en conflicto. Es una batalla, es una lucha que se lleva
a cabo en el corazón. El conflicto es muy real, es muy intenso, es muy fuerte. Esto es una
realidad, encuentra su resumen en el versículo 24: “¡Miserable de mí!” ¿Hay una condición
miserable en esta batalla? ¿Hay una condición miserable en este conflicto? Y después el
clamor: “¿Quién me librará?” Y después la afirmación: “”Gracias doy a Dios por Jesucristo
Señor Nuestro.” Pero aun sabiendo eso concluye:

“Así que yo mismo con la mente sirvo a la Ley de Dios, mas con la carne a la ley del
pecado.” Ahora algunas personas dicen que este es un cristiano siendo descrito y algunas
personas dicen que este no es un cristiano. Y la gente ha estado diciendo estas dos cosas
desde que Romanos 7 fue escrito, movimientos enteros han dependido para su vida misma
de la interpretación de Romanos 7. Un lado dice que hay demasiada esclavitud al pecado para
un cristiano; el otro dice que hay demasiado deseo para la bondad, para un incrédulo. No
puede ser un cristiano y estar esclavizado al pecado y no puede ser un incrédulo y desear el
guardar la Ley de Dios, y ahí está el conflicto al interpretar el pasaje.

onces, no se encuentran problemas en la interpretación del capítulo 7 que no se encuentran


tampoco en la interpretación del capítulo 6. Observe el capítulo 6 versículo 19: “Hablo como
humano por vuestra humana debilidad.” ¿Ahora se acuerda usted de lo que dijimos acerca de
eso? ¿Cuándo usted peca no es el nuevo usted verdad? ¿Qué es? Es su carne, su humanidad
y entonces él dice, “tengo que recordarles estas cosas porque su carne todavía está ahí, porque
así como para inequidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia de la
inequidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.
Y la implicación de nuevo es que usted podría presentar sus miembros al pecado.” Usted
podría presentar sus miembros al pecado. Entonces el discutir que el capítulo 7 no se puede
referir a un cristiano debido a las afirmaciones en el capítulo 6,

es realmente mal entender la intención del capítulo 6 y creo que es un argumento más
bien débil. Ahora veamos el capítulo 7 versículos 14 al 25 y veámoslos como si fuera un
cristiano, como si fuera un cristiano el que se tiene en mente. Versículo 22: “Porque según el
hombre interior me deleito en la Ley de Dios.” Esa es una afirmación muy fuerte, ¿No es
cierto? Porque según el hombre interior, me deleito en la Ley de Dios. Desde otro ángulo o
hablando desde la otra perspectiva, hacemos la pregunta. ¿Acaso un incrédulo se deleita en
la Ley de Dios según el hombre interior? Usted no encuentra una indicación de esto en las
escrituras, de hecho en el capítulo 8 de Romanos, versículo 7, a la mitad del versículo dice
que la persona no regenerada no se sujeta a la Ley de Dios, no se sujeta a la Ley de Dios.

Observe el versículo 25: “Gracias doy a Dios por Jesucristo Señor Nuestro. Así que yo
mismo con la mente sirvo a la Ley de Dios.” Eso se oye como un cristiano para mí por dos
razones. Agradecerle a Dios por Jesucristo Nuestro Señor y servir la Ley de Dios con su
mente. Es un servicio del corazón, es el servicio de la parte más profunda del hombre. Y le
recuerdo de lo que dice en el capítulo 8 de nuevo, que el que está fuera de Cristo no puede
sujetarse a la Ley de Dios. Ahora regrese al versículo 15 y obsérvelo,

“porque lo que hago no lo entiendo, pues no hago lo quiero sino lo que aborrezco eso
hago.” ¿Sabe usted lo que eso dice? Para mí eso dice que hay una batalla aquí, porque la parte
más genuina, más profunda de este individuo quiere hacer lo que está bien pero algo lo
mantiene alejado de hacerlo. ¿Es eso el caso? ¿Es verdad eso de una persona no salva? ¿Qué
realmente anhelan hacer lo que está bien pero de manera inexplicable se les previene el
hacerlo? No según Jeremías quien dijo: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas” y
¿Qué? Y perverso.
Observe el versículo 18: “Yo sé que en mí, esto es mi carne, no mora el bien, porque el
querer el bien está en mi, pero no el hacerlo porque no hago el bien que quiero sino el mal
que no quiero, eso hago.” Lo tiene en el versículo 19: “Porque no hago el bien que quiero
sino el mal que no quiero eso hago.” En el versículo 21: “Así que yo queriendo hacer el bien
hallo esta ley que el mal está en mí.” Entonces el corazón y el alma y la mente y en la
profundidad del individuo anhela hacer lo que está bien, la inclinación es hacia el bien, pero
hay un principio de maldad ahí que hace que no sea cumplido de manera tan fácil.

Sea quien sea esta persona, escuche esto, él anhela hacer buenas cosas y se encuentra
haciendo, ¿Qué? Cosas malas. Hasta dónde puedo leer en Romanos capítulo 3, la persona
mala no anhela hacer la voluntad de Dios. No hay justo en 1, en Romanos 3 dice que “todo
acerca de ellos es malo, todo.” “No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios”,
versículo 11. Nadie busca los propósitos de Dios, la voluntad santa de Dios, la Ley santa
moral de Dios. No hay temor de Dios delante de sus ojos, no les importa Él o su Ley.

El conflicto aquí, la tensión, la batalla entre lo que Pablo dice, me deleito, amo, apruebo,
quiero, anhelo y lo que él de hecho hace creo yo solo puede ser verdad en una persona
redimida. Realmente no creo que en una persona no regenerada, en una persona no redimida,
en una persona no salva realmente hay mucho de una batalla. Digo, no creemos por un
momento que la gente sin Dios básicamente, realmente son personas buenas, quienes
simplemente parece que no pueden vivir de manera correcta. Creemos que realmente son
personas malas que actúan la maldad que está en su interior.

Ahora otra pregunta surge en este punto, y este ha sido un debate igualmente intenso. Muy
bien digamos que es un cristiano, simplemente para hacer que Mac Arthur esté contento,
digamos que es un cristiano. ¿Qué tipo de cristiano es este? Algunas personas dicen que es
una descripción de un cristiano en un nivel bajo, muy bajo de espiritualidad. Digo, este
hombre ni siquiera entiende lo que está pasando. Él está tratando en su propia fuerza guardar
la Ley. Un escritor dice que esta es la miseria terrible del fracaso de un cristiano que intenta
agradar a dios bajo el sistema mosaico. En cierta manera, un tipo de cristiano súper legalista
tratando de producir su propia justicia y es incapaz de hacerlo en su propia carne.
Bueno, ¿Es un cristiano legalista? ¿Es una especie de cristiano que piensa que en si es
bueno por sí mismo, de bajo nivel? Francamente, no lo creo. Y la razón porque no lo creo es
porque ese tipo de cristianos normalmente no tienen este tipo de percepción. Si usted aprende
algo acerca de un legalista siempre aprenderá que viven con la ilusión de que son muy, muy
espirituales. Ni por un momento creen que son así. ¿Sabe qué tipo de cristiano es este? Amigo
mío, este el cristiano más maduro y espiritual que jamás podría haber.

Quien ve con tanta claridad la incapacidad de su carne en contraste a la santidad del


estándar divino ¿Se da cuenta? Y entre más maduro es él, y entre más espiritual es él, mayor
será la sensibilidad ante sus propias faltas. Muéstreme usted a un tipo de cristiano “infantil”,
carnal, legalista, que piensa que es bueno en sí mismo y le voy a enseñar a alguien que vive
con la ilusión de que todo lo que él está haciendo realmente es muy espiritual. Enséñeme
usted una persona con este tipo de actitud quebrantada. Enséñeme una persona que está
agonizando en las profundidades de su propia alma porque no puede hacer todo lo que está
escrito en la Ley de Dios, y le voy a ensenar a usted una persona espiritual.

Y entonces yo creo que lo que usted tiene aquí es a Pablo, es correcto a Pablo, y usted ve
la palabra “yo” 46 veces en esta porción de las escrituras en Romanos 7, si me acuerdo
correctamente. No las cuente en este momento, pero bueno, lo dice mucho y creo que lo que
usted tiene aquí algunas personas dicen, “bueno, este es Pablo antes de que fuera salvo, este
es Pablo cuando se acababa de salvar y él era infantil y en cierta manera era carnal.” Yo creo
que este es Pablo en las alturas mismas de su percepción cristiana, este es Pablo a nivel de la
madurez. Y lo que él ve es que no vive al nivel de la Ley Santa de Dios aunque lo desea con
todo su corazón y se encuentra a si mismo debilitado por esa terrible realidad de que el
pecado, en su realidad residual todavía se aferra a él, y ese es un reconocimiento
profundamente sensible.

En Primera Corintios capitulo15 versículo 9, él dice lo mismo en otros términos. “Porque


yo soy el más pequeño de los Apóstoles, que no soy digno de ser llamado Apóstol, porque
perseguí a la Iglesia de Dios pero por la gracia de Dios soy lo que soy.” ¿Ve eso? Él no dice
yo estaba preparado para ser un Apóstol, él dijo que “yo en este momento no soy digno de
ser un Apóstol, yo soy el más pequeño de todos” En Efesios 3:8, “a mí”, dice él, “que soy
menos que el más pequeño”. Ahora va a bajar más, él solía ser el más pequeño ahora es
menor que el más pequeño. Como puede ver el hombre, entre más se percibe a sí mismo, en
contraste a la Ley Santa de Dios, aunque nuestro juicio en relación con otros hombres, él es
el hombre supremo. Él en su propia mente es más pequeño que el más pequeño que todos los
santos. Lo llevo a Primera de Timoteo 1:12: “Doy gracias a Cristo Jesús Señor Nuestro, quien
me capacitó y me consideró fiel colocándome en el ministerio, habiendo sido antes blasfemo,
perseguidor, injuriador.” Dice usted, claro que lo era.

Pero extendió misericordia porque lo hizo en ignorancia, incredulidad y la gracia de


Nuestro Señor fue mucho más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús. Después
esto, “Palabra fiel es esta y digna de ser recibida por todos.” Que Cristo Jesús vino al mundo
para salvar a los pecadores de los cuales, ¿Yo soy qué? El primero. No digo fui, sino soy el
primero. No obstante, por esto mismo obtuve misericordia. Escuche, creo que esto es
exactamente lo que él está diciendo en Romanos 7. Este es Pablo, muy avanzado en su
apostolado, maduro en el Señor, caminando en la dinámica de la vida espiritual, habiendo
experimentado el poder de Dios y la sabiduría de Dios y el conocimiento de Dios. Y entre
más sabe él y más experimenta él, más él odia el pecado que ve que se cuelga de él.

Y los términos que él usa en Romanos 7 son tan precisos que creo que no podemos dejar
de ver esto. Sea quien sea esta persona, él odia el pecado. Versículo 15: “Yo lo aborrezco”,
dice él, sea quien sea esta persona, él ama la justicia. Versículos 19 y 21: “Quiero hacer el
bien, sea quien sea esta persona, se deleita en la Ley de Dios desde la profundidad de su
corazón.” Versículo 22: “Sea quien sea esta persona, lamenta profundamente sus pecados.”
Versículos 15, 18, 24: “¡Miserable de mí!” Sea quien sea esta persona, él agradece a Dios
por la liberación que es suya en Jesucristo Señor Nuestro.

No me diga que este hombre no es un cristiano. El cristiano, entonces, vive en dos


extremos. Él los mantiene en tensión; temporalmente él vive en este mundo como un hombre
de carne y sangre, sujeto a las condiciones de la vida mortal. Él es un hijo de Adán, Adán es
su compañero y el resto de los hombres también, quienes heredaron la simiente pecaminosa.
Pero espiritualmente él ha pasado de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, él ahora
comparte en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo y él ahora es el poseedor de una
simiente incorruptible eterna, la naturaleza divina. Él es una nueva creación, él ya no está en
Adán, él está en Cristo. Pero el pecado se cuelga en su humanidad y entonces él está
consciente de la presencia y el poder del pecado que mora en él. Y él lo desprecia, y lo odia
y lo aborrece porque él ha gustado, él ha probado de la simiente incorruptible. Este es el
hombre en Romanos 7. Ahora simplemente para reforzar esto, hay un cambio más bien
dramático en los tiempos de los verbos en el capítulo.

Los verbos del capítulo 7, versículo 7 al 13 están en el tiempo pasado y yo creo que hablan
antes de su conversión. Y explicamos esto a detalle para señalar que esta era su experiencia
de convicción, pre-conversión cuando él enfrentó la Ley de Dios y los verbos están en el
tiempo pasado.

Ahora, tan pronto como usted llega al versículo 14 están en el tiempo presente, hasta el
versículo 25. El cambio en el tiempo de los verbos es una nota lingüística muy importante.
Nos dice que Pablo se ha movido del pasado antes de que fue redimido al presente. También
hay un cambio muy interesante en circunstancia en relación con el pecado. De los versículos
7 al 13, el pecado lo mata, el pecado lo hiere. Él dice eso en el versículo 11, “porque el pecado
tomando ocasión por el mandamiento me engañó y por él, me mató.” El pecado lo mató.
Mató toda su justicia personal, todas sus esperanzas, todas sus seguridades. Cuando entendió
que él realmente era un pecador viendo la Ley de Dios, simplemente lo devastó. Simplemente
lo aplastó, el pecado lo mató.

Pero de pronto, cuando Ud. llega al versículo 14, él está peleando con el pecado y él no
va a permitir que lo mate. Él no va a ceder al pecado, y entonces yo creo que este es el
testimonio mismo de Pablo de como es el vivir como un creyente maduro controlado por el
Espíritu, quien ama con todo su corazón la Ley majestuosa de Dios, preciosa, hermosa, santa
y se encuentra a si mismo encerrado, envuelto en carne humana, e incapaz de cumplir la Ley
de Dios como su corazón quisiera hacerlo. Yo también creo que en esta sección él continúa
su discusión de la Ley y él está afirmando, como vimos la última vez, al judío, que no hay
nada de malo con la Ley. La Ley no puede salvar, vimos eso; la Ley no puede santificar, pero
todavía es buena, ¿Por qué hace qué? ¿Convence de qué? De pecado. Y eso es verdad antes
de que Ud. sea salvo, y ¿Adivine qué? También es verdad, después. Y yo creo que en el 7:14
al 25 él está siguiendo el mismo argumento, esa es la razón por la que la palabra “porque”
aparece en el versículo 14. Simplemente sigue, así como el pecado no afectó la bondad de la
Ley antes de que él era salvo, tampoco afecta la bondad de la Ley después de que él es salvo.
La Ley revela el pecado como pecaminoso antes que usted es salvo y revela el pecado como
pecaminoso después de que usted es salvo.

¿Y sabe una cosa? Cuando usted se vuelve cristiano, y usted lee acerca del pecado en la
Biblia, ¿Está usted menos preocupado por su pecado porque usted ahora es un cristiano? ¡No!
Usted debe estar, ¿Qué? ¿Más preocupado por el pecado? Y la ley siempre lo revela. Cuando
David dijo: “En mi corazón he guardado tus dichos para no pecado contra ti”, él estaba
diciendo que la Palabra de Dios en el corazón se convierte en el punto de convicción. No es
nada más información, ¿Usted entiende eso?

No vivimos la vida solo necesitando información, necesitamos convicción. Y la Ley tiene


ese poder. Entonces mientras que nos está diciendo que la Ley no puede salvar, y la Ley no
puede santificar, él afirma que es buena y santa y justa porque lo convence de pecado antes
de que usted es salvo y lo trae a Cristo después de que usted es salvado. Usted entiende el
estándar santo de Dios y anhela, con todo su corazón cumplirlo. El problema no es la ley, el
problema es nosotros. Pogo lo dijo: “Hemos encontrado el enemigo y es nosotros.”

Ahora, el patrón del texto, veámoslo. Versículo 14. Es un retrato del pecado que mora en
la vida del creyente y trataremos de explicar algunas de la dificultades conforme avanzamos.
Pero pensé que darle esa perspectiva general al principio, en cierta manera, echarían dar las
cosas. Este es un pasaje muy incisivo. Es un pasaje raro en la Biblia porque hace algo que
rara vez sucede, y no puedo pensar en otro pasaje que hace esto, simplemente en este
momento. Lo que es, es una serie de lamentos.

Es una serie de clamores, de dolor, de lamento. Es una serie de lamentos desesperados,


tristes. Y se repiten. Hay uno y después hay dos, y después hay un tercero. Y básicamente
dicen lo mismo, tres veces. Este es el clamor de un corazón quebrantado, de un alma afligida,
de un alma en gran conflicto. Ahora cada uno de estos tres lamentos sigue el mismo patrón.
Pablo describe su condición, da prueba de la misma, y después describe la fuente de la misma.
El describe su condición, da la prueba de que él está en esa condición, y después la fuente de
su problema. Veamos el primer lamento.

Versículos 14 al 17. Y quizás pasemos un poco más de tiempo en el primero, porque


habiendo interpretado ese, el resto simplemente van a ser aparentes para nosotros. La
condición está en versículo 14 y comienza cada uno de los lamentos con una condición. El
primero comienza en el versículo 14, el segundo comienza en el versículo 18 y el tercero
comienza en el versículo 20. Y cada uno comienza con una afirmación de la condición”
“Porque sabemos que la Ley es espiritual, mas yo soy carnal, vendido al pecado

.” La palabra “porque” nos dice que Pablo no está presentando un nuevo tema. Él continúa
con el mismo tema del pasaje previo; esto es la bondad de la Ley, la virtud de la Ley, en que
nos muestra nuestro pecado. El problema no es la Ley, el problema somos nosotros. Y la
razón por la que él está hablando de la Ley es porque los que estaban cuestionando su
enseñanza habían dicho: “Bueno, cuando predicas al vacío por la gracia a través de la fe,
fuera de la Ley, estás hablando mal de la Ley, estas devaluando la Ley.” Y él dice” “En
absoluto, la Ley es buena, yo soy pecaminoso.”

La ley hace un trabajo bueno, no salva y no santifica pero convence de pecado. Entonces
él dice: “Sabemos que la Ley es espiritual, mas yo soy carnal, vendido al pecado.” El
comienza con una afirmación directa de que la Ley es espiritual. ¿Qué quiere decir él con
esto? Viene del espíritu de Dios, viene de Dios mismo. De esta manera refleja la naturaleza
santa, divina de Dios. Tal como lo dijo en el versículo 12, ¿Se acuerda de eso? De manera
que la Ley a la verdad es santa y el mandamiento es santo, justo y bueno.

Ahora de nuevo, permítame recordarle que creo que usted tiene que tener aquel testimonio
de un hombre regenerado. No veo que las personas no regeneradas, no redimidas, impías,
que no conocen a Jesucristo tienen una percepción como esta, de la Ley santa de Dios. En el
versículo 18, él realmente dice lo mismo: “Quiero hacer la ley de Dios.” En el versículo 19:
“Quiero hacer la Ley de Dios.” En el versículo 21: “Quiero hacer la Ley de Dios.” En el
versículo 22: “Me deleito en la Ley de Dios.” No veo un deleite así en el corazón de un
hombre no regenerado. Pero después Pablo procede a decir: “Tengo una barrera al hacer
esto.” Aunque la Ley es espiritual, aquí está en contraste: “Yo soy carnal.” Zarkinos: “Yo
soy humano, yo estoy ligado a la tierra. Yo soy físico.” Él no dice “estoy en la carne”, él no
dice “estoy totalmente controlado por el carne.” Eso no es verdad. Observe el capítulo 7,
versículo 5:

“Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas quedan por la Ley
obraban en nuestros miembros, llevando fruto para muerte. Estábamos en la carne, ya no
estoy en la carne” Versículo 8 de capítulo 8: “Y los que viven según la carne” —y necesita
subrayar en la carne en el 7:5 y en el 8:8. “En la carne” es una condición no regenerada y sus
términos son muy precisos aquí. “En la carne” es una posición no regenerada, no redimida.
Él dice: “Yo no estoy en la carne”, pero él dice: “Yo soy carnal.” “Yo soy carnal.” “Yo soy
carnal”, ¿Dice usted, puede un cristiano ser así? Escuche esto.

Primera de Corintios 3, versículo 1: “De manera que yo hermano no puede hablarlos


como espirituales sino como a carnales, como niños en Cristo.” Versículo 3: “Porque aún
sois carnales, pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones no sois carnales
y andáis como hombres.” Él le dice a los cristianos Corintios: “Ustedes son carnales, ustedes
son carnales, ustedes están actuando de una manera pecaminosa carnal. No estamos en la
carne pero escuche, la carne todavía está en nosotros. Ya no estamos en la carne en términos
de estar cautivos a ella.”

Ahora observe el versículo 18: “Y yo sé” —Romanos 7:18— “que en mi”. Esto es: “En
mi carne no mora el bien.” Él dice: “La carne todavía está ahí y no yo estoy en ella, pero ella
todavía está en mí.” En el versículo 25: “Yo mismo con la mente sirvo a la Ley de Dios, mas
con la carne a la ley del pecado.” Usted ya no está en la carne, la carne está en usted. Y eso
es simplemente un término para nuestra humanidad. Podrá ser el mismo término como el
capítulo 6, versículo 12: “No reine, pues, el pecado en vuestro”, ¿Qué? “Cuerpo mortal.” No
reine en su mente, es una mente renovada.
Él está usando la palabra mente de esa manera en Romanos 7: “No reine en su nueva
creación, en su nueva naturaleza.” Reina en su cuerpo mortal y entonces los términos son
muy coherentes. El pecado está en nuestra humanidad, esta es la razón por la que, amados,
les dije esto hace unas semanas atrás. Cuando usted muere, inmediatamente va al cielo porque
usted ya está listo para el cielo. Lo único que tiene que hacer es deshacerse de la carne. Y
cuando usted deja el cuerpo, eso es lo único que tiene que enfrentar.

Ahora cualquier cristiano podrá hacer la afirmación en el versículo 14, la gente tiene
problemas con esto, permítame ver su puedo explicarlo de manera simple. Soy carnal, ¿Puede
usted decir eso? Yo puedo decir eso. Digo: ¿Es verdad? Usted dice: “si”, pero ciertamente
no estás hablando con términos técnicos, teológicos aquí. ¡No, no, no! Solo estoy diciendo,
yo podré decir eso como cristiano, soy un pecador salvado por gracia, todavía soy un pecador,
¡que Dios me ayude si no! Si digo: “Bueno, debido a que ya soy salvo no peco, mi esposa,
estaré aquí para dar testimonio, como puede ver el punto es que puedo decir eso, yo puedo
decir soy carnal.

Hay cosas que en mi representan eso, me enojo, me irrito, no cumplo con mi deber como
debiera hacerlo todo el tiempo. No mantengo la diligencia que debería en la búsqueda de
Dios que yo deseo. Veo mi humanidad, veo mi carnalidad que, me estorba en el cumplimiento
de todas las cosas que debería hacer. Soy insensible, desconsiderado con la gente cuando
necesitan mi gentileza, y no soy gentil.

Cuando necesitan mi bondad y no soy amable y demás, yo me veo a mi mismo como


humano, me veo a mi mismo como pecaminoso. No siempre hablo de manera piadosa, toda
persona que me habla de la manera en la que debería. Todos podemos decir esto, es una
afirmación general. Y después viene esta y esta parece ser el verdadero Waterloo para los
interpretes: “Vendido al pecado.” Ahora realmente tienen una afirmación fuerte.

Ahora, esperen un momento. Si fuimos librados del pecado, ¿Cómo podríamos estar
vendidos al pecado? Bueno, observe el versículo 23: “Pero veo otra Ley en mis miembros
que se rebela contra la ley de mi mente y que me lleva cautivo a la ley del pecado, que está
en mis miembros.” Una afirmación muy interesante y cuando llegue ahí le voy a decir lo que
significa. Difícilmente puedo resistir no decirle eso en este momento, pero lo voy hacer. Pero
lo que él está diciendo aquí es lo mismo: “Yo fui llevado a la cautividad, a la ley del pecado”,
versículo 23. “Vendido al pecado”, versículo 14. ¿Qué quiere decir él con esto? Bueno, el
griego de hecho, dice: “vendido bajo el pecado.” El principio de pecado, la realidad del
pecado, no tanto obras, sino que me veo a mi mismo, todavía, como estando vendido bajo el
pecado. Hay un sentido en el que todavía tengo cierta esclavitud.

Ahora, mantenga en mente en el capítulo 6, él estaba hablando acerca de su nueva


creación, y esa nueva creación, esa simiente pura, eterna, incorruptible, eterna, la naturaleza
divina, la nueva naturaleza. Todo lo que ustedes en Jesucristo, santo, puro, incontaminado,
no contaminado y justo, por la justicia imputada de Jesucristo, de eso no está hablando aquí.
Él está diciendo: “Yo, no mi nueva naturaleza, sino yo en general me veo a mi mismo como
vendido al pecado, bajo pecado.” Y después en los versículos 23 al 25, el lo llama “la ley del
pecado que está en mis”, ¿Qué? Miembros. Y de nuevo, esos términos son coherentes, los
miembros tienen que ver con los miembros corporales, lo físico, lo carnal.

E inclusive va más allá de lo físico, a las emociones, el sentimiento, la mente, el


pensamiento. Pero siempre son los miembros, el cuerpo, la carne. Está en nuestra humanidad.
¿Puede este lamento venir de un cristiano? “Yo soy carnal, vendido al pecado.” Qué tal esto,
Salmo 51:5. David dijo eso, simplemente escuchen. “He aquí en maldad he sido formado. Y
en pecado me concibió mi madre.” Ahora se oye como un hombre quien nunca ha sido
redimido, ¿No es cierto? ¿Pero David había sido redimido? Oh sí. Él simplemente está viendo
una realidad acerca de sí mismo.

Es una percepción, amados. Y aquí está un cristiano maduro, aquí está un hombre que ve
su vida y seria uno de los primeros que dirían, “Hombre, tu sabes, tienes que elevar tu imagen
personal.” Estas son palabras terribles. Realmente nos recuerda, francamente, dice en
capítulo 6: “Quien viene ante Dios” y él está adorando a Dios y ve esta gran visión de Dios
y él dice: “¡Ay de mí! ¡Maldíceme!” Lo cual significa “maldíceme, condéname, condéname
Dios, porque yo soy un hombre con una boca sucia y vivo en medio de un pueblo con bocas
sucias.” Y lo único que el Profeta puede ver en contraste a la santidad gloriosa de Dios es su
propio pecado. Y aquí está la madurez del Apóstol Pablo, quien ahora entiende cuan
espiritual es la Ley, y eso le ha pensar en ella como algo externo, ¿No es cierto? Y él no sabía
que estaba hablando del corazón, y esa es la razón por la que la Ley acerca de la codicia en
el corazón, versículo 7, realmente lo confrontó y lo mató. Y el ahora ve que la Ley es algo
profundo y espiritual, y algo santo, versículo 12. Y algo justo y bueno, y conforme realmente
entiende la Ley de Dios y él se ve a sí mismo, y se ve a sí mismo como carnal, es una
percepción que es legítima.

Es lo mismo que él quiso decir en Primero Timoteo 1, cuando dijo, “De los cuales yo soy”,
¿Qué? El primero. Es solo cuestión de percepción. No solo puede un cristiano decir que él
está vendido al pecado aunque redimido, porque estamos vendidos al pecado. ¿Puede romper
la esclavitud al pecado que usted tiene? No es esta vida, no en esta vida. Y entre más espiritual
es usted, entre más maduro es usted, es más probable que usted diga esto.

Entonces vendido al pecado, no tenemos que confundirnos con los términos. No quiere
decir que el de hecho se vendió a sí mismo al pecado para cometer pecado. Como se dice de
Acab en Primero de Reyes 20 o de los israelitas idolatras en Segundo de Reyes 17, no es que
él salió y se vendió al pecado, es que él reconoce que hay una esclavitud aquí. ¿Y sabe una
cosa? Han habido ocasiones cuando usted a ha sido cautivo al pecado. Le voy a decir cuando
son esos momentos: cada vez que usted peca.

Cada vez que usted peca, usted ha perdido la batalla. El pecado lo llevó cautivo a usted,
¿Verdad? Y entonces Pablo coloca todos nuestros sentimientos, expresa todos nuestros
sentimientos en palabras al expresar la base del conflicto en el interior del creyente. Y todos
entendemos esta percepción, todos podemos ver que hay pecado en nuestras vidas, no debe
estar ahí. No es la realidad, no lo más puro acerca de nosotros, no es nuestro nuevo yo, pero
está ahí. Este es simplemente el conflicto de todo cristiano.

Hay un sentido en el cual aunque estamos libres en la nueva naturaleza, todavía estamos
esclavizados por la humanidad en la que moramos. Y quiero volver a decir, realmente no
creo que una persona no regenerada puede hacer una afirmación como esta. Porque no creo
que saben que la Ley es espiritual, por un lado, y por otro lado, no saben que son carnales. Y
tampoco creo que están vendidos bajo el pecado. Viven con la ilusión de que todo está bien,
eso es exactamente lo que él dice en el versículo 11, que el pecado tiene una manera de,
¿Hacer qué? De engañar. Pero cuando la ley es vista como algo realmente espiritual entonces
un hombre se ve a sí mismo tan lejos de cumplir la Ley Santa de Dios que se ve a sí mismo
como no espiritual. De hecho, esa es la manera en la que el versículo realmente podrá ser
leído. La Ley es espiritual pero yo no soy espiritual, experimentando una esclavitud al
pecado. El gran comentarista exegético Crownfield escribió, y cito: “Entre más esfuerzo un
cristiano con mayor seriedad a vivir de la gracia y a someterse a la disciplina del Evangelio,
más sensible él se vuelve al hecho de que aún sus mejores actos y actividades son
desfigurados por el egoísmo que todavía es poderoso dentro de él, y no es menos malo porque
con mayor frecuencia es disfrazado de manera más sutil que antes.”

Ahora, permítame decirle algo que le va a sorprender: él tiene razón. Usted no es menos
malo ahora de lo que solía hacer en su mortalidad y humanidad no redimidas. Usted es malo.
Y no muchos grados de esto, solo se necesita un pecado para hacer malo. En usted hay una
nueva naturaleza que es santa, pero esa presencia pecaminosa de la carne todavía está ahí. En
gran comentarista de la antigüedad Thomas Scott escribió, y cito: “Cuando el cliente compara
sus méritos actuales con la espiritualidad de la Ley y con su propio deseo y dirección y anhelo
de obedecerla, él ve que a un grado, todavía es carnal, y bajo el poder de propensidades malas
de las cuales, como un hombre vendido como esclavo no puede liberarse de manera total a sí
mismo. Él es carnal en una proporción exacta al grado en el que él queda corto de una
conformidad perfecta a la Ley de Dios.” Es una gran afirmación.

Él es carnal, a un grado exacto, o en proporción exacta, al grado en el que él queda corto


de una conformidad perfecta a la Ley de Dios. ¿Y no lo ven ustedes, amados? Esto es
realmente lo que el versículo 13 estaba diciendo: “El pecado es tan pecaminoso, el pecado es
tan miserable, es tan vil, que inclusive cuando una persona ha sido redimida, el pecado se
aferra a él de una manera miserable.” Esa es su condición. Y la de usted y la mía como
cristianos. La prueba de esto, versículo 15, aquí está la prueba: “Porque lo que hago no lo
entiendo.”+

Pues no hago lo que quiero sino o que aborrezco, eso hago. El hombre que piensa que es
bueno en sí mismo, moral, puede engañarse a sí mismo pero un cristiano verdadero guiado
por el Espíritu no se va a engañar. Él ve la prueba en él, del pecado que mora en él. Observe
el versículo con atención: “Porque lo que hago, no lo entiendo.” Y después más adelante él
dice: “lo que aborrezco, eso hago.” La palabra “entiendo” habla de una intimidad de amor.
Fue dicho de José, que él no había conocido a María. Es la idea de la palabra en el griego. Y
creo que suceda, aunque se traduce “entiendo” en Reina-Valera 60, en contraste a la palabra
“aborrezco” y nos da la libertad de entenderlo de esa manera. Y lo que él está diciendo es
que aquello que hago, no lo amo, no me encanta. Y lo que aborrezco, lo hago, lo cual es otra
manera de decir lo mismo.

Ahora eso realmente, es un conflicto interno real, del nivel más profundo. Él dice, “mi
voluntad esta frustrada.” No es tanto que cuando él quiera hacer una cosa buena, él no la
pueda hacer. Es que cuando él ve la Ley de Dios, y lo quiere hacer, no puede. ¿Lo entiende?
No es algo que debilite, ahí dice, “bueno, aquí estoy como cristiano y me gustaría decir algo
bueno acerca de esto o me gustaría hacer algo bueno. Me gustaría hacer algo honorable y
santo pero no sé cómo hacerlo.” Esa no es la idea, es que él está hablando de algo específico
que no puede hacer.

Lo que él está diciendo es que “hay toda una Ley de Dios y quiero obedecer y estoy
totalmente frustrado al tratar de hacerlo.” Y usted conoce a esa frustración, tan pronto como
usted ha hecho algo bueno, usted recibe una palmada en la espalda por hacerlo hecho
inmediatamente. Usted hizo algo malo, y se enorgulleció. Y usted queda frustrado y dice que
lo acaba de decir,

“¡Oh, miserable de mí! ¿Cuándo me desharé de este conflicto?” Su voluntad esta frustrada,
no es que la maldad gana todo el tiempo, simplemente es que tiene un estándar tan elevado
porque la Ley es tan santa, justa y tan buena, tan espiritual que cuando ve el estándar elevado
de la Ley, él quiere ganar todo el tiempo para estar del lado de Dios, y cualquier victoria para
la maldad se ve para él como una derrota horrenda.

Y esta es la razón por la que digo, y con tanta frecuencia lo digo, que el camino a la
espiritualidad esta pavimentado con un sentido de su propia condición miserable, siempre.
No su propia gloria personal. Aquí hay un hombre verdaderamente espiritual, aquí hay un
corazón quebrantado, contrito. Esto es un hombre clamando: “¡Oh Dios, no puedo ser todo
lo que Tú quieras que sea, no puedo cumplir toda Tu Ley, santa, justa y buena!” ¿Y sabe una
cosa? Hay muchos cristianos que no están en este punto, y no es porque son tan santos, es
que porque son tan superficiales en su comprensión de la Ley Santa de Dios. Bueno, él nos
ha dado la condición, y él nos ha dado la prueba y él ahora nos da la fuente.

Y vamos a detenernos con esta. Versículo 16: “Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo
que la Ley es buena.” Digo, no es la culpa de la Ley porque yo quiero hacer la Ley. “Bueno”,
dice usted, “¿Qué es lo que hace que quieras hacer la Ley?” Le voy a decir lo que me hace
quiere hacer la Ley: esa nueva creación. Esa nueva naturaleza, esa simiente incorruptible,
eterna en mí. Esa parte de mi de la que Juan habló cuando dijo: “Si realmente son nacidos de
nuevo, no van a pecar.” Esa nueva parte de mi realmente anhela hacer la Ley, realmente
quiere hacer la Ley y entonces yo afirmo que la Ley es buena porque la parte buena de mi
quiere hacerla, ¿Se da cuenta? La Ley es buena.

Ahora entonces, versículo 17: “De manera que ya no soy yo quien hace aquello.” Ahora,
entonces versículo 17: “Si no es la Ley lo que está mal, si la Ley no es mi problema, de
manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino que el pecado que mora en mi.” Ahora
escuche con mucha atención, usted no va a entender esto si usted no entiende lo que voy a
decir. El cristiano en su corazón tiene el sentido de la excelencia moral de la Ley de Dios.
Entre más maduro es el cristiano, mayor la profundidad de su compromiso con la dirección
del Espíritu de Dios en su vida.

Más profundo va a ser su amor hacia el Señor Jesucristo, más profundo va a ser su sentido
de la Santidad de Dios, mayor va a ser el anhelo de cumplir la Ley. Y debido a que es la
mejor parte de él lo que quiere cumplir la Ley de Dios, entonces, la Ley de Dios debe ser lo
mejor. Y entonces, no es la Ley de Dios lo que es el problema, es problema es el pecado que
mora en mí. Es nuestra humanidad, de nuevo.
Pero aquí en el versículo 17 está la afirmación clave para interpretar el pasaje entero. En
el versículo 14 él simplemente habló en generalidades, y él en cierta manera, nos dio una
perspectiva de su humanidad no redimida como algo que lo dominaba a sí mismo, y usted y
yo conocemos esa experiencia. Tenemos el sentimiento, a veces, de que el pecado
simplemente domina. No podemos ser todo lo que queremos ser para Dios. ¿Alguna vez se
ha sentido así? No podemos ser tan poderosos, no podemos ser tan puros, no podemos ser
tan santos como sabemos que Su Ley quiere que seamos. Y entonces, decimos en el versículo
14: “Soy carnal.” Y me veo a mi mismo cautivo por el pecado.

Y esa es una afirmación no técnica, es simplemente una afirmación general. Y él dice:


“Yo soy carnal.” Y él no está dividiéndose a sí mismo en dos, no está diciendo: “Bueno, no
soy yo, es el pecado en ese punto”, él simplemente está diciendo, “soy responsable.” Creo
que el versículo 14 es muy importante porque dice al cristiano que si usted peca, quien es
responsable, ¿Usted? Y eso nos protege de una especie de dualismo filosófico, y esto está
siendo enseñado en muchos círculos en la actualidad, que cuando usted peca, simplemente
es su vieja naturaleza, entonces déjala pecar. De cualquier manera, usted no puede corregir
una naturaleza vieja, déjelo hacer lo que quiera y que Dios no lo hace responsable,
simplemente es su vieja naturaleza y él dice:

“¡Yo, yo!” Y él acepta la responsabilidad y también usted debe aceptarla. Soy yo, él no
es dos personas. Él está hablando en términos no técnicos. Cuando veo la Ley pura y santa
de Dios, veo mi pecaminosidad y él dice: “¡Oh, que pecaminoso soy! Y entre más entiendo
la Ley de Dios, mas veo lo cautivo que soy al pecado. Pero no quiero que se confundan”,
dice él en versículo 17. Y permítanme aclarar esto: no es realmente yo que hago eso, sino
que no es eso importante como puede ver, él ahora le va a dar una distinción técnica.

Ahora escuche esto: “Ya no soy yo.” ¿Quiere saber algo? No hay “ya no más” en la vida
de un incrédulo. Lo que él era, él todavía es. Ya no hay más “no máses” en la vida de una
persona no regenerada. El ya no tenía “no máses”, él tampoco tiene “ahoras”, él no puede
decir “ahora soy diferente, ya no soy de esa manera”, ya no hay “ahoras”, y tampoco hay “no
máses”. Cuando él dice deuketi, un adverbio negativo de tiempo, a partir de este punto algo
cambió. Ahora, desde que Cristo ha venido a mi vida y yo he sido redimido, ya no es ese
profundo yo interno, en un sentido técnico. Ya no soy yo el que hago esto, sino el pecado que
se cuelga. ¿Está comenzando a entender la distinción que él hace? Usted tiene que entender
esto para entender la naturaleza de la regeneración. El divide los cabellos semánticos en el
versículo 17, no en el 14. En el 14, él simplemente hace una afirmación general. En el 17, él
lo aclarar al decir: “ahora que quede claro, realmente ya no soy yo, solía ser yo.” Cuando yo
poder decir “yo era carnal y yo estaba vendido bajo el pecado”.

Y eso es realmente lo que había de mí, pero ahora, ya realmente no soy el nuevo yo. Es
simplemente Gálatas 2:20 de nuevo: “Porque soy yo, es el yo viejo. Estoy crucificado con
Cristo pero vivo, más no vivo yo, no el yo viejo. Cristo vivo en mí.” Y la vida que vivo, por
la fe en el hijo de Dios quien me amó y se entregó a sí mismo por mí. Como puede ver, él
está diciendo, “soy yo, pero no soy yo; es un nuevo yo.” Y eso es lo que está diciendo en el
versículo 17. Entonces, después de la salvación, la parte del hombre en donde el pecado ya
no reside en lo más profundo de su ser, ya no reside en el ego. Ya no está ahí en la sustancia
misma de lo que el hombre es.

Es recreado para ser como Cristo, y el pecado halla su morada residual en su carne, en su
humanidad. Y él dice eso, en el versículo 18: “En mi carne no mora el bien”. ¿Cuáles la
fuente del problema de Pablo? La condición, el conflicto, la prueba. No hago lo que yo quiero,
hago lo que no quiero hacer. La fuente, al final, del versículo 17, el pecado, ¿Qué? Que mora
en mí, el pecado que mora en mí. Quiero decirle que hay una diferencia enorme entre el
pecado que sobrevive y el pecado que reina. El pecado ya no reina pero sobrevive en nosotros.
Voy a cerrar con esto.

Somos como un artista no preparado, que tiene una pintura que está por pintar. Tiene una
perspectiva clara, quizás él está afuera, ve las montañas y los árboles y los ríos y él tiene ahí
su paleta, tiene sus diferentes colores y él está listo para pintar este panorama glorioso. El
problema es que realmente es un verdadero torpe y no puede pintar ni siquiera figuras de
palitos, mucho menos panoramas, paisajes. Él tiene la escena que debe ser pintada en toda su
majestad gloriosa, maravillosa. Él tiene todas las pinturas para pintarla, pero no tiene la
capacidad. Él es debilitado por su incapacidad física. No es que no lo puede percibir, no es
que no tiene todas las herramientas disponibles, es que simplemente es su torpeza, le estorba.
El problema no está con la escena, con el panorama, ¿Verdad? No hay nada de malo con el
panorama, con el paisaje. La culpa ni siquiera la tiene la pintura.

La culpa está en la capacidad del pintor, y ahí es donde realmente el cristiano encuentra
su frustración. Yo creo que ahí es donde llegamos al punto en donde le pedimos al artista, al
pintor maestro que coloque su mano en nuestra mano, que detenga nuestra mano conforme
de tenemos el pincel. Y damos los pincelazos que de manera independiente de él, nunca
podremos pintar. Y esa es la razón por la que tenemos que reconocer que la victoria que
experimentamos solo viene cuando nos presentamos a nosotros mismos, a aquel que puede
vencer la carne.

En Gálatas, voy a cerrar con este versículo 5:17: “Porque el deseo de la carne es contra el
Espíritu y el del Espíritu contra la carne. Y estos se oponen entre sí para que no hagáis lo que
quisieres. ¿Se oye conocido? Como Romanos 7. Dice usted, “bueno, conozco esa batalla.”
¿Cómo la ganas? Retrocedo un versículo, digo esto, andad en el Espíritu y no satisfagáis,
¿Qué? Los deseos de la carne.

Yo creo que el Espíritu nos puede dar la victoria, pero permítame advertirle, entre más
victoria tiene usted, entre más maduro es usted en Cristo, entre más ve la justicia ganando
sobre el pecado, mas reconocerá usted la pecaminosidad del pecado y más se encontrará usted
mismo. En Romanos 7, es un lugar para personas que están totalmente comprometidas de
todo corazón, cuyo anhelo más profundo es cumplir la Ley entera de Dios, y están en gran
aflicción porque no lo pueden hacer. Y claman: “¡Miserable de mí!” Versículo 24:
“¿Cuándo?” ¿Cuándo me voy a deshacer – de qué? Del cuerpo. Los términos son siempre
coherentes. ¿Cuándo voy a descargar esta carga y llegar a la gloria y cumplir de manera
eterna la Ley de Dios? Ese es el primer lamento. Tenemos dos por delante.
Oremos. Padre nuestro, te damos gracias en esta noche por este pasaje tan, tan útil que
abre nuestros corazones a nosotros y nos ayuda a ver la lucha. Te damos gracias, Oh Dios,
porque somos nuevos en Cristo. Pensamos en las palabras del Apóstol Pablo a la Iglesia
Corintia cuando escribió “si alguno está en Cristo, nueva criatura es.” Las cosas viejas
pasaron, he aquí todas son hechas nuevas. Y sabemos, Padre, que en la nueva naturaleza
todas las cosas son nuevas, que en ese nuevo yo, que estamos en Cristo, todo es nuevo

. Y hay justicia ahí. Pero, Padre, la carne, el cuerpo de esta muerte, nuestros miembros,
este cuerpo mortal, con su naturaleza carnal residual, se cuelga de nosotros. Y causa una
batalla. Ayúdanos a saber que no es la culpa de la Ley. La Ley es santa, justa y buena. Es la
culpa del pecado. Y Dios, danos el deseo de corazón de cumplir toda Tu Ley buena, de ver
al pecado derrotado.

Y sabemos que viene cuándo caminamos en el poder del Espíritu. Cediendo a Él,
probando la dulzura de la victoria, hasta el día en el que Jesús venga y nos libere del cuerpo
de esta muerte, y nos volvamos todo lo que debemos ser en Tu presencia gloriosa. Mantén
nuestros corazones abiertos, conforme continuamos estudiando este capítulo para que
podamos escucharte a Ti hablando. Te damos gracias en el nombre de Cristo. Amén.